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Macbeth

Macbeth, de William Shakespeare. Traducción de José María Valverde.

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SHAKESPEARE Forrumarss. Apresurémonos a ofrlo, y llamad a Jos més nobles para que lo escuchen. Por mi parte, abrazo con tristeza mi fortuna: tengo de- rechos inolvidables a este Reino, y ahora mi oportunidad me invita a reclamartos. Horacio. De eso, también tendré yo motivo para hablar, de parte de esa boca que ya no dar més ‘su voto: pero hagase eso en seguida, ahora que todavia los 4nimos de los hombres estan agita- dos, no sea gue ocurra alguna desgracia por in- twigas o errores. ForrimprAs. Que cuatro capitanes leven a Ham- let, como un soldado, al catafalco, pues sin duda, si se le hubiera puesto a prueba, habria resultado de énimo egregio; en su despedida, la iisica de los soldados y los ritos de la guerra hablen sonoramente a su favor. Levantad el cuerpo. Un especticulo como éste esta bien en cl campo de batalla, pero aqui esta fuera de Iu- gar. Ea, ordenad a los soldados que disparen, (Se van, marchando; después, se disparan salvas de artilleia.) ° Se putde ler también seuyo voto alrard consio otros 212 slant completo en a primers eicloes era La ragdi. Macbeth», . iad PERSONAJES, ee on | ee Mae: ss del ejército del | worst = a eee nobles escoceses == = a = ‘Siwarp, Conde de Northumberland, general de las fuer- =a EL JOVEN Siwaro, hijo suyo ‘SeyTON, oficial del séquito de Macbeth meet ar a ee Uy SouDaDo SHAKESPEARE UN Portex UN Viex0 "TRES ASESINOS La SeRoRA MACBETH LA SENoRA MACDUFF [UNA DAMA DEL SEQUITO DE LA SENORA MACBETH Hecare ‘TRES BRUIAS APARICIONES (ESPECTRO DE BANavo y otras) Nontes, CABALLEROS, OFICIALES, Sotpapos, GENTE DE SseQuITO ¥ MENSAJEROS [La accién, en Escocia, menos el fin del acto cuarto, {que tiene lugar en Inglaterra.] 4 ACTO PRIMERO ESCENA PRIMERA (Un lugar abierto] (Truenos y rayos. Entran tres Brjas,) BRUIA PRIMERA. ¢Cudndo seré otra vez nuestra reu- Inidn? (Habré también tormenta y cha- Iparrén? BRUsA SEGUNDA. Cuando la batahola esté acabada, ya lucha perdida ya y ganada. BRUIA TERCERA. Eso tiene que ser ‘antes del atardecer. Donde seré el lugar? En la Uanura. Con Macbeth hay allt cita segura. BRUNA PRIMERA. Ald voy, gato negro de mii vida." [BRUIA PRIMERA. [BRUIA SEGUNDA, [BRUIA TERCERA, " Graymathin, nome de gat: Jos gatos, sapos,elzs, et. 56 consiernbancompatia habits e as brs. 219 SHAKESPEARE Tovas. El sapo llama, ;Vamos en seguida! Hermoso es lo feo, y feo lo hermoso: ja volar! al aire stcio y asqueroso. [(Se van.) ESCENA II [Un campo junto a Forres] (Toque al arma, dentro. Entran et Rey Duncan, Malcolm, Donalbain, Lennox, con séquito, en- contrindose con un Capitén sangrante.) 4 DUNCAN, gQuién e& este hombre ensangrentado? Segtin parece por su estado, é] podra informar- nos de la situacién mas reciente de la revuelta. MALCOLM. Este es el oficial que combati6, como buen soldado valiente, para que no me hicieran prisionero. (Te saludo, bravo amigo! Di al Rey lo que sepas de la lucha cuando la dejaste. Carrrin? Estaba en duda, como dos nadadores ex- hhaustos, que se aferran uno a otro, sin dejarse nadar y ahogéindose. El inexorable Macdonwald (digno de ser rebelde, pues en él bullen las diver- sas maldades de la Naturaleza) recibe refuerz0s de «a fee si oa or send i bee era or Serer see oc baa ses Smee 220 aceern Infantes y jinetes? de las islas de Poniente, y la For- ‘tuna, sonriendo a su causa maldita,* ha mostrado ser la prostituta de un rebelde: pero todo eso tiene poca fuerza, pues elvaliente Macbeth (bien mere- ‘ce que sele lame asf), despreciando a la Fortuna, blandié el acero humeante de sangrienta matanza (como favorito de la Valentia) para abrirse a gol- ‘pes como trinchando, hasta enfrentarse con ese bribén, y no le dio la mano ni se despidié de él an- tes de descoserle desde el ombligo a las costillas, y de plantar su cabeza sobre nuestras almenas, DuvcaN. jAh, valiente primo mio, digno caballero! ‘Cartrin. Igual que desde donde el sol empieza a re- flejarse [surgen] tormentas que hunden los barcos yy truenos horrendos, asf rebosa el desaliento des- ‘de la misma fuente de donde parecfa venir el con- suelo, Fijate, Rey de Escocia,fijate: apenas la Jus ticia, armada con la Valentia, habia obligado a esos Agiles soldados irlandeses a encomendarse a los talones, cuando el sefor de Noruega, aprove- chando una ocasién, empez6 un nuevo ataque con armas afiladas y nuevos refuerzos de hombres. DUNcaN. ¢No asust6 eso a nuestros jefes Macbeth y Banquo? CarrTAN. Sf, como las golondrinas asustan a las Aguilas, o la liebre al leén, A decir verdad, debo 2 Lieralmente kes and gllowslases, infant yfntsilande- sex, armados de hachaso aston "Stich, quar, case 21 SHAKESPEARE contar que fueron como caflones rebosantes con doble municién, segiin como redoblaban de dos en dos los golpes contra el enemigo: si no pretendfan bafiarse en heridas humeantes 0 hacer memorable otro Gélgota? no sé decir. Pero me desmayo: mis heridas gritan pidiendo ayuda, DUNCAN. Tus palabras te honran tanto como tus hheridas: ambas alientan honor: id a buscarle médicos. (Entran ‘Ross y Angus.) eQuién viene aqui? MaLcoum. El ilustre Barén de Ross.* LENNOX. ;Qué ansitdad mira por sus ojos! Tal ha de ser el aspecté de quien va a anunciar cosas, extrafias, Ross, Dios salve al Rey! Duncan. gDe dénde vienes, noble Barén? Ross. De Fife, gran Rey, donde las banderas no- ruegas insultan al cielo, y enfrian a nuestras gentes con su abanicar: El propio rey de Norue- ga, con terribles huestes, y ayudado por ese des- Teal traidor, el Barén de Cawdor, empez6 una espantosa lucha, hasta que el recién casado es- poso de Bellona,? recubierto de armadura, se + sLugar de a Calera, el cere del Crciin de Js. ‘ Tinducimor por saris evo tu escoots de Thane > dion dela guerra: Macbeth, por su valent 5 como si se tnubier cao con a 22 MACBETH enfrent6 con él para comparar punta contra punta, brazo rebelde contra su brazo, humillan- do su desenfrenado espfritu: y, para conchuir, la victoria recay6 sobre nosotros. Duncan. jGran felicidad! Ross. Asf pues, ahora Sueno, rey de Noruega, de- ‘sea armisticio: y no le hemos dejado dar sepul- tura a sus hombres hasta que desembols6, en la isla de Saint Colme, diez mil téleros para nues- {ro uso comtin, DUNCAN. Ese Barén de Cawdor no volveré a ser traidor a nuestro interés cordial: id a anunciar su muerte inmediata, y saludad a Macbeth con. el titulo que tenia él. Ross. Miraré que se cumpla, DUNCAN. Lo que ha perdido él, lo ha ganado el no- ble Macbeth. (Se van.) mn ESCENA III [Una laura) (Truenos. Entran las tres Brujas,) BRUIA PRimeRA, Dénde has estado, hermana? [BRUIA SEGUNDA. Haciendo morir cerdos. BRUIA TERCERA. ¢¥ ti, hermana, donde? 223 SHAKESPEARE BRUIA PRIMERA. La mujer de un marinero tenfa cas- tafias en el regazo, y rota, rofa, rofa: «Damer, le digo yo: «Quita de ahi, bruja», me grita aquella rofiosa alimentada de rabadillas.* Su marido ha ido a Aleppo, contramaestre del «Tigre», pero yoembarcaré volando en un tamiz .y como un ratoncillo sin nariz ‘que le haré, qué le haré! [BRUIA SEGUNDA. Te voy a dar un viento. BRUIA PRIMERA. Me dards gran contento. BRUIA TERCERA. Y'yo otro viento mds. [BRUIA PRIMERA. Soy ios los demas, lbs puertos que arrasan Yylas lineas que pasan en la carta marina. Yo le voy a moler igual que harina: ‘no podra, noche y dia, entrar el suefio debajo del alero de su cero: por nueve veces nueve ‘semanas, es mi mano quien le muev: y aungue su barco no se puede Dundir ta tempest lo abr de aces Ved to que tengo yo. [BRUIA SEGUNDA. A ver a ver qué es €s0. Se discutes sumed eqiale selimeniada del pers imentada de lo mefors © 224 Maceere BRUIA PRIMERA. El pulgar de wn piloto que se bunds volviendo de regreso. (Se oye un tambor dentro.) [BRUDA TERCERA, Un tambor, un tambor: viene Macheth: estd el noble seftor. Las mes prwas, Las Hermanas Fatales, de la mano, corriendo por el mar y por el llano, dan vueltas y mds vueltas, van ast: wes vueltas para ti, tres para mt, y tres més, hasta hacer nueve del {todo, iCallad! Ya esta el hechizo de este Imodo. (Entran Macbeth y Banquo.) ‘Macs, No he visto dia tan hermoso y tan feo. Banovo. :Cudnto dicen que hay de aqui a Forres? Quiénes son ésas, tan marchitas, y tan extrafias. de vestido, que no parecen iguales que los habi- tantes de esta tierra, y sin embargo estén en ella? cEstdis vivas, 0 sois algo a que el hombre pueda Preguntar? Parecéis entenderme, porque cada una de vosotras, al mismo tiempo, se pone el ru- goso dedo en los descarnados labios: debéis ser mujeres, pero vuestras barbas me impiden en- tender que lo sedis. Macsers, Hablad si podéis: zquiénes sois? 'BRUIA PRIMERA. ;Te saludamos, Macbeth, te saluda- ‘mos, Barén de Glamis! 225 SHAKESPEARE [BRUusA SEGUNDA. {Te saludamos, Macbeth, te salt damos, Barén de Cawdor! BRUMA TERCERA, Te saludamos, Macbeth, que un dia serds rey! saNauo, Noble sefior, ¢por qué os estremectis ¥ Bavarecin wer miedo de cosas que suenan tan hermoso? En nombre de la verdad, ¢sofs de fan- tasia, 0 sois en efecto lo que parecéis por fuera’ ‘A mi noble compafiero le saludais con su titulo presente grandes predicciones de noble adqui- sicién y de reales esperanzas, y él se ha quedado fuera de sf: a mi no me habldis. Si podéis mirar dentro de las semillas del Tiempo y decir qué grano creceré [Link] no, habladme, entonces, a mi, que no solicito ni temo vuestros favores ni vwuestro odio. BUA PRIMERA, jTe saludamos! [BRUJA SEGUNDA, (Te saludamos! TBRUIA TERCERA. (Te saltudamos! BRUIA PRIMERA, Menor que Macbeth, y més grande, [BRUIA SEGUNDA, No tan dichoso, pero mucho més dichoso. i4 veRceRa. Engendraras reyes, pero tti no lo ees con eso, os saludamos, Macbeth y Ban- quo! [BRUIA PRIMERA, jOs saludamos, Banquo y Mac- beth! 226 Maceera MACBETH. Esperad, ordculos incompletos, decid- ‘me més: por la muerte de Sinel, ya sé que soy Barén de Glamis, pero ¢cémo de Cawdor? El Ba- r6n de Cawdor vive, préspero caballero: y el ser rey, no entra en la perspectiva dela creencia més que el ser barén de Cawdor. Decid de donde ha- béis sacado esa extratia informacién, y por qué, enesta llanura desolada, nos detenéis en nuestro camino con tales saludos proféticos. Hablad, os Jomando. (Las Brujas se desvanecen.) Banovo. La tierra tiene burbujas, igual que el ‘agua, y eso eran éstas: gpor dénde se han desva- necido? Macsemi. Por el aire: y lo que parecta corpéreo se ha fundido como aliento en el viento, jOjald se hubieran quedado! Banovo. ¢Estaban aqui esas de que hablamos, 0 hemos comido una rafz de locura, que hace pri- sionera ala razén? Macuetx, Tus hijos serain reyes, BaNovo. Ti serds rey. Macseru, Y Barén de Cawdor también: gno era asf? Banovo. Esas mismas palabras, ese tono: gquién ‘viene aqui? (Entran Ross y Angus.) Ross. El Rey ha recibido con felicidad, Macbeth, las noticias de tu éxito: y al leer sobre tu peligro 27 SHAKESPEARE personal en la lucha con los rebeldes, su asom- bro y su alabanza rivalizan sobre qué ha de ser tuyo, 0 suyo: silencioso con esto, observando el resto de esa batalla, te encuentra en medio de las fuertes filas noruegas, sin miedo ninguno a las extrafias imagenes de la muerte que ta mis- mo hiciste. Llegaban correo tras correo, tan se- guidos como se puede contar, y todos trafan alabanzas tuyas en la gran defensa del Reino, para lloverlas ante él ANGUS. Se nos envia a darte las gracias de parte de ‘nuestro real sefior; sélo para precederte ante su presencia, no para pagarte. Ross. Y en prenda de un mayor honor, me ha mandado, de su-parte, que te Namara Barén de Cawdor: con cuyo titulo, jte saludamos, nobili- simo Barén! Pues eso es tuyo. Banquo. ¢Qué, puede decir la verdad el diablo? Macner, El Barén de Cawdor est vivo: gpor qué ‘me revestis de galas prestadas? ANGUS. Vive todavia el que era Barén, pero, bajo ‘una grave condena, tiene la vida que merece perder. No sé si se alid com los de Noruega, o si socorri6 a los rebeldes con ayuda oculta y'ven- {ajas, 0 si trabajé con lo uno y otro para ruina de su pais: pero la alta traicién, confesada y de- mostrada, le ha hecho caer. As tick as tal: Algunoecorigen aiden ver de ale, entendién- one entonces stan apretades como graos 228 Maceern MacweTH, Glamis, y Baron de Cawdor: lo més gran- de falta todavia. Gracias por vuestra molestia, éNo tienes esperanzas de que tus hijos sean reyes, si no les prometieron menos las que me dieron el titulo de Bardn de Cawdor? Banovo. Eso, creido a fondo, podria atin encender- te hasta la Corona, ademds de ser Bardn de Caw- dor: Pero es aro: y a menudo, para conseguir nuestro dafo, los instrumentos de la tiniebla nos dicen verdades, nos conquistan con tonterias hhontadas, para traicionarnos en consecuencias ‘més graves. Primos, una palabra, por favor. Macutr, Dos verdades se han dicho como prdlogos felices al grandioso drama de tema imperial. Os doy gracias, caballeros. Esta incitacién sobrena- tural no puede ser mala: no puede ser buena. Si es ‘mala, epor qué me ha dado empeno de éxito al co- menzar con una verdad? Soy Barén de Cawdor. ‘Si es buena, epor qué cedo a esa tentacién cuya horrenda imagen me eriza el pelo, y hace que mi sélido corazén me golpee las costillas, contra la ccostumbre de la Naturaleza? Los temores reales son menores que las imaginaciones horribles: mi pensamiento, cuyo crimen slo es todavia imagi- nario, trastoma de tal modo mi simple condicion de hombre, que toda accién queda sofocada en suposiciones, y nada es sino lo que no es, BaNQuo. Mirad c6tmo nuestro compattero esta fue- rade si, Maseru. Si la Suerte quiere hacerme rey, pues ‘que la Suerte me corone sin que yo me mueva. 29 SHAKESPEARE. Banavo. Los nuevos honores le caen como a noso- tros las ropas desacostumbradas, que no se ajustan a su molde sino con ayuda del uso. Macaeni. Pase lo que pase, el tiempo y la hora u- yen corriendo hasta el final del dia més duro. Banavo. Tistre Macbeth, esperamos hasta que os pparezca bien. ' Macners. Concededme vuestra indulgencia: mi aturdido cerebro estaba absorto en cosas olvi- dadas, Bondadosos sefiores, vuestras molestias quedan inscritas donde todos los dfas paso las hhojas para leerlas. [A Banguo.] Vamos a ver al Rey; piensa en lo que ha ocurrido: y, en mejor ‘momiento, después de sopesarlo mientras tanto, hablaremos entré’nosotros con énimo franco. Banovo. De muy buena gana. Macaeri, Hasta entonces, basta, Vamos, amigos (Se van.) ESCENAIV [Forres. Una sala en el Palacio] ue detrompea. Entra el Rey Duncan, Le (roe Metco Donabain escola) cas, cSe ha eecutado ya a Cawdor? (No han clo fodavia ls comionados para jure 230 waceera MALCOLM. Majestad, todavia no han vuelto. Pero he hablado con uno que le vio morir, y me ha contado que con toda franqueza confess sus traiciones, imploré el perdén de Vuestra Majes- tad, y mostré un profundo arrepentimiento: nada en su vida le honré tanto como el modo de dejar- a. Murié como quien hubiera estudiado, para ‘su muerte, arrojar la cosa mas preciosa que tu- viera como si fuera una insignificancia vana, Duncan. No hay atte para hallar en el rostro el modo de ser de la mente. Era un caballero en quien yo habfa puesto absoluta confianza. (Entran Macbeth, Banquo, Ross y Angus.) iAb ilustrisimo primo! Ya me pesaba el pecado de mi ingratitud. Te has adelantado tanto, que el ala més répida de la recompensa es lenta para alcanzarte. Ojalé hubieras merecido me- os para que hubiera tenido yo buena propor- cién de agradecimiento y pago: sélo me queda decir que tu mérito es mayor de todo lo que puedo pagar. MacueTH. El servicio y la lealtad que os debo, al cumplirlos, se pagan a s{ mismos. A Vuestra Majestad le toca recibir nuestras obligaciones: y nuestras obligaciones son, para vuestro trono xy Estado, unos hijos y sirvientes, que slo hacen lo que deben al hacerlo todo para seguridad de ‘wuestro afecto y honor. DuweaN. Bien venido aqut: he empezado a plan- tarte y tabajaré para hacer que te lenes de 231 SHAKESPEARE fronda, Noble Banquo, tt no has merecido me- nos, y no debe dejarse de saber que asi ha sido: déjame abrazarte y apretarte contra mi cora- 26n. Banovo. Si en él crezco, la cosecha es vuestra. DUNCAN. Mis abundantes alegrias, exuberantes en plenitud, tratan de ocultarse en lagrimas de tristeza. Hijos, parientes, duques, y vosotros cuyos lugares nos estén mas préximos, sabed que legaremos nuestro Reino a nuestro hijo ma- yor, Malcolm, a quien nombramos desde ahora Principe de ‘Northumberland: honor que no debe sélo revestirle; sin més compaiiia, sino que ‘otros signos de nébleza brillarén como estrellas en todos cuantos los merezcan, Vamos a Inver- ness, y undmonos alli mas a vosotros. MacneTi, Bl descanso es un esfuerzo no acostum- brado para vos: yo mismo seré vuestro aposen- tador y daré alegria a los ofdos de mi esposa con vuestra llegada: y asf, me despido humilde- mente, Duncan. {Mi noble Barén! ‘Mace [aparte] El Principe de Cumberland: éste es un escalén en que debo tropezat, o saltar, pues se me pone por delante. Estrellas, ocultad ‘vuestro fuego: que la luz no vea mis negros y profundos deseos; el ojo se cierre ante la mano; pero sea lo que el ojo teme ver cuando esté he- cho. (Se va.) 232 Maceern Duncan. Es verdad, ilustre Banquo: es asi de va- liente, y me alimento de sus elogios: para mf, es tun banquete. Vamos a seguirle, puesto que se toma el euidado de ir por delante para damos a wenida: es un pariente inigualable. (Toque de trompeta, Se van.) ae ESCENAV Unverness. En el castillo de Macbeth] (Entra la esposa de Macbeth, sola, con una carta.) ‘SeNoRA MacseTH, «Me salieron al encuentro en el dia del éxito: y por el acierto de su noticia, he comprendido que en ellas hay algo mas que co- nocimiento mortal. Cuando ardia en deseos de seguirles preguntando, se hicieron aire, desvane- ciéndose en él. Mientras yo me quedaba absorto ante tal prodigio, llegaron enviados del Rey, que me saludaron como Barén de Cawdor, titulo con el que antes me habian saludado esas Hermanas Fatales, remitiéndome al tiempo venidero con “Te saludamos a ti, que serds rey!”. Me ha pare- ido bueno comunicértelo, queridisima compa- era de mi grandeza, para que no perdieras tu porcién de alegria al quedar ignorante de la grandeza que se te promete. Guérdalo en tu cora- z6n y adiés.» —Eres Glamis, y Cawdor, y has de ‘ser lo que se te ha prometido: pero temo tu natu- 233 SHAKESPEARE raleza, que esté demasiado llena de la leche de la bondad humana, para tomar por el camino més corto. Querrias ser grande, no te falta ambicién, pero sin la maldad que habria de acompatarla. Lo que deseas en altura, lo deseas con santidad: no querrias hacer trampas, pero querrias ganar sin derecho. Querrias obtener, gran Glamis, Io que clama «Asi has de hacer, si quieres obtener- lo»; y querrias lo que tienes mas miedo de hacer que deseo de que no se hiciera, Acude aca de pri- sa, para que pueda verterte en el ofdo mi énimo, y ahuyentar con la valentia de mi lengua todo lo {que te estorba llegar al e{rculo de oro con que los Hados y una ayuda-sobrenatural parece que te quieren ver coronado. (Entra un Mensajero.) Qué noticias traes? MENSAIERO. El Rey viene aqui esta noche. ‘SERORA MacsETH. Estés loco, que dices eso. :No estd con él tu sefior? Si fuera asi, él me habria informado para hacer los preparativos. MeNsaJERO. Con vuestra venia, es verdad: nuestro Barén viene: uno de mis compafieros se ha ade- Tantado, 5, casi muerto sin aliento, le quedaba apenas lo suficiente para decir su mensaje. ‘SeRora MACBETH. Octipate de él, Trae grandes no- ticias. (Se va el Mensajero.) Esta ronco el mismo ‘cuervo que grazna ante la fatal entrada de Dun- can bajo mis almenas. Venid, espiritus que ani- mais los pensamientos de muerte; privadme 234 Macperit ahora de mi sexo, y lenadme de la més temible crueldad, desde la coronilla al pulgar del pie: es- ppesad mi sangre, tapad el acceso y la entrada a Ja piedad para que ningun natural acceso de compasion haga vacilar mi fiero propésito, ni ponga una tregua entre él y la ejecucion, Venid a mis pechos cle mujer, y cambiad mi leche por hiel, asistentes del crimen, dondequiera que, en ‘wuestras substancias invisibles, sirvais a la des- gracia de la Naturaleza. Ven, densa noche, y en- ‘wuélvete en el mis maldito humo de infierno, para que mi agudo cuchillo no vea la herida que hhace, ni el Cielo atisbe a través de las mantas de la tiniebla para grtar «alto, alto!s, (Enira Macbeth.) Gran Glamis, ilustre Cawdor, més grande que ambas cosas por el saludo para después: tu car- ta me ha llevado mas alla de este presente igno- rante, y ahora siento el futuro en el instante. MacsetH. Mi amor querido: Duncan viene aqui esta noche. ‘SeSona MacseTs. ¢¥ cusindo se va de aqui? ‘Macnera. Matiana, segtin se propone. Se8ORA MACBETH. Oh, nunca verd el sol ese mafia- na, Tu cara, Barén mio, es como un libro en que Jos hombres pueden leer cosas extrafas: para cengafiar el tiempo, toma el aspecto del tiempo, leva la bienvenida en tus ojos, tus manos, tu lengua. Toma el aspecto de la flor inocente, pero sé la serpiente debajo de ella. Hay que ocuparse 235 SHAKESPEARE del que llega, y tii dejards a mi cargo el gran asunto de esta noche, que a todas nuestras no- ches y dias del porvenir ha de dar dominio so- berano y seforto. Macs. Ya seguiremos hablando, ‘SeXoRA MACBETH. Pero ten aspecto sereno: cam- biar de aspecto, siempre es temer: déjame a mf todo Jo demas. (Se van.) ESCENA VI {invernegs, Ante el castillo} (Oboes y antorchas. Entran el Rey Duncan, Mal- colm, Donalbain, Bangi, Lennox, Macduff Ross, Angus y séguito.) Duncan. Este castillo tiene una agradable situa- cin: el aire, leve y dulcemente, se encomienda a nuestros halagados sentidos. Banovo, El vencejo, ese huésped del verano que invade los templos, demuestra con su residen- cia predilecta que el aliento del cielo aqui tiene lisonjero aroma: no hay friso saliente, no hay contrafuerte, ni rincén defendido en que este ppajaro no haya puesto su lecho colgante, su cuna fecunda, He observado que, donde mas acude y mas cria, el aire es més delicioso, (Entra la Senora Macbeth.) 236 acaern DoNcaN. Mirad, mirad, nuestra ilustre anfitriona. El afecto que nos rodea a veces es una molestia, pero siempre lo agradecemos como afecto, Con 280 0s ensefio cémo habéis de pedir a Dios que nos pague por incomodaros y darnos las gracias por molestaros. ‘SERORA MACBETH. Todos nuestros servicios, repeti- dos en rodo punto, y luego wueltos a doblar, se- rian cosa pobre y sencilla al lado de esos honores, profundos y anchos con que Vuestra Majestad abruma a nuestra casa: por los de antes, y las dignidades recientes, acumuladas sobre ellos, ‘quedamos como ermitanos para vos." Duncan. gDénde esta el Barén de Cawdor? Le he- ‘mos venido pisando los talones, y tenfamos el propésito de ser su abastecedor: pero él cabalga bien, ysu gran afecto, agudo como una espuela, Je ha ayudado a llegar a casa antes que noso- tos: hermosa y noble anfitriona, esta noche s0- mos vuesiro huésped. ‘SENORA MACBETH. Vuestros servidores siempre tie- nen a los suyos, a ellos mismos y a todo lo suyo, a disposicién vuestra, para rendiros cuentas de ello, dispuestos a devolveros lo que es vuestro. DUNCAN. Dadme la mano: llevadme ante mi anti- én: le tenemos gran afecto, y continuaremos idole mercedes. Con vuestra licencia, se- Hora, (Se van.) = sdecr,tezando por vse, 237 SHAKESPEARE ESCENA VII [Inverness. Una sala del castillo) (Oboes y antorchas. Eniran y pasan por la escena ficial trinchante y varias criados con pla- tos y servicio. Entra luego Macbeth.) Macseti. Si estuviera hecho, una vez hecho, en- tonces estaria bien que se hubiera hecho pron- to; si el asesinato pudiera echar la red sobre las consecuencias, y, con su cesacién, asegurar el éxito, de tal modo que sélo ese golpe fuera el to- tal y el Fin; aquf, aqui mismo, en este banco, en este bajfo!! del tierppo, saltariamos a la vida ve- nidera. Pero en estos ‘casos seguimos siempre sometidos a juicio aqui, ya que no hacemos sino ensefiar lecciones de sangre, que, una vez ensefiadas, regresan para asolar al inventor. Es- ta Justicia de mano equitativa acerea los ingre- dientes de nuestro cailiz envenenado a nuestros propios labios. Duncan esté aquf con doble con- fianza: primero, porque soy su pariente y su stibdito, cosas fuertes, ambas, contra tal accién: ademas, como anfitri6n, deberfa cerrar la puer- ta contra el asesino, y no usar el pufial yo mis- mo, Ademés, este Duncan ha usado sus poderes con tal bondad, ha sido tan claro en su gran dig- " Algunos corigen schoo! en ver de shoal, leyéndese entonces: on ate banco, en eta eseuala dal empow a ser que se Tome ‘hood envio sentido de smanadas [de cetaceos) 238 acaera nidad, que sus virtudes argitiran como angeles de lengua de trompeta en contra de la profunda condenacién de eliminarle: y la Compasin, como un desnudo ninito recién nacido que balga el huracan, o los querubines del Ciclo, cabalgando en los invisibles corceles del aire, soplardn a todos los ojos el horrible hecho, de tal modo que las lagrimas inundarén el viento. Yo, para punzar los flancos a mi intento, no ten- go mas espuela que la elevada Ambicién, que salta demasiado alto y me arroja al otro lado.. (Entra la Seiora Macbeth.) Qué hay? zQué noticias traes? SeNona MacBeTH. Casi ha terminado de cenar: ePor qué te has marchado de la sala? Macueta. ¢Ha preguntado por mt? ‘SeNora MacpeTH. ZNo sabes que si? Macweru. No seguiremos adelante con este asun- to: me acaba de conceder honores, y he adquiri do éurea fama ante toda clase de personas, y ahora habria que lucirla con todo su esplendor reciente, sin dejarla a un lado tan pronto. ‘SeRoRA MAcuera, ¢Estaba borracha la esperanza con que te revestias? ¢Ha dormido desde enton- ces, y se despierta ahora para mirar, verde y pé- lida, lo que hizo tan fécilmente? Desde este mo- ‘mento, asf considero tu amor. Tienes miedo de ser en tus propios actos y en tu valor el mismo que eres en deseo? MacueTs. Hay todavia consuelo: que son vulnera- bles, asf que estate alegre: antes que el murcié- lago haya terminado su enclaustrado vuelo, antes que, a la llamada de la negra Hécate, el escarabajo del estiércol, con su adormilado zumbido, haya tocado la bostezante campana de la noche, estar realizada una accién de te- mible importancia. ‘SeNona Macneri. Qué se va a hacer? MacBeTH. Sé inocente de su conocimiento, queri- disima pajarita, hasta que aplaudas la accié ven, noche encapuchadora,* venda los tiernos ‘ojos del compasivo dia, y con tu invisible mano sangrienta, borra y rompe en pedazos ese gran vinculo que se mantiene palido. La luz se espesa y el cuervo aletea hacia el. bosque de sus nidos: 5 copy contrat de aerendamicato. « Sealing ali 2 uta delcada operacign de cetrra para sco. tuna flee sapere ceils os aaron 273 las cosas buenas del dfa empiezan a decaet y a adormecerse, mientras los negros agentes de Ia noche se despiertan para hacer presa. Te asom- bras de mis palabras, pero estite tranquila: las cosas mal empezadas se fortalecen con el mal: asf que, por favor, ven conmigo. (Se var.) ESCENA IIL Parque, con una puerta que leva al Palacio] (Entran tres Asesinos.)? Asesino primero. Péto ¢quién te mand6 unite a nosotros? ASESINO TERCERO. Macbeth. ASESINO SEGUNDO. No hace falta que desconfiemos de él, puesto que nos trae nuestras érdenes, y lo que debemos hacer, de acuerdo con nuestras instrucciones. AsesINo primexo. Entonces quédate con nosotros: el occidente todavia refulge con jirones del dia. Ahora el viajero retrasado espolea con prisa para llegar a la oportuna posada, y se acerca cada ‘vez més el objeto de nuestra vigilancia, ASESINO TERCERO. Atencién, oigo unos caballos. > No se llega a comprender para qué Macbeth habia mandado 28 acaera iDadnos una luz aqui, eh! ASESINO SEGUNDO. Entonces, es él: los demés de la lista de los invitados ya estan en el Palacio, ASESINO PRIMERO, Se llevan a los caballos, ASESINO TERCERO. Casi una milla: pero él tiene cos- tumbre, como todos, de ir paseando desde aqui ala puerta de Palacio. (Entran Banquo y Fleance, con una antorcha.) Asesio SEGUNDO, Una luz, una luz. ASESINO TERCERO. Es él. ASESINO PRIMERO. (A ello! BaNavo. Va a lover esta noche. ASESINO PRIMERO. (Ya cae! (Ataca a Banquo.) Banavo. jAh, traicién! Huye, buen Fleance, huye, huye. Ti podrés vengarme. ;Ah villano! ASESINO TERCERO. ¢Quién ha apagado la luz de un golpe? ASESINO PRIMERO. ¢No habfa que hacerlo asi? ASESINO TERCERO. No ha cafdo més que uno: el hijo hha huido, ASESINO SEGUNDO, Hemos perdido la mitad de ‘nuestro asunto, ASESINO PRIMERO. Bueno, vamos alld, y diremos ‘cuanto hemos hecho. (Se van.) 215 SHAKESPEARE ESCENAIV [Gran sala en el Palacio] (Un banquete esta preparado. Entran Macbeth, ta Sefiora Macbeth, Ross, Lennox, Nobles y sé- quito.) MacaerH. Ya sabéis vuestros rangos: sentaos: des- de el principio al fin, cordial bienvenida. Noses. Gracias a Vuestra Majestad. Macseri, Nosotros mismos nos uniremos a la ‘compafifa, y harenios de humilde anfitrién, Nuestra anfitrionatpermanece en el sitio de ho- nor, pero en el motnento oportuno le pediremos Ja bienvenida* ‘SeRoRA MACBETH. Prontinciala por mf, seftor, para todos nuestros amigos, pues mi corazén dice que son bien venidos, (Entra el Asesino primero.) Macaers, Mira, te devuelven el agradecimiento con sus corazones. Ambos bandos estin empa- tados: yo me sentaré en medio. Sed amplios en el regocijo: en seguida beberemos una copa ha- cigndola girar a mesa. (Al Asesino primero.) Tie- nes sangre en la cara. * Bs dav In eto Macbeth esa en una experi de tone, reins het prance con lo dem oe orden Por = ‘ngor sn mone de que sos ndigoe us posion 276 MACRETH ASESINO. Entonces, es de Banquo, MACBETH. Mejor te est a ti por fuera, que a él dentro. ¢Esté despachado? ASESINO. Seftor, tiene el cuello cortado: se lo hice yo. MacneTH. Eres el mejor cortador de cuellos, pero serfa bueno que hubieras hecho igual con Fleance. Silo hiciste, entonces no tienes igual. ASESINO. Augusto Seftor: Fleance se escapé, Macner, Entonces vuelve mi angustia: sin eso, me habria encontrado perfecto, entero como el mérmol, bien fundado como la roca, ancho y universal como el aire que nos envuelve. Pero ahora estoy apretado, enclaustrado, limitado, atado en malévolas dudas y miedos. Pero ¢Ban- quo est asegurado? ASESINO. Sf, mi buen sefior, asegurado queda en uuna zanja, con veinte tajos abiertos en la cabe- za: el menor de ellos, muerte para Ia Natura- leva Macuets, Gracias por ello: alli yace la serpiente grande: el gusano que ha huido tiene naturaleza que con el tiempo criari veneno, pero no tiene dlientes por ahora. Vete: masiana volveremos a hablar. (Seva el Asesino,) ‘SENoRA MACBETH. Mi real seflor: no dais la seftal de la alegria. Parece de pago el banquete que no se ofrece alegremente con insistencia mientras, am

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