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La Tragedia de Fideíto en Lima

Este resumen describe en 3 oraciones o menos la historia corta "El jarrón azul": Manuel Lara, un vendedor ambicioso, es contratado por Ricardo Garza para dirigir su oficina en Houston. Para probar las habilidades de Lara, Garza le pide que le consiga un jarrón azul que vio en una tienda, aunque en realidad no existe, con el fin de evaluar su capacidad. Lara acepta el encargo de encontrar el jarrón inexistente para demostrar su valía como administrador.

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La Tragedia de Fideíto en Lima

Este resumen describe en 3 oraciones o menos la historia corta "El jarrón azul": Manuel Lara, un vendedor ambicioso, es contratado por Ricardo Garza para dirigir su oficina en Houston. Para probar las habilidades de Lara, Garza le pide que le consiga un jarrón azul que vio en una tienda, aunque en realidad no existe, con el fin de evaluar su capacidad. Lara acepta el encargo de encontrar el jarrón inexistente para demostrar su valía como administrador.

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FIDEÍTO

Frente al único espejo de su casa, roto y antiguo, Jacinto se acicala. Usa el mismo peine viejo que todas las mañanas
contribuye a darle a su rostro el aspecto que necesita para poder trabajar. Con un poco de agua y jabón se atreve a
eliminar la pereza de una fría mañana en Lima y con sus dedos decora su piel. Con pintura blanca cubre la totalidad de su
cara y una luminosa esfera roja, como cereza de torta, culmina su transformación. Como todas las mañanas se convierte
en Fideíto para desafiar a un público siempre distinto. Renato lleva puesto un elegante terno de una de las mejores marcas
del medio. Frente al amplio espejo de su sala que refleja el movimiento del agua en su piscina, se acomoda la corbata.
Lleva unos gemelos dorados que ajusta con un estilo peculiar y culmina abrochando su fino reloj de pulsera. Mira la hora.
Se despide de su esposa, quien desde el fondo de un pasadizo le corresponde y aprovecha en recordarle que debe
comprar los pasajes para las próximas vacaciones familiares. Él no responde y se va presuroso. Jacinto corre la corna de
un ambiente de su humilde casa, se acerca a una tarima que sirve de cama y despierta a su hijo. Ya es hora, campeón –le
dice. Es un niño de doce años que de inmediato se despierta. Lo carga y con esmerado cuidado lo sienta en una silla de
ruedas. Lo lleva al baño y sobre sus piernas deja un balde con agua para que se lave la cara, le da un beso en la frente y
se despide. En una pequeña mesa hay una tacita con anís recién servido y la mitad de un pan. Ya está en el baño, se está
lavando, te lo dejo, mamá, debo irme –le dice Jacinto a una señora anciana que come la otra mitad del pan–. Anda con
Dios – responde ella. Jacinto sale. En el barrio lo saludan como Fideíto; él siempre devuelve el gesto con su colorida
sonrisa. Renato va apurado en su auto. Esa mañana se le hizo tarde viendo el Noticiero. Es doctor de una prestigiosa
clínica y maneja renegando por el insufrible tráfico. Jacinto sube a un micro e inicia su runa. Cuenta algunos chistes, pocos
le hacen caso. Pocos ríen, pocos lo escuchan. Luego ofrece unos caramelos y sin nunca obviar su sonrisa, agradece y
abandona el vehículo para subir de inmediato a otro. En una intersección transitada, el semáforo está a punto de marcar
rojo. Renato sabe que, si no aprovecha la luz ámbar, demorará mucho más de lo previsto y decide acelerar. Logra cruzar
con temeridad ya cuando el semáforo lo impedía. Fideíto baja del otro bus aprovechando que los vehículos se han
detenido y divisa otro a mitad de la calle con muchos pasajeros. Se apresura y cruza sin reparo. En ese momento es
embestido ferozmente por un vehículo que desafió la luz roja. Renato sangra de una herida en la frente. Ha bajado de su
auto y ahora está delante de un hombre que ya no podrá sonreír más. Mira la irónica agonía de un payaso que no respira.
Insiste en reanimarlo usando las técnicas que conoce, pero sabe que es inútil. Es paradójico haber matado a un payaso.
Lo queda mirando porque pudiendo salvar vidas ha eliminado una. La sangre de Jacinto tiñe de rojo su blanco rostro.
Renato piensa en sus vacaciones y solloza. Bajo el cielo gris de Lima hay un médico vencido frente a un infeliz payaso
mientras a lo lejos se oye venir un patrullero.

1. ¿Cuál es el antónimo del verbo “acicalar”?


a) Desarreglar b) Adornar c) Asear
2. ¿Cuál era el nombre real de Fideíto?
a) Renato b) Fidel c) Jacinto
3. ¿Cuál es la profesión de Renato?
a) Animador b) Comerciante c) Doctor
4. ¿Qué edad ene el hijo de Renato?
a) 5 años b) 12 años c) 10 años
5. ¿En qué país sucede el accidente, donde muere Fideíto?
a) Perú b) Lima c) Brasil

PUNTO FINAL
Cuando nos conocimos, ella me dijo: «Te doy el punto final. Es un punto muy valioso, no lo pierdas. Consérvalo, para usarlo en el
momento oportuno. Es lo mejor que puedo darte y lo hago porque me mereces confianza. Espero que no me defraudes». Durante
mucho tiempo, tuve el punto final en el bolsillo. Mezclado con las monedas, las briznas de tabaco y los fósforos, se ensuciaban un
poco; además, éramos tan felices que pensé que nunca habría de usarlo. Entonces compré un estuche seguro y allí lo guardé. Los
días transcurrían venturosos, al abrigo de la desilusión y del tedio. Por la mañana nos despertábamos alegres, dichosos de estar
juntos; cada jornada se abría como un vasto mundo desconocido, lleno de sorpresas a descubrir. Las cosas familiares dejaron de
serlo, recobraron la perdida frescura, y otras, como los parques y los lagos, se volvieron acogedoras, maternales. Recorríamos las
calles observando cosas que los demás no veían y los aromas, los colores, las luces, el tempo y el espacio eran más intensos.
Nuestra percepción se había agudizado, como bajo los efectos de una poderosa droga. Pero no estábamos ebrios, sino tranquilos y
serenos, dotados de una rara capacidad para armonizar con el mundo. Teníamos con nuestros sendos una singular melodía que
respetaba el orden del exterior, sin sujetarse a él. Con la felicidad, olvidé el estuche, o lo perdí. No puedo saberlo. Ahora que la dicha
terminó, no encuentro el punto final por ningún lado. Esto crea conflictos y rencores suplementarios. « ¿Dónde lo guardaste? —me
pregunta ella, indignada—. ¿Qué esperas para usarlo? No demores más, de lo contrario, todo lo anterior perderá belleza». Busco en
los armarios, en los abrigos, en los cajones, en el forro de los sillones, debajo de la mesa y de la cama. Pero el punto no está;
tampoco el estuche. Mi búsqueda se ha vuelto tensa, obsesiva. Es posible que lo haya extraviado en alguno de nuestros momentos
felices. No está en la sala, ni en el dormitorio, ni en la chimenea. ¿El gato se lo habrá comido? Su ausencia aumenta nuestra desdicha
de manera dolorosa. En tanto el punto no aparezca, estamos encadenados el uno al otro, y esos eslabones están hechos de rencor,
apatía, vergüenza y odio. Debemos conformarnos con seguir así, desechando la posibilidad de una nueva vida. Nuestras noches son
penosas, comparendo la misma habitación, donde el resquemor ene la estatura de una pared y asfixia, como un vapor malsano. Tiñe
los muebles, los armarios, los libros dispersos por el suelo. Discutimos por cualquier cosa, aunque los dos sabemos que, en el fondo,
se trata de la desaparición del punto, de la cual ella me responsabiliza. Creo que a veces sospecha que en realidad lo tengo,
escondido, para vengarme de ella. «No debí confiar en —se reprocha—. Debí imaginar que me traicionarías». Era un estuche de
plata, largo, de los que antiguamente se usaban para guardar té. Lo compré en un mercado de artículos viejos. Me pareció el lugar
más adecuado para guardarlo. El punto estaba allí, redondo, minúsculo, bien acomodado. Pero pasaron tantos años. Es posible que
se extraviara durante una mudanza, o quizás alguien lo robó, pensando que era valioso. Luego de buscarlo en vano casi todo el día,
me voy de casa, para no encontrar su mirada de reproche, su voz de odio. Toda nuestra felicidad anterior ha desaparecido, y sería
inútil pensar que volverá. Pero tampoco podemos separarnos. Ese punto huidizo nos liga, nos ata, nos llena de rencor y de fastidio, va
devorando uno a uno los días anteriores, los que fueron hermosos. Sólo espero que en algún momento aparezca, por azar, extraviado
en un bolsillo, confundido con otros objetos. Entonces será un gordo, enlutado, sucio y polvoriento punto final, a destiempo, como el
que colocan los escritores noveles.

1. ¿En qué tiempo se narra la historia?


a) En tiempo presente primera persona. b) En tiempo pasado primera persona. c) En tiempo pasado tercera persona.
2. ¿Para qué le dieron el punto final al protagonista?
a) para guardarlo en un estuche. b) para ganarse su confianza. c) para usarlo en el momento oportuno.
3. ¿Dónde guardo el punto final?
a) en un cajón b) en un estuche que compró c) en un saco viejo
4. ¿Cómo se siente el protagonista al perder el punto final?
a) Triste, melancólico. b) Desesperado, enojado. c) Feliz y afligido a la vez.
5. ¿Qué es lo que ata al protagonista con su mujer, según la historia?
a) El amor b) El rencor c) El punto perdido

EL JARRÓN AZUL
Ricardo Garza, mejor conocido como “Capy”, es dueño de una importante empresa maderera. En alguna ocasión él se tuvo que enfrentar a un gran
problema, ya que había mandado a varios gerentes que habían dado malos resultados a la oficina de Houston. Un buen día, un joven de nombre
Manuel Lara fue a solicitarle trabajo. Era agente vendedor y le comentó que podía vender cualquier cosa de valor, lo había demostrado durante
cinco años y quería demostrárselo a él. Capy tomó la decisión de contratarlo como vendedor. Lara trabajó tan arduamente que levantó una gran
candad de pedidos, tantos, que tuvieron que pedirle que bajara su ritmo ya que continuamente se agotaban los inventarios. Lara tenía las
características de un buen administrador para la oficina de Houston, por lo que Capy decidió probarlo pidiéndole que le trajera el jarrón azul. Era un
domingo, y Capy le pidió a Lara traer el jarrón azul con este argumento: Andando por el centro – dijo Capy – pase frente a una tienda en la calle 16
de septiembre, entre Isabel la Católica y Palma, en donde en un aparador se encuentra un jarrón azul. Sucede que una amiga a quien le tengo gran
aprecio posee otro igual y sé que nada le agradaría más, como regalo de aniversario de bodas, que otro jarrón como ese. Tengo que tomar el tren a
las ocho de esta noche para llegar mañana a Guadalajara, donde ella vive, y podré felicitarle personalmente así como entregarle el regalo. Capy
describió el jarrón y concluyó que el costo no sería gran cosa, podría Lara pagarlo con su dinero y después cobrarlo a la empresa. Lara se dirigió a
buscar el jarrón, no encontrándolo en la tienda de la dirección señalada, habló por teléfono a Capy para confirmar la dirección, al no contestarle,
decidió recorrer la calle de nuevo sin encontrar la tienda con el jarrón azul, entonces recorrió varias calles en todas direcciones, recorrió todo el
centro sin darse por vencido, emprendió la búsqueda en otra zona y otra, hasta que notó que en una tienda se encontraba el jarrón que
correspondía a la descripción de Capy. Trató de abrir la puerta pero estaba cerrada con llave. Preguntando en una tienda cercana pudo conseguir
sólo el apellido del propietario. Habló a todos los números de la guía telefónica que coincidían con ese apellido hasta dar con el propietario, quien le
comentó que enviaría al encargado a cierta hora para que abriera la tienda. El encargado le informó a Lara el precio del jarrón azul, el cual era de
20,000 pesos, dinero que Lara no llevaba, así que pidió el teléfono y trató de conseguir dicha candad. Como no la consiguió, acordó con el
encargado dejar un cheque personal y como prenda un anillo de diamantes de más del doble del valor del jarrón. Lara buscó a Capy, pero este ya
se había ido en tren a Guadalajara, entonces le habló a un amigo que acordó llevarlo en su avioneta hasta dicho lugar. Lara se dirigió al aeropuerto
donde se encontraba su amigo y a media noche ambos se perdían en las nubes rumbo al occidente con el jarrón. Una hora más tarde aterrizaron
en Guadalajara, Lara descendió y corrió hacia la estación del ferrocarril y momentos después, cuando el tren se detuvo, se introdujo rápidamente
buscando el camarote de Capy. Tocó fuertemente la puerta del camarote hasta que Capy le abrió. Dejándole entrar para tomar asiento, comenzó a
reírse y le refirió que todas las dificultades con que tropezó habían sido planeadas, desde la dirección equivocada hasta el precio del jarrón, pues en
realidad solo valía cien pesos. Capy le comentó a Lara que para confiarle un puesto de tanta importancia, necesitó ponerle a prueba para estar
seguro de que podría desempeñarlo. Por eso le había confiado la tarea más ardua que daba a los que necesitaba para los cargos que requieren
personas que nunca se dan por vencidas. Lara sabía ahora, que al salir del tren, tendría un puesto de dos millones y medio de pesos al año como
gerente de la sucursal de Houston. El jarrón azul es una muestra de que tan lejos se puede llegar si se ene la disposición, deseo o actitud de una
persona por realizar las tareas que le son designadas dentro de la empresa, aun a pesar de todos los inconvenientes que se puedan presentar,
siempre y cuando la persona decida no darse por vencido antes de pelear “hasta la muerte”, venciendo los obstáculos tanto los previstos como los
no previstos. Cuando Capy puso a prueba a Lara mandándolo a buscar el Jarrón Azul, envió un mensaje, mensaje que solo los luchadores pueden
descifrar. No todos podemos pasar esta prueba, pero si logramos descifrar el mensaje, seremos muchos los que estemos en camino de superarla,
ayudando a nuestras organizaciones a la mejora de su competitividad y a nuestro desarrollo personal.
1. ¿Cuál es el giro de la empresa de Ricardo Garza?
a) Textil b) Maderera c) Cerámica.
2.- ¿Cuál es la encomienda que le hace Capy a Manuel Lara?
a) Tomar el puesto de administrador en Houston. b) Dejar de agotar los inventarios. c) Conseguir “el jarrón azul” para regalarlo.
3.- ¿En qué ciudad vive la amiga de Capy?
a) Guadalajara b) México c) Palma.
4. ¿Cómo pago el [Link] el jarrón azul?
a) en efectivo b) con un cheque personal c) con un anillo de diamantes.
5. ¿Cuál era el costo real del jarrón azul?
a) 150 pesos b) 2000 pesos c) 100 peso

PREGUNTAS 1º
1. ¿Cuál es el antónimo del verbo “acicalar”?
a) Desarregalar
b) Adornar
c) Asear
2. ¿Cuál era el nombre real de Fideíto?
a) Renato
b) Fidel
c) Jacinto
3. ¿Cuál es la profesión de Renato?
a) Animador
b) Comerciante
c) Doctor
4. ¿Qué edad ene el hijo de Renato?
a) 5 años
b) 12 años
c) 10 años
5. ¿En qué país sucede el accidente, donde muere Fideíto?
a) Perú
b) Lima
c) Brasil

PREGUNTAS 2º
1. ¿En qué empo se narra la historia?
a) En empo presente primera persona.
b) En empo pasado primera persona.
c) En empo pasado tercera persona.
2. ¿Para qué le dieron el punto final al protagonista?
a) para guardarlo en un estuche.
b) para ganarse su confianza.
c) para usarlo en el momento oportuno.
3. ¿Dónde guardo el punto final?
a) en un cajón
b) en un estuche que compró
c) en un saco viejo
4. ¿Cómo se siente el protagonista al perder el punto final?
a) Triste, melancólico.
b) Desesperado, enojado.
c) Feliz y afligido a la vez.
5. ¿Qué es lo que ata al protagonista con su mujer, según la historia?
a) El amor
b) El rencor
c) El punto perdido

PREGUNTAS 3º
1. ¿Cuál es el giro de la empresa de Ricardo Garza?
a) Textil
b) Maderera
c) Cerámica.
2.- ¿Cuál es la encomienda que le hace Capy a Manuel Lara?
a) Tomar el puesto de administrador en Houston.
b) Dejar de agotar los inventarios.
c) Conseguir “el jarrón azul” para regalarlo.
3.- ¿En qué ciudad vive la amiga de Capy?
a) Guadalajara
b) México
c) Palma.
4. ¿Cómo pago el [Link] el jarrón azul?
a) en efecvo
b) con un cheque personal
c) con un anillo de diamantes.
5. ¿Cuál era el costo real del jarrón azul?
a) 150 pesos
b) 2000 pesos
c) 100 peso

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