Propiedades de la Luz en Oftalmología
Propiedades de la Luz en Oftalmología
Propiedades físicas de la
luz y anatomía de la
visión
Índice
Esquema 3
Ideas clave 4
1.1. Introducción y objetivos 4
1.2. Percibiendo la realidad 5
1.3. Características físicas de la luz 6
1.4. Anatomía de la visión 9
1.5. La retina 11
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A fondo 23
Test 24
Esquema
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Mostrar una idea general del procesamiento de los estímulos por parte del
cerebro y el papel que la predicción va a tener en ello.
Describir la luz visible y las características de tono, intensidad de brillo y
saturación.
Diferenciar entre sensación y percepción.
Identificar las estructuras del ojo y conocer sus funciones principales.
Conocer la localización y función de los conos y los bastones.
Describir básicamente el proceso de transducción.
Comprender la existencia del punto ciego.
Conocer las características de la visión central y la visión periférica.
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Figura 1. Un ejemplo de predicción lo tenemos en las caras que vemos en los objetos cotidianos.
Fuente: [Link]
un-nombre/
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Esto nos plantea muchas cuestiones a nivel general que pueden tener su importancia
también en el entorno académico. A través del desarrollo, nuestro cerebro se va
especializando en la detección de patrones que se repiten de manera habitual como,
por ejemplo, las caras. Es precisamente por esto que podemos «ver» caras donde no
Por todo esto, es fundamental entender cómo funcionan estos sentidos, hacia qué
tipo de estímulos del entorno se dirigen y cómo esto tiene su huella en el cerebro.
Concretamente, la visión y la audición van a jugar un papel fundamental en las
posibilidades que nuestros estudiantes van a tener para acceder a los contenidos del
aula y, también, para aprendizajes que van a ser básicos como la lectura y la escritura.
Así, para abordar esta asignatura resulta muy importante despojarse de nuestra
forma de ver cosas tan cotidianas como las letras, los números, los colores o de oír
las palabras, y ponerse en la piel de un niño que está iniciando su contacto con todos
esos estímulos que son nuevos para él; que requieren una automatización. Las
características físicas de esos estímulos, los órganos receptores, cómo estos realizan
una transformación del estímulo en impulsos nerviosos y sus correlatos cerebrales
(que van desde áreas generales a áreas más específicas) van a ser claves para
entender cómo se aprende y para preguntarse por qué a veces no se logra aprender
de la forma correcta.
Cuando observamos una puesta de sol o cuando miramos a la persona que tenemos
a nuestro lado, nuestros ojos reciben una gran cantidad de información, pero ¿qué
Como sabemos, nuestros ojos son sensibles a la luz. Es esta sensibilidad la que nos
permite ver la realidad exterior en la que nos movemos y que llega hasta nuestros
ojos en forma de radiación electromagnética procedente de multitud de fuentes
como el sol, la luz artificial, etc. Básicamente, podemos considerarla como un tipo de
energía que existe en todo el universo desde su formación.
En el apartado A fondo dispones del vídeo que te permitirá conocer en detalle cómo
se formó este tipo de energía.
Nuestro sistema visual ha evolucionado para detectar una parte de ese tipo de
radiación, el espectro visible. Esa radiación podemos imaginárnosla como ondas y se
mide en función de una medida de longitud denominada longitud de onda. Nuestro
ojo está especializado en captar la radiación electromagnética con una longitud de
onda de entre 380 y 760 nanómetros; un nanómetro es la milmillonésima parte de
un metro (Carlson y Birkett, 2017). En la figura 2 puedes ver que esa fracción
representa una pequeñísima parte de todo el espectro.
De hecho, otras especies animales pueden detectar otras franjas del espectro que
para nosotros son invisibles. Por ejemplo, las abejas son sensibles a la radiación
ultravioleta.
Otro factor que afecta al color de los objetos es la intensidad de la luz, que nosotros
percibimos como intensidad de brillo (de la misma manera que podemos variar la
intensidad del brillo de las pantallas de nuestro ordenador). Y, por último, tenemos
la saturación, que se refiere a la pureza del color. Si la luz que llega a nuestros ojos
tiene una longitud de onda constante, percibiremos un color más puro (saturado) que
si varía (Carlson y Birkett, 2017). Esto podemos apreciarlo en la figura 3.
estado en ese lugar, no). En otro ejemplo, como en la imagen de la Figura 4, se genera
una sola sensación, pero percepciones distintas en función de en qué características
centremos nuestra atención.
El ojo es una esfera llena de líquido compuesta por tres capas de tejido. La capa más
externa consiste en un tejido fibroso y resistente, denominado esclerótica, que en su
parte anterior se vuelve transparente y pasa a denominarse córnea, la cual permite
el paso de la luz a través de ella (ver figura 5). Estas capas externas desarrollan
funciones protectoras. Además, la córnea es importante en la refracción de la luz; es
decir, interviene en cómo se enfocan las imágenes en el ojo y, por tanto, es
parcialmente responsable de que percibamos esas imágenes enfocadas. Por debajo
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1.5. La retina
Figura 6, la retina contiene tres capas de células, que son los fotorreceptores (conos
y bastones), las células bipolares y las células ganglionares, por lo que la luz debe
atravesar todas estas capas hasta llegar a los fotorreceptores (fíjate en la dirección
de la luz indicada en la figura). Aunque esto pueda parecer un contrasentido, su razón
reside en que los fotorreceptores contienen unas moléculas que se degradan
Por tanto, cuando la iluminación es muy débil (durante la noche, por ejemplo),
nuestra visión se produce gracias a los bastones, lo que explica nuestra baja
discriminación visual en tales condiciones. Conforme la intensidad de la luz aumenta,
los conos van tomando el relevo a los bastones y, con ello, nuestra agudeza visual
mejora (Purves et al., 2012).
El hecho de que una región tan pequeña de la retina concentre tanta agudeza visual
es la razón principal por la que constantemente estamos moviendo nuestros ojos, o
nuestras cabezas, para enfocar la imagen del objeto que deseamos percibir con
detalle justo en nuestra fóvea, lo que nos permite una visión de elevada resolución
(Purves et al., 2012).
Tanto los conos como los bastones contienen un pigmento fotosensible (moléculas
que reaccionan cuando reciben la radiación electromagnética) que reacciona a
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Las células ganglionares reciben las aferencias de las células bipolares y envían estas
señales a través de sus largos axones fuera del ojo. Estos axones se unen para formar
el nervio óptico y abandonan el globo ocular por el disco óptico. Debido a que este
lugar lo ocupan los axones que salen del ojo, no existen fotorreceptores en este
punto, lo que da lugar a un punto ciego. La existencia de este punto ciego puede
demostrarse con una sencilla tarea (ver figura 8).
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Figura 8. Experimento del punto ciego. Fuente: adaptado de Carlson y Birkett (2017).
El campo receptor de una neurona en el sistema visual es la parte del campo visual
que una neurona ve. La localización de ese campo receptivo depende de la
localización del fotorreceptor.
Por ello, cuando queremos explorar un objeto en detalle o leer un texto, realizamos
una serie de movimientos oculares con el objetivo de enfocar la imagen que
deseamos examinar en nuestra fóvea.
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Los movimientos oculares son realizados por una serie de músculos (ver figura 10).
Estos movimientos oculares tienen el objetivo común de proyectar los estímulos en
la retina, particularmente en la fóvea por su mayor agudeza visual.
Figura 10. Músculos oculares. Fuente: adaptado de Mtui, Gruener y Dockery (2016).
Los movimientos de vergencia son movimientos que mantienen ambos ojos fijos
sobre el mismo estímulo, de forma que el estímulo es proyectado sobre las retinas
de cada ojo. Podemos comprobar este movimiento ocular cuando acercamos y
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alejamos un dedo a nuestra cara; los ojos realizarán movimientos vergentes para
mantenerlo enfocado.
Una tarea habitual para registrar los movimientos sacádicos mientras exploramos
una escena es el eye tracking, que consiste en registrar los puntos de fijación de los
movimientos oculares durante una tarea de exploración visual (ver figura 11).
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Durante la lectura, las fijaciones varían entre los 200 y los 250 ms y la amplitud de la
sacada es de entre siete y nueve caracteres. El hecho de que las longitudes sacádicas
durante la lectura se midan en caracteres, en lugar de en distancias absolutas, se
debe a que la distancia es la misma, aunque el texto sea presentado más cerca o más
lejos del lector. Sin embargo, no todas las palabras son fijadas.
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Los barridos de retorno se dan para poder leer la siguiente línea de texto. Las
regresiones, por su parte, suelen hacerse para volver a fijar material que ya había
sido fijado previamente y pueden darse en cualquier momento de la lectura.
Las regresiones de pocos caracteres suelen ocurrir cuando los lectores no realizan la
fijación de forma óptima, por lo que tienen una función compensatoria. Las
regresiones entre palabras ocurren cuando se dan interrupciones en el
procesamiento léxico, sintáctico o semántico. Así, cuando un texto es
conceptualmente complejo, la frecuencia de las regresiones se incrementa, la
duración de las fijaciones aumenta y la amplitud de la sacada disminuye.
6. ¿Cuáles son algunas de las diferencias entre los conos y los bastones?
A. Los conos son sensibles al color.
B. Los bastones son responsables de la visión en bajas condiciones de luz.
C. Las dos opciones anteriores son correctas.
D. Ninguna es correcta.
8. ¿Es cierto que los estudios han encontrado una relación entre el control
oculomotor y la dislexia?
A. Sí, así es.
B. Los estudios han mostrado que no existe un déficit del control oculomotor
en los niños con dislexia.
C. Los resultados no han sido concluyentes en este sentido.
D. Solo hay dislexias oculomotoras.
Vías de procesamiento
visual
Índice
Esquema 3
Ideas clave 4
2.1. Introducción y objetivos 4
2.2. El nervio óptico 5
2.3. Quiasma óptico 6
2.4. Colículos superiores 9
2.5. Núcleos geniculados laterales 9
2.6. Córtex estriado 10
2.7. Córtex extraestriado 11
2.8. Percepción del color 13
2.9. Percepción de la forma 16
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A fondo 24
Test 25
Esquema
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En el tema anterior afirmábamos que los axones de las células ganglionares se unían para
formar el nervio óptico. Aunque el número de axones que forma cada nervio óptico es
muy variable entre individuos, la cifra suele situarse alrededor del millón de axones
(Mtui, Gruener y Dockery, 2016). Como puede observarse en la Figura 1, en cada globo
ocular se forma un nervio óptico que sale por la parte posterior del ojo hacia el quiasma
óptico (ver figura 2).
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Los nervios ópticos procedentes de cada ojo se unen para formar el quiasma óptico,
que tiene forma de X (ver Figura 2). Es en este punto donde los axones de las células
ganglionares procedentes de las caras internas de cada retina (retinas nasales) se
entrecruzan. Sin embargo, los axones del nervio óptico procedentes de cada una de
las caras externas de la retina (retina temporal) atraviesan el quiasma sin cruzarse
(ver Figura 2). Se considera que en torno al 60 % de las fibras cruzan el quiasma
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óptico, mientras que las restantes (40 %) siguen una trayectoria homolateral. Por
tanto, una vez que los axones ganglionares atraviesan el quiasma óptico, el tracto
óptico que se forma contiene información de ambos ojos y viajará hasta el núcleo
geniculado del mesencéfalo (Purves et al., 2012). Por tanto, al contrario de lo que a
veces se afirma, ambos hemisferios cerebrales reciben información de los dos ojos
Figura 2. Vías desde el nervio óptico a la corteza occipital. Fuente: adaptado de Purves et al. (2012).
Otras penetran en áreas cerebrales relacionadas con funciones como coordinar los
movimientos oculares, controlar la forma del cristalino o el tamaño de la pupila
(Carlson y Birkett, 2017). Por último, algunas continúan hasta unas estructuras
denominadas colículos superiores. Por su parte, la rama lateral, que representa en
torno al restante 80 % (lado izquierdo de la figura 3), continúa hasta el núcleo
geniculado lateral, donde se forma la radiación óptica que llega hasta el córtex
estriado.
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Figura 3. Entrecruzamiento de vías visuales. Fuente: adaptado de Felten, O’Banion y Maida (2016).
Como comentábamos anteriormente, la rama lateral del tracto óptico continúa hasta
el núcleo geniculado lateral, que está formado por seis capas de neuronas con
información de los axones ganglionares de cada ojo de forma diferenciada. Así, las
capas 1, 4 y 6 contienen información del ojo contralateral, y las capas 2, 3 y 5
contienen información del ojo ipsilateral. Además, las dos capas más profundas (5 y
6) son magnocelulares, por lo que reciben información de las células ganglionares M
de la retina, relacionadas con la detección del movimiento (localización, velocidad y
dirección). Las otras cuatro capas (1, 2, 3 y 4) son parvocelulares, por lo que reciben
información de las células ganglionares P, relacionadas con los detalles y el color
(Mtui, Gruener y Dockery, 2016). El mantenimiento de esta diferenciación desde el
nervio óptico hasta la corteza visual se puede observar en la figura 4.
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A continuación, las neuronas del núcleo geniculado envían sus axones, a través de las
radiaciones ópticas, hasta una zona de la corteza cerebral ubicada en el lóbulo
La corteza visual primaria está altamente organizada. Contiene capas similares a las
que explicábamos en el núcleo geniculado lateral, pero también módulos cuya
función está comenzando a ser desentrañada. Parece que en estos módulos se realiza
el procesamiento de varias características de una muy pequeña porción del campo
visual.
Las neuronas de la corteza visual primaria envían información a las cortezas visuales
de asociación o córtex extraestriado (V2 y V3, correspondientes a las áreas 18 y 19).
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Por tanto, la vía dorsal identifica dónde se ubica el objeto y la vía ventral se relaciona
con el reconocimiento del objeto (Carlson y Birkett, 2017).
Una vez que tenemos un conocimiento básico de las estructuras que forman el
sistema visual, podemos adentrarnos en cómo tiene lugar ese procesamiento.
Para comprender la percepción del color, primero debemos tener claro cómo se
perciben la luz y la oscuridad. Nuestra retina contiene tres tipos de células
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Así, los cambios de contraste hacen que ambos tipos de células disparen,
aumentando la sensación de contraste. Por ejemplo, en la Figura 6, a pesar de que
cada cuadrado es de un gris uniforme, el lado derecho de cada cuadrado parece más
luminoso que el lado izquierdo (Carlson y Birkett, 2017).
Con respecto a la visión del color, debemos recordar que los conos son los
responsables de ello. Y en nuestra retina existen tres tipos de conos, cada uno de
ellos sensible a las longitudes de onda que se corresponden con el azul, el verde o el
rojo. A partir de las combinaciones de estos tres colores es posible obtener la enorme
gama de colores que somos capaces de percibir. Esto se corresponde con la teoría
tricromática del color, que fue postulada antes incluso de que las investigaciones
fisiológicas permitiesen comprobarla. Además, la información de estos tres tipos de
conos llega a células ganglionares que siguen una activación de opuestos (similar a
las células ON y OFF). En este caso, los opuestos son parejas de colores: amarillo-azul
y rojo-verde (lo que hace que sea fácil imaginarnos un verde azulado o un verde
amarillento, pero imposible un amarillo azulado).
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cambiar si lo iluminamos con luces de diferentes tipos (luz de un día soleado frente a
luz de una bombilla de filamentos, por ejemplo), sin embargo, esto no es del todo
cierto: el tono del objeto varía, pero su color permanece inalterado a pesar de que
nuestra retina esté percibiendo longitudes de onda diferentes (si nuestra camisa era
azul, sigue siendo azul, aunque la tonalidad varíe ligeramente). Este proceso parece
Para entenderlo, comenzaremos con un sencillo experimento. ¿En cuál de las dos
imágenes inferiores percibes mejor el rostro de Abraham Lincoln?
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Existen numerosas claves que nos permiten percibir la profundidad, muchas de las
cuales pueden ser detectadas monocularmente, es decir, que no necesitan de la
visión binocular. Por ejemplo, si miras la Figura 9 con un solo ojo, verás que la
sensación de profundidad es plena. En este caso, son las claves procedentes de la
retina las responsables, como la perspectiva (líneas que convergen hacia el final de la
imagen), el tamaño de los diferentes elementos en la retina (elementos de menor
tamaño se perciben más lejanos) o la pérdida de detalle (Carlson y Birkett, 2017).
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El ojo que presenta mejor agudeza visual, sensibilidad al contraste o alguna otra
medida de funcionamiento visual.
El ojo que predomina con más frecuencia en una tarea de rivalidad binocular.
El ojo utilizado para una tarea de avistamiento, como, por ejemplo, observar un
objeto distante a través de un catalejo manteniendo ambos ojos abiertos.
Una reflexión adicional sobre el dominio ocular se refiere a la idea de que está
relacionado con el dominio de las manos o del hemisferio cerebral dominante y se
apoya en la creencia de que todos los tipos de dominancia (manual, podal, ocular,
etc.) resultan del mismo factor causal: la dominancia hemisférica cerebral. Sin
embargo, existen importantes diferencias entre las conexiones nerviosas
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Por tanto, no existen actualmente evidencias que apoyen la idea de que existe un ojo
dominante (Mapp, Ono y Barbeito, 2003) y las conclusiones del siglo pasado todavía
parecen aplicables: «La lateralidad del funcionamiento de los ojos […] no es una
indicación de ningún dominio cerebral» (Warren y Clark, 1938, p. 302).
2. ¿Cómo se denomina el punto donde se cruzan los nervios ópticos de ambos ojos?
A. Córnea.
B. Quiasma óptico.
C. Pupila.
D. Núcleo geniculado lateral
8. ¿Qué es la estereopsis?
A. La percepción de la forma.
B. La percepción del movimiento.
C. La visión de la profundidad.
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Alteraciones visuales
comunes en la infancia
Índice
Esquema 3
Ideas clave 4
3.1. Introducción y objetivos 4
3.2. Introducción a las alteraciones visuales 5
3.3. Ambliopía 5
3.4. Errores de refracción 7
3.5. Estrabismo 11
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3.6. Hemianopsias 12
3.7. Alteraciones a nivel cortical: El TANV 15
3.8. Discapacidad ocular y habilidad lectora 23
3.9. Referencias bibliográficas 24
A fondo 28
Test 29
Esquema
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Aunque en muchas partes del mundo existe algún nivel de cobertura de salud universal,
ciertos servicios de salud siguen recayendo sobre los pacientes, y esto es especialmente
cierto en el caso de la oftalmología pediátrica, donde el coste de las lentes rara vez está
cubierto por la atención médica universal. Este factor es importante, puesto que puede
llevar a que muchos niños reciban el tratamiento adecuado con retraso, y ese período
sin corrección puede tener consecuencias irreversibles sobre la agudeza visual del niño
(Malvankar Mehta, Wilson, Leci, Hatch y Sharan, 2018).
3.3. Ambliopía
Podríamos definir la ambliopía como una forma de discapacidad visual cortical debida
a una reducción unilateral, y con menor frecuencia bilateral, de la agudeza visual que
no es debida a anormalidades estructurales en el ojo, sino a una alteración en las
vías nerviosas durante el desarrollo cerebral que puede llevar a una pérdida
permanente de la visión (Jefferis, Connor, y Clarke, 2015). La causa de estas
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Estrabismo: la falta de alineación de los dos ojos causa diplopía (visión doble) y,
como consecuencia de ello, el cerebro tiende a suprimir la imagen de uno de los
dos ojos para evitar esa visión doble. Debido a ello, el ojo cuya imagen se suprime
puede acabar sufriendo ambliopía. Normalmente, el niño tenderá a cerrar un ojo
para evitar esa visión doble y, por tanto, este estará menos estimulado.
Se considera que los niveles de agudeza visual del niño alcanzan un nivel similar al del
adulto alrededor de los cuatro años, pero sus funciones visuales no están
completamente maduras hasta la adolescencia. Dado que esta maduración ocurre
más rápido al principio, durante la primera infancia, cuanto más pronto se produce
Funcionalidad Visual y Auditiva para la Lectura,
el Lenguaje, los Idiomas y el Aprendizaje
6
Tema 3. Ideas clave
la alteración en la estimulación visual, mayor es su consecuencia sobre la visión. Y,
precisamente por ello, las degradaciones del input visual dejan de causar ambliopía
alrededor de los diez años (Jefferis et al., 2015).
Sin embargo, la pérdida o disminución unilateral de la visión puede no ser notada por
los padres a menos que exista una condición visible como el estrabismo. Y, aunque
cierta desalineación ocular variable es común entre los recién nacidos, cualquier
desalineación persistente debe ser evaluada por un especialista (Jefferis et al.,
2015).
Miopía
Actualmente, se considera que el crecimiento del globo ocular, uno de los principales
factores asociados a la aparición de la miopía, está fuertemente influido por la luz
enfocada que cae en la retina. Este hecho fue observado por primera vez por Wiesel
y Rabiola (1977). A partir de entonces, los estudios se han ido acumulando en esa
dirección y la idea de que el aumento de las tasas de miopía refleja la tendencia de
los niños de muchos países a pasar más tiempo dedicado al estudio y la lectura, y más
recientemente delante de pantallas digitales, ha ido arraigándose.
El paradigma de este hecho se observa en los países de Asia, donde el alto valor que
se le da al rendimiento educativo hace que los niños pasen cada vez más horas
dedicados a sus estudios (Dolgin, 2015). De hecho, un potente metanálisis concluía
con un rápido incremento de la prevalencia de miopía en todo el mundo,
especialmente en Asia (Huang et al., 2016). Esta prevalencia llega a situarse en
algunos estudios por encima del 90 % en lo que se ha llamado el boom de la miopía,
y las estimaciones indican que un tercio de la población mundial (2500 millones de
personas) desarrollará miopía al final de esta década (Dolgin, 2015).
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Hipermetropía
Astigmatismo
Los estudios han encontrado que, durante los primeros meses de vida, los bebés
presentan una alta prevalencia de astigmatismo que parece deberse a las
irregularidades de la córnea de los recién nacidos. Su grado se ha estimado en unas
seis dioptrías de media (Friling et al., 2004). Pero, a medida que el niño crece, la
córnea se aplana reduciendo significativamente ese astigmatismo y, a partir de los
cuatro años, su prevalencia es muy baja (Huynh et al., 2006).
Esta baja prevalencia se mantiene en los adultos jóvenes y suele aumentar a partir
de los cuarenta años (Goto et al., 2001).
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3.6. Hemianopsias
La hemianopsia se puede definir como una pérdida de visión en uno o ambos ojos
que afecta a una parte del campo visual. Es decir, se percibe solo una parte de lo que
sería el campo visual completo de uno o de los dos ojos. Para entender esta idea
hemos de fijarnos en la figura 4. Ese círculo representaría el campo visual completo
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Estos cuadrantes pueden verse afectados de forma muy diferentes por lesiones que
afecten al nervio óptico de cada ojo o a los cruces posteriores que se producen tras
el quiasma óptico, dando lugar a una visión parcial en cada ojo o bien una perdida
completa de la visión del ojo. En la figura pueden verse algunos tipos de
hemianopsias, de las que caben destacar dos: la hemianopsia homónima y la
heterónima.
La homónima (el mismo lado de cada campo visual deja de verse) se produce por
lesiones en uno de los nervios ópticos tras el cruce producido en el quiasma óptico.
Por último, cabe la opción de que se dañara uno solo de los nervios ópticos a su salida
del globo ocular, lo que provocaría la pérdida de visión de ese ojo de forma parcial o
completa según la gravedad (Ibañez et al., 2020).
Existen más combinaciones, pero resultan menos frecuentes (por ejemplo, perderse
un cuarto del campo visual, lo cual recibe la denominación de cuadrantanopsia). De
igual manera suele ser algo menos frecuente en el entorno escolar (generalmente se
produce por un daño cerebral), pero se debe prestar atención a aquellos signos que
muestren que el niño o niña necesita hacer movimientos más amplios del cuello de
lado a lado para poder ver la escena completa o incluso quejas que indiquen que no
percibe todo completamente.
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Puede darse el caso de que estando en perfecto estado los ojos y las conexiones con
el lóbulo occipital, sean las estructuras cerebrales las que no funcionen
correctamente. Un ejemplo podría ser la ceguera cortical como señal de lesión
completa de esta estructura que impediría formar una imagen de lo que se está
viendo, si bien resulta más difícil encontrar este problema en el entorno escolar.
Sin embargo, existen condiciones en los que pueden existir leves dificultades a nivel
perceptivo que pasen desapercibidas y que tengan su base en un mal funcionamiento
de ciertas áreas de cerebro. Un ejemplo sería el poco conocido Trastorno del
aprendizaje no verbal (TANV) también llamado trastorno del aprendizaje
procedimental (TAP) (Crespo-Eguílaz y García, 2009; Johnson y Myklebust, 1967). Si
bien la sintomatología que rodea este trastorno es mucho más amplia, nos puede
servir para explicar este tipo de anomalías.
Existe una amplia literatura que señala que alteraciones en el desarrollo de las partes
posteriores del hemisferio derecho van a tener un papel importante en la capacidad
de realizar la integración perceptiva de las imágenes, de percibir aspectos de
profundidad o para tener una correcta coordinación visomotora. Esto encajaría con
el desarrollo de la ruta del «dónde» a nivel visual, lo que provocaría dificultades para
percibir estímulos visuales y muchas dificultades para las tareas manipulativas.
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El test de la figura compleja de rey es una tarea clásica que consiste en copiar una
figura que carece de significado (ver figura 7), compuesta por diferentes elementos
geométricos y que requiere poner en marcha muchas habilidades cognitivas, si bien
una principal es precisamente la percepción visual
Al ser una imagen de dos dimensiones (puede verse en la siguiente figura) requiere
una buena percepción de la orientación de las líneas y su dirección, por lo que
rotaciones en las mismas pueden indicarnos también la existencia de un problema a
nivel perceptivo visuoespacial. Es importante también ver el tamaño de la figura y su
posición dentro de la página cuando se copia.
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Sin embargo, para nuestro tema de estudio, la percepción visual, nos interesa
centrarnos en ese componente visual y en las posibles distorsiones que se producen
en la copia de la figura. Es importante pensar que esta figura puede resultar muy
difícil para niños más pequeños, y si bien tiene baremos desde los siete años, existen
figuras más simples que nos sirven de igual manera para valorar ese componente
perceptivo, siendo figuras también compuestas por varios elementos geométricos
superpuesto.
Otro hecho importante en el uso de esta prueba es su solapamiento con los procesos
motores. Para reproducir esta figura es necesario un control motor lo
suficientemente desarrollado para el manejo del lápiz y el control del trazo, por lo
que no se puede deducir de manera directa un problema perceptivo solo porque la
figura esté mal copiada.
Una de las subpruebas que puede ser más útil es la subprueba flechas, en la cual el
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niño debe determinar (sin poder usar las manos ni ningún objeto) qué flecha dentro
de un conjunto que rodea a una diana es la que apuntaría directamente al centro de
la misma (Figura 8). Son más de veinte láminas en las que algunas veces las flechas
son más cortas (aumentando la dificultad) o existe un gran conjunto de flechas. En
este caso, el componente motor no nos va a interferir para valorar, pero se debe
Funcionalidad Visual y Auditiva para la Lectura,
el Lenguaje, los Idiomas y el Aprendizaje
18
Tema 3. Ideas clave
analizar bien el peso de problemas atencionales o la presencia de respuestas
impulsivas que puedan llevar a errores. Con una prueba de este tipo se valoran
aspectos de índole visoespacial, que se relacionan mucho con el funcionamiento de
la red Dorsal o ruta del «dónde».
También cabría añadir que además de la Nepsy-II existen otras tareas útiles como la
copia de figuras (en la que se solicita el copiado de figuras de complejidad creciente)
o precisión visomotora (en la que se pide que se recorra un laberinto con el lápiz sin
salirse de sus márgenes) que nos pueden ayudar a valorar ese componente visual, si
bien las causas del error en estas son difícilmente separables del componente motor
sin usar pruebas más específicas solo visuales.
Otra de las pruebas que tiene esta batería es la de figuras borrosas, bastante útil para
analizar la agudeza visual. Se presenta una lámina muy difuminada o borrosa que
contiene un objeto que debe ser identificado. En caso de no reconocer dicho objeto,
se presenta una lámina con un grado menos de degradación y así hasta presentar el
objeto real con una foto nítida, lo que nos permite saber si, aunque no se haya
reconocido en las primeras láminas, el objeto es al menos conocido.
Por último, la prueba cierre visual también resulta muy útil para ver el grado de
desarrollo perceptivo visual a nivel «cortical». Se van a presentar figuras de objetos
o animales habituales que no están completamente realizadas, por lo que niño debe
inferir de que se tratan esas figuras haciendo un «cierre» visual (puede verse un
ejemplo en la Figura 11)
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El último test que nos puede servir de referencia para la valoración visual es el test
de percepción de diferencias o test de caras. En este caso se solicita al niño que
dentro de un grupo de tres caras en dos dimensiones reconozca una de ellas que
resulta diferente y la tache (puede verse un ejemplo en la Figura 12).
Sin embargo, de nuevo debe señalarse que este test tiene varios elementos que
obligan a complementar la valoración con otras pruebas, ya que se plantean como
una hoja con más de cincuenta ítems de tres caras que deben tacharse a la mayor
velocidad posible durante tres minutos, lo que implica que también la velocidad de
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Sin embargo, los avances en la ciencia nunca son lineales y, en 1925, Orton atribuyó
la dislexia a un problema en el sistema visual. Este hecho llevó a la proliferación de
programas de entrenamiento perceptivo visuales o visomotores de la mano de
autores como Kephart, Frostig, Gertman, Barsch o Delacato. Estos programas
resultaron efectivos, en algunas ocasiones, para mejorar el desarrollo perceptivo,
pero no para el rendimiento académico (Handler y Fierson, 2011). Aunque el uso de
estos programas persistió durante algún tiempo, alrededor de 1980 había disminuido
considerablemente e incluso algunos de sus defensores, como Orton, proponían la
instrucción fonética (Handler y Fierson, 2011).
Los estudios que han explorado las diferentes medidas de convergencia en relación
con la capacidad lectora son claros en sus conclusiones al no hallar relación entre
estas variables (Morad et al., 2002). Estos resultados siguen la misma dirección que
los primeros grandes estudios realizados, en los que tampoco se encontró relación
entre el funcionamiento visual y la habilidad lectora (Helveston et al., 1985). De
hecho, cuando se han estudiado niños con dificultades lectoras, tampoco se han
encontrado diferencias a nivel visual entre ellos y los niños sin problemas de lectura
(Blika, 2018).
Por tanto, los estudios han mostrado que no existe una relación entre el
rendimiento en lectura y ningún tipo de error refractivo y que solo un
pequeño porcentaje de niños que son malos lectores sufre disfunciones
visuales (Handler y Fierson, 2011; Vellutino et al., 2004; Olitsky y Nelson,
2003).
4. Actualmente, existe un crecimiento elevado de las tasas de miopía entre los niños
en edad escolar:
A. Solo en la población asiática.
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7. ¿Los estudios han mostrado una clara relación entre los problemas visuales y el
rendimiento lector?
A. Sí, la integridad del sistema visual está relacionada con el rendimiento lector.
B. Solo en el caso de las alteraciones en la convergencia ocular.
C. No, las dificultades en la lectura se relacionan con niveles de procesamiento
superior.
D. Solo en los niños con TANV.
Detección de las
alteraciones visuales y
adaptaciones curriculares
Índice
Esquema 3
Ideas clave 4
4.1. Introducción y objetivos 4
4.2. Los problemas visuales en el aula 5
4.3. Signos generales de problemas visuales 7
4.4. Eligiendo tratamiento para la intervención 9
4.5. Los déficits visuales en el aula 11
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A fondo 21
Test 23
Esquema
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En este tema vamos a revisar algunas de las pruebas más habituales dentro de las
revisiones oculares. Además, expondremos una serie de indicadores que nos pueden
llevar a sospechar sobre la existencia de problemas visuales en el niño y qué
estrategias generales debemos tener en cuenta cuando elegimos un programa de
intervención. Cerraremos el tema hablando de las repercusiones en el aula que
pueden tener los problemas visuales y algunas estrategias generales de adaptación
del aula.
Los estudios indican que el tratamiento precoz de los problemas visuales disminuye
significativamente el riesgo de ambliopía (Grossman et al., 2017; Mathers, Keyes y
Wright, 2010).También recomiendan que los niños reciban los primeros exámenes
visuales antes de los tres años, y se repitan posteriormente entre los tres y los seis
años (Grossman et al., 2017; Mathers, Keyes y Wright, 2010).En edades posteriores,
las dificultades visuales suelen haber sido detectadas ya, por lo que debemos estar
especialmente atentos durante esos primeros años, dado que, de no ser detectadas
a tiempo, tales dificultades afectarán al niño en sus diferentes contextos, entre ellos
el escolar.
Algunos de los principales aspectos que suelen evaluarse en los exámenes oculares
se detallan a continuación.
Es una de las pruebas más importantes en bebés y niños menores edad, ya que no
requiere de su participación y puede ser realizada muy poco tiempo después del
nacimiento. Se examinan ambos ojos proyectando una luz sobre ellos y se observa el
reflejo rojo que los ojos devuelven. Este reflejo debe ser similar en ambos ojos;
Cuando se evalúa la agudeza visual se debe tener en cuenta lo que el niño es capaz
de ver en función de su edad. Así, entre las cero y las cuatro semanas, los bebés deben
parpadear en respuesta a la luz brillante. Entre las seis y las ocho semanas deben ser
capaces de fijar su mirada y realizar el seguimiento de objetos. También se pueden
observar ciertos estrabismos intermitentes en los recién nacidos, pero estos deben
desaparecer entre los dos y los cuatro meses de edad. Más adelante, entre los seis
meses y los dos años, los niños deben ser capaces de fijar y seguir un objeto
monocularmente.
Desde un punto de vista educativo, la deficiencia visual puede ser atendida en el aula
ordinaria, aunque será necesaria la coordinación con el personal especializado y una
serie de adaptaciones (Estévez, 2010). Debemos tener en cuenta que la mayoría de
las experiencias que se dan en el aula tienen un elevado componente visual, que en
estos niños estará ausente o debilitado, por lo que será necesario compensarlo,
principalmente a través del oído y el tacto (Estévez, 2010).
El aprendizaje del alumno con deficiencia visual va a seguir las mismas fases que en
el alumno vidente, aunque, según Estévez (2010), su proceso de aprendizaje se verá
caracterizado por:
Llegados a este punto, resulta importante distinguir entre los términos de ceguera y
deficiencia visual. Hablamos de personas ciegas para referirnos a aquellas cuyo
sistema visual no es funcional; es decir, no ven nada en absoluto o casi nada, de forma
que no pueden servirse de este sistema sensorial en su vida diaria. Por el contrario,
Estas adaptaciones tienen el objetivo de crear las condiciones necesarias para que el
alumno vea facilitado su acceso al aula junto con sus compañeros (Estévez, 2010).
Debemos tener en cuenta:
Nivel de ruido: debido a la importancia que la vía auditiva tiene para la persona
con discapacidad visual, necesitan de un medio no disruptivo, por lo que es
aconsejable controlar bien el nivel de ruido en clase.
Ubicación en el aula: dada la fuente de seguridad que al inicio supone el profesor
para el niño con deficiencia visual, se recomienda que se coloque cerca del
profesor, lo que ayudará a que el sonido le llegue también con más claridad. Es
importante también que la distribución del mobiliario sea estable y que,
inicialmente, se explique al alumno su ubicación y se le ayude asu comprobación.
Si fuese necesario modificar algún elemento del aula, se deberá avisar de ello al
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Debemos tener en cuenta que contar con determinados materiales puede facilitar en
gran medida muchas de las necesidades de los alumnos con discapacidad visual
(Estévez, 2010). Hoy en día, disponemos de muchos de estos materiales de manera
mucho más accesible, como, por ejemplo:
Iluminación apropiada: evitar los cambios bruscos de iluminación, las zonas con
grandes contrastes y los deslumbramientos. Es preferible la luz blanca.
Ampliaciones de imágenes: se puede conseguir de diferentes formas, como
acercando el objeto a los ojos, agrandando la imagen con algún tipo de lente o
utilizando una ampliación del objeto mediante diapositivas, proyectores o
pantallas de gran tamaño.
Materiales específicos y adaptados: ordenadores con teclado braille, dispositivos
de grabación, programas de lectura por voz, dispositivos de lectura en braille
(como BraiBook).
Este tipo de adaptaciones son necesarias cuando el desfase curricular con respecto
al grupo de edad haga necesaria la modificación de los elementos del currículo. En
este tipo de adaptaciones se reflejarán todos los elementos del currículo que serán
modificados según las necesidades, concretando los objetivos, los contenidos y los
criterios de evaluación. Además, deberán concretarse en tales adaptaciones todos
los recursos necesarios (Estévez, 2010).
connotación negativa que tuvieron tiempo atrás, y, si bien pueden no ser vistas como
algo positivo para parte del profesorado, sí es cierto que ha habido un avance en este
sentido y, al menos, no se consideran como algo negativo.
Unido a todo lo señalado anteriormente, contamos en nuestros días con una serie de
recursos, medidas y programas que el sistema educativo pone a nuestra disposición
para favorecer la educación del alumnado con necesidades educativas especiales.
Será labor del profesorado apostar por una educación que ponga en marcha los
recursos necesarios para atender a la persona con déficit visual, además de llevar a
cabo todo el proceso educativo en el marco de la integración e inclusión escolar.
Las medidas antes señaladas pueden ser muy útiles en caso de alteraciones en la
agudeza visual como las mencionadas cuando tenemos ambliopías o problemas de
refracción. Pero en el caso de trastornos de aprendizaje no verbal (TANV) resulta
relevante dar algunas ideas específicas sobre detección y pautas de tratamiento.
En primer lugar, la detección resulta más compleja que en los casos de agudeza visual,
puesto que el problema no radica ahí. Es decir, no se va a detectar el problema
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porque el estímulo sea más grande o más pequeño o esté más cerca o lejos, sino por
su complejidad, la necesidad de formar una imagen mental compleja o que requiera
algún componente visoespacial (por ejemplo, los símbolos «<» y «>», lo que también
puede extenderse a letras como la «b» y la «d», apareciendo rotaciones).
Figura 1. Ejemplo de láminas superpuestas en las que debe separarse la figura del fondo para percibir los
diferentes objetos que las componen. Fuente: [Link]
semana-8/
En segundo lugar, una vez detectadas las dificultades hay que realizar adaptaciones
específicas que faciliten la adaptación del alumno al aula, como pueden ser las
siguientes (García, 2013):
Plantear que estamos ante un alumno que va a necesitar más tiempo para
cualquier tarea que tenga un componente motor, como por ejemplo la escritura,
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al igual que para tareas que impliquen manipulación, pudiendo cometer más
errores.
Las hojas de cuadros pueden ser precisamente un problema por lo que se suele
recomendar el uso de hojas de líneas. En el papel en blanco vamos a tener el
Estas tareas no son solo válidas para el trastornos de aprendizaje no verbal, sino que
en cualquier dificultad de corte visomotor o de coordinación motora pueden ayudar
tanto al desempleo académico como a mantener la autoestima que suele verse
afectada en dificultades de este tipo.
8. ¿Qué nos puede hacer sospechar que un tratamiento no cuenta con una eficacia
demostrada?
A. Existen estudios publicados que lo avalan.
B. Únicamente aparecen testimonios de usuarios satisfechos.
C. No me garantizan su éxito.
D. Consultar en Internet.
9. ¿Por qué motivo a veces llegamos a creer en tratamientos que no tienen una
eficacia demostrada?
A. La creencia de que no perdemos nada por intentarlo.
B. La comunicación de casos individuales anecdóticos.
C. Las dos opciones anteriores son correctas.
D. Ninguna es correcta
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Ideas clave 4
5.1. Introducción y objetivos 4
5.2. Características físicas del sonido 4
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A fondo 16
Test 17
Esquema
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Describir las características del sonido que es percibido por el ser humano.
Identificar las estructuras y funciones del oído externo, medio e interno.
Conocer la estructura, función y localización del órgano de Corti.
Conocer la estructura, función y localización de las células ciliadas y su
contribución a la transducción auditiva.
Identificar la función y localización de las principales áreas subcorticales
relacionadas con el procesamiento auditivo.
Conocer la función principal y localización de las diferentes áreas de la corteza
auditiva.
Escuchamos gracias a la vibración que transmiten los objetos. Esa vibración genera
un movimiento de las moléculas del aire que llega hasta nuestro oído. Este
movimiento consiste en cambios rápidos en la presión del aire, que podemos
Como todas las ondas, las sonoras tienen cuatro características que las definen:
timbre, fase, amplitud (expresada en decibelios, abreviado dB) y frecuencia
(expresada en ciclos por segundo o hercios, abreviado Hz). Para el oído humano, la
amplitud se corresponde con lo que percibimos como volumen y la frecuencia con lo
que percibimos como tono (Purves et al., 2012).
auditivo-humano
La peculiar anatomía del pabellón auditivo ayuda a dirigir las ondas sonoras hacia el
interior de nuestro oído. El sonido es canalizado a través del pabellón auditivo y el
canal auditivo hasta la membrana timpánica o tímpano, que vibra cuando el sonido
impacta sobre él (figura 2). Además, el pabellón auditivo externo desempeña una
importante función en la amplificación de los sonidos de entre 2000/5000 Hz. La
especial sensibilidad del oído humano a esta gama de frecuencias parece relacionarse
con la percepción del habla, ya que la pérdida selectiva de la sensibilidad a este rango
de frecuencias degrada desproporcionadamente el reconocimiento del habla.
La particular forma del pabellón auditivo también contribuye al filtrado de las señales
para facilitarnos percibir si la fuente sonora está ubicada en una posición elevada con
respecto a nosotros, aunque sobre esto volveremos más adelante (Purves et al.,
2012).
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El oído medio consiste en una pequeña zona hueca detrás de la membrana timpánica
que contiene la llamada cadena de huesecillos, que vibran a partir de la acción de la
membrana timpánica. Esta cadena de huesecillos se inicia con el martillo que conecta
con la membrana timpánica y transmite la vibración de esta al yunque, y este al
estribo, cuya parte inferior presiona contra la membrana de la ventana oval
transmitiendo la vibración al interior (Carlson y Birkett, 2017).
La cóclea forma el oído interno y se encuentra llena de líquido, lo que obliga a que
los sonidos transmitidos por el aire deban ser transferidos a este medio, lo que
habitualmente es muy ineficiente y generaría una pérdida del 99,9 % de la energía
sonora, debido a la diferencia de impedancia entre estos dos medios (resistencia que
ofrece un medio al movimiento o vibración de sus partículas). Esto ocurre siempre
que se pasa de un medio de baja impedancia, como el aire, a un medio de alta
impedancia, como el agua (Purves et al., 2012).
Además, el oído medio posee un sistema de protección ante ruidos fuertes mediante
el cual dos músculos, el tensor del tímpano y el estapedio, se contraen de manera
refleja bloqueando parcialmente la vibración de la cadena de huesecillos y
reduciendo la cantidad de energía sonora que llega a la cóclea. Por el contrario,
algunas afecciones, como la parálisis de Bell, desencadenan una parálisis flácida de
Funcionalidad Visual y Auditiva para la Lectura,
el Lenguaje, los Idiomas y el Aprendizaje
7
Tema 5. Ideas clave
estos músculos que generan una sensibilidad dolorosa incluso a sonidos moderados,
lo que se conoce como hiperacusia (Purves et al., 2012).
La cóclea (nombre procedente del griego kokhlos, que significa caracol de tierra) o
caracol recibe este nombre de su reconocible forma. Está formado por un cilindro
cónico de 35 mm enrollado sobre sí mismo casi tres vueltas. Ese cilindro que forma
la cóclea se divide longitudinalmente en tres secciones: la escala vestibular, la escala
media y la escala timpánica, como se puede observar en el corte transversal de la
figura 3.
En el apartado A fondo puedes conocer con detalle cómo ocurre todo el proceso de
la audición.
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La parte que se dobla de la membrana basilar está determinada por la frecuencia del
sonido, de forma que los sonidos de mayor frecuencia doblan la parte más cercana a
la ventana oval y los sonidos de menor frecuencia doblan la membrana del extremo
opuesto.
En el extremo opuesto a la ventana oval, existe una abertura cubierta por una
membrana flexible, la ventana redonda, que permite que el líquido del interior de la
cóclea se mueva hacia delante y hacia atrás. Cuando la base del estribo empuja la
ventana oval hacia dentro, la membrana de la ventana redonda sale hacia fuera, y
viceversa, generando la flexión correspondiente en la membrana basilar, tal y como
se describe en la figura 4 (Carlson y Birkett, 2017).
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Los cilios de las células ciliadas son finas proyecciones dispuestas según su altura. El
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oído humano contiene alrededor de 3500 células ciliadas internas y 12 000 células
ciliadas externas. Las células ciliadas internas son fundamentales para la audición (sin
ellas, no es posible), mientras que las células ciliadas externas modifican las
características de la membrana basilar influyendo y participando en la percepción del
Los componentes subcorticales del sistema auditivo son más complejos que los del
sistema visual. Los axones aferentes llegan al complejo olivar superior, primer punto
en el que interactúa la información de los dos oídos, ubicado en la porción superior
de la médula espinal. Las neuronas ubicadas aquí envían sus axones hasta el colículo
inferior y, desde aquí, las neuronas envían nuevas proyecciones hasta el núcleo
geniculado medial del tálamo y, desde aquí, hasta la corteza auditiva, en el lóbulo
temporal (Carlson y Birkett, 2017). Estas vías pueden apreciarse en la Figura 5.
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Por tanto, cada hemisferio del cerebro recibe información de ambos oídos
debido a una elevada conectividad bilateral. Esto repercute en que una lesión
central de las vías nerviosas casi nunca se manifiesta como una pérdida
auditiva monoaural (Purves et al., 2012).
5. ¿Qué es la impedancia?
A. La resistencia que ofrece un medio al movimiento o vibración de sus
partículas.
B. La zona sensible de las células ciliadas que permite transmitir el impulso
nervioso.
Funcionalidad Visual y Auditiva para la Lectura,
el Lenguaje, los Idiomas y el Aprendizaje
17
Tema 5. Test
C. El proceso de transformación de la vibración en un medio aéreo a impulsos
nerviosos.
D. Resistencia para oír sonidos de baja intensidad.
Ideas clave 4
6.1. Introducción y objetivos 4
6.2. Percepción del tono 4
6.3. Percepción del volumen 7
6.4. Percepción de la localización espacial 8
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A fondo 14
Test 15
Esquema
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La frecuencia de la vibración del aire que llega a nuestros oídos determina el tono
que tiene un sonido.
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Los sonidos agudos van a tener una mayor frecuencia (más vibraciones por
segundo), lo que los hace además más rápidos.
Figura 1. La vibración de una onda sonora varía en su frecuencia, de forma que algunas ondas tienen muchas
más oscilaciones en un segundo que otras, lo que determina si el sonido se percibe como grave o agudo y
también su velocidad. Fuente: elaboración propia.
posteriormente interpretará.
En este proceso cobran importancia los cilios que recubren toda la cóclea. Esto cilios
pueden imaginarse, siguiendo una analogía, como las algas que están en el fondo del
mar y que se mueven en función de los movimientos del agua. En la cóclea, el líquido
Funcionalidad Visual y Auditiva para la Lectura,
el Lenguaje, los Idiomas y el Aprendizaje
5
Tema 6. Ideas clave
también se va a mover por la vibración que le llega, lo que genera en esos cilios una
activación o impulso nervioso. Sin embargo, y aquí está la clave, va a haber dos
métodos o mecanismos diferentes para codificar la vibración, en función de si es alta
o media (aguda) o si baja (grave).
Figura 2. Representación de las frecuencias codificadas por la cóclea desenrollada. Fuente: adaptado de
Carlson y Birkett (2017).
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Sin embargo, este mecanismo basado en el lugar no es sensible a las frecuencias bajas
(tonos graves). Para codificar este tipo de frecuencias, el extremo de la cóclea las
codifica mediante un segundo mecanismo en el que las neuronas disparan (se
activan) en sincronía con la vibración de la membrana basilar. Es decir, vibra
La cóclea es un órgano tan sensible que, en ambientes muy silenciosos, un oído sano
está limitado en su capacidad de detectar sonidos en el aire por el enmascaramiento
del ruido de la sangre que corre a través de los vasos sanguíneos craneales, en lugar
de por la propia sensibilidad del sistema auditivo (Carlson y Birkett, 2017).
Los sonidos más fuertes, de mayor volumen, producen vibraciones más intensas del
tímpano y de los huesecillos, que generan una alteración mayor en los cilios de las
células ciliadas auditivas. La cuestión es que ese volumen se va a codificar de forma
diferente si estamos ante una frecuencia alta/media o una frecuencia baja.
En el caso de las frecuencias bajas, al no estimular una zona concreta, sino una
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La mayoría de los vertebrados nos aprovechamos de tener dos oídos para localizar
los sonidos en el plano horizontal. Básicamente, el sonido llega antes y es más
intenso en el oído más cercano a la fuente sonora (Purves et al., 2012).
Sin embargo, en el caso de los sonidos de alta frecuencia, su velocidad impide que
podamos detectar las diferencias de fase. Por tanto, nuestro sistema auditivo se sirve
del segundo mecanismo: la sensibilidad de estos sonidos a la presencia de obstáculos.
Así, nuestra propia cabeza genera una sombra sónica que modifica la intensidad de
estos sonidos, de forma que el sonido que llega a un oído presenta una intensidad
ligeramente diferente al sonido que llega al otro. Estas diferencias de intensidad
también son procesadas por las neuronas del complejo olivar (Carlson y Birkett,
2017).
Estos dos hechos permiten que, en los colículos inferiores, se integre toda la
información biaural para configurar una representación topográfica del espacio
auditivo. La principal diferencia entre este mapa espacial y el de la vía visual es que
este no procede directamente de las entradas sensoriales, sino que es inferido por el
cerebro a partir de los cálculos realizados (Purves et al., 2012).
que nos permite ubicar los estímulos en el plano vertical, es decir, si se encuentran
por encima o por debajo de nosotros. Este mecanismo tiene que ver con el timbre de
los sonidos y con la forma de nuestro pabellón auricular.
localización.
Por ejemplo, las aves criadas sin estar expuestas a cantos de sus congéneres emiten
cantos muy simplificados. Y en la especie humana es ampliamente conocido el caso
de los niños sordos que no aprenden a hablar normalmente, pero también se ha
observado en los casos de niños criados sin exposición al habla humana, a pesar de
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Por ejemplo, si los niños no están expuestos a una lengua extranjera durante la
adolescencia, la mayoría no será capaz de aprender un idioma cuya producción no se
distinga de los hablantes nativos, principalmente en el acento. En este sentido,
parece que la propia experiencia está involucrada en el establecimiento de esos
períodos sensibles, de forma que la falta de experiencia normal dejaría al cerebro
abierto para ser moldeado por la estimulación apropiada durante un período más
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Purves, D., Augustine, G., Fitzpatrick, D., Hall, W. C., LaMantia, A. S. y White, L. E.
(2012). Neuroscience (5ª ed.). Sinauer Associates.
3. El volumen se percibe:
A. Mediante un mecanismo relacionado con la tasa de disparo de las células.
B. Mediado por la cantidad de células activadas.
C. Ambas opciones anteriores son correctas.
D. Dependiendo del timbre.
Alteraciones auditivas
más comunes en la
infancia
Índice
Esquema 3
Ideas clave 4
7.1. Introducción y objetivos 4
7.2. Pérdida auditiva en la infancia 4
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A fondo 15
Test 16
Esquema
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Se dice que alguien sufre pérdida auditiva o hipoacusia cuando el umbral de audición
en ambos oídos es superior a 25 dB, es decir, que no escucha aquellos sonidos con
una intensidad inferior. Por lo general estas personas se comunican mediante la
De manera general, las pérdidas auditivas causadas por alteraciones del oído externo
y medio (hipoacusias de conducción) pueden ser tratadas con éxito. Estas pérdidas
auditivas suelen generar la disminución de la intensidad del sonido percibido. Sin
embargo, existe poco tratamiento disponible para el caso de las patologías de la
cóclea y del sistema nervioso (hipoacusias neurosensoriales), aunque en los últimos
años se ha avanzado en gran medida en este sentido. Estas alteraciones
habitualmente conllevan alteraciones morfológicas en la cóclea o en el sistema
nervioso auditivo central (Møller, 2006).
Lateralidad
Edad de aparición
La pérdida auditiva también puede ocurrir durante ese período de adquisición del
lenguaje, cuando aún no está asimilado, pero ya se ha iniciado; la denominamos
hipoacusia perilocutiva y se da entre los dos y los cinco años.
Por último, la hipoacusia poslocutiva aparece a partir de los seis años y, en estos
casos, la adquisición del lenguaje no suele verse afectada (Mondain et al., 2005).
Esto conlleva que, en ciertos casos, se opte por la colocación de un pequeño tubo de
ventilación en el tímpano, con el objetivo de mejorar el drenaje y reducir las otitis
recurrentes.
La perforación del canal auditivo también conlleva una pérdida auditiva que
dependerá del tamaño de la perforación y de su ubicación. Estas pueden ser causadas
por traumatismos acústicos debidos a sonidos de muy elevada intensidad.
Con respecto a las causas infecciosas que pueden generar una pérdida auditiva,
podemos citar las siguientes infecciones:
El término hiperacusia se usa para describir un umbral más bajo de tolerancia a los
sonidos que encuentran intolerables. Todos los sonidos, por encima de un umbral, se
perciben como desagradables, pero, al reducir el nivel sonoro de tolerancia, se
reduce el rango auditivo útil. Habitualmente, la hiperacusia suele acompañar al
tinnitus severo. Aunque los mecanismos responsables son aún desconocidos, se ha
propuesto que pueden estar implicados mecanismos de redirección de información
auditiva hacia vías no clásicas, como se ha encontrado en el tinnitus grave en
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Detección de las
alteraciones auditivas y
estrategias de
comunicación
Índice
Esquema 3
Ideas clave 4
8.1. Introducción y objetivos 4
8.2. Consecuencias de los problemas auditivos 4
8.3. Signos generales de problemas auditivos 5
8.4. Ayudas a la comunicación 8
8.5. Sistemas aumentativos de apoyo a la
comunicación oral 11
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A fondo 19
Test 20
Esquema
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En este tema vamos a conocer cuáles son las consecuencias más comunes que
pueden derivarse de la pérdida auditiva en la infancia. Posteriormente, y con el
objetivo de evitarlas, presentaremos algunos indicadores que pueden sernos útiles
en la detección del niño con posible pérdida auditiva. Veremos también algunas
formas de tratamiento de esas pérdidas auditivas y cerraremos el tema con algunos
sistemas y estrategias para mejorar la comunicación en estos casos. A continuación,
se detallan los objetivos de aprendizaje de este tema:
Como hemos venido señalando hasta ahora, la infancia es un período crítico para el
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desarrollo del lenguaje y la maduración del sistema auditivo central. Por ello, la
detección temprana de los déficits auditivos en los niños es fundamental para evitar
retrasos en la adquisición del lenguaje, en las habilidades comunicativas, en la
maduración de los circuitos cerebrales responsables de la percepción auditiva y en el
resto de los procesos relacionados con estas habilidades. De hecho, diversos estudios
Existen multitud de guías con signos de sospecha de que el niño puede tener
problemas auditivos. Hemos revisado estos indicadores y a continuación os
presentamos un resumen de ellos (Confederación Española de Familias de Personas
Sordas, FIAPAS, 2010; Núñez et al., 2016). Debemos tener en cuenta que estos
indicadores son únicamente eso: indicadores de sospecha de problemas auditivos
cuya aparición haría recomendable la visita al otorrinolaringólogo.
avances tecnológicos que repercuten en que más del 90 % de las personas sordas en
España se comuniquen con lenguaje oral. En la mayoría de los casos, esto es posible
gracias a las prótesis auditivas.
Consiste en una prótesis externa que capta, a través de un micrófono, los sonidos del
habla y del entorno para poder amplificarlos y emitirlos de forma que puedan ser
percibidos por el usuario (FIAPAS, 2007b) (ver Figura 2).
Implante coclear
Se trata de una prótesis quirúrgica que consta de una parte externa y otra interna. El
implante transforma el sonido en señales eléctricas que estimulan el nervio auditivo
a través de la cóclea. Se utiliza en los casos de hipoacusias neurosensoriales
profundas y severas cuando el audífono no es suficiente. Por supuesto, requiere que
el nervio auditivo esté intacto (FIAPAS, 2007b) (ver figura 3).
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Implante osteointegrado
También es una prótesis quirúrgica que permite hacer llegar el sonido directamente
a la cóclea. El procesador de sonido se encuentra anclado mediante un pilar a un
pequeño implante de titanio integrado en el hueso del cráneo. Este procesador
recoge las vibraciones del sonido y las transmite al oído interno. Está indicado para
hipoacusias de conducción o mixtas (ver figura 4).
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Este tipo de prótesis auditivas ayudan al paciente en su acceso al mundo sonoro, pero
no eliminan al completo las dificultades auditivas (únicamente las reducen). Por ello,
debemos apoyar la comunicación con diversas estrategias (FIAPAS, 2007b).
Puede usarse bien de manera individual, cuando la persona con una prótesis auditiva
se coloca el bucle alrededor del cuello y lo adapta al sistema de frecuencia modulada
que hemos comentado anteriormente, o bien puede usarse de manera colectiva,
cuando el cable se sitúa alrededor del área que se quiere adaptar, como un aula. El
usuario de audífono o implante coclear podrá moverse libremente dentro del
perímetro adaptado y situarse en cualquier punto de este (FIAPAS, 2007b).
Ayudas visuales
Otra estrategia habitual para facilitar la comunicación con alumnos con pérdidas
auditivas es la utilización de los subtítulos y los avisos luminosos. Los subtítulos
transcriben a texto el mensaje hablado, garantizando el acceso a la información para
el alumnado. Los avisos luminosos son dispositivos que se iluminan para informar de
alguna incidencia que suele avisarse de forma sonora.
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El trabajo en estos niveles es adaptar de forma individual y algo que se debe graduar
en función de las competencias auditivas del alumno.
mismo.
Los sonidos asociados al lenguaje presentan una mayor complejidad, pero también
permiten más juego en la intervención al incorporar significado. El problema es que
la discriminación se convierte en fundamental por el enorme parecido entre las
Funcionalidad Visual y Auditiva para la Lectura,
el Lenguaje, los Idiomas y el Aprendizaje
15
Tema 8. Ideas clave
diferentes letras a nivel vocal y que pueden cambiar radicalmente el significado de la
palabra (no es lo mismo «pato» que «gato», si bien resultan enormemente parecidas
en su producción). Por ello el trabajo va a ir de palabras más diferentes o con más
contraste a palabras más similares y con menor diferencia. De este estímulo se puede
saltar a la identificación y reconocimiento de oraciones, hasta el uso de textos para
ver la comprensión de la idea general del mismo.
Igual que en el nivel anterior, graduar ante estímulo presenta dificultades, el alumno
será nuestro punto de partida para hacer adaptaciones.
Estrategias a implementar
Además, podemos emplear complementos como el apoyo visual (el más clásico, ya
referido anteriormente, el apoyo de la visión de los labios), la repetición de los
estímulos para que sean discriminados más fácilmente o emitir solo partes de los
sonidos para que el alumno haga el cierre auditivo (que la complete).
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2. Para mejorar el reconocimiento del habla en entornos ruidosos en los niños con
pérdidas auditivas, podemos:
A. Gritarle para que pueda entendernos.
B. Colocar al niño en los asientos más cercanos al profesor.
C. Ambas estrategias son igualmente útiles.
D. Hablar desde detrás para que nos tenga localizados.
3. Entre los indicadores de sospecha de pérdida auditiva antes del año, encontramos:
A. No habla.
B. No practica con sus propias vocalizaciones.
C. No sigue algunas indicaciones.
D. No cuenta historias organizadas.
4. Entre los indicadores de sospecha de pérdida auditiva antes de los dos años,
encontramos:
A. No contesta a preguntas sencillas.
B. No se entretiene con cuentos o relatos.
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8. Una estrategia útil cuando nos dirigimos a un niño con dificultades auditivas es:
A. Levantar la voz por encima de lo normal.
B. No hablarle nunca sin que nos esté mirando.
C. Hablarle muy despacio.
D. Hablarle a gritos.
9. Una estrategia útil cuando nos dirigimos a un niño con dificultades auditivas es:
A. Cogerle la cabeza para que mire nuestra boca.
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B. Hablar con palabras sueltas llenas de contenido, como el lenguaje que usan
los niños pequeños.
C. Llamar su atención con un ligero contacto o señal antes de comenzar a
hablarle.
D. No hacer gestos de ningún tipo.
Funcionalidad Visual y Auditiva para la Lectura,
el Lenguaje, los Idiomas y el Aprendizaje
21
Tema 8. Test
10. Una estrategia útil cuando nos dirigimos a un niño con dificultades auditivas es:
A. Expresarnos con palabras sueltas.
B. Evitarle situaciones de grupo que podrían dificultar la comunicación.
C. Evitar las interrupciones en las que varias personas hablan a la vez.
D. Fomentar las conversaciones múltiples.
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Lenguaje, lectura y
escritura
Índice
Esquema 3
Ideas clave 4
9.1. Introducción y objetivos 4
9.2. El primer contacto con el lenguaje 5
9.3. Lenguaje, comunicación y cerebro 12
9.4. Comprensión del lenguaje 17
9.5. Trastornos en la producción y comprensión del
lenguaje 22
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A fondo 58
Test 59
Esquema
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En este tema, vamos a profundizar sobre cómo nuestro cerebro procesa la palabra
hablada y escrita y sus implicaciones prácticas. Comenzaremos conociendo cómo se
produce la adquisición del lenguaje y las áreas relacionadas con los diferentes
procesamientos, así como la implicación diferencial de los hemisferios cerebrales.
Después, hablaremos de las diferentes alteraciones del lenguaje, tanto en la
producción como en la comprensión. Y, a continuación, hablaremos de las
dificultades en la lectura y en la escritura. Finalizaremos el tema presentando los
hallazgos sobre los dos principales métodos de enseñanza de la lectura.
El cerebro está preparado para amoldarse al medio en el que le toca vivir. En sus
inicios está compuesto por un conjunto enorme de neuronas que no están
conectadas completamente al nacer y serán las experiencias que tenga ese
organismo lo que priorizará unas conexiones frente a otras. En ese proceso, muchas
neuronas van a ir desapareciendo por no recibir estimulación del entorno, dando
lugar a lo que conocemos como maduración cerebral (Gogtay et al., 2004). Este
proceso parece, en caso de tener un entorno estable y de estimulación, ser
relativamente reglado.
Muchas hipótesis plantean que el propio surgimiento del lenguaje en nuestra especie
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Durante los primeros meses de vida se puede plantear, por tanto, que los bebés
tienen cierta capacidad de oído absoluto —la capacidad de ubicar un tono dentro de
la escala tonal sin necesidad de tener un punto de referencia— y que resulta bastante
rara en edades adultas. Esto vendría a significar que los bebés tienen un oído muy
musical, lo que explicaría bastante bien la atracción de los bebés hacia la voz humana
y, como veremos en el siguiente apartado, también nuestra forma de hablarles.
La capacidad del oído absoluto sería muy típica de personas que posteriormente se
dedican a la música y tendría cierta relación el fenómeno de la sinestesia. La cuestión
relevante para el lenguaje es que, conforme pasan los primeros meses, comienza a
reducirse está capacidad de amplio espectro para enfocarse a los tonos que
compondrán nuestro idioma natal.
Los estudios de la doctora Patricia Kuhl (2000) señalan que en torno a los 8 meses
comienza a conformarse un área específica del cerebro dedicada a procesar los
sonidos del habla. Los bebés estarían durante los primeros años de vida
comportándose, en cierto modo, como estadísticos que fueran tomando nota de la
frecuencia con la que se repiten ciertos tonos verbales; estos irían estimulando dicha
área, perdiendo su amplitud inicial para procesar todo sonido del habla para
centrarse en los propios. Esto se conocería como compromiso neuronal. El área
relacionada con este procesamiento del lenguaje sería el área de Wernicke, que
juega un enorme papel en la comprensión del lenguaje en un cerebro adulto.
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Así pues, tenemos un camino durante el primer año en el que la estimulación será
fundamental para abrir una ventana de entrada en el cerebro a las características
físicas (sonido) del lenguaje. La cuestión es si esta «apertura» es igual para todos los
niños del mundo o varía según el lugar del mundo en el que estemos.
La adquisición del lenguaje no está libre de una de las polémicas clásicas que
caracterizan al desarrollo infantil. Se podría plantear desde cierto punto que la
adquisición del lenguaje tiene un componente innato, que «viene de serie». Sin
embargo, eso iría contra la evidencia señalada de la necesidad de un patrón de
estimulación para su adquisición (Kuhl, 2000).
La realidad nos lleva a superar este debate planteando que hay un patrón
universal en la adquisición del habla, pero que está mediado por el entorno.
Cecilia Heyes (2018) señala que el lenguaje sería un «artilugio cognitivo» (cognitive
gadgets) heredado de forma cultural. Es decir, sería un módulo cognitivo, junto a
muchos otros, que lejos de ser algo innato, se ha generado durante la evolución de
nuestra especie en interacción con la cultura, pero que necesita un ambiente cultural
para ser activado. En otras palabras, nuestra herencia no se limita solo a los genes,
sino que también heredamos «aprendizajes» de otras personas en el medio cultural.
Así pues, la orientación infantil a la tonalidad del habla es una parte del puzle de la
adquisición del lenguaje, pero también lo son las personas que rodean a los bebés y
su forma de dirigirse a él.
El baby talk consiste en una forma de dirigirse a los bebés que tiende a maximizar las
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entonaciones, remarcar las inflexiones tonales e introducir a los bebés dentro de una
interacción verbal que señala de manera muy clara los turnos, invitando a este a que,
dentro de sus límites productivos iniciales, participe en una protoconversación. Es en
esta interacción donde parece tener inicio esa adquisición del lenguaje y, por tanto,
no parece fácilmente separable del entorno y de la cultura. Esta interacción permite
Funcionalidad Visual y Auditiva para la Lectura,
el Lenguaje, los Idiomas y el Aprendizaje
8
Tema 9. Ideas clave
la conformación del cerebro en un proceso que podría ser considerado universal en
cuanto a los pasos que va a seguir el bebé.
El patrón universal
Por ejemplo, todos los bebés arrullan con sonidos vocálicos a los tres meses de edad,
independientemente de su cultura, y balbucean usando combinaciones de
consonantes y vocales hacia los siete meses. De igual manera, como señalábamos
antes, presentan esa percepción categórica (diferenciar unidades fonéticas a las que
no han sido expuestos previamente). Esta percepción se ha encontrado también en
otras especies, como monos o chinchillas, lo que sugiere que la distinción de estas
unidades fonéticas está fuertemente influenciada por las estructuras y capacidades
auditivas preexistentes (Kandel, Schwartz, Jessell, Siegelbaum y Hudspeth, 2014).
De hecho, los bebés a los que se les da a elegir entre palabras en su propio idioma y
palabras en un idioma distinto muestran una preferencia por la primera opción a los
nueve meses, pero no a los seis meses (Kandel et al., 2014). Por tanto, mucho antes
de que los bebés reconozcan que las cosas y los eventos tienen nombres que los
designan, memorizan patrones globales de sonidos típicos que son capaces de
reconocer. Es decir, la segunda mitad del primer año es un período delicado en el
aprendizaje del habla (figura 1).
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Figura 1. Desarrollo de los progresos del lenguaje. Fuente: adaptado de Kandel et al. (2014).
La segunda mitad del primer año es un período delicado en el aprendizaje del habla
y parecer ser el punto de separación de ese kit de inicio hacia las especificidades del
idioma natal (Figura 1). En un interesante estudio se expuso a niños estadounidenses
Funcionalidad Visual y Auditiva para la Lectura,
el Lenguaje, los Idiomas y el Aprendizaje
10
Tema 9. Ideas clave
de entre nueve y diez meses al chino mandarín en el laboratorio. Los niños expuestos
solo a través del sonido mediante una cinta o mediante la televisión (audio y vídeo)
no aprendían y solo mejoraban si la exposición se realizaba con un ser humano. De
hecho, el rendimiento del grupo que había interaccionado con el modelo humano fue
estadísticamente similar al de los bebés criados en Taiwán.
A partir de los seis meses de edad, los bebés comienzan a organizar los
sonidos del habla en prototipos fonéticos que representan las categorías
fonéticas más frecuentes en su idioma (Kandel et al., 2014).
Aunque existe debate al respecto, los investigadores parecen inclinarse por que los
niños aprenden de manera más natural y eficiente que los adultos, a pesar de que
sus habilidades cognitivas sean inferiores.
La mayor evidencia a favor de este punto de vista proviene de estudios clásicos. Por
ejemplo, cuando se comparan individuos expuestos desde el nacimiento con aquellos
expuestos entre los cinco y los doce años. Los individuos expuestos desde el
nacimiento fueron mejores en la identificación de errores gramaticales que los
expuestos a la edad de cinco años, y estos, mejores que los expuestos a los doce años
(Kandel et al., 2014).
El lenguaje, tanto hablado como escrito, resulta fundamental para que la especie
humana sea tal y como la conocemos. Nuestro pensamiento durante el desarrollo se
vuelve completamente verbal y el desarrollo del cerebro se ve modulado y cambiado
de forma muy diferente cuando entra en contacto con la lectura y con la escritura
que cuando no lo hace.
Estas técnicas han ido avanzando hasta permitir ver cómo se activa el cerebro cuando
hacemos algo con técnicas de neuroimagen funcional. Además, los procedimientos
quirúrgicos han permitido también comenzar a realizar operaciones cerebrales con
paciente despierto, volviéndose una fuente enorme de información, al poder
comprobar qué cambia en el paciente cuando se manipula el cerebro. Esto se vuelve
tremendamente práctico en las cirugías tumorales para evitar alteraciones cognitivas
al eliminar un tumor cerebral.
Con todas estas técnicas se ha ido delimitando el lenguaje a nivel estructural como
una función claramente lateralizada en el hemisferio izquierdo (Ardila, 2005). Esto
es vital para entender qué pasa cuando alguien tiene un daño cerebral en el lado
izquierdo (con la consecuente alteración del lenguaje), así como para entender
aquellos retrasos en la adquisición del lenguaje. Pero de nuevo, se hace hincapié en
que, para formar este circuito del lenguaje en el cerebro, el hemisferio derecho va a
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jugar un papel muy importante (Koziol y Budding, 2009). De hecho, las alteraciones
de este hemisferio durante el desarrollo darán lugar a un lenguaje con matices muy
diferentes.
Una condición que empieza a tener relevancia y es bastante necesaria resaltar para
su detección temprana es el trastorno del aprendizaje no verbal, conocido
habitualmente como TANV o como trastorno del aprendizaje procedimental (TAP)
(Crespo-Eguílaz y García, 2009). Este trastorno se caracterizaría en principio por un
funcionamiento incorrecto del hemisferio derecho, especialmente en su parte
posterior (lóbulo occipital y parietal), que conllevaría una serie de dificultades que
afectarían a los aprendizajes más básicos como son los motores o perceptivos (Fine,
Musielak y Semrud-Clikeman, 2014; Semrud-Clikeman y Fine, 2011).
Esta condición no está recogida aún en guías diagnósticas, pero existe evidencia
suficiente de la existencia de niños con dificultades para los aprendizajes motores,
con problemas para automatizar rutinas motoras —montar en bicicleta, manejar el
lápiz, usar tijeras—, así como para el procesamiento visoespacial —distancias,
orientación de objetos, organización del espacio con respecto a uno mismo— que
afecta de manera importante tanto a la producción del lenguaje no verbal —gestos,
expresiones— como a la interpretación —integrar la información no verbal que otras
personas añaden a su lenguaje— (Harnadek y Rourke, 1994; Johnson y Myklebust,
1967).
Ese tipo de procesamiento sería conocido como top-down (de dentro hacia a fuera).
Este tipo de procesamiento va ligado a un aprendizaje y a una automatización. De
esta manera, el lenguaje una vez se ha ido automatizando se vuelve muy predictivo,
de forma que permite anticipar, tal y como ocurre con el texto predictivo de un móvil,
por ejemplo: conforme alguien empieza una frase, el número de palabras que
encajarían (dadas las reglas gramaticales y la frecuencia de aparición) se reduce.
Para comprender una palabra que escuchamos, en primer lugar, debemos reconocer
la secuencia de sonidos que forman esa palabra y así, accedemos a la entrada
auditiva de nuestro diccionario. Estas entradas se almacenan en el área de Wernicke,
localizada en la corteza de asociación auditiva del lóbulo temporal izquierdo (Figura
3). Veremos más adelante cómo funciona este proceso y cómo se amplía a áreas
temporales anteriores.
Figura 3. Áreas relacionadas con el procesamiento de la palabra. Las flechas negras representan la
comprensión de las palabras y la activación de recuerdos que corresponden al significado de una palabra. Las
flechas rojas representan la traducción de pensamientos o percepciones en palabras. Fuente: adaptado de
Carlson y Birkett (2017).
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Otro de los ámbitos que más estudio ha generado en las últimas décadas ha sido el
caso del bilingüismo. Este presenta una serie de peculiaridades, dado que es un
aprendizaje que provoca cambios interesantes en el cerebro. Es cierto que todo lo
que aprendemos va generando modificaciones en nuestras conexiones cerebrales,
pero aprender una segunda lengua o leer provocan unos cambios conectivos muy
profundos.
Sin embargo, en etapas adultas, los sonidos de nuevo idioma a aprender no tendrán
una correspondencia directa con aquellos que procesa el área de Wernicke, por lo
que se necesitará un esfuerzo mayor para hacer discriminaciones muy específicas de
sonidos, siendo mucho más complicado de adquirir y, además, incidiendo sobre la
producción, por lo que sería más complicado alejarse de la que ha condicionado
nuestro lenguaje nativo.
Este hecho guarda relación con un síndrome muy llamativo conocido como el
síndrome del acento extranjero. En ocasiones, tras un daño cerebral, hay personas
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Además, las investigaciones han encontrado que los cerebros de personas bilingües
presentan una mayor densidad de materia gris en la corteza parietal izquierda y que
parece que existen tanto regiones comunes a ambos idiomas como regiones
específicas a cada uno de ellos (Carlson y Birkett, 2017). Esto cuadrará con otra
secuela llamativa de los daños cerebrales, esas situaciones en las que, tras un daño,
hay personas bilingües que «pierden» uno o varios de los idiomas que manejaban
previamente por una afectación selectiva en las zonas cerebrales que los
representaban, sin llegar a perder el idioma natal, representado en otras zonas
diferentes.
Al margen de los cambios cerebrales, existen una serie de cambios cognitivos y algún
que otro mito asociado al bilingüismo dentro del neurodesarrollo. Varias
investigaciones han tratado de desmontar el mito de que aprender dos idiomas
durante el desarrollo implica necesariamente un retraso en la adquisición del
lenguaje o problemas importantes en el mismo (Bialystok, 2017; Bialystok, Craik y
Luk, 2012).
Además de todos los aspectos que hemos visto hasta ahora, como el significado o el
estado emocional, el habla puede transmitirnos información sobre la identidad del
hablante, su sexo e incluso su edad.
Aprendemos a reconocer las voces de las personas de nuestro alrededor a una edad
muy temprana. De hecho, incluso los recién nacidos pueden reconocer las voces de
sus padres, pero algunas personas con daño cerebral tienen dificultad para reconocer
las voces (fonoagnosia).
han perdido la capacidad para comprender las palabras, aún pueden reconocer las
voces; otras, sin embargo, muestran características opuestas. Los estudios muestran
que este déficit está asociado a una lesión de la corteza temporal superior anterior
derecha (Carlson y Birkett, 2017).
la producción y comprensión del lenguaje que nos permitirán entender los procesos
que hay implicados en algo tan automatizado para nosotros, adultos, como es hablar.
A mediados del siglo XIX, el neurólogo francés Paul Broca señaló un área concreta del
cerebro que tenía un papel fundamental en la producción del lenguaje: la tercera
circunvolución frontal posterior izquierda. Llegó a esta conclusión a través de
estudiar a un paciente muy peculiar. Dicho paciente, a causa de una serie de crisis
epilépticas, había visto su lenguaje reducido completamente a un solo sonido que
producía de manera encadenada y que le hizo recibir el nombre de paciente «tan»,
ya que este era el sonido que emitía. Lo realizaba manteniendo la prosodia y
entonación, pero sin lograr otra emisión. Esto supuso una revolución en la
comprensión del cerebro y esta área, que localizó estudiando el cerebro del paciente
una vez fallecido, recibió el nombre de área de Broca (Figura 4).
Figura 6. Fascículo arqueado, estructura que conecta el área de Wernicke con el área de Broca.
Fuente: [Link]
Por otro lado, la ruta ventral aparece como un camino que va desde Wernicke
hacia estructuras temporales anteriores, similar a la ruta visual del «qué», que se
relaciona con la comprensión en diferentes fases. Primero discriminando sonidos
en Wernicke («qué» sonidos son) para posteriormente identificar la palabra
(«qué» palabra es) y emparejarla con su significado («qué» significa esta palabra).
Desde este modelo resulta más fácil comprender los trastornos de producción y
los trastornos de la comprensión del lenguaje (Figura 7).
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La descripción inicial hecha por Broca sobre el paciente Tan llevó también a hablar
de un tipo de afasia que se llamaría afasia de Broca. Sin embargo, no todas las afasias
expresivas llevan aparejada unas gravedades tan extremas. Es cierto que los
pacientes afectados por lesiones en el área de Broca o cercanas a la ruta dorsal van a
tener un habla lenta, reducida y van a producir con mucho esfuerzo, pero los motivos
y las producciones pueden ser muy diferentes.
Además, el área de Broca y la parte más cercana de la ruta dorsal juega un papel
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Por último, otro problema que afecta a la expresión tiene que ver con el componente
fonológico. Las partes posteriores de la ruta dorsal y el giro angular juegan un papel
importante en la construcción fonológica. Lesiones en este punto puede provocar
una desorganización de los fonemas que conforman la palabra, presentando errores
a la hora de decirlas (por ejemplo, decir «muerciegalo» en lugar de «murciélago»),
algo más notorio en palabras más largas y de menos frecuencia de uso.
sonidos verbales como ya hemos visto en el inicio de este tema. Esto sería conocido
como afasia de Wernicke.
De esta forma, una lesión en esta área puede provocar una sordera verbal de las
palabras, que no afecta a la discriminación de otros ruidos, sino que simplemente se
Funcionalidad Visual y Auditiva para la Lectura,
el Lenguaje, los Idiomas y el Aprendizaje
27
Tema 9. Ideas clave
es sordo a las palabras. Esto significa que uno no es capaz de comprender los sonidos
que las componen y, por tanto, no puede reconocer la palabra ni llegar a su
significado. Esto puede parecer muy difícil de imaginar, pero sería aquello que nos
ocurre cuando tratamos de escuchar a alguien que habla en un idioma diferente al
nuestro, ya que no estamos preparados para discriminar los sonidos que produce. Se
puede considerar que en esta área se encuentra la memoria de las secuencias de
sonidos, lo que permite una discriminación rápida para acceder al significado.
Las lesiones en la parte anterior del lóbulo temporal y en la conexión entre este y el
área de Wernicke generan de manera habitual problemas semánticos o de
reconocimiento del significado de las palabras. Esto provoca que se sea también
incapaz de recuperar las palabras (anomia), si bien las claves no ayudan a llegar a
ellas, ya que estarían borradas. Al estar el área de Wernicke intacta, la persona podría
perfectamente repetir sonidos (los discrimina y los puede producir), aunque sin
entender lo que dice (como si repitiéramos, por ejemplo, algo en un idioma que
desconocemos). Esto recibe el nombre de afasia sensorial transcortical.
Por último, se debe señalar que todas estas dificultades muchas veces coexisten, sin
haber claras diferencias de forma para ese tipo de afasias. Aunque todos estos
procesos se puedan ver por separado, siempre se producen de forma simultánea.
El desarrollo del lenguaje es un camino para adquirir todos los procesos que hemos
descrito en las afasias (gramática, fonología, léxico, articulación) y lograr una
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sincronía entre las áreas que los sustentan para poder producir el mismo de forma
eficiente y efectiva.
Los TEL expresivos suelen relacionarse con una reducción importante de las
competencias expresivas. En muchos casos, ciertas dificultades articulatorias
terminan por reducir la capacidad de emisión de sonidos y retrasan todo el proceso
de desarrollo del lenguaje y de su contenido. Se entiende entonces que estas
alteraciones en los desarrollos iniciales desembocan, mediante un procedimiento
progresivo, en un lenguaje que no permite una comunicación fluida.
Sin embargo, también ha de entenderse que también puede haber problemas a nivel
de otras funciones que afecten al uso del lenguaje una vez adquirido, por ejemplo,
de memoria de trabajo o de funciones ejecutivas que limiten la organización del
discurso en edades mayores (más allá de seis o siete años).
Existen múltiples pruebas que puede ser de interés conocer y que se destinan a
valorar los diferentes componentes del lenguaje, si bien se ha de recalcar que este
tipo de pruebas deben ser administradas por profesionales con la adecuada
formación, como logopedas o neuropsicólogos.
De manera habitual, las pruebas van a tratar de discriminar cuatro aspectos que
ayudan a la articulación de la clasificación clásica de las afasias: expresión,
comprensión, denominación y repetición. Si bien entendemos que hay más procesos
que son necesarios para expresarse correctamente o para la comprensión, se suelen
valorar de manera global. Además, algunas de estas escalas nos van a permitir
obtener un «grado» de afasia que nos puede ser útil para calibrar el avance del
tratamiento en la mejora del paciente.
El test de Boston constituye un test clásico que valora las 4 áreas comentadas
anteriormente, pero además la lectura, la escritura y aspectos relacionados con el
cálculo. Lo hace desde ese paradigma global que trata de calibrar las capacidades
expresivas y comprensivas para diferenciar correctamente los perfiles de tipo
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Para valorar la expresión cuenta con varias subpruebas entre las que destacan la
clásica lámina de «el robo de las galletas». Se presenta la lámina al paciente que debe
La Batería Western sigue un formato similar al de la prueba de Boston, dado que está
inspirada en modelos clásicos del lenguaje que buscan una clasificación de la afasia
dentro de los subtipos, aunque también añade un índice de gravedad de la afasia que
puede ser útil para valorar la evolución de un paciente.
Por este motivo, los subtest de la batería van a ser muy similares, valorando la
expresión oral, la comprensión auditiva, la repetición, la denominación y aspectos
relacionados con la lectoescritura.
los posibles déficits que haya generado un daño cerebral o esté produciendo una
posible enfermedad neurodegenerativa.
Si bien existen muchos más procesos concretos que analizar en el lenguaje y que esta
prueba trata de evaluar (por ejemplo, las pruebas de lectura), estos ejemplos nos
pueden servir para ver el nivel de análisis que tiene esta prueba. Las disociaciones
entre procesos que se han ido consiguiendo con la investigación en neurociencia
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el Lenguaje, los Idiomas y el Aprendizaje
34
Tema 9. Ideas clave
cognitiva nos permiten comprender mejor qué problemas hay debajo de una posible
afasia y nos ayudan a entender la forma de tratarlos.
Las pruebas que hemos visto hasta el momento son pruebas orientadas a afasias en
adultos, generalmente relacionadas con daño cerebral adquirido o derivado de
procesos neurodegenerativos. Sin embargo, también tenemos pruebas disponibles
para la valoración de la adquisición el lenguaje y una de ella es el ITPA, de la que
recientemente se ha publicado la versión 2.
Precisamente por eso en esta prueba nos encontramos con subpruebas que pueden
parecer poco relacionadas con el lenguaje, como por ejemplo tareas de tachado de
figuras o bien tareas de asociación de imágenes por su significado, sin un componente
verbal en sí. Precisamente por eso, la valoración del ITPA va a ir orientada hacía el
lenguaje, pero va a permitir entender mejor el funcionamiento cognitivo del niño y la
posible existencia de compensaciones.
Al leer estas palabras estas poniendo en marcha una serie de procesos muy
complejos que, de manera habitual, todos hemos automatizado durante la infancia.
A diferencia de lo que pasa con el lenguaje o los aspectos perceptivos, este
aprendizaje requiere un esfuerzo explícito de práctica por parte de la persona que
El aprendizaje de la lectura
Sin embargo, a una edad u otra, la lectura requiere un proceso intensivo y continuado
de práctica para llegar a convertirse en el proceso automático que nosotros
manejamos. Un camino plagado de errores que son normales y de sobrecarga a nivel
cognitivo, en especial en las primeras fases del aprendizaje.
Este proceso va a seguir unas fases que conviene destacar. Utah Frith señala tres
fases dentro del aprendizaje de la lectura (Dehaene, 2014) Técnicamente, estas tres
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Esta fase surge de manera habitual y por medio de una simple asociación entre esa
forma y aquello que representa.
Figura 9. Ejemplo del concepto bouma o forma de la palabra. Fuente: Dehaene, 2014.
Fase fonológica
Figura 10. Imagen con palabras desordenadas internamente que podemos leer gracias a la representación
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La lectura en el cerebro
A nivel cerebral la lectura nos dirige a una de las propiedades fundamentales que
tiene el cerebro y las neuronas: la plasticidad neuronal. Las actividades que hacemos
en el día a día implican un cambio en las estructuras del cerebro, a partir de la
potenciación y facilitación de activación de aquellas que se usan con más frecuencia.
No es otra cosa que el efecto de la práctica, aquello que se práctica nos resulta mucho
más fácil de realizar.
En general, a la hora de abordar las pérdidas de la lectura por daño cerebral se suele
utilizar el término dislexia, dejando la alexia como la pérdida completa de la lectura.
Sin embargo, esta denominación no es correcta, pues la partícula «dis» se relaciona
con problemas en la adquisición.
Dislexia periférica
leer.
Dislexia fonológica
Es importante señalar que también puede darse el caso de que haya una lectura
correcta de ambos tipos de palabras, lo que implica un buen estado de los procesos,
pero que estos se puedan encontrar desautomatizados de forma que no se logre
comprender lo leído pese a no cometerse errores, por el propio esfuerzo que supone
hacer esa lectura, lo cual es conocido como dislexia directa.
La dislexia del desarrollo consiste en una dificultad en la que los niños tienen
dificultades para la lectura a pesar de su inteligencia promedio. Este tipo de
trastorno suele darse en las mismas familias, lo que indica un componente genético.
De hecho, los estudios con gemelos monocigóticos (aquellos que tienen un material
genético idéntico) indican una tasa de concordancia para la dislexia de entre el 84 y
el 100 %, mientras que disminuye al 20-35 % en los casos de gemelos dicigóticos (solo
comparten la mitad de su material genético).
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Tal y como dijimos antes, el hecho de que el lenguaje sea un invento relativamente
reciente hace poco probable que tengamos mecanismos cerebrales específicos para
ello, por lo que los déficits en lectura deberían acompañarse de otras dificultades y
esto es lo que han encontrado los estudios.
Funcionalidad Visual y Auditiva para la Lectura,
el Lenguaje, los Idiomas y el Aprendizaje
44
Tema 9. Ideas clave
Un déficit muy habitual es la deficiencia en la conciencia fonológica, es decir, una
dificultad específica en mezclar y reordenar los sonidos de las palabras. También
tienen dificultades para distinguir el orden de las secuencias de los sonidos,
comenten errores ortográficos, hacen una mala disposición espacial de las letras o
las omiten y su nivel gramatical suele ser bajo.
Otro hallazgo importante y relacionado con los anteriores es sobre las dislexias del
desarrollo en los diferentes idiomas. En los idiomas más opacos, con gran cantidad
de palabras irregulares —donde las reglas fonéticas sobre cómo deben pronunciarse
las palabras tienen muchas excepciones y obligan a memorizarlas—, se encuentran
más alumnos con dislexia que en los idiomas como el italiano o español, con una
ortografía más transparente, donde existen pocas palabras irregulares y la mayoría
de las palabras pueden ser pronunciadas a partir de las reglas que permiten
transformar cada grafía en su fonética correspondiente (Carlson y Birkett, 2017).
Sin embargo, no debemos caer en el error de considerar que todo niño que lee mal
es disléxico (Dehaene, 2014). El proceso de lectura conlleva necesariamente tiempo
de entrenamiento y automatización en el que será normal la existencia de muchos
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Precisamente por cómo funciona la adquisición de la lectura resulta muy difícil poder
valorar de manera correcta cuando estamos ante un problema real de lectura que
pudiera entenderse como una dislexia y cuando simplemente estamos ante el
proceso normal de adquisición. A esto además debemos añadir la cantidad de
procesos que subyacen a la lectura que pueden estar fallando durante la lectura y
que deben ser valorados de manera específica para confirmar cuál puede ser el
problema real y el tratamiento que podríamos plantear.
La prueba resulta interesante por añadir índices no solo de precisión (o acierto) sino
también índices de tiempo en cada una de las pruebas que nos pueden orientar sobre
si los tiempos de lectura o comprensión son más altos de lo esperado por edad y así
detectar fallos en la automatización de alguno de los procesos lingüísticos y que eso
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Además, cuenta con unos baremos que van organizados por curso académico, lo cual
nos puede también ayudar a determinar si empieza a aparecer un desfase en la
Cuando los niños aprenden las habilidades relacionadas con el lenguaje, primero
aprenden a reconocer los sonidos de las palabras, luego aprenden a reproducirlos,
posteriormente a leer y, por último, a escribir.
aquellas palabras que puedan imaginar visualmente, de las que conserven su forma
global (Carlson y Birkett, 2017).
Por último, en el caso de palabras de uso muy frecuente, tenemos memorizadas las
secuencias motoras para escribirlas. Pero estas secuencias motoras son diferentes,
por ejemplo, si estamos escribiendo en papel (o una tableta electrónica con un lápiz
digital) o estamos tecleando en un ordenador. Estas dos formas diferentes de
escritura representan procesos motores diferenciados y también pueden lesionarse
de forma independiente.
¿Crees que debemos enseñar a leer a los más pequeños? Hacer este planteamiento
implica la posibilidad de que pueda no ser necesario hacerlo y los niños aprendan a
leer del mismo modo que aprenden a hablar, es decir, sin una enseñanza sistemática,
donde basta con la presencia de adultos que practiquen la lengua. Sin duda, los
hallazgos de la psicología cognitiva y de la neuropsicología —algunos de los cuales
han sido expuestos previamente—, nos llevan a pensar que esta idea resulta
demasiado ilusoria y que, si bien algunos niños muestran una asombrosa habilidad
para el aprendizaje de la lectura, la mayoría no sería capaz de desarrollar tal
aprendizaje sin una instrucción reglada. Por tanto, la siguiente pregunta que
debemos hacernos es: ¿cómo debemos enseñar a leer?
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Este método propone beneficiarse del principio alfabético que está en la base de
nuestro sistema de lectoescritura: la correspondencia existente entre las letras
(grafemas) y los sonidos (fonemas). Por tanto, plantea la necesidad de enseñar este
principio alfabético al estudiante de manera explícita, sistemática y temprana
(Alegría, Carrillo y Sánchez, 2005):
Estos métodos surgen como un intento de superar las críticas anteriores con la
propuesta básica de enseñar las palabras completas, evitando así las irregularidades
del código alfabético y centrando el aprendizaje en unidades con significado
completo, abandonando los grafemas y fonemas carentes de este significado.
Los defensores de este método asumen que la fonología no forma parte de los
procesos que intervienen en la identificación de las palabras escritas por parte de un
lector experto y que ese proceso de conversión grafema-fonema hace más lento el
acceso al significado, por lo que debería ser eliminado (Alegría, Carrillo y Sánchez,
2005).
¿Cuál es el mejor?
Deahene (2014) señala concretamente al menos tres evidencias a favor del método
global que han podido ser malinterpretadas y ocultar realmente un procesamiento
más fonológico.
Se reconoce más rápidamente una palabra que una letra aislada. Aunque este
efecto es cierto, reconocer una palabra pone en marcha el mecanismo ortográfico,
que es más rápido que reconocer letras aisladas, algo más perceptivo.
para el éxito del aprendizaje de la lectura (US Department of Health and Human
Services, 2000). En esa misma línea, otra potente revisión alcanza dos conclusiones
principales muy similares (Rayner, Foorman, Perfetti, Pesetsky y Seidenberg, 2001):
Parece ser que algunos de los principios de los que parte el método global no son
ciertos. Por ejemplo, el proceso de decodificación fonológica es un paso previo al
acceso al significado en muchas palabras poco habituales. Como hemos visto
previamente, la especialización de las áreas cerebrales dedicadas a la forma visual de
las palabras solo se apreciaba tras la exposición a las reglas que guían la lectura, por
lo que este conocimiento no es innato o intuitivo, como sostiene el método global.
Además, existen redes nerviosas que comunican las áreas de Broca y Wernicke
específicamente dedicadas a la conversión grafema-fonema que permiten a quienes
no reconocen la forma global de las palabras leer mediante esta estrategia de
conversión. Hasta aquí, por tanto, las conclusiones son claras.
Sin embargo, aún cabe hacernos un planteamiento adicional más: ¿las conclusiones
alcanzadas en idiomas opacos como el francés o el inglés son extensibles al español?
© Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)
Ardila, A., Bertolucci, P. H., Braga, L. W., Castro-Caldas, A., Judd, T., Kosmidis, M. H.,
Matute, E., Nitrini, R., Ostrosky-Solis, F. y Rosselli, M. (2010). Illiteracy: The
neuropsychology of cognition without reading. Archives of Clinical Neuropsychology,
25(8), 689-712. [Link]
© Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)
3. El agramatismo se refiere a:
A. La dificultad para escribir oraciones en su orden correcto.
B. La dificultad para comprender oraciones con estructuras más complejas.
C. La dificultad para hacer construcciones gramaticales correctas, ubicada en el
área de Broca.
D. Problemas para poner en orden las frases.