Ballenas: los saltos y las posturas
Las ballenas saltan con frecuencia por encima de la
superficie de las olas, sobre las que caen provocando enormes
salpicaduras. A menudo nos hemos preguntado sobre el
origen de esos brincos. Algunos etólogos ven en ellos tan solo
la realización de ciertas necesidades biológicas: los saltos
serían imprescindibles para librarse de parásitos o para tragar
bocanadas de plancton. Pero estas interpretaciones
puramente mecanicistas no explican un hecho: las ballenas
saltan, aunque no coman y, a pesar de sus saltos,
permanecen plagadas de parásitos.
Estos saltos deben interpretarse por lo que son en realidad: juegos... Los cetáceos son tal vez los animales
más felices de la Tierra. Es decir, consagran el 10% de sus vidas a buscar alimento, y el resto del tiempo lo pueden
dedicar a sus relaciones sociales, a dormir, al amor, a los juegos y a los cantos.
Los saltos no son sus únicos comportamientos típicos, aunque sí los más notables. A menudo, por ejemplo, se
puede ver a uno de estos grandes mamíferos realizar lo que llamamos “hacer la vertical” con la cola en el aire: la
ballena se mantiene erguida bajo la superficie y muestra al aire su enorme aleta caudal. Otras veces, en cambio,
adopta la postura contraria, se pone de pie con la cabeza fuera del agua. Tal es el caso de la ballena gris, que suele
realizar esta maniobra. Este comportamiento está probablemente ligado a la necesidad que tiene el animal de situarse
frente a la costa. Pero sin duda posee, asimismo, un sentido lúdico.
Las ballenas hacen además muchas “señales” con sus aletas. Estas señales son “saludos” que se dirigen a sus
congéneres, o incluso a los hombres a los que parecen expresar cierto agradecimiento. Si las ballenas adoptan
distintas posturas corporales que constituyen mensajes para sus congéneres es porque disponen de un alto grado
de psiquismo, que se comprueba también en sus cantos o lenguaje sonoro. Una de las manifestaciones de esta
inteligencia es la forma en que las hembras protegen a sus crías, y en que cada miembro de la manada defiende a
su clan.
Los balleneros se han aprovechado cínicamente de este comportamiento: procuraban arponear a un ballenato,
pero sin matarlo. Estaban seguros de que su llamada sonora de auxilio haría acudir primero a su madre y, luego, a
los demás ejemplares de la manada. La solidaridad de las ballenas es maravillosa; pero ha acelerado su perdición
ante los carniceros de nuestra especie.
Texto adaptado
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Ballenas: los saltos y las posturas
Las ballenas saltan con frecuencia por encima de la
superficie de las olas, sobre las que caen provocando enormes
salpicaduras. A menudo nos hemos preguntado sobre el
origen de esos brincos. Algunos etólogos ven en ellos tan solo
la realización de ciertas necesidades biológicas: los saltos
serían imprescindibles para librarse de parásitos o para tragar
bocanadas de plancton. Pero estas interpretaciones
puramente mecanicistas no explican un hecho: las ballenas
saltan, aunque no coman y, a pesar de sus saltos,
permanecen plagadas de parásitos.
Estos saltos deben interpretarse por lo que son en realidad: juegos... Los cetáceos son tal vez los animales
más felices de la Tierra. Es decir, consagran el 10% de sus vidas a buscar alimento, y el resto del tiempo lo pueden
dedicar a sus relaciones sociales, a dormir, al amor, a los juegos y a los cantos.
Los saltos no son sus únicos comportamientos típicos, aunque sí los más notables. A menudo, por ejemplo, se
puede ver a uno de estos grandes mamíferos realizar lo que llamamos “hacer la vertical” con la cola en el aire: la
ballena se mantiene erguida bajo la superficie y muestra al aire su enorme aleta caudal. Otras veces, en cambio,
adopta la postura contraria, se pone de pie con la cabeza fuera del agua. Tal es el caso de la ballena gris, que suele
realizar esta maniobra. Este comportamiento está probablemente ligado a la necesidad que tiene el animal de situarse
frente a la costa. Pero sin duda posee, asimismo, un sentido lúdico.
Las ballenas hacen además muchas “señales” con sus aletas. Estas señales son “saludos” que se dirigen a sus
congéneres, o incluso a los hombres a los que parecen expresar cierto agradecimiento. Si las ballenas adoptan
distintas posturas corporales que constituyen mensajes para sus congéneres es porque disponen de un alto grado
de psiquismo, que se comprueba también en sus cantos o lenguaje sonoro. Una de las manifestaciones de esta
inteligencia es la forma en que las hembras protegen a sus crías, y en que cada miembro de la manada defiende a
su clan.
Los balleneros se han aprovechado cínicamente de este comportamiento: procuraban arponear a un ballenato,
pero sin matarlo. Estaban seguros de que su llamada sonora de auxilio haría acudir primero a su madre y, luego, a
los demás ejemplares de la manada. La solidaridad de las ballenas es maravillosa; pero ha acelerado su perdición
ante los carniceros de nuestra especie.
Texto adaptado