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Ecosistemas de Sonora: Diversidad Natural

Este documento describe la diversidad de ecosistemas terrestres en el estado de Sonora, México. Explica que los ecosistemas de Sonora varían desde la costa árida del Golfo de California hasta las montañas húmedas y frías de la Sierra Madre Occidental, e incluyen una variedad de tipos de vegetación como manglares, matorrales, bosques tropicales secos, pastizales, encinares y bosques de coníferas. Aunque existen vacíos de información, estos ecosistemas albergan una alta biodiversidad

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Ecosistemas de Sonora: Diversidad Natural

Este documento describe la diversidad de ecosistemas terrestres en el estado de Sonora, México. Explica que los ecosistemas de Sonora varían desde la costa árida del Golfo de California hasta las montañas húmedas y frías de la Sierra Madre Occidental, e incluyen una variedad de tipos de vegetación como manglares, matorrales, bosques tropicales secos, pastizales, encinares y bosques de coníferas. Aunque existen vacíos de información, estos ecosistemas albergan una alta biodiversidad

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Los Ecosistemas de Sonora: un diverso capital natural. En: Diversidad biológica


de Sonora.

Chapter · January 2010

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Angelina Martinez-Yrizar Alberto Burquez


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LOS ECOSISTEMAS TERRESTRES DE SONORA: UN DIVERSO
CAPITAL NATURAL

ANGELINA MARTÍNEZ-YRÍZAR,1 RICHARD STEPHEN FELGER2 Y ALBERTO BÚRQUEZ3

RESUMEN. Los ecosistemas de Sonora forman un continuo de variación ecológica desde la


costa árida del alto Golfo de California hasta las montañas frías y húmedas en lo alto de la
Sierra Madre Occidental. Incluyen una multitud de tipos de vegetación, ecotonos y alta
diversidad relacionados con la gran variabilidad climática, edáfica y topográfica de la
región; desde los manglares, el matorral costero y el Desierto Sonorense, con cuatro de sus
siete subdivisiones, al bosque tropical caducifolio, los pastizales, los encinares y los
bosques de pino-encino y mixtos de coníferas en las áreas de mayor elevación. Estos
ecosistemas proveen de bienes y servicios a la sociedad, cuyo valor no es difícil de
apreciar, pero en realidad es infinito. Aunque existen vacíos de información sobre la flora
de esta gran región de México, numerosos estudios botánicos describen su riqueza de
especies, formas de vida, endemismos y rangos de distribución que en Sonora alcanzan el
límite norte de su distribución neotropical. Son muy contados los estudios a nivel del
ecosistema que analicen procesos funcionales, tales como la productividad primaria, el
ciclaje de nutrimentos y el almacenamiento de carbono y no existe aún información sobre el
valor de estos ecosistemas en términos de su capacidad para proveer servicios de beneficio
para la sociedad. Los ecosistemas de Sonora están fuertemente amenazados por disturbio
antropogénico, principalmente transformación a agricultura, praderas para uso pecuario,
minería, urbanización y desarrollos costeros. Numerosos procesos clave del ecosistema son
vulnerables a la intervención humana y la pérdida del capital natural está directamente
relacionada con las pautas de consumo de energía, de aprovechamiento de la tierra y con el
crecimiento demográfico, por lo que son urgentes acciones ecológicas, políticas y sociales
coordinadas para conservar sus bienes y servicios.

1
Instituto de Ecología, Estación Regional del Noroeste, Universidad Nacional Autónoma de México.
2
San Diego Natural History Museum.
3
Instituto de Ecología, Estación Regional del Noroeste, Universidad Nacional Autónoma de México.
Martínez-Yrízar, Angelina, Richard Stephen Felger y Alberto Búrquez. 2009. Los ecosistemas terrestres
de Sonora: un diverso capital natural. En: F. Molina-Freaner y T. Van-Devender, eds. Diversidad 1
biológica del estado de Sonora. UNAM, México, pp. 129-156.
ABSTRACT. The ecosystems of Sonora form a continuum of ecological variation from the
arid coast of the upper Gulf of California to the winter-cold and humid mountains at the top
of the Sierra Madre Occidental. Along this gradient there is a multitude of contrasting
environmental conditions, types of vegetation, ecotones and high biodiversity related to the
considerable climatic, edaphic and topographic variability of the region. Sonoran vegetation
includes: mangroves, four of the seven Sonoran Desert subdivisions, two types of
thornscrub, tropical dry forest, grasslands, oak forests and woodlands, pine-oak forests, and
mixed conifer forest in higher mountains. These ecosystems provide numerous goods and
services to society that can be appraised economically, but are of infinite value in reality.
Although there are substantial gaps in the knowledge of the flora of this region, many
studies describe the species richness, diversity of life forms, endemisms and distributions.
Studies at the ecosystem level analyzing functional processes such as primary productivity,
nutrient cycling and carbon accumulation are very limited, and there is a lack of factual
information about the value of these ecosystems in terms of their capacity to provide
services to society. Sonoran ecosystems are at risk by anthropogenic disturbance including
transformation to agriculture, pastures, mining, urbanization and multiple coastal
developments. Many key ecosystem processes are vulnerable to human intervention, and
the loss of the natural capital is directly related to the patterns of energy use, land
exploitation and population growth, so that urgent actions are ecological, social and
political coordinated to keep their goods and services.

INTRODUCCIÓN

La diversidad de ecosistemas es un concepto usado para denotar la variedad o distintos


tipos de ecosistemas presentes en un determinado lugar. Desde la perspectiva de la ecología
de ecosistemas, este capítulo trata sobre la diversidad de ecosistemas terrestres en el estado
de Sonora, para lo cual se abordan los siguientes aspectos: 1) la definición del concepto
ecosistema y de sus propiedades emergentes, incluyendo los servicios ecosistémicos y la
importancia ecológica y social de la evaluación del capital natural; 2) una breve descripción
de los tipos de ecosistemas que, por su extensión, valor intrínseco o características

2
distintivas, se consideran los más representativos de Sonora, 3) una presentación de los
resultados más sobresalientes de los pocos estudios ecológicos realizados en Sonora con un
enfoque ecosistémico, 4) una propuesta de evaluación de la importancia relativa de cada
uno de los ecosistemas de Sonora en función de su capacidad para proveer servicios y, 5)
un breve análisis de los principales agentes de alteración y fragmentación del paisaje que
amenazan la integridad funcional de los ecosistemas terrestres de Sonora y que, por lo
tanto, ponen en riesgo la provisión de bienes y servicios vitales para la sociedad.

EL CONCEPTO ECOSISTEMA

El ecosistema se define como una unidad funcional de la naturaleza que consiste de todos
los organismos que viven en un área determinada y que interactúan entre sí y con el
ambiente que los rodea. Todos los ecosistemas están constituidos por un componente
biótico, o comunidad biológica, y un componente abiótico, o conjunto de factores físicos y
químicos que varían continuamente en espacio y tiempo. Debido a la inherente naturaleza
dinámica de los ecosistemas y al gran número de factores que alteran frecuentemente sus
bordes, las fronteras entre ecosistemas son difusas, excepto en situaciones como la franca
separación entre un ecosistema acuático y uno terrestre o cuando existen cambios abruptos
en las condiciones del suelo que alteran el patrón de distribución de las plantas.
Generalmente se forman ecotonos o zonas de transición entre bordes que pueden albergar a
otras especies, además de las especies de las áreas homogéneas que éstos separan. Los
ecosistemas son sistemas termodinámicamente abiertos, por lo que mantienen un continuo
intercambio de materia y energía con su entorno. Ya que están interconectados, lo que
afecta a un ecosistema afecta a los ecosistemas colindantes (Osborne, 2000; Chapin et al.,
2002).
Hay muchos tipos de ecosistemas terrestres que difieren en estructura y
funcionamiento. Las diferencias climáticas de un lugar a otro determinan en gran medida
los tipos de ecosistemas que existen y la forma en la que los distinguimos depende de la
fisionomía de la vegetación dominante, la cual está influenciada principalmente por el
macroclima. También se pueden diferenciar por otras características, como el efecto de

3
continentalidad o la cercanía con el mar, que separa, por ejemplo, a los desiertos fríos de
los cálidos, o por efecto de la topografía que separa a los ecosistemas de las partes altas de
las montañas de aquellos situados en los valles (Whittaker, 1975; Osborne, 2000).
La Ecología de Ecosistemas estudia cómo actúan los ecosistemas y los mecanismos
que determinan su estructura y funcionamiento. Analiza los procesos que ocurren entre el
componente biótico y abiótico a una escala espacio-temporal grande (Bormann y Likens,
1979). Estos procesos se relacionan básicamente con la transformación de la energía y la
circulación de nutrimentos, los cuales originan propiedades emergentes del ecosistema, esto
es, propiedades que no se explican por la suma de sus partes (Chapin et al., 2002). Así, los
estudios ecosistémicos analizan propiedades tales como la cantidad de energía solar que es
convertida por fotosíntesis en materia orgánica y su tasa de acumulación (productividad
primaria), la degradación de la materia orgánica (descomposición), la energía y los
materiales que fluyen a lo largo de los eslabones de la cadena alimenticia (estructura
trófica), las tasas a las que ocurren estos procesos (flujo de energía) y el movimiento de
elementos entre la atmósfera, la hidrosfera y la biosfera (ciclos biogeoquímicos) a
diferentes niveles de resolución espacial y temporal. Estos estudios también tratan de
explicar la relación que existe entre la complejidad del ecosistema y otros atributos como su
estabilidad, resiliencia y vulnerabilidad. Por su enfoque, la ecología de ecosistemas es un
campo de estudio interdisciplinario, por lo que interactúa con la edafología, la hidrología, la
climatología y la ecofisiología para explicar los mecanismos físicos, químicos y biológicos
que determinan la estructura de los ecosistemas y los procesos que éstos mantienen (Chapin
et al., 2002).
Hoy en día es incuestionable la fuerte relación que existe entre las actividades humanas
y la problemática ambiental. Por eso, en el desarrollo de estudios a nivel de ecosistema ha
sido cada vez más importante la interacción de la ecología con las ciencias sociales
(DeFries et al., 2004; Dietz et al., 2007); un nuevo y vigoroso campo de investigación que
en México es apenas incipiente (Castillo, 2006; Luque-Agraz y Robles-Torres, 2006;
Romero-Lankao, 2006). La incorporación de la dimensión humana (i.e., demografía,
valores sociales, instituciones político-sociales, estructuras económicas, fuerzas de mercado
y procesos históricos) ha sido crucial en la creación de marcos conceptuales y en los

4
avances y consolidación de estudios de conservación, manejo y restauración de ecosistemas
(MA, 2005).

BIENES Y SERVICIOS DEL ECOSISTEMA

Los ecosistemas proveen de bienes y servicios que son críticos para la vida y esenciales
para el desarrollo económico de la sociedad. Los componentes de bienestar humano ligados
a estos servicios son materiales básicos para una buena vida, para la salud, la seguridad
personal, la libertad de elección y la acción y la cohesión social, entre otros factores (MA,
2005). Paradójicamente, el valor intrínseco de los servicios ecosistémicos es raramente
tomado en cuenta en la toma de decisiones de la política ambiental (Daily et al., 1997).
Los servicios del ecosistema se agrupan en cuatro categorías: 1) de provisión, 2)
culturales, 3) de regulación y, 4) de soporte (Daily, 1997a). Los primeros se derivan de la
fotosíntesis y son recursos extractivos como alimentos, plantas medicinales, combustible y
materiales de construcción. Los servicios culturales son los que se relacionan con la
provisión de beneficios no materiales como la belleza escénica y la inspiración intelectual.
Los servicios de regulación resultan de procesos no extractivos como el control de
inundaciones y de erosión, la purificación del agua y la regulación de enfermedades y
plagas. Los servicios de soporte, que son necesarios para la provisión de los otros servicios,
incluyen beneficios intangibles como la formación de materia orgánica, la producción de
oxígeno, la desintoxicación del suelo y el ciclo de nutrimentos (Daily et al., 1997; MA,

2005).
Resulta obvio que algunos de estos servicios se pueden traducir a valor económico. Sin
embargo, otros son técnicamente difíciles de evaluar, porque no son directamente
cuantificables o porque los métodos económicos actuales de valuación de mercado no son
los apropiados o no pueden ser aplicados para este fin (Costanza et al., 1997; Daily, 1997b;
WSTB, 2004). Aún en presencia de discusiones filosóficas biocéntricas o antropocéntricas
de la noción de valor, existen numerosos trabajos que discuten la importancia de establecer
un sistema de evaluación económica del capital natural, considerando que son muchas las
ventajas de dicho sistema tanto en términos ecológicos como en términos de las acciones de

5
conservación, manejo y restauración de ecosistemas. Se argumenta que un sistema de
valuación es importante para: 1) definir la capacidad de cada tipo de ecosistema para
proveer distintos servicios, 2) mejorar la toma de decisiones y resolver conflictos de
elección entre conservar y restaurar un ecosistema o autorizar la expansión de las
actividades humanas, 3) medir los costos económicos que se pueden evitar si se tuvieran
que reemplazar servicios vitales que se pierden como resultado del disturbio antrópico y, 4)
identificar señales de alerta de alteración fundamental de los servicios ecosistémicos que
causen pérdidas de recursos ecológicos, económicos y sociales (Daily et al., 1997; WSTB,

2004; MA, 2005; Haberl et al., 2007).

LOS ECOSISTEMAS TERRESTRES DE SONORA

En Sonora se pueden reconocer cinco regiones naturales principales en un gradiente


ambiental geográfico de norte a sur y de este a oeste: 1) el verdadero desierto en la región
noroeste, 2) una faja árida y semiárida en las planicies del centro del estado, 3) los deltas de
grandes ríos y sus tributarios que drenan hacia el Golfo de California y los ambientes de
transición hacia la línea de costa, 4) una faja tropical y subtropical a lo largo del
piedemonte de la Sierra Madre Occidental y, 5) una faja templada en las partes de mayor
elevación de la Sierra Madre Occidental en los límites con Chihuahua y en las “islas del
cielo” de las montañas del noroeste de Sonora.
El clima de la región varía desde el libre o casi libre de heladas al tropical seco y
templado, del húmedo en los cañones y en lo alto de las montañas al seco y
extremadamente árido en el desierto. Al este y en las elevaciones altas de Sonora
predominan las condiciones semiáridas, pero la aridez se incrementa gradualmente hacia el
norte y oeste. En general, la precipitación total anual aumenta con la elevación, pero
disminuye de sur a norte y de este a oeste (figura 1). En los sitios de menor precipitación
las lluvias son más esporádicas e impredecibles. Este último rasgo es, en muchos sentidos,
de mayor significado biológico que la cantidad promedio anual de precipitación (Ezcurra y
Rodrígues, 1986). En términos generales se puede decir que la distribución de los tipos de
vegetación y la riqueza y abundancia de los recursos naturales de Sonora es paralela a estos

6
gradientes (figura 2), aunque variaciones acentuadas en las características del suelo pueden
causar desviaciones del patrón general (Goldberg, 1982; Búrquez et al., 1992 y 1999;
Felger et al., 2001; Búrquez y Martínez-Yrízar, 2006).
No sorprende que en esta región de extremos se presente una gran variedad de
ambientes, formas de vida y riqueza de especies que han llamado la atención de estudios
botánicos por muchos años (Cartron et al., 2005; Felger et al., 2007a y 2007b). Algunos de
estos trabajos se han convertido en la referencia estándar de la vegetación del noroeste de
México (e.g., Gentry, 1942; White, 1948; Shreve, 1951; Marshall, 1957; Felger y Lowe,
1976; Rzedowski, 1978; Brown, 1982; Ezcurra et al., 1987; Martin et al., 1998; Turner et
al., 1995; Van Devender et al., 2000 y 2005; Felger, 2000; Felger et al., 2001).
Ya que existe una estrecha correspondencia entre la comunidad de plantas y las tasas a
las que ocurren los procesos del ecosistema, en este capítulo nos referiremos a los
principales tipos de ecosistema de Sonora por la vegetación dominante que los constituye o
porque representan alguna de las regiones fitogeográficas descritas por Shreve (1951).
Además, incluimos un ecosistema nuevo para Sonora, el pastizal de zacate buffel,
dominado por una gramínea que fue introducida al estado hace algunas décadas para
incrementar la productividad de las tierras de agostadero. En la actualidad esta gramínea no
se limita a las áreas donde fue sembrada, sino que ha invadido naturalmente extensas áreas
de la región noroeste del estado con consecuencias ecológicas negativas e irreversibles no
previstas (Búrquez et al., 1998; Franklin et al., 2006). La dinámica de los procesos del
funcionamiento de la mayoría de los ecosistemas de Sonora no ha sido aún estudiada, por lo
que en este capítulo la descripción de las características de cada uno será abordada
principalmente en función de la composición florística, las especies dominantes y los
atributos de la vegetación. Los principales ecosistemas que se describen en este capítulo
son 13 (tabla 1):

Desierto Sonorense

El Desierto Sonorense es uno de los biomas más importantes de Norteamérica. Ocupa una
región de aproximadamente trescientos mil kilómetros cuadrados en el noroeste de México
y el suroeste de Estados Unidos. Debe su nombre a que un tercio de su extensión total se

7
encuentra en el estado de Sonora. Su clima se caracteriza por presentar veranos muy
calientes, inviernos benignos, alta variación a lo largo del año en la diferencia de
temperatura día/noche y también alta variación en la cantidad de lluvia anual típicamente
bimodal con picos en invierno y verano. La temperatura y la precipitación varían
igualmente en forma marcada dependiendo de la latitud, la elevación y la importancia
relativa de la influencia continental y marina (Shreve, 1951; Turner et al., 1995; Búrquez et
al., 1999). Shreve (1951) identificó siete subdivisiones de la vegetación del Desierto
Sonorense basadas en las características y organización de las comunidades de plantas y en
su ámbito geográfico de distribución. De las siete subdivisiones cuatro están representadas
en Sonora y una de ellas (Planicies de Sonora) es exclusiva del estado (figura 2). En Sonora
estas unidades cubren una enorme diversidad de hábitats que bien pueden corresponder a
fronteras geomórficas, edáficas, hidrológicas, climáticas o de historia de uso de suelo
(Felger, 2000). Las características más sobresalientes de cada uno de estas cuatro
subdivisiones son las siguientes:

Valle del Bajo Río Colorado


Es la segunda subdivisión más extensa de la región del Desierto Sonorense en Sonora y
cubre aproximadamente tres millones de hectáreas (figura 2). Nombrada por Shreve (1951)
la región Larrea-Ambrosia, incluye el delta del Río Colorado, que drena en el Golfo de
California, y tierras bajas (<400 m) hasta las cercanías del Arroyo Arivaipa; forma una
cuña orientada hacia el sur entre las subdivisiones Costa Central del Golfo y Planicies de
Sonora (figura 2). Es una de las regiones más áridas de Sonora, con precipitaciones escasas
e impredecibles de menos de 75 mm anuales. La vegetación de las planicies en suelos
predominantemente arenosos es un desierto micrófilo estructuralmente simple dominado
por Larrea divaricata y Ambrosia deltoidea o A. dumosa, con una rica flora de plantas
efímeras estacionalmente abundantes. Aunque de estructura simple, en esta subdivisión
existe una considerable variación florística y de vegetación entre diferentes hábitats (Felger
et al., 2007a). Esta región alberga dos de las reservas de la biosfera más importantes de
México: la del Alto Golfo de California y Delta del Río Colorado y la de El Pinacate y
Gran Desierto de Altar, las cuales, desde 1995, forman parte de la Red Mundial de
Reservas de la Biosfera de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la

8
Ciencia y la Cultura (UNESCO). Estas dos reservas incluyen prominentes sierras volcánicas,
sierras graníticas, numerosos cráteres de origen volcánico, extensos flujos de lava, el
sistema de dunas móviles más extenso de Norteamérica (figura 3), amplias planicies,
remanentes del gran delta del Río Colorado, un complejo sistema de hábitats costeros y
numerosos oasis del desierto alimentados por el acuífero del Gran Desierto de Altar
(Felger, 1980; Ezcurra et al., 1987 y 1988; Felger, 2000; Felger et al., 2007a y 2007b). La
vegetación es dinámica y su apariencia actual, especialmente en la región de El Pinacate, es
en gran medida el resultado de la presencia de años extremadamente secos desde mediados
del siglo pasado a la fecha (Turner et al., 2003). El sistema de dunas del Gran Desierto y
los cráteres y flujos de lava de El Pinacate albergan una gran variedad de hábitats, muchos
de ellos de condiciones extremas en donde las plantas no prosperan, pero otros únicos, con
una flora relativamente rica en especies y plantas endémicas (Felger, 2000).

Altiplano de Arizona
Hacia el este del Valle del Bajo Río Colorado se localiza el Altiplano de Arizona que ocupa
en Sonora una extensión aproximada de 1.6 millones de hectáreas entre Sonoyta y
Magdalena (figura 2). Es la subdivisión del Desierto Sonorense de mayor elevación en el
estado (de 150 a 950 msnm). La precipitación varía de 75 a 300 mm y las temperaturas de
congelación son comunes. La vegetación es un desierto crasicaulescente dominado por
arbustos bajos y plantas leguminosas y suculentas localizadas en las montañas, sobre
pendientes rocosas (figura 4). Esta subdivisión fue también nombrada región Parkinsonia,
Cylindropuntia y Opuntia por la presencia importante, más que en cualquiera de las otras
subdivisiones, de estos tres géneros (Shreve, 1951). Aunque las cactáceas son muy
abundantes, uno de los elementos más conspicuos es el saguaro (Carnegiea gigantea), que
llega a formar densos y extensos bosques de amplia distribución en la región. Porciones de
esta subdivisión están representadas en la región oriental de la Reserva de la Biosfera El
Pinacate y Gran Desierto de Altar.

Costa Central del Golfo


Presente en ambos lados del Golfo de California, esta subdivisión del Desierto Sonorense
es la de menor área en el estado y cubre una extensión aproximada de un millón de

9
hectáreas (figura 2). Conocida como región Bursera-Jatropha (Shreve, 1951), esta unidad
se distribuye como una estrecha banda a lo largo de la mayor parte de la costa de Sonora
(figura 5). Se le considera la tierra tradicional de los comcáac (seris) (Felger y Moser,
1985). También se distribuye en las casi novecientas islas e islotes del Golfo de California,
las cuales fueron decretadas en 1978 como Zona de Reserva y Refugio de Aves Migratorias
y de la Fauna Silvestre y en 2000 como Área de Protección de Flora y Fauna, además de
que desde 1995 fueron incluidas en la Red Mundial de Reservas de la Biosfera de la
UNESCO. La precipitación aquí es muy baja e irregular con una aportación menor de 150
mm anuales y no son raros los años en los que no se registra lluvia, por lo que esta región
siempre ha sido muy árida para el desarrollo de la agricultura tradicional. En las partes altas
de la Isla Tiburón y de la Sierra del Aguaje al norte de Guaymas, la precipitación es mayor
y la vegetación es un matorral de piedemonte con numerosos elementos subtropicales
(Felger y Lowe, 1976; Felger, 1999; Wilder et al., 2007). Por su cercanía con el mar, la
temperatura anual en las islas es menor que hacia tierra firme. La vegetación de esta
subdivisión se define como un desierto crasicaulescente abierto de baja productividad
(Díaz-Martínez, 2001) dominado por plantas suculentas de tallos gruesos (figura 6), entre
los que destacan por su abundancia el cardón o sagüeso Pachycereus pringlei, una cactácea
columnar de gran porte, y las especies arbóreas Acacia willardiana, Olneya tesota, Bursera
hindsiana, B. microphylla y las arbustivas Jatropha cinerea y J. cuneata. Algunas de las
especies de árboles presentan troncos característicamente cortos, muy engrosados y de
forma irregular. Esta subdivisión sustenta una flora muy diversa, rica en endemismos,
especialmente aquellos que se comparten con la península de Baja California, tales como
Fouquieria columnaris (típica de la subdivisión Vizcaíno), Euphorbia xanti y Stenocereus
gummosus, relictos típicos de Baja California en la costa de Sonora (Felger y Lowe, 1976;
Wilder et al., 2007).
En su límite con el mar, la vegetación de la Costa Central del Golfo presenta una zona
de transición donde prosperan diversas gramíneas, herbáceas perennes, especialmente
suculentas, y arbustos que forman una banda bien definida de plantas halófitas (tolerantes a
la salinidad) que caracterizan a la vegetación de dunas costeras (Johnson, 1982). En los
estuarios abiertos al mar, que en las regiones desérticas son estuarios inversos afectados
casi únicamente por las condiciones cambiantes de las mareas, se favorece el

10
establecimiento de distintas especies de mangle que forman un denso y continuo dosel
arbóreo a lo largo del estuario (figura 7). La vegetación de los manglares en Sonora está
formada de tres especies Rhizophora mangle (Rhizophoraceae), Avicennia germinans
(Acanthaceae) y Laguncularia racemosa (Combretaceae) (Felger et al., 2001). Una especie
más, Conocarpus erecta (Combretaceae), se añade a los manglares del sur de Sonora. Los
manglares se distribuyen en los esteros, bahías protegidas y a lo largo de las planicies
aluviales que gradualmente se sumergen en el mar. Estos manglares del desierto son de
porte bajo, y su dosel no sobrepasa los cuatro metros de altura. Presentan adaptaciones
morfológicas y fisiológicas especiales de resistencia a la salinidad y de respuesta al flujo
cambiante del nivel del mar. En esta región del mundo los manglares alcanzan su límite
norte de su área de distribución neotropical en el Estero Sargento al norte del Canal del
Infiernillo a 29º20’N (Felger y Moser, 1985; Felger et al., 2001; Whitmore et al., 2005).
A pesar de su escasa representación en términos de superficie, los manglares son de
importancia extrema por su elevada productividad biológica, por ser un hábitat especial de
numerosas especies terrestres y marinas y por su papel fundamental en la protección de la
línea de costa. Muchas especies animales encuentran refugio y alimento en los manglares,
desde mamíferos que consumen peces e invertebrados, aves que eligen estos ambientes
como sitios de anidación (Mellink y De la Riva, 2005), hasta numerosas especies marinas
de importancia comercial que pasan algún estadio de su ciclo de vida asociado a los
manglares. Esta vegetación, además de su innegable valor estético, presenta un elevado
valor económico en lo que respecta a las pesquerías (Búrquez y Martínez-Yrízar, 2000). A
pesar de su importancia ecológica y las medidas de protección, grandes extensiones de
manglar han sido transformados en la actualidad para el establecimiento de granjas
acuícolas, para desarrollos turísticos o para el cultivo de especies no nativas de mangle.

Planicies de Sonora
Esta subdivisión cubre una extensión aproximada de tres millones de hectáreas localizadas
en la parte central de Sonora, entre la faja costera y las montañas de la Sierra Madre
Occidental, a una elevación de entre 100 y 750 msnm (figura 2). También nombrada por
Shreve (1951) como región Olneya-Encelia, presenta una vegetación que se define como
un desierto arbosufrutescente dominado por árboles de gran talla, como el palo fierro

11
Olneya tesota, el mezquite Prosopis velutina y el palo verde Parkinsonia microphylla,
además de numerosos arbustos como la rama blanca Encelia farinosa (figura 8). A una
escala espacial de cientos de hectáreas, la estructura de la vegetación cambia de los sitios
planos, donde predomina un matorral abierto de escasa cobertura y pocas especies, a los
sitios de arroyo, donde el matorral es más diverso y con una mayor densidad, biomasa y
productividad de plantas perennes (Martínez-Yrízar et al., 1999; Búrquez y Martínez-
Yrízar, 2006). A pesar de su importancia ecológica, hasta el momento no existe ninguna
reserva formal que proteja este ecosistema y que permita enfrentar la fuerte amenaza
representada por la creciente invasión de zacate buffel y el desarrollo urbano e industrial. El
área cercana al Rancho El Carrizo, al sur de Benjamín Hill, probablemente presenta la
mayor diversidad de gramíneas nativas que cualquier otra área del Desierto Sonorense. La
densa cubierta del zacate borreguero (Bouteloua diversispicula = Cathestecum brevifolium)
forma un tipo de pastizal desértico único en esta área. Al sur de Guaymas se presenta la
transición de esta subdivisión con el matorral costero y hacia el este y en las montañas con
el matorral de piedemonte. Otra transición se observa en las montañas dentro de esta
subdivisión, en las que se desarrolla el matorral de piedemonte, especialmente en las
pendientes orientadas al norte y este con mayor humedad.

Matorral

El matorral (thornscrub) en México es de origen tropical. Es uno de los ecosistemas menos


estudiados y más amenazados por actividades antropogénicas. En Sonora, este matorral fue
nombrado por Brown (1982) como “Sinaloan thornscrub”, aunque de acuerdo con Búrquez
et al. (1999), se pueden reconocer dos formaciones distintas: el Matorral de Piedemonte y
el Matorral Costero, cada uno con características florísticas y estructurales propias. En la
parte alta de las montañas del Desierto Sonorense, como en la Sierra del Aguaje, al norte de
San Carlos, y en la Sierra Libre, entre Guaymas y Hermosillo, que son como islas del cielo
del desierto, la característica más conspicua del matorral es la presencia de Lysiloma
divaricatum, la cual forma un denso estrato arbóreo. Es también prominente Brahea
brandegei, una especie de palma que forma densas poblaciones en la parte alta de los cerros

12
y acantilados, en los cañones y a lo largo de los principales drenajes de estas sierras. Se han
registrado más de 115 especies de árboles del matorral (Felger et al., 2001).

Matorral de Piedemonte
Esta unidad de vegetación fue originalmente clasificada por Shreve (1951) como una de las
subdivisiones del Desierto Sonorense con la designación “Foothills of Sonora”, pero
posteriormente fue separada, por su carácter distinto al desierto, y reclasificada como
matorral (thornscrub) (Felger y Lowe, 1976; Turner y Brown, 1982; Búrquez et al., 1999).
Esta unidad se extiende hacia el norte y a lo largo del límite este del Desierto Sonorense y
en las laderas de los cerros y sitios de mayor altitud de la subdivisión Planicies de Sonora
(figura 9). Es un matorral arbustivo o semi-arborescente muy diverso de origen tropical,
con un dosel casi cerrado (Felger, 2000). Representa la transición entre la vegetación del
Desierto Sonorense y el bosque tropical caducifolio del flanco occidental de la Sierra
Madre Occidental (Búrquez et al., 1999). De las numerosas especies del matorral destacan
por su abundancia: Acacia russelliana, Bursera fagaroides, B. laxiflora, Cordia sonorae,
Fouquieria macdougalii, Haematoxylum brasiletto, Ipomoea arborescens, Jatropha
cordata, Lysiloma divaricatum, L. watsonii, Mimosa distachya y Stenocereus thurberi,
entre otras (Búrquez et al., 1999; Felger et al., 2001; Beltrán-Flores, 2006).

Matorral Costero
Distribuido al sur del Desierto Sonorense, este matorral fue llamado por Gentry (1942)
“thorn forest” para enfatizar la predominancia de Acacia cochliacantha, una leguminosa
fuertemente armada con gruesas espinas en forma de canoa (Felger et al., 2001). Otras
especies típicas del matorral costero son: Bursera fagaroides, Forchhammeria watsonii,
Guaiacum coulteri, Haematoxylum brasiletto, Havardia sonorae y Jacquinia macrocarpa
subsp. Pungens. De las especies de cactáceas predominan el etcho (Pachycereus pecten-
aboriginum) y el pitayo (Stenocereus thurberi). Esta última especie tiene un amplio rango
de distribución en el estado, pero en la región centro y sur presenta las más altas densidades
poblacionales y forma una comunidad estructuralmente compleja rica en especies. Por la
predominancia de pitayos y su elevada densidad (400 ind. ha-1), “El Pitayal” (figura 10) es
el nombre con el que se denomina localmente a este matorral costero que se distribuye en

13
una estrecha banda que cubre decenas de miles de hectáreas en las planicies de la costa del
sur de Sonora. A pesar de su importancia ecológica, cultural, económica y social
(Bustamante, 2003; Orozco-Urías, 2007; Yetman, 2006), El Pitayal ha sido extensamente
transformado, principalmente a agricultura de irrigación y para el establecimiento de
granjas acuícolas. Igualmente importantes en esta región son los manglares que,
profundamente influenciados por los drenajes de los ríos Yaqui, Mayo y Fuerte, alguna vez
fueron los más extensos y densos de Sonora (Felger et al., 2001). La flora y sus relaciones
se discuten en detalle en Friedman (1996).

Bosque Tropical Caducifolio

El bosque tropical caducifolio (o selva baja caducifolia) de Sonora representa el límite


norte de su distribución en América aproximadamente a los 28º N (Martínez-Yrízar et al.,
2000). Se ubica principalmente entre el matorral de piedemonte a baja elevación y la zona
de encinares hacia el este a mayor elevación, típicamente entre 250 y 1 200 m de altitud
(figura 2). Hacia el norte, sobre el límite este del Desierto Sonorense, el bosque tropical
caducifolio se extiende y se mezcla imperceptiblemente con el matorral de piedemonte. En
su condición natural (figura 11), el bosque tropical caducifolio presenta un dosel cerrado de
10 a 15 m de alto, compuesto por una flora de origen tropical muy diversa y con cambios
estructurales claramente relacionados con la variabilidad topográfica y las condiciones
edáficas (Martínez-Yrízar et al., 2000; Felger et al., 2001; Varela-Espinosa, 2005).
De acuerdo con Yetman et al. (1995), dos características sobresalientes de este bosque
en Sonora son la presencia y alta densidad de mauto, Lysiloma divaricatum, y la alta
diversidad y abundancia de individuos del género Bursera (ocho especies). Un rasgo
interesante es la presencia de encinos a muy baja elevación (hasta 200 m) con dominancia
de Q. albocincta, Q. chihuahuensis y Q. tuberculata, pero restringidos dentro del bosque
tropical caducifolio a zonas con suelos ácidos alterados por acción hidrotermal, en donde
forman un peculiar mosaico de vegetación (figura 12) (Gentry, 1942; Goldberg, 1982;
Martin et al., 1998). Otra característica sobresaliente es la presencia de vegetación ribereña
en el fondo de los cañones y a lo largo de los arroyos, los cuales actúan como corredores de
intrusiones de la vegetación adyacente (Felger et al., 2001). En estas condiciones de

14
humedad extra se favorece el establecimiento de orquídeas tropicales epífitas y saxícolas
(Felger y Dimmitt, 1998). Se han registrado más de ciento cincuenta especies de árboles en
el bosque tropical caducifolio de Sonora (Felger et al., 2001). Ejemplares de géneros
importantes incluyen a Bursera, Ceiba, Chloroleucon, Conzattia, Ficus, Haematoxylum,
Lonchocarpus, Lysiloma y Tabebuia. Por su importancia en términos de la distribución
geográfica del bosque tropical caducifolio en México, la Sierra de Alamos-Río Cuchujaqui
fue decretada en 1996 como Área de Protección de Flora y Fauna Silvestre y Acuática, a fin
de salvaguardar una extensa área de bosque tropical caducifolio en Sonora. En 2007, esta
reserva fue incorporada a la Red Mundial de Reservas de Biosfera de la UNESCO. Van
Devender et al. (2000) presentan una descripción de la vegetación y de la flora rica en
especies del bosque a lo largo del Río Cuchujaqui, el tributario más norteño del Río Fuerte.

Bosque Madrense

Agrupa a los bosques templados, principalmente a los encinares, los bosques de pino-
encino y los bosques de coníferas (figuras 13 a 16). Típicamente se desarrollan en las zonas
frías en lo alto de la Sierra Madre Occidental, en un mosaico de condiciones edáficas, desde
suelos profundos, ricos en materia orgánica, hasta litosoles someros y muy pedregosos. Son
comunidades arbóreas con una flora distintiva rica en especies endémicas. Localmente, las
plantas herbáceas (anuales y perennes) llegan a formar un denso y variado sotobosque con
afinidades con la flora del Eje Neovolcánico. Las gramíneas presentan numerosos
elementos que se comparten con la flora de otras regiones bióticas (Van Devender et al.,
2005). Los pinos, representados por 11 especies, son muy importantes en esta región y
aportan más del veinte por ciento del total de las especies de pinos en México y América
Central (Farjon y Styles, 1997; Farjon et al., 1997). En su conjunto, el bosque madrense
alberga 25 especies de Quercus que constituyen el género más diverso de árboles de Sonora
(Felger et al., 2001).

Encinar
El encinar es una comunidad arbórea ampliamente distribuida en Sonora a elevaciones por
arriba del desierto, los pastizales y el bosque tropical caducifolio, pero a menor elevación

15
que los bosques de pino-encino y de coníferas, con los que forma amplios ecotonos (Felger
et al., 2001; Van Devender et al., 2005). Los encinares de Sonora son altamente variables
en composición y estructura. En el límite inferior de su distribución contienen numerosos
elementos de afinidad tropical, mientras que los elementos neárticos son más importantes a
mayor elevación (Búrquez y Martínez-Yrízar, 2006). Extensas áreas del noreste y norte-
centro de Sonora están dominadas por encinares abiertos de Q. emoryi (figura 13). Esta
especie, junto con Q. arizonica y Q. oblongifolia, son las principales especies de baja
elevación en el norte del estado. Hacia el sureste y este-centro de su área de distribución,
los encinares forman estrechas bandas entre el bosque tropical caducifolio y los bosques de
pino-encino (Felger et al., 2001). Dos especies de encino, Q. chihuahuensis y Q.
tuberculata, se encuentran frecuentemente dispersos entre los árboles del bosque tropical
caducifolio, pero su densidad aumenta a partir de los 900 m de elevación, en donde, al ser
más cerrado, forma un dosel más típico del encinar (figura 14).

Bosque de Pino-Encino
En las montañas del este de Sonora, entre 1 200 y 2 240 m de elevación, se localizan
extensas áreas de bosque de pino-encino incluidas por Brown (1982) dentro de la
denominación “Bosque Perennifolio Madrense”. En los sitios de mayor altitud aumenta la
abundancia de pinos, rasgo que distingue al bosque de pino-encino del bosque de pino per
se, aunque en términos prácticos es difícil separarlos en las discusiones sobre patrones de
distribución de las plantas (figura 15) (Felger et al., 2001). El bosque de pino es también
llamado por Brown (1982) “Bosque de Coníferas de Montaña Madrense”. La mayor
extensión del bosque de pino-encino se presenta en el este de Sonora, a lo largo del flanco
occidental de Chihuahua. Estos bosques son similares de norte a sur en estructura, pero se
observa una gradual introducción de especies más tropicales y de distribución sur que
reemplazan a las especies templadas del norte. Las zonas sureñas albergan una flora diversa
con numerosos elementos subtropicales como Pinus herrerae, P. maximinoi, P. oocarpa y
P. yecorensis. Especies norteñas de pino y encino incluyen a P. arizonica y P. engelmannii,
Q. emoryi, Q. gambellii y Q. hypoleucoides, mientras que los encinos “tropicales” son más
diversos e incluyen a Q. albocincta, Q. cocolobifolia, Q. viminea y a la especie de hojas
espectaculares, por gran su tamaño, Q. tarahumara (Felger et al., 2001). A menor elevación

16
hacia el sur se encuentran frecuentemente encinos tropicales asociados a los pinos (Búrquez
y Martínez-Yrízar, 2006).

Bosque Mixto de Coníferas


Se ubican en las partes de mayor elevación (>2 100 m) en las montañas de la Sierra Madre
Occidental de Sonora, donde se ha reportado la presencia de 13 especies de coníferas, con
tres géneros (Abies, Pinus y Pseudotsuga) que definen a este tipo de bosque (figura 16)
(Felger et al., 2001). El estudio científico de los bosques mixtos de coníferas, y en general
del bosque madrense, es limitado, y aunque existen descripciones florísticas y taxonómicas
que destacan la importancia de la región de la sierra de Sonora en términos de la riqueza de
especies, no hay estudios a nivel de ecosistema con información sobre las tasas de
productividad, almacenamiento de carbono y flujos de nutrientes en la variedad de
ambientes en los que se desarrollan las especies que caracterizan a estos bosques.

Pastizal de Altura

El área más extensa de pastizal de altura en Sonora se ubica en los valles y serranías de la
región noreste, donde las temperaturas de congelación son comunes (figura 17). Se le
encuentra a elevaciones por arriba del desierto y los matorrales y rodeado, entre los 1 050 y
1 700 m de elevación, por los bosques de encino y de pino-encino (Van Devender et al.,
2005), con los que mantiene una estrecha relación (McClaran y Van Devender, 1995). La
flora de pastos es muy diversa e incluye distintas gramíneas perennes y anuales, dominantes
o codominantes (Van Devender et al., 2005). Las especies de la familia Asteraceae pueden
llegar a ser muy comunes, junto con otras herbáceas y arbustos que prevalecen en áreas
circundantes y en casi todo Sonora, excepto en las áreas del bosque tropical caducifolio
(Búrquez et al., 1998).
Dos subdivisiones naturales de pastizal pueden reconocerse en Sonora. Uno es un
distintivo pastizal frío-templado, y el otro un pastizal desértico. El primero es un
representante sureño distante de la región de los pastizales de las grandes planicies (plains
grasslands) presente hasta la frontera de México en el noreste de Sonora como una
extensión sureña del Valle de las Ánimas al oeste de la Sierra San Luis y una vasta área al

17
sur de Naco y cerca de Cananea. Entre las especies que destacan por su abundancia, se
encuentran Aristida, Bouteloua, Digitaria, Eragrostis, Leptochloa, Lycuris, Muhlenbergia,
Panicum, Paspalum, Schizachyrium, Setaria, y Sporobolus. Los árboles y los arbustos en
esta comunidad son escasos y la flora de plantas leñosas está casi restringida a los arroyos y
áreas de drenaje superficial (Felger et al., 2001). En esta misma localidad, en los ranchos El
Valle y Cuenca los Ojos en el Valle de las Ánimas, se puede reconocer un pastizal frío-
templado dominado por Nolina texana (figura 18), no registrado antes más allá del este de
Coahuila (Van Devender, 2008, comunicación personal). A baja elevación hacia el sur,
pero aún dentro de la región noreste y norte-centro del estado, se presentan áreas aisladas
del pastizal desértico. Entre las especies características de gramíneas que conforman este
pastizal destacan Aristida, Bouteloua, Eragrostis, Hilaria, Muhlenbergia, Panicum,
Sporobolus y Tridens. La presencia de plantas leñosas es natural, pero la dominancia de
gramíneas o de arbustos puede bien ser el reflejo de regímenes climáticos o de disturbio
(Van Devender, 1995).

Desierto Chihuahuense

Una importante área de este gran desierto continental, localizado en el norte-centro de


México entre la Sierra Madre Oriental y la Sierra Madre Occidental, se extiende hacia el
noroeste de Sonora a elevaciones de <1 430 m, flanqueado en sus fronteras por el pastizal y
el encinar y por el matorral de piedemonte hacia el sur (figura 19). Representado por pocas
especies de árboles en Sonora (18 especies), presenta un dosel abierto donde predominan
los arbustos, principalmente Acacia neovernicosa, Flourensia cernua, Larrea divaricata,
Prosopis glandulosa var. torreyana y P. velutina. La vegetación del Desierto Chihuahuense
presenta su óptimo en suelos de piedra caliza, los cuales favorecen el desarrollo de la
comunidad de desierto en lugar del pastizal.

Pastizal de Zacate Buffel

El zacate buffel, Pennisetum ciliare, es una gramínea exótica que crece en Sonora en sitios
de clima cálido, libre de heladas fuertes, en un rango de precipitación entre 150 y 600 mm

18
anuales, concentrada en el verano y sin clara preferencia a un tipo de suelo. A P. ciliare se
le puede encontrar en todos los caminos principales y vecinales de Sonora, desde el nivel
del mar y en el desierto extremo al oeste de El Pinacate (Felger, 2000), en los pastizales y
bosques templados a lo largo de la carretera federal 2 al este de Agua Prieta y hasta 1 610
m de elevación (Van Devender, 2007, comunicación personal). Desde su introducción al
estado en los años sesenta, más de ochocientas mil hectáreas han sido plantadas con buffel,
lo que ha convertido al desierto en un monótono pastizal estructuralmente simple (figura
20). Aunque esta conversión beneficia inicialmente a los rancheros, la colonización del
buffel ha sido muy exitosa fuera de los ranchos, lo cual ha ocasionado cambios
significativos en la estructura y funcionamiento del desierto y matorrales, además de las
consecuencias asociadas a la pérdida de biodiversidad y productividad ya señaladas por
distintos autores (Búrquez et al., 1998; Esque et al., 2002; Franklin et al., 2006; Búrquez y
Martínez-Yrízar, 2006).

ESTUDIOS ECOSISTÉMICOS EN SONORA

La vegetación, la flora, la fauna y el ambiente físico establecen complejas relaciones


funcionales a nivel del ecosistema. Son muy contados los estudios que han documentado la
dinámica funcional de los ecosistemas de Sonora (Búrquez et al., 1999; Martínez-Yrízar et
al., 2000; Franklin et al., 2006; Gebremichael y Barros, 2006; Martínez-Yrízar et al.,
2007). Se sabe que la productividad primaria en el Desierto Sonorense aumenta en
dirección oeste-este en relación con el aumento de precipitación en ese gradiente y de las
planicies costeras a las laderas de los cerros principalmente con orientación norte. Sin
embargo, mucha de la variación temporal y espacial en productividad está asociada a
condiciones específicas de captación de agua debidas a la topografía y a la variabilidad
interanual de precipitación, que son muy altas en esta región desértica del país (Búrquez et
al., 1999; Martínez-Yrízar et al., 1999; Díaz-Martínez, 2001). Las tasas a las que ocurre
otros procesos funcionales como la descomposición de la materia orgánica y el potencial
microbiano del suelo también están fuertemente influenciadas por las condiciones
particulares del hábitat, aunque la calidad de los residuos orgánicos, principalmente el

19
contenido de lignina, también es un factor determinante en la velocidad de incorporación de
los nutrimentos al suelo (Núñez et al., 2001; Martínez-Yrízar et al., 2007). Hacia la sierra,
los estudios del funcionamiento del bosque tropical caducifolio muestran que la producción
de hojarasca, usada como un índice de productividad primaria neta, es baja en esta región
que marca el límite norte de la distribución del bosque tropical caducifolio en América, en
comparación con los bosques situados hacia el sur en la costa del pacífico mexicano
(Martínez-Yrízar et al., 2000). Sin embargo, la fitomasa aérea cae dentro del rango de
valores reportado para otros bosques de este tipo en el neotrópico (Álvarez-Yépiz et al.,
2008). No existen estudios a nivel de ecosistema de los mezquitales, de los ecosistemas
ribereños y oasis del desierto y otros humedales costeros, a pesar del papel del agua como
el principal factor limitante de su funcionamiento. Tampoco existe información de procesos
funcionales del ecosistema para el bosque madrense, no obstante su papel regulador en el
ciclo hidrológico a escala regional.

VALOR DE LOS ECOSISTEMAS DE SONORA

Como se mencionó anteriormente, se conoce con cierto nivel de detalle la vegetación de


distintas regiones del estado, pero para la mayoría de los ecosistemas de Sonora no existen
datos sobre su estructura y funcionamiento, aun considerando que algunos de ellos, como
los encinares, los bosques de pino-encino y los bosques de coníferas, son sistemas con gran
influencia en la dinámica del desierto circundante (Búrquez y Martínez-Yrízar, 2006). La
información de procesos a nivel de ecosistema es necesaria para: 1) cuantificar los servicios
ecosistémicos e identificar su relación con el bienestar humano, 2) analizar la capacidad y
los patrones espaciales de cada ecosistema para ofrecer dichos servicios, 3) definir qué
regiones son críticas para la conservación por la provisión de los distintos servicios que la
población obtiene en la actualidad y, 4) medir el cambio en la provisión de los servicios
ecosistémicos por cambio de uso de suelo (WSTB, 2004; Metzger et al., 2006).
Con base en diversos estudios ecológicos y etnobotánicos realizados en distintas
regiones del estado (Felger y Moser, 1985; Reina, 1993; Bañuelos y Búrquez, 1996;
Búrquez et al., 1998 y 1999; Martínez-Yrízar et al., 1999 y 2007; Yetman et al., 2000;

20
Núñez et al., 2001; Díaz-Martínez, 2001; Yetman y Felger, 2002; Bustamante, 2003;
Varela-Espinosa, 2005; Beltrán-Flores, 2006; Luque-Agraz y Robles-Torres, 2006; Felger,
2007; Orozco-Urías, 2007) y el conocimiento sobre procesos en ecosistemas análogos a los
de Sonora, diseñamos un criterio de evaluación para estimar el valor relativo de distintos
servicios clave que, en ausencia de disturbio antrópico, ofrecen los ecosistemas de Sonora
descritos en este capítulo (tabla 2). Esta evaluación muestra que la capacidad para proveer
servicios varía de un tipo de ecosistema a otro. También se observa que existe un aumento
gradual en el valor total de los servicios de soporte y regulación y de los servicios de
provisión conforme cambia el gradiente ambiental, con los valores totales más altos
situados en las comunidades dominadas por árboles. En el caso particular del nuevo
ecosistema de Sonora, el pastizal de zacate buffel, su contribución relativa en prácticamente
todos los servicios es muy pequeña en comparación con los ecosistemas nativos. Sin
embargo, en términos de la provisión de recursos forrajeros, los pastizales inducidos de
buffel destacan por su alto valor, pero sólo si se trata de pastizales en óptimas condiciones
de manejo o que reciben altos insumos para mantener su productividad. En la práctica, no
obstante, numerosos pastizales de zacate buffel están sometidos a sobrepastoreo, por lo que
muestran un evidente deterioro y pérdida de su capacidad productiva (Búrquez et al., 1998).
Considerando los problemas cada vez más recurrentes de escasez de agua en esta
región del país (Moreno-Vázquez, 2006), resulta obvio que los ecosistemas del noroeste de
México con el mayor valor en términos de la provisión de agua y otros servicios de
regulación y soporte sean los bosques tropicales y templados de la Sierra Madre Occidental.
No sólo por su papel en la captación de agua, sino también por su influencia en la dinámica
de los ecosistemas al pie de las montañas y en los valles, la protección y el estudio integral
de estos bosques y de las principales cuencas hidrográficas de Sonora es un asunto
prioritario que ya debería haber superado la etapa de discusión en la política ambiental y
contar con medidas efectivas de protección, mitigación, restauración y aprovechamiento
sostenible.
Por su importancia regional como reservorios de carbono y recursos genéticos, así
como en el control de la erosión, en la purificación del aire y en la recarga de los acuíferos,
los ecosistemas de la costa también deberían contar con estrictas medidas de protección y
planes de manejo que respeten los programas de ordenamiento territorial en esta zona.

21
Estos ecosistemas incluyen a los humedales costeros que proveen servicios ecosistémicos
de muy alto valor comercial (WSTB, 2004). A pesar de su importancia económica y social,
los humedales (en particular los manglares) y la vegetación de las planicies costeras de
Sonora han sido transformados principalmente en granjas camaronícolas a una tasa elevada,
sin tomar en cuenta que son hábitats críticos para numerosas especies de aves migratorias y
elementos esenciales en la dinámica ecológica y el entorno cultural de la línea de costa
(Búrquez y Martínez-Yrízar, 2000; Felger et al., 2001; Luque-Agraz y Robles-Torres,
2006).

AGENTES DE ALTERACIÓN DE LOS ECOSISTEMAS DE SONORA Y


ACCIONES FUTURAS

Como en numerosas partes de México y del mundo, la biodiversidad y la integridad


funcional de los ecosistemas del noroeste de México están fuertemente amenazadas por el
acelerado crecimiento demográfico y el impacto derivado de las actividades humanas
(Stoleson et al., 2005). Los principales agentes directos de cambio antropogénico en los
ambientes terrestres de Sonora han sido la agricultura, la ganadería, la extracción forestal,
la minería y el desarrollo urbano (Búrquez y Martínez-Yrízar, 2007). Entre estas
actividades productivas destaca la ganadería de bovinos, la cual ha sido una industria
tradicional en la región. Los desmontes para la siembra de zacate buffel han introducido un
ciclo de pasto-fuego ajeno a la dinámica ecológica del desierto y otras comunidades nativas
(Búrquez et al., 2002). Esta especie ha sido capaz de dispersarse y establecerse
exitosamente, de forma especial en áreas de intenso pastoreo (Búrquez y Martínez-Yrízar,
2006; Franklin et al., 2006). Su invasión en tan corto tiempo ha generado un paisaje
altamente fragmentado, particularmente en la subdivisión Planicies de Sonora del Desierto
Sonorense, lo que ha alterado considerablemente la estructura y dinámica funcional del
desierto (figura 21). El pastoreo, la extracción de vara y el corte de leña son prácticas de
aprovechamiento comunes en los ecosistemas de Sonora (Lindquist, 2000). Este tipo de
disturbio, considerado crónico, puede ser tan destructivo a largo plazo como cualquier tipo
de disturbio catastrófico como el desmonte (Álvarez-Yépiz et al., 2008). Lamentablemente,

22
las actividades extractivas y el cambio de uso de suelo en la región no han sido
contrarrestadas con suficientes acciones efectivas de protección ambiental, ni con medidas
de apoyo permanente a programas para mejorar el manejo de las áreas protegidas y evitar
mayores pérdidas, ni con esquemas que enlacen estas áreas y las de creación reciente para
formar corredores biológicos que mantengan la dinámica funcional de los ecosistemas de
Sonora a gran escala.
La urgente recomendación de ampliar el sistema de áreas naturales en el estado de
Sonora, señalada durante muchos años como una solución importante de conservación de la
biodiversidad y protección de los servicios ecosistémicos (Búrquez y Martínez-Yrízar,
1992; Felger et al., 2007a), sigue siendo prácticamente ignorada por los tomadores de
decisiones. En su lugar, y a expensas del capital natural de Sonora, se han impulsado
grandes proyectos de inversión para el desarrollo turístico en la costa, y se ha continuado
con el apoyo a la explotación minera, a la ganadería intensiva y a la agricultura de
irrigación (Búrquez y Martínez-Yrízar, 2007). Asimismo, nuevas iniciativas para impulsar
el desarrollo económico de la región incluyen la apertura de granjas para la producción de
combustibles “limpios” (biodisel) a través de procesos que involucran la transformación y
afectación de cientos de miles de hectáreas de desierto costero y manglar, sin tomar en
cuenta la importancia vital del mantenimiento de la biodiversidad y los servicios culturales,
de provisión y de regulación asociados a ésta (Balvanera et al., 2001).
La diversidad e integridad de los principales ecosistemas terrestres y acuáticos de
Sonora están en alto riesgo y se piensa que su destino se definirá en la próxima década
(Cartron et al., 2005). Una visión pesimista para esta región de México es que vastas áreas
desaparecerán mientras las acciones para cubrir las necesidades de espacio y recursos,
principalmente de agua, para una población en acelerado crecimiento, no sean superadas
con acciones orientadas a la conservación, mitigación, restauración y manejo sostenible de
sus ecosistemas (Cartron et al., 2005; Carpenter et al., 2006; Búrquez y Martínez-Yrízar,
2007; Felger et al., 2007a).

AGRADECIMIENTOS

23
Agradecemos a Baruk Maldonado su apoyo técnico en la estimación y delimitación de las
áreas de las subdivisiones del Desierto Sonorense en Sonora. A Juan Carlos Álvarez,
Enriquena Bustamante, Martha Marina Gómez, Cynthia Lindquist, Jesús Sánchez,
Benjamin Wilder y David Yetman, por enriquecedoras discusiones e ideas relacionadas con
el uso, manejo y conservación de los ecosistemas de Sonora.

LITERATURA CITADA

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32
Tabla 1. Principales tipos de ecosistemas terrestres de Sonora considerados en este trabajo

Desierto Sonorense

Subdivisión Valle del Bajo Río Colorado (1)


Subdivisión Altiplano de Arizona (2)
Subdivisión Costa Central del Golfo (3)
(incluye islas del Golfo de California y manglares)
Subdivisión Planicies de Sonora (4)
Matorral

Matorral de piedemonte (5)


Matorral costero (6)
Bosque tropical caducifolio (7)
Bosque Madrense

Encinar (8)
Bosque de pino-encino (9)
Bosque mixto de coníferas (10)
Pastizal de altura (11)
Desierto Chihuahuense (12)
Pastizal de zacate buffel (13)

33
Tabla 2. Valor relativo de los ecosistemas terrestres de Sonora en términos de la capacidad para
proveer distintos tipos de bienes y servicios de beneficio a la sociedad.
(Escala: 0 = nulo; 1 a 4 de menor a mayor importancia regional)

Servicios de Soporte y Regulación

Valle del Bajo Río Colorado

Bosque tropical caducifolio


Matorral de piedemonte
Costa Central del Golfo

Desierto Chihuahuense
Altiplano de Arizona

Planicies de Sonora

Bosque Madrense

Pastizal de buffel
Pastizal de altura
Servicios ecosistémicos

Matorral costero
Almacenamiento de carbono 1 2 3 3 3 3 4 4 1 2 1
Control de inundaciones 2 3 2 3 3 3 4 4 3 3 2
Control de erosión 4 4 4 4 4 4 4 4 2 3 1
Captación de agua 1 1 1 2 3 2 4 4 1 2 1
Recarga de acuíferos 1 2 2 3 3 4 4 4 3 2 0
Regulación calidad del aire 3 3 3 3 4 3 4 4 2 2 1
Acervo de recursos genéticos 4 4 4 4 4 4 4 4 4 4 1
Provisión de polinizadores 2 4 4 4 4 4 4 4 2 4 0
Regeneración fertilidad del suelo 2 2 2 2 3 3 4 4 3 2 1
Total 20 25 25 28 31 30 36 36 21 24 8

Servicios de Provisión

34
Total
Total

Recreación
Belleza escénica
Recursos forestales

Recursos forrajeros
Recursos medicinales

Inspiración intelectual
Abastecimiento de agua

Conocimiento tradicional
Recursos de vida silvestre

Servicios ecosistémicos
Servicios ecosistémicos

1
1

1
4

4
9

4
2
2

14
Valle del Bajo Río Colorado 4 Valle del Bajo Río Colorado
2

2
2

4
4
4
3

13

16
Altiplano de Arizona Altiplano de Arizona
3

1
4
2

4
4
4
3

13

16
Costa Central del Golfo Costa Central del Golfo
4
3

3
2

4
4

4
3
3

15

15
Planicies de Sonora Planicies de Sonora
Servicios Culturales
3

3
4
3

4
4

4
4
3

16

16
Matorral de piedemonte Matorral de piedemonte
4
3

3
3

4
4

4
4
3

16

16
Matorral costero Matorral costero
4
4

3
3

4
4

4
4
4

18

16
Bosque tropical caducifolio Bosque tropical caducifolio
4
4

4
4

4
4

4
4
3

19

16
Bosque Madrense Bosque Madrense
1
4

4
3

9
2
1
2
1

13

Pastizal de altura Pastizal de altura

35
4
2

4
2

4
4
4

16
13

Desierto Chihuahuense Desierto Chihuahuense


0
1

0
5
4

0
0
0

0
0
0
Pastizal de buffel Pastizal de buffel
Figura 1. Climogramas ombrotérmicos que
muestran la variación de la precipitación en
Sonora, de norte a sur principalmente en la
distribución estacional de la precipitación, y de
oeste a este principalmente en la cantidad total de
lluvia (datos de la Comisión Nacional del Agua,
Hermosillo, Sonora, México). En rojo se indica la
temporada de déficit hídrico (sequía) y en azul la
temporada de superávit de agua (lluvias)
(modificado de Felger et al., 2001).

36
Figura 2. Distribución de los principales
tipos de vegetación en Sonora, México.
Para el bioma del Desierto Sonorense se
indica la delimitación de cada una de las
cuatro subdivisiones presentes en el estado
(modificado de Felger et al., 2001).

37
Figura 3. Vegetación de la subdivisión Valle del Bajo Río Colorado del
Desierto Sonorense, Sonora. Dunas del Gran Desierto de Altar al oeste
del escudo volcánico de El Pinacate, Sonora. Peter J. Grubb y Alberto
Búrquez durante un extenso recorrido por la región a principios de
octubre del 2003 (foto: A. Martínez-Yrízar).

38
Figura 4. Vegetación de la subdivisión Altiplano de Arizona del Desierto
Sonorense en las inmediaciones de San Emeterio al este de Sonoyta,
Sonora con abundancia de Carnegiea gigantea, Fouquieria macdougalii
y Parkinsonia microphylla (foto: A. Búrquez).

39
Figura 5. Amplia planicie típica de la subdivisión Costa Central del
Golfo del Desierto Sonorense de la región seri en el Estero Santa
Rosa al sur de Punta Chueca, Sonora. Al fondo predominan las
cactáceas columnares como elemento distintivo de la región. Al
frente, vegetación halófita de dunas costeras en transición hacia el
manglar (foto: A. Búrquez).

40
Figura 6. Vegetación de las islas del Golfo de California. Isla
Choyuda al noroeste de Bahía Kino, Sonora. Bosque de cactáceas
columnares con dominancia de Pachycereus pringlei (foto: A.
Búrquez).

41
Figura 7. Manglares bordeando la línea de costa en el Estero Santa
Rosa al sur de Punta Chueca, Sonora. En el valle, al pie de las
montañas al fondo, se muestra el paisaje característico de la
subdivisión Costa Central del Golfo (foto: A. Búrquez).

42
Figura 8. Vegetación típica de la subdivisión Planicies de Sonora en
el valle de La Pintada durante el verano, a 60 km al sur de Hermosillo
(foto: A. Búrquez).

43
Figura 9. Piedemonte de Sonora en los cerros del Rancho La Caridad a
15 km al norte de Hermosillo, Sonora. La alineación de la montaña en la
foto es este-oeste. Nótese el efecto de ladera en la estructura del matorral
de mayor cobertura en las laderas con orientación norte (foto: A.
Búrquez).

44
Figura 10. Matorral costero en el sur de Sonora con dominancia de la
cactácea columnar Stenocereus thurberi. Por su gran abundancia, a
este matorral se le conoce localmente con el nombre de “El Pitayal”
(foto: A. Búrquez).

45
Figura 11. Bosque tropical caducifolio en la Sierra San Javier durante la
época de lluvias. Se localiza por la carretera federal 16 a 140 km al este
de Hermosillo, Sonora (foto: A. Búrquez).

46
Figura 12. Mosaico de vegetación en la Sierra San Javier, Sonora, que
ejemplifica la distribución disyunta del bosque tropical caducifolio y del
encinar; este último en los suelos ácidos de color rojizo, alterados por
acción hidrotermal (foto: A. Búrquez).

47
Figura 13. Bosque de Quercus emoryi (“oak woodland”) en las cercanías
de Agua Prieta, Sonora, con un dosel abierto y un estrato herbáceo de
gramíneas con evidencia de pastoreo (foto: A. Búrquez).

48
Figura 14. Bosque de encinos dominado por Quercus chihuahuensis en
las cercanías de Bacadehuachi, en la sierra de Sonora (foto: A. Búrquez).

49
Figura 15. Bosque de pino-encino en las cercanías de Mesa de Tres Ríos, Sonora
(foto: A. Búrquez).

50
Figura 16. Bosque de coníferas en cañada cerca de Mesa de Tres Ríos, Sonora.
Nótese el bosque de encinos en las laderas de los cerros (foto: A. Búrquez).

51
Figura 17. Pastizal de altura madrense con bosque de coníferas en la frontera con
Chihuahua, cerca del Pico de la India, Sonora (foto: A. Búrquez).

52
Figura 18. Pastizal de altura dominado por Nolina texana en el Valle de las
Ánimas al noreste de la Sierra de San Luis, en el noreste de Sonora (foto: T. Van
Devender).

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Figura 19. Vegetación del Desierto Chihuahuense en el noreste del
estado en las cercanías de San Bernardino, Sonora (foto: A. Búrquez).

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Figura 20. Pastizal inducido de zacate buffel en el área de Carbó a 50 km
al norte de Hermosillo, Sonora. Un nuevo ecosistema sonorense de
origen antrópico presente en prácticamente toda la subdivisión Planicies
de Sonora del Desierto Sonorense (foto: A. Búrquez).

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Figura 21. Paisaje altamente fragmentado por disturbio antropogénico,
principalmente por desmontes para la siembra de zacate buffel al norte de
Hermosillo, Sonora (foto: A. Búrquez).

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