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Estereotipos de género y su impacto social

Este documento introduce los conceptos básicos de los estereotipos. Define los estereotipos como creencias generalizadas sobre las características de grupos sociales. Explica que los estereotipos se forman a través de la repetición de ideas y se comparten socialmente. Además, describe cómo se miden los estereotipos de forma explícita y las funciones que cumplen, tanto a nivel individual como social.

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Estereotipos de género y su impacto social

Este documento introduce los conceptos básicos de los estereotipos. Define los estereotipos como creencias generalizadas sobre las características de grupos sociales. Explica que los estereotipos se forman a través de la repetición de ideas y se comparten socialmente. Además, describe cómo se miden los estereotipos de forma explícita y las funciones que cumplen, tanto a nivel individual como social.

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Estereotipos

Mercedes López Sáez


Isabel Cuadrado Guirado

OBJETIVOS

INTRODUCCIÓN
NOCIONES BÁSICAS EN EL ESTUDIO DE LOS ESTEREOTIPOS
PROCESOS IMPLICADOS EN LA FORMACIÓN Y EL MANTENIMIENTO DE LOS
ESTEREOTIPOS
MEDIDA DE LOS ESTEREOTIPOS
Lista de adjetivos
Estimación de porcentajes
Razón diagnóstica
Otras medidas de estereotipia
FUNCIONES DE LOS ESTEREOTIPOS
EL MODELO DEL CONTENIDO DE LOS ESTEREOTIPOS
LOS ESTEREOTIPOS DE GÉNERO
Definición y componentes
La dimensión descriptiva y prescriptiva de los estereotipos de género y sus
funciones

RESUMEN
LECTURAS RECOMENDADAS Y REFERENCIAS EN INTERNET
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

TÉRMINOS CLAVE
Categorización social • Dimensión descriptiva de los estereotipos de género • Dimensión prescriptiva de los
estereotipos de género • Estereotipia • Estereotipo • Estereotipos de género • Homogeneidad exogrupal •
Rasgos expresivos/comunales • Rasgos instrumentales/agentes
INTRODUCCIÓN A LA PSICOLOGÍA SOCIAL

OBJETIVOS

■ Conocer en qué consisten los estereotipos. ■ Distinguir las dos dimensiones básicas identifi-
■ Comprender los mecanismos por los que se for- cadas en el modelo del contenido de los este-
man y mantienen los estereotipos. reotipos .
■ Conocer las diversas formas de medir los este- ■ Comprender qué son los estereotipos de género,
reotipos de modo explícito. sus componentes, dimensiones y funciones .
■ Asimilar las funciones individuales y sociales
que cumplen los estereotipos.
ESTEREOTIPOS

INTRODUCCIÓN

Si en un grupo de amigos se entablara una con-


versación sobre cómo son los nórdi cos y los latinos,
seguramente la mayoría estaría de acuerdo en atri -
buir a los primeros ca racterísticas como fríos, serios
y responsables, y a los segundos otras muy diferentes
como, por ej emp lo, emotivos, alegres y alocados. Pue-
de que alguna de las personas que em ita este juicio
nunca haya estado en contacto con suecos o noruegos
y, sin emba rgo, compartirá esas creencias porque las
ha ido aprendiendo en el transcurso de su vida. Este
tipo de genera li zaciones sobre grupos sociales, que
tan frecuentemente se formulan, es lo que se denomi-
na estereotipos.
El primer autor que utilizó el concepto de estereoti-
po en ciencias sociales fue Walter Lippman (1922), un
periodista experto en opinión pública, que toma el tér-
mino del molde que utilizan los tipógrafos para repro- Walter Lippm an (1889- 1974). Periodista y escritor. Fue el prim er
ducir, una y otra vez, las mi smas imágenes o ca racteres autor que apli có el co ncepto de estereotipo a las cienc ias sociales.
Muchas de sus ideas influ yeron notablemente en la in vestigació n
de imprenta. Con esta ana logía, pretendía hacer hin- posterior.
ca pié en el modo en que se reproducen las imágenes
y creencias que la sociedad tiene sobre determinados
grupos sociales, a base de repetirlas una y otra vez y contribuciones más destacadas del estud io psicoso-
de boca en boca, co nformándose, de ese modo, una cial de los estereotipos estructuradas en torno a dos
op inión pública genera li zada sobre cómo son las per- bloques. En el primero, se presentan los tópicos más
sonas que pertenecen a esos grupos. Hay que tener en generales relacionados con dicho estudio. Se comien-
cuenta que el libro de Lippm an se publica en un con- za definiendo qué son, seña lando, asimismo, los pro-
texto en el que mantener actitudes racistas y xe nófobas cesos impli cados en su formación y mantenimiento. A
era común, incluso en los círculos académicos. Con continuación, se aborda cómo se miden los estereo-
su trabajo intenta denunciar el ri esgo que compo rta tipos, su utilidad funcional , y las características de su
el etiquetar a las personas sobre la base de exp lica- conten ido. En la segunda parte, estos conoc imientos
ciones estereotipadas, alertando del peligro de que se se ap lican a un área de gran interés: los estereotipos
co nsidere que son diferentes al resto debido a que se de género. De esta forma, se podrá comprobar las con-
dan en ellas unas ca racterísticas que son esenciales en secuencias derivadas del uso de los estereotipos en un
los grupos sociales a los que pertenecen. Desde una ámbito concreto.
perspectiva racista, por ejemplo, la imagen negativa de
los negros en Estados Unidos, en el momento en que
Lippman publica su obra, se fundamentaba en caracte-
rísticas innatas, lo que permitía una justificac ión de la NOCIONES BÁSICAS EN EL ESTUDIO DE
situación social en que vivían, así como del prejuicio LOS ESTEREOTIPOS
y de la discriminación hacia ell os. La obra de Lippman
se co nsidera pionera en este campo, y en ella ya apare- Es muy común que los términos prejuicio, estereo-
cen las líneas fundamentales de lo que posteriormente tipos y discriminación se utilicen indistintamente, ya
ha caracterizado el estudio de los estereotipos en Psi- que están estrechamente relacionados. No obstante,
co logía Social (Ashmore y del Boca, 198 1). en Psicología Social estos conceptos se han definido
Actualmente, el estud io de los estereotipos es un diferencialmente. Como se verá detalladamente en
tema central en Psicología Socia l, por lo que se han el Capítu lo 12, el prejui cio puede conceptual iza rse
realizado numerosas investigaciones sobre este con- co mo una actitud hacia los miembros de determina-
cepto con grupos sociales muy diferentes (étnicos, dos grupos y, como tal, impli ca una valoración cuya
nacionales, de clase social, de género, de edad, con val encia puede ser positiva o negativa. Según se ha
discapacidades o enfermos de SIDA, por citar algunos exp licado en el Capítulo 6, cua lquier actitud se basa
ejemplos) . A lo largo de este capítulo se abordan las en tres tipos de componentes: cognitivo, afectivo y
INTRODUCCIÓN A LA PSICOLOGÍA SOCIAL

conductu al. El componente cognitivo del prejui cio lo tas (42%), incultos (24%), desconfiados (2 1%), supers-
constituyen los estereotipos que se mantienen sobre ti ciosos (2 1%) y su cios (18%). Estos datos refl ejan ese
un grupo, el afectivo las emociones suscitadas por el co ntenido compartido, pero no todas las personas asu-
grupo, y el co nductual la di scriminación dirigida a sus men esas creenc ias en igual medida, encontrándose,
miembros. en la muestra anali zada, diferencias en las opini ones
Los estereotipos sociales son creencias sobre las individuales sobre la asignación de esas ca racterísti cas
ca racterísti cas que poseen un co njunto de personas, (Zl obin a, 2003) . El co ncepto de estereotipia se utili za
deri vadas, simplemente, de su pertenencia a un de- para referirse al grado o intensidad con que una perso-
termin ado grupo o categoría soc ial. Es decir, generali- na asume esas creencias estereotipadas y co mpartidas.
za mos, y esas característi cas se las aplica mos a cual- O tro aspecto que cabe co nsiderar sobre los este-
quier person a del grupo, aunque no la conozca mos. reoti pos es hasta qué punto refl ejan la rea lidad o son
Henri Tajfel (198 1, 1984) defin e los estereotipos co mo generali zac iones sesgadas. Esta cuestión ha dejado
imágenes mentales muy simplificadas sobre personas de tener interés para los investigadores debido a dos
o grupos que son compartidas, en sus ca racterísti cas razones. En primer lugar, porque sería imposible com-
esenciales, por gran número de personas. Como des- probar cuántos miembros del grupo co inciden co n los
taca este auto r, es fund amental co nsiderar el con sen- atributos que les asigna el estereotipo, sobre todo si se
so soc ial y cultural ex istente sobre las característi cas tiene en cuenta que buena parte de esas ca racterísti cas
y atri butos que constitu yen un estereotipo para poder se refi eren a rasgos que difícilmente son observa bl es,
co mprender los procesos psicosoc iales que subyacen co mo sinceros, desconfiados o humildes, por poner
a su fun cionamiento. algunos ejemplos. En segundo lugar, porque tratar a
La organi zac ión de los estereotipos se basa en es- cualquier individuo co mo si fuera una representación
quemas que contienen las creencias y expectati vas de su grupo nunca puede ser exacto, ya que es impo-
sobre un grupo específi co y sus miembros. Esa estru c- sibl e que una persona sea similar en todas las facetas
tura cognitiva comprende creencias sobre diferentes a la imagen que refl eja el estereotipo (Fi ske, 201 O). Por
aspectos como, por ejemplo, rasgos físicos (a ltos, mo- ese motivo, en general, los estereotipos se co nsideran
renos, débil es ... ), rasgos de personalidad (mentirosos, imágenes menta les sesgadas y poco veraces.
hábil es, ca riñosos .. .), ro les y profesiones (obreros,
amas de casa, enfermeras ...) o valores y preferencias
(interesados por la cultura, religiosos, ecologistas .. .).
Todas las creencias y expectativas sobre los atributos PROCESOS IMPLICADOS EN LA
de los miembros del grupo están relacionadas entre FORMACIÓN Y EL MANTENIMIENTO DE
sí, co nstituyendo una especie de teorías ingenuas que LOS ESTEREOTIPOS
guían nuestras actitudes y conductas hacia ellos (Fi ske,
20 1O). Hay que considerar también que las ca racterís- Los estereotipos se aprenden, se mantienen y se
ti cas que constituyen el esquema de un grupo ti enen modifica n mediante el proceso de socialización, y su
co nnotaciones evaluativas, debido a que cada una de transmi sión se produce a través de diferentes fu en-
ellas ti ene una valencia que pu ede ser positiva, negati- tes. Aunque desde edades muy tempranas ya ex iste
va o neutra. Por lo tanto, los estereotipos son creencias una asociación entre determin adas categorías socia-
que implica n una va loración de las personas a las que les (como las relati vas al sexo, la etni a o la edad) y
se les aplica n. una serie de ca racterísti cas, este proceso se deri va ría
Subrayar el ca rácter compartido y cultural de los de la catego ri zación. Igual que los niños son capaces
estereotipos no quiere decir que todas las personas los de categori za r obj etos (p. e., juguetes o utensili os de
suscri ba n en la mi sma medida. Por ello, es necesa ri o coc ina), también catego ri za rían a personas por sus
diferenciar entre los aspectos culturales y aquellos características distintivas a simple vista . No obstante,
indi viduales. Así, los estereotipos pu eden expresarse el contenido de los estereoti pos y el ca rácter eva lua-
como las creencias culturales sobre las ca racterísti cas tivo de ese contenido es cultural, y su aprendi zaje no
de los miembros de un gru po, o como las opini ones es asimilabl e al correspondiente a la categori zac ión
personales sobre esas característi cas. Por ejempl o, en de obj etos. Las creencias co mpartidas en una cul tu-
un estu dio rea li za do en el País Vasco sobre los estereo- ra se adquieren a través de los agentes sociali zadores:
ti pos de los gita nos (l a min oría étn ica que más se ha la fa milia, la escuela, el gru po de pares o los med ios
discriminado en España), se co mprobó que, aunque de co municac ión (Castell i, De Dea y Nesdale, 2008;
se les describía co n algunos rasgos neutros, co mo tra- M astro, 2008; Smith y Granados, 2008). Es a través de
dicionales (49%) y religiosos (39%), la mayoría de los la cultura co mo se aprenden los aspectos va lorativos
atributos que se mencionaban eran negativos: machi s- v inculados a los estereotipos que se apli ca n a los gru-
ESTEREOTIPOS

pos, es decir, las evaluaciones pos1t1vas, negativas o sificamos objetos, también categorizamos a otros seres
neutras que se hacen de los grupos. Aunque también humanos. En este sentido, como se ha explicado en el
influyen las vivencias y experiencias personales, ese Capítulo 3, se aplica el término categorización social
contenido cultural afecta sustancialmente a los proce- para hacer referencia al proceso que permite clasificar
sos psicológicos implicados en las relaciones con los a las personas en grupos, en función de las caracte-
miembros de otros grupos. rísticas que tienen en común (p. e., etnia, edad, sexo
Las creencias estereotipadas son una consecuen- o nacionalidad). No obstante, hay que puntualizar
cia del proceso psicológico básico de categorización que categorizar y estereotipar no son la misma cosa.
social. Este proceso cognitivo permite organizar la Si bien es necesario que se dé un proceso de cate-
complejidad del entorno que nos rodea organizándo- gorización para que afloren los estereotipos, éstos no
lo en diferentes conjuntos cuyos elementos comparten son una mera clasificación de personas, sino que van
características. Los elementos de una categoría (p. e., más allá al incorporar expectativas sobre cómo son o
plantas) comparten muchas características y tienen cómo se comportan los miembros de un grupo, y están
poco en común con los que forman otras categorías mediados por el contexto social y por las relaciones
(p.e., animales o minerales). Por supuesto, no sólo da- i ntergrupa Ies.

¿Por qué categorizamos la realidad social de la forma en que lo hacemos? Elena Gaviria
La vida social plantea riesgos además de recompensas, Pero la categorización social es sólo el paso previo a
de forma que los individuos deben ser selectivos a la hora nuestra conducta hacia los miembros de una determinada
de decidir con qui én entablar amistad, relaciones románti- categoría. Por ejemplo, según los psicólogos evolucionistas,
cas, negocios, a quién evitar, etc. A veces esas decisiones se el hecho de clasificar a otros como miembros del endogru-
pueden basar en la experiencia directa de interacción con po o del exogrupo activa dos circuitos cerebrales o progra-
el otro, pero esto no siempre es posible ni, en determinados mas de toma de decisiones muy diferentes (Krebs y Den-
casos, recomendable. Entonces nos fijamos en sus rasgos tan, 1997). Los procesos cognitivos que se activan cuando
externos (físicos o conductuales) para clasificarlo dentro de categorizamos a alguien como miembro del exogrupo dan
alguna categoría conocida y, a partir de ella, al activarse lugar a percepciones y caracterizaciones globales, abstrac-
el esquema correspondiente, extraemos las inferenci as que tas y negativas, que tienden a provocar conductas defensi-
nos permitan decidir cómo comportarnos con esa persona. vas, competitivas, explotadoras o agresivas, mientras que los
Aunque esto a primera vista parece muy laborioso, la cate- procesos cognitivos que se activan cuando categorizamos a
gorización social es un proceso cognitivo bastante automá- otros como miembros del endogrupo son más complejos.
tico que permite procesar gran cantidad de información de Tendemos a discriminar entre los miembros del endogrupo
forma rápida y eficaz. Por otra parte, tampoco se trata de un en función de su potencial para contribuir a nuestra eficacia
logro excl usivo de la «prodigiosa » mente humana, sino que biológica (no todos son igual de fiables, igual de sociables,
se manifiesta en muchas otras especies. Por ejemplo, mu- igual de capaces a la hora de colaborar, igual de próximos
chos primates distinguen perfectamente entre categorías de en su parentesco con nosotros, etc.). De ahí que la visión
parentesco (qué individuos son de qué familia), de estatus del endogrupo no sea tan homogénea como la del exogru-
(qué individuos son dominantes sobre qué otros) y grupales po. Esta percepción más heterogénea provoca una mayor
(quiénes son de mi grupo y quiénes no). variedad de conductas, según a quién vayan dirigidas, desde
Los psicólogos evolucionistas sostienen que nuestra ca- aquellas con un carácter cooperativo y prosocial, hasta las
pacidad para categorizar la realidad social ha evolucionado de tipo competitivo o agresivo, pudiéndose llegar, incluso,
porque resultó útil para nuestros ancestros en su lucha por la a la exclusión social si algún miembro del grupo no cumple
supervivencia y la reproducción. En un ambiente en el que con lo que se espera de él.
la cooperación era vital, poder discriminar entre el amigo y Sin embargo, esos programas cognitivos que usamos
el enemigo, entre el que colabora y el que se aprovecha del para categorizar a los demás son flexibl es y sensibles al con-
trabajo de otros, por ejemplo, y hacerlo de forma rápida, texto; sólo así pueden resultar útiles en unas condiciones
puede haber supuesto la diferencia entre la vida y la muerte. sociales a menudo cambiantes: la forma en que vemos a los
Siguiendo este razonamiento, Neuberg y Cottrell (2006) otros puede variar de hoy a mañana, y el que hoy es nuestro
sugieren, y la literatura apoya esta sugerencia, que las per- amigo, mañana puede no serlo. Desde esta perspectiva, el
sonas tenderemos a hacer categorizaciones sociales en rela- principio que en última instancia regula nuestra categoriza-
ción con determinadas dimensiones más fácilmente que con ción de los demás se basa en un juicio implícito (no cons-
otras, en concreto, en relación con aquellas características ciente) sobre si será más ventajoso para nosotros cooperar
que hayan aportado información rel evante para la eficacia o competir con ellos. Cuando lo que conviene es cooperar,
biológica inclusiva (para la propagación de los propios ge- vemos al otro con la lente endogrupal, pero si nuestros in-
nes) de los seres humanos desde tiempos ancestrales, como tereses entran en conflicto y es necesario competir, cambia-
el sexo, la edad (individuos de distintas edades suponen di- mos rápidamente la lente y le convertimos en miembro del
ferentes oportunidades y desafíos) o la pertenencia grupal. exogrupo.
INTRODUCCIÓN A LA PSICOLOGÍA SOCIAL

El proceso de categori zac ión acentúa tanto la si- que suelen ser negativas. Así, es más fác il que aso-
militud entre los elementos de una misma categoría ciemos una conducta negativa (p. e., roba r o tener
(efecto de asimilación; p. e., todos los anda luces son bajo rendimiento esco lar) a un grupo minoritario (p.
alegres) como las diferencias entre categorías (efecto e., los inmigrantes) que a los españo les. Con frecuen-
de co ntraste; p. e., los alemanes trabajan más duro que cia, en los medios de comunicac ión aparecen esas
los españoles). Cuando se categori za a las personas asoc iaciones, lo que co ntribu ye a que, cuando se ha
por su pertenencia grupal, tambi én se exagera la ho- establ ecido la co rrespondencia co n un determina-
mogeneidad dentro de un mism o grupo y las diferen- do grupo, se asignen esas ca racterísti cas a todos sus
cias entre grupos. No obstante, hay una tendencia a miembros, pasando, de ese modo, a formar parte del
percibir a los mi embros de los exogrupos de manera estereotipo del grupo.
más homogénea que a los del propio grupo . Este ses- Como ya se ha señalado, otro proceso que im pi-
go de homogeneidad exogrupal es más acusado si los de el ca mbio individual de los estereotipos es la ten-
grupos son poco fa miliares o si se tiene una imagen dencia a reinterpretar la informació n inco nsistente o
de ell os mu y abstracta, basada fundamenta lmente en a co nsiderar el caso como atípi co. Por ejemplo, si
esquemas y no en ejempl ares co ncretos (Fiske, 20 1O). nuestro estereotipo sobre los profesores de universi-
Una expli cac ión cognitiva de este sesgo es que co no- dad incluye la creencia de que son distantes, cuando
cemos a muchos miembros de nuestro grupo por ex- nos enco ntremos co n uno que se comporta de forma
periencia directa, mientras que el co nocimi ento de los más cerca na probablemente atribuiremos esa conduc-
mi embros de exogrupos se debe, en buena med ida, al ta inconsistente co n el estereotipo a una ca usa per-
aprendi zaj e cultural indirecto. sonal. Así, aludiremos, por ejempl o, a que está en el
Otro sesgo vincul ado a la categori zac ión socia l, inic io de su carrera profesional, o co nsideraremos que
denom inado esencialism o, rad ica en que, una vez que se trata de un profesor diferente a los demás, pero difí-
se clasifica a las personas en grupos, ex iste una ten- cilmente modifi ca remos nuestro estereotipo sobre ese
dencia a percib ir esas categorías sociales como «na- grupo. Cuando nos enco ntramos con una persona que
tura les», es decir, como se perciben las clas ificac iones no encaja con nuestras creencias sobre los mi embros
que ap li ca mos a pl antas o animales, lo que implica de su grupo, solemos incluirla en un subtipo -un a sub-
que se les atribuya ca racterísticas esenciales a su perte- categoría especial que inclu ye a qu ienes no se ajustan
nencia grupal. Según señalan Rothbart y Taylor (1992), tota lmente al estereotipo co nvenc ional (Kunda y Ole-
el esencialismo es más fác il que se ap lique a grupos son, 1995; Ri chards y Hewstone, 2001). Por ejemplo,
que se definen en función de claves fís icas visib les, es probable que a Barack Obama se le haya incluido
co mo el sexo, la etni a o la edad . Es decir, cuando las
diferencias se pueden exp li ca r sobre la base de ca usas
biológicas subyacentes.
Como sucede con otros esquemas sociales, en
general, el ca mbio de los estereotipos a nivel indi-
vidua l es difíci l, ya que se trata de estructuras cog-
nitivas bastante rígidas. La razón es que se tiende a
prestar más atención a aquell a informació n que co n-
firma nuestras ideas y expectativas previas, ignoran-
do la que es inco nsistente co n nuestras creencias o
modifi cá ndo la hasta hacerl a co ngruente co n ell as, a
no ser que la inco ngru enc ia sea tan fu erte que ll ame
de forma espec ial nuestra atención . El sesgo denomi-
nado co rrelación ilu soria, exp li cado en el Capítu lo
3, es un ej emplo de ello. Recordemos que este fenó-
meno co nsiste en sobreestimar el grado en el que se
relacionan dos sucesos o ca racterísti cas. En re lación
co n los estereotipos, este sesgo se ha exp li cado por la
distintividad de determinados grupos, así co mo por la
distintividad de determinados atributos, espec ialmen- Cuando una persona no encaj a co n el estereotipo ele un grupo, so-
te las característi cas negativas (Hamilton y Sherman , lemos inc luirla en un subtipo ele esa categoría. Segú n este proceso,
1989; M eiser y Hewstone, 20 1O). Por lo general, la es bastante probable que a Ba rack Obama se le haya incl uido en un
subtipo específico dentro ele la catego ría ele los afroameri ca nos, o
relació n se estab lece entre miembros de grupos co n
que se le considere un caso atípi co.
bajo estatus o minoritari os y co nductas in frecuentes,
ESTEREOTIPOS

en un subtipo dentro de la categoría de afro america no Finalmente, es preciso seña lar que el esquema pre-
(p. e. culto y co mpetente). vio que confo rma el estereotipo no só lo sirve para des-
Al clasificar a las personas, lo hab itual es que se uti- cribir a los miembros de otros grupos, sino que guía el
li cen co njuntamente diferentes categorías (p.e., edad, comportami ento hacia ellos, lo que contribuye a con-
etni a, sexo, profes ión). Seguramente, si tuvi éramos figurar una rea lidad social dentro de una determinada
que describir a Barack Obama diríamos de él que fu e cultura. Pensemos, por ejemplo, las co nsecuencias
el primer presidente afro ameri ca no que tuvo Estados que puede tener que el estereotipo de los inmigrantes
Unidos. Es decir, hemos clasificado a esa persona en incluya la creencia de que ti enen un nivel esco lar más
func ión del sexo (hombre), la etni a (afroa meri ca no), bajo que los españo les. Ello co nduciría a que los pro-
la profesión (p residente) y la nacionalidad (estadouni- feso res se comporta ran de modo diferente con ellos en
dense). Pues bien, hay que enten der que si a una per- fu nción de esa creencia, lo que originaría una dismi-
sona se la categori za co mo mujer, negra y méd ico se nución de su rendimiento escolar, tal y como sugiere
le aplica rán características distintas a las que se apli- el proceso de la profecía autocumplida, descrito en el
carían a una mujer blan ca que también sea méd ico. Capítulo 3. Como se verá más adelante, los estereo-
Pero los estereotipos no sólo afecta n a procesos tipos son la base de la discriminación y sirven para
cognitivos. Como hemos señalado, la mayoría ti enen justifica rl a.
co nnotaciones afectivas (pos itivas o negativas) y moti- Hasta aquí hemos hecho referencia a procesos que
vacionales que influyen en esa catego ri zac ión, lo que afecta n a los estereotipos en el nivel explícito, es deci r,
ori gina que se distorsione la rea lidad y se tienda a exa- cuando se forman y mantienen de form a consciente.
gera r las diferencias entre los grupos y a subesti mar Sin embargo, una línea que ha cob rado fuerza en los
las variaciones entre los individuos que pertenecen a últimos años, desde la propuesta de Greenwald y Ba-
un mismo grupo. En función de nuestros intereses, las naji (1995), sostiene que los estereotipos funcionan no
personas ele otros grupos se pueden percibir de forma sólo en el ni ve l explícito sino también en el implíci-
más o menos positiva. Por ejempl o, en periodos de to. En este último nivel actúan co mo creencias de las
guerra se suele exacerbar el estereotipo nega tivo del que no somos conscientes, pero, una vez activados,
enemi go, ya que la comunicac ión de los estereotipos pueden determinar el comportami ento manifiesto ha-
de exogrupos da co hesión al endogrupo y co ntribu- cia quienes se dirigen. Al funcionar de manera incons-
ye a justifica r la lucha. Si, posteriormente, esos países ciente, no los podemos identifica r fácilmente, pero eso
pasa n a ser aliados, por intereses económicos o de no evita que nos influya n. De hecho, existen investi-
otro tipo, los gob iernos estarán interesados en ca mbi ar gaciones que demuestran que los estereotipos implíci-
ese estereotipo, y mod ificará n el contenido a través tos predicen mejor las expres iones sutil es de prejuicio
de procesos de comunicac ión, de modo que se desta- (véase el Capítul o 12) que las medidas exp lícitas ob-
quen las cua lidades positivas del exogrupo que en su tenidas a través de autoinformes (Dovidi o, Kawakami,
día fue denostado. John son, Johnson y Howard, 1997).
Es evidente que los estereotipos no se mantienen Recapitulando, la formación de los estereotipos
igual a lo largo del ti empo ni en diferentes culturas, ya descansa en el proceso de categori zac ión social y
que están estrechamente relacionados co n el co ntexto su transmi sión se rea li za básicamente a través de los
soc ial en el que se manifiesta n, no siendo aj enos a las agentes soc iali zadores. Una vez estab lecid as las ca-
relac iones entre grupos en esa sociedad y, por lo tan- racterísticas que se atribu yen a un determinado grupo,
to, se mod ifica n cuando ca mbian las relac iones entre el estereotipo guía la selección de la informació n co n-
los grupos (Oakes, Has lam y Turn er, 1994) . Pensemos, gru ente co n su contenido por med io de una seri e de
por ejempl o, en el ca mbio de las creencias sobre los procesos, tanto exp lícitos co mo implícitos, que co n-
ro les de hombres y muj eres a lo largo del último siglo. tribu yen a su mantenimiento. Las creencias estereo-
Cuando las muj eres han ido adquiriendo un estatu s tipadas rara vez son neutras, sino que están cargadas
de igualdad al compararse con los hombres, esos es- de afectividad y de connotac iones motivacionales,
tereotipos se han transformado. En general, el ca mbio dependiendo, en buena medida, de las relaciones en-
de los estereotipos suele deberse a ca mbi os sociales, tre grupos que se mantienen en cada contex to social.
políticos o económicos, que varían las relaciones en- Estas creencias son determinantes en las co nductas
tre los grupos. Por ejemplo, los estereotipos hacia los que manifesta mos hacia las personas que pertenecen
afroa meri ca nos se han ido mod ifica ndo en Estados a grupos sociales muy diversos.
Unidos co n el paso de los años desde la declarac ión
de los derechos civil es, siendo mucho menos discri-
min atori os desde que legalmente se les reconoció la
igualdad de derechos (Fiske, 201 O).
INTRODUCCIÓN A LA PSICOLOGÍA SOCIAL

estudio permitió comprobar que el co ntenido del este-


LA MEDIDA DE LOS ESTEREOTIPOS reotipo de los estadounidenses blancos (a los que des-
cribían co n atributos como trabajadores, inteligentes y
La medida de los estereotipos ha tenido como fin, materiali stas) era más positivo que el de los negros (a
bien eva luar el contenido cultural de los estereotipos, los que se atribuían ca racterísti cas co mo supersticio-
bien valorar el grado de estereotipia de los individuos. sos, holgazanes y despreocupados).
Es muy común que se utili ce el término estereotipos Es bastante habitual que la lista de adjetivos se ob-
como si nónimo de estereotipia, incluso por los propios tenga a partir de estudios previos que empl ea n una
investigadores. No obstante, como ya hemos indicado, técnica de respuesta ab ierta, pidiendo a los compo-
es importante distinguir entre dos aspectos que, aunque nentes de una muestra que generen libremente ca rac-
están relacionados, son diferentes. El conten ido de los terísticas que describen a los miembros del grupo, se-
estereotipos se refiere a las creencias compartidas en leccionándose, posteriormente, aquel los rasgos que se
una cultura sobre qué ca racterísti cas o atributos poseen mencionan con mayor frecuencia. Este tipo de técnica
la mayoría de los miembros de determinado grupo so- tiene la ventaja de que permite obtener ca racterísticas
cial. La estereotipia, sin embargo, describe el grado en que no están sesgadas por las creencias previas de los
el que una persona apli ca esas creencias al eva luar a investigadores que elaboran una lista (Allen, 1996) .
los miembros de ese grupo y cómo se utili zan a la hora Este procedimiento ha sido utili zado en múltiples estu-
de realizar inferencias o juicios sobre ellos. Cuando el dios. Concreta mente, en nuestro país se ha empleado
objetivo es comp robar el co ntenido de los estereotipos por diferentes autores para anali zar el co ntenido de
sobre un grupo, lo esencial es hallar los atributos que los estereotipos nac ionales y regionales (p. e., Java loy,
se aplican mucho a ese grupo y muy poco a otros con Bechini y Corn ejo, 1990; Sangrador, 1996) .
los que se le puede comparar. La med ición de la este- Entre estos trabajos destaca, por su envergadura, el
reotip ia requiere que se anal ice hasta qué punto cada llevado a cabo por Sangrador (1996) co n una muestra
persona suscribe el contenido de los estereotipos. nacional de 2.500 personas distribuidas proporcio-
Como sucede co n otros muchos co nceptos psico- nalmente por las diferentes comunidades autónomas
sociales, es frecuente que el investi gador tenga que anali zadas. En esta investigación, a partir de una se-
elaborar in strumentos específicos adaptados a los ob- lección de rasgos obtenidos en varios estudios previos,
jetivos de su estudio, teniendo en cuenta qué quiere se elaboró una lista de 80 adjetivos. El procedimiento
medir, así co mo el contexto y la población en los que co nsistía en pedir a cada uno de los entrevistados que
va a tomar esa medida. No obstante, se han desarro- eligieran los cinco adjetivos que cons ideraba más típi-
llado una serie de técnicas, específi cas para la med i- cos o característi cos de cada uno de los grupos ana-
da de los estereotipos, que pueden servir como base li zados: andaluces, aragoneses, castellanos, cata lanes,
para elaborar un instrumento concreto y adecuado a ga llegos, madrileños, valencianos, vascos, españoles y
cada estudio. Entre estas medidas destacan las I istas europeos. Lo importante para averi guar el co ntenido de
de adjetivos, la estimación de porcentajes y la razón los estereotipos no es que se atribu ya mucho un rasgo
diagnóstica. Cada una de ell as presenta ventajas e in- a los miembros de un grupo, sino que se le ap lique de
co nvenientes (Allen, 1996) y su uso adecuado depen- forma distintiva en compa ración con otros grupos. Es
de del objetivo de la investigación. En el Cuadro 11.3 decir, que se co nsidere mucho más definitorio de ese
se resumen unos ejempl os sobre las características de grupo que de cualquier otro. Por ese motivo, en este
los métodos más utili zados. estudio se opta por una med ida denominada «sa liencia
transversal », que consiste en una comparación transver-
sal (es decir a través todos los grupos anali zados) de
Lista de adjetivos la frecuencia con la que cada adjetivo se aplica a los
diferentes grupos étnicos del estudi o. La máxima salien-
Esta técnica se ha utili zado, fu ndamentalmente, cia transversal se asigna a aquellos rasgos cuya frecuen-
para averi guar el co ntenido de los estereotipos. El estu- cia de atribu ción ha sido máx ima para uno de ellos en
dio seminal de este tipo de med ida lo realizaron Katz comparación con el resto. Di cho con otras palabras, un
y Braly (1933) co n muestras de estudiantes estadou ni- rasgo cu mple esa característica de tener máxi ma salien-
denses a los que pidieron que seleccionaran, de una cia transversal cuando muchas personas lo eligen para
lista de 84 adjetivos, aquellos que co nsideraban más uno de los grupos y muy pocas lo eligen para los otros.
típicos de los diez grupos eva luados (estadounidenses Los resultados de este trabajo, brevemente resu-
de origen europeo, estadounidenses de origen africa- midos en el Cuadro 11.2, han permitido conocer los
no, alemanes, turcos, ingleses, italianos, irlandeses, rasgos fundamenta les del estereotipo de cada grupo
j aponeses, judíos y chinos) . Entre otros resultados, este étni co. Como puede observa rse en ese cuadro, el co n-
ESTEREOTIPOS

Resumen comparativo de los estereotipos sobre los habitantes de diferentes comunidades


autónomas, españoles y europeos con «máxima saliencia transversal» (Sangrador, 1996)
Al analizar el contenido de los estereotipos de un gru- A continuación, se detallan los rasgos con «máxima sa-
po, ap li cando la técnica de elección de adjetivos que mejor li encia transversal », por orden decreciente de porcentaje,
le describen, un rasgo puede considerarse especialmente para los diferentes grupos étni cos ana lizados por Sangrador.
relevante no sólo porque se le atribuya al grupo en un ele- Además de estos rasgos distintivos, a todos los grupos se les
vado porcentaje, sino porque se ap li ca mucho más a ese asignaba n en un lugar destacado otras características, como
grupo étni co que al resto. En ese caso, se puede hab lar de «buena gente» o «amantes de su tierra ».
«máxima saliencia transversa l» cuando un adjetivo es mu-
cho más utili zado para describir a un grupo étni co que a los
demás (Sa ngrador, 1996).
Andaluces Madrileños
Alegres, abiertos, graciosos, juerguistas, amab les, Chulos, orgu l lasos, fanfarrones, clasistas.
exagerados, charl ata nes, vagos, ca riñ osos, senci llos,
bebedores, religiosos.
Aragoneses Valencianos
Testarudos, nobles, brutos, lea les. Ningún rasgo de máxima sa liencia transversal.

Castellanos Vascos
Serios, conservadores, honrados, sobrios. Separatistas, fuertes, violentos, extremistas, com il ones,
tradic ionalistas, idea listas

Catalanes Españoles
Taca ños, trabajadores, independ ientes, cerrados, Buena gente, amantes de su tierra, hosp italarios, generosos,
emprendedores, egoístas, ind ividua listas, materialistas, so lidari os, servicia les, machistas, apas ionados.
ambiciosos, antipáticos.
Gallegos Europeos
Supersticiosos, desconfiados, hogareños, aventureros, Fríos, inteligentes, responsabl es, prácticos, cu ltos.
humildes.

tenido de los estereotipos es muy diferente, tanto en ese gru po que posee cada atributo . Este procedimien-
cua nto al sign if icado de los rasgos como a la ca ntid ad to, sugerido ini cia lmente por Brigham (1971 ), puede
de atributos distintivos que lo compo nen. Por ej emp lo, utilizarse co n un doble objetivo, dependiendo de los
el estereotipo de los andalu ces tiene mu chos rasgos in tereses de la investigación . Por un lado, se puede
distintivos, y el de los valencianos ninguno. emp lear para comprobar hasta qué punto un rasgo
Una vez que se conoce cuáles son los atrib utos o característica se considera estereotíp ico o no, ca l-
que co nstituyen el co ntenido cultural del estereotipo, cul ando algú n índice que permita analizar si existen
se puede utilizar ese li stado para medir el grado de creenc ias compartidas sobre la as ignación de un atri -
estereotip ia de cada persona. buto. Ese índi ce puede estimarse, por ejemp lo, esta-
bleciendo corno criterio que la mayoría de la muestra
adjudique dicho atributo a un porcentaje superior al
Estimación de porcentajes 80% de los miembros del grupo en cuestió n. Por otro,
p uede serv ir para medir el grado de estereotipi a, un a
Otro de los métodos que se ha utilizado frecuente- vez que se sabe cuál es el contenido de los estereoti-
mente para la med ida de los estereotipos se basa en la pos. Supongamos que se ha comprobado que el conte-
estimación del porcentaje de mi embros de un determi- nido del estereotipo sobre un grupo incluye los rasgos
nado grupo que posee una ca racterísti ca o atrib uto. El «limpi os » e «introvertid os». Si un a persona seña la que
procedimiento cons iste en pedir a los participantes del el 80% de los miembros del grupo son limpi os y que
estudio que indiquen el porcentaje de individuos de el 75% son introvertidos, estereotipa más que otra que
INTRODUCCIÓN A LA PSICOLOGÍA SOCIAL

crea que son limpios el 30% e introvertidos el 40%. El siguiente ejemp lo pretende ilustrar algu na de las
De ese modo, se puede med ir de forma esca lar (con ventajas de emplear esta medida. Si una persona cree
un rango de O a 100) hasta qué punto cada persona que el 60% de las mujeres son «compasivas» y entre
suscribe el estereotipo (véase, por ejemplo, López- los hombres lo son el 20%, estará adj udi ca ndo una ca-
Sáez y Li sbona, 2009). racterística que es estereotipadamente femenina más a
las mujeres que a los hombres. En este caso, la razón
diagnóstica en ese rasgo será 3. Si otra persona dice
La razón diagnóstica que el 60% de las mujeres son compas ivas y el 50%
de los hombres también, su razón diagnóstica se rá
La razón diagnóstica se co ncibe como una med ida 1,2. Ambas personas han asignado igua l porcentaje a
de los estereotipos que permite predecir la probabili- las mujeres, pero lo importante es en qué proporción
dad de asigna r una característica más a un grupo que asigna más esa característica en compa rac ión con los
a otro (Allen, 1996; McCauley, Stitt y Segal, 1980). hombres. Es más probable que la primera persona, al
Esta med ida, al igual que la anterior, es útil tanto para valorar a una mujer de la que no tiene otro tipo de
comprobar el contenido de los estereotipos co mo para información, crea que va a ser compas iva, por el mero
eva luar el grado de estereotipia. Para ca lcular esa ra- hecho de que se trata de una muj er y no de un hom-
zón, se divide el porcentaje as ignado a los miembros bre. No obstante, si valora a una mujer que ya conoce,
de un grupo al que se supone que se estereotipa en de la que sabe que es mu y dura y que no se co nmueve
una determinada ca racterística (numerador de la ra- fáci lmente, no va a atribuirle la ca racterística estereo-
zó n) por el porcentaje que se asigna a la población en tipada ele compas iva.
general o a los miembros de otro grupo co n el que se Además ele eva luar la proporción en la que un ras-
les compara (denominador). Por ejemplo, para deter- go es estereotipado o no para un grupo, esta técnica
minar mediante la razón diagnóstica si el rasgo «reli- permite obtener una medida individual de estereoti-
giosos » es estereotípico de los marroquíes se dividiría pia, a partir de la suma de las razones diagnósticas de
el porcentaje que se as igna a ese grupo (s upongamos los diferentes rasgos estereotipados. En este caso, se
que es 75%) por el porcentaje que se asigna a la po- empl ea un cuestionario que recoge ca racterísti cas que
blación genera l (p.e., 50%) . Si la razón obtenida en reflejan el conten ido de los estereotipos cu lturales y se
la muestra es estadísticamente superior a uno (cuanto trata de medir en qué proporción cada persona asigna
mayor sea, mejor refleja el estereotipo), esa ca racterís- más esos atributos al grupo estereotipado que a otro
tica es importa nte para representar al grupo. En este con el que se compara.
caso, el porcentaje de marroquíes que se perciben Resumiendo lo que se ha comentado en los epí-
como religiosos es mayor que el que se atribu ye a las grafes anteri ores, independientemente de la técnica
personas en genera l (la razón diagnóstica sería 75/50 empleada, cuando el objetivo es medir el co nten ido
= 1,5). Por el co ntrario, si es inferior a uno, ese atributo de los estereotipos de un grupo, lo importante es que
no representa al grupo; resultado que obtendríamos si esa medida refleje las características que se as ignan
se piensa que el rasgo ambi cioso es menos probable diferencialmente a ese grupo; cuando el objetivo es
en los marroquíes (p.e., 20%) que en la población ge- med ir la estereotipia, la medida tiene que recoger la
neral (p.e., 60%). La razón diagnóstica en este caso variabi I idad entre las personas que estereotipan y las
sería 0,33 (20/60). Lo interesante de esta medida es que no y, por lo tanto, es necesario conocer previa-
que permite determinar la proporción en que una ca- mente el contenido de esos estereotipos .
racterística se atribu ye más a un grupo que a otro.
La razón diagnóstica se ha emp leado para evaluar
el co ntenido de los estereotipos de género en muestras Otras medidas de estereotipia
estadounidenses (Martín, 1987) y españo las (López-
Sáez y Lisbona, 2009; López-Sáez, Morales y Li sbona, Puesto que los estereotipos constituyen la base
2008), ya que permite paliar algunos de los problemas cognitiva de las actitudes hacia un grupo, las mismas
asociados a las medidas generales de estos estereoti- técnicas que se emplea n para medir actitudes, tanto
pos. Así, por ejemplo, de los datos derivados de esta implícitas como exp lícitas, pueden utili zarse para me-
medida se puede deducir que, si se cree que la propor- dir estereotipi a. En el Capítu lo 6 se detalla el procedi -
ció n de hombres que poseen un rasgo (p.e., competiti- miento para el uso de diferentes técnicas ele medida
vo) es el doble que la de mujeres, en ausencia de otros de actitudes. Por ejempl o, Gardner (1973, citado en
datos específicos de una persona, la probabilidad de Huici, 1994) propuso el diferencial semántico para va-
que se le asigne más esa característica a un hombre lora r el contenido de estereotipos, así como para me-
que a una mujer será el doble en cua lquier contexto. dir diferencias individuales. Cuando se utili za con el
ESTEREOTIPOS

objetivo de estudiar el contenido de los estereotipos, Métodos de medidas explícitas


se co nsidera que un rasgo forma parte del estereoti- utilizados en el estudio de los
po cuando la med ia de las puntuaciones asignadas se estereotipos
desvía sign ificativa mente de la media teórica (igual- Lista de adjetivos
mente, se puede utilizar este proced imiento con esca-
Describa los rasgos que definen más adecuadamente
las tipo Likert de diferentes rangos . Una de ell as puede
a los madrileños
ser la estimación de porcentajes que es, en rea lidad,
una esca la de un rango de O a 100). Seleccione, a partir del siguiente listado, los cinco
adjetivos que mejor describen a los madrileños
Como ejemplo de esta primera ap li cac ión del di-
ferencial semántico, imaginemos que se ha eva luado Estimación de porcentajes
a los alemanes en una seri e de rasgos mediante una ¿Qué porcentaje de madrilei'ios cree usted
esca la que osc il a de 1 a 7 y las puntuaciones medias que es servicial?
obtenidas han sido: ami stosos/hosti les (4); trabajado-
Razón diagnóstica
res/perezosos (1) y ordenados/desordenados (2) . Según
estas puntuaciones, el estereotipo de los alema nes in- Estime el porcentaje de madrileños que son serviciales
cl uye los rasgos trabajadores y ordenados, ya que son Estime el porcentaje de personas serviciales en la
los más polarizados, es decir, los que obtienen puntua- población general
cio nes más extremas, mientras que el rasgo am istoso Diferencial semántico o atributos bipolares
no forma ría parte del estereotipo, porque se sitúa en
Señale en qué medida los madrilei'ios son:
la media teórica de la esca la. Si pretendemos utilizar
el diferencial semántico con el objetivo de medir di- Antipáticos -3 -2 - 1 O 1 2 3 Simpáticos
ferencias individuales, podemos ca lcular un índice de Escala tipo Likert
estereotipia individual sumando las puntuac iones en
Utilizando una escala de 7 (nada) a 7 (totalm ente),
las esca las que definen el estereotipo. Como ejem- evalúe a los madrilei'ios en las características que
plo de esta segu nda apl icac ión, supongamos que en presentamos a continuación: serviciales, simpáticos, .. .
la tarea que acabamos de describir una persona ha
otorgado las puntuaciones seña ladas (4, 1 y 2) y otra
las puntuaciones de 6, 2 y 3, respectivamente. En este tivación automática de dicho estereotipo, siendo más
caso, el estereotipo de la primera persona sobre los acusada en las personas co n mayor prejuicio racista .
alemanes sumaría un valor de 7, y el de la segunda un Por otra parte, Blair y Banaji (1996) comp robaron que
valor de 11 . A partir de estos datos, es posible ca lcul ar los estereotipos de género se activaban cuando se «pri-
las diferencias entre ambas acerca del estereotipo que maban », y que los efectos de la estereotipia producida
mantienen sobre los alemanes compara ndo sus pun- por el «priming» se reducía n, o incluso desaparecían,
tuaciones. cua ndo se suscitaban aspectos relacionados con la
En este epígrafe se han aportado ejemplos de desconfirmación de esos estereotipos. Estas medidas
medidas explícitas de estereotipi a. En el Capítulo implícitas se han utili zado co n frecuencia junto a otras
6 se detalla el procedimiento de med idas implíci- exp lícitas, tanto para comproba r la relación que man-
tas, co ncretame nte la preactivación o «priming» y tienen entre sí, como por su utilidad para predecir co n-
el test de asociaciones implícitas (IAT), ap li cadas a ductas relacionadas con estereotipos y prejui cios ha-
actitudes, por lo que, a continuación, consideraremos cia los grupos (Fazio y O lson, 2003). Por otra parte, los
únicamente algunos ejempl os de med ic ión implícita continu os avances en Neurociencia han posibilitado
de los estereotipos que se activan automática mente. que se incorporen métodos de in vestigación basados
Tanto el priming como el IAT se han emp leado en respuestas neuronales al estud io de la estereotipi a
en estudios sobre estereotipos de diferentes grupos: (véase Quadfl ieg y Macrae, 201 1, para una revisión) .
raciales (Winttenbrink, Judd, y Park, 2001 ), de edad
(D ijksterhui s, Aarts, Bargh y van Knippenberg, 2000),
de género (B lair y Banaji, 1996; López-Sáez, Puertas
y Sáinz, 201 1) o de estatus (Puertas, Rodríguez-Bai- FUNCIONES DE LOS ESTEREOTIPOS
lón y Moya, 2002) . Por ejemplo, en Estados Unidos,
Winttenbrink y sus colaboradores (2001) encontraron En un epígrafe anterior se ha seña lado la utilidad
que, tras activar sub liminalmente la palabra «negro» , del proceso cogn itivo de categorizac ión para clasifi-
los participantes blancos reconocían más rápidamente car a las personas en diferentes grupos en virtud de
palabras relativas al estereotipo de este grupo social una serie de ca racterísticas co munes, destacando su
(p.e., atlético, agresivo), lo que indica que ex iste ac- fu nciona li dad para la especie. Por otra parte, se ha
INTRODUCCIÓN A LA PSICOLOGÍA SOCIAL

visto que en este proceso, al activarse el esquema re- exagerados, incompl etos o simplificados que sean, ad-
ferente a una catego ría cuando nos encontramos co n vierte de la ex istencia de una base rea l. En este se nti-
un mi embro de di cha catego ría, tambi én se originan do, co mo seña la Rya n (2002), los estereotipos pueden
errores y sesgos de estereotipia. Pero los estereotipos ser útiles, lo que no implica que siempre sean exactos
no sólo tienen un papel en la categori zac ión . Tamb ién o que su uso no sea pre¡u1c1oso.
sirven para justifica r las actitudes hacia los mi embros Pero las categorías soc iales no son neutras, ni tam-
de determinados grupos, mu chas veces reaccionarias, poco los estereotipos asociados a ell as, si no que sue-
favoreciendo las desigualdades, la segregación, el en- len tener co nnotaciones positivas o negativas. En este
frentamiento mutuo e, incluso, la agresió n y las gue- sentido, se puede decir que los estereotipos cumplen
rras. Por ello, se puede afirmar que los estereotipos no una función motivacional para la persona al corres-
sólo refl ejan las situaciones sociales, sino que sirven ponder a una división de su mundo soc ial de acuerdo
para expli ca rl as, contribuyendo, a veces, a co nfigurar con sus valores en categorías diferentes y, en genera l,
la rea lidad social (Sangrador, 1996). «mejores » y «peores »: muj eres versus hombres; negros
Según Tajfel (198 1/ 1984), el funcionamiento y el versus blancos o gitanos versus payos. El co ntenido de
uso de los estereotipos se pueden estructurar en dos los estereotipos puede co ntribuir a mantener los valo-
bloques que aluden, respectivamente, a las fun cio- res de la persona relacionados con diferencias socia-
nes individuales y sociales que cumplen este tipo de les. Si alguien cree que las muj eres deben ocuparse
creencias. Entre las funcio nes individuales o psicoló- más de la casa y de los hijos y no dedicarse tanto a la
gicas, este autor diferencia entre una función cognitiva vida profesional co mo lo debe hacer su marido, lo po-
asoc iada al proceso de ca tegorización y otra de ca rác- drá ju stifica r sobre la base de los estereotipos (so n más
ter mo tivacional, orientada a la defensa y protección amab les, más cuidadosas, pero menos fuertes) . De for-
del sistema de valores de cada persona. Junto a estas ma similar, las personas que defienden va lores racistas
funciones individuales, Tajfel apunta otras dos de índo- o xenófobos podrían justificar la discriminación y que
le social. En prim er lugar, seña la su importancia para haya más blancos en puestos importantes, o que no se
generar diferencias en la valoración de unos grupos dé un empl eo a un gita no, basándose en los estereoti-
respecto a otros . Fun damentalmente, esta diferencia- pos negativos sobre estos grupos .
ción se aplica al clasificar (catego ri zar) a las personas Estos procesos cognitivos y motivacionales entron-
como miembros del endogrupo o del exogrupo. En se- can con las funciones sociales seña ladas por Henri Taj-
gundo lugar, destaca que los estereotipos co ntribu yen fe l. Así, debido al proceso de categori zación, tendemos
a la creación y al mantenimiento de una ideología que a acentuar tanto la semejanza entre las personas de
permite explicar y justificar las acciones hacia deter- nuestro grupo, como las discrepancias que tenemos con
minados grupos (guerras, prohibiciones y, en general, las de otros grupos, de modo que las diferencias «no-
todas las co nductas de discriminación). Veamos co n sotros-ell os» sea n patentes. De esta forma, una de las
algo más de detalle en qué consisten estas funciones . funcion es sociales de los estereotipos es, precisamente,
Como se ha pu esto de manifiesto en apartados an- valorar diferencia/mente a los miembros del endogrupo
teriores, los estereotipos tienen su origen en el proceso y el exogrupo, fomentando la visión positiva de nuestro
de categorización, función esencial para el individuo, grupo en compa ración con los otros, es decir, produ-
ya que le permite manejar con mayor faci lidad la enor- ciendo «favoritismo endogrupal» (p. e., los europeos
me compl ej idad de su entorno social al simplificarlo. so n más cultos y los america nos más materialistas).
Sin duda, clasificar a las personas en categorías (p.e., Como se indica en los Capítulos 5 y 13, para la teoría
hombres y muj eres, j óvenes y ancianos, méd icos y pa- de la identidad social (Tajfel y Turner, 1979) este su-
cientes) nos permite funcionar mejor en nuestro con- puesto es básico para comprender la identidad social
texto social, ya que los esquemas asociados a ellas nos de las personas y las relaciones intergrupales. El favo-
facilitan la organizació n y el uso eficaz de información ritismo hacia el propio grupo, en comparación con los
relevante sob re un grupo. Así, a pesar de que los ses- exogrupos, se fundamenta en las diferencias en valora-
gos que originan pueden llevar a percepc iones erró- ció n de unos grupos respecto a otros, y la justificac ión
neas, los estereotipos nos aportan informac ión sobre la de la discriminación hacia ellos está relacionada con
co nducta esperada de una persona, en contextos dife- la búsqueda de una identidad social positiva. Una de
rentes, en función de su pertenencia grupal (p. e., pue- las co nsecuencias de los estereotipos es que afecta n a
den exp lica r las distintas actitudes y comportami entos nuestra propia identidad soc ial (a nuestro yo) y, por esa
de jóvenes y ancianos), con el co nsiguiente ahorro de razón, también tienen consecuencias motivacionales
esfuerzo cognitivo. Aunque no son ni mucho menos que influyen en nuestra autoestima.
exactos, no hay que descartar la existencia de un cier- La percepción de los miembros de unos grupos de
to «fondo de verdad » en los estereotipos que, por muy forma más negativa que los de otros faci lita la justifica-
ESTEREOTIPOS

ción y racionalización de ciertas conductas discrimina- tenece a un grupo negativamente estereotipado se ve


torias. Por ejemplo, la sobreprotección a las mujeres se afectado c uando es consciente de los prejuicios aso-
expl ica por el estereotipo femenino (véase el Capítulo c iados a su grupo respecto a una determinada tarea
12), o la negativa de ofrecer un puesto de trabajo a un (por ejemp lo, las mujeres no están capacitadas para la
gitano puede basarse en las creencias estereotipadas tecnología), de modo que ll ega a sentirse amenazada
hacia este grupo étn ico (p. e. incultos y suc ios), clara- porque su rendimiento pueda confirmar ese estereoti-
mente nocivas, que se comparten en nuestra sociedad. po negativo sobre las capacidades de su grup o (Shapi-
Es precisamente ese carácter compartido lo que hace ro, 2011; Stee le, 1997; puede encontrarse una buena
que los estereotipos sirvan para expl icar acontecimien- revisión de la investigación sobre este tema en los artí-
tos sociales: cómo actúa n los grupos, por qué lo hacen cu los de Maass y Cadinu, 2003 y de Schmader, Johns
y cómo se conforma y mantiene la estructura socia l. Las y Forbes, 2008). La explicación de este fenómeno, am-
guerras, los ataques terroristas y, en general, las dife- pliamente contrastado, se basa en diferentes procesos
rencias estructurales (p. e. de clase social o de género), ps ico lógicos que, si se dan juntos, pueden ocas ionar
basadas en la discriminación y en el desprecio del otro una espec ie de «hecatombe» que ll eva al fracaso en la
por su pertenencia grupa l, constituyen un triste ejemp lo tarea. Rec ientemente, se ha documentado en el ámbi-
de esta función de justifi cación de la disc riminación . to académico de la medicina que el estereotipo negati-
El uso de creencias estereotipadas puede ocas ionar vo ex istente sobre las mujeres líderes puede ocasionar
graves problemas para aquel los grupos c uyo estereoti- una disminu c ión de su rendimiento cuando desempe-
po es negativo. La amenaza del estereotipo co nstituye ñan estos puestos (B urgess, Joseph, van Ryn y Carnes,
un buen ejemp lo de ell o. Este co ncepto se refiere al 2 01 2), lo qu e expli ca ría su infrarrepresentación. En el
hecho de que el rendimiento de una persona que per- Cuadro 11.4 se expone co n más deta ll e este proceso.

«Soy mujer, negra y pobre, luego se me dan mal las tareas intelectuales». Elena Gaviría
Aunque parezca mentira, no es lo mismo que un chico las circunstancias aprop iadas para provocarla . Así, se ha
suspenda un examen de matemáticas y que lo suspenda una encontrado que afecta a los negros en tareas intelectuales,
chi ca. Sin tener más información sobre estos hechos, en el a las mujeres y a los latinos en tareas matemáticas, a los
primer caso el resultado se suele atribuir a la falta de esfuer- hombres en tareas relacionadas con sensibi lidad emocio-
zo; en el segundo a que «a las chicas se les dan mal las ma- nal, a los blancos en pruebas atléticas ... en fin, todo depen-
temáticas». No se trata de una interpretación atípica, propia de de la categoría que saquemos a relucir, y de con quién
de sexistas fanáticos, sino de un suceso tan frecuente que nos comparemos. Por ejemp lo, en situación de amenaza,
ha merecido la atención de diversos investigadores, no sólo los hombres occidentales rinden más en tareas matemáticas
por el interés del fenómeno en sí, sino por los efectos que que las mujeres occidentales, pero menos que los hombres
producen en los sujetos tales interpretaciones, en concreto, asiáticos. Y se da la paradoja de que las mismas mujeres
un descenso real del rendimiento y, a la larga, un desinterés asiáticas rinden menos cuando se hace sa liente su género y
total por el tema o, incluso, un riesgo para la sa lud. más cuando se hace saliente su origen cultural (Shih, Pittins-
Pero, ¿en qué cons iste exactamente este proceso? Se ky y Ambady, 1999).
produce cuando, en la situación concreta en la que se reali- A pesar de ser un efecto tan ampliamente documenta-
za la actividad, se dan las siguientes condic iones: a) se hace do, hasta hace poco no se sabía muy bien qué meca nismos
saliente la pertenencia grupal, dejando muy claro en qué intervienen en él, debido a las limitaciones de las medidas
categoría se cl asifica a la persona; b) ésta se identifica con de autoinforme en las que se basaban los estudios. La in-
ese grupo o categoría; y c) ese grupo se describe, explícita troducción de medidas conductua les y basadas en técnicas
o implícitamente, como poco competente en ese ámbito, de Neurociencia Social permite ana lizar el fenómeno des-
es decir, está estereotipado como incompetente para ese de varios niveles (Derks, lnzlicht y Kang, 2008). Así, en los
tipo de tareas. De ahí que este fenómeno se conozca como últimos años se ha llegado a determinar que no se trata de
«amenaza del estereotipo» (Steele y Aronson, 1995; Steele, una reducción del esfuerzo para afrontar la tarea, ni de que
Spencer y Aronson, 2002). existan presiones externas para que las personas se ajusten
Los estudios realizados hasta ahora han mostrado cómo al estereotipo negativo de su grupo. Más bien parece tratarse
las personas rinden mal en una tarea cuando se hace salien- de una combinac ión de factores cogn itivos y motivaciona-
te de alguna forma su pertenencia a un grupo estigmatizado les. Por una parte, se da un descenso en las expectativas de
(por ejemplo, haciéndoles consignar al principio el sexo o el eficacia unido a un aumento de ansiedad o estrés ante la
grupo étn ico a que pertenecen), y cómo esas mismas perso- posibilidad de confirmar el estereotipo negativo existente de
nas rinden igual que las demás cuando dichas condiciones su grupo. Esa preocupación hace que las personas dediquen
desaparecen. su atención a su propio rendimiento -para «no fal lar»- más
El lado «justo» de este fenómeno es que nadie está li- que a la tarea en sí y, al mismo tiempo, intenten reprimir o
bre de semejante amenaza. Todo es cuestión de dar con negar esas emociones negativas para no ponerse en eviden- ►
INTRODUCCIÓN A LA PSICOLOGÍA SOCIAL

c ia ante los demás. Todos estos procesos supo nen un con- presentar las pruebas académicas de fo rm a que no hagan
sumo de los recursos cognitivos que serían necesari os para sa li entes las diferenc ias grupales, poner énfas is en la capaci-
rea liza r correcta mente la tarea . dad de todos los alumnos para lograr notas más altas, activar
Estos efectos se han encontrado no sólo en estu dios de en los miembros del grupo estigmati zado su pertenencia a
labo ratorio, sino en situaciones rea les y desde edades muy una ca tegoría que no esté negativamente relacio nada con
tempranas. El contexto escolar es especialmente propi cio, la tarea (por ejemplo, en una prueba de matemáti cas, hacer
dado su énfas is en la eva luación de las capaci dades. Ade- sa liente la comparación entre cl ases o colegios, no entre se-
más, la multiculturalidad que caracteri za actualmente los xos, de form a que las chi cas no se sientan amenazadas por
centros educativos hace que éstos sean un campo abonado el estereotipo negativo que se ti ene de las mujeres para ese
para este tipo de amenazas. Algunas de las soluciones que tipo de tareas), o fomentar las oportunidades de contacto y
se han propuesto son: in culcar en los individuos la idea de ami stad entre etni as.
que la inteligencia no es una entidad fij a, sino maleable,

Otra fun ción de los estereotipos es la de control bl ec ido, a ju stifi ca rl o y a reprodu c irl o. Po r ejempl o, las
social (Fi ske, 1993). Los estereotipos control an el com- diferencias de clase o las diferencias entre hombres y
po rtami ento de las perso nas de dos maneras. Por una muj eres como sistemas soc iales inju stos.
parte, describen cómo so n y se compo rtan los indi- Si empre, un sistema con des igualdades soc iales re-
viduos que pertenecen a un determin ado grupo. Por qui ere un a just ificac ió n ideo lógica fund amenta l e im-
otra, prescriben cómo deben ser y compo rtarse esas po rtante para mantenerse, y los estereoti pos servirían a
personas. En el primer caso actú an como un ancl a que esa fun c ión ideo lóg ica de ju stifi cac ió n del sistema. Po r
marca lo que es no rm ativo, ej erciendo as í un a pres ió n ej empl o, la ideo logía en torn o a la ética protestante
implíc ita en los mi embros del grupo estereotipado del trabaj o, que se basa en que cada perso na ti ene lo
pa ra qu e se aj usten a las expectati vas qu e se ti enen qu e se merece (a qu ell o po r lo qu e ha trabaj ado y lu-
sob re ell os. En el segundo caso, la pres ió n de los este- chado), co ntribu ye a mantener un o rd en soc ial inju s-
reotipos es más explíc ita, y pueden dar luga r a sa nc io- to en el que ex isten diferencias de cl ase importantes.
nes si un a person a actú a de form a contraestereotípi ca, Los auto res ponen co mo ej empl o que los estereot ipos
como veremos después al abordar los estereotipos de sobre la cl ase baja o brera (poco inteli gentes, in com-
género. Por tanto, al limitar las posi bilidades de los petentes, poco fi abl es ... ) pueden servir para justifi ca r
mi embros del grup o estereotipado, los estereotipos re- su situ ac ió n eco nó mi ca y así sustentar la ideo logía de
fu erza n el poder de unos grupos sobre otros. los ro les qu e se ocupan en la soc iedad y, de ese modo,
Además, de acuerdo co n Fi ske (1993), ex iste un a el sistema ex istente. Si gui endo co n su ejempl o, co mo
interacc ión entre el estatus de poder y la form a de este- los afroa meri ca nos en EEUU, después de la escl av itud,
reotipar, medi ati zada por la atenc ió n. Las perso nas que ocuparo n puestos de cl ase obrera, se les as ignaro n
ca rece n de poder prestan más atenció n a las caracterís- esos estereotipos. Es dec ir, el contenido de los estereo-
ti cas individuales de los qu e sí lo ti enen, ya que nece- tipos sobre los afroameri ca nos deriva de su pertenen-
sitan form arse impres iones prec isas y particul ari zadas c ia a la cl ase soc ial baj a. O tro ejempl o que utili za n es
para saber cómo ti enen q ue comportarse con ellos. Por el co ntenido de los estereotipos de género. Basá ndose
el co ntrario, las perso nas que ej ercen el poder no ne- en investi gaciones anteri ores (Eagly y Steffen, 1984;
ces itan tener una im agen detall ada de los grupos infe- Eag ly y W ood, 1999), se ñalan cómo el co ntenido de
riores para dominar en las interacc iones con ellos, por los estereotipos de género ti ene su origen en los ro les
lo que no prestan atención a sus ca racterísti cas idios in- que hombres y muj eres han mantenido a lo largo del
crás icas, sino que se basan en el esquema general de ti empo. A su vez, la ca usa de las actu ales diferenc ias
los estereotipos. Estas diferencias ti enen que ver con el en rol es entre hombres y muj eres so n los estereotipos
motivo bási co de co ntrol, es dec ir, con la neces idad de de género, ya que sirven pa ra justifi ca r esas diferen-
sentirse competentes en la interacc ión con los demás. c ias: pu esto que las muj eres son más ca riñ osas, qu e se
Fin alm ente, otro enfoqu e sumamente interesa nte qu eden cuidando de niñ os y enferm os; puesto qu e los
sobre la fun ción soc ial de los estereotipos es el apor- hombres son más agres ivos y competi tivos, que traba-
tado por la teoría de la justificación del sistema Uost y j en fu era de casa y ocupen puestos de direcc ió n.
Banaji, 1994), en el que se abord a la importancia qu e Un argumento muy impo rtante de esta teoría man-
ti enen los estereotipos en re lac ió n co n las ideo logías ti ene qu e los mi embros de los grupos en desventaja
qu e sosti enen un si stema soc ial en el qu e ex isten des- tambi én sosti enen esos estereotipos. Los estereotipos
igualdades. La idea central de esta teoría es que los son estru cturas cognitivas socialmente compartid as
estereotipos hac ia los grupos que están en desventaj a por todos los mi embros de un a cultura y esos estereo-
contribu yen a que se mantenga el o rd en soc ial esta- tipos culturalm ente aceptados pu eden influir auto má-
ESTEREOTIPOS

ti ca mente en la condu cta de modo inconsciente. Los


estereotipos compartidos e inco nscientes expli carían
cómo personas que pertenecen a grupos estereotipa-
dos, y a las que esos estereotipos les perjudi can, sin
embargo los suscriben y los apli ca n a otros miembros
de su grupo e, incluso a ellas mi smas.
Por otra parte, la teoría aborda el tema del «fon-
do de verdad » de los estereotipos, es decir, hasta qué
punto refl ejan la rea lidad aunque la exageren, negan-
do que esas creenc ias sea n verdaderas en su ori gen.
Lo que sucede es que, aunque los estereotipos sean
fa lsos ori ginari amente, acaban siendo ciertos porque
las personas se conforman a aquello que los demás es-
peran de ell as y, por ese motivo, actú an de modo que
confirman los estereotipos (un ejemplo de la profecía
autocumplida). Debido a una situación de desigual- El contenido de los estereotipos pu ede va ri ar a lo largo del ti empo y
dad sistémica, es más fácil que un afroa meri ca no se en func ión de los cambios sociales. As í, antes de la llegada de Hitl er
pl antee la vida para ser un obrero que para acceder a al poder, los alemanes no mantenía n un estereoti po ta n negativo de
los judíos.
un puesto de ejecuti vo, por muchas razones: económi-
cas, de apoyo soc ial o de co nfianza en sí mi smo.
Por último, hay que puntu ali za r que esta teoría es fo rma sistemáti ca, ya que se pensaba que difícilmen-
apli cabl e a algunos estereotipos, no a todos . La justi- te se podrían enco ntrar principi os generales homogé-
fi cac ión del sistema se refiere a procesos psico lógicos neos apli cab les a cualquier tipo de estereotipos, mien-
que ti enen que ver con situ aciones de orden social tras que en el estudi o de los procesos impli cados en
que contribu yen a que se mantenga n diferencias en la estereotipi a sí se ha investigado cómo se puede ge-
relaciones de poder, a pesar, incluso, de que tenga n nera li za r a través de distintas situaciones y co ntextos.
con secuencias negativas para determinadas personas Recientemente, Su san Fi ske y su equipo han ini cia-
o grupos, que ll egan a admi tirl as co mo razonabl es. do una I ín ea de investi gación sistemáti ca en torno al
co ntenido de los estereotipos, basada en el postul ado
de que las creencias estereotipadas sobre un grupo se
fundamentan en las relac iones estru cturales que man-
EL MODELO DEL CONTENIDO DE LOS tienen los grupos (Fi ske, Cuddy, Glick y Xu, 2002; Fi s-
ESTEREOTIPOS ke, Xu, Cuddy y Gli ck, 1999). Según el modelo del
contenido de los estereotipos, propuesto por estos au-
Como ya hemos señalado, las ca racterísti cas o tores, las creencias estereotipadas pueden agruparse
atributos que se asocian a los miembros de un grupo en torno a dos dimensiones:
se refi eren a diferentes fa cetas del ser humano, como
rasgos de personalidad (trabaj adores, amabl es, inteli- a) competencia o ca pacidad instrum ental, que in-
gentes, alegres), rasgos físi cos (rubi os, altos, atl éti cos) cl uiría ca racterísti cas asociadas a inteli gencia,
o ro les y ocupaciones (amas de casa, deporti stas, artis- habilidad para alca nza r metas presti giosas ora-
tas). Asimismo, el contenido de los estereotipos pu ede cionalidad, y
va ri ar en fun ción de los ca mbios sociales y a lo largo b) cordialidad, en la que se agruparía aquel con-
del ti empo, ofreciéndonos la Histori a múltiples mues- tenido que se refi ere a ca racterísticas relaciona-
tras de cómo ca mbi an las creencias sobre grupos. Por das con aspectos como amabilidad, honestidad,
ejemplo, antes de la ll ega da de Hitler al poder, los ale- simpatía o sinceridad.
manes no tenían una visi ón tan negativa de los judíos
como la que se desarroll ó a partir de la propaganda Ambas dimensio nes ya habían aparecido de form a
nazi. Del mismo modo, la incorporación de las mu- consi stente en investi gaciones anteri ores sobre per-
jeres al mercado laboral ha producido un ca mbi o en cepción de personas, así co mo en estudios rea li zados
los ro les sociales a los que tradicionalmente se les aso- con grupos nacionales. Asimi smo, co mo veremos más
ciaba, lo que, a su vez, ha supuesto un ca mbio en las adelante, la competencia y la co rdi alidad refl ejan las
creencias estereotipadas sobre ro les de género. Debi- dos dimensiones cl ási cas que se han obtenido en el
do a esa va ri abilidad que ca racteri za el contenido de ámbi to de los estereotipos de género: in strumental/
los estereotipos, su estudio no se ha abordado de una agente y expres ivo/comunal.
INTRODUCCIÓN A LA PSICOLOGÍA SOCIAL

Según el modelo, cuando evaluamos a los miem- Por lo tanto, teniendo en cuenta, por un lado, las
bros de grupos sociales podemos considerarlos altos o relac iones estructurales de estatus y co mpetitividad
bajos, tanto en competencia como en co rdi alidad. De entre los grupos, que determinarían las percepciones
este modo, estas dos dimensiones se pueden combi- de co rdi alidad y co mpetencia, se puede predecir qué
nar dando lugar a cuatro posibles catego rías: compe- tipo de emociones incitará cada grupo y el tipo de pre-
tentes y cordi ales, competentes y fríos (no cordi ales), juicio que induce n. En el Cuadro 11 .5 se presenta el
cordiales e incompetentes, fríos e incompetentes (véa- tipo de emociones (en rojo) y de prejuicio asociados
se el Cuadro 11 .5). Por tanto, los estereotipos pueden a las categorías derivadas de las dimensiones de co m-
contener características positivas y negativas co njun- petencia y cord ialidad, así como los grupos a los que
tamente, es decir, pueden ser mixtos. Esto se refl eja se les asocia, a partir de los resultados obtenidos en
en que una alta competencia suele estar acompañada los estudi os de los autores del modelo (Cuddy, Fi ske y
de baja cordialidad, mientras que una alta co rdi alidad Glick, 2008; Fi ske et al., 1999, 2002).
suele ir acompañada de baja competencia. Todos estos planteamientos se han demostrado de
Como hemos señalado, Fiske y sus co laboradores fo rma consistente en diferentes estudi os realizados
postul an que las creenc ias estereotipadas que se man- dentro y fuera de Estados Unidos (B rambill a, Carnaghi
ti enen sobre los miembros de un grupo en co rdi alidad y Ravenna, 20 11 ; Cuddy, Fi ske y Glick, 2007, 2008;
y competencia derivan de las relaciones estru cturales Cuddy, Glick y Beninger, 20 11 ; Cuddy et al., 2009;
entre los grupos. Concretamente, de las eva luaciones Fiske, 2012; Fiske et al., 1999, 2002; López-Rodrí-
que rea li za mos acerca del estatus que poseen y de si guez, Cuadrado y Navas, 20 13) . El Cuadro 11 .6 re-
compiten o no con nuestro grupo por la obtención de sume los principales resultados de las investi gaciones
recursos. Así, Fiske y sus co legas comprueban empíri- rea li zadas sobre este modelo. Asimismo, en muestras
ca mente que: españolas, se ha enco ntrado que la activación de las
dimensiones de competencia y co rdi alidad se produce
1) los grupos se perciben como más competentes de manera automática en relación co n dos aspectos,
si tienen alto estatus y poder, y co mo más in- como son el poder (Betancor, Rodríguez, Rodríguez,
competentes si su estatus y poder es bajo; y Leyens y Qui les, 2005; Puertas et al., 2002) y los este-
2) los grupos se perciben co mo cord iales si coope- reotipos de género (Lemu s, Moya, Bukowski y Lupi á-
ran con nuestro grupo (o si no co mpiten co n él ñez, 2008).
por recursos), y como fríos si compiten con él. Hasta aquí se han tratado aspectos generales de los
estereotipos, co mo son su definición, medida, conte-
A su vez, los autores del modelo establ ecen, y de- nido y funciones. Debido a la importancia que revis-
muestran empíricamente (Fiske et al., 2002), que el es- ten, así como al interés que suscita n los estereotipos
tatus y la competitividad, así como las percepciones de relacionados co n el significado y las consecuencias
cordialidad y competencia derivadas de estas variables, que tiene ser muj er u hombre en el mundo co ntempo-
determinarían el tipo de emoción (p. e., envidia, compa- ráneo, el siguiente epígrafe está destinado a aborda r el
sión, desprecio o admiración) que los grupos suscitan. estudi o de los estereotipos de género .

Ejemplo de cuatro tipos de exogrupos. Combinación del estatus y la competitividad y


las formas de prejuicio correspondientes en función de la percepción de cordialidad y
competencia (adaptado de Fiske et al., 2002)
COMPETEN
CORDIALIDAD
Baja Alta
Prejuicio Paternalista Admiración
Bajo estatu s, no competitivos Alto estatus, no competitivos
Alta Compasión, simpatía Orgullo, admiración
(Personas mayores, personas con (Endogrupo, grupos aliados)
discapacidad, amas de casa)

Prejuicio despectivo Prejuicio envidioso


Bajo estatus, competitivos Alto estatus, competiti vos
Baja
Desprecio, aversión, ira, resentimiento Envidia, celos
(Receptores de ayudas soc iales, pobres) (Asiáticos, judíos, ri cos, feministas)
ESTEREOTIPOS

Resumen de los resultados obtenidos en la investigación utilizando el modelo del contenido


del los estereotipos
■ Los gru pos estudiados se agrupa n según las dimensiones ■ Existe una relación negativa entre las dos dimensiones
de competencia y cordi alidad. de los estereotipos (cordialidad y competencia): la ma-
■ La mayoría de los grupos son va lorados más altos en una yoría de los grupos con alta cordi alidad se valoran como
dimensi ón que en la otra, es decir, ex iste un estereotipo incompetentes (p.e., las amas de casa).
mixto sobre ellos. ■ En fun ción del estatus y del grado de competitividad que
■ Existe una relac ión positiva entre estatu s percibido y se perci be en un grupo, el tipo de emociones y de pre-
competencia y negati va entre competiti vidad y cordia- juicio hac ia los miembros de ese grupo va ría n. Por ejem-
lidad: la mayoría de los grupos de alto estatu s y com- plo, percibir que un grupo compite con el nuestro ge-
petitivos se valoran como competentes pero fríos (por nera emociones ambiva lentes hac ia sus mi embros - p.e.,
ejemplo, los as iáti cos en Estados Unidos, a los que se envidia- cuando se los considera de alto estatu s (prejui -
les considera muy competentes pero poco afecti vos y cio envi dioso) o negativas (p. e., desprec io) cuando se
sociabl es). los considera de bajo estatu s - prejuicio despectivo- .

de rol in strum ental hace referenc ia a los comporta-


LOS ESTEREOTIPOS DE GÉNERO mi entos diri gidos a la productividad, eficac ia, auto-
nomía, independenc ia y competi ción para el logro de
Definición y componentes c iertas tareas. La ori entación expresiva, por su parte, se
refi ere a todo lo relac ion ado con los fa ctores afectivo/
No es difíc il recordar situac iones en las que se rea- emoc ional y relacional, así como al mantenimi ento de
li za n afirm aciones del tipo: «las muj eres son más emo- la co hes ión gru pa l (M artín ez y Patern a, 2001 ).
c io nales y sensibl es que los hombres», o «los hombres Cuddy y sus co laboradores (2 008), al estab lecer
so n más egoístas y competitivos que las muj eres». En las relac iones entre estos términ os y las dimensiones
no pocas ocas iones a dichas afirm ac iones les siguen de co rdi alid ad y competenc ia, señalan qu e, mi entras
otras como «no se pu ede genera li za r, ni todos los la comuni ón está estrechamente relac ionada con la
hombres so n iguales, ni todas las muj eres ta mpoco». d imensión de cordi alidad, la agencia no lo está tanto
Efectiva mente, aunque esto último es cierto, no es me- con la co mpetenc ia. As í, la agencia se refiere a la rea-
nos cierto que todos mantenemos creencias sob re las li zac ión de una acc ión efi caz mente, mi entras que la
ca racterísti cas que posee n hombres y muj eres por el co mpetenc ia alude a la poses ión de habilidades y ca-
simpl e hecho de pertenecer a uno de estos dos grupos. pac idades, pudi endo tomar form a tanto de acc ión po-
Así, tendemos a pensa r, por ejemp lo, que las muj eres tencia l como rea l. Si bi en los autores no hacen referen-
son más emoc ionales, se nsib les, débil es, amantes de c ia a las relaciones entre expresi vidad y cordi alidad,
los niñ os, comprensivas, ti ernas, o afectu osas que los por una parte, y entre instrumentalidad y co mpetenc ia,
hombres. Del mi smo modo, nos inclin amos a creer por otra, parece fác il aventurar la ex istencia de dichas
que los hombres son más independi entes, ambi ciosos, relac iones, aunque se trate de términ os diferentes.
duros, agres ivos, competitivos, egoístas, o individuali s- El estudi o de los estereotipos de género se ini ció en
tas que las muj eres. Esto no qui ere decir que hombres la década de los 70 del siglo pasado y, en la actu ali -
y muj eres sea n de este modo, sin o que, compa rativa- dad, co nstitu ye un área que ha experimentado una no-
mente, tendemos a percibirl os así. Este conjunto de tori a ex pansión. Los numerosos y excelentes trabajos
cree nc ias compartid as socialmente sobre hombres y (tanto de ca mpo como de laboratori o) ll evados a ca bo
muj eres, que se suelen apli ca r de manera indi scrimin a- en las déca das de los 80 y los 90, permiti eron que
da a todos los mi embros de cada uno de estos grupos, en los tribunales se tu viera en cuenta la literatura psi-
es lo que co nocemos como estereotipos de género. cosoc ial existente sobre estereotipos de género (p. e.,
En la investi gación sobre el género, lo relacionado el conoc ido caso de Ann Hopkins contra Price Water-
con la dim ensi ón fem enina rec ibe el nombre de ex- house; véase, p. e., Cuadrado, Navas y M olero, 2006).
presivo o comunal y lo relacionado co n la dimensión El crec imi ento de los estudi os sobre los estereotipos
masculina se denomina instrum ental o agente. Así, tra- de género ha sido imparab le, lo que nos ha permi ti-
dic ion alm ente la masculinidad se ha asoc iado co n la do co nocer amp li amente aspectos sobre su desarroll o,
ori entación agéntica y la feminidad co n la co mun al co ntenido, procesos y co nsec uencias, en los que nos
(Bakan, 1966) . Esta distinción surge, a su vez, de la centraremos a continu ac ión.
rea li zada por Parsons y Bales (1955 ) entre las ori enta- Las primeras investi gaciones que confirm aron em-
cio nes de ro l in strumental y expres iva. La ori entación píri ca mente la ex istenc ia de los estereotipos de géne-
INTRODUCCIÓN A LA PSICOLOGÍA SOCIAL

estereotipos de género), sino tambi én a roles, ocupa-


ciones y ca racterísticas fís icas.
Los estereotipos de rasgo hacen referencia a las ca-
racterísticas de personalidad que se cons idera que de-
finen de manera diferente a hombres y muj eres. Aquí
entrarían los ejemplos presentados hasta el momento
(p. e., las muj eres son más emocionales, sensibles, se
preocupan más por los demás, y los hombres son más
agresivos, independientes, competitivos). Los estereo-
tipos de rol inclu ye n la s fun ciones que se co nsidera n
más apropiadas para hombres y muj eres. Así, segú n los
estereotipos, tradicionalmente las mujeres está n más
preparadas para cuidar de los hijos y rea li za r ta reas
domésticas, mientras que los hombres lo está n para
ejercer el papel de líderes. Las ocupaciones también
están estereotipadas; por ejemplo, se espera que haya
más mujeres maestras, peluqueras, enfermeras o tra-
bajadoras sociales porque estas actividades se co nsi-
Ann Hopkin s. En su lucha lega l contra Price Waterhouse se demos-
tró que los estereotipos de género desempeñaron un papel funda-
deran típi ca mente femenin as, mientras que esperamos
mental en el rechazo ele la co mpañía a que parti cipara en ell a como que las profesiones de piloto, mecánico, bombero, o
socia, siendo mujer. Im portantes psicó logas sociales formaron parte ca rpintero sea n desempeñadas por hombres, pues son
del proceso (p. e., Susan Fi ske) . típi ca mente masculinas. Finalmente, ex isten ciertas
características fís icas que se co nsidera n más propias
de mujeres (p. e., voz suave, complexión ligera) y otras
ro se lleva ron a cabo hace más de tres décadas (B ro- de hombres (p. e., son más altos, más fu ertes, tienen
verm an, Vogel , Broverman, Clarkson y Rosenkrantz, la voz grave).
1972; Rosenkrantz, Vogel, Bee, Broverman y Brover- Estos componentes son relativamente independien-
man, 1968). En ell as se les so li citó a un primer grupo tes, pero basándose en uno de ellos la gente extiende
de estudiantes estadounidenses que indi cara n cinco sus jui cios a los otros tres. Así, una vez asignada una
ca racterísti cas que, a su jui cio, describi eran a una etiqueta de género a una persona, rea li za mos inferen-
«mujer típica » y cinco que describieran lo que la ma- cias sobre su apariencia, sus rasgos de personalidad,
yoría de las personas co nsideraban una «muj er típica ». sus co nductas de ro l y su ocupac ión. De este modo, la
Posteri ormente debían repetir esta tarea pensando en información sobre un componente afecta al resto, ya
el «hombre típico ». Los investigadores obtuvi eron un que tratamos de mantener co nsistencia entre ellos. Por
li stado de 122 adjetivos bipolares (p. e., independiente ejemplo, si nos dicen que un hombre se encarga de
vs. dependiente). En una segunda fase, una muestra de las tareas del hogar y del cuidado de los hijos es bas-
hombres y otra de mujeres debían indi ca r el grado en tante probab le que le describamos como una persona
el que cada uno de esos adjetivos bipolares era ap lica- emocional y sensibl e. Y si nos dice n que una mujer
ble a un hombre típico, a una mujer típica y a sí mis- es una ejecuti va, probablemente la describamos co mo
mos. Aquellos rasgos selecc ionados por más del 75% co mpetitiva, fría y ca lculadora. En no pocas ocasio-
de la muestra como rasgos que describían a las perso- nes, cuando uno de los componentes del estereotipo
nas de uno u otro sexo se co nsideraban estereotíp icos. no encaja con el resto, tendemos a pensar «yo no me
Los resultados revelaron que ex istían 41 atributos que la/lo imaginaba así». En el Cuadro 11. 7 describimos
diferenciaban claramente a muj eres y hombres, de los dos estudios llevados a cabo en nuestro país en los que
cuales, 29 eran más ca racterísticos de los hombres (p. se investiga n varias cuestiones de las planteadas hasta
e., agresivo, independiente) y 12 de las mujeres (p. e., el momento.
preocupada por los sentimientos de los demás, con Es importa nte prec isa r, como ya se ha comentado,
neces idad de protección) . que los estereotipos de género, al igual que el resto
Posteriormente, Deaux y Lewis (1984) investigaron de los estereotipos, no ex isten úni ca mente a nivel ge-
los componentes que las person as utili zaba n para di- nera l, si no que las in vestigaciones han demostrado la
ferenciar a los hombres de las mujeres (es decir, los existencia de subtipos de hombres y mujeres sobre los
componentes de los estereotipos de género), comp ro- que existen estereotipos concretos (véase, p. e., Deau x
bando que éstos no está n referidos únicamente a ras- y La France, 1998; Deaux, Winton, Crowley y Lewis,
gos (que son los que normalmente asociamos co n los 1985; Six y Eckes, 1991 ). Por ejempl o, en el caso de
ESTEREOTIPOS

Estudios sobre los estereotipos de género en muestras representativas de la población


española
La investigación rea li zada por López-Sáez y Morales variables: edad, nivel educativo, háb itat y sexo. Los análisis
(1995) con una muestra representativa de la población es- pusieron de manifiesto que las personas de más edad, con
pañola se centra en el estudio de la estereotipia de rasgo y nivel educativo bajo, que viven en ci udades pequeñas y son
la de rol. Para comprobar el contenido de los estereotipos hombres mostraban mayor tendencia a considerar que mu-
de rasgo y el grado de estereotipi a en este com ponente se jeres y hombres deben rea lizar diferentes actividades. Estas
utilizó una med ida de razón diagnóstica (a los participantes variables, sin embargo, no influían en la estereotipia de ras-
se les presentaba un listado de 20 rasgos y se les solicitaba go, es decir, había un fuerte consenso sobre el contenido de
que indicara n el porcentaje de mujeres y hombres que, a su esta clase de estereotipos, sin que se encontraran diferencias
juicio, poseían o mostraban cada uno de esos rasgos). Para significativas entre los participantes en la proporción en que
medir el grado de estereotipia de rol, los autores emplearon asignaban más esos rasgos a uno u otro grupo.
una escala de 15 ítems sobre dilemas a los que se enfrenta Con objeto de estudiar la evo lución de los estereotipos
la mujer (p. e., ¿debe ser el padre o la mad re quien pida per- de género, los autores compararon estos datos, obtenidos
miso en el trabajo para cuidar a un hijo enfermo?). Los resul- en 1993, con otra aplicación ll evada a cabo en 2001 , tam-
tados revelaron la existencia de estereotipos en los rasgos, bién con una muestra representativa de la población espa-
es decir, había una serie de rasgos asignados más frecuen- ñola (López-Sáez, Morales y Lisbona, 2008). Los resultados
temente a las mujeres (p. e., amantes de los niños, tiernas) pusieron de manifiesto que entre 1993 y 2001 el contenido
y otros asignados con más frecuencia a los hombres (p. e., de los estereotipos de rasgo no se ha modificado, es decir,
actúan como líderes, amantes del peligro). También se en- continúan asignándose más rasgos expresivo-comunales
contraron diferencias en el grado de estereotipi a de rol: los a las mujeres que a los hombres, y más rasgos instrumen-
participantes consideraban que las mujeres debían dedicar- tal-agentes a éstos. Respecto a los roles, se halló un des-
se más a cuidar de los niños y rea li zar labores domésticas, y censo en la estereotipia, más acusado en el componente
los hombres al trabajo asa lari ado fuera de casa. No obstan- de rol laboral que en el familiar (los análisis permitieron
te, estos últimos resu ltados estaba n moderados por cuatro estab lecer la existencia de estos dos factores).

las mujeres, algunos subtipos estereotipados son las nos competente si es atractiva que si no lo es, mi en-
tradicionales (p.e., amas de casa), las independientes tras que el atractivo físico no influye en dicha percep-
(p.e., muj eres profesionales), las sexys, las deportistas, c ión cuando la muj er eva lu ada desempeñ a un puesto
o las feministas. Entre los hombres destacan los atlé- de recepcionista (G li ck, Larsen, Johnson y Branstiter,
ticos, los obreros y empleados de oficina, los ejecuti- 2005). Del mismo modo, cuando se proporcionaba
vos, o los «machos ». Las ca racterísti cas de la situación información sobre su reciente maternid ad, disminuía
pueden primar que se usen determinados rasgos aso- la atribu ción de competencia a una muj er trabajado-
c iados a diferentes subtipos al percibir a una persona. ra, cosa que no ocurría cuando era un hombre el que
Por ejemplo, se ha co mprobado que, en un contexto acababa de ser padre (C uddy, Fiske y Glick, 2004). Al
profesional, una muj er directiva puede percibirse me- final del capítulo siguiente se describirá una investiga-
c ión en la que tres subtipos de muj er (trad icional, sexy
e indepe ndi ente) son eva luadas a partir de diferentes
dimensiones.

La dimensión descriptiva y
prescriptiva de los estereotipos de
género y sus funciones

Además de lo señalado hasta el momento sobre


las dimension es de expresividad/comun alidad e ins-
trumentalidad/agencia, los estereotipos de género tie-
nen otras dos dimensiones con funciones diferencia-
das. Cuando nos referimos a las ca racterísticas que se
asocian a hombres y mujeres estamos haciendo alu-
A las mujeres a las que se considera competentes por su profes ión se sión a la dimensión descriptiva de los estereotipos. Es
les atribu yen menos rasgos de la dimensión de afectividad y cordi a- decir, con esta dimensi ón se hace referenc ia a cómo
lidad. Del mi smo modo, a la s mujeres que destaca n por su atractivo creemos qu e son y se co mportan hombres y mujeres.
fís ico se las considera menos competentes que a las poco atractivas .
La segunda dimensión de los estereotipos de género,
INTRODUCCIÓN A LA PSICOLOGÍA SOCIAL

denominada dimensión prescriptiva, tiene un carácter los aspectos descriptivos co nllevan una forma de dis-
normativo y preceptivo, e indica cómo deberían ser y criminación no intencionada. Así, los estereotipos
comportarse hombres y muj eres. Ahora el acento se descriptivos, al se r automáticos y sobre-aprendidos,
pone en las creencias sobre las características que son suelen ocasiona r un tipo de discriminación cognitiva
deseables y se esperan de cada sexo. No cabe duda («fría»), como resultado de procesos de categori zac ión
de que los estereotipos de género son más normativos y estereotipia que se aplica n de fo rma automática. En
que otros como, por ejemplo, los de edad o etni a. Así, co ntraste, los aspectos prescriptivos son conscientes y
el estereotipo femenino incluye prescripciones como provocan una discriminación intencionada, basada en
que una mujer debería ser dócil, tener hab ilidades in- reacc iones emocionales negativas hacia quienes tras-
terpersonales, cooperar con los demás, y aspectos si- greden las prescripciones de su rol de género (Glick y
milares. La trasgresión de esta prescripción puede dar Fiske, 2007). Se trata de un tipo de discriminación «ca-
lugar a fuertes sanciones socia les (Fiske, 1998). Ima- li ente» - hosti l, intencionada- que, según Fiske (1998),
ginemos, por ejemplo, cómo eva luamos a una mujer está relacionada con la amenaza percibida por los
que se compo rta de modo agresivo, duro y competiti- hombres y posee una fuerte carga emocional, toman-
vo. Normalmente esta eva luación es negativa, porque do la fo rma de eva luaciones interpersona les negativas
espera mos que las muj eres sean cá lidas, sensibles, dul- y llegando inclu so al acoso sexual. Es más probable
ces. Por su parte, si es un ho mbre el que se co mporta que sean los hombres quienes discriminen basándose
de forma cá lida, sensible y du lce, tamb ién rompe las en cree ncias prescriptivas, debido a que permite man -
prescripciones asociadas a su género (e l estereotipo tener las desigualdades de poder que les favo recen en
de los hombres incluye prescripciones acerca de que la sociedad. En contraste, hombres y muj eres pueden
deben ser agresivos, fuertes, co mpetitivos) y tambié n ser igualmente propensos a discriminar basándose en
puede ser objeto de c iertas eva luaciones negativas. creencias descriptivas, porque se trata de representa-
En este sentido, Burgess y Borgida (1999) destacan cio nes culturales que son compartidas por personas
funcio nes diferenciadas pa ra el componente descripti- de ambos sexos. Por otra parte, la discriminación pro-
vo y el prescriptivo de los estereotipos de género. Se- cede nte del compo nente prescriptivo es más fácil de
gú n estas autoras, el componente descriptivo tiene una detectar que la derivada del componente descriptivo,
fu nción cognitiva de categor ización: actúa organ izan- debido a que la primera es más explícita.
do y estructurando el flujo de información sobre hom- Huici (1984) ha revisado los estereotipos de gé-
bres y mujeres al que hacemos frente diariamente. Es nero desde la óptica de las funcion es individuales y
decir, la dimensión descriptiva de los estereotipos sim- sociales que cumplen. Por ejemp lo, se ha compro-
plifica el procesamiento de la información, med iante bado que existen diferencias en la eva luac ión de un
la representación esquemática de la realidad. En con- mismo trabajo científico dependiendo de que su au-
traste, el componente prescriptivo de los estereotipos toría se atribuya a un homb re (se valora más) que a
de género está relacionado con intereses motivaciona- una muj er. Esta autora resalta, también , la func ión de
les. Concretamente, puede servir no só lo para reforzar justificación, es decir, la vincu lación ex istente entre el
o justifica r el sistema de valores sexista de los indivi- contenido de los estereotipos de género y las prácti-
duos, sino pa ra mantener la estructura de poder social cas discriminatorias. El no asociar a las mujeres co n la
existente que favorece a los hombres, recompensando dimensión de competencia (in strumenta l-agente), y sí
a las mujeres y a los hombres que se conforman a roles con la afectiva (expresivo-comunal), sirve para justifi-
de género trad iciona les y sancionando a las mujeres ca r la ausencia de mujeres en posiciones de poder en
y a los hombres que violan esas prescripciones. Por las orga ni zac iones.
tanto, es la dimensió n prescriptiva de los estereotipos Respecto a la evo lución en el co ntenido de los este-
de género la que cump le la func ión de justificación reotipos, los estudios que han tratado de sintetiza r los
y manten imi ento del statu quo que los conv ierte en resultados de las numerosas investigaciones realizadas
un elemento de res istencia al camb io a través del cua l al respecto (p. e., Twenge, 1997; Spence y Buckner,
discriminar intenc ionadamente. Los estereotipos de 2000) revelan que, con el paso del tiempo, al eva luar a
género cumpl en de este modo una fu nción de meca- las mujeres han ido aumentando los rasgos masculinos
ni smo de control que determina lo que es normal, lo o instrumenta les que se les as ignan, manteniendo a su
que es aceptable y lo que se desvía de la norma . vez los rasgos femeninos o expresivos con los que se
En realidad, según Burgess y Borgida (1999), las las asocia. Los hombres, sin embargo, se siguen de-
dos dimensiones de los estereotipos de género dan finiendo co n ca racterísticas instrumentales, y no han
lugar a discriminación, aunque a través de procesos variado respecto a las expresivas.
diferentes. Concretamente, estas autoras indican que
ESTEREOTIPOS

RESUMEN

En este capítulo hemos tratado de aproximar- siones: la competencia y la cordialidad. Asimismo,


nos a varias cuestiones relevantes sobre el estudio el contenido de los estereotipos se relaciona con
de los estereotipos: qué son, cómo se forman y la estructura de poder y estatus de los grupos, de
mantienen, cómo se miden y para qué sirven, así forma que los grupos de mayor estatus se perciben
como las dimensiones básicas de su contenido. En más competentes que los de menor estatus. Del
general, los estereotipos pueden definirse como mismo modo, se relaciona con la competición per-
un conjunto de creencias compartidas sobre gru- cibida, de manera que los grupos que se perciben
pos sociales, que son difíciles de modificar indi- como competitivos son evaluados como «fríos », y
vidualmente, aunque recibamos información que los cooperativos como cordiales. A su vez, las res-
los desconfirme. Los principales métodos desarro- puestas emocionales originadas por los miembros
llados para medir su expresión explícita se basan de un grupo variarán en función no sólo del nivel
en las siguientes técnicas: la lista de adjetivos, la de competencia y cordialidad percibida en los gru-
estimación de porcentajes, la razón diagnóstica y pos, sino también de su estatus y de la competiti-
el diferencial semántico. También se emplean téc- vidad que se establece con ellos. Estas relaciones
nicas que miden los aspectos implícitos de los es- dan lugar a diferentes formas de prejuicio: paterna-
tereotipos, entre ellas la preactivación o priming y lista, despectivo o envidioso.
el test de asociaciones implícitas. El capítulo finaliza con un análisis de un tipo
El análisis funcional de los estereotipos ha pues- concreto de estereotipos, los estereotipos de géne-
to de manifiesto que cumplen funciones individua- ro. A partir de los contenidos presentados, pode-
les y sociales: simplifican el procesamiento de la mos concluir que los estereotipos de género son
realidad social, ayudan a diferenciarse favorable- un conjunto de creencias compartidas socialmente
mente del exogrupo, justifican acciones contra los referidas a rasgos de personalidad, roles, carac-
miembros de otros grupos, ejercen un control so- terísticas físicas y ocupaciones que se aplican a
cial y sirven para explicar la realidad social y justi- hombres y mujeres de forma diferencial y genera-
ficar el sistema social imperante. lizada, y que tienen dos dimensiones (descriptiva y
Las investigaciones en torno al modelo del con- prescriptiva) que cumplen funciones distintas y que
tenido de los estereotipos han demostrado que di- dan lugar a conductas discriminatorias a través de
cho contenido se estructura en torno a dos dimen- procesos diferentes.

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