Estereotipos de género y su impacto social
Estereotipos de género y su impacto social
OBJETIVOS
INTRODUCCIÓN
NOCIONES BÁSICAS EN EL ESTUDIO DE LOS ESTEREOTIPOS
PROCESOS IMPLICADOS EN LA FORMACIÓN Y EL MANTENIMIENTO DE LOS
ESTEREOTIPOS
MEDIDA DE LOS ESTEREOTIPOS
Lista de adjetivos
Estimación de porcentajes
Razón diagnóstica
Otras medidas de estereotipia
FUNCIONES DE LOS ESTEREOTIPOS
EL MODELO DEL CONTENIDO DE LOS ESTEREOTIPOS
LOS ESTEREOTIPOS DE GÉNERO
Definición y componentes
La dimensión descriptiva y prescriptiva de los estereotipos de género y sus
funciones
RESUMEN
LECTURAS RECOMENDADAS Y REFERENCIAS EN INTERNET
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
TÉRMINOS CLAVE
Categorización social • Dimensión descriptiva de los estereotipos de género • Dimensión prescriptiva de los
estereotipos de género • Estereotipia • Estereotipo • Estereotipos de género • Homogeneidad exogrupal •
Rasgos expresivos/comunales • Rasgos instrumentales/agentes
INTRODUCCIÓN A LA PSICOLOGÍA SOCIAL
OBJETIVOS
■ Conocer en qué consisten los estereotipos. ■ Distinguir las dos dimensiones básicas identifi-
■ Comprender los mecanismos por los que se for- cadas en el modelo del contenido de los este-
man y mantienen los estereotipos. reotipos .
■ Conocer las diversas formas de medir los este- ■ Comprender qué son los estereotipos de género,
reotipos de modo explícito. sus componentes, dimensiones y funciones .
■ Asimilar las funciones individuales y sociales
que cumplen los estereotipos.
ESTEREOTIPOS
INTRODUCCIÓN
conductu al. El componente cognitivo del prejui cio lo tas (42%), incultos (24%), desconfiados (2 1%), supers-
constituyen los estereotipos que se mantienen sobre ti ciosos (2 1%) y su cios (18%). Estos datos refl ejan ese
un grupo, el afectivo las emociones suscitadas por el co ntenido compartido, pero no todas las personas asu-
grupo, y el co nductual la di scriminación dirigida a sus men esas creenc ias en igual medida, encontrándose,
miembros. en la muestra anali zada, diferencias en las opini ones
Los estereotipos sociales son creencias sobre las individuales sobre la asignación de esas ca racterísti cas
ca racterísti cas que poseen un co njunto de personas, (Zl obin a, 2003) . El co ncepto de estereotipia se utili za
deri vadas, simplemente, de su pertenencia a un de- para referirse al grado o intensidad con que una perso-
termin ado grupo o categoría soc ial. Es decir, generali- na asume esas creencias estereotipadas y co mpartidas.
za mos, y esas característi cas se las aplica mos a cual- O tro aspecto que cabe co nsiderar sobre los este-
quier person a del grupo, aunque no la conozca mos. reoti pos es hasta qué punto refl ejan la rea lidad o son
Henri Tajfel (198 1, 1984) defin e los estereotipos co mo generali zac iones sesgadas. Esta cuestión ha dejado
imágenes mentales muy simplificadas sobre personas de tener interés para los investigadores debido a dos
o grupos que son compartidas, en sus ca racterísti cas razones. En primer lugar, porque sería imposible com-
esenciales, por gran número de personas. Como des- probar cuántos miembros del grupo co inciden co n los
taca este auto r, es fund amental co nsiderar el con sen- atributos que les asigna el estereotipo, sobre todo si se
so soc ial y cultural ex istente sobre las característi cas tiene en cuenta que buena parte de esas ca racterísti cas
y atri butos que constitu yen un estereotipo para poder se refi eren a rasgos que difícilmente son observa bl es,
co mprender los procesos psicosoc iales que subyacen co mo sinceros, desconfiados o humildes, por poner
a su fun cionamiento. algunos ejemplos. En segundo lugar, porque tratar a
La organi zac ión de los estereotipos se basa en es- cualquier individuo co mo si fuera una representación
quemas que contienen las creencias y expectati vas de su grupo nunca puede ser exacto, ya que es impo-
sobre un grupo específi co y sus miembros. Esa estru c- sibl e que una persona sea similar en todas las facetas
tura cognitiva comprende creencias sobre diferentes a la imagen que refl eja el estereotipo (Fi ske, 201 O). Por
aspectos como, por ejemplo, rasgos físicos (a ltos, mo- ese motivo, en general, los estereotipos se co nsideran
renos, débil es ... ), rasgos de personalidad (mentirosos, imágenes menta les sesgadas y poco veraces.
hábil es, ca riñosos .. .), ro les y profesiones (obreros,
amas de casa, enfermeras ...) o valores y preferencias
(interesados por la cultura, religiosos, ecologistas .. .).
Todas las creencias y expectativas sobre los atributos PROCESOS IMPLICADOS EN LA
de los miembros del grupo están relacionadas entre FORMACIÓN Y EL MANTENIMIENTO DE
sí, co nstituyendo una especie de teorías ingenuas que LOS ESTEREOTIPOS
guían nuestras actitudes y conductas hacia ellos (Fi ske,
20 1O). Hay que considerar también que las ca racterís- Los estereotipos se aprenden, se mantienen y se
ti cas que constituyen el esquema de un grupo ti enen modifica n mediante el proceso de socialización, y su
co nnotaciones evaluativas, debido a que cada una de transmi sión se produce a través de diferentes fu en-
ellas ti ene una valencia que pu ede ser positiva, negati- tes. Aunque desde edades muy tempranas ya ex iste
va o neutra. Por lo tanto, los estereotipos son creencias una asociación entre determin adas categorías socia-
que implica n una va loración de las personas a las que les (como las relati vas al sexo, la etni a o la edad) y
se les aplica n. una serie de ca racterísti cas, este proceso se deri va ría
Subrayar el ca rácter compartido y cultural de los de la catego ri zación. Igual que los niños son capaces
estereotipos no quiere decir que todas las personas los de categori za r obj etos (p. e., juguetes o utensili os de
suscri ba n en la mi sma medida. Por ello, es necesa ri o coc ina), también catego ri za rían a personas por sus
diferenciar entre los aspectos culturales y aquellos características distintivas a simple vista . No obstante,
indi viduales. Así, los estereotipos pu eden expresarse el contenido de los estereoti pos y el ca rácter eva lua-
como las creencias culturales sobre las ca racterísti cas tivo de ese contenido es cultural, y su aprendi zaje no
de los miembros de un gru po, o como las opini ones es asimilabl e al correspondiente a la categori zac ión
personales sobre esas característi cas. Por ejempl o, en de obj etos. Las creencias co mpartidas en una cul tu-
un estu dio rea li za do en el País Vasco sobre los estereo- ra se adquieren a través de los agentes sociali zadores:
ti pos de los gita nos (l a min oría étn ica que más se ha la fa milia, la escuela, el gru po de pares o los med ios
discriminado en España), se co mprobó que, aunque de co municac ión (Castell i, De Dea y Nesdale, 2008;
se les describía co n algunos rasgos neutros, co mo tra- M astro, 2008; Smith y Granados, 2008). Es a través de
dicionales (49%) y religiosos (39%), la mayoría de los la cultura co mo se aprenden los aspectos va lorativos
atributos que se mencionaban eran negativos: machi s- v inculados a los estereotipos que se apli ca n a los gru-
ESTEREOTIPOS
pos, es decir, las evaluaciones pos1t1vas, negativas o sificamos objetos, también categorizamos a otros seres
neutras que se hacen de los grupos. Aunque también humanos. En este sentido, como se ha explicado en el
influyen las vivencias y experiencias personales, ese Capítulo 3, se aplica el término categorización social
contenido cultural afecta sustancialmente a los proce- para hacer referencia al proceso que permite clasificar
sos psicológicos implicados en las relaciones con los a las personas en grupos, en función de las caracte-
miembros de otros grupos. rísticas que tienen en común (p. e., etnia, edad, sexo
Las creencias estereotipadas son una consecuen- o nacionalidad). No obstante, hay que puntualizar
cia del proceso psicológico básico de categorización que categorizar y estereotipar no son la misma cosa.
social. Este proceso cognitivo permite organizar la Si bien es necesario que se dé un proceso de cate-
complejidad del entorno que nos rodea organizándo- gorización para que afloren los estereotipos, éstos no
lo en diferentes conjuntos cuyos elementos comparten son una mera clasificación de personas, sino que van
características. Los elementos de una categoría (p. e., más allá al incorporar expectativas sobre cómo son o
plantas) comparten muchas características y tienen cómo se comportan los miembros de un grupo, y están
poco en común con los que forman otras categorías mediados por el contexto social y por las relaciones
(p.e., animales o minerales). Por supuesto, no sólo da- i ntergrupa Ies.
¿Por qué categorizamos la realidad social de la forma en que lo hacemos? Elena Gaviria
La vida social plantea riesgos además de recompensas, Pero la categorización social es sólo el paso previo a
de forma que los individuos deben ser selectivos a la hora nuestra conducta hacia los miembros de una determinada
de decidir con qui én entablar amistad, relaciones románti- categoría. Por ejemplo, según los psicólogos evolucionistas,
cas, negocios, a quién evitar, etc. A veces esas decisiones se el hecho de clasificar a otros como miembros del endogru-
pueden basar en la experiencia directa de interacción con po o del exogrupo activa dos circuitos cerebrales o progra-
el otro, pero esto no siempre es posible ni, en determinados mas de toma de decisiones muy diferentes (Krebs y Den-
casos, recomendable. Entonces nos fijamos en sus rasgos tan, 1997). Los procesos cognitivos que se activan cuando
externos (físicos o conductuales) para clasificarlo dentro de categorizamos a alguien como miembro del exogrupo dan
alguna categoría conocida y, a partir de ella, al activarse lugar a percepciones y caracterizaciones globales, abstrac-
el esquema correspondiente, extraemos las inferenci as que tas y negativas, que tienden a provocar conductas defensi-
nos permitan decidir cómo comportarnos con esa persona. vas, competitivas, explotadoras o agresivas, mientras que los
Aunque esto a primera vista parece muy laborioso, la cate- procesos cognitivos que se activan cuando categorizamos a
gorización social es un proceso cognitivo bastante automá- otros como miembros del endogrupo son más complejos.
tico que permite procesar gran cantidad de información de Tendemos a discriminar entre los miembros del endogrupo
forma rápida y eficaz. Por otra parte, tampoco se trata de un en función de su potencial para contribuir a nuestra eficacia
logro excl usivo de la «prodigiosa » mente humana, sino que biológica (no todos son igual de fiables, igual de sociables,
se manifiesta en muchas otras especies. Por ejemplo, mu- igual de capaces a la hora de colaborar, igual de próximos
chos primates distinguen perfectamente entre categorías de en su parentesco con nosotros, etc.). De ahí que la visión
parentesco (qué individuos son de qué familia), de estatus del endogrupo no sea tan homogénea como la del exogru-
(qué individuos son dominantes sobre qué otros) y grupales po. Esta percepción más heterogénea provoca una mayor
(quiénes son de mi grupo y quiénes no). variedad de conductas, según a quién vayan dirigidas, desde
Los psicólogos evolucionistas sostienen que nuestra ca- aquellas con un carácter cooperativo y prosocial, hasta las
pacidad para categorizar la realidad social ha evolucionado de tipo competitivo o agresivo, pudiéndose llegar, incluso,
porque resultó útil para nuestros ancestros en su lucha por la a la exclusión social si algún miembro del grupo no cumple
supervivencia y la reproducción. En un ambiente en el que con lo que se espera de él.
la cooperación era vital, poder discriminar entre el amigo y Sin embargo, esos programas cognitivos que usamos
el enemigo, entre el que colabora y el que se aprovecha del para categorizar a los demás son flexibl es y sensibles al con-
trabajo de otros, por ejemplo, y hacerlo de forma rápida, texto; sólo así pueden resultar útiles en unas condiciones
puede haber supuesto la diferencia entre la vida y la muerte. sociales a menudo cambiantes: la forma en que vemos a los
Siguiendo este razonamiento, Neuberg y Cottrell (2006) otros puede variar de hoy a mañana, y el que hoy es nuestro
sugieren, y la literatura apoya esta sugerencia, que las per- amigo, mañana puede no serlo. Desde esta perspectiva, el
sonas tenderemos a hacer categorizaciones sociales en rela- principio que en última instancia regula nuestra categoriza-
ción con determinadas dimensiones más fácilmente que con ción de los demás se basa en un juicio implícito (no cons-
otras, en concreto, en relación con aquellas características ciente) sobre si será más ventajoso para nosotros cooperar
que hayan aportado información rel evante para la eficacia o competir con ellos. Cuando lo que conviene es cooperar,
biológica inclusiva (para la propagación de los propios ge- vemos al otro con la lente endogrupal, pero si nuestros in-
nes) de los seres humanos desde tiempos ancestrales, como tereses entran en conflicto y es necesario competir, cambia-
el sexo, la edad (individuos de distintas edades suponen di- mos rápidamente la lente y le convertimos en miembro del
ferentes oportunidades y desafíos) o la pertenencia grupal. exogrupo.
INTRODUCCIÓN A LA PSICOLOGÍA SOCIAL
El proceso de categori zac ión acentúa tanto la si- que suelen ser negativas. Así, es más fác il que aso-
militud entre los elementos de una misma categoría ciemos una conducta negativa (p. e., roba r o tener
(efecto de asimilación; p. e., todos los anda luces son bajo rendimiento esco lar) a un grupo minoritario (p.
alegres) como las diferencias entre categorías (efecto e., los inmigrantes) que a los españo les. Con frecuen-
de co ntraste; p. e., los alemanes trabajan más duro que cia, en los medios de comunicac ión aparecen esas
los españoles). Cuando se categori za a las personas asoc iaciones, lo que co ntribu ye a que, cuando se ha
por su pertenencia grupal, tambi én se exagera la ho- establ ecido la co rrespondencia co n un determina-
mogeneidad dentro de un mism o grupo y las diferen- do grupo, se asignen esas ca racterísti cas a todos sus
cias entre grupos. No obstante, hay una tendencia a miembros, pasando, de ese modo, a formar parte del
percibir a los mi embros de los exogrupos de manera estereotipo del grupo.
más homogénea que a los del propio grupo . Este ses- Como ya se ha señalado, otro proceso que im pi-
go de homogeneidad exogrupal es más acusado si los de el ca mbio individual de los estereotipos es la ten-
grupos son poco fa miliares o si se tiene una imagen dencia a reinterpretar la informació n inco nsistente o
de ell os mu y abstracta, basada fundamenta lmente en a co nsiderar el caso como atípi co. Por ejemplo, si
esquemas y no en ejempl ares co ncretos (Fiske, 20 1O). nuestro estereotipo sobre los profesores de universi-
Una expli cac ión cognitiva de este sesgo es que co no- dad incluye la creencia de que son distantes, cuando
cemos a muchos miembros de nuestro grupo por ex- nos enco ntremos co n uno que se comporta de forma
periencia directa, mientras que el co nocimi ento de los más cerca na probablemente atribuiremos esa conduc-
mi embros de exogrupos se debe, en buena med ida, al ta inconsistente co n el estereotipo a una ca usa per-
aprendi zaj e cultural indirecto. sonal. Así, aludiremos, por ejempl o, a que está en el
Otro sesgo vincul ado a la categori zac ión socia l, inic io de su carrera profesional, o co nsideraremos que
denom inado esencialism o, rad ica en que, una vez que se trata de un profesor diferente a los demás, pero difí-
se clasifica a las personas en grupos, ex iste una ten- cilmente modifi ca remos nuestro estereotipo sobre ese
dencia a percib ir esas categorías sociales como «na- grupo. Cuando nos enco ntramos con una persona que
tura les», es decir, como se perciben las clas ificac iones no encaja con nuestras creencias sobre los mi embros
que ap li ca mos a pl antas o animales, lo que implica de su grupo, solemos incluirla en un subtipo -un a sub-
que se les atribuya ca racterísticas esenciales a su perte- categoría especial que inclu ye a qu ienes no se ajustan
nencia grupal. Según señalan Rothbart y Taylor (1992), tota lmente al estereotipo co nvenc ional (Kunda y Ole-
el esencialismo es más fác il que se ap lique a grupos son, 1995; Ri chards y Hewstone, 2001). Por ejemplo,
que se definen en función de claves fís icas visib les, es probable que a Barack Obama se le haya incluido
co mo el sexo, la etni a o la edad . Es decir, cuando las
diferencias se pueden exp li ca r sobre la base de ca usas
biológicas subyacentes.
Como sucede con otros esquemas sociales, en
general, el ca mbio de los estereotipos a nivel indi-
vidua l es difíci l, ya que se trata de estructuras cog-
nitivas bastante rígidas. La razón es que se tiende a
prestar más atención a aquell a informació n que co n-
firma nuestras ideas y expectativas previas, ignoran-
do la que es inco nsistente co n nuestras creencias o
modifi cá ndo la hasta hacerl a co ngruente co n ell as, a
no ser que la inco ngru enc ia sea tan fu erte que ll ame
de forma espec ial nuestra atención . El sesgo denomi-
nado co rrelación ilu soria, exp li cado en el Capítu lo
3, es un ej emplo de ello. Recordemos que este fenó-
meno co nsiste en sobreestimar el grado en el que se
relacionan dos sucesos o ca racterísti cas. En re lación
co n los estereotipos, este sesgo se ha exp li cado por la
distintividad de determinados grupos, así co mo por la
distintividad de determinados atributos, espec ialmen- Cuando una persona no encaj a co n el estereotipo ele un grupo, so-
te las característi cas negativas (Hamilton y Sherman , lemos inc luirla en un subtipo ele esa categoría. Segú n este proceso,
1989; M eiser y Hewstone, 20 1O). Por lo general, la es bastante probable que a Ba rack Obama se le haya incl uido en un
subtipo específico dentro ele la catego ría ele los afroameri ca nos, o
relació n se estab lece entre miembros de grupos co n
que se le considere un caso atípi co.
bajo estatus o minoritari os y co nductas in frecuentes,
ESTEREOTIPOS
en un subtipo dentro de la categoría de afro america no Finalmente, es preciso seña lar que el esquema pre-
(p. e. culto y co mpetente). vio que confo rma el estereotipo no só lo sirve para des-
Al clasificar a las personas, lo hab itual es que se uti- cribir a los miembros de otros grupos, sino que guía el
li cen co njuntamente diferentes categorías (p.e., edad, comportami ento hacia ellos, lo que contribuye a con-
etni a, sexo, profes ión). Seguramente, si tuvi éramos figurar una rea lidad social dentro de una determinada
que describir a Barack Obama diríamos de él que fu e cultura. Pensemos, por ejemplo, las co nsecuencias
el primer presidente afro ameri ca no que tuvo Estados que puede tener que el estereotipo de los inmigrantes
Unidos. Es decir, hemos clasificado a esa persona en incluya la creencia de que ti enen un nivel esco lar más
func ión del sexo (hombre), la etni a (afroa meri ca no), bajo que los españo les. Ello co nduciría a que los pro-
la profesión (p residente) y la nacionalidad (estadouni- feso res se comporta ran de modo diferente con ellos en
dense). Pues bien, hay que enten der que si a una per- fu nción de esa creencia, lo que originaría una dismi-
sona se la categori za co mo mujer, negra y méd ico se nución de su rendimiento escolar, tal y como sugiere
le aplica rán características distintas a las que se apli- el proceso de la profecía autocumplida, descrito en el
carían a una mujer blan ca que también sea méd ico. Capítulo 3. Como se verá más adelante, los estereo-
Pero los estereotipos no sólo afecta n a procesos tipos son la base de la discriminación y sirven para
cognitivos. Como hemos señalado, la mayoría ti enen justifica rl a.
co nnotaciones afectivas (pos itivas o negativas) y moti- Hasta aquí hemos hecho referencia a procesos que
vacionales que influyen en esa catego ri zac ión, lo que afecta n a los estereotipos en el nivel explícito, es deci r,
ori gina que se distorsione la rea lidad y se tienda a exa- cuando se forman y mantienen de form a consciente.
gera r las diferencias entre los grupos y a subesti mar Sin embargo, una línea que ha cob rado fuerza en los
las variaciones entre los individuos que pertenecen a últimos años, desde la propuesta de Greenwald y Ba-
un mismo grupo. En función de nuestros intereses, las naji (1995), sostiene que los estereotipos funcionan no
personas ele otros grupos se pueden percibir de forma sólo en el ni ve l explícito sino también en el implíci-
más o menos positiva. Por ejempl o, en periodos de to. En este último nivel actúan co mo creencias de las
guerra se suele exacerbar el estereotipo nega tivo del que no somos conscientes, pero, una vez activados,
enemi go, ya que la comunicac ión de los estereotipos pueden determinar el comportami ento manifiesto ha-
de exogrupos da co hesión al endogrupo y co ntribu- cia quienes se dirigen. Al funcionar de manera incons-
ye a justifica r la lucha. Si, posteriormente, esos países ciente, no los podemos identifica r fácilmente, pero eso
pasa n a ser aliados, por intereses económicos o de no evita que nos influya n. De hecho, existen investi-
otro tipo, los gob iernos estarán interesados en ca mbi ar gaciones que demuestran que los estereotipos implíci-
ese estereotipo, y mod ificará n el contenido a través tos predicen mejor las expres iones sutil es de prejuicio
de procesos de comunicac ión, de modo que se desta- (véase el Capítul o 12) que las medidas exp lícitas ob-
quen las cua lidades positivas del exogrupo que en su tenidas a través de autoinformes (Dovidi o, Kawakami,
día fue denostado. John son, Johnson y Howard, 1997).
Es evidente que los estereotipos no se mantienen Recapitulando, la formación de los estereotipos
igual a lo largo del ti empo ni en diferentes culturas, ya descansa en el proceso de categori zac ión social y
que están estrechamente relacionados co n el co ntexto su transmi sión se rea li za básicamente a través de los
soc ial en el que se manifiesta n, no siendo aj enos a las agentes soc iali zadores. Una vez estab lecid as las ca-
relac iones entre grupos en esa sociedad y, por lo tan- racterísticas que se atribu yen a un determinado grupo,
to, se mod ifica n cuando ca mbian las relac iones entre el estereotipo guía la selección de la informació n co n-
los grupos (Oakes, Has lam y Turn er, 1994) . Pensemos, gru ente co n su contenido por med io de una seri e de
por ejempl o, en el ca mbio de las creencias sobre los procesos, tanto exp lícitos co mo implícitos, que co n-
ro les de hombres y muj eres a lo largo del último siglo. tribu yen a su mantenimiento. Las creencias estereo-
Cuando las muj eres han ido adquiriendo un estatu s tipadas rara vez son neutras, sino que están cargadas
de igualdad al compararse con los hombres, esos es- de afectividad y de connotac iones motivacionales,
tereotipos se han transformado. En general, el ca mbio dependiendo, en buena medida, de las relaciones en-
de los estereotipos suele deberse a ca mbi os sociales, tre grupos que se mantienen en cada contex to social.
políticos o económicos, que varían las relaciones en- Estas creencias son determinantes en las co nductas
tre los grupos. Por ejemplo, los estereotipos hacia los que manifesta mos hacia las personas que pertenecen
afroa meri ca nos se han ido mod ifica ndo en Estados a grupos sociales muy diversos.
Unidos co n el paso de los años desde la declarac ión
de los derechos civil es, siendo mucho menos discri-
min atori os desde que legalmente se les reconoció la
igualdad de derechos (Fiske, 201 O).
INTRODUCCIÓN A LA PSICOLOGÍA SOCIAL
Castellanos Vascos
Serios, conservadores, honrados, sobrios. Separatistas, fuertes, violentos, extremistas, com il ones,
tradic ionalistas, idea listas
Catalanes Españoles
Taca ños, trabajadores, independ ientes, cerrados, Buena gente, amantes de su tierra, hosp italarios, generosos,
emprendedores, egoístas, ind ividua listas, materialistas, so lidari os, servicia les, machistas, apas ionados.
ambiciosos, antipáticos.
Gallegos Europeos
Supersticiosos, desconfiados, hogareños, aventureros, Fríos, inteligentes, responsabl es, prácticos, cu ltos.
humildes.
tenido de los estereotipos es muy diferente, tanto en ese gru po que posee cada atributo . Este procedimien-
cua nto al sign if icado de los rasgos como a la ca ntid ad to, sugerido ini cia lmente por Brigham (1971 ), puede
de atributos distintivos que lo compo nen. Por ej emp lo, utilizarse co n un doble objetivo, dependiendo de los
el estereotipo de los andalu ces tiene mu chos rasgos in tereses de la investigación . Por un lado, se puede
distintivos, y el de los valencianos ninguno. emp lear para comprobar hasta qué punto un rasgo
Una vez que se conoce cuáles son los atrib utos o característica se considera estereotíp ico o no, ca l-
que co nstituyen el co ntenido cultural del estereotipo, cul ando algú n índice que permita analizar si existen
se puede utilizar ese li stado para medir el grado de creenc ias compartidas sobre la as ignación de un atri -
estereotip ia de cada persona. buto. Ese índi ce puede estimarse, por ejemp lo, esta-
bleciendo corno criterio que la mayoría de la muestra
adjudique dicho atributo a un porcentaje superior al
Estimación de porcentajes 80% de los miembros del grupo en cuestió n. Por otro,
p uede serv ir para medir el grado de estereotipi a, un a
Otro de los métodos que se ha utilizado frecuente- vez que se sabe cuál es el contenido de los estereoti-
mente para la med ida de los estereotipos se basa en la pos. Supongamos que se ha comprobado que el conte-
estimación del porcentaje de mi embros de un determi- nido del estereotipo sobre un grupo incluye los rasgos
nado grupo que posee una ca racterísti ca o atrib uto. El «limpi os » e «introvertid os». Si un a persona seña la que
procedimiento cons iste en pedir a los participantes del el 80% de los miembros del grupo son limpi os y que
estudio que indiquen el porcentaje de individuos de el 75% son introvertidos, estereotipa más que otra que
INTRODUCCIÓN A LA PSICOLOGÍA SOCIAL
crea que son limpios el 30% e introvertidos el 40%. El siguiente ejemp lo pretende ilustrar algu na de las
De ese modo, se puede med ir de forma esca lar (con ventajas de emplear esta medida. Si una persona cree
un rango de O a 100) hasta qué punto cada persona que el 60% de las mujeres son «compasivas» y entre
suscribe el estereotipo (véase, por ejemplo, López- los hombres lo son el 20%, estará adj udi ca ndo una ca-
Sáez y Li sbona, 2009). racterística que es estereotipadamente femenina más a
las mujeres que a los hombres. En este caso, la razón
diagnóstica en ese rasgo será 3. Si otra persona dice
La razón diagnóstica que el 60% de las mujeres son compas ivas y el 50%
de los hombres también, su razón diagnóstica se rá
La razón diagnóstica se co ncibe como una med ida 1,2. Ambas personas han asignado igua l porcentaje a
de los estereotipos que permite predecir la probabili- las mujeres, pero lo importante es en qué proporción
dad de asigna r una característica más a un grupo que asigna más esa característica en compa rac ión con los
a otro (Allen, 1996; McCauley, Stitt y Segal, 1980). hombres. Es más probable que la primera persona, al
Esta med ida, al igual que la anterior, es útil tanto para valorar a una mujer de la que no tiene otro tipo de
comprobar el contenido de los estereotipos co mo para información, crea que va a ser compas iva, por el mero
eva luar el grado de estereotipia. Para ca lcular esa ra- hecho de que se trata de una muj er y no de un hom-
zón, se divide el porcentaje as ignado a los miembros bre. No obstante, si valora a una mujer que ya conoce,
de un grupo al que se supone que se estereotipa en de la que sabe que es mu y dura y que no se co nmueve
una determinada ca racterística (numerador de la ra- fáci lmente, no va a atribuirle la ca racterística estereo-
zó n) por el porcentaje que se asigna a la población en tipada ele compas iva.
general o a los miembros de otro grupo co n el que se Además ele eva luar la proporción en la que un ras-
les compara (denominador). Por ejemplo, para deter- go es estereotipado o no para un grupo, esta técnica
minar mediante la razón diagnóstica si el rasgo «reli- permite obtener una medida individual de estereoti-
giosos » es estereotípico de los marroquíes se dividiría pia, a partir de la suma de las razones diagnósticas de
el porcentaje que se as igna a ese grupo (s upongamos los diferentes rasgos estereotipados. En este caso, se
que es 75%) por el porcentaje que se asigna a la po- empl ea un cuestionario que recoge ca racterísti cas que
blación genera l (p.e., 50%) . Si la razón obtenida en reflejan el conten ido de los estereotipos cu lturales y se
la muestra es estadísticamente superior a uno (cuanto trata de medir en qué proporción cada persona asigna
mayor sea, mejor refleja el estereotipo), esa ca racterís- más esos atributos al grupo estereotipado que a otro
tica es importa nte para representar al grupo. En este con el que se compara.
caso, el porcentaje de marroquíes que se perciben Resumiendo lo que se ha comentado en los epí-
como religiosos es mayor que el que se atribu ye a las grafes anteri ores, independientemente de la técnica
personas en genera l (la razón diagnóstica sería 75/50 empleada, cuando el objetivo es medir el co nten ido
= 1,5). Por el co ntrario, si es inferior a uno, ese atributo de los estereotipos de un grupo, lo importante es que
no representa al grupo; resultado que obtendríamos si esa medida refleje las características que se as ignan
se piensa que el rasgo ambi cioso es menos probable diferencialmente a ese grupo; cuando el objetivo es
en los marroquíes (p.e., 20%) que en la población ge- med ir la estereotipia, la medida tiene que recoger la
neral (p.e., 60%). La razón diagnóstica en este caso variabi I idad entre las personas que estereotipan y las
sería 0,33 (20/60). Lo interesante de esta medida es que no y, por lo tanto, es necesario conocer previa-
que permite determinar la proporción en que una ca- mente el contenido de esos estereotipos .
racterística se atribu ye más a un grupo que a otro.
La razón diagnóstica se ha emp leado para evaluar
el co ntenido de los estereotipos de género en muestras Otras medidas de estereotipia
estadounidenses (Martín, 1987) y españo las (López-
Sáez y Lisbona, 2009; López-Sáez, Morales y Li sbona, Puesto que los estereotipos constituyen la base
2008), ya que permite paliar algunos de los problemas cognitiva de las actitudes hacia un grupo, las mismas
asociados a las medidas generales de estos estereoti- técnicas que se emplea n para medir actitudes, tanto
pos. Así, por ejemplo, de los datos derivados de esta implícitas como exp lícitas, pueden utili zarse para me-
medida se puede deducir que, si se cree que la propor- dir estereotipi a. En el Capítu lo 6 se detalla el procedi -
ció n de hombres que poseen un rasgo (p.e., competiti- miento para el uso de diferentes técnicas ele medida
vo) es el doble que la de mujeres, en ausencia de otros de actitudes. Por ejempl o, Gardner (1973, citado en
datos específicos de una persona, la probabilidad de Huici, 1994) propuso el diferencial semántico para va-
que se le asigne más esa característica a un hombre lora r el contenido de estereotipos, así como para me-
que a una mujer será el doble en cua lquier contexto. dir diferencias individuales. Cuando se utili za con el
ESTEREOTIPOS
visto que en este proceso, al activarse el esquema re- exagerados, incompl etos o simplificados que sean, ad-
ferente a una catego ría cuando nos encontramos co n vierte de la ex istencia de una base rea l. En este se nti-
un mi embro de di cha catego ría, tambi én se originan do, co mo seña la Rya n (2002), los estereotipos pueden
errores y sesgos de estereotipia. Pero los estereotipos ser útiles, lo que no implica que siempre sean exactos
no sólo tienen un papel en la categori zac ión . Tamb ién o que su uso no sea pre¡u1c1oso.
sirven para justifica r las actitudes hacia los mi embros Pero las categorías soc iales no son neutras, ni tam-
de determinados grupos, mu chas veces reaccionarias, poco los estereotipos asociados a ell as, si no que sue-
favoreciendo las desigualdades, la segregación, el en- len tener co nnotaciones positivas o negativas. En este
frentamiento mutuo e, incluso, la agresió n y las gue- sentido, se puede decir que los estereotipos cumplen
rras. Por ello, se puede afirmar que los estereotipos no una función motivacional para la persona al corres-
sólo refl ejan las situaciones sociales, sino que sirven ponder a una división de su mundo soc ial de acuerdo
para expli ca rl as, contribuyendo, a veces, a co nfigurar con sus valores en categorías diferentes y, en genera l,
la rea lidad social (Sangrador, 1996). «mejores » y «peores »: muj eres versus hombres; negros
Según Tajfel (198 1/ 1984), el funcionamiento y el versus blancos o gitanos versus payos. El co ntenido de
uso de los estereotipos se pueden estructurar en dos los estereotipos puede co ntribuir a mantener los valo-
bloques que aluden, respectivamente, a las fun cio- res de la persona relacionados con diferencias socia-
nes individuales y sociales que cumplen este tipo de les. Si alguien cree que las muj eres deben ocuparse
creencias. Entre las funcio nes individuales o psicoló- más de la casa y de los hijos y no dedicarse tanto a la
gicas, este autor diferencia entre una función cognitiva vida profesional co mo lo debe hacer su marido, lo po-
asoc iada al proceso de ca tegorización y otra de ca rác- drá ju stifica r sobre la base de los estereotipos (so n más
ter mo tivacional, orientada a la defensa y protección amab les, más cuidadosas, pero menos fuertes) . De for-
del sistema de valores de cada persona. Junto a estas ma similar, las personas que defienden va lores racistas
funciones individuales, Tajfel apunta otras dos de índo- o xenófobos podrían justificar la discriminación y que
le social. En prim er lugar, seña la su importancia para haya más blancos en puestos importantes, o que no se
generar diferencias en la valoración de unos grupos dé un empl eo a un gita no, basándose en los estereoti-
respecto a otros . Fun damentalmente, esta diferencia- pos negativos sobre estos grupos .
ción se aplica al clasificar (catego ri zar) a las personas Estos procesos cognitivos y motivacionales entron-
como miembros del endogrupo o del exogrupo. En se- can con las funciones sociales seña ladas por Henri Taj-
gundo lugar, destaca que los estereotipos co ntribu yen fe l. Así, debido al proceso de categori zación, tendemos
a la creación y al mantenimiento de una ideología que a acentuar tanto la semejanza entre las personas de
permite explicar y justificar las acciones hacia deter- nuestro grupo, como las discrepancias que tenemos con
minados grupos (guerras, prohibiciones y, en general, las de otros grupos, de modo que las diferencias «no-
todas las co nductas de discriminación). Veamos co n sotros-ell os» sea n patentes. De esta forma, una de las
algo más de detalle en qué consisten estas funciones . funcion es sociales de los estereotipos es, precisamente,
Como se ha pu esto de manifiesto en apartados an- valorar diferencia/mente a los miembros del endogrupo
teriores, los estereotipos tienen su origen en el proceso y el exogrupo, fomentando la visión positiva de nuestro
de categorización, función esencial para el individuo, grupo en compa ración con los otros, es decir, produ-
ya que le permite manejar con mayor faci lidad la enor- ciendo «favoritismo endogrupal» (p. e., los europeos
me compl ej idad de su entorno social al simplificarlo. so n más cultos y los america nos más materialistas).
Sin duda, clasificar a las personas en categorías (p.e., Como se indica en los Capítulos 5 y 13, para la teoría
hombres y muj eres, j óvenes y ancianos, méd icos y pa- de la identidad social (Tajfel y Turner, 1979) este su-
cientes) nos permite funcionar mejor en nuestro con- puesto es básico para comprender la identidad social
texto social, ya que los esquemas asociados a ellas nos de las personas y las relaciones intergrupales. El favo-
facilitan la organizació n y el uso eficaz de información ritismo hacia el propio grupo, en comparación con los
relevante sob re un grupo. Así, a pesar de que los ses- exogrupos, se fundamenta en las diferencias en valora-
gos que originan pueden llevar a percepc iones erró- ció n de unos grupos respecto a otros, y la justificac ión
neas, los estereotipos nos aportan informac ión sobre la de la discriminación hacia ellos está relacionada con
co nducta esperada de una persona, en contextos dife- la búsqueda de una identidad social positiva. Una de
rentes, en función de su pertenencia grupal (p. e., pue- las co nsecuencias de los estereotipos es que afecta n a
den exp lica r las distintas actitudes y comportami entos nuestra propia identidad soc ial (a nuestro yo) y, por esa
de jóvenes y ancianos), con el co nsiguiente ahorro de razón, también tienen consecuencias motivacionales
esfuerzo cognitivo. Aunque no son ni mucho menos que influyen en nuestra autoestima.
exactos, no hay que descartar la existencia de un cier- La percepción de los miembros de unos grupos de
to «fondo de verdad » en los estereotipos que, por muy forma más negativa que los de otros faci lita la justifica-
ESTEREOTIPOS
«Soy mujer, negra y pobre, luego se me dan mal las tareas intelectuales». Elena Gaviría
Aunque parezca mentira, no es lo mismo que un chico las circunstancias aprop iadas para provocarla . Así, se ha
suspenda un examen de matemáticas y que lo suspenda una encontrado que afecta a los negros en tareas intelectuales,
chi ca. Sin tener más información sobre estos hechos, en el a las mujeres y a los latinos en tareas matemáticas, a los
primer caso el resultado se suele atribuir a la falta de esfuer- hombres en tareas relacionadas con sensibi lidad emocio-
zo; en el segundo a que «a las chicas se les dan mal las ma- nal, a los blancos en pruebas atléticas ... en fin, todo depen-
temáticas». No se trata de una interpretación atípica, propia de de la categoría que saquemos a relucir, y de con quién
de sexistas fanáticos, sino de un suceso tan frecuente que nos comparemos. Por ejemp lo, en situación de amenaza,
ha merecido la atención de diversos investigadores, no sólo los hombres occidentales rinden más en tareas matemáticas
por el interés del fenómeno en sí, sino por los efectos que que las mujeres occidentales, pero menos que los hombres
producen en los sujetos tales interpretaciones, en concreto, asiáticos. Y se da la paradoja de que las mismas mujeres
un descenso real del rendimiento y, a la larga, un desinterés asiáticas rinden menos cuando se hace sa liente su género y
total por el tema o, incluso, un riesgo para la sa lud. más cuando se hace saliente su origen cultural (Shih, Pittins-
Pero, ¿en qué cons iste exactamente este proceso? Se ky y Ambady, 1999).
produce cuando, en la situación concreta en la que se reali- A pesar de ser un efecto tan ampliamente documenta-
za la actividad, se dan las siguientes condic iones: a) se hace do, hasta hace poco no se sabía muy bien qué meca nismos
saliente la pertenencia grupal, dejando muy claro en qué intervienen en él, debido a las limitaciones de las medidas
categoría se cl asifica a la persona; b) ésta se identifica con de autoinforme en las que se basaban los estudios. La in-
ese grupo o categoría; y c) ese grupo se describe, explícita troducción de medidas conductua les y basadas en técnicas
o implícitamente, como poco competente en ese ámbito, de Neurociencia Social permite ana lizar el fenómeno des-
es decir, está estereotipado como incompetente para ese de varios niveles (Derks, lnzlicht y Kang, 2008). Así, en los
tipo de tareas. De ahí que este fenómeno se conozca como últimos años se ha llegado a determinar que no se trata de
«amenaza del estereotipo» (Steele y Aronson, 1995; Steele, una reducción del esfuerzo para afrontar la tarea, ni de que
Spencer y Aronson, 2002). existan presiones externas para que las personas se ajusten
Los estudios realizados hasta ahora han mostrado cómo al estereotipo negativo de su grupo. Más bien parece tratarse
las personas rinden mal en una tarea cuando se hace salien- de una combinac ión de factores cogn itivos y motivaciona-
te de alguna forma su pertenencia a un grupo estigmatizado les. Por una parte, se da un descenso en las expectativas de
(por ejemplo, haciéndoles consignar al principio el sexo o el eficacia unido a un aumento de ansiedad o estrés ante la
grupo étn ico a que pertenecen), y cómo esas mismas perso- posibilidad de confirmar el estereotipo negativo existente de
nas rinden igual que las demás cuando dichas condiciones su grupo. Esa preocupación hace que las personas dediquen
desaparecen. su atención a su propio rendimiento -para «no fal lar»- más
El lado «justo» de este fenómeno es que nadie está li- que a la tarea en sí y, al mismo tiempo, intenten reprimir o
bre de semejante amenaza. Todo es cuestión de dar con negar esas emociones negativas para no ponerse en eviden- ►
INTRODUCCIÓN A LA PSICOLOGÍA SOCIAL
c ia ante los demás. Todos estos procesos supo nen un con- presentar las pruebas académicas de fo rm a que no hagan
sumo de los recursos cognitivos que serían necesari os para sa li entes las diferenc ias grupales, poner énfas is en la capaci-
rea liza r correcta mente la tarea . dad de todos los alumnos para lograr notas más altas, activar
Estos efectos se han encontrado no sólo en estu dios de en los miembros del grupo estigmati zado su pertenencia a
labo ratorio, sino en situaciones rea les y desde edades muy una ca tegoría que no esté negativamente relacio nada con
tempranas. El contexto escolar es especialmente propi cio, la tarea (por ejemplo, en una prueba de matemáti cas, hacer
dado su énfas is en la eva luación de las capaci dades. Ade- sa liente la comparación entre cl ases o colegios, no entre se-
más, la multiculturalidad que caracteri za actualmente los xos, de form a que las chi cas no se sientan amenazadas por
centros educativos hace que éstos sean un campo abonado el estereotipo negativo que se ti ene de las mujeres para ese
para este tipo de amenazas. Algunas de las soluciones que tipo de tareas), o fomentar las oportunidades de contacto y
se han propuesto son: in culcar en los individuos la idea de ami stad entre etni as.
que la inteligencia no es una entidad fij a, sino maleable,
Otra fun ción de los estereotipos es la de control bl ec ido, a ju stifi ca rl o y a reprodu c irl o. Po r ejempl o, las
social (Fi ske, 1993). Los estereotipos control an el com- diferencias de clase o las diferencias entre hombres y
po rtami ento de las perso nas de dos maneras. Por una muj eres como sistemas soc iales inju stos.
parte, describen cómo so n y se compo rtan los indi- Si empre, un sistema con des igualdades soc iales re-
viduos que pertenecen a un determin ado grupo. Por qui ere un a just ificac ió n ideo lógica fund amenta l e im-
otra, prescriben cómo deben ser y compo rtarse esas po rtante para mantenerse, y los estereoti pos servirían a
personas. En el primer caso actú an como un ancl a que esa fun c ión ideo lóg ica de ju stifi cac ió n del sistema. Po r
marca lo que es no rm ativo, ej erciendo as í un a pres ió n ej empl o, la ideo logía en torn o a la ética protestante
implíc ita en los mi embros del grupo estereotipado del trabaj o, que se basa en que cada perso na ti ene lo
pa ra qu e se aj usten a las expectati vas qu e se ti enen qu e se merece (a qu ell o po r lo qu e ha trabaj ado y lu-
sob re ell os. En el segundo caso, la pres ió n de los este- chado), co ntribu ye a mantener un o rd en soc ial inju s-
reotipos es más explíc ita, y pueden dar luga r a sa nc io- to en el que ex isten diferencias de cl ase importantes.
nes si un a person a actú a de form a contraestereotípi ca, Los auto res ponen co mo ej empl o que los estereot ipos
como veremos después al abordar los estereotipos de sobre la cl ase baja o brera (poco inteli gentes, in com-
género. Por tanto, al limitar las posi bilidades de los petentes, poco fi abl es ... ) pueden servir para justifi ca r
mi embros del grup o estereotipado, los estereotipos re- su situ ac ió n eco nó mi ca y así sustentar la ideo logía de
fu erza n el poder de unos grupos sobre otros. los ro les qu e se ocupan en la soc iedad y, de ese modo,
Además, de acuerdo co n Fi ske (1993), ex iste un a el sistema ex istente. Si gui endo co n su ejempl o, co mo
interacc ión entre el estatus de poder y la form a de este- los afroa meri ca nos en EEUU, después de la escl av itud,
reotipar, medi ati zada por la atenc ió n. Las perso nas que ocuparo n puestos de cl ase obrera, se les as ignaro n
ca rece n de poder prestan más atenció n a las caracterís- esos estereotipos. Es dec ir, el contenido de los estereo-
ti cas individuales de los qu e sí lo ti enen, ya que nece- tipos sobre los afroameri ca nos deriva de su pertenen-
sitan form arse impres iones prec isas y particul ari zadas c ia a la cl ase soc ial baj a. O tro ejempl o que utili za n es
para saber cómo ti enen q ue comportarse con ellos. Por el co ntenido de los estereotipos de género. Basá ndose
el co ntrario, las perso nas que ej ercen el poder no ne- en investi gaciones anteri ores (Eagly y Steffen, 1984;
ces itan tener una im agen detall ada de los grupos infe- Eag ly y W ood, 1999), se ñalan cómo el co ntenido de
riores para dominar en las interacc iones con ellos, por los estereotipos de género ti ene su origen en los ro les
lo que no prestan atención a sus ca racterísti cas idios in- que hombres y muj eres han mantenido a lo largo del
crás icas, sino que se basan en el esquema general de ti empo. A su vez, la ca usa de las actu ales diferenc ias
los estereotipos. Estas diferencias ti enen que ver con el en rol es entre hombres y muj eres so n los estereotipos
motivo bási co de co ntrol, es dec ir, con la neces idad de de género, ya que sirven pa ra justifi ca r esas diferen-
sentirse competentes en la interacc ión con los demás. c ias: pu esto que las muj eres son más ca riñ osas, qu e se
Fin alm ente, otro enfoqu e sumamente interesa nte qu eden cuidando de niñ os y enferm os; puesto qu e los
sobre la fun ción soc ial de los estereotipos es el apor- hombres son más agres ivos y competi tivos, que traba-
tado por la teoría de la justificación del sistema Uost y j en fu era de casa y ocupen puestos de direcc ió n.
Banaji, 1994), en el que se abord a la importancia qu e Un argumento muy impo rtante de esta teoría man-
ti enen los estereotipos en re lac ió n co n las ideo logías ti ene qu e los mi embros de los grupos en desventaja
qu e sosti enen un si stema soc ial en el qu e ex isten des- tambi én sosti enen esos estereotipos. Los estereotipos
igualdades. La idea central de esta teoría es que los son estru cturas cognitivas socialmente compartid as
estereotipos hac ia los grupos que están en desventaj a por todos los mi embros de un a cultura y esos estereo-
contribu yen a que se mantenga el o rd en soc ial esta- tipos culturalm ente aceptados pu eden influir auto má-
ESTEREOTIPOS
Según el modelo, cuando evaluamos a los miem- Por lo tanto, teniendo en cuenta, por un lado, las
bros de grupos sociales podemos considerarlos altos o relac iones estructurales de estatus y co mpetitividad
bajos, tanto en competencia como en co rdi alidad. De entre los grupos, que determinarían las percepciones
este modo, estas dos dimensiones se pueden combi- de co rdi alidad y co mpetencia, se puede predecir qué
nar dando lugar a cuatro posibles catego rías: compe- tipo de emociones incitará cada grupo y el tipo de pre-
tentes y cordi ales, competentes y fríos (no cordi ales), juicio que induce n. En el Cuadro 11 .5 se presenta el
cordiales e incompetentes, fríos e incompetentes (véa- tipo de emociones (en rojo) y de prejuicio asociados
se el Cuadro 11 .5). Por tanto, los estereotipos pueden a las categorías derivadas de las dimensiones de co m-
contener características positivas y negativas co njun- petencia y cord ialidad, así como los grupos a los que
tamente, es decir, pueden ser mixtos. Esto se refl eja se les asocia, a partir de los resultados obtenidos en
en que una alta competencia suele estar acompañada los estudi os de los autores del modelo (Cuddy, Fi ske y
de baja cordialidad, mientras que una alta co rdi alidad Glick, 2008; Fi ske et al., 1999, 2002).
suele ir acompañada de baja competencia. Todos estos planteamientos se han demostrado de
Como hemos señalado, Fiske y sus co laboradores fo rma consistente en diferentes estudi os realizados
postul an que las creenc ias estereotipadas que se man- dentro y fuera de Estados Unidos (B rambill a, Carnaghi
ti enen sobre los miembros de un grupo en co rdi alidad y Ravenna, 20 11 ; Cuddy, Fi ske y Glick, 2007, 2008;
y competencia derivan de las relaciones estru cturales Cuddy, Glick y Beninger, 20 11 ; Cuddy et al., 2009;
entre los grupos. Concretamente, de las eva luaciones Fiske, 2012; Fiske et al., 1999, 2002; López-Rodrí-
que rea li za mos acerca del estatus que poseen y de si guez, Cuadrado y Navas, 20 13) . El Cuadro 11 .6 re-
compiten o no con nuestro grupo por la obtención de sume los principales resultados de las investi gaciones
recursos. Así, Fiske y sus co legas comprueban empíri- rea li zadas sobre este modelo. Asimismo, en muestras
ca mente que: españolas, se ha enco ntrado que la activación de las
dimensiones de competencia y co rdi alidad se produce
1) los grupos se perciben como más competentes de manera automática en relación co n dos aspectos,
si tienen alto estatus y poder, y co mo más in- como son el poder (Betancor, Rodríguez, Rodríguez,
competentes si su estatus y poder es bajo; y Leyens y Qui les, 2005; Puertas et al., 2002) y los este-
2) los grupos se perciben co mo cord iales si coope- reotipos de género (Lemu s, Moya, Bukowski y Lupi á-
ran con nuestro grupo (o si no co mpiten co n él ñez, 2008).
por recursos), y como fríos si compiten con él. Hasta aquí se han tratado aspectos generales de los
estereotipos, co mo son su definición, medida, conte-
A su vez, los autores del modelo establ ecen, y de- nido y funciones. Debido a la importancia que revis-
muestran empíricamente (Fiske et al., 2002), que el es- ten, así como al interés que suscita n los estereotipos
tatus y la competitividad, así como las percepciones de relacionados co n el significado y las consecuencias
cordialidad y competencia derivadas de estas variables, que tiene ser muj er u hombre en el mundo co ntempo-
determinarían el tipo de emoción (p. e., envidia, compa- ráneo, el siguiente epígrafe está destinado a aborda r el
sión, desprecio o admiración) que los grupos suscitan. estudi o de los estereotipos de género .
las mujeres, algunos subtipos estereotipados son las nos competente si es atractiva que si no lo es, mi en-
tradicionales (p.e., amas de casa), las independientes tras que el atractivo físico no influye en dicha percep-
(p.e., muj eres profesionales), las sexys, las deportistas, c ión cuando la muj er eva lu ada desempeñ a un puesto
o las feministas. Entre los hombres destacan los atlé- de recepcionista (G li ck, Larsen, Johnson y Branstiter,
ticos, los obreros y empleados de oficina, los ejecuti- 2005). Del mismo modo, cuando se proporcionaba
vos, o los «machos ». Las ca racterísti cas de la situación información sobre su reciente maternid ad, disminuía
pueden primar que se usen determinados rasgos aso- la atribu ción de competencia a una muj er trabajado-
c iados a diferentes subtipos al percibir a una persona. ra, cosa que no ocurría cuando era un hombre el que
Por ejemplo, se ha co mprobado que, en un contexto acababa de ser padre (C uddy, Fiske y Glick, 2004). Al
profesional, una muj er directiva puede percibirse me- final del capítulo siguiente se describirá una investiga-
c ión en la que tres subtipos de muj er (trad icional, sexy
e indepe ndi ente) son eva luadas a partir de diferentes
dimensiones.
La dimensión descriptiva y
prescriptiva de los estereotipos de
género y sus funciones
denominada dimensión prescriptiva, tiene un carácter los aspectos descriptivos co nllevan una forma de dis-
normativo y preceptivo, e indica cómo deberían ser y criminación no intencionada. Así, los estereotipos
comportarse hombres y muj eres. Ahora el acento se descriptivos, al se r automáticos y sobre-aprendidos,
pone en las creencias sobre las características que son suelen ocasiona r un tipo de discriminación cognitiva
deseables y se esperan de cada sexo. No cabe duda («fría»), como resultado de procesos de categori zac ión
de que los estereotipos de género son más normativos y estereotipia que se aplica n de fo rma automática. En
que otros como, por ejemplo, los de edad o etni a. Así, co ntraste, los aspectos prescriptivos son conscientes y
el estereotipo femenino incluye prescripciones como provocan una discriminación intencionada, basada en
que una mujer debería ser dócil, tener hab ilidades in- reacc iones emocionales negativas hacia quienes tras-
terpersonales, cooperar con los demás, y aspectos si- greden las prescripciones de su rol de género (Glick y
milares. La trasgresión de esta prescripción puede dar Fiske, 2007). Se trata de un tipo de discriminación «ca-
lugar a fuertes sanciones socia les (Fiske, 1998). Ima- li ente» - hosti l, intencionada- que, según Fiske (1998),
ginemos, por ejemplo, cómo eva luamos a una mujer está relacionada con la amenaza percibida por los
que se compo rta de modo agresivo, duro y competiti- hombres y posee una fuerte carga emocional, toman-
vo. Normalmente esta eva luación es negativa, porque do la fo rma de eva luaciones interpersona les negativas
espera mos que las muj eres sean cá lidas, sensibles, dul- y llegando inclu so al acoso sexual. Es más probable
ces. Por su parte, si es un ho mbre el que se co mporta que sean los hombres quienes discriminen basándose
de forma cá lida, sensible y du lce, tamb ién rompe las en cree ncias prescriptivas, debido a que permite man -
prescripciones asociadas a su género (e l estereotipo tener las desigualdades de poder que les favo recen en
de los hombres incluye prescripciones acerca de que la sociedad. En contraste, hombres y muj eres pueden
deben ser agresivos, fuertes, co mpetitivos) y tambié n ser igualmente propensos a discriminar basándose en
puede ser objeto de c iertas eva luaciones negativas. creencias descriptivas, porque se trata de representa-
En este sentido, Burgess y Borgida (1999) destacan cio nes culturales que son compartidas por personas
funcio nes diferenciadas pa ra el componente descripti- de ambos sexos. Por otra parte, la discriminación pro-
vo y el prescriptivo de los estereotipos de género. Se- cede nte del compo nente prescriptivo es más fácil de
gú n estas autoras, el componente descriptivo tiene una detectar que la derivada del componente descriptivo,
fu nción cognitiva de categor ización: actúa organ izan- debido a que la primera es más explícita.
do y estructurando el flujo de información sobre hom- Huici (1984) ha revisado los estereotipos de gé-
bres y mujeres al que hacemos frente diariamente. Es nero desde la óptica de las funcion es individuales y
decir, la dimensión descriptiva de los estereotipos sim- sociales que cumplen. Por ejemp lo, se ha compro-
plifica el procesamiento de la información, med iante bado que existen diferencias en la eva luac ión de un
la representación esquemática de la realidad. En con- mismo trabajo científico dependiendo de que su au-
traste, el componente prescriptivo de los estereotipos toría se atribuya a un homb re (se valora más) que a
de género está relacionado con intereses motivaciona- una muj er. Esta autora resalta, también , la func ión de
les. Concretamente, puede servir no só lo para reforzar justificación, es decir, la vincu lación ex istente entre el
o justifica r el sistema de valores sexista de los indivi- contenido de los estereotipos de género y las prácti-
duos, sino pa ra mantener la estructura de poder social cas discriminatorias. El no asociar a las mujeres co n la
existente que favorece a los hombres, recompensando dimensión de competencia (in strumenta l-agente), y sí
a las mujeres y a los hombres que se conforman a roles con la afectiva (expresivo-comunal), sirve para justifi-
de género trad iciona les y sancionando a las mujeres ca r la ausencia de mujeres en posiciones de poder en
y a los hombres que violan esas prescripciones. Por las orga ni zac iones.
tanto, es la dimensió n prescriptiva de los estereotipos Respecto a la evo lución en el co ntenido de los este-
de género la que cump le la func ión de justificación reotipos, los estudios que han tratado de sintetiza r los
y manten imi ento del statu quo que los conv ierte en resultados de las numerosas investigaciones realizadas
un elemento de res istencia al camb io a través del cua l al respecto (p. e., Twenge, 1997; Spence y Buckner,
discriminar intenc ionadamente. Los estereotipos de 2000) revelan que, con el paso del tiempo, al eva luar a
género cumpl en de este modo una fu nción de meca- las mujeres han ido aumentando los rasgos masculinos
ni smo de control que determina lo que es normal, lo o instrumenta les que se les as ignan, manteniendo a su
que es aceptable y lo que se desvía de la norma . vez los rasgos femeninos o expresivos con los que se
En realidad, según Burgess y Borgida (1999), las las asocia. Los hombres, sin embargo, se siguen de-
dos dimensiones de los estereotipos de género dan finiendo co n ca racterísticas instrumentales, y no han
lugar a discriminación, aunque a través de procesos variado respecto a las expresivas.
diferentes. Concretamente, estas autoras indican que
ESTEREOTIPOS
RESUMEN