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Trastorno de Personalidad Dependiente

El documento describe el trastorno de la personalidad dependiente. Se caracteriza por una necesidad excesiva de que les cuiden y miedo a la separación, y se manifiesta por al menos cinco de ocho síntomas. Se produce en menos del 1% de la población y afecta más a mujeres, aunque también a hombres. Factores genéticos y una educación sobreprotectora pueden contribuir, y a menudo se presenta con trastornos como la depresión o la ansiedad.

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Trastorno de Personalidad Dependiente

El documento describe el trastorno de la personalidad dependiente. Se caracteriza por una necesidad excesiva de que les cuiden y miedo a la separación, y se manifiesta por al menos cinco de ocho síntomas. Se produce en menos del 1% de la población y afecta más a mujeres, aunque también a hombres. Factores genéticos y una educación sobreprotectora pueden contribuir, y a menudo se presenta con trastornos como la depresión o la ansiedad.

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Trastorno de la personalidad dependiente

Necesidad dominante y excesiva de que le cuiden, lo que conlleva un comportamiento sumiso y de


apego exagerado, y miedo a la separación, que comienza en las primeras etapas de la edad adulta y
está presente en diversos contextos, y que se manifiesta por cinco (o más) de los siguientes hechos:
1. Le cuesta tomar decisiones cotidianas sin el consejo y la reafirmación excesiva de otras
personas.
2. Necesita a los demás para asumir responsabilidades en la mayoría de los ámbitos importantes
de su vida.
3. Tiene dificultad para expresar el desacuerdo con los demás por miedo a perder su apoyo o
aprobación. (Nota: No incluir los miedos realistas de castigo.)
4. Tiene dificultad para iniciar proyectos o hacer cosas por sí mismo (debido a la falta de confianza
en el propio juicio o capacidad y no por falta de motivación o energía).
5. Va demasiado lejos para obtener la aceptación y apoyo de los demás, hasta el punto de hacer
voluntariamente cosas que le desagradan.
6. Se siente incómodo o indefenso cuando está solo por miedo exagerado a ser incapaz de
cuidarse a sí mismo.
7. Cuando termina una relación estrecha, busca con urgencia otra relación para que le cuiden y
apoyen.
8. NoSiente una preocupación no realista por miedo a que lo abandonen y tenga que cuidar de sí
mismo.
Revisión histórica
Fleming (1990) señala que las primeras descripciones de los individuos dependientes eran a menudo
peyorativas. En los escritos de los psiquiatras del siglo XIX, las característica de pasividad, falta de
eficacia y docilidad excesivas de esos pacientes se veían como fallos del desarrollo moral. El concepto
de trastorno por dependencia tiene una larga historia psicoanalítica, concretamente en el postulado de
la etapa "oral" de desarrollo del niño. Se hipotetizó que la frustración o la sobregratificación durante la
etapa oral produciría una fijación" oral (o dependencia oral) que haría que la persona en la edad adulta
siguiera dependiendo de los demás para su desarrollo y apoyo (Freud, 1905/1972). Posteriormente a
las especulaciones iniciales sobre la etiología y dinámica de la dependencia oral, otros psicoanalistas
ampliaron el modelo psicoanalítico clásico (p. ej., Abraham, 1927; Fenichel, 1945). Por su parte,
Anderson (1966, citado en Fleming, 1990) indica que el precedente de la categorización diagnóstica
de los trastornos de personalidad dependiente y pasivo-agresivo fue la categoría de "reacciones de
inmadurez" descrita en la Il Guerra Mundial y que se definía como una reacción de tipo neurótico ante
el estrés de la rutina militar, manifestada por indefensión o respuestas inadecuadas, pasividad,
obstruccionismo o estallidos agresivos. En la primera edición del DSM ya estaba incluido el concepto
del trastorno de la personalidad por dependencia (TPD). Se le denominaba "trastorno de la
personalidad pasivo-dependiente" y se clasificaba como un subtipo del trastorno de la personalidad
pasivo-agresiva. La definición del DSM-I sobre la personalidad pasivo-dependiente era muy breve:
"Esta reacción está caracterizada por desamparo, indecisión y una tendencia a pegarse a los demás
como un niño dependiente de los padres que lo sustentan". En el DSM-Il no se incluyó ninguna versión
de la personalidad dependiente. Sin embargo, el concepto reapareció en el DSM-III bajo el nombre
actual de trastorno de la personalidad por dependencia.
Estilo dependiente de personalidad: El tipo apegado Las personas que presentan un estilo de
personalidad de tipo dependiente son las que viven literalmente para hacer felices a quienes
consideran importantes en sus vidas, especialmente a sus parejas. Atentos a los sentimientos o
necesidades del otro, anteponen la felicidad de los demás a la suya propia y se sienten satisfechos si
aquellos a los que cuidan están bien. Suelen adoptar un papel pasivo en las relaciones acatando las
decisiones que toman sus parejas. Oldham y Morris (1995) proponen las siguientes características
que definen al tipo dependiente:
• Personas muy comprometidas en sus relaciones.
• Prefieren la compañía de otras personas a estar solos.
• Prefieren obedecer a dirigir y son muy respetuosos con las autoridades.
• Ante la toma de decisiones piden consejo a los demás gustosamente, ya que no cuentan con
demasiada iniciativa para enfrentarse a la vida.
• Amables y diplomáticos, fomentan en sus relaciones los buenos sentimientos
• Son emocionalmente constantes.
• Son capaces de sufrir molestias por complacer a los demás y si se enfadan con alguien prefieren
no expresarlo abiertamente por no molestar al otro.
• Cuando se les critica lo aceptan y tratan de corregir su conducta.
• Idealizan a sus parejas y no se cansan de ellas, al igual que ocurre con cualquier persona
importante en sus vidas.
• A menudo, en tipos extremos, pueden llegar a sentirse inferiores a las personas que tienen
idealizadas.
Prevalencia
El trastorno de la personalidad Dependiente se produce en menos del 1% de la población general. Se
diagnostica con más frecuencia en mujeres, pero algunos estudios sugieren que afecta a hombres y
mujeres por igual.

Factores genéticos o hereditarios

Múltiples estudios demuestran que más del 60% de las personas con trastorno por dependencia tienen
antecedentes familiares. Esto evidencia que el factor genético resulta muy relevante a la hora de
padecer este tipo de desorden. Sin embargo, ello no significa que sea un elemento absoluto o
completamente decisivo a la hora de desarrollarlo; tener, por ejemplo, un padre o un abuelo con
trastorno por dependencia no quiere decir que una determinada persona lo vaya a padecer, sino tan
solo que tiene más probabilidades de desarrollar este trastorno que otras personas sin ese
antecedente.
Factores sociales o educativos
También se cree que la educación recibida en la infancia es una posible causa para desarrollar este
desorden. Así, frecuentemente las personas dependientes han tenido unos padres sobreprotectores,
quienes no les han estimulado a desarrollar una vida independiente. En este tipo de educación se
resaltan los peligros potenciales de las decisiones adoptadas por el individuo; esto termina por dar
lugar a una actitud pasiva, donde el dependiente no quiere salir de una zona segura, y busca que otra
persona tome las decisiones y asuma los riesgos en su lugar.
Comorbilidad
A menudo también están presentes otros trastornos. Las personas afectadas también suelen presentar
una o más de una de las siguientes circunstancias:
Un trastorno depresivo como un trastorno depresivo mayor o un trastorno depresivo persistente
Un trastorno de ansiedad
Un trastorno por consumo de alcohol
Otro trastorno de la personalidad (como el trastorno límite o el trastorno histriónico)
Diagnóstico diferencial y comorbilidad Las características de dependencia se encuentran en muchos
trastornos psiquiátricos, por lo que a veces puede ser difícil el diagnóstico diferencial. La dependencia
es un factor importante en pacientes con un trastorno límite o con un trastorno histriónico de la
personalidad. El TPD se ha solapado principalmente con tres trastornos de la personalidad: límite
(TLP), histriónico (THP) y por evitación (TPE).
Tanto el TPD como el TLP se caracterizan por el temor al abandono, pero la reacción ante éste es
diferente: los sujetos con un TLP tienen sentimientos de vacio emocional y rabia, mientras que en
aquellos con un TPD se produce un aumento de la sumisión y buscan urgentemente una relación de
reemplazo que proporcione cuidados y apoyo (APA, 2000).
Los pacientes con un TPD o con un THP pueden aparecer como infantiles y apegados, pero los
primeros son menos llamativos, egocéntricos y superficiales que los pacientes con un THP. El individuo
con un TPD tiende a ser pasivo, sumiso, dócil e intenta pasar desapercibido; esto contrasta con las
conductas activamente manipuladoras, gregarias y seductoras del individuo con un THP.
La persona con un TPE tiene también una gran necesidad de afecto por parte de los demás, pero duda
y teme no lograr ese afecto; por el contrario, el individuo con un TPD tiende a confiar en los demás,
anticipando que sus esfuerzos se verán recompensados por el afecto y el cuidado (Beck y Freeman,
1990). En muestras clínicas, se ha encontrado una comorbilidad del TPD (según los criterios del DSM-
I1I-R) con el TLP del 50%, con el THP del 30%, con el TPE del 50% y con el trastorno esquizotípico
de la personalidad del 12%-30% (Morey, 1988b).

Variantes de la personalidad dependiente


Se puede distinguir entre distintos tipos de desorden por dependencia, en función de qué otros rasgos
tenga asociados. Así, cabría mencionar los cinco siguientes subtipos:
Dependiente desinteresado
En este caso encontramos personas que, además de la dependencia, muestran características
masoquistas. Este tipo de personas renuncian por completo a su personalidad o su misma identidad.
En su lugar, replican o mimetizan por completo el comportamiento y actitudes de su persona
protectora.
Dependiente inquieto
Este tipo de dependientes tienen asociados rasgos de evitación. Su actitud muestra desconfianza o
miedo de manera permanente, por lo que rehúyen cualquier posible amenaza. Para ello, eliminan por
completo sus relaciones sociales con todas las personas excepto su figura protectora.
Dependiente inmaduro
Aquí se presenta un patrón puramente dependiente, que como consecuencia de no haber asumido
responsabilidades no ha madurado. Por ello, en este caso encontramos personas con una actitud
ingenua, infantil o incluso pueril. Su comportamiento se caracteriza por una gran credulidad y la
incapacidad de realizar aquellas tareas o responsabilidades mínimamente complejas.
Dependiente Ineficaz
Este subtipo de dependencia se caracteriza por la aparición de rasgos esquizoides. Como
consecuencia, su comportamiento refleja la necesidad de no afrontar problemas, e incluso la negación
a intentar solucionar dificultades. Su rasgo más característico es una pasividad extrema.
Dependiente complaciente
En este supuesto, encontramos la combinación de características dependientes e histriónicas. Sus
rasgos más distintivos son el desarrollo de una actitud ansiosa y sumisa respecto a su figura protectora.
Ante estas personas se comportan de manera dócil, agradable y complaciente.
Síntoma
Las personas que sufren este trastorno no confían en su propia capacidad para tomar decisiones. Es
posible que se sientan muy alteradas por la separación y la pérdida de alguien. Pueden hacer lo que
sea, incluso sufrir maltrato, con tal de conservar una relación.
Los síntomas del trastorno de la personalidad dependiente pueden incluir:
Evitar estar solo
Evitar la responsabilidad personal
Resultar fácilmente lastimado por la crítica o la desaprobación
Enfocarse demasiado en los miedos de ser abandonado
Volverse muy pasivo en las relaciones interpersonales
Sentirse muy perturbado o impotente cuando las relaciones terminan
Tener dificultad para tomar decisiones sin el apoyo de otros
Tener problemas para expresar desacuerdos con o excesiva necesidad de ser cuidado y
comportamientos persistentes de sumisión y miedo a la separación
Indecisión: actitud dubitativa e incapacidad para adoptar decisiones. Cuando es necesario adoptar
cualquier resolución, necesitan que otra persona lo haga en su lugar.
Irresponsabilidad: incapacidad para asumir responsabilidades. Derivado de su indecisión, también son
incapaces de hacerse cargo de cualquier tipo de compromiso u obligación.
Timidez: las personas dependientes no se atreven a discrepar o a mostrar su desacuerdo. Su falta de
autoconfianza les hace sentirse inseguros, por lo que no consiguen reafirmarse en contraposición a
otras personas.
Falta de iniciativa: dificultad para hacer las cosas a su manera o sin seguir las directrices de otra
persona. Del mismo modo, les resulta muy difícil iniciar tareas o proyectos por sí mismos, si no cuentan
con supervisión externa.
Sumisión o servilismo: como consecuencia de su deseo de agradar, aceptan lo que sea necesario. No
se reafirman ni confrontan los deseos de otras personas, por miedo a verse abandonados o
desprotegidos.
Miedo a la soledad: sienten gran temor ante la posibilidad de no estar acompañados. Necesitan la
presencia de otra persona que decida por ellos y asuma la responsabilidad que ellos no quieren
afrontar.
Necesidad constante de protección: cuando el dependiente pierde una relación, busca inmediatamente
otra. Esto se debe al gran temor a encontrarse solos sin alguien que les proteja.
Anticipación del abandono: puesto que su peor temor es ser abandonados, no pueden dejar de pensar
en ello. Este miedo constantemente presente les reafirma en el resto de actitudes anteriormente
mencionadas.

Terapia
Cuando un paciente con TPD acude a terapia la mayoría de las veces acuden en busca de solucionar
otros problemas distintos. Así, es común que no sean conscientes de su auténtica problemática, sino
que creen padecer en su lugar depresión, ansiedad o dificultades en sus relaciones sociales.
Una vez identificado el trastorno por dependencia, la mejor manera de abordarlo es mediante el empleo
de psicoterapia. En este sentido, el enfoque cognitivo-conductual ha demostrado ser uno de los más
eficaces. Mediante esta técnica, se ayuda al paciente a vencer muchos de sus temores y limitaciones,
así como a establecer relaciones sanas y enriquecedoras con otras personas. Otro objetivo importante
de esta terapia es el cambio de ciertas actitudes o comportamientos que pueden ser mantenedores
del problema.
También es de utilidad en ocasiones el empleo de terapia grupal. Con este tipo de intervención el
paciente ayuda a potenciar sus relaciones sociales y a sentirse cómodo con otros individuos. Además,
esto le permite ver que hay otras personas con miedos similares, normalizando así su autopercepción.
Por último, en ocasiones también puede ser necesario el empleo de medicación. Esta puede ser
necesaria para mejorar los síntomas asociados de ansiedad o depresión. No obstante, el uso de este
tipo de medicamentos debe realizarse siempre bajo supervisión médica.
Medicamentos
No existen medicamentos específicamente aprobados por la Administración de Alimentos y
Medicamentos para tratar los trastornos de la personalidad. Sin embargo, existen distintos tipos de
medicamentos psiquiátricos que pueden ayudar con varios síntomas del trastorno de la personalidad
dependiente.
Antidepresivos. Los antidepresivos pueden ser efectivos con los síntomas depresivos, con ira,
impulsivo, irritable o desesperanzado, lo que puede asociarse con los trastornos de la personalidad.
Estabilizadores del estado de ánimo. Como su nombre lo sugiere, los estabilizadores del estado de
ánimo pueden suavizar los cambios de humor o reducir la irritabilidad, la impulsividad y la agresión.
Medicamentos antipsicóticos. Llamados también neurolépticos, pueden ser efectivos si los síntomas
incluyen perder el contacto con la realidad (psicosis) o en ciertos casos, con problemas de ansiedad o
ira.
Ansiolíticos. Pueden ayudar con la ansiedad, nerviosismo o insomnio. Pero en algunos casos, pueden
aumentar el comportamiento impulsivo, por lo que se evitan para ciertos tipos de trastornos de la
personalidad.
El caso
Marta de 29 años está casada y vive en su barrio de toda la vida, a poca distancia de sus padres. Es
ayudante de enfermería y a menudo se pone a llorar en el trabajo (una clínica privada) cuando su jefa
le dice que no hace bien su trabajo o que se ha equivocado. Varias veces ha pensado en el suicidio y
su marido comenta que a Marta nunca le ha gustado estar lejos de él o empezar algo sola. Sigue
contando el marido: “Marta confía en mi para tomar todas las decisiones en casa y no sabe funcionar
bien sola”. Ha presentado una fuerte dependencia desde que era pequeña: tenía fobia a quedarse en
el colegio tanto en la guardería como en primaria. Durante la escuela primaria lloraba en clase hasta
que su madre iba a recogerla. Tuvo una buena amiga desde la escuela primaria hasta la universidad
y eligió la facultad de enfermería igual que ésta, cursando así con ella todas las etapas tanto escolares
como laborales. Marta cuenta que va a ver a su madre todas las semanas porque la madre le ha dicho
siempre que quiere verla y tenerla cerca por si acaso la necesita. Estas características de Marta hacen
pensar que puede presentar un Trastorno de Personalidad por Dependencia.
Bibliografía

LIBRO 1. American Psychiatric Association – APA. (2014) “Manual Diagnóstico y Estadístico de


los Trastornos Mentales, DSM-5”(5ª. Ed.) Madrid. Editorial Médica Panamericana.

LIBRO 2. Caballo V. (2004) “Manual de Psicopatología y Trastornos Psicológicos”. España.


Editorial Pirámide.

LIBRO 3. Caballo V. (2004) “Manual de Trastornos de la Personalidad”. España. Editorial


Síntesis.

LIBRO 4. Semerari A. Dimaggio G. (2008) “Los Trastornos de la Personalidad”. España.


Editorial Desclée de Brouwer S.A.

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