Jack Daniel’s
Lynchburg es un pequeño pueblo situado a unos 100 Km al sur de Nashville, la capital del
estado de Tennessee, un lugar que permanece inalterable y conserva todo el encanto del siglo
pasado. Casas y tiendas antiguas se apiñan en torno al viejo tribunal, que preside la plaza mayor y
el pausado ir y venir de sus pocos habitantes. Pero Lynchburg no es de ningún modo un lugar
aislado: cada año recibe a casi 300.000 visitantes que acuden para conocer la destilería más
famosa del mundo, la Jack Daniel Distillery.
Fue a las afueras del pueblo donde el joven Jack Newton Daniel descubrió las excelentes
propiedades del agua de un profundo manantial, que un humilde pastor luterano utilizaba en sus
experimentos de destilación.
Jack no lo dudó. Compró los viejos alambiques al predicador y, en 1.866, construyó junto al
manantial la que pasaría a la historia como la primera destilería oficialmente registrada en los
Estados Unidos.
Aprovechando las especiales ventajas del agua, Jack Daniel concibió un método lento,
meticuloso y artesano para obtener una destilación alcohólica de la máxima pureza y calidad.
Mezcló el agua con granos de maíz, cebada y centeno, previamente seleccionados y molidos.
Transcurridos unos días, cuando la masa resultante hubo fermentado, la destiló en sus alambiques
de cobre y obtuvo ya la base de su whiskey. Después, para suavizarlo, decidió filtrarlo gota a gota
a través de carbón de arce triturado y lo dejó madurar en barriles de roble blanco chamuscado,
para que adquiriera un color y un aroma únicos, y su sabor característico.
Desde entonces, Jack Daniel’s, el auténtico Tennessee whiskey, se sigue elaborando
sorprendentemente según el mismo método artesano, meticuloso y tradicional, respetando una
forma de entender el trabajo y la vida muy arraigada entre las gentes de Tennessee.
Es extraordinaria la calidad de detalles que durante años el fundador de la Jack Daniel
Distillery guardó celosamente en secreto. El primero de ellos, el agua. Para elaborar el whiskey
Jack Daniel’s se emplea agua purísima, sin minerales ni hierro. Su creador, conocedor de los
óptimos resultados del agua que utilizaba, sólo desveló a sus descendientes el efecto singular y
exclusivo que ésta producía en la elaboración del whiskey.
Los trabajadores de la destilería no se explicaban que su patrón filtrara el whiskey sólo con
carbón de arce duro de las tierras altas del centro de Tennessee. Pero Jack Daniel había
descubierto que cualquier otro menos resistente acabaría convirtiéndose en cenizas.
Aún hoy en día, los troncos son trasladados desde las colinas hasta la destilería. Allí se
cortan en tablones y se apilan para ser quemados lentamente al aire libre. Al mismo tiempo, unos
operarios rocían suavemente con agua la madera, para que se vaya impregnando y no se queme
en exceso. El carbón obtenido se tritura e introduce en barricas de madera, tan altas como una
habitación, que servirán para filtrar y purificar el whiskey (lentamente, gota a gota), quitándole
aspereza y transmitiéndole la suavidad del arce.
Nadie sabe exactamente por qué Jack Daniel puso en las etiquetas de su whiskey el número
7. Unos creen que eran su número de la suerte. Otros afirman que se trata de la séptima fórmula.
Y hasta algunos cuentan la historia de que un joven jefe de almacén marcó una partida de whiskey
con el No. 7 para identificarla en sus libros. Lo cierto es que desde aquélla época la gente empezó
a escribir a la destilería pidiendo "más del No. 7". Pero nadie hasta ahora ha descubierto el
verdadero motivo de esta denominación, que sigue siendo un auténtico misterio.
A través de los años, la etiqueta de Jack Daniel’s siempre ha conservado su famoso No. 7.
Mientras el whiskey Jack Daniel’s madura y envejece en los barriles durante un mínimo de
cuatro años, se produce un curioso fenómeno que contribuye de forma singular a mejorar su
calidad. Cuando llega el calor del verano la madera del barril se dilata y el whiskey penetra poco a
poco en ella. El frío del invierno invierte el proceso y lo vuelve a expulsar. Este fenómeno natural,
producido por la lenta variación de la temperatura ambiente, hace que el whiskey gane en cuerpo y
color.
El secreto mejor guardado y jamás desvelado es la maravillosa y exclusiva fórmula de Jack
Daniel, es decir, las propiedades exactas de la mezcla de agua, maíz, cebada y centeno, junto con
otros ingredientes que intervienen en la elaboración.
Se conoce la importancia del agua sin hierro, las propiedades del arce duro, el filtrado gota a
gota a través del carbón, la absorción del whiskey en los barriles de roble... pero sólo los herederos
de la destilería han conocido la famosa fórmula original de Jack Daniel y la han ido transmitiendo
de generación en generación.
De la destilería Jack Daniel’s, que solo cierra tres días al año, salen a diario miles de cajas
que se distribuyen por los Estados Unidos y se exportan a todo el mundo.
Pero nada ha cambiado desde los tiempos de "Mister Jack", porque el whiskey sigue
elaborándose lentamente y de forma artesanal como entonces, con la misma tranquilidad que
rodea las calles y los campos de Lynchburg, llenos de grandes árboles y apacibles prados verdes. Y
con el mismo esmero que caracteriza a sus gentes.
Gracias a ello, el whiskey Jack Daniel’s conserva ese aroma único y el más puro y genuino
sabor de siempre, que lo ha convertido en leyenda.
Autor Desconocido