0% encontró este documento útil (0 votos)
30 vistas23 páginas

Dios y la Racionalidad del Universo

Este documento discute tres perspectivas sobre la verdad y el conocimiento: la perspectiva teísta, secularista y animista. Sostiene que solo la perspectiva teísta, que reconoce a Dios como la fuente de la verdad revelada a través de Su creación y Su Palabra, proporciona una base sólida para el conocimiento objetivo. Las perspectivas secularista y animista conducen a la relatividad de la verdad o a la ignorancia perpetua, respectivamente.

Cargado por

Nicolle Tábora
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
30 vistas23 páginas

Dios y la Racionalidad del Universo

Este documento discute tres perspectivas sobre la verdad y el conocimiento: la perspectiva teísta, secularista y animista. Sostiene que solo la perspectiva teísta, que reconoce a Dios como la fuente de la verdad revelada a través de Su creación y Su Palabra, proporciona una base sólida para el conocimiento objetivo. Las perspectivas secularista y animista conducen a la relatividad de la verdad o a la ignorancia perpetua, respectivamente.

Cargado por

Nicolle Tábora
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

5

DIOS ES RACIONAL
El universo es inteligible

A William Carey le impresionó la profunda pobreza que vio cuando


llegó a la India a fines del siglo XVIII. Venerado por muchos como
«fundador de la misión moderna», descubrió que la clave de aquella
pobreza no estaba en la falta de recursos físicos, sino en la esterilidad de
sus almas. «Sus mentes se asemejaban al barro de sus casas, desprovistas de
cuadros, adornos y libros», escribiría luego Carey. «Inocuos, indiferentes,
vacíos, pisaban la senda de sus antepasados; si se apartaban de los caminos
transitados, de las certezas geográficas, astronómicas, o de cualquier otra
ciencia, no causaban mayor impresión en ellos que las verdades más subli-
mes de la religión».1
Carey sabía que la vida fluye del pensamiento. El libro de Génesis
declara que el universo fue diseñado por la Mente suprema, y que, por
tanto, nosotros configuramos nuestras propias realidades usando nuestras
mentes. La creación de Dios es racional, comprensible y organizada, está
basada en las leyes naturales incorporadas que reflejan su carácter. La ver-
dad —la verdad objetiva— existe porque Él existe (véase la fig. 5.1). Pode-
mos conocer la verdad en este mundo porque Dios la ha revelado a través
de sus obras y de sus palabras. Como criaturas finitas, no podemos conocer
esta verdad exhaustivamente, pero como seres dignos, creados a imagen de
Dios, podemos conocerla verdaderamente. Aunque nuestro conocimiento

101
102 DISCIPULANDO NACIONES

es limitado, podemos investigar el mundo de Dios y extraer ciertas conclu-


siones objetivas, de acuerdo con la manera en que realmente son las cosas
(véase la fig. 5.2).

¿CÓMO PUEDO
CONOCER?

Respuesta teísta:
Revelación y Observación

Como prueban las observaciones de Carey en la India, solo el relato del


teísmo bíblico proporciona una base adecuada para el conocimiento. Por el
contrario, el secularismo declara que la verdad es relativa, mientras que el
animismo sostiene que la verdad está escondida, es incognoscible. El pri-
mero conduce a la bancarrota moral; el segundo, a la perpetua ignorancia.
DIOS ES RACIONAL 103

La premisa del secularismo, que no existe Dios, conduce inexorable-


mente al rechazo de las normas objetivas que sustentan la verdad. La infor-
mación sustituye a la virtud y el carácter. La verdad para el secularista es
relativa, se basa en estándares humanos y en el razonamiento (el raciona-
lismo). El sofista griego Protágoras, en el siglo V antes de Cristo, dijo: «El
hombre es la medida de todas las cosas», y la filosofía secular moderna
está completamente de acuerdo. Como dijo Nietzsche: «Hay muchos
ojos…, por tanto, hay muchas verdades, por lo cual, no existe la verdad».2
La verdad para el secularista, está en el ojo del observador (véase la fig.
5.4). Algo es verdadero no porque se corresponda con lo que es, o con una
norma objetiva, sino sencillamente porque alguien lo cree. Allan Bloom
nos recuerda en El cierre de la mente moderna que el hombre moderno no
valora la verdad, sino una «apertura» a todo excepto a las verdades abso-
lutas. Pero esta versión secularizada de la «tolerancia» deja a la gente mal
equipada para abandonar el mal y escoger el bien. Peor aún, el secularismo
se encoge de hombros ante el mal o lo promueve como bien.

CONOCIMIENTO
Información
Información
Información
Información
Información
Información
Concepción secularista

Entre 1997 y 2013, en Rotherham, Inglaterra, unas 1.400 niñas (mayor-


mente) blancas, algunas de tan sólo 11 años, fueron violadas y traficadas
sistemáticamente a otras ciudades, o vendidas como esposas.3 Lo increíble
es que la policía y el ayuntamiento de la ciudad sabían que se perpetra-
ban estos crímenes, pero rehusaron actuar. ¿Cómo pudo producirse tan
flagrante abandono del deber? Porque los perpetradores eran musulma-
nes asiáticos nacidos en Inglaterra, y los oficiales de la ciudad temían ser
104 DISCIPULANDO NACIONES

acusados de insensibilidad cultural. Una perniciosa corrección política


triunfó sobre la justicia: 1.400 niñas inocentes sufrieron horrendos abusos
con la excusa de que las autoridades de la ciudad pudieran protegerse de la
acusación de insensibilidad cultural.

CONOCIMIENTO

Misterio

Concepción animista

El animismo, por su parte, ve el universo como misterioso, incognosci-


ble e irracional, como una lotería cósmica impulsada por el azar, la suerte,
o el destino (véase la fig. 5.6). En el animismo, la ignorancia es realmente
una virtud. Obviamente, muy poco desarrollo material puede tener lugar
bajo tal mentalidad, como comprendió Carey.

Nuestro fundamento firme


La verdad, revelada por Dios y descubierta por el hombre, es una idea radi-
cal con inmensas implicaciones para la ciencia, la economía y la educa-
ción. Comenzamos este tema reflexionando en el hecho de que Dios es
racional. Él tiene una razón para todo lo que hace. Como hemos visto, Él
comunica la verdad de quién es, y lo que hace, de dos maneras —por vía
de la revelación especial y por vía de la revelación general—. Las perso-
nas, creadas a imagen de Dios, son criaturas racionales con capacidad para
captar el mensaje que Dios nos dirige. La revelación especial es el mensaje
de Dios en la Escritura. La Biblia nos enseña que aunque Él es trascen-
dente, sin embargo, se implica en su creación y gobierna el universo por su
providencia.
DIOS ES RACIONAL 105

«Dios, en el principio, creó los cielos y la tierra», nos informa el majes-


tuoso y, con todo, sencillo versículo de Génesis. El salmista declara: «Por-
que él dijo, y fue hecho; El mandó, y existió» (Sal. 33:9). El apóstol Juan dijo
acerca del Hijo de Dios: «En el principio era el Verbo, y el Verbo era con
Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas
por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él
estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. (Juan 1:1-4).
Estos versículos afirman al menos tres verdades importantes: (1) Dios
existía antes de todas las cosas, (2) Él creó todo lo que existe de la nada, y
(3) Él mandó existir a la creación por su palabra.
La revelación general, el mensaje de Dios a la humanidad por medio
de todo lo que ha creado, nos proporciona otras verdades vitales acerca
de la divinidad. El apóstol Pablo exhortó a la iglesia de Roma: «Porque la
ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los
hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se
conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invi-
sibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la
creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de
modo que no tienen excusa» (Rom. 1:18-20).
Viendo un hermoso amanecer sobre la cima del monte Snowden, el
poeta inglés Wordsworth escribió:

Reflejado, me pareció el tipo


De un intelecto majestuoso…
…Allí contemplé el símbolo de una mente.4

El biólogo francés Jacques Monod (1910-1976) escribió: «Sin embargo,


la objetividad nos obliga a reconocer el carácter teleonómico de los orga-
nismos vivos, a admitir que su estructura y su funcionamiento actúan pro-
yectivamente —llevan a cabo y persiguen un objetivo.5
Si son honestos, el poeta y el científico reconocen la hermosura y el
propósito de la creación. La creación revela un Creador. La verdad y la
belleza, la ciencia y el arte, el orden y la espontaneidad revelan la mente del
Artista-Matemático consumado. El apologista cristiano Francis Schaeffer
observó que la vida está rodeada de forma y libertad, las cuales, cada una
a su manera, apuntan a Dios. Como hemos notado, en la revelación gene-
ral, Dios revela su orden divino de dos maneras: dentro, (es decir, por el
106 DISCIPULANDO NACIONES

testimonio que el hombre tiene en sí mismo como imagen de Dios) y fuera


(es decir, por el universo que nos rodea).
Dios se preocupa activamente de su creación. «Y él es antes de todas
las cosas», dice Pablo de Cristo, y «y todas las cosas en él subsisten » (Col.
1:17). La epístola a los hebreos afirma que Cristo «y quien sustenta todas
las cosas con la palabra de su poder» (Heb. 1:3). La Biblia afirma que Dios
creó todas las cosas con un propósito. El universo tuvo un principio defi-
nido. También se proyecta hacia cierta conclusión. Si bien el naturalista
se imagina la definitiva «extinción del calor del universo», y el animista
está atrapado en ciclos interminables, el teísta bíblico sabe que la historia
se dirige hacia una meta. Dios la controla en su totalidad —pasado, pre-
sente y futuro—. Como Creador, Él inició el proceso. Como Mayordomo
supremo, Él sustenta y preserva todo amablemente. Sin Él, el cosmos se
desplomaría y caería en la nada. Como Rey soberano, Dios dirige el desen-
volvimiento de la historia hacia su meta señalada.

Orden del universo (Providencia)


Schaeffer notó que el universo se caracteriza por una uniformidad de cau-
sas naturales en un sistema abierto. Es decir, podemos esperar que ciertos
procesos físicos —la gravedad, por ejemplo— perduren, lo que nos permite
actuar en un mundo de causa y efecto. Esto significa que nuestros actos tie-
nen consecuencias —buenas y malas—. Si saltamos desde un acantilado,
podemos estar seguros que caeremos al fondo. Sin embargo, es un sistema
abierto, porque Dios es siempre libre para reemplazar las leyes por las que
normalmente gobierna.
Por el contrario, el secularismo supone un universo caracterizado por
la uniformidad de causas naturales en un sistema cerrado. La diferencia
es crucial. Porque a pesar de insistir en que el hombre es un ser maravi-
llosamente complejo en lo más alto de la escala evolutiva, el secularista se
encierra a sí mismo en un universo sin sentido, mecanicista. La historia no
va hacia ninguna parte, excepto hacia su extinción masiva. Para el secula-
rista, somos meros productos del azar, engranajes de la máquina cósmica.
La libertad es una ilusión, porque el hombre es sólo un animal.
Por un tiempo, todo puede parecer ir bien. Los logros científicos y
técnicos se multiplican y el nivel de vida material aumenta. No obstante,
el absurdo y el nihilismo,* en la base de la empresa secular, anti-teísta,
DIOS ES RACIONAL 107

derribarán finalmente el edificio. Schaeffer previó la disfunción y el desas-


tre de nuestro posmodernismo con mucha antelación. «Estoy conven-
cido», escribió en ¿Cómo debemos vivir entonces?, que «cuando Nietzsche
llegó a Suiza y se volvió demente, no fue por causa de una enfermedad
venérea, aunque, efectivamente, la padeciera. Más bien fue debido a que él
entendía que la locura era la única respuesta filosófica si el Dios personal e
infinito no existía».6 El científico secular, después de rechazar la razón y la
verdad objetiva (los fundamentos de la ciencia), es como el personaje de El
coyote en los dibujos animados El correcaminos. Corre hacia un acantilado
y se precipita en el abismo. Por un momento le parece que su impulso le
ayudará a superar la distancia. Pero sólo se mantiene en el aire un instante
y se da de bruces contra el fondo. Tarde o temprano la realidad se impone a
la ilusión. El secularista debe examinar los supuestos que sostiene o aban-
donar su razón.
El animista no está mejor preparado para aferrarse a la racionalidad.
En el animismo, el universo está gobernado por dioses o destinos impre-
decibles. La ley natural es una incógnita. El universo no tiene un orden
subyacente (o, en el caso del hinduismo, el mismo universo es una ilusión).
Los dioses causan calamidades, desastres y enfermedades, ya sea por pura
malevolencia o porque el hombre ha transgredido de alguna manera. Por
lo tanto, la gente debe de aplacar a los espíritus mediante supersticiones,
amuletos, rituales y sacrificios diversos, sin importar el coste. La misionera
Joanne Shetler escribió lo siguiente del pueblo balangao: «Los balangao se
esforzaban por producir suficientes alimentos para sí mismos y criar bas-
tantes cerdos y gallinas para mantener a los espíritus aplacados para que
dejaran vivir a sus hijos. A veces los recursos de todo un clan familiar se
designaban para satisfacer las exigencias de los espíritus».7

Orden en la mente
El teísmo bíblico asevera que existe el orden, y que proviene de una mente.
Juan 1:1 afirma que «En el principio era el Verbo». Refiriéndose a Jesu-
cristo, Juan usa la palabra griega logos,* que significa «expresión del
pensamiento». Logos se traduce algunas veces como «palabra», «habla»,
«razón», o «sabiduría». No es de extrañar que la palabra lógica derive
de logos. Aplicada a Cristo, aceptamos de inmediato que esta Mente, la
razón divina, una inteligencia preexistente, vivía antes que fueran los seres
108 DISCIPULANDO NACIONES

humanos y proporciona la base para la razón humana. Este logos es, pues,
personal, inteligente, eterno, trascendente —y ciertamente, la vida misma.
C.S. Lewis dijo a este respecto: «Él es la fuente de la que procede toda su
fuerza de razonamiento: usted no puede tener razón y Él estar equivocado,
como un arroyo no se puede elevar por encima de su propio manantial.
Cuando usted discute con Él está discutiendo contra el mismísimo poder
que le permite argüir».8
Más aún, esta Mente no es una abstracción intelectual aislada. El
mundo material —la materia— fue creada por esta Mente y está sujeto
a ella. Las personas, como representantes de Dios en la tierra, comparten
parte de esa autoridad, usando su capacidad racional para ordenar el caos.
George Gilder escribe: «Hecha a imagen de su Creador, la mente humana
esgrime el poder del conocimiento contra el poder del deterioro».9
La mente humana se ordena por medio de su capacidad de razona-
miento. La razón proporciona el terreno común para la comunicación, per-
mite el pensamiento analítico del mismo modo que la intuición permite el
pensamiento creativo. Juzgando nuestros sentimientos y guiando nuestros
actos, la razón nos permite tener comunión con la mente de Dios, explorar
el mundo, descubrir y aplicar la ley natural, y ordenar y civilizar la tierra.
Como declaró Lewis con admiración: «El orden de la mente divina, encar-
nado en la Ley de Dios, es maravilloso. ¿Qué ha de hacer el hombre sino
intentar reproducirlo, tanto como le sea posible, en su vida cotidiana?».10
Por el contrario, el secularismo conduce a la pobreza porque parte de
lo impersonal e ininteligible, se deshace del fundamento de la verdad obje-
tiva y va en pos de absolutos arbitrarios. En vez de seguir la razón, como
pretende hacer, el secularismo promueve el anti-intelectualismo, el subje-
tivismo, y, de hecho, el irracionalismo. Puesto que la naturaleza humana
aborrece el vacío, podemos estar seguros de que si la gente deja de creer
en Dios, no por ello no creerá en nada, sino que creerá en cualquier cosa,
como atestigua el flujo constante de titulares incomprensibles que hoy se
suceden en todos los medios. ¿De qué otra manera cabe explicar la negación
de la realidad de Bruce Jenner en favor de una ilusión?11 Esta es la negación
sexual. Otra categoría es la negación racial, como en el espectáculo de una
mujer blanca que se identifica con una estadounidense africana,12 o el de un
hombre que pretende haberse convertido en un dragón femenino?13
Al fomentar la ignorancia humana y un universo sin una inteligencia
rectora, el animismo conduce a un callejón sin salida similar.
DIOS ES RACIONAL 109

Principios
Hacía una noche fría en los Alpes suizos. La nieve caía suavemente. Mi
esposa Marilyn y yo éramos huéspedes de Deborah y Udo Middelmann.
Los domingos por la noche nos juntábamos para merendar y tomar el té.
Una vez, diez personas nos reunimos a tomar té inglés en tazas de porce-
lana. La vela sobre la mesa parpadeaba al son de la música clásica y ador-
naba nuestra conversación. De pronto, Udo, un abogado alemán tomó la
palabra.
—Darrow, ¿sabes que el cristianismo es verdadero, aunque tú no lo
creas?
—¿Qué?
—El cristianismo es verdadero aunque tú no lo creas —repitió.
Esta declaración contradecía todo lo que sentía dentro de mí. Se me
había enseñado que el cristianismo era verdadero precisamente porque lo
creía.
Pasé dos noches sin dormir. Finalmente, caí en la cuenta de lo que
decía Udo. El cristianismo es verdadero aunque nadie en el mundo lo cre-
yese. El cristianismo es verdadero porque Dios existe. Es verdadero porque
coincide con la realidad. Es verdadero con V mayúscula.
Aquella conversación me ayudó a comprender que tenía una menta-
lidad bastante secular. El secularismo dice que no hay Dios; por tanto, no
hay verdad; cada cual tiene su opinión. Luego, cualquier cosa que uno crea
es verdad. Si cree en Buda, eso es verdad para usted. Si cree que no hay
Dios, eso es verdad para usted. Si cree en el islam, es verdad para usted.
Si cree en el cristianismo, es verdad para usted. Me di cuenta que había
aceptado el cristianismo tal como lo había definido mi mentalidad secular.
Tenía un corazón circuncidado, pero una mente incircuncisa.
También me di cuenta de que, si el cristianismo es absolutamente
verdadero, Dios quiere hablar en cada área de la vida. Yo había sentido
carga por las personas pobres y necesitadas. Me di cuenta que el deseo de
ayudarlas no bastaba. Dios también quería que tuviese la mente de Cristo
respecto a mi vocación*. Quería que pensara bíblicamente. Pensar bíblica-
mente significa saber que la verdad es universal, se aplica y obliga a todas
las culturas. Leslie Newbigin, destacado y experimentado misionero, tenía
razón cuando dijo: «Un compromiso serio con la evangelización, con el
relato de la historia que la Iglesia ha sido enviada a contar… afirma que el
110 DISCIPULANDO NACIONES

evangelio no es sólo invitación a una decisión privada y personal, sino una


verdad pública que debe ser reconocida como tal por toda la vida social».14
Puesto que la verdad no radica en nuestros sentimientos o experiencias,
sino en Dios, es perdurable, absoluta, proposicional (razonable y racional),
y cognoscible, al menos en parte. La verdad es objetiva. La verdad perma-
nece tanto si alguien cree en ella como si no. Usted sabrá que alguien adopta
esta perspectiva cuando oiga preguntas como «¿es razonable?», «¿coincide
con la realidad?». Por supuesto, la realidad integra lo físico y lo espiritual.
Dios existe fuera de la creación, y a pesar de ello, la naturaleza es real. Por
tanto, la verdad se halla en Dios y en la creación. Está fuera de nosotros, no
depende de nuestras percepciones limitadas, que incluyen los cinco sen-
tidos más la razón. Aunque ninguna cultura la ha vivido perfectamente,
la cosmovisión bíblica, como verdad integral, proporciona sabiduría para
todas las áreas de la vida. Debido a ello, la ciencia y la tecnología, una moral
filosófica para la economía, la sociedad civil, y una filosofía integral para la
educación son todas posibles, y esperan ser descubiertas.
Desgraciadamente, los enfoques subjetivos han acabado prevaleciendo.
En vez de preguntar «si es razonable» y si «coincide con la realidad», la
perspectiva subjetiva pregunta «¿cómo me hace sentir?» y «¿funciona
para mí?». En vez de buscar un fundamento racional para el florecimiento
humano, quedamos sumergidos en las arenas movedizas de las emocio-
nes, los sentimientos y el puro pragmatismo. La verdad es individualmente
«descubierta», no universalmente reconocida. Todo es una cuestión de
opinión. A conveniencia, este enfoque personalizado de la verdad excluye
toda necesidad de coherencia entre lo físico y lo espiritual.
Sólo el teísmo bíblico ofrece el debido respeto tanto a lo físico como a
lo espiritual. Sólo él ofrece un campo unificado de conocimiento. Con él,
todas las «piezas» encajan en un modelo coherente para servir al progreso
del reino de Dios. Por eso nuestros antepasados reconocieron que la teolo-
gía era la «reina de las ciencias». La teología es fundamental para los demás
campos de estudio. Todo cobra sentido en relación con su Creador. Henry
van Til notó: «…la cultura es religión externalizada».15 Esta verdad era bien
conocida antes que la presente generación la olvidara.
El autor y educador George Grant ha escrito:

Según san Agustín, la cultura no es reflejo de la raza, etnia, política, len-


gua o legado de un pueblo. Es más bien, consecuencia del credo de un
DIOS ES RACIONAL 111

pueblo. Es decir, la cultura es la manifestación temporal de la fe de un


pueblo…
Él dedicó buena parte de su vida y ministerio a criticar las filosofías paga-
nas del mundo, y a exponer las teologías aberrantes de la iglesia, por-
que entendió perfectamente bien que esas cosas importan mucho en el
ámbito de la eternidad, pues determinan el destino espiritual de las masas
humanas, pero, además, determinan, aquí y ahora, el destino temporal de
civilizaciones enteras.16

Edificando sobre la obra de Agustín, los reformadores sabían que la


vida entera ha de ser vivida coram Deo, en la presencia de Dios. No obs-
tante, los secularistas compartimentan la vida y privatizan la verdad. Pero
como, según su punto de vista, Dios no sostiene todas las cosas, su mundo
se rompe en millones de astillas. Como una bola lanzada por la fuerza cen-
trífuga, todo sale despedido desde el centro.
Los animistas se topan con un problema diferente. Embuten la vida
entera en una caja irracional, haciendo que la verdad resulte incognoscible.
La existencia es lanzada hacia una estrella que se apaga, lo que convierte
nuestra existencia en un agujero negro de ignorancia.

Obreros sabios:* Aplicación de la Verdad


Para evitar la pobreza que resulta inevitablemente del secularismo y el ani-
mismo, no sólo debemos conocer la verdad; tenemos que aplicarla. Necesi-
tamos sabiduría. La sabiduría es la aplicación moral de la verdad, requiere
reflexión y acción. La acción sin reflexión es mero activismo, mientras que
la reflexión sin acción es, según Paulo Freire, 17 intelectualismo* impotente.
La sabiduría no es algo que nosotros elaboremos o produzcamos mágica-
mente. La sabiduría es algo por lo que trabajamos. La sabiduría comienza
con el temor de Dios (Pro. 9:10).
Además, la sabiduría conduce a la vida; la insensatez conduce a la
muerte. La sabiduría personificada afirma en Proverbios 8:35-36: «Porque
el que me halle, hallará la vida, Y alcanzará el favor de Jehová. Mas el que
peca contra mí, defrauda su alma; Todos los que me aborrecen aman la
muerte». Hay una relación orgánica entre guardar las leyes de Dios y dis-
frutar de vida y prosperidad —y entre violar las leyes de Dios y experimen-
tar muerte y destrucción.
No obstante, no son relaciones mecánicas. Yo no predico un evangelio
de prosperidad, de «salud y riqueza». Dios es soberano en su gracia y su
112 DISCIPULANDO NACIONES

juicio, hace que la lluvia caiga sobre el justo y el injusto (Mat. 5:45). En este
mundo caído, los piadosos suelen ser perseguidos y los culpables suelen
quedar impunes. Sin embargo, por regla general, el florecimiento del hom-
bre resulta de temer a Dios y obedecer sus mandamientos, mientras que
los que le desacatan acaban pagando el precio (Sal. 9:10). Piense en todos
los adictos a sustancias estupefacientes, los promiscuos sexuales y los que
abrazan la violencia. No muchos llegan a los setenta u ochenta años. Es lo
que cabe esperar. Si bien el Antiguo Testamento está lleno de promesas de
bendición de Dios para el obediente, el Nuevo Testamento también abraza
este concepto. Jesús dijo: «Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y
las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la
roca» (Mat. 7:24). Santiago exhorta: «Pero sed hacedores de la palabra, y
no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos... Mas el que
mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no
siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado
en lo que hace»(Sant. 1:22-25).
Vemos, pues, que la sabiduría, la aplicación moral de la verdad, se sitúa
en la cúspide de la pirámide epistemológica (véase la fig. 5.8). La siguen
(por orden) el entendimiento, la percepción dinámica del conocimiento;
el conocimiento, la asimilación de información; la información, la colec-
ción de hechos o datos; los datos, bits de información; bits, los elementos

BYTES BYTES BYTES BYTES

BITS BITS BITS BITS BITS BITS BITS


DIOS ES RACIONAL 113

básicos de los bytes. Hay que escalar penosamente para alcanzar la sabidu-
ría, por eso tan pocos la consiguen.
Es mucho más fácil negar a Dios y abrazar una filosofía secular o ani-
mista. Por supuesto, esto conduce a mentes vacías, privadas de sabiduría,
y corazones entenebrecidos, desprovistos de compasión. Este cierre de la
mente y endurecimiento del corazón conduce al juicio de Dios y al despre-
cio eterno. Como dice Pablo: «Pues habiendo conocido a Dios, no le glori-
ficaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus
razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido» (Rom. 1:21). Como
dice Pablo, verdaderamente «no tienen excusa».
Pero el evangelio gira en torno a la gracia. Jeremías registra la dispo-
sición de Dios de salvar una ciudad si encuentra un hombre justo en ella.
«Recorran las calles de Jerusalén, observen con cuidado, busquen por las
plazas», dijo Dios al profeta. «Recorred las calles de Jerusalén, y mirad
ahora, e informaos; buscad en sus plazas, a ver si halláis algún hombre,
si hay quien haga justicia, que busque la verdad, y yo la perdonaré» (Jer.
5:1) LBLA. Por supuesto, el ejemplo supremo de tal sabiduría encarnada
es Jesucristo: «Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al
mundo, sino para que el mundo sea salvo por él» (Juan 3:17). ¡Qué diferen-
cia puede marcar una sola persona!
Hoy se oye mucho hablar de «trabajadores del conocimiento», perso-
nas que reciben un salario por el saber y la experiencia acumulados más
que por lo que hacen. Por supuesto, el conocimiento es bueno. Pero ya se
trate de una carrera, una vida o una sociedad, el conocimiento por sí solo
es inadecuado. Añadiendo la verdad y la moral que Dios ha revelado, «los
trabajadores del conocimiento» pueden llegar a ser «trabajadores sabios».
No sólo comparten lo que hay en su cabeza, sino también lo que hay en
sus corazones. Con sus vidas, palabras y obras comparten su relación con
el Dios viviente. Al vivir conscientemente como cristianos, incorporan su
cosmovisión judeocristiana a sus vidas profesionales. En esto «profesan»
algo a través de su trabajo, ayudan a la gente a ver a Dios y el universo tales
como son, les animan a tener pensamientos novedosos. Estos pensamien-
tos no versan sólo sobre Dios y la Biblia. Proceden de la Biblia, por cuanto
promueven el «pensamiento analítico y la resolución de problemas», lo
cual florece en el terreno del teísmo bíblico. Los trabajadores sabios pue-
den pasar de los principios a la práctica, de lo teórico a lo práctico. No sólo
ayudan a las personas a entender el marco de la realidad, sino también a
florecer en él.
114 DISCIPULANDO NACIONES

Los trabajadores sabios extienden la bendición de Dios. Son el fruto de


una iglesia sana, sus obras, la flor que brota de raíces plantadas en buena
tierra. Pero si abrazamos distintas cuestiones o principios fundamentales,
construiremos inevitablemente una sociedad muy distinta. Lo más pro-
bable es que acabemos con una sociedad plagada de anarquía, seguida de
despotismo.

Anarquía
Muchos secularistas embadurnan poéticamente la libertad, pero su sistema
allana el camino hacia la anarquía. Sin Dios, no ofrecen ninguna norma
absoluta para la verdad. Por tanto, reina la subjetividad. Tener una «mente
abierta» es el mayor bien. No obstante, Lewis escribió sagazmente: «Es útil
una mente abierta en cuestiones que no son definitivas. Pero una mente
abierta acerca de los fundamentos últimos, ya sean sobre la razón teórica,
ya la razón práctica, es una estupidez».18

Tiranía
Irónicamente, tal apertura estúpida, anárquica, suele conducir a la tiranía,
que es una uniformidad impuesta. ¿Cómo puede ser esto, ya que la anarquía
parece admitir un número ilimitado de «verdades»? Además de la avidez
de expresar su individualidad, la gente tiene también una sed insaciable de
orden, y siempre hay un grupo de déspotas dispuestos a proporcionárselo.
El lamentable récord de despotismo en el siglo XX se puede rastrear
en la negativa a aceptar absolutos morales, alentada por la teoría de la evo-
lución de Darwin, que por definición excluye a Dios. John Whitehead ha
escrito: «Darwin generó una filosofía de relatividad intelectual, moral y
ética que acompañó al sorprendente desarrollo del absolutismo totalitario
(o certeza incondicional de las «leyes» darwinistas) en el siglo XX. El rela-
tivismo (limitación de la certeza) en la teología y la moral acarrea inevita-
blemente el absolutismo político».19
La Biblia no dice esto. Una y otra vez alaba a los que buscan la verdad
—verdad que se corresponde con la realidad—. El libro de Hechos declara:
«Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues reci-
bieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras
para ver si estas cosas eran así» (Hech. 17:11). En Isaías 1:18, Dios dice a su
pueblo: «Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta:». Pablo nos exhorta
DIOS ES RACIONAL 115

a abandonar la conformidad con el mundo y obedecer a Dios. «Y no os


adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vues-
tra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno,
aceptable y perfecto» (Rom. 12:2) LBLA.
Cuatro pruebas cruciales hay disponibles para que la persona con
mentalidad independiente sopese la verdad sobre cualquier asunto.

• Razón. El enfoque metafísico o filosófico pregunta: «¿Es razona-


ble?».
• Realidad. El enfoque empírico o científico pregunta: «¿Coincide
con la realidad?».
• Amplitud. El acento en el ámbito o campo de conocimiento unifi-
cado pregunta: «¿Explica la totalidad de la vida?».
• Práctica. El enfoque personal o subjetivo pregunta: «¿Se puede
llevar a cabo?». Esta última norma sólo se considera después de
aplicar las pruebas anteriores.

Aplicación
Un universo inteligible tiene implicaciones prácticas en cada área de la vida.
Consideremos tres disciplinas clásicas: ciencia, economía y educación.

Ciencia: Pensar los pensamientos de Dios


Una vez que empezamos a hacernos estas preguntas, estamos en
el buena senda para leer el plan divino para el universo. Ocuparemos la
posición de vice-regentes de Dios para desatar el potencial de la tierra y
enseñar a nuestros semejantes a administrar y cuidar de la creación. La
ciencia y la tecnología son armas esenciales de nuestro arsenal. Lejos de ser
meros «constructos teóricos o categorías occidentales», nos ayudan a ver,
en parte, cómo ha diseñado Dios el mundo. Hasta cierto punto, nos otor-
gan dominio sobre el mundo físico. En un sentido, la ciencia y la tecnología
nos permiten acceder a los pensamientos de Dios.
Esta no es una perspectiva que haya surgido en el tecnológico siglo
XX. William Carey, quien desglosó muchas ideas modernas de lo que debe
de hacer un «misionero», pensó lo mismo en el siglo XVIII.

Carey quería introducir en la India la cultura científica de la astrono-


mía. Él no creía que los cuerpos celestes eran «deidades que gobernaban
116 DISCIPULANDO NACIONES

nuestras vidas». Sabía que los seres humanos han sido creados para
gobernar la naturaleza, y que el sol, la luna y los planetas fueron creados
para ayudarnos a desempeñar la tarea de la regencia. Carey pensaba que
los cuerpos celestes debían ser atentamente estudiados, ya que el Creador
los había hecho para que nos sirvieran de signos y señales. Ayudan a
dividir la monotonía del universo espacial en direcciones —Este, Oeste,
Norte y Sur—, y el tiempo en días, años y estaciones. Nos ayudan a idear
calendarios; a estudiar geografía e historia; a planear la vida, el trabajo y
la sociedad. La cultura de la astronomía nos hace libres para ser gober-
nadores, mientras que la de la astrología, nos hace esclavos gobernados,
determinados por las estrellas.20

Solo un teísta bíblico como Carey podía abrazar la ciencia. Es bien


sabido que la ciencia surgió de una cosmovisión judeocristiana y que
muchos de los hombres y mujeres que fundaron las disciplinas científicas
actuales eran creyentes.21 ¿Se ha asombrando de no haber visto nunca un
científico animista? El término es un oxímoron (dos palabras o expresio-
nes de significado opuesto) como, un círculo cuadrado. El animista deifica
y adora la naturaleza; no la estudia. Del mismo modo, el hinduista afirma
que el mundo visible es maya o ilusión. ¿Por qué iba un hinduista (conse-
cuente) a intentar estudiar algo que no es real?
Por contra, los cristianos aceptan que la naturaleza está realmente
«ahí», ya que es obra de Dios. El cristiano ve también que es intrínseca-
mente buena, y por tanto, digna de estudio y de atención. Y como su exis-
tencia fue declarada por el Legislador Supremo, el universo es un lugar
ordenado, gobernado por la ley natural. La gente puede ejercer dominio
sobre la naturaleza entendiendo las leyes que la gobiernan. Una vez des-
cubierto el orden de la creación a través de la ciencia, podemos mejorar
nuestras vidas por medio de la tecnología.
Aunque la física cuántica, que describe los niveles subatómicos del
universo, presenta dificultades a un conocimiento claro y completo del
funcionamiento del universo, el orden general, evidente y preciso del uni-
verso proporciona confianza al científico en sus observaciones empíricas.
Tal confianza no es posible fuera de una cosmovisión judeocristiana. El
físico C.F. Von Weizsacker ha declarado: «La materia en sentido platónico,
sobre la que debe “prevalecer” la razón, no obedece exactamente a las leyes
matemáticas: la materia que Dios ha creado de la nada puede obedecer
estrictamente las leyes a que Dios la ha sometido. En este sentido, llamé
DIOS ES RACIONAL 117

a la ciencia moderna un legado, podría haber dicho incluso una hija del
cristianismo».22
No obstante, las leyes físicas* no tienen la última palabra. Vivimos en
un sistema abierto —a Dios, a los ángeles y a los hombres—. Dios creó la
ley natural, pero no está atado a ella. Nancy R. Pearcey, y Charles B. Thax-
ton, han señalado: «El mundo no tiene una racionalidad intrínseca propia,
sino que es inteligible porque refleja la racionalidad divina».23
El físico Paul Davies, dijo al aceptar el premio Templeton: «Los pri-
meros científicos, como Newton, fueron religiosos de una manera u otra.
Veían la ciencia como un medio para descubrir huellas de la obra de Dios
en el universo. Consideraban lo que ahora llamamos leyes de la física como
creación abstracta de Dios: pensamientos, por así decirlo, en la mente de
Dios. De modo que, haciendo ciencia —ellos suponían— uno puede obte-
ner un atisbo de la mente de Dios —afirmación esta audaz y emocionante.24
Usando una afirmación tal vez audaz, pero firmemente bíblica, Salo-
món escribió: «Gloria de Dios es encubrir un asunto; Pero honra del rey es
escudriñarlo» (Pro. 25:2).
El hombre lleva impresa la imagen de Dios. Con una mente cuyo
modelo es la mente divina, él puede, en palabras de Johann Kepler, «pen-
sar los pensamientos de Dios». El historiador Daniel Boorstin plasmó esta
aventura en su libro Los descubridores:

Mi héroe es el Hombre descubridor. El mundo que ahora vemos desde el


instruido Occidente —la panorámica del tiempo, la tierra y los mares, los
cuerpos celestes, nuestros propios cuerpos, las plantas y los animales, la
historia y las sociedades humanas antiguas y presentes— nos tuvieron que
ser abiertos por innumerables Colones. Ellos permanecen anónimos en las
cavernas profundas del pasado. Al acercarnos al presente, surge a la luz de la
historia un reparto de personajes tan variados como la naturaleza humana.
Los descubrimientos se convierten en episodios biográficos imprevisibles,
como los nuevos mundos que los descubridores nos revelaron.25

Por el contrario, las leyes de la naturaleza permanecen invisibles a los


ojos del animista, cuya mente racional no ha sido instruida para «ver», por-
que su idea de un universo caprichoso no se presta a la investigación cien-
tífica. Incluso la antigua ciencia griega entró en un callejón sin salida. La
concepción racionalista, aristotélica, de la ciencia era deductiva, avanzaba
de lo general a lo particular: «Para el aristotélico, la naturaleza consiste en
118 DISCIPULANDO NACIONES

materia estructurada por el propósito, la esencia y las formas. El científico


[antiguo] entiende mejor un objeto natural preguntándose para qué sirve».26
Tal enfoque se opone a la ciencia moderna, que es inductiva, y avanza
de lo particular a lo general. El método empírico asume que el universo ha
sido ordenado por el Creador. Es la revelación «natural» de Dios para ser
leída y estudiada como un libro. Al hacerlo, se puede conocer algo de su
poder, de su naturaleza divina y de sus leyes. Una vez que la ciencia descu-
bre tales leyes, pueden ser aprovechadas por la tecnología para desarrollar
la tierra.
Francis Schaeffer señaló que el hombre es a la vez distinto y superior
a la naturaleza. Creado a la imagen de Dios, el hombre ha de dominar la
naturaleza y ser responsable de ella. Pero en otro sentido, como ser creado,
está al mismo nivel que la naturaleza. El hombre es un mayordomo, se le ha
encargado cuidar del jardín (Génesis) y edificar la ciudad (Apocalipsis). Es
aleccionador lo que dicen al respecto Pearcey y Thaxton: «El dominio fue
entendido, no como permiso para explotar inexorablemente la naturaleza,
sino como responsabilidad de cultivarla, cuidarla y aprovechar sus fuerzas
para beneficio humano».27 El historiador de la ciencia P.M. Rattansi nota:
«Los principios protestantes… impusieron la obligación religiosa de hacer
que tal estudio sirviera a los objetivos gemelos de glorificar a Dios y bene-
ficiar a los hombres».28
Por lo tanto, la ciencia, idealmente, satisface la obligación moral de
inquirir en la naturaleza de la creación para gloria de Dios. La tecnolo-
gía aplica moralmente el conocimiento científico para beneficio de las
gentes. Se pueden detectar aplicaciones tecnológicas seculares desde un
kilómetro de distancia. La tecnología secular se hace la pregunta: «¿Pode-
mos hacerlo?». La tecnología teísta se hace la pregunta adicional esencial:
«¿Debemos hacerlo?». La tecnología basada en el teísmo no está obligada
a seguir tendencias científicas que prometan llevarnos a un «mundo feliz»
desprovisto de moral y de compasión. Aplica la ciencia a revertir el sufri-
miento y los estragos causados por la caída: a cercenar la enfermedad y la
muerte, a incrementar la producción de alimentos y suministros, a cons-
truir máquinas que alivien la dureza y la pesadez del trabajo.

Economía: La economía de la mente


¿Qué viene a la cabeza cuando se oye la palabra «economía»? ¿Dinero?
¿Empleos? ¿Oferta y demanda? Aunque todos estos elementos, y más,
DIOS ES RACIONAL 119

están presentes en los sistemas económicos basados en el mercado, hemos


de entender algo más básico acerca de la economía. Desde una perspec-
tiva teísta, la economía (oikonomia en griego significa «administración
doméstica») es una filosofía moral. La «casa» pertenece a Dios. Nosotros
cuidamos de ella como siervos o mayordomos suyos. La economía es una
mayordomía inteligente, reflexiva, no un servicio irracional manual. En su
libro Riqueza y pobreza, George Gilder declara: «Dado que las economías
están regidas por pensamientos, no reflejan las leyes de la materia, sino
las de la mente. Una ley crucial de la mente es que la creencia precede al
conocimiento».29
La creencia precede también a los recursos. Israel, situada en una franja
de desierto, ha levantado, sin embargo, una economía próspera. El ex primer
ministro de Israel, Simon Peres, dijo una vez: «Este año Israel sacará más
de sus cerebros que los saudíes de sus pozos de petróleo».30 El periodista
económico Warren T. Brookes ha declarado que «la riqueza no es física, sino
metafísica; es decir, no se halla en la materia, sino en la mente».31
Como nos recuerda Proverbios 29:18 (LBLA), «Donde no hay visión,
el pueblo se desenfrena». William Carey ejemplificó tal visión para benefi-
cio del pueblo: «William Carey vio una yerma desolación, pero no se limitó
a lamentarse, sino que plantó bosques. Estudió los árboles, los plantó y
enseñó silvicultura. Donde veía malas hierbas, se imaginó vergeles, los cul-
tivó, publicó libros y creó foros… para proporcionar apoyo sostenido a sus
iniciativas.32
Durante una excursión, mientras estudiaba en Israel, vi una colina
adornada de árboles en medio de lo que antes era un desierto. Observando,
noté que los árboles tenían el mismo tamaño, lo que difería de cualquier
bosque que antes hubiera visto o explorado. Después noté que los árboles
no estaban distribuidos al azar, sino en hileras bien trazadas. Pregunté a mi
profesor, Anson Rainey. Me dijo que aquel bosque lo habían plantado los
israelíes.
«Darrow, ha habido dos visiones de la tierra», me dijo. Un pueblo
creyó a Dios cuando dijo que de esta tierra fluía leche y miel. El otro pue-
blo creyó que Dios había maldecido la tierra. Hay dos pueblos distintos
con dos visiones distintas de la misma tierra. Una misma tierra, visiones
distintas —resultados distintos.
De pie, sobre el lago Tiberiades, en Galilea, vi en acción la primera
visión: una hermosa tierra de labor que se extendía a lo largo de la orilla,
120 DISCIPULANDO NACIONES

una excavadora escarbando roca volcánica y cardos y echando el material


en camiones para preparar nuevos campos de labor. Ese pueblo no veía las
cosas como eran sino como debían de ser.
La visión tiene dos niveles. En el nivel macro, nuestra tarea consiste en
ayudar a la gente a ver el panorama general de lo que Dios está haciendo en
la historia para restaurar el mundo, poner fin al hambre y edificar su reino.
A nivel micro, en ayudar a la gente a captar su visión de la comunidad.
Deseamos que la gente visualice la buena intención de Dios para ellos y sus
comunidades.

Educación: La finalidad teísta del aprendizaje


Los cristianos saben que el objetivo supremo de la educación es,
o debería ser, teísta. Queremos que la gente conozca a Dios. Como dijo
John Milton (1608–1674): «El objeto del aprendizaje es reparar las ruinas
de nuestros primeros padres volviendo a conocer cabalmente a Dios, y a
partir de ese conocimiento, amarle e imitarle, asemejarnos a Él tanto como
nos sea posible adornando nuestras almas de verdadera virtud, la cual,
junto con la gracia celestial de la fe, alcanza la suma perfección».33
Puesto que existe un campo unificado de conocimiento, la verdadera
educación debe proporcionar una cosmovisión integrada y completa. A
diferencia de los sistemas incompletos y fragmentados que prevalecen hoy,
los aprendices informados por el teísmo bíblico deben ser capaces de descu-
brir relaciones entre Dios, el hombre y la creación. Y así estarán equipados
para pensar de manera amplia y abarcar varias disciplinas. Una verdadera
educación examina lo físico y lo trascendente, lo eterno y lo temporal.
Dado que la verdad es real y cognoscible (al menos en parte), estamos
plenamente justificados para cultivar el espíritu de exploración, descubri-
miento y aprendizaje. No obstante, cuando reina el relativismo el conoci-
miento es importante siempre y cuando sea útil. El impulso de aprender se
quiebra, se reemplaza, en el mejor de los casos, por el método de la obser-
vación; y en el peor, por un ansia de ocupar la mente y entretenerse. Sólo
puede haber pasión por el aprendizaje cuando se puede conocer la verdad.
¡Cuán distinto es el teísmo bíblico por lo que se refiere a la educación!
Una vez oí a Francis Schaeffer decir: «¡No permitan nunca que la esco-
larización de un niño interrumpa su educación!». Schaeffer reconoció algo
que la mayor parte de la «educación secular establecida» no ha acertado a
entender: que las personas han sido creadas para pensar y crear durante
DIOS ES RACIONAL 121

toda su vida. Dieciséis años de escolarización formal es sólo el principio.


Confucio dijo: «Si planta para un año, plante una semillas si planta para
diez años, plante un árbol; si planta para cien años, enseñe a la gente».
Para «salir adelante» hay que educarse. Hay que hacer algo más que
trabajar duro. Uno debe también trabajar de forma inteligente. La esposa
de un ex embajador de Ruanda me comentó en una ocasión que las muje-
res africanas trabajan muy duro, a veces hasta 14 o 16 horas al día. Pero
no progresan porque no hay orden en sus vidas. ¿Por qué? No cuentan
con un fundamento ordenado sobre para cimentar las cosas. África es el
segundo continente más poblado del mundo. Pero, por lo general, el sis-
tema educativo de este continente todavía sumido en patrones de pensa-
miento animista, no estimula el orden. El Dr. Chris Ampadu cita a Kwasi
Gyan-Apenteng, presidente de la National Media Commission de Ghana:

Imaginen qué clase de país y de continente sería éste si la mayoría de


nuestra gente viviera conforme a estos principios: si fuéramos guiados
instintivamente por el precepto ético de hacer en todo tiempo lo que es
justo; ser puntuales; asumir la responsabilidad por lo que hacemos y los
unos por los otros obedeciendo leyes y normas y sobre todo, amando el
trabajo. Imaginen cómo nuestro país o continente cambiaría si por todo
un mes, ningún funcionario del gobierno recibiera sobornos o el diez
por ciento de contratos, ni los policías extorsionaran a los conductores
para sacarles dinero, ni los comerciantes cobraran de más a sus clientes,
ni los conductores incumplieran las normas de tráfico. Todo esto podría
convertirse en realidad si, por medio de nuestra tradición, cultura y edu-
cación inculcáramos estos principios en la vida cotidiana.34

Ampadu sigue diciendo:

«Como él [Gyan-Apenteng] señaló con exactitud, irónicamente, estos


principios no son distintos a los que enseñan nuestros líderes religiosos a
los que la mayoría de los africanos prometen lealtad. Sin embargo, nos las
arreglamos para divorciar los sermones de nosotros y no nos aseguramos
de ponerlos en práctica para que sean relevantes para la vida y a la sociedad.
Si uno no es un buen ejemplo, entonces será una terrible advertencia».35

Por supuesto, no es sólo África. Muchas sociedades no prosperan por-


que no reconocen el orden que Dios ha establecido en la creación. La cien-
cia, la economía y la educación son sólo algunos ejemplos de hábitos y
122 DISCIPULANDO NACIONES

costumbres importantes y necesarias. Están a disposición de nuestro desa-


rrollo porque habitamos en un universo inteligible.

Sociedad civil: Poner orden en el caos


El conocimiento de que Dios existe, y ha creado y mantiene un uni-
verso ordenado, proporciona un contexto para el orden social. Una socie-
dad próspera debe tener un sistema legal justo, asociaciones políticas
claramente delineadas, un gobierno civil basado en el orden, y políticas
públicas racionales y estables. Los funcionarios públicos deben servir al
público, no a sí mismos. Tanto en el sector privado como público, la con-
tratación debe basarse en el carácter y la competencia, no en relaciones
sociales, familiares o de casta.
Estas medidas (o «balanzas», como las denomina la Biblia) del fun-
cionamiento de una sociedad se ejemplifican en Proverbios 16:11: «Peso y
balanzas justas son de Jehová; Obra suya son todas las pesas de la bolsa».
No obstante, si la verdad y la honestidad no son exaltadas, la empresa y el
estado serán explotadores.
El filósofo indio contemporáneo Vishal Mangalwadi señala que el
«espíritu gentil y piadoso» y el «espíritu misionero de servicio» de William
Carey hizo mucho para transformar a los administradores británicos en la
India.36 Por supuesto, sin lo que algunos llaman «instituciones mediado-
ras»,* nada de esto importaría. Las estructuras que proporcionan un buen
gobierno y balanzas justas allanan el terreno para la transformación nacio-
nal. Toda sociedad necesita de individuos libres y responsables; familias
fuertes; pequeñas asociaciones libres de individuos; comunidades religio-
sas; y clubes sociales, cívicos y de servicio. Como Francis Fukuyama ha
observado acertadamente, las sociedades necesitan un nivel de confianza
entre sus miembros para funcionar debidamente.37
Pero, digámoslo claramente, la Biblia no ordena una forma específica
de gobierno o de economía. El capitalismo democrático occidental,* a
pesar de haber conseguido elevar niveles de vida, está lejos de ser un sis-
tema perfecto. La Biblia critica todas las culturas, inclusive el capitalismo
democrático. Winston Churchill dijo acertadamente que el capitalismo
democrático es la peor forma de gobierno, a excepción de todas las demás
que se han ensayado de vez en cuando».38 Aun así, las sociedades no serán
examinadas por la constitución de los Estados Unidos ni por ninguna otra
constitución. Serán examinadas por la Palabra de Dios.
DIOS ES RACIONAL 123

Preguntas para el estudio


1. ¿Cuál era la raíz de la pobreza en la India según William Carey?
¿Está usted de acuerdo o no? ¿Por qué?
2. ¿Cuáles son las cuatro pruebas para determinar si algo es verda-
dero o falso?
3. Describa el método científico en sus propias palabras.
4. Según el autor, ¿cuál es la fuente de la riqueza y de los recursos?
Compárela con la idea que usted tiene.
5. Según la gente con quien usted trabaja, ¿de dónde proceden los
recursos? ¿Cómo puede usted ayudarles a captar mejor la visión
de Dios para su futuro.
6. ¿Qué desorden hay en la comunidad donde usted trabaja? ¿Cómo
contribuye esto a la pobreza?
7. Describa una manera en la que usted puede poner orden en alguna
área específica de la vida pública.
8. ¿Con qué preguntas o desafíos puede usted responder a las ideas
expuestas en este capítulo?

También podría gustarte