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Filosofía Griega: Escuela de Mileto y Pitágoras

Este documento resume las principales escuelas filosóficas griegas tempranas y sus fundadores más importantes. La Escuela de Mileto, fundada por Tales de Mileto, Anaximandro y Anaxímenes, buscó explicar el mundo natural a través de un principio fundamental o arjé como el agua, el ápeiron o el aire. La Escuela Pitagórica, fundada por Pitágoras, propuso que el número es el principio subyacente de todas las cosas. Heráclito de Éfeso enfatizó el cambio constante y el mov
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Filosofía Griega: Escuela de Mileto y Pitágoras

Este documento resume las principales escuelas filosóficas griegas tempranas y sus fundadores más importantes. La Escuela de Mileto, fundada por Tales de Mileto, Anaximandro y Anaxímenes, buscó explicar el mundo natural a través de un principio fundamental o arjé como el agua, el ápeiron o el aire. La Escuela Pitagórica, fundada por Pitágoras, propuso que el número es el principio subyacente de todas las cosas. Heráclito de Éfeso enfatizó el cambio constante y el mov
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NEW SAINT JOHN BAPTIST SCHOOL Las cosas que quiero saber

están en los libros; mi


TOPIC: SUBJECT: mejor amigo es el hombre que
FIRST TERM GENERAL EXAM me da un libro que no haya
SOCIAL SCIENCES leído.
TEACHER: YURY LIBETH DÍAZ CASTRO PERIOD: I GRADE: NINETH Abraham Lincoln.

WHOLE NAME: _____________________________________________________________________________

GRADE: ____________________ DATE: _________________________________

PRIMEROS FILÓSOFOS GRIEGOS


La escuela de Mileto

El primer grupo de filósofos que apareció en la Antigüedad fue la escuela de Mileto


que estableció a la razón o logos como el medio para alcanzar verdades más cercanas
a la realidad que constituye el mundo, motivo por el cual dirigieron sus estudios
hacia la naturaleza que fue la pregunta del principio o arjé, del que partieron
para llevar a cabo su filosofía.
Arjé: Para los griegos, es un término reconocido como el principio
de todas las cosas. En un nivel ontológico se entiende o explica
como el ser que crea.

La escuela de Mileto “pretendía encontrar la esencia común a todas las cosas, lo


permanente, lo consistente, lo seguro en contraposición a lo casual, inseguro,
transitorio” (Arcos, 1992, p. 68).

Algunos pensadores pertenecientes a esta escuela son:

Tales de Mileto (625-548 a. C.)

Es reconocido como el primer filósofo griego, destacó como uno


de los siete sabios de Grecia. Al comprender una serie de
hechos relativos a la humanidad, Tales de Mileto percibió la
importancia del agua en la vida humana, animal y vegetal; por
ende, para él, el elemento primario de todas las cosas es el
agua. Y si bien este principio parece sencillo y simple, el
filósofo de Mileto quería encontrar más allá de lo sensible
una respuesta que contestara la pregunta que hoy en día sigue
inquietando, referente al principio constitutivo del mundo.

La acertada afirmación de Tales permitió que las investigaciones científicas se


centraran en el estudio más profundo de los elementos de la naturaleza y no se
detuvieran en respuestas míticas. De este modo, Tales deja establecido el inicio
de una nueva forma de pensamiento, considerando que, si todo es materia, su principio
tendría que encontrarse ahí.

Anaximandro de Mileto (610-547 a. C.)

Discípulo de Tales, continúa con las


investigaciones sobre el arjé, sin
embargo, él da una respuesta
distinta a la de su maestro. Para
Anaximandro, el principio no está en
los elementos de la naturaleza, dado
que en ésta existe una lucha entre
ellos, generan destrucción y
reconstrucción, como el ciclo que se
observa en el ecosistema, donde las
plantas generan alimentos para los
animales y el ser humano, y cuando
éstos mueren sirven de abono para
los árboles y plantas. Para
Anaximandro, el arjé es algo
distinto a estos elementos y postula
el ápeiron.

Este concepto para el filósofo es un ente inmaterial, sin límites, ni principio ni


final, que se mantiene en la eternidad. El ápeiron es considerado como un esfuerzo
inicial por determinar un principio abstracto que representó para los primeros
filósofos el detonante para estudiar una sustancia que está en todas las cosas y
unida a ellas. Que lo abarca todo y todo lo gobierna, lo indefinido (Bernabé,2008,
p. 56).

Con este principio, Anaximandro propone algo particular, que no está en la


naturaleza, y que por ello es el posible detonante generador de todo cuanto existe,
no depende de otro elemento y no forma parte de ellos.

Anaxímenes (585-525 a. C.)

Este filósofo, a diferencia de su antecesor Anaximandro, vuelve


a postular otro elemento de la naturaleza como el arjé, pero no
de forma fortuita, pues para él es el aire el factor primigenio,
porque al estar en contacto con lo frío o caliente altera su
naturaleza y eso le permite su transformación en las cosas que
vemos.

“Así como nuestra ánima, que es aire, mantiene nuestra cohesión,


así también al mundo entero lo abarca un hálito, el aire”
(Bernabé, 2008, p. 65).
El aire se transforma no sólo en lo que se piensa de él, es
además esa representación que convierte a la vida, el hálito,
lo nombró Anaxímenes. En el aire, expresa, se da un doble proceso: rarefacción y
condensación. “como nuestra alma… que es aire, que nos domina y une, así un aliento
y un aire circunda y sujeta al mundo entero” (Gaos, 2003, p. 21).

La escuela pitagórica

Pitágoras de Samos (580-500 a. C.)

Los pitagóricos o la Escuela pitagórica fue


fundada por Pitágoras de Samos, filósofo y
matemático griego a quien se le atribuye el
famoso teorema relacionado con la suma de
los cuadrados que también lleva su nombre.
Aunque esta escuela llegó a ser más conocida
por la secta que representaba y por sus
aportes en el ámbito matemático, también
contribuyeron con la filosofía, pues
centraban su interés en solucionar la
cuestión del arjé y, como buenos
matemáticos, colocaron al número como dicho
principio. A diferencia de los milesios,
cuyo ápeiron de Anaximandro no era tangible,
los pitagóricos postulan al número para dar sentido al pensamiento, puesto que para
ellos todo es número, o innumerable, incluso tenían cada uno un significado y
sentido.

En ese contexto, los pitagóricos daban a los diversos números una representación:
“La justicia, por ejemplo, era representada por el número cuadrado porque, dicen
los pitagóricos, un número igual multiplicado por otro igual, restituye lo igual
por lo igual” (Arcos, 1992, p. 77).

El número 10 es llamado Tetrakto divino porque es la suma de los primeros cuatro


enteros. Su representación es triangular y es interpretado como un número sagrado.
La filosofía pitagórica era un estilo de vida para su fundador y sus posteriores
integrantes, por lo que la ciencia matemática ocupó un lugar esencial en la vida
de los griegos y se constituyó como un relevante legado para la posteridad. En su
Metafísica, Aristóteles afirma que para los pitagóricos existen diez principios que
rigen a todos los entes y los enumeran de forma paralela:
Heráclito de Éfeso (504-484 a. C.)

Este pensador explicaba la realidad por medio de sentencias o


aforismos que reflejaran la preponderancia que le daban al cambio,
al movimiento y a la lucha de los contrarios, expresados desde el
inicio como un interés primordial de los antiguos griegos. Sin
embargo, para Heráclito, el movimiento no estaba representado por
los números o por un ente material, sino que era el fuego el
elemento a través del cual se manifestaba claramente la idea de
devenir, por su facilidad de destrucción y transformación. Tomando
entonces al fuego como base para establecer su teoría y demostrar
que en la naturaleza existe un devenir, se desprenden los
siguientes aforismos:
“Este mundo, el mismo para todos, no lo hizo ninguno de los
dioses ni de los hombres, sino que ha sido eternamente y es y
será un fuego eternamente viviente, que se enciende según medidas y se apaga según
medidas”. Fragmento 20.
“En fuego vive la muerte del aire y el aire vive la muerte del fuego; el agua vive
la muerte de la tierra, la tierra, la del agua”. Fragmento 25.
En este segmento se observa también el ciclo vital que se presenta en la vida y sus
elementos. “El fuego eterno es indigencia y hartura”. Fragmento 24.

Heráclito es reconocido además por haber profesado el siguiente aforismo en el que


deja ver cómo también él se percata de que en la realidad existen fuerzas contrarias
que son inevitables:

“La guerra es la madre de todo, la reina de todo, y a los unos los ha revelado
dioses, a los otros, hombres; a los unos los ha hecho esclavos, a los otros libres,
libres”. Fragmento 44.

Para también señalar:

“Bien y mal son una misma cosa”. Fragmento 57.


“La naturaleza ama el ocultarse”. Fragmento 10.

Dentro del pensamiento Heráclito surgen también los postulados que expresan el
cambio constante que existe en la naturaleza, y así afirma:

“No puedes embarcar dos veces en el mismo río, pues nuevas aguas corren tras las
aguas.” Fragmento 42.

La tesis de Heráclito sobre la renovación y el movimiento activo en la naturaleza,


es el preámbulo para los alcances que posteriormente tendrá la filosofía de los
llamados clásicos griegos, a quienes estudiaremos más adelante.
Parménides de Elea (540-470 a. C.)

Parménides, filósofo de la ciudad de Elea,


representa la contraparte filosófica de la
propuesta de Heráclito al declarar que el arjé
no está en nada material, ni tampoco en el
ápeiron (aunque fue un elemento influyente).
Para él lo importante es el ser porque es único,
inmóvil e inmutable, al que nada hace cambiar
debido a que está por encima de todo cambio y
de todas las cosas. El ser tiene existencia
propia es:

“Por consiguiente, la gran idea de Parménides


es el ‘ser’ en su existencia absoluta, idéntico
a sí mismo… el ‘ser’ existe y no puede no
existir” (Salas, 2015, p. 47).

Así entendido el arjé, el filósofo de Elea escribió un poema dentro del cual
establece que hay dos vías para encontrar la verdad, una está en lo que es y tiene
su propia existencia, y la otra en lo que es imposible que sea.

Con esta formulación, Parménides también aporta a la filosofía el concepto de vacío,


que más adelante fue estudiado por la física, pero lo relevante es que insiste en
el sentido del ser y de la imposibilidad de que no sea. A continuación, se presentan
los fragmentos del 2 al 7 del Poema de Parménides:
2
Sin embargo considera firmemente con el pensamiento lo ausente como presente.
Porque no cortarás a los que es de su contacto con lo que es, ni esparcido por
todas las partes del mundo, ni recogido.
3
Igual me es todo punto de partida, pues he de volver a él.
4
Pero ven, y te diré, y tú retén las palabras oídas, qué únicos caminos de busca
son pensables. El uno, que es y que no es posible no sea, es la vía de la
persuasión, pues sigue a la verdad. El otro, que no es y que necesario es que no
sea, éste te digo, es un sendero ignorante de todo. Porque ni puedes conocer lo
que no es, pues no es factible, ni expresarlo.
5
Pues una misma cosa es la que puede ser pensada y puede ser.
6
Necesario es que aquello que es posible decir y pensar, sea. Porque puede ser,
mientras que lo que nada es, no lo puede. Esto te pido consideres. De este primer
camino de busca, pues, te aparto, pero también de aquel por el que mortales que
nada saben yerran bicéfalos, porque la inhabilidad dirige en sus pechos el
errante pensamiento, y así van y vienen, como sordos y ciegos, estupidizados,
raleas sin juicio, para quienes es cosa admitida que sea y no sea, y lo mismo y
no lo mismo, y de todas las cosas que hay una vía de ida y vuelta.
7
Pues jamás domarás a ser lo que no es. Pero tú, de este camino de busca aparta el
pensamiento que pienses.
En este poema, particularmente en el fragmento 4 se infiere que el conocimiento
puede alcanzarse a través de dos caminos, el de la verdad y el de la opinión,
pero sólo uno es el correcto porque el otro está lleno de apariencias y
contradicciones “porque no puedes conocer lo que no es, pues no es factible, ni
expresarlo” (línea final del fragmento 4).

El pensamiento de Parménides tiene gran importancia en la historia de la filosofía,


ya que es el primero que centra su doctrina en el estudio del Ser o Ente para llegar
al conocimiento, marcando con ello la pauta para que los filósofos venideros retomen
al Ser en todos sus aspectos, tal como lo afirma Arcos (1992, p. 84) “con Parménides
la filosofía llega a ser Metafísica y Ontología”, precisamente partiendo del
principio que más tarde fue denominado Principio de Identidad: “Aquello que es, y
es posible que no sea”.
Los atomistas

Leucipo de Mileto (h. 450 a. C.) y Demócrito de Abdera (h. 460 a. C.)

Los máximos exponentes de la teoría atomista fueron Leucipo y Demócrito, estos


pensadores conocían la doctrina de Parménides y estaban de acuerdo con él al afirmar
que el ser es uno solo, es decir es una unidad, pero en lugar del ser y el no ser
hablaron del vacío y el lleno, donde el lleno toma el lugar del ser y el vacío del
no ser, así lo afirma Aristóteles (Cap. 4, Libro 1, p. 13) “Leucipo y su colega
Demócrito dicen que son elementos lo pleno y lo vacío, a uno de los cuales llaman
Ente, y al otro, No-ente; y, de éstos, piensan que lo pleno y sólido es el Ente, y
lo vacío, el No-ente; (por lo cual dicen también que el Ente no es en mayor medida
que lo vacío) y que éstos son las causas materiales de los entes”.
Así, los atomistas consideraban que el mundo estaba conformado por infinidad de
partículas que se encuentran siempre en movimiento, dichas partículas son
denominadas átomos debido a su indivisibilidad, además de ser inmutables y no
producidas, y aunque el vacío no tiene corporalidad, existe y es gracias a él que
lo lleno puede tener movimiento.

Anaxágoras de Clazomene (h. 500 a. C.)

Así como Leucipo y Demócrito, Anaxágoras sostuvo que la


materia siempre ha existido en forma de gérmenes a los que
llama spérmata: estas partículas constituyen todo lo que
existe y se distinguen unas de otras por sus cualidades. Son
infinitas, pero similares, de ahí el término homeomerías
utilizado por Aristóteles al referirse a Anaxágoras. En un
principio todo está en todo, mezclado, en caos, excepto la
inteligencia eterna (Nous), que imprime orden y es pura; es
de esta forma como Anaxágoras finca el arjé o principio de
todas las cosas en el Nous.

Si para Tales la humedad (agua) alimenta todas las cosas, y


las semillas (spérmata) de todas las cosas son húmedas por
naturaleza, ¿qué papel consideras que juega el agua en la
teoría de Anaxágoras cuando dice que todo está formado por semillas? ¿Consideras
que existe una contradicción o que la teoría de Anaxágoras está incompleta? ¿Qué
opinas al respecto?
Spérmata: Del griego sper sembrar, inseminar y mata, medio, instrumento.
Interpretado como semillas.
Homeomerías: Del griego homoio, similar. Se refiere a partículas similares.
Nous: Término griego, significa mente, inteligencia razón.

Sócrates (470-400 a. C)

Se considera a Sócrates una de las personas más grandes y


desconcertantes de la humanidad debido a que no se
Corrompió porque para él la virtud es lo más preciado que
el hombre tiene, no las riquezas materiales o intelectuales.
Sócrates nació en Atenas, hijo del escultor Sofronisco y la
partera Fenareta; es de ella de quien toma la idea de su
método Mayéutica, que será explicado más adelante. Se dice
que fue discípulo de Anaxágoras y siguió las lecciones de
Pródico (un sofista). Asimismo, que participó en la guerra
del Peloponeso como un fiel y valiente soldado, velando los
intereses de su patria chica (Vargas, 1980, p. 91).
Él nunca escribió sus doctrinas, por tanto, lo que de él se sabe en su mayoría es
gracias a su discípulo Platón, quien lo idealizó en sus Diálogos; aunque también
otros dan fe de su presencia en el pensamiento griego, como Aristófanes, poeta que
lo ridiculizó en sus obras, y Jenofonte, quien ofreció algunos datos históricos
porque fue su discípulo y biógrafo.

La doctrina de Sócrates

Las enseñanzas de este filósofo son muy particulares, es un método expositivo basado
en el diálogo, en donde, a través de preguntas y respuestas el alumno llega por sí
mismo al conocimiento, a la verdad, a dar solución a sus problemas, sobre todo los
de índole moral. Este método socrático consta de dos partes: la ironía y la mayeútica
(en referencia a la profesión de su madre).

Así se refleja en el diálogo platónico Teeteto o de la ciencia1 (pp. 13-15), donde


Sócrates le explica a Teetetes su método como el arte de hacer parir a los hombres:

El oficio de partear, tal como yo lo desempeño, se parece en todo lo


demás al de las matronas, pero difiere en que yo lo ejerzo sobre los
hombres y no sobre las mujeres, y en que asisten al alumbramiento, no
los cuerpos, sino las almas.

La gran ventaja es que me pone en estado de discernir con seguridad,


si lo que el alma de un joven siente es un fantasma, una quimera o un
fruto real. Por otra parte, yo tengo de común con las parteras que soy
estéril en punto a sabiduría, y en cuanto a lo que muchos me han
echado en cara, diciendo que interrogo a los demás y que no respondo
a ninguna de las cuestiones que se me proponen, porque yo nada sé,
este cargo no carece de fundamento.

Pero he aquí por qué obro de esta manera. EI Dios me impone el deber
de ayudar a los demás, a parir, y, al mismo tiempo, no permite que yo
mismo produzca nada. Ésta es la causa de que no esté versado en la
sabiduría y de que no pueda alabarme en ningún descubrimiento que
sea una producción de mi alma.

En compensación, los que conversan conmigo, si bien algunos de ellos


se muestran muy ignorantes al principio, hacen maravillosos progresos
a medida que me tratan y todos se sorprenden de este resultado, y es
porque el Dios quiere fecundarlos.

Y se ve claramente que ellos nada han aprendido de mí y que han


encontrado en sí mismos los numerosos y bellos conocimientos que
han adquirido, no habiendo hecho yo otra cosa que contribuir con el
Dios a hacerles concebir.

La prueba es que muchos que ignoraban este misterio y se atribuían a


sí mismos tal aprovechamiento, habiéndome abandonado antes de lo
que convenía, ya por desprecio a mi persona, ya por el hostigamiento
de otro, desde aquel momento, han abortado en todas sus
producciones, a causa de las malas amistades que han contraído, y han
perdido, por una educación viciosa, lo que habían ganado bajo mi
dirección.

Han hecho más caso de quimeras y fantasmas que de la verdad, y han


concluido por parecer ignorantes a sus propios ojos y a los de los
demás. […] A los que se unen a mí, les sucede lo mismo que a las
mujeres embarazadas, día y noche experimentan dolores de parto e
inquietudes más vivas que las ordinarias que sienten las mujeres. Estos
dolores son los que yo puedo despertar o apaciguar, cuando quiero, en
virtud de mi arte. Todo esto es respecto a los que me tratan.

Sócrates usaba la ironía con los maestros a quienes, como se ha mencionado, llevaba
poco a poco a corolarios y contradicciones que los ponían en ridículo y los
confundían. Comenzaba diciendo yo sólo sé que no sé nada hasta que ya no podían
defender sus posiciones.
La mayéutica era utilizada con sus discípulos a quienes primero exponía un principio
y después, mediante cuestionamientos los conducía a encontrar la verdad por sí
mismos, no sin antes analizarla hasta que ya no les quedaran dudas; es así como se
llegaba al parto intelectual, al nacimiento de las ideas, pues para Sócrates las
ideas ya se encuentran en la mente, sólo es cuestión de hacerlas brotar.

Sin embargo, el método socrático no consiste sólo en estas dos partes, ellas sólo
pueden considerarse instrumentos, ya que la verdadera esencia de su método radica
en la inducción y el concepto, es decir, a través de ejemplos concretos (lo
particular) llegar a un concepto con validez, esto es, a una definición universal:
“esa era la meta que se proponía Sócrates en sus diálogos públicos. Su mayor
esfuerzo consistía en sacar a sus interlocutores del plano puramente sensible y
accidental [para llevarlos] hasta la esencia, que es universal” (Gutiérrez, 1994,
p. 39).

De este modo, Sócrates refuta el relativismo de los sofistas quienes no aceptaban


la verdad objetiva, afirmando que “sobre lo individual y accidental de las cosas
está lo universal y esencial de ellas” (Vargas, 1980, p. 94). Con el concepto,
entonces, Sócrates fundamenta la posibilidad de conocimiento, puesto que es la base
del proceso cognoscitivo.

Se ha mencionado que Sócrates era una persona muy recta y que para él la virtud es
lo más preciado que el hombre tiene, pues bien, a través de su método para llegar
a la verdad enseñaba a los hombres a vivir dignamente, como él lo hacía y es en
este sentido que fundamentaba su enseñanza moral. Las enseñanzas morales de Sócrates
se basan en la felicidad y la virtud. Sócrates busca la felicidad porque ésta
significa el bienestar perfecto, pues no está en el exterior sino en lo que se
lleva en la mente y está basada en las buenas acciones. Para él, la felicidad
conlleva la virtud, a la que equipara con la ciencia, “la virtud es lo mismo que
la ciencia del bien (…) el vicioso lo es sólo por ignorancia” (Gutiérrez, 1994, p.
40).

Por todo lo anterior se afirma que las aportaciones que Sócrates dio a la filosofía
fueron el empleo de la inducción para llegar al conocimiento; el análisis del
concepto o idea universal, base de todo conocimiento; la primera sistematización
de la Ética y, sobre todo, la gran influencia ejercida en los sistemas de Platón y
Aristóteles (Vargas, 1980, p. 96).

Platón (427-347 a. C.)

Fue el discípulo más destacado de Sócrates. De familia


aristocrática, nieto del último rey de Atenas, su padre fue Aristón
y su madre Pericciona, pariente de Solón, uno de los Siete Sabios
de Grecia. También fueron familiares de Platón los políticos
Cármides y Critias, que pertenecían al grupo de Los Treinta Tiranos,
gobierno títere impuesto por Esparta cuando derrota a Atenas en la
guerra del Peloponeso (404 a. C). Por ser aristócrata, su formación
se encaminaba a la política, sin embargo, al conocer a su maestro
Sócrates, quedó tan admirado que abandonó sus proyectos para
dedicarse a la filosofía. Tras la muerte de su maestro viajó para
adquirir más conocimientos y cuando regresó a Atenas, estableció
su escuela en los jardines de Academos, de ahí el nombre Academia.
Vargas (1980) afirma “que la filosofía de Platón es un complemento y ampliación de
la socrática […] cuando Sócrates enseña que el conocimiento por conceptos es el
único real o verdadero, Platón concluye que el concepto o idea es la única realidad”.
Es por ello que la filosofía de Platón es conocida como teoría de las ideas.

Teoría de las Ideas

De acuerdo con Platón, las ideas se imprimen en nuestra alma antes de nacer, ellas
se encuentran en el Topos uranus, donde el alma se encuentra y conoce el mundo
perfecto de las cosas auténticas.

Las ideas para Platón son perfectas, eternas e invariables, no tienen cuerpo ni
forma y sólo pueden conocerse a través del pensamiento. Las ideas existen por sí
mismas, independientemente de que las pensemos o no. Entonces, el conocimiento
existe y sólo es cuestión de recordarlo; así lo explica a través de la alegoría de
la caverna, en donde expone la situación del hombre ante el conocimiento.

Para que sus doctrinas fueran mejor comprendidas, Platón hizo uso de los diálogos
al estilo socrático, aunque de una forma sistematizada, es decir, recurría al
diálogo para inducir al tema y, según la naturaleza de éste, lo interrumpía con
largas exposiciones. Asimismo, en sus diálogos frecuentemente recurre al mito y a
la ficción como medio explicativo. De acuerdo con Vargas (1980, p. 104) los diálogos
escritos por Platón pueden dividirse en tres grandes áreas:
• Dialécticos: Teeteto, Cratilo, Sofista, Parménides, Timeo, Fedón, Eutidemo,
Filebo.
• Morales y políticos: Filebo, Menón, Protágoras, La República, Las Leyes, Apología,
El Político.
• Estéticos: Banquete, Fedro, Gorgias.

Forma en que se adquieren las ideas

Previamente se ha referido que Platón establece el mundo de las ideas como la


verdadera realidad, pero para llegar a conocerla primero debemos ser concebidos en
el vientre materno, pues el origen del conocimiento está en la vida prenatal, cuando
el alma entra al cuerpo. Sin embargo, al nacer, el alma “olvida” todo el conocimiento
que había contemplado en el mundo de las Ideas, quedo en el subconsciente, latente,
esperando a ser recordado.

Volviendo a la cuestión de la verdadera realidad, se puede afirmar que Platón tiene


una visión dualista de ella: la sensible (las cosas de nuestro mundo) y la
inteligible (las cosas del mundo de las ideas); la sensible es imperfecta y efímera,
la inteligible es perfecta y eterna. Asimismo, afirma que existen dos grados o
niveles de conocimiento, la opinión o doxa y el verdadero saber o episteme.

La opinión es proporcionada por los sentidos, por lo que los conocimientos sobre
las cosas adquiridas a través de ellos no son verdaderos, contrario a la verdad
auténtica que proporciona la episteme, hace que el conocimiento sea
científico y comprobable. Platón sostiene que cuando el sujeto salta a la captación
de la Idea, llega al verdadero conocimiento, a la episteme, a esta ascensión
cognoscitiva, de lo sensible a lo intelectual, se le llama dialéctica (Gutiérrez,
1994, p. 46). Según Gutiérrez (p. 46), en cada uno de los niveles de conocimiento
representados por doxa y episteme existen dos subdivisiones. La doxa puede ser
eikasia (conocimiento ilusorio) o pistis (conocimiento sensible verdadero ajustado
a la Idea, pero sin conciencia de ella). La episteme, en cambio, puede ser dianoia
(orden geométrico) o noiesis (Ideas en sí mismas), como se muestra en el cuadro:

Aristóteles (384-322 a. C.)


Nació en Estagira y fue hijo de Festis y Nicómano, un médico reconocido. Durante
su juventud ingresó a la Academia como discípulo de Platón por veinte años hasta
que éste murió. Se casó con Pitias, una mujer de sangre real. Fundó el Liceo, cuyo
nombre fue tomado de Apolo Lysiano, templo dedicado a este dios que se encontraba
en las cercanías de donde Aristóteles daba clases a sus alumnos.
Se dice que Aristóteles poseía una gran capacidad mental y que dominaba todo el
conocimiento filosófico y científico de su época, por lo que buscó siempre hilar
lo sistemático. Sus obras se encaminaron tanto a la filosofía teórica como a la
práctica, entre ellas destacan tratados de lógica, metafísica, teodicea, física,
psicología, ética y política, retórica y poética (Vargas, 1980, p.119).

TEORIA DEL CONOCIMIENTO

Respecto a la manera de adquirir el conocimiento, se aleja de las concepciones de


su maestro debido a que, para él, el aprendizaje a través de la experiencia o los
sentidos es un elemento indispensable y fuente misma del conocimiento. Este conocer
a través de los sentidos, particular, lleva al individuo al conocimiento de lo
universal. Por lo tanto, su concepción es totalmente contraria a la de su maestro,
quien separaba de la mente lo universal de lo particular (inteligible – sensible).
Para Aristóteles, entonces, las ideas no deben separarse de las cosas porque no
existen por sí mismas, sino que están inmersas en éstas como principios informantes
de la materia: “Pensaba que la realidad poseía una estructura común a todas las
cosas y que todos los hombres que se interesaran por el conocimiento podían
comprenderla desde un conjunto pequeño de principios” (Rodríguez, 2003, p. 5).

Como se ha mencionado, para Aristóteles la Idea no tiene existencia aparte de la


mente, por lo que reconoce dos atributos fundamentales en el conocimiento
intelectual: su dependencia esencial del conocimiento sensible y la superioridad
manifiesta de conocimiento intelectual sobre el sensible. En otras palabras, el
concepto o la idea abarcan lo universal y la sensación o percepción lo particular.

Este filósofo parte del análisis de un concepto y lo desglosa en sujeto y predicado,


es decir, en sustancia primera y segunda, que forman las categorías del Ser, éstas
son todo lo que de él puede afirmarse. Asimismo, en este sentido
Aristóteles afirma que cuando un concepto entra en relación con otro, forma juicios
y cuando existen dos juicios se forma una conclusión derivada de ellos y así nace
el silogismo o razonamiento, que tiene cuatro maneras de ser analizado (cuadro de
oposición de los juicios), pero este tema ya fue estudiado en el primer semestre
de bachillerato, sólo basta recordarlo.

Constitución del Ser

En el pensamiento aristotélico todo lo real consta de dos elementos, según lo afirma


Anzenbacher (1993, p. 101), el Ser actual (gr. energeia), es decir, lo real es lo
que existe en este momento y a ello le llamamos Acto (lat. actus); y el Ser posible
(gr. dynamis), ya que lo real tiene posibilidad de llegar a ser algo distinto y es
a lo que nombramos Potencia (lat. potentia, capacidad, posibilidad). Es así que lo
real, el Ser auténtico, está conformado por el acto y la potencia. Estos elementos,
aplicado a las cosas materiales, da pie a la teoría del hilemorfismo, en la cual
la materia (hýle) es la potencia y la forma (morphe), el acto; por tal motivo, esta
combinación de materia y forma también es acto y potencia. En suma, con esta
concepción de la sustancia material como un compuesto de materia y forma, o de
potencia y acto, explica Aristóteles no sólo la constitución interna de las cosas
materiales, sino también el problema del devenir o del cambio (metabolê o kýnesis).
Así, todo ser es acto en una cosa y tiene en sí la potencia de cambiar de acuerdo
con su propia esencia. Aunque esta potencia no viene de la nada, para Aristóteles
existe un motor inmóvil, la Idea pura (en la filosofía Medieval la establecen como
Dios) que fue la causa de dar ese primer impulso de pasar de la potencia al acto.

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