En esta parte del módulo realizaremos, como lo
hicimos a lo largo de todo el Curso, un planteo situacional
que nos ayude a mirar la realidad. Por eso, los
invitaremos a ser "la voz" de la realidad, a mirar su
realidad cercana, tratando de extenderla hacia toda la
Comunidad, la Diócesis, la Región en donde brindan su
servicio…
“Un encuentro consigo mismo”
- Trabajo personal 5-
Si haces clic aquí encontrarás un
trabajo de reflexión personal en donde te
“Dios los
bendiga y los invitaremos a que emprendas un camino de interiorización desde tu
llene de su propia experiencia.
Divino Esta es una instancia propicia para mirar la realidad que vives en tus
Espíritu…”
encuentros catequísticos en relación a la respuesta de fe y de vida. Allí
M. María del encontrarás elementos que te ayudarán a cuestionarte y ampliar tus
Tránsito (Cfr. estrategias para motivar este momento con tus catequizandos.
Carta 25.1)
Esta sección del curso constituye nuestro marco teórico.
Aquí escucharemos siempre la Palabra de Dios y el Magisterio
de la Iglesia para recibir su luz. También tendremos presente
otras voces, que vienen de la Teología, la Catequética y
algunas ciencias humanas, para comprender y explicar
sistemáticamente la realidad. Ellas nos ayudaran a
profundizar la mirada a través de una reflexión que se
traducirá, luego en una praxis catequística fundamentada y
transformada.
LA RESPUESTA DE VIDA1
1. La Revelación de Dios es un diálogo con el hombre
La Palabra de Dios es un llamado que espera una respuesta de
parte del hombre. La Catequesis hace realidad ese diálogo. La
educación de la fe se realiza sobre el esquema de este llamado. Lo que
Dios espera del hombre en primer lugar no es que aprenda algo sino
que responda a su llamado. Lógicamente, para que pueda responder
a la Palabra de Dios, el hombre debe enterarse de algo y aprender
algo. Pero lo más importante de la comunicación entre Dios y el
hombre en Catequesis reside en la relación interpersonal. Por eso,
todo lo que se refiere al aprendizaje y a la memorización está en
función de la respuesta que el hombre da a Dios.
Esta respuesta es parte integral y necesaria del encuentro
catequístico. No se puede terminar el encuentro sin haber intentado
siquiera suscitar una respuesta de parte de los catequizandos. Es
cierto que el hombre debe responder libremente y no siempre se da
esta respuesta. Pero el catequista debe poner en marcha todos los
recursos pedagógicos de los que dispone para lograrla. Si no lo logra,
que no sea porque él no lo haya intentado. La evangelización, como la
Catequesis no son completas si falta la respuesta del catequizando.
En principio la respuesta versará sobre el mismo tema que el cuestionamiento. Si el
encuentro se desarrolla normalmente, lo que se cuestiona al principio es iluminado por la
Palabra y sobre el mismo tema el catequizando elabora su respuesta a Dios.
Puede ocurrir que la atención se haya desviado por motivos apreciables y que
haya que re-armar el encuentro. En tal caso se justifica que la respuesta verse
sobre un tema diferente. Esta unidad del cuestionamiento y la respuesta
garantiza la autenticidad del empleo del método; no es una mera exigencia
estética sino una exigencia del mismo discurso catequístico: la unidad (sin
confusión) entre la historia humana y la historia de salvación; los acontecimientos históricos
como contenidos de la Catequesis; las aspiraciones humanas como huellas del Espíritu Santo.
La respuesta puede darse en infinidad de formas de acuerdo a los distintos grupos o
circunstancias. Se puede hacer en forma de oración o de canto, de compromiso o de acción
de gracias, de anuncio o de denuncia, de dibujo o de contemplación. Pero no hay que confundir
el aprendizaje con la respuesta. Esta confusión se presenta bastante frecuentemente. El
aprendizaje tiene que hacerse siempre, y en algunos casos puede ser una respuesta, si está
preparado y ambientado convenientemente.
1 Cfr. DE VOS, Francisco. Metodología Catequística. Editorial Claretiana. Buenos Aires. 2002. Págs. 135-152.
Un ejemplo de esto puede ser el aprendizaje del Padre nuestro no solo para memorizar las
palabras (lo que ya es una respuesta) sino también para memorizar las actitudes y las
disposiciones con que se lo reza.
De todos modos, y en regla general, no se puede considerar como respuesta a la Palabra
de Dios lo que normalmente llamamos “estudiar la lección”. La respuesta es mucho más que
esto, aunque el aprendizaje también es necesario. Así superamos la aparente contradicción
entre Catequesis (de la que se dice que tiene mucha vivencia, pero no queda nada) y enseñanza
de religión (que apunta más al conocimiento y, según algunos, es más sólido). Los dos aspectos
–aprendizaje y respuesta- son necesarios.
Pero no solo las formas de la respuesta son diversas, sino también las actividades y las
intenciones que se proponen como respuesta. Seguimos aquí la sistematización que hace de la
“respuesta” Pablo VI en la Evangelii Nuntiandi Nº 23 y 24ª:
1. Aceptación de la verdad, verdad que anuncia y revela a Jesús por medio de
la Catequesis. Se trata de la fe por la que aceptamos el Mensaje del Evangelio.
Es de alguna manera un acto cognoscitivo, pero no lo es puramente. La fe es un
acto de aceptación del amor de Dios; es un “sí” a la amistad que Él nos ofrece.
Toda la historia de la salvación y toda la Palabra de Dios son una invitación a
participar de su intimidad. Esto no elimina la parte nocional, sino que la ubica en
un contexto más amplio.
2. Aceptación de la nueva vida, de un nuevo modo de relacionarse con el
mundo y con los hombres, del Reino de Dios que se realiza en nosotros por
medio de la Ley del amor.
3. Incorporación en la comunidad de la Iglesia. No crecemos solos ni nos
relacionamos como individuos con Dios. Si somos hijos, tenemos un mismo
Padre y somos hermanos entre nosotros.
4. Participación en los sacramentos, verdaderos encuentros con Dios en Cristo
bajo el manto de la fe y dispensadores por excelencia de la gracia.
5. Evangelización: “…El que ha sido evangelizado evangeliza a su vez. He ahí la
prueba de la verdad, la piedra de toque de la evangelización: es impensable que
un hombre se haya entregado al Reino sin convertirse en alguien que a su vez da
testimonio y anuncia…2”
2. La respuesta es libre
La respuesta debe surgir del interior del hombre que escucha la Palabra; dicho de otro
modo, el hombre debe ser libre. La libertad es la facultad que tiene el hombre de hacerse a sí
mismo desde su propio interior. La fe es un acto eminentemente libre y, además, nos hace
2
Evangelii Nuntiandi Nº 23 y 24ª
crecer en la gloriosa libertad de los hijos de Dios. No es cierto que el compromiso cristiano nos
haga menos libres sino, al contrario, nos llama a una libertad cada vez mayor. La respuesta tiene
que ser elegida y elaborada por los catequizandos; ellos deben ser libres en la elección y en su
puesta en marcha. El catequista puede sugerir tal o cual respuesta, siempre que ayude al
catequizando a sentirla suya. Todos los recursos pedagógicos son buenos para ayudar al
catequizando a caminar por la senda de la respuesta a la Palabra de Dios.
La educación en la libertad es una de las tareas más importantes
de la Catequesis. El catequista debe trabajar con los catequizandos
para que puedan librarse de las coacciones e inhibiciones que pesan
sobre ellos y los hacen incapaces de ser libres. Tiene que ayudarlos a
crecer en inteligencia y en prudencia.
Santo Tomás decía que la inteligencia es una virtud humana que sirve para conocer la
verdad y, conociéndola, orientar y dirigir la actividad de la persona hacia ella. Hablaba también
de prudencia como una de las cuatro virtudes morales más grandes porque es la que permite
al hombre no solo obrar el bien sino hacerlo a partir del conocimiento crítico de la realidad, de
su propia situación personal integrada a la de los demás. Cuando la persona, orientada hacia
la verdad por la inteligencia puede hacerse responsable de sus actos porque tiene una visión
clara de las exigencias del bien auténtico y del marco en que ese bien ha de realizarse, recién
entonces es capaz de elegir con criterio entre las varias opciones que se les presentan y
comprometerse con la opción que ha hecho libremente.
En este sentido, el catequista, como educador en la libertad, traza el rumbo de una
auténtica orientación vocacional, ya que no podemos hablar de “vocaciones especiales” si no
somos capaces de hacer vivir la vida cristiana como una vocación en libertad.
Cuando un catequista dirige un grupo de catequizandos
ya ejercitados, será normal que ellos mismos propongan o
elaboren la respuesta. En los otros casos el catequista
tendrá que ayudarlos a elegir o realizar la respuesta y tal
vez incluso en ciertas oportunidades tendrá que proponer
él mismo la respuesta intentando percibir con su intuición
lo que los catequizandos hubieran elegido. Hay que tener
siempre en cuenta que la corriente de simpatía entre el
catequista y los catequizandos hace a estos últimos
capaces de asumir como propios los sentimientos y las opciones del catequista. Con los más
pequeños, sobre todo, hay que actuar frecuentemente de esta manera. También con los más
sencillos y humildes. Siempre se tiene que tener en cuenta, sin embargo, que hay que
impulsarlos hacia adelante para que, con el tiempo, logren una mayor participación personal.
El signo de la libertad es la alegría no fingida. Podemos distinguir fácilmente los grupos
donde se trabaja en libertad y los que no lo hacen, observando la expresión de su alegría. Es
cierto que la alegría no es un termómetro con grados bien marcados. Pero de todos modos es
un indicador fiel. Si queremos recuperar la alegría en la Catequesis, debemos dar lugar a la
libertad y encontrar una auténtica pedagogía de la libertad.
La persona adquiere progresivamente su libertad, por eso, el catequista debe tener en
cuenta la justa sucesión de los elementos y los condicionamientos internos y externos.
3. La respuesta supone la profesión de fe
En la respuesta a la Palabra de Dios, la aceptación de la verdad que contiene esta
Palabra ocupa el primer lugar. El aspecto notable de la fe es este “tener por cierto” lo que
Dios dice. En la respuesta se da lugar a la expresión o profesión de la fe.
La fe es una experiencia personalísima y es también una
realidad comunitaria. Ambas se necesitan mutuamente.
Pero lo más lógico es empezar por la parte personal. Un
aspecto esencial de la respuesta es la expresión de la fe como
aceptación de la verdad que Dios comunica. Esta afirmación está
en relación íntima con la profesión de fe antes del Bautismo. La fe
personal no sólo tiene que ser pensada sino también confesada y
proclamada. Por eso en la Catequesis se tiene que dar la
oportunidad, por lo menos esporádicamente, de expresar la fe
personal de cada uno de los catequizandos como una experiencia
propia e insustituible. Pero también se tiene que hacer espacio a
la expresión comunitaria de la fe, ya que la vivencia comunitaria expresa la vivencia de fe
particular de cada uno de los catequizandos.
Además, es necesario confrontar y enriquecer esta fe con la fe de toda la Iglesia, que
orienta el rumbo de la fe personal y comunitaria. La propia vivencia tiene que estar abierta a la
corrección y a la integridad de la fe de la Iglesia.
Las formas que puede tomar esta expresión de fe pueden ser varias.
No se trata de un “examen de fe”, de una averiguación del saber en sentido
cualitativo,
sino de compartir el descubrimiento y el conocimiento de lo que Dios nos revela.
Es un abrirse espontáneamente para mostrar lo que Dios ha hecho en nosotros.
Este aspecto del saber, del entender o del conocer constituyó durante un tiempo el único
criterio para la evaluación de la Catequesis. Hoy sumamos e integramos a él el carácter
relacional de nuestra fe. Porque la fe no es saber sobre Dios solamente, sino que es un conocer
a Dios personalmente. Por eso es relacional: porque este conocimiento nos pone en relación
viviente con nuestro Dios.
4. La respuesta supone la conversión al Reino
El segundo aspecto de la respuesta consiste en la conversión del corazón a Jesucristo. Este
es el aspecto de la conversión llamado frecuentemente en los libros de Catequesis el
compromiso. Si el primer aspecto consistía en la adhesión de nuestra inteligencia al Mensaje,
este segundo consiste en la adhesión de nuestra voluntad y de nuestro corazón. Dios hizo una
alianza con su pueblo y sigue haciendo este mismo pacto con nosotros en Cristo. En respuesta
a su Palabra, espera de nosotros más que una simple aceptación de la verdad; pide la
adecuación de nuestra vida a su Mensaje.
Dios espera un cambio de vida. Las exigencias de esta nueva vida
abarcan toda la extensión de nuestro ser. Por eso la conversión es un
programa extenso que siempre se tiene que profundizar y no estará
nunca agotado. El catequista cuenta con la conversión fundamental
de sus catequizandos, dada por la aceptación del Evangelio como
respuesta al primer anuncio. Se supone que el catequizando está
suficientemente convertido a Dios como para profundizar y
extender esta conversión. El catequista sabrá que una conversión
total se logra sólo progresivamente y en etapas. Por eso tiene que
actuar pedagógicamente haciendo un paso tras otro en el camino de
la vida cristiana.
Nunca el catequista puede dar por terminada la Catequesis sin proponer la parte de
compromiso y de conversión que responda a lo proclamado. Con recursos pedagógicos
múltiples, el catequista debe exhortar, animar y alentar los pasos que va dando el catequizando
en el camino de la conversión. Y se alegrará por sus más mínimos avances.
Se tiene que tener en cuenta, además, que el compromiso y los esfuerzos del catequizando
en su respuesta estén sustentados por el amor de Dios, y que actúen como nuevas creaturas,
recreadas por Dios en la fe y los sacramentos. Nuestra conversión, en efecto, no es sólo obra
nuestra sino de Dios, que nos transforma con su gracia.
La respuesta a la Palabra de Dios en la Catequesis es fruto
de la colaboración entre Dios y nosotros. Por eso no se
puede exigir un compromiso o un esfuerzo cualquiera sin
presuponer explícitamente la gracia de Dios. De otra
manera la vida cristiana sería el resultado de nuestro
propio esfuerzo y nos llevaría a una actitud hipócrita,
contraria al Evangelio.
5. La respuesta es también sacramental o litúrgica
La fe no sólo tiene que ser proclamada y puesta en obras, sino también celebrada. La
celebración por excelencia de nuestra fe son los sacramentos. Ellos también forman parte de
la respuesta a la Palabra de Dios.
Aunque inserta en un itinerario catequístico permanente, la Catequesis es un período de
preparación para participar en los sacramentos, un tiempo propicio para el aprendizaje. Por eso
la respuesta a Dios también es sacramental o litúrgica.
Esta respuesta litúrgica abarca todos los
sacramentos y también el orden sacramental: desde la
oración privada más sencilla hasta la más solemne
ceremonia realizada por el Papa.
En la liturgia, la Iglesia celebra el misterio en el que cree y se une al que Vive. Esta
celebración forma parte de la Catequesis. La Catequesis se hace de alguna manera liturgia,
oración, acción simbólica, fiesta. Se trata de una transición casi imperceptible que va desde la
Palabra anunciada hacia el sacramento.
Recordemos que la liturgia tiene una triple relación con la Catequesis:
1) La liturgia supone la Catequesis.
El misterio que celebra tiene que ser primero anunciado, conocido y aceptado. Por eso el
primer anuncio y la Catequesis son siempre necesarios como preparación a los sacramentos.
Y cuanto más un cristiano participa de los sacramentos, más necesaria será para él la
Catequesis. Así, la liturgia exige la Catequesis como un itinerario permanente.
2) La Catequesis conduce a la liturgia.
Es decir, inicia, prepara, pone las bases necesarias, levanta el velo del misterio para que el
catequizando pueda y sepa participar activamente. En este sentido, la Catequesis prepara la
mente y el corazón para capacitar al catequizando a celebrar el misterio con fruto. Esta
preparación a los sacramentos no puede consistir en un aprendizaje ritualista. Los ritos tienen
que ser presentados en la riqueza de su contexto y en su valor simbólico.
3) La Catequesis es litúrgica.
La misma Catequesis se hace parcialmente en forma litúrgica: la manera de proclamar la
Palabra de Dios en la Biblia, los gestos y acciones sagradas en ocasión de la oración, los
símbolos y signos que usa… hacen que la Catequesis tenga un carácter litúrgico; pero, más
profundamente aún el anuncio de la Palabra y la fe en Jesús hacen que la Catequesis sea una
memoria del pueblo de Dios que hace a Cristo presente.
Las actividades litúrgicas que se puedan realizar como respuesta son varias:
o Oración espontánea
o Oración recitada
o Oración letánica
o Oración meditativa
o Canción cantada por todos
o Canción escuchada o meditada
• Celebración de la Palabra
• Gesto simbólico
Una oración o un canto pueden ser una solución fácil que dispense al grupo de un mayor
esfuerzo, pero hay que hacer que los catequizandos sean verdaderamente activos y creativos.
Debemos tener en cuenta que la liturgia tiene un lenguaje propio y se realiza
a través de acciones simbólicas. Más que en cualquier actividad de la Iglesia, el
lenguaje litúrgico es relacional, es decir, establece un diálogo con Dios. No es en
primer lugar un lenguaje dogmático, ni normativo, sino un diálogo que se dirige a
Dios, quien primero nos habló a nosotros. Es un lenguaje de acción de gracias y
alabanza, de petición y de súplica. Y los símbolos constituyen el modo normal en
que se expresan nuestras relaciones con Dios.
6. La respuesta nos introduce en la comunidad-Iglesia
La fe es un acto personalísimo, pero al mismo tiempo es un acto
comunitario. La fe nos es entregada por la Iglesia y nos conduce hacia la
plena comunión con nuestros hermanos en Cristo. Por eso la respuesta,
como tercer paso del diálogo catequístico, debe confirmarnos e
introducirnos cada vez más en el seno de la comunidad Iglesia. La respuesta
tiene que tener un carácter comunitario y hacernos más Iglesia. La
comunidad es fuente, lugar y meta de la Catequesis.
• La Iglesia es fuente de la Catequesis. En su comunidad surge la Catequesis, la educación de
la fe de sus miembros. En su seno hemos mamado la leche pura de la Palabra.
• La comunidad eclesial es lugar de la Catequesis. Ella nos reúne y nos asocia a la gran familia
de los hijos de Dios. Somos catequizados en Iglesia y en la Iglesia.
• La comunidad es meta de la Catequesis. Para eso la Iglesia nos convoca y nos congrega:
para conducirnos hacia la formación de un Pueblo que tenga: “un solo Señor, una sola fe y
un solo bautismo” (Ef 4,5).
Por eso la respuesta, dentro del esquema catequístico, tiene que ser orientada hacia la
comunidad: tiene que surgir de la comunidad, realizarse en comunidad y tener como meta el
fortalecimiento de los lazos comunitarios.
La Iglesia no es solamente una organización religiosa, sino que es un cuerpo viviente que
funda y alimenta la unidad. Para vivir en la Iglesia es necesario aprender y ejercitar las virtudes
que nos hacen capaces de vivir en comunidad.
Pero el sentido comunitario no se extiende sólo dentro de los límites de la comunidad
Iglesia. La Iglesia misma nos enseña a abarcar a toda la familia humana y formar la comunidad
a medida de todo el género humano. De esta manera anhela comunicar el testimonio del amor
de Dios a todos los hombres.
La respuesta que damos a Dios en la Catequesis tiene que ser grávida de espíritu
comunitario y eclesial. Nuestra respuesta a su Palabra constituye un camino de afirmación del
sentido comunitario y del propósito de construir la comunidad. Por eso cualquier actividad que
se haga como respuesta tiene que ser hecha en la Iglesia y para la Iglesia. Muchas veces el
compromiso de colaborar en la comunidad puede ser, en una u otra forma, el objeto de la
respuesta. De todas maneras, cualquier respuesta que se proponga tiene que ser hecha en un
espíritu comunitario y eclesial que nos comprometa a cada uno con la Iglesia.
Esto supone también un verdadero espíritu
comunitario y eclesial entre los catequistas. Los
catequistas no pueden trabajar de manera
solitaria y competitiva. Son ellos los que tienen
que mantener la unidad entre sí, entre la
comunidad local y con los catequizandos, entre los
agentes de pastoral y los catequistas, entre los
cristianos y todos los hombres, aunque no sean
cristianos. Los catequistas son los que tienen que
contagiar el espíritu comunitario por el testimonio
vivencial que ellos mismos han de dar.
7. La evangelización: la respuesta por excelencia
Nadie puede ser evangelizado sin convertirse a su vez en evangelizador (EN 24). El espíritu
evangelizador es el test infalible para conocer hasta qué punto un individuo o una comunidad
han sido realmente evangelizados. La participación activa en la evangelización es la respuesta
por excelencia a la Palabra de Dios escuchada y aceptada. El catequizando, evangelizado, se
convierte en evangelizador.
La evangelización es toda la actividad por medio de la
cual la Iglesia anuncia el Evangelio. Una parte muy
importante de esta tarea es la de llevar el Evangelio a los no
creyentes o a aquellos cuya fe está debilitándose. Esta es una
misión que compete a todos los miembros de la Iglesia, de
modo que los laicos toman parte activa y plenamente
responsable en ella. La alegría que experimentamos al
encontrar la fe está destinada a ser compartida por todos los hombres. Por eso la Catequesis
debe tener un espíritu apostólico que haga que los catequizandos se sientan de veras
enviados, no sólo al final de la Catequesis sino en todo su transcurso. Hay que poner un acento
especial sobre la evangelización en el seno de la familia. Los padres deben transmitirse
mutuamente la alegría del Evangelio y comunicarla a sus hijos, y estos igualmente a sus padres.
No con muchas palabras sino con el testimonio cotidiano.
La evangelización adopta muchas formas. Por tanto, también como respuesta asume
muchas modalidades: desde el anuncio explícito hasta el testimonio silencioso; desde el grito
de protesta hasta la paciencia sufrida, desde la manifestación artística hasta la alegría de los
pobres. La respuesta que elijan los catequizandos, o las que propongan los catequistas, puede
tener una doble dimensión: ser la expresión de una de las respuestas antes señaladas y al mismo
tiempo asumir un valor evangelizador. Por eso es útil destacar siempre el valor de anuncio o
de testimonio que tiene cada actividad.
Es importante también tener en cuenta las distintas formas de participación en la misión o
en las actividades evangelizadoras de la parroquia o de la comunidad concreta.
8. Respuesta e inculturación
La respuesta, entendida y practicada como anuncio evangelizador, es la mejor forma de
realizar la inculturación.
“…Solo así se podrá proponer a tales culturas el conocimiento del misterio oculto y
ayudarlas a hacer surgir de su propia tradición vivas expresiones originales de vida, de
celebración y de pensamientos cristianos…” 3
En cuestión de inculturación, el que “enseña” es el catequizando. En su interior viven
valores y riquezas propias de su cultura que son fecundados por el Evangelio. Él mismo tiene
que hacer la unión entre ambos. Y lo hace especialmente en la elaboración de la respuesta que
brinda el Evangelio proclamado en función de su propia vida y de su propia problemática. En
este sentido dice Juan Pablo II que hay que ayudarlos a hacer surgir de la propia tradición vivas
expresiones originales de vida.
La vida a la que alude es la vida de la Iglesia enriquecida por la vida de la comunidad a la
que se anuncia el Evangelio. La vida siempre es original porque lleva el sello de la persona y de
la cultura propia de un pueblo y hace surgir también expresiones originales de celebración.
La inculturación de la liturgia no ha llegado aún muy lejos. Muchos sienten la liturgia como
un rito impuesto. La Catequesis debe brindar la oportunidad para que cada cultura aporte lo
suyo propio. También tiene que cuidar de no destruir la continuidad del culto o del rito que
mantiene al creyente unido a su identidad.
3
Catechesi Tradendae 53
La inculturación también hace surgir expresiones vivas y originales de pensamientos
cristianos. El pensamiento cristiano es mucho más rico y puede ser más abundante en la medida
en que los mismos pueblos y los nuevos evangelizados aporten su propia reflexión sobre el
Evangelio desde su cultura. Toda esa riqueza y variedad no nos debe asustar: junto con la
multiplicidad de la doctrina y del pensamiento cristiano, está la unidad de la fe en Jesús y en la
historia de la salvación.
La respuesta tendría que ser, por decirlo de un modo práctico, “un taller” de inculturación.
Esta nunca ha terminado porque, al mismo tiempo que la Iglesia se encuentra siempre con
nuevas culturas, ella está inmersa en una cultura que vive y crece constantemente. ”…La Iglesia
no desconoce todo lo que ha recibido de la historia y evolución del género humano…” 4
Las distintas formas de hacer oración, de profesar la fe, de acercarse a los sacramentos,
de comprometerse con la Iglesia y con la comunidad humana, son otras tantas ocasiones para
inculturar el Evangelio en la vida concreta de los catequizandos. No es necesario que esto se
haga siempre de un modo explícito, pero alguna vez se tiene que explicitar para que los
catequizandos sepan qué están haciendo.
“Un encuentro con Dios”
- Oración personal 5-
“Hablen Te proponemos que hagas clic aquí o en el título, para encontrar
mucho con
una propuesta de oración personal.
el Señor en
la
oración…” Si oras con todo tu corazón, te sentirás envuelto en el AMOR de
un DIOS QUE DESBORDA AMOR… Experimentarás que el Espíritu
M. María Santo renovará tu interior, tu mirada, tu ser… y te impulsará a “sanar
del Tránsito
(Carta 18.2) a los enfermos” y “resucitar a los muertos del corazón” que viven a tu
lado…
“Construimos nuestra comunidad
catequística” “Nos hemos
unido en
- Trabajo grupal- Jesucristo para
amarle y servirle
La propuesta de oración y trabajo grupal tiene como finalidad gestar
y cuando
o fortalecer los vínculos que permiten a una comunidad catequística nos comunicamos
vivir una experiencia de comunión en la fe y en la acción. yo creo que le
agradamos…”
M. María del
En este módulo te proponemos que puedas compartir con otros
Tránsito (Carta
hermanos la riqueza de tu experiencia vivida en el grupo. Por eso te 18.9)
invitamos a que con tu grupo puedas gozar del desafío de realizar una
4
Gaudium et Spes 44.
pequeña experiencia misionera, máxima expresión de la “respuesta de vida”. Sólo si
experimentas primero el gozo profundo de compartir tu fe, podrás contagiar tu entusiasmo y el
espíritu misionero a tus catequizandos.
Para disfrutar de este momento hacé clic aquí.
Misionero del Amor
En esta parte del módulo, a lo largo de todo el Curso,
intentaremos regresar a nuestra propia práctica catequística.
Como si después de haber recorrido un camino, en el cual
fuimos recogiendo aportes, sugerencias, novedades y, sobre
todo, la presencia de Dios compañero de camino,
estuviéramos regresando a casa, a nuestra Catequesis de
todos los días.
Nuestra propuesta consiste en que todos puedan volver con la mochila y el corazón
llenos, pero a la vez abiertos, para seguir creciendo en la vocación que Dios nos regaló.
Nuestra propuesta consiste en que todos puedan volver con la mochila y el
corazón llenos, pero a la vez abiertos, para seguir creciendo en la vocación
que Dios nos regaló.
“Un encuentro con los demás”
- Oración de la comunidad-
Les proponemos que, como comunidad
catequística, puedan regalarse un espacio para
compartir la fe y la vida. En este momento de oración
comunitaria, descubriremos que nos une una misma
fe, un mismo carisma, una experiencia compartida…
Si estamos atentos a las inspiraciones del Espíritu
y al mensaje de la Palabra de Dios, si acogemos en
nuestro corazón a cada uno de nuestros hermanos y
sus profundas de experiencias de vida, más allá de
las apariencias… Jesús y María, nos regalarán el don
de crecer y fortalecer la COMUNIÓN, y dar pasos
sólidos hacia la SANTIDAD… Si haces clic aquí
encontrarás este momento de oración comunitaria.
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
• ACHA, Víctor Saulo. Nueva evangelización. ¿Propuesta o desafío? Editorial Claretiana. Buenos Aires. 2007.
• ALBERICH SOTOMAYOR, Emilio. La catequesis en la Iglesia. Central Catequística Salesiana. Madrid. 1991.
• BENAVIDES, Luis. Metodología Catequística para el nivel inicial. Ed. Bonum. Buenos Aires. 1997.
• BOROBIO, D. La celebración en la Iglesia. Salamanca. 1987.
• CASIELLO, Beatriz. Metodología catequística. Ediciones Didascalia. Rosario. 1999.
• DE VOS, Francisco. Metodología catequística. Editorial Claretiana. Buenos Aires. 2002.
• FERNÁNDEZ, Víctor Manuel. Dejarme amar. San Pablo. Buenos Aires. 2007.
• GINEL, Álvaro. Ser catequista. Hacer catequesis. Editorial Claretiana. Buenos Aires. 2008.
• INSTITUTO FE Y VIDA. LA CASA DE LA BIBLIA. La Biblia católica para jóvenes. Editorial Verbo Divino.
Finlandia. 2005.
• INSTITUTO PASTORAL DE LA ADOLESCENCIA. Metodología Catequística. Ed. Stella. Buenos Aires. 1984.
• MADURO, O. Mapas para la fiesta. Reflexiones latinoamericanas sobre la crisis y el conocimiento. Centro
Nueva Tierra. 1992.
• Evangelii Nuntiandi.
• Catechesi Tradendae.
• Gaudium et Spes
• FERNÁNDEZ, Víctor M. El anuncio para los que aún no creen. El Domingo Nº 4121. San Pablo. Buenos Aires.
2010.
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