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Adaptación de "Mucho Ruido y Pocas Nueces"

El documento presenta una adaptación libre de la obra "Mucho ruido y pocas nueces" de William Shakespeare. Se describe la llegada de Benedicto y Claudio a Mesina tras la guerra. Benedicto intercambia insultos con su prima Beatriz como de costumbre. Claudio queda prendado de Hero, hija de Leonato, aunque Benedicto no ve sus encantos. Don Pedro promete ayudar a Claudio a conquistar a Hero.
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Adaptación de "Mucho Ruido y Pocas Nueces"

El documento presenta una adaptación libre de la obra "Mucho ruido y pocas nueces" de William Shakespeare. Se describe la llegada de Benedicto y Claudio a Mesina tras la guerra. Benedicto intercambia insultos con su prima Beatriz como de costumbre. Claudio queda prendado de Hero, hija de Leonato, aunque Benedicto no ve sus encantos. Don Pedro promete ayudar a Claudio a conquistar a Hero.
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Mucho Ruido y Pocas Nueces William Shakespeare Adaptacion libre Verona Petronacci   

William Shakespeare’s

MUCHO RUIDO
Y POCAS NUECES
Personajes

ANTONIO​: Hermano de Leonato.

BEATRIZ​, sobrina de Leonato

BENEDICTO​, joven noble de Padua

CLAUDIO​, joven noble de Florencia

DOGBERRY​, alguacil

DONCELLA

DON JUAN​, hermano bastardo del Príncipe Don Pedro.

DON PEDRO​, príncipe de Aragón, hermano de Don Juan

FRAILE FRANCISCANO

HERO​, hija de Leonato

ILUSTRA, ​doncella de Aragón

LEONATO​, gobernador de Mesina

MARGARITA ​doncella de Hero

ÚRSULA ​doncella de Beatriz

VERGES​, corchete

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Mucho Ruido y Pocas Nueces William Shakespeare Adaptacion libre Verona Petronacci   

 
Acto Primero

Escena 1 ​LEONATO, BATRIZ, HERO, ANTONIO, URSULA

Delante de la casa de Leonato​.

LEONATO​. —A fé mis damitas, florezcan su belleza que Benedicto vuelve de la guerra, con su
buen amigo Claudio.

BEATRIZ. - ​ ¿Y por qué ha de importarme eso?

HERO.​ Prima querida, las mujeres pretenden a Benedicto, tanto como tu pretendes una buena
riña.

ANTONIO.​ Hermano mio dicen que Claudio también es un gran hombre vuelto en batalla , como el
señor Benedicto

HERO​.—(​A la defensiva, contraatacando)​ Regresa también el signior Benedicto de

Padua?

ANTONIO​—¡Oh! Ha regresado, y tan jovial como siempre.

BEATRIZ​.—Y dime, ¿A cuántos hombres ha dado muerte y se ha engullido en estas guerras?


Porque yo he​ ​prometido comerme todo lo que matara.

LEONATO​.—A fe, sobrina, que tratas con excesiva dureza al signior Benedicto; pero él se
desquitará​ ​contigo, no lo dudo.

URSULA​—Ha prestado buenos servicios en estas guerras, señora.

BEATRIZ​.—Tendria víveres rancios, y ayudó a comerlos; posee un estómago excelente.

ANTONIO​—Es también un buen soldado. Todo acaso tiene que ser tan explosivo?

LEONATO​.—No tomes en mal sentido las palabras de mi sobrina. Hay una especie de
guerra​ ​chistosa entre ella y el signior Benedicto, jamas se encuentran sin que se entable
entre ellos una guerra a duelo.

URSULA. s​h...Ya estan llegando. Guardad silencio que no os escuchen. (Ursula arregla a
Beatriz).

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LEONATO;​ Iré a recibiros, hermano vienes?

ANTONIO​: Por supuesto (salen todos, queda Beatriz y Hero)

 
Escena 2 ​CLAUDIO, BENEDICTO, BATRIZ Y HERO

Entran CLAUDIO, BENEDICTO, BATRIZ Y HERO.​

BENEDICTO​.—Mi querida señora Desdén, ¿vives aún?

BEATRIZ​.—Desdén ? La galantería se dobla, se doblega frente a tu presencia desafortunada.


Desden... es lo que les pasa a las damas al verte, salen despavoridas.

 BENEDICTO​.—Lo cierto es que todas las damas se prendan de mí, excepto tu; y la verdad, no
amo a​ ​ninguna.

BEATRIZ​.—¡Qué incalculable dicha para las mujeres!

BENEDICTO​.—Dios mantenga siempre a vuestra señoría en esa disposición de ánimo.

BEATRIZ​.— No lo dudo! Prefiero oír a mi perro ladrar que a un hombre jurar que me adora.

BENEDICTO​.—Así se verá libre uno u otro caballero de los infalibles arañazos en la cara.

BEATRIZ​.—Si fuese una cara como la tuya no podrían afearla los arañazos.

BENEDICTO​.—Bien, eres una extraordinaria adiestraloros.

BEATRIZ​.—Más vale un ave con mi lengua que un animal con la tuya.

BENEDICTO​.—Sigue tu camino; he terminado.

BEATRIZ​.—Como siempre. Terminas rápido. (​Alejándose)​ Te conozco de antiguo. (sale Hero y


Beatriz)

Cambio de luz. Vuelve a la escena general.

Salen todos, menos BENEDICTO y CLAUDIO​.

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Escena 3 ​CLAUDIO Y BENEDICTO

CLAUDIO​.—Benedicto, ¿has reparado en la hija del signior Leonato?

BENEDICTO​.—No he reparado en ella, pero la he mirado.

CLAUDIO​.—Te ruego que me contestes con juicio sensato.

BENEDICTO​.—Pues, a fe, se me antoja demasiado bajita para un alto elogio y demasiado morena
para un​ ​claro elogio. Sólo puedo hacer de ella la siguiente recomendación: que si fuera otra de la
que es, sería fea, y que no siendo sino como es, no me gusta.

CLAUDIO​.— Te suplico me digas con franqueza lo que te parece.

BENEDICTO​.—¿Quieres comprarla?

CLAUDIO​.—Piensas que estoy de broma? (cambia actitud) ¿Podría el mundo comprar semejante
joya?

BENEDICTO​.—Ya lo creo, y un estuche para encerrarla.

CLAUDIO​.—A mis ojos es la más encantadora dama que vi jamás.

BENEDICTO​.—Yo veo todavía sin anteojos, y no advierto semejantes hechizos. He ahí a su prima,
que, a​ ​no hallarse poseída de la cólera, la superaría en hermosura. Espero que no quieras
convertirte en marido?

CLAUDIO​.—No respondería de mí si Hero consintiese en ser mi esposa.

BENEDICTO​.—¿Con que esas tenemos? ¿No lograré ver nunca un solterón de sesenta años? Estas
poniendo tu cuello al yugo (gesto)

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Escena 4 ​DON PEDRO, BENEDICTO Y CLAUDIO

Vuelve a entrar DON PEDRO, BENEDICTO Y CLAUDIO​.

DON PEDRO​.—¿Qué secreto os detiene aquí ?

BENEDICTO​.—Quisiera que vuestra alteza me constriñese a hablar.

DON PEDRO​.—Te lo ordeno por tu obediencia de súbdito. Que está pasando?

BENEDICTO​.— Está enamorado. ¿De quién? Advierte cuán breve es la respuesta: de Hero.

DON PEDRO​.—Amén, si la amas, que la dama es muy digna de ello.

CLAUDIO​.—Hablas así para sondearme, señor.

DON PEDRO​.—Por mi honor, que expreso mi pensamiento puro.

BENEDICTO​.—Y por mi doble honor y fe, señor, que os imito.

CLAUDIO​.—Que la amo es lo que sé.

DON PEDRO​.—Que es digna de ello, me consta.

 BENEDICTO​.—Pues yo ni sé cómo se la pueda amar, ni me consta que sea digna de que se la ame.

DON PEDRO​.—Tú siempre fuiste un hereje obstinado en negar culto a la hermosura.

BENEDICTO​.—Que me haya concebido una mujer, es cosa que le agradezco; que me haya criado,
también;​ ​y porque no quiero hacerles la injusticia de desconfiar de alguna de ellas, es que no me
fio de ninguna. Y por último, me propongo vivir soltero.

DON PEDRO​.—Antes de morir, he de verte palidecer de amor...Ay como reiré (rie freneticamente)
vas a sucumbir en las brazas del amor

BENEDICTO​.—Me veras palidecer de cólera, de enfermedad o de hambre, señor; pero no de amor.

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DON PEDRO​.—Bien, esperare por ello, contando las horas. Mientras tanto, este príncipe pagara
tu peso en oro, cuando te vea sucumbido ante el amor . El toro salvaje se entregue al yugo (rié y
sale)

BENEDICTO​.— Si me entregara como toro salvaje al amor...ayudadme y arrancar mis cuernos e


incrustarmelos en la frente . Decid: AQUI BENEDICTO, AQUI YACE UN HOMBRE CASADO.
Esperare por ello . (​Sale.​ )

Escena 5 ​DON PEDRO, CLAUDIO, LEONATO

DON PEDRO​.—Ahora dilo con sinceridad Claudio. ¿La amas?

CLAUDIO​.—¡Señor! Al partir a esta última guerra, la contemplé con ojos de soldado y me agradó; (
En este​ ​momento, ingresa VERGES y al escuchar, se esconde)​ Ahora que he regresado y los
pensamientos​ ​guerreros ya no están, en su lugar acuden tiernos y delicados anhelos que me
recuerdan cuán bella y delicada es la joven Hero.

DON PEDRO​.—Pronto te convertirás en un verdadero enamorado, pues ya abrumas al que te oye.


Si amas ​a la hermosa Hero, cortéjala, que yo hablaré con ella y con su padre. ¿No es éste el final
que comenzaste a tejer con tan linda y “larga” historia?

CLAUDIO​.—(​Alegre)​ Quise adornarlo con​ ​más largo discurso. Y porque soy novato en las tareas
del amor, me siento torpe para ejecutarlas.

DON PEDRO​.—Estimado Claudio, voy a prestarte ayuda. Tengo entendido que esta noche habrá
baile de​ ​máscaras. Yo representaré tu papel bajo cualquier disfraz y cortejaré a la hermosa Hero.
(​En este​ ​momento ,ingresa LEONATO y al escuchar, se esconde​) Verteré mi corazón en su
pecho. Oh Hero! Oh!​ P​ rincesa de mi ensueño! Oh! Bella de níveas manos y tan dulce mirar! Oh. .
(​Se recompone ante la mirada​ ​de CLAUDIO)​ Bien. Acto seguido, tendré una explicación con su
padre. Pongámoslo en práctica​ i​ nmediatamente. (​Salen​.)

LEONATO​—El príncipe enamorado de mi hija!

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Escena 6 ​MAGARITA Y DON JUAN


Otro aposento en la casa de Leonato​.

Entra MARGARITA y detrás suyo DON JUAN quien la toma e intenta besarla

MARGARITA​.— (​ ​Soltándose)​ ¡Aquí no mi señor!

DON JUAN​.— ¿Qué es eso? No me has extrañado?

MARGARITA​.—(​ ​Sensual)​ No menos que tú a mí. .

DON JUAN​.— Entonces? (​ ​Tomándola entre sus brazos​)

MARGARITA​.— (​ ​Soltándose nuevamente)​ Todo a su debido tiempo.. y lugar. Aquí... hay muchos
ojos!

DON JUAN​.— Para ver se hicieron los ojos... que hagan su trabajo! (​ ​Yendo hacia ella​)

MARGARITA​.— No mi señor! Aún no. Te has reconciliado recientemente con tu


hermano. Es​ ​indispensable que aproveches la estación para recoger buena cosecha.

DON JUAN​.—Cuadra más a mi temperamento ser desdeñado de todos que acomodar mi


comportamiento​ ​a los demás. Déjame ser como soy y no trates de cambiarme.

MARGARITA​.—(​ ​Sensual)​ Quisiera cambiarte en tus aposentos.

DON JUAN​.— Allí puedes. . (​Nuevamente va a besarla​)

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Escena 7 ​VERGES, DON JUAN Y MARGARITA


VERGES​.—(​Entrando e interrumpiendo​) Traigo noticias mi señor!

DON JUAN​.—Idiota! No te he dicho que toques la puerta antes de entrar?

VERGES​.—Si señor! La he tocado.

DON JUAN​.—Has golpeado?

VERGES​.—No. Solo me dijo que la tocara.

DON JUAN​.—(​Resignado​) Dime Vergés.

VERGES​.—Y porque quiere que le diga Vergés si no se llama así?

DON JUAN​.—Tú te llamas Vergés!

VERGES​.—Yo sí, pero usted no.

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DON JUAN​.—Que me digas las noticias, imbécil!

VERGES​.—Pero no me llamo imbécil, Ver – gés... recuérdelo.

DON JUAN​.—(​ ​Resignado)​ Que ibas a contarme?

VERGES​.—Ah! Si! Hay noticias de un matrimonio en cierne.

DON JUAN​.—¿Quién es el insensato que se desposa voluntariamente?

VERGES​.— Claudio!

DON JUAN​.—¡El brazo derecho de mi hermano!

VERGES​.—No. Se casa con todo el cuerpo. (​Mirada asesina de DON JUAN​) Y con su hermano
no! Con​ ​Hero, la hija y heredera de Leonato.

 DON JUAN​.—¿Cómo lo sabes?​VERGES​.—Vi al príncipe como le decía al Conde Claudio que


cortejaría a Hero en su nombre.

DON JUAN​.—Ese héroe improvisado de Claudio recoge toda la gloria de mi caída. Si puedo
interponerle​ ​algún obstáculo en su camino, cualquier camino me parecerá venturoso. Cuento
con ustedes?

MARGARITA​.—Hasta la muerte, mi señor. (​Va a darle un beso)​

VERGES​.—(​Interrumpiendo​) Hasta la muerte, mi señor. Y después también!

MARGARITA​.—(​Sonriendo)​ Ahora debo continuar mis labores... mi señor! (​Sonríe con malicia.
Cambia​ ​su actitud sumisa y sale)

DON JUAN​.—Y nosotros iremos a esa gran cena, a tantear el terreno. (​Sale)​
VERGES​.—(​ ​Siguiéndolo​) Sí. A tantear!

Escena 8 ​LEONATO, BEATRIZ Y HERO

Aposento en la casa de Leonato.

Entran LEONATO, HERO y BEATRIZ

LEONATO​.—¿No ha estado aquí a cenar el conde Juan?

BEATRIZ​.—¡No lo he visto! ¡Qué cara fúnebre tiene ese caballero! Nunca he podido verle sin
experimentar por espacio de​ ​una hora acidez de estómago.

HERO​.—Es de una disposición muy melancólica o enojada.

LEONATO​.—A fe, sobrina, que no conseguirás nunca un esposo si tienes siempre la lengua tan
maliciosa. A fe que eres un demonio!

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BEATRIZ​.—Te equivocas tío! Los demonios tienen cuernos, y si Dios no me da marido, cuya
merced le​ ​imploro de rodillas todas las mañanas y todas las noches... tampoco me dará cuernos

HERO​.—S. .

BEATRIZ​.—(​No dejando hablar a HERO)​ Sí, a fe; el deber de mi prima es hacer una reverencia y
decir:​ ​«Como os guste, padre». Pero, sobre todo, prima, que sea buen mozo; o de lo contrario, haz
otra reverencia y di: «Padre, como a mí me guste».

LEONATO​.—Hija, acuérdate de lo que te he dicho. Si el príncipe te solicita en ese sentido, ya


sabes la​ ​respuesta que has de darle.

 HERO​.—S. .​BEATRIZ​.—(​No dejando hablar a HERO)​ Que el enamorarse, el casarse y el


arrepentirse son como la​ ​música, el primer galanteo es ardiente y rápido, como la giga escocesa; el
casamiento es formal y grave, como el minué; y luego viene el arrepentimiento que es como la
zarabanda, cada vez más torpe y más pesado, hasta que se hunde en la tumba.

LEONATO​.—Sobrina, siempre miráis las cosas por el lado desfavorable.

BEATRIZ​.—Tengo muy buena vista, tío.

HERO​—Aquí llegan las máscaras. Hagamos lugar.

Escena 9 ​DON PEDRO, CLAUDIO, BENEDICTO, DON JUAN, MARGARITA Y ÚRSULA

Entran DON PEDRO, CLAUDIO, BENEDICTO, DON JUAN, MARGARITA, ÚRSULA y otros,
enmascarados​.

Se jugará una secuencia musical mostrando a DON PEDRO cortejar a HERO.

Ursula se pone a cantar y aparece otra doncella cantando juntas.


Baile. Después salen todos, menos DON JUAN, MARGARITA y CLAUDIO​.

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Escena 10

DON JUAN​.—Indudablemente, mi hermano tomo el lugar de Claudio con Hero; No queda más
que una​ ​máscara.

MARGARITA​.—Y es Claudio; le conozco en el porte.

DON JUAN​.—Ven... es nuestra oportunidad. (​A CLAUDIO​) ¿No eres el signior

Benedicto?​ CLAUDIO​.—(​Fingiendo​) Has acertado; el mismo soy.

DON JUAN​.—Signior, eres el amigo íntimo de mi hermano. Como sabes, está enamorado de Hero.
Os ruego​ ​le hagas desistir de ese enlace. Ella no es de una cuna igual a la suya.

CLAUDIO​.—(​Sorprendido)​ ¿Cómo sabes que la ama?

DON JUAN​.—Me lo ha dicho en confesión de hermanos.

CLAUDIO​.—Y por qué dices que yo lo sé?

MARGARITA​.—Yo le oí confesártelo…

DON JUAN​.—No es verdad?

CLAUDIO​.—(​Sorprendido)​ Si, si, claro.

DON JUAN​.—También te ha contado su plan de hacerle creer a Claudio que esta noche la
cortejaría en su​ ​nombre.

MARGARITA​.—Pero lo haría para sí mismo.

DON JUAN​.—Le he oído jurarle eterno amor…

MARGARITA​.—Yo también; y juró que se casaría con ella esta misma noche.

DON JUAN​.— Has que desista. Os lo ruego.

(​Salen DON JUAN y MARGARITA​.)

Escena 11 ​LEONATO Y DON PEDRO


LEONATO: ​Mi querido Don Pedro, principe querido, por favor investigue en mi calva (le muestra su
cabeza )

DON PEDRO: ​Pues tiene cabeza pero no calva mi señor!

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LEONATO​: Exacto! ¿De qué color son mis cabellos?

DON PEDRO:​ Blancas…

LEONATO​; Por que son…

DON PEDRO;​ Canas?

LEONATO​: Exacto querido amigo!! tengo canas y ya estoy preparado para nietos, tengo una hija y una
sobrina que están en plena flor de casarse y así podre ser abuelo. ¿ Usted ama a alguien Don Pedro?

DON PEDRO​: Mi señor no conozco esa bendición.

LEONATO:​ Ayudadme a que mi anhelo se concrete.

DON PEDRO ​: ¡Que así sea!

Escena 12 ​BENEDICTO, DON PEDRO, CLAUDIO, BEATRIZ, LEONATO Y HERO


Vuelve a entrar BENEDICTO y DON PEDRO​.

DON PEDRO​.—La señora Beatriz se queja de ti.

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BENEDICTO​.—Ella es quien me trata de un modo que no lo sufriera un alcornoque. Pero no


hablemos de​ ​ella.

DON PEDRO​.—Bien. .

BENEDICTO​.— Me ha dicho, sin sospechar que era yo, que soy el juglar del príncipe;
acumulando burla​ ​tras burla con tan increíble malicia. Pero no hablemos de ella.

DON PEDRO​.—Vamos. .

BENEDICTO​.—Habla puñales, y cada palabra suya es un golpe. Pero no hablemos de ella.

DON PEDRO​.—Entonces…

BENEDICTO​.—Si fuera su aliento tan pestífero como sus términos, no habría modo de vivir a su
lado; Pero​ ​no hablemos de ella.

DON PEDRO​.—Sin embargo..

BENEDICTO​.—Por Dios, que fuera bueno que algún sabio la sometiera a conjuro; porque
mientras que​ ​ella viva sobre la tierra, el hombre hallará más paz en el infierno que en un
santuario; y las gentes morirán adrede para ir allí cuanto antes; Pero no..

DON PEDRO​.—(​ ​Gritando​) No hablemos de ella!!! Si!!!

BENEDICTO​.—No..

Vuelven a entrar CLAUDIO, BEATRIZ, HERO y LEONATO.​

DON PEDRO​.— Mírala, aquí viene.

BENEDICTO​.—¿No podría vuestra gracia darme algún encargo para el fin del mundo? Os
traería ahora ​mismo un mondadientes del más apartado extremo del Asia; os procuraría la
medida del pie del Yeti; Lo que sea antes que cambiar tres palabras con esa arpía.

 DON PEDRO​.—El único encargo que tengo es desear vuestra buena compañía.

BENEDICTO​.—He aquí, señor, un plato que no es de mi gusto: no puedo tragar a esta señora
Lengua.​ ​(​Sale.​ )

Escena 13 ​BEATRIZ, ANTONIO, CLAUDIO, DON PEDRO, LEONATO Y HERO


BEATRIZ​.—Aquí os traigo al conde Claudio, a quien me enviaste buscar.

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ANTONIO​.—¡Cómo! ¡Qué es eso, conde! ¿Por qué estás triste?

CLAUDIO​.—No estoy triste, señor.

ANTONIO​.—Qué entonces, ¿enfermo?

CLAUDIO​.—Tampoco, señor.

BEATRIZ​.—El conde no está triste, ni enfermo, ni alegre, ni sano; esta... celoso.

DON PEDRO​.—A fe mia, . Claudio: ha hecho la corte a Hero en nombre tuyo, y me ha respondido.
Hablé ya con su padre, y obtuve su buena voluntad. ¡Fija el día de la boda, y que Dios te haga feliz!

LEONATO​.—Conde, toma a mi hija, y con ella mi fortuna. ¡Su gracia ha concertado el matrimonio.

BEATRIZ​.—(​Irónica​) Cuanta felicidad! (​Viendo a Claudio que no habla)​ Aunque ya está


aprendiendo a​ ​ser un buen esposo… y quedarse callado

CLAUDIO​.—(​ ​Sorprendido y feliz)​ El silencio es el mejor heraldo de la alegría. Sería poca mi


felicidad si​ ​pudiera decir cuánta es. Señora me entrego por completo a ti y . . y. . y. . !

BEATRIZ​.—Habla, prima; y, si no puedes, ciérrale la boca con un beso, y que él no hable tampoco.

HERO y CLAUDIO se miran y sonríen. HERO le habla al oído.​

LEONATO​.— ¿Qué modales son esos sobrina? A qué viene tanta insolencia? Largo de aquí!
Endemoniada!

BEATRIZ​.— (​Exagerando amabilidad​) Imploro vuestra merced, tío. Con el perdón de


 vuestra gracia.​ ​(​Sale)

DON PEDRO​.—¡Por mí fe! ¡Es una dama… agradable…

LEONATO​.—La cordialidad es elemento que entra poco en la constitución de su ser, señor. Nunca
para ser​ ​más preciso.

DON PEDRO​.—Sería excelente mujer para Benedicto.

LEONATO​.—¡Oh! Si estuvieran casados sólo una semana, se volverían locos de tanto hablar.

DON PEDRO​.—¿Cuándo piensas ir a la iglesia, conde Claudio?

CLAUDIO​.—Mañana, señor. El tiempo marcha sobre muletas hasta que el amor cumpla todos sus
ritos.

LEONATO​.—No antes del lunes, querido hijo, que será justamente dentro de una semana.

LEONATO​.—Señor, pídeme lo que quieras, con tal de casarla

CLAUDIO​.—Y a mí, señor.

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DON PEDRO​.—¿Y tú, gentil Hero?

HERO​.—Señor, desempeñaré cualquier cometido adecuado para ayudar a mi amada prima al


logro de un​ ​buen marido.

DON PEDRO​.—Y Benedicto lo es. Si logramos esto, la gloria de Cupido nos pertenecerá,
pues nos​ ​quedaremos por únicos dioses del amor. Venid conmigo y os explicaré mi plan.
(​Salen​.)

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Escena 15 ​DON JUAN Y MARGARITA


Otro aposento en la casa de Leonato​.

Entran DON JUAN y MARGARITA.​

DON JUAN​.— Maldición! El conde Claudio se casará con la hija de Leonato.

MARGARITA​.—Sí; pero yo puedo impedirlo.

DON JUAN​.—Toda barrera, todo obstáculo, todo impedimento será bálsamo a mi herida. ¿Cómo
puedes​ ​frustrar ese matrimonio?

MARGARITA​.—No de un modo honrado; pero sí tan encubiertamente que nadie sospechará de


mi.

DON JUAN​.—Muéstrame cómo.

MARGARITA​.—Creo haber dicho a vuestra señoría, hace ya un año, que gozo mucho del favor de
 Vergés.​DON JUAN​.—(​Sonriendo​) Lo recuerdo.

MARGARITA​.—Puedo citarlo a cualquier hora de la noche para que se asome a la ventana del
aposento de​ ​mi señora.

DON JUAN​.—(​Molesto)​ ¿Qué vida hay en eso para causar la muerte de ese enlace?

MARGARITA​.— Procura llamar aparte a don Pedro y al conde Claudio; cuéntales que sabes que
Hero ama​ ​a alguien

DON JUAN​.—Y qué prueba alegaré.

MARGARITA​.— El verla en la ventana de su cuarto con otro hombre, la noche anterior al


proyectado​ ​matrimonio.

DON JUAN​.— ¿Y cómo lo lograrás?

MARGARITA​.— Dispondré la coartada de manera que Hero esté ausente; y seamos Vergés y yo
los vistos​ ​en la oscuridad.

DON JUAN​.—Cualquiera que sea el resultado adverso que de aquí surja, quiero ponerlo en
práctica. Sé​ ​astuta en el proyecto, y tendrás mil ducados de recompensa.

MARGARITA​.—Muéstrate firme en la acusación, y no me avergonzará mi astucia.

DON JUAN​.—Voy a informarme inmediatamente del día de su boda. (​Salen.​ )

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Escena 16 ​BENEDICTO, DON PEDRO, CLAUDIO Y LEONATO


Jardín de Leonato​.

Entra BENEDICTO.​

BENEDICTO​.—Mucho me asombra que un hombre que se ha reído de otro cuando consagra sus
actos al ​amor pretenda convertirse en tema de sus propias burlas, enamorándose. ¿Será posible
que yo también me transforme? (​Viendo a DON PEDRO y CLAUDIO)​ El príncipe y Monsieur
Amor. ( ​Se oculta.​ )

Entran DON PEDRO, LEONATO y CLAUDIO. En el transcurso de la escena hablarán


exageradamente, a los gritos, para que Benedicto escuche, quien gesticulará con cada frase

DON PEDRO​.—¿Veis dónde se ha ocultado Benedicto?

CLAUDIO​.—Muy bien, señor.

DON PEDRO​.—(​A Leonato, muy alto para que escuche Benedicto​) ¿Qué me decías hace un
momento,​ ​que vuestra sobrina Beatriz está enamorada del signior Benedicto? ( ​Benedicto que
estaba encontrando​ ​lugar, se cae)

CLAUDIO​.—¡Oh! ¡Es posible! (​Aparte, a DON PEDRO.​ ​ ​) Rondemos, rondemos; el pájaro se


posa. (​Alto​)​ ​Jamás pude suponer que esa dama fuera capaz de amar a hombre
 ninguno.​LEONATO​.—No, ni yo tampoco. Pero lo más extraño es que haya puesto sus ojos en
Benedicto, a quien, a​ ​juzgar por las apariencias, siempre ha detestado.

BENEDICTO​.—(​Aparte.​ ) ¿Será posible?

LEONATO​.—Bajo mi palabra, señor, que no sé qué pensar de ello, sino que lo adora con pasión
frenética.

DON PEDRO​.—Quizá no haga sino fingir.

CLAUDIO​.—A fe que no fuera extraño.

LEONATO​.—¡Oh Dios! ¿Fingir? Jamás una pasión fingida anduvo tan cerca de una pasión real
como la que​ ​ella descubre sin proponérselo.

DON PEDRO​.—Bien; ¿y qué síntomas de pasión deja entrever?

CLAUDIO​.—(​Aparte.​ ) Cebad bien el anzuelo; el pez picará.

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LEONATO​.—¿Qué síntomas, señor? Bueno.. (​No sabe que decir... A CLAUDIO.​ ​) Ya os habrá
dicho mi hija​ ​cómo.

CLAUDIO​.—¡Claro que sí!

DON PEDRO​.—(​Buscando que Leonato diga algo​) Explicaos. . Os lo ruego!!!

LEONATO​.—Me. . dijo.. que. . (​Se da cuenta, los reúne a los dos y hace como que dice algo en
secreto)​

DON PEDRO​.—(​Haciéndose el sorprendido​) Eso es imposible!!! (​Lo palmea a Leonato que


suspira)​

BENEDICTO​.—(​Aparte.​ ) Pensaría que todo esto es una burla, a no ser ese anciano de barba
blanca quien​ ​lo cuenta;

CLAUDIO​.—​ ​Aparte​.) Ya ha mordido el anzuelo; no lo soltéis.

DON PEDRO​.—¿Ha declarado su pasión a Benedicto?

LEONATO​.—No, y jura que nunca lo hará; ése es su tormento. Se levanta veinte veces durante la
noche y​ ​se queda sentada en camisa hasta que ha escrito un pliego de papel. Luego rompe la
carta en mil pedacitos, reprochándose el haber cometido la ligereza de escribir a un hombre que
sabe habría de burlarse de ella. “Le mido —exclamaba— por mi propio carácter, pues yo me
burlaría de él si me escribiese”

CLAUDIO​.—(​Exageradamente gritado y gesticulando​) Luego cae de rodillas, llora, suspira, se


golpea el​ ​pecho, se mesa los cabellos, reza, maldice. «¡Oh caro Benedicto! Amado Benedicto! Oh!!!
Dios me dé paciencia.» (​Sobre el final, se vuelve hacia ellos que lo miran sorprendidos por la
exageración)​

LEONATO​.—(​Sorprendido)​ Eso es lo que hace; así lo cuenta mi hija. (​Acomodando la situación​)


Y a tales​ ​desvaríos llega que mi hija teme a veces que Beatriz atente contra su propia vida.

DON PEDRO​.—(​Hace gesto que es demasiado)​ Sería conveniente que Benedicto lo supiera
 por otro​ ​conducto, si ella no quiere confesárselo.​CLAUDIO​.—¿A qué fin? No haría sino
tomarlo a diversión y atormentar más a la pobre dama.

DON PEDRO​.—Si así obrara, fuera un acto caritativo ahorcarle. Se trata de una dama encantadora
y gentil;​ ​de virtud inmaculada, al abrigo de toda sospecha.

CLAUDIO​.—Aparte de que es en extremo prudentísima.

DON PEDRO​.—En todo, salvo en amar a Benedicto.

CLAUDIO​.—Beatriz dice que si él no la ama, morirá. Que antes de declararle su amor, morirá. Y
que si él la​ ​corteja, morirá, antes que ceder un ápice de su acostumbrado espíritu de
contradicción.

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DON PEDRO​.—Quiere decir que de todas formas morirá?

CLAUDIO​.— (​No sabe que decir)​ . .Si?. .

DON PEDRO​.—(​Tratando de arreglarlo​) Y hace bien! Si le manifestase la ternura de su


afecto, sería​ ​probable que la desdeñara, pues el individuo —como todos saben— es de
condición desdeñosa.

CLAUDIO​.—Pero es un apuesto caballero.

DON PEDRO. ​—Podría decirse que sí. .

CLAUDIO​.—Y en Dios y en mi alma, muy discreto.

DON PEDRO​.—A la verdad, muestra ciertos destellos que se parecen al ingenio… a veces.

LEONATO​.—Y le tengo por valiente.

DON PEDRO​.—(​Gesto de no tanto)​ . . Sí. . ; y en dirimir contiendas podéis decir que es prudente,
pues las​ ​evita con gran discreción.

BENEDICTO​.—(​ ​Ofendido)​ Ah! (​ ​Al darse cuenta, imita el sonido de algún pájaro para
disimular. Los​ ​tres tratan de ocultar la risa)​

DON PEDRO​.—Bien! Yo quiero bien a Benedicto y me gustaría que modestamente se


examinara a sí​ ​propio y viera hasta qué punto es indigno de dama tan perfecta.

LEONATO​.—¿Vamos, señor? La comida estará ya a punto.

CLAUDIO​.—(​ ​Aparte. Divertidos los tres​) Si con esto no está perdidamente enamorado, nunca
confiaré​ ​en mis esperanzas.

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Escena 18 ​HERO, MARGARITA, URSULA, BEATRIZ


Jardín de Leonato.

Entran HERO, MARGARITA y ÚRSULA.​

HERO​.—Buena Margarita, ve al recibimiento; allí hallarás a mi prima Beatriz conversando con el


príncipe​ ​y con Claudio. Háblale al oído y dile que Úrsula y yo paseamos por el jardín y que ella
sola es el tema de nuestra charla. Añade que nos has sorprendido y aconséjala que se oculte.

MARGARITA​.—Enseguida vendrá, os lo aseguro. (Sale)

HERO​.—Ahora, Úrsula; cuando llegue Beatriz, nuestra charla recaerá tan sólo en Benedicto.
Cuantas veces​ ​pronuncie su nombre, cuida de elogiarle a un extremo que jamás hombre alguno
haya merecido.

ÚRSULA​.— No temas por mi papel en el diálogo.

Entra BEATRIZ, por el fondo.​ ​ Al igual que en la escena anterior, hablarán


exageradamente, a los gritos, para que Beatriz escuche, quien gesticulará con cada frase

HERO​.—Mira por dónde viene Beatriz!

ÚRSULA​.—Lo más entretenido de la pesca es ver al pez tragar ávidamente el anzuelo.

HERO​.—Acerquémonos; (​Avanzan. Alto, casi gritando.​ ​) No, por cierto, Úrsula; ella es
demasiado​ ​desdeñosa. Conozco su carácter, tan fiero y esquivo como los halcones montanos que
habitan en las rocas.

ÚRSULA​.—Pero, ¿estas segura de que Benedicto ama tan ardorosamente a Beatriz? (​ ​Al
escuchar esto​ ​puede ​que Beatriz se caiga, o golpee con algo en donde está escondida​)

HERO​.—Así lo dicen el príncipe y mi prometido.

ÚRSULA​.—¿Y os han encargado de que la informes de ello, señora?

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HERO​.—Me han rogado que se lo participe; pero yo les he contestado que, si estiman a
 Benedicto, le​ ​insten a que luche contra ese afecto y no se lo haga saber nunca a Beatriz

ÚRSULA​.—¿Por qué? ¿No es ese caballero merecedor de compartir un tálamo tan digno
como aquel en​ ​que Beatriz pueda nunca reposar?

HERO​.—Bien sé que merece cuanto pueda otorgarse a un hombre; pero jamás formó la
naturaleza un ​corazón femenino de materia más dura que el de Beatriz. En sus ojos cabalga
chispeante el desdén y la mofa. No puede amar ni concebir forma ni proyecto alguno
afectuoso; tan engreída está.

BEATRIZ​.—(​Levantándose)​ Ey! (​ ​Se da cuenta y se tira de nuevo al piso, produciendo algún


ruido o​ ​sonido para disimular​)

ÚRSULA​.—(​Riendo con HERO. Cambia)​ Cierto. Yo pienso lo mismo. Y en estas condiciones


seguramente​ ​no sería bueno que conociera su amor, no sea que se burle de él.

HERO​.—En efecto. Jamás he visto hombre, por sabio, por joven, noble o de raras facciones que
fuere, a​ ​quien no haya dispensado mala acogida. Si es alto, es una lanza con la punta torcida. Si
es bajo, un ágata mal tallada. Si habla es entonces una veleta que gira a todos los vientos. Si
calla, un tronco que nadie mueve. Así ve la parte mala de cada uno.

ÚRSULA​.—Indudablemente, indudablemente, semejante censura no es recomendable.

HERO​.—No. Mas, Si yo intentara hablarle, se burlaría de mí; me aplastaría de muerte con su


agudeza.

Mejor es la muerte a morir bajo sarcasmos.

ÚRSULA​.—Decídselo, no obstante; a ver qué contesta.

HERO​.—No; antes iré a avisar a Benedicto y aconsejarle que combata contra su pasión. Y,
por cierto,​ ​inventaré, si es necesario, cualquier honesta calumnia que moleste a mi prima.

ÚRSULA​.—¡Oh! No inflijas semejante agravio a vuestra prima. No puede hallarse tan falta de buen
criterio​ ​para rechazar a un caballero tan extraordinario como el signior Benedicto.

HERO​.—Es el hombre más singular de Italia, exceptuando siempre a mí amado Claudio.

ÚRSULA​.—Os ruego no me riñas, señora, si expongo mi parecer. El signior Benedicto, por su


garbo, sus​ ​maneras, su cordura y su valor, es reputado el primero en toda Italia.

HERO​.—En efecto, goza de una excelente reputación. Pero vamos adentro. Mientras continuamos
discutiendo el asunto, te enseñaré algunas galas y me aconsejarás cuál es la mejor para ataviarme
mañana.

ÚRSULA​.—(​ ​Aparte)​ Ha caído en la liga, os lo garantizo. La hemos cazado, señora.

HERO​.—(​ ​Aparte)​ Si es así, se ama entonces por azar. Cupido da muerte a unos con flechas y a
otros con​ ​redes.

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(​Salen HERO y ÚRSULA.​ )

BEATRIZ​.—(​Avanzando.​ ) ¿Cómo me zumban los oídos? ¿Será posible? Benedicto… ¿Me ama?
 Ay!!! (​Con​ ​berrinche​) ¡Que descaro! Pero ya se las verá conmigo! Bufón insípido! (​Sale.​ )

Escena 19 ​DON PEDRO, CLAUDIO, BENEDICTO y LEONATO


Entran DON PEDRO, CLAUDIO, BENEDICTO y LEONATO.
Aposento en la casa de Leonato.

DON PEDRO​.—Permanezco sólo hasta que se realice vuestra boda y después parto hacia Aragón.

CLAUDIO​.—Os acompañaré hasta allí, señor, si me lo permites.

DON PEDRO​.—No; no quiero empañar el nuevo brillo de vuestro matrimonio. Me atreveré sólo a
solicitar​ ​la compañía de Benedicto, que desde la coronilla hasta la punta de sus pies es todo
alegría.

BENEDICTO​.—No soy el que era, galanes.

LEONATO​.—Eso digo yo; me parece que estas triste.

CLAUDIO​.—Sospecho que está enamorado.

DON PEDRO​.—¡A la horca, renegado! No hay en él una sola gota de sangre capaz de sentir
lealmente los​ ​efectos del amor. Si está triste es que carece de dinero.

BENEDICTO​.—Me duele una muela.

LEONATO​—Sácatela.

CLAUDIO​.—No obstante, digo que está enamorado. Se cepilla el sombrero por la mañana. ¿Qué
indica eso?

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DON PEDRO​.—Y además se perfuma. ¿Deduces algo de este olor?

CLAUDIO​.—Equivale a decir que el perfumado mancebo está enamorado.

DON PEDRO​.—La mejor prueba de ello es su melancolía.

CLAUDIO​.—¿Y cuándo había acostumbrado a lavarse la cara?

DON PEDRO​.—Justamente, ¿y a acicalarse?

LEONATO​.— Concluyamos: está enamorado.

CLAUDIO​.—Por cierto, sólo yo sé quién le ama.

DON PEDRO​.—Es lo que yo también quisiera saber. Os aseguro que se trata de alguna persona
que no le​ ​conoce.

CLAUDIO​.—No. Lo conoce, y todas sus malas cualidades; y, a pesar de todo, se muere por él.

DON PEDRO. ​—Por vida mía, a manifestarse va con él respecto de Beatriz.

CLAUDIO​.—Exactamente, Hero, Margarita y Úrsula habrán representado sus papeles con Beatriz,
y ya no​ ​se morderán una a otra las dos fieras cuando se encuentren.

Escena 19

DON JUAN, DON PEDRO Y CLAUDIO

Entra DON JUAN.​

DON JUAN​.—Mi señor y hermano, Dios os guarde.

DON PEDRO. ​—Buenas tardes, hermano.

DON JUAN​.—Quisiera hablar contigo, si dispones de tiempo.

DON PEDRO​.—¿A solas?

DON JUAN​.—Si os place; sin embargo, el conde Claudio puede escuchar, pues le

concierne.​ DON PEDRO​.—¿De qué se trata?

DON JUAN​.—(​ ​A CLAUDIO.​ ) ¿Piensa casarse mañana vuestra señoría?

DON PEDRO​.—Ya sabes que sí.

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DON JUAN​.—No sé si se casará o no, cuando sepa lo que yo sé.

CLAUDIO​.—Si hubiese algún impedimento, os suplico que lo manifiestes.

DON JUAN​.—Vengo aquí a deciros, y abreviaré pormenores, que la dama es desleal.

CLAUDIO​.—¿Quién? ¿Hero?

DON JUAN​.—La misma. Hero, la hija de Leonato; vuestra Hero, la Hero de todo el

mundo.​ CLAUDIO​.—¿Desleal?

DON JUAN​.—La palabra es demasiado suave para pintar su maldad. Venid esta noche conmigo, y
veras a ​un mancebo escalar la ventana de su aposento en la noche víspera del día de su boda. Si la
puedes amar luego, casaos mañana con ella.

CLAUDIO​.—¡Si viese esta noche cosa alguna por la cual no deba casarme con ella mañana, la
avergonzaré​ ​en la congregación donde hubiera de desposarme!

DON PEDRO​.—Y así como la cortejé en tu nombre para obtenerla, me uniré contigo para
repudiarla.

DON JUAN​.—Conservad la serenidad siquiera hasta la medianoche, y dejad que el caso se


aclare por sí​ ​mismo.

DON PEDRO​.—¡Oh día aciagamente tornado!

CLAUDIO​.—¡Oh desgracia extrañamente sobrevenida!​DON JUAN​.—¡Oh calamidad a tiempo


evitada! Así os expresaréis cuando hayáis visto el resultado.(​ ​Salen​.)

  
Escena 20

MARGARITA, URSULA, VERGES,

MARGARITA​.—(​Entrando​.​ ​Se sorprende​)¡Úrsula! ¿Qué haces aquí?

ÚRSULA​.—(​Aparte.​ ) ¡Silencio! ¡Me he escapado!

MARGARITA​.—¡Ah! Tú también estás haciendo algo indebido?

ÚRSULA​.—¿Como tú también? ¿Qué has hecho tú?

MARGARITA​.—Por mi bien, que no he de contarte.

ÚRSULA​.—Y por el mío, que si me lo has de contar.

MARGARITA​.—Es que... no puedo.

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ÚRSULA​.— Alguna traición? Cuéntame! Y luego yo te cuento lo mío!

MARGARITA​.—Está bien! Has de saber, pues, que he obtenido mil ducados de Don Juan.

ÚRSULA​.—¿Es posible que infamia alguna se venda tan cara?

MARGARITA​.—Me ha cortejado un hombre llamándome Hero. (​Verges se cae al escuchar esto)​


¿Que fue​ ​eso?

ÚRSULA​.—Nada... sigue contando.

MARGARITA​.—Es que he oído algo..

ÚRSULA​.—Un gato! Ya se ha ido. Continúa.

MARGARITA​.—Bien. He debido comenzar diciéndote cómo el príncipe y Claudio, advertidos por


don Juan,​ ​presenciaron desde lejos en el jardín esta cita amorosa.

ÚRSULA​.—¿Y creyeron que tú eras Hero?

MARGARITA​.—Dos de ellos lo creyeron; pero el diablo de Don Juan sabía que era yo.

ÚRSULA​.—¡En nombre del príncipe, daos presos!

MARGARITA​.—¿Que dices Úrsula?

ÚRSULA​.—(​A Vergés que estaba tratando de escaparse​) Adonde va hombre?

VERGES​.—(​Disimulando​) Arriba las manos!!! (​Hacia cualquier lado)​

ÚRSULA​.—Aquí está! Sigue dormido parece!

MARGARITA​.—Verges?

 VERGES​.—(​Haciéndose el que no la había visto)​ Ah. . Como está usted señorita.

ÚRSULA​.—Avisad al señor alguacil mayor. Hemos descubierto aquí la más peligrosa obra de
libertinaje​ ​que se ha cometido jamás en el Estado.

VERGES​.—No creo que haga falta molestar a estas horas. .

ÚRSULA​.—Ni una palabra. Os intimido a que os dejes obedecer y nos sigas. (​Comienza a salir)​

MARGARITA​.—¡Recuerda que tú también eres parte de esto!

VERGES​.—Pero yo no sabía nada!

MARGARITA​.—Y quien te va a creer?

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ÚRSULA​.—Vamos!!!!

VERGES​.—Si si. Vamos, os obedeceremos. (​ ​Salen.​ )

Escena 21

HERO, URSULA, BEATRIZ Y ​DOGBERRY

Aposento en la casa de Leonato.

Entran HERO y URSULA.​

URSULA​—En verdad, creo que os sentaría mejor el otro vestido

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HERO​.—No ​tía​, quiero llevar éste.

URSULA​—Por mi fe que no es tan bonito, y estoy segura de que vuestra prima será del mismo
parecer.

HERO​.—Mi prima es una loca y tú eres otra. No llevaré sino éste.

URSULA​—Hallaría precioso este nuevo añadido, si el cabello fuera un poco más oscuro. En
cuanto al​ ​vestido, a fe que está confeccionado a la última moda.

HERO​.—¡Dios me dé alegría para lucirlo! Mi corazón está sumamente apesadumbrado… como


aplastado

URSULA​—Pronto lo estará más con el peso de un hombre.

HERO​.—¿No sientes rubor?

URSULA​—¿De qué? ¿De hablar de cosas honradas? ¿El casamiento no es honrado? A no ser que
un mal pensamiento interprete torcidamente mis palabras, a nadie he ofendido.

Entra BEATRIZ​.

HERO​.—Buenos días, prima.

BEATRIZ​.—Buenos días, querida Hero.

 HERO​.—¡Cómo! ¿Qué es eso? ¿Hablas en un tono sentimental?

BEATRIZ​.—(​Disimulando​) A fe mía, que me encuentro extremadamente mal.

URSULA​—¿Qué os falta? ¿Un halcón, un caballo o un esposo?

BEATRIZ​.—¿Qué quieres decir?

URSULA​—¡Nada; sino que Dios dé a cada cual lo que su corazón desea!

HERO​.—Estos guantes me los ha enviado el conde. Despiden un perfume embriagador.

BEATRIZ​.—Estoy constipada. No tengo olfato.

URSULA​—¿No será que has cogido un frío de castidad?

BEATRIZ​.—¡Oh, venga Dios en mi ayuda! ¿Desde cuándo tan chistosa?

URSULA​—Desde que tú has dejado de serlo. Fue un encanto la doncella que canto en el baile de
mascaras, piensas invitarla para tu casamiento? Por que yo también quiero cantar ! Y vi como lo
miraba al señor Benedicto...se sacaban fuego por los ojos

HERO​: Ursula mia, ambas lo harán en tales galas.

BEATRIZ​.—Por mi fe, que estoy enferma.

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URSULA​— Conozco el mejor calmante para un desfallecimiento. Debes aplicarlo en el


corazón… se​ ​llama carduus benedictus destilado

BEATRIZ​.—¡Benedictus! ¿Por qué benedictus? ¿Ves algún sentido en ese benedictus?

URSULA​—¿Sentido oculto? ¡Por mi fe, yo no he pretendido dárselo!Quizá creas que os supongo


enamorada: No, por la Virgen. No soy tan tonta que dé crédito a cuanto se me ocurra; no se me
ocurriría pensar, aunque me volviera loca, que estas enamorada, o que lo estarás. No obstante,
Benedicto era una persona tal como tú, y ahora se ha vuelto como los demás hombres. Juró que
jamás se casaría y, sin embargo al presente, come su pan de amor sin repugnancia. Que tú te
conviertas lo ignoro; pero se me antoja que comienzas a mirar igual que las demás mujeres.

Entra DOGBERRY.​

DOGBERRY​—Daos prisa, señora. El príncipe, el conde, el signior Benedicto, don Juan y todos los
galanes de la​ ​ciudad vienen por ti para llevaros a la iglesia.

HERO​.—Si querido amigo! (​ ​Sale DOGBERRY)​ Ayudadme a vestir (​a Úrsula​). Prima?

BEATRIZ​.— No (​Sale​.)

URSULA​— Vamos niña! Vamos! (​Salen​)

Acto Segundo

Escena 22

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LEONATO, FRAILE, CLAUDIO, HERO, BEATRIZ, DON PEDRO , DON JUAN y ANTONIO

Interior de una iglesia.

Entran DON PEDRO, DON JUAN, LEONATO, DOGBERRY, CLAUDIO, BENEDICTO, HERO, BEATRIZ,
etc.

Fraile habla en latin cantando exagerado…

LEONATO​.—Vamos, Fraile, se breve.

FRAILE​—¿Vienes aquí, señor, a casar a esta dama?

CLAUDIO​.—No.

LEONATO​.—A ser casado con ella; tú eres quien viene a casarle con ella.

FRAILE​—Señora, vienes aquí a casaros con este conde.

HERO​.—Vengo.

FRAILE​—Si alguno de vosotros dos sabe de algún impedimento os invito, por la salvación de
vuestras​ ​almas, a que lo declaren.

CLAUDIO​.—¿Sabes de alguno, Hero?

HERO​.—De ninguno, mi señor.

FRAILE​—¿Sabes tú de alguno, conde?

LEONATO​.—Me atrevo a contestar por él: de ninguno.

CLAUDIO​.—¡A cuánto se atreven los hombres! ¡Cuánto hacen diariamente, sin saber lo que hacen!

LEONATO​.—No entiendo querido amigo.

CLAUDIO​.—Acércate, fraile. Padre, con vuestro permiso: ¿me das a esta doncella, vuestra hija,
libremente​ ​y sin violencia alguna?

LEONATO​.—Tan libremente, hijo mío, como Dios hubo de concedérmela.

CLAUDIO​.—Y yo, ¿qué podría daros en pago de tan rico y valioso presente?

DON PEDRO​.—Nada, a no ser que se la devolvieras.

CLAUDIO​.—Querido príncipe, me enseñas gratitud noble. Leonato, recobrad, pues, a vuestra


hija: no des​ ​esa naranja podrida a vuestro amigo.

HERO​.—Claudio!

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CLAUDIO​.—¡Mirad! ¡Se sonroja como una virgen! Todos cuantos la ven, ¿no jurarían que es una
virgen?​ ​¡Pues no lo es! ¡Conoce el calor de un lecho lujurioso; y si enrojece, no es de pudor, sino
de vergüenza!

HERO​.—No!

ANTONIO​.—¿Qué quieres decir, señor?

CLAUDIO​.—¡Que no me caso, que no junto mi alma a la de una probada libertina!

HERO​.—¿Está mi señor en su juicio, que desvaría de ese modo?

LEONATO​.—Querido príncipe, ¿por qué no hablas?

DON PEDRO​.—¿Qué voy a decir? Estoy avergonzado por haber querido unir a mi caro amigo
con una​ ​vulgar ramera.

LEONATO​.—¿Se dicen tales cosas, o soy víctima de un sueño?

DON JUAN​.—Señor, se dicen, y son verdaderas.

HERO​.—¡Verdaderas! ¡Oh Dios!

CLAUDIO​.—¿Quién era el hombre que hablaba contigo anoche, en tu ventana, entre doce y una?

HERO​.—Con ningún hombre he hablado a tal hora, señor.

DON PEDRO​.— Leonato, por mi honor que junto a mi hermano y a este pobre conde la hemos
visto y oído​ ​a esa hora con un rufián en la ventana de su aposento…

HERO​.—No es cierto!

DON PEDRO​.—Realizar ciertas cosas…

DON JUAN​.—¡Vergonzosas! ¡Vergonzosas! No merecen otro nombre, señor, ni que se hable de


ellas. No​ ​hay castidad suficiente en el lenguaje para referirlas sin ofender los oídos.

CLAUDIO​.—¡Adiós Hero! Por ti cerraré todas las puertas del amor, y la sospecha penderá de mis
párpados​ ​para trocar toda hermosura en pensamientos de maldad y nunca hallarle otros
atractivos.

HERO se desmaya, Beatriz la abraza y llora

BEATRIZ​.—¡Ay! ¡Qué es esto, prima! ¿Os sentís enferma?

DON JUAN​.—Venid, partamos. Semejantes revelaciones le han hecho perder el sentido.


(​Salen DON​ ​PEDRO, DON JUAN y CLAUDIO.)

ANTONIO: Sobrina mia, como se difama tan vanalmente, la mujer es agraviada


siempre, pero tú, tú espíritu puro injustamente juzgada...y si fuera así lo que te

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acusan…? por qué soportar tales agravios? Hemos sido concebidos por un mujer y a
ellas más atacamos, sobrina mía, hazme feliz y respira (se abraza a ella)

Escena 23

BEATRIZ, HERO, ANTONIO, FRAILE, LEONATO,

BEATRIZ​.—Se mueve! (​ ​HERO despierta)​ ¡Prima! ¿Cómo te sientes?

HERO​.—Me siento morir. .

FRAILE​—Reconfortaos, señora.

LEONATO​.—¿Y alzas la vista?

ANTONIO​—Sí; ¿por qué no ha de alzarla?

LEONATO​.—¿Por qué? ¿Todo lo que hay sobre la tierra no grita su deshonra? ¿Puede negar aquí
el relato​ ​que lleva impreso en su sangre? No vivas, Hero; no abras los ojos.

ANTONIO​—Que dices? Detente.

LEONATO​.— ¿Me apenaba el tener una hija tan sólo? ¿Acusé a la naturaleza por haberse
mostrado avara?​ ​¡Ah! ¡Fue demasiado pródiga en darme a ti!

FRAILE​—Hijo, hijo, calmaos. Calmaos todos para entender mejor

BEATRIZ​.—¡Oh, por mi alma! ¡Han calumniado a mi prima!

LEONATO​.— ¿Que dices?

FRAILE​—Sobrina ¿has compartido su lecho la noche última? No tengaís miedo, somos familia.

BEATRIZ​.—No, en verdad, no;

LEONATO​.—¡Confirmado! ¿Iban a mentir los dos príncipes?¡Dejadla! ¡Dejadla que muera!

FRAILE​—Oídme un instante. (​Frenándolo​) Tratadme de loco; no concedan nada a mis años, a


mi dignidad, a mi vocación, ni a mi sagrado ministerio, si esta adorable señora no ha sido aquí
víctima de algún error mordaz.

LEONATO​.—Fraile, te equivocas. Ya ves que todo el pudor que le queda consiste en no querer
añadir a su​ ​condenación el pecado de perjurio. No lo niega.

FRAILE​—Señora, ¿quién es el hombre con el cual se os acusa?

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HERO​.—Lo sabrán quienes me acusan. Si conociera a hombre alguno más de lo que puede
convenir a la ​castidad de una doncella, ¡que mis pecados no hallen redención! ¡Probad que un
hombre ha conversado conmigo a horas desusadas y repudiadme, odiadme, torturadme hasta
la muerte!

FRAILE​—Los príncipes sufren alguna extraña equivocación.

BENEDICTO​.—Dos de ellos son el honor personificado. Si su buena fe ha sido sorprendida,


habrá que​ ​achacar el fraude a Juan el bastardo.

LEONATO​.—¡Si han dicho de ella sólo la verdad, me sentiré desdichado! ¡Pero si mancharon su
honor​ ​con la calumnia, tendrán que sentir la fuerza de un brazo y plantel de amigos para tomar
venganza cumplidamente.

ANTONIO​—Los príncipes han dejado aquí a​ ​vuestra hija por muerta. Ocultadla algún tiempo
secretamente y hacer correr la voz de que, en efecto, ha sucumbido; suspended del viejo
panteón de vuestra familia un epitafio fúnebre y cumplid todos los ritos correspondientes a un
entierro.

LEONATO​.—¿A qué conducirá eso?

ANTONIO​—Bien llevado, hará que la calumnia se convierta en remordimiento. Y puede que la


verdad salga​ ​a la luz. Pero aunque todos nuestros planes resultaran fallidos, la suposición de que
la dama ha muerto sofocará el escándalo de su infamia, y si no sale bien, siempre os queda el
recurso de tenerla oculta, en una vida reclusa y religiosa, lejos de todas las miradas y de todas las
lenguas.

BENEDICTO​.—Signior Leonato, atended el consejo del monje. Y aunque sabes la gran intimidad
y afecto​ ​que me unen al príncipe y a Claudio, juro por mi honor, que he de obrar en todo con
sigilo y lealtad.

LEONATO​.—En el dolor en que estoy sumergido, el menor hilo puede guiarme.

FRAILE​—Haces bien en consentir. A la tarea inmediatamente. A extraños males, extraños


remedios.

Vamos, señora, morid para vivir, que mi alma luego se confiesa por tal terrible omisión.

HERO​.—Gracias Padre!

FRAILE​—Tal vez este día nupcial no ha sido sino aplazado. (​Salen FRAILE, HERO y LEONATO​.)

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Escena 24

BENEDICTO Y BEATRIZ

BENEDICTO​.—Señora Beatriz, ¿has llorado todo este tiempo?

BEATRIZ​.—(​Secándose las lágrimas)​ No. Jamás lloro… y menos por esa arpía de mi prima

BENEDICTO​.—Estoy seguro de que vuestra bella prima ha sido calumniada.

BEATRIZ​.—¡Ah! ¡Cuán acreedor se haría a mi gratitud el hombre que la rehabilitase! (​Se da


cuenta)​ Al fin​ ​de cuentas es familia.

BENEDICTO​.—¿Hay algún medio de daros esa prueba de amistad?

BEATRIZ​.—El medio existe, pero no el amigo.

BENEDICTO​.—¿Puede servir un hombre?

BEATRIZ​.—Es oficio de hombre, pero no para ti.

BENEDICTO​.—Nada quiero más en este mundo que a ti! (​Se da cuenta)​ Que…

ayudarte a ti.

BEATRIZ​.—(​Enojada​) ¡No quiero tu ayuda! No quiero nada de ti!

BENEDICTO​.—Yo tampoco de ti… solo deseo ayudar a tu familia

BEATRIZ​.—Ve con mi familia entonces! Que haces aquí?

BENEDICTO​.—¿Qué hago aquí? ¿Sabes que hago aquí? No se… ¿Qué hago aquí?

BEATRIZ​.—(​Enojadísima)​ Enfadarme!!! Eso haces!!! Desde que te conozco! Ay! (​Desde el enojo,
como si ​dijera odio en vez de amo​) Cuanto te amo! ​(​BENEDICTO no escuchó bien y se
sorprende)​ Odio. Cuanto​ ​te odio!

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BENEDICTO​.—Pero has dicho…

BEATRIZ​.—Odio. He dicho odio

BENEDICTO​.—Sin embargo…

BEATRIZ​.—(​Enojadísima)​ Sabes más tu que yo? Eh? Ay! Cuanto te odio! Te odio… (​Cara a
cara, y esta​ ​vez dicho como si dijera amo en vez de odio)​ tanto!

BENEDICTO​.—Estoy… confundido…

BEATRIZ​.— Te odio tanto! Odio tus bromas… tu caminar… tus ojos… tu boca… (​Boca a

boca​)

BENEDICTO​.—(​Boca a boca, apasionado)​ Y yo no sabes cuánto te odio!

BEATRIZ​.—¡Mata a Claudio!

BENEDICTO​.— ¡Ni por el mundo entero!

BEATRIZ​.—Me matas con negármelo. Adiós.

BENEDICTO​.—Deteneos, querida Beatriz. (​La toma de la cintura​)

BEATRIZ​.—Me he ido, aunque esté aquí; por favor, dejadme.

BENEDICTO​.—¡Beatriz!. .

BEATRIZ​.—(​Sin hacer mucho por soltarse)​ A fe, que quiero irme.

BENEDICTO​.—Quedemos antes amigos.

BEATRIZ​.—Tienes menos miedo de ser mi amigo que de combatir con mi enemigo.

BENEDICTO​.—¿Es Claudio tu enemigo?

BEATRIZ​.—¿No está probado que es el más vil de los miserables por haber calumniado,
despreciado y​ ​deshonrado a mi prima? ¡Si yo fuera hombre! Engañarla hasta el punto de darse las
manos ante el altar ¡Si yo fuera hombre! ¡Me comería su corazón en medio de la plaza!

BENEDICTO​.—¡Óyeme, Beatriz!. .

BEATRIZ​.—¡Que habló en su ventana con un hombre!

BENEDICTO​.—Pero ¡Beatriz!. .

BEATRIZ​.— ¡Difamada! ¡Calumniada! ¡Perdida!

BENEDICTO​.—¡Beat!. .

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BEATRIZ​.—¡Si yo fuera hombre para defenderla, o tuviera sólo un amigo que fuera hombre… de
verdad!

BENEDICTO​.—¡Basta! ¡Me comprometo a desafiarle! ¡Por esta mano, que Claudio me dará
satisfacción​ ​cumplida!

BEATRIZ​.—¡Gracias! (​Lo toma como para besarlo)​ Aunque te seguiré odiando!

BENEDICTO​.—¡Yo también! (​Salen uno por cada lado)​

Escena 25
MARGARITA, URSULA Y VERGES

Margarita empieza a caminar despacio intentando escapar, posee opa de hombre y mucha
barba para encubrirse, cuando casi llega la atrapa Ursula y Verges
URSULA: Detente ahi!!

MARGARITA: Si señora?

URSULA; Quién es usted?

MARGARITA: (pone voz masculina) TERESO !

VERGES: Quién?

URSULA: Usted es Margarita !

MARGARITA; Yo no conozco a ninguna Margar…

URSULA; Si, si, si... eso digaselo al aguacil Dogberry….

VERGES: Vamos, andando!! Se la llevan…

MARGARITA; Pero yo soy TERESO!

Ursula; InTERESANTE… (Se la llevan)

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Escena 26

DOGBERRY, VERGES, URSULA Y MARGARITA

Una cárcel.

Entran DOGBERRY, VERGES, URSULA y MARGARITA.

DOGBERRY​.—¿Están presentes todos los miembros de la «disamblea»?

VERGES​.—Asamblea.

DOGBERRY​.—Asamblea.

URSULA​.—¡Así es señor!

DOGBERRY​.—Procedamos al expediente de «intuición».

VERGES​.—Instrucción.

DOGBERRY​.—Cuál es el rufián?

MARGARITA​.—(​Mirando hacia todos lados, ya que no queda nadie más que ella)​ . .Yo..

DOGBERRY​.—¡Lo sabía!!!! ¿Cómo te llamas, amigo?

MARGARITA​.—Margarita.

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DOGBERRY​.—(​A URSULA​) Tened la bondad de escribir ahí “MARGARITA”. Nombre extraño


para un​ ​caballero.

MARGARITA​.—Soy una dama, señor.

DOGBERRY​.—(​ ​A URSULA)​ Escribid ahí: es una dama... que parece un caballero. Señorita, está
probado​ ​que eres poco menos que una hipócrita traidora, y cerca le anda de que lo creamos.
¿Qué contestas en ataque propio?

VERGES​.—Defensa propia.

MARGARITA​.—A fe, señor, digo que no lo soy.

DOGBERRY​.—(​Aparte a VERGES y URSULA​) Es una moza lista esta truhán; pero yo me las
entenderé con​ ​ella. Venid acá, bellaca; una palabra al oído. Os digo, señora, que se sospecha que
eres una granuja.

MARGARITA​.—Señor, os digo que no lo soy.

DOGBERRY​.—Bien; retírate. ¡Que ha resultado terca! No he podido sacarle una confusión!

VERGES​.—Confesión!

DOGBERRY​.—Bien. Ronda. . Excusa a esta mujer.

VERGES​.—Acusa. .

URSULA​.—Dijo que había recibido mil ducados de don Juan para acusar falsamente a la
señora Hero. Y​ ​que el conde Claudio tenía el propósito, creyendo en sus palabras, de
deshonrar a Hero ante toda la asamblea y de no casarse con ella.

DOGBERRY​.—¡Oh villana! ¡Serás condenada por esto a «redención» eterna!

VERGES​.—Detención.

DOGBERRY​.—¿Qué más?

URSULA​.—El príncipe Juan ha huido secretamente esta mañana. Hero ha sido acusada y ha
muerto de​ ​pena repentinamente.

DOGBERRY​.—Oh! Ataremos a esta mujer y la llevaremos a casa de Leonato.

URSULA​.—Yo iré delante y le mostraré el interrogatorio. (​Sale.​ )

DOGBERRY​.—(​ ​A VERGES)​ ¡Vamos, que se «obstina»!

VERGES​.—Creo que no es necesario señor. .

DOGBERRY​.—(​Quitándole la soga​) Dame eso!

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MARGARITA​.—(​No dejándose atar​) ¡Atrás, mastuerzo!

DOGBERRY​.—¡Por vida de Dios! ¿Dónde está el escribano? ¡Que escriba que el representante del
príncipe​ ​es un mastuerzo! ¡Vamos, hay que amarrarle! (​Comienza a atarla​)

MARGARITA​.—¡Fuera! ¡Eres un asco!

DOGBERRY​.—¿No te infunde «sospecha» mi cargo? ¡Que no esté aquí el escribano para escribir lo
de​ ​asno! Pero tú, Verges, recuerda que soy un asno. Aunque no conste por escrito, no olvides que
soy un asno. (​Salen.​ )

Escena 27

BEATRIZ, LEONATO, DON PEDRO Y CLAUDIO.

Entran LEONATO y ​BEATRIZ

BEATRIZ​—Si continuas así, os causaras la muerte, y no es razonable secundar de tal modo la pena
contra​ ​uno mismo.

LEONATO​.— Encuéntrame un padre que haya amado a su hija tanto como yo; cuya felicidad,
puesta en ​ella, haya sido aniquilada como la mía, y pídele que hable de paciencia. Los hombres
pueden aconsejar y proferir palabras de consuelo ante aquellos pesares que no sienten. Por lo
tanto, no me des consejos. Mis penas gritan más alto que tus reflexiones.

BEATRIZ​—Sin embargo, no eches sobre vos todo el peso de la desventura; que aquellos
que os han​ ​ofendido sufran también.

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LEONATO​.—En eso hablas con razón. Mi alma me dice que Hero ha sido calumniada, y lo sabrá
Claudio,​ ​así como el príncipe y todos aquellos que de tal modo la han deshonrado.

BEATRIZ​—Aquí vienen el príncipe y Claudio a toda prisa.

DON PEDRO​.—Buenos días.

CLAUDIO​.—Buenos días a ambos.

LEONATO​.—Oíd, señores. .

DON PEDRO​.—Llevamos alguna prisa, Leonato.

LEONATO​.—¡Alguna prisa, señor! Bien, ya nos veremos.

DON PEDRO​.—Además, no busques querella con nosotros, buen anciano.

BEATRIZ​—Si pudiera obtener satisfacción por una querella, alguno de nosotros mordería

el polvo.

CLAUDIO​.—¿Quién le ha ofendido?

LEONATO​.—¡Tú, me has ofendido! ¡Tú, impostor! ¡Tú! ¡No, no eches mano a la espada! ¡No

te temo!

CLAUDIO​.— Por mi fe, mi mano nada quiere con mi espada.

LEONATO​.—No te mofes ni te burles de mí. No hablo como un viejo caduco. Has calumniado a mi
inocente​ ​hija. Tu injuria traspasó su corazón de parte a parte, y reposa enterrada con sus mayores.
¡En una tumba donde jamás durmió el oprobio, salvo este tuyo, urdido por tu infamia!

CLAUDIO​.—¿Mi infamia?

LEONATO​.—¡Tu infamia, Claudio; tu infamia!

DON PEDRO​.—Te equivocas, anciano. .

LEONATO​.— (​A Claudio​) Tú mataste a mi hija; si me matas a mí, habrás matado a un hombre.

BEATRIZ​—Y tendrá que matarme a mí también. Vamos, sígueme, muchacho; vamos, señor rapaz;
vamos.

A azotes repeleré vuestra esgrima.

LEONATO​.—Hermana. .

BEATRIZ​—Calma. Dios sabe lo que amaba a mi sobrina. ¡Y ha muerto, calumniada de


muerte por​ ​villanos, micos, fanfarrones!

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LEONATO​.—¡Hermana Antonia!. .

BEATRIZ​—Estad tranquilo. Los conozco bien. Mocosuelos, baladrones, que mienten,


adulan, befan,​ ​desacreditan y calumnian ¡Y eso es todo!
LEONATO​.—Pero...

BEATRIZ​—Vamos, esto no os compete. Corre de mi cuenta.

DON PEDRO​.—No queremos excitar vuestro enojo. Mi corazón está desolado por la muerte de
vuestra ​hija y sobrina; pero, por mi honor, que de nada fue culpada que no estuviera cierta y
verdaderamente probado.

LEONATO​.—Señor, señor. .

DON PEDRO​.—No quiero oíros.

LEONATO​.—¿No? Vamos, hermana, fuera de aquí. ¡Quiero que se me oiga!

BEATRIZ​—¡Y se os oirá, o a alguno de vosotros ha de pesarle! (​ ​Salen LEONATO y BEATRIZ.​ ​)

Escena 28

BENEDICTO, DON PEDRO, CLAUDIO Y DON JUAN.

Entra BENEDICTO.​

DON PEDRO​.—Mirad. Aquí viene el hombre a quien buscábamos.

CLAUDIO​.—Hola, signior, ¿qué hay de nuevo?

BENEDICTO​.—Buenos días, señor.

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DON PEDRO​.—Bienvenido, señor. A fe que se te ve palidecer. ¿Estás enfermo o enojado?

BENEDICTO​.—(​A CLAUDIO​) Eres un villano. No lo digo de broma. Os lo haré bueno donde, cómo
y cuándo​ ​gustes. Dadme una satisfacción, o publicaré vuestra cobardía.
ENTRA DON JUAN

DON JUAN​: Señores...vengo a ofrecer mi cabeza, pues hermano mio te detesto con toda mi sangre,
desde niños toda la gloria era para ti, tu eres príncipe y yo un tirado, quería mostrarle al mundo lo
que yo valía y verte destruido, ahora a causa mía murio una inocente, pido el castigo cruel para mi
crueldad, el desprecio para mi desprecio, lamento la muerte de HERO…

DON PEDRO​.—Hermano mio, me duele que seas infeliz, pues la gente dichosa no lastima, las
personas que poseen jubilo ayudan al prójimo, cuando tengas paz, encontrarás piedad en tu
corazón, intento tener amor, altruismo a la vida, por lo tanto tendrémos misericordia de tí a fe
que has vuelto y eso amerita noble causa, dijeron que huiste, pues estás aquí hermano mio.

SE ABRAZAN

Escena 29

DOGBERRY, VERGES, DON PEDRO, CLAUDIO Y MARGARITA

Entran DOGBERRY, VERGES y MARGARITA.

DOGBERRY​.—Vamos! Vamos!

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DON PEDRO​.—¿Qué es esto? ¡La criada de Hero presa! Oficiales, ¿qué delito ha cometido esta
mujer?

DOGBERRY​.—¡Pardiez!, señor; ha esparcido rumores falsos; además, ha dicho mentiras;


segundo, es​ ​calumniadora; sexto y último, ha desmentido a una dama; tercero, ha «verificado»
cosas injustas; y, para concluir, es una bellaca embustera. Pero no granuja, que conste.

DON PEDRO​.—Primero, te pregunto qué ha hecho; tercero, te interrogo cuál es su delito; sexto
y último,​ ​por qué está presa; y, para concluir, ¿qué cargos le imputas?

CLAUDIO​.—¡Bien razonado y por su propio orden!

DOGBERRY​.—(​Piensa​) No he entendido mucho señor. Pero me gustaría que se sepa... que soy un
asno.

DON PEDRO​.—Bien. .

DOGBERRY​.—Aunque no conste por escrito..

DON PEDRO​.—Bien!!!! (​ ​A MARGARITA​) ¿A quién has ofendido Margarita, para venir así atada
antes de tu​ ​interrogatorio? Este sabio alguacil es demasiado alambicado para hacerse entender.
¿Cuál es tu delito?

MARGARITA​.—Amado príncipe, acceded a que no vaya más lejos mi interrogatorio.


(​Mirando a​ ​DOGBERRY​) No lo soportaría más!

DOGBERRY​.—(​Orgulloso​) Se rinde! Nadie puede contra mi estupidez!

VERGES​.—(​Pensando​) Lucidez?

DON PEDRO​.—No. Estupidez.

DOGBERRY​.—Exacto! Y no olviden que soy un asno.

DON PEDRO​.—(​A MARGARITA)​ Bien… Vamos. Me contarás lo sucedido!

APAGON

Escena 30 ​LEONATO, MARGARITA, CLAUDIO​, VERGES, URSULA, DON PEDR, ANTONI


En escena LEONATO, ANTONIA, ÚRSULA, DON PEDRO, CLAUDIO, DOGBERRY, VERGES,
MARGARITA,

LEONATO​.—(​A Margarita​) Por lo tanto ¿Eres tú quien cuyo aliento mató a mi inocente hija?

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MARGARITA​.—Si. Solo yo

LEONATO​.—No, solo tu no. Hay aquí un par de hombres más, que han mediado en ello. el
tercero huyó.​ ​(​VERGES comienza a irse despacio)​ Príncipes, os agradezco la muerte de mi
hija. (​VERGES se frena​) ¡Inscribid la hazaña en vuestros altos y preciados hechos! Ha sido
realizada valerosamente.

CLAUDIO​.—No sé cómo implorar vuestra indulgencia. Imponedme el castigo que vuestra


imaginación fije​ ​sobre mi pecado. Sin embargo, no pequé sino por equivocación.

DON PEDRO​.—¡Ni yo tampoco, por mi alma! Y, no obstante, para darte satisfacción, me presto a
soportar​ ​el castigo más pesado que te plazca infligirme.

ANTONIO​: Calma por favor, acudid a la razón y no dejarnos llevar por la ira

LEONATO​.—No puedo haceros que hagas vivir a mi hija; pero os ruego a ambos declares al
pueblo de ​Mesina que murió inocente. Mañana por la mañana venid a mi casa, y puesto que no
has podido ser mi yerno, serás mi sobrino. Mi hermano ya difunto tiene una hija, efigie casi de
mi adorada Hero, y única heredera de los dos. Dadle el título que hubieras dado a su prima, y
así fenecerá mi venganza.

CLAUDIO​.—¡Noble señor! ¡Vuestra bondad me arranca lágrimas! Acepto vuestra oferta, y


disponed en​ ​adelante del pobre Claudio.

LEONATO​.—Mañana, pues, espero vuestra llegada. Me despido por esta noche. (​Sale)​

URSULA​.—Un momento! (​LEONATO se frena)​ Falta saber quién es el villano que estaba con
Margarita.

(​Reacciones de todos mientras VERGES comienza a irse nuevamente, y esta vez todos lo ven)​

VERGES​.—(​Al darse cuenta que lo miran)​ Iba a buscar a ese villano…

DOGBERRY​.—Tú? Tú eres el infante?

VERGES​.—Infame.

DOGBERRY​.—(​Enojado)​ No me corrijas ahora!

ANTONIO​.— Sospecho fue cómplice en la infamia, comprado también por vuestro hermano.

MARGARITA​.—No, no supo lo que hacía; antes ha sido siempre honesto en todo lo que de él
conozco. Solo​ ​a mí me cortejó, sabiendo que era yo, aunque llamándome Hero a pedido mío.

VERGES​.—Es cierto.

DOGBERRY​.—Además, señor (aunque, a la verdad, esto no consta en blanco y negro), la


«querellante»​ ​aquí presente, me ha llamado asno. Os ruego que lo recuerdes al imponerle su
castigo.

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LEONATO​.—Gracias por tu cautela y celo honrado. Toma por tus molestias.

VERGES​.—No es necesario.

DOGBERRY​.—¡Cállate imbécil! Claro que es necesario (​Toma las monedas rápidamente)​

LEONATO​.—Vete; te descargo de tu peso y te doy las gracias.

MARGARITA:​ Señores, mi traición fue mentir pero nunca matar a nadie, mi vida esta en vuestras
maños, perdonadme la vida y prometo ser lean a vosotros hasta la muerte.

DOGBERRY​.—¡Consérvese bien vuestra señoría! ¡Dios «restaure» vuestra salud! ¡Os


«otorgo»​ ​humildemente licencia para partir; ue no haya más maldad y si es de desear un feliz
encuentro, que lo «prohíba» Dios! Vamos, vecinos

MARGARITA​: A partir de hoy, será así.

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Escena 31

LEONATO, DOGBERRY, BENEDICTO, FRAILE Y HERO

Entran LEONATO, FRAILE, BENEDICTO y HERO​.

DOGBERRY​—¿No os dije que era inocente?

LEONATO​.—(​Le besa la frente a su hija)​ Lo son también el príncipe y Claudio, que la acusaron
víctimas​ ​de un error.

LEONATO​.—Hija mía, retiraos a un aposento con tu prima, y cuando envíe a buscaros, venid con
antifaces.

HERO​.—Si Padre (​Sale)​

BENEDICTO​.—Monje, creo que voy a tener que molestaros.

FRAILE​—¿Para qué, signior?

BENEDICTO​.—Para salvarme o para perderme, una de las dos cosas. Signior Leonato, la verdad es
ésta:

vuestra sobrina me mira con ojos favorables.

LEONATO​.—Los que le ha prestado mi hija; ésta es la pura verdad.

BENEDICTO​.—Y yo la recompenso con ojos de amor.

LEONATO​.—Ojos que, según colijo, debes a mí, a Claudio y al príncipe. Más, ¿qué deseas?

BENEDICTO​.—Vuestra respuesta, señor, es enigmática. Pero en cuanto a mi deseo es que


vuestro buen​ ​deseo esté conforme con nuestros deseos, para desear unirme hoy a ella en
deseado... en estado de deseoso… honroso matrimonio.

LEONATO​.—Mi corazón está con vuestro parecer.

DOGBERRY​—Y mi ayuda. Aquí llegan el príncipe y Claudio.

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Escena 32 ​DON PEDRO, CLAUDIO, LEONATO, DON PEDRO, HERO, DOBERRY,


BENEDICTO Y BEATRIZ

Entran DON PEDRO y CLAUDIO.

DON PEDRO​.—Buenos días a esta noble reunión.

LEONATO​.—Buenos días! Os esperábamos. ¿Estás por fin dispuesto a casaros hoy con la hija
de mi​ ​hermano?

CLAUDIO: ​Tu te casas con la que menos creías y yo me quedo solo perdido sin mi Hero...

LEONATO​.—He aquí al fraile ya. Bien. (se asoma) Niñas!

Entran las damas enmascaradas.

CLAUDIO​.—¿Cuál es la dama con que he de hacer pareja?

LEONATO​—Hela aquí caballero.

BENEDICTO DESTAPA EL ROSTRO DE BEATRIZ

CLAUDIO​—(​ ​Acercándose)​ Dejadme ver vuestro rostro, hermosa.

LEONATO​.—No, no lo verás hasta que hayas aceptado su mano ante este fraile y jurado casaros
con ella.

CLAUDIO ​—No se quien es, no me casaré por contrato. Aunque si es el castigo por matar a la que
ame, llevare la pena de casarme por culpa. Dadme vuestra mano. Ante este santo fraile soy vuestro
esposo, si me quieres.

HERO​.—Y cuando vivía era vuestra otra mujer. (​Quitándose el antifaz.​ ) Y cuando me amabas
eras mi​ ​otro marido. Pero el amor es respeto y respetemos juntos el amor que viene.

CLAUDIO​.—oh vida!! te he lastimado tanto y mil veces avergonzado de mi causa.

HERO​.—Nada más cierto. Una Hero murió ultrajada; pero yo vivo, y tan seguro como vivo es
que soy​ ​doncella.

DON PEDRO​.—¿No había muerto?

LEONATO​.—Ha estado muerta, señor, sólo mientras vivió su infamia.

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DOGBERRY​—Yo desvaneceré este asombro luego que haya dado fin la sagrada ceremonia.
Vamos sin demora a la capilla.

BEATRIZ​.—(​Descubriéndose.​ ) Contesto a ese nombre. ¿Por qué me quieres?

BENEDICTO​.—Bueno... en qué sentido lo dices?

BEATRIZ​.—Has pedido por mí.

BENEDICTO​.—Claro. ¿Tú me amas?

BEATRIZ​.—Claro que no!

BENEDICTO​.—Vaya, entonces vuestro tío, el príncipe y Claudio se han engañado, pues juraron
que sí.

BEATRIZ​.—¿Y tú me amas?

BENEDICTO​.—Claro que no!

BEATRIZ​.—Vaya, entonces mi prima, Margarita y Úrsula se han engañado de medio a medio, pues
juraron​ ​que sí.

BENEDICTO​.—Ellos juraron que estabas medio enferma de

amor por mí.

BEATRIZ​.—Y ellas juraron que estabas casi muerto de amor por mí.

BENEDICTO​.—No hay nada de eso. ¿De manera que no me amas?

BEATRIZ​.—No!

LEONATO​.—Vamos, sobrina, estoy seguro de que amas al caballero.

CLAUDIO​.—Y yo estoy seguro de que él la ama, pues he aquí un papel escrito de su mano, un
soneto cojo,​ ​de su propia y singular invención, dedicado a Beatriz.

HERO​.—Y he aquí otro, escrito de mano de mi prima, caído de su bolsillo, que contiene su
afección por​ ​Benedicto.

BENEDICTO​.—¡He aquí nuestras propias manos contra nuestros corazones! Vamos, estemos
juntos; pero,​ ​por esta luz, que te tomo por lástima.

BEATRIZ​.—No he de rechazaros; pero, por este día radiante, que es por ceder a la gran
influencia​ ​persuasiva y en parte por salvaros la existencia, pues me han dicho que os
estabas consumiendo.

BENEDICTO​.—¡Silencio! Voy a cerraros la boca. (​La besa.​ ​)

DON PEDRO​.—¿Qué tal te va, Benedicto, el hombre casado?

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BENEDICTO​.—Un colegio de burlones no me haría cambiar de carácter.

​DON PEDRO:​ Ay..ay ...ayy cumbio ante el amor!! el toro salvaje quedo en la tranquera (rie fuerte)

CLAUDIO​.—Yo no me confiaría prima y lo vigilaría muy estrechamente.

BEATRIZ​.—Querido primo… claro que lo haré. (​Reacción de Benedicto)​

HERO​.—Y yo haré lo propio contigo. (​Reacción de Claudio​)

         
APAGÓN FINAL

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