PROYECTO DE GRADUACION
Trabajo Final de Grado
Identidad artesanal
Nuevos paradigmas en el sistema de la moda
Fiorella Macció
Cuerpo B del PG
23/02/2017
Diseño de Indumentaria
Creación y Expresión
Empresas y Marcas
Índice:
Introducción ……………………………………………………………………………………. 3
Capítulo 1: Escenario de la moda internacional
1.1 La evolución de la industria ………………………………………………………………..12
1.2 El sistema de tendencias …………………………………………………………………..16
1.3 La geografía de la moda …………………………………………………………………...21
1.4 Los medios de comunicación ……………………………………………………………. .27
1.5 El fashion film ………………………………………………………………………………..31
Capítulo 2: La producción de indumentaria
2.1 Modalidades productivas…………………………………………………………………...34
2.2 El rol del diseñador………………………………………………………………………….40
2.3 El consumidor diferenciado ………………………………………………………………. 42
Capítulo 3: Diseño de indumentaria de autor
3.1 El surgimiento del diseño de independiente en la Argentina …………………………..48
3.2 Situación del diseño de indumentaria de autor y su impacto económico……………..51
3.3 Propuestas diferenciales…………………………………………………………………...54
Capítulo 4: Procesos artesanales en la producción de indumentaria
4.1 Identidad nacional…………………………………………………………………………..61
4.2 Técnicas textiles artesanales……………………………………………………………...63
4.3 Lo artesanal como patrimonio cultural inmaterial……………………………………….68
Capítulo 5: Alquimia, un fashion film de diseño de autor
5.1 El desarrollo conceptual……………………………………………………………………71
5.2 Identidad artesanal: los vestuarios……………………………………………………….74
5.3 La dirección de arte………………………………………………………………………...77
Conclusiones…………………………………………………………………………………..81
Lista de referencias bibliográficas…………………………………………………………90
Bibliografía……………………………………………………………………………………...93
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Introducción
El presente Proyecto de Grado titulado Identidad artesanal. Nuevos paradigmas en el
sistema de la moda; propone la realización de un fashion film como medio de expresión
de la estética y visión reflexiva del autor.
En el marco de la cultura hiperconectada postmoderna, es cotidiana la exposición de
diversos estilos de vida; por lo que el paradigma fordista de una moda homogeneizada,
propio del sistema industrial masivo, ha perdido vigencia. El fácil acceso y difusión de
contenidos en las redes sociales, posibilita la visibilidad de múltiples estéticas,
impulsadas por una necesidad colectiva de diferenciación.
Este cambio en la moda es una evolución proporcional a la consolidación de una
sociedad orientada a las individualidades, donde la indumentaria representa un rol
fundamental como herramienta de comunicación de identidad, estableciéndose una
relación simbólica entre el usuario y su indumento (Saulquin, 2010).
En este contexto el diseño de autor adquiere relevancia, presentándose como la
contracara de la concepción verticalista de la moda que ha atravesado los siglos
precedentes. Esta modalidad de trabajo se caracteriza por la proyección de una sólida
identidad sostenida en el tiempo, bajo la premisa de intentar eludir la influencia directa de
las tendencias internacionales. El objetivo primordial es crear prendas diferenciadas, con
un alto valor agregado y de significación. Para ello, se opera en base a un profundo
desarrollo conceptual, reflejado mediante la intervención textil o morfológica del
indumento, siendo el mismo un objeto que difiere de la oferta masiva.
Este abordaje del negocio de la moda, ha tenido lugar en la Argentina a partir de la crisis
socioeconómica de 2001. La situación obligó a los diseñadores a operar con los recursos
disponibles, viéndose alejados de las capitales principales de la moda. Aquí se produjo el
elemental cuestionamiento respecto a que no resultaba estratégico producir lo mismo que
se importaba, por lo que la creatividad tuvo un gran florecimiento.
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El presente Proyecto de Grado se desarrolla bajo una perspectiva que sostiene que la
moda excede la simple definición de ser una industria de consumo, representando de
forma holística un fenómeno social, cultural y económico.
En este sentido, se comprende al diseño de autor no sólo como una oportunidad de
negocio; sino que abordado desde el aspecto sociológico, como la consecuencia de una
variación en los valores y motivaciones del sujeto colectivo.
Así como la búsqueda de diferenciación, una de las características destacadas en el
consumidor del siglo XXI es su evolución respecto a la consciencia del entorno. Este
individuo ya no es indiferente al origen de los productos que adquiere, por lo que reclama
responsabilidad a las empresas. Ejemplo de ello es el cuestionamiento público a la
producción sobresaturada, fenómeno conocido como fast-fashion, por el impacto negativo
que ha tenido en el medioambiente y en la sociedad.
En paralelo, la globalización propia de la postmodernidad diluye los límites de la
idiosincrasia, y en respuesta a ello se palpita una tendencia retrospectiva que enaltece el
valor de los orígenes. En consecuencia, la reivindicación de las técnicas artesanales
heredadas, constituye no solo un atractivo simbólico en el ámbito creativo, sino que
también colabora en la preservación del patrimonio cultural inmaterial.
Son infinitas las posibilidades de diseño mediante la combinación de procesos
artesanales. Estos pueden representar la construcción total de una prenda o parte de
ella; así como la intervención textil previa a la confección o luego de ésta. Este tipo de
productos poseen un alto valor agregado por el tiempo y dedicación que requiere su
realización, cargada de un gran contenido de significación.
El Proyecto de Grado se inscribe en la categoría Creación y Expresión. La propuesta se
centra en la expresión propia del autor y en la construcción de una identidad profesional;
valiéndose del uso de lenguajes innovadores, como la dirección artística de un
cortometraje para el área de moda. Con el objetivo de unificar los conocimientos
adquiridos a lo largo de la carrera, y siendo la propuesta una síntesis de la estética del
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alumno; se han seleccionado prototipos realizados en distintas asignaturas, otorgándoles
funcionalidad mediante un mismo desarrollo conceptual.
Debido al trabajo artesanal de los diseños, aspecto diferencial de la propuesta, éstos
adquieren la concepción de pieza única, afín a lo que un vestuario representa;
entendiéndose a éste como un objeto creado para una ocasión de uso específica y
destinado a contribuir a una comunicación particular.
La línea temática seleccionada es Empresas y Marcas, debido a que el trabajo de campo
que se expone, refiere al análisis de emprendimientos en la Argentina que incorporan el
concepto de sustentabilidad en la cadena de suministro por medio de procesos
artesanales. Es por ello que se toma como recorte espacio-temporal para la investigación
las empresas argentinas de diseño de autor; desde la última década a la actualidad.
Los objetivos que persigue este proyecto son, en primer lugar; concretar la propuesta
creativa, como medio de expresión de la identidad y visión reflexiva del autor. Siendo el
trabajo artesanal de los textiles el aspecto diferencial de los diseños; se busca evidenciar
la potencialidad de la incorporación de procesos artesanales en la producción de
indumentaria, como una estrategia competitiva coherente a las necesidades del mercado
de la moda actual. En este sentido, se propone analizar el funcionamiento integral del
sistema, así como las causas sociológicas, económicas y culturales que han propiciado el
surgimiento del diseño independiente. Asimismo, se considera pertinente abordar el perfil
del consumidor del postmoderno y su relación con el indumento. Por último, se busca
explicitar las posibilidades creativas ligadas a la aplicación de técnicas textiles
artesanales.
Una estrategia basada en la dicotomía artesanal-industrial, presenta una potencial
solución para las problemáticas actuales de la industria de la moda, contribuyendo a la
expresión de la identidad y al desarrollo de la ética para la sustentabilidad.
Se define a la identidad como el conjunto de características que hacen a la distinción y
reconocimiento de un sujeto frente a otros (Maalouf, 1999).
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Por otra parte, se entiende como ética para la sustentabilidad a la comprensión de las
complejas relaciones entre la sociedad y la naturaleza, trabajando con el objetivo de
aportar al bien común (Angel et. al, 2002).
Asimismo, el diseño puede ser definido como una actividad teórico-práctica de carácter
proyectual que conduce a la elaboración de objetos y espacios. Uno de los objetivos
fundamentales es satisfacer necesidades físicas y sociales, colaborando con el individuo
para la superación de las adversidades del ambiente (Papanek, 1971).
Bajo estos parámetros ha ganado solidez la perspectiva que plantea la evolución de una
moda lenta, basada en la modificación del ritmo y de las prioridades, reemplazando
calidad por cantidad, cuestionando el reemplazo rápido de los bienes indumentarios y
brindando preferencia a las relaciones de mutuamente beneficiosas entre las empresas,
trabajadores y proveedores.
Es posible entonces, establecer una relación entre la sustentabilidad, el diseño de autor y
los procesos artesanales en la producción de indumentaria; en el marco de una nueva
concepción del lujo, relacionada a la diferenciación, calidad en pos de una mayor vida útil
del producto y contribución social mediante el consumo.
El presente proyecto se articula en cinco capítulos. El primero de ellos, Escenario de la
moda internacional, explora el sector en el cual se desarrolla la temática, efectuando un
análisis histórico, con motivo de comprender los distintos paradigmas que han atravesado
al sistema, y las causas de su funcionamiento actual. En este sentido, se explica el
desarrollo del calendario de la moda y la creación de tendencias, así como se detallan las
principales ciudades que compiten por el liderazgo y el posicionamiento de Latinoamérica
en este aspecto. Se incluye además, de acuerdo al objetivo principal del proyecto, el
abordaje respecto a los medios de comunicación en la moda y en particular el
surgimiento del fashion film.
En el segundo capítulo, La producción de indumentaria se estudian los distintos tipos de
empresas según su modalidad productiva. En este sentido, se aborda el fenómeno
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postmoderno del fast-fashion, caracterizado por el controversial impacto de sus métodos
de fabricación en el entorno y la sociedad. A partir de ello, se reflexiona acerca del rol del
diseñador, su responsabilidad en la cadena de suministro; así como el concepto de moda
lenta, afín al diseño de autor. Finalmente, entendiendo que una producción de
indumentaria se hace en función de un usuario particular, se busca indagar respecto al
perfil del consumidor de diseño independiente.
El tercer capítulo, Diseño de indumentaria de autor, tiene como objetivo dilucidar las
causas sociales y económicas que propiciaron el surgimiento de este sector en la
Argentina, así como analizar el desarrollo actual del mismo.
En esta instancia, también se exponen y analizan cinco casos de emprendimientos de
diseño de autor en el país, que han incorporado el concepto de sustentabilidad en su
estrategia, mediante la inclusión de técnicas artesanales.
Por ultimo, se busca reflexionar acerca de la existencia de una identidad nacional que
contribuya al posicionamiento de la marca-país en el escenario de la moda internacional.
El cuarto capítulo, Procesos artesanales en la producción de indumentaria, se presenta
como un nexo entre el abordaje de la industria precedente y la propuesta creativa del
capítulo cinco, donde, entre otros aspectos, se destaca el trabajo textil artesanal como
rasgo distintivo de la identidad del autor. Es por ello que se tiene como objetivo estudiar
distintas técnicas artesanales, exponiendo su relevancia desde el concepto de patrimonio
cultural inmaterial.
Por último, el quinto capítulo denominado Identidad artesanal, consta del desarrollo de
teórico que complementa la propuesta creativa audiovisual. En primera instancia, se toma
como punto de partida el estudio del sujeto postmoderno, en relación a lo trabajado a lo
largo del proyecto. Esto lleva no sólo a comprender con mayor profundidad el proceso de
individualización tratado en el primer capítulo, sino que a establecer conexiones que
aportan al desarrollo creativo. En este sentido, se aborda la macrotendencia denominada
como mito moderno, marco teórico inspiracional para la elaboración del relato. Luego, se
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explica el sustento conceptual de cada vestuario, y se describe lo que ha sido el proceso
de dirección de arte del film.
En concreto, las asignaturas relacionadas al presente proyecto, mediante la selección de
prototipos para la propuesta creativa son: Diseño de Indumentaria VI y Diseño de
Accesorios II. Asimismo, la producción audiovisual corresponde a la asignatura Vestuario
II que ha tenido como objetivo la realización de un fashion film.
La revisión de antecedentes es un punto de partida necesario, que permite contemplar el
carácter innovador del presente trabajo, al exponer la coherencia de una estrategia de
producción basada en la dicotomía artesanal-industrial, fundamentada por un exhaustivo
análisis del sistema de la moda y su evolución.
En lo que refiere a los antecedentes institucionales, un conjunto de Proyectos de Grado
elaborados por estudiantes de la Universidad de Palermo, han contribuido en la
investigación de la temática.
Entre ellos, puede citarse el proyecto realizado por Taboada (2011) Diseño de autor. La
inserción del diseño de autor en el mercado argentino. El PG tiene como producción final
el desarrollo de un manual de inserción en el mercado para los nuevos profesionales del
diseño de indumentaria de autor, por lo que aporta información de campo específica.
En segundo lugar, el trabajo realizado por Audiso (2011) Diseño con identidad de autor.
¿Es una tendencia de moda o la evolución hacia un estilo nacional? Este escrito expone
una investigación acerca del diseño de autor en la Argentina, desde la crisis de 2001, en
relación a la creación de una identidad nacional para la industria de la moda.
En tercer lugar, se toma como antecedente el trabajo realizado por Boni (2011)
Tendencias: viaje de producto y armado de colección. El PG expone el funcionamiento de
las tendencias y el rol del diseñador en el armado de una colección de producto,
diferenciándolo del desarrollo de una colección de indumentaria de autor.
En cuarto lugar, El poncho cosmopolita. Revalorización artesanal del poncho argentino,
Proyecto de Grado realizado por Rodas (2011). El trabajo abarca un análisis histórico del
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surgimiento de la cultura criolla, desde el periodo previo a la colonización hasta el
surgimiento del estado-nación argentino. Se propone una la revalorización de las técnicas
artesanales y el rediseño del poncho argentino, ubicándolo como tipología autóctona y
central de la colección.
En quinto lugar, se cita el trabajo de Calzoni (2011) Revalorización del diseño artesanal.
Creación de una línea de carteras. El proyecto propone la creación de una línea de
carteras artesanales, luego de una exhaustiva investigación acerca del mercado textil
desde el quiebre histórico dado por la revolución industrial. Se definen conceptos básicos
del trabajo artesanal y el diseño de autor, analizando la finalidad de este tipo de trabajo,
así como el perfil de sus consumidores.
En sexto lugar, se toma como antecedente el proyecto de Escobar (2011) Desarrollo textil
sustentable. Proyecto de diseño textil sustentable para la República Argentina. A partir de
la inquietud acerca de los perjuicios medioambientales causados por las empresas del
rubro textil, se analiza la cadena productiva de indumentaria desde la concepción de su
materia prima, proponiendo soluciones sustentables.
En séptimo lugar, se contempla el proyecto de Popolizio (2011) Viejas técnicas, nuevas
oportunidades. El trabajo artesanal como patrimonio cultural. La problemática que
planteada es la no valoración de las técnicas artesanales como parte del patrimonio
cultural argentino y la falta de compromiso que existe en el mercado de la moda con el
artesano local, provocando la desaparición de la mayoría de las técnicas de costura,
bordado y el labor de modista, heredados de la inmigración europea del siglo XX.
Por su parte, el trabajo de Moya (2016)Textiles sustentables artesanales. La reinvención
de los textiles naturales artesanales en el calzado, desarrolla un estudio acerca de las
materialidades alternativas y la producción de calzado, basada en el concepto de
sustentabilidad.
En noveno lugar, El cuero como material constructor de la identidad en Argentina,
proyecto de Maestría en Gestión del Diseño de Alvarez Saavedra (2008), analiza las
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distintas expresiones creativas a partir de crisis económica del 2001. Se explicita la
importancia de rescatar la mano de obra para contribuir a la exclusividad y originalidad
del producto, fortaleciendo la disciplina del diseño en la industria del cuero.
Finalmente, el Proyecto de Posgrado de Massuto (2008) Diseño no es moda y moda no
es diseño de indumentaria. Una mirada contrastiva, completa la lista de antecedentes,
aportando una visión reflexiva respecto al fenómeno de la moda.
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Capítulo 1: Escenario de la moda internacional
Los dos primeros capítulos del presente tienen como objetivo comprender el
funcionamiento actual del sistema de la moda. En este sentido, se busca dilucidar los
distintos paradigmas que han atravesado al sistema, por lo que se efectúa un análisis
histórico utilizando como marco teórico las obras Historia de la moda argentina: del
miriñaque al diseño de autor (2011), La muerte de la moda, el día después (2010), ambas
de Susana Saulquin; Historia de la moda del siglo XX (2000) de Gertrud Lehnert; La
moda del siglo XX (2008) de Francois Baudot y El imperio de lo efímero (1993) de Gilles
Lipovetsky.
Asimismo, se explica el desarrollo del calendario de la moda, la creación de tendencias
de consumo y se estudian los principales actores que conforman el escenario de la moda
internacional; detallando las ciudades que compiten por el liderazgo y abordando el
posicionamiento de Latinoamérica en este aspecto. Para ello, se tienen como referencia
los escritos Diseño de moda (2013) de Sue Jonkyn Jones, La gestión de las empresas de
moda (2013) Estefania Saviolo junto a Salvo Testa, Principios de gestión en moda (2012)
de Susan Dillon, y se incluye Predicción de tendencias de color en moda (2012) de Kate
Scully.
Con motivo de profundizar el análisis de los factores diferenciales que aportan a la
competitividad de los países, se incluye la perspectiva de Norverto Cháves, en su obra
Las marca-país en Latinoamérica (2012); así como las ideas de Roberto Occhipinti al
respecto, expuestas en Marca País (2013).
Finalmente, para el abordaje respecto a los medios de comunicación en la industria, se
utilizan como referencia los textos 100 Ideas que cambiaron la moda urbana (2014) de
Sophie Wise, Profesión Moda (2011) de Julia Yates, Estilismo de moda (2011) de
Jacqueline McAssey y Fashion Management (2010) de Carolina Curat y Guillermo Fraile.
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1.1 La evolución de la industria
En primera instancia, es necesario comprender que la moda es un fenómeno social,
cultural y económico del cual todos forman parte, voluntaria e involuntariamente, por el
simple hecho de que por convenciones sociales básicas, la vestimenta es obligatoria.
La indumentaria tiene la particularidad de conjugar dos elementos psicológicos
esencialmente opuestos: la inquietud por diferenciarse, así como la búsqueda de
pertenencia. La dualidad presente en el acto de vestirse provoca a su vez otra necesidad:
el cambio constante (Saulquin, 2011).
Desde esta perspectiva, se entiende que una prenda es un objeto con un gran contenido
de significación, que destaca por sobre otros bienes de consumo, al ser una herramienta
de comunicación de identidad individual y colectiva.
Asimismo, la moda funciona como registro histórico, en el cual a través de distintos
recursos de diseño, se reflejan códigos que definen una época, un lugar y los valores de
una sociedad. En este sentido, se puede afirmar que esta industria conforma un complejo
sistema de consumo. Debido a su potencialidad productiva, dicho sistema es de gran
importancia para la actividad económica de los países, donde además intervienen
múltiples actores a nivel global que influencian las preferencias y gustos de las personas
(Marino, Marré y Mon, 2014).
El fenómeno de la moda como determinante en las preferencias estéticas de una
sociedad, registra sus inicios con el surgimiento de la alta costura en 1857, año en el que
el inglés Charles Frederic Worth inaugura su atelier en París. Anteriormente, el
modisto/sastre se limitaba a ejecutar los encargos de sus clientes, diseñados por éstos
(Baudot, 2008). Gracias a una eficiente estrategia de comunicación, Worth logra
trasgredir al presentar colecciones individuales a las damas de la alta sociedad,
planteadas según sus propios criterios de belleza y elegancia. Las mujeres elegían entre
una gran variedad de modelos y propuestas textiles; la confección, era realizada a
medida y de forma artesanal.
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El acceso al circuito de la alta costura se mantuvo limitado a una reducida élite, que
determinaba de forma verticalista los códigos indumentarios del momento, adoptados
luego por los estratos sociales medios. Las clases obreras representaban una masa
uniformada y sencilla, presentando algunas variantes estéticas según la función que
desempeñaban.
Citando a Lehnert (2000), cabe destacar que el título oficial de modisto de alta costura es
otorgado por la Cámara Sindical de la Alta Costura Parisina, creada en 1868 y vigente en
la actualidad. Los requisitos que un diseñador debe cumplir son, en primer lugar, poseer y
mantener un taller en París. Allí deben trabajar como mínimo veinte empleados de
confección la jornada completa. Las prendas, estrictamente deben realizarse según la
fisonomía del cliente, por lo que el tejido no debe cortarse antes de tomar las medidas.
Además, es necesario presentar un mínimo de setenta y cinco conjuntos en cada
temporada bianual del circuito de la moda internacional. Estos desfiles tienen lugar en las
capitales tradicionales de la moda; París, Londres, Milán y Nueva York.
A lo largo de todo el siglo XIX y principios del siglo XX, la moda fue sinónimo exclusivo de
la alta costura (Lipovetsky 1993). Este paradigma cambia drásticamente durante el
período comprendido entre los años 1914 y 1950, constituyendo una nueva etapa en la
historia del vestir contemporáneo: el surgimiento del pret a porter. Este término francés
proviene de la expresión norteamericana ready to wear, que significa listo para ser usado.
La revolución industrial y la economía liberal favorecieron el desarrollo de una industria
textil de alcance masivo. Mediante el uso de patrones basados en un sistema de talles
promedio, fue posible la fabricación de prendas seriadas en grandes escalas. En un
principio y durante muchos años, estas nuevas empresas producían según los mandatos
de la alta costura; pero de forma gradual, el interés por las estéticas elitistas fue
perdiendo adeptos, por lo que algunos empresarios dedicados al pret a porter detectaron
la necesidad de incorporar jóvenes creadores a su estructura (Baudot, 2008).
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Tomando como referencia la perspectiva sociológica de Susana Saulquin, se afirma que
por medio de la inclusión de las masas al sistema de la moda, el indumento inició su
desregularización. De forma paulatina los estratos sociales más bajos tenían acceso al
renaciente consumo, siendo éste una herramienta de adaptación social.
Comenzó entonces un proceso de democratización en el sistema de la moda,
entendiendo por democratización la acción resultante de incluir cada año en sus
engranajes nuevos grupos que no estaban en su juego o que tenían como función
cerrar el ciclo económico consumiendo saldos (Saulquin, 2011. p.132).
Asimismo, la democratización en la moda constituyó el comienzo de un proceso de
aceleración en la renovación de la indumentaria. La búsqueda de diferenciación por parte
los estratos sociales más altos frente a los nuevos consumidores, determinó la
configuración de tiempos productivos cada vez más cortos, presentando un nuevo objeto
de deseo al momento en que la estética anterior fuera adoptada por las masas. Este
concepto de pronta rotación de productos, es uno de los elementos fundamentales del
fenómeno de la moda rápida, característico de la industria del siglo XXI, y que es
abordado en profundidad en el siguiente capítulo.
Francois Baudot (2008) define la composición del mercado de la moda hacia finales del
siglo XX en tres tipos de empresas: las marcas de lujo tradicionales, las marcas concepto
y los creadores individuales.
El primer grupo, ubicado en la cúspide del sistema supo adaptarse a los cambios
incorporando una sección boutique, donde se comercializa un pret a porter elevado. Sin
embargo, lo que define a estas marcas es el hecho de que continúan con el tradicional
desarrollo de la alta costura, acorde a las normas de la Cámara Sindical de Alta Costura
Parisina, anteriormente detalladas. Bajo estos parámetros, es un reducido grupo de elite
quienes desarrollan de forma oficial la alta costura, integrado por: Chanel, Valentino, Dior,
Giorgio Armani, Jean Paul Gaultier, Stephane Rolland y Giambattista Valli. Asimismo se
incluyen miembros extranjeros e invitados, algunos son: Elie Saab, Elsa Schiaparelli,
Versace, entre otros ([Link], 2012).
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Esta actividad es en esencia una estrategia publicitaria de prestigio, debido a que sus
elevados costos no logran ser recuperados únicamente a través de la venta de los
diseños. Su funcionalidad se inserta en el campo del arte, protagonizando las semanas
de la moda internacionales y siendo una expresión de vanguardia de la cual se nutren los
sectores inferiores para el relevamiento de tendencias (Lehnert, 2000). La alta costura es
la proyección de un universo de fantasía, al cual el público masivo puede acceder a
través de la compra de objetos menores como perfumes o maquillajes.
Por otro lado, en inconmensurable cantidad, se encuentran las denominadas marcas
concepto, que continúan el legado de la fabricación industrial. Estas empresas ofrecen
productos diseñados en base a las nuevas estéticas promovidas por las marcas de lujo, y
su estrategia se fundamenta en la comunicación global de un estilo de vida, de acuerdo a
estudios de mercado (Baudot, 2008).
Finalmente, el tercer grupo lo conforman creadores individuales, que buscan
diferenciarse por medio de la expresión de una identidad auténtica. La característica
principal radica en una modalidad de trabajo que privilegia el propio desarrollo conceptual
en el proceso de diseño, frente a las tendencias de los grandes centros de moda. En
consecuencia, se ofrecen productos con un alto contenido de significación y valor
agregado, en reducidas cantidades. Es por ello que se los conoce como diseñadores de
autor o independientes, creativos que reivindican el oficio de la costura (Mon, 2012).
La gestación de este nuevo mercado es el resultado de un paulatino proceso de
desarticulación de la moda verticalista de los siglos XIX y XX (Saulquin, 2010).
En el marco de una cultura hiperconectada del siglo XXI, la exposición de las diversas
identidades y estilos de vida es cada vez mas frecuente; por lo que el paradigma de una
moda homogeneizada, propio del sistema industrial masivo, pierde vigencia. La facilidad
con la que se viralizan contenidos en las redes sociales hace posible la existencia de
múltiples modas, impulsadas por una necesidad colectiva de diferenciación.
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Susana Saulquin (2010), en La muerte de la moda, el día después explica este proceso
como una evolución proporcional a la consolidación de una sociedad orientada a las
individualidades. Se establece una relación particular y simbólica entre el consumidor y el
indumento, entendiendo a este objeto como una herramienta de comunicación de la
propia identidad.
La sociedad industrial, que, organizada en torno a la ecuación modelo/serie, había
impulsado el desarrollo exponencial de las modas, se encuentra complementando
un diseño independiente que debe responder a las lógicas funcionales de valores
de uso y económicas de valores de cambio, superando las ambivalencias de las
lógicas simbólicas (...)
Entonces, cuando decimos que la moda, como sinónimo de imposición social,
será reemplazada por múltiples modas, estamos afirmando que se desdibuja el
ritual de las autoritarias representaciones colectivas y se recupera la ceremonia
íntima, original y primaria en la creación de la propia imagen. (Saulquin, 2010, pp.
261-262).
El fenómeno de la individualización en la postmodernidad es tratado por Zygmunt
Bauman en La sociedad individualizada (2001), citado para el desarrollo conceptual de la
propuesta creativa del quinto capítulo. Asimismo, en el cuarto se abordan las tendencias
del consumidor del siglo XXI, siendo la inquietud respecto a la afirmación del yo, una
conducta destacada por Faith Popcorn (1992), referente en la temática.
Se considera pertinente para esta instancia no profundizar en este complejo fenómeno,
pero si dejar en claro que como todo suceso en la moda, el diseño independiente no es
un hecho casual ni aislado, sino que posee un trasfondo sociólogico en relación a una
variación en las motivaciones y valores del sujeto colectivo. Por lo pronto, se procede a
continuar con el objetivo primigenio del presente capítulo, que es comprender el
funcionamiento de la industria internacional de la moda.
1.2 El sistema de tendencias
Para el diseñador la diferencia clave entre su producto y cualquier otro es la rapidez con
la que llega al mercado. El tiempo es una variable primordial, y podría afirmarse que la
caducidad es inherente en la moda. El cambio de vestuario es un requisito tanto práctico
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como psicológico/social. La indumentaria puede remendarse o lavarse centenares de
veces; pero si una prenda usada es aceptable o no, dependerá de la edad y del estrato
social. Según argumenta Jones (2013) la industria se ha beneficiado en este aspecto,
existiendo la esperanza tácita de que la gente renueve su guardarropa por lo menos dos
veces al año, cada primavera y otoño.
En este sentido, se ha desarrollado el calendario de la moda, vigente desde 1943 y eje
central de la exposición de nuevas colecciones (Dillon, 2012). Estos fastuosos eventos
son realizados con fines publicitarios y su cobertura de prensa es a nivel mundial.
La tradicional organización bianual de desfiles se desarrolla comenzando en Londres,
seguido por Milán, París y luego Nueva York, durante un periodo de cuatro semanas. Los
diseños correspondientes a la temporada otoño/invierno se presentan en marzo, y los de
primavera/verano en septiembre. Las fashion weeks representan una enorme operación
comercial, que concluye en un gran espectáculo al cual a través de los medios de
comunicación el público masivo tiene acceso, por lo que es necesario introducir de forma
constante nuevas ideas para atraer al consumidor y a la prensa (Saviolo y Testa, 2013).
La configuración del calendario parte de una premisa cultural que sostiene que las
tendencias comienzan en Europa; aunque en la actualidad se desafía cada vez más ese
status quo. Ciudades como Tokio, Sidney, San Pablo, Madrid, entre otras, realizan sus
propios eventos; posicionándose paulatinamente como localidades extraoficiales de la
moda. Ejemplos de este cambio son el reciente desfile de Chanel en La Habana y el de
Louis Vuitton en Río de Janeiro ([Link], 2016).
Asimismo, aumentando la complejidad del cronograma, el calendario de moda masculina
va ocho semanas por delante de este plan. Sin embargo, diseñadores como Paul Smih,
Yohji Yamamoto y Helmut Lang, producen las dos líneas, masculina y femenina en una
misma colección, facilitando la coordinación de sus exhibiciones (Jones 2013).
Como se ha explicado, la presión del tiempo atraviesa al negocio de la moda. Para
producir dos o más colecciones al año y cumplir con las fechas límite, el diseñador debe
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trabajar con rapidez. Los conjuntos deben ser considerablemente distintos de los de la
temporada anterior en color y fabricación, pero manteniendo algún tipo de continuidad
con la firma, con el objetivo de destacar variables de estilo que sean identificables con la
marca. Para el creativo saber qué diseñar y cómo presentarlo no es una tarea intuitiva,
sino la consecuencia de una exhaustiva investigación, planificación, búsqueda de
inspiración y capacidad de interpretar las tendencias culturales (Dillon, 2012).
En la actualidad, los avances en la tecnología de la comunicación permiten que ideas e
imágenes compitan alrededor del mundo en tiempo real. Resulta complicado en algunos
casos determinar el origen de un estilo, porque una silueta o corte puede hacer referencia
a múltiples inspiraciones y presentar un gran número de variantes creadas
simultáneamente en diversos lugares (Scully, 2012).
Según Saviolo y Testa (2013), de acuerdo a las características de manufactura, el
sistema de la moda puede clasificarse en tres categorías principales: la alta costura, el
pret a porter y el mercado de masas. Los dos primeros configuran las colecciones
protagonistas en el calendario internacional de la moda, y contribuyen a delinear las
futuras variables estéticas de consumo, que serán adoptadas de forma imitativa por el
público masivo. Éste es el estrato inferior, categoría a la que se hará énfasis, analizando
la importancia que representa para su desarrollo la predicción de tendencias.
La fabricación en serie destinada al mercado de masas constituye la modalidad de
producción más industrializada y por supuesto, con el nivel inferior de precio. Si bien la
tecnología necesaria fue inventada a fines del siglo XIX, esta visión del negocio de la
moda no se impuso sobre la alta costura hasta después de la segunda guerra mundial.
En la actualidad, los diseños masivos pueden resultar tan aceptables como la alta moda,
especialmente cuando ciertos diseñadores invitados desarrollan colecciones para
compañías de gran distribución, como es el caso de Karl Lagarfeld para H&M o Stella Mc
Artney para Adidas. Sin embargo, los tejidos utilizados en este rubro suelen ser de menor
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calidad y las técnicas de confección adaptadas para mantener el bajo precio de la
indumentaria (Dillon, 2012).
Los profesionales que trabajan para este segmento producen diseños basados en
tendencias generalizadas y se inspiran en las colecciones de las casas de la alta costura
y del pret a porter, lo que garantiza que las prendas se vendan rápidamente. Esta
modalidad de asimilación de las tendencias es lo que se conoce como efecto goteo,
donde el origen de las variables estéticas proviene de las altas esferas del sistema de la
moda. El caso inverso, mucho más esporádico, se conoce como efecto burbuja, y refiere
a los estilos que surgen del mercado masivo, formas de expresión creativas que logran
captar la atención de las grandes firmas (Saviolo y Testa, 2013).
En línea con lo anterior, se sostiene que cada moda presenta un ciclo de vida constituido
por tres fases; la introducción, seguida por la cota de máxima popularidad y difusión;
finalizando con el declive (Dillon, 2012). Durante la primera fase, el nuevo estilo se
considera una moda emergente, adoptada por los líderes de opinión y consumidores
innovadores, que buscan diferenciarse. La segunda instancia - a la que no todas las
modas llegan - refiere al proceso de difusión y adopción masiva de la nueva estética. Es
aquí donde se registra el comportamiento imitativo, causado por la otra necesidad
psicológica inherente al indumento; la búsqueda de pertenencia. Por último el ciclo
termina en el declive, siendo más contundente en las denominadas modas pasajeras.
Los pronósticos de tendencias son desarrollados por especialistas en mercadotecnia, que
realizan exhaustivos estudios estadísticos para calibrar la popularidad de los tejidos,
colores y detalles constructivos de las prendas. La caza de tendencias o cool hunting,
comenzó en la década de 1990 con el objetivo de comprender a las generaciones de
jóvenes consumidores de las ciudades de vanguardia como Tokio, Londres o Nueva
York, entre otras (Jones 2013). El éxito de la investigación radica en identificar los
elementos innovadores de las variables estéticas que definirán las preferencias
generalizadas de consumo. Es un proceso complejo que requiere un indispensable
19
conocimiento sobre la actualidad, los medios de comunicación, políticas y economías
globales; y cómo las mismas afectan el poder de compra del público a analizar.
Asimismo, es primordial una profunda comprensión de los acontecimientos culturales y
sociales.
Existen agencias especializadas en la materia que conforman un reducido grupo a nivel
mundial, como Promostyl, Trendstop, Mudpie, Trend Unión o WGSN, siendo un campo
muy restringido y competitivo (Scully, 2012). El sector de predicción de tendencias debe
estar preparado para las nuevas temporadas con bastante anticipación, cabe destacar
que los fabricantes empiezan a desarrollar sus productos con dos años de antelación
respecto a cada temporada. De estos pronósticos dependen diseñadores, minoristas,
fabricantes de tejidos, compañías productoras de fibras e instituciones financieras, debido
a la necesidad de reducir al máximo los riesgos (Dillon, 2012).
El color es el eje fundamental de cada temporada y el primer elemento en la definición de
la tendencia. También se utiliza como una herramienta de referencia global y varios
paquetes de software incluyen paletas de color. Muchas compañías de predicción de
moda envían agentes a las principales ferias comerciales de tejidos e hilaturas, como por
ejemplo Prefiere Vision, que tiene lugar en París, así como en Tokio, Shangai, Moscow y
Nueva York (Scully, 2012).
A diferencia de las producciones dirigidas mercado masivo, el diseño de indumentaria de
autor intenta desplazarse del efecto goteo de las tendencias, con el objetivo de
materializar colecciones con un fuerte desarrollo conceptual; como medio de expresión
de la identidad y visión del creador. Asimismo, si bien el presente Proyecto de Grado se
orienta a esa modalidad de trabajo, se afirma que no es recomendable una abstracción
total de las tendencias de los grandes centros de moda. En primera instancia, por el
hecho de que es inherente en un diseñador el estar conectado con la actualidad y en
segundo lugar, por la necesidad de obtener un margen seguro de ventas. Una opción
recurrente es incluir algún color destacado de la temporada. La investigación del contexto
20
debe complementar el desarrollo conceptual previo a la creación de una colección. Estará
en la habilidad del diseñador el conjugar de forma sutil y estratégica aquellos elementos
de la tendencia que contribuyan a la comunicación de su identidad.
1.3 La geografía de la moda
Las ciudades son el epicentro de la creación de tendencias, además de ser símbolo de
desarrollo económico, son el lugar donde trabajan entre el 80 y 85% de los diseñadores
(Dillon, 2012). Este flujo de creatividad y comercio contribuye a la construcción de la
identidad local. Continuando el abordaje a nivel macro del sistema de la moda, se
detallarán las principales ciudades que configuran el escenario internacional. Asimismo,
se reflexionará acerca del posicionamiento de Latinoamérica en este aspecto.
Se considera oportuno, de acuerdo a los fines del análisis, explicar la definición de
marca-país. Esta refiere al estudio y determinación de los distintos valores diferenciales
de un territorio, con el objetivo de posicionarlo en el mercado internacional. El concepto
adquiere un sentido amplio, ya que es aplicable al país, cuidad, región o municipio.
Asimismo son variadas las acepciones que puede tener la noción de producto, ya que la
misma abarca el turismo, los productos tradicionales y los servicios profesionales. Como
todo valor subjetivo corre el riesgo de sufrir los mismos procesos de deterioro de imagen
que una persona o empresa, siendo fundamental establecer una coherente estrategia de
promoción, sostenida en el tiempo. Un eficaz planeamiento de marca-país proporciona
ventajas competitivas para la región en relación a las exportaciones y a la posibilidad de
recibir inversiones (Chaves, 2011).
A pesar de que el mundo de la moda está en constante expansión, la capital francesa
conserva su dominio. Es una idea común entre diseñadores que su objetivo debe ser
triunfar en Paris. El origen de esta convención se ubica en el siglo XIX cuando
comenzaba el auge de la Cámara Sindical de la Alta Costura. Citando a Jones (2013),
desde su núcleo que se encuentra en la calle Faubourg Saint Honoré y en la avenida
21
Montaigne, la industria francesa supo convertirse en uno de los principales productores
de moda, con más de 3.000 empresas, 80.0000 empleados y una facturación de más de
26.600 millones de euros por sus productos de lujo que se venden internacionalmente. La
autora destaca al segmento de lencería, que factura alrededor de 2.500 millones de euros
por año.
El diseño francés se caracteriza por la claridad de la silueta y a la vez por la complejidad
del corte, una forma que se acerca a los contornos del cuerpo, con cierta redondez.
También tienden a utilizar tejidos ligeros que proporcionan un acabado definido; el trabajo
manual de gran calidad en las terminaciones es tradicional.
La haute couture o alta costura, surge en Francia y hasta la segunda mitad del siglo XX
alimenta la posición de París como capital de la moda internacional, concentrada en el
triángulo de oro del Distrito Octavo, donde tienen su sede casi todas las firmas de
prestigio. Como se ha explicado, el concepto de alta costura refiere a la actividad
artesanal de las casas de moda cuyo diseñador crea y presenta cada temporada sus
colecciones realizadas a medida para un reducido número de clientes o incluso en
ejemplares únicos. Los términos haute couture son denominaciones jurídicamente
protegidas que sólo pueden utilizar las casas consideradas por una comisión designada
por el ministerio de industria francés (Dillon, 2012).
El papel precursor de París puede atribuirse a distintos factores, como la gran riqueza
cultural y una sociedad dirigida en sus inicios como nación por una burguesía con alta
capacidad económica y gusto por el arte. Ya desde los años de la monarquía, Luis XIV
sería recordado por ser el soberano que hizo del traje un instrumento para competir en
vanidad entre la realeza. Desde entonces la actitud francesa hacia la moda siempre se ha
caracterizado por una dimensión de lujo, prestigio y exclusividad, que la ha convertido
esencialmente en un fenómeno de elite (Saviolo y Testa, 2012).
Según afirma Occhipinti (2013), la perspectiva elitista de Francia excede el campo de la
moda, alcanzando otras industrias, que se organizan a favor de intereses comunes, con
22
el objetivo de promover la marca-país. El autor cita como ejemplo de ello el caso del
Comité Colbert, creado en 1954 por Jean Jacques Guerlain, figura central del sector de la
perfumería. Esta entidad engloba setenta miembros de distintos sectores, pero todos
orientados a las industrias de lujo y del buen gusto: decoración, arte de mesa, bebidas
alcohólicas, artículos de joyería, hoteles, restaurantes, marroquinería, perfumería, y
moda. Empresas como Dupont, Dior, Pierre Balman, Guy Laroche, Nina Ricci, Bacarat,
Chateau Cheval Blanco, Laurent Pierrer, Remy Martín, Hotel le Bristol o Hermes,
coinciden en una misma comisión donde se regulan los distintos intereses del sector.
Si bien París es la capital histórica del glamour, Italia es su eterno competidor, gran
exportador de moda en el mundo. Volviendo a tomar como referencia los datos expuestos
por Jones (2013), la moda italiana genera 48.000 euros al año, emplea 750 mil personas
y ha generado más de 7000 empresas. Además de la indumentaria, el dominio italiano se
expande al campo del calzado, artículos de cuero en general y ropa de punto. La
industria de impresión de sedas se desarrolla en la ciudad de Como y los procesadores
de lana en Piamonte. Sin embargo Milán es el corazón de este movimiento, en particular
el cuadrilátero imaginario formado por las calles Via Montenapoleone, Via Alessandro
Manzoni, Via della Spiga y Via Sant Andrea.
El estilo italiano es famoso por contar con una mayor sutileza en los colores y texturas
que la moda francesa, así como por usar lanas más suaves. Armani, Versacce, Gucci,
Prada y Salvatore Ferragamo son solo algunos ejemplos que sirven para entender la
vigencia de la moda italiana en todo el mundo.
En la década del cincuenta Milán se transformó en el centro de nuevas generaciones
creativas a nivel internacional en distintos campos, como el automovilismo, la mueblería,
la orfebrería y la decoración, siendo el diseño un valor distintivo de su marca-país;
presentando un proceso creativo que combina la funcionalidad y el buen gusto, así como
innovaciones sugestivas (Occhipinti, 2013).
23
Así como París siempre ha representado el glamour y Milán el diseño, Londres se ha
hecho fuerte en el aspecto del negocio de la moda. Segunda economía de Europa, según
las últimas estadísticas, la industria de accesorios e indumentaria ha contribuido en
26.000 millones de libras a la economía británica, y emplea a 800.000 personas
([Link] 2016).
Los organismos de gobierno, la industria y los medios están coordinados para impulsar
este sector económico. Desde el British Fashion Counsil se ha estimulado el ascenso de
los diseñadores ingleses hoy consolidados, y continúa trabajando para elevar el perfil de
la moda británica. Creadores como Alexander McQueen, Vivianne Westwood o Garet
Pug se han reunido con altos funcionarios del gobierno. La injerencia en este mercado se
acentuó en 1980 cuando el comercio del diseño entró en crisis, producto de una gran
recesión. Fue decisiva la inyección de fondos por parte del Estado para que los
empresarios ingleses pudieran continuar exportando. Esta acción expandió hacia otros
mercados prendas de punto y ropa para el aire libre de firmas como Jaeger,
Aqueascutum y Burberry. El proceso fue acompañado por fuertes focos de generación de
talento como el Central Saint Martins o el Royal College of Art ([Link] 2016).
Asimismo el país cuenta con fábricas textiles para la confección de lana, algodón y
estameña. Sin embargo, la gran estructura de estas empresas representa una desventaja
para los diseñadores emergentes, que no necesitan producir en grandes cantidades, por
lo que terminan realizando sus actividades en otros países (Jones, 2013).
Del otro lado del océano, [Link] compite por el liderazgo. La primer referencia ineludible
es que la Gran Manzana alberga el evento de mayor tamaño: la New York Fashion Week.
Con casi 300 desfiles y más de 110.000 asistentes la industria neoyorkina exhibe toda su
pujanza, cuyo ascendente económico llega a los 80.000 millones de dólares. Por su
parte, Londres cuenta con 82 desfiles y 5.000 asistentes. Milán, con 137 desfiles y 10.000
asistentes. Y París, con 93 desfiles y 5.000 asistentes (Kuri, 2014).
24
La industria de la indumentaria y accesorios neoyorkina se inicio en el siglo XIX,
alrededor de las zonas de trabajadores inmigrantes y artesanos en el Lower East Side.
Hasta la segunda guerra mundial la moda estadounidense estaba absolutamente
dominada por la francesa. Debido al elevado coste de embarcar y transportar ropa se
permitió a los norteamericanos asistir a los desfiles franceses pagando una tarifa,
comprar prendas de muestrario, los patrones y derechos para hacer reproducciones
exactas. Esto representó, según Dillon (2012), por muchos años el cuestionamiento de la
originalidad del diseño norteamericano.
Durante la década de 1930 hasta 1950 el interés por la moda tendría un impulso
pronunciado en la ciudad. Hollywood contribuiría al desarrollo de un estilo propio, ya no
tan enfocado en París, que se encontraba sumida en la Segunda Guerra Mundial. La
industria nacional del algodón y el énfasis en la ropa de trabajo y deportiva encajaron con
la aparición de una nueva forma de vestir informal y desenfadada que resultaría ser la
mayor contribución norteamericana a la industria de la confección; el gran símbolo de
este cambio es el desarrollo del pantalón vaquero o jean. El crecimiento de la industria de
producción masiva a bajos costos aseguraron el liderazgo en este nuevo rubro, donde no
tardaron en posicionarse referentes como Donna Karan, Halston, Calvin Klein, Ralph
Laurent y Tommy Hilfiger entre otros (Jones, 2013).
Como se ha explicado, en la actualidad se desafía cada vez más el paradigma que
sostiene a las cuatro capitales de la moda como únicas productoras de tendencias.
Desde hace años se realizan desfiles en ciudades extraoficiales como Tokio, Madrid,
Sidney, entre otras, y América Latina no es la excepción. Algunos ejemplos son las
semanas de la moda de Argentina, Brasil, Ecuador, Perú, Chile, México y Colombia,
captando la atención de medios de prestigio a nivel internacional como las revistas
especializadas Vogue, In Style o Elle.
Dos grandes referentes latinoamericanos ya consagrados son la venezolana Carolina
Herrera y el dominicano Oscar de la Renta. Asimismo es destacado el caso del mexicano
25
Christian Cota, quien tiene un local en Nueva York, elogiado desde su primer desfile por
Anna Wintour, la editora de estadounidense de Vogue ([Link],
2010). También el peruano Sergio Dávila, ha tenido éxito en la capital de la moda
norteamericana, ofreciendo productos realizados con textiles de alta calidad autóctonos,
como el algodón pima ([Link], 2013).
La moda latinoamericana también ha tenido lugar en la prensa mediante celebridades
que han apostado por nuevos diseñadores. El argentino Benito Fernández fue el elegido
por Sarah Jessica Parker para lucir sus coloridos diseños en Sex and the City II. Mientras
que el brasileño Carlos Miele, cuyas colecciones se caracterizan por estampados que
evocan a elementos de la naturaleza, ha vestido a figuras como Naomi Campbell,
Christina Aguilera, Penélope Cruz y Alicia Key (Plano, 2014).
Teresa Napolillo, editora de la revista Caras Moda Argentina y de Dolfina Mag ofreció una
conferencia en el marco del evento Moda Runway (2015), afirmando el avance del diseño
latinoamericano en el mundo de la moda. Lo caracteriza como exótico por ofrecer una
amplia paleta de colores, relacionada a la heterogeneidad de sus paisajes. Su riqueza
cultural y rituales ancestrales genera interés a nivel internacional. También, destacó la
importancia del apoyo gubernamental en el fomento de los talentos autóctonos así como
la necesidad de preservar las que técnicas de tejido y bordado artesanal, patrimonio
cultural inmaterial e irreemplazable ([Link], 2015).
Tomando como referencia la hipótesis expuesta por Saulquin (2010), que argumenta una
desarticulación del sistema verticalista de la industria, para dar paso a la generación de
múltiples modas, es comprensible el paulatino pero creciente posicionamiento del diseño
latinoamericano. Si bien todavía mantienen vigencia las capitales tradicionales, mediante
el establecido calendario de la moda, la concepción de una única estética regida por la
alta costura europea ha quedado atrás. Esta ampliación geográfica de la industria es
inherente a la globalización, donde los medios de comunicación adquieren un rol
fundamental.
26
1.4 Los medios de comunicación
Desde el presente Proyecto de Grado se afirma la ineludible y estrecha relación entre el
diseño y la comunicación. Si bien la contemporánea postmodernidad presenta un
incremento exponencial de los medios comunicativos, la moda y éstos han estado
hermanados desde sus comienzos. Basta con citar el caso del periódico francés La
Mode, fundado en 1829 por Emilie de Girardin, donde se publicaba el Tratado de la vida
elegante (Monneyron, 2006). Los medios precisan información novedosa y atractiva, a la
vez que las empresas y diseñadores de moda necesitan de ellos para posicionarse en la
mente del consumidor.
La implicancia de una coherente estrategia de comunicación es de gran relevancia ya sea
para una pyme de indumentaria como para las grandes firmas. La presencia de marca, la
construcción de una buena reputación y el posicionamiento se logran a través del
planificado uso de los canales adecuados (Curat, 2010).
En la estrategia se deben tener en cuenta siete cuestiones elementales. La primera de
ellas es quién comunica (Hudson, 2010). En este sentido, el trabajo reflexivo respecto a
la identidad de la marca debe haber sido superado. Los ejes básicos que construyen al
adn del diseñador o empresa tienen que ser claros, para poder de forma práctica
construir la imagen que se busca mostrar; y en consecuencia utilizar los medios de forma
eficaz. El conjunto de variables en torno a la misión, visión, valores, cultura y
comportamiento de la marca construyen la identidad. En cambio, la imagen es la
representación mental que tiene el público, de acuerdo a lo que la marca muestra. El
desenvolvimiento en distintas áreas de la empresa afecta la imagen, no solo la publicidad
o acciones de promoción.
En segundo lugar es preciso definir a quién se comunica. Luego qué es lo que se
comunica, por qué medios, con qué objetivos, con qué recursos (Hudson, 2010).
Entendiendo que la imagen es la proyección global del desenvolvimiento de la marca,
sumado a que la actualidad presenta una exponencial interacción entre consumidores y
27
empresas por la ampliación de los medios; es posible afirmar que aquello que se
comunica y vende, excede el valor intrínseco de la indumentaria, representando un
conjunto de atributos que personifican a la marca.
El paradigma del siglo XXI en la comunicación muestra un estilo cubierto de un
halo de intangibilidad atribuyendo a la indumentaria rasgos propios del carácter de
las personas. Los procesos de producción y nombre marca y logotipo aportan una
nueva significación en perfecta conjunción con el packaging, el punto de venta y la
comunicación a través de las herramientas elegidas. Resulta el engranaje del
todo, el producto terminado (Perez del Castillo, 2010, p.233).
Asimismo, el consumidor es entendido desde una perspectiva global, a la cual el
concepto de lifestyle es una útil categorización. Este representa no solo el tipo de
producto que elige un determinado público, sino que también sus hábitos de ocio, lugares
en los que se desenvuelve, la música que consume, los libros, películas, y demás
elementos que definen al consumidor y representan su identidad, diferenciándolo de otros
segmentos.
Desde los inicios del siglo XXI la moda se aplica al lifestyle requiriendo información y
reflexión. El estilo responde a la necesidad humana de ser uno mismo diferenciándose.
Para lograr los efectos deseados a partir de determinada comunicación, es necesario
simplificar y clarificar, desde distintas perspectivas, la complejidad del público objetivo.
Los creadores de moda deben ser conscientes de que la moda es una expresión de una
actitud interior, una actitud ante la vida y reflejo de la sociedad (Perez de Castillo, 2010).
Como se ha mencionado, los medios de comunicación encuentran su dimensión
comercial prácticamente en paralelo a la moda. Ambos son producto del ascenso de la
burguesía hacia finales del siglo XIX en Europa y en Estados Unidos. Un caso
emblemático es la revista Vogue, fundada por Arthur Baldwin Turnure en 1892 en Nueva
York, pero que tendría su primera expansión cuando fue adquirida por Conde Nast en
1909. Este abogado, implementó el negocio de la publicidad de moda, contrató a los
principales fotógrafos de la época y expandió la firma a Paris y Londres (Wise, 2014).
Al igual que la moda, los medios de comunicación basados en la misma tienen una
profunda conexión con el contexto sociológico. Así como las formas exageradas y
28
recargadas de las prendas se asocian a momentos de bonanza como la belle epoque,
Vogue triunfó en Inglaterra en la primera guerra mundial porque las mujeres utilizaban la
revista como vía de escape. Lo mismo sucedería en Estados Unidos cuando se desató la
Gran Depresión producto de la crisis financiera de 1929. En medio de tiempos difíciles la
revista era una realidad alternativa a la cual se podía aspirar desde la clase media de la
sociedad (Wise, 2014).
La revista fue un reflejo fiel de la sociedad parisina durante la ocupación alemana en la
Segunda Guerra Mundial. Las imágenes transmitían un concepto de opresión en las
personas fotografiadas. En cambio cuando se celebró la boda real de Isabel II de
Inglaterra hubo una cobertura festiva por parte de la edición británica producto de la
modernización a la que asistía una institución como la monarquía ([Link], 2015).
Asimismo, el periodismo de moda dio lugar a comunicadores especializados en el tema.
Anteriormente los medios establecidos se volcaban a la cobertura de hechos noticiosos
de importancia general. No existían casi los contenidos blandos salvo consejos para el
hogar orientados a las mujeres. Las revistas de moda requerían de periodistas capaces
de redactar artículos sobre colecciones, eventos y figuras de ese ámbito. El periodismo
de moda fue pionero en cuanto a incorporar una visión crítica de lo que se observa, algo
que estaba por encima del mero reporte de los acontecimientos. Según explica Yates en
Profesión Moda (2011), el cronista dedicado a este campo debe desarrollar un agudo
sentido de la creatividad y tener la capacidad de adaptarse a las diferentes tendencias en
un equilibrio permanente entre la ética y la personalidad propia para poder desarrollar la
cobertura.
En paralelo, Perez del Castillo (2010), explica tres tipos de periodismo en la industria de
la moda. El primero refiere a aquellos más calificados que construyen material de perfil
académico para comprender usos y costumbres de una sociedad. En segundo lugar,
aquellos críticos que analizan los aspectos tangibles de la moda contemporánea, las
formas, los colores, texturas. Y en tercer lugar, los que actúan como compiladores de
29
información, realizando listas de elementos entendidos como imprescindibles o
accesorios preferidos por los famosos.
Cabe destacar, que la moda es un fenómeno de interés no sólo para las revistas
especializadas en la materia como Vogue, Harper’s Bazaar, Elle, entre otras; sino que
también es incluida en las plataformas online de periódicos de prestigio. Algunos
ejemplos son: The Financial Times en la sección Style & Shopping; The Guardian en
Fashion & Beauty; The internacional Herald Tribune, en Style; The New York Times en
Fashion & Style y The Washigton Post en Fashion& Beauty.
Sin embargo, existen otros medios en los cuales la moda se desarrolla, y uno de ellos es
la ficción, expandida gracias a la globalización. Las series crean innumerables imágenes
concretas en las que a través de personajes famosos se popularizan los estilos de vida.
La televisión es una potencial pasarela, ya que la media de cambios de prendas en un
episodio es de 80 a 100 trajes distintos. Este medio refleja tendencias y además inhibe el
juicio crítico por el contexto dramático, cómico y emotivo de determinados personajes;
siendo un efectivo creador de íconos de estilo (Ezpeleta de la Fuente, 2010).
Tampoco es menor el papel que juega Internet en la difusión de estilos. Esta plataforma,
al igual que la moda misma, se ha democratizado. En la actualidad conviven múltiples
tendencias y cada cual se identifica a su gusto o capacidad adquisitiva. Cualquiera puede
observar el último desfile de la pasarela londinense en youtube o en el sitio corporativo de
un diseñador o marca. Además los formatos online acentúan el proceso visual propio de
los contenidos de moda. Asimismo, presenta una de las variables de mayor importancia
para las empresas en su estrategia de comunicación: la interacción con el público.
La expansión de Internet como medio de expresión de los individuos, queda evidenciada
en la moda a partir del gran florecimiento de blogs especializados. Estos sitios
autogestionados, generan comunidades con un alto grado de fidelidad, basadas en
intereses comunes y en la construcción compartida de conocimientos (Ezpeleta de la
Fuente, 2010). El rol que desempeñan los blogs de alta popularidad es de gran relevancia
30
para la industria, siendo sus representantes invitados especiales en desfiles de marcas
de primera línea, así como portadores del lanzamiento de nuevas prendas o accesorios.
En este sentido, se puede citar a The Blond Salad, el blog de la italiana Chiara Ferragni,
con más de tres millones de seguidores en Instagram. La it girl publicita marcas de lujo
como Valentino, Balenciaga, Celine, Dior, Chanel, Moschino, Elie Saab, Armani, entre
otras. Otros blogs reconocidos son Song of style de Aime Song; Sincerely Jules de Julie
Sariñana o Tuula vintage de Jesica Stein ([Link], 2015).
1.5 El fashion film
Como se ha explicado, la relevancia de Internet dentro del plan de comunicación de
cualquier marca es cada vez mayor, y la moda no es la excepción. La expansión de este
medio no sólo proporciona un rápido feedback entre las empresas y sus consumidores,
sino que también es vehículo de nuevas formas y herramientas de expresión. Así como el
público masivo alza su voz por medio de blogs y redes sociales, generando comunidades
de usuarios según afinidad estética y potenciando la multiplicidad de modas; las elitistas
maisons de alta costura han encontrado en los fashion films una herramienta
comunicativa para perpetuar el mundo de fantasía dentro del cual se desarrolla este
rubro.
Un fashion film puede definirse como una pieza audiovisual de carácter artístico, con una
duración de entre uno a quince minutos; donde a través de una línea argumental se
presenta un concepto innovador en el que la indumentaria es una tácita protagonista.
Para la industria resulta todavía complejo crear una categorización estricta, ya que un
cortometraje de moda difiere de un spot publicitario, al no exponer de forma directa las
prendas con fines comerciales, aunque la relevancia de las mismas está implícita dentro
del relato. Sutiles guiños destacan la indumentaria, como por ejemplo un breve plano
detalle a una textura o el particular sonido de un botón a presión. La transmisión de un
concepto, la exposición de una historia es el fin principal, por lo que el fashion film
31
adquiere elementos propios del cine de autor. Su utilidad se enmarca dentro de una
comunicación de esencia de la marca, de lifestyle e incluso de filosofía.
En un breve período de tiempo esta nueva herramienta fue explorada por marcas de
prestigio como Lanvin, Chanel, Cartier, Dior, Armani, Prada, entre otras. Con
producciones de lujo e impecable estética, así como la participación de actores y actrices
famosos, la aceptación del público ha sido efectiva; consumiendo y viralizando estas
pequeñas piezas de arte. En este contexto fue necesaria la organización de eventos para
su lanzamiento, por lo que desde 2008 se celebran festivales de fashion film de forma
internacional; ciudades como París, Londres, Estambul, Madrid, son algunos ejemplos de
ello ([Link], 2014).
De forma paulatina se integran a este ambiente diseñadores independientes, aliados a
cineastas interesados en experimentar el nuevo género. El hecho de que Internet sea la
plataforma principal para su difusión favorece al sector del diseño emergente,
caracterizado por operar en base al desarrollo de conceptos propios.
Bajo esta perspectiva se desenvuelve el presente trabajo, que posee como objetivo
principal la concreción de un fashion film en el que se exprese la identidad y visión
reflexiva del autor. En este sentido, se propone continuar explorando el sistema de la
moda actual, abordando sus matices sociales y económicos; entendiendo a la moda
como un fenómeno holístico. A partir de ello, se considera posible sustentar una postura
como diseñador y sujeto que forma parte del sistema de la moda.
Concretamente, en la siguiente instancia se procede a analizar la industria desde el
aspecto productivo.
32
Capítulo 2: La producción de indumentaria
El presente capítulo tiene como objetivo continuar con el abordaje precedente del sistema
de la moda, incluyendo en el análisis el aspecto práctico referido a la producción de
indumentaria. Para ello, se explican las distintas categorías de empresas según su
cadena de suministro y las formas de respuesta al mercado que establecen. Se utilizan
como referencia los textos Diseño de moda (2013) de Sue Jonkyn Jones, La gestión de
las empresas de moda (2013) realizado por Estefania Saviolo y Salvo Testa; y
Merchandising de moda (2012) de Virginia Groose. Asimismo, se incluyen a este marco
teórico The True Cost (2015) documental especializado en el fenómeno del fast fashion,
dirigido por Andrew Morgan; y El libro negro de las marcas (2013) escrito por Klaus
Werner junto a Hans Weiss.
En segunda instancia, se reflexiona acerca del rol del diseñador, por lo que se utilizan
como guías las obras Moda Sostenible (2014) de Alison Gwilt, así como Gestionar la
sostenibilidad en la moda: diseñar para cambiar (2012) de Kate Fletcher y Diseñar en el
mundo real: Ecología humana y cambio social (1971) escrita por Víctor Papanek.
Finalmente, entendiendo que todo aquello se que se produce responde a una
determinada necesidad del mercado, se considera pertinente incluir en el análisis al
consumidor. Para ello se citan los textos de Bernabe Hernandis Ortuño y Susana Paixao-
Barradas Perfiles sociales para la moda: la segmentación de mercado como estrategia en
las decisiones de diseño (2012); Ira Matathia y Miriam Salzman en Tendencias. Estilos de
vida para el nuevo milenio (2001) de Ira Matathia y Miriam Salzman; así como las
nociones de la referente en predicción de consumo Faith Popcorn, extraídas de Lo que
vendrá (1993).
33
2.1 Modalidades productivas
El siglo XXI presenta la consolidación de un contexto económico originado en la década
del noventa, caracterizado por la globalización. En la industria de la moda, esto convirtió
a las grandes firmas en entidades con un lenguaje internacional, manejando una serie de
códigos y convenciones que sobrepasan las fronteras étnicas y de clase. La gestión del
desarrollo de producto se ha adaptado al paradigma de la aldea global (Dillon, 2012).
En este sentido, un considerable número de empresas del sector se ha beneficiado
mediante la descentralización de la fabricación. Las unidades que conforman la cadena
de suministro se fragmentan y expanden, según la conveniencia. Firmas europeas y
norteamericanas que cuentan con el poder financiero para enviar las materias primas a
otros países, han optado por tercerizar la producción en el extranjero; con motivo de
reducir en forma considerable los costos de almacenaje y laborales en lugares más
baratos como Latinoamérica, el sudeste asiático o partes de África (Jones,2013).
Según el mercado al que las empresas se dirigen, la industria de la moda se estructura
en distintos niveles que van desde la alta costura y la sastrería hecha a medida, hasta las
grandes cadenas de distribución y las tiendas online. Las características de las prendas y
la escala de producción varían según el segmento, pero en líneas generales el proceso
de diseño y producción es el mismo. Es lo que se conoce como cadena de suministro,
formada por cinco fases de trabajo (Gwilt, 2014). La primera instancia del proceso es el
diseño de la colección, que requiere un desarrollo previo conceptual y una investigación
del usuario y las tendencias. Una vez definidos las prendas que conformarán las distintas
líneas, se realiza la búsqueda y selección de tejidos. En segundo lugar, se desarrolla el
patronaje y se confeccionan las muestras. Estos primeros artículos son susceptibles a
cambios y arreglos, con motivo de reducir costos futuros. Luego, se materializa la
colección, que en el caso de empresas de mayor envergadura, representa la creación de
una gama de muestras que se ofrecen a los clientes para que estos determinen los
artículos que compondrán la colección final. Acto seguido, se fabrica la cantidad deseada
34
de productos, que como ya se ha explicado, esta fase puede realizarse en el país de
origen o en el extranjero. Finalmente se envían las prendas a las tiendas y se registra la
información de ventas. En la mayoría de los casos, el diseñador es responsable de la
totalidad del proceso, dirigiendo y coordinando las actividades de diversos empleados;
como los patronistas, responsables de compra, maquinistas, tejedores, diseñadores
textiles, rematadores, tintoreros, jefes de producción, entre otros.
Asimismo, es posible establecer cuatro categorías de empresas según su estrategia de
suministro. Los fabricantes, denominados también como productores verticales, manejan
todas las operaciones del proceso; la compra de tejidos, el diseño, la fabricación, la venta
y la distribución. Esto les permite poseer un buen control de calidad y exclusividad de la
marca, pero generalmente deben lidiar con elevados costos. Es por ello que este grupo
se dedica en su mayoría a realizar prendas clásicas que se comercializan en los grandes
almacenes. Algunos poseen sus propios puntos de venta al por menor, pero en general
son artículos al por mayor (Gwilt, 2014).
Los mayoristas, grupo al que gran cantidad de las empresas de indumentaria pertenecen,
aunque producen los diseños, compran materiales, planean el corte así como la venta y
entrega, no fabrican el producto en sí. Su estrategia permite una gran flexibilidad para
crear prendas innovadoras en reducidas cantidades, por la subcontratación de distintas
unidades externas de producción. Sin embargo, esto presenta la desventaja de
dificultades el control de calidad y estar condicionados por los plazos de entrega de
quienes confeccionan (Groose, 2012). Como marca deben invertir mucho en su imagen,
a través de publicidad, desfiles y diseño de los locales, para justificar los elevados precios
de venta.
Por otro lado se ubican lo contratistas, empresas de variadas magnitudes. Se
caracterizan por no producir colecciones, sino pequeños grupos de prendas planteados a
partir de una necesidad puntual del mercado. Es decir, que realizan artículos con
determinada silueta, tejido o diseño correspondiente a la tendencia de la temporada.
35
Ofrecen muestras que se testean en las tiendas punteras, llevando la marca de éstas. El
acuerdo que se establece entre el cliente y el contratista se conoce como etiqueta privada
(Gwilt, 2014).
El cuarto grupo refiere a las empresas que se dedican a la denominada producción en
ultramar. Se caracterizan por la velocidad en el trabajo, y por radicarse en países que
presentan bajos costos de fabricación. Es por ello que muchos mayoristas los contratan,
siendo la tercerización por este medio una tendencia global. Como consecuencia, la
confección de las prendas se ha separado geográficamente del diseño, desarrollo de
producto y marketing. Los avances en la tecnología de la comunicación han favorecido
exponencialmente este tipo de relaciones business to business (Jones, 2013). También
las mejoras tecnológicas en los procesos de corte y confección han beneficiado al
mercado masivo, permitiendo el desarrollo de un vestido estándar en noventa minutos, a
diferencia de la confección a medida, que con unas doscientas operaciones realizadas a
mano puede necesitar tres días.
La marca Calvin Klein fue pionera en 1990 al llevar la producción a Oriente, siendo
imitada de forma inmediata por la competencia. Hong Kong fue el primer lugar al que los
europeos y norteamericanos tercerizaron su fabricación. Actualmente la ciudad cuenta
con más de 10.000 fábricas, siendo uno de los mayores exportadores de indumentaria.
Bangladesh, India, Turquía y México también producen para grandes firmas (Gwilt, 2014).
Asimismo, es posible abordar las distintas clases de empresas de indumentaria según la
forma en la que responden al mercado. Históricamente existían dos modelos puros, el
programado y el rápido. Sin embargo, debido a las exigencias del entorno y al desarrollo
de nuevas estrategias de competitividad, estas categorías en su sentido estricto se han
diluido. Las variables que rigen esta planificación son la velocidad, la flexibilidad y la
proximidad al mercado (Saviolo y Testa, 2013).
El modelo programado es propio de las empresas dedicadas a producciones de pequeña
escala, que ofrecen bienes más exclusivos como la sastrería a medida o vestidos de alta
36
costura. La estrategia se basa en la campaña de ventas, configurando un sistema simple
en el que se presentan las colecciones otoño/invierno y primavera/verano, luego se
realiza la recolección de pedidos y la entrega tiene un plazo de tres a cuatro meses. Es
un método de bajo riesgo que conlleva el beneficio de planificar y administrar los recursos
con mayor comodidad, aunque presenta la desventaja de tener poca proximidad al
mercado (Saviolo y Testa, 2013).
La otra modalidad clásica es la de entrega rápida, caracterizada por responder al
segmento masivo. Es un sistema típico de los sectores industriales, pero en la moda
adquiere un elemento crítico añadido; la constante variedad de productos. Mediante una
lógica de servicio, se produce no sobre la base de los pedidos, sino que a partir de un
continuo control de la evolución de la venta interna, es decir, de lo vendido al cliente de
distribución. La fuerza de este grupo está en confeccionar con extrema rapidez
indumentaria con un elevado componente de moda (Saviolo y Testa, 2013).
Son históricamente followers, no crean tendencias, sino que las captan y reproducen
(Grosse, 2012). A diferencia del grupo anterior, estas empresas se hallan muy próximas
al mercado, operando en con tiempos productivos muy cortos y ofreciendo muestrarios
de dimensiones reducidas, pero repetidas en el tiempo. Se presentan de diez a doce
diseños nuevos cada dos semanas, o incluso en lapsos más breves. Los puntos claves
del éxito consisten en una estructura productiva reticular, elástica y descentralizada,
siendo frecuente la subcontratación por ultramar. Los proveedores y trabajadores
externos han tenido que flexibilizar sus estructuras internas para hacer frente a las
particulares exigencias de los clientes de la pronta moda, garantizando entregas de
mercadería puntuales y repetidas en el tiempo.
Las ventajas radican en una gran proximidad al mercado y una menor complejidad en la
fase de diseño, desarrollo conceptual y selección de textiles, ya que este trabajo queda
simplificado al reproducir la estética de la tendencia de temporada. Asimismo el ciclo
financiero es más breve y sobretodo el servicio ofrecido al minorista presenta una mayor
37
reactividad en términos de venta al cliente final, gracias a llegadas continuas y calibradas
de mercadería, no suelen haber remanentes. La principal desventaja reside en la
dificultad de construir una identidad de marca debido a la carencia de códigos estilísticos
permanentes y distintivos (Saviolo y Testa, 2013).
Como se ha explicado, el paradigma de la globalización incide en la producción de
indumentaria, favoreciendo la descentralización en la cadena de suministro. Este factor,
sumado al implemento de una rápida rotación de productos, determina el fenómeno
postmoderno conocido como fast fashion (Gwilt, 2014). Esta forma de entender el
negocio de la moda se beneficia del creciente consumismo y la crónica insatisfacción,
que genera un pronto desecho de la indumentaria sin haber finalizado su vida útil. La
estrategia de mercadotecnia para el desarrollo de los productos relacionada al valor
simbólico de las prendas, está planteada acorde a las últimas tendencias, por lo que el
cambio constante es una consecuencia natural.
Los métodos de la moda rápida son ampliamente cuestionados, no sólo por el fomento
del derroche sino que también por la desconfianza en su ética de producción. El libro
negro de las marcas (2013) escrito por Klaus Werner y Hans Weiss, denuncia
públicamente a firmas internacionales del rubro textil como Adidas, Reebook, Donna
Karan, H&M, C&A, Levis, Tommy Hilfiger y GAP por abusos a empleados.
Según lo detallado por Gwilt (2012) la Oxfam Internacional ha estimado que, en todo el
mundo hay empleadas cuarenta millones de personas en la industria textil e
indumentaria, de los cuales dos tercios corresponden a la confección. En una gran
proporción son mujeres de países subdesarrollados que reciben salarios bajos y que a
menudo padecen acoso sexual y abuso por parte de los encargados. Sólo en China, hay
empleadas en esta industria quince millones de personas.
The True Cost (2015) es un documental realizado por Andrew Morgan, en el que se
expone el impacto del fenómeno del fast fashion en la sociedad, siendo un material
referente en la temática. La investigación tuvo una cobertura a gran escala, y se ha
38
filmado desde pasaralas glamourosas en Estados Unidos, Italia e Inglaterra hasta talleres
clandestinos en Camboya, China, Bangladesh y Haití. Asimismo, presenta entrevistas
con referentes como Stella McCartney, Livia Firth, Vandana Shiva, entre otros. El
documental se estrenó en el Festival de Cannes, en el marco de la Semana de la
Revolución de la Moda, donde participan ochenta países en la conmemoración del
accidente más fatal de la industria. Esta tragedia tuvo lugar en Dhaka, Bangladesh, el 24
de abril de 2013; en la que 1.134 personas murieron y 2.500 resultaron heridas por el
derrumbe del complejo Rana Plaza, un edificio en el que se congregaban varios talleres
de confección. La construcción colapsó por fallas estructurales, a pesar de las
advertencias, la presión por cumplir con los plazos de entrega obligaba a los trabajadores
a permanecer allí ([Link], 2016).
Empresas como GAP, Zara, Forever21, TopShop o H&M - sólo este último gana 1.800
millones al año (Groose, 2012) - son ejemplos de grandes firmas dedicadas a la moda
masiva, operando bajo la modalidad del fast fashion. La respuesta hacia el mercado es
tan veloz que, producen cincuenta y dos temporadas al año, ofreciendo prendas nuevas
en un plazo menor de dos semanas. Esto representa una gran exaltación del consumo,
teniendo en cuenta el calendario clásico de la industria en el que se presentan dos
colecciones anuales.
Asimismo, un claro indicador de la tendencia global de la fabricación descentralizada para
reducir costos, es el hecho que EEUU sólo hace el 3% de las prendas que se
comercializan en su territorio. El resto se realiza en países subdesarrollados, que suelen
recortar personal o bien evitar cualquier medida de seguridad para poder ser competitivos
en el mercado y ofrecer los menores precios con los menores plazos de entrega. En esta
situación los trabajadores quedan desprotegidos, ya que los sindicatos suelen ser
reprimidos por los gobiernos, que necesitan de este negocio. En paralelo, las empresas
se escudan alegando que esos empleos son el único posible ingreso de estas personas
en un entorno de crisis, que son ellos quienes lo aceptan y que no hay nada
39
intrínsecamente peligroso en coser ropa. Frente a la problemática se construyeron
organizaciones como People Tree, una red de comercio justo que reúne a trabajadores
de Banglaseh, Filipinas, Zimbabue, entre otros; o la iniciativa Alfombra Verde a la que
adhieren grandes diseñadores y celebridades (Morgan, 2015).
2.2 El rol del diseñador
Como ya se ha explicado, la industria de la moda emplea a muchas personas en la
cadena de suministro, como responsables de compra, patronistas, maquinistas,
tejedores, diseñadores textiles, tintoreros, entre otros. Es responsabilidad del diseñador
dirigir el desarrollo de producto. Sin embargo, en la actualidad se exige la incorporación
del concepto de sustentabilidad a la estrategia, con motivo de reducir el impacto
medioambiental o social causado por la producción. Este enfoque, proveniente del campo
del diseño industrial, consiste en minimizar el consumo de los recursos, elegir los
procesos que no perjudiquen el ecosistema, y privilegiar el aumento de vida útil de las
prendas, para reducir su desecho (Gwilt, 2012). El esfuerzo por mejorar representa
coordinar las partes implicadas, que suelen trabajar con diferentes regulaciones.
En las décadas del sesenta y setenta grupos ecologistas como Friends of the earth o
Greenpeace comenzaron a manifestar su preocupación por el impacto del consumo. El
libro de Rachel Carson Primavera silenciosa (1962) ha contribuido en la gestación de una
visión crítica a favor del cuidado ambiental. Asimismo, la obra Diseñar en el mundo real:
Ecología humana y cambio social (1971) de Víctor Papanek abrió el camino de un
replanteo acerca del rol del diseñador.
El diseño puede ser definido como una actividad teórico-práctica de carácter proyectual
que conduce a la elaboración de objetos y espacios. Uno de los objetivos fundamentales
es satisfacer necesidades físicas y sociales, que contribuyan a que el individuo enfrente
las adversidades del ambiente en el que se encuentra (Papanek, 1971). A partir de esta
40
perspectiva muchos diseñadores se han esforzado por abrir líneas de trabajo enfocadas
en aportar a la sociedad, superando los motivos netamente mercantilistas.
En el siglo XXI el concepto de diseño responsable se ha consolidado, reconociendo el
enfoque holístico de la sustentabilidad incluyendo la preocupación por el entorno de una
estrategia de innovación a largo plazo. Creativos como Stella Mc Artney y Katherine
Hamnet fomentan el uso ético de los materiales y procesos ecológicos.
En este sentido, también ha ganado solidez la perspectiva que plantea la evolución de
una moda lenta, basada en la modificación del ritmo y de las prioridades, reemplazando
calidad por cantidad, cuestionando el reemplazo rápido de los bienes indumentarios y
brindando preferencia a las relaciones de mutuamente beneficiosas entre las empresas,
trabajadores y proveedores (Fletcher, 2012).
Por medio de una relación empática y duradera con el consumidor, es posible determinar
el atractivo emocional que el indumento puede tener para el usuario y traducir ese
concepto en el diseño. Es importante saber por qué se conservan determinadas prendas
y no otras. Algunos métodos de comunicación consisten en revelar el origen del objeto,
contando la inspiración para su desarrollo, quiénes forman parte del proceso productivo y
la dedicación que aportan, construyendo una historia que aporta al valor simbólico.
Otro elemento fundamental de la moda lenta es la implementación del comercio justo,
que refiere a la producción de bienes con el objetivo de fomentar el desarrollo social. Se
aspira a mejorar las condiciones de vida de las zonas rurales o en vías de desarrollo,
pagando los precios correctos por los servicios y reinvirtiendo parte de los beneficios en
la comunidad local. Organizaciones a nivel internacional como Ethical Trading Initiative,
Fair Wear Foundation, Fair Labor Association, Clean Clothes Campaign, promocionan
este modelo de negocio y otorgan la denominada etiqueta Fairtrade para distinguir a los
productos realizados bajo estos términos (Fletcher, 2012).
El debate acerca de las ventajas y desventajas de la producción a gran o pequeña
escala, es una cuestión reiterada. La moda homogeneizada a nivel masivo, se encuentra
41
compartiendo el mercado con múltiples estéticas particulares que alimentan el desarrollo
del diseño independiente y la gestación de pequeñas empresas. Como se ha explicado
en el primer capítulo, citando a la socióloga Susana Saulquin (2010), se sostiene que la
estructura de la industria vigente hasta finales del siglo XX, se encuentra en un proceso
de desarticulación inversamente proporcional a la consolidación de una sociedad
orientada a las individualidades.
Este gradual cambio de paradigma permite ofrecer productos y servicios al mismo
tiempo, favoreciendo el desarrollo de la comunidad de artesanos, proveedores y
productores locales. Al fomentar una reducción en el consumo en pos de la calidad, es
posible la aparición de nuevos servicios de diseño - en realidad se trata de antiguas
prácticas reinventados - como el arreglo y la modificación de prendas personalizadas.
A modo de conclusión respecto al rol del diseñador, se afirma que el hecho de dirigir una
actividad económico-productiva y nutrirse de los recursos del entorno, lo compromete a
contribuir favorablemente con la sociedad. Es su responsabilidad trabajar con ética en
todo el desarrollo de la cadena de suministro. El contexto invita a implementar métodos
productivos sustentables, que además benefician a la imagen de la marca.
2.3 El consumidor diferenciado
El modelo de producción fordista, que daba como resultado una organización económica
basada en la división del trabajo y fabricación de artículos seriados mediante procesos
semiautomáticos, cayó en crisis en la medida que el mercado masivo no pudo absorber el
volumen de bienes realizados (Alonso, 2005).
En este sentido, ya a finales del siglo XX la premisa de vender lo que se produce, había
sido cambiada por la estrategia de producir lo que se vende; incorporando un mayor
acercamiento por parte de las empresas al público objetivo. Los segmentos específicos
adquirieron mayor visibilidad, por lo que el paradigma actual contempla una producción
especializada para consumidores potencialmente distintos (Armstrong y Kotler, 2003).
42
Desde la perspectiva del marketing se han catalogado una serie de tendencias que
exponen cambios generalizados en el estilo de vida; y como consecuencia, influyen en la
respuesta del consumidor del siglo XXI, diferenciando su comportamiento del que se ha
desarrollado en etapas anteriores.
Para ello se cita a Faith Popcorn, especialista en previsión de variables de mercado. Su
consultora Brain Reserve tiene como clientes por ejemplo a IBM, Campbell, Nissan,
Bacardi, Americana Express, Phillip Morrison, Clorox, Kodak, entre otros.
Popcorn (1993) define en primera instancia un fenómeno al que denomina coconing. Éste
se relaciona con la actitud frente a los múltiples peligros que debe afrontar la sociedad,
como la inseguridad y desastres climáticos, entre otros, que llevan al individuo a elegir
refugiarse en su hogar; adquiriendo un mayor sentido doméstico. Las ventas telefónicas o
por internet son expresión de esta tendencia, que contiene un gran privilegio de la
comodidad. Asimismo, se incluye la compra de alimentos prefabricados para cocinar en
casa, o el consumo de series y películas como actividad de ocio hogareña.
La industria de la moda no queda excluída, y el coconing se manifiesta en la propagación
de estilos relajados, a causa de una resignificación del lujo que enaltece el valor del
confort. Un claro ejemplo es la incorporación de la tipología del pijama en las pasarelas,
Dolce&Gabbana, Sonia Rykiel, Balenciaga o Loewe han propuesto esta prenda en sus
últimas colecciones ([Link], 2016).
Otra tendencia es la naturalización de pequeños gustos o caprichos. En un mercado en el
que se ofrecen infinidad de opciones que van más allá de lo básico para vivir, la
necesidad no es el motivo esencial de compra, sino el deseo. Sin embargo, en la
actualidad se observa un cambio en la actitud del consumidor, al adquirir la idea de
merecer una satisfacción. Es por ello que se ha incorporado la frecuente compra de
pequeños gustos, bienes menores que consuelan al ego; donde el valor intrínseco se
halla en la calidad, por sobre la marca o el precio. Es el caso de la adquisición de, por
ejemplo, sábanas de puro algodón en una casa relativamente modesta; o una silla de
43
diseño en lugar de renovar todos los muebles del living. La tendencia consiste en una
mayor valoración del sujeto optando por la mejor calidad dentro de las posibilidades
económicas (Popcorn, 1993).
Incluso, debido al fomento cultural del bienestar como filosofía de vida, se privilegian
aquellos productos orgánicos, alimentos bajos en grasas y todo lo referido al cuidado
personal de origen natural; por lo que es posible caracterizar al consumidor del siglo XXI
como un individuo que intenta ser más saludable (Matathia y Salzman, 2001).
En relación con la valoración personal, otra conducta contemporánea es el yoísmo,
impulsada por la facilidad que tiene el sujeto de exponerse en las redes sociales y
difundir sus ideas. La producción uniforme típica del período fordista se considera la
antítesis del lujo, siendo la diferenciación la búsqueda central (Popcorn, 1993). Bajo este
contexto, los productos artesanales, realizados en reducidas cantidades o fabricados
para un cliente particular, adquieren un alto valor simbólico y de reconocimiento social.
A su vez, se destaca una actitud responsable ligada a la evolución del individuo en
cuanto a su comprensión del entorno. Como consecuencia, se observa una tendencia
que privilegia aquellos productos que prometen reducir el impacto ambiental; ya sea
durante su fabricación, uso o degradación. En este sentido, muchas empresas han
sabido fusionar su estrategia de comunicación con la cultura ecológica, utilizando la
misma para la creación de valor agregado (Matathia y Salzman, 2001).
Asimismo, la comprensión del entorno abarca el aspecto social en la cadena de
suministro, presentando un sujeto interesado en el origen del producto y que además
cuestiona públicamente la responsabilidad de las empresas (Popcorn, 1993).
Otro rasgo característico del consumo postmoderno tiene relación directa con un mayor
acceso a la información. La conectividad favorece el intercambio de opiniones, siendo
frecuente la consulta en las redes acerca de la calidad de un producto antes de
comprarlo. El escepticismo frente a las publicidades es mayor, por lo que una crítica o
recomendación puede ser un factor decisivo. A su vez, se presenta un aumento en la
44
deslealtad del público en relación a una marca particular, debido a la multiplicidad de
opciones ofertadas (Matathia y Salzman, 2001). Es por ello que las empresas deben
valerse de las ventajas de las redes sociales para crear un vínculo más cercano con sus
clientes, establecer una relación recíproca, escuchándolos y comunicando su filosofía.
La visibilidad de segmentos mucho más concretos y específicos también se ha dado en el
rubro de la moda, por lo que se sostiene que la división tradicional de las categorías
infantil, joven, señora y caballero no abarca toda la complejidad del mercado.
Tomando como referencia la investigación Perfiles sociales para la moda: la
segmentación de mercado como estrategia en las decisiones de diseño (2012), realizada
por Bernabe Hernandis y Susana Paixao-Barradas, se expone una posible categorización
del usuario de indumentaria en relación al estilo de vida y valores. En este sentido, se
describen tres grupos compuestos tanto por mujeres como por hombres, denominados
como: atrevidos, liberales y responsables.
La primera categoría refiere a individuos altamente consumistas, en su mayoría menores
a 23 años, que compran productos de moda de corta vida útil, en base a las últimas
tendencias. Estar en sintonía con la vanguardia es la motivación primordial, así como el
valor y reconocimiento de la marca que consumen. Es frecuente la falta del propio estilo
en los fashionistas, al mutar constantemente según lo que en el momento se considera
trendy (Hernandis y Susana Paixao-Barradas, 2012).
En paralelo, se encuentra el grupo denominado liberales, conformado por aquellos que
buscan productos de calidad, con un alto componente funcional y una estética afín al
propio estilo, más allá de la moda generalizada. El rango etáreo es de 25 a 35 años. La
búsqueda esencial refiere a la diferenciación, privilegiando prendas creativas con las que
se identifiquen, adquiriendo éstas un componente emotivo. Este factor, y el hecho de
optar por la calidad a la hora de comprar, permite que el desecho de la ropa sea menos
frecuente que en el grupo anterior. Asimismo presentan un interés en los procesos
45
productivos de lo que consumen, aunque en el siguiente grupo esta característica es
destacada (Hernandis y Susana Paixao-Barradas, 2012).
Por último, se ubican los catalogados como responsables, hombres y mujeres mayores
de 35 años. Buscan precios asequibles en sus compras, privilegian la multifuncionalidad y
los productos atemporales. A su vez, presentan una preferencia hacia las empresas que
se preocupan por el medioambiente y que emplean políticas de comercio justo. No les
interesa la marca y optan por prendas básicas respecto a las de vanguardia, aunque no
descartan la posibilidad de personalizar su indumentaria según sus propios criterios
(Hernandis y Susana Paixao-Barradas, 2012).
Desde el presente Proyecto de Grado se sostiene que una estricta categorización no
resulta favorable para el estudio del consumidor de indumentaria, teniendo en cuenta que
en la actualidad se presentan otros factores; como el letargo de la adolescencia o el
aumento del consumo en los ancianos de mayor poder adquisitivo (Popcorn, 1993).
Sin embargo, el esquema descripto funciona como guía para la comprensión general de
los valores del usuario según su madurez, abordando la temática desde una perspectiva
más flexible respecto a los rangos etáreos.
A modo de conclusión se destacan dos aspectos. El primero de ellos es el hecho de que
el consumidor del siglo XXI, y por consiguiente el usuario de indumentaria, ya no es
indiferente a los procesos productivos de lo que consume. Este contexto, representa un
potencial beneficio para aquellas marcas que incorporan la sustentabilidad en su
estrategia.
En segundo lugar, se afirma que la moda de este período, como fenómeno social, es la
expresión de una generalizada necesidad de diferenciación y afirmación del yo. Desde
esta perspectiva, el diseño de autor se posiciona como una variante que responde a las
nuevas demandas del mercado. Concretamente, desde el presente Proyecto de Grado se
sostiene que la incorporación de procesos artesanales en la producción de indumentaria,
46
representa una estrategia competitiva que fusiona las mencionadas variables, otorgando
infinidad de recursos para el desarrollo creativo.
A continuación se procede a especificar el análisis de la industria en el diseño de autor,
realizando el recorte para el estudio en el desarrollo de este tipo de empresas en la
Argentina.
47
Capitulo 3: Diseño de indumentaria de autor
El presente capítulo está destinado a estudiar el desarrollo de este segmento del
mercado de la moda en la Argentina. Para ello, se utilizan como marco teórico tres obras
que abordan la temática desde la especificidad de la historia sociológica y económica de
la nación. Éstas son: Indumentaria y cultura: Buenos Aires Siglo XX (2012) de Rosana
Leonardi, Historia de la moda argentina: del miriñaque al diseño de autor (2011) y La
muerte de la moda, el día después (2010), siendo estos dos últimos escritos también de
Susana Saulquin.
Asimismo, se ha buscado abordar la situación del rubro desde el punto de vista
cuantitativo, por lo que se utiliza como referencia la investigación realizada por Patricia
Marino, Sofía Marré y Laureano Mon, Diseño de Indumentaria de Autor: Diagnóstico
productivo e impacto económico (2014).
Acorde a lo analizado en el capitulo precedente, se exponen cinco casos de
emprendimientos de diseño de autor que incorporan el concepto de sustentabilidad en la
cadena de suministro por medio de procesos artesanales. Con motivo de obtener un
mayor acercamiento a las variables de estudio, se ha realizado un trabajo de campo en el
que se entrevistó a sus fundadores.
3.1 El surgimiento del diseño de indumentaria de autor en la Argentina
El diseño de indumentaria de autor se caracteriza por la creación de productos con una
alta dosis de originalidad, presentando un lenguaje innovador sostenido en el tiempo.
Para ello es necesaria la experimentación constante en la proyección simbólica de las
prendas, por medio de la intervención de su textura y materialidad, así como de su
morfología. En este sentido, los diseñadores trabajan bajo la premisa de construir una
propia y sólida identidad, eludiendo a su vez la influencia directa de los grandes centros
de moda internacional.
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Como se ha explicado en instancias anteriores, el diseño independiente se posiciona
como una variante a la cosmovisión tradicional del sistema de la moda, que sostiene
estéticas regidas por la alta costura europea y norteamericana. Esta nueva estrategia
para el desarrollo del negocio de la indumentaria, comenzó a utilizarse en la Argentina
desde la crisis del 2001 y su evolución ha sido constante a lo largo del tiempo.
La inquietud respecto a que no resulta favorable exportar el mismo producto que se
importa, ubica al diseño de autor como el potencial creador un valor agregado para la
marca-país Argentina en lo que a moda refiere. El público ha incorporado el consumo de
productos diferenciados, por lo que el mercado se encuentra permeable a nuevas
propuestas (Marino, 2014).
Teniendo en cuenta que la moda es un fenómeno social, cultural y económico, la
presencia del diseño de indumentaria de autor en la Argentina no debería considerarse
un hecho casual ni aislado. Esta situación es el resultado de diversos factores
socioeconómicos a nivel local que propiciaron el emprendedorismo en el rubro textil,
como por ejemplo, las bajas barreras de entrada al mercado; o el fomento cultural del
diseño, a partir de la incorporación de la carrera de Diseño de Indumentaria en la
Universidad de Buenos Aires.
El origen del contexto que permitió el surgimiento del diseño de autor se ubica a
mediados de la década de 1980, cuando promediaba el primer gobierno democrático tras
la dictadura militar. Es preciso señalar que mientras en los gobiernos de corte
inconstitucional existió una contracción de la oferta educativa; durante la restauración
democrática uno de los rasgos más ostensibles a nivel de política pública universitaria fue
la apertura de nuevas carreras. Estas decisiones coinciden con el momento a nivel global
en el cual se potenciaban en diversos países centrales las carreras vinculadas a los
medios de expresión. Fueron tiempos contemporáneos al predominio en Europa de las
teorías críticas de la Escuela de Frankfurt, que buscaban encontrar en las distintas
formas de expresión un vehículo de disrupción social y de ahí la impronta de una
49
necesaria expansión en los sistemas académicos que facilitara los medios para dicho
ánimo contestatario (Saulquin, 2011).
En la Argentina aparece la carrera de Diseño de Indumentaria en la universidad pública
inspirada en experiencias europeas y en menor sentido, regionales. Al mismo tiempo, el
país sucumbe en otra crisis económica, que incluye situaciones de desestabilización
social y un proceso inflacionario, abriendo paso a la instauración de un gobierno de corte
liberal en 1989. Este giro histórico habría de afectar al rubro de la moda, en especial por
la nueva llegada de productos importados que implicaban un escenario completamente
nuevo a los fabricantes locales, acostumbrados a un nivel de competencia elemental y
con nociones de calidad difusas. La llegada masiva de productos importados y la
posibilidad de adquirirlos bajo un esquema de paridad cambiaria peso-dólar, afectaría de
manera trascendente la actividad textil y reduciría la producción local que hasta ese
entonces estaba entre los siete sectores manufactureros más importantes de la economía
(Saulquin, 2011). A mediados de la década, en un rubro que ya no podía continuar bajo
un esquema de copia y reproducción automatizada, debido a que los productos originales
estaban al alcance del consumidor, se presentó un nuevo rol en la cadena valor: el del
diseñador.
Las marcas nacionales comenzaron la generación de conceptos propios dado que tomar
las tendencias de los principales centros globales se había vuelto obsoleto. Se trata de un
momento bisagra porque implica el ingreso de un rol creativo e inspiracional en un
negocio que estaba caracterizado sólo por la eficiencia de sus procesos industriales.
De modo paradójico, mientras la apertura de importaciones perjudicó a las empresas
nacionales en el plano financiero; en cuanto a la profesión del diseñador insertó nuevos
desafíos, ya que facilitó un conocimiento más profundo de la escena internacional y
demandó estándares más elevados que los conocidos hasta el momento (Mon, 2012).
El negocio de la moda en Argentina ya transformado por la irrupción de diseñadores,
comenzaba a perfilar dos facetas: por un lado, los grandes conglomerados empresariales
50
con estructuras propias, fuerza publicitaria e inspiraciones externas; a la vez que los
mismos diseñadores formados en universidades o que incluso habían trabajado en esta
industria comenzaban a tomar distancia y a generar sus propios espacios de producción
con un sentido de pertenencia más presente que expresaba una respuesta al ánimo
globalizador de la época. Al ser tan difusas las fronteras se hacía necesario reivindicar los
conceptos locales para preservarlos del mainstream imperante y buscar una vía de
diferenciación ante un contexto dominado por lo masivo (Leonardi, 2012). De este modo,
fue que comenzaron a tomar importancia diseños de corte más personal. Esta llegada de
un nuevo concepto coincide con que la sociedad de consumo nacional vuelve a sufrir un
cambio abrupto con la nueva crisis económica de 2001.
El nuevo mapa financiero, marcado por la devaluación ya irreversible, representó una
oportunidad para los diseñadores argentinos gracias a que la exportación se había vuelto
una opción muy rentable por el nuevo tipo cambiario. Al mismo tiempo, al convertirse la
Argentina nuevamente en un destino barato, se dio un nuevo crecimiento del turismo que
también favoreció al diseño local, gracias a que los visitantes extranjeros estaban en
condiciones de gastar y buscaban hacerlo en prendas diferentes, por fuera de los
circuitos comerciales ya asentados en sus países de origen (Saulquin, 2011).
En paralelo, se terminaba de consolidar a nivel político la idea de un bloque regional
latinoamericano, lo cual impulsaba la idea de identidad local expuesta por los
diseñadores de autor. Diseñadores como Marcelo Senra, Martín Churba o Pablo Ramírez
se han destacado por incluir el concepto de identidad autóctona en sus colecciones.
3.2 Situación del diseño de indumentaria de autor y su impacto económico
El impacto económico de la industria creativa del diseño de autor es un hecho que se ha
estudiado desde 2010, a través de las investigaciones realizadas por el Observatorio de
Tendencias del INTI Textiles y la Fundación Pro-Tejer. En este sentido, se toma como
referencia la ultima investigación, documento titulado Diseño de Autor: Diagnóstico
51
productivo e impacto económico, basado en la Encuesta Nacional de Diseño de Autor
2014; realizado por Patricia Marino, Sofía Marré y Laureano Mon. Este trabajo aporta
datos estadísticos fundamentales para la reflexión acerca del perfil de las empresas, sus
productos/colecciones y emprendedores/diseñadores. Asimismo, contribuye a indagar
respecto a la inserción en la cadena de valor y los proveedores que forman parte de la
misma; las estrategias de comunicación y comercialización utilizadas, así como los tipos
financiación de los proyectos.
En la actualidad se registran 263 empresas dedicadas al diseño de indumentaria de
autor, distribuidas a lo largo del territorio argentino. Como se ha explicado, el valor
diferencial que ofrecen es la innovación y originalidad tanto en el producto final como en
las diferentes instancias del proceso proyectual y productivo, destacándose por no seguir
de forma directa las tendencias impuestas por los grandes centros de moda, al producir
bienes que comunican una identidad propia, nutrida del entorno geográfico y cultural.
(Marino, Marré y Mon, 2014).
El mapa del diseño de indumentaria de autor concentra la mayor cantidad de unidades
productivas en la región metropolitana con un 34%, que incluye Ciudad Autónoma de
Buenos Aires y ciudades cercanas de la Provincia de Buenos Aires, en particular
localidades del norte como Martínez, Olivos y Tigre. El interior del país continúa
consolidándose permitiendo que el sector sea cada vez más federal. La región Centro
(conformada por las provincias de Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos y La Pampa) reúne el
21% de los emprendimientos de diseño. El Noroeste (Tucumán, Salta, Jujuy, Catamarca,
y Santiago del Estero) registra un 19%. Tanto la región Metropolitana como Centro y
Noroeste del país, han mostrado un crecimiento constante en términos de asentamiento
de talleres de diseño, durante el período 2010-2014. Otras regiones evolucionan de
manera paulatina, como el Noreste y Cuyo. El Noreste Argentino (Chaco, Corrientes,
Formosa, Misiones) registra un 14% de empresas, mientras que Cuyo (Mendoza, San
52
Luis, San Juan, La Rioja) reúne el 7%. Le sigue Patagonia (Rio Negro, Neuquén, Chubut,
Santa Cruz y Tierra del Fuego) con un 5%. (Marino, Marré y Mon, 2014).
En cuanto a la productividad del sector, se registra que el diseño de indumentaria de
autor fabrica un promedio de 990.000 prendas al año, con una facturación de
$716.400.000 aproximadamente. Sin embargo, la familia de productos que se
comercializa es mucho más amplia, agregando distintos complementos a las colecciones,
como bolsos, carteras y cinturones. Estos accesorios registran una producción de 18.500
unidades anuales, y una facturación de $4.070.000. En paralelo, se incluyen a la oferta
productos de bijouterie y joyería, sumando 19.500 unidades y facturando $4.290.000.
Asimismo, se incluye el calzado alcanzando una cifra de 8.000 pares, con una facturación
de $4.000.000.
Estos datos resultan representativos, no desde la dimensión de facturación, ya que es
posible y se espera que aumente la rentabilidad del sector; sino en cuanto a la
potencialidad de diversificación de los productos. Esto abre grandes posibilidades de
expansión para los proyectos que presentan una sólida identidad propia, y asimismo,
permite que las empresas de diseño de autor compitan en distintos ámbitos del mercado
de la moda y puedan emplear de forma directa e indirecta mayor cantidad de personal.
En línea con lo anterior, cabe destacar que los emprendimientos de diseño de
independiente se caracterizan por ser una forma de autoempleo, gestionados por los
propios diseñadores, encargados del desarrollo creativo y de los lineamientos
empresariales. Estos profesionales multifacéticos tendrán el desafío de aplicar su
creatividad con el fin de superar la instancia del microemprendimiento para pasar a ser
una organización sostenible en el tiempo, capaz de generar un mayor número de
empleos y aportar valor a la industria nacional.
53
3.3 Propuestas diferenciales
Acorde a lo analizado en el capitulo precedente, se exponen cinco casos de
emprendimientos de diseño de autor que incorporan el concepto de sustentabilidad en la
cadena de suministro por medio de procesos artesanales. Para la realización de este
apartado se ha entrevistado a sus fundadores. Asimismo, estos proyectos han recibido
apoyo de entidades gubernamentales tanto a nivel nacional, como provincial y municipal,
por lo que se afirma necesario el trabajo en conjunto del sector público y privado para el
desarrollo de la industria y competitividad a nivel internacional.
Neumática, es un emprendimiento fundado en 2005 por los hermanos Débora y Roberto
Piwnica, que se destaca por convertir desechos neumáticos en artículos de marroquinería
con un alto valor agregado. Este material se asemeja al cuero, es impermeable y de gran
duración. Gracias a la implementación de una tienda on-line y a su participación en ferias
internacionales; los productos se comercializan no sólo en Buenos Aires, sino que
también en Finlandia, Italia, Brasil, Portugal, Uruguay, Chile y Holanda.
Según explica Piwnica, sólo en Argentina se obtienen 100.000 toneladas de caucho por
desechos, que tardan en degradarse más de 500 años. Ellos encontraron en esta
situación una doble ventaja, una materia prima es accesible y una destacada contribución
social mediante su reciclaje. Los bolsos, carteras, cinturones, billeteras y hasta libros
forrados pueden estar construidos con una sola pieza o por medio de la unión de
parches. Otros diseños poseen impresos números, letras, códigos o el logo de la
empresa fabricante de la rueda; incluso antiguas válvulas usadas para inflar el neumático.
Se requieren varias horas de limpieza, cepillado y encerado como instancia previa al
corte y confección. A su vez, este material presenta innumerables texturas, ya que
cuando un vehículo anda, la goma se calienta imprimiendo un dibujo en la cubierta,
siendo cada pieza única.
El proyecto obtuvo el premio de oro en la feria Puro Diseño en 2008 y fueron invitados a
conformar la primer Bienal Iberoamericana de Diseño (BID) de 2010 en Madrid.
54
La editorial alemana Taschen los ha incluído en su libro trilingüe Producto diseñado en la
era de la sustentabilidad (2010) así como son mencionados en Diseño en la industria
argentina (2013) realizado por el Ministerio de Industria de la Nación, quien además les
otorgó el Sello del Buen Diseño.
Los emprendedores destacan el apoyo que han recibido del Centro Metropolitano de
Diseño del Gobierno de la Ciudad, junto con la Oficina de Moda, Industrias Creativas y
Comercio Exterior, para su participación en ferias internacionales en ciudades como San
Pablo, Berlin, Paris, Nueva York.
Otro proyecto es la reciente marca jujeña Phida, especializada en tejidos artesanales,
que nació en 2013 por el impulso de Mariel Blanco, y desde entonces supo posicionarse
en eventos destacados del mercado. Un año después fue parte la feria Puro Diseño y
gracias a ello fue convocada por Fundación Exportar, el Instituto de Calidad de Jujuy y el
Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la Nación, para concursar la participación
en la feria 100% Design de 2015, que tuvo lugar en Londres. De las cien empresas
convocadas, sólo fueron seleccionadas once, que integraron el stand de Argentina en el
evento. Gracias al mismo Phida exporta a Inglaterra. Blanco expresa su orgullo tras haber
participado en la feria londinense, no sólo por los beneficios que trajo a su marca, sino
que también por promover las fibras naturales de gran calidad autóctonas de Jujuy y el
Litoral.
Sus productos se categorizan en tres líneas: una de indumentaria y accesorios que
incluye mitones, guantes, bufandas, medias sweaters y ponchos. Otro grupo lo
conforman distintas clases de mantas para el hogar y una tercera línea denominada Kids,
que presenta una amplia variedad de muñecos infantiles tejidos. El valor diferencial de los
bienes radica en la pureza de sus materiales, lanas naturales de primera calidad de
oveja, angora y llama. Asimismo emplea a comunidades jujeñas de las zonas de
Susques, Alfajorcito, Puna de Rinconadillas y Abra Pampa, integradas por mujeres que
55
aportan su sabiduría heredada de sus antepasados aborígenes en el arte del tejido,
implementando distintas técnicas como el crochet, tejido a dos agujas y en telar.
El tercer caso es la marca Carro, que se dedica a la producción de elementos portantes,
término acuñado por sus diseñadoras, Silvina Cannito y Guillermina Bassels.
A partir del reciclaje de prendas desechadas y del uso de materiales alternativos,
construyen originales diseños de bolsos, carteras, mochilas, fundas para notebooks,
billeteras y monederos. Poseen dos líneas diferenciadas denominadas Sastre y
Prestaciones. La primera consta de artículos desarrollados mediante la reutilización de
piezas de sastrería, siendo cada objeto el resultado de una deconstrucción y
experimentación lúdica, con un especial dedicación en las terminaciones. Se puede
encontrar una mochila en la cual sus manijas provienen del cuello de un saco, o bolsos
que conservan los bolsillos y detalles constructivos de un antiguo piloto.
Según expresan sus fundadoras, sus diseños establecen un diálogo entre la sastrería y la
marroquinería, lo artesanal y lo industrial, el transporte, el humor y el estilo. La otra línea,
Prestaciones, está conformada por objetos de marroquinería elaborados con materiales
alternativos como arpilleras, trapos de piso o telas para toldos. En paralelo, se dedican al
desarrollo de producto personalizado para terceros.
Su primer showroom fue en el Centro Metropolitano de Diseño, por medio del programa
Incuba VII de la Ciudad de Buenos Aires, al que aplicaron en 2009. El mismo tiene el
objetivo de impulsar el proceso de creación de nuevos proyectos y colaborar en la
consolidación de aquellos que ya están en marcha. Se ofrece un espacio físico de trabajo
por doce meses en Barracas, con la posibilidad de extenderlo un año más en base al
desempeño de los participantes, incluyendo los servicios de telefonía fija, wifi, seguridad
y limpieza. Este espacio de co-work también es beneficioso por las relaciones
interpersonales entre los emprendedores. Asimismo, se acompaña el crecimiento de la
start-up por medio de dos consultorías mensuales y registros de avances realizados por
organizaciones no gubernamentales especializadas en emprendedorismo, como
56
Emprear, Endevor, Inicia, entre otras. Además se ofrecen reiteradas conferencias sobre
desarrollo de planes de negocios, gestión del diseño y distintos temas de interés.
Luego, concursaron por el subsidio que otorgaba la Secretaría de Desarrollo Económico
de la Nación, llamado Pacc Emprendedor, que les permitió poner su propia boutique en el
barrio de Monserrat. Al año siguiente la marca obtuvo el premio Mejores Accesorios de
Moda en la feria Puro Diseño y fue seleccionada para formar parte del libro América
Latina diseña sustentable (2012), presentado en la cumbre Río+Vos en Brasil. Asimismo
obtuvieron una mención especial en 2014 en la exhibición Roma Desing Lab y fueron
incluidas en el anuario italiano Top Design (2015).
QasiQipa es un emprendimiento dedicado a la ropa de cama para recién nacidos, que
produce bajo una filosofía que enaltece lo sustentable a favor del beneficio de su usuario.
Se utilizan materias primas como el algodón de bambú o la lana merino virgen, con el
objetivo de que el contacto con la piel del bebé sea un proceso delicado. Su nombre
proviene de la lengua quechua aimara. Qasi remite a lo que se halla en paz, y Qipa a lo
oculto que representa un rol fundamental para el futuro. QasiQipa es aquello que vendrá
en calma.
La diseñadora textil Agustina Sala es quien inició el proyecto en 2012 y detalla los
múltiples beneficios que ofrece el bambú, de uso muy poco frecuente en la Argentina.
Si bien su origen es japonés, China lidera la producción. Esta materia prima se obtiene de
la pulpa de la planta, y se hila junto con el algodón, por medio de procesos de alta
tecnología. Se cosecha en regiones no contaminadas, ya que no requiere pesticidas y
tiene un rápido crecimiento. Asimismo, es una fibra biodegradable, con funciones
antibacteriana y desodorante. La Asociación Japonesa Textil de Inspección ha validado
que tras cincuenta lavados de un tejido de fibra de bambú, este todavía mantiene
excelente la función antibacteriana. Los ensayos muestran una eliminación superior al
70% de las bacterias, después de haberlos incubado en el mismo tejido.
57
Los productos que Sala comercializa conforman un completo ajuar para el bebé,
ofreciendo sábanas, fundas, acolchados, almohadones, chichoneras, cambiadores,
alfombras de fieltro, mantas, toallas, baberos, gorros y frazadas tejidas. Algunos artículos
como sábanas o acolchados son realizados a medida.
La lana merino utilizada es hilada y tejida por productores locales de la provincia de
Buenos Aires, y se conserva es su estado virgen, sin teñir, al igual que el algodón de
bambú. Los botones que llevan los baberos son de madera. Las etiquetas y el packaging
son estampados con tintes naturales mediante la técnica artesanal de shablón. Incluso el
envoltorio de los productos es sustentable, ya que consiste en un furoshiki; antiguo
método japonés para cargar objetos con un cuadrado de tela -en este caso una manta
reutilizable- atada de forma particular.
Este proyecto también creció en el Centro Metropolitano de Diseño bajo el marco del
programa Incuba IX. Actualmente el proyecto posee su propio local en el barrio de San
Telmo y además sus productos se distribuyen en la tienda de diseño Editor Market.
El quinto emprendimiento al que se entrevistó se llama Modesta. Esta iniciativa de Paula
Ckroü y Emilana Carricondo, consta de la fabricación de bolsos, carteras, sombreros,
billeteras y monederos a partir del reciclaje de productos residuales. Tal como expresa su
nombre, el concepto de la marca se basa en hacer objetos de alto contenido creativo con
recursos no convencionales. Los más utilizados son bolsas de plástico, aunque también
de cartón, así como envoltorios de pan lactal, papel higiénico, rollos de cocina, algodón,
films de embalaje y poliburbujas.
El tratamiento que realizan mediante la fusión por calor de los residuos tiene como
resultado un material resistente, apto para la marroquinería; además de ser visualmente
atractivo por la combinación espontánea de colores.
Las emprendedoras se conocieron en la Facultad de Bellas Artes de La Plata y desde su
época estudiantil el impacto ambiental representaba una inquietud. Para ellas el diseño
es una herramienta transformadora, capaz de contribuir a la sociedad. Debido a esto
58
fomentan el reciclaje desde 2008, mediante acciones concretas de su marca, como
descuentos a quienes colaboran con la recaudación de elementos. Uno de los modelos
más requeridos es el bolso Modesta Colors, síntesis de la filosofía de la marca, belleza
no contaminante y sentido común. Para hacer este producto se reciclan entre cincuenta y
cien bolsas plásticas. El lanzamiento comercial de la marca fue en 2012, al participar de
la Feria Puro Diseño. En septiembre ganaron un lugar en el programa IncuBA VII. Al año
siguiente obtuvieron el premio Puro Diseño 2013, en la categoría diseño sustentable. En
la actualidad poseen un local en Palermo.
Luego de haber abordado la evolución del mercado de la moda, análisis que se ha
profundizado en la reciente instancia, y mediante la exposición de estos cinco casos; es
posible establecer una estrecha relación entre el diseño de autor, la sustentabilidad y la
implementación de procesos artesanales en la producción de indumentaria. Asimismo, es
factible afirmar la gestación de un paradigma que incorpora una nueva concepción del
lujo, relacionada a la diferenciación, calidad y contribución social mediante el consumo.
59
Capítulo 4: Procesos artesanales en la producción de indumentaria
El presente capítulo tiene como objetivo ser un nexo entre el análisis de la industria
abordado en las tres instancias precedentes y la propuesta creativa descripta en el
apartado final del proyecto; donde, entre otros aspectos, se expone el estilo del autor,
destacado por el trabajo artesanal de los textiles.
En primera instancia, se propone reflexionar acerca de la existencia de una identidad
nacional que contenga las distintas expresiones de diseño de autor en la Argentina,
contribuyendo al desenvolvimiento competitivo de la marca-país. Se toman como
referencias para este análisis Las cosas del quehacer (2012) de Laureano Mon y La
moda en la Argentina (1990) de Susana Saulquin.
Luego, se abordan en concreto distintas técnicas textiles artesanales, por lo que se
toman como marco teórico las siguientes obras: La magia de los pliegues en moda (2013)
de Rosa Garcia; La biblia del tejido (2011) de Claire Cropton; Manual de telar mapuche
(2007) de Enrique Taranto; Tramas del monte catamarqueño (2006) de Diana Rolandi;
Macramé. Las más bellas creaciones con el arte de hacer nudos y flecos (2005) de
Donatella Ciotti; Tejidos del mundo (2000) de John Gillow y Brian Sentance; Batik Design
(1994) de Pepin Roojen; Teñido y estampación de tejidos (1988) de Kate Wells y La
aguja y el hilo (1980) volumen II de la Enciclopedia del hogar, Codex.
Por último, se destaca lo artesanal bajo el concepto de patrimonio cultural inmaterial, por
lo que resultan necesarios los textos La artesanía urbana como patrimonio cultural (2004)
de Luis Maronese, El uso y la contemplación (1987) de Octavio Paz y la web de la
UNESCO para relevar aquellas técnicas textiles consideradas de forma oficial bajo dicha
categoría.
60
4.1 Identidad nacional
Entendiéndose el concepto de identidad como la capacidad del propio reconocimiento en
el otro, es coherente el trabajo reflexivo de hallar elementos comunes en las distintas
expresiones de diseño nacionales, potenciales creadores de significación para la marca-
país (Mon, 2012).
Autores como Susana Saulquin o Laureano Mon sostienen que diversas circunstancias
ligadas al desarrollo histórico, económico y social dificultaron la gestación de un estilo
propio en materia de diseño. Como consecuencia la Argentina ha quedado aislada de la
creación internacional de modas, convirtiéndose en seguidora de tendencias de las
ciudades pioneras. Sin embargo, se destaca como posibilidad de cambio al diseño de
indumentaria de autor, que ha tenido lugar a partir de la crisis socioeconómica de 2001.
La ausencia de un propio estilo nacional remonta a la época colonial a principios del siglo
XIX, donde la producción de indumentaria estaba marcada por la imitación de la estética
española. La vestimenta reflejaba la necesidad política del virreinato de mostrar una
fluida comunicación con la monarquía. No obstante, luego de la independencia y a partir
del Congreso de Viena de 1815, en el que las metrópolis y en particular España
consideraron volver a recuperar sus colonias; se produjo en el Río de la Plata un
alejamiento del estilo español, y un lento acercamiento a París, que terminó por
acentuarse al final del siglo. Durante el gobierno rosista se pretendió frenar esta
tendencia imponiendo una vuelta a las antiguas tradiciones criollas, por medio de la ley
2690. Esta ley gravaba, entre otros productos que entraban por via marítima, con un 35%
la ropa y los calzados, 5% las lanas, artículos de peletería y telas bordadas. Asimismo la
seda llevaba 10% de impuesto, los cordones de hilo, lana y algodón un 24%; y se
prohibió totalmente la entrada en la provincia de ponchos y la tela para su confección
(Saulquin,1990).
Otro factor determinante que desdibujó la identidad del país fue la inmigración masiva de
1869 a 1930. Durante sesenta años la llegada de 6.500.000 inmigrantes no pudo ser
61
asimilada por una población criolla que, según el censo de 1856 era simplemente de
1.200.000 habitantes. Saulquin (2010), sostiene que a partir de 1930, momento en el que
debería haber comenzado el proceso de elaboración de una identidad nacional, los
gobiernos autoritarios que sucedieron a lo largo de cincuenta años trabaron no sólo la
formación de dicha identidad sino que también el libre y espontáneo desarrollo de la
personalidad individual.
También ha influido la actitud mercantilista de Buenos Aires que, históricamente ha dado
la espalda al interior del país, beneficiándose con el comercio extranjero, especialmente
el británico. Asimismo, la inestabilidad económica ha llevado a hacer cambios
coyunturales en la política nacional sin atender las necesidades de la industria textil.
Habiendo un mercado reducido, una moda uniformada representaba a las empresas la
posibilidad de reducir costos (Mon, 2012).
La situación continuó similar en la década del setenta, sin embargo a partir de la guerra
de las Malvinas en 1982, los cambios políticos en 1983, y las nuevas posibilidades de
consumo de la mujer, propiciaron de forma paulatina una producción de indumentaria
más variada, como reflejo conceptual de los procesos sociales (Saulquin, 1990).
El comienzo del siglo XXI encontró a la Argentina en un contexto de crisis
socioeconómica. Mon (2012), sostiene que la dramática situación forzó la caída de los
discursos simbólicos preexistentes. Éstos, ponderaban la producción extranjera al
identificarla con el ideal de progreso. Las capas medias y altas de la sociedad adoptaban
pautas de consumo vinculadas a lo masivo, a lo universalmente aceptado, entendido
como moderno, con el fin de sentirse integrados a las potencias.
Sin embargo, 2001 nos enfrentó a una ficción insostenible y más allá de los efectos
sociales y políticos, no menos consecuencias se produjeron en el ámbito de la producción
económica y sobre todo simbólica (Mon, p.19).
El contexto obligó a los diseñadores a mirar puertas adentro y trabajar con los recursos
disponibles, dedicándose a hacer énfasis en las diferencias, al verse alejados, ya sea por
62
gusto o por necesidad, a las modas internacionales. Muchos creativos que trabajaban en
marcas masivas quedaron desocupados, y se abocaron a formar sus propios
emprendimientos a pequeña escala. El denominado diseño de autor o independiente
recibió un gran impulso de la masa crítica de profesionales egresados en su mayoría de
la Universidad de Buenos Aires, mentora principal del movimiento. El auge de la
creatividad nacional surgió en la capital, expandiéndose de forma inmediata a ciudades
como Córdoba, Salta, San Miguel de Tucumán, Corrientes, Resistencia y Mendoza. Éstos
profesionales se convertirían en referentes de nuevas camadas de diseñadores,
encontrándose el diseño independiente una década después de su surgimiento en vías
de consolidación (Saulquin, 2011).
Según argumenta Laureano Mon (2012), todavía no es posible determinar una identidad
del diseño argentino claramente definida sobre la que se pueda establecer una estrategia
competitiva de marca-país; a causa de todos los obstáculos históricos ya explicados.
Sin embargo, son reconocibles prácticas compartidas ligadas al quehacer cotidiano del
diseñador independiente, que como sujeto colectivo se encuentra en la búsqueda de su
autenticidad, sorteando las adversidades del mercado al ser el responsable de todo el
proceso productivo y de gestión del emprendimiento.
Estas prácticas comunes se relacionan al trabajo artesanal y a la experimentación, siendo
éste el camino coherente hacia la definición de una identidad y el medio más efectivo
para la creación de los productos más interesantes.
4.2 Técnicas artesanales
Son infinitas las posibilidades de diseño mediante la combinación de procesos
artesanales. Éstos pueden representar la construcción total de una prenda o parte de
ella; así como la intervención textil previa a la confección o luego de ésta. Los productos
poseen un alto valor agregado por el tiempo y dedicación que requiere su realización,
cargada de un gran contenido simbólico. Esta modalidad de trabajo es afín al diseño de
63
autor e inherente en la alta costura, donde las terminaciones a mano son obligatorias,
aportando exclusividad y elegancia, al no verse los pespuntes en los ruedos, acabados
típicamente industriales. El hecho de que una persona lleve a cabo un proceso extra y sin
la ayuda de una maquinaria convierte a la prenda en un objeto funcional íntimamente
ligado al arte, por lo que la identificación con el usuario portador es muy particular.
De forma general, desde el presente Proyecto de Grado se compilan y describen seis
tipos de procesos artesanales utilizados en la producción de indumentaria, aunque al ser
una actividad ligada al desarrollo experimental es posible la combinación de técnicas o la
creación de nuevas variantes, por lo que se entiende a la siguiente enumeración como
una guía de análisis y no una estricta clasificación. Dichas categorías son: los tejidos, los
bordados, los teñidos, la pintura sobre tela, el plisado artesanal y el patchwork.
Asimismo, abordando la riqueza técnica del tejido, se considera necesario diferenciar
cuatro clases; el tricot o tejido a dos agujas, el crochet, el macramé y el tejido realizado
en telar. Todos ellos conllevan una tradición particular, si bien se encuentran instructivos
para su realización, el aprendizaje está estrechamente relacionado con la sabiduría
heredada.
El tejido tricot, requiere la elección correcta de las dos agujas, seleccionadas entre una
amplia gama de tamaños, que dependerá del grosor del hilado. Los puntos básicos son
los denominados al derecho y al revés, conformando una malla. La combinación y
repetición de los mismos genera toda una serie de nuevos enlaces que proporcionan
formas particulares al tejido (Cropton, 2011). Algunas variables son: el punto jersey,
arroz, pasado, Santa Clara, retorcido, alargado, entre otros. En este grupo se incluye la
técnica del jacquard, en la que se realizan dibujos bordando sobre el jersey o cambiando
de color de hilo (Enciclopedia del hogar, Codex, [Link], 1980).
Para tejer crochet, se utiliza una única aguja con forma de ganchillo en uno de sus
extremos. Cualquiera sea el punto que se desarrolle, es necesario realizar una cadeneta
simple de la misma longitud del trabajo final. Después del primer punto, anudado a mano,
64
se comienza el movimiento base, que consiste en pasar la aguja por debajo del hilo que
ubicado sobre el dedo índice del lado izquierdo, enganchándolo y retirándolo a través del
punto ya hecho. También esta técnica presenta variantes como el punto albanés,
escoses, rumano, abanico, cangrejo, ruso, media vareta, reversible, alargado, calado,
entre otros (Enciclopedia del hogar, Codex, vol. II, 1980).
Respecto al tejido en telar, es necesaria la colocación en dicho instrumento de un grupo
de hilos de forma vertical, a los que se denomina como urdimbre. A su vez, se conoce
como trama, al hilo que en cada cruce se pasa de forma transversal con una vareta,
formando la tela (Taranto, 2007). Existen varias clases de telares, los más básicos y
accesibles son bastidores con clavos, pueden ser de forma cuadrada, rectangular,
triangular o circular; la dimensión del mismo condicionará el tamaño del trabajo.
Las comunidades artesanas del norte argentino, particularmente en la región de Belén y
Tinogasta, utilizan otros instrumentos más complejos y antiguos, de origen hispánico,
como el telar a pedales y el telar flaquero (Rolandi, 2006). Asimismo, los mapuches
tienen su propio telar conformado por una estructura vertical al que llaman witral y es
frecuente que realizen sus tejidos para que el lado derecho del textil quede de la faz de
urdimbre (Taranto, 2007).
En cuanto al macramé, se conoce a este tipo de tejido como el arte de hacer nudos, cuya
técnica básica consiste en la realización del nudo plano y el nudo cote; creando listas
superpuestas o trenzas. Para facilitar la tarea es necesario el uso de un bastidor o
estructura que sujete los hilos, dependiendo de la dimensión del trabajo que se quiera
realizar. Se pueden encontrar más de cincuenta clases distintas de nudos (Ciotti, 2005).
Es común el uso de hilos encerados o de algodón para esta actividad.
Por otro lado, los bordados representan una infinidad de posibilidades para la creatividad.
El proceso consta de la realización de dibujos en una tela, al pasar por ésta hilos con una
aguja, de acuerdo a un esquema previamente diseñado. Éste debe ser reproducido en la
superficie textil, utilizando un papel carbónico o de calcar.
65
Es necesario mantener tensa la tela con un bastidor para bordar, circular o rectangular. A
su vez, es importante la selección del hilo, por lo que existen específicos para esta tarea,
aunque también el hilo mouliné o perlé, y lanas finas. Se practican distintos puntos, como
el brocado, cadeneta, calado, cordoncillo, cruz, doble, esterilla, festón, son algunos de
ellos (Enciclopedia del hogar, Codex, vol. II). También es frecuente la incorporación de
piedras y canutillos en los bordados, sobretodo en el rubro de la alta costura, elevando la
exclusividad de la prenda.
Asimismo, es posible la experimentación mediante el teñido; una antigua técnica
japonesa es el shibori, con la que se obtienen resultados únicos en cada aplicación. El
trabajo consiste en bloquear determinados sectores de la tela, ya sea mediante la acción
de anudar, doblar, fruncir o atar, para que el tinte no afecte esas zonas. Los resultados
tienen un alto componente de imprevisibilidad, lo que aporta atractivo visual por la
espontaneidad de la textura visual, siendo cada prenda un objeto especial. Otras
variantes muy similares consisten en fruncir la tela mediante pespuntes, conocida en
Nigeria como adire alabere y en Indonesia como tritik (Gillow y Sentance, 2000). Se suele
mencionar en Occidente de forma errónea batik al shibori.
El batik es una técnica de origen indio, aunque obtuvo su máxima expresión artística en
Indonesia, particularmente en la isla de Java. Se pueden realizar infinidad de diseños,
haciendo dibujos sobre el textil y rellenando con cera aquellas zonas que no se desea
teñir. Se define a este trabajo como teñido por reserva, debido a que funciona con una
lógica similar al negativo fotográfico, las partes no rellenadas son las que recibirán luego
el color (Gillow y Sentance, 2000).
Roojen (1994) en su libro Batik design explica el proceso. Primero se enjuaga el textil y
se lo almidona, para facilitar el proceso final en el que se retira la cera. Luego se empapa
el material con aceite vegetal para que el mismo sea más receptivo al colorante. Cuando
está seco y planchado, se traza el dibujo. Esto se hace mediante un instrumento llamado
canting, que consiste en un pequeño depósito de cobre donde se coloca la cera caliente,
66
en estado líquido. La herramienta posee un asa para el agarre, y uno o más picos de
vertido. Habiendo finalizado, se coloca el textil en el recipiente con el tinte, dependiendo
la cantidad de colores del diseño, se repetirá el proceso de rellenado con cera. Ésta se
retira al hervir el material.
El batik es considerado desde 2009 como patrimonio cultural inmaterial, concepto
explicado en el segundo apartado del presente capítulo ([Link], 2009).
Ambas técnicas de teñido son viables utilizando anilinas comerciales, que dependerán de
la composición del textil. O bien, es posible teñir íntegramente con tintes naturales, lo que
aporta valor simbólico y exclusividad a la pieza. Taranto (2007) en Manual del telar
mapuche describe una amplia variedad de recursos utilizados en la actualidad por esta
comunidad. Por ejemplo, para obtener un color rojo, el corazón descortezado del roble
pellín o las raíces del relbún son útiles; mientras que para un rosado sólo la corteza del
roble pellin o las raíces de relbún hervidas previamente en agua de mar. La corteza del
muermo o ulmo proveen un una tonalidad rojiza que vira al marrón. Las flores Sacha
Huasca o Toca del Norte, o los gajos de limón, son algunos recursos para teñir de color
amarillo. Si se busca un color azulado, se recomiendan los gajos triturados de añil o los
frutos de maqui; o si el objetivo es teñir de verde, aserrín del ñire, gajos triturados de
coihipue, entre otros. Incluso es posible generar un color ocre con madera triturada o
corteza de ulmo. A su vez, el hollín de leña hervido por varias horas, contribuye a teñir de
negro, ésta es una de varias opciones.
En paralelo, el plisado es un recurso que ofrece un amplio marco para la
experimentación. Si bien se puede recurrir a medios industriales, sobretodo cuando se
busca realizar pequeñas y simétricas tablas como en el plisado soleil; los resultados del
trabajo artesanal representan un atractivo de pieza única por la irregularidad de su
textura. Un ejemplo es el plisado Fortuny, nombre otorgado en honor a su diseñador, por
el emblemático vestido de seda Delphos, patentado en 1909. La particularidad de este
diseño es su capacidad de adaptarse a las formas del cuerpo. Garcia Prieto y Muñoz
67
Laverde (2007), en La magia de los pliegues en moda, explican como realizarlo. El
trabajo consiste en plisar cuidadosamente tablones de 1,5cm de profundidad, con una
leve inclinación diagonal; siendo el primero hacia arriba. Cada doblez se debe asentar
con el planchado, teniendo éste bastante vapor. El proceso se repite de forma contínua
hasta completar la totalidad de la superficie. Luego se hace lo mismo en la dirección
opuesta, de modo que cada grupo de pliegues se crucen, generando líneas
zigzagueantes. Es conveniente rociar el textil con spray fijador, para almidonarlo. Para
finalizar se comprime el material y se lo tuerce con fuerza. Sin abrirlo, se lo vuelve a
planchar cuidadosamente, para que la lectura adquiera las formas ondulantes del torcido.
Asimismo se puede experimentar anudando, torciendo, arrugando o comprimiendo el
material, sujetando determinadas zonas con pespuntes y luego colocando la tela en una
olla con agua hirviendo. Después de media hora se retira la tela y se la deja secar. Esta
técnica ofrece resultados totalmente únicos, formando líneas espontáneas en diversas
direcciones.
Otra técnica artesanal es el patchwork, afín al concepto de moda lenta y sustentabilidad,
ya que consta de unir retazos de tela sin uso para formar una nueva. Gwilt (2011) en su
libro La sustentabilidad en la moda, explica que el residuo textil en la etapa de corte
alcanza hasta un 15%, por lo que el reciclaje del material es una opción atractiva en
términos de optimización de los recursos, presentando además la posibilidad lúdica de
combinar textiles para crear uno nuevo.
4.3 Lo artesanal como patrimonio cultural inmaterial
El concepto de patrimonio cultural no sólo abarca los monumentos o colecciones de
objetos, sino que también incluye los bienes inmateriales, ligados a la sabiduría
heredada, que contribuyen a la formación de la identidad de un pueblo. Entre ellos se
encuentran los rituales, usos sociales, actos festivos y conocimientos técnicos. En este
sentido, desde 2008 la UNESCO reglamenta su preservación, debido a la frágil
68
continuidad de las tradiciones regionales en un contexto de globalización. El objetivo de
esta clasificación no radica en la importancia intrínseca de determinada tradición, sino en
crear un vínculo entre el pasado y el futuro, aportando a la cohesión social y al fomento
de la idiosincrasia. Las técnicas artesanales ligadas al desarrollo creativo en el rubro textil
y que han sido transmitidas de generación en generación, son incluidas en este marco
([Link], s/f).
Algunos ejemplos de ello son el bordado de las aldeas de Zmijanje, situadas en Bosnia y
Herzegovina, inscripto como patrimonio cultural inmaterial en 2014; el tejido jamdani de
Bangladesh en 2013; el bordado de la comunidad maytó de Hungría (2012); los encajes
de Lefkara en Chipre incluido en 2009; las técnicas ancestrales chinas, que incluyen
procesos de hilado, tinte, tejido y bordado y el ya explicado batik de Indonesia, también
en 2009. Asimismo, la técnica pictórica de fileteado de Buenos Aires, utilizada en
autobuses urbanos, camiones y carteles de tiendas; ha sido incluida en dicha categoría
en 2015 ([Link]). Esta puede ser perfectamente aplicable al rubro textil, ya sea
por estampación o por medio de la pintura sobre tela.
Octavio Paz, en El uso y la contemplación (1994) define a la relación del sujeto con un
objeto de arte como semi-religiosa, a la de un objeto industrial netamente funcional,
mientras que con una artesanía, como un punto medio entre ambas acepciones,
estableciéndose un vínculo corporal, en el que el individuo le otorga el significado que
considera pertinente (Maronese, 2004).
La artesanía transgrede el principio único de utilidad a favor de la tradición, la fantasía e
incluso el capricho. En la Argentina, hasta fines del siglo XIX, las artesanías no eran
catalogadas como tales, sino que se las consideraba como producciones de las industrias
provinciales que aportaban a la economía local. El concepto actual de artesanía se
conforma debido a dos circunstancias históricas: la industrialización del país y la
necesidad política de construir lazos con el pasado. En el siglo XX estas producciones se
69
catalogaron como supervivencias ligadas al pasado indígena y criollo, ubicándolas dentro
del campo cultural (Maronese, 2004).
Luego de haber analizado la utilidad de las técnicas artesanales textiles, en el marco de
una búsqueda de diferenciación y habiendo comprendido el concepto de patrimonio
cultural inmaterial; se sostiene que producir indumentaria bajo estos parámetros
representa un gran valor simbólico. Este tipo de bienes ostentan una belleza metafórica,
ligada a la utopía de superar las barreras del tiempo, mediante un objeto que conserva
rasgos del pasado, pero funcional en el presente y futuro. La estrecha relación identitaria
que se establece con el sujeto portador y el alto grado de significación del bien, impiden
su rápido desecho. Se trata de prendas únicas, con detalles especiales y confección de
calidad, por lo que es probable que cuando el sujeto decida no utilizarla más, se la regale
a un ser querido o la refaccione.
70
Capítulo 5: Alquimia, un fashion film de diseño de autor
5.1 El desarrollo conceptual
En el marco de la categoría Creación y Expresión, el presente capítulo aborda el
desarrollo teórico del fashion film titulado Alquimia. Siguiendo con la lógica
interdisciplinaria que ha atravesado el proyecto; la propuesta creativa se centra en la
dirección artística de un cortometraje, aplicado al área de la moda. El proyecto busca la
expresión propia del autor y la construcción de una identidad profesional.
En paralelo, todo este proceso es relatado de forma visual en el cuerpo C, adjuntando el
material práctico que complementa lo expuesto en esta instancia y por supuesto, se
entrega el dvd con el producto audiovisual final.
Con el objetivo de unificar los conocimientos adquiridos a lo largo de la carrera, y siendo
la propuesta una síntesis del desarrollo de la estética del alumno; se han seleccionado
prototipos realizados en distintas asignaturas, otorgándoles funcionalidad bajo un mismo
desarrollo conceptual. En esta tarea, se observa el trabajo artesanal de las texturas como
característica común, y rasgo distintivo de la identidad del diseñador. Es por ello que los
indumentos adquieren la concepción de pieza única, afín al significado que un vestuario
representa; entendiéndose a éste como un objeto creado para una ocasión de uso
puntual, bajo parámetros específicos, en función de una comunicación artística
determinada.
Con motivo de introducir en lo que ha sido la búsqueda de inspiración, relacionada a su
vez con lo abordado en los capítulos anteriores del escrito, se citan algunas reflexiones
del sociólogo Zygmunt Bauman en su obra La sociedad individualizada (2007), donde
analiza al sujeto de la postmodernidad, definiendo esta etapa como modernidad líquida.
El autor sostiene que la noción de destino determinante de los estilos de vida,
condicionada por género del individuo, estrato social y creencias de la familia, típica del
período premoderno; hoy es reemplazada por el proyecto de vida y destino de vocación.
El cambio de paradigma representa una identidad por construir, encontrándose el sujeto
71
abierto a la aventura personal. Esto refiere al proceso de individualización, mencionado
en el primer capítulo, estudiado por Susana Saulquin desde el significado del vestido en
La muerte de la moda, el día después (2010). Como resultado, la autora anticipa la
desarticulación del sistema verticalista de la moda, dando paso a la generación múltiples
estéticas.
Asimismo, Bauman (2007) describe a la postmodernidad como un estado de transición
ligado a la globalización y la velocidad con la que ocurren los sucesos, estableciéndose
en gran medida relaciones efímeras, en la que se comparten contenidos de índole
superficial sin ideologías sólidas que los sustenten. A la transitoriedad se le suma la
incertidumbre e inseguridad, consecuencia del desmoronamiento de las estructuras del
estado de bienestar, la flexibilización laboral, las transformaciones y cuestionamientos a
las instituciones clásicas como la familia y la iglesia. En este contexto se presenta la
paradoja del sujeto abierto a la libre aventura del reconocimiento del yo, pero que a su
vez busca refugio en el pasado, rodeándose de todo aquello que le es conocido, familiar.
Es por ello que el autor define esta búsqueda de la identidad como un proceso en el que
sólo se puede obtener la libertad a expensas de la seguridad.
Tomando el concepto de búsqueda y valoración de los orígenes, desde la perspectiva de
la moda, es posible citar la macrotendencia expuesta por la agencia WGSN denominada
como Modern Myth (2013). Siendo una tendencia a nivel macro se entiende que su
influencia perdura en un lapso más largo de tiempo que una moda de uno o dos años, al
contemplar determinadas características relacionadas al pensamiento colectivo y no
simplemente la expresión de una estética puntual.
El mito moderno presenta una gran valoración por todo lo ancestral, bajo una óptica del
presente, que reinterpreta según la conveniencia determinadas leyendas o tradiciones.
Esto se expresa en una sociedad en la que las personas moldean su propio universo de
creencias, habiendo sujetos que, por ejemplo, rezan a la Virgen del cristianismo, han
tomado como costumbre leer el horóscopo, también practican yoga, se interesan en la
72
filosofía oriental e incorporan la noción del karma. Según esta macrotendencia, disminuye
la obediencia a los sistemas religiosos establecidos, aunque aumenta la conciencia
espiritual del individuo.
Respecto al consumo, este pensamiento colectivo produce una mayor sensibilidad e
interés hacia los productos con valor histórico y simbólico; encontrándose estéticas
alternativas con una fuerte presencia étnica, fusionando aspectos de distintas culturas. El
imaginario cósmico-mitológico mezcla lo bohemio, lo espiritual, lo místico con aquello
tribal y tradicional (WGSN, 2013).
En este sentido se desarrolla el relato del fashion film, que incorpora diversos
simbolismos para crear un contexto de realismo mágico, con el objetivo final de mostrar
cuatro piezas únicas de diseño de autor. Se ha buscado además, destacar al tejido en
macramé de uno de los prototipos, siendo el proceso constructivo del indumento el hilo
conductor de la historia.
La alquimia, disciplina a la que se hace referencia desde el titulo del cortometraje, ha
tenido su auge en Europa durante los siglos XV a XVII, aunque se ha practicado desde la
Antigüedad en regiones como la Mesopotamia, el Antiguo Egipto, Grecia, China, India y
el Imperio Romano. Su origen etimológico proviene del griego, del vocablo chemia, que
define a la acción de mezclar líquidos. Con el motivo de lograr la transmutación de la
materia, la obtención del elixir de la vida y medicinas, entre otras cosas; esta pseudo-
ciencia incluye nociones de la astrología, el espiritualismo, la química, la física, la
metalurgia e incluso del arte (Iñigo Fernández, 2010).
A modo sintético, la historia del film trata la experiencia surrealista de una joven, dando
como resultado el uso de un vestido tejido en macramé. En el marco de un contexto
mágico, la noción de tiempo lineal queda descartada, así como la explicita definición de
los personajes; siendo lo esencial del relato el proceso alquimista detrás del indumento.
Quién lo construya o quién lo utilice, así como la temporalidad de los sucesos, no tiene
73
relevancia en comparación con lo que el vestido representa por sí mismo, conservando
en su tejido una leyenda que excede a sus participantes.
En el film se observan cuatro vestuarios portados en apariencia por la misma persona,
simplemente se presenta un cambio respecto al peinado. Aludiendo al universo místico
de la alquimia y al mestizaje de creencias que hacen al mito moderno, se incluye el
concepto de vidas pasadas; por lo que se establecen de forma implícita dos tiempos
históricos aislados, que adquieren sentido como parte de un proceso mayor.
El relato es explicado en detalle en el tercer apartado del presente capítulo, titulado
Dirección de arte. A continuación se abordan los vestuarios y su funcionalidad en el film,
una de las tareas de mayor importancia del proyecto.
5.2 Identidad artesanal: los vestuarios
La selección de los indumentos ha sido en función de contribuir a la comunicación
conceptual. A modo organizativo, se describen los cuatro vestuarios según el orden de
aparición en el fashion film, detallando el proceso creativo y técnico, asignatura en la que
fue realizado y explicando su significado en relación a la historia. Se recomienda acudir
paralelamente al material visual adjunto en el cuerpo C, con el objetivo que las siguientes
descripciones no sean simples construcciones abstractas.
El primero de ellos es un vestido que forma parte de la colección de autor Ave fénix;
proyecto realizado en la asignatura Diseño de Accesorios II. Los ejes de inspiración
fueron el trabajo del artista Gustav Klimt, el minimalismo y la exploración de las técnicas
de tejido. En este sentido, se realizó una síntesis propia y conceptual de las temáticas,
que se tradujo en el diseño de prendas simples en cuanto a morfología, con minuciosos
detalles tejidos.
El vestido tiene un largo modular por arriba de las rodillas, presentando una silueta
rectangular, sin ajustar en la cintura. Se ha confeccionado con materiales nobles, una
doble capa de gasa georgette de seda natural, con forrería nude en raso de puro
74
algodón, teñido mezclando hierbas de té. En el busto posee una textura táctil, orgánica,
que disminuye su densidad a medida que se aleja del escote. La misma es conformada
en la parte superior por una línea de pequeñas borlas de pasamanería antigua francesa,
cada una cubierta por un tejido a ínfima escala, y de ellas cuelgan cordones de algodón
forrados en seda, que se han unido entre sí formando nudos. Asimismo, el tejido posee
una capa de hilos de algodón con pequeñas chapas rectangulares, alternadas. Los
breteles son trenzas del mismo juego de cordones, pero de mayor tamaño. La paleta de
color de la textura abarca distintas tonalidades de marrón claro y beige, presentando un
delicado y particular brillo por la composición en seda. Las chapas otorgan un acento
metalizado.
Se ha seleccionado este prototipo para la primera escena, donde se ve a una joven
sirviendo un líquido en un recipiente y luego colocando los hilos para teñir. Estos dos
planos aluden de forma directa a la alquimia, así como el vestuario utilizado representa
una analogía de la disciplina. Observando de forma general la mayor parte de su
estructura es blanca, aséptica; mientras que la textura táctil ubicada en el busto, posee
una complejidad relacionada a lo oculto. Es necesario acercarse para apreciar la serie de
detalles minuciosos y mezcla de materiales, donde cada elemento tiene sus propios
matices y funciona mediante la unión sistémica.
El segundo vestuario es un conjunto pret a porter, que establece un quiebre en la imagen
del personaje no sólo por las características diferenciales de las tipologías, sino que
también por el estilismo del personaje; éste antes tenia el cabello recogido y luego no.
El conjunto pertenece a la colección Esotérica, realizada en la asignatura Diseño de
Indumentaria VI, donde el punto de partida elegido fue la macrotendencia definida como
mito moderno, explicada en el apartado anterior.
El vestuario es conformado por un top de satén en crudo con una falda evasé, siendo
esta tipología bottom el acento del conjunto. Para el diseño de la misma se ha tomado
como referencia los vitrales de las iglesias, ya que, como se ha explicado, la tendencia
75
del mito moderno refleja la simultaneidad y mezcla de creencias. La falda presenta una
propia estampa en la cintura, de motivos repetitivos que referieren al vitraux, donde se
aplicaron cristales de roca. Asimismo, posee un tejido externo en crochet, de color verde
esmeralda. Esta textura alude a las figuras esotéricas de los mandalas, y resalta por
medio del contraste intencional de la forrería en satén crudo, al igual que el top,
manteniendo la premisa conceptual de la luz que atraviesa el vitral.
Desde esta perspectiva se fundamenta el uso del conjunto, como símbolo aquello que
atraviesa la superficie y puede ser visto. Este atuendo es utilizado durante la secuencia
en la que la joven ve los hilos caer y decide averiguar de dónde provienen.
El tercer vestuario guarda relación con el primero, ya que ambos pertenecen Ave fénix.
Asimismo, el personaje vuelve a llevar el cabello recogido, estableciendo otro punto de
conexión con la primera escena. En este caso se trata de un vestido con una capa
exterior tejida en red realizada con los nudos básicos del macramé, usando cordones de
algodón forrados en seda, también en tonos marrón claro y beige. La forrería es de satén
color crudo, para contrastar con el tejido. El punto de tensión se ubica en la zona top
mediante un suntuoso escote que alude a la imagen de un ave, hecho con piezas
recicladas de tapicería antigua francesa, del mismo juego que los cordones, y con
detalles étnicos tejidos en ínfima escala.
Este atuendo otorga a su usuario portador una imagen ligada al pasado, con un matiz
mitológico intencional en relación a la complejidad de la tarea que lleva a cabo: la
construcción del vestido.
Por ultimo, el cuarto vestuario es un vestido de alta costura perteneciente a la colección
Esotérica, al igual que el segundo conjunto que se observa en el film. A su vez el
estilismo utilizado para esta ocasión es el mismo que en la segunda instancia, en
concreto el peinado y calzado.
El prototipo está confeccionado de forma artesanal, uniendo piezas únicas tejidas en
macramé a pequeña escala, que forman motivos étnicos tribales que aluden a pájaros.
76
Asimismo, el vestido presenta un recorte en la cintura de un calado en lino hecho a mano,
para el que se han bordado formas ondulantes y flores, inspirado en el estilo art nouveau.
La terminación del tejido en macramé son múltiples hilos de puro algodón que llegan
hasta el piso. Los breteles, a los que se han bordado piedras a tono, también son flecos
de hilo, de menor medida. La paleta de color es monocromática, un particular verde
esmeralda, asociado culturalmente a la juventud. La piedra preciosa que presenta dicha
tonalidad y lleva el mismo nombre, es valorada desde la antigüedad por los egipcios y
persas, aunque también en América por los incas y aztecas, que le adjudicaban poderes
curativos y mágicos.
El color fue obtenido de forma experimental mezclado tintes, y presenta una leve
variación destinada a diferenciar el tejido exterior de la forrería. En este sentido se afirma
la elección de la alquimia para el desarrollo conceptual del relato, siendo el origen
etimológico de la disciplina la acción de mezclar líquidos.
5.3 La dirección de arte
Debido a que la dirección de un film excede los conocimientos inherentes a la carrera del
presente Proyecto de Grado, se considera pertinente para una comprensión global de lo
que ha sido el rodaje y la edición, relatar de forma cronológica las variables que incluye
cada escena; en lugar de detallar de manera estricta y técnica la escenografía,
iluminación, sonido y demás aspectos como elementos aislados.
El relato comienza con un plano medio donde se observa a una joven sirviendo un líquido
de color verde azulado en un recipiente de vidrio. Luego, se enlaza con un primer plano
en el que se detalla la colocación de los hilos para teñir. Las acciones están
acompañadas desde el sonido, que otorga un halo mágico a la escena.
El mobiliario y la utilería comparten elementos estéticos con el vestuario, aportando a la
escenografía simbolismos que relacionan la situación con un tiempo pasado. Respecto al
color, el punto de tensión de la imagen se halla de forma intencional en el líquido,
77
resaltando la acción de teñir los hilos. Al finalizar, aparece el título en letra negra, que se
funde en una pantalla blanca, representando la transición de una escena a otra y un
punto de quiebre en la historia.
Dicho quiebre es marcado además por una nueva música, el cambio de escenografía,
vestuario y estilismo. En esta instancia la joven lleva el cabello suelto y utiliza el conjunto
pret a porter compuesto por un top y una falda, adquiriendo un estilo más actual en
comparación con el anterior. Mediante un plano general, se ve al personaje caminando
por una habitación con el mobiliario cubierto por sábanas. La costumbre de cubrir los
muebles se asocia a aquellos lugares que han quedado suspendidos en el tiempo, como
por ejemplo casas antiguas sin uso. La ambientación y el nuevo vestuario son indicios de
un cambio de temporalidad respecto a la primera escena.
A continuación, con un plano medio cenital se observa a la joven cerrando la puerta,
reflejándose en ésta. El juego con los espejos permite apreciar un detalle que en el plano
anterior había pasado desapercibido: el particular colgante que lleva puesto, una bola de
cristal, elemento asociado culturalmente al universo esotérico. Al cerrar la puerta, algo
cae y el personaje mira hacia arriba; por lo que la decisión de un plano cenital ha sido con
la intención de acentuar este acontecimiento. Enseguida se enlaza con un plano general
que va de derecha a izquierda, según la óptica del personaje. Desde este ángulo, se ve
un vitraux que guarda relación con la cintura estampada y bordada de la falda. A
continuación se incluye otro plano medio cenital, donde el personaje se agacha para
recoger aquello que ha caído. Se establece además, una relación por medio del color
entre el material desconocido y la joven. Esto se enlaza con un plano detalle de la mano
del personaje, donde se observa que lo que había caído eran hilos.
Acto seguido, la joven sube las escaleras, por lo que se infiere que ha decidido averiguar
qué había pasado. Desde un plano medio en el que se ubican por delante los cristales de
la araña, se ve al personaje perturbado. A su vez, el accesorio que porta sufre una
variación, reflejando una fuerte luz que anticipa un cambio.
78
Luego, desde la óptica de la joven se ve una puerta abierta, hecho que se entiende como
extraño, por la expresión del personaje; que continúa decidido a averiguar qué sucede, ya
que atraviesa la puerta. Esto se visualiza mediante un plano medio corto, que se funde en
una pantalla blanca, enlace hacia la siguiente escena, y segundo quiebre en la historia.
En la nueva escena, que mantiene el encuadre precedente, se observa a una joven
cosiendo. Debido al vestuario que porta y a su estilismo, que se relaciona con el de la
primera escena, es posible asociar la situación con un tiempo pasado que difiere de la
secuencia anterior. Se incluye además un plano detalle, recorriendo la textura que se
estaba trabajando, con motivo de exhibir su complejidad. La música, que acompaña los
sucesos, se acentúa en este momento.
Finalmente, se aprecia otro recorrido desde abajo hacia arriba, mostrando la prenda de
compleja textura siendo portada por el personaje. Este vuelve a llevar el cabello suelto,
estableciéndose un vínculo con la imagen de la joven que encuentra los hilos,
diferenciándose asimismo con el personaje anterior, ligado al pasado.
En esta instancia, el vestuario posee una terminación en flecos de hilos, por lo que se
entiende a la prenda como el producto final del material desconocido. El personaje, se
encuentra otra vez cerrando la puerta de espejos, acceso a la habitación cubierta por
sábanas de la que había salido anteriormente, siendo un acto simbólico. Este recorrido
excede la lógica lineal, con motivo de dejar al espectador en un estado de ambivalencia
respecto a los hechos.
Como se ha explicado, el objetivo del fashion film es mostrar cuatro piezas de
indumentaria de autor, destacando la visión de su creador, que enaltece el trabajo
artesanal como aspecto diferencial de su propuesta. Para esta tarea el proceso creativo
se desarrolló de forma inversa, ya que a partir de los productos finales se construyó el
marco conceptual que dio origen al relato. Cada vestuario presenta simbolismos y tiene
funcionalidad como herramienta comunicativa de una historia que lo contiene, en la cual
79
se muestran indicios de un proceso productivo fuera de lo convencional, cercano al
universo mágico y que culmina en la exhibición final de un vestido de alta costura.
80
Conclusiones
Siendo la presente instancia el apartado final del Proyecto de Grado, se considera
pertinente realizar un breve repaso de lo que ha sido abordado en cada capítulo, con
motivo de dilucidar si los objetivos del trabajo fueron en efecto cumplidos.
Éstos son, en primer lugar; concretar la propuesta creativa, utilizando el fashion film como
medio de expresión de la identidad y visión reflexiva del autor. Teniendo en cuenta que el
aspecto diferencial de los diseños refiere al trabajo artesanal de los textiles, se ha
considerado necesario explorar la potencialidad de la incorporación de procesos
artesanales en la producción de indumentaria, como una estrategia competitiva coherente
a las necesidades del mercado. Para ello se ha desarrollado un análisis integral de la
moda, sosteniendo como premisa que ésta excede la simple concepción de ser una
industria de consumo, representando de forma holística un fenómeno social, cultural y
económico.
El primer capítulo, titulado Escenario de la moda internacional, aborda la industria desde
su historia, con el objetivo de comprender los distintos paradigmas que han atravesado al
sistema y el funcionamiento actual. Bajo este propósito, se ha explicado el desarrollo del
calendario de la moda y difusión de tendencias, así como se han detallado las principales
ciudades que compiten a nivel mundial por el liderazgo y el posicionamiento de
Latinoamérica en este aspecto. Se ha descripto también el papel de los medios de
comunicación, para luego concluir en lo que ha sido el desarrollo de los cortometrajes
aplicados a la imagen de marca.
Habiendo abordado los distintos paradigmas que han atravesado la historia de la moda y
en concreto la postmodernidad, se observa una desarticulación del sistema verticalista
propio de los dos siglos precedentes. La concepción de una única estética regida por las
tendencias de Europa en el primero, sumando a Norteamérica en el siguiente; ha
quedado atrás. El hecho de que la moda se desenvuelva en un entorno globalizado
permitió que capitales cosmopolitas de todo el mundo se posicionen como nuevos focos
81
generadores de creatividad, entre ellos Buenos Aires. Pero no sólo las grandes marcas o
los diseñadores independientes se hacen visibles en Internet, sino que también los
consumidores. El crecimiento de la moda a nivel horizontal se entiende como un proceso
generalizado, en el que la sociedad se orienta a una mayor exaltación de las
individualidades. En este fenómeno se comprueba que una prenda puede poseer un alto
contenido de significación, destacándose por sobre otros bienes de consumo, siendo una
herramienta de expresión de identidad. Este contexto resulta favorable para el diseño de
autor, debido a la mayor apertura de los usuarios a propuestas alternativas.
Asimismo, es un hecho que la postmodernidad presenta una mayor interacción entre las
marcas y sus consumidores; por lo que es evaluado el desenvolvimiento global de éstas
constantemente por el público. Aquello que se comunica y vende excede el valor
intrínseco de la indumentaria, representando un conjunto de atributos que personifican a
las empresas. Este aspecto no es menor ya que por ejemplo, una política de producción
que no contemple la ética o la falta de compromiso con determinada causa social en
auge, adjudicará características negativas a la marca.
En este sentido, se observa una mayor complejidad en lo referido a la planificación
comunicacional, realizando las empresas todo tipo de acciones dirigidas específicamente
a la imagen de marca, más allá de la estrategia de ventas. Bajo este contexto se ha
presentado el fashion film como una herramienta alternativa. Se entiende que esta pieza
audiovisual de carácter artístico difiere de un spot publicitario, al no exponer de forma
directa las prendas con fines comerciales; aunque la relevancia de las mismas está
implícita dentro del relato. La transmisión de un concepto, la exposición de una historia
que provoque al espectador es el objetivo principal, por lo que el fashion film adquiere
elementos propios del cine de autor. Su utilidad se enmarca dentro de la comunicación de
esencia de la marca, de lifestyle e incluso de filosofía.
Se destaca además, que los cortometrajes de moda resultan efectivos para preservar el
universo de fantasía de la alta costura, propio de las marcas de elite; aunque este género
82
guarda una estrecha relación con el diseño de autor, por su naturaleza experimental y
conceptual.
El segundo capítulo, La producción de indumentaria ha tenido como objetivo profundizar
el análisis de la industria, por lo que se han estudiado los distintos tipos de empresas
según su modalidad productiva. En este sentido, se ha explicado el fenómeno
contemporáneo del fast-fashion, caracterizado por el controversial impacto de sus
métodos de fabricación en el entorno y la sociedad. A partir de ello, se ha reflexionado
respecto al rol del diseñador y su responsabilidad en la cadena de suministro. Por último,
entendiendo que todo aquello se que se produce responde a una determinada necesidad
del mercado, se ha incluido en el análisis al consumidor del siglo XXI, para luego
especificar el abordaje en el usuario de indumentaria.
A partir del estudio de las distintas estrategias de respuesta al mercado, manteniendo
constante un análisis de la postmodernidad, se evidencia y comprende el
cuestionamiento público respecto al fast-fashion. La globalización, además de influir en el
circuito de tendencias, propicia a la industria la posibilidad de descentralizar la producción
en regiones subdesarrolladas donde los costos laborales y de almacenamiento son
significativamente menores. Esto beneficia a grandes marcas del rubro masivo,
permitiéndoles operar bajo una estrategia de rápida rotación de productos, presentando
hasta 52 colecciones anuales; una considerable diferencia teniendo en cuenta el
transcurso tradicional del calendario de la moda, con dos colecciones por año
primavera/verano y otoño/invierno. No sólo es denunciada la sobreproducción por el
fomento de la cultura de derroche y el consumo desmedido, sino que también por casos
de abusos a empleados y el impacto medioambiental de la fabricación.
Habiendo evaluado dicho fenómeno y reflexionado respecto al rol del diseñador en la
cadena de suministro, se afirma su importancia en la medida que éste dirige todo el
proceso productivo. En este sentido, se destaca la gestación de un paradigma que
incorpora una nueva concepción del lujo, relacionada a la diferenciación. Esta propuesta
83
prioriza la calidad en pos de una mayor vida útil del producto y la contribución social
mediante el consumo.
Asimismo, habiendo analizado al consumidor del siglo XXI, se concluye como coherente
la perspectiva de una moda lenta, de acuerdo a la evolución las prioridades y
necesidades a nivel social. Se han observado tres tendencias de comportamiento
íntimamente ligadas al concepto del diseño de autor, siendo la oferta de productos
diferenciados una exigencia real.
La primera de ellas refiere a la naturalización de pequeños gustos. En un mercado en el
que se ofrecen infinidad de opciones que van más allá de lo básico para vivir, la
necesidad no es el motivo esencial de compra, sino el deseo. Sin embargo, se ha
advertido un cambio en la actitud del consumidor, al incorporar la idea de merecer una
satisfacción. Es por ello que al momento de seleccionar un producto, sobretodo en bienes
que consuelan al ego, el factor decisivo se halla en la calidad, por sobre la marca o el
precio. La tendencia consta del sujeto optando por lo mejor para sí, dentro de sus
posibilidades.
En relación a lo anterior, la otra conducta contemporánea es el yoísmo, impulsada por la
facilidad que tiene el sujeto de exponerse en las redes sociales y difundir sus ideas. La
producción uniforme típica del período fordista se considera la antítesis del lujo, siendo la
diferenciación la búsqueda central. Bajo este contexto, los productos artesanales,
realizados en reducidas cantidades o fabricados para un cliente particular, adquieren un
alto valor simbólico y de reconocimiento social.
A su vez, se ha destacado una actitud responsable ligada a la evolución del individuo en
cuanto a su comprensión del entorno. En consecuencia, se observa una tendencia que
privilegia aquellos productos que prometen reducir el impacto ambiental o que
contribuyen de alguna forma a la sociedad. Como se ha explicado, el público evalúa
constantemente el desenvolvimiento global de la empresa.
84
Estas tres tendencias confirman una estrecha relación entre la sustentabilidad, el diseño
de autor y la incorporación de procesos artesanales en la producción de indumentaria,
como una estrategia competitiva de acuerdo a las condiciones del mercado actual
El tercer capítulo, Diseño de indumentaria de autor, se ha desarrollado con el objetivo de
completar el análisis de la industria, focalizando en el diseño independiente argentino.
Para ello, se han investigado los factores sociales y económicos que propiciaron su
surgimiento; así como se ha expuesto el estado de situación del rubro, mediante cifras
que indican la composición del segmento, su facturación y diversificación de productos.
Finalmente, enlazando con lo abordado en el segundo capítulo respecto a
sustentabilidad, se exponen cinco casos de emprendimientos de autor en la Argentina
que incorporan dicho concepto en su estrategia, por medio de la implementación de
técnicas artesanales.
Si bien se ha obtenido como primer factor del surgimiento del segmento la ampliación de
la oferta educativa universitaria a mediados de la década de 1980, durante la
restauración democrática, y en particular, la incorporación de la carrera de Diseño de
Indumentaria en la universidad pública; se ha destacado como punto de inflexión decisivo
la crisis socioeconómica de 2001. Muchos creativos que trabajaban en marcas masivas
quedaron desocupados, y se abocaron a formar sus propios emprendimientos a pequeña
escala. El contexto obligó a las marcas a trabajar con los recursos disponibles, viéndose
alejadas de las influencias internacionales. Aquí se produjo el elemental cuestionamiento
respecto a que no resultaba estratégico producir lo mismo que se importaba, teniendo los
fabricantes locales mayores costos, por lo que la creatividad tuvo un gran florecimiento,
ampliado por nuevas generaciones de diseñadores. El apoyo académico hacia la premisa
de trabajar eludiendo las tendencias de los grandes centros de moda, terminó por
configurar el surgimiento de una nueva forma de entender el diseño en la Argentina.
85
Respecto al estado de situación del rubro, se sostiene que las cifras expuestas resultan
representativas, no en términos de facturación, ya que es un segmento con pocos años
de desarrollo y se espera que crezca; sino en cuanto a la potencialidad de diversificación.
El diseño de autor no abarca exclusivamente la indumentaria, sino el calzado, lencería,
bijouterie, bolsos, carteras y demás accesorios; evidenciando que la búsqueda de
diferenciación por parte del consumidor contempla toda una familia de productos. Esto
abre grandes posibilidades de expansión para los proyectos que presentan una sólida
identidad propia, y asimismo, permite que las empresas de diseño de autor compitan en
distintos ámbitos del mercado de la moda y puedan generar de forma directa e indirecta
mayor cantidad de empleos.
Finalmente, los cinco casos expuestos evidencian la conclusión a la que se había llegado
en la instancia anterior, que sostiene el potencial competitivo de la relación entre la
sustentabilidad, los procesos artesanales y el diseño autor. Esta manera de encarar el
negocio de la moda permite ofrecer no sólo productos diferenciales desde el aspecto
estético, sino que también la satisfacción de un consumo responsable. Se destaca como
beneficioso este abordaje para la imagen de marca y la obtención de apoyo
gubernamental para el desarrollo de un emprendimiento. Asimismo, se considera
necesario el trabajo en conjunto del sector público y privado para la expansión de la
industria.
El cuarto capítulo, Procesos artesanales en la producción de indumentaria, ha sido
planteado como nexo entre el abordaje de la industria precedente y la propuesta creativa,
donde, entre otros aspectos, se destaca el trabajo textil artesanal como rasgo distintivo
de la identidad del autor. Retomando el concepto de marca-país, incorporado en el
análisis del primer capítulo respecto a la geografía de la moda; se ha reflexionado acerca
de la existencia de una identidad nacional que contenga las distintas expresiones de
diseño. Luego, se detalla una serie de técnicas artesanales, exponiendo su relevancia
desde la noción de patrimonio cultural inmaterial.
86
Mediante un relevamiento histórico se han observado una serie de factores que
obstaculizan una clara definición de identidad nacional; como el hecho de constituirse la
idiosincrasia del país bajo la influencia de múltiples inmigrantes o la común creencia que
enaltece la producción foránea frente a la regional. Sin embargo, han sido reconocibles
prácticas comunes en el diseño de autor, ligadas al trabajo artesanal y a la
experimentación tanto textil como morfológica; por lo que se considera a éste el camino
coherente hacia la definición de una identidad y el medio más efectivo para la creación de
los productos más interesantes.
Asimismo, se ha comprobado que son infinitas las posibilidades de diseño mediante la
combinación de procesos artesanales. Éstos pueden representar la construcción total de
una prenda o parte de ella; así como la intervención textil previa a la confección o luego
de ésta. Los productos poseen un alto valor agregado por el tiempo y dedicación que
requiere su realización. El hecho de que una persona lleve a cabo un proceso extra y sin
la ayuda de una maquinaria convierte a la prenda en un objeto funcional íntimamente
ligado al arte.
Se ha observado también, el valor que adquiere lo artesanal en relación al concepto de
patrimonio cultural inmaterial, al ser reflejo del saber heredado que constituye una parte
esencial de la idiosincrasia de un pueblo. Este tipo de bienes ostentan una belleza
metafórica, ligada a la utopía de superar las barreras del tiempo, mediante un objeto que
conserva rasgos del pasado, pero funcional en el presente y futuro. La estrecha relación
identitaria que se establece con el sujeto portador y el alto grado de significación del bien,
impiden su rápido desecho. Se trata de prendas únicas, con detalles especiales y
confección de calidad, por lo que es probable que cuando el sujeto decida no utilizarla
más, se la regale a un ser querido o la refaccione.
Por último, el quinto capítulo denominado Alquimia, un fashion film de diseño de autor, se
ha desarrollado con el propósito de complementar desde el aspecto teórico la propuesta
creativa. El proyecto se centra en la expresión propia del autor y en la construcción de
87
una identidad profesional. Con el objetivo de unificar los conocimientos adquiridos a lo
largo de la carrera, y siendo la propuesta una síntesis del desarrollo de la estética del
alumno; se han seleccionado prototipos realizados en distintos asignaturas, para
otorgarles funcionalidad bajo una misma línea conceptual.
En esta tarea, se ha observado el trabajo artesanal de las texturas como característica
común y rasgo distintivo de la identidad del diseñador, aspecto coherente a la temática
del Proyecto de Grado.
Debido al desarrollo artesanal, los indumentos adquieren la concepción de pieza única,
afín al significado que un vestuario representa; entendiéndose a éste como un objeto
creado para una situación de uso puntual, bajo parámetros específicos, en función de una
comunicación artística determinada. En este sentido, la selección del recurso audiovisual
como método de expresión tampoco es azarosa.
Asimismo, el marco inspiracional del film guarda relación con el abordaje sociológico
utilizado en el análisis de la industria, expuesto a lo largo de los capítulos precedentes.
Habiendo tomado como punto de partida el estudio del sujeto postmoderno, desde una
perspectiva más filosófica, se ha profundizado la comprensión del proceso de
individualización, íntimamente relacionado con el diseño de autor. A partir de ello, fue
posible establecer nuevas conexiones que nutrieron desde el aspecto creativo al trabajo,
vinculando dicho fenómeno con la macrotendencia denominada como mito moderno y
obteniendo elementos conceptuales para el desarrollo innovador del relato en torno al
significado del tejido como constructor de identidad.
Como conclusión final, se consideran superados los objetivos del proyecto, aportando en
cada capítulo elementos que evidencian la incorporación de procesos artesanales en la
producción de indumentaria como una estrategia competitiva que responde de forma
lógica a las nuevas necesidades del mercado de la moda.
A su vez, se advierte que la temática excede lo abordado en el presente escrito,
existiendo más técnicas textiles que las explicadas o enfoques distintos respecto al
88
rendimiento de las mismas; siendo éste un potencial punto de partida para nuevos
análisis. Se considera oportuno, por ejemplo, indagar respecto a la planificación
estratégica de una producción basada en la dicotomía artesanal-industrial, contribuyendo
de esta forma a la eficiencia del sector.
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