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El bombardeo de Dresde en 1945

El documento describe el bombardeo aéreo de la ciudad alemana de Dresde por parte de la RAF británica y la fuerza aérea estadounidense en febrero de 1945, al final de la Segunda Guerra Mundial. La ciudad fue atacada con bombarderos que lanzaron explosivos e incendiarias, destruyendo gran parte del centro histórico y causando entre 25,000 a 40,000 muertes civiles. El bombardeo de Dresde se ha convertido en un símbolo del horror de la guerra debido a la gran de
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El bombardeo de Dresde en 1945

El documento describe el bombardeo aéreo de la ciudad alemana de Dresde por parte de la RAF británica y la fuerza aérea estadounidense en febrero de 1945, al final de la Segunda Guerra Mundial. La ciudad fue atacada con bombarderos que lanzaron explosivos e incendiarias, destruyendo gran parte del centro histórico y causando entre 25,000 a 40,000 muertes civiles. El bombardeo de Dresde se ha convertido en un símbolo del horror de la guerra debido a la gran de
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EL BOMBARDEO DE DRESDE

La noche del 13 de febrero de 1945 la RAF atacó la ciudad de Dresde con 244
bombarderos Lancaster. Comenzaron a las 22:03h con los indicadores de objetivos, entre
las 22:14 y las 22:16h ya habían lanzado 880 toneladas de bombas, formadas por un 57
por ciento de explosivos sísmicos o de demolición y un 43 por ciento de bombas
incendiarias.

A la 1:03h del 14 de febrero de 1945, otra oleada de 552 Lancaster inicia un


segundo ataque sobre la ciudad, arrojando unas 964 toneladas de bombas explosivas y
791 de bombas incendiarias. Poco después del mediodía, 311 bombarderos
estadounidenses dejaron caer su carga explosiva e incendiaria sobre la ciudad.

El resultado de este ataque aéreo fue la devastación de la ciudad, con especial


incidencia en el caso urbano céntrico e histórico. Cálculos contrastados arrojan un balance
de veinticinco mil personas fallecidas en este ataque aéreo, esta cifra podría llegar hasta
un máximo de unas cuarenta mil personas según algunas estimaciones.

El bombardeo de la ciudad de Dresde se ha convertido en uno de los paradigmas


de los horrores de la II Guerra Mundial, junto al Holocausto judío y las bombas de
Hiroshima y Nagasaki. La base argumental se centra en si un ataque a la población civil,
de manera indiscriminada, se justifica con el objetivo de finalizar la guerra, siempre que,
además, no es un objetivo militar.

En septiembre de 1939 Varsovia fue bombardeada por la artillería alemana y la


Luftwaffe durante quince días. El 24 de septiembre fueron un millar de aviones los que
devastaron la urbe con bombas explosivas e incendiarias, el 25 fueron cuatrocientos
veinte aparatos. Los defensores de la capital polaca habían declarado a ésta una fortaleza.
La ley de la guerra, establecida por la convención de La Haya de 1907, legitimaba ataques
como éste. El 27 de septiembre Varsovia se rendía al ejército alemán. El asedio de
Leningrado demoró 872 días y se llevó la vida de más de un millón de civiles, la batalla
de Stalingrado contaría con la pérdida de más de trescientas mil.

La II Guerra Mundial conocería el desarrollo, cénit y podría decirse que fin, del
uso de los aviones para bombardear a la población. La aviación italiana lanzaría bombas
manuales desde los aviones en la guerra de Libia en 1911/12, en 1915 los Zeppelin
bombardearían Inglaterra y el 26 de abril de 1937 la Legión Cóndor de la Luftwaffe

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bombardearía la población de Guernica, un pueblo de unos siete mil habitantes que sería
atacado en día de mercado. Las bombas comenzaron a caer a las 16:30 y cuando los
bombarderos acabaron su labor, los cazas dispararían a baja altura fuego de metralla a
través de las calles. Ese día fallecerían entre trescientas y mil seiscientas personas. Ese
día se instauraría un nuevo modelo de guerra.

El 14 de mayo de 1940 la ciudad de Rotterdam sería bombardeada por la


Luftwaffe. El 15 de mayo se firma el acuerdo de capitulación. En agosto de 1940 la
aviación alemana bombardeaba Londres y la R.A.F. respondía quince días después
haciéndolo en Berlín. La revancha alemana no se haría esperar y el ataque aéreo sobre
Coventry iniciaría una escalada de ataques aéreos sobre poblaciones que no pararía hasta
el final de la guerra.

Sir Arthur Harris, Mariscal del Aire y comandante en jefe del Mando de
Bombardeo de la R.A.F., sería el máximo valedor para el bombardeo de área. Harris
estaba convencido que el bombardeo aéreo sería un factor determinante en el desenlace
del conflicto bélico. Para Harris el ataque a las poblaciones civiles estaba justificado,
porque sus fábricas se habían reconvertido en fábricas de armamento y sus operarios eran
civiles. A su vez, los civiles necesitarían vivienda, alimento, medios de transporte para
llegar a sus puestos de trabajo y los proveedores y distribuidores a las industrias. La
sociedad civil estaba orientada a la producción bélica, así pues, era un objetivo legítimo.
Si bien los ataques aéreos habían demostrado que no desmoralizaban a la población, sí se
podría causar la suficiente confusión para entorpecer su labor con fines bélicos.

Lübeck sería el primer éxito del bombardeo de área de la R.A.F. el 28 de marzo


de 1943. Colonia sería bombardeada a continuación y en Hamburgo se descargarían 2326
toneladas de bombas explosivas e incendiarias el 27 de julio de 1943. Fallecieron en esta
última ciudad más de cuarenta mil personas, quemadas, calcinadas, asfixiadas. El 22 de
octubre sería el turno de Kassel, más de cuatrocientos mil artefactos incendiarios caerían
sobre el centro histórico provocando unos diez mil habitantes, un 4,2 % de la población.
En la medida que las condiciones meteorológicas, técnicas, aviación y defensas antiaéreas
lo permitían; la R.A.F. continuó con los bombardeos de área sobre poblaciones de
Alemania. En la primavera de 1944 se abandona el bombardeo de área a favor de hacerlo
sobre puntos estratégicos, pero en otoño se reinician.

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Después del ataque a Dresde, Pforzheim sufrió la pérdida de diecisiete mil
seiscientas personas en otro ataque aéreo, una cuarta parte de su población. Würzburg,
Essen, Dortmund, Potsdam, se pueden sumar a las poblaciones bombardeadas. Este tipo
de ataque aéreo, con la utilización masiva de bombarderos, con su carga explosiva e
incendiaria, fue utilizada con profusión durante la II Guerra Mundial. Los efectos sobre
las poblaciones fueron devastadores, la destrucción provocada por los explosivos era
incrementada por los incendios que devoraban los edificios de los centros históricos de
las ciudades. Las muertes, espantosas, las vidas humanas arrebatadas por el fuego,
quemándolas, calcinándolas, cocinándolas en depósitos de agua hirviendo, asfixiándolas
en los refugios subterráneos, aspirándolas hacia las columnas de fuego… El paisaje
después de un ataque, desolador, inhumano.

Todos estos ataques están dentro del concepto de Guerra Total en la que se hallaba
inmersa Europa durante la II Guerra Mundial. El siglo XX conoció este concepto en todo
su vigor, que suponía la completa subordinación de la política y todos los recursos de la
nación a la guerra. Del mismo modo, la voluntad de destruir totalmente al enemigo y sus
recursos económicos. No se trataba sólo de vencer en el frente, había que destruir todos
los recursos del enemigo. Erich Ludendorff, jefe del Estado Mayor alemán durante la I
Guerra Mundial, participó en los fallidos golpes de Estado de Wolfgang Kapp en 1920 y
el Putsch de Múnich de Hitler en 1923, finalmente miembro nacionalsocialista del
Parlamento. En su obra La nación en guerra de 1935, defendía que debían movilizarse
todas las fuerzas físicas y morales de la nación, la paz era simplemente un intervalo entre
guerras. El 18 de febrero de 1943, Joseph Goebbels, pronuncia su discurso de Guerra
Total frente a un público enardecido en el Palacio de los Deportes de Berlín. Los Aliados
en la Conferencia de Casablanca habían acordado que sólo aceptarían una rendición
incondicional. La derrota de la Wehrmacht en Stalingrado y la desesperada situación en
el norte de África, llevó a que Goebbels arrancase con su inflado discurso la adhesión a
una guerra más total y más radical de lo que se podrían imaginar en esos momentos.

Tanto para los aliados, como para las potencias del Eje, toda la sociedad estaba en
guerra, toda la sociedad era un objetivo militar. Las muertes de los civiles no eran
causadas por daños colaterales. Sir. Charles Portal, jefe del Estado Mayor del Aire,
reconoció en 1941 que la R.A.F. debía cambiar el enfoque de los blancos alemanes. Los
bombardeos de precisión no eran posibles, se debía realizar el bombardeo de área. Los
objetivos serían los grandes centros urbanos. Churchill ya aceptaba como un hecho la

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guerra total, Iósif Stalin lo alentaba en 1942 a que bombardease las viviendas alemanas.
Se informó del cambio de estrategia al presidente de los Estados Unidos que, una vez
perdida la neutralidad, no puso objeciones.

Las limitaciones tecnológicas eran también una dificultad añadida a la hora de


escoger objetivos, tanto por las limitaciones de los aparatos de aviación, de navegación y
climatológicos, como por las defensas antiaéreas y los cazas de la Luftwaffe. Los
bombardeos de la R.A.F. solían ser nocturnos, descargando su carga mortal desde los tres
a cuatro mil metros de altitud, sobre las zonas señalizadas previamente por los “árboles
de Navidad” (luces de bengala). Cuestan imaginarse esos inconvenientes en la actualidad,
cuando misiles teledirigidos y drones pueden acertar en el objetivo o persona
seleccionados con toda exactitud.

Entonces ¿Qué es lo que hace que Dresde sea diferente de las otras ciudades? ¿Por
qué Dresde se ha convertido en el ejemplo del horror? ¿Por qué se ha considerado
innecesario el bombardeo de esta ciudad y no de otras? ¿Realmente fue Dresde más
devastada que el resto de las ciudades atacadas? Un conglomerado de situaciones previas,
posteriores y coetáneas al bombardeo del 13 de febrero de 1945, explican el porqué
Dresde es considerada una ciudad mártir de la II Guerra Mundial en Alemania.

La capital de Sajonia era conocida como la Florencia junto al Elba. La ciudad del
arte, de la música, atraía a numerosos turistas que disfrutaban de la belleza y la vida social
y cultural de la ciudad. Viajeros de toda Europa, especialmente británicos, también de los
Estados Unidos, admiraban esta hermosa ciudad de estilo barroco. El gusto de los
anglófonos por la ciudad había comenzado a mediados del siglo XVIII, la Primera Guerra
Mundial supuso un paréntesis. En los años veinte y treinta Dresde siguió recibiendo
numerosas debutantes, a las que invitaban a bailes con jóvenes y guapos oficiales
alemanes. ¿Cómo se podría destruir una ciudad tan bella? Sin duda, esa pregunta se la
podía hacer quien ignorase los “bombardeos Baedecker”, cuyos objetivos eran ciudades
hermosas británicas que habían recibido tres estrellas en las guías turísticas alemanas,
como Exeter, York, Bath y Canterbury. Había que destruir la moral de la población,
destruyendo emblemas de su civilización, el dolor y la humillación nacional al ver sus
calles y monumentos mutilados.

Las ciudades bellas producen en el imaginario colectivo, una mayor sensibilidad


frente al infortunio, provocando una mayor solidaridad. El incendio de la catedral de

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Notre Dame de París en el año 2019, ha conseguido una mayor consternación y
repercusión en los medios de comunicación y sociedad mundiales, que la catástrofe
medioambiental que provocan los incendios en Indonesia.

La II Guerra Mundial significaba para la sociedad norteamericana, la lucha del


bien contra el mal. Los estados democráticos luchaban por la libertad contra las
dictaduras, que estaban cometiendo todo tipo de atrocidades. Además, la guerra y las
consecuencias inmediatas sobre su población, se estaba realizando a miles de kilómetros,
con lo cual no existía el impulso de revancha.

Goebbels utilizó el bombardeo de Dresde para varios fines. Aumentó los datos
sobre el número de muertos a unos doscientos cincuenta mil. Dentro de sus fronteras
quería conseguir una mayor movilización de la sociedad alemana en el esfuerzo bélico.
Utilizó la prensa de los países neutrales para mostrar la barbarie de los aliados, el
sinsentido de una mayúscula masacre en una ciudad que estaba indefensa y era el símbolo
del arte y la cultura. Una ciudad que estaba llena de refugiados que huían del frente.

El reportero Howard Cowan, de la American Associated Press, provocó una gran


inquietud en la opinión pública norteamericana, cuando expresa en la introducción de su
artículo que “los comandantes del ejército del aire aliado han tomado la esperadísima
decisión de utilizar los bombardeos de terror contra los grandes centros urbanos
alemanes”. En Inglaterra los oponentes de los bombardeos de área levantaron la voz.
Incluso el propio Churchill a fines de marzo de 1945, transmitió en una nota al jefe
adjunto del Ejército del Aire que “se necesita informar con mayor precisión sobre los
objetivos militares /…/ en lugar de meros actos de terror y destrucción gratuita, por
impresionantes que sean”. Al final de la guerra no reconoce públicamente la labor
realizada por el comando de bombarderos.

Dresde y el “bombardeo de terror”, “la tormenta de fuego”, “una masacre


innecesaria”, serán argumentos utilizados y reiterados desde diversos sectores. La
propaganda neonazi de posguerra argumentará que son los aliados los criminales de
guerra. El 27 de enero de 1945 los soldados soviéticos hallan el campo de Auschwitz
abandonado y con miles de esqueletos vivientes. Una división británica entraba el 15 de
abril en el campo de concentración de Bergen-Belsen, que los alemanes habían
abandonado. Allí había unos sesenta mil prisioneros famélicos y sumamente enfermos y
unos trece mil cadáveres que los nazis no habían tenido tiempo de deshacerse. Con el

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tiempo se iría descubriendo los horrores del Holocausto, más de medio centenar de
campos de trabajo y exterminio, se estiman más de seis millones de muertos en ellos. Los
nazis intentan demostrar al mundo que ellos no son los únicos genocidas.

Dresde se incorporó a la República Democrática Alemana, bajo el control de la


Unión Soviética y ésta tomó el mando de la historia. En 1950 da comienzo a la
propaganda comunista de la R.D.A. sobre los horrores del bombardeo de Dresde. La
Guerra Fría y el conflicto bélico de Corea son los detonantes. Se acusa Eisenhower,
presidente de los EE. UU., de ordenar el bombardeo de Dresde. Se siguen utilizando para
ello los mismos argumentos de la propaganda nazi.

La Frauenkirche a pesar de encontrar patrocinio financiero, no se empezaría a


reconstruir hasta 1992, después de la caída del régimen. Permaneciendo como símbolo
del bombardeo de terror durante décadas. Lugar de concentración de todos los
aniversarios del ataque. Una imagen que ha permanecido como muestra del horror durante
tanto tiempo, sin duda trae a la mente del observador, de muchos observadores, una
noción de la magnificencia del desastre mucho mayor que si está reconstruida.

Ruinas de Frauenkirchen
Foto: Morton Laursen Vig 1982

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En los años sesenta generaron sensibilidad hacia el drama de Dresde, la
publicación del bestseller Matadero Cinco, de Kurt Vonnegut, el escritor norteamericano,
prisionero de guerra, que fue uno de los encargados de desenterrar a los muertos atrapados
en la ciudad. La destrucción de Dresde, 1945, del controvertido historiador David Irving.
En su reseña publicada en el Observer, el exdiplomático Harold Nicholson casi alegaba
que el bombardeo había constituido un crimen de guerra. En Gran Bretaña se extendió la
opinión que había sido un episodio siniestro y vergonzoso. La guerra del Vietnam, con el
conflicto moral que supuso en una sociedad en cambio, hacía pensar a los más jóvenes
que los bombardeos eran sinónimo de imperialismo despiadado.

En los últimos años, el debate se centra en si se puede considerar el bombardeo


de Dresde un crimen de guerra. Los argumentos utilizados reiteradamente, son
básicamente los mismos que utilizó el régimen nazi a través de su ministro de propaganda,
Joseph Goebbels. Los once principios de la propaganda nazi consiguen obtener grandes
resultados en las masas, como demuestra que se sigan utilizando en el siglo XXI.

Uno de los argumentos es la guerra de cifras, los veinticinco mil fallecidos


contrastados contra los doscientos cincuenta mil de la propaganda revisionista. El
panorama desolador de muertos calcinados llevó a argumentar de que se utilizaron
bombas incendiarias de fósforo blanco. Este material arde de manera espontánea en
contacto con el oxígeno, matando a las personas y provocando quemaduras incluso en
órganos internos. Consideradas muy dañinas para la población, existe la demanda de
incluirlas en el reglamento de prohibición de la Convención de Armas Químicas. El tipo
de bombas utilizadas por los bombardeos aliados fueron de tipo termita, que generan
procesos rédox muy exotérmicos generando muy altas temperaturas. A los fallecimientos
provocados por los incendios y las altas temperaturas, cabe añadir las muertes por asfixia
de las personas que se encontraban en los refugios antiaéreos. Dresde no había construido
refugios antiaéreos como tales, con unos requisitos mínimos que protegiesen a la
población de un bombardeo. Tal vez el motivo fuese que la ciudad se hallaba muy al Este
de Alemania, alejada de un posible ataque aéreo debido a la enorme distancia. Pero los
medios técnicos fueron cambiando en el transcurso de la guerra y esa posibilidad ya fue
factible. Los sótanos de los edificios eran el refugio de la población, conectados entre
ellos por si alguna salida se volvía impracticable. Estos refugios no estaban realmente
preparados frente a un derrumbamiento y además se convirtieron en una trampa mortal.
Al estar intercomunicados, el fuego podía pasar de unos a otros y si no era el fuego era el

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aire caliente y si no, los humos o la falta de oxígeno. La tormenta de fuego succionó el
oxígeno del laberinto formado por ellos. Evidentemente el gauleiter Mutschmann y el
cuerpo de oficiales, tenían bunkers en hormigón.

Se argumenta también que Dresde estaba indefensa. Realmente Dresde se


encontraba sin defensas antiaéreas, éstas se habían desplazado al frente oriental para
contener el avance de las tropas soviéticas. No obstante, el 1 de enero de 1945, la ciudad
fue clasificada como “área defensiva”. El general Adolf Strauss tenía órdenes de crear la
“línea del Elba”, dejando Dresde al mando del inexperto general sexagenario Karl
Mienert, cuyas órdenes tenían preferencia sobre las autoridades civiles. El “área
defensiva” significaba la defensa a ultranza frente a las tropas soviéticas, casa por casa.
Dresde ya había sido bombardeada levemente a finales de 1944 y enero de 1945, como
objetivo secundario al no poder ir a otros lugares por razones climatológicas. Razón por
la cual el gauleutier había puesto a salvo sus obras de arte, pero la ciudad permanecía
indefensa frente ataques aéreos.

Este razonamiento se ve reforzado con la tesis que manifiesta que el fin de la


guerra estaba próximo, que el régimen nazi tenía los días contados. A primeros de 1945,
Breslau a 160 Km al este, se hallaba rodeada por el Ejército Rojo. El ejército soviético se
encontraba el 4 de febrero de 1945 a 70 km de Berlín. Puede parecer que, según la
evolución de la contienda, Alemania iba a capitular o simplemente salir derrotada en un
corto período de tiempo. A pesar de la velocidad con la que avanzaban las tropas del
general Zhúkov en el frente oriental, en febrero de 1945 el general alemán Schörner tenía
a su cargo un millón de hombres en el Grupo de Ejércitos Centro. Todas las tropas
germanas habían tenido la orden de defensa a ultranza en el frente oriental, desde el inicio
de sus derrotas en Stalingrado. La contraofensiva alemana en el frente occidental supone
la paralización del ejército angloamericano en las Ardenas, con graves problemas de
abastecimiento a través del puerto de Amberes.

Los cohetes V2 relevan a los V1 desde septiembre. Alcanzando velocidades


supersónicas y con una autonomía de unos 300 km, son lanzados desde plataformas
móviles contra Amberes, Londres y el sur de Inglaterra. Prácticamente imposibles de
detectar por los radares de la época, no se podían derribar ni por la artillería, ni por los
cazas. Era un arma sin defensa posible. Desde el 8 de septiembre de 1944 hasta el 27 de
marzo de 1945 se lanzaron contra territorio aliado unos 4320 V2. Aquello era una
recalibración de la guerra total, la población civil asesinada por control remoto. Se temía
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que los nazis refinaran la tecnología necesaria para desplegar no solo explosivos, sino
gases venenosos letales como el sarín. Además, estaba el desarrollo del Messerschmitt
Me 262, el primer caza alemán de propulsión a chorro. Estaba claro que los nazis no
contemplaban la opción de rendirse.

Los angloamericanos piden a los rusos que presionen en el frente oriental para así
aliviar el occidental. Para apoyar el avance soviético, el Comité de Inteligencia sugiere
ataques estratégicos, Churchill está más interesado en ataques masivos en la zona oriental.
El 8 de febrero de 1945, durante la reunión del Comité de Objetivos del Ministerio del
Aire, se valora la importancia de las evacuaciones del frente oriental y las fuerzas
militares que se dirigen hacia el mismo. Las estaciones y líneas de ferrocarril cobran gran
importancia en los desplazamientos de tropas, por eso se convierten en objetivos
prioritarios. Entendidos en su globalidad, todavía inmersos en la guerra total, la
destrucción de las instalaciones del ferrocarril tiene el mismo valor que el aumento de la
confusión mediante el movimiento de refugiados y evacuados que dificulten las
maniobras militares. Berlín, Dresde y Chemnitz son objetivos señalados a este respecto.
Dresde era un importante punto neurálgico de movimiento de ferrocarriles, con gran
movimiento de tropas y armamento entre los frentes.

Previo a la Conferencia de Yalta, en la que Churchill, Roosevelt y Stalin perfilan


el mundo de la posguerra; Roosevelt y Churchill se reúnen en Malta. Allí les llega la
sugerencia del Estado Mayor en la que propone ataques a pozos petrolíferos, fábricas de
tanques y “áreas de evacuación”. En la Conferencia, los altos comandantes de Stalin
solicitaron que los enlaces de transporte de Dresde fuesen bombardeados por las fuerzas
angloestadounidenses, a fin de impedir los movimientos de tropas alemanas hacia el Este.

También se acusó que no había industria bélica en Dresde y que además no fueron
bombardeados los barrios periféricos, donde se aloja la industria. Cierto es que Dresde no
contaba con una industria bélica de armamento pesado, pero sí de utensilios de precisión
que eran utilizados por el armamento germano. La ciudad alemana estaba asociada a la
innovación científica. En una economía de guerra, como correspondía en una guerra total,
las industrias de Dresde se reconvirtieron para la producción bélica. Además del daño
producido a trabajadores fabriles e infraestructuras, el bombardeo afectó a doscientas
fábricas, veintiuna de ellas en un cien por ciento.

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Se esgrime también la masacre de refugiados, como colectivo más vulnerable y
desprotegido. En la medida que el Ejército Rojo avanzaba en el frente oriental, la
población alemana huía despavorida y pronto Lübeck, Colonia, Hamburgo, Essen,
Dortmund, Dusseldorf y Dresde se convirtieron en refugio de desplazados. A finales de
1943, Dresde ya se consideraba saturada. Dresde ya había sido blanco de ataques aéreos
norteamericanos en otoño de 1944 y enero de 1945. Las fuerzas armadas de Estados
Unidos ya habían señalado a Dresde como un blanco útil poco después del desembarco
de Normandía. El 7 de noviembre de 1944 una formación de B-24 con la estación de
clasificación central como objetivo. Se perseguía causar una gran perturbación, no sólo
cortar la arteria ferroviaria que iba de Berlín a Praga, sino también incendiar los materiales
industriales. El 16 de enero de 1945, algunos bombarderos que no alcanzaron sus
objetivos en una nueva misión aérea, pusieron rumbo a blancos secundarios, la estación
de clasificación de Dresde. Entre los explosivos lanzados se encontraban 18000 bombas
incendiarias. Después del 13 de febrero, Dresde volvería a ser bombardeada a primeros
de marzo en una incursión estadounidense contra la estación de clasificación.

En otro escenario, en la madrugada del 9 al 10 de marzo la operación


Meetinghouse, unos 334 bombarderos B-29 de los EE. UU. descargaron 1665 toneladas
de bombas incendiarias sobre la zona este de Tokio. La ciudad estaba habitada por más
de un millón de personas y en el ataque quedaron destruidos unos 41 Km cuadrados de la
misma y fallecieron unas 105.400 personas.

Los ataques masivos, directos, sobre la población civil fue una constante durante
la II Guerra Mundial por todos los contendientes. Se estima en cerca de veinte millones
de soldados fallecidos en la contienda y más de cuarenta y siete millones de civiles. El
uso de las bombas incendiarias fue ejercido masivamente sobre las poblaciones civiles de
los países en litigio. Parece claro que el bombardeo de Dresde no fue un caso especial,
los especial ha sido su repercusión en la opinión pública motivado por el conocimiento
de la ciudad a nivel internacional, por su belleza arquitectónica y su vida cultural, así
como la actividad propagandística iniciada por los nazis y continuada por el régimen
comunista de la R.D.A. y los grupos neonazis.

Es evidente la repercusión de la propaganda sobre una sociedad horrorizada por


la devastación material y humana sufridas. En 1980 se firma el Protocolo III, sobre
prohibiciones y restricciones del empleo de armas incendiarias. Aunque se ajusta sólo a
conflictos internaciones, prohíbe expresamente la utilización de las armas incendiarias
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sobre la población civil, incluso contra un objetivo militar que se halle entre la población
civil. Llegados a este punto, tal vez lo que se plantea de fondo no es si el bombardeo de
Dresde puede ser un crimen de guerra. Es posible que la sociedad actual esté denunciando
que la guerra es un crimen contra la humanidad.

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