"¡Conqué divino acento me llega
a mi rincón de sombra y frío
tu nombre, al acercarme el tibio aliento...!"
"La chica de las rosas"
Manuel de Íñigo
Reseña biográfica
Poeta español nacido en Sevilla en 1875 y fallecido en Collioure, Francia, en 1939.
Doctor en Filosofía y letras, fue catedrático de francés en los Institutos de Soria,
Segovia, Baeza y Madrid.
En 1927 fue elegido Académico de la Real Española, cuyo discurso de ingreso no
pronunció nunca.
Es considerado como uno de los grandes poetas de la lengua castellana. Su vasta obra
poética se caracteriza
por la sencillez y precisión en el lenguaje. Cantó a la tierra, al mar, a los olivos, y en
diversos tonos a la gloria del amor.
En su poesía se refleja la visión dolida de su patria y la recreación de la belleza que
encierran las pequeñas cosas.
Entre sus obras publicadas se destacan «Soledades, galerías y otros poemas» en 1903,
«Campos de Castilla» en 1912,
«Nuevas canciones» en 1925 y «La guerra» en 1938. ©
Acaso
Al gran cero
Amada, el aura dice...
Amanecer de otoño
Anoche cuando dormía...
Arte poética
Caminos
Campo
Canciones a Guiomar:
1. No sabía...
2. En un jardín te he soñado...
[Link] poeta piensa en ti...
Cante hondo
¡Como en el alto llano tu figura!
Crepúsculo
Cuando sea mi vida
De mar a mar entre los dos la guerra...
Del camino:
Preludio
Daba el reloj las doce... y eran doce...
Sobre la tierra amarga, caminos tiene el sueño...
En la desnuda tierra del camino...
El sol es un globo de fuego...
¡Tenue rumor de túnicas que pasan...
¡Oh, figuras del atrio, más humildes...
La tarde todavía...
Crear fiestas de amores...
Arde en tus ojos un misterio, virgen...
Algunos lienzos del recuerdo tienen...
Crece en la plaza en sombra...
Las ascuas de un crepúsculo morado...
¿Mi amor...¿Recuerdas, dime...
Me dijo un alba de la primavera...
Al borde del sendero un día nos sentamos...
Es una forma juvenil que un día...
¡Oh, dime, noche amiga, amada vieja...
Desde el umbral de un sueño...
Desgarrada la nube; el arco iris...
Dos sonetos a Guiomar:
1. Perdón, Madona del Pilar, si llego...
2. De mar a mar entre los dos la guerra...
El limonero lánguido suspende...
El mar triste
El amor y la sierra
Elegía de un madrigal
¿Empeñé tu memoria? ¡Cuántas veces!...
En estos campos de la tierra mía...
Eran ayer mis dolores...
Glosa
Guerra de amor
Hacia tierra baja (III)
Hastío
He andado muchos caminos...
Horizonte
Húmedo está, bajo el laurel, el banco...
Huye del triste amor, amor pacato...
Inventario galante
Jardín
La calle en sombra. Ocultan los caserones...
La muerte
La primavera besaba...
La vida hoy tiene ritmo...
Llamó a mi corazón, un claro día...
Me dijo una tarde...
Melancolía
¿Mi amor?...
¿Mi corazón se ha dormido?...
Never more
Nocturno
Orillas del Duero
Otoño
Otras canciones a Guiomar:
1. ¡Sólo tu figura...
2. Todo amor es fantasía...
3. Escribiré en tu abanico...
4. Te abanicarás...
5. Te pintaré solitaria...
6. Y te enviaré mi canción...
7. Que apenas si de amor el ascua humea...
8. Abre el rosal de la carroña horrible...
Por qué, decisme, hacia los altos llanos...
Proverbios y cantares:
1. Nunca perseguí la gloria...
2. ¿Para qué llamar caminos...
3. A quien nos justifica nuestra desconfianza...
4. Nuestras horas son minutos...
5. Ni vale nada el fruto...
6. De lo que llaman los hombres...
7. Yo he visto garras fieras en las pulidas manos...
8. En preguntar lo que sabes...
9. El hombre, a quien el hambre de la rapiña acucia...
10. La envidia de la virtud...
11. La mano del piadoso nos quita siempre honor...
12. ¡Ojos que a luz se abrieron...
13. Es el mejor de los buenos...
14. Virtud es la alegría que alivia el corazón...
15. Cantad conmigo en coro: Saber, nada sabemos...
16. El hombre es por natura la bestia paradójica...
17. El hombre sólo es rico en hipocresía...
18. ¡Ah, cuando yo era niño...
19. El casca-nueces-vacías...
20. ¡Teresa, alma de fuego...
21. Ayer soñé que veía...
22. Cosas de hombres y mujeres...
23. No extrañéis, dulces amigos...
24. De diez cabezas, nueve...
25. Las abejas de las flores...
26. Poned sobre los campos...
27. ¿Dónde está la utilidad...
28. Todo hombre tiene dos...
29. Caminante, son tus huellas...
30. El que espera desespera...
31. Corazón, ayer sonoro...
32. ¡Oh fe del meditabundo!...
33. Soñé a Dios como una fragua...
34. Yo amo a Jesús, que nos dijo...
35. Hay dos modos de conciencia...
36. Fe empirista. Ni somos ni seremos...
37. ¿Dices que nada se crea?...
38. Dices que nada se crea...
39. Dicen que el ave divina...
40. Sí, cada uno y todos sobre la tierra iguales...
41. Bueno es saber que los vasos...
42. ¿Dices que nada se pierde?...
43. Dices que nada se pierde...
44. Todo pasa y todo queda...
45. Morir... ¿Caer como gota...
46. Anoche soné que oía...
47. Cuatro cosas tiene el hombre...
48. Mirando mi calavera...
49. Ya noto, al paso que me torno viejo...
50. Nuestro español bosteza...
51. Luz del alma, luz divina...
52. Discutiendo están dos mozos...
53. Ya hay un español que quiere...
Renacimiento
Rosa de fuego
Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería...
Siempre fugitiva y siempre...
Soñé que tú me llevabas...
Una noche de verano...
Voy caminando solo...
Y era el demonio de mi sueño, el ángel...
Y ha de morir contigo el mundo mago...
Y no es verdad dolor, yo te conozco...
Yo escucho los cantos...
Yo voy soñando caminos...
Más poesía de Antonio Machado en: Poesía de oro
Puedes escuchar su poesía en: De viva voz
Acaso (Del apócrifo Abel Martín)
Como atento no más a mi quimera Cuando el Ser que se es hizo la nada
no reparaba en torno mío, un día y reposó, que bien lo merecía,
me sorprendió la fértil primavera ya tuvo el día noche, y compañía
que en todo el ancho campo sonreía. tuvo el hombre en la ausencia de la amada.
Brotaban verdes hojas Fiat umbral Brotó el pensar humano.
de las hinchadas yemas del ramaje, y el huevo universal alzó, vacío,
y flores amarillas, blancas, rojas, ya sin color, desubstanciado y frío,
alegraban la mancha del paisaje. lleno de niebla ingrávida, en su mano.
Y era una lluvia de saetas de oro, Toma el cero integral, la hueca esfera,
el sol sobre las frondas juveniles; que has de mirar, si lo has de ver, erguido.
del amplio río en el caudal sonoro Hoy que es espalda el lomo de tu fiera,
se miraban los álamos gentiles.
y es el milagro del no ser cumplido,
Tras de tanto camino es la primera brinda, poeta, un canto de frontera
vez que miro brotar la primavera, a la muerte, al silencio y al olvido.
dije, y después, declamatoriamente:
-¡Cuán tarde ya para la dicha mía!-
Y luego, al caminar, como quien siente
alas de otra ilusión: -Y todavía
¡yo alcanzaré mi juventud un día!
Amada, el aura dice...
Al gran cero
Amada, el aura dice Anoche cuando dormía
tu pura veste blanca... soñé, ¡bendita ilusión!,
No te verán mis ojos; que era Dios lo que tenía
¡mi corazón te aguarda! dentro de mi corazón.
El viento me ha traído
tu nombre en la mañana;
el eco de tus pasos Arte poética
repite la montaña...
no te verán mis ojos; Y en toda el alma hay una sola fiesta
¡mi corazón te aguarda! tú lo sabrás, Amor sombra florida,
sueño de aroma, y luego... nada; andrajos,
En las sombrías torres rencor, filosofía.
repican las campanas... Roto en tu espejo tu mejor idilio,
No te verán mis ojos; Y vuelto ya de espaldas a la vida,
¡m corazón te aguarda! Ha de ser tu oración de la mañana:
¡Oh, para ser ahorcado, hermoso día!
Los golpes del martillo
dicen la negra caja;
y el sitio de la fosa,
los golpes de la azada...
No te verán mis ojos; Caminos
¡Mi corazón te aguarda!
¿Eres tú, Guadarrama, viejo amigo,
la sierra gris y blanca,
la sierra de mis tardes madrileñas
que yo veía en el azul pintada?
Anoche cuando dormía...
Por tus barrancos hondos
Anoche cuando dormía y por tus cumbres agrias,
soñé, ¡bendita ilusión!, mil Guadarramas y mil soles vienen,
que una fontana fluía cabalgando conmigo, a tus entrañas.
dentro de mi corazón.
***
Di, ¿por qué acequia escondida,
agua, vienes hasta mí, De la ciudad moruna
manantial de nueva vida tras las murallas viejas,
de donde nunca bebí? yo contemplo la tarde silenciosa,
a solas con mi sombra y con mi pena.
Anoche cuando dormía El río va recorriendo,
soñé, ¡bendita ilusión!, entre sombrías huertas
que una colmena tenía y grises olivares,
dentro de mi corazón; por los alegres campos de Baeza.
Tienen la vides pámpanos dorados
y las doradas abejas sobre las rojas cepas.
iban fabricando en él, Guadalquivir, como un alfanje roto
con las amarguras viejas y disperso, reluce y espejea.
blanca cera y dulce miel. lejos, los montes duermen
envueltos en la niebla,
Anoche cuando dormía niebla de otoño, maternal; descansan
soñé, ¡bendita ilusión!, las rudas moles de su ser de piedra
que un ardiente sol lucía en esta tibia tarde de noviembre,
dentro de mi corazón. tarde piadosa, cárdena y violeta.
El viento ha sacudido
Era ardiente porque daba los mustios olmos de la carretera.
calores de rojo hogar, levantando en rosados torbellinos
y era sol porque alumbraba el polvo de la tierra.
y porque hacía llorar. La luna está subiendo
amoratada, jadeante y llena.
Los caminitos blancos ¿Rompe en sus turbios espejos
se cruzan y se alejan, amor la devanadera
buscando los dispersos caseríos de sus crepúsculos viejos?
del valle y de la sierra.
Caminos de los campos... *****
¡Ay, ya no puedo caminar con ella!
2. En un jardín te he soñado,
alto, Guiomar, sobre el río,
jardín de un tiempo cerrado
con verjas de hierro frío.
Un ave insólita canta
en el almez, dulcemente,
Campo junto al agua viva y santa,
toda sed y toda fuente.
La tarde está muriendo
como un hogar humilde que se apaga. En ese jardín, Guiomar,
el mutuo jardín que inventan
Allá, sobre los montes, dos corazones al par,
quedan algunas brasas. se funden y complementan
nuestras horas. Los racimos
Y ese árbol roto en el camino blanco de un sueño -juntos estamos-
hace llorar de lástima. en limpia copa exprimimos,
y el doble cuento olvidamos.
¡Dos ramas en el tronco herido, y una
hoja marchita y negra en cada rama! (Uno: mujer y varón,
aunque gacela y león,
¿Lloras?...Entre los álamos de oro, llegan juntos a beber.
lejos, la sombra del amor te aguarda. El otro: no puede ser
amor de tanta fortuna:
dos soledades en una,
ni aun de varón y mujer.)
*
Por ti el mar ensaya olas y espumas,
y el iris, sobre el monte, otros colores,
y el faisán de la aurora canto y plumas,
y el búho de Minerva ojos mayores.
Por ti, ¡oh Guiomar!...
Canciones a Guiomar *****
1. No sabía [Link] poeta piensa en ti...
si era un limón amarillo
lo que tu mano tenía,
Tu poeta
o un hilo del claro día,
piensa en ti. La lejanía
Guiomar, en dorado ovillo.
es de limón y violeta,
Tu boca me sonreía.
verde el campo todavía.
Yo pregunté: ¿qué me ofreces?
Conmigo vienes, Guiomar;
¿Tiempo en fruto, que tu mano
nos sorbe la serranía.
eligió entre madureces
De encinar en encinar
de tu huerta?
se va fatigando el día.
¿Tiempo vano
El tren devora y devora
de una bella tarde yerta?
día y riel. La retama
¿Dorada ausencia encantada?
pasa en Sombra; se desdora
¿Copia en el agua dormida?
el oro de Guadarrama.
¿De monte en monte encendida,
Porque una diosa y su amante
la alborada
huyen juntos, jadeante,
verdadera?
los sigue la luna llena. -Nerviosa mano en la vibrante cuerda
El tren se esconde y resuena ponía un largo suspirar de oro,
dentro de un monte gigante. que se trocaba en surtidor de estrellas-.
Campos yermos, cielo alto.
Tras los montes de granito ...Y era la Muerte, al hombro la cuchilla,
y otros montes de basalto, el paso largo, torva y esquelética.
ya es la mar y el infinito. -Tal cuando yo era niño la soñaba-.
Juntos vamos; libres somos.
Aunque el Dios, como en el cuento Y en la guitarra, resonante y trémula,
fiero rey, cabalgue a lomos la brusca mano, al golpear, fingía
del mejor corcel del viento, el reposar de un ataúd en tierra.
aunque nos jure, violento,
su venganza, Y era un plañido solitario el soplo
aunque ensille, el pensamiento, que el polvo barre y la ceniza avienta.
libre amor, nadie lo alcanza.
*
Hoy te escribo en mi celda de viajero,
a la hora de una cita imaginaria.
Rompe el iris al aire el aguacero,
y al monte su tristeza planetaria.
Sol y campanas en la vieja torre.
¡Oh tarde viva y quieta que opuso ¡Como en el alto llano tu figura...
al panta rhei su nada corre,
tarde niña que amaba a su poeta! ¡Como en el alto llano tu figura
¡Y día adolescente se me aparece!... Mi palabra evoca
-ojos claros y músculos morenos-, el prado verde y la árida llanura,
cuando pensaste a amor, junto a la fuente, la zarza en flor, la cenicienta roca.
besar tus labios y apresar tus senos!
Todo a esta luz de abril se transparenta; Y el recuerdo obediente, negra encina
todo en el hoy de ayer, el todavía brota en el cerro, baja el chopo al río;
que en sus maduras horas el pastor va subiendo a la colina;
el tiempo canta y cuenta, brilla un balcón de la ciudad: el mío,
se funde en una sola melodía,
que es un coro de tardes y de auroras. el nuestro. ¿Ves? Hacia Aragón, lejana,
A ti, Guiomar, esta nostalgia mía. la sierra de Moncayo, blanca y rosa...
Mira el incendio de esa nube grana,
y aquella estrella en el azul, esposa.
Tras el Duero, la loma de Santana
se amorata en la tarde silenciosa.
Cante hondo
Yo meditaba absorto, devanando
los hilos del hastío y la tristeza,
cuando llegó a mi oído, Crepúsculo
por la ventana de mi estancia, abierta
a una caliente noche de verano, Caminé hacia la tarde de verano
el plañir de una copla soñolienta, para quemar, tras el azul del monte,
quebrada por los trémolos sombríos la mirra amarga de un amor lejano
de las músicas magas de mi tierra. en el ancho flamígero horizonte.
Roja nostalgia el corazón sentía,
...Y era el Amor, como una roja llama... sueños bermejos, que en el alma brotan
de lo inmenso inconsciente, de mis versos
cual de región caótica y sombría entre tus joyas.
donde ígneos astros, como nubes, flotan, Guárdala y espera.
informes, en un cielo lactescente.
Caminé hacia el crepúsculo glorioso,
congoja del estío, evocadora
del infinito ritmo misterios0
de olvidada locura triunfadora.
De locura adormida, la primera
que al alma llega y que del alma huye,
y la sola que torna en su carrera
si la agria ola del ayer refluye. De mar a mar entre los dos la
La soledad, la musa que el misterio guerra...
revela al alma en sílabas preciosas
cual notas de recóndito salterio,
De mar a mar entre los dos la guerra,
los primeros fantasmas de la mente
más honda que la mar. En mi parterre,
me devolvió, a la hora en que pudiera,
miro a la mar que el horizonte cierra.
caída sobre la ávida pradera
Tú, asomada, Guiomar , a un finisterre,
o sobre el seco matorral salvaje,
un ascua del crepúsculo fulgente,
miras hacia otro mar, la mar de España
tornar en humo el árido paisaje.
que Camoens cantara, tenebrosa.
Y la inmensa teoría
Acaso a ti mi ausencia te acompaña.
de gestos victoriosos
A mi me duele tu recuerdo, diosa.
de la tarde rompía
los cárdenos nublados congojosos.
La guerra dio al amor el tajo fuerte.
Y muda caminaba
y es la total angustia de la muerte,
en polvo y sol envuelta, sobre el llano,
con la sombra infecunda de la llama,
y en confuso tropel, mientras quemaba
sus inciensos de púrpura el verano.
y la soñada miel de amor tardío,
y la flor imposible de la rama
que ha sentido del hacha el corte frío.
Cuando sea mi vida...
Cuando sea mi vida, Del camino
toda clara y ligera
como un buen río
Preludio
que corre alegremente
a la mar,
Mientras la sombra pasa de un santo amor,
a la mar ignota
hoy quiero
que espera
poner un dulce salmo sobre mi viejo atril.
llena de sol y de canción.
Acordaré las notas del órgano severo
Y cuando brote en mi
al suspirar fragante del pífano de abril.
corazón la primavera
serás tú, vida mía,
Madurarán su aroma las pomas otoñales,
la inspiración
la mirra y el incienso salmodiarán su olor;
de mi nuevo poema.
exhalarán su fresco perfume los rosales,
Una canción de paz y amor
bajo la paz en sombra del tibio huerto en
al ritmo de la sangre
flor.
que corre por las venas.
Una canción de amor y paz.
Al grave acorde lento de música y aroma,
Tan solo de dulces cosas y palabras.
la sola y vieja y noble razón de mi rezar
Mientras,
mientras, guarda la llave de oro
levantará su vuelo suave de paloma, otra vez sobre el campo, y aparece,
y la palabra blanca se elevará al altar. en la bendita soledad, tu sombra.
***** *****
Daba el reloj las doce... y eran doce... El sol es un globo de fuego...
Daba el reloj las doce... y eran doce El sol es un globo de fuego,
golpes de azada en tierra... la luna es disco morado.
...¡Mi hora! -grité-... El silencio
me respondió: -No temas; Una blanca paloma se posa
tú no verás caer la última gota en el alto ciprés centenario.
que en la clepsidra tiembla.
Los cuadros de mirtos parecen
Dormirás muchas horas todavía de marchito velludo empolvado.
sobre la orilla vieja,
y encontrarás una mañana pura ¡El jardín y la tarde tranquila!...
amarrada tu barca a otra ribera. Suena el agua en la fuente de mármol.
***** *****
Sobre la tierra amarga, caminos tiene el ¡Tenue rumor de túnicas que pasan...
sueño...
¡Tenue rumor de túnicas que pasan
Sobre la tierra amarga, caminos tiene el sobre la infértil tierra!...
sueño ¡Y lágrimas sonoras
laberínticos, sendas tortuosas, de las campanas viejas!
parques en flor y en sombra y en silencio;
criptas hondas, escalas sobre estrellas; Las ascuas mortecinas
retablos de esperanzas y recuerdos. del horizonte humean...
Figurillas que pasan y sonríen Blancos fantasmas lares
-juguetes melancólicos de viejo-; van encendiendo estrellas.
imágenes amigas, -Abre el balcón. La hora
a la vuelta florida del sendero, de una ilusión se acerca...
y quimeras rosadas La tarde se ha dormido
que hacen camino... lejos... y las campanas sueñan.
***** *****
En la desnuda tierra del camino... ¡Oh, figuras del atrio, más humildes...
En la desnuda tierra del camino ¡Oh, figuras del atrio, más humildes
la hora florida brota, cada día y lejanas:
espino solitario, mendigos harapientos
del valle humilde en la revuelta umbrosa. sobre marmóreas gradas;
El salmo verdadero miserables ungidos
de tenue voz hoy torna de eternidades santas,
al corazón, y al labio, manos que surgen de los mantos viejos
la palabra quebrada y temblorosa. y de las rotas capas!
Mis viejos mares duermen; se apagaron ¿Pasó por vuestro lado
sus espumas sonoras una ilusión velada,
sobre la playa estéril. La tormenta de la mañana luminosa y fría
camina lejos en la nube torva. en las horas más plácidas?...
Vuelve la paz al cielo; Sobre la negra túnica, su mano
la brisa tutelar esparce aromas era una rosa blanca...
***** Conmigo irás mientras proyecte sombra
mi cuerpo y quede a mi sandalia arena.
La tarde todavía...
-¿Eres la sed o el agua en mi camino?
La tarde todavía Dime, virgen esquiva y compañera.
dará incienso de oro a tu plegaria,
y quizás el cenit de un nuevo día *****
amenguará tu sombra solitaria.
Algunos lienzos del recuerdo tienen...
Mas no es tu fiesta el Ultramar lejano,
sino la ermita junto al manso río; Algunos lienzos del recuerdo tienen
no tu sandalia el soñoliento llano luz de jardín y soledad de campo;
pisará, ni la arena del hastío. la placidez del sueño
en el paisaje familiar soñado.
Muy cerca está, romero,
la tierra verde y santa y florecida Otros guardan las fiestas
de tus sueños; muy cerca, peregrino de días aun lejanos;
que desdeñas la sombra del sendero figurillas sutiles
y el agua del mesón en tu camino. que pone un titirero en su retablo...
***** .......................................................
Crear fiestas de amores... Ante el balcón florido,
está la cita de un amor amargo.
Crear fiestas de amores
en nuestro amor pensamos, Brilla la tarde en el resol bermejo...
quemar nuevos aromas La hiedra efunde de los muros blancos...
en montes no pisados,
A la revuelta de una calle en sombra
y guardar el secreto un fantasma irrisorio besa un nardo.
de nuestros rostros pálidos,
porque en las bacanales de la vida *****
vacías nuestras copas conservamos,
Crece en la plaza en sombra...
mientras con eco de cristal y espuma
ríen los zumos de la vid dorados. Crece en la plaza en sombra
el musgo, y en la piedra vieja y santa
.......................................... de la iglesia. En el atrio hay un mendigo...
Más vieja que la iglesia tiene el alma.
Un pájaro escondido entre las ramas
del parque solitario, Sube muy lento, en las mañanas frías,
silba burlón... por la marmórea grada,
hasta un rincón de piedra... Allí aparece
Nosotros exprimimos su mano seca entre la rota capa.
la penumbra de un sueño en nuestro vaso...
Y algo, que es tierra en nuestra carne, Con las órbitas huecas de sus ojos
siente ha visto cómo pasan
la humedad del jardín como un halago. las blancas sombras, en los claros días,
las blancas sombras de las horas santas.
*****
*****
Arde en tus ojos un misterio, virgen...
Las ascuas de un crepúsculo morado...
Arde en tus ojos un misterio, virgen
esquiva y compañera. Las ascuas de un crepúsculo morado
detrás del negro cipresal humean...
No sé si es odio o es amor la lumbre En la glorieta en sombra está la fuente
inagotable de tu aljaba negra. con su alado y desnudo Amor de piedra,
que sueña mudo. En la marmórea taza *****
reposa el agua muerta.
Es una forma juvenil que un día...
*****
Es una forma juvenil que un día
¿Mi amor? ..¿Recuerdas, dime... a nuestra casa llega.
Nosotros le decimos: ¿por qué tornas
¿Mi amor? ..¿Recuerdas, dime, a la morada vieja?
aquellos juncos tiernos, Ella abre la ventana, y todo el campo
lánguidos y amarillos en luz y aroma entra.
que hay en el cauce seco?... En el blanco sendero,
los troncos de los árboles negrean;
¿Recuerdas la amapola las hojas de sus copas
que calcinó el verano, son humo verde que a lo lejos sueña.
la amapola marchita, Parece una laguna -
negro crespón del campo? el ancho río entre la blanca niebla
de la mañana. Por los montes cárdenos
¿Te acuerdas del sol yerto camina otra quimera.
y humilde, en la mañana,
que brilla y tiembla roto *****
sobre una fuente helada?...
*****
¡Oh, dime, noche amiga, amada vieja...
Me dijo un alba de la primavera...
¡Oh, dime, noche amiga, amada vieja,
Me dijo un alba de la primavera: que me traes el retablo de mis sueños
Yo florecí en tu corazón sombrío siempre desierto y desolado, y sólo
ha muchos años, caminante viejo con mi fantasma dentro,
que no cortas las flores del camino. mi pobre sombra triste
sobre la estepa y bajo el sol de fuego,
Tu corazón de sombra ¿acaso guarda o soñando amarguras
el viejo aroma de mis viejos lirios? en las voces de todos los misterios,
¿Perfuman aún mis rosas la alba frente dime, si sabes, vieja amada, dime
del hada de tu sueño adamantino? si son mías las lágrimas que vierto!
Me respondió la noche:
Respondí a la mañana: Jamás me revelaste tu secreto.
Sólo tienen cristal los sueños míos. Yo nunca supe, amado,
Yo no conozco el hada de mis sueños; si eras tú ese fantasma de tu sueño,
no sé si está mi corazón florido. ni averigüé si era su voz o la tuya,
o era la voz de un histrión grotesco.
Pero si aguardas la mañana pura
que ha de romper el vaso cristalino, Dije a la noche: Amada mentirosa,
quizás el hada te dará tus rosas, tú sabes mi secreto;
mi corazón tus lirios. tú has visto la honda gruta
donde fabrica su cristal mi sueño,
***** y sabes que mis lágrimas son mías,
y sabes mi dolor, mi dolor viejo.
Al borde del sendero un día nos sentamos...
¡Oh! Yo no sé, dijo la noche, amado,
Al borde del sendero un día nos sentamos. yo no sé tu secreto,
Ya nuestra vida es tiempo, y nuestra sola aunque he visto vagar ese, que dices
cuita desolado fantasma, por tu sueño.
son las desesperantes posturas que Yo me asomo a las almas cuando lloran
tomamos y escucho su hondo rezo,
para aguardar... Mas Ella no faltará a la humilde y solitario,
cita. ese que llamas salmo verdadero;
pero en las hondas bóvedas del alma,
no sé si el llanto es una voz o un eco.
Para escuchar tu queja de tus labios,
yo te busqué en tu sueño,
y allí te vi vagando en un borroso Dos sonetos a Guiomar
laberinto de espejos.
1. Perdón, Madona del Pilar, si llego
al par que nuestro amado florentino,
con una mata de serrano espliego,
con una rosa de silvestre espino.
¿Qué otra flor para ti de tu poeta
si no es la flor de la melancolía?
Aquí, sobre los huesos del planeta
Desde el umbral de un sueño.... pule el sol, hiela el viento, diosa mía,
Desde el umbral de un sueño me llamaron... ¡con qué divino acento
Era la buena voz, la voz querida. me llega a mi rincón de sombra y frío
tu nombre, al acercarme el tibio aliento
-Dime: ¿vendrás conmigo a ver el alma?....
Llegó a mi corazón una caricia. de otoño el hondo resonar del río!
Adiós: cerrada mi ventana, siento
-Contigo siempre....Y avancé en mi sueño junto a mi un corazón... ¿Oyes el mío?
por una larga, escueta galería,
sintiendo el roce de la veste pura *****
y el palpitar suave de la mano amiga.
2. De mar a mar entre los dos la guerra,
más honda que la mar. En mi parterre,
miro a la mar que el horizonte cierra.
Tú, asomada, Guiomar, a un finisterre,
miras hacia otro mar, la mar de España
que Camoens cantara, tenebrosa.
Acaso a ti mi ausencia te acompaña.
A mí me duele tu recuerdo, diosa.
La guerra dio al amor el tajo fuerte.
Desgarrada la nube; el arco y es la total angustia de la muerte,
iris... con la sombra iracunda de tu llama
Desgarrada la nube ; el arco iris y la soñada miel de amor tardío,
brillando ya en el cielo, y la flor imposible de la rama
y en un fanal de lluvia que ha sentido del hacha el corte frío.
y sol el campo envuelto.
Desperté. ¿ Quién enturbia
los mágicos cristales de mi sueño?
Mi corazón latía
atónito y disperso.
...¡El limonar florido,
el cipresal del huerto,
el prado verde, el sol, el agua, el iris...,
¡el agua en tus cabellos!... El amor y la sierra
Y todo en la memoria se perdía
como una pompa de jabón al viento.
Cabalgaba por agria serranía,
una tarde, entre roca cenicienta.
El plomizo balón de la tormenta
de monte en monte rebotar se oía.
Súbito, al vivo resplandor del rayo, Sí, te conozco, tarde alegre y clara,
se encabritó, bajo de un alto pino, casi de primavera.
al borde de la peña, su caballo.
A dura rienda le tornó al camino.
Y hubo visto la nube desgarrada,
y, dentro, la afilada crestería
de otra sierra más tenue y levantada
-relámpago de piedra parecía-.
¿Y vio el rostro de Dios? Vio el de su amada.
Gritó: ¡Morir en esta sierra fría!
El mar triste
Palpita un mar de acero de olas grises
dentro los toscos murallones roídos
del puerto viejo. Sopla el viento norte
y riza el mar. El triste mar arrulla
El limonero lánguido suspende... una ilusión amarga con sus olas grises.
El viento norte riza el mar, y el mar azota
el murallón del puerto.
El limonero lánguido suspende Cierra la tarde el horizonte
una pálida rama polvorienta anubarrado. Sobre el mar de acero
sobre el encanto de la fuente limpia, hay un cielo de plomo.
y allá en el fondo sueñan El rojo bergantín es un fantasma
los frutos de oro... sangriento, sobre el mar, que el mar
Es una tarde clara, sacude...
casi de primavera; Lúgubre zumba el viento norte y silba triste
tibia tarde de marzo, en la agria lira de las jarcias recias.
que al hálito de abril cercano lleva; El rojo bergantín es un fantasma
y estoy solo, en el patio silencioso, que el viento agita y mece el mar rizado,
buscando una ilusión cándida y vieja: el tosco mar rizado de olas grises.
alguna sombra sobre el blanco muro,
algún recuerdo, en el pretil de piedra
de la fuente dormido, o, en el aire,
algún vagar de túnica ligera.
En el ambiente de la tarde flota
ese aroma de ausencia
que dice al alma luminosa: nunca,
y al corazón: espera.
Ese aroma que evoca los fantasmas Elegía de un madrigal
de las fragancias vírgenes y muertas.
Sí, te recuerdo, tarde alegre y clara, Recuerdo que una tarde de soledad y
casi de primavera, hastío,
tarde sin flores, cuando me traías ¡oh tarde como tantas! , el alma mía era,
el buen perfume de la hierbabuena, bajo el azul monótono, un ancho y terso río
y de la buena albahaca, que ni tenía un pobre juncal en su ribera.
que tenía mi madre en sus macetas.
¡Oh mundo sin encanto, sentimental inopia
Que tú me viste hundir mis manos puras que borra el misterioso azogue del cristal!
en el agua serena, ¡Oh el alma sin amores que el Universo
para alcanzar los frutos encantados copia
que hoy en el fondo de la fuente sueñan... con un irremediable bostezo universal!
-yo tuve patria donde corre el Duero
Quiso el poeta recordar a solas por entre grises peñas,
las ondas bien amadas, la luz de los y fantasmas de viejos encinares,
cabellos allá en Castilla, mística y guerrera,
que él llamaba en sus rimas rubias olas. Castilla la gentil, humilde y brava,
Leyó... La letra mata: no se acordaba de Castilla del desdén y de la fuerza-,
ellos... en estos campos de mi Andalucía,
¡oh tierra en que nací! , cantar quisiera.
Y un día -como tantos-, al aspirar un día Tengo recuerdos de mi infancia, tengo
aromas de una rosa que en el rosal se abría, imágenes de luz y de palmeras,
brotó como una llama la luz de los cabellos y en una gloria de oro,
que él en sus madrigales llamaba rubias de lueñes campanarios con cigüeñas,
olas; de ciudades con calles sin mujeres
brotó, porque una aroma igual tuvieron bajo un cielo de añil, plazas desiertas
ellos... donde crecen naranjos encendidos
Y se alejó en silencio para llorar a solas. con sus frutas redondas y bermejas;
y en un huerto sombrío, el limonero
de ramas polvorientas
y pálidos limones amarillos,
que el agua clara de la fuente espeja,
un aroma de nardos y claveles
y un fuerte olor de albahaca y hierbabuena;
imágenes de grises olivares
bajo un tórrido sol que aturde y ciega,
¿Empeñé tu memoria? ¡Cuántas y azules y dispersas serranías
veces! con arreboles de una tarde inmensa;
mas falta el hilo que el recuerdo anuda
¿Empeñé tu memoria? ¡Cuántas veces! al corazón, el ancla en su ribera,
La vida baja como un ancho río, o estas memorias no son alma. Tienen
y cuando lleva al mar alto navío en sus abigarradas vestimentas
va con cieno verdoso y turbias heces. señal de ser despojos del recuerdo,
la carga ,bruta que el recuerdo lleva.
Y más si hubo tormenta en sus orillas, Un día tornarán, con luz d-el fondo
y él arrastra el botín de la tormenta, ungidos,
si en su cielo la nube cenicienta los cuerpos virginales a la orilla vieja.
se incendió de centellas amarillas.
Lora del Río, 4 de abril de 1913.
Pero aunque fluya hacia la mar ignota,
es la vida también agua de fuente
que de claro venero, gota a gota,
o ruidoso penacho de torrente,
bajo el azul, sobre la piedra brota.
y allí suena tu nombre ¡eternamente!
Eran ayer mis dolores...
Eran ayer mis dolores
como gusanos de seda
que iban labrando capullos;
hoy son mariposas negras.
En estos campos de la tierra ¡De cuántas flores amargas
mía... he sacado blanca cera!
¡Oh, tiempo en que mis pesares
trabajaba como abeja!
En estos campos de la tierra mía Hoy son como avenas locas,
y extranjero en los campos de mi tierra o cizaña en sementera,
como tizón en espiga,
como carcoma en madera. ¡Cómo en la fuente donde el agua mora
resalta en piedra una leyenda escrita:
¡Oh, tiempo en que mis dolores el ábaco del tiempo falta una hora!
tenía lágrimas buenas,
y eran como agua de noria ¡Y cómo aquella ausencia en una cita,
que va regando una huerta! bajo las olmas que noviembre dora,
Hoy son agua de torrente del fondo de mi historia resucita!
que arranca el limo a la tierra.
Dolores que ayer hicieron
de mi corazón colmena,
hoy tratan mi corazón
como a una muralla vieja:
quieren derribarlo, y pronto,
al golpe de la piqueta.
Hacia tierra baja III
Un mesón de mi camino.
Con un gesto de vestal,
tú sirves el rojo vino
de una orgía de arrabal.
Glosa
Los borrachos
Nuestras vidas son los ríos de los ojos vivarachos
que van a dar a la mar, y la lengua fanfarrona
que es el morir. ¡Gran cantar! te requiebran ¡oh varona!
Entre los poetas míos Y otros borrachos suspiran
tiene Manrique un altar. por tus ojos de diamante,
tus ojos que a nadie miran.
Dulce goce de vivir:
mala ciencia del pasar, A la altura de tus senos,
ciego huir a la mar. la batea rebosante
llega en tus brazos morenos.
Tras el pavor de morir
está el placer de llegar. ¡Oh, mujer,
dame también de beber!
¡Gran placer!
Mas ¿y el horror de volver?
¡Gran pesar!
Guerra de amor Hastío
El tiempo que la barba me platea Pasan las horas de hastío
cavó mis ojos y agrandó mi frente, por la estancia familiar,
va siendo en mí recuerdo transparente, el amplio cuarto sombrío
y mientras más el fondo, más clarea. donde yo empecé a soñar.
Miedo infantil, amor adolescente, Del reloj arrinconado,
¡cuánto esta luz de otoño os hermosea!, que en la penumbra clarea,
¡agrios caminos de la vida fea, el tictac acompasado
que también os doráis al sol poniente! odiosamente golpea.
Dice la monotonía
del agua clara al caer:
un día es como otro día;
hoy es lo mismo que ayer.
Horizonte
Cae la tarde. El viento agita
el parque mustio y dorado... En una tarde clara y amplia como el hastío
¡Qué largamente ha llorado cuando su lanza blande el tórrido verano,
toda la fronda marchita! copiaban el fantasma de un grave sueño
mío
mil sombras en teoría, enhiestas sobre el
llano.
La gloria del ocaso era un purpúreo espejo,
era un cristal de llamas, que al infinito viejo
iba arrojando el grave soñar en la llanura...
He andado muchos caminos... Y yo sentí la espuela sonora de mi paso
repercutir lejana en el sangriento ocaso,
He andado muchos caminos y más allá, la alegre canción de un alba
he abierto muchas veredas; pura.
he navegado en cien mares
y atracado en cien riberas.
En todas partes he visto
caravanas de tristeza,
soberbios y melancólicos
borrachos de sombra negra.
Y pedantones al paño
que miran, callan y piensan
que saben, porque no beben Húmedo está, bajo el laurel, el
el vino de las tabernas. banco...
Mala gente que camina
y va apestando la tierra... Húmedo está, bajo el laurel, el banco
de verdinosa piedra;
Y en todas partes he visto lavó la lluvia, sobre el muro blanco,
gentes que danzan o juegan, las empolvadas hojas de la yedra.
cuando pueden, y laboran
sus cuatro palmos de tierra. Del viento del otoño el tibio aliento
los céspedes ondula, y la alameda
Nunca, si llegan a un sitio conversa con el viento...,
preguntan a donde llegan. ¡el viento de la tarde en la arboleda!
Cuando caminan, cabalgan
a lomos de mula vieja. Mientras el sol en el ocaso esplende
que los racimos de la vid orea,
Y no conocen la prisa y el buen burgués, en su balcón, enciende
ni aún en los días de fiesta. la estoica pipa que el tabaco humea,
Donde hay vino, beben vino,
donde no hay vino, agua fresca. voy recordando versos juveniles...
¿Qué fue de aquel mi corazón -sonoro?
Son buenas gentes que viven, ¿Será cierto que os vais, sombras gentiles,
laboran, pasan y sueñan, huyendo entre los árboles de oro?
y un día como tantos,
descansan bajo la tierra.
y el chispear de estrellas
del cielo negro y bajo.
Tus ojos me recuerdan
las noches de verano.
Y tu morena carne,
Huye del triste amor, amor los trigos requemados,
pacato... y el suspirar de fuego
de los maduros campos.
Huye del triste amor, amor pacato,
sin peligro, sin venda ni aventura, Tu hermana es clara y débil
que espera del amor prenda segura, como los juncos lánguidos,
porque en amor locura es lo sensato. como los sauces tristes,
como los linos glaucos.
Ese que el pecho esquiva al niño ciego Tu hermana es un lucero
y blasfemó del fuego de la vida, en el azul lejano...
de una brasa pensada, y no encendida, Y es alba y aura fría
quiere ceniza que le guarde el fuego. sobre los pobres álamos
que en las orillas tiemblan
Y ceniza hallará, no de su llama, del río humilde y manso.
cuando descubra el torpe desvarío Tu hermana es un lucero
que pedía, sin flor, fruto en la rama. en el azul lejano.
Con negra llave el aposento frío De tu morena gracia
de su tiempo abrirá. ¡Despierta cama, de tu soñar gitano,
y turbio espejo y corazón vacío! de tu mirar de sombra
quiero llenar mi vaso.
Me embriagaré una noche
de cielo negro y bajo,
para cantar contigo,
orilla al mar salado,
una canción que deje
cenizas en los labios...
De tu mirar de sombra
Jardín quiero llenar mi vaso.
Lejos de tu jardín quema la tarde Para tu linda hermana
inciensos de oro en purpurinas llamas, arrancaré los ramos
tras el bosque de cobre y de ceniza. de florecillas nuevas
En tu jardín hay dalias. a los almendros blancos,
¡Malhaya tu jardín!... Hoy me parece en un tranquilo y triste
la obra de un peluquero, alborear de marzo.
con esa pobre palmerilla enana, Los regaré con agua
y ese cuadro de mirtos recortados... de los arroyos claros,
y el naranjito en su tonel... El agua los ataré con verdes
de la fuente de piedra junquillos del remanso...
no cesa de reír sobre la concha blanca. Para tu linda hermana
yo haré un ramito blanco.
Inventario galante
Tus ojos me recuerdan La calle en sombra. Ocultan los
las noches de verano,
negras noches si luna,
caserones...
orilla al mar salado,
La calle en sombra. Ocultan los altos
caserones Bajo ese almendro florido,
el sol que muere; hay ecos de luz en los todo cargado de flor
balcones. -recordé-, yo he maldecido
mi juventud sin amor.
¿No ves, en el encanto del mirador florido,
el óvalo rosado de un rostro conocido? Hoy en mitad de la vida,
me he parado a meditar...
La imagen; tras el vidrio de equívoco ¡Juventud nunca vivida,
reflejo, quién te volviera a soñar!
surge o se apaga como daguerrotipo viejo.
Suena en la calle sólo el ruido de tu paso;
se extinguen lentamente los ecos del ocaso.
¡Oh angustia! Pesa y duele el corazón. ¿Es
ella
No puede ser... Camina... En el azul la
estrella. La vida hoy tiene ritmo...
La vida hoy tiene ritmo
de ondas que pasan,
de olitas temblorosas
que fluyen y se alcanzan.
La vida hoy tiene el ritmo de los ríos,
la risa de las aguas
La muerte que entre los verdes junquerales corren,
y entre las verdes cañas.
Aquel juglar burlesco
que, a son de cascabeles, me mostraba Sueño florido lleva el manso viento;
el amargo retablo de la vida, bulle la savia joven en las nuevas ramas;
hoy cambió su botarga tiemblan alas y frondas,
por un traje de luto y me pregona y la mirada sagital del águila
el sueño alegre de una alegre farsa. no encuentra presa..., trema el campo en
Dije al juglar burlesco: sueños,
queda con Dios y tu retablo guarda. vibra el sol como un arpa.
Mas quisiera escuchar tus cascabeles
la última vez y el gesto de tu cara ¡Fugitiva ilusión de ojos guerreros
guardar en la memoria, por si acaso que por las selvas pasas
te vuelvo a ver, ¡canalla!... a la hora del cenit: tiemble en mi pecho
el oro de tu aljaba!
En tus labios florece la alegría
de los campos en flor; tu veste alada
aroman las primeras velloritas,
las violetas perfuman tus sandalias.
Yo he seguido tus pasos en el viejo bosque,
La primavera besaba... arrebatados tras la corza rápida,
y los ágiles músculos rosados
La primavera besaba de tus piernas silvestres entre verdes
suavemente la arboleda, ramas.
y el verde nuevo brotaba
como una verde humareda. ¡Pasajera ilusión de ojos guerreros
que por las selvas pasas,
Las nubes iban pasando cuando la tierra reverdece y ríen
sobre el campo juvenil... los ríos en las cañas!
Yo vi en las hojas temblando ¡Tiemble en mi pecho el oro
las frescas lluvias de abril.
que llevas en tu aljaba! quisiera traerte
muerta mi alma vieja.
<>
Llamó a mi corazón, un claro
día...
Llamó a mi corazón, un claro día,
con un perfume de jazmín, el viento.
-A cambio de este aroma,
todo el aroma de tus rosas quiero. Melancolía
-No tengo rosas; flores Tarde tranquila, casi
en mi jardín no hay ya, todas han muerto. con placidez de alma,
para ser joven, para haberlo sido
-Me llevaré los llantos de las fuentes, cuando Dios quiso, para
las hojas amarillas y los mustios pétalos. tener algunas alegrías...lejos,
y poder dulcemente recordarlas.
Y el viento huyó...Mi corazón sangraba...
Alma, ¿qué has hecho de tu pobre huerto? Es una tarde cenicienta y mustia,
destartalada, como el alma mía;
y es esta vieja angustia
que habita mi usual hipocondría.
La causa de esta angustia no consigo
ni vagamente comprender siquiera;
pero recuerdo y recordando digo:
-Sí, yo era niño, y tú, mi compañera.
Me dijo una tarde...
Me dijo una tarde
de la primavera:
si buscas caminos
en flor en la tierra,
mata tus palabras
y oye tu alma vieja.
¿Mi amor?
Que el mismo albo lino
que te vista, sea ¿Mi amor?...¿Recuerdas, dime,
tu traje de duelo, aquellos juncos tiernos
tu traje de fiesta. lánguidos y amarillos
Ama tu alegría que hay en el cauce seco?...
y ama tu tristeza,
si buscas caminos ¿Recuerdas la amapola
en flor en la tierra. que calcinó el verano,
la amapola marchita,
Respondí a la tarde negro crespón del campo?...
de la primavera:
tú has dicho el secreto ¿Te acuerdas del sol yerto
que en mi alma reza: y humilde en la mañana,
yo odio la alegría que brilla y tiembla roto
yo odio a la pena, sobre una fuente helada?...
mas antes que pise
tu florida senda,
¡fugitiva sandalia arrebatada,
tenue, bajo la túnica de rosa!
***
¡Fiesta de abril que al corazón esconde
amargo pasto, la campana tañe!...
¡Fiesta de abril!. ..Y el eco le responde
¿Mi corazón se ha dormido?... un nunca más, que dolorido plañe.
Tarde vieja en el alma y virgen: miente
¿Mi corazón se ha dormido? el agua de tu gárgola riente,
Colmenares de mis sueños, la fiesta de tus bronces de alegría;
¿ya no labráis? ¿Está seca que en el silencio turbio de mi espejo
la noria del pensamiento, ríe, en mi ajuar ya viejo,
los cangilones vacíos la grotesca ilusión. Lejana y fría
girando, de sombra llenos? sombra talar, en el abril de ocaso
tu doble vuelo siento
No, mi corazón no duerme. fugitivo, y el paso
Está despierto, despierto. de tu sandalia equívoca en el viento.
ni duerme, ni sueña, mira,
los claros ojos abiertos,
señas lejanas y escucha
a orillas del gran silencio.
Noche de verano
Es una hermosa noche de verano.
Tienen las altas casas
Never more abiertos los balcones
del viejo pueblo a la anchurosa plaza.
¡Amarga primavera! En el amplio rectángulo desierto,
¡Amarga luz a mi rincón oscuro! bancos de piedra, evónimos y acacias
Tras la cortina de mi alcoba, espera simétricos dibujan
la clara tarde bajo el cielo puro. sus negras sombras en la arena blanca.
En el silencio turbio de mi espejo En el cenit, la luna y en la torre
miro, en la risa de mi ajuar ya viejo, la esfera del reloj iluminada.
la grotesca ilusión. Y del lejano Yo en este viejo pueblo paseando
jardín escucho un sollozar riente: solo, como un fantasma.
trémula voz del agua que borbota
alegre de la gárgola en la fuente,
entre verdes evónimos ignota.
Rápida silba, en el azur ingrave,
tras de la tenue gasa,
si oscura banda, en leve sombra suave,
de golondrinas pasa.
Lejos miente otra fiesta el campanario,
tañe el bronce de luz en el misterio, Nocturno
y hay más allá un plañido solitario
cual nota de recóndito salterio. A Juan Ramón
¡Salmodías de abril, música breve, Jiménez
sibilación escrita
en el silencio de cien mares: leve
aura de ayer que túnicas agita! berce sur l'azur qu' un vent
¡Espíritu de ayer!, ¡sombra velada, douce effleure
que prometes tu lecho hospitalario l'arbre qui frissonne et
en la tarde que espera luminosa!. l'oiseau qui pleure.
se ve brotar en los finos
Verlaine chopos de la carretera
y del río. El Duero corre, terso y mudo,
Sobre el campo de abril la noche ardía mansamente.
de gema en gema en el azul... El viento El campo parece, más que joven,
un doble acorde en su laúd tañía adolescente.
de tierra en flor y sideral lamento.
Entre las hierbas, alguna humilde flor ha
Era un árbol sonoro en la llanura. nacido,
dulce cantor del campo silencioso. azul o blanca. ¡Belleza del campo apenas
que guardaba un silencio de amargura florido,
ahogado en el ramaje tembloroso. y mística primavera!
Era un árbol cantor, negro y de plata Chopos del camino blanco, álamos de la
bajo el misterio de la luna bella, ribera,
vibrante de una oculta serenata, espuma de la montaña
como el salmo escondido de una estrella. ante la azul lejanía,
sol del día, claro día!
Y era el beso del viento susurrante, ¡Hermosa tierra de España!
y era la brisa que las ramas besa,
y era el agudo suspirar silbante
del mirlo oculto entre la fronda espesa.
Mi corazón también cantara el almo
salmo de abril bajo la luna clara,
y del árbol cantor el dulce salmo
en un temblor de lágrimas copiara
que hay en el alma un sollozar de oro
que dice grave en el silencio el alma, Otoño
como un silbante suspirar sonoro
dice el árbol cantor la noche en calma-
si no tuviese mi almo un ritmo estrecho
El cárdeno otoño
para cantar de abril la paz en llanto,
no tiene leyendas
y no sintiera el salmo de mi pecho
para mí. Los salmos
saltar con eco de cristal y espanto.
de las frondas muertas,
jamás he escuchado,
que el viento se lleva.
Yo no sé los salmos
de las hojas secas,
sino el sueño verde
de la amarga tierra.
Orillas del Duero
Se ha asomado una cigüeña a lo alto del
campanario.
Girando en torno a la torre y al caserón
solitario,
ya las golondrinas chillan. Pasaron del
blanco invierno, Otras canciones a Guiomar
de nevascas y ventiscas los crudos soplos de
infierno.
A la manera de Abel
Es una tibia mañana.
Martín y de Juan de Mairena
El sol calienta un poquito la pobre tierra
soriana.
1. ¡Sólo tu figura,
como una centella blanca,
Pasados los verdes pinos,
en mi noche oscura!
casi azules, primavera
* *****
¡Y en la tersa arena,
cerca de la mar, 6. Y te enviaré mi canción:
tu carne rosa y morena, «Se canta lo que se pierde»,
súbitamente, Guiomar! con un papagayo verde
que la diga en tu balcón.
*
En el gris del muro, *****
cárcel y aposento,
y en un paisaje futuro 7. Que apenas si de amor el ascua humea
con sólo tu voz y el viento; sabe el poeta que la voz engola
y, barato cantor, se pavonea
* con su pesar o enluta su viola;
en el nácar frío y que si amor da su destello, sola
de tu zarcillo en mi boca, la pura estrofa suena,
Guiomar, y en el calofrío fuente de monte, anónima y serena.
de una amanecida loca; Bajo el azul olvido, nada canta,
ni tu nombre ni el mío, el agua santa.
* Sombra no tiene de su turbia escoria
asomada al malecón limpio metal; el verso del poeta
que bate la mar de un sueño, lleva el ansia de amor que lo engendrara
y bajo el arco del ceño como lleva el diamante sin memoria
de mi vigilia, a traición, -frío diamante- el fuego del planeta
¡siempre tú! trocado en luz, en una joya clara...
Guiomar, Guiomar,
mírame en ti castigado: *****
reo de haberte creado,
ya no te puedo olvidar. 8. Abre el rosal de la carroña horrible
su olvido en flor, y extraña mariposa.
***** jalde y carmín, de vuelo imprevisible,
salir se ve del fondo de una fosa.
2. Todo amor es fantasía; Con el terror de víbora encelada,
él inventa el año, el día, junto al lagarto frío,
la hora y su melodía; con el absorto sapo en la azulada
inventa el amante y, más, libélula que vuela sobre el río,
la amada. No prueba nada, con los montes de plomo y de ceniza,
contra el amor, que la amada sobre los rubios agros
no haya existido jamás. que el sol de mayo hechiza,
se ha abierto un abanico de milagros
**** -el ángel del poema la ha querido-
en la mano creadora del olvido...
3. Escribiré en tu abanico: ...................................................
te quiero para olvidarte,
para quererte te olvido.
*****
4. Te abanicarás
con un madrigal que diga:
en amor el olvido pone la sal.
Por qué, decisme, hacia los altos
***** llanos...
5. Te pintaré solitaria ¿Por qué, decisme, hacia los altos llanos,
en la urna imaginaria huye mi corazón de esta ribera,
de un daguerrotipo viejo, y en tierra labradora y marinera
o en el fondo de un espejo, suspiro por los yermos castellanos?
viva y quieta,
olvidando a tu poeta.
Nadie elige su amor. Llevome un día
mi destino a los grises calvijares 7. Yo he visto garras fieras en las pulidas
donde ahuyenta al caer la nieve fría manos;
las sombras de los muertos encinares. conozco grajos mélicos y líricos marranos...
De aquel trozo de España, alto y roquero, El más truhán se lleva la mano al corazón,
hoy traigo a ti, Guadalquivir florido, y el bruto más espeso se carga de razón.
una mata del áspero romero.
8. En preguntar lo que sabes
Mi corazón está donde ha nacido, el tiempo no has de perder..
no a la vida, al amor, cerca del duero... Y a preguntas sin respuesta
¡El muro blanco y el ciprés erguido! ¿quién te podrá responder?
9. El hombre, a quien el hambre de la
rapiña acucia,
de ingénita malicia y natural astucia,
formó la inteligencia y acaparó la tierra.
¡Y aun la verdad proclama! ¡Supremo ardid
de guerra!
Proverbios y cantares 10. La envidia de la virtud
hizo a Caín criminal.
1. Nunca perseguí la gloria ¡Gloria a Caín! Hoy el vicio
ni dejar en la memoria es lo que se envidia más.
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles, 11. La mano del piadoso nos quita siempre
ingrávidos y gentiles honor;
como pompas de jabón. mas nunca ofende al damos su mano el
Me gusta verlos pintarse lidiador.
de sol y grana, volar Virtud es fortaleza, ser bueno es ser
bajo el cielo azul, temblar valiente;
súbitamente y quebrarse. escudo, espada y maza llevar bajo la frente
porque el valor honrado de todas armas
2. ¿Para qué llamar caminos viste:
a los surcos del azar?... no sólo para, hiere, y más que aguarda,
Todo el que camina anda, embiste.
como Jesús, sobre el mar. Que la piqueta arruine, y el látigo flagele;
la fragua ablande el hierro, la lima pula y
3. A quien nos justifica nuestra gaste,
desconfianza y que el buril burile, y que el cincel cincele,
llamamos enemigo, ladrón de una la espada punce y hienda y el gran martillo
esperanza. aplaste.
Jamás perdona el necio si ve la nuez vacía
que dio a cascar al diente de la sabiduría.
12. ¡Ojos que a luz se abrieron
4. Nuestras horas son minutos un día para, después,
cuando esperamos saber, ciegos tornar a la tierra,
y siglos cuando sabemos hartos de mirar sin ver!
lo que se puede aprender.
13. Es el mejor de los buenos
5. Ni vale nada el fruto quien sabe que en esta vida
cogido sin sazón... todo es cuestión de medida:
Ni aunque te elogie un bruto un poco más, algo menos...
ha de tener razón.
14. Virtud es la alegría que alivia el corazón
6. De lo que llaman los hombres
virtud, justicia y bondad, más grave y desarruga el ceño de Catón.
una mitad es envidia, El bueno es el que guarda, cual venta del
y la otra, no es caridad. camino,
para el sediento el agua, para el borracho el que esté mi frente arrugada;
vino. yo vivo en paz con los hombres
y en guerra con mis entrañas.
15. Cantad conmigo en coro: Saber, nada
sabemos, 24. De diez cabezas, nueve
de arcano mar vinimos, a ignota mar embisten y una piensa.
iremos... Nunca extrañéis que un bruto
Y entre los dos misterios está el enigma se descuerne luchando por la idea.
grave;
tres arcas cierra una desconocida llave. 25. Las abejas de las flores
La luz nada ilumina y el sabio nada enseña. sacan miel, y melodía
del amor, los ruiseñores;
¿Qué dice la palabra? ¿Qué el agua de la Dante y yo -perdón, señores-,
peña? trocamos -perdón, Lucía-,
el amor en Teología.
16. El hombre es por natura la bestia
paradójica, 26. Poned sobre los campos
un animal absurdo que necesita lógica. un carbonero, un sabio y un poeta.
Creó de nada un mundo y, su obra Veréis cómo el poeta admira y calla,
terminada, el sabio mira y piensa...
«Ya estoy en el secreto -se dijo-, todo es Seguramente, el carbonero busca
nada.» las moras o las setas.
Llevadlos al teatro
17. El hombre sólo es rico en hipocresía. y sólo el carbonero no bosteza.
En sus diez mil disfraces para engañar Quien prefiere lo vivo a lo pintado
confía; es el hombre que piensa, canta o sueña.
y con la doble llave que guarda su mansión El carbonero tiene
para la ajena hace ganzúa de ladrón. llena de fantasías la cabeza.
18. ¡Ah, cuando yo era niño 27. ¿Dónde está la utilidad
soñaba con los héroes de la Ilíada! de nuestras utilidades?
Ayax era más fuerte que Diómedes, Volvamos a la verdad:
Héctor, más fuerte que Ayax, vanidad de vanidades.
y Aquiles el más fuerte; porque era
el más fuerte... ¡Inocencias de la infancia! 28. Todo hombre tiene dos
¡Ah, cuando yo era niño batallas que pelear:
soñaba con los héroes de la Ilíada! en sueños lucha con Dios;
y despierto, con el mar.
19. El casca-nueces-vacías,
Colón de cien vanidades, 29. Caminante, son tus huellas
vive de supercherías el camino, y nada más;
que vende como verdades. caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
20. ¡Teresa, alma de fuego, Al andar se hace camino,
Juan de la Cruz, espíritu de llama y al volver la vista atrás
por aquí hay mucho frío, padres, nuestros se ve la senda que nunca
corazoncitos de Jesús se apagan! se ha de volver a pisar.
Caminante, no hay camino,
21. Ayer soñé que veía sino estelas en la mar.
a Dios y que a Dios hablaba;
y soñé que Dios me oía... 30. El que espera desespera,
Después soñé que soñaba. dice la voz popular.
¡Qué verdad tan verdadera!
22. Cosas de hombres y mujeres,
los amoríos de ayer, La verdad es lo que es,
casi los tengo olvidados, y sigue siendo verdad
si fueron alguna vez. aunque se piense al revés.
23. No extrañéis, dulces amigos, 31. Corazón, ayer sonoro,
¿ya no suena si no puedes hacer barro.
tu monedilla de oro?
Tu alcancía, 39. Dicen que el ave divina
antes que el tiempo la rompa, trocada en pobre gallina,
¿se irá quedando vacía? por obra de las tijeras
Confiemos de aquel sabio profesor
en que no será verdad (fue Kant un esquilador
nada de lo que sabemos. de las aves altaneras;
toda su filosofía,
32. ¡Oh fe del meditabundo! un sport de cetrería),
¡Oh fe después del pensar! dicen que quiere saltar
Sólo si viene un corazón al mundo las tapias del corralón,
rebosa el vaso humano y se hincha el mar. y volar
otra vez, hacia Platón.
33. Soñé a Dios como una fragua ¡Hurra! ¡Sea!
de fuego, que ablanda el hierro, ¡Feliz será quien lo vea!
como un forjador de espadas,
como un bruñidor de aceros, 40. Sí, cada uno y todos sobre la tierra
que iba firmando en las hojas iguales:
de luz: Libertad. -Imperio. el ómnibus que arrastran dos pencos
matalones,
34. Yo amo a Jesús, que nos dijo por el camino, a tumbos, hacia las
Cielo y tierra pasarán. estaciones,
Cuando cielo y tierra pasen el ómnibus completo de viajeros banales,
mi palabra quedará. y en medio un hombre mudo,
¿Cuál fue, Jesús, tu palabra? hipocondríaco, austero,
¿Amor? ¿Perdón? ¿Caridad? a quien se cuentan cosas y a quien se ofrece
Todas tus palabras fueron vino...
una palabra: Velad. Y allá, cuando se llegue, ¿descenderá un
viajero
35. Hay dos modos de conciencia: no más? ¿O habránse todos quedado en el
una es luz, y otra, paciencia. camino?
Una estriba en alumbrar
un poquito el hondo mar; 41. Bueno es saber que los vasos
otra, en hacer penitencia nos sirven para beber;
con caña o red, y esperar lo malo es que no sabemos
el pez, como pescador. para qué sirve la sed.
Dime tú. ¿Cuál es mejor?
¿Conciencia de visionario 42. ¿Dices que nada se pierde?
que mira en el hondo acuario Si esta copa de cristal
peces vivos, se me rompe, nunca en ella
fugitivos, beberé, nunca jamás.
que no se pueden pescar,
o esa maldita faena 43. Dices que nada se pierde,
de ir arrojando a la arena, y acaso dices verdad;
muertos, los peces del mar? pero todo lo perdemos
y todo nos perderá.
36. Fe empirista. Ni somos ni seremos.
Todo nuestro vivir es emprestado. 44. Todo pasa y todo queda;
Nada trajimos; nada llevaremos. pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
37. ¿Dices que nada se crea? caminos sobre la mar.
No te importe, con el barro
de la tierra, haz una copa 45. Morir... ¿Caer como gota
para que beba tu hermano. de mar en el mar inmenso?
¿O ser lo que nunca ha sido:
38. ¿Dices que nada se crea? uno, sin sombra y sin sueño,
Alfarero, a tus cacharros. un solitario que avanza
Haz tu copa y no te importe sin camino y sin espejo?
Una de las dos Españas
46. Anoche soné que oía ha de helarte el corazón.
a Dios, gritándome: ¡Alerta!
Luego era Dios quien dormía,
y yo gritaba: ¡Despierta!
47. Cuatro cosas tiene el hombre
que no sirven en la mar:
ancla, gobernalle y remos,
y miedo de naufragar.
Renacimiento
48. Mirando mi calavera
un nuevo Hamlet dirá: Galerías del alma... ¡El alma niña!
He aquí un lindo fósil de una Su clara luz risueña;
careta de carnaval. y la pequeña historia,
y la alegría de la vida nueva...
49. Ya noto, al paso que me torno viejo,
que en el inmenso espejo, ¡Ah, volver a nacer, y andar camino,
donde orgulloso me miraba un día, ya recobrada la perdida senda!
era el azogue lo que yo ponía.
Al espejo del fondo de mi casa Y volver a sentir en nuestra mano,
una mano fatal aquel latido de la mano buena
ya rayendo el azogue, y todo pasa de nuestra madre... Y caminar en sueños
por él como la luz por el cristal. por amor de la mano que nos lleva.
50. -Nuestro español bosteza.
<>
¿Es hambre? ¿Sueño? ¿Hastío?
En nuestras almas todo
Doctor, ¿tendrá el estómago vacío?
por misteriosa mano se gobierna.
-El vacío es más bien en la cabeza.
Incomprensibles, mudas,
nada sabemos de las almas nuestras.
51. Luz del alma, luz divina,
faro, antorcha, estrella, sol...
Las más hondas palabras
Un hombre a tientas camina;
del sabio nos enseñan,
lleva a la espalda un farol.
lo que el silbar del viento cuando sopla,
o el sonar de las aguas cuando ruedan.
52. Discutiendo están dos mozos
si a la fiesta del lugar
irán por la carretera
o campo atraviesa irán.
Discutiendo y disputando
empiezan a pelear.
Ya con las trancas de pino
furiosos golpes se dan;
ya se tiran de las barbas,
que se las quieren pelar. Rosa de fuego
Ha pasado un carretero,
que va cantando un cantar: Tejidos sois de primavera, amantes,
«Romero, para ir a Roma, de tierra y agua y viento y sol tejidos.
lo que importa es caminar; La sierra en vuestros pechos jadeantes,
a Roma por todas partes, en los ojos los campos florecidos,
por todas partes se va.»
pasead vuestra mutua primavera,
53. Ya hay un español que quiere y aun bebed sin temor la dulce leche
vivir y a vivir empieza, que os brinda hoy la lúbrica pantera,
entre una España que muere antes que, torva, en el camino aceche.
y otra España que bosteza.
Españolito que vienes Caminad, cuando el eje del planeta
al mundo, te guarde Dios. se vence hacia el solsticio del verano,
verde el almendro y mustia la violeta,
Soñé que tú me llevabas
cerca la sed y el hontanar cercano, por una blanca vereda,
hacia la tarde del amor, completa, en medio del campo verde,
con la rosa de fuego en vuestra mano. hacia el azul de las sierras,
hacia los montes azules,
una mañana serena.
Sentí tu mano en la mía,
tu mano de compañera,
tu voz de niña en mi oído
como una campana nueva,
como una campana virgen
Señor, ya me arrancaste lo que de un alba de primavera.
yo más quería... ¡Eran tu voz y tu mano,
en sueño, tan verdaderas!...
Vive, esperanza, ¡quién sabe
Señor, ya me arrancaste lo que yo más
lo que se traga la tierra!
quería.
Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar.
Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía.
Señor, ya estamos solos mi corazón y el
mar.
Una noche de verano...
Una noche de verano
-estaba abierto el balcón
Siempre fugitiva y siempre... y la puerta de mi casa-
la muerte en mi casa entró.
Se fue acercando a su lecho
Siempre fugitiva y siempre
-ni siquiera me miró-,
cerca de mí, en negro manto
con unos dedos muy finos
mal cubierto el desdeñoso
algo muy tenue rompió.
gesto de tu rostro pálido.
Silenciosa y sin mirarme,
la muerte otra vez pasó
No sé adónde vas, ni dónde
delante de mí. ¿Qué has hecho?
tu virgen belleza tálamo
La muerte no respondió.
busca en la noche. No sé
Mi niña quedó tranquila,
qué sueños cierran tus párpados,
dolido mi corazón.
ni de quién haya entreabierto
¡Ay, lo que la muerte ha roto
tu lecho inhospitalario.
era un hilo entre los dos!
Detén el paso belleza
esquiva, detén el paso.
Besar quisiera la amarga,
amarga flor de tus labios.
Voy caminando solo...
Allá, en las tierras altas,
por donde traza el Duero
su curva de ballesta
en torno a Soria, entre plomizos cerros
y manchas de raídos encinares,
Soñé que tú me llevabas... mi corazón está vagando, en sueños...
la voz que fue a tu corazón, la mano
No ves, Leonor, los álamos del río que tú querías retener en sueños,
con sus ramajes yertos? y todos los amores
que llegaron al alma, al hondo cielo?
Mira el Moncayo azul y blanco; dame
tu mano y paseemos. ¿Y ha de morir contigo el mundo tuyo,
la vieja vida en orden tuyo y nuevo?
Por estos campos de la tierra mía, ¿Los yunques y crisoles de tu alma
bordados de olivares polvorientos, trabajan para el polvo y para el viento?
voy caminando solo,
triste, cansado, pensativo y viejo.
Y no es verdad, dolor, yo te
conozco...
Y era el demonio de mi sueño, el
ángel... Y no es verdad, dolor, yo te conozco,
tú eres nostalgia de la vida buena
y soledad de corazón sombrío,
Y era el demonio de mi sueño, el ángel de barco sin naufragio y sin estrella.
más hermoso. Brillaban
como aceros los ojos victoriosos, Como perro olvidado que no tiene
y las sangrientas llamas huella ni olfato y yerra
de su antorcha alumbraron por los caminos, sin camino, como
la honda cripta del alma. el niño que en la noche de una fiesta
-¿Vendrás conmigo? No, jamás; las tumbas
y los muertos me espantan. se pierde entre el gentío
Pero la férrea mano y el aire polvoriento y las candelas
mi diestra atenazaba. chispeantes, atónito, y asombra
su corazón de música y de pena.
Vendrás conmigo... Y avancé en mi sueño,
cegado por la roja luminaria. así voy yo, borracho melancólico,
Y en la cripta sentí sonar cadenas, guitarrista lunático, poeta,
y rebullir de fieras enjauladas. y pobre hombre en sueños,
siempre buscando a Dios entre la niebla.
Y ha de morir contigo el mundo Yo escucho los cantos...
mago...
Yo escucho los cantos
Y ha de morir contigo el mundo mago de viejas cadencias,
donde guarda el recuerdo que los niños cantan
los hálitos más puros de la vida, cuando en corro juegan,
la blanca sombra del amor primero, y vierten en coro
sus almas que sueñan,
cual vierten sus aguas
las fuentes de piedra: -La tarde cayendo está-.
con monotonías
de risas eternas, En el corazón tenía
que no son alegres; la espina de una pasión;
con lágrimas viejas, logré arrancármela un día;
que no son amargas, ya no siento el corazón.
y dicen tristezas,
tristezas de amores Y todo el campo un momento
de antiguas leyendas. se queda, mudo y sombrío,
meditando. Suena el viento
En los labios niños, en los álamos del río.
las canciones llevan
confusa la historia La tarde más se oscurece;
y clara la pena; y el camino se serpea
como clara el agua y débilmente blanquea,
lleva su conseja se enturbia y desaparece.
de viejos amores,
que nunca se cuentan. Mi cantar vuelve a plañir:
Aguda espina dorada,
Jugando, a la sombra quién te volviera a sentir
de una plaza vieja, en el corazón clavada.
los niños cantaban...
La fuente de piedra
vertía su eterno
cristal de leyenda.
Cantaban los niños
canciones ingenuas
de un algo que pasa
y que nunca llega:
la historia confusa
y clara la pena.
Seguía su cuento
la fuente serena.
Borrada la historia,
contaba la pena.
Yo voy soñando caminos...
Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!...
¿Adónde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero,
a lo largo del sendero...