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Conductas agresivas y personalidad en drogas

Este documento analiza la correlación entre el consumo de sustancias como alcohol, cocaína, cannabis y hachís con factores de personalidad y conductas agresivas. Revisa evidencia que vincula rasgos como impulsividad y búsqueda de sensaciones con mayor consumo, mientras que factores como amabilidad y responsabilidad se asocian con menor consumo. También explora la relación entre consumo y conductas agresivas en contextos como la familia y la conducción. Finalmente, presenta una investigación que analiza estas correlaciones en una muestra de consumidores.
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Conductas agresivas y personalidad en drogas

Este documento analiza la correlación entre el consumo de sustancias como alcohol, cocaína, cannabis y hachís con factores de personalidad y conductas agresivas. Revisa evidencia que vincula rasgos como impulsividad y búsqueda de sensaciones con mayor consumo, mientras que factores como amabilidad y responsabilidad se asocian con menor consumo. También explora la relación entre consumo y conductas agresivas en contextos como la familia y la conducción. Finalmente, presenta una investigación que analiza estas correlaciones en una muestra de consumidores.
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MLS PSYCHOLOGY RESEARCH

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Journal

ISSN: 2605-5295

Cómo citar este artículo:

Vicente, M. R. (2021). Correlación entre conductas agresivas y patrones de personalidad en consumo de sustancias. MLS
Psychology Research 4 (2), 7-20. doi: 10.33000/mlspr.v4i2.626.

CORRELACIÓN ENTRE CONDUCTAS AGRESIVAS Y PATRONES DE


PERSONALIDAD EN CONSUMO DE SUSTANCIAS
Manon Rousselle Vicente
Universidad Europea del Atlántico (España)
[Link]@[Link] · [Link]

Resumen. El fuerte impacto social que representa el consumo de drogas es a consecuencia de su repercusión en
accidentes, conducción de riesgo, comportamientos agresivos, riesgos de abuso sexual, sobredosis y trastornos
mentales asociados al consumo de sustancias como son la depresión, la ansiedad, la esquizofrenia y los trastornos
de personalidad. La corta edad con la que se empieza a consumir alcohol y otras sustancias como hachís, cannabis
y cocaína, y los síntomas que constituyen las consecuencias negativas del consumo a nivel cognitivo, somático y
comportamental, corroboran la necesidad de realizar investigaciones en este ámbito teniendo en cuenta diferentes
variables relevantes (Graña, Muñoz & Navas, In press). La presente investigación tiene el objetivo de analizar la
relación entre el consumo de alcohol, cocaína, cannabis y hachís con los principales factores de la personalidad y
conductas agresivas tanto a nivel intrafamiliar, como la violencia en pareja y la expresión de la ira al volante. Al
mismo tiempo se cree que, los factores de personalidad estarían asociados al comportamiento agresivo de las
personas consumidoras en población general. Para comprobar esta relación, en esta investigación se ha
seleccionado una muestra de población general consumidora de alguna de estas sustancias. Los resultados que se
obtuvieron muestran que no existe correlación entre el consumo de estas sustancias ni con factores de personalidad
ni con conductas agresivas en los diferentes contextos. Este resultado puede ser debido a la escasez del número de
la muestra o bien debido a que no se trabajó con una muestra de población clínica.

Palabras clave: Consumo de sustancias, conductas agresivas, factores de personalidad.

CORRELATION BETWEEN AGGRESSIVE BEHAVIORS AND


PERSONALITY PATTERNS IN SUBSTANCE USE
Abstract. The strong social impact of drug use is a consequence of its impact on accidents, risky driving,
aggressive behaviour, risks of sexual abuse, overdose and mental disorders associated with substance use such as
depression, anxiety, schizophrenia and personality disorders. The young age at which alcohol and other substances
such as hashish, cannabis and cocaine are first consumed, and the symptoms that constitute the negative
consequences of consumption at cognitive, somatic and behavioural levels, corroborate the need to carry out
research in this field, taking into account different relevant variables (Graña, Muñoz & Navas, In press). The
present research aims to analyse the relationship between the consumption of alcohol, cocaine, cannabis and
hashish with the main personality factors and aggressive behaviours both at the intrafamilial level, as well as
intimate partner violence and the expression of anger at the wheel. At the same time, personality factors are thought

MLS Psychology Research


Vicente, M. R.

to be associated with the aggressive behaviour of users in the general population. In order to test this relationship,
a sample of general population users of some of these substances was selected in this research. The results obtained
show that there is no correlation between the consumption of these substances with either personality factors or
aggressive behaviour in the different contexts. This result may be due to the small sample size or to the fact that
we did not work with a clinical population sample.

Key words: Substance use, aggressive behaviour, personality factors.

Introducción
La numerosa evidencia empírica corrobora la relación existente entre determinados
factores o rasgos de personalidad (Impulsividad, Extroversión, Neuroticismo, Apertura,
Búsqueda de sensaciones, entre otros) con el consumo de drogas (Torres, García, Muñoz,
Fernández-Palacios & Llopis, 1996). Un estudio (Dembinska-Krajewska & Rybakowsky, In
press), basado en el modelo de los Cinco Factores analizó los perfiles de personalidad tanto de
consumidores como de no consumidores de sustancias (tabaco, cannabis, cocaína y heroína).
Los resultados indicaron que los consumidores de cocaína obtuvieron una puntuación más
elevada que los no consumidores en el factor de personalidad de Neuroticismo, y más bajo en
el factor de Responsabilidad. En lo referente al cannabis, los consumidores puntuaban más alto
en Apertura y más bajo en los factores de Amabilidad y Responsabilidad que los no
consumidores. Otro estudio que confirma lo obtenido en el anterior, es el de Allen y Holder
(2013), debido a que los resultados mostraron que las personas que obtuvieron un porcentaje
más bajo tanto en el factor de Amabilidad como en el de Responsabilidad muestran una mayor
predisposición de ser consumidores de cannabis.
En un estudio se demostró que los sujetos emocionalmente inestables y con mayor
tendencia tanto al Neuroticismo como a la Ansiedad tenían mayor predisposición al consumo
de drogas psicodepresoras, como son el alcohol y ansiolíticos. Sin embargo, los sujetos con una
alta puntuación en el factor Extraversión, con tendencia a la impulsividad y rasgos psicopáticos,
estarían más predispuestos al consumo de tabaco, cannabis y cocaína (Fidel. Roncero & Casas,
2004).
Actualmente, se conoce que la personalidad interactúa con una variedad de factores
tanto biológicos como psicológicos y ambientales, los cuales en su conjunto delimitan la
respuesta individual en el consumo de sustancias. Se afirma, por un lado, la existencia de
pacientes con diferentes rasgos de personalidad que consumen diversas sustancias y, por otro
lado, la existencia de consumidores de sustancias con diferentes trastornos de la personalidad,
lo cual supone un gran impedimento a la hora de determinar la dirección de la relación causa y
efecto (Mangas, 2015).
Con respecto a las conductas agresivas y el consumo, difícilmente suelen considerarse
de forma aislada ya que las consecuencias negativas del consumo afectan tanto a nivel
psicológico como físico, pero también comportamental.
Las conductas agresivas que dan lugar a la violencia aparecen con mayor frecuencia en
consumidores de sustancias, encontrándose una significativa relación entre estas conductas
agresivas con el consumo de alcohol, marihuana, cocaína y otras sustancias psicoactivas
(Rodríguez, Fernández, Hernández & Ramírez, 2006).
Investigaciones confirman que el consumo de drogas y la violencia forman una
retroalimentación bidireccional de manera simultánea, ya que se ha demostrado que los
consumidores son más propensos a utilizar la agresión (Florenzano, Valdes, Serrano, Rodríguez

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Correlación entre conductas agresivas y patrones de personalidad en consumo de sustancias

& Roizblat, 2001). Un ejemplo de esto es según Mc Whinter & Florenzano (1998), que lo
jóvenes que consumen sustancias habitualmente ejercen con mayor probabilidad conductas
agresivas, por lo que se plantea que el consumo de drogas se relaciona directamente con el
mundo agresivo. Esto es reforzado por la idea que señalan los autores Méndez y Cerezo (2010),
corroborando que existe una relación entre ciertas conductas disfuncionales y el consumo de
sustancias.
Más concretamente, un estudio realizado por Harruf, Franciso, Elkins, Phillips y
Fernández (1994), citados en Delgado (1994), demostró que dosis elevadas de cocaína podrían
desembocar en agresiones y en homicidios. Frecuentemente se realiza una combinación de
consumo de cocaína y alcohol, lo cual da lugar a que el segundo potencie los efectos del
primero. Para confirmar esta relación entre alcohólicos y homicidios, se debe destacar que la
reducción de asesinatos que se ha encontrado en la ciudad de Nueva York se debe a la
disminución del consumo de cocaína. Así mismo, la combinación de cocaína y alcohol provoca
que el momento de euforia y la sensación de bienestar se prolongue entre sus consumidores,
encontrándose en elevado porcentaje de conductas agresivas y delictivas en estos sujetos
(Graña, Muñoz & Navas, In press).
En el caso del consumo de cannabis, existen diversas consecuencias a nivel cognitivo y
del comportamiento. Los síntomas comportamentales más relevantes podrían ser: a)
aislamiento social; b) alteración de sus relaciones interpersonales debido al aumento de la
agresividad y de la hostilidad; d) disminución de inhibiciones; e) comportamiento delictivo,
como conducir bajo los efectos de las drogas (Nadal, 2008).
Con respecto a las conductas agresivas y drogas en el contexto familiar, destacar que el
maltrato intrafamiliar debe estudiarse desde una perspectiva ecológica en la cual se tengan en
cuenta los diferentes contextos en los que se desenvuelven las personas ya que todos ellos
afectan de manera directa o indirecta a su comportamiento. Por ello, el uso de las drogas o del
alcohol es considerado por los consumidores como un estilo de vida para mejorar su estado
anímico; sin embargo, se trata de un estilo de vida que puede generar trastornos emocionales y
mentales, que incentiva a manifestar conductas agresivas (Salazar, 2008).
La tasa de agresores, que muestran un elevado consumo de alcohol, se encuentra entre
un 50% y un 60%. Con respecto al consumo de drogas ilegales, la media ha resultado ser un
20%. El consumo constituye más un factor precipitante que un factor causal de la violencia
contra la pareja (Arteaga, Fernández-Montalvo & López-Goñi, 2012).
Destacar, que algunos autores llegan a considerar que el 45% de consumidores detenidos
por presuntos delitos dentro del núcleo familiar presentan trastornos de la personalidad
(Ziberman, Yadid, Efrati, Neumark & Rassovsky, 2018).
Cuando hablamos de la influencia que tienen las drogas en la conducta agresiva al
volante, en primer lugar, debe diferenciarse entre conducta agresiva y comportamiento de
riesgo. La conducta agresiva se caracteriza por causar un daño físico o psicológico
intencionadamente, a diferencia de las conductas de riesgo, aunque éstas puedan llegar a causar
daños indirectamente. Dependiendo del objetivo de la persona, un comportamiento puede ser
tanto de riesgo como agresivo (Herrero-Fernández, Fonseca-Baeza & Pla-Sancho, 2014).
El consumo de sustancias podría considerarse una conducta de riesgo, ya que provoca
una serie de consecuencias que alteran las capacidades de los conductores.
El error humano es el factor principal en dos de cada tres accidentes de tráfico. Hay
múltiples causas que influyen en este factor como es el consumo de las sustancias psicoactivas.
El último estudio de prevalencia de consumo de sustancias psicoactivas elaborado por la

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Vicente, M. R.

Dirección General de Tráfico concluyó que el 12% de españoles ha consumido alguna droga
ilegal y/o alcohol antes de conducir (EDADES, 2016).
Otro elemento influyente en el factor humano es el comportamiento agresivo o la ira en
la conducción. Según el estudio realizado por Cook (1996), se afirma que la agresividad al
volante es mucho más frecuente que conducir bajo los efectos del alcohol.
Existen una serie de factores que determinan la conducta agresiva al volante, tales como
el cognitivo, psicofisiológico, emocional, ambientales… Los cuales, pueden verse alterados por
el consumo de sustancias. La cocaína, altera el comportamiento aumentando la impulsividad
del consumidor e incluso volviéndole agresivo con los demás conductores (Mihelj, Kos &
Sedlar, 2018). También provoca un aumento en las infracciones de tráfico, haciendo así la
conducción más peligrosa (Ray, Fought & Decker, 1992).
En otro estudio, se ha podido observar que el consumo habitual de alcohol supone un
incremento en la capacidad predictiva de las violaciones de las normas con respecto a las
variables de personalidad y la ira al volante (Valero, 2009).
En consecuencia, conducir tras beber alcohol provoca el 40% de los accidentes viales
con víctimas mortales, del 15-35% de los accidentes que provocan lesiones graves y de un 10%
de accidentes con consecuencias leves. Con ello no se debe obviar otras sustancias psicoactivas
que también deterioran las condiciones psicofisiológicas necesarias para que se produzca una
adecuada conducción. En las últimas investigaciones se ha concluido que un 10% de las muertes
que se producen en los accidentes viales podrían deberse a conducir bajo los efectos de
sustancias ilegales (Álvarez & Del Río, 1994).
Por todo ello, tras realizar la revisión bibliográfica, el objetivo principal del presente
trabajo ha sido analizar la correlación entre variables de personalidad tales como Neuroticismo,
Extraversión, Amabilidad, Apertura y Responsabilidad, y conductas agresivas en diferentes
contextos (intrafamiliar y al volante) con respecto al consumo de sustancias en población
general. Este objetivo se ha dividido en subobjetivos o en objetivos más específicos: a)
relacionar los patrones o rasgos de personalidad más frecuentes tanto con el consumo de alcohol
como con el consumo de sustancias psicoactivas; b) relacionar conductas agresivas tales como
la ira en la conducción, la violencia en pareja, la violencia intrafamiliar y la ira como estado-
rasgo, con consumo de alcohol y consumo de sustancias psicoactivas; c) relacionar los
principales factores de personalidad con las variables que miden la conducta agresiva en la
población general de consumo de sustancias.
Se parte de dos hipótesis, las cuales se pretende analizar:
“Existe una correlación significativa entre, consumo de alcohol con las cinco
dimensiones de personalidad (Neuroticismo, Extraversión, Apertura, Amabilidad y
Responsabilidad) y conductas agresivas, al igual que consumo de sustancias psicoactivas
(cannabis, hachís y cocaína) con estas dimensiones de la personalidad y conductas agresivas”.
“Existe una correlación significativa entre los factores de personalidad tales como
Neuroticismo, Extraversión, Apertura, Amabilidad y Responsabilidad, con una serie de
conductas agresivas en consumo de sustancias (alcohol, cannabis, hachís y marihuana), como
la violencia intrafamiliar (conflictos interpersonales violentos); la expresión de la ira
experimentada al volante; la violencia en pareja; y la expresión de la ira como estado-rasgo”.

Método

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Correlación entre conductas agresivas y patrones de personalidad en consumo de sustancias

Participantes
La muestra de la investigación se compone de un total de 20 sujetos voluntarios de
población general, con una media de 37.35 años. Se ha dividido la muestra en 10 sujetos del
sexo femenino y 10 sujetos del sexo masculino. Los criterios de inclusión y exclusión para la
selección de la muestra fue que todos debían ser conductores habituales, es decir, mínimo
debían conducir una vez al día, y que mínimo, consumiesen alcohol semanalmente.
Se realizó una hoja de información, la cual debían rellenar los sujetos de la muestra, en
la que aparecían los requisitos de inclusión. Se les preguntaba si consumían alcohol o alguna
otra sustancia como cocaína, cannabis o hachís. El consumo de alcohol al ser un requisito para
formar parte de la muestra se ha mostrado presente en prácticamente todos los sujetos. El
consumo de otras sustancias también está presente, siendo un 40% de personas que no
consumen ni cocaína ni cannabis ni hachís. Con respecto a la frecuencia del consumo de
cannabis el porcentaje obtenido es de un 20% de ingesta mensual. Por otra parte, tanto en el
consumo de cocaína como de hachís el porcentaje es de un 15% de consumo mensual. Por
último, el porcentaje de personas que consumen más de una de estas sustancias es de un 10%
mensual.
Con respecto a la distribución asimétrica, por un lado, en la variable “Alcohol” se ha
obtenido un 1,05 y, por otro lado, en la variable “Cantidad de consumo de cocaína, cannabis y
hachís” un 1,67. Estos resultados inducen a la conclusión de que ambas variables muestran una
distribución asimétrica positiva, ya que al ser superiores a 0 la cola de la distribución apunta
hacia la derecha, lo cual señala que los datos sobre el consumo tanto de sustancias psicoactivas
como de alcohol suelen ser asimétricos de esta manera: La mayoría de las personas de población
general del estudio realizado consumen relativamente poco, mientras que cada vez menos
personas consumen grandes cantidades. Se ha realizado esta prueba estadística para comprobar
que, efectivamente, la muestra no sigue una distribución normalizada, ya que al componerse de
población general y no de población drogodependiente tienden a consumir pequeñas o escasas
cantidades lo cual, como se ahondará más adelante, provoca la escasa o nula obtención de
resultados significativos.
Por último, con respecto a los años de conducción la media obtenida es de un 16.95 y la
desviación típica de un 13.15.
Instrumentos de medida
Los índices de la consistencia interna de las siguientes escalas (α de Cronbach)
corresponden a los datos de la presente investigación.
State Trait Anger Expression Inventory (STAXI-2). En el presente estudio se utilizó la
adaptación española del STAXI-2 (Miguel-Tobal, et al., 2001). En su forma revisada, el
STAXI-2 incluye una escala de Estado de Ira con tres factores: Emocional-Sentimientos;
Verbal; Física, una escala de Rasgo de Ira con dos factores: Temperamento; Reacción y una
escala de Expresión de la Ira con cuatro factores: Interiorización o Ira Interna; Exteriorización
o Ira Dirigida contra los demás; Control de la Ira Interna; Control Externa de la Ira dirigida
contra los demás. La consistencia interna global de los ítems del instrumento fue un α= .83. El
estilo de respuesta se basa en una escala tipo Likert de 4 puntos (1 = Casi Nunca; 4 = Casi
Siempre).
FACES- IV. El instrumento utilizado es la versión española del FACES-IV (Martínez-
Pampliega, Merino, Iriarte & Olson, 2017). Integra 5 dimensiones fundamentales para el
abordaje clínico familiar: Cohesión; Flexibilidad; Desapego; Caos; Rigidez; Apego. La
consistencia interna del instrumento en su totalidad fue α= .41. Se compone de 42 ítems. Es un

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cuestionario de autoinforme que se puntúa a través de una escala de tipo Likert que va de 1
(Totalmente en desacuerdo) hasta 5 (Totalmente de acuerdo).
Neo-ffi, versión abreviada del instrumento original Neo-Pi-R (Costa & McCrae, 1999),
publicado en español por Cordero, Pamos & Seisdedos (2008). En la versión abreviada utilizada
en la investigación, se evalúan los principales factores de la personalidad: Neuroticismo;
Extraversión; Apertura a la experiencia; Amabilidad; Responsabilidad. La consistencia interna
del instrumento, en su totalidad, fue α= .76. Es un cuestionario compuesto por 60 ítems los
cuales deben ser respondidos indicando el grado de acuerdo: 0 total desacuerdo – 4 total
acuerdo.
Driving Anger Expression Inventory (DAX). Se utilizó la versión adaptada al español
(Herrero-Fernández, 2011), compuesta por 50 ítems y un estilo de respuesta Likert de 4 puntos
(1=Casi nunca; 2=Casi siempre) que evalúa cinco modos de expresión de la ira al volante:
Expresión Verbal; Expresión Física; Expresión por medio del Vehículo; Expresión Desplazada;
Expresión Adaptativa-constructiva. La consistencia interna obtenida de todos los ítems del
DAX en la presente investigación fue α= .91.
Escala de Tácticas de Conflicto, versión española (Loinaz, Echeburúa, Ortiz-Tallo &
Amor, 2012). Evalúa los conflictos interpersonales violentos y no violentos entre los miembros
de la pareja por medio de 5 dimensiones: Negociación; Agresión Psicológica; Agresión Física;
Coerción Sexual; Daños o Lesiones. Consta de 39 ítems bidireccionales para el agresor y para
la víctima con formato de respuesta tipo Likert. Para esta investigación se utilizó únicamente la
frecuencia de las 5 dimensiones unidireccionalmente, es decir, únicamente para el agresor. Los
ítems trabajados en la presente investigación, aquellos que hacen referencia al agresor,
mostraron una consistencia interna de α= .81.
Procedimiento
Lo primero fue contactar con la muestra seleccionada. Se les proporcionó un
consentimiento informado, en el cual los participantes tenían la oportunidad de conocer en qué
consistía la investigación, el fin de los datos que se iban a obtener y contaban con la total libertad
de dar su consentimiento o no. Es de destacar la importancia que hubo de, en este momento,
explicar a los usuarios que la investigación era completamente anónima.
Tras ello, se fueron acordando citas con cada miembro de la muestra de población
general. Una vez citados, se fueron realizando las evaluaciones de manera individual. En primer
lugar, se les aplicó el instrumento Neo-ffi para evaluar los principales factores de personalidad
de los usuarios. Después, se administraron los cuestionarios autoaplicados relacionados con la
conducta agresiva (DAX, STAXI-2 y FACES-IV). Por último, se aplicó un instrumento para
medir la violencia intrafamiliar, específicamente la violencia de pareja por medio de la Escala
de Tácticas de Conflicto.
Una vez recogidos todos los datos de cada instrumento, se procedió a su corrección para
más tarde, poder insertar los datos y las variables en el programa SPSS.
Diseño y análisis de datos
El presente estudio consiste en una investigación cuantitativa correlacional con el fin de
establecer una relación estadística entre dos variables. En este caso se investiga la posible
correlación existente entre rasgos de personalidad y conductas agresivas con el consumo de
sustancias. La recopilación de la información necesaria para realizar los estadísticos se ha
obtenido a través de una serie de autoinformes.

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Correlación entre conductas agresivas y patrones de personalidad en consumo de sustancias

Para llevar a cabo el análisis de los datos se ha utilizado el paquete estadístico SPSS, el
cual permite obtener información de los diferentes instrumentos aplicados en la investigación
y realizar un análisis e interpretación.
En primer lugar, se ha utilizado el Coeficiente de Correlación de Spearman, p (rho), para
correlacionar, por un lado, el consumo de alcohol con las variables de los instrumentos
utilizados y, por otro lado, el consumo de sustancias psicoactivas (cocaína, cannabis y hachís)
con las variables de cada instrumento. Se ha utilizado este estadístico no paramétrico ya que las
variables de consumo de alcohol y de sustancias han sido medidas bajo una variable ordinal.
En segundo lugar, también se ha trabajado con el análisis de correlación de Pearson (r),
lo cual constituye una prueba paramétrica. Se han realizado con este estadístico, correlaciones
entre las variables de personalidad del Neo-ffi y las variables de conductas agresivas de los
cuestionarios restantes. En esta correlación se han seleccionado únicamente aquellas variables
de los instrumentos que medían la conducta agresiva, con el fin de relacionar los rasgos de
personalidad con conductas agresivas en la población general de consumo de sustancias.
Este análisis presupone que las variables siguen una distribución normal, por ello antes
de utilizar este estadístico se ha realizado una prueba descriptiva para determinar si las variables
seguían una distribución normal (Campana de Gauss).

Resultados
En primer lugar, se procede a resumir los principales resultados obtenidos en la prueba
no paramétrica de Correlación de Spearman.
Con respecto a los factores de personalidad del instrumento utilizado, por un lado, en
términos generales los resultados muestran que no existe una significación positiva entre el
consumo de alcohol y los factores de personalidad. Se concluye que la cantidad de consumo de
alcohol, en este caso diario, es independiente a los rasgos o factores de personalidad en las
personas. Por otro lado, se destaca un factor de personalidad significativo con respecto al
consumo de sustancias, el factor Extraversión. Mostrando la existencia de una débil asociación
lineal entre las variables de consumo de sustancias y la dimensión de extraversión. Con el resto
de los factores cabe destacar que no se encuentra ninguna relación significativa. Sin embargo,
se observa que todas las variables de personalidad del instrumento, excepto Amabilidad y
Responsabilidad, muestran una tendencia a correlacionarse positivamente con el consumo de
sustancias.
Además, a través de este estadístico, se correlacionó, por un lado, el consumo de alcohol
con la expresión ira estado-rasgo (variables del Staxi-2) y, por otro lado, el consumo de
sustancias psicoactivas con estas mismas variables. Con respecto al consumo de alcohol, se
concluye que no existe ninguna relación significativa entre el consumo de esta sustancia con
las variables de la ira que mide el instrumento, es decir, la ira como estado, como rasgo y como
expresión. Sin embargo, en cuanto al consumo de sustancias psicoactivas, se encuentran tres
variables que muestran un nivel de significación positiva. En primer lugar, el temperamento
como rasgo y la reacción como rasgo indican tener relación con la variable de consumo de
sustancias psicoactivas. En segundo lugar, el control externo de la ira, dentro de la variable
expresión, indica con respecto al consumo de sustancias un nivel de significación leve. A pesar
de que el resto de las variables del instrumento que miden la ira no muestren relación existente
con el consumo de sustancias, es destacable que todas las variables del instrumento con la

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variable consumo de sustancias (cocaína, hachís y cannabis) indican una correlación lineal
positiva.
En las correlaciones realizadas entre consumo de alcohol y consumo de sustancias
psicoactivas con la violencia en pareja no se encuentra ninguna relación significativa.
Relacionado con ello, debe destacarse que en las correlaciones de Spearman realizadas entre,
por un lado, consumo de alcohol y violencia intrafamiliar y, por otro lado, consumo de
sustancias psicoactivas y violencia intrafamiliar, no se observa ninguna relación entre el
consumo y las variables estudiadas del cuestionario Faces-IV para medir la violencia
intrafamiliar.
Para finalizar este primer apartado de análisis, resulta interesante la correlación
significativa encontrada donde se confirma que a mayor consumo de sustancias psicoactivas
mayor es el índice de ira expresada en violencia física y en la variable vehículo en la
conducción. La expresión adaptativa-constructiva al volante con el consumo de alcohol obtuvo
un nivel significativo mostrando una correlación negativa considerable (Véase en las Tablas 1
y 2).
En segundo lugar, se procedió a realizar una prueba paramétrica, la Correlación de
Pearson.
Los resultados obtenidos en cada una de las correlaciones indican que únicamente existe
una significación positiva entre los factores de personalidad con variables de dos de los
instrumentos analizados. A grandes rasgos, se induce que los factores de personalidad
Amabilidad, Extraversión, Apertura y Responsabilidad muestran tendencia a correlacionarse
negativamente con respecto a las dimensiones que miden los instrumentos utilizados para
analizar la conducta agresiva.
En primer lugar, existe una relación significativa entre factores de personalidad y
conductas agresivas hacia la pareja en dos de sus variables. Por un lado, amabilidad y violencia
física y, por otro lado, amabilidad y agresión psicológica. Al ser el coeficiente de Pearson menor
que 1 se concluye que la correlación entre estas variables es inversa.
En segundo lugar, se destaca la correlación entre la variable de personalidad
neuroticismo con la variable de agresión verbal al volante. Y también, dentro de este
instrumento, se observa relación entre el factor de extraversión con la expresión adaptativa
constructiva al volante. Siendo (r) próximo a 1 en ambos casos, se confirma la existencia de
una correlación positiva.
Como aspecto general relevante, debe destacarse que las escasas significaciones que se
han obtenido han hecho referencia mayoritariamente al consumo de cocaína, cannabis y hachís,
obteniendo a modo general una tendencia a correlacionarse positivamente por un lado con la
personalidad y por otro con conductas agresivas, en comparación con el consumo de alcohol.
Un ejemplo de ello son las Tablas 1 y 2 en las que se recogen las correlaciones obtenidas entre
el consumo de alcohol y el consumo de sustancias psicoactivas con las formas de expresión de
ira al volante.

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Correlación entre conductas agresivas y patrones de personalidad en consumo de sustancias

Tabla 1
Correlación de Spearman entre consumo de alcohol e ira al volante

Verbal Física Vehículo Desplazada Adaptativa


Consumo (rho) .25 .42 .15 .26 -.49
Alcohol (p) .278 .066 .527 .259 .026
(copas/semana)

Tabla 2
Correlación de Spearman entre consumo de sustancias psicoactivas (cocaína, hachís y
cannabis) e ira al volante

Verbal Física Vehículo Desplazada Adaptativa


Consumo (rho) .41 .51 .52 .34 -.37
Sustancias (p) .070 .021 .017 .144 .103
psicoactivas
(frecuencia/mes)

Discusión y conclusiones
El objetivo principal de esta investigación ha sido analizar la correlación entre en el
consumo de alcohol y sustancias psicoactivas (cocaína, hachís y cannabis), los principales
factores de la personalidad tales como Neuroticismo, Extraversión, Apertura, Amabilidad y
Responsabilidad, y conductas agresivas en diferentes contextos (intrafamiliar y en la
conducción) en población general.
En base al objetivo expuesto, la primera hipótesis de partida fue la siguiente: “Existe
una correlación significativa entre, consumo de alcohol con personalidad y conductas agresivas,
al igual que consumo de sustancias psicoactivas (cannabis, hachís y cocaína) con personalidad
y conductas agresivas”. Esta hipótesis es rechazada debido a que los resultados obtenidos en
las pruebas estadísticas no muestran una correlación significativa entre las variables. Por un
lado, en cuanto al consumo de alcohol (medido en copas por semana) no se han encontrado
resultados suficientemente concluyentes con las variables de los instrumentos que medían
rasgos de personalidad y conductas agresivas. Por otro lado, en cuanto al consumo de sustancias
psicoactivas (medido en frecuencia de consumo al mes) tampoco se han obtenido resultados
significativos entre las variables. Se debe destacar, que al contrario que con el consumo de
alcohol, en la correlación realizada entre el consumo de sustancias psicoactivas con variables
de personalidad y de conductas agresivas, algunas variables si han mostrado una tendencia a
correlacionarse. Sin embargo, la escasez de variables con una significación evidente induce a
la conclusión de que no existe una correlación significativa entre estas variables. Por lo tanto,
no existe correlación entre el consumo de alcohol y de sustancias psicoactivas con personalidad
y conductas agresivas en población general.
La segunda hipótesis de partida fue: “Existe una correlación significativa entre los
factores de personalidad tales como Neuroticismo, Extraversión, Apertura, Amabilidad y
Responsabilidad, con una serie de conductas agresivas en el consumo de sustancias (alcohol,
cannabis, hachís y marihuana), tales como la expresión de la ira experimentada al volante; la

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Vicente, M. R.

violencia intrafamiliar y más concretamente hacia la pareja; y la expresión de la ira como


estado-rasgo”. Tras realizar los estadísticos pertinentes para obtener las correlaciones de estas
variables, se concluye rechazando la hipótesis de la que se partía, ya que los resultados
obtenidos muestran que apenas existen correlaciones significativas entre las variables de
personalidad con las variables de cada uno de los instrumentos utilizados para medir la conducta
agresiva. Únicamente se han obtenido correlaciones significativas entre algunas de las variables
del Neo-ffi y algunas de las variables de dos de los instrumentos, Dax y Cts-2. Lo cual no
confirma o se dice que no es concluyente para determinar la existencia de una correlación entre
las variables de personalidad y las variables de conducta agresiva.
Un estudio referente a las variables que mide esta investigación (Cabrera, Toledo,
García, Mendoza & Baez, 2008), con el objetivo de conocer la asociación entre el consumo de
cannabis con rasgos de la personalidad, disfunción familiar y otras variables, confirma que
existe una relación significativa entre la conducta antisocial, destacando los rasgos impulsivos,
y el consumo habitual de cannabis, al igual que con una conducta anticonvencial que incluye
trastornos del comportamiento y conductas tanto delictivas como agresivas. A pesar de que en
la presente investigación los resultados no hayan sido significativos entre el consumo tanto de
alcohol como de sustancias psicoactivas con conductas agresivas a nivel intrafamiliar, de pareja
y en la conducción, cabe señalar que la correlación entre estas variables ha sido
mayoritariamente positiva y de fuerza media lo cual puede indicar una tendencia a la hora de
compartir variabilidad. Además, en el estudio analizado, se observa una relación directa entre
el consumo de sustancias y la disfunción familiar, es decir, las pobres relaciones afectivas y la
mala comunicación entre los miembros de la familia. Aspecto, que al igual que el anterior, no
se vincula con lo obtenido en la investigación.
La correlación hallada en un estudio (López et al., 2007) entre la dependencia a la
cocaína y los trastornos de personalidad, alega que existe una relación directa entre variables
de personalidad agresiva, antisocial y patológica con la adicción a la cocaína. Ello difiere de
los resultados obtenidos en esta investigación.
Paralelamente a ello, otro estudio analizado (Cervera et al., 2001), se centró en la
comorbilidad entre los trastornos del control de impulsos, específicamente los relacionados con
el uso de sustancias y los de la personalidad. Como disimilitud a los resultados obtenidos en la
presente investigación respecto a la posible relación entre el consumo de sustancias y conductas
agresivas con la personalidad, en este estudio se obtuvo una asociación entre estos aspectos,
señalando dos trastornos de la personalidad (Trastorno antisocial de la personalidad y Trastorno
límite de la personalidad) asociados al consumo y al déficit del control de impulsos.
Tras analizar estos tres estudios relacionando aspectos de la personalidad con el
consumo de sustancias, se infiere que todos han obtenido datos significativos en cuanto a sus
correlaciones. Esto puede ser debido a que la mayoría de los estudios correlacionan el trastorno
por abuso de sustancias con trastornos de la personalidad utilizando una muestra más amplia, a
diferencia que en esta investigación. Por lo que, para poder extrapolar resultados significativos
se necesitaría una muestra clínica más amplia y de esta forma poder asociar el consumo con
trastornos o rasgos específicos de la personalidad drogodependiente. A pesar de que los
resultados obtenidos no hayan sido mayoritariamente significativos, debido a que dicha
significación depende del tamaño de la muestra, se ha podido percibir que muestran una
tendencia a obtener una correlación positiva.
Con respecto a la relación entre conductas agresivas y consumo de sustancias, un estudio
(Muñoz-Rivas, Graña, Fernández & Rodríguez, 2002) que se centró en analizar la influencia de
la conducta antisocial en el consumo de drogas, obtuvo unos resultados que ponen de manifiesto
la relación entre el consumo de drogas y la emisión de conductas desviadas de las normas del

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Correlación entre conductas agresivas y patrones de personalidad en consumo de sustancias

comportamiento social. Así mismo, ha verificado la estrecha relación entre un mayor y más
frecuente consumo de sustancias ilegales con una mayor presencia de conductas contra las
normas, concluyendo que existe una relación entre el consumo de drogas y la delincuencia, al
contrario que lo obtenido en los resultados del presente estudio. Esta divergencia puede deberse
al número reducido de la muestra, a la posible variable extraña de deseabilidad social o a la
amplitud de contextos analizados en la investigación con respecto a las conductas agresivas.
Si se comparan los resultados obtenidos en el presente estudio con otro de los estudios
analizados (Rodríguez, Fernández, Hernández & Ramírez, 2006), la diferencia radica en que en
sus resultados se evidenció que un alto porcentaje de jóvenes habían participado en peleas tanto
en el último año como en el último mes. Este porcentaje se vio directamente relacionado con el
consumo de drogas ilegales (cocaína, hachís, cannabis y éxtasis), siendo este consumo un factor
que incide altamente. Esta disimilitud con respecto a la presente investigación puede ser debida
al rango de edad de la muestra, ya que en el estudio analizado la muestra está compuesta
exclusivamente por jóvenes.
En un artículo cuyo objetivo fue describir la frecuencia y la magnitud de la violencia
social e intrafamiliar bajo los efectos del alcohol y las drogas (Salazar, 2008), los resultados
concluyeron que las personas bajo los efectos del alcohol y las drogas tienen una mayor
tendencia a manifestar su personalidad agresiva, debido a que su consumo predispone a
conductas violentas. Puede decirse que en la presente investigación no se da esta relación entre
consumo y violencia intrafamiliar o, más concretamente, hacia la pareja posiblemente debido a
que la muestra no es suficientemente amplia, a que está compuesta por población general y no
por personas dependientes al consumo, tanto del alcohol como de sustancias psicoactivas, o a
la amplitud de situaciones en las que ejercer violencia ya que en el estudio analizado se centran
en la violencia intrafamiliar incluyendo, además, la violencia social en general.
Por último, como relación entre la ira y la agresión en general y en la conducción de
vehículos, destaca un trabajo (Fernández-Herrero, 2012) cuyos datos obtenidos muestran que
la relación entre el grado de ira experimentada al volante y la ira vivenciada de forma general
están relacionadas positivamente. Ello indica que la ira en la conducción y la ira en general son
dos rasgos de personalidad que están relacionados. A diferencia de ello, en la presente
investigación no se han obtenido relaciones significativas entre los factores de personalidad
estudiados con la ira en la conducción. Esto puede ser, como ya se ha indicado, a causa del
número reducido de la muestra o a las variables de la personalidad aquí estudiadas, ya que son
diferentes a las del citado trabajo. Así mismo, se puede concluir que las variables de
personalidad analizadas por este autor tienen mayor probabilidad de relacionarse con la ira en
la conducción, que las variables de personalidad utilizadas en el presente análisis. Sin embargo,
cabe destacar que, en este caso, los resultados obtenidos entre estas dos variables muestran
tendencia a correlacionarse positivamente.
Por otro lado, se ha detectado una distribución asimétrica positiva, obtenida en las
variables tanto de alcohol como de consumo de sustancias, lo que implica muchos casos con
valores bajos, y como consecuencia muchas de las correlaciones que deberían haber sido
significativas no lo han sido.
Esta investigación está planteada de tal forma que una de las principales aplicaciones
prácticas sea, una vez que se ha determinado que es muy probable la relación entre el consumo
de drogas y las reacciones agresivas de los consumidores, estudiar en profundidad, no sólo sus
rasgos específicos de personalidad, sino también los posibles antecedentes de consumo como
detonante en las personas que manifiestan conductas agresivas.
Finalmente, como limitaciones del estudio se destaca la amplitud de la muestra, siendo
esta muy reducida y el hecho de estar compuesta por población general. Esta investigación se

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Vicente, M. R.

diseñó con el objetivo de utilizar una muestra clínica con lo que se esperaba obtener unos
resultados significativos al tratar el consumo como trastorno por consumo de sustancias y no
como consumo simplemente habitual o esporádico. En definitiva, es probable que estas
características de la muestra hayan limitado los resultados de la investigación, dado que
investigaciones similares han obtenido datos significativamente concluyentes al estudiar a un
mayor número de sujetos y todos ellos de población clínica. Por ello, de cara a investigaciones
a futuro se aconseja utilizar un mayor número de sujetos, específicamente clínicos para tener
una muestra más amplia y estudiar el consumo de sustancias como trastorno de dependencia.
De esta forma será posible trabajar con una muestra normalizada. Además, sería conveniente
utilizar unos instrumentos más objetivos que eviten la posibilidad de deseabilidad social en los
resultados. Así mismo, será conveniente analizar las conductas agresivas en una amplia gama
de contextos, tales como el de educación, entre el grupo de iguales… además de los estudiados
en la investigación.

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Fecha de recepción: 07/04/2021


Fecha de revisión: 15/06/2021
Fecha de aceptación: 22/06/2021

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