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Encuentro y Conflicto en la Música

El documento presenta un primer capítulo donde se describe una presentación musical de la protagonista. Durante la presentación, ella nota la mirada de un hombre de ojos celestes entre el público. Luego de terminar, su novio posesivo la besa apasionadamente frente a todos. Necesitando un descanso, la protagonista sale al balcón donde conversa con el hombre de ojos celestes. Su novio la encuentra y la reprende violentamente. En el segundo capítulo, luego de un altercado violento con su novio en una habitación, el hombre de ojos celestes

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Encuentro y Conflicto en la Música

El documento presenta un primer capítulo donde se describe una presentación musical de la protagonista. Durante la presentación, ella nota la mirada de un hombre de ojos celestes entre el público. Luego de terminar, su novio posesivo la besa apasionadamente frente a todos. Necesitando un descanso, la protagonista sale al balcón donde conversa con el hombre de ojos celestes. Su novio la encuentra y la reprende violentamente. En el segundo capítulo, luego de un altercado violento con su novio en una habitación, el hombre de ojos celestes

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AMOR, AMAR

CAPITULO 1: YA NO PUEDO MÁS (Primer encuentro).

Los nervios la acompañaban en esos instantes, familiarizados y esperados, pronto llegaría su presentación.
Para ser exactos no conoce como llego a ese punto pero siempre supo que quería cantar. Habitada entre un
grupo de élite madrileño con un novio demasiado posesivo para su gusto (tanto en el sexo como en la vida
diaria). La utilizaba como muñeca de mostrador un canal para que él pueda resaltar. Necesitaba el triunfo de
la noche. Era una canción muy preciosa, encarnaba a su madre, cada día se parecía más a ella. La canción
necesitaba solo una guitarra y su voz, simple y bella. Era real y eso bastaba para ella. Salió de la habitación
hacia su escenario.

Durante la canción sentía las miradas, y el deseo en ellas. Tenía ese efecto en el público cuando actuaba; el
aire se llenaba de una complicidad tan placentera que parecía mágica. Amaba eso de la música. De repente
vio esos ojos celestes en la multitud dentro de un hombre alto. Fue una ráfaga, pero lo olvido, su éxtasis la
consumió. Manolo, la esperaba al terminar. El final de todos esos rostros rojos por el alcohol y la música. La
besó apasionadamente cerrando el acto sin importar el público, viéndolos. Le encantaba su perversidad,
pero era peligroso. Tratando de escapar se dirigió al balcón para tranquilizarse a fumar un cigarrillo.
Demasiado en un día, con la pelea con Manola en la mañana y los sentimientos encontrados por el
performance, necesitaba paz. Sintió la nostalgia nuevamente ¿Por qué? Se distorsionaba de la realidad tan
fácilmente. Necesitaba gran esfuerzo para volver a sí misma, una voz la ayudó.

-Fue una presentación muy hermosa…

Se sobresaltó. Eran esos ojos azules que observo con anterioridad; hermosos, muy hermosos.

-Eh… Gracias ¡ Dije extrañada.

Diablos, la timidez siempre me ganaba.

-Deberías estar disfrutando de tú público en esa sala. Dijo señalando la habitación dentro de la casa con su
tabaco en mano.

-Necesitaba esto. Dije señalando mi tabaco y girando mi cuerpo para evitar su mirada.

- Te entiendo. Es muy poderoso para aquellos la saben apreciar, ¿No? Dijo mirando hacia el vasallaje, más
allá de eso y su voz suavizando las c y s en el transcurso.

-¿Te conozco de algún lugar? Pregunte girándome hacia él. Tratando de recordar esa voz y rostro.

Alguien grita mi nombre. Es Manolo, llega enojado e impresionada de verme con él. ¡Mierda! Me espera una
un reprenda. Me disculpo lo más rápido que puedo y me meto hacia la casa para evitar las locuras de
Manolo.

Tras horas y horas; nunca había escuchada tanta chucherías tan superficiales y sin importancia mescladas
con pretensión artística. Algunos tenían la humildad disfrazada, una pena. Para mi desgracia, trataba de
encajar pero constantemente escapaba con el mesero y su whisky. Vi la mesa llena de comida, sin parecerla
atractiva o comestible.
-Un whisky, por favor. Dije al mesero, un hombre de mediana edad que claramente no aprobaba mi ingesta
masculina de alcohol.

-Deberías alimentar el cuerpo con eso, antes que el whisky. Lo dijo el señor con impresionantes ojos
señalando la comida en la mesa.

-No me apetece, además esto alimenta el alma. Dije recibiendo el vaso y vaciándolo todo en un sorbo.
Sorprendiendo al mesero y mi acompañante de ojos celestes.

-Me ayuda con otro. Dije al mesero y esperando el líquido dorado en mi vaso. Mirando a mi acompañante sin
saber qué hacer. Traje su atención nuevamente con el vaso

-Puedo esperar toda la noche. Lleno mi vaso. Escuche una pequeña risa. Lo regrese a ver, le sonreí y dije a
sus expensas “Salud” con demasiado interés.

-¿Disculpa, cuál era tu nombre? Terminada esta oración, El señor Oscar Caspuarrin dueño de la inmensa casa
y de la fiesta, me interrumpió para decir con toda la voz. “¡Camilo Sesto! Señoras y Señores, la estrella de
habla hispana”. Lo mire extrañada, había escuchado su nombre, pero solo como un cantante más y del
montón. No sabía que sus habilidad se excedían más allá de su voz. Se desenvolvió dentro del público con
tan naturalidad y encanto, que sentí desaparecer a su lado. Canto y lleno de magia el lugar, encantando a
todos sin excepción. Muy anonadada, lo vi señalarme y dedicarme un verso. Sonreí como una niña
enamorada. Al terminar la canción aplaudía y me acercaba a él, vio mi intensión y me espero agradeciendo a
otras personas. De repente sentí un agarre frio y violento.

-¿Qué mierda crees que haces?. Era Manolo. Con salvajismo me grito al oído y me llevo hacia las
habitaciones oscuras. No sabía dónde estaba.

Me metió a una habitación de ventanas grandes y pálidas. Me propino un golpe con la mano tendida en mi
lado derecho del rostro. Ahora si me sentí perdida. Me beso de repente con intensidad, sensualidad y sobre
todo perversión. Sentí su mano subir por el interior de mis piernas, estaba caliente al tacto y empezó a jugar
con mi sexo. Introducía besos en mi boca y cerca de ella susurraba “Eres mía. ¿Lo entiendes?”. No podía
pensar, solamente sentir la excitación creciendo y devolviendo como podía esas caricias. Talvez por el golpe,
sensible me sentí como una nube de placer. “No hice nada” dije en respuesta. Me golpeo de nuevo con
fuerza en el mismo lado del rostro antes lastimado, esta vez sentí la sangre explotar de mi labio. Eso me
desencajo de mi nube y el miedo crecía. Me dio vuelta, alzo el vestido y rompió las bragas de un agarre.
Metió sus dedos en mi boca para bajarlos hacia mi sexo y lubricarlo. “¡Por favor! Aquí no…” Empezaba a
suplicar. No podía ocurrir de nuevo esto; lastimada, humillada sin voluntad forcé con todas la fuerzas. Eso lo
motivaba, no sabía distinguir y terminaba lastimada y el arrepentido. Lo odie por eso y a mí misma por la
misma razón.

-¡Hey!¡Dejala¡. Era camilo. Lo distrajo y le proporcione un golpe con lo más cercano que encontré en el lugar.
Un cenicero por consiguiente Manolo cayó como un costal. Agitada, mire a Camilo con su rostro asustado y
después a Manolo en el suelo. ¡Mierda! La había cagado y en grande. Me acerque para examinar su cabeza y
su pulso. Con suerte un chichón y dolor de cabeza seria las consecuencias de esa noche. Llego la nostalgia
nuevamente, observe su rostro y sentí tristeza; sobre todo su perdición como la mía. Me veía reflejada en su
dolor y perversión. Recordé la estrofa de la canción “amor si tu dolor fuera mío y el mío tuyo, que bonito
seria, amor, amar”. Lo dije en voz alta y mire a Camilo. Bese la frente de Manolo. Busque las llaves del auto
en su bolsillo. Me incorpore, cogí el cenicero y lo lace hacia la ventana. Antes de salir, mire a Camilo a los
ojos. Y me dijo “¿Estais bien?” No sabía que responder, pues no lo sabía. Lo bese sin pensarlo y le agradecí.
Con el clímax en la fiesta, salí corriendo de ese lugar sin ver rostros y sin escuchar nada.

CAPITULO 2: EL AGUA HASTA EL CUELLO.

En la oscuridad al caerme tantas veces, me saque los zapatos de un tirón no podía caminar con ese suelo
irregular, los tire. Después de caerme tanto, llegue al auto de Manolo. Las llaves se me resbalaron dos veces
de las manos. Temblaba como loca, el frio y la situación suponía. En el suelo unas manos blancas y largas las
agarraron.

-Déjame llevarte. Tú no puedes hacerlo. Me dijo con un rostro endurecido.

-Estoy bien. Necesito las llaves. Le dije extendiendo mi mano, esperando que me las entregue.

-¡No! Te llevo yo. Me respondió introduciendo las llaves en la puerta y abriéndolas para mí.

-¡Dame las llaves, Camilo. Ahora! Mi grito se mezcló con la voz de nuestro Host. “Hey, Tío, Camilo. ¿Ya te
vas?”. Camilo con una disculpa hacia el Host, me introdujo al auto con una fuerza inusual para su delgado
cuerpo. “Si, es que Mercedes no se siente bien, la llevare a casa”. Me acomode en el auto y sin dejar ver mi
rostro, salimos del parqueadero hacia la noche.

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