Gestión de Riesgos en Carteras
Gestión de Riesgos en Carteras
1.1- INTRODUCCIÓN
1.2- DEFINICIONES
2- EL RIESGO ABSOLUTO
3- EL RIESGO RELATIVO
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En los últimos años cada vez ha sido más habitual tropezarse con trabajadores de perfil técni-
co en las entidades financieras. Aquello que parecía ser terreno exclusivo de economistas y
licenciados en administración de empresas, se ha visto progresivamente “invadido” por ingenie-
ros, físicos o matemáticos. Algunos bancos han creado unidades enteras de análisis cuantitati-
vo, especialmente en los departamentos de diseño de productos estructurados de elevada
complejidad. Tanto es así, que algunos de los trabajos mejor remunerados en la banca han
recaído en analistas cuantitativos de elevada cualificación.
A grandes rasgos, la gestión de carteras se estructura en cuatro procesos, tal y como se mues-
tra en el siguiente esquema:
Los métodos cuantitativos participan, de una u otra forma, en cada uno de estos procesos:
El segundo paso en la gestión de carteras tiene que pasar obligatoriamente por un ade-
cuado control de los riesgos asumidos. Esta es una de las materias donde el análisis
cuantitativo tiene mayor relevancia debido a la complejidad de modelizar los riesgos in-
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volucrados en los mercados financieros. La reciente crisis de los mercados no ha hecho
sino reafirmar este hecho.
Todo buen sistema de gestión de cartera debe contar con una buena herramienta de
medición o evaluación de resultados (en inglés, performance attribution) para anali-
zar la rentabilizar obtenida, controlar los procesos anteriores y, eventualmente, para co-
rregir errores y mejorar la sistemática.
Este curso está centrado principalmente en los métodos cuantitativos para la gestión de los
riesgos de una cartera que, en el fondo, viene a ser el estudio de cómo gestionar una cartera.
Esta materia es la que transforma una visión de mercados, es decir unas expectativas de ren-
tabilidad, en una cartera equilibrada de inversión que refleje dichas expectativas. Existe un lar-
go camino entre “sé dónde quiero invertir” y “conozco cuál es la composición de una car-
tera que, respetando el riesgo que deseo asumir, optimiza de la mejor forma posible mis
expectativas de mercados”. Este largo camino es el que llamamos Gestión de Riesgos y que
tratamos en los capítulos 1 a 4.
1.1. INTRODUCCIÓN
Como primer paso, es importante no confundir los conceptos de controlar el riesgo y gestionar-
lo, pues son dos cosas muy diferentes:
Control del riesgo: trabajo típicamente ubicado en las mesas de tesorería y operaciones,
en gestoras de fondos y patrimonios, y en las áreas financieras de bancos y compañías
de seguros. Tiene por objeto asegurar que las posiciones abiertas de riesgo sean acor-
des con los máximos permitidos, con las políticas de inversión, con la previsión de flujos
monetarios futuros o con la estructura de balance deseada en la empresa.
Gestión del riesgo: tiene mucho más que ver con gestión de carteras, por lo que se
desarrolla principalmente en gestoras de fondos y patrimonios. Aquí, controlar el riesgo
significa optimizar la cartera de manera a obtener los mayores resultados posibles den-
tro de los límites de riesgos fijados por la política de inversión.
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Nos centramos en el segundo punto, mucho más orientado al día a día del inversor. Lógica-
mente, lo primero que debemos preguntarnos es: ¿qué es el riesgo? Esta pregunta parece un
poco ridícula, pues todos nosotros intuimos perfectamente lo que significa. Sin embargo, si hi-
ciésemos una encuesta, probablemente descubriríamos que existe una gran diferencia entre lo
que se suele percibir como “riesgo” y lo que realmente significa.
1.2. DEFINICIONES
Riesgo es tanto a la baja como al alza: no existen activos que sólo tengan riesgo en la
fase alcista pero no en las caídas. El riesgo es simétrico e inherente al propio activo.
El riesgo de un activo es, además, bastante estable en el tiempo, por tanto bastante
predecible.
¿Qué es lo que provoca el riesgo? Varias son sus fuentes, de entre las que podemos destacar:
Riesgo político o de país: entorno legal, estabilidad de los gobiernos, catástrofes natu-
rales, riesgos de falsas contabilidades, etc. Obviamente, invertir en una compañía de un
país emergente y con un sistema de regulación de mercados todavía incipiente tiene
más riesgo que invertir en un país del G7.
Riesgo de la divisa: además de los riesgos propios de invertir en bolsa, comprar renta
variable internacional tiene el riesgo adicional de la moneda.
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Riesgos de mercado: aquellos producidos por los movimientos habituales de las varia-
bles económicas y empresariales:
De lo anterior podemos deducir porque la renta variable es más arriesgada que la renta fija:
porque la evolución de sus precios depende de muchos más factores y además éstos son mu-
chos más volátiles.
En los próximos capítulos profundizaremos un poco más sobre el concepto de riesgo. Distingui-
remos entre dos tipos del mismo:
El riesgo absoluto, que tiene que ver con la incertidumbre de un activo por sí solo. Estu-
diaremos la relación existente entre el riesgo y la rentabilidad.
El riesgo relativo, empleado cuando se compara una inversión contra un índice de refe-
rencia o benchmark.
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Clasificación de los riesgos
2. EL RIESGO ABSOLUTO
La forma más inmediata en la que uno se puede imaginar lo que el riesgo significa es obser-
vando cómo se mueven los precios de un activo. El gráfico siguiente muestra el comporta-
miento de dos compañías del IBEX: BBVA y Sacyr Vallehermoso. Por supuesto no es por ca-
sualidad que hayamos escogido un valor de riesgo medio, como el BBVA, con uno de los que
más riesgo tiene (el segundo).
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Evolución de BBVA y Sacyr Vallehermoso, fuente: Bloomberg
Lo que el ojo y la intuición nos dicen es que la línea roja, la de Sacyr Vallehermoso, tiene mu-
chos más vaivenes que la azul, la del BBVA. En términos marinos, diríamos que Sacyr tiene la
mar más “rizada” que BBVA. Deducimos que a mayor oscilación en el precio, mayor riesgo.
Esto es cierto siempre y cuando, como es el caso, estemos comparando títulos con nivel de
precios parecido. Efectivamente, si comparamos la cotización de Banco Sabadell con la de
Inditex, veremos que los precios de esta última varían mucho más, pero es simplemente por-
que cotiza a un valor en euros unas 50 veces superior al primero. Una importante enseñanza
que extraemos es entender que el riesgo no se debe medir como la oscilación de los
precios, sino como la oscilación de los precios con respecto a ellos mismos. Está claro
que de lo que estamos hablando es de medir las fluctuaciones de las rentabilidades, no
de los precios.
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Rentabilidades trimestrales de BBVA y de Sacyr Vallehermoso (SYV), fuente: Bloomberg
y elaboración propia
Aunque este análisis visual es correcto, es evidentemente muy poco práctico ya que no tene-
mos una medida estándar para medir el las oscilaciones de los gráficos. Debemos pues buscar
alguna medida objetiva que nos permita medir el nivel de riesgo que tienen los títulos. A la vista
del gráfico de barras anterior, podemos pensar en medir la diferencia entre la mayor rentabili-
dad y la menor de ellas. Cuanto mayor sea esta distancia, más riesgo tiene el título. La rentabi-
lidad máxima, la mínima y la diferencia entre ellas para la serie de 1.500 sesiones de bolsa que
van desde el cierre del 20/5/2005 hasta el 18/4/2011 se encuentran en la tabla siguiente:
Curiosamente, los valores máximo y mínimo para la acción del BBVA, así como la diferencia
entre ambos, es superior al caso de Sacyr. De acuerdo con lo que deducíamos por “inspección
visual”, lo previsible hubiese sido que las rentabilidades de Sacyr hubiesen sido más extremas,
tanto la mínima como la máxima. Y eso es exactamente lo que hubiese ocurrido de no ser por
la crisis financiera y el consiguiente “crack” bursátil de octubre de 2008, que “zarandeó” al
BBVA como a una marioneta.
Para el banco español, la rentabilidad mínima se produjo en dicho mes de octubre, en concreto
el día 10. Por el contrario, la rentabilidad máxima tuvo lugar el día 5 de mayo de 2010, al apro-
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bar la UE un fondo de ayuda para rescates. Después de la tormenta financiera generada por el
deterioro de las cuentas de Grecia y su contagio a los activos españoles durante la primera
semana de mayo, el BBVA subió, en un solo día (el 5 de mayo), ¡un 22%! Ese mismo día,
por cierto, Sacyr Vallehermoso “sólo” rebotó un 7%.
Si excluimos estos meses específicos de crisis (octubre de 2008 y mayo de 2010), los valores
máximo y mínimo de rentabilidad diaria del BBVA habrían sido de +12,0% y -9,3% respectiva-
mente, con una diferencia de un 21,4%, todavía muy elevada, pero inferior al rango de Sacyr
Vallehermoso.
La diferencia entre máximo y mínimo, llamada rango, es un superior para el BBVA. Sin embar-
go, hubiese sido netamente superior en Sacyr de no haber habido el “crack” de octubre 2008.
Con estos datos hubiésemos concluido que Sacyr es valor más arriesgado que BBVA.
El rango, aún siendo una medida de fácil compresión y cálculo, es poco precisa ya que:
Se condensa una serie de rentabilidades de 1.507 datos (cuatro años y medio de dura-
ción) en sólo dos números: el mayor y el menor.
El cálculo del rango puede verse afectado por un evento singular o anormal (en este
caso, por el “crack” bursátil).
Como demostración de lo anterior, el hecho de que el rango de BBVA y el de Sacyr sean tan
parecidos, cuando a todas luces el segundo valor debería aparecer como de mayor riesgo.
Nota: como ejemplo fallo en el funcionamiento del cálculo del rango, el 25 de febrero de 2000, en los últimos
coletazos de la burbuja tecnológica, Red Eléctrica (uno de los valores menos arriesgados del IBEX) ganó un 41%
en la sesión al manifestar que renegociaría un contrato de exclusividad de alquiler de fibra óptica que le ligaba
con Retevisión. Si incluimos esta rentabilidad, anormalmente elevada, en cualquier serie de rentabilidades de Red
Eléctrica, el cálculo del rango nos estaría diciendo que la operadora eléctrica tiene un riesgo mucho mayor de lo
que en realidad tiene.
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Para evitar este tipo de problemas, se emplea una medida estadística mucho más completa: la
desviación estándar. Ojo: no la de los precios sino la desviación estándar de las rentabilidades.
A este estadístico se le llama la volatilidad. Esta es su fórmula:
volatilidad =
∑ i media
( r − r ) 2
n −1
donde ri es el dato i-ésimo de la serie de rentabilidades, rmedia es el promedio de la misma y n
es el número de datos. A la volatilidad se le suele asignar la letra griega “sigma” σ.
¿Qué persigue esta fórmula? Pensemos en el término (ri-rmedia) como una medida de distan-
cia, es decir el rango entre una cifra de rentabilidad y su media histórica. Entonces sumar todos
estos rangos (elevados al cuadrado, desaparece el signo y son siempre cantidades positivas),
dividirlos por el número de observaciones y luego hacer la raíz cuadrada equivale aproxima-
damente a hacer una media histórica de rangos de rentabilidad. Veremos más adelante como
efectivamente volatilidad y rango son conceptos relacionados.
A diferencia del rango, la volatilidad tiene en cuenta todos los datos de la serie. Así, el
impacto de datos (como el mencionado de Red Eléctrica) o de periodos anómalos (co-
mo el “crack” de 2008 o la reciente subida del 22% del BBVA) quedan minimizados.
No existe una única medida de la volatilidad universalmente aceptada para cada título:
cada persona que la calcule puede obtener un resultado diferente. En efecto, el cálculo
depende de:
(*) Nota: para anualizar una volatilidad calculada con datos de rentabilidad mensuales, no se debe de multipli-
car por 12 sino por raíz cuadrada de 12, de acuerdo con las leyes de la estadística. Igualmente, multiplicaríamos
por √52 para anualizar una volatilidad semanal o por √250 (el número de sesiones de bolsa en un año) para
anualizar una volatilidad diaria. Por ejemplo, si la desviación estándar de las rentabilidades diarias de una acción
es de 1,9%, entonces la volatilidad anualizada será de 1,9%*√250 = 30%.
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Ejemplo: cálculo de la volatilidad de BBVA y de Sacyr Vallehermoso en el periodo de estudio y
tomando datos trimestrales:
… y llegamos, ahora sí, a la conclusión de que la constructora tiene más riesgo que el banco.
Vamos a plantear un par de acertijos. Primer acertijo: ¿qué valores del IBEX han sido los
“campeones” del riesgo en los últimos 12 meses? ¿Y los “perdedores”?
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Segundo acertijo: en general, ¿qué tipo de acciones suele tener más riesgo? ¿Y menos?
Las acciones más arriesgadas suelen coincidir con empresas cuyo negocio está some-
tido a más incógnitas, ya que éstas hacen más imprevisibles los beneficios futuros. En
este grupo se encuadran las empresas de Telecomunicaciones, Medios de comunica-
ción, Tecnológicas, compañías de biotecnología, etc., ya que se ven sometidas a conti-
nuos cambios tecnológicos y regulatorios. Ejemplo de ellas son, en España, Zeltia, Gri-
fols, Antena 3 o Tele 5 y, en Europa, SAP, Nokia, Ericsson, ASML, …
Muy relacionadas con las anteriores se encuentran las empresas de mucho crecimiento,
es decir aquellas cuyos negocios se encuentran todavía en la fase inicial del ciclo de vi-
da del producto o servicio que ofrecen, lo cual hace muy complicado descontar cuáles
serán los beneficios futuros (como ejemplo, Gamesa).
También serán más arriesgadas las empresas más cíclicas, es decir aquellas cuyo cre-
cimiento está más relacionado con la evolución del ciclo económico. En general, com-
pañías con un elevado “apalancamiento operativo” (mucho coste fijo y poco coste varia-
ble). Aquí encontramos típicamente con las empresas del sector primario: metalúrgicas
(Acerinox), cementeras, etc., pero también las constructoras como Ferrovial, ACS, OHL,
etc.
En el otro lado hallamos todos aquellos negocios cuyo futuro es fácilmente previsible
por tener estructuras de costes ingresos muy estables. Se trata sin duda de empresas
situadas en la fase de madurez de sus productos, como las utilities (autopistas y empre-
sas de distribución de agua, electricidad y gas) Iberdrola, Red Eléctrica, Enagás o Gas
Natural.
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Una última cuestión que adelantábamos en la introducción se refiere a la simetría del riesgo.
Decíamos que la volatilidad era inherente a la acción y que se daba tanto en mercados alcistas
como en mercados bajistas. Esto es muy importante tenerlo en cuenta ya que a veces rendi-
mientos muy favorables nos hacen perder de vista el riesgo real que corremos como inverso-
res. Que un título vaya muy bien no significa que esté exento de riesgos. Como ejemplo, el
comportamiento de Terra en sus primeros ocho meses después de su salida a bolsa (ver gráfi-
co adjunto).
El caso de Terra: riesgo al alza y riesgo a la baja, fuente: Bloomberg, elaboración propia
Vemos que la volatilidad “σ” que tuvo Terra en el tramo alcista fue del 100%, mientras que caí-
da “sólo” fue del 80%. Sin embargo, ¿qué percepción debieron tener todos aquellos pequeños
inversores que entraron en el valor en los últimos meses de 1999 y primeros de 2000? Proba-
blemente bastante diferente de lo que las cifras nos demuestran. Mucho cuidado pues: riesgo y
sensación de riesgo son cosas diferentes, no debemos dejar que espectaculares rentabilidades
pasadas nos cieguen a la hora de evaluar el riesgo de nuestras decisiones de inversión.
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Rentabilidades trimestrales entre jun-2005 y mar-2011, fuente: Bloomberg y elaboración
propia
BBVA ha tenido rentabilidades más moderadas en valor absoluto, es decir más cerca-
nas a 0%.
Sacyr ha tenido rentabilidades más extremas, es decir más alejadas del 0%.
Una forma de ver esto último es construyendo un histograma. En él, la altura de las barras re-
presenta el número de veces que ha ocurrido la rentabilidad expresada en el eje horizontal (el
eje de las abscisas). Queda así:
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Histograma de rentabilidades diarias entre el 23/5/2005 y el 19/10/2009, fuente: Bloom-
berg y elaboración propia
Observamos ahora de forma más visual como, efectivamente, las rentabilidades de Sacyr se
distribuyen de forma más dispersa, lo cual da lugar a una figura más achatada. En el histogra-
ma de BBVA, la mayor parte de las ocurrencias se producen alrededor del 0%.
Aquellos más familiarizados con la estadística, tal vez habrán reconocido la forma que adoptan
ambos histogramas: se trata de distribuciones normales, también llamadas campanas de
Gauss. Una distribución normal viene unívocamente caracterizada por dos parámetros:
Existen múltiples fenómenos en el mundo que nos rodea que siguen distribuciones normales o
quasi-normales: las precipitaciones de lluvia que se producen en un año, la distribución de pe-
sos o estaturas por sexos en una comunidad, el número de unidades que se venden de un
producto en un determinado periodo, etc. Pues bien, resulta que las rentabilidades de los acti-
vos financieros (no sólo las acciones) se distribuyen de forma normal. Como demostración em-
pírica, examinemos la distribución de las rentabilidades mensuales del IBEX desde su naci-
miento:
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Rentabilidades mensuales entre enero 1987 y septiembre de 2014. Fuente: Bloomberg y
elaboración propia
Un poco de matemáticas:
Advertimos también (en rojo en el gráfico) que el sistema sí identifica esta curva como una dis-
tribución normal (efectúa un test de normalidad).
Una de las principales características de las campanas de Gauss que relaciona directamente
los conceptos de volatilidad y rango es que el ancho de la curva es proporcional a la desviación
estándar, de acuerdo con el siguiente gráfico:
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68%
+/- 1*volatilidad
95%
+/- 2*volatilidades
Rendimientos esperados
Lo que nos dice el gráfico es que, en una distribución normal, un 68% de las ocurrencias se
encuentra entre la (media – 1 desviación estándar) y la (media + 1 desviación estándar).
También podemos decir que un 95% de los datos se hallan entre las (medias – 2 desviacio-
nes estándar) y las (medias + 2 desviaciones estándar).
Esto es un tanto lioso, así que lo mejor es que retomemos al IBEX y veamos un ejemplo numé-
rico de la parrafada teórica anterior:
En un 68% de los casos (es decir, 2 años de cada 3) la rentabilidad del IBEX estaría en-
tre:
- (media - volatilidad) = 7%-24% = -17% y
- (media + volatilidad) = 7%+24% = +31%
En un 95% de los casos (es decir, 19 años de cada 20) la rentabilidad del IBEX estaría
entre:
Como quiera que esta forma de entender el riesgo no es demasiado práctica, en general prefe-
riremos hablar de “probabilidad de perder”. Con las mismas cifras que antes, vemos cómo que-
da esto gráficamente:
El cuadro superior derecho se corresponde con la función de Excel con la que se puede calcu-
lar que una distribución normal, con media 7% y desviación estándar del 24%, tiene un área o
probabilidad del 38% de ser negativa.
Diremos que el IBEX tiene una probabilidad del 38% de acabar en terreno negativo en un plazo
de 1 año. Este mensaje es netamente más comprensible e intuitivo que el anterior.
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Otra forma de entender el riesgo: el llamado “VaR” o “Value at Risk”:
El cuadro superior derecho se corresponde con la función de Excel gracias a la que se puede
calcular que una distribución normal, con media 7% y desviación estándar del 24%, deja un
área o probabilidad del 5% por debajo de una rentabilidad del -32%.
Lo que mide el VaR es la pérdida máxima que se puede obtener con una probabilidad de-
terminada y a un plazo determinado. En el ejemplo, a un año vista, existe un 95% de certeza
que el IBEX no pierda más de un 32%. Dicho de otra forma, tenemos un 5% probabilidades de
que el IBEX pierda más de un -32% a un año vista.
Algunas referencias aproximadas de por dónde suele andar la volatilidad de los activos finan-
cieros a largo plazo:
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2.3. RELACIÓN RIESGO-RENTABILIDAD
Uno de principios básicos de las inversiones reza aquello de que “a mayor riesgo, mayor renta-
bilidad”. La pregunta es: ¿por qué? En principio, podemos afirmar que:
Una buena forma de percibir la relación que se establece entre riesgo y retorno la pode-
mos imaginar como un intercambio comercial, en el cual el inversor “paga” volatilidad
(capacidad de asumirla) y “recibe” rentabilidad. Los mercados financieros retribuyen a
los inversores de acuerdo con la capacidad de riesgo que ellos asumen.
Pensemos en un ejemplo, tan sencillo como irreal, para entender mejor los mecanismos que se
ponen en marcha en los mercados. Imaginemos que sólo existen dos activos:
Unos bonos (B) que cotizan a 95 y que vencen a 100 dentro de 1 año.
Unas acciones (A) que cotizan a 95 y que todo el mundo conviene en que valdrán 100
dentro de 1 año (reparte 5 de dividendos dentro de 1 año y 1 día).Los dos activos tienen
una rentabilidad esperada de un 5%.
Por lógica, si los dos activos valen 100 dentro un año, el inversor tendrá preferencia por el bono
ya que da “menos sustos”. En el mercado aparecerán inversores interesados en los bonos y
vendedores de acciones. Se dice que hay “dinero” para los bonos y “papel” para las acciones.
En tal caso, lo normal será que el precio de los primeros suba, por ejemplo hasta 96, mientras
que el de los segundos retroceda (hasta 94).
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En estos momentos, la rentabilidad esperada de bono y acción son respectivamente del 4% y
del 6%. Pongamos que los inversores, insatisfechos por la rentabilidad relativa entre los dos
activos, sigan prefiriendo la renta fija y ésta vuelva a subir en detrimento de la renta variable.
Ahora bono y acción han alcanzado una cotización de equilibrio, donde las ganancias respecti-
vas que se pueden esperar son del 3% y del 7%. En este punto, el extra de rentabilidad que
ofrece la renta variable hace que merezca la pena asumir su riesgo. A dicho exceso de renta-
bilidad se le denomina prima de riesgo. También se puede definir como aquella rentabilidad
por encima de la de la renta fija que los inversores exigen a la renta variable para que sea lo
suficientemente atractiva para ser comprada: Rentabilidad Exigida = Rentabilidad sin Ries-
go + Prima de Riesgo.
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Lo que en definitiva mostramos con este sencillo ejemplo es que no existe ningún teorema
económico-financiero de alto calibre que haga cierta la frase “a mayor riesgo, mayor rentabili-
dad”. Ésta únicamente se sustenta en los ajustes naturales que se producen en los mercados y
que ponen de manifiesto la aversión de los inversores hacia los activos de mayor riesgo. Al
final, sólo se compra un activo de riesgo cuando ofrece el retorno suficiente. Si no lo hace, su
cotización retrocede. ¿Hasta dónde? Hasta el punto en el cual la distancia entre su nueva coti-
zación y su precio objetivo sea lo suficientemente alta como para atraer de nuevo al inversor.
Nota: algunos sistemas de análisis técnico intentan predecir el movimiento futuro de los mercados gracias al
estudio del comportamiento de la volatilidad. Se basan en identificar momentos de excesivo pánico o excesiva
euforia en la bolsa mediante la detección de valores anómalos en los indicadores de riesgo. Una primera forma
la podemos ver en el siguiente gráfico histórico de la prima de riesgo del índice bursátil europeo MSCI Europe:
La prima de riesgo de la bolsa europea (ERP) como indicador técnico del mercado. Fuente: Deutsche Bank.
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El gráfico superpone la evolución del MSCI Europe (en azul) con la prima de riesgo de dicho mercado (en rojo,
con las siglas inglesas ERP). Ésta se puede calcular conociendo la cotización del índice, el consenso de mercado
de los beneficios futuros y de su crecimiento, la previsión de la tasa promedio de reparto de dividendos o “pa-
yout” y el nivel de los tipos de interés.
La primera línea vertical naranja corresponde con los instantes inmediatamente anteriores al inicio de la crisis
que seguimos arrastrando hoy en día. Lo que se puede observar en el gráfico es cómo la prima de riesgo está a
niveles anormalmente bajos (cerca del 3%). Esto es una indicación de que el mercado está caro, ya que la renta-
bilidad exigida a la bolsa es bajo. Así, detectar un nivel anormalmente bajo de la prima de riesgo puede ser signo
de una confianza excesiva (o, incluso, de euforia) en el mercado, acompañado de compras sin fundamento y, por
tanto, puede indicar un excelente momento de venta, como de hecho así fue.
Por supuesto también se produce el efecto contrario. Vemos como la línea vertical verde, en primavera de 2009,
nos marca una prima de riesgo disparada hacia niveles del 9%. Entonces, tras un devastador año 2008, los
mercados se estaban comportando de forma irracional, en muchos casos presos del pánico. Momento de com-
prar.
Otra forma de estudiar el sentimiento del mercado la tenemos en la observación directa de la volatilidad implíci-
ta de la bolsa. El gráfico siguiente nos muestra la evolución del índice “VIX” de la volatilidad del índice norteame-
ricana Standard&Poor’s, cotizado en el CBOE (Chicago Board of Exchange).
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Fuente: Bloomberg y elaboración propia
Mismo razonamiento que antes: momentos en los que la volatilidad se dispara (por ejemplo en los coletazos
finales de la crisis de 2008) suelen coincidir con muy buenos momentos de compra, mientras que los periodos de
volatilidad baja puede anticipar los inicios de las correcciones.
Una vez que sabemos que los activos de más riesgo tienen una mayor rentabilidad esperada,
no podemos preguntar cómo escoger entre dos activos con diferente volatilidad. La pregunta
sería: qué es mejor, ¿un valor con poco riesgo pero poca rentabilidad o uno con altos riesgo y
rentabilidad? Para intentar contestar a esta pregunta se define el ratio de Sharpe, definido
como:
Rinversión − R f
Ratio Sharpe =
volatilidad
Un fondo de renta fija, que esperamos pague un 1,0% con una volatilidad del 2,5%
Un fondo de renta variable, que esperamos pague un 6,5% con una volatilidad del 18%
Nota: el Ratio de Sharpe está perfectamente bien diseñado como medida de laboratorio, pero nunca sería reco-
mendable tomar decisiones de inversión basadas exclusivamente en él. Con demasiada frecuencia de utiliza este
ratio como “comodín” fácil de calcular, pero que se deja muchos factores en el tintero.
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Ahora que ya estamos convencidos de que debemos esperar una mayor rentabilidad de las
inversiones más arriesgadas, vamos a preguntarnos lo siguiente: ¿cuál de las dos carteras si-
guientes tiene más volatilidad? ¿Y cuál tiene mayor rentabilidad esperada?
Para ser sinceros, a menos que se tenga algún tipo de información privilegiada o bola de cris-
tal, deberíamos esperar la misma rentabilidad en ambos casos. Efectivamente, Telefónica y
Orange son dos negocios hasta cierto punto parecidos, tanto por unidades de negocio, como
por riesgos geográficos, de divisa, de rating, etc. Es pues muy difícil argumentar con cierto
aplomo porque uno de los dos títulos debería hacerlo mejor que el otro.
No podemos decir lo mismo del riesgo. A pesar de que ambas compañías tienen una volatilidad
muy parecida, la cartera nº2 tendrá sin duda menos oscilaciones. ¿Por qué? porque, a menos
que Telefónica y Orange se comporten exactamente de la misma forma (lo cual es imposible),
los movimientos de una y otra se irán compensando, aunque sea levemente. La cartera núme-
ro 2 está, en definitiva, más diversificada que la número 1 y por tanto tiene menor volatilidad.
Curioso: acabamos de ver un ejemplo que tira por tierra aquello de “a mayor riesgo, mayor ren-
tabilidad”. La cartera compuesta únicamente por Telefónica tiene más riesgo que la segunda,
pero no por ello debemos esperar mayores ganancias. ¿Qué es lo que falla? ¿Por qué no se
cumple esa máxima financiera?
Al final, el riesgo total de la inversión, es decir la volatilidad, es la suma “ortogonal” de los dos riesgos anteriores,
de acuerdo con la fórmula siguiente:
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Riesgo
total Riesgo no
σ sistemático
σR
σ = β σ +σ
2 2 2
M
2
R Riesgo sistemático
σR = riesgo residual o específico β ·σ M
σM es la volatilidad del mercado
El riesgo sistemático o de mercado es el producto de β por σM (definiremos más adelante, en el capítulo 3.2-, lo
que significa el parámetro beta “β”).
Lo importante que hay que saber sobre ambos tipos de riesgo es que el mercado sólo retribuye
al riesgo sistemático, ya que sólo es cierto lo de “a mayor riesgo, mayor rentabilidad” cuando la
inversión está bien diversificada. Por ello nos gusta llamar a éste “riesgo útil”. Por otro lado, el
mercado no paga nada por el riesgo no sistemático (o “riesgo inútil”): estar mal diversificado
sólo aporta sustos, nunca euros.
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3. EL RIESGO RELATIVO
Gestionar riesgos es una parte crítica en el proceso de gestión de carteras, que cuenta con tres
fases:
Fase de gestión del riesgo: trata de componer las oportunidades de inversión detecta-
das en la fase anterior, de acuerdo con unos parámetros máximos de riesgo. El objetivo
final será el de obtener una cartera (una serie de nombre con sus correspondientes pe-
sos), que posteriormente el gestor comprará en mercado.
Fase de revisión: transcurrido cierto tiempo, llega el momento de evaluar qué tal ha
funcionado la selección de activos. Se realiza una medición de resultados, o “perfor-
mance attribution”, en el que se disecciona la rentabilidad en sus diferentes partidas:
rentabilidad del índice de referencia, “market timing” (haber sabido seleccionar los mo-
mentos en los que estar largos del índice y en los que estar cortos), “sector selection”
(selección de los mejores sectores bursátiles) y “stock picking” (selección de títulos).
En muchos casos, la forma de gestionar una cartera viene ligada a un índice de referencia o
benchmark, claramente reflejado en la política de inversión. De una u otra manera, el objetivo
de la inversión es el de batir al índice. Así, la evolución de un fondo de inversión de renta varia-
ble española será comparada con la del IBEX, la de un fondo de bolsa mundial contra la del
índice MSCI World, etc.
En todos estos casos resulta imposible que la persona encargada de la inversión controle la
volatilidad de la misma. Efectivamente, el riesgo de una inversión referenciada depende casi
exclusivamente del riesgo de benchmark, y sólo de forma mínima de la gestión. En el ejemplo
anterior, si la volatilidad del IBEX se dispara al 35% por un súbito empeoramiento de las condi-
ciones geopolíticas, todos los fondos de inversión referenciados a él también verán su riesgo
irremediablemente proyectados a niveles cercanos al 35%.
Entonces, si los gestores de inversiones indexadas no pueden controlar la volatilidad que tie-
nen entre manos, ¿qué es lo que sí pueden (y deben) controlar? El riesgo relativo, que es el
riesgo de la cartera relativo al benchmark:
Un riesgo relativo bajo indica que la cartera oscila poco alrededor del índice de referen-
cia, y que por tanto los comportamientos de una y otro son bastante parecidos.
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Si identificábamos en la introducción el concepto de “riesgo” con el de “rentabilidad impredeci-
ble”, deberemos identificar ahora el de “riesgo relativo” con el de “exceso de rentabilidad im-
predecible”. Veamos en la siguiente tabla qué diferencias tenemos entre ambas nociones:
Si usamos la volatilidad como la mejor medida para calibrar el nivel de riesgo absoluto, el tra-
cking error es la cifra que nos dirá cuánto riesgo relativo tiene un título o cartera. El tracking
error, que podríamos traducir como “error de rastreo”, es la volatilidad no de la rentabilidad del
activo sino de la diferencia entre su rentabilidad y la del índice de referencia. Para calcularlo,
tomaremos la serie de retornos del título y del índice, determinaremos la diferencia de cada
pareja de datos (ya sean diarios, semanales, mensuales,...) y calcularemos la desviación es-
tándar de dicha serie de diferencias. Tenemos una muestra del cálculo en la siguiente tabla:
28
Ejemplo de cálculo del tracking error, fuente: Bloomberg y elaboración propia
El cálculo arroja un tracking error para BBVA del 16% y para Sacyr Vallehermoso del 51%. El
hecho de que sea el título de mayor volatilidad el que también tenga el mayor tracking error es
casual. En general, son las compañías de menor capitalización las que mayor riesgo relativo
tienen, ya que son las que lo tienen más fácil para ser diferentes del índice. Efectivamente, es
natural pensar que compañías como Telefónica, Banco de Santander, BBVA o Inditex tienen
evoluciones parecidas a las del IBEX ya que representan, entre las cuatro, prácticamente un
56% del peso del índice. Los comportamientos de unos y otro deben, a la fuerza, ser parecidos
y el tracking error ser, en general, más bajo. Podemos ver en el siguiente gráfico una demos-
tración visual del riesgo relativo de BBVA vs. El IBEX:
29
BBVA vs. IBEX: ejemplo de un tracking error menor, fuente: Bloomberg
Nótese cómo se parecen la marcha de la línea negra (BBVA) y naranja (IBEX). En la mayor
parte de los movimientos significativos, dirección e intensidad de los movimientos van iguala-
das.
El caso de Sacyr Vallehermoso es bien distinto, como se puede observar en el siguiente gráfi-
co. En algunos casos (ver flechas), incluso la evolución de la acción y del índice son abierta-
mente contrarias:
30
Sacyr Vallehermoso vs. IBEX: ejemplo de un tracking error mayor, fuente: Bloomberg
TE2 = (β −1)2 σ M2 + σ R2
σM es la volatilidad del mercado
El significado del tracking error es exactamente el mismo que el de la volatilidad, pero relativo
al benchmark. De forma similar a la segunda, el tracking error mide la probabilidad de que la
rentabilidad de un activo se desvíe de la de su índice de referencia. Volviendo a la idea de rela-
cionar riesgo con rango de desviaciones podemos estudiar el siguiente gráfico:
31
rentabilidad del índice
68%
68%
+/- 1*volatilidad
+/-1*tracking error
95%
+/-1*tracking error
+/- 2*volatilidades
Distribución de rentabilidades
Desviacones con respectodel
al activo/cartera
índice
Lo que nos dice el gráfico es que la rentabilidad de un activo tiene las siguientes característi-
cas:
Sigue una distribución normal centrada en la rentabilidad del índice (es decir que la ex-
pectativa de rentabilidad del activo es igual a la del índice).
También podemos decir que un 95% de los datos se hallan entre la (media – 2 desvia-
ciones estándar) y la (media + 2 desviaciones estándar).
Un ejemplo: si una cartera de bolsa española tiene un tracking error del 4% y el IBEX sube un
10%, entonces en un 68% de los casos (2 años de cada 3) la rentabilidad de la cartera estará
entre 10%-4%=+6% y 10%+4%=+14%.
3.2. LA BETA
Tanto el cálculo del tracking error como su interpretación (especialmente para el tratamiento de
carteras con muchos activos) son bastante fastidiosos. Por ello, en el cómputo del riesgo de las
acciones, es frecuente la utilización relativo de la beta (de la letra griega β ). La beta de una
acción mide su sensibilidad con respecto a su índice:
32
Variación(en%) Acción
β=
Variación(en%) Índice
Por ejemplo, si una acción española tiene una β de 1,2 y el IBEX sube un 10% entonces la ac-
ción tenderá a subir un 12%. La casuística es la siguiente:
β <1
=0
“
“
subirá menos y bajará menos que el mdo.
no tiene ninguna relación con el mercado
<0 “ se mueve en sentido contrario al mercado
¿Qué tipo de acciones encontraremos en cada uno de los casos anteriores? Guarda mucha
relación con lo que comentábamos en el apartado 2.1-, básicamente:
Valores defensivos (utilities) tienen betas menores que 1 (de ahí su nombre: son valo-
res que “defienden” la cartera en periodos bajistas, en el sentido de que caen menos
que el mercado).
Es complicado hallar valores con beta cero o negativa. Algunos productos derivados
(una put comprada, una call vendida, un futuro vendido) tienen betas negativas. Con-
cretamente, un futuro vendido es un activo que tiene una beta exactamente igual a –1.
COV (ri , rm ) σi
β= = ρ i ,m ·
σ m2 σm
COV (ri,rm): covarianza de las series de rentabilidades del valor i y del mercado m
33
Algunas consideraciones sobre el cálculo de la beta:
Al igual que la volatilidad, existen tantas betas como personas que la calculen, ya que
su elaboración depende de:
La beta es un dato estadístico calculado con rentabilidades pasadas; como tal, describe
el comportamiento histórico del valor. Sin embargo, por ser una medida relativamente
estable (al igual que la volatilidad), se utiliza para predecir el comportamiento futuro de
la acción.
La beta da una idea del riesgo relativo de un valor, pero no predice un comportamiento
exacto. Esto es importante ya que, si no, podemos tener la tentación de creer que, por-
que un valor tenga una beta de 1,5 y el mercado suba un 10%, obligatoriamente el valor
subirá un 15%. La realidad es que tendrá como escenario central una subida del 15%,
pero no es una garantía (de hecho, cuanto menor tracking error tenga la acción, más
cercana estará su rentabilidad del mencionado 15%).
34
Vemos que la recta de regresión de BBVA es más empinada que la de Sacyr, lo cual tiene la
siguiente lectura: el efecto de un mismo movimiento del IBEX es mayor en el banco que en la
constructora. Tanto es así que las pendientes de las rectas son 1,32 y 1,10 respectivamente,
que coinciden con el cálculo con datos diarios de la beta en el periodo especificado.
En la tabla adjunta podemos ver las betas del IBEX. Vemos que, en términos generales, son
las compañías cíclicas, como las constructoras y las que tienen exposición a Latinoamérica, las
que más β tienen. Mientras, las utilities y demás valores de corte defensivo ocupan la parte
baja de la clasificación.
En la tabla adjunta podemos ver las betas del IBEX. Vemos que, en términos generales, son
las compañías cíclicas, como las constructoras, las que más β tienen. Mientras, las utilities y
demás valores de corte defensivo ocupan la parte baja de la clasificación. También encontra-
mos que son los bancos los que mayor beta están teniendo últimamente, ya que es el sector
financiero el que está marcando la marcha de los mercados financieros desde 2008.
Si tuviésemos que replicar el comportamiento con la compra de un solo valor, ¿cuál sería?
Repsol, ya que es la acción que tiene una beta más cercana a 1. Otra opción, con tres accio-
nes, sería combinar betas bajas con otra de betas altas. Por ejemplo, una cartera 15% Gas
Natural, 35% Telefónica y 50% Santander que daría resultado a una cartera que, en promedio
35
(15%*0,71+35%*0,95+50%*1,13 = 1,00), tendría beta 1 y, de paso, sería más estable, más
representativa del IBEX y estaría mejor diversificada.
El banco nos presta 280 euros, pignorando (es decir, inmovilizando como garantía del
préstamo) los 1.000 euros de la cartera.
Compramos 280 euros adicionales de IBEX, con lo que tenemos 1.280 euros.
Estamos por tanto apalancados 1,28 veces: las variaciones de la bolsa se ven amplia-
das 1,28 veces en nuestro patrimonio (el 10% se transforma en un 12,8%).
Repitamos el ejemplo: ¿qué ocurre si compramos 1.000 euros de BBVA, que tiene (ver tabla
anterior) una beta de 1,28? Ocurrirá exactamente lo mismo: movimientos del 10% del IBEX se
traducirán en oscilaciones del 12,8% (como escenario central) en nuestro patrimonio. Comprar
títulos con beta alta equivale a apalancarse.
Existe una fórmula que relaciona la beta con la rentabilidad esperada o exigible (RE) a los títu-
los de renta variable. Esta expresión, llamada CAPM (Capital Asset Pricing Model), se deriva
de combinar renta fija (con rentabilidad Rf y β =0) con el mercado de renta variable (con rentabi-
lidad Rm y β =1), de acuerdo con lo siguiente:
RE = R f + β ( Rm − R f )
Nótese que la expresión (Rm-Rf) es la prima de riesgo, históricamente situada en valores cerca-
nos al 3,5%-4% en los mercados occidentales de renta variable. Más que la propia fórmula en
sí, lo relevante es hacerse una idea de los niveles de rentabilidad de los estamos hablando en
estos momentos. Tomemos el ejemplo de Telefónica, con beta de 0,95, unos tipos a 10 años
europeos que se sitúan en el entorno del 0,84% (a 31 de octubre de 2014) y supongamos una
prima de riesgo del 3,5%. En estas condiciones, la rentabilidad exigible (RE) a la cotización de
la operadora es:
36
Aunque la memoria reciente de Telefónica nos tenga acostumbrados a valores bastante supe-
riores (12,7% anual en los últimos 24 años, con reinversión de dividendos, fuente: Bloomberg),
lo principal aquí es darse cuenta de qué tipo de rentabilidades deberíamos esperar a futuro,
desde luego inferiores a las pasadas.
En todo lo expuesto hasta el momento hemos tratado valores o carteras individuales, tanto en
riesgos absolutos como relativos. Lo que queremos estudiar a continuación es cómo se com-
ponen los riesgos, es decir cuál es el riesgo resultante de combinar dos o más acciones en una
misma cartera. Veremos que éste depende básicamente de dos factores:
σ= (w σ 2
A
2
A + wB2σ B2 + 2 ρwA wBσ Aσ B )
σ: Volatilidad de la cartera
¿Cuál es el significado de esta expresión? De alguna manera, podemos decir que la volatili-
dad resultante de combinar dos activos es una especie de promedio ponderado por peso
de la volatilidad de cada uno de ellos, ajustado por un término proporcional al coeficien-
te de correlación ρ entre ambos activos. Así, cuanto mayor sea la relación (o correlación)
entre las acciones, mayor será el riesgo global. De igual forma, combinar títulos de comporta-
miento dispar (poco correlacionados) disminuye la volatilidad final. Conclusión importante: la
mejor manera de reducir el riesgo de una cartera es mezclando activos poco correlacio-
nados. A esto es a lo que se le llama diversificar.
37
El coeficiente de correlación ρ es una cifra estadística que se calcula con datos históricos de
rentabilidad y para el que, por tanto, son aplicables todos los comentarios que hacíamos res-
pecto de σ y β . Es un número que va desde –1 (comportamiento perfectamente contrario) hasta
1 (la evolución de un título es una combinación lineal positiva del otro), pasando por 0 (compor-
tamientos independientes). Lo habitual para valores de un mismo índice es que el coeficiente
de correlación se encuentre en una franja que va desde 0,2 hasta 0,9. Por ejemplo, en los últi-
mos cinco años que finalizan el 21 de febrero de 2014, con datos diarios de rentabilidad, BBVA
y Sacyr han tenido un coeficiente de correlación de 0,55 mientras que el de BBVA y Banco de
Santander ha sido de 0,94 (fuente: Bloomberg).
¿Cuál es la volatilidad de una cartera 75% bonos 25% bolsa si lo calculamos como promedio
ponderado o si lo calculamos teniendo en cuenta el efecto de la diversificación?
σ= ((0,75·3%) 2 2
)
+ (0,25·23% ) + 2·(−0,15)·0,75·0,25·3%·23% = 5,85%
El efecto de la diversificación provoca una caída de 2,15 puntos en la volatilidad. Dicho de otra
manera: si bono y bolsa estuviesen perfectamente correlacionados (ρ ρ=1), la volatilidad sería
2,15 puntos superior.
38
vectores de pesos wi * volatilidades σi
Esta es una formulación matricial compleja que suele requerir un software especial para su
manejo (Bloomberg, EncoRR, Barra). De todas maneras, para ver cómo se emplea, así como
para introducir el concepto de frontera eficiente, vamos a ver unos ejemplos de cómo queda la
volatilidad cuando combinamos 3 activos: Red Eléctrica (REE), Telefónica (TEF) y Zeltia (ZEL).
Los datos, inventados para el ejemplo, de la volatilidad y de la rentabilidad esperada son las
siguientes:
Aplicación del cálculo matricial: ¿cuál es la volatilidad de una cartera equally weighted (un ter-
cio en cada valor)?
39
Nótese una vez más el efecto de la diversificación: mientras que el promedio de las volatilida-
des es de 37%, el riesgo final considerando las correlaciones es tan sólo del 28,8%. Este tipo
de estudios se suele representar en gráficos riesgo–rentabilidad (eje horizontal-eje vertical), tal
y como sigue:
Es interesante fijarse en Zeltia: tiene más riesgo que Telefónica pero una rentabilidad esperada
menor. ¿Debemos por tanto deducir que es un valor poco interesante y que nunca lo debería-
mos comprar? La respuesta probablemente sería positiva si sólo quisiésemos comprar un va-
lor, siempre nos convendría más comprar Telefónica antes que Zeltia. Sin embargo, cuando
40
hablamos de carteras, la respuesta puede ser diferente, tal y como veremos un poco más ade-
lante.
A continuación, podemos pensar en originar más combinaciones de 3 pesos y hallar sus renta-
bilidades y volatilidades correspondientes. ¿Cuántas carteras podríamos construir? Infinitas.
Generamos ocho combinaciones aleatorias más y las representamos en el gráfico:
Fijémonos ahora en las dos carteras rodeadas de la línea naranja ¿Tiene algún sentido invertir
en la cartera inferior? La respuesta es que no, ya que, para el nivel de riesgo que está asu-
miendo, existe otra combinación de títulos (la cartera superior) que ofrece una mayor rentabili-
dad. Entonces, de todas las carteras que se encuentran en una misma vertical, es decir que
tienen el mismo riesgo, podemos preguntarnos si existe una de ellas que se encuentra por en-
cima de todas las demás.
Nos ponemos ahora como objetivo encontrar una cartera cuya volatilidad no supere el 25%.
Deseamos encontrar qué combinación de los tres valores nos ofrece una mayor rentabilidad
esperada. Para ello, necesitamos tres ecuaciones: la primera nos dice que la suma de los pe-
sos, wZEL, wTEF y wREE, debe ser 100%. La segunda es la que fija el máximo riesgo:
Telefónica: 63%
Zeltia: 8%
No sólo se ha encontrado una solución, sino que además ésta es única. Observamos
que, para cada nivel de riesgo existe una y sólo una cartera que hace que la ren-
tabilidad sea máxima.
Podemos ahora pensar en hallar una cartera para cada nivel de volatilidad, de la misma forma
que lo hemos hecho con el 25%. Así construimos una línea que une a todos los portafolios de
mayor rentabilidad esperada para cada nivel de riesgo, tal y como vemos en el gráfico siguien-
te:
42
A esta curva se le denomina la frontera eficiente. Todas las carteras de la frontera eficiente
cumplen lo siguiente:
Están perfectamente diversificadas (no tienen riesgo no sistemático). Por tanto, la fron-
tera eficiente es el conjunto de todas las carteras cuya relación riesgo-
rentabilidad es óptima.
No tiene ningún sentido invertir en carteras que estén por debajo de la frontera eficiente,
ya que se está:
Nota: aunque tiene sentido matemático construir una frontera eficiente a la derecha de Telefónica, estas carte-
ras no tienen sentido financiero. Estas optimizaciones tienen mayor riesgo pero menor rentabilidad esperada.
En definitiva, en muchos casos, gestionar carteras será idéntico a construir fronteras efi-
cientes, con el siguiente procedimiento:
4.2. DIVERSIFICACIÓN
Hemos visto lo importante que es la diversificación. Por un lado, veíamos que existen dos tipos
de riesgo, el sistemático y el inútil, y que no tenía sentido adoptar del segundo tipo ya que el
mercado no nos iba a retribuir por él. Por otro lado, vemos que optimizar carteras es maximizar
la rentabilidad esperada y que, haciendo eso, eliminamos todo el riesgo inútil de la cartera y
obtenemos una combinación perfectamente diversificada. Tener inversiones que no cumplan lo
anterior, es decir que no estén bien diversificadas, no tiene ningún sentido ya que, para el ries-
go asumido, podríamos estar obteniendo mayor retorno. Vemos también que diversifi-
car/optimizar adecuadamente es independiente del hecho de acertar o no en la selección
de títulos: diversificar añade valor a la cartera siempre. Puesto que, además, las variables
de volatilidad y correlación son relativamente estables en el tiempo, uno de los principios de
una buena inversión debe ser una correcta diversificación.
A la hora de diversificar una cartera de renta variable, tenemos que pensar en hacerlo en todas
magnitudes y por todos los conceptos, a saber:
43
Por sectores.
Otros.
Como ejemplo de inversión mal diversificada: ¿qué le aconsejaríamos a un inversor cuya carte-
ra estuviese compuesta por:
40% BBVA.
35% Iberdrola?
Son todos valores españoles, lo cual tiene poco sentido hoy en día.
Los 3 son títulos de “valor”, de alto dividendo, en sectores maduros, no hay exposición a
crecimiento.
En todos los casos existe riesgo geográfico de la zona latinoamericana. ¿Qué le habría
pasado a esta cartera cuando la Sra. Kirchner decidió intervenir las operaciones argen-
tinas de Repsol en Argentina (YPF)? Nada bueno, seguro …
Desde la entrada en vigor del euro y la progresiva globalización de los mercados financieros y
de mercancías, cada vez tiene menos sentido plantear las inversiones de forma local. La elec-
ción de si comprar bolsa española, francesa, italiana o alemana nos aportará bien poca dife-
rencia. Sin embargo, cada vez cuenta más la selección de los sectores, como nos han demos-
trado en años recientes sectores como el de las telecomunicaciones, el farmacéutico o el de la
construcción. Como prueba de lo anterior, en el siguiente gráfico vemos cómo gradualmente ha
ido aumentando la correlación entre los países, al tiempo que se ha ido reduciendo la de los
sectores. Hoy en día, es fundamental escoger bien el sector, pero también lo es cada vez más
acertar con la compañía.
44
Evolución de la correlación entre sectores y entre regiones, fuente: Morgan Stanley
Una forma sencilla de entender en qué se basa la diversificación es pensar qué tiene que pasar
para que una cartera bien equilibrada funcione mal. Pongamos por caso: ¿qué tiene que pasar
para que una cartera de 1 título pierda? Es suficiente que dicho valor vaya mal. Ahora bien,
¿qué tiene que suceder para que pierda una cartera con 10 acciones? Que vaya mal un título y
otro título y otro título y … y así hasta 10, lo cual mucho menos probable. De ahí que las carte-
ras bien diversificadas tengan menor volatilidad, pero no menor potencial de rentabili-
dad: diversificar sólo elimina el riesgo “inútil” de la cartera, mantiene el riesgo “retribui-
do”.
Nota: la explicación anterior es muy intuitiva pero no es del todo cierta. No es necesario que los 10 títulos vayan
mal para que la cartera pierda, sólo que lo hagan más de la mitad, incluso que lo hagan menos, siempre y
cuando éstos pesen mucho en cartera. No obstante, es una buena forma de entender este fenómeno, del cual
volveremos a hablar en el apartado de diversificación temporal.
La tabla siguiente ilustra cómo se reduce el riesgo al añadir títulos en cartera, lo cual se traduce
en una menor probabilidad de pérdida. Hemos seleccionado cuatro de los seis valores más
representativos del IBEX (su peso constituye cerca del 41% del índice): Santander (SAN), Tele-
fónica (TEF), Repsol (REP) e Iberdrola (IBE). Voluntariamente hemos obviado al BBVA ya que
su poder diversificador es casi nulo por su tremendo parecido con el Banco de Santander (coe-
ficiente de correlación cercano a 0,94). Lo que nos dice la tabla es que una cartera compuesta
exclusivamente con 1 título tiene una probabilidad de pérdida del 35%, la cual se reduce hasta
niveles del 30% diversificando con hasta tener cuatro acciones.
45
Este es uno de los motivos por los cuales se hace bastante complicada la compra directa de
acciones. A los costes de transacción, las comisiones bancarias de custodia y la penalización
fiscal sobre plusvalías, debemos añadir la dificultad de diversificar adecuadamente. Se suele
decir que una cartera bien equilibrada debería tener al menos 20 títulos, si bien en ningún caso
sería recomendable una inversión con menos de 10 nombres.
Otra de las máximas de mercado reza aquello de “a mayor plazo, menor riesgo”. Esto no sig-
nifica que la volatilidad de repente caiga cuando se decide aumentar el plazo de la inversión,
obviamente. El peligro de una cartera es el mismo independientemente de las intenciones del
ahorrador. Lo que sí es cierto es que la rentabilidad anualizada (TAE) de una inversión es
más previsible cuanto mayor sea el plazo al que se mire dicha inversión. Quien dice más
previsible también dice más estable, menos arriesgada, con menos volatilidad.
46
¿A qué se debe esto? El hecho de que se le llame “diversificación temporal” nos puede dar una
pista. Razonamos igual que al hablar diversificación por número de títulos: ¿qué tiene que pa-
sar para que una cartera pierda después de 1 año? Es suficiente que dicho año sea negativo.
Ahora bien, ¿qué tiene que suceder para que pierda una cartera después de 10 años? Que
vaya mal un año y otro año y otro año y … y así hasta 10, lo cual, con las salvedades expues-
tas en la nota anterior, es mucho menos probable. Como demostración con datos reales, vea-
mos qué ha pasado en los últimos 50 años en los Estados Unidos (índice Standar&Poor’s):
Nota: si bien es cierto que el riesgo de las rentabilidades anualizadas disminuye con el plazo de la inversión, esto
no es cierto cuando hablamos de rentabilidades acumuladas. Mientras que las primeras se mantienen con el
tiempo (la TAE de 1 año es la misma que la TAE a 10 años), las segundas crecen de forma exponencial (rn años
= (1+r1 año)n -1). Igualmente, la volatilidad de una rentabilidad acumulada también crece con el tiempo, aunque
a un ritmo inferior (σacumuladan años = σ1 año * √n). Vemos como la dispersión de la rentabilidad acumulada crece
con el tiempo en el gráfico siguiente (construido con una rentabilidad del 8% y una volatilidad del 20%):
47
Rango de rentabilidades acumuladas, fuente: elaboración propia
48
En definitiva, mientras que el abanico patrimonial final alcanzable aumenta con el paso del tiempo, el de la
rentabilidad TAE disminuye.
σ1−año
σ n−años =
n
La volatilidad decrece con la raíz cuadrada del número de años. De esta manera, una inversión
que mantenemos durante 4 años tiene la mitad de riesgo que esta misma inversión mantenida
1 año. A 9 años dividimos por 3 el riesgo, a 16 años por 4, etc. Importante resaltar que el efecto
de diversificación temporal se produce sobre todo en los primeros años de la inversión, tal y
como se puede ver en el siguiente gráfico:
Pongamos el ejemplo de una persona de 47 años, que se declara conservadora, y que está
pensando en construir una cartera para su jubilación. “Como soy conservador/a”, se dice, “des-
tinaré todos mis ahorros a la renta fija, que tiene un riesgo acorde con mi forma de ser”. Sin
embargo, pensemos: ¿cuánto le falta a esta persona para disponer de su dinero? ¿Cuál va a
ser el plazo de su inversión? Serán 20 años, los que le quedarían para alcanzar la hipotética
futura edad de jubilación de 67 años. Por tanto, aunque su inversión ideal a 1 año vista fuese la
renta fija, a 20 años deberíamos recomendarle que asumiese más riesgo.
Las cinco carteras de la tabla siguiente tienen el mismo riesgo, cada una a su respectivo plazo:
Realmente la inversión más adecuada sería la quinta, 50% renta fija + 50% renta variable. A 20
años vista, ésta tiene el mismo riesgo que una 100% renta fija a 1 año. Sin embargo, no pode-
mos decir lo mismo de la rentabilidad esperada. Suponiendo una prima de riesgo para la bolsa
del 4%, la cartera número 5 debería obtener un 2% adicional a la número 1 (el 50% está inver-
tido en un activo que rinde un 4% más). Así, nuestro amigo podría esperar jubilarse con casi un
50% más de patrimonio (2% de tipo de interés compuesto tras 20 años), lo cual es una diferen-
cia muy apreciable.
Estudiamos en el apartado 4.1- la forma en la que variaba el cálculo del riesgo al trabajar con
carteras en vez de con acciones individuales. El caso del riesgo relativo es exactamente el
mismo. La fórmula matricial del cálculo del tracking error se parece mucho a la del cálculo de la
volatilidad de una cartera con n activos, sólo que se añade un término adicional en la matriz, “–
100%*índice”. Efectivamente, calcular el tracking error de un portafolio es equivalente calcular
la volatilidad de una cartera comprada y el mismo importe vendido del índice (o del futuro sobre
el índice). Se puede intuir que efectivamente una inversión así compuesta produce la rentabili-
dad del portafolio menos la del índice, que es precisamente lo que determina el tracking error.
50
w1σ 1
1 ρ1, 2 ··· ρ1,n
ρ w σ
1 ··· ρ 2,n 2 2
TrackingError = [w1σ 1 w2σ 2 ··· wnσ n − 100%índice]
1, 2
···
...
··· ··· ···
wnσ n
ρ1,n ρ 2, n ··· 1
− 100%índice
También se puede intuir que una formulación como la anterior es muy poco práctica. Por ello, a
la hora de medir riesgos relativos de carteras, se suele trabajar con la beta. La gran ventaja de
esta cifra es su cómputo: la beta de una cartera es el promedio ponderado por los pesos
de las betas de los valores que la componen.
∑ saldo ·β i i
β= cartera
∑ saldo
cartera
i
Así, un 50% de un título con beta 0,8 y un 50% de otro con beta 1,6 resultará en una cartera
con beta 1,2. Así de fácil. La beta de una acción y la beta de una cartera tienen exactamente
las mismas propiedades: una acción con β=1,2 tiene un comportamiento similar al de una car-
tera con β =1,2.
Nota: mediante el control de la beta no se vigila lo bien o mal diversificada que esté la cartera (el riesgo no
sistemático). La beta es el grado en el que una inversión está más o menos apalancada al riesgo sistemático, de
manera que una acción con beta 1,5 tendrá al menos 1,5 veces el riesgo del índice. Sin embargo, dos acciones
con beta 1,5 no tienen por qué tener la misma volatilidad. De alguna manera, tal y como ya introdujimos en el
capítulo 2.3-, el riesgo absoluto σ es la suma del riesgo relativo y del riesgo no sistemático (también llamado
riesgo residual o σR):
σ 2 = β 2σ M2 + σ R2
siendo σM la volatilidad del mercado. Así, una acción con beta reducida pero mucho riesgo residual puede tener
mayor volatilidad que una acción con beta elevada pero que con riesgo residual menor. La beta es por tanto un
indicador de fácil manejo pero que no muestra toda la información.
51
4.5. OPTIMIZACIÓN DE CARTERAS
Ya en la recta final de este capítulo, vamos a realizar un ejercicio que, de alguna manera, es el
objetivo final de la gestión del riesgo: vamos a construir una cartera. Supongamos que tuvié-
semos que asesorar a un cliente en la compra de una cartera de valores españoles. Lógica-
mente, a la vista de lo expuesto en el apartado de diversificación, haríamos dos cosas:
Asegurarnos que el importe a invertir fuese lo suficientemente elevado como para per-
mitir comprar el número de los títulos suficientes para garantizar una suficiente diversifi-
cación.
Como quiera que se trata de un ejercicio, recomendaremos una cartera que sólo contenga títu-
los españoles y trabajaremos, para mayor simplicidad, con 12 de los valores más representati-
vos del IBEX en la actualidad. En la tabla siguiente tenemos los valores, sus betas y rentabili-
dades esperadas:
52
¿Debemos trabajar con un límite de riesgo absoluto o de riesgo relativo? La res-
puesta nos la debería dar el tipo de cliente al que estuviésemos asesorando.
Una vez hemos decido optimizar contra el IBEX, debemos decidir qué variable
usar. Está claro que el tracking error es un parámetro más preciso que la beta,
pero es de difícil manejo. Por ello buscaremos maximizar la rentabilidad para
una beta determinada. Pero, ¿qué beta fijamos? Por los mismos motivos que
nos impulsan a trabajar con riesgos relativos en vez de absolutos, decidiremos
aquí asignar una beta de 1, ya que es la forma más apropiada de conseguir que
cartera e IBEX se parezcan.
Así deberemos resolver una serie de ecuaciones que reflejen todo lo anterior:
53
Ayudados de una hoja de Excel y de su utilidad “Solver” para resolución de ecuaciones, obte-
nemos la siguiente cartera:
Observamos que los pesos propuestos reflejan muy bien todas las restricciones planteadas.
Por supuesto, la suma de los pesos es 100%, hay once valores y la beta es 1. Pero vemos
también la estrategia seguida por la optimización: compensación de títulos con elevada beta y
rentabilidad esperada, con acciones de menor beta y rentabilidad.
Por supuesto, este tipo de análisis es muy interesante para los responsables de inversión que
deben conocer la valía de los gestores de patrimonios que le reportan, e incluso para que el
propio cliente pueda evaluar la gestión que tiene delegada.
A modo de ejemplo, simulamos la cartera del punto anterior durante 10 meses y obtenemos los
siguientes resultados:
54
Podemos hacer el siguiente análisis:
La beta resultante, β =1,02, ha sido muy cercana a 1, que era nuestro objetivo principal.
La forma más sencilla de hacer Performance Attribution es calculando los efectos alfa y beta.
Éstos explican qué parte del exceso de rentabilidad con respecto al benchmark (3,0%) se debe
a:
Pongamos por caso que una cartera de bolsa española ha subido un 12% al tiempo que el
IBEX sólo lo ha hecho un 10%. Nuestra primera impresión debería ser positiva pero, ¿qué pasa
si la beta ha sido de 1,5? En tal caso, la cartera debería haber subido 1,5*10% = 15%, y ten-
dríamos un efecto beta positivo de 5% (la diferencia entre el 10% y el 15%) por el hecho de
haber tenido una beta superior a 1 en un momento alcista de mercado. Sin embargo, sólo ha
subido un 12% debido a una incorrecta selección de títulos, que le aporta un efecto alfa negati-
vo de –3% (=12%-15%).
Volviendo a nuestra cartera de 11 títulos del IBEX, tener una beta superior a 1 en un mercado
alcista ha aportado valor, concretamente:
= (1.02-1)*28.2% = 0.44%
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En este ejemplo, el efecto beta ha sido muy bajo, ya que hemos conseguido una β muy próxi-
ma a 1. Por otro lado, el efecto alfa explica qué exceso de rentabilidad se debe a la selección
de acciones, una vez eliminado el efecto beta:
Al final,
o bien:
Lo mismo que hemos desagregado el exceso de rentabilidad en los factores alfa y beta, el Per-
formance Attribution clásico se encarga de desagregarlo en:
Sector selection: ¿hemos sabido escoger aquellos sectores que más se han revaloriza-
do con respecto a su índice?
Stock picking: dentro de cada sector, ¿hemos sabido seleccionar aquellos valores que
mejor se han comportado?
rentabilidad cartera = rentabilidad índice + market timing + sector selection + stock picking
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Con todo, hemos visto cómo optimizar carteras de valores y cómo, gracias a un buen estudio,
se pueden obtener los resultados esperados. Que la rentabilidad sea mejor o peor dependerá
exclusivamente de si la selección de títulos ha sido buena o no.
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