B 1
B 1
Sanctuary
The
Wanderers,
Libro Uno
Becca Jameson
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ÍNDICE 4
- ¡Deprisa! - Layla gritó por encima del rugido de las aspas del helicóptero.
-Lo estoy intentando. Mis piernas están muy cansadas. - Ariel sonaba derrotada. Estaba
reduciendo la velocidad.
Layla se echó hacia atrás para agarrar a su hermana de la mano y tiró con fuerza, haciéndola
chocar contra el costado de Layla. Layla la agarró de la barbilla y la obligó a encontrar su mirada,
con los centímetros que separaban sus rostros. -Esfuérzate más. No podemos dejarnos atrapar. No
es una opción. -
Las lágrimas se formaron en las esquinas de los ojos de Ariel, su labio tembló. -Sigue tú. Dejadme.
Estaré bien. - Su fino pelo rubio se agitó, oscureciendo sus mejillas rosadas una y otra vez, por el
fuerte viento provocado por el helicóptero que descendía.
-No, - gritó Layla, sacudiendo la cabeza. -No voy a dejarte. Jamás. Prometí a mamá y a papá que
te mantendría a salvo, y lo haré, aunque muera en el intento. -
- ¿A salvo? - Ariel aspiró un suspiro. - ¿Qué significa estar a salvo? Sólo quiero dormir. Estoy
hambrienta y cansada. Derrotada. Ni siquiera me importa que me metan en uno de esos campos
de prisioneros. - Empezó a apartar la mano.
Layla la agarró con más fuerza, negando con la cabeza. -Un campo de prisioneros sería una
bendición, Ariel. Si alguien nos pilla aquí, no les interesará enviarte a una prisión. A menos que
estés de humor para ser violada, compartida, impregnada contra tu voluntad, forzada a un
matrimonio concertado, o más probablemente una combinación de todo lo anterior, tenemos que
huir. Ahora, vamos. - Se dio la vuelta, agarrando a Ariel con todas sus fuerzas, rezando para que
nadie en el helicóptero las hubiera visto todavía mientras arrastraba a su hermana hacia un paso
elevado.
Tropezando con el hormigón desmenuzado y las barras de refuerzo, rezando para que ninguna de
las dos se cayera y se rompiera un hueso o se apuñalara con los trozos de metal, se deslizó por
un tramo de carretera abombada hacia la cobertura. Gracias a Dios por los puentes. Habían sido
útiles en más de una ocasión en las últimas semanas.
Layla finalmente tiró de Ariel los últimos metros, arrastrándola bajo la cubierta del paso elevado
justo cuando las luces del helicóptero pasaron por delante de su ubicación. En cuanto soltó la
mano de Ariel, ambas se inclinaron hacia delante, con las palmas de las manos sobre las rodillas,
jadeando en busca de oxígeno.
Ariel empezó a toser al inhalar la contaminación y el humo espeso. Tardó varios minutos en 7
respirar con tranquilidad.
Layla se apoyó en el hormigón a su espalda, rezando para que nadie de aquel helicóptero bajara a
inspeccionar la zona. Ocurría a veces. Si ocurría esta vez, ella y su hermana estarían fritas. No les
quedaba energía para huir de los militantes o de los soldados corruptos del gobierno.
Por si acaso. Para aumentar sus posibilidades de sobrevivir otra noche en la huida, Layla subió al
terraplén de grava bajo el puente, apartó algunos matorrales del camino y se metió en una
tubería de desagüe. -Ariel. Ven. - Extendió una mano y le indicó a su hermana que la siguiera. No
era mucho, pero un nivel más de cobertura. Tendría que ser suficiente hasta la mañana.
Ariel tardó el doble en llegar al lado de su hermana, pero finalmente se dejó caer de culo y apoyó
la cabeza en el hombro de Layla. -No puedo seguir haciendo esto.-
Layla rodeó con su brazo los hombros de su hermana y la abrazó. -Lo sé. Lo sé. -
Se sentaron en silencio durante un largo rato.
Ariel se durmió contra el costado de Layla.
Layla seguía mirando la noche, tratando de asimilar las imágenes y los sonidos del mundo. Esta
era su nueva realidad. Nunca había estado tan cerca de una ciudad. Nunca había estado a más de
un kilómetro y medio del único lugar en el que había vivido, fuera de la red, donde nadie debería
haber sido capaz de encontrar a su familia.
A lo lejos, podía oír la respuesta constante de disparos, motores y helicópteros. De vez en cuando
alguien gritaba. Eso la inquietaba y hacía que su corazón latiera más rápido.
Lo que podía ver desde su posición ventajosa en el interior de la tubería de desagüe la dejaba sin
aliento. La ciudad, enmarcada por el paso elevado en la parte superior y los pilares de cemento a
los lados, estaba en ruinas.
Fuego. Humo. Destrucción. Parecía una zona de guerra. En esencia, lo era. El fin del mundo en
muchos sentidos. Aniquilada.
Destruida por la guerra civil y el miedo.
Aunque Layla nunca había visto esta ciudad ni ninguna otra en persona hasta hace poco, había
visto fotos. Sabía cómo debería haber sido su aspecto, cómo era hasta que el lento declive
comenzó, hace unos veinte años.
También sabía que, si bien esta ciudad en particular en la que estaban rondando estaba en ruinas, 8
otras ciudades no lo estaban. Algunos lugares eran propiedad de una de las dos facciones del
gobierno. Algunos eran propiedad de personas muy ricas, lugares que seguían teniendo todas las
comodidades modernas mientras el mundo que los rodeaba se hundía en la ruina.
Había lugares en los que la gente se dedicaba a su vida cotidiana como si no pasara nada. Se
preguntó cómo serían esos lugares. En qué creía esa gente. Se preguntó si había alguien en las
altas esferas que todavía se preocupara por la grave desigualdad de ingresos, la democracia o el
libre albedrío.
El miedo se introdujo en su organismo, como cada noche en los momentos de tranquilidad antes
de dormirse en un lugar diferente cada día. Eran los únicos momentos en los que se permitía
considerar que su hermana podía tener razón. No podían huir eternamente. Al final, las
atraparían. Y entonces la vida se acabaría de verdad.
Se estremeció, cerrando los ojos, luchando contra el sollozo que se esforzaba por salir a la
superficie. No se permitió llorar. No quería despertar a Ariel. Y no quería que su hermana la viera
débil.
Las últimas palabras de su madre la persiguieron por millonésima vez. "Abraza a tu hermana,
Layla. Sólo se tienen la una a la otra. No te rindas. Nunca".
Si hubiera sabido que su vida entera iba a dar un vuelco en un instante hace dos semanas, habría
abrazado a sus padres con más fuerza, los habría mirado a los ojos más tiempo, habría
memorizado mejor sus rostros. Estaría de luto.
En cambio, la habían arrancado del único hogar que había conocido y desde entonces había huido
con Ariel.
CAPITULO 2 9
Hace 21 años...
El día de hoy...
-Hola. -
La suave voz femenina hizo que Layla saliera de un profundo sueño. Jadeó al encontrarse con la
mirada de una mujer que estaba en cuclillas tan cerca de ella que podía alcanzarla y tocarla.
Ariel se despertó segundos después, con los brazos rodeando el cuerpo de Layla, abrazándola con
fuerza.
-Lo siento. No quería asustarlas, - dijo la mujer. Miró por encima del hombro. -No sé cuánto
tiempo llevan ahí acurrucadas, pero el sol está a punto de salir. ¿Tienen algún lugar al que
puedan ir? ¿Se dirigen a algún sitio? -
Layla se quedó mirando a la mujer durante un momento. Sólo tenía unos años más que Layla, pero
parecía mucho más preparada para vivir a la carrera. Tenía el pelo largo y rubio como el de Ariel
recogido en una trenza francesa, y llevaba un chaleco de cuero, vaqueros y botas resistentes. -
Estamos bien, pero gracias, - le dijo Layla. Tenía que tener cuidado. Era peligroso confiar en
cualquiera.
Ariel jadeó y giró la cabeza para mirar a Layla. - ¿Quién está bien? - preguntó con sarcasmo.
-Shh, - la amonestó Layla, dándole un apretón a su hermana.
La mujer sonrió. -Soy Maya. No puedo culparte por ser escéptica. Diablos, todo el mundo está
nervioso estos días. ¿Cómo no íbamos a estarlo? - Maya miró a su alrededor y luego volvió a mirar
a Layla y Ariel. -Escuchen, las he estado siguiendo durante unos días. Sé que están huyendo.
Seguro que se están quedando sin provisiones y no tienen dónde ir. Puedo llevarlas a un lugar
seguro. Se los prometo. Pertenezco a un grupo. Vivimos fuera de la red. Nos protegemos unos a
otros. -
Layla se lamió los labios. Le inquietaba la idea de que Maya las hubiera rastreado sin que lo
supiera. Ella y Ariel llevaban dos semanas de viaje. No habían hablado con nadie en ese tiempo.
Se habían movido sobre todo de noche, esquivando las luces de búsqueda mientras se dirigían al
oeste. Ella tragó saliva. -¿Por qué nos estabas siguiendo? -
-Siempre hay que tener cuidado. No me fío de nadie hasta que no los veo. Podrían haber sido
colocadas como cebo para atraer a la gente. -
- ¿Atraerlos a qué? - preguntó Ariel, subiendo la voz.
-La lista es larga. - Maya miró de un lado a otro entre ellas. 13
Layla no dudó de que ambas tenían los ojos muy abiertos. Odiaba sentirse débil porque en muchos
aspectos no lo era. Pero ella y Ariel tenían muy poco conocimiento útil de la calle. -Estamos
buscando a algunas personas, - le dijo a Maya, sin decir mucho.
Maya siguió sonriendo cálidamente. -Tal vez hayan estado buscando a mi gente. - Levantó una
ceja, aunque era difícil decirlo. Sus cejas eran tan rubias como su pelo. Con su cuero marrón y
varias armas, parecía una guerrera, y Layla no dudaba de que lo era. Pero, ¿podían confiar en
ella?
Layla miró a Ariel, preguntándose si debía arriesgarse. La verdad era que a las dos se les estaban
acabando los recursos y el tiempo. No sobrevivirían mucho tiempo solas sin ayuda. Respiró
lentamente y miró a Maya. - ¿Conoces a una mujer llamada Julie? -
La sonrisa de Maya aumentó. -Sí, la conozco. Es miembro de mi grupo. -
Layla entrecerró los ojos. -Podrías estar diciendo eso, por supuesto. Además, hay miles de
personas que se llaman Julie. -
Maya asintió. -Eso es cierto. Cuéntame algo sobre Julie. -
Layla negó con la cabeza. -Cuéntame tú algo sobre ella. - Estaba temblando de nervios, rezando
para que Maya pudiera ser su salvación.
Maya ladeó la cabeza, pensando. -Le gustan los bebés. -
Ariel jadeó y se sacudió en los brazos de Layla. -Es ella, - susurró.
Layla miró fijamente a Maya, apenas dispuesta a permitirse creer que aquella mujer podría ser la
respuesta a sus plegarias.
-Tu turno, - dijo Maya. - ¿Qué sabes de Julie? -
-Tiene unos cincuenta años. -
Maya asintió. -Es ella. - Suspiró. -Es nuestra comadrona. Julie Imes. -
Layla exhaló un largo suspiro y asintió con la cabeza. - ¿Puedes llevarnos hasta ella? -
-Por supuesto. - Levantó una mano y se acercó al hombro de Layla. - ¿Cuánto tiempo llevan
viajando? -
-Dos semanas. -
-Vamos a movernos entonces. Para esta noche, estarán a salvo, alimentadas y tendrán una cama 14
para dormir en uno de nuestros puestos de avanzada. Desde allí, alguien las recogerá y las
llevará el resto del camino hasta nuestro complejo. -
Layla miró a su hermana, sintiendo el primer atisbo de esperanza en dos semanas.
Maya abrió su mochila y sacó una cantimplora, ofreciéndosela a Layla. - ¿Agua?-
-Gracias. - Layla bebió un largo trago y se la dio a Ariel.
- ¿Listas? - preguntó Maya mientras se ponía en pie, echándose la mochila sobre los hombros. -
Quiero salir de la ciudad antes de que el sol suba más en el cielo. -
Layla se estremeció al ponerse de pie. Le dolía estar sentada en el cemento, durmiendo erguida.
Ariel se levantó junto a ella, encogiéndose en su mochila al mismo tiempo que Layla. Siguieron a
Maya desde su escondite y treparon con cuidado por los escombros para salir de debajo del paso
elevado.
-¿Estás segura de que esto es seguro? - preguntó Layla, inclinando la cabeza hacia atrás para
mirar al cielo.
Maya miró por encima del hombro. -Los helicópteros han terminado por esta noche. Estamos bien.
Sólo mantengan los ojos y los oídos abiertos por si aparecen hummers o incluso militantes a pie. -
Layla asintió. Ella y Ariel habían aparecido en la sociedad hacía sólo diez días, así que no sabían
del todo lo que debían vigilar, pero habían aprendido rápidamente a no confiar en nadie y a
permanecer en las sombras.
Durante aproximadamente una hora, las tres se movieron en silencio, mirando a su alrededor en
todo momento, escuchando atentamente. Finalmente, entraron en un camino, moviéndose hacia el
oeste, y Maya las guio a un lado para que pudieran moverse a lo largo de la línea de árboles.
Sería más seguro que destacar como un pulgar dolorido en la carretera principal.
- ¿Cuántas personas hay en tu grupo? - preguntó Layla cuando por fin se permitieron respirar
mejor.
-Oh, Dios, ahora son cientos. Empezamos con sólo una docena, pero hemos ido creciendo. - Maya
miró a Layla. -Ya no estamos todos en el mismo sitio. Nosotros... vagamos. - Sonrió. -Nos
llamamos Los Wanderers. -
-Parece adecuado. -
- ¿Cómo conocen a Julie? - preguntó Maya.
-No la conocemos. De hecho, nunca la hemos conocido, - respondió Layla. 15
Layla no se sorprendió. Ariel no había dormido bien desde que salieron de casa. Layla tampoco
porque se había visto obligada a dormir con un ojo abierto, pero nunca había necesitado tanto
descanso como su hermana. Con Jay vigilando arriba, se sentía lo suficientemente segura como
para dormir profundamente por una vez.
Entonces, ¿por qué se sentía obligada a volver a subir?
CAPÍTULO 4 23
Una hora más tarde, Layla dejó a Ariel profundamente dormida y subió de nuevo las escaleras de
caracol hasta la cabaña, sin saber cómo abriría la puerta desde este lado y fascinada cuando
descubrió que había cuatro mirillas justo a la altura de los ojos cuando llegó a lo alto de la
escalera, cada una de ellas orientada estratégicamente hacia fuera desde los cuatro lados de la
habitación.
Miró a través de cada una de ellas, girando en círculo para hacerlo. Era muy útil, ya que
cualquiera podía utilizarlas para ver lo que le rodeaba fuera y dentro de la cabina antes de abrir
la puerta. Tanteó hasta encontrar una palanca y le dio un empujón. Era pesada, pero se movió
lentamente hacia afuera.
Jay dio dos zancadas desde el otro lado de la habitación para ayudarla. -Hey. - Le tendió una
mano para que pudiera salir del hueco de la escalera.
En cuanto estuvo de pie en el suelo de madera, la soltó bruscamente. -Lo siento,- murmuró
mientras cerraba la falsa despensa.
- ¿Por qué? - Ella se colocó un mechón de pelo húmedo detrás de la oreja, sintiendo aún su tacto,
su fuerza.
Él se encontró con su mirada cuando se dio la vuelta. -Se me olvida que la mayoría de las mujeres
prefieren no ser tocadas. Está en mi naturaleza ser un caballero. No importa cuántos años haya
vivido en este nuevo y extraño mundo, todavía oigo la voz de mi madre en mi cabeza diciéndome
que sea un caballero. La definición de caballero ha cambiado en las últimas dos décadas. -
Ella sonrió y alargó la mano para tocar la suya, decidiendo ir un paso más allá y darle un apretón.
Él no podía saber que era el primer hombre al que había tocado aparte de su padre. Diablos, era el
primer hombre con el que había estado tan cerca. Sin embargo, tocarlo no era como tocar a su
padre. No sólo porque era más grande, más oscuro, más fuerte. Sino porque él hacía que su
corazón latiera más rápido de una manera que había experimentado al leer una novela romántica
o ver una película romántica. Una chispa. Se preguntó si era sólo porque era un hombre con el que
no estaba emparentada o si realmente se sentía atraída por él en particular.
Se sacudió los pensamientos errantes de su cabeza. -No me importa. Mi padre lo aprobaría. Él
mismo era un caballero. - Tragó saliva por el nudo en la garganta que le produjo la mención de su
padre.
Se quedaron mirando incómodamente durante unos instantes antes de que Jay levantara la otra 24
mano y apartara un mechón de pelo de la frente de Layla, haciéndola desear que se inclinara
hacia él. Quería que la tocara de nuevo. -Parece un buen hombre. ¿Ya no está con nosotros? -
Layla apretó los labios, negando con la cabeza. Una lágrima se soltó y se deslizó por su mejilla.
Inspiró y se la quitó de un manotazo. -Lo siento, - susurró.
- ¿Por qué? ¿Por tener emociones? -
Otra lágrima siguió, y entonces la presa se rompió y ella dejó salir un sollozo.
Los brazos de Jay la rodearon y la atrajeron para darle un gran abrazo de oso, y ella se dejó
llevar. Dejó que la sostuviera. Dejó que le quitara la carga. Que aliviara el dolor.
Le frotó la espalda mientras ella lloraba contra él, hasta que se agotó y pudo respirar de nuevo.
Sabía que sus ojos estaban hinchados y rojos cuando se inclinó hacia atrás. -Gracias, - murmuró
ella.
-Cuando quieras. - Él no la soltó, sino que continuó recorriendo su gigantesca palma de la mano
por la espalda de ella. -¿Quieres hablar? A veces ayuda a purgar tu historia. -
Dios, qué bien sienta que te abracen. Ella se frotó las mejillas y respiró profundamente, tratando
de ser fuerte, tratando de sacudir la extraña electricidad que chisporroteaba entre ellos. -Estoy
segura de que todo el mundo tiene una historia. -Se sintió tonta.
Sus ojos se entrecerraron. -Sí. Todo el mundo tiene una historia. Eso no hace que la tuya sea
menos importante. - Deslizó su mano hacia la de ella y la condujo al porche delantero. Era
pequeño, pero tenía un viejo columpio. Jay se sentó en un extremo y señaló el otro.
Layla respiró profundamente varias veces mientras se sentaba a su lado y acurrucaba las piernas
bajo ella. -Suelo ser más fuerte de lo que parece. Siempre. Yo soy la fuerte. Ariel es más
emocional. Pero, hemos estado huyendo sin la oportunidad de hacer una pausa y llorar
adecuadamente. No me he duchado de verdad, ni he limpiado mi ropa, ni he comido, ni he
respirado todo el oxígeno desde hace dos semanas, - le dijo.
-Lo siento. Es duro. Me alegro de que Maya te haya encontrado. - Él sonrió cálidamente. -Es su
especialidad. Encontrar nuevos Wanderers y traerlos al redil. -
-Me encanta que se llamen Los Wanderers. -
Se encogió de hombros. -Al principio era sólo una cosa que decíamos. La gente como tú vagaba
por ahí tratando de encontrar... cualquier cosa en realidad, y nosotros les ofrecíamos un lugar
seguro donde estar. A medida que crecía nuestro número, nos convertimos en un refugio seguro 25
para cualquiera que necesitara ayuda. El nombre acabó por imponerse. -
-Me gusta. - A ella también le gustaba Jay. Le gustaban sus expresiones. Cuando lo conoció,
parecía serio y rudo, pero pudo ver que tenía muchas facetas. Sus ojos brillaban cuando tenía algo
gracioso que decir. Sus cejas se cerraban cuando estaba preocupado. Se frotaba las manos y se
lamía los labios cuando estaba nervioso.
- ¿Dónde estabas hasta hace dos semanas? - preguntó, con voz suave.
-En casa. El único hogar que hemos conocido. Nuestros padres se mudaron a casa hace veintiún
años, poco antes de que yo naciera, cuando descubrieron que era una niña. -
-Ah. Eso fue al principio del apocalipsis. Tuvieron mucha previsión. -
Se encogió de hombros. -Conocían a Julie. -
-Oh. Julie Imes... Eso tiene sentido. -
Layla asintió. -Era la comadrona de mi madre, pero también eran mejores amigas. Julie era la
única persona que sabía que yo era una niña. Les dijo a mis padres que se fueran de la ciudad y se
escondieran, así que lo hicieron. -
-Durante veintiún años, - añadió.
-Sí. -
-Eso es increíble. ¿Cuánto tiempo estuvieron fuera de la red? -
-Teníamos electricidad a veces y agua corriente, pero muy poco contacto con el mundo exterior.
Mi padre solía salir de nuestra cabaña para comerciar con la gente. Se iba unos días y volvía con
provisiones. En raras ocasiones, alguien venía a la cabaña. Sólo gente en la que mis padres
confiaban con sus vidas. -
- ¿Qué pasó hace dos semanas? -
-Los militantes nos encontraron. O quienes fueran. Ariel y yo estábamos fuera recogiendo hierbas
en ese momento. Oímos un disparo, nos acercamos a la cabaña como pudimos y vimos cómo
nuestras vidas se desmoronaban. - Tomó aire y continuó, con la necesidad de contarle a alguien lo
sucedido. -El primer disparo fue al pecho de mi padre, - susurró. -Ya estaba muerto. -
-Lo siento mucho. - Jay se inclinó hacia delante, plantando los pies en el porche. Extendió la mano
de Layla y la tomó entre las suyas, frotándole los nudillos con el pulgar.
Ella se secó una lágrima que se le escapó y miró sus manos conectadas contra su muslo. La mano 26
de él era lo suficientemente grande como para abarcar la de ella por completo. Su piel oscura
también contrastaba con la de ella. Ella era la más morena de las hermanas, con el pelo y los ojos
oscuros, pero parecía pálida en comparación con él. Ariel, en cambio, era rubia, con la piel mucho
más pálida y los ojos azules.
- ¿Qué pasó después? - animó.
-Ataron a mi madre a una silla en el porche y empezaron a interrogarla. -
- ¿Sobre qué? -
-Sobre nosotras, Ariel y yo. Dijeron que habían oído hablar de dos mujeres escondidas en el
bosque. Dijeron que estábamos infringiendo la ley al escondernos del gobierno. -
Jay frunció el ceño. -Dudo que estuvieran con el gobierno, pero en estos días nunca se sabe. No
me fío de ninguna entidad, incluido el gobierno. -
-Sí, nosotras tampoco creemos que fueran legítimos, pero como has dicho, el propio gobierno es
marginalmente digno de confianza. -
- ¿Así que huyeron? ¿Las dos? -
Layla negó con la cabeza. -No enseguida. No íbamos a dejar a nuestra madre así. Nos separamos y
dimos un rodeo para acercarnos lo más posible y luego eliminamos a esos dos hombres.
Simultáneamente. -
Layla se estremeció al recordarlo. Ella y Ariel habían estado tan preparadas como cualquiera de
su edad y tamaño podía estarlo. Sus padres no habían querido que estuvieran indefensas. Tenían
armas y sabían cómo usarlas. Estaban entrenados en defensa personal.
- ¿Cómo los bajaron? - Jay parecía sorprendido mientras le agarraba la mano.
-Un solo disparo en la cabeza. Estábamos tan despreocupadas que los dos disparos al mismo
tiempo podrían haberse confundido con uno. - Se pasó una mano por la cara, deseando poder
sentirse orgullosa de sí misma, pero todo lo que sentía era un profundo dolor por la pérdida de sus
padres y por tener que quitar dos vidas para salvar la suya.
Jay sonrió lentamente. -Vaya, que eres una malota. -
Ella intentó devolver la sonrisa, pero no lo consiguió.
- ¿Y tu madre? -
Layla tragó saliva. -La habían apuñalado varias veces en el vientre. Se estaba desangrando 27
cuando llegamos a ella y la desatamos. -
-Jesús, Layla. -
-Me apretó el brazo y nos dio instrucciones que ya habíamos memorizado y luego murió en
nuestros brazos. - Layla se limpió otra lágrima, todavía agarrando la mano de Jay con la mayor
fuerza posible.
Jay se sentó más erguido y le dio un tirón de la mano mientras abría el brazo para que ella
pudiera apoyarse en su pecho.
Ella no dudó. Se arrastró más cerca, dejándose relajar en su abrazo. Se sentía bien. No, se sentía
increíble. El enorme brazo de él la rodeaba y la gigantesca palma de su mano se apoyaba en su
cadera. Apoyó la mejilla en su pecho y rodeó sus abdominales. Un largo suspiro se le escapó.
Quizá debería haberse sentido confundida por su reacción ante él.
Claro, era el primer hombre, aparte de su padre, que tocaba, pero ¿por qué se sentía tan bien?
-Siento lo de tus padres, - susurró él después de un rato. -¿Supongo que abandonaron su casa
después de eso? -
-Sí. Estábamos preparadas. Siempre estábamos preparadas. Teníamos bolsas de supervivencia
escondidas en varios lugares de la propiedad. No quería arriesgarme a que alguien viniera a
buscar a esos hombres, así que Ariel y yo tomamos nuestras mochilas y nos fuimos. -
- ¿Cómo sabían dónde ir? -
-No lo sabíamos. En realidad, no. Sabíamos que debíamos dirigirnos al oeste. Encontrar a Julie.
Sabíamos que debíamos buscarla al otro lado de la ciudad. Ahí es donde Maya nos encontró
anoche, bajo un paso elevado de la ciudad. -
Jay la abrazó de nuevo. -Maya es increíble. -
Layla inclinó la cabeza hacia atrás para mirarle. - ¿Son pareja? -
Él se rio. -Dios, no. Nadie es pareja de Maya. Es demasiado testaruda para eso. Además, no para de
moverse. Tiene un complejo de salvar el universo. Trae gente aquí y se va casi tan rápido como
llega. No creo que la mujer duerma. -
-Sí, tengo esa sensación. - Layla se mordió el labio, preguntándose si Jay tenía a alguien. - ¿Y tú?
¿Estás casado o.… lo que sea? -
Él negó con la cabeza, con la mirada ligeramente entrecerrada. -No sé cuánto sabes del mundo, 28
pero el matrimonio no es realmente una cosa hoy en día. Tampoco las parejas. -
Ella frunció el ceño. Sus padres estaban casados y ciertamente eran una pareja.
Jay inhaló lentamente. -No hay suficientes mujeres para que la gente viva en relaciones
monógamas. Algunas personas lo hacen de todos modos. Ocurre. Pero no muy a menudo. -
Ella buscó en sus ojos. Sus padres habían hecho todo lo posible por educarlas, y habían tenido
televisión siempre que la electricidad había sido posible, pero ciertamente había lagunas en los
conocimientos de Layla.
- ¿Explícate? - Ella se esforzó por sentarse de nuevo, pero siguió apoyándose en él, pues le
gustaba el contacto humano.
Él le rozó el brazo con la mano. Se sentía bien. -Entiendes que en las últimas tres décadas han
nacido cada vez menos hembras, ¿verdad? –
-Sí. - Por eso sus padres se habían escondido en primer lugar, para proteger a Layla y luego a
Ariel de una posible captura. Podrían haberles ocurrido muchas cosas, desde la experimentación
científica hasta el matrimonio forzado.
-Estoy seguro de que en la época en que naciste, el gobierno se estaba fragmentando. Se
formaban grupos militantes por todo el país. Muchos de ellos se han unido en las últimas dos
décadas, dejándonos con unas tres entidades principales. Las tres son peligrosas y viven por
encima de la ley. Tampoco se puede confiar en el gobierno. El sistema bipartidista está dividido y
cambian continuamente de poder, lo que significa que nadie puede confiar en ellos de un mes a
otro. -
Ella asintió. -Sé que los dos partidos solían ser los demócratas y los republicanos, que luego
cambiaron. -
-Sí. A medida que la división crecía, los títulos cambiaban. La mayoría de la gente que vive en
este país está muy polarizada entre la Mancomunidad y la República. Nosotros, los Wanderers, nos
posicionamos con los valores de la Mancomunidad; la idea es que nos gustaría vivir en una
sociedad democrática en la que la gente siga teniendo libre albedrío. -
Asintió con la cabeza. -Y a la República le gustaría establecer una sociedad más controlada en la
que las mujeres no elijan con quién casarse...- Se estremeció. Esta había sido la razón por la que
sus padres habían abandonado la sociedad.
-De nuevo, casada es una palabra fuerte. Las mujeres tienen pocos derechos en la República. Se 29
espera que se entreguen al gobierno para ser criadas esencialmente por quien el gobierno
considere oportuno. -
Layla se estremeció. - ¿Es realmente tan malo? -
Él asintió. -Les gusta endulzarlo y fingir que emparejan a la gente según sus intereses y
temperamentos, pero al final no es más que una bonita forma de quitarles los derechos a las
ciudadanas para, entre comillas, el bien de la sociedad. -
El pulgar de Jay le acarició la cadera, y ella se preguntó si él se daba cuenta mientras seguía
hablando. -Los grupos militantes son peores que la República. Sacan a las mujeres de las calles,
las retienen contra su voluntad y las tratan peor que a los ciudadanos de segunda clase. –
Layla tragó saliva. -Sospecho que mis padres decidieron suavizar un poco sus descripciones, pero
siempre he entendido lo esencial. ¿Hay otros grupos en esta lucha también? -
-Sí. Fanáticos religiosos, forajidos e incluso los ricos. Al final, es mejor evitarlos a todos. Hay otras
personas que viven bajo el radar, otros grupos como el nuestro a los que les gustaría preservar la
igualdad de derechos, pero no tienen los números que tenemos nosotros, y al final tienden a ser
atrapados. -
- ¿Qué pasa con ellos? -
Jay la miró fijamente. - ¿De verdad quieres oír todo esto? -
-Sí. No me mimes. La información es poder. Puede que tenga agujeros en mis conocimientos, pero
si no los lleno, sólo correré más peligro. -
La sorprendió cuando se inclinó más hacia ella y posó sus labios en su frente, manteniéndolos allí
durante varios segundos antes de retirarse con un suspiro. -Tienes razón. Odio, odio que haya una
inocencia pura en ti que está a punto de ser destruida, pero necesitas saberlo todo. -
Ella asintió, respirando rápidamente. La sensación de los labios de él en su frente persistió. -Sé
que parezco inocente, y en muchos aspectos lo soy, pero soy capaz de cuidar de mí misma. Estoy
entrenada en defensa personal, conozco todas las plantas que se pueden comer y podría
sobrevivir de la tierra el resto de mi vida si lo necesitara. Por favor, Jay, rellena los huecos. -
Le sonrió, mirándola fijamente a los ojos como si pudiera ver cosas que incluso ella desconocía. -
De acuerdo, - susurró. Tomó aire. -No lo endulzaré. Los Wanderers tienen mucho cuidado de
permanecer ocultos. Hacemos todo lo posible para proteger a las mujeres de nuestra sociedad.
Tenemos fuerza en los números. Otros grupos no la tienen. Cuando se encuentra a un grupo, se
suele matar a los hombres en el acto y se lleva a las mujeres a cualquier cuartel general de los 30
militantes. -
Layla hizo una mueca, pero ya lo sospechaba.
-No importa quién las capture, se considera que desafían la ley, ya sea la ley real de la República
o la completa anarquía de los militantes. En cualquier caso, las mujeres son una mercancía. Se
venden. Se comercian. Violadas. Criadas contra su voluntad. No hay una forma fácil de decirlo. -
Layla luchó con todas sus fuerzas para no reaccionar ante la dura realidad. No había dicho nada
que ella no sospechara ya, pero oírlo en voz alta de alguien que tenía información más
actualizada que sus padres era difícil de tragar.
Se aclaró la garganta. -Así que Los Wanderers son una sociedad que mantiene la igualdad de
derechos...-
-Sí. -
-Pero todavía hay demasiados hombres y pocas mujeres. -
-Sí. -Se mordió el labio inferior mientras la observaba como si esperara a que ella sacara sus
propias conclusiones.
Pero ella quería una confirmación verbal. - ¿Tus hombres... comparten? -
Él inhaló lentamente e inclinó la cabeza hacia atrás para mirar el saliente como si le doliera
responderle. Cuando bajó su mirada a la de ella, asintió. -Normalmente. No es obligatorio. Nada es
obligatorio entre mi gente. Tenemos libre albedrío, pero cada vez es más habitual que se formen
relaciones poliamorosas. Unidades familiares con varios hombres y una mujer. -
Volvió a buscar su mirada, preguntándose qué estaba pensando y por qué había dudado. -
¿Perteneces a una unidad familiar así? -
Él negó con la cabeza, pareciendo recomponerse. -De momento no. - Tomó aire. -Permíteme
reformularlo. Vivo en una unidad familiar con otros tres hombres. No tenemos una mujer viviendo
con nosotros. -
Ella lo miró fijamente. - ¿Porque no quieren una? -
Él se lamió los labios. -Es que aún no hemos encontrado a la mujer adecuada. -
-Oh. - Por alguna razón, se sintió aliviada al saber eso. Ni siquiera estaba segura de qué parte.
¿Que no estaba casado? ¿Que no tenía una mujer actualmente? ¿Que se había preocupado de
decírselo?
Definitivamente, a ella no debería importarle ni lo uno ni lo otro. Vivía con otros tres hombres. Eso 31
significaba que cualquier relación con él no sería individual. No estaba segura de cuánto tiempo
pasaría antes de que estuviera preparada para entablar cualquier tipo de relación, incluso con un
solo hombre. ¿Pero con cuatro?
Se acercó a la cara de él y le tocó la mejilla, sintiendo el calor de su piel contra la palma de la
mano. -Eres un buen hombre, ¿verdad? -
Él se rio. - ¿Cuántos hombres has conocido? -
Ella arrugó la nariz antes de responder. -Sólo uno. -
- ¿Yo? -
-Ajá, - admitió ella.
Él gimió mientras la acercaba, aplastándola de nuevo contra su pecho. Su enorme mano se
extendió sobre la espalda de ella. -Debería hacerte entrar, bajar al búnker,- murmuró sin
convicción.
-Pero no lo harás, - señaló ella mientras apoyaba su mano en los abdominales de él. Ella volvió a
inclinar la cabeza hacia atrás. -Por favor. Deja que me quede. Me gusta estar en tus brazos. -
Estaba jugando con fuego.
-Los chicos me van a matar cuando lleguen, - murmuró en voz baja.
- ¿Los que mencionaste a Maya? ¿Por qué? -
Jay deslizó una mano hacia su cabello y acarició los mechones, metiéndolos detrás de su oreja. -
Cada centímetro de ti es suave, incluso tu pelo, - susurró.
Ella disfrutó de la forma en que él enhebró sus dedos en sus mechones secos, pero volvió a
inclinar la cabeza hacia atrás de todos modos. -No has respondido a mi pregunta. -
Jay suspiró. -Los tres hombres que vienen esta noche son mis compañeros. Mile, Ledger y Gatlin. -
Dejó de hablar.
- ¿Por qué estarán enojados? -
-Tal vez enfadado no es la palabra correcta. Celosos podría ser más preciso. Celosos de haya
podido pasar el día con una hermosa mujer a la que no le importa que la abracen, mientras ellos
viajan. -
Sonrió lentamente. -Creo que me siento halagada. - Se encogió de hombros. -Así que sueles
compartir mujeres y no están aquí. -
-Sí. Eso debe sonar ridículo para ti. - 32
Ella negó con la cabeza. -No. Puede que no sepa mucho sobre las normas actuales, pero no soy
una mojigata. No soy crítica. Mis padres se encargaron de que las dos tuviéramos la mente
abierta. -
-Puede ser, pero si salieron de la sociedad hace más de dos décadas, estoy seguro de que aún no
habían visto muchos acuerdos poliamorosos. -
-Es cierto, pero no estábamos tan aislados como para no tener ni idea. No hace falta ser botánica
para darse cuenta de que las mujeres acabarían viviendo en arreglos múltiples. -
Se rio. - ¿Botánica? -
Se encogió de hombros. -Mis padres solían decir eso. Nos decían que la frase original era rocket
scientist. -
Jay siguió riendo.
Atrevida, curiosa y muy atraída por Jay, Layla decidió dar un gran salto. -¿Cómo se enfadarían tus
compañeros si yo también te besara? -
Él se puso rígido, con los ojos muy abiertos.
Ella dio un respingo, apartándose de él para poner algo de espacio entre ellos, su mirada se
dirigió a un punto del porche, mortificada por haber dicho eso en voz alta. -Lo siento. Eso fue...-
Él la agarró antes de que pudiera apartarse de su alcance, acercándola de nuevo e inclinando su
barbilla hacia arriba con uno de sus dedos. -No lo sientas. Me has pillado con la guardia baja. –
CAPÍTULO 5 33
Jay nunca se había sentido tan desubicado como con esta mujer. Tenía treinta años. Llevaba toda
su vida adulta viviendo con Los Wanderers, a los que se había unido hacía doce años, cuando se
marchó de casa.
Hacía doce años que el mundo se deslizaba hacia una situación mucho más grave, y él había
pasado varios de sus años de formación sabiendo que estaba en desacuerdo con su padre. Su
madre había muerto cuando él era joven, y sus dos hermanos mayores se habían unido a un grupo
militante local en cuanto cumplieron los dieciocho años.
Jay había sido preparado para unirse a ellos, pero se guardó su desprecio en secreto y se marchó
en mitad de la noche unas semanas antes de cumplir los dieciocho años.
Nunca miró hacia atrás y no volvió a ver a ninguno de sus hermanos ni a su padre. Para
asegurarse de que no lo encontraran y lo arrastraran de vuelta, viajó miles de kilómetros al
oeste, donde había oído que había una sociedad de personas que vivían bajo una regla mucho más
democrática. Los Wanderers.
Gatlin y Ledger tenían entonces quince y dieciséis años. Habían sido los mejores amigos y habían
vivido con Los Wanderers durante algunos años. Por suerte para ellos, sus padres los habían
metido en el redil, pasando a la clandestinidad con la sociedad para proteger a sus hermanas.
Los padres de Gatlin habían acogido a Jay en su unidad familiar y le habían ayudado a asimilarse.
Desde ese día, Gatlin había tratado a Jay como a un hermano, y Ledger había sido igual de amable.
Los tres se habían vuelto inseparables.
Nile se había unido a Los Wanderers hacía ocho años. Había llegado con dos hermanas menores.
Sus padres habían desaparecido misteriosamente y nunca volvieron a casa un día, así que él
había buscado la sociedad clandestina.
Nile tenía diecisiete años cuando llegó, y la familia de Ledger los había acogido a él y a sus
hermanas bajo su protección. Así era como funcionaba su sociedad. Cuando los jóvenes llegaban,
alguien les ayudaba a nutrirlos y guiarlos.
Al principio, Nile había sido callado y tímido, apenas hablaba, probablemente asustado por la
pérdida de sus padres, pero Ledger era tres años mayor que él y le había ayudado a salir de su
caparazón, convirtiendo la amistad de tres hombres en un grupo de cuatro.
Los cuatro estaban unidos. Inseparables. Ya eran mayores y no vivían con sus padres. Hacía años 34
que se habían mudado a su propia casa. De vez en cuando, habían compartido una mujer entre
ellos, pero nunca de forma permanente, y nunca habían tenido una que se mudara con ellos.
Jay se tragó la lengua mientras miraba a Layla, odiando que la hubiera hecho apartarse con su
reacción instintiva.
-No sé en qué estaba pensando, - murmuró ella. -Olvida que he dicho algo. Fue una estupidez. Las
palabras salieron volando de mi boca antes de que pudiera detenerlas. -
Él sonrió, mirando sus labios. Ella seguía lamiéndolos, y Dios, él también quería hacerlo. Lamerlos.
Eran llenos, rosados y sexys, y había pasado tanto tiempo desde la última vez que sintió los labios
de una mujer en los suyos.
Sin embargo, Jesús. Tenía que tener cuidado. Nadie había besado a esta mujer. Nadie la había
tocado antes de hoy. Eso lo hizo temblar. La responsabilidad de eso. Tenía treinta años y se sentía
como un adolescente.
-No fue una estupidez, Layla. - Le encantaba el sonido de su nombre cuando salía de su lengua.
Maldita sea, era guapa. Su largo cabello castaño oscuro colgaba en ondas por su espalda. Se
había hecho una trenza desordenada cuando llegó, pero se lo había lavado y dejado secar.
Hasta ahora había aspirado su aroma mil veces, intentando no asustarse cada vez que la
respiraba. Y su piel... Señor. Bronceada, a diferencia de la de su hermana, pero todavía mucho más
clara que la suya. Más cercana a la de Gatlin. O quizás a la de Ledger. Nile era pelirrojo, así que su
piel era pálida.
La madre de Gatlin era india, así que tenía la piel más oscura. Ledger era el típico chico
americano de pelo rubio desteñido, ojos azules y piel bronceada de chico surfista. No era tan
bronceado como Gatlin, pero casi en verano.
-Me has pillado con la guardia baja, eso es todo, - le dijo a Layla. -Y nunca haría nada para que te
sintieras presionada. Es la premisa principal de nuestra sociedad. Como mujer, tienes derecho a
tomar tus propias decisiones. Siempre. Dejé a mi propia familia hace doce años porque mi padre y
mis hermanos estaban bebiendo el Kool-Aid militante, y no quería tener nada que ver con eso. -
Ella frunció los labios, pero no se apartó. Gracias a Dios.
-Tenía dieciocho años cuando me uní a Los Wanderers, los padres de Gatlin me acogieron. La
madre de Gatlin me daría una bofetada en la nuca si pensara que me he aprovechado de una
mujer, especialmente de una como tú, que es vulnerable. -
Layla hizo una mueca, sentándose más recta. -Sé que soy joven e ignorante en muchas cosas, 35
pero conozco mi mente, y mis padres no nos mimaron. -
Le acarició la mejilla con el pulgar, dedicándole una suave sonrisa. - ¿Y tu mente te dice que me
beses? -
Las mejillas de ella se calentaron, adquiriendo un sexy tono rojo. -Te estás burlando de mí. -
Él negó con la cabeza. -No. Nunca. Sólo lo estoy aclarando. Sería un honor besarte, Layla. Con
humildad. Y sí, el resto de mi unidad familiar se pondrán celosos cuando llegue, pero el destino me
puso en tu camino primero, y estaré encantado de ser el primer hombre en probar tus dulces
labios. -
Deslizó el pulgar hasta el labio inferior de la mujer y lo acarició, disfrutando de la forma en que
los labios de ella se separaban en un suave jadeo. Ella respiró profundamente, lo que hizo que sus
pechos se alzaran contra el de él. La mujer no llevaba sujetador. Había elegido un par de leggings
negros, una camiseta de gran tamaño y unas chanclas después de ducharse.
Jay había notado sus pezones endurecidos rozando la camisa de algodón varias veces. Había
dejado que sus manos la recorrieran lo suficiente como para saber que estaba en forma y era
fibrosa, pero aún era menuda, especialmente comparada con él. Por supuesto, él era gigante. Al
menos, su tamaño. La mayoría de la gente, mujeres y hombres, solían ignorarle. Pero Layla no se
había inmutado cuando lo conoció.
Había sentido curiosidad, incluso sorpresa, pero no miedo.
Sólo ese hecho lo molestaba. Era demasiado confiada. Diablos, era más de 40 centímetros más
alto que ella y tenía unos hombros enormes. Sus bíceps eran más grandes que su cintura. Y era
negro. Nada de eso le importaba.
Ella lo miraba fijamente con sus enormes y amplios ojos marrones. -Olvídalo, - repitió ella. -Te
estás burlando absolutamente de mí. - Se soltó de él.
Él tuvo que soltarla. Hacer lo contrario habría ido en contra de todos los principios en los que él
creía.
Ella se separó unos centímetros de él, recostándose en el columpio del porche, con las rodillas
pegadas al pecho y los brazos rodeándolos. Apoyó la barbilla en las rodillas y miró al suelo.
No jodas esto, Jay. Él se acercó, puso un brazo en el respaldo del asiento, sin tocarla, y giró su
cuerpo hacia el de ella. -Tú misma has dicho que soy un caballero, y tienes razón. -
Ella dirigió su mirada hacia él. -Espera, has dicho que tú y tus amigos viven juntos como una 36
familia. ¿Eres gay? ¿Es por eso que no estás interesado en besarme? -
Él tragó saliva, obligándose a no reaccionar a su pregunta, especialmente a la sonrisa que quería
cruzar su rostro. -No soy gay, Layla. Como he dicho, mis amigos y yo compartimos mujeres. De
hecho, no tenemos sexo entre nosotros. Sólo con las mujeres que compartimos. Pero ha pasado un
tiempo, y somos increíblemente cuidadosos para asegurarnos de obtener el consentimiento. -
- ¿Cuánto consentimiento necesitas? - preguntó ella antes de apartar la mirada.
Maldita sea, lo estaba echando a perder. Ella le hizo un nudo en la garganta. Él daría cualquier
cosa por devorar esos malditos y sensuales labios hasta que ella jadeara de necesidad, pero ¿se
estaba aprovechando de ella?
Ahora mismo todo lo que estaba haciendo era hacerla sentir cohibida e indeseable, que era lo
contrario de lo que quería que sintiera. Un beso no arruinaría su vida de ninguna manera. Puede
que lo meta en agua caliente con el resto de los chicos, pero sólo por celos.
Layla no se mancharía de alguna manera, por el amor de Dios.
Él aligeró su mano de la parte posterior del columpio a su cuello mientras que él alcanzó a través
con su otra mano y ahuecó su cara, inclinándola su dirección. -Ven aquí. - Intentó sonar amable,
pero ella también tenía que saber que él no solía dejar que una mujer llevara la iniciativa en el
dormitorio. El consentimiento era imprescindible. Un montón de consentimientos.
Pero una vez que una mujer estaba en sus brazos, él tomaba el mando. Si su dominio no sacudía
el mundo de ella, entonces nunca congeniarían.
Cualquier mujer que entrara en su unidad familiar estaría dotada de lo mejor de todos los
mundos. Jay tendía a ser amable pero exigente. Gatlin era un poco más reservado y normalmente
dejaba que una mujer lo llevara como quisiera. Ledger era el más dominante de los cuatro.
No sólo era mandón; también añadía algunos aspectos del BDSM. Y Nile, el más joven, era también
el más cuidadoso. Hablaba mucho durante el sexo, asegurándose de que su mujer disfrutara de
cada segundo al cuestionar su mentalidad repetidamente.
Layla dejó caer las piernas en el asiento. -No te atrevas a besarme por lástima, Jay. Eso sería
humillante. -
Él la miró fijamente a los ojos, asegurándose de que lo escuchaba. -Nunca besaría a una mujer
por lástima. Que quede claro. Me dejaste sin aliento en cuanto te vi salir del bosque esta mañana.
Tienes una combinación extremadamente atractiva de fuerza e inocencia. Tienes la cabeza alta
porque tienes confianza. El hecho de que hayas vivido recluida toda tu vida me dice que debo ser 37
más cuidadoso con tus sentimientos y emociones de lo que sería con otra mujer. -
Ella parpadeó, pero no apartó la mirada.
-Nunca me he sentido tan atraído por otra mujer como por ti. Mi corazón se acelera ante la idea
de que me regales un beso. Mi yo habitualmente seguro de sí mismo me grita que no lo arruine
porque se siente importante. Así que no pienses ni por un momento que no estoy interesado. -
-De acuerdo, - susurró ella.
Él miró sus labios y luego volvió a mirarla a los ojos mientras bajaba su boca hacia la de ella. En
el momento en que estableció la conexión con sus labios suaves y carnosos, su corazón se
aceleró. Inclinó la cabeza hacia un lado y se obligó a tomárselo con calma, acortando suavemente
la distancia.
Deslizó la mano por su espalda mientras ella se arqueaba hacia él, antes de deslizar la lengua por
el borde de sus labios.
Ella gimió mientras abría la boca, y maldita sea, era tan jodidamente dulce. Sus manos se
acercaron a los bíceps de él, aferrándose, como si fuera a caer al suelo si no lo hacía.
Se acercó a ella hasta que sólo había un centímetro entre sus pechos. Cuando su boca se abrió
más, dándole permiso para entrar, dejó que su lengua se deslizara dentro para bailar con la de
ella, saboreando cada centímetro de su boca y amándola.
Joder, estaba tan perdido por ella y ella ni siquiera entendía lo que eso significaba.
Estaba jadeando cuando él soltó sus labios de mala gana. Él mantuvo un agarre en la nuca,
sosteniendo su mirada. Sus labios permanecían separados, hinchados y sensuales. Sus mejillas
estaban sonrojadas. -Oh, - dijo ella finalmente, haciéndole sonreír.
-Sí. Eso fue intenso. -
-No lo sabía. -
Él sonrió. -Para ser sincero, yo tampoco lo sabía. -
Su ceño se frunció.
Él suspiró y bajó su mano por el brazo de ella para agarrar sus dedos, llevándolos a sus labios
para poder besar sus nudillos. -Ese fue el mejor primer beso de la historia. Ahora tenemos un
problema, - señaló.
- ¿Por qué? - dijo ella confundida.
-Porque voy a querer hacerlo de nuevo, y voy a pasar el resto del día rezando para tener la 38
oportunidad. -
- ¿Por qué no lo harías? -
-Porque soy un paquete, Layla. No sólo necesito que estés abierta a dejar que otros tres hombres
te besen, sino que ellos tienen que encontrarte tan atractiva como yo. Y lo más importante, tú
tienes que encontrarlos atractivos. -
-Oh. - Ella tragó. -Bien. - Se estremeció en sus brazos. -Voy a tener que entender eso. -
-Sí. - Él la acercó hasta que ella volvió a apoyar la cabeza en su pecho. Enhebrando la mano en su
pelo, le acarició la cabeza. - ¿Cuándo dormiste por última vez? -
-No tengo ni idea. -
Él movió un poco su peso para que ella estuviera más cómoda. - ¿Por qué no descansas? Tendrás
que volver a viajar por la noche, así que es importante que duermas ahora mientras puedas. –
Miró hacia la puerta de la cabaña, más que agradecido por haber tenido todo este tiempo con ella
mientras su hermana dormía inconscientemente abajo.
Le encantaría pasar todo el día conociéndola mejor, haciéndole miles de preguntas, compartiendo
sus propias experiencias vitales, pero ya habría tiempo para eso más adelante. Ahora mismo ella
necesitaba descansar y él necesitaba pensar. Pensar qué les diría a sus compañeros cuando
llegaran. Rezar a Dios para que estuvieran tan enamorados de Layla como lo estaba Jay. Y
viceversa. Sobre todo, lo de viceversa. La pobre mujer sólo había captado marginalmente la idea
de vivir en una relación plural. ¿Estaba preparada para saltar directamente al fuego?
CAPÍTULO 6 39
Gatlin había avisado por radio a Jay de que él y los demás se acercaban, pero Jay no había
mencionado lo que los tres encontrarían al llegar a la cabaña.
Una mujer. Dios mío. Más bien un ángel. Estaba acurrucada en el columpio del porche junto a Jay,
con la cabeza en su regazo y las manos cruzadas bajo la mejilla. Unas preciosas y gruesas ondas
de pelo castaño se extendían a su alrededor. La mano de Jay estaba entre los mechones, apoyada
en su hombro.
Parecía tan tranquila. Como un ángel.
Cuando Ledger y Nile se detuvieron junto a Gatlin, los tres se quedaron quietos, sin moverse,
simplemente absorbiendo la escena. Por un momento Gatlin se preocupó de que Jay hubiera
reclamado a esta mujer, apartando a sus compañeros de la vida que habían vivido durante años,
pero una mirada al rostro de Jay le dijo lo contrario.
Jay estaba esperando, con los labios fruncidos y una ceja levantada en forma de pregunta. No
intercambiaron ninguna palabra y, sin embargo, estaba claro que algo trascendental estaba a
punto de suceder.
Gatlin levantó una mano para acariciar un mechón de pelo, con la necesidad de sentirlo, tal vez
para demostrar que la mujer era real o simplemente para recordarse a sí mismo cómo se sentía
el cabello largo.
Aunque los cuatro habían compartido varias mujeres a lo largo de los años, había pasado mucho
tiempo.
Había algo extrañamente reverente en este momento, y Gatlin se arrodilló para poder acariciar la
mejilla de esta mujer. Miró a Jay, dudando antes de tocarla, sin saber si debía despertarla o
incluso si definitivamente tenía permiso para tocarla.
Jay asintió con una sola mirada mientras extendía una mano hacia Nile, animándole a cerrar el
círculo. Ledger estaba en medio de los recién llegados y se acercó a sus compañeros.
La mano de Gatlin temblaba al hacer contacto con la mejilla de la mujer. Tan suave.
Ella suspiró profundamente mientras abría lentamente los ojos y luego parpadeó antes de sonreír.
Los miró a todos por turno. -Están aquí, - dijo. Sus ojos eran de un profundo tono marrón que
probablemente se parecían a los suyos.
Miró a Jay y luego se empujó para sentarse. Jay mantuvo un brazo alrededor de ella, 40
manteniéndola a su lado.
-Tú debes ser Gatlin, - dijo ella, y luego volviéndose hacia sus compañeros. -Y Ledger. Y Nile. -
Gatlin se rio. Al parecer, Jay le había dado una descripción de sus compañeros. Eso era una buena
señal. - ¿Y tú eres? -
-Layla. -
-Layla... me gusta ese nombre. - Se puso de pie mientras Ledger le tendía la mano. Le apretó los
dedos y luego le entregó la mano a Nile.
Jay miró al horizonte. -El sol está a punto de ponerse. Deberíamos entrar. - Se levantó, ayudando
a Layla a ponerse de pie junto a él.
Gatlin se apresuró a abrir la puerta para que ella pasara, haciéndola reír. El sonido era tan
refrescante, puro y dulce que su polla se dio cuenta.
Jay llevó a Layla al sofá. -Siéntate en el centro, - le indicó con su habitual estilo. Gatlin se rio de
la forma en que Jay siempre se las arreglaba para ser educadamente prepotente.
Layla se colocó donde él había exigido mientras Nile y Ledger la flanqueaban.
Momentos después, Jay deslizó dos sillas de madera de la mesa de la cocina y las colocó frente al
sofá para que él y Gatlin pudieran sentarse también cerca, frente a Layla, cerrando el círculo.
-Maya la encontró a ella y a su hermana anoche y las trajo al refugio esta mañana.-
- ¿Hermana? - Gatlin levantó una ceja.
-Está abajo, - explicó Layla. -Ha estado durmiendo todo el día. -
-Ah. -
Nile giró su cuerpo para quedar frente a Layla, apoyando el codo en el respaldo del sofá, evitando
cuidadosamente el contacto. No es de extrañar. Sería el más indeciso de los cuatro.
Layla se retorció las manos en el regazo, apretando los muslos.
Jay, que aparentemente tenía todas las libertades del mundo, extendió su mano, mucho más
grande, sobre la de ella y apretó. -No dejes que te intimiden. Sólo quieren conocerte. -
Ella asintió.
-Nadie te presionará, Layla. Tampoco te tocarán de forma inapropiada o sin permiso. Tienes mi 41
palabra. -
Ella asintió de nuevo. -Estoy bien. -
Estaba mucho más que bien. Al menos por fuera. Estaba claramente indecisa y nerviosa, pero
aquel precioso cabello colgaba ahora sobre sus hombros y bajaba por su espalda. Gatlin estaba
bastante seguro de que no llevaba nada debajo de la camiseta, pero los gruesos rizos se
extendían por su frente, creando una cortina sobre su pecho.
- ¿De dónde vienes tú y tu hermana? - preguntó Ledger. Él también había girado su cuerpo para
mirarla, aunque parecía dispuesto a abalanzarse. Tenía la mano apretada contra el muslo. Se
sentía impaciente. Gatlin podía leer fácilmente las señales.
-Al este de la ciudad. Vivíamos fuera de la red hasta hace dos semanas. -
Jay se aclaró la garganta. -Sus padres fueron asesinados, y las dos vinieron a buscarnos. -
Gatlin levantó las cejas. - ¿Oh? ¿Cómo supieron de nosotros? -
-Mi madre era amiga de Julie Imes, su comadrona. -
Gatlin asintió. - ¿Cuándo viste a Julie por última vez? - Ella nunca había mencionado a esta mujer.
-Nunca la conocí. Se suponía que iba a ser la comadrona en mi nacimiento, pero mandó a mis
padres a esconderse antes. -
-Espera...- Ledger interrumpió. - ¿Has estado viviendo fuera de la red durante toda tu vida? -
Ella asintió.
Nile se aclaró la garganta. - ¿Qué edad tienes? -
Gatlin se preguntaba lo mismo. Por favor, dime que tiene más de dieciocho años.
-Veintiuno. -
Un audible suspiro de alivio salió de los labios de cada uno, aunque era innecesario. Jay nunca
habría tocado a una mujer que no tuviera la edad suficiente.
Ella soltó el agarre que tenía en su regazo y se pasó los dedos por el pelo, echándoselo por
encima de los hombros. Sus brazos levantados, le levantaron los pechos, y cuando apartó los
mechones de pelo, Gatlin fue agraciado con la tenue insinuación de unos pechos altos y firmes, ni
grandes ni pequeños. No llevaba sujetador. Sus pezones rozaron la parte delantera de la camisa,
llamando su atención.
No queriendo parecer el pervertido que estaba sintiéndose, forzó su mirada de nuevo a su cara. 42
Layla se dio la vuelta desde donde había estado hablando con Ariel cuando oyó que alguien
descendía. Se alegró y se sintió aliviada al ver que Jay se acercaba a ellas. Tenía el ceño fruncido
y no parecía contento.
- ¿Es hora de irnos? - preguntó Layla, sus palabras casi la ahogaron. Ella conocía el plan. Ella y
Ariel se irían con esos tres desconocidos mientras Jay se quedaría aquí para hacer su trabajo de
recibir a los recién llegados a la cabaña. Se lo había explicado antes. No se podía evitar.
Ariel se inclinó y le dio un abrazo a Layla. -Te espero arriba. - Se detuvo al llegar a Jay,
inclinando la cabeza hacia atrás para encontrar su mirada.
Por un momento los dos se miraron fijamente, y a Layla se le secó la boca. El enfrentamiento
entre Ariel y Jay era cómico. Ariel era incluso más baja que Layla. Tenía el pelo rubio y la piel
pálida. Se veía empequeñecida por Jay.
Finalmente, Ariel sorprendió a Layla cuando se abalanzó hacia delante y le dio un abrazo al
hombre, mucho más grande, antes de darse la vuelta para subir corriendo las escaleras y
desaparecer.
Jay se acercó a Layla, tomando sus hombros con las manos y encontrando su mirada. -Tienes que
irte, - afirmó, con voz áspera.
-Esto es muy raro. ¿Cuándo te veré? - Ella puso las manos en las caderas de él, con el corazón
acelerado.
Él deslizó las palmas de las manos hacia arriba para acariciar sus mejillas, con los pulgares
rozándolas. -En unos días, más o menos. No puedo dejar este puesto. Cuando ustedes cinco
lleguen al complejo, Gatlin enviará a alguien para relevarme. Tendré que esperar a mi sustituto
antes de poder unirme a ustedes. -
- ¿Cuánto tiempo, Jay? - volvió a preguntar ella, queriendo un plazo más concreto. La idea de
alejarse de él era casi insoportable. Sólo le había conocido un día, y parte lo había pasado
durmiendo. Se había despertado varias veces y habían hablado de muchas cosas, pero no estaba
preparada para dejarlo.
Sentía que estaba dejando un trozo de su corazón aquí.
Irracional. Además, había otros tres hombres arriba que teóricamente llegarían a significar tanto 47
para ella como lo hacía Jay ahora mismo. Era difícil imaginar eso en este momento, pero tenía que
creer que era cierto.
Por muy loco que sonara en su cabeza, tenía que admitir que se había sentido conectada a todos
ellos cuando habían llegado. No era algo que hubiera considerado antes de conocer a Jay, pero
cuando llegaron sus compañeros, sintió que los conocía. Al menos un poco.
Los tres hombres habían sido amables, precavidos y gentiles con ella. Si eran los compañeros de
Jay y él confiaba en ellos, ella también debía hacerlo.
Se lamió los labios, haciéndola desear sentirlos contra los suyos de nuevo. -Se necesitan casi
veinticuatro horas para llegar a la carretera principal. Una furgoneta los recogerá y los llevará el
resto del camino. -
- ¿Pasaremos directamente? - preguntó ella.
-Normalmente, no. Es una larga caminata. Lo harías en dos días. Pero si tú y Ariel consiguen
mantenerse en movimiento, no tendrán que parar demasiado a menudo. Sin embargo, no se
esfuercen. Descansen a menudo. -
Ella asintió. -Llevamos dos semanas caminando, Jay. Un día más no nos matará.-
Apoyó su frente contra la de ella. -Tres, quizá cuatro, días, cariño. -
Una lágrima se deslizó por su mejilla al oír el cariño. Él la apartó con el pulgar.
Ella lo rodeó con los brazos y se puso de puntillas para besarlo.
Él bajó la cara para encontrarse con la suya y sus labios chocaron en un beso mucho más
desesperado que el que habían compartido antes.
Cuando las manos de él se deslizaron por su espalda y sus pulgares pasaron por debajo de sus
brazos, rozando los lados de sus pechos, ella gimió.
La abrazó con más fuerza, inclinando la cabeza hacia un lado, profundizando el beso. Una maraña
de lenguas, labios y suspiros.
Ella jadeaba cuando él soltó su boca.
Su frente volvió a estar sobre la de ella, su mirada sobre la de ella. -Tres días, - insistió ella. -Ni
una hora más. Prométeme. - Odiaba suplicar, pero tres días le parecían de repente toda una vida.
Él asintió. -De acuerdo, cariño. - La abrazó más fuerte. -Escucha...-
Cuando él no continuó, ella se inclinó hacia atrás para encontrar su mirada. -¿Qué? Habla 48
conmigo. -
-No...- tragó con fuerza. -No me esperes. -
Ella se estremeció. - ¿Qué quieres decir? -
Él suspiró. -Quiero decir que Gatlin, Ledger, Nile y yo... Somos una unidad, cariño. Déjales entrar.
Deja que te conozcan a ti también. Los cuatro no estaremos siempre contigo, pero al menos uno de
nosotros lo estará. Quiero que tengas relaciones individuales con todos nosotros. A veces
pasaremos tiempo juntos como una unidad familiar, pero la mayoría de las veces sólo estaremos
algunos de nosotros. No hay lugar para los celos o la competencia. Cuando estás con uno, dos o
tres de nosotros, vive la vida al máximo. Al final, todo se equilibra. -
Ella le miró fijamente a los ojos. Era difícil interiorizar lo que él estaba insinuando. Le estaba
dando permiso para que dejara que las relaciones con sus otras parejas se desarrollaran en su
ausencia. Lo que más la asustaba era que en tres días conocería a esos tres desconocidos
virtuales incluso mejor de lo que conocía a Jay ahora mismo. Le había conocido un puñado de
horas. Dentro de tres días, ¿qué sentía por él?
Se estremeció.
Sonrió, aunque fue ligeramente forzada. Puede que no tuvieran intención de permitir los celos
entre el grupo, pero ahora mismo ella podía ver que Jay estaba sintiendo cada pizca de la envidia
que había bromeado con sus compañeros sentirían cuando llegaran a conocerla.
Le acarició la espalda con las manos. -Prométeme que les darás una oportunidad. -
Ella asintió, con lágrimas en los ojos. -Lo haré. -
-Cada uno se turnará para pasar tiempo contigo. Así es como funcionamos. No te sientas rara. -
Ella sonrió. -Jay, todo lo que ha pasado desde que te conocí ha sido raro. Me temo que mi medidor
de rareza está al máximo. - Ella deslizó sus manos hacia su pecho y acarició sus firmes
pectorales. -Pero lo haré. Por ti. Por nosotros. Por el grupo colectivo. - Lo que ella sabía era que
tenía poderosos sentimientos por Jay. Si su atracción hacia él era racional o no, existía.
El mundo que existía antes del apocalipsis había desaparecido. En su lugar había una tierra en la
que Layla necesitaba vivir cada día como si pudiera ser el último. Por muy seguro que fuera el
recinto al que la llevaban, el planeta ya no era tan seguro. A menudo las vidas corrían peligro.
Ahora no era el momento de discutir sobre las normas del pasado. El hecho era que los hombres
superaban en número a las mujeres en este nuevo universo.
Independientemente de dónde viviera cada uno o de cuáles fueran sus creencias antes de que las 49
mujeres dejaran de dar a luz el mismo número de bebés masculinos y femeninos, las relaciones
de pareja eran, por diseño, cosa del pasado.
No importaba dónde aterrizara Layla, estaría rodeada de relaciones poliamorosas. Había pasado
toda su vida escondiéndose para no verse obligada a mantener una relación con alguien o varias
personas por las que no sintiera nada. Pero eso no significaba que no pudiera o debiera formar
una unidad familiar con varios hombres que quisiera.
Los Wanderers creían en el libre albedrío y en las elecciones. Trataban a las mujeres como
iguales. Según Jay, en su sociedad existían todo tipo de unidades familiares. La mayoría eran
polígamos, pero todos eran por elección. Nadie la obligaría a ella ni a ninguna otra mujer a hacer
algo que no consintieran.
Layla no esperaba que las cosas se resolvieran así tan rápido, antes de que ella y Ariel llegaran a
su destino, pero su objetivo era ponerlas a salvo. Parecía que eso estaba a punto de suceder.
Enamorarse de Jay había sido la guinda del pastel. Aprender a aceptar su forma de vida era algo
a lo que ella daría cada gramo de su energía porque, en su interior, sentía que estaba tomando la
decisión correcta.
La besó de nuevo, no tan largo ni tan profundo como antes, pero con la misma cantidad de pasión.
-Cuídate, - murmuró contra sus labios.
-Lo haré. -
-Te veré en unos días. -
-Tres, Jay, - insistió ella. Ella no iba a frenar su intento de llegar al recinto lo más rápido posible
para que alguien pudiera volver a relevar a Jay. Ella sabía que Ariel tampoco lo haría.
Sonrió. -Qué mandona. -
Ella sonrió y lo besó de nuevo. -Mmm. Será mejor que te acostumbres. -
-Oh, tengo toda la intención de hacerlo. - Él la hizo girar y la acompañó hacia las escaleras,
manteniendo sus manos sobre ella mientras subían.
Cuando salieron a la oscura cabaña, encontró a Ariel esperando con las mochilas de ambas,
repletas de provisiones.
Ariel se mordía el labio inferior, con un aspecto a la vez aprensivo y satisfecho. Interesante.
Layla se quedó un poco atónita cuando Jay le dio la vuelta, la estrechó de nuevo contra su pecho y 50
la besó profundamente delante de todos. -Nos vemos pronto,- susurró cuando finalmente la soltó.
Se encogió de hombros dentro de su mochila y siguió a los demás por la puerta, mirando por
encima del hombro, tratando de no dejarse llevar por la emoción. No se trataba de una horrible
despedida en la que no volvería a ver al hombre del que se había enamorado con tanto ahínco.
Sólo serían unos días. ¿Por qué le dolía tanto?
Mientras se adentraban en la oscuridad de la noche, con la única luz de la luna, Layla deslizó su
brazo entre los de Ariel y la abrazó con fuerza.
Ariel sonrió con una sonrisa inusual.
- ¿Qué? - preguntó Layla.
- ¿Cómo es que me echo una siesta y me despierto para descubrir que mi hermana tiene cuatro
hombres y yo ninguno? ¿Muy codiciosa? -
Layla se rio. Diablos, los tres hombres también lo hicieron. Apenas sabía cuál de ellos era cada
uno, y sin embargo eran realmente suyos. Si estaba dispuesta a tenerlos.
Seguía pareciendo ridículo, pero ciertamente le gustaban todos, y eran un paquete, así que les
daría una oportunidad.
-Sólo tienes dieciocho años. No te apresures. -
-Como si fueras tan mayor con veintiún años, - señaló Ariel.
-Sigo siendo mayor. Y mucho más sabia, - bromeó Layla.
Gatlin tomó la delantera, mientras Nile caminaba junto a ellas y Ledger detrás.
- ¿Cómo sabes dónde vamos en la oscuridad? - preguntó Ariel.
Nile las miró. -Lo hemos hecho cien veces o más. Podríamos hacerlo con los ojos vendados, por
eso lo hacemos de noche. -
- ¿Y si nos encontramos con animales salvajes? - preguntó Layla, apretando más fuerte el brazo
de Ariel ante la idea.
-Genial. Gracias, - murmuró Ariel en voz baja.
Nile se encogió de hombros. -Es raro en esta zona, y los pocos que podamos encontrar no serán
peligrosos. -
- ¿Podemos hablar? ¿Normalmente, quiero decir? - preguntó Layla, asegurándose de que no 51
corrían ningún riesgo.
-Sí. Yo no gritaría ni chillaría, pero aquí no hay nadie, - dijo Ledger desde atrás. -Una oportunidad
perfecta para conocerse. Que vuelen las preguntas. -
Ariel miró a Layla. -Creo que yo debería hacer la investigación. -
Layla puso los ojos en blanco. -Adelante. Ya he hecho un montón de preguntas mientras dormías
todo el día. -
Ariel se aclaró la garganta. - ¿Recuerdas aquel programa que veíamos con los tres solteros? ¿Ese
en el que la mujer les hacía preguntas y luego elegía a uno para salir? - La voz de Ariel estaba
llena de alegría.
-Sí. - Layla gimió. Podía ver a dónde iba esto.
Ariel soltó una risita. -Bien, entonces en orden alfabético, Gatlin, eres el soltero número uno.
Ledger, eres el número dos. Y Nile, tú eres el tres. -
Los hombres se rieron. Al menos estaban dispuestos a seguir el juego.
-Soltero número uno, - comenzó Ariel, - ¿Qué edad tienes y cuánto tiempo has vivido con Los
Wanderers? -
Gatlin miró por encima del hombro. -Tengo veintisiete años, y mis padres trasladaron a nuestra
familia a vivir al complejo hace quince años, cuando yo tenía doce. Tengo una hermana menor,
Brea. -
-Soltero número dos, la misma pregunta, - afirmó Ariel con su mejor voz de presentadora de
programa de entrevistas.
Ledger se rio detrás de ellos. -Tengo veintiocho años. Mi familia se mudó al complejo al mismo
tiempo que la de Gatlin. Somos amigos desde la infancia. También tengo una hermana menor. Se
llama Liana. -
Nile miró a las mujeres de reojo. -Supongo que soy el siguiente. Mis padres desaparecieron hace
ocho años, cuando yo tenía diecisiete. Quede solo con mis dos hermanas menores, Kesia y Zelia,
durante unas semanas antes de que empacáramos lo que podíamos llevar y nos dirigiéramos al
lugar donde nos habían dicho que podíamos hacer una conexión con Los Wanderers. -
-Vaya. Llevabas mucho tiempo viviendo allí, - señaló Ariel, aunque algo de esto también era nuevo
para Layla.
Gatlin les devolvió la mirada. -Como Jay no está aquí para hablar por sí mismo, lo haré por él. 52
Dejó a su familia en el este y vino a unirse a Los Wanderers hace doce años, cuando cumplió
dieciocho. Es el mayor de nuestro grupo. Cuando llegó al complejo, mis padres lo tomaron bajo su
ala y rápidamente se convirtió en un amigo íntimo de Ledger y mío. -
-Supongo que entonces no es tan raro que Layla y yo hayamos vivido toda nuestra vida fuera de la
red, - señaló Ariel.
Nile asintió. -No, pero parece que estaban solas con muy poca interacción con el exterior,
mientras que en el complejo hay tanta gente que casi no tenemos privacidad. Vivimos muy juntos.
Somos como una cooperativa. Compartimos todo el trabajo, cada adulto tiene asignado un trabajo
dentro del grupo. -
Ledger volvió a hablar desde atrás. -Es una máquina bien engrasada la mayor parte del tiempo.
Muchos de nuestro grupo permanecen a tiempo completo en el recinto principal o en una de las
ramificaciones, mientras que otros pasamos mucho tiempo en el mundo ayudando a traer a otras
personas al redil, cosechando cultivos o buscando comida. -
-Haces que suene como una secta, - afirmó Ariel.
-Más bien parece una comuna. No se obliga a nadie a unirse y funcionamos como una democracia.
Tenemos líderes elegidos y reglas. No hay tolerancia para la intolerancia, así que somos un grupo
diverso que representa todos los colores, religiones y orientaciones sexuales. No juzgues. Sé
amable. Vive y deja vivir. -
-Me gusta, - afirmó Ariel. -Ahora, veamos qué otras preguntas puedo hacer... Soltero número uno,
¿cuánto tiempo llevan viviendo los cuatro como una unidad familiar? -
A Layla le gustaba este juego. La estaba informando tanto como a Ariel.
Gatlin respondió: -Jay, Ledger y yo nos mudamos juntos cuando cumplí dieciocho años. Nile no
llegó al complejo hasta un año después, y un año después, cuando cumplió los dieciocho, se unió a
nuestra unidad familiar. -
-Interesante... Soltero número dos, ¿cuántas mujeres han compartido los cuatro? -
Ledger gimió. - ¿Puedo pasar? -
-No. - Ariel sonrió mientras miraba a Layla. Habían dejado de agarrarse la una a la otra, pero
caminaban muy juntas.
-Un poco. Unas cuantas... Menos de diez, - enmendó.
Ariel se rio. -Eso es muy vago. - 53
Nile le ayudó. -A veces hemos compartido una mujer durante una noche. No a menudo, pero sí
unas cuantas veces. También hemos tenido algunas relaciones más largas que nunca llegaron a
funcionar. -
-De acuerdo. Esa es una respuesta decente. Ahora, el soltero número tres...-
Layla miró a Nile a su lado.
Ariel continuó: - ¿Cómo van a hacerme creer, los cuatro, que están seriamente interesados en mi
hermana y que no están saltando a la oportunidad de echar un polvo con la inocente chica nueva
que no ha sido tocada antes de hoy? -
Layla jadeó. Estaba sorprendida por lo atrevida que estaba resultando Ariel. También estaba un
poco orgullosa y complacida. Sinceramente, llevaba varios días preocupada de que Ariel no
llegara a triunfar en el mundo real, preocupada de que fuera demasiado tímida e incapaz de
asimilarse a la sociedad. Pero la mujer que estaba a su lado era todo menos tímida.
Los tres hombres dejaron de caminar, haciendo que Layla chocara con Gatlin al darse la vuelta.
Su mirada se había desviado hacia Ariel.
Gatlin sostuvo a Layla con su mano en el hombro. Pudo sentir cómo Ledger se acercaba a su lado
mientras su mirada se deslizaba hacia Nile.
Los ojos de Nile se entrecerraron al encontrarse con la mirada de Ariel. -Es una pregunta y una
preocupación razonables. Yo me sentiría igual si estuviera en tu lugar. Todo lo que puedo decir es
que nadie forzará o coaccionará a tu hermana para que haga algo con lo que no esté al cien por
cien. Si lo hiciéramos, nos echarían de Los Wanderers tan rápido que ni siquiera sabríamos qué
nos golpeó en el trasero. -
Nile podía ser el más joven de los cuatro hombres, pero su respuesta era inquebrantable, segura y
totalmente seria. Impresionante.
Continuó: -Obviamente, los tres no conocemos bien a Layla, pero confiamos en Jay, y él está
comprometido. Eso es todo lo que necesitamos saber para convencernos de que debemos poner
toda nuestra energía y atención en conocer mejor a tu hermana. Por el bien de la unidad
familiar.-
- ¿Y si a ella no le gusta uno de ustedes, o viceversa? - preguntó Ariel.
Layla se inclinó hacia su hermana, abrazándola por el brazo, queriéndola mucho mientras lograba
expresar todas las preocupaciones que ya pasaban por la mente de Layla.
-Si uno de los cuatro no sintiera una conexión, dejaríamos la unidad familiar. - 54
Layla se relamió los labios, decidiendo intervenir. -Pero llevan años juntos. -
La mirada de Nile se desvió hacia la de Layla, con una sonrisa cálida. -Sí, pero estamos
incompletos. Somos como cuatro hombres compartiendo un piso de soltero a la espera de conocer
a la mujer adecuada. En el viejo mundo, habríamos encontrado a cuatro mujeres por separado, en
teoría. Pero en este nuevo mundo, tenemos que compartir. Ella se convertirá en el centro de
nuestro universo. Si uno de nosotros no la ve con los mismos ojos, ese compañero se retira.
Sucede entre nuestra gente. -
Layla no dejó de mirar a Nile mientras hablaba. Le encantaba que fuera tan franco y directo. Era
lo que ella necesitaba. Ya se imaginaba que era el más serio de los cuatro. Él no había vacilado ni
un segundo ante el interrogatorio tan contundente.
Extendió la mano y acarició un mechón de pelo de Layla desde cerca de su oreja hasta el final. -
No puedo imaginar lo extraño que debe ser todo esto para ti. Me duele el corazón al pensar en lo
nerviosa y asustada que estás. - Miró a Ariel. -Las dos. -
Un nudo se formó en la garganta de Layla, las emociones afloraron.
Nile continuó. -Les prometo que nadie se va a abalanzar sobre ustedes. Queremos que estén
seguras de sus decisiones. Cuando lleguemos al recinto, una de nuestras familias las acogerá y
les ayudará a instalarse. A los dos. Siempre será su elección dónde elijan dormir y con quién
pasen su tiempo. Esa es la razón de ser de Los Wanderers. -
Layla asintió.
Ariel sonrió. -Buena respuesta. - Se volvió hacia Layla. -Me temo que será muy difícil elegir entre
los tres solteros. Tendrás que hacer un interrogatorio más exhaustivo. -
Todos se rieron.
CAPÍTULO 8 55
Nile no había exagerado. Le dolía el corazón por las dos mujeres, pero especialmente por la que
ya sentía apego. Claro que uno de ellos podría desistir, pero era poco probable. Las posibilidades
de que tres de ellos adorasen a una mujer y uno no estuviese de acuerdo eran escasas. Al menos
en su familia.
Antes de que nadie rompiera el silencio, Nile buscó la mano de Layla. - ¿Caminas conmigo? -
Ella asintió y le dio un abrazo a su hermana antes de entrar en el espacio de Nile.
Ledger puso una mano en la espalda de Ariel, y los dos siguieron detrás de Gatlin mientras
reanudaban la marcha. Ledger sonrió. -Puedes seguir dándome la brasa. Estoy dispuesto a ello. -
Nile observó por un momento cómo los demás seguían caminando, queriendo que hubiera algo de
espacio entre ellos para poder hablar con Layla a solas. No ignoraba que cada uno de ellos
querría pasar tiempo con ella. Lo necesitaban. Pero él había reclamado esta primera etapa del
viaje.
Levantando la mano de ella, unió sus dedos, observando su conexión a la luz de la luna. Su piel
era pálida al lado de la de ella, pero joder, su mano era pequeña. - ¿Te pone nerviosa que te tome
la mano? - le preguntó.
-No, - susurró ella. -Probablemente lo habría hecho hace un día, pero... hace un día fue una vida. -
Le levantó la mano y le pasó los nudillos por la mejilla. -Lo fue. - Señaló con la cabeza hacia los
demás antes de empezar a caminar. -No quiero separarme demasiado de ellos. -
Layla estaba temblando. No le sorprendió.
- ¿Tienes una chaqueta o sudadera en tu mochila? Hace frío por la noche. -
Ella se estremeció. -Sí. - Se detuvo lo suficiente para ayudarla a sacar la mochila, dejarla en el
suelo y sacar una sudadera.
Se la quitó y se la puso por encima de la cabeza, ayudándola a ponérsela antes de coger la
mochila y ponérsela de nuevo a la espalda. - ¿Estás mejor? -
-Gracias. -
Ella dejó que él volviera a enhebrar sus dedos. -Háblame de dónde creciste. -
Se relamió los labios carnosos. -Era una simple cabaña de dos habitaciones. Cultivábamos la 56
mayor parte de lo que comíamos, algo que no es difícil de imaginar ya que mis padres eran
botánicos antes de abandonar la sociedad. Habían sido profesores universitarios. -
-Vaya, gente súper inteligente. -
-Sí. Sinceramente, nuestras vidas eran bastante normales y despreocupadas. Mamá y papá no nos
hablaron del peligro que corríamos hasta que tuvimos la edad suficiente para comprender la
situación. Mi padre se aseguró de que supiéramos cómo defendernos y nos enseñó a usar un
arma. -
-Tus padres parecen personas increíbles. -
Ella moqueó y se limpió unas lágrimas con la mano libre. -Lo eran. Todavía no puedo creer que se
hayan ido. No puedo creer que Ariel y yo hayamos caminado durante dos semanas. No puedo creer
que Maya nos encontrara y nos salvara. No estoy segura de cuánto habríamos durado intentando
movernos por la noche. Nos estábamos quedando sin comida y sin esperanza. -
-Maya es increíble. Ha traído personalmente a cientos de personas al redil. - No pudo resistirse a
levantar su mano para acariciar su mejilla de nuevo. De los cuatro hombres de su unidad familiar,
él era el que solía ir bien afeitado. Jay solía llevar el pelo y la barba bien recortados. Gatlin tenía
la barba más larga, aunque se la recortaba a menudo. Ledger era poco constante y perezoso a la
hora de afeitarse, siendo su norma una sombra de dos días.
-Nos sentimos muy aliviadas y agradecidas. - Layla le lanzó una sonrisa burlona, con los ojos
bailando. -Yo creo. No me di cuenta de que ser salvada significaría ser reclamada inmediatamente
por cuatro hombres. -
Nile dejó de caminar se giró hacia ella y le acarició la mejilla. -Quise decir lo que le dije a tu
hermana. Nunca serán presionadas. De ninguna manera. Cuando lleguemos, eres libre de
quedarte con las familias de Gatlin o Ledger si te hace sentir más cómoda. -
-Sin embargo, eso no es lo que quieren. -
-No. Pero no porque tengamos la intención de agruparnos y presionarte. Sólo porque vamos a
querer pasar todo el tiempo que podamos contigo. -
- ¿Cómo funciona? - volvió a lamerse los labios. -Quiero decir, cómo...- Ella se estremeció.
Él sonrió, esperando calmarla mientras seguían caminando. Mantuvo a Ledger y Ariel a la vista en
todo momento, manteniendo sólo la distancia suficiente para tener algo de privacidad. -La unidad
de vivienda principal está en gran parte bajo tierra. Cada unidad familiar vive en su propio
apartamento que consta de una sala familiar, dormitorios y un baño. Es un lugar estrecho, pero 57
tenemos cierto nivel de privacidad al tener cada uno su propio dormitorio. -
-Y.…-
Le apretó la mano. -Todavía no he respondido a tu pregunta. Estoy llegando a eso. - Maldita sea,
esto es difícil. Nunca había tenido que explicar su estilo de vida a un total desconocido. Casi deseó
que otra persona hubiera ido primero. Casi, pero no del todo.
Ella ya le gustaba. Era inteligente y curiosa. Por no mencionar que era preciosa.
No lo arruines. -Cada familia es diferente, y resolvemos la logística juntos para asegurarnos de
que todos estén contentos, pero no hemos compartido históricamente a una mujer al mismo
tiempo. - Exhaló un suspiro, esperando que ella captara la idea.
-Te pone nervioso hablar de eso, - señaló ella.
-Mucho, - admitió él.
-Entonces, lo que estás diciendo es que cada uno me follaría en una noche diferente de la
semana. -
Él la miró, sudando la gota gorda. -No quiero decir que habría un horario tan estricto. No estamos
todos en casa a la misma hora. Tenemos trabajos que hacer, a menudo fuera del recinto. Vamos y
venimos. -
Continuaron en silencio durante un rato.
-Di algo, - la animó él.
Ella suspiró. -Es que nunca he tenido sexo ni siquiera con un hombre, y todo lo que entiendo de
relaciones viene de ver viejas comedias en la televisión. La idea de ser compartida es...
abrumadora. Estás insinuando que cada uno de ustedes sólo me vera una o dos noches a la
semana mientras se espera que yo...- Ella no terminó su pensamiento.
Estaba avergonzada, y él podía entenderlo. Diablos, a estas alturas, él también estaba bastante
avergonzado.
Dejó de caminar de nuevo, soltando la mano de ella para poner las dos suyas en sus caderas. -No
se espera que hagas nada que no quieras, Layla. Nunca. Si decides unirte a nosotros, siempre
serás la persona más importante de la casa. Haremos todo lo posible para asegurarnos de que
seas feliz. -
-No puedo decidir si debería sentirme halagada por el hecho de que cuatro hombres compitan por 58
mi atención o sentirme como una zorra de la que se espera que tenga sexo dos veces al día con
tantos hombres que no puedo tenerlos todos juntos. -
Ella estaba siendo honesta, y él lo respetaba. -Déjame hacer una sugerencia. -
-De acuerdo. -
-Deja de pensar en el sexo y concéntrate en si te gustamos o no, o si hay química con nosotros. Al
final, eso es lo único que importa. No somos imbéciles. Los Wanderers simplemente están creando
una nueva normalidad, recreando cómo son las unidades familiares bajo circunstancias que
escapan a nuestro control. Las mujeres de nuestra sociedad no están obligadas a formar
relaciones con nadie. Demonios, algunas viven con parejas femeninas. Algunas mujeres se
enamoran de un solo hombre. -
-Pero es raro porque no es factible. -
Se encogió de hombros. -A ti te parece más descabellado que a nosotros porque has vivido en un
hogar biparental con poca influencia externa. La mayoría de nosotros éramos bastante jóvenes
cuando nos unimos a Los Wanderers y cambiamos nuestra forma de pensar. Es lo que
conocemos.-
Puso las manos en sus bíceps y los frotó de arriba abajo. -Bésame. -
Los ojos de él se abrieron de par en par, sorprendidos. - ¿Quieres que te bese? -
Si no se equivocaba, ella se sonrojó. - ¿Es demasiado raro? -
Sacudió la cabeza, tratando de tragar sobre sus nervios. -No. Sólo... inesperado. –
- ¿Cómo voy a tomar una decisión informada sobre si tenemos o no química si no los beso a
todos?-
Nile le dedicó una sonrisa lenta y se acercó. - ¿Estás segura? -
- ¿Quieres que me haga de rogar? -
-No. Eso es más del estilo de Ledger. Siempre me desviviré para asegurarme de que obtienes
exactamente lo que quieres y necesitas. -
Sus ojos se desorbitaron. - ¿Y Ledger no lo hará? -
Nile negó con la cabeza, deseando no haber dicho ni una palabra sobre Ledger. Este era el
momento de Nile. Su compañero más dominante no tenía lugar aquí. -Olvida que he mencionado a
nadie más. - Nile deslizó sus manos por el cuerpo de ella y ahuecó su cara. - ¿Puedo? -
-Por favor, - susurró ella. 59
Inclinó la cabeza hacia un lado y cerró la distancia, cerrando los ojos mientras aspiraba su aroma
y dejaba que sus labios rozaran los de ella. Suave. Suave. Lento.
Sus labios se separaron para él y él deslizó su lengua por el labio superior hasta que ella se
estremeció. No tuvo tiempo de darle más que una probada porque tenían que seguir avanzando,
pero quería asegurarse de que ella supiera lo que sentía, y lo que sentía era mucho más intenso
de lo que había esperado.
Nile se había mostrado escéptico ante este acuerdo cuando vio por primera vez a Layla durmiendo
con la cabeza en el regazo de Jay. Le preocupaba que su corazón ya perteneciera a Jay y que
fuera difícil romper sus muros. Pero Layla se inclinó hacia él, dando tanto como recibía. Estaba
indecisa por la falta de experiencia, pero dulce como un helado en una tarde calurosa.
-Mmm, -gimió cuando él se soltó de sus labios y se encontró con su mirada.
-Me estás matando, cariño. - Le cogió la mano y le dio un tirón. -Tenemos que ponernos al día. -
Aunque lo último que quería hacer era alcanzar a alguien en cualquier lugar, pero lo necesitaban
por seguridad. Era raro que se encontraran con algún humano o animal en este camino hacia su
recinto, pero podía ocurrir. Sería una tontería bajar la guardia.
- ¿Pasé? - bromeó ella mientras se apresuraba a su lado, inclinándose hacia él.
Él le apretó la mano y se la llevó a los labios de nuevo. - ¿Lo hice? - le respondió él.
-Bueno, mis únicos otros besos pertenecían a Jay, así que no tengo mucho que comparar, -
bromeó ella.
Él gimió. - ¿Qué tal si nos juzgas a cada uno por nuestro propio mérito y no comparas? -
-Me parece una buena idea. - Ella tiró de su mano y aceleró el paso hasta casi trotar. -Vamos. -
CAPÍTULO 9 60
Llámenla loca, pero Layla sentía la necesidad de romper el hielo de forma generalizada y quitarse
de encima todos los besos. Parecía que cada uno de ellos iba a andar con pies de plomo hasta que
la hubiera besado, como si fuera de vital importancia para toda su existencia.
Y en cierto modo lo era.
Nile parecía confundido cuando alcanzaron a los demás. No podía culparlo. Era la cosa más
salvaje que había hecho nunca. Ella soltó su mano cuando todos se dieron la vuelta, haciendo una
pausa.
Se acercó a Gatlin y deslizó las manos por sus bíceps, algo sorprendida al descubrir lo sólido que
era. -Bésame, - exigió mientras se ponía de puntillas.
Los ojos de él se abrieron de par en par por la sorpresa, pero no apartó la mirada. -De acuerdo...-
No le dio tiempo a pensar. Puso sus labios sobre los de él.
Las manos de Gatlin se acercaron a sus caderas, su agarre era firme, sus dedos se extendían por
su trasero.
Hacía doce horas, no tenía ni idea de cómo sería besar a alguien, y ahora estaba triplicando su
número total de parejas. Tal vez fuera una imprudencia y una ingenuidad por su parte, pero quería
saltar este obstáculo. A la larga, sería importante.
No necesitaba conocer todos los detalles de esos hombres para saber si tenían química. Sólo
necesitaba sentir su poder, saborearlos, mirarlos a los ojos.
Gatlin dudó por un momento, pero finalmente inclinó la cabeza hacia un lado y la besó como si
fuera en serio. Como ella había visto en la televisión. Maldita sea, era bueno en esto.
La cabeza le daba vueltas cuando se obligó a soltarlo y a dar un paso atrás. Se aferró a sus bíceps
para no balancearse. -Gracias, - murmuró.
Él sonrió. -Cuando quieras. -
Ella lo soltó, le dio una palmadita en el pecho y se volvió hacia Ledger.
Ledger extendió la mano y la atrajo hacia sus brazos. No dudó en deslizar las palmas de las
manos por su espalda y abrazarla por completo. - ¿Has dejado lo mejor para el final? - bromeó.
Ella se sonrojó, aun tratando de encontrar sus neuronas por los dos besos anteriores.
Ledger no se dirigió a sus labios. Puso su boca en el cuello de ella y mordisqueó un camino hacia 61
su oreja.
Ella se estremeció cuando su cálido aliento golpeó el lóbulo de su oreja, y entonces él susurró: -
¿Estás segura de que quieres que te bese? -
Ella asintió contra él, incapaz de hablar. Tres personas, incluida su hermana, estaban mirando, y a
ella no le importaba.
-Si seguimos siendo concursantes de un concurso, estoy a punto de ganar, - murmuró él.
Oyó vagamente a los otros dos hombres gemir. Estaba bastante segura de que Ariel soltó una
risita.
Jadeó cuando una de las manos de él se deslizó hasta su trasero, apretando sus cuerpos con
fuerza.
Sus labios continuaron mordisqueando su oreja. - ¿Alguien te advirtió que soy un poco
dominante?-
Ella negó con la cabeza. Eso debía de ser lo que Nile intentaba decir, pero ella no lo había
entendido. Todavía no entendía del todo lo que quería decir, pero la forma en que la abrazaba, la
manera en que sus manos recorrían cada centímetro de ella, la forma en que la consumía... Todo
eso le daba una idea bastante clara de lo que podía esperar de Ledger.
Estaba jadeando cuando él finalmente le besó un camino desde la oreja hasta la boca, y sus labios
se separaron antes de que él llegara a su destino.
Le besó la comisura de los labios, burlándose de ella sin piedad. - ¿Es esto lo que quieres,
princesa? -
-Mm-hmm. -
Ledger se inclinó hacia atrás un centímetro, sólo su cara en realidad. Sus cuerpos seguían
totalmente alineados. Se encontró con su mirada. La buscó. Era intensa, y sus rodillas se habrían
doblado si él no la hubiera mantenido erguida.
Mientras él la miraba fijamente, ella finalmente comprendió las palabras de Nile. -Ledger, -
suplicó sin poder contenerse.
Él no dudó ni un instante más. La besó como si el mundo fuera a acabarse en cualquier momento y
no fueran a tener otra oportunidad. La consumió.
También hizo que el resto de su cuerpo cobrara vida. Sus pezones eran puntos duros y su clítoris 62
estaba hinchado, haciéndola sentir inquieta.
Parecía una eternidad antes de que él liberara sus labios. Sólo sus labios. No su cuerpo.
-Que manera de hacernos quedar mal a todos, Ledger, - declaró Gatlin.
-Te dije que te haría rogar, - señaló Nile.
- ¿Alguien puede explicar por qué mi hermana tiene cuatro hombres hoy y yo ninguno? - se quejó
Ariel.
Ledger sostuvo la mirada de Layla a través de sus burlas. Su sonrisa era contagiosa. -
¿Contenta?-
Ella asintió.
-Bien. - Le dio un apretón en el trasero y la soltó, tomando su mano entre las suyas. -Me toca
tomar tu mano. Vamos a movernos. -
Layla se quedó sin palabras mientras encontraba la manera de poner un pie delante del otro y
dejar que Ledger la guiara a través de la oscura noche hacia su destino.
Durante un buen rato, él la dejó a solas con sus pensamientos, cosa que ella agradeció. La había
dejado boquiabierta, eso era seguro. Pero Nile volvía a tener razón; no era que pudiera comparar
sus besos. Cada uno tenía su propio estilo. Ninguno mejor que el otro.
Comparar y elegir nunca había sido su objetivo. Su objetivo había sido ver si tenían química, y la
respuesta era sí.
Parecía un obstáculo importante. Al menos para ella. Puede que no supiera quién demonios era de
repente, pero algunas de sus preocupaciones se aliviaron.
Al mismo tiempo, aprendió algo más. Los hombres no tenían celos ni animosidad. Eso era
importante para ella. Los otros dos habían bromeado sobre el aparente dominio de Ledger, pero
sólo habían bromeado.
Pasó la siguiente hora o más con Ledger, aprendiendo todo lo que podía sobre él. Él prestaba
constantemente atención a su entorno, guiándola alrededor de las rocas o por encima de los
tocones. Le puso las manos en las caderas y la levantó sobre algo más, un par de veces.
A Ledger le gustaba tenerla cerca, aunque hasta ahora todos lo habían hecho cuando habían
estado cerca de ella. Eran protectores, amables, observadores y divertidos.
Sí, eran divertidos. Todos ellos. Podía decir que podían ser serios cuando la vida lo requería, pero 63
también podían ser joviales y tontos cuando era apropiado.
Debería haber sido incómodo que Ariel estuviera en este extraño viaje. Pero Layla se alegró. La
presencia de su hermana significaba que luego podría chocar con ella y hacer un buen chequeo
de salud mental. Ariel le diría a Layla si todo esto era ridículo. Sería sincera.
Cuando Ledger pasó a Layla a Gatlin, todos cambiaron de posición. Nadie dejaba a Ariel sin
vigilancia. La mantenían tan segura como a Layla, sin necesidad de agarrarla de la mano.
Gatlin cogió la mano de Layla como lo habían hecho los demás, pero ella se dio cuenta de que a él
le gustaba poner la palma de la mano en su cadera, manteniéndola cerca de su cuerpo. Le
gustaba hablarle con la boca a un palmo de la suya. Y la besaba a menudo entre frase y frase, lo
suficiente como para hacerla sentir la misma conexión creciente que tenía con cada uno de ellos.
Después de unas horas, Ariel parecía agotada y las piernas de Layla estaban cansadas.
-Hay un pequeño cobertizo más adelante. Pararemos a descansar unas horas, - dijo Gatlin a los
demás.
Cuando llegaron al refugio parcial, Layla se dejó caer sobre su trasero con un gemido. Nile se
sentó a su lado y la animó a tumbarse y descansar, con la cabeza sobre su regazo. Ariel apoyó la
mejilla en su mochila y cerró los ojos. -Una siesta..., - murmuró. -Te prometo que estaré bien
después de una siesta…-
CAPÍTULO 10 64
Aunque Layla sentía que no avanzaban a un ritmo muy rápido, se sorprendió cuando Ledger
anunció que ya casi estaban en el puesto de control donde alguien los recogería.
El sol estaba alto en el cielo. Sólo se habían detenido tres veces durante una hora. Al parecer, eso
era mucho más rápido de lo que solían hacer el camino.
Layla estaba agotada. Ariel se veía como se sentía Layla. Tranquila. Cansada. Las dos se apoyaron
la una en la otra, rodeándose con los brazos. Tenían un vínculo que siempre sería estrecho. Había
estado ahí desde el momento en que Ariel nació, y nunca se rompería.
- ¿Estás bien? - Layla susurró al oído de su hermana mientras esperaban bajo el cuarto cobertizo
a que alguien las recogiera.
Los hombres les daban espacio. Nile estaba hablando por el walkie-talkie con alguien del
complejo. Gatlin había subido a un punto más alto para mirar a su alrededor con prismáticos.
Ledger montaba guardia, vigilando a medias a las mujeres mientras les dejaba espacio.
Ariel se encontró con la mirada de Layla. -Todo está a punto de cambiar. -
Layla acarició el pelo de su hermana. -Todo cambió hace dos semanas, - señaló.
-Sí, pero seguimos juntas. Cuando lleguemos, nos separaremos. -
-Nunca nos separaremos, Ariel, - prometió Layla.
Ariel tragó saliva. -Vas a empezar una vida con estos hombres. Yo estaré... con Dios sabe quién. -
Layla abrazó a su hermana con fuerza. -No haré nada que te haga sentir incómoda o sola. Lo
prometo. -
Ariel le dedicó una sonrisa ladeada. -Verte besar a cuatro hombres es el alcance de mi
voyeurismo. No me acercaré a ti cuando la ropa empiece a salir. -
Layla se sonrojó y miró a Ledger, preguntándose si estaría lo suficientemente lejos como para no
oírla. Susurró. -No estoy segura de estar preparada para eso. -
-Mmm. Lo estarás. -
- ¿Cómo puedes estar tan segura? - Layla no se sentía ni la mitad de segura de lo que Ariel
parecía creer.
-Al principio estaba preocupada, pero he visto cómo te miran todos, incluido Jay. Ya te adoran. No 65
te van a perder de vista. Y no puedo culparlos. -
-Entonces, ¿no crees que he perdido la cabeza? -
Ella negó con la cabeza. -No. Ya no. Sólo... ten cuidado. Asegúrate de no sentirte coaccionada a
hacer nada para lo que no estés preparada. - Ariel apretó la mano de Layla. -Pero eres fuerte,
Lay. Siempre has sido más fuerte que yo. No quiero que pases tanto tiempo preocupada por mí que
dejes que el amor se te escape de las manos. Si te sientes bien con ellos, agárralos y hazlo tuyos.
Es lo que mamá y papá habrían querido. -
A Layla se le atragantó la mención de sus padres. Se aguantó las lágrimas amenazantes y
simplemente se aferró a Ariel, sin soltarla.
Unos minutos más tarde, oyeron el motor de un coche en la distancia, y pronto una vieja furgoneta
se detuvo junto a ellos.
Gatlin bajó corriendo de su puesto de vigilancia y los cinco se apresuraron a entrar a la furgoneta.
En cuestión de segundos, todos estaban sentados y el conductor se puso en marcha. - ¿Viste algo
sospechoso? - preguntó mientras volvía por donde había venido.
-No. Nada, - le informó Nile.
-Llegas un día antes de lo que esperábamos, - señaló el hombre, agarrando el volante y mirando
por todos los espejos con frecuencia. Desplazó su mirada hacia Layla y Ariel sólo brevemente,
asintiendo para reconocerlas.
Layla comprendió que aquel hombre no estaba siendo grosero. Simplemente estaba haciendo su
trabajo, y su trabajo era ponerlas a salvo.
-Hicimos buen tiempo, - dijo Gatlin. -Sólo nos detuvimos unas horas en total en la noche. -
- ¿Por qué tanta prisa? Deben estar agotados, - afirmó el hombre.
Ledger estaba sentado junto a Layla, con su brazo alrededor de sus hombros. Le cogió la mano y
se la llevó a los labios. -Conexión inesperada. -
La expresión seria del rostro del conductor se suavizó hasta convertirse en una sonrisa. - ¿Sí? -
Miró a los otros hombres. -Bueno, que me jodan. - Hizo una mueca. -Lo siento, señoras. -
Ariel se rio. -No te preocupes. Nuestro vocabulario aumenta cada día. -
El tipo sonrió, sus dientes blancos y perfectamente rectos brillaron mientras miraba a Ariel. Era 66
un tipo guapo. Pelo castaño. Ojos marrones. Hombros anchos. - ¿De dónde vienes que no conoces
las palabras de cinco letras? -
-Fuera de la red, - le informó Ariel.
Él la miró de nuevo, esta vez con detenimiento. - ¿Cuánto tiempo llevas fuera de la red? -
-Dieciocho años, - respondió Ariel.
Él frunció el ceño. - ¿Cuántos años tienes? -
-Dieciocho. - Sonrió. Si Layla no se equivocaba, se estaba sonrojando.
El hombre tragó saliva y volvió a mirar al frente, con los dedos apretando el volante. Su expresión
se endureció.
Ledger habló para romper el silencio. -Stu, ellas son Layla y Ariel. -
-Encantada de conocerte, Stu, - dijo Layla. -Gracias por recogernos. -
-Cuando quieras. Es mi trabajo. - Le dio una sonrisa, pero no llegó a sus ojos como la que le había
dado a Ariel antes. Antes de saber que ella tenía dieciocho años. Layla sospechaba que eso no le
sentaba bien, y a juzgar por la mirada de Ariel, que paso de coqueta y divertida a frustrada y
enfadada, probablemente era bueno que Stu pensara que dieciocho años era ser un poco joven.
Una cosa era que Layla empezara a besar hombres a diestro y siniestro. Ariel apenas era una
adulta. Ariel probablemente le diría a Layla que se tirara a un lago si insinuara que Ariel era
demasiado joven para saber lo que pensaba, así que no había ninguna posibilidad de que Layla
dijera una palabra de su preocupación.
Sin embargo, estaba preocupada. Estaban a punto de entrar en un mundo completamente nuevo y,
aunque apenas empezaba a comprender la dinámica de Los Wanderers, una cosa era cierta: en su
nuevo mundo había muchos más hombres que mujeres, y sólo había una forma de hacer que ese
tipo de porcentajes favorecieran a todos los vivos.
Al final, Layla iba a tener que aceptar que Ariel también era una mujer adulta que se había visto
obligada a envejecer rápidamente en las últimas semanas. Era más fuerte de lo que Layla hubiera
creído, y conocía su mente.
En cierto modo, las dos eran mayores que sus años. Tenían habilidades de supervivencia. Estaban
muy bien educadas. Sus padres se habían asegurado de que estuvieran informadas de lo que
ocurría en el mundo.
La única laguna que Layla podía ver en esa educación se refería a las relaciones y el sexo y a la 67
imprevista constatación de que Layla o Ariel, o ambas, podrían acabar algún día en una relación
poliamorosa por diseño.
Ariel parecía dispuesta a estrangular a alguien mientras miraba por la ventana. Había tantas
cosas sin decir en este coche que era sofocante.
-Mierda, - murmuró Stu. -Viene un coche. -
-Tírate al suelo, Ariel. - Ledger tiró a Layla del banco en el que estaban tan rápido, que ella no
tuvo oportunidad de comprender su intención antes de que accionara una especie de palanca e
inclinara todo el asiento hacia atrás en el regazo de Nile y Gatlin. -Sube. Deprisa. -
Layla se metió en el pequeño espacio y se escabulló hacia el fondo, dejando paso a Ariel, que se
dejó caer a su lado sin perder un instante.
En cuestión de segundos, su mundo estaba a oscuras, y estaban abrazadas bajo el falso asiento
del banco. Era estrecho, casi demasiado para dos personas, pero sobrevivirían.
La furgoneta se deslizó hasta detenerse. Oyó a Stu hablar. Con el motor aún en marcha, no pudo
distinguir sus palabras.
Un momento después, Ledger habló también, diciendo algo sobre comida y dónde habían visto
agua limpia. Después de varios momentos más de conversación cortés, incluyendo bromas sobre
la última vez que habían visto a una mujer, empezaron a moverse de nuevo.
Layla estaba temblando, con los brazos rodeando los hombros de Ariel. -Jesús,- susurró.
-Lo sé. Eso fue intenso. -
Se habían acomodado demasiado en el último día bajo la atenta mirada de esos hombres. Layla se
había vuelto complaciente, olvidando que el mundo no era seguro. Al menos no para las mujeres.
Nunca lo sería. No si la tasa de natalidad femenina seguía siendo tan baja.
Después de unos minutos, Ledger volvió a abrir el asiento. Parecía preocupado. - ¿Están bien? -
Layla asintió. -Sí. ¿Cuánto tardaremos en llegar al recinto? - preguntó sin soltar a Ariel.
-Quince minutos. ¿Quieren quedarse ahí? - Su ceño estaba fruncido por la preocupación.
-Sí, - respondió Ariel. -Dios, sí. -
Ledger se agachó y tocó la mejilla de Layla, haciéndola sonreír. -Estamos bien. De verdad. -
Asintió y volvió a cerrar el asiento sobre ellas. En serio, prefería permanecer en el estrecho 68
espacio durante otros quince minutos que arriesgarse a ser sorprendida por extraños.
Ariel exhaló un suspiro de alivio mientras se ajustaba para que no se aplastaran mutuamente.
Agarró con fuerza la mano de Layla. -Estamos bien. -
-Sí. -
-Estamos bien, - repitió, quizá para convencerse a sí misma más que nada.
Quince minutos eran mucho tiempo en un compartimento estrecho. Layla se sintió más que
aliviada cuando la furgoneta se detuvo.
Se alegró igualmente de que Ledger no perdiera tiempo en abrir de nuevo el asiento. Levantó a
Ariel con las manos en la cintura primero y se la entregó a Stu por la puerta lateral.
A Layla le temblaban las piernas y estaba al borde de las lágrimas cuando Ledger la sacó del
compartimento a continuación. No quería derrumbarse. No era necesario. Pero estaba abrumada
por haber estado a punto de ser atrapada, por la falta de sueño y por los increíbles cambios de
vida que estaban ocurriendo a su alrededor.
Ledger la apoyó contra la furgoneta y le sujetó las caderas. -Respira, princesa, - la animó. -Se
acabó. Estamos aquí. Estás a salvo. -
Ella asintió, inhalando profundamente, con la cabeza inclinada hacia atrás y los ojos cerrados.
Un momento después, otra mano se posó en su hombro y ella bajó la mirada para encontrar a Nile
a su lado. - ¿Estás bien? -
-Sí. Creo que me dio claustrofobia al final. Era como compartir un ataúd. -
-Comprensible. -
Layla se dio cuenta de que Ariel estaba sentada de lado en el asiento del conductor, con los codos
apoyados en las rodillas, la cara hacia el suelo, también recuperando el aliento.
Stu se cernía sobre ella, con una mano en la puerta y otra en el marco, impidiéndole ver a nadie
más. Tenía las cejas fruncidas. Bien. Que se preocupe. Layla tenía que esperar que también fuera
amable porque, aunque no le hubiera gustado oír que Ariel sólo tenía dieciocho años, también
estaba claro que se sentía protector con ella.
Nile tomó la cara de Layla y atrajo su atención hacia él. Se inclinó hacia ella y puso sus labios en
su oreja. -Stu es un buen tipo. Te lo prometo. -
Ella asintió, aliviada. Eso era todo lo que necesitaba oír.
Finalmente, Stu ayudó a Ariel a levantarse de su asiento. -Llévalas adentro. Tengo que esconder 69
la furgoneta antes de que alguien nos vea. -
Por primera vez, Layla miró a su alrededor, sin ver nada más que un campo. ¿Que nos metan
dentro? ¿Dentro de dónde?
Stu se marchó con la furgoneta, dejando a los cinco de pie en lo que parecía ser el medio de la
nada.
-Vamos, - dijo Gatlin, asintiendo por encima de su hombro. Las condujo varios metros fuera del
camino de tierra en el que habían estado, aparentemente hacia la nada.
Por un momento, Layla entró en pánico, pensando que habían sido completamente engañadas por
esos hombres a los que había confiado sus vidas. Pero entonces Gatlin se inclinó y apartó un poco
de tierra y heno sueltos para dejar al descubierto un picaporte. Tiró con fuerza y se abrió una
puerta parecida a la de un sótano. Una puerta que conducía al subsuelo.
Una puerta que llevaba a la siguiente fase de la vida de Layla.
Su futuro.
CAPÍTULO 11 70
Gatlin fue el primero en bajar las escaleras, y se dio la vuelta al llegar abajo para tomar la mano
de Layla. Se sintió aliviado de tenerla por fin a salvo dentro del recinto. Respiraría aún mejor
después de que sellaran esa puerta y abrieran la que estaba detrás de él.
Una vez que todos descendieron, cerrando el día por encima de ellos, Gatlin se dio la vuelta y se
enfrentó a la entrada real del complejo. Alcanzó el teclado y pulsó la secuencia de números que
desbloquearía la puerta de acero.
- ¿Y Stu? - preguntó Ariel.
Gatlin la miró mientras tiraba de la puerta hacia fuera. -Nos alcanzará dentro de un rato.
Mantenemos los vehículos escondidos a cierta distancia de esta entrada. - Vio la preocupación en
el rostro de Ariel cuando volvió a mirar hacia las escaleras.
Estaba claro que se había interesado por Stuart. También estaba claro que a Stuart no le hacía
mucha gracia saber que era tan joven. No era que Ariel fuera menor de edad, pero Gatlin estaría
de acuerdo en que era joven. Diablos, Layla era sólo dos años mayor. Tenía que tenerlo en cuenta
a cada paso. Y ninguna de las dos mujeres tenía ninguna experiencia real con el mundo exterior, y
mucho menos sabía cómo navegar por una relación con un hombre.
- ¿Preparada? - preguntó mientras volvía a tomar la mano de Layla entre las suyas.
Ella asintió, pero tenía los labios fruncidos. Estaba nerviosa. Era comprensible. - ¿Qué va a
pasar?-
-Primero nos reuniremos con el consejo. Mi padre es miembro. Es sólo una formalidad. Te
registraremos. Llevamos un registro de todos los que viven en cada recinto. Si no tuviéramos
intención de apadrinarlas nosotros mismos, encontraríamos a alguien que las acogiera y ayudara
a instalarlas. -
Ledger las guio por el pasillo gris y estéril que los llevaría a su primera parada. Se dio la vuelta
cuando llegaron al despacho, con la mano en la puerta.
Se encontró con la mirada de Gatlin. -Quizá Layla prefiera que mis padres o los tuyos la apadrinen
al principio. Ariel también. -
Gatlin soltó un suspiro. Ledger tenía razón. Por mucho que odiara la idea de perderla de vista,
tenía que frenar de una puta vez y darle espacio y tiempo.
-No, - afirmó Layla, negando con la cabeza. -Si les parece bien, prefiero no quedarme con 71
extraños. - Miró a Ariel. - ¿Qué pasa con Ariel? ¿Puedes apadrinarla también? No creo que
ninguna de las dos esté dispuesta a separarse en este momento. -
Gatlin miró a Nile y luego a Ledger. -En teoría. -
Ariel se retorció las manos delante de ella, con la mirada puesta en el suelo.
Gatlin asintió hacia los otros dos hombres y apretó la mano de Layla. -Haremos que funcione. -
Ledger abrió la puerta.
Una mujer estaba sentada en un escritorio de la sala exterior. Era relativamente nueva en este
trabajo, pero Gatlin pensó que se llamaba Lowri. Se levantó y sonrió. -Bienvenidas al complejo, -
dijo a Layla y Ariel. Luego se volvió hacia Gatlin. -Están listos para ti. - Se apresuró a abrir la
puerta detrás de ella, y Gatlin los condujo a la sala de conferencias donde su padre, Gray Tilson, y
otros dos miembros del consejo los recibirían: Willa Schama, la madre de Ledger, y Barak Winther.
Los tres estaban sentados a un lado de una larga mesa, pero se levantaron al entrar las recién
llegadas. Gatlin notó que el ceño de su padre se alzaba ligeramente cuando vio a su hijo de la
mano de Layla. Fue el primero en inclinarse sobre la mesa con la mano extendida. -Bienvenidas al
recinto. Soy Gray Tilson, el padre de Gatlin. -
Layla apretó la mano de Gatlin mientras estrechaba la de su padre. Supuso que estaba nerviosa.
Gatlin se aclaró la garganta. -Estas son Layla Vail y su hermana Ariel. Maya las encontró hace
unas noches en las afueras de la ciudad. -
Willa y Barak también se presentaron y estrecharon las manos de las mujeres.
Gray sonrió cálidamente y señaló las sillas que tenía enfrente. -Por favor, tomen asiento. - Miró a
Gatlin mientras se sentaba antes de dejar que su mirada se desviara hacia Nile y Ledger. -
Supongo que los tres tienen intención de quedarse. -
-Sí. - No era la costumbre. Normalmente, dejaban a los recién llegados y se lavaban las manos,
volviendo a sus alojamientos para descansar y reagruparse. Pero hoy no. Gatlin no tenía intención
de separarse de Layla. Sabía que Nile y Ledger estaban de acuerdo.
Al menos la soltó y le retiró la silla, pero le puso la mano en el hombro en cuanto estuvo sentada.
Su padre dudó, lo que no era habitual en él, pero parecía satisfecho. Después de un momento,
volvió a levantar la mirada hacia Gatlin. - ¿Y Jay? -
-Se quedó en su puesto, pero nos gustaría enviar a alguien a relevarlo si es posible. -
Gray asintió rápidamente. -Estoy seguro de que se puede arreglar. - Era astuto. Comprendía la 72
gravedad de lo que había sucedido durante este viaje. Antes de dirigirse a las mujeres más, tomó
su walkie-talkie de la mesa. -Hola. Habla Gray. ¿Puedes prescindir de alguien para ir a relevar a
Jay Douglass del puesto de avanzada del este? -
Una voz respondió: -Sí, encontraré a alguien. -
-Te lo agradecería urgentemente. Gracias. -
Cuando terminó la llamada, Gatlin escuchó el audible suspiro de alivio que provenía de Nile y
Ledger. Al menos no iban a tener que discutir su caso. Después de todo, eran hombres adultos, una
unidad familiar. Comprometidos. Sus padres no se atreverían a cuestionar sus intenciones.
A la madre de Ledger tampoco se le escapó nada. De hecho, tenía una mano sobre la boca como si
estuviera ligeramente atragantada. Gatlin pudo ver cómo sonreía en dirección a su hijo detrás de
sus dedos.
-Bueno...- dijo Barak. -Ignoremos el elefante en la habitación por unos momentos y ocupémonos
de los asuntos. ¿Te han explicado los hombres cómo vivimos aquí entre los Wanderers? -
-Sí, señor, - afirmó Ariel al mismo tiempo que Layla.
Barak se inclinó hacia delante, con los codos sobre la mesa. -Es sumamente importante que no
salgan de este recinto por ningún motivo mientras se adaptan. No hasta o al menos que se les
asignen un trabajo fuera del búnker. Pueden imaginar lo importante que es esto. -
Ambas mujeres asintieron. -Lo entendemos, - afirmó Layla.
-Hemos conseguido vivir casi quince años en este lugar concreto sin que nos detecten. Aunque
tenemos muchas otras instalaciones, estamos orgullosos de que ninguna de ellas haya sido nunca
violada, y nos gustaría que siguiera siendo así. -
-Por supuesto, - aceptó Ariel.
-Se le asignará un padrino...- Barak se aclaró la garganta mientras miraba a los hombres. -
Quienquiera que sea les ayudará a asimilarse. Se espera que pasen al menos unas horas en la
biblioteca leyendo nuestras normas y aprendiendo más sobre cómo funcionamos como sociedad. -
Willa asintió. -Lo más importante es entender que ésta es una organización democrática. Nos
fundamos para proteger el libre albedrío. Está estrictamente prohibido que alguien las presione a
cualquiera de ustedes para que entablen cualquier tipo de relación o acuerdo sin su
consentimiento. -
Layla asintió. 73
Willa levantó la mirada hacia Ledger. -Me gustaría tener unos minutos a solas con Layla y Ariel. -
No estaba pidiendo. Estaba exigiendo.
A Gatlin no le sorprendió, ni le decepcionó. Por encima de todo, era importante que Layla
entendiera que tenía opciones. Aunque él y sus compañeros ya habían creado un vínculo con ella,
los cuatro querrían que estuviera absolutamente segura antes de que aceptara mudarse con ellos
de forma permanente. Cualquier otra cosa significaría un desastre.
Los miembros del consejo se pusieron en pie.
Ledger rodeó la mesa para dar un abrazo a su madre. La mujer parecía ligeramente emocionada
al encontrarse con su mirada, aferrándose a sus hombros. Aunque tenía que inclinarse hacia
atrás para mirarlo, seguía siendo formidable por derecho propio. Era raro ver este tipo de emoción
en ella.
Willa acarició los brazos de Ledger. -Espera en el pasillo. -
Gatlin dio un apretón en el hombro de Layla mientras Nile hacía lo mismo en el otro lado. Quiso
inclinarse hacia ella y decirle algo o incluso besarle la sien, pero sabía que no sería apropiado, así
que la dejó de mala gana, siguiendo al resto de los hombres de vuelta al despacho exterior donde
estaba sentada Lowri.
Lowri se puso en pie de un salto. -Iré a buscar agua para todos, - tartamudeó antes de huir de la
habitación.
El pequeño espacio era estrecho, cinco hombres esperando en circunstancias tan inusuales. Gray
dio una palmada en el hombro de Gatlin. - ¿Estás seguro de esto? -
Gatlin se encontró con su mirada. La sinceridad era primordial. -Por supuesto que no. Sería un
tonto si insistiera en lo contrario. La conocimos un día. Pero Jay la conoció antes de que
llegáramos y estableció un vínculo. Nos conoces a todos, papá. Nunca la presionaríamos de
ninguna manera. Todo lo que queremos es la oportunidad de saber a dónde pueden llevar las
cosas. -
- ¿Y Layla entiende sus intenciones? - La mirada de Gray pasó de un hombre a otro.
-Sí, señor, - le aseguró Ledger.
Barak se aclaró la garganta. -Espero que todo salga bien, chicos. Por favor, tomen decisiones
sabias. -
-Sí, señor. - Nile asintió. 74
Gray atrajo a Gatlin para darle un abrazo. -Te quiero, hijo. A todos ustedes. Dale espacio y tiempo.-
Barak puso una mano en el hombro de Nile. - ¿Tienen intención de apadrinarla ustedes mismos
entonces? -
-Si le parece bien al consejo, sí, - afirmó Ledger.
- ¿Y qué pasa con su hermana? - preguntó Gray.
Gatlin inhaló. -Ella también querrá quedarse con nosotros. Al menos durante un tiempo. Quizá
cuando se sienta cómoda pueda mudarse contigo o con los padres de Ledger. -
-Parece razonable, - convino Gray. -Hablaré con tu madre. Estoy seguro de que Brea y Liana
estarán encantadas de tener una nueva mujer cerca. -
Gatlin sonrió ante la idea de que sus hermanas y las de Ledger ayudaran a Ariel a asimilarse,
aunque no le había pasado desapercibida la extraña conexión que había hecho con Stu en la
furgoneta. Si Stu sacaba la cabeza del culo y se ponía a conocerla, tal vez lograría una conexión.
Gatlin se frotó la sien mientras miraba la puerta cerrada. No le preocupaba especialmente lo que
la madre de Ledger pudiera estar diciéndole a Layla, pero estaba ansioso por superar este
proceso y llevarla a sus aposentos.
Por la forma en que Ledger y Nile se movían, los dos estaban de acuerdo.
CAPÍTULO 12 75
Layla se sintió extrañamente reconfortada por la amable mujer que rodeó la mesa y acercó una
silla para poder sentarse en un pequeño círculo con Layla y Ariel. Les tendió la mano a ambas. -
Tranquilas. No sé por lo que han pasado. Pueden contármelo más tarde. Pero aquí están a salvo. -
-Gracias, señora, - murmuró Ariel.
-Por favor, llámame Willa. - Le dio un fuerte apretón a la mano de Layla, encontrándose con su
mirada. -Sé que has formado una relación con mi hijo y sus compañeros, pero quiero asegurarme
de que entiendes tus opciones. Eres bienvenida a mudarte a su casa si así lo decides. También
eres bienvenida a mi casa ahora o en cualquier momento en el futuro. -
Willa acarició la mejilla de Ariel. - ¿Cuántos años tienes? -
-Dieciocho. -
Willa sonrió. -Dios, recuerdo cuando tenía dieciocho años. Pero los tiempos han cambiado. Vivimos
en un mundo diferente. -
Layla se aclaró la garganta. - ¿Está bien si Ariel se queda conmigo por ahora? Nunca nos hemos
separado. Ni siquiera hemos dormido nunca en habitaciones diferentes. -
-Por supuesto, querida. Te quedarás donde te sientas más cómoda. Sólo quiero asegurarme de que
no te sientas presionada a ser patrocinada por mi hijo y sus compañeros. Hay otras opciones. El
hecho de que sean las primeras personas que conocieron de nuestra sociedad no significa que te
reclamen y se acabe todo. Aunque quisieras quedarte con ellos, no tienes ninguna obligación de
permanecer bajo su cuidado. -
Layla asintió. -Lo entiendo. Todos nos lo han explicado. Te lo puedo asegurar. -
Willa sonrió. -Bien. Me decepcionaría escuchar lo contrario. Crie a Ledger para que fuera un
caballero. Él y sus compañeros llevan muchos años juntos. Sólo he sabido que son amables y
respetuosos. Sé que han esperado pacientemente para conocer a alguien que pudiera estar
dispuesta a unirse a su unidad familiar. Si eres tú, estaré encantada. Si no lo eres, es tu
prerrogativa. Hay cientos de personas viviendo aquí, y aún más en nuestros otros complejos.
Gente con ideas afines que creen en el libre albedrío. No se las utilizará para experimentos. No se
las obligará a ningún acuerdo en contra su voluntad. No se espera que tengan hijos sin su
consentimiento.-
Layla se limpió una lágrima de la mejilla. -Gracias. Te prometo que no siempre soy tan emotiva. -
Willa se acercó para acariciar su mejilla. -Es lo que se espera, querida. Sé que Los Wanderers y lo 76
que representamos puede ser abrumador al principio. Estoy segura de que están agotadas y
hambrientas. No las retendré. Cuando hayan comido, duchado y descansado, vengan a conocer a
mi familia. Mi hija, Liana, estará muy emocionada. -
-Gracias, señora, - volvió a decir Ariel.
Willa le sonrió, sin corregirla. A cualquiera de las dos le llevaría tiempo llamar a esta mujer por
su nombre de pila. Sus padres les habían enseñado lo contrario.
Los tres se pusieron de pie y Willa extendió la mano para abrir la puerta de la habitación exterior.
Se asomó. - ¿Por qué no las llevan primero a la cafetería y luego las dejan ducharse y dormir?
Estas chicas están muertas de miedo. -
-Gracias, mamá, - dijo Ledger mientras se inclinaba para besar a su madre en la mejilla.
A Layla se le quitó un enorme peso de encima sólo con ver la interacción de Ledger con su madre
y de Gatlin con su padre. Eran buenas personas. Buenos hombres. Pasará lo que pasará, ella sabía
que estaba en buenas manos.
Fue Nile quien reclamó la mano de Layla mientras se dirigían a un largo pasillo que finalmente
desembocó en un espacio muy grande lleno de mesas y sillas a un lado, y sofás al otro. Un
gigantesco espacio de convivencia.
Había una línea de comida a lo largo de la pared detrás de las mesas, como una cafetería. El suelo
era de hormigón gris estampado. Las mesas y las sillas eran de metal. Todo estaba limpio y
organizado.
No había mucha gente.
- ¿Dónde están todos? - preguntó Ariel.
-Es media tarde, - respondió Nile. -La mayoría de la gente está trabajando en sus puestos
asignados. - Tiró de Layla hacia la cola de la cafetería. -No importa la hora que sea, siempre hay
algo que comer. Vamos a comer algo y luego les enseñaremos dónde vivimos. -
Layla estaba hambrienta y asombrada por la cantidad de opciones. Frutas, frutos secos y
verduras parecían estar siempre presentes. También había gruesos sándwiches.
-Mmm. ¿Eso es mantequilla de cacahuete y mermelada? - preguntó Ariel.
Ledger se rio. -Sí. - Cogió un sándwich y se lo entregó.
Layla sonrió. -Mamá hacía mantequilla de cacahuete a veces cuando crecíamos. Decía que era un 77
alimento básico antes del apocalipsis, pero que era muy difícil de hacer en casa. - Ella también
tomó uno. - ¿Cómo pagamos las cosas? - preguntó.
-No lo hacemos, - le informó Nile. -No con dinero ni con oficios, al menos. - Firmó un formulario al
final de la fila y se lo entregó al hombre que trabajaba allí. -Si todo el mundo come lo que
necesita y no acapara nada, siempre hay de sobra. Pronto aprenderás más sobre cómo cultivamos
nuestros alimentos y sostenemos nuestro creciente número. -
Se sentaron en una mesa con vasos de agua y sus bocadillos. Nadie habló mientras comían, en
realidad, disfrutaban. Hacía tiempo que Layla o Ariel no comían decentemente.
Gatlin limpió su espacio cuando terminaron, pero Layla se dio cuenta de que había pocos
desperdicios. Todo en este recinto era eficiente y sostenible.
- ¿A dónde llevan todos los pasillos? - preguntó Ariel, señalando las numerosas aberturas que
había alrededor del espacio común.
-A las habitaciones. Vamos. - Nile señaló uno de los pasillos y se dirigió en esa dirección.
Layla lo siguió, esta vez agarrada de la mano de Ariel en lugar de la de uno de los hombres.
Pasaron por delante de muchas puertas con números.
-Son como apartamentos, - les informó Gatlin mientras caminaban. -Sólo que más pequeños y sin
ventanas. -
Finalmente, se detuvieron ante una puerta a la izquierda, la número 618. Nile la desbloqueó con un
código en un teclado y la abrió de golpe. -Después de ustedes, -dijo, extendiendo un brazo para
dejar que Layla y Ariel pasaran primero.
Layla entró y se encontró con una especie de gran salón. Un sofá, sillas y una mesa de cocina.
Había una encimera, pero no había aparatos de cocina. - ¿Así que comen en la cafetería? -
Nile asintió. -Sí. Es más eficiente. A veces nos traemos la comida aquí para comer juntos, pero
sólo guardamos los aperitivos en el apartamento. -
Layla se paseó por el lugar, asimilándolo todo.
-Los dormitorios son pequeños, pero cada uno tiene el suyo, - señaló Ledger mientras abría la
primera puerta a la derecha de la entrada. -No pasamos mucho tiempo ahí. Durmiendo. Tiempo a
solas. No estamos mucho en el apartamento. -
Gatlin empujó otra puerta para abrirla. -El baño. Seguro que les gustaría ducharse. -
Layla miró a Ariel. -Ve tú primero. - 78
###
Cuando Layla salió del baño, encontró a Ariel profundamente dormida en el sofá.
Ledger le besó la frente mientras entraba en el baño detrás de ella.
Nile señaló las cuatro puertas adjuntas, dos a cada lado de la habitación principal. -Elige una
habitación, - susurró, sin molestar a Ariel.
Ella lo miró, entrecerrando la mirada. - ¿Cualquier habitación? ¿Cuál es la tuya? -
Él sonrió con satisfacción. -Uh-uh. No te lo voy a decir. Sólo elige una. -
Layla entró en la primera habitación de la izquierda e inhaló profundamente. Riéndose, hizo lo
mismo en la segunda habitación de la izquierda antes de cruzar al otro lado y entrar por la puerta
sin abrir de la derecha. Tras varias respiraciones, se giró. -Esta. -
- ¿La de Jay? - Nile gimió. - ¿En serio? -
Se rio mientras se arrastraba a la cama de Jay, sin molestarse en cerrar la puerta. Ella había
reconocido fácilmente su olor. Exhausta, se dejó caer en el centro, agradecida por la ropa limpia
que Brea le había dejado. Era sólo una camiseta de tirantes, ropa interior y polainas, pero estaban
limpias y eran cómodas.
Estaba boca abajo, ajustando aún la almohada, cuando la cama se hundió y Ledger subió a su 79
lado, con el pelo húmedo. Ella se había recogido el suyo en un moño desordenado, pues no quería
lidiar con el pelo mojado en ese momento.
Él la miró fijamente, sonriendo, y su mano se acercó a su hombro, acariciando su piel.
Ella le agarró la mano y tiró de él hacia abajo. -Acuéstate conmigo. -
Él no dudó en dejarse caer junto a ella, pero inmediatamente la puso de lado y la arrastró contra
su frente, acurrucándola como había visto en la televisión.
-Mmm. - Se sentía bien ser abrazada así, incluso si él era un poco mandón al respecto. Le habían
advertido sobre la prepotencia de Ledger. No le importaba en absoluto.
Cuando él enhebró sus dedos con los de ella y sujetó sus manos entre sus pechos, ella se mordió
el labio inferior. Su piel era casi del mismo tono.
Ella jadeó cuando él la hizo rodar ligeramente hacia delante, metió su pierna entre las de ella y le
besó la sien. -Duerme, princesa. -
¿Dormir? ¿Está loco? La tocaba por todas partes. Su muslo se frotaba contra sus partes íntimas.
Esa presión era algo que nunca había experimentado, y hacía que su corazón latiera más rápido.
Seguía jadeando en silencio cuando Gatlin se arrastró hasta su otro lado y se dejó caer sobre una
cadera. Acarició con sus dedos sus bíceps. -Jesús, Ledge, la estás acaparando. -
Ledger se rio.
Gatlin bajó hasta que su cara quedó sobre la almohada junto a la de ella, con sus miradas fijas. Le
puso la mano en la cadera. -Hueles bien. -
-Tú también. - Su pelo también estaba húmedo. Su corta y cuidada barba tenía algunas gotas de
agua. Ella quiso tocarlo, pero Ledger le agarró la mano con fuerza.
Se miraron fijamente durante mucho tiempo, Gatlin le acariciaba la cadera. Justo cuando sus
párpados se volvieron demasiado pesados, la cama volvió a sumergirse. -De ninguna manera me
voy a quedar fuera, - susurró Nile. Se subió detrás de Gatlin, se inclinó sobre el hombre y le besó
la sien. -Tienen que dejarla dormir, - anunció antes de dejarse caer detrás de Gatlin para que ella
no pudiera verle más.
Probablemente Layla debería haberse sentido asfixiada, pero era difícil negarse a cualquiera de
esos hombres. Le gustaba tenerlos cerca. Le gustaba la idea de tenerlos a todos con ella. La idea
de saltar de una cama a otra cada noche la ponía un poco nerviosa.
Si estaban todos en la habitación, todo el mundo sabría quién había tenido más tiempo íntimo con 80
ella. Al menos algunos de ellos, sin duda, llevaban una cuenta de resultados mental.
Nile apagó la luz de la mesita de noche para que la única luz de la habitación fuera la de la tenue
iluminación del salón.
Nunca nadie la había abrazado tan fuerte ni tan cerca como lo hacía Ledger, pero en lugar de
hacerla sentir claustrofóbica, se sentía tranquila. Protegida. Querida. Tras varias respiraciones
profundas, se quedó dormida.
Le parecieron minutos, pero tuvieron que pasar horas antes de que parpadeara para despertarse
cuando una sombra cayó sobre ella, bloqueando la luz.
Jay.
Estaba aquí. ¿Ya?
Le sonrió antes de subir al medio y cernirse sobre ella.
- ¿Cómo has llegado tan rápido? - preguntó ella.
Se inclinó y la besó suavemente en los labios, recordándole lo buen besador que era y lo suave y
gentil que podía ser. -Maya regresó unas horas después de que ustedes se fueran con tres recién
llegados. Aceptó quedarse en el puesto con ellos. Intenté alcanzarlos a todos, pero Stuart los
alcanzó antes de que yo llegara. Tuve que esperar al siguiente viaje. -
El resto de los hombres se removió al oír la explicación de Jay.
-Oye, - dijo Gatlin.
- ¿De quién fue la gran idea de que todos ustedes durmieran en mi habitación? - Preguntó Jay.
-Mía. - Layla sonrió mientras movía su mano para liberarse del agarre de Ledger y se acercó a la
cara de Jay. -Olía a ti. -
Él le dedicó una sonrisa ladeada. -Así es, ¿eh? -
Ella asintió.
La besó de nuevo, esta vez de forma prolongada. -Te he echado de menos. -
-Yo también te he echado de menos, - dijo ella, y lo dijo en serio. Ella había desarrollado
relaciones con todos estos hombres durante su viaje, pero Jay había sido el primero que había
conocido. Su primer beso. El primer hombre que la tocó. Que la abrazó. La meció. Que pasó las
manos por su cabello.
Los otros tres se levantaron lentamente y se apartaron de la cama. 81
-Pasen. Por favor. Siéntensen. - Willa Schama mantuvo la puerta abierta de par en par para que
Layla y Ariel entraran en el apartamento de su familia. Ledger estaba con ellas, pero habían
dejado a los demás atrás.
Dos mujeres estaban sentadas al otro lado de la habitación, y se levantaron para acortar la
distancia. No fue difícil identificarlas. Brea era obviamente la hermana de Gatlin con su piel y ojos
más oscuros. Liana se parecía mucho a su hermano, Ledger, con su pelo rubio desteñido y sus ojos
azules.
Layla sabía por los chicos que sus hermanas eran mejores amigas. Las dos tenían veinticuatro
años. Ninguna de las dos tenía una relación con nadie, lo que aparentemente era prácticamente
un escándalo en estos días. En tono de broma.
Nadie esperaba seriamente que las mujeres eligieran a alguien o a un grupo de hombres para
comprometerse. Libre albedrío era un término que Layla había escuchado decenas de veces hasta
ahora. Por no hablar de que no era asunto de nadie cuáles eran las preferencias de los demás en
cuanto a la atracción.
Lo que hacía que Brea y Liana destacaran era que con tantos hombres compitiendo por la
atención de tan pocas mujeres, era difícil contenerse y rechazarlos a todos durante tanto tiempo
como lo habían hecho las dos amigas.
Liana llegó primero a Layla y le dio un gran abrazo antes de hacer lo mismo con Ariel. -
Bienvenida a la ciudad de los locos, - bromeó.
-Liana, - la amonestó su madre.
Liana se encogió de hombros. - ¿Qué? ¿Vas a negar que vivimos en otra dimensión? -
Willa suspiró y puso los ojos en blanco. -No, pero podrías intentar no asustar a las recién
llegadas.-
Layla sonrió a Willa después de recibir también un abrazo de Brea. -No creo que pueda asustarme
más por nada si lo intentan. Estoy bastante segura de que, si me dijeras que van a venir
dinosaurios a cenar, me encogería de hombros. -
Willa se rio, con un sonido contagioso. A Layla le recordó a su propia madre. Apretó los labios y
luchó contra la sobrecarga emocional que le produjo ese pensamiento.
Willa acarició la espalda de Layla. -Ven a sentarte, cariño, - murmuró suavemente. -Sé que estás 85
agobiada. -
Layla asintió mientras se sentaba en el sillón que le ofrecían, agradecida por el apoyo de Ledger,
que estaba de pie detrás de ella, con las manos sobre sus hombros. Él le dio un suave apretón y
ella se acercó y agarró una de sus manos con la suya.
-Mi marido, Abnor, no está aquí ahora, pero estará deseando conocerte cuando pueda. -
-Gracias por acogernos y darnos una oportunidad en la vida, - dijo Ariel. Había tomado asiento en
el sofá con las otras dos mujeres.
Willa se sentó en el otro sillón. -Es lo que hacemos aquí, cariño. Y son bienvenidas. Sé que han
perdido a sus padres recientemente. Lo siento mucho. Nunca estarán solas aquí en el recinto. Eres
bienvenida en mi casa cuando quieras. Soy conocida por asumir el papel de madre de muchos
jóvenes desde que nos unimos a Los Wanderers. -
-No está bromeando, - añadió Ledger. -Mi madre es la madre de todos. -
Ariel moqueó. -Gracias, - susurró.
Liana le agarró una de las manos. -Me encantaría que te quedaras con nosotros. Tenemos una
habitación libre, o podrías quedarte en la mía si no quieres estar sola. -
-Lo mismo en mi casa, - añadió Brea. -Mis padres también te darían el mismo discurso y te
abrirían los brazos si estuvieran aquí ahora mismo. -
Layla se atragantó. La hospitalidad era incomprensible.
Ledger se inclinó más cerca, con los codos apoyados en el respaldo de la silla. -No es que te
vayamos a echar de nuestro apartamento, Ariel. Eres bienvenida con nosotros todo el tiempo que
quieras quedarte. Sé que tú y tu hermana son muy amigas. -
Ariel sonrió a través de los ojos llorosos. -Agradezco la oferta, y estoy segura de que estaré por
ahí tan a menudo que se cansaran de mí rápidamente, pero también me doy cuenta de que Layla
necesita tiempo a solas con ustedes. -
Layla se inclinó hacia delante, apoyando los codos en las rodillas. -No quiero que sientas que
nadie te echa. Nunca. -
-No lo hago. - Ella negó con la cabeza. -Te lo prometo. -
-Si quieres entrar de lleno y mantenerte ocupada, eres bienvenida a ser la sombra de cualquiera 86
de nosotras durante el día, - añadió Brea. -Yo trabajo en la bolsa de ropa, y Liana lleva la
contabilidad del consejo. -
Willa sonrió. -Pero no hay prisa, cariño. Tómate tu tiempo. Cuando estés preparada, puedes
repasar todas tus opciones y ya veremos qué tipo de contribución te conviene más. - Se giró para
mirar a Layla. -Tú también. No quería dejarte fuera. -
Layla le devolvió la cálida sonrisa. -Nuestros padres eran botánicos, así que sabemos más de
comida y agricultura que de otra cosa, pero también somos bien educadas. Se aseguraron de
ello.-
Los ojos de Willa se iluminaron. -Entonces puede que te interese más ayudar en el departamento
de agricultura. Algunos de esos trabajos se realizan aquí dentro del recinto, mientras que otros se
desplazan a las distintas granjas que tenemos repartidas por la zona de los tres estados. -
Brea asintió. -En realidad, hay un centro de inserción laboral como el que se encontraba en un
campus universitario en los viejos tiempos. Ayudan a la gente a descubrir lo que más les conviene
y luego les asignan tareas. -
Willa miró a Layla. -Los Wanderers no somos perfectos. Estamos en constante evolución y
aprendizaje. Pero estamos creciendo en fuerza y en número. Nuestra esperanza es que un día
seamos suficientes para corregir los errores de nuestra sociedad y devolver al país una
democracia que funcione. -
Ledger cogió el hombro de Layla. -Mi madre es muy optimista. Van a hacer falta décadas para
arreglar nuestra sociedad. Si es que alguna vez lo hace. Mientras tanto, esperamos ser un refugio
seguro para mujeres y hombres que se sientan firmes en la lucha por la libertad y la igualdad. -
Ariel hizo un gesto con la mano hacia Layla. -Deberías irte. Yo estoy bien aquí. -Forzó una sonrisa.
-Haciendo amigas. Aprendiendo cosas nuevas. -
Layla dudó, frunciendo el ceño. - ¿Estás segura? No quiero que sientas que te he abandonado. -
-Por supuesto que no. Sé dónde encontrarte. -
Ledger rodeó el sillón. -Espero que sepas que eres bienvenida a cualquier hora del día o de la
noche, Ariel. Sé que tu vínculo con tu hermana es profundo. Ninguno de nosotros quiere
interponerse entre ustedes dos. La familia es importante. -
Ariel se enjugó una lágrima y se puso de pie al mismo tiempo que Layla, inclinándose a través del
espacio para abrazarla ferozmente.
Layla ahuecó las mejillas de su hermana. -Te amo. - 87
-Yo también te quiero. - Ariel le dio un suave empujón. -Vete. Tienes trabajo que hacer. Cosas que
resolver. -
Layla mantuvo su mirada en Ariel mientras retrocedía hacia la puerta, agradeciendo que Ledger
no la apurara. Cuando por fin salieron al pasillo, la puerta del apartamento de los padres de él la
apartó de Ariel, se apoyó en la pared y respiró profundamente, enjugando las lágrimas que había
mantenido a raya durante los últimos minutos.
Ledger la encaró, con las manos a cada lado de su cuello. -Podemos quedarnos, o puedes insistir
en que venga con nosotros. O puedes quedarte aquí con ella. No me gusta verte sufrir. -
Layla negó con la cabeza. -No. Esto es lo correcto. Es sólo que es difícil, y estoy emocionada por
tantos cambios. No nos hemos permitido llorar adecuadamente la pérdida de nuestros padres. No
hemos tenido tiempo. Hemos estado huyendo, y ahora estamos en un nuevo mundo que apenas
sabíamos que existía. Se siente como una extraña combinación de sueño y pesadilla de la que no
puedo despertar, ni estoy segura de querer hacerlo. No estoy segura de que alguno de ustedes
esté viendo mi verdadera personalidad en estas circunstancias. Me siento como si estuviera
rebotando por todas partes. Ya no estoy segura de saber siquiera quién soy. Siempre he sido
fuerte y segura de todo. Últimamente, soy emocional y estoy confundida la mayor parte del
tiempo. -
Rodeó a Ledger con sus brazos y lo abrazó.
Él la estrechó contra su cuerpo y le besó la cabeza. -Te tengo, princesa. Todos te tenemos. Te lo
prometo. -
Ledger la tomó de la mano y la llevó a su apartamento.
Tan pronto como entraron, el resto de los hombres se congelaron en sus lugares. Evidentemente,
habían estado paseando ansiosamente. Hubo un suspiro colectivo de alivio.
Ledger se colocó detrás de ella, con las manos apoyadas en sus hombros.
- ¿Estás bien? - preguntó Nile.
-Sí. Sólo que... es difícil. No quiero que Ariel piense que la he abandonado. Se siente raro. -
El ceño de Nile se arrugó. -Comprensible. -
De repente, el dique se rompió. Ya no pudo contener las lágrimas. Era como si hubiera estado
tratando de ser fuerte para Ariel durante semanas y necesitaba dejar salir todo.
Se sintió extraña al derrumbarse frente a estos cuatro enormes hombres, pero a ninguno de ellos 88
pareció importarle porque todos se abalanzaron colectivamente para rodearla, todos tocándola a
la vez. Un gigantesco abrazo de grupo.
Significaba todo para ella, y aceptó el suave paño que alguien le puso en la mano, usándolo para
limpiarse el rostro, aunque las lágrimas seguían cayendo.
Finalmente, unos brazos fuertes la bajaron y la levantaron, un cuerpo firme la acunó contra su
pecho. Parpadeó y vio que Nile la sacaba de la habitación. La llevó a su dormitorio y cerró la
puerta de una patada antes de subir con cuidado a su cama y dejarla caer sobre el colchón.
Le quitó los zapatos a ella y luego los suyos, dejándola a su lado sólo el tiempo suficiente para
quitarse la camisa y cambiarse los vaqueros por unos suaves pantalones de dormir. Había una luz
tenue encendida en algún lugar de la habitación. Mientras sorbía las lágrimas que le quedaban, lo
observó moverse por la habitación. Le observó cambiarse. Contuvo la respiración cuando vio sus
muslos y el contorno de los músculos del culo.
Llevaba unos calzoncillos negros que le impedían ver demasiado, pero cuando él se giraba hacia
un lado, ella veía lo suficiente.
Tenía veintiún años y el contorno del pene de este hombre era su primera visión de lo que le
esperaba si seguía con estos hombres. La asustó y la excitó al mismo tiempo.
Pronto, él regresó y se arrastró junto a ella antes de ponerse de lado, cubriéndolos con las
sábanas y rodeándola con sus brazos.
Le besó la sien. -Lo siento mucho, cariño. No puedo imaginar por lo que estás pasando. -
Se sintió bien al ser sostenida en sus brazos. Se sentía bien cuando cualquiera de ellos la sostenía
o la tocaba. También se sentía bien cuando todos lo hacían colectivamente. Se reprimió las
últimas lágrimas, preguntándose si preferían compartir a sus mujeres por separado o juntos.
Cualquiera de los dos modos era desalentador, pero sus vagas respuestas a esta línea de
preguntas le hicieron pensar que normalmente se acostaban con sus mujeres de uno en uno.
- ¿Sacaste la paja más corta? - preguntó finalmente, inclinando la cabeza hacia atrás.
Sus ojos se abrieron de par en par, sorprendidos. - ¿Por qué dices eso? Me ha tocado la lotería. -
Ella puso los ojos en blanco. -Vamos. Seguro que se estaban mirando unos a otros por encima de
mi cabeza haciendo un piedra, papel o tijera mental para decidir quién tenía que encargarse de
mis lágrimas. -
-Ni de lejos, cariño. Los otros tres se lo pierden, pero también saben que soy el más sensible. - 89
Sonrió. -Gano. -
Se rio, escapándosele al mismo tiempo un sollozo solitario. Y luego un hipo. -Te prometo que no
siempre soy tan emocional. No soy muy llorona hasta hace poco. Ha sido una época estresante. -
Ella había dicho todo esto, pero lo repitió de nuevo.
-Lo entiendo. Todos lo entendemos. Y nadie te culpa por tener emociones, cariño. De hecho, nos
alegramos. Nos preocuparía que fueras sólida como una roca. -
Ella le sonrió. -A veces siento que estoy soñando todo esto. -
-Yo también. - Él sonrió. -Todos nos sentimos un poco desconectados cuando no estamos contigo.
Se me aprieta el pecho y empiezo a pensar que no eres real. -
Ella apoyó su mano en el pecho de él. -Puedo sentir los latidos de tu corazón, así que asumo que
ambos somos reales. -
Él colocó su mano, mucho más grande, entre sus pechos y la miró a los ojos. Su tacto era tan
íntimo, sus dedos cerca de sus pezones. Ella se estremeció, deseando que él deslizara su mano
hacia un lado o hacia el otro y ahuecara su pecho.
Pero no lo hizo. En lugar de eso, bajó la mano por su cuerpo hasta llegar a su espalda.
- ¿Cuál es el plan, Nile? - Esa pregunta significaba muchas cosas.
-Que duermas un poco. Dormir mucho. Días de ello si lo necesitas. -
-Si estuvieras en la sala principal y yo estuviera detrás de una puerta cerrada con uno de los
otros, ¿qué estarías haciendo ahora mismo? -
-Pasearme, - admitió. -Comiéndome las uñas. -
-No me gusta que ninguno de ustedes se sienta excluido. No puedo relajarme sabiendo eso. -
-No queremos agobiarte, Layla. -
-Es mucho más estresante saber que tres hombres no pueden relajarse mientras yo estoy aquí
contigo. -
- ¿Quieres que los invite a entrar? -
- ¿Está bien? - preguntó ella.
-Por supuesto. Siempre estará bien. Siempre será tu decisión. Seguiremos tu ejemplo. -
Empezó a alejarse de ella, pero lo agarró por la muñeca y lo hizo retroceder. -Bésame primero. 90
Sólo tu. Los dos solos. - Ella sabía que estaba siendo indecisa, pero no podía evitarlo. Sus
emociones estaban a flor de piel.
-De acuerdo, cariño. - Le tomo el rostro y se puso a su lado, rozando su nariz con la de ella y
mezclando su aliento. Finalmente, dejó que sus labios rozaran los de ella, tan suavemente, apenas
rozándola.
Haciendo que ella quisiera más. Haciendo que lo deseara todo.
Deslizó las manos por su espalda, sintiendo su fuerza, amando la forma en que su duro cuerpo se
sentía bajo las yemas de sus dedos.
Nile se tomó su tiempo, ahuecando su mejilla, mordisqueando sus labios. Era tan dulce y amable.
Sabía que siempre sería así con él. Fácil. Lento. Gradualmente. Él la haría arder con su paciencia y
sus maneras suaves.
Cerró los ojos y disfrutó de la sensación de sus labios recorriendo su cuello y luego el otro lado.
Cada uno de los hombres era diferente. Los amaría a su manera. Cada uno sería especial.
Distintos. Igualmente, importantes.
Sin embargo, ¿podría hacer esto? ¿Tener sexo con cuatro hombres? La idea de cambiar de un
hombre a otro cada noche se sentía mal, como si tuviera secretos.
Por otra parte, la idea de que todos ellos la amasen a la vez la hizo sentir con un poco de pánico.
Cuatro hombres tocándola al mismo tiempo, compitiendo por su atención. ¿Cómo lo harían? Todos
a la vez. Era difícil de visualizar, pero sospechaba que lo habían hecho antes.
¿Se estaba perdiendo a sí misma? Había perdido mucho en las últimas dos semanas. Su hogar y
sus padres. Su forma de vida. Nunca imaginó enamorarse en esta etapa de su vida. ¿Cómo podría
hacerlo? Tenía la intención de vivir con sus padres durante todo el tiempo que pudieran evitar ser
detectados. Al parecer, ese día llegó demasiado pronto.
Ella sabía intelectualmente lo que estaba pasando en el mundo. Había entendido por qué sus
padres se habían escondido en primer lugar. Para proteger a sus hijas en un mundo donde ya no
había suficientes mujeres.
Sabía, por los informes de las noticias y más tarde por el boca a boca, que la situación era cada
vez más desesperada. No se podía confiar en nadie. Había demasiados grupos que se
aprovecharían de ella y de Ariel, incluido el gobierno.
Las mujeres habían sido acorraladas y obligadas a contraer matrimonios concertados con 91
hombres ricos o con varios hombres. Las habían obligado a tener hijos en contra de su voluntad.
Las habían utilizado para experimentos científicos y las habían torturado, violado, golpeado y
tratado como animales.
Ese era el mundo en el que vivían. Excepto aquí. Excepto con Los Wanderers.
Layla y Ariel habían sido advertidas una y otra vez de que debían encontrar a Julie si algo les
sucedía a sus padres. Julie era una de las pocas personas vivas en las que sus padres confiaban
plenamente. Layla aún no había conocido a Julie. Ni siquiera estaba segura de que Julie viviera en
este complejo en particular o de que estuviera bajo tierra.
Ya habría tiempo para encontrar a la mejor amiga de su madre. Ahora mismo, Layla necesitaba
centrarse en los asuntos más urgentes.
Nile estaba besando su boca de nuevo, como si tuviera todo el tiempo del mundo. En cierto modo lo
tenía. Evidentemente, era el tipo de hombre que se tomaba su tiempo.
Una risita brotó de ella, haciendo que él se apartara y le sonriera, con el ceño fruncido al mismo
tiempo. -Me siento algo cohibido cuando las mujeres empiezan a reírse mientras las beso, -
bromeó.
Ella puso los ojos en blanco. -No lo haces. Eres la definición de confianza. Los cuatro lo son. -
Se rio. -Vale, pero ¿qué te ha hecho reír? -
Un rubor subió por sus mejillas.
Él se retiró otro centímetro, los ojos se estrecharon aún más. -Ahora tengo aún más curiosidad. -
Ella tomó aire. - ¿Puedo hacerte algunas preguntas? -
-Por supuesto. Siempre. -
-Sobre el sexo. -
Sus párpados se levantaron. -Sí. Hazlas. -
Se relamió los labios. Nile parecía el mejor de los cuatro para hacer las preguntas difíciles, y ella
quería las respuestas difíciles. -Cuando haces el amor...-
- ¿Sí? -
- ¿Cuánto tiempo lleva? -
Se rio. - ¿Yo? ¿Estás preguntando cuánto tiempo me gusta a mí personalmente? - 92
Ella sacudió la cabeza. -No te avergüences. He preguntado. Prefiero que seas sincero, así lo
entiendo mejor. - Lo dijo sinceramente. Era más que dulce de su parte abrirse a ella de esta
manera.
- ¿Quieres que te cuente más? -
-Sí. Cuéntamelo todo. - Se retorció más cerca, pegándose a su pecho.
-Si estuviera a solas contigo regularmente, preferiría correrme en tu mano o en tu boca la
primera vez que a solas en el baño. Así podría ir más despacio y tomarme mi tiempo para
amarte.-
-Oh. -
-No sin tu permiso, por supuesto. No quiero decir que vaya a presionarte para que me la chupes o
algo así. - Él gimió. -Jesús, estoy estropeando esto. -
Ella negó con la cabeza. -No lo estás haciendo. Te lo prometo. Agradezco tu franqueza. -
Tomó aire. -Dime, cariño. ¿Qué más quieres saber? -
-De acuerdo, - se mordió el labio inferior y fue a por ello. - ¿Cómo funciona para la mujer? -
Él se encogió. -Bueno, está bien. No es lo mismo para las mujeres, pero de nuevo las mujeres son
todas diferentes. No hay dos iguales, pero la mayoría puede correrse más veces y más a menudo
que los hombres. Aunque me han dicho que para las mujeres es más un producto de sus
sentimientos que de la biología. -
- ¿Qué quieres decir? - Ella estaba confundida.
-Me refiero a que, por muy burdo que suene, los chicos pueden llegar al orgasmo con casi
cualquiera, mientras que las mujeres suelen tener una mejor experiencia cuando les gusta mucho
el chico. Emocionalmente, quiero decir. Entonces, una mujer puede no correrse si no está
interesada. Ella no puede salir de su cabeza para relajarse. Aunque, algunas pueden hacerlo de
todos modos y pensar en otra persona, supongo. -
Dejó caer su frente sobre su hombro. -Me estás matando. -
Ella soltó una risita. -Lo siento. - Le pasó la mano por la espalda.
Él levantó la mirada y la miró con escepticismo. - ¿Lo sientes? -
Ella negó con la cabeza. -No. La verdad es que no. Pero te agradezco que me expliques las cosas.-
Él la miró fijamente durante varios segundos. -Dime esto... Cuando estás sola, cuando te 94
masturbas, ¿cuánto tiempo te lleva correrte y cuántas veces puedes hacerlo? -
Ella se sonrojó tan profundamente que sintió que su cara ardía.
-Eh, ahora. Es justo. He desnudado mi alma para ti. - Le tomó la mano, unió sus dedos y le apretó
el puño contra el pecho. -Por favor, dime que te has masturbado. Entiendo que no has conocido a
nadie para tener una sola oportunidad de tener sexo, pero me moriré aquí mismo si me dices que
nunca has experimentado el placer al menos de tu propia mano en veintiún años. -
-Lo he hecho. -
Exhaló dramáticamente.
Ella soltó una risita, aunque era extraño reírse en esta conversación. -No soy la más
experimentada, eso sí. He compartido el dormitorio con mi hermana toda mi vida. Rara vez he
estado sola. Pero lo descubrí por mi cuenta hace varios años, y me he tocado lo suficiente como
para saber qué se siente un orgasmo. -
-Gracias a Dios. -
-No puedo decir que se me dé muy bien, ni que lo haga muy rápido, pero, además, tenía que estar
callada, y siempre tenía miedo de que Ariel se despertara y me pillara. Además, en mi
imaginación, no tenía hombres como tú para inspirarme. -
Sonrió, con sus dientes blancos y rectos brillando en la tenue luz. -Bueno, no tendrás que
preocuparte por ser cautelosa o silenciosa aquí. Las paredes entre los dormitorios no están
especialmente insonorizadas, así que no tenemos muchos secretos dentro del apartamento, pero
las paredes de los apartamentos de ambos lados están aisladas, así que nadie fuera de nuestra
unidad familiar te oirá gritar. -
Ella puso los ojos en blanco. -Yo no grito. -
Él levantó una ceja. -Mmm. -
-Nile, - protestó ella. -Sé razonable. -
-Lo soy. - Él la puso de espaldas, le soltó la mano junto a la cadera y le puso la amplia palma de
la mano en el estómago.
La respiración de ella se entrecortó. Su cuerpo cobró vida ante la intensidad de su mirada.
-Como he dicho, para las mujeres es un producto de las emociones. Puede que descubras que 95
puedes correrte más fácilmente y con más frecuencia si estás con un hombre o cuatro que
conozcan tu cuerpo y sepan exactamente dónde tocarte, cuándo, cómo y durante cuánto tiempo. -
Ella asintió, retorciéndose contra su mano.
Él la miró fijamente.
- ¿Puedo tocarte los pechos? -
Ella asintió, con la boca seca.
Él deslizó su mano lentamente por su cuerpo. En el momento en que sus dedos rozaron la parte
inferior de su pecho, ella se quedó con la boca abierta y arqueó el pecho, necesitando más como si
necesitara su próximo aliento.
Él la cogió suavemente, sus dedos se amoldaron al pesado globo hinchado por la lujuria. No tenía
las tetas muy grandes y rara vez había llevado sujetador, sobre todo porque nunca había tenido
uno que le quedara bien, pero en ese momento, su pecho se sentía mucho más grande.
Nile la provocó con sus dedos, acariciando el suave globo a través de la camiseta de tirantes,
volviéndola loca. Cuando por fin le pasó el pulgar por el pezón, ella gritó sin poder evitarlo.
El ruido la sorprendió y se tapó la boca con la mano, jadeando, mientras miraba la puerta. Los
demás tenían que haberla oído.
Nile apartó la mano, sonriéndole.
-No te rías, - dijo ella. -Me da mucha vergüenza. -
Él negó con la cabeza. -No me estoy riendo de ti, cariño. En todo caso, me estoy riendo de mis tres
compañeros que probablemente tienen sus pollas en las manos al otro lado de esa puerta, y
apostaría dinero a que quieren matarme ahora mismo. -
Ella lo empujó, el momento terminó. -Déjalos entrar. -
Él no se movió, pero sí que le acarició la cara. -Lo haré. Pero escucha, sólo quería que probaras la
diferencia. -
- ¿La diferencia entre qué y qué? - preguntó ella, confundida una vez más.
-La diferencia entre lo que se puede sentir al tener a alguien que te toca de verdad y tú tocándote
a ti misma. -
Se sonrojó y asintió. -De acuerdo, ya lo has dicho. - Ella lo empujó de nuevo. -Déjales entrar 96
ahora. -
Nile se deslizó de la cama y abrió la puerta de un tirón. Se apartó y Layla se levantó sobre los
codos para ver por la puerta. Efectivamente, los tres hombres estaban de pie en el salón. Ledger
parecía que iba a arrancarse el pelo y ya lo había hecho varias veces a juzgar por lo despeinado
que estaba.
Gatlin tenía las manos en las caderas, pero sus ojos estaban desorbitados.
Y Jay... Había sido el primero con el que había tenido una conexión. Sentía un vínculo especial con
él. Estaba apoyado en el respaldo del sofá, con los tobillos cruzados y profundas arrugas en la
frente. También tenía los brazos cruzados. No estaba enfadado. Estaba pacientemente frustrado.
Nile habló. Bueno, primero se rio. Pero luego levantó las manos en un gesto inocente. -No es que
les deba una explicación a ninguno de ustedes, pero les prometo que hemos estado hablando la
mayor parte del tiempo. Lo máximo que he hecho es besarla. El grito que escucharon fue por un
ligero roce contra su pezón. Nuestra Layla es un petardo. -
Los otros tres lo miraron fijamente, sin moverse.
- ¿Y? - preguntó finalmente Jay, rompiendo el silencio. Su mirada pasó de Nile a Layla.
Layla suspiró. -Esto de compartir no va a funcionar si no estamos todos en la misma habitación.
No soporto la idea de que se paseen y esperen su turno para estar junto a mí. Van a tener que
pensar en pequeños términos y pensar en cómo compartir esta cama porque es nuestra única
opción. -
Jay fue el primero en moverse, exhalando una profunda respiración. Dejó caer los brazos y
atravesó la puerta, arrastrándose por encima de ella para que se viera obligada a soltar los codos
y caer de espaldas.
Su intensa mirada se transformó en un instante en una tímida sonrisa. Le besó los labios y se dejó
caer sobre una cadera a su izquierda. -Va a ser estrecho. -
-Llamémoslo acogedor, - sugirió ella.
Jay apoyó su mano en su estómago mientras los demás entraban en la habitación, dejando la
puerta abierta esta vez. - ¿Qué pezón? - preguntó.
Ella puso los ojos en blanco.
Nile se rio. -El izquierdo. -
-Entonces, ¿dices que nadie ha tocado el derecho todavía? - se burló él, sonriendo. 97
-No que yo sepa. - Nile miró a los otros dos hombres, pero Layla volvió a centrar su atención en
Jay cuando éste deslizó su mano hacia arriba para tocar su pecho derecho.
Ella se contoneó bajo la intensidad de su mirada. Ese toque la devolvió a donde estaba hace unos
minutos. Excitada. Necesitada. Le rodeó el pezón a través de la camisa con un dedo,
lánguidamente, como si tuvieran todo el tiempo del mundo.
Ella se llevó las manos a los costados, deseando que dejara de atormentarla. Debería haber sido
raro, sabiendo que los demás estaban mirando, pero en cambio se sentía menos raro que saber
que estaban fuera de una puerta cerrada preguntando.
Jay rodeó su pezón una y otra vez, mirándola fijamente mientras ella se retorcía.
-Por favor...- murmuró finalmente.
-Dios, me encanta ese sonido, - dijo Ledger. -Podría ver felizmente cómo se retuerce toda la
noche desde aquí mismo. -
-Tal vez necesitemos una política de puertas abiertas, - sugirió Jay, sin perder su mirada. -Tal vez
a nuestra mujer le gusta que la observen. -
-Me parece bien, - murmuró Gatlin. -Es tan jodidamente sexy. - Se inclinó hacia delante, dejando
caer las manos sobre el colchón a los pies de la cama, pero sin acercarse.
Layla gimió. -No estoy segura de que me guste este juego. -
-Oh, nena, esto no es un juego, - prometió Jay. -O si lo es, siempre serás la ganadora. -
- ¿Te estamos apurando, cariño? - preguntó Gatlin mientras le besaba el pie.
Ella negó con la cabeza. -No. Quiero decir que la cabeza me da vueltas. Nunca me había sentido
tan... desesperada. -
Ledger se acercó a su otro lado, se sentó en el borde de la cama, enhebró sus dedos con los de
ella y le levantó el brazo por encima de la cabeza.
Ella jadeó por la forma en que la sostenía, obligándola a sentirse más abierta y expuesta con el
brazo estirado por encima de ella. Lo miró.
-Dame tu otra mano, princesa. -
Estaba temblando mientras la subía lentamente junto al cuerpo de Jay hasta que también estaba
estirada por encima de su cabeza.
Ledger sujetó ambas muñecas con una de las suyas. 98
Le inclinó la barbilla para que volviera a estar de cara a él. -No vamos a follar contigo esta noche,
princesa. Es demasiado pronto. Pero nos encantaría hacer que te corrieras. ¿Te parece bien? -
Ella jadeó mientras asintío, su cara se calentó una vez más.
Gatlin le puso las manos en las espinillas y le separó las piernas lentamente.
Estaba completamente vestida, si es que una camiseta de tirantes y unos leggings podían
considerarse completamente vestida. De alguna manera, la hacían sentir como si estuviera
desnuda y expuesta a sus miradas.
De repente, Jay le tocó un pezón y ella habría salido disparada de la cama si Gatlin no hubiera
estado preparado y le hubiera agarrado las piernas.
Ella jadeó, su visión se nubló, y entonces Jay encontró su pezón con dos dedos y lo pellizcó.
Se movió, retorciéndose todo lo que podía con Ledger sujetándole los brazos y las manos de Gatlin
deslizándose por el interior de sus muslos.
De repente, Nile estaba inclinado sobre ella, de alguna manera entre Gatlin y Ledger. Le acarició
la mejilla con un dedo, y cuando ella se encontró con su mirada, su expresión era seria. - ¿Estás
bien, cariño? -
Ella asintió.
- ¿Quieres que nos detengamos? -
Ella negó con la cabeza. -No. Dios, no. -
Puso la palma de la mano en su estómago, contra su piel desnuda porque la camisa se había
levantado. - ¿Podemos hacer que te corras, Layla? -
Sí, a Nile realmente le gustaba asegurarse de que tenía el consentimiento. Era entrañable.
Ella se lamió los labios. -Por favor. -
Subió la mano por debajo de la camiseta hasta que le tomó el pecho izquierdo. Jay seguía
atormentando el derecho, y su pulgar volvía a rozar el pezón. Gatlin le abrió las piernas y sus
pulgares acariciaron los bordes de sus partes íntimas.
-Puedo oler tu excitación, cariño, - murmuró Gatlin. -Es embriagador. - Acercó los pulgares,
acariciando ahora sus labios a través del material de los leggings y las bragas. No iba a necesitar
quitarle la ropa para que se corriera. Ella ya estaba al borde.
De repente, él aplanó una palma sobre su centro, presionando contra su calor. 99
Ella gritó, levantando las caderas del colchón. Su cabeza rodó de un lado a otro. Cerró los ojos con
fuerza. Tantas manos. En todas partes. Tantas sensaciones.
Gatlin encontró el sensible manojo de nervios que a veces había tocado para correrse. Le acarició
el bulto hinchado a través de la ropa. No necesitaba más. El contacto directo no era necesario. En
el momento en que Nile le pellizcó el pezón, seguido de Jay, Ledger se inclinó y reclamó sus
labios.
Layla gimió en su boca, con todas las terminaciones nerviosas de su cuerpo en llamas. Era
imposible devolverle el beso, pero a él no le importó. Siguió besándola, mordisqueándola por
todas partes mientras ella se retorcía por la embestida de tantas sensaciones.
Gatlin presionó más fuerte contra sus labios, y entonces consiguió pellizcar su clítoris a través del
algodón.
Se corrió tan rápido y tan fuerte que dejó de respirar mientras las olas de placer la inundaban. Su
cuerpo se sacudió con cada pulso de su liberación.
Aquellos cuatro increíbles hombres parecían saber exactamente cuándo debían relajarse y luego
liberarla.
Jadeó mientras parpadeó. Finalmente, fijó su mirada en Nile. -Ya veo lo que querías decir. - Ella
seguía respirando con dificultad.
Él sonrió.
- ¿A qué te refieres? - preguntó Gatlin mientras se inclinaba entre sus piernas y la besaba con
reverencia.
Nile le cogió la cara. -Tuvimos una discusión bastante intensa sobre el sexo y lo que se podía
esperar. No creo que me creyera del todo que podríamos y haríamos que se corriera más fuerte de
lo que nunca ha conseguido sola con sus propios dedos. -
Jay se rio. -Me alegro de que te lo hayamos aclarado, nena. - Se inclinó y la besó suavemente. -
Eso fue sólo el principio. -
Ella se estremeció, su cuerpo se estremeció ahora que estaba bajando del mejor orgasmo de su
vida.
Ledger le soltó las muñecas y todos se movieron a la vez para taparla con las mantas. Los tres 100
hombres que seguían vestidos de más se quitaron todo menos los calzoncillos, y todos se subieron
a la cama.
-Esto está demasiado apretado, - señaló Gatlin desde fuera, detrás de Jay.
Layla, que por fin se sentía más relajada, soltó una risita. -Vale, supongo que no tenemos que
dormir todos en la misma cama, pero por ahora prefiero no tener extrañas relaciones secundarias
secretas con cada uno de ustedes. Es demasiado estresante para los demás. Nadie debería
sentirse engañado. No quiero que nadie piense que obtuvo más tiempo o el primer toque a alguna
parte del cuerpo o lo que sea. ¿De acuerdo? - Miró a todos los presentes.
-Trato, - dijo Gatlin mientras se levantaba y se inclinaba sobre la enorme estructura de Jay. -Qué
tal si dormimos de dos en dos contigo? -
Ella asintió. -Perfecto. -
Todos se inclinaron para besar alguna parte de ella, y luego Gatlin y Nile salieron de la habitación
para dormir en otro lugar. Esta vez no cerraron la puerta, lo que fue lo más cercano a lo perfecto
que ella podía imaginar.
Tardó un rato en estabilizar su respiración mientras Jay y Ledger se apiñaban a su lado. No estaba
muy segura de cuánta interacción tenían los hombres entre sí, pero se alegró de que no
parecieran reacios a rozarse al menos. Jay le había dicho que no tenían sexo entre ellos, pero eso
no significaba que nunca se tocaran. Parecía inevitable que entraran en contacto con la piel
desnuda del otro.
Ambos hombres tenían un brazo puesto sobre ella, sus antebrazos se tocaban donde descansaban
debajo de sus pechos.
Ella cerró los ojos, sonriendo mientras se dejaba llevar por el sueño.
CAPÍTULO 14 101
Layla pasó la siguiente semana de un lado a otro, aprendiendo lo que significaba vivir con Los
Vagabundos, adaptándose a pasar casi todo el tiempo bajo tierra en el recinto, donde había muy
poca sensación de día o de noche.
Durante los primeros días, ella y Ariel pasaron juntas por el proceso de admisión, aprendiendo las
reglas y memorizando los mapas. Al cuarto día, Ariel empezó a seguir a Brea en el intercambio de
ropa.
Layla tomó un camino diferente. Siempre había estado más interesada en las plantas que su
hermana, aprendiendo todo lo que podía de sus padres. El consejo reconoció que podía ser un
activo importante y le pidió que siguiera al equipo de personas cuyo trabajo era asegurarse de
que los Wanderers nunca se quedaran sin comida. El departamento de agricultura.
Resultó que muchos de sus alimentos se cultivaban bajo tierra en un elaborado sistema de
invernaderos que incluía increíbles claraboyas que dejaban entrar el sol en su espacio
subterráneo sin que nadie lo notara desde arriba, sobre todo los helicópteros.
En su tercera mañana en el laboratorio, al lado del invernadero, estaba repasando las
proyecciones cuando una sombra cayó sobre ella. Levantó la vista de donde estaba sentada en
una mesa y se encontró con una mujer que la miraba fijamente. Tendría unos cincuenta años y
llevaba el pelo canoso recogido en un moño desordenado y suelto, cuyos mechones se habían
escapado y colgaban alrededor de su cara.
Los ojos de la mujer se abrieron de par en par y se inclinó hacia delante para poner las palmas de
las manos sobre la mesa. -Te pareces a tu padre, - murmuró.
Layla supo de repente de quién se trataba. -¿Julie? -
La mujer rodeó la mesa mientras Layla se ponía en pie, y antes de que Layla pudiera averiguar
sus intenciones, la mujer la abrazó con fuerza. Julie la meció de un lado a otro durante un
momento antes de soltarla.
Seguía agarrando sus hombros mientras la miraba. -He oído que estaban en el recinto. Pensé que
había una posibilidad de encontrarte en el laboratorio. Siento mucho lo de tus padres. - Sus ojos
se llenaron de lágrimas y soltó a Layla para que se las limpiara.
-Gracias, - murmuró Layla en respuesta. A ella también se le atragantó la mención de sus padres.
Sólo habían pasado tres semanas desde que murieron, pero a veces parecía toda una vida.
- ¿Tu hermana? - Preguntó Julie. 102
- ¿No es peligroso? Tenía la impresión de que la mayoría de las mujeres permanecían bajo tierra
por su propia seguridad. -
-Eso es cierto. Intentamos mantener a las mujeres y a las niñas fuera de la vista siempre que sea
posible, pero algunas son necesarias fuera del recinto. Como Maya, por ejemplo. Ella es una
exploradora. Es valiente e inteligente y trabaja más duro que nadie que conozca para encontrar
gente como tú y traerla al redil. Hay otras como ella. Mujeres que conocen el territorio en el que
trabajan, aunque tuvieran los ojos vendados. Tienen que ser mujeres las que busquen a personas
en busca de un refugio seguro. Nadie confiaría en un hombre para ponerlas a salvo. -
-Es cierto. -
-Pero eso no es lo que hago, por supuesto. Traigo al mundo bebés. Cuando puedo. No siempre
puedo estar en el recinto correcto cuando un bebé está listo para nacer, así que he entrenado a
otros hombres y mujeres para que ayuden en el proceso de parto, pero intento estar donde se me
necesita en el momento adecuado. -
-Cierto. No había pensado en eso. La gente se queda embarazada aquí abajo. - Se estremeció,
rodeándose con los brazos. Se lamió los labios, dándose cuenta de repente de que ella sería una
de ellas si empezaba a tener sexo sin protección. Dios mío. La idea la asustaba mucho. No estaba
preparada para ser madre. No es que tuvieran una reserva de preservativos.
Layla se frotó la frente.
-No tienes que ser una de ellas, si prefieres no hacerlo, - respondió Julie.
Layla la miró, con el ceño fruncido. - ¿Cómo? -
-Tengo acceso a los anticonceptivos. Hay un mercado negro para ello. Puedo ponerte una
inyección que te permitirá estar protegida tres meses seguidos. Conveniente. Fácil. Ni siquiera
tendrás el periodo mientras lo tomes. Puedo dártela hoy mismo si te interesa. -
Layla se lamió los labios. -No había pensado en eso en absoluto. Supongo que debería hablar con
los chicos sobre esto. -
- ¿Has tenido ya sexo sin protección? Necesitaría saber eso primero. -
Las mejillas de Layla se calentaron a ciento cincuenta grados. -Todavía no he tenido sexo,-
murmuró, mirando a su alrededor para asegurarse de que nadie la oyera.
Julie se acercó y puso una mano suave en el hombro de Layla. -No tienes que avergonzarte. Lo 104
que hablemos es entre tú y yo. No irá más allá. ¿De acuerdo? -
-Gracias, - susurró ella.
-Y mi opinión sobre Jay, Gatlin, Ledger y Nile acaba de subir unos diez peldaños. - Ella sonrió. -
Como dije, buenos hombres. -
-Lo sé. -
-En cuanto a discutir tus opciones con ellos, puedes hacerlo si quieres, pero en última instancia
eres dueña de la autonomía sobre tu cuerpo. Es la razón principal por la que existen los
Wanderers en primer lugar. Nadie tiene derecho a decirte cuándo debes o no debes quedarte
embarazada. Tampoco tienen derecho a obligarte a seguir embarazada. Si alguna vez descubres
que estás embarazada y no quieres estarlo, acude a mí y nadie lo sabrá. - Levantó las cejas como
para asegurarse de que Layla entendía lo que quería decir.
Layla asintió. -Gracias, de nuevo. -
-Para eso estoy aquí. -
Layla consideró la gravedad del trabajo de Julie y lo importante que era para la comunidad.
Salvaba vidas. Ayudaba a la gente. Ella dio a luz a los niños, pero se aseguró de que fueran
queridos.
-Creo que debería hablar con los chicos esta noche, si está bien. Todavía nos estamos tanteando,
obviamente, pero no querría tomar una decisión así sin hablar con ellos primero. -
Julie asintió, pero su expresión era escéptica. -No te culpo por discutirlo con ellos. En una relación
sólida, lo mejor es ser totalmente franco y comunicativo, pero al final, debes saber que la decisión
es sólo tuya. No son ellos los que tienen que cargar con el bebé durante nueve meses, dar a luz y
luego amamantarlo. Eres tú. No dejes que te obliguen a hacer algo para lo que no estás preparada.
Eres muy joven. -
Layla se puso más alta. Julie tenía razón. Realmente le gustaba esta mujer. No es de extrañar que
su madre fuera tan buena amiga de ella. De repente se lanzó hacia delante y abrazó a la vieja
amiga de su madre.
Julie le devolvió el abrazo con la misma fuerza, meciendo a Layla de un lado a otro de forma
calmada y maternal. Era lo que más necesitaba Layla en ese momento. Una madre.
-Odio que no esté aquí para hablar con ella, - susurró Layla mientras soltaba a Julie.
-Lo sé. Lo siento mucho. Es una mierda. Pero estoy aquí para ti siempre que me necesites. ¿De 105
acuerdo? -
Layla sonrió, forzando la sobrecarga emocional. -Gracias. -
###
-Habla con nosotros, cariño, - le suplicó Jay más tarde esa noche. -Todo este ritmo me está
poniendo nervioso. Ya estamos todos aquí. Dinos lo que piensas. -
Layla dejó de pasearse y respiró profundamente, apoyándose en la pared del salón para poder
mirar a los cuatro hombres gigantes que se reunían en medio círculo a su alrededor. Tenían las
mismas cejas fruncidas, las mismas manos en las caderas, las mismas respiraciones
superficiales de preocupación.
Layla se frotó las manos y se enfrentó a ellos. -Hoy he conocido a Julie. -
-Bien. He oído que ha estado aquí en el recinto esta mañana, - dijo Gatlin.
Unos momentos después, Ledger habló. -Nos estás asustando, princesa. -
Layla negó con la cabeza. -Lo siento. No es mi intención. Esto es difícil para mí. Son todos tan...
intensos. -
-No queremos que sientas que no puedes contarnos algo, cariño, - dijo Nile. -Pregúntanos
cualquier cosa. Háblanos de cualquier cosa. Siempre. -
Otra respiración profunda. -Julie dijo que tenía acceso a los anticonceptivos. - Se retorció las
manos y siguió adelante. -No estaba segura de cómo se sentían todos ustedes sobre ese tipo de
cosas, y le dije que quería hablar con todos ustedes primero. Y.…-
Dejó de divagar cuando los cuatro hombres tropezaron aparentemente de forma colectiva hacia
atrás.
Jay se pasó una mano por la cabeza y se agarró al brazo del sofá mientras se desplomaba sobre
el cojín. -¿Control de natalidad? - Casi gimió y luego se rio.
El calor subió por la cara de Layla mientras el pánico se hinchaba en su interior. Tal vez Julie
había tenido razón. Tal vez no debería haberlo mencionado. Haberlo hecho a sus espaldas.
Después de todo, era su maldito cuerpo. Su elección.
Sintiéndose un poco molesta por la reacción de ellos y decidiendo poner su pie en el suelo, puso 106
sus manos en las caderas y tiró de sus hombros hacia atrás. -No es su elección en absoluto,
sabes. Sólo intentaba ser cortés. Pensé que éramos una especie de equipo. Tu reacción me está
haciendo dudar de eso y cuestionar la necesidad del control de la natalidad en absoluto. -
Todas las cejas se alzaron mientras ella hablaba, pero fue Jay quien se levantó del sofá y se
acercó a ella, agarrando su cara y encontrando su mirada. -Cariño, no lo entiendes. Ninguno de
nosotros se atrevería a decirte lo que tienes que hacer con tu cuerpo. Nunca. Jamás. -
-Entonces, ¿por qué actúan todos como si les hubiera dicho que había apuñalado a una docena de
gatitos? -
Jay negó con la cabeza, mientras el resto se cerraba en torno a ella, todos hablando a la vez.
Ella dio un paso atrás, liberándose, apoyándose en la pared, con una mano extendida. -Basta. No
puedo entender una sola palabra con todos ustedes hablando al mismo tiempo. - Se volvió hacia
Jay. -Explícate. -
-Cariño, nos has asustado mucho cuando has convocado esta reunión. Pensamos que ibas a
anunciar que habías decidido no quedarte con nosotros. Estamos tan aliviados ahora mismo que
sólo necesitamos un momento para respirar. -
Ella frunció el ceño. - ¿Por qué demonios iba a dejarlos? -
Jay se encogió de hombros. -No lo sé. Simplemente nos entró el pánico. -
Ella miró de un hombre a otro. - ¿Se han pasado las últimas cuatro horas susurrando entre
ustedes, creyendo que estaba a punto de anunciar que no quería estar con ustedes? -
-Sí, princesa. En eso se nos fue la cabeza, - admitió Ledger. Extendió la mano y le pasó un dedo
por la mejilla. -Si quieres utilizar algún método anticonceptivo, adelante. Nosotros, egoístamente,
te mantendremos para nosotros todo el tiempo que quieras. - Sonrió.
-De acuerdo. - Ella se lamió los labios. -Bien. Eso es lo que quiero. - Esto era incómodo. Por
supuesto, todo el día había esperado que fuera incómodo.
Nile se acercó a ella, la estrechó entre sus brazos y la besó suavemente, tal y como ella esperaba
de él. Le alisó el cabello y la miró a los ojos. -Has sido muy amable el decirnos. Siento que
hayamos reaccionado de forma tan extraña. No volverá a ocurrir. Queremos que puedas convocar
una reunión como ésta cuando quieras. -
Ella deslizó sus manos por su espalda. -Entonces, ¿ninguno de ustedes se preocupa? ¿Está bien? -
-Está perfectamente bien. Y cuando y si decides que quieres dejar de tomarlas, también 107
apoyaremos esa decisión. Nunca tomaremos esas decisiones por ti, cariño. -
Miró a los demás. -De acuerdo, pero si vamos a ser una unidad familiar, entonces no haría algo así
sin consultarlo. -
Gatlin deslizó una mano por sus bíceps. -Y agradecemos tu consideración. -
Para no quedarse al margen, Ledger le cogió la mano, la apartó de los demás, se sentó en uno de
los sillones y la arrastró hasta su regazo. La rodeó con sus brazos y la estrechó contra su pecho,
enterrando su cara en su cabello.
Ella le rodeó el cuello con sus brazos, sintiendo que él necesitaba ese consuelo.
Cuando su respiración se estabilizó, él la miró. -Sé que los tiempos son una locura, y que estás
pasando por muchas cosas, y que probablemente estés confundida y asustada la mitad del
tiempo, pero quiero que sepas que estamos totalmente comprometidos contigo en todos los
sentidos. Los cuatro. No tenemos ninguna duda. Queremos que seas nuestra para siempre. Cuando
estés preparada. Nadie va a presionarte para que tomes esa decisión. Y nadie va a presionarte
para tener sexo tampoco. -
Fue muy agradable oírle decir todo eso. Aunque pasaba tiempo con cada uno de ellos todos los
días, no habían tenido una discusión seria sobre sus intenciones colectivas desde su declaración
inicial de que la querían.
- ¿Cuándo, exactamente, entra en vigor el control de natalidad? - preguntó Gatlin mientras se
inclinaba sobre el respaldo del sillón.
Ella se rio. -Mañana. No estoy segura de que sea efectivo inmediatamente, pero Julie me dijo que
me pondría una inyección mañana. -
Gatlin se inclinó hacia ella y la besó por encima de Ledger. -Me gusta ese plan. -
Ella volvió a reírse. -Por supuesto que sí. ¿Por qué no me sorprende? -
-No sé por qué estabas tan preocupada, cariño, - añadió Jay. -Espero que en el futuro no te
preocupes por enfrentarnos. -
-Lo intentaré. - Era cierto que era poco probable que se sintiera tan estresada como hoy después
de ver sus reacciones y darse cuenta de lo mucho que se preocupaban por ella y lo
comprometidos que estaban.
Era difícil para ella estar segura hasta ahora. No los conocía desde hacía mucho tiempo, ni se 108
habían enfrentado a una confrontación como la que les había planteado antes de esta noche.
Ahora lo sabía. Le cubrían las espaldas.
¿Estaba preparada para dar el siguiente paso con ellos?
Se estremeció. Cada vez que pensaba en tirar la cautela al viento y dejar que esos cuatro
hombres la sacaran de esta estratosfera, los nervios la consumían.
Tal vez si hubiera vivido en un mundo anterior en el que hubiera salido con un chico al final de la
adolescencia, dejando que le metiera mano poco a poco hasta que finalmente tuvieran sexo,
habría sido como cualquier otra adolescente.
Pero ese no era el mundo en el que vivían. Y estos no eran chicos adolescentes. Eran hombres.
Todos ellos mayores que ella. Todos ellos con experiencia. Habían tenido sexo. Habían compartido
mujeres.
Ella no había hecho nada de eso. No con un chico. No con un hombre. No con dos hombres.
Ciertamente no con cuatro.
Sabía que nunca la presionarían para hacer algo para lo que no estuviera preparada. Ni les
importaría su inexperiencia. Pero cuando consideró incluso los aspectos más básicos de lo que
significaría el sexo con cuatro hombres...
Demonios, cuando pensó en su primera noche aquí y en cómo la habían hecho sentir. Todos ellos.
Tocándola por todas partes. Haciendo que su cerebro funcionara mal y su visión fuera borrosa.
Haciendo que sintiera cosas que nunca había comprendido del todo. Ni siquiera con sus propios
dedos.
Tenía la ropa puesta cuando le dieron ese orgasmo alucinante. ¿Qué pasaría cuando la
desnudaran, cuando ellos también estuvieran desnudos? Estaba casi demasiado asustada para
averiguarlo, así que estaba arrastrando los pies.
Pero Dios, los deseaba. Su cuerpo estaba vivo de una manera que nunca había experimentado,
desde que los conoció. Una excitación de bajo nivel la seguía a todas partes todo el tiempo. Quería
entregarse a ella.
Se lo planteaba cada noche y luego se acobardaba.
No podía tocarse a sí misma y obtener algún alivio. Nunca estaba sola, excepto en el cuarto de
baño, y no había forma de que se arriesgara a masturbarse en la ducha. Con su suerte, acabaría
gritando o tardando demasiado. No se arriesgaría, pero definitivamente se estaba poniendo 109
inquieta.
Ledger le cogió la cara y la besó. -Me encantaría saber qué pasa por esa bonita mente tuya.
Teniendo en cuenta la forma en que te retuerces en mi regazo, diría que tiene algo que ver con
todas las formas en que te gustaría que adoráramos tu cuerpo sexy después de que el control de
la natalidad haga efecto. -
Ella se sonrojó y enterró la cara en su cuello. -Ya basta. -
Él se rio, su cuerpo vibrando bajo ella mientras sus manos se deslizaban por su espalda. Sólo
tardó unos instantes en sentir que su excitación pasaba de un nivel bajo permanente a algo más.
Sí, tenía que poner fin a esta farsa pronto antes de que perdiera la cabeza con pensamientos
lujuriosos.
Pronto.
Definitivamente pronto.
CAPÍTULO 15 110
- ¿Estás segura de esto? - preguntó Ariel mientras se sentaba frente a Layla a desayunar en la
cafetería. -Sólo llevamos dos semanas aquí, ¿y ya vas a salir del recinto? - Se mordió el labio
inferior por el estrés.
-Tendré cuidado. Lo prometo. Y no estaré sola. Estaré con gente que sabe exactamente lo que está
haciendo. La gente sale de este recinto todos los días, Ariel. La comida no aparece en el búnker
sin que alguien la cultive y la traiga. -
-Sí, pero tú eres una mujer. -
Layla sonrió. -La última vez que lo comprobé. Sí. -
- ¿Por qué tienes que ser tú? ¿No puede ir otra persona? -
Layla se acercó a la mesa y agarró la mano de su hermana. -Necesito hacerlo. Estoy interesada
en ayudar con la agricultura. Tengo conocimientos sobre el tema. No es que vaya a salir del
recinto todos los días y trabajar en un campo en algún lugar. Sólo necesito conocer el terreno
para saber a qué me enfrento. -
Ariel gimió. -Probablemente debería haber prestado más atención a las verduras mientras
crecía.-
Layla se rio. -No te interesaba. No hay nada malo en ello. Tienes otros intereses. -
-¿Te refieres a la ropa? - bromeó Ariel, poniendo los ojos en blanco.
-Bueno, sí. Quiero decir que tienes ojo para la moda. -
-Lástima que no vivamos en un mundo en el que la moda esté siquiera entre los mil primeros en
orden de prioridad. -
-Sí, pero, aun así. Puedes mirar a alguien y saber qué le quedaría bien. Todos queremos vernos
bien, incluso en un apocalipsis. -
Los ojos de Ariel se iluminaron y se inclinó hacia delante. - ¿Y tú? ¿Puedo elegir algo para ti que
deje boquiabiertos a tus hombres? -
Layla hizo una mueca. -Eh... no estoy segura de estar preparada para dejarles boquiabiertos. -
Los ojos de Ariel se abrieron de par en par. - ¿Hablas en serio? Llevas dos semanas viviendo con
ellos. No me digas que no has...-
Layla se sonrojó. -No lo he hecho. ¿Y podemos hablar de otra cosa, por favor? - 111
###
Una hora más tarde, Layla estaba metiendo una muda de ropa en una mochila mientras sus cuatro
hombres rondaban, se paseaban y gruñían. Ella trató de ignorarlos.
-Creía que esta era una sociedad de libre albedrío, - señaló mientras cerraba la cremallera de su
mochila.
Jay se puso delante de ella y estrechó su mirada. -No empieces a tergiversar las palabras. El libre
albedrío se extiende sólo hasta que alguien de la comunidad comienza a ejercer un
comportamiento imprudente. -
Ella suspiró, bajando los hombros. -No estoy haciendo nada imprudente. No exageres. -
-No creo que hayas pasado suficiente tiempo vagando por este país para entender lo peligroso
que es para una mujer ahí fuera, especialmente para una joven y guapa como tú. -
Ella sonrió. -Gracias por el cumplido. Estoy segura de que confías en la gente con la que viajaré,
¿verdad? -
Jay se acercó a ella. -No se trata de confiar o no confiar en nadie, cariño. Nosotros también
confiamos implícitamente en ti, pero ahí fuera ocurren cosas que están fuera del control de
cualquiera, y no queremos que te hagan daño. -
-Quieres decir capturada. No hay medio camino. Me captura una de las varias entidades que
conforman el enemigo colectivo, o vuelvo aquí. Nadie va a hacerme daño. No se atreverían a dañar
ni un pelo de mi cabeza. -
Ledger gruñó a continuación. -No queremos que te encuentres nunca en una situación en la que
desees que te hagan daño a ti en lugar de a lo que están haciendo. Hemos oído historias, princesa.
Historias que harían que se te encresparan los dedos de los pies. Algunos de los Wanderers han
estado en manos del enemigo y han escapado. Sabemos lo que pasa cuando la gente equivocada
se apodera de ti. -
-Bueno, no lo harán. - Layla se echó la mochila a la espalda y se puso de puntillas para besar a
Jay en los labios. Se dirigió a Ledger y besó sus labios reacios, seguido por Nile y Gatlin.
- ¿Stuart está conduciendo esta misión? - preguntó Gatlin.
-Sí. Y antes de que me sermonees sobre la seguridad, prometo ir debajo del asiento todo el 114
tiempo. Créeme, casi me oriné la última vez que casi nos atrapan. No voy a correr ese riesgo. -
Nilo le cogió la mano cuando pasó junto a él, se la llevó a los labios y le besó los nudillos con
suavidad. -Ten cuidado. -
Ella asintió y salió por la puerta.
No estaba segura de por qué se mostraba tan desafiante. Normalmente no era el tipo de persona
que haría algo peligroso o imprudente. Sus padres la habían escondido en un búnker subterráneo
secreto en su propiedad más veces de las que podía contar. Cada vez que llegaba un extraño, los
dos fingían que no tenían hijos. A veces lo hacían durante meses o años, hasta que confiaban lo
suficiente en el visitante como para contarle el secreto.
Layla necesitaba hacerlo por varias razones. Una, como había dicho, era importante para ella
entender la investigación y ayudar a mejorar sus habilidades agrícolas. Dos, necesitaba
establecer un entendimiento claro con su unidad familiar de que no sería tratada como una niña o
como algo débil. Y tres, honestamente, necesitaba algo de espacio. Una noche fuera le ayudaría a
despejar la cabeza y a pensar en las decisiones que estaba tomando.
Cuando estaba con los hombres, parecía caer bajo una especie de hechizo, adulándolos. Le hacían
difícil pensar. La tocaban constantemente, normalmente más de uno a la vez. No había dormido
sola desde que llegó. Dos de ellos siempre la flanqueaban.
Por supuesto, eso la hacía sentir segura y querida. No podía quejarse de los arreglos para dormir.
Y en cuanto al contacto físico constante, tampoco podía quejarse. Le encantaba cómo la adoraban,
todos compitiendo por su atención como si fuera de la realeza. ¿A quién no le gustaría que cuatro
hombres la adoraran?
Faltaba un paso para consumar literalmente su relación, hacerla oficial. No para nadie fuera de
su unidad familiar. No era asunto suyo. En lo que respecta a Los Wanderers, Layla no tenía
obligación de comprometerse a nada. Podía decidir que le gustaba que se la follaran cuatro
hombres y quedarse con ellos dos meses, un año o para siempre sin prometerles nada. Siempre
que ellos estuvieran de acuerdo, claro.
Aparte de Ariel, probablemente nadie más adivinaría que Layla no se había acostado con nadie en
las dos semanas que habían pasado desde su llegada. ¿Quién se lo iba a creer?
Se rio entre dientes al llegar a la salida donde se reuniría con el equipo.
-Hola, Layla. ¿Qué te hace tanta gracia? - preguntó Jeremy. Jeremy era básicamente su jefe.
Dirigía el departamento de agricultura de este complejo. Estaba más que agradecido de que se
uniera a su equipo, y era extremadamente educado y no se inmutaba cuando ella señalaba con la 115
mayor delicadeza posible nuevas ideas o cosas que podían mejorarse para aumentar la
producción.
A Layla le incomodaba tener más conocimientos que otra persona, pero en este caso era así. Sus
padres eran botánicos. La criaron dos personas con un doctorado en su campo. Le importaban las
plantas. Se preocupaba aún más por la sostenibilidad en un mundo que era cruel.
-Nada. - Layla se aclaró la garganta, sobria, mientras se sacudía los pensamientos sobre sexo.
Tenía que estar atenta y preparada para este viaje.
Otros dos hombres la acompañarían. Tarin, otro hombre que trabajaba en el departamento de
agricultura. Y Stuart, que resultó ser una especie de guardaespaldas cuando era necesario. Los
Wanderers eran en general un pueblo pacífico, pero cuando se veían amenazados, protegían a los
suyos.
Stuart iba armado y era letal cuando era necesario. Layla había oído que podía y había resuelto
más de una situación intensa sin sacar nunca un arma. Disparar armas llamaba la atención que
nadie quería.
- ¿Están listos? - preguntó Stuart mientras señalaba con la cabeza la salida.
-Sí. - Layla se subió la mochila a los hombros. No había salido desde que llegaron. En toda su vida,
nunca había estado tanto tiempo dentro. Ni siquiera un día entero. Gracias a Dios, vio la luz del sol
en el extremo agrícola del complejo, pero no era directa, y se sentía rara y falsa.
- ¿Los chicos te dieron algún discurso por dejar el complejo? - preguntó Stuart burlonamente
cuando llegaron a las escaleras que conducían al nivel del suelo.
-Intentaron limitarse a gruñidos de disgusto. -
Stuart se rio. -No les culpo. Yo probablemente daría la vuelta una mesa o dos si pensara que mi
mujer está en peligro. -
Tarin rió entre dientes. -Y por eso no tienes mujer. -
-Precisamente. -
Layla se preguntó si había alguna posibilidad de que Stuart fuera el hombre que le gustaba a
Ariel. Decidió tantear el terreno mientras todos subían al rellano superior. -Ariel se quejó mucho
de que me fuera del complejo. Peor que los hombres. -
Stuart la miró. -Sí, bueno, tu hermana tiende a ser vocal. Eso es seguro, - murmuró en voz baja.
Interesante. Así que, Ariel definitivamente tenía al menos algo de comunicación con Stuart, y 116
Layla ya sabía desde el día en que había conocido a Stuart y los rumores de sus hombres que
Stuart pensaba que Ariel era demasiado joven para él.
-Espera, - dijo Tarin. - ¿Ariel es tu hermana? ¿La rubia que se ha estado quedando con los Tillson?
¿Cómo no lo sabía? Por cierto, no se parecen en nada. -
Layla se rio entre dientes. -Sí. Yo me parezco a nuestro padre. Ariel se parece a mamá. -
Stuart terminó de marcar el código de salida y se volvió hacia Tarin antes de abrir la puerta. -¿De
qué conoces a Ariel? -
Tarin se encogió de hombros. - ¿No la conoce todo el mundo? Una mujer nueva y guapa se muda al
complejo. La gente se da cuenta. -
Stuart gruñó. -Es demasiado joven para ti. -
Layla tuvo que esforzarse para no reírse.
Los ojos de Tarin se abrieron de par en par. -Tiene casi diecinueve años. -
-Sí, ¿y tú qué tienes? ¿Veintisiete? -
- ¿Y? - Tarin sonrió satisfecho. -Tranquilo, tío. No he dicho que me haya acostado con ella. Sólo
hemos comido juntos unas cuantas veces. Es dulce y divertida. - Miró a Layla. -Lo siento. Es tu
hermana. No quiero faltarle al respeto. -
-Deberías seguir así, - murmuró Stuart mientras abría la puerta.
Tarin miró a Layla, con las cejas levantadas, sonriendo.
Interesante. Muy interesante.
Stuart se puso en modo guardaespaldas en cuanto salieron a la luz del sol.
Layla echó la cabeza hacia atrás y tomó el sol, disfrutando de la sensación que le producía en la
cara y los brazos. Le hubiera gustado estar allí todo el día, pero era evidente que eso no iba a
ocurrir.
Jeremy le tomó el codo. -Vamos, - la animó. -Sé que es raro la primera vez que sales después de
mucho tiempo abajo. -
Ella los siguió unos cientos de metros hasta que salieron literalmente del campo por encima del
búnker y se adentraron en la arboleda. Unos metros después, llegaron a la furgoneta, oculta y
camuflada.
Stuart se subió al asiento del conductor mientras Jeremy abría la puerta corredera y saltaba el 117
asiento oculto para inclinarlo hacia delante. -Siento esto, pero no me gusta correr riesgos. -
-Lo entiendo. A mí tampoco, - dijo Layla mientras subía al compartimento e intentaba ponerse
cómoda. No sería un viaje agradable, pero era mejor que cuando había tenido que compartir el
espacio con Ariel la primera vez.
En cuanto el asiento encajó en su sitio, Jeremy y Tarin se sentaron encima de ella y la furgoneta
despegó.
Sabía que el primer tramo del viaje duraría aproximadamente una hora, así que necesitaba cerrar
los ojos y tratar de relajarse o acabaría presa del pánico por la claustrofobia. Julie le había dado
algunos consejos sobre cómo relajarse en el espacio reducido. Incluso las personas a las que
normalmente no les molestaban los espacios reducidos a veces tenían problemas con los diversos
escondites en los que se hacinaban las mujeres del nuevo mundo.
Dos veces durante el viaje, la furgoneta se detuvo casi por completo y Stuart saludó a alguien que
pasaba. Pensó que tal vez los conocía. Puede que fueran Wanderers.
Layla se sintió más que aliviada cuando por fin llegaron a su destino y abrieron aquel maldito
asiento.
Jeremy y Tarin tuvieron que ayudarla. Las piernas le flaqueaban y estaba un poco mareada.
Después de respirar hondo, asintió. -Creo que estoy bien. - Siguió a los hombres hacia un gran
campo plantado con diferentes tipos de productos. Hileras e hileras de judías, trigo y maíz. Detrás
de ella había otro campo de lechugas y espinacas.
Stuart abrió una puerta en el suelo que era muy parecida a la de su complejo, y los cuatro
descendieron bajo la tierra. Todo tenía un aspecto similar. Entrada con teclado a un pasillo gris
monótono.
- ¿Cuánta gente vive aquí? - preguntó a Jeremy mientras seguían a Stuart y Tarin.
-Unos cientos. No tantos como en el recinto principal. Suficientes para cultivar esta tierra y existir
como comunidad. -
- ¿Cómo diablos hacen para que esta tierra de cultivo no se vea desde arriba? -
-Estamos demasiado lejos de cualquier gran ciudad para que los helicópteros se molesten en
vigilar esta zona. Si lo hicieran, supondrían que algún otro grupo enemigo vive aquí. -
- ¿La gente se da cuenta de que hay una gran comunidad de personas escondidas por toda esta
zona? -
-En su mayor parte no. Algunos sospechan o han oído rumores, pero no pueden estar seguros. 118
Somos muy sigilosos. Investigamos cuidadosamente a los recién llegados y guardamos bien
nuestros secretos. - Jeremy señaló unas puertas al final del largo pasillo. -Hacia allí nos
dirigimos. Nuestro eje central para todo lo relacionado con la agricultura. -
Layla estaba emocionada por ver en persona todas las estructuras de trabajo. Sabía que casi una
docena de personas trabajaban en esta facción del departamento de agricultura. En el complejo
principal, sólo había cuatro de ellos. Layla, los dos hombres que la acompañaban y otra mujer.
Cuando Stuart abrió las puertas dobles, Layla se quedó boquiabierta. El espacio era mayor de lo
que esperaba. Ordenadores zumbando sobre escritorios, planos extendidos sobre largas mesas y
varios puestos de control con vistas a los campos.
-Impresionante, ¿eh? - preguntó Jeremy cuando Layla entró en la sala.
-Mucho. -
-Vamos. Te enseñaré todo. -
Durante el resto del día, Layla se reunió con varios grupos de personas y aprendió todos los
detalles del funcionamiento del departamento. Impresionante ni siquiera empezaba a describir
cómo perfectamente este lugar funcionaba. Había muchos departamentos diferentes dentro del
enorme sistema de Los Wanderers, pero alimentar a todo el mundo era lo más importante.
-¿Qué te parece? - preguntó Tarin mientras Layla se sentaba a comer con sus compañeros.
-Sigo asombrada, no sólo por el enorme tamaño de la producción, sino por los protocolos de
seguridad que impiden que la gente los encuentre. -
Jeremy asintió. -No es perfecto. De vez en cuando perdemos yacimientos enteros por ataques
enemigos o tomas de control, pero por eso tenemos tantos repartidos por toda la zona. Este lugar
en particular tiene nuestros campos más grandes, con los que nos salimos con la nuestra porque
es raro que alguien salga tan lejos de la ciudad en busca de problemas. -
Layla asintió. -Tiene sentido. -
Tarin tragó saliva. -La realidad es que la gente cultiva por todo el país, por todo el mundo en
realidad. Todos tenemos que comer para seguir vivos. No hay nada particular en un terreno de
cultivo que haga levantar las cejas, nada que indique que la tierra no es propiedad de fascistas y
está gestionada por ellos. –
-Mañana te llevaremos a ver algunas empresas más pequeñas, para que tengas una perspectiva
más amplia, - añadió Jeremy.
-Me gustaría ver la producción de soja en algún momento. - La soja era un alimento básico en un 119
mundo donde la carne era más difícil de conseguir.
Tarin sonrió. -Verás algo mañana. -
-Vamos a dormir un poco. Saldremos temprano por la mañana, - dijo Jeremy mientras todos se
ponían en pie.
A Layla le habían asignado una litera en la habitación de invitados, y estaba deseando descansar
toda la noche. Sola. Después de dos semanas acurrucada entre dos hombres cada noche,
esperaba poder relajarse, desperezarse y dormir a pierna suelta.
CAPÍTULO 16 120
Todavía era de noche cuando Layla se metió en su escondite bajo los asientos de la furgoneta e
intentó ponerse cómoda para lo que sabía que sería otro viaje claustrofóbico y a menudo lleno de
baches. Stuart no iba a seguir con ellos en esta segunda parte del viaje. Había recibido una
llamada en mitad de la noche para reunirse con un grupo de posibles nuevos Wanderers a varias
horas de distancia.
Jeremy condujo. Tarin iba delante con su compañero de trabajo.
Se detuvieron en dos campos que no estaban conectados a complejos, sobre todo para que Layla
pudiera ver el terreno y los procesos que utilizaban. Aunque se había pasado la vida con gente
que sabía mucho de plantas y era capaz de producir casi toda su comida, nada la preparaba para
la enormidad de aquellas operaciones.
Cuando llegaron a la última parada del día, Layla estaba emocionada y agotada. Pasarían algún
tiempo inspeccionando los cultivos porque estaban luchando contra un problema de insectos y
Layla sabía que Jeremy esperaba que ella pudiera aportar alguna información sobre la causa de
la propagación, que amenazaba con destruir este campo.
Acabarían aquí a media tarde y tardarían una hora en volver al complejo principal. Después de
dos días fuera, Layla estaba deseando ver a sus hombres, y no tenía ninguna duda de que los
cuatro estaban paseando, esperando su regreso.
Había disfrutado de su ausencia. La agricultura era su vocación. Su especialidad. Tenía que dejar
claro al resto de su unidad familiar que viajaría así de vez en cuando, cuando fuera necesario.
Ella tenía experiencia que sería útil para el bien de todo el grupo, y tenía la intención de utilizarla.
Cerca de los campos había una pequeña cabaña, muy parecida a aquella en la que se había
quedado la primera noche después de que Maya la encontrara a ella y a su hermana. Una especie
de puesto de avanzada donde varias personas podían quedarse unos días siempre que fuera
necesario.
Tras pasar un rato deambulando por el campo, evaluando los daños sufridos por los cultivos, los
tres entraron en la cabaña para protegerse del sol y discutir sus opciones y si la cosecha podría
salvarse o no.
Layla acababa de beberse una botella de agua y una barrita de proteínas cuando oyeron el motor
de un coche a lo lejos.
Jeremy y Tarin no dudaron en apartar la mesita y abrir una trampilla en el suelo. -Por si acaso,- 121
dijo Jeremy mientras la mantenía abierta para Layla. -No tengo ni idea de quién puede estar
acercándose. -
Ella bajó las escaleras. Era algo que había hecho cientos de veces en su vida. Esconderse de los
extraños. Era una forma de vida. Jeremy tiró su mochila detrás de ella. -Tienes agua ahí,
¿verdad?-
-Sí. -
-Hay un túnel detrás de ti. Ve a través de él ahora. No puedo estar seguro de que quienquiera que
sea no mire aquí abajo. Tiene unos cien metros de largo. Saldrás al bosque. Te encontraremos
cuando podamos. -
Layla se frotó las sienes y respiró hondo varias veces mientras la trampilla se cerraba, dejándola
casi a oscuras. Rápidamente rebuscó en su mochila para encontrar su linterna. Gracias a Dios,
tenía muchas habilidades de supervivencia.
Oyó que el coche se detenía encima de ella y se volvió para encontrar la entrada del túnel. Había
una pequeña puerta y, cuando la abrió, se dio cuenta de que el túnel era tosco, estrecho y apenas
lo bastante alto para que ella pudiera pasar.
Sin embargo, funcionaría, y no dudó en ponerse en marcha, cerrando la puerta tras de sí. Uf. ¿Por
qué este viaje tenía que terminar con un drama? Llevaba dos días viajando con Jeremy y Tarin sin
incidentes, y ahora estaba sola adentrándose en el bosque.
Se movió rápidamente, agradecida de no poder oír nada detrás de ella. El silencio era
ensordecedor y bienvenido. Sin embargo, no iba a arriesgarse a perder el tiempo. No vivían en un
mundo en el que mereciera la pena dormirse en los laureles.
Utilizó la linterna con moderación, sin arriesgarse a agotar la batería. Era bastante fácil avanzar
en línea recta en la oscuridad, encendiendo la linterna de vez en cuando para asegurarse de que
no había nada en su camino.
Cuando por fin encendió la luz y vio la salida, respiró aliviada. Fue una sensación pasajera, porque
instantes después oyó voces masculinas a su espalda mientras los rayos de luz pasaban a su
lado.
Por un momento se detuvo, esperando que Jeremy o Tarin la hubieran seguido para hacerle saber
que no había moros en la costa. Pero no era el caso. Habrían gritado su nombre. Los tonos que oyó
eran molestos y urgentes.
-Mierda, - murmuró para sí misma mientras corría los últimos metros, rezando para que la puerta 122
se abriera en silencio y con facilidad. Si lograba salir del túnel, podría salir corriendo y
esconderse. Ya lo había hecho antes. Podría hacerlo de nuevo.
El primer tirón de la puerta hizo que el pánico se apoderara de ella cuando no se movió. Sin
embargo, un segundo tirón la desalojó y salió por el otro lado, cerró la puerta y subió a toda prisa
por el terraplén, arañando el suelo con las manos para traccionar.
Se ató el cierre de la mochila a la cintura y se adentró en los árboles. Dios, odiaba esto. Miró al
cielo para comprobar su dirección. Benditos fueran sus padres por asegurarse de que supiera
utilizar el sol para seguir sus movimientos.
Sabía zigzaguear entre los árboles, minimizar sus huellas, trepar y esconderse entre la maleza.
También sabía cómo y dónde cruzar el agua si se encontraba con ella.
Y lo que era más importante, había estudiado el mapa de todos los lugares en los que habían
estado para poder regresar sola al complejo principal a pie si fuera necesario. No sería fácil y le
llevaría dos días, pero podría hacerlo.
Aunque había llegado bajo el asiento de la furgoneta, sabía dónde estaban las carreteras y a qué
distancia estaba cada curva. Layla era una superviviente.
Se movió lo más silenciosa y eficientemente posible durante media hora antes de detenerse a
escuchar. No oír nada no significaba que estuviera a salvo. Sinceramente, nunca estaría
completamente a salvo en esta vida. Había nacido en un mundo que no era seguro. Era lo único
que conocía. Sin embargo, los frecuentes simulacros dirigidos por sus padres la habían preparado
para momentos como este.
Pensó en dar media vuelta, pero decidió no hacerlo. Sería mejor que encontrara la carretera y se
dirigiera hacia el recinto. Si se pegaba a la línea de árboles, podría oír todos los coches que
pasaran. Podría tener suerte. Suponiendo que Jeremy y Tarin salieran ilesos fingiendo ignorancia,
seguramente tropezarían con ella y la recogerían.
Ese era el plan. Mientras tuviera un plan, tendría un propósito.
Layla ajustó su camino, decidiendo moverse unos treinta grados a la izquierda, lo que finalmente
la dejaría en el camino de tierra que había llevado a los campos y a la cabaña. Tardó otra hora en
llegar a un claro.
Agotada y sedienta, se dejó caer sobre el tronco de un árbol caído y sacó una botella de agua. Le
pareció prudente esperar aquí un rato. Necesitaba descansar y contaba con que la furgoneta
pasara por este tramo de la carretera.
Por desgracia, el sol se estaba ocultando en el cielo y no le quedaba mucha luz. Apoyó los codos 123
en las rodillas, apoyó la frente en las palmas de las manos y respiró hondo. Los chicos se iban a
volver locos si se enteraban de su desaparición antes de que la encontraran. Y la verdad era que,
a estas alturas, estaba segura de que Jeremy y Tarin habrían llamado por radio al complejo
principal. Suponiendo que los dos estaban a salvo y capaz de hacer contacto.
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- ¿Qué quieres decir con que no sabes dónde está? - Jay gritó en la radio. Estaba temblando de
nervios, furioso consigo mismo y con cualquiera que se encontrara. ¿Por qué coño había aceptado
que Layla se fuera dos días con dos hombres, ninguno de los cuales era miembro de su unidad
familiar?
Debería haber ido con ellos. Debería haber enviado a Nile, o a Ledger, o a Gatlin. Uno de ellos
debería haber ido, joder. Incluso lo habían hablado entre ellos y luego decidieron que a Layla le
habría dado un ataque si hubieran interferido.
A la mierda con eso. Deberían haber interferido. Su vida era más importante que preocuparse por
sus sentimientos. Cuando se trataba de su seguridad, de ahora en adelante, Jay interferiría.
Suponiendo que hubiera una puta próxima vez.
Se paseó por la sala de control donde le habían llamado para atender la llamada de Tarin. Sabía
que los demás llegarían en cualquier momento. Él había sido el primero en llegar.
Tarin volvió a hablar. -Tuvimos que enviarla al túnel dentro de la cabaña en la granja al oeste del
complejo principal cuando dos hombres se acercaron. -
-Vale, ¿y por qué jodidos no está con ustedes ahora? -
El padre de Gatlin, Gray, se apoyó en el mostrador junto a Jay, con las cejas fruncidas por la
preocupación, escuchando la conversación. -Tranquilo, hijo, - susurró en un esfuerzo inútil por
calmar a Jay.
-Se le cayeron las gafas de sol al bajar las escaleras. Uno de los hombres las empujó con la punta
del pie y salieron disparadas por el suelo. Los hombres sospecharon, insistieron en que les
habíamos mentido acerca de que estábamos solos y fueron tras ella. -
-Joder, - exclamó Jay. - ¿Cómo sabes que no la capturaron? -
-Porque volvieron con las manos vacías. Al parecer recorrieron todo el túnel y no encontraron a 124
nadie, así que regresaron. Después de todo, su coche estaba en la cabaña. - La voz de Tarin era
aguda y estaba llena de su propio miedo.
No había razón para que Jay le gritara al hombre. No había sido culpa suya. No había sido culpa de
nadie.
Jay respiró hondo varias veces cuando la puerta detrás de él se abrió y varias personas entraron
en la habitación, entre ellas Ariel.
- ¿Qué ha pasado? - preguntó Ariel, con el labio tembloroso.
Jay la estrechó entre sus brazos y la abrazó con fuerza, como si ella pudiera calmarlo por el
hecho de ser la hermana de Layla. -Layla ha desaparecido. -
Ariel jadeó mientras echaba la cabeza hacia atrás. - ¿Desaparecida dónde? - preguntó al mismo
tiempo que el resto de la familia de Jay empezaba a maldecir y a hablar por encima de los demás,
exigiendo respuestas.
-Escuchen, - interrumpió Tarin. -No nos iremos hasta que la encontremos. Recorreremos todo el
bosque si es necesario. -
-Está jodidamente oscuro fuera, - afirmó Ledger como si esto fuera una revelación.
-Nos quedaremos aquí en la cabaña para pasar la noche y empezaremos a buscar de nuevo por la
mañana, - les informó Tarin. -Jeremy está buscando ahora. Estoy seguro de que volverá pronto.
No quería salir de la cabaña por si encontraba el camino de vuelta aquí. -
-Jesús, - murmuró Nile, pasándose las manos por el pelo.
- ¿Qué pasó con los dos hombres? ¿Con quién estaban? -
-Eran militantes. Les convencimos de que nosotros también lo éramos, por supuesto, y de que no
teníamos ni idea de dónde procedían las gafas de sol ni de cuánto tiempo podían llevar allí. Al
final se fueron. Fue entonces cuando Jeremy se largó y te avisé por radio. -
Ariel se aclaró la garganta. -¿Así que está en algún lugar del bosque? -
-Sí. -
Jay se sintió impotente y frenético. De ninguna manera iba a quedarse aquí toda la noche
mientras su mujer, la mujer de ellos, estaba sola en el maldito bosque en la oscuridad. Tal vez se
había caído o herido. Tal vez se había quedado sin agua o se había perdido. -Voy para allá ahora
mismo, - anunció mientras miraba a Gatlin.
Gatlin asintió. -Iré contigo. - 125
-A menos que no lo esté, - intervino Nile. -A menos que se haya caído y se haya torcido el tobillo o
se haya roto un hueso o se haya enganchado en una rama y se haya hecho un agujero en el
costado. -
Jay negó con la cabeza. -No sirve de nada pensar así. -
Nile gimió. - ¿Cuál es nuestro plan aquí? ¿Conducir hasta la cabaña, aparcar el coche, y luego
salir y peinar el bosque en la oscuridad? -
-Básicamente. -
-Ni siquiera podemos gritar su nombre o corremos el riesgo de alertar a alguien de la zona,-
añadió Ledger.
Jay le lanzó una mirada. -Nadie va a estar en el bosque cerca de ese campo por la noche.
Sabemos que no hay granjas. Ni cabañas. Ni siquiera un cobertizo en kilómetros a la redonda. -
-No podemos estar seguros de que esos dos hombres realmente se fueron. Podrían haber fingido
irse, escondido su coche, y rastreado a Layla ellos mismos. Depende de lo convincentes que
fueran Tarin y Jeremy con lo de las gafas de sol. -
-Malditas gafas de sol, -murmuró Jay.
Gatlin volvió a reírse mientras echaba un vistazo. - ¿Crees que deberíamos prohibirle que las
lleve? -
Ledger gruñó. -Creo que deberíamos prohibirle salir del jodido recinto. -
-Eso saldrá bien, - dijo Jay. -Y no sólo con Layla. Si dejas que el consejo te oiga hablar así, te
echarán. -
-El consejo y cualquiera que se interponga en mi camino puede morderme el culo. Esto no se trata
de la puta igualdad o los derechos de la mujer o la autonomía. Se trata de mantener a salvo a mi
maldita mujer, cosa que no he hecho hoy. -
Jay se acercó al respaldo del asiento y agarró la mano de Ledger. -Te entiendo, tío. Te entiendo.
Todos sentimos lo mismo, pero no podemos avasallarla o nos mandará a la mierda. -
Ledger devolvió el apretón a Jay y luego lo soltó para frotarse las sienes. -Es que ella es...- Tragó
saliva. -Ella me tiene envuelto alrededor de su dedo, ¿sabes? -
-Sí, - Jay estuvo de acuerdo.
-Estoy medio enamorado de ella, - murmuró Nile. 127
Layla no estaba muy contenta a medida que pasaban las horas. Había visto pasar el mismo coche
seis veces. Despacio. Buscando. No era estúpida. Los ocupantes la estaban buscando. La pregunta
era, ¿cómo demonios sabían que ella existía?
La pregunta más apremiante era ¿qué pasó con Jeremy y Tarin? Su preocupación por sus amigos
y compañeros de trabajo aumentaba a medida que avanzaba la noche. Esperaba que fueran a
buscarla. Le había parecido lógico. Habrían convencido a los desconocidos para que se marcharan
y luego habrían ido a buscarla a pie. Si no la encontraban, habrían subido a la furgoneta y habrían
conducido lentamente por la carretera hasta que ella saliera de su escondite.
Nunca había visto la furgoneta, lo que significaba que nunca habían salido de la cabaña. ¿Por qué?
Le resultaba imposible creer que se hubieran ido antes de que ella encontrara la carretera. No
era posible. ¿La dejaron allí y se fueron a casa? No.
Su ritmo cardíaco se aceleró por millonésima vez al considerar la probabilidad de que los
hombres que habían acudido a la cabaña hubieran matado a sus amigos o los hubieran
incapacitado de algún modo.
Si los hombres creían que les habían mentido, quizá no hubieran dudado en matar. Pero, ¿por qué?
¿Qué les haría pensar que una mujer había huido por el túnel?
La existencia de un túnel no haría a nadie levantar una ceja. La mayoría de las casas y cabañas
tenían túneles. La gente los había estado cavando durante casi tres décadas. Las rutas de escape
estaban por todas partes en este nuevo mundo. El hecho de que la cabaña tuviera uno no habría
levantado las sospechas de nadie. No significaba que Jeremy y Tarin la hubieran usado o visto.
Podrían haber empezado a cultivar esta tierra décadas después de que se hubiera construido el
túnel. De hecho, era lo más probable.
Layla se devanaba los sesos, pero no encontraba nada. El coche que circulaba por aquel tramo de
carretera tenía que pertenecer a los hombres que habían llegado a la cabaña. ¿Quizá los
ocupantes les habían seguido desde su parada anterior y la habían visto entrar en la furgoneta?
Ridículo. ¿Probable?
- ¿Dónde están chicos? - murmuró.
Hacía tiempo que había construido un pequeño cobertizo donde estaba acurrucada fuera de la
vista y de los elementos. Era una noche cálida, así que no pasaría frío.
Tenía un poncho por si llovía, pero no la protegería en caso de tormenta. Eso no parecía probable 130
a juzgar por el cielo despejado y el aroma del aire.
No se atrevía a hacer ni un solo ruido ni a moverse un ápice cada vez que veía pasar los faros.
Nunca la furgoneta. Nunca su salvación.
Se planteó seguir caminando hacia el recinto, pero decidió no hacerlo. Una cosa era caminar de
noche con tres hombres que sabían lo que hacían la noche que conoció a sus chicos. Otra cosa era
avanzar sola en la oscuridad por territorio desconocido. Demasiado arriesgado. Si nada cambiaba
por la mañana, empezaría a caminar hacia el este cuando saliera el sol.
Apretó las rodillas contra el pecho y cerró los ojos durante unos minutos. Los hombres se iban a
cabrear mucho. Probablemente incluso con ella. ¿Sabían ya que había desaparecido? Si Jeremy y
Tarin estaban ilesos y todavía tenían sus radios, habrían alertado al complejo principal. Alguien
les habría dicho a sus chicos lo que estaba pasando.
Por otro lado, si Tarin y Jeremy estaban muertos o atados o algo así, alguien del complejo
principal ya habría venido a buscarlos. ¿Cuánto tiempo había pasado?
Como un reloj, cinco minutos después de que aquel maldito coche la adelantara en dirección este,
volvía a pasar en dirección oeste. Nada sorprendente. Esta vez ni siquiera levantó la vista. Lo
único que podía hacer era rezar para que los hombres no detuvieran el coche y empezaran a
buscarla a pie.
¿Por qué había sido tan obstinada, insistiendo en hacer este viaje con sus compañeros de trabajo
cuando sabía que los hombres no lo aprobaban? No podía culparlos. Había sido peligroso e
imprudente.
No. Eso no era exactamente cierto. Había tomado todas las precauciones. Montado bajo el asiento
durante cada viaje. Permaneció fuera de la vista. Tenía habilidades de supervivencia que
rivalizaban con las de la mayoría de los hombres. Incluso el hecho de que ella había tenido que
correr a través de un túnel y esconderse en el bosque no era en sí mismo particularmente
arriesgado. Ella lo había hecho. Estaba bien.
Pero los chicos iban a flipar de todos modos.
¿Y si los papeles se invirtieran y ella volviera al complejo y se enterara de que uno de ellos había
desaparecido en mitad de la noche en el bosque, presumiblemente rastreado por militantes? Se
pasearía por el suelo hasta agujerearlo.
No. Eso tampoco era cierto. Estaría aquí buscando a su familiar desaparecido. ¿Dónde diablos
estaban?
Piensa. Piensa, piensa, piensa. No importaba cuantas veces repasara los posibles escenarios, no 131
se le ocurría una explicación plausible para nada. Jeremy y Tarin no habían pasado por allí.
Tampoco había venido nadie desde la otra dirección. Excepto el mismo maldito coche que la
estaba cazando.
Se estremeció. ¿Y si los militantes se hubieran encontrado con su equipo de rescate un poco más
adelante y se hubieran enfrentado a ellos? ¿Quizá les hubieran disparado a las ruedas, matado o
echado de la carretera?
Deja de pensar en cosas tan absurdas. Te estás volviendo loca. Si hubiera habido disparos, ella los
habría oído.
Layla sacó una botella de agua y bebió un sorbo. Tenía que ahorrar agua. Tenía suficiente para
caminar hasta el recinto, pero ese viaje podría llevarle más tiempo del que había calculado si
tenía que permanecer escondida bastante lejos de la carretera todo el día de mañana.
¿Cómo demonios no hay nadie aquí buscándome? pensó por millonésima vez.
El sonido de un coche que se acercaba desde el este la hizo fruncir el ceño. Ya había oído pasar
ese coche hacía un minuto, ¿verdad? Se inclinó hacia delante para observarlo. El mismo vehículo
que había estado siguiéndola durante horas. Lo que significaba... que algún otro coche había
pasado entre medias.
Menos mal.
De repente, el coche se apartó a un lado de la carretera y paró el motor. Era imposible que los
ocupantes la hubieran visto. Ni por asomo. Estaba bien escondida y era de noche.
Sin embargo, se puso en pie, sacó la pistola de la mochila y se la echó a los hombros. Lo más
silenciosamente posible, con el corazón latiéndole fuerte en los oídos, dio una patada al borde del
cobertizo para que cayera y se adentró en el bosque.
Prefería no usar su arma si podía evitarlo. El sonido de los disparos siempre atraía miradas
indeseadas. Se detuvo, guardó la pistola en la cintura, desenvainó el cuchillo del tobillo y lo
empuñó.
Hasta ahora nunca había tenido que luchar contra nadie. No físicamente. Había estado muy cerca
de hacerlo varias veces durante su viaje de dos semanas para encontrar a los Wanderers, pero
Ariel y ella habían logrado escapar de la detección por los pelos en todas las ocasiones. La única
vez que había disparado a alguien había sido para matar a uno de los hombres que asesinaron a
sus padres. Había sido a distancia.
Sin embargo, Layla sabía usar un cuchillo y, si se trataba de ella o ellos, no dudaría en usarlo. 132
Las voces le erizaban la piel. Masculino. Eran dos. A medida que se acercaban, pudo distinguir
algunas de sus palabras.
-Esto es una búsqueda inútil, Ike. ¿No podemos irnos a casa? -
-No. Hay una mujer aquí. Puedo sentirlo en mis huesos. Esos cabrones estaban mintiendo. Lo sé. –
-Hemos estado buscando durante horas. ¿Por qué demonios parar ahora en la maldita oscuridad
en medio de la nada? -
-Stan, ella está aquí afuera. Confía en mí. -
- ¿Basado en qué? ¿En tu instinto? -
Layla se quedó muy quieta, queriendo oír más antes de moverse.
- ¿Crees que ese coche que nos adelantó con cuatro hombres dentro salió a dar una vuelta
nocturna? Joder, no, - insistió el que se llamaba Ike.
Layla respiró lentamente. Cuatro hombres. Gracias a Dios. Tenían que ser sus hombres. Estaba
más que aliviada. Ahora tenía que rezar para que Jeremy y Tarin hubieran llamado al complejo.
Que todavía estuvieran vivos y esperando refuerzos, no que sus hombres habían llegado
simplemente porque su caravana no había regresado.
-Separémonos, - sugirió Ike. -Yo iré a la derecha. Tú a la izquierda. -
-Seguro que estás tomando medidas extremas para mojar tu polla. -
Ike alzó la voz. -Esos imbéciles escondían algo. Yo lo sé. Hay una mujer aquí fuera. Pienso
encontrarla y ponerla en su sitio, debajo de mí, con mi polla enterrada en su húmedo coño. -
Stan gimió. - ¿Y si tiene doce años? ¿O sesenta? -
-En este momento, no me importa una mierda. ¿Vas a ayudarme o no? - Ike estaba exasperado.
A Layla se le erizó la piel y un escalofrío le recorrió la espina dorsal. Aquellos hombres no
pretendían devolverla a su líder o a su comunidad. Pretendían violarla. No le sorprendió, pero le
heló los huesos.
Miró a su alrededor, considerando sus opciones. Ike estaba a punto de dirigirse hacia ella. Tenía
que moverse. Cuanto más la siguiera Ike, más distancia pondría entre los dos hombres.
¿Dónde está mi familia? Sí, sin duda eran su familia. Sus hombres. Ellos estarían aquí. Ella sabía
que lo harían. Tenían que haberse cruzado con Ike y Stan en el camino.
Tenían que saber que esos dos hombres estaban acechando a Layla. Esperaba que se dieran 133
cuenta de su situación rápidamente.
Sólo podía correr hasta cierto punto y durante cierto tiempo. Ike no parecía dispuesto a dejar de
buscarla, aunque al parecer no tenía la certeza de que existiera. Se preguntó cuánto medía el
tipo. No había visto a ninguno de los dos más que las cabezas en la ventanilla de un coche.
¿Podría enfrentarse a él en una pelea? Era poco probable. Tal vez si tuviera el factor sorpresa.
Pero ¿y si perdía? No era una opción.
Una parte de ella consideró esconderse, pero la idea parecía arriesgada. Tenía que moverse. Con
suerte, podría permanecer cerca de la carretera principal y no confundirse. Estaba cabreada.
Furiosa. Cualquiera que pasara un día entero rastreando a un fantasma que ni siquiera estaba
seguro de que existiera simplemente para violarla no merecía seguir viviendo, pero ella era una
mujer sola. Lo único que tenía a su favor era la certeza de que dos hombres habían decidido
tenerla como objetivo y que uno de ellos le pisaba los talones.
Si fuera más grande, más fuerte, tuviera más experiencia en combate, no dudaría en acabar con
ese imbécil. ¿Y si encontraba a Ariel o a otra de las mujeres la próxima vez? Era posible que
dificultara el mantenimiento de este puesto en particular y perderían las cosechas si tenían que
preocuparse de que la zona estuviera bajo vigilancia constante.
El corazón de Layla se aceleró cuando las voces cesaron. Los dos hombres se habían separado, lo
que significaba que Ike no tardaría en acercarse a ella.
Empuñó su cuchillo y empezó a moverse lo más silenciosa y rápidamente posible. Era muy
consciente de que estaba poniendo cada vez más distancia entre ella y el puesto, lo que
significaba que estaba huyendo de Jay, Gatlin, Ledger y Nile.
Desearía poder correr hacia ellos, pero ahora no había forma de hacerlo. Pensó en darse la
vuelta, apuntar en el momento en que Ike apareciera y dispararle en la cabeza. Podía hacerlo,
incluso en la oscuridad. Pero no sería prudente. No con Stan lo suficientemente cerca como para
unirse a la batalla.
-No puedes esconderte aquí para siempre, perra. – Oyó, la voz mucho más cerca de lo que había
estado.
Se movió más rápido, deseando tener algo más que la luz de la luna. No podía arriesgarse a usar
una linterna. La delataría. Pero Ike tenía una. El haz de luz parpadeaba a su alrededor. Corrió de
un árbol a otro, refugiándose detrás de los troncos más grandes que encontraba, respirando un
momento y luego continuando.
Sus pisadas sonaban fuertes para sus propios oídos. ¿Podría Ike oírla moverse? 134
Mientras salía corriendo de un árbol especialmente grande hacia un tronco caído, el haz de luz de
la linterna de Ike la bañó de lado a lado. Mierda.
-Ahí estás, - gritó. -Lo sabía. Ríndete, zorra. Nunca ibas a escapar de mí. - Él estaba corriendo
ahora, su luz golpeándola una y otra vez mientras ella corría hacia el tronco caído, ¿esperando
qué?
Maldita sea. No dejaría que este hombre la atrapara. ¿La mataría después de violarla o se la
llevaría con su gente y la pasaría de mano en mano?
Se estremeció y la sangre se le aceleró mientras se quitaba la mochila y la dejaba caer. ¿Dónde
estás, Jay? Te necesito. Los necesito a todos.
-Deja de correr, zorra. Se acabó, - gritó Ike.
Jamás. Ni en un millón de años.
Llegó al tronco, saltó por encima y miró a su alrededor, con el corazón acelerado y las manos
temblorosas. Agarró una liana y la cortó por un extremo, decidiendo que podría ser útil. Con el
otro extremo aún sujeto, se agachó y esperó.
Puedes hacerlo. Tienes que hacerlo. Te has preparado toda tu vida para una confrontación como
ésta.
-Ya veo dónde estás, perra estúpida, - gritó Ike. Su voz estaba cerca, pero ella esperó varios
segundos más hasta que pudo ver su sombra cerniéndose sobre el tronco. De repente, saltó y
sujetó su extremo de la liana tan alto como pudo, tirando con fuerza.
Su sincronización fue perfecta. En el momento en que Ike saltó por encima del tronco, chocó
contra la liana y cayó de espaldas sobre su trasero al otro lado del tronco.
Layla se dio la vuelta y corrió todo lo que pudo, sin saber cuánto tiempo había ganado. Ahora se
dirigía a la carretera. Esperaba que alguien pasara y la salvara. Esperaba que el siguiente coche
que pasara fuera amistoso. Era arriesgado, pero también lo era dejarse atrapar por Ike. Sólo había
ganado unos segundos.
Nunca llegó a la carretera. Ike se recuperó rápidamente. Podía oírle pisándole los talones en unos
instantes. Lo único que tenía a su favor era saber que era poco probable que le disparara o la
matara. Al menos no hasta que hubiera acabado con ella. Estaba literalmente respirándole en la
nuca cuando ella decidió girarse y enfrentarse a él, con el cuchillo en alto.
El se río mientras la rodeaba. -Suelta el cuchillo. Se acabó. Eres mía. - 135
Nunca.
Sacó una pistola y la levantó, apuntándole a la cabeza.
Irónicamente, ella sabía que él no le dispararía. Había pocas posibilidades de eso. A menos que le
gustara la necrofilia. El hombre tenía dos objetivos: violarla y abandonarla o llevársela para que
más gente pudiera violarla. Era inútil para él muerta. No se había pasado las últimas horas
persiguiéndola por el bosque para matarla.
-Baja el cuchillo, zorra. -
Ella no dijo nada mientras seguía retrocediendo, manteniendo los pies bien separados y el
equilibrio distribuido por igual, una postura que le había enseñado su padre.
-He dicho que bajes el jodido cuchillo, - gritó.
-Vete al infierno, - se quejó ella.
-Sólo estás complicándote las cosas. Suéltalo y seré más suave contigo. Sigue resistiéndote y me
aseguraré de que te duela cuando te folle el coño. -
Se estremeció por dentro, pero se obligó a no dejar que sus palabras o su lenguaje se le metieran
en la piel.
Estaban enzarzados, bailando, dando varias vueltas mientras ambos arrastraban los pies. De
repente, él se abalanzó sobre ella y, cuando lo hizo, ella sacudió la larga hoja de su cuchillo hacia
delante y al centro, le agarró del cuello de la camisa y se dejó caer hacia atrás.
A él le pilló desprevenido, trastabilló para evitar caer hacia delante, pero al final perdió la
batalla. Gritó al caer encima de ella, con los ojos muy abiertos cuando ella levantó el cuchillo en
el aire, clavándoselo en el esternón.
Sus ojos se agrandaron, su boca se abrió, pero no salió ninguna palabra mientras su cuerpo se
desplomaba sobre el de ella.
Rápidamente luchó por quitarse el pesado cuerpo de encima, empujándolo hacia un lado mientras
cogía su pistola y se la arrancaba de la mano. De ninguna manera iba a correr el riesgo de que él
se recuperara y le disparara.
Pero era un peso muerto, había desaparecido de este mundo.
Con dificultad para respirar, se puso en pie, con la pistola colgando de la mano y el cuchillo 136
perdido, porque no tenía ninguna posibilidad de recuperarlo.
Lo miró fijamente un momento, pateó su cuerpo un par de veces y luego giró sobre sí misma y se
dirigió hacia su mochila. Necesitaba provisiones por si se quedaba atrapada aquí durante horas o
días. Después de encontrarla, corrió hacia la carretera. Stan, el compañero de Ike, seguía ahí
fuera, en alguna parte, pero también lo estaban sus compañeros de vida, los hombres a los que
debería haber escuchado antes de lanzarse al vacío en un esfuerzo por demostrar que podía
cuidar de sí misma.
De acuerdo, se había cuidado sola, al menos hasta ahora. Seguro que la suerte no la abandonaría
ahora. Además, Stan no parecía tan irracional como su amigo. Había seguido la artimaña con muy
pocas ganas.
¿Quién podría venir a buscar a Ike? ¿Y cuándo? Eran preguntas importantes para las que no tenía
respuesta. Ella tenía un objetivo. Llegar a la carretera. Apresurarse hacia el puesto. Rezar para
encontrar a Jeremy y Tarin y tal vez a sus compañeros.
Estaba cansada. Exhausta en realidad. De tener adrenalina bombeando a través de su sistema
durante tanto tiempo. Pero no bajó el ritmo. Corrió, agradecida cuando llegó a la carretera. Ella ni
siquiera trató de esconderse más. Necesitaba ponerse a salvo lo antes posible.
CAPÍTULO 18 137
Ledger había tomado el extremo izquierdo del arco que él y sus compañeros habían creado para
encontrar a su mujer. Estaba más cerca de la carretera y mantenía los ojos bien abiertos en todas
direcciones, pero sobre todo en la carretera. No quería perderse a Layla si estaba esperando al
borde de los árboles.
No perdieron el tiempo, se movieron al trote, guardando silencio mientras cubrían todo el
territorio posible lo más rápido posible.
Fue Ledger quien vio el coche que habían pasado aparcado a un lado de la carretera después de
haber recorrido cierta distancia. Dio un silbido para avisar a sus compañeros de que rompería
filas para comprobarlo.
Con la pistola en una mano y el cuchillo en la otra, recorrió la distancia hasta el coche, que
encontró vacío. El pecho le latía con fuerza al darse cuenta de que aquellos dos gilipollas habían
aparcado y se habían adentrado en el bosque a pie. Si encontraban a Layla antes que Ledger o a
alguno de sus compañeros... No quería ni plantearse esa posibilidad.
Layla era lista. Tenía habilidades de supervivencia. Ledger estaba seguro de ello. También sabía
que tenía armas y que sabía usarlas. Pero no era rival para dos hombres.
Agradecido por encontrar el coche abierto, abrió la puerta. Tras levantar el capó, rodeó la parte
delantera del coche, abrió el capó y metió la mano para desconectar la batería. Si por casualidad
aquellos dos gilipollas encontraban a Layla, tendrían dificultades para llevársela. Con suerte, no
determinarían fácilmente por qué su coche no arrancaba.
Tras cerrar el capó en silencio, volvió a trotar entre los espesos árboles del arcén. Una renovada
sensación de urgencia le encendió el fuego.
¿Dónde estás, princesa?
Ledger quiso llamarla para que supiera que se acercaban, pero eso alertaría a los dos imbéciles
que también la buscaban. Tenía que permanecer en silencio, intentando que incluso sus pasos
fueran lo más suaves posible.
Los minutos pasaban, largos minutos que parecían una hora. De repente, oyó un silbido diferente
procedente de Jay. Reconoció el tono. El tipo de silbido que indicaba peligro. Ledger dejó de
moverse por un momento, escuchando en busca de más información. Jay era el hombre más
cercano a Ledger, pero Ledger no podía estar seguro de qué tan lejos había llegado el silbido.
Siguiendo adelante, Ledger dio pasos más fáciles. Plantó los pies con cuidado cada vez para evitar 138
ser detectado.
Un grito a su derecha le heló la sangre, pero el grito no procedía de uno de sus compañeros.
Tampoco procedía de una mujer. Tenía que ser uno de los hombres que estaban cazando.
El crujido de hojas y ramas a su derecha le hizo dirigir su atención en esa dirección, con el arma
desenfundada. Se sintió aliviado cuando Jay se abrió paso entre el follaje, arrastrando a un
hombre tras él. El tipo estaba amordazado, aparentemente con su propia camisa, y con las manos
atadas delante de él. Luchaba en vano.
Jay era mucho más grande y fuerte. El hombre no tenía ninguna posibilidad. Jay se detuvo al
acercarse a Ledger y siseó en voz baja. -El cabrón admitió fácilmente que él y su amigo vinieron
aquí a cazar a una mujer. No sabe dónde está su amigo. Se separaron. El tipo valoró sus pelotas lo
suficiente como para rendirse. -
Los ojos del hombre se abrieron de terror. Bien.
Ledger se acercó y agarró al hombre por el cuello. Era varios centímetros más bajo y debería
haber pasado mucho más tiempo haciendo ejercicio durante la última década si pretendía ser
rival para gente como Ledger y sus socios. O quizá incluso Layla.
-Si mientes, gilipollas, te cortaremos las pelotas y te las daremos de comer. -
El tipo gimoteó y sacudió la cabeza.
-Tenemos que encontrar a su compañero. LO ANTES POSIBLE. - La mirada de Jay se encontró con
la de Ledger, las cejas levantadas, comunicando fácilmente que no quería admitir ante este
cabrón que realmente había una mujer en el bosque.
-Encontramos su coche junto a la carretera hace unos minutos, - informó Ledger a Jay. -Ya no
está operativo, - añadió crípticamente. Jay lo entendería. Ledger nunca dejaría un coche
inoperativo. No había lugar para ese tipo de desperdicio en la sociedad actual.
Jay asintió comprendiendo. -Sigue adelante. Guardaré a este imbécil en el maletero. -
Ledger volvió a su tarea, trotando junto a la carretera de nuevo, manteniéndose fuera de la vista
mientras escudriñaba de un lado a otro. El crujido de las ramas precedió a una fuerte respiración,
y Ledger giró instantáneamente hacia el sonido, con cuidado de mantenerse oculto. No quería
levantar el arma todavía. Aún faltaban dos personas. Una de ellas era su mujer. Una sombra en el
camino captó su atención segundos antes de que la viera. Benditos ángeles.
Debía tener cuidado al acercarse a ella. Llevaba una pistola en la mano. Si la cogía por sorpresa, 139
podría disparar primero y preguntar después.
No iba a gritar por miedo a que el gilipollas desaparecido también le oyera. En lugar de eso, corrió
hacia el borde de la línea de árboles que llegaba a unos metros por delante de Layla, se agachó y
la llamó por su nombre lo más suavemente posible cuando por fin estuvo paralela a él, sólo unos
pies los separaban.
Se detuvo bruscamente, girando hacia él, con el arma desenfundada y el pecho agitado mientras
escrutaba la zona.
-Layla, soy Ledger. Baja el arma. Responde a mi voz. -
Por fin dejó que su cuerpo se relajara, bajó los hombros, bajó el brazo y corrió hacia él. Él alargó
la mano y la agarró por la cintura, tirando de ella y abrazándola con fuerza. Su mano libre se
deslizó hasta la desordenada coleta de la mujer y le acarició la nuca mientras sus labios le
presionaban la sien.
Le soltó la pistola y se la metió en los vaqueros mientras le quitaba la mochila y la dejaba en el
suelo.
Le enterró la cara en el cuello y lo rodeó con los brazos. -Gracias a Dios. Todavía hay otro hombre
que me está cazando, - señaló con las manos en la espalda de su camisa.
Nunca se había alegrado tanto de tenerla entre sus brazos.
- ¿Otro hombre? - Tiró de ella hacia atrás, con el ceño fruncido. -Hay dos, ¿verdad? ¿Cómo sabías
que Jay había capturado a uno de ellos? -
Ella frunció el ceño. - ¿Jay capturó a uno de ellos? -
Ledger asintió. -No muy lejos de aquí, pero hay dos, ¿verdad? - repitió.
-Ya no. - Ella hizo una mueca de dolor.
Ledger le sonrió lentamente. - ¿Fuera de servicio? -
-Mucho. -
-Buena chica. - Le dio un apretón en el cuello y luego soltó un silbido estridente que indicaría al
resto de sus compañeros que se acercaran. Lo primero que haría en cuanto tuviera a su mujer a
salvo y segura sería enseñarle sus señales. Podría haberse matado intentando llamar su atención
si hubiera sido de gatillo fácil.
Si simplemente se hubieran tomado el tiempo de compartir sus tipos de silbidos en algún 140
momento desde que ella había venido a vivir con ellos, no la habría asustado gritando su nombre.
Mientras esperaban, él le cogió la cara, sosteniéndole la cabeza a unos centímetros de la suya
para poder mirarla a los ojos. - ¿Estás bien? -
Ella asintió. -Me alegro de que estés aquí. -
-Parece que tenías todo bajo control sin nosotros, - señaló él, que no quería restar importancia a
lo que su asombrosa mujer había conseguido por sí sola.
Ella se encogió de hombros. -Puede que haya vuelto ilesa al puesto, pero estoy agotada. No sabes
el alivio que sentí cuando te oí llamarme. Esperaba que estuvieras cerca, pero no podía estar
segura. -
- ¿Estabas mirando desde el borde de la carretera? ¿Nos viste pasar? -
-No. Miré hacia otro lado, pero cuando esos dos gilipollas pasaron por segunda vez, supe que no
había visto un coche y esperé que fueras tú. - Ella deslizó las manos por su espalda.
Su mirada era intensa y ardiente mientras sus dedos se clavaban en sus omóplatos.
Él acercó su boca a la de ella, necesitando la conexión, necesitando asegurarse de que ella estaba
bien.
Se besaron acaloradamente, en una maraña de gemidos y lenguas, mientras las manos de ella se
deslizaban hacia su trasero y él le agarraba la coleta con fuerza, manteniéndola en su sitio.
La había besado muchas veces en las últimas semanas, sin dejar que las cosas se descontrolaran
demasiado, conteniéndose lo justo para no perder el control con ella. Ella no estaba preparada
para más. Rezaba para que eso cambiara pronto.
Le encantaba cómo gemía contra sus labios cuando le tiraba del pelo y el suave gemido que
emitía cuando él la acercaba, con la mano en la parte baja de la espalda.
-Ledger...- murmuró ella.
-Te tengo, princesa. - La besó de nuevo, sabiendo que su tiempo a solas con ella estaba a punto de
terminar. En cualquier momento, el resto de sus compañeros descenderían sobre ellos y este
momento terminaría.
Nilo fue el primero en llegar. Ledger le oyó acercarse, pero no dijo nada mientras añadía su mano
a la espalda de Layla y se deslizaba más cerca para besarla mientras ella inclinaba la cara en su
dirección. - ¿Estás bien, cariño? -
Ella asintió. 141
Gatlin estuvo a punto de chocar con ellos cuando llegó desde la otra dirección, con sus enormes
brazos rodeando a todo el grupo. -Nos has dado un susto de muerte, cariño. -
Ella giró la cabeza en su dirección y dejó que él también la besara.
Mientras Ledger permanecía en aquel lugar, todos los miembros de su familia, menos uno,
acurrucados juntos, se le ocurrió que, aunque los cuatro hombres habían compartido mujeres en
el pasado, ninguna de sus experiencias se comparaba con ésta.
Tal vez debería haber sentido celos de no ser la única persona que se preocupaba profundamente
por la mujer que tenía en sus brazos. Que ella había besado a cada hombre a medida que se
acercaban. Que pronto aceptaría a cada uno de ellos en su cuerpo.
Pero los celos no eran la emoción que sentía. Le invadió una sensación de calma y paz. Le
reconfortaba saber que no era el único hombre que daría su vida por esta mujer. Puede que no le
gustara que se lo dijeran, pero a partir de ahora, uno de ellos estaría siempre a su lado,
manteniéndola a salvo, protegiéndola.
Hoy casi se había puesto de rodillas, y sabía que sus compañeros sentían lo mismo. Si le hubiera
pasado algo...
-Estoy bien, - susurró al grupo colectivo. -Lo prometo. -
Necesitaban tranquilizarse. Necesitaban mucho más. Si no estuvieran parados en el bosque en
medio de la maldita noche, Ledger probablemente le arrancaría la ropa y la aplastaría contra la
superficie más cercana. Estaba desesperado por mostrarle lo que sentía. Quería hacerla
retorcerse hasta que no tuviera ninguna duda de lo importante que era para ellos.
- ¿Dónde está Jay?, -preguntó ella.
Gatlin le acarició la mejilla. -Tratando con el hombre que capturó. - Gatlin se estremeció y frunció
el ceño. - ¿No hay otro gilipollas por aquí dándonos caza? -
Layla negó con la cabeza.
Gatlin levantó una ceja.
Ledger soltó una risita. -Layla se lo ha cargado. -
Una sonrisa se formó en los labios de Gatlin. - ¿Lo hiciste? -
Ella gimió y puso los ojos en blanco. -No hagamos una fiesta, chicos. He matado a alguien. No 142
estoy orgullosa de tener que hacerlo. -
Ledger le echó la cabeza hacia atrás para poder mirarla a los ojos. -No tenías elección, princesa.
Era él o tú. -
Ella tragó saliva. -Lo sé, pero aun así me da escalofríos. -
El crujido de ramas y hojas bajo los pies hizo que los cuatro miraran hacia la carretera mientras
Jay se acercaba. Estaba solo, y la expresión de su rostro era feroz, como si se negara a creer que
Layla estaba bien hasta que posara su mirada en ella.
Jay era un hombre grande, pero era más que formidable cuando se preocupaba por uno de los
suyos. Eso incluía a los hombres. Su ancho cuerpo casi bloqueaba la luz de la luna mientras se
acercó. Tenía el ceño fruncido.
Ledger no fue el único que soltó a Layla para dar un paso atrás. Todos lo hicieron, dejando espacio
a Jay para que la cogiera en brazos y la levantara del suelo. -Me has dado un susto de muerte,-
murmuró.
Ledger observó el intercambio, con sólo amor en el corazón. Quizá en otro mundo, en otra vida, la
habría querido para él solo, pero no vivían en ese mundo. Era un recuerdo lejano, tan nebuloso
que se alejaba y desdibujaba.
En este mundo, Ledger compartiría a Layla con sus otros tres compañeros. La amarían y
protegerían hasta el fin de los tiempos.
Jay bajó los labios hasta los de ella y la besó suavemente antes de ponerla finalmente en pie y
alcanzar al resto para tirar de ellos con fuerza.
- ¿Qué has hecho con ese gilipollas? - preguntó Nile.
-Está en el maletero de su propio coche. No quería que tuviera el placer de poner los ojos en la
mujer a la que había estado siguiendo. -
Layla se estremeció. -A menos que le dijeras lo contrario, él aún no tenía ni idea de que yo existía
de verdad. Hacían conjeturas. Salivando ante la idea de que tal vez una mujer huyera de ellos. -
El sonido que salió de la garganta de Jay fue inhumano. Un gruñido. -Tiene suerte de que le haya
dejado vivir después de aterrorizarte. -
Layla se sacudió, su columna vertebral se puso rígida mientras se erguía. - ¿Jeremy y Tarin? -
Ledger le tendió la mano. -Están bien. Probablemente se están volviendo locos a cada momento. 143
Deberíamos volver a la cabaña. -
La mirada de Jay se entrecerró. - ¿Estás segura de que el amigo de este imbécil no es una
amenaza? -
-Totalmente. - Se estremeció de nuevo. -Aunque perdí mi cuchillo favorito en el centro de su
pecho.-
Jay sonrió. -Buen trabajo. -
Ledger consideró la posibilidad de dar marcha atrás y encontrar al hombre, pero podría ser difícil
en la oscuridad, y no iba a arrastrar a Layla de nuevo al bosque sólo para asegurarse de que el
imbécil estaba bien muerto. Confiaba en ella. Tenían que ponerse en marcha. Podrían volver más
tarde y ocuparse del cuerpo. Otro día.
CAPÍTULO 19 144
La adrenalina de Layla seguía bombeando. Era lo único que evitaba que se derrumbara. Estaba
agotada física y emocionalmente, pero no era el momento de hacerse un ovillo y sucumbir al
sueño.
Subió al asiento trasero del coche de su enemigo y se colocó entre Nile y Gatlin mientras Jay
volvía a conectar la batería. Y luego se dirigieron de vuelta a la cabaña.
Se preguntó qué harían con el hombre que habían capturado. ¿Cómo manejaban Los Wanderers a
sus cautivos? No había visto ni oído hablar de celdas o cárceles.
No era como si pudieran llevarlo de vuelta al complejo. Aunque sabía que él no había sido el
instigador del complot para capturarla, no podían volver al complejo principal con un prisionero.
No querrían delatar su ubicación o incluso su existencia a ningún extraño, y menos a uno tan
volátil como él.
Nile le puso una mano en el muslo y se la apretó. Gatlin extendió un brazo en el asiento detrás de
ella, con los dedos colgando sobre su hombro.
Lo mejor y lo peor de tener cuatro hombres era que siempre había alguien tocándola. La mayoría
de las veces, como ahora, eran bienvenidas y deseadas. De vez en cuando, sus tendencias
autoritarias colectivas la hacían sentir claustrofóbica.
- ¿Lo dejamos en el maletero? - preguntó cuando Jay y Ledger terminaron de colocar la batería y
subieron al coche.
Jay refunfuñó algo incoherente en voz baja mientras arrancaba el motor.
Ledger resopló y se volvió para mirar a Layla. -Es eso o atarlo a la parte trasera del coche y
arrastrarlo. -
Layla puso los ojos en blanco. -Por favor, dime que estás de broma. -
Nile le apretó el muslo. -Está exagerando. -
- ¿Qué van a hacer con él? - preguntó ella.
-Todavía no estoy seguro, cariño, - afirmó Gatlin. -Lo discutiremos cuando volvamos al puesto. -
-Jeremy y Tarin deben de estar como locos de preocupación, - murmuró ella.
-Y algo más, - coincidió Ledger.
Sabía que nadie la culpaba de nada. Lo había hecho todo bien. Por encima y más allá. También 145
había tenido éxito. Aunque se imaginaba que pronto tendría una batalla con sus compañeros. Las
posibilidades de que le permitieran salir del complejo de nuevo en cualquier momento en un
futuro próximo eran escasas.
No estaba segura de cómo se sentiría al respecto, ni de cómo pensaba abordarles y gestionar el
enfrentamiento posterior. Siempre había sido independiente y capaz de cuidar de sí misma.
Demonios, también se las había arreglado esta vez. Señor, había matado a un hombre.
Se estremeció al recordar a ese imbécil, Ike, cayendo sobre su cuchillo, su cuerpo atrapándola en
el suelo mientras sus ojos se abrían de sorpresa antes de quedarse en blanco.
Layla podía defenderse sola, y tenía una habilidad muy valiosa para los Wanderers. Sabía más de
plantas y vegetación que la mayoría de la gente. Si no podía visitar las granjas, le resultaría
difícil hacer su trabajo. Por no hablar de lo loca que se volvería si estuviera atrapada bajo tierra
todo el tiempo, sin salir nunca a tomar el aire. Literalmente.
Cuando se detuvieron frente a la pequeña cabaña que había estado visitando antes de que
comenzara la loca carrera por su vida, Layla se sintió más que aliviada al ver a sus compañeros
de trabajo saliendo del edificio.
Por un momento, las dos parecieron preparadas para la batalla, hasta que se dieron cuenta de
quién iba en el inoportuno coche.
En cuanto Layla pudo salir detrás de Nile, subió corriendo los escalones de la cabina y abrazó
tanto a Jeremy como a Tarin. -Lo siento mucho. -
- ¿Por qué lo sientes? - preguntó Jeremy, frunciendo el ceño. -Hiciste todo bien y estás aquí. -
-Mi presencia causó problemas. Si no hubiera venido en primer lugar...-
Jeremy sacudió la cabeza con vehemencia. -Si no hubieras venido, no habríamos sabido el tipo de
parásito que se está comiendo los cultivos de este lugar ni cómo detenerlo. No sabríamos cómo
ampliar la temporada de cultivo en la primera parada. Podría enumerar otras diez cosas
inestimables que aportaste en este viaje. -
Suspiró.
-La próxima vez llevaremos más hombres. -
-La próxima vez se llevaran a uno o dos de nosotros, - gruñó Jay mientras agarraba a Layla por
detrás y la atraía contra su pecho, inclinándose para besarle la sien.
Ella se relajó en sus brazos, esperanzada de que sus palabras indicaran que habría una próxima 146
vez.
Tarin salió del porche para reunirse con Nile, Gatlin y Ledger cerca del coche.
Layla sabía que estaban discutiendo qué hacer con su carga. También era lo bastante lista como
para saber que el trabajo de Jay consistía en distraerla en el porche para mantenerla al margen
de las deliberaciones.
Layla volvió a centrar su atención en Jeremy. - ¿Qué les hizo pensar a esos hombres que tenian a
una mujer con ustedes? -
Sacó sus gafas de sol del bolsillo delantero y las levantó. -Se te debieron caer en tu prisa por
bajar las escaleras. Patinaron por el suelo cuando uno de los hombres las golpeó con la punta del
pie. Intentamos hacernos los tontos e insinuar que debían de haberlas dejado aquí algún grupo
anterior, pero estaban salivando y no se tragaron nuestra historia. -
Layla se encogió.
Los brazos de Jay la estrecharon en un abrazo de oso, consumiéndola. Le acercó los labios a la
oreja. -Cuéntame qué le pasó al otro tipo. -
Layla tomó aire, su mirada se dirigió a la de Jeremy. -Me quedé sin opciones. -
- ¿Sí? -Jay rió entre dientes mientras la abrazaba más fuerte.
-Era el doble que tú, - señaló Jeremy. -No sé cuál está en ese baúl, pero ambos eran grandes. -
-Podría haber tropezado y caído sobre mi cuchillo. -
Jay enterró la cara en su pelo e inhaló profundamente. -Buena chica. -
Jeremy sonrió satisfecho. -Pensándolo bien, quizá no necesitemos más protección cuando
viajemos. Quizá debamos considerarte nuestra protección. -
Jay gruñó de nuevo a su manera de oso grande. -Ni hablar. -
Ella inclinó la cabeza hacia atrás para mirarle. -Me gustaría recuperar mi cuchillo si tenemos la
oportunidad. Era mi favorito. -
Jay asintió. -Lo recuperaremos al amanecer. -
- ¿Qué van a hacer con Stan? -
Jay levantó una ceja. - ¿Así se llama? ¿Stan? -
Ella asintió. -El otro hombre era Ike. - 147
Era media mañana cuando Layla volvió a entrar en el recinto y encontró a su hermana dentro,
esperándola. Ariel se abalanzó sobre ella y la abrazó con fuerza. Cuando por fin se apartó, sacudió
a Layla por los bíceps. -No me hagas eso. -
Layla rió entre dientes. -Intentaré que no vuelva a ocurrir. -
Ariel entrecerró la mirada. -Mi corazón no puede soportarlo. -
-Tu hermana es una malota, - dijo Tarin mientras se acercaba. -Le confiaría mi vida cualquier
día.-
Nile puso las manos sobre los hombros de Layla. -Yo tampoco preferiría que se me parara el
corazón así otra vez. -
Ariel miró a Tarin. -Gracias por mantener a salvo a mi hermana, - murmuró mientras estiraba la
mano y le agarraba el codo para darle énfasis.
Él puso su mano sobre la de ella y luego la soltó para acariciar un mechón de su pelo rubio que
había caído sobre su hombro. -Yo no hice nada. Fue todo cosa suya. -
-Sí, bueno...- Las mejillas de Ariel se tiñeron de rosa. Interesante.
La puerta detrás de ellos se abrió, y Stuart entró corriendo en la habitación. Respiró aliviado al
verlos a todos. -Gracias a Dios, - dijo. Su mirada se fijó en Layla, pero luego se dirigió a Ariel y por
último a Tarin. Se detuvo en los dedos de Tarin acariciando el pelo de Ariel.
Layla estaba segura de que Stuart gruñó por lo bajo.
Ariel puso los ojos en blanco y volvió a centrar su atención en Layla. -Tengo que volver al trabajo.
¿Me buscas luego? -
-Por supuesto. - Layla le dio otro abrazo, fascinada por el intercambio de miradas entre Stuart y
Tarin mientras Ariel los ignoraba a ambos y salía de la habitación.
Nile le dio un apretón en los hombros a Layla. - ¿Ducha? -
-Dios, sí. Por favor. -
Gatlin hablaba con su padre detrás de ellos, pero se soltó para unirse a Nile y Layla mientras se
dirigían a su apartamento. Layla había vuelto al recinto bajo el asiento de la furgoneta con
Jeremy, Tarin, Nile y Gatlin. Ledger y Jay se habían marchado en el otro coche con Stan en el
maletero varias horas antes. No estaba segura de cuál había sido su plan ni de cuándo 150
regresarían.
Todos debían de estar cansados. Sabía que no habían dormido mucho durante la noche. Ella había
dormido varias horas en el sofá, pero los demás se habían pasado la mayor parte del tiempo
dando vueltas y vigilando.
En cuanto los tres estuvieron dentro de la vivienda, Nile la giró y le acarició la cara. La miró
fijamente a los ojos durante largo rato, con una expresión que comunicaba más que las palabras.
Le acarició las mejillas con los pulgares. -Cariño...-
Ella inclinó la cara hacia la palma de su mano. -Lo sé, - susurró. -Estoy bien. -
La mano de Gatlin se posó en su espalda y luego se acercó a ella y deslizó las palmas de las
manos hacia su centro, sujetándola contra su pecho. Sus labios se posaron en su cuello.
El silencio se llenó de emoción. A Layla se le aceleró el corazón. Puso una mano en la cintura de
Gatlin y otra en la mejilla de Nile.
Ambos se acercaron, el aire estaba cargado de necesidad. Estaba acostumbrada a estar cerca de
los cuatro hombres. Dormía con dos de ellos a su lado cada noche. Pero algo había cambiado. No
sólo estaban cerca. Había una nueva intensidad.
Sus manos estaban en todas partes a la vez, y los labios de Nile descendían sobre los suyos
mientras los de Gatlin mordisqueaban su oreja. Ambos la miraban con un nuevo nivel de
posesividad.
La mano de Nile se deslizó hasta su trasero, amoldándose al globo, prácticamente levantándola
de sus pies mientras ella gemía en su boca.
Sí, dormían con ella todas las noches. La adoraban. La tocaban de alguna manera en todo
momento. A veces todos a la vez. Cuando iban a la cafetería, solían rodearla en la mesa, casi
impidiéndole el paso a cualquiera que se atreviera a pensar que podía tener un momento de su
tiempo.
Todo eso era cierto, pero no había intimado con ninguno de ellos, ni juntos ni por separado, desde
la noche en que la habían destrozado con el primer y único orgasmo que había tenido en su vida y
que no había sido autoinducido.
Para ser sincera, desde aquella noche había ido perdiendo poco a poco la cabeza. No sólo no la
habían vuelto a tocar tan íntimamente, sino que tampoco había estado sola el tiempo suficiente
para tocarse a sí misma. Se moría por volver a experimentar esa sensación. Gozo total.
Un placer alucinante. 151
Había pensado en correrse en la ducha, pero no se había arriesgado a que alguno de ellos no
entrara o a que pudiera estar lo bastante quieta como para que no se enteraran. Se sentiría
mortificada si la oyeran correrse y la confrontaran después.
No era como si les importara. Al menos, ella no lo creía. Nadie le había insinuado que no debía
darse placer si lo deseaba, pero no había tenido el valor de arriesgarse.
Habían pasado dos semanas. Dos semanas muy largas. Ya se había vuelto loca de deseo.
Cuando los dedos de Gatlin se deslizaron hasta acariciar la parte inferior de sus pechos, se le
cortó la respiración y se puso de puntillas. Sus pezones se pusieron rígidos. -Me encanta que
nunca lleves sujetador, - le murmuró Gatlin al oído, -pero cada vez que pienso en tus pechos
sueltos bajo la camiseta, se me pone dura la polla. Y estos pezones...- Se los acarició
simultáneamente por encima de la camiseta.
Ella gritó al contacto.
-Mmm... Puntitos duros que me tientan, - continuó Gatlin.
-Nos tientan a todos, - susurró Nile contra sus labios. -Deberíamos dejarte duchar, - añadió, sin
hacer ningún movimiento para soltarla o dejar de besarla.
- ¿Cuándo volverán Ledger y Jay? - preguntó, sin querer que oyeran lo ansiosa que estaba.
Desesperada.
-Pronto, - le dijo Gatlin al oído. -Y sé que hablo en nombre de todos cuando digo que anoche
estábamos muy preocupados antes de encontrarte. Nos diste un susto de muerte. Por mucho que
no queramos presionarte...-
Layla alargó la mano para cubrir la de Gatlin que descansaba sobre su teta. Enhebró sus dedos
con los de él mientras su otra mano volvía a encontrar la de Nile. -Si no dejan de pasar de
puntillas a mi alrededor y se acuestan conmigo hoy, voy a desarrollar un complejo y pensar que
no les intereso de esa manera. Me cansé de esperar. Por favor...-
Los labios de Nile volvieron a reclamar los suyos, con una nueva urgencia en su beso. Un gemido
bajo llenó la habitación, procedente de ambos hombres.
Los dedos de Gatlin encontraron sus pezones, acariciándolos y luego pellizcándolos, aunque ella
seguía agarrando una de sus manos. Apretó la palma contra ella, deseando más contacto, más
presión. Más.
Nile rompió el beso y apoyó la frente en ella. Respiraba con dificultad mientras hablaba. -Dúchate, 152
cariño. -
Gatlin la soltó para acariciarle el trasero. -Ve. -
Las piernas le flaqueaban mientras se dirigía al cuarto de baño. Se detuvo en el umbral para
mirarlos, con las manos agarradas al marco de la puerta. Ambos la miraban fijamente, con los
pies bien abiertos, los ojos desorbitados de lujuria y las manos en las caderas. La deseaban. Era
más que embriagador.
Gatlin gimió. -Layla...- le advirtió.
Ella sonrió, entró en el cuarto de baño y cerró la puerta. No cerró con llave. Nunca lo hacía. Una
parte de si siempre deseaba que uno o más de ellos se unieran a ella. Incluso había pensado en no
cerrar del todo la puerta para que la invitación fuera más evidente, pero no había sido tan
atrevida.
Le asombraba la fuerza de voluntad que habían demostrado. Sabía por sus miradas acaloradas y
su sobreprotección que la habían reclamado plenamente y que querían que el mundo lo supiera,
pero no habían hecho ni un solo movimiento para consumar la relación, por así decirlo.
Lo hicieron por ella. Ella lo sabía. No dudaba de su devoción. De hecho, cada día les gustaba más
que esperaran a que pidiera lo que quería. La dejaban marcar el ritmo, decidir cuándo pasar al
siguiente nivel. Era encomiable, y apreciaba enormemente su consideración.
Pero ya no podía más.
Le temblaban los dedos cuando se quitó la coleta del pelo y se puso la camiseta por encima. Los
pechos le pesaban y los pezones estaban duros y sensibles. Temblando aún más, se desabrochó
los vaqueros y se los bajó por las caderas mientras se quitaba los zapatos.
Cuando entró en la ducha, respiraba con dificultad. El chorro de agua no hizo más que aumentar
su excitación. Cuando inclinó la cabeza hacia atrás y dejó que el agua golpeara sus pechos, los
acarició y gimió mientras se acariciaba los pezones.
Nunca se había parado a pensar en lo sensibles que podían ser esos pezones, en lo mucho que le
gustaría que se los acariciaran. Pero ahora que se estaba acostumbrando a que la tocaran a
menudo, estaba aprendiendo lo sensual que podía llegar a ser y lo profundamente que podía
afectarle un simple roce de sus dedos sobre el antebrazo o la palma de la mano o cualquier otra
parte del cuerpo. Los cuatro hombres parecían haberse apiñado y discutido cómo iban a gestionar
su contacto con ella hacía dos semanas, porque todos actuaban de la misma manera a su
alrededor. Cuidadosos. Delicados. Siempre tocándola, pero nunca en la intimidad.
Mientras se lavaba el pelo, cerró los ojos y respiró hondo varias veces. Estaba lista para más. 153
Fuera lo que fuera. Esperaba que los cuatro estuvieran dispuestos a juntarse al mismo tiempo. La
idea de dejar a alguien fuera era incomprensible. No la primera vez. Quizás después. Tal vez
llegaría un día en que no se sentiría incómoda teniendo sexo con uno o dos de ellos, pero no
mientras fuera tan nuevo. Se herirían sentimientos. Los celos se desarrollarían. ¿Cómo no? Ni
siquiera podría relajarse del todo si no estuvieran todos en la habitación.
¿Y cuándo se convirtió en el tipo de persona que no sólo consideraba acostarse con cuatro
hombres a la vez, sino que lo deseaba? Lo deseaba. Insistiría en ello.
No creía que les importara esta condición. No si su experiencia previa juntos era una indicación.
Tampoco tenía ni idea de cómo sería el sexo con cuatro hombres. Era abrumador y al mismo
tiempo excitante.
Estaba preparada. Más que preparada.
¿Nerviosa? Claro que sí.
Pero preparada.
Cuando terminó de ducharse y cerró el grifo, pudo oír voces procedentes de la habitación
principal. Más de dos. Se apresuró a secarse y cepillarse el pelo hasta dejarlo húmedo, y entonces
se dio cuenta de que había entrado en el baño sin ropa limpia. No era propio de ella. Sin embargo,
no había entrado con todas las neuronas en funcionamiento.
Envuelta en la toalla, abrió la puerta para salir al salón. Estaba inusualmente nerviosa, y no
ayudaba el hecho de estar casi desnuda, con la mano agarrando el lugar donde había metido la
toalla en la parte superior.
Se sintió aliviada al ver que Ledger y Jay habían llegado. -Han vuelto. -
Los cuatro hombres permanecieron inmóviles, sin moverse ni hablar durante unos instantes,
mientras ella recorría la habitación con la mirada, estableciendo contacto visual con cada uno de
ellos.
Jay se aclaró la garganta. -Sí. Su mirada recorrió su cuerpo de arriba abajo antes de agacharse
para sacar algo de su mochila. Un momento después, levantó su cuchillo favorito y lo puso sobre
la mesa.
Ella tragó saliva mientras lo miraba un momento, agradecida de no haber estado presente para
ver a Jay y Ledger recuperarlo. - ¿Qué han hecho? Con Stan, quiero decir. –
Se mordió el labio inferior, preocupada por su respuesta. No creía que le fuera a mentir, pero 154
tampoco estaba segura de lo que habían hecho y de si lo aprobaría o no.
-Él y Ike viajaban con un pequeño grupo. Hacia el este. Stan insistía en que la mayoría de su grupo
no era tan obstinado como Ike. No tenían la costumbre de arrebatar mujeres al azar y tomarlas
cautivas. Stan nos dijo que no le había gustado la decisión de Ike de buscarte durante toda la
noche, pero que le había seguido la corriente porque ni siquiera creía que existieras. -
Layla asintió. -Tuve esa impresión basándome en la escasa conversación que oí entre ellos. -
Jay respiró hondo. -Esperemos que no esté mintiendo. No le contamos nada sobre los Wanderers,
ni dónde vivimos, ni cuántos somos. No confiábamos en él lo suficiente para eso. Pero llevamos su
coche a un lugar a una hora de distancia y se lo devolvimos. Kester se reunió con nosotros allí y
nos recogió. Nos aseguramos de que Stan se hubiera ido y no nos siguiera antes de dar la vuelta y
regresar al complejo. -
- ¿Quién es Kester? Aún no lo conozco. -
-Es uno de nuestros conductores. Trabaja con Stu. Los dos comparten alojamiento. -
-Oh. - Layla levantó las cejas. - ¿Alguien más vive con Stu? - Había visto cómo miraba a Ariel.
También había visto la rivalidad que había tenido con Tarin. La existencia de otro hombre, Kester,
le hizo preguntarse cómo se desarrollarían las cosas, si Stuart sacaba la cabeza del culo y se
acercaba a Ariel. Pero antes tendría que dejar de considerarla demasiado joven y de tratarla
como a una niña.
Jay negó con la cabeza. -Yo no los llamaría amigos exactamente. Viven juntos por conveniencia.
Tienen horarios extraños y rara vez están en el complejo al mismo tiempo. -
-Ya veo. - Desvió la mirada hacia Ledger y luego hacia los otros dos hombres. -Gracias por
rescatarme. Creo que no he tenido ocasión de expresar mi gratitud. -
-Cariño, eres nuestra vida. ¿Lo entiendes? - preguntó Jay, acercándose a ella.
Ella tragó saliva y finalmente asintió. - ¿Entienden que también son míos? - respondió ella, con
voz suave.
Una inhalación colectiva llenó la habitación, que estaba cargada de emoción, tan cargada que
costaba respirar.
- ¿Quieren dejar de tratarme con guantes de seda? - preguntó ella, con la voz apenas por encima
de un susurro. Había tanto silencio en la habitación que cada palabra resonaba como si la
hubieran gritado, rebotando en las paredes.
Jay era el único de ellos que se había movido, y ahora era el único lo bastante cerca como para 155
acercarse a ella. Pero no la rodeó con los brazos. Le tendió una mano, llevándola con él.
Sujetó la toalla por encima de sus pechos con una mano y puso la otra en la suya.
La atrajo hacia sí hasta que pudo apoyar la otra palma en la parte baja de su espalda.
Ella inclinó la cabeza hacia atrás para encontrarse con su mirada, incapaz de respirar
correctamente. Su corazón latía con fuerza, su pulso era tan fuerte en sus oídos que parecía que
todo el mundo podía oírlo.
-Ya eres nuestra, Layla, pero si te follamos... Si te reclamamos en todos los sentidos, nunca te
dejaremos marchar. -
Ella se lamió los labios y asintió. -Lo entiendo.
- ¿Estás preparada para ese nivel de compromiso? -
-Sí. - Lo miró fijamente a los ojos, asegurándose de que supiera que estaba completamente
segura. -Nunca he estado más segura de nada en mi vida. - Desvió la mirada hacia el resto de los
hombres, de uno en uno, y la sostuvo.
Los segundos pasaban mientras todos la miraban. Empezaba a preocuparse hasta que Nile se
frotó las manos en los muslos. -Me pido la ducha primero. Que alguien alimente a nuestra mujer.
Seré rápido. -
Layla no pudo evitar soltar una risita cuando él pasó junto a ella, besándole brevemente la mejilla
al pasar.
-Quizá debería ponerme algo de ropa, - señaló, acercándose a la habitación de Jay porque allí
guardaba sus pertenencias.
La bloquearon.
-No. -
-Definitivamente no. -
-Uh-uh. -
Las tres respuestas llegaron a la vez mientras los hombres se acercaban a ella.
Puso los ojos en blanco. - ¿En serio? -
Ledger acercó una silla a la pequeña mesa del comedor. En cuanto estuvo sentada, con la toalla a 156
punto de caérsele del torso, Ledger le dio una botella de agua, una manzana y un sándwich de
mantequilla de cacahuete.
Ella le sonrió. - ¿Cuándo me han traído la comida? -
-Mientras estabas en la ducha. Sabíamos que tenías que tener hambre. Hoy no has comido. -
-Gracias. - Era una tontería, pero se sintió algo emocionada por el gesto. Era sólo un simple
sándwich y una pieza de fruta, pero los cuatro hombres sabían que esas eran sus selecciones
favoritas en la cafetería.
Se aseguró cuidadosamente de que su toalla estuviera bien recogida a su alrededor y juntó las
rodillas antes de dar un mordisco al bocadillo. Eran muy atentos. No se había dado cuenta de lo
hambrienta que estaba, y era muy probable que estuvieran a punto de empezar una maratón de
ejercicios en uno de los dormitorios que rivalizaría con cualquiera que hubiera soportado en su
vida.
- ¿Y los demás? - preguntó mientras tragaba el bocado.
-Todos comimos mientras te duchabas, cariño, - dijo Gatlin.
Ella levantó una ceja. -No estuve allí tanto tiempo. -
-Lo suficiente. Nos incentivaron, -señaló Ledger.
Se rió de nuevo. - ¿Podría ser esto más incómodo? - preguntó antes de dar un mordisco a la
manzana. Era casi demasiado difícil de masticar con su libido disparada.
Jay apoyó las manos en la mesa y se inclinó hacia ella. -No queremos que nada nos resulte
incómodo, nunca. Pero queremos cuidarte, y ahora mismo eso significa alimentarte. Y todos
necesitamos ducharnos antes de tocarte. -
- ¿Y luego? - preguntó ella, esperando una aclaración.
-Y luego esa toalla que estás sujetando con un apretón de muerte va a ser historia, nena, -
respondió Jay.
Le temblaba la mano mientras bebía un trago de agua, casi imposible de tragar. Al menos no se
atragantó.
Nile salió del baño, con el pelo mojado goteándole por el cuerpo mientras se apartaba para que
Ledger pudiera pasarle.
Dos hombres menos. Quedaban dos.
Y luego... 157
Layla intentó no pensar en lo que vendría. Estaba nerviosa y ansiosa al mismo tiempo. Necesitaba
concentrarse en comer y bloquear lo que le depararían las próximas horas.
CAPÍTULO 21 158
Sus hombres eran rápidos. No es de extrañar. Para cuando terminó de atragantarse con la
comida, la rodeaban.
-Tenemos una sorpresa para ti. - Los ojos de Jay brillaron mientras hablaba.
Ella levantó las cejas. - Ah, ¿sí? -
Él señaló por encima del hombro hacia su habitación. -Ven. -
Ella se levantó de su silla mientras Nile la sacaba, mirando hacia abajo para asegurarse de que su
toalla iba a aguantar. La idea de que no llevaba nada más que una fina tela de rizo la había hecho
sentirse decididamente desnuda durante la última media hora.
Los cuatro hombres llevaban ahora pantalones cortos sueltos. Todos tenían el pelo húmedo.
Pechos y hombros anchos por todas partes. Debería estar nerviosa. Estaba nerviosa.
Siguió a Jay a su dormitorio, pero tan pronto como él salió de su campo de visión, ella jadeó, sus
ojos se abrieron de par en par. Aún no había estado aquí. Desde que regresó al apartamento, sólo
había estado en el baño y en la cocina. Le habían impedido entrar en el dormitorio al salir de la
ducha.
- ¿Qué han hecho? - preguntó al entrar en la habitación.
-Pensamos que necesitabas tu propio espacio, - dijo Gatlin.
Llegó a la cama y arrastró los dedos por el edredón. Era amarillo pálido, al igual que las paredes.
Había un montón de almohadas de otros colores pastel en la cabecera de la cama. Había
margaritas en los jarrones de las dos mesillas de noche. De las paredes colgaban dibujos
enmarcados de margaritas.
Lo asimiló todo y luego miró a Jay. -Pero ésta es tu habitación. -
Él se encogió de hombros y levantó un lado de la boca. -Ahora es tuya. -
-Pero...- Estaba demasiado sorprendida para saber qué decir.
Jay se acercó a ella y le acarició la cara. Sus ojos oscuros la penetraron profundamente. -No
necesito una habitación, nena. Sólo necesito un lugar donde recostar la cabeza cuando estoy
cansado. Tenemos muchos sitios así en este apartamento. Tú, en cambio, necesitas un lugar
privado donde puedas estar sola cuando lo necesites. -
Hacía semanas que no estaba sola. Pero había estado bien. Se lamió los labios repentinamente 159
secos. -Pero no quiero que dejes tu habitación por mí. Estoy bien flotando de habitación en
habitación. -
Se rió entre dientes. -Dejaría cualquier cosa por ti, Layla. ¿Te das cuenta? Todos lo haríamos. -
Ella tragó saliva por el nudo de emoción que tenía en la garganta y miró a los demás. Todos
sonreían y asentían.
-Puedes dormir en la cama que quieras, princesa, -dijo Ledger, -pero una mujer necesita su
propio espacio. Habrá momentos en que querrás que todos te dejemos en paz. Cuando se cierre
esta puerta, lo tomaremos como una señal de que quieres algo de intimidad. -
Cerrar puertas, o más bien no cerrarlas, había sido parte de su acuerdo desde el primer día que
había llegado. No quería que ninguno de ellos se sintiera excluido, así que, desde el primer día, sin
importar quién la flanqueara por la noche, nunca cerraban la puerta. Cualquiera de los otros
hombres podía ver fácilmente la habitación, oír lo que se discutía, mirar... No es que hubiera
mucho que mirar, ya que obviamente habían acordado una política de no intervención que debía
terminar ahora mismo.
Gatlin fue el siguiente en hablar. -También queremos que puedas tener relaciones individuales
con cada uno de nosotros. Un cara a cara que no sea tan intenso como estar bombardeada por
tanta testosterona, - se burló.
Ella se estremeció. La idea de que alguien se sintiera excluido seguía poniéndola nerviosa.
Jay le acarició la nuca, enredando los dedos en su pelo casi seco. -Confía en mí. No siempre nos
querrás a los cuatro en tu espacio. - Sus dedos se deslizaron por el cuello y el hombro de ella,
poniéndole la piel de gallina cuando bailaron a lo largo de su clavícula.
Tal vez tuviera razón. Era difícil de imaginar ahora mismo, pero había pasado tanto tiempo en las
últimas semanas deseando algo que ellos aún no le habían dado que era difícil imaginar un día en
el que prefiriera estar sola.
Nile se aclaró la garganta. -Elegimos el amarillo porque sabemos cuánto echas de menos la luz
del sol. Pensamos que de alguna manera haría que tu habitación se sintiera más luminosa. -
-Me encanta. Son todos tan considerados. -
Se dio la vuelta, agarró la parte superior del edredón y lo arrastró hasta los pies de la cama.
Sintiéndose atrevida y con ganas de romper el hielo, tiró de la esquina doblada de la toalla y la
dejó caer al suelo.
Un jadeo colectivo que había oído más de una vez y que esperaba oír el resto de su vida llenó la 160
habitación. Sintió un cosquilleo en la piel cuando se subió a la cama, se apoyó en las almohadas y
extendió ambas manos. -Quítense los calzoncillos. Háganme suya. -
Jay se dejó caer a su derecha, cogió su mano y se la llevó a los labios. Después de besarle los
nudillos, le dijo: - ¿Estás segura, nena? -
-Nunca he estado más segura. - Ella se estremeció. Estaba nerviosa, sí, pero eso no significaba
que no lo deseara.
Ledger rodeó la cama para sentarse al otro lado. Le acarició el brazo con los dedos hasta que ella
se estremeció. -Eres tan hermosa, princesa. Nunca me cansaré de mirarte. -
Nilo apoyó una rodilla en la cama, cerca de su pie derecho, y subió. Le puso la palma de la mano
en la pantorrilla. -Tiene razón, cariño. Cada centímetro tuyo es perfecto. -
Gatlin se arrastró hasta su pie izquierdo y alargó un dedo para acariciarle la planta hasta que ella
soltó una risita y lo apartó de él. Se lo estaban poniendo todo lo fácil que podían y ella apreciaba
sus atenciones, pero ya estaba harta de esperar.
Acercó la mano a la mejilla de Jay y la ahuecó, deslizándola por su corta barba hasta llegar a la
nuca. -Por favor...-
Se inclinó hacia ella y la besó, despacio, con suavidad. Probando. Besando. Lamiendo. Provocando.
Ella quería más, y obtuvo más en forma de otros tres pares de labios que subían por su brazo y
sus piernas. Bombardeada por las sensaciones, se retorció, pero eso no detuvo a nadie.
Ledger le pasó la mano por encima de la cabeza y la sujetó contra las almohadas justo antes de
inclinarse para pasarle la lengua por el pezón.
Ella se arqueó, y probablemente se habría zafado de él de no ser porque Nile y Gatlin le abrieron
las piernas, abriéndolas de par en par mientras le mordisqueaban el interior de los muslos.
Jadeaba cuando Jay le soltó los labios y le sonrió. -Vamos a hacerte sentir muy bien, nena,-
susurró contra su boca.
Cualquier duda que pudiera haber tenido sobre la irracionalidad de dejar que cuatro hombres la
consumieran se desvaneció rápidamente cuando Ledger se metió el pezón en la boca al mismo
tiempo que Gatlin le pasaba la lengua por el clítoris.
Ella gimió y echó la cabeza hacia atrás.
Unos dedos encontraron la entrada de su vagina. Pensó que eran los de Nile, pero le resultaba 161
difícil enfocarlos o incluso verlos. Su visión era borrosa y ninguna parte de su cuerpo aceptaba
órdenes de su mente. Sus labios estaban entreabiertos y no podía cerrarlos.
Un dedo largo la penetró, haciéndola mover las caderas, pero una palma sobre el torso la
mantuvo firme. -Que bien se siente, cariño. - Era Gatlin. Conocía sus voces y los nombres
cariñosos que cada uno le asignaba.
El dedo entró y salió con suavidad. -Eso es, cariño. Estás muy apretada. Voy a estirarte el coño
antes de cogerte. - Definitivamente Gatlin.
Los labios de Nile se posaron en la cara interna de su muslo derecho, lamiendo un camino hacia
su núcleo donde su lengua se burló de su entrada junto al dedo de Gatlin.
-Ayúdame, - susurró Gatlin.
Pensó que le estaba hablando a ella, pero se había equivocado. Un momento después, un segundo
dedo se añadió al primero. El de Nile. Santo cielo. El estiramiento era apretado, pero se sentía tan
bien.
Se retorció todo lo que pudo con los labios alrededor de su clítoris, los labios alrededor de su
pezón y los labios atormentando su entrada. Las dos cabezas entre sus piernas la estaban
volviendo loca.
Cuando parpadeó, se dio cuenta de que Jay la miraba a la cara. Sonreía de oreja a oreja y le
acariciaba el otro pecho con la mano antes de acariciarle el pezón. -Tan malditamente hermosa,-
susurró.
Ella gimió cuando él le pellizcó el pezón, la rápida oleada de dolor se mezcló con las otras
sensaciones para disparar aún más su placer.
Siguiendo el ejemplo de Jay, los dientes de Ledger se hundieron en su pezón izquierdo, haciéndola
gritar. -Oh, Dios...-
Era demasiado y no era suficiente. Tantas bocas. Se sentía querida y adorada. Dado que todas sus
experiencias sexuales habían sido con alguna combinación de estos hombres, aunque la mayoría
de ellas benignas, no podía imaginar lo que sería tener sexo con un solo hombre.
Nile y Gatlin aceleraron el ritmo, ambos trabajando en tándem para estirar su estrecho canal.
Gatlin soltó su clítoris, haciéndola jadear, pero el aire fresco de la habitación sólo se posó en el
hinchado manojo de nervios durante unos segundos antes de que Nile volviera a su sitio, pasando
la lengua por la punta distendida con tanta rapidez que ella perdió la cabeza.
Su excitación seguía aumentando, su necesidad de correrse estaba tan cerca de la superficie que 162
ya no podía concentrarse en ningún hombre. Era como si flotara fuera de su cuerpo, perdida en
las sensaciones. Ninguna parte de ella quedaba intacta. Los dedos recorrían su piel. Los labios la
enloquecían.
Estaba abierta de par en par, con las piernas obscenamente abiertas y las manos apretadas
contra las almohadas. No tenía ni idea de cuándo Jay había enredado los dedos alrededor de su
muñeca y la había sujetado, pero la presión de su enorme mano hizo que su excitación se
disparara cuando se dio cuenta.
Estaba completamente a su merced, vulnerable y necesitada. -Por favor...- suplicó. Necesitaba.
Necesitando tanto. Lo necesitaba todo.
De repente, los dedos dentro de ella empujaron más profundo y se mantuvieron mientras Nile
chupaba su clítoris con fuerza, sus dientes rozando el nódulo hinchado.
Gritó cuando el orgasmo la consumió y su cuerpo palpitó con las oleadas de liberación. Cada
terminación nerviosa de su cuerpo ardía. Hacía semanas que le habían provocado un orgasmo,
pero éste era más intenso, quizá porque sabía lo que vendría después. O posiblemente porque la
última vez había estado completamente vestida.
No más andar de puntillas alrededor de la virgen. Era el momento de reclamarla. Estaba lista.
-Tan hermosa, - murmuró Jay. -Podría verte correrte todos los días del resto de mi vida y quedar
satisfecho. -
Ella gimió mientras los últimos impulsos de su liberación disminuían. Nile retiró los labios de su
clítoris al mismo tiempo que Ledger soltaba su pezón.
Todos siguieron acariciando su piel sensible, y dos dedos seguían dentro de ella, entrando y
saliendo suavemente. Manteniéndola en vilo. Haciendo que deseara más en cuanto volviera a
entrar en su cuerpo.
Jay se inclinó hacia ella y volvió a besarle los labios. - ¿Estás lista para que estemos dentro de
ti?-
Ella asintió, aunque apenas entendía lo que planeaban hacer. Lamiéndose los labios, se encontró
con su mirada. -Cómo... quiero decir...-
Él sonrió. -Haremos lo que nos resulte más natural y nos dejaremos guiar por ti, nena. - Se acercó
más a ella, se apoyó en las almohadas y la alcanzó.
Todos se movieron a la vez para soltarla y levantarla, de modo que acabó sentada a horcajadas 163
sobre el regazo de Jay, con las manos sobre sus hombros y los pechos pesados e hinchados
colgando delante de él. Con las piernas abiertas para acomodar sus muslos, se sintió abierta y
expuesta.
El resto de sus hombres la rodeaban, permaneciendo cerca, acariciándole la espalda, los muslos,
los brazos. Una mano se introdujo entre sus piernas para acariciarle los labios inferiores.
Ella gimió y se balanceó hacia delante, bajando la mirada cuando su clítoris rozó la suave piel.
Jay estaba desnudo, aunque ella no sabía cuándo se había quitado los calzoncillos. Tenía una
erección enorme y muy dura.
Se sintió bien acariciándolo, así que volvió a hacerlo, arrastrando su humedad a lo largo de su
cuerpo. Un hormigueo recorrió sus brazos y su cuerpo se estremeció con la renovada necesidad
de liberarse.
Como si no se hubiera corrido hacía unos segundos, quería volver a sentirse así.
Se estremeció cuando dos manos se posaron en sus nalgas y las separaron, dejando al
descubierto su apretado agujero. Intelectualmente, sabía en el fondo de su cabeza que el sexo con
cuatro hombres iba a implicar mucho más que estar tumbada boca arriba mientras alguien le
penetraba la vagina, pero le resultaba difícil hacerse a la idea de cuántos agujeros iban a llenar
exactamente y cómo se sentiría.
Ledger se dejó caer de lado junto a Jay, sus dedos encontraron y acariciaron sus pezones,
cambiando de un lado a otro mientras ella se retorcía.
Nile o Gatlin introdujeron un dedo en su estrecho canal, bombeándolo rápidamente, haciendo que
su cabeza diera vueltas por la necesidad de ser llenada. No con un dedo. Con la erección de
alguien.
Bajó de nuevo la mirada hacia la longitud de Jay, observando cómo lo utilizaba para darse placer.
Su piel oscura contrastaba con la de ella, más clara, creando una visión tan sexy y primitiva que
no había palabras.
-Me encanta cómo se siente tu coño contra mi polla, nena. - Su voz era más grave, tensa. -Voy a
correrme, Layla. Mira mi polla mientras lo hago. -
Ella le dirigió la mirada y lo encontró sonriéndole mientras su mano se deslizaba por su espalda. -
Pero...- No estaba dentro de ella.
-No te preocupes. Todos nos enfrentaremos a ti en algún momento. No hay forma de evitarlo. Nos 164
estás llevando al borde de la cordura con la lujuria. No todos podemos estar dentro de ti a la vez,
al menos no al principio. -
Ella tragó saliva.
Él le apretó la nuca. -Mira, nena. Quiero tus ojos en mi polla mientras explota. -
Ella bajó la mirada hacia su erección, frotando su clítoris contra él una y otra vez. Tanta humedad
goteaba de su canal para lubricar sus movimientos que lo único que sentía era placer.
Mientras miraba la enorme cabeza de su miembro, éste se puso más rígido y se hinchó hasta que
sus dedos se aferraron a su nuca y él gimió. Al mismo tiempo, se corrió, eyaculando con fuerza y
lanzando hileras de semen contra su torso.
Era hipnotizante, y de repente se alegró de la experiencia. Nunca había visto correrse a un
hombre, ni había visto un pene erecto. Saber lo que iba a ocurrir dentro de ella la tranquilizó un
poco.
Por instinto, bajó una mano, arrastró un dedo por su flujo y se lo llevó a los labios. Todo el mundo
gimió cuando ella aspiró su sabor en su boca. Salado. Ácido. Masculino. Jay.
Ledger metió la mano entre los dos y limpió el semen del torso de Jay con un paño y luego Jay
deslizó la mano entre los omóplatos de ella y la instó a inclinarse hacia delante hasta que estuvo
relajada contra él, pecho con pecho.
Apoyó la mejilla en sus pectorales, mirando a Ledger. Él le sonrió mientras le apartaba los largos
mechones de pelo de la mejilla y se los echaba por encima del hombro. -Te toca otra vez. -
Ella se estremeció al pensarlo. ¿Otra vez? ¿A ella? Sus labios se separaron para interrogarle, pero
no salió ningún sonido porque en ese momento, unos dedos acariciaron su canal, haciéndole
imposible recordar lo que iba a decir.
La mano de Ledger estaba en la parte baja de su espalda, sujetándola firmemente contra Jay. -
Relájate, princesa. Deja que te hagamos sentir bien. -
Era imposible frenar su creciente excitación en esta posición, con los muslos abiertos de par en
par, exponiéndola. Sus nalgas también estaban abiertas, poniéndola nerviosa.
Metió las manos bajo los hombros de Jay y se agarró fuerte mientras tantos dedos la penetraban,
arrastrando su excitación desde su vagina hasta su apretado y fruncido agujero. Un pequeño
chasquido la hizo estremecerse y volvió a mirar a Ledger para hacerle una pregunta silenciosa.
-Es sólo lubricante, princesa. Estás muy mojada, pero no queremos hacerte daño. - 165
Un lubricante frío aterrizó en la raja de su culo, y ella contuvo la respiración mientras el dedo de
alguien rodeaba la entrada una y otra vez, acercándose cada vez más al apretado agujero.
Cuando sintió la presión en el orificio, ya estaba preparada y jadeaba de anticipación y necesidad.
La mantenían tan excitada acariciándole el coño que lo único que podía pensar era que quería
más. Más de cualquier cosa. Incluso si eso incluía un dedo en su apretado agujero.
Sujetada por tantas manos, fue Nile quien habló. - ¿Estás lista, cariño? ¿Puedo meter mi dedo en
tu culo? -
Ella casi se ahoga en su respuesta, decidiendo asentir contra el pecho de Jay en su lugar. Se
sentía tan bien apretada contra él, su piel tan cálida y amada en su abrazo. Su presencia debajo
de ella la enraizaba y la arrullaba en un estado de desesperación. -Por favor, - susurró
finalmente.
Un instante después, el dedo de Nile penetró en su apretado agujero.
Su respiración se entrecortó y por un momento se quedó inmóvil, insegura.
La voz de Ledger se filtró en su interior, sus labios en su oído. -Respira hondo y suelta el aire
lentamente, princesa. Relaja los músculos. Deja que te haga sentir bien. -
Ella hizo lo que le decían, esforzándose por inspirar oxígeno. Cuando ella lo soltó, Nile dejó que su
dedo se deslizara más adentro.
-Buena chica, - la tranquilizó Ledger. -Hazlo otra vez. -
Inhaló más despacio, pero con más firmeza, concentrándose en la extraña sensación de que Nile
la tocara en un lugar tan íntimo. Se alegró de no poder retorcerse con tantas manos en los
muslos, el trasero, la espalda...
No quería negarles nada a esos hombres. Y no lo haría. Sabía que nunca le harían daño. Se
tomaban su tiempo, cada movimiento era suave y cuidadoso. La restricción la ayudó a aterrizar.
Descubrió que la ayudaba a relajarse.
Se estremeció cuando Nile añadió un segundo dedo, pero sólo por un momento.
-Respira otra vez, princesa, - le instó Ledger. -Eso es...-
Gatlin, o al menos ella supuso que era Gatlin, volvió a recorrer sus pliegues, sus dedos danzaron
sobre sus labios vaginales, haciendo que su necesidad volviera con toda su fuerza. Cuando
introdujo dos dedos en su canal, frotándolos contra la invasión de Nile, Layla gimió.
Madre mía. 166
No podía ni imaginarse lo que iba a sentir cuando esos dedos fueran erecciones, dos de ellos,
mucho más grandes, gruesos y largos, pero estaba a punto de rogarles que lo hicieran.
- ¿Quieres más, cariño? - preguntó Nile.
Layla asintió. -Por favor. La única palabra era temblorosa por la excitación. -
Nile le puso una mano en la base de la columna vertebral y le acarició la abertura con tres dedos,
introduciéndoselos con suavidad. El estiramiento era casi demasiado. Casi. También fue increíble y
maravilloso, lo que la sorprendió. La opresión y la punzada de dolor aumentaron su excitación.
Ledger deslizó una mano hacia su pelo, lo apretó con los puños y tiró de él lo suficiente para
llamar su atención; el ligero escozor en todo el cuero cabelludo, combinado con la intensa presión
en sus dos agujeros, la hizo jadear mientras lo miraba parpadeando.
-Jesús, eres increíble, - alabó.
Ella se lamió los labios y su mirada se desvió hacia la boca de él.
Él bajó la cabeza y la besó. No con suavidad. Con urgencia y fuerza, su lengua penetró en ella y le
revolvió el cerebro. Empujando. Imitando los dedos en sus otros agujeros.
Por primera vez en su vida, deseó cosas que nunca había considerado. Tuvo el repentino deseo
que él sustituyera su lengua por su pene. Quería sentir su longitud entre los labios, saborearlo,
tragar alrededor de la erección hasta que él gimiera de placer.
Mientras sus pensamientos iban en esa dirección, se batió en duelo con la lengua de él,
acariciándola y luego chupándola suavemente.
Ledger gimió en su boca, con la mano apretándole el pelo. Cuando se soltó, jadeaba. Le sostuvo la
mirada mientras hablaba con los demás. -Está lista. -
Layla gimió cuando todos los dedos desaparecieron y se oyó un crujido de cuerpos en movimiento
hasta que unas manos se posaron en sus caderas. Las de Gatlin. -Voy a levantarte unos
centímetros y bajarte sobre la polla de Jay, cariño. -
Layla cambió su mirada a la de Jay. Él estaba sonriendo, pero sus cejas estaban juntas al mismo
tiempo. Tardó un momento en darse cuenta de que estaba luchando contra la necesidad de estar
dentro de ella. La incomodidad que estaba presenciando era desesperación.
Metió la mano entre sus piernas y arrastró los dedos por su raja, terminando con un roce en su
clítoris antes de empuñar su erección y alinearla con su entrada. -Ojos en los míos, nena. -
Al darse cuenta de que había bajado la cabeza para ver cómo la enorme cabeza de su erección 167
rozaba su canal, volvió a centrar su atención en él. Temblaba, en parte de deseo, pero sobre todo
de nervios.
Jay le cogió la cara con la mano libre y le acarició el labio inferior con el pulgar. -Lo haremos
despacio. Estás muy tensa, nena. El estiramiento te parecerá demasiado al principio, pero una vez
que te adaptes, descubrirás todo un mundo nuevo. - Sonrió.
Ella asintió levemente, rezando para que tuviera razón.
Gatlin controló la velocidad agarrándola por las caderas. La bajó hasta que la erección de Jay
quedó parcialmente alojada en su interior, haciéndola respirar entrecortadamente.
Jay siguió acariciándole el labio y sujetándole la cara. Su expresión era tensa, y ella supuso que
la de ella también.
Nile le pasó una mano por el interior del muslo.
Ledger le acariciaba los pechos, colgando pesadamente entre ella y Jay.
Se lo estaban tomando con demasiada calma. -Más, - suplicó ella.
Jay sonrió más ampliamente.
Ledger pellizcó su pezón, haciéndola arquearse, lo que provocó que la erección de Jay entrara
más profundamente.
Se iba a morir de anticipación. Sabiendo que le iba a doler, pero deseosa de acabar de una vez,
utilizó una ráfaga de energía para liberarse del agarre de Gatlin y caer sobre la gruesa longitud
de Jay.
En cuanto estuvo completamente empalada, se arqueó aún más, con la boca abierta y la
respiración entrecortada en la garganta. Cerró los ojos e intentó no gritar.
Le dolía. Estaba demasiado apretado. Pero no era ignorante. Sabía que se le pasaría. Sólo
necesitaba adaptarse.
Todos le murmuraban cosas a la vez, pero ella no podía oírlos. Se concentró en el estiramiento y
en su propia respiración, con la cabeza zumbándole y las voces amortiguadas como si estuviera
bajo el agua.
Tras respirar hondo varias veces, bajó la mirada, plantó las manos en el pecho de Jay, con las
puntas de los dedos enroscándose en sus pectorales, y se meció dentro de él, forzándolo a
penetrar más.
-Jesús, - él susurró. 168
Layla durmió unas horas, relajándose fácilmente entre Jay y Gatlin. Llevaba semanas echando la
siesta y durmiendo siempre en brazos de dos de sus hombres, pero era la primera vez que
estaban desnudos.
Le encantó que nadie hiciera ademán de volver a ponerse los calzoncillos, y extrañamente
tampoco le molestó que no le dieran nada para ponerse. En lugar de eso, se habían tapado con
una sábana y se habían acurrucado contra su cuerpo.
Cuando se despertó estaba caliente, como de costumbre, y se alegró de ver que tanto Gatlin como
Jay seguían durmiendo. No era de extrañar. Aunque ella había dormido mal la noche anterior en
el sofá, ninguno de sus hombres había dormido en absoluto.
La sábana se había deslizado hasta sus muslos, y Layla aprovechó la oportunidad para
contemplar el pene que le presionaba el vientre. El de Jay. Gatlin estaba a su espalda, con el
brazo alrededor de la cintura y la mano debajo de los pechos.
Incluso dormida, la longitud de Jay era gruesa y llena, y ella se lamió los labios, queriendo saber
cómo reaccionaría si se lo llevaba a la boca.
Obviamente, no tenía experiencia en ese terreno, pero ya era hora de arreglarlo, y quería ser
capaz de corresponder a todos ellos, sabiendo muy bien que siempre recibiría más de lo que
podría dar.
Intentando no molestarle, para poder explorar el mayor tiempo posible antes de que Jay se diera
cuenta, soltó el brazo de Gatlin y se deslizó varios centímetros por la cama.
La puerta del dormitorio estaba abierta, y ella se alegró. En serio, nunca había querido que una
puerta cerrada hiciera que nadie se sintiera excluido. Sería extraño durante un tiempo saber que
tres hombres podrían estar observando a menudo sus interacciones con el cuarto, pero teniendo
en cuenta la forma en que todos la miraban mientras ella prestaba atención a cualquiera de ellos,
supuso que les excitaba tanto mirar como participar.
Layla apoyó la mejilla en la palma de la mano y levantó la otra para mover ligeramente los dedos
por el pene de Jay.
Se estremeció cuando el pene se crispó y empezó a dilatarse. No consiguió explorar sin ser
detectada durante mucho tiempo antes de que la mano de Gatlin ahuecara su pecho y la de Jay
acariciara su pelo.
Sin mediar palabra, se acercó y lamió la cabeza de la erección de Jay, fascinada por la suavidad 174
de la piel. Observó cómo subía y bajaba los dedos por el tronco, sintiéndose poderosa a medida
que aumentaba de tamaño por momentos.
Era difícil creer que hubiera estado dentro de ella. Que no sólo el pene de Jay la había estirado
tanto, sino también el de todos los demás.
Gatlin le acarició el pezón, haciendo que su pecho se hinchara mientras una sensación de
inquietud la consumía. Fue consciente de que él se levantaba detrás de ella para ver cómo lamía
la erección de Jay.
El pene de Gatlin le presionaba la espalda, esperando pacientemente su turno para recibir su
atención. Y ella se la daría con gusto.
-Layla...- La profunda voz de Jay penetró en el silencio.
Ella se preguntó si estaba haciendo algo mal y levantó la mirada hacia él. -Dime..- Se aclaró la
voz. -Dime cómo hacerte sentir bien. -
Él le sonrió, con los dedos aun acariciándole el pelo. -Todo lo que haces me hace sentir bien,
cariño. Y no queremos nunca que te sientas presionada para meternos en tu boca, ni en ningún
otro sitio. -
Ella tragó saliva. -Quiero. Quiero hacerlo. Por favor, sólo... dime cómo. -
Gatlin volvió a tocarle el pezón mientras se inclinaba y le besaba el hombro. -Haz lo que te
parezca, cariño. -
Se le calentó la cara, pero se obligó a hacer más preguntas. -Sé que soy inexperta y un poco
ingenua, pero la lógica me dice que te gustaría que me metiera tu erección en la boca y me
tragara tu... semen. -
Jay gimió, el tipo de sonido que le hizo saber que estaba excitado por sus palabras. Eso y el hecho
de que su pene se sacudió en su mano.
-Entonces estoy bien, - anunció sin volver a mirarle a la cara. Mantuvo la mirada fija en su
miembro y lo recorrió con los dedos varias veces más antes de inclinarse hacia él y rodear la
punta con los labios.
El sabor salado y masculino del pre-semen la embriagó y la hizo sentirse poderosa de nuevo. Ella
se lo hacía. A él le gustaba.
Su mano le apretó el pelo distraídamente mientras ella succionaba más profundamente, 175
preguntándose hasta dónde podría llegar antes de que tuviera reflejo nauseoso.
Su siguiente gemido de aprobación la envalentonó aún más, y se levantó para succionarlo más
profundamente en la siguiente pasada, manteniendo cuidadosamente los dientes escondidos bajo
los labios mientras ahuecaba las mejillas.
-Jesús, - murmuró Jay. -Layla... Nena...-
-Eso es tan caliente, -murmuró Gatlin.
Cuando llegó hasta el fondo, rodeó la base del pene con la mano y bombeó el resto con la boca.
No hacía falta ser botánica para saber que estaba haciendo algo bien. Jay no era el único
afectado. Desplazó su peso hasta quedar tumbado boca arriba, dándole a ella más espacio para
maniobrar. Su mano en el pelo de ella se puso rígida por la tensión. Las vibraciones de sus
gemidos llegaron a sus labios.
Pero eso no era todo.
Gatlin se retorcía la erección y ella sabía que los otros dos habían vuelto a la habitación porque
los oía respirar a los pies de la cama. Con fuerza. Excitados.
Bien. Perfecto.
Su aprobación significaba mucho para ella. Al mismo tiempo, la mojaba y la volvía necesitada.
Experimentando, chupó más fuerte y más suave, más rápido y más despacio. Usó la lengua a lo
largo del pene y la pasó por la punta, aprendiendo lo que le hacía estremecerse y gemir más
fuerte.
-Layla... nena... Voy a correrme. Si no te corres...- No terminó la frase. Ella no le dio ninguna
oportunidad. En vez de eso, chupó más fuerte, dejando que él se deslizara otro centímetro. Fue
todo lo que necesitó para liberarse.
Sintió que el pene se endurecía aún más, más hinchado que antes, y se preparó para que, cuando
el orgasmo lo consumiera, ella pudiera tragárselo. Y lo hizo, hasta la última gota. El cuerpo de él
se estremeció violentamente bajo ella.
Cuando él hubo terminado, ella lo soltó con un chasquido y levantó la mirada, sonriéndole un poco
triunfante. -Supongo que lo he resuelto bien. -
Él gimió mientras la agarraba por los hombros y tiraba de ella para tumbarla encima, dándole un
beso apasionado y abrasador que lo decía todo.
Cuando la soltó, sonreía, obviamente satisfecho. 176
Pero él no era el único hombre en su vida, y ella necesitaba cambiar su atención a Gatlin que
estaba agarrando su erección en un puño apretado.
Él seguía apoyado en una cadera, y ella le dio un empujón juguetón, haciéndole caer de espaldas.
Le apartó la mano y se inclinó para pasarle la lengua por la punta de la erección, notando las
diferencias. La de Gatlin era ligeramente más larga pero más estrecha, y se inclinaba un poco
hacia la izquierda.
Le agarró el bíceps y tiró. -Nadie llevará la cuenta, cariño. No puedes hacer cuatro mamadas. -
Ella levantó la mirada, sonriendo satisfecha. - ¿Quién dijo que iba a hacerlo? -
Él levantó una ceja mientras ella se sentaba a horcajadas sobre él. -Eso estuvo caliente. Me ha
puesto cachondo. Esta vez también voy a correrme. -
Le puso las manos en las caderas y gimió. -Layla... Te va a doler mucho. -
Ella negó con la cabeza. -No. Y ustedes fueron demasiado rápidos. Quiero saber qué se siente
yendo más despacio. Quiero marcar el ritmo y tomarme mi tiempo. Quiero sentir cada centímetro
de ti deslizándose dentro y fuera de mí. -
-Jesús, - respiró Ledger desde atrás.
Gatlin le sostuvo la mirada, con el ceño fruncido. - ¿Estás segura? -
Ella asintió. -Totalmente. - Sin esperar a que siguieran discutiendo, metió la mano entre ellos,
apretó la erección de él y la utilizó para frotarse contra el clítoris.
-Joder, - exclamó Gatlin echando la cabeza hacia atrás.
Ella se acarició varias veces con la cabeza de su miembro hasta que le temblaron las piernas y la
humedad brotó de ella, y entonces lo enfiló y empujó hasta el fondo.
Los muslos de Gatlin se endurecieron entre las piernas de ella y él gimió con fuerza, llevándose
las manos a los pechos. La expresión de su rostro le hizo sentir la misma fuerza que había sentido
al chupar a Jay. Sintió un cosquilleo en la piel.
Sintió una punzada de dolor, pero sólo duró un instante y no dejó que se le notara. Su clítoris
estaba hinchado y ávido, y decidió que le encantaba aquella postura, que le encantaba poder
controlar el ritmo y apretarse contra él exactamente como deseaba.
Utilizando los muslos como palanca, se levantó y cayó una y otra vez, con las manos apoyadas en 177
el colchón por encima de los hombros de él. Sus pechos se balanceaban con fuerza entre ellas,
pero Gatlin seguía acercándose, apretando, pellizcando, provocando.
Oh, sí, se iba a acostumbrar a esto. Se sentía mejor de lo que nunca había imaginado. ¿Por qué
había esperado tanto?
Al final, Gatlin la agarró por las caderas, atrapándola en un momento en que estaba
completamente sentada.
Ella gimió en señal de protesta, pero él negó con la cabeza. La sujetó con una mano y deslizó la
otra para jugar con su clítoris. -Las damas primero. -
Ella se estremeció. -Gatlin...-
-Acostúmbrate. Mi codiciosa polla siempre estará dispuesta y lista para entrar en ti, pero tengo la
fuerza de voluntad para asegurarme de que te corras antes que yo, y lo harás. Siempre. -
Ella gimió. Sus palabras estaban llenas de convicción. No había forma de que pudiera discutir con
él, ¿y por qué querría hacerlo? Le estaba prometiendo el mundo.
Le sostuvo la mirada mientras dejaba que la excitación subiera más y más, consumiéndola hasta
que parecía que iba a romperse y astillarse en un millón de pedazos por toda la habitación.
Dios, esto era increíble. Mirándole a los ojos mientras él la tomaba, con su erección
profundamente enterrada. Le encantaba esta conexión.
Se frotó con más fuerza y luego le pellizcó el clítoris. Eso fue todo lo que necesitó. Ella gritó
mientras se corría, su canal palpitando alrededor de su vástago hinchado.
Era el paraíso, y apenas le quedaban fuerzas para subir y bajar, pero lo hizo porque quería saber
qué se sentiría al hacer que él se corriera con sus paredes vaginales apretándolo.
Momentos después, él puso los ojos en blanco, y ella lo interpretó como una señal de que debía
empujar una última vez y dejarle cabalgar las olas de su eyaculación en lo más profundo de su
ser.
No había nada más hermoso que ver a sus hombres correrse, con el éxtasis en sus caras.
Cuando él se hubo corrido, ella se levantó, con una mueca de dolor que le hizo fruncir el ceño. -
Eso es todo por hoy, cariño. Tienes que curarte. - Se bajó de la cama, la levantó en brazos y la
sacó del dormitorio y la llevó al cuarto de baño, sin dejarla bajar hasta que estuvieron junto a la
ducha.
Alguien abrió el grifo y ella giró la cabeza para ver a Nile con la mano bajo el chorro de agua. 178
Estaba desnudo y, por su expresión, también se había corrido hacía unos instantes.
Gracias a Dios, a ninguno de ellos le importaba cuidarse a si mismo mientras miraban, porque por
mucha energía y determinación que tuviera, nunca podría dedicarles tiempo de calidad a todos,
todos los días.
Durante una hora, los hombres la mimaron, turnándose entre ellos. Nile la lavó. Ledger la secó.
Jay le puso una camisa en la cabeza. Gatlin enderezó la cama para que dejara de ser un revoltijo
de sábanas y mantas.
Aquella tarde se sentó en el regazo de Jay mientras veían una película antigua y se acurrucó
junto a Nile mientras cenaban en la intimidad de su apartamento. Gatlin había tenido la
amabilidad de ir a buscar comida a la cafetería.
Cuando llegó la hora de dormir, se ofrecieron a dejarla dormir sola en paz, preocupados por si la
acechaban demasiado, pero ella los rechazó y, al final, Nile y Ledger se unieron a ella en la que
había sido declarada su habitación.
El resultado fue perfecto, porque ocho horas más tarde los despertó a ambos con la sensación de
sus labios rodeando sus pollas, alternando entre ellas hasta que los hizo correrse contra el fondo
de su garganta.
Cuando todos salieron para reanudar sus trabajos y empezar el primer día de sus nuevas vidas
oficialmente combinadas, Layla estaba tan contenta que no podía dejar de sonreír.
Fue extraño alejarse de ellos para dirigirse al departamento de agricultura, al otro lado del
complejo. Era angustioso saber que al menos dos de ellos abandonarían el complejo para ir a
buscar a alguien nuevo a uno de los puestos avanzados.
Siempre habría peligro e incertidumbre en sus vidas. Era inevitable. Pero también habría amor,
compromiso y la fuerza de saber que, con el tiempo, todos volverían a reunirse para recrear el
trozo de cielo que ella sabía que siempre encontraría en sus brazos.
Echaba mucho de menos a sus padres, y siempre lo haría, pero encontrar a Los Wanderers fue un
regalo de Dios que salvó su vida y la de su hermana. Gracias a Dios, sus padres les habían dado la
información necesaria para establecer esta conexión y las habilidades para sobrevivir hasta que
pudieran llegar.
Mientras Layla se dirigía al departamento de agricultura, sabía que estaba prácticamente
saltando. Tenía una sonrisa permanente en la cara y la piel radiante.
Cuando llegó al final del recinto, dudó un momento al oír voces discutiendo en el interior. Les dio 179
unos dos segundos antes de irrumpir en la habitación, con las manos en la cadera. Había llegado
el momento de enfrentarse a dos hombres muy testarudos.
Miró a Stuart y a Tarin y negó con la cabeza. -Más les vale encontrar la manera de dejar sus
diferencias a un lado y llevarse bien si tienen alguna esperanza de conquistar a mi hermana. Ella
puede ser joven y más tranquila que yo, pero tiene una espina dorsal. Ha entrenado conmigo toda
la vida. Tiene una determinación que supera con creces su edad. Si quieren tener una oportunidad
con ella, les sugiero que solucionen lo que haya pasado en el pasado para cabrearlos mutuamente
y rápido. Yo lo haría antes de que se acerquen a ella, o es probable que los mande a los dos a
tomar por culo y busque un núcleo familiar con el que pasar el tiempo y que no esté siempre
discutiendo. -
Tarin tragó saliva y se miró los pies.
Stuart abrió la boca para hablar, pero pareció pensárselo mejor y cerró los labios. -Layla...-
murmuró finalmente. -Mierda. No queríamos que nos oyeras discutir. -
-Claro que no, pero no es precisamente una sorpresa. La tensión entre ustedes dos es obvia para
todo el que entra en contacto con ustedes. Y eso incluye a Ariel. - Levantó una ceja.
Tarin suspiró y se pasó una mano por el pelo. -Lo siento, Layla. -
Ella se encogió de hombros y pasó junto a ellos, dirigiéndose a su puesto. -No hace falta que te
disculpes. Sólo les advierto. Arreglen esto rápido o la pierden. Ustedes eligen. -
Sí, Layla se había vuelto más audaz en las últimas veinticuatro horas. No es que alguna vez
hubiera sido débil, pero ahora estaba mucho más segura de muchas cosas. Una de ellas era que la
vida era demasiado corta para perder el tiempo.
Sólo podía esperar que su advertencia no cayera en saco roto porque Tarin y Stuart no eran los
únicos que le importaban en este acuerdo. Ella sabía que Ariel tenía sus ojos puestos en ambos.
Eran los sentimientos de Ariel lo que preocupaba a Layla, y por el bien de su hermana, Layla
esperaba por Dios que esos dos hombres encontraran la manera de dejar a un lado sus
diferencias y unirse.
Seguía sonriendo mientras tomaba asiento, agradecida de que nadie pudiera verle la cara. Tenía
mucho por lo que alegrarse y estaba muy agradecida por muchas cosas.
En primer lugar, era muy afortunada por haber encontrado refugio en Los Wanderers.
Nunca daría un momento del resto de su vida por sentado.
SOBRE LA AUTORA 180
Becca Jameson es una de las autoras de más de 100 libros superventas del USA Today. Es
conocida por sus series Wolf Masters, Fight Club y Surrender. Actualmente vive en Houston, Texas,
con su marido y su Goldendoodle. Sus dos hijos adultos también aparecen de vez en cuando. Le
encanta este viaje y ha incursionado en una variedad de géneros, incluyendo paranormal,
romance deportivo, militar y BDSM.
Becca es una auténtica ave nocturna que escribe hasta altas horas de la noche, encerrada en su
despacho con un vaso de vino tinto y una tableta de chocolate negro, mientras sus dedos vuelan
por el teclado y sus personajes tejen sus propias historias.
Durante el día, que nunca empieza antes de las diez de la mañana, se la puede encontrar
haciendo footing, haciendo recados o leyendo en su hamaca favorita.
...donde dominan los Alfas...