Desarrollo de Funciones Ejecutivas
Desarrollo evolutivo
de las funciones
ejecutivas
Índice
Esquema 3
Ideas clave 4
9.1. Introducción y objetivos 4
9.2. Las funciones ejecutivas 5
9.3. Bases neurobiológicas de las funciones ejecutivas
7
9.4. Desarrollo evolutivo de las funciones ejecutivas
10
9.5. Trastornos y alteraciones de las funciones
ejecutivas 14
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A fondo 32
Test 36
Esquema
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Las funciones ejecutivas son cruciales para un buen desempeño de las actividades de
la vida cotidiana, así como en el ámbito educativo. El objetivo de este tema es
conocer qué se entiende por funciones ejecutivas y familiarizarse con los modelos y
bases neurobiológicas relacionadas con los procesos ejecutivos. Asimismo, se
analizarán los aspectos básicos del desarrollo evolutivo de las funciones ejecutivas
en la infancia y la adolescencia, y los trastornos y alteraciones que pueden
presentarse con mayor frecuencia. Finalmente, se presentarán algunos instrumentos
que permiten la evaluación de las funciones ejecutivas y actividades para potenciar
los procesos ejecutivos.
Los objetivos que se pretende que alcancen los alumnos con este tema son:
Conocer qué son las funciones ejecutivas y qué componentes las conforman.
Identificar las principales estructuras cerebrales implicadas en los procesos
ejecutivos.
Estudiar el desarrollo de las funciones ejecutivas a lo largo de la infancia y
adolescencia.
Reconocer algunos de los trastornos y alteraciones que se relacionan con los
procesos ejecutivos.
Conocer instrumentos para evaluar diferentes componentes ejecutivos.
Aplicar programas y actividades para potenciar las funciones ejecutivas.
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Tabla 1. Propuestas de definiciones de FFEE realizadas por autores relevantes. Fuente: elaboración propia.
Actualmente, además del modelo de Miyake et al. (2000), también destacan otros
como, por ejemplo, la propuesta de Tirapu et al. (2017), dado que realizan una
propuesta integradora con los componentes que más respaldo empírico han recibido
a partir de los estudios de neuroimagen y análisis factoriales. Así, entre los
componentes que Tirapu et al. (2017) proponen en su modelo se encuentran:
En resumen, puede decirse que las funciones ejecutivas son necesarias para
organizar, planificar y seleccionar apropiadamente los objetivos y subobjetivos de
una tarea, iniciar un plan y sostenerlo en la mente mientras se ejecuta, inhibir las
distracciones, cambiar de estrategias de modo flexible si la circunstancia lo requiere,
autorregular y controlar el curso de la acción para asegurarse que el objetivo
propuesto esté en vías de lograrse, etc. Permiten adaptarse y responder ante
situaciones novedosas en las que se carece de experiencia previa, así como resolver
problemas complejos para los que no se tiene una respuesta previamente aprendida
(Verdejo y Bechara, 2010).
ejecutivas
García, 2014.
La evidencia apunta que durante el primer año también se dan una serie de cambios
anatómicos y funcionales que incurren de manera preferente sobre la corteza
prefrontal. Parece ser que esta serie de cambios preparan al cerebro para adquirir los
prerrequisitos que darán lugar, al final del período preescolar, al progreso de las
funciones ejecutivas (Pérez y Capilla, 2008). Así, el uso de reglas se inicia alrededor
de los tres años. Los niños aprenden a través del ensayo y error. No obstante, en el
intento por aprender se apreciará un gran número de errores perseverativos (Trujillo
y Pineda, 2008; Zelazo et al., 2003).
Hacia los tres años pueden observarse los primeros indicios de regulación de la
conducta a través de mecanismos internos, pero no es hasta los cuatro años cuando
tiene lugar la capacidad de evaluación y autorregulación (metacognición),
(Kochanska y Aksan, 2006). Empleando tareas del tipo «go-no go», a los cuatro años
ya son capaces de establecer autorregulación interna de sus actos, es decir, empiezan
a adquirir la capacidad de control inhibitorio. El desarrollo del control inhibitorio
hace que los niños lleven a cabo tareas cognitivas que demandan procesar
información que rivaliza entre sí (por ejemplo: elegir o escoger entre varias opciones
la respuesta más adecuada) e inhibir respuestas impulsivas que no son adecuadas
para la actividad que están desarrollando o que pueden interferir en ella.
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De esta forma, los niños pueden considerar, estudiar y seleccionar la respuesta más
plausible o el procedimiento más idóneo para solucionar un problema (Best y Miller,
2010).
Entre los tres y cinco años se acrecienta el control consciente sobre el propio
comportamiento (García-Molina et al., 2009; Marcovitch y Zelazo, 2009). Así, a los
cinco años el niño es capaz de representar, planificar, ejecutar y evaluar las
respuestas en función de la solución de un problema. No obstante, la capacidad de
planificación y organización sigue un trascurso de desarrollo que abarca un gran
período temporal y logra niveles como los adultos hacia los doce años (Diamond y
Lee, 2011).
Entre los seis y los ocho años el niño desarrolla los componentes que constituyen el
núcleo de las funciones ejecutivas, permitiéndole autorregular y adaptar su
conducta a los cambios del entorno y anticiparse a los acontecimientos sin
depender de las instrucciones externas.
Cuando los niños se acercan a los doce años, los verbos abstractos empiezan a
dominar en su repertorio expresivo, el desarrollo de la actitud-predisposición para
analizar información de forma abstracta simboliza uno de los principales precursores
del desarrollo cognitivo complejo. La función reguladora del lenguaje (lenguaje
interior) continúa consolidándose, junto con los restantes componentes de las FFEE,
para facilitar la aparición de las operaciones lógicas formales. Es decir, presentan un
nuevo período de intenso desarrollo entre los quince y diecinueve años que
continuará perfeccionándose más allá de los 20 años.
En general, parece que el estudio del desarrollo de las funciones ejecutivas desde
edades tempranas facilita la detección y prevención de los trastornos de
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Tabla 3. Principales manifestaciones del síndrome disejecutivo en la infancia. Fuente: Portellano, 2018.
Lobotomía
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Howard Dully, un niño de doce años, fue víctima de una de las miles de lobotomías
que se practicaron indiscriminadamente durante los años 50. Aunque los médicos
habían dicho que era un niño normal, su madrastra insistió en la operación por
Primera: hay que leer palabras de colores tan rápidamente como sea posible
(velocidad de lectura).
Segunda: consiste en nombrar colores (velocidad de identificación de colores).
Tercera: se presentan nombres de colores impresos en tintas de colores distintos
a los que les corresponden. Aquí, la tarea consiste en nombrar el color de la tinta
en el que están impresas las palabras (inhibición de la respuesta) (Figura 4).
Se puede administrar en niños a partir de los seis años y medio. Además de medir la
flexibilidad mental, el WCST también mide otros factores como actualización,
abstracción, memoria de trabajo, inhibición y atención selectiva.
Este test está compuesto por cuatro tarjetas-estímulo (iniciales), y ciento veintiocho
tarjetas-estímulo en las que se combinan: cuatro figuras (triángulo, estrella, cruz y
círculo), cuatro colores (rojo, azul, amarillo y verde) y número de figuras (uno, dos,
tres y cuatro). El sujeto debe emparejar las tarjetas que se le entregan con las
tarjetas-estímulo iniciales, en función del criterio que considere oportuno.
Se puntúa el número de categorías completas, los intentos hasta hallar la categoría o
criterio establecido, los errores perseverativos, los fallos para mantener la actitud,
las respuestas de nivel conceptual y la habilidad para aprender a aprender.
Fluidez:
• Fluidez fonológica: pruebas que empiecen por «m» durante un minuto.
• Fluidez semántica: producción de animales durante un minuto.
etc.).
Anillas: sobre un tablero con tres ejes, se presenta en el primero de ellos unas
anillas de colores diferentes y se muestra una imagen de cómo deben quedar
colocadas las anillas en el tercer eje. Se establecen unas normas: las anillas se
Este test permite evaluar las praxias visoconstructivas así como la planificación y la
organización a través de la copia de una figura compleja. Además, este test
proporciona información sobre la memoria visual, ya que se puede solicitar al
individuo que reproduzca, de memoria, la figura transcurridos unos minutos. Existen
dos figuras: A y B. La figura A se puede utilizar desde los cinco años en adelante. La
figura B, más simple y adaptada, se puede aplicar desde los cuatro hasta los cinco
años y seis meses.
Atención selectiva: actividades para estimular las funciones ejecutivas en las que
debe encontrar un estímulo diana que se encuentra entre otros que pueden ser
distractores. Ejemplos:
• Encontrar un estímulo (por ejemplo, el n. º 5), dentro de un conjunto.
• Buscar todos los que pertenezcan a una misma categoría (ej. animales).
• Buscar los contrarios al modelo (la pareja opuesta…).
• Levantar la mano cada vez que se pronuncia una palabra que contenga las
letras. Se pueden complicar añadiendo condiciones, ejemplo: hacer una señal
cuando la cifra que se dice contiene un 3 y un 0 o no contiene un 2 y un 6.
• Cuando se diga rojo dará una palmada, cuando se diga azul dará un golpe.
Flexibilidad e inhibición:
• Lectura de dibujos: en una lámina con dibujos se le pide que lea los nombres y
que cambie la denominación de alguno de ellos.
• Fluidez de diseños: realizar todos los dibujos posibles en un tiempo limitado
usando, por ejemplo, tres líneas rectas.
• Escritura alternante: dictarle palabras que deberá escribir alternando una letra
en minúscula y otra en mayúscula.
• Actividades Go-No-Go (hacer-no-hacer): estimulan especialmente la inhibición.
Se pueden hacer tanto verbales como motrices, por ejemplo, cuando diga luna
el niño dirá sol y a la inversa, el resto de las palabras las repetirá igual.
Memoria de trabajo:
• Memoria de trabajo auditiva:
Repetir palabras o números.
Repetir en orden inverso.
Repetir según un orden establecido, por ejemplo, primero pares y luego
impares, o primero frutas y luego animales.
• Memoria de trabajo visual:
Recordar imágenes previamente mostradas.
Recordarlas en determinado orden.
Reproducir distribuciones previamente observadas durante, por ejemplo, 45
segundos.
Una tarea más exigente sería mostrar círculos de diferentes colores con
distintos números escritos y luego recordar los números que había y el color
que tenía el círculo.
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Velocidad de procesamiento:
• Entrada visual y respuesta verbal: lectura de dibujos, de colores, controlando
el tiempo invertido.
• Entrada auditiva y respuesta verbal: responder a preguntas, decir lo contrario
de lo que se nombra, tareas de cálculo mental, etc.
• Entrada auditiva y respuesta gestual: realizar el gesto que se le dice
• Respuesta escrita, dos modalidades con entrada visual y con entrada auditiva:
Entrada visual: letras y debajo hueco: escribir la siguiente del abecedario,
presentarla mezcladas en mayúsculas y minúsculas, y escribirla al contrario,
con números pedirle que escriba el resultado de sumarle 3 o restarle 2…
Entrada auditiva: dictar números y escribir en función de resultados
acordados, por ejemplo, de sumarle 2…
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El siguiente vídeo muestra la opinión de diversos especialistas sobre lo que son las
funciones ejecutivas y la importancia de su desarrollo en la infancia.
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Munakatay. (11 de junio de 2009). A Typical 3 years old Sorting cards [Archivo de vídeo].
[Link]
En esta prueba han de clasificarse una serie de tarjetas, de acuerdo con la forma o
color de los dibujos que contienen (por ejemplo: estrella roja, camión azul, etc.). El
resultado de la prueba muestra que niños de tres años presentan dificultades para
cambiar de regla clasificatoria. Así, por ejemplo, como se muestra en el vídeo, si
inicialmente se le solicita al niño que clasifique las tarjetas de acuerdo con la
dimensión «color» (por ejemplo: pon las tarjetas rojas en esta caja y las azules en la
otra), y posteriormente se cambia a la dimensión «forma» (pon las estrellas en la caja
donde aparece la estrella y los camiones donde aparece el camión), un niño de tres
años continúa clasificando las tarjetas según la dimensión inicial. No es hasta los
cuatro años cuando el niño cambia de dimensión sin dificultad.
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Natalia Barrera. (11 de abril 2016). Caso de Phineas Gage [Archivo de vídeo].
[Link]
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En este vídeo se explica el caso de Howard Dully, un niño que fue lobotomizado a los
doce años, siendo, así, una de las personas más jóvenes en pasar por una lobotomía
en los años 50. En el vídeo se muestra las consecuencias neuropsicológicas que tuvo
para esta persona dicha lobotomía.
Jarque, J. (s. f.). Estimulación cognitiva para niños [Entrada en una página web].
[Link]
A los siete años, los niños desarrollan componentes básicos de las funciones ejecutivas, entre ellos la flexibilidad cognitiva y la capacidad de inhibición . La flexibilidad cognitiva permite cambiar de manera efectiva entre diferentes principios y adaptarse a nuevas demandas, mientras que la capacidad de inhibición controla impulsos no deseados, ambos cruciales para el procesamiento complejo y la autorregulación .
La actividad Dimensional Change Card Sort refleja el progreso de las funciones ejecutivas al requerir que los niños cambien criterios de respuesta de manera flexible, demostrando tanto la flexibilidad cognitiva como el control inhibitorio . Observando a un niño de tres años realizar la tarea, se puede apreciar cómo el niño aplica reglas simples y corrige errores, indicando un desarrollo temprano de estas funciones .
Las funciones ejecutivas son fundamentales para el aprendizaje escolar, ya que regulan y orientan la adquisición del conocimiento mediante la planificación, flexibilidad cognitiva, control inhibitorio, y memoria de trabajo . Estos componentes son cruciales porque permiten a los estudiantes organizar tareas, adaptarse a nuevas situaciones, y controlar impulsos que puedan interferir con el aprendizaje efectivo .
El desarrollo de las funciones ejecutivas no es lineal debido a los cambios paralelos en las estructuras neuroanatómicas de la corteza prefrontal . Existen períodos críticos de desarrollo, entre los dos y cinco años, y luego a partir de los doce años con el proceso de mielinización cerebral, donde se observa un avance significativo en el perfeccionamiento de estas funciones .
El síndrome disejecutivo infantil (SDI) se relaciona con las funciones ejecutivas a través de la presentación de trastornos cognitivos que afectan áreas como la planificación, la memoria de trabajo, y el control inhibitorio. Este síndrome puede manifestarse con dificultades en la regulación del comportamiento, adaptación a cambios ambientales, y manejo de nuevos problemas, reflejando deficiencias en el funcionamiento ejecutivo .
El desarrollo de la corteza prefrontal es fundamental para el progreso de las funciones ejecutivas, como la planificación, la flexibilidad cognitiva, y el control inhibitorio. Este desarrollo no es lineal y coincide con cambios neuroanatómicos, permitiendo que a los siete años los niños ya dispongan de componentes básicos como la flexibilidad cognitiva, capacidad de inhibición, y memoria operativa . Importantes desarrollos ocurren entre los dos y cinco años, y se perfeccionan a partir de los doce años durante el proceso de mielinización de la corteza prefrontal .
La metacognición, que comienza a desarrollarse alrededor de los cinco o seis años y termina de consolidarse en la adolescencia, es clave para la regulación cognitiva, ya que permite al niño hacer una evaluación crítica de sus propias capacidades cognitivas y ajustar su comportamiento para mejorar tareas como la memoria y el lenguaje . Esta autoevaluación y ajuste es fundamental para un control conductual eficaz .
La mielinización de la corteza prefrontal es crucial durante la adolescencia, ya que facilita la velocidad de procesamiento y la eficiencia de la comunicación neural, lo cual es fundamental para el perfeccionamiento de las funciones ejecutivas . Este proceso posibilita una mejora significativa en capacidades como la planificación, la memoria de trabajo, y la regulación emocional, permitiendo transiciones complejas hacia habilidades adultas .
El caso de Phineas Gage es significativo porque, a pesar de que no sufrió afectaciones cognitivas evidentes, su personalidad cambió drásticamente tras una lesión en las regiones ventromediales y basales de su corteza prefrontal. Gage pasó de ser una persona estimada y responsable a presentar un comportamiento irritable, impulsivo e irresponsable, demostrando la importancia de la corteza prefrontal en la regulación de la conducta y la personalidad .
A los cuatro años, los niños comienzan a adquirir la capacidad de control inhibitorio, lo que les permite realizar tareas cognitivas que demandan procesar información en competencia y inhibir respuestas impulsivas . Esta habilidad les permite estudiar y seleccionar la respuesta más apropiada para resolver problemas cognitivos, favoreciendo el desarrollo de un comportamiento más adaptativo y autorregulado .