Vicus
Vicus
V u\
•
© Copyright
Banco de· Crédito del Perú
. Lima, Perú
KRZYSZTOF MAKOWSKI
V 1 e lÁ s
IVAN AMARO BULLON
COLECCION
A R T E Y
T E S O R O S
DEL PERU
Contenido
Presentación ......................................................................................................... XI
Agradecimiento..................................................................................................... XV
Notas al lector .......... .............. .................. .................... ................ ........................ XVII
Glosario ................................................................................................................ XIX
CONTENIDO VII
IV. LOS MOCHICA DEL NORTE Y LOS MOCHICA DEL SUR ........ . 143
Luis Jaime Castillo y Christopher B. Donnan
Introducción ...-..................................................................................................... . 143
Una sola cultura Mochica ............................. ;.................................................... . 144
Una sola cultura .................................................................................................. . 145
Una misma secuencia· ........................................................................................... . 150
Una sola entidad política .................................................................................... . 153
Los Mochica del Norte y los Mochica del Sur ................................................... . 157
El fenómeno Mochica-Norte ................................................................................ . 159
La secuencia cerámica de Mochica-Norte .......................................................... . 161
El periodo Mochica Temprano ........................................................................... . 162
El periodo Mochica Medio ................................................................................. . 169
El periodo Mochica Tardío ................................................................................. . 171
Conclusiones ....................................................................................................... . 176
VIII VICUS
~ Vicús: Estilo y tiempo ......;........................................................................... 296
~ Vicús: .Iconografía ....................................................................................... 305
~ Mochica: Estilo y tiempo............................................................................. 319
& Mochica: Iconografía .........................................:........................................ 330
-.
~ ~ Contextos y asociaciones ..........................-................................................... 336
1a Tradiciones y alfares Vicús ......................'.................................................... 341
11. Tradiciones y alfare~ Mochica .................................................................... 345
12 Tradiciones y alfares Virú ........................................................................... 347
11 Armas Vicús y Mochica ······································:···:······..•·····•••••••••••••••••••••349
1~ Utiles Vicús y Mochica .,.............................................................................. 350
1~ Narigueras y tocados .............................................,..................................... 351
1~ Elementos decorativos de metal Mochica ...............................;................... 352
1~ Técnicas metalúrgicas .................................................................................-. 353
1& Taller metalúrgico .................................................................,....................... 354
1~ Botellas siVbadoras.........................................................,............................. 355
IX
Presentación
PRESENTACION XI
Como es natural, tales circunstancias acrecientan la normal satisfacción
que me depara presentar un nuevo libro de nuestra colección Arte y Tesoros
del Perú. Creo pertinente decir que hubo varias oportunidades, en este casi
cuarto siglo de existencia que tiene esta colección, en que nos sentimos muy
próximos a dedicar un tomo a la cultura Vicús cuyo renombre, a partir de
la segunda mitad de la década de los años '60, ha alcanzado muy altos
niveles. Pero cada vez, con válidos argumentos, el Consejo Editorial del
Banco acordó diferir esa publicación que proponían asesores y amigos, en
la seguridad que una prudente espera ampliaría y mejoraría la necesaria
perspectiva de arqueólogos e investigadores. Es así que, al revisar ahora la
notable bibliografía que consignan los autores de este volumen y verificar
en sus textos la diversidad de sus rigurosos criterios de acercamiento a
Vicús, nos congratulamos de esa decisión que nos permite, ofrecer un
volumen que une a la belleza de sus ilustraciones la hondura conceptual que
hace posible "trazar una compleja historia de las relaciones entre las
culturas originarias de las áreas Centro y Nor Andina "--g-roe-ia-s "a la
riqueza y la diversidad de las evidencias reunidas en el Alto Piura ".
XII VICUS
que referencias a los materiales que sustentan las conclusiones cronológicas
o tecno_lógicasque en el mismo se consigna, así como mapas y diagramas
analíticos.
Esta obra no hubiera sido posible sin la amplia colaboración que hemos
recibido de museos estatales y particulares al facilitarnos de manera
incondicional las piezas que se les solicitara en estudio. A todos ellos, las
mejores expresiones de nuestro más cálido agradecimiento.
DIONISIOROMEROSEMINARIO
Presidente del Directorio
PRESENTACION XIII
Agradecimiento
AGRADECIMIENTO XV
Gracias a ellos, este volumen ha podido ser ilustrado casi exclusivamente
con las obras de arte prehispánico custodiadas en el Perú. En todas las
instituciones mencionadas hemos encontrado amigos a los que d~bemos
nuestra gratitud, y cuya dedicación y amor a la arqueología de nuestro país
admiraremos siempre. Con particular cariño recordamos los días pasados
con Isabel Larco y Andrés Alvarez-Calderón Larco analizando la especta-
cular colección reunida por don Rafael; o las animadas conversaciones con
Walter Alva, Susy Meneses de Alva y Luis Chero, en Lambayeque. No
vamos a olvidar tampoco el apoyo incondicional que nos ofrecía siempre en
Piura don Emilio Hilbck.
Tenemos asimismo un grato recuerdo de la eficiente gestión y oportuno
apoyo de Pilar Remy, Pedro Pablo Ala yza, Gabriela Schwoerber y Lucy
Linares, en el Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del
Perú; de Cecilia Bá~ula en el Museo del Banco Central de Reserva del Perú;
as\ como de las autoridades del recién creado Museo Municipal de Piura.
Lo~, amigos de siempre en Chulucanas y Vicús, Luis Távara Pasapera,
Alfredo Kuroki y Sixto Chiroque, al igual que sus padres, nos han brindado
su apoyo también en esta oportunidad.
Parte de este libro se ambienta en el valle de Jequetepeque: para la síntesis
sobre los Mochica-Norte ha sido invalorable la colaboración amiga de
Guillermo Cock y John Verano, del Proyecto Pacatnamú, y de Donna
McClelland y Alana Cordy-Collins, del Proyecto San José de Moro.
Consideramos igualmente propicia esta oportunidad para expresar nuestra
rrofunda gratitud a las autoridades del Departamento de Humanidades de la
Pontificia Universidad Católica de Lima, que durante los últimos ya casi
ocho años han sabido apoyar las investigaciones personales e institucionales
en el\Alto Piura, sentimiento que, en particular, merece también Salomón
Lerner.
Finalmente expresamos nuestro agradecimiento al Banco de Crédito del
Perú por habernos confiado la preparación de este volumen, sentimiento que
deseamos hacer extensivo a las personas de la institución que a lo largo de
todos los últimos meses nos han brindado, para este mismo efecto, su
permanente y esforzada colaboración.
LOS AUTORES
XVI VICUS
Notasal lector
XVIII VICUS
Glosario
GLOSARIO XIX
consiste en una agarradera en forma de cinta arqueada
unida directamente a los bordes opuestos de la vasija. La
parte superior del ceramio se asemeja de este modo a una
canasta: de allí el nombre.
CIE QUICH : Voz "muchik" usada por Rafael Larco Hoy le para refe-
rirse a los gobernantes Mochica.
XX VICUS
ENGOBE : Término alfarero: capa de arcilla fina, decantada y
diluida en agua que se aplica a la superficie de la vasija
para impermeabilizarla o crear efectos estéticos desea-
dos en textura y color.
GLOSARIO' XXI
la vigencia de estos estilos. Según Menzel, el Horizonte
Medio se subdivide en cuatro fases y dura alrededor de
400 años, iniciándose aproximadamente en el 550 d.C.
XXII VICUS
damente 5,000 años. Las paletas de este tipo fueron
empleadas por los egipcios del periodo predinástico
(amratiense y gerzeense) para mezclar los colorantes
utilizados para pintura corporal.
GLOSARIO XXIII
RALLADORES : Término técnico en tipología cerámica arqueológica.
Define una forma particular de vasija abierta, similar a
un tazón, con la superficie interna cubierta de diseños
incisos en pasta fresca por lo que esta superficie se
asemeja a la de un rallador actual. Según una hipótesis
no comprobada todavía, estas vasijas habrían servido
para rallar la yuca.
XXIV VICUS
[Link]
A 81º_ B 80º e
Convenciones
y o
Capital
Capital
de departamento
de departamento
- Sede de reglón
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@ Capital de provincia
Capital de distrito
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Poblado menor
~ LÍmlt.e intern·aclon91
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~~ Límite departamental
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Carretdra
•. asfaltado
Carretera afirmada
Carretero sin afirmar
Oleoducto
~ Aeropuerto
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© Puerto principal
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Arqueólogosy Huaqueros
JuanAntonioMurro
ARQUEOLOGOS Y HUAQUEROS 3
1. Botella asa-estribo
con la representación del felino,
estilo Vicús. Museo Larca.
2. Sierra de Piura: entrada a Frías.
4 VICUS
Comercio, publicada el 9 de febrero, se desprendió una noticia importante
porque determinó el nombre que, por toponimia, Matos asignó al nuevo estilo
que había identificado.
Durante los meses anteriores a la visita de Matos al departamento de Piura las
informaciones apuntaban a que la riqueza arqueológica provenía sobre todo de
la zona serrana de Frías (Fig. 2), en donde se hablaba de la existencia de una
mina inacabable de objetos de oro. Sin embargo, tal como afirmara Matos: "-
Contrariamente a lo que decía- (...) no se ha descubierto huaquería en el Distrito de
Frías donde celosamente custodia el patrimonio Arqueológico el comandante
del puesto de la Guardia Civil Sargento Montenegro\.
Esta aparente riqueza de Frías era parte de la desinformación existente en
3. Valle medio de Piura
algunos círculos que, sin averiguar el origen directo de las piezas, las atribuye-
en los alrededores de Chulucanas ron al distrito de Frías, en razón de la fama que éste alcanzó entre los años de
Cerro Vicús, vista del lado
1940 y 1953, cuando se produjo el huaqueo de los riquísimos yacimientos de
de La Encantada.
Callingará, Santa Rosa y Parihuaná.
ARQUEOLOGOS Y HUAQUEROS 5
El lugar donde Matos comprobó, de primera mano, el origen de las piezas era
el Cementerio Vicús, situado al pie del cerro del mismo nombre en la provincia
de Chulucanas del departamento de Piura (Fig. 3). Ello constituyó razón
suficiente para que Matos informara al mundo científico de entonces -acerca de
la aparición de un nuevo estilo cerámico en la arqueología del departamento de
Piura, al que denominó Vicús.
A raíz de estos hechos, "la fiebre del oro" cesó, pero varios investigadores
empezaron a dar mayor atención a la arqueología del departamento de Piura, por
lo que haremos una breve síntesis de la historia de las investigaciones en
relación al complejo Vicús.
6 VICUS
Hechos y Polémicas
Como ya hemos visto, el primer científico en llegar a la zona, identificar el estilo
y denominarlo Vicús fue Ramiro Matos Mendieta y si bien su informe se refiere
a la ubicación, características y componente cerámico superficial de los sitios
que visitó, hace hincapié en la observación, registro y descripción de todo
vestigio cultural del complejo Vicús.
Matos anota que, geográficamente, "Los Vicús se establecieron en áreas
planas, generalmente contrafuertes de cerros" 6 , ubicadas en dos zonas diferen-
ciadas: la primera es la zona serrana, en Frías, provincia de Ayabaca, donde
encuentra presencia Vicús en los sitios de Callingará, Santa Rosa y El Bronce.
La segunda es la zona que conforma el eje Chulucanas-Morropón, (Fig. 4)
donde registra presencia Vicús en Talanqueras, Malamatanzas, Zapotal, Monte
de los Padres, Pabur y las faldas orientales del cerro Vicús hasta Yécala, estos
dos últimos considerados como sitios tipo.
Los lugares visitados por Matos contenían una gran variedad de estilos de
cerámica, los que dieron una idea general de la cronología relativa de la zona.
Matos se convirtió en el pionero en señalar la presencia de estilos del Horizonte
Medio en Piura. A propósito, se puede decir que, intuitivamente, Matos
reconoció en la llegada de estos estilos el ocaso de la tradición cerámica Vicús.
La cerámica Vicús ha sido definida genéricamente por Matos como un "com-
plejo morfológico" de ceramios de acabado tosco, pasta de aspecto arenoso,
engobe grueso y cocción bastante irregular.
A pesar de reconocer su heterogeneidad, Matos la dividió en tres grupos,
utilizando como criterio la observación de los procedimientos o técnicas
decorativas. Estos grupos fueron denominados Vicús Negativo, Vicús Blanco
sobre Rojo y Vicús Monócromo.
ARQUEOLOGOS Y HUAQUEROS 7
La variedad de formas en las tumbas, observadas por Matos en sus recorridos
por el Cementerio Vicús, le llevó a establecer una tipología. De ésta se concluye
que el perfil en forma de bota y una profundidad en las tumbas que varía de 4
a 14 mts., es lo constante en el aspecto funerario de esta cultura.
En cuanto a la relación de la cultura Vicús con otras áreas culturales opina que
"Constituye( ...) un caso singular de "fusión cultural" de elementos
del norte y centro andinos( ...) coincidiendo con su ubicación geográ-
fica, ( ...) transicional entre las dos regiones ..."r
Así, Matos vio elementos del periodo de Desarrollo Regional del Ecuador y
Colombia en cuanto al patrón de enterramiento y relaciones con las culturas del
norte peruano (Salinar, Virú, Gallinazo), formas y tecnología alfarera; pero
debido a la falta de fechados absolutos en la época, no pudo precisar el carácter
de estas relaciones.
Luego de esta primera aproximación apareció el trabajo de Casafranca y
Guzmán quienes, con el conocimiento arqueológico conveniente, trabajaron en
las tumbas y obtuvieron un corpus de contextos funerarios importantes por ser
los primeros científicamente excavados hasta la fecha.
A la llegada de Casafranca y Guzmán a la zona, conocida como Caserío de
Vicús, cuyos terrenos pertenecían en ese entonces a la Sociedad Agrícola y
Ganadera Pabur S.A., los trabajos se concentraron en el área denominada
Yécala o El Ovejero (Fig. 82). Como parte de la estrategia de excavación se
subdividió la zona en cuatro sectores de acuerdo a la cantidad de montículos o
promontorios que se levantaban sobre la superficie del terreno estudiado, cuyo
relieve ondulado escondía las áreas funerarias tan intensamente huaqueadas.
Uno de los cuatro sectores, el tercero, quedaba fuera de la zona llamada El
Ovejero, y se ubicaba a unos mil metros al Este del área central de excavación,
compuesta por los sectores primero, segundo y cuarto, muy cerca de un gran
montículo conocido como la Loma Valverde (Fig. 83).
Este paisaje, compuesto por un relieve ondulado donde sobresalen las lomas
cuyos nombres, en muchos casos, provienen de los correspondientes a las
familias que aún viven en ellas, reflejaba la existencia de restos arqueológicos
no sólo funerarios, sino arquitectónicos. Pero debido a la premura del tiempo y
a la prioridad del proyecto, Casafranca y Guzmán sólo exhumaron tumbas. El
trabajo concluyó con el depósito de los objetos excavados en el Museo de
Arqueología de Pueblo Libre. La falta de publicación de resultados y la
desaparición de los cuadernos de campo no fueron inconveniente para motivar
un reciente trabajo de investigación del que trataremos más adelante.
Si sólo actualmente se ha empezado a desentrañar los misterios del Complejo
Vicús, menos aún se sabía en 1963, año en que Rafael Larco Hoyle estudió un
conjunto de cerámica proveniente de aquél. El no haber visitado la zona ni haber
realizado excavaciones en el sitio no impidió a Larco estudiar las colecciones
que se habían formado en los distintos museos y colecciones particulares del
norte del Perú. En julio de 1963 presentaba sus resultados preliminares en el
Simposium de Arqueología celebrado en la ciudad de Trujillo, el día 11 del
mismo mes. Producto de sus estudios fueron las dos primeras publicaciones
específicas sobre el tema.
8 VICUS
Ante el carácter de la procedencia de la cerámica que analizó y el hecho de no
existir contextos registrados, su labor se centró en el análisis de las piezas allí
encontradas mediante "analogía" con los estilos definidos por él en los valles
de Virú y Chicama. Así, por comparación de formas y acabados establece una
cronología para la zona del Alto Piura en donde la cultura Vicús es ubicada en
la Epoca Evolutiva (Formativo )8 .
Sin embargo, el mayor aporte de Larco consistió en dar la primera definición del
estilo Vicús mediante el análisis del amplio corpus de las colecciones mencio-
nadas, y hacer la publicación del resultado del mismo con implicaciones de
orden formal, tecnológico e iconográfico que apoyaban la definición del estilo.
Hasta ahora hemos visto cómo el año de 1963 marcó el inicio del estudio de la
Cultura Vicús, con el que se fue despertando el interés de otros investigadores
en el tema. Para 1967, Larco había concluido su segunda publicación sobre
Vicús y ese año Laurence E. Dawson y Otto Klein hicieron publicaciones sobre
el mismo tema 9. Todos los autores tenían como denominador común el intento
de ubicar en el tiempo a esta cultura ignota a través de su cerámica y de la
analogía de ésta con otras pertenecientes a columnas cronológicas claramente
definidas y conocidas.
Dawson reconoce tentativamente tres unidades con posible valor cronológico
dentro de este estilo. El primero y más temprano, es un grupo caracterizado por
la presencia de pintura negativa y asa estribo de perfil irregular; el segundo, por
una combinación de la técnica negativa y la pintura blanca sobre rojo, por un
pico o gollete compuesto, abultado en la parte inferior, y por tener afinidad con
la cerámica de estilo Virú o Gallinazo; el tercero, y más tardío, por la presencia
de decoración blanca sobre rojo y por tener afinidad con el estilo Moche l.
Otto Klein realizó un análisis comparativo de la cerámica de estilo Mochica,
originaria de Piura, con aquella del valle de Chicama, para tratar de ver en las
diferencias estilísticas, la relación entre ambas regiones. Además de ésto,
realizó un análisis de la cerámica Vicús y, siguiendo un esquema evolucionista,
la separó en dos grupos: Vicús I y Vicús II. El primer grupo está formado por
cerámica tosca, de baja calidad en comparación con su supuesto antecesor (el
estilo Chavín) y su supuesto sucesor (el estilo Mochica). El segundo grupo está
formado por cerámica de acabado muy fino y formas compatibles con comple-
jos cerámicos de Lambayeque y Virú.
Klein discutió la idea de Larco, que presentó la cerámica Vicús como antecesora
del estilo Mochica en la zona de Piura y negó la posibilidad de un continuismo
Cupisnique-Vicús-Mochica ya que, según él, rasgos como:
- La falta de una masiva presencia de asas tipo estribo (típicas de los estilos
Cupisnique y Mochica) en la cerámica Vicús no perfilaría este estilo como
un elemento transitorio hacia Mochica.
- De otro lado, la disminución de la calidad de la cerámica Vicús, en compa-
ración con el refinamiento utilizado en los estilos Cupisnique y Mochica,
. tampoco sustentaría el continuismo propuesto.
Debido a las coincidencias temáticas con Mochica y a los factores arriba
expuestos Klein opinó, sin embargo, que la cerámica Vicús I debe verse más
"como un receptor y no como un transmisor de específicas modalidades
ARQUEOLQGOS Y HUAQUEROS 9
\i
estilísticas" 9 , lo cual sólo podría pensarse en el caso de que Vicús y Mochica
fueran estilos contemporáneos.
La gran diversidad o heterogeneidad del estilo Vicús fue también percibida por
Klein, quien propuso tres causas probables para ella: la primera, que el pueblo
Vicús se compuso de varias tribus independientes, unidas por lazos de sangre
y creencias; así, cada tribu cultivó formas y tradiciones particulares que
determinaron un gran rango de variabilidad en el estilo. La segunda, que el
estilo Vicús pasó por varias fases evolutivas teniendo, cada una, su modo
característico. La tercera, atribuyó una débil inventiva a los artesanos Vicús,
presos de la tentación de apoderarse de formas y técnicas de pueblos vecinos.
También Hans Horkheimer 10, defensor de la idea de realizar excavaciones
científicas durante el difícil periodo de "la fiebre del oro", realizó una publica-
ción respecto a Vicús en la que coincidiendo con Klein, ubica a Vicús en el
Periodo de Desarrollos Regionales por la coexistencia física de los estilos Vicús
y Moche en las tumbas de Yécala. Además, planteó una serie de preguntas
respecto al tipo de relación que habría generado dicha coexistencia, preguntas
que siguen siendo aún hoy, después de casi 30 años, problemas por resolver.
Como resultado de las excavaciones realizadas por Hans Disselhoff 11 en el
Cementerio de Yécala, en julio de 1966, se exhumaron las primeras tumbas de
la cultura Vicús que han sido materia de publicación. También se publicó una
relación de fechados radiocarbónicos que vendrían a llenar el vacío cronológico
y a resolver la posición temporal, hasta entonces discutible, de la sociedad
Vicús en relación a las culturas tradicionalmente conocidas.
Los fechados, a excepción de uno, están comprendidos entre los 250 y los 650
años d.C., en pleno desarrollo del Periodo Intermedio Temprano, también
conocido como Periodo de Desarrollos Regionales. Esta nueva información
daba la razón a investigadores como Horkheimer o Klein y se oponía categó-
ricamente a la hipótesis de Larco acerca de un desarrollo anticipado en el tiempo
de esta cultura.
Una conclusión, a la que llegó Disselhoff con sus excavaciones, es que la
observación hecha por Matos relativa a que las tumbas Vicús excavadas por los
huaqueros tenían forma de bota, sólo es producto de la técnica de excavación
que ellos emplean, que consiste en pozos de sondeo y socavones laterales de
sondeo, y no de la forma de la matriz original, la cual es muy difícil ubicar en
razón del carácter arenoso de la geología del lugar.
Amplio conocedor de la arqueología andina, Luis Guillermo Lumbreras 12
abordó el tema de la cultura Vicús en 1979. El primer paso que dio, como una
solución metodológica al caso que generaban los distintos nombres propuestos
para las variantes halladas en la cerámica Vicús, fue establecer una nueva
nomenclatura para ésta. En este sistema el nombre combina dos tipos de
información: el lugar de origen de la pieza y su filiación estilística. Así surgen
nombres como Vicús/Vicús, Vicús/Salinar, Vicús/Virú, Vicús/Moche, etc.
Queda claro que, pese a tener filiación estilística con la cerámica de las culturas
nombradas, todos estos nombres revelan una cerámica de manufactura local,
con atributos particulares que hacen difícil pensar en una importación de piezas
foráneas.
10 VICUS
Conforme a estos términos, Lumbreras dividió la cerámica en dos grandes
grupos:
- El primero abarca la cerámica Vicús, relacionada con los estilos de las cul-
turas del norte peruano, cuya evolución puede tratarse por analogía con las
secuencias cerámicas establecidas para los valles de Lambayeque y La
Libertad.
- El segundo es un estilo propio, local (Vicús/Vicús ), que plantea el problema
de investigar su evolución interna.
Con respecto al segundo grupo, y a propósito de su evolución interna,
Lumbreras utilizó la secuencia del Bajo Piura, elaborada por Lanning en 196313,
para efectos de un fechado relativo de la cerámica Vicús. Esta fue identificada
con el estilo Sechura y cruzando información de ambas, mediante un estudio
morfológico por asociación de rasgos, logró definir un desarrollo evolutivo
que, para el autor, se puede dividir en dos grupos: uno "temprano" subdividido
en dos fases (A y B) y otro "tardío" también subdividido en dos (D y E). Entre
ellos ubica una fase transicional (C), no muy claramente definida, que tiene
características de ambos.
Lumbreras atribuyó una duración de mil años a la cultura Vicús (500 [Link] 500
d.C.) y postuló que durante ese milenio un estilo particular, local, llamado
Vicús/Vicús evolucionó paralelamente a una variante, también local y asociada
a estilos lambayecanos y liberteños. Llegó a esa conclusión tras observar que
el estilo Vicús/Vicús y su similar Vicús/Moche comparten algunos temas del
repertorio de escenas y personajes, sólo que expresados según distintos
cánones tecnológicos y estilísticos. A pesar de los esfuerzos de los inves-
tigadores y de la existencia de un regular número de estudios y publicaciones
sobre la arqueología del departamento de Piura: Uhle (1920), Lanning (1963),
Kelley (1958), etc. para el Bajo Piura y Disselhoff (1968 y 1971), Lumbreras
(1979 y 1987), Klein (1967), etc., para el Alto Piura; los fenómenos y procesos
culturales de la zona seguían teniendo grandes vacíos de información.
En ausencia de asociaciones firmes, procedentes de contextos funerarios o de
arquitectura, excavados y publicados debidamente, permanecía oscuro el
carácter de relaciones entre el área de Vicús (Alto Piura), el área de Sechura
(Bajo Piura), y las zonas donde se habían desarollado los estilos Salinar, Virú
y Moche. La cultura Vicús ha sido definida temporalmente y espacialmente a
partir de la cerámica ceremonial procedente de entierros huaqueados, mientras
que la cultura Sechura lo fue gracias a las prospecciones y excavaciones ar-
queológicas orientadas hacia la investigación de contextos domésticos. Esta
diferencia cualitativa en la base de datos manejados por los especialistas dejaba
abiertas las alternativas de interpretación:
l. ¿Los entierros con la característica de la cerámica Vicús habrían perteneci-
do, sin distinción, a los habitantes del Alto y Bajo Piura, los que utilizaban
en sus casas las vasijas en el estilo Sechura?
2. ¿Los estilos Vicús y Sechura habrían sido creados por dos sociedades
diferentes, tanto étnicamente como por su sistema de subsistencia (pescado-
res de Sechura y agricultores del Alto Piura)? 14.
Por otro lado, los únicos estudios sobre los entierros del Alto Piura que
contenían la cerámica Mochica permanecieron inéditos y se están publicando
ARQUEOLOGOS Y HUAQUEROS 11
por primera vez en el presente volumen 1/~~teiq~cho ha repercutido más que
cualquier otro sobre el estado de conocimienfo~hroµ,ológicos. La fase inicial de
la cultura Vicús oscilaba, en las propuestas, e11trtel Periodo Formativo,
haciéndola parcialmente contemporánea con Chavín y Cupisnique, y el Periodo
de Desarrollos Regionales; en el último caso las culturas Vicús y Moche
tendrían que ser plenamente contemporáneas 16. Esta imprecisión gene~aba
otras dudas respecto a la duración y al carácter de la presencia Moche en el Alto
Piura. En la literatura del tema está representado todo el abanico de opiniones.
Para unos la cultura Moche podría tener su origen en el Alto Piura, para otros,
la región es una alejada provincia cuyo carácter marginal se expresa en
"arcaísmos" estilísticos 1r
En la segunda mitad de la década de los años ochenta las investigaciones sobre
la cultura Vicús adoptan un nuevo rumbo. Aparecen las primeras publicaciones
sobre los recorridos sistemáticos (prospección) que hicieron James Richardson
III (1987, 1990), Alison Heaps de Peña y Elena Décima Zamecnik en los valles
de Chira y Piura a fines de los años setenta. Con estos estudios se llena un
importante vacío en los conocimientos, concerniente al espacio entre la franja
costera donde se concentraron todas las investigaciones anteriores y el Alto
Piura. Richardson sugiere, a partir del análisis comparativo de la cerámica
recogida de la superficie y de una serie de fechas del Carbono 14, que los
desarollos del Alto y Bajo Piura toman caminos distintos entre 100 d.C y 500
d.C, cuando en el valle alto aparece la tradición de Vicús clásico.
En 1986 se inicia el primer proyecto integral de excavaciones y prospecciones,
concebido a mediano plazo: el Proyecto Arqueológico "Alto Piura" organizado
por la Pontificia Universidad Católica del Perú y la Organisation de la Recherche
Scientifique des Pays d'Outre-Mer "ORSTOM" (Francia). Varias campañas de
excavaciones se realizaron entre 1987 y 1990, en dos áreas, la de Chulucanas
(Cerro Ñañanique, prospección del valle bajo de Yapatera) y la del caserío
Vicús (Fig. 82). El interés de Jean Guffroy y Jean Christophe Batts, investiga-
dores franceses que trabajaron en la primera de las dos áreas se concentró en el
Periodo Formativo. Gracias a sus investigaciones y a las de Richardson 18 quedó
precisado el tiempo y las circunstancias de la aparición de la cultura Vicús; ésta
tuvo que ser posterior a las tradiciones locales emparentadas con Cupisnique y
Salinar y su inicio se ubicaría circa 200 a.c. Peter Kaulicke y Krzysztof
Makowski, de la Pontificia Universidad Católica del Perú, se plantearon
reconstruir la historia y entender las características de un potencial centro
administrativo y ceremonial Vicús y Moche ubicado al pie del Cerro Vicús (Fig.
82), entre los caseríos Vicús y Yécala. El centro colinda con la más grande
concentración de entierros Vicús y Moche: los cementerios de Vicús, Y écala y
Loma Negra. Se decía que la mayoría de las piezas en las colecciones procedían
de estos lugares; por ende fue legítima la esperanza de que las excavaciones
brindaran una sólida base para resolver la incógnita de la cronología cultural y
que enriquecieran además nuestros conocimientos con los datos sobre la
subsistencia y sobre la organización política de la época. Pe ter Kaulicke realizó
una excavación de varias estructuras y áreas ceremoniales Vicús y Moche en el
mencionado centro 19. Krzysztof Makowski concentró su atención en el área
periférica, colindante con los cementerios; excavó sitios domésticos, áreas de
producción y de ofrenda, y definió la extensión del complejo mediante prospec-
ciones. Paralelamente, y bajo los auspicios del Consejo Nacional para la
12 VICUS
Ciencia y Tecnología (CONCYTEC), se desarolló un amplio programa de
estudios de colecciones, dirigido por Makowski. Se pretendía construir, me-
diante los métodos modernos de seriación, una cronología firme a partir. del
estudio de cerámica funeraria con y sin contexto conocido, para confrontarla
posteriormente con los resultados de excavaciones. En el marco de este
programa lván Amaro (1990, 1992) estudió la colección del Museo Bruning de
Lambayeque y Juan Antonio Murro (1990) la de Museo Municipal de Piura
"Miguel Justino Ramírez Adrianzén". La propuesta cronológica de estos
investigadores fue contrastada posteriormente con los resultados del análisis de
piezas procedentes de las excavaciones de Carlos Guzmán Ladrón de Guevara
y José Casafranca, a cargo de Otto Eléspuru ( 1992) y Magdalena Diez Can seco
(1992).
Este recuento sería incompleto si no se mencionan los aportes del Proyecto
Franco-Alemán, dirigido por Anne Marie Hocquenghem (Centre National des
Recherches Scientifiques CNRS~Francia), si bien sus objetivos principales no
se encuentran en la época de nuestro interés. En sus investigaciones Hocquenghem
estudia el paleo-paisaje, busca entender las técnicas agrícolas tradicionales y
reconstruir las estructuras prehispánicas de organización del espacio: las
fronteras entre cacicazgos y etnias, los trazos de caminos y los ejes de
intercambio, y los lugares sagrados 20 . Gracias a este esfuerzo y los estudios de
Collin Delavaud (1968, 1992), de Bernex de Falen y Revesz (1988) y de
Córdova nos vamos acercando al .objetivo de captar los dramáticos cambios
5. Costa de Piura a la altura de Yácila
históricos en el medio ambiente piurano.
14 VICUS
ARQUEOLOGOSY HUAQUEROS 15
16 VICUS
topografía accidentada por la que bajan de los cerros una serie de riachuelos que
?a. Sierra de Piura: sementeras de trigo
en Matalacas (Ayabaca) van hacia los cauces de los ríos como afluentes.
7b. Arquitectura típica en la Sierra
de Piura: Pamparumba El sistema hidrográfico del departamento de Piura está compuesto de cuatro
?c. Sierra de Piura: el Común cerca cuencas mayores formadas por los ríos Chira, Piura, Huancabamba y Quiróz, hacia
de Frías ...
~· los cuales fluyen todos los torrentes y riachuelos de la región. Fuera de ellos sólo
se aprecian quebradas secas, con agua únicamente en épocas de grandes lluvias,
como las que ocurren durante los fenómenos del Niño (Fig. 8). Los lagos y las
lagunas, como las famosas Huaringas en la sierra y las de Ramón y Ñ apique en la
costa, constituyen otro recurso hídrico importante, que se complementa con la gran
cantidad de agua subterránea existente en las proximidades de todo río y que
básicamente son utilizadas hoy en día en la cuenca del río Piura, en el que por su
irregularidad, no existe agua superficial a lo largo del año.
Dentro de este vasto territorio el clima del departamento de Piura presenta al
menos dos grandes variaciones. Por un lado, un clima cálido y muy seco tanto
en la zona litoral como en la costa, y un clima húmedo y frío en la sierra. Esta
división de tierras bajas y tierras altas se refleja en los datos que las investiga-
ciones ofrecen acerca de factores climatológicos como la temperatura, la
pluviosidad y la dirección y fuerza de los vientos.
En este sentido apuntaremos que en Piura las lluvias son muy escasas en la zona
litoral y costera, incrementándose conforme uno se desplaza en el territorio en
dirección Este. Así bajo los 500 m. s .n.m. se presenta la zona menos húmeda con
escasos 200 mm. de lluvia al año, entre los 500 y los 1500 m.s.n.m. el promedio
anual aumenta a 800 mm. y sobre los 1500 m.s.n.m., en plena zona serrana, la
lluvia oscila entre 1500 y 2000 mm. anuales. Estos datos, claro está, se producen
únicamente en condiciones normales, ya que en los periodos que corresponden
a fenómenos del tipo ENSO, llamados comúnmente del Niño, las cifras varían
de manera extraordinaria.
En cuanto a la temperatura, hasta los 1000 m.s.n.m. el promedio anual supera
los 23ºC; a partir de dicho nivel suele bajar drásticamente, por lo que se obtiene
como promedio alrededor de l0ºC. El patrón de oscilación anual es similar al
18 VICUS
ARQUEOLOGOS Y HUAQUEROS 19
Estas tres fronteras ambientales tuvieron importancia cultural por lo menos
desde el Periodo de Desarrollos Regionales, mostrando su complementariedad.
Los recursos disponibles en la primera zona, ocupada por los sechuranos: la
pesca los cultivos y potencialmente los minerales de cobre, son necesariamente
complementarios con los del territorio Vicús, de la segunda zona; entre estos
últimos mencionaremos la abundancia de tierras de cultivo tanto de inundación
como de secano, las posibles pasturas de camélidos, los bosques de algarrobo
(prasapis juliflara)y de zapote( acharas zapata) y el acceso eventual a las
fuentes auríferas en el río Quiróz. Es posible, que como en la actualidad, cada
una de estas dos regiones se subdividiera en los tiempos prehistóricos en dos
espacios con carácterpropio:el litoral v/s el valle bajo y el valle alto v/s la sierra.
El valle de Piura constituye el eje natural que comunica estas dos regiones y, a
través del desierto de Olmos, las interconecta con el vecino Lambayeque. Las
corrientes marinas propician el viaje hacia el norte pero dificultan el regreso. El
camino terrestre por el pie de monte y a través de los valles serranos fue,
probablemente, el más traficado22 .
El complejo paisaje que acabamos de presentar tiene una particularidad más.
Cambia completamente de características en un ciclo cuasi-regular de cinco a
siete años, cuando el Fenómeno del Niño (PaleoEnso) trae lluvias abundantes,
las que a veces llegan hasta el litoral (Fig. 8). En las economías agrícolas que
no dependen de riego forzado y guardan un natural equilibrio con el medio
ambiente, este fenómeno natural no tiene efectos tan desastrosos, todo lo
contrario; cuando las aguas bajan, las tierras de cultivo reciben una nueva capa
de limos fértiles y los bosques talados renacen. El desierto se cubre de 1O. Sierra de Piura:
arco iris en las Huaringas
algarrobos, zapotes y de un manto de hierbas (Figs. 6b ), es difícil incluso
(Huancabamba)
recordar que lleva este nombre puesto que es un desierto ...verde.
20 VICUS
NOTAS
1. El Comercio. Lima, sábado 9 de febrero de 1963 p. 1.
2. En ese entonces ente competente en la protección y conservación de los sitios arqueológicos del
Perú.
..~· 3 . El Comercio, Lima, sábado 9 de febrero de 1963 p. 1.
4. Op. cit.(p 1).
5. ldem.
6. Matos 1965/1966.
7. Op. cit. (p. 130).
8. Larco (1965) p. 8.
9. Klein (1967), Dawson (1965).
10. Horkheimer (1965).
11. Disselhoff (1971).
12. Lumbreras (1979).
13. Lanning (1963).
14. Makowski 1986; Guffroy, Kaulicke, Makowski 1989: 129.
15. Excavaciones de Carlos Guzmán Ladrón de Guevara (1964, 1967) y José Casafranca. El material
fue analizado recientemente por O. Eléspuru (1992), Magdalena Diez Canseco (1992~y Marcela
Ríos y Enrique Retamozo (1994).
16. Compare las opiniones de Lumbreras ([Link]) y de Richardson et al. (1990); vea también la
discusión en Guffroy, Kaulicke, Makowski (1989) y Bonavía 1991, pp. 249 - 254.
17. El resumen de la discusión en: Bonavía 1991, pp. 277 - 281; Guffroy, Kaulicke, Makowski 1989;
Kaulicke 1992.
18. Guffroy 1989, Batts 1991, Richardson, op. cit.; vea también [Link].
19. Kaulicke (1991, 1993).
20. Hocquenghem s.f., 1992, 1993 ínter alía.
21. Se entiende por despoblado de Piura una formación vegetal mixta, arbórea y sabana ocasional,
como un sahel africano, que a pesar de lluvias muy irregulares, combina varios recursos
complementarios que fueron aprovechados de un modo diferente a medida de la intervención de
nuevas técnicas.
- Recolección de raíces y frutas en las pampas de las planicies secas.
- Arboricultura en las huertas ubicadas en las cabezas de conos torrenciales, cultivo estacional
sobre los cauces inundables de las quebradas, aguas abajo, y cría de cabras y asnos en el
algarrobal de las pampas.
- Cultivos comerciales de riego permanente por desvío del agua de los grandes ríos de la sierra,
y permanencia de la ganadería de caprinos y sobre las pampas del despoblado. (Delavaud
1984y1991).
22. Hocquenghem (1993).
ARQUEOLOGOS Y HUAQUEROS 21
Reconstruyendo
la identidadde unpueblo
IvánAmaro
Introducción
42 VICUS
"Loma Val verde", el único ejemplo
29. Botella asa canasta. Vicús Tardío B.
Cabezas de lechuza. conocido de arquitectura monumental
Colección Textil Piura, Piura. Vicús. Vicús Tamarindo A se asocia-
ría, de acuerdo a fechados del Carbono
14, a los dos primeros siglos de nuestra
era. La fases Vicús Medio B y Vicús
Tardío A y B se correlacionan a las
sub fases Vicús Tamarindo C 1 y C2 de
Kaulicke, respectivamente (Cap. III).
Nosotros coincidimos con Kaulicke
en situar la presencia de los Vicús en
una fase anterior a la llegada del pue-
blo productor de la cerámica de los
estilos Moche y Virú. No coincidi-
mos, sin embargo, en asumir una corta
duración para las fases asociadas a
este material foráneo, ya que tanto en los contextos funerarios como en la
fragmentería publicada por dicho autor, captamos rasgos estilísticos adscribibles
claramente a las fases Moche II, III y IV 10 . En el material de colecciones
encontramos además abundantes piezas de las fases Moche I y V provenientes
de los cementerios de Vicús, (Figs. 66-74, 363-365, 386a, 386b izq. centro).
Utilizando los fechados del Carbono 14 del sitio de "Pampa Juárez" (Vi-14)
(Cap. III) así como los fechados publicados por Disselhoff 11 pertenecientes a
contextos de las fase Vicús Medio y Tardío, dichas fases se situarían entre los
siglos III y VII de nuestra era.
Guerrerosy animales
Al iniciar el estudio de la iconografía Vicús enfrentamos el siguiente problema:
ésta no era una iconografía de escenas complejas, como la griega o la mochica
en donde encontramos aspectos más o menos desarrollados ·de narraciones
míticas o eventos rituales, con interacción entre una serie de personajes,
sacerdotes u oficiantes. Por otra parte, en Vicús existe el problema adicional de
que no todas las figuras son a primera vista definibles, ya que tenemos un
amplísimo repertorio de hibridaciones que combinan elementos de aves,
mamíferos, reptiles y plantas. Los personajes antropomorfos, e inclusive los
falos, pueden hibridarse con uno o más animales o plantas, produciendo las
combinaciones más caprichosas que uno se pueda imaginar.
Un primer paso importante fue captar con precisión cuáles eran los rasgos
iconográficos que definían a cada animal en particular. Gracias a esto, recibi-
mos una agradable sorpresa que constituyó la base de nuestro análisis: teníamos
un grupo de personajes humanos, aparentemente "guerreros" o señores, con una
serie de características faciales en común, en que se hibridaban numerosos
animales y aves y que realizaban un repertorio más o menos amplio de acciones,
contrapuesto a otro grupo de guerreros o señores, con otras características
faciales en común, que se hibridaban a un reducido número de animales y aves
y que realizaban un repertorio muy restringido de acciones. Más aún, las
cabezas de este segundo grupo de señores eran frecuentemente representadas de
- Unión contra natura entre dos personajes de ojos grano de café, de sexo mas-
culino, en la que el sujeto pasivo es el de cabeza bilobulada (Fig. 311).
¿Quiénes son los personajes de ojos grano de café y quiénes los de ojos
almendrados? Recordemos que los ojos almendrados constituye una caracterís-
tica que ingresa al estilo Vicús con el conjunto de rasgos "sureños" en la fase
Vicús Medio, y que el ojo almendrado es la manera que tiene el artista alfarero
Mochica de representar los ojos de personajes humanos e incluso de animales.
Esto nos induce a pensar que los Vicús utilizaron también el ojo almendrado
para representar a este grupo "foráneo" y que, por otro lado, se representaron
a sí mismos con ojos grano de café. Esta idea se vería reforzada por el hecho que
los personajes de ojos grano de café se hibridan con todo el repertorio de la fauna
icónica Vicús exceptuando al camélido y la iguana: monos, roedores, serpien- 30. Botellas silbadoras.
tes, cérvidos, patos, loros, lechuzas, un ave no identificada y felinos; mientras Cérvidos. ,;.,'
Museo del Banco Central de Reserva
que los personajes de ojos almendrados sólo pueden hibridarse con felinos y con del Perú, Lima.
lechuzas.
44 VICUS
RECONSTRUYENDO LA IDENTIDAD DE UN PUEBLO 45
De acuerdo a esto obtendríamos el siguiente esquema de cuatripartición:
MUNDO
MUNDO
Cérvidos
Son objeto de representación tanto los machos adultos como los machos jóvenes,
las hembras y los cervatillos. Los rasgos principales son: astas grandes o pequeños
cuernos, orejas grandes y alargadas, ojos grano de café (Fig. 30).
En varios casos pueden aparecer con lunares alargados en todo el cuerpo y este
rasgo no se circunscribe a los cervatillos. En algunos casos los cérvidos pueden
aparecer con ojos almendrados y presentar cabeza cadavérica.
Roedores
Creemos que el roedor más frecuentemente representado en la iconografía
Vicús es la muca o zarigüeya (Didelphis marsupialis), por el hocico alargado
y la larga cola. Se caracteriza además por tener ojos grano de café u ojos botón
perforado, y en algunos casos, por la sonrisa (Fig. 288). Este roedor interactúa
con la serpiente y el ciempiés, por los cuales es devorado (Fig.15). El cuy (cavia
cobaya) también forma parte del repertorio iconográfico. Aparece con cabeza
redonda, ojos grano de café, y a menudo cuerpo itifálico (Figs. 259, 287).
Felinos
Al igual que Lumbreras 14 pensamos que el felino de la iconografía Vicús
representa al jaguar (Felis onca) a causa de las manchas circulares (lunares o
aros) que presenta. Estas manchas del pelaje aparecen en todos los casos, al
igual que los colmillos (Figs. 239-246). Los ojos son de tipo bulto circular o
almendrados. Las fauces están delimitadas por "labios", la lengua sobresale a
menudo entre los colmillos y cubre el labio superior, en otras ocasiones es más
corta y simplemente se dirige hacia adelante. Las patas se ven frecuentemente
decoradas con líneas horizontales (Fig. 31).
46 VICUS
31. Botella asa puente.
Felino.
Colección Domingo Seminario, Piura.
32. Líneasverticalesagrupadas
(sobreel asa) (N, PP) X X X X X
33. Lunares entre líneashorizontales(N) X X X X X
34. Líneasondulantes(N, PP) X X X X X
35. Lunares(N) X X X X X
36. Círculosconcéntricosrodeadosde
círculoradiante(N) X X X
37. Líneaondulantecon lunaresalternos(N) X X X
38. Líneahorizontalcon semicírculos
pendientescontinuos(PP) X X X
39. Tríangulorectángulocon círculos
concéntricosal interior,opuesto
por el catetoa escalonadocon
círculosconcéntricos(N) X
40. Cuadradosconcéntricos( N) X
41. Tríangulosrectángulosconcéntricos
opuestospor el cateto (N) X
42. Trapeciocon escalonadointerno,con
lunaresal interiordel escalonado(N) X
43. Bandahorizontalcon muescas
inferioresy alternas(N) X
44. Bandahorizontalcon escalonados
superpuestosinternos(N) X
45. Bandahorizontalcon triángulos
alternosal interior,con lunares
internosa los triángulos(N) X
46. Sucesióncontinuade triángulos,
con lunaresal interior(N) X
47. Líneacon "flecos"(PP) X X X X
48. Crucesconcéntricasal interiorde
círculosconcéntricos(N) X X X X
49. Sucesiónde pequeñaslíneas
verticalesligeramentecurvas (N) X
50. Líneaondulantecon cuadradosinternos(N) X
51. Círculocon apéndicesradiantescortos (N) X
52. Sucesiónde crucesentre dos líneas
horizontalesy líneascon flecos (PP) X
53. Volutasdoblesentre dos líneas
horizontales(PP) X
54. Reticulado(PP) X
55. Cuadradosconcéntricosentre líneas
verticalesagrupadas(PP) X
56. Líneasdiagonales(PP) X X
57. Líneaondulanteentre líneashorizontales(PP) X X
58. Triángulosrectángulosconcéntricos
frente a triángulocon hipotenusa
ondulante(PP) X
Vicús Medio
Esta fase se caracteriza en líneas generales por un nuevo paquete de componen-
tes estilísticos: cuerpos lenticulares; picos 8 verticales y cónicos; un arqueamiento
creciente del asa puente; una mayor incidencia de los cuerpos escultóricos en
botellas de asa puente, con figuras de mayor naturalismo; y finalmente un
aumento del repertorio iconográfico, definido a través de un grupo de persona-
jes de ojos almendrados.
Vicús Medio A
Tenemos el siguiente repertorio formal:
La botella de dos cuerpos y asa puente ligeramente más arqueada, aunque en
algunos casos se puede mantener el asa recta asociada a los nuevos rasgos. Los
cuerpos son bastante más altos, los "hombros" del cuerpo botelliforme se
desplazan hacia arriba, los golletes se afinan, transformándose en "picos" rectos
o cónicos (Figs. 18-20). Tenemos además dos nuevas formas de cuerpo: el
lenticular-vertical y el cilíndrico, que caracterizan a toda la fase Vicús Medio
(Figs. 19, 20 y 22)
34 VICUS
RECONSTRUYENDO LA IDENTIDAD DE UN PUEBLO 35
19. Botella silbadora. Vicús Medio A.
Mono - felino.
Museo Nacional de Arqueología, Antropología
e Historia del Perú, Lima.
20. Botella silbadora. Vicús Medio A,
Personaje 1 tocando la antara.
Museo Nacional de Arqueología, Antropología
e Historia del Perú, Lima.
21. Botella silbadora con protoma de mono
cadavérico y gollete fálico.
Vicús Temprano.
Museo Arqueológico Rafael Larca Herrera,
Lima.
36 VICUS
Las botellas de asa estribo ingresan en esta fase al repertorio formal, tienen
cuerpos cilíndricos, cúbicos o escultóricos. Los golletes pueden ser figurativos,
compuestos o cónicos cortos. En este último caso muestran un labio biselado,
grueso (Figs. 194 izq., 215, 216, 172a y 415 der.).
En las botellas de asa semicircular .gollete-cuerpo, el gollete abandona la
posición vertical y adopta una posición oblicua. Los cuerpos son escultóricos
(Fig. 24) o globulares de base plana (Fig. 217), fabricados con la técnica del
anillado, imitando a aquellos resultantes del moldeado Mochica (Fig. 369). En
uno de los contextos excavados por Guzmán y Casafranca vemos una botella de
este tipo asociada a una botella de asa estribo Moche I.
Aparecen en esta fase dos nuevos alfares, numerados 7 y 8 que se mantienen
hasta el final de la secuencia. Los alfares 6 y 8 se asocian exclusivamente al
estilo Vicús, mientras que el 7 produce además imitaciones de piezas de estilo
Moche. Aparece también en esta fase una nueva técnica de manufactura de
cuerpo: el estirado manual, combinada con anillado como técnica secundaria.
Vicús Medio B
Las botellas de dos cuerpos y asa puente se diferencian de las de la subfase
precedente sólo en la total desaparición de la tendencia recta en el asa; todas son
arqueadas (Fig. 25).
Las botellas de asa puente y gollete compuesto presentan cuerpos lenticulares
de altura variable (Fig. 23), fabricados con la técnica de estirado digital
complementario, que aparece en esta subfase, o de estirado digital primario
combinado con el anillado para el cerrado. El cuerpo lenticular sería también un
rasgo que proviene del Moche Temprano III.
Se añade un cambio a las botellas de asa puente gollete simple: el asa parte del
labio del gollete, corto y cónico y aparecen botellas de asa estribo que recorda-
rían las formas de un Moche III inicial, con golletes cóncavos (Fig. 224 ).
Tenemos a partir de esta subfase dos nuevas variantes formales: la botella de asa
semicircular separada del gollete (Fig. 221) y la botella de asa canasta. Ambas
son derivaciones formales de las botellas de asa semi-circular gollete-cuerpo.
En las botellas y cántaros de asa canasta, con cuerpos de tendencia escultórica,
los golletes son cortos, cóncavos, o simplemente no existen: el asa aparece
acoplada sobre un ligero reborde (Figs. 222 y 223). Las botellas de asa
semicircular en general se asocian a cuerpos lenticulares, escultóricos o
cilíndricos.
La pintura roja sobre engobe crema, rasgo típico del estilo Moche, se asocia a
partir de esta subfase a piezas de estilo Vicús (Fig. 193), aunque la incidencia
de estas piezas es más bien rara.
En los contextos excavados por Guzmán y Casafranca encontramos en varios
casos la asociación de piezas Vicús de esta subfase, con botellas Moche 11,y/ o con
piezas de estilo Virú (Figs. 418, 419 y 422).
Vicús Tardío
En esta fase notamos un debilitamiento general del estilo. No obstante,
continúan produciéndose piezas de gran calidad, que además sirven de perfec-
tos exponentes de la imaginación desbordante del artista alfarero Vicús.
Vicús Tardío A
Las botellas de dos cuerpos y asa puente tienen en esta subfase cuerpos
globulares o elipsoide-verticales. El asa puente es prácticamente un asa
semicircular, sumamente arqueada. Aparecen ollas y tazas de dos cuerpos,
unidas por tubos comunicantes y asa semicircular (Fig. 226)
Las botellas de asa puente labio-protoma presentan golletes de paredes
cóncavas, o golletes de paredes rectas o cónicas con labios engrosados (Figs.
227-229).
38 VICUS
Las botellas de asa estribo, con asa de forma variable, exhiben en su totalidad
un gollete cóncavo (correlación estilística con Moche III) (Figs. 194 der. 195
y 231). Las botellas y cántaros de asa canasta presentan un gollete corto
cóncavo o uno corto recto con labio engrosado. La decoración plástica, en caso
de aparecer, cubre la vasija hasta sobrepasar ligeramente el diámetro máximo.
23. Botella asa puente. Vicús Medio B. Las botellas de asa· semicircular se mantienen hasta esta subfase.
Mono.
Museo del Banco Central de Reserva
del Perú, Lima. Entre los contextos excavados por Guzmán y Casafranca tenemos, también
24. Botella asa semicircular. Vicús Medio A. para esta subfase, un caso en el que piezas de los alfares Vicús se asocian a
Cabeza del Personaje 3. botellitas de asas auriculares Moche III, de los alfares Moche y Virú, a una
Museo Nacional de Arqueología,
Antropología e Historia del Perú, Lima.
botella asa estribo_Moche (lamentablemente el asa no se conserva) y a un
25. Botella silbadora. Vicús Medio B.
canchero de alfar Virú (Figs. 424, 425); y otro, en el que una botella de alfar
Personaje 2 en estado de gestación. Vicús se asocia a una de alfar Moche y estilo Vicús-Virú (definiendo este
Museo Arqueológico Rafael Larco Herrera, término como una hibridación de componentes estilísticos de ambos
Lima.
estilos, Fig. 426).
26 VICUS
Por otro lado, los alfares pertenecientes a las tradiciones tecnológicas Moche y
Virú ([Link]) también pueden imitar a piezas de estilo Vicús (Figs. 174, 175 y
374 izq.) o representar a personajes del repertorio iconográfico Vicús (Figs.
165, 168, 170 y 174 ).
¿Qué rasgos y técnicas definen la Tradición Alfarera Vicús? En primer lugar,
las pastas están compuestas de arcillas secundarias, con una proporción de
inclusiones no plásticas que oscila entre 30-40%. Todas las pastas Vicús tienen
inclusiones de una arcilla refractaria del grupo de la caolinita, probablemente
añadida como antiplástico a la arcilla base o principal, aunque en muy pequeña
proporción.
El antiplástico se agrega para dar una mayor resistencia a la pasta, y evitar que
se raje durante el secado o la cocción. Una vez cocidas las piezas, son también
más resistentes aquéllas que tienen una mayor proporción de desgrasante.
Las técnicas de manufactura de cuerpo son las siguientes: el estirado digital, el
estirado manual, el anillado, el emplacado y el modelado.
El estirado digital consiste en levantar el bolo de arcilla utilizando las yemas de
los dedos, apretando la pasta entre el pulgar y los dedos de una mano y rotando
la "base" del bolo con la otra, o utilizando los dedos de ambas manos. En Vicús,
esta técnica presenta tres variantes: el estirado digital simple, que se asocia a
vasijas abiertas pequeñas, como cuencos, platos hondos y ollitas sin cuello; el
estirado digital usado como técnica primaria o base, combinado con el anillado
como técnica secundaria, usada para cerrar el cuerpo o "levantarlo" hasta la base
del gollete, técnica que se asocia a la manufactura de cuerpos globulares,
semiglobulares y botelliformes en general (Figs. 12 y 14 cuerpo izq.); y el
estirado digital complementario, consistente en construir el cuerpo mediante el
acoplamiento de dos partes previamente hechas por estirado digital. Esta
técnica se asocia a cuerpos lenticulares (Fig. 23 ), aunque éstos también pueden
RECONSTRUYENDO
LA IDENTIDAD DE UN PUEBLO 27
conseguirse mediante otras técnicas de manufactura, como el estirado digital
primario-anillado secundario (en el caso Vicús), y el moldeado (en el caso
Moche).
El estirado manual se realiza de la siguiente manera: se introduce el puño en el
bolo de arcilla para hacer una depresión central y luego se levantan las paredes
utilizando ambas manos, con todo el largo de los dedos y parte de la palma,
presionando la arcilla entre ellas y estirando hacia arriba. En Vicús esta técnica
se asocia principalmente a cuerpos cilíndricos (Figs. 22 y 209).
El anillado consiste en la superposición de rollos de arcilla para formar y
levantar el cuerpo de la vasija; esto puede ser realizado en forma de espiral,
desde el fondo, o bien superponiendo los rollos sobre una base previamente
hecha. Esta técnica se usa en Vicús para la manufactura de cuerpos globulares,
semiglobulares, cilíndricos, y principalmente elipsoides y ovoides, ya que estas
dos últimas formas no aparecen asociadas a ninguna otra técnica.
28 VICUS
El emplacado es la unión de tabletas o "placas" de arcilla con el fin de formar el
cuerpo de la vasija, dando lugar, en el caso Vicús, a cuerpos de tendencia cúbica
y paralelepípeda rectangular (Figs. 201, cuerpo delantero, 205, 273 y 276).
El modelado es definido como técnica de manufactura de un cuerpo escultórico
cuando no se ha usado ninguna otra técnica en la construcción del "núcleo" de
éste. En caso contrario, se la define simplemente como técnica de decoración.
Estas técnicas de manufactura se asocian indistintamente a todos los alfares
Vicús, al igual que técnicas de acabado, que son el engobado, el alisado y el
bruñido.
El engobado consiste en la aplicación de una capa de arcilla fina, refinada
mediante un proceso de reposo en agua que puede repetirse varias veces. Los
colores de engobe asociados al estilo Vicús son el rojo, rojo naranja y marrón
rojizo (claro y oscuro), y el crema. El engobe crema aparece en las fases tardías
como una influencia estilística Moche y asociado al alfar 7. Existen casos de
engobado parcial, crema sobre rojo, dividiendo la vasija en dos o más sectores
de color, en el eje horizontal (Fig. 192). El engobado parcial puede considerarse
15. Botella asa estribo. Vicús Medio A. más bien una técnica de decoración, ya que está vinculado al diseño. Este rasgo
Ciempiés atacando a un roedor.
Museo del Banco Central de Reserva técnico se relaciona al alfar 1.
del Perú, Lima.
El alisado y el bruñido se definen de acuerdo al estado de la superficie: con el alisado
la superficie presenta un aspecto regular y uniforme, pero sin brillo. Con el
bruñido, la superficie presenta una superficie lustrosa, pero con huellas del
instrumento empleado, generalmente un tiesto modificado o un pulidor de piedra.
Se nota además la dirección del frotado. El lustre de la pieza no es uniforme,
siempre quedan líneas o zonas en las que la superficie permanece opaca.
Las técnicas de decoración asociadas a la tradición alfarera Vicús son el
negativo, la pintura post-cocción, el modelado, el aplicado, el modelado-
aplicado, la decoración incisa sobre pasta fresca, y el recortado.
El negativo se asocia a todos los alfares Vicús, exceptuando el 4. En dicho alfar
sólo aparecen piezas de engobe rojo intenso, varias con pintura crema post-
cocción. El negativo se obtiene cubriendo la superficie a decorar de la vasija,
ya cocida, con trocitos de pasta fresca formando diversos diseños; luego se
somete la pieza a una segunda cocción, mucho más breve, en atmósfera
reductora. Finalmente se retiran las partes cubiertas, obteniéndose el efecto
deseado.
La pintura post-cocción es el trazado de diseños utilizando una solución de
arcilla fina diluida, de colores blanco o crema . Los diseños en la mayoría de los
casos muestran el mismo repertorio de motivos que los del negativo (ver cuadro
Nº 1). Esta técnica se asocia a todos los alfares.
El aplicado consiste en colocar sobre la superficie de la vasija trocitos de arcilla
de formas simples: tiras, pequeños círculos, etc. Cuando el alfarero modela
previamente el pedazo a aplicar, la técnica recibe el nombre de modelado-
aplicado. Estas técnicas, al igual que la incisión sobre pasta fresca y el
recortado (calado) utilizadas para la obtención de detalles figurativos, se
asocian a toda la tradición alfarera Vicús en general. La excepción sería el
recortado, utilizado para trazar diseños geométricos. Esta variante decorativa,
28 VICUS
El emplacado es la unión de tabletas o "placas" de arcilla con el fin de formar el
cuerpo de la vasija, dando lugar, en el caso Vicús, a cuerpos de tendencia cúbica
y paralelepípeda rectangular (Figs. 201, cuerpo delantero, 205, 273 y 276).
El modelado es definido como técnica de manufactura de un cuerpo escultórico
cuando no se ha usado ninguna otra técnica en la construcción del "núcleo" de
éste. En caso contrario, se la define simplemente como técnica de decoración.
Estas técnicas de manufactura se asocian indistintamente a todos los alfares
Vicús, al igual que técnicas de acabado,· que son el engobado, el alisado y el
bruñido.
El engobado consiste en la aplicación de una capa de arcilla fina, refinada
mediante un proceso de reposo en agua que puede repetirse varias veces. Los
colores de engobe asociados al estilo Vicús son el rojo, rojo naranja y marrón
rojizo (claro y oscuro), y el crema. El engobe crema aparece en las fases tardías
como una influencia estilística Moche y asociado al alfar 7. Existen casos de
engobado parcial, crema sobre rojo, dividiendo la vasija en dos o más sectores
de color, en el eje horizontal (Fig. 192). El engobado parcial puede considerarse
15. Botella asa estribo. Vicús Medio A. más bien una técnica de decoración, ya que está vinculado al diseño. Este rasgo
Ciempiés atacando a un roedor.
Museo del Banco Central de Reserva técnico se relaciona al alfar 1.
del Perú, Lima.
El alisado y el bruñido se definen de acuerdo al estado de la superficie: con el alisado
la superficie presenta un aspecto regular y uniforme, pero sin brillo. Con el
bruñido, la superficie presenta una superficie lustrosa, pero con huellas del
instrumento empleado, generalmente un tiesto modificado o un pulidor de piedra.
Se nota además la dirección del frotado. El lustre de la pieza no es uniforme,
siempre quedan líneas o zonas en las que la superficie permanece opaca.
Las técnicas de decoración asociadas a la tradición alfarera Vicús son el
negativo, la pintura post-cocción, el modelado, el aplicado, el modelado-
aplicado, la decoración incisa sobre pasta fresca, y el recortado.
El negativo se asocia a todos los alfares Vicús, exceptuando el 4. En dicho alfar
sólo aparecen piezas de engobe rojo intenso, varias con pintura crema post-
cocción. El negativo se obtiene cubriendo la superficie a decorar de la vasija,
ya cocida, con trocitos de pasta fresca formando diversos diseños; luego se
somete la pieza a una segunda cocción, mucho más breve, en atmósfera
reductora. Finalmente se retiran las partes cubiertas, obteniéndose el efecto
deseado.
La pintura post-cocción es el trazado de diseños utilizando una solución de
arcilla fina diluida, de colores blanco o crema . Los diseños en la mayoría de los
casos muestran el mismo repertorio de motivos que los del negativo (ver cuadro
Nº 1). Esta técnica se asocia a todos los alfares.
El aplicado consiste en colocar sobre la superficie de la vasija trocitos de arcilla
de formas simples: tiras, pequeños círculos, etc. Cuando el alfarero modela
previamente el pedazo a aplicar, la técnica recibe el nombre de modelado-
aplicado. Estas técnicas, al igual que la incisión sobre pasta fresca y el
recortado (calado) utilizadas para la obtención de detalles figurativos, se
asocian a toda la tradición alfarera Vicús en general. La excepción sería el
recortado, utilizado para trazar diseños geométricos. Esta variante decorativa,
El conjunto de objetos pertenecientes a un estilo puede ordenarse tratando de 16. Pedestal. Vicús Temprano.
captar un "continuum de variabilidad", que exprese las variaciones sufridas por Cabeza del Personaje 1 en proceso
dicho estilo en el tiempo. Para tal fin se procede a descomponer descriptivamente de felinización. Vista lateral.
Museo Arqueológico
cada pieza analizada en un conjunto de rasgos tecnológicos, formales e Rafael Larca Herrera, Lima
iconográficos, para luego ordenar los objetos en una serie contínua de acuerdo
a sus similitudes; los artefactos con el mayor número de rasgos en común se
encontrarán en esta serie siempre uno al lado del otro.
La secuencia relativa que proponemos tiene como base una secuencia seriada
• de cerámica funeraria, tanto de contextos funerarios como de materiales sin
contexto 5 . Las tres primeras colecciones seriadas (Museo Bruning, Museo
Municipal de Piura y Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia
del Perú) debidamente cruzadas, dieron como resultado la secuencia seriada
base que se ha visto enriquecida con material de otras colecciones, siendo las
más representativas en número la colección del Banco Central de Reserva y la
del Museo Larco. Hemos llegado a analizar una muestra de más de 2500 piezas.
Esta secuencia, además, se complementa con los resultados del análisis de la
fragmentería cerámica proveniente de las excavaciones de KrzysztofMakowski
en Pampa Juárez, sitio donde se conservan talleres Vicús, así como de la
prospección en Loma Negra (Caps. III y VI).
30 VICUS
Vicús Temprano
Las formas características para las vasijas de esta fase son las siguientes:
botellas de dos cuerpos unidos por asa puente y tubo comunicante con las
siguientes particularidades formales: el asa puente es recta o suavemente curva;
y los golletes cortos, rectos o ligeramente divergente-cóncavos. Los cuerpos
botelliformes van unidos a otros que sirven como una especie de "pedestal" a
la figura acoplada. Estos pedestales pueden presentar tendencia cúbica o ser
similares a la parte inferior del otro cuerpo, el botelliforme. (Figs. 12-13).
Una segunda variante presenta dos cuerpos semiglobulares unidos por asa
puente recta.
Las botellas de gollete compuesto y asa puente se derivarían formalmente de las
botellas asa puente de dos cuerpos, ya que el gollete compuesto, especialmente
el que aparece en esta fase, evocaría la forma de una pequeña botella (Fig. 196).
Las asas, que unen la parte media o la base del gollete con el protoma acoplado,
son rectas o ligeramente curvas. Los cuerpos son de tendencia paralelepípeda
rectangular (Fig. 273); anulares (Fig. 202) elipsoides (Fig. 30 arriba). Esta úl-
tima forma de cuerpo continúa en vigencia durante la fase Vicús Medio. Po-
demos tener las mismas formas de cuerpo asociadas a gollete recto (Fig. 276).
U na categoría formal muy próxima a las botellas de asa puente es una botella
en la que el asa une la parte media del gollete con el cuerpo de la vasija, a la
que denominamos botella de asa semicircular gollete-cuerpo. En Vicús
Temprano estas botellas presentan un gollete vertical al eje de la vasija, en
algunos casos con labio biselado (Fig. 203).
17. Tubo colgante de cerámica. Vicús
Temprano o Medio. Dos categorías formales enigmáticas aparecen asociadas a esta fase. A la
Museo Nacional de Arqueología,
Antropología e Historia del Perú, Lima. primera la hemos denominado tentativamente "pedestal". Se trata de cuerpos
abiertos en la parte inferior, de paredes verticales o convergentes y planta
circular. En la parte superior aparecen
cerrados por una superficie circular de
concavidad variable, que puede actuar
figurativamente como tocado o coro-
na de la cabeza representada (Figs. 11
y 204). La segunda es una especie de
tubo de corte circular o cuadrangular,
abierto en un extremo, y con agujeros
cercanos al borde, que servían para
colgar el objeto. Desconocemos su
función, pudo haber sido un contene-
dor, o quizás un instrumento de percu-
sión (Fig. 17).
Tenemos seis alfares en esta fase, los
denominados 1, 2, 3, 4, 5 y 6. De és-
tos, sólo 1, 2, 3 son característicos de
Vicús Temprano y Medio. Los demás
están presentes en toda la secuencia
(Anexo 10).
32 VICUS
Los bigotes son un rasgo correla-
cionado a los felinos de ojos almen-
drados. Muy raramente muestran ojos
botón perforado.
-.
....
Monos
El mono tiene como rasgo principal
las orejas rectangulares de esquinas
redondeadas, como se observa en la
mayoría de los casos. Puede tener tam-
bién orejas semicirculares. Los ojos de
los monos "vivos·· son del tipo botón
perforado, mientras que los monos
cadavéricos presentan las cuencas va-
cías (Figs. 247-252). Una clave para
tal interpretación son los casos en que
los monos con cuencas vacías aparecen totalmente esqueletizados, o al menos
con el vientre sumamente hendido 15.
Presentan a menudo líneas horizontales en los brazos y la típica cola. El
repertorio de acciones, atributos y gestos es el siguiente:
- Abrazo de pareja de monos (Figs. 33, 248).
- Mono sentado, cadavérico, portando escudilla 16.
- Mono sentado, sobre Strombus (Fig. 40).
- Mono echado decúbito ventral, cadavérico, apoyando los brazos y la cabeza
en un objeto cilíndrico 1r
- Mono sentado,vivo o cadavérico, llevándose las manos a la boca ( Fig. 32
arriba, 254 ).
- Mono sentado, cadavérico, llevándose las manos a las mejillas o a la parte
superior de la cabeza (Fig. 32, abajo der.).
- Mono sentado llevándose una mano a la cara (Fig. 253).
- Mono sentado llevándose una mano a la boca y la otra a la parte superior
de la cabeza (Fig. 256, izq.).
- Mono lamiendo sus órganos genitales (Fig. 256 der.).
Lechuzas y búhos
El rasgo que inequívocamente conduce a la identificación de las lechuzas
(Athene cunicularis) es una banda aplicada que representa el plumaje en forma 35. Botella asa puente. Vicús Medio A.
Ciervo-pato-calabaza.
de corazón y delimita el rostro de estas aves. El pico es pequeño y ganchudo. Museo Arqueológico Rafael Larco Herrera,
En el caso de que no aparezca la banda aplicada es fácil reconocer a la lechuza Lima.
Otras aves
Existen otras figuras de aves que hemos designado tentativamente como martín
pescador, flamenco, garza y un gran número de aves con ojo botón perforado
y pico típico de los paseriformes, pájaro no identificado que juega un rol
importante en el universo Vicús: Estos pájaros no interactúan com9 componen-
tes de hibridación con antropomorfos u otros animales. Mención aparte merece
un pájaro no identificado, ya que juega un rol importante en la iconósfera Vicús,
al interactuar con el roedor-serpiente y el ciempiés bicéfalo. Se trata de un
pájaro de pico largo, alargado y ganchudo, con una serie de protuberancias a lo
largo de la parte superior del pico (Figs. 266, 284 der., 285). Tiene ojos botón
perforado y alas horizontales con una sucesión de líneas verticales pintadas.
52 VICUS
Iguanas
Sospechamos que en la iconografía están presentes por lo menos dos de tres
especies de lagartos (iguana o "pacazo", Iguana iguana; pseudo-iguana,
Callopistesflavipunctatus y el "cañán", Dicrodon heterolepis) que viven en la
región, pero dado el fuerte carácter convencional de la imagen preferimos
agruparlas en una sola categoría. Los ojos de la iguana pueden ser de tipo bulto
circular o de tipo botón perforado. En la gran mayoría de casos aparecen
representadas con cresta dorsal y cola larga.
Serpientes
En el estilo Vicús las serpientes aparecen de manera aislada como elementos
"decorativos", reptando sobre el cuerpo geométrico de las vasijas o enroscadas
en los golletes altos de las botellas de asa canasta. Pueden aparecer también,
como ya sabemos, en interacción con el roedor, engulléndolo. En un caso
Hibridaciones
Podemos abordar ahora el amplísimo repertorio de hibridaciones animales, e
hibridaciones de animales y plantas:
- Roedor-serpiente (Fig. 37 izq., 280, 284 izq.).
- Roedor-serpiente bicéfala (Fig. 281).
- Roedor-serpiente- lechuza.
- Roedor-serpiente-iguana.
- Roedor-iguana (Fig. 38).
- Roedor-pato (Figs. 220, 288 ).
- Roedor -calabaza .
- Mono-felino (Fig. 274, 277).
- Mono felino cadavérico (Figs. 273, 275, 276).
- Mono-felino cadavérico-serpiente (Fig. 37 arriba).
- Mono.:.felino
cadavéricoen distintosgrados de antropomorfización(Fig. 14).
- Mono-lechuza (Fig. 39, 256 centro).
- Mono cadavérico-calabaza (Fig. 278).
- Mono cadavérico-calabaza, antropomorfizado (Fig. 279).
- Ciervo-serpiente (Fig. 37, abajo der.).
- Ciervo-lechuza.
- Ciervo-pato (Fig. 289).
- Ciervo-calabaza.
- Ciervo-pato-calabaza (Fig. 35).
- Iguana-pato (Figs. 292-294).
- Loro-calabaza.
- Camélido cadavérico-calabaza.
- Cuy itifálico-calabaza-pato (Fig. 442, arriba der.).
- Pez-felino (Fig. 286).
El roedor-serpiente,junto con el mono-felino son los motivos representados de
manera más recurrente. Es obvio que existieron uno o varios mitos tras estas
representaciones. Afortunadamente podemos captar algunos aspectos de la
secuencia narrativa mítica en la que interviene este personaje. El orden de estos
aspectos sería tentativamente el siguiente:
l. La serpiente, abriendo la boca desmesuradamente, ataca al roedor. La
serpiente puede ser reemplazada por un ciempiés, ésta sería una eventual
variante del mito (Fig. 15).
54 VICUS
37. Botellas asa puente.
Hibridaciones del mono-felino cadavérico,
del roedor y del ciervo,
con la serpiente.
Museo del Banco Central de Reserva
del Perú, Lima.
38. Botella silbadora. Vicús Medio B.
Roedor-iguana.
Museo Arqueológico Rafael Larca Herrera,
Lima.
39. Botella silbadora. Vicús Medio B.
Mono-lechuza.
Museo Arqueológico Rafael Larca Herrera,
Lima.
40. Botella silbadora. Vicús Medio A.
Mono cadavérico sentado sobre strombus.
Museo Arqueológico Rafael Larca Herrera,
Lima.
56 VICUS
2. El mono cadavérico, ya con man-
41a. Nariguera de oro. Vicús Medio.
Cabeza estilizada de felino con apéndices chas, adquiere los colmillos del
serpentiformes. felino (Fig. 273).
Asociación Cultural Enrico Poli. B., Lima.
3. El mono-felino cadavérico, con
41b. Narigueras de oro. Vicús Medio.
arriba: uniórr--=de
monos-frijol. manchas y colmillos, se toca los
abajo: monos-pato. genitales (Fig. 14)
Asociación Cultural Enrico Poli B., Lima.
Esta figura marcaría una nueva serie:
42. Nariguera de oro. Vicús Medio.
Mono rodeado de cuatro monos- pato.
la antropomorfización del mono-felino
Asociación Cultural Enrico Poli B., Lima. cadavérico. En realidad la cuestión
sería a la inversa: si estamos en lo
cierto, son los Personajes 1 y 2 los que
se transforman en este animal.
La explicación sería la siguiente: si el
mono, el felino, el roedor, la serpiente,
el ciervo, el pájaro de pico ganchudo,
el loro, el pato y la lechuza son expre-
siones simbólicas de aspectos de los antepasados míticos locales, es natural que
los Personajes 1 y 2 tengan una personalidad iconográfica que incluya rasgos
de este universo. Por otra parte, es evidente que el mono cadavérico y su red de
hibridaciones nos sitúa en el mundo de los muertos.
El resto de las hibridaciones conectan siempre pares de elementos pertenecien-
tes a universos distintos (noche/día, aéreo/terrestre, predadores/presas) y dife-
rentes maneras simbólicas de representar el mismo tema: pasaje entre la vida y
la muerte, reintegración al mundo de los ancestros.
La iconografía de las narigueras y coronas de metal muestra siempre este tema,
a través de un repertorio mucho menor de hibridaciones: el mono-lechuza (Figs.
126b, 474 centro), el mono-pato (Fig. 41b, abajo), el mono-frijol (Fig. 41b
arriba) y la cabeza estilizada de felino con apéndices serpentiformes (Fig. 4 la),
serpiente bicéfala (Fig. 126 a), iguana-pato (Fig. 120, tercera der.); iguana-pato-
serpiente (Fig. 119, der.). Estos ani-
males híbridos aparecen generalmen-
te en parejas, mirándose entre sí o
mirando en direcciones opuestas.
Los motivos de las cabezas estilizadas
de felino o mono felino, en cambio,
aparecen "solos" al centro de la na-
riguera, nunca en pareja. Tenemos
además un caso excepcional en el
que un mono de grandes orejas, pe-
zones y ombligo resaltados, y manos
al vientre, aparece rodeado de cuatro
monos-pato que miran hacia direc-
ciones opuestas ( Fig. 42). Enlama-
yoría de casos las figuras de animales
híbridos aparecen rodeadas de una
serie de círculos con punto. En la
iconografía cerámica, el círculo con
punto aparece asociado a los felinos
y a los "bultos" funerarios (Figs. 43,
239, 240).
60 VICUS
RECONSTRUYENDO LA IDENTIDAD DE UN PUEBLO 61
¿Cómo interpretar el hecho de que el Personaje 1 "caiga prisionero"? Si vemos
a esta categoría de personajes como los "Señores de Vicús", miembros de la
elite representante de un segmento de la sociedad, de acuerdo a la estructura
simbólica del espacio, y posiblemente identificados con un personaje mítico
particular, sería incongruente definir este "aprisionamiento" como el resultado
casual de un enfrentamiento. Los rasgos felínicos y lechuciformes nos brindan 46, Vaso antropomorfo. Vicús Medio o Tardío.
Personaje 1,
la clave del asunto: el aprisionamiento temporal sería un estado ritual anterior Museo Nacional de Arqueología,
al sacrificio, que culmina en la muerte y la reintegración al mundo de los Antropología e Historia del Perú, Lima.
ancestros. De ahí la felinización o la "lechucificación" del prisionero. 47. Personaje 1 con ojos de tipo botón
perforado (zoo u ornitomorfización) tocando
Los Personajes 3 y 4, por otra parte, serían miembros de la elite "foránea" el tambor.
Moche, que a' partir de la fase Vicús 2 convivía con los Vicús. Serían los Detalle de la pieza ilustrada en la Lám.14.
Museo Nacional de Arqueología,
"Señores de Loma Negra" (Cap. III), clasificados por los Vicús de acuerdo a Antropología e Historia del Perú, Lima.
su propio esquema. Es evidente a partir de la iconografía que estos "Señores de 48. Personaje 1 tocando la antara.
Loma Negra" también participaban en rituales de sacrificio inclusive junto a los Detalle de la pieza il~trada en la Lám. 20.
Museo Nacional de Arqueología,
Vicús: en la iconografía en metal tenemos el caso realmente excepcional de un Antropología e Historia del Perú, Lima.
remate figurativo de cuchillo ceremonial, en el que una pareja de "oficfantes"
62 VICUS
de ojos grano de café, parados al lado de dos cuerpos decapitados, beben la sangre
que emana de las cabezas de dos "víctimas" de ojos almendrados (Fig. 163).
Los Personajes 3 y 4 no sólo intervenían en acciones rituales de sacrificio.
También los encontramos como "nadadores", echados decúbito ventral, con los
brazos en movimiento; o en la misma posición, asidos de un objeto cilíndico o
elipsoide. Desconocemos cuál era el contenido exacto de esta acción ritual; sin
embargo, si consideramos el ajuar funerario de un contexto como espacio
plástico (espacio o área en la que todos los elementos figurativos guardan
relaciones de carácter semántico entre sí)_,tenemos un contexto funerario que
nos puede dar algunas luces al repecto:
En una de las tumbas excavadas por Carlos Guzmán y José Casafranca
encontramos a uno de estos "nadadores" asociado a una cabeza de lechuza y a
un personaje antropomorfo en cuyo rostro figuran simultáneamente dos cabe-
zas de pájaro en sentidos opuestos (Figs. 271,272). Por lo tanto podemos asumir
que el "tema" del nadador se conecta en algún sentido con el gran tema de la
muerte y la consiguiente omitomorfización. En otro de estos contextos, real-
mente excepcional por el gran número de objetos de cobre y cobre dorado,
varios elementos del ajuar permiten identificar al individuo con uno de los
"Señores de Vicús": Corona de cobre dorado decorada con serpiente bicéfala
(Fig. 126 a), astas de venado metálicas (Fig. 123), hombreras de cobre dorado,
con improntas de plumas figurando "alas", remate de cetro en cobre dorado,
escudilla de cobre.
A continuación examinemos un listado comparativo de las acciones, posicio-
nes, gestos y atributos de los Personajes 3 y 4.
PERSONAJE 3 PERSONAJE 4
66 VICUS
53. Botellas.
Personaje2
Museo del Banco Central de Reserva
del Perú, Lima.
se asocian también al motivo del prisionero (felinizado o no), y a los felinos y 57. Botellas.
Personaje 3.
monos cadavéricos en general. Museo del Banco Central de Reserva
del Perú, Lima.
Cuando los Personajes 1 y 2 aparecen con ojos almendrados u ojos bulto en
lugar de ojos granos de café, la "inversión del rasgo" está asociada inequívoca-
mente a otros rasgos que permiten situar al personaje en el mundo de los muertos
y de los ancestros: corona fúnebre de cuernos de venado (Fig. 60), brazos
rodeando pezones imitando el rostro de la lechuza, un segundo par de brazos a
la espalda y colmillos (Fig. 308).
70 VICUS
58. Botella asa puente. Vicús Medio A.
El Personaje 4.
Museo Bruning, Lambayeque.
59. Botellas. Vicús Medio.
Personajes 3 (izquierda) y 4 (derecha).
Museo del Banco Central de Reserva
del Perú, Lima.
60. Botella silbadora. Vicús Medio A.
Personaje con corona fúnebre.
Museo Arqueológico Rafael Larca Herrera,
Lima.
coinciden en afirmar que tal relación es de carácter imitativo: según esto, las
botellas silbadoras zoomorfas u omitomorfas emitirían un sonido parecido al
del animal o pájaro figurado.
En un principio, ello pareció sugerente, sin embargo, en el curso del análisis nos
dimos con la sorpresa de que figuras diferentes (por ejemplo monos, patos,
loros, personajes antropomorfos, monos hibridados con felinos o con calaba-
zas) caían dentro del mismo patrón musical y emitían sonidos muy parecidos.
Si bien esto descartaba la relación de carácter imitativo, la hipótesis del valor
simbólico del sonido no podía desecharse, ya que se captaron claras tendencias
de correlación entre patrones musicales y ciertas categorías de figuras, definibles
principalmente a partir de redes de hibridaciones y a través de las acciones
asociadas a estas redes. Por otra parte, existen otras categorías de figuras no
asociadas a botellas silbadoras. Intuimos además que la captación de un patrón
musical podría ser una pista para agrupar figuras aparentemente inconexas en
una primera aproximación, y así poder ingresar tentativamente a unidades
mayores de significado. Si esto es así, el registro musicológico de colecciones
de botellas silbadoras sería una clave importante para la interpretación
iconográfica.
En el material cerámico Vicús encontramos dos grandes clases de botellas
silbadoras: la primera es la que tiene un silbato colocado al interior de un
protoma que actúa de cámara acústica, con orificios que permiten obtener
diferentes frecuencias sonoras. La botella puede ser de uno, dos o más cuerpos,
unidos por tubos comunicantes. En el caso de botellas de tres o cuatro cuerpos,
el silbato está colocado al interior de sólo uno de los protomas acoplados. La
gama de notas emitidas por estas botellas silbadoras, en conjunto, es muy
amplia. La nota más grave es un Mi 6, y la más aguda, un Re 8 19. La altura
relativa está determinada por el tamaño del silbato, que no siempre guarda
72 VICUS
relación con el de la cámara acústica. La extensión del registro de cada botella
silbadora oscila entre una 2a. Menor y una 3a. Mayor 20 . Tanto en las botellas de
un solo cuerpo como en las de varios cuerpos, podemos conseguir emisión de
sonido de tres maneras: soplando por la boca del gollete; vertiendo agua al
interior de la vasija y luego balanceándola, para que el aire empuje al que está
contenido en el cuerpo de la botella hacia el aeroducto (esto es más fácil de
conseguir en el caso de botellas de dos cuerpos), o sumergiendo la botella y
manteniendo fuera la cámara acústica. Como es obvio, resulta más fácil manipular
los orificios de la botella silbadora al soplar por el gollete, de modo que ésta fue
forzosamente una de las formas de ejecución; sin embargo, como el sistema de tubos
comunicantes debía necesariamente ser usado, es evidente que también se ejecuta-
ron estos instrumentos empleando agua. Pensamos que ambos sistemas se utiliza-
ron en un mismo rito funerario, tal vez en momentos distintos.
Llama la atención de quienes escuchan la ejecución de una serie más o menos
larga de botellas, que haya grupos que presenten la misma afinación (en otras
palabras, emiten exactamente las mismas notas), sin embargo, no logramos
encontrar algún nivel de correlación entre iconografía y sonido. En cambio sí
se pudo clasificar las botellas de acuerdo a los intervalos descendentes obteni-
dos al tapar cada agujero. De este modo llegamos a captar cinco grupos de
intervalos, curiosamente muy sutiles, por lo que decidimos expresar nuestras
mediciones en cents (1 cent =1/100 de semitono\ 1.
- Intervalos de 1O cents: Los orificios son los más pequeños, generalmente
tienen menos de 2mm. de diámetro, y están dispuestos en filas horizontales
62. Detalle de la pieza ilustrada
de 5 a 9 agujeros cada uno, ubicados en la parte posterior de la cabeza de la
de la lámina 60. Agujeros asociados figura (Fig. 52). En algunos casos los agujeros pueden ser detalles figurati-
a los intervalos descendentes de 50 cents vos como fosas nasales, por ejemplo.
(parte posterior de la cabeza) y 100 cents
(parte superior).
Museo Arqueológico Rafael Larco Herrera,
- Intervalos de 25 cents: Los orificios tienden a ser ligeramente más grandes
Lima. que los anteriores, usualmente se sitúan en la parte posterior de la cabeza-
protoma, en columnas. En el caso de los felinos, los agujeros están entre los
colmillos. Este sistema de intervalos se combina a veces con el de 10 cents,
en el mismo instrumento.
- Intervalos de 33 cents: Los orificios son algo más grandes en promedio que
los de 25 cents, y aparecen dispuestos en 3 columnas de 3 agujeros cada uno,
en la parte posterior de la cabeza del personaje (Fig. 296).
- Intervalos de 50 cents: Los agujeros son de tamaño mediano (3-4 mm) y rara
vez están dispuestos guardando un alineamiento especial (en este caso
aparecen en 2 filas de 2 agujeros en la parte posterior de la cabeza), por lo
general complementan detalles figurativos, situándose en los extremos de la
boca, en los extremos de los ojos (de tipo grano de café), al centro de los ojos
(de tipo botón perforado), rematando las puntas de una corona, etc. Algunas
veces estos orificios se combinan con agujeros más grandes, que al ser
tapados producen un intervalo descendente de 100 cents (Fig. 62). En otros
casos aparece combinado con el intervalo de 25 cents.
- Intervalos de 100 cents: Los agujeros son grandes (5-15 mm), y cuando
ocurren de manera aislada se sitúan en la parte superior central de la cabeza
de la figura, o componen detalles figurativos específicos, tales como cuencas
74 VICUS
superior de la cabeza de la figura (Fig. 63). Para esta clase de botella existen
antecedentes tanto al Sur como al Norte de Piura, en Chorrera24 y en Guañape 25 ;
por otra parte, hemos visto botellas silbadoras similares pertenecientes al estilo
Virú (Fig. 140).
Si usamos cada grupo de intervalos como criterio para la unificación temática
de conjuntos iconográficos veremos que el tema de la muerte aparece bajo
nuevos matices: tenemos una etapa de "preparación", otra de "entrada" (la
muerte propiamente dicha) relacionada a la inversión del orden, y otra de
"transformación" que culmina en la identificación del difunto con los
ancestros.
Si atendemos al orden de las combinaciones de sistemas de intervalos veremos
que una posible vía de "lectura" sería 33-50-100-25-1 O,de acuerdo al siguiente
esquema:
33 y 50 cents Preparación
100 cents Muerte
25 y 10 cents Transformación
76 VICUS
RECONSTRUYENDO LA IDENTIDAD DE UN PUEBLO 77
- Botella silbadora sin cámara acústica. En este caso el repertorio de motivos
pertenece a la iconósfera Moche.
Además tenemos también "imitaciones" Moche de botellas silbadoras Vicús,
en dond_eincluso el conjunto de rasgos estilísticos Vicús ha sido copiado, con
leves matices de diferencia (Fig. 174).
En contextos funerarios Vicús encontramos piezas Moche asociadas, incluyen-
do botellas silbadoras. De allí se concluye que éstas eran significativas para los
Vicús, no como objetos "de prestigio", sino como unidades "simbólicas"
válidas para el ritual funerario. Esta es una expresión más de la "convivencia"
entre los Vicús y los Moche, tema que ampliaremos en el [Link].
Ahora bien, ¿eran estas botellas silbadoras ejecutadas aislada o conjuntamente
con otras? La respuesta es sencilla. Si como pensamos, eran tocadas en algún
momento del ritual funerario, la segunda opción sería el hecho en que aparece
más de una botella silbadora en el contexto funerario. A este respecto los
musicólogos interesados en el pasado prehispánico o los arqueólogos con
interés en la paleomusicología podrían estudiar las posibilidades musicales de
los conjuntos de botellas silbadoras en cada contexto funerario, tomando cada
uno como unidad de análisis. Estamos seguros que hallaremos nuevas sorpresas
que incrementarán nuestra admiración por el pasado prehispánico.
78 VICUS
RECONSTRUYENDO
LA IDENTIDAD DE UN PUEBLO 79
pueblos pertenecen a la misma tradición en la que se perpetuaban, de acuerdo
con la definición de Panofsky 31 : convenciones plásticas, personajes y valores
simbólicos. •
80 VICUS
NOTAS
1. LUMBRERAS, (1979) Passim.
2. LARGO HOYLE, (1965, 1967) y LUMBRERAS, op. cit.
3. RYE, (1981).
...
"'l. 4. MAKOWSKI y AMARO, (ms. s/f.)
5. AMARO (1990) MURRO (1990) y ELESPURU (1993).
6. AMARO, ELESPURU, op. cit.
7. FERNANDEZ DE LA VEGA (1977).
8. Llamamos pico a un gollete muy estrecho, cuyo diámetro de boca es menor a 1/1 O del diámetro
máximo del cuerpo de la vasija.
9. KAULICKE (1991).
10. lbid., Figs.17- 22.
11. DISSELHOFF (1971)
12. LARGO HOYLE (1967). Fig. 102.
13. LARGO, op. cit, Fig. 73
14. LUMBRERAS (1979), p.124.
15. DISSELHOFF, op. cit. Láms 30 - B, 35 y 43 - B.
16. DISSELHOFF, op. cit. Lám. 35 y 43B
17. HORKHEIMER (1965).
18. LUMBRERAS, L.G., [Link]. p. 34; SOSA, Gerásimo, BOLAÑOS (1986).
19. Según el índice acústico más usado. El Do central del piano (el de la escala que contiene al La440),
es un BDo5.
20. Los intervalos representan la distancia entre dos notas musicales: así, decimos que entre Do y Mi
hay una tercera, ya que la amplitud es de tres notas: Do, Re, Mi. Una 2a. menor es la distancia
que existe, por ejemplo, entre Do y Re bemol. Una tercera mayor, la distancia que existe entre Do
y Mi. •
21. Hemos usado el intervalo en cents como herramienta taxonó[Link] podemos pensar que los
alfareros Vicús llegaran a obtener una precisión centitonal exacta, pues de hecho existen
pequeñas variaciones que responden a diferencias mínimas en las dimensiones del agujero,
diferencias que el alfarero no podía controlar y que por lo tanto para nosotros carecen de
significado. En los anexos pueden apreciarse los registros con las desviaciones exactas por cada
nota.
22. LATHRAP (1975) Fig. 46, cat. 409-410.
23. ESTRADA, (1962) Fig. 50.
24. LATHRAP, op. cit. Figs. 40, 44; cat. 372.
25. BOLAÑOS, (1986).
26. HOCQUENGHEM, (1987) pp. 138-141.
27. LUMBRERAS, (1979) pp. 22-25.
28. KAULICKE, (1991), pp. 418-419.
29. LUMBRERAS, op. cit. p. 39.
30. BOLAÑOS, op. cit.
31. PANOFSKY (1979) Cap. 1.
32. LATHRAP, (1975) Figs. 35 - 49.
33. lbid., Fig. 46.
34. lbid., Fig. 86.
35. lbid., cat. 279-280.
36. lbid., cat. 344, 345, 353.
37. lbid., cat. 282.
38. lbid., cat. 334.
39. lbid., cat. 368.
40. lbid., p. 1OO.
41. lbid., Fig. 46, detalle.
42. lbid., cat. 397.
43. lbid., cat. 394.
44. lbid., cat. 397.
45. lbid., Fig. 69.
46. lbid., Fig. 86.
47. lbid.,cat.416.
48. lbid., cat. 431.
49. lbid., cat. 345.
50. lbid., cat. 432.
51. lbid., cat. 343, 344.
52. lbid., cat. 350, 351, 354.
53. lbid., Fig. 87.
54. lbid., cat. 356-358.
55. lbid., cat. 368, 370.
IV). A pesar de estos avances quedan aún abiertas dos grandes preguntas 67a. Botella asa [Link] Temprano A.
Mono sentado.
mutuamente interrelacionadas: Museo del Banco Central de Reserva
del Perú, Lima.
¿La situación cultural del Alto Piura es similar a la de otros valles en el litoral
67b. Botella asa puente silbadora. Virú
peruano o, por el contrario, su posible estatus de frontera entre las áreas nor y de Piura.
centro-andina se refleja durante el Período Intermedio Temprano y el Horizonte Pato con cresta.
Medio Temprano (aprox. entre 200 a.C. y 700 d.C.) en los rasgos particulares Museo Municipal, Piura.
e irrepetibles de desarrollo?
¿ Qué características reviste la presencia Mochica a lo largo del período
mencionado y cómo interpretar en términos culturales y políticos la diversidad
de estilos coexistentes con el estilo Moche en el Alto Piura? En otras palabras,
¿se trata o no de diferentes etnias que habitan el mismo territorio; quiénes son -
..
.....
los que gobiernan y cómo ejercen su dominio a lo largo de estos 900 años de
historia?
84 VICUS
Intentaremos encontrar la respuesta a ambas preguntas de manera fundamenta-
da. Utilizaremos para este fin, entre otros, los resultados de nuestras investiga-
ciones sobre los estilos cerámicos piuranos del Período Intermedio Temprano,
iniciados en 19873 con un grupo de colaboradores. La respuesta no es fácil.
Contrariamente a lo que se imagina el amplio público, carecemos hasta el
presente de suficientes evidencias publicadas como para reconstruir de manera
inobjetable la historia de la cultura Mochica en su área clásica. Nos referimos,
en primera instancia, al seguimiento de las superposiciones estratigráficas de
arquitectura y de entierros. Sólo este tipo de evidencias debidamente analizadas
pone fuera de discusión el problema de secuencias temporales, de los compo-
nentes más tempranos y más tardíos de una cultura. El valor de las fechas del
Carbono 14 disminuye también sustancialmente si la muestra carece de buenas
asociaciones, es decir si no podemos precisar la procedencia de la materia
orgánica carbonizada y asociarla con los pisos de las casas y de los templos, con
los ajuares que acompañan al muerto, etc.
Ahora bien, ambas clases de datos brillan por su ausencia si se trata de las fases
más tempranas de la cultura Mochica, en las que Rafael Larco Hoyle ubicaba
las variantes estilísticas que denominó Mochica I, II y III 4 . Cuando la
superposición no señala con claridad en qué orden secuencial fueron utilizados
los espacios funerarios, domésticos o ceremoniales, el arqueólogo moderno
duda generalmente de la validez de indicadores estilísticos del tiempo. Si bien
es cierto que las formas de la cerámica, como por ejemplo el trazo y volumen
del gollete o las proporciones del cuerpo, suelen modificarse a través del
tiempo, no es menos cierto que estas mismas diferencias entre dos grupos de
vasijas pueden teóricamente desprenderse también de su distinto origen, no.
obstante que sean contemporáneos. La mayor parte de botellas de asa estribo de
procedencia piurana se caracteriza por los rasgos formales correspondientes a
las fases I y II de la secuencia propuesta por Rafael Larco Hoy le. ¿Indican estos
rasgos la antigüedad de la tradición Mochica en la zona?; ¿señalan no sólo la
antigüedad sino sugieren también un gusto algo conservador, puesto que
parecen mantenerse inalterados un largo tiempo?, ¿o se trata esencialmente de
un regionalismo y las piezas Moche I y II de Piura podrían ser contemporáneas
con las Moche III y IV de otra área? Las tres alternativas tienen sus partidarios,
la primera en la persona de Christopher B. Donnan, la segunda en Heather
Lechtman y Michael Moseley, y la tercera está señalada como una posibilidad
por Peter Kaulicke; sin descartar la alternativa de que el fenómeno Mochica
haya tenido su origen en el área entre Piura y Jequetepeque 5 .
Gracias a recientes trabajos la base de datos para el Alto Piura está en la
actualidad paradójicamente mejor documentada que para cualquier otro valle
de ubicación más central, dentro del área cultural Mochica, incluyendo Moche
y Chicama, en donde las excavaciones en las huacas de la Luna y Cao (El Brujo)
empezarán a revertir esta situación recién en los próximos años 6 . Resulta por
ello plenamente posible intentar una evaluación del fenómeno Mochica desde
la perspectiva local. Para facilitar al lector la tarea de formarse su propia
opínión, vamos a examinar [Link] en el orden en que se nos presentaron.
Empezaremos analizando las piezas en colecciones, para después ubicar y
definir la extensión y las características de los sitios con el material diagnóstico
Mochica y, finalmente, situar los estilos y sus componentes cronológicos dentro
de los contextos arqueológicos excavados.
~n las colecciones
.,aspiezas Mochica de Piura forman un conjunto fácilmente distinguible por
u forma y acabado, y en especial por sus proporciones, tonalidades de engobe
• colores de pintura. En este trabajo hemos considerado exclusivamente las
1iezas cuya procedencia piurana fue segura y la autenticidad pudo ser compro-
1ada por nosotros mismos mediante el examen exhaustivo de pastas y
cabadosr Particular importancia tuvieron las colecciones de cerámica del
~aneo Central de Reserva del Perú, del Museo Larco Herrera, y del Museo
!Iunicipal de Piura; las tres se formaron al comienzo de la década de 1960,
poca de mayor huaqueo de los cementerios prehispánicos en los alrededores
e Chulucanas y Morropón (Cap. l). En las tres colecciones se distinguen dos
eries, muy numerosas, cuyas características son diametralmente opuestas.
Jna tercera serie, menos uniforme, constituye un enlace entre ellas.
:ólo la primera serie recibió la atención debida de los investigadores. Desde los
studios pioneros de Rafael Larco y Otto Klein 8 toda polémica sobre el
rnblema de Mochica Temprano se circunscribe a ella. Nos referimos a las
,otellas asa estribo con el típico gollete Moche I cuyo prominente reborde es
,iselado (Figs. 69-74, 363, 364). Al examinar los detalles nos hemos dado
uenta que el mismo grupo de talleres, y a veces la misma mano que fabricó las
,otellas Moche con asa estribo, utilizaba indistintamente otras tres variantes de
uerpo y gollete, a saber:
º La ya mencionada botella Moche de cuerpo escultórico decorada en relieve, o
globular llana, caracterizada por el gollete Virú, que se compone de pico alto
troncocónico y una asa puente arqueada, tubular o plana (Figs. 66, 150, 365).
º El cuerpo geométrico de planta paralelepípeda o circular que constituye un
pedestal para la representación escultórica; tanto esta idea formal como la del
gollete asa puente, idéntico al caso precedente, se asocian con la tradición Virú,
según la definición de Rafael Larco 9 (Figs. 67a, 137b, 403 der, 404 izq.).
º La típica botella doble Virú con un asa puente que une la base del pico con
la base de la figura escultórica sobrepuesta en el otro cuerpo de la vasija
(Figs. 68, 77, 174, 365).
6 VICUS
Uno de los aspectos más notables en esta serie, aparte de la ya mencionada
conjunción de rasgos Mochica y Virú, es su policromía. La amplia gama de
colores puede incluso desconcertar al conocedor de gusto moldeado por los
cánones estéticos del estilo Moche "clásico" de la fase IV. En la gama cromática
al lado de los acostumbrados marrones y cremas, encontramos anaranjados,
blancos, violáceos, bermellones, grises y negros (Figs. 71, 72, 73). Para lograr
estos colores los alfareros debieron valerse tanto del ambiente de cocción como
de las tierras de color y arcillas finas con aditivos, las que diluidas en agua
servían para cubrir la vasija de capa fina e impermeable de engobe; esta capa fue
aplicada antes de hornearla. La cocción en el ambiente reductor implica las
tonalidades grisáceas y negras, mientras que la atmósfera saturada de oxígeno
crea tonalidades de la gama del rojo. ¿Será el color indicador de una tradición
o un estilo en particular? Varios investigadores lo habían pensado. Larecurrencia
de engobes blancos y anaranjados, particularmente llamativa, los indujo a
acuñar los términos "Vicús Blanco" y "Vicús Anaranjado" 10.
88 VICUS
LOS SEÑORES DE LOMA NEGRA 89
90 VICUS
Este análisis conduce a una conclusión interesante: el conjunto parece haber
sido hecho por un número reducido de artesanos (talleres), en un corto lapso,
según toda probabilidad no mayor de un siglo. Si asumimos que cada taller
utiliza un solo procedimiento tecnológico, la variedad de tipos de pastas
indicaría un mínimo de cuatro talleres. Dos de ellos trabajarían según la
tecnología típicamente Mochica, con arcillas de alta pureza, compactas, con
pocas inclusiones minerales (Figs. 444, 446a). Dos otras pastas se asemejan a
las que caracterizan a la cerámica utilitaria, relacionable respectivamente con
las tradiciones Vicús y Gallinazo (Figs. 443, 445) 13. Dentro de nuestra serie
Mochica I hay un componente con algunos rasgos particulares. Nos referimos
a las botellas de asa estribo con la base en forma de pedestal, engobe blanco y
diseños pintados de color anaranjado o bícromos, anaranjado y marrón (Fig.
167). Estos ejemplares parecen constituir la cabeza de una larga serie de
productos locales con cierto matiz provincial reflejado tanto en la selección de
los motivos como en la modalidad de la decoración. Tienen asimismo una gran
similitud con las piezas mochica procedentes del departamento de Lambayeque
(Fig. 344)¡4.
Antes de caracterizar la segunda serie es necesario detenerse para analizar la
relación ev~ntual entre el grupo Moche I y las piezas consideradas a menudo
"Pre-Mochica". Nos referimos a los conjuntos denominados por Luis Guillermo
Lumbreras: Vicús-Cupisnicoide, Vicús- Salinar, Vicús Blanco, Vicús-Com-
plejo Mochica, Vicús Anaranjado y Vicús-Virú. Los términos y la secuencia
cronológica misma fueron retomados por este autor de la última propuesta de
Rafael Larco 15, redactada bajo la impresión, todavía fresca, de los recientes
hallazgos fortuitos en el Alto Piura y de la sorprendente variabilidad tecnoló-
gica y estilística de la cerámica piurana.
Para entender el alcance de los términos mencionados, y los criterios que Rafael
Larca utilizó en la clasificación, es necesario situarlos en el contexto global de
su aproximación teórica a la prehistoria peruana. La costa norte juega en ella el
papel central de núcleo originario de la cultura peruana. La reconstrucción de
la evolución cultural se sustenta en dos clases de datos: la tecnología alfarera y
el estilo, particularmente la evolución de formas cerámicas. El avance tecnoló-
gico, y ante todo, las nuevas técnicas de confección y de cocción marcan las
etapas (estadios evolutivos), los cambios en la morfología de las vasijas, en el
trazo de la decoración etc., definen el ritmo de la historia, mientras que la
continuidad étnica se refleja, según Larco, en la constancia de soluciones
formales que adoptan los ceramistas. Cada una de las principales culturas
tempranas encuentra su expresión predilecta en una forma de cerámica, la
inventa o la mejora, enriqueciendo, de este modo, el repertorio de 'posibles
realizaciones. En la Epoca de Auge, es decir en los tiempos de la cultura
Mochica, el desarrollo de la técnica y la pericia artística del alfarero alcanzan
niveles insuperables, gracias a la síntesis creativa de todas las experiencias
anteriores. Por ello, Rafael Larco cree captar debidamente las coyunturas
históricas siguiendo, desde su supuesto origen, la evolución de un número muy
reducido de tipos de botellas ceremoniales más recurrentes.
92 VICUS
comprende, por ejemplo, piezas Cupisnique, Vicús, Virú y Mochica 118. Por su
parte, el Complejo Mochica reúne casos de imitaciones antiguas de un estilo por
alfareros que están acostumbrados a trabajar con otro, generalmente imitacio-
nes Mochica por alfareros Vicús o Virú; por eso las piezas contienen caracte-
rísticas propias de los dos estilosw No sorprende en este contexto el resultado
de nuestro análisis comparativo: el color y el tipo de engobe no definen por sí
solos a ninguna de las tradiciones alfareras en particular. Los Anaranjados y
Blancos con los rasgos del estilo mochica son Mochica I en pastas, acabados y
detalles formales, mientras que desde el punto de vista técnico las vasijas del
Complejo Mochica son Vicús 20 .
El segundo conjunto tan coherente como el primero, está conformado por
botellas con alto pico central y dos pequeñas asas auriculares en la base del pico.
El cuerpo de las vasijas es globular, con el punto de flexión marcado a veces en
los hombros, la base plana o anular. El engobe crema o blanco cubre todo el
cuerpo. Sólo el pico lleva el engobe marrón o marrón rojizo. La decoración en
línea fina cubre la mitad o tres cuartos superiores de la vasija. Los diseños,
generalmente muy estilizados, están pintados en dos (anaranjado y marrón) o
tres (además violáceo) colores (Figs. 89, 91, 376, 386). Sólo los diseños
figurativos son bícromos, marrones sobre fondo crema. Utilizando los criterios
de Larco Hoy le distinguimos en esta serie con suma facilidad las botellas
Moche IV, con sus picos rectos y las botellas Moche V (Figs. 91 b, 386), con los
picos troncocónicos y la decoración algo más recargada y a veces, cursiva. La
comparación de las características de pastas y de engobes permite ubicar dentro
de este grupo a una botella de asa estribo típicamente Moche V (Fig. 386b, cent).
Casi todas las botellas de pico central comparten el mismo tipo de pasta, por lo
que probablemente provienen del mismo centro de producción. Resulta intere-
sante constatar que este tipo de pasta está ausente en el conjunto de piezas
Mochica I. No es de extrañar que la serie piurana de botellas Mochica IV y V
94 VICUS
animales; los párpados son planos, el superior más prominente proyectado más
allá de la comisura; el iris y la pupila generalmente están pintados sobre la
superficie del ojo (Figs. 80, 81).
En los detalles no se utiliza la incisión fina sino pintura crema sobre fondo
marrón (Figs. 80, 81) o anaranjado y marrón si el fondo es crema (Figs. 88, 167).
Los colores de engobe se estandarizan: marrón rojizo, crema-blanco y gris-
negruzco (Figs.76-81), con predominancia de las primeras. Las botellas de
gollete central y asas auriculares se ordenan en una secuencia que correlaciona
de manera natural las piezas del primer conjunto con las del segundo. Las
botellas de cuerpo escultórico con rasgos de Mochica I tienen golletes rectos
con un anillo, a veces trenzado en la base y un pequeño reborde biselado (Fig.
368), comparable con algunas botellas asa estribo (Fig. 88), o botellas con
gollete central y asa lateral (Fig. 367); otra variante del gollete es la de paredes
rectas y divergentes (Fig. 372). También dentro del conjunto Mochica II
encontramos antecedentes de la decoración pictórica en línea fina bi o tricolor
En los cementerios
En 1961 Ramiro Matos Mendieta recorrió, en compañía del maestro chulucanénse
y defensor del patrimonio arqueológico Luis Távara Pasapera (Cap. l), todas las
áreas recientemente huaqueadas en los alrededores de Chulucanas y Morropón,
y recogió sistemáticamente la fragmentería cerámica dejada por huaqueros en
los desmontes. Era el año en que llegó a su clímax la fiebre de las excavaciones
clandestinas; nunca más después se abrirían y destruirían tantos entierros
diariamente. Por estas tristes circunstancias la muestra de Matos es probable-
mente la más representativa de todas las que los arqueólogos hayan recogido en
los cementerios prehispánicos del Alto Piura. Resulta, por ende, muy relevante
que sus características coincidan con las del conjunto de piezas de colecciones
que acabamos de analizar.
Ramiro Matos percibía rasgos del estilo Moche I en el 40% de los tiestos, de
Moche II y 111en 21 % y de Moche IV y V en 39% 22 . Su muestra comprendía 138
fragmentos diagnósticos seleccionados, recogidos en seis cementerios
prehispánicos. En las colecciones se percibe la misma distribución porcentual
de _características. Resulta lícito, por tanto, creer que se cuenta con una
información completa sobre la alfarería Mochica de procedencia piurana. Otras
investigaciones posteriores, entre las que debe enumerarse las excavaciones de
Carlos Guzmán Ladrón de Guevara y José Casafranca, las prospecciones de
James Richarson 111y Décima Zamecnik, las de Jean Christophe Bats y José
Antonio Hudtwalcker, así como las nuestras, han aportado datos nuevos sobre
el particular 23 (Cap. 1).
98 VICUS
79. Botellas asa estribo. Izquierda: Mochica
Temprano, derecha: imitación Mochica
en Vicús Medio. Búhos.
Museo del Banco Central de Reserva
del Perú, Lima.
100 VICUS
En los asentamientos
Si bien los estudios recientes, tanto de excavaciones como de los recorridos
sistemáticos, empezaron a revelar varios aspectos de la vida y subsistencia de
la población en el Alto Piura entre aprox. 200 a.C. y 700 d.C. (Periodo
Intermedio Temprano y Horizonte Medio 1, 2), y la imagen forjada exclusiva-
mente a partir de la perspectiva de cementerios pertenece al pasado, no estamos
aún en condiciones de hacer la reconstrucción de la ocupación Vicús y Moche
en el valle con la precisión debida. El método de prospección consiste en
"peinar" a pie cuadrantes escogidos del espacio de un valle documentando en
descripción, con foto y dibujo, todo vestigio visible en la superficie, desde la
acumulación de tiestos de cerámica o de material lítico hasta los vestigios de
arquitectura doméstica y "pública". Esto permite generalmente confeccionar un
bosquejo bastante preciso del modo cómo una sociedad prehistórica se organi-
zaba, cómo y dónde producía, hasta qué punto aprovechó los recursos que le
proporcionaba el ambiente inmediato 2r
No obstante, la precisión de este bosquejo está, lógicamente, limitada por la
conservación de sitios y, en líneas generales, depende del grado en que la
actividad humana y los fenómenos naturales posteriores a la época estudiada
hayan afectado el paisaje.
Desde este punto de vista y por diferentes razones, el Alto Piura constituye uno
de los casos menos privilegiados en la costa peruana. En primera instancia, el
dramático "Niño" de 1983, cuando casi toda el área cultivable desapareció en
las aguas de un extenso lago, parece haber ocurrido con mayor intensidad, por
lo menos dos veces en el pasado 28 . Aún no existe un estudio sistemático de los
cambios de paisaje en los últimos 2000 años, pero las gruesas deposiciones
sedimentarias en los perfiles arqueológicos y en los perfiles geológicos con
asociaciones culturales sugieren que la superficie correspondiente al inicio de
nuestra era se encuentra por lo menos 2 m. debajo de la actual superficie de la
planicie aluvial, formada por los conos de deyección de los ríos Y apatera y San
Jorge. Probablemente el río Piura cambió también su curso varias veces, a
juzgar por las huellas de cauces antiguos. Por otro lado, las lluvias que casi
siempre se presentan en el verano, destruyeron las superficies de la arquitectura
de adobe. Es, a veces, muy difícil distinguir entre la construcción prehispánica
erosionada y una lomada natural.
La actividad del hombre resultó ser aquí relativamente más destructora que en
otros valles de la costa. Bajo palas mecánicas y aplanadoras sucumbieron varias
huacas cuando se preparaban tierras para cultivo y el uso de los pozos artesianos
llevó la frontera agrícola probablemente más allá de su recorrido en los tiempos
prehispánicos. En las fotos aéreas lo atestiguan manchas claras en medio de los
campos de cultivo. Finalmente, cada año de lluvias intensas implica la destruc-
ción de caminos, daños a canales y defensas. La piedra necesaria para su
reparación se extraía sistemáticamente de las construcciones en sitios
prehispánicos ubicados en las laderas de los cerros que han sido arrasados
usando maquinaria pesada. La actividad de ladrilleras pequeñas afectó seria-
mente varios conjuntos con arquitectura de adobe.
Hemos requerido de este paréntesis para explicar cuáles son los factores que
limitan nuestros conocimientos científicos y provocan considerables sesgos en
104 VICUS
Mochica comprobada. Nos referimos al Monte de los Padres y Talanquera, en
las laderas de la Punta Guaraguau que domina el valle de San Jorge, así como
a Malamatanza. Estas tres concentraciones de sitios son casi equidistantes y de
hecho se ubicaban en tres sistemas distintos de canales de riego. Lamentable-
mente no disponemos de evidencias concretas para reconstruirlos. Los más
tempranos canales prehispánicos conocidos en la región datan del Período
Intermedio Tardío (aprox. 900-1450 d.C.). Para saber qué clase de realidad
presenta la descripción arqueológica examinaremos en detalle la organización
interna de la primera de estas aglomeraciones y la más conocida, la de los
caseríos de Vicús y Yécala.
El centro de la aglomeración está constituido por un conjunto de arquitectura de
adobe el que, "más allá del núcleo principal de unas 1,4 has. cubre una zona de
cerca de 1 km. de largo y 0,5 km. de ancho", según la descripción de Peter
Kaulicke 32 .
106 VICUS
de la parte central de la construcción. Esta y otras evidencias de actos rituales
justifican bien la interpretación que hace Peter Kaulicke del conjunto monu-
mental como centro ceremonial y administrativo de Vicús-Tamarindo.
"La fachada de la primera fase constructiva principal en Nima I (Vi-
10) se asemeja notablemente a los modelos arquitectónicos en reci-
pientes de cerámica Vicús-Moche ... Esta transformación en centro se
asocia a una reorganización de áreas en zonas de actividades especia-
lizadas. En Vi-1 lA hay "cocinas de chicha", hay áreas destinadas a la
elaboración de cerámica ("Loma de Hornos") y evidencias indirectas
de trabajo de metal (escoria, cerámica con cobre adherido) lo que
apunta a la existencia de talleres cerca del centro y posibles áreas
residenciales en Vi-12. La cantidad elevada de la cerámica fina en
Nima I, II (Vi-10 y Vi-9) y Vi-12 sugiere la pre,sencia de una cierta
jerarquización social, reflejada en arquitectura vistosa como lugares
para la realización de reuniones con la presencia masiva de un servicio
(cuencos y cántaros decorados) de bebidas, el cual se rompe y entierra
o dispersa junto con la ceniza de alimentos quemados, básicamente
camélidos. Cabe también la posibilidad de la existencia de sacrificios
humanos, ya que fragmentos óseos con quemaduras, huellas de cortes
y mordeduras de perros se encuentran mezclados con los demás
desperdicios. Esto se relacionaría con los motivos de prisioneros y su
sacrificio en la iconografía de la cerámica Mochica\ 4 .
El núcleo monumental está rodeado de posibles zonas residenciales, con áreas
de actividad asociadas, dispersas en bajas lomadas, que están cubiertas actual-
mente por algarrobos. En el párrafo citado se menciona algunas áreas excavadas
de este tipo. La arquitectura encontrada es generalmente de carácter perecible
y lleva huellas de rápidas y frecuentes modificaciones y reacomodos. Las
huellas de postes y surcos en los pisos hablan de la existencia de espacios con
techos sostenidos sobre horcones, de tabiques de pájaro bobo(?) trenzado o de
quincha. En algunos sitios se ha encontrado también construcciones de material
noble, de tapial y adobe paralelepípedo (Vi-12 y Vi-14: Sector C).
108 VICUS
construidos en serie, uno al lado de otro; cuando el primero quedaba fuera de
uso, se construía el siguiente. Hemos encontrado también un pequeño taller
metalúrgico donde se producía varios de los objetos de los que se encuentran en
los ajuares funerarios, entre otros, narigueras y orejeras para figurinas. El
artesano fundía en el horno las "perlas" de cobre, confeccionaba el lingote y lo
transformaba primero en láminas y alambres y después en los productos
deseados (Cap. V). Hay también indicios indirectos de trabajo de concha
marina, particularmente de la especie oliva peruviana. Todos los talleres están
rodeados por un cinturón de fogones con basura. El contenido de estos basurales
demuestra que se consumía alimentos poco comunes. Fuera de la carne de
camélidos sorprende la alta recurrencia de productos del mar, incluyendo rayas
y tollos. Esta dieta se parece curiosamente a la que se desprende del análisis de
basurales en la zona monumental. ¿Se trataría de comidas de fiesta? Es posible.
Los hallazgos fortuitos de grandes cántaros enterrados, reportados por los
85b. Vista general del sitio Pampa Juárez,
campesinos del lugar y la predominancia de pequeños cántaros, tazones,
en el primer plano el sector B, al fondo cuencos y otros recipientes relacionados con el traslado e ingestión de líquidos,
Cerro Vicús. (Excavaciones K. Makowski,
Proyecto «Alto Piura»).
en las capas de sectores excavados, indica un posible consumo masivo de
chicha.
110 VICUS
fragmentería recuperada en las excavaciones proviene de rellenos arquitectó-
nicos. Este tipo de hallazgos no proporciona, por supuesto, información sobre
la fecha de construcción. Los fragmentos más tardíos definen lo que llamamos
el terminus postquem, la fecha necesariamente anterior al hecho. ¿Cuánto
tiempo transcurrió entre la ruptura de estos ceramios y la construcción del
edificio? Sólo un largo trabajo de análisis y comparación entre varias situacio-
nes estratigráficas responderá esta pregunta.
Una ventaja compensa al arqueólogo de los problemas de interpretación de la
arquitect'tlra monumental: la alta probabilidad de encontrar fragmentos de
cerámica fina, que por sus características constituye el tradicional indicador de
tiempo e identidad del poblador prehispánico. Esta probabilidad decrece en los
contextos domésticos, los que, a su vez, ofrecen evidencias de superpe-sicioo
estratigráfica mucho más confiables que en el caso de la arquitectura monumen-
tal, por tratarse de pisos con huellas de uso y con desechos.
Los taller~s, particularmente los alfareros, brindan mayores ventajas compara-
tivas que otro tipo de sitios, si se trata de encontrar soluciones confiables a los
problemas cronológicos: estuvieron un breve tiempo en uso y frecuentemente
asociaron la cerámica fina y burda con las muestras de carbón (fechados del
Carbono 14).
Debemos mencionar también el cuarto tipo de contextos: los entierros. Recor-
demos que la cerámica de origen funerario sirvió y sirve aún a los investigadores
que trabajan en los Andes centrales, como el principal, cuando no el único
indicador del tiempo. En el caso piurano, los entierros raras veces se asocian con
la arquitectura. Los cementerios con cerámica Vicús y Moche se extienden en
las lomas arenosas donde las fuerzas de erosión y acumulación (viento y agua)
permanecen en relativo equilibrio durante siglos. Por ello, las bocas de los
entierros, incluso distantes cronológicamente varios siglos, pueden situarse en
el mismo nivel. Es verdad que el cementerio crece espacialmente, y que en
teoría se puede diferenciar los sectores más antiguos de los más recientes. Sin
embargo, para entender la lógica de este crecimiento, el arqueólogo debería
excavar sistemáticamente varios cientos de contextos, no alterados por huaqueros,
y utilizar sofisticadas técnicas de muestreo estadístico. En nuestro caso, apenas
llega a 4 7 el número de entierros documentados arqueológicamente en el
cementerio de Y écala 40 , cifra realmente insignificante si la comparamos con un
kilómetro cuadrado de superficie. La cantidad total de entierros es difícil de
estimar: sólo los pozos de huaqueros pasan de cuarenta mil.
Con estos conocimientos fundamentales respecto a los problemas que la
arqueología enfrenta en relación a la definición del tiempo en el que ocurrió un
evento, regresemos a la pregunta inicial. En una reciente publicación relativa a
sus excavaciones en el centro administrativo y ceremonial de Vicús-Tamarin-
do, Peter Kaulicke presenta una propuesta cronológica preliminar, basada en la
comparación de las secuencias estratigráficas 41 . Hemos confrontado esta pro-
puesta con los resultados de nuestras excavaciones en los campos de talleres de
Pampa Juárez (Vi-14 ), y de los reconocimientos en cementerios, asentamientos
y áreas de ofrenda entre el cerro Vicús y Loma Negra.
Los estudios de colecciones que hemos realizado con Iván Amaro, Juan
Antonio Murro y Otto Eléspuru, han dado como resultado la conformación de
una base de datos necesaria para comparar los cambios y diferencias estilísticas
entre la cerámica utilitaria y la cerámica figurativa de uso ceremonial, particu-
larmente funerario. En la Fig. 185 presentamos la comparación de las dos
secuencias. Los sitios tomados en cuenta representan las cuatro categorías
mencionadas en la introducción: espacios ceremoniales, domésticos, talleres y
entierros. La figura 186 complementa la precedente, puesto que grafica las
evidencias de cronología absoluta, obtenidas gracias a la colaboración amiga
del Prof. Mieczyslaw Pazdur, del Laboratorio de Carbono 14 de Gliwice
(Polonia) 42 .
El primer hecho de importancia que se desprende de la comparación de los dos
cuadros concierne a la relación cronológica entre Vicús y Mochica. Los
portadores de la cerámica Moche llegan a Piura cuando la región ya había estado
ocupada por gente que utilizaba la cerámica en el estilo Vicús. ¿Por qué? En
todos los sitios y estratos más tempranos de la fase que Peter Kaulicke denomina
Vicús-Tamarindo A, encontramos exclusivamente la cerámica Vicús. Pampa
Juárez (Vi-14) estaba posiblemente ocupada en esta fase, pero los sectores
excavados pertenecen a la fase subsiguiente. Sin embargo en Y écala hay
entierros de la época (fase Vicús-Temprano ).
112 VICUS
Evidencias de fuertes lluvias separan, en los sitios estratificados, la ocupación
anterior de la siguiente. Son perceptibles también fuera del centro ceremonial
de Tamarindo, en Pampa Juárez (Vi-14) 43 .
Para Peter Kaulicke, la aparición de los muros de tapial marca el inicio de una
nueva fase: Vicús-Tamarindo B. En Pampa Juárez aparecen las primeras
evidencias de producción (capa 2) asociadas con los mismos componentes
cerámicos que en la zona [Link] referimos a la cerámica directamen-
te comparable con la de Gallinazo del valle de Virú, que se presenta junto con
la cerámica Vicús Medio A (ver Cap. II). Hay también en los estratos superiores
pequeñas cantidades de cuencos finos que acompañan la cerámica fina Moche
con las formas diagnósticas de las fases de Rafael Larco. La comparación de
porcentajes de recurrencia de los dos estilos cerámicos mayoritarios presenta
resultados interesantes.
El estilo Vicús predomina en más del 80% en la cima de la construcción
monumental Vicús-Vicús de Loma Valverde (Vi-14), levantada mediante un
sistema de rellenos de tierra sostenidos por muros de quincha. La proporción se
revierte en las construcciones de tapial de la Huaca Nima (Vi-10), donde el
número de tiestos, estilísticamente Gallinazo, supera de lejos la cantidad de
fragmentos Vicús. En Pampa Juárez (Vi-14) la proporción es más equilibrada"
114 VICUS
..
.
116 VICUS
edificio mellizo se encontrara al Este del primero 44 . Un recinto (Vi-IOA), con
89. Botella de gollete central y asitas
auriculares. MochicaTardío A. evidencias de actos rituales diversos, se extiende entre las dos pirámides (Vi-
Decoración pintada tricolor: pez-ciempiés 9 y Vi-10) al sur de la principal.
de doble cabeza.
Museo Arqueológico Rafael Larco Herrera, En Pampa Juárez, en las afueras del centro administrativo-ceremonial, se
Lima. -~·
desarrolló en esta fase una actividad muy intensa; hay incluso huellas de
arquitectura de adobe en la periferia del campo de hornos (Vi-14: Sector C; capa
1b en los sectores A y B). Se encontró también en el sitio Vi-12 un área de
producción alfarera asociada con la arquitectura. doméstica de adobe. Es
indudable la filiación Mochica de la arquitectura en Tamarindo, tanto por la
similitud de formas de adobe, del sistema de construcción y del diseño general
del volumen arquitectónico, con los que se presenta en los sitios clásicos Moche
más al sur, como por la existencia de la cerámica Mochica en los estratos de esta
fase. Hay que decir, sin embargo, que la cerámica Mochica constituye un
componente minoritario, y la cerámica fina es muy rara: está por debajo del
0.5% de todos los fragmentos. Los tiestos diagnósticos son Moche I, II y III.
Predomina decididamente el componente Gallinazo. Los tiestos Vicús giran
alrededor del 30%, perteneciendo a la fase Vicús Medio B. En Yécala los
entierros con cerámica Moche II contienen cerámica Vicús Medio B (VI T .15;
T.13; T.4 y menos característico T.9; (Figs. 418, 419). Los fechados del
Carbono 14 señalan hacia los siglos III y IV d.C.
Las huellas de precipitaciones fuertes y destructivas, así como las evidencias de
la remodelación completa del centro, marcan el fin de la fase anterior y el inicio
de una nueva 45 , a la cual Kaulicke denomina C-2 46 (Cuadro 1). El acceso
ascendente de la Huaca Nima I (Vi-10) fue intencionalmente rellenado con
tierra y sellado, poniéndose asimismo una ofrenda. En este contexto aparece,
entre otros, un fragmento de botella con el gollete central Moche IV. La huaca
habría sido reconstruida según un diseño muy distinto del anterior. Un gran
muro doble E-Oune las dos estructuras mellizas. Toda la fachada meridional que
daba hacia el patio de las ofrendas quedó clausurada y recubierta con gruesos
rellenos de tierra. En su lugar, la fachada septentrional crece, puesto que se
construyen varias terrazas nuevas de adobes, adosadas a las viejas. Una rampa
doble asegura el acceso a la cima del edificio desde el Oeste. El centro
ceremonial parece ampliarse también en otros sectores con la construcción de
terrazas y recintos (vg. Vi-llB). En Yécala los entierros más tardíos, con
asociaciones Mochica, contienen ceramios Mochica III en un estilo local (V I
T.8 Figs. 425, 426) al lado de piezas Vicús Tardío A.
En Pampa Juárez (Vi-14) las actividades de producción cesan en el transcurso
de la fase C-2. El centro parece trasladarse en dirección al NE4 r En los contextos
crece el porcentaje de fragmentos cuyo estilo podría ser definido como
Mochica. Los tiestos Gallinazo siguen siendo predominantes, pero adquieren a
menudo rasgos de la cerámica Vicús y, viceversa, la cerámica Vicús Medio y
Tardío ofrece características Gallinazo. Los fechados del Carbono 14 ubican la
fase descrita en los siglos VI y VII d.C. La construcción de una serie de recintos
en la fachada septentrional de Huaca Nima I es el último evento de importancia
en-el centro de Tamarindo.
Hay varios aspectos notables en la secuencia presentada. El primero, es la
importancia del componente Gallinazo. Hemos usado este término para resaltar
el muy alto grado de similitud entre los diferentes tipos de alfarería presentes
118 VICUS
tellas escultóricas con representaciones de sapo, que se asociarían al gollete
Moche I y III (Figs. 86b, 413), de seres humanos, con acabados de rasgos
fisionómicos (ojos, nariz, orejas) propios de Moche I, II y III 52 .
De este modo hemos llegado a la conclusión que la secuencia estilística
esbozada al inicio del capítulo tiene sentido cronológico. La serie Mochica I
corresponde a la fase pre-monumental y se asocia con la cerámica Gallinazo
Medio y con la arquitectura de tapial. La serie intermedia, con rasgos Mochica
II y III es coetánea con la primera fase monumental de arquitectura de adobe y
con la cerámica Gallinazo Tardío como componente mayoritario; la tercera
serie Mochica IV con algunos rasgos y piezas Mochica V, se correlaciona con
la segunda fase monumental.
120 VICUS
saber: Virú v/s Gallinazo y Mochica v/s Moche (Huancaco). Larco Hoy le acuñó
los términos Virú y Mochica para definir dos conjuntos de rasgos propios de los
comportamientos funerarios, de las tecnologías alfareras de construcción y de
estilos de arquitectura y artes 54 . No es casual este intento de buscar vínculos
cronológicos entre expresiones tan diversas. Larco Hoy le quiso demostrar que
las identidades étnicas definidas se esconden bajo estilos y tipos. Utiliza para
ello la propuesta metodológica latente en arqueología desde los inicios del siglo
y llevada a su extremo por K. Koscinna y su escuela 55 . Según la propuesta, la
distribución espacial de los estilos diagnósticos para una época no sólo define
las fronteras étnicas sino también expresa la identidad, es decir coincide con la
difusión de ideas religiosas y políticas, de la capacidad tecnológica y eventual-
mente del idioma.
Para llegar a conclusiones de esta índole era menester comprobar si el área de
difusión de un estilo cubrió, en un tiempo dado, un espacio que compartía los
91b. Botellas de gollete central y asitas
mismos patrones funerarios, las mismas técnicas de construcción, planes de
auriculares. Mochica Tardío B. asentamiento y características formales de arquitectura, así como motivos
Decoración pintada tricolor.
Museo Municipal, Piura.
iconográficos. La definición del estilo debería, asimismo, aplicarse a objetos
utilitarios, de la misma manera que a objetos artísticos; la cerámica de uso
122 VICTJS
Vicús-Vicús, Gallinazo-Virú, y Moche. ¿Cómo interpretarlo en términos
étnicos y políticos? Por otro lado, en el Alto Piura el componente Virú-
Gallinazo se expresa en la cerámica burda, doméstica y ceremonial, influenciando
tan sólo los estilos funerarios; y en la arquitectura ejerce su influencia,
exclusivamente en las fases tempranas correspondientes a Moche I-11. El
componente Moche, a su vez, define de manera exclusiva la cerámica ceremo-
nial fina, particularmente la de uso funerario y la arquitectura de las fases
maduras y tardías (Moche III-V). ¿Es una situación especial piurana o, por el
contrario, una regularidad que remite a rasgos específicos de la organización
social en esta época? A la luz de estas evidencias la pregunta sobre el origen de
la cultura Mochica podría reducirse a: ¿Cómo un grupo de artesanos especia-
lizados en la producción de cerámica fina, que llamamos Moche, transmiten su
saber tecnológico, y cómo distribuyen sus productos, quiénes son y a quiénes
representan? En todo caso, es necesario ahondar en el problema del papel de la
cerámica en la cultura Mochica.
Estilos y alfares
A la hora de analizar el material cerámico de nuestras excavaciones, en Pampa
Juárez (Vi-14) y Cerro Vicús (Vi-15) hemos enfocado con particular interés dos
problemas relacionados con la identidad cultural del alfarero y con la función
de la cerámica que produce. Hemos asu;mido que los criterios diagnósticos para
definir un alfar, es decir las características petrográficas (químicas y
mineralógicas) de la arcilla y de las inclusiones, los rasgos de consistencia,
textura y color, que se desprenden del amasado y la cocción, la técnica de
construcción de la vasija, la selección de engobes y de algunas técnicas
decorativas particulares 59 , constituyen el bagaje cultural del productor, difícil
de borrar por influencias ajenas. Esta asunción se comprobó empíricamente,
puesto que las características mencionadas se relacionaban estadísticamente de
manera convincente con el estilo. Así las vasijas de estilo Moche, Virú, Vicús
u otros fueron ejecutadas, cada una, en un número determinado de alfares que
les eran propios. Esto quiere decir que el 90% o más de tiestos de un alfar se
caracterizaban por un estilo determinado.
Hemos definido así ocho alfares de estilo Vicús, cuatro alfares de estilo Virú,
de los cuales tres agrupan también las piezas ejecutadas en estilo Moche, cinco
alfares de estilo Moche y dos que llevan el sello de influencias ecuatorianas
distintas de las que se perciben en el estilo Vicús (Cap. VI). La clasificación por
alfares permite averiguar qué tipo de vasijas fueron ejecutadas según una
determinada tradición tecnológica. Otras ventajas consisten en la posibilidad de
captar los fenómenos de copia, imitación o préstamo estilístico. Estos tres
términos describen los diferentes grados de intención y pericia de un artesano
acostumbrado a trabajar en un estilo, cuando por alguna razón decide ejecutar
un objeto, aplicando las recetas de un estilo ajeno. Nos ocuparemos de estos
fenómenos en un siguiente capítulo. Por lo pronto, limitémonos a adelantar la
conclusión principal a que hemos llegado: un grupo de talleres piuranos que
comparten la misma tradición alfarera puede producir vasijas en uno o dos
estilos ajenos, además del estilo propio.
Como se desprende de la Fig. 186b, en las fases Vicús Transicional y Vicús-
Moche Temprano de la cronología regional, es decir entre el siglo II y IV d.C.
124 VICl3S
Moche, si bien algunas con cuerpos inspirados en la tradición Virú (Figs. 68,
44 7), fueron hechas con la misma arcilla e iguales procedimientos tecnológicos,
salvo el uso del molde, que los fragmentos calificables como Gallinazo. Varias
de ellas fueron recuperadas en Yécala por Guzmán Ladrón de Guevara 61 .
Estas piezas, formalmente Mochica I a III (Figs. 68, 425, 427) representan, a
veces, fieles y técnicamente correctas imitaciones de la típica producción de los
talleres agrupados en los alfares Moche Nos. 2 y 4. En otros casos se trata de una
forma híbrida Virú-Vicús (Figs. 271,449) o Virú-Mochica (Fig. 441 der.). Cabe
mencionar que ya hemos definido otras tres tradiciones Virú-Gallinazo en
Piura. Una de ellas, el alfar Virú Nº 4 (Fig. 454) utiliza una fuente de arcilla
distinta y la prepara de manera diferente 62 . Este grupo de talleres, activos desde
el Período Vicús Transicional, produce cántaros cara-cuello con representación
de caras de animales, tazones con decoración interna incisa denominados
"ralladores", y cancheros a veces decorados con la técnica de negativo (Figs.
373,451). Ambos grupos de talleres (alfares Virú Nº 1 y Nº 4) fabrican también
grandes cantidades de cerámica llana, principalmente cántaros, pequeños y
medianos, de formas diferenciadas, así como grandes tazones. Junto con los
fragmentos correspondientes a los alfares Virú Nos. 2 y 3, que se ubican en la
parte más tardía de la secuencia, los tiestos correspondientes a estas cuatro
tradiciones Virú constituyen más del 70% del material cerámico que en
promedio se recupera durante la excavación de un sitio Vicús-Moche.
En el Período Vicús-Moche Medio ocurre un ligero cambio tecnológico
paralelo al cambio estilístico. Desaparece la tradición clásica relacionada con
la forma de botella escultórica con asa estribo o asa puente. La desaparición de
uno de los grandes talleres que la cultivaban (alfar Moche Nº 2), y la
disminución en la producción de otro alfar (Moche Nº 4) lo explican. Los
nuevos centros de producción de cerámica fina (alfares Moche Nº 1 y Nº 3)
mantienen un nivel tecnológico alto en la preparación de las arcillas y engobes,
\pero en comparación con el período anterior tanto el control de cocción como
el acabado bajan de calidad. Tenemos la impresión que cambian las fuentes de
arcilla. Es notable una frecuente y curiosa falla de cocción. La falta de oxígeno
en la cámara, al finalizar el proceso de cocción, reduce la superficie engobada
crema y pintada con colores claros de manera tal que adquiere tonalidades
oscuras iridiscentes (Fig. 384 ).
Los talleres mencionados se dedican a la producción de las típicas botellas
Moche IV y V de gollete central y asitas auriculares con la decoración pintada
en línea fina, así como cuencos y platos hondos (Fig. 446). A fines del Período
Vicús-Moche Temprano aparecen también dos nuevos grupos de talleres Virú
de los cuales uno produce ocasionalmente piezas de estilo Moche (alfar Virú Nº 3
Figs. 177, 379), tanto botellas como cuencos y platos hondos. Hay otro
fenómeno interesante: la imitación piezas Moche por los talleres Vicús que se
relacionan con el alfar Vicús Nº 8.
El adjetivo Moche resultó ser plenamente apropiado sólo para definir botellas
y _cuencos finos, producto de un restringido grupo de talleres altamente
especializados. Los fragmentos de estas vasijas tienen una distribución signi-
ficativa. Los cuencos se hallan, en proporciones altas, en el centro ceremonial-
administrativo de Tamarindo y en menor grado, en las zonas de producción de
bienes funerarios en Pampa Juárez, así como en las zonas de entierros de elite
126 VICUS
apedestalado, y de atributos de guerrero: collares, casco y túnica de placas; estos
últimos están listos para ser depositados en la tumba. El cuerpo de esta misma
vasija presenta en otra escena, pintada, a un sacerdote; el personaje, desprovisto
de rasgos sobrenaturales, está sentado frente al podio con cuatro cántaros
cubiertos de igual número de cuencos o mates. Una llama manchada está
amarrada al poste. En otra escena escultórica varios personajes preparan un
sarcófago en presencia de una oficiante ciega. En el friso pintado sobre el cuerpo
de la vasija reconocemos un cortejo de esqueletos que inician el baile con porras
al son del tambor; seis cántaros con soga esperan para saciar su sed66 .
El repertorio más completo de vasijas rituales está reunido en la conocida
escena que representa a siete tejedoras (Fig. 93b \r En el fondo, al costado
de las túnicas ya terminadas, están dispuestas por pares, o por pares dobles,
varias botellas de asa estribo y asa cinta lateral, y vasos acampanulados.
Cuando las mujeres tejen, seis individuos con traje sacerdotal están reunidos
fuera de las áreas techadas dedicándose a un banquete, cuyo carácter ritual
se desprende tanto del servicio utilizado como de la comida. El líquido,
posiblemente chicha, está contenido en dos tipos de cántaros, uno con soga
amarrada al cuello, otro con ramas amarradas también al cuello de las
vasijas. Finos cuencos decorados con círculos en el borde pasan de mano en
mano. Pescado, ají, granos o frutos conforman el menú. La comida está
servida en dos mates unidos con soga. Compartimos la opinión de Elizabeth
Benson y Anne Mari e Hocquenghem en el sentido que la escena descrita está
íntimamente relacionada con el culto funerario o el culto a los ancestros.
Creemos que representa la producción de la indumentaria ritual 68 . Este
aspecto y esta función tuvieron probablemente las actividades cuyas huellas
se han captado en varias lomas alrededor del centro ceremonial de Tamarin-
do y de Pampa Juárez.
Un repertorio similar de vasijas se usa en ceremonias que no se relacionan con
el culto funerario, por lo menos directamente. Un gran tazón apedestalado y una
vasija en forma de cáliz juegan el papel central en los sacrificios humanos
representados en las escenas del tema de Presentación. Hay razones para pensar
que la sangre de los sacrificados, quizás mezclada con un anticoagulante
extraído de un tipo de papaya silvestre, (representada como el ulluchu \ 9 se
92. Representación del rito de «libación». almacenaba en este tipo de tazones. Este brebaje lo bebían los dioses, las águilas
Valle de Chicama, Moche IV. marinas y los sacerdotes 70 . En la escena misma de presentación de la copa a un
Museo Arqueológico Rafael Larco Herrera,
Lima.
oficiante supremo, casi siempre hay una botella con asa estribo representada
dentro de la audiencia, estructura ligera, techada, ubicada en la cima de la
92.
128 VICUS
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93b. l
apresta a .llenar un cántaro con soga. Una olla está representada al lado. Los
93b. Vaso acampanulado. Moche IV .
paralelos contemporáneos piuranos o lambayecanos (la botella Moche III Escena de banquete ritual en la casa de
proviene probablemente de Jequetepeque) ayudan a entender la presencia de las tejedoras.
Museo Británico, Londres, según
estos dos recipientes. La olla cerrada sirve para cocinar la chicha, mezcla de Kutscher 1983, Fig. 156 A,B.
grano de maíz molido con agua. El recipiente abierto permite enfriarla.
Creemos que la versión mítica de esta escena forma parte de una narración
pictográfica más extensa, cuyo componente principal es la escena en la que el
Mellizo Terrestre toma y fecunda a varias mujeres. Los artistas Mochicainsisten
en el carácter potencialmente procreador de la unión sexual77 . Al lado izquierdo de
la audiencia donde se desarrolla el acto, varios oficiantes de sexo masculino y
aves de carroña antropomorfizadas preparan y enfrían la chicha. Cabe mencio-
nar que esta clase de aves parece haberse clasificado en la mentalidad Mochica
como seres de sexo femenino 78 . Las comparaciones y las interpretaciones
vertidas aquí son, por supuesto, hipotéticas, pueden modificarse en detalles o
130 vrcus
incluso refutarse. Sin embargo varios aspectos quedan establecidos. El reper-
torio de tipos cerámicos encontrado en Tamarindo y Pampa Juárez coincide
plenamente con la parafernalia ritual representada por los Mochica del Sur
algunos siglos después. Incluso son similares los porcentajes de recurrencia de
botellas, cántaros, tazones y cuencos. La iconografía refuerza asimismo la
hipótesis inicial. Los sitios ubicados entre los caseríos Vicús y Y écala, en la
proximidad de los cementerios, han sido escenario de ceremonias donde en
diferentes momentos del año se congregaban masivamente representantes de
las parcialidades para rendir culto a sus divinidades ancestrales y a sus
gobernantes y ancestros.
El análisis cruzado de la tecnología alfarera, del estilo y de la iconografía,
realizado con el fin de conocer la función de las formas de recipientes, nos llevó
a una conclusión sorprendente. Si el estilo alfarero define la identidad étnica del
que lo produce y lo usa, el pueblo responsable del ocaso gradual de la cultura
Vicús debería llevar el nombre del pueblo y de la cultura Virú, pese a que los
ceramios en el estilo Moche constituían uno de los componentes de esta cultura.
¿Por qué pensamos así?
En Piura del Período Intermedio Temprano hay sólo dos grandes tradiciones de
cerámica utilitaria y ceremonial ampliamente difundidas, la Vicús y la Virú-
Gallinazo. La cerámica Moche era producida por un grupo restringido de
talleres y destinada a usos ceremoniales. En las representaciones de ritos, las
botellas y los cuencos aparecen en los momentos culminantes del sacrificio y
de la fiesta, a saber: el de la ofrenda de sangre y de chicha y el del banquete
ceremonial. Son, entonces, vehículos simbólicos que establecen la comunica-
ción entre los hombres, los dioses y los ancestros. La botella con asa estribo tiene
un peso muy particular convirtiéndose, en la iconografía, en un símbolo del
poder del oficiante supremo, por contener el líquido de la vida y de la muerte,
la sangre de los sacrificados (ver Cap. VI). No es de extrañar entonces que este
ceramio quedara depositado en cantidades dentro de la tumba de los gobernan-
tes, y fuera imitado. El número y la calidad de las piezas reflejan el estatus del
individuo dentro de la sociedad.
Dominación o convivencia
Hemos llegado a precisar el carácter y la identidad de los Mochica dentro de la
sociedad piurana, así como el momento y la manera en que aparecen en escena.
Es indudable que la cultura Mochica no se origina en el lugar. Está clara no sólo
la superposición de las tradiciones sureñas Virú y Mochica sobre las norteñas
del complejo Vicús, sino también el colapso de las instituciones políticas Vicús,
expresado en la arquitectura y en la cerámica ceremonial de calidad; podemos
asimismo trazar la historia de la gradual atrofia de todos los otros aspectos de
la cultura Vicús (Cap. VI).
Parecería entonces que el concepto de dominación es el que describe mejor las
relaciones entre los Mochica y los Vicús, tal como lo suponían Luis Guillermo
Lumbreras y últimamente otros investigadores 79 . No obstante, al analizar con
mayor profundidad las relaciones entre los estilos, las formas, las funciones
rituales y las posibles identidades étnicas, hemos llegado a reconstruir una
imagen más compleja. El pueblo que invade y construye su propio centro
132 VICUS
asentamiento, con el abandono de unos centros monumentales y la construcción
de otros, la presencia de estilos cerámicos identificables, a primera vista, con
Mochica, indujo a Gordon R. Willey a una conclusión lógica, a saber: el fin de
la cultura Virú en el valle (Período Gallinazo) y el inicio de un período nuevo
(Período Huancaco) se deben a la conquista militar por los vecinos del norte 8r
No obstante, el abandono del Grupo Gallinazo no fue necesariamente tan
brusco, dadas las superposiciones estratigráficas de diferentes tipos de arquitec-
tura. En los niveles inferiores, los muros de tapia se asocian con la cerámica
Gallinazo Temprano. En la fase Gallinazo Medio, superpuesta a la anterior en
por lo menos tres sondeos, aparecen otras técnicas de construcción, como los
adobes globulares y cónicos. Cuando la cerámica Gallinazo empieza a modifi-
car sus formas y decoraciones, bajo indudable influencia del valle de Moche,
estos sistemas de construcción son reemplazados por otros. Sobre los muros de
tapia se levantan las construcciones de adobe paralelepípedo plano; los recintos
construidos originalmente con adobes hechos a mano sufren remodelaciones y
ampliaciones con adobes producidos dentro de molde de caña, lo que deja una
característica impronta 88. Como bien observa Peter Kaulicke, la secuencia
estratigráfica en el grupo Gallinazo, supuesta capital Virú, no difiere mucho de
la superposición de tradiciones de construcción en el modesto Tamarindo, en el
Alto Piura 89.
No obstante, cabe señalar dos diferencias importantes. Los niveles más bajos en
el Alto Piura llevan huellas de la permanencia Vicús. Este estilo es diferente al
de Puerto Moorin (Salinar), a pesar de ciertos parentescos superficiales, debidos
a una amplia difusión de técnicas y modalidades decorativas en el transcurso de
los últimos siglos a.C. Queda por evaluar, en el futuro, [Link] de Vicús, junto
con otras tradiciones, en la formación del estilo Virú.
La ausencia de la fase definida por el uso de tapial, junto con el adobe redondo
y cónico, es la otra diferencia, pero de menor peso, puesto que los rasgos de
Gallinazo Medio están representados en Piura 90 . Es realmente sorprendente la
similitud de las secuencias propias de dos valles periféricos frente a los
supuestos focos donde se habría originado el estilo Moche Temprano (I, II). Al
abandono del GTupo Gallinazo en Virú corresponde un cambio drástico de
patrones arquitectónicos en Piura, ambos relacionados con el advenimiento del
estilo Moche IV y V.
La hipótesis de una rápida expansión del estado Mochica a partir de la etapa
definida por la fase Moche III, en la secuencia de Rafael Larco, se nutría también
de argumentos iconográficos cruzados con las evidencias de fronteras fortifica-
das, particularmente en los valles sureños donde los Mochica tenían por vecinos
inmediatos a los portadores de la cerámica Recua y91 . Esto nos lleva al segundo
problema, el de un estado multiétnico.
Obviamente son las escenas de combate las que sugieren la existencia de un
estado Mochica militarista y expansionista. En efecto, las escenas de combate
más complejas, Moche IV y V, representan de dos a cuatro grupos de guerreros
enfrentados con porras y estólicas. En algunos casos podemos incluso identifi-
car a los guerreros Recua y, gracias a sus tocados y características porras largas
(Fig. 94c-d), en plena lucha con los guerreros Moche. Esto parecería un
argumento irrefutable, sino fuese por un detalle. Como bien señalan Christopher
.,. 9
94b. :{j/j •.
••••••• •
••
134 VICUS
B. Donnan y Anne Marie Hocquenghem, enlos combates nadie muere 92 . Los
guerreros pelean hasta donde les alcanzan las fuerzas y "hasta la primera
sangre". Los combates tienen carácter plenamente ritual y se repiten probable-
mente dos veces al año, en fechas pre establecidas por el calendario ceremonial.
Algunos de los vencidos serán sacrificados durante 1a ceremonia figurada en las
escenas de la Presentación 93 . Como puede apreciarse en la Fig. 94 los guerreros
Recuay al igual que sus adversarios no sólo participan en el combate; también
toman parte en la ceremonia del Lanzamiento de Flores, dedicada a las
divinidades del panteón Mochica. Creemos que esta ceremonia tenía lugar antes
de que se iniciara el combate 94 . Como los jefes guerreros Mochica, los Recuay
consumen coca en una ceremonia nocturna, posterior al combate, y dedicada
asimismo a una divinidad Mochica 95 . Es más, una de las divinidades supremas
del panteón Mochica, el Guerrero del Búho ostenta a menudo rasgos de
vestimenta y de tocado Recuay 96 .
En efecto la frontera fortificada se dibuja claramente en los valles de Santa y
Nepeña, justo en el límite que separa en el valle alto los sitios Mochica,
concentrados en el valle bajo 9r Sin embargo, la aparición de esta frontera se
relaciona nuevamente con las fases IV y V de Moche, pese que la cerámica de
las fases más tempranas está presente en los valles. Además son numerosos los
asentamientos en el valle medio, donde ambos estilos, Moche y Recua y, están
representados por igual.
No existe ninguna evidencia, entre las publicadas hasta la fecha, que refute
nuestra propuesta del estado multiétnico. Según ésta, la fina cerámica ceremo-
nial Moche, la iconografía, la arquitectura monumental, el complejo ritual
funerario de los reyes y otros miembros de las élites gobernantes, emergen de
la realidad cultural Virú como expresión material y vehículo de una ideología
de cohesión. Todos estos elementos conformaban, creemos, un escenario
suntuoso y deslumbrante para las grandes ceremonias en las que cada miembro
de esta compleja sociedad tomaba conciencia de su propio sitio, de sus derechos
y sus deberes.
136 VICUS
aplicó a la matriz constituida por los alfares como casos y los rasgos técnicos como variables la
distancia de similaridad de Jaccard (con el peso igual para las similitudes y para las diferencias).
Los resultados fueron ordenados gráficamente a través de un dendrograma de enlace simple y de
un fenograma de Czekanowski.
12. Castillo y Donnan ([Link]), Shimada (1994), Narváez (1994).
13. La tradición tecnológica mochica está representada en Piura por los alfares Mochica Nos. 1 y 2
(v. Anexo 11: Tradiciones y alfares: Mochica); éstos se caracterizan por las pastas laminares, muy
compactas, con anti plásticos de grano fino que constituyen entre 20 % (alfar 1) y 25% (alfar 2) de
la mezcla; entre los ingredientes minerales antiplásticos se distingue escasa mica dorada y muy
escaso cuarzo en ambas pastas, así como micas negra y rojiza en el alfar 1 (escasas) y escaso
feldespato en el alfar 2. La cocción es respectivamente oxidante (alfar 1) y oxidante-reductora
(alfar 2). Los alfares Mochica Nos. 4 y 5 son los que guardan parentesco respectivamente con las
tradiciones Virú y Vicús. Sus pastas son granulares de amasado homogéneo, muy compactos (Nº
5) o compactos (Nº. 4); los antiplásticos constituyen 25% (Nº 5) y 30% (Nº 4) de la mezcla y son
de grano fino (Nº 5) o medianamente fino (Nº 4); el cuarzo (cantidad regular en el Nº 5 y escasa
en el Nº 4) y escaso feldespato son los ingredientes minerales compartidos por las dos pastas. La
pasta Nº 4 contiene muy escasas partículas de mica negra y de hematita además de escasas
partículas orgánicas. Las inclusiones de escasa mica amarilla y muy escasa caolinita caracterizan
a la pasta Nº 5. En ambos casos la cocción es oxidante (Makowski y Amaro s/t).
14. Castillo y Donnan ([Link]), Anexo 7.1: Mochica, estilo y tiempo: valle de Jequetepeque.
15. Larca (1967).
16. lbid.
17. Shimada (1985, 1990), inter alia, Donnan (1990), Castillo y Donnan (1992). Los resultados de las
investigaciones recientes concuerdan más bien con la posición asumida por Rafael Larco antes
de 1967, como por ejemplo en Larca (1948).
18. Larca (1965), pp. 7, 9, 11, 35, Figs. 34 -37(piezas Mochica: tres con asa puente de tipo Virú y una
asa estribo Mochica I); (1966), pp. 88-90, Fig. 25,112, (1967), pp.13, 14, 78, 79, Fig. 10 (botellas
Cupisnique, Salinar, Virú y tres piezas Vicús), pp.102, 103 (tabla cronológica), y p.102, 103 ( lámina
de «Anaranjados» con 1Oformas Vicús una posible imitación de Mochica I en Vicús). La propuesta
evolutiva está ilustrada de manera explícita en ibid., pp. 26 - 39, y particularmente Figs. 50-54 que
ilustran la supuesta transición de Vicús a Cupisnique, y Figs. 28-49: transición de Vicús a
Lambayeque.
19. Larca (1965), pp. 34, 35, Figs. 30, 31, 32.
20. A veces también formas utilitarias mochica como los tres cuencos ilustrados en Larca (1967) Fig.
5 (derecha).
21. Lechtmann et alii (1982) enfatizan la presencia de elementos iconográficos considerados más
tardíos en los objetos de metal, observada ya por J. Bird en 1969 (Lapiner 1976, p.114). Esta
aseveración se sustenta en la comparación mecánica de la serie cerámica, la que constituye la
base de cronología relativa, con las piezas de metal. Creemos ([Link]) que el hecho mencionado
tiene su explicación en el aspecto funcional de artefactos. Los temas relacionados con el sacrificio
y representados en los utensilios rituales, particularmente cuchillos, se incorporan tardíamente en
la iconografía de cerámica.
22. Matos (1965/66)
23. Guzmán yCasatranca (1964), Richardson y Heaps (1987), Richardson et alii (1990), Bats (1991).
24. Una expedición de American Museumof Natural History de Nueva York constató en enero de 1969
el pillaje de tumbas Mochica en la extremidad oriental de la Pampa de los Ovejeros, llamada
también Loma Negra o Huaca Dura y recogió muestras de cerámica y metal: Lapiner (1976),
p.114, Lechtman et alii (1982),Schafter(1983). Entre 1987 y 1988 también nosotros hemos podido
recoger una muestra de cerámica fina Mochica y Vicús (Makowski y Amaro s/t) y algunos
fragmentos de metal. En estos años los huaqueros del lugar volvieron a minar paredes entre los
pozos hechos anteriormente, algunos hace veinte años.
25. A/va y Donnan (1990), Kau/icke (1991, 1992, 1994), Shimada (1994).
26. Eléspuru (1993) y Amaro (Cap. //). La numeración de las tumbas es de Casafranca (1964).
27. Vg. Wilson (1988) como el más reciente de los numerosos ejemplos del uso de la prospección en
la Costa Norte.
28. Dos aluviones muy fuertes se dibujan en los perfiles de Loma Valverde (Vi-11 ), Huaca Nima (Vi-
10) y Pampa Juárez (Vi-14 Sector C): uno anterior a la ocupación Vicús, y uno que se sitúa
estratigráficamente entre el Periodo Vicús Mochica Tardío y Chimú asociándose a la cerámica
Piura: Kaulicke y Makowski (1990), Kaulicke (1992). Entre estos eventos hay otros de menor
intensidad asociados con las ocupaciones del Periodo Vicús-Mochica; uno más fuerte se sitúa a
fines de la fase Vicús Mochica Tardío A. Es muy probable que estos fuertes aluviones tengan que
ver respectivamente con los Meganiños (Paleo ENSO de particular intensidad) de los [Link]/I a.c.
(fechados sin calibrar), [Link] d.C y [Link] d.C: Fontugne y Lec/ere (1990), Grodzicki (1990), pp. 66-
138 VICUS
60 B, C (Gallinazo Negativo). Como bien lo observa Kaulicke, [Link]., p. 418 el tipo Carmelo
Negativo (Strong y Evans 1952, Fig. 61, y pp. 71-73, 1am. VIII, entierro 1, V-59) está bien
representado en cancheros.
50. Compare Kaulicke (1991), Fig. 21, (1994), Fig.10.9y 10.14, y nuestro anexo 12 con Strong yEvans
(1952), Fig. 63, 64 E (tipo Castillo Modelado), Fig. 67 C, K, L (Castillo inciso: ollas sin cuello y
-"· ralladores), Fig. 68 D, G, H (Gallinazo inciso: ralladores); Fogel (1987), Figs. 13, 44 (ralladores),
16, 38, 39 (decoración escultórica).
51. Disselhoff (1971).
52. Kaulicke (1991), Fig. 20 (gollete Mochica 1, cara de batracio, y caras humanas) y la reciente
Kaulicke (1994), Fig.10.15 con los diseños bi y tri-colores en su mayoría Mochica 111.
53. Ford y Wílley (1949), p. 66, Willey (1953) pp. 178, 202, Donnan y Mackey (1978), p. 55, Tapie
(1978), (1982), pp. 266-273, (1991), Conklin y Moseley (1988), p.151. Vea también la reciente
discusión en Shimada (1994), Kaulícke (1994), Castillo y Donnan, (Cap. IV).
54. Larca (1939), (1945), (1966); vea también la discusión de los conceptos de Larco en Castillo y
Donnan (Cap. IV).
55. Trigger (1989), pp.163-167, vea también Malina y Vasicek (1990).
56. Larca (1948), (1966).
57. Las propuestas de aquel entonces están fuertemente influenciadas por los modelos
neoevolucionistas (Steward 1948) sostenidos a través de la comparación entre el Viejo y el Nuevo
Mundo (Steward 1949 y coloquio de 1945 sobre las civilizaciones de riego). En los periodos-
estadíos, propios de toda el área centro-andina se reflejarían las leyes generales de desarrollo:
Bennett (1948), Wílley (1945), (1948) y crítica en Rowe (1967), quien, sin embargo, mantiene
vigente el axioma de la uniformidad del desarrollo cultural (una sola secuencia) trasladándolo del
ámbito de procesos sociales y tecnológicos al del estilo e ideología.
58. Ver nota 52 y Donnan (1976), (1986).
59. Vea arriba, nota 11.
60. Consulte también Shimada (1994) y Kaulicke (1994).
61. Guzmán (1964),Guzmán y Casafranca (1967), Eléspuru (1993), Anexo 3, p.116 sq: tumbas del
Periodo Vicús Mochica Temprano V1 T.13 (MNAAH Nº 42305) botella asa estribo Mochica 11,
lam.2; V2 T. 4 (MNAAH Nº 42438) botella doble asa puente Mochica-Virú, lam.5; tumbas del
Periodo Vicús Mochica Tardío V1 T.9 (MNAAH Nº 42363) botella doble asa puente, lam.7; V1 T.8
(MNAAH Nº 42335) botella con asas auriculares Mochica 111, lam.11.
62. Tres alfares Virú (Nº 1 - 3) comparten numerosos rasgos característicos. La pasta es granular de
distribución de amasado desigual, medianamente compacta (Nº 3) o porosa (Nos. 1 y 2). La
densidad de antiplásticos de grano medianamente fino varía del 30% (Nº 3) por 35% (Nº 1) hasta
40% (Nº 2). Entre los ingredientes antiplásticos predominan las abundantes partículas de cuarzo
y feldespato así comoorgánicas{abundantes en Nos. 1 y 2, escasas en Nº 3); también se perciben
micas (negras escasas y amarillas muy escasas en los Nos. 1 y 2, gris escasa en el Nº 3) y muy
escasa hematita (solo Nos. 1 y 3). La cocción es reductora, oxidante en enfriamiento; puede ser
también plenamente oxidante en el caso de alfares Nos 1 y 2. La pasta del alfar Virú Nº 4 difiere
en casi todos los aspectos. Es granular, muy porosa de amasado desigual, tamaño medianamente
grueso de partículas de antiplásticos cuya densidad es de 35%. Abundante cuarzo, escasos
feldespato, caolinita, hematita, esquisto y desgrasante orgánico, muy escasa calcita. La cocción
es exclusivamente reductora (Makowski y Amaro s/f).
63. Por ejemplo A/va y Donnan (1993), pp. 51-55, Figs. 49-51.
64. [Link].. Vea también otras dos tumbas de elite: Strong y Evans (1947) y Se/er (1923). Contenido
de las tumbas mochica analiza de manera exhaustiva Kaulicke (1992), pp. 859-877.
65. Donnan (1978), Fig. 200 a-d.
66. Como la precedente también en Peabody Museum, Cambridge (No,s. 16-62-30/F 724), Gordon
Willey, An lntroduction to American Archaeology, vol.2, South America, Englewood Cliffs 1971,
Fig. 3-66; Kutscher (1983), Fig.162 (dibujo). Vea también análisis de las dos piezas en Makowski
(1994b).
67. En British Museum, Londres (Nº 1913.10.25.1): Donnan (1978), Kutscher (1983), Fig. 156
analizado últimamente por Campana (1994) quien propone una reconstrucción de la pieza
fragmentada (Figs. 15.1, y 15.9: propuesta de reconstrucción de la arquitectura representada).
68. Benson (1975); Hocquenghem (1987), p. 85; Makowski (1994b).
69. Tema de Presentación: Donnan (1975, 1985) inter alia, Alva y Donnan (1993) pp.127 - 141.
Ulluchu y los anticoagulantes: McC/elland (1977), Wassen (1989).
70. Donnan ([Link].), Makowski (1994b). Aguilas: Bankmann (1980/81), Kutscher (1983), Figs. 192,
195-202. Sacerdotes: Hocquenghem (1987) Fig. 2c (note la transformación de la boca del oficiante
en felínica), Larca (1938/39) t.1I, Lám. XXX (en asociación con águilas).
71. Linden Museum, Stuttgart (Nº 93-401): Kutscher (1983), Figs. 157; MNAAH (Nº 1/2602(1386)
Donnan (1978), Fig. 238.
72. Makowski (1994b).
140 VICUS
rectangulares marcados de caña y el muro oeste de adobes planos rectangulares, todo ello
asociado con el material cerámico Gallinazo Tardío (Fogel, op. cit. pp.17 y 20) sugiere que la
sustitución secuencial de las técnicas no fue ni drámatica ni automática. Recordemos que el
Gallinazo Tardío tiene firmes asociaciones con las piezas Moche 111y para el fin de la fase, con
Moche IV.
89. Kau/icke (1991), p. 418.
90. Ver discusión arriba y nuestro anexo 12.
91. Proulx (1982) inter alia, Wilson (1988), vea también Daggett (1985).
92. Hocquenghem (1978), (1987), pp.116-123 y passim; Donnan en A/va y Donnan (1993) pp.128-
132 y este volumen.
93. [Link].
94. Makowski Ms. Esta conclusión se desprende entre otros del análisis de las escenas Kutscher 1950
(1977), pp. 36, 37 (Hocquenghem (1987), Fig. 176) Kutscher (1983), Fig. 126 (Hocquenghem
1987, Fig. 70.) y Hocquenghem (1987) Fig. 85 a y b, las que asocian los rituales de combate, de
lanzamiento de flores y de consumo de coca.
95. Kutscher 1950 (1977) pp. 24, 25 (Kutscher (1983) Fig. 125), compare con las escenas de combate
ilustradas en este capítulo y con la escena Kutscher, op. cit. p. 22, Kutscher (1983) Fig.115.
96. Nos referimos a la camiseta de placas y tocado de dos penachos, vea Cap. VI.
97. Vea nota 91.
losMochicadel Sur
LuisJaimeCastilloy
ChristopherB. Donnan
Introducción
144 VICUS
culturas prehispánicas. Esta cultura antecedió a la irrupción de elementos
asociados con el Horizonte Medio y la cultura Chimú. Esta interpretación se
basó en la identificación, en diferentes valles de la costa norte, de un conjunto
de artefactos, especialmente ceramios, muy semejantes en forma y decoración,
y de una comparación de este estilo con el de objetos recuperados en otras
regiones, especialmente en la costa central.
En la segunda fase se definió que la cerámica producida por los Mochica había
evolucionado en todas las regiones influenciadas por esta cultura de acuerdo a
una misma secuencia, configurada por Rafael Larco en cinco fases estilísticas.
Esta secuencia se basó en un estudio sistemático de grandes colecciones de
cerámica, especialmente la colección del Museo de Chiclín (hoy Museo
Arqueológico Rafael Larco Herrera), y de superposiciones de contextos fune-
rarios de donde provenían los ceramios. Finalmente, en la tercera fase se definió
el carácter político del fenómeno Mochica. La expansión de la cultura Mochica
y la difusión de su cultura material habrían sido el resultado de una sola entidad
política expansiva y militarista, que durante las fases III y IV alcanzó a
conquistar la región comprendida entre los valles de Lambayeque y Nepeña.
Signo inequívoco de este proceso era la distribución de la cerámica Mochica,
especialmente de la que representaba a su clase gobernante.
1
()
o
o..
-·
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o
Area de Pacasmay 0-
Chepén (S)
--
o
(/'>
Area de Trujillo
Chimoote •
(f)
o 100
i l 1 1
KILOMETROS
96.
146 VICUS
el sitio, especialmente del ubicuo estilo Chimú, y del estilo Tiahuanaco
encontrado por el mismo Uhle en Pachacamac en 1896 13. Uhle además deter-
minó que este estilo era contemporáneo con la construcción de la Huaca de la
Luna 14, por lo tanto los arquitectos de estas masivas estructuras pertenecían a la
misma sociedad que había producido a los maestros artesanos que elaboraron
esta extraordinaria cerámica.
Kroeber 15, luego de un minucioso análisis de las colecciones de Uhle en la
Universidad de California, Berkeley, caracterizó por primera vez el estilo,
diferenciándolo de otros encontrados en el sitio. La información estratigráfica
recogida por Uhle permitía concluir que el nuevo estilo era anterior a los estilos
Tiahuanaco y Chimú, por lo que Kroeber lo llama Proto-Chimú. El estilo
caracterizado por Kroeber no era exclusividad de la colección de Uhle; piezas
semejantes existían en otros museos en Europa, los Estados Unidos y el Perú.
Kroeber en su estudio comparó las colecciones recogidas por Uhle con las
entonces existentes en el American Museum of Natural History y el Peabody
Museum. En estos museos Kroeber halló ceramios con los mismos caracteres
estilísticos, confirmando que se trataba no de un fenómeno aislado, sino de un
estilo consistente y difundido en la costa norte. Ahora bien, existían pequeñas
diferencias entre algunos grupos de objetos, especialmente en sus formas y
contenidos iconográficos, lo que hacía sospechar que existían variaciones en el
estilo, quizá debidas a factores cronológicos. Es decir que estas colecciones
incluían objetos de diversas épocas. Esta sospecha no se comprobaría mientras
no se estableciera una secuencia para la cerámica Mochica.
En base a la procedencia de estas colecciones, y a informaciones recogidas
durante sus propios viajes de investigación por la costa norte del Perú, Kroeber
inició el estudio de la distribución espacial del estilo Proto-Chimú (Fig. 96).
Kroeber 16concluyó que el estilo Proto-Chimú "en realidad es característico sólo
en[ ...] el área de Trujillo-Chimbote, ocurriendo con poca frecuencia en las dos
áreas adyacentes (Casma al sur, y Pacasmayo-Chepén al norte), y no aparecien-
do en lo absoluto en las dos áreas más norteñas (Lambayeque y Piura). Aun
cuando estéticamente superior, Proto-Chimú permanece siendo un estilo local.
Evidentemente existió durante un periodo de limitadas comunicaciones, proba-
blemente de unidades políticas restringidas 1/.
Las características estilísticas que Kroeber encontró en los materiales excavados
por Uhle también estaban presentes en miles de piezas de colecciones peruanas,
especialmente en la colección pionera reunida por Víctor Larca que posterior-
mente pasó a formar parte del Museo Nacional, y en la gigantesca colección que
Rafael Larca reuniera en la Hacienda Chiclín. Estas semejanzas estilísticas
confirmaban, como era de esperarse, la consistencia del estilo Proto-Chimú y
su frecuencia. Se requería en ese momento de un amplio corpus de piezas
cerámicas para pasar de una simple caracterización a una definición del estilo
y de la iconografía Mochica. Rafael Larca, a través de excavaciones en
cementerios de diversos valles de la costa norte entre Chicama y Santa 18, y de
la adquisición de colecciones menores, logró reunir la colección más completa
de cerámica fy!ochica que existe a la fecha. Fue en base al estudio de esta
colección, proveniente en su inmensa mayoría de los valles de Chicama a Santa,
que Larca definió el estilo Mochica 19.
148 VICUS
97. Las cinco fases de la secuencia Mochica.
Museo Arqueológico Rafael Larco Herrera,
Lima.
Es evidente, por ende, que tanto Kroeber como Larco contaron para hacer sus
observaciones con datos arqueológicos y colecciones de ceramios procedentes
principalmente de los valles de Chicama, Moche, Virú, Chao, Santa y Nepeña.
Piezas de estas regiones conformaban el grueso de la colección Larco, y de las
grandes colecciones del Museo Nacional de Lima, del Museo für Volkerkunde
de Berlín, del Museo del Hombre de París, etc. Sobre la base de estas colec-
ciones se hicieron las primeras observaciones y caracterizaciones del estilo
Mochica y de su secuencia cronológica. Los resultados fueron luego compara-
dos y confirmados con otras colecciones provenientes de dichos valles.
Larco sabía de la existencia de algunos especímenes de cerámica Mochica en
el valle de Lambayeque, al norte de la zona antes definida (Fig. 96), pero por su
reducido número los explicó en términos de "intercambio comercial y cultural
entre los hombres de Lambayeque y los Mochicas. De allí que en Lambayeque,
Pátapo, Pomalca y otros lugares encontremos sectores con tumbas correspon-
dientes a Mochica III, IV y V 23". Kroeber, a su vez, menciona en su estudio de
1925 la existencia de 17 ceramios de estilo Mochica provenientes de Chepén,
en el American Museum of Natural History 24 . Había evidencias de presencia
1
150 VICUS
campo que se trazaron como meta entender la prehistoria de la costa norte. El
primero de ellos fue el Proyecto Virú, que a partir de 1946 realizó un estudio
sistemático y multidisciplinario del valle del mismo nombre. Los miembros del
Proyecto Virú tuvieron acceso a las ideas de Larco en la famosa Mesa Redonda
de Chiclín, realizada el 7 y 8 de agosto de 1946.
Las ideas de Larco y Kroeber fueron de mucha importancia para los investiga-
dores del Proyecto Virú, especialmente porque el reconocimiento y la caracte-
rización de los estilos de la costa norte planteada por estos autores se vio
confirmada en sus investigaciones. La ocupación Mochica de Virú, y la variante
regional del estilo Mochica en esta zona, fue denominada Huancaco, por el
centro administrativo Mochica del mismo nombre. Luego de un minucioso
análisis y de comparaciones con fragmentería proveniente de otros valles,
James Ford arriba a la conclusión que la cerámica Huancaco de Virú es la misma
que Larco denominaba Mochica en los valles de Moche y Chicama (Ford y
Willey 1949). Las semejanzas eran tan grandes que Ford llega a afirmar que "si
muchas de estas piezas no fueron hechas por los mismos artistas o de los mismos
moldes, fueron producidas por lo menos por artistas entrenados en la misma
escuela 2t. Ford concuerda con Larco en que la cerámica Mochica evoluciona
en Moche y Chicama de un sustrato Salinar, mientras que en Virú predomina
cerámica "principalmente en técnicas de decoración negativas" 30 . La cerámica
Mochica llega a Virú, según Ford, como un estilo maduro y como resultado de
un proceso abrupto que se interpreta como una conquista militar que abarcalos
valles de Virú, Chao, Santa y Nepeña. El impacto de la cerámica Mochica se
deja sentir con mayor fuerza en la cerámica decorada, y en menor grado en la
cerámica simple, que siguió usando las mismas formas y técnicas que en el
periodo anterior.
Duncan Strong y Clifford Evans 31 , a cargo de las excavaciones arqueológicas
llevadas a cabo por el Proyecto Virú, encontraron algunas diferencias entre la
cerámica Mochica excavada por Uhle 32 y Larco 33 y la cerámica de estilo
Huancaco que apareció en Huaca de la Cruz y otros sitios Mochica de Virú. La
más importante diferencia era el uso de pintura negra orgánica, aplicada
después de la cocción. Ahora bien, las semejanzas eran suficientes como para
considerarlas expresiones de la misma identidad cultural y, más aún, correspon-
derían con las fases III y IV de la cronología de Larco 34 .
La secuencia de Larco fue corroborada posteriormente en numerosos trabajos
de reconocimiento regional y de excavación, especialmente cuando se descu-
brieron tumbas Mochica. Las asociaciones de objetos encontradas en estos
trabajos concuerdan con las características señaladas por Larco. En algunos
casos es posible encontrar piezas que reflejan el tránsito entre periodos
inmediatos, por ejemplo piezas Mochica III y IV, donde encontramos la mezcla
de las características de ambos periodos, o ligeras diferencias que podrían
deberse a variaciones regionales. La validez de la secuencia de Larco también
fue puesta a prueba en un minucioso estudio emprendido en las colecciones
cerámicas excavadas por Uhle (Rowe 1959, Donnan 1965). Los resultados de
este estudio confirmaron la secuencia de Larco.
Christopher B. Donnan 35 , y posteriormente Donald Proulx 36 , realizaron trabajos
de reconocimiento en los valles de Santa y Nepeña, respectivamente. Si la
152 VICUS
Uhle, no podemos estar de acuerdo con Kaulicke. Si bien es cierto que los datos
para la fase temprana de la secuencia (especialmente la fase II) son casi
inexistentes, se cuenta con suficiente información para confirmar la validez de
la primera y de las últimas tres fases. La colección de Uhle corrobora la
secuencia de Larco, ya que existe una marcada consistencia entre los lotes
funerarios y las fases cerámicas. No es posible hacer una crítica cabal de la
secuencia de Larco sin contar con los materiales que éste utilizó para estable-
cerla o de las tumbas excavadas por Uhle, datos que lamentablemente aun
permanecen inéditos.
Todo parece indicar que la secuencia de Larco describe básicamente la
evolución del fenómeno Mochica en las regiones comprendidas entre Chicama
y Nepeña que, como se dijo antes, son las regiones de donde provienen los
materiales en los que ella se basa. Trabajos de investigación en los valles de
Virú, Santa, Nepeña y últimamente Chao 45 confirman la presencia Mochica y
validan la caracterización planteada por Larco de su estilo cerámico. Este no es
necesariamente el caso de la secuencia cerámica en los valles al norte de esta
región. Como se dijo antes, la arqueología de los valles de Jequetepeque,
Lambayeque y Piura era casi desconocida cuando Larco realizaba sus estudios.
No cuestionamos la validez de dicha secuencia, sino su ámbito de aplicación.
No es de extrañar que los investigadores que trabajan en los valles de
Jequetepeque, Zaña, Lambayeque y Piura consideren que la secuencia es de
difícil aplicación a sus materiales. Esto nos lleva a concluir que es necesario
establecer una secuencia cerámica alternativa para dichos valles, la cual deberá
ser compatibilizada con las cinco fases de Larco a fin de permitirnos comparar
los desarrollos de las diversas regiones.
154 VICUS
La segunda fuente de información, la presencia de elementos Mochica en los
valles de Virú a N epeña, es claramente indicativa de la naturaleza expansiva del
estado Mochica-Sur. La difusión de la cerámica y otros elementos Mochica en
los valles de Virú, Chao y Santa no obedece a un patrón de intercambio
restringido o de una colonia, sino a la estrategia geopolítica de un estado
expansivo y unificado. La cerámica de estilo Mochica comienza a aparecer en
estos valles en la fase 11153 . A partir de este periodo dichos valles son ocupados
con sitios de clara filiación Mochica, y muchos_ lugares asociados con la
precedente ocupación Gallinazo son abandonados. La edificación de nuevos
centros de acuerdo al plan Mochica implica cambios en las técnicas de cons-
trucción, en la producción de adobes, en la planificación y localización de los
sitios, es decir, en todos los patrones de asentamiento. Toda la distribución de
los sitios y su jerarquía relativa es alterada. Estos cambios son obviamente el
resultado de un cambio de mandos y políticas.
o
o o
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o 0
-::, /
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o ú'
-'O
o
o HUACA EL BRUJO
- o
o
MOCHICA
SUR
PAMPA DE LOS INCAS
6 Sitio Arqueológico
PANAMARCA
O 100
1 1 1 1 1
KllOMEIROS
98.
156 VICUS
Encontrar templos donde esperábamos fortalezas permite entender que la
ideología tuvo un importante papel en la penetración y expansión del estado
Mochica.
Como se vio en las secciones anteriores, debemos preguntarnos cuál es el
ámbito geográfico al que se aplicaría esta reconstrucción de la naturaleza
política del estado Mochica. Larco y otros investigadores pioneros formularon
sus interpretaciones pensando en el área nuclear y no en los valles de la
periferia. Sus datos provenían de esta región, por lo tanto sus interpretaciones
serían válidas sólo para ella. Larco acertó al pensar que toda esta región estuvo
en algún momento bajo la autoridad de una sola entidad política, segmentada
en diversos niveles de administración regional y local. De cuánta autonomía
gozaron las di versas regiones comprendidas dentro del estado Mochica, es algo
que no podrá saberse mientras no se realicen más excavaciones en sitios
domésticos y centros administrativos Mochica. En cualquier caso, Larco ya
afirmaba que existía, bajo la autoridad centralizada de un Cie quich, un
conjunto de gobernantes regionales, los Alaec 59. Larco dedujo esta organiza-
ción sólo de la distribución de vasos retrato; posteriormente sus ideas han sido
corroboradas a partir del estudio del patrón de asentamiento en los territorios
conquistados.
Las numerosas investigaciones en la región comprendida entre Chicama y
Nepeña han producido resultados que contrastan dramáticamente con los de los
proyectos realizados al norte de aquélla. Una de las diferencias más significa-
tivas es que sea casi inexistente en los valles entre Piura y Jequetepeque la
cerámica de los estilos Mochica III y IV, estilos corporativos directamente
asociados con la expansión y consolidacion del estado Mochica-Sur, y encon-
trados en grandes cantidades entre los valles de Chicama y Nepeña. ¿Cómo
explicar que el patrón de asentamiento de este estado expansivo, caracterizado
por un gran centro ceremonial/administrativo entre los valles medio y bajo, no
esté reflejado en ninguno de estos valles? ¿Se trata acaso de un problema en la
muestra, o estas diferencias obedecen a razones estructurales, es -decir son el
resultado de la acción de estados o entidades políticas diferentes? La circunscri-
ta aplicabilidad de las interpretaciones antes señaladas es evidente cuando se
aplican a los valles de J equetepeque, Zaña, Lambayeque y Piura. En esta región
desde la década de 1960 comenzó a encontrarse importantes evidencias de la
ocupación Mochica, que permiten definir grupos sociales semejantes en mu-
chos aspectos al Mochica-Sur, pero aparentemente con un desarrollo indepen-
diente y con características peculiares en su cultura material que serán analiza-
das en la siguiente sección.
SanJosé de Moro
Pacatnamú
Oceano
Pacífico
99.
158 VICUS
La gran cantidad de cerámica de estilo Cajamarca hacia fines del desarrollo
Mochica en J equetepeque indica, más bien, que los Mochica de la zona
mantuvieron un fuerte contacto con las sociedades que se desarrollaban en la
sierra norte aledaña. El valle del Jequetepeque parece haber servido de eje de
transición para una serie de movimientos y rutas comerciales que unían la costa
norte con la zona andina central. Estos. intercambios experimentaron un
inusitado desarrollo durante las primeras fases del Horizonte Medio, coinci-
diendo con el final de la cultura Mochica y su evolución hacia otras tradiciones,
entre ellas el conspicuo estilo Lambayeque.
Cuando juzgamos la relación entre las sociedades Mochica-Norte y Mochica-
Sur nuestra fuente de información más importante es la cerámica, especialmen-
te la ceremonial. En ésta se reflejan vívidamente los cambios y las interacciones
entre diversas sociedades, las tendencias estilísticas, los préstamos y las
idiosincrasias locales.
Cuatro grandes características distinguen los desarrollos de las tradiciones
cerámicas sureña y norteña:
a) la escasez pronunciada de cerámica Mochica-Sur de la fase IV y de una serie
de formas como huacos retrato, cancheros y floreros en los valles al norte de
la Pampa de Paiján, así como de decoración pictórica de línea fina del tipo
Mochica IV 61 ;
b) la excepcional calidad y belleza de la cerámica Mochica-Norte Temprana,
especialmente en piezas escultóricas donde se representan seres humanos o
animales 62 ;
c) la predominancia de jarras y cántaros de cara-gollete en las fases Media y
Tardía del Mochica-Norte 63 ; y
d) el extraordinario desarrollo de la pintura de línea fina durante el periodo
Mochica-Norte Tardío 64 .
160 VICUS
Mochica-Sur de la fase IV controlaron los valles de Piura a Jequetepeque lo
hicieron a través de un insólito sistema de asentamientos, que ha burlado a cinco
generaciones de arqueólogos.
Lo que esta carencia implica en términos de la estructura política de los estados
Mochica es muy importante. Moseley definió acertadamente el estilo Mochica
IV como el estilo corporativo del estado Mochica expansivo. Su presencia en
un sitio arqueológico delata la presencia y, en algunos casos, permite documen-
tar la expansión del estado Mochica. Si bien algunos ejemplares de este estilo
confirman que haya habido contactos entre estas entidades políticas, la escasa
cantidad de este estilo cerámico no puede ser interpretada como evidencia de la
conquista y control geopolítico de la región. Los Mochica-Sur durante la fase
IV no estaban dedicados a la exportación de cerámica, sino a la conquista de
grandes territorios, que inmediatamente eran reorganizados de acuerdo a un
patrón de asentamientos que maximizaba los intereses del conquistador. Nin-
guno de estos fenómenos, conquista o reorganización, se reflejan en los datos
recogidos al norte de la Pampa de Paiján. Debemos concluir entonces que el
estado Mochica-Sur no cruzó esta barrera.
En la región norte se desarrollaron independientemente otros estilos, que
también pueden ser considerados corporativos, con características propias que
reflejan entidades políticas y sociales independientes. Estos estilos, por la
cercanía cultural de las dos regiones Mochica, presentan muchos rasgos en
común con su contraparte sureña; sin embargo su desarrollo, es decir su
secuencia, es diferente y sus características son peculiares. Esto nos lleva a
enfatizar que las diferencias en las estructuras políticas no indican necesaria-
mente diferencias culturales, es decir que los Mochica constituyeron diferentes
estados pero no diferentes culturas. Es claro que los estados Mochica-Norte y
Mochica-Sur compartieron suficientes elementos en común, como la religión
y las costumbres, que impidieron una deriva cultural, es decir que al estar
aislados uno del otro con el tiempo se convirtieran en dos culturas diferentes.
La religión y el sistema ceremonial, uno de los mecanismos de poder político
de las élites, aparece como uno de los más importantes elementos de
intercomunicación entre estos estados.
162 VICUS
En mayo de 1989 la tumba de La Mina fue finalmente localizada por personal
101. Personajes sentados llamados
«Ingenieros». del Instituto Nacional de Cultura, iniciándose inmediatamente una excavación
La Mina. Valle de Jequetepeque. de salvamiento a cargo de Alfredo N arváez y con la colaboración de Christopher
B. Donnan y Alana Cordy-Collins 84 . Excavando cuidadosamente un área de la
tumba que no había sido saqueada, los arqueólogos encontraron siete botellas
de cerámica que habían escapado a la atención de los huaqueros (Fig. 100).
Estas incluían un guerrero arrodillado, una persona llevando una jarra en su
hombro izquierdo, un felino cuyos ojos estaban adornados con incrustaciones,
un individuo sentado con la cara decorada con un diseño de ola, un búho (Fig.
339) y un individuo sentado con un tocado circular (Fig. 101). También se
encontró una pieza en cerámica negra modelada en forma de cóndor (Fig. 342)
y imajarra con abultamientos en la cámara (Fig. 341). Los ceramios recupera-
dos arqueológicamente en La Mina estaban todos rotos por compresión, debido
al peso del relleno. Más aún, durante la excavación se recuperaron numerosas
piezas de concha cortada, que originalmente fueron incrustaciones usadas para
164 YICUS
103a. Botella asa puente.
Mochica Temprano.
Búho.
Colección Osear Rodríguez Razetto.
Tolón, Pacasmayo.
166 VICUS
del Jequetepeque. Por lo tanto es innegable la diferencia entre Mochica-Norte
y Mochica-Sur durante la parte temprana de la secuencia.
Es interesante señalar, sin embargo, que existe una sorprendente semejanza
entre las botellas del periodo Mochica Temprano de Jequetepeque y muchas de
las botellas Mochica huaqueadas durante la década de 1960 en sitios alrededor
de Cerro Vicús, en el valle de Piura, incluyendo aparentemente Loma Negra
(Cap. III y mapas, anexo 4). Estas últimas incluyen felinos, generalmente
sentados o echados en las mismas posiciones que en piezas de Jequetepeque;
búhos, halcones y cóndores; y seres humanos vestidos como guerreros, atavia-
dos con tocados circulares, o llevando cántaros en los hombros (estas tres formas
ya señaladas anteriormente). También encontramos botellas modeladas como loros,
sapos, monos, focas y seres núticos llamados "decapitadores", esencialmente todas
y cada una de las formas que hoy sabemos fueron producidas repetidamente por
artesanos Mochica Temprano en el valle del Jequetepeque 86. Más aún en muchos
168 VICUS
casos las formas, tamaños, tratamientos de superficie, e incluso los colores de
ceramios de estas dos áreas son tan semejantes que parecerían haber sido hechos
por los mismos artesanos. La explicación de estas semejanzas deberá ser
despejada en futuras investigaciones, pero resulta evidente que ambas áreas se
encuentran en lo que hemos definido como la esfera Mochica-Norte.
del diámetro dei cuerpo y su altura está entre un tercio y la mitad de la altura del
cuerpo. En algunos casos las jarras están decoradas con motivos en relieve en
forma de pequeñas ranas 93 . Las jarras de cuello efigie tienen las mismas
proporciones que las jarras simples, pero sus cuellos están decorados en relieve
con caras de seres humanos (Fig. 107) o sobrenaturales (Fig. 349) y animales que
miran al frente. Algunas veces el cuerpo del ser humano o del animal está
indicado con líneas gruesas de pintura en el cuerpo de la jarra (Fig. 108).
Usualmente el cuerpo pintado en la cámara aparece de perfil, lo que es caracte-
rístico de esta área mas no así del Mochica-Sur. Se ubicaron piezas semejantes
en la tumba del Viejo Señor de Sipán 94 . En algunos casos hay motivos triangu-
lares que irradian de la base del cuello, probablemente representando un pectoral
o collar (Figs. 107 y 347). Existen algunos raros ejemplos de jarras donde el
cuerpo de la pieza en su totalidad ha sido modelado como una cara (Fig. 109). Las
figurinas, raras en los conjuntos de cerámica de entierros Mochica Medio (Fig.
11O)combinan elementos en relieve y diseños en trazo grueso de pintura blanca.
Este tipo de objetos presentan muchas semejanzas con piezas de similar forma
de la región Mochica-Sur (Russell, Leonard y Briceño 1994).
170 VICUS
Las formas simples más importantes durante Mochica Medio son ollas de cuello
corto curvo o recto. Las bocas de las ollas son amplias, con diámetros que en
promedio exceden los dos tercios del diámetro del cuerpo de la pieza. Finalmen-
te, la cerámica Mochica Medio más simple corresponde a pequeñas piezas
ligeramente cocidas en forma de crisoles, que aparecieron en pequeños grupos,
de una a tres piezas, en algunos entierros de Pacatnamú y en un entierro de San
José de Moro. Los crisoles encontrados en tumbas Mochica Medio y Tardío son
casi idénticos, posiblemente porque sus formas son tan simples que no se
prestan a variaciones estilísticas.
172 VICUS
108. Jarra con cuello efigie. Mochica Medio.
Búho.
Pacatnamú. H45CM1. Tumba 24.
109. Jarra. Mochica Medio.
Felino.
Pacatnamú. H45CM1. Tumba 54.
11O. Figurina. Mochica Medio.
Personaje ricamente ataviado.
Pacatnamú. H45CM1. Tumba 28.
174 VICUS
112. Botella de doble pico y puente. Mochica
Tardío.
Personajes míticos.
Colección Osear Rodríguez Razetto.
San José de Moro, Pacasmayo.
Conclusiones
Hasta mediados de la década de 1980 el· consenso.· entre los arqueólogos
peruanistas era que los Mochica habían constituido una sola cultura. Esto
implicaba tácitamente que ellos habían conformado además un estado unifica-
do único, evolucionando en la costa norte a través de una secuencia cronológica
de más de 700 años, configurada por Larco en cinco fases. Esta noción y los
datos que la sustentaban fueron por muchos años congruentes con los trabajos
arqueológicos que se realizaban en la costa norte, y con los materiales existentes
en colecciones privadas y públicas, ya que, como se explicó en la primera parte
de este trabajo, ambos se concentraron en la región Mochica-Sur. No fue sino
hasta el descubrimiento y excavación de importantes evidencias de la presencia
Mochica al norte de la Pampa de Paiján que la uniformidad monolítica del
fenómeno Mochica comenzó a desmoronarse. Actualmente el caso mejor
176 VICUS
LOS MOCHICA DEL NORTE Y LOS MOCHICA DEL SUR 177
documentado para el Mochica Norte
11'5. Botella asa estribo. Mochica Tardío.
es el desarrollo en el valle de Escena de entierro.
J equetepeque. La reconstrucción de Colección Osear Rodríguez Razetto.
San José de Moro, Pacasmayo.
la secuencia cerámica en este valle, y
su diferenciación de la secuencia
Mochica-Sur, ha sido tratada en la
segunda parte de este trabajo.
Es importante destacar que la secuen-
cia cerámica presentada aquí es, para
todo efecto, sólo regional. El derrote-
ro de los estilos cerámicos en el
J equetepeque no es necesariamente el
mismo que en otros valles, y es cierta-
mente diferente al que aconteció al sur
de la Pampa de Paij án. No debemos
caer en la tentación de pensar que la
secuencia propuesta describe la evo-
lución de la cerámica Mochica en los valles de Zaña, Lambayeque y Piura hasta
que no se hagan estudios comparables. Si bien las evidencias de la presencia
Mochica encontrada en estos valles muestran muchas semejanzas con la que
vemos en J equetepeque, al punto que podemos asumir que todos estos valles
formaban parte de una misma subregión, también ofrece importantes diferen-
cias y particularidades. Por ejemplo, en Jequetepeque no existen para el periodo
Mochica Tardío sitios de la magnitud de Pampa Grande en Lambayeque. A su
vez la concentración de entierros con cerámica fina Mochica Tardío hallada en
San José de Moro no ocurre en ninguna otra región, y hasta este momento en
ningún otro sitio. Es posible que estos dos sitios correspondan a dos unidades
políticas diferentes, o que quizá ambos sitios tuvieran distintas funciones bajo
un mismo sistema político. Estas incógnitas deberán ser resueltas a través de
programas sistemáticos de investigación arqueológica.
NOTAS
1. Uceda y Mujica, 1994
2. Donnan y Cock 1986
3. Donnan 1978
4. Carrera (1644), 1939
5. Alva y Donnan 1993
6. Larca 1948, Castillo 1989
7. Larca 1938, 1939
8. Castillo y Donnan 1994, Donnan n,d,m Donnan y Mackey 1978
9. Alva y Donnan 1993: Fig. 185
10. Uceda et al. 1994; Bonavia 1985; Franco et al. 1994
11. Haas 1985
12. Uhle 1915, Kroeber 1925: 213
13. Uhle 1903
14. Uhle 1915: 105
15. Kroeber 1925
16. Kroeber 1925: 224-229 116. Pieza escultórica. Mochica Tardío.
17. /bid. 1925: 228-229 Individuo ricamente ataviado, con bigotes
18. Larca 1945:30-41 y grandes orejeras. ~·
19. /bid.: 15, 1948 Tumba M-U30. San José de Moro,
20. Larca 1938, 1939, 1945 Pacasmayo.
21. Kroeber 1925:228
178 VICUS
LOS MOCHICA DEL NORTE Y LOS MOCHICA DEL SUR 179
22. Larco 1966b.67
23. Larco 1966b:94
24. Kroeber 1925:225-226
25. Larco 1965, 1966a
26. Kroeber 1925, Larco 1938, 1939
27. Bennett 1939, Larco 1945, Kroeber 1925, Uhle 1915
28. Larco 1948, Figs. 4 a 9
29. Ford y Willey 1949:66
30. Ford y Willey 1949:66
31. Strong y Evans, 1952
32. Kroeber 1925
33. Larco 1945, 1948
34. Las fases anteriores, denominadas Mochica clásico (un término que aún ahora los huaqueros
siguen usando para referirse a cerámica Mochica de las fases I y 11)habrían sido reportadas por
huaqueros como provenientes de Purpur, pero ninguna evidencia de estos estilos aparece en las
excavaciones. La fase final, o Mochica V, tampoco aparece en sus colecciones, por lo que la
conquista y control Mochica del valle de Virú parecería circunscribirse a las fases 111y IV de la
cronología de Larco.
35. Donnan 1973
36. Proulx 1968, 1973
37. Bonavia 1985, Schaedel 1951.
38. Para determinar a qué cultura o periodo corresponde un sitio arqueológico, lo que los arqueólogos
llamamos 'fechar un sitio', se usa básicamente los fragmentos de cerámica que aparecen en su
superficie. En sitios arqueológicos es frecuente hallar fragmentos de ollas, cántaros y otros
artefactos domésticos y ocasionalmente fragmentos de cerámica fina. Lamentablemente la
cerámica fina refleja mejor los cambios en el tiempo, de ahí la importancia de establecer qué
formas domésticas son contemporáneas con las formas finas.
39. Donnan n.d., Donnan y Mackey 1978
40. Donnan y Mackey 1978, Kroeber 1925
41. Kaulicke 1992, Shimada 1994
42. Kaulicke 1992:898
43. Uhle 1915, Kroeber 1925
44. Donnan y Mackey 1978
45. Víctor Pimentel, comunicación personal.
46. Shimada 1994
47. Ford y Willey 1949:66.
48. lbid.: 66
49. Strong y Evans 1952: 216-226.
50. Alva y Donnan 1993, Donnan y Castillo 1992, 1994.
51. Alva y Donnan 1993, Donnan 1988, Hocquenghem 1987.
52. Donnan 1973, Proulx 1973, Strong y Evans 1952, Wilson 1988.
53. Donnan n.d., Donnan y Mackey 1978.
54. Bawden 1977, Topic 1977, Moseley 1992.
55. Donnan n.d., Donnan y Mackey 1978.
56. Bawden 1977, Topic 1977.
57. Castillo y Donnan 1994, Donnan y Castillo 1992, 1994.
58. Proulx 1968, 1973.
59. Larco 1945: 22-23.
60. Donnan y Cock 1986b.
61. Castillo y Donnan 1994.
62. Donnan 1990, Narváez 1994
63. Ubbelohde-Doering 1983.
64. McClelland 1990, Donnan y McClelland 1979.
65. Shimada 1976:194.
66. Alva, comunicación personal 1994.
67. Makowski, comunicación personal 1994.
68. Comunicación personal de Carlos Elera, 1994.
69. Shimada 1994:55.
70. Comunicación personal de Carlos Deza, 1993.
71. Shimada 1994.
72. Shimada 1994:39.
73. Walter Alva, Jorge Centurión y Carlos Wester, comunicación personal, 1993.
74. Larco 1967b.
75. Castillo y Donnan 1994.
76. Castillo y Donnan 1994, Donnan y Castillo ms., Castillo y Rosas ms.
77. Donnan y Cock 1986b, Ubbelohde-Doering 1983.
78. Castillo ms., Castillo y Donnan 1994, Donnan y Castillo ms., Donnan y Cock 1986b, Donnan y
McClelland ms., Narváez 1994, Ubbelohde-Doering 1967, 1983.
79. Ubbelohde-Doering 1967:26, 67:1983:128-129.
80. Donnan 1990, Narváez 1994.
81. Lavalle 1992.
82. Alva 1988, 1990; Alva y Donnan 1993; Anexo Lám. y Fig.98.
180 VICUS
83. Donnan 1990.
117. Piezas escultóricas. Mochica Tardío. 84. Narváez 1994; Donnan 1990.
Iguana antropomorfizada, Aia Paec 85. Larco 1948:28
tocando tambor, individuo esquelético. 86. La muestra de botellas provenientes del valle de Piura es mucho más extensa que la de botellas
Tumba M-U104A. San José de Moro, Mochica Temprano de Jequetepeque, por lo que no debe sorprender que la primera incluya
Pacasmayo. algunas formas no reportadas en la segunda. Estas incluyen, por ejemplo, ciertas figuras míticas,
así como individuos sentados, ataviados con grandes tocados (ver, por ejemplo, Lapiner 1976:
Figs. 256-258; Lumbreras 1987).
87. Entre estos entierros y claramente reflejando la casi totalidad del fenómeno cerámico Mochica
Medio, destaca la tumba E-1 Ubbelohde-Doering 1983:52-92.
88. Ubbelohde Doering 1967, 1984.
89. Castillo y Donnan 1994.
90. Alva y Donnan 1993.
91. Kaulicke 1994, Lumbreras 1987.
92. Ubbelohde-Doering 1983: Abb. 7-5.
93. Ubbelohde-Doering 1983: Abb. 23-1.
94. Alva y Donnan 1993, Figs. 181 y 187.
95. Hecker y Hecker 1990.
96. Verano 1987.
97. Hecker y Hecker 1990.
98. Guillermo Cock, comunicación personal, 1990.
99. Castillo y Donnan 1994.
[Link] y Donnan 1994: 3.33.
101. McClelland 1990: Figs. 14 y 15.
102. McClelland 1990: Fig. 6.
103. Ubbelohde-Doering 1983: Abb. 49.
104. Shimada y Maguiña 1994: Figs. 1, 103
105. Ubbelohde-Doering 1967: Figs. 59; Castillo y Donnan 1994: Fig. 104 u Anexo).
106. Ubbelohde-Doering 1983: Abb. 50-8.
107. Castillo y Donnan 1994: Figs. 3.8 a 3.1 O
108. Ubbelohde-Doering 1983: Abb. 50-5.
109. Castillo y Donnan 1994: Fig. 3.9.
Introducción
184 VICUS
habrían sido posteriormente depositados en las tumbas de la propia elite Vicús
120. Variedad de narigueras. Vicús.
Oro y plata. Laminado, repujado y de la elite Mochica? Hasta el presente ni siquiera se ha definido con necesaria
y recortado. De izquierda a derecha: claridad en qué medida estos dos estilos, tan distintos desde el punto de vista
16.3 x 13 cm.; 12.1 x 9 cm.;
11.3 x 8.7 cm.; 9.6 x 6.8 cm.;
estético, implican el uso de técnicas diferentes. Adicionalmente nos vemos
12 x 7.5 cm.;_7.7 x 5 cm.; 7.7 x 4.8 cm.; limitados por la carencia de estudios acerca de las fuentes de materia prima
14 x 8.8 cm. explotadas localmente en la antigüedad. Por ello tenemos que concentrarnos en
Museo de Oro del Perú, Lima.
los aspectos de la manufactura de productos finales, con la esperanza de que el
análisis revele la filiación cultural del productor. Dos conjuntos de piezas
constituirán para nosotros el punto de partida: las piezas Mochica de Loma
Negra y las del cementerio de Yécala, la mayoría en el estilo Vicús. Se trata en
ambos casos de conjuntos representativos para sus respectivos estilos. Los
orfebres Mochica del Alto Piura desarrollaron una mayor complejidad en el
ensamblado de las partes que comprende el objeto terminado (Fig. 119); los
Vicús produjeron objetos que no obstante su sencillez lograron un efecto
balanceado de elegancia y equilibrio armónico (Fig. 120).
186 VICUS
121. Nariguera. Vicús.
Oro. Laminado y recortado. Pequeña ave
ensamblada mediante grapas.
10.1 x 7.5 cm.
Asociación Cultural Enrice Poli B., Lima.
Las narigueras, cuyas superficies presentan los colores del Sol y de la Luna, es
decir el oro y la plata, pudieron haber recibido el acabado mediante esta técnica.
Debido a que se hacía aplicaciones sucesivas sobre la superficie, los bordes que
delimitan el dorado y el plateado no son bien definidos. Como en el caso
precedente, el empleo de la técnica del dorado por reducción o eliminación,
también conocida como de enriquecimiento de superficie, fue detectado tam-
188 VICUS
bién en las piezas Moche 13. Si nuestras observaciones son correctas, esta técnica
fue igualmente utilizada por los orfebres Vicús. Las técnicas del dorado o
plateado por métodos químicos o electroquímicos se desprenden implícitamen-
te del conocimiento de la aleación de metales. Las aleaciones Moche fueron
binarias o ternarias, es decir, respectivamente con dos (cobre y plata; cobre y
oro) o tres minerales (cobre, oro y plata) participantes en la fundición. Uno de
los beneficios de la mezcla de los metales por calentamiento es que disminuye
123. Penachos «astas de venado».
Cobre dorado. Asta izquierda: 51.2 cm.
su punto de fundición, es decir, la temperatura que debe alcanzar el horno para
de largo. Asta derecha: 52.5 cm. de largo. que los componentes se unan en estado líquido. Otra de las propiedades
Ancho máximo de ambas 12.5 cm. beneficiosas de una aleación es la posibilidad de mejorar las calidades mecáni-
Museo de Oro del Perú, Lima.
cas del metal y particularmente su dureza. No obstante, ninguna de las dos
190 VICUS
Otra técnica de fabricación conocida por los orfebres Vicús y Mochica, como
se ha mencionado anteriormente, fue la técnica del vaciado, que consiste en
colar el metal fundido previamente en un crisol sobre moldes que tienen la
forma que se quiera dar al objeto. Los moldes pueden ser de dos clases:
univalvos o moldes abiertos y bivalvos o moldes de doble cara que se utilizan,
por ejemplo, para la elaboración de arpones (Fig. 475).
Para la confección de un molde bivalvo se puede utilizar un modelo de arcilla
como si se tratase de una escultura, la cual se presiona sólo hasta la mitad sobre
un bloque de arcilla; mezclada con polvo de carbón e!punto de cuero (molde);
luego se procede a presionar la otra mitad sobre otro bloque de arcilla, se hacen
las canaletas para el desfogue y las cazoletas para el vaciado del metal fundido,
se juntan ambas partes y, posteriormente, se dejan secar los moldes al sol o son
introducidos en un horno.
Después de este paso, se alisa la superficie del molde y se elaboran los detalles
finales. El interior se puede cubrir con grasa para permitir el mejor desprendi-
miento de la pieza metálica.
Se procede a echar el metal fundido por la cazoleta y una vez solidificado se
rompe el molde, se retira la pieza y se la somete a baños ácidos para quitar las
impurezas, se recalienta y se hacen los retoques, eliminando la rebaba de la
canaleta y martillando para completar la forma.
Para el caso de las piezas trabajadas en moldes univalvos el proceso es similar,
pero el molde es abierto, es decir, de una sola cara. Como resultado, el molde
univalvo dejaría plana una de las caras.
¿Cómo decorar?
Como parte de la tecnología conocida para trabajar la decoración de las láminas,
se utilizaron instrumentos tales como cinceles, punzones y buriles. Cada uno de
192 VICUS
horno se construyó una mesa, se apuntalaron las paredes del horno con tres
124. Ornamento con cabeza de zorro. Moche.
Cobre. La cabeza está ensamblada de apéndices adosados y se hicieron dos fogones.
varias piezas y unida mecánicamente a
brazos extendidos. Luego de alimentar el horno con combustible, que debió ser el carbón de madera
Largo: 36 cm., alto: 1O cm. de algarrobo, disponible en la zona, y el excremento de llama, se le cargaba con
Museo de Oro del Perú, Lima.
mineral de cobre molido (punto de fundición: 1,083ºC), pudiendo haber
añadido un reactivo químico para ayudar en la fundición. Como producto de la
fundición quedaron las perlas de metal junto con la escoria, que debieron ser
separadas moliéndolas en batanes. Luego, las perlas de cobre fueron nuevamen-
te fundidas sobre crisoles para formar tejuelos y se procedió a darles forma
recalentándolos en fogones para ir laminándolos con un martilleo sucesivo.
Este proceso era para los objetos laminados. En el caso de los objetos vaciados,
el metal fundido se vertía en moldes.
Como testigos mudos de este proceso quedaron esparcidas miniaturas de
arpones, agujas, alambres, lentejuelas, tiestos con escoria adherida y perlas
de cobre 15 . El análisis químico de un fragmento de cobre asociado a este horno
dio como resultado: 98.92% de cobre, 0.012% de arsénico y otros elementos
traza. Es posible, por ende, que se empleara cobre puro 16 (Anexo Taller del
Orfebre).
¿ Qué producían?
El pequeño taller que acabamos de describir no necesariamente es representa-
tivo para la metalurgia piurana del Periodo Intermedio Temprano. Su real
complejidad la podemos evaluar recién al hacer una revisión del repertorio de
productos finales. Para la definición de una tipología de objetos metálicos de
estilo Vicús, se hizo el estudio de la orfebrería proveniente del Cementerio de
Yécala 17 por ser la única colección con registro y asociación conocidas de 41
Tumbas, excavadas por el Arqueólogo Carlos Guzmán Ladrón de Guevara y el
Sr. José Casafranca, en 1963. La colección de Yécala sirvió como punto de
194 VICUS
En una de las coronas de las tumbas de Y écala se observó el detalle del
almohadillado interno, hecho de fibra vegetal, que la sujetaba a la cabeza. El
almohadillado fue fabricado de carrizos unidos con hilos, formando un
entretejido que debió de estar cubierto originalmente por un forro de tela
llana.
Un ornamento vinculado a las coronas y que en algunos casos podría haber
servido de remate complementario a las coronas llanas, son los denominados
penachos, plumas o tocados. Los tocados Vicús presentan cierta variedad de
formas, tales como las "astas de venado" (Fig. 123), cuya superficie también
estaba adornada con lentejuelas circulares. Otros penachos tienen forma de
triángulo invertido (Fig. 467) y también los hay en forma de pluma. Todos estos
ornamentos fueron trabajados en láminas de cobre dorado. Existe un tipo de
tocado más complejo, que consiste en un remate con sistema de bisagra,
habiéndose logrado el mecanismo de apertura y de cierre mediante la unión
mecánica de las piezas 18. El equivalente Mochica de los penachos serían los
tocados o adornos semilunares, que están representados en el corpus de Loma
Negra en la secuencia de los "guerreros" 19, recortados en láminas de cobre. La
joyería Vicús y Moche incluía las narigueras como parte de su repertorio. En el
caso de la orfebrería Vicús las narigueras son fácilmente identificables, tanto en
la forma como en la decoración y presentan una identidad clara y definida.
Todas las narigueras han sido trabajadas sobre láminas de oro o en aleaciones
de oro y plata de baja ley. Las narigueras Vicús generalmente son de forma
semicircular (Figs. 42 y 464 ), aunque también las hay de línea trapezoidal,
circular y cuadrangular de lados redondeados (Fig. 477). La decoración es
obtenida mediante repujados y embutidos o por el contraste de colores dorado
y plateado en bandas. Los temas representados en estas narigueras son
antropomorfos, zoomorfos, geométricos o híbridos. Entre las figuras
antropomorfas destaca un personaje masculino con brazaletes y manos sobre el
vientre. Este personaje muestra los genitales y está rodeado de cuatro aves.
Todo el contorno de la nariguera presenta embuticiones circulares en hilera pa-
196 VICUS
En otras piezas se combinan el calado y el agregado de colgajos y lentejuelas
con añadidos zoomorfos, tales como arañas. El calado crea el efecto de una
telaraña al producir espacios vacíos en la lámina de metal 23 .
Entre los objetos metálicos, llama la atención el uso del tembetá, adorno facial
utilizado por varios grupos culturales en diferentes partes del mundo, tales
como Polinesia, Africa, Australia, así como por ciertos pueblos de la selva
amazónica. Entre los especímenes misceláneos encontrados en las tumbas del
Cementerio de Yécala figuran los tembetás de concha marina y piedra que los
huaqueros llaman corcho ... (sic\ 4 . Este adorno labial, que en algunos ceramios
del Museo Nacional de Antropología y Arqueología aparece portado en el
mentón por mujeres 25 , también fue estudiado por Hans Disselhoff, quien
menciona el relato del uso de este tipo de joyas observado por Pedro Pizarra en
las mujeres del valle del Chira 26 . Morfológicamente, los tembetás constan de
dos partes: un cuerpo cilíndrico con base expandida, y una tapa a manera de
decoración, que puede presentar el engaste de una piedra semipreciosa o de
concha marina; otra forma de resaltar un dibujo es mediante el repujado del
126b. Corona. Vicús. diseño a manera de adorno formando un relieve en la lámina (Fig. 127). Los
Cobre dorado. Laminado, repujado, tembetás, como se ha mencionado anteriormente, podían ser de diferentes
recortado y perforado. Decorado con
caras y_lentejuelas: 24 x 1O cm.
materiales, tales como oro, concha marina, piedra o madera.
Museo del Banco Central de Reserva
del Perú, Lima
Se conocen pocos ejemplos del uso de pecheras o gorgueras entre los objetos
de la zona de Vicús. Un ejemplo de éstos está registrado en la colección del
198 VICUS
el adorno central mediante lengüetas (Fig. 469), en este caso una cabeza
127. Tembetás. Vicús
Oro, laminado, recortado y repujado en la humana, sobre la cual se añadió un tocado mediante unión mecánica. Otro tipo
parte superior. Decoración zoomorfa, alto: de emblemas Moche fueron hechos usando una lámina en forma de aspa. El
1.5 cm.; diámetro: 2.1 cm.; alto: 1.5 cm.;
diámetro: 2.5 cm. y engastado con
diseño resalta al personaje central en posición frontal, conocido como el
lapislázuli, alto: 1.7 cm.; diámetro: 1.9 cm. Degollador o Ai Apaec, que porta una cabeza trofeo en una mano y un cuchillo
Museo del Banco Central de Reserva ceremonial en la otra. La forma de representación de los pies que indica la
del Perú, Lima.
posición frontal es mediante la verticalidad de los cinco dedos 28. En estos casos,
la técnica decorativa del repujado juega con los planos en relieve.
Un tipo de ornamento muy especial proveniente del Cementerio de Loma Negra
es aquel que porta la forma de la luna creciente en la parte inferior y presenta
escenas mitológicas en la parte superior. Estos ornamentos han sido elaborados
en una sola lámina de cobre dorado, recortada y repujada (Fig. 470).
Otro elemento particular de Loma Negra son las figuras zoomorfas en bulto.
Estas representaciones no son vaciadas sino elaboradas a partir de láminas y, en
el caso de las arañas, añadiendo alambres a manera de patas (Fig. 478). La
mayoría de estas representaciones ha sido hecha en cobre, aunque parece que
en colecciones particulares en el extranjero las hay en cobre dorado. Otras
representaciones zoomorfas incluyen animales tales como lagartijas, insectos,
serpientes, alacranes, cangrejos y langostas.
Entre los objetos laminados existen ciertos tipos de cuentas. Las cuentas Vicús
pueden ser discoidales, planas y con doble perfon1ción en el centro (Fig. 474 ),
mientras que sus similares en Loma Negra presentan úii'am~yor elaboración del
1~-·; 1 .
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131. D
·isco Vicús. . ado burilado Y
C • d IamIn ,
obre dora o, . , n zoomorfa Y
Decorac10
recortad?.
eométnca. diámetro 23.6 cm.
ieso: 311.700 gr. Central de Reserva
MuseO del .Banco
del Perú, Lima
202 VICUS
acabado, siendo discoidales convexas y, en algunos casos, repujadas y con
incrustaciones de crisocola 29 .
Las sonajas encontradas en el Cementerio de Yécala son de dos tipos. El más
simple, de morfología tubular, es de cobre laminado, recortado y enrollado
(probablemente con ayuda de calor) y en su gran mayoría los bordes se juntan
pero no se traslapan. Contienen un tubo más pequeño en el interior, a manera
de sonaja. El otro tipo parece imitar la forma de una medialuna bivalva,
habiéndose embutido la superficie para crear diseños de piel de ganso o
granulado. Tienen dos perforaciones en la parte superior y en el interior
piedrecillas que producen el sonido 30 .
Existen piezas de carácter ornamental y utilitario elaboradas mediante la técnica
del vaciado en molde bivalvo. Los cuchillos o cinceles rituales Moche de Loma
Negra presentan vaciados complejos en la parte superior. Estas esculturas,
verdaderas obras de arte en metal, fueron posteriormente retocadas y martilla-
das en su parte inferior para dar forma final a la hoja. Las escenas representadas
forman parte del complejo ritual Moche: ceremonias de sacrificios, degollamiento
(Figs. 156, 157, 163).
Los cuchillos o cinceles rituales Vicús de diseño más simple pueden presentar
decoración geométrica o figurativa en la empuñadura. Las hojas son alargadas
y ligeramente expandidas en el extremo distal (Fig. 460).
Las porras ornamentales Vicús parecen producir figuras que salen como
cristales de un caleidoscopio (Fig. 135). La maestría en la técnica del vaciado
produjo calados de diferentes diseños. También se vaciaron contundentes
armas de guerra, cuya forma de doble cono y estrella fueron de utilidad para el
ataque y la defensa (Fig. 458). Las porras rituales Moche de Loma Negra
representan relieves zoomorfos tales como cara de búho, con una dualidad de
caras opuestas (Fig. 459).
Los individuos de alto rangC?Vicús,
portaban bastones como símbolo de
autoridad. Estos bastones de madera
llevaban como adorno remates en la
parte superior, guardaban el cuerpo
de los mismos en fundas llanas o
caladas que eran sujetadas con clavos
a manera de remaches y la parte infe-
rior era recubierta con regatones que
terminaban en punta. Los remates de
bastón fueron vaciados en una sola
pieza y las representaciones están
asociadas a imágenes que represen-
tan su mundo natural y sobrenatural
(Figs. 133a, 134).
Las hachas Vicús y Moche de Loma
132. Discos (?). Moche.
Negra son similares en la forma de la
Cobre dorado, laminado, embutido
y burilado. Decoración en aspas. hoja, pero difieren en las representa-
Diámetro: 16.7 cm. ciones que forman la parte opuesta al
Museo del Banco Central de Reserva
del Perú, Lima.
filo de corte. Las Vicús, vaciadas igual
que las Moche, muestran decoracio-
204 VICUS
135. Porras. Vicús.
Cobre, técnica del vaciado. Decoración
geométrica. Diámetros: superior
izquierda: 11.1 cm. Superior derecha:
10.8 cm. Inferior izquierda: 1O cm.
Inferior derecha: 9.5 cm.
Museo del Banco Central de Reserva
del Perú, Lima.
206 VICUS
LA SABIDURIA DE LOS ORFEBRES 207
cada una de las dos culturas. Sorprende realmente constatar que ambos
mantuvieron su propia individualidad a pesar de que se desarrollaron parale-
lamente. Se podría incluso arriesgar el juicio de que el grado de interacción y
el número de préstamos mutuos son menores que para la producción alfarera.
Por todo ello, si tuviéramos que escoger entre las alternativas referidas al origen
de la metalurgia compleja en el Alto Piura, diríamos que ésta se vincula
estrechamente con la formación de la cultura Vicús, en el periodo anterior· a la
aparición de la cultura Moche en el Alto Piura 40 . Ei área del Ecuador septentrio-
nal y central al que remiten los nexos estilísticos de la alfarería Vicús, ofrece
mejores antecedentes al respecto que la supuesta área en que surge la cultura
Moche en los valles de Moche y Chicama. Sin embargo, la ausencia de estudios
específicos sobre el tema en el caso de la metalurgia, impide por ahora, sacar
conclusiones definitivas al respecto.
208 VICUS
NOTAS
1. Lapiner (1976).
2. Diez-Canseco (1994), Ríos (1993).
3. Zevallos Meléndez (1963-1964).
4. Lechtman et al. (1982).
5. Rios y Retamozo (1993) pág. 63.
6. Rios y Retamozo (1993) pág. 64.
7. Kaulicke y Makowski (1990).
8. Diez Canseco (1994) pág. 81.
9. Bray(1991)pág.61.
10. Lechtman (1974).
11. Lechtman (1982).
12. Lechtman (1974).
13. Lechtman et al. (1982).
14. Recopado: Técnica que consiste en dar a la lámina la forma de una copa, utilizando un elemento
sufridor en la parte interna y golpeando externamente con un martillo, logrando una embutición
profunda: sin utilizar soldadura.
15. Kaulicke y Makowski (1990).
16. Laboratorio de Metalurgia Física de la Universidad Nacional de Ingeniería (1994).
17. Diez-Canseco (1994).
18. Diez-Canseco (1994) pp. 99-101.
19. Lapiner (1976) Lám. 381.
20. Diez-Canseco (1994) pp. 44,45,46.
21. Diez-Canseco (1994) pág. 57.
22. Disselhoff (1971), Fig. 16d.
23. Lapiner (1976) Lám. 380.
24. Guzmán y Casafranca (1964) pág. 19.
25. Petersen (1955) pág. 167.
26. Disselhoff (1971) pág. 37.
27. Alva (1988-1989).
28. Jones (1979) pág. 96.
29. Lapiner (1976).
30. Diez-Canseco (1994) pp. 118-120.
31. Alambre. El alambre se fabrica mediante la técnica del trefilado que sirve para obtener un acabado
cilíndrico en sección. El alambre pudo haber sido introducido en un implemento de piedra de gran
dureza con orificios de diferentes diámetros para obtener el grosor deseado.
32. Instituto Geográfico Nacional (1988).
33. Reyes y Caldas (1987).
34. La Minería en el Perú (1989-1990), pág. 52.
35. Reyes y Caldas (1987) pág. 75.
36. Instituto Geográfico Nacional (1988).
37. Instituto Geográfico Nacional (1986) pág. 147.
38. Instituto Geográfico Nacional (1988).
39. Barrington Brown (1926) pág. 100; Richardson (1987); Guffroy, Kaulicke, Makowski (1989).
40. Makowski (este volumen).
Estilo e Historia
212 VICUS
HISTORIA DE UNA CONQUISTA 213
PERIODO: ESTILOS SEPTENTRIONALES ESTILOS MERIDIONALES
* Estilos e importaciones de los Andes Septentrionales en la sierra de Frías, cuya relación con el área
Vicús queda por definir.
214 VICUS
138. Botella asa [Link]ús Tardío A.
Cabeza zoomorfa.
Museo Arqueológico Rafael Larca
Herrera, Lima.
139. Botella asa canasta Virú.
Cabeza.
Museo Bruning, Lambayeque.
140. Botellas silbadoras Virú.
Pato (izq.) y búho? (der.).
Museo Bruning, Lambayeque.
141. Botella silbadora Vicús-Virú.
Vicús Medio B. Alfar Virú Nº1.
Figura ornitomorfa.
Museo Municipal, Piura.
216 VICUS
142 b. Botella asa estribo Mochica l.
Valle de Virú(?).
«Dragón Recuay»
Museo Arqueológico Rafael Larco
Herrera, Lima.
pintadas en crema y diseños negativos sobre fondo crema. Una de las piezas fue
atribuida erróneamente al estilo Mochica local (Vicús-Moche) 10. Algunas de
estas piezas revelan rasgos propios a J ama-Coaque, otras a Tuncahuán . Se dice
que todas ellas han sido encontradas junto con ceramios de estilo Vicús. Hemos
podido visitar recientemente el sitio y comprobar la validez de las afirmaciones
de los huaqueros. Sobre la superficie del cementerio yacen efectivamente
tiestos Vicús Temprano y tiestos con el inconfundible engobe rojo.
Los hallazgos de Soncos parecen, por ende, confirmar las hipótesis establecidas
en los años sesenta a partir del análisis de objetos de metal y de las formas de
tumbas según las cuales Piura habría recibido un importante aporte cultural
proveniente de la zona andina septentrional 11. Hay que enfatizar que la cultura
Vicús se presenta en el valle de Piura ya formada y madura, entre 200 a.C. y 100
d.C. Sus similitudes con Chorrera son tan impactantes que hacen pensar en una
filiación directa entre las dos culturas (Cap. II). Adicionalmente hay que
218 VICUS
mencionar hallazgos de tiestos Tuncahuán y eventualmente Guangalá en los
contextos del Periodo Vicús Medio B de Tamarindo 12 . Los estilos de los valles
bajos de Piura, Chira y Tumbes como Sechura y Garbanzal han ejercido una
influencia incomparablemente menor sobre el Vicús que los anteriormente
mencionados. En el caso de Garbanzal del valle de Tumbes se trata de escasas
imitaciones de algunas formas por los alfareros Vicús (Fig. 414 centro). Con
Sechura la relación es más compleja. En la literatura del tema se ha sugerido por
un lado que esta relación es de orden funcional, es decir el término Sechura se
referiría a la cerámica utilitaria, mientras que el de Vicús a la cerámica
ceremonial 13 . Otros autores, por el contrario, resaltaban el carácter original de
la tradición Sechura con un desarrollo paralelo al estilo Vicús 14 . No podemos
compartir la primera opinión, puesto que la comparación de formas y decora-
ciones en la cerámica utilitaria de ambos estilos revela una cantidad de
diferencias mayor de la que se esperaría en tradiciones que comparten el espacio
del mismo valle. La confusión se debe quizás al hecho que la cerámica Sechura
esté presente como un componente más en el mosaico de estilos que se
encuentran en las áreas ceremoniales al pie del Cerro Vicús (vg. alfar Foráneo
Nº 1)15.
Resulta incluso posible que algunos grupos del Bajo Piura sepultaran a sus
muertos en los cementerios de Vicús y Y écala con ofrendas de cerámica de
estilo Vicús. Desgraciadamente no se conoce hasta la fecha ningún cementerio
contemporáneo a Vicús en el Bajo Piura por lo que el contraste satisfactorio de
esta hipótesis resulta imposible. Tampoco la segunda hipótesis concuerda con
los datos que tenemos a disposición. La influencia que los alfareros del Alto
Piura ejercen sobre los talleres del Bajo Piura es mayor que en el sentido inverso.
Varios rasgos propios del estilo oriundo del Bajo Piura y Chira, se derivan de
Vicús. Entre ellos hay que mencionar en primera instancia la característica asa-
canasta y el motivo de "grano de café" utilizado para representar el ojo. Tal
parece entonces que entre los dos posibles caminos de contacto entre el Alto
Piura y la zona norte del sub-continente fue el camino serrano el que tuvo mayor
importancia durante el Periodo Intermedio Temprano. Según los estudios de
Jean Guffroy este camino no atravesaba la vecina provincia de Loja 16. Se debe
tener presente que esta vía no sólo es más corta si se pretende unir las zonas
septentrionales de los Andes con Piura sino también más fácil porque evita las
zonas pantanosas y accidentadas del litoral que se presentan a partir de Tumbes.
Si, como hemos visto, el fin del Horizonte Temprano y el inicio del Periodo
Intermedio Temprano fueron marcados por la virtual incorporación de la
cuenca del río Piura en el ámbito cultural de los Andes Septentrionales, esta
tendencia empezó revertirse a partir del [Link] d.C. La aparición de la cerámica
Virú-Gallinazo Medio y Mochica I marca el inicio del periodo en el que se
incrementará cada vez más la presencia de elementos culturales procedentes del
sur. En las cuatro subdivisiones cronológicas propuestas, Vicús-Mochica
Temprano A y B, y Vicús-Mochica Tardío A y B, se refleja con claridad este
fenómeno y no sólo en las variables de orden cuantitativo. La atrofia gradual de
técnicas vicús remplazadas por las mochicas o por las virú, y los cambios en la
icónografía vicús expresan, en nuestra opinión, un rápido proceso de aculturación.
En la Fase A del Periodo Vicús-Mochica Temprano las relaciones entre las dos
culturas se perfilan aún en términos de relativa igualdad. Los talleres locales
conservan todo su repertorio de formas y motivos en cerámica y en metal;
220 VICUS
ron al catastrófico Meganiño del siglo VI d.C.? 20 Dejaremos esta pregunta en
suspenso hasta que la evaluación de otros aspectos del desarrollo cultural
permita abordarla de nuevo.
El periodo del Horizonte Medio 21 está cubierto sólo parcialmente por las
evidencias del Vicús-Mochica Tardío B. Los doscientos años que transcurren
probablemente entre el ocaso de la tradición Vicús y la difusión del estilo Sicán,
representativo para la cultura Lambayeque, constituyen uno de los periodos
más oscuros en la prehistoria de Piura 22 . La presencia de Wari en el Alto Piura,
en Batanes y en el Monte de los Padres fue detectada solamente por Ramiro
Matos e ilustrada con piezas de colecciones. Otros·investigadores no han tenido
la misma suerte a pesar de que recorrieron ambos lugares. Era posible, por ende,
que se tratara de un número reducido de entierros. Anne Marie Hocquenghem
reporta extensos sitios con arquitectura planificada, compuesta de recintos
rectangulares, que datan probablemente del Horizonte Medio y se ubican en la
serranía de Piura 23 . Estos datos sueltos son suficientes para concluir que el
cambio cultural percibido en el transcurso del Horizonte Medio es producto de
un conjunto de factores ambientales y políticos espaciados en dos a tres siglos.
La situación en Piura no difiere en este aspecto de la que observamos en otras
partes del Perú. Es interesante anotar que pasado el oscuro periodo de reestruc-
turación, el Alto Piura vuelve bajo control político de elites oriundas del sur.
La presencia de la arquitectura típicamente lambayecana de estilo Sicán lo
demuestra plenamente. Se repite además la situación que hemos observado en
los tiempos mochicas. Las piezas Sicán se dividen en tres grupos: 1. realizacio-
nes "clásicas" importadas y producidas localmente por artesanos plenamente
competentes; 2. buenas copias locales; 3. piezas formalmente de estilo Piurn
pero con detalles de forma y decoración prestados de Sicán 24 . Creemos que el
Alto Piura no sólo dependía políticamente de la capital lambayecana, cuyos
monumentales vestigios se conservan aún en el sitio de Batán Grande sino que
compartió también el destino de Lambayeque hasta los tiempos de la conquista.
Hemos trazado en esta apretada síntesis la posible configuración de las
coyunturas históricas, tal como éstas se reflejan en la evolución del estilo y en
el comportamiento de otras evidencias materiales, evaluadas en los capitulas
anteriores. El resultado es una hipótesis sobre las complejas relaciones que se
establecen entre pueblos de diferente origen y de distinta cultura, los Vicús, por
un lado, y los portadores de la cerámica Virú-Gallinazo y Mochica, por el otro.
Estas relaciones han sido definidas anteriormente por otros autores en términos
de "secuencia", de "frontera" o de "clase" (oposición entre la elite y el pueblo
étnicamente distintos). Las nuevas evidencias no están del todo acordes con
ninguna de las propuestas interpretativas mencionadas. El Alto Piura ha sido un
corredor muy transitado en la prehistoria; permitía evitar el desierto de Sechura,
el que constituye, dicho sea de paso, un área mucho menos inhóspita que todas
las zonas desérticas de la costa peruana, particularmente en los años húmedos
cuando su parte se cubre de espesa sabana y de bosque de algarrobos (prosopis
nigra). Tenemos la impresión que la frontera entre las dos grandes áreas
culturales, la Septentrional Andina y la Central Andina no adoptaba el trazo fijo
y no seguía el límite del Desierto de Sechura; era más bien una frontera dinámica
cuyo recorrido guardaba cierta relación con el desplazamiento de la frontera
climática, la que se ubica generalmente en la denominada "Zona Tampón de
222 VICUS
logremos de este modo reconstruir la imagen que de sí mismas y de su vecino
forjaron las dos sociedades confrontadas.
224 VICUS
HISTORIA DE UNA CONQUISTA 225
guerreros v1cus como los mochicas podían ser sacrificados si habían sido
vencidos durante el combate ritual? La iconografía Vicús proporciona varios
datos que permiten contestar de manera afirmativa esta pregunta. No sólo los
cuatro personajes suelen aparecer como cabezas separadas de sus cuerpos sino
también en posición decúbito ventral y cabeza en alto, posición que hemos 147. Botella escultórica con asa semicircular.
interpretado (Cap. II) como uh momento de la cruel ceremonia inmediatamente Personaje 2 sentado.
Vicús Medio B
anterior al sacrificio (Fig. 298, 317, 328. 330). Museo Nacional de Arqueología,
Antropología e Historia del Perú, Lima.
Por lo visto, las relaciones entre los vicús y los mochicas en la iconografía se
148. Botella asa puente.
plantean en términos de completa igualdad: los dos pueden ser vencedores y Personaje 3 echado decúbito ventral.
vencidos, verdugos y víctimas. Estos datos concuerdan con la hipótesis sobre Vicús Medio B.
Museo Nacional de Arqueología,
una particular situación política en la que las instituciones religiosas del estado
Antropología e Historia del Perú, Lima.
se encargan de mantener el orden en una sociedad compuesta de diferentes
226 VICUS
grupos étnicos; Krzysztof Makowski (Cap. III) la denominó "Pax Mochica".
Las reglas de reciprocidad y plena simetría en derechos y obliga~iones consti-
tuyen su sustento ideológico. Las diferencias de jerarquía entre los guerreros
vicús y los mochicas estarían eventualmente aludidas en una sola escena que no
pertenece al ciclo de sacrificio. Nos referimos a una escena de relación
homosexual, excepcional tanto desde el punto de vista del tema mismo como
de la composición. (Fig. 295) El Personaje 3 de ojos almendrados yace
extendido decúbito dorsal mientras que el Personaje 1 de ojos grano de café,
parado y agachado le practica la felación. Los lunares felínicos en el cuerpo de
ambos personajes indican probablemente que la acción no se desarrolla en éste
sino en el otro mundo. Según la lógica propia de otras representaciones del acto
sexual, el guerrero mochica (Personaje 3) gozaría de mayor estatus que el
guerrero vicús (Personaje 1). Hay que enfatizar, sin embargo, que ningum:,de
ellos adopta las posturas características para la felación homosexual vicús o
heterosexual mochica (Fig. 364, 160). El artista quiso probablemente resaltar
el carácter único de esta relación entre dos jefes guerreros.
228 VICUS
HISTORIA DE UNA CONQUISTA 229
individuo, sería razonable creer que se plasma en ella la identidad que
acompañará al difunto en el más allá; en este caso se trata de la identidad como
víctima de sacrificio. Si, por el contrario, fue encontrada lejos del cuerpo, como
una de varias, y llevaba huellas de uso cabría otra posibilidad de interpretación:
la máscara sirvió en uno de los rituales donde el individuo asumía periódica-
mente el papel de verdugo. En nuestro caso concreto las evidencias adicionales
excluyen las dos interpretaciones anteriores e insinúan una tercera. La máscara
es de tamaño menor que la cara humana ( 16.1 x 16.7 cm); siete grapas en la parte
superior del tocado y seis orificios en la circunferencia de la cara sugieren que
la pieza ha estado sujeta a otros artefactos; podría por ejemplo formar parte del
vestido. Resulta por ende más probable que la presencia de esta máscara
otorgara al difunto el estatus de guerrero victorioso, presentándolo con la
camiseta adornada con la cabeza de su víctima (compárese con el ceramio
Mochica, Fig. 150).
A pesar de estas dificultades y del número muy reducido de entierros excavados
por arqueólogos, varias interesantes conclusiones se desprenden a la hora de
revisar el contenido de ajuares funerarios. Sobre los 47 entierros, uno destaca
por la calidad y el número de objetos depositados y otros seis por la presencia
de ceramios con la representación de uno de los cuatro personajes asociada a
otros motivos. Todos los siete provienen de las excavaciones de Carlos Guzmán
Ladrón de Guevara y José Casafranca 30 . El entierro excepcional ya ha sido
mencionado a propósito de la máscara. Merece plenamente el nombre de la
"tumba del Señor de Vicús", a pesar de que no lo podemos comparar con el
esplendor de Loma Negra o Sipán. Su contenido, compuesto de más de 80
objetos de metal, cobre, cobre dorado y plateado, sin contar conjuntos de
lentejuelas aplicadas al vestido, fue analizado de manera independiente por
Magdalena Diez Canseco y por Marcela Ríos y Enrique Retamozo 31 . La forma
de la tumba no fue determinada puesto que ha sido descubierta por casualidad
"minando" la pared del entierro Nº 14. Guzmán sugiere que el dueto del pozo
de acceso tuvo una profundidad de 9 .50 m y que una amplia (2m de largo)
cámara lateral se abría en el fondo, hacia el Sur-Este. Esta modalidad, tipo
"bota" caracteriza, parece, la mayoría sino la totalidad de entierros Vicús32 .
La descripción de la cámara resulta demasiado escueta para intentar la recons-
trucción de la distribución precisa de los objetos frente al cuerpo. Este último
se conservó muy mal pero, de todos modos,mejor que en la mayoría de casos,
en las que sólo queda, en el lenguaje de los huaqueros, la "tierra de muerto":
"varias piezas dentárias, fragmentos de tejidos burdos de lana y algodón
( ...algodón marrón con decoración geométrica calada, muy similar que ...en la
Sp.5 ....: estilización de un pez, motivos rectilíneos y escalonados), fragmentos
de huesos humanos" 33 . Esta información es suficiente para descartar la crema-
ción del cuerpo, sugerida por Ramiro Matos. La posición del muerto fue
probablemente extendida 34 . El conjunto de piezas formaba sobre el individuo
" ...un hacinamiento de objetos metálicos sobre las que resaltan una especie de
corona, cinturones con lentejuelas y tubos grandes laminados colocados con
remaches sobre ramas ..." 35 . Reconocemos en esta descripción el juego de seis
coronas, cada una con distinto número de "plumas" metálicas, (Figs. 125a,
126a) y cetros de madera revestidos de láminas de cobre . Tres de estos cetros,
el más largo de 83.5 cm., fueron encontrados por Guzmán a la derecha del
cuerpo, apoyados contra la pared Nor-Oeste de la cámara.
230 VICUS
150. Botella escultórica de pico y asa puente.
Periodo Vicús-Mochica Temprano A.
Guerrero arrodillado, con un pellejo
humano (?) a la espalda.
Asociación Cultural Enrico Poli B., Lima.
lgfna
Roedor~
ent{ (bicéfala)¡ 1
L Felino (<¡davérico)J
Mono (cadavérico)
..,..
J,~----
Camélido
(Cadavérico)
l
Calabaza ---~¡
Cuy
(ltifálico)
Loro
234
En efecto, el seguimiento de las hibridaciones reveló la existencia de reglas
estrictas de parentesco simbólico entre los animales, algo extrañas para noso-
tros, pho entendibles en términos generales.
Los animales que no vuelan se dividen en dos universos separados, el de la sierra
con su bosque tropical (jaguares, monos, loros) y el del piedemonte con el
bosque montano y la planicie desértica cubierta de maleza tropical hasta la orilla
del mar (roedores, serpientes, lagartos, aves del mar y de las lagunas). Los
cérvidos, en sus periódicos desplazamientos, intercomunican los dos universos
del mismo modo que las aves (patos de día y lechuzas de noche). Cabe recordar
que el venado cumple la misma función en la imaginería mochica, probable-
mente por sus características y hábitos: veloz y furtivo, se deja ver al amanecer
y al anochecer 45 .
El más allá está concebido a la imagen de este mundo bipartito. La identidad
de sus guardianes sobrenaturales (híbridos), iguanas, roedores, serpientes, así
como felinos y monos, indica que el otro mundo se situaba tanto debajo de la
tierra, como al Este, en la selva. La asociación entre un mono y una iguana es
menos incongruente de lo que imaginamos. Las iguanas salen en las mañanas
de sus guaridas subterráneas y se orientan hacia el sol naciente. Los monos y
los loros dan al sol una sonora bienvenida. Para diferenciar a los habitantes del
mundo de abajo, el alfarero vicús dota a los felinos, monos y camélidos de
rasgos esqueléticos y en el cuy enfatiza el poder reproductor del animal. El
"encuentro" de la calabaza, del frejol (motivo mochica), del camélido y del cuy
en el más allá no es casual: representan a los ancestros de las plantas y animales
de los que depende la subsistencia de la sociedad viva 46 . Agreguemos, final-
mente que la imaginación vicús opone sistemáticamente al depredador
carnívoro y a su víctima, logrando aquí también un esquema simétrico
cuatripartito: la serpiente v/s el roedor, el jaguar v/s el mono. Como lo
demuestra, entre otros, la secuencia iconográfica de combate entre la serpiente
y el roedor, el vencedor adquiere los rasgos y los "poderes del vencido" (Cap.
II). Es transparente, creemos, la intención de equiparar las reglas de juego que
rigen en el mundo animal y en la sociedad. El universo humano tiene la misma
estructura doblemente bipartita en la que se oponen los vencedores y sus
potenciales víctimas. Aquí y allá la sangre del sacrificio es la condición de la
vida.
Obviamente, el más allá también está poblado de seres antropomorfos.
Ninguno de ellos, sin embargo, correspondería a la denominación de "divini-
dad". Se trata de nuestros conocidos cuatro personajes con una diferencia: están
provistos de algunos rasgos que los identifican con los animales míticos. Los
personajes 1 y 2 llevarán los rasgos de ciervos (manchas de pelaje, Fig. 305),
de serpientes y de roedores (rostro bipartito y la característica sonrisa, Fig. 303,
304), de patos y lechuzas (rasgos de rostro y alas o cola, Figs.18, 22, 44, 270,
306,307, 320,423). La transformación en lechuza y la felinización representan
probablemente el estado del personaje y no necesariamente su identidad. Los
dos personajes compartirán también ciertos gestos y actitudes de monos. Como
se desprende de esta descripción, la iconografía vicús, a diferencia de la
iconografía mochica, no enfatiza en nada los poderes del ser antropomorfo
representado. Los colmillos, los apéndices serpentiformes, los "halos" radian-
tes están ausentes. Los rasgos zoomorfos, siempre muy discretos, sirven para
denotar las relaciones de parentesco con el animal. (Amaro, Cap. II) sugiere
incluso que están enfatizando el estatus de víctima más que el de vencedor.
236 VICUS
pensar que los grupos portadores de esta tradición fueron originarios de un valle
al Norte de Chicama 48 . Los valles de La Leche y de Lambayeque constituyen
obviamente el paso obligado en el camino hacia el Alto Piura. Recientemente
Izumi Shimada y Adriana Maguiña plantearon un modelo de coexistencia
mochica-gallinazo para esta área 49 . El material cerámico Gallinazo guarda
algunas relaciones con el del Alto Piura, particularmente en las formas de los
ralladores, algunos tipos de cántaros y de las piezas decoradas blanco sobre rojo.
Las diferencias encontradas son, sin embargo, mayores de lo esperado, posible-
mente, por razones cronológicas.
Tratándose de deposiciones secundarias de rellenos arquitectónicos y recolec-
ciones de superficie hay que esperar los resultados de trabajos futuros de mayor
envergadura para establecer correlaciones entre los valles vecinos. Resulta
realmente sorprendente, en este contexto, el cercano parentesco que guardan el
Mochica I de Loma Negra y el Mochica I de Jequetepeque (Cap.V y Figs. 103b,
104,337,343). Nos referimos tanto a La Mina como a Tolón. En este segundo
caso, la mayor parte de piezas parece haber salido de los mismos moldes que las
botellas de Loma Negra; seguramente fueron producidas por artesanos no sólo
contemporáneos sino además formados en un solo taller (Comparar Figs. 69,
402 arriba derecha, 406 y Figs. 337, 339, 340). En comparación, las botellas de
La Mina guardan varias pequeñas diferencias en el acabado y en las proporcio-
nes. ¿ Cómo interpretar estas similitudes entre la cerámica funeraria procedente
de dos valles distantes? Creemos que constituyen un argumento más a favor de
la hipótesis presentada en el Cap. III.
Conforme a este planteamiento, la historia del "gran estilo Moche" 50 expresaría
las coyunturas políticas pertenecientes a organizaciones estatales de carácter
supraétnico. La distribución de piezas puede obedecer, por un lado, al itinerario
que habían adoptado eventualmente los artesanos al servicio del estado, y, por
el otro, al complejo sistema de reciprocidades entre los gobernantes, conquis-
tadores o no, y los gobernados. Quisiéramos enfatizar la uniformidad y la
coherencia que caracteriza, en nuestra opinión, al estilo Mochica I, por encima
de la variabilidad regional y a pesar de la difusión muy amplia. Incluso en el
periodo "clásico" de la Cultura Mochica, (fases III y IV) la diferenciación es
mayor, hasta el punto que se justifica hablar de dos áreas culturales Mochica,
la meridional y la septentrional (Cap. IV).
El uso alterno de formas de cuerpos y golletes, posiblemente derivados de las
tradiciones Cupisnique (cuerpo escultórico, asa-estribo) Salinar (cuerpo-pedestal,
gollete central y asa cinta), Virú (cuerpo doble, gollete cónico asa-puente); los
múltiples colores de engobado y particularmente de las tonalidades blanco,
crema, naranja, gris, y negro, un acabado fino que incluye pulido, incisiones
finas en pasta cuero, e incrustaciones, son características que trascienden el área
Mochica Norte (Figs. 142 a,b) 51 . Llama también la atención el hecho que el
estilo Mochica I sea más consistente y uniforme en su iconografía y en el aspecto
formal que en las técnicas de acabado . En un extenso territorio comprendido
entre los valles de Piura y Virú no sólo se repiten los motivos centrales, vg.
guerreros arrodillados, (Figs. 66, 398) diferentes tipos de personajes sentados
vestidos de camisetas y taparrabos (Figs. 393,394,396,397), búhos y lechuzas
(Figs. 69, 103,402,403), sapos (Figs. 86b, 413), felinos (Figs. 340,343,406,
407), ciervos (Figs. 409), sino también los motivos secundarios, como el de una
238 VICUS
A O
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entre las expresiones tempranas y tardías, y ubicar de este modo a los personajes
representados de manera aislada en las fases tempranas dentro de los contextos
narrativos, rituales y míticos de las escenas complejas tardías; ello a su vez nos
hace entrever los papeles que asumían las figuras humanas representadas y los
escenarios a los cuales aluden los animales y los objetos.
En el párrafo anterior hemos mencionado los dos universos temáticos en cuyo
• alrededor gira, al parecer, la iconografía Mochica I de Piura. El "Tema de
Presentación" 55 es el más importante de ellos. La rica tradición figurativa
Mochica IV y V representa con lujo de detalles toda una secuencia compleja
de actos rituales, que comprende:
1. Combate entre dos o cuatro bandos de guerreros armados con porras y
estólicas (Fig. 153 ).
2. Captura de prisioneros por uno de los bandos (Fig. 153, der.) 56 .
3. Carrera ritual de prisioneros (Figs. 154, 395) 5r
4. Secuencia de sangrientos sacrificios, que incluye el despeñamiento, el
suplicio, el descuartizamiento y el degollamiento de víctimas escogidas
dentro del grupo de participantes de la carrera ritual (Figs. 154, 395) 58 .
5. Ofrenda de sangre a las divinidades; este último episodio está generalmente
representado en su versión mítica: varias divinidades ofrecen la copa a una
divinidad mayor representada bajo el aspecto de guerrero, ocasionalmente
con rasgos de águila marina (Pandion sp.), mientras que dos seres
antropomorfos (jaguar, puma, zorro, búho y un cetro) sacrifican a los
prisioneros 59 . Esta última escena dio su nombre al "Tema de Presentación
(de la copa)". (Figs. 153 arriba, 155).
Los talleres piuranos representan cuatro episodios de esta secuencia. El primero
y el segundo están aludidos en las piezas escultóricas Mochica I por las
240 VICUS
imágenes de guerreros en traje de combate y por los prisioneros. Algunos de los
guerreros están ataviados con cascos con signos escalonados y pieles humanas
sobre su espalda. (Figs. 66, 149, 150). Otros llevan tocados con dos penachos
(Fig. 137b). Los prisioneros están representados arrodillados y desnudos con
una soga al cuello y el pelo suelto (Figs. 73, 151, 399). Los personajes vestidos
con una camiseta corta con diversos tipos de tocados, particularmente el toGado
en forma de "hongo" (Figs. 71, 393, 394) representan probablemente a las
víctimas de sacrificio, como ya lo había demostrado Benson 60 . En las Figs. 392
y 395 los vemos, respectivamente, entregados a la merced de un dragón y
ascendiendo al cerro, donde algunos de ellos serán despeñados. El momento
mismo del sacrificio aparece exclusivamente sobre los cuchillos ceremoniales
en forma de cinceles, usados para abrir la carótida de la víctima. El oficiante
introducía posteriormente un tubo en la vena yugular y recogía la sangre 61 .
En uno de los cuchillos vemos (Fig. 156) la escena de la decapltación del
prisionero en presencia de dos guerreros, de los cuales uno levanta la cabeza
cortada de la víctima. Otra escena es más explícita aún: dos guerreros toman
sangre (Fig. 163 ) de las cabezas de sus víctimas ya separadas de los cuerpos.
El mango del tercer cuchillo (Fig. 157) representa la variante mítica del
sacrificio: una divinidad ornitomorfa se presenta frente a otra, antropomorfa,
vestida de guerrero y le ofrece una copa por intermedio de un sacerdote con el
característico tocado (Comparar Fig. 142a). Esta misma escena figura en la
variante conocida del "Tema de Presentación" (Fig. 154 ), y, en forma
abreviada, en la representación más compleja del combate ritual (Fig. 153),
ambas Mochica V.
Otro universo de las vasijas escultóricas Mochica I remite probablemente al
"Tema de Enterramiento". Ello se desprende de un hecho siguiente. Cinco de
los motivos representados con cierta frecuencia en la iconografía piurana, a
saber, la cabeza cadavérica (Fig. 161), el murciélago (Figs. 75 y 158), las aves
nocturnas (búhos y lechuzas (Figs. 69, 159,363,402,403), la llama (echada o
cabeza, Figs. 173a y 173b: ambas imitaciones Vicús) 62 y la escena de unión
carnal que no lleva a la procreación (felación, sodomía, etc., Fig. 160) aparecen
juntos exclusivamente en una de las versiones del conocido tema (Fig. 162) y
en ninguna otra escena compleja más. La versión mencionada proviene de una
botella Moche IV decorada en relieve impreso; 63 representa a cinco grupos de
personajes esqueléticos en dos registros, separados por una línea de la super-
ficie del suelo que simboliza el límite entre el mundo de los vivos y el de los
muertos.
El significado de la escena es bastante claro. Los muertos se levantan dentro de
sus tumbas (Fig. 162, abajo, derecha) y forman un cortejo bailando al son de
antaras, uno de ellos se desplaza montando el esqueleto de un camélido (abajo,
izquierda). Otro cortejo de esqueletos avanza por la superficie de la tierra en
compañía de un flautista (arriba, derecha y centro). Cuatro esqueletos depositan
debajo del suelo a un muerto con su ajuar: cuatro vasijas y un camélido echado
(arriba y abajo, centro). La pareja de hombre y mujer vivos, en pleno acto de
sodomía (arriba, izquierda) es el único elemento extraño, cuya presencia se
vuelve difícil de explicar desde nuestra perspectiva cultural; adquiere sentido
recién en confrontación con las costumbres andinas, conservadas aún en la
tradición popular y en los textos coloniales.
242 VICUS
Según una convincente interpretación de Anne Marie Hocquenghem estas
imágenes carecen de las connotaciones eróticas que les atribuimos en la
actualidad 64 . En varias partes de los Andes se creía, y en algunos regiones se cree
aún hoy, que en el mes de marzo los difuntos (ancestros) salen del subsuelo para
cuidar el crecimiento de las plantas y asegurar una buena cosecha. Las
relaciones sexuales normales estarían prohibidas en esta época, en la que los
seres del más allá se hacen presentes en la tierra, los roles se invierten y, como
en los carnavales, el orden y la normalidad quedan transtornados. Ningún ser
debe y puede ser concebido. Es más bien un tiempo apropiado para enterrar a
los muertos y venerar a los ancestros.
244 VICUS
160. Botella asa estribo.
Escena sexual. Mochica 11-111.
Museo del Banco Central de Reserva
del Perú, Lima.
161. Botella asa estribo. Mochica 1-11.
Cabeza cadavérica.
Asociación Cultural Enrico Poli B., Lima.
246 VICUS
picoteada. por dos cóndores 75 . En la tradición Mochica clásica y tardía
(MochicaIVy V) nuestro personaje desempeña papeles secundarios como uno
de varios seres sobrenaturales marinos con los cuales luchan exitosamente las
divinidades de cinturones de serpientes 76 . Posiblemente no siempre fue así. En
los relieves polícromos de la Huaca de la Luna están representados tanto la cara
de la divinidad Cupisnique 77 , en un evidente arcaísmo, como la cara de nuestra
Divinidad Marina con su tocado de olas y dos protomas laterales de animales
(lobos?) del mar 78 . La cara se repite en cuatro variantes distintas a lo largo de
la fachada que corresponde a la fase Mochica IV o anterior, a juzgar por el
contenido de los entierros asociados 79 . En Piura, la imagen de la Divinidad
Marina adorna las aplicaciones de vestidos ceremoniales: medallones, crecien-
tes y pequeñas máscaras 80 . Algunas botellas representan su cabeza calva, sin
tocado 81 .
La divinidad de cinturones de serpientes, denominada Aia Paec por Rafael
Larco 82 (nuestro Mellizo Terrestre), aparece en los mismos soportes y en los
mismos contextos narrativos que la Divinidad Marina. La vemos por ejemplo
luchar a muerte con el Personaje-Ola Marina agarrándolo de uno de los dos
mechones, ambos parados sobre una creciente 83 .
Si comparamos este repertorio con el panteón clásico Mochica del Sur percibi-
mos tanto similitudes como diferencias. En otro estudio 84 hemos definido estas
últimas de la manera siguiente:
De acuerdo con esta reconstrucción el mundo estaría gobernado por dos
divinidades guerreras que adoptan tanto la forma humana como la de ave. Una
de ellas, la más fuerte, con la cabeza humana o la del águila marina, radiante,
como el sol, reside en los cielos y se desplaza en una litera cargada por aves y
otros animales. La otra adopta a menudo la forma del búho, permanece en las
cuevas debajo de las montañas, irradia un halo de rayos negros y forma pareja
con una diosa de la luna (Mujer Mítica). Ambas divinidades tienen acompañan-
tes y epifanías de cuerpo zoomorfo que asumen respectivamente el papel de
guerrero (águila) y de sacrificador (búho). Otro par de divinidades de sexo
masculino de menor rango se caracteriza por poseer cinturones de serpientes y
compartir con los dos dioses mayores algunos rasgos de personalidad refleja-
dos en el vestido y en el tocado.
Uno de ellos, al que denominamos el Mellizo Terrestre reside en la tierra, se
viste de cazador de venado y como actor principal de la mayoría de mitos
ilustrados en la iconografía cumple indudablemente el rol del héroe principal de
los Mochica; parece asumir asimismo [Link] de mediador entre los hombres
y la divinidad Guerrero del Aguila. El Mellizo Marino se viste de pescador y se
mueve exclusivamente en el ámbito marino. Ambos mellizos están relaciona-
dos con dos personajes de características femeninas, a veces algo ambiguas en
su definición sexual. El primero de ellos es la Mujer Mítica, dueña del mar,
asociada con la imagen del creciente. El Mellizo Marino aparece como su
servidor. La otra figura es an(lrógina. Nos referimos a la Iguana Mítica, fiel
servidora y compañera del Mellizo Terrestre.
Todas estas divinidades están involucradas en una serie de narraciones míticas
que explican el origen de comportamientos rituales y fundamentan las relacio-
nes de jerarquía existentes entre los dioses 85 .
CIELO: TIERRA:
Posición dominada:
IGUANA MITICA
•
MAR: BAJO TIERRA:
Posición dominada:
MELLIZO MARINO
[Link] (NOCHE)
248 VICUS
El mito ilustrado con mayor frecuencia narra las gestas del Mellizo Terrestre
y, particularmente, la historia de su viaje al más allá. Esta se inicia probablemen-
te con el duelo a muerte entre los dos mellizos. El Mellizo Terrestre pierde y
privado de su fuerza vital (cinturón y tocado) queda preso en el otro mundo. Para
salir tendrá que combatir con animales marinos antropomorfizados y otros seres
fantásticos (vg. Fig. 391), atravesar el mundo donde viven los ancestros y
vencer al Guerrero del Buho 86. Otro mito cuenta cómo la Mujer Mítica entró en
alianza con el Guerrero del Búho y se rebeló contra el poder del Guerrero del
Aguila 8r Provocó un caos con su insubordinación: las armas y los vestidos de
guerreros atacaron a sus dueños, los ancestros y los ciervos armados se unieron
al combate. El dios supremo logra por fin devolver el orden y capturar
(¿castigar?) a la responsable.
Sólo tres de las seis divinidades del panteón clásico están representadas por los
artistas mochicas de Piura, el Guerrero del Aguila, el Guerrero del Búho y el
Mellizo Terrestre. La cuarta, el Mellizo Marino, está quizás sustituida por una
variante con características distintas. La Divinidad Marina constituye posible-
mente una versión temprana del Mellizo Marino. De hecho los dos personajes
aparecen en los mismos contextos narrativos, verbigracia, ambos combaten con
el Mellizo Terrestre y con los seres míticos del mar 88 .
¿A qué se deben las diferencias percibidas entre el panteón clásico y el
repertorio piurano? Creemos poder descartar las eventuales causas que se
desprenden de la distancia espacial y temporal. Existen más bien pruebas de una
selección consciente hecha por los artistas para adecuar el tema a la función
ritual, simbólica o mágica prevista para el objeto, portador de la imagen.
Queremos decir con ello que no se representa a todas las divinidades ni todos
los mitos en los que creía la sociedad mochica, sino exclusivamente a aquéllos
cuya presencia tuvo que ser evocada para garantizar la inmortalidad del
individuo y la eficiencia mágica del ritual. Las pruebas saltan a la vista. Los
motivos de los cuchillos ceremoniales y la iconografía de los protectores de
nariz, sonajeras, protectores coxales, estandartes y otras piezas de metal de uso
funerario, constituyen dos universos distintos. Hemos visto que los cuchillos
representan a dos divinidades principales y otros personajes relacionados con
los sacrificios humanos y la ofrenda de sangre.
En el segundo repertorio, La Divinidad Marina es de hecho el motivo más
popular. No menos frecuentes son otras figuras de su entorno. Nos referimos en
primera instancia a dos de los tres dragones presentes en la iconografía
Mochica. El primer monstruo tiene una cabeza de lobo marino felinizada (Fig.
389), el cuerpo humano y una serie de volutas (olas marinas) y signos
escalonados sobreelhocico(Figs. 70,388 y Figs. 95,337 -valledeJequetepeque).
Muy a menudo presta su cara al Personaje Ola Marina (vg. Fig. 391). El
segundo ser fantástico es llamado por los arqueólogos "Animal de la Luna" o
"Dragón Recuay" (Fig. 387\ 9 . Tiene el cuerpo y las orejas del zorro, y un largo
apéndice con signos escalonados sobre su hocico felinizado; su cola, a veces se
transforma en otro apéndice similar. Aparece asociado al Personaje Ola Marina
y ·al zorro en la escena del duelo mítico realizado en el escenario nocturno o en
subsuelo (Fig. 391 izquierda). En ella, como en varias otras representaciones de
combates del Mellizo Terrestre en el más allá, un eje central divide la escena
separando tiempos y espacios. A la izquierda el héroe combate con los seres
250 VICUS
HISTORIA DE UNA CONQUISTA 251
que las figuras principales con rasgos sobrenaturales en las escena de la
164. Botella asa semicircular Vicús Medio A
"Presentación de la copa" representan a los sacerdotes en vestido ceremonial, y botella asa estribo Mochica 1-11.
y no a las divinidades. No compartimos esta opinión. Por un lado los artistas Contexto excavado por C. Guzmán y J.
Casafranca. (Sector Vicús 4, Tumba 1).
mochica hacen un deslinde preciso entre lo sobrenatural y lo terrenal (v. Fig. Museo Nacional de Arqueología, Antropo-
154) con tres planos de representación: superior, con las divinidades; medio, logía e Historia del Perú, Lima.
con los humanos participantes del rito; e inferior, con los corredores caídos en
el mundo de abajo). Por otro lado, los sacerdotes se diferencian de los señores
y de los guerreros por sus vestidos (túnicas largas) y tocados (vg. Figs. 142a y
154 izquierda en la audiencia). En el mango del cuchillo de la Fig. 157 vemos
a un sacerdote humano que sirve de intermediario pasando la copa entre las dos
divinidades mayores. En otro estudio 97 hemos llegado a la conclusión que el
vestido de los dos sacerdotes supremos se asemejaba al atuendo de los dos
mellizos divinos. Creemos por ende, que el cuchillo-cetro de Sipán, puesto
directamente en las manos del difunto y el collar de cabezas trofeo sobre su
cuello, simbolizaban el poder que el gobernante pudo ejercer sobre los humanos
en la tierra. Este poder se compara con el dominio que tuvieron el Guerrero del
Aguila y el Guerrero del Búho, respectivamente, sobre la totalidad del universo
y el mundo de abajo. Conforme a los resultados de nuestras investigaciones 98
sobre la iconografía clásica de los Mochica cada una de estas divinidades recibía
por separado ofrendas humanas.
252 VICUS
Una versión del "Tema de Presentación" representa el sacrificio celebrado por
dos oficiantes-degolladores, en presencia de todas las divinidades que rinden
una por una tributo al Guerrero del Aguila, con la copa en la mano (Fig. 154\ 9 .
En esta versión las víctimas tienen que correr hacia los cerros y regresar
cargando en andas a algunos de sus compañeros. En la otra versión hay un solo
oficiante-degollador (murciélago antropomorfo) y la sangre es ofrecida por la
Mujer Mítica al Guerrero del Búho. Los sacrificados son transportados en
sentido inverso, por el mar hacia las islas 100 . El ajuar del gobernante de mayor
rango en la necrópolis de Sipán (tumba Nº 1) se subdivide justamente en dos
partes, la superior, con el programa iconográfico similar a la Nº 3 (tumba más
antigua) y la inferior, debajo del cuerpo, que contiene atuendos idénticos a los
del Guerrero del Aguila. ¿Corresponderán los dos vestidos a las dos identidades
del gobernante como el señor de la mitad de arriba y de la mitad de abajo? Esta
suposición nos parece muy probable. La persistente dualidad oro-plata remite
quizás a la misma idea 101 .
La discusión de la iconografía de los cuchillos-cetros conduce a otro tema de
reflexión. ¿Cómo se conciben a sí mismos los Mochica en los tiempos de la
conquista de Piura? Hemos visto en las páginas anteriores que la totalidad de
las representaciones de seres humanos en la cerámica mantiene el vínculo con
los episodios del "Tema de Presentación". Vemos por lo tanto a los prisioneros
desnudos recién capturados (Figs. 73, 151, 399), a las futuras víctimas de
sacrificio (Figs. 71, 393, 394), a los guerreros (Figs. 66, 137, 149, 150, 398) y
a los sacerdotes responsables de llenar las copas con el brebaje compuesto
probablemente de sangre y anticoagulantes (compare Fig. 157 fondo y Fig.
142a). La función de cargadores de agua (Figs. 72, 401) es asumida en la
iconografía del Sur por las mujeres; el motivo mismo se asocia con la escena de
carrera previa al sacrificio humano (Fig. 154) y con las escenas del baile 102 . Hay
también figuras masculinas con tocados (Figs. 396, 397) cuya función es difícil
de precisar. Quizás se trate de simples espectadores. Podemos imaginarnos
cámaras similares a las de Sipán donde estas piezas dispuestas en los nichos
laterales reproducían para la eternidad el escenario del gran sacrificio 103 .
Al examinar las figuras de los guerreros una constante llama nuestra atención.
Se repiten dos tipos de tocados 104 . El más popular se compone de dos signos
escalonados con una pluma en forma de tumi en el centro (Figs. 66, 149, 150).
Este tipo de tocado caracteriza al acólito ornitomorfo del Guerrero del Búho y
a la divinidad misma cuando adquiere la personalidad del ave 105 . El segundo tipo
de tocado es excepcional: adopta la forma de una piel extendida y tiene en el
centro una cabeza antropomorfa con tocado de plumas (Fig. 137b). Un tocado
idéntico adorna la cabeza de un personaje que toca la concha marina en la
colección Neustadter. La pieza, morfológicamente una botella doble Virú,
desde el punto de vista del estilo es Salinar 106 . En líneas generales los tocados
comparables de dos penachos o apéndices en V se relacionan con el Mellizo
Marino y con los seres fantásticos subalternos del ámbito marino 10r Aparecen
también en las cabezas de los jefes cuyos vestidos difieren de los mochica y
probablemente son Recuay 108. No es quizás casual que la única pieza Vicús con
la Ímagen de un guerrero mochica de alto rango represente al mismo personaje
(Fig. 137a). La botella proviene del tiempo del primer contacto entre las dos
culturas (Periodo Vicús Medio A). Falta de contextos comparativos completa-
mente conservados y ricos en cerámica fina nos impide sacar conclusiones
256 VICUS
Un cuarto tipo de vestido diferencia a las mujeres y a los sacerdotes (Figs. 77,
169,400). Lo luce también la Mujer Mítica. Se compone de una túnica larga,
con o sin cinturón, y una manta sobre el cabello o atravesada sobre •el pecho.
El rango de los sacerdotes se expresa en los tocados, en los collares y en los
mantos decorados 112 . En la iconografía clásica Mochica IV del Sur las tres
primeras categorías de vestido se relacionan claramente con cuatro poblaciones
diferenciadas en cuanto a su área de origen, ocupación y estatus, cada una
representada como el actor principal del acto ceremonial que corría a su cargo.
Nos referimos a las representaciones de combate en la planicie costeña con los
guerreros mochica (categoría 1), la caza del venado en los valles (categoría 2),
la caza de lobos marinos, la pesca en el mar, por un lado y la recolección de
plantas y caracoles terrestres en las lomas por el otro (categoría 3) 113 . Por cierto,
no todos estos grupos están representados en la iconografía piurana, si bien
encontramos las cuatro categorías de vestido.
Todo ello nos lleva a la conclusión final. El destino histórico juntó dos
sociedades similares en el modo de subsistencia, en el manejo de la metalurgia,
en las estructuras generales de cosmovisión y quizás de parentesco. No
obstante, las diferencias en el nivel de complejidad son abismales. ¿Cómo
definir estas diferencias y cuáles son los mecanismos políticos que norman la
convivencia?
258 VICUS
Los resultados de las investigaciones sobre Mesopotamia antigua impactaron
por igual ambas corrientes; proporcionaron fórmulas listas tanto para definir las
instituciones del estado, para seguir las causas de su formación así como para
deducir su evolución a partir de cambios en los patrones de asentamiento 121 . Por
ello la discusión sobre el estado andino hasta hoy se reduce en esencia al
problema de similitudes y diferencias entre la evolución de las sociedades y sus
formas de gobierno en el Viejo y en el Nuevo Mundo. En su reciente resumen
de la discusión sobre el tema, Shimada 122 observa con razón que ésta se
circunscribe a cuatro puntos de vista divergentes: tribus en competencia,
cacicazgo superior, estado teocrático o estado secular. Los partidarios de las dos
primeras priorizan el valor de las fuentes andinas sobre los argumentos
comparativos 123 . La disyuntiva cacicazgo/ estado enfatiza un hecho conocido: la
sociedad tribal 124 desaparece de la escena de la historia en el Mediterráneo
Oriental y deja en ella al individuo y a la familia nuclear mucho antes de que
la aparición de las fuentes escritas permitiera captar en toda profundidad la
formación del estado; mientras tanto en los Andes las estructuras de parentesco
constituyen el fundamento de las doctrinas políticas imperiales. Resulta cada
vez más claro que el imperativo de la universalidad es el talón de Aquiles de las
propuestas procesales mencionadas.
Con los miles de hectáreas de "fundaciones piadosas" cuyo fin principal era
mantener el culto funerario de todos los faraones del pasado, con la construcción
de grandes pirámides cuya área promedio (incluyendo el recinto) era cuatro
veces mayor a la del centro administrativo más grande de la época, con la
completa inseparabilidad de funciones religiosas y políticas en la administración
central, ¿era el estado egipcio del Antiguo Imperio teocrático o secular? 125 . La
pregunta es obviamente retórica. En el mismo Cercano Oriente, fuente de
inspiración de modelos procesales, las cuencas del Nilo y del Eufrates y el Tigris
ofrecen ejemplos claros de líneas de desarrollo divergentes, difícilmente
comparables entre sí 126 .
La incomodidad de utilizar los clichés comparativos es también cada vez más
evidente en el caso mochica. Tomemos como ejemplo el tercer grupo de
argumentos expuestos arriba. Desde que Larca, hace más de medio siglo 127,
forjó su atractiva hipótesis sobre el rol político de las botellas-retrato recono-
ciendo en ellas las imágenes de gobernantes, nuevos datos y enfoques cambia-
ron diametralmente los puntos de vista sobre la función del retrato en la
antigüedad. La intención moderna de perpetuar la imagen más fiel posible del
aspecto fisionómico de un individuo resulta completamente ajena a la menta-
lidad de las sociedades del Mediterráneo asiático y europeo. El retrato privado,
realista romano del fin de la República y el retrato oficial en ciertos periodos
del Imperio Romano, son los únicos que se asemejan en intenciones y en efecto
estético, pero surgieron en circunstancias históricas muy particulares e
irrepetibles. El primero es producto de la adopción de valores tradicionales de
la cultura romana por los esclavos liberados y enriquecidos en su afán de
sentirse integrados, por lo menos después de la muerte (se trata de retratos
sepulcrales) con la elite que los marginó en vida. Nos referimos concretamente
a ·1a costumbre romana de hacer en cera una réplica de la cara del difunto y
confeccionar a partir de ella el retrato que será expuesto en el lugar privilegiado
de la casa patricia para conformar una galería de ancestros. El estilo realista del
retrato se difundió en la cultura popular del fin de la República y fue retomado
político. Otras causas resultarían en todo caso más convincentes, como por
ejemplo el nexo entre la idea del retrato, el ritual funerario y el imperativo de ·
perpetuar los vínculos de parentesco dentro de una familia extendida patrilineal.
Las imágenes de procesiones de hombres y mujeres con máscaras en la
iconografía mochica, y la importancia de la máscara en el culto funerario de la
Costa Norte 129 invitan efectivamente a establecer audaces puentes de compa-
ración entre tiempos y hemisferios. Recordemos que también en Egipto el
imperativo ritual de perpetuar los rasgos individuales del cuerpo en los retratos
funerarios, esta vez con el fin de mantener en vida el alma sobreindividual (ka),
explica los excepcionales casos del retrato fisionómico 130 .
No obstante estas dos excepciones, otra tendencia opuesta prevalece en el
Mediterráneo antiguo sobre la de individualizar la imagen del gobernante. Nos
referimos a la idealización propia de los retratos de los faraones, reyes de
Mesopotamia, hombres políticos de las polis griegas, reyes helenísticos, empe-
radores romanos con tendencias autoritarias 131. En líneas generales la idealización
es la expresión artística de las doctrinas políticas que enfatizan el origen divino
del poder; el canon de forma y proporciones del cuerpo concebido para
representar a la divinidad está reproducido en la imagen de un gobernante. Los
rasgos particulares de su fisonomía, las huellas de vejez son incompatibles con
el ideal del rostro de la divinidad.
Los mismos retratos mochica cuidadosamente analizados revelan característi-
cas originales que ponen en tela de juicio la validez de interpretaciones basadas
en las comparaciones transculturales\directas. Representan no sólo a los
miembros de la elite sino a todo el abanico de personajes que participan en las
ceremonias religiosas, de los más diversos rangos y funciones, incluyendo a los
inválidos y enfermos 132. El contenido simbólico de estas representaciones
debería ser lógicamente el mismo que el de las figuras enteras escultóricas o
pintadas. Queda, sin embargo, por esclarecer, el porqué de la tendencia realista
de los retratos Mochica IV.
La idea comparable con la del retrato oficial idealizado en el Mediterráneo no
fue quizás completamente ajena a la mentalidad mochica pero no tuvo relación
ninguna con el problema de huacos-retrato. Por un lado los miembros de la elite
(sacerdotes mayores o reyes vestidos de sacerdotes) que estaban encargados de
oficiar el sacrificio mayor y levantar la copa con la sangre adquieren en varias
representaciones Mochica IV y V la típica boca dentada del felino, es decir,
llevan el rasgo exclusivo de la imagen de los dioses 133 . Por el otro lado, hemos
visto que los gobernantes están sepultados con la parafernalia del sacrificio y al
mismo tiempo la decoración de los vestidos ceremoniales insinúa una
transfiguración eventual del difunto en su viaje por el más allá. ¿El rey mochica
se identifica con la divinidad sólo cuando oficia el sacrificio, o también, de
manera permanente, después de su muerte? No estamos aún en condiciones de 167. Botella asa estribo. Transición Vicús-
Mochica Temprano A/B.
contestar esta pregunta.
Iguana alada.
Museo Nacional de Arqueología,
Creemos que la iconografía, a pesar de sus limitaciones como fuente en el caso Antropología e Historia del Perú, Lima.
de las sociedades ágrafas, puede proporcionar premisas viables para juzgar las
260 VICUS
características de las instituciones políticas en la Costa Norte. Las representa~
ciones de combate constituyen un buen punto de partida para ello. Reproduci-
mos una de ellas, la más complejaMochica V, enlaFig. 153. Enel plano inferior
cuatro grupos de guerreros se enfrentan en las dos orillas del río, dos en cada
orilla. Tres hombres con un estandarte adornado de cabeza cortada esperan a los
vencedores en la margen izquierda, arriba del río. En el registro superior el
Mellizo Marino, reconocible gracias al halo de porras y a la nariguera de dos
penachos 134 acaba de entregar la copa con la sangre de los sacrificados en las
manos del Guerrero del Búho, con su típico vestido de placas y el halo de rayos
negros. Un solo oficiante mítico, un jaguar con el tocado del Guerrero del Búho
sacrifica, al prisionero. A los cuatro grupos de combatientes corresponden
cuatro acólitos de las dos divinidades principales, los cuatro en traje de
guerreros listos para combatir: a la izquierda un zorro y un ave terrestre de pico
largo, a la derecha dos aves acuáticas, un ave terrestre y un ave zancuda y un
pato pico de cuchara 135 . No obstante esta coincidencia de número, los acólitos
llevan trajes que corresponden sólo a dos de los cuatro grupos de combatientes,
ambos de la orilla derecha. Los guerreros vestidos como las aves acuáticas
avanzan desde el lado izquierdo y parecen recibir la peor parte. Los combatien-
tes cuyo atuendo se parece a la pareja del zorro y del ave terrestre atacan en el
sentido inverso, de la derecha hacia la izquierda (Fig. 153: centro). Ellos son
los vencedores.
El episodio principal con la captura de prisioneros está representado en la parte
central baja de la escena. El artista enfatiza la presencia de dos jefes guerreros
vencedores del bando de la orilla derecha. Si nuestro análisis es correcto, en el
combate habrían participado cuatro grupos de guerreros, cada uno dividido en
dos; dos de los grupos, ambos de la orilla derecha del río, uno vencedor y uno
perdedor gozarían de la presencia de sus divinidades tutelares. El artista resalta
la victoria de los guerreros que llevan cascos •adornados con dos signos
262 VICUS
La organización que reveló esta escena Mochica V es exactamente igual a la que
María Rostworowski sigue a través de los mitos y documentos judiciales; la
encuentra también Susan Ramírez en los documentos coloniales tempranos 139 :
Margen izquierda, mitad de arriba:
gente del Guerrero del Búho, dos parcialidades (Zorro y A ve terrestre)
Margen izquierda, mitad de abajo:
gente del Mellizo Marino , dos parcialidades (Ave Zancuda y Pato Pico
de Cuchara)
Margen derecha, mitad de arriba:
gente del Mellizo Terrestre, dos parcialidades (?)
Margen derecha, mitad de abajo:
gente del Guerrero del Aguila, dos parcialidades (?)
En el esquema probable de la distribución del poder, el señor identificado con
el Guerrero del Aguila gozaría de la autoridad sobre su margen y sobre la
totalidad del territorio. Gobernaría ayudado por dos segundas personas. Una
con las insignias del Guerrero del Búho ejerce el poder sobre la margen opuesta,
la otra identificada con el Mellizo Terrestre gobierna las tierras altas de la
misma margen. El esquema se repite a nivel inferior donde el Mellizo Marino
administra las tierras bajas de la margen izquierda. Cada uno de los señores
dispone probablemente de dos mandones subalternos y de dos sacerdotes. La
escena analizada representa tres ni veles superiores del mando en la margen
derecha del río.
Nuestra reconstrucción coincide con los datos de campo, con el patrón de dos
estructuras monumentales frente a frente en cada centro administrativo
mochica 140 . Llama también nuestra atención la presencia de los motivos mari-
nos en la decoración de cada una de las huacas menores tanto en el centro de Cao
(Chicama) como en el de Moche (Huaca de la Luna) 141 . Esto indica que si bien
la iconografía no refleja necesariamente la realidad de manera directa, el
modelo político expuesto es real y puede ser investigado a partir de otras
fuentes. La conclusión más interesante se desprende, sin embargo, de la
probable función ideológica del motivo de combate.
Lejos de vanagloriar la victoria de un soberano y la reducción de un pueblo por
el otro, la escena intenta transmitir un mensaje de equilibrio en las relaciones
de poder: en la margen derecha manda la mitad de arriba, en la margen izquierda
la de abajo y todos obedecen en última instancia al gobernante supremo de la
margen izquierda. Si una mitad o parcialidad inferior se rebela contra el poder
legítimo puede provocar el caos como aquél de los tiempos míticos cuando el
Guerrero del Búho y la Divinidad Femenina pretendieron adueñarse del mundo.
Nadie debe ingresar armado en la mitad ajena si no quiere terminar como el
Mellizo Terrestre en los dominios del Mellizo Marino. Este equilibrio es
n~cesario puesto que el bien de la comunidad depende de la armonía de las
relaciones entre los habitantes de dos orillas de un río o de dos valles vecinos
e interdependientes, y más aún de la colaboración entre los de arriba y los de
abajo. Solo así la red de canales llevará el agua todos los años y los productos
del mar llegarán a los asentamientos del valle medio.
264 VICUS
mensaje de convivencia, si bien al alto precio de la muerte de miles de
sacrificados.
Lo perennizado en el mensaje mochica no es el gobernante individual sino el
estado como la institución colectiva. Ahora bien las diferentes etnias de la Costa
Norte, algunas por conquista, otras por voluntad propia, habían delegado el
poder a un grupo de señores que gobernaban sobre los Virú y sobre algunos
pueblos Recua y, así como sobre los descendientes de los Salinar y de los
Cupisnique. Es probable que los especialistas alfareros se reclutaran entre estos
últimos, a juzgar por el estilo Mochica I en sus diferentes expresiones regiona-
les. A pesar de la diversidad cultural de los gobernados y por encima de los
embates de la historia, estas elites han sabido mantener íntegra la tradición
ideológica que sirvió de sustento al mecanismo de transmisión del poder y de
la defensa del territorio en el lapso de por lo menos 600 años. Esta estabilidad
institucional junto con la indudable capacidad de organizar grandes obras
públicas nos parece suficiente como para no dudar en utilizar la palabra estago.
El crecimiento territorial, el carácter y grado de centralización del poder, así
como otros aspectos de coyunturas históricas podrían ser examinados, creemos,
por separado.
264 VICUS
mensaje de convivencia, si bien al alto precio de la muerte de miles de
sacrificados.
Lo perennizado en el mensaje mochica no es el gobernante individual sino el
estado como la institución colectiva. Ahora bien las diferentes etnias de la Costa
Norte, algunas por conquista, otras por voluntad propia, habían delegado el
poder a un grupo de señores que gobernaban sobre los Virú y sobre algunos
pueblos Recuay, así como sobre los descendientes de los Salinar y de los
Cupisnique. Es probable que los especialistas alfareros se reclutaran entre estos
últimos, a juzgar por el estilo Mochica I en sus diferentes expresiones regiona-
les. A pesar de la diversidad cultural de los gobernados y por encima de los
embates de la historia, estas elites han sabido mantener íntegra la tradición
ideológica que sirvió de sustento al mecanismo de transmisión del poder y de
la defensa del territorio en el lapso de por lo menos 600 años. Esta estabilidad
institucional junto con la indudable capacidad de organizar grandes obras
públicas nos parece suficiente como para no dudar en utilizar la palabra estago.
El crecimiento territorial, el carácter y grado de centralización del poder, así
como otros aspectos de coyunturas históricas podrían ser examinados, creemos,
por separado.
266 VICUS
171. Botella silbadora asa estribo Mochica IV.
Valle de Moche o Chicama (?).
Museo Bruning, Lambayeque.
vicús y mochica. La figurina de la lámina (Fig. 165) está hecha por un alfarero
mochica que maneja además a la perfección las técnicas de decoración y
acabado pero representa un personaje vicús (Personaje 4 femenino: Fig. 166).
Otro ejemplo de interpenetración de tradiciones es la botella de la Fig. 167 qu~
representa un tema vicús (híbrido iguana-pato) pero en el estilo mochica, teñido
además de influencias del Sur (Departamento de Lambayeque, Cap. IV). La
tradición Virú empieza también a tener un impacto, si bien limitado, sobre el
estilo de la cerámica funeraria (44 7, 449). Hay piezas híbridas como la de la Fig.
449: hecha en un taller Virú que tiene forma de cuerpo y gollete Vicús, técnica
de decoración Virú pero el motivo de inspiración Mochica.
¿Qué pasó en materia política en este periodo? No podemos saberlo con certeza,
pero un razonable número de indicios que acabamos de enumerar sugiere que
el Alto Piura empezó a depender de algún otro centro político. No es quizás
coincidencia que las tumbas de Sipán correspondan justamente a este periodo.
268 VICUS
HISTORIA DE UNA CONQUISTA 269
auriculares Mochica IV (Figs. 89, 90, 379 - 382) se difunde junto con una
tecnología alfarera distinta (alfar Moche Nº 3). Sin embargo observamos una
continuidad en la iconografía (Figs. 89, 90, 379) e incluso ciertos arcaísmos
(Fig. 88: gollete Mochica II e imagen de la Divinidad Marina). El estilo Vicús
se debilita aún más y recibe nuevas influencias Mochica, vg. crecimiento en
altura del gollete en las botellas de asa puente gollete-protoma (Fig. 230) como
reflejo de Mochica IV. Desaparecen los cuerpos-pedestal y con ellos las
representaciones más complejas que incluían a dos personajes.
Captamos en el estilo evidencias de que se incrementa la distancia social entre
los que se definen étnicamente como los vicús y los mochicas. El Personaje 1
está representado en muy pocas variantes: de pie. sentado o como cabeza. En
algunas botellas aparece multiplicado: cuatro figuras itifálicas que miran en
direcciones opuestas (Fig. 50). El incremento drástico de las representaciones
del Personaje 2 con genitales masculinos es también significativo. En Vicús
Tardío B este personaje eclipsa al Personaje l. Recordemos que este motivo
simboliza a la parcialidad vicús dominada y sumisa. El estilo adquiere un sabor
173a. Botella asa estribo. Periodo Vicús-
"popular", lo cual se percibe muy claramente en la fase Vicús Mochica Tardío Mochica Temprano B.
B. Es como si los alfareros especializados hubiesen sido remplazados por Camélido. Alfar Vicús Nº 3, forma
Mo'chica.
aficionados de aldea. Hay mucha imaginación y creatividad, pero las formas de
Museo Bruning, Lambayeque.
cuerpo se inspiran cada vez más en la cerámica utilitaria (cántaros, ollas, Figs.
173b. Botella asa estribo. Periodo Vicús-
50, 176, 429, 430). Las escenas de relaciones sexuales son remplazadas por las Mochica Temprano B.
figuraciones fálicas y testiculares. El gollete alto de las botellas asa canasta, Cabeza de camélido. Alfar Vicús Nº 2,
forma Mochica.
típico del Vicús Tardío B (Figs. 28, 235 - 238) es de hecho también una Museo Bruning, Lambayeque.
representación itifálica.
270 VICUS
HISTORIA DE UNA CONQUISTA 271
272 VICUS
Los cambios observados en el Alto Piura desde los inicios de Vicús Mochica
Tardío concuerdan con los que observa Shimada en las cuencas de Lambayeque
y La Leche 150. Nos referimos a la súbita presencia de rasgos Moche IV y otra
evidencias eventuales de una breve integración Norte - Sur. Nos parece
prematuro opinar sobre la naturaleza de esta integración: ¿Sólo cultural, por el
incremento de los intercambios o también política?.
Cuando en J equetepeque se construye el gran centro de Pampa Grande y en San
José de Moro hábiles alfareros registran la tradición oral mochica aprovechando
las ventajas que les ofrece la pintura de línea fina ([Link]) la provincia mochica
del Alto Piura entra en una paulatina decadencia. No observamos cambios
notorios, ni en arquitectura ni en cerámica, fuera de los enunciados para el estilo
Vicús Tardío B. El estilo Mochica V se introduce tímidamente dejando su
influencia en los formas cónicas de golletes (Figs. 91b, 386) y en la tendencia
"cursiva" algo sobrecargada de la decoración pictórica (Fig. 385). No aparecen,
sin embargo, nuevos motivos ni convenciones.
El centro de Tamarindo se vuelve a reconstruir después de cada daño causado
por el Niño (PaleoEnso\ 51 . El ocaso del estilo Vicús coincide con la aparición
del estilo Piura marcado en sus orígenes por las influencias Mochica y Virú.
Cabe mencionar que las evidencias de la presencia mochica en la costa de Piura
en la fase Mochica V parecen ser más contundentes que en las fases anteriores.
174. Botella silbadora. Periodo Vicús-Mochica
Al mismo tiempo los largos trastornos climáticos del siglo VI d.C 152 impactan
Tardío A. la economía de los pescadores sechuranos. Lo indicaría el brusco ocaso del estilo
Personaje 1 sentado. Alfar Moche Nº 5, Sechura y una sensible disminución en la densidad de los asentamientos. 153 El
forma Vicús-Virú.
Museo Nacional de Arqueología, Antropo- conjunto de factores ambientales y políticos contribuyó entonces al ocaso de
logía e Historia del Perú, Lima. las dos culturas, la Vicús y la Mochica, en el periodo en el que la primera tiene
175. Botella de dos cuerpos y asa puente. ya una connotación abiertamente popular. ¿ Cuáles fueron estos factores
Periodo Vipús-Mochica Tardío A.
Personaje 3? Alfar Moche Nº 5, forma
pÓlíticos? La perspectiva que nos ofrece el Alto Piura es obviamente demasiado
Vicús-Moche. estrecha para contestar esta pregunta. En los tiempos Mochica V, Piura es tan
Museo Nacional de Arqueología, Antropo-
logía e Historia del Perú, Lima.
sólo una de las provincias del estado Mochica del Norte. Este estatus provincial
no cambiará hasta la conquista española.
276 VICUS
Bennett (1938), Fig. 14c, FOGEL (1987), Fig. 29, STRONG y EVANS (1952), Figs. 57-1,8, 58-i,
61-2.
49. SHIMADA y MAGUIÑA (1994), pp. 52-58. Su propuesta no nos convence. El modelo sugerido es
el de convivencia: "en el valle medio de La Leche, los dos grupos contemporáneos simbolizados
por lo que llamamos estilos Gallinazo y Moche, aparentemente mantuvieron una coexistencia
(simbiótica) pacífica desde al menos Moche 1(subrayado nuestro) hasta Moche 111 ..." (op. cit., p.
53). A pesar de ello los autores no mencionan ningún caso de contemporaneidad de los sitios de
elite Virú con los sitios de elite Mochica, similar al de Tamarindo (KAULICKE 1991, 1993, 1994)
donde coexistieron estructuras Vicús y Virú-Mochica. Tampoco presentan datos que sustentarían
la conquista: " ...la población Gallinazo local (subrayado nuestro) aceptó el estilo Moche y sus
consecuentes valores y creencias." (ibid.). La conquista se situaría, en todo caso, en el periodo
anterior a Moche 1 (véase la cita arriba), es decir ¿en los tiempos Gallinazo Temprano, Salinar?
y, si fuese así, ¿con qué estilos se habían identificado los conquistadores y los conquistados?. No
encontramos respuestas a estas preguntas. Los autores demuestran más bien que la cerámica
ceremonial fina Mochica está siempre asociada con la cerámica utilitaria o ceremonial burda Virú;
concluyen por ello: "Que el estilo y el simbolismo Moche fueron más bien exclusivos y estuvieron
asociados con el ceremonialismo de elite que se ve reflejado en los contextos eri que aparecen ... ;
...en el valle medio de La Leche, la mayoría de casos documentados están presentes en las tumbas
(incluyendo una en la base sur del montículo de Huaca Letrada) y en las estructuras ceremoniales
públicas (loe. cit.). Estas últimas observaciones coinciden plenamente con lo que ocurre en Piura
y refuerzan nuestra hipótesis (veáse cap. 111).
50. El concepto de gran estilo utilizado, entre otros, por KROEBER (1957), WILLEY (1962) y
últimamente por EARL (1990) resulta de gran ultilidad, puésto que establece la relación entre los
fenómenos de difusión estilística transétnica y transcultural, la formación de talleres altamente
especializados, el surgimiento de la complejidad social (formación de élites y surgimiento del
estado), y la difusión de idelogías.
51. Aunque es cierto que todos estos rasgos son ajenos a la tradición de Chicama (LARGO 1948),
están presentes en el valle de Virú, vg. LARGO (1945) pp. 6,7 (mono: compárese con LAPINER
(1976), Fig. 260 con pico Virú pero calificado como Salinar de Piura y Fig. 259, asa estribo Mochica
1 de Piura; venado, compárese con la pieza con el pico Virú, dicha Salinar, ibid. Fig. 230),
BENNETT (1939), Fig. 13-i (portador de agua; entierro 4B en el cementerio del Grupo Gallinazo;
junto con la pieza Fig.13-k Mochica 1),15-b (entierro G5a-Adel mismo sitio), así como varias piezas
inéditas de colecciones privadas.
52. Un estudio comparativo global de Mochica I hace mucha [Link] (1967), últimamente citado.
con mayor frecuencia para sustentar las diferencias entre el Mochica Norte y el Mochica Sur, está
confrontando muy pocas piezas escogidas de manera arbitraria con criterios preconcebidos . A
título de ejemplo compárese las piezas citadas en la nota anterior con las siguientes:
53. Por ejemplo LARGO (1948), p.18, (Mochica 1) botellas 2a, 4a, 5a y 6a desde la izquierda;p.19
(Mochica 11),botellas3a y 6a. Compare también con las piezas de probable procedencia del área
Mochica Sur en LAPINER (1976): Figs. 244,253,270,277,284,288 y 239,260 (calificados como
Salinar por las características del cuerpo).
54. Veáse las notas 51-53.
55. DONNAN (1975, 1985, intera/ia), ALVA Y DONNAN (1993), pp.127-141.
56. AL VAy DONNAN (op. cit.), Figs. 138-140; KUTSCHER (1983), Figs. 102,107 (arriba), KUTSCHER
(1977 (1950)), pp. 21, 22; HOCQGUENGHEM (1987), Figs. 83, 84.
57. Veáse también KUTSCHER (1977 (1950)), p. 23 donde los vencidos corren con los vencedores.
58. ALVA y DONNAN /oc. cit.; MAKOWSKI (1994b).
59. Veáse notas 55 y 58; compárese los casos citados con la versión escultórica del sacrificio en
HOCQUENGHEM (1987), Figs. 103, 104.
60. BENSON (1974), Figs. 12-19.
61. HOCQUENGHEM (1987), p.124, Figs. 104-106.
62. Sobre el Tema de Enterramiento: DONNAN y MC CLELLAND (1979).
63. DONNAN (1982), Figs. 22, 23; sobre el tema de Baile de Muertos veáse también Castillo (1989)
y PURIN (1978).
64. HOCQUENGHEM (1987), pp. 138-141.
65. MAKOWSKI (1994b), Lám. VI, Figs. 19-22. BEREZKI N (1982) la denomina "Rayed God", divinidad
radiante.
66. • MAKOWSKI, /oc. cit.
67. Compare nuestro personaje con cara humana: KUTSCHER 1983, Figs. 295, 304, 305;
HOCQUENGHEM 1987, Figs. 98,100,102; de LAVALLEE 1985, p. 156, Fig.115; con cara de ave:
KUTSCHER 1983, Figs. 267,273,303; HOCQUENGHEM 1987, Figs. 101,104,108. Vea también
MAKOWSKI 1984b, Lám. VII, Figs. 32-37.
278 VICUS
93. ALVA y DONNAN, op. cit., pp. 89 - 91, Figs. 92, 93.
94. NARVAEZ (1994), pp. 70 - 74, Figs. 2.5, 2.6, Lám. 1,2.
95. ALVA y DONNAN (1993), Figs. 102-106, 193, 194.
96. ALVA (1988, 1990, 1993), ALVA y DONNAN (1993), DONNAN y CASTILLO (1992, 1994).
97. MAKOWSKI (1994b).
98. MAKOWSKI (1994b) y (1993Ms).
99. La versión más desarrollada de la escena: DONNAN (1975), Fig. 1, (1993), Fig.143, KUTSCHER
(1983), Fig. 299 HOCQUENGHEM (1987), Fig.100.
1OO. Vea DONNAN (1975), Fig. 4, (1978), Fig. 241, HOCQUENGHEM (1987), Fig. 102. La escena
publicada por Me CLELLAND (1990), p. 89, relaciona los episodios de la "Rebelión de los objetos",
de "Navegación" y de "Presentación de la copa". La interpretación: MAKOWSKI (1994b y 1993
Ms).
101. ALVA, ALVA y DONNAN, DONNAN y CASTILLO (/oc. cit.) resaltan con razón el valor simbólico
del metal, particularmente evidente en el caso del entierro de la mujer de San José de Moro. La
mujer sepultada con los atríbutos de la divinidad femenina de aspecto lunar (Mujer Mítica) está
rodeada de objetos de [Link] personaje del entierro 1 (ALVA y DONNAN 1993, p.100) tenía un
lingote de oro encima de la mano derecha volteada para abajo y un lingote de plata sobre la palma
de la mano izquierda volteada hacia arriba.
102. DONNAN (1982a).
103. ALVA y DONNAN (1993), figs 127 - 129.
104. En la colección del BCR hay otros tipos de tocados, VICUS (1987), pp. 126 y 127, y,
particularmente figuras de guerreros arrodillados: p.131, Figs. 451 y 453 (A.C.E. 510 y 512). No
hemos podido comprobar de manera positiva la procedencia piurana y/o autentfcidad de estas
piezas.
105. Por ejemplo KUTSCHER (1983), Figs. 190 y 191 y la divinidad en la escena de la "Rebelión de
los objetos": HOCQUENGHEM y LYON (1980), pi. IV, Fig. 7.
106. Rasgos Salinar tiene la representación escultórica: LAPINER (1976), Fig. 356.
107. Por ejemplo Mellizo Marino: BEREZKIN 1980, pi. l, Fig.1, 3, cangrejo: KUTSCHER 1983, Fig. 250;
pescador: BOURGET (1994), Fig.14.9; cazadores de lobos marinos: KUTSCHER (1983), Figs.
88, 89.
108. Por ejemplo KUTSCHER 1950 (1977), p. 24; HOCQUENGHEM (1987), Figs. 68 - 72.
109. A diferencia del esqu~ma cusqueño (ZUIDEMA 1986, 1990 ínter afia), en Vicús la relación entre
las dos parcialidades dominantes en cada mitad es simétrica: ambos se clasifican como
masculino/masculino. En el modelo de organización del cosmos que plantea la ideología imperial
cusqueña la mitad local está claramente subordinada y se clasifica hurin:
Hanan Qosqo Parcialidad dominante NO (Chinchaysuyu)
(Mitad dominante) Masculino/masculino
Parcialidad dominada NE (Antisuyu)
Masculino/femenino
Hurin Qosqo Parcialidad dominante SO (Cuntisuyu)
(Mitad subordinada)Femenino/masculino
Parcialidad dominada SE (Collasuyu)
Femenino/femenino
11O. KAUFFMANN DOIG (1979), pp. 48-55. Representaciones "eróticas" Mochica, véase también
LARGO (1966).
111. Por ejemplo: KUTSCHER (1983), Figs. 275, 278, 305 y CASTILLO (1989), passim. Compare I8:s
tres categorías de guerreros en nuestra Fig.153 con la escena de baile en el templo, en Donnan
1982, p.109, Fig. 6; MAKOWSKI (1994b y 1993 Ms).
112. Vestido de las mujeres: HOCQUENGHEM y LYON (1980), HOLMQUIST (1992). Vestido de
sacerdotes: MAKOWSKI (1994b).
113. MAKOWSKI (1993 Ms). Combates: KUTSCHER (1955, 1970), SCHULER-SCHOMING (1979,
1981), CUESTA DOMINGO (1972); Caza de venado: DONNAN (1982b); Recolección de
caracoles. BOURGET (1989, 1990); pesca y caza de lobos marinos HOCQUENGHEM (1987),
Figs. 107, 121, McCLELLAND (1990).
114. Vea "Baile de los muertos": DONNAN (1982), p. 108, Figs. 4, 5, pp. 115 - 119, Figs. 14 - 23 y
CASTILLO (1989).
115. A la misma conclusión llega SHIMADA (1994, pp. 360-380) en su reciente evaluación del estado
• de investigaciones sobre el tema.
116. WILLEY (1953); SCHAEDEL (1972, 1985); CONKLIN y MOSELEY (1988); WILSON (1988),
CANZIANI (1989).
117. LARGO (1939); ver también HOCQUENGHEM (1977).
118. EARLE (1991 ), HAAS et al. (1987).
280 VICUS
144. DONNAN(1990), pp. 33-34; BAWDEN(1994), pp. 398, 399 (implícitamente); con reservas
SHIMADA (1994), p. 377, Fig.11.7. Vea también JONES (1979) y SCHAFFER (1985).
145. Manuel Gorriti, Análisis del material malacológico de Pampa Juárez y Yécala, (Ms. 1992); sobre
el camino de intercambios: HOCQUENGHEM (1993).
146. Probablemente se trata de un ser similar al que sirve de medio de transporte para el cuerpo
debilitado del Mellizo Terrestre, v. HOCQUENGHEM (1987), Fig. 129.
147. Vea cap .[Link] fragmentos de cerámica perteneciente a este alfar fueron encontrados por
nosotros en el sitio Loma Negra. En Pampa Juárez el alfar Vicús Nº 2 no está representado.
148. DONNAN y CASTILLO, este volumen; SHIMADA, [Link].
149. Complejo de edificios aterrazados,con rampas y recintos: vg. Huaca de la Luna, UCEDA et al.
(1994), pp. 253-255, Figs. 8.2-5; WILLEY (1953), Fig. 45 (V-149) y el mismo Huancaco, Fig. 44.
La presencia de rampas que llevan directamente a la cima (por lo menos una doble: KAULICKE
(1991), Fig. 6 y la forma alargada otorgan al edificio un toque particular.
150. SHIMADA, op. cit., pp. 380-385.
151. KAULICKE (1993).
152. SHIMADA et al. (1991).
153. Vea arriba y nota 19.
INC.
TRUJILLO : INSTITUTO NACIONAL DE CULTURA - TRUJILLO
MB MUSEO BRUNING
ANEXOS 283
1. GEOGRAFIADE PIURA
CJ O - 500 m.s.n.m.
CJ 500 - 1000 m.s.n.m.
~ 1000 - 2000 m.s.n.m.
~ 2000 - 3000 m.s.n.m.
l!ilD 3000 - 4000 m.s.n.m.
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179. MAPA POLITICO DEL DEPARTAMENTO DE PIURA. Las Salinas 11• ~1
R{o_,:r;..a~.C..
LAMBAYEQUE
ECUADOR
284 VICUS
2. PIURA Y LOS ANDES SEPTENTRIONALES
A San Agust!n
@~~
Nariño
Negativo-Carchi
~ Corrientesmarinas.
ANEXOS 285
2. PIURA Y LOS ANDES SEPTENTRIONALES
ECUADOR ECUADOR
CRONOLOGIA 1--------....-------+------------------
GENERAL TUMBES-CHIRA
COSTA SIERRA BAJOPIURA ALTO PIURA
1'30'0
LAMBAYEQUE LAMBAYEQUE
1206 SICAN TARDIO SICAN TARDIO
900
800
PIURAA, B PIURAA, B HUARI NORTEÑO
700
MOCHICA
600 VICUSTARDIO TARDIO (IV,V)
5'00
400 SECHURA C-E ºº
N-
<(O
za:
::::¡~ MOCHICA
300 <i!>- MEDIO(11,111)
VICUSMEDIO<.9O
::>o
a:w
200 >~
_j
<{
100 DESARROLLOS N MOCHICA
z<{ TEMPRANO (1)
o z co
<{
=> a: VICUS
I <{
100 REGIONALES <{ C) TEMPRANO
o
z
200 =>
1- SECHURA B
300
500 w PANECILLO
I
o
600 I
o
w
700 FORMATIVO a.. ÑAÑANIQUE
800
CHORRERA PAITAC, D.
900 a.c.
(aprox.2900 B.P.)
18:.J. CUALJHú <..,R0N0LOGIC0 COMPARATIVO DE LAS CULTURAS DEL PERU SEPTENTRIONAL Y ECUADOR.
286 VICUS
PERU PERU
CRONOLOGIA
LALECHE-LAMBAYEQUE GENERAL
JEQUETEPEQUE CHICAMA-MOCHE CAJAMARCA
'
HORIZONTE
CHIMU-INCA CHIMU-INCA INCA TARDIO
-a:
<(
SIGAN TEMPRANO HUARI NORTEÑO ::> HORIZONTE
I MEDIO
MOCHICA MOCHICA CAJAMARCA
TARDIO (IV, V) TARDIO (IV, V) MEDIO
VIRU-GALLINAZ0 PERIODO
ºº
N-
<(O TARDIO INTERMEDIO
za:
=:¡ ~ MOCHICA MOCHICA TEMPRANO
<i!>- MEDIO (11,111) MEDIO (I!, 111)
<.?
=>o
a:w
º VIRU-GALLINAZ0 CAJAMARCA
>~ MEDIO TEMPRANO
MOCHICA MOCHICA
ºº TEMPRANO (1)- ºº
NZ
<( <( TEMPRANO (1)
C'·~ ~ 1 za:
--vz 0: ::,:::iC... CAJAMARCA
::)
Q;
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w<( a: a:
-
_J ~
<( w a: INICIAL
> C) 1-- <(
z > CJ 1- <(
z
:::i :::i LAYZON
<( <(
Cf) Cf) SOTERA
HORIZONTE
TEMPRANO
CUPISNIQUE CUPISNIQUE
EXPANSIVO EXPANSIVO
HUACALOMA TARDIO
CERRO BLANCO, IDOLO
ANEXOS 287
3. CULTURAS PREHISPANICASEN PIURA
ECUADQR
~ O!.iebrada
·ws,ros Honda
SULLANA
LAMBAYEOUE
■ Horizonte Temprano.
~ Intermedio Tempram.
184. CULTURAS PREHISPANICAS EN PIURA. SITIOS DEL HORIZONTE TEMPRANO E INTERMEDIO TEMPRANO.
VICUS
288
4. INVESTIGACIONES ARQUEOLOGICAS EN EL ALTO PIURA
5 88 ,-----.-,.....-,.-.,...,.....,....,....,----,--------~-.,....,....,__,..,---,------,-.....,,...,-'7'"'"""r---,,-----,-,-,-------,-~--r....,...,,.--.-----~ 80°00'
1
/ 5°00
"~'
/
/
- ~
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...
.
.. .: .
.. ..: ......
~
•
..
•• • El ~inwenta
·- . .__. _____
9424
185A. AREAS PROSPECTADAS POR LA PUC Y ORSTOM. 1987-1988.
• Batanes
..:::i 2
••••••
·•!• •• Distribución de st!ios en los a/rededores
de vícús y 'rénca/a.-
..
♦
~
• Areas ceremoniales.
• Cementenos.
A Tamarindo.
B Pampa Juárez.
•
.•••. ..
•
C Yécala.
E Vk:ús.
• ♦
F Cºllícús ( ofrendas).
♦
•• ♦
Tierras Duras • G Pavtfas.
• •
- •.
♦
.
.• • -
H Marcagato.
595 6i
290 VICUS
4. INVESTIGACIONESARQUEOLOGICAS EN EL ALTO PIURA
FIG. 185B.
UBICACION DE LOS SITIOS EXCAVADOS Y DE
LOS CEMENTERIOS EN LA MARGEN IZQUIER-
DA DEL RIO PIURA, AL PIE DEL CERRO VICUS.
ANEXOS 291
4. INVESTIGACIONES ARQUEOLOGICAS EN EL ALTO PIURA
Area de Tamarindo: correlaciones estratigráficas de las unidades y sitios excavados por Peter
Kaulicke (según Kaulicke y Makowski (1990), Kaulicke (1991, 1993).
292 VICUS
4. INVESTIGACIONES ARQUEOLOGICAS EN EL ALTO PIURA
1
Area de Yécala: correlaciones estratigráficas y estilísticas entre los contextos excavados por
Hans D. Disselhoff (1971 ), Carlos Guzmán Ladrón de Guevara (según Casafranca y Guzmán
(1964), Eléspuru (1993); cronología del estilo Vicús según Amaro, este volumen), y Krzysztof
Makowski (Kaulicke y ,Makowski (1990).
Período: Vi-14 Sector A Vi-14 Sector B Vi-14 Sector C Disselhoff Guzmán: Vicús 1 Guzmán: Vicús 2 Guzmán: Vicús 4
ANEXOS 293
4. INVESTIGAC/ONES ARQUEOLOGICAS EN EL ALTO PIURA
FIG. 186C.
FECHADOS CARBONO 14 ASOCIADOS A LOS CONTEXTOS
•VICUS Y MOCHICA EN PIURA (FECHADOS NUMERADOS Y
EN AZUL); COMPARACION CON LOS FECHADOS DE CON-
TEXTOS SALINAR, VIRU Y MOCHICA EN OTROS VALLES
C) DE LA COSTA NORTE (FECHADOS EN ROJO, MARCADOS
~ CON LETRAS.). NOS. 1-4, 6-12, 14-16, 18-20 SEGUN
C\:¡
KAULICKE Y MAKOWSKI (1990), LOS RESTANTES SEGUN
KAULICKE (1991) Y SHIMADA Y MAGUIÑA (1994). TODOS
308C
o,;,,,iffe§,) LOS FECHADOS SOBRE CARBON DE MADERA.
294 VICUS
4. INVESTIGACIONES ARQUEOLOGICAS EN EL ALTO PIURA
~ ~
~ ~
""'1 ~ ""'1
ANEXOS 295
5. VICUS:ESTILO Y TIEMPO a. Técnicas de decoración
190. PINTURA POST-COCCION BLANCA SOBRE 191. NEGATIVO. MMP. (COMPARESE CON LA FIG. 17, CON DECORACION PINTADA DE COLOR NEGRO:
ENGOBE ROJO. APLICADO (OJOS) CBCP PSEUDO-NEGATIVO)
192. ENGOBADO PARCIAL, BLANCO SOBRE ROJO. IZQ: VICUS TEMPRANO. DERECHA: VICUS MEDIO. ML 193. PINTURA ROJA PRE-COCCION SOBRE ENGOBE
[Link]
296 VICUS
5. VICUS: ESTILO Y TIEMPO b. Tipos y formas alfareras
194. VARIABILIDAD FORMAL DE LAS BOTELLAS ASA ESTRIBO: VICUS MEDIO A (EXTREMO IZQUIERDO) VICUS MEDIO B (DOS SIGUIENTES) Y VICUS TARDIO A. ML
~~ ..
.
:,- • ,r
..
,
~•) i.,._
195. BOTELLAS ASA ESTRIBO VICUS TARDIO A. ML 196. RELACION FORMAL ENTRE EL GOLLETE COM-
PUESTO Y EL CUERPO BOTELLIFORME DE LAS BO-
TELLAS DE DOBLE CUERPO Y ASA PUENTE. MBCR
197. VARIABILIDAD FORMAL DE LAS BOTELLAS DE DOBLE CUERPO Y ASA PUENTE: 198. VARIABILIDAD FORMAL DE LAS BOTELLAS DE ASA PUENTE LABIO-PROTOMA:
VICUS TEMPRANO (IZQ.) Y VICUS MEDIO A (EXTREMO DERECHO). ML VICUS MEDIO B (IZQ.) Y VICUS TARDIO (DER.) MB
ANEXOS 297
5. VICUS: ESTILO Y TIEMPO b. Tipos y formas alfareras Vicús Temprano
199. BOTELLA SILBADORA DE DOS CUERPOS Y ASA PUENTE. ML 200. BOTELLA SILBADORA DE CUERPO PARALELEPIPEDO Y ASA PUENTE. MNAAH
201. BOTELLA SILBADORA DE DOS CUERPOS Y ASA 202. BOTELLA SILBADORA DE ASA PUENTE GOLLETE 203. BOTELLA DE ASA SEMICIRCULAR GOLLETE-
[Link] COMPUESTO-PROTOMA. CUERPO ANULAR. MB CUERPO. ML
VEANSE TAMBIEN LAS FIGURAS 11-16, 21, 33, 34, 44, 45, 51, 52A, 61,257,264,273,276,285 Y 414.
298 VICUS
5. VICUS: ESTILO Y TIEMPO b. Tipos y formas alfareras Vicús Medio A
208. BOTELLA SILBADORA DE DOS CUERPOS Y ASA PUENTE. CDS 207. BOTELLA SILBADORA DE DOS CUERPOS Y ASA PUENTE. CDS
209. BOTELLA DE DOS CUERPOS ESCUL TORICOS Y 210. BOTELLA SILBADORA DE CUERPO 211. BOTELLA ASA PUENTE DE CUERPO
ASA PUENTE. MB ESCUL TORICO Y ASA PUENTE. MBCR ESCUL TORICO. MB
ANEXOS 299
5. VICUS:ESTILO Y TIEMPO b. Tipos y formas alfareras Vicús Medio A
213. BOTELLA SILBADORA DE ASA PUENTE PICO-FIGURA ACOPLADA. SILBATO INTERNO. MBCR
215. BOTELLA ASA ESTRIBO. MBCR 216. BOTELLA ASA ESTRIBO. ML 217. BOTELLA DE ASA SEMICIRCULAR GOLLETE-
CUERPO. MB
VEANSE TAMBIEN LAS FIGURAS 18-20, 22, 24, 35, 40, 58, 60, 63,247,248,252,254,258,260,277, 307-309, 317, 318, 324, 325 Y 327.
300 VICUS
5. VICUS: ESTILO Y TIEMPO b. Tipos y formas alfareras Vicús Medio B
218. BOTELLAS SILBADORAS DE DOS CUERPOS Y ASA PUENTE (EXTREMOS), 219. BOTELLA DE ASA PUENTE GOLLETE COMPUESTO-FIGURA ACOPLADA. MBCR
BOTELLA DE TRES CUERPOS Y ASA COMPUESTA (CENTRO). ML
220. BOTELLA DE ASA PUENTE LABIO-PROTOMA. MB 221. BOTELLA DE ASA SEMICIRCULAR CUERPO-CUERPO. MBCR
ANEXOS 301
5. VICUS: ESTILO Y TIEMPO b. Tipos y formas alfareras Vicús Medio B
VEANSE TAMBIEN LAS FIGURAS 23, 25, 38, 39, 43, 52B, 54, 240, 242, 244, 251, 255, 259, 267, 269, 288, 291, 293, 294, 298, 302, 305, 322, 328-330, 418-423 ..
302 VICUS
5. VICUS: ESTILO Y TIEMPO b. Tipos y formas alfareras Vicús Tardío A
225. BOTELLA DE DOS CUERPOS Y ASA PUENTE. CTP 226. OLLITAS UNIDAS POR ASA PUENTE Y TUBO
COMUNICANTE. ML
228. BOTELLA DE ASA SEMICIRCULAR LABIO- 229. BOTELLA ASA PUENTE LABIO-PROTOMA. MB 230. BOTELLA ASA SEMICIRCULAR FIGURATIVA Y
PROTOMA. ML CUERPO COMPUESTO. MNAAH
ANEXOS 303
5. VICUS: ESTILO Y TIEMPO b. Tipos y f armas alfareras Vicús Tardío B
237. BOTELLA ASA CANASTA DE GOLLETE AL TO. MB 238. BOTELLA ASA CANASTA DE GOLLETE ALTO. CTP
VEANSE TAMBIEN LAS FIGURAS 26-29, 274,278,281 (IZQ.), 287,313, 428-432, 441.
304 VICUS
6. VICUS: ICONOGRAFIA a. Animales e hibridaciones Felinos
242. BOTELLA ASA PUENTE GOLLETE COMPUESTO- 243. BOTELLA ASA PUENTE GOLLETE COMPUESTO.
PROTOMA. VICUS MEDIO. FELINO MMP VICUS MEDIO A. FELINO. CTP
244. BOTELLA ASA PUENTE GOLLETE COMPUESTO. 245. BOTELLA ASA PUENTE GOLLETE COMPUESTO. 246. BOTELLA ASA ESTRIBO. VICUS MEDIO. FELINO.
VICUS MEDIO B. FELINO. CTP VICUS MEDIO B. FELINO. MB CDS
ANEXOS 305
6. VICUS: ICONOGRAFIA a. Animales e hibridaciones Monos
306 VICUS
6. VICUS: ICONOGRAFIA a. Animales e hibridaciones Monos
VEANSE TAMBIEN LAS FIGURAS 14, 19, 21, 23, 32, 33, 37, 39, 40, 41B, 42, 273-279.
ANEXOS 307
6. VICUS: ICONOGRAFIA a. Animales e hibridaciones Camélidos y cérvidos
257. CIERVO. MB
261. CABEZA CADAVERICA DE CAMELIDO. MMP 262. BOTELLAASA CANASTA CON DECORACIONAPLICADA 263. LOBO DE MAR. MMP
DE OJOS, HOCICOS, BOCASY ALAS QUE NOS
REMITENA DIVERSAS FIGURAS DE ANIMALES. CTP
308 VICUS
6. VICUS: JCONOGRAFIA a. Animales e hibridaciones Aves
264. LORO. MB
VEANSE TAMBIEN LAS FIGURAS 22, 29, 34, 44, 172 C, 423 ..
ANEXOS 309
6. VICUS: ICONOGRAFIA a. Animales e hibridaciones Monos
273. MONO-FELINO CADAVERICO. MBCR 274. PAREJA DE MONOS-FELINO. ML 275. MONO-FELINO CADAVERICO. CDS
310 VICUS
6. VICUS: ICONOGRAFIA a. Animales e hibridaciones Varios
280. ROEDOR-SERPIENTE LLEVANDOSE UNA MANO AL ROSTRO (IZQ.) Y SERPIENTE 281. ROEDORES-SERPIENTE BICEFALOS. CTP
METAMORFOSEANDOSE EN ROEDOR (DER.) MBCR
284. ROEDOR-SERPIENTE (IZQ.) Y PAJARO NO IDENTIFICADO (DER.) MBCR 285. PAJARO NO IDENTIFICADO PARADO SOBRE CIEMPIES BICEFALO. MBCR
ANEXOS 311
6. VICUS: ICONOGRAFIA a. Animales e hibridaciones Varios
312 VICUS
6. VICUS: ICONOGRAFIA b. El Personaje 1
295. FELACION ENTRE LOS PERSONAJES 1 Y 3. 296. TOCANDO ANTARA ML 297. ECHADO DECUBITO VENTRAL AL INTERIOR DE
(DETALLE). CEP. UNA CASA. MBCR
ANEXOS 313
6. VICUS: ICONOGRAFIA b. El Personaje 1
303. CON PATAS DE FELINO. MMP 304. CON DOS CARAS OPUESTAS. MB 305. CON CUELLO LARGO(RASGO ORNITOMORFO) Y
LUNARES DE CERVIDO. MB
306. CON PATAS Y COLA DE AVE. CDS 307. HIBRIDADO CON PATO. MMP
308. CON CUATRO BRAZOS, DOS RODEANDO LOS 309. EXHIBIENDO LOS DIENTES (RASGO 310. CABEZA SEPARADA DEL CUERPO. MB
PEZONES Y DOS A LA ESPALDA. COLMILLOS Y CADAVERICO, COMPARESE CON FIG.310). OJOS
OJOS BULTO ALARGADO. MB ALMENDRADOS. CDS
VEANSE TAMBIEN LAS FIGURAS 11, 12, 16, 18, 20, 22, 32, 43-52, 54, 55, 143, 147 Y 148.
314 VICUS
6. VJCUS: ICONOGRAFIA c. El Personaje 2
311. BOTELLA SILBADORA. VICUS TEMPRANO. 312. DE PIE, SEXO FEMENINO. MNAAH
SODOMIA DE PERSONAJES 1 Y 2. MNAAH
314. RELACION SEXUAL DE LOS PERSONAJES 1 Y 2. 315. ECHADO DECUBITO DORSAL, SEXO FEMENINO. 316. CON MENTONERA. CDS
MBCR MMP
317. ECHADO DECUBITO VENTRAL, CON LUNARES DE FELINO. CDS 318. CON TURBANTE, SEXO FEMENINO. MNAAH
ANEXOS 315
6. VICUS: ICONOGRAFIA c. El Personaje 2
316 VICUS
6. VICUS: ICONOGRAFIA d. Los Personajes 3 y 4
ANEXOS 317
6. VICUS: ICONOGRAFIA d. Los Personajes 3 y 4
318 VICUS
7. MOCHICA: ESTILO Y TIEMPO a. Valles de Moche y Chicama
331. BOTELLA ESCUL TORICA ASA ESTRIBO. ML MOCHICA 1 332a. BOTELLA ESCUL TO RICA ASA ESTRIBO. ML
MOCHICA 11
ANEXOS 319
7. MOCHICA: ESTILO Y TIEMPO a. Valles de Moche y Chicama
320 VICUS
7. MOCHICA: ESTILO Y TIEMPO a. Valles de Moche y Chicama
ANEXOS 321
7. MOCHICA: ESTILO Y TIEMPO b. Valle de Jequetepeque Periodo Mochica Temprano
337. BOTELLA ASA ESTRIBO. DECAPITADOR. ORR. 338. BOTELLA ASA ESTRIBO. INDIVIDUO SENTADO, 339. BOTELLA ASA ESTRIBO. BUHO. LA MINA. INC
INGENIERO. ORR. TRUJILLO
342. BOTELLA ASA ESTRIBO. CONDOR. LA MINA. INC 343. BOTELLA ASA ESTRIBO. FELINO. ORR.
TRUJILLO.
322 VICUS
7. MOCHICA: ESTILO Y TIEMPO b. Valle de Jequetepeque Periodo Mochica Medio
344. BOTELLA ASA ESTRIBO. PEZ 345. BOTELLA ASA ESTRIBO. PEZ 346. BOTELLA ASA ESTRIBO, DISEÑO DE OLAS. ORR.
ANTROPOMORFIZADO DECAPITADOR. SJM. ANTROPOMORFIZADO DECAPITADOR. SJM.
COLECCION PRIVADA.
347. JARRA DE CUELLO EFIGIE. ANIMAL. PACATNAMU 348. JARRA DE CUELLO EFIGIE. ANIMAL, 349. JARRA DE CUELLO EFIGIE. PERSONAJE MITIGO
H45CM1. TUMBA 58. INC TRUJILLO POSIBLEMENTE ROEDOR. PACATNAMU, CON GRANDES COLMILLOS. PACATNAMU,
H45CM1. TUMBA 46. INC TRUJILLO. H45CM1 TUMBA 60. INC TRUJILLO
350. JARRA CARENADA. SIN DECORACION. SJM 351. JARRA ALARGADA. PEQUEÑAS ASAS EN LA 352. JARRA. DECORADA CON BANDAS Y
BASE DEL CUELLO. PACATNAMU, H45CM1 OLAS DISPUESTAS DIAGONALMENTE.
TUMBA 28. INC TRUJILLO SJM.
ANEXOS 323
7. MOCHICA: ESTILO Y TIEMPO b. Valle de Jequetepeque Periodo Mochica Tardío
353. BOTELLA ASA ESTRIBO. DECORACION 354. BOTELLA ASA ESTRIBO. DECORACION 355. BOTELLA EN FORMA DE GOTA. DECORACION
PICTORICA CON ESCENA DE COMBATE MITIGO PICTORICA CON CANGREJOS PICTORICA CON DISEÑO EN FORMA DE "S". ORR
ENTRE A/A PAEC Y PERSONAJE ESFERICO. ORR ANTROPOMORFIZADOS. ORR
356. JARRA. DISEÑO EN RELIEVE DE PATOS CON 357. JARRA. DISEÑO PICTORICO DE OLAS Y LINEAS. 358. CANTARO CUELLO EFIGIE. INDIVIDUO
PICO DE CUCHARA Y GUERREROS. SJM, TUMBA SJM, TUMBA M-U30. INC TRUJILLO TOCANDOSE LA CARA. SJM, TUMBA M-U104A.
M-U30. INC TRUJILLO INC TRUJILLO
324 VICUS
7. MOCHICA: ESTILO Y TIEMPO b. Valle de Jequetepeque Periodo Mochica Tardío
360. OLLAS. EVIDENCIAS DE USO DOMESTICO. SJM. TUMBA M-U41. INC TRUJILLO
361. BOTELLAS. DISEÑOS EN RELIEVE DE AGUILAS BEBIENDO DE UNA COPA. SJM. TUMBA M-U15, M-U30, M-U26. INC TRUJILLO
362. CRISOLES. DECORACION EN RELIEVE DE CARAS DE FELINOS. SJM. TUMBA M-U103. INC. TRUJILLO
ANEXOS 325
7. MOCHICA: ESTILO Y TIEMPO c. Los Mochica en Piura Periodo Vicús-Mochica· Temprano A y B
363. BOTELLA ESCUL TORICA ASA ESTRIBO. CEP 364. BOTELLA ESCUL TO RICA ASA ESTRIBO. MB
365. BOTELLAS SILBADORAS DE ASA PUENTE. MBCR 366. BOTELLA ESCUL TORICA DE PICO Y ASA PUENTE. ML
367. BOTELLA ESCUL TORICA DE ASA LATERAL. 368. BOTELLAS DE GOLLETE CENTRAL Y ASITAS AURICULARES. MBCR
MBCR
326 VICUS
7. MOCHICA: ESTILO Y TIEMPO c. Los Mochica en Piura Periodo Vicús-Mochica Temprano B
369. BOTELLA ASA ESTRIBO. MBCR 370. BOTELLA DE ASA LATERAL. MB 371. BOTELLA DE ASA LATERAL. MB
372. BOTELLA ESCUL TO RICA DE GOLLETE CENTRAL 373. CANTARO DE CUELLO FIGURATIVO. MMP 375. CUENCO CON MANGO FALICO. ML
Y ASITAS AURICULARES. MBCR
374. [Link]
ANEXOS 327
1. MOCHICA: ESTILO Y TIEMPO c. Los Mochica en Piura Periodo Vicús-Mochica Tardío A
376. BOTELLA DE GOLLETE CENTRAL Y ASITAS 377. BOTELLAS DE GOLLETE CENTRAL Y ASITAS AURICULARES. MMP
AURICULARES. MMP
378. BOTELLA, CUENCO Y PLATO HONDO. MMP 379. BOTELLA DE GOLLETE CENTRAL Y ASITAS
AURICULARES. ML
380. BOTELLA DE GOLLETE CENTRAL Y ASITAS 381. BOTELLA DE GOLLETE CENTRAL Y ASITAS
AURICULARES. MB AURICULARES. MMP
328 VICUS
7. MOCHICA: ESTILO Y TIEMPO c. Los Mochica en Piura
382. BOTELLA DE GOLLETE CENTRAL Y ASITAS 383. BOTELLAS DE GOLLETE CENTRAL Y ASITAS AURICULARES. PERIODOS VICUS-MOCHICA TARDIO A (IZQUIERDA,
AURICULARES. PERIODO VICUS-MOCHICA CENTRO) Y VICUS-MOCHICA TARDIO B (DERECHA). MMP
TARDIO B. MMP
384. BOTELLAS DE GOLLETE CENTRAL Y ASITAS 385. BOTELLAS DE GOLLETE CENTRAL Y ASITAS AURICULARES. PERIODO VICUS-MOCHICA TARDIO B. MBCR
AURICULARES. PERIODO VICUS-MOCHICA
TARDIO B. ML
386. BOTELLAS DE GOLLETE CENTRAL Y ASITAS AURICULARES. PERIODO VICUS-MOCHICA TARDIO B. MBCR
ANEXOS 329
8. MOCHICA TEMPRANO EN PIURA: ICONOGRAFIA a. Figuras sobrenaturales
391. DUELO ENTRE EL PERSONAJE DE CINTURONES DE SERPIENTES (MELLIZO TERRESTRE) CON TOCADOS RESPECTIVAMENTE PROPIO (IZQ.) Y DEL GUERRERO DEL BUHO (DER.) Y
LOS DRAGONES "MARINO" (IZQ.) Y TERRESTRE(DER.).
330 VICUS
8. MOCHICA TEMPRANO EN PIURA: JCONOGRAFIA b. Personajes humanos
393. VICTIMA PARA EL SACRIFICIO EN LAS MON- 394. VICTIMA SACRIFICIAL. MBCR
TAÑAS(?). CEP.
~-
-~
~ :·,··.;~;//::
i
395. SACRIFICIO EN LAS MONTAÑAS.
ANEXOS 331
8. MOCHICA TEMPRANO EN PIURA: ICONOGRAFIA b. Personajes humanos
396. ENFERMO(?) MBCR 397. PERSONAJE DE IDENTIDAD Y FUNCION 398. GUERRERO. MBCR
DESCONOCIDAS. MBCR
332 VICUS
8. MOCHICA TEMPRANO EN PIURA: ICONOGRAFIA c. Animales
ANEXOS 333
8. MOCHICA TEMPRANO EN PIURA: JCONOGRAFIA c. Animales
334 VICUS
8. MOCHICA TEMPRANO EN PIURA: JCONOGRAFIA c. Animales
ANEXOS 335
9. CONTEXTOSY ASOCIACIONES
LOS CONTEXTOS QUE PRESENTAMOS A CONTINUA-
CION SON AQUELLOS EXCAVADOS POR CARLOS
GUZMAN Y JOSE CASAFRANCA EN 1964. LA NOMEN-
CLATURA DE LOS CONTEXTOS ES LA ANOTADA POR
DICHOS INVESTIGADORES. LAS PIEZAS SE ENCUEN-
TRAN ACTUALMENTE EN EL MNAAH.
414. SECTOR VICUS 4, TUMBA 5. VICUS TEMPRANO. BOTELLAS SILBADORAS DE ASA PUENTE GOLLETE COMPUESTO-
PROTOMA Y PEDESTAL. ROEDOR-SERPIENTE, CABEZA DE MONO CADAVERICO ORNITOMORFIZADO Y MONO
CADAVERICO.
415. SECTOR VICUS 1, TUMBA 1. VICUS MEDIO A. BOTELLA SILBADORA ESCUL TORICA
DE ASA PUENTE (PERSONAJE 3) Y BOTELLA ASA ESTRIBO DE GOLLETE FIGURA-
TIVO.
416. SECTOR VICUS 4, TUMBA 1. VICUS MEDIO A. ASOCIACION DE UNA BOTELLA DE 417. BOTELLA SILBADORA MOCHE, HALLADA COMO UNICA OFRENDA EN LA TUMBA 4
ASA SEMICIRCULAR VICUS CON UNA BOTELLA ASA ESTRIBO MOCHE l. DEL SECTOR VICUS 2. SILBATO DOBLE AL INTERIOR DE LA CAMARA ACUSTICA.
336 VICUS
9. CONTEXTOSY ASOCIACIONES
418. SECTOR VICUS 1, TUMBA 13. VICUS MEDIO B. BOTELLA ESCUL TORICA DE ASA
PUENTE ASOCIADA A UNA BOTELLA ASA ESTRIBO MOCHE [Link] 4 "PRI-
SIONERO" Y CALABAZA.
419. SECTOR VICUS 1, TUMBA 15. VICUS MEDIO B. OLLA FIGURATIVA, BOTELLA ESCUL TORICA DE ASA PUENTE Y BOTELLA DE ASA PUENTE GOLLETE-PROTOMA VICUS, ASOCIADAS A
UNA BOTELLA ASA ESTRIBO MOCHE [Link] 1 Y 2, MONO LLEVANDOSE UN FRUTO U OBJETO A LA BOCA Y PEZ.
420. SECTOR VICUS 1, TUMBA 2. VICUS MEDIO B. BOTELLAS ESCUL TORICAS DE ASA PUENTE Y OLLA. PERSONAJE 3 Y FIGURA
ZOOMORFA.
ANEXOS 337
9. CONTEXTOSY ASOCIACIONES
421-422. SECTOR VICUS 1, TUMBA 9. VICUS MEDIO B. EL PERSONAJE 3 ESTA REPRESENTADO EN TRES PIEZAS: 421 (DER.) Y
422 (IZQUIERDA, CENTRO). UNA DE ESTAS PIEZAS, LA BOTELLA ASA PUENTE DE DOBLE CUERPO, PERTENECE A UN
ALFAR MOCHICA Y PRESENTA UNA COMBINACION DE RASGOS DE LOS ESTILOS VICUS Y MOCHE (422, IZQ.)
422.
423. SECTOR VICUS 1, TUMBA 11. VICUS MEDIO B. BOTELLA DE ASA SEMICIRCULAR
(CABEZA DE LECHUZA); BOTELLA ASA PUENTE GOLLETE FALICO-PROTOMA,
DE CUERPO ORNITOMORFO, Y FIGURINA DEL PERSONAJE 2.
338 VICUS
9. CONTEXTOSY ASOCIACIONES
427. SECTOR VICUS 4, TUMBA 9. VICUS TARDIO A. BOTELLA ESCULTORICA DE ASA PUENTE, CANTARO DE CUELLO CONVER-
GENTE Y BOTELLA DE ASA SEMICIRCULAR GOLLETE-CUERPO. PAJARO DE CUELLO LARGO, LECHUZA Y CABEZA DE
LECHUZA.
ANEXOS 339
9. CONTEXTOSY ASOCIACIONES
428. SECTOR VICUS 1, TUMBA 19. VICUS TARDIO B. BOTELLAS ASA CANASTA DE GOLLETE ALTO Y BOTELLA DE ASA
PUENTE GOLLETE COMPUESTO-PROTOMA. IGUANA, PATO(?) Y SAJINO(?).
429. SECTOR VICUS 4, TUMBA 10. VICUS TARDIO B. CANTARO DE CUELLO CONVEXO Y 430. SECTOR VICUS 4, TUMBA 7. VICUS TARDIO B. BOTELLA DE ASA PUENTE LABIO
LABIO DIVERGENTE (LECHUZA) Y BOTELLA ASA CANASTA. DIVERGENTE-PROTOMA Y BOTELLA DE ASA CANASTA.
431. SECTOR VICUS 1, TUMBA 16. VICUS TARDIO B. BOTELLAS ASA CANASTA 432. SECTOR VICUS 1, TUMBA 10. VICUS TARDIO B. BOTELLA DE ASA PUENTE LABIO
DE GOLLETE AL TO. DIVERGENTE-PROTOMA Y BOTELLA ASA CANASTA DE GOLLETE AL TO.
340 VICUS
10. TRADICIONESY ALFARESVICUS
ANEXOS 341
10. TRADICIONESY ALFARESVICUS
342 VICUS
10. TRADICIONESY ALFARESVICUS
ANEXOS 343
10. TRADICIONESY ALFARESVICUS
441. CANTARO DE CUELLO FIGURATIVO. ALFAR VICUS Nº 7, CON RASGOS 442. ALFAR VICUS Nº 8. VICUS MEDIO Y TARDIO. ML.
ESTILISTICOS MOCHE. PUC VEASE TAMBIEN LA FIGURA 213.
344 VICUS
11. TRADICIONESY ALFARES:MOCHICA
443. ALFAR MOCHE Nº 4 MBCR.
BOTELLAS DE DOBLE CUERPO Y ASA
PUENTE: MOCHICA 11
ANEXOS 345
11. TRADICIONESY ALFARES:MOCHICA
346 VICUS
12. TRADICIONESY ALFARES:VIRU Alfar VirúNº 1
450. FRAGMENTERIA SITIO Vl-14 (PUC, PROYECTO ALTO l"IURA) 451. CANCHEROS. ML
ANEXOS 347
12. TRADICIONESY ALFARES:VIRU
454. ALFAR VIRU Nº 4. FRAGMENTERIA DEL SITIO Vl-14 Y DE PROSPECCIONES EN LOMA NEGRA. PUCP-"ALTO PIURA".
VEASE TAMBIEN LA FIGURA 373.
348 VICUS
13. ARMAS VICUS Y MOCHICA
4558. [Link] COBRE. TECNICA DEL VACIADO. DE- 456. PORRA, VICUS, COBRE, TECNICA DEL VACIADO. DECORACION ZOOMORFA. DIAMETRO: 13.5 CM. CEP.
CORACIONANTROPOMORFACON INSINUACIONOR-
[Link]: 31 CM. ANCHO: 8.6 CM. MBCR.
457. PORRA. COBRE. MOPAM. 458. PORRAS. VICUS. COBRE, TECNICA DEL VACIA- 459 PORRA. MOCHE. COBRE, TECNICA DEL VACIA-
[Link]: AL TO: 7.3 CM. ESTRELLA: LONG.: DO. DECORACION ZOOMORFA (FRENTE Y PER-
11 CM. CIRCULAR: DIAM.: 6.6 CM. MNAAH. FIL). AL TO: 4.7 CM. DIAM.:5.1 CM. CEP.
ANEXOS 349
14. UTILESVICUS Y MOCHICA
460 CUCHILLAS. VICUS. COBRE, TECNICA DEL VACIADO. DECORACION ZOOMORFA 461. CINCELES. VICUS. COBRE,TECNICA DEL [Link] MAX.: 19.8 CM. LARGO
(LARGO: 12.3 CM.) Y GEOMETRICA (LARGO: 15.8 CM.). MNAAH. MIN.: 7.7 CM. MNAAH.
462. HERRAMIENTAS. VICUS. COBRE VACIADO. LARGO MAX.: 17.8 CM. LARGO MIN.: 12 463. AGUJA. VICUS. COBRE TREFILADO. LARGO 26.8 CM. MNAAH.
CM. MNAAH.
350 VICUS
15. NARIGUERAS Y TOCADOS
464. [Link]. ORO Y PLATA, IZQ.: 8.5 X 6.7 465. NARIGUERASVICUS. ORO Y PLATA. DECORACION EN 466. NARIGUERAS. VICUS. ORO Y PLATA. DE ARRIBA
CM. DER.: 9.5 X 7 CM. INF.: 10.2 X 8.6 CM. MBCR. BANDAS. REPRESENTACIONESZOOMORFAS. HACIA ABAJO: 6.5 X 5.5 CM; 5 X 4.5 CM.; 3.8 X 3.8
SUP.: 8.3 X 5.8 CM. INF.: 6.3 X 4.8 CM. CEP. CM.; 3.6 X 4.3 CM.; 3.4 X 4.1 CM.; 3.3 X 3 CM. CEP.
467. PENACHO. VICUS, COBRE DORADO, LAMINADO, RECORTADO Y PERFORADO. 468. CORONA. VICUS. COBRE DORADO, MARTILLADO Y LAMINADO CON LENTEJUE-
DECORADO CON LENTEJUELAS. MANGO CON HUELLAS DE HILO. ALTO: 24.7 CM. LAS. MBCR
ANCHO: 14.7 CM. MBCR.
ANEXOS 351
16. ELEMENTOSDECORATIVOSDE METALMOCHICA
469. ORNAMENTO EMBLEMATICO. MOCHE. COBRE DORADO. LAMINA CON ROSTRO ANTROPOMORFO, CON UNION
MECANICA. DECORACION CON ENGASTE DE CONCHA MARINA. ALTO: 25.7 CM. ANCHO: 19.7 CM. MOPAM.
470. ORNAMENTO SEMILUNAR. MOCHE. COBRE(?). 471. VARIEDAD DE MASCARAS. MOCHE. COBRE Y
DECORACION ANTROPOMORFA CON COBRE DORADO. IZQ.: 14.5 X 11 CM. SUP. DER.
SERPIENTE BICEFALA. 11.8 X 11.1 CM. MOPAM. 11.1 X 10 CM. INF. DER.: 12.5 X 10 CM. MOPAM.
352 VICUS
17. TECNICASMETALURGICAS
472. TEJUELO. ORO. PESO: 41.200 GR. MBCR. 473. PERFORANDO CON EL PUNZON, MARTILLO,
PUNZON, CINCELES Y LAMINA METALICA.
MNAAH
- .
-
-~
. .
lt
,r
~
475. ARPONES. VICUS, YECALA, TUMBA Nº 11. 476. NARIGUERAS. VICUS. ORO Y PLATA. 477. NARIGUERAS. VICUS. ORO Y PLATA, LAMINADA
COBRE VACIADO EN MOLDE BIVALVO. LONG. DE ARRIBA HACIA ABAJO: 7.6 X 6.2 CM.; Y RECORTADA. DE ARRIBA HACIA ABAJO: 6.5 X
MAX.: 29.5 CM. LONG. MIN.: 17.07 CM. MNAAH. 6.6 X 5.3 CM.; 7.4 X 5.9 CM. CEP 5.7 CM.; 8.8 X 7.6 CM.; 8.5 X 10.3 CM. MBCR.
478. ARAÑAS. MOCHE. COBRE DORADO, LAMINADO, REPUJADO, EMBUTIDO Y RECORTADO. 479. CABEZA DE ZORRO. MOCHE. COBRE. PRESENTA
ALAMBRE DE COBRE A MANERA DE PATAS. LARGO: 4.5 CM. ANCHO: 2.5 CM. MOPAM. ENGASTE DE CONCHA MARINA EN DIENTES Y
OJOS. LARGO: 4.5 CM. ALTO: 7.5 CM. MOPAM.
ANEXOS 353
18. TALLER METALURGICO
~~
l!]]]Jpm
480. PAMPA JUAREZ (VI - 14) UNIDAD A. VISTA GENERAL DE LA EXCAVACION DESDE
EL NORTE (EXCAVACION K. MAKOWSKI).
HORNO ALFARERO
HORNO METALURGICO
FOGON
ZONA DE BASURAL
ARCILLA
FOGON
A
ORIFICIO DE
OXIGENACION
- ARENA
VISTA DE PLANTA
CORTE TRANSVERSAL AA
IQ 20 30 40
~~¡¡;;;;;;;;;a;z""""""""--a-1 • CM
484. CORTE TRANSVERSAL DEL HORNO METALURGICO CON 482. HORNO METALURGICO. DIBUJO DE PLANTA Y PERFIL.
ORIFICIO DE OXIGENACION.
354 VICUS
19. BOTELLAS SILBADORAS: FRECUENCIAS E INTERVALOS
LOS GRAFICOS DE ESTA SECCION SON ALGUNOS [r, AUT0SPEC CH. A 1 1 885FLA1 MAIN Y: 154mV
Y: 160mV RMS LIN 1 1 X: 2. 072kHz
EJEMPLOS DEL ANALISIS DE SONIDO EFECTUADO A X: 1. 50314kHz + 1 0CT L0G REF .OX: 84Hz
IIAVG: 18 1 1 Xr: 1. 988kHz
PARTIR DE LA GRABACION DE LAS NOTAS EMITIDAS
160m
POR LAS BOTELLAS SILBADORAS. ESTO HA SIDO
POSIBLE GRACIAS A UN ANALIZADOR DE SONIDO
BRUEL AND KJER DEL LABORATORIO DE ACUSTICA 140m
DE LA PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATOLICA DEL
PERU.
120m
EN CADA GRAFICO, LAS FRECUENCIAS (AL TURAS)
ESTAN EXPRESADAS EN HERTZ EN EL EJE HORIZON-
TAL, Y LA INTENSIDAD EN EL EJE VERTICAL. 100m
80m
60m
40m
20m
_j \...
2k
100m
80m
60m
40m
20m
2k
160m
140m
120m
100m
80m
60m
(
1
40m
20m
2k
ANEXOS 355
19. BOTELLAS SILBADORAS: FRECUENCIAS E INTERVALOS
100m
80m
60m
40m
20m
~
o
0.6k 0.8k 1. 0k 1. 2k 1. 4k 1. 6k
.
1. 8k
1
2.0k
[Link] OBTENIDA AL TAPAR 3 AGUJEROS DE UNA BOTELLA SILBADORA QUE REPRESENTA AL PERSONAJE 3
ECHADO DECUBITO VENTRAL CON TOCADO FALICO. EL PRIMER AGUJERO ESTA SITUADO EN LA PARTE
SUPERIOR DE DICHO TOCADO. ESTA BOTELLA SE INCLUYE EN EL GRUPO INTERVALICO DE 100 Y 50 CENTS,
AUNQUE LLAMA LA ATENCION UN INTERVALO INTERMEDIO DE APROXIMADAMENTE 70 CENTS. (EXACTAMENTE
100, 72 Y 58 CENTS).
160m
140m
120m
100m
80m
60m ,
40m
J 1
20m
u ✓
___,, \.
o 1 1
[Link] 1. 0k 1. 2k 1. 4k 1. 6k 1. Bk 2.0k
489. FRECUENCIAS OBTENIDAS AL IR TAPANDO SUCESIVAMENTE LOS AGUJEROS DE UNA BOTELLA SILBADORA
QUE REPRESENTA AL PERSONAJE 1 LLEVANDOSE LAS MANOS AL ROSTRO. EN ESTE CASO ENCONTRAMOS
NUEVAMENTE LOS INTERVALOS DE APROXIMADAMENTE 70 CENTS, EN EL MISMO GRUPO TEMATICO
(POSICIONES Y GESTOS RITUALES ASOCIADOS A MUERTE Y SACRIFICIO}.
356 VICUS
19. BOTELLAS SILBADORAS: FRECUENCIAS E INTERVALOS
140m
120m
100ril
80m
60m
40m
20m
'
o . 1 1
25011'1
200m
150m
'100m
50m
o
_/
'------ 1 1 1
491. FRECUENCIAS EMITIDAS POR UNA BOTELLA SILBADORA DE PROTOMA ITIFALICO. LOS INTERVALOS
SON DE APROXIMADAMENTE 50 CENTS. (43, 48 Y 46 CENTS EXACTAMENTE).
ANEXOS 357
19. BOTELLASSILBADORAS:FRECUENCIASE INTERVALOS
140m
120m
100m
1
80m
60m
40m
20m
h
J
\
o
0.6k 0.8k 1. 0k 1. 2k 1. 4k 1. 6k 1. 8k 2.0k
[Link] OBTENIDAS AL TAPAR SUCESIVAMENTE 3 AGUJEROS DE UNA BOTELLA SILBADORA QUE FIGURA
AL PERSONAJE 3"PRISIONERO". LOS INTERVALOS DESCENDENTES SON DE APROXIMADAMENTE 50 Y 33 CENTS
(43, 34 Y 52 CENTS).
140m
120m
100m
80m
60m
40m
V
20m
"'-
o
1. 0k 1. 2k 1. 4k 1.6k 1. 8k 2.0k 2.2k
493. FRECUENCIAS EMITIDAS POR UNA BOTELLA SILBADORA QUE REPRESENTA A UN ROEDOR-SERPIENTE. AL TAPAR
SUCESIVAMENTE 3 AGUJEROS SE OBTUVIERON INTERVALOS DESCENDENTES PERTENECIENTES AL GRUPO
DE 50 Y 25 CENTS (EXACTAMENTE 49, 18 Y 27 CENTS).
358 VICUS
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Registrode Autores
. Christopher B. Donnan
Doctor en Antropología por la Universidad de California, Berkeley, y Magíster
en la materia por la Universidad de California, Los Angeles, [Link]., ha
dedicado toda su vida profesional al estudio de las culturas originarias de la
378 VICUS
Profesor de Estrategia en la Escuela Militar de Chorrillos y en la Escuela ,de
Guerra, así como Vice-Ministro de Relaciones Exteriores. Finalizada su carrera
militar, realizó sus estudios de Arqueología en la Pontificia Universidad
Católica del Perú, en la que se le ha conferido el grado de Bachiller. Ha
efectuado investigaciones sobre los patrones funerarios en Piura prehispánica
así como sobre la situación de la educación en el Perú. Es coautor del libro
"Educación para la Pacificación", publicado por INIDE, Lima.
Edición:
Secretaría de Relaciones Institucionales
Banco de Crédito del Perú
Diseño Gráfico:
Yolanda Carlessi
Anexos:
Krzysztof Makowski, Iván Amaro, Luis Jaime Castillo, Magdalena Diez Canseco y Juan
Antonio Murro (mapas)
Foto grafías:
Daniel Giannoni, con excepción de las siguientes:
Nicole Bernex de Falen, Figs. 2, 5, 6a, 6b, 7a-c y 8.
Luis Jaime Castillo, Figs. 105, 106, 111, 112-117, 344-362.
Christopher B. Donnan, Figs. 100-104, 107-110, 337-343.
Jaime León Olavarría, Figs. 3, 6a, 6c, 10.
Krzysztof Makowski, Figs. 82-85, 480, 484-485.
Mapas:
Luis Jaime Castillo, Mercedes Miranda y Chiongwend Lhi.
Dibujos:
Según Kutscher (1983) Figs. 93b, 94a-d, 154,391; Larco (1938/39) Fig. 155; Donnan (1982)
Fig. 162; Hocquenghem ( 1987) Fig. 395 y dibujos originales de Donna Me Clelland (proporcio-
nados por Luis Jaime Castillo [1991]) Fig. 153 y Krzysztof Makowski (1990) Figs. 481-483,
realizados por Ursula Sánchez, Luis Tokuda, Fig. 136.
Impresión:
Ausonia S.A.
Supervisión de la Impresión: Alejandro Urbano A. y Jorge Illanes O.
Pre-Prensa:
Pilar Marín y Eduardo Ruiz S. con la colaboración de:
El vira Quiróz P.; Elizabeth La Cotera R.; Maritza Gutiérrez G.; Darío Corihuamán C.; José Luis
Pacherres Z.; Carlos Pajuelo M.; Ana María Arone O.; Joaquín Condori H.; Delfín GuadalupeA.;
José Abanto M. y Manuel CalderónB.
Impresión:
Lucas Pacherres F. con la colaboración de:
Rafael Calderón B.; Hipólito Chilque A."; César Coronado A.; Wilfredo Arce y Freddy
Rodríguez L.
Encuadernación:
Nicolás Robles L. con la colaboración de:
Florentino Pilco C.; Manuel Muñoz T.; Erasmo Castañeda A.; Santiago Arpasi H.; Marco
Salazar P.; Wilfredo Estrada R. y Jacinto Llerena.
CREDITOS 381
ESTE LIBRO
SE TERMINO DE IMPRIMIR
EL 6 DE DICIEMBRE DE 1994
EN AUSONIA S.A.
LIMA-PERU
Las secuencias cronológicas de las cerámicas Vicús y Moche muestran que, aunque ambas culturas comparten ciertos elementos formales y decorativos, como el asa estribo y motivos decorativos similares, las diferencias en la cronología y estilo reflejan evoluciones independientes. La cerámica Moche, especialmente durante la fase Moche III y IV, muestra una expansión y uniformidad cultural que no se refleja de la misma manera en la cerámica Vicús, que se desarrolló en un contexto diferente y muestra influencias de otras culturas como Virú . Además, mientras que los Moche presentaban una consistencia estilística mayor debido a un control territorial más amplio, en Vicús se perciben variaciones estilísticas significativas a lo largo del tiempo .
La cerámica Mochica refleja una uniformidad cultural significativa, evidenciada por la consistencia de formas, motivos decorativos, y técnicas de producción, lo cual deriva de un control territorial y administrativo centralizado . Estos elementos logran una cohesión estilística a través de un área geográfica amplia, desde Chicama a Nepeña. En contraste, la cerámica Vicús muestra una mayor variabilidad estilística y técnica, reflejando influencias exteriores como la tradición Virú y una evolución menos centralizada . Esta diferencia sugiere que la cultura Vicús fue más susceptible a influencias externas y desarrolló una diversidad mayor en sus estilos cerámicos.
Las botellas de asa puente de la fase Vicús Medio se caracterizan por tener cuerpos cilíndricos, cúbicos o escultóricos. Los golletes en estas botellas pueden ser figurativos, compuestos o cónicos cortos, y en este último caso presentan un labio biselado y grueso . Además, las botellas de asa puente y gollete compuesto presentan cuerpos lenticulares de altura variable y son fabricadas con técnicas de estirado digital complementario o primario combinadas con anillado . Este contraste con otras fases, como la Vicús Tardío, donde las botellas presentan cuerpos globulares o elipsoide-verticales y un asa semicircular muy arqueada .
Las culturas Vicús y Moche utilizaron el cobre como base para sus aleaciones y produjeron cobre dorado para objetos ornamentales o rituales. Los metalurgistas Vicús emplearon técnicas como el enchapado por reposición electroquímica y por inmersión en fundición para dar un acabado dorado a sus piezas, técnicas que fueron también utilizadas por los orfebres Moche . Estas métodos reflejan un conocimiento de la aleación de metales y simbolismo estético al dotar las superficies de cualidades cromáticas propias del oro .
Las técnicas de manufactura moche influyeron significativamente en el estilo cerámico Vicús, especialmente en el uso de golletes figurativos y compuestos. La influencia formal del estilo Virú, que también está presente en la cerámica Vicús, se manifiesta en la combinación de golletes cónicos cortos y la técnica del anillado, similar a la utilizada en la cerámica Mochica . Además, la pintura roja sobre engobe crema, típica del estilo Moche, se asocia a piezas de estilo Vicús, aunque su incidencia es rara .
Los metalurgistas Vicús utilizaban técnicas como el enchapado de reposición electroquímica y el enchapado por inmersión en fundición para dorar sus objetos. Estos métodos implicaban cubrir el cobre con una capa de oro utilizando soluciones acuosas de minerales corrosivos y oro . El dorado de objetos podría tener significados simbólicos relacionados con el estatus, el poder, o la religiosidad, ya que el color dorado estaría asociado con el oro, material tradicionalmente ligado a deidades solares y a una élite gobernante. Así, el uso del dorado no solo era una técnica estética, sino que tenía implicaciones culturales profundas .
Los patrones de asentamiento y producción cerámica muestran significativas diferencias entre las sociedades Mochica del Norte y del Sur. Mientras que en el Mochica-Sur se evidencia una organización centralizada caracterizada por un gran centro ceremonial y administrativo entre los valles medio y bajo, este patrón no está reflejado en los valles del norte como Jequetepeque y Piura. En estos valles, la cerámica de estilos Mochica III y IV, asociados con la expansión del estado Mochica-Sur, es prácticamente inexistente . Esto sugiere un desarrollo cultural independiente en el norte, con un patrón de asentamiento que no responde a la administración centralizada observada en el sur .
Para estudiar las técnicas metalúrgicas de las culturas Vicús y Moche, se han utilizado metodologías modernas como la reconstrucción experimental de técnicas antiguas. La técnica de enchapado de reposición electroquímica, por ejemplo, ha sido recreada en laboratorios modernos, como el Instituto de Tecnología de Massachusetts, para entender los procesos antiguos de dorado de piezas metálicas . Este tipo de investigación implica el análisis de la composición de las aleaciones y la aplicación de técnicas científicas avanzadas para replicar y entender las cualidades originales de los artefactos antiguos.
Las botellas silbadoras en la cultura Vicús cumplían una función importante en los rituales funerarios, posiblemente más que cualquier otro instrumento. Este uso está respaldado por la notable frecuencia de botellas silbadoras en colecciones y contextos excavados, abarcando todas sus clases formales como asa puente, asa estribo, asa semicircular y asa canasta . Cumplían con características organológicas diversas que sugerían su relevancia en rituales de sacrificio y muerte, ya que también se asocian con motivos geométricos relacionados con prisioneros y figuras felinizadas o de monos cadavéricos .
Los artefactos musicales, como las botellas silbadoras, tenían un papel central en la vida ritual de la cultura Vicús. Su abundancia en las colecciones y contextos excavados sugiere que cumplían funciones rituales clave, probablemente relacionadas con ceremonias funerarias. Aunque otros instrumentos como tambores de cerámica se hallaron en menor cantidad y no en contextos excavados, las botellas silbadoras están abundantemente representadas y muestran una gran diversidad de rasgos organológicos . Esto indica un uso generalizado y posiblemente una función simbólica en los rituales de transición y comunicación con el más allá.