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Responsabilidades de Elé en días sin escuela

Los días de Elé eran sin escuela y llenos de trabajo, ya que tenía muchas responsabilidades en la granja para que su abuelo pudiera vivir con él y tener comida. Elé pasaba sus mañanas cuidando animales y haciendo mandados, y sus tardes ayudando con tareas domésticas como cocinar, limpiar y cuidar del caballo. Estos eran los días sin descanso de Elé.

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Responsabilidades de Elé en días sin escuela

Los días de Elé eran sin escuela y llenos de trabajo, ya que tenía muchas responsabilidades en la granja para que su abuelo pudiera vivir con él y tener comida. Elé pasaba sus mañanas cuidando animales y haciendo mandados, y sus tardes ayudando con tareas domésticas como cocinar, limpiar y cuidar del caballo. Estos eran los días sin descanso de Elé.

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LECTURA 1

Antes de comenzar la lectura:

1. ¿Cuáles son tus responsabilidades diarias?

2. ¿Serías feliz sin escuela?

LOS DÍAS DE ELÉ

Los días de Elé eran días sin escuela y de muchas obligaciones.


Por las mañanas: el corralón de los cochinos, la pajarera, el patio, las
botellas, algún que otro mandado; y a la hora del almuerzo: poner, servir
y quitar la mesa a los dueños. Los mediodías: unas veces, por antojarse
la dueña de tallullos y majaretes, traer un saco de mazorcas tiernas del
maizal, pelarlas y rallárselas a Dengo en el rallador.

Otras, si la hermana del dueño quería malarrabia, ir a sacar


boniatos y venir con ellos húmedos de tierra, para lavarlos, pelarlos y
picarlos en cuadritos. Y algunas, cuando había dulce en almíbar, ir del
boniatal al yucal por vianda fresca para que Dengo hiciera buñuelos.

Los mediodías eran también para el caballo del dueño: dos veces
a la semana, baño con manguera y jabón especial comprado en Pinar
del Río; a diario, rasqueta de cabeza a rabo y cepillo por todo el pelo,
sin olvidar el envaselinado de la crin y la cola, que tenían que estar
siempre brillosas y suaves.

Además, si Dengo andaba de lavado o planchado, Elé la ayudaba


por los mediodías en la limpieza de la casa. Y eso para él era un gusto.
Antes del paseo de Calazán, Biembe y Román traían del potrero las
vacas y los terneros. Y después del paseo, el niño ponía, servía y
quitaba la mesa de los dueños.

Así eran los días de Elé: días de muchas obligaciones. Para que
el dueño lo dejara vivir con su abuelo en el cuarto del maíz seco; para

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que el viejo tuviera su almuercito, su comida y alguna ropa con que
vestirse. Días sin escuela, en los que Dengo, de trajín en trajín, le oía
cantar bajito aquella canción que el niño había aprendido de Calazán, y
que era una canción muy vieja y muy triste: Nos mandan que nos
sentemos nos tenemos que sentar. Nos mandan que nos paremos, nos
tenemos que parar. Tataé, Tataé, Tataé, Carabalí no sabe leer.

Contesta:

1. ¿Por qué los días de Elé eran sin escuela?

2. ¿Cómo crees que se sentía Elé en su día a día?

3. ¿Por qué hacía realmente Elé toda esa cantidad de trabajo?

4. ¿Qué profesión tenía Dengo?


a) Granjera
b) Criada
c) Jardinera
d) Veterinaria

5. ¿Qué hacía Dengo en la casa?

6. Elé tiene unos diez u once años, como tú. ¿Crees que es justo
que un niño de esa edad trabaje tantísimo? ¿Por qué?

7. ¿Qué harías tú si tu abuelo estuviera en estas circunstancias?

8. Haz una relación de cosas que tenía que atender Elé.

9. Describe cómo imaginas que es la casa.

10. ¿Qué piensas de los millones de niños y niñas que hoy, en


el siglo veintiuno, no pueden ir a la escuela?

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