El debate de la Ética de la Inteligencia Artificial
Eco. Claudio Rama
Otro fantasma recorre el mundo. Es el fantasma de la inteligencia artificial. Es un
fantasma real que se verá más en el futuro, pero que está presente y visible hoy e
incluso ya instalado en el funcionamiento de muchos sistemas informáticos de
procesamiento de datos. Es una nueva articulación entre los hombres y las maquinas,
un nuevo nivel de desarrollo del conocimiento y una muy superior tecnología de
manejo y procesamiento de la información.
El mundo está inserto en un incremento del conocimiento que ha derivado en más datos
e informaciones y a la vez en sistemas más complejos para su gestión y procesamiento.
Un mero ejemplo simple del pasado nos remite a la innovación de las calculadoras para
procesar datos a medida que aumentó su cantidad y la demanda de gestión,
procesamiento, síntesis o presentación de ellos, todo lo cual nos trajo a las millones de
tareas que hoy hacen las computadoras por nosotros.
Asistimos con mayor amplitud a un avance articulado y compartido de nuevos
conocimientos y con ello a nuevos sistemas de procesamiento, análisis, síntesis,
conceptualización o clasificación. Estos nuevos vientos de IA son derivación del propio
desarrollo de los buscadores como ejes de ordenamiento y selección de información en
red y que ya desde hace años se han venido agotando y volviéndose crecientemente
ineficientes como buscadores. Se han transformado más en mecanismo de venta de
publicidad que un mecanismo de selección y acceso a la información pertinente. Este
nuevo momento del desarrollo de las tecnologías y de la ciencia, crea temores
personales e impacta en los intereses y las perspectivas de los diversos actores, y con
ello en la política y la ética sobre la cual se construyen las sociedades democráticas. Por
ello, el debate sobre la IA se ha localizado en el campo de la ética y en los valores. Y por
detrás entre un nuevo marco intelectual entre la ética de los humanos y la ética de la
ciencia.
La irrupción de la IA, ya no en un plano teórico o de investigación, sino en la aplicación
practica con impactos en los negocios y en las utilidades sociales, deriva en una
discusión en el plano de la ética con demanda de mecanismos de regulación
normativos. La constatación de impactos positivos y a la vez en derivaciones negativas,
llevo en el 2019 a que los países plantearan a la UNESCO la formulación de
recomendaciones globales de políticas sobre la IA. La Recomendación aprobada define
a la IA como “tecnologías de procesamiento de información que integran modelos y
algoritmos que producen una capacidad para aprender y realizar tareas cognitivas,
dando lugar a resultados como la predicción y la adopción de decisiones”.
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En este contexto que puede implicar aprendizaje o razonamiento automático, se preeve
impacto en múltiples áreas desde el empleo y el trabajo, la comunicación y el acceso a la
información, la interacción social o la atención de la salud. Desde el ámbito ético, la IA
plantea desafíos múltiples en relación al procesamiento de la información y la
diversidad en su acceso, que sugieren elaborar marcos jurídicos reguladores globales a
lo largo de todo el ciclo de acción de la IA (captación de información, procesamiento,
criterios y variables de los algoritmos, y toma de decisiones automáticas), así como la
responsabilidad empresarial.
La Recomendación no plantea limitar el desarrollo de la IA, sino que reconoce su
importancia para la humanidad y el avance de las sociedades, y busca un dialogo que
propenda a facilitar un acceso equitativo, inclusivo y un aprovechamiento compartido.
Se busca con razón que se puedan confiar en la IA y que esta aporte beneficios al tiempo
que se limiten sus riesgos potenciales. Falsas noticias, utilización engañosa de sus
respuestas, manejo interesado de la información, son los primeros ejes de la necesidad
de una regulación ética de la IA.
Las personas, las organizaciones y todos los actores deben tener certezas de la
información brindada y que ella toma en cuenta la diversidad del conocimiento. La
Recomendación de la UNESCO se centra en el derecho a la intimidad y protección de
datos, en la necesidad supervisión humana de sus actos, y la transparencia y
explicabilidad de sus modelos y algoritmos.
Estamos en una nueva fase en la relación con la ciencia que plantea problemas y
desafíos, con el riesgo de ponerlos por encima de beneficios potenciales pero que aún no
se visualizan claramente. Las resistencias empresariales, los temores de perdidas
irracionales y las políticas y normativas tanto protectivas como regulacionistas conviven
en general en estos tiempos de impacto de “creaciones destructivas” que imponen
cambios en los modelos de negocios, en la eficiencia de las inversiones, en la necesidad
de reaprendizajes o de cambios en los niveles de aversión al riesgo y mantenimiento de
los espacios de confort en nuestros sistemas mercantiles.
En estas semanas empresarios de algunas de las más mayores empresas mundiales de la
ola digital del conocimiento, junto con académicos y políticos, levantaron la voz
reclamando una moratoria de la investigación y pruebas en IA. Más allá que sus
empresas hace años que experimentan y utilizan IA en sus algoritmos de procesamiento
de la información, pero que están retrasadas en esa competencia, se reforzó un debate
sobre regulaciones sobre la IA. Pero mientras tanto las acciones de OPENAI
aumentaron.
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El preocupante abismo entre la ética y la
Inteligencia Artificial
El desarrollo de la tecnología, de la Inteligencia Artificial y del conocimiento científico,
crece exponencialmente respecto a cualquier otro tipo de o saber humanista.
Published 3 días ago on 1 de abril de 2023
By Revista360
Julieta Lomelí Balver / @julietabalver
Queda claro que el desarrollo de la tecnología, de la Inteligencia Artificial y del
conocimiento científico, crece exponencialmente respecto a cualquier otro tipo de o
saber humanista.
La aplicación de nuevas tecnologías tanto al ámbito médico, industrial, social o
cualquier otro que implique un impacto sobre lo humano, no ha podido ser
reflexionado cabalmente por las narrativas éticas que deberían emerger a la par.
Todas estas lagunas “morales” pueden resultar beneficiosas para unos cuantos, sobre
todo para quienes deseen no tener ninguna atadura o consecuencia legal sobre el uso de
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dichas tecnologías, sobre todo las referentes a la Inteligencia Artificial aplicada a
grandes magnitudes poblacionales.
Magnitud que se expresa en un control por parte del estado, de algunas empresas o
agentes que conocen y aprovechan los huecos legales -y la ignorancia ciudadana sobre
el uso de su información privada-, para ir implementando poco a poco una distopía
panóptica, ese gran ojo que, proveído por la IA, todo lo ve, todo lo sabe y entonces, en
algún momento, estaría posibilitado a controlarlo todo.
Pero esta dinámica de la vigilancia total ha sido muchas veces vaticinada por la ciencia
ficción, desde la narrativa multicitada de George Orwell, en su 1984, hasta las series más
coloquiales que no dejan de “advertir”, en cierta medida, los riesgos que la cada vez
más abismal distancia entre la ética y el rápido progreso tecnológico de la Inteligencia
Artificial, consignan.
Para comprender el peligro, antes será necesario diferenciar entre la fantasía y la
realidad de las amenazas, pensando seriamente qué prácticas actuales sí implican -por
muy soterrado que sea- una violación a los derechos humanos y a las libertades, mismas
que en el futuro anularán la esperanza y el optimismo en la Inteligencia Artificial,
convirtiéndose, más bien, en una aterradora distopía.
China: el dragón dormido que despertó para controlarlo todo
Cada vez es más común escuchar la narrativa de lo que está sucediendo en China, una
que, a nosotros occidentales, fieles del liberalismo y por supuesto, defensores del uso
adecuado de nuestros datos privados, nos parece una película de terror.
En el país del “Dragón dormido” existe el llamado “sistema de crédito social”, mismo
que vale la pena señalar, no es asunto novedoso, existe previo a la pandemia y a que
Byung- Chul Han o Yuval Noah Harari pusieran el asunto de moda.
Dicho sistema es, en resumidas cuentas, una manera de comprobar qué tan confiables y
honrados son los ciudadanos chinos por medio de un procedimiento de puntos que
califica las acciones morales o inmorales, según los estándares del estado chino, lo cual
puede restar o sumar puntos que ayuden a conseguir mejores empleos, mejores
viviendas, mejores hipotecas, acceso a servicios de mayor calidad, a restaurantes VIP, y
un montón de lujos a los que se puede acceder si te vuelves una persona de conductas
inadmisibles, un hombre o mujer de valores contrarios al Partido Comunista Chino
(PCCh), un activista opuesto al Estado, etcétera.
Pero ¿cómo es que el sistema de crédito social chino logra identificar a esos inmorales,
“criminales” y ciudadanos inadaptados para cerrarles cualquier oportunidad de
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crecimiento económico, personal y social? Desde una mirada occidental, es lógico
pensar que uno de los peores escenarios actuales en los que la Inteligencia Artificial se
aleja de cualquier consideración humanista o ética, es la del caso chino y su recolección
de datos privados de cada uno de sus ciudadanos. Escribe John C. Lennoxen 2084 al
respecto que
“gran parte de este control se ejerce mediante el uso de técnicas de reconocimiento facial de IA
avanzada que trabajan con una enorme base de datos de imágenes que llegan a un centro
informático central desde lo que pronto serán millones de cámaras de vigilancia. The Times
informó de que algunas empresas chinas colocan en los cascos de sus empleados una tecnología
oculta que puede leer las ondas cerebrales y enviar los datos a un ordenador que usa la IA para
detectar emociones como depresión, ansiedad o ira […] No es difícil ver que estos planes
representan un hackeo masivo de seres humanos y están llevando al mundo a un ritmo bastante
aterrador hacia la creación de la dictadura perfecta (potencialmente global), la creación de un
autoritarismo ideal cuya ideología podría extenderse por el mundo como un virus y cuya
legitimidad estaría asegurada gracias al sistema de vigilancia estatal más completo y poderoso de
la historia. El sistema informático en la nube de la policía china está construido para vigilar a
siete categorías de personas, incluyendo a aquellos que socavan la estabilidad. Parece que estamos
ante un enorme problema ético oculto” (John C. Lennox).
Parece ser que el uso de IA puede incluso transgredir la privacidad de eso que creíamos
que nadie podría saber, si no lo comunicabamos, o arrebatarnos si no lo expresabámos:
el pensamiento silencioso, los afectos más privados, y la imaginación.
Resulta preocupante creer que es posible legitimar un diagnóstico asertivo del estado
emocional o la salud mental de una persona a partir de la IA, y aunque fuera posible,
estaríamos hablando de una total invasión y violación de la identidad personal. Sería
como degradar el cuerpo humano a un objeto, pensarlo como si pudiera ser hackeado
de la misma manera en que se hackea a una maquina, algo que claramente atenta contra
la integridad y el respeto de lo más íntimo de cada individuo.
El hecho, escribe Lennox, de que esta creencia -que ha sido contradicha en variadas
ocasiones por la evidencia científica- “de que los algoritmos de reconocimiento facial y
la tecnología de detección de emociones aciertan en su diagnóstico sobre las emociones
y actitudes”, tenga la posibilidad de coartar la dignidad y la oportunidad de millones
de ciudadanos de tener las mismas oportunidades sociales, económicas y legales que el
resto, es una realidad escalofríante. Pero más aterrador sería que dichas prácticas, en
una arranque de locura mundial, sean puestas en práctica más allá de China.
Lennox publicó 2084 hace tres años, justo cuando el mundo atravesaba una de sus
peores crisis sanitarias, y en el momento en el que el “país del dragón durmiente” hizo
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uso de todo el poder de la Inteligencia Artificial para “controlar”, antes que el resto del
mundo, el contagio por el virus del SARS-CoV2. Sin embargo, ahora que parece
vislumbrarse el final de la pandemia, no podemos asegurar a ciencia cierta los
“resultados positivos” del uso de la IA china para detener, antes que el resto del mundo,
los contagios y las muertes causadas por la Covid19.
No se puede, porque otro de los puntos criticables del uso autoritario de la IA en dicho
país, es la censura, el ocultamiento y la opacidad con las que el estado chino manejó las
cifras de fallecidos y enfermos durante la pandemia, divulgando siempre una única
versión oficial, y arrestando e incluso desapareciendo a aquellos que contradecían los
números del estado.
Dictaduras digitales vs. Democracias digitales
Aunque cada vez sea más notable el control y la vigilancia digital, debido al uso de la IA
en todos los sectores, desde lo más cotidiano hasta la industria más compleja, la
amenaza latente de convertirnos en dictaduras digitales, podría ser invertida por una
ciudadanía más informada, una que, conociendo los riesgos y los mecánismos de la
Inteligencia Artificial, sea capaz de empoderarse con dichas herramientas para construir
democracias más solidas.
O como escribiría Yuval Noah Harari, “siempre que la gente hable de vigilancia habrá
de recordar que la misma tecnología de vigilancia puede ser utilizada no sólo por los
gobiernos para monitorear a las personas, sino por las personas para monitorear a los
gobiernos”.
La Inteligencia Artificial no sólo puede ser utlilizada como un medio de control por
parte del estado, sino que también -al menos en países occidentales en los que aún
existen las libertades- puede ayudar a los ciudadanos a impulsar y exigir estados más
transparentes, impulsando un liberalismo sólido, crítico, y sobre todo democrático.
Finalmente, la emergencia ética deberá ser prioritaria y atendida por los gobiernos que
realmente tengan el interés y la vocación de ser también estados humanistas en los
cuales se salvaguarde los derechos más esenciales. Porque el futuro del mundo no
parece ser el futuro de la ética, y la IA corre acelerada y a pasos de gigante sin que nadie
pueda detenerla. Y si la filosofía de la teconología, la étia y la bioética no logran
caminar al lado del desarrollo teconocientífico, su papel quizá sólo se reducirá al ser, o
la nueva ausente, o la Nueva Inquisición.
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