HISTORIA DEL CAFÉ
20 DE MARZO DE 2023
LILIA VANNESA ARIAS FORERO NOEMI COTO FIGUEROA
Unimaat 8° cuatrimestre
Café
Con la palabra café designamos al extracto obtenido de los granos mondados,
tostados y molidos de la planta del café tratados con agua caliente, que se
consume como bebida filtrada o sin filtrar 1. El nombre deriva de la palabra
árabe qahwa que significa fuerza. Los granos del café son las semillas de los
frutos del arbusto del café (Coffea arabica L., Coffea robusta Lind., Coffea liberica
Bull ex Hiern, kafei ¿¿). Botánicamente se trata de un fruto de hueso (bayas o
“cerezas” del café) de color rojo oscuro a violeta con 2 semillas que derivan de su
floración blanca.
Las flores y los frutos se desarrollan simultáneamente en el arbusto del café
Sus dos semillas están situadas una al lado de la otra en contacto por sus caras
internas planas que presentan un surco 2. El arbusto del café es oriundo de las
tierras altas abisinias de Etiopía, donde crece salvaje 3. El café se cultivó por
primera vez en grandes plantaciones en Yemen. De ahí se extendió su cultivo a
todo el mundo. Al igual que el té, el café es una planta arbustiva de 3-8 m de
altura, que para facilitar su cosecha se mantiene con podas a una altura de unos
2,5 m. El café crece en los climas tropicales, a diferentes altitudes dependiendo de
su variedad, pero principalmente a 600 m.
Las bayas de café muestran distintos grados de maduración y contienen dos
semillas
Las semillas verdes, planas y acanaladas forman el café en bruto
El médico y botánico italiano Prosper Alpinus nos brindó en 1592 la primera
descripción científica e ilustración del café. Los comercios de café se establecieron
en muchos países europeos. La primera cafetería vienesa abrió sus puertas en
1683 después de que se confiscaran en la guerra contra los turcos varios cientos
de sacos de café en grano. El café era inicialmente muy caro, por lo que
solamente se lo podían permitir los ciudadanos adinerados. Las capas sociales
menos pudientes tenían que conformarse con sucedáneos del café, como el café
malteado o la achicoria. Se dice de Balzac que tomaba mucho café cargado para
mantenerse despierto y aguantar su ritmo de 12 h diarias de trabajo. Beethoven
empleaba exactamente 60 granos de café para prepararse con ellos una taza de
café. Los médicos ingleses refirieron en el siglo XVI sus muchas ventajas para la
salud. Ayuda a la digestión, acelera las facultades mentales, aligera el corazón,
alivia la tos, las cefaleas y la hidropesía. Sin embargo, en los primeros tiempos
también se levantaron voces en contra el café, defendiendo que su consumo
excesivo produce vértigo, adelgazamiento, trastornos del sueño y melancolía
intermitente. Bach respondió a estas críticas con mucho humor en su cantata
sobre el café de 1734. El disfrute en común de una taza de café es cada vez más
una forma de comunicación social con un papel social importante. La medicina
popular atribuye además al café propiedades curativas para el asma, la ictericia,
los dolores de cabeza, los excesos en las comidas, las comilonas y el
estreñimiento consiguiente.
Los granos de café más oscuros poseen un sabor dulce y amargo, mientras que
los más claros son más ácidos y menos amargos.
Historia
Tuvo su comienzo en África, en Etiopia en el siglo XV.
Quien descubrió el café fue un pastor de cabras que se llamaba kaldi.
Había una fruta llamada la Meca, hay apareció los primeros establecimientos que
servían café llamados kaveh kanes estos rápidamente ser expandieron porque
nunca habían existido lugares como estos, la gente se reunían para socializar y
hablar de negocios, pero a ser un lugar muy concurrido para pablar de política
fueron prohibidos.
La historia del café y su expansión por el mundo tiene a los árabes como
protagonistas. Durante unos 200 años tuvieron la exclusiva del cultivo y comercio
de café ya que tenían especial cuidado en no propagar granos fértiles de café. Les
quitaban las capas exteriores y los tostaban para el comercio. Así pues, era misión
imposible plantar un cafeto (la planta del café) en territorios que no estuvieran bajo
la influencia árabe.
Los holandeses fueron los primeros europeos en conseguir semillas fértiles,
llevarlas a su país y cultivar la planta en invernadero en 1616. Las condiciones
climáticas en los Países Bajos no son las más idóneas para el cultivo de café, así
que fueron a cultivar el café en Malabar, en la India, y en 1699 llevaron alguno a
Batavia, en Java, en lo que es ahora Indonesia. Unos cuantos años después, las
colonias holandesas se habían convertido en la principal fuente de suministro de
café a Europa. Hoy en día Indonesia es el cuarto exportador de café del mundo.
El Café Llega A Europa
Los comerciantes venecianos fueron los que primero llevaron el café a Europa en
1615. Esa fue la época en que también aparecieron en Europa las otras dos
grandes bebidas calientes: la primera, el chocolate caliente, que llevaron los
españoles de las Américas a España en 1528; la otra el té, que se vendió por
primera vez en Europa en 1610.
Al principio el café lo vendían sobre todo los vendedores de limonada y se creía
que tenía cualidades medicinales. El primer establecimiento de café en Europa se
abrió en Venecia en 1683, y fue el famosísimo Caffè Florián de la Plaza de San
Marcos, que abrió sus puertas en 1720 y sigue aún hoy abierto al público.
El mayor mercado de seguros del mundo, Lloyd's de Londres, empezó a funcionar
como un establecimiento de café. Empezó el negocio en 1688 Edward Lloyd, que
preparaba allí las listas de los buques que sus clientes habían asegurado.
El Café Llega A Las Américas
La primera referencia a que se tomaba café en Norteamérica data de 1668 y,
pronto después de esa fecha, se abrieron establecimientos de café en Nueva
York, Filadelfia, Boston y algunas otras ciudades. El Boston Tea Party de1773 se
planeó en un establecimiento de café, el Green Dragon. Tanto la Bolsa de Nueva
York como el Banco de Nueva York empezaron en establecimientos de café, en lo
que es hoy el distrito financiero de Wall Street.
Fue en el decenio de 1720 cuando el café se empezó a cultivar por primera vez en
las Américas, gracias a lo que es quizá el relato más fascinante y romántico de la
historia del café. Gabriel Mathieu de Clieu era un oficial de la Marina francesa que
estaba de servicio en la Martinica y que, en 1720, viajó a París con permiso. Con
alguna ayuda y no poco encanto personal adquirió un cafeto que se llevó con él en
el viaje por mar de vuelta. El cafeto fue instalado en una caja de cristal y dejado
en cubierta para mantenerlo caliente y que no lo dañase el agua salada. El viaje
estuvo lleno de incidentes, o al menos así fue como lo contó Mathieu de Clieu en
su diario: piratas tunecinos persiguieron el buque, hubo una fuerte tormenta y el
cafeto tuvo que ser amarrado. Nuestro héroe se vio obligado a enfrentarse con un
enemigo a bordo que tenía envidia y trató de sabotear el arbusto, hubo una pelea
violenta en la que una de sus ramas se quebró, pero el cafeto sobrevivió a todo
ello.
Después de esos incidentes el buque quedó inmóvil por falta de viento y se
racionó el agua potable. Para De Clieu estaba claro qué era lo más importante de
todo y cedió la mayor parte del agua que le correspondía al cafeto. El cafeto
sobrevivió y él también.
Por último, el buque llegó a la Martinica y el cafeto fue replantado en Preebear,
donde lo cercaron con un seto de espinas y lo cuidaron esclavos. El cafeto creció,
se multiplicó, y en 1726 se hizo la primera cosecha. Está registrado que en 1777
había entre 18 y 19 millones de cafetos en la Martinica. Había quedado
establecido el modelo para un nuevo cultivo comercial que podía darse en el
Nuevo Mundo.
Fueron los holandeses, sin embargo, los que primero empezaron a propagar el
cafeto en América Central y del Sur, donde hoy en día reina sin rival como el
principal cultivo con fines comerciales del continente. El café llegó primero a la
colonia holandesa de Surinam en 1718, y después se plantaron cafetales en la
Guyana francesa y el primero de muchos en Brasil, en Pará. En 1730 los
británicos llevaron el café a Jamaica, donde hoy en día se cultiva el café más
famoso y caro del mundo, en las Blue Mountains. Llegado 1825, América Central
y del Sur estaba en ruta hacia su destino cafetero. Esa fecha es también
importante porque fue cuando se plantó café por primera vez en Hawái, que
produce el único café estadounidense y uno de los mejores.
El Café Hoy
Para los estadounidenses, los mayores consumidores del mundo, Seattle es el
nuevo hogar espiritual del café. La ciudad más lluviosa de entre las principales de
los Estados Unidos dio a luz, en la década de 1970, una cultura cafetera o de
“Latte” que se impuso en los Estados Unidos y mejoró de forma espectacular la
calidad general del café que toman los estadounidenses. Hoy en día, en cualquier
lugar público de los Estados Unidos habrá uno o varios puestos de café que
ofrecerá una variedad de cafés, bebidas y refrigerios.
Esa recién descubierta “cultura cafetera” ha empezado a extenderse al resto del
mundo. En los países que ya tenían gran tradición cafetera, como Italia, Alemania
y los países escandinavos, añadió nuevos conversos a los placeres del buen
café. Hoy es posible encontrar buen café en cualquier ciudad importante del
mundo, desde Londres hasta Sydney y hasta Tokio; mañana se tomará más café
en todo el mundo y, lo que es más importante, un café mejor.
El Café Es Un Producto Básico Mundial
El café es uno de los productos primarios más valiosos, segundo en valor durante
muchos años únicamente al petróleo como fuente de divisas para los países en
desarrollo. El cultivo, procesamiento, comercio, transporte y comercialización del
café proporciona empleo a millones de personas en todo el mundo. El café tiene
una importancia crucial para la economía y la política de muchos países en
desarrollo. Para muchos de los países menos adelantados del mundo, las
exportaciones de café representan una parte sustancial de sus ingresos en
divisas, en algunos casos más del 80%. El café es un producto básico que se
comercia en los principales mercados de materias primas y de futuros, muy en
especial en Londres y en Nueva York.
Tipos de café
La planta del café es un arbusto que pertenece a la familia de las rubiáceas y al
género «Coffea». Alcanza entre 2 y 12 metros de altura y puede llegar a vivir 50
años. Comprende unas 70 especies, de las que sólo 10 son interesantes para la
producción (1, 2). Las dos más importantes son la Arábica y la Robusta o
Canephora. La primera es la más apreciada y crece en alturas entre 900 y 2.000
metros sobre el nivel del mar. Su contenido en cafeína es relativamente bajo
(entre 0,9% y 1,5%). Su cultivo es más delicado y requiere mayores cuidados; sus
frutos son redondos, suaves, levemente agrios, de color achocolatado, de corteza
lisa e intenso perfume.
Existen más de 1.000 variedades de café arábico, entre ellas las variedades de
café en Colombia (variedad Caturra, Colombia, Borbón, Típica, Maragoripe, etc.).
El café colombiano también conocido como Arábica Lavado, es el arábica de más
alta calidad. A diferencia de los granos de otros orígenes, todo el café de
Colombia es lavado. Este proceso extrae impurezas y agentes ácidos, otorgándole
su rico sabor y aroma. De otro lado, la especie Robusta o Canephora es más
precoz, resistente y productiva que la anterior. Se cultiva en terrenos bajos, con
plantas de mayor envergadura, costos y precios más bajos y por tanto, más
asequibles. Sus granos son menos perfumados, picantes y astringentes, y su
contenido en cafeína es muy superior (entre 2% y 4,5%). Se empezó a cultivar a
principios del presente siglo. La especie Canephora no existe en Colombia ya que
requiere condiciones especiales como cultivo a menos de 1.000 metros sobre el
nivel del mar. Se produce en Vietman, Brasil, África, Ecuador y Centro América.
Las variedades más conocidas son: Robusta, Aganda, Kuillu, Excelso y
Estenofilia. Como el café necesita condiciones climáticas específicas para crecer,
requiere de un microambiente con suficiente agua, humedad y luz solar. Hoy en
día se cultiva en los países tropicales y subtropicales cercanos a la línea del
Ecuador. Los granos de café o semillas, se hallan en el fruto del arbusto, que en el
estado de madurez es de color rojo y se le denomina «cereza». Cada cereza
posee una piel exterior que envuelve una pulpa dulce, debajo de la cual están los
granos recubiertos por una delicada membrana dorada que envuelve las dos
semillas de café. Los cafetos empiezan a dar frutos cuando tienen de 3 a 5 años
de edad; cuando los frutos están en el estado óptimo de madurez se recolectan de
manera manual, se despulpan, se fermentan, se lavan y se secan; este proceso se
conoce como beneficio agrícola vía húmeda. Posteriormente, el grano seco se
trilla para retirar la capa dorada que lo recubre. Una vez retirado el pergamino, el
grano se selecciona y se clasifica cuidadosamente, teniendo en cuenta su tamaño,
peso, color y defectos. Finalmente, estos granos seleccionados se tuestan para
que desarrollen el sabor y aroma del café, se muelen y quedan listos para la
preparación de la bebida. De tal manera que la producción de café tiene diferentes
pasos importantes que determinan la calidad final del producto, tales como:
recolección, selección del grano, lavado, trilla, tostón, molienda y preparación.
Grandes amantes del café
Grandes personajes de la historia universal fueron amantes y especialistas en la
degustación del café. Madame de Pompadour, amante y consejera de Luis XV en
Francia, Honorato de Balzac quien decía que bebió 50.000 tazas de café cargado
para escribir su obra «La comedia humana»; Emmanuel Kant, filósofo, azotó a un
criado por la demora en servirle un café luego de la cena. Voltaire (François-Marie
Arouet), consumió entre 50 y 72 tazas de café al día. Beethoven contó la cantidad
ideal de granos de café por taza. Juan Sebastián Bach y Goethe también fueron
grandes bebedores de café.
Historia del café en Colombia
Se cree que los Jesuitas fueron los primeros en cultivar café en Colombia en la
región del Orinoco, hacia 1732. Posteriormente, difundieron su cultivo por el sur
del país. El párroco de Salazar de las Palmas, Francisco Romero, ferviente
admirador de la planta, impuso como penitencia a sus feligreses la siembra de
cafetos según la gravedad de los pecados. Su ejemplo, seguido por otros
sacerdotes y así se propagó el café por el nororiente del país. A mediados del
siglo XIX el cultivo del café se expandió del norte al centro y occidente del
territorio. A finales de ese siglo, se consolidó como cultivo de exportación. Desde
cuando comenzaron a tener forma ordenada el cultivo y la actividad exportadora
de café en Colombia, el producto ha estado estrechamente ligado al desarrollo y
bienestar del país (3). Actualmente, el café genera más de 1 millón de empleos
permanentes de los cuales 800.000 se ocupan de las labores agrícolas. Más de
500.000 familias se benefician de su cultivo. Todos los cafetales sembrados hasta
1993 estaban en producción y las exportaciones ascendieron a cerca de 532.000
sacos. Para mediados de la década de los 90, el café representaba mucho más de
la mitad del valor total de las exportaciones colombianas, y en los años pico de
1995 y 1996 el café significó cerca del 70 por ciento del valor total de las
exportaciones. Alrededor de 1 millón de hectáreas están sembradas en café, lo
que equivale al uno por ciento del área total de Colombia. Las zonas cafeteras se
distribuyen a lo largo de las pendientes de las cordilleras en un microambiente
especial de clima templado. La mayor cantidad de cultivos se encuentra en los
departamentos de Antioquia, Caldas, Risaralda, Quindío, Tolima y Valle del
Cauca; Colombia tiene, pues gran tradición como país productor y exportador de
café. La actividad cafetera favoreció el aumento y la expansión de la industria
manufacturera, el crecimiento de las ciudades, el desarrollo de la infraestructura
de transporte, la formación del sector financiero y la vinculación del país al
comercio internacional.
Importancia del café en Colombia
Para Colombia, el café no sólo representa el principal producto de exportación y el
símbolo que identifica y realza la imagen del país; detrás de una taza de café se
encuentra una cultura, buena parte de la historia del último siglo, una forma de
vida, una tradición, el bienestar, el alma y la esperanza de un pueblo, y algo muy
importante, los innumerables esfuerzos de todos los colombianos que con su
trabajo producen uno de los cafés más suaves del mundo y de mejor calidad. El
café ha contribuido al desarrollo socioeconómico de las regiones productoras, así
como a la salud, el transporte, el comercio, las finanzas, la industria y el empleo.
El café es el producto agrícola que genera mayor empleo en el campo, en donde
la familia ha sido la base del trabajo en las fincas cafeteras. En Colombia el «tinto»
o pequeñas cantidades de café negro, constituyen la bebida social para todas las
edades, clases sociales y ocasiones. Se toma durante el día, en la casa, en el
trabajo, en la calle o simplemente en un café, reafirmando su presencia en la vida
cotidiana del colombiano.
Nutrientes y beneficios del café
El café es conocido por ser fuente de cafeína, la sustancia psicoactiva más
consumida en el mundo, que bloquea el receptor de adenosina, un nucleó sido
que estimula el sueño, por lo que si el café se consume en exceso puede producir
agitación, falta de sueño, ansiedad e insomnio.
Por lo anterior, se recomienda ingerir el café en cantidades moderadas que
dependen de la tolerancia individual de cada persona a la cafeína.
Cabe mencionar que los efectos benéficos de la cafeína han sido observados en
fuentes naturales del estimulante, no así en los alimentos o bebidas en las que la
cafeína está añadida como ingrediente, ya que su consumo se asocia con
taquicardias, elevación de la presión arterial, dolor de cabeza y ansiedad, por lo
que es importante distinguir entre las fuentes naturales de cafeína de aquellas en
donde la sustancia fue añadida, como los refrescos de cola o las bebidas
energizantes.
El café aporta también antioxidantes que se han asociado con efectos
anticancerígenos, ya que además de combatir el deterioro celular, ayudan a
mitigar el daño producido por las mutaciones genéticas caracterizadas por la
enfermedad.
Una porción de expreso tiene 80 miligramos (mg) de cafeína. Se considera que las
dosis bajas son aquellas inferiores de 200 mg y las moderadas entre 200 y 400 mg
para un adulto sano, que son cantidades que favorece el aprovechamiento de los
beneficios del café, como la activación, tanto cognitiva como física, sin obtener los
riesgos.
Además, el consumo de café mejora la sensación de bienestar, atención y
concentración, efectos que puede permanecer de tres a seis horas.
Otras ventajas del consumo del café es la disminución en el riesgo de diabetes
tipo 2, la enfermedad de Parkinson y otras formas de demencia.
En un estudio, los consumidores de más de una taza al día de café presentaron
11% menos riesgo de diabetes tipo 2.
En otro estudio, el consumo de 3 tazas de café al día se asoció con 50% menos
riesgo de cáncer de hígado, y en un me análisis, el consumo de tres a cuatro tazas
de café al día mostró la mayor prevención de riesgo de mortalidad por cualquier
causa y también por mortalidad cardiovascular.
En deportistas, la cafeína del café también puede ayudar a aumentar la potencia
muscular, por lo que frecuentemente se utiliza como una bebida indicada por
profesionistas en el deporte.
También la micro biota intestinal se ve favorecida con su consumo, mejorando su
diversidad y equilibrio por los metabolitos del café al que el consumidor se expone
con esta bebida.
Su consumo moderado también favorece habilidades psicomotoras como la
conducción vehicular, la cual se ha observado más estable, precisa y segura en
comparación con los no consumidores.
No obstante, su consumo excesivo en embarazadas se ha asociado con bajo peso
en el recién nacido y en mujeres ha sido relacionado con mayor riesgo de
fracturas.
10 datos sobre el café
La palabra café, proviene del árabe “qahhwat al-bun” y significa “vino del
grano”.
Al inicio, los europeos llamaban al café como vino árabe.
Esta es la segunda bebida más consumida en el mundo, después del agua.
Todos los días, en el mundo, se beben entre 1,600 y 2 mil millones de
tazas. El 65% se toman en la mañana.
El árbol del café, llamado cafeto, mide entre 2 y 5 metros.
Brasil es el país que lo produce más en el mundo.
El café Geisha es una de las variedades más exclusivas de esta bebida a
nivel mundial.
El café a la turca es un elemento del patrimonio cultural en el que van
unidas una serie de técnicas de preparación especiales y una rica cultura
común tradicional.
Servir un café árabe es un elemento importante de la hospitalidad en las
sociedades arábigas y se considera un acto ritual de generosidad.
El paisaje cultural del café de Colombia, acorde a la UNESCO, representa
un símbolo poderoso tanto a nivel nacional como para otras zonas
cafetaleras del mundo. Ya que, incluye seis paisajes cafetaleros y 18
centros urbanos de las cadenas occidental y central de la Cordillera de los
Andes, al oeste de este país.
La influencia de la altura en el café.
La razón principal por la que la altura influye en el sabor es, cuando un café que
crece a una gran altitud y es bien cuidado, producirá una taza con mayor acidez,
será más aromática y gustosa. Mientras que, a una altitud menor, el café tendrá
una acidez baja y menos carácter en la taza. La altura es uno de los muchos
factores que influyen en el perfil de una taza de café. Se considera un elemento
que define la calidad, pues los granos que crecen a mayor altitud maduran más
lento debido a que la temperatura es más fría, lo que le da más tiempo para
desarrollar aromas y sabores complejos.
Cuando el café crece a más de mil 500 de altura sobre el nivel del mar producirá
una bebida con mayor acidez y aroma. Si se desarrolla a menor altitud presentará
acidez baja.
Los granos desarrollados a gran altura se llaman “duros” por su alta densidad. Se
caracterizan por tener en el centro una fisura cerrada en forma torcida o de zigzag.
Los granos cultivados a menor altura son menos densos y presentan una fisura
semi abierta.
Si bien la altura es un indicador de calidad, no es el único. También se deben
tener en cuenta el clima, el tipo de café, el proceso de beneficiado, el tueste y la
preparación. l café cosechado a mil metros de altura sobre el nivel del mar suele
tener notas de chocolate, cacao, nueces, maderas y vegetales. Las bebidas con
estos granos tienen un toque más amargo y quedan bien para elaborar expresos.
Entre mil y mil 500 metros de altura, los granos adquieren sabores diferenciados
que evocan a la miel, panela, frutas deshidratadas, azúcar y caramelo. Su perfil en
taza es más dulce. Están aconsejados para expresos y filtrados.
Los cafés de altura, cultivados a más de mil 500 metros, adquieren matices de
frutos rojos, florales y cítricos. También pueden presentar notas exóticas a melón,
sandía y tamarindo. Se recomiendan para los métodos filtrados, para resaltar su
acidez.
La altura es un factor que impacta en el sabor del café, pero no debe considerarse
como un elemento único para definir la calidad en la bebida final. Es necesario
valorar también la temperatura a la que se cultivan los granos, la variedad y el
perfil que se desea buscar.
[Link]
Café de olla, bebida prehispánica que alimenta el alma.
El café es una bebida ancestral que tiene muchas formas de preparación.
Además, es posible combinarla con otras bebidas como la leche o algunos licores.
En México, una de las maneras más tradicionales para su preparación es el
denominado café de olla.
La institución asegura que el propio Moctezuma bebía “una infusión de miel, maíz
y cacao, muy similar a la mezcla que hoy en día es conocida como el café de olla”.
Con el pasar de los años, el café se mezcló con otros ingredientes, como el anís,
el clavo, la canela, entre otros. En su preparación tradicional, el café de olla se
prepara con grano molido en una olla de barro, aunque muchas personas lo hacen
en otro tipo de materiales.
La popularidad de la bebida también ha sobrepasado las fronteras, y en países
como Estados Unidos ya se ofrece en las cafeterías. Por ejemplo, en Los Ángeles
tenemos al establecimiento Primera Taza, la cual empezó a ofrecer la tradicional
receta, la cual ha encantado a latinos y americanos. Estos últimos la han
bautizado como superdrink.
No obstante, el buen sabor no es la única característica de esta tradicional bebida,
sino que también cuenta con beneficios para la salud debido a la variedad de
ingredientes. Por ejemplo, la canela aporta calcio, bra y magnesio a nuestro
organismo. De igual modo, tiene un alto contenido en antioxidantes y propiedades
antiinflamatorias. En tanto, el piloncillo o panela es un edulcorante menos dañino
que los artificiales, ya que conserva nutrientes de la caña como el magnesio, el
zinc y el fósforo.
El anís y el clavo también tienen propiedades beneficiosas para nuestra salud. El
cuanto, al primero, es conocido por tener antioxidantes y combatir los malestares
digestivos. El clavo también es un antimicrobiano muy potente, y es capaz de
combatir la bacteria E Coli.
Por sus ingredientes, el café tiene importantes beneficios para el organismo.
Según información de Harvard Health Publishing, el consumo de esta bebida
puede alargar la vida de las personas, puesto que reduce el riesgo de contraer
enfermedades cardiovasculares, tales como insuficiencias cardíacas o ataques al
corazón.
De igual modo, tomar café reduce el riesgo de contraer enfermedades como la
diabetes tipo 2, Parkinson, cáncer uterino y hepático, cirrosis, entre otras. Beber
una taza de café fortalece en gran manera nuestra salud debido a que contiene
ácido pantoténico (vitamina B5), manganeso, potasio y niacina (vitamina B3), los
cuales contribuyen al buen funcionamiento del organismo.
El café y la gastronomía
El café como solista o acompañante, tiene un lugar destacado en el concierto
gastronómico. Aparte de su presencia destacada en forma de humeante taza en
una agradable sobremesa, puede prestar una eficaz contribución a la repostería, a
los aperitivos y en aspectos menos divulgados de la elaboración de sofisticados
platos culinarios.
El café en la mesa
Aunque la imagen que tenemos todos del “Café”, obviamente, es de la taza
humeante, y el momento de tomarlo se asocia al desayuno o después de un
almuerzo o cena, lo cierto es que el café sirve a todas horas y para todos lo
momentos.
Hace ya muchos años, el mundo de la coctelería descubrió las posibilidades del
café en sus combinados. Hay muchos cócteles que incluyen el café entre sus
ingredientes: Morgan (con café, Coca Cola y ron), Moonshine (café, ron y licor
Galliano), Lulú la belle (café, licor de mandarina y coñac), Viuda Negra (café,
brandy y licor de café), Café de Marsella (café, brandy y Cointreau), Midas (café,
licor de café, Campari, licor de naranja y curaçao azul), Gorki (café, vodka y licor
de plátano) o el mundialmente famoso Irish Coffee (café, whisky irlandés y nata
fresca), son algunos ejemplos de la clara importancia que el café tiene para la
coctelería.
Pero el café también se sienta a la mesa. Sus especiales características le
permiten “ligar” perfectamente con distintos elementos para conformar platos
exquisitos. Un amplio abanico de posibilidades que va desde el aperitivo a los
postres, gracias a sus valores gustativos. En Italia, por ejemplo, hay recetas
clásicas en las que el café le da a la pasta un sabor especial, como los
“macarrones al corsario negro” y la “pasta asciuta al café”. También el café
interviene en un tipo de arroz, el “risotto a la carioca” y puede darle un aire distinto
al pollo en un plato llamado “pollo del Emir.” En la India, el “arroz al café” es un
plato muy apreciado. Los ingleses saben valorar el “roastbeef en salsa marrón”, al
que una taza de café fuerte otorga una especial distinción. En la barbacoa, de la
que son tan amigos los norteamericanos, una taza de café da a la carne un gusto
excepcional.
Y si hablamos de postres, la relación es interminable. Tal vez el más popular sea
el “tiramisú”, que desde Italia ha conquistado todo el mundo gracias a la gran
aceptación que la cocina transalpina tiene en todas partes. Pero en Brasil le
pueden servir unos “plátanos a la brasileña” (hechos al horno y con media taza de
café muy fuerte) o una “panocha do Brasil”, elaborada con azúcar de caña, café
fuerte, miel, mantequilla y nueces de brasil. En la isla de Barbados le sorprenderán
con un pudding en el que el café interviene junto a la leche, huevos, pan rallado,
azúcar, sal, ron y mantequilla fundida. En las Indias Occidentales (Bahamas y
Antillas británicas) le ofrecerán un “Coffee Westindia”, con nuez moscada, piel de
naranja, canela, ron blanco, azúcar y nata. Los mejicanos llaman “tortilla azteca” a
un postre original que tiene tres capas superpuestas y que lleva, con el café,
azúcar, yemas de huevo, pulpa de higos chumbos, medio limón y melindros secos.
En Israel, el “pastel de miel” (café, harina, mantequilla, pasas de Corinto, huevos,
miel, piel de limón, levadura, canela, clavo molido, sal y almendras) es muy
apreciado.
Con estos ejemplos podemos darnos cuenta de que es posible elaborar un menú
completo en el que siempre esté presente el café, como aperitivo, primer y
segundo plato, postre y, por supuesto, junto a la copa y el puro final.
Podemos ver que el café tiene una gran importancia en el mundo de la
gastronomía. Desde luego, muy superior a la que uno puede imaginarse mientras
saborea una taza de humeante café, apoyado en la barra del bar o sentado
tranquilamente en una terraza.
Usos del café en la gastronomia.
El café es una de las bebidas más consumidas en todo el planeta y en nuestro
país consumimos por personas unos 4,5 kilos anuales. Nos acompaña en
nuestras rutinas diarias desde el desayuno, momento en el que nos preparamos
para una nueva jornada mediante nuestro ritual para despertarnos, el cual no
parece estar completado si no tomamos esa primera taza de café para ponernos
en marcha. Nos mantiene alerta y concentrados en el trabajo, mientras
conducimos y es, sin lugar a duda, una de las bebidas no alcohólicas más
socializadoras que existen. ¿Quién no ha quedado con amigos para “tomar un
café” y ponerse al día o reunirse en torno unos cafés para concretar un negocio o
proyecto? Es un gesto y una idea que asociamos a una recarga de energía física y
mental.
El café tiene efectos antioxidantes que protegen frente al riesgo de padecer
determinadas enfermedades mediante un consumo moderado de este estimulante
(entre 3 y 4 tazas diarias). La cafeina tiene un efecto neuroprotector que se asocia
a un menor riesgo de padecer Parkinson, Alzheimer, algunos tipos de cáncer y
diabetes.
Sin embargo, los usos del café en otros aspectos de nuestra vida trascienden a su
consumo en taza para obtener los beneficios de sus efectos estimulantes. En la
gastronomía, por ejemplo, el café no es solamente el colofón ideal a una buena
comida, también puede ser uno de los ingredientes con los que esté elaborada,
aportando todas las características del café gourmet a nuestras recetas.
El café en la cocina
Al hablar de incorporar el café a la cocina es inevitable que pensemos en los
postres, pero su uso puede ir más allá, incluyendo una amplia variedad de recetas,
con un abanico de sabores que puede ir de lo dulce a lo salado. El café se puede
convertir en un condimento destacado en numerosos platos. Podemos emplearlo
al preparar sofisticadas vinagretas, combinándolo con un buen aceite de oliva
virgen para aderezar ensaladas, verduras, carnes a la plancha y pescados azules.
Las salsas representan otro de los campos en los que el empleo de café aportará
un toque distinguido a los guisos. Acompañado con especias y algunas hierbas
aromáticas también nos permitirá marinar carnes.
Pero no termina ahí el empleo del café en la cocina, ya que se puede aromatizar
una mantequilla incorporando una cucharada sopera de café recién hecho, que le
dará un toque especial a cualquier plato que preparemos empleado esa
mantequilla deliciosamente aromatizada. También los arroces están abiertos a la
incorporación del café, añadiéndolo al líquido de cocción a la hora de preparar un
exquisito rissoto, junto al caldo vegetal o de pollo que utilicemos, lo que le dará un
sabor espectacular.
Por su puesto, como decíamos anteriormente, los postres son un campo de
experimentación con el café que nos dará mucho juego si queremos sorprender a
nuestros invitados. La repostería ha incorporado café desde antiguo, con ejemplos
como el tiramisú, pero también existen recetas para preparar flanes, bizcochos,
galletas, helados y batidos.
El café como ingrediente en la cocina.
El café y sus cualidades gastronómicas
El café recibe múltiples alabanzas, ya no solo como bebida, sino como
potenciador de sabores y como un ingrediente más de la alta cocina. Y es que, en
la actualidad, los cocineros más reputados y mediáticos investigan sobre las
utilidades y combinaciones de este grano, incluso en verde, sin tostar, como un
fruto más de la amplia variedad de vegetales que se puede incluir en las recetas.
Sin embargo, de momento es más fácil encontrar el café tostado que el verde, y
por ello las elaboraciones gastronómicas echan mano de él, molido, infusionado y
más o menos cargado, según el tipo de receta que se quiera preparar. En la
cocina colombiana existe un abanico extenso de recetas rubricadas con café. Sus
aromas son muy significativos y su sabor lo es aún más, ya que puede llegar a
eclipsar el gusto de casi cualquier alimento al que acompañe.
Aunque el café siempre ha estado en la cocina, todavía sorprende y deja margen
a la innovación. Desde que la gastronomía ha cobrado relevancia internacional y
está documentada por innumerables autores, resulta más sencillo acceder a un
amplio recetario y preparaciones con este ingrediente. Donde su avance ha sido
más radical es en las nuevas texturas: espumas, cremas gelificadas en perlas,
cremas aliñadas con aceite y espesadas… Ellas son, entre otras, el toque
indispensable de las creaciones más variopintas y vanguardistas.
Ideas para usar el café como ingrediente
En el ámbito doméstico es posible incorporar al café en el recetario cotidiano.
Numerosas preparaciones de repostería (helados, sorbetes, pasteles, rellenos,
natillas o flanes) tienen el mismo apellido: café. Algunas sugerencias para disfrutar
(y sorprender) son: el flan de café, las tostadas de carnaval de café y vainilla, el
arroz con leche y café o el helado de yogur con sabor a café.
Lo interesante es que el café también tiene cabida en muchos platos salados. El
truco, en este caso, radica en infusionarlo en otro tipo de líquidos, en lugar de
hacerlo en agua.
Un ejemplo es el aceite. Si se utiliza para la infusión, se conseguirá un aceite con
un toque aromático de café. Con él es posible aliñar ensaladas de manera original
o darle un toque diferente a las verduras cocinadas. También se puede emplear
como elemento aromático al preparar una carne a la plancha, como un solomillo,
que luego se puede acompañar con elementos de tierra, como una salsa de
hongos, que marida muy bien con los aromas de tostado del café.
Si en lugar de aceite se elige un caldo de carne para infusionar el café, se tendrá
una estupenda base para crear perlas gelificadas, que aportarán un toque
novedoso a cremas de verduras, platos de carne o caldos de marisco. También es
posible montar salsas de caza, con carne de pato o de corzo, cuyo sabor es
diferente al de la carne a la que se está más acostumbrado. Esto permitirá
experimentar un poco más con los matices y con los sabores que acompaña.
En el mundo de los guisos y las cocciones prolongadas (como los ragouts, los
guisos de pollo, etc.) es habitual utilizar un poco de chocolate amargo para
oscurecer y matizar el plato, además de para dar personalidad a la salsa final. El
mismo efecto se puede conseguir al sustituir el chocolate por unas gotas de café
superconcentrado, usándolo como si fuese un buen perfume. Apenas unas gotas
bastarán para cerrar el círculo de matices y sabores a una receta.
Mitos sobre el café.
1. El café es adictivo
¿Cuántas veces hemos escuchado a alguien decir que no puede funcionar sin
café? Es comprensible: la cafeína es un estimulante que hace que el cerebro
libere dopamina. Este neurotransmisor, a su vez, ayuda a mejorar el estado
anímico y la concentración, además de reducir la fatiga. Pero a diferencia de otros
estimulantes, la cafeína, cuando se consume en dosis moderadas, no produce -en
la gran mayoría de las personas- un aumento de la dopamina en cantidad
suficiente para activar los circuitos de recompensa del cerebro. No provoca las
sensaciones de placer y recompensa necesarias para crear una adicción, ni el
llamado aprendizaje asociativo, en el que el cerebro atribuye estas sensaciones de
placer y recompensa al consumo de una determinada sustancia, y que está en la
base de la dependencia química. En otras palabras, el café puede crear hábito,
pero difícilmente puede considerarse adictivo.
2. Beber café impide el sueño
Supongamos que estamos hablando de la dosis de cafeína recomendada para los
adultos, unos 400 mg/día o tres cafés diarios, ya que la cafeína también está
presente en otros productos como el té (teína), el chocolate, los refrescos y las
bebidas energéticas. Cuando se toma café, el cuerpo absorbe rápidamente la
cafeína. Al entrar en el torrente sanguíneo, bloquea los receptores de la
adenosina, una sustancia química producida por el cerebro cuando estamos
despiertos y responsable de darnos sueño cuando nuestro cuerpo pide descanso.
Es este bloqueo el que permite a los bebedores de café estar más alerta y
vigilantes. El tiempo que tarda la cafeína en abandonar el cuerpo varía de una
persona a otra.
Algunas personas lo metabolizan más rápidamente, otras lo hacen de forma más
paulatina; por eso algunas personas pueden tomar café después de cenar y
dormir tranquilamente, y otras sienten que tomar café a media tarde afecta a su
sueño nocturno. De media, su efecto puede durar entre 4 y 6 horas. Así que, para
asegurarse dormir a pierna suelta solo hay que hacer cuentas.
3. Los niños no pueden beber café
Es mucho más fácil encontrar a alguien que esté dispuesto a darle a un niño
productos azucarados y procesados que a darle café. Es una elección
controvertida, como mínimo. Una opción cuanto menos polémica, porque además
de los efectos nocivos del azúcar, muchos refrescos y chocolates ya contienen
cafeína en su composición. También existe el viejo mito de que el café afecta al
crecimiento de los niños. Pero también es sólo eso, un mito sin ningún apoyo
científico. ¿Debería permitirse a los niños beber café como los adultos? No. Pero
es posible dárselo. Según la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, los
niños y adolescentes pueden consumir unos 3 mg de cafeína por kilo de peso.
Esto significa que un niño de diez años con un peso medio (alrededor de 30 kilos)
es capaz de consumir el equivalente a una taza de café al día. Con o sin leche,
pero siempre, preferiblemente, sin azúcar.
4. El café sin principio es más limpio
En España, como sabemos, hay innumerables formas de pedir café. Americano,
corto, con leche fría, cortado, doble, solo, con leche caliente, bombón, “sin
principio”... Centrémonos en esto último. En contra de lo que algunos piensan, el
café no se pide “sin principio” (dejándolo correr durante unos segundos antes de
poner la taza) para evitar que queden restos en la máquina. Con una máquina
bien afinada y en buenas condiciones, es imposible que pase.
La razón para pedir un café sin moler es otra: los posos del café contienen la
mayor concentración de cafeína. Al colocar la taza bajo la boquilla sólo después
del flujo inicial de café, el barista se asegura de que el café que servirá será más
débil que un café que haya sido preparado en su totalidad. Esa es la única razón.
5. El café largo es más flojo
Otro mito muy popular es que el café largo es más flojo que el café corto. Pero no
es cierto. Un café corto tiene, por término medio, unos 10 miligramos menos de
cafeína que un café largo. Sin embargo, el café corto tiene más cafeína
concentrada en relación con el volumen total. Esto sucede porque en el proceso
de extracción del café y la concentración de cafeína no es lineal. Cuando el agua
empieza a pasar a presión a través del café molido, creando el líquido que cae en
la taza, recoge inicialmente la mayor concentración de sabores y cafeína. A
medida que pasa más agua, estas características se diluyen cada vez más. Esa
es la razón por la que cuando se dibuja la llamada "carioca", todavía con los posos
del café anterior, sale muy débil y aguado, porque la extracción anterior ha
eliminado progresivamente todo lo que había que eliminar del café molido.
6. Cuanto más oscuro, más fuerte
Asocias el color del café a su contenido de cafeína es otro mito común que es fácil
de desmentir. En general, se dice que el café más oscuro y tostado es más fuerte.
Pero no es cierto. Cuando se tuesta demasiado el café, pierde sus propiedades
naturales: sus aceites, sus minerales, sus nutrientes y, por supuesto, su cafeína.
Piensa en el café como pan. Si se tuesta demasiado una rebanada de pan, se
quema y sabe a cualquier cosa menos a pan. Una rebanada menos tostada -o
tostada en su justa medida- es más agradable de comer, sabe más a pan y
conserva más sus propiedades originales. Con el café ocurre exactamente lo
mismo: un sabor más tostado no significa más vigoroso.
El café en el entrenamiento fisico.
El café es ese compañero de entrenamiento difícil de alcanzar, con envidiable
estado de ánimo, muy energético, que no siente dolor ni aburrimiento.
El efecto principal de la cafeína en el cuerpo es aumentar el sentido de alerta y la
excitación, lo que puede hacer que los entrenamientos no se sientan tan duros. Se
ha demostrado que beber café antes de hacer ejercicio aumenta el rendimiento
físico en un 11-12%, aumenta la resistencia, y aumentar la quema de grasa al
estimular al cuerpo a liberar ácidos grasos, que luego se utilizan como energía, en
la sangre.
Un estudio realizado por científicos del departamento de Fisiología de la
Universidad de Granada (UGR); con el objetivo de averiguar si la cafeína
realmente incrementa la oxidación de grasas durante el ejercicio, mostró que
tomar café (con cafeína) 30 minutos antes de realizar una prueba de ejercicio
aeróbico aumentó la máxima oxidación de grasas durante el ejercicio
independientemente de la hora del día.
No es la primera vez que un estudio apunta al café como una herramienta para
combatir la grasa corporal. En 2019, científicos de la Universidad de Nottingham
(Gran Bretaña) descubrieron que tomar una taza de café puede estimular la
«grasa marrón», encargada de controlar las grasas, y fundamental para prevenir la
obesidad y la diabetes.
A continuación, te compartimos 5 razones por las que tomar café antes de tu
workout o entrenamiento es una gran opción.
Mejora la circulación:
La cafeína estimula la circulación, tomar café con cafeína causa un aumento del
30% en el flujo sanguíneo. Esto, a su vez, eleva ligeramente la presión arterial
pero mejora la función del revestimiento interior de los vasos sanguíneos sin variar
la frecuencia cardiaca, lo que alivia el nivel de esfuerzo del corazón.
Disminuye el dolor muscular
La cafeína alivia el dolor muscular al bloquear la actividad de una sustancia
química llamada adenosina, que se libera como respuesta inflamatoria a una
lesión y puede activar los receptores del dolor en las células, propiciando a un
entrenamiento más duro o largo.
Preserva la condición física
El café puede ayudarte a mejorar tu condición física durante el ejercicio, ya que es
un estimulante psicoactivo que afecta varios sistemas del cuerpo. La cafeína se
absorbe rápidamente y alcanza su punto máximo una o dos horas después de su
ingesta, ayudando a compensar la pérdida de fuerza muscular que se produce con
el envejecimiento.
Mejora el rendimiento
La cafeína tiene un efecto excitante en las contracciones musculares, ya que
estimula el sistema nervioso, aumentando la producción de noradrenalina en el
cerebro. Esto hace que mejore tu rendimiento.
Aumenta la quema de grasa
La cafeína puede lograr que los músculos quemen grasa más rápidamente, lo que
puede preservar las reservas de glucógeno y dar a los músculos más tiempo antes
de que se desgasten. Tomarlo media hora antes de realizar ejercicio aeróbico
aumenta notablemente la quema de grasa, especialmente si se practica por la
tarde.
En conclusión, la cafeína podría ser una adición eficaz a tu régimen de
entrenamiento. Los expertos del ejercicio sugieren iniciar bebiendo una taza de
café una hora aproximadamente antes de un entrenamiento y ver si el efecto
ayuda en lograr un entrenamiento más fácil y con menos fatiga, no ocupas ser un
atleta olímpico para querer mejorar tu resistencia/rendimiento a la hora de
entrenar.
El café como fertilizante.
El café como abono para el huerto
El café no deja de ser un ingrediente natural, por lo que no es de extrañar que sea
utilizado con frecuencia como abono o compost para las plantas. De hecho, hay
tres formas principales de abonar la tierra con café:
Utilizando los posos de café.
Utilizando café líquido.
Mezclando compost con café.
Beneficios del café para las plantas
Esto se debe a que el café tiene los siguientes efectos sobre la tierra y las plantas:
Enriquece la tierra: utilizar regularmente café en la tierra ayudará a que no tengas
que necesitar echar compost, ya que esta estará más fertilizada de manera
natural. Además, el café contiene grandes cantidades de nutrientes, vitaminas y
minerales.
Alimenta a las lombrices: a estos gusanos de tierra les encanta el café, por lo que
en pequeñas cantidades (es decir, un pequeño vaso de café a la semana) las
alimentará y fortalecerá, con lo que tú notarás un gran impacto en tu jardín, ya que
las lombrices son indispensables para que la tierra contenga todos sus nutrientes
y se oxigene. Eso sí, no añadas más café del establecido, ya que de lo contrario
las lombrices no podrían digerirlo y acabarían muriendo. Si tu jardín no dispone de
lombrices, puedes comprarlas en distintos establecimientos.
Ahuyenta a caracoles y babosas: aplicando una capa fina de café, ayudará a
ahuyentar a caracoles y babosas, con lo que tus plantas no peligrarán de ser
devoradas.
Bibliografía
[Link]
cafe-planta-medicinal-deleite-13141368
[Link]
%20del%20caf%C3%A9%20empieza,a%20consumir%20granos%20de%20caf
%C3%A9.
[Link]