Análisis del Fallo Rivademar en Rosario
Análisis del Fallo Rivademar en Rosario
Sostuvo que, en su carácter de pianista profesional, fue contratada por la Municipalidad de Rosario
como solista de piano y clave en 1978, junto con otros músicos, previa selección de una terna de
postulantes, asignándoseles la categoría 20. por dec. 1709 del 15 de setiembre de 1983 fue
incorporada a la planta permanente, en iguales condiciones que sus colegas integrantes del
quinteto. En ese tiempo se encontraba vigente la ley 9286, cuyo art. 133, del anexo I, fue el
soporte legal de la medida adoptada, puesto que la demandante contaba ampliamente -a la fecha
del acto- con los 3 meses de antigüedad requeridos, por la norma, para acceder a la planta
permanente de agentes comunales.
Continuó formulando otra serie de consideraciones que se vinculan con la nulidad del acto
segregativo y que no hacen al tema debatido en esta instancia excepcional.
Basado en esta conclusión, estimó que la demandante, contratada por varios años como agente del
municipio rosarino, fue legítimamente incorporada a la planta permanente, en virtud de las
disposiciones de la ley 9286, que otorgó este carácter a los empleados que se hubieran
desempeñado como contratados por un lapso superior a 3 meses.
Contra este pronunciamiento interpuso la demandada el recurso extraordinario federal que le fue
concedido a fs. 246/247.
II. Estimo que corresponde, en primer lugar, que me expida acerca de la viabilidad formal de la
apelación, recordando que el municipio demandado planteó en autos la inconstitucionalidad de la
ley provincial 9286, porque resultaría violatoria del art. 5º de la Constitución Nacional, fundando de
esta manera la legitimidad del acto administrativo cuyo examen resulta sea el objeto del "sub
discussio".
Al respecto, esta Corte ha sostenido que "el art. 14 de la ley de jurisdicción y competencia del año
63 ha sido tomada de la ley americana de 24 de setiembre de 1789, Judiciary Act, sec. 25, cap. 50
(sec. 709), y tanto la jurisprudencia nacional, como la de aquel país, han reconocido que la
procedencia de ese recurso extraordinario exige: primero, que se haya debatido en el pleito una
cuestión federal; segundo, que la decisión haya sido contraria al recurso fundado en la
Constitución, tratado o ley nacional invocados" (Fallos, t. 148, p. 62). Continuó diciendo el tribunal
que "eso se explica desde que la remoción excepcional de una causa desde el superior tribunal de
una provincia, al más elevado del orden nacional, se funda en la necesidad de asegurar la
supremacía de la Constitución, tratados y leyes nacionales, consagrada por el art. 31 y cuya
validez, discordancia con alguna ley, decreto o autoridad provincial, o bien la inteligencia de
alguna de sus cláusulas, para indicar los tres casos que prevé el citado art. 14, haya sido
cuestionada ante los tribunales locales y la decisión de éstos desconozca el derecho, privilegio o
exención, fundado precisamente en lo que la carta fundamenta llama "ley suprema de la Nación"
(ver p. 64).
Precisamente, a mi juicio, ésta es la situación de autos, pues la Corte Suprema local se pronunció
en favor de la validez de la ley provincial, razón por la cual estimo que el remedio federal resulta
formalmente procedente (art. 14, inc. 2º, ley 48).
No obsta, a esta conclusión, por otra parte, la circunstancia de que, parejamente con la apelación
federal, la perdidosa hubiera ensayado un recurso de inconstitucionalidad local, para ante el mismo
tribunal. Así lo pienso, por cuanto V. E., a partir de la causa "Strada, Juan Luis c. Ocupantes del
perímetro ubicado entre las calles Dean Funes, Saavedra, Barra y Cullen", fallada el 8 de abril de
1986 (Rev. LA LEY, t. 1986-B, 476), ha sentado la doctrina conforme la cual, tribunal superior de
provincia, según el art. 14 de la ley 48, es el órgano judicial erigido como supremo por la
constitución de la provincia. En la especie, la recurrente ha satisfecho este requisito, toda vez que
el caso quedó residenciado originariamente ante el supremo tribunal santafesino. En cuanto al
recurso de inconstitucionalidad, la propia Corte local lo declaró improcedente "in limine", por no
existir en el ordenamiento procesal un remedio de tal índole, limitándose la recurribilidad de sus
pronunciamientos en el Código de lo Contenciosoadministrativo (ley 4106) a los medios de
impugnación excepcionales previstos en los arts. 76 y 80. Por lo demás estos recursos, de revisión el
uno y de nulidad el otro no son, por su naturaleza, aptos para atender los agravios que, con
fundamento en disposiciones constitucionales, motivan la impugnación de la demandada.
En consecuencia, estimo que la sentencia en recurso proviene del superior tribunal de la causa y no
le es imputable, a la apelante, la frustración de una vía que pudo estimar apta para reparar su
gravamen, dado que no se trata del incumplimiento de recaudos formales que hubieren impedido la
consideración del recurso por el a quo; ni existe otro remedio local idóneo, según lo afirmado por la
Corte provincial.
III. En cuanto al fondo de la cuestión, entiendo que el planteo recursivo gira fundamentalmente en
torno a la afirmación de que el "régimen municipal", exigido por el art. 5º de la Ley Fundamental,
para garantizar el gobierno federal a la provincia el goce y ejercicio de sus instituciones, queda
desnaturalizado si -como en el caso- la legislatura local establece el estatuto y escalafón del
personal municipal, ya que esta facultad resulta de importancia fundamental para la administración
de la comuna.
De esta manera, antes de adentrarme en los agravios concretos de la apelante, me parece oportuno
efectuar una relación de la jurisprudencia de esta Corte, en torno a los alcances del régimen
municipal y, más ajustadamente, al grado de independencia del municipio que el mismo supone, en
el marco de la organización políticoadministrativa de la provincia. Aclaro que, de este análisis,
excluyo el status jurídico de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, toda vez que median al
respecto disposiciones constitucionales expresas (arts. 67, inc. 27, y 86, inc. 3º), que no son
aplicables a los municipios de provincias. En tal sentido, este tribunal ha sostenido que el art. 5º de
la Constitución Nacional se refiere al régimen municipal en las provincias; agregado que, sea cual
fuere su alcance, no rige respecto a la Capital, sometida a la legislación exclusiva del Congreso y a
la autoridad inmediata del Poder Ejecutivo (Fallos, t. 114, p. 161).
A poco de instalada esta Corte, en 1870, en ocasión de decidir acerca de su competencia para
conocer de una demanda de un particular contra la Provincia de Santa Fe, afirmó enfáticamente la
independencia de la provincias, frente a los Poderes de la Nación, para decidir todo lo que hace al
régimen de sus propias instituciones, materia dentro de la que se incluye el derecho municipal, el
que entendió de competencia exclusiva del ordenamiento local (Fallos, t. 9, p. 277).
Al poco tiempo, en 1916 (Fallos, t. 123, p. 313), el tribunal vuelve a reiterar la doctrina acuñada en
Fallos, t. 114, reafirmando implícitamente el carácter autárquico del municipio, dado que, en el
mismo considerando, destaca la autonomía de la provincia (ver consid. 5º).
En Fallos, t. 154, p. 25, se reafirma el carácter de delegación de poderes provinciales que revisten
las municipalidades pero, al mismo tiempo, se las considera "organismos de gobierno" y se las
define como "entidades esenciales", en virtud del régimen establecido en el art. 5º de la Ley
Fundamental. De este pronunciamiento, deduzco que la Corte ha estimado la existencia del
municipio como necesaria en la organización provincial y, además, dotada de cierta individualidad
frente al resto de la administración local, de modo que no se puede concebir como una oficina más
de la provincia. Requiere, asimismo, una dotación de atribuciones tales que, en su esfera, le
permitan ejercer alguna clase de "gobierno".
No parece variar la idea básica, en Fallos, t. 192, p. 17 porque, si bien se refiere nuevamente a la
naturaleza jurídica del municipio capitalino, desechando totalmente su autonomía, agrega "y lo
contrario no puede inferirse del art. 5º de la Ley Fundamental", con lo que implícitamente viene a
sostener que tampoco los municipios de provincia pueden alcanzar el rango de autónomos. No
obstante, hay otro aspecto del pronunciamiento que me parece necesario resaltar. La Corte afirma
que la Municipalidad de Buenos Aires no es ni ha sido una simple repartición administrativa
nacional, destacando de esta forma su autarquía, con apoyo en antecedentes legales muy cercanos
a la sanción de la Constitución del 53; vale decir, el decreto de 2 de setiembre de 1852 del
Directorio de la Confederación Argentina y la ley del 4 de mayo de 1853, sancionada por el mismo
Congreso Constituyente. Esta forma de concebir la organización comunal y la interpretación que se
asignó en el fallo a la expresión "poder" municipal, contenida en las normas mencionadas, tiene
valor más allá del régimen de la Capital Federal, debido al efecto paradigmático que los
constituyentes del 53 asignaban al ordenamiento jurídico que habían sancionado para la comuna
metropolitana, estimando que serviría de norte a los legisladores locales al momento de disponer la
organización de los municipios provinciales.
El cambio, a mi juicio trascendente en esta línea jurisprudencial que por otra parte, retomó varias
veces la Corte, sobreviene en 1944. En Fallo, t. 199, p. 423 (Rev. LA LEY, t. 36, p. 521), destacó
que el alcance y los límites de las facultades municipales surgen de la Constitución y las leyes
provinciales, materia que resulta ajena a la Nación, en cuanto no violen los principios, derechos y
garantías establecidas en la Carta Fundamental de la República. Asimismo, desentrañando el
alcance de la expresión "régimen municipal", contenida en el art. 5º, sostuvo que se traduce en el
establecimiento del municipio como requisito esencial para la efectividad de la autonomía de las
provincias, pero en manera alguna importa la prefijación del sistema económico-financiero al cual
deba ajustarse la organización comunal, atribución esta última que entra en la órbita de las
facultades propias locales, conforme a los arts. 104, 105 y 106 de la Constitución.
Esta jurisprudencia fue reafirmada en Fallos, t. 249, p. 99 (año 1961 -Rev. LA LEY, t. 104, p. 41-) y
en Fallos, t. 259, p. 166, donde se ratifica que el régimen legal de los municipios no es cuestión
regida por la Constitución y las leyes de la Nación, sino propia del ordenamiento jurídico provincial.
Resta agregar, en este recorrido por la evolución jurisprudencial de la Corte que V. E., en su actual
composición, ha mantenido el criterio de Fallos, t. 114, al afirmar en autos "Ambros Palmegiani S.
A. y Gennaro y Fernández S. A. Empresas Asociadas" que las municipalidades no son más que
delegaciones de los poderes provinciales, circunscriptas a fines y límites administrativos (sentencia
del 1 de abril de 1986).
A mi modo de ver, esta concepción autárquica del municipio provincial no puede sostenerse hoy
con carácter único y uniforme en todo el ámbito de la República. Ello así, porque si bien pudiera
haber sido cierta para el tiempo en que fue establecida, no puede dejar de computarse que, a
partir de 1957, se ha desarrollado una evolución en el constitucionalismo provincial que tiende
indudablemente a configurar a los municipios, o al menos a los de categorías superiores, con un
inequívoco carácter autónomo. Tal lo que surge de las constituciones de las provincias de Chubut
(arts. 207, 208 y 210); Río Negro (arts. 168, 176); Formosa (arts. 140, 143); y Neuquén (arts. 182,
184, 186). todas de 1957. Igual carácter resulta de la Constitución de Misiones (arts. 161, 170), de
1958; y de la de Santiago del Estero (art. 156 bis, inc. 1º) de 1932, según la reforma de 1960,
vigente hasta hace muy poco tiempo.
Una corriente como la expuesta, se viene robusteciendo en los últimos años, a medida que los
estados locales han convocado convenciones para reformar sus leyes fundamentales.
La Constitución de Santiago del Estero, sancionada en 1986, reconoce al municipio como una
entidad jurídico-política y como una comunidad natural con vida propia e intereses específicos.
Sostiene la independencia del gobierno comunal ante todo otro poder provincial (arts. 216 y 220,
inc. 2º) y asegura la autonomía de los municipios de primera categoría, a los que otorga poder
constituyente para fijar sus propias cartas (art. 220, inc. 1º). En igual sentido, se legisla en la nueva
Constitución de San Juan (1986), reconociendo a todas las comunas autonomía política,
administrativa y financiera y, además, para los municipios de primera categoría, la autonomía
institucional (arts. 247 y 241). Igual camino siguió la Constitución de Salta, sancionada también en
1986 (arts. 164 y 168). La Carta Fundamental de La Rioja (1986), inspirada en similares principios,
otorga a las comunas autonomía institucional, política y administrativa, concediendo la facultad de
dictar sus propias cartas orgánicas, a todas ellas, sin distinción de categorías (arts. 154 y 157). Por
su parte, la nueva Constitución de Jujuy (1986), asegura a los municipios de la provincia, la
autonomía necesaria para resolver los asuntos de interés local (art. 178), estableciendo para los
más populosos la facultad de dictar su carta orgánica a través de una Convención Municipal (arts.
188). A su vez, la Constitución de Córdoba, recientemente sancionada (1987), reconoce la
existencia del Municipio como una comunidad natural fundada en la convivencia, y asegura el
régimen municipal, basado en su autonomía política, administrativa, económica, financiera e
institucional, otorgando a los asentamientos que la ley reconozca como ciudades, la atribución de
celebrar convenciones, para darse sus cartas orgánicas (arts. 180 y 181).
Igual concepción se recepta en la Constitución de la Provincia de San Luis (1987), que reconoce al
municipio como una comunidad natural con vida propia e intereses específicos, con necesarias
relaciones de vecindad; desprendiendo de ello el carácter de institución política -
administrativaterritorial, que se organiza independientemente dentro del Estado, sobre una base
de capacidad económica, para satisfacer los fines de un gobierno propio (art. 247). A todos los
municipios se les reconoce, en consecuencia, autonomía política, administrativa y financiera y a
aquellos que pueden dictar su propia Carta Orgánica, además, se les concede autonomía
institucional (arts. 248 y 254).
Con base en los antecedentes expuestos, a mi modo de ver, la exigencia contenida en el art. 5º de
la Constitución Nacional, dirigida a las provincias, consistente en asegurar su "régimen municipal",
se traduce en la necesidad de implementar, en cada jurisdicción, la institución del municipio, con
personalidad que lo diferencia del resto de la administración provincial, y dotado de atribuciones
suficientes para llevar a cabo el gobierno y administración de los asuntos comunales. Pero la
cláusula constitucional no importa una definición en cuanto al grado de independencia que debe
acordársele, quedando reservado, a la discreción del constituyente o del legislador provinciales, la
determinación del modo e intensidad que revestirá la descentralización. En resumen, el municipio
provincial es una institución necesaria, pero su configuración resulta atribución privativa del orden
local, pudiendo escoger la provincia entre un régimen autárquico o autonómico, con las múltiples
facetas que cada uno de éstos puede adoptar.
Esta es, por otra parte, la opinión de Joaquín V, González, quien refiriéndose a la recreación de las
corporaciones en la Constitución de 1853, señala la obligatoriedad para las Provincias del
establecimiento del régimen municipal, y agrega: "No les prescribe bases para definir la naturaleza
del gobierno municipal, pero es justo entender que dejaba librada su elección a la voluntad y la
experiencia de los constituyentes de Provincia. Sólo habla de su régimen municipal, es decir, que
los considera, según es su naturaleza histórica y jurídica, una institución propia y exclusivamente
local, esto es, que deriva su existencia, forma y poderes de la soberanía constituyente o legislativa
de cada provincia" ("Manual de la Constitución Argentina", ps. 717 y 718, Buenos Aires, 1897).
Luego, al analizar las facultades que les son concedidas a los municipios, delinca ambos status,
autárquico y autonómico, como posibles para la configuración del municipio provincial, cuando
sostiene: "Respecto de su posición en el Estado o Provincia, los hay de dos formas: los que son sólo
una rama administrativa y política del gobierno y los que tienen existencia más separada y distinta
de éste" (ídem, p. 721).
IV . Determinando así el alcance del precepto constitucional, me parece oportuno recordar que la
sentencia en recurso ha establecido el carácter autárquico del municipio santafesino, mediante una
interpretación de la legislación local que no resulta revisable en esta instancia, por la naturaleza
del derecho comprendido y en atención a que no ha sido alegada por la recurrente la arbitrariedad
del fallo. Vale decir, que de los grados de descentralización que admite el art. 5º de la Constitución
Nacional, la Carta Fundamental de Santa Fe ha escogido el de menor independencia, sujetando el
municipio a las normas de la legislatura local.
Con este alcance, me haré cargo exclusivamente de los agravios que se dirigen contra la sentencia
y que resultan vinculados a la Constitución Nacional, dado que, en el remedio federal, se deslizan
otros que remiten a temas de derecho público provincial (v. g.: c. VII, puntos 2, 3, 5, 8 y 9).
En tal sentido, contrariamente a lo sostenido por la Municipalidad de Rosario, estimo que la ley en
base a la cual la actora obtuvo su estabilidad en el empleo no resulta violatoria de la norma
constitucional tantas veces citada. Ello así, por cuanto estableció un régimen general para todos los
empleados de los municipios, determinando sus derechos y deberes, y derogando así la facultad
que, por la Ley Orgánica, había concedido a las corporaciones locales para dictar las normas
atinentes a su personal.
Habida cuenta que esta última competencia le había sido atribuida por la legislatura local y no le
corresponde originariamente por mandato constitucional, no me parece que exista obstáculo
jurídico alguno para reasumir la facultad delegada y trazar las bases de un régimen uniforme para
los agentes comunales. No observo, que de esta manera, se prive al municipio de su personalidad,
ni de atributos fundamentales que hagan al gobierno vecinal; pues no se ha dado -como sostiene la
impugnante- una intromisión inadmisible en el ámbito propio de la corporación, que desnaturalice
su existencia, toda vez que la ley no procedió a designar o remover a personal individualmente
considerado, sino que estableció un estatuto general, a cuyo amparo quedó incorporado como
permanente todo aquél servidor que tuviera una determinada antigüedad como contratado.
No se trata, desde otro ángulo, de una asunción directa de la gestión de los intereses municipales
por parte de la provincia, puesto que la Municipalidad conserva la potestad disciplinaria sobre sus
agentes y mantiene la superintendencia de su personal, a quien puede designar o separar, según las
bases dispuestas por la legislatura provincial. Con el recorte de facultades que significa la sanción
legal de un estatuto de personal, que anteriormente el municipio podía dictar, no se altera por esta
sola circunstancia su autarquía, ni se desnaturalizan los fines para los que fue creado;
representando la medida una determinación, por parte del legislador provincial, del grado de
independencia que discrecionalmente ha resuelto asignar al municipio, dentro del marco tan amplio
de distintos modelos de organización descentralizada, que supone el "régimen municipal" previsto
en el art. 5º de la Ley Fundamental.
V. Por las razones expuestas, soy de opinión que corresponde admitir el recurso extraordinario y
confirmar la sentencia apelada. Abril 28 de 1988. - María G. Reiriz.
4) Que, contra esa decisión, interpuso la demandada el recurso extraordinario federal, el cual es
formalmente procedente ya que se ha puesto en cuestión la validez de una ley de provincia bajo la
pretensión de ser repugnante a la Constitución nacional, y la decisión ha sido en favor de la primera
(art. 14, inc. 2, ley 48). A ese respecto, corresponde remitirse, "brevitatis causae", a lo expuesto en
el cap. II del precedente dictamen de la Procuradora Fiscal.
5) Que, en cuanto al fondo del asunto, la recurrente sostiene la invalidez constitucional de la ley
provincial 9286, al afirmar que, en tanto priva a la comuna de la atribución de organizar el estatuto
y escalafón de su personal, viola el art. 5º de la Ley Fundamental en tanto desnaturaliza el
"régimen municipal" al implicar una asunción directa por parte de la provincia de funciones que
hacen a la administración directa de los intereses municipales y locales; y, en especial, del art. 133
de su anexo I, en cuanto dispone la incorporación automática a la planta permanente del personal
que revistiera como contratado con no menos de tres meses de antigüedad.
6) Que, si bien esta Corte tiene como misión esencial la de asegurar la primacía de la Constitución
nacional y de las leyes dictadas en su consecuencia por sobre cualquier norma de orden local que
las contradiga (art. 31 de la Constitución), esa atribución no puede ser ejercitada de manera
genérica sino en la medida en que se presente un caso contencioso concreto (arts. 2º y 3º, ley 27).
Por tanto, no corresponde en el "sub lite" entrar a examinar la validez constitucional genérica de la
ley provincial 9286 sino únicamente del art. 133 del estatuto que organiza, ya que se trata de la
norma específicamente aplicada para resolver este caso en particular.
8) Que un nuevo y más detenido examen de la cuestión aconseja, en el momento actual, revisar esa
doctrina que se ha mantenido casi invariablemente en la jurisprudencia de esta Corte.
En primer lugar, como bien señala la Procuradora Fiscal en su dictamen, ella de ningún modo
podría ser afirmada con carácter uniforme para todo el territorio de la Nación, ya que a partir de
1957 diversas constituciones provinciales han consagrado el criterio de la autonomía de los
municipios, que puede ser plena, cuando se los faculta a dictar sus propias cartas orgánicas, o
semiplena, cuando no alcanza a esa atribución.
Por otra parte, aun prescindiendo de las prescripciones concretas de las constituciones provinciales
vigentes, debe reconocerse que mal se avienen con el concepto de autarquía diversos caracteres de
los municipios, tales como su origen constitucional frente al meramente legal de las entidades
autárquicas; la existencia de una base sociológica constituida por la población de la comuna,
ausente en tales entidades; la imposibilidad de su supresión o desaparición, dado que la
Constitución asegura su existencia, lo que tampoco ocurre con los entes autárquicos; el carácter de
legislación local de las ordenanzas municipales frente al de resoluciones administrativas de las
emanadas de las autoridades de las entidades autárquicas; el carácter de personas jurídicas de
derecho público y de carácter necesario de los municipios (art. 33, Cód. Civil, y especialmente la
distinción hecha en el texto originario de Vélez Sársfield), frente al carácter posible o contingente
de los entes autárquicos; el alcance de sus resoluciones, que comprende a todos los habitantes de
su circunscripción territorial, y no sólo a las personas vinculadas, como en las entidades
autárquicas; la posibilidad de creación de entidades autárquicas en los municipios, ya que no
parece posible que una entidad autárquica cree a otra entidad autárquica dependiente de ella; y la
elección popular de sus autoridades, inconcebible en las entidades autárquicas.
9) Que, sin embargo, aun cuando no se reconozca que la autonomía de los municipios cuenta con
base constitucional, tampoco puede prescindirse de que la necesaria existencia de un régimen
municipal impuesta por el art. 5º de la Constitución determina que las leyes provinciales no sólo no
puedan legítimamente omitir establecerlos sino que tampoco puedan privarlos de las atribuciones
mínimas necesarias para el desempeño de su cometido, entre las cuales resulta esencial la de fijar
la planta de su personal, designarlo y removerlo. Fácil es advertir que si se encontraran sujetos en
esos aspectos a las decisiones de una autoridad extraña -aunque se trate de la provincial- ésta
podría impedirles el cumplimiento de sus funciones negándoles el personal necesario para llevarlas
a cabo, o causar el desorden administrativo o la ruina económica imponiéndoles un número
excesivo de empleados o remuneraciones que sus recursos no permitiesen afrontar.
10) Que tal conclusión tiene también sus raíces en la propia jurisprudencia de esta Corte, que -
como también recuerda la Procuradora Fiscal- en Fallos, t. 154, p. 25 expresó que las
municipalidades son organismos de gobierno de carácter esencial, en Fallos, t. 156, p. 323 juzgó
que tienen un ámbito propio a administrar, y en Fallos, t. 192, p. 17 reconoció que la Municipalidad
de la Capital Federal, a la cual los propios constituyentes entendieron atribuir carácter de modelo
para las provincias, no es una mera repartición administrativa nacional. Es que si son órganos de
gobierno -aun cuando no se trate del gobierno político, que es del resorte de las autoridades
provinciales, sino del gobierno municipal- resulta inconcebible que ese gobierno, bien que se ejerza
en un ámbito limitado territorial y funcionalmente, esté desprovisto del poder de designar y
remover a sus empleados.
11) Que, en tal virtud, ha de concluirse que la norma impugnada, en tanto impone a la
municipalidad rosarina admitir con carácter permanente a personal que sólo había sido contratado,
y al que, por esa vía, se haría entrar irregularmente en categorías superiores en desmedro de la
carrera administrativa, está en pugna con el art. 5º de la Constitución por implicar una
desnaturalización del régimen municipal que pone en riesgo su subsistencia.
12) Que, por otra parte, tanto la decisión del Consejo que autorizó al intendente municipal a
revisar las designaciones efectuadas en los cargos superiores del escalafón para las autoridades
defacto, cuando la del intendente municipal que revocó nombramientos comprendidos en esas
categorías por violar las normas vigentes para. el ingreso de empleados municipales, resultan
claramente adecuadas al criterio reiteradamente establecido por esta Corte en su actual
composición en el sentido de que la validez de las normas y actos emanados del Poder Ejecutivo
defacto está condicionada a que, explícita o implícitamente, el gobierno constitucionalmente
elegido que lo suceda, la reconozca, y que la restitución del orden constitucional en el país
requiere que los poderes del Estado Nacional o los de las provincias, en su caso, ratifiquen o
desechen explícita o implícitamente los actos del gobierno defacto (Fallos, t. 306, p. 2303;
disidencia de los jueces Fayt y Belluscio en Fallos, t. 307, p. 338; C. 335-XX "Canovas, Andrés P. c.
Aerolíneas Argentinas-Empresa del Estado", B. 744-XX; "Budaro, Raúl. A. c. Fac. Arquitectura" y G.
566-XXI -Rev. LA LEY, t. 1987-E, 191-; "González Ruzo, Eduardo A. c. Poder Ejecutivo Provincial
s/acción contenciosoadministrativa" falladas el 14 de mayo, 9 de junio de 1987 y 9 de junio de
1988, respectivamente). A la luz de esa doctrina, resulta evidente la legitimidad de que las
autoridades municipales constitucionales revisasen los nombramientos efectuados por las defacto,
máxime cuando limitaron esa revisión a las realizadas en los cargos más altos del escalafón y
prescindiendo de las normas que organizaban la carrera administrativa, a la vez que inadmisible
que el propio gobierno defacto, mediante una ley de alcances generales, convalidase las
transgresiones cometidas por él mismo mediante el arbitrio de imponer a las autoridades
constitucionales futuras la validez de tales designaciones, como pretendió la norma impugnada. La
ratificación de ese acto por la Legislatura -posterior en el tiempo al decreto municipal que motiva
este proceso- no desvirtúa ese razonamiento, pues fue dictada cuando ya el gobierno municipal
había ejercitado su facultad de desconocer la imposición pretendida por los gobernantes defacto.
Por ello, y lo dictaminado en sentido concordante por la Procuradora Fiscal, se declara procedente
el recuso extraordinario interpuesto y se revoca la sentencia recurrida. - José S. Caballero. -
Augusto C. Belluscio. - Carlos S. Fayt. - Enrique S. Petracchi. - Jorge A. Bacqué.