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La lagartija que abrió la calle Mejía

El documento describe cómo se abrió la calle Mejía en Quito, Ecuador a fines del siglo XIX. Los monjes agustinos se negaron inicialmente a permitir que su huerta sea dividida para abrir la calle. Luego, el padre provincial José Conceto encontró una lagartija en su cama y decidió permitir que se abra la calle, creyendo que el alcalde o la ciudad eran brujos. De esta forma, una simple lagartija logró lo que la política y la necesidad de la ciudad no pudieron, abriendo la calle Mejía.
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La lagartija que abrió la calle Mejía

El documento describe cómo se abrió la calle Mejía en Quito, Ecuador a fines del siglo XIX. Los monjes agustinos se negaron inicialmente a permitir que su huerta sea dividida para abrir la calle. Luego, el padre provincial José Conceto encontró una lagartija en su cama y decidió permitir que se abra la calle, creyendo que el alcalde o la ciudad eran brujos. De esta forma, una simple lagartija logró lo que la política y la necesidad de la ciudad no pudieron, abriendo la calle Mejía.
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NOMBRE: MATEO SEBASTIAN BAQUE GALARZA

LA LAGARTIJA QUE ABRIO LA CALLE MEJIA

Por: Héctor López Molina

Con un paso cerrado durante siglos debido a la presencia de la huerta de los


Agustinos, la cuadra de la calle Mejía, entre Guayaquil y Flores, no existió
sino hasta finales del siglo 19, cuando resulta que el Dr. Francisco Andrade
Marín, que en aquel tiempo ejercía su primera de cuatro administraciones
como Presidente del Cabildo (1878), comunicó a la comunidad Agustina la
decisión municipal de abrir el tramo de 100 metros de la calle, que conectaría
esta arteria con el sector de La Marín.
El padre José Conceto, provincial de los Agustinos, contestó que su
comunidad religiosa se negaba a permitir que el terreno de su huerta sea
dividido para abrir la calle. El Dr. Andrade Marín pidió entonces hablar
personalmente con fray José, explicándole que además de los beneficios para
la ciudad, en esa huerta existía un montículo cubierto de malezas donde había
ratas y lagartijas, y que esos animales podían invadir las celdas de los monjes.
Pero el pedido fue
nuevamente negado.
Juegos para niños con
forma de lagartijas, en la
Plaza Huerto San Agustín.
Basadas en la historia.
Imagen: El Comercio.
Pasadas varias semanas, el
mismísimo padre Conceto mandó llamar al Dr. Andrade Mar para
comunicarle que podía abrir la calle. Sorprendido, el Presidente del Cabildo
quiteño le preguntó la razón de tan sorpresivo cambio de opinión, a lo que
Conceto respondió que la noche anterior había encontrado en su cama una
horrible lagartija, y que no sabía si el Dr. Andrade o la ciudad eran brujos o
profetas, pero no quería saber
nada más de lagartijas.
Así, lo que no logró la política ni la necesidad de la ciudad, lo logró una
sencilla lagartija a la que hoy acertadamente se le rinde homenaje en la Plaza
Huerto de San Agustín, con un par de juegos de equilibrio de madera para
niños.

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