David Ricardo (1772-1823)
Sus primeras investigaciones tenían como objetivo la circulación del dinero y la formación de los precios.
Defendió y desarrolló la “Teoría Cuantitativa del Dinero”. Relacionó la riqueza con la abundancia de
mercancías y defendió la libre importación de cereales a Inglaterra. Desarrolló de la economía como
ciencia y culminación de la Economía Política Burguesa Clásica.
Priorizó la categoría valor y sus relaciones causales con el resto de las categorías económicas. Hizo un
análisis de la relación de causalidad existente entre la producción y la distribución, priorizó la producción,
pero enfatizando su relación con la distribución. Consideró a las relaciones de producciones capitalistas
como naturales y eternas. Estableció el carácter antagónico existente entre el beneficio y el salario, se
aproximó al análisis de la distribución a partir de la lucha entre las diferentes clases.
Su teoría valor trabajo, fue el punto de partida para sus investigaciones económicas. Se aproximó
científicamente a la distinción entre valor y valor de cambio. Confundió la categoría valor, con la categoría
precio de producción, identificando a la última categoría valor. Se caracterizó por su optimismo, al
considerar la no posibilidad de crisis de superproducción general de mercancías. Decía que en el
capitalismo la relación producción-consumo, tiene un carácter armónico y existiría la posibilidad de
realización de todas las mercancías.
Capítulo I, sobre el valor
El valor de un artículo depende de la cantidad relativa de trabajo que se necesita para su producción, y no
de la mayor o menor compensación que se paga por dicho trabajo.
La utilidad no es la medida del valor de cambio, aunque es absolutamente esencial para este. Si un bien
no fuera útil, no tendría ningún valor de cambio. Por poseer utilidad, los bienes obtienen su valor en
cambio de dos fuentes: de su escasez y de la cantidad de trabajo requerida para obtenerlos.
Existen ciertos bienes cuyo valor está determinado tan sólo por su escasez. Ningún trabajo puede
aumentar la cantidad de dichos bienes y, por tanto, su valor no puede ser reducido por una mayor oferta
de los mismos. Su valor es totalmente independiente de la cantidad de trabajo originariamente necesaria
para producirlos, y varía con la diversa riqueza y las distintas inclinaciones de quienes desean poseerlos.
La mayoría de los bienes que son objetos de deseo se procuran mediante el trabajo, y pueden ser
multiplicados, no solamente en una nación sino en muchas, casi sin ningún límite determinable, si estamos
dispuestos a dedicar el trabajo necesario para obtenerlos. Al hablar de los bienes, de su valor en cambio y
de las leyes que rigen sus precios relativos, siempre hacemos alusión a aquellos bienes que pueden
producirse en mayor cantidad, mediante el ejercicio de la actividad humana, y en cuya producción opera la
competencia sin restricción alguna. El trabajo fue el precio primitivo, la moneda originaria que sirvió para
comparar y pagar todas las cosas. Si la cantidad de trabajo cristalizada en los bienes determina su valor
en cambio, cualquier aumento de la cantidad de trabajo debe elevar el valor de este bien sobre el que se
ha aplicado, así como cualquier disminución debe reducir su valor.
Si la recompensa del trabajador estuviera siempre en proporción a lo producido por él, la cantidad de
trabajo empleado en un bien, y la cantidad de trabajo que este mismo bien adquiriría serían iguales, y
cualquiera de ellas podría medir con precisión las variaciones de otras cosas: pero no son iguales; en
muchas ocasiones, la primera es bajo muchas circunstancias una norma invariable, que indica
correctamente las variaciones de otras cosas; la última está sujeta a tantas fluctuaciones como
experimenten los bienes que con ella se comparen.
Lo que varía es el valor de los bienes, y no el trabajo que los adquiere. Es correcto afirmar como lo hizo
Adam Smith “la única circunstancia que puede servir de norma para el cambio recíproco de diferentes
objetos parece ser la proporción entre las distintas clases de trabajo que se necesitan para adquirirlos. Si
el valor del trabajo se reduce considerablemente, en relación con todas las demás cosas, y si encuentro
que la reducción es el resultado de una oferta abundante, estimulada por la mayor facilidad con que se
producen los cereales y demás productos indispensables del trabajador, sería correcto decir que los
cereales y otros artículos necesarios tienen un valor más bajo, debido a la menor cantidad de trabajo
necesario para producirlos, y que esa mayor facilidad para subvenir al sostenimiento del trabajo ocasionó
una disminución del valor del trabajo. Como en el caso del oro, la causa de la variación entre los cereales
y otras cosas es la menor cantidad de trabajo necesario para producirlos (reducción de su valor).
Sección II: las distintas calidades de trabajo son remuneradas de diferente modo, no es esta una causa de
variación del valor relativo de los bienes. La valuación de las distintas calidades de trabajo se ajusta
rápidamente en el mercado para los fines prácticos y depende mucho de la destreza comparativa del
trabajador así como de la intensidad del trabajo realizado.
Sección III: el valor de los bienes no sólo resulta afectado por el trabajo que se les aplica de inmediato;
sino también por el trabajo que se empleó en los instrumentos, herramientas y edificios con que se
complementó el trabajo inmediato. La suma total de las diversas clases de trabajo determina la cantidad
de otras cosas por las cuales dichas podrán cambiarse. Ninguna alteración en los salarios de la mano de
obra podría ocasionar una alteración del valor relativo de dichos bienes.
Sección IV: el principio de que la cantidad de trabajo empleada en la producción de bienes determina su
valor relativo, considerablemente modificado por el empleo de maquinaria u otro capital relativo y
duradero. Según la rapidez con que parece el capital y requiere frecuente reproducción, o es de consumo
lento, se lo clasificaba como capital circulante o fijo. El valor del trabajo no puede aumentar sin una
reducción de las utilidades.
Sección V: el principio de que el valor no varía con el aumento o la reducción de los salarios, queda
modificado también por la durabilidad desigual del capital, y por la desigual rapidez con la cual vuelve a
quien lo utiliza.
Sección VI: sobre una medida invariable del valor.
Aumentarían tan sólo a aquellos bienes para los cuales se empleó menos capital fijo que el requerido en el
patrón que sirvió para estimar el precio, y que todos cuantos absorbieron más capital fijo bajará
positivamente de precio al aumentar los salarios. Al contrario, si los salarios bajan, únicamente bajarán
aquellos bienes en cuya producción se utilizó menos capital fijo que en el medio o patrón que sirvió de
base a la estimación del precio; todos los que absorbieron más capital fijo subirán positivamente de precio.
Sus valores relativos dependerán de las cantidades relativas de mano de obra empleadas en su
producción.
Capítulo II; la renta
Es aquella parte del producto de la tierra que se paga al terrateniente por el uso de las energías originarias
e indestructibles del suelo. Únicamente porque la tierra no es ilimitada en cantidad ni uniforme en calidad,
y porque con el incremento de la población, la tierra de calidad inferior o menos ventajosamente situada
tiene que ponerse en cultivo, se paga renta por su uso. Con cada nueva etapa en el progreso de la
población, la renta aumentará en la totalidad de las tierras más fértiles.
Capítulo VII; sobre el comercio exterior
La norma que rige el valor relativo de las mercancías en un país no rige el valor relativo de las mercancías
que se intercambian entre dos o más países.
En el interior de un mismo país, las ganancias se sitúan siempre en un nivel parejo, o difieren en tanto un
empleo determinado del capital puede ser más o menos seguro o agradable. No ocurre lo mismo entre
países diferentes.