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El Peligro del Evangelio Motivacional

Este documento critica un "evangelio raro" que promete el éxito, la riqueza y la felicidad en la tierra sin un verdadero arrepentimiento o dependencia de Dios. Prefiere un evangelio realista que reconoce que habrá sufrimiento en la vida pero ofrece la esperanza de la venida de Cristo. Este evangelio quita toda esperanza en las propias habilidades y fuerza la dependencia total en Dios.

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El Peligro del Evangelio Motivacional

Este documento critica un "evangelio raro" que promete el éxito, la riqueza y la felicidad en la tierra sin un verdadero arrepentimiento o dependencia de Dios. Prefiere un evangelio realista que reconoce que habrá sufrimiento en la vida pero ofrece la esperanza de la venida de Cristo. Este evangelio quita toda esperanza en las propias habilidades y fuerza la dependencia total en Dios.

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UN EVANGELIO RARO.

Hay un tipo “extraño” de evangelio, que me dice que soy un campeón, que yo puedo con
todo, que todo merezco, que las huestes celestiales están a mi disposición, un evangelio
que mas que ser pregonado por predicadores, parece ser impartido un por coaching
motivacional.
Y lo llamo, “evangelio raro”, porque es tan agradable escucharlo, es tan melodioso al oido,
inyecta una dosis de euforia instantánea, dota a la gente de emocionalismo puro, pero no
logra un cambio y un arrepentimiento genuino en las personas, es tan dañino que hace
que la gente ame las cosas de este mundo y busque la comodidad en una tierra en la que
solo somos forasteros, es como el gas sarín, invisible e inodoro, que te mata sin darte
cuenta.
Particularmente prefiero, un evangelio realista, un evangelio que no me prometa una vida
utópica en la tierra, prefiero el evangelio que me dice: “en el mundo tendréis aflicciones,
pero confiad que yo he vencido”.
Prefiero un evangelio que me quite toda esperanza en mis fuerzas y habilidades, un
evangelio que me haga perder toda fe en la humanidad, y me haga depender de Dios.
Todo cristiano debería de hacer una oración tan piadosa como la de Salomón cuando dijo,
“no me des pobreza ni riquezas; manténme con el pan necesario, no sea que me sacie, y
te niegue, y diga ¿quién es Jehová?”
No digo que Dios no de riqueza, bien dijo David: “... No he visto justo desamparado, ni su
descendencia que mendigue pan”, pero estás no deben ser nuestro fin como seguidores
de Jesús, no debemos amar más las bendiciones que al que bendice, debemos amar a
Dios por lo que Él es y no por lo que da.
La belleza del evangelio no radica en obtener cosas perecederas, ni cosas que no
trascienden en la eternidad, su belleza radica en la esperanza bienaventurada de su
venida para morar allá con Él, donde ya no habrá llanto, ni tristeza, ni dolor.
Por mi parte seguiré diciendo, sin Dios, nada puedo, nada tengo, nada soy, mi oración
seguirá siendo: “Señor no me hagas el mejor o un experto en lo que hago, para así
siempre depender de ti”.
Seguiré prefiriendo el evangelio que me diga que, sin Dios yo estaría comiendo alimento
de cerdos en el mundo como el hijo pródigo, que sin Dios solo soy como el pueblo de
Israel, cobarde e incapaz de salvarse así mismo frente a Goliat, que sin Dios, soy como
Bartimeo el ciego que daba voces a la salida de Jericó diciendo: “¡Jesús hijo de David ten
misericordia de mí!”, seguiré anhelando el evangelio que me haga ver que no soy un
súperhombre, pero que al seguir a Jesús un día sere perfecionado en el cielo.
Me identifico con una frase de un predicador que dice: “me consideraba justo y bueno,
hasta que el Señor me expuso al evangelio”, así siempre tendré un recordatorio constante
de que soy solo un pobre inmerecedor de la gracia y que no debo amar el mundo y las
cosas que en el hay y que las aflicciones son necesarias para anhelar fervientemente mi
morada celestial.
Bendiciones.
-Absalón Morales

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