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La Doctrina de Dios: Teología y Revelación

Este documento presenta una introducción a la doctrina de Dios desde una perspectiva teológica. Explica que la teología es el estudio de Dios y que existen tres categorías principales: teología natural, teológica bíblica y teología sistemática. Luego discute la cognoscibilidad de Dios, afirmando que aunque Dios es infinito, también se ha revelado a sí mismo a través de Jesucristo y es posible conocerlo. Finalmente, presenta argumentos sobre la existencia de Dios basados en la razón y la

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La Doctrina de Dios: Teología y Revelación

Este documento presenta una introducción a la doctrina de Dios desde una perspectiva teológica. Explica que la teología es el estudio de Dios y que existen tres categorías principales: teología natural, teológica bíblica y teología sistemática. Luego discute la cognoscibilidad de Dios, afirmando que aunque Dios es infinito, también se ha revelado a sí mismo a través de Jesucristo y es posible conocerlo. Finalmente, presenta argumentos sobre la existencia de Dios basados en la razón y la

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45

Capítulo dos
La doctrina de Dios
Teología

INTRODUCCIÓN

El estudio de Dios es de gran importancia, ya que Él es el sumo bien de


la humanidad. Juan Calvino dijo: «Casi toda la sabiduría que poseemos, es
decir, la sabiduría sana y verdadera, consiste de dos partes: el conocimiento de
Dios y el conocimiento de nosotros mismos».1 Por tanto, para conocernos a
nosotros mismos debemos conocer, hasta cierto punto, a Dios y su voluntad
para nuestras vidas.

Teología es el estudio de Dios. El término teología procede de dos palabras


griegas: theos, que significa Dios y logos, que significa «idea, palabra, discurso,
debate, razón, estudio». Por medio de la teología entendemos y desarrollamos
la doctrina de Dios. En general, hay tres categorías de teología:

(1) Teología natural — El estudio de Dios en el universo y la naturaleza

(2) Teología bíblica — El estudio de Dios en las Escrituras

1 Juan Calvino, La institución de la religión cristiana (Edimburgo, Escocia: T. & T. Clark, 1845).
46 FUNDAMENTOS DE LA TEOLOGÍA PENTECOSTAL, VOL. 1

(3) Teología sistemática — El estudio sistemático de Dios apoyado


en las Escrituras y el razonamiento científico, filosófico y ético.

Aunque la teología cristiana se basa principalmente en las Sagradas


Escrituras y en la revelación de Dios a través de Jesucristo, su Hijo, hay
también argumentos intelectuales y filosóficos que ayudan a comunicar la
verdad de Dios. En consecuencia, este libro también utilizará recursos siste-
máticos y formales para comunicar teología y doctrina. En el contexto de la
doctrina de Dios, usaremos el término teología para describir específicamente
el estudio de la existencia, la naturaleza, los nombres, los atributos y las obras
de Dios.

I. La cognoscibilidad de Dios

A. Más allá de la comprensión humana

Dios es infinito. En un sentido, Él es incomprensible. ¿Cómo pueden


seres finitos comprender al Dios infinito e ilimitado? ¿Cómo puede el ser
creado entender plenamente al Creador? Isaías 55:8-9 declara: «Porque mis
pensamientos no son sus pensamientos ni sus caminos son mis caminos, dice
el SEÑOR. Como son más altos los cielos que la tierra, así mis caminos
son más altos que sus caminos, y mis pensamientos más altos que sus pen-
samientos». El apóstol Pablo exclamó: «¡Oh profundidad de las riquezas,
de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán incomprensibles son sus
juicios e inescrutables sus caminos!» (Ro. 11:33). La plenitud de la naturaleza,
planes y designios de Dios exceden en gran manera los límites de la compren-
sión humana.

B. Cognoscible

Aunque Dios es infinito, es también profundamente cognoscible. A


través de Jesús, Dios se ha revelado claramente a la humanidad. Pablo escribió
que Jesús es: «…la imagen del Dios invisible…» (Col. 1:15). La epístola a
los Hebreos dice de Jesús que es «resplandor» y «expresión exacta» de Dios
La doctrina de Dios • Capítulo Dos 47

(He. 1:3). Jesús dice en el Evangelio de Juan: «…El que me ha visto a mí, ha
visto al Padre…» (Juan 14:9, RVR). Aunque el hombre sin ayuda no puede
llegar a conocer plenamente al Dios infinito, es obvio que Él se ha revelado
a sí mismo y puede ser conocido al grado donde llega su propia revelación.
De hecho, la redención y la vida eterna se fundamentan en conocer a Dios:
«Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a
Jesucristo a quien tú has enviado» (Juan 17:3). Aun así, este conocimiento es
limitado hasta que lleguemos a nuestro hogar celestial: «Ahora vemos oscu-
ramente por medio de un espejo, pero entonces veremos cara a cara. Ahora
conozco en parte, pero entonces conoceré plenamente, así como fui cono-
cido» (1 Co. 13:12). Aunque Dios es infinitamente mayor a la comprensión
humana, no deja de ser íntimamente cognoscible.

II. La existencia de Dios

A. El valor de los argumentos en cuanto a la existencia de Dios

Algunos cuestionan el valor de formular argumentos referentes a la exis-


tencia de Dios. Consideran que la creencia en la existencia de Dios es prin-
cipalmente una cuestión de fe. Incluso las Escrituras dedican poco o ningún
espacio a argumentar en cuanto a la presencia de un Creador. Las Escrituras
comienzan con la certidumbre de Dios: «En el principio creó Dios los cielos
y la tierra» (Gn. 1:1). En su mayor parte, la Biblia comunica la existencia de
Dios como una realidad que se ha de recibir por fe o se ha de rechazar. Aun
así, esta fe no contradice la razón o el mundo natural. El salmista cantó: «Los
cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos»
(Sal. 19:1). Pablo escribió que quienes rechazan a Dios son responsables de
su propia rebelión: «Porque lo invisible de él —su eterno poder y deidad— se
deja ver desde la creación del mundo, siendo entendido en las cosas creadas de
modo que no tienen excusa…» (Ro. 1:20). Las Escrituras respaldan la validez
de una teología natural. No obstante, aunque la teología natural apunte hacia
un Creador cognoscible, no ofrece solución real para el problema del pecado
(Juan 1:29). Es importante reconocer que los argumentos limitados de seres
finitos no pueden comunicar plenamente la existencia de un Dios infinito.
Por lo cual, los argumentos siguientes no pretenden sustituir la revelación
48 FUNDAMENTOS DE LA TEOLOGÍA PENTECOSTAL, VOL. 1

bíblica, conferida por el Espíritu Santo. Más bien, garantizan que el mundo
natural confirma, defiende y refuerza la revelación sobrenatural de Dios.

B. Argumentos sobre la existencia de Dios

1. El argumento basado en el razonamiento: La primera fase del


argumento que parte del razonamiento gira en torno al concepto de “causa y
efecto”. La existencia humana toma lugar dentro del contexto de la materia
y el movimiento. La existencia de la materia y el movimiento tiene tres
explicaciones posibles: (1) existen eternamente, (2) surgieron de la nada o (3)
fueron causados. Es improbable que el universo exista eternamente, ya que
toda la evidencia apunta a un universo cuya energía se está disipando en lugar
de aumentar. Según la segunda ley de la termodinámica, el sol y las estrellas
están perdiendo energía en considerable proporción. Los materiales radiactivos
también están perdiendo su radiación. Además, estudios espectrográficos
revelan cómo todos los cuerpos celestiales se están alejando de su centro. Esta
información parece indicar que el sol y las estrellas comparten un mismo
punto de origen y un principio decisivo. En segundo lugar, el argumento de
que la materia y el movimiento surgieron de la nada es una contradicción. El
antiguo filósofo griego Parménides, argumentó que «nada procede de la nada».
Por lo tanto, la explicación más razonable es que la materia y el movimiento
fueron creados en un momento específico por una causa inicial. La mayoría
de los científicos cree que el universo tiene entre cinco y veinte billones de
años. Algunos proponen que su principio tuvo lugar a través de una serie de
surgimientos o es la obra de un creador impersonal. Considerando la gran
complejidad del universo, es lógico considerar que la existencia del universo
sea obra de un Creador inteligente.

Otro punto para respaldar el argumento basado en el razonamiento, es


que los seres humanos parecen albergar la creencia innata de la existencia de
un Creador. Los sociólogos y los científicos han demostrado repetidamente
la evidente propensión natural a creer en Dios o dioses. Todos los grupos
étnicos parecen tener fundamentos históricos y culturales profundamente
arraigados en la adoración a una deidad y prácticas religiosas. Esto no significa
que todos los pueblos tengan una creencia en Dios totalmente desarrollada.
La doctrina de Dios • Capítulo Dos 49

No obstante, parece indicar que la creencia religiosa y la propensión de rendir


culto a una deidad son naturales para el ser humano.

2. El argumento basado en la naturaleza: Casi todo lo que existe en la


naturaleza parece tener diseño y propósito inteligente. Hay un admirable
equilibrio e interconectividad en el mundo natural. Por ejemplo, la tierra
está inclinada sobre su eje con relación al sol, y de ese modo hace posible las
estaciones y una óptima distribución de luz y de calor durante todo el año.
La distancia entre la tierra y el sol es ideal para evitar un calor abrasador y un
frío glacial.

La composición química de la atmósfera es perfecta para el desarrollo de


la vida animal y vegetal. La proporción de tierra y agua sobre la superficie de
la tierra provee la cantidad apropiada de lluvia y humedad. Incluso los vientos
y corrientes marinas aportan la cantidad justa de enfriamiento y calor para
fomentar y sostener la vida.

Un estudio del agua también indica un diseño divino y un orden en


la naturaleza. El agua es una de las sustancias más comunes sobre la tierra.
Aunque la mayoría de las sustancias se tornan más densas a medida que baja
la temperatura, el agua se expande y se vuelve menos densa cuando se congela.
En forma de hielo, flota sobre la superficie de los lagos, ríos y mares. Si el agua
se tornara más densa en su estado sólido, muchos cuerpos acuáticos nunca se
descongelarían, lo que haría que la superficie de la tierra fuera glacial e inha-
bitable. Ciertamente, tal variación de diseño apunta hacia un Creador sabio.

Más allá de la utilidad de la naturaleza, los espléndidos paisajes y los


sonidos del mundo natural proclaman un Creador que diseñó los oídos y
los ojos para que experimenten la belleza y el placer. Creer que una fuerza
impersonal o un proceso casual fueron la causa de un universo tan extraor-
dinario y ordenado parece ilógico. A medida que los descubrimientos cien-
tíficos avanzan, las palabras del salmista resuenan perpetuamente verdaderas:
«Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus
manos» (Sal. 19:1).
50 FUNDAMENTOS DE LA TEOLOGÍA PENTECOSTAL, VOL. 1

3. El argumento histórico: El argumento basado en la historia descansa


sobre la base de la divina providencia. Aunque Dios no causa cada evento en
particular, Él está en control de la corriente de eventos que, finalmente, lleva
a cabo sus grandes propósitos. Dios ha cumplido, a través de la historia, las
profecías de las Escrituras. Un patrón perceptible, centrado en Jesucristo, está
divinamente entretejido a través de toda la Biblia, como también en la historia
de la humanidad. El propósito de Dios en Cristo se ve tanto en la historia
documentada como en la indestructibilidad de Israel a través de los siglos
(Gn. 12:13; Is. 52:10-53:12). Este propósito es aún más evidente a través del
Nuevo Testamento, en la encarnación, vida, muerte y resurrección de Cristo,
así como en el triunfo histórico de la iglesia sobre las diversas oposiciones.
Muchos eventos clave en la historia de la humanidad apuntan a un Dios que
está en control.

4. El argumento basado en la condición humana: las características


distintivas y la naturaleza moral de los seres humanos señalan la existencia
de un Creador. La Palabra de Dios declara que el ser humano se define de
manera única como un ser creado a la imagen de Dios:

“Entonces dijo Dios: «Hagamos al hombre a nuestra


imagen, conforme a nuestra semejanza, y tenga dominio
sobre los peces del mar, las aves del cielo, el ganado, y en
toda la tierra, y sobre todo animal que se desplaza sobre
la tierra». Creó, pues, Dios al hombre a su imagen; a
imagen de Dios lo creó; hombre y mujer los creó” (Gn.
1:26-27).

Puesto que los seres humanos han sido creados a semejanza de Dios, se
distinguen singularmente de todas las demás cosas creadas. Esa singularidad
patente se manifiesta en el dominio que los humanos ejercen sobre las cria-
turas de la tierra, así como por su capacidad y anhelo de tener comunión con
Dios. Los seres humanos también expresan su semejanza a Dios en su natu-
raleza moral, sentido del deber y en el hecho de poseer una conciencia. Pablo
escribió que la conciencia humana demuestra «la obra de la ley escrita en su
corazón» (Ro. 2:15). C. S. Lewis dijo:
La doctrina de Dios • Capítulo Dos 51

Estos son los dos puntos que quería establecer. Primero,


que, en todo el mundo, los seres humanos tienen esta
curiosa idea de que debieran comportarse de cierta
manera, de la cual no pueden librarse. En segundo
lugar, que en realidad no se comportan de esa manera.
Conocen la Ley de la naturaleza y la quebrantan. Estos
dos hechos son el fundamento de todo pensamiento
claro acerca de nosotros mismos y del universo en
que vivimos.2

La conciencia humana en conflicto indica que un Dios personal le res-


ponsabiliza de su conducta y de sus actitudes. El ser humano fue creado
para tener comunión con Dios y ceder la capacidad que ha recibido de Él
a su voluntad y su autoridad. Cuando los seres humanos rehúsan reconocer
los propósitos que Dios ha establecido, viven con una conciencia culpable.
Aunque es posible cauterizar la conciencia o acallarla mediante el autoen-
gaño, toda persona intentará indefectiblemente forjarse una escala de valores
que sustente la dignidad de su vida. Al intentar defender o justificar la recti-
tud moral de su existencia, el ser humano reconoce que ha sido creado con
un propósito.

5. El argumento basado en las Escrituras: Este argumento descansa en la


validez de sus demandas y en su exactitud. La Biblia declara que es Palabra
inspirada de Dios (Jer. 1:1-13; 1 Co. 2:12-13; 2 Ti. 3:16-17; 2 P. 1:20-
21). Muchos han cuestionado la exactitud de la Biblia, pero los hallazgos
arqueológicos han confirmado repetidamente su precisión. El famoso
arqueólogo Dr. W. F. Albright escribió: «Nada que tienda a perturbar la fe
religiosa judía o cristiana ha sido descubierta… Un descubrimiento tras otro
ha establecido la exactitud de innumerables detalles, y ha incrementado el
reconocimiento del valor de la Biblia como libro de referencia histórica».3
Ningún otro libro que brinde una moral elevada y enseñanza espiritual se

2 Clive Staples Lewis, Mere Christianity, (New York, Macmillan and Company, 1952) 21. C. S. Las
obras de Lewis presentan de modo eficaz el mensaje cristiano a las personas cultas. Edición en español:
Editorial RIALP, 1995
3 William Foxwell Albright, The Archaeology of Palestine and the Bible (Old Tappan, NJ: Fleming H.
Revell Publishing Company, 1933) 127, 128.
52 FUNDAMENTOS DE LA TEOLOGÍA PENTECOSTAL, VOL. 1

puede comparar con la Biblia. Nunca cesa de hablar con poder y salud sobre
los problemas más profundos del alma y del espíritu humano.

C. Teorías erróneas acerca de Dios

La Biblia enseña que Dios es omnisciente y el Creador todopoderoso, de


todas las cosas. Él es justo y santo, sin dejar de ser amoroso y misericordioso.
Es trascendente (sobre la creación y distinto a ella), pero también es inma-
nente (se involucra y habita con su creación). Él es un Dios personal que busca
tener comunión con su pueblo redimido. Castiga la rebelión absoluta con la
muerte eterna y recompensa la fe con la vida eterna por medio de su Hijo
y Mediador, Jesucristo. Es el Ser Supremo; Padre, Hijo y Espíritu Santo. Él
declaró la existencia de un universo inmensurable, sin embargo, no pasa por
alto la caída de un gorrión y escucha el clamor más débil. Él hizo las galaxias,
pero se rebajó al pesebre de Belén. Los creyentes tiemblan ante su majestad,
pero también buscan solaz en su amor incondicional. Este es el Dios de los
cristianos. Sin embargo, también existen diferentes puntos de vista sostenidos
por aquellos que ignoran la doctrina de las Escrituras acerca de Dios.

1. El ateísmo: Los ateos niegan la existencia de toda deidad. Creen que


el universo llegó a la existencia por casualidad, o que siempre existió y que
está sujeto a leyes internas e impersonales. Hay dos clases de ateos: (1) el ateo
filosófico que niega la existencia de Dios y (2) el ateo práctico que vive como
si Dios no existiera.

2. El agnosticismo: Los agnósticos no niegan la existencia de Dios. Mas


bien, niegan la posibilidad de saber si verdaderamente Él existe o no. El profesor
Thomas Huxley tomó la palabra agnóstico de la inscripción «Agnosto Theo»
(el dios no conocido) hallada en el altar ateniense al que el apóstol Pablo hace
referencia en Hechos 17:23. Pablo hizo esta referencia al dios no conocido de
una manera muy distinta a Huxley. De hecho, se refirió «al dios no conocido»
como Dios único y verdadero. En cambio, las otras deidades atenienses solo
eran héroes humanos o mitos elevados al rango de dioses por los griegos. Todo
el mensaje de Pablo se centró en declarar la «cognoscibilidad» de Dios. Los
agnósticos cuestionan la capacidad humana de conocer a Dios. Sin embargo,
la Biblia asegura a toda persona que Dios está cerca y que es cognoscible.
La doctrina de Dios • Capítulo Dos 53

3. El materialismo: Los materialistas niegan la existencia del espíritu o de


seres espirituales. Creen que la realidad no es más que materia en movimiento.
Los materialistas creen que el alma y la mente humana solo son funciones
físicas del cerebro desarrollado a lo largo de millones de años por evolución
gradual. Según este concepto de la existencia, no hay vida después de la
muerte; el cielo y el infierno son únicamente estados de placer o de dolor, de
éxito o de fracaso. Si los materialistas son consistentes en su lógica, no tienen
base real para la moralidad porque hacer bien se reduce a producir máximo
placer al mayor número de personas. Bajo la cosmovisión materialista no hay
razón para que el individuo sienta la profunda obligación de ser moral, salvo
evitar perder la estima, porque no hay juicio superior al del nivel humano y el
pecado no es más que un asunto de imperfección.

4. El panteísmo: Los panteístas creen que todo es Dios o que no hay


separación entre Él y el mundo natural. El término procede de theos, que
significa «dios» y pan, que significa «todos». Los filósofos Spinoza y Hegel
fueron los panteístas europeos más conocidos. El hinduismo y el taoísmo
tienen su origen en el panteísmo y otras religiones orientales. El panteísmo
argumenta en contra del concepto de un Dios personal. Más bien, la
iluminación espiritual se considera como el estado de nirvana: sin deseos, sin
pasiones y sin alma.

5. El politeísmo: Los politeístas creen en muchos dioses. La palabra


procede del griego poli, que significa «muchos» y theos, que significa «dios».
Muchas culturas antiguas creían que cada aspecto de la naturaleza estaba
gobernado por un dios o una diosa. Algunos grupos étnicos creían que sus
héroes tribales se habían convertido en dioses que controlaban los ríos, la
lluvia, la agricultura, las pasiones humanas, varios planetas, estaciones del
año y otros fenómenos naturales o sobrenaturales. Los vecinos de Israel eran
politeístas y en reiteradas ocasiones el politeísmo corrompió la adoración de
Israel, aun cuando la Biblia condena firmemente la creencia y la adoración a
otros dioses (Is. 44:9-20).

6. El deísmo: Esta palabra procede del latín deus, que significa «dios».
Los deístas creen en un Dios trascendente, pero «ausente». Este Dios creó el
universo y la humanidad, pero dejó que su creación se sustentara a sí misma
54 FUNDAMENTOS DE LA TEOLOGÍA PENTECOSTAL, VOL. 1

obedeciendo leyes naturales. Los deístas normalmente niegan la naturaleza


pecaminosa de la humanidad y la necesidad de expiación o de un redentor.
Los deístas creen que Dios se mantiene distante. Rechazan los milagros, así
como la inspiración divina de las Escrituras.

7. El dualismo: Los dualistas creen en la existencia de dos ámbitos


opuestos e iguales. Estos pueden concebirse como el espíritu contra la
materia, la luz contra la oscuridad, el bien contra el mal. Zoroastro, filósofo
persa y contemporáneo de Moisés, fue el primero que recurrió a la idea de
dos dioses de igual poder, ninguno de los cuales triunfa sobre el otro. La
Biblia nos enseña lo bueno y lo malo; sin embargo, Satanás y Dios no son
iguales en fuerza, autoridad, poder o sustancia. Satanás es un ser creado. ¡Dios
es Dios! El reino de Dios triunfará sobre Satanás. La luz y la vida de Dios
derrotarán todo el mal y las tinieblas. Los agnósticos y los maniqueos, en los
tiempos post-apostólicos, fueron dualistas, enseñaban que toda materia era
mala y que solo el espíritu era bueno. El Nuevo Testamento no presenta un
punto de vista dualista de la materia y el espíritu. Las Escrituras enseñan que
las cosas materiales pueden ser buenas y útiles para el reino de Dios cuando
son administradas con mayordomía consagrada y sometida a Dios y sus
propósitos. Véase 1 Corintios 3:21-23 y 1 Timoteo 6:17. En definitiva, el
dualismo niega el poder de encarnación del evangelio de Jesucristo.

III. La naturaleza de Dios

Es importante estudiar la naturaleza de Dios con humildad y reverencia,


porque la esencia maravillosa de Dios supera la comprensión humana. Dios
proclamó por medio del profeta Isaías: «Como son más altos los cielos que
la tierra, así mis caminos son más altos que sus caminos, y mis pensamientos
más altos que sus pensamientos» (Is. 55:9). Aun así, Dios nos ha revelado lo
necesario de su naturaleza esencial para servirle y adorarle. Aunque la Biblia
no provee una definición completa de Dios, es importante articular un con-
cepto de la naturaleza divina que concuerde con las Escrituras. Las siguien-
tes definiciones históricas sirven como un buen punto de partida: «Dios es
Espíritu, infinito, eterno e inmutable en su ser, sabiduría, poder, santidad,
justicia, bondad y verdad».4 Varias declaraciones bíblicas acerca de Dios
La doctrina de Dios • Capítulo Dos 55

también nos ayudan a definir diversos aspectos de su naturaleza: «Dios es


Espíritu…» (Juan 4:24), «Dios es luz…» (1 Juan 1:5), «…Dios es amor» (1
Juan 4:8) y «…Dios es fuego consumidor» (He. 12:29). La siguiente sección
se centrará en cuatro aspectos de la naturaleza divina.

A. Dios es Espíritu

La declaración de que Dios es Espíritu significa que no está limitado a un


cuerpo físico o a las dimensiones de espacio y tiempo. Él es el Dios invisible
y eterno. «A Dios nadie lo ha visto nunca; el Hijo unigénito, que es Dios y
que vive en unión íntima con el Padre, nos lo ha dado a conocer» (Juan 1:18).
Jesús señaló que una persona debe «nacer del Espíritu» para entrar en el reino
de Dios (Juan 3:5). Por cuanto «Dios es Espíritu…es necesario que los que le
adoran, lo adoren en espíritu y en verdad» (Juan 4:24).

Cuando las personas intentan captar el concepto de que Dios es Espíritu,


surgen algunas dificultades. En primer lugar, algunos pasajes bíblicos parecen
representar a Dios con rasgos humanos como ojos, oídos o brazos (Is. 52:10;
Sal. 34:15). Estas referencias son también figuras gramaticales llamadas antro-
pomorfismos (esto es, «semejantes al ser humano»). Cuando se dice que Dios
tiene «oídos» para oír el clamor o «brazos» para ayudar, se emplea un lenguaje
figurado para ayudar al lector a comprender a Dios en términos humanos
reconocibles. Aunque se usan metáforas humanas para describir ciertos atri-
butos de Dios, es importante entender que la naturaleza de Dios contrasta
con los límites humanos:

«¿A quién, pues, me harán semejante, para que yo sea su


igual?, dice el Santo. Levanten en alto sus ojos y miren
quién ha creado estas cosas. Él saca y cuenta al ejército
de ellas; a todas llama por su nombre. Por la grandeza
de su vigor y el poder de su fuerza, ninguna faltará.
¿Por qué, pues, dices, oh Jacob; y hablas tú, oh Israel:
«Mi camino le es oculto al SEÑOR, y mi causa pasa
inadvertida a mi Dios»? ¿No lo has sabido? ¿No has oído
que el SEÑOR es el Dios eterno que creó los confines
56 FUNDAMENTOS DE LA TEOLOGÍA PENTECOSTAL, VOL. 1

de la tierra? No se cansa ni se fatiga, y su entendimiento


es insondable» (Is. 40:25-28).

El Espíritu Eterno no necesita ojos para ver la necesidad de la gente,


ni se cansa en su actividad redentora. Dios no está limitado por restriccio-
nes terrenales.

Otra dificultad para entender que Dios es Espíritu es que, en el Antiguo


Testamento, a veces Dios es representado con apariencia humana (véase Gn.
17-19; Jos. 5:13-15). Por ejemplo, Dios se apareció a Abraham para asegu-
rarle que tendría un hijo de la promesa que bendeciría a todas las naciones.
Esta aparición y otras manifestaciones visibles de Dios se llaman teofanías. No
obstante, tales apariciones no contradicen la realidad de Dios como Espíritu.
Aunque Dios es Espíritu en esencia, también puede tomar la forma que mejor
se adapte a sus propósitos.

El mayor misterio en la comprensión de Dios como Espíritu, se encuentra


en lo que Dios Hijo hizo cuando tomó forma humana a fin de convertirse
en el Redentor, Sumo Sacerdote y Rey Eterno del creyente. Aunque Dios es
Espíritu, el Hijo de Dios se convirtió en la manifestación encarnada de Dios.
Es decir, Jesús fue la encarnación de Dios, habitando entre nosotros. Jesús le
dijo a Felipe: «…El que me ha visto, ha visto al Padre…» (Juan 14:9). Aunque
Jesús fue la encarnación de Dios, Él no estaba limitado por la carne. Después
de la resurrección, Jesús poseyó un cuerpo espiritual que no estaba sujeto a
limitaciones físicas naturales, (Juan 20:19-29), aunque hay algunas indicacio-
nes de que Jesús puede, en su cuerpo espiritual, llevar eternamente las marcas
del sufrimiento en el Calvario.

B. Dios es perfecto

Jesús dijo a sus discípulos: «Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro
Padre que está en los cielos es perfecto» (Mt. 5:48, RVR). Dios es la perfec-
ción, la verdad y la santidad completa. Todos sus caminos son justos. Él es
justicia pura y amor completo. Sus caminos y su ser son irreprochables. No
hay nada sucio, inmundo o incompleto en Dios. Él es santo y, por lo tanto,
completamente perfecto (Lv. 11:44; 1 P. 1:16).
La doctrina de Dios • Capítulo Dos 57

C. Dios es personal

Un ser personal es consciente de sí mismo, posee intelecto, sentimiento


y voluntad. El Dios de las Sagradas Escrituras es personal. Aunque Dios es
trascendente, y permanece aparte del universo como su Creador, al mismo
tiempo es un Dios inmanente que reside en su creación, preservándola y cui-
dándola como Padre celestial.

La personalidad de Dios es revelada en su trato con Moisés cuando le


declaró su nombre personal Yahweh (Éx. 3:14; Éx. 6:2-3), dejando en claro
su identidad y reflejando su carácter. El nombre de Dios, Yahweh, deriva del
verbo hebreo «ser». Una traducción posible de Yahweh es «YO SOY EL QUE
SOY». Al revelar a Israel su nombre significativo, Dios demostró que Él no era
solamente un alma impersonal del universo, sino un Dios que se relaciona,
que es personal y lo demuestra a través de sus acciones. Como ser inteligente,
Dios habló y estableció un pacto con los israelitas. Él respondió a las pregun-
tas de Moisés, como quien empatiza, se compadece y responde a los temores,
ansiedades y sentimientos humanos. Él personalmente escogió a un hombre
para llevar a cabo su voluntad y conducir a Israel como nación testigo entre
las naciones. Escuchó los gemidos de su pueblo en Egipto y su angustia fue
importante para Él. No fue una fuerza distante, indiferente e impersonal, la
que guió a los israelitas, sino un Dios personal.

El despliegue más convincente de la naturaleza personal de Dios tuvo


lugar en la obra redentora de Jesucristo, «el cual, siendo en forma de Dios, no
estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí
mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando
en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente
hasta la muerte, y muerte de cruz» (Fil. 2:6-8). Dios literalmente, no reparó
en gastos para salvar a sus hijos de sus propios pecados. Se hizo carne, dando
su propia vida como sacrificio perfecto por los pecados de sus criaturas. Tal
amor redentor no puede proceder de un principio impersonal; el amor es una
característica personal de un Dios personal.
58 FUNDAMENTOS DE LA TEOLOGÍA PENTECOSTAL, VOL. 1

D. Dios es uno

La Ley de Dios dada en el Sinaí comienza con la declaración: «Escucha,


Israel: el SEÑOR nuestro Dios, el SEÑOR uno es» (Dt. 6:4). Las naciones
que rodeaban a Israel adoraban a muchos dioses falsos representados por imá-
genes e ídolos. La caída de Israel se produjo a causa del constante coqueteo
del pueblo con esas deidades. Cuando Acab, el rey de Israel, abrió la puerta
al culto a Baal, un dios falso de la naturaleza, Elías confrontó el culto a este
ídolo desafiando a los sacerdotes de Baal y Asera a un concurso espectacular
con Jehová, el Dios viviente (1 R. 18:21-40). Jehová respondió la oración de
Elías consumiendo con fuego un sacrificio encharcado en agua. En respuesta
a este milagro, los israelitas reconocieron unánimes que Jehová es el único
Dios verdadero. En consecuencia, la tendencia catastrófica hacia el politeísmo
fue temporalmente detenida.

El llamado inflexible a adorar al único Dios verdadero resuena a través


de las Escrituras. Isaías declaró: «Así ha dicho el SEÑOR, Rey de Israel, y su
Redentor, el SEÑOR de los Ejércitos: “Yo soy el primero y yo soy el último,
y fuera de mí no hay Dios”» (Is. 44:6). Jesús expuso la misma gran verdad
cuando oró al Padre: «Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único
Dios verdadero, y a Jesucristo a quien tú has enviado» (Juan 17:3). El apóstol
Pablo elogió a los tesalonicenses por haberse apartado de los dioses falsos y
convertido al Dios verdadero (1 Ts. 1:9). Algunos piensan que la religión
evolucionó del animismo y del politeísmo al monoteísmo. Sin embargo, la
evidencia arqueológica y misiológica indica que las culturas antiguas fueron
originalmente monoteístas antes de desarrollar una noción cada vez más per-
vertida de Dios. Aunque abordaremos más adelante un entendimiento ade-
cuado de la Trinidad, es importante establecer con claridad que Dios es Uno.

IV. Los nombres de Dios

Las Escrituras utilizan varios nombres para referirse a Dios. En la cultura


judía, los nombres solían representar un atributo o característica de la persona.
Por eso los nombres de Dios que aparecen en la Biblia son significativos,
porque proveen la revelación del carácter y la personalidad de Dios.
La doctrina de Dios • Capítulo Dos 59

A. El nombre personal del Dios de pacto del Antiguo Testamento

Yahweh (Heb. YHWH) es el nombre personal de Dios revelado a su


pueblo escogido. Aunque los eruditos discrepan en la etimología exacta de
YHWH, es indudable que el nombre de Dios es una variante del verbo «ser».
El encuentro de Moisés con Yahweh da credibilidad a la idea de que el nombre
de Dios se traduce, en efecto, por algo parecido a «YO SOY» o «YO SOY EL
QUE SOY»:

«Pero Moisés insistió: «Supongamos que me presento


ante los israelitas y les digo: “El Dios de vuestros ante-
pasados me ha enviado a vosotros.” ¿Qué les respondo
si me preguntan: “Y cómo se llama?”». «YO SOY EL
QUE SOY —respondió Dios a Moisés—. Y esto es lo
que tienes que decirles a los israelitas: “YO SOY me ha
enviado a vosotros”.» Además, Dios le dijo a Moisés:
«Diles esto a los israelitas: “El Señor y Dios de vuestros
antepasados, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob,
me ha enviado a vosotros. Éste es mi nombre eterno;
éste es mi nombre por todas las generaciones”» (Éx.
3:13-15, NVI).

Al revelar su nombre personal a Moisés, Yahweh invitó a su creación a


invocarlo y conocerlo personalmente. Al revelar su nombre a su creación,
Dios se reveló a sí mismo como el único Dios verdadero, el soberano sobre
toda otra potestad, el gran «YO SOY». Su nombre declara su naturaleza
determinada, autónoma y completa. La revelación de sí en su nombre reviste
importancia por cuanto no solo identificó a Dios ante los israelitas, sino
también permitió que los israelitas se identificaran a sí mismos con Dios. Más
que un título genérico para una deidad, el nombre personal del Dios de pacto
es Yahweh. Por tanto, Él es conocido como «SEÑOR (Yahweh) nuestro Dios»
(Éx. 3:18).

Yahweh aparece 5.321 veces en el Antiguo Testamento y se suele traducir


como SEÑOR, en letras mayúsculas. La forma hebrea del nombre divino
es YHWH, pero la pronunciación exacta es incierta, ya que los israelitas
60 FUNDAMENTOS DE LA TEOLOGÍA PENTECOSTAL, VOL. 1

finalmente dejaron de pronunciar el nombre de Dios por temor a transgredir


el mandamiento de no tomar el nombre del «SEÑOR (YHWH) en vano»
(Éx. 20:7). Las vocales no aparecen en el texto hebreo masorético original. No
obstante, Cuando se añadieron las vocales para la pronunciación, las vocales
de Adonai, «mi Señor», se mezclaron con las consonantes YHWH para evitar
que los lectores articularan accidentalmente el nombre de Dios en voz alta.
Además, la traducción griega del Antiguo Testamento (LXX) tradujo YHWH
como kurios, «Señor». Muchos eruditos creen que la pronunciación correcta
es Yahweh. Una forma abreviada de Yahweh es Yah, que tiene, esencialmente,
el mismo significado. Yah aparece 48 veces en el Antiguo Testamento, mayor-
mente en los Salmos, y siempre se usa en un contexto de alabanza (Sal. 68:4).
En el Nuevo Testamento, Jesús se identificó a sí mismo con el nombre divino
proclamando: «…antes que Abraham existiera, YO SOY» (Juan 8:58). A
través del Antiguo Testamento, el nombre personal del Dios de pacto también
se fusiona con otros términos para expresar la naturaleza de la relación de
Dios con la humanidad. La siguiente, es una lista de los nombres de Dios
relacionados con Yahweh:

Nombre Significado Referencias bíblicas Comentario


/ Énfasis
Yahweh «El Señor «A ese sitio Abraham Dios provee para su
Jireh proveerá» le puso por nombre: pueblo. Dios proveyó
“El Señor provee” un sustituto para Isaac,
[Yahweh Jireh]. Por eso para que éste pudiera
hasta el día de hoy se quedar ileso. Del
dice: “En un monte mismo modo, Dios ha
provee el Señor”» provisto para nosotros
(Gn. 22:14, NVI). un sustituto: el Cordero
de Dios (Ro. 8:32).
La doctrina de Dios • Capítulo Dos 61

Yahweh «El Señor es mi «Diciéndole: “Si Un importante número


Rapha sanador» escuchas atentamente de sanidades físicas en
la voz del SEÑOR tu el Antiguo Testamento
Dios y haces lo recto ejemplifican este atri-
ante sus ojos; si prestas buto. Una buena parte
atención a sus manda- del ministerio de Jesús
mientos y guardas y sus discípulos estuvo
todas sus leyes, dedicado a la sanidad
ninguna enfermedad física.
de las que envié a
Egipto te enviaré a
ti, porque yo soy el
SEÑOR tu sanador”»
(Éx. 15:26).
Yahweh «Es Señor es mi «Moisés edificó un Aarón y Hur ayudaron
Nisi estandarte» altar y llamó su a levantar las manos de
nombre “el SEÑOR Moisés para que Israel
es mi bandera”» (Éx. prevaleciera en batalla
17:15) contra Amalec. Para
conmemorar la victoria,
se edificó un altar
llamado Yahweh Nisi
(Éx. 17:8-15).
Yahweh «El Señor es «Entonces Gedeón Cuando Dios llamó a
Shalom mi paz» construyó allí un altar Gedeón para guiar a
al Señor, y lo llamó Israel a la batalla contra
“El Señor es la paz”, los madianitas, Yahweh
el cual hasta el día de Salom le aseguró que
hoy se encuentra en Israel vencería. Salom
Ofra de Abiezer» (Jue, significa prosperidad,
6:24 NVI). salud, bienestar y fe
frente al conflicto (Juan
14:27; Ef. 2:15-16).
Yahweh «El Señor es mi «El SEÑOR es mi Israel pensaba que
Ra’ah Pastor» pastor; Yahweh era el gran
nada me faltará» (Sal. Pastor que provee abun-
23:1). dancia de pastos para
que nadie se quede con
hambre. El creyente
cristiano tiene la misma
seguridad (Juan 10:11;
1 P. 5:4)
62 FUNDAMENTOS DE LA TEOLOGÍA PENTECOSTAL, VOL. 1

Yahweh «El Señor de los «¿Quién es este Rey de Eliseo vio que el Señor
Sabaot Ejércitos» gloria? ¡El SEÑOR de de los ejércitos rodeó
los Ejércitos! [Yahweh a su pueblo cuando el
Sabaot] enemigo lo atacó (2
¡Él es el Rey de gloria!» Reyes 6:13-17).
(Sal. 24:10).
Yahweh «El Señor está «…Y desde aquel día Nuestro Dios trascen-
Sama allí» el nombre de la ciudad dente, Creador del
será: EL SEÑOR universo, es también
ESTÁ ALLÍ» (Ez. inmanente, siempre
48:35). presente para su pueblo.

B. Otros nombres de Dios en el Antiguo Testamento

1. Elohim, plural; Eloah, singular: Elohim es la primera palabra usada


en las Escrituras para referirse a Dios (Gn. 1:1). Se usa aproximadamente
unas 2.500 veces en el Antiguo Testamento. Es probable que el significado
etimológico sea «fuerte y poderoso». El nombre Elohim, como la palabra
“señor” en español, puede hacer referencia al verdadero Dios, a dioses paganos,
e incluso a dignatarios humanos. Cuando se usa con el artículo definido,
Elohim, casi siempre se refiere al Dios verdadero de Israel.

a) El, «Dios, dios, poderoso, fuerza» (Dt. 32:4): El, referencia anti-
gua y genérica a «deidad» o «dios» aparece de alguna manera en todas
las lenguas semíticas antiguas cercanas al oriente. Aunque las naciones
politeístas que circundaban Israel usaban este término para referirse a sus
dioses, en la Biblia, El normalmente hace referencia al Dios verdadero de
Israel. El término no suele aparecer separado, sino en formas compues-
tas, con otros términos concretos, descriptivos, como El Elyon («Dios
Altísimo»), El Shaddai («Dios Todopoderoso»). El también aparece en
nombres comunes, como Daniel, que significa «Dios es mi juez». Este
nombre, como también muchos nombres divinos comunes, aparece en
Deuteronomio 32.

b) El Elyon, «el Altísimo» [de alah que significa «ascender»] (Dt.


32:8): El Elyon se identifica con el Dios verdadero de Israel. Representa al
poderoso Creador del cielo y de la tierra: «Entonces Melquisedec, rey de
La doctrina de Dios • Capítulo Dos 63

Salem y sacerdote del Dios Altísimo [El Elyon], sacó pan y vino; y le ben-
dijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo [El Elyon], creador
de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo [El Elyon], que
entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo»
(Gn. 14:18-20, RVR).

c) El Olam, «el Dios Eterno»: Puesto que «Olam designa la «pleni-


tud» (totalidad) de la experiencia de tiempo y espacio»,4 El Olam no
solo transmite la idea de duración eterna de Dios, sino también su eterna
fidelidad. Como se registra en Génesis, Abraham llamó a Yahweh Dios
Eterno [El Olam], que guarda su pacto: «Abraham plantó un árbol de
tamarisco en Beerseba e invocó allí el nombre del SEÑOR, el Dios eterno
[El Olam]» (Gn. 21:33). Aunque El Olam no aparece con frecuencia en
las Escrituras, esta misma noción de Dios concuerda con otros pasajes de
la Biblia en los que se describe a Dios como morada firme y perpetua (p.
ej. «Roca eterna», Is. 26:4, NVI).

d) El Shaddai, «el Dios Todopoderoso»: Diversos textos bíblicos se


refieren al Dios de Israel como El Shaddai. La primera aparición es en
Génesis 17:1 (véase también Gn. 28:3; Gn. 35:11; Gn. 43:14; Gn. 48:3;
Éx. 6:3). El origen del título, la historia y la etimología son relativamente
inciertos, pero el énfasis general del nombre El Shaddai es la omnipoten-
cia de Dios. La forma compuesta, aparece siete veces; la forma sencilla
Shaddai, que significa «el Todopoderoso», aparece 41 veces, 31 de ellas
en Job.

2. Adonai (plural); Adon (singular), «Señor, señor, amo, gobernante»: Los


términos «adon» y «adonai» se pueden traducir por «señor». Pueden aludir a
una persona que es amo o gobernador: «Y Sara se reía dentro de sí, diciendo:
“Después que he envejecido, ¿tendré placer, siendo también anciano mi señor
[adonai]?”» (Gn. 18:12). Los términos pueden también aludir al Señor Dios
como Dueño de todo: «…vi yo al Señor [Adonai] sentado sobre un trono alto
y sublime, y el borde de sus vestiduras llenaban el templo» (Is. 6:1). Adonai se

4 The Anchor Bible Dictionary, ed. David Noel Freedman (New York, NY: Doubleday, 1992), vol.
1, 1004.
64 FUNDAMENTOS DE LA TEOLOGÍA PENTECOSTAL, VOL. 1

usa en referencia al Señor 449 veces a través de las Escrituras. El título evoca
imágenes de realeza y denota una relación de clara autoridad.

3. Ha Tsur, «La Roca»: El nombre metafórico para Yahweh, Ha Tsur,


aparece cinco veces en Deuteronomio 32. La primera vez ocurre en el
versículo 4: «Él es la Roca, cuya obra es perfecta…». Este término acentúa
la estabilidad, la fidelidad, seguridad e inmutabilidad de Dios, la Roca de
los siglos (véase también Dt. 32:15; Dt. 32:18; Dt. 32:30; Dt. 32:31; Sal.
19:14; Is. 17:10; Is. 26:4; Is. 32:2; Is. 51:1). En el Nuevo Testamento, el
apóstol Pablo hace referencia a esta figura cuando escribe: «…todos bebieron
la misma bebida espiritual, porque bebían de la roca espiritual que los seguía;
y la roca era Cristo» (1 Co. 10:4).

C. Nombres de Dios en el Nuevo Testamento

1. Theos, «Dios o dios»: Theos se aplica a Dios el Padre y a Jesús: «En


el principio era la Palabra [Logos], y la Palabra era con Dios [Theos], y la
Palabra era Dios [Theos]» (Juan 1:1). La palabra griega theos, como elohim,
puede significar «Dios» o «dioses». Es la palabra frecuente para «Dios» en el
Nuevo Testamento.

2. Kurios, «Señor o señor»: La palabra griega Kurios significa «Señor» y


es el término predominante usado para traducir el nombre divino Yahweh
en la LXX (traducción griega del Antiguo Testamento). Los tres nombres
divinos del Nuevo Testamento son usados en el siguiente versículo: «…y toda
lengua confiese para gloria de Dios [Theos] Padre [Pater] que Jesucristo es
Señor [Kurios]» (Fil. 2:11).

3. Pater, «Padre»: En el huerto de Getsemaní, Jesús llamó a Dios su Padre


con la palabra griega Pater y la aramea Abba. Los creyentes han recibido el
mismo privilegio gracias a la obra redentora de Cristo; podemos invocar al
Omnipotente como nuestro Padre celestial. «…habéis recibido el espíritu de
adopción como hijos, en el cual clamamos: “¡Abba, Padre!”» (Ro. 8:15).
La doctrina de Dios • Capítulo Dos 65

V. Los atributos de Dios

La gloria incomparable de Dios hace que resulte imposible ilustrar ple-


namente su carácter y su naturaleza. Aun así, Dios se ha dado a conocer. A
través de las Escrituras Dios nos ha revelado los aspectos de su naturaleza que
Él estima esenciales para nuestra redención, nuestra habilidad para adorarle y
tener comunión con Él. Considere el siguiente pasaje de las Escrituras:

«¿Con quién, entonces, me compararéis vosotros?


¿Quién es como yo?», dice el Santo. Alzad los ojos y
mirad a los cielos: ¿Quién ha creado todo esto? El que
ordena la multitud de estrellas una por una, y llama a
cada una por su nombre. ¡Es tan grande su poder, y tan
poderosa su fuerza, que no falta ninguna de ellas! ¿Por
qué murmuras, Jacob? ¿Por qué refunfuñas, Israel: «Mi
camino está escondido del Señor; mi Dios ignora mi
derecho»? ¿Acaso no lo sabes? ¿Acaso no te has enterado?
El Señor es el Dios eterno, creador de los confines de
la tierra. No se cansa ni se fatiga, y su inteligencia es
insondable» (Is. 40:25-28, NVI).

Este pasaje ensalza a Dios como Creador y proveedor demostrando su


poder, su sabiduría, su providencia y su inmutabilidad. Este es sólo un breve
pasaje de las Escrituras del Antiguo Testamento. Cuando consideramos el
conjunto de las Escrituras y la revelación de Dios a través de Jesucristo, la
Biblia se convierte en una fuente viva e inestimablemente rica para enten-
der los atributos divinos. Aunque no resulta fácil categorizar los atributos de
Dios, se pueden identificar dos clasificaciones generales: atributos «absolutos»
y atributos «morales». Los atributos absolutos son características que solo per-
tenecen a Dios; los atributos morales son características que Dios comparte
con los seres humanos hasta cierto punto.

A. Atributos absolutos

1. Dios es auto existente: Él es la fuente absoluta de toda vida y todo


ser, la Causa sin causa: «Porque así como el Padre tiene vida en sí mismo, así
66 FUNDAMENTOS DE LA TEOLOGÍA PENTECOSTAL, VOL. 1

también dio al Hijo el tener vida en sí mismo» (Juan 5:26). Dios no es una
parte de una serie de emanaciones. Él es el Dios vivo y eterno, Creador de
todos los seres y todas las cosas que han existido y existen (Col. 1:17). El ser o
la esencia de Dios no depende de ninguna fuente exterior fuera de sí mismo.
Él es auto existente.

2. Dios es inmutable: La inmutabilidad de Dios significa que su carácter


nunca cambia. Él es para siempre fiel, confiable y constante: «Porque yo, el
SEÑOR, no cambio…» (Mal. 3:6). El autor de Hebreos escribió: «Jesucristo
es el mismo ayer, hoy y por los siglos» (He. 13:8). El amor de Dios no falla,
ni su verdad ni su gracia porque su esencia es inmutable. Todos los pactos y
promesas de Dios son tan seguros como los fundamentos del cielo. Aunque el
ser humano es inconsecuente y desobediente en su relación con su Creador,
esto no quebrantará la fidelidad de Dios. Los Salmos declaran: «Por generación
y generación es tu fidelidad; estableciste la tierra, y se mantiene firme» (Sal.
119:90 RVA-2015).

3. Dios es eterno: Él existe fuera de los límites del tiempo y del espacio.
Las Escrituras declaran: «…desde la eternidad hasta la eternidad, tú eres Dios»
(Sal. 90:2b). La existencia de Dios se extiende desde la eternidad pasada hasta
la eternidad futura. Apocalipsis declara: «Yo soy el Alfa y la Omega, principio
y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso»
(Ap. 1:8). Los creyentes tienen esperanza de vida eterna, porque el Dios
Eterno es el dador de la vida eterna a través de su Hijo.

4. Dios es omnipresente: Él está presente en todo lugar. Dios dijo por


medio del profeta Jeremías: «¿Acaso soy yo Dios de cerca, y no Dios de lejos?,
dice el SEÑOR. ¿Acaso podrá alguien ocultarse en escondrijos para que yo
no lo vea?, dice el SEÑOR. ¿Acaso no lleno yo el cielo y la tierra?, dice
el SEÑOR» (Jer. 23:23-24). Dios está presente en todo lugar. Los creyentes
tienen la maravillosa garantía bíblica de que dondequiera que oren, adoren o
sirvan, Dios está allí. No es menos cierto que todo el que invoque el nombre
del Señor será salvo, no importa dónde se encuentre sobre la faz de la tierra.

5. Dios es omnisciente: Él lo sabe todo. La gente está limitada a su esfera


de entendimiento humano, pero Dios ve y sabe todas las cosas. Las Escrituras
La doctrina de Dios • Capítulo Dos 67

resaltan dos aspectos del conocimiento exhaustivo de Dios. Primero, Dios


está consciente de todas las cosas. Los seres humanos no pueden ocultar sus
actos ni sus pensamientos de Dios. Por ejemplo, Él expuso a la luz y juzgó los
planes engañosos de Ananías y Safira (Hch. 5:1-11). En sus instrucciones a las
siete iglesias de Asia el Señor describió claramente la actividad y la condición
espiritual interna de cada congregación (Ap. 2:13-22). Nada escapa a la visión
de Dios. Segundo, Dios es sabio en todos sus planes y propósitos. Él sabe
todas las cosas desde el principio. En su sabiduría, Él ha planeado la redención
de su pueblo, la edificación de su iglesia y el triunfo de su reino (Ef. 1:9-10;
Ef. 3:8-11). Aunque el ser humano tiene libertad de voluntad y de elección,
Dios ya ha establecido los planes que va a llevar a cabo. Además: «…sabemos
que Dios hace que todas las cosas ayuden para bien a los que lo aman; esto es,
a los que son llamados conforme a su propósito» (Ro. 8:28).

6. Dios es omnipotente: Él es todopoderoso. Nada escapa a su poderío


(Jer. 32:17). El poder de Dios se mantiene en perfecto equilibrio con su
carácter perfecto. Algunos preguntan: «Si Dios es todopoderoso, entonces
¿por qué las Escrituras afirman que no puede mentir, pecar ni negarse a sí
mismo?» Esta cavilación filosófica no tiene en cuenta un factor importante:
Dios no hará nada que sea contrario a su naturaleza ni nada que sea una
contradicción de términos. Su aparente «incapacidad» de realizar tales
cometidos no se debe a una falta de poder. Más bien, Dios siempre despliega
su poder en perfecta armonía con su carácter firme e inquebrantable. Las
siguientes cosas evidencian que Dios es omnipotente:

a) El poder creativo de Dios: La magnitud del universo estremece a


la imaginación humana: Hemos sido «una creación admirable»; hemos
sido creados por un Creador poderoso (Sal. 139:13-16 NVI).

b) El dominio soberano de Dios: Una de las evidencias más


convincentes del poder de Dios es el cumplimiento de las profecías bíbli-
cas que prueban que Dios verdaderamente gobierna sobre los reyes y
naciones. A través de una serie de milagros sorprendentes, Dios libró
a Israel de la esclavitud (Éx. 14:30-31). El dominio de Dios sobrepasa
toda autoridad humana. Él es soberano sobre la tierra, gobierna sobre
los ángeles, principados y potestades, espíritus demoniacos, y el mismo
68 FUNDAMENTOS DE LA TEOLOGÍA PENTECOSTAL, VOL. 1

Satanás. Dios gobierna en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra (Ro.


8:37-39; Fil. 2:6-11).

c) El poder de Dios a través de la iglesia: Hace más de dos mil


años, Dios, por medio de su Hijo, escogió 12 discípulos aparentemente
comunes y corrientes. Jesucristo los salvó y los llenó del Espíritu Santo.
Inmediatamente después, los discípulos «trastornaron el mundo» (Hch.
17:6). La misma iglesia que fue empoderada en el aposento alto, el día de
Pentecostés, sigue siendo vital, influyente y en constante expansión en su
impacto en el mundo actual.

d) El poder de Dios sobre la muerte: El día de Pentecostés, Pedro


recordó que el cuerpo del rey David permanecía enterrado en una tumba;
sin embargo, Jesús ya no estaba muerto, sino vivo (Hch. 2:29-32).
Solamente Dios tiene las llaves de la vida eterna. Debido a la resurrección
de Cristo Pablo dijo, en conformidad con el profeta Isaías: «¡SORBIDA
ES LA MUERTE en victoria! ¿DÓNDE ESTÁ, OH MUERTE, TU
VICTORIA? ¿DÓNDE ESTÁ, OH MUERTE, TU AGUIJÓN?» (1
Co. 15:54-55). Los creyentes comparten la esperanza de la resurrección a
una vida espiritual eterna, y todos participaremos del poder que actuó en
la vida y resurrección de Jesús (Ef. 1:18-20).

7. Dios es soberano: Su autoridad es suprema y permanente. No obstante,


hay mucho debate en torno a la relación entre la soberanía de Dios y el
libre albedrío de la humanidad. Pablo declaró en Efesios que Dios: «…nos
predestinó por medio de Jesucristo para adopción como hijos suyos, según
el beneplácito de su voluntad» (Ef. 1:5). Este pasaje parece implicar que la
salvación de cada persona está predeterminada por la voluntad de Dios. No
obstante, lo más probable es que se refiera al hecho de que Dios predestinó el
plan de salvación en Cristo para que fuera revelado en un momento específico
en el tiempo, un momento específico que se puede recibir o rechazar por
fe. Apocalipsis declara: «El Espíritu y la esposa dicen: “¡Ven!”. El que oye
diga: “¡Ven!”. El que tiene sed, venga. El que quiera, tome del agua de vida
gratuitamente» (Ap. 22:17). Este pasaje comunica claramente que el agua de
la vida está a disposición de cualquier persona sobre la base de elección y libre
albedrío humano.
La doctrina de Dios • Capítulo Dos 69

Aunque la Biblia presenta a Dios como soberano, también muestra a los


seres humanos como responsables de la aceptación o el rechazo de la gracia de
Dios (Juan 3:16). Es decir, Dios es soberano, pero no arbitrario. Él es sobe-
rano sin violar la libertad esencial de su creación. Para comprender la natu-
raleza de Dios debemos respetar la misteriosa interacción entre la voluntad
humana y la de Dios. Por una parte, Dios dijo: «Yo soy el Alfa y la Omega,
el primero y el último, el principio y el fin» (Ap. 22:13). Dios es el autor y
consumador de nuestra fe (He. 12:2). Por otra parte, los seres humanos «no
tienen excusa», son responsables de su aceptación o rechazo del evangelio (Ro.
1:20). Cualquier intento teológico para explicar la soberanía de Dios está
claramente limitado por la perspectiva finita de la humanidad. Aun así, una
sana perspectiva bíblica debe sostener estas verdades en la tensión adecuada.

B. Atributos morales

Hasta cierto punto, Dios comparte las siguientes características con el


ser humano:

1. Dios es santo: La palabra hebrea kadosh significa «santo»; el Old


Testament Word Studies (Estudio de Palabras del Antiguo Testamento) la
define como: «Se atribuye a todas las cosas que de alguna manera pertenecen
a Dios, o su adoración; sagrado; libre de contaminación de vicios, idolatría,
y otras cosas impuras y profanas».5 La palabra griega es hagios, a la que el
Léxico Griego define como: “Dedicado a Dios, santo, sacro, reservado para
Dios y su servicio; puro, perfecto, digno de Dios, consagrado”.6 Dios es santo;
separado y exaltado, absolutamente perfecto en todos los sentidos (Is. 6:13).
Para el ser humano, la santidad es una cuestión de dedicación y consagración.
La cualidad de ser separados para Dios. Las cosas son santas cuando están
dedicadas exclusivamente a la adoración y el servicio a Dios. El pueblo es
santo si es enteramente pueblo de Dios. En el Antiguo Testamento, Israel es
llamada nación santa (Éx. 19:6). En el Nuevo Testamento, el pueblo del Señor
es llamado «santos» (Ro. 1:7). Santidad también significa separación de toda

5 William Wilson, Old Testament Word Studies (Grand Rapids, MI: Kregel Publications, 1978) s.v.
«kadosh».
6 William F. Arndt y F. Wilbur Gingrich, Greek English Lexicon of the New Testament (Chicago:
University of Chicago Press, 1957) s.v. «hagios».
70 FUNDAMENTOS DE LA TEOLOGÍA PENTECOSTAL, VOL. 1

corrupción y forma de idolatría. La adoración adúltera de Israel a deidades


paganas era una profanación constante del llamado de Dios a la nación a ser
santa, separada y distinta de sus vecinos paganos. En el Nuevo Testamento,
la santidad se presenta como fruto de la expiación de Cristo (Col. 1:21-22).
Así pues, pureza de vida y separación de la inmoralidad se entiende como
el fluir santificador de una vida transformada, llena del Espíritu (véase Ro.
6:19-22; Ro. 12:1-2; 2 Co. 7:1; Ef. 4:24; 1 Ts. 3:13; 1 Ts. 4:7; Tit. 2:3; He.
12:10-14; 1 P. 1:15-16; 2 P. 3:11).

2. Dios es justicia: El carácter perfecto de Dios se refleja en sus obras


perfectas. La justicia de Dios es su santidad en acción. Su justicia es rectitud
en su soberanía y gobierno. La palabra hebrea tsedek significa «justicia,
corrección, rectitud; justicia de un juez, de un rey, de Dios, exhibida en el
castigo del malvado, o en venganza, librando, y recompensando al justo».7
Otra palabra hebrea relacionada con la justicia es mishpat, que significa «juicio
justo de un juez». La palabra griega dikaios («justo») significa, referida a Dios,
«justo, respecto a su juicio de los hombres y las naciones, un juez justo»;
referida a los hombres, «íntegro, justo, justa sumisión a las leyes de Dios y
de los hombres y vivir en conformidad con ellas».8 Dios es justo porque Él
actúa siempre de completo acuerdo con la santidad de su naturaleza y su
voluntad. La justicia de Dios es inmutable. Por ejemplo, es llamado ‘Roca’
cinco veces en Deuteronomio 32. Su rectitud nunca cambia, y su justicia es
inquebrantable. Es fiel en el trato con su pueblo, acorde con su naturaleza,
sus leyes y sus pactos revelados. Él castigará y recompensará, pero siempre
con arreglo a sus promesas y pactos. Todas sus decisiones son justas y todos
sus caminos son rectos. En el Nuevo Testamento, las palabras rectitud y
justicia son traducciones de la misma palabra griega. Esto se comprueba en la
definición de la palabra «justificación», que significa «el acto de declarar justo».

Dios exige perfecta justicia de todos nosotros, pero en nuestro estado


caído, todos carecemos de perfección. La gracia de Dios, obtenida mediante
la fe en Jesús, nos ha provisto una nueva base para la justicia (Ro. 3:21-26).
Dios abrió un camino para justificar a los pecadores enviando a su Hijo eterno

7 Wilson, c.v. «tsedek».


8 Arndt and Gingerich, s.v. «dikaios».
La doctrina de Dios • Capítulo Dos 71

para ser el sacrificio perfecto por el pecado y Jesucristo vivió en perfecta obe-
diencia a la santa voluntad del Padre. Jesucristo se hizo castigo sobre la cruz
por nuestros pecados y al morir por nuestros pecados demostró la justicia de
Dios, ya que Él condenó el pecado y libró a los pecadores mediante la muerte
y la resurrección de su Hijo (Ro. 3:26). En consecuencia, en Cristo somos
plenamente justos delante de Dios.

3. Dios es amor (misericordia, bondad): Las Escrituras declaran: «Dios es


amor. Y el que permanece en el amor permanece en Dios y Dios permanece
en él» (1 Juan 4:16). Tal vez todos los atributos morales de Dios están
incluidos en su santidad y en su amor. En su santidad, Él es inaccesible; en
su amor, se acerca a nosotros. En su santidad, Él es trascendente; en su amor,
es inmanente. Para la humanidad caída, estos dos atributos, aparentemente
irreconciliables, se aúnan en la obra acabada y expiatoria de Cristo. En Cristo
las demandas de la justicia son satisfechas, y el derramamiento de amor es
una realidad. La palabra hebrea ajab significa amor. Comparte un rango de
significado similar con la palabra amor, y puede expresar tanto amor divino
como amor humano. En Deuteronomio, Dios manifestó su amor por su
pueblo escogido y comunicó claramente que el amor es la base de su pacto con
Israel (Dt. 7:6-8). El amor de Dios es evidente en la historia de Israel, en su
paciencia, provisión y longanimidad. Ante la queja y la rebelión constantes de
Israel, Dios permaneció fiel. En el Nuevo Testamento, se usan varias palabras
griegas cuyo significado es amor. No obstante, se suele usar ágape cuando se
hace referencia al amor de Dios. El nombre ágape rara vez se encuentra en los
escritos clásicos griegos. Por lo cual, su significado se basa en las Escrituras.
El apóstol Juan nos dio un gran ejemplo de la naturaleza del amor ágape al
escribir: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo
unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida
eterna» (Juan 3:16). Otras virtudes como la misericordia, la longanimidad,
la benignidad, el perdón y la compasión, caben dentro de la categoría del
amor de Dios. Además de ser un atributo de Dios, el amor es también una
característica determinante del testimonio cristiano. Jesús declaró: «En esto
conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los
otros» (Juan 13:35).
72 FUNDAMENTOS DE LA TEOLOGÍA PENTECOSTAL, VOL. 1

4. Dios es verdad: La introducción del Evangelio de Juan inequívocamente


declara que la plenitud de Dios es gracia y de verdad (Juan 1:14). Más
adelante, Jesús proclama: «Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene
al Padre sino por mí» (Juan 14:6). La verdad es parte de la naturaleza santa de
Dios y puede ser debatida correctamente bajo el epígrafe de la santidad y la
justicia. No obstante, la verdad también puede ser considerada como atributo
definitivo de Dios. Las siguientes son tres aplicaciones alentadoras en relación
con Dios y la verdad:

a) La Palabra de Dios es verdadera: La Palabra de Dios revela su


naturaleza, su voluntad y su plan de salvación. Las promesas y los pactos
de Dios son hechos en verdad y, por tanto, indefectiblemente fiables (Sal.
119:89; Juan 17:17).

b) Dios es el único Dios verdadero: Como Creador de todas las


cosas, Dios es el único digno de adoración. Toda idolatría tiene sus raíces
en la mentira y el engaño. ¡Dios es verdadero! Por tanto, su verdad es
única y digna de seguirse (Juan 4:23-24).

c) Puesto que Dios es verdadero, es fiel para guardar todas sus


promesas y pactos. Dios no puede mentir (Tit. 1:2; He. 6:18). Él guarda
y cumple todas sus promesas y es capaz de hacer lo que promete porque es
omnipotente. Pero es importante entender que, con frecuencia, el cum-
plimiento de sus promesas depende de la obediencia de su creación y de
su sabiduría para escoger el momento oportuno. En su tiempo, dictado
por su sabiduría, Él fielmente, cumplirá sus promesas (1 Reyes 8:56; 2
Co. 1:20; He. 10:23; 2 P. 3:9).

VI. Las obras de Dios

A. Propósito divino

La Biblia declara que incluso ante la rebelión deliberada del hombre,


el propósito de Dios permanece firme (Is. 14:24; Ef. 1:11). Todos los
La doctrina de Dios • Capítulo Dos 73

acontecimientos y actividades de cada nación y de cada ser humano han sido


conocidos por Dios desde el principio. El plan y el propósito de Dios tienen
en cuenta la actividad rebelde e intencional del ser humano. Aunque Dios
no causa la rebelión del hombre, Él aprovecha toda actividad humana para
su gloria suprema. Dios habló en Isaías a través de su profeta: «Yo anuncio
lo porvenir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no ha sido
hecho. Digo: “’Mi plan se realizará, y haré todo lo que quiero’…Yo hablé, y
yo haré que suceda. Lo he planeado y también lo haré» (Is. 46:10-11). Dios
es omnisciente, conoce todas las cosas desde el principio y llevará a cabo sus
planes y propósitos, en poder y sabiduría, para su gloria y para la redención
de su pueblo.

Dios creó a los seres humanos con libre albedrío para obedecer o desobe-
decer. La Biblia no explica por qué Dios permitió el pecado, el mal o incluso
la elección humana. En todo caso, tenemos fuertes indicios que un pueblo
redimido demuestra la gloria y el amor de Dios mucho más ampliamente
que una raza de autómatas conformes. De todas formas, es seguro que Dios
no es el autor del pecado (Stg. 1:13-15). La depravación, el dolor y el crimen
fueron consecuencia de la desobediencia humana. Antes de que Dios crease
a la humanidad, ya se había propuesto redimirla por medio de Jesucristo (1
P. 1:20). El propósito de Dios incluye a su iglesia, y Él es consciente de cada
persona que constituirá ese número (Ro. 8:29; Ef. 1:4). Esto no quiere decir
que Dios elija arbitrariamente a algunos y excluya a otros. Más bien, este
asunto corresponde a la presciencia de Dios (1 P. 1:2). La presciencia de Dios
no es causativa. En última instancia, el propósito divino para toda la huma-
nidad culmina en la obra redentora de Jesucristo; una obra que involucra a la
iglesia, el Cuerpo de Cristo. Pablo escribió a la iglesia de Éfeso:

«A mí, que soy menos que el menor de todos los santos, me ha sido
conferida esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescru-
tables riquezas de Cristo y para aclarar a todos cuál es la administración del
misterio que desde la eternidad había estado escondido en Dios, quien creó
todas las cosas. Todo esto es para que ahora sea dada a conocer, por medio de
la iglesia, la multiforme sabiduría de Dios a los principados y las autoridades
en los lugares celestiales conforme al propósito eterno que realizó en Cristo
Jesús, nuestro Señor» (Ef. 3:8-11).
74 FUNDAMENTOS DE LA TEOLOGÍA PENTECOSTAL, VOL. 1

B. Creación

La Biblia afirma que la creación original fue una creación inmediata (Gn.
1:1). El universo físico, tal como lo conocemos, surgió por la palabra de Dios.
No existía previamente bajo ninguna otra forma. Sino que Dios dijo: «Sea
y haya» y «fue y hubo» (Gn. 1). Hebreos declara: «Por la fe comprendemos
que el universo fue constituido por la palabra de Dios, de modo que lo que
se ve fue hecho de lo que no se veía» (He. 11:3). Además, nada fue hecho
separadamente de Dios porque todas las cosas tienen un origen divino (Juan
1:3). Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo existían antes del Génesis. La
naturaleza trina y completa de Dios participó en la creación (Gn. 1:2; Juan
1:1; Juan 17:5; Juan 17:24; Col. 1:16).

Antes de que el mundo fuese creado existía la Trinidad en amor perfecto.


Porque Dios amó al mundo de tal manera, que comisionó a su Hijo para la
obra de redención antes de la creación, antes de la existencia humana y antes
de la Caída (Juan 3:16; Ef. 1:4-6). El amor redentor de Dios no fue una idea
de último momento, sino más bien un desbordamiento de su corazón. El
resultado final de la creación será una multitud redimida, que adorará, servirá
y glorificará a Dios por siempre.

C. Providencia

Dios guía y cuida providencialmente de su creación (Mt. 5:45b; Hch.


14:17). La preservación de la creación de Dios es un indicio de su provi-
dencia. En Jesucristo todas las cosas son preservadas ya que «…Él antecede
a todas las cosas, y en él todas las cosas subsisten» (Col. 1:16-17). La concor-
dancia de Strong define preservación como «la actuación continua de Dios
por medio de la cual Él mantiene la existencia de las cosas que ha creado con
las propiedades y facultades con que las ha dotado».9 Thiessen ha dicho de
la providencia: «La concepción cristiana afirma que Dios ha creado el con-
junto del universo con todas sus propiedades y facultades, y preserva todo
lo que ha creado, pero como Ser santo, benevolente, sabio y omnipotente,
también ejerce control soberano sobre todo. Este control soberano recibe el

9 Strong, 410.
La doctrina de Dios • Capítulo Dos 75

nombre de providencia».10 Por lo tanto, las personas pueden hallar consuelo


en el cuidado providencial de Dios, incluso en medio de graves adversidades
personales o calamidades globales. De la manera que Dios cuida de los lirios,
Él también cuida de su creación (Lc. 12:22-28). He aquí algunas maneras en
las que Dios demuestra su cuidado providencial:

1. Dios gobierna el universo físico: Él ha establecido condiciones naturales


para regular la tierra. Creó las proporciones correctas de los mares y la tierra,
los vientos alisios y las corrientes marinas, la evaporación y precipitación
para mantener un clima favorable a la vida y la agricultura. Él preserva estos
procesos con su supervisión. Algunos investigan las condiciones variables del
mundo, como el clima y el suministro alimentario y ponen en duda la equidad
de Dios y su cuidado por diferentes pueblos. Estas aparentes desigualdades
dentro de la naturaleza son el resultado de la maldición sobre la tierra que
acompañó a la rebelión de Adán y Eva (Gn. 3:17-19). Sin embargo, para los
que no están ciegos por la incredulidad, aún una tierra sometida a maldición
refleja el diseño y el cuidado de Dios.

2. Dios cuida de la creación animal: Ni siquiera el bienestar de la criatura


más pequeña escapa al cuidado de Dios (Mt. 6:26a). Aunque los animales,
como las personas, han recibido instintos que les permiten cuidarse a sí
mismos, ellos también dependen del Creador y sustentador de la tierra para
que les provea lluvia, vegetación, oxígeno y clima estable.

3. Dios gobierna providencialmente a las naciones: las Escrituras declaran


que hasta las naciones más poderosas son «como una gota de agua que cae de
un balde» a los ojos de Dios (Is. 40:15). Él gobierna soberana y gentilmente
los reinos de la tierra (Sal. 22:28). Es importante notar que Dios no viola
el libre albedrío para que se cumpla su palabra. Del mismo modo, Él no
es responsable de los actos individuales ni de la rebelión de los pueblos y
naciones. Aun así, a pesar de la rebelión humana, Dios gobierna el mundo
providencialmente en conformidad con su plan maestro.

10 Thiessen, 177.
76 FUNDAMENTOS DE LA TEOLOGÍA PENTECOSTAL, VOL. 1

4. Dios cuida los mínimos detalles de la vida de cada persona: La


providencia de Dios abarca los aspectos personales más insignificantes. Las
Escrituras afirman que «vuestros cabellos están todos contados» por Dios
(Mt. 10:30, RVR). La Biblia enseña que Dios tiene un plan para cada persona
incluso antes de nacer. En el libro de Jeremías Dios declara: «Antes que yo te
formara en el vientre, te conocí; y antes que salieras de la matriz, te consagré
y te di por profeta a las naciones» (Jer. 1:5). El salmista reconoció y reafirmó
este cuidado de por vida de Dios: «No fueron encubiertos de ti mis huesos a
pesar de que fui hecho en lo oculto y entretejido en lo profundo de la tierra.
Tus ojos vieron mi embrión y en tu libro estaba escrito todo aquello que a su
tiempo fue formado, sin faltar nada de ello» Sal. 139:14-16).

5. Dios provee protección para el justo: El salmista escribió: «Los que


aman tu nombre se regocijarán en ti, porque tú, oh SEÑOR, bendecirás al
justo; como un escudo lo rodearás con tu favor» (Sal. 5:11-12).

6. Dios suple las necesidades de su pueblo: Él es fiel para suplir las


necesidades de cada individuo: «Mi Dios, pues, suplirá toda necesidad de
ustedes conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús» (Fil. 4:19). Jesús
dijo a sus seguidores que no se preocuparan por la comida, la bebida y el
vestido: «…pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas
estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas
estas cosas os serán añadidas» (Mt. 6:32b-33).

7. Dios escucha y responde la oración: Él conoce nuestras necesidades


incluso antes de que le pidamos (Mt. 6:7-8). Puesto que Dios se preocupa
de todos los detalles de la vida de cada persona, Pablo nos exhorta: «Por nada
estén afanosos; más bien, presenten sus peticiones delante de Dios en toda
oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo
entendimiento, guardará sus corazones y sus mentes en Cristo Jesús» (Fil. 4:6-
7). El cuidado providencial de Dios se demuestra en cómo escucha, entiende
y responde nuestras oraciones.
La doctrina de Dios • Capítulo Dos 77

VII. La Trinidad de Dios

El estudio de la Trinidad debe emprenderse con un profundo sentido


de reverencia. Toda teología es limitada para definir a Dios. No obstante, la
trinidad de Dios es uno de los misterios divinos más grandes. Es una realidad
cuyo terreno es sagrado. La naturaleza de Dios no se puede traducir en una
fórmula simplista de igual manera que el océano Pacífico no se puede verter
en una taza de té. Aun así, el estudio de la Trinidad es vital ya que es la gema
central de la revelación divina. Para los seres humanos finitos, conocer a Dios
tanto como uno y trino parece ser una contradicción. Pero ambas realidades
son claramente enseñadas a través del Nuevo Testamento.

En la historia de la iglesia, cada vez que la doctrina de la Trinidad ha sido


comprometida, también otros principios fundamentales han sido compro-
metidos, corrompidos y abandonados. Muchas herejías de la iglesia tienen su
origen en un malentendido de las Personas de la Deidad. En el siglo segundo,
surgieron dos herejías importantes que negaron la doctrina de la Trinidad: el
monarquismo y el sabelianismo. El monarquismo negó la deidad de Cristo
y la personalidad del Espíritu Santo. El sabelianismo negó las identidades
separadas de las tres Personas de la Deidad, declarando que Jesús y el Espíritu
Santo sólo eran distintas modalidades de una persona, o diferentes aspectos
por los que Dios se manifestaba. Los partidarios de ambos grupos pensaron
que protegían la unidad de Dios. Las doctrinas del unitarismo y «Solo Jesús»,
o «Unidad» son expresiones modernas de estas herejías.

La corriente principal de la iglesia ha rechazado reiteradamente estas falsas


enseñanzas. Desarrollado en el siglo cuarto, el Credo de Nicea es el credo más
temprano que articuló la concepción ortodoxa de la Trinidad:

Creemos en un solo Dios —y en un solo Señor,


Jesucristo, Hijo unigénito de Dios, nacido del Padre,
Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios ver-
dadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza
del Padre— Y creemos en el Espíritu Santo, Señor y
dador de vida, que procede del Padre, quien con el
78 FUNDAMENTOS DE LA TEOLOGÍA PENTECOSTAL, VOL. 1

Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y


que habló a través de los profetas.

Los principales grupos protestantes siguieron estrechamente este antiguo


credo del siglo cuarto. El credo mejor conocido de la Reforma es la Confesión
de Westminster:

Hay un solo Dios vivo y verdadero. En la unidad de


la Divinidad hay tres personas en una sustancia, poder
y eternidad; Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu
Santo. El Padre es uno, ni es engendrado ni procede de
nadie: el Hijo es engendrado eternamente por el Padre,
y el Espíritu Santo procede eternamente del Padre y
del Hijo.

Estos credos y confesiones no pretenden eliminar el misterio de la


Trinidad, ni conciliar las afirmaciones de las Escrituras con un raciocinio
finito, sino dar fe del registro escritural establecido, que hay un solo Dios:
Padre, Hijo y Espíritu Santo. Aunque los credos elaborados por los hombres
no son, desde luego, infalibles, la mayor parte de la iglesia ha sostenido a
través de la historia una concepción trinitaria similar a la de los credos de
Nicea y de Atanasio.

A. El concepto de la Trinidad en el Antiguo Testamento.

Fue absolutamente fundamental que la unidad de Dios fuera claramente


articulada y acentuada en el Antiguo Testamento. Israel estaba rodeado de
naciones politeístas que se habían apartado del conocimiento original del
Dios único y verdadero. Dios se reveló a Abraham como Dios Todopoderoso
(El Shaddai). A Moisés y los israelitas Dios se reveló como Yahweh (YO SOY),
«el SEÑOR (Yahweh) nuestro Dios, el SEÑOR (Yahweh) uno es» (Dt. 6:4).
El Antiguo Testamento ofrece indicios de la naturaleza trina de Dios, pero
estos solo se aclaran a la luz de la más plena revelación de Cristo en el Nuevo
Testamento. Después de recibir un entendimiento más profundo provisto
por la encarnación y el derramamiento del Espíritu Santo en Pentecostés, es
posible reconocer aspectos de la Trinidad en el Antiguo Testamento.
La doctrina de Dios • Capítulo Dos 79

1. Nombres plurales de Dios: El Antiguo Testamento contiene nombres


y pronombres plurales para referirse a Dios. Elohim y Adonai. Son formas
plurales de Dios. Aunque Elohim es nombre plural, cuando se refiere al Dios
verdadero va acompañado de un verbo en forma singular. Deuteronomio 6:4
declara la unidad de Dios a todos los judíos, pero también contiene el nombre
plural de Dios Elohim. Esta muestra de pluralidad gramatical en la unidad es
un indicio de la Trinidad.

2. Referencias al Ángel/Mensajero de Yahweh: El Ángel de Yahweh es


llamado Dios. Este término aparece varias veces en el libro de Génesis y de
vez en cuando en otros pasajes del Antiguo Testamento. En esos pasajes se
hace una distinción entre el Ángel de Yahweh y Yahweh, aunque son uno.
En tales ocasiones, cuando Dios se presenta como ángel o como hombre,
se dice que la aparición es una teofanía. Teofanía procede del griego theos
(Dios) y phaino (aparición) (véase Génesis 16:7-13). En Génesis 18, Dios se
apareció a Abraham como «tres varones», sin embargo, Abraham se dirigió a
ellos como Señor, en singular. Dos de ellos se aparecieron a Lot en Sodoma,
pero este se dirigió a ellos como Yahweh. En Génesis 22:1-19, Abraham
recibió el mandato de sacrificar a Isaac, pero el Ángel del Señor habló desde el
cielo liberándolo de la orden. En Génesis 22:16, el ángel se llamó a sí mismo
Yahweh. En Génesis 32:24-32, Jacob luchó con «un varón» y prevaleció hasta
recibir la bendición divina. En Éxodo 3, el Ángel del Señor se apareció a
Moisés en la zarza ardiente, y le prometió que guiaría a los israelitas fuera de
Egipto. En esa conversación con Moisés, los términos «Ángel» y «Yahweh» se
usaron indistintamente. Algunos teólogos creen que estos encuentros fueron
apariciones del Cristo preexistente, conocidas también como «Cristofanías».
Cristofanía procede del griego cristos (Cristo) y phaino (aparición).

3. Jesús, comandante del ejército del Señor: En Josué 5:13-6:2, «un


varón», blandiendo una espada, se apareció a Josué, el cual reveló que su
nombre era «comandante del ejército del Señor». Josué recibió la orden de
quitarse el calzado, porque el terreno que pisaba era santo. Josué 6:2, se refiere
al «varón» como SEÑOR o Yahweh. Esto sería otro ejemplo de Cristofanía o
aparición pre-encarnada de Jesús:
80 FUNDAMENTOS DE LA TEOLOGÍA PENTECOSTAL, VOL. 1

4. Referencias en los Salmos aplicadas a Jesús: Los Salmos contienen


muchas referencias a Jesús. Las siguientes Escrituras son una selección de los
Salmos mesiánicos cumplidos por Jesús:

a) Salmo 110:1: «El SEÑOR dijo a mi Señor: “Siéntate a mi diestra


hasta que ponga a tus enemigos como estrado de tus pies”». Jesús se aplicó
esto a sí mismo en Mr. 12:35-37.

b) Salmo 2:7: «…el SEÑOR me ha dicho: “Tú eres mi hijo; yo te


engendré hoy” …» Pablo aplicó este pasaje a Jesús en Hechos 13:33.

c) Salmo 45:6: «Tu trono, oh Dios, es eterno y para siempre…». El


autor de Hebreos atribuyó este pasaje a Jesús en Hebreos 1:8.

5. Jesús, el Mesías prometido: Isaías profetizó que el Mesías nacería de una


virgen (Is. 7:14). Isaías 9:6-7 describió a Jesús como Admirable, Consejero,
Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz, Hijo de David. Miqueas profetizó
que Jesús nacería en Belén (Miqueas 5:2). Isaías 53 se refirió a Jesús como varón
de dolores y experimentado en quebrantos, herido por nuestras rebeliones.
Jesús es la única identificación razonable para este Siervo de Yahweh. Además,
Felipe el evangelista aplicó Isaías 53 a Jesús. Varios llamaron a Jesús «hijo de
David» (Mt. 9:27; Mt. 21:9). Después de su resurrección, Jesús mismo dio
testimonio de que Él era el Mesías al que se referían las Escrituras del Antiguo
Testamento (Lc. 24:27).

B. El concepto de la Trinidad en el Nuevo Testamento

Después de la resurrección de Jesús y el descenso del Espíritu Santo en el


día de Pentecostés, la doctrina de la Trinidad fue tan clara como el agua para
la iglesia del Nuevo Testamento. Cuando los apóstoles comenzaron a predicar
el evangelio y a escribir sus epístolas, no dudaron en declarar que Jesús es Dios
y que el Espíritu Santo es Dios. No obstante, también entendieron que el
Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son un solo Dios (1 Co. 8:6). Las siguientes,
son pruebas de la Trinidad en el Nuevo Testamento:
La doctrina de Dios • Capítulo Dos 81

1. El bautismo de Jesús: Las tres Personas de la Trinidad estuvieron


presentes en el bautismo de Jesús. Jesús ascendió de las aguas bautismales, el
Espíritu Santo descendió del cielo en la forma visible como una paloma, y el
Padre habló desde el cielo (Mt. 3:17); véase también Mr. 1:9-11; Lc. 3:21-22;
Juan 1:32-34). Los tres se manifestaron al mismo tiempo. El Padre habló del
Hijo como identidad diferente, y el Espíritu estuvo presente como identidad
distinta a la del Hijo y la del Padre.

2. Las declaraciones de Jesús: Juan 14 presenta una prueba clara de las


tres Personas de la Trinidad. Primero, en Juan 14:9, Jesús dijo a Felipe: «El
que me ha visto, ha visto al Padre». En esta declaración, resulta evidente que
Jesús y el Padre son uno, aunque tienen identidades diferentes. Jesús les dijo a
sus discípulos: «Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté
con vosotros para siempre…Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el
Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os hará recordar
todo lo que yo os he dicho» (Juan 14:16; Juan 14:26). Jesús habló del Padre
usando el pronombre «Él», del Espíritu Santo como «Él», y de sí mismo como
«Yo». Se refirió al Espíritu Santo como «otro Ayudador», con una identidad
distinta. El Espíritu vendría cuando Él partiera. Pero Jesús también dijo: «Y
he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt.
28:20, RVR). Ahí está el misterio: Hay tres identidades diferentes (no entes),
pero hay un solo Dios, no tres.

3. La Gran Comisión: La fórmula bautismal dada por Jesús en la


Gran Comisión revela claramente la Trinidad, así como la unidad de Dios:
«Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el
nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo» (Mt. 28:19, RVR). Las
tres identidades son dadas como Padre, Hijo y Espíritu Santo, agrupados en
igualdad. La palabra «nombre» no se repite, lo que indica su unidad.

4. Bendiciones en la iglesia primitiva: La bendición apostólica de 2


Co. 13:14 muestra claramente la idea trinitaria de la iglesia primitiva.
Una declaración trinitaria similar aparece en Judas 20-21: «Pero vosotros,
amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo,
conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor
Jesucristo para vida eterna». En estas dos bendiciones, Jesús aparece en una y
82 FUNDAMENTOS DE LA TEOLOGÍA PENTECOSTAL, VOL. 1

el Espíritu Santo en otra. Esto indica que el Hijo y el Espíritu Santo no son
inferiores, sino, en efecto, iguales al Padre e iguales entre sí. Otros ejemplos
son: 1 Corintios 12:4-6, Efesios 4:4-6, Efesios 5:18-20 y 2 Tesalonicenses
2:13-14.

VIII. Dios el Padre

La doctrina general de Dios ya ha sido comentada en las secciones de la


existencia, naturaleza, nombres y atributos de Dios. No obstante, para enten-
der la trinidad divina es importante examinar el concepto de Dios como
Padre de nuestro Señor Jesucristo. La relación entre el Padre y el Hijo es un
asunto de autorrevelación de Dios en el contexto de la redención. La pater-
nidad de Dios no significa que el Padre existiera solo y después engendrara al
Hijo. Las tres Personas de la Trinidad son coeternas e iguales. Los dicciona-
rios definen la palabra griega monogenes (se suele traducir como «unigénito»
respecto a Jesús) significando «de la misma clase». Juan dijo que Jesús era la
Palabra: «En el principio era la Palabra (el Verbo), y la Palabra era con Dios
[lit. cara a cara con], y la Palabra era Dios. Ella era en el principio con Dios
[lit. ya era]» (Juan 1:1-2). Juan siguió escribiendo: «Y la Palabra se hizo carne
(Cristo pre-encarnado) y habitó entre nosotros, y contemplamos su gloria,
como la gloria del unigénito del Padre lleno de gracia y de verdad» (Juan
1:14). Aunque la Palabra se hizo carne en un tiempo histórico determinado,
siempre fue miembro igual y coeterno de la Trinidad. Jesús también se iden-
tificó como uno con el Padre cuando oró: «Ahora pues, Padre, glorifícame
tú en tu misma presencia con la gloria que yo tenía en tu presencia antes
que existiera el mundo» (Juan 17:5). Nuestro Dios trino existía en perfecta,
eterna y amorosa comunión antes de que el universo fuese creado. El Padre, el
Hijo y el Espíritu Santo siempre han sido y siempre serán uno en naturaleza,
voluntad y propósito.
La doctrina de Dios • Capítulo Dos 83

IX. Dios el Hijo

A. Su nacimiento virginal

La concepción de Jesús fue milagrosa. Fue concebido por el Espíritu


Santo y nació de la virgen María. Su nacimiento fue precedido de anuncia-
ciones angélicas a José y a María (Mt. 1:20b-25; véase también Lc. 1:26-38).

1. Implicaciones teológicas del nacimiento virginal: La totalidad de la


fe cristiana depende en que Jesús, haya nacido de Dios. Si el padre de Jesús
hubiera sido humano, lo siguiente hubiera sido cierto:

a) Habría heredado la naturaleza caída de Adán y su muerte no


habría sido vicaria o sustitutiva.

b) No habría sido eterno, y, aunque se hubiera dispuesto algún


método para evitar la identidad corporal con Adán, no podría haber
muerto por el mundo. No habría sido más que un líder religioso sincero,
celoso, pero limitado.

c) No podría haber sido el «unigénito» del Padre, el único, el eterno


Hijo de Dios. La negación del nacimiento virginal es la negación virtual
de la deidad de Cristo.

d) Habría sido, en el mejor de los casos, un genio espiritual con una


intuición religiosa poco común pero no el Cordero de Dios que cumplió
y satisfizo todos los requisitos de la Ley y el sistema de sacrificios del
Antiguo Testamento. Sólo una ofrenda divina y eterna podía ser el sacri-
ficio efectivo, integral, definitivo, por el pecado. El sacrificio de Cristo
tuvo autoridad para liberar a toda la creación, porque Él es el Creador de
todas las cosas (Col. 1:15-18).

2. El apoyo del Nuevo Testamento para el nacimiento virginal: En Mateo


1:16, la conclusión de la genealogía de José declara que Jesús nació de María:
«Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el
84 FUNDAMENTOS DE LA TEOLOGÍA PENTECOSTAL, VOL. 1

Cristo». «De la cual», (ex hes) en griego, es singular, género femenino, es decir,
que el nacimiento fue solo «de María», aunque la genealogía fuera la de José.
Pablo declaró que Jesús nació «de una mujer» (Gá. 4:4) Esta terminología,
y las demás referencias genealógicas añadidas, indiscutiblemente revelan, el
nacimiento virginal de Cristo.

3. Las profecías del Antiguo Testamento concernientes al nacimiento


virginal: La revelación progresiva del Antiguo Testamento establece el
nacimiento virginal y sobrenatural de Jesús. Varios pasajes del Nuevo
Testamento confirman que las profecías del Antiguo Testamento citadas a
continuación fueron cumplidas en el nacimiento de Jesús.

a) Génesis 3:15 profetizó sobre la descendencia (simiente) de la


mujer: «Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu descendencia
y su descendencia; esta te herirá en la cabeza, y tú la herirás en el talón».

Cumplimiento: Mateo 1:16 declara que Jesús nació «de María»;


Gálatas 4:4 afirma que Él «nació de una mujer».

b) En Génesis 22:18 Dios habló de la simiente que bendeciría a


toda la tierra: «En tu descendencia serán benditas todas las naciones de la
tierra, por cuanto obedeciste mi voz».

Cumplimiento: «Ahora bien, las promesas a Abraham fueron pro-


nunciadas también a su descendencia. No dice: “y a los descendientes”,
como refiriéndose a muchos, sino a uno solo: y a tu descendencia, que es
Cristo» (Gá. 3:16).

c) Isaías 11:1-2 profetizó acerca del retoño del tronco de Isaí:


«Un retoño brotará del tronco de Isaí, y un vástago de sus raíces dará
fruto. Sobre él reposará el Espíritu del SEÑOR: espíritu de sabiduría y de
inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de conocimiento
y de temor del SEÑOR».
La doctrina de Dios • Capítulo Dos 85

Cumplimiento: Mateo comienza su Evangelio con las palabras:


«Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham...»
(Mt. 1:1).

d) Isaías 7:14 profetizó el nacimiento virginal de Emanuel: «Por


tanto, el mismo Señor les dará la señal: He aquí que la virgen concebirá y
dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel».

Cumplimiento: Una anunciación angélica precedió al nacimiento


de Jesús. A María se le dijo que daría a luz un niño que sería Hijo del
Altísimo, y a pesar de no haber «conocido» varón (Lc. 1:34), tendría lugar
por la «sombra» del Espíritu Santo (Lc. 1:35).

4. Los credos ortodoxos concernientes al nacimiento virginal: El


catecismo de Westminster define la doctrina del nacimiento virginal de la
siguiente manera: «Cristo el Hijo de Dios se hizo hombre tomando para sí
un cuerpo verdadero y una alma racional, siendo concebido por el poder
del Espíritu Santo en el vientre de la virgen María, de la que nació, mas
sin pecado».11 El credo de los Apóstoles, que resume la creencia de la iglesia
primitiva, declara esto de Jesús: «Concebido por el Espíritu Santo, nacido de
la virgen María».12

B. Su naturaleza

Jesús tuvo una naturaleza divina y una naturaleza humana, pero fue una
sola persona, no dos. Fue el «Hijo de Dios» y el «Hijo del Hombre». Pero las
dos naturalezas de Jesús no dieron lugar a una doble personalidad, sino que
Dios, carne y sangre existieron en perfecta armonía en Jesucristo (1 Ti. 2:5).
Jesús subsistió en la forma Dios y era igual con Dios, pero tomó la forma de
siervo y se hizo semejante a los hombres. La palabra griega homoioma significa
«verdadera semejanza», aunque tal semejanza no fue solamente humana. Jesús
fue un hombre real, pero no simplemente humano. Nació en la carne, vivió

11 «Confesión de fe de Westminster», Catecismo Mayor, visitado en [Link] (17


de enero, 2008).
12 El Credo de los Apóstoles», visitado en [Link]
frame+[Link] (17 de enero, 2008).
86 FUNDAMENTOS DE LA TEOLOGÍA PENTECOSTAL, VOL. 1

una vida física y murió una muerte física. Aun así, es también el Anciano de
Días (Juan 8:58).

1. La humanidad de Jesús: Juan advirtió en contra de una herejía que


negaba la humanidad de Jesús (1 Juan 4:1-3). Algunos creyentes estaban tan
decididos a mantener la deidad de Cristo Jesús que minimizaron su humanidad.
Jesús no solo exhibió una apariencia humana, sino que tomó la naturaleza
humana genuina con todos los atributos humanos excepto su pecaminosidad.
Su naturaleza humana estaba en sumisión a su naturaleza divina sin sacrificar
nada de su humanidad. Lo que sigue prueba su humanidad:

a) Jesús nació en Belén como nace un niño normal (Lucas 2:7).

b) Creció como un niño normal (Lucas 2:39-40).

c) Creció y se mantuvo sujeto a sus padres (Lucas 2:51-52).

d) Su ascendencia se traza a través de dos genealogías: la de José (Mt.


1), y la de María (Lucas 3:23-38).

e) Las Escrituras se refieren a Él como la «Simiente de la mujer»,


de la «Descendencia de Abraham» e «Hijo de David». Estas referencias
vinculan a Jesús con la raza humana.

f ) Como humano, Jesús fue tentado y probado en todas las áreas,


pero permaneció sin pecado. Estuvo dispuesto a ser probado para demos-
trar su obediencia perfecta como el «Último Adán», y «sin mancha y sin
tacha» como el Cordero de Dios, (Mt. 4:1-11; Mt. 26:36-46; Lc. 4:1-13;
He. 2:18; He. 4:15).

g) Se llamó a sí mismo «hombre» (Juan 8:40); otros le llamaron


hombre: «Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los
hombres, Jesucristo hombre» (1 Ti. 2:5). En las Escrituras, se llamó a sí
La doctrina de Dios • Capítulo Dos 87

mismo o fue llamado el «Hijo del Hombre» 70 veces. Por ejemplo, Juan
8:28.

h) La Biblia declara que Jesús es el Sumo Sacerdote del creyente (He.


4:14-16). El Antiguo Testamento estableció que los sacerdotes debían
ser escogidos entre el pueblo para ser sus representantes. Para ser Sumo
Sacerdote de todos los creyentes, Jesús tenía que compartir la condición
del creyente (He. 5:1-10). El verdadero Sumo Sacerdote debe también
acercarse al trono de Dios por su propio mérito. Jesús el Hijo de Dios
representa a Dios ante el pueblo, y a la inversa, al pueblo ante Dios. El
Sumo Sacerdote del creyente es su precursor: «…como precursor, hecho
sumo sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec» (He. 6:20).

i) Jesús experimentó sentimientos y sensaciones humanas; sin-


tió hambre, sed, lágrimas y fatiga. Sufrió, derramó su sangre, murió y
fue sepultado.

j) Aun después de su resurrección, cuando su cuerpo había sido glo-


rificado, Jesús invitó a Tomás a tocar sus manos y palpar sus heridas. Jesús
retuvo su humanidad junto con su divinidad. Según Apocalipsis 19:11-
16, Jesús volverá a reinar sobre la tierra. Apocalipsis 22, describe a Jesús
junto al Padre en la Nueva Jerusalén.

2. La divinidad de Jesús: El raciocinio humano de por sí no puede


comprender plenamente la doble naturaleza de Jesús. No obstante, si se añade
la fe, es posible aceptar el misterio revelado por las Escrituras: que Jesús fue
tanto humano como divino. Lo siguiente pone en evidencia la divinidad
de Jesús:

a) Los profetas del Antiguo Testamento predijeron el advenimiento


de un Redentor y le dieron nombres divinos:

(1) Isaías le llamó «Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno,


Príncipe de Paz» (Is. 9:6) y «Emanuel», o Dios con nosotros (Is. 7:14).
88 FUNDAMENTOS DE LA TEOLOGÍA PENTECOSTAL, VOL. 1

(2) Jeremías se refirió a él como «JEHOVÁ, JUSTICIA NUESTRA


[Yahweh Tsidkenu]» (Jer. 23:6 RVR).

b) En el Nuevo Testamento es llamado Dios y Señor (Juan 1:1; Juan


20:28; Tit. 2:13; He. 1:8).

c) Es llamado Hijo Unigénito de Dios (Juan 1:14; Juan 3:16). El


término «unigénito» (gr. monogenes) significa «único, de la misma natura-
leza». Múltiples pasajes de las Escrituras llaman a Jesús el «Hijo de Dios»
(Juan 5:25; Ro. 8:3; 1 Juan 2:22-23).

d) Jesús mismo declaró ser uno con el Padre (Juan 10:30; Juan 14:9).

e) Las Escrituras nos enseñan sobre la preexistencia de Jesús (Juan


1:1; Juan 8:58; Juan 17:5).

f ) A Jesús le fueron atribuidos atributos divinos:

(1) Él es omnipotente (Mt. 28:18).

(2) Él es omnisciente (Juan 2:24-25; Juan 16:30; Col. 2:1-3).

(3) Él es omnipresente (Mt. 28:20).

(4) Él es eterno (Juan 1:1-2; Col. 1:17; He. 7:24).

(5) Él es inmutable (He. 13:8).

(6) Él es Creador (Juan 1:10; Ef. 3:9; Col. 1:16; He. 1:10).

(7) Él es santo (He. 7:26; 1 Juan 3:5).

(8) Él es perdonador (Mr. 2:5; Lc. 7:48).


La doctrina de Dios • Capítulo Dos 89

(9) Él es juez (Juan 5:22; Hch. 17:31; 2 Co. 5:10).

g) Jesús era consciente de ello y dio a conocer su relación única como


Hijo de Dios con el Padre y con el Espíritu Santo (Juan 15:26).

h) Jesús fue adorado. La adoración le pertenece únicamente al Dios


Todopoderoso (Éx. 20:3-5). No obstante, Cristo recibió adoración sin
objeción ni protesta (Mt. 14:33). En el nacimiento de Jesús, los sabios le
rindieron tributo (Mt. 2:11 NVI). Los ángeles recibieron el mandato de
adorarle (He. 1:6). Jesús es Dios, la segunda Persona de la Trinidad, igual
y coeterno con el Padre. Por lo tanto, Jesús es y será por siempre adorado
como Dios.

Algunas personas y movimientos han negado la deidad de Cristo. La


deidad de Cristo fue negada por los ebionitas (d.C. 107) y más adelante por
Arrio y sus seguidores (325 d.C.). La deidad de Cristo también ha sido cues-
tionada por teólogos liberales, así como por deístas, unitarios, ciencia cris-
tiana, testigos de Jehová y mormones. Algunos que han profesado creer en la
deidad de Cristo, realmente han creído en un Cristo creado que estaba por
encima de los hombres, pero era inferior a Dios, o creyeron que Jesús era
«divino» en el sentido de que todos los hombres pueden ser divinos. De todas
formas, la tendencia dominante de la iglesia siempre ha seguido las doctrinas
de la Trinidad y la deidad de Cristo.

C. Sus obras

Jesús trabajó. Dijo: «Mi Padre hasta ahora trabaja; también yo trabajo»
(Juan 5:17). Dijo a sus discípulos: «Mi comida es que yo haga la voluntad del
que me envió y que acabe su obra» (Juan 4:34). Casi al final de su ministerio
terrenal, Jesús declaró ante Padre: «he llevado a cabo la obra que me enco-
mendaste» (Juan 17:4, NVI). Todo estudio de la fe cristiana debe interpretar
el significado del trabajo de Cristo en la tierra. Dios mismo, en la persona del
Hijo, visitó el mundo para redimir un pueblo para sí mismo. Para entender
el fundamento de la salvación y de la vida cristiana, es crucial estudiar la obra
salvadora de Cristo. Muchos teólogos han categorizado la labor de Jesús en
tres áreas generales: (1) Su labor como profeta, (2) su labor como sacerdote y
90 FUNDAMENTOS DE LA TEOLOGÍA PENTECOSTAL, VOL. 1

(3) su labor como rey. En el Antiguo Testamento hubo tres tipos de líderes,
comisionados por Dios, que iniciaron su ministerio mediante el acto sim-
bólico de la unción con aceite. Este acto significaba la plenitud del Espíritu
Santo. En su ministerio terrenal, Jesús fue llamado el «Mesías» y el «Cristo»,
términos que significan «el ungido». Cristo, el Ungido de Dios, llevó a cabo
tres ministerios: como el profeta supremo, como sacerdote y como rey.

1. Jesús el profeta: Un profeta es comisionado por Dios con la tarea


primordial de dar a conocer a su pueblo su voluntad y su carácter. Con
frecuencia, los profetas proclaman la voluntad de Dios al profetizar sobre
acontecimientos futuros. Moisés fue el más grande entre los profetas del
Antiguo Testamento habiendo proclamado la voluntad de Dios a través de
la ley al pueblo de Israel. También habló en nombre de Dios cuando predijo
la venida del mayor de los profetas (Dt. 18:18). Siglos después, cuando Jesús
se dirigió a la sinagoga de Nazaret, se aplicó a sí mismo la profecía mesiánica
de Isaías 61 (Lc. 4:18-21). Después de sanar a un cojo en la puerta de la
Hermosa, Pedro se dirigió a la multitud reunida y declaró que Jesús era el
profeta prometido que daba cumplimiento a la profecía de Moisés (Hch.
3:25-26). El autor de la epístola a los Hebreos expresó igualmente la misión
profética de Jesús declarando la voluntad de Dios al pueblo (He. 1:1-2). Hay
cinco funciones que caracterizan generalmente el ministerio de un profeta:
(1) la predicación, (2) la enseñanza, (3) el discipulado, (4) la predicción y (5)
hacer milagros. No todo ministerio profético incluye estas cinco funciones,
sin embargo, las vidas de varios profetas del Antiguo Testamento, por ejemplo,
Elías, Isaías y Jeremías, incluyeron la gama completa de las mismas. Con toda
seguridad, todas ellas fueron manifestadas en el ministerio profético de Jesús.

a) Predicación: Jesús comenzó su ministerio profético a través de la


predicación (Mr. 1:14). El Nuevo Testamento registra unos 50 discursos
de Jesús. El mejor conocido de estos mensajes se titula el «Sermón del
Monte» (Mt. 5-7). La predicación de Jesús fue revolucionaria. Él llamó
a la gente a un cambio de vida (Mr. 1:15). A Nicodemo, Jesús le expresó
firmemente que las personas tienen que nacer de nuevo (Juan 3:3). Pero
Jesús no predicó como un profeta del juicio final; Él siempre ofreció la
certeza de esperanza a los que respondieran y se arrepintieran (Lc. 19:10).
La doctrina de Dios • Capítulo Dos 91

No obstante, Jesús no solo declaró la palabra de Dios; Él era la Palabra


de Dios encarnada.

b) Enseñanza: En la antigüedad, el título de «maestro» revestía


gran honor. La Biblia declara que la gente se quedaba atónita al oír la
enseñanza de Jesús (Mr. 1:21-22; Juan 7:40; Juan 7:46). Las parábolas
de Jesús asombraron a los más instruidos y astutos de su tiempo, pero su
enseñanza atrajo incluso a los niños. La parábola del «Buen Samaritano»
todavía resuena hoy, quizá, como una de las historias mejor conocidas del
mundo occidental. Considerando el profundo impacto que la vida y las
palabras de Jesús ha provocado en la gente a través de los siglos, podemos
afirmar confiadamente que Jesús es el más grande de todos los maestros.
Él no se limitó a citar autoridades; Él es la Autoridad. No se limitó a
mostrar el camino; Él es el Camino. No se limitó a enseñar la verdad; Él
es la Verdad sempiterna.

c) Discipulado: El ministerio de enseñanza de Jesús estaba estre-


chamente relacionado con el de hacer discípulos, de los cuales algunos
llegaron a ser apóstoles de la iglesia y los primeros en predicar el men-
saje de Cristo como el Salvador crucificado y resucitado. El Evangelio
de Marcos registra el llamado al discipulado que Jesús hiciera a Simón,
Andrés, Santiago y Juan (Mr. 1:16-20). Más tarde, Jesús designó a doce
para enseñarles y enviarles a predicar las buenas nuevas (Mr. 3:14-15).
Estos pasajes describen tres propósitos para hacer discípulos: (1) que estu-
vieran con Jesús, (2) que predicaran y (3) que sanaran a los enfermos y
echaran fuera demonios. Si están por orden de prioridad, el asunto más
importante fue que los seguidores de Jesús pasaran tiempo en su presen-
cia. Los discípulos no solo aprendieron el contenido de libros y enseñan-
zas; más bien maduraron al estar en la presencia de su maestro, siguiendo
su ejemplo y emulando su carácter. Después, cuando Jesús diera a sus dis-
cípulos la Gran Comisión de ir a “hacer discípulos” de todas las naciones,
comprendieron la expresión porque ellos habían experimentado el disci-
pulado en primer lugar. Los creyentes han de hacer discípulos para Cristo
de la misma manera que Jesús lo hiciera. Él enseñó a sus seguidores a
predicar el evangelio del Reino, no sólo con palabras, sino también a
92 FUNDAMENTOS DE LA TEOLOGÍA PENTECOSTAL, VOL. 1

través de su poder liberador. Finalmente, Él impartió a sus discípulos el


poder para sanar a los enfermos y echar fuera demonios (Mr. 16:17-18).

d) Predicción: Otra importante función de un profeta es predecir


acontecimientos futuros. Si la predicción de un profeta se cumplía y glo-
rificaba a Dios, entonces tal profeta era autenticado como un enviado
por Dios. Aunque Jesús dedicó la mayor parte de su ministerio a la pre-
dicación y la enseñanza, también predijo varios acontecimientos futuros:

(1) Su propia muerte y resurrección (Mt. 16:21)

(2) La persecución de la iglesia (Lc. 12:11)

(3) La venida de otro Ayudador, el Espíritu Santo, para morar en la


iglesia (Juan 14:16-17); Juan 16:7-11)

(4) La destrucción del templo y la ciudad de Jerusalén en el año 70


d.C. (Lc. 19:43-44; Lc. 21:6)

(5) Las señales y condiciones de los últimos días (Mt. 24; Mr. 13;
Lc. 21)

(6) El triunfo de la iglesia (Mt. 16:18)

e) Milagros: Una señal frecuente del profeta del Antiguo Testamento


fue que su ministerio era acompañado por lo sobrenatural. Los hechos
milagrosos de Moisés van desde las plagas de Egipto y la división del mar
Rojo hasta hacer brotar agua de la roca. Elías hizo descender fuego del
cielo, multiplicó el alimento y el aceite de la viuda, resucitó a su hijo de
la muerte y fue trasladado al cielo en un torbellino. Eliseo trajo sanidad a
Naamán el leproso. Resucitó al hijo de la sunamita y realizó otros muchos
milagros. Isaías trajo sanidad al rey Ezequías. Daniel tapó las bocas de los
leones e interpretó sueños. El ministerio de Jesús se caracterizó también
por los milagros, sin embargo, Él no solamente hizo milagros, sino que
La doctrina de Dios • Capítulo Dos 93

fue el origen de lo sobrenatural. El nacimiento de Jesús fue un milagro y


su resurrección de entre los muertos fue un milagro de milagros. Durante
su tiempo en la tierra, Él demostró su deidad con maravillas tales como
caminar sobre las aguas, calmar la tormenta, transformar el agua en vino
y multiplicar los panes y los peces. Sin embargo, mucho más allá del gran
número de señales y maravillas que Jesús hiciera, se hallaron los milagros
de compasión por los enfermos, afligidos y endemoniados. Jesús vino
para destruir las obras del diablo, impartiendo a la iglesia el poder para
llevar a cabo el ministerio de liberación. Jesús aseguró la continuidad de
los milagros en la Gran Comisión (Mr. 16:15-18).

2. Jesús el gran Sumo Sacerdote: Si bien el profeta representaba a Dios


ante los hombres, el sacerdote representaba a los hombres ante Dios. La labor
de un sacerdote se caracterizaba por tres cosas: (1) era elegido entre los que
él representaba ante Dios (Éx. 28:1), (2) ofrecía sacrificios a Dios para expiar
el pecado (Lv. 4:13-21) y (3) como mediador, intercedía por el pueblo (Is.
53:12; 1 Ti. 2:5). Jesús reunió todas estas cualidades (He. 5:1-5; He. 10:11-
12) y asumió la función sacerdotal a favor de los creyentes (He. 7:24-26).

a) Jesús se despojó de sí mismo para hacerse hombre. No se aferró


a los privilegios de la deidad, sino que adoptó la forma de siervo hecho
a imagen de hombre para identificarse plenamente con aquellos por los
cuales haría expiación (Fil. 2:5-8). Jesús fue apto para presentarse delante
de Dios el Padre a favor de los creyentes porque Él se hizo uno con la
humanidad: «Por tanto, era preciso que en todo fuese hecho semejante
a sus hermanos a fin de ser un sumo sacerdote misericordioso y fiel en el
servicio delante de Dios, para expiar los pecados del pueblo. Porque en
cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los
que son tentados» (He. 2:17-18).

b) Jesús tomó el lugar tanto del sacerdote como del sacrificio.


Timoteo dio testimonio de la función sacerdotal de Jesús: «Porque hay
un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo
hombre» (1 Ti. 2:5). Juan el Bautista presentó a Jesús como el «Cordero
de Dios», dando testimonio de su sacrificio por el pecado del hombre
(Juan 1:29). Pedro también se refirió a Jesús «como de un cordero sin
94 FUNDAMENTOS DE LA TEOLOGÍA PENTECOSTAL, VOL. 1

mancha y sin contaminación» (1 P. 1:19). En el drama final de la huma-


nidad, descrito en el libro de Apocalipsis, Aquel que está sentado en el
trono celestial —el Dios Todopoderoso— busca a uno que sea digno de
recibir el (rollo) título de propiedad del Reino. No se encuentra a nadie
solo a uno llamado el «León de la tribu de Judá» y la «Raíz de David».

Cuando Él se acerca al trono para tomar el rollo, este Vencedor es


descrito como un Cordero inmolado. Entonces, todo el cielo y toda la
iglesia cantan un cántico nuevo proclamando la dignidad del Cordero
(Ap. 5:19). Jesucristo es tanto el «León de la tribu de Judá» como el
«Cordero que fue inmolado». Él es el sacerdote mediador entre Dios y los
hombres, así como el sacrificio que quita el pecado del mundo.

c) Jesús, la expiación y el intercesor por los creyentes. Él no solo


murió para expiar nuestro pecado, sino que también intercede perpetua-
mente por los creyentes delante del Padre (Ro. 8:34; He. 10:12). Jesús
salva de la culpabilidad del pecado a todo aquel que pone su fe en Él y
también intercede continuamente por los que creen en Él, salvándolos
del poder y de la presencia del pecado (He. 7:24-25). Jesús es el gran
Sumo Sacerdote. Habiéndose identificado plenamente con la debilidad
humana, ahora representa a los creyentes delante del Padre para que pue-
dan tener acceso al trono de la gracia. Jesús es también el sacrificio per-
fecto por el pecado, ya que los creyentes son redimidos por medio de
su sangre y su sacrificio. Finalmente, Él es el abogado que intercede por
cada creyente.

d) El sacerdocio de Jesús se asemeja al de Melquisedec. Es poco lo


que se conoce de Melquisedec; Génesis 14:18-20 contiene el histórico
relato de este sacerdote en tres breves versículos. El salmista alude a
Melquisedec en el Salmo 110:4, un salmo mesiánico. Pedro aplicó este
salmo a Jesús (Hch. 2:34-35), lo mismo que el escritor de la epístola a los
Hebreos (1:13). Melquisedec, terrenalmente, fue el rey de Salem, pero
nombrado sacerdote del Dios Altísimo por revelación directa. Es decir,
su función no dependía de una dinastía sacerdotal. Aun siendo humano,
su sacerdocio fue de naturaleza divina e ilimitada. Debido a que el sacer-
docio de Leví (y Aarón) no fue capaz de ofrecer sacrificios que quitaran
La doctrina de Dios • Capítulo Dos 95

el pecado (He. 10:4), fue necesario que viniera un sumo sacerdote de un


orden perpetuo para poder destruir el reino de Satanás. El sacerdocio
levítico pertenecía al antiguo pacto y estaba destinado a desaparecer (He.
7:18). El sacerdocio de Jesús pertenecía al nuevo pacto de la gracia y es
un sacerdocio eterno (He. 7:25).

Hebreos 7 compara el sacerdocio de Jesús con el de Melquisedec.


Primeramente, Melquisedec fue más que un sacerdote; fue también rey.
En efecto, tanto por nombre como por título, Melquisedec tuvo distin-
ción real. Su nombre significa «Rey de Justicia», y su título como Rey de
Salem (Jerusalén) significa «Rey de Paz». Jesús ostenta la misma distin-
ción real. Como «Rey de Justicia» (Is. 32:1) y «Príncipe de Paz» (Is. 9:6),
Jesús encarna la esencia misma de las características representadas por el
sacerdocio de Melquisedec. Si bien Jesús cumplió con varios aspectos del
sacerdocio levítico, (por ejemplo, atravesar el velo), el sacerdocio levítico
no tipificó adecuadamente al de Jesús. Los sacerdotes procedían de la
tribu de Leví, y el linaje terrenal de Jesús procedía de Judá (He. 7:14). No
obstante, Melquisedec representaba un sacerdocio superior al levítico por
las siguientes razones:

(1) Abraham, bisabuelo de Leví, dio los diezmos a Melquisedec, su


superior (He. 7:4).

(2) Abraham fue bendecido por Melquisedec; «el menor es bende-


cido por el mayor» (He. 7:6-7).

(3) Los sacerdotes levíticos debían ser capaces de trazar su genea-


logía; no existe un registro de ningún parentesco ni genealogía para
Melquisedec, aunque el libro de Génesis está lleno de genealogías (He.
7:3).

(4) Las muertes de Leví, de Aarón y de Eleazar han sido registra-


das. No se hace mención del nacimiento o la muerte de Melquisedec; su
sacerdocio fue por designación divina directa y no dependió de ninguna
96 FUNDAMENTOS DE LA TEOLOGÍA PENTECOSTAL, VOL. 1

posición o procedencia tribal. Por lo tanto, el tipo de sacerdocio de


Melquisedec es perpetuo (He. 7:15-17).

(5) La labor del sacerdocio levítico solo era válida porque, en la «ple-
nitud del tiempo», vendría el sacerdote perfecto y ofrecería el sacrificio
perfecto (He. 10:1-12).

(6) El sacerdote perfecto, profetizado por el salmista en el Salmo


110:2, sería un sacerdote real.

3. Jesús el rey: La obra de Cristo ha sido presentada en este estudio bajo


las categorías de (1) profeta, (2) sacerdote y (3) rey. Como profeta, Él es el
mensajero. Como sacerdote, Él es el quien carga con el pecado. Como rey, Él
es portador del cetro. Moisés profetizó su venida como profeta; Isaías profetizó
su venida como sacerdote; y Daniel profetizó su venida como Mesías y Rey.
El ángel anunció el nacimiento de Jesús a María como proclamación real (Lc.
1:31-33). La tarea soberana de Cristo será examinada bajo tres títulos:

a) La misión real de Jesús: Aun en su nacimiento, hubo conciencia


de que Jesús era rey. Herodes pidió a los sabios que le informaran del
lugar donde el niño había nacido «Rey de los judíos» (Mt. 2:2). Jesús
mismo fue consciente de su misión real tal como fuera anunciada por
Juan el Bautista (Mt. 3:1-2). En Marcos 11:1-11, Jesús se presentó en
Jerusalén como su rey, tal como se profetizó en Zacarías 9:9. Cuando
Pilato le preguntó si era rey, Jesús respondió afirmativamente, pero aña-
dió que su reino no era de este mundo (Juan 18:36). La cruz, sobre la
que murió Jesús, desplegó el título: «JESÚS DE NAZARET, REY DE
LOS JUDÍOS» (Juan 19:19). Después de la resurrección y durante los
cuarenta días en la tierra antes de la ascensión, el objetivo principal de
Jesús fue su reino (Hch. 1:3).

b) El reino de Jesús: Cristo representó su reino tanto presente como


futuro. (Mr. 1:14-15). Algunos eruditos insisten en que el reino de Dios
es totalmente futuro, un reino escatológico. Tal conclusión no es plau-
sible si tenemos en cuenta dos factores clave. Primero, reino en griego
La doctrina de Dios • Capítulo Dos 97

(basileia), no hace referencia a la esfera sobre la que Cristo gobierna, sino


al gobierno en sí. Dondequiera que Cristo Jesús es soberano, allí está pre-
sente su gobierno (reino). Dondequiera que Jesús es Señor, allí está pre-
sente su reino. Segundo, cuando la gente pone su fe en Cristo, es librada
del reino de Satanás y entra al reino de Cristo (Col. 1:13). Durante el
ministerio terrenal de Jesús, que culminó en su crucifixión y su resurrec-
ción, Él derrocó el reino de Satanás (Lc. 11:20). Además, en relación con
la fundación de la iglesia, Jesús dijo a sus discípulos: «A ti te daré las llaves
del reino de los cielos. Todo lo que ates en la tierra habrá sido atado en el
cielo, y lo que desates en la tierra habrá sido desatado en los cielos» (Mt.
16:19) George Eldon Ladd dijo lo siguiente acerca de la manifestación
presente del reino de Cristo:

La humanidad ahora puede experimentar la realidad del


reino de Dios… La presencia de Cristo en la tierra tuvo
el propósito de derrotar a Satanás, su atadura, para que
el poder de Dios sea una realidad vital en la experiencia
de los que se someten al reino de Dios convirtiéndose
en discípulos de Jesús. En Cristo, el reino, en la forma
de su poder, ha venido a los hombres.13

c) El retorno real de Cristo: Como culminación de la obra de Cristo


en la tierra, Él volverá a reinar como Rey de reyes y Señor de señores
(Ap. 19:16; Ap. 20:6). Jesús cumplió las profecías del Mesías venidero.
Su reino no fue un reino visible con un trono y un capitolio. Más bien,
durante su ministerio terrenal, Él derrotó a Satanás e inició un reino de
justicia (Col. 1:13). En la culminación de esta era, Cristo el Rey vendrá
y establecerá su reino sobre la tierra, así como en el cielo, y todos los
creyentes reinarán con Él.

13 George E. Ladd, Crucial Questions About the Kingdom of God (Grand Rapids, MI: Wm. B.
Eerdmans Publishing Company, 1971) 91.
98 FUNDAMENTOS DE LA TEOLOGÍA PENTECOSTAL, VOL. 1

X. Dios el Espíritu Santo

Con respecto al Espíritu Santo, el credo de Nicea declara: «Creo en el


Espíritu Santo, Señor y dador de vida, procedente del Padre y del Hijo, el cual
con el Padre y el Hijo juntamente es adorado y glorificado; que habló por los
profetas».14 La sana doctrina depende de un entendimiento claro y preciso de
la naturaleza y la obra de la tercera Persona de la Trinidad quien habita en la
iglesia y la capacita. El último discurso de Jesús registrado en el libro de Juan
demuestra claramente que el Espíritu Santo tiene una identidad distinta a la
del Padre y a la del Hijo. Jesús se refirió varias veces a la venida del Espíritu
Santo, al que llamó «otro Consolador» (Juan 14:16 NVI). Usó pronombres
personales en género masculino para expresar la peculiaridad personal del
Espíritu. Jesús dijo que el Padre enviaría al Consolador (Juan 15:26 NVI).
Estos pasajes demuestran la identidad distinta del Espíritu y el intercambio
de roles en la Trinidad: Jesús ora, y el Padre envía al Espíritu Santo. La venida
del Consolador será el resultado de la oración y envío de parte del Hijo. El
Espíritu desciende al ser enviado por el Padre en el nombre del Hijo. Por
ende, el Espíritu procede (tal como el credo lo declara) del Padre y del Hijo.

Una antigua herejía, el sabelianismo, enseñó que el Padre, el Hijo y el


Espíritu Santo solo eran distintos nombres y modalidades o manifestacio-
nes de la misma persona. Si esto fuera verdad, el discurso de Jesús sobre el
Ayudador no tendría sentido, como tampoco su oración al Padre registrada
en Juan 17. Resulta difícil determinar si la porción «procede del Padre» en
Juan 15:26, que hace referencia al Espíritu, demuestra una relación eterna
(como se declara en los credos), o a un proceder dentro de la iglesia el día
de Pentecostés en respuesta a la oración de Jesús, ya que «procede» no se
menciona en ninguna otra parte. Ya sea que la procedencia sea eterna, o con
ocasión de la oración de Jesús, es obvio que el Espíritu Santo fue enviado por
el Padre y el Hijo (compare Juan 14:26 con Juan 15:26 y Juan 16:7).

14 Henry Bittenson, Documents of Christian Church, 2ª edición (Oxford University Press, 1976) 26.
La doctrina de Dios • Capítulo Dos 99

A. La deidad del Espíritu Santo

El Espíritu Santo es Dios, la tercera Persona de la Trinidad, igual y coe-


terna con el Padre y el Hijo. El hecho de que el Espíritu ejecuta la voluntad
del Padre y glorifica al Hijo no denota inferioridad; solamente indica la ope-
ración interna del Dios trino. La subordinación puede denotar inferioridad
entre algunas personas, pero no es el caso con Dios. Forma parte del incom-
prensible misterio de la Trinidad —no hay tres individuos en la Trinidad,
sino tres identidades personales en un solo Dios. Las siguientes son pruebas
escriturales de la deidad del Espíritu Santo:

1. El Espíritu Santo es llamado Dios: El libro de los Hechos contiene un


relato instructivo de dos miembros de la iglesia primitiva, Ananías y Safira,
actuando engañosamente y siendo castigados por Dios por su duplicidad.
Una porción del relato deja claro que pecar contra el Espíritu Santo es pecar
contra Dios (Hch. 5:3-4). Es importante observar que el pecado fatal de
Ananías y Safira no fue un asunto de dinero, sino de engaño.

2. Atributos divinos atribuidos al Espíritu Santo:

a) El Espíritu Santo es eterno: Él no es un ser creado. Siempre exis-


tió como parte del Dios trino; Él es coeterno con el Padre y el Hijo (He.
9:14).

b) El Espíritu Santo es omnisciente: Conoce todas las cosas (Juan


14:26).

c) El Espíritu Santo es omnipresente: Está presente en todas partes


(Sal. 139:7).

d) El Espíritu Santo es omnipotente: Es todopoderoso (Hch. 1:8;


Hch. 10:38; Ro. 15:19).
100 FUNDAMENTOS DE LA TEOLOGÍA PENTECOSTAL, VOL. 1

e) El Espíritu Santo es santo: Como su propio nombre indica, el


Espíritu Santo es santo. Es el Espíritu de santidad, y tal como el Padre y
el Hijo, es santo (Ro. 1:1-4).

f ) El Espíritu Santo conoce de antemano (es cognoscente): Conoce


el futuro (Hch. 1:15-16). Mil años antes del nacimiento de Cristo, el
Espíritu Santo, por medio del salmista, predijo la traición y el destino de
Judas Iscariote (Sal. 109:8). Véase también, en Hch. 11:27-28, la predic-
ción del Espíritu, a través de Agabo, de la gran hambruna.

g) El Espíritu Santo es amor: Es de naturaleza amorosa (Ro.15:30).


En la bendición trina de 2 Corintios 13:14, la gracia de Cristo y la comu-
nión del Espíritu Santo son realmente aspectos del amor de Dios. Puesto
que Dios es amor, cabe esperar que el amor se manifieste en los hechos
de la Trinidad.

3. Obras divinas atribuidas al Espíritu Santo:

a) Creación: El Espíritu Santo es activo en la creación (Gn. 1:2; Sal.


104:30). La obra vivificadora del Espíritu Santo se manifestó al cubrir
con su sombra a María en la concepción de Jesús (Lc. 1:35) y en la resu-
rrección de Jesús de los muertos (Ro. 8:10-11). Además, la regeneración
espiritual interior que ocurre cuando un nuevo creyente «nace de nuevo»
evidencia el poder del Espíritu (Juan 3:58).

b) Inspiración de las Escrituras: La inspiración de la Palabra de Dios


es atribuida al Espíritu Santo (2 P. 1:21). Pablo afirmó este concepto
a Timoteo (2 Ti. 3:16). «inspiración de Dios» es literalmente «soplo
de Dios».

c) Profecía: El Espíritu Santo da palabras proféticas (2 S. 23:2-3).


El Espíritu Santo es igualado al «Dios de Israel» y la «Roca de Israel»
en este pasaje. El Espíritu es el Espíritu de Yahweh, el mismo que Eloah
(Dios de la creación) y la Roca (Tsur, nombre metafórico para el «Eterno
e Inmutable»).
La doctrina de Dios • Capítulo Dos 101

d) Empoderamiento de los creyentes: La morada del Espíritu Santo


proporciona a cada creyente el poder para «hacer morir las obras de la
carne» y, por ende, vencer el pecado y resistirlo (Ro. 8:2-4; Ro. 8:11-14;
Gá. 5:16-24).

e) Intercesión: El Espíritu Santo ora en favor de los creyentes (Ro.


8:26-27). El Espíritu Santo, que es omnisciente, conoce el pensamiento
de Dios y su voluntad para cada persona; por tanto, es capaz de guiarnos
en oración para que oremos conforme a su plan perfecto.

f ) Guía divina: El Espíritu instruye y guía a los creyentes para que


actúen conforme a la voluntad de Dios (Mr. 13:11).

B. La personalidad del Espíritu Santo

Ya en tiempos de los apóstoles, hubo falsos maestros que dudaron, o


negaron la personalidad del Espíritu Santo. Algunos describieron al Espíritu
como una fuerza o influencia ejercida por Dios, no por una Persona. Esta
tendencia puede derivar en parte de la palabra «espíritu», del latín spiritus, que
significa «soplo, aliento». La palabra griega pneuma y la palabra hebrea rûaj
también significan «soplo» o «viento», así como «espíritu». Si pensamos que el
Espíritu Santo solo es el «aliento» de Dios, entonces es posible percibirle como
una fuerza impersonal en vez de un ser diferente que tiene identidad distinta
a la del Padre. No obstante, la revelación divina explica específicamente que
Dios es espíritu (inmaterial, no físico). Como el viento, Dios ejerce su poder
y su fuerza aun siendo invisible por naturaleza. Observe las siguientes pruebas
de las Escrituras (de las cuales hay muchas) referentes a la personalidad del
Espíritu Santo, así como de su identidad distinta del Padre.

1. Se usan pronombres personales en relación con el Espíritu Santo. A


pesar de que la palabra griega para «espíritu» aparece en género neutro, Juan
16:13-14 usa el pronombre demostrativo ekeinos, «Aquel, Él», para referirse
al Espíritu Santo. Pablo usó un pronombre relativo, masculino, para referirse
al Espíritu en Efesios 1:13-14.
102 FUNDAMENTOS DE LA TEOLOGÍA PENTECOSTAL, VOL. 1

2. Características personales atribuidas al Espíritu Santo:

a) Inteligencia: El Espíritu Santo es quien revela las cosas de Dios (1


Co. 2:10-12). Además, «la palabra de sabiduría» y «la palabra de conoci-
miento» son dones del Espíritu Santo (1 Co. 12:8).

b) Emoción y sentimiento: El Espíritu Santo ama (Ro. 15:30) y se


contrista (Is. 63:10; Ef. 4:30).

c) Voluntad: Los dones se distribuyen de acuerdo con la voluntad


del Espíritu (1 Cor. 12:11).

3. Al Espíritu Santo se le atribuyen hechos personales:

a) Habla (Hch. 13:2; Hch. 21:11; Ap. 2:7; Ap. 2:11; Ap. 2:17; Ap.
2:29).

b) Testifica (Juan 15:26).

c) Enseña (Juan 14:26)

d) Intercede (Ro. 8:26-27).

e) Guía (Juan 16:13; Hch. 16:6).

f ) Envía y ordena (Hch. 13:2; Hch. 20:28).

g) Hace milagros (Hch. 8:39; Ro. 15:19).

4. Reacciones personales atribuidas al Espíritu Santo: Las emociones que


provocan ciertos actos humanos revelan la personalidad del Espíritu Santo:

a) Puede ser probado (Hch. 5:9).


La doctrina de Dios • Capítulo Dos 103

b) Puede ser resistido (Hch. 7:51).

c) Se puede incurrir en mentira contra Él (Hch. 5:3).

d) Puede ser insultado y blasfemado (Mr. 3:29-30; He. 10:29).

5. Las relaciones personales que mantiene el Espíritu Santo:

a) Con el Padre: En la fórmula bautismal, el Espíritu está asociado


en un mismo plano de identidad personal, con el Padre y el Hijo (Mt.
28:19).

b) Con Cristo: El Espíritu Santo glorifica a Cristo y declara verdades


relacionadas con Él (Juan 16:13-14).

c) Con los creyentes: Los apóstoles buscaron la voluntad y el bene-


plácito del Espíritu Santo para establecer las normas de la iglesia local
(Hch. 15:28).

C. Nombres adicionales del Espíritu Santo

Anteriormente se observó que los nombres de Dios reflejan su carácter.


Los nombres de Dios no son meras designaciones o identificaciones; revelan
una faceta de su naturaleza, sus atributos y sus obras. Este mismo concepto
resulta válido con los nombres del Espíritu Santo. En las Escrituras hay unos
350 pasajes referentes al Espíritu Santo en los que se pueden discernir más de
50 nombres o títulos. La lista a continuación, aunque incompleta, trata de
proporcionar un resumen de los títulos que ayudan a entender la naturaleza
o actividad del Espíritu:

El Espíritu de Dios (1 Co. 3:16)

El Espíritu (Juan 3:6)

El Espíritu del SEÑOR, Yahweh (Is. 11:2)


104 FUNDAMENTOS DE LA TEOLOGÍA PENTECOSTAL, VOL. 1

El Espíritu del Dios viviente (2 Co. 3:3)

El Espíritu de Cristo (Ro. 8:9b)

El Espíritu de Su Hijo (Gá. 4:6)

El Espíritu de Jesucristo ((Fil. 1:19)

El Espíritu de santidad (Ro. 1:4)

El Espíritu de verdad (Juan 16:13)

El Espíritu de gloria (1 P. 4:14)

El Espíritu eterno (He. 9:14)

El Espíritu Santo de la promesa (Ef. 1:13)

El Consolador (Juan 16:7)

D. Símbolos del Espíritu Santo

Las Escrituras emplean diversas figuras simbólicas de lenguaje para


revelar características del Espíritu. Al estudiar estos símbolos, uno desarrolla
una mejor comprensión de las maneras y obras del Espíritu de Dios.

SÍMBOLOS DEL ESPÍRITU SANTO

Símbolo Referencia bíblica Explicación/Comentario


Viento «Y de repente vino un estruendo El viento es símbolo del poder
del cielo, como si soplara un invisible y la influencia vivificado-
viento violento, y llenó toda la ra del Espíritu.
casa donde estaban sentados»
(Hch. 2:2).
Aceite «El Espíritu del SEÑOR Dios El aceite es símbolo de la unción y
está sobre mí, porque me empoderamiento de los creyentes
ha ungido el SEÑOR [con por el Espíritu Santo para la obra
aceite]…» (Is. 61:1a). del reino.
La doctrina de Dios • Capítulo Dos 105

Paloma «Y cuando Jesús fue bautizado, La paloma es símbolo de amabi-


en seguida subió del agua, y he lidad, pureza, amor, inocencia y
aquí los cielos le fueron abiertos, belleza.
y vio al Espíritu de Dios que
descendía como paloma y venía
sobre él» (Mt. 3:16).
Agua «…El que cree en mí, como dice El agua es símbolo de la capaci-
la Escritura, ríos de agua viva dad del Espíritu para refrescar y
correrán de su interior. Esto dijo dar vida.
acerca del Espíritu…» (Juan
7:38-39).
Fuego «Juan respondió a todos dicien- El fuego habla del poder y la puri-
do: “Yo, a la verdad, les bautizo ficación del Espíritu Santo
en agua. Pero viene el que es
más poderoso que yo, de quien
no soy digno de desatar la correa
de su calzado. Él les bautizará en
el Espíritu Santo y fuego”» (Lc.
3:16).

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