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Arquetipos Femeninos: Las Diosas en Ti

Este documento discute el concepto de arquetipos femeninos representados por diosas griegas. Explica que estas diosas (Artemisa, Atenea, Hestia, Hera, Deméter, Perséfone y Afrodita) representan patrones internos que influyen en las mujeres y las ayudan a entenderse a sí mismas. También sugiere que el conocimiento de estas diosas puede proporcionar a las mujeres medios para comprender sus relaciones y motivaciones.
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Arquetipos Femeninos: Las Diosas en Ti

Este documento discute el concepto de arquetipos femeninos representados por diosas griegas. Explica que estas diosas (Artemisa, Atenea, Hestia, Hera, Deméter, Perséfone y Afrodita) representan patrones internos que influyen en las mujeres y las ayudan a entenderse a sí mismas. También sugiere que el conocimiento de estas diosas puede proporcionar a las mujeres medios para comprender sus relaciones y motivaciones.
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DIOSAS

me parece que las mujeres necesitan la ayuda de un terapeuta para aprender cómo ser
mejores protagonistas o heroínas en las historias de su propia vida. Para llegar a ello, las
mujeres tienen que tomar opciones conscientes que moldeen sus vidas. Lo mismo que las
mujeres solían ser inconscientes de los poderosos efectos que tenían en ellas los estereotipos
culturales, pueden también ser inconscientes de las poderosas fuerzas internas que influyen en
lo que hacen y cómo se sienten. Estas fuerzas las introduzco en este libro bajo la forma de
diosas griegas. Estos poderosos patrones internos —o arquetipos— son responsables de las
principales diferencias entre las mujeres.

. Lo que llena a un tipo de mujeres puede no tener sentido para otro, dependiendo de cuál es
la “diosa” que está activa en ellas. Es más, existen muchas “diosas” en una sola mujer. Cuanto
más complicada es ésta, más probable es que haya muchas “diosas” activas en ella. Y lo que es
satisfactorio para una parte de sí mismas puede ser irrelevante para otra parte. El
conocimiento de las “diosas” proporciona a las mujeres medios de entenderse a sí mismas y de
entender sus relaciones con hombres y mujeres, con sus padres, amantes e hijos. Estos
patrones de diosas también ofrecen revelaciones de lo que es motivador (incluso irresistible),
frustrante o satisfactorio para algunas mujeres y no para otras.

También indican las maneras en que puede evolucionar una mujer con un determinado patrón
de diosa.

Gran parte de lo que sé proviene de ser mujer desempeñando papeles de mujer: ser hija,
esposa, y madre de un hijo y una hoja. Mi conocimiento aumentó también a través de
conversaciones con mujeres amigas y en grupos de mujeres. En ambas situaciones se reflejan
entre sí aspectos de ellas mismas: nos vemos reflejadas en las experiencias de otra mujer y nos
hacemos conscientes de algún aspecto de nosotras mismas del que no nos dábamos cuenta
previamente, así como de los que tenemos en común como mujeres.

Cada mujer posee dones “otorgados por la diosa”, que ha de aceptar con agradecimiento y
sobre los que tiene que aprender. Cada mujer tiene también riesgos “otorgados por la diosa”,
que debe reconocer y superar para cambiar. No puede resistirse a vivir un patrón determinado
por el arquetipo de una diosa subyacente que es consciente de que dicho patrón existe y de
que trata de realizarse a través de ella.

Cuando una mujer siente que existe una dimensión mítica en algo que está emprendiendo, ese
conocimiento afecta e inspira centros creativos en ella misma. Los mitos evocan sentimientos e
imaginación y tocan temas que forman parte de la herencia colectiva de la humanidad

Según el mitólogo Joseph Campbell, “el sueño es el mito personalizado y el mito es el sueño
despersonalizado”

[Link] introdujo el concepto de arquetipos en la psicología. Él consideraba los arquetipos


como pautas de comportamiento instintivo comprendidas en un inconsciente colectivo. El
inconsciente colectivo es la parte del inconsciente que no es individual sino universal, con
contenidos y modos de comportamiento que son más o menos los mismos en todas partes y
en todas las personas[2] .

He dividido estas siete diosas en tres categorías: las diosas vírgenes, las diosas
[Link] - Página 21 vulnerables y las diosas alquímicas (o transformadoras).
Las diosas que representan las tres categorías requieren ser expresadas por algún lado en la
vida de una mujer que ésta pueda amar profundamente, trabajar con sentido, y ser sensual y
creativa.

diosas vírgenes: Artemisa, Atenea y Hestia. Artemisa (a la que los romanos llamaron Diana) es
la diosa de la caza y de la luna. Sus dominios eran las tierras vírgenes. Era la arquera de disparo
certero y la protectora de la juventud de todas las cosas vivientes. Atenea (conocida como
Minerva por los romanos) era la diosa de la sabiduría y la artesanía, patrona de Atenas, ciudad
que tomó su nombre, y protectora de numerosos héroes. Normalmente se la representa
llevando una armadura y era conocida como la mejor estratega en las batallas. Hestia, la diosa
del Hogar (la diosa romana Vesta), era la menos conocidas de todas las diosas del Olimpo.
Estaba presente en las casas y en los templos como fuego en el centro del hogar. Las diosas
vírgenes representan la cualidad de independencia y autosuficiencia en las mujeres. Por el
contrario de las demás diosas del Olimpo, estas tres no podían enamorarse. Los apegos
emocionales no les desviaban de lo que consideraban importante. No eran victimizadas y no
sufrían. Como arquetipos, expresan la necesidad de autonomía en las mujeres y la capacidad
que éstas tienen de centrar su conciencia en lo que tiene sentido personalmente para ellas.
Artemisa y Atenea representan la actitud de ir directamente a los objetivos y el pensamiento
lógico, que hacen de ellas los arquetipos orientados hacia el logro. Hestia es el arquetipo cuya
atención está enfocada hacia dentro, hacia el centro espiritual de la personalidad de una mujer.
Estas tres diosas son arquetipos femeninos que persiguen sus metas de manera activa. Amplían
nuestro concepto de los atributos femeninos para incluir la competencia y la autosuficiencia.

Al segundo grupo —Hera, Deméter y Perséfone— le llamó las diosas vulnerables. Hera
(conocida como Juno por los romanos) era la diosa del matrimonio. Era la esposa de Zeus, el
dios que reinaba sobre los dioses del Olimpo. Deméter (la diosa romana Ceres) era la diosa de
las cosechas. En su mito principal se enfatizaba su papel de madre. Perséfone (en latín,
Proserpina) era la hermana de Deméter. Los griegos la llamaban también Koré, “la doncella”.
Las tres diosas vulnerables representan los papeles tradicionales de la esposa, la madre y la
hija. Son los arquetipos orientados hacia las relaciones, cuyas identidades y bienestar
dependen de tener una relación significativa. Expresan la necesidad de las mujeres de afiliación
y vinculación. Están armonizadas con otras personas y son vulnerables. Estas tres diosas son
violadas, raptadas, dominadas o humilladas por dioses masculinos. Cada una sufrió a su
manera al romperse o deshonrarse una relación afectiva, y mostraron síntomas similares a los
de una enfermedad psicológica. Cada una de ellas también evolucionó, y puede proporcionar a
las mujeres una comprensión interna de la naturaleza y pauta de las propias reacciones que
deben abandonarse, y el potencial para el crecimiento interno mediante el sufrimiento
inherente a cada uno de estos tres arquetipos de diosas.

Afrodita, diosa del amor y de la belleza (más conocida por su nombre romano como Venus), se
encuentra por derecho propio en la categoría de las diosas alquímicas. Era la más bella e
irresistible de las diosas. Tuvo muchas aventuras y numerosa descendencia de sus numerosas
relaciones. Creaba amor y belleza, atracción erótica, sensualidad, sexualidad y nueva vida.
Entablaba relaciones por decisión propia y nunca fue victimizada. Así pues, siempre mantuvo
su autonomía como diosa virgen y tuvo relaciones como diosa vulnerable. Su conciencia era
receptiva y al mismo tiempo estaba concentrada, lo que permitía un intercambio en dos
direcciones, que le afectaba tanto ella como a la otra persona. El arquetipo de Afrodita motiva
a las mujeres a perseguir intensamente las relaciones más que la permanencia, a valorar el
proceso creativo y a estar abiertas a cambiar
la Vieja Europa era una cultura “matrifocal”, sedentaria, pacífica, amante de las artes, y ligada a
la tierra y al mar, que rendía culto a la Gran Diosa. Las pruebas entresacadas de los yacimientos
arqueológicos funerarios muestran que la Vieja Europa era una sociedad no estratificada e
igualitaria, que fue destruida por una infiltración de pueblos indoeuropeos seminómadas, que
se desplazaban a caballo, desde los lejanos norte y este. Estos invasores eran “patrifocales”,
móviles, amantes de la guerra, orientados ideológicamente hacia el cielo e indiferentes al arte.

Conocida con muchos nombres — Astarté, Ishtar, Inanna, Nut, Isis, Astoreth, Au Set, Hathor,
Nina, Nammu y Ningal, entre otros—, la Gran Diosa era venerada como la fuerza femenina
profundamente conectada con la naturaleza y la fertilidad, responsable de la creación y de la
destrucción de la vida. La serpiente, la paloma, el árbol y la luna eran sus símbolos sagrados.
Según el historiador de mitos Robert Graves, antes de la llegada de las religiones patriarcales,
la Gran Diosa fue considerada como inmortal, inmutable y omnipotente. Tenía amantes, no
para que le proporcionasen hijos, sino por placer. La paternidad no se había introducido
todavía en el pensamiento religioso, y no existían dioses (masculinos)[5] .

los [Link] - Página 25 atributos, símbolos y poder que en otro tiempo se ponían
en una solo Gran Diosa se dividieron entre muchas diosas. La mitóloga Jane Harrison señala
que la Diosa Gran Madre se fragmentó en muchas diosas menores, cada una de las cuales
recibió atributos que en otro tiempo pertenecieron a aquélla: Hera obtuvo el ritual del
matrimonio sagrado; Deméter, sus misterios; Atenea, sus serpientes; Afrodita, sus palomas;
Artemisa, su función de “señora de las cosas de la naturaleza” (de la vida natural)[6] .

De las siete diosas griegas que representan los principales arquetipos comunes en las mujeres,
Afrodita, Deméter y Hera poseen el mayor poder para dictar la conducta. Éstas tres están
relacionadas más de cerca con la Gran Diosa que las otras cuatro. Afrodita es una versión
menor de la Gran Diosa en su función de diosa de la fertilidad. Deméter es una versión menor
de la Gran Diosa en su función de madre. Hera es una versión menor de la Gran Diosa como
reina de los cielos. Sin embargo, aunque cada una de ellas es “menor” que la Gran Diosa,
representan las fuerzas instintivas en la psique que pueden ser irresistibles cuando “exigen lo
que les corresponde”, como veremos en capítulos posteriores. Las mujeres que actúan
impulsadas por cualquiera de estas tres diosas deben aprender a resistir, porque seguir
ciegamente el mandato de Afrodita, Deméter o Hera puede afectar de manera adversa a la vida
de una mujer. Estos arquetipos —al igual que sus diosas correspondientes en la Grecia antigua
— no consideraban los mejores intereses de las mujeres mortales, o de sus relaciones con los
demás. Los arquetipos existen fuera del tiempo, desinteresados de las realidades de la vida o
de las necesidades de una mujer.

Tres de los restantes cuatro arquetipos —Artemisa, Atenea y Perséfone— eran diosas
“doncellas”, que pertenecían a la generación de las hijas. Estas tres constituían una generación
más separada de la Gran Diosa. Como arquetipos, son consecuentemente menos abrumadoras,
pero influyen de manera importante en los patrones de carácter. Y Hestia, la más anciana, la
más sabia y la más venerada de todas las diosas, evitaba totalmente el poder. Representa un
componente espiritual que una mujer hace bien en honrar

Todas las diosas se hallan potencialmente en cada mujer. Cuando varias diosas compiten por el
dominio de la psique de una mujer, ésta necesita decidir qué aspecto de ella misma quiere
expresar y cuando. De otra manera, será empujada primero en una dirección y después en
otra.
En la Grecia antigua, las mujeres sabían que su vocación o su función en la vida las situaba bajo
el dominio de una diosa concreta, a la cual veneraban: las tejedoras necesitan el patrocinio de
Atenea; las jóvenes se hallan bajo la protección de Artemisa; las mujeres casadas veneraban a
Hera. Las mujeres rendían culto y presentaban ofrendas ante los altares de las diosas cuya
ayuda necesitaban. Las mujeres que daban a luz rezaban a Artemisa para que les liberase del
dolor; invitaban a Hestia a sus chimeneas para convertir sus casas en hogares. Las diosas eran
deidades poderosas, a las que se rendía homenaje con rituales, veneración, ofertas y
sacrificios. Las mujeres daban también a las diosas lo que les correspondía, porque temían la
cólera divina y el justo castigo si no lo hacían.

Si la familia recompensa y alienta a la niña para que desarrolle lo que viene de manera natural,
ésta se siente bien consigo misma a medida que hace lo que realmente le importa. Lo contrario
le ocurre a la niña cuyo patrón de diosa se encuentra con la desaprobación de su familia. La
oposición no cambia el patrón intrínseco, sino que simplemente hace que la niña se encuentre
mal consigo misma por tener los rasgos e intereses que tiene. Y la hace sentirse falsa si
aparenta ser distinta de lo que es.

El comportamiento no está determinado únicamente por las hormonas, sino mediante la


interacción de éstas con los arquetipos de las diosas.

Incluso durante los períodos menstruales, algunas mujeres experimentan “un cambio de diosa”
cuando hormonas y arquetipos interactúan y producen un impacto en sus psiques. Las mujeres
que son sensibles a estos cambios notan que durante la primera mitad del ciclo parecen más
conectadas con las diosas independientes, especialmente, Artemisa o Atenea, con su enfoque
extravertido y de entrada y salida del mundo. Después, durante la segunda mitad del ciclo,
cuando aumenta la progesterona —hormona facilitadora del embarazo—, perciben que sus
tendencias “para construir el nido” parecen más fuertes y que sus sentimientos hogareños y
dependientes se vuelven más pronunciados. En esos momentos las influencias más fuertes son
las de Deméter, Hera, Perséfone o Hestia[3] .

Estos cambios hormonales y de diosas pueden producir conflictos y confusión, a media que es
primero una diosa la que cobra relevancia y después otra. Un modelo clásico es la mujer
independiente Artemisa, que vive con un hombre resistente al matrimonio o con un hombre
que siente que no tiene madera de marido. Vivir juntos constituye un compromiso que le
conviene hasta que se produce el cambio hormonal. En algún momento de la segunda parte
del ciclo, la necesidad de Hera de ser compañera recibe apoyo hormonal. El no estar casada
agita en esos momentos sentimientos de resentimiento o de rechazo que conducen a una
pelea mensual o a una minidepresión que, con toda predictibilidad, terminan cuando acaba el
periodo.

El “hacer” activa las diosas El dicho “hacer es hacerse” expresa cómo pueden evocarse o
desarrollarse las diosas mediante el curso elegido de una acción.

Los griegos de la antigüedad sabían algo que nosotros podemos aprender: las diosas pueden
ser imaginadas y, después, invocadas

● Atenea, ayúdame a pensar con claridad en esta situación. ● Perséfone, ayúdame a


permanecer abierta y receptiva. ● Hera, ayúdame a comprometerme y ser fiel. ● Deméter,
enséñame a ser paciente y generosa, ayúdame a ser una buena madre. ● Artemisa, manténme
centrada en ese objetivo lejano. ● Afrodita, ayúdame a amar y a disfrutar mi cuerpo. ● Hestia,
hónrame con tu presencia, dame paz y serenidad.
El aspecto de diosas vírgenes es esa parte de una mujer que no es poseída o que “no es
penetrada” por un hombre, que queda incólume por la necesidad que tiene de un hombre o la
de ser validada por él, que existe completamente separada de él por derecho propio.

Muchas mujeres se reúnen para crear formas que son “de mujeres”. Los grupos de mujeres
para el desarrollo de la conciencia, el culto a la diosa en la cima de las montañas, las clínicas
médicas de autoayuda de mujeres o las reuniones sociales de vecinas, son expresiones de
arquetipo de la diosa virgen manifestándose a través de grupos de mujeres.

las mujeres vírgenes suelen evitar desempeñar papeles tradicionales de mujer. El desafío es
cómo hacerlo, es decir, cómo ser auténticas consigo mismas y adaptarse a vivir en un “mundo
masculino”. En mitología, cada una de las tres diosas vírgenes se enfrentaban a un desafío
similar y hallaron una solución diferente.

Lo mismo que en sus sueños, se siente natural cuando determina su propio camino. Está
siendo su ser activo, con la mente puesta en sí misma

ARTEMISA: DIOSA DE LA CAZA Y DE LA LUNA, RIVAL Y HERMANA

Artemisa como diosa de la caza y diosa de la luna, era una personificación del espíritu
femenino independiente. El arquetipo que hace posible que una mujer busque sus propias
metas en el terreno que ella misma elija.

Artemisa, como diosa virgen, representa un símbolo de integridad, una unidad en sí misma,
una actitud de “puedo cuidar de mí misma”, que permite a una mujer funcionar por sus
propios medios, con autoconfianza y espíritu de independencia. Este arquetipo hace posible el
que una mujer se sienta completa sin un hombre. Con él, puede seguir sus propios intereses y
trabajar en lo que le gusta sin necesidad de la aprobación masculina.

El arquetipo de Artemisa proporciona a las mujeres la capacidad innata para centrarse


intensamente en cualquier cosa que sea importante para ellas y para no ser distraídas de la
dirección que eligen, ni por las necesidades de los demás ni por su competitividad.

Este arquetipo posibilita dar en el blanco elegido.

En su afinidad con la naturaleza salvaje y no domesticada, Artemisa es el arquetipo responsable


de la unidad consigo misma y con la naturaleza que sienten algunas mujeres, cuando se
adentran con una mochila entre montañas boscosas, duermen bajo la luna y las estrellas,
caminan por una playa desierta o contemplan el desierto y se sienten en comunión espiritual
con lo que les rodea.

“Ir a la naturaleza salvaje implica a la naturaleza salvaje dentro de nosotras. Puede de que sea
el valor más profundo de esa experiencia: el reconocimiento de nuestra pertenencia al mundo
natural”[4]. Es característico el que las mujeres que siguen a Artemisa y penetran en la
naturaleza descubren que se vuelven más reflexivas. Con frecuencia, sus sueños son más
vívidos de lo normal, lo cual contribuye a que miren hacia su interior. Ven territorio interno y
sueñan con símbolos “a la luz de la luna”, por decirlo de alguna manera, en contraste con la
realidad tangible, que se aprecia a plena luz del día

A una mujer Artemisa no le seducen en absoluto hombres dominantes ni relaciones del tipo
“yo Tarzán, tu Jane”. Tampoco le interesan las relacione del tipo madre-hijo. Evita hombres que
insistan en ser el centro de su vida. Teniendo una posición psicológicamente fuerte, al igual que
la diosa la tenía físicamente, se siente ridícula intentando hacer el papel de “mujercita”.
Artemisa suele estar atraída por un hombre cuya personalidad tenga aspecto estético, creativo,
curativo o musical. El trabajo de él puede encontrarse, bien en profesiones asistenciales, o bien
en el campo de la creatividad.

– ATENEA: DIOSA DE LA SABIDURÍA Y DE LA ARTESANÍA, ESTRATEGA E HIJA DEL PADRE

Era la majestuosa y bella diosa guerrera, protectora de sus héroes elegidos y de la cuidad que
había tomado su nombre, Atenas. Era la única diosa del Olimpo que se representaba portando
una coraza, con la visera de su yelmo echada hacia atrás para revelar su belleza, un escudo en
el brazo y una lanza en la mano. Conforme a su papel como diosa que presidía la estrategia de
las batallas en tiempos de guerra y las artes domésticas en tiempos de paz, también se la
representaba en una lanza en la mano y un cuenco o un huso en la otra. Era la protectora de
las ciudades, patrona de las fuerzas militares y diosa de los tejedores, herreros, alfareros y
sastres.

Cuando Atenea representa sólo unos de los varios arquetipos activos en una mujer concreta —
en lugar de un único patrón dominante—, entonces ese arquetipo puede ser un aliado de otras
diosas. Por ejemplo, si está motivada por Hera en necesitar un compañero para sentirse
completa, Atenea puede entonces ayudar a definir la [Link] - Página 73
situación y desarrollar una estrategia para conseguirle un hombre. O si Artemisa es la
inspiración que guía a un colectivo de salud formado por mujeres o a un centro de estudios de
la mujer, el éxito del proyecto puede depender de la perspicacia política de Atenea. En medio
de una tormenta emocional, si una mujer puede invocar a Atenea como arquetipo dentro de sí
misma, la racionalidad puede ayudarle a encontrar o a conservar su equilibrio.

Al igual que el arquetipo Artemisa, Atenea predispone a una mujer a enfocarse en lo que le
importa, en lugar de enfocarse en las necesidades de los demás

Por ejemplo, Atenea puede manifestarse en una mujer con un “master” en administración de
empresas, que, asociada con un mentor poderoso, se abre camino en la escala empresarial.

En cualquiera de los dos casos, el arquetipo de Atenea rige en mujeres que conocen cuál es el
“mínimo aceptable”, cuya inteligencia está orientada hacia lo práctico y lo pragmático, y sus
acciones no están determinadas por emociones o influidas por el sentimiento. Teniendo a
Atenea en su psique, una mujer capta lo que ha de hacerse y averigua cómo realizar lo que
desea.

Cuando el arquetipo Atenea es poderoso, la mujer muestra una tendencia natural a actuar
siempre con moderación, a vivir dentro del “justo medio”, que era el ideal ateniense. Los
excesos suelen ser el resultado de intensos sentimientos o necesidades, o de una naturaleza
apasionada, recta, temerosa o codiciosa, todas ellas antitéticas respecto a la racional Atenea. El
justo medio también es favorecido por la tendencia de Atenea a dirigir los acontecimientos,
tomar nota de los efectos y cambiar el curso de la acción en cuanto resulta improductiva.

El arquetipo de atenea necesita ser invitado “a acercarse”, siempre que una mujer tiene que
pensar con claridad en medio de una situación emocional, o siempre que, en su propio ámbito
docente o profesión, compite con un hombre en igualdad de circunstancias.

Una niña Atenea comparte la capacidad de concentración de una joven Artemisa, a la que
añade una inclinación decididamente intelectual.

La niña Atenea es curiosa, busca la información, quiere saber cómo funcionan las cosas.
Para las mujeres Atenea “el poder es el mejor afrodisíaco”

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