Ríos Brisco, Jorge A.
c/ Estado de la
Pcia. de Corrientes
SENTENCIA
SUPERIOR TRIBUNAL DE JUSTICIA. CORRIENTES, CORRIENTES
Magistrados: Carlos Rubín - Guillermo Horacio Semhan - Eduardo Antonio
Farizano
TEXTO COMPLETO
Corrientes, abril 24 de 2005.
¿Qué pronunciamiento corresponde dictar en autos? El doctor Rubín dice:
I. A fs. 18/40 la actora promueve demanda por reparación de daños y perjuicios a la
persona, que incluye daño material, moral, al honra, psíquico y al proyecto de vida
contra el estado provincial, por un monto total de $ 585.000 (pesos quinientos ochenta y
cinco mil) o lo que en más o en menos resulte de la prueba o "judicialmente" estime el
Superior Tribunal, intereses y costas.
Se impugna el dec. 799 de fecha 2 de mayo de 2000 que declara la "caducidad" de las
funciones del Dr. Ríos Brisco como Fiscal de la Cámara Criminal Nº 2 de esta Capital y
el Nº 2559/02 por el cual se rechaza el recurso de revocatoria.
Que ingresó al cargo el 26/7/76 (dec. 1207) y al Poder Judicial, como agente fiscal Nº 2
(dec. 3446/71) y dec. 722/73 que lo ratificó el acuerdo del Senado, desempeñándose
como profesor adjunto de la UNNE desde 1/5/74 y 1/1/76.
Fiscal de Cámara Nº 2 ratificado por el Poder Ejecutivo con acuerdo del Senado por
dec. 2338 de 1984 hasta el 2/5/00.
Que por ley 24.236 se interviene la provincia de Corrientes, "a fin de garantizar la forma
republicana de gobierno", designándose interventor al Dr. Ramón B. Mestre, en su art.
3º "declara en comisión a los miembros del Poder Judicial".
El total reclamado lo descompone en daño material (daño emergente y lucro cesante) en
$ 35.000 (pesos treinta y cinco mil) "correspondiente al 50% de los haberes óptimos"
aclarando que no se trata de "salarios caídos".
Daño moral que estima en $ 270.006 (pesos doscientos setenta mil).
Daño al honor, que sin valuar, abona por el pago de los gastos de curación y
convalecencia, siendo la diferencia entre la suma del resto de los rubros y el total
reclamado de $ 140.600 (pesos ciento cuarenta mil).
Daño psíquico, quedando "inhabilitado por la profunda depresión", estima en $ 80.000
(pesos ochenta mil).
Daño al proyecto de vida, en $ 60.000 (pesos sesenta mil).
A fs. 72 y sigtes. el estado provincial contesta la demanda y dice que, en primer lugar es
"improcedente la pretensión" a la "restitución del cargo", pese a que el actor no solicita
tal reposición.
Abona por la "puesta en comisión" debido a "facultades propias del Congreso" que
surgen de los arts. 5º, 6º, 75, inc. 31 de la Constitución Nacional y que los actos de la
intervención federal "tienen la jerarquía del art. 31" respecto de la Constitución
Provincial y las leyes locales.
Dice que la materia excede el marco administrativo y se asiente en la Constitución
Nacional, aclarando entre paréntesis que se refiere a una "praxis" constitucional, que
faculta al interventor a estas decisiones de acuerdo a la "inveterada costumbre
institucional que tiene el país".
Reconoce la garantía de la inamovilidad en sus funciones e intangibilidad de las
remuneraciones, como ejes de la "independencia" del Poder Judicial, pero acude a la
doctrina que interpreta que la garantía de inamovilidad cesa por la puesta en comisión,
"estado de precariedad institucional donde el magistrado pierde aquella condición".
Que el "estado de comisión" depende de la voluntad de otro poder, en el caso la
intervención federal y que la remoción "no implica juicio de valor sino ponderación
política", considerando por ello que se halla al margen de la ley haciendo prevalecer el
"derecho federal" al respecto.
En cuanto a los daños y perjuicios, estima que no existe "acto lesivo contra el
reclamante" o "acto alguno que en forma directa haya infringido en su honor o la honra
del ex magistrado reclamante", argumentando la "discrecionalidad" del poder del
interventor, adjudicando a "todos los ciudadanos de la provincia" la responsabilidad de
la intervención federal.
Este Superior Tribunal, a fs. 89/90 ha declarado la competencia originaria y exclusiva
del mismo, lo que se halla firme y no puede volverse sobre ello.
II. La competencia de los tribunales provinciales: si bien no puede cambiarse la decisión
sobre la competencia, es menester aclarar la postura jurídica del que vota en primer
término y del anterior Superior Tribunal.
Se ha tenido una clara postura a favor de la competencia federal en estas cuestiones,
doctrinariamente -en relación a las intervenciones federales- se sostuvo en un artículo
publicado en Litoral 2000 ps. 547/551, que los actos de la intervención federal se hallan
sujetos a la materia de que se trate, en relación a su judicialidad y competencia.
Estableciendo a ese efecto tres clases de actos.
1) los actos de naturaleza política no sujetos al control judicial, abarcando "solamente la
acción legislativa de ordenar la intervención", o sea en la valoración -por ejemplo- de la
violación a la forma republicana de gobierno.
2) actos de naturaleza política sujetos al control jurisdiccional, son todos aquellos que
no tengan que ver con los "motivos" que llevaron a declarar la intervención, pero que
también son políticos por naturaleza y poseen carácter justiciable.
En "Cullen vs. Llerena" (Fallos: 53/240) comprendiendo la "remoción de funcionarios",
adjudica la competencia federal "cuando se realicen siguiendo instrucciones de la
autoridad nacional y no de acuerdo a las normas provinciales".
Partiendo de la base que los interventores federales son "funcionarios nacionales" que
actúan como delegados del Poder Ejecutivo Nacional para el cumplimiento de los fines
de la intervención". Y, por último.
3) actos de la administración ordinaria de la provincia, meramente administrativos
realizados por el interventor para el gobierno de la provincia, cuando reemplaza a los
poderes provinciales, aquí la competencia es provincial, con excepción del juzgamiento
del interventor por responsabilidad delictual.
En esa corriente, se han emitido fallos en el año 2002 como el de "Gazzia de Sanz, A.
Edith c. Estado", planteando una contienda negativa de competencia con el Juzgado
Federal Nº 1 de esta Capital.
La CSJN falló adjudicando la competencia al Superior Tribunal de Corrientes sobre el
antecedente del caso Graboski, Alicia Liliana c. Interventor Federal de Corrientes
s/Amparo" (Fallo en: Gazzia de Sanz, A. Edith c. Estado de la Provincia de Corrientes
s/Acción Contenc. Administ." - competencia Nº 469, XXXVIII, T. 245 del libro de
sentencias de la CSJN de fecha 22/8/02).
Ello creó en el que hoy vota un conflicto en la decisión puesto que, si bien solamente
existe una "obligación moral" de acatar los fallos de la CSJN, no sería justo para los
justiciables obligarlos a litigar en todas las instancias.
El convenio constitucional prescribe la ayuda federal cuando los estados provinciales no
pueden preservar sus instituciones, autorizando el uso de la coerción al gobierno federal.
"Intervenir o tomar parte en un asunto (venir a un caso) no significa suplantar al que
tiene competencia o autoridad en el asunto. Esta propensión interventora, esa práctica de
entrometerse y ocupar la propiedad y remover a los titulares del derecho de propiedad,
reconoce la misma causalidad que las intervenciones políticas y denota incapacidad para
la función de gobierno y administración" (Sola, p. 101).
La intervención admite grados, depende de la gravedad del caso y a su vez, configura un
sistema "reparador", restablecer la forma republicana de gobierno debido a su desquicio.
González Calderón ("Derecho Constitucional" -III- p. 549) en este caso habla de
intervención "reconstructiva", cuando "el poder federal lleve su acción suprema a tal o
cual provincia para restablecer y garantir dicha forma de gobierno".
El art. 6º de la CN autoriza la intervención federal por iniciativa propia, limitada a la
garantía de la forma republicana.
Bielsa ("Derecho...", p. 832) expresó que los interventores no sustituyen legalmente a
los poderes provinciales, pues no ejercen todas las funciones propias de esos poderes,
refiriéndose especialmente a la función legislativa.
Ultimamente -como ya se mencionó- la CSJN (CS 2004/09/21 - LLLit. - Supl. de Der.
Constitucional del 23/11/04 - p. 45 y sigtes.), ha abierto una puerta a la competencia
federal y a los límites del interventor federal al establecer que, corresponde a la CSJN
juzgar si el interventor "avasalló o no la autonomía provincial, garantizada por los arts.
5º y 122 de la Constitución Nacional, debiendo ceder el principio según el cual los actos
de autoridades locales están excluidos de dicha jurisdicción cuando la pretensión se
funda exclusivamente en prescripciones constitucionales de carácter nacional, leyes del
Congreso o Tratados, de modo que la cuestión federal sea la predominante.
Principio que llevó a la conclusión del caso "Graboski" y al rechazo de la incompetencia
en autos "Gazzia de Sanz" ya citados, lo que indica el camino que fuera señalado por el
fallo de este Superior Tribunal en el año 2002.
La CSJN ahonda más el tema diciendo que la acción promovida a fin de que se declare
la inconstitucionalidad de una ley provincial, cuando el Estado Nacional es demandado,
"dictada por la Intervención Federal en dicha provincia, pues la materia debatida es
exclusivamente federal".
En el comentario, Silvia B. Palacio de Caeiro ("La intervención federal y el control de
constitucionalidad de las facultades y actos del interventor federal", LA LEY, 2005-A,
31) dijo "... el Alto Tribunal apuntado a la materia federal... suscitada por haberse
requerido el examen de las facultades ejercidas por el Interventor Federal en Santiago
del Estero, para averiguar si ellas se enmarcan dentro de las atribuciones y
responsabilidades acordadas por la ley que lo designó, resolvió favorablemente el tema
de su competencia originaria...". Argumento que fue enunciado por este ST para su
incompetencia en "Gazzia de Sanz", que hoy no podemos rever debido a la asunción
previa de la competencia.
Ahora, el hecho de la intervención y asunción de los poderes provinciales no significa
que el interventor carece de límites constitucionales y legales para sus actos.
Con esa expresa aclaración se han emitido votos aceptando la postura del Alto Tribunal
Nacional.
Por último es de destacar que la CSJN en autos "Zavalía, José L. c. Provincia de
Santiago del Estero" (LA LEY, 2005-A, 32) en su composición actual ha aceptado la
competencia federal en un caso de violación de la legislación provincial, provocando así
un cambio hacia la tesis que nuestro Superior Tribunal había establecido en el 2002.
Aunque ello no puede hacer variar la competencia aceptada, por cuya razón se procede
al examen de los autos.
III. Las intervenciones federales y sus límites: la contestación de la demanda no afirma
la existencia de preceptos constitucionales que habiliten a la Nación a barrer con el
Poder Judicial de una provincia intervenida, con buen léxico habla de "praxis" o de
"inveterada costumbre institucional", en una suerte de derogación de las normas
constitucionales por la costumbre (aunque sea política).
Ello se entronca con el "control judicial de constitucionalidad" y sus derivaciones luego
del caso "Marbury vs. Madison", así como con la jerarquía de las normas; abonar sobre
la preeminencia de los textos constitucionales ante costumbres contrarias a ellas o
interpretaciones que se estiman derogatorias, solamente puede contestarse con las
palabras de Hamilton ("El Federalista" -Fondo de Cultura Económica- México) cuando
dijo: "Si aparece una contradicción irreductible entre los dos, es el texto cuya fuerza y
valor son superiores el que debe ser preferido; en otros términos, la Constitución debe
ser preferida a la ley y la voluntad del pueblo a la de sus representantes.
La CN expresa claramente que las provincias sancionan sus propias normas
fundamentales sin intervención del gobierno federal ahora, ¿esas normas cesan ante una
intervención federal? El sistema argentino se basa en el equilibrio entre los estados
provinciales y el Poder Federal, en caso que una de las provincias se encuentre en crisis,
la Nación se ha comprometido a garantizar el equilibrio, restableciéndolo en caso de
ruptura o desajuste, como son los casos de quiebre de la forma republicana de gobierno
o invasión exterior.
Las provincias son garantizadas en el goce de sus instituciones bajo ciertas condiciones,
como dictarse su Constitución de acuerdo a los principios, declaraciones y garantías de
la CN y que además asegure su administración de justicia, régimen municipal y
educación primaria (art. 5º).
La garantía de la forma republicana de gobierno: es un precepto previsto en los Estados
Unidos de Norteamérica y en la República Argentina, pero "no significaba tampoco
asegurar contra todo cambio" (Sola, Juan V. "intervención federal en las provincias", p.
54), sino cuando su forma se halle en peligro por las violaciones a las características del
sistema republicano, como ser la soberanía del pueblo, la responsabilidad de los
funcionarios, publicidad de los actos de gobierno, periodicidad de los cargos, separación
de poderes, igualdad civil, etc. (Sola, p. 55) y el goce y ejercicio de las instituciones.
No se entra a discutir si existió o no falta de garantía a la forma republicana de
gobierno, que entra en el terreno de lo no justiciable, sino hasta dónde llegan las
atribuciones del interventor federal en el caso.
Ni que las provincias deberán postrarse ante el "hecho príncipe" del orden nacional.
En primer lugar el interventor se halla sujeto al "marco de facultades atribuidas por el
Congreso de la Nación y por el Poder Ejecutivo Nacional" (Palacio de Caerio, p. 54) y
también "son controlables judicialmente los actos del interventor que excedan el soporte
normativo de la intervención o incumplan la Constitución Nacional y las leyes federales
y afecten derechos constitucionales" (Gelli, María Angélica "Constitución de la Nación
Argentina", p. 50, LA LEY, 2001).
Además, como lo ha venido diciendo la CSJN desde 1880 ("Arancivia, M.F. c. Pcia. de
[Link].", Fallos: 54:557 y González Calderón, "Der. Const. Arg.", 1926, p. 572). "El
hecho que los interventores no sean funcionarios legales de las provincias, en cuanto su
designación emana del gobierno nacional y sus atribuciones como sus responsabilidades
se relacionan con el poder que representan y no con los poderes locales, sólo implica
que la función activa de dichos agentes federales no puede extenderse más allá de los
limites que les asigna la Constitución y la ley...", con mayor razón cuando su accionar
pudo lesionar derechos y garantías constitucionales acordadas a todos los habitantes del
país, de otra manera, "la vida, el honor o las fortunas de los argentinos" quedarían a
merced de un funcionario del estado nacional, lo que está vedado.
Como lo dijo la CSJN ("Zavalía c. Prov. de Sgo. del Estero", Sup. p. 57), la "existencia
y el respeto" a la autonomía provincial exigen su intervención para preservarla, "Lo
contrario importaría tanto como dejar inerme al estado provincial frente al actuar del
delegado del Estado Nacional", y "Que las intervenciones no se han instituido para
cercenar derechos a los habitantes de las provincias, sino para garantizarlos plenamente
en su ejercicio, ni causan cesantía a la personería jurídica de los estados, que son de
existencia necesaria".
IV. El caso: como se ha reseñado al comienzo, el actor se desempeñaba como Fiscal de
Cámara en la Criminal Nº 2, cuya honorabilidad y antecedentes no ha sido negados ni
puestos en duda por la demandada.
Que el decreto de su cesantía (Nº 799/00) dictado por el Interventor Federal solamente
invoca la ley nacional 25.236, sin establecer fehacientemente los motivos de la decisión,
no conceder previamente el derecho de defensa del actor, sustentando la legitimidad del
acto la demandada exclusivamente en facultades no explícitas, presuntamente otorgadas
por la ley 25.236, cuando esta ley solamente coloca "en comisión" a los miembros del
Poder Judicial de la provincia, sin autorizar cesantías de esa manera ni que se violen las
constituciones provinciales y las leyes.
Sobre la base de costumbres políticas violatorias del sistema jurídico argentino, se han
escudado actos no autorizados, realizados violando el sistema de derechos y garantías
de ambas constituciones.
Así, el art. 18 de la Constitución Nacional declara "inviolable la defensa en juicio de la
persona y de los derechos" y en ese sentido, "Los principios, garantías y derechos
reconocidos en los anteriores artículos, no podrán ser alterados por las leyes que
reglamenten su ejercicio" (art. 28), con mayor razón las leyes que ponen en ejecución el
instituto de la intervención, de allí que presumir implícitamente facultades derogatorias
en un exceso.
Y el art. 8º del Pacto de San José de Costa Rica, de raigambre constitucional, prescribe
que "Toda persona tiene derecho a ser oída... para la determinación de sus derechos y
obligaciones de orden civil, laboral, judicial o de cualquier otro carácter".
Derechos que también forman parte de la Constitución de la Provincia de Corrientes
(art. 1º), que fulmina con nulidad y carencia de valor a "Toda ley, decreto, orden o
resolución emanado de las autoridades, que impongan a los principios, libertades y
derechos consagrados por esta Constitución, otras restricciones que la misma permite, o
priven a los habitantes de la provincia de las garantías que ella asegura..." (art. 27, 2º
parte).
El dec. 799/00 ha privado al actor de sus derechos elementales consagrados en ambas
constituciones, cuya vigencia no hubiera podido impedirse, debiendo acatarse en su
totalidad como se ha reseñado.
El Superior Tribunal, ya en autos: "Pacella, Miguel Angel c. Estado de la Provincia de
Corrientes s/Demanda contenciosa Administrativa", expte. Nº 10.230/94 (sent. Nº 17)
ha reivindicado la judicialidad de las llamadas "facultades discrecionales" siguiendo a
García de Enterría, Eduardo ("Las luchas contra las inmunidades del poder en el
derecho administrativo", (poderes discreciones, poderes de gobierno y poderes
normativos), Madrid 1983, aunque negando que este tipo de remoción sea una "facultad
reglamentada", lo que también se afirma en el presente, presentándose como un exceso
del interventor como autoridad de aplicación.
Debiendo por ello declararse la nulidad del dec. 799/00.
V. Los daños y perjuicios: la "competencia" es la medida o alcance de la jurisdicción
judicial y ésta constituye la "actividad desplegada por un órgano facultado para ello a
fin de resolver un conflicto entre las partes, aplicando el derecho...".
Se ha discernido la competencia federal de la provincial en la organización federal y la
primera es "taxativa e inalterable", pero corresponde a todo trámite del conflicto, sería
imposible declararse competente y tramitar íntegramente el proceso y luego pretender
ser incompetente para otorgar lo reclamado dentro del mismo juicio.
En nuestro caso, pese a considerar doctrinariamente incompetente a la justicia
provincial, la resolución aceptando la competencia en estos autos ata a la jurisdicción,
siendo solamente la CSJN, resta porcentaje a los mismos pero basa su determinación
dineraria en dichos salarios.
Como lo dice Zavala de González ("Daño a la persona", t. 2º, p. 39/40), el daño
resarcible no es cualquier daño, no basta la lesión sino que además debe existir un
perjuicio apreciable desde una cierta óptica de valores.
El daño patrimonial procede de la lesión a un "interés económico, así el art. 1068 del
CC "independiza" al daño del bien jurídico afectado y, en el primer caso (patrimonial)
tiene en cuenta el daño a las "cosas de dominio o posesión" de la víctima y en el
segundo (extramatrimonial) a la persona, derechos y facultades.
O sea, en el primer caso, el dato patrimonial "no guarda relación necesaria con la índole
del derecho o bien violado" (art. 48), es una "consecuencia", una disminución
patrimonial, es un resultado económico que debe ser demostrado.
En autos este rubro no ha sido argumentado ni probado en la disminución disvaliosa de
su patrimonio, como para establecer el daño emergente fuera de los salarios caídos y,
con relación al lucro cesante, el art. 1069 define a la "ganancia de que fue privado el
damnificado", la pérdida de algún enriquecimiento valorable; en nuestro caso el lucro
cesante se produjo por la interrupción de la percepción del sueldo por el actor,
demostrada la tarea productiva realizada, su interrupción por el hecho lesivo y los
ingresos.
Pero resulta que, pese a calificarlo como lucro cesante, no quiere aparecer como salarios
caídos", que sería la falta de pago de sus salarios a partir de su cesantía, más
adicionales.
Se configura lucro cesante la totalidad de los salarios, con mayor razón un porcentaje de
los mismos; esa reparación ha sido rechazada invariablemente por la CSJN, (Cuneo,
Alberto A. y Fagetti, Carlos H. c. Hon. Cámara de Senadores de la Provincia de Ctes. y
Estado s/Recurso Facultativo", expte. Nº 6728, Fallos: 304-199; 308-732 de la CS).
Pues no procede el pago de sueldos por funciones no desempeñadas (Rius, Oscar c.
Estado Nacional, Fallos: 304-199).
De allí que debe rechazarse el daño material.
Daño al honor, proyecto de vida y dato psíquico con respecto al daño moral: el actor
expresa (fs. 33 vta.) que la lesión deriva de emisiones radiales injuriantes emitidas por
otra persona, a quien incluye como responsable de la cesantía, derivado de
manifestaciones determinadas y que presume le competen por derivación, pretendiendo
así una indemnización separada del daño moral.
Reconoce la relación con este tipo de datos y dice que lo "potencia", pero sin establecer
suficientemente su independencia del padecimiento espiritual que causa la lesión en su
"vida de relación", puesto que el honor está ligado a lo social, como proyección
espiritual hacia los demás y es un tema de valoración del daño moral. (Zavala de
González, p. 657), de igual manera que la frustración de su "proyecto de vida".
En relación al daño psíquico, como lo expresó la autora (p. 263) la lesión psíquica,
como "perturbación mórbida y descompensadora de la personalidad" ¿cómo se
diferencia el "desequilibrio espiritual" del daño moral? La lesión psíquica es una
"enfermedad", podría existir un impacto emocional pero no un daño psíquico, salvo que
el sujeto se "enferme", "intelectual, afectiva o volitivamente a raíz del hecho, más allá
de los límites de normalidad o del poder de la personalidad para absorber, elaborar y
superar la situación lesiva", en las hipótesis contrarias habrá daño moral pero no lesión
psíquica.
Pero, "dada la íntima relación etiológica entre la lesión psíquica y el daño moral, no
cabe resarcir la misma alteración por ambos conceptos, es decir, resulta improcedente
una acumulación de dos títulos resarcitorios por razón de esa idéntica situación lesiva,
como daño psíquico y como moral". Imponiéndose, "valorar la enfermedad psíquica
como factor de intensificación del daño moral" (Zavala de González, ps. 265/266).
Requiriendo la independencia del daño psíquico una "demostración concreta, muy
especialmente a través de un peritaje", cuya separación debe verse a través de un
especial efecto patológico que por su gravedad exceda la sola presencia del daño moral,
en autos solamente se ha arrimado la constancia médica de un "trastorno depresivo
mayor" y no la pericia que constata la existencia y sobrevivencia de la enfermedad, (fs.
108).
Daño Moral: la injusta cesantía operada ha causado indudablemente lesión al actor en
sus valores espirituales (honor, vida de relación, proyecto de vida) y padecimiento en su
espíritu como consecuencia del hecho dañoso.
La ofensa antijurídica ha causado un daño antiespiritual, configurado en la afección
anímica traducido en un perjuicio, como resultado disvalioso.
Así se ha definido en las Segundas Jornadas Sanjuaninas de Derecho Civil como "una
modificación disvaliosa del espíritu en el desenvolvimiento de su capacidad de
entender, querer o sentir, que se traduce en un modo de estar de la persona diferente de
aquél en que se encontraba antes del hecho como consecuencia de éste y anímicamente
perjudicial".
Como se dijo en "Pacella...", "en el curso ordinario y regular de las cosas una persona
sin fundamento separada de su cargo sufre mengua espiritual", aumentado por la calidad
personal -no desmentida- del actor.
Se trata de la afectación en el honor, estima del actor y la consecuencia de alterar su paz
y tranquilidad interna.
En cuanto a su monto, como lo dice Zavala de González (p. 593) "Del hecho de que no
pueda concederse una reparación exacta, no cabe concluir en que no debe concederse
ninguna, pero tampoco que pueda otorgarse cualquiera".
El primer parámetro aceptado es que la indemnización no debe ser "fruto de lucro
indebido para la víctima", ni de "parcial desprotección del damnificado" por montos
irrisorios.
Se debe apreciar fundamentalmente la "gravedad del daño cometido" y, en su caso, la
profundidad de la lesión -en los casos que se pruebe fehacientemente-, de allí que los
antecedentes jurisprudenciales aportan valiosos caminos.
Así, en autos "Pacella, Miguel A. c. Estado s/Dem. Cont. Adm.", sentencia Nº 17/97 se
ha reclamado por el actor en ese concepto la suma de $ 50.000 y esa cifra se concedió,
Pacella fue desplazado de su cargo de juez de Primera Instancia y, además de la
aflicción causada, también fundó el daño en "publicaciones en cuanto medio de
información había vilipendiado, injuriado, acusado y condenado de corrupto y otras
cosas".
En la jurisprudencia nacional, podemos destacar que la CNCiv, sala H, 14/9/2004 (LA
LEY, bol. del 21 de enero del 2005, reseña de fallos, p. 3) siendo el hecho daños la
"Acusación calumniosa formulada en perjuicio de un magistrado judicial de Cámara",
se cuantificó el daño extrapatrimonial como daño moral genérico, en la suma de $
45.000.
Nuestro actor detentaba el cargo de Fiscal de Cámara, de allí su similar situación,
habiendo dejado el monto al criterio de este ST y considerando correcta la suma
sentenciada en "Pacella", se toma el mismo monto adicionado con un 50% a la fecha.
Las costas deben soportarse en el orden causado, en virtud del vencimiento recíproco y
la dificultad de la graduación.
Por ello: 1º) Hacer lugar parcialmente a la demanda y, en consecuencia, declarar la
nulidad del dec. 799 de fecha 2 de mayo de 2000 de la Intervención Federal, en relación
al actor, condenando al Estado de la Provincia de Corrientes a abonar la suma de $
75.000 (pesos setenta y cinco mil) en concepto de daño moral, rechazando las demás
pretensiones. 2º) Costas en el orden causado.
El doctor Niz dijo:
Que adhiero al voto del doctor Carlos Rubín, por compartir sus fundamentos.
El doctor Codello dijo:
Que adhiero al voto del doctor Carlos Rubín, por compartir sus fundamentos.
El doctor Farizano dijo:
I. Adhiero a la relatoría de la causa del voto precedente y las opiniones sobre la
procedencia de la competencia federal, pero expreso con todo respeto mi disidencia con
mi par preopinante en el tratamiento de las demás cuestiones conforme a las razones que
expongo en los puntos subsiguientes.
II. En relación a la competencia del STJ, si bien se ha consolidado al haber quedado
firme la declaración de competencia por Resolución Nº 672, de fs. 89/91; sin embargo,
quiero dejar a salvo, que a mi criterio, la jurisdicción federal era la que correspondía
consagrar en éste tipo de responsabilidades imputados a la Intervención Federal por la
naturaleza del acto cuestionado y la calidad de agente del Poder Ejecutivo Nacional del
Interventor, acatando lo resuelto por la Corte Suprema por razones de economía
procesal.
III. Para proceder al análisis de la cuestión deben considerarse el concepto y funciones
del Interventor Federal, y en nombre y representación de quien actúa. Según Estrada el
interventor "se sustituye a la autoridad local, y en representación de la soberanía
superior de la nación, asume toda la autoridad conducente a llenar por sí solo los fines
de la intervención" (Estrada, José María "Curso de Derecho Constitucional, 1902, t. 3,
p. 155, citado por Carlos R. Baeza "Cuestiones Políticas" ed. Abaco de Rodolfo
Desalma, p. 182). En el mismo sentido Bidart Campos sostiene que "el interventor es un
funcionario federal, que representa al gobierno federal y actúa como delegado
comisionado del presidente de la república" (conf. Bidart Campos, Germán "Manual de
la Constitución Reformada", t. I, p. 466, 56).
Así también lo ha entendido la jurisprudencia "Los interventores federales no son
funcionarios de las provincias, sino que sustituyen a la autoridad local y ejercen
facultades que la Constitución Nacional, provincial y las leyes respectivas reconocen"
(CSJ en autos Fernández Sixto O. y otros s/amparo, t. 324, p. 2496).
¿Cuál es la importancia del tema? La representación se entronca directamente con la
responsabilidad civil de "representado" y por ende la calidad de legitimado pasivo para
ser objeto de una condena por daños y perjuicios.
IV. En el caso concreto, para el cumplimiento del objetivo de reorganizar el Poder
Judicial de la Provincia de Corrientes, el interventor federal cuyo acto se cuestiona en
este proceso aparece expresamente facultado por la ley 24.236 al designar a los
magistrados en comisión a remover y designar a los magistrados, funcionarios y
empleados del Poder Judicial de la Provincia.
De una interpretación literal de las norma citada surge que la facultad de "remover" a
los integrantes del poder judicial, sumada a la puesta en comisión de los magistrados y
funcionarios, sustituía la facultad del Poder Legislativo (aún cuando no estuviera
intervenido) de promover el correspondiente juicio político para remover a los
magistrados y funcionarios, o, dicho de otro modo, dejaba de aplicarse el derecho
público provincial para ejercer las facultades extraordinarias que emergen de la
intervención federal. Esta interpretación se fortalece desde el momento que un
gobernador ordinario no puede remover por sí solo a los magistrados, para erradicar los
problemas que pueda plantear la justicia y que en el caso coadyuvaron a intervenir la
Provincia. Queda claro que en razón de no ejercer la Legislatura correntina las
facultades de remoción de los jueces y funcionarios mediante el juicio político, dichas
facultades quedaron, de acuerdo a la norma federal, en cabeza del Interventor Federal.
V. La otra cuestión trascendente que debe dilucidarse es la siguiente: ¿es idéntico el
efecto de la intervención federal en los otros poderes que en el Poder Judicial? Tenemos
que, en el caso de una intervención al Poder Ejecutivo parece claro que el interventor
"sustituye" al mismo y lo hace cesar en sus funciones sin necesidad de ningún otro acto
que la norma nacional que decreta la intervención. El cese de sus funciones deriva
directamente de la norma federal. Lo mismo ocurre si se interviene al Poder Legislativo;
la Legislatura se disuelve automáticamente. Pero cuando el intervenido es el Poder
Judicial, ¿qué ocurre? Es evidente que sus integrantes no cesan "automáticamente" en
sus funciones. Continúan en funciones, pero en "comisión"; es decir, les quita el
derecho a la inamovilidad y faculta al Interventor a removerlos.
La razón de la diferencia estriba, en mi concepto, en primer término, que el Poder
Ejecutivo Nacional no puede ejercer funciones judiciales (art. 109 de la C. Nacional)
por lo que, su delegado, el interventor, tampoco lo puede hacer; en segundo término,
porque las funciones del Poder Ejecutivo y del Poder Legislativo pueden ser sustituidas.
En el primer caso, de acuerdo a la estructura piramidal de la administración pública,
sustituyendo a la cabeza, el gobernador, es viable ejercer las funciones propias del
poder. Y en el segundo caso, cesando la Legislatura, el Interventor puede dictar decretos
leyes cuya constitucionalidad generalmente no se discute. Pero el Poder Judicial, cuya
integración está prevista en el art. 138 de la Constitución de la Provincia, no tiene una
estructura jerárquica piramidal, sino que cada tribunal o cada juez es único e
independiente en el ejercicio de sus funciones. No puede cesar entonces
automáticamente todo el Poder Judicial como en el caso de los otros poderes. Tampoco
es viable pensar que se pueda reorganizar un Poder Judicial removiendo al mismo
tiempo, todos los jueces de la provincia lo que implicaría anular la existencia misma de
la administración de justicia, en cuya defensa y reorganización de dicta la intervención
federal.
¿Qué significado jurídico tiene la puesta en "comisión? Bidart Campos, analizando la
doctrina de ipso, sostiene que "Poner en comisión a los jueces en un período de facto
significa -en el lenguaje de la doctrina de facto- suspender o hacer caducar la
inamovilidad para, de ahí en más, usar la competencia destitutoria sin requisito alguno
en cuanto a causas o a procedimientos de remoción" (Bidart Campos "Tratado de
Derecho Constitucional Argentino, t. II El Derecho Constitucional del Poder", p. 531,
Edigraf, 1986). El derecho constitucional material ha consagrado muchas variantes
sobre la aplicación de este concepto y su forma de aplicarlo. "A veces, el lapso durante
el cual se pone "en comisión" a los jueces se limita y por ende a veces también a los que
durante dicho lapso no se los destituye, se los "confirma". Y los mecanismos de
conformación han solido variar: o se efectúa una conformación expresa a favor de los
que no son removidos (lo que da pie a pensar si es o no un nuevo nombramiento que
efectúa el poder de ipso) o se previene que aquellos a quienes no se confirme quedarán
cesantes (en cuyo caso no hay acto explícito de destitución, proviniendo la destitución
tácita de la designación confirmatoria) (Bidart Campos ob. cit. p. 531).
En el caso de autos, es la ley 25.236 la que puso a los Jueces de la Provincia de
Corrientes "en comisión".
Lo cierto es que -en cuanto al caso de autos nos interesa- cuando la sustitución del
órgano intervenido es automática -PE, Legislatura- no se requiere de otro acto
administrativo que la propia ley o decreto que dispuso la intervención. Los fundamentos
se hallan incluidos en dichas normas y son genéricos y de naturaleza netamente
políticos con base en el art. 5º y 6º de la Constitución Nacional. Pero cuando se trata de
la intervención del Poder Judicial, resulta necesaria, además de la norma que pone "en
comisión", una norma específica que determine concretamente el juez o funcionario que
se remueve.
VI. Cabe entonces interrogarse ¿cuál sería el procedimiento conforme al derecho
público local, para que el interventor "remueva" a un magistrado o funcionario? El del
juicio político previsto en la Constitución de la Provincia no, pues el mismo sólo es
facultad de la Legislatura y ésta o está disuelta o se le ha quitado esas facultades. El del
sumario administrativo tampoco previsto en la ley 2990 entonces vigente o la ley 4067,
porque no se trata de "empleados" del Poder Judicial o del Ejecutivo a los cuales haya
que exonerarlos; y además, el Interventor no tiene las características de un "superior
jerárquico" de aquéllos. Cabe concluir entonces que no existe en el derecho público
local -y no puede existir, pues no se prevé el funcionamiento de una intervención- un
procedimiento de tipo administrativo para la remoción de jueces y funcionarios del
Ministerio Público el cual haya tenido que cumplir el Interventor Federal. La variante
sería la conformación por la Intervención de un Jury de Enjuiciamiento, que en el caso,
no ha sido creado oportunamente, esto es al mes de mayo de 2000 cuando se le da la
baja.
VII. Llegamos entonces al punto en que resulta necesario el dictado, por parte del
Interventor Federal, del acto administrativo que determine o individualice a la persona a
la cual se va a remover. El criterio del Sr. Ministro preopinante es indudablemente que
debe ajustarse al procedimiento de la normativa local. De allí su conclusión de la falta
de motivación específica del dec. 799/02 por la que se lo separaba al actor de su cargo y
la ausencia de imputación de algún hecho fundante de la medida, con violación del
derecho de defensa del accionante.
Para dilucidar el interrogante expresado en el párrafo anterior resulta necesario
discriminar los tipos de actos que puede realizar el interventor federal:
a) La doctrina diferencia entre el acto por el que se dispone la intervención (Ley, dec.
del PEN), de los emitidos como consecuencia de dicho acto. El primero reviste el
carácter de "acto institucional" en la terminología de Marienhoff (Tratado de Derecho
Administrativo Abeledo Perrot T II, p. 754 y sigtes.), por lo tanto no puede dar lugar a
una impugnación ante la justicia, es decir que resulta "no justiciable". "En el caso de la
intervención federal, los Jueces no pueden indagar la pertinencia de los motivos que
guiaron su dictado -por ejemplo, garantizar la forma republicana de gobierno- y entrar a
razonar si realmente dicha forma se halla subvertida, luego de controlar la posibilidad
constitucional de la materia y su dictado acorde al sistema y causas que la Constitución
establece (Rubín, Carlos "La Intervenciones Federales. Cuestiones Judiciables y no
judiciables" La Ley Litoral 2000, p. 547). En el mismo sentido se resolvió en idéntico
caso al presente en autos "Díaz Lindolfo S.O. c. P.E.N., Cámara Federal de Corrientes,
hoy firme y consentida. La Ley Litoral, 2002-332).
b) Actos de naturaleza política: "Por exclusión, los actos que no tengan que ver con la
revisión de los motivos políticos que llevaron a declarar la intervención, pero que en
esencia, también son políticos por su naturaleza" (Rubín, Carlos "Las Intervenciones
Federales. Cuestiones Judiciables y no judiciables" La Ley Litoral 2000, p. 549).
c) Actos de administración ordinaria de la provincia, son los actos meramente
administrativos, realizados por el Interventor Federal en uso de las facultades que le
otorgan la Constitución y las leyes de la provincia intervenida, cuando reemplaza a los
poderes políticos de dicho estado, ponen en juego el cumplimiento de las normas de
derecho público provincial.
En mi opinión, el acto de remoción de un juez o funcionario del Ministerio Público con
acuerdo del senado no es un acto de mera gestión administrativa donde resulte aplicable
el derecho público local, sino un acto derivado directamente de la norma federal que
declaró la intervención del Poder Judicial de Corrientes, poniendo "en comisión" a los
jueces y magistrados con los efectos expresados más arriba, o sea un acto político.
Esta conclusión, que pareciera ser atentatoria de garantías constitucionales (debido
proceso, defensa en juicio, etc.), y tal vez repugnante a la Justicia, sin embargo nadie
discute cuando el intervenido es el Poder Ejecutivo o el Poder Legislativo de la
Provincia. En estos casos ¿no ocurre lo mismo que con el poder judicial? ¿Acaso el
procedimiento constitucional para remover a un gobernador, conforme al derecho
público provincial, no es el del juicio político? Y sin embargo se lo remueve sin darle
derecho a defenderse y a veces, sin ningún fundamento específico sino en
consideraciones de tipo políticas que se efectúa a nivel nacional por haberse violentado
el art. 5º de la Constitución Nacional.
La Corte Suprema de Justicia en el caso "Avellaneda Huergo Alfredo", admitió la
destitución sosteniendo que "no habría consecuencia de doctrina en sostener que el
gobierno provisional pudo destituir al presidente y vice de la Nación, a los diputados y
senadores del congreso -todos inamovibles durante el período de su mandato, salvo el
juicio político o desafuero (arts. 45, 51 y 62 de la Constitución)- y que tal medida
debiera ser descalificada tratándose de jueces, sea que se trate de las de la constitución
o, como en el caso de autos, de la ley especial" (citado por Bidart Campos, ob. cit. p.
530, ap. 50).
En conclusión considero que no estamos ante un acto de naturaleza ordinaria o de
gestión de la administración provincial donde sea aplicable el derecho público
provincial sino de un acto que deriva directamente de la norma nacional que lo autoriza
a remover a magistrados y funcionarios ya declarados en comisión, con fundamento en
la norma federal que estableció la intervención y los motivos allí expuestos. De allí, que
este Tribunal se ve impedido de juzgar la validez o invalidez del acto a la luz del
derecho público provincial y tampoco podía expedirse con fundamente en el derecho
federal toda vez que el Estado Nacional no ha sido demandado en autos, por lo que cabe
rechazar la pretensión en ese sentido.
VIII. A efecto del tratamiento de los daños y perjuicios solicitados por el actor, cabe
interrogarse antes que nada ¿a quién representó el Interventor Federal en el acto de
remoción del actor a fin de atribuirle la responsabilidad civil? Aquí es necesario volver
a la naturaleza del Interventor Federal y la naturaleza del acto ejecutado por él "Es
criterio aceptado que los interventores federales son funcionarios nacionales, que actúan
como delegados del Poder Ejecutivo Nacional para el cumplimiento de los fines de la
intervención (Rubín, Carlos, art. cit.). El interventor federal es entonces un funcionario
Federal.
El origen de la designación del interventor federal, el carácter de su investidura, el
objeto que generalmente tiene esta medida, las funciones que se le encomiendan son
todas circunstancias que permiten válidamente negar el carácter provincial a la figura
del interventor. Su nombramiento no halla origen en ninguna disposición provincial, sus
actos ni están sujetos ni a las responsabilidades, ni a las acciones de las leyes locales
establecen para sus propios gobernantes, sino a las que le imponga el poder nacional
(Diez, "Derecho Administrativo", t. II, Ed. Bibliográfica Argentina SRL p. 176) Corte
SJ: fallos 54 550, 211 1814. "El derecho judicial derivado de la jurisprudencia de la
Corte Suprema tiene resuelto que el interventor o comisionado federal es representante
directo del poder ejecutivo federal y asume toda la autoridad conducente a los fines de
la intervención. Ejerce los poderes federales expresos y transitorios que se le
encomiendan, y su nombramiento, sus actos, y sus responsabilidades escapan a las leyes
locales.
No es admisible, por ende, la impugnación de actos del interventor so pretexto de no
ajustarse al derecho local; ello porque en aplicación del art. 31 de la Constitución, el
derecho federal prevalece sobre el derecho provincia (véase el célebre caso "Orfila
Alejandro" fallado en 1929 (Bidart Campos, Germán "Manual de la Constitución
Reformada" T I, p. 466, 58). "En el mismo sentido se ha pronunciado la Corte Federal
Fallos 54:550; 211:18114; JA I. 948 IV-453- sostenido, reiteradamente, que el
interventor no es autoridad provincial, sino nacional y responsable exclusivamente ante
las autoridades nacionales que le confirieron la gestión política" ("Díaz, Lindolfo S.O. c.
Poder Ejecutivo Nacional" la Cámara Federal de Corrientes (LL Litoral, 2002-335). De
lo cual se deduciría que cabe atribuir al Estado Nacional las consecuencias derivadas del
irregular o abusivo ejercicio de facultades (art. 1071, CC) de una funcionaria
dependiente del Poder Ejecutivo Nacional) LA LEY, 1989-D, 264. Cabe en
consecuencia, concluir que en el acto cuestionado, la Interventora Federal actuó en
representación del Estado Nacional.
Que con respecto a los fallos de la Corte en el precedente "Gazzia de Sanz" de este
Tribunal, no puede aplicarse al caso porque la remisión del Procurador es a un fallo
"Grabosky", también de este Superior Tribunal, en el cual la situación fáctica
contemplada era diferente porque se trataba de un funcionario del Poder Ejecutivo, que
fue dado de baja con un acto administrativo, en el cual sí era aplicable la legislación
local.
IX. Con las conclusiones expresadas en los párrafos precedentes y aún cuando en la
presente causa se haya consentido la competencia provincial para juzgar la causa, a la
hora de imputar la "responsabilidad" civil al Estado Provincial -legitimidad pasiva- debe
analizarse la representación del funcionario -la interventora federal- en el acto
cuestionado para poder imputar conforme a la responsabilidad prevista en los arts. 43,
1112 ó 1113 del Código Civil al Estado de la Provincia de Corrientes quien al responder
a la demanda, negó que los hechos le sean imputables.
La normativa citada establece la responsabilidad refleja del Estado por los hechos
cometidos por sus funcionarios o dependientes. Conforme lo tengo expuesto en el punto
anterior, dada la naturaleza del acto, el Interventor Federal actuó en la oportunidad,
como representante del PE Nacional y no como representante del Estado Provincial,
luego, no puede imputarse a éste el acto realizado por la funcionaria federal.
En estos razonamientos me aparto del precedente del STJ en autos "Pacella Miguel
Angel c. Estado de la Provincia de Corrientes s/demanda contenciosa administrativa"
citado por el Sr. Ministro preopinante, pues en esta causa, el Tribunal interviniente si
bien se planteó el interrogante respecto a si "los interventores federales son delegados
del Gobierno Federal y tienen un régimen propio de actuación o son funcionarios
provinciales para establecer el régimen jurídico que rige su accionar" y se respondió
citando un fallo de la Corte Suprema -abarcativo de ambos aspectos- quien afirmó que:
"Los interventores federales, no son funcionarios provinciales sino que sustituyen a la
autoridad local y ejercen facultades que la Constitución Nacional, Provincial y las leyes
respectivas les reconocen" (270:346; 291:384; 300:615, etc.), sin ningún fundamento
jurídico explícito que diferencie los tipos de actos que puede realizar el funcionario
nacional, se imputó al Estado Provincial la responsabilidad refleja de un funcionario que
claramente no representaba a éste al dictar el acto cuestionado. En definitiva, en este
precedente no se expresó la razón por la cual se imputaba al estado provincial la
responsabilidad civil en los términos de los arts. 1112 ó 1113 del Código Civil de un
funcionario federal. Y si el fundamento implícito era que dicho funcionario actuó en el
marco del derecho público local, decididamente, por lo que tengo expresado, no
comparto el criterio.
En un caso similar al presente, toda vez que se refirió a actos dictados por la
Intervención Federal, en los autos "Díaz, Lindolfo S. O. c. Poder Ejecutivo Nacional
tramitado ante la Cámara Federal de Corrientes (LL Litoral, 2002-331), donde se
estableció la competencia federal y la legitimidad pasiva del estado nacional, el tribunal
sostuvo: "Es responsable el Estado Nacional por las consecuencias dañosas derivadas
del irregular o abusivo ejercicio de facultades por parte del interventor federal -en el
caso, remoción de un juez en el marco de acusaciones de corrupción- ya que éste no es
una autoridad provincial, sino nacional y responsable exclusivamente ante las
autoridades nacionales que le confieren la gestión política".
En consecuencia, habiendo actuado el Interventor Federal del Poder Judicial en el acto
impugnado como funcionaria federal, en representación del Poder Nacional, y no siendo
el acto regido por el derecho público local, sino derivado directamente de la norma
federal de intervención al Poder Judicial de la Provincia de Corrientes, no resulta
responsable civilmente el Estado de la Provincia de Corrientes en función de los arts.
43, 1112 ó 1113 del Código Civil, por lo que corresponde rechazar la demanda.
X. Que establecida la falta de legitimidad pasiva del Estado de la Provincia de
Corrientes, considero inoficioso expedirme sobre la regularidad o irregularidad del acto
y de si es o no contrario a la Constitución Nacional, Provincial y leyes federales y
provinciales; como así también a la existencia y extensión del daño material y moral
solicitado por el actor.
XI. Costas: Atento al principio de la derrota objetiva corresponde que las mismas sean a
cargo de la vencida.
Por todo lo expuesto voto por: 1º) Rechazar la demanda en todas sus partes, con costas a
la vencida.
El doctor Semhan dijo:
Que adhiero al voto del Doctor Eduardo Antonio Farizano, por compartir sus
fundamentos.
En mérito del precedente acuerdo y por mayoría, el Superior Tribunal de Justicia dicta
la siguiente sentencia: 1º) Hacer lugar parcialmente a la demanda y, en consecuencia,
declarar la nulidad del dec. 799 de fecha 2 de mayo de 2000 de la Intervención Federal,
en relación al actor, condenando al Estado de la Provincia de Corrientes a abonar la
suma de $ 75.000 (pesos setenta y cinco mil) en concepto de daño moral, rechazando las
demás pretensiones. 2º) Costas en el orden causado. 3º) Insértese y notifíquese.- Carlos
Rubín.- Eduardo A. Farizano.- Guillermo H. Semhan.- Juan C. Codello.- Fernando A.
Niz.