HlnORICA XXVII.
l (2003): 237-239
HOLGUÍN CALLO, Oswaldo: Poder, com1pción y tortura en el Perú
de Felipe II. El doctor Diego de Salinas (1558-1595). Lima: Fondo
Editorial del Congreso del Perú, 2002, 352 pp.
Este libro es una biografía del limeño Diego de Salinas (1558-1595),
quien fue, entre otras cosas, el primer criollo graduado como doctor
en Leyes en la entonces joven Universidad de San Marcos. Es impor-
tante reiterar que estamos ante una biografía, porque esta obra es una
muestra de lo notable que puede ser la contribución de un estudio
biográfico para el conocimiento de muchos aspectos de la historia,
distintos de lo que es propiamente la vida del protagonista. De hecho,
desde hace algún tiempo estamos viviendo un resurgimiento del
género biográfico, luego de unas décadas en las que fue menos culti-
vado. Se trata, pues, de un libro que -además de ofrecernos de
modo riguroso y sólidamente documentado lo que fue el curso vital
de Diego de Salinas- nos permite vislumbrar algunos temas que
resultan centrales para entender la complejidad y las peculiaridades
de la sociedad virreina!.
Uno de esos temas es precisamente el del sentimiento criollo.
Apreciamos en Salinas varias actitudes típicas de los criollos de en-
tonces: por ejemplo, sus quejas ante el numeroso séquito de criados
con el que llegó al Perú quien sería su gran enemigo, el virrey conde
del Villar. Los criollos recelaban de esos séquitos de peninsulares
vinculados a los virreyes, que luego eran favorecidos con puestos de
los cuales ellos se consideraban merecedores. Además, no podemos
dejar de vincular las posiciones de Salinas en este ámbito con lo que
significó la obra de dos hijos suyos en la afirmación del sentimiento
criollo. Como lo señala Oswaldo Holguín, la obra de fray Diego de
Córdova y Salinas revela claramente el orgullo criollo y el amor por
la tierra peruana. Pero, como él mismo advierte, fue fray Buena-
ventura de Salinas y Córdova quien defendió con más energía las
aspiraciones de los criollos, y en especial las de los limeños.
En el caso de Diego de Salinas, su afán por obtener un cargo
público se unía a su condición de letrado, como doctor en Leyes gra-
duado en la Universidad de San Marcos. Lo que destaca recurren-
temente en las páginas del libro es la notoria y no disimulada bús-
queda de ascenso social que se percibe en este personaje. Incluso
manifestó su deseo de obtener algún cargo público siendo aún menor
de edad. Tal como afirma Oswaldo Holguín, ya desde entonces "se
advertía en él al criollo ambicioso, orgulloso de su saber y deseoso de
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una presea burocrática que le sirviera para ascender socialmente,
pues fortuna no le faltaba" (p. 33).
Salinas aspiraba a la obtención de un empleo letrado, y específica-
mente de una plaza togada, que nunca alcanzó. Desarrolló diversas
estrategias para lograr ese objetivo, el cual -tal como nos lo explica
el autor del libro- se convirtió casi en una obsesión. En este contex-
to, debe tenerse en cuenta que los oficios públicos se entendían como
regalías, es decir, como patrimonio del monarca, el cual los otorgaba
en calidad de mercedes. Es verdad que en la América virreina! los
cargos judiciales más importantes fueron entregados a una burocracia
asalariada, procurándose -al menos en la época de Salinas- que
estuviera integrada en principio por peninsulares; sin embargo, la
concepción del empleo público como merced persistió, cambiando tan
solo a partir de fines del siglo XVIII, como consecuencia del triunfo
de las ideas ilustradas a través de la Revolución Francesa. En ese
marco, propio del Antiguo Régimen, fue que se desarrollaron una
serie de actuaciones y prácticas que desde nuestra perspectiva enten-
demos como corruptas. Muchos de los episodios de la vida de Salinas
deben valorarse a partir de ese contexto, en el que se concebía el
empleo público como una merced del rey. Es decir, el concepto de ser-
vicio público asociado al empleo público aparece tan solo a partir del
siglo XVIII, paralelamente con la clara distinción que desde entonces
se dará entre los ámbitos público y privado.
Considerando, pues, los cargos públicos como regalías, podemos a
la vez entender lo que fue la práctica de su venta, frecuente en la
Europa del Antiguo Régimen, sobre todo a causa de las dificultades
financieras de las monarquías: dado que los cargos eran mercedes
reales, el monarca podía entregarlos a título gratuito, o bien a título
oneroso. El propio Diego de Salinas aspiró a la compra de la escriba-
nía de gobernación del virreinato, cargo que durante muchos años
pretendió alcanzar.
El afán de ascenso social de Diego de Salinas se percibe también
en el concertado matrimonio con Juana de Silva. La unión acrecentó
su prestigio social, lo cual es demostrado por Oswaldo Holguín a
través de diversos testimonios, en los que aparece, por ejemplo, como
testigo de uniones matrimoniales, o como fiador de personajes de la
época. Además, Salinas aspiró a ocupar una de las alcaldías ordina-
rias de Lima en 1591, cuando era ya uno de los vecinos más impor-
tantes e influyentes de la capital virreina!. No olvidemos que además
de haber sido abogado de la Inquisición, fue nombrado asesor de los
oficiales reales de Lima, e igualmente fue asesor letrado del alcalde
ordinario Jerónimo de Guevara. Y esa influencia que ejercía se funda-
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De la Puente • Holguín, Poder, corrupción y tortura en el Perú
mentaba en una más que holgada posición económica: llegó a ser pro-
pietario de una de las chacras más extensas del valle bajo del río
Rímac, de diversas casas y esclavos, y ejerció actividades mercantiles.
Como abogado del tribunal de la Inquisición de Lima, Salinas par-
ticipó en uno de los más graves casos de enfrentamiento entre pode-
res durante el tiempo virreina!, buscando -en el entredicho que tuvo
con el virrey conde del Villar- ampararse en el fuero privilegiado del
Santo Oficio para escapar del ámbito de control del vicesoberano, por
cuyas órdenes había sido sometido a tormento. Ese conflicto entre
poderes nos hace vislumbrar otra de las notas características del Perú
virreina!, en este caso en el ámbito político: la inexistencia de una
clara división de funciones o de poderes. La Corona buscaba contro-
lar a los agentes de la administración pública por medio de un esque-
ma que deliberadamente permitía la intervención de más de una
autoridad en un mismo asunto. Y en el ámbito de la potestad jurisdic-
cional, la existencia de tal diversidad de fueros, además del propio de
la justicia ordinaria, podía avivar conflictos como el protagonizado
por Diego de Salinas. Pero esos conflictos eran útiles para la Corona
en el sentido de que por medio de ellos indagaba en torno a las actua-
ciones de los agentes de la administración; y son, además, sumamen-
te útiles como fuentes históricas.
El aparato crítico del libro es muy sólido, y el esquema está muy
claramente organizado. Cabe mencionar especialmente la importancia
de las enjundiosas notas a pie de página, muchas de las cuales consti-
tuyen un alarde de erudición, y muestran la gran diversidad de fuen-
tes utilizadas para escribir este libro, que cuenta además con seis
anexos documentales. Se trata de un trabajo para el cual Oswaldo
Holguín ha investigado en diversos repositorios: en el Perú, en el
Archivo General de la Nación, en la Biblioteca Nacional y en la
Parroquia del Sagrario de Lima; en España, en el Archivo General de
Indias (Sevilla), en el Archivo Histórico de Protocolos de Sevilla y en
el Archivo Histórico Nacional (Madrid). Por todo lo dicho, el presente
libro constituye un aporte muy significativo para el mejor conoci-
miento de la sociedad virreina! peruana.
José de la Puente Brunke
Pontificia Universidad Católica del Perú
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