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DOCTOR GABRIEL GARCÍA MORENO,
RECTOR DE LA UNIVERSIDAD CENTRAL
DEL ECUADOR,
1 DE ENERO DE 1857 A 27 DE NOVIEMBRE
DE 1858.
Pensamiento Rectoral de la Universidad Central del Ecuador
CONTENIDO:
CAPÍTULO I
Datos biográficos............................................................. 225
CAPÍTULO II
Estudios universitarios..................................................... 236
233
CAPÍTULO III
La ilustración pública de 1830 a 1860. ........................... 246
CAPÍTULO IV
Rector de la Universidad................................................. 259
BIBLIOGRAFÍA............................................................ 291
Siglo XIX
Pensamiento Rectoral de la Universidad Central del Ecuador
CAPÍTULO I
Datos biográficos
G
abriel Gregorio Fernando José María García y Moreno y
Morán de Buitrón, nació en Guayaquil el 24 de diciem-
bre de 1821. Hijo de Gabriel García Gómez, originario
del pueblo de Villaverde, localizado en las proximidades
de Ponferrada, en el Reino de León, en España. Realizó
sus estudios en Cádiz, en donde además trabajó en la oficina de
su tío Martínez de Aparicio, quien fue secretario del rey Carlos
III. Hacia finales de 1793, Gabriel decidió buscar fortuna en tie-
rras americanas y se embarcó en la fragata “Nuestra Señora de las
Nieves”, la cual llegó a Guayaquil en febrero de 1794, siendo reci-
235
bido por Sebastián de Garaycoa, uno de los nobles de la ciudad,
quien lo recomendó ante las autoridades del puerto, llegando a
ocupar más tarde las funciones de Procurador Síndico en razón
de su título de bachiller en Jurisprudencia.239
Contrajo matrimonio con Mercedes Moreno, hija de Manuel
Ignacio Moreno, Caballero de la orden de Carlos III y regidor
perpetuo del Ayuntamiento de Guayaquil. Con ella tuvo ocho hi-
jos, siendo Gabriel el quinto varón entre ellos.
“Son las diez de la noche, poco más a menos, y de la Noche
Buena, cuando nació un niño, lanzando un pequeño: ¡ah!” que
produjo admiración a las circunstancias y en particular en la que
hacía de obstetriz Ana Catoira de Iglesias, la cual exclamo, “Este
niño será un grande hombre, puesto que no bien nacido ha pro-
239 SÁNCHEZ, Juan Francisco, El doctor Gabriel García Moreno, Guayaquil (folleto),
Imprenta de L. Burgos, 1923, p. 12.
Siglo XIX
Dr. Gabriel García Moreno
rrumpido en grito de valiente, cuando los demás bebés lo que
primero que hacen es llorar”.240
Doña Mercedes fue presa de una epidemia que se hizo gene-
ral en Guayaquil, secándose, como consecuencia de ello la leche
de su seno. Uno de sus hijos por nombre José, de catorce años y
medio, debía llevarlo a las señoras que amamantaban para pedir-
les alimenten a su pequeño hermano.
Hasta la edad de siete años, el crio no tuvo más vestido que
una camisa de guinga, tela de algodón. Imposible calzado para
sus pies. Su padre lloró varias veces al contemplar a su último hijo
en tal situación. Vendió casi todos sus esclavos y ofreció los obje-
tos de plata que eran de propiedad de su familia. Los comprado-
res ponían las cosas en la balanza y pagaban tan sólo por el peso
registrado. Cierto que García Gómez regentaba un latifundio en
Vinces; pero su rendimiento era insustancial en los años en que
nació el niño Gabriel García Moreno, sobre todo para mantener
236 un hogar en donde habían doce hijos, mucho más cuando la fa-
milia cayó en desgracia en razón de que el jefe de hogar era rea-
lista y Guayaquil se había declarado libre de la corona española,
causa por la que los antiguos súbditos fueron perseguidos por las
nuevas autoridades patriotas,241 de allí que la familia García Mo-
reno no fue la excepción. “Para el caso de los españoles que vivían
en la Nueva Granada, particularmente en Quito y Guayaquil, al-
gunos decidieron quedarse en esos lugares; otros se marcharon
a la península; varios partieron al Perú para acogerse donde sus
parientes que tuvieron mejor suerte y prontamente se declararon
adictos al nuevo régimen, por lo que recibieron carta y pasaporte
240 GOMEZJURADO, Severo, Vida del hombre que honra al hombre, Quito, s/e, 1985,
p. 12.
241 Ibid., Sánchez, p. 17.
Tomo I
Pensamiento Rectoral de la Universidad Central del Ecuador
de los mandos republicanos que garantizaba su vida, más no sus
propiedades que fueron incautadas por los independentistas”.242
Con seguridad, este fue el caso de Gabriel García, quien, en
razón de su procedencia española, se vio avocado a pasar penu-
rias económicas; sin embargo, en razón de su gran talento, pronto
fue llamado por los próceres guayaquileños para que se adhiera
a la causa emancipadora, por lo que lo encontramos más tarde
firmando las actas de independencia del 9 de octubre de 1820,
llegando, incluso, a ser designado como alcalde de la ciudad.
Mientras esto ocurría en el mundo de la política, su madre
decidió hacerse cargo de la educación de sus hijos, particular-
mente de Gabriel, el último de sus vástagos, que ya leía y escribía
a los siete años de edad. Augusto Berthe describe a nuestro per-
sonaje como un niño tímido durante su infancia; sin embargo,
su padre poseedor de un fuerte carácter, trató de cambiar su ac-
titud hacia la cobardía, por lo que una noche lo llevó a una sala
solitaria y obscura en donde yacía un cadáver. Su progenitor le
237
ordenó que encendiera con un candil varios cirios que estaban
junto al muerto y pasara varias horas junto al difunto, asunto que
fue cumplido a pesar del temor del niño. Desde aquel día, el pe-
queño dejó de temer a los muertos forjándose en él un espíritu de
audacia e impulsividad”.243
En otra ocasión, señala Gomezjurado, se desató un fuerte
aguacero acompañado de rayos y truenos, el chico estaba pálido
y tapándose los oídos. Su padre lo cogió en vilo y le sacó al bal-
cón cerrando la puerta para que no pudiese volver. Pasada media
hora, se permite su ingreso regresando el chiquitín empapado.-
242 RIVAS, Telmo, Los españoles luego de las revueltas revolucionarias americanas, Mé-
xico, Imprenta de L. del Rosario, 1910, p. 50.
243 BERTHE, Augusto, García Moreno, Presidente de la República del Ecuador, venga-
dor y mártir del derecho cristiano, Tomo I (sexta edición), Paris, Víctor Rataux e hijo,
libreros-editores, 1892, pp. 72-82
Siglo XIX
Dr. Gabriel García Moreno
“¿Te ha sucedido algún mal?”.- “Ninguno”.-“Múdate de ropa, y en
adelante no tengas miedo de los rayo y truenos”.244
El muchacho, lejos de tener ojeriza, tuvo más amor a su pa-
dre. Ocho lustros más tarde, cuando García Moreno ya era presi-
dente del Ecuador, ponderó ante el papa Pío IX el gran amor que
profesó al autor de sus días.245
Estudios primarios
La actitud decidida del menor atrajo la atención del padre
Miguel Betancourt, fraile del antiguo convento de Nuestra Seño-
ra de la Merced de Guayaquil, cuya iglesia se hallaba próximo a
la casa de los García Moreno, se hizo cargo de la educación del
joven Gabriel, quien llegó prontamente a dominar el latín a pesar
de su corta edad, lo que le permitía leer libros piadosos escritos
en este idioma, los cuales eran explicados a sus hermanos y co-
238 nocidos, despertando la curiosidad de sus amigos y vecinos que
dejaron de burlarse de él, en razón de que siempre andaba por la
ciudad en un borriquillo acompañando al único esclavo que su
padre había podido conservar llamado Esteban, con el que hacía
compras y mandados de su madre.246
Entrando a los diez años de su edad, ingreso en una pequeña
escuela con el fin de aprender aritmética de manos de sus profe-
sores Antonio Treviño y José Bolaños. Fue tan brillante su exa-
men final que un amigo de la familia cogió de la mano al niño y lo
condujo a varias casas para que sus moradores gozasen escuchan-
do como el precoz alumno que junto a un maestro, desarrollaba y
resolvía los problemas de aritmética”.
244 Ibid., Gomezjurado, p. 14.
245 CALDERÓN, Miguel Ángel, García Moreno y sus relaciones con el Vaticano, en
Revista de la Curia Diocesana de Cuenca, Cuenca, s/e, 1940, p. 25.
246 Ibid., Sánchez, p. 19.
Tomo I
Pensamiento Rectoral de la Universidad Central del Ecuador
Estudios secundarios
Cuando concluyó sus clases con el padre Betancourt, el joven
García Moreno que ya contaba con quince años de edad, luego de
sortear algunos problemas familiares, recibió apoyo de su abuelo
materno para que pueda trasladarse a Quito a continuar sus es-
tudios, alojándose en casa de las hermanas del citado religioso, a
las que el padre Miguel previamente les había solicitado su ayuda.
Ya en la capital, se matriculó en una especie de colegio de la-
tinidad superior, que por falta de local propio funcionaba en uno
de los compartimientos de la Universidad Central de Quito Su
principal maestro fue Ventura Proaño, quien pronto se dio cuenta
de que su alumno guayaquileño poseía un gran talento, aplica-
ción y cualidades para el mando, razón por la que le nombró su
ayudante tanto para la enseñanza como para la inspección de sus
mismos condiscípulos, haciendo uso del método Lancasteriano,
aconsejado y mandado por el presidente Rocafuerte que a la sa-
zón gobernaba la República en 1836. En esta circunstancia, ma- 239
ñana y tarde corría lista de los trescientos estudiantes confiados a
su vigilancia, haciéndolo de memoria, siguiendo del orden alfa-
bético, sin servirse de ningún catálogo. En igual forma, conocía
los defectos y habilidades de cada uno de ellos.247
Poseía una memoria prodigiosa reflejada en el hecho de que
en una ocasión, los alumnos de su clase fueron invitados a una
ceremonia religiosa en la iglesia de La Merced, para conmemorar
la fiesta de San Pedro Nolasco. Luego de finalizar el acto religioso,
fray Marcos Ortuño, provincial de la orden mercedaria, se dirigió
a los estudiantes hablándoles sobre el poeta Virgilio en una larga
exposición. De vuelta al colegio, el maestro Proaño pidió a los
párvulos recordar alguna de las frases del religioso, ante lo cual
Gabriel repitió con detalles todo el discurso sin perder ningún
247 GOMEZJURADO, Severo, Vida de García Moreno, Tomo I, Cuenca, El Tiempo,
1954, p. 77.
Siglo XIX
Dr. Gabriel García Moreno
dato, lo cual produjo admiración y numerosos comentarios en la
ciudad sobre su gran capacidad memorística.248
Cuando concluyó el curso, García Moreno llegó a dominar
completamente el latín, por medio del cual pudo leer con facili-
dad a los clásicos romanos, sobre todo a Tácito, cuyas páginas his-
tóricas le fueron muy familiares. Vertió al castellano un epigrama
de Marcial. Aprendió de memoria la Eneida de Virgilio, texto que
recitaba con placer y del cual, cuando era mandatario, recordaba
con singular alegría estos episodios de su juventud.249
Al despedirse del plantel, pronunció un pequeño discurso
en presencia del presidente Rocafuerte que gustaba presidir los
actos finales; y lo hizo con este timbre de voz varonil caracterís-
tico suyo, del cual quedó tan cautivado por lo que dispuso que el
adolescente se acerque para hacerle varias preguntas: “¿Cómo te
llamas?”.- Gabriel García Moreno” ¿Dónde naciste?”.- “En Gua-
yaquil”.- “¿Eres hijo de doña Mercedes Moreno”?.- “Si Excmo.
240 Señor”.- El presidente acarició la cabeza del muchacho de cuya
madre no era solo amigo sino pariente, y agregó. ¿“No quisieras
pasar al colegio San Fernando”?.- Con muchísimo gusto si su Ex-
celencia me diese una beca”. El Mandatario calló por entonces
pero no tardó en muchos días en acceder el deseo del peticiona-
rio.250
Ya en el colegio San Fernando de los frailes dominicos, debió
someterse a las normas internas del plantel, que por considerarlas
de curiosidad histórica, las transcribimos:
“El capellán (…) dirigirá la última distribución religiosa del
día, y explicará los domingos el catecismo del abate Peuget. Por
los alumnos internos de beca pagará el tesorero su antigua asig-
248 Archivo del convento de La Merced de Quito, Cartas y varios de los provinciales,
1835-1840. Texto de fray Marcos Ortuño sobre García Moreno, 1835.
249 PÉREZ, Leonidas, García Moreno, el prohombre ecuatoriano, Ibarra, Imprenta de J.
Madera, 1921, p. 70.
250 Ibid., Gomezjurado, Vida del hombre, p. 17.
Tomo I
Pensamiento Rectoral de la Universidad Central del Ecuador
nación, y se cobrarán los réditos situados en las fincas que señala-
ron los fundadores. Los externos no podrán usar el uniforme de
los internos. Ningún colegial podrá salir del Convictorio sino los
domingos, después de la distribución de la mañana; y los días de
fiesta clásica, por la tarde, no pudiendo en caso alguno pernoctar
afuera”.
“Habrán vacaciones generales desde el 31 de julio hasta el 31
de agosto. Además tendrán asueto los días jueves y viernes santo,
los feriados por fiesta cívica, el día del santo titular del colegio y el
del cumpleaños del Presidente de la República”.
“Habrá en el Convictorio las cátedras siguientes: filosofía
moderna, teología, matemáticas puras, física general y matemá-
ticas mixtas, literatura antigua y moderna, geografía, cronología,
historia general y natural, química, mineralogía y botánica. Para
el estudio del Derecho concurrirán los alumnos a las aulas de la
universidad también maestros de la lengua griega, francesa, in-
glesa, y de dibujo”. 241
“A las cinco de la mañana todos los alumnos deberán ser des-
pertados y hecho levantar. Se lavarán cara, manos, pies; asearán
las uñas, etc. A las cinco y media saldrán al ángulo a estudiar. A
las seis estarán a capilla, donde oirán misa. A las siete y media
irán a almorzar al refectorio y luego a descansar. A las ocho vol-
verán al ángulo a estudiar”.
“A las nueve entrarán en sus respectivas aulas. A las diez y
media saldrán a paseo por media hora. De once a una tres cuar-
tos comerán en refectorio, volverán a sus aposentos a reposar. A
la una y tres cuartos al ángulo a estudiar. A las tres a las aulas
respectivas. A las cuatro y media saldrán a paseo. A las cinco des-
canso. A las seis rosario en la capilla, y concluido a estudiar en sus
aposentos. A las siete al aula con el Regente. A las siete y media
cenarán. A las ocho y tres cuartos se tendrá la última distribución
religiosa. A las nueve se acostarán, y podrán tener luz hasta las
Siglo XIX
Dr. Gabriel García Moreno
nueve y media, desde cuya hora se guardara un profundo silen-
cio”.
“El traje para dentro del Colegio será un capote y un ves-
tuario de cualquier género y color. El que debe usar para salir
fuera será pantalón y casaca azul abrochada, cuello derecho con
un libro dentro de dos palmas bordadas de hilo de oro a los dos
extremos del cuello. Botonadura de metal amarillo. Sombrero ne-
gro y redondo. Las armas de la República en un escudo ovalado
de plata, al pecho, pendiente de un listón celeste. Botas o botines
negros”.
“Los colegiales maestros llevarán además un galón de oro de
cinco hilos en la bocamanga. Los colegiales maestros con aula
abierta, gozarán de la beca gratuita y una onza de oro anual por
vía de gratificación”.251
El alumno García Moreno fue obligado a disfrutar de la beca
no de un modo plenamente gratuito, sino encargándose de la en-
242 señanza de la gramática de los cursos inferiores. No sintió dis-
gusto en aceptar este cargo, pues contaba con cerebro y corazón
vigoroso para ello; por otro lado, apreció la oportunidad que se le
ofrecía para profundizar en los conocimientos lingüísticos, apro-
vechándose de los escritos de Andrés Bello sobre la materia.252
Por su conducta intachable y singular aprovechamiento,
desempeñó además el oficio de inspector de disciplina, con un
despejo y autoridad superior, lo cual le permitió tener el apre-
cio y consideración de sus maestros y superiores. Uno de ellos,
Antonio Muñoz, refiriéndose a su alumno decía: “Habiendo sido
mi colegial en la época en que fui Superior del Colegio San Fer-
nando, tengo a bien decirle que fue uno de los primeros y más
distinguidos, por su raro talento y su infatigable aplicación, pues
251 “Reglamento del Convictorio San Fernando de la Orden de Predicadores, 1834”. Ar-
chivo del convento de Santo Domingo de Quito. Cfr. Gomezjurado.
252 Ibid., Gomezjurado, Vida de García… p. 124.
Tomo I
Pensamiento Rectoral de la Universidad Central del Ecuador
me pedía permiso, un mes antes de los exámenes, para pernoctar
estudiando, y lo hacía sin acostarse. Si se reclinaba, era en una
banca de madera, y cuando yo salía a rondar los aposentos, por
no haber dormitorio común, le hallé reclinado en esa dura banca
y con un azafate de agua en que metía los pies para no dormirse.”
“El alumno García Moreno sufría una llaga a la canilla que
no lograba mejoría alguna a pesar de los esfuerzos de los médi-
cos. Un domingo que salían los alumnos a sus casas, vestidos de
uniforme y en grupo, se me presentó, pidiendo le permitiera salir
de capa y solo. Le pregunté el motivo que hubiese para ello. Me
dijo que no mejoraba de la llaga, y que había resuelto hacer un
ejercicio hasta Guápulo y regresar. Conociendo su buena conduc-
ta, no tuve inconveniente y accedí. Así como llegó al Colegio con
la llaga que brotaba sangre, puso un fierro a la candela, y cuando
estaba candente, el mismo se aplicó a la llaga, y con tan valiente
remedio, sanó”. 243
“Decir que sus exámenes y actos literarios eran lindísimos,
es hacer justicia a su mérito. Rara vez se nota que se reúnen la
aplicación y el talento”.
“Solía decir que antes quería morir que ausentarse por el fan-
tasma miedo. Y por eso no hizo caso de los avisos que tuvo de que
le querían asesinar”.253
Más tarde, por su comportamiento ejemplar fue ascendido a
Prefecto General de las Clases, haciéndose respetar tanto de sus
compañeros como de sus maestros, ganándose al mismo tiem-
po la admiración de los superiores del plantel. Desde el punto
de vista humano, participaba en todas las actividades propias del
colegio, actuando con mucha normalidad en los deportes y ac-
tividades sociales; sin embargo, todos se cuidaban mucho en el
253 Informe del maestro Antonio Muñoz al superior del convento de Santo Domingo
sobre el convictorio de San Fernando, septiembre de 1836.
Siglo XIX
Dr. Gabriel García Moreno
comportamiento, ya que Gabriel jamás reprendía con palabras:
bastaba una mirada y un gesto para disciplinarlos.254
Los estudios filosóficos que se realizaban en el colegio San
Fernando eran ambiguos y tradicionales, razón por la que Vicen-
te Rocafuerte, presidente de la República, dispuso se introduzcan
nuevos conceptos sobre la materia, razón por la que al inaugurar
estos nuevos cursos, señaló:
“Por la primera vez, se presentará en nuestras aulas la Filoso-
fía Escocesa, ostentando su mágico influjo en el descubrimiento
de la verdad, renunciando a los penosos métodos de raciocinar.
El mérito de la Filosofía Inglesa en nada disminuye el brillo de los
títulos que nos presenta la Francia en las obras de Dumarsais, del
abate Desbresses, Condillac, Deestut de Tracy y otros ideólogos.
De todos nos aprovecharemos para lograr el cultivo y el progreso
de la razón”.255 Es de suponer que Rocafuerte no pretendía que
los alumnos defendiesen una mezcolanza del espiritualismo es-
244 cocés y del materialismo galo, sino que tuviesen conocimiento de
las diferentes escuelas. Afortunadamente aquella cátedra estaba
desempeñada por el religioso mercedario Manuel Pérez, el cual
seguro que defendería a la filosofía tomista basada en Aristóteles
y adoptada por el escolásticos católicos.
El de religión fue un libro escrito por el protestante inglés
Guillermo Paley, traducido al castellano por gestiones del mis-
mo entusiasta magistrado. Libro inficionado forzosamente con el
veneno herético. Así era el alma de Rocafuerte. Una mixtura de
bueno y malo, de verdades y errores.256
Por otro lado, el mismo mandatario introdujo a partir del 18
de julio de 1840, “la obligatoriedad para que los alumnos de los
254 Ibid., Muñoz, p. 18.
255 BERNAL, Moisés, El Presidente Vicente Rocafuerte y la educación, Cuenca, Edicio-
nes de la Curia Diocesana, 1950 (edición apostillada), BAEP, p. 76.
256 Ibid., Bernal, p. 78.
Tomo I
Pensamiento Rectoral de la Universidad Central del Ecuador
últimos años que estudiaban en el convictorio de San Fernando y
luego en la universidad, tomen las siguientes materias: hidrostáti-
ca, hidrodinámica, mecánica industrial, óptica, electricidad, gal-
vanismo. magnetismo, aplicación del álgebra a la geometría, di-
secciones cónicas, astronomía, cómputo eclesiástico, geografía,
geografía política y geometría práctica”.257
Fue motivado para que siguiera la carrera eclesiástica cuan-
do tenía diez y ocho años, pero desistió de ello, inclinándose más
bien por la jurisprudencia, carrera en la que se inscribió en la
Universidad Central del Ecuador, luego de que Vicente Rocafuer-
te la cambiara de nombre, pues hasta 1835 se llamó Universidad
Central de Quito, la cual fue creada por Simón Bolívar en 1826.
245
257 Ibid., p. 85.
Siglo XIX
Dr. Gabriel García Moreno
CAPÍTULO II
Estudios universitarios
A
fines de julio de 1840, García Moreno, diploma de ba-
chiller en mano, pidió ingreso en la Universidad Cen-
tral, facultad de Jurisprudencia, por no existir la de
Ingeniería, que hubiera sido de su gusto. La de Medi-
cina le gustaba menos todavía. Montó a caballo y viajó
a Guayaquil para disfrutar de las vacaciones en compañía de su
madre y hermanos.
En octubre volvió a Quito y se dirigió a casa de las señoras
Betancourt, donde había de ser huésped por el espacio de seis
246 años, sitio en el cual residió en su tiempo de universitario.
Rector de la universidad era el Dr. Ramón Miño, jurisconsul-
to destacado y uno de los directores de la Academia de Derecho
Práctico. Fue también diputado en algunas legislaturas. Desgra-
ciadamente profesó la falsa doctrina de la supremacía absoluta
del Estado sobre la Iglesia, propugnando que aquel, por su propia
cuenta, podía dispensar de la obligación de los diezmos y primi-
cias, y tenía la incumbencia exclusiva respecto a la censura de li-
bros. Los demás profesores fueron los doctores Joaquín Enríquez,
Ramón Borja y Manuel Checa, inficionados asimismo de aque-
llos, errores que a la razón eran comunes en las naciones latinoa-
mericanas, y aceptados por una gran porción del clero incluso de
su hermano el presbítero Manuel García Moreno. Por contraste
su tío el Arcediano de Lima, Ignacio Moreno, tenía publicados
tres tomos acerca de la supremacía del Papa, que sin género de
duda, leyó Gabriel, así como las loas de esa obra, publicadas por
fray Vicente Solano, Joaquín Olmedo y la prensa de Madrid, esto
Tomo I
Pensamiento Rectoral de la Universidad Central del Ecuador
último gracias a la gestión del seminarista Juan de la Cruz More-
no, sobrino del arcediano y primo hermano de Gabriel.258
El talento, observación y prestigio del joven guayaquileño,
pronto fue bien conocido en la ciudad. Contando con apenas
veinte años, García Moreno escribe una carta a Juan José Flores,
presidente de la República, en donde refleja su gran capacidad
literaria junto con su erudición en el manejo del idioma.
“Excelentísimo Señor.
Gabriel García Moreno, por mi hermano el presbítero cura
propio de la parroquia de Jipijapa y Vicario de ese Cantón, ante
vuestra Excelencia respetuosamente digo: que hago presentación
de los documentos que acreditan que dicho mi hermano ha ser-
vido a la Iglesia el espacio de veinticinco años, desde que recibió
las órdenes menores. Que sirvió interinamente por dos años la
parroquia de Samborondón, y la de Jipijapa, en propiedad por el
tiempo de catorce años, desempeñando la vicaría del Cantón diez
años. Que en Samborondón observó una conducta irreprensible 247
y que se ha conducido del mismo modo en Jipijapa, desempeñan-
do el ministerio parroquial y de vicaria, con general satisfacción,
motivo por el cual obtuvo la más expresiva recomendación de su
Prelado el Ilmo. Sr. Obispo de Guayaquil”.
“Desgraciadamente no acomoda a mi hermano la tempera-
tura del pueblo de su residencia, mientras que el clima benigno
de esta Capital restableció su salud, que teme perder en aquel
temperamento, y por esto que, dejando un beneficio que ofrece
buenas proporciones, aspira a colocarse en el Coro de esta santa
Iglesia, donde cree prestar sus servicios, acreditando al mismo
tiempo su adhesión al Gobierno”.
“Parece ser acreedor a esta gracia, y espera obtenerla de la
piedad de vuestra excelencia, destinándole a una de las Prebendas
258 BENÍTEZ, Luis, García Moreno y la educación (edición de batalla) s/a, s/e, p. 11, Cfr.
Gomezjurado, p. 30.
Siglo XIX
Dr. Gabriel García Moreno
de este Coro, ya sea en una de las vacantes, o en las que hayan
de vacar por las proporciones que se hagan. Mi hermano tiene
un cierto modo un derecho adquirido para esta colocación, pues
habiendo obtenido ya una Prebenda en Guayaquil, se vio en la
necesidad de rehusarla por la misma razón de clima inadaptable
a su salud. Pero el Gobierno Supremo ha calificado ya su mérito,
manifestando su anhelo de emplear a mi hermano en esta carrera,
por considerarle digno de ella; y es justo que corresponda agra-
decido a los deseos del Gobierno, empleándose en el Coro de esta
Capital que le acomoda para su mansión”.
“Por lo tanto a vuestra excelencia suplico se sirva proveer
como solicito, en que recibiré merced y justicia que imploro. Ga-
briel García Moreno”.259
No se conocen los resultados de esta primigenia misiva pú-
blica.
En su carrera universitaria forma un grupo de amigos di-
248 lectos, entre ellos Rafael Pólit, Camilo Ponce, Pablo Bustamante,
Carlos Aguirre Montúfar, Francisco Javier León Chiriboga, Da-
niel Fernández Salvador y Roberto Ascázubi, varios de los cuales
serán sus colaboradores políticos cuando desempeñe la presiden-
cia de la República.
En cuanto a sus estudios, fue “alumno brillante y distingui-
do, polémico, enredista, amigo de largas discusiones filosóficas,
lo que causó disgustos en sus profesores en más de una ocasión,
como la ocurrida con el maestro Nicolás Benítez, a quien incre-
pó por su falta de dominio del latín cuando enseñaba derecho
romano (…) Aprendió además astronomía, matemáticas, inglés,
francés e italiano, con gran dominio de estos idiomas.260
259 Archivo histórico de la Presidencia de la República. Cartas y varios, Gobierno de
Juan José Flores, 1834. (Solicitar Fondo Gabriel García Moreno, hoja No. 18) Cfr.
Gomezjurado.
260 BURGOS, Ismael, Facetas de la vida de García Moreno (edición privada) BAEP, s/a,
s/e, p. 45.
Tomo I
Pensamiento Rectoral de la Universidad Central del Ecuador
En 1844, Flores dispuso que García Moreno sea expulsado de
la universidad por haber sido implicado en varios actos en contra
del presidente; sin embargo, nuestro personaje se defendió vigo-
rosamente y pudo, finalmente, graduarse en 20 de junio de 1844
previa una disertación en el Salón General de la Universidad, en
la cual intervinieron los bachilleres Gabriel García Moreno y Fer-
nando Suárez, bajo la dirección del doctor Agustín Salazar, quien
propició el debate sobre el tema “Las leyes existen en la naturaleza
de la sociedad y de ningún modo dependen de la voluntad del
legislador que no hace otra cosa que indagarlas y escribirlas”. Su
disertación fue brillante, razón por la que uno de los profesores
del Tribunal Dr. Joaquín Enríquez, catedrático de jurisprudencia
práctica, señaló: “Sus intervenciones jamás se limitaron a sólo las
materias designadas, ni menos a dar una razón sencilla de lo es-
tudiado. Su raro juicio le hacía notar lo que debía reformarse para
mejorar las doctrinas prácticas y la secuela de los juicios”.261
Como un caso excepcional, García Moreno no quiso recibir 249
su grado sin antes participar, al día siguiente, en una nueva inter-
vención acompañado de sus compañeros Rafael Pólit, Mariano
Aguilera y Antonio Borrero (futuro presidente de la República,
quien, en corta edad, descollaba también en los estudios de de-
recho). El acto fue presidido por el Dr. Lorenzo Espinosa de los
Monteros y la tesis a discutirse fue: “La Constitución Política de
un Estado y sus poderes ejecutivo, legislativo y judicial”. Luego de
ello aceptó su graduación, recibiendo el siguiente diploma:
“Nos, el Dr. Pedro Antonio Torres, obispo electo de Cuenca,
Rector de la Universidad Central del Ecuador.
Hacemos notorio que, habiendo el Sr. Gabriel García Mo-
reno completado sus cursos de jurisprudencia, con arreglo a los
decretos de la materia, se presentó al examen para recibir la in-
vestidura de Doctor; y en mérito de la aprobación que obtuvo, se
261 Ibid., p. 48. Cfr. Gomezjurado, T. II.
Siglo XIX
Dr. Gabriel García Moreno
le confirió dicho grado el día 26 de octubre de mil ochocientos
cuarenta y cuatro. En cuya virtud mandamos librar el presente
título firmado de nuestra mano, y de dos catedráticos de la Fa-
cultad, autorizado por el Secretario y sellado con el sello de la
Universidad.
Dado en Quito a treinta de octubre de mil ochocientos cua-
renta y cuatro. Dr. Pedro Antonio Torres. El catedrático de Le-
gislación y Economía Política: Dr. Agustín Salazar, Dr. Lorenzo
Espinosa de los Monteros, Dr. Joaquín Enríquez, Secretario”.262
Su pasión por la política fue una de las razones para que el
gobierno de José María Urbina lo desterrara fuera del país. García
Moreno decidió viajar a Europa con el objeto de continuar con
sus estudios de matemáticas, química, física y geología, los que
perfeccionó más tarde (1855-56) en la Universidad de París, bajo
la dirección de maestros tan ilustres como Boussingault, Duha-
mel y otros. En aquella época García Moreno, que ya no estaba en
250 el periodo ordinario de la vida escolar, se sujetó voluntariamente
al más rudo y severo régimen de labor intelectual. A fin de aco-
piar en poco tiempo grandes conocimientos en los más diversos
ramos, como los ya mencionados, las ciencias morales y políticas,
la historia de la iglesia, la organización de Francia y el movimien-
to político, literario, industrial y militar de ese gran país, se ence-
rraba en su habitación de la Rue de la Vieille Comèdie y trabajaba
diez y seis horas, sin dar otro descanso a su espíritu con el fin de
cumplir con el objeto de sus investigaciones.
Uno de sus compañeros, el célebre estadista colombiano Vi-
cente Restrepo, dice de él: “El último año que estuve en Passy lo
dediqué al estudio de las matemáticas superiores, preparándome
con esto a seguir los cursos de la Escuela de Minas de Paris, pues
el señor Fourquet me instaba porque adoptara la carrera de in-
geniería de minas. Fui admitido como alumno de dicho Colegio,
262 Archivo histórico de la Universidad Central del Ecuador. Grados, 1844.
Tomo I
Pensamiento Rectoral de la Universidad Central del Ecuador
a cuyas clases asistí en noviembre de 1855. No me sentía a gusto
ni tenía facilidades para el estudio de las matemáticas: en pocos
días estuve saturado de geometría descriptiva, de mecánica y de
cálculo diferencial. Comprendí que es no era mi vocación; salí
de la Escuela y entré al Laboratorio químico dirigido por el sabio
Pelouze, situado en la calle de Damplum”.
“El primer día que llegué a ese establecimiento se me dio
puesto al lado de un hombre con quien tuve las más cordiales
relaciones, a pesar de las diferencias de edades D. Gabriel García
Moreno. Él estaba entonces desterrado de su patria, y dedicaba
su tiempo a estudios serios. Vestido con la blusa del obrero, él
mismo armaba sus aparatos para la preparación de los cuerpos
simples, la composición y descomposición de las sales, y la obser-
vación de las reacciones químicas. Tuvo la paciencia de enseñar-
me a doblar los tubos de vidrio al calor de la lámpara, a limar y
251
pasar los corchos para adaptarlos a los frascos y redomas, y todas
las manipulaciones preliminares”.
“Desde temprano asistíamos al laboratorio. A la hora de al-
muerzo entrábamos a un modesto restaurante, nos hacíamos ser-
vir un beefteak con papas fritas y berros, y media botella de vino;
esta sencilla refacción, que nos costaba un franco por cabeza, la
tomábamos con apetito de estudiantes. En el curso del día íbamos
al jardín de plantas y allí recibíamos lecciones de Mineralogía de
M. Carlos D’Orbigny, y de Geología de M. Hugard, examinando
con atención las muestras de minerales y de rocas del Museo. Más
de un año vivimos en la grata intimidad que produce la afición a
la ciencia, sin pensar en asomarnos una sola vez a los bailes y los
cafés el barrio latino”.
Siglo XIX
Dr. Gabriel García Moreno
“García Moreno, hombre de vasta ilustración. Muchas veces
le vi discutiendo con aventajados estudiantes, cuestiones de his-
toria y de crítica literaria, o resolviendo problemas matemáticos.
Su carácter levantado y de profundas convicciones le hacía esti-
mar de todos los que le trataban de cerca. Nos separamos en Paris
para no volvernos a ver: yo no he olvidado a este amigo, y él me
dio pruebas de que también había correspondido a mi aprecio”.263
252
263 RESTREPO, Vicente, Apuntes autobiográficos, Bogotá, s/e, 1939, pp. 17 y 17. Cfr.
Tobar Donoso, p. 44.
Tomo I
Pensamiento Rectoral de la Universidad Central del Ecuador
CAPÍTULO III
La ilustración pública de 1830 a 1860
L
as circunstancias que rodearon la primera administra-
ción de Juan José Flores, primer Presidente de la Re-
pública, no fueron propicias, para el desarrollo de la
instrucción pública. Apenas separado el Ecuador de la
Gran Colombia, con lo cual se truncaron los sueños del
Libertador Simón Bolívar, el Distrito de Sur fue objeto de ambi-
ciones personales de parte de militares extranjeros, quienes se
adueñaron del Ecuador, propiciando una lenta y difícil organiza-
ción del nuevo Estado, junto a una grave crisis económica ocasio-
nada por la indisciplina del Ejército, cuyos miembros no tenían
otro afán que lucrar los recursos nacionales para regresar a sus
253
lugares de origen y forjar mejor vida con sus familias; otros, sen-
taron reales en nuestro país logrando vincularse con lo mejor de
los linajes tradicionales del país, cuyos miembros veían en estos
advenedizos motivos de orgullo y distinción al permitir que sus
hijas, sobre todo, se casen con ciertos militares que traían consigo
una fama de héroes de la independencia.
Surgió en seguida la violenta oposición al general Flores,
dirigida por Rocafuerte, oposición que encendió a poco la gue-
rra civil, de la cual no salió el país sino en 1835. En tanto que
la ciencia y la educación, enemigas de las rencillas exteriores o
domésticas, continuaron en completa postración, toda vez que
Flores no tenía mayor interés por atender la instrucción pública,
tal como lo demostró cuando su ministro José Félix Valdivieso
en su informe a la Legislatura de 1831, no determina el número
de escuelas y alumnos, sin embargo se sabe que eran muy pocos
Siglo XIX
Dr. Gabriel García Moreno
y que las primeras eran privadas, por cuanto se sostenían con un
miserable estipendio que pagaba el padre de familia por el hijo o
hijos que enviaba a ellas. Los planteles destinados exclusivamente
a las niñas eran casi desconocidos, y si habían, apenas les enseña-
ban a leer a escribir y rezar.
El religioso Miguel Cervantes de la Orden de Predicadores,
en carta dirigida al prior del convento de Guayaquil el 14 de junio
de 1834, le decía: “… no será posible abrir el próximo año una
sección para la enseñanza de primeras letras a niños pobres de
Quito en vista de que el Gobierno no tiene el menor interés por
apoyar la educación; por otro lado, no existen maestros para pár-
vulos. Los pocos que existen son improvisados y mal preparados,
ya que no tienen una formación para ejercer el oficio de maestros.
Algunos practican oficios y cuando medio han leído alguna obra,
ya se creen en capacidad para enseñar, con lo cual se avizora un
total fracaso (…) no puedo destinar para este fin a ninguno de
254 mis religiosos ya que cada uno de ellos tienen responsabilidades;
y aunque pudiera hacerlo, los niños que desean aprender a leer y
escribir son muy pocos, toda vez que a sus padres lo que les inte-
resa es que aprendan a trabajar en cualquier menester y puedan
asegurar su manutención, razón por la que su asistencia a clases
es muy irregular…”.264
Las personas pudientes pagaban maestros que les enseñasen
a domicilio por cuanto no había escuelas propiamente dichas. No
existían más textos que la cartilla y el cartón, la pizarra era des-
conocida y el papel casi quimérico, supliendo para las primeras
lecciones de escritura, con pencas de maguey, o bien con tablas
en que se espolvoreaba arena para trazar en ella letras y números
con un palito, el método empleado por el maestro corría parejas
con esos utensilios.
264 Archivo del convento de Santo Domingo, Cartas y varios, años 1832-1834, No. 54.
Tomo I
Pensamiento Rectoral de la Universidad Central del Ecuador
En Quito no había más colegio que el de San Fernando de
los religiosos dominicos; los franciscanos pretendieron instaurar
el antiguo colegio de san Buenaventura sin éxito por la falta de
presupuesto, pero sobre todo de maestros. Otros intentos falla-
ron por no tener rentas, buena administración y más aún por
carecer de reglamentos que garanticen la enseñanza. Todo esto
evidenciaba que en el país había una grave carencia de educación
y cultura, con excepción de los establecimientos del Guayas, para
los cuales Flores expidió eficaces disposiciones reglamentarias. El
coronel Santiago Loedel dio también impulso al colegio de Loja.
La universidad, a pesar del celo patriótico por el progreso de la
institución que demostraron sus eminentes rectores, doctores Pe-
dro José de Arteta y José Parreño, no tenía ya el renombre de
antaño.265
Concluida la primera administración de Flores, el país fue
gobernado por Vicente Rocafuerte, quien dio un verdadero im-
pulso a la educación, a la cual consideraba como “salvadora del
255
futuro de la patria”.266 El nuevo mandatario era un pensador ge-
nial, aunque extraviado en algunas de sus ideas político-religiosa.
Había observado con gran sagacidad de las necesidades y dolen-
cias nacionales ¿Existe entre nosotros, -preguntaba en su Men-
saje a la Constituyente de 1835-, esa pura moral de la que nace
el espíritu público? ¿Estamos al nivel de las luces del siglo? No.
¿Hay comodidad, desahogo o instrucción en la masa del pueblo?
No, luego faltan los fundamentos en que debe apoyarse el edificio
democrático, y a esta contradicción que se nota entre las leyes
orgánicas y las circunstancias políticas del país, se debe atribuir
265 SÁNCHEZ, José Miguel, Apuntes sobre la historia de la educación en el Ecuador,
Cuenca, Imprenta de J. Bustillos, 1942, p. 60.
266 BRITO, Sebastián, Discursos y proclamas de Vicente Rocafuerte (mimeografiado),
s/a, BAEP, p. 14.
Siglo XIX
Dr. Gabriel García Moreno
una gran parte de las revoluciones calamitosas que hemos expe-
rimentado”.267
Y en efecto, al gobernante anterior no le interesaba que el
pueblo se eduque, debido a que si lo hacía, corría peligro su esta-
bilidad política y personal. De allí que mantener a los ciudadanos
en la ignorancia era una de las estrategias para evitar el reclamo de
sus derechos como tales, situación que, en cambio, fue modifica-
da por Rocafuerte al que se lo puede considerar como el forjador
de la nacionalidad ecuatoriana, pero sobre todo de la educación,
con la cual esperaba que los habitantes tengan conocimiento de la
gravedad de sus deberes cívicos y de la responsabilidades que van
anexas a su condición de nacionales.
“La Instrucción Pública -proclamaba el presidente en uno
de sus mensajes- , entra en los deberes esenciales del Gobierno,
porque en el momento que el pueblo conoce sus derechos, no hay
otro modo de gobernarlo, sino el de cultivar sus inteligencia, y
256 de instruirlo en el cumplimiento de sus deberes. La instrucción
de las masas afianza la libertad y destruye la esclavitud. Todo
Gobierno representativo que saca su origen de la elección debe
establecer un extenso sistema de educación nacional, gradual e
industrial, que arroje luz sobre la obscuridad de las masas”.268
Con tan nuevo y profundo programa de gobierno y con la
extensa autorización que le dio la Constituyente, por decreto san-
cionado el 25 de agosto de 1835, para que arreglase la enseñanza
pública, comenzó Rocafuerte la reforma, guiado por su vehemen-
cia patriótica y su severidad inflexible que rayaba en beneficiosa
dictadura.
Uno de los primeros pasos del mandatario fue emitir el 20
de febrero de 1836 un decreto orgánico de enseñanza pública, el
cual reemplazaba a la única ley que sobre educación existía y que
267 Ibid. p. 15.
268 Ibid., Brito p. 21.
Tomo I
Pensamiento Rectoral de la Universidad Central del Ecuador
fue promulgada el 6 de agosto de 1821 por el Congreso de Cúcu-
ta, la cual había resultado negativa por la inopia de las munici-
palidades y la ignorancia e inercia de los tenientes parroquiales,
funcionarios oscuros a los cuales se había encomendado la fun-
dación de escuelas de primeras letras.
Este decreto vino a salvar los intereses más vitales del país
condenados a muerte lenta por los planes antiguos e inadecua-
dos que regían los planteles. El decreto encargaba la Dirección
General de Estudios a una Junta compuesta de un doctor en
jurisprudencia, otro en medicina y el tercero en teología, todos
nombrados por el Presidente de la República.
Lamentablemente esta disposición no pudo cumplirse a
cabalidad debido a que en el país no existía conciencia sobre la
necesidad de educarse, razón por la que el gobernante debió ser
muy rígido en su aplicación, llegando, incluso, a multar a los pa-
dres de familia que no enviaban a sus hijos a la escuela.269
La Legislatura de 1837 modificó la referida organización y 257
estableció el cargo de Director General de Estudios, para el cual
fue nombrado el doctor José Fernández Salvador, quien formu-
ló el Decreto Reglamentario de Instrucción Pública que expidió
Rocafuerte el 9 de agosto de 1838, el cual perduró y rigió durante
veinticinco años, a pesar de todos sus errores y vacíos. El regla-
mento completa la organización que imprimió a la enseñanza el
decreto de 1836 primeramente citado, y trae acertada disposicio-
nes sobre la instrucción primaria.270
Para la enseñanza habían las escuelas primarias en donde se
impartía educación religiosa y moral, lectura, escritura, lengua
castellana, aritmética y el sistema de pesas y medidas; luego exis-
tían los colegios en donde se enseñaba dibujo, agrimensura con
269 HIDALGO, Carmen, Rocafurte y la educación, Guayaquil, Jouvin editores, 1965, p.
90.
270 TOBAR DONOSO, Julio, García Moreno y la instrucción pública, Quito, Editorial
Ecuatoriana, 1940, p. 13.
Siglo XIX
Dr. Gabriel García Moreno
otras aplicaciones de la geometría práctica; nociones de física,
historia natural, botánica, agricultura, geografía, historia natural
y extranjera, música, idiomas, teneduría de libros, lógica y prin-
cipios de la Constitución del Estado. Más tarde, el citado Art. 114
del Reglamento, añadía: “No en toda escuela han de abrazarse
precisamente todos estos objetos”, razón por la que la extensión
de la enseñanza se dejaba al criterio de los subdirectores de la
Dirección General de Estudios.
Los colegios debían establecerse en cada capital de provincia,
y, además de las materias comprendidas en la “instrucción se-
cundaria”, había de enseñarse latinidad, humanidades y filosofía
(artículo 38).
Para entrar a las escuelas de latinidad y humanidades bastaba
haber cursado la instrucción primaria (Art.137); y lo mismo para
la admisión en filosofía. La enseñanza de esta materia la daba un
solo profesor en tres años y bajo ese nombre se comprendía la de
258 física, aritmética, álgebra, geometría, trigonometría y religión.271
En cuanto a los estudios universitarios, el doctorado en ju-
risprudencia, medicina y teología se obtenía después de seis años
de estudios; más, para alcanzar el título de abogado o médico era
menester ejercitarse en las prácticas de la profesión durante dos
años, bajo la dirección de maestros en las ramas expresadas del
saber.
Visto desde un punto de vista práctico, las materias que se
pretendía impartir en las escuelas primarias eran incoherentes
con la realidad en la que se desenvolvía la niñez ecuatoriana, tal
como lo señala Vicente Piedrahita, gobernador de Loja, en carta
dirigida al ministro Manuel Sánchez, encargado del Ministerio del
Interior. “Señor Ministro, con el mayor comedimiento me dirijo
a su autoridad para comentarle que será imposible la aplicación
271 Vicente Rocafuerte, “Reglamento General de Educación”, Quito, Imprenta del Estado,
1836, BAEP., Cfr. Tobar Donoso.
Tomo I
Pensamiento Rectoral de la Universidad Central del Ecuador
de las materias que se ha dispuesto sean impartidas en la escuela
de esta ciudad. En primer lugar los maestros no están preparados
para dar clases como exige la norma del Gobierno. Podrán ense-
ñar a su manera cálculo básico, primeras letras y lectura, pero no
lo demás, ya que ellos no tienen formación pedagógica como se-
ría lo conveniente. En Loja hay varios profesores de origen perua-
no formados en las llamadas escuelas secundarias para párvulos,
pero no tienen residencia fija, por cuanto al contratárselos como
maestros, requieren recibir su paga mensual para mantenerse
ellos y sus familias, pero hay el caso del profesor Domingo Flores,
vecino de Piura a quien no se ha cancelado ningún peso desde
hace un año, razón por la que se dedica al negocio de la cascarilla.
Él quiso formar una especie de grupo para enseñar la pedagogía,
pero nadie quiere aprender por la falta de responsabilidad del go-
bierno en el pago de haberes de los maestros (…) Protesto, señor
Ministro y comunico a V.S. que en Loja no se podrá aplicar este
reglamento”.272 Es indudable que esta norma legal fue errónea y, a 259
la larga, fatal para la instrucción pública.
Por otro lado, la división entre escuelas y colegios carecía de
criterio fijo, y no servía sino para despilfarrar energías y recur-
sos pecuniarios, con perjuicio de los planteles secundarios, en
los cuales no se enseñaban muchas veces las materias más indis-
pensables para la formación completa de la juventud debido a la
escasa preparación de los profesores y la permanente escasez de
fondos públicos para su mantenimiento.
Algo que llama poderosamente la atención en cuanto a los
contenidos de este reglamento es la libertad que tenían los alum-
nos para inscribirse en los cursos de materias avanzadas como
filosofía, para la cual se requería de un buen dominio del latín,
razón por la que esta norma permitía que, por ejemplo, un niño
272 Archivo histórico, Presidencia de la República. Ministerio del Interior 1836, Sección
Gobernadores, folio 23.
Siglo XIX
Dr. Gabriel García Moreno
de ochos años, sin haber conocido otras materias básicas, podía
pedir ser admitido en clases de principios constitucionales del
Estado, sin ni siquiera comprender lo que era el derecho. Esta
negligencia demuestra que el citado reglamento constituyó una
burla para la educación, razón por la que Rocafuerte dispuso de
inmediato su cambio, manteniendo, por otro lado, varios artícu-
los que fueron acertados, causa por la que se mantuvieron por
largos años hasta que fueron modificados por García Moreno.
Por considerarlo de interés histórico, transcribiremos la opi-
nión de Pedro Fermín Cevallos:273
“Viniendo ya a dar razón de los sistemas de enseñanza adop-
tados desde que la patria se gobierna como el Poder ejecutivo
del gobierno de Colombia, por autorización del decreto legisla-
tivo de 10 de marzo de 1826. El plan, como era de ser, y como
dado para pueblos que acababan de adquirir independencia, se
arregló al mismo antiguo método a que estaban acostumbrados,
260 y a no ser por el cambio de algunos nombres y la obligación de
enseñarse varias materias correspondientes a las ciencias sociales,
no comprendió propiamente, es la verdad, ningún sistema nuevo
por el cual pudieran producir la enseñanza otro género de ade-
lantamientos. Que el plan tratara o no del estudio de otros ramos
científicos, siguieron los jóvenes dedicados a la carrera de las le-
tras por el mismo carril de ir a parar en la Iglesia, en el foro o en
los anfiteatros de los hospitales”.
“Por el dicho plan, y por algunas cartas reformas o adiciones
que se dieron por el Poder Ejecutivo o el director general de es-
tudios del Ecuador, después de separado de Colombia, siguieron
gobernándose los colegios de la República hasta el 9 de agosto
de 1838, en que el Presidente Rocafuerte dio el Decreto regla-
mentario de instrucción pública. Por desgracia, tampoco este de-
273 CEVALLOS, Pedro Fermín, Historia del Ecuador, III edición, Quito, Imprenta Pa-
tria, 1967, p. 104, Cfr. Tobar Donoso p. 15.
Tomo I
Pensamiento Rectoral de la Universidad Central del Ecuador
creto abraza propiamente un conjunto de partes enlazadas entre
sí, para que fuera completo el todo; y la enseñanza aunque más
bien organizada, siguió siempre mezquina, principalmente con
respecto a la que debía darse en las provincias, y siguió, como
antes, sin comprender otros ramos que los conocidos, y aun estos
con falta de una Cátedra especial para conocer la lengua propia,
aquella sin cuyo conocimiento previo no puede escribirse ningu-
na materia, y de otros de enseñanzas prácticas. Para suplir, a lo
menos, la falta de una de estas últimas, se estableció Academias
de Abogados, a las cuales se impusieron deberes que no podían
desempeñarse por mucho patriotismo que tuvieran sus miem-
bros, pues no fueron estimulados con ningún género de interés,
cuando no honorifico”.
Veamos otras de las notables disposiciones de Rocafuer-
te para el fomento de la instrucción pública. En todos los con-
ventos máximos de Quito, mandó que establecieron escuelas, en
que debía observarse el método entonces en boga de Lancaster 261
o enseñanza mutua; creó en el hospital de Cuenca una cátedra
médica y para ampliar la formación intelectual de los estudiantes
de jurisprudencia y medicina dispuso que asistiesen, respecti-
vamente, a los cursos de humanidades y química y botánica del
convictorio de San Fernando, dio reglas importantes para el es-
tudio científico del latín, procuró que las rentas de los colegios se
administraran con pureza y claridad, ordenó la reconstrucción de
las pirámides de Caraburo y Oyambaro, levantadas por los aca-
démicos franceses y destruidas por el gobierno español, instituyó
un museo de pintura, en que se admiraban numerosos cuadros
de Santiago y Samaniego, y favoreció el arreglo y mejora de la
Biblioteca Nacional
También fue el creador del establecimiento de las escuelas
de obstetricia, militar y de niñas y de los institutos agrario y de
náutica, en Quito y Guayaquil, respectivamente.
Siglo XIX
Dr. Gabriel García Moreno
El colegio de San Fernando, dirigido por los religiosos domi-
nicos, fue secularizado por Rocafuerte, a pesar de la viva protesta
de dichos frailes.
El colegio San Bernardo de Loja, instituido por un ciudadano
patriota, don Bernardo Valdivieso, se había regido hasta entonces
por el reglamento que dictó el Libertador, reglamento que ence-
rraba muchos defectos y vacíos. Rocafuerte procuró levantarlo de
su lamentable estado por medio de uno nuevo, expedido a fines
de su administración.
La educación de la mujer ecuatoriana era mirada con pro-
fundo desdén por todas las categorías de la sociedad. Raras ni-
ñas de la aristocracia recibían instrucción esmerada, y a las del
pueblo no conocían siquiera los rudimentos de la primera ense-
ñanza. Unas pocas concurrían a las escuelas de varones con no-
torio peligro para su vida moral e intelectual. Entre los escasos
planteles propiamente de mujeres, que subsistieron largo tiempo
262 y produjeron óptimos frutos, ha de mencionarse el dirigido por
las religiosas conceptas de esta capital. Rocafuerte comenzó la re-
habilitación de la cultura femenina, obra que había de concretar
García Moreno, asentándola sobre bases más firmes y duraderas.
En su informe a la Legislatura, de 1837, dice: “El suave im-
perio que ejercen las mujeres en las sociedades modernas, y su
constante influjo en la mejora de las costumbres, han fijado la
atención del Ejecutivo, y le han decidido establecer una escuela de
niñas de que siempre ha carecido esta capital. Es tan importante
como nueva empresa, el Gobierno ha encontrado una feliz coo-
peración en el celo por el bien público del Ilmo., señor Obispo, de
acuerdo la autoridad civil con la eclesiástica, ambas han converti-
do la casa del Beaterio, que era antes el asilo del vicio arrepentido,
en la mansión de la inocencia, de la modestia y de las gracias. En
lugar de las beatas que allí existían, se han recogido diez niñas
huérfanas hijas de los mártires de la independencia, y reciben una
educación gratuita, tan buena o mejor que las que hubieran dado
Tomo I
Pensamiento Rectoral de la Universidad Central del Ecuador
sus beneméritos padres. Sesenta y siete señoritas principales asis-
ten diariamente a este colegio, y los rápidos progresos que hacen,
pronostican la futura perfección del bello sexo. Los visibles ade-
lantamientos que se advierten en los diverso ramos de instruc-
ción a que se han dedicado, son debidos al esmero, actividad y
perfecta consagración de un benemérito profesor de los Estados
Unidos, y de la dignísima señora que dirige el establecimiento”.274
Otra de las obras importantes de Rocafuerte en el campo de
la educación, fue la creación de las escuelas de Obstetricia (ads-
crita a la Facultad de Medicina de la Universidad Central del
Ecuador), así como la Militar y de Náutica, y el Instituto Agrario.
Lamentablemente la escuela de Obstetricia, no estuvo bien or-
ganizada por falta de una persona experimentada que la dirija;
sin embargo, para 1839 se reconsidera este asunto y se contrata a
la profesora europea Cipriana Caseneuve, quien es la verdadera
creadora de la escuela de Obstetricia en el Ecuador.
La Escuela Militar se abrió en febrero de 1838, lo cual permi-
263
tió la formación técnica y profesional de los futuros oficiales del
Ejército ecuatoriano.275
El 21 de julio de 1838 se establecía el Instituto Agrario, des-
tinado a formar profesionales en ciencias agrícolas. Lamentable-
mente fue cerrado en 1939 alegando falta de recursos
En el año de 1838 se reunieron varios alumnos y profesores
de la antigua Universidad de Santo Tomás, con el fin de fundar
la Sociedad Filantrópico Literaria, que dio buenos frutos para el
adelanto intelectual de aquella generación. Algunos años duró
ese grupo, pero fue disuelto más tarde por cuanto varios de sus
274 Archivo de la Asamblea Nacional, Vicente Rocafuerte, Informes a la Nación, 1837.
Cfr. Tobar Donoso, p. 19.
275 TAPIA, Amílcar y PAREDES, Hernán, Documentos para la creación de la Escuela
Militar, Quito, IGM, 1991, p. 34.
Siglo XIX
Dr. Gabriel García Moreno
miembros encabezados por García Moreno, se opusieron al go-
bierno de Flores.276
Con el ejemplo de Rocafuerte, en la segunda administración
de Flores, la educación fue atendida de manera especial, tal es así
que el gobernante solicitó a la Legislatura de 1841 y a la Consti-
tuyente de 1843, se incrementen las rentas de las municipalidades
para que cumpla con la ley de 6 de agosto de 1821, razón por la
que en 1841 había ya 130 escuelas de varones y 31 de mujeres,
con 4.523 y 546 alumnos, respectivamente, con la circunstancia
de que los 126 planteles, entre municipales y privados, carecían
de locales, así como de presupuesto permanente, lo cual truncó el
afán para educar a las niñas.277
El ex presidente Rocafuerte, nombrado gobernador de Gua-
yaquil durante la segunda administración de Flores, gestionó la
creación del Colegio Nacional de Guayaquil que en la actualidad
lleva su ilustre nombre, creación autorizada por Flores el 26 de
264 diciembre de 1841 y que después de muchas vicisitudes ocasio-
nadas, entre otras causas, por la falta de fondos, se organizó só-
lidamente en 1848, para lo cual el ex mandatario le dotó de los
suficientes recursos.278
También en Latacunga, el gran filántropo Vicente León,
donó parte de su caudal para establecer un colegio secundario
que ahora lleva su nombre, fundación que se verificó el 7 de mayo
de 1840.
En cuanto al campo de la salud, Flores estableció un anfi-
teatro anatómico en el hospital de Quito, con el cual mejoraron
los estudios en la universidad en el campo de la medicina, cuyas
disertaciones eran muy superficiales.
276 La Sociedad Filantrópica Literaria, Edición anónima, BAEP, 1918, s/e, p. 37
277 MENESES, José, Breve historia de la educación ecuatoriana (mimeografiado) BAEP,
p. 21.
278 ZAMBRANO, Miguel, Breve historia del Colegio Nacional Vicente Rocafuerte de
Guayaquil, Guayaquil, Jouvín Cisneros, 1970, p. 18.
Tomo I
Pensamiento Rectoral de la Universidad Central del Ecuador
Si hacemos una visión del estado en que se hallaba la educa-
ción en los primeros 30 años de vida republicana, veremos que
ésta era meramente teórica debido a que no habían profesores
preparados desde el punto de vista pedagógico; a ello deben su-
marse los problemas económicos para el pago de docentes y man-
tenimiento de los locales escolares, asunto que incluso afectó a
los colegios recién creados, llegando al extremo de que Vicente
Eguiguren, ministro de Flores, pidió al presidente suprimir esos
planteles por el poco rendimiento que demostraban, por lo cual,
según su opinión “se desperdiciaban los pocos recursos del Esta-
do en educar a jóvenes que más tarde irán a las universidades a
estudiar jurisprudencia, engrosando la fila de politiqueros, adu-
ladores y mezquinos servidores del gobierno de turno, sin apor-
tar para nada al crecimiento de la Patria, motivo por el que esos
dineros deben emplearse en buscar nuevas oportunidades para
establecer industrias de la más diferente naturaleza como por
ejemplo hilado de algodón de manera técnica, cerería, productos 265
molineros, producción de tejidos para evitar la costosa importa-
ción, talabartería, curtiembre y cuantas cosas más, con las que
dar trabajo a mucha gente que se dedica tan sólo a los oficios
muy tradicionales, los que al no haber otra opción, generan tan
sólo costumbrismo y ninguna posibilidad de otras formas de vida
que permitan a los ecuatorianos tener un mejor nivel de vida y
progreso”.279
En la Universidad Central del Ecuador las únicas carreras
existentes eran jurisprudencia medicina y teología, las cuales,
como es lógico, habían caído en un nivel de mengua por la gran
cantidad de profesionales que se graduaban, sobre todo en de-
recho. No había opción de estudiar otras especialidades técnicas
por la falta de graduados en agronomía, ingeniería civil, arqui-
279 ITURRALDE, Misael, El Ecuador de la mitad del siglo XIX, Quito, Imprenta de L.
Benítez, 1932, p. 60.
Siglo XIX
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tectura y otras áreas, profesiones tan necesarias para el desarrollo
del país.
Esta situación estaba generada en la deficiencia de estudios,
pero sobre todo en lo que hemos insistido de manera reiterada
vinculada a la carencia de metodologías apropiadas para la ense-
ñanza y el aprendizaje. Faltaban absolutamente útiles de enseñan-
za, pero sobre todo maestros competentes y probos, exceptuando
en algunas capitales de provincia. A ello debe agregarse que los
sueldos de los profesores de escuela eran desde todo punto insu-
ficientes aún para sostener miserablemente la vida de un hombre,
razón por la que nadie deseaba ser maestro, menos consagrarse
a perfeccionar sus conocimientos en las materias que formaban
el programa de las escuelas primarias y estudiar los métodos de
enseñanza, cuando sabían que ser maestro era someterse a una
vida llena de privaciones, oscura y rodeada de todas las angustias
de la escasez y casi de la mendicidad.280
266 Por último, no había inspección eficaz y permanente que
velase por la enseñanza y por la corrección de los vicios de los
planteles ni textos para la instrucción, sumándose a ello la casi
absoluta carencia de tablas y materiales adecuados para la lec-
tura, de compendios para el estudio de la gramática castellana,
aritmética, geografía y demás ramas sobre las que debían darse
en las escuelas nociones generales. Este panorama no era ajeno a
los padres de familia, quienes no tenían ningún interés para que
sus hijos se eduquen, complicándose la situación por cuanto la
instrucción no era obligatoria, causa por la que el analfabetismo
era muy crítico a nivel nacional
A todo este ingrato escenario, se añadió la descabellada de-
cisión de Urbina, a través de su ministro Marco Espinel, al dictar
la Ley de Libertad de Estudios, la cual arruinó en cierta forma los
minúsculos progresos que en el campo de la educación se habían
280 Ibid., Meneses, p. 23.
Tomo I
Pensamiento Rectoral de la Universidad Central del Ecuador
logrado en el país, sobre todo en algunas provincias como Azuay,
Pichincha, Guayas e Imbabura.281
Los legisladores fueron sumisos en cuanto a la aprobación
de esta ley, quienes consideraban que “La primera oposición que
debe hacer este gobierno en cuanto a la educación, es acabar con
la anarquía, con el rompimiento de todos los lazos de la disciplina
escolar, la emancipación del deber de sujetarse a cursos obliga-
torios y a rigurosos planes de enseñanza. El derecho a la impre-
visión de los conocimientos, la licencia, el libertinaje en materia
de instrucción pública. La segunda es en los Estados modernos
la más fundamental de todas las libertades públicas, aquella sin
la cual las demás no tienen razón de ser; el medio de asegurar
sana emulación entre los diversos planteles, para el mejoramiento
progresivo de los métodos pedagógicos y del personal docente;
el acicate primordial, en fin, para que las personas doctas y de-
seosas de difundir los conocimientos, anhelo nobilísimo del alma
humana, establezcan liceos particulares al adelanto nacional. La 267
libertad de enseñanza se coordina sin dificultad con la disciplina
escolar, la asistencia obligatoria a los cursos y la sujeción a los
planes de estudio. El monopolio puede juntarse de la libertad de
estudios no puede nacer la competencia, sino la destrucción, no
el progreso; sino el caos”.
Para justificar tan absurda ley, Urbina decía en su Mensaje a
la Legislatura de 1854: “A juicio del Gobierno, ni el Ecuador llega-
ra jamás hacer una verdadera República, mientras no propague-
mos la instrucción primaria hasta en las más solitarias aldeas; ni
la sociedad tiene el deber de costear las profesiones científicas que
debe buscarlas el individuo, como toda profesión, porque toda
profesión es lucrativa, Os ruego, HH, Senadores y representantes,
que detengáis vuestra ilustrada consideración ante el cuadro que
presenta y los resultados que ofrece la sociedad la creencia, la in-
281 Ibíd., p. 71.
Siglo XIX
Dr. Gabriel García Moreno
justificable y vergonzosa carencia de escuelas en toda la repúbli-
ca, y en el estado lastimoso en que se encuentran las que tenemos,
y que comparéis esos deplorables resultados con los que ofrece la
existencia de los Colegios y el estado de estos, para que conozcáis
el inmenso bien que haríais a la República apropiando las rentas
que de aquellos podáis disponer a la educación primaria, dejan-
do el espíritu de empresa, como en otra parte, el establecimiento
de nuevos colegios y a la posibilidad física e interés particular la
consecución de las ciencias profesionales”.282
En suma, Urbina, en vez de trabajar por la derogación de
la libertad de estudios, lo que quería era suprimir los planteles
oficiales de segunda enseñanza, en beneficio de la primaria. Solo
en defecto de esta reforma, proponía la derogación del decreto
referido.
Cuando Manuel de Ascázubi llegó al poder en 1849, Benigno
Malo, su ministro del Interior trabajó intensamente para reme-
268 diar tan grave mal. Fundó escuelas primarias en varias ciudades;
en igual forma, dispuso que los soldados se eduquen al interior
de los cuarteles, “toda vez que de 100 soldados 80 no sabían leer
ni escribir, con lo cual la ignorancia campeaba en el Ejército, cu-
yos miembros eran enrolados en muchos casos a la fuerza para
conformar un cuerpo militar que se hallaba a disposición de los
gobernantes”.283
Todo esto cambió cuando Gabriel García Moreno llegó al
poder en 1859.
282 Archivo de la Asamblea Nacional, Informes a la nación, Gobierno de Urbina, 1854.
283 CEVALLOS, Miguel Ángel, El Ejército Nacional en el siglo XIX (mimeografiado)
Cuartel de Caballería de Ibarra, 1970, p. 18.
Tomo I
Pensamiento Rectoral de la Universidad Central del Ecuador
CAPÍTULO IV
Rector de la Universidad
E
n marzo de 1850, García Moreno regresó de Europa.
Prontamente fue nombrado profesor de matemáticas y
física en la Universidad Central del Ecuador, tarea que
la desempeñó admirablemente en razón de sus amplios
conocimientos científicos, tal como lo afirma Manuel
Villegas, uno de sus alumnos: “El Doctor García Moreno era un
profesor muy enérgico, exigente y no permitía que en sus clases
los alumnos se distrajeran un instante. Era en extremo puntual,
razón por la que los estudiantes tratábamos de llegar con un buen
tiempo de anticipación para repasar nuestras lecciones, sobre las 269
que el maestro preguntaba con frecuencia. No guardaba prefe-
rencia para nadie, excepto con los más aplicados y estudiosos
(…) Tenía la costumbre de castigar a los alumnos descuidados.
En una ocasión, a un fraile dominico lo hizo arrodillar toda la
clase y lo humilló de tal modo tan sólo por no haber repasado
una lección sobre matemáticas. El agraviado dijo no haber cum-
plido su obligación por el desempeño de sus tareas religiosas, a
los cual García Moreno le replicó: “¡Es usted cura o estudiante de
la universidad! ¡Si más le afanan sus cuestiones conventuales en
las cuales el tiempo sobra, deje usted de asistir a mis clases porque
me molesta su descuido!284
Nuestro personaje, llevado por su entusiasmo y para poner
en práctica sus conocimientos de física y geología, acompañó al
284 Archivo de la BAEP. Cartas y varios, 1854. Período Garciano. Universidad Central
del Ecuador. No. 21
Siglo XIX
Dr. Gabriel García Moreno
geólogo francés Sebastián Wisse a una expedición al Pichincha,
“y descendió hasta una gran profundidad en el cráter principal
del volcán, hallando dos cráteres separados por una colina de es-
corias y terrenos vitrificados, cuyo fondo, en el primero, llega-
ba a la altura de 5.271 varas españolas, y en el segundo, á la de
4.792 sobre el nivel del mar.- Hecha esta atrevida exploración, no
exenta de peligros, escribió un opúsculo científico, conteniendo
sus observaciones geológicas, trabajo que llamó la atención de los
hombres de ciencia en Europa, especialmente del Barón de Hum-
bolt, quien cita este folleto como un trabajo notable en ciencia”.285
Por segunda vez, en 1857, hizo otro estudio científico del
volcán, en el cual se ocupó de preferencia de la temperatura de
los vapores que se elevan del cráter, lo mismo que de tensión a
diversas profundidades. Sobre este viaje, el padre Gomezjurado
comenta: “Dirígense a uno de los picachos. Llegan a las once y
media de la mañana. La niebla les impide ver a quince metros.
270 Poco a poco desde la orilla del cráter comienzan a distinguir algo
en su interior, algo terrible y misterioso. Con todo resuelven in-
troducirse. “Henos aquí, ha escrito Wisse, lanzados como locos
a la empresa más temeraria, y entregados a peligros que tal vez
nunca hombre alguno haya osado enfrentar”.
………..
“Conforme van bajando lentamente, la brisa va desalojando
un poco la niebla, de modo que ya se divisa el fondo del cráter. Ba-
jan más y llegan a una profunda quebrada, larga, angosta, abierta
a la izquierda, y erizada por todas partes de inmensas masas de
piedras caídas de lo alto. Se dan cuenta de que no es solamente
un cráter, sino son dos. Cuelgan el barómetro en una piedra y
notan haber descendido trescientos metros. Continúan bajando
285 DESTRUGE, Camilo, Álbum Biográfico Ecuatoriano, “El Dr. Gabriel García More-
no”, Guayaquil Tipografía El Vigilante, 1904, p. 106.
Tomo I
Pensamiento Rectoral de la Universidad Central del Ecuador
y llegan a un punto más deprimido de la cresta que separa los dos
cráteres”.286
“Los dos aventureros estuvieron a punto de perecer en medio
de gases sulfurosos, rocas inmensas y abismos espantosos. Feliz-
mente lograron salvar sus vidas luego de pasar grandes penurias
antes de volver a subir a los bordes del volcán. García Moreno
recordará más tarde: En 1844 el señor Wisse se salvó por milagro,
a punto de rodar de cabeza en un horroroso abismo… No dudo
que, al bajar setecientos cincuenta metros de rocas, en donde las
manos sirven más que los pies, un solo paso temerario tendría
fatales consecuencias”.
En la ciudad de Quito, la noticia de la increíble hazaña co-
rrió y se propagó de inmediato. Algunos exclamaron al conocer
la descabellada aventura: “Esos dos locos han llegado a conversar
con los diablos del infierno”.287
Los estudios geológicos de García Moreno llamaron la aten-
ción de los sabios. La Sociedad Geológica de Francia le abrió sus 271
puertas, honra que no sabemos se hubiese concedido antes ni
después a otro ecuatoriano, el 17 de noviembre de 1856, a pro-
puesta de los señores d’ Orvigny y Hugard.
“Una carta al doctor Guillermo Jameson, con fecha 13 de
enero de 1858 y publicada en el “Philosophical Journal” de Edim-
burgo, contiene el relato minucioso de esta expedición científi-
ca”.288
Poco después, a fines de diciembre, fue nombrado por las
facultades y doctores como Rector de la Universidad Central del
Ecuador, cargo que sucedía a uno de los profesores más afama-
dos de aquel tiempo, el doctor José Manuel Espinosa. Tenía en
aquel entonces treinta y seis años de edad, siendo para su época,
286 Ibid., Gomezjurado, p. 46.
287 Ibid.
288 Ibid., Destruge, p. 106.
Siglo XIX
Dr. Gabriel García Moreno
el rector más joven que había tenido la universidad. Se posesionó
el 1 de enero de 1857. Este nombramiento coincidía con otras
dos funciones para las que había sido elegido: Alcalde Munici-
pal de Quito, empleo de gran importancia y el de Senador de la
República, por las provincias de Imbabura y Pichincha. Una vez
posesionado de su nombramiento, realizó una profunda trans-
formación en la universidad, basada en su formación europea y
en su nueva concepción de la educación, la cual consideraba era
la base fundamental para el desarrollo del Ecuador. De su pen-
samiento tenemos el antecedente de que luego de su regreso de
Europa, en junio de 1850 se encontró en Panamá con los jesuitas
expulsados de Nueva Granada les pidió que regresen al Ecuador,
constituyéndose en su protector. Con su poderosa elocuencia
convenció a Noboa de la conveniencia de admitirles, burlando
de este modo las intrigas de los generales colombianos Obando y
López, temerarios enemigos de aquellos religiosos. Para ello es-
272 cribió su célebre “Defensa de los Jesuitas”, quienes fueron siempre
destacados educadores.
“En ninguna forma de gobierno es tan importante la ins-
trucción pública como en la democracia, porque si el pueblo es
corrompido, su soberanía es la omnipotencia del mal; y si es ig-
norante, su libertad es una quimera peligrosa, es la libertad de un
ciego que camina a la aventura al borde de un abismo. Por, esto,
como republicano por convencimiento y demócrata de corazón,
he deseado vivamente que la luz de la civilización cristiana di-
funda sus rayos en nuestro horizonte tenebroso, y me creí feliz el
día en que los jesuitas respiraron el aire de mi Patria, persuadido
con razón de que contribuirían eficazmente a destruir la ignoran-
cia en que nos dejó el régimen colonial y la corrupción que nos
han legado cuarenta años de guerra y anarquía. Si alguna vez hay
entre nosotros un Gobierno que sepa dar impulso a nuestra im-
perfecta y decadente instrucción pública, y la extienda por todos
los ángulos del Estado, al alcance del pobre y del desvalido, un
Tomo I
Pensamiento Rectoral de la Universidad Central del Ecuador
Gobierno que, respetando la religión y la humanidad, no permita
que la oprimida y numerosa raza indígena siga, como hasta aquí,
reducida a la clase de envilecidos parias, sin más derechos polí-
ticos que el privilegio exclusivo del tributo y los honores de ani-
males de carga, un Gobierno que se proponga cerrar la era de los
trastornos, de las dictaduras y de las proscripciones y hacer que
el país prospere a la sombra de una paz dichosa, un Gobierno, en
fin, que se avergüence de que el nombre ecuatoriano sea la befa
de la América y el desprecio de la Europa, dirá a la Compañía de
Jesús. “ID y enseñad”. Despertad al pueblo del letargo del em-
brutecimiento, abrid los ojos de este soberano dormido, para que
no se deje arrebatar el cetro, difundid el saber y la piedad desde
las playas del Pacifico a las orillas del Amazonas, llamad al seno
de la fe y de la vida social las tribus salvajes que pueblan nuestra
selvas orientales, y preparad en las generaciones nacientes la fu-
tura felicidad de este país desgraciado. Entonces si por el influjo
civilizador del cristianismo, las discordias civiles desaparecerían, 273
o lo menos perderían el carácter de encono o furor con que hoy
se ostentan, el pueblo tendría voluntad y fuerza, terminara la so-
beranía del sable, y el árbol de la libertad no fuera un árbol de
bayonetas”.289
Más tarde, en el periódico “La Nación”, escribiría: “Y una
de nuestras ideas es que la ventura de una nación consiste en el
desarrollo constante de los elementos civilizadores, que no hay
civilización si no progresan simultáneamente la sociedad y el in-
dividuo, que no existe progreso social donde se desconocen las
mejoras materiales donde la miseria devora la población y donde
la industria revolucionaria es el seguro medio de enriquecerse; y
que es imposible el progreso individual cuando en brazos de la
ignorancia yace adormecida la inteligencia y cuando doctrinas
289 FORBONI, Hans, Los jesuitas en América, Madrid, Nueva Era, 1980, p. 115.
Siglo XIX
Dr. Gabriel García Moreno
desorganizadoras van relajando los vínculos de la moral y apa-
gando rápidamente la brillante antorcha de la fe religiosa”.290
Ya ejerciendo el rectorado, uno de los primeros errores que
existían en el campo de la educación y que trató de enmendar, fue
el relacionado con la libertad de estudios impuesta desde hace
varios años por José María Urbina, lo cual era un obstáculo para
cualquier reforma. Al respecto, el doctor Miguel Egas, eminente
médico que ejercía en 1857 el Vicerrectorado de la Universidad
Central, señaló “A lo dicho en el informe que emitió este Recto-
rado en el año anterior sobre los funestos efectos de la libertad
de estudio, basta añadir por ahora, que ni aún el Legislador que
hubiese tenido el designio de echar por tierra nuestra naciente
educación literaria, hubiera excogitado un medio más eficaz y tan
apropiado como esta ley, para haber realizado sus deseos en tan
274 poco tiempo; puesto que, a consecuencia de ella hemos observa-
do desiertas las aulas, protegido el ocio, malogrados ciertos talen-
tos, relajaba la moral de los alumnos y autorizada la vagancia, ni
los catedráticos han podido conducir a la juventud por el sendero
del haber, porque la ley al no exigir a los cursantes la asistencia a
las aulas, ni el certificado de su buena conducta, ha ensanchado
el campo de la disipación en donde las ciencias han encontrado
su sepulcro”.291
El mismo García Moreno, después de palpar durante un año
más de deserción de los estudios, la bancarrota de la disciplina y
la imprevisión de los exámenes, protestaba contra aquella sinies-
tra anarquía de la enseñanza con su acostumbrada energía, en el
informe correspondiente a 1858.
290 Periódico La Nación, Quito, 1857, BAEP
291 Archivo histórico UCE, Informes al Gobierno, 1857.
Tomo I
Pensamiento Rectoral de la Universidad Central del Ecuador
“República de Ecuador.- Universidad Central.-
Quito, a 23 de junio de 1858, 14º de la Libertad
Al señor Ministro Secretario de Estado en el Despacho de
Instrucción Pública.
Señor.- Cumplo con el deber de remitir a US. El cuadro es-
tadístico de la Universidad en todos sus ramos y comprensivo
desde el 1º de julio de 1857 hasta el 30 de julio del, presente año.
En este periodo de tiempo se han hecho mejoras positivas
en la casa, se arregla prolijamente y enriquece la Biblioteca de la
corporación: todos sus empleados llenan su deber y la ley y dis-
posiciones reglamentarias, buenas o malas, tienen exacto cum-
plimiento.
Muchos y diversos medios se han empleado para conseguir
el verdadero progreso y para la juventud adquiera una sólida y
verdadera ilustración. Mas desgraciadamente todo es ineficaz o
superfluo a presencia de la ley de 28 de octubre de 1853, porque
legalizadas en cierto modo la ociosidad y la pereza y autorizado 275
el odio al trabajo y al método mejor de aprender bien, fuerza es
recoger el amargo fruto de una disposición que, bajo el aspecto
de alentar y difundir las luces, nada más ha hecho que aniquilar al
sólido saber sustituyéndole sus apariencias y títulos, sus honores
y grados. Pretender que un joven se forme por sí solo y en la edad
de las pasiones, sin guía, sin la voz del profesor, sin estímulos,
sin criterio, sin descernimiento suficiente y sin que sepa siquiera
donde buscara el bien y la verdad, es aspirar a un imposible, y
se han empleado la autoridad pública y toda una ley para que la
primera de las necesidades morales, la del saber, sea entre noso-
tros nominal, aparente, equivoca y llena de errores. Así, pues se
puede, asegurar que, que si tal fue la intención del que proyecto
la libertad de estudios como actualmente se halla, el resultado
puede exceder a su deseo.
El verdadero patriotismo ha clamado incesantemente por la
extinción de este mal de tan dilatadas y funestas consecuencias:
Siglo XIX
Dr. Gabriel García Moreno
La Universidad jamás ha perdido la ocasión de instruir al Gobier-
no de la necesidad de impedir el retroceso de la educación litera-
ria; mas sus indicaciones han sido desoídas y el mal sigue, hasta
el extremo de sentirse una agitación en los padres de familia por
crear un colegio para la educación de sus hijos; la razón universal,
la constante experiencia y el amor paterno, que jamás se engaña,
esta porque la juventud se eduque bajo la vigilancia esmerada e
instantánea de profesor y con el auxilio de la viva voz del maestro.
Dios y Libertad
G. García Moreno”292
A ellos debe sumarse el informe que sobre educación hizo al
ministro del Interior la Subdirección de Estudios del Distrito del
Azuay, en Cuenca, agosto de 1858.
“Señor:
Poco o nada tendré que agregar al informe detallado que el
276 27 de mayo del año próximo pasado dirigí a US.H.293 Sobre el
estado de la instrucción pública, las causas de su atraso, y las me-
didas que podrían adoptarse para sacarla de la ruina, y elevarla a
un pie de adelanto propio del siglo en que vivimos y de las exigen-
cias intelectuales del país. En lugar, pues, de entregarnos a largas
disertaciones y a mentidos cuadros de un progreso que no tene-
mos, me limitare a llamar la atención de US.H. Con extractando
los puntos más esenciales de dicho informe, y confirmándolos
con algunas observaciones que sugiere la evidencia de los hechos
ocurridos en el último año escolar.
Escuelas Primarias.- No se nota en ellas progreso sensible,
ni en cuanto al número de los alumnos, ni en cuanto a la perfec-
ción de los sistemas, ni en cuanto a la construcción de locales, ni
en fin, en cuanto al grado de consideración que debía merecer el
292 Ibid., Archivo Universidad Central del Ecuador.
293 US.H (Usted honorable señor) Nuestro.
Tomo I
Pensamiento Rectoral de la Universidad Central del Ecuador
profesorado pedagógico. La clase indígena, sobre todo, sigue en
un estado lamentable de atraso, sin que penetre a esa parte oscu-
ra de nuestra región social ni aun la escasa luz que se difunde en
las otras clases de la sociedad. Si el Gobierno y la Legislatura no
hacen un esfuerzo para dotar escuelas dominicales en las parro-
quias rurales, es preciso perder toda esperanza sobre la difusión
de los conocimientos intelectuales. Así pues, si se quiere instruc-
ción primaria es menester votar en la ley de Presupuesto una can-
tidad capaz de proporcionar rentas e institutores inteligentes, y
útiles necesarios a las escuelas de nueva creación.
Instrucción Secundaria y Preparatoria.- Las luces del siglo,
las necesidades del Ecuador, piden a grandes voces que se haga
en ella una reforma radical. Sin necesidad de abolir la enseñan-
za de las nobles doctrinas morales y metafísicas, que tanta glo-
ria derraman sobre la historia del espíritu humano, se deja sentir
la necesidad imperiosa de hacer marchar, en línea paralela, las
ciencias naturales. Pero estas jamás han existido sin aparatos, sin 277
laboratorios, y los instrumentos de observación, que demandan
los ramos respectivos. El Ecuador no saldrá nunca de su inopia,
de su marasmo industrial, de su estado tentálico respecto de las
grandes riquezas que posee, si no se resuelve a establecer ense-
ñanzas serias de Química aplicada a las artes, de Mineralogía, de
Botánica, de Agricultura, de Medicina y Manufacturas. Para eje-
cutar este pensamiento, que entre nosotros todavía no atrae más
que el desdén de la utopía, pero que es una realidad en Alemania,
en Francia, en Inglaterra, en los Estados Unidos, y en Chile, no
se necesitaría sino de la creación de un Colegio Nacional en esta
Provincia y de una Universidad en este Distrito. Entonces el Se-
minario podría contraerse solamente a dar desarrollo y vuelo a
los conocimientos morales, religiosos, metafísicos y eclesiásticos,
dejando al Nacional en cuidado de cultivar las artes y las cien-
cias aplicadas, por el medio de profesores atraídos por prime-
ra vez de Europa. Si el Gobierno no se lanza con resolución en
Siglo XIX
Dr. Gabriel García Moreno
esta vía de reforma radical; si persiste en privar a Cuenca de un
Colegio Nacional dotado con rentas propias, fundándose para
ello en escrúpulos de economía fiscal; y si finalmente se conti-
nua sacrificando esta provincia al espíritu de centralización uni-
versitaria, no se espere dar un solo paso de progreso verdadero
en la instrucción preparatoria. Seguirán como hasta aquí malo-
grándose los talentos de nuestra juventud al educar matemáticos
que no saben levantar un plano, físicos que no saben aplicar a la
industria ninguna de las cualidades de la materia, químicos que
no saben extraer una base ni un ácido, astrónomos que no saben
calcular un eclipse, ni conocer un planeta, etc.; es decir filósofos
pedantes y sabios sin ciencia. Y no es de culpar a la juventud por
esto, pues ella todo lo que hace es aprender lo que la enseñan, y
seguir las carreras que encuentra abiertas en su acidez de saber.
Quienes son culpables son los poderes de la Nación, encargados
de la inspección de la enseñanza pública que, debiendo imprimir
278 al movimiento intelectual la dirección que le convenga, abrir a la
juventud nuevos senderos y halagarla con nuestras glorias, y con
más seguras utilidades, la deja languidecer en programas estériles
y rutineros.
La Subdirección podría responder de un nuevo y brillante
porvenir intelectual para Cuenca con solo adoptar las dos ideas
indicadas: 1) creación de un Colegio Nacional, apropiándole la
renta de aguardientes, 2) la erección de una Universidad. Esta úl-
tima no demanda asignación de ningún fondo especial, porque el
cuerpo docente universitario se compondría de los catedráticos
y superiores de los colegios, el Rectorado y Vice-rectorado son
cargos de honor que se servirían gratis por cualquier doctor y los
locales se construirán con el producto de los grados académicos.
No se pide pues el Gobierno el desembolso de un solo centavo
para la creación de la Universidad, y solo se pide que se la decrete
como un acto de conveniencia y de rigurosa justicia.
Tomo I
Pensamiento Rectoral de la Universidad Central del Ecuador
El Gobierno puede comprender la legitimidad de esta exi-
gencia, si arroja una atenta mirada sobre el programa de materias
que se han dictado durante el presente año en el colegio de esta
ciudad. Allí verá US.H que la enseñanza en todos sus ramos, se
halla al nivel de la que se da en Quito, y tal vez la excede en algu-
nos, como en el de idiomas vivos y en el de música. No hay, pues,
ninguna razón para gravar a la juventud de Cuenca, con gastos
de un largo viaje, no hay justicia para obligarla a pagar sus grados
académicos, que son una contribución escolar, en favor de maes-
tros y corporaciones que han sido extrañas a su ilustración, y no
habría, en fin, patriotismo para negar a una provincia el nombre
y la forma de una institución, cuando ya está en posición de sus
elementos constitutivos, ¿De dónde vino, en efecto, la etimología
de la Universidad? De universalidad de enseñanza y conocimien-
tos, aprendizaje de latín; curso de artes, como se llamaba enton-
ces la Filosofía; y las tres facultades de teología, jurisprudencia y
medicina, conocidas con el nombre de mayores. Como premios y 279
coronas literarias destinadas alentar a la juventud en la carrera de
aquellas letras, se habían creado los grados de maestro, bachiller,
licenciado y doctor, grados cuya significación eran no solo la de
suficiencia en el saber, sino también la de paga de la contribución
académica, destinada al sostén del cuerpo universitario. Si, pues.
Cuenca posee la enseñanza de aquella universalidad de conoci-
mientos que pedían las universidades antiguas, y que ahora se
estudian en la de Quito, no se puede comprender para que deba
existir la necesidad gravosa de hacer un viaje a esa capital, no en
busca del saber, porque ya se sabe los suficiente, sino en pos tan
solo de la borla de Doctor. De suerte que, en resumen, viene a su-
ceder que la juventud de las provincias, costea la enseñanza de la
juventud de la capital, rentando a sus catedráticos con el producto
de los grados universitarios.
Semejante sistema, tan anómalo en el día, fue muy natural
en otros tiempos en que las luces estaban centralizadas en Qui-
Siglo XIX
Dr. Gabriel García Moreno
to, y era menester que escolares, aún de provincias distintísimas,
fuesen a buscar allí todo género de conocimientos. Gloria y muy
grande depara la historia y la posteridad a esa ciudad celebre,
por haber sido, durante dos siglos, el único gimnasio donde se
han desarrollado las fuerzas intelectuales del reino de Quito y del
Ecuador: y gratitud viva e imperecedera le consagramos todos los
que tuvimos que ir a iniciarnos en la vida literaria que se respira-
ba en sus claustros. Pero los tiempos han cambiado demasiado:
las luces se han erradicado, hasta los últimos confines de la Repú-
blica: la ilustración marcha con los hombres, se importa con los
libros, se difunde con los periódicos, se aprende en las conversa-
ciones y en los viajes, se mezcla con la vida pública, y sin sentirlo
la sociedad se encuentra transformada. En medio de este movi-
miento general de los espíritus y de esa viva fulguración que des-
pide el estudio de las ciencias en todas las clases de la sociedad,
querer conservar una institución, como único tipo, única fuente,
280 único foco de luces, y único hogar de todos los conocimientos
humanos, seria desconocer la marcha invasora de la civilización.
Una sola Universidad en el Ecuador es un anacronismo en nues-
tros tiempos; es un monopolio doctrinario, ajeno del espíritu de
la época, y un sistema de centralización literaria y científica, tan-
to más ominosa, cuanto que ataca las tendencias más nobles del
individuo y las necesidades más elevadas del pueblo. La nación
ha oído que de lo alto del ministerio se ha hecho la proclamación
generosa y solemne del principio descentralizador: esa idea tan
popularmente acogida quedaría incompleta, si solo se refiriese a
los interés materiales y no a los intelectuales de la sociedad: así se
descentralizase lo relativo al municipio y no lo conexionado con
la instrucción pública.
A pesar de estas demostraciones, tal vez se creerá que la mul-
tiplicación de cuerpos universitarios empeoraría la situación del
Ecuador, o que ellos solo puedan existir en ciudades populosas.
La Alemania con sus veinticuatro universidades está probando
Tomo I
Pensamiento Rectoral de la Universidad Central del Ecuador
todo lo contrario; pues no hay país del mundo donde se estu-
dien las ciencias con más profundidad, ni en donde se halle más
difundida toda clase de conocimientos, como en aquella nación,
eminentemente universitaria. Y se ve, que a excepción de las dos
capitales de Viena y Berlín, no son las grandes poblaciones las
que poseen Universidades, sino las ciudades de segundo y aun
de tercer orden. Gottinga, cuya Universidad es la más célebre de
Alemania y del mundo, apenas cuenta nueve mil habitantes; es
decir, que es una ciudad como la tercera parte de Cuenca. Tubin-
ga y Jena con sus siete mil habitantes cada una de ellas, Marburgo
y Helnistad, con seis mil no han encontrado ningún obstáculo
en fundar sus Universidades, y esto en cuanto a población sería
lo mismo que tuviésemos Universidades en Ibarra, Riobamba o
Loja. Pero la Alemania, esta nación letrada, no para en eso. Co-
nociendo lo que vale multiplicar los centros de luz y de los estu-
dios, ha creado Universidades hasta en Hala, Koenisberg, villas
insignificantes, y de las cuales la última apenas cuenta tres mil 281
almas, lo que entre nosotros equivaldría a tener Universidades
en Ambato, Otavalo, Gualaceo y Saraguro.
Enseñanza Clásica o Superior.- Para su completo desarro-
llo se deja sentir la misma necesidad que para el de los conoci-
mientos secundarios: es decir Colegio Nacional y Universidad.
No puede haber profundidad en los conocimientos. Si no hay en-
señanzas especiales y estos no pueden existir si se espera todo de
un Seminario.
Escuelas Especiales.- Se han creado en este año una de Obs-
tetricia y otra de Idiomas vivos. El país reclama una escuela de
Artes y Manufacturas que tendría por objeto instruir y educar la
gran masa del pueblo de nuestros campos. Hasta hoy la instruc-
ción pública parece que solo ha tenido por objeto formar unos
cuantos abogados y eclesiásticos: seria bien que en adelante se
tratase de instruir a los agricultores y artesanos que componen
casi toda la masa del Ecuador. Desde los pajones elevados de
Siglo XIX
Dr. Gabriel García Moreno
nuestra cordillera, donde pudieran aclimatarse la alpaca y la vi-
cuña hasta las selvas bajas del Marañón donde sería fácil cultivar
la canela y demás especies del Oriente; todo nos ofrece una escala
gradual de climas donde la agricultura podría desarrollarse en
vasta escala; la ciencia abriría delante de si horizontes inmensos,
y la riqueza publica descubriría manantiales inagotables. Sin em-
bargo, estas ideas quedan estériles si no se encarnan en institutos
prácticos, tales como Escuelas de Artes y Oficios, Normales de
Agricultura, Institutos Agrarios, etc. Va llegando el tiempo en que
el Ecuador, a semejanza de los pueblos civilizados del globo, debe
destinar una parte del impuesto al fomento de las ciencias, de las
artes y de la industria; pues si no protege de un modo directo y
enérgico la instrucción pública destinado a este ramo importan-
tísimo, parte de las rentas que se consumen en objetos estériles,
jamás este pobre pueblo salir de su abyección, ni ocupar el lugar
que le corresponde entre las naciones civilizadas.
282 En resumen, sin escuelas subvencionadas, no hay instrucción
primaria, generalmente difundida; y sin instrucción primaria, no
hay ejercicio de los derechos del ciudadano, quedando una gran
parte del pueblo fuera del movimiento político, y falseándose por
lo mismo el principio popular y democrático.
Sin instrumentos y sin aparatos, no hay ciencias aplicadas,
experimentales y de observación; y sin ciencias aplicadas, no hay
conocimientos positivos, ni creación de la riqueza pública.
Julio de 1858”.294
Esta carta es la clara demostración de la preocupación que
existía en el gobierno de Francisco Robles (1856-1859) el cual la-
mentaba, igualmente, la subsistencia de la ley y comprendía la
urgencia de una reforma de la instrucción pública, amenazada de
muerte, por lo que pidió a García Moreno que, en unión de algu-
nos de los profesores de la universidad, redactara un decreto de
294 Archivo histórico, Presidencia de la República, Gobierno de Francisco Robles.
Tomo I
Pensamiento Rectoral de la Universidad Central del Ecuador
reglamentación de estudios. La universidad comisionó a este fin a
los doctores José Manuel Espinoza, José Parreño y Ramón Miño;
más como lo comunicó el rector al ministerio, la comisión tuvo
“que desistir de su proyecto, creyendo en la parte reglamentaria
supone existente la parte orgánica, de la cual el reglamento debe
ser únicamente la realización y el desarrollo; y que hacer el re-
glamento, careciendo como ahora se carece de toda organización
fundamental, es de todo punto imposible; y hacerlo suponiendo
admitidas algunas bases importantes, era exponerse a que altera-
das esas bases hipotéticas, no quedarse el reglamento en armonía
con la organización que después se adopte en realidad”.295
Desesperado por el vacío en que colocaba la ley y sin poder
dar impulso vigoroso al progreso intelectual a la casona, García
Moreno se dedicó a reconstruir el edificio y mejorarlo material-
mente. El doctor Antonio Mata, secretario de Instrucción Pública,
refiriéndose al rector de la universidad decía: “El estado material
de la Universidad forma un verdadero contraste con su estado 283
literario. El edificio se halla completamente transformado por la
muchas e importantes mejoras que ha recibido en el presente año.
El inteligente ilustrado y patriota Rector de este establecimiento,
colocado por la ley en perfecta impotencia de emplear su celo y
consagración en el progreso de las enseñanzas que deben darse
en él, se ha dedicado con un interés de que hay pocos ejemplos, a
dar a la casa la comodidad, hermosura y decencia que requiere el
noble y elevado objeto a que está destinada, contribuyendo a esta
obra con erogaciones de su propio peculio, por ser insuficientes
los fondos universitarios para llevar a cima sus proyectos”.296
Junto con el mejoramiento externo, el rector García Moreno
creó las cátedras de química y de ciencias exactas, hizo construir
locales cómodos y adecuados para las enseñanzas de estas asig-
295 Ibid.
296 Ibid., Archivo UCE, Informes y documentos. García Moreno.
Siglo XIX
Dr. Gabriel García Moreno
naturas; y el mismo, aprovechando su laboratorio particular, que
después obsequió a la universidad, tomó sobre si los gastos de los
ensayos y preparaciones requeridas. Una vez equipadas las aulas,
dictó por vez primera la materia de química, con admiración de
sus oyentes, aquella ciencia, “realizando por sus propios esfuer-
zos el voto más ardiente, el deseo más dominante de los hombres
inteligentes que se lamentan de ver a la juventud ecuatoriana cie-
ga y lastimosamente impelida a seguir las carreras de la Iglesia,
del foro y de la medicina, para encontrar a su término el desen-
gaño”.297
Por primera vez, el rector dispuso que todos los profesores
de la universidad ofrezcan conferencias públicas sobre temas de
interés general. Él, por su parte, daba lecciones “a puertas abier-
tas, no solamente para estudiantes, sino para todo aquel que se
interesaba en la química aplicada y conferencias públicas orienta-
das a la agricultura y la industria, a fin de desvanecer prejuicios y
284 encender en la juventud el deseo de dedicarse a aquellos estudios,
cuya novedad fascinaba a todos los elementos cultos de la capital.
No fue raro ver desfilar por las aulas de la universidad a persona-
jes tales como el padre Miguel Iturralde, sabio sacerdote domini-
cano, muy entendido en ciencias de la naturaleza y graduado en
la Universidad de Lyon; al padre Juan Bohórquez, agustino, quien
en su Orden era considerado como un sabio por sus trabajos en
física y astronomía; al doctor Juan Ríos, colombiano, de paso a
Lima para ser contratado en la Universidad de San Marcos por
sus aportes al estudio químico del abono llamado guano, muy
abundante en las costas del Pacífico. Todos ellos admiran la sabi-
duría del rector”.298
297 Informe del Ministro del Interior al Presidente Francisco Robles, 1858. Ibíd., Archivo
Legislativo.
298 RIVAS, Fermín, Archivo de la BAEP. Cartas y varios, 1858-1860. “García Moreno”,
hoja 68.
Tomo I
Pensamiento Rectoral de la Universidad Central del Ecuador
Demostró también especial afán por la correcta administra-
ción de las rentas del establecimiento, rentas en extremo escasas,
porque ni el poder Legislativo procuraba aumentarlas, ni el Eje-
cutivo cumplir sus obligaciones para con la universidad. A con-
secuencias de las medidas tomadas con ese objeto, el colector del
establecimiento tuvo que separarse de su cargo.299
Su conducta, rectitud y entusiasmo por las cosas de la cien-
cia, le trajo varios problemas sobre todo con sacerdotes, quienes
gozaban de muchos privilegios, entre otros las de poder graduar-
se y recibir títulos gratuitos sobre todo en jurisprudencia y medi-
cina sin que para ello hayan realizado los estudios necesarios. Lo
hacían tan sólo por vanidad de llenarse de diplomas innecesarios
en su función sacerdotal. Esto trajo el resentimiento de los su-
periores de los conventos de Quito, por cuanto “se atenta contra
los derechos de los sacerdotes y religiosos poseer cuantos grados
sean necesarios para el prestigio personal y espiritual de cada uno
de ellos, quienes necesitan saber tanto de ciencias sagradas cuan- 285
to profanas con las que cumplir con eficiencia su ministerio. Irse
contra la sana costumbre de otorgar títulos, es faltar al respeto a
la tonsura y dignidad de los consagrados…”.300
La respuesta del rector fue terminante: “Se otorgarán dichas
certificaciones solamente en Derecho Canónico o Teología. Para
los demás, que los frailes estudien y paguen. No se puede tolerar
injusticias ni privilegios”.301
García Moreno no solamente se preocupó de las ciencias
exactas. Su rectorado fue un período de intensa actividad lite-
raria, cultural y académica. “Por ello muchos de sus detractores
299 Libro de sesiones de la Junta Administrativa de la Universidad, 1858, Archivo histó-
rico UCE.
300 Carta de fray Nicolás Oviedo, provincial de los dominicos en Ecuador, a García Mo-
reno, 28 de octubre. de 1859, BAEP. “García Moreno”, No. 76.
301 Ibid., Libro de sesiones de la Junta Administrativa de la Universidad Central, 1858.
Archivo histórico.
Siglo XIX
Dr. Gabriel García Moreno
debieron reconocer su gran capacidad como periodista vibrante
y original (algunas veces duro e injusto), polemista elocuente y
erudito, por satírico e ingeniosísimo, poseía títulos para ocupar
puestos honrosos en la aristocracia de las letras. No quiso ni tuvo
tiempo para ser uno de los primeros artífices en cuanto a sus es-
critos científicos y políticos; sin embargo, pueden considerarse
como modelos de estos géneros literarios y en todas sus produc-
ciones resplandecen la elegancia y diafanidad del estilo, lleno de
movimiento y energía y que eleva a una elocuencia sobria y ve-
hemente como su carácter”.302
Acerca de su temprano influjo reformador en el campo lite-
rario en las aulas universitarias, reproduciremos estas notables
palabra de un distinguido critico ecuatoriano: “Así como en la
política, dígase lo que se diga, fue García Moreno quien por vez
primera entre nosotros, al domeñar la anarquía puso los naci-
mientos de una bien entendida libertad, en el terreno del arte,
286 asimismo, hizo otro tanto. Llevado de su natural independencia,
en un certamen de Literatura en la Universidad, rompió con las
trazadas enseñanzas de su maestro Francisco Montalvo (que, en-
tre otras cosas, estaba empeñado en matar en humorismo y dar
reglas para la acertada composición de Iliadas) y llevado de su
natural organizador, trató a la par de poner dique a los desbor-
des del romanticismo ecuatoriano e hizo lo posible para que una
revolución tan benéfica para la cultura humana, no quedara en
el Ecuador reducida a copia servil de extranjeras extravagancias.
Cuando la historia de nuestras letras se escriba como debe escri-
birse se verá que mientras algunos espíritus rezagados y tímidos
no se atrevían a romper con un señor Velero, pésimo copista de
Boileau, y cuyo libro, reimpreso en Quito en 1839, era texto obli-
gado en nuestros colegios y Universidad, y mientras otro espí-
302 SÁNCHEZ, Guillermo, El intelecto superior de García Moreno, Cuenca, Imprenta
de L. Bayas, 1953, p. 90.
Tomo I
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ritus generosos o noveleros daban al traste con las tradiciones
literarias de la colonia, saltaban por sobre todo y en su afán de
innovaciones, llegaba hasta el absurdo, García Moreno protestaba
contra las timideces de los unos, aplaudía los conatos de indepen-
dencia de los otros, refrenaba sus extravíos y haciendo la expo-
sición verdadera del credo romántico, tal como lo comprendió
Goethe, indico por donde se había de ir y que escollos se habían
de salvar. Quién sabe si esto no se debe el que nuestras letras, si
bien tuvieron y tienen “El Espadachín Zavala”, de Córdova, leyen-
da no desposeída totalmente de mérito y “Un día en el Panteón”,
de Corral, que produjo obras mejores, se hayan salvado de caer
en las sonseras lacrimosas de algunos poetas como el boliviano
Galindo o en las rimbombantes naderías patrióticas de Abigail
Lozano, descarriado compatriota de Bello”.
“Después de los poemas de Olmedo y Remigio Crespo To-
ral, sus poesías son la que, siquiera en parte, mejor alcanzan a
revelar la nacionalidad ecuatoriana y en las que se siente algo de 287
nuestro ser: lo convencional es en ellas escaso, y hasta la dicción
poética como que se amolda en ocasiones a nuestras impacien-
cias levantiscas y revolucionarias, de este modo, muchos versos
que, estudiados por el lado nimio de la Retórica, serian censura-
bles, dejan de serlo tomando en cuenta que era imposible mayor
elección en el vocabulario, fustigándose pequeñeces y miserias
como las nuestras”.303
Hemos señalado líneas atrás que García Moreno, de manera
simultánea, fue elegido como rector de la Universidad Central,
alcalde de Quito y diputado por las provincias de Imbabura y Pi-
chincha.
Años atrás, cuando en 1849 terminó el gobierno de Vicente
Ramón Roca, el general José María Urbina comenzó nuevamente
303 LEÓN VIVAR, Víctor, Periódico El Ecuador Literario, No. 1, 1858, BAEP. Cfr. Tobar
Donoso, p. 48.
Siglo XIX
Dr. Gabriel García Moreno
a mover los hilos políticos y militares para ascender al poder; sin
embargo, surge la figura de García Moreno, quien se convirtió
en su enemigo político, razón por la que fue desterrado fuera del
país, a pesar de haber sido elegido como senador por la provincia
del Guayas, optando, como hemos señalado, por viajar a Paris
para continuar con sus estudios.
Una vez elegido Urbina como presidente del Ecuador, pro-
curó apaciguar los ánimos de sus contrarios, promulgando una
ley de amnistía para todos ellos, siendo García Moreno benefi-
ciado por esta ley, razón por la que pudo regresar al país y ser
designado, más tarde, como rector de la Universidad Central del
Ecuador.
Cuando llegó a la legislatura en 1857, que inició su trabajo el
15 de septiembre, los diputados eligieron a García Moreno, dada
su condición de regente de la universidad, como presidente de la
Comisión de Instrucción Pública, teniendo como miembros a los
288 doctores Rafael Carvajal, José Tomás de Aguirre, futuro obispo
de Guayaquil, Vicente Palacios y Francisco Javier Arévalo, ca-
nónigo de la catedral de Cuenca. Rafael Carvajal, en carta a su
hermano Medardo que se hallaba en Loja, le decía: “esta mañana
nos hemos reunido la Comisión de Instrucción Pública y hemos
elegido como Presidente al Rector de la universidad, doctor Ga-
briel García Moreno, hombre de talento distinguido, conocedor
profundo de los problemas políticos y educativos del país por lo
que esperamos avanzar lo más pronto posible y sacar al país de la
postración en que se encuentra…”.304
Dos fueron los problemas que debieron afrontar los legisla-
dores respecto a la enseñanza: la organización del ramo, que se
hallaba en estado caótico desde la ley de Urbina y la fundación de
lo que más tarde se llamó la Escuela Politécnica y que entonces te-
nía simplemente el nombre de “Escuela de Enseñanza Científica”.
304 BAEP, Sección “García Moreno”, Carta no. 48.
Tomo I
Pensamiento Rectoral de la Universidad Central del Ecuador
El primer problema comenzó a debatirse con oportunidad
del estudio de las objeciones del Ejecutivo al proyecto de ley, dis-
cutido en la Legislatura de 1856, por el cual se derogaba el decreto
de 28 de octubre de 1853 relativo a la libertad de estudios.
El informe de la Comisión de Educación al Presidente de la
Congreso, fue el siguiente: “Señor vuestra comisión de Instruc-
ción Pública ha examinado las objeciones que el Poder Ejecutivo
ha presentado sobre el proyecto de ley derogativa de la libertad de
estudios, aprobado por la legislatura del año precedente, y juzga
que el Poder Ejecutivo ha procedido con a cierto al objetarlos,
a pesar de que no los ha considerado en todos los perniciosos
resultados que habría producido si hubiera llegado a sancionar-
se. Aquel proyecto se limita a restablecer el vicioso e incompleto
decreto reglamentario de instrucción pública modificándolo en
cuanto al nombramiento de Director que atribuye sin razón al
Poder Legislativo, imponiendo a ese inútil empleado el deber es-
téril y oneroso de visitar personalmente cada dos años a todos 289
los establecimientos de instrucción de toda la república, estable-
ciendo en Cuenca y Guayaquil universidades destinadas exclu-
sivamente por su mala organización a aumentar en progresión
indefinida el número de médicos y abogados en perjuicio del
verdadero progreso de la nación y en provecho de la empleoma-
nía; y dejando subsistente la facultad de presentar exámenes en
cualquier tiempo. En resumen el proyecto objetado, lejos de pro-
curar el progreso científico del cual depende el futuro bienestar
del Ecuador, sólo serviría para perpetuar y acrecentar el desorden
y conducir a la república a su ruina por el camino de la barbarie.
(fs) García Moreno, Aguirre, Carvajal”.305
Este informe podríamos dividirlo en dos partes: la primera
relacionada con la necesidad de negar la posibilidad de validar el
305 Ibid., Archivo de la Asamblea Nacional. Congreso 1857. Informe de Comisiones. Cfr.
Tobar Donoso, García Moreno, p. 60.
Siglo XIX
Dr. Gabriel García Moreno
decreto de Rocafuerte, norma que en nada apoyaba al desarrollo
de la educación en el país; al contrario, fue la base para que Ur-
bina promulgara su ley de 1853. La segunda, la inconveniencia
de crear universidades en Cuenca y Guayaquil, en las que no se
habría de enseñar disciplinas científicas nuevas y necesarias para
la creación de industrias y aprovechamiento de las riquezas natu-
rales del país, sino que se mantendría la costumbre de continuar
con las caducas carreras de jurisprudencia, medicina y teología,
ciencias que ni siquiera tendrían el progreso que se observa en
Europa, “sino que se continuaría con el sistema tradicional, pe-
ligroso y obstinado desde todo punto de vista, lo cual, lejos de
convertirse en un sinónimo de crecimiento, lo será de retardata-
rio y caduco”.
García Moreno tenía muy claro el concepto de que era ne-
cesario crear nuevas universidades en Guayaquil y Cuenca con
el fin de que los jóvenes se eduquen, pero no con enseñanza re-
290 tardataria. Creía que las nuevas instituciones debían ser abiertas
al pensamiento científico en donde los alumnos se preparen y
eduquen en materias innovadoras. “La multiplicación de univer-
sidades tan perjudiciales en el actual estado y tan inútiles en su
organización como viciosa en los resultados” era inconveniente.
“En Cuenca principalmente, añadía, sería muy difícil plantear la
universidad, ya por la deficiencia de rentas, ya por la escasez de
profesores, escasez notoria aún en la capital de la República”.306
Vale la pena resaltar las expresiones del futuro obispo de
Guayaquil, José Tomás de Aguirre. “El señor García Moreno, con
gran dominio de la materia, nos ha hecho comprender el verda-
dero significado de lo que es una universidad. Idea para muchos
de nosotros generalizada como el lugar en donde se aprende cier-
ta especialidad con un conjunto de materias, pero que todas se di-
reccionan al memorismo, repetición de conceptos y duplicación
306 Ibid., Informe No. 75.
Tomo I
Pensamiento Rectoral de la Universidad Central del Ecuador
irreflexiva de fundamentos filosóficos que no dan espacio al aná-
lisis de su verdadero significado. El señor García Moreno muchas
veces cuando se refiere al término universidad en la forma como
él la entiende, es más que suficiente para que desaparezca toda
clase de discusión”.
“Por lo menos ahora tengo clara la idea de que universidad
es un establecimiento de enseñanza universal, no limitada a las
facultades de medicina, jurisprudencia y teología, que ahora re-
sultan no tan útiles a la república, a pesar de que nos han ense-
ñado que la jurisprudencia y la teología son los pilares en que se
sustentan incluso nuestros dogmas de fe. Este es un error: en la
capital misma de la república es difícil plantear la verdadera uni-
versidad; con mayor razón lo será en otros lugares en donde hay
suma escasez de fondos y de profesores. La universidad, tal como
se halla actualmente organizada es perniciosa a los intereses de
la sociedad porque la inútil multitud de médicos y abogados que 291
salen de sus seno, a falta de medios de subsistencia adquieren la
funesta afición a los empleos; y la nación se encuentra privada de
inteligencias que hubieran sido muy útiles y productivas si hubie-
sen cultivado otros ramos de mayor importancia, pero que des-
graciadamente se pierden, porque no se ha abierto a la juventud
otras carreras que las de jurisprudencia, medicina y teología”.307
Las discusiones sobre la conveniencia de mantener la caduca
ley de educación se mantuvieron por un corto espacio, en razón
de que García Moreno sugirió propiciar una nueva ley orgánica
de instrucción pública, para lo cual tomó como base la organiza-
ción de la educación en Francia, tema que conocía a profundidad.
De las diversas leyes francesas de la materia extrajo lo que mejor
le pareció para luego ajustarlas a nuestra realidad, propuesta que
307 MENDOZA, Manuel, datos biográficos de Mons. José Tomás de Aguirre, II Obispo
de Guayaquil, 1861-1868, Guayaquil, Litografía de L. Burbano, 1953, p. 73.
Siglo XIX
Dr. Gabriel García Moreno
fue bien acogida por todos los miembros de la comisión, incluso
por Vicente Palacios que más tarde sería su enemigo político.
El Art. 1° del Reglamento decía: “La instrucción pública
comprende la enseñanza primaria, secundaria y superior, dada en
establecimientos públicos o libres, bajo la dirección del Consejo
General y de los Consejos Académicos de Distrito”308
Luego de agrias discusiones de orden político, finalmente se
promulgó el Proyecto de Ley sobre la Instrucción Pública, que
sería reformada en 1863.
Extractamos la ley en sus partes más importantes:
“Art. 2° El Consejo General de Instrucción Pública reside en
la Capital y se compone:
-Del Ministro de Instrucción Pública; del rector de la Uni-
versidad; del Arzobispo o Vicario Capitular en caso de vacante, o
del eclesiástico designado por ellos; de los decanos de las faculta-
des universitarias.
292 Art. 4° Son atribuciones del Consejo General de Instrucción
Pública:
1.- Determinar los días de sesiones y lo relativo a su régimen
interior.
2.- Formar el reglamento general de estudios, los programas
de exámenes y enseñanza y los reglamentos especiales de
las facultades, colegios y más establecimientos públicos
de instrucción, previa aprobación del Poder Ejecutivo.
Los proyectos de reglamentos de los colegios serán pre-
sentados al Consejo General por el Consejo Académico
respectivo.
3.- Presentar al Poder Ejecutivo los proyectos de leyes y de-
cretos, relativos a la instrucción pública que le pidiere el
Ministro de este ramo.
308 Por primera vez en la historia de la educación ecuatoriana se hace constar que ésta se
divide en primaria, secundaria y superior. Anterior a ello se dividía en primaria, de
colegio y universidad.
Tomo I
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4.- Autorizar, previa aprobación del Poder Ejecutivo, la crea-
ción de nuevas facultades cátedras y colegios, con arreglo
a lo prescrito por esta ley.
5.- Autorizar los libros que deben emplearse por textos en
los establecimientos públicos de enseñanza y prohibir en
ellos en los establecimientos libres las obras contrarias a
la religión, a la moral o a las leyes.
6.- Nombrar, previa aprobación del Poder Ejecutivo, y re-
mover con causa a los empleados de la universidad, cuyo
nombramiento no pertenezca a otra autoridad, y a los
profesores de las facultades, sean o no universitarias, sal-
vo lo dispuesto en el parágrafo único del artículo 36.
El rector de la universidad y los decanos de las facultades
serán nombrados del modo expresado en los artículos 31
y 32 con aprobación del Poder Ejecutivo; pero pueden ser
destituidos con causa por el Consejo General. 293
7.- Fijar los sueldos de los empleados y profesores de la uni-
versidad, aprobar los presupuestos que formen las facul-
tades, y examinar y fenecer las cuentas de los colectores.
8.- Declarar la nulidad de los grados universitarios, cuando
el rector, el decano o alguno de los examinadores reclame
contra ellos en el término de un año, ya por haberse acor-
dado sin mérito la aprobación, ya por no haberse obser-
vado las disposiciones legales.
9.- Conocer en última instancia de las causas contenciosas
o disciplinarias juzgadas por los Consejos Académicos.
10.- Presentar anualmente al Poder Ejecutivo un informe so-
bre el estado general de la enseñanza, las reformas que
pueden introducirse y los abusos que deban precaverse.309
309 Ibid., Archivo Función Legislativa. Informes de García Moreno, 1857.
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Dr. Gabriel García Moreno
Es importante considerar que la obra de García Moreno en
el Congreso permitió a la universidad tomar un nuevo rumbo
en cuanto a la parte administrativa, ya que como hemos visto,
podría considerarse que nuestro personaje en su gestión como
rector, es el verdadero transformador de la Universidad Central
del Ecuador desde los puntos de vista científico, funcional y de
planificación, toda vez que logró se fijen sueldos y nombramien-
tos de profesores, lo cual, antes de su mandato, todo se hallaba
centrado en la autoridad del rector, sin contar con recursos y me-
nos organización.
Si hacemos, por otro lado, un análisis del nuevo rumbo que
la universidad tomó desde la visión científica, veremos que si bien
es honroso para la propia institución el haber presentado el pro-
yecto de ordenación no solamente de la educación superior, sino
de la instrucción pública en general; más generoso es el hecho
de haber sistematizado la enseñanza de las ciencias físicas, ma-
294 temáticas y naturales que estudió la misma legislatura en 1857,
habiendo sido aprobada por sus miembros como “una novedo-
sa innovación en el campo de la enseñanza universitaria, lo que
dará al país nuevas esperanzas de un futuro más prometedor en el
campo de la industria, la minería y la agricultura”.310
Para cumplir con su objetivo, llamó al profesor Carlos Cás-
sola, se hallaba enseñando química en el colegio de Latacunga
que había sido creado en tiempos de Rocafuerte. Los dos tenían
objetivos afines relacionados con la enseñanza de esta materia.
Para tal fin, García Moreno dirigió una comunicación a las Cá-
maras en que decía: “Yo os propongo Honorables Legisladores,
que, por lo que hace a las Ciencias Naturales, mandéis para que
en la Capital del Estado se funde un establecimiento en grande en
el cual, con los suficientes aparatos y colecciones se enseñe, con
todas sus aplicaciones, la química en todos su ramos, la física ex-
310 Ibid.
Tomo I
Pensamiento Rectoral de la Universidad Central del Ecuador
perimental y matemática, la geología, la mineralogía, la botánica,
la zoología, el dibujo, las matemáticas y la mecánica”.311
En consecuencia, pidió que el Congreso entregara la suma
de sesenta mil pesos, a fin de que se trajeran de Europa profeso-
res experimentados, así como instrumentos, bibliotecas; en igual
forma, ingenieros y obreros especializados en la construcción de
edificios propios para la implantación de laboratorios especiali-
zados, así como la instalación de industrias como producto de la
formación de profesionales que saldrán de dicho centro.
El Senado aprobó este pedido y respondió a la Comisión de
Instrucción Pública: “Señor.- Vuestra Comisión de Instrucción
Pública ha acogido con aprecio el proyecto presentado por el pro-
fesor Cássola; porque el objeto que en él se propone es en extremo
importante para el bien y el engrandecimiento del país. La Comi-
sión está convencida de que un paso que se dé en la senda del
progreso científico y de la enseñanza pública será infinitamente
más provechoso para el Ecuador que cuantas reformas puedan 295
hacerse en la organización política. Pero antes de proponeros la
adopción del proyecto expresado, la comisión debe entrar previa-
mente en la cuestión de posibilidad; pues poco o nada importaría
la utilidad de aquel proyecto si por deficiencia de fondos la reali-
zación fuera imposible. Por esto os propone que se pida informe
al Poder Ejecutivo sobre si del erario puede sacarse la cantidad
de sesenta mil pesos que de pronto serán necesarios, y además la
cantidad indispensable para el pago anual de los respectivos obre-
ros y profesores. (fs) García Moreno, Aguirre, Palacios, Arévalo,
Carvajal”.312
La política es la ruleta que todo lo cambia cuando de inte-
reses se trata, razón por la que un grupo de diputados llamó al
profesor Cássola y le pidieron que apoye en la realización de otro
311 Ibid.
312 Ibid. Palacio Legislativo.
Siglo XIX
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proyecto similar al de García Moreno, quien, cuando se enteró
de la tramoya, no se opuso, toda vez que su interés era que en el
Ecuador se establezca un centro de estudios científicos. De esta
maquinación surgió el siguiente proyecto:
“El Senado y la Cámara de Representantes del Ecuador, reu-
nidos en Congreso,
Considerando:
1.- Que las ciencias naturales y la industria, se hallan en grande
atraso en el país y que es necesario facilitar su progreso:
2.- Que el territorio del Ecuador tiene en su seno y sobre su
superficie muchos artículos de riqueza en los tres reinos
naturales, los que no se pueden obtener, elaborar y em-
plear sino con los conocimientos científicos.
3.- Que el desarrollo industrial en todos y cada uno de sus
ramos contribuirá al progreso del comercio porque faci-
lita las vías de comunicación, el aumento de la población,
296 riqueza del país y bienestar de los habitantes del Ecuador:
Decretan:
Art. 1° Se planteará en la ciudad de Quito un establecimiento
científico en donde se enseñe:
1° La química general orgánica e inorgánica, la química apli-
cada a la agricultura, la manufactura y demás clases de
industria, y a las demás artes mecánicas:
2° La física experimental y matemática con todos sus apara-
tos y máquinas necesarias:
3° La geología y la mineralogía con colecciones completas:
4° La botánica y zoología con su herbario y colección; y
5° Las matemáticas, la mecánica y el dibujo, con sus respecti-
vos aparatos, máquinas y modelos.
Inciso único. En la capital de Quito debe haber para la en-
señanza de química general y aplicada un completo laborato-
rio: enriquecido este, pueden las demás provincias por medio de
Tomo I
Pensamiento Rectoral de la Universidad Central del Ecuador
cierta cuota obtener aparatos completos para establecer en ellas
la misma enseñanza.
Art. 2° Se fundará un museo de Historia Natural que com-
prenderá todos los productos ecuatorianos de los tres reinos, los
cuales, con los conocimientos científicos, servirán a darles sus
empleos respectivos en las industrias, artes, agricultura, manu-
factura, metalurgia, comercio y economía política.
Inciso único.- Este museo que por sólo algunos años será pu-
ramente nacional, se volverá universal, con los cambios que se
haga de sus elementos con los de otras naciones.
Art. 3° Se formará también una hacienda modelo a corta dis-
tancia de la capital, dirigida por el profesor de botánica y zoología
y por un agricultor especial.
Art. 4° Se fundará también una biblioteca científica e industrial.
Art. 5° Habrá también una casa de moneda, la que será di-
rigida por dos científicos nacionales y dos obreros, y tendrá sus
aparatos especiales 297
Art. 6° Habrá igualmente una fábrica de pólvora ensancha-
das en su especulación: en esta fábrica se elaborará pólvora, azu-
fre, salitre, ácido sulfúrico, ácido nítrico, ácido clorhídrico y otros
elementos: será dirigida por dos jóvenes nacionales y dos obreros
y tendrá sus aparatos respectivos.
Art. 7° Se planteará otra fábrica industrial, la que ensanchará
sus especulaciones relativamente al consumo y al comercio de la
nación: se elaborará en ella el vidrio y el cristal, la loza, el papel, el
fósforo y el caucho: se establecerá también dentro de esa fábrica
una curtimbre y otra de tintura. Estas fábricas serán dirigidas por
químicos jóvenes nacionales y obreros especializados traídos de
Europa, y tendrán sus aparatos, en su mayor parte.
Art. 8° Habrá también dos mineros para explotar las minas
de plata, de plomo, de hierro y de cobre, y de otros minerales que
se descubrieren.
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Art. 9° Los profesores y obreros extranjeros, además de las
obligaciones especiales de sus respetivos ramos, tienen también
la de enseñar durante cuatro años contados desde su llegada al
país, y de formar profesores nacionales.
Art. 10.- El profesor de zoología y botánica deberá indicar las
virtudes y empleos de las plantas y procurar la educación y mejo-
ra de los animales, y formar y dirigir un jardín botánico: además
está obligado a dirigir la parte científica de la hacienda-modelo
en lo respectivo a la agricultura. Este profesor y el de geología y
mineralogía están obligados a dirigir la parte relativa a sus res-
pectivos ramos en el museo de Historia Nacional.
Art. 11.- Debe haber un ingeniero para formar y componer
caminos y otras obras públicas.
Art. 12.- Algunos profesores, a saber, el de química, el de zoo-
logía y botánica, el de mineralogía y geología, el de matemáticas,
mecánica y dibujo, el ingeniero, el minero y el agricultor deberán
298 ser traídos de Europa, los demás para completar el cuadro debe-
rán ser nacionales tomados de la facultad científica de Latacunga.
Art. 13.- Los aparatos y colecciones serán, en la mayor parte,
traídos de Europa, y los que se pueda, hechos en el país.
Art. 14.- Para la compra de todos los aparatos, adelantos y
viajes de profesores y obreros extranjeros se destina la suma de
sesenta mil pesos.
Art. 15.- Se autoriza al Poder Ejecutivo para que si los fondos
del Erario, o los que la Legislatura crease para este objeto, no bas-
tasen para los gastos referidos y demás necesarios a la realización
del plan, celebre un empréstito por las sumas que fueren necesi-
tando, tomándolas a crédito con el interés comercial.
(fs) Icaza, Vallejo, Velasco, Ubillús, Menéndez”.313
Es indudable que García Moreno en su calidad de rector de
la Universidad Central, hubiera deseado que esta nueva entidad
313 Ibid., Palacio Legislativo.
Tomo I
Pensamiento Rectoral de la Universidad Central del Ecuador
educativa de carácter científico se estableciera en la vieja casona
universitaria, pero el espacio, las comodidades y el ambiente no
era propicio para este fin, razón por la que no propuso su insta-
lación en el edificio localizado junto a la iglesia de los jesuitas, a
pesar de que cuando comenzó a desarrollar su proyecto, como ya
hemos visto, dispuso la adecuación de aulas para organizar los la-
boratorios, particularmente de física y química, llegando, incluso
a donar a la universidad sus propios equipos.
Habrá que realizar nuevos estudios e investigaciones para
conocer a fondo las razones que le impidieron instituir su “Es-
cuela Científica” en la Universidad Central.
Por otro lado, como ya sabemos, la futura Escuela Politéc-
nica, que la fundó cuando Presidente de la República, no llegó
a concretarse en su tiempo de rector de la Universidad Central.
En 1861, en una exposición en el Congreso, García Moreno
diría lo siguiente sobre la importancia de la educación:
“Restablecer el imperio de la moral sin la cual el orden no 299
es más que tregua o cansancio, y fuera de lo cual la libertad es
engaño y quimera; moralizar un país en que la lucha sangrienta
del bien y del mal, de los hombres honrados contra los hombres
perversos, ha durado por el espacio de medio siglo, y moralizarlo
por medio de la represión enérgica y eficaz del crimen y por la
educación sólidamente religiosa de las nuevas generaciones; res-
petar y proteger la santa religión de nuestros mayores, y pedir a
su influencia benéfica la reforma de las leyes que los Gobiernos
no pueden conseguir por si solos; fomentar el desarrollo de los
intereses políticos de nuestra atrasada y empobrecida sociedad,
removiendo los obstáculos que la falta de conocimientos y de vías
de comunicación opone a su industria, comercio y agricultura;
sustituir las conquistas pacificas del trabajo y de la riqueza, a las
peligrosas y absurdas teorías que en la juventud seducen la buena
fe y extravían el patriotismo; arreglar la hacienda pública sobre
la triple base de la probidad, la economía y el crédito nacional,
Siglo XIX
Dr. Gabriel García Moreno
cuidad que el ejército continúe siendo el escudo y la gloria de la
República; cultivar las buenas relaciones que conservamos con
las potencias amigas y defender el honor y los derechos de Esta-
do; en una palabra, lanzar al Ecuador con mano vigorosa en la
senda de la prosperidad: He aquí los difíciles deberes que acabo
de imponerme, deberes que nos esperaría cumplir, si no confiase
en la protección bondadosa de la Divina Providencia, que tanto
nos favoreció en los días de peligro, y si no contase con vuestra
patriótica colaboración y con el apoyo y simpatías del pueblo. Al
contemplar la inmensa distancia que tengo que recorrer, me sien-
to profundamente desanimado; pero me aliento recordando la
crisis tremenda de que hemos salido, y encontrando entre voso-
tros al ilustre caudillo y a los valientes jefes que jamás abandona-
ron la causa de la Republica y la hicieron triunfar en los campos
de batalla. Feliz seré ciertamente si me es dado cumplir las sagra-
das obligaciones que he contraído y si consigo con mis servicios
300 la gratitud de mis conciudadanos y la memoria de la Posteridad”.
García Moreno, luego de la sesión del 27 de noviembre de
1858, se ausentó de la universidad, encargando el rectorado (que
no volvió asumir) al Dr. Egas. Suponemos que se trasladó a Gua-
yaquil con el objeto de preparar la revolución que estalló en Quito
en mayo del siguiente año.
Tomo I
Pensamiento Rectoral de la Universidad Central del Ecuador
BIBLIOGRAFÍA
Fuentes primarias:
Archivo histórico de la Universidad Central del Ecuador
Archivo histórico de la Asamblea Nacional
Archivo histórico de la Presidencia de la República
Archivo histórico del Ministerio del Interior
Archivo histórico del Municipio de Quito
Archivo histórico del Convento Máximo de Santo Domingo
Archivo histórico del Convento Máximo de La Merced
Archivo histórico de la Curia Metropolitana de Quito
301
Archivo histórico de la Biblioteca Ecuatoriana “Aurelio Espino-
sa Pólit”
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ros, 1970, p. 18. 303
Siglo XIX
Esta edición que consta de 500 ejemplares en papel
bond beige de 75 grs., se terminó de imprimir
en julio de 2019, siendo Rector de la Universidad
Central del Ecuador el señor Dr. Fernando
Sempértegui Ontaneda, PhD.