EXPLORANDO LA ESCALA DE LA ALTERIDAD - DIFERENCIACIÓN
SOCIOESPACIAL EN LA PRODUCCIÓN, CONFIGURACIÓN Y
METAMORFOSIS DE BARRIOS EN LA CIUDAD DE SANTIAGO.
Respuestas teórico-metodológicas de la geografía ante las recientes espacialidades
Molina, Irene 1; Barahona, Macarena2; Gallegos, Rocío3
Universidad Academia de Humanismo Cristiano, Chile
Introducción
La temática del “barrio” adquiere actualidad nuevamente en la mirada de científicos y
políticos de la planificación, después de muchos recorridos de las ciencias sociales por la
globalidad y las macro escalas de lo espacial. En Chile, nos hemos visto enfrentados
durante los últimos años, a diversos programas orientados al mejoramiento de la calidad de
vida en el barrio como “Chile Barrio”4, y “Quiero mi Barrio”5. Una temática recurrente en
los debates de carácter más o menos críticos por parte de investigadores urbanos es el
cuestionamiento de cuál es el concepto de barrio utilizado en cada uno de estos programas
y su validez operativa pero también teórica y metodológica. Y este no es un tema de menor
importancia dentro de la academia ya que las definiciones de lo que sería un barrio pueden
variar considerablemente unas de otras. Sin embargo, parece haber una especie de consenso
en que el barrio adquiere sentido en una situación de cierta precariedad económica o social.
Un barrio es a menudo sinónimo de población (Chile), favela (Brasil), o la Villa Miseria
(Argentina).6
La presente propuesta de investigación se origina en el intercambio de experiencias de las
investigadoras, surgidas en estudios de barrios en contextos europeos y chilenos
respectivamente, en los cuales aparecen ciertos rasgos comunes, a pesar de las
considerables diferencias contextuales de dichas experiencias. Estos elementos comunes,
dicen relación, por ejemplo con: la formación de identidades comunitarias y territoriales, el
barrio como recurso para la movilización social y el desarrollo local, a través de los
procesos de participación ciudadana, el barrio como una conjunción entre el espacio
privado de la vivienda y el espacio público, entre otros. Sin embargo, una pregunta que
salta a la vista en ambos contextos es, ¿cuál es el tipo de barrio que está en la mira de los
investigadores y planeadores urbanos?
La presente ponencia debe ser leída como un trabajo en desarrollo, en tanto la investigación
se encuentra aún en curso. Lo que intentaremos hacer, con el propósito de estimular la
discusión en torno a una temática tan internacional como lo es la del barrio, es presentar
una tipología analítica a partir de los casos que hemos escogido como lugares para la
investigación, a saber la población Ricardo Matte, la población Las Lilas y el condominio
El Carmen de Huechuraba. Dos son los temas principales de esta investigación: 1) las
formas como se manifiesta, si es que se manifiesta, la vida de barrio y 2) el cómo se
presenta, si es que se presenta, la tendencia a la exclusión social en distintas realidades
espaciales, históricas, culturales y sociales en la ciudad de Santiago de Chile. En otras
palabras queremos saber si el barrio es una realidad existente en contextos diferentes y a la
vez analizar el fenómeno de la alteridad y su escala de funcionamiento también en estos
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contextos variados. El fenómeno de la Alteridad será discutido de forma más detallada en
las próximas líneas; importante es señalar sin embargo que así como existe una idea
preconcebida (que por supuesto puede ser válida) de que el barrio presupone una realidad
de precariedad socioeconómica, existe también la idea de que los barrios exclusivos tienden
a excluir a los vecinos no deseados, mientras que los barrios más pobres no lo harían. El
poder de mantener al Otro al margen, a raya, sería exclusivo de los sectores de mayores
ingresos. Sin poner en duda obviamente que el poder se manifiesta en su forma más
explícita a través del dinero, nos permitimos dudar de que la exclusión social se produzca
únicamente en medios donde la riqueza se concentra. Existiría entonces lo que llamamos
una escala de la alteridad: diversas manifestaciones de la exclusión social en los diversos
niveles de bienestar en el espacio urbano residencial.
La investigación se centra en la identificación de ciertos rasgos promovidos por diversos
agentes claves en la estructuración urbana, y dentro del marco ideológico de la ciudad
neoliberal, llevada a su extremo en el caso de Santiago, rasgos que se repiten en barrios con
contextos sociales diversos. Especialmente nos referimos a mecanismos de exclusión
territorial, como el alzamiento de enrejados, muros y otras demarcaciones, a veces
simbólicas, otras materiales, que tienden a mantener al Otro – al vecino indeseado, al
extraño (Bauman, 1995, Molina, 2001) fuera de este espacio, que se define como común
por sus habitantes. En este sentido, queremos probar la hipótesis, que la lógica de la
diferencia que caracteriza los patrones de segregación residencial, en la ciudad occidental
moderna y posmoderna, se manifiesta en la construcción de un nosotros y un ellos,
presentes en los procesos de producción, configuración y metamorfosis de los barrios en
general, pero con características muy diferentes, en lo particular, dependiendo de la
composición social, la localización y las características morfológicas de cada barrio.
Supuestos y objetivos de la investigación
Un supuesto fundamental de este proyecto es, que los barrios, al igual que otros espacios,
variarán de calidad dependiendo de ciertas características sociales, históricas, identitarias,
funcionales, estructurales, entre otras. Una pregunta a contestar es entonces ¿de qué manera
los factores analizados contribuyen o dificultan la repetición de la escala de la alteridad?, o
en otras palabras, ¿de qué manera factores como: la escala, la diversidad de funciones, de
usos, sus habitantes, su idiosincrasia y cultura, la identificación con el barrio, la
configuración espacial más acotada o a la presencia de un centro claramente definido, el
nivel organizacional del barrio, etc. hacen más fácil o más difícil la auto identificación de
los habitantes locales con un imaginario de un nosotros homogéneo, diferenciador y
excluyente en relación al imaginario complementario del ellos? A la vez, ¿qué se sabe de
que aquellos barrios, a menudo obreros, producto ya sea de tomas de terreno o de
poblaciones de vivienda obrera o social, tienden a alcanzar un nivel de cohesión social
mayor, que por ejemplo, los condominios exclusivos?, cabe preguntarse si ¿en tales barrios
exclusivos existen – tal y como es asumido en el caso de los menos acomodados - tejido
social, participación ciudadana, identidad y memorias colectivas, etc.? ¿Qué relación existe
entre la conformación identitaria y territorial de unos barrios con otros? ¿Y cómo
contribuyen todos estos aspectos a desarrollar mecanismos de inclusión hacia adentro
(nosotros) y exclusión hacia fuera (ellos), desplegándose así esta cadena de procesos ,que a
menudo románticamente, tienden a ser considerados como reforzadores de la identidad
2
comunitaria, pero que a la luz de la perspectiva que caracteriza a este proyecto, en realidad
puede estar fundamentalmente reforzando los procesos de fragmentación de la ciudad.
Los objetivos de la investigación pueden ser resumidos como: en lo general, contribuir a
una redefinición del concepto de barrio, a partir del análisis de los elementos de
producción, configuración y metamorfosis de sus estructuras materiales e inmateriales, en
tres barrios de diferente composición social en el Gran Santiago. En lo específico discutir y
analizar los procesos y agentes que participan en la producción, configuración y
metamorfosis del barrio desde las perspectivas teóricas existentes; reconocer
empíricamente los procesos y agentes que operan en cada una de las realidades barriales a
estudiar; y analizar comparativamente los mecanismos que operan en la construcción del
barrio, explorando la escala de la alteridad, en los diferentes contextos específicos.
Metodología
La investigación utiliza métodos cualitativos y cuantitativos, y diferentes perspectivas
metodológicas de acuerdo con las preguntas formuladas y los objetivos trazados.
Para la etapa de catastro, se recoge y organiza la información de los tres barrios estudiados
en función de elementos que a) producen el barrio en su origen, de carácter político-
económicos, socio-culturales e histórico-territoriales, b) elementos que generan permanente
metamorfosis, entendidas éstas como transformaciones desde lo local, hasta lo nacional y lo
global, intervenciones, acciones y conflictos territoriales, entre otros, y c) elementos
configuradores como: morfología y estructura urbana, vida comunitaria, identidad e historia
colectiva, entre otros. Para ello se han aplicado fichas de registro, una encuesta aplicada a
los tres barrios: Las Lilas, Eugenio Matte y El Carmen de Huechuraba, entrevistas en
profundidad abordadas en un análisis de narrativa y de discurso y cartografía asociada a la
forma y estructura urbana. Se han catastrado a través de mapeo y de fotografías los rasgos
físicos de cada lugar en la búsqueda de elementos disociadores o límites tanto materiales
como simbólicos. La información socio-urbana ha sido posteriormente cruzada para cada
barrio, para luego obtener un análisis comparativo entre las distintas realidades barriales.
Partes del análisis integrado de todo este material empírico se informa en la presente
ponencia.
Cabe señalar que una particularidad metodológica del proyecto es la forma en que el equipo
de investigación interactúa en las sesiones de discusión. De esas discusiones han surgido
temas interesantes, nuevas preguntas, lecturas diferentes del material bibliográfico y de las
fuentes de información, así como del material empírico que se ha ido recopilando. En este
sentido el colectivo de investigadores se transforma en un recurso elemental para el
desarrollo de la investigación.
Finalmente, es necesario señalar que aún se están elaborando los resultados y las
conclusiones finales de la presente investigación.
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Marco teórico-conceptual ¿Qué es un barrio?
Para la Geografía un barrio, “corresponde a una parte del núcleo urbano relativamente
homogénea, con límites más o menos imprecisos que constituyen una unidad básica en la
percepción de la vida urbana.” (Zoido, F. 2000.Pág. 350). Esta definición considera que los
barrios reflejan fácilmente las características y modos de vida de sus pobladores y
proporcionan a sus vecinos una cierta identidad y puntos de referencia dentro de la
población, entendiendo por identidad el “proceso por el cual los actores sociales construyen
el sentido de su acción atendiendo a un atributo cultural, al que se da prioridad sobre otras
fuentes posibles de sentido de la acción. Es el yo entendido reflexivamente por la persona
en virtud de su biografía”(Castells, 2000.Pág. 139). Por otro lado, ser un punto de
referencia constituye una estructura significativa en los procesos cognitivos de los
habitantes de una ciudad, en cierto sentido es el lugar desde donde nos proyectamos a la
ciudad, a la región y al mundo. Es el centro geográfico de mayor permanencia, donde nos
criamos, crecemos y desde donde construimos nuestra cosmovisión. Para Yi Fu Tuan
(1977) el barrio sería un lugar típico donde se crea un sentimiento hacia lo espacial, una
topofilia.
Si revisamos la definición que plantea Segovia (2002) el barrio corresponde a una unidad
territorial intracomunal, que “está compuesta por el entorno de las residencias, al cual los
vecinos pueden acceder a pié diariamente. Es una unidad de pequeñas dimensiones, se
trata de un espacio familiar, que tiene un valor simbólico para un grupo reducido de
personas –los vecinos y las vecinas-. Es el lugar para conocerse cara a cara, para
desarrollar acciones cuyo móvil es el afecto, el encuentro y la recreación cotidiana”.(Pág.
29). Esta definición, pone hincapié en las actividades que se desarrollan en el barrio y
contribuye a tener claro, cómo este acontecer de lo cotidiano es muy diferente a otros
espacios dentro de la ciudad.
A la vez el barrio puede ser considerado como una unidad básica de resistencia
comunitaria, en el sentido que éste es el primer contacto con los otros, con lo colectivo y
con lo público. El barrio es así un lugar de transición entre la vivienda como espacio íntimo
y privado, y la ciudad como un sistema territorial mayor. En este contexto, caracterizar este
segmento de la ciudad, indagar en las relaciones que permite esta unidad y comenzar a
sistematizar sus virtudes, puede sumarse al trabajo de organizaciones sociales que han
comenzado a valorar y han reconocido sus potencialidades y virtudes, así como
profesionales vinculados a las Ciencias Sociales y a temáticas culturales e identitarias, que
también ven en estos lugares dinámicas sociales y modos de vida más humanizados.
(Gallegos, A. 2006.Pág. 197) Esta es en parte la concepción de barrio con la que trabajan
aquellos programas estatales o comunitarios que ven en el tejido social del barrio un
potencial de acción colectiva para el cambio, ya sea un mejoramiento del barrio mismo o
una participación mayor en las estructuras de poder de la sociedad. (Castillo y
Villavicencio, 2004).
Los barrios, al igual que otros espacios, variarán en términos de calidad dependiendo de
ciertas características de carácter social, histórico, identitario, funcional, estructural, entre
otras. Por ejemplo, existen los barrios que por su dinámica son más animados, más
acogedores o más integrados que otros. Esta condición favorable, podría deberse a variados
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factores como la escala, su diversidad de funciones, de usos, sus habitantes, su
idiosincrasia y cultura, a la configuración espacial más acotada o a la presencia de un centro
claramente definido, o al nivel organizacional del barrio. Sin embargo, la condición de
contigüidad y cotidianidad que permite sentirse parte de, reconocerse y romper con el
anonimato, es posible desarrollarlo en condiciones incluso adversas, como se ha dado en
grupos marginales erradicados y trasladados a mejores condiciones estructurales, pero que
sin embargo, anhelan su hábitat precario. Este fue el caso particular de los programas de
Erradicación de Campamentos de los años 80 en Chile y en particular en la Región
Metropolitana de Santiago, en los que con fines más bien de control político de una
población que se consideraba por las autoridades como altamente explosiva por su cohesión
social y su historia de resistencia, se trasladó de forma atomizadora y arbitraria a grandes
sectores de estas poblaciones a nuevos asentamientos, desintegrando automáticamente el
tejido y la cohesión social existente en el asentamiento de origen. (Molina, I. 1985)
En la ciudad latinoamericana se dice que los barrios, entendidos como unidades territoriales
a escala vecinal con características de sociabilidad particulares se han ido desfigurando e
incluso han ido siendo reemplazados por nueva tipologías urbanas como: barrios enrejados
de grandes extensiones, poblaciones y villas sin comercio, usos de suelo homogéneos,
mega-supermercados que debilitan el comercio minoritario, privatizaciones viales, entre
otras tendencias. Estos cambios, plantean un giro en los hábitos cotidianos y en
consecuencia, van generando nuevos modos de vida y nuevas relaciones entre sus
habitantes y la ciudad, coronados con condiciones propias de los tiempos de globalización y
la masividad del automóvil, que también aporta en la deslugarización (la pérdida del
sentido de lugar) y desarraigo de los habitantes respecto a su territorio local. A esta
dinámica de cambio unida al deterioro por falta de atención a su desgaste debido al paso del
tiempo responde en parte la proliferación de políticas públicas de los últimos años
tendientes a la recuperación, rehabilitación o saneamiento de barrios en las ciudades del
mundo y en particular en las ciudades chilenas.
El barrio como un lugar de todos.
En las últimas décadas el barrio para muchos ha adquirido un carácter de patrimonio
colectivo, debido a la proliferación de lugares carentes de identidad. En este sentido las
aportaciones como la del concepto de no-lugar acuñado por Marc Augé (1993) nos ayudan
a comprender en profundidad la situación “Si un lugar puede definirse como lugar de
identidad, relacional e histórico, un espacio que no puede definirse como espacio de
identidad ni como relacional, ni como histórico, definirá a un no-lugar. La hipótesis aquí
defendida es que la sobremodernidad es productora de no lugares, es decir, de espacios
que no son en sí lugares antropológicos, lugares que no integran los lugares antiguos, el
hombre del no-lugar no es únicamente un hombre anónimo es, sobre todo, un hombre
solo”. Augé define lugar desde su disciplina, la Antropología, como “un espacio
fuertemente simbolizado, es decir, que es un espacio en el cual podemos leer en parte o en
su totalidad la identidad de los que lo ocupan, las relaciones que mantienen y la historia
que comparten”. Señala también, que “es un espacio en donde cada uno se reconoce en el
idioma del otro, es un universo de reconocimiento, donde cada uno conoce su sitio y el de
los otros, un conjunto de puntos de referencias espaciales, sociales e históricos: todos los
que reconocen en ellos tienen algo en común, comparten algo, independientemente de la
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desigualdad de sus respectivas situaciones”. (Pág. 77-79). Esta definición de lugar es un
aporte en el contexto del barrio, el barrio es un “lugar” para la Antropología de Augé.
Para la Geografía fenomenológica, el concepto de lugar habla de “una funcionalización del
mundo y es por el lugar que el mundo es percibido empíricamente. El lugar es ese espacio
banal de la Geografía, creador de la solidaridad y la interdependencia obligatoria, generadas
por las situaciones cara a cara de que habla Schutz” (citado por Santos, 1996:60). Es la
oportunidad del acontecer, lo vincula a la posibilidad de ejercer autonomía. Para Tuan, (1980)
el lugar se entiende como un concepto elástico y amplio, es la palabra unificadora para todas
las principales subdivisiones de la Geografía, sea la familia en la casa o el planeta. Agrega,
que puede aflorar en escalas diversas; la casa y el barrio son lugares experienciados
directamente, así como la ciudad, la nación, estimadas por una serie de elementos; simbólicos,
emocionales, de identidad, de pertenencia, de estabilidad y conocimiento, íntimo y
humanizado, manifestación del día a día. En esta misma línea, Carlos Buero (1992), señala
que el lugar para quien lo habita es el medio de su vida y que en la adaptación cognitiva al
medio, el lugar te presta (adecuación) y tú le prestas (asimilación), de forma que el paisaje
queda impregnado de lo que somos, y nosotros mismos de lo que él es. Continúa
reflexionando, “esto habla del sentido del lugar, si nos identificamos con los paisajes que
habitamos, es por que nuestra identidad se conforma con la suya; de hecho sólo podemos
identificarnos con una cosa o persona cuando encontramos en su naturaleza algo de
nosotros”. (Pág. 25)
A su vez Santos (1996) en su libro “De la totalidad al lugar” hace una lectura del espacio
geográfico, en el cual destaca el espacio banal de Perroux, como el espacio de todos, en el que
se encuentra la “región” y el “lugar” como unidad territorial de menor envergadura. El barrio,
también es una unidad territorial aún más acotada en el espacio geográfico; en él, al igual que
en los anteriores, se desarrollan según Santos, los vectores horizontales contiguos en los que la
comunicación, la solidaridad y la emoción son los principales actores, asociados a las esferas
de la psiquis. El barrio, es una unidad territorial en que se pueden contrarrestar el exitismo, la
eficiencia y rentabilidad de los vectores verticales, espacios anónimos en que prevalecen las
esferas técnicas, científicas e informacionales, asociados a la configuración de redes inconexas
y discontinuas en las que se sustenta por ejemplo la globalización.
Volviendo a las evidencias empíricas de casos chilenos, Norberto Legner (2000. pág.2-8)
realizó un análisis respecto a la sociedad chilena en los finales de los años noventa, en el
que destacaba, que pese a los logros de la modernización de las últimas décadas y los
logros económicos alcanzados por el modelo económico chileno, las inseguridades
traducidas en miedos que tiene la población, hablan de la fragilidad del “nosotros”, la falta
de participación y la desmotivación en la política. Esto se debería a que este estilo de
modernización no estaría echando raíces en la subjetividad de la gente. Como evidencia señala
el Informe del PNUD sobre el Desarrollo Humano en Chile 1998, del cual se desprenden
pistas sugerentes para una reflexión sobre algunas inseguridades que subyacen al malestar
referentes al “miedo” y que han ido en aumento en la sociedad chilena y que seguramente,
también responden al aumento en el número de patologías mentales como la depresión, la
ansiedad y las adicciones, entre otras. Legner categoriza los miedos en: primero el miedo al
otro, que suele ser visto como un potencial agresor; a la exclusión económica y social y al
sinsentido, a raíz de una situación social que parece estar fuera de control.
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La precariedad del “nosotros” acentúa la retracción al hogar, la familia aparece como el último
refugio frente a las fuerzas hostiles del entorno. Recobra fuerza el individualismo y la
autosuficiencia, como señala Castells (1997) la identidad individual se ha visto reforzada
sobre todo en el mundo occidental, la familia es el único y último de los fines, debilitándose
las identidades colectivas fundamentalmente en los países más globalizados. (Pág.143)
Como se ha visto existen respecto a los distintos conceptos asociados al barrio y nociones de
barrio por una parte la idea de barrio como una unidad administrativa de carácter territorial-
vecinal y por otra parte está aquel significado en el que el barrio es entendido en la medida de
la percepción de quien lo habita y lo siente distanciándose de la primera noción descrita.
Considerando la necesidad de recuperar este segundo significado, poblaciones, conjuntos de
edificios, barrios privados, no constituyen barrios per se, sino más bien, estos serán
propiamente barrios en la medida que constituyan lazos psíquicos, emocionales, históricos y
generacionales, que les permitan auto-reconocerse y ser reconocidos como unidad espacial
contigua, estableciendo sus propios límites territoriales. En este sentido, la definición de
barrio debiera necesariamente auto-sostenerse en el imaginario colectivo, y sus límites,
serán el resultado de múltiples mapas cognitivos superpuestos.
Por otra parte, es importante señalar que la unidad territorial vecinal, es el punto de partida
desde donde nos relacionamos con el mundo, debiera ser el espacio público donde más
seguros nos sentimos y donde afloran generosamente los vínculos emotivos que establece el
habitante con su territorio, como por ejemplo: la territorialidad, la topofilia y la
apropiación. Sin embargo, no siempre se da así, es más, cada vez son menos las áreas
residenciales que se constituyen como barrios, generando por el contrario; topofobias,
desarraigo o alienación cultural en sus residentes, configurándose territorios abandonados,
estigmatizados y excluidos.
Por territorialidad, hay dos posiciones teóricas, por una parte quienes la entienden como
una compulsión instintiva que el hombre como todo ser animado posee para defender el
territorio que habita (Ardrey, 1966; Malmberg, 1980), y, para otros, se trata más bien de
una característica cultural especial de los seres humanos, que se acrecienta en las
sociedades más complejas -especialmente las dotadas de Estado- (Soja, 1971; Alland, 1972;
Sack, 1986). Soja (1971) señala que “es una característica más bien cultural especial de
los seres humanos (a diferencia de la territorialidad animal) destaca tres elementos: el
sentido de la identidad espacial, el sentido de la exclusividad y la compartimentación de la
interacción humana en el espacio. Proporciona no sólo un sentido de pertenencia de una
porción particular de tierra, sobre el que se tienen derechos exclusivos, sino que implica
un modo de comportamiento en el interior de esa colectividad.” (Pág.30) Si bien, esta
definición habla de unidades espaciales mayores como un país o una región, cobra sentido
mencionarla respecto a ese vínculo emocional entre habitante y espacio geográfico.
Otro concepto que tiene relación con este vínculo es la topofilia, entendiendo por ésta, al
conjunto de relaciones emotivas y afectivas que unen al ser humano con un determinado
lugar, siendo este su vivienda, su barrio, su pueblo o la ciudad que habita. Tuan (1985) lo
entiende como un sentimiento despertado por el espacio apropiado, de convivencia y
felicidad, que se contrapone al espacio indiferente, abandonado, habla de los lugares
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vividos y de bienestar, los indica como abrigos, aposentos y refugios. La apropiación
también es un concepto que abre nuevas lecturas respecto a lo que sucede en estos lugares,
Korosec (1976), la define como “un proceso en que el sujeto se hace a sí mismo a través de
sus propias acciones, es el dominio de las significaciones de objeto.” Continúa señalando,
que es un saber hacer histórico mediatizado socio-culturalmente, por tanto implica un
proceso de socialización y las potencialidades del individuo. No es una adaptación, sino el
dominio de una aptitud por tanto la educación y socialización son muy importantes, la
cultura de cada individuo implica una apropiación diferente, es un proceso, un fenómeno
temporal, por tanto habrá que considerar el cambio del sujeto en el tiempo, o del espacio.
Finalmente señala, que la apropiación es un proceso dinámico de interacción del individuo
(vivencia interiorizada, subjetiva) con su medio externo. (Pág. 48). Estos conceptos,
plantean, desde distintas perspectivas, vínculos que establece el hombre respecto a su
territorio, condiciones que en los tiempos actuales, cada vez son más esquivas y que no han
sido valoradas, ni consideradas a la hora de pensar, diseñar, administrar y construir la
ciudad postmoderna.
En un artículo en que se analizan las novelas escritas sobre la ciudad de Santiago Franz
(2008) da indirectamente cuenta de un nuevo recurso dentro de la geografía urbana que se
origina en el “Vuelco Cultural” de los años ochenta, que es el uso de la literatura
novelística en los análisis de la urbe. El escritor se refiere a la posibilidad de leer el alma de
los barrios a través de las novelas sobre la ciudad: “Al sugerir el alma de los barrios, estas
novelas también pueden expresar zonas de nuestra identidad colectiva. Nos cuentan
maneras que tenemos de convivir, comerciar, integrar o aislar al otro; delatan nuestras
actitudes frente a la locura y la muerte; denuncian la violencia de nuestro poder; develan
las estrategias de nuestros deseos; cantan nostalgias de un pasado mítico; evidencian la
fuga sin destino hacia nuestras utopías.” (Franz, 2008. Pág.1)
En este sentido, ¿Qué es lo que se le pide al hábitat urbano y, específicamente a la ciudad?
Fundamentalmente, que posibilite que sus habitantes sean felices, es así como por ejemplo
Ameringo (1995) menciona el concepto “ideológico” de calidad de vida, en investigaciones
sociales respecto a la ciudad y acerca dicho concepto al de bienestar social y en última
instancia a de felicidad. En el mismo sentido Stokols (1990) señala que el bienestar
“felicidad” tiene tres dimensiones básicas: la salud física, el bienestar mental y emocional
y la cohesión social en la comunidad. (Pág.41). Su opinión, es que el signo positivo o
negativo depende, en cierta medida, de las oportunidades y recursos ambientales de los que
disponga el individuo y los grupos, por lo que se rescata, la importancia que tiene el
entorno comunitario y la cohesión social en el mejoramiento integral de las condiciones de
vida de los habitantes.
El Otro en la ciudad
El barrio, sin embargo, no puede hoy en día, y si es que alguna vez lo ha podido, entenderse
como el lugar de todos. Las tendencias a la exclusión y a la autoexclusión así lo indican. Es
de Zigmunt Bauman nos recuerda que el Otro es definido como el Extraño, el forastero, el
desconocido. Como tal éste genera desconfianza y sospecha. El Otro debe por tanto ser
mantenido a distancia, para poder ser observado y controlado. La idea de la alteridad en la
ciudad ha sido trabajada en la geografía desde variadas perspectivas. Sin embargo, donde
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probablemente esta encuentre su asidero más fuerte es en los estudios postcoloniales de la
geografía postmoderna. Los trabajos de Edward Soja (1991) y de Mike Davis (1992) han
sido pioneros en este campo, entregando visiones muy interesantes e innovadoras sobre el
fenómeno que históricamente ha preocupado al geógrafo social y al urbano; nos referimos
al tema de la desigualdad en la ciudad. De alguna manera se puede decir que las teorías del
maestro de la geografía social David Harvey, que intentan a través de la economía política
y la teoría social marxista, explicar la desigualdad y la injusticia social de la ciudad en el
capitalismo, ha sido exitosamente continuada y completada por estas posturas
postmodernas que intentan explicar la discriminación en la ciudad bajo otros términos
asociados pero diferentes al de la pertenencia de clase, como lo son el género, la
etnicidad/raza, edad, discapacidad, etc. Estas corrientes de pensamiento se basan
fundamentalmente en el concepto de alteridad, fuertemente enraizado en las teorías
sicoanalistas. El Yo, el ego, es reemplazado por el nosotros, como el punto de referencia
central de las sociedades, las que definen su entorno a partir del etnocentrismo, el clasismo,
el sexismo etc. Hay ciertas normas sobre como nosotros somos o al menos debiéramos ser,
que son la vara con la que todo nuestro alrededor debe ser medido. Es así que lo que escapa
a esa norma, lo que no puede ser identificado con esa norma, aunque corresponda ésta a la
idea del imaginario más que a ninguna realidad concreta, será por consiguiente definido
como el Otro. (Molina 1997) Esta idea ha sido central para las nuevas concepciones en los
estudios de la segregación y la exclusión urbana. Trabajos importantes en este sentido han
sido los de Susan Smith en Inglaterra, y Edward Soja y Mike Davis en EEUU.
Los barrios estudiados en el Gran Santiago
La investigación se está desarrollando en tres barrios localizados en distintas comunas del
Gran Santiago, insertos en un contexto urbano propio de la principal área metropolitana del
país. El primero de ellos, corresponde al barrio Villa Las Lilas, ubicado en la comuna de
Pedro Aguirre Cerda y su principal característica es su vulnerabilidad social-urbana. El
segundo es el barrio Eugenio Matte, localizado en la comuna de Puente Alto presentando
condiciones históricas e identitarias construidas en un entorno patrimonial obrero, y el
último de los barrios, corresponde a un Condominio cerrado El Carmen de Huechuraba de
la comuna de Huechuraba, un barrio privado con condiciones socioeconómicas media-altas
y que funciona en la lógica de los actuales barrios enrejados. Estos barrios se encuentran en
distintos sectores del Área Metropolitana de Santiago, presentado diferencias considerables
respecto a las características de su producción, metamorfosis y configuración en el espacio.
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Figura Nº 1: Localización del área de estudio.
AREA DE ESTUDIO:
LOCALIZACIÓN DE LOS BARRIOS EN EL GRAN
SANTIAGO
Barrio: Los Almendros,
Comuna de
Huechuraba.
Barrio: Las Lilas,
Comuna de Pedro
Aguirre Cerda.
Barrio: Eugenio Matte,
Comuna de Puente
Alto.
Fuente: Elaboración propia.
El caso del barrio Villa Las Lilas
El barrio Villa Las Lilas presenta una ubicación en el contexto metropolitano que
corresponde al sector sur poniente del Gran Santiago, entre las calles Clotario Blest (ex Av.
La Feria), Vecinal y Carelmapu. Villa Las Lilas es una población de la comuna de Pedro
Aguirre Cerda, que presenta gran deterioro urbano y alta fragilidad social-urbana. Su origen
se remonta al período de Jorge Alessandri en la década de los años 50. Su historia nos relata
que los pobladores provienen de un campamento ubicado en el paradero 1 de Gran
Avenida, contiguo al Zanjón de la [Link] incendio de gran magnitud habría provocado
el trasladado de las familias a este sector, el cual correspondería originalmente a un
conjunto de caballerizas pertenecientes al Ejército. De esta forma, una solución “de
emergencia”, fue paulatinamente, convirtiéndose en una solución definitiva.
Villa Las Lilas es un barrio de 204 viviendas cuya conformación se materializa el año 1952,
oportunidad en que fueron trasladadas cerca de 410 familias. A cada familia se le asignó
una habitación; de esta forma cada barraca era compartida por 12 familias, la que contaban
con un lavadero y un baño. En 1968 un número importante de vecinos fueron trasladados a
la población Santa Olga (hoy comuna de Lo Espejo). A las familias que permanecieron en
Las Lilas se les asignaron dos habitaciones que sumaban 30m2, con un baño y una cocina.
Hasta la actualidad Las Lilas no ha logrado modificar sus dificultades estructurales, con un
alto hacinamiento y un alto grado de precariedad. Lo que puede explicar la ocupación de
los pasajes interiores y la construcción de los patios con instalaciones precarias (ver figura
Nº2).
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Morfológicamente el barrio se encuentra estructurado por una calle central, Los Cardos, de
la cual se desprenden seis pasajes a cada lado. Estos pasajes tienen por lado y lado ocho
casas, con un total de 204 casas, en que viven 1024 personas.
Figura Nº2: Pasajes en Villa Las Lilas.
Un Estudio de Diagnóstico Psicosocial de la Población Las Lilas, realizado por la
Universidad Academia de Humanismo Cristiano en Enero del 2006, señala que “la Villa
Las Lilas estaría atravesada por un estigma que la sitúa como un lugar de libertinaje y de
mal vivir, sin embargo, este estigma se encontraría hiperinflado, es decir, a pesar de que
existe microtráfico, problemas de drogadicción y violencia, esta situación no alcanzaría las
dimensiones que le son atribuidas”. (Equipo Alemanque. U.A.H.C.2006). Esta situación,
determina una baja autoestima de sus habitantes respecto al lugar en que viven, siendo tanto
su autoimagen, como también la imagen que se proyecta una visión negativa del lugar y su
gente.
El caso del barrio Eugenio Matte
La población Eugenio Matte se localiza en el sector sur del Gran Santiago, en la Comuna
de Puente Alto. Específicamente se encuentra entre las calles Tocornal y Coquimbo. El
origen del barrio se remonta al año 1930, corresponde a un barrio obrero que surge bajo el
amparo de la Caja del Seguro Obrero, siendo sus habitantes, trabajadores de la industria de
La Papelera. Este barrio es parte del casco antiguo de Puente Alto y se emplaza en la zona
residencial periférica, que cobijaba a los obreros cerca del área industrial. Esta condición
histórica le otorga una importancia de carácter patrimonial al conjunto de los elementos que
conforman el barrio, es decir viviendas, espacios públicos, la escuela Domingo Matte
Mesías fundada en 1934, el liceo Industrial Domingo Matte Mesías, la iglesia Nuestra
Señora de las Mercedes de 1938, todos ellos equipamientos promovidos por donaciones de
la familia Matte - Tocornal, dueños de los principales terrenos de Puente Alto y
desarrolladores de la industria textil y papelera en Chile, configurando una zona industrial
con residencia obrera de principio de siglo. En este contexto la construcción de identidad ha
sido plasmada en la especialidad del lugar y de sus habitantes.
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Figura N° 3: Población Eugenio Matte.
El caso del barrio El Carmen de Huechuraba
El barrio El Carmen de Huechuraba, se localiza en el sector norte del Gran Santiago, en la
comuna de Huechuraba. Específicamente entre las calles Pedro Fontova a la altura del
7000. El origen del barrio comienza en el año 1996, corresponde a un barrio nuevo siendo
sus habitantes familias de ingresos socioeconómico tipo C1: medio – alto, “es una
alternativa habitacional dirigida a matrimonios jóvenes de clase media y media alta, con
hijos pequeños, que quieren vivir en una casa, hacer vida de barrio y tener contacto con la
naturaleza”7, de hecho es una de las particularidades que busca explotar y vender el
complejo inmobiliario.
Este proyecto inmobiliario, se sigue desarrollando sobre una superficie de 140 hectáreas,
levantando casas que van desde 5000 a 7000 UF, con 140 a 250 m2 de construcción, en
terrenos de 400 a 700 m2. En este lugar antes comprendía el fundo El Carmen de
Huechuraba perteneciente a la familia Johnson´s, terrenos que fueron vendidos a la
inmobiliaria Manquehue-Fernández- Wood. El acceso se encuentra determinado por la
calle principal Pedro Fontova8, a esta se accede por Américo Vespucio, lo que señala y
asegura gran conectividad.
La iniciativa de la construcción “El Carmen de Huechuraba”, se caracteriza por la
construcción de un sistema de pequeños condominios cuyos nombres rescatan el pasado
rural de la localidad9, por ejemplo, así dan cuenta los diferentes nombres que llevan los
condominios, el nombre de algún árbol; los paltos, los naranjos, las almendras, etc. De esta
manera “las casas de “El Carmen de Huechuraba” se encuentran “organizadas en micro
barrios” 10, construidos entorno a plazas centrales que regalan a los niños la posibilidad de
disfrutar de una agradable vida de barrio y la seguridad de jugar tranquilos en la calle
rodeados de áreas verdes protegidas”. Se contemplan 10 hectáreas de áreas verdes, parques
plazas interiores, como ya mencionábamos al interior de cada micro barrio, se unen a los
espacio jardines de las casas – ya que, las casas al interior no posen rejas que limiten el
espacio entre una casa y otra, la seguridad esta determinada por el acceso controlado a cada
uno de los condominios por guardias.
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Figura Nº 4: Condominio El Carmen de Huechuraba.
Avances de la investigación
Hasta el momento la investigación ha ido arrojando resultados parciales y muy preliminares
los que en sí constituyen material empírico de discusión y análisis. Las preguntas que van
surgiendo van dando lugar a nuevas preguntas, y en algunos casos van presentando nuevos
desafíos en el plano metodológico. Un ejemplo de ello es como a partir de entrevistas y de
la revisión del material recopilado surgió dentro del equipo de investigación la necesidad de
revisar la prensa local, como una forma de completar el conocimiento sobre la auto-
percepción de cada barrio, es decir las formas en que la identidad barrial se refleja en los
discursos autogenerados.
En el barrio con identidad consolidada históricamente – Eugenio Matte, la identidad del
barrio es fuerte, a pesar de su larga vida se observa una permanencia de la población: Existe
un compromiso de la población con el desarrollo y el futuro del barrio. El control social
parece ser más discursivo que material, en el sentido que este es un barrio abierto pero con
una alta cohesión social.
El barrio que aparece con su identidad en un inminente proceso de transformación es el de
Las Lilas. Este proceso amplio de transformación presenta rasgos complejos para su
definición o encasillamientos, toda vez que su territorio está siendo intervenido por la
política pública del Programa de recuperación urbana Quiero mi Barrio, el que se
concentrar en el tema de la generación de tejido social. Una intervención significa más que
la creación de tejido social, la transformación de éste, lo que suponemos está contribuyendo
altamente a la transformación de su identidad. Como tesis es posible plantear que Villa Las
Lilas cuenta con un profundo estigma territorial, que ha configurado una segregación y
exclusión al interior de la propia comuna e incluso en relación a las poblaciones vecinas.
Este estigma territorial de alguna forma ha contribuido a la conformación de una visión
sobre sí mismos de marginación y abandono.
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El tercer barrio nos parece que se podría caracterizar como un barrio joven con una
identidad construida o en proceso de construcción – El Carmen; este barrio se diferencia
fuertemente de los dos anteriores en el sentido de que su población explícitamente ha
optado por la auto segregación, siendo un condominio cerrado, socio económicamente
homogéneo. Los mecanismos de autoexclusión son tanto materiales como simbólicos,
constituidos por barreras, guardias y rejas a la vez que existe un alto control social de de
quienes penetran su territorio.
Aún resta mucho trabajo por realizar para la consecución de los objetivos de esta
investigación. Sin embargo una de las reflexiones importantes en la presente etapa es la
convicción de los investigadores que a pesar de las tendencias hacia el individualismo en
las ciudades del mundo que conducen a una mayor fragmentación social y segregación
espacial, el barrio como categoría de análisis y como realidad comunitaria no ha perdido
protagonismo.
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1
Irene Molina es Dra. en Geografía Humana y profesora Asociada en el Instituto de Estudios de Vivienda y
Urbanismo de la Universidad de Uppsala, y profesora Universidad Academia de Humanismo Cristiano.
2
Macarena Barahona es Geógrafa y Licenciada en Geografía, profesora Universidad Academia de
Humanismo Cristiano.
3
Rocío Amparo Gallegos es Geógrafa y Licenciada en Geografía, profesora Universidad Academia de
Humanismo Cristiano.
4
“Chile Barrio” fue el programa de mejoramiento de barrios precarios que dominó la política de vivienda
social en este sentido entre los años 1997 y 2003. Su objetivo era “ccontribuir a la superación de la pobreza de
los habitantes de asentamientos precarios del país a través de un mejoramiento sustancial de su situación
residencial, de la calidad de su hábitat y de sus oportunidades de inserción social y laboral.” Programa “Chile
Barrio, orientaciones generales, Ministerio de Vivienda y Urbanismo, 1998:3.
5
“Quiero mi Barrio” es un programa de recuperación de barrios emblemático del mandato de la presidenta
Michelle Bachelet. El programa designó 200 barrios a lo largo del país, los que están actualmente siendo
sometidos a una serie de intervenciones en el espacio público y en la formación y/o consolidación del tejido
social. La intervención en las viviendas propiamente tales queda excluida de este programa.
6
Un ejemplo es la contundente antología La cuestión de los barrios, de Bolivar y Baldó (1996) contiene
capítulos que se refieren a distintas realidades de barrio en ciudades latinoamericanas. En todas ellas el barrio
no es tratado como un vecindario en general sino más bien como una comunidad socialmente homogénea
desprovista de bienestar económico, en otras palabras territorios donde se concentra la pobreza.
7
“Huechuraba: Una comuna que emerge”, El Mercurio, 15-07-2004. También ver en tesis; Pérez, Francisca.
“Prácticas y representaciones de la vida barrial” una mirada etnográfica al espacio residencial: el caso de los
condumios y los conjuntos de vivienda social. 2004. y otros trabajos relacionados de la misma autora.
8
“El Carmen de Huechuraba” se encuentra ubicado en Pedro Fontova 7100.
9
Pérez, Francisca. Op cit. Pág 43.
10
Idem. (nosotros pusimos las comillas)
15