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fortunas de Albacete, comerciantes y dueños de ganado, los que se propusieran
devolver a esta aldea su antigua independencia, comprándola al marqués,
Alfonso de Aragón, que había sucedido a los Manuel como nuevo señor bajo
la dinastía de Trastámara, y al que Enrique II había concedido, entre otras
mercedes, y junto con los pueblos y su jurisdicción, los almojarifazgos y el
derecho de ferias que se hicieran en ellos.
Por cierto, no es verdad, y conviene aclararlo en este punto, para evitar
que algunos continúen propagando el error de buena fe, que en el privilegio
de villazgo que concede el marqués en noviembre de 1375, otorgando a
Albacete los que tiene Chinchilla, se hable de la feria, ni de que ésta sea una
herencia de otra que hubiera en la ciudad. No carece de lógica pensar que la
heredara junto con los demás privilegios de aquélla, sobre todo sabiendo que
Chinchilla defiende tal idea unos años después y que de hecho parece que, tras
la independencia, parece que funcionan durante algunos años dos ferias a la
vez, casi como si fueran una sola en dos sedes (quizá por los problemas que la
separación pudiera acarrear a los arrendadores del almojarifazgo y derechos
reales, o para amortiguar enfrentamientos entre ambas poblaciones); pero ya
señalamos que las albacentenses se documentan antes, y aunque Chinchilla
diga que el privilegio es suyo y Albacete lo acepte mucho tiempo después, lo
que se documenta es justo lo contrario: que empezó en Albacete y su traslado
fue sólo provisional. Todo esto puede ser objeto de debate; pero lo que a mi
Privilegio de villazgo de Albacete. 1375.
Biblioteca Digital de Albacete «Tomás Navarro Tomás»