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Rapture: Amor y Posesión Oscura

Este resumen proporciona una sinopsis del capítulo 1 del libro. Cole regresa al loft después de haber dejado a Julia esposada a la cama por 3 horas. Aunque Julia está enojada por haber sido dejada atada, ambos sienten una fuerte atracción el uno por el otro y terminan teniendo relaciones sexuales apasionadas a pesar de las esposas de Julia.
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Rapture: Amor y Posesión Oscura

Este resumen proporciona una sinopsis del capítulo 1 del libro. Cole regresa al loft después de haber dejado a Julia esposada a la cama por 3 horas. Aunque Julia está enojada por haber sido dejada atada, ambos sienten una fuerte atracción el uno por el otro y terminan teniendo relaciones sexuales apasionadas a pesar de las esposas de Julia.
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Índice
Sinopsis Capítulo 13
Capítulo 1 Capítulo 14
Capítulo 2 Capítulo 15
Capítulo 3 Capítulo 16
Capítulo 4 Capítulo 17
Capítulo 5 Capítulo 18
Capítulo 6 Capítulo 19
Capítulo 7 Capítulo 20
Capítulo 8 Capítulo 21
Capítulo 9 Capítulo 22
Capítulo 10 Capítulo 23
Capítulo 11 Epílogo
Capítulo 12 Sobre el autor
2
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Sinopsis
La tercera y última entrega de la trilogía Rapture.

Estoy enamorada de él.

Mi acosador.

Él no es perfecto. Es algo oscuro. Algo roto.

Él es mío. Pero alguien quiere alejarlo de mí.

Ellos trataron de matarme.

Sangré en el pavimento sucio, agrietado, y algo ha cambiado dentro de mí.

No pueden tenerlo. No Elaine. No su madre. No nadie.

Y cuando vengan por él... Voy a estar esperando.

Rapture #3
3
Página
1
Traducido por Vickydey9330

Corregido por Florpincha

Cole
Anticipación ardía en mis entrañas mientras abría la puerta del loft. Tres horas
habían pasado desde que dejé a Julia esposada a la cama. Tres horas desde
que había follado su pequeño cuerpo dulce. Pero ya estaba desesperado por
verla de nuevo. Pensé que todo el tiempo que pasé con ella, la emoción
desaparecería; supuse que la intensa atracción desesperada que estalló
debajo de mi piel se iría.

Pero no fue así.

Con cada momento que pasa la quería más.

Le di una patada a la puerta de su habitación, dejando al descubierto su


cuerpo desnudo tendido sobre la cama. Su gato, Weasley, saltó con el ruido y
corrió fuera de la cama y fuera de la habitación.

—¡Eres un idiota! —El fuego en sus ojos azules hizo poner dura mi polla en mis
pantalones, a pesar de que la parte de atrás de mi cabeza palpitaba en
donde había tenido los puntos unas horas antes.

Arqueé las cejas.

—¿Por qué, Julia? Pensé que ya lo sabías.

Ella sacudió el puño, lo que hizo que sus grandes pechos rebotaran. Los
pezones rosados brillantes estaban pidiendo ser mordidos y chupados. Mordí el
interior de mi mejilla para no abalanzarme sobre ella. Follarla. Tomar lo que era
mío. Y ella era mía. Sólo mía. De nadie más. Nunca.

—¡Vete a la mierda! —gritó después de varios momentos de lucha.

—Te follé. —Me apoyé en el marco de la puerta—. ¿Ya lo olvidaste?


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Su respiración creció poco profunda. Su mirada azul cristalizada se lanzó de


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arriba hacia abajo. Estaba duro como una roca por ella, desesperado por estar
dentro de ella otra vez.
—¿Dónde has estado? —Las palabras eran sin aliento, necesitadas, a pesar
de que trató de ocultarlo.

Así es, Julia. Jodidamente me deseas. Tú me amas.

Su revelación de horas antes, que me amaba, nadó en mi mente


llenándome con algo indescriptible. No podía simplemente llamarlo felicidad,
cuando era algo más. Algo que nunca había sentido antes.

—He estado en todo. —Empujé la puerta y me acerqué lentamente.

—¡No puedo creer que me dejaste aquí encadenada! —Ella sacudió las
esposas—. ¡Alguien ha estado tratando de matarme, podría haber
simplemente entrado y terminado el trabajo tan fácil! ¡Estoy prácticamente en
bandeja para ellos! —resopló.

Sonreí, mi mirada clavada en el piso, su estómago curtido y suave carne en


su coño.

—Nadie va a venir aquí además de mí.

—¿Qué significa eso, Cole? ¿Cuánto tiempo vas a dejarme aquí así? —Había
pánico en su voz, casi me hizo sentir mal por ella. Casi. Había una parte de mí a
la que le gustaba un poco demasiado. El hecho de que por fin la tuve, atada y
mía para tomarla. Sobre todo después de lo que hizo antes, trató de
empujarme y de esa forma salvarme.

¿Salvarme? Casi me reí del concepto. Nada puede salvarme. Ya era


demasiado tarde.

—No sé, Julia. Como que me gustas esposada de esta manera. —Pasó un
dedo lentamente a lo largo de la parte inferior de uno de sus pechos. La piel de
gallina inmediatamente surgió en su carne—. Creo que te gusta, también.

—No me puedes dejar encadenada, Cole. El hecho de que te dije que te


amo no me convierte en tu esclava. —Ella estaba tratando de sonar
convincente, para que suene como si estuviera en control. Me encantó, estas
pequeñas batallas de voluntad que tiene, hicieron que mi polla palpitara y mi
corazón saltara y se acelerara.

—Nunca dije que te haría mi esclava. —Sonreí, sentándome a su lado—. Pero


eso parece ser un bonito anillo en ti, cariño.

—¡No me llames de esa maldita manera! —gritó ella con la parte superior de
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sus pulmones, sorprendiéndome.


Página

Fruncí el ceño, palmeando las manos en uno de sus pechos.


—¿Porque no?

—Es como llamaste a Elaine. —Su mirada era implacable.

—¿Todavía estás atascada en eso? Pensé que dejarte aquí esposada te


daría algo de tiempo para despejar tu cabeza y sacarlo de tu culo.

—Todo lo que hizo fue hacerme enojar. Tal vez yo realmente no te amo,
después de todo —cortó ella, volviendo la cabeza hacia el otro lado. Su pelo
azul estaba enredado alrededor de su cabeza, despeinado y sexy,
recordándome el sexo que habíamos tenido apenas unas horas antes.

—Oh, tú me amas. —Me incliné hacia abajo y conecte mi lengua contra su


pezón antes de tomarlo en mi boca. Estaba tan duro, tan rosa, maduros para
jalarlos. Tenía que tenerlo. No iba a durar un minuto más sin él.

—Cole. —Su voz temblaba, llena de emociones contenidas. Metí mis dedos
hasta la hendidura entre sus piernas. Estaba mojada, prácticamente goteando,
lista para mí.

—Tal vez voy a tener que meter a follones algo de juicio en ti.

Ella resopló, pero sabía que no creía que era divertido. Era lo que quería. Ella
quería a mi gran polla en su coño, bombeando dentro de ella. Lo necesitaba.
Por lo menos oré que lo hiciera, porque no creía que pudiera vivir sin ella. Había
intentado, tan jodidamente duro, durante cuatro meses, y estar sin ella era
como estar en el infierno.

—Me gustaría verte intentarlo.

Solté su pezón, dejando que se salga de mi boca antes de levantar la


cabeza para mirarla a los ojos. Un fuego crepitaba allí, girando, bailando,
burlándose de mí. Un desafío. Ese fuego me había atraído hacia ella desde el
principio, cuando la vi follar a otro hombre por primera vez, pero no por última.
Ese fuego era lo que me cambió como persona. Me hizo anhelar cosas que
nunca me habían importado antes. Me dieron ganas de Julia.

—No creo que sepas lo que estás pidiendo. —Me levanté y pasé la camisa
sobre mi cabeza, viendo su mirada hacia mí. Era como una caricia trazando
mis músculos, mis tatuajes. Mis pantalones estaban fuera, al lado junto con mis
bóxers. Su mirada estaba pegada a mi polla, que tenía la atención para ella.
Gruesa y rígida.
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—No lo sé. ¿De verdad, Cole? Me follaste hace unas horas. Sé que puedo
Página

manejarte.
La burla en su voz hizo que mi polla diera un salto, listo para mostrar su forma
diferente, pero me contuve en el suelo, flexionando mis puños a mis costados.
Mis labios se curvaron en algo que seguramente era siniestro, mientras me
arrastraba a la cama. Dejé que mi polla se arrastrara a lo largo de su pierna
mientras me movía por su cuerpo. Se estremeció debajo de mí.

Ella jodidamente me desea. Y ningún pensamiento se había sentido nunca


tan dulce.

—Tratas de asustarme. Entonces, ¿estaré a salvo? —Empecé a bajar entre su


cintura.

—Ahora mismo no doy una mierda sobre ti. —Ella sacudió su muñeca de
nuevo.

Levanté las cejas. Estaba un poco más molesta de lo que esperaba por
haber sido esposada a la cama. Eso estaba bien, porque yo estaba enojado
con ella por tratar de alejarme.

—Tú no das una mierda —repetí—. Bien, porque tengo la intención de


mantenerte aquí por mucho tiempo.

—¡Será mejor que no! —gritó ella, tratando de alejarse. Pero yo era más
grande, más fuerte y apenas me moví un centímetro. Sus movimientos sólo
hicieron que mi polla se pusiera más dura. Vibraba con el latido de la herida en
la parte posterior de mi cabeza. Nada, ni siquiera eso, podría detenerme de
tenerla.

Me moví a su cuerpo, enjaulándola con mis brazos hasta que mi polla era el
centro de sus grandes senos, la punta del mismo sólo a centímetros de
distancia de sus afelpados labios rosados. Ella inmediatamente se quedó
quieta, concentrándose en mi polla.

Escupí en mi mano y froté arriba y abajo de mi polla. Sus labios se abren,


como si el movimiento fuera la cosa más sexy que jamás había visto en su vida.
Y eso sólo me excitaba más. Ahuequé sus tetas en mis manos y las apreté
contra mi polla.

—¿Vas a follar mis pechos, bebé? —La voz de Julia era baja y ronca; lista
para ser follada, su voz me hizo sentir salvaje.

—Claro que sí. —Empujo mis caderas, deslizando mi polla entre sus pechos—.
Te gusta eso, ¿verdad? —gruñí cuando me moví más rápido. Su mano libre se
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cerró sobre la mía, empujando sus pechos más juntos.


Página
Fue surrealista, estar aquí con ella. Mi polla en su cuerpo. Sus ojos azules
mirándome con asombro y amor. Ella estaba enojada conmigo, seguro, pero
era mía, y yo de ella. Nada iba a cambiar eso.

—Lo quiero en mi boca.

Me estremecí y me incliné hacia delante, listo para tocar todo en ella,


cuando mis ojos se iluminaron en la cicatriz de su garganta. Todavía era de
color rojo, un color carmesí, causando mi enojo. Fue sanada, pero aún es tan
nuevo. Entonces yo estaba allí, de vuelta en mi oficina en el Rapture cuando
sonó mi celular, con una llamada de la persona más improbable.

—¿Qué demonios ha pasado? ¡Se suponía que la protegerías! —Era Victor


Marlin, el mejor amigo de Julia, y gritaba en el otro extremo de la línea.

Fruncí el ceño, me agarró el pánico.

—¿Qué?

—¡Jewel! —sollozó—. ¡Alguien trató de matarla! ¿Cómo pudiste? ¡Lo


prometiste!

Había colgado y fui a tomar de inmediato medidas para averiguar dónde


estaba. Y entonces me encontré con Julia, mi Julia, una mujer rota, apenas
colgando de su vida.

—¿Cole? —La voz de ella rompió a través de mi confusión—. ¿Estás bien?

Vergüenza me inundó. Había estado a punto de atacar mi polla en su


garganta, cuando ella apenas había pasado algo tan traumático.

—No. No hagas eso. —Una expresión amarga cubrió sus rasgos—. No te


atreves a sentir una mierda de lástima por mí. —Ella se tocó la garganta.

Negué con la cabeza y comencé a inclinarme hacia atrás, pero ella agarró
mi polla, me obligó a parar y gemir todo a la vez.

—Mírame —exigió.

No lo hice. En vez de eso, miré por la ventana, la vista en el horizonte de


Dallas. Era tarde, pero no oscuro todavía. Si la miraba, me gustaría hacerlo. Me
gustaría meter mi polla en su garganta. Obligarla a tomar todo de mí. Al diablo
con todo lo demás. Incluso ahora, mi cuerpo y mi mente exigieron tomarla,
demostrarle que ella me pertenecía. Hacer que me trague entero y se ahogue
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en todo lo que podía darle. Fue jodido. Yo estaba jodido.


Página

—Mírame, Cole. —Y entonces lo hice. Estaba mirando hacia abajo, a los


hermosos ojos de la mujer de la que me había enamorado. Coloqué mis manos
a mis costados, luchando por el control—. Si no pones tu polla en mi boca
ahora mismo, la próxima vez que te me acerques, me voy mover fuera —dijo
entre dientes. La determinación fue clara en su mirada.

Me agaché, poniendo mis manos a cada lado de la cabeza.

—No lo conseguirás, Julia. Tengo esta necesidad. Este impulso... —Dejo que
las palabras permanezcan como me imaginaba, empujé mi polla entre esos
labios suaves. No había tenido el placer de su boca desde que me dejó hace
cuatro meses, desde que se alejó después de enterarse la verdad. Pero esta
vez fue diferente. La necesidad de dominarla fue más intensa, para probarle
que ella era realmente mía. No podía correr de nuevo, no me podía alejar.

Necesita saberlo.

Cerré los ojos, tratando de hacer retroceder a las emociones que me


dominaban.

Su agarre se tensó y su delicada mano bombea hacia arriba y abajo en mi


polla.

—Joder, Julia. —Mis ojos se abrieron—. Si sigues haciendo eso y no voy a ser
capaz de controlarme a mí mismo.

Una pequeña sonrisa se extendió por sus labios.

—Lo sé.

Me incliné y presioné mis labios en su frente.

—No quiero hacerte daño. —Mis brazos se estrecharon alrededor de su


cabeza, y no por el esfuerzo de soportar mi peso, sino para controlarme.

—Puedo manejarlo, Cole. Deja que te enseñe.

El dulce sonido de su voz se deslizó a través de mí, llenándome con tanto


amor, tanta pasión. Me moví por su cuerpo, quitando mi polla de su agarre y
encontrando sus labios con los míos, voraz por sentir el gusto de ella. Ella se
abrió a mí, me devolvió el beso con la misma necesidad ferviente, como si
fuera a morir sin mi toque, sin mí.

Un gemido ahogado escapó de mi pecho y la besé más fuerte, desesperado


por probar cada pulgada de su boca, para besarla hasta que se olvidara de
todo el mundo antes de mí. Mis manos estaban por todas partes, en el pelo,
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tirando de sus pezones, agarrando sus caderas. Mi polla era una daga furiosa
Página

atrapada entre nuestros cuerpos.


Antes de que supiera lo que estaba haciendo, yo estaba fuera de ella,
agarrando la llave del armario y abriendo sus esposas. El segundo metal cayó
lejos de su muñeca, Julia estaba sentada y cayendo de rodillas en el suelo. Se
arrastró hacia mí, con el pelo azul desordenado, los coloridos tatuajes de flores
en el hombro brillantes contra su piel. Sus movimientos provocando algo
primitivo en mí.

Se detuvo, su rostro a sólo centímetros de distancia de mi polla.

—Puedo manejarlo, Cole. Si me dejas tener el control.

¿Dejarla tener el control?

Ella lamió la punta.

—Sabes que quieres.

Gemí y retrocedí hasta que llegue a la cómoda.

—No sé si puedo.

Me siguió, arrastrándose en cuatro patas.

—Puedes. Confío en ti. —Me tomó con su boca. Me estremecí, agarré la


madera detrás de mí con los dedos tensos. Chupó la punta, haciéndome
desesperar por resistirme a su boca.

Empuja dentro de su garganta. Muéstrale que te pertenece.

Ignoré la voz y me aferré a sus palabras.

Confío en ti. Si ella podía confiar en mí después de todo, entonces yo podía


hacer esto. Podía controlarme por ella.

Me chupó profundo, llevándome más atrás en su delicada garganta. Se


agarró a mis caderas, las uñas clavándose en mi carne. Apreté mi agarre sobre
la cómoda, la madera de grano cortando mi piel. Abracé el dolor. Me
mantuve enfocado en estar quieto y, al mismo tiempo intensificó el placer de
su bonita boca en mi polla. Mi polla, la de nadie más.

Cogió el ritmo, moviéndose más rápido, dejando que mi polla golpeara la


parte trasera de su garganta una y otra vez, hasta atragantarse. La vista era
casi mi perdición, que tiene a la mujer de mis sueños dando arcadas en mi
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polla. La detuve y la cogí del suelo. Un poco más, e iba a explotar en su boca.
Por mucho que quería eso, estar dentro de ella lo quería más.
Página

La levanté hasta que su coño húmedo flotaba encima de mi palpitante


polla. Me apuñalé en ella.
—Joder, Cole, ¡sí!

Agarré sus caderas y presioné dentro y fuera de ella, el sonido de nuestra piel
junta era una dulce música para mis oídos.

—Eres mía, Julia —lo dije antes, pero ella necesitaba oírlo una y otra vez. Una
y otra vez. Necesitaba decirlo—. Sólo mía.

—Tuya. Soy tuya, Cole. —Clavó sus manos en mi pelo sudoroso y se echó
hacia atrás, mirándome directamente a los ojos. Sus ojos entrecerrándose,
somnolencia con lujuria. Ella iba a acabar pronto—. Pero tú eres mío, también.
Sólo mío. —Se mordió el labio. Dientes blancos destacaban en contraste con
los labios de color rosa, la carne viéndose como si fuera a estallar como una
baya dulce.

—Tuyo —agregué—. Y no voy a ninguna parte. ¿Entendido? —Me moví más


rápido—. Dime que lo entiendes. Estamos en esto juntos.

—Juntos —gimió ella.

—No salgas corriendo.

—No corro. —Su mirada se encontró con la mía—. Lo prometo.

Eso era todo lo que necesitaba. Me incliné y hundí mis dientes en su labio. Su
reacción fue instantánea, su tembloroso cuerpo, su coño agarrando mi polla,
ella la ordeñó. La seguí por la madriguera del conejo de placer, mi propio
orgasmo explotó en el interior de ella. Mordí con más fuerza, negándome a
dejarla ir, mientras absoluto éxtasis corría por mis venas.

Cuando la bajé, su frente estaba apoyada contra la mía, su pecho agitado,


gotas de sudor caían entre nosotros. Solté el labio y me incliné, lamiendo las
gotas saladas, saboreándola en mi lengua.

—Eres tan…

El pinchazo de la palma de su mano contra mi mejilla, quitando las palabras


de mi boca, me recordaba a la herida recién cosida en la parte posterior de mi
cabeza.

Tiré mi cara hacia adelante.

—¿Qué demonios fue eso?


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—Nunca me dejes atada de nuevo.


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Si hubiera sido cualquier otra persona, una de las mujeres sin rostro que me
follé o Elaine, hubiera dejado caer su culo allí mismo, en el suelo y le diría
lárgate. Pero ella no era una de ellas. El aguijón en mi mejilla sólo hizo que mi
polla blanda pulsara a la vida.

—No sé, Julia. Deseo un poco volver a casa, verte desnuda y encadenada a
la cama.

—Esta ni siquiera es tu cama —dijo entre dientes.

—Ahora lo es. —Sonreí—. ¿Tengo que probarlo? —Empujé mis caderas, mi


polla casi completamente dura.

Sus ojos se abrieron y se mordió el labio inferior de nuevo. Eran, mis marcas de
dientes los que habían hinchado su carne. La vista hizo algo más que hacer
crecer mi polla. Mía.

Consideré follarla de nuevo en ese mismo momento. Acostado boca arriba


en la cama y golpeando en ella, mostrándole. Pero entonces me acordé
porque estaba aquí para comenzar. La noticia que tenía que decirle. Había
sido mi prioridad principal hasta que llegué a tres metros de su edificio de
apartamentos. Bueno, técnicamente era mi edificio de apartamentos desde
que era dueño de él. Pero cuando estaba cerca, lo único que podía pensar
era en la visión de su cuerpo desnudo y encadenado, y mi polla hizo que todo
los pensamientos se fueran después.

La puse en de pie, apartando la decepción de mi polla de deslizarse en sus


pliegues húmedos.

—Tienes suerte de que hay algo que tenemos que hacer o ya estarías
gritando mi nombre de nuevo.

—Suena más como un castigo que una suerte.

Sonreí.

—Vístete.
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Traducido por Vickydey9330

Corregido por Florpincha

Julia
Parecía un poco surrealista, caminando detrás de Cole, su cálida mano
firmemente entrelazada en la mía. Tal vez fue porque lo estaba siguiendo al
Rapture, el club de desnudistas donde solía trabajar, donde solía follar a mi
mejor amigo una vez al mes por miles de dólares frente a cientos de miradas
hambrientas. Con todo lo que había sucedido en los últimos cinco meses
parecía tan extraño que tan sólo pudiera caminar de regreso aquí, viva y bien.

Era un martes, por lo que el club estaba cerrado. Eso fue un alivio; no estaba
de humor para ver a alguien que quizás conocía.

—¿Por qué estamos aquí, Cole? —No podía imaginar lo que tenía que
mostrarme. Honestamente, no estaba realmente de ánimo. Alguien había
intentado matarme hacía menos de un mes, y anoche mi amiga Mandi había
sido asesinada mientras dormía en la cama junto a ella, perdida en algún lugar
de la tierra de los sueños, debido a las pastillas para dormir que había tomado.

Estaba exhausta y necesitaba una siesta, por no mencionar también que me


habían dejado esposada a una cama durante varias horas y follada sin sentido
por el hombre que amaba.

Había sido un buen día.

No respondió y me frunció el ceño, pero decidí seguirlo. Se detuvo fuera de


la puerta de su oficina. La habitación en la que había sido honesto conmigo
por primera vez. La habitación en la que me dijo que me amaba.

—Te amo —dijo, como si pudiera leer mi mente, como si supiera que había
estado repitiendo esos momentos trascendentales en mi cabeza. Momentos
que persistirán conmigo por la eternidad—. Recuerda eso.
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Abrió la puerta rápidamente, sin darme la oportunidad de responder. Lo


primero que vi fue la mesa de color caoba con papeles apilados en la parte
superior de la misma. Papeles y algo más. Algo que me dieron ganas de perder
Página

mi puta paciencia.
Elaine se sentó en el borde de la mesa. Un costoso vestido azul oscuro se
aferró a su pequeña figura, revelando una cantidad salvaje de escote. Lápiz
labial rojo brillante en sus labios, a juego con el color de sus largas uñas. Su
cabello negro estaba suelto, enmarcando su rostro. Pero su maquillaje no podía
cubrir el hematoma violáceo debajo de ambos ojos, donde yo le había dado
un puñetazo el día anterior. Luché contra el impulso de sonreír.

—Cole, ¿qué es esto? —Elaine me señaló con la mano. Tal vez fue porque yo
estaba completamente atónita por la visión de ella en toda su gloria, mientras
que yo sólo llevaba pantalones de yoga ceñidos y una camiseta, mi pelo era
una maraña que había vomitado en una coleta desordenada.

—Esto es algo que ha pasado desde hace mucho tiempo. —Cerró la puerta
detrás de mí y un centenar de escenarios diferentes pasaron por mi cerebro.
Imaginé que Cole llevaba un jersey de árbitro a rayas y soplaba un silbato, me
señalaba y también a Elaine para ir hacia él. Ella daría unos pocos golpes con
sus garras rojas, pero me gustaría pegarle en la cara de nuevo. Una y otra vez,
hasta que comprendiera que él era mío.

Eso no fue lo que pasó, sin embargo. Cole se puso las manos en los bolsillos y
lanzaba miradas entre nosotros por un momento antes de volver a hablar.

—Debería haber hecho esto hace mucho tiempo. —Su mirada estaba fija en
Elaine y yo lo odiaba. Odiaba que ella hubiera sido honrada con su presencia,
con su mirada. Habían follado antes, en repetidas ocasiones, probablemente.
De la forma en que me había follado.

¿Cuántas veces la ha atado y han follado? ¿Cuántas veces hizo eso cuando
me estaba follando miserablemente en la gasolinera?

Los pensamientos me hicieron amargarme. Ellos hicieron todo más real. Yo


todavía no conocía a Cole, no realmente. Tenía toda una vida detrás de él
que yo descocía. Un pasado, años de amor con la mujer delante de mí.

—Nunca debería haberte traído de vuelta a mi vida, pero era estúpido,


Elaine. Y sea lo que sea que estés pensando que crees que estaba pasando
con nosotros ha terminado.

Quería bailar, disfrutar de sus palabras y gritar JAJA en su rostro, pero no lo


hice. Ni siquiera siento el pinchazo de orgullo de que él me estaba eligiendo.
Porque no era de esa manera. En realidad no. Él la había elegido, incluso
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después de que me conoció.

Él siempre vuelve a mí. Las palabras de Elaine de días anteriores sonaron con
Página

fuerza en mis oídos. ¿Cuántas veces había hecho esto? ¿Cuántas veces Cole,
la dejó por otra mujer y ha vuelto? No lo sabía.
—No quieres decir eso. —Elaine miró entre nosotros, por primera vez luciendo
insegura—. Estamos comprometidos. —Ella movió su dedo con la gran roca
sobre él. El enorme diamante chispeante. Me dijo que lo había elegido ella
misma, que no tenía nada que ver con ello, pero todavía picaba. Todavía me
destrozaba y dejando mis pedazos para que los soplara el viento caliente de
Texas.

—Ese anillo es una broma y ambos lo sabemos. No hay nada entre nosotros.
No más. No lo ha habido en años. —Las palabras de Cole eran suaves.
Demasiado suaves.

No sentí alivio al oír esto en absoluto.

Elaine me miró y por un segundo juro que pude ver en su alma. Una mujer de
corazón roto, por el hombre al que amaba. Casi me sentí mal de estar aquí
para esto. Como si estuviera metida en un asunto privado en el que no tenía
nada ver.

—¿Vas a dejarme, realmente me dejas, por esta maldita puta?

Y entonces no me sentía mal. No daba una mierda por Elaine y recordé por
qué. Ella había tratado de matarme. No me importaba si Cole no lo creía, o mi
abuela, o Mandi. Su nombre hizo que doliera mi corazón. Mandi no creía que
era Elaine, y ahora estaba muerta. Ahora yo estaba de pie en una oficina con
la perra estúpida, la mujer que me quería muerta porque quería a Cole. Mi
Cole.

—Parece que él te está dejando por una puta —le susurré—. ¿Cómo te hace
sentir eso? —Veneno goteaba de mis labios. ¿Cómo pude haber tenido alguna
vez un momento de dolor por esta mujer? ¿Cómo había olvidado las cosas que
había hecho? Yo sabía que era ella. Acabo de darme cuenta—. ¿Qué se
siente saber que incluso, con tu estúpidamente caro vestido, no cambió de
opinión?

Juro que vi una especie de monstruo mirándome desde su iris oscuro.

—Esto es una mierda. —Ella miró a Cole—. ¿Me has traído hasta aquí para
ponerme en un maldito espectáculo? ¿Para demostrarle a tu pequeña puta
que no hay nada entre nosotros? —Ella movió su mano de nuevo, el gran
diamante agarrando la luz.

Cole le agarró la mano y lo arrebató de su dedo.


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—Se acabó, Elaine. Han pasado años. Es tiempo de dejarlo ir. Lo siento si te
Página

metí en este lío sólo para poner a Julia celosa.


Incliné mi cabeza hacia él. ¿Volvió con ella para darme celos? Dejé que la
declaración rodara en mi cabeza. Pero eso no tiene sentido.

—Esto no ha terminado. —Esperaba que comenzara a llorar, pero no lo hizo.


En cambio, volvió su mirada negra hacia mí—. Nunca habrá terminado esto
entre Cole y yo. No tienes ni idea de lo que hemos pasado. —Se puso de pie,
taconeando el suelo—. No tienes idea de las cosas que hice para él después
de…

—Es suficiente. —La voz de Cole era brusca, interrumpiéndola.

Levanté una ceja. ¿Qué iba a decir?

Ella dio un paso hacia mí.

—Las horas que he pasado por debajo de su cuerpo, en la parte superior de


él. Su polla en mí….

Le di una bofetada, no había control de mí misma. Quería apartar la


diferencia. Sabía que estas cosas eran ciertas, que habían estado juntos
durante años, pero no quería escucharla. No pude soportarlo. Mi amor por él
era demasiado nuevo. Mis inseguridades daban vueltas en mi corazón.

Esperaba que tratara de golpearme la espalda, tal vez tirar de mi pelo, pero
no lo hizo. Volvió la cara hacia mí con una lentitud inquietante. Esa mirada se
encontraba de nuevo allí. Ese resplandor de pura maldad que había visto otras
dos veces en ella. Momentos que sólo ella y yo habíamos compartido.

Un golpe en la puerta me hizo saltar y girar alrededor.

Cole abrió la puerta para revelar a Randy de pie en el otro lado. Su gran
cuerpo estaba cubierto con una camisa ceñida blanca con salpicaduras de
sangre en la parte delantera. Su mirada pasó de mí a Elaine y luego de vuelta
a Cole, con cara de que mierda.

—¿Qué es? —preguntó Cole.

—Hay algo que tienes que ver. —Me miró y luego a Elaine—. Todos ustedes
deben ver esto.

***

Seguimos a Randy través del Rapture y me sorprendió cuando nos llevó a las
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escaleras del sótano. Nunca había estado allí antes, aunque había trabajado
allí durante varios años. Estábamos todos en silencio a medida que
Página

avanzábamos hacia abajo, a la habitación iluminada por debajo. Cajas fueron


apiladas por todas partes, fajas de colores y la ropa de lentejuelas derramadas
fuera, en desorden. Bastidores sobre bastidores de ropa interior que coinciden
con los corsés diminutos que brillaban bajo la luz fluorescente. Del mismo modo
que lo tomé todo, el murmullo de las voces de los hombres en algún lugar del
país de las maravillas me llamó la atención.

—Por aquí —dijo Randy. Cole envolvió su mano alrededor de la mía y me


llevó a su lado. Elaine estaba delante de nosotros, y era justo donde quería que
ella estuviera. No en mi espalda donde podría apuñalarnos a ambos.

Brillantes lámparas con joyas colgantes fueron empujadas a un lado,


dejando un camino desnudo en el suelo de cemento. Reconocí algunos de los
accesorios utilizados en la temática del Rapture X parte de Avatar, cuerdas
gastadas con vegetación frondosa colgando de ellos. Cuerdas que habían
suspendido mi cuerpo desde el techo, mientras que Vic me follaba.

Las voces se hicieron más evidentes cuanto más lejos en el sótano nos
movíamos, pero entonces no eran sólo voces. Tenores profundos retumbaban,
pero había algo más. El gemido de un hombre herido.

¿Qué carajos?

Antes de que pudiera preguntar, la escena quedó a la vista, conteniendo mi


aliento. Un área grande había sido liberada de cajas de almacenamiento,
todo ello apilado en forma de círculo. Varios hombres estaban en la zona.
Algunos de ellos llevaban trajes y hablaban casualmente. Uno de ellos, aparte
de Randy, vestía ropa normal. La sangre salpicó la ropa. León. Había trabajado
en mi edificio de apartamentos con Randy encubierto.

Un hombre solitario sentado en el centro de la habitación, atado a una silla,


con la cabeza rapada se inclinó, ocultando su rostro de mi punto de vista. La
sangre goteaba en el piso de concreto a su alrededor. El gemido salía de él.

—¿Quién es ese? —preguntó Elaine. Ella estaba blanca como un fantasma.

Cole se inclinó y le habló rápidamente a Randy en voz baja. Después de un


momento él se retiró.

León se acercó a nosotros. Yo en realidad no había hablado con ninguno, ni


Randy, ni León, ya que me habían obligado a ir a la oficina de Cole hace unos
cinco meses. Fue el día que me di cuenta de que no eran sólo los hombres
amistosos, musculares que dirigían la recepción y trabajaron en el ascensor.

Randy me llevó a casa esa noche desde el bar, cuando estaba borracha,
17

después de venirme en los dedos a Cole.


Página

Aplasté la memoria y puse los ojos como platos. No confío en ellos. Cole sí,
pero yo no estaba completamente convencida. Alguien le dijo a la persona
que estaba tratando de matarme que estábamos en Nueva Orleans, que
estábamos en ese pantano, que follábamos. Ambos hombres sabían que
estábamos allí esa noche.

—¿Por qué hay sangre en los dos? —La voz de Cole era fría, como si
estuviera enojado.

—No quiere cerrar la maldita boca —silbó León.

Cole levantó las cejas.

—¿Está consciente?

—Sí —dijeron a la vez.

Cole asintió.

—Tú y los chicos vayan hasta la parte superior de la entrada. Les haré saber si
necesito algo.

Randy hizo señas a los otros hombres para que lo siguieran. Su movimiento
reveló de nuevo al hombre ahora tranquilo atado a la silla. Caminamos más
cerca.

—¿Qué demonios es esto, Cole? —Casi me había olvidado de Elaine, cuya


voz era aguda y chillona a mi lado.

Se volvió hacia ella y sonrió. Pero no fue una sonrisa hermosa, era una
viciosa; incluso me puso nerviosa.

—Me alegro de que estés aquí, Elaine. Puedes reunirte con tu viejo amigo.

Miré entre ellos, confundida. Elaine parecía igual de perpleja.

—Muéstrale tu cara —exigió Cole. El hombre no se movió, pero se quedó en


silencio, silencio de muerte—. ¡Ahora! —gritó Cole y el chico se estremeció,
pero se negó a mirar hacia arriba.

Cole me soltó la mano y se movió rápidamente por detrás de él. Agarró la


parte frontal de la cabeza del hombre y tiró de nuevo. Ojos llenos de odio se
encontraron con los míos; un corte goteaba sangre en el lado de la mejilla, y
había más que se filtraba por su nariz y hacia abajo sobre sus labios.

Sus labios. La cicatriz que serpenteaba a través de ellos era familiar, me hizo
regresar de nuevo a esa noche. El asfalto rocoso presionando contra mi piel. El
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sabor a cobre en la boca. El dolor. Hasta estaba entumecida, flotando,


mirándome a mí misma muerta en el pavimento sucio.
Página
—Es él. —Hubiera querido gritar las palabras, pero no lo hice. Salieron roncas
y rotas, al igual que las primeras palabras que había dicho cuando me
desperté del coma, mi garganta masacrada y marcada para siempre.

Tenía una sonrisa cruel repartida en sus labios. Los labios que nunca olvidaría.

—No puedo creer que hayas sobrevivido, pequeña cosa hermosa.

—Este es Jay Warner. —Cole lanzó su cabeza. Jay se sostuvo en alto por su
cuenta en esta ocasión. Su cabello era diferente, afeitado, pero era él. No
tenía ninguna duda.

—¿Por qué?

—Randy…

—No —interrumpí a Cole—. ¿Por qué intentaste matarme? —La amarga ira
me dio un puñetazo en el estómago—. ¿La mataste? —grité.

El chico frunció el ceño.

—¿De quién estamos hablando? La única persona que tenía que matar esa
noche era a ti, dulce bebé. Y te ves muy bien para mí. Supongo que voy a
llegar a tener mi diversión, después de todo.

—Quería tener más diversión contigo. Me dijeron que podía, pero te habías
ido y lo arruinaste. —Sus palabras de aquella noche clavadas en mis oídos.

—No le hables de esa manera —gruñó Cole.

—¿O qué?

Cole hizo una bola con el puño.

—No. —Me volví a Elaine que estaba de pie en silencio a mi lado. Ella estaba
más blanca que antes—. ¿Lo conoces? —le pregunté.

—¿De qué estás hablando?

La agarré por su estúpido vestido y la sacudí, no compraría su acto inocente.

—Dime la verdad, perra estúpida.

Sus ojos se abrieron.


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—No sé quién es este tipo. —Quitó mis manos y me dejó ir. Había miedo en
sus ojos. Tenía miedo de mí.
Página

Casi me reí. Ella tenía miedo de mí. De mí. Cuando ella fue la que hizo todas
las amenazas y desfilaba en torno a sí misma frente a mí. Ahora tiene que tener
miedo cuando era yo la que fue aterrorizada por semanas, siendo afectada
por varios meses. Y tomó la oportunidad delante de él para parecer fuerte y
amenazante. Frente al hombre al que había contratado para matarme.

Ella dio un paso atrás. Respiraba con dificultad, con la mirada lanzándose
entre los tres de nosotros.

—Sabes que no me gusta la sangre, Cole. Sabes que no puedo hacer frente
a esta clase de mierda.

Se apartó de Jay y se paró frente a ella.

—Dime la verdad.

Se pellizcó sus cejas juntas.

—¿Crees que hice esto? ¿Que contraté a alguien para hacerle daño a tu
nueva amiguita? —Ella sacudió la cabeza con incredulidad—. Me conoces
mejor que eso. ¿Cuántas veces has hecho esto, Cole? ¿Cuántas veces he
hecho la vista gorda a las mujeres a tu lado? —declaró—. ¿Por qué iba a hacer
esto ahora? ¡No tiene sentido y lo sabes!

Traté de no dejar que sus palabras me picaran, y confirmaran mis peores


temores. Eso Cole lo había hecho muchas veces. Que yo era sólo un arreglo
temporal.

—Julia es diferente. —Su mirada era dura, inquebrantable en la de ella—. Y lo


sabes.

Negó con la cabeza frenéticamente.

—No hago esto, Cole.

—¿La conoces? —le pregunté a Jay. Se sentó en silencio, una sonrisa


enferma en su rostro ensangrentado.

Él comenzó a reírse. Era un sonido horrible que me dieron ganas de temblar,


pero no lo hice. Sostuve mis pies en tierra de alguna manera.

—No lo sé. ¿Debería?

Cole se dio la vuelta.

—Responde a la maldita pregunta.


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Si era posible, Jay sonrió más ampliamente. Su mirada se pegó a Elaine.


Página

—Mmm. Puede ser.


—¡Está mintiendo! —gritó Elaine—. ¡Nunca lo he visto en mi vida! —Su mirada
se lanzó en pánico.

—Elaine. —Cole la agarró por los hombros.

—Juro que no lo conozco. Yo no haría esto. Sé que eres capaz de... —Me
lanzó una mirada—. No arriesgaría mi vida por alguna puta de mierda que ni
siquiera va a estar tanto tiempo.

Quería arremeter contra ella, pero el gran cuerpo de Cole estaba


bloqueando mi camino. Él no dijo nada. No hizo nada para defender mi honor.
Se quedó allí agarrando sus hombros y mirando fijamente a su cara durante
unos momentos.

—Saca tu mierda de mi casa. Hoy. Y vuelve a Nueva York. ¿Entendido? Esta


mierda que estaba pasando entre nosotros ha terminado. ¿Lo entiendes?

—Nunca estará terminado lo nuestro —dijo con fría certeza.

—Ha terminado desde hace un largo y jodido tiempo, Elaine.

—No quieres decir eso.

—Sí, quiero. Ahora vete a la mierda. —La empujó lejos de él y ella no perdió
el ritmo, girando alrededor y en dirección a las escaleras como si estuviera
aterrorizada.

—¿Qué demonios estás haciendo? —le pregunté a Cole.

—Lo que vine a hacer aquí.

—¿Eso es a lo que viniste a hacer aquí? ¿A votar a Elaine?

—Quería hacerte ver que hablaba en serio cuando te dije te amo.

Mi corazón se aceleró en mi pecho mientras la mirada de Cole se encontró


con la mía. Pero no dejé que nublara mi juicio.

—¿Acabas de dejar que se vaya? ¿Cuándo ha hecho todo esto? —Le hice
un gesto hacia Jay que estaba sentado en silencio, mirándonos con una
mirada siniestra en su rostro.

—Ella no lo hizo, Julia. Tienes que aceptar eso.


21

—¿Tengo que aceptar eso?


Página

—Sí. —Se dio la vuelta y caminó hasta que estaba de pie justo en frente de
Jay—. ¿Quién te contrató?
Jay le dio una sonrisa sangrienta.

—¿Me contrató para qué?

—Para tratar de asesinar a mi Julia.

—¿Quién es Julia?

—¡No! —grité cuando Cole tiró de su brazo hacia atrás para golpear Jay en
la cara.

Se detuvo, mirando por encima del hombro.

—Si lo noqueas ¿cómo vamos a sacar algo de él?

—Julia…

—Oooooh. Ella es una buena. ¿Cómo te sientes con eso, amigo? ¿Dejar que
una mujer te controle? —Jay movió sus cejas—. Debe ser un buen coño.

Esta vez no había nada que pudiera hacer. Cole golpeó su puño en el lado
de la cara de Jay, casi haciendo que la silla se cayera. Escupió sangre y un
diente en el suelo cerca de mis pies. Jay asintió.

—Como pensé, buen coño. Espera. —Él se estremeció cuando Cole se


preparó para golpearlo de nuevo—. Te lo diré. —Cole se detuvo a la mitad del
vuelo de su brazo.

Una ola de emoción y miedo me invadió todo a la vez mientras miraba a la


cara ensangrentada. Quería la verdad tan malditamente. La necesitaba.
Desesperadamente la necesitaba. Todo esto tenía que terminar, esta miseria
en la que se había convertido mi vida.

—Pero sólo si puedo ver su coño. —Sus ojos se posaron en mis muslos.

—Pedazo de mierda. —Cole le dio un puñetazo de nuevo, el puño silbando


por el rancio aire del sótano antes de hacer contacto con la cara de Jay. Esta
vez la silla dio la vuelta, tirando a Jay y golpeándolo sobre su costado.

Algo dentro de mí se torció. Se sentía como un cuchillo haciendo agujeros en


todos mis órganos, me destruía desde adentro hacia afuera. El miedo y la
emoción de los momentos anteriores se vinieron abajo, alrededor de mí, como
una ola sofocante.
22

Él no va a decirnos.
Página

La realidad se estrelló contra mí.

Todo esto es sólo un juego de mierda.


—¿Quién te envió a hacer esto? —Me puse de rodillas delante de él,
suplicando. Su cara estaba presionada contra el cemento frío, sangre tibia
supuraba de una nueva herida.

No se siente tan bien, ¿verdad?

Se rió de nuevo, pero hubo menos fuego en ella.

—Te querían muerta. —Escupió sangre salpicando en la camiseta que me


puse. Cole gruñó en alguna parte detrás de mí antes de que sus fuertes manos
agarraran mis brazos y empezaran a alejarme.

—¡No! —Me aparté de él—. Necesito esto. —La cara de Cole era una
máscara de ira, ya no es el hombre amoroso que conocí, pero el multimillonario
oscuro hizo lo que mierda quería. Algo caliente y pecaminoso inundó mi coño
en ese aspecto.

Él asintió con la cabeza y me soltó.

—¿Quiénes son ellos? —Me volví hacia Jay.

—Nunca los encontrarás.

—¡Dime quienes son! —Agarré su camisa ensangrentada y lo sacudí—. Dime.


—Las palabras que iba a decir se evaporaron en mis labios mientras mi mirada
se centró en el emblema en la parte derecha de su camisa. Era pequeño,
sencillo. Nadie más podría pensar nada de ella. Pero sabía que ese símbolo,
era el símbolo de Cunningham, la gran compañía petrolera que tenía
plataformas en todo el estado de Texas—. Oh, Dios mío. —Solté la camisa.

—¿Qué es? —preguntó Cole.

—¿Dónde encontraste a este tipo? —Miré hacia la sangre en mis dedos.

—Los policías lo arrestaron hoy.

Miré a Cole que estaba de pie sobre mí.

—¿Lo detuvieron? ¿Para qué? ¿Cómo lo encontraron?

—Él coincidía con la descripción que le di a la policía. El dinero habla. —Cole


se encogió de hombros—. Secuestró a una mujer la semana pasada. Unas
cuantas personas lo vieron y dieron una buena identificación de él. Alguien lo
23

vio esta mañana, lo reconoció y llamó a la policía.

—¿Dónde está la mujer? —le pregunté, aunque no sé por qué lo hice. Una
Página

parte de mí ya lo sabía. Tal vez fue porque casi me había convertido en esa
mujer.
Cole vaciló.

—No estoy seguro. Randy no lo dijo. —Pero yo sabía la verdad. Fue pintado
en su rostro. Probablemente parte de lo que Randy había estado susurrando a
él cuando entramos. Pero Cole estaba tratando de protegerme. Me entraron
ganas de reír. ¿Protegerme de qué? Estaba en mis rodillas ante el hombre que
me había cortado la garganta y arruinado mi vida. La única persona en esta
sala a la que necesitaba proteger era al maldito enfermo sangrando en el piso.

Miré hacia atrás al monstruo. Sus labios estaban torcidos en una sonrisa
sangrienta.

—Él te contrató, ¿verdad? —le pregunté a Jay. No creía que podía ser cierto
antes, pero todas las señales apuntaban allí.

—¿Quién? —preguntó Cole detrás de mí.

—¿Tus pequeños hombre no lo han descubierto todavía? —Me pareció casi


de risa. Señalé con la mano sucia el símbolo en la camisa de Jay. Un símbolo
tan familiar que me hacía enfermar—. Él es el compañero de equipo de la
plataforma petrolífera con mi ex. —Me volví a mirar a Cole—. Él sabe que fue
Kevin.

—¿Quién es Kevin? —preguntó Jay desde su posición no tan ventajosa en el


suelo.

No le hice caso, miré a Cole. Él era tan jodidamente perfecto, incluso aquí en
este sótano rodeado de brillantes desnudistas de mierda, y un criminal con
sangre a sus pies. Parecía un Dios, de pie junto a mí, su pelo recogido hacia
atrás, con la mandíbula cubierta con barba de un par de días. Jeans oscuros lo
abrazaban en los lugares correctos y el cuello en V de su camiseta blanca
encerraba sus músculos. Incluso en este caso, incluso ahora. En este jodido
momento quería pegarme a él, ver si podía ponerlo duro.

—¿Él trabaja con tu ex?

—Sí, es el mismo lugar en el que Kevin trabaja y vi a Kevin en la estación de


gasolina tan sólo unas semanas antes de que Jay me atacara.

—¿Viste a Kevin? —Cole apretó los puños—. ¿Por qué no me lo dijiste? —Algo
siniestro cubrió sus rasgos—. ¿Qué pasó, Julia? ¿Qué hizo ese hijo de puta?
24

—Él no hizo nada cuando lo vi. —Consideré esa noche, ¿cómo Kevin me
había mirado, una mirada que prometía retribución? Kevin siempre cumple sus
Página

promesas—. Él… —Pasé una mano por mi pelo y la deje caer sobre mi trasero—.
Él estaba enojado, se podría decir. Aún cabreado conmigo desde el pasado.
Por huir. —Mis manos empezaron a temblar—. Nunca pensé que iba a hacer
esto, sin embargo. Es el tipo de persona que se encarga de la mierda por sí
mismo. El tipo de hombre que no dejaría que alguien más me lastimara, pero
no le importaba hacerme daño el mismo, ¿sabes?

—¿Por qué no me lo dijiste? —Se agachó junto a mí, su voz letal.

La ira burbujeaba bajo mi piel, en sustitución del miedo.

—Estabas follando con tu prometida, por si querías saberlo. —Empujé sus


hombros—. No me vengas con la mierda por no decirte.

—No follé con ella —dijo entre dientes, consiguiendo sólo centímetros de
distancia de mi cara.

—¿Qué?

—Me escuchaste. No follé con ella.

Mi boca se abrió. Quería creerle, pero luego pensé en la forma pequeña de


Elaine encaramada sobre el escritorio de Cole.

—Lo que sea.

—No lo hice, Julia.

Mi corazón latía con fuerza en mi pecho. ¿Podría ser cierto? ¿No la folló
durante ese tiempo que estuvimos separados? Abrí la boca para responder,
pero las palabras nunca salieron. Un frío metal envuelto alrededor de mi cuello
por detrás, me sacudió hacia atrás contra un pecho duro.

—Me encantaría sentarme aquí y escuchar su disputa de amor de mierda,


pero tengo lugares donde estar. Sobre todo ahora que no estoy con los
policías. Tengo una frontera llamándome por mi nombre —dijo Jay contra mi
oído.

Me sacudía, tratando de forzar su agarre de mi cuello, pero él sólo tiró con


más fuerza. Un silbido se escapó de mis labios. La piel de mi cara era de
repente caliente, mi boca abierta como un pez.

—¡No! —gritó Cole, su gran cuerpo se cierne sobre nosotros. Esperaba que
tratara de negociar con él. Para hacer callar al tipo. Para prometerle algo, una
salida, una nueva vida, cualquier cosa para conseguir que me dejara ir, pero
no hizo ninguna de esas cosas. En su lugar, sacó un arma negra de sus
25

pantalones y la llevó a la cabeza de Jay. No tenía tiempo para preguntarle


acerca de ella, como de dónde la sacó, o cuando la puso en sus pantalones, o
Página

incluso tener miedo de que había una pistola a poco menos de un metro de
distancia de mi cara... porque Cole apretó el gatillo.
El tiempo parecía haberse detenido, se movía en cámara lenta. El clic de la
pistola era ensordecedor. Sólo un pequeño sonido simple que parecía a punto
de estallar en mis tímpanos, el ruido resonando a través de mi cerebro como un
camión. Luego todo quedó en silencio. Absolutamente silencioso y lento.
Parecía no tener fin y luego el sonido comenzó, a todo volumen en mi cabeza
como la cadena envuelta alrededor de mi cuello. Miré a Cole con asombro,
sorpresa, temor.

No la folló.

Mi corazón latía con fuerza en mi pecho. Rebosante de alegría.

Él estaba diciéndome algo, pero no podía escucharlo, el sonido era


demasiado fuerte, como una campana de mierda.

Siguió hablando y, finalmente, su voz comenzó a curiosear su camino a


través de mi mente a todo volumen.

—Julia, bebé, ¿estás bien? — Me rozó el cuello con las manos, la cara,
manchas de humedad.

Cogí mi garganta y toqué el dolor de la carne. La piel no estaba rota. Estaba


bien. Sabía que estaba bien. Porque él me salvó.

—¿Realmente no follaste con ella? —Mi voz salió fuerte.

Una sonrisa divertida se extendió por sus labios y sacudió la cabeza.

—No lo hice. Eres solamente para mí. Siempre.

El sonido estaba todavía en mis oídos, pero que era más tranquilo ahora.
Agarré su camisa y tiré su cabeza hacia abajo, encajando nuestros labios, los
dientes chocando dolorosamente. Algo pegajoso frotó de mi cara a la de él.

Lo deseaba. Lo necesitaba ahora, a pesar de que lo había tenido hacía


unas horas. Tiré de su camisa y la tiró sobre su cabeza aplastando sus labios
contra los míos.

—Te necesito —gemí en su boca. Buscó mis pantalones de yoga,


desgarrándolos hacia abajo.

—Joder, Julia. —Sonaba tan perdido como yo me sentía.


26

—¿Están malditamente bromeando conmigo? —La voz de Randy hizo eco


en la habitación. Su profundo tenor rasgó a través de mí como si hubiera sido
Página

rociada con agua fría. Miré a él; había una salpicadura de sangre en su camisa
de antes. Sangre—. Vamos, pónganse sus pantalones. Tienes que estar
bromeando con esta mierda. —Se pasó una mano por la cabeza calva.
Miré a Cole cuando tiró de mis pantalones, pero sus movimientos parecían
lentos, como si fuera en cámara lenta. Algo rojo estaba en su rostro. El color
oscuro, grueso, manchado alrededor de sus labios. Fruncí el ceño ante él.
Extendió la mano y tocó mi propia cara, sintiendo la pegajosidad, recordando
la sensación de cuando me había besado sólo momentos antes. Sangre.

No podía haber sangre en mi cara. Sangre.

Cole le dijo algo a Randy, pero ya no lo escuchaba. Sólo miraba su cara. Al


rojo. La sangre.

¿De dónde vino? No es mi sangre.

Pero fue en mi cara. Parpadeé lentamente. Las voces de Cole y Randy


fueron constantes ahora, enojados, pero no eran más que el ruido de fondo
para el zumbido en mi cabeza.

Aparté la vista de ellos, tratando de despejar el espesor nublando mi mente.


Pero entonces mi mirada se posó en algo en el suelo, a sólo unos metros. El
cuerpo de un hombre en un charco de sangre. El cuerpo de Jay. El hombre
que me cortó la garganta, que destruyó mi vida. El hombre que trató de
matarme. Había un agujero en el lado de la cabeza, y la sangre. Tan oscura
contra el suelo de cemento. Se agruparon alrededor de su cuerpo, un charco
cálido, con un sendero que conducía a donde estaba sentada. Un sendero de
huellas sangrientas a lo largo del suelo. Miré hacia abajo, a mis manos, con el
rojo carmesí recubriéndolas y hacia atrás al cuerpo. Sangre.

—Está en mí. —Cerré los ojos tratando de borrar la imagen, pero estaba ahí.
Mi espalda contra el pavimento rocoso, su gran cuerpo cerniéndose sobre el
mío. El dolor en mi cuello. Negué con la cabeza, tratando de hacer que se
vaya. Sólo me moví hasta que hubo algo pesado sobre mí. Traté de empujar el
peso, pero mis dedos no encontraron nada más que aire.

—¡No! —grité. Alguien me tocó, el calor de su piel hirviendo en mis brazos—.


Por favor —le rogué, pero la oscuridad pareció tragarme, tirar de mí hacia
abajo. Podía sentir la hoja incrustada en el cuello, el adormecimiento
sintiéndose a través de mí.

No es real. Pero lo que fuese, había sucedido, y estaba ocurriendo de nuevo.

Alguien me sacudió, las uñas clavándose en mi piel, pero ya era demasiado


tarde, me estaba hundiendo en la oscuridad, en la sangre, hasta que estuve
27

segura de que estaría perdida para siempre.


Página
3
Traducido por Vickydey9330

Corregido por Florpincha

Cole
—Julia. —Sacudí sus hombros, pero su cabeza colgaba hacia un lado.
Estaba inconsciente. Sangre por toda su cara, en el pelo, piezas del monstruo
que había intentado matarla—. Mierda. —Miré su cuello. La piel no se había
desgarrado cuando la envolvió en la cadena, pero no sabía si había algún tipo
de daño en el interior, especialmente desde que había sufrido recientemente
un trauma. La recogí, dejando que se lavara el pánico.

—¿Qué vamos a decirle a la policía? —preguntó Randy—. Lo querían de


regreso a las cinco de esta tarde. Hicimos un trato.

—¿Estás jodidamente bromeando? Algo está mal con Julia. No tengo tiempo
para esa mierda. —Lo empujé a un lado y a León también—. León, llama al Dr.
Lewis y dile que dirija su mierda al departamento, ahora. Y dile que traiga una
enfermera. No puedo llevarla al hospital. —La cabeza de Julia estaba
presionado contra el hueco de mi brazo. Estaba respirando, podía sentirlo, pero
otra cosa iba mal. No debería estar inconsciente de esta manera.

—¿Eso es todo? ¿Correrás e irás a jugar al doctor y me dejarás limpiando


este desastre?

Me detuve en la parte inferior de las escaleras y di la vuelta.

—Ese es tu trabajo. —Hice una pausa—. Págale a la policía. El dinero lo


resolverá. Toma su cuerpo y deshazte de él en algún lugar.

—¿Qué hay acerca de averiguar esta mierda, hombre? Sólo porque este
pedazo de mierda está muerto, no significa que nuestros problemas se
resuelven. Alguien más grande está detrás de todo esto y es el que tira de las
cuerdas.
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—¿Crees que no lo sé? —Si no hubiera estado acunando a Julia me hubiera


abalanzado sobre él. Randy era un buen tipo, confiaba en él con mi vida. Pero
a veces era tan difícil como la mierda y me hubiera gustado no respetar su
Página

opinión tanto como lo hacía. De lo contrario me habría disparado hacia su culo


hace mucho tiempo—. Tenemos una ventaja. Nosotros no lo necesitamos más,
de todos modos. —Me detuve y bajé la vista a Julia. —Además, la hirió, de
nuevo—. Mi pulso palpitaba en mi pecho. —Lo mataría una y otra vez si
pudiera.

Algo se suavizó en los ojos de Randy. Tenía una debilidad por Julia.

—¿Él la mató?

Fruncí el ceño.

—¿A quién?

Se pasó una mano por la cabeza calva.

—A Mandi.

Eché un vistazo al cadáver en el suelo, recordando que Mandi había estado


saliendo con Randy recientemente.

—No sé. —Consideré las posibilidades y decidí no hacerlo—. No lo creo.


Encontraron a otra chica en su piso hoy, determinaron que murió ayer por la
noche en algún momento. Por lo tanto, probablemente no.

Él asintió con la cabeza.

—Y los policías, ¿cuánto quieres que les entregue a ellos?

—No importa. Sólo tienes que darles lo suficiente para callarlos. —León ya
estaba apagando el teléfono, de pie en silencio junto a Randy—. ¿Ya viene?

—Sí, él está dejando el hospital de ahora —dijo León.

Asentí con la cabeza, sintiéndome aliviado, y comencé a subir las escaleras.

—¿Y la familia de la mujer que fue encontrada muerta esta mañana? —


preguntó Randy.

Suspiré.

—¿Qué hay de ellos?

—¿Vas a mandarles dinero a ellos también, ya que no vas a llevar al asesino


de su hija ante la justicia?

Me detuve en las escaleras y miré por encima de mi hombro.


29

—No tengo tiempo para esta mierda, Randy. No sé lo que te hizo crecer un
Página

coño en las últimas veinticuatro horas, pero necesito que lo guardes. Limpia el
cuerpo y deja de ser todo sentimientos.
No esperé que él respondiera, tomé las escaleras de dos en dos, para llegar
al corredor y hacia la camioneta.

***

Me senté en silencio junto a Julia en la cama en su apartamento mientras


que el Dr. Lewis presionaba suavemente en el cuello. Fue patético lo
increíblemente celoso que me sentí al ver sus dedos cuando se movían sobre su
piel, presionando sobre la carne con cicatrices. El impulso de quitar sus manos
de un tirón creció con cada segundo que pasaba.

—¿No tienes ningún tipo de dolor? —preguntó el médico.

Ella negó con la cabeza hacia atrás y hacia delante lentamente, lo que
indica que no lo tenía. No había dicho mucho una vez que volvió en sí, de lo
cual no pasó mucho tiempo antes que el Dr. Lewis apareciera. Ella sólo había
estado mirando hacia el espacio, respondiendo a las preguntas con respuestas
simples, con los ojos vidriosos.

—¿Crees que hay algún problema interno? —le pregunté.

La enfermera dio la vuelta y comenzó a limpiar la sangre de la cara de Julia


con un paño húmedo.

Sacudió la cabeza.

—No lo creo. Si hubiera algún daño en la zona, tendría un gran dolor, y se


quejaría de él. Le dolerá un poco, pero aun así, no creo que sea demasiado
malo. Parece que se hizo cargo de la situación antes de que se fuera de las
manos. —Él miró mis ropas ensangrentadas.

—Lo hice.

El Dr. Lewis había sido el médico de Julia cuando estaba en el hospital


después de que Jay la atacara. Era el mejor doctor que el dinero podría
conseguir cuando se trataba de un trauma físico extremo. Él había tenido que
volar desde California, y le pagué lo suficiente para fijar su residencia en el área
de Dallas y un trabajo que estaban más que dispuestos a darle considerando
su historial radiante y experiencia.

—¿Qué crees que está mal con ella? Porque está actuando apática. —Me
pasé la mano por el pelo—. ¿Tal vez la enfermera debe quedarse aquí y
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monitorearla?

Él miró a Julia, que estaba mirando al techo, mientras se quedaba


Página

perfectamente inmóvil mientras la enfermera limpiaba la sangre.

—Acompáñame a la sala de estar.


Lo seguí, abriendo la puerta del dormitorio. Weasley se precipitó en la
habitación. Al verlo me dio esperanza. Tal vez su presencia ayudaría a Julia a
salir de su estado.

—Soy un médico, Sr. Maddon. No soy un psicólogo, pero creo que estoy en lo
cierto cuando digo que Julia ha entrado en estado de shock. Ha atravesado
múltiples eventos traumáticos, sobre todo en las últimas veinticuatro horas.

—Mierda. —Cierro los puños a mis costados, sintiéndome como un fracasado


completo y total. Fue mi culpa que fue atacada hoy. Yo era la razón por la que
estaba allí.

—Si ella no vuelve en sí y empieza a actuar con normalidad pronto, deberá


considerar la posibilidad de que hable con alguien. —Me dio una tarjeta, el
nombre de Sarah Arnold impreso en el frente—. He oído algunas cosas buenas
sobre ella desde que estoy en la ciudad.

Metí la tarjeta en el bolsillo.

—Quiero saber si algo cambia o comienza a quejarse de dolor.

—Gracias por venir. —Me dirigí de nuevo a la habitación, pasando a la


enfermera, y encontrando a Julia en la misma forma en que había estado
cuando salí. La enfermera había limpiado el rostro de Julia. Sin embargo, la
sangre aún estaba en su cabello.

Esperé a que la puerta de entrada se cerrara antes de ayudarla a salir de la


cama. Ella cooperó, pero su mirada estaba perdida, vacía. Luché contra el
impulso de gritarle. Quería que saliera de ese estado. Para volver a mí, a sonreír,
que me bofeteara. Lo que sea, no importaba, pero el silencio estaba llegando
a mí y apenas habían pasado unos minutos.

No podía soportarlo. Me recordó a las veces, las cosas, los lugares, las
personas que estaban en silencio cuando no deberían haberlo estado.
Cuando el silencio era un eco en una casa vacía que debería haber estado
llena de risas y de felicidad.

Apreté los ojos y respiración hondo. El impulso de arremeter contra algo me


multiplicaba.

Julia me necesita.
31

Y lo dejé ir todo, el aire en mis pulmones, el pasado. Los empujé con fuerza y
envolví mi brazo alrededor de su cintura.
Página
—Vamos, vamos a limpiarte. —Abrí la ducha, dejando que lo caliente del
agua haga vapor sobre el azulejo blanco, y probé asegurándome de que
estaba lo suficientemente caliente.

La ayudé a quitarse la ropa. Se quedó allí como un zombi, con los ojos
vacíos, dejándome maniobrar los brazos y los pies a mi voluntad hasta que
estuvo completamente desnuda, su largo cabello azul cayendo en ondas
desordenadas alrededor de ella.

Mi polla dura palpitaba en los pantalones y estaba casi avergonzado de mí


mismo. Pero no podía evitarlo. Nunca pude evitarlo cuando se trataba de Julia.
Ella lo era todo. Incluso allí en ese sótano, con la sangre y el cerebro en su cara,
era todo lo que quería. Hubiera follado con ella en ese momento sangriento. La
hubiera tomado tan duro como esa mañana mientras rebotaba en mi polla, en
su dormitorio. Tal vez aún más difícil. No podía negar el flujo de sangre, la
adrenalina, Julia. La hubiera follado duro como si fuera nuestra última vez. Me
gustaría llevarla a cualquier lugar, de cualquier manera.

Estoy tan jodido.

La llevé bajo el agua. Ni siquiera se inmutó cuando la ducha golpeó la piel.


Algo así como el pánico estalló en mi pecho.

—Julia, te voy a lavar. —Mis palabras sonaron como si fuera un pequeño


muchacho, tan débil y patético. Ni siquiera asintió, se quedó allí. Lavé cada
centímetro de ella, fregué los restos de las últimas veinticuatro horas de su piel.
Lavándole la muerte, el horror. Quería lavar y tirarlo por el desagüe y hacerla
olvidar de las cosas que habían sucedido. Que su amiga había sido
decapitada, que el hombre que cortó su garganta había intentado matarla de
nuevo, que tuve que volarle la cabeza a sólo centímetros de distancia de la de
ella.

Pero sabía que no iba a olvidarlo. Con la forma en que estaba, dudaba de
que recordara esta ducha.

—Julia, bebé. Mírame. Necesito saber que estás bien. —Pero su mirada no
conectaba con la mía. Se quedó mirando mi camiseta. Miré hacia abajo, y me
di cuenta que había sangre en ella. Estaba hinchada y un poco diluida por el
agua, pero sin embargo, seguía ahí. Tiré sobre mi cabeza y la arrojé a un lado,
junto con mis jeans—. Estás bien, cariño ¿Lo sabes, verdad? Estás segura. Estoy
aquí contigo, —La tiré en mi pecho; se quedó sin fuerzas contra mí. Algunas
32

amargas emociones se elevaron dentro de mí y quise reír. ¿Cuántas veces me


había dicho esas mismas palabras? ¿Cuántas veces me había equivocado?
Página

¿Cuántas veces a alguien le dolió cuando tenía el poder en mis manos para
detenerlo? Fue surrealista, de verdad. Increíble.
Me dejé caer en el suelo, con su cuerpo inerte conmigo. Se acurrucó contra
mí, con la cabeza apoyada en mi pecho mientras el agua caliente corría en
contra de nosotros. Miré hacia abajo para verle los ojos aún abiertos, mirando
fijamente la puerta de la ducha sin comprender.

—Probablemente piensas que soy la mayor broma. —Las palabras salieron


de mi boca. Casi me reí de lo ridículas que eran. Sin duda de que ella pensaba
que era una broma—. Eso es probablemente el porqué te has marchado
mentalmente. —Negué con la cabeza—. No te culpo. Soy un puto fracaso. —
Apoyé la cabeza contra la pared de la ducha, dejando que las baldosas frías
se sintieran contra mi herida en la cabeza—. Tenía razón, ya sabes, cuando te
dije que rompía a las mujeres. —La exactitud de mi nombre artístico estúpido
no pasó desapercibido para mí. En ese momento me pareció apropiado,
teniendo en cuenta que es lo que quería hacer con Julia, rasgar su distancia y
dejarla sin nada que yo no posea—. No fue sino hasta después de que te
conocí que me di cuenta de que destruía a las mujeres. Destruirlas hasta que
no eran más que cáscaras de lo que solían ser.

—Mi mamá es un gran ejemplo. —Dejé a mi madre hacerse la cara con


botox antes de que se metiera en mi cabeza. Su cabello rubio decolorado al
máximo—. Ella era la única mujer que se suponía iba a amarme
incondicionalmente. La única persona que se suponía iba a cuidar de mí. Pero
no lo hizo. —Dejé que los recuerdos del pasado se arremolinaran alrededor de
mí. Los recuerdos del hambre. De mi hermana gritando en mis brazos mientras
lloraba porque se estaba muriendo de hambre, pero no había nada en la casa
para darle de comer y mi mamá no había estado en casa durante días. Fue un
milagro que ninguno de nosotros se fuera tan lejos cuando podíamos—. Y
ahora hizo esto. —Había un montón de cosas que esperaba de ella. Esperaba
su odio. Parecía una locura que la mujer que casi me mató de hambre tuviera
el descaro de odiarme, al único hijo que le quedaba. Pero esa fue la razón en sí
misma. Tomé distancia de todo el mundo. Fue mi culpa que ya no estén.
Ambos. Sandy y Garrett. Ella nunca me perdonará por eso. Todo el dinero en el
mundo no podría comprar su amor. Su perdón. Y ahora estaba tratando de
hacerme daño de alguna manera, y sabía cómo.

Miré hacia abajo en la parte superior de la cabeza de Julia. La evidencia


apunta al ex de ella, pero algo no se sintió correcto acerca de esto. Las
palabras en la pared, me hicieron pensar en mi madre.

Tú hiciste esto. Cole es el siguiente.


33

Aléjate de él.
Página

Me atrajeron sus palabras.


—¡Tú hiciste esto! Lo hiciste. ¡Tú! —Sus manos temblaban mientras me miraba.
El horror en su cara era algo que sería grabado en mi cerebro para siempre. Ella
me miró, la sangre cubriendo la ropa en la escena de horror ante nosotros—.
¿Cómo pudiste? ¿Cómo PUDISTE? —Sus palabras disparando a nuestro
alrededor, que parecía fundirse con las paredes de piedra caras. La casa que
había construido para ella. Sus ojos estaban frenéticos, amplios, mirando a
todas partes y a mí de nuevo—. ¿Dónde está Garrett, Cole?

¿Por qué está en casa? Debería haberse ido hasta mañana, hasta que
tuviera la oportunidad de limpiar todo y poner a Sandy en un avión a algún
lugar que podría ayudarla emocionalmente.

—¿Dónde está, Cole? —No iba a contestar, porque ella sabía. Sé que lo
sabía. ¿Por qué preguntó? No lo sé. No sé por qué se molestó en fingir que no
estábamos de pie en esta casa del horror.

—No lo hiciste. Tú no debías.

Ella siempre lo había amado más. Incluso cuando nos dejó a todos morir de
hambre. Era él al que sostenía cuando llegaba a casa. Era a él al que le decía
que lo lamentaba. Siempre era él. Tanto para ella y Sandy. Que era lo que hizo
Garrett para que lo amaran más que a mí, no me di cuenta. Incluso después de
que hice mi dinero y les di toda una vida mejor, todavía era último en el tótem.

Pero la sangre en mis manos cambió eso. Más de él fue salpicado por el
suelo. Parte de ella fue mi propia sangre. Pero la mayor parte no lo era.

—¿Dónde está Sandy?

Negué con la cabeza y empujé los recuerdos, sin querer revivirlo,


especialmente los momentos después de eso. Esos momentos me rompieron.
Eso me hizo esta cosa que soy hoy. Este hombre que destruyó a las mujeres que
amó hasta que fueron sólo conchas sin vida.

Aferré a Julia a mi pecho. Ella nunca sería como mi madre, o como Elaine, o
incluso como Sandy. Era más fuerte que ellas. Pero se estaba convirtiendo
rápidamente, no importaba lo fuerte que era la mujer, he encontrado alguna
manera de romperlas, alguna manera de hacer que me odien.

Las palabras de mi madre esa noche eran un eco perfecto de las palabras
escritas con sangre en la pared moteada.
34

Tú hiciste esto.
Página

Y tal vez lo hice.


Tal vez me merecía todo. Tal vez me merecía ser castigado por las cosas que
había hecho y las cosas que nunca haría. Como si lo sintiera. Incluso después
seguí a mi madre por las escaleras y encontré aún más tragedia, y no lo que
había hecho. No deseaba tener nada de esto de nuevo. Incluso hoy, para el
gran agujero que puse en la cabeza de ese pedazo de mierda. No lo sentía.
Una parte retorcida de mí deseaba poder hacerlo de nuevo. Incluso después
de que apreté el gatillo quería tirar de él de nuevo. Para bombear el cerebro
lleno de plomo y arruinarlo, hacerlo inexistente. Salpicarlo hasta que no fuera
más que una mancha en el suelo agrietado. No hubiera hecho, si él no le
hubiera hecho daño a ella. Si ella no me necesitara en ese momento, lo
hubiera hecho y tal vez más.

Y tal vez por eso todo esto estaba sucediendo. Había demasiados pecados,
demasiados siniestros pensamientos, esperanzas, planes. Todo estaba allí y más.
Quería atacar de nuevo. La repentina necesidad de perforar algo se amplió
bajo mi carne. Me sentiría mejor una vez que lo hiciera. Hubo un saco de boxeo
en una de las habitaciones del Rapture. Sólo podía volver allí y dejar algo de la
ira. Podría golpearme a mí mismo de nuevo en la cordura, en lugar de este
montón patético que era ahora. Pero no me atreví a salir sin ella, o incluso
moverme.

El agua caliente todavía se vierte sobre nosotros.

Miré a Julia y noté que sus ojos estaban cerrados, su respiración más
profunda. Una sensación de calma se apoderó de mí.

Vamos a estar bien.

Podría no haber sido cierto, pero me abracé a las palabras como si fueran
una profecía prometiendo mi propia buena fortuna.

Pasé los dedos por el cabello de Julia.

—No follé con ella —dije en voz baja. El rostro de Elaine me vino a la
cabeza—. Traté de… —Una risa hueca escapó de mis labios—. En realidad
quería. Quería olvidarme de ti. —Tomé una respiración profunda—. Fue la
noche que te deje ir. Cuando te tuve en contra de la parte posterior de ese
club después de horas. Había ido a casa con una furiosa erección encendido y
listo para hundir mi polla en algo, cualquier cosa. —Podía recordar la
sensación, esa horrible sensación de pérdida. La amarga ira de que se ha
terminado. Después de todo ese tiempo, la tuve que soltar y fue un sentimiento
35

que no podía describir. Así amargo y desagradable—. Elaine estaba allí,


esperándome en casa. No la había follado, sin embargo, desde que habíamos
Página

estado de nuevo juntos. Acababa de volar ese día, la primera vez que la había
visto en meses, con esa gran roca en su dedo, el que le dije que comprara. —
Las palabras obstruidas en mi garganta. ¿Por qué le cuento esto? Ella está en
shock y dormida. Ni siquiera está escuchando. Pero no me detuve.

—Estaba en la cama, desnuda. Ella quería. —Me mordí el interior de mi


mejilla en la memoria—. Me lo pidió. —Negué con la cabeza—. Fóllame es lo
que me rogaba. Pero no podía hacerlo. Y algo dentro de mí murió. Algo que ya
estaba roto y herido, algo que pensé que no podría empeorar. No tiene
sentido, ¿verdad? —Me moví un poco—. No debería hacerme daño que no
poder follar. Pero lo hizo. Mi polla estaba duro. Y fingía que era para ella. Me
dije, Elaine me puso duro. Pero todo era una mentira, Julia. Fuiste tú quien me
puso duro. Fuiste tú. Todo el tiempo. Quería que fueras ella. Tanto. Porque
estabas mojada cuando te empujé contra la pared. Estabas tan malditamente
mojada por ese maldito camarero. Pensé que eso no era para mí. —Apreté los
puños—. Pero después de todo eso, no pude hacerlo. No era difícil para ella.
No la quería a ella. Yo te quería. Y eso era un peor sentimiento. Sabiendo que
te deje ir, que iba a pasar el resto de mi vida queriéndote, a pesar de que
podría tener a cualquier otra persona.

Las emociones se arremolinaban alrededor de mí y dentro. No sabía de


dónde venía esta confesión, pero tenía esa necesidad de compartirla con
Julia, incluso cuando ella probablemente no la escuchaba. Pero ella siempre
había tenido ese efecto en mí, por lo que me dan ganas de verter mi corazón
en ella. Quería contarle todo. Confesar todo. Era una sensación extraña, una
que nunca había experimentado con nadie más.

—Te amo —le susurré a la niebla de la ducha. Palabras que no iba a


recordar. Pero lo haría. Yo recuerdo cada segundo, cada momento, porque
ella era mi Julia. Y no dejaría que fuera un ser roto y desgarrado, como el resto
de las mujeres de mi vida. No dejaría que mis pecados la hicieran añicos y la
convirtieran en algo irreconocible. Me gustaría arreglar esto. Me gustaría
ayudarla a sanar y detener a quien estaba haciendo esto.

Incluso si eso significaba que tendía que matarlos.


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Traducido por Vickydey9330

Corregido por Celemg

Julia
Me quedé mirando fijamente al techo. Era blanco, llano, simple. Un techo
con estilo pochoclos, esos pequeños golpes divertidos que habían pasado de
moda hacía años. Al menos eso es lo que dijo HG-TV.

¿Cuándo fue la última vez que vi la televisión?

Devané mi cerebro por la respuesta. Hacía semanas, tal vez más. No estaba
segura de cuánto tiempo había estado mirando al techo. Por lo que sabía
podrían haber sido años. El tiempo parecía haberse detenido. Miré las burbujas
en mi techo. Algunas eran más grandes que otras, deformes y bulbosas. Me
pregunté de quién fue la idea, en primer lugar, de hacer un techo que
pareciera una invitación a ver una película.

No importaba realmente, pero quería saber. Hubo de repente ese fuego en


mi corazón, esta absoluta necesidad de saber la respuesta, la verdad detrás de
las palomitas de maíz en mi techo. Una respuesta al por qué en mi cabeza.

—Julia. —La voz estaba de vuelta. Esa voz grave, guapa. Sabía a quién
pertenecía. Me encanta el dueño de esa voz. Estaba segura de ello. Pero
estaba muy lejos, en el exterior de mi palomita de curiosidad. Consideré
preguntar, pero decidí que probablemente no lo sabría.

Pero luego hubo otra voz. Una voz de mujer. No la reconocía.

¿Por qué hay una mujer aquí con él? Algo extraño burbujeaba en mi pecho.
Se erizó a lo largo de mi piel e hizo que mi corazón latiera. Una mujer no
debería estar aquí.

Parpadeé, dejando que las palomitas de maíz estuvieran fuera del foco. Otra
voz masculina sonó pero no podía concentrarme en ella. Estaba demasiado
37

abrumada por los sentimientos intensos que nadaban dentro de mí. Las voces
continuaban murmurando, una a la otra. No sabía por qué, pero sabía que
tenía que detenerlas. Especialmente a la mujer. Tenía que irse.
Página

¿Y si es Elaine?
Parecía como si cien años hubiesen pasado desde que pensé en ella. Como
si fuera un recuerdo lejano de una vida que era cosa del pasado. Pero ahora
estaba de vuelta presionando en mi mente, hundiendo sus garras rojas en lo
que era mío.

Cole.

Su nombre hizo que un escalofrío de calor sofocante pasara por mi cuerpo.


Nadie podía tenerlo. Nadie. Era mío. Y si alguien iba a mirar las palomitas en el
techo con él, sería yo. Sólo yo.

Parpadeé con fuerza y el techo regresó al foco. Miré a mi izquierda y la vi. La


mujer. No era Elaine, y una pequeña parte de mí se relajó. Ella, tenía el pelo
rojo, fino y hasta hombros. Un traje liso, un pantalón marrón envuelto en su
cuerpo mientras se sentaba en una silla junto a la ventana. Asentía a alguien
que estaba hablando. Su cabello moviéndose hacia atrás y hacia adelante.

¿Quién es ella?

De repente, mi vista se nubló, bloqueada por unos apretados músculos en


una camisa naranja. Levanté la vista, arriba, más arriba hasta que estuve
mirando dentro de unos ojos de color verde claro. Ojos que conocía.

Parpadeé con fuerza.

—¿Vic?

Se quitó el pelo de la cara, pero el flequillo oscuro se balanceó hacia atrás


para cubrir un ojo.

—¿Jewel? —La claridad de su voz me lanzó fuera de la realidad que se


había convertido en mi hogar.

—¿Eres tú de verdad? —Tenía que ser un sueño. No había visto a Vic desde
que él y su novio Chris me habían dejado en el aeropuerto hace meses. Antes
de todo lo que sucedió, antes de Cole, antes de los ataques. Antes de que mi
vida estuviera patas arriba.

—Oh, Jewel. —Se puso de rodillas, nivelando su mirada con la mía. Tenía la
nariz un poco torcida de cuando fue golpeado en la cara en una pelea de bar
después de que lo conocí. En realidad mejoró su aspecto y le dio a su hermoso
rostro aún más personalidad—. Soy real. Y estoy aquí para ti. —Me agarró la
38

mano—. ¡He estado tan preocupado!

No podía quitar la sonrisa que pellizcó en las comisuras de sus labios.


Página
—No me estás diciendo lo horrible me veo, ¿estás seguro de que esto es
real? —No tenía que mirarme en un espejo para saber que probablemente me
veía menos que mediocre.

Él sonrió, mostrando unos dientes blancos y rectos.

—Sólo he estado aquí un par de minutos. No te preocupes. ¡Todavía tengo


tiempo! —Me dio un abrazo, su perfume almizclado seduciendo mis fosas
nasales. Pero una vez que estaba en su abrazo pude ver a la mujer al otro lado
de él, la pelirroja. Ella nos miró con una leve sonrisa, inocente en sus labios. Y me
acordé de lo que me despertó para empezar. Su voz. La voz de Cole.

—¿Quién es ella? —Me aparté y miré alrededor de la habitación para


encontrar a Cole de pie al final de la cama. Se alzaba sobre todo, su presencia
nada menos que sobrecogedora. Algo oscuro y siniestro se dibujó en su rostro,
me recordaba la última vez que estuvo encima de mí mientras estábamos en la
cama.

—¿Quién es ella? —repetí, dirigiendo mi pregunta a Cole en ese momento.

—Su nombre es Sarah Arnold. Vino aquí para ver si podía ayudarte a salir de
tu estado, pero está claro que lo único que necesitabas era a Vic. —Sus
palabras eran amargas.

Miré hacia atrás a Vic y luego a la mujer.

—¿Por qué necesito a alguien que me ayude?

Sarah se aclaró la garganta y se levantó.

—El Sr. Maddon me llamó porque soy psicóloga. Ha estado preocupado por
usted. —Ella miró a Cole. Él dio una leve inclinación de cabeza y siguió—. Él
piensa que entró en shock hace dos días cuando ocurrieron varios eventos
traumáticos. Ha estado muy apática y no respondía al entorno la mayoría del
tiempo. Ha permitido que él la guie, la bañe, la alimente, pero ha estado con la
mirada perdida. Que en la mayoría de los casos indica shock.

Vic me apretó la mano.

—¿He estado así durante dos días? —Me froté la frente con la mano libre.

—Sí —gruñó Cole, cruzando los brazos sobre el pecho.


39

Traté de recordar el último par de días, pero todo era borroso corriendo por
mi cabeza, vago y distante como si realmente no hubiera estado allí, y sólo
Página

hubiera sido un observador lejano.


—Jay —susurré el nombre y cerré los ojos. El cuerpo ensangrentado sin vida
destelló en mi cabeza sólo a metros de distancia de mí. Sorbo una respiración
profunda.

—Shhh —me consoló Vic, su mano rozó mi mejilla—. Estás bien ahora. Cole
me dijo lo que pasó y que vas a estar bien. Él no puede hacerte daño nunca
más, Jewel. Estás a salvo y yo estoy aquí.

Dejé escapar el aliento y abrí los ojos.

—Te extrañé —le susurré. Él era la única persona que quedaba de mi antigua
vida y que estuviera aquí significaba mucho para mí. Eso significaba que podía
salir de esto. Podía seguir adelante; mi vida podía volver a una cierta
normalidad.

—Estaría encantada de quedarme a charlar con usted, señorita Collette. —


Sarah se puso torpemente en el centro de la habitación.

Negué con la cabeza. No quería hablar con un extraño.

—Creo que voy a estar bien.

Ella miró a Cole, quien dijo:

—Randy, el chico junto a la puerta, le pagará. —Ella asintió y salió de la


habitación.

Tan pronto como se fue, era como si ella se hubiera llevado todo el aire. La
sala de repente parecía muy pequeña con Vic y Cole en el interior. Pero no
podía negar lo feliz que me hacía tener a los dos allí.

—¿Está Chris contigo? —Dirigí mi atención a Vic.

Él asintió con la cabeza.

—Sí. Pero hoy ha ido a visitar a su madre en el hospital.

—Me alegro. ¿Ella lo está haciendo bien? —Me acordé de que había estado
enferma desde hacía varias semanas cuando fui hospitalizada después del
ataque.

—No estoy seguro. No la he visto, pero Chris parece optimista sobre su


recuperación. —Había una sensación de tristeza en su voz, recordándome que
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él nunca había conocido a alguno de los familiares de Chris a causa de que


ellos no aceptaban su estilo de vida homosexual.
Página

—Bien. —Sonreí—. ¿Dónde están quedándose?

—Tenemos un hotel.
—¿Un hotel? No. Pueden quedarse aquí.

—¿Qué? —silbó Cole.

Lo miré, molesta.

—¿Por qué deben quedarse en un hotel cuando todavía tienen una


habitación amueblada aquí? Yo no la voy a usar.

Su postura me molestó. Era intimidante, dominante. Ahí estaba yo, recién


salida del shock o algo así, y él ni siquiera parecía feliz de que estuviera de
regreso en mí misma. Parecía enojado.

—No confío en ellos.

Rodé los ojos y me senté, estirando mis brazos. Una enorme camiseta de mi
pequeño pony colgaba de mi estructura.

—No es tu decisión.

Miré hacia atrás a Vic. Él estaba mirando a Cole, su mirada llena de irritación.

—¿Qué demonios está pasando con ustedes dos? —Rodé los ojos. Ninguno
de los dos dijo nada—. Bien. No contesten. Pero quiero a Vic y Chris aquí
conmigo. —Sólo la idea de tenerlos de vuelta en la habitación contigua a la
mía era más reconfortante de lo que podía explicar.

Cole estaba en silencio, con la mirada aburrida en Vic. Después de varios


momentos por fin habló.

—Bien. —Él me miró—. Si eso te hará feliz. —Su mandíbula se apretó con
rabia.

Vic me sonrió. Fue esa amplia, deslumbrantemente, hermosa sonrisa, que


había llegado a amar y apreciar como su mejor amiga.

—Gracias, Jewel. —Se inclinó y me besó en la frente—. Será bueno estar de


vuelta en casa. Tengo que reunirme con Chris, pero voy a estar de vuelta aquí
esta noche.

—Genial. —No podía contener la sonrisa tampoco. Era contagiosa.

—Y niña, tienes que saltar en la ducha y quitarte esa camiseta horrible. Estoy
casi avergonzado de estar aquí contigo.
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Me reí.
Página

—Trabajando en ello.
No dijo nada a Cole cuando salía de la habitación. Una vez que la puerta se
cerró detrás de él salí de la cama, sin hacer contacto visual con Cole. No
parecía tan preocupado como la psicóloga dijo, de pie al final de la cama
como un maldito guardia.

Me dirigí al cuarto de baño, pero antes de que pudiera cerrar la puerta, Cole
me siguió dentro.

—¿Qué? —Me volví lentamente para mirarlo.

—¿Eso es todo lo que vas a decir? ¿Qué? —Él parecía perplejo, su mirada
dura.

—Tú eres el que me siguió hasta aquí.

Se frotó la barbilla con una mano.

—He estado preocupado por ti.

—¿Sí? No me había dado cuenta. —Me di la vuelta y tiré la camisa sobre mi


cabeza.

—¿Qué se supone que significa eso?

—Significa exactamente lo que piensas que significa, Cole.

—Joder, Julia. ¿Qué esperas? Estoy malditamente sorprendido, estás parada


aquí en este momento, cuando hace una hora eras un zombi.

—No pareces muy entusiasmado con eso. —Me giré hacia el grifo, dándole
la espalda.

—Entonces, estás bien justo ahora. Sólo así. No más preocupaciones o


trauma sobre las cosas que pasaron. —Su voz era acusatoria.

Me di la vuelta.

—¿Qué se supone que significa eso? ¿Crees que estaba fingiendo? —Era
extraño, supuse. No me sentía rara, o tenía algún malestar. Me acordé de las
cosas que sucedieron. Jay. Mandi. Mi propio ataque. Los recuerdos apilados
uno encima del otro, pero no estaban en la vanguardia de mi mente. En
cambio, fueron a algún lugar de la parte de atrás, cubiertos con una manta, y
me dejaron entumecida y alejada de todo.
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La mirada azul oscura de Cole viajó hacia arriba y abajo de mi cuerpo. Todo
lo que llevaba ahora era un bikini verde.
Página

—No sé, Julia. He estado reventándome las bolas en los últimos dos días
haciendo todo lo posible para lograr sacarte de donde coño sea que estabas.
—Dio un paso más cerca—. Pero entonces Victor Marlin aparece
milagrosamente como en una pantomima de mierda, y te despiertas por él
como si fuera tu caballero de brillante armadura.

—¿Estás celoso? —Las palabras escaparon antes de que pudiera detenerlas.

Algo así como un gruñido escapó de sus labios. Él apretó sus puños a los
costados.

—Te lo has follado. He visto que lo folllabas. ¿Y quieres que esté bien con él
quedándose aquí, a metros de distancia de ti?

Entrecerré mis ojos y me acerqué más a él, dejando que mis pechos se
frotaran contra su pecho. Algo malvado se encendió dentro de mí. Algo quería
morder a Cole como una cobra.

—Tú elegiste verme follarlo. —Arrastré mi mano hasta su torso, sintiendo su piel
erizar debajo de mi toque—. Y te gustó.

Su reacción fue instantánea. Me golpeó la espalda contra la pared, sus


manos encerrando cada lado de mi cabeza.

—No quieres presionarme en este momento, Julia.

—¿O qué, Cole? ¿Me llevarás de nuevo al sótano y dejarás que alguien más
intente estrangularme? —le susurré.

Algo horrible se deslizó por su rostro que hizo que mi corazón saltara
incómodo en mi pecho. Por un momento parecía que iba a tratar de
explicarse, defender lo que hizo, pero no lo hizo.

—No quiero que se quede aquí.

—Esa no es tu decisión. —Lo miré directamente a los ojos. La oscuridad detrás


de ellos me atrajo. Hizo que mi coño estuviera tan húmedo, la excitación
goteaba sobre mis muslos. Quería rasgar sus pantalones.

—Es mi decisión, Julia. Alguien está tratando de matarte. No podemos tener


un montón de gente en...

—Oh, no trates de hacer esto por mi seguridad. Si se tratara de eso no me


habrías tenido en ese sótano. —No sé por qué, yo sacaba el tema. Cole me
había salvado, lo sabía, y no fue su culpa, pero parte de mí quería hacerle
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daño. Quería herirlo por pararse al final de mi cama, mirándome como si no le


importa un carajo si estaba bien o no.
Página
—Nunca intencionalmente te pondría en peligro. —Sus palabras salieron
gruesas y duras, como si no significaran nada para él. Pero pude leer a través
de ellas.

Tragué el nudo en la garganta.

—Vic y Chris se quedan.

Su mirada se endureció y sentí su polla pulsando a través de los pantalones


vaqueros que llevaba.

Le gusta esto.

—No.

Empujé su pecho.

—No conseguirás tomar mis decisiones sólo porque estás celoso.

Agarró mi barbilla con dos dedos.

—Julia, ¿lo has olvidado? Haré lo que jodidamente quiera. —Una sonrisa fría
se extendió por sus labios.

—No más. El dinero no puede comprar todo. ¿Recuerdas?

—No se van a quedar.

—¿Has visto a Elaine en los últimos dos días? —Las palabras le hicieron
detenerse. Su respiración se detuvo—. ¿La has visto? —demandé. Elaine en un
vestido negro ajustado pasó por mi mente. ¿Cuántas veces lo has hecho,
Cole? ¿Cuántas veces me hice la ciega con todas esas mujeres? El recuerdo
de sus palabras me hizo estremecer.

Me agaché y agarré su polla. Un silbido de aire salió de sus labios.

—¿La has visto, mientras yo estaba acostada en la cama contando las


palomitas del techo?

Una risita salió de sus labios. Era uno de esos sonidos de absoluta confianza
que hizo que mi nudo en el coño y el corazón se aceleraran.

—¿Estabas contando las palomitas del techo?


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—¿La has visto? —Apreté con más fuerza.

Su mirada se paseó por mi cara como una caricia. Yo estaba sosteniendo su


Página

polla, exigiendo respuestas, pero los dos sabíamos que tenía las cartas. Los dos
sabíamos que él me dejaba jugar este juego; ya podría esta inclinada sobre el
lavabo gritando su nombre. En cambio, teníamos la mirada fija en los ojos del
otro en una especie de tango raro del que no podía tener suficiente.

—No la vi, Julia. Lo de Elaine y yo acabó. Terminó.

Y le creí. No sabría decir por qué, pero lo hice. Tal vez fue la forma en que lo
dijo, la forma en que sus palabras retumbaron desde su garganta como rocas y
grava, crujiendo y moliendo, haciendo arder mis tímpanos. Tal vez era una
estúpida, esperanzada mujer, que estaba perdidamente enamorada.

—Quiero que se queden —le dije, mi voz menos contundente. Rozó el dorso
de una mano contra mi mejilla. La palabra amor en sus nudillos entró en foco
por un momento antes de que sus dedos se deslizaran y rozaran mi clavícula.

—Y así lo harán. —Él mordisqueó mi mandíbula—. No importa cuánto lo odio.


Pero por favor recuerda, —Se echó hacia atrás, con los ojos clavados en los
míos con certeza mortal—, si te toca, se te insinúa, o cualquier maldita cosa
que no me guste, —su mano se deslizó, pellizcando mi pezón—, está muerto. Y
también lo estará su novio.
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Traducido por Vickydey9330

Corregido por Celemg

Cole
Miré a Julia, a la espera de cómo iba a responder a mi amenaza contra
Victor y Chris. Ella era inteligente para tomarlo en serio. Que ellos
permanecieran aquí era en absoluto suficiente para ponerme psicótico, sin
embargo, aquí estaba yo, de acuerdo con ella.

Yo era un hombre insensato, absurdo. No lo tenía que decir. Lo sabía.


Cuando se trataba de Julia era nada más que un cachorro enfermo de amor,
perdido. Quería que fuera feliz, tenía que serlo. Hace menos de veinte minutos
había estado sentada en su cama mirando al techo contando las palomitas de
maíz, perdida en su propio mundo. Me incliné hacia atrás tratando de
despertarla, sacarla de eso. Había hecho de todo. Le conté historias de mi
infancia. Le hablé de la primera vez que la vi.

Incluso canté con ella. Fuera de tono y mal, canté con ella. Pero nada
funcionó. Por fin había llegado al borde del pánico, a punto de sumergirme y
perder por completo la cabeza cuando llamé a la psicóloga.

Sin embargo, no importaba. Porque él la despertó.

Me quedé allí, observándolo todo. Estaba seguro de que no había manera


en un millón de años de que la presencia de Victor cambiara algo, pero lo hizo.
En un momento ella se había ido y al siguiente estaba sonriendo hacia ese
imbécil, sosteniendo su mano.

Abrí mi corazón como una niña de mierda, y todo lo que él tuvo que hacer
fue mostrar su estúpida cara y ella era todo rosas y dientes de león, feliz y
normal. Debía haber estado contento de que estuviera bien, era lo que quería,
pero no podía detener la punzada, el arder de ira y los celos corriendo por mis
venas.
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—Bien —dijo.

Moví mis dedos contra la punta de su pezón mientras ella gemía. El sonido
Página

hizo que mi polla palpitara en su palma.


—¿Sólo bien?

—Sí —gimió ellla, agarrando mi polla dura, dejando que sus ojos aletearan
estando cerrados.

—¿No quieres follar con él?

—No.

—Mírame —le exigí.

Sus ojos se abrieron de golpe, el azul cristalino, tan brillante y claro.

—Sólo tú. Nadie más. —Su voz estaba sin aliento, dulce, como la miel y
quería abrigarme a mí mismo. Sabía que si metía la mano en sus bragas, su
coño estaría mojado, listo para mí.

—¿Te acuerdas de todas las veces que lo follaste? —Las palabras eran más
amargas de lo que esperaba que fueran. Pero no podía evitarlo. Se despertó
por él.

—¿Por qué me lo preguntas?

—Quiero saber.

Puso los ojos en blanco.

—Claro que me acuerdo.

—¿Te gusto? —Dejé que mi mano se deslizara más abajo sobre su estómago,
provocándola a lo largo de su línea de ropa interior.

—Son preguntas estúpidas. —Soltó mi polla.

—No. —Me empujé más cerca de ella—. Continúa tocándome.

Entrecerró los ojos.

—No voy a tocarte si es eso de lo que vamos a hablar.

Agarré su mano y la puse de nuevo en mi polla. La hija de puta palpitaba,


dispuesta a romper todo y ser enterrado en su interior.

—¿Piensas en él, follándote?


47

—Cole...
Página

—¿Hace que te mojes, Julia? —Los recuerdos de ella follando a Vic eran
como viejas heridas siendo abiertas. Todo el odio, los celos, la necesidad de
hacerla mía nadó con saña en la profunda piscina de la ira.
—No sé, Cole. ¿Te pones duro cuando piensas en follar a Elaine?

—No. —Mi respuesta fue instantánea.

—¿Realmente no follas con ella? —pregunta, como si acabara de recordar


la revelación que nos tenía lo suficientemente distraídos para que Jay
consiguiera poner sus esposas frente a él.

Di un paso hacia atrás.

—Nop. —El aire entre nosotros parecía agrietarse y chisporrotear a pesar de


que no hubo contacto por más tiempo.

—¿Qué estás haciendo? —Su pecho subía y bajaba, sus grandes pechos
rebotando de una manera que me dieron ganas de ir a mis rodillas y adorarla
como la Diosa que era.

—Me voy para que puedas tomar una ducha. —Las palabras salieron con
dificultad.

La parte normal de mí quería arrancarle esas diminutas bragas esmeralda del


cuerpo y su mierda tan fuerte que no sería capaz de recordar su nombre. Pero
la otra parte de mí, una parte que no veía muy a menudo, quería castigarla.
Por follarse al maldito bastardo mientras yo miraba. Por despertar para él, a
pesar de que había derramado mi corazón ante ella. Horas, días, nunca
recordaría.

Casi quería reírme de mí mismo. ¿Cuándo me había convertido en este tipo?


El tipo controlado por un coño, tantas canciones de amor que le cantaba y le
prometía el mundo, sólo para que ella volviera a mí. Me pasé la mano por el
pelo y la miré fijamente, a Julia. La mujer más hermosa que jamás había
conocido. Era fuerte, follando increíble en todos los sentidos. Y estaba mojada
para mí. Su cuerpo perfecto estaba listo, esperando que lo tomara. Pero mi
estúpido puto orgullo fue perforado, herido, y quería que sintiera como me
dolía.

—¿Por qué? —Se mordió el labio, el movimiento fue casi mi perdición—.


Podrías tomar una conmigo.

—Voy a pasar. —Y salí del baño. A pesar de que cada parte de mi ser quería
estar ahí follando hasta dejarla sin sentido. No lo haría.
48

Negué con la cabeza. Estoy jodidamente loco.

***
Página

—No podemos encontrar a Kevin Malone.


—¿Qué? —Me pellizqué la frente, de pie en el pasillo frente al apartamento
de Julia, con mi teléfono celular presionado en mi oído. Era por la mañana, ni
siquiera veinticuatro horas desde que la había dejado húmeda y necesitada en
el baño, mi polla dura y lista.

—Lo sé. No tiene sentido, pero no ha ido trabajar durante hace cuatro días.
Fue visto por última vez el lunes a...

—El día antes que Mandi fuera asesinada —terminé y apreté los ojos con
fuerza.

—Mierda. Jim, tiene que haber algo. —Jim era uno de mis chicos de TI. Él y su
padre eran los mejores cuando se trataba de tecnología. Podrían profundizar
en todo lo relacionado con una persona con unos pocos clics, y ambos habían
estado trabajando para mí durante años.

—Esa es la cosa, Cole. No hay nada.

—¿Qué quieres decir? Tiene que haber algún tipo de rastro. ¿Las tarjetas de
crédito, cámaras de la estación de gas, cualquier cosa?

—No. Nada. Es como si hubiese desaparecido del planeta.

—Eso no tiene ningún sentido, mierda. —Me tiré del cabello—. Tiene que
haber algo.

—Vamos a seguir buscando.

Asentí.

—Envíame la dirección de su trabajo. Enviaré a alguien por ahí a hacer


preguntas. —Miré a Randy, León, y Jesse, otro de mis chicos. Estaban de pie
junto a la puerta del apartamento de Julia, hablando en voz baja entre sí. Más
de ellos esperaban en la planta baja junto con la limusina a prueba de balas
que nos acompañaría a Julia, a mí mismo, y por desgracia, a Victor y Chris, al
funeral de Mandi.

—Correcto. Envíamelo ahora. Oh, espera...

Ya había quitado el teléfono de mi oído, listo para colgar.

—¿Qué? —No podía mantener la agitación de mi voz. Estaba más que


frustrado con toda la situación y más que molesto con Victor y la presencia de
49

su novio en el apartamento.
Página

Ayer, después de que dejé a Julia en el baño, me fui al Rapture para arreglar
algunas cosas del negocio para el club tanto como para los Espíritus de
Obsidiana y cuando volví, todos mis hombres parecían incómodos, la mayoría
no quería encontrarse con mi mirada. Yo sape por qué, cuando entré en el
apartamento.

Julia estaba allí con Victor y Chris. Estaba en medio de ellos sentada en su
sofá estampado en flores. Se reían de algún espectáculo en la televisión. Julia
claramente no estaba molesta por nuestro altercado anterior. No ardía en la
ferviente necesidad de tenerme dentro suyo. No estaba sufriendo de como yo.

Me senté en mi oficina por horas dejando que el altercado entre nosotros


rodara una y otra vez en mi mente. Casi me volví varias veces, levantándome y
corriendo a la puerta de mi oficina antes de cambiar de opinión en el último
segundo. Mi polla estaba dura como una roca todo el tiempo.

Me dieron ganas de golpear algo, especialmente cuando ella no me


reconoció cuando entré. Había ido a su habitación y me sorprendió cuando
me siguió pocos minutos más tarde. Dormimos en la cama juntos. Era la primera
vez que permanecímos juntos y en realidad no hizo nada más que dormir.

—¿Cole? —La voz de Jim me trajo de vuelta al presente.

—¿Sí?

—Al final pudimos rastrear el nombre de la persona que envió el mensaje al


teléfono de Julia.

—¿Qué?

—Cuando los dos estaban en Nueva Orleans.

—¿En serio? —Me había olvidado del mensaje amenazante. Desde


entonces, Mandi había muerto, así que detuvimos a Jay. Un millón de cosas
parecían haber sucedido.

—Sí, pero no estoy seguro de esto. —Su voz vaciló en el otro extremo.
Irritándome.

—Sólo dilo.

—El número no estaba vinculado a un perfil de iTunes. Tenías razón en pensar


que era una especie de mensajes de texto de una aplicación. La persona usó
una tarjeta de regalo para comprar la aplicación, así que no había una
dirección o información específica conectada hasta el momento.
50

—¿Bueno? Ve al grano.
Página

—Esa persona llenó voluntariamente su nombre e información básica. —Él


respiró hondo y contuve el impulso de gritarle—. Está registrado por Garrett Lee
Maddon.
Mi corazón saltó en mi garganta, casi me ahogo.

—¿Q-qué? —Conocía ese nombre mejor que el mío. Era uno de esos
nombres que guardé en la oscuridad cuando estaba completamente solo. Si
pensaba en él, el hombre que solía llamar mi hermano, me volvería loco. Si no
es que ya lo estaba.

—Sí señor. Es por eso que no creí que pudiera estar en lo cierto. Comprobé y
triplemente verifiqué, pero lo era. Ese es el único nombre en la cuenta.

La cara de Garrett me vino a la cabeza. La última vez que lo vi fue hace más
de diez años. Uno de sus ojos estaba hinchado y su nariz sangraba, chorreando
por su cara sobre su pecho desnudo.

—No hagas esto, Cole. Soy tu hermano. Tu único hermano. —Pero lo había
hecho de todos modos. Estaba muerto y no era mi hermano. La sangre no
significa nada para mí. No después de lo que hizo.

—Hay una dirección, sin embargo.

Tosí en mi mano.

—¿Cuál es? —Algo oscuro y retorcido se revolvió bajo mi piel. Mis


suposiciones originales sobre que mi madre tenía algo que ver con todo esto
resurgió.

—Diecinueve Somner Way, New.

—¡Hijo de puta! —le colgué. La dirección era mía. Mía. El lugar donde había
crecido. La vieja choza en ruinas que había llamado casa toda mi infancia.

Me volví y golpeé mi puño contra la pared. El yeso cortando mi piel era


como un bálsamo, una dulce liberación de toda la ira y el odio. El burbujeo
terminó y golpeé el puño contra la pared otra vez, disfrutando de la forma en
que mis nudillos crujían desesperadamente bajo la presión.

—¡Cole, a la mierda hombre, para! —La voz de Randy rompió a través de la


confusión. Sin embargo, no dejé que me detuviera. Rompí mi puño contra la
pared otra vez, dejando que el dolor se filtre en mi alma—. ¿Qué demonios? —
Agarró mis hombros y me tiró hacia atrás—. ¿Qué pasa?

Lo miré. León y Jesse estaban junto a él; ambos luciendo casi cómicos, como
si fuera una especie de caso perdido. Lo soy.
51

—Esa perra estúpida está jugando conmigo de nuevo. —Negué con la


Página

cabeza.
—¿Quién? —preguntó Jesse, y Leon y Randy le dieron una mirada de vete al
infierno.

La cara de mi madre me vino a la cabeza. Su cabello rubio lejía, su sonrisa


calculadora.

—Voy a matarla. Al igual que lo maté, y cualquier otra persona que está
ayudándola a joderme y a lo que es mío. —Pensé en Julia, a sólo unos metros
dentro del apartamento—. Voy a matarlos.
52
Página
6
Traducido por Vickydey9330

Corregido por Ami

Julia
El aire en la limusina era tenso entre Vic, Chris, y Cole. Me senté entre mis dos
amigos y Cole frente a nosotros. Su mirada había estado sobre mí todo el
tiempo, sin vacilar ni un momento desde que salimos de mi apartamento.
Había algo más en juego. Algo más intenso. No podría haber sido lo que pasó
entre nosotros ayer.

Había llegado a casa la noche anterior desde Dios sabe dónde metiéndose
en mi cama y dándome la espalda. Pensé que querría hablar. Incluso tuve la
tentación de exigir saber dónde había estado. Pero no lo hubiera hecho, no
me hubiera reducido a su nivel para revelar mis celos. Mi sorpresa fue que me
había dejado en el baño mojada, deseándolo. Lo deseaba tanto que había
follado mi mano en la ducha y gemí su nombre cuando me corrí. Muy patético.

Pero ahora me miraba, sus ojos oscuros llenos de algo siniestro. Algo
melancólico y totalmente centrado. Ni siquiera miró a Vic o a Chris, ya que hizo
una conversación tranquila con los otros y conmigo. Intenté prestar atención a
ellos, para centrarme en sus palabras mientras hablaban sobre sus vidas, sus
experiencias en Nueva York. Debería haber estado efusiva con ellos, tratando
de concentrarme en nada sobre nuestro destino actual. Pero ni siquiera
necesito su charla sin sentido. Cole captó por completo mi atención.

¿Qué está pasando en su cabeza?

Sus puños apretados en la parte superior de las rodillas. Un traje gris oscuro
envuelto en su cuerpo, lo que denotaba el dinero y el sentido de la moda. Su
cabello estaba suelto, ondulado, libre y perfecto; quería rozar mis dedos a
través de el. Se había afeitado y su rostro era suave. La rajadura firme de sus
labios frunciendo el ceño pero completamente recta, como si estuviera sin
emociones, muerto en el interior.
53

—Amigo, ¿cuál es tu maldito problema? —La voz de Vic me sobresaltó y gire


la cabeza hacia él, inconscientemente alisando mi falda negra sobre mis
Página

caderas.

—Debes avisarle a tu amigo que no debe joder conmigo. No ahora.


Cole seguía mirando hacia mí.

—No. La estás viendo como si quisieras asesinarla o algo.

—¿Es eso lo que dice este aspecto? —Los labios de Cole se levantaron en
una sonrisa.

—No te involucres, nene —murmuró Chris junto a mí, y yo estaba firmemente


de acuerdo con él.

—Debes escuchar a Chris. Parece que es el más inteligente de los dos.

—¿Quieres insultarme, ¿eh? —Vic quitó el cabello de su cara—. Adelante,


llámame estúpido. Por lo menos yo no dejé que lastimaran a Jewel.

—Julia está muy bien. —La mirada de Cole todavía estaba en mí—. Ahora
que estás aquí, ella está perfecta.

Fruncí el ceño y coloqué un mechón de cabello detrás de mi oreja.

—¿Qué se supone que significa eso?

Sus labios estaban aplastados en una ranura indiferente.

—Lo que quieras que signifique.

—Se suponía que velarías por ella. Me prometiste que iba a estar bien. Sabías
que no podía permitirme el lujo de volver y cuidar de ella, sin embargo, dejaste
que todo tipo de mierda le sucediera. Se podría pensar que un hombre con
tanto dinero como tú sería capaz de proteger a una puta mujer —escupió Vic.

Cole siguió sin moverse. Sus nudillos estaban blancos. Las letras en inglés
antiguo estirándose al máximo.

—Espera, ¿qué? —Miré a Vic y a Cole—. ¿De qué estás hablando?

Vic ajustó el botón de la manga de su camisa azul claro.

—¿No te lo dijo? Lo llamé justo después de que me dijiste quién era en


realidad. Y entonces me habló de cómo te iba al trabajar en una gasolinera
mierda. Le hice prometer que te protegería. Cuidarte. Ya que yo no podía.

Parpadeé rápidamente, llevando una de mis manos a la cabeza.


54

—¿Me estás tomando el pelo? ¿Lo llamaste? —No sabía qué pensar de todo
esto.
Página

—Se comprometió a velar por ti, para ayudarte a recuperar tu trabajo de


vuelta en el Rapture. Pero en cambio, aquí vamos al funeral de una niña
muerta y tienes una cicatriz en el cuello. Sin embargo, este pendejo aquí está
sentado frente a ti, mirándote como si le pertenecieras, como si estuviera a
poco de cortar tu garganta.

Cole se movió tan rápido que apenas lo vi. Un segundo sus ojos se centraron
en mí, el próximo su mano estaba alrededor del cuello de Vic.

—¡Cole, no! —Sacudí las manos, pero era demasiado fuerte.

—Ella es mía. Y te haría bien recordar que lo es.

Vic empujó el pecho de Cole y se dejó ir, volviendo a caer en su asiento.

—¡Vete a la mierda! —gritó Vic. Trató de arremeter contra Cole, pero lo


agarré del brazo y Chris se inclinó sobre mí, ayudándome a detenerlo.

—No te metas en su mierda, Vic. Ya sabes lo que hablamos.

Vic miró a Chris. Algo silencioso pasó entre ellos y Vic se relajó.

Me senté allí, completamente molesta, mirando a los hombres que me


rodeaban. La tensión seguía siendo mucha, pero no me importaba. Siempre fui
la última persona en saber todo al parecer. Vic había hablado con Cole
acerca de mí. Mi puto acosador. No sabía que había cuidado de él. No sabía
lo difícil que era para mí alejarme de Cole ese día en su oficina. Yo no había
compartido ninguna de esos detalles íntimos con Vic. Eran demasiados crudos,
demasiado honestos. Y cuando le dije la verdad, que Cole me había
acechado, me siguió, seguió a todos nosotros durante años, esperaba que
viniera a mi rescate y me ayudara a olvidar. Pero no lo hizo.

Me había hecho daño en el momento, pero ahora me dolía aún más. Había
llamado a mi acosador y le pidió que me protegiera. Sonaba como una
especie de broma de mal gusto.

—Ambos son pendejos. —Los miré ellos. Ambos respiraban con fuerza,
lazándose dagas el uno al otro, y luego a Chris. Su cabello rubio hasta los
hombros estaba recogido en una cola de caballo baja y había un ligero
crecimiento de la barba en sus mejillas—. Pero no tú, Chris. —Le di una débil
sonrisa, reconociendo que era probablemente el único hombre normal en el
coche. El único hombre que no tenía la tentación de dar un puñetazo en la
cara en este momento.
55

—Estoy totalmente de acuerdo contigo. —Él me devolvió la sonrisa—. Ambos


son pendejos.
Página

***
Me soné los mocos en el pañuelo que Cole había presionado en mis manos
hace unos veinte minutos. Ya estaba empapado, cubierto de mocos y
maanchado de rímel. Sabía que no debía usar maquillaje, pero lo hice de
todos modos. El funeral había terminado y me quedé afuera, en el sol del
cementerio. El grupo de los portadores del féretro había descargado el ataúd
de Mandi.

Fue surrealista estar aquí de pie. Vivir, respirar, mientras ella era puesta allí.
Sólo una cáscara vacía de la mujer vibrante que había venido a ser mi amiga.
No había mucha gente allí, no como esperaba. Ella era joven. Debiera haber
habido un centenar de personas o más para decirle adiós, pero en su lugar
había unos pocos, tal vez quince personas, como máximo. Me di cuenta de
que varios de ellos eran periodistas porque seguían escribiendo furiosamente en
cuadernos.

Cole se puso a mi izquierda, sus hombros a sólo centímetros de los míos. No


había dicho una palabra desde el incidente en la limusina, y tampoco Vic, que
estaba a mi derecha.

El ataúd era de un gris plateado que brillaba en la luz del sol, haciendo que
mi corazón se contrajera en el pecho.

—Todo esto es mi culpa —le susurré a nadie en particular.

Cole se agachó, enganchó mis dedos con los de él y apretó.

—No lo hagas.

—Pero lo es. —Pase mi mano debajo de mis ojos—. Ella era una persona
maravillosa. —Volví a pensar en el tiempo que pasamos juntas, sólo nosotras
dos. Cuando Cole salió de mi vida, ella era todo lo que tenía, ella y Abue.
Había pasado la noche conmigo varias veces. La primera vez que realmente
sentía que tenía una verdadera amiga. Era tan comprensiva, siempre allí para
mí—. Ella no se merecía nada de esto. —Nuevas lágrimas bajaban por mis
mejillas.

Cole me llevó a su lado y envolvió su brazo alrededor de mis hombros.

—No podrías haberla ayudado.

—¿Me estás tomando el pelo? Dormía junto a ella cuando la asesinaron.


Yo…
56

La imagen de todo. Despertar con el horror. Eso no era lo que me daba


Página

miedo, lo que presionó en el interior de mi piel con repulsión. Fue saber lo


terrible que debe haber sido. Cuán horrendo y aterrador fue para Mandi. Había
sido asesinada mientras yo estaba allí dormida, probablemente, suplicando por
su vida, rogándome que despertara.

Pero nunca lo hice. Y ahora que estaba muerta. En un ataúd. A punto de ser
bajada a la tierra. Me aparté de la tumba y apreté mi cara en la chaqueta de
Cole. Grandes sollozos explotaron de mi pecho como si alguien los estuviera
rasgando fuera de mí. Traté de detenerlos, pero no pude. No podía parar. Todo
lo que podía ver era su cara. Su cara bonita sonriéndome, riendo. Y entonces
sabiendo que nunca llegaría a hacer esas cosas de nuevo. Nunca se reiría. No
iba a llorar. Esto fue por ella.

Y todo era mi culpa.

Traté de razonar conmigo misma, para averiguar lo que podría haber hecho.
Nunca debí haber caído por Cole. Por el hombre melancólico grande que me
sostuvo contra su pecho. Tal vez eso me ha salvado. Pero las cosas apuntaban
a Kevin, y yo simplemente no lo sabía. Mandi estaba muerta y no podía
cambiar eso, no importa lo mucho que lo quisiera.

—Julia, debemos irnos —dijo Cole en algún momento.

Levanté la vista hacia él, y le hizo una seña a los chicos sudorosos que se
acercaban al ataúd.

—¿Ya se terminó?

Cole asintió.

—Pero no estoy lista. —Me alejé de él y corrí hacia la lona verde que daba
sombra al cuerpo. Las otras personas, incluso el predicador, se habían ido—.
Esto no puede sólo haber terminado. —El ramo de flores tenía girasoles en el.
Algunos ya habían empezado a marchitarse en el calor intenso. Toqué uno.
Dejé los pétalos rozaran suavemente contra mi carne—. Lo siento mucho,
Mandi. Espero que puedas perdonarme. —Apoyé la mejilla contra la superficie
lisa. Era una tontería, la verdad. Pero tenía que hacerlo. Necesitaba sentirme
cerca de ella tanto como podía. Necesitaba saber que estaba allí, que lo
sentía. Nunca quise esto. Nunca quise hacer daño a nadie, y menos a ella.

—¿Qué están haciendo aquí? —El sonido de la voz de Chris me sorprendió, y


me apartó.

Detrás de mí, en la pequeña carretera que atravesaba el cementerio, dos


57

coches de la policía habían llegado. Luces rojas y azules daban vueltas y


vueltas en los techos. Cuatro hombres se bajaron. Vagamente reconocí a uno
Página

como el Oficial Dillon, los policías que tomaron mi declaración en el hospital.


Cuando se acercaron, los hombres de Cole nos rodearon. Me había
olvidado de ellos, ya que nos habían seguido en diferentes coches y habían
mantenido su distancia durante el servicio funerario y en la tumba. Pero ahora
estaban por todas partes, por lo menos diez de ellos. Vi a otros un poco más
lejos, por todo el cementerio. Todos llevaban trajes.

—¿Puedo ayudarles, oficiales? —preguntó Cole mientras me atrajo a su lado.

El Oficial Dillon miró a los hombres que nos rodeaban y sonrió.

—¿Hay alguna razón por la que están rodeados por los del servicio secreto?
No me di cuenta de que un negocio te hizo tan protegible como el Presidente
de los Estados Unidos.

—Son tiempos peligrosos. —Cole miró detrás de nosotros, hacia el ataúd de


Mandi—. ¿Hay alguna razón por la que están aquí en el funeral de la mejor
amiga de mi novia? —El hecho de que Cole me llamó su novia no debería
haber hecho mi corazón latir, pero lo hizo.

—Lo siento. Pero no sabíamos dónde te estabas quedando. Hemos estado


buscándolo desde ayer y tuvimos la salvaje idea de que estaría aquí.

Eché un vistazo a Cole, confundida. ¿Por qué ellos lo estarían buscando?

—Bueno, aquí estoy. —Extendió sus brazos—. Podrían haber llamado si


necesitaban hablar conmigo. —A pesar de que parecía un poco perplejo.

Miré a Vic y Chris. Se veían igual de confundidos.

—Esto no es algo que se puede discutir por teléfono. —Gary se adelantó y los
demás oficiales lo flanquearon. Los hombres de Cole cerraron con más fuerza,
para no dejarlos pasar. Sin embargo, su postura no era amenazante. Todos los
hombres tenían las manos a los lados de las armas.

—Disculpe —dijo el Oficial Dillon.

—Déjenlo pasar. —Cole me empujó detrás de él y de repente estaba muy


nerviosa.

—¿Qué está pasando? —Di un paso a su alrededor.

—Cole Maddon está bajo arresto por el asesinato de Mandi Hubbard y


intento de asesinato de Julia Collette.
58

Los jadeos colectivos sonaron


Página

—¿Qué? —Agarré mi pecho y miré hacia atrás y adelante entre los policías—
. No. Eso no es cierto.
—Le aseguro que lo es. Por favor, de la vuelta y ponga las manos detrás de
la espalda.

—¿Cole? —Lo miré fijamente, pero a diferencia de antes, él no me miraba.


Su mirada se enfocó en el Oficial Dillon.

—Has cometido un error —dijo de manera uniforme.

—Tenemos un testigo que se presentó ayer, identificándote en el lugar.

—Por supuesto que estaba en la escena. ¿Has visto la parte de atrás de mi


cabeza? Fui golpeado y se abrió.

—No tengo que discutir los detalles del caso con usted en este momento. Le
invitamos a llamar a su abogado y resolver los detalles con él. Por ahora, tiene
que venir conmigo.

—Al igual que el infierno. Esto es una mierda.

—Con su historia, no lo creo, amigo. Sólo porque usted tiene un montón de


dinero no cambia el hecho de que es un asesino convicto.

Esperaba que Cole lo negara. O que se riera en cara o incluso que los
atacara por decir esas cosas. Pero no hizo nada. En su lugar, se quedó parado
allí. Su rostro era inexpresivo, sin emoción. Después de varios golpes, él dio un
paso adelante y extendió sus muñecas.

—¿De qué están hablando? —Agarré su brazo—. Esto es un error —le dije al
Oficial Dillon—. Tiene al tipo equivocado. —Claro, Cole actuaba como un
idiota, era posesivo y había matado a Jay, pero sólo porque me había
atacado. Él nunca me haría daño o a Mandi.

¿Qué diablos está pasando?

—¿Tu novio no te contó sobre su pasado?

—No lo hagas —se quebró Cole.

—¿Qué significa eso, Cole? —le suplique. De repente estaba aterrorizada. No


sabía lo que estaba pasando, pero sabía que estaba a punto de perder a
Cole. Estaba a punto de ir a la cárcel, ¿y dónde nos deja eso?, ¿dónde me
deja?—. Habla conmigo. —Pero no lo haría. Ni siquiera me miraba.
59

—Randy, tú y los chicos vayan a su casa. No la pierdan de vista. Voy a


arreglar esta mierda.
Página

Y luego se lo llevaron.
—¡No! —Traté de correr tras él, pero fuertes brazos me capturaron, me
detuvieron en seco. Me sacudía, histérica—. No se lo pueden llevar. ¡No hizo
nada!

—Deja que se vaya, Jewel. —La voz pertenecía a Vic.

—¡Déjame ir! ¡Ahora! —De repente, todo en lo que podía pensar era en el
hecho de que casi no habíamos dicho una palabra el uno al otro por lo que
pasó en el baño ayer. Apenas me había tocado, ni siquiera en sueños. Y ahora
se lo llevaban lejos y no me miraba. Era como si yo no existiera. Como si hubiera
algo más, algo más profundo de lo que no era parte.

Torcí mi cuerpo hacia atrás y adelante, tratando de liberarme, pero no tuve


éxito. Vic me abrazó fuertemente, atrapándome contra su pecho. Parecía
todo muy surrealista. Hace sólo unos momentos, tuve presionada mi cara
contra el ataúd de Mandi y ahora estaba viendo a la policía detener a Cole
por tratar de matarme. Por asesinarla.

El Oficial Dillon abrió la parte trasera de su coche de policía y Cole subió,


pero no sin antes mirarme. Su mirada sólo se encontró con la mía por un
segundo, pero su expresión era terriblemente triste. Como si todo hubiera
terminado. Esa tristeza me atraía, pero también el miedo en mí. Reduje mis
movimientos y presioné la palma de mi mano a mi boca.

¿Qué hiciste, Cole?


60
Página
7
Traducido por Guga

Corregido por Ami

Julia
Me senté sobre el horrible, sillón estampado de Vic en mi living. Había un
show en la TV, pero no estaba prestándole atención. Estaba demasiado
perdida en la información que había conocido en las últimas horas desde que
Cole había sido llevado a la cárcel.

Los artículos estaban ahí. Sólo una simple búsqueda en Google. Páginas
interminables, historias que la gente había escrito sobre el macabro asesinato
de Garrett Maddon, el hermano mayor de Cole, y el juicio por asesinato en el
que derivó. Yo vagamente lo recordaba ahora cuando pensé acerca de eso.
Había tenido trece cuando sucedió. Estuvo en las noticias, seguro, pero no
había prestado atención a ese asunto. Estaba más preocupada con mi juego y
el enamoramiento que tenía con Jake Reynolds en la escuela. Un millonario de
veinticinco años, quien viciosamente asesinó a su hermano y luego lo enterró
en los pastizales detrás de la casa de su madre, no había atrapado mi
atención.

Pero la tenía ahora porque Cole Maddon era ese hombre. Él era el hombre
que había asesinado a su hermano. Era culpable del crimen, pero recibió una
sentencia leve por un tecnicismo que sólo le tomó tres años en prisión y una
inexistente libertad condicional.

—No puedo creerlo —dije en voz alta por lo que debía ser la centésima vez.

—Lo sé. Lo siento. —Chris palmeó mi rodilla—. Algunas cosas no están


destinadas a ser, sin embargo.

Lo miré de reojo. Vic se había ido al baño.

—No lo digas.
61

Él frunció el ceño.

—¿No puedes quererlo seriamente después de descubrir que mató a


Página

alguien?
—Es… —Ni siquiera sabía que decir. Era la historia del otro muerto la que
rompió mi corazón. Al principio Cole había estado condenado por dos
asesinatos, el asesinato de su hermano y el asesinato de Sandy Maddon, su
hermana menor. Había sido encontrada en la misma casa donde Garrett fue
asesinado, pero en el living del segundo piso, colgando de una de las vigas. No
había sido hasta después de la autopsia que el cargo de asesinato por Sandy
fuera dejado y cerrado como suicidio.

Mi corazón dolía mientras pensaba acerca del retrato tatuado en su brazo


sobre la mujer con ojos oscuros, tristes. El viento soplando su cabello alrededor
de su rostro.

Ella se suicidó.

Las palabras de Cole aquella mañana hace tanto tiempo sonaban por mi
cabeza. Palabras que me había dicho sólo minutos antes de que yo tropezara
sobre su computadora y descubriera que había estado acosándome. Parecía
tan triste. Tan perdido.

Ninguno de los artículos me dio ninguna respuesta del por qué Cole había
hecho eso. Se declaró culpable. Y ninguno de ellos dijo porque Sandy se
suicidó, tampoco. Hubo alguna especulación acerca de problemas de dinero
o algún triste triángulo amoroso, pero nada era concreto porque Cole nunca
respondió esas preguntas. Leí múltiples artículos que decían que se rehusó
totalmente a hablar del caso a los reporteros. Y la gente reclamaba que su
madre, Jennifer Maddon, quien estaba típicamente muy interesada en el
protagonismo que vino con la fortuna de su hijo, no había hablado acerca del
tema para nada, y tampoco lo hizo Elaine.

—Sólo no entiendo como no lo sabía. Cómo esto no estaba en las revistas


tabloides que salieron después de que Cole me tomara en el Rapture. —Sacudí
mi cabeza, dejando que todo esto rodara por dentro—. La revista debatía
acerca de cuán grande era este asunto, de cómo un hombre como él, de tan
alto perfil, haría algo así. Pero no decía nada acerca de él siendo un asesino.
Nadie nunca dijo nada acerca de él estando en los shows del Rapture X, los
cuales son exclusivos. —Dejé que mis palabras se apagaran mientras mis
pensamientos recuperaban terreno—. Y él estaba en cada una, tanto como sé.
¿No crees que eso sea algo de lo que podríamos haber oído? No lo entiendo.

Chris se encogió de hombros y tomó un trago de su cerveza. Tenía su cabello


rubio tirado hacia atrás en una cola de caballo y usaba pantalones cortos y
62

camiseta de básquetbol.
Página

—No sé, Jewel. A la gente le gusta eso. La gente que tiene más dinero que
sentido tiende a hacer la vista gorda a las cosas.
—¿Qué quieres decir?

—Quiero decir que todo este asunto del asesinato sucedió hace años, sobre
una década atrás. Estoy seguro de que muchas de ellas conocían a Cole de
antemano, así que tal vez hizo cosas para ganarse nuevamente la aceptación.
Diablos, tal vez compró su reentrada, pagándole a la gente para que olvide.
Pienso que olvidas cuanto poder y riqueza hay en el dinero.

—Sí, pero de los ricos se habla todo el tiempo y no hay nada que ellos
puedan hacer acerca de eso. Es parte de ser exitoso y el centro de atención.

Chris tomó otro trago de su cerveza.

—Sí, creo que tienes razón. No lo sé. ¿Tal vez había cosas acerca de eso y
simplemente no viste? Eso sucede. Grandes cosas suceden todo el tiempo y
nosotros sólo las perdemos porque estamos enfocados en nuestras propias
vidas. Cosas se deslizan debajo de nuestras narices y nosotros nunca las
notamos hasta que es demasiado tarde.

Asentí.

—Probablemente tienes razón.

Mi corazón estaba en mi garganta, y estaba harta de eso. Cole no había


estado perturbado para nada cuando tiró del gatillo que apagó la vida de
Jay. No me había parecido raro porque yo había estado lidiando con mi
propia mierda. Pero ahora me di cuenta de que parecía extrañamente
calmado acerca de eso. Tomando todo con calma como si no le hubiera
volado los sesos a alguien.

—Él no intentó que me mataran. Tampoco hirió a Mandi —solté


abruptamente, odiando la dirección en que mis pensamientos estaban yendo.

—Vamos, Jewel. Mira lo que estás diciendo. Te acosó.

—Lo sé, pero… no lo hizo. Sólo sé que no lo hizo. Tal vez la ha jodido en el
pasado. Pero hay más en esto. Debe haberlo. Y no hizo eso —dije nuevamente.

—Bien. —Chris palmeó la parte superior de mi muslo, había una curita en el


reverso de su mano—. Tal vez no hizo eso. Entiendo lo que deduces. Eso no
tendría sentido. ¿Por qué él te asesinaría? Ha tenido suficientes oportunidades
donde podría haberlo hecho, ¿correcto?
63

—Sí. Muchas.
Página

—¿Pero todavía querrías estar con alguien que asesinó a su propio hermano?

—Pero…
—Lo mató, Jewel. ¿No leíste el reporte de la autopsia en aquel artículo? Le
sacó el corazón. —Chris sacudió su cabeza como si la sola idea lo repugnara—.
¿Qué clase de enfermo hace esa mierda?

Cerré los ojos. No tenía respuesta para eso. Tenía que estar equivocado.
Cole no podía haber hecho eso. No el hombre que conocí. No el chico que me
brindó su corazón en los escalones rotos de su casa de la infancia. No el
hombre que me sostuvo en sus brazos y me dijo que era hermosa cuando era
un desastre lloroso, desfigurado. Aquel hombre no pudo haber hecho esas
cosas horribles.

Pero todo parecía apuntar hacia el hecho que él lo había hecho.

***

Desperté en unas sábanas vacías, frías y con un ruido fuerte como golpes.
Rodé y miré al techo. Tenía menos energía que la noche anterior cuando me
había ido sola a la cama.

El golpeteo sucedió de nuevo y fruncí el ceño, dándome cuenta que alguien


estaba golpeando la puerta del apartamento como si sus vidas dependieran
de ello. Una burbuja de pánico saltó en mi garganta mientras rodaba fuera de
la cama. Apenas había salido de mi habitación cuando la puerta del frente se
abrió de golpe, revelando una mujer de mediana edad ataviada en un vestido
rosa de encaje, diamantes goteando de sus brazos, orejas, y cuello. Su
decolorado cabello rubio rozaba la parte superior de sus hombros y un ceño
fruncido pintado en su rostro pesadamente.

—No puedes estar aquí. —siseó Randy, agarrando uno de sus brazos. Miré
abajo a los tacones adornados de diamantes.

¿Qué hora es? ¿Quién es esa dama?

Froté mi cabeza confundida.

—Sí, Randy, amor. Puedo estar aquí. Con mi hijo detrás de las rejas, soy la
persona a cargo de sus bienes. Por consiguiente, poseo este edificio, y puedo
estar en cualquier lugar que quiera dentro de este.

¿Hijo?

La madre de Cole. Darme cuenta de quién era la mujer hizo que mi piel
64

picara con algo oscuro, algo odioso. No era porque Cole pensaba que era la
persona detrás de mi ataque, era a causa de aquella vieja casa en New
Página

Orleáns. Esa choza derrumbada donde el amor de mi vida había pasado


hambre porque la perra frente a mí no había ido a casa para alimentarlo.
—Hay leyes de privacidad, madame.

—Ohh, no me des esa mierda. Ambos. —Su mirada aterrizó sobre mí. Los
estanques azul oscuro de sus ojos eran tan parecidos a los de Cole que
contuve mi aliento—. Bueno, miren lo que tenemos aquí. La desnudista a que
Cole parece no poder quitarle las manos de encima.

—¿Qué quiere? —Estaba conmocionada por lo amenazante que mi voz


sonó. Puse mis manos sobre mis caderas y estaba casi avergonzada cuando
me di cuenta que la única cosa que estaba usando era mi camiseta de My
Little Pony que rozaba la cima de mis rodillas.

Su mirada se extendió de arriba a abajo por mi cuerpo.

—No eres tan bonita como tus fotos. ¿Sabes eso?

—Gracioso. Por la manera que Cole la describe, pensé que tendría nariz
torcida y cabalgaría sobre un palo de escoba —bromeé.

—Oh, no, cariño. Malentendiste a Cole cuando habló acerca de mí. Soy una
perra, no una bruja. —Una sonrisa se retorció en las esquinas de sus labios
aumentados con cirugía plástica.

—¿Qué está sucediendo aquí? —Vic salió de la habitación que él y Chris


estaban compartiendo. No estaba usando camiseta, sólo un par de bóxers
negros.

—Oh, ahora mira lo que tenemos aquí. Cole no dijo que estaba haciendo La
Joya del Mar y Poseidón. —Caminó alrededor del sofá y se acercó a Vic—.
Creo que sus gustos han cambiado. Texas le hace eso a la gente, ¿cierto?

—Es hora de que se vaya. —Randy agarró su brazo y comenzó a tirar de el


hacia la puerta del frente—. Tengo instrucciones específicas de no dejarla
cerca de Julia. Usted puede ir a cualquier otro lugar que le plazca, pero Julia
está fuera de los límites. ¿Comprende?

—Oh, vamos. Tres hombres me cachean al desnudo. Saben que no tengo


armas conmigo —siseó.

—Detente, Randy. —Estaba sorprendida de oír mi propia voz—. ¿Por qué está
aquí? —dirigí mi pregunta a Jennifer.

Randy hizo una pausa en la puerta del frente, donde León y otros dos
65

hombres esperaban. Jennifer arrancó su brazo de su agarre y sonrió


ampliamente hacia mí, revelando perfectos dientes blancos.
Página

—Vine a salvar a mi hijo.


Resoplé.

—Bueno, ha llegado un poco tarde. Ya está en la cárcel y la fianza no ha


sido puesta aún.

—Oh, lo sé. Soy la razón por la que él está ahí.

Fruncí el ceño y di una mirada a Randy, quien estaba mirándola con la


misma confusión que yo.

—¿Qué quiere decir?

—Oh, eres una estúpida, ¿no? No entiendo que ve Cole en ti. Seguro tienes
tetas falsas, pero cualquiera las puede comprar. Podría ponerle unas a Elaine y
conseguir mejor resultado. —Ella se movió y se posó en el sillón reclinable.

Algo en sus palabras golpeó mi valor. Tal vez era porque las cosas con Cole
habían parecido girar fuera de control. Todo era bueno en un momento, pero
al siguiente él estaba distante, molesto, y yo no sabía cómo llegar a él. Y
entonces se había ido, en prisión y era un hombre condenado por asesinar a su
propio hermano. Pero no pensaba que eso fuera lo que era, no realmente.
Sabía que era porque ella había mencionado a Elaine. Esa estúpida ramera
que me quería muerta.

Di la vuelta y me senté sobre el sofá opuesto a ella.

—No tiene idea por lo que he pasado. Así que debe ir directo al punto. —
Apreté la cima de mis rodillas.

—¿Qué es eso? ¿Una amenaza? —Cruzó sus piernas y me sonrió con


superioridad.

—Sí. Eso es. ¿Por qué Cole está en prisión?

—No creo que entiendas, pequeña desnudista. Esos hombres ahí fuera, ellos
podrían ser leales a Cole, pero tengo cerca de cien más de ellos sólo
esperando para joder a alguno. Así que no creo que tengas el poder sólo
porque cuatro patéticos hombres cuidan tu espalda.

—No la amenace. —Me había olvidado de Vic. Él dio la vuelta para sentarse
cerca de mí—. No me importa de quien sea madre. Usted no le habla a Jewel
así.
66

La sonrisa de Jennifer se amplió.


Página

—Mmm. Es una capa interesante que no estaba esperando.

Su mirada rebotó entre nosotros. La estimación bailaba por sus ojos.


—¿Por qué está Cole en la cárcel? —pregunté de nuevo, irritada.

—Es un asesino. —La sonrisa todavía no había abandonado sus labios.

—No mató a mi amiga Mandi, y no intentó asesinarme.

—Por supuesto no lo hizo. —Rodó sus ojos—. No asesinaría su sabor del mes.

Sus palabras eran como un cuchillo excavando en mi piel.

—Me ama.

Vic vaciló y Jennifer se inclinó hacia mí, descruzando sus largas piernas.

—Eso es lo que todos dicen.

Un horrible dolor ponzoñoso serpenteó su camino a través de mi cuerpo, sus


palabras reafirmando mi peor temor.

—Pero eso es asunto aparte —dijo ella—. El punto es… Cole está en prisión
porque le pagué al juez para meterlo dentro y mantenerlo ahí.

—¿Qué? ¿Por qué?

—Porque tu estúpido trasero va a matarlo.

—Qu…

—Oh, no actúes tan sorprendida, ¿bien? No es un secreto que alguien está


tratando de matarte. Esa horrible cicatriz en tu cuello da fe de eso. Y
quienquiera que sea esa persona, está amenazando a mi hijo también. Y no
puedo con eso.

—Entonces, ¿lo puso en prisión?

Sonrió como si fuera la más grande idiota que ha visto alguna vez.

—Sí. Para protegerlo. No estará ahí por mucho tiempo, sin embargo. Pagué
al juez mucho efectivo para aguantar su comparecencia, pero no lo pueden
mantener por siempre. Una vez él ha comparecido, y la fianza este fijada,
estará fuera y libre, y nuevamente inseguro a causa de ti.

—Pero…

—¿Pero qué? ¿Mi hijo es un gran chico que puede cuidar de sí mismo? Sé
67

eso. Pero está controlado por su polla y no sabe lo que es bueno para él.
Claramente. —Rastrilló su mirada arriba y abajo de mi forma de nuevo—. Pero
Página

él es el único que me queda. Y un día me gustaría ser la abuela de los niños


que él y Elaine me darán. Lo cual es por lo que te necesito.
Ignoré el comentario acerca de Elaine.

—¿Me necesita para qué?

—Vas a descubrir a este psicópata y vamos a abordarlo y terminar esta


tontería antes de que Cole salga de la cárcel. Tanto como no lo quiero, parece
que ambas tendremos que trabajar juntas.

Fruncí el ceño.

—¿Cómo sé que no eres tú la que está haciendo esto? —Toqué mi cuello—.


¿Cómo sé que no estás trabajando con Elaine para intentar asesinarme?

Rió nerviosa. La perra en verdad rió nerviosa.

—¿Piensas que Elaine está haciendo esto?

No respondí, sólo la miré fijo.

—Oh, mi Dios, ¡sí! —Palmeó su rodilla, como si apenas pudiera contenerse—.


Oh, dulzura. Elaine no está detrás de esto. Estaría demasiado temerosa de lo
que Cole le haría cuando lo descubriera. Y créeme. Él lo descubriría. Sabe lo
que le hizo a Garrett. No estaba ahí, pero vio las fotos. No quiere terminar
enterrada en la parte trasera de mi patio tampoco. —Sus palabras eran rígidas
y precisas, sin emoción.

—Pero él no podría haber hecho eso. —Sé que sonaba estúpida, pero
simplemente no era capaz de aceptar que Cole en realidad había asesinado a
su hermano.

—Lo hizo. Y está hecho.

—Suena terriblemente fría acera de cosas tan serias.

—Soy fría, dulzura. ¿No has estado escuchando? Necesitamos terminar con
la mierda. No quiero sentarme aquí todo el día y sostener tu mano mientras te
introduzco en la realidad, entonces, aquí está un rápido vistazo. Cole, mi hijo,
asesinó a su propio hermano. Lo golpeó hasta matarlo, y luego le sacó el
corazón. Y no se puede negar. Llegué a casa. Vi la sangre en la piel de Cole.
Sobre su rostro. —Ella se inclinó, su oscura mirada poseída—. Sobre sus manos.
Había tanta sangre que estaba negro en ella. Supe lo que había hecho y lo
odié por eso. Todavía jodidamente lo odio. Pero es todo lo que me queda. Y no
lo perderé, también. —Su mirada perforó la mía—. ¿Entiendes, Julia? No
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tenemos mucho tiempo. Y quiero que esto finalice antes de que esté fuera bajo
fianza.
Página

—¿Por qué confiaría en usted? —Mi mano temblaba mientras la pasaba por
mi cabello—. ¿Cómo sé que no es la que está detrás de todo esto, que no está
intentando obtener alguna clase de enferma venganza por lo que él le hizo a
su otro hijo?

—No asesinaría a Cole, o a ningún otro. No soy una asesina.

—No, pero no le importa matar de hambre a sus propios hijos.

Su rostro se volvió de un feo color rojo.

—Te lo dijo. —Su voz temblaba como si estuviera asustada.

Era mi turno de sonreír.

—Me dijo más que eso.

Recobró su compostura rápidamente, alejando la mirada y arrojando su


cabello sobre sus hombros. Aclaró su garganta.

—Si te quisiera muerta, lo habría hecho bien la primera vez con una bala
atravesando esa bonita cabeza tuya, y habría estado fuera del país hace
tiempo. Si quisiera a Cole muerto, habría contratado a alguien para que lo
apuñalara en prisión hace diez años. Pero no lo hice. —Apretó sus manos en su
regazo, brillantes diamantes reluciendo en sus dedos—. Lo odio, Julia. Debes
saberlo. Pero lo amo más. Por lo que estoy aquí. Y vas a ayudarme. Sé que lo
harás porque lo amas, tan patético como eso es, lo haces.

No podía creer que Cole estuviera en prisión, que su madre lo hubiera puesto
ahí. Y que yo estaba sentada al otro lado sobre el sofá estampado de Vic,
usando mi camiseta de My Little Pony y tragándome su mierda. ¿Lo estoy?
¿Estoy tragándome esto, es eso lo que estoy haciendo?

Sabía que sí. La miré fijo. La mujer que hirió a mi Cole y sabía que no tenía
elección.

—¿Qué quiere que haga?


69
Página
8
Traducido por Guga

Corregido por Ami

Julia
No podía creer que estaba aquí. Parecía surrealista, como si estuviera
reviviendo mi pasado. Me paré en el centro del escenario del Rapture, en el
medio de una limpia y cristalina fuente. La habitación estaba oscura y había
murmullos de la audiencia. Sus voces parecían cortar a través de la habitación.

Mi piel hormigueaba con temor y anticipación por lo que estaba por hacer.
Había extrañado esto; no podía negar el sentimiento que tenía bailando frente
ante cientas de hambrientas miradas. Era estimulante, liberador.

Nunca pensé que estaría aquí de nuevo, especialmente bajo estas


circunstancias. Con la madre de Cole en la audiencia, y guardias escondidos
en cada esquina de la habitación, tratando de atraer al cerebro detrás de mis
ataques. Y eso es exactamente lo que su plan implicaba. La persona que me
perseguía de había vuelto descuidada, una desesperada incluso, y si ellos
veían una oportunidad donde me encontraba a la vista, saltarían sobre esta.

Habían pasado apenas quince horas desde que estuve sentada con ella en
mi living y aún así el Rapture estaba lleno hasta el tope. Cuando el sitio web y la
página de Facebook postearon acerca de Jewel y Poseidón volviendo para
otra presentación, la gente formó fila fuera del negocio para ser los primeros en
entrar. Algunos asientos especiales en primera fila fueron puestos para venderse
por internet, y se habían agotado en menos de una hora.

Hubiera estado alagada si esto no fuera un plan para atraer a un asesino.

Luces de color azul se encendieron, iluminando mi cuerpo, pintándome en


un tono azul justo cuando el lento sonido de un piano comenzó a tocar por los
parlantes. No hubo presentación. Ni resonante voz del DJ diciendo al atestado
edificio lo que estaba viniendo. Lo sabían. Sabían que sería yo, su Jewel of the
Sea. Me retorcí lentamente, sintiendo el familiar tintineo de las cuentas que
70

colgaban de mi enjoyado top. Este estaba cubierto en brillantes gemas


blancas que relucían como diamantes.
Página

Me había mirado en el espejo con incredulidad antes de salir al escenario.


¿Quién habría pensado que regresaría a este lugar? Había sido acosada por
un millonario, casi sido asesinada, y enamorado del acosador. Ahora estaba
sacudiendo mi trasero sobre el escenario que me habían dado miles de dólares
por intentar y salvar su vida.

Rodé mis caderas ante el lento ritmo, dejando que mis manos se arrastraran
arriba y abajo del plateado mástil detrás de mí. Recuerdos de cuando Cole me
había colgado en este mismo mástil pujaron a primera fila de mi mente, pero
alejéesos pensamientos. Eché un vistazo a la multitud nerviosamente, pero
todos los rostros se mezclaban juntos.

Podrías morir si haces esto. Las palabras previas de Vic se filtraron en mi


cerebro. Conocía las consecuencias mejor que nadie. Pero no me importaban.
No quería morir, eso era seguro, pero fue el recuerdo del rostro de Cole
mientras subía al auto de policía lo que me hizo estar de acuerdo con esto. Se
veía tan perdido. Como si algo dentro de él hubiera muerto. Y no quería eso
para él. No quería que estuviera en peligro por mi causa. Fue por eso que
había intentado apartarlo antes.

Giré, enganchando mi pierna en el mástil mientras el ritmo aumentaba,


arqueando mi espalda tanto como podía antes de presionar mi pecho en el
frío metal y empujé mis caderas hacia delante, machacando contra el mástil
mientras colgaba a varios metros del piso. El aceite tibio comenzó a verterse
desde el contenedor encima de mí, justo como sabía que haría, pero todavía
me sorprendía, prácticamente quitándome el aliento.

Era suave, tan sedoso contra mi cuerpo. Casi había olvidado como se sentía.
Dulces cintas de paraíso deslizándose por mi pecaminoso cuerpo,
limpiándome. Como el aceite, dejé que la música me bañara mientras giraba.
Le di la espalda a mi audiencia, permitiéndoles una visión completa de mi
trasero en la ajustada falda que apenas cubría algo.

Sabía cómo se veía, la forma en que las luces azulinas destellaban las pálidas
lentejuelas, enviando un millón de pequeñas luces incursionando en todas
direcciones. Sabía cómo sacudir mi trasero en la manera justa para hacer
desesperar a un hombre por más.

Dejé que la música me llevara lejos mientras giraba y giraba y le hacía el


amor al puto mástil. Alejando todos mis preocupaciones, mis miedos. Me perdí
en los movimientos animales. El baile significaba el señuelo, para forzar, para
controlar. Mi corazón tamborileaba con el ritmo y quería ahogarme en él,
perdiéndome para siempre. Era un mundo donde sólo yo existía. Sólo yo, la
71

música y el aceite. El aceite caliente que me trajo de regreso a rudas manos. A


follar un trozo de mi blusa hasta que me venirme frente a la multitud de ojos
Página

hambrientos.
El recuerdo era suficiente. Me hizo retorcer más. Hizo que la pequeña tanga
contra mi coño se empape con más que sólo aceite de bebé.

Antes de darme cuenta, no estaba sola en la fuente. Vic se había unido a mí.
Sus pantalones estaban del mismo color que mi atuendo, brillando con gemas,
apretado sobre su cuerpo inclinado. Me rodeó. Era nuestra típica rutina. Él era
el gran Dios Griego, Poseidón. Y yo la pequeña Joya que él podría saquear.
Había un hambre familiar en sus ojos mientras me miraba y pude ver la gruesa
línea de su polla en sus pantalones. Si fuera cualquier otra, estaría nerviosa. Pero
conocía a Vic. Era mi mejor amigo. Habíamos hecho esto más veces de las que
podía contar. Diablos, había follado con él una vez al mes por dos años.

Una nueva canción comenzó mientras se paraba a mi lado y corría una


mano a lo largo de mi mentón, deslizándola hacia abajo a mi delgada piel
entre los senos. Tiró del pequeño trozo de tela en el centro, haciendo mis tetas
rebotar. Hubo un jadeo colectivo desde la multitud y supe que todavía lo
teníamos. Esa química, ese movimiento que los atraía y los hacía querer más.

No sabía que era lo que los deslumbraba de nosotros. Vic era apuesto y en
forma; era innegable, pero no teníamos nada fuera de eso. Fuera de estos
pocos momentos, donde montábamos un espectáculo.

Agarró el costado de mi rostro para forzarme a mirarlo, pero yo no lo haría.


Era parte del juego, parte de la historia. Debía resistir este Dios ante mí. Debía
actuar como si su presencia no me estremeciera. Moví mis caderas lentamente
hacia atrás y adelante mientras negaba su orden.

En respuesta, el agarró el costado de mi apretada falda y la arrancó de mi


cuerpo, arrojándola sobre el escenario. Sólo una pequeña tanga cubría mi
afeitado coño. Caminó alrededor de mí, mirando mi cuerpo mientras me
medía. Cuando alcanzó el otro lado y trató de agarrarme, me meneé fuera de
su agarre y trepé al mástil. Mis manos deslizándose a lo largo de la suave
superficie, pero eso no me detuvo de girar mi cuerpo y enganchar mi pierna
hasta que estuve a mitad de camino del mástil y colgando patas abajo. El tibio
aceite se escurría por mi pierna, siguiendo la pista de mi muslo interior ya bajo a
mi estómago. Giré antes que pudiera alcanzar mi rostro y me deslicé hacia
abajo del mástil con mis piernas abiertas totalmente. La única cosa cubriendo
mi coño era el mástil. Si el mástil no estuviera ahí, ellos hubieran sido capaces
de verlo completamente. Mis gordos labios desnudos, mi rosado coño. La
pequeña tanga no escondía nada.
72

Cuando estaba casi en la base, Vic me arrancó del mástil, forzándome a


montarme en su cintura. Balanceé mis caderas en él y me retorcí justo como él,
Página

y luego puse una de mis piernas sobre su hombro más distante de la audiencia.
Sostuvo mis caderas firmemente mientras mi otra pierna se envolvió alrededor
de su torso superior bajo su brazo. Eso le dio a la multitud visión frontal de mi
cuerpo mientras yo soltaba el broche entre mis senos, dejando caer las
carcasas que las cubrían en la fuente de aceite detrás de mí.

Mis senos se balanceaban libres y los cubrí con las manos, untando el aceite
sobre mis pezones. La multitud gimió cuando quité mis manos, revelando
brillantes globos.

Vic movió su brazo y resbalé por su cuerpo hasta que mis manos se
hundieron en el aceite debajo de nosotros. Di una vuelta y gateé hasta él,
entre el aceite. Retrocedió y salió fuera de la fuente. Lo seguí, mis manos
dejando brillantes huellas sobre el escenario negro. Nos enfrentamos, yo sobre
mis manos y rodillas y Vic de pie. Flexioné mis caderas y sacudí mi trasero
mientras alcanzaba sus pantalones y los arrancaba, revelando apretada ropa
interior que podía apenas contener su dura polla.

Levanté el brazo y tiré de la banda elástica, mirando la multitud. Vítor de


voces femeninas sonaron. Ellas querían ver la dura polla de Vic balancearse
libre, pero no obtendrían eso. Solté su ropa interior con un estallido. Y me puso
de pie de un tirón, dándome vuelta para enfrentarlo. La canción sonando
sobre nosotros casi terminaba. Un pesado pop electrónico se elevó para su
carrera final.

Nos movimos más veloces, nuestros cuerpos golpeando hasta que tiró de mi
sobre él, mis senos deslizándose a lo largo de su pecho desnudo. Estiró su brazo
abajo y jugó con la tira sobre mi cadera, enfrentando a la multitud. Los
hombres gritaban. Querían verla fuera, verme desnuda ante el mundo. Pero Vic
soltó la tira con un golpe sobre mi piel.

Conocía el próximo movimiento como la palma de mi mano. Vic me giraría,


pondría mi trasero justo sobre su entrepierna y me inclinaría. Agarraría mis
caderas y me elevaría del piso hasta que estuviera lo suficientemente arriba
para rodar hacia delante. Me deslizaría a través del escenario hasta que
estuviera de pie nuevamente. Mis piernas se deslizarían separadas hasta
quedar abierta de piernas. Mi coño sería revelado sólo unos pocos segundos
antes que las luces se apagaran y esto habría terminado.

Pero esto no sucedió. Vic no me giró alrededor. En su lugar, me sostuvo en el


lugar. Sus manos deslizándose a lo largo de mi cintura. Sus ojos estaban
envueltos en sombras y no podía descubrir que quería de mí, que se suponía
hiciera. Permanecí mirándolo, dejándolo mover mi cuerpo como quería,
73

pensando que sería capaz de caer de pie con lo que sea que estaba
planeando.
Página

Pero hizo lo que nunca esperé.


Me besó.

Casi me sacudí hacia atrás, pero entonces recordé que estábamos en el


escenario frente a cientos de personas.

—Confía en mí —susurró contra mis labios. Y quería, pero no vi como esto era
correcto. ¿Cómo ayudaría a atrapar a la persona detrás de toda esta locura?
No tenía sentido, pero no me aparté. Dejé que sucediera.

Lo besé también.

Esto era algo que Vic y yo nunca habíamos hecho, besarnos. Habíamos
follado mensualmente en el Rapture X. Nos habíamos retorcido mutuamente
sobre este escenario semanalmente, pero nuestros labios nunca se habían
encontrado. Era una regla tácita, algo que contenía todo de ser íntimo. Era
casi como Julia Roberts en Pretty Woman. Esto era yo respetando su relación
con Chris, y Vic de igual manera.

Estaba tentada de apartarme. No necesitábamos besarnos. Pero aun así no


lo hice. Moví mis labios contra los suyos. Había una pequeña parte de mí que
siempre se preguntó cómo sería besarlo. No porque quisiera, sino porque nunca
lo había hecho. Tuve a Vic en cada otra forma que una mujer podría tener a
un hombre sexualmente, pero no esto.

Sus labios eran suaves contra los míos cuando los apartó y pasó su lengua
dentro de mi boca. Por un momento, estuve segura que el mundo se detuvo.
La música nos rodeaba mientras sus manos se deslizaban entre nuestros
cuerpos y debajo de mi tanga antes de que pudiera detenerlo. Repasando a
través de la aceitosa humedad que me cubría hasta que alcanzó mi trasero.

Jadeé contra su boca y traté de dar un paso atrás. Esto era demasiado. No
era el Rapture X. Pero no me soltó. Su mano me sostuvo firme contra sí mientras
machacaba sus labios sobre los míos y presionaba un dedo contra la apretada
abertura de mi trasero, justo donde la tanga terminaba. Una erupción de
aplausos sonó y las luces se fueron.

Empujé a Vic y trastabillé hacia atrás.

¿Qué mierda fue eso?

No lo sabía. No podía ver sus ojos ya que estaba escuro y no podía


preguntarle porque aún estábamos en el escenario. La voz del DJ tronó en los
74

parlantes, volteé y salí a toda prisa. La confusión serpenteaba a través de mi


cuerpo. Confusión y desilusión. Nada había sucedido mientras bailábamos.
Página

Nadie trató de atacar. Nada.


Había hecho apenas dos pasos a bambalinas cuando choqué contra un
pecho musculoso. Di una mirada hacia arriba, mi mirada siguió el rastro de un
torso cincelado cubierto con una camiseta negra, oscuro, cabello suelto
enmarcando una mandíbula angular. Dos oscuros ojos negros me miraban fijo.
Ojos que conocía. Ojos llenos con tanta ponzoña, tanto veneno que retrocedí.

Eran los ojos de un hombre que había asesinado a su hermano.

Los ojos de Cole.


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Página
9
Traducido por Guga

Corregido por Ami

Julia
—¿Te diviertes? —Cole agarró mi codo rudamente y tiró de mí hacia
delante, sus dedos deslizándose sobre mi aceitosa piel.

Estaba por decir algo cuando su madre corrió hacia nosotros.

—Oh, Cole, ¡saliste! ¿Estás bien? —La preocupación grabada en su ceja—. Si


hubiera sabido que salías bajo fianza, habría ido a recogerte. —Miré fijamente
a su impecable trabajo de actuación con mi boca abierta.

En lugar de responder, Cole pasó a empujones a su lado, tirando de mí con


él.

—Cole, ¿a dónde vas? —preguntó Jennifer.

—Lidiaré contigo más tarde —refunfuñó.

Mierda. Esto es malo. ¿Cuánto vio él?

—Cole, déjame hablar contigo. Puedo explicar esto. —La culpa me recorría.
Sabía cómo se veía esto.

—Cállate. —Sus palabras eran frías. Abrió la puerta del camerino más
cercano. Varias bailarinas estaban dentro poniéndose maquillaje frente a los
espejos cercados de blancos bulbos—. Váyanse a la mierda.

Todas saltaron ante su atronadora voz.

—Pero…

—¡Dije ahora! —gritó, y las tres chicas huyeron fuera de la habitación sin una
mirada atrás.
76

—Cole. —La voz de Randy vino justo detrás de mí—. Déjala ir, hombre. No
necesitas hacer esto.
Página

La súplica en su voz me asustó mientras me volteaba y encontraba su


mirada. El temor golpeaba, contra mis venas.
—Esto no es asunto tuyo, Randy. Ahora vete. —Cole comenzó a cerrar la
puerta, pero Randy la detuvo con su pie.

—¿Recuerdas aquella conversación que tuvimos? ¿Recuerdas cuando te


pregunté qué harías si la amaras? ¿Recuerdas? Es ahora y no quieres herirla.
Nada de esto fue su idea.

—Dije fuera.

—No…

Cole embistió hacia delante y empujó a Randy, sorprendiéndolo, así


trastabilló hacia atrás. Fue suficiente. Cole azotó la puerta al cerrarla y trabó la
cerradura. Los golpes inmediatamente comenzaron, pero Cole los ignoró.
Mientras agarraba una de las mesas de maquillaje y la empujaba contra el
pomo de la puerta, lápices de labios y botellas de perfume cayeron al piso.

Nadie podía entrar.

El pensamiento cuadruplicó mi temor, especialmente mientras Cole se volvía


hacia mí. La habitación estaba brillante, iluminando todo. Sus ojos eran huecos
oscuros, como si no hubiera dormido. Sus manos en puños a los lados.

Esperaba que se precipitara sobre mí, pero no lo hizo. En su lugar se paró


frente a mí, su mirada rastrillando de arriba a abajo mi cuerpo, repleto de algo
cercano al odio. Di marcha atrás lentamente, tratando de poner la mayor
distancia entre nosotros lo antes posible.

Sostuve mis manos frente a mí.

—Escucha, Cole. Bailé con Vic de nuevo para atraer al asesino…

—Cállate. —Un músculo se marcó en su mandíbula.

—Pero…

—Dije que te callaras. —Caminó hacia mí lentamente. Su mirada estuvo en


todos lados de inmediato. Lo había visto ser un depredador antes, pero no así.
Como si quisiera masacrarme y follarme, todo de una sola vez. La sola idea
puso mi coño húmedo y me aterrorizó al mismo tiempo.

Él asesinó a su hermano.
77

—Estoy asustada, Cole. —Mi espalda encontró la pared.

—Deberías estarlo. —La sonrisa más ligera curvó sus labios mientras estiraba la
Página

mano a su bolsillo. Sacó un cuchillo que salió bien. Las luces brillantes reflejaban
la hoja, haciendo que su suave superficie resplandeciera brillantemente.
—¿Qué es eso, Cole? —No sabía que pensar. ¿Él hizo eso? ¿Es quien ha
estado tratando de herirme?

Pero no podía ser. ¿Por qué haría todo esto? No tenía sentido.

—Es un cuchillo, Julia. —Se acercó, su mirada sin abandonar la mía—. O


debería decir, ¿Jewel of the sea?

—Cole, lo hice para ayudarte.

—¿Ayudarme? —Dio vueltas la hoja contra un pulgar—. Quedando desnuda


con otro hombre sobre el escenario. Permitiéndole tocar tu cuerpo. —Giró el
cuchillo más rápido, hasta que sangre comenzó a gotear—. Permitiéndole
besar tus labios. —Se detuvo a centímetros de mí y frotó su ensangrentado
pulgar contra mi boca—. ¿Así es como pensabas ayudarme?

Mi corazón se desbocó.

Para mi sorpresa, él dio un paso atrás.

—Sólo estás diciendo estas cosas. —Sonrió—. Sólo las dices porque estás
asustada de mí ahora. Sabía que lo estarías… después de que descubrieras la
verdad. ¿Ya lo sabes, no?

Lo miré con precaución y asentí.

—Sabes lo que hice.

—Pero no lo creo.

Embistió contra mí, enjaulándome con su gran cuerpo.

—Deberías creerlo, Julia. Deberías jodidamente creerlo, porque es verdad.

Palidecí ante sus palabras, permaneciendo completamente tiesa.

—¿Lo asesinaste? —Las palabras se escaparon, espontáneas.

Algo oscuro encendió el azul de sus ojos.

—Lo hice. Y si se me diera oportunidad, lo haría de nuevo en un instante. —


Sus palabras eran suaves; si no estuviera hablando de asesinar a su hermano,
podrían haber sido las palabras de un amante—. Pero no es por eso que te
traje aquí. —Deslizó el romo del cuchillo por mi cuerpo y me recordó la noche
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que bailó conmigo aquí en el Rapture, cuando me colgó del mástil y abrió las
copas de mi sostén. Algo se hizo líquido dentro de mi coño y combatí un
Página

gemido—. ¿Te gusta? —Pasó sus labios contra mi oído.

—¿Gustarme qué? —Mi voz estaba sin aliento.


—Frotarte contra él.

—Cole…

—¡Responde la puta pregunta! —Presionó la hoja contra mi estómago.

Dejé salir un suspiro.

—No.

—Estás mintiendo. —Dejó que la hoja se deslizara más hasta que alcanzó la
tira de mi tanga—. Dime la verdad.

—No estoy mintiendo. Lo hice por ti. Quería descubrir al asesino y…

Presionó con fuerza sus labios contra los míos, forzando mi cabeza contra la
pared. Nuestros dientes chocaron y mientras lo besaba en respuesta, él me
devastó, me controló, me dominó. Mi cuerpo derretido por él, lujuria y miedo
arremolinándose juntos en mi estómago, inundando mi coño con húmedo
calor. Deslicé mis manos hacia su torso, corriéndolas contra sus duros músculos.

—No. —Se apartó—. No me toques.

Mi boca se abrió.

—Pero…

—Voltéate.

—Pero Cole…

—Dije que voltees. Ahora.

Algo en sus ojos me retó a desobedecer y encendió algo dentro de mí.

—No.

—¿No? ¿Realmente quieres jugar conmigo? ¿Un asesino? ¿El hombre que se
metió en tu cama, en tu coño? ¿Quieres presionarme ahora? ¿Ahora?
¿Cuándo estoy al borde de perder la cabeza?

—Me importa una mierda lo que estás haciendo o lo que hiciste. Nadie me
dice que hacer.

Se movió tan veloz que apenas lo vi. Me giró, azotándome contra la pared
79

tan duro que podría haber jurado que vi estrellas. La fría hoja del cuchillo
presionó contra mi cadera justo cuando oí un chasquido y sentí la tanga
Página

agitándose al piso. El cuchillo la siguió unos segundos más tarde,


repiqueteando contra la baldosa. Su gran cuerpo presionado contra mí, su
polla dura arponeando mi trasero a través de los pantalones.

Deslizó sus manos a mis costados a lo largo de mi húmeda piel.

—¿Te gusta cuando te toco, Julia?

—Estoy harta de esas estúpidas peguntas —siseé.

Me presionó más duro contra la pared.

—¿Te gustó cuando te tocó aquí?

Deslizó su mano entre nuestros cuerpos y rodeó con su dedo el apretado


orificio de mi trasero.

—¿Te gustó?

Consideré decirle que no. Decirle la verdad, como lo había estado haciendo
desde que él me lanzó dentro de esta habitación. Que no quería que Vic me
haga esas cosas, que había estado en ese puto escenario para salvarlo.
Sonaba estúpido ahora, especialmente porque nada había sucedido, pero esa
era la verdad. No me molestaría en decírselo; sabía que no me creería.

—Seguro —murmuré.

—¿Qué mierda acabas de decirme?

—Me oíste —escupí.

—Dilo en voz alta. Di las palabras, Julia. Quiero oírte decirlas.

—¿Decir qué? —Continuó rodeando su dedo con cuidado, el movimiento,


un crudo contraste a sus demandantes palabras.

—Que querías eso. —Fastidió mi abertura—. Que lo deseabas.

Incliné mis caderas y me froté contra él. No deseaba a Vic. Incluso en este
momento, es este puto segundo, deseaba a Cole. Y solamente a Cole.

—Te deseo —gemí.

—No mientas.

—¡No estoy mintiendo, maldición! —Dejé que la ira nublara todo lo demás—.
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No quieres creerme, entonces bien, me gustó, maldita sea. Quería todo. Cada
una de las caricias. Cada toque. ¿Es eso lo que quieres oír? ¿Uh? ¿Es eso lo que
Página

quieres? —Presioné mi trasero hacia atrás, contra él.


—¡Sólo cierra la boca! —Su voz hizo eco en la habitación a nuestro
alrededor, llenando el espacio y cubriéndonos a ambos en algo oscuro, algo
engañoso. Pero entonces escuché el ruido de su cierre, sentí sus manos torpes.
Lo oí escupir en su palma y acariciar su polla. Y luego estaba presionando
contra mí, contra el apretado orificio que Vic había presionado con su dedo
menos de diez minutos atrás.

Jadeé ante el dolor mientras él me estiraba, llenándome. Traté de


apartarme, pero no había lugar donde ir, no había lugar donde correr. Estaba
anclada a la pared por el gran, rítmico cuerpo de Cole.

Un llanto estrangulado abandonó mis labios. Era un punto intermedio entre


un gemido y un grito. Toda la ira, todo el cansancio dentro de mí parecían
haber brotado y desbordado todo a la vez. Movió su polla lentamente dentro y
fuera de mí.

—¿Es eso todo lo que tienes? —demandé—. ¿Es eso para lo que me trajiste
aquí? ¿Así de fácil puedes ser?

Un gemido estrangulado desgarró de su pecho mientras vapuleaba su polla


dentro de mí, anclándome duro contra la pared. Un ruido involuntario
abandonó mis labios como algo penoso, algo roto. Pero no me importaba. Me
sumergía en la pena, encauzándola en algo brillante, algo que hizo a mi coño
gotear mientras él golpeaba dentro de mí.

El hormigueo comenzó en la mitad de mi espalda y en mis pies. Estaba cerca


de venirme. Agarrada al borde de la explosión, erupcionando, hirviendo en
una mina de nada.

—Mierda, Cole. —Mis manos aceitosas se deslizaron a lo largo de la pared


mientras intentaba encontrar equilibrio.

—No. —Su mano se hundió en mi cabello. —No te vendrás. No hasta que te


lo diga.

—Vete a la mierda. —Serpenteé una mano entre mi cuerpo y la pared para


frotar mi clítoris.

—¡No! —Agarró mi brazo y lo ancló sobre mi cabeza, aun empujando sus


caderas rudamente—. No. Te. Vendrás. Hasta. Que. Yo. Lo. Diga. —Puntualizó
sus palabras con empujes.
81

Y yo estaba cerca, tan jodidamente cerca. El placer y el dolor se mezclaban


juntos, filtrándose en mis huesos.
Página

Pero antes de que pudiera alcanzar ese pico y cayera de dicha, él salió de
mí.
Palmeando mi trasero, extendió mis nalgas más abiertas y gruñó. El sonido
era profundo y gutural como si hubiera salido de su alma. Ahí fue cuando lo
sentí. El caliente latigazo de su venida contra mi tembloroso orificio. Parecía
venirse eternamente, bañándome en él. Cubriéndome con su semilla.

Quería odiar esto. Odiarlo por lo que él acababa de hacer. Porque no


conseguí venirme. Pero no podía. No había una sola parte de mí que lo odiara.

Jodidamente lo amaba.

Quería su polla de nuevo en mí. La quería en mi boca, en mi coño, en mi


trasero de nuevo. En todos lados.

La quería una y otra vez. Para siempre.


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Página
10
Traducido por Guga

Corregido por Ami

Cole
—¿Dónde estamos yendo, Cole?

No la miré. No podía mirarla. No sabía que haría si lo hacía. No podía estar


seguro de mí mismo. No con ella.

Esto estaba mal. Lo sabía. No me había sentido así por un largo tiempo. Y no
me gustaba. No me gustaba comparar estos momentos con los que la sangre
cubría mis manos.

Fui a la cárcel ayer sabiendo que esto finalmente sucedería. Julia sabría la
verdad acerca de lo que había hecho, acerca de lo que le sucedió a mi
hermana. Era un milagro que hasta ahora no lo hubiera descubierto. No sabía
qué pensaría de mí. Pasé la noche sobre un frío catre esperando por mi
instrucción de cargos, ira y temor abrumándome. Mi madre había hecho eso.
No me había dado cuenta hasta que finalmente conseguí que el juez me lo
dijera más temprano, esta noche. Mi madre le había pagado una buena parte.
Pero yo le pagué más.

Era eso por qué estaba fuera, sentado en mi jet privado junto a Julia. Había
decidido este viaje antes de ir al Rapture. Antes de verla en el escenario, su
cuerpo moliéndose contra el de Victor Marlin. Sus labios, sus manos por todos
lados sobre ella. Mastiqué el interior de mi mejilla antes de zamparme el resto
del whisky en el vaso. Quemó al bajar y me divertí con el sentimiento.

Había decidido llevarla lejos de toda la mierda. Tenía un trabajo que


necesitaba ser hecho en Nueva York de todas maneras. Quería tenerla para mí
sólo, entonces podría hablarle acerca de las cosas que había hecho. La sangre
que manchaba mi pasado. Pero era demasiado tarde. Y ahí estaba ella, por
todos lados sobre él.
83

La imagen de su carne resbaladiza contra la de él, destellaba en mi cabeza.


Apoyé de golpe mi vaso justo cuando el avión comenzó a moverse a lo largo
Página

de la pista.

—Cole…
Su seductora voz siempre hacía endurecer mi polla. La miré, aún cuando
sabía que no debía. El efecto que ella tenía sobre mí era instantáneo. Mi polla
palpitaba duro dentro de mis pantalones. Se presionó en la cremallera como si
quisiera destrozarla, como si no hubiera follado su pequeño trasero apretado
contra una pared menos de una hora antes.

Era tan jodidamente sexy. Su cabello azul estaba atado en un nudo en la


nuca en el costado derecho de su cuello. Complicados zarcillos enmarcaban
su rostro. Su maquillaje estaba un poco manchado. Los pequeños shorts rosa
apenas cubrían su trasero y la musculosa blanca que usaba prácticamente se
veía al otro lado de tan apretada. Podía ver sus apretados pezones rosados, su
piel bronceada.

No le había dado la oportunidad de ponerse un sostén. Sólo arrojé el par de


ropa más cercano que pude encontrar en el vestidor ante ella. Ropas que eran
claramente hechas para encajar en una mujer extremadamente pequeña.

—¿Dónde estamos yendo? —Agarró ambos lados del asiento para salvar su
vida y recordé que volar la aterrorizaba. Quería sentirme mal por ella. Esta
enorme, repugnante parte de mí quería tirar de ella hacia mi regazo y
abrazarla. Decirle que estaba bien, que nada le sucedería. No lo permitiría.

Pero entonces me acordé que esta hermosa criatura no había siquiera


esperado veinticuatro horas antes de permitir a otro hombre besarla. Antes de
estar envuelta en brazos de otro. Sus manos sobre su cuerpo.

La había observado por cerca de dos años. Me había prendado de ella.


Desde el momento en que la vi no había estado dentro de otra mujer, no
importaba cuanto lo había intentado. Ella había sido eso para mí. Era simple. Si
el mundo supiera, probablemente me llamarían estúpido, loco, varios nombres.
Pero no importaba porque la quería. Julia. Era la única mujer que ansiaba. Y
todavía no parecía causar impacto en ella para nada. Estaba de regreso en
los brazos de Vic como si él nunca la hubiera dejado.

Se despertó por él.

Y pensé que eso era malo. Pero sólo era el comienzo.

—Ven aquí.

Frunció el ceño.
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—¿Q-Qué? ¿Por qué?


Página

—No puedes hacer preguntas.

—P-Pero el avión…
—¿Acaso tartamudeé, Jewel of the Sea?

—Deja de llamarme así.

Sonreí y supe que se veía odioso.

—Es quien eres. —Froté la base de mi mentón—. Es lo que me atrajo hacia ti.
Noches como esta noche, donde jugabas un rol y follabas a otro hombre.

—No lo follé —siseó.

—Podrías haberlo hecho. Ahora ven aquí.

—Pero el avión está por despegar.

—Y no me importa una mierda, Julia.

Se movió en su asiento y vi uno de los rellenos labios de su coño.

—Ahora —gruñí—. Y quítate la ropa.

—Oh, ¿entonces eso es lo que quieres? —El fuego estaba de regreso en sus
ojos, en su voz. Eso hizo a mi polla crisparse. Desenganchó la hebilla en su
cintura y saltó fuera del asiento—. ¿Quieres follarme de nuevo? ¿Eh?
¿Ponérmela en el trasero y actuar como si te perteneciera?

—Me perteneces.

Estrechó su mirada.

—Adelante —dije—. Ódiame por eso. Es demasiado tarde para cambiar de


parecer.

Sacudió su cabeza.

—Eres algo más. Si sólo me escucharas sabrías que no quiero…

—¿Piensas que me importa? ¿Piensas que me importa una mierda lo que


quieres?

Puso sus manos sobre sus caderas, peleando la urgencia de tambalearse


hacia mí mientras el avión cobraba velocidad.

—Te importa, Cole. No sé qué te tiene tan jodido ahora mismo. Pero te
importa.
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Aclaré mi garganta y me incliné hacia delante.


Página

—Me importaba. Hasta que vi lo que era mío en los brazos de otro hombre.
Un hombre al que ella folló. —Desaté mi cinturón—. Un hombre al que le exigió
vivir en su departamento sólo unos días atrás. —No me levanté. Me senté ahí.
Mis manos en puños—. Ahora sácate tu puta ropa.

Esperé que luchara conmigo. Que me dijera que no. pero no lo hizo. Me
sorprendió arrojando la apretada remera sobre su cabeza. Sus pechos se
sacudieron mientras intentaba mantener su equilibrio.

El avión aumentó la marcha, carreteando por la pista. Sacó de un tirón sus


shorts, dejándolos caer sobre sus tobillos.

—¿Quieres actuar como un tipo duro? —Frotó sus manos sobre sus senos. Aún
estaban brillantes por el aceite—. ¿Piensas que mangoneárme te hará sentir
mejor?

—No. Necesito tu comentario. Tu cuerpo lo hará. —Tiré del cierre de mis


pantalones, desplazándolo hasta que mi polla estuvo fuera. Su mirada se
enganchó sobre esta, como si estuviera hambrienta por ella. Esta latió en
respuesta.

—Bueno, que lástima. Vas a tener mi comentario, no mi cuerpo. —Sonrió


socarrona hacia mí, pero no se escapó el titubeo en su confianza mientras el
avión abandonaba el suelo. Fue forzada a dar otro paso hacia mí.

—¿No lo crees? —Agarré su brazo y tiré de ella a mi regazo.

Un soplo de aire abandonó sus labios.

—Lo sé —dijo sin aliento.

—Entonces, si toco tu coño ahora mismo, ¿no estarías mojada?

—Si lo estoy, es sólo porque no me dejaste correr antes. —Se reacomodó


sobre mi regazo hasta que estuvo a horcajadas sobre mí, sus pechos en mi
rostro, su coño cerniéndose sobre mi erecta polla—. Porque tomaste lo que
querías y no me permitiste tener ninguna diversión.

Miré su rostro. Estaba molestándome, pero estaba excitada, lista. Sabía que si
la tocaba estaría goteando sobre mí.

—Ya tuviste tu diversión sobre el escenario, ¿recuerdas? —La frialdad se filtró


en mi voz mientras eso destelló en mi cabeza de nuevo. Los brazos de Vic
alrededor de ella, sus manos deslizándose entre sus piernas.
86

—Eres un estúpido —siseó, pero no se movió.


Página

Sonreí y subí mis manos por sus caderas.

—Soy estúpido. Por amarte.


Retrocedió como si la hubiera abofeteado. Ignoré la forma en que eso hizo
mi pecho doler.

—Ahora follame.

—No tengo que…

—Vas a hacerlo. —Dejé mis dedos subir dentro de su muslo donde algo de su
excitación había goteado. Rasgueé mis dedos a lo largo de los rellenos,
desnudos labios de su coño, antes de frotarlos contra su clítoris. Tembló y
mordió su labio—. Y ambos lo sabemos. Desearía no amarte.

Le di una ácida sonrisa y tiré de ella hacia delante hasta que estuvo
colocada justo sobre mi pulsante polla.

—Créeme, el sentimiento es mutuo.


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Página
11
Traducido por Maca

Corregido por Celemg

Julia
Mi cuerpo se cernía sobre Cole, mi coño a sólo centímetros de distancia de
su polla. Incluso ahora, cuando estaba siendo un dolor en el culo y no me
escuchaba, quería follarlo. Lo decía en serio cuando le dije que lo deseaba
y no que lo amaba. Era el hombre más frustrante que he conocido en mi vida.

—Por lo tanto, todavía me amas. —No sé por qué sentí la necesidad de


burlarme, pero estaba segura de que se lo merecía.

—Sólo follame. —Tiró de mis caderas.

—Quiero escucharte decir que me amas. ¿No te importaba decírmelo


antes? —Pensaba en las veces en que se había abierto para mí, desnudando
su corazón. Mi corazón se llenaba de sólo pensarlo.

—Eso fue antes de esta noche.

—Así que sólo porque bailaba con Vic para tratar de salvar tu culo, ¿no
quieres amarme más?

Sus ojos oscuros se estrecharon.

—Lo has dicho primero. Aunque realmente no creo que alguna vez me
hayas amado.

Las palabras eran muy simples, sin emociones, pero me dolieron, me


cortaban hasta los huesos.

Él era el que estaba comprometido con otra mujer. Fue el que arruinó todo,
sin embargo, yo era la única cuya lealtad y amor fueron cuestionados.

Que montón de mierda.


88

Una idea me vino a la cabeza y sonreí antes de deslizarme lentamente sobre


su polla, mi coño se extendía para adaptarse a su gran longitud. Gimió debajo
Página

de mí, agarrando mis caderas. Me deslicé hacia abajo lentamente, encajando


su cabeza en el valle entre mis tetas.
Empuñaba mis manos en su pelo cuando me empecé a mover. No era
suave y lenta, me movía rápidamente, empujando las caderas. Quería
putamente que se viniera. Necesitaba llegar antes. Estaba casi en la cúspide,
casi… allí.

Mis pechos rebotaban.

—Maldición… Siiii —gimió Cole en mi pecho.

—Sí, ¿te gusta ese coño? —Lo follaba más rápido, empujando las caderas,
nuestra piel golpeándose.

Sólo gemía en respuesta, lamiendo mi escote.

¿Él piensa que me puede castigar? La pregunta zumbaba en mi cabeza.


¿Cree que puede actuar como si fuera la que complica esta mierda?

El orgasmo se coló en mí y tuve que torcer de su agarre antes de que


ocurriera en su polla. Sabía que si lo hacía, iba a venirse y se jodería mi plan.
Tropecé hacia atrás y aterricé en el suelo a unos pasos delante de él. No dudé
un segundo, serpenteé mi mano a mi goteante coño y digité mi clítoris
hinchado. Éxtasis rasgó a través de mí casi de inmediato y eché mi cabeza
hacia atrás, gimiendo y convulsionando de placer.

Un gruñido resonó sobre mí, pero no me importaba un carajo. Estaba


recibiendo lo que quería. Si Cole no fue considerado con mi orgasmo cuando
él me folló en ese vestidor, entonces no iba a ser considerada con el suyo.

Su gran cuerpo me atrapó de repente contra el suelo.

—¿Así que, eso es a lo que quieres jugar, eh? —Empujó mis piernas para que
se abrieran más y se introdujo en mí.

—Sólo estoy jugando con tus reglas —gemí mientras golpeaba en mí.

No dijo nada más, sólo me follaba sin piedad. Sus caderas bombeaban
rápido, su polla arponeaba mi coño una y otra vez.

El sudor en su rostro, goteaba sobre el mío, Sus brazos pulsaban con poder a
cada lado de mi cabeza. Me quedé mirando sus ojos tan llenos de lujuria, ira y
me dejé llevar por el placer, por el sexo brutal que mi cuerpo ansiaba hasta
que otro orgasmo rasgó a través de mí, más poderoso que el anterior.
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Cole tiró de mí y se subió a mi cuerpo, masajeando su polla resbaladiza en su


puño, a sólo centímetros de mis labios.
Página

—Abre la boca —gruñó.


Accedí, abriéndola, lista para probar su semen aterciopelado.

Dos golpes más y su polla expulsó, cuerdas calientes de semen, a chorros,


desde la punta hasta mi boca. Mantuve los ojos fijos en él, su pelo largo suelto
alrededor de su rostro. Su mirada perdida en la pasión. Lamí la punta después
de tragar, recogiendo las últimas gotas.

Presionó su mano contra mi mejilla, manteniéndome fija al suelo. Se cernía


sobre mí y pasó un pulgar por mi labio inferior.

—Esta boca es mía. Mía —dijo en voz baja, pero las palabras parecían hacer
eco a nuestro alrededor—. Y voy a correrme en ella tantas veces como lo
necesite, para ayudarte a recordarlo.
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Traducido por macaslomb

Corregido por Ami

Julia
Me desperté con la luz del sol filtrándose a través de una ventana de ático
en la ciudad de Nueva York. Estaba sola en la cama.

En la cama de Cole.

Después de que el avión aterrizó anoche, una limusina nos recogió y nos
llevó a la ciudad. Estaba abrumada emocionalmente y agotada del todo, con
Cole y el temor de un asesino al acecho, pero aún así me quedé mirando por
la ventana con total y completo asombro esta ciudad. Las calles eran muy
activas a las cuatro de la mañana. Grandes edificios se cernían sobre nosotros,
más grandes, más imponentes que cualquiera en Dallas. La ciudad parecía
seguir para siempre, un sin fin de luces intermitentes y taxis amarillos.

Por unos momentos, me permití olvidar el lío en el que estaba. Acabo de


dejar que todo se vaya y asimilé todo. Nunca había viajado, no mucho, al
menos, no a la ciudad de Nueva York. Había crecido en una ciudad pequeña,
así que ver este lugar era algo que sólo había soñado.

Y entonces llegamos a este enorme edificio de rascacielos donde Cole era


propietario de un ático en el quincuagésimo séptimo piso. No me habló en
todo este tiempo. No me dijo sobre su vida o por qué estábamos allí. Estaba
regresado a sus secretos, su silencio. Su lado intimidante. Y dejándose llevar por
la melancolía. Era su culpa por no escucharme.

Después de que entramos al ático, no había perdido el tiempo en mostrarme


los alrededores. En su lugar, había apoyado mi espalda contra la pared más
cercana con su polla dentro de mí. Creo que si tuve un recorrido porque me
folló allí contra la pared, a continuación, en la ducha, y luego en la gran cama
de su habitación.
91

No hablamos. No lo incité y él tampoco lo hizo. Estábamos como dos


animales, dos bestias que se asolan entre sí. No fue dulce o romántico. Fue
Página

duro, malditamente furioso, donde ambos nos dábamos duro una y otra vez
pero nunca parecía ser suficiente.
La luz se asomó por la ventana en el momento en que finalmente caí
dormida y ahora me encontraba despierta. El reloj digital blanco sobre la mesa
de noche decía que era un poco después del mediodía.

Miré la habitación, realmente la miré por primera vez. Todo era normal, en
tonos de grises o blancos. Las sábanas eran blancas, así, suaves contra mi
cuerpo desnudo. Me mordí el labio y me incorporé, suprimiendo un gemido
dolor por la forma en la que mi cuerpo estaba.

Salí de la cama y fui a agarrar mi teléfono celular antes de recordar que no


lo tenía. Lo había puesto en un bolso de ropa, en un vestidor en el Rapture. Mis
pensamientos saltaron inmediatamente a Abue. No me gustaba no tener mi
teléfono, especialmente con todo lo que había estado pasando. He estado
hablando con ella con regularidad, la llamé justo antes de que Vic y yo
fuéramos al escenario del Rapture. Ella estaba bien. Su enfermera estaba allí
cuidándola, y varios de los hombres de Cole registraron la casa por protección,
pero eso no alivió por completo mi preocupación. Y no tener mi teléfono lo
cuadruplicaba. Lo mismo para mi padre. Las cosas con él no eran el cien por
cien, y suponía que nunca lo serían, pero me hablaba más ahora de lo que lo
había hecho en el pasado. Sólo a través de textos sobre todo, preguntando
cómo estaba, lo que estaba haciendo.

Papá no permitiría que Cole colocara hombres en su casa, lo cual estaba


bien. Sabía que mi padre haría volar la cabeza de cualquiera, antes de que
pudieran considerar hacerle daño.

Iugh. Realmente necesitaba mi teléfono para asegurarme de que estaban


bien.

Vic y Chris vinieron a mi cabeza después. Sabía que estarían preocupados


por mí. Al menos estaban en el desván y podían hacerse cargo de Weasley.

Los vi a ambos cuando Cole y yo dejamos el Rapture. Cole me arrastró fuera


del vestuario, pasando por algunos de sus hombres, junto con Vic, Chris, su
madre, e incluso Elaine. Randy se veía aliviado de verme, como si hubiera
temido verdaderamente por mi vida.

Vic trató de darle en la cara a Cole, mientras que Chris trató


desesperadamente de detenerlo, pero para mi sorpresa, Cole no se había
tragado el anzuelo. Pasó junto a todos como si no existieran. Randy y Leon nos
siguieron, junto con otros hombres que nos llevaron a la pista de aterrizaje
92

privada de Cole. Me hubiera gustado un texto con Vic. Necesitaba hablar con
él. Tenía que averiguar lo que había pasado la última noche en el escenario.
Página

Por qué había hecho esto después de todo este tiempo.


Me froté la mano contra mis labios. Nunca había intentado besarme antes.
Éramos amigos. Había límites. Pero anoche no los tuvo. No lo entiendo.

Salí de la cama para encontrar un vestido de verano color rosa en el pomo


de plástico de la puerta, que asumí conducía a un armario. Un par de ropa
interior y un sujetador entrelazados debajo de él. Me vestí rápidamente y utilicé
el baño antes de salir de la habitación.

La sala de estar era enorme, más grande de lo que recordaba de la noche


anterior, aunque eso no era decir mucho ya que en realidad no miré. Había
ventanas del piso al techo con vista a la ciudad. Era impresionante. Era lo que
uno esperaba ver en las películas, nunca en la vida real. Pero esto era la vida
real. La ciudad estaba muy concurrida, mientras que yo estaba allí, mirando
hacia abajo sobre ella en un vestido nuevo de color rosa pastel.

—Estás despierta.

La voz de Cole me sorprendió y me volví para verlo apoyado contra una


pared. Se había duchado en algún momento, su cabello estaba mojado, y
llevaba un traje sin arrugas. Tenía una taza de café lista en una mano. Mi
mirada se detuvo en él por un momento antes de que me sintiera atraída a
otra cosa. Una enorme pecera de medio muro corría a lo largo de la pared.

—Oh, Dios mío. —No era uno de esos tanques de peces. No veía el punto en
ellos, pero no podía negar la belleza de este. Tenía la mirada clavada en ellos
mientras me movía más cerca, teniendo en cuenta todos los peces de colores
brillantes sobre un fondo negro. Una montaña de rocas se apilaba en el centro
del tanque, peces nadando dentro y fuera de ellas. Miré más cerca de la parte
inferior y me di cuenta que había un montón de peces más pequeños
entrando y saliendo—. Tienes algunos pesces.

Se rió entre dientes.

—Algunos de ellos nacieron en el tanque.

Mantuve mis ojos en ellos y fruncí el ceño. Tenía que haber treinta o más de
ellos. Todos eran de diferentes colores, algunos de color azul brillante, otros
amarillos, algunos rayas.

—Los cíclidos africanos se reproducen como locos, por lo que los bebés que
sobreviven, se conservan.
93

—¿Qué quieres decir, con los bebés que sobreviven?


Página

Mantuve mis ojos en ellos, observándolos tanto dentro y fuera.

—Los peces grandes se los comen, por supuesto.


—Oh. —Fue tonto de mi parte preguntar; por supuesto que era esa la razón.
Y luego algo más vino a la cabeza—. Este es el tanque de peces que dijiste que
tenías. —Miré hacia él—. Ese día en el restaurante.

—Lo es. —Su voz era plana.

—Ese fue también el día en que me dijiste que querías ser un entrenador de
animales. —Miré hacia atrás al tanque de peces.

—También fue el día que te follé contra una pared con moho junto a un
contenedor de basura. —Una fría sonrisa se dibujó en su boca.

Negué con la cabeza.

—¿De verdad, Cole? ¿Eso es todo lo que tienes que decir? Pensé que te
follaste tu ira anoche.

Tomó un sorbo de su café.

—Aún no.

—¿Tienes que estar bromeando? Trato de ayudarte y entonces me tratas


como si fuera una especie de monstruo. Dime cómo es que esto tiene sentido.

Se apartó de la pared y dio un paso hacia mí.

—No voy a discutir esto, Julia.

—¿Qué demonios? ¿Por qué no? Tenemos que hablar de ello. —Pongo mis
manos en las caderas.

—Porque no quiero. —Dejó la taza de café en la parte superior del tanque


de peces y dio un paso hacia mí—. Porque cuanto más hables, más quiero
hacerte callar empujando mi polla en tu garganta. —Extendió la mano y me
acarició la carne cicatrizada.

Le di una cachetada. Mi mano picó.

—Eres un idiota.

No se inmutó.

—Lo sé. Y tú eres una puta.


94

Me resistía a la palabra. Di un paso atrás, odiando la forma en que me hizo


sentir, como si me hubiera abofeteado, cuando en verdad era al revés.
Página

—¿Recuerdas ese día en el camión después de que te llevé a ver a Abue? —


Hizo una pausa—. Antes de que te follara en el restaurante.
Mordí mis labios, pero no dije nada.

—Me dijiste que eras sólo buena en dos cosas. Desnudándote y follando.

Le di una leve inclinación de cabeza, recordando. ¿Cómo podría olvidarlo?


Cole me había mirado con ojos tristes llenos de incredulidad ante mi
revelación.

—Bueno, tenías razón. Es para lo único que eres buena.

Me estremecí, incapaz de mantener la compostura. Algo dentro de mí se


quebró y estaba segura de que era mi corazón.

—No quieres decir eso.

Se inclinó más cerca.

—Sí, quiero.

Aspiré, esperando que cubriera la herida.

—No lo creíste la primera vez que lo dije, y no lo crees ahora.

Se encogió de hombros.

—Cree lo que quieras. Ahora ponte los zapatos. Tenemos un lugar para ir. —
Se dio la vuelta.

Me dio una risa dura y presioné el dorso de la mano en mi cara, tratando de


evitar que las lágrimas derramaran sobre mis mejillas.

—No voy a ir ninguna parte contigo.

Se detuvo a medio paso.

—Sí. Lo harás.

Negué con la cabeza, de repente no estaba familiarizada con la persona


delante de mí. Sólo habían pasado unos días desde que había profesado su
amor por mí en Nueva Orleans.

—¿Por qué vas a querer que vaya a ninguna parte contigo, si eso es lo que
realmente piensas de mí?

—Porque eres mía. —Sus palabras fueron un susurro contundente que


95

permaneció en el aire entre nosotros, girando, girando en los pocos metrod


que separaban nuestros cuerpos.
Página

—Entonces, ¿por qué me estás haciendo daño? ¿Por qué haces esto? —
Odiaba la forma en que sonaba, como un bebé patético.
No se movió, sino que se quedó completamente inmóvil.

—Porque me heriste. Y es demasiado tarde para volver a atrás.

***

—¿Qué es este lugar? —pregunté mientras entrábamos en el ascensor en


una zona de espera alfombrada. Una mujer estaba sentada detrás de un
escritorio negro delante de una pared de madera de color marrón. Sus ojos se
iluminaron cuando vio a Cole.

—¡Señor Maddon! —Saltó de su escritorio y se dio la vuelta para estar de pie


delante de él—. ¡Es tan fantástico verle de nuevo! —Ella le dio la mano con
entusiasmo.

—Es bueno verte también, Marla.

Su mirada saltó a mí.

—¿Es ella? —Sus palabras no eran acusatorias, pero si curiosas y excitadas.

Miré a Cole, quien dio una inclinación de cabeza aguda, lo que indicaba
que era, de hecho, la persona a la que se refería. Sus ojos verdes se iluminaron
aún más, cosa que no habría creído posible. Me agarró la mano y la sacudió,
sus rizos rojos flotando alrededor de su cabeza mientras lo hacía.

—Es tan maravilloso conocerla, Srta. Collette. El Sr. Maddon dijo que la
traería, y he estado deseando que llegue todo el momento. Oh, míreme. —
Apretó su mano libre contra su pecho—. Estoy siendo grosera. Soy Marla. La
secretaria aquí, en la oficina de Obsidian Spirits Corporate.

No sabía qué decirle a la mujer. Todo lo que podía hacer era mirar mientras
ella prácticamente me sacó el brazo de la articulación. Las mariposas se
abalanzaron, dando vueltas en mi vientre con el pensamiento de Cole
tomándose el tiempo para contarle a su secretaria de mí, pero luego me
recordé a mí misma que probablemente había compartido esas cosas con ella
antes de haber decidido odiarme.

—Encantada de conocerla. —Me las arreglé para ahogar.

—¿Hay nuevos mensajes, cualquier cosa que no haya sido ya enviados a mí


o al resto de la junta? —preguntó Cole.
96

Marla volvió rápidamente a su escritorio.


Página

—Ummm. —Utilizaba un ratón para desplazarse hacia abajo en una pantalla


de ordenador—. No. Nada nuevo. Ya hemos reenviado los otros mensajes a su
correo electrónico.
Cole asintió.

—Gracias, Marla. —Me llevó hacia una puerta grande de madera oscura. Y
cuando la abrió, todo parecía un poco surrealista, porque sabía de qué se
trataba. Era su oficina, la oficina de Cole. La oficina donde se sentaba en una
silla de cuero fabuloso, frente a otra vista increíble con una panorámica de la
ciudad que nunca duerme, y llevaba a cabo su empresa de licores de mil
millones de dólares.

Sabía lo que hacía para ganarse la vida, pero al ver la realidad de todo fue
muy claro. Esta oficina, con sus paredes blancas, una gran mesa en el centro
de la habitación, y un tanque de peces aún más grande llenando una pared,
me hizo súper consciente de quién era Cole. Era uno de los hombres más ricos
de los Estados Unidos. Tenía más dinero en su cuenta bancaria en este mismo
momento del que vería en mi vida.

Era el hombre que me había acechado. Yo, de todas las personas. Este
multimillonario me había hecho el objeto de su obsesión, en algún bajo fondo
decapante. Me había follado más veces de las que podía contar. Y asesinó a
su hermano, arrándole el corazón. Sin embargo, también había sido el amante
más suave que jamás había tenido, y al mismo tiempo, el más áspero. Estar
aquí era verdaderamente, devastadoramente, surrealista.

Se acercó a la ventana detrás de su escritorio, dándome la espalda.

—Por lo tanto, eso es todo —dijo en voz baja.

Llegué a su lado.

—¿Y eso es?

—Mi oficina.

Asentí con la cabeza, luchando contra el impulso de rodar los ojos.

—Vengo aquí todos los días para trabajar. A veces, la mayoría de los fines de
semana durante los últimos siete años o más, desde que salí de la cárcel.

La referencia al tiempo de la cárcel me hizo dar un respingo al mundo que


continuaba. Era un poco extraño escucharle decirlo, teniendo en cuenta que
no había sabido siquiera que había ido a la cárcel hasta el día anterior.

—¿Cuánto tiempo estuviste allí?


97

—Unos tres años. No abrí esta oficina corporativa hasta después de salir. Todo
Página

lo anterior se ha hecho fuera de Nueva Orleans.

Fruncí el ceño, dejando que la información entrara en mi grueso cráneo.


—¿Por qué te mudaste aquí? ¿Por qué no te quedaste allí?

—No había ninguna razón para permanecer en Nueva Orleans después de


eso. Todo lo que importaba se había ido. —Se inclinó con su brazo en el cristal,
sin apartar la mirada vacilante hacia abajo.

—Quieres decir tu hermana. —Esperaba que me ladrara, pero estaba más


allá del punto de cuidado.

—Sandy —dijo, sorprendiéndome—. Sí.

Eché un vistazo a su brazo, donde sabía que el tatuaje era ocultado bajo sus
ropas, pero no dije nada.

—¿No me vas a hacer más preguntas?

Quería saber. Necesitaba saber lo que pasó aquella noche de hace diez
años.

—Sólo soy una puta, ¿recuerdas? Buena para desnudarse y follar. ¿Por qué
me importaría saber? ¿Cómo podría mejorar mi sencilla y patética vida? —El
sarcasmo salió de mi lengua como un látigo.

En lugar de emprenderla de nuevo hacia mí, Cole suspiró y se dirigió a su


escritorio.

—Me senté aquí todos los días, en esta silla. Hasta que te encontré. —Se dejó
caer detrás de su escritorio.

Respiré, pero no hizo ningún movimiento. ¿Cuál era el punto?

—Casi no he estado aquí desde entonces. Gestiono mi vida, mi negocio,


todo en una maleta, en una oficina improvisada en el club de desnudistas. —
Arrojó sus manos en el aire—. Y ¿para qué? —Volvió la vista hacia mí.

—Eres un idiota. —Me moví hacia él—. He tenido suficiente con los insultos.
Malditamente he terminado con ellos.

Sonrió hacia mí.

—¿Sabes cuántas veces me he sentado en esta mesa y pensé en follarte?

Tiré la cabeza hacia atrás, sorprendida.


98

—Pero tú…
Página

—Pasé la mayor parte de mi tiempo en Texas. Pero no todo. Pasé algún


tiempo aquí. Viniendo de ida y vuelta por el trabajo comunitario.
—Oh.

—Y pensé en lo que haría si pudiera tenerte aquí en tu pequeño traje poco


brillante, con tus tetas y coño mojado para mí.

Sus palabras fueron como una melodía, caliente y sexual, moliendo contra
mi piel hasta que estuviera enrojecida.

—Pensé en follarte aquí. —Acarició la parte superior de su escritorio—. Y más


allá. —Hizo un gesto hacia la silla que se enfrentó a él en el otro lado de la
mesa—. Y allí. —Hizo un gesto a las ventanas donde había estado parado.
Pensé en lo que sería tenerte presionada contra la ventana, tus pezones duros,
raspando contra el cristal claro, dejando marcas en ellos. Estando expuesta
para que el mundo lo vea. —Apoyó los codos sobre el escritorio—. Mientras te
tomaba desde atrás. En lo alto de un rascacielos, en la parte superior de la
ciudad.

Mordí el interior de mi mejilla y me senté en la silla frente a él.

—¿Realmente has pensado en todo eso? —Odiaba la forma en que sonaba


sin aliento, lo mojada que estaba. Todavía estaba adolorida de la noche
anterior, pero parte de mí estaba goteando, lista, desesperada para que él
hiciera tal como lo imaginaba.

Un teléfono comenzó a sonar, rompiendo el momento. Cole lo sacó de su


bolsillo y lo contestó, recordándome que todavía no tenía mi teléfono. No
había podido comprobar a Abue o a cualquier otra persona.

Dejé que mi mirada vagara por la habitación mientras Cole hablaba. Había
varios diplomas enmarcados en un lado. Por otro lado, con el tanque de peces,
había una enorme pintura de una sirena. Estaba tendida en la roca en el fondo
del océano, su brazo sobre su cabeza, el pelo azul flotando a su alrededor. Se
quedaba fuera de la pintura, con los ojos oscuros de fascinación, atrayendo al
espectador. Ella agarraba un collar de perlas en una mano, mientras que la
otra estaba contra su vientre bronceado.

—¿Estás seguro? —La voz tensa de Cole volvió mi atención a él—. ¿Aquí en
la ciudad? —Hizo una pausa—. Oh. —Asintió con la cabeza—. ¿Y ha habido
alguna señal de él? —Otra pausa, esta vez por más tiempo—. Ya veo. Bien,
mándame un mensaje. Gracias. Oh, espera, ¿hay alguna nueva información
sobre el número que te envié? —Se detuvo cuando la persona en la otra línea
99

interrumpió. Después de unos momentos, dijo—: Está bien, házmelo saber. —


Colgó.
Página

Lo miraba expectante cuando no me explicó de forma inmediata.


—¿Qué fue eso? —Me miró como si estuviera decidiendo si debiera o no
quisiera decirme—. Será mejor que me lo digas, Cole.

—No ha habido señal de Kevin desde el día anterior en que Mandi fuera
asesinada. No ha ido a trabajar. No ha llamado. Nada. Su madre, que aún vive
en su ciudad natal, presentó un informe de personas desaparecidas el día de
ayer alegando que no había sabido nada de él desde el día en que fue visto
por última vez en el trabajo.

Consideré sus palabras. Encontrar el nombre de la empresa de Kevin en la


camisa de Jay había sido discordante, aterrador. Pero simplemente no tenía
sentido. ¿Por qué Kevin haría todo esto? No es propio de él.

—Pero mi hombre también encontró algo más. El padre de Kevin. Vive en


Nueva York. Al Norte en Newburgh, a una hora de aquí.

Las palabras de Cole hicieron que el vello de mi nuca se erizara. Recordé


cuando Kevin me acechaba. Era diferente de lo que hizo Cole. Fue aterrador,
porque sabía que Kevin me haría daño. No estaba por encima de mí
golpeando a un centímetro de mi vida. Él había demostrado eso fácilmente
cuando me negué a aceptar su disculpa y llevarlo de regreso después de que
me dejó ensangrentada y quebrada en el suelo de su sala de estar. Se había
obsesionado. Terriblemente obsesionado.

Me las había arreglado para conseguir un pequeño apartamento, en una


ciudad no muy lejos de donde crecimos, con mi salario mínimo de tienda de
comestibles. Fue mi primer paso hacia mi propia vida, una nueva vida. Pero se
había enterado de donde vivía. Volví a casa por la noche para descubrirlo
esperando por mí en la puerta. En un primer momento sólo me rogó que le
diera otra oportunidad. Se mantuvo así durante un rato hasta que no quiso
esperar más. Entonces fue cuando me asuste y empecé a mirar por encima mi
hombro constantemente. No hacía nada sola. Por suerte para mí, eso duró sólo
unas pocas semanas antes de aterrizar en el Rapture, el trabajo que me llevaría
lejos de ese terrible apartamento donde esperaba por mi coche y después
daba un golpecito en la ventana de mi dormitorio.

—¿Sabías que vivía aquí?

—No. No hablaban mucho. Sólo en la Navidad y los cumpleaños. Sabía que


no vivía cerca, pero nunca me dijo dónde.
100

—Bueno, está en Newburgh. Al parecer, ha vivido allí durante unos diez años.
Quizás Kevin vino aquí a buscar refugio con su padre hasta que imaginó cosas.
Página

Pude ver a Cole sopesar todas las opciones en su mente.


—Entonces, ¿qué estamos esperando? Tenemos que ir allí ahora y hablar con
su padre. —Me puse de pie.

—Tú no irás

—¿Qué? Y, ¿crees que vas a ir sin mí? Estoy por encima de toda esta mierda.
Tenemos que averiguar quién coño está haciendo todo esto. Y si se trata de
Kevin y está aquí, entonces tenemos que actuar con rapidez.

Cole se levantó de su asiento, apretando los puños.

—¡Estoy actuando rápido! Pero no vas a venir. Te pondrías en peligro.

Rodé los ojos.

—Eres la contradicción más grande en el planeta. Un minuto sólo soy una


puta y ¿ahora necesito ser protegida?

—No es negociable.

—Lo es. Voy a ir. Me necesitas allí. Si estoy presente y es Kevin, entonces va a
salir por mí. Sé que lo hará, lo sé.

—¿Por qué dices eso? —Cole levantó una ceja.

—Lo conozco. ¿Bien? Es uno de esos tipos que le gusta estar en control. —
Sonreí hacia él—. Como alguien que conozco. Pero de todos modos, si sabe
que estoy allí, en la casa de su padre, y está allí... saldrá. No será capaz de
soportarlo. Querrá hacerlo para regodearse y enrostrármelo. Ese es justamente
el tipo de persona que es. —Cole no dijo nada, así que puse mi mano sobre su
brazo—. Si tú o alguno de sus hombres van a investigar, se quedará oculto.

Cole me miraba, las emociones en conflicto en sus ojos.

—Mierda. —Se pasó una mano por el pelo—. Si estoy de acuerdo con esto —
espetó—. Si dejo que se te acerque... entonces tendrás muchas explicaciones
que darme.

Resoplé.

—Ya te he explicado lo de anoche. Yo…

—No es lo de anoche. Acerca de Kevin. Necesito saber todo sobre ti y él. —


101

Sus ojos brillaron con algo peligroso—. Cada maldito detalle. ¿Me entiendes,
Julia?
Página

Lo miré. ¿Quería decirle a Cole acerca de lo que Kevin me había hecho


pasar? ¿Quería compartir con él los detalles embarazosos sangrientos de cómo
había codiciado el amor de Kevin, su perdón después de que me golpeara?
—Está bien. —La palabra apareció antes de que pudiera pensar en ello. Era
lo correcto. Para vivir necesitaba que alguien lo supiera. Un dolor agudo me
atravesó el pecho cuando la imagen de Mandi me vino a la mente—. Sólo
quiero que esto termine, Cole. Te voy a contar todo. —Mi voz sonaba pequeña.

No parecía del todo contento con mi respuesta. Al igual que le enfermó oírlo.

—Bueno. —Apartó la mirada de mí—. Entonces supongo que iremos juntos.


102
Página
13
Traducido por macaslomb

Corregido por Ami

Cole
Me quedé mirando el asiento de cuero negro donde Julia se sentó en la
limusina. Me quedé simplemente mirando el asiento, pero no a ella. Mirarla lo
volvería más real. Las cosas que me había dicho durante la última hora. La
horrible realidad de las cosas que su ex novio Kevin le había hecho.

Si lo hubiera sabido, le habría hecho daño. Estaba claro, por lo que Abue
había dicho, y por la forma en que Julia reaccionaba cuando hablaba de él.
Pero no lo sabía. Incluso cuando tuve a mis hombres investigando a fondo. No
hubo evidencia de abuso, de hecho, apenas había algún registro de su
relación. Nunca compraron nada juntos. Nunca salieron del país o en un avión
juntos. Nada. Sólo detalles de menor importancia. El uso de su tarjeta de crédito
dos veces en una gasolinera a una hora fuera de Dallas. Su firma desordenada
había estado en dos recibos. Sólo dos. La rápida escritura de ella, la de su firma,
no había revelado nada.

Pensaba que él era un idiota, un pendejo, pero no tenía ni idea de que la


hubiera herido así. La engañó. La golpeó y luego se folló a otra persona
mientras estaba quebrada y ensangrentada en el suelo.

No se veía triste por ello. Parecía perdida mientras contaba las historias de
todos los momentos en que la había arruinado. Me hizo enfurecerme.
Disgustarme con él y conmigo mismo. Fue el último hombre con el que había
salido seriamente antes de que yo llegara. Antes de que yo la acechara, la
engañara para que fuera mía.

Pero no es tuya. Realmente no. Regresará otra vez a Victor en cada


oportunidad que tenga. Cerré los ojos y obligué al pensamiento a alejarse.

—¿Por qué no me lo dijiste antes? —pregunté.


103

—¿Decírtelo antes? —La expresión de su cara me dijo que era un idiota—.


¿Cuándo? ¿Antes o después de que me acosaras? ¿Ayer por la noche cuando
Página

me estabas follando y me decías que me callara?


—¿Qué sucedió después de que fuiste atacada? ¡Estabas tan segura de que
no tenías nada que ver con eso! —Apreté los puños.

—Eso simplemente no suena bien. —Se cruzó de brazos—. Sé que la camisa


de Jay tenía el logotipo en ella, pero todavía no lo entiendo. El mensaje en la
pared... simplemente no cuadran.

—No cuadran, Julia. El mensaje dice que te mantengas alejada de él. Así,
refiriéndose a mí. No quiere que nunca más me veas. Si me ves, él va a tratar
de matarme. —Apreté los dientes—. Es perfectamente lógico que alguien que
te pegaba, te maltrataba y te asechaba. Haga algo así.

—Ah, claro, ¡por supuesto! —Echó los brazos al aire—. Kevin es el mejor
candidato en el papel, ¿verdad? ¿Y tú? —Entrecerró los ojos en mí—. Sobre el
papel me has acosado, asesinado a tu hermano, y pasado un tiempo en
prisión. Suena como que eres un candidato aún mejor.

Una sonrisa curvó mis labios.

—Acecharte no está en el papel.

—Bien. ¿Asesinar a tu hermano no es suficiente?

—¿De verdad crees que estoy detrás de todo esto? ¿Que soy el que mata y
hace amenazas, creando algún tipo de juego mental retorcido? —Ella abrió la
boca, pero no la dejé continuar—. No voy a jugar contigo, Julia. No hay una
necesidad de jugar y follarte. Ya eres mía.

Ella resopló.

—Podrías haberme engañado.

—¿Qué fue eso? —Me senté más erguido.

—Sigues diciendo eso, pero no te lo crees. Si fuera tuya, no me habrías


necesitado, ni me habrías follado, dejando tu semen de mierda en mi boca y
culo una y otra vez anoche. No habrías necesitado hacer un esfuerzo para
reclamar lo que consideras que es tuyo.

La miré. Odiaba que tuviera razón. Y aún más el hecho de que yo era de ella
por completo y ella no era mía en absoluto. Anoche en el Rapture me
demostró eso y más.
104

Pero no iba a revelar mis dudas… mis miedos. Ella era mía. Ya sea que lo
quisiera o no. Como le dije antes, ya era demasiado tarde. No había vuelta
Página

atrás. No ahora. Jamás.

—Sigue diciéndote eso —murmuré mientras la limusina se detuvo.


Tan pronto llegamos, mis hombres al instante nos rodearon. No quería correr
ningún riesgo. No esta vez. Randy estaba a mi derecha, al lado de Julia. No
habíamos hablado, desde que arrastré a Julia del vestuario la noche anterior.
Pero parecía aliviado, tal vez incluso feliz, cuando la saqué de nuevo de la
habitación. Como si no hubiera esperado que saliera con vida. La realidad me
asustó más de lo debido. Randy me conocía mejor que la mayoría, lo que
realmente me molestaba como la mierda. Y si había tenido miedo, eso
significaba que sabía que yo era capaz de hacerlo, que me gustaba
demasiado. Hasta el punto del no tener retorno.

Esperaba que Julia se quejara de los hombres, pero no lo hizo. Se limitó a


mirar hacia la sencilla casa de piedra rojiza situada en las afueras, entre
muchas otras casas que parecían casi idénticas.

Una mujer de mediana edad abrió la puerta, llevando un delantal sobre una
camisa roja de manga larga.

—¿Puedo ayudarle? —Miraba entre Julia y yo un poco nerviosa y luego a los


hombres que nos flanqueaban.

—Sí, señora —le dije—. ¿Está Elizabeth Malone?

Asintió con la cabeza lentamente.

—Soy yo.

—¿Quién es? —gritó una voz desde el interior.

Julia se encogió junto a mí. Instintivamente, agarré su mano en la mía.

—Yo... yo no estoy segura.

—Mi nombre es Cole y ella es Julia. Estamos aquí para hablar con usted y su
marido acerca de su hijo, Kevin.

Un hombre de mediana edad ligeramente calvo dio la vuelta de la esquina.

—¿Acerca de Kevin?

—¿Quién eres tú?

—Nosotros…
105

—Soy Julia. —Empezó a decir algo más, entonces dejo su boca cerrada.

La mirada del hombre se paseaba de arriba a abajo por su cuerpo,


Página

coqueteando con las emociones… Quería darle un puñetazo.

—¿Julia? —Miró a su esposa—. Yo…


—¿Eres Michael, su padre? —preguntó Julia.

Él frunció el ceño y asintió.

—¿Por qué?

—Salí con Kevin hace unos años.

Algo así como el reconocimiento iluminó sus ojos.

—Oh sí. Creo que te ha mencionado antes. —Su mirada se precipitó entre
nosotros y mis hombres—. No hablamos mucho, sin embargo. ¿Hay algún
problema?

—¿Le importa si entramos? Necesitamos hacerles algunas preguntas acerca


de Kevin.

—¿Acerca de Kevin? —Parecía confundido—. ¿Por qué? ¿Está en algún tipo


de problemas?

¿Está en problemas? Quería reírme de esa pregunta. Quería sacudir al


hombre delante de mí y decirle por todos los horrores Julia tuvo que vivir debido
a su pedazo de mierda, la peor escoria de hijo.

—Está desaparecido —soltó Julia antes de que tuviera la oportunidad de


ponerlo en mis palabras.

—¿Desaparecido? ¿Qué? ¿Kevin?

—Sí. —Julia asintió vigorosamente—. Desde principios de semana. Cualquier


información que tenga sería una gran ayuda. —Julia sonaba mansa y
preocupada, como si estuviera aterrorizada por Kevin. Me alegré de que
hubiera empezado a hablar antes de que yo empezara a usar los puños.

—Oh, mi Dios. —Elizabeth puso una mano contra su pecho—. ¿Está bien?

—Yo... no lo sé. Eso espero —dijo Julia—. ¿Podemos entrar?

—Todos estos hombres no van a entrar a mi casa. —Su mirada se posó en


mí—. Usted, tampoco. Sólo ella.

—Al carajo. Yo voy…


106

—Por favor, señor Malone. Esto es muy importante. Cole y sus hombres no
harán ningún daño. Sólo están conmigo para protegerme.
Página

Él frunció el ceño.

—¿De quién la están protegiendo?


—No lo sé. —Julia parecía al borde de las lágrimas, y tuve la sensación de
que no estaba actuando más. Estaba muerta miedo. Apreté su mano, odiando
la forma en que mi corazón dolía por ella—. Por favor, señor. Es importante.

—Está bien. —Asintió de mala gana, cortándome con los ojos—. Pero sólo
ustedes dos. Los otros se quedan fuera.

—Y yo. —Randy dio un paso hacia adelante.

Michael nos miraba con recelo antes de decir:

—Está bien. —Debió haber decidido que no iba a discutir, ya que ambos lo
pasábamos en tamaño.

La casa era limpia, impecable. Ni una cosa fuera de lugar. Nos llevaron en un
salón pintoresco donde Julia y yo estábamos sentados en un sofá frente a otro
sofá de dos plazas. Randy estaba detrás de nosotros, de espaldas a la pared.

—Ve a buscar a todos algo de beber, Elizabeth —exigió Michael mientras se


sentaba frente a nosotros—. Ahora, ¿dónde está mi hijo?

—No sabemos —soltó Julia. Luego procedió a decirle que nadie en su


trabajo había sabido nada de él, y que ella tampoco sabía dónde encontrarlo.
Como si eso ocurriera normalmente. También explicó que había alguien detrás
de ella, haciendo un gesto hacia la cicatriz en su cuello. Y que temía que Kevin
estuviera en peligro a causa de ella y no al revés. Era tan buena. Las palabras
salieron de sus labios y como si ella quedara devastada si no lo encontraban.

Apenas había terminado su relato desgarrador cuando Elizabeth volvió,


llevando una bandeja con cuatro vasos. La dejó sobre la mesa de café en
silencio.

—No he sabido nada de él —dijo Michael—. Lo llamé por su cumpleaños


hace dos meses. Pero eso es todo. —Se echó hacia atrás y lanzó su brazo hacia
arriba en el sofá—. El chico es un desastre. Probablemente sólo está de fiesta,
follando a una chica, en otro estado, que conoció en Internet —resopló—. Eso
es lo que estaría haciendo si desapareciera.

La mirada de Julia estaba pegada a Michael, pero la mía estaba en


Elizabeth. No dejé de notar la forma en que ella se puso tensa cuando dijo las
últimas palabras.
107

—A veces los hombres sólo necesitan su tiempo a solas y tener un nuevo


coño. —Él sonrió—. Es normal, cielo.
Página

Elizabeth se dirigió rápidamente a su marido y le entregó una botella de


cerveza, antes de girar hacia cada uno de nosotros con una taza de algo que
parecía limonada. Su cara estaba completamente inexpresiva, pero cuando
apartó el brazo, me di cuenta de algo en su muñeca. Debajo de la tela roja
había una mancha de color oscuro.

—¿Qué pasó? —le pregunté, mi mirada fija en su muñeca.

Retiró la mano rápidamente y tiró de la manga sobre su mano.

—Nada.

—No se ve como si nada.

—¿Qué? —resonó la voz de Michael detrás de ella. Sus ojos pequeños y


brillantes estaban repentinamente llenos de malicia, como si alguien hubiera
golpeado un interruptor dentro de él.

—¿Qué le pasó a tu brazo? —pregunté a Elizabeth.

Ella sacudió la cabeza rápidamente.

—Nada. Sólo soy torpe.

Sí, claro.

—Siempre está chocando con las cosas, golpeándose a sí misma.

Elizabeth asintió, coincidiendo con su marido mientras se sentaba junto a él.


Él puso su brazo alrededor de los hombros; el gesto no protector, sino más bien
de propiedad.

—La limonada está buena, Sra. Malone. —Julia rompió la tensión. Estaba
sentada derecha como una tabla, agarrando el vaso para salvar su vida.

—Sí, tiene que de ser buena para algo, ¿verdad? —Michael sonrió
ampliamente, apretando a Elizabeth fuerte contra su cuerpo.

—Entonces, ¿no ha visto a Kevin en absoluto? ¿No sabe nada de él, ni nada?
—presionaba ella.

—Nop. No sé nada de él, ¿cierto Liz?

—Eso es cierto. —Elizabeth dio una sonrisa forzada que me puso aún más
nervioso. ¿Estaba aquí? Pensé que podría ser, pero casi parecía demasiado
108

fácil.

—¿Puedo usar el baño? —Julia se levantó de su asiento, sorprendiendo a


Página

todos nosotros.
¿Qué demonios está haciendo? Habíamos hablado específicamente de su
situación. No iba a ir ninguna parte de esta casa sola. Si Kevin estaba allí, no
sabíamos lo que iba a hacer cuando se pusiera en una situación delicada de
ser atrapado. Podrían surgir ráfagas de armas de fuego, con Julia estando sola
en otra parte de la casa, eso estaba fuera de toda probabilidad y ella lo sabía.
Lo sabe, maldición, pero va a hacerlo de todos modos. Sabía muy bien que no
necesitaba usar el área de aseo. Habíamos hecho una parada especial para
asegurarnos de que no habría ninguna necesidad de hacerlo.

Michael la miró con escepticismo, como si él no quisiera decírselo, pero lo


hizo de todos modos.

—Por supuesto. Está al final del pasillo a la izquierda. —Hizo un gesto con la
mano.

Ella corrió rápidamente en esa dirección. Me dio un vistazo, y a Randy, quien


se puso inmediatamente a caminar detrás de ella, llenándome con un poco de
alivio. El hecho de que se adentrara en esa casa y sola, incluso con Randy
siguiéndola, hacía que quisiera malditamente golpear algo.

Tomé mi teléfono y escribí un texto rápido.

—¿Qué fue lo último que dijo cuando habló con él? —Me incliné hacia
delante.

—¿Quién? ¿Con Kevin?

Asentí.

—La última vez que hablé con él fue hace dos meses, como ya te dije. Y no
dijo nada. Sólo me dio las gracias por llamar. Eso es todo. —Michael hizo una
pausa—. ¿Hay alguna razón por la que estás mirando a mi esposa de esa
manera?

Estaba mirando a Elizabeth otra vez. Estaba nerviosa, mirando hacia abajo, a
sus dedos, haciéndolos girar en su regazo.

—Me pregunto si su esposa tiene alguna información para nosotros sobre


Kevin. —Necesito esa información. Ahora. Mientras hablaba, agudicé mis oídos
a los de ruidos en otras partes de la casa, pero no oí nada.
109

Angustia se reflejó en la cara de Elizabeth.

—Oh, no. Nunca me encontré con él.


Página

—Entonces, ¿por qué estás tan nerviosa? —Estaba actuando como si


estuviera aterrorizada, pero ¿de qué?
—No estoy nerviosa —dijo rápidamente, levantando la mirada hacia su
marido.

—¿Por qué demonios le contestas? —Miró a su esposa—. ¿Conoces a este


tipo?

—No, cariño. No lo conozco. Lo juro.

Su mirada se pasó sobre ella con disgusto mientras su rostro se enrojecía,


llegando a estar aún más colorado.

—Eres una mentirosa de mierda. —Él movió su mano en un puño hacia arriba
y le dio golpe en la parte superior de su cabeza.

—¡Qué mierda! —Salté desde donde estaba sentado, volviéndose todo rojo
a través de mi visión, entonces, Elizabeth se dejó caer en el sofá, cubriéndose la
cabeza con las manos.

—¿Cómo malditamente lo conoces? —le gritaba Michael, su cara al borde


de ponerse púrpura mientras levantaba el puño de nuevo.

En ese momento, otra imagen se sobrepuso sobre Michael y Elizabeth. Vi a


Julia, encogida por debajo de los nudillos abultados de Kevin. La imagen de
ella con sangre y dolor, rogándole a Kevin que se detuviera. Los detalles vívidos
que me había dado en la limusina cortaban a través de mí, me rasgaban por
partes. Me lancé hacia él, dejando que la neblina roja se hiciera cargo. Impedí
el golpe que estaba a punto de darle, tirándolo hacia atrás contra el sofá.
Haciendo fuerza por debajo de mí, gruñendo.

—Así es como se hizo el hematoma en el brazo, ¿eh? Supongo que es


verdad, de tal padre, tal hijo.

Michael me enseñó los dientes, justo cuando la puerta principal se abrió.


Sabía que era mi gente que entraba, por el texto les había enviado hacia un
momento.

—¿Dónde está Kevin? —grité hacia él. Los hombres se movieron uno a cada
lado y sabía que el resto fue a revisar la vivienda, y buscar a Julia.

—¿Cómo conoce a mi mujer? —gritó de nuevo, luchando por debajo de


mí—. Usted ha estado follando con ella, ¿verdad? Siempre desea a los hombres
110

más jóvenes.

—¿De qué coño está hablando? No conozco a su esposa. Pero necesito


saber dónde está su hijo y va a decírmelo. Ahora. —Lo pongo de pie y dos de
Página

mis hombres lo agarraron por los brazos para someterlo.

—¡Que te jodan!
Mi puño se estrelló contra su mandíbula al instante como si fuera un reflejo
natural. Lo quería hacer lento, tomarlo con calma, haciendo movimientos
simples para sacarle toda la mierda. Quería respuestas. Quería venganza.
Quería que Kevin pague por la mierda que le había hecho a Julia, incluso
aunque él no estuviera detrás de todo esto, iba a sacarle la mierda al abusador
de su padre, hasta que lo consiguiera. Michael escupió sangre sobre la
alfombra, haciendo un gorgoteo.

—¡Oh, por favor, no le hagas daño! —El lamento de Elizabeth me llamó la


atención. Otro de mis hombres fue a someterla, sosteniendo sus brazos mientras
se sacudía y trataba de venir hacia mí. No había odio en sus ojos grises
nublados hacia mí.

—Él te golpea —le dije—. Este pedazo de mierda te golpea todo el tiempo,
¿verdad?

Ella detuvo su respiración y me miró directamente a los ojos.

—Lo amo.

Parpadeé, confundido, y sacudí la cabeza.

—Está bien. —Miré entre ellos, con una idea que volvía a mi cabeza—. Dime
dónde está Kevin y dejaré de golpear a su amado esposo.

La boca de Elizabeth se abrió.

—Realmente no lo sé. Yo…

Cerré el puño en la nariz de Michael, mis nudillos contra el crujido de los


huesos.

—¡No! —Se lamentaba.

—¡Entonces de una puta vez dime dónde está! —Miré de nuevo a Michael,
cuyos labios y nariz estaban sangrando.

—Él no está aquí —dijo Michael entre dientes.

—En realidad no lo sabemos. Nunca me encontré con él y he estado casada


durante más de cinco años. Es honesto. Sólo, por favor —se lamentó—, por
favor, deje de hacerle daño. Por favor.
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Cerré el puño en el estómago de Michael. No era lo suficientemente bueno.


Sabían algo. Ellos tenían que saberlo. Michael se desplomó. La única cosa que
Página

lo sostenía eran mis hombres.


—¡Dime! —grité y lo golpeé una y otra vez. Había ruido detrás de mí.
Gemidos. Gritos. Pero desintonicé todo. Dejé que todo se fuera, y que mi brazo
pensara por mí. Mi brazo, que se estrellaba en el cuerpo del pedazo de mierda
delante de mí.

Pareció durar por siempre, mis nudillos haciendo contacto con carne
húmeda sobre el hueso. Sabía que si lo golpeaba con tanta fuerza, los huesos
se le romperían. Sería agradable que se agrietaran bajo mi mano, como si
nunca hubieran estado enteros. Golpear a Kevin. Eso es lo que estaba frente a
mí. Golpeé a Victor Marlin. Golpeé a mi hermano Garrett. Los golpeé a todos
una y otra vez.

Alguien me agarró por detrás y trataba de alejarme de ellos, pero eran más
fuertes. Varios pares de brazos. Las palabras que me decían una y otra.
Ninguna de ellas tenía sentido hasta que estuvo frente a mí. Mi Julia. Como una
estrella brillante… brillante, llenó mi visión. Su presencia no debería haberme
calmado, pero lo hizo.

La amo. La amo tanto que duele. Físicamente hace que me pudra desde
adentro hacia afuera, porque sé que nunca seré feliz sin ella. Sé que nunca
seré capaz de hacer que me encante la forma en que la amo. Y eso me
aplasta. Malditamente me destruye. Imágenes de ella con Victor entraron en
mi mente. Todas las veces que ella lo había hecho con él. De su despertar por
él, de anoche en el Rapture. Fue un montaje de mi caída. Las imágenes que
me perseguirían para siempre.

—Él no está aquí. —Sus palabras rompieron a través de la bruma en mi


mente.

—¿Qué?

—No está —Randy se acercó a su lado—. Hemos buscado por todas partes.
Los hombres están revisando nuevamente, pero no hay señal de que nadie
más este aquí. No hay ropa. No hay cepillos de dientes adicionales. No hay
nada, hombre. —Él negó con la cabeza—. Parece que te están diciendo la
verdad.

Michael estaba inconsciente en el sofá, Elizabeth llorando mientras se cernía


sobre él.
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Me acerqué a ella lentamente.

—Él te golpea —le dije de nuevo, y ella me miró—. Él te golpea y todavía lo


proteges.
Página

Parpadeó hacia mí a través de los ojos llorosos.


—Es todo lo que tengo.

—Déjala en paz, Cole. —Julia se acercó a mí y tocó el hombro de Elizabeth


ligeramente—. Siento mucho que esto sucediera, Sra. Malone. —Su voz
destilaba tristeza—. Tenemos que llevarlo a un hospital —me dijo.

—No hay hospitales. Tengo un hombre. —Chasqueé dedos. Bobby—. Ve a


buscar Armstrong donde esté.

—Lo van a arreglar. Él va a estar bien —dijo Julia, frotando su mano hacia
atrás y hacia adelante.

—¿Por qué viniste aquí a hacernos esto? No te hicimos nada. —Elizabeth


sacudió la cabeza adelante y atrás frenéticamente, sus rizos rojos bajando y
subiendo—. ¡Nosotros no buscamos esto!

Armstrong entró y se arrodilló delante de Elizabeth y Michael, sosteniendo un


kit de primeros auxilios grande.

—Lo siento, Elizabeth. Sólo tenemos que encontrar a Kevin. No tienes idea de
lo importante que es. —Julia sonaba como si estuviera al borde de las lágrimas.
De mala gana, me dolía el corazón por ella.

Armstrong empezó a sacar una gasa y antiséptico.

—No sé dónde está. ¡Lo juro! —Mocos corrieron por su rostro desde su nariz—.
Por favor, no le hagas más daño. —Dirigió sus palabras a Armstrong, que había
empezado a limpiar las heridas.

—Te creemos, pero... —Julia se puso de rodillas. La miró por un momento


incierto—. No tienes que quedarte aquí. No vamos a hacerle más daño a tu
marido. Pero puede venir con nosotros y vamos a encontrar un lugar para que
te quedes. Cole tiene conexiones. —Ella me miró. El dolor en sus ojos me hirió y
casi me envió tambaleándome hacia atrás.

Asentí con la cabeza.

—Sí. Te puedo conseguir dinero y un lugar seguro donde quedarte hasta que
puedas estar por tu cuenta.

Elizabeth sacudió la cabeza frenéticamente, las lágrimas aún en marcha de


sus ojos.
113

—Lo amo. Él me necesita.


Página

—Él te hace daño. No lo niegues, porque lo sé. Su hijo solía hacerme daño,
también. —La voz de Julia se quebró al final mientras alcanzaba la mano de
Elizabeth. La apretó antes de empujar la manga de la mujer hacia atrás y
revelar el hematoma de color púrpura oscuro. Este iba desde la muñeca hasta
el codo. Algunas partes de la contusión eran más oscuras que otras, lo que
significa que no había sucedido todo al mismo tiempo—. Un amor que duele
como esto a la larga la va a matar, Sra. Malone.

Elizabeth se quedó mirando la mancha oscura por un momento, antes de


zafarse de la mano y empujar la manga hacia abajo, cubriéndolo.

—Es mi esposo.

Fue todo lo que dijo. Me esperaba algo más, una explicación. Pero no la dio.
En cambio, volvió su mirada encantada de nuevo a Michael.

Julia en cuclillas allí durante varios minutos antes de pararse. No dijo nada
mientras se dirigía a la puerta. La seguí.

—Revisen este lugar diez veces más antes de llamar a alguien. Asegúrate de
que nada esté fuera de lugar y que todo quede como lo encontramos como
cuando llegamos —le dije a Randy cuando pasé.

—Muy bien, hombre. Pero estoy bastante seguro de que esto es un callejón
sin salida. Esta casa no es tan grande.

Asentí con la cabeza, dejando asimilar la noticia. Este es un callejón sin


salida. ¿Qué haríamos desde aquí? Era demasiado bueno para ser cierto. Para
encontrar Kevin, encontrar las respuestas que necesitábamos, y ponerlo a
dormir. Pero no podía hacerlo todavía. En todo caso, la situación era aún más
jodida de lo que fue esta mañana. Y pensé que tal vez este riesgo finalmente
nos daría algunas respuestas.
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Página
14
Traducido por Guga

Corregido por Celemg

Julia
—¿Qué le gustaría, madame? —Parpadeé mis pesados ojos mientras
levantaba la vista al mesero frente a mí. Él usaba camisa con botones hasta
arriba que decía Callan´s sobre el seno derecho. Di una mirada hacia Cole en
el lado opuesto al mío—. Sólo tomaré lo que sea que él está tomando.

No me importaba investigar el menú y ordenar algo elegante en el


agradable restaurante al que Cole me trajo. Estaba emocionalmente agotada
desde el calvario en la casa del padre de Kevin, la cual habíamos dejado
hacía unos minutos. Después que yo había salido, Cole había estado pisando
mis talones, siguiéndome fuera y ayudándome a entrar a la limo.

Estaba bien con eso. De hecho, no podía esperar a largarme de ahí. Había
tenido suficiente, visto suficiente. Había sido difícil contar la historia de mi
pasado; odiaba verme débil frente a cualquiera, especialmente él. Después
que todas las cosas que habían sucedido entre nosotros, después que me
llamara puta antes en la mañana, sólo no quería que supiera la verdad acerca
de cuan patética había sido una vez. Pero era importante que él lo supiera.

Ver la retorcida relación que Elizabeth y Michael compartían, donde ella lo


amaba a pesar de las cosas horribles que él le hacía, me llevó de nuevo a esos
lugares que había dejado en mi pasado. Me llevó de nuevo al dolor, el amor
que no había querido dejar ir. Me destrozó.

—¿Estás bien?

Miré a Cole, sentado en el lado opuesto a mí, sorprendido de ver que el


mesero ya se había ido.

—Yo… —No sabía que decir a eso. ¿Estaba bien? —. No —me respondí a mí
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misma y a Cole a la vez—. No lo estoy. He tenido el peor mes de mi vida. Ni


siquiera los peores momentos que te conté antes podrían compararse con la
manera en que las cosas han sido este último mes. —Lágrimas presionadas al
Página

fondo de mis parpados y me sentí débil. Patética—. Y la Sra. Malone... —No


podía siquiera terminar mi oración. No sabía lo que quería decir acerca de ella.
—Shhh. —Cole tendió la mano y agarró las mías en la suya. Estaban limpias
ahora. Había lavado la sangre de Michael de ellas; fue como si nunca hubiese
estado ahí. Su movimiento meció el pequeño centro de mesa que contenía
agua y una sola flor. El líquido chapoteó de atrás hacia delante y casi se
derramó sobre el mantel—. No es tu culpa que ella no quisiera tu ayuda. No
puedes evitarlo. Algunas personas están demasiado mal.

—Solía ser esa persona, Cole. —Parpadeé con fuerza, tratando de ahorrarme
las lágrimas—. Solía ser esa chica que amaba tan fuerte que casi me mató. —
Sacudí mi cabeza y arranqué mis manos de las suyas—. Todavía soy esa
estúpida chica.

Su mirada se suavizó.

—Julia, yo... —Pero no escuché nada más de lo que dijo. Toda mi atención
se enfocó en las personas que acababan de entrar al restaurante. Donde Cole
y yo estábamos sentados, tenía una perfecta visión de la puerta de entrada.
Era una familia que entró. Un hombre, dos pequeñas niñas, una mujer. Una
mujer que conocía. Tenía cabello corto rubio que fue cortado en un estilo bob
oscilante. Un vestido negro se ajustaba a su delgado, bronceado cuerpo.

—Somos cuatro —dijo ella, sonriendo al anfitrión. El sonido de su voz me hizo


saltar. Era ella. Ella era real.

Mi madre.

Se había ido hacía tanto tiempo cuando era una niña. Fue por comestibles
un día y nunca volvió a casa. Como si nunca había existido. Nunca supe por
que se fue, y mi padre nunca tuvo una buena razón para darme.

—Julia, ¿qué sucede? —Las palabras de Cole me condujeron de regreso al


presente y aparté la mirada mientras el anfitrión comenzaba a guiarlos hacia
nosotros.

Abrí mi boca para decir algo, pero no podía formar las palabras. Habían sido
más de quince años. Quince años desde que había visto a mi propia madre.
Quince años desde que ella había salido de mi vida y nuca miró hacia atrás.
Nunca supe que le había sucedido. La mayor parte de mi vida pensé que
estaba muerta. Era más fácil pensar en ella así, que aceptar la verdad, que ella
no me quería. Pero estaba muy viva.
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Miré hacia abajo a mis manos justo cuando oí su risa. El sonido me hizo dar un
respingo de nuevo. Su risa era la misma, no había cambiado ni un poquito.
Podía recordar cuando rodábamos en mi cama, a ella, haciéndome cosquillas
Página

mientras ambas reíamos incontrolablemente. Sonaba igual. Fue producida por


un pellizco de la mano del hombre sobre su costado mientras ella pasaba
frente a él.

—¿Julia? —preguntó Cole.

—¡Silencio! —susurré atentamente a Cole. Él frunció el ceño y dio una mirada


sobre su hombro.

Ellos vinieron más cerca y me di cuenta que el anfitrión estaba


conduciéndolos derecho pasando nuestra mesa. Pánico burbujeó subiendo
dentro de mí junto con furia. Me aplastó como una tormenta. ¿Ahí era donde
ella había estado? Había estado en el estado de Nueva York, ¿haciendo que
exactamente?, ¿qué era mejor de este lugar que su hogar, que su esposo, que
su propia hija?, ¿qué hacía a este lugar mejor que su propia hija?, ¿qué?

Me hice esas preguntas mucho tiempo después de que se fuera, pero luego
las bloqueé, sabiendo que nunca tendría las respuestas. Mantuve mi mirada
pegada a ella mientras se acercaba con total fluidez. La sonrisa en su rostro era
relajada y despreocupada.

—¡Ooooh, bonitos cabellos! —El chillido de una voz me hizo apartar la mirada
de mi madre. Inmediatamente estuve cara a cara con una pequeña niña. La
noté cuando entró, pero había estado tan enfocada en mi madre que no
pensé mucho en ella o la otra. Pero ahora, mientras miraba fijo los oscuros ojos
con cabello rubio enmarcando su rostro en forma de corazón, el mismo que mi
color natural, el mismo color que el de mi madre, la verdad se estableció.
Quemaba mi piel como si me bautizara en sus aguas ardientes. Esta pequeña
niña, quien no podía haber tenido más que seis, era mi hermana.

—¡Sissy, mami, miren! ¡Se ve tan bonita! —Ella estiró su mano y agarró un rizo
de mi cabello azulado, el cual caía en cascada sobre mis hombros—. ¡Es tan
azul!

Otra pequeña, quien se veía un año o dos mayor que ella dio un paso
delante de la primera y me sonrió. Su cabello era un poco más largo, pero del
mismo color que el de su hermana.

—Es bonito.

—Oh, chicas. Dejen a esa pobre dama. Está tratando de disfrutar su cena.
¡No de ser acosada por todas ustedes! —La pequeña vibración en su acento
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hizo a mi corazón doler con una nueva clase de dolor. Tomó todo de mí sonreír
a las dos niñas delante de mí en lugar de romper en lágrimas.
Página

Esas dos personitas eran parientes mías. Era innegable, su semejanza entre sí,
con ella. Conmigo. Dos pequeñas niñas que ni siquiera sabía que existían. De
pronto fue difícil respirar y debí sorber una gran cantidad de aire. Ninguna de
las chicas lo notó. Ambas sonreían felizmente en respuesta. Era el tipo de sonrisa
que encendía todo el rostro, dejándome incluso más sin aliento que en el
momento anterior.

Eso repiqueteó algo dentro de mí, causando que la ira burbujeara. Esa ira
demandaba respuestas que había querido toda mi vida, esas pequeñas
sonrisas la aplastaron. No la hacían desaparecer. Sospechaba que nunca lo
haría, pero ayudaba a aceptarlo.

¿Qué sucedería si la enfrentaba aquí en el restaurante frente a su nueva


familia? Sólo pensarlo hacía mi corazón doler. Pero sabía la respuesta. Sería
espantoso para las pequeñas paradas frente a mí, tan inocentemente.
Temblaría su mundo. Lo recordarían por siempre. ¿Qué diría el nuevo hombre
en su vida? ¿Que yo apareciera la haría huir de nuevo? ¿Dejaría a su familia
atrás como dejó a la mía?

Incluso si no huía, incluso si por alguna milagrosa razón me daba la


bienvenida a su vida, ¿donde nos dejaría? ¿Qué pasaría si la persona que
estaba detrás de mí descubría a estas dos niñas? ¿Sería su sangre
embadurnada sobre la pared?

No podía manejar ese pensamiento. La idea que estas niñas, mis hermanas,
pudieran ser heridas, me desgarraba. Eran tan inocentes como una vez lo fui.
Estaban libres de culpa. Estaban indemnes. Y me rehusaba a ser parte de que
su inocencia y felicidad desapareciera. Porque parecía no importar como
entrara a sus vidas, les traería una clase de maldición sobre ellas.

—Gracias —dije suavemente mientras su madre, mi madre, apareció y


palmeó sus hombros. Sus uñas tenían manicura, los bordes perfectamente
redondeados y blancos, como si se las hubiera hecho justo hoy.

—Lo siento mucho —dijo ella. Pero no levanté la vista. Mantuve mi mirada
sobre las chicas.

—No es problema —dijo Cole al otro lado mío, recordándome que aún
estaba allí. Le di una mirada. Su rostro estaba lleno de preocupación, su
mandíbula tensa—. Ju...

—Necesito salir de aquí. —Las palabras salieron a borbotones de mi boca—.


Ahora.
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Él dio una mirada a la espalda en retirada de mi madre y luego hacia mí.

—Okay. —Se puso de pie y me ofreció su mano. La tomé agradecida


Página

mientras mis piernas tambaleaban. Le permití guíe fuera del restaurante y lejos
de mi madre, lejos de las hermanas que nunca conocería.
Miré hacia atrás a la ventana mientras salíamos. Estaba oscuro ahora y una
helada brisa ondeó por mi piel.

—¿Quienes eran esas personas? —preguntó él.

Mi mirada se enfocó en ellos. Todos estaban hojeando sus menús, sonriendo.


Estaba viviendo una vida que nunca tuve, al menos no por mucho tiempo. No
podía recordar la última vez que había salido a cenar con mamá y papá. No
podía recordar cuando habíamos sonreído felices, agradecidos de estar juntos.
Nunca tendría esos momentos. Pero ella loos tenía con su nueva familia. La
amargura me inundó antes de acordarme de las niñas. Ellas tendrían eso. Y eso
hizo que todo esté bien. Incluso si ellas nunca lo supieran, era capaz de darles
algo que nadie pudo darme.

—Nadie. —Levanté la vista hacia Cole. Me miró detenidamente,


preocupación en sus ojos—. Extraños. —Y esa era la verdad.
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Traducido por Kmila92

Corregido por Ami Natera

Julia
—Estás mintiéndome —dijo Cole mientras nos subíamos en la limusina, nuestro
destino desconocido para mí, pero por supuesto ya no me importaba—. Y no
estoy seguro de por qué. —Estaba sentada al lado de Cole, doblada a su
costado, su calidez filtrándose en mí a través de su traje y mi vestido. Una parte
de mí quería empujarlo, odiarlo por ser un idiota todo el tiempo, pero
simplemente no tenía la fuerza en este momento.

—No importa.

—Sí importa. —Se inclinó lejos de mí y ladeó mi barbilla hacia arriba, así lo
miraba. Su mirada me imploró, demandando una respuesta. Me mordí el labio.
Lágrimas aún continuaban presionando la parte trasera de mis ojos. Las mismas
que había estado combatiendo todo el día.

—Era mi madre —escupí, las palabras parecían desgarrar mi garganta—. La


mujer en el restaurante, con las niñas pequeñas.

—¿Qué? —Me encogí de hombros—. Asumí que sabías donde estaba ella. —
Una idea me vino a la cabeza—. Me acosaste, así que estoy segura de que la
tenías investigada. Mierda, probablemente sabías que iba a estar allí esta
noche, ¿verdad? —Me deslicé lejos de él, dejando esos pensamientos rodar en
mi cabeza.

—No. —Negó con la cabeza, pero no profundizó.

Bufé.

—Correcto. Por supuesto. —Una única lágrima se derramó sobre mi mejilla y


la quité rabiosamente—. ¿Por qué yo? ¿Por qué soy la única consigue el final
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de mierda de todo?

—No es...
Página

—Mi propia madre me deja y comienza una nueva familia. Mi papá me


expulsa. Mi novio me pega. —Levante un dedo por cada uno—. El tipo del que
estaba enamorada es mi acosador. Alguien me corta la garganta. —Señalo
hacia mi cuello—. Mandi es asesinada. —Niego con la cabeza—. Y después de
todo lo demás hoy, los padres de Kevin. —Mi voz tembló, la imagen de
Elizabeth firme en mi cabeza mientras luchaba con los hombres de Cole para
llegar a su marido, el hombre que la golpeó y engañó. Era repugnante, una
repetición de mi propio pasado que me aterrorizó—. Y ahora esto —añado,
refiriéndome a mi mamá—. ¿Qué sigue Cole? ¿Eres un asesino, también? —Un
estallido de carcajada escapó de mis labios mientras la respuesta a esa
pregunta vino a mi cabeza—. Por supuesto, eres un asesino. La guinda del
pastel, ¿no? Mi acosador es también un asesino convicto. ¡Jodidamente
fantástico! —Besé la punta de mis dedos y lancé mi mano al aire.

Esperaba que Cole negara las cosas que dije sobre él, o por lo menos se
defendiera a sí mismo, pero no lo hizo. Sólo se sentó y miró hacia mí, un sin
número de emociones detrás de sus ojos.

—Las cosas van a mejorar.

—¿Mejorar? ¿Mejorar? —grité, la ira brotando de mí como si fuera arrancada


de mi piel—. No va a mejorar. ¿Sabes cómo lo sé, Cole? ¡Porque solamente
puede ponerse peor! Justo cuando pienso que todo estará bien, sólo se pone
peor. ¿No puedes verlo? —Las lágrimas corren rápido ahora, chorreando por mi
cara.

—Ven aquí. —Se acerca, pero me alejo, así no puede tocarme. Se retiró
como si lo hubiera abofeteado. Pero no me importa. No me importaba más
una mierda. Fue el que me había arrastrado a esta ciudad. Fue el que declaró
amarme y luego se dio la vuelta y me llamó puta. No se merecía sostenerme.
Tenerme. No más.

—No me toques. —Apreté mis manos juntas una y otra vez en mi regazo
desesperadamente, tratando agarrar algo, algún tipo de esperanza, pero no
había ninguna. No tenía nada a que aferrarme. No más. Todo había sido
tomado de mí.

—Vamos a hablar sobre esto.

—He terminado de hablar contigo —siseé—. Traté ayer, pero no me


escuchaste y ahora he terminado.

—No puedes simplemente haber terminado.


121

—¡Vete a la mierda! Puedo hacer lo que quiera. No necesito tu permiso o tu


bendición. —Me crucé de brazos—. Y quiero salir. —Miré hacia la puerta—.
Quiero salir ahora. —Me lancé hacia adelante y golpeé el muro de
Página

separación—. ¡Estaciónese!

—No, Julia. No aún no llegamos.


—No me importa dónde estamos. ¡Quiero salir! —La imagen de mi mamá
flotó en mi cabeza. Su piel estaba bronceada, estaba en mejor forma que
cuando me había dejado. Lucía perfecta, no como una mujer que había
dejado a su hija atrás—. ¡Por favor, sólo pare el auto! —Lloré mientras golpeaba
más fuerte. Fuertes brazos me envolvieron gentilmente, y no luché contra ellos.
Dejé a Cole tirarme hacia su pecho. Sabía que más tarde miraría hacia atrás y
estaría enojada conmigo por esto, por no empujarlo, pero justo ahora no me
importaba. Las lágrimas salían a raudales bajando por mi rostro en riachuelos
abrasadores. Empuñé mi mano en el material de su chaqueta, la tela
dándome cierto indicio de estabilidad.

Sollozos incontrolables sacudieron mi cuerpo mientras jadeaba por aire.


Cerré mis ojos sobre su pecho, pero todo lo que podía ver eran sus manos. Esas
manos perfectas muy cuidadas. Manos que lucían más jóvenes que las mías.
Manos que solían sostenerme. Manos que solían amarme. Ya no más.

Algo estaba presionando en mi oído y salté cuando oí el sonido familiar de


un teléfono. Estaba a punto de empujarlo de mí cuando Abue respondió al
otro extremo. Su voz instantáneamente me calmó y me senté. Era simplemente
la persona que necesitaba para hablar, la única que podía entenderme. Mi
papá no podía. Él era una causa perdida cuando se trataba de mi mamá. No
había dicho una sola palabra acerca de ella desde el día en que se fue. Fue
como si nunca hubiera existido.

Pero Abue entendía mi dolor. Después de todo, mi mamá, Amanda, era su


hija.

Cole me miró por un momento antes de abrir la puerta de la limusina y


descender. Aparentemente habíamos llegado a la parada en algún momento
durante mi llanto.

—¿Abue?

—Hola, pequeña. No esperaba oír de ti tan tarde. ¿Estás bien?

El hecho de que supiera que era yo inmediatamente elevó mi espíritu un


poquito. Planeé para mitigar en ello, para decirle suavemente, pero escuchar
su voz era demasiado.

—No estoy bien. Estoy tan lejos de estar bien —lloré—. Vi a mi mamá esta
122

noche. La vi, Abue, en carne y hueso. Está... —Y las palabras simplemente


salieron disparadas. Le dije todo acerca de la manera como lucía, cada
detalle sobre las niñas, sobre sus uñas. No paré de hablar hasta que estaba en
Página

el aire, en el espacio, donde fuera que la señal telefónica tomaba mis


palabras. Esperaba que ella llorara, también. Estuviera decepcionada,
sorprendida, un poco perdida como yo. Pero no.
—Lo sé, pequeña. Sé dónde está.

Sus palabras me sorprendieron, haciendo a mi corazón palpitar en mi pecho.

—¿Qué quieres decir, con que sabes?

—Me envió algunas cartas con los años. Ella...

—¿Qué decían? —grazné, pánico burbujeando dentro de mí. ¿Qué pasa si


preguntó por mí? ¿Qué pasa si quería verme, pero Abue nunca me dijo? Esa
posibilidad me dejó helada.

—No quieres saberlo.

—¿No quiero saberlo? ¿Cómo pudiste ocultarme esto? ¡Necesito saber,


Abue!

Suspiró en el otro extremo y sabía que estaba exhalando el humo de su


cigarrillo. Instantáneamente podía olerlo, ese aroma puramente suyo. Flores y
humo. El olor de mi infancia. Podía imaginar cómo lucía, tumbada en la cama,
su oxigeno conectado a su nariz, su mano temblando mientras sostenía su
cigarrillo.

—Escribió para contarme sobre su nueva familia. Sobre cómo estaba mucho
mejor sin mí, sin ti y sin Arthur. Escribió casas malas, Julia. Cosas que no necesitas
saber.

—¿Alguna vez dijo por qué se fue? —Era la pregunta de la que más quería
respuesta, pero nunca había preguntado.

—Es una perra, Julia. Una perra egoísta. Sabes eso.

Una fea risa salió de entre mis labios.

—Sé eso. Pero ella dijo...

Estuvo en silencio por un momento antes de suspirar de nuevo.

—Nunca lo hizo. Sólo le pregunté una vez, después de que me envió la


primera carta. Tú tenías diez, once quizás, cuando llegó. Le envié una de vuelta
inmediatamente, ya que había una dirección de retorno. —Hizo una pausa—.
Le hice esa pregunta. Pero cuando escribió tres años después, no lo mencionó.
123

Me pasé una mano por mi cara, sintiéndome en carne viva, como cuando
era una niña quien quería a su mami. Fue escalofriante.
Página

—No le escribí de nuevo. Sabía que era inútil. Siento que hayas tenido que
verla. Mi guardia, Robby, me dijo que tú y Cole habían ido a Nueva York, pero
ni siquiera pensé en ti corriendo hacia ella. Debería haberte advertido.
—No es tu culpa, Abue. Además. ¿Cómo podrías haberme advertido? No
tengo mi teléfono. —La amargura se extendió a través de mí por la forma en
que fui arrastrasñda del Rapture.

—No seas tan dura con él, Julia.

—¿Dura con quién? ¿Cole? ¿Hablas en serio?

—Es simplemente un hombre, pequeña.

—Sí, ¡es un idiota! —resoplé.

—¿Recuerdas la primera vez que lo trajiste a casa?

Me froté el lado de mi cara.

—Si... —Estaba sorprendida de que lo recordara.

—Él ya te amaba entonces.

—Oh, Abue.

—No oh, Abue conmigo. Sabes que estoy en lo correcto. Sabes de sobra
que ese hombre te ama.

—Pero Abue, no sabes las cosas que hace...

—¿Te refieres a cómo asesinó a su hermano?

Aspiré una bocanada de aire.

—¿Cómo sabes sobre eso?

Se rió entre dientes.

—Lo reconocí, Julia. Su rostro estuvo en la televisión por meses hace unos diez
años atrás. No es frecuente que un billonario arranque el corazón de su propio
hermano y lo entierre en el patio trasero.

—¿Lo sabías? ¿Sabías quién era cuando lo presenté? ¿Lo qué había hecho?
—le pregunté con incredulidad.

Las palabras de Abue de hace algunos meses saltaron a mi cabeza: Sólo


necesitas a alguien que te amé sin destruirse entre ustedes en el proceso. Un
124

amor real que no esté salpicado con el recuerdo de la sangre de ella.

—La sangre de ella. —Las palabras cayeron de mis labios.


Página

—Sí.
—Pero era su hermano a quien mató, no su hermana. Era la sangre de su
hermano que estaba sobre él.

—Pero ella era a la que amaba, Julia. No necesitas a un corresponsal para


decirte eso.

Dejé que sus palabras rodaran en mi cabeza.

—Está bien, ¿Pero por qué no me dijiste?

—No creí que importara.

Esperé a que se explicara mejor.

—¿Eso es todo lo que tienes que decir? ¿Por qué al menos no me advertiste?

—¿Advertirte de qué, pequeña? ¿De que te amaba?

Apreté mis dientes.

—No, acerca del asesinato, Abue.

Hubo una pausa y la escuché buscando algo a tientas antes del familiar
sonido del ligero engranaje que llegó a través del teléfono.

—Pensé que lo sabías.

Froté mi frente y negué con la cabeza, una sonrisa brotando de mis labios.
Claro que Abue lo sabía. Por supuesto que sí.

—Además, no estaba preocupada sobre ti. Sabía que él te amaba.

—No lo sé... no actúa como si lo hiciera. —Él llamándome puta antes vino a
mi mente.

—Es un hombre, Julia. Un rico y poderoso hombre. Toda otra raza de hombre.
Recuerda eso. —Se detuvo y oí la voz de alguien en el fondo—. Oye, Robby
acaba de llegar con las damas. Voy a azotar su culo como la otra noche.

Sonreí, mi cara sintiéndose apretada.

—Y no te preocupes, ¿Está bien? Tu mamá se lo perdió, no al revés. Tomate


un tiempo mientras estas allá y disfruta Nueva York. No dejes a todas esas
125

pendejadas desanimarte. ¿Está bien?

—Está bien. —Asentí con la cabeza, deseando poder abrazarla y respirar su


aroma.
Página

Ambas dijimos adiós y colgamos. Quité el teléfono de mi oído y miré


fijamente abajo, hacia la pantalla. Había una foto de mi fijada de fondo.
Estaba riendo y mirando lejos de la cámara. Chispeantes luces doradas me
iluminaban en la foto, e inmediatamente reconocí el vestido rosado que había
usado cuando fuimos a cenar a New Orleans. Debió haberla tomado durante
la cena sin que lo notara.

Quería molestarme por ello, pero no. Algo dentro de mí se calentó, como la
mujer tonta que era. Giré la pantalla apagada y comencé a salir del coche
cuando el teléfono de Cole comenzó a sonar de nuevo. Miré hacia abajo,
sorpresa corriendo por mi cuerpo por el nombre iluminando la pantalla.
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Página
16
Traducido por Kmila92

Corregido por Celemg

Julia
—¿Vic?

—¡Jewel! Oh, gracias a Dios. ¡He estado tan jodidamente preocupado por ti!
¿Estás bien? ¿Dónde estás? Dime e iré a buscarte ahora mismo.

—No me creerías si te dijera —murmuré, pasando una mano por mi pelo.

—No importa donde sea. Dime e iré por ti. —Su tono era serio, en pánico.

—Estoy bien, Vic. Estoy en Nueva York, lo creas o no.

—¿Estás jodidamente bromeando? —Su voz parecía más lejana por un


momento—. Ese maldito psicópata la llevó a Nueva York.

—Vic, cálmate. Está bien, en serio. Estoy bien. Él no me hizo daño.

—¿No te hizo daño? ¿Estás hablando en serio? Vi la manera en que te


arrastró hasta ese vestidor y la forma en que te sacó. Como si fueras una
especie de esclava o algo así.

Solté un bufido.

—¿Esclava? ¿Vic, en serio?

—Parecía que quería matarte —dijo sombríamente.

—Bueno, no lo hizo. Estoy bien... no gracias a ti. ¿Qué fue todo eso sobre el
escenario, de todos modos? ¿Por qué hiciste esas cosas?

—¿Qué cosas?
127

Rodé mis ojos

—Cuida a Weasley por mí por favor. Tengo que irme. —No estaba de humor
para esto. No ahora. Vic era mi mejor amigo, pero tenía demasiado en mi
Página

mente para tratar con él.


—Jewel, espera —hizo una pausa y oí pies arrastrándose, y el sonido
característico de una puerta abriéndose—. Yo... sobre la otra noche.

—Ahórratelo —murmuré—. ¿Cuidarás a Weasley mientras estés allá?

—Sí, pero...

La puerta de la limusina se abrió y Cole metió su cabeza dentro.

—Tengo que irme, Vic —colgué y sostuve el teléfono hacia Cole. No me


perdí la expresión venenosa en su cara. Como sea, él puede estar molesto si
quiere. No me importa.

Lo seguí a su edificio y subimos al ascensor en silencio. Una vez dentro del


penthouse, se quitó la chaqueta de su traje, extendiéndola sobre el respaldo
del sofá antes de ir a la cocina. Yo quería ir dentro de su habitación y dormir
por siempre; sólo pensar en eso era tentador, pero no podía. Físicamente no
podía hacerme ir allí, no sin hablarlo con Cole. Agitación quemaba debajo de
mi piel. La mirada que me dio cuando colgué el teléfono en el auto se
mantenía en mi mente.

Sacó un gran contenedor negro de vidrio, con alcohol de color oscuro del
congelador y se sirvió un vaso.

—¿No vas a decir nada? —Me acerqué y me apoyé contra el mostrador.

Me miró, su mirada buscando la mía por un breve segundo.

—Claro. ¿Quieres un vaso?

—Eso no es lo que quería decir, pero sí, quiero. —Una bebida era más que
apropiada esta noche.

Me sirvió y lo deslizó a través de la barra de mármol. Pero no dijo nada. Tomé


un sorbo, dejando que el alcohol quemara su camino por mi garganta. Era
diferente a cualquier cosa que haya probado alguna vez. Estaba segura de
que era whisky, pero no del tipo que hubiera podido conseguir antes.

—¿Te gusta?

—Está bien.
128

—Eh. ¿Sólo bien? Es uno de los diez mejores whiskies comprados en el mundo.

Tomé otro sorbo, pensando en sus palabras mientras el líquido me calentaba.


Página

—El licor Obsidian era siempre demasiado caro para mí, y cuando finalmente
tenía dinero suficiente después de que empecé el desnudismo, el club no lo
llevaba. Así que, nunca lo probé.
Parece extraño pensar que estaba aquí en el penthouse del hombre detrás
de un negocio billonario. El negocio que hizo desde cero, cada botella
confeccionada de vidrio volcánico. Ellos tenían su propio vino, su propio whisky,
vodka, de todo. Había destilerías en todo el mundo que se alimentaban de su
enorme compañía. Ubicadas en una tonelada de países. Últimamente era fácil
de olvidar.

Él es un hombre, Julia. Un rico y poderoso hombre. Toda otra raza de hombre.


Las palabras de Abue hicieron eco en mi cabeza.

—Nunca bebiste el vino que te envié. —Era una afirmación, no una


pregunta.

Recordé despertar meses atrás después de que él me folló en el Rapture X


sobre rosas amarillas y vino tinto Obsidian, pero nunca lo bebí, y cuando dejé
mi departamento lo dejé atrás.

—No.

Silencio se extendió entre nosotros. Cole miró hacia su vaso de whisky y yo


miré hacia él. Parecía enojado, lo cual era por supuesto la historia de su vida
aparentemente. ¿Hubo alguna vez un momento en que no estuviera
jodidamente enojado sobre algo?

—Sólo dilo ya, Cole.

Me miró; las piscinas azul oscuro de sus ojos parecían arremolinarse con
emoción.

—¿Decir qué?

—¿No vas a gritarme y llamarme puta de nuevo? Me imagino que sé por qué
estás cabreado, ¿porque estaba hablando con Vic? —Elevé mis cejas hacia
él—. O mejor aún, ¿vas a follarte mi oído para probar que te pertenece,
también?

Él entrecerró sus ojos y se inclinó hacia mí.

—Los dos sabemos que tu oído no es lo suficientemente grande como para


manejar lo que tengo. —Una pequeña sonrisa apareció en el borde de sus
labios, escondida entre los contornos de su oscura expresión.
129

Estaba tan sorprendida de que estuviera tomándome el pelo que casi me


sonreí. Lo atrapé antes de que pudiera suceder.
Página

—No estoy jugando.


Suspiró pero no dijo nada. Decepción brotó dentro de mí, junto con todo lo
demás que estaba sintiendo. ¿Cómo fue, que a pesar de todo, a pesar de
todas las cosas de mierda que habían pasado, sólo hoy, Cole aún tenía el
poder de herirme? Esperaba que se disculpara, quizás me hacía débil, pero
quería que se disculpara. Quería acurrucarme en sus brazos y olvidar lo malo.
Sólo quería estar con él. Podríamos estar juntos. Sería sencillo. Eso es lo que
anhelaba. Simple.

Pero nada nunca sería simple con él. Me tomé el resto de mi bebida y me
dirigí a la habitación. Me desnudé y tomé una ducha, dejando que el agua
caliente me limpiara lo mejor posible, pero realmente no ayudó. Y cuando salí,
Cole estaba en la habitación a oscuras usando sólo boxers, gritando
furiosamente en su teléfono.

—¿Qué mierda quieres decir? —se detuvo—. ¡Quiero respuestas ahora! No


me importa a quien tengas que joder para conseguirlas, pero las quiero.

Me detuve en la puerta, agarrando la toalla en mi pecho.

—Ya terminé de jugar este juego de adivinanzas. ¡Terminé! —Podía escuchar


a alguien hablando frenéticamente en el otro extremo, pero Cole finalizó la
llamada antes de que pudiera terminar lo que estaba diciendo.

Me miró. Me quedé congelada, agua goteando por mi espalda.

—¿Qué pasó? —No quería preguntar. No creo poder soportar más malas
noticias.

Soltó un profundo suspiro y sacudió la cabeza.

—Esto es todo tan jodido.

Asentí y me moví alrededor de él, deslizándome en el camisón de seda que


había colocado sobre la cama. La única luz en la habitación venía de la gran
televisión LCD en la pared, mostrando alguna película de acción silenciada.

—Recibí un texto mientras estabas en la ducha.

—¿De quién?

—De un número desconocido.


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Mi corazón saltó en mi garganta y me di la vuelta.

—¿Qué?
Página

Él pasó una mano por su cabello, tirando de los largos mechones.

—¿Qué decía?
Cole le dio un toque a su teléfono, luego leyó el mensaje en voz alta.

—Claramente no sabes cómo escuchar, perra. Así que parece que voy a
enseñarte. Por cierto, lindo show el de la otra noche. Tenía el mejor asiento en
la casa.

Mi piel se erizó y miré alrededor, nerviosa. ¿Estaba allí la otra noche? ¿Me
observaba bailar después de todo?

—Eso es...

—Eso es todo lo que dice. —Tiró su teléfono sobre la cama enojado—. Mis
hombres están en ello.

Asentí y me metí en la cama. Miedo retorciendo mis entrañas, pero apenas


lo sentí.

Algo como la indiferencia se extendió a través de mis extremidades,


adormeciéndome del todo. Me tumbé tan lejos del lado de Cole como fuera
posible y me acurruqué en mí misma.

¿Por qué yo? ¿Por qué todo esto está pasando? No tenía duda alguna de
que el mensaje era para mí. ¿Cómo obtuvieron el número de Cole? ¿Cómo
sabían algo de esto?

Oí la televisión apagarse mientras su musculoso brazo serpenteó alrededor


de mí, tirándome en una posición de cucharita, mi espalda en la parte
delantera de Cole.

—Vamos a averiguar quién es —dijo con certeza.

—Está bien —le susurré. No tenía la energía para salir de su abrazo.

Se quedó en silencio, durante unos momentos y pude sentir el repiqueteo de


su corazón contra mi espalda.

—Lo siento.

Las palabras me sorprendieron.

—¿Qué?

—Lo siento —dice de nuevo—. Por antes. Por llamarte puta. —Apretó sus
131

brazos alrededor de mi cintura como si estuviera asustado de que me fuera


flotando—. La mierda se pone tan enredada en mi cabeza. Las cosas contigo.
Están tan enredadas que no se dónde comienza mi amor y termina mi
Página

obsesión. —Soltó una respiración reprimida, que cosquilleó mi cuello—. No creo


que seas una puta. Sólo... cuando te vi con él la otra noche... —Flexionó su
puño en mi cintura—. No pude manejarlo, Julia. Aún no puedo manejarlo.

—Lo hice para ayudarte. —Las palabras brotaron de mis labios y me di la


vuelta, enfrentándolo—. Lo hice para tratar de salvarte. No quería a nadie
hiriéndote. Pero supongo que fue inútil. Quien quiera que sea... sólo está
jodiendo conmigo ahora. —Apenas podía distinguir los contornos de su cara.
Parpadeé con fuerza, tratando de enfocarlo y quitar los pensamientos de
pánico de mi cabeza—. No sabía que él haría eso. Jamás fue parte del...

—Lo sé —me interrumpió—. El hecho de que mi madre estuviera allí, y elaine


también, demuestra que no fue tu culpa. Probablemente fue algo que ellas
cocinan con Vic así que, que lo viera era el propósito.

—Vic no haría eso —dije al instante.

Él resopló, pero no dijo nada.

—No sé de qué se trataba todo eso. Sólo quería que todo esto termine.

Arrastró una de sus manos a lo largo de mi mejilla.

—Lo sé, nena. —El afecto hizo que mi corazón golpee rápido—. ¿Puedes
perdonarme? —Las palabras rodaron de su lengua con un timbre desesperado
en ellas, como si él necesitara mi perdón más que nada.

Asentí lentamente, sabiendo que él podría sentir mi movimiento.

—Te amo —dijo en voz baja.

La palabra amor me hace pensar en mi mamá. No sé por qué, pero ella saltó
al frente de mi mente, llenándome de dudas.

—¿Cómo puedes amarme? Ni siquiera mi propia madre me ama.

—No. Julia, no digas eso. —Cole agarró mi cara con su otra mano—. Que se
joda. Ella es la única que se lo pierde.

—Eso es lo que Abue dijo, también —resoplé.

—Yo te amo, Julia. Y lo siento por la mierda que tiré esta mañana e ir como
un loco posesivo la noche anterior. No debería, pero te amo. Casi demasiado.
132

Me destrozó verte con él. Esa es la única razón por la que reaccioné de la
manera en que lo hice. Es la única razón por la que dije esa mierda de ti esta
mañana. —Las palabras se derramaban de entre sus labios rápidamente como
Página

si hubiera estado considerándolas cuidadosamente, memorizándolas—. Estaba


herido y quise hacerte daño. Estuvo mal de todos modos, pero especialmente
después de toda la mierda por la que has pasado. Yo...
—Cole. —Presioné mi dedo en sus labios, deseando poder ver su hermoso
rostro—. Está bien. —Y lo estaba. Lo entendía. Un recuerdo pasó por mi mente—
. Estaba mojada para ti esa noche.

—¿Qué noche?

—La primera noche que te vi con Elaine, cuando viniste a Ecstasy, el club
afterhour. —El recuerdo cruzó en mi cabeza, la manera en que los ladrillos
calientes picaban mi espalda, la forma en que sus manos se sentían sobre mí.
Me hizo temblar—. Preguntaste si ese camarero con quien estaba bailando me
había hecho mojar. Te dije que lo hizo, pero no. Fuiste tú. Sólo tú. —Había
querido hacerle daño como él me había herido a mí. Y ahora que él había
hecho algo similar, lo entendí. Jodidamente lo entendí.

Cole estaba en silencio y me pregunté que estaba pensando. Los


centímetros que separaban nuestras caras eran llenados con ira de palabras
no dichas, sentimientos y pensamientos. Quería meterme dentro de su cabeza
y saber todos sus secretos. Quería saberlo todo.

—Gracias.

Sus palabras me sorprendieron.

—¿Por qué?

—No soy como él.

Fruncí el ceño mientras movía la punta de mis dedos hacia atrás y adelante
sobre la barba insipiente en su mandíbula.

—¿Cómo quien?

—Como Kevin. —Deslizó sus dedos en mi pelo y me jaló más cerca—. No soy
uno de esos hombres que te humilla, abusa de ti con palabras, y luego dice lo
siento sólo para hacerlo de nuevo. —Se estremeció—. No soy así. —Su voz era
ronca, sus palabras se quebraban al final.

—¿Pero qué hay... qué hay con lo que hiciste antes? —Dejé que las palabras
escapen de mi boca. Tengo que saber qué pasó con Garrett y Sandy.

Sus manos temblaban en mi cabello, sacudiéndose contra mi carne.


133

—Yo... te lo diré, Julia. Lo haré. —Dejó escapar un suspiro tembloroso—.


Pronto. Por favor.
Página

Quería saber, pero estaba bien con esperar. No debería haberlo estado.
Debería haber exigido respuestas, pero había aprendido suficiente por hoy.
Podía pasar otro día sin saberlo.
—No merezco tu perdón por lo que he dicho, por actuar como un idiota.
Pero maldición lo quiero. Y voy a demostrarte que no soy así. No soy él. No lo
soy.

Mi corazón estaba tan lleno que amenazaba con salirse de mi pecho y


estallar.

Se inclinó y rozó sus labios con los míos y pude probar su amor. No era limpio
o prístino. Era conflictivo y roto. Pero estaba bien con eso. Sabía que el amor
que tenía para ofrecerle no era mucho mejor. Estaba fracturado. Pero sería
suficiente.

Él me ama.

Eso es lo que todos ellos dicen. Las palabras de Jennifer hicieron eco en mi
cabeza y estaba llena de dudas. Presionaban con fuerza sobre mi palpitante
corazón. Mordí mi labio y miré hacia su silueta, deseando poder verlo, pero no
quería moverme a encender la luz.

Alejé todo, todas mis dudas, su madre, todo, y me dejé a la deriva en un


sueño inquieto.
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Página
17
Traducido por LittleCatNorth

Corregido por Ami

Cole
Aseguré la mano de Julia apretadamente en la mía mientras nos dirigimos
hacia nuestro destino. Habían sido varios días desde que me había disculpado
por ser un idiota colosal. Y en ese tiempo las cosas habían sido simples y lindas,
bueno, tan simple como podía ser bajo las circunstancias. Los últimos días
habían sido los mejores de mi vida. Julia y yo no habíamos hecho nada
especial. En su mayor parte dormimos, ella más que yo. Y trabajé, también.
Asistí a un par de reuniones de la junta a la mañana temprano que se habían
retrasado por mucho tiempo, dejándola en la cama con un equipo entero de
guardias justo fuera de las puertas del penthouse. La mayoría de las veces,
llegué a casa antes de que ella se levantara.

Nos quedamos en la casa y ordenamos comida, teniendo todo tipo de


comida deliciosa entregada. Miramos televisión. Hicimos cosas que hacen las
personas normales cuando están enamorados, además del sexo. No hicimos
eso. Quería hacerlo. Joder, realmente quería hacerlo. Pero estaba intentando
mostrarle que no era un hombre de las cavernas. Y eso era tan difícil como el
infierno. Cada vez que la veía quería estar enterrado en ella, con sus gemidos
en mis oídos. Pero me contenía. Julia era esa perfecta, hermosa criatura que
había sido lastimada repetidamente por un hombre que creía amar. Había
sencillamente salido de esa relación viva, y entonces aquí estaba yo
reclamándola, marcándola, exigiendo que sea sólo mía y derribándola al
mismo tiempo. Era espantoso. Y no merecía su presencia, pero de alguna
manera me perdonó, como si eso nunca hubiera pasado.

Hice un punto para mostrarle más de mí. Para mostrarle mi amor en formas
que no implicaran mi cuerpo, incluso aunque fuera tan difícil como no follae,
literalmente. No había traído a colación el hecho de que no habíamos tenido
sexo, aunque un montón de veces parecía un poco perdida en sus
135

pensamientos. Iba a preguntarle si estaba bien, y sonreía y me hacía a un lado,


diciendo estar agobiada.
Página

Ayer la encontré en la ducha, sentada en el pequeño asiento llorando. La


escena me rompió y cuando le pregunté qué pasaba, tan sólo había musitado
varias palabras contra mi pecho. Sólo capturé una de ellas.
Mamá.

Un mal sabor, como una garra se apretó alrededor de mi corazón. Después


del ataque de llanto en el auto, parecía haber dejado ir el intervalo con su
madre como si no significara nada, pero claramente significaba. Y esto me
destruyó, porque no podía arreglarlo. Porque no podía sólo comprarle una
nueva mamá. Casi resoplaba por el pensamiento. Ya había intentado eso por
mí mismo; demonios, con todas las cirugías plásticas que mi mamá tuvo en
estos años, prácticamente tenía una nueva mamá.

Capturé sus sollozos de nuevo después de salir de la ducha hoy y decidí que
iba a sacarla y mostrarle mis cosas favoritas acerca de Nueva York. Dupliqué la
cantidad de guardias para la ocasión.

—Vamos —dije mientras la limo rodaba hasta un alto. Ya habíamos tenido


una cena en un restaurante italiano de mala muerte en la Manhattan baja. Era
uno de los primeros lugares que había visitado después de mudarme a la Gran
Manzana, y uno de mis favoritos en absoluto.

—¿Dónde estamos? —Trepó fuera—. Oh, mi…

Un muelle se extendía delante de nosotros, con puestos de comidas y


atracciones de feria iluminados con luces crudas contra la oscura noche, con
vista al océano. La gente estaba esparcida por todo el lugar. Parejas
tomándose de las manos. Niños riendo. Era una vista majestuosa, con el
rompimiento de las olas como música de fondo.

—Es hermoso.

Eché una mirada hacia ella. Estaba iluminada en el suave resplandor


amarillo de las luces, usando un simple vestido blanco que se pegaba a ella y
se detenía a mitad de sus muslos. Tacones bajos blancos cubrían sus pies y su
cabello estaba en un montón sobre su cabeza. Pequeños zarcillos azules
rozaban en la parte superior de sus desnudos hombros.

—Sorprendente —murmuré, mi polla tirante en mis pantalones.

Sonrió.

—De repente siento que estoy en una de esas películas románticas que
vimos.
136

Enganché su mano y comencé a dirigirla hacia adelante.

—Quizás lo estás.
Página

Me dio una mirada de lado y sacudió su cabeza.


—Esas películas no son sobre gente como nosotros.

—¿A qué te refieres? —El retumbar de la música de una de las atracciones


sacudió el muelle.

—Bueno, para empezar, soy una desnudista, o... Bueno, una antigua
desnudista convertida en cajera de una estación de gas —resopló—. Y tú,
bueno tú eres…

—Un asesino.

—Sí... Eso.

Mi teléfono zumbó en mi bolsillo y lo saqué; mi madre estaba llamando. Aún


no había hablado con ella. Ni siquiera había podido verla después de lo que
hizo. Poniendo a Julia en un escenario con Victor Marlin, potencialmente
poniéndola en peligro.

—¿Es tu mamá? —preguntó Julia.

—Sí. —Empujé mi teléfono de regreso a mi bolsillo.

—¿Por qué no respondes?

—No tengo nada que decirle.

Caímos dentro de un momento de silencio mientras caminábamos a través


de la multitud de gente. Un hombre pintado de plateado malabareaba tres
palos encendidos para un grupo de niños, todos estaban chillando
emocionados.

—Te ama. Lo sabes.

Palidecí.

—No digas eso.

—Lo hace. De manera atrasada, pero eso es amor.

La idea entera se sentía incorrecta, pero presioné a Julia de todas formas.

—¿Por qué piensas eso?


137

—Porque me lo dijo.

Había olvidado que no solamente Jennifer la había puesto en el escenario,


sino que también había trabajado con ella para hacerlo. Quiero decir que
Página

habían hablado la una con la otra.

—Miente. Mucho.
—Y parecía pensar que era gracioso que yo pensara que Elaine estaba
detrás de los ataques. Dijo que la matarías si descubrías que ella tenía algo que
ver con eso.

—Tiene razón —dije sin dudas—. Nadie te lastima y se sale con la suya.
Vamos. —Señalé la cabina de boletos—. Vamos a subir a la Rueda de la
Fortuna.

—No creo que Jennifer sea quien está detrás de mi ataque, o el asesinato de
Mandi. Tuvo una abundancia de oportunidades para hacerlo, o pagarle a
alguien más para que lo hiciera. Pero no lo hizo.

Consideré eso. Me confundía que mi madre pasara por todos los problemas
que tendría si descubriera que está detrás de lo que le pasó a Julia. Me sentí
determinado en el principio, pero entonces me enteré que Jay había
trabajado con Kevin, y entonces Kevin desapareció, haciéndome retroceder la
idea.

—¿Encontraste algo acerca del número desconocido del mensaje? —


preguntó.

No hablamos acerca de esto, no hasta la noche en que me llegó ese


mensaje de texto. Tuve la clara sensación de que Julia realmente no quería
saber, lo cual fue el por qué no volvió a preguntar otra vez. Como si quisiera
pretender que eso realmente no sucedió.

—Sí. —Lo encontré el día siguiente cuando estaba dejando una junta
directiva. Jim llamó con noticias que sólo me hicieron enojar más. Pero
entonces recordé que nunca le dije acerca del nombre asociado con el
número—. La cuenta está registrada por mi hermano, Garrett Maddon.

Jadeó.

—Pero…

Saqué mi billetera y pagué por los boletos, sonriendo a la mujer detrás del
cristal.

—Está muerto. Lo sé. Créeme. Lo maté. Pero ambos mensajes vienen de la


misma cuenta. Una cuenta registrada por él.
138

Abordamos la Rueda de la Fortuna, entrando en nuestra propia canasta


blanca que nos albergaba sólo a nosotros dos.

Se sentó al otro lado de mí, mirándome, pero sus ojos estaban distantes.
Página

—Está registrado bajo el nombre de Garrett... Kevin no tenía el conocimiento


de esas cosas acerca de ti —dijo lentamente, frunciendo el ceño—. No sabía
de tu hermano... Y de lo que pasó. Además, incluso si lo sabía, no lo veo detrás
de todos los problemas. Es ansioso, no un conspirador hasta el punto de hacer
algo como eso. —Se inclinó contra el asiento mientras el recorrido se movía,
permitiendo a otras personas abordar en las canastas debajo de nosotros.

—No lo sé. Nada de esto tiene sentido. Mi mamá intentando ayudar... —La
definición de mi madre de ayudando era cuestionable. Pagó una considerable
suma para meterme en prisión, y mi acusación no se mantuvo presente por
tanto tiempo. Si no intentaba ayudar, ¿entonces por qué estaba haciendo
esto? No le di lo que quería cuando me fui con Elaine, así que me preguntaba
si estaba tratando de lastimarme a propósito dándole un baile a Julia con
Victor porque sabía que lo vería. Eso no tenía sentido tampoco; incluso el juez
admitió que no se suponía que me dejaran salir hasta la mañana siguiente,
pero le pagué más que ella.

Froté mis sienes. Nada tenía sentido.

—La persona que está haciendo esto está allá. Sabemos que se están
basando en el mensaje de texto. —Julia mordió su labio y podía literalmente
ver las ruedas girando en su cabeza. Después de varios momentos, puso su
mano sobre la mía—. Sé que no quieres hablar de eso... —Escondió un mechón
de cabello tras su oreja nerviosamente—. Pero creo que necesitas decirme lo
que pasó esa noche con tu hermano y Sandy. Quien quiera que sea conoce tu
pasado, al menos lo suficiente como para saber cómo herirte. Quizás lo que
pasó en ese entonces tiene algo que ver con esto.

Ella no había sacado el tema desde la noche en que me disculpé,


aparentemente bien con dejar de lado el asesinato de mi hermano por el
momento. Parte de mí había esperado que sólo lo dejara ir. Que mis demonios
pudieran permanecer ocultos. Que la permanente mancha de sangre sobre mi
vida se volviera invisible.

—Yo... No lo sé. —Nunca le dije a nadie, no la historia completa. La prensa


tenía sus mentiras y sus opiniones. Nadie realmente sabía, ni siquiera mi madre
quién había visto la sangre en mí.

—Esta bien, Cole. Puedes confiar en mí. —Frotó su mano atrás y adelante
sobre la mía.

Tragué un nudo en mi garganta.


139

—Yo... —Escenas de esa noche iluminaron en mi cabeza.

No hagas esto, Cole. Soy tu hermano. Tu único hermano.


Página
Alejé su voz. ¿Qué pensaría de mí cuando le dijera? ¿Cómo se sentiría
cuando oyera acerca de cómo mi hermano había llorado, cómo había
rogado por su vida? No mostré piedad. Ni por mi propio hermano.

La Rueda de la Fortuna se detuvo y nosotros estábamos en la parte superior,


viendo desde arriba el Océano Atlántico de un lado y los edificios de la ciudad
de Nueva York del otro.

—Esto es importante. —Apretó mi mano.

—Vas a pensar que soy un monstruo —murmuré.

—Cole, ya lo pienso. —Sus ojos me rogaban—. Pero eres mi monstruo.

La miré intensamente, esperando, deseando que realmente sintiera esas


palabras. Me sujeté el puente de mi nariz con una mano.

—Esto... —Tomé una profunda respiración mientras la Rueda de la Fortuna


comenzó a moverse más rápidamente—. Fue hace diez años atrás y vivía en
Nueva Orleans. Todo lo de Obsidian Spirits comenzó ahí, de modo que es
donde tuve mi oficina principal. Viví ahí hasta el momento. La compañía no era
internacional aún, pero tuve unos buenos siete años dentro de mi negocio, y los
últimos tres años puse la compañía en un soporte de mil millones de dólares. La
verdad que de ser el chico pobre, que ahorraba todo el verano para comprar
algo, a tener más dinero de lo que jamás hubiera imaginado, fue... estimulante.
—Podía recordarme caminando dentro de la concesionaria de autos y
comprando un auto al contado con mi tarjeta de débito. Un auto que costó
cincuenta mil dólares—. Construí una casa para mi mamá. Era esa gran ridícula
mansión, con jodidos árboles importados de Sudáfrica y un jardín botánico que
cubría el tercer piso.

—La vi —dijo Julia—. Fotos en línea. Es hermosa.

Bufé.

—Odio esa casa. Quería quemarla... después de todo. —Aclaré mi


garganta—. Pero de cualquier forma, construí la casa para ella, mi hermana
Sandy, y Garrett. Ellos vivieron ahí cerca de un años antes de que todo pasara.
Garrett era un año mayor que yo, veintiséis en ese momento, y Sandy era seis
años menor que él. Fui ahí una noche. No vivía con ellos. No podía vivir cerca
de ellos, especialmente de mi madre. Pero Garrett, Sandy, y yo siempre tuvimos
140

relativamente una buena relación.

—¿Siempre te llevaste bien con ellos?


Página

—No diría siempre. Mi mamá y Sandy preferían a Garrett; siempre por alguna
razón. No lo entiendo. Incluso cuando gasté millones en ellos, él aún era el
favorito. —Mastiqué el interior de mi mejilla por la cruda sensación que eso me
daba—. Pero fui a casa una noche y...

Imágenes explotaron dentro de mi cabeza y estaba de regreso ahí. Estaba


caminando el camino principal de la gran mansión con estilo egipcio. Húmedo
calor presionaba contra mi piel, pareciendo adherirse a cada fibra de mi
cuerpo. No quería estar ahí, pero Elaine había dejado su teléfono celular en la
casa más temprano cuando había almorzado con mamá. No quería conducir
de regreso y buscarlo ella misma.

—Ve a buscarlo, cariño. ¿Por favooooor? Chuparé tu polla cuando llegues a


casa. —Una mamada no fue lo que me convenció de ir. Ya había follado a
una interna en mi oficina más temprano ese día. No necesita la mamada de
Elaine para satisfacerme, pero tampoco quería escuchar su queja, su gimoteo
y ruegos para que fuera a buscarlo.

Saqué mi llave y abrí la puerta principal. Eran un poco después de las once,
no era tarde, pero el recibidor principal estaba vacío. Sabía que mamá no
estaría ahí; Elaine mencionó que tenía planes y no regresaría hasta el día
siguiente.

Mamá había estado tratando de convencerme de contratar empleados, lo


que incluía criadas y mayordomos, la persona quien respondía a la puerta, un
equipo completamente vivo. Sólo rodé mis ojos hacia ella. ¿Por qué necesitaba
eso? No trabajaba, ¿Qué más tenía que hacer con su tiempo libre, excepto
limpiar y responder la puerta?

Me moví rápidamente a través del corredor y dentro del espacioso comedor


al final. Era más allá de la sala del té y la sala del almuerzo. Que jodido
desperdicio de espacio. Me gustaban las cosas lindas, seguro. Pero había un
punto donde era ridículo y demasiado, pero tuve que construirlo de cualquier
forma. Mi mamá y Sandy parecían tan emocionadas con la posibilidad de la
casa, de tener un lugar que fuera de nuestra propiedad, una perfecta
construcción con todo lo que alguna vez podrían desear. La emoción de mi
mamá no significaba mucho para mí, pero el alegre rostro de Sandy hizo que
todo valiera la pena, incluso si la mayoría de las cosas ridículas eran idea de
mamá.

No vi el teléfono Nokia en ninguna parte en el comedor, así que me moví por


la sala de té y la sala de almuerzo. No estaba en ninguno de ellos. ¿Dónde
141

podría estar? No podía sólo llamar a Elaine y preguntar dónde lo dejó, desde
que nuestro teléfono fijo no había sido conectado aún, así que no había
manera de que la contactara.
Página

Esto es jodidamente ridículo. Quería estar en casa, en cama, teniendo mi


polla chupada, así podía dormirme. Tenía una reunión con un inversor en la
mañana que podría potencialmente llevar la compañía al extranjero, lo cual
era justo donde quería ir. Bajé a un espacioso pasillo que se separaban de la
sala de almuerzo. Grandes pinturas caras colgaban de las paredes,
representando inmensos hermosos paisajes. Esta probablemente era la mejor
parte de la casa. No me detuve para admirar las pinturas, sin embargo. Me
mantuve en movimiento, en dirección a la más pequeña de las dos salas de la
planta baja. A mamá le gustaba quedarse ahí algunas veces, así que el
teléfono de Elaine probablemente estaba allí.

Podía oír la televisión funcionando detrás de la puerta cerrada y alguien


gimiendo. Una mujer. Sacudí mi cabeza. Garrett era el mayor adicto al porno.
No podía siquiera recordar cuantas veces lo atrapé masturbándose con porno
en nuestra habitación cuando regresaba a casa de las prácticas de fútbol en
las tardes. Ahora que era un adulto que tenía suscripciones a demasiadas
revistas pornos; lo sabía porque era yo quien pagaba la jodida cuenta. Había
perdido su empleo en una construcción cerca de tres años atrás y aún no
conseguía otro trabajo. Parecía contento de sentarse en casa y masturbarse
todo el día.

Empujé la puerta y me aseguré de que mis ojos estuvieran enfocados donde


sabía que estaba la televisión.

—Bien, Garrett, pon tu polla arriba. Estoy viendo.

Pero la TV no estaba reproduciendo porno. Estaba reproduciendo alguna


repetición de una situación de comedia de tarde noche. Me mantuve ahí,
parpadeando hacia eso. Hacia ellos. A Garrett y Sandy. Él la tenía curvada
sobre el brazo del sillón mientras golpeaba dentro de ella desde atrás. Ella gimió
mientras su piel golpeaba junta.

—¡¿Qué demonios?! —grité, llamando su atención.

—¡Oh, mi Dios! —gritó Sandy y se precipitó lejos de Garrett sobre la espalda


del sillón.

El rostro de Garrett se veía con igual sobresalto, su boca abierta mientras


miraba hacia mí.

—Mira, Cole...

Sacudí mi cabeza atrás y adelante. Esto no estaba pasando. Mi hermano no


142

estaba follando a mi hermanita. No. No. No.

—Esto no es lo que piensas. —dijo Garrett, calmadamente poniendo sus


Página

manos hacia afuera como si estuviera defendiéndose de mí. Pero no me moví.

Me mantuve completamente congelado en la entrada.


—Entonces, ¿qué demonios es esto? —Eché un vistazo a Sandy, quien
chasqueó su cabeza hacia arriba por detrás del sofá. Su rizado cabello estaba
desordenado. Su labio inferior temblando.

—La amo.

Giré de golpe mi cabeza de regreso hacia Garrett. Él corrió una mano a


través de su corto cabello oscuro. Incluso aunque éramos hermanos,
difícilmente nos parecíamos el uno al otro. Era un poco más bajo que yo, y más
flaco. Permaneció tieso, desnudo en el medio de la sala. Sus ropas estaban
dispersas sobre todo el lugar como si ellos hubiesen estado desesperados,
necesitados por quitárselas. Mi intestino se agitó.

—Es nuestra hermana, Garrett. Se supone que la amas. —Sacudí mi cabeza


atrás y adelante. Increíble.

—La amo más que eso.

—¡No! ¡Joder! —Presioné mi mano en mi frente—. ¡No! —grité de nuevo—. No.

—Sí.

—¡No! —Me abalancé sobre él, mi estado de parálisis se había ido. Nada
quedó en mí. Nada además de la ira. Viciosa, cruda, consumidora de todo ira.
Mi hermano tuvo su polla dentro de Sandy. Nuestra hermanita. Nuestra jodida
hermana—. ¡Tú jodido pedazo de mierda! —grité mientras lloraba sobre él,
haciendo llover golpes sobre su cuerpo.

—No, por favor, Cole. ¡No! —chilló Sandy, pero la ignoré.

Peleó, aterrizando un puñetazo derecho en mi intestino que me hizo


doblarme al medio, aire silbando de entre mis labios por el impacto.

Garrett rodó encima de mí y permaneció sobre mí, un hilo de sangre por el


lado de su boca.

—No quiero pelear contigo, hermano. Hablemos de esto.

Me apresuré a pararmw. Sandy llegó para pararse al lado de Garrett. Aún


estaba desnuda. Ambos lo estaban.

—¿Qué demonios estás haciendo, Sandy? ¿Qué demonios está pasando? —


143

Quería que me lo negara. Que me dijera que esto no era verdad, que las cosas
de las que había sido testigo eran un invento de mi imaginación, que sólo
estaba en el medio de una jodida pesadilla.
Página

—Está diciendo la verdad, Cole. —Su voz tembló—. Nos amamos. Estamos
enamorados.
—Pero contaste. Tú... Tú... Eres virgen. —farfullé las palabras patéticamente.

Había jugado el rol de hermano mayor protector toda mi vida. Desde el


momento en que Sandy nació la atesoré, especialmente desde que fui su
cuidador la mayoría del tiempo. Mamá siempre estaba fuera, se iba por días
cuando éramos niños. Garrett estaba demasiado preocupado de sí mismo y su
propio hambre, pero yo era el único que se preocupaba por la pequeña
Sandy, una niña que no podía cuidar de sí misma. Mientras crecía, la ayudé
con las tareas de la casa, vigilándola. Golpeé al alumno de quinto que la llamó
gorda una vez, incluso aunque yo era mucho mayor. La mantuve alejada de
idiotas que sólo querían usarla cuando estaba en la secundaria. Ella no había
estado con nadie. Sabía eso porque me lo dijo. Estaba guardándose para el
tipo correcto. Ese hombre que viniera y se arrastrara a sus pies. Eso fue lo que
dijo varios años atrás, y tanto como sabía, no tuvo una cita desde entonces.

Ella sacudió su cabeza.

—Mentí, Cole. No queríamos que supieras qué estaba pasando.

Garrett envolvió un musculoso brazo alrededor de sus hombros.

—Pero eso fue dos años atrás... Tú...

—Sí, Cole. Sí. —dijo ella.

Algo dentro de mí se endureció.

—¿Durante cuánto tiempo ha estado pasando esto?

Sandy echó una mirada arriba hacia Garrett, y él le dio un pequeño


asentimiento.

—Por seis años —murmuró Sandy.

—¿Seis años? Pero sólo tienes veinte.

—Seis años desde la primera vez que tuvimos sexo —añadió Garrett—.
Hemos estado juntos más tiempo que eso.

—Juntos —repetí. Mi mirada se disparó atrás y adelante entre ellos.


Envolviéndolos. Sandy se pegó al lado de Garrett, sus pequeñas manos
envueltas alrededor de su estómago. Su brazo estaba alrededor de sus
144

hombros, sus dedos deslizándose atrás y adelante, acariciando su piel. Los vi


hacer cosas similares a esto, no desnudos, por supuesto, pero había visto la
manera en que ellos reían juntos. La manera en la que él le hacía cosquillas. La
Página

manera en que ella corría hacia él cuando llegaba a casa. Siempre pensé que
sólo se preocupaba por él profundamente. Nunca tuve un pensamiento sobre
lo que podía estar pasando. Que a lo largo de nuestras vidas enteras algo más
oscuro, más siniestro, estuviera pasando entre ellos. No podía desentrañar esto.

—Era una niña. —Las palabras salieron ásperas mientras un recuerdo fue
empujado al frente de mi cerebro. Podía recordarme teniendo dieciséis y
entrando en la habitación de Sandy. Sólo tenía once y estaba sobresaltado de
que Garrett estuviera en la habitación con ella. Ella tiró de sus pantalones para
ponérselos mientras yo entraba. Por un fugaz momento, pensé en que algo era
raro, pero entonces Sandy me sonrió, iluminando sus hoyuelos. Comenzó a
parlotear acerca de algo, así que lo ignoré. Garrett no había dicho nada, sólo
frotó sus dedos atrás y adelante sobre sus labios mientras dejaba la habitación.
Era un recuerdo sin importancia para mí, pero ahora tenía sentido. Todo tenía
sentido. Todo esto golpeó en seco, todo junto en una enferma realidad.

La rabia vino después. El despreciable lodo de esto abriéndose paso a través


de mis venas, sumergiéndome hasta que no había nada más. Hasta que oí los
sonidos. Estaban cerca, pero lejos. El sonido de un chasquido, de carne contra
carne, pero no del mismo modo que cuando entré. No, estaba lejos de ser el
mismo sonido. No había gemidos. Este era el chasquido de puños golpeando
contra carne. Era el sonido de piel sangrienta golpeando mis nudillos.

Había gritos, también. Violentos gritos y arañazos, uñas desgarrando mi piel,


mi rostro. Todo fue demasiado. Era abrumador, por lo cual estaba agradecido
de estar tan lejos. No podía ver en frente de mí. Era como un lodo cubriéndolo
todo, incluso mi visión. Sólo continué moviéndome, mantuve mi puño
golpeándo contra la cosa debajo de mí. Mi hermano. No. No mi hermano.

—Por favor, Cole, ¡vas a matarlo! ¡Por favor! —Sus palabras me llevaron fuera
de esto. Me sacudieron de regreso a la realidad, aclarando todo de nuevo.

Miré hacia arriba, a sus ojos. Ella estaba de pie al otro lado de mí, viéndome
con lágrimas derramándose por su rostro.

—¿Por qué estás llorando, niña? —Estudié esos ojos, conmocionado de por
qué ella estaba demasiado trastornada. Habría hecho todo lo que pudiera en
mi vida para asegurarme de que Sandy estuviera bien, de que estaba
cuidando de ella. Habría vencido la mierda de la gente sólo para encontrar
que estaba mal con ella. Tenía que protegerla.

—¡Estás matándolo! —deploró. Y ahí fue cuando miré hacia abajo al


145

sangriento montón debajo de mí. Garrett farfulló, escupiendo sangre sobre el


prístino suelo de mármol.
Página

Y entonces recordé el por qué estaba aquí, por qué estaba enojado. Y
recordé que no la protegí como pensé que lo hacía. La vida había sido difícil
para todos con la forma en que era nuestra madre, pero me aseguré de que
Sandy estuviera bien, de que nadie la lastimaría. Y sin embargo, Garrett la
había lastimado. Garrett se había aprovechado de una niña que lo amaba.

—Él se aprovechó de ti. —Las palabras se sentían como fragmentos de cristal


rasgando mi garganta.

—No, no, no, no, no, Cole. Me ama. Siempre me amó. Lo amo. Por favor, sólo
por favor.

Ella estaba rogando por su vida. Rogando por el hombre que la violó. Porque
eso es lo que era, violación. Era una jodida violación.

—Él te violó.

—¡No! ¡Cole, no! Por favor, no fue así. ¡Nunca fue así!

Me quedé allí, trepado sobre el cuerpo de Garrett.

—Así que es eso, ¿eh? ¿Piensas que sólo puedes cabalgar hacia el atardecer
con tu propio hermano? ¿Con un sujeto que te hizo hacer cosas sexuales a los
once?

—Él no me forzó a hacer nada, Cole. ¡Deseaba eso! —Mocos y lágrimas


corrieron hacia abajo por su rostro, cayendo encima de su pecho.

—¿Deseabas eso? —grité—. ¿A los once deseabas eso? Ese día cuando
entré y subiste tus pantalones y él... él...

—Lo deseaba antes de eso. A él. Siempre lo deseé a él.

—Eres una jodida puta. —Las palabras cortaron mi garganta mientras las
articulaba, alejándome de ella. Sabía lo que tenía que hacer. Le había hecho
un lavado de cerebro, haciéndole algo para hacerla pensar que eso estaba
bien. Que podían follar y las cosas estarían bien. Esto no estaba bien. Y no
podía seguir pasando. Observé a Garrett.

Se quejó; uno de sus ojos estaba cerrado por la hinchazón, su nariz sangraba
profusamente y estaba muy malamente rota.

—Cole. —Podía ver que algunos de sus dientes habían desaparecido—. No


hagas esto, Cole. Soy tu hermano. Tu único hermano. —Su voz era rasposa,
húmeda, como si estuviera cubierta de sangre.
146

—No tengo un hermano. —Llegué hasta el interior de mi bolsillo trasero y


saqué mi navaja. Era nueva. Elaine la había comprado para mí un par de
Página

semanas atrás como mi regalo de cumpleaños. Sandy saltó sobre mi espalda,


intentando quitármela, gritando violentamente en mis oídos, pero yo era más
fuerte y sus intentos no importaban.
No sería Sandy lo que recordaría de ese momento. No serían sus gritos o sus
llantos. Sería la mirada en los ojos de Garrett mientras vio cuando hundí la hoja
dentro de su pecho. Estaba aterrado. Jodidamente asustado. No quería morir.
Sabía que no quería. Pero yo quería matarlo. Las cosas que había hecho. Tenía
que morir. Era la única manera en la que podía salvarla. Era la única manera
en la que ella sería libre de esto. Pude verlo en su rostro mientras daba la
miraba hacía sólo un momento. Estaba perdida en las mentiras de mierda de
amor.

Lo sabía mejor que cualquier otro. Había estado follando a todo tipo de
mujeres a través de los años. Todo el tiempo cuando Sandy fue una niña y él
estaba robando su inocencia, estuvo follando a otras personas. Lo había visto
follar otras chicas en fiestas en la secundaria, como adulto. Él era una
enfermedad. Una enfermedad que Sandy pensó que amaba. Una enfermedad
que mi madre adoraba. Tenía que irse. Era la única manera en que Sandy sería
capaz de ver con claridad.

Las cosas estaban en blanco después de eso. Después de que la hoja de la


navaja se deslizara a través de la carne y hueso de Garrett. Los gritos se habían
ido. El peso de Sandy sobre mi espalda se fue, también. Y comencé a
entender. Deslizando mi navaja a través de él. Clamando que la amaba. Mi
pequeña hermana. Follando con ella. Y entonces arranqué su corazón. No se
veía como si estuviera lleno de amor cuando arranqué el órgano
sangrientamente hinchado de su cuerpo.

El siguiente par de horas corrieron. Moví su cuerpo. Lo puse en una carretilla y


cavé un hoyo en la pastura detrás de la casa de mi madre. Lo enterré en una
tumba poco profunda, y escupí en ella antes de alejarme.

Cuando regresé a la casa, mamá estaba ahí. Estaba sorprendido. Se suponía


que no estaría en casa aún, no hasta mañana.

—¿Qué hiciste, Cole? —Miró hacia mí con ojos salvajes y pestañeé hacia
ella, preguntándome qué había visto. Preguntándome si podía ver la verdad
de lo que pasó, si podía sentirlo como yo, el peso de su sangre y sus pecados
presionando hacia sobre mi piel.

—Él hizo esto. —Mi voz sonaba como si no me perteneciera, pero era algo
así.
147

—¿Quién, Cole? —Dejó caer su bolso en el suelo y miró alrededor


frenéticamente. Y fue cuando lo vi. Un rastro de sangre. Estaba sobre su
precioso suelo de piedra—. ¿Dónde está Garrett? —Se giró—. ¡Garrett! —chilló,
Página

y comenzó a seguir el rastro—. ¡Sandy!


Algo en mí me dijo que la detuviera, pero no podía. En cambio, froté mis
manos atrás y adelante en la parte superior de mis pantalones húmedos y la
seguí.

Cuando estuvo dentro de la sala, miré su rostro en lugar de la escena frente


a nosotros. Sabía cómo se veía. Yo había hecho esto. Era sólo sangre ahora.
Mucha sangre roja, amarronada secándose sobre sus caros muebles y suelos.

—No. —La palabra salió como una súplica—. ¿Dónde está él, Cole? ¡Dime
dónde está! —Se mantuvo en frente de mí exigiendo respuestas, aunque no me
tocó. Su cabello rubio platinado estaba estilizado arriba sobre su cabeza y
pude oler su perfume costoso. Era peculiar el olor a cobre metiéndose en mi
nariz.

—Él lo hizo —dije. No podía quitar la imagen de mi cabeza. Él follando con


ella.

—Lo mataste, ¿no es cierto? —Arrastró sus temblorosas manos sobre su rostro.

—Él hizo eso —repetí, clavando mi mirada en sus ojos. Ojos muy parecidos a
los míos.

—¡Tú hiciste eso! Tú lo hiciste. ¡Tú! —Sus manos temblaron mientras me miraba.
El horror en su rostro era algo que estaría impreso en mi cerebro por siempre.
Miró hacia mí, hacia mi ropa cubierta de sangre, hacia la escena de horror
frente a nosotros—. ¿Cómo pudiste? ¿Cómo pudiste? —Sus palabras estallaron
a nuestro alrededor, pareciendo derretirse dentro de las costosas paredes de
piedra. El hogar que yo construí para ella. Su mirada era frenética, salvaje,
viendo hacia todas partes y a mí, todo a la vez—. ¿Dónde está Garrett, Cole?

¿Por qué está en casa? No debía haber regresado hasta mañana, hasta que
tuviera una oportunidad para limpiar todo, tener a Sandy en un avión hacia
algún lugar que pudiera ayudarla emocionalmente.

—¿Dónde está, Cole? —No iba a contestar, porque ella lo sabía. Sabía que
lo hacía. Por qué preguntó, no lo sé. No sé por qué se molestó en pretender
que no estábamos aquí, de pie en la casa del horror—. No lo hiciste. No
pudiste.

Ella siempre lo amó más. Incluso cuando nos dejó morirnos de hambre, fue a
él a quien abrazó cuando llegó a casa. Fue él a quien le pidió disculpas.
148

Siempre fue a él. Tanto ella como Sandy. Qué fue lo que hizo Garrett para
hacerlas amarlo más que a mí, nunca lo supe. Incluso después de que hice mi
dinero y les di una vida mejor, aún era yo él último en el pilar totémico.
Página

Pero la sangre en mis manos cambió eso.


—¿Dónde está Sandy?

—No lo sé.

—¿Los atrapaste? ¿Es por eso? —Su voz tembló mientras giró y se adelantó
subió las escaleras.

—¿Atraparlos? —Pero ella no contestó, y yo seguí detrás de ella—. ¿A qué te


refieres, mamá?

No pude tener mi respuesta porque ella gritó. Fue uno de esos sonidos que
rasga desde la parte más profunda de una persona, desde el centro de ella.
Era el grito que una persona da cuando su vida ha sido arrebatada. Conocía
muy bien eso. Sandy había gritado y rogado en mi oído por lo que parecieron
horas. Pero no eran más los gritos de Sandy. Eran de mi madre. Sandy nunca
volvería a gritar de nuevo. Su cuerpo colgaba en frente de nosotros desde el
límite superior de la viga. Una extensión de cuerda naranja estaba envuelta
alrededor de su cuello, una silla caída debajo de ella.

Su piel era púrpura y blanca, luciendo irregular y extraña. Sus ojos estaban
abiertos y vacíos. Y ella se había ido. Vi a mi madre correr hacia ella,
desplomándose a sus pies, pero no pude moverme. Sólo permanecí ahí y miré
dentro de esos ojos vacíos. Ojos que habían visto mirarme con la inocencia de
un niño. Ojos que habían suplicado por la vida de Garrett. Fui absorbido dentro
de la oscuridad de ello. Dentro del vacío. Absorbido hasta que la oscuridad
estaba toda a mi alrededor, sofocándome. Hasta que me fui.
149
Página
18
Traducido por Macaslomb

Corregido por Celemg

Julia
Me quedé mirando a Cole con incredulidad. Era la mirada que me había
estado dando toda la noche desde que me había dicho la verdad en la
Rueda de la Fortuna. Nos montamos en ella cinco veces, y yo le daba chico
más boletos cada vez, así que no tuvimos que bajar. No sabía lo que esperaba
de la historia. Pensé que iba a ser diferente. Que sería apartado de todo. Que
la historia sería como la que los tabloides y periódicos hicieron sonar. Pero no
fue así.

Él había terminado su historia y luego me ignoró. Había visto las lágrimas, la


luz amarilla del carnaval se reflejaban en sus orbes brillantes. Hicieron doler mi
corazón por él. Me destrozaba desde adentro hacia afuera. Sabía que estaba
roto por su pasado, pero no tenía ni idea de cuánto. Ni idea de lo mucho que
la gente en su vida lo había herido hasta que atacó y los hirió de regreso. Los
lastimó hasta que estuvieron muertos.

Se sentó frente a mí en un sofá de cuero en su ático. Cogió la botella de


whisky negro Obsidians en la mano y se quedó mirando fijamente a la TV que
colgaba sobre la repisa. Un partido de hockey estaba jugándose, pero no
podía decir quienes estaban jugando. Mi mirada nunca se desvió de Cole, no
por más de un segundo.

—Cole…

—No lo hagas. —No me miró, pero su tono era definitivo.

Fue la misma reacción que tuvo desde que terminó su historia. Había
hablado cada palabra con un dolor tan desgarrador que me hizo estremecer
oírlo actuar tan frío. Habíamos dejado el carnaval después del paseo de la
noria, y ni siquiera me miró desde entonces.
150

—Está bien. —Me senté a su lado.

Resopló y tomó un trago de su whisky.


Página
—¿Eso es lo que te dices a ti misma? Eso, está bien?, ¿que asesine a mi
propio hermano?, y ¿que obligué a mi hermana a suicidarse?

—No la forzaste a hacerlo. —Extendí la mano y toqué su brazo, rozando mis


dedos sobre la imagen de la cara triste de Sandy mirándome delineada en
tinta oscuras—. Ella tomó esa elección.

—Sí, bueno, no lo habría hecho si yo no lo hubiera matado.

—No sabías que iba a hacer eso.

—Nop. Y no hay nada que cambiar.

—Es por eso que tienes estos. —Toqué en sus dedos las letras en Inglés
Antiguo de la palabra de ellos en sus nudillos.

—En prisión. Sí. Justo antes de salir. —Dejó escapar un profundo suspiro—. Los
amo a ambos. A mi mamá también. Los amaba hasta que los odié y eso me
quebró. Tengo que recordármelo a mí mismo. Todavía los amo, a ella. A pesar
de que se suicidó. Quiero odiarla. Pero no lo hago. No puedo. No fue su culpa.

Apreté mis labios y estudié su perfil. Su pelo oscuro estaba despeinado de


correr sus dedos a través de él una y otra vez. Tenía una barba de tres días
sombreando sus mejillas. Era hermoso. Era ridículo llamar a un hombre hermoso,
pero no se podía negar. Él era perfecto. Las mangas de la camisa de vestir
estaban desabrochadas, sin orden y empujadas hasta los codos. Los pocos
botones superiores en el cuello desabotonados también.

—¿Podrías cambiarlo?

Me miró, por primera vez desde el paseo de la noria. Sus ojos azules oscuros
parecían girar con una tormenta interior que lo torturaba y devastaba, que
parecía interminable.

—No.

—¿De verdad? —Estaba sin aliento, sorprendida.

Sus ojos buscaron los míos.

—No lo cambiaría porque él todavía estaría vivo. Ese pedazo de mierda que
folló a mi hermana cuando era sólo una niña. —Él negó con la cabeza, sus ojos
151

brillando—. Quiero matarlo una y otra vez por eso. —Apretó la botella de licor
en la mano—. Una y otra y otra vez. —Su voz era ronca, sus ojos distantes,
perdidos en algún lugar del pasado que lo perseguiría para siempre.
Página

Envolví mis brazos alrededor de sus hombros y lo jalé hacia mí, apretando su
cabeza contra mi pecho. Se dejó ir sin resistencia.
—Te amo —le susurré en su cabello—. Te amo tanto, Cole. Tu pasado es tu
pasado. —Algo dentro de mí me decía que estaba loco, pero que era algo
pequeño e insignificante. Lo ignoré. Lo amaba. No había razones o peros al
respecto. No me importaba que hubiera matado a su hermano, o que me
hubiera acechado. Lo amaba, cada pieza rota de él. No sabía cuánto tiempo
me amaría, tal vez era sólo el sabor del mes, pero no me importaba. No ahora.
Estaba con él y eso era todo lo que importaba, el aquí y el ahora.

Después de varios minutos, me miró, con los ojos vidriosos y enrojecidos.

¿Y si no sabe lo mucho que lo amo? Se había pasado toda su vida siendo


herido en varias ocasiones por las personas que se suponía que iban a amarlo.
Y de pronto tenía que demostrarle mi amor. Necesitaba darle todo de mí.

Me incliné y presioné mis labios contra los suyos y me devolvió el beso, su


boca firme fusionada a la mía, como si estuviéramos hechos el uno para el otro.

—Dios, te amo —gimió contra mis labios.

Sus palabras hicieron un sonido involuntario desde mi boca hacia la suya.


Enredé mis manos en su pelo y lo besé con todo lo que tenía. Con cada gramo
de amor que tenía en mi corazón. Quería consumir cada parte de él con mi
amor. Quería ahogarlo en él hasta que estuviera tan profundo que nunca
cuestionara el verdadero amor de nuevo, ya que este lo envolvería en todo lo
que hacía.

Quería que se sintiera de la manera en que lo hice. Algo se estrelló en mi


mente. Me recordé a mí misma presionada contra Cole bajo el chorro caliente
de la ducha, de mi cuerpo y sus brazos alrededor de mí, sus palabras me
consumían.

Tenía razón, ya sabes, cuando te dije que rompía a las mujeres.

Pero entonces era borroso, fuera de foco y recordé que me ponía en la


cama mirando al techo con Cole junto a mí, susurrando en mi oído. Me
contaba sobre todas las cosas que sintió cuando me vio por primera vez. Me
dijo cómo se perdió entonces, desde el principio; él me pertenecía. Y entonces
estaba cantándome, alguna canción que no conocía. Cantó en voz baja y
luego en voz alta. Estaba encima de mí, en mi cabeza, a pesar de que yo no lo
sabía. Él estaba en todas partes. Su amor estaba en todas partes.
152

Envolviéndome por completo me levantó, reconfortándome mientras estaba


perdida en algún lugar de mi mente.

Lo empujé hacia atrás en el sofá y me puse encima de él, devorándolo con


Página

mis labios. Besándole la boca, la cara, el cuello…


—Cuidaste de mí —le dije entre besos—. Me amaste. Te quedaste conmigo.
—Algo caliente presionó en la parte posterior de mis ojos. Lo besé fuerte, más
rápido, necesitando que lo supiera. Mis manos estaban sobre él, tirando de su
camisa, de sus pantalones hasta que lo tuve desnudo delante de mí. Su gran
cuerpo se extendió en todo el sofá, la perfección absoluta de los músculos y
tatuajes esculpidos abultando la piel bronceada.

Y este hermoso hombre me amaba. Era mío. ¡Mío! Mi corazón gritó cuando
caí de rodillas delante de él y envolví mis labios alrededor de la polla dura entre
sus piernas.

—Julia —gimió mientras le chupaba hasta el fondo de mi garganta. Sólo me


enardecía llevarlo más profundo, hasta que me dieran arcadas alrededor de su
espesor. Trató de retroceder, pero no se lo permití. Lo seguí, desesperada por
tener cada centímetro de él, para que lo que tenía que mostrarle, que haría
todo por él.

Apretó los puños en mi pelo.

—Tienes que parar, Julia. Quiero… Necesito…

—Hazlo. —Me incliné hacia atrás y lo miré—. Folla mi cara, bebé. Hazlo. —
Conocía su mirada desafiante. Lo había querído desde ese día en mi
habitación, pero se reprimido porque tenía miedo de hacerme daño.

Le temblaban las manos en mi pelo.

—No puedo.

—Lo harás.

Cerró los ojos y vi un temblor en su mandíbula.

—Quería mostrarte que tengo más para ti que sólo sentimientos. Sexo.

Le sonreí, mi mano envuelta firmemente alrededor de la base de su polla.

—Sé que me amas. —Lamí mis labios—. Y ahora quiero la fuerza de tu polla
en mi garganta. Quiero que me hagas tomarte.

Su mandíbula se aflojó.
153

—Estás… —Tragó saliva, su nuez subiendo y bajando—. ¿Estás segura? Incluso


después…

Parpadeé confundida. ¿Realmente pensó que no lo desearía, después de


Página

esto, después de escuchar la verdad sobre lo que pasó?


—Te quiero más que antes. No me importa lo que has hecho, siempre y
cuando nunca dejes de amarme.

Algo retorcido pasó través de su iris antes de que apretara la mandíbula. No


esperé otro momento preciso. Lo volví a chupar, amando cada centímetro de
espesor de él mientras lo exploraba con mi lengua. Lo tragué todo,
atragantándome una y otra vez con su longitud, hasta que gimió y se retorció
debajo de mí salvajemente. Sus manos en mi pelo, me obligaron a tomar todo
de él una y otra vez hasta que gritó mi nombre y bombeó su semen en mi
garganta, haciéndome tragar hasta la última gota.

Y cuando todo terminó, me miró. Me quedé mirando a los ojos del hombre
que me amaba, y yo esperaba que él pudiera ver a mi amor que reflejaba de
regreso.
154
Página
19
Traducido por Vickydey9330

Corregido por Ami

Julia
Un mes después
El tiempo pareció desdibujarse, moviéndose lenta y rápidamente, todo a la
vez. Algo cambió entre Cole y yo esa noche, cuando me dijo la verdad. Nos
volvimos uno. Nos volvimos las dos piezas faltantes del rompecabezas que
encajan perfectamente juntas. Nada importaba. Nada fuera de la pequeña
burbuja que habíamos creado a nuestro alrededor.

La amenaza de un asesino fue empujada a la parte posterior de mi cabeza.


Las preocupaciones sobre todo eso se desvanecieron en el fondo y estaba
completamente inmersa en Cole y sólo Cole. Nos quedamos en Nueva York, y
cuando él no estaba trabajando, estábamos fuera, explorando la ciudad,
yendo a espectáculos, a los juegos de jockey. Me dejaba pretender que
éramos normales, que todo estaba bien como la lluvia, y era fácil de. Hombres
de traje negro nos rodeaban cada segundo de cada día y su presencia nos
mantenía seguros.

Mis llamadas telefónicas a Abue no se centraron en mi temor, sino en cosas


como Cole, lo que hacía y la gran ciudad que estaba callejando. Ni siquiera
había hablado con Vic. Sabía que había llamado a Cole varias veces, y por
sorprendente que parezca, Cole me ofreció el teléfono cada vez. Y cada vez,
lo rechacé. No quería pensar en mi mejor amigo. No quería escuchar que me
dijera lo estúpida que era por estar ahí con Cole. No quería nada más que la
felicidad, y Cole me la daba. Por primera vez en mi vida, estaba realmente feliz.

—¿Estás casi lista, nena? —gritó Cole desde el dormitorio. Me miré en el


espejo y sonreí. Iba a montar un espectáculo para él esta noche. En medio de
155

toda la diversión que estábamos teniendo en la ciudad, ni siquiera comenzaba


a describir la diversión que estábamos teniendo en su ático. Habíamos tenido
sexo más veces de las que podía contar, en todas las posiciones, en cada
habitación. Y esta noche me iba a desnudar para él. Tenía un diminuto
Página

camisón que empujaba mis pechos hasta que prácticamente se rasgaban de


la tela.
—La paciencia es una virtud. —Sonreí hacia mi reflejo y me apliqué una
última capa de rímel en las pestañas.

—Si no estás aquí, en dos minutos, voy a entrar —gruñó justo afuera de la
puerta.

—¡Oye, es mejor que no! Eso es lo que hiciste la última vez. —La última vez se
vino a mi cabeza. No había sido lo suficientemente rápida por lo que él entró,
completamente desnudo, su polla dura y sus ojos ardiendo con hambre. No
llegamos a la cama. El pequeño y bonito camisón que había planeado para
despojar atractivamente mientras bailaba lo había arrancado de mi cuerpo sin
orden, ni concierto, mientras me follaba en el lavamanos.

—No pareció importarte. —Se rió.

Rodé los ojos ante mi reflejo, pero no podía quitar la sonrisa de mi cara.

El teléfono de Cole comenzó a sonar en el lavamanos al lado de mi caja de


maquillaje, y brinqué por el ruido. El nombre de Randy iluminaba la pantalla.
Me sonreí y cogí el teléfono. Sólo lo había visto hacía unas horas, cuando Cole
y yo fuimos a cenar. Comprendí su amistad más ahora. Cole había admitido
reunirse con él mientras estaba en la cárcel; Randy le había ayudado a salir del
jodido estado mentar por matar a su hermano.

Randy me agradaba cuando sólo pensaba que era el tipo del ascensor en
mi edificio, pero después de aprender más acerca de él, me hizo quererlo
como un amigo cercano.

—¿Qué quieres? —le dije en broma.

—Pon a Cole en el teléfono.

Fruncí el ceño ante su tono severo.

—¿Qué?

—Ponlo.

La puerta del baño se abrió y entró Cole, usando nada más que bóxers
blancos. Me habría babeado un poco si no estuviera tan alterada por la
demanda de Randy. Habían sido relativamente fáciles de llevar las últimas
semanas, a veces entraba en el ático y veía la televisión con nosotros cuando
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estaba fuera de servicio.

—¿Quién es? —preguntó Cole.


Página

—Randy. —Tendí el teléfono hacia él.


Lo apretó contra su oreja.

—Sí.

Podía oír el ruido de la voz de Randy en el otro extremo. Cole estaba


completamente en silencio mientras permanecía allí, escuchando. Lo
observaba de cerca su reacción, mi corazón latiendo de una incómoda
manera en mi pecho.

—¿Están seguros?

Randy parecía hablar aún más rápido en el otro extremo.

—Pero…

Cole se detuvo y escuchó más.

—Está bien. —Sacó el teléfono de su cara, y presionó colgar.

—¿Que dijo? ¿Está todo bien?

Cole se me quedó mirando fijamente, como si buscara algo. No me perdí la


mirada de temor que se apoderó de su rostro.

—¿Cole? —Puse mis manos en su pecho—. Dime lo que es.

—Encontraron Kevin.

Estaba segura de que mis ojos saltaron de mi cabeza.

—¿Qué?, ¿en serio? —El alivio se apoderó de mí—. ¡Es una gran noticia! —
Cole se pasó una mano por el pelo—.¿Por qué estás tan molesto por eso? ¡Es
una buena cosa!

—Está muerto, Julia.

Aspiré una bocanada de aire y di un paso atrás.

—¿Qué? Pero…

—Un granjero encontró su cuerpo ayer mientras inspeccionaba su tierra. No


fueron capaces de identificarlo hasta hoy.

—Eso no tiene sentido. —Me pasé una mano temblorosa por la cara—. ¿Se
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mató, entonces? —Era la única explicación, y de repente todo tenía sentido.


Kevin se había suicidado a causa de las cosas que había hecho. Era un
hombre malo, pero tenía una conciencia en algún lugar dentro de él, no
Página

importa cuán pequeño fuera.

—No.
Levanté la vista y me encontré con la mirada de Cole.

—¿No?

—Ha estado muerto durante más de mes —dijo Cole lentamente.

—Un mes. Pero ha estado desaparecido —Me detuve y salió una respiración
irregular de aire—. ¿Antes o después de Mandi? —El pánico se agitaba dentro
de mí al ver la expresión en la cara de Cole.

—El forense puso el momento de la muerte entra las nueve y diez de la


noche del tres de agosto y…

—Mandi murió unas horas más tarde, después de la medianoche. —La


realidad me golpeó como un tren de carga y me deslicé al suelo, con la
espalda chocando torpemente contra los gabinetes del baño. Kevin no
desapareció. No pasó a la clandestinidad después de matar a Mandi. No
escribió el mensaje con sangre en la pared. No hizo ninguna de esas cosas,
porque ya estaba muerto en medio de un campo en algún lugar.

Pensé que iba a llorar, pero no tenía ninguna lágrima. En su lugar, tomé cinco
o seis respiraciones profundas y miraba a Cole, que se puso en cuclillas frente a
mí. Había un millón de preguntas que volaban alrededor en mi mente, pero no
sabían cuál preguntar o qué decir.

—¿Cómo?

—Fue apuñalado.

Traté de imaginármelo, en el medio de un campo, con el cuerpo frío. Un


cuerpo que una vez ame.

—¿Qué significa esto? —le pregunté después de que lo asimilé.

—Yo... no sé... pero lo siento. —Las últimas palabras parecieron difíciles de


pronunciar para él, y me preguntaba por qué se disculpaba antes de que
entendiera que me estaba dando sus condolencias por Kevin.

Entonces, ¿las necesito? ¿Estoy triste? Lo pensé por un momento antes de


decidir que no lo estaba. Realmente no. No tenía más lágrimas para el hombre
que abusó de mí. Me sentí aliviada, como si me hubieran quitado un peso de
los hombros, sólo para ser sustituido por otro, uno más pesado.
158

Después de todos los años, todo el tiempo, todas las lágrimas, finalmente se
fue. ¿Pero por qué? ¿Por qué se fue? ¿Quién estaba haciendo esto?
Página

Me quedé mirando a Cole, buscando respuestas, pero parecía tan perdido


como yo.
***

—Elaine lo hizo —dije mientras salíamos de la limusina en mi edificio de


apartamentos.

La estructura grande apareció ante nosotros, iluminada sólo por farolas


tenues. Estaba contenta de estar en casa, incluso si eran las cuatro de la
mañana en circunstancias de mierda. Una brisa cálida azotó a nuestro
alrededor y me deleité en ella.

—Es la única persona que tiene sentido en todo esto —añadí.

Agarró mi mano y nos dirigimos hacia las puertas del vestíbulo. Al menos diez
hombres de traje se repartieron alrededor de nosotros.

—No lo sé.

—¿No sabes? —Suspiré dramáticamente—. No comiences con todo este


acto de Elaine es inocente. Creo que voy a vomitar si tengo que escuchar eso
de nuevo.

—Voy sostener tu cabello. —La más mínima insinuación de una sonrisa


apareció en sus labios.

—¿Vas a hacer una broma ahora? —Medio le di un puñetazo en el brazo—.


Cuando estamos hablando de la persona que quiere asesinarme, tu ex.

La sonrisa desapareció de su rostro y pasamos a través de las puertas


giratorias y el vestíbulo.

—Nos falta algo.

—¿Qué quieres decir?

Subimos en el ascensor; Randy y otro guardia llamado John subieron con


nosotros.

—Algo más tiene que estar pasando. Alguien mató a Kevin a propósito para
que pensáramos que estaba huyendo por matar a Mandi.

Asentí. Habíamos hablado tanto mientras estábamos en el avión.

—Pero, ¿quién pasaría por tantos problemas? —No le di tiempo para


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pensarlo antes de responder a mi propia pregunta—. Elaine. ¿Recuerdas la


expresión en su cara cuando estábamos en esa habitación con Jay? Estaba
aterrorizada, asustada. Ella lo conocía. Lo contrató para matarme y no me
Página

importa que todo el mundo piense que no lo hizo. Ahora que se ha ido Kevin,
tiene que ser ella. No pudo haber sido tu madre. —A pesar de toda esa mierda
que le había hecho a Cole cuando era un niño, sabía que no participó en esta
situación de mierda, llámalo intuición o, incluso, estupidez. No me importa de
cualquier manera. Ella amaba a Cole y no quería verlo muerto, tanto como
creía.

—Aún puede ser ella —dijo mientras bajamos del ascensor—. El hecho de
que dijo que me amaba no significa nada. Todavía podría quererte muerta.

Mordí mis labios. Cole tenía razón, pero no me gustaba. Me hacía sentir
insegura, y en este momento, lo único que quería en mi vida era un poco de
seguridad. Nos acercamos a la puerta de mi apartamento con dos de los
hombres de Cole mientras flanqueaban la puerta, y me sorprendí al oír el fuerte
golpe de la música en el otro lado.

—¿Vic y Chris todavía están aquí? —Esperaba que se hubieran ido de


regreso a Nueva York en algún momento durante el último mes.

—Sí. —La mandíbula de Cole se apretó con fuerza.

—¿Por qué?

—Yo que mierda sé.

La música fue aún más fuerte una vez que se abrió la puerta. Era una
especie de Britney Spears y mezclada con electrónica. Chris estaba bailando
en el centro de la sala de estar con nadie más que el diablo mismo, Elaine.
Contuve la respiración al verla en mi espacio, con los pies desnudos, su pelo
oscuro balanceándose mientras movía sus caderas de lado a lado. Vic se sentó
en el sofá estampado de flores, mirándolos con una expresión en blanco,
agarrando una cerveza.

—¿Que está pasando?

Vic nos observó por primera vez y se puso de pie.

—¡Jewel! —Corrió y arrojó sus brazos alrededor de mí. El aroma de la cerveza


y el humo del cigarrillo me rodeaban—. ¡Estás bien! Gracias a Dios que estás
bien. —Se echó hacia atrás y la mirada fue hacia mi mano entrelazada con la
de Cole—. ¿En serio? —Nos miró. Cole permaneció inmóvil junto a mí. Llevaba
una de esas expresiones que prometían la muerte.
160

No había considerado que se encontrarán cara a cara de nuevo, al menos


no tan pronto.

—Todavía están aquí —dije ante lo obvio.


Página

Una mueca cubrió los labios.


—Sip. Aún aquí, Jewel.

La música se cortó y miré a Chris y elaine, los cuales nos estaban mirando.

—¿Qué está haciendo ella aquí? —Dirigí mi pregunta a Vic.

—Vino en busca de Cole, así que la invité a pasar el rato —contestó,


arrastrando las palabras. Elaine torció la boca en una arrogante sonrisa.

—Son las cuatro de la mañana. Sabes eso, ¿cierto?

—¿Qué somos, abuelos? ¿No has tirado toda la noche antes? —resopló
Elaine.

Me solté de la mano de Cole y caminé hacia ella. Llevaba un diminuto


vestido amarillo que apenas cubría la parte superior de sus muslos.

—Es probable que sea bueno que estés aquí, porque tienes mucho que
responder. —La imagen de Mandi vino a la cabeza y se fusionó con la sonrisa
de Jay mientras se cernía sobre mí con el cuchillo que dejaría marcas por
siempre.

—¿Respuestas sobre qué? ¿De qué coño estás hablando?

—Sé que lo hiciste esto.

—Jewel, relájate, Elaine no…

—Cállate, Chris —me quebré—. Esto no tiene nada que ver contigo. —Miré a
los ojos de Elaine. Era un poco más baja que yo.

Una lenta sonrisa se extendió por su cara.

—Todavía crees que corté tu bonito cuello, ¿verdad? Jennifer me contó


sobre cómo estabas tan segura de que había sido yo. Pensé que te habrías
dado cuenta de lo equivocada que estabas.

—No está mal. —Di un paso hacia ella—. ¿Qué clase de persona sonríe
cuando son confrontados por asesinato? —Oí voces detrás de mí, la voz de
Cole era una de ellas, pero la ignoré y me concentré en Elaine.

—Estoy sonriendo porque es jodidamente ridículo. Sabes quién lo hizo. Es tan


estúpido, fue tu ex novio.
161

—Kevin está muerto.


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—¿Qué? —preguntó Chris, sonando sorprendido.


—Sí. —Ni siquiera lo miro, manteniendo mis ojos en Elaine—. Murió hace más
de un mes, horas antes que Mandi.

—Tienes que estar bromeando... —dijo Chris. Lo miré. Tenía su pelo largo
recogido en una cola de caballo mientras pasaba la mano por su cara—.
¿Encontraron su cuerpo? ¿Dónde?

—Estaba en algún campo en algún lugar entre aquí y Sunder.

—Mierda... eso es terrible. ¿Estás bien? —Sus ojos verdes mostraron


preocupación.

—Estoy bien —murmuré.

—Bueno, yo no hice ninguna de estas mierdas —agregó Elaine.

—Entonces, ¿por qué estás aquí?

—Quería hablar con Cole y sabía que probablemente sería aquí, empujando
tu trasero, como siempre. Además, quería mostrarle lo que se estaba
perdiendo, y créeme… —Hizo un guiño—, se lo está perdiendo.

Antes de que me diera cuenta de lo que estaba ocurriendo, tenía a Elaine


clavada en el suelo y balanceaba mi puño en su cara.

—¡Es mío, perra estúpida! —Le di un golpe antes de que ella agarrara mi
muñeca con una de sus manos. Balanceé mi otro puño, pero se giró en el
último segundo—. Y ahora vas a pagar por todo lo que has hecho. —Me las
arreglé para torcer una de las muñecas de su agarre, pero antes de que
pudiera pegarle de nuevo, pasó sus largas uñas rojas por mi pecho, arañando
mi piel. Grité de dolor, justo mientras los brazos de alguien me envolvían y me
quitaban de encima de ella.

Entonces me di cuenta de la conmoción detrás de mí. Cole y Vic se


enfrentaron y el labio de Vic estaba sangrando.

—¿Crees que puedes hacer lo que quieras con lo que es mío? —preguntó—.
¿Crees que puedes follar con mi chica en mi puto escenario?

—¡Ella no es tuya! —siseó Vic.

—¡No, detente! —Chris corrió hacia adelante y se interpuso entre los dos
162

hombres—. Estás borracho, Vic. No quieres que él te patee el culo.

—No estoy borracho, que mierda. —Trató de quitar a Chris del camino, pero
Página

tropezó a un lado en su lugar.


—Sí, lo estas. —Chris dio un paso adelante y envolvió sus brazos alrededor de
Vic, pero de nuevo, Vic lo empujó y se tambaleó hacia su dormitorio.

—Jódanse todos. —Cerró la puerta detrás de él.

Chris suspiró y lo siguió.

—Bueno, me voy de aquí. Ustedes son tan jodidamente dramáticos —resopló


Elaine, apartándose el cabello enmarañado de la cara.

—No vas a ninguna parte. —Di un paso entre ella y la puerta.

—Tiene razón. —Cole se acercó a mi lado—. ¿Para qué has venido aquí en
primer lugar?

Me lanzó una mirada llena de malicia y se frotó la mejilla en la que le había


pegado.

—Te he llamado y no has respondido. Y tengo esto. —Dio un paso hacia el


sofá, cogió un bolso negro, y sacó un trozo de papel.

—Creí que habías venido para mostrar lo que se perdió Cole —me burlé—.
¿O tal vez viniste para terminar el trabajo? Eso es lo que era, ¿verdad? Querías
matarme para tenerlo. —La idea tenía sentido. Rebotó alrededor de mi cabeza
hasta que quise golpearla al punto de desmayarla.

—¿De dónde has sacado esto?

Levanté mi mirada y miré al papel.

No puedo hacer que me ame. Pero tú puedes hacer que te amé. Hacerlo
antes de que él se mate.

—¿Qué demonios? —le grité—. ¿Qué demonios significa esto? ¿Quién envío
esta mierda? —Pánico burbujeaba dentro de mí. Sorbí una respiración
profunda, pero no sirvió de nada—. Hi-hiciste esto. Escribiste esa nota. —Señalé
con el dedo a Elaine.

Sacudió su cabeza.

—No lo hice. No necesito una puta amenaza de muerte falsa para conseguir
a mi hombre de vuelta.
163

—¡Él no es tu hombre! —grité.

—Nena, está bien. Tranquila.


Página

Negué con la cabeza hacia atrás y hacia adelante frenéticamente.


—No puedo. No me puedo calmar, Cole. Si está diciendo la verdad, ¿qué
significa eso? ¿Qué es tu madre? —Me senté en el sofá, sintiéndome enferma
del estómago. Estaba completamente fuera de control. Perdida. Mi vida y todo
lo demás estaba girando más y más adentro en lo desconocido. Justo cuando
pensé que sabía qué coño estaba pasando, me encontraba aún más perdida
que antes.

—Mira, sé que me odias mucho, pero no lo estoy inventando. Es por eso que
vine, para mostrarles la carta cuando ustedes no respondían a mis llamadas.

—Lo que sea, qué coño. Es por eso que llevabas ese vestido revelando el
culo entonces, ¿eh?

—Piensa lo que quieras, Julia. No me importa un carajo. Pero esto es lo que


dejaron en la casa.

—¿Mi casa? —preguntó Cole.

Suspiró y rodó los ojos.

—Sí. Me he estado alojando allí.

—Te dije que te fueras.

—Sí, ¿desde cuándo te escucho?

—Espera, ¿dónde lo dejaron? —dijo entre dientes.

—Pegado en la puerta principal.

—Lo tenemos.

Miré a Cole como si le hubieran crecido dos cabezas.

—¿Qué quieres decir?

Metió su mano en el bolsillo y sacó su teléfono.

—Tengo ese lugar cableado con las cámaras. No he tenido ningún hombre
allí ya que no he estado en casa, pero el sistema de vigilancia está siempre
encendido, y hay una cámara apuntando a la puerta.

Empezó revisar su teléfono cuando este empezó a sonar en su mano.


164

—¿Sí? —respondió. Palideció.

—¿Qué pasa? —Salté del sofá.


Página
Extendió su mano para callarme y ladeó la cabeza, como si lo que estuviera
escuchando que la persona estaba diciendo en el otro extremo fuera
realmente difícil. Miré a Elaine y se veía tan desconcertada como yo.

—Eso no puede ser correcto —dijo con dureza—. ¡Estás equivocado, Leon!

Fruncí el ceño. Leon era su escolta más cercano después de Randy, y


trabajaba en recepción aquí en los apartamentos, mientras Cole me
acechaba. Había estado con nosotros en Nueva York durante
aproximadamente dos semanas antes de que Cole lo enviara para cuidar a su
madre y mantener un ojo en ella en caso de que hiciera algo extraño.

—¡Mierda! Ya voy. —Empujó su teléfono en el bolsillo.

—¿Qué es? ¿Qué está pasando?

Cole me miró, con el rostro más pálido de lo que jamás lo vi.

—Alguien hirió a mi madre.

—¿Qué?

—¡Oh, Dios mío! —chilló Elaine—. ¿Está bien? ¿Dónde está?

No contestó nada, pero se dio la vuelta.

—Me voy contigo. —Lo seguí.

—No.

—¿Cómo qué no?

Se detuvo cuando llegó a la puerta y giró sobre sus talones.

—Te quedas aquí con Randy dónde sé que estarás a salvo. No puedo
perderte, también.

—¿Perderme? —Me quedé mirando el cuello de la camisa—. Ella está...

—No sé, Julia. No tengo ni puta idea. —Parecía que se iba a descomponer.
Todo lo que quería hacer era sujetarlo contra mí—. Sólo quédate aquí con
Randy. Por favor.
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Hice fuerza con su mano e hice que me sostuviera, pero el ruego escrito en
sus ojos de color azul oscuro me detuvo.

—Está bien. —La palabra sonaba como si viniera de otra persona, un extraño
Página

a miles de kilómetros de distancia de mi cuerpo.


Y entonces él se había ido, y elaine salió siguiéndolo. Quería correr tras ellos,
demandarle que se quedara, pero no lo hice. No pude. En su lugar, me
derrumbé en el suelo junto a la puerta.

Alguien hirió a su madre. Mandi está muerta. Kevin está muerto. Elaine ha
estado aquí toda la noche. No había nadie más. No había ninguna otra
opción. Si Elaine no lo hizo y no fue su madre... entonces, ¿quién?
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Página
20
Traducido por Kmila92

Corregido por Celemg

Julia
—¿Estás bien?

Miré hacia arriba para ver a Vic inclinado sobre mí.

—¿Qué?

—Estabas durmiendo sentada contra la puerta, ¿estás bien?

—¿Sí? —Parpadeé con fuerza y froté mi rostro—. ¿Qué hora es?

Vic miró por sobre su hombro hacia el reloj en la pared.

—Apenas pasadas las siete de la mañana.

—Oh. —Me empujé a mis pies, tambaleándome, y Vic agarró mi brazo.

—¿Estás bien?

—Yo... yo no sé. —Sacudí mi cabeza—. ¿Cole te llamó?

—No.

Durante el último mes no había tenido mi teléfono, usaba el teléfono de Cole


cuando lo necesitaba. Ahora no había manera de contactarlo, no había
manera de saber si todo estaba bien.

¿Su madre está muerta?

Ese simple pensamiento me dio escalofríos. ¿Qué pasaba si estaba muerta?


¿Qué haría Cole? Sabía que él odiaba a su madre, pero también la amaba. Su
relación de amor-odio definitivamente era en recíproca.
167

—Algo malo está pasando, Vic. Peor de lo que pensaba. —Miré hacia él y
me di cuenta de que sus ojos estaban rojos, su usualmente perfecto pelo era un
desastre. Sangre seca estaba cubriendo la esquina de sus labios donde Cole lo
Página

había golpeado —. ¿Estás bien?

Resopló y fue a la cocina.


—¿Me veo como si estuviera bien? —Sacó un vaso de la despensa y lo llenó
de agua. No estaba usando camisa y los músculos en su espalda ondeaban
mientras se movía. Su pecho era liso y perfecto, más delgado que el de Cole.

—Luces como si tuvieras una resaca del infierno.

Levantó el vaso hacia mí.

—Siempre la amiga honesta.

Traté de juntar fuerzas para hacer algún tipo de sonrisa, pero mis labios se
negaron.

—Estoy asustada, Vic.

Dejó el vaso vacío sobre la encimera con un golpe seco.

—No deberías haberte ido con él.

Suspiré y me senté en el sofá.

—Sólo ríndete. No estoy asustada de Cole.

—Deberías. Viste las cosas que hizo.

—Dije que te rindieras. No quiero hablar sobre Cole. Él no es el problema


aquí.

—¿No lo es? —Vic se sentó junto a mí—. Tu vida era genial hasta que entro
en ella. —Corrió sus dedos a través de su cabello, tratando de aplanarlo.

—No lo es. Alguien está en mi contra... y no sé por qué.

—Nadie estaba en tu contra antes de que lo conocieras.

—Simplemente para. —No tenía la energía para discutir con él.

—¿Recuerdas esa primera vez que follamos en el Rapture X?

Lo miré con los ojos entrecerrados.

—¿Qué?, ¿por qué?

—Estabas usando ese traje de lentejuelas azul Betty LaRue. Estaba esculpido
168

sobre tu cuerpo como un jodido guante, te quedaba perfectamente.

Resoplé.
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—Me agrada como recuerdas esa mierda. Estaba tan nerviosa que no
podría decirte nada sobre esa noche.
—Lucías increíble.

—Gracias... —Estaba perpleja sobre hacia donde iba esto.

Silencio creció entre nosotros mientras Weasley saltó sobre el sofá junto a mí.
Nunca había estado tan feliz de ver a mi gatito. Él frotó su anaranjada cabeza
contra mi mano, demandando atención, y una verdadera sonrisa brotó de mis
labios.

—Me hice cargo de Weasley mientras estabas con él.

—Gracias.

—Y sabes lo que siento por los gatos.

Rodé mis ojos hacia él.

—Oh, espera. Sé que amas a Weasley. ¿Recuerdas cuando llegaba a casa y


staban recostados juntos en el sofá mirando televisión? —Weasley había estado
justo en el medio del pecho de Vic echándose una siesta mientras él daba
vueltas a los canales con una mano y acariciaba su cabeza con la otra.

—Eso fue en una ocasión, y fue porque ambos estábamos celebrando el


hecho de que habías tirado esa fea sudadera que siempre usabas.

—Que rápidamente saqué de la basura y usé por dos días con cascaras de
huevo pegada a ella, ¡para probar un punto! —Él había estado
completamente asqueado de verme y escogió quedarse en su habitación
ambos días.

—Esos eran buenos tiempos —dijo él en voz baja—. Quiero eso de vuelta.

Odiaba lo mucho que quería eso, también. Las cosas habían sido tan
simples. Me levantaba, iba a trabajar los fines de semanas, llegaba a casa y
dormía toda la semana. Vic y yo íbamos por un café, o sólo veíamos televisión.
Esos eran tiempos cuando pensaba que la vida era aburrida, pero ahora
aburrido sonaba más atractivo que cualquier cosa.

Froté mis manos de ida y vuelta en la parte superior de mis muslos que
estaban cubiertos por unos pantalones negros de yoga.

—Sí, las cosas eran fáciles. —Pero incluso con esa simplicidad, no tenía a
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Cole, no realmente. Él estaba allí, simplemente no lo conocía aún.

—Podemos tenerlos de vuelta. —Se acercó más a mí en el sofá y recosté mi


Página

cabeza en su hombro, mi cuerpo prácticamente libre de toda la presión.

—No, no podemos. Pero está bien. Estás aquí ahora, y eso es lo que importa.
—No, lo digo en serio, Jewel. Podemos tenerlo de vuelta. Todo eso.

Levanté mi cabeza y fruncí el ceño hacia él.

—¿De qué estás hablando?

—Podemos ir a algún lugar, cualquier parte, podemos empezar de nuevo,


sólo los dos.

—¿Los dos? —Sacudí mi cabeza—. Eso no tiene sentido. ¿Por qué nos
iríamos? ¿Qué hay sobre Chris... y Cole?

Me miró atentamente.

—¿Qué pasa con ellos?

—¿Qué es lo que... qué estás diciendo?

—Estoy diciendo que quiero lo que teníamos de vuelta. Quiero tu amistad, los
momentos perfectos que hemos compartido. Cuando estábamos juntos
podíamos hacer cualquier cosa.

—Cualquier cosa —repetí.

—Sí, sólo piensa en ello. —Cubrió mi mano con la suya—. Teníamos tan
buena química que las personas pagaban miles de dólares para venir y vernos
follar. ¡Piensa en cuán significativo es!

—Química.

—Si, Jewel. Sabes que la tenemos.

Miré fijamente hacía él, tratando de evaluar si estaba o no bromeando, pero


la intensidad en sus ojos verdes demostró que no bromeaba.

—¿Qué? —dije sin hablar.

—Jewel, —Se volvió hacía mí, agarrando mi otra mano—, las cosas que
pasaron entre nosotros, eso es único en esta vida de mierda.

¿Qué mierda está tratando de decir?

—Somos buenos juntos —añadió cuando me quedé en silencio.


170

—Bueno, si, somos mejores amigos. Los mejores amigos usualmente lo son.

Me dio una mirada cómica.


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—No somos sólo amigos, Jewel.


Sacudí mi cabeza lentamente.

—Somos amigos.

—Mierda, Jewel, ¿Tengo que hacerte una puta pancarta? —Me soltó y corrió
sus manos a través de su pelo, agitadamente—. ¿Cómo has estado tan ciega
todo este tiempo?

—¿Ciega de qué, Vic? No está teniendo ningún sentido.

—Estoy enamorado de ti. —Agarró mis manos de nuevo, más fuerte esta vez.

—¿Me amas? ¿Qué? No. —Traté de quitar mis manos, pero se aferró a ellas.

—Sí, lo he estado todo el tiempo, sólo fui un idiota y no me di cuenta.

—No. Vic, no. —Sabía que mis ojos tenían que estar abiertos como platos—.
Tienes a Chris. —Sacudí mi mano fuera de las suyas—. Eres gay.

Una mueca cubrió sus labios.

—Sabes tan bien cómo yo que no me gustan las etiquetas.

—Etiquetas. ¿En serio, Vic? Has salido con hombres desde que eras lo
suficientemente mayor para salir. Incluso me dijiste que nunca habías salido
con una mujer con continuidad —dije las palabras para demostrar que estaba
en lo correcto y él estaba equivocado—. Estás borracho.

Resopló.

—No estoy borracho. Y tienes razón. Nunca he salido con una mujer
seriamente antes, pero tú eres diferente.

—¿Qué? No. Eso no tiene sentido.

—Si lo tiene.

—Nosotros somos sólo amigos.

—Al principio, si, pero se transformó en más. ¿Sabes lo mucho que deseaba
esas fiestas en el Rapture X?

Me alejé de él.
171

—Era nuestro trabajo, Vic.

—¿Sólo nuestro trabajo? ¿Cómo puedes decir eso?


Página
—Porque eso es todo lo que era. Nunca hubiéramos hecho esas cosas de
otra manera. Sólo estás cansado y borracho. Necesitas volver a la cama con
Chris. Tu novio. El hombre de tu vida. —Me puse de pie y me alejé del sofá.

Vic me siguió.

—No lo amo.

—¿Qué? —Traté de tener un control de todo lo que él estaba diciendo pero


todo estaba corriendo en mi cabeza demasiado rápido—. Pero...

—Solía amarlo, lo hice, Julia. Pensé que él era todo lo que siempre quise. Pero
no lo es. Él no, tú lo eres. —Abrí mi boca para hablar, pero él siguió—. Me mudé
con él porque quería serle fiel. Quería probarme a mí mismo que podía dejarte
atrás, que no estaba realmente enamorado de ti, que todo estaba en mi
cabeza, que sólo estaba dejando que mi polla me controlara.

Él estiró el brazo, enganchó mi mano y la presionó contra su gruesa erección.


La había sentido antes. La había visto. La había tenido en mi boca, en mi
cuerpo, y en mi coño. Él se había venido en mi cara, en mi pecho, dentro de
mí. No estaba negándolo, pero nunca había pasado a puertas cerradas. Sólo
había pasado en frente de cientos de miradas indiscretas por gruesos fajos de
billetes.

Alejé mi mano.

—No hagas esto, Vic. —Lágrimas presionando detrás de mis ojos. Estaba
perdiéndolo todo. Mi mejor amigo. Estaba perdiendo todo lo que alguna vez
tuvimos juntos. Todo lo que era inocente en nuestra relación normal de cada
día estaba evaporándose en el aire—. Por eso me besaste en el escenario.

Él tomó otro paso hacia mí, haciéndome retroceder hasta que mis piernas
chocaron contra el sillón reclinable.

—No iba a hacerlo. No había planeado hacerlo de esa manera, —Sus ojos
verdes, aunque rojos por la resaca, ardían con una intensidad que nunca
había visto antes—, pero estabas tan jodidamente tentadora y no había
estado contigo en mucho tiempo.

—Vic...
172

—Admite que me amas.

Miré hacia la puerta de su habitación y la de Chris. Estaba cerrada.


Consideré llamar a Chris sólo para terminar este momento. Todo estaría
Página

terminado y Vic podría volver a la cama y dormir la mona de insensatez.

—Admítelo. —Agarró mis brazos, forzándome a que lo mirara.


—Vic, eres mi mejor amigo, pero eso es todo. Sabes eso —supliqué—. Te amo
como amigo, pero eso es todo. Amo a Chris también. Ambos son una gran
parte en mi vida.

—Que se joda, Julia. No doy una mierda por él. Te quiero a ti. Te he querido
todo el tiempo.

—Amo a Cole —susurré.

—Claro que piensas que lo amas. —Dio un paso hacia atrás y sacudió la
cabeza—. ¡Estás tan jodida de la cabeza que no sabes lo que quieres!

—¿Qué se supone que significa eso?

—Significa exactamente lo que crees que significa. Significa que has sido
jodida por cada hombre en tu vida. Cole llega, te trata como una mierda, y lo
aceptas como si fuera normal. ¡Bueno, no es jodidamente normal, Jewel!

—Eres un idiota.

—¡Soy mejor que él! —gritó él.

—¡Sólo para! —Miré hacia la puerta cerrada de la habitación de nuevo,


sabiendo con certeza que Chris podía oírnos. No necesitaba esto. No ahora, no
con todo lo que estaba pasando.

—¡Él nunca podrá amarte como yo!

—Tienes razón.

Vic y yo saltamos ante el sonido de la voz de Chris.


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Traducido por Vickydey9330

Corregido por Ami

Julia
Chris estaba en la puerta, que hace unos segundos había estado cerrada.
Llevaba una camisa y pantalones cortos de baloncesto blancos, con su
cabello rubio lejos de su rostro. Sus mejillas eran de color rojo y estaba sudoroso,
por lo que su camisa sudada se pegó a él como una segunda piel. Se llevó un
brazo detrás de su espalda.

—Chris, estoy feliz de que estés aquí. ¿Puedo usar tu teléfono? Tengo que
llamar a Cole. Algo malo está pasando.

El pequeño borde de su sonrisa inclinando sus labios.

—Tienes razón, algo malo está pasando. —Miró a Vic.

Una sensación de malestar y de temor se agruparon en el fondo de mi


estómago. Tenía que haber oído lo que discutíamos, y las confesiones de Vic
ebrio, terminando con una gran pelea entre ellos.

—Algo ha sucedido con la madre de Cole. Tengo que llamarlo para ver lo
que está pasando. —Traté de cambiar de tema.

—Estoy seguro de que su madre está bien. —Rodeó el sofá y se puso entre
Vic y yo, con los ojos de color marrón oscuros.

—No creo que lo esté. Dijo que alguien la atacó…

—Nadie la había atacado.

Fruncí el ceño.

—¿Cómo puedes saber eso? ¿Has hablado con él?


174

—No.

—Oh, Dios mío. Lo sabía. —Vic se tapó la boca con una mano.
Página

—Qué…
—Pero dijiste que no lo hiciste... y te creí. —Vic miró a su alrededor
frenéticamente.

—¿Hacer que, Vic? —¿Qué demonios está pasando?

—Él ha estado haciendo todo esto. Toda esta jodida mierda. Asesinato. Es él.
—Vic contempló a Chris con sus ojos duros.

—No —le dije, una pequeña risa se escapó de mis labios de lo ridículo que
esta noche, esta mañana, se había convertido—. Estás a borracho, Vic. Todo
esto es sólo un lío de borracho. Tienes que ir a la cama. —Di un paso hacia él
para empujarlo a la habitación.

—Ah, ah, ah. —La voz de Chris hizo eco en mi cabeza justo mientras un arma
aparecía en mi cara.

—¿Qué demonios? —le grité y salté hacia atrás, tropecé y caí de culo.

—No te acerques a él. Has terminado con estar cerca de lo que es mío. —Sus
palabras fueron letales, sus ojos oscuros ardiendo de odio.

—¿Q-que…?

—Podrías no podías escuchar, ¿no es así? —Chris dio un paso hacia mí, con
el arma apuntando a mi cabeza.

—¡No le hagas daño! —Vic se movió en el rabillo del ojo, pero Chris fue más
rápido.

Se giró sobre sus talones y enfrentó con el arma a Vic.

—Alto ahí, amante.

—No tienes que hacer esto.

—¿No tengo que hacer esto? ¡Por supuesto que tengo que hacer esto,
Victor! Ya está hecho. —La camisa de Chris parecía volverse más húmeda
cada segundo, se pegaba a él.

—Pero no puede ser... no hiciste esto... —Me quedé mirando la escena


delante de mí. Las manos de Victor estaban en señal de rendición, y Chris
estaba a sólo unos metros de él, una pistola apuntando a su pecho mientras
175

estaban parados junto al sofá estampado en flores que Victor adoraba—. Me


quieres —grazné—. Eres uno de mis mejores amigos.

—Oh, mierda, guárdatelo, Jewel. —Siguió el arma apuntando en Vic—. No


Página

actúes como si estuvieras siendo mi amiga. Follaste a mi novio una vez al mes.
Lo atrapaste en su telaraña de mierda hasta que estuvo infectado por ti, hasta
que eras todo lo que podía pensar. —Escupió las palabras como si fueran
veneno.

—Eso no tiene sentido. Se mudaron. Se mudaron a Nueva York.

—Pensé que iba a mejorar. Pensé que iba a olvidarse de ti —dijo con los
dientes apretados—. Había estado tratando de conseguir que se mudara
durante meses, pero no quería. No quería dejarte atrás. No quería dejar de
poner su polla en ti todos los meses. Te deseaba más de lo que me deseaba. —
La voz de Chris se sacudió al final, temblando con un millar de emociones
reprimidas.

—Pero no me habrías hecho esto a mí. No mataste a Mandi. No harías esas


cosas. —Decirlo en voz alta me hizo sentir mejor. No importaba que estuviera
apuntando con una pistola a Vic, Chris no podría haber hecho esas cosas. No
hubiera podido.

Él sonrió, sin dejar de mirar a Vic.

—Ah, pero lo hice. —Y luego de repente se estaba moviendo, lanzándose a


donde había caído al suelo. Traté de moverme, pero me envolvió con sus
brazos desde atrás y apretó el arma en mi sien. Abrí la boca para gritar, pero
apretó la mano libre sobre ella—. Si gritas, voy a volar tu maldita cabeza. Lo
mismo va para ti, Victor. Gritas y está muerta. Y los hombres afuera matarán a
los dos. ¿Lo sabes bien? Ya sabes que Cole les ha dicho que nos joda de una
puta vez a la primera señal de malestar de Jewel. Si irrumpen aquí, serás el
primero en morir. Lo sabes, ¿verdad?

Vic dio un paso hacia nosotros, pero se congeló, con las manos aún frente a
él. El terror se apretó en mi interior, presionando en la parte posterior de mis ojos
hasta que me encontraba segura de que estaban fuera de mi cabeza. No
quería morir. No quería que esto fuera el final, en el piso de mi departamento
sin Cole.

—Pero no podrías. —Las palabras escaparon de mis labios. No podía


comprenderlo. No podía imaginar a Chris en esa habitación de motel con un
cuchillo. No podía imaginarlo pegándole a Jay, dándole el dinero para
matarme.

—Cierra la boca. —Puso la pistola en mi sien—. Y muévete hacia el sofá. —


176

Sentí como movía la cabeza, haciendo un gesto hacia la puerta—. Empújalo


contra la puerta.

—Pero…
Página

—Hazlo. Ahora.
—No impedirá que entren. —Vic seguía en el mismo lugar, sin moverse.

—No. No lo hará. Pero si quieres que tu lindo juguete adorado, viva, mueve el
puto sofá contra la puerta —dijo Chris entre dientes.

Vic se dirigió lentamente hacia el sofá y lo deslizó hasta que estuvo pegado
a la puerta principal.

—Ahora, ve a sentarte, Vic. Tienes un asiento en el suelo frente a nosotros.


Continúa.

—Chris…

—Cierra la boca y siéntate.

Vic hizo lo que le dijo, bajando su cuerpo.

—Bueno, ¿era tan difícil?

Podía oler el sudor de Chris. El olor espeso parecía rodearme.

—Ahora voy a contarte una historia. Una historia que necesitas escuchar.

—Por favor. —Las palabras escaparon de mis labios.

Presionó el arma más fuerte contra mi sien y acercó sus labios contra mi oído.

—Si dices una cosa más, voy a volarte la cabeza, y entonces nunca sabrás
cómo arruiné toda tu puta vida.

Una ráfaga de aire inestable escapó de mis pulmones.

—¿Entiendes? —Le di un ligero movimiento de cabeza—. Bueno. Ahora estoy


seguro de que quieres saber cómo y por qué, ¿no? Apuesto a que quieres
saber. —Podía sentir su sonrisa al lado de mi cabeza—. Ustedes son más
estúpidos de lo que nunca habrían imaginado. He estado en este apartamento
con guardias que me rodean para mi protección, cuando soy yo el que ha
estado jodiendo a todos.

—Las cosas se deslizan en nuestras narices y nunca lo notamos hasta que es


muy tarde. —Las palabras de Chris de la noche que me enteré sobre el pasado
de Cole vino a mi cabeza. Ni siquiera me di cuenta de lo que estaba diciendo.
177

—Yo fui el que le pagó a Jay Cooley para que cortara tu cuello. Se suponía
que debía hacer el trabajo. Se suponía que tenía que hacer un trabajo muy
bueno de tu matanza, de este pequeño cuerpo atractivo que tienes. —Pasó la
Página

mano libre por mi pecho y apretó uno de mis senos hasta que el dolor latía
debajo de mi piel y me retorcía—. Incluso le dije que cortara estos implantes y
me los trajera como un recuerdo. —Apretó más fuerte y traté de zafarme.
—¡Joder, Chris, para! Le estás haciendo daño —declaró Vic.

—Él lo arruinó —dijo Chris, como si Vic nunca hubiese hablado, aunque lo
hizo aflojar su agarre—. Era descuidado e hizo un trabajo de mierda, el muy
pendejo. No pudo siquiera cortar derecha tu garganta —resopló—. No era
mucho mejor en la cama, tampoco. Dos vueltas y su pequeña polla estaba
soplando su carga. —Hizo una pausa—. ¿Te sorprende, Vic? ¿Pensabas que
eras el único que follaba por ahí? Has tenido suerte, sin embargo. No tenías que
ver cómo me follaba, de la forma en que tuve que ver como follabas a Jewel
una y otra y otra vez.

—Sabía que yo mismo debería haber hecho el trabajo, pero en ese


momento me daba miedo, como una perra estúpida. Tenía que elegir a
alguien para que hiciera mi trabajo sucio. Realmente tuvimos suerte de que
trabajara con tu pequeño novio idiota. En realidad no planeé esa parte, pero
es evidente que, simplemente soy un puto genio, incluso en momentos en los
que no lo sé. Por supuesto, ustedes lo hicieron fácil porque son muy estúpidos.

Pasó la mano por arriba y abajo de mi pecho, sobre mis pechos, y contuve el
impulso alejarme de un tirón. Voy a estar bien. Todo va a estar bien. Voy a salir
de esta. Sólo necesito una oportunidad mejor.

—Así que cuando lo arruinó, fui a verte al hospital, pero Cole tenía sus
estúpidos guardias por todas partes y no había nada que pudiera hacerte.

—¿Tu madre no estaba enferma? Habías dicho que por eso que estabas
aquí en Dallas, para verla. —La voz de Vic tembló mientras agarraba sus rodillas
con fuerza.

Chris echó la cabeza hacia atrás y soltó una carcajada.

—No. Mi madre murió hace mucho tiempo. La perra estúpida, estaba tan
borracha. Es por eso que nunca quise que la conocieras.

—El día que viniste a visitarme en el hospital, ¿ibas a matarme? —No quería
que hiciera preguntas, pero no podía detener las palabras que salían de mi
boca. Había estado entusiasmada de verlo. Había traído a la luz al triste lugar
en el que había caído.

—Sí. No tienes idea de lo bien que se sentía mirarte y ver lo rota y perdida
que estabas. Me empapé todo, queriendo ahogarte. —Se inclinó y respiró
178

profundamente contra mi cabello—. Es como el miedo. Puedo saborearlo


ahora. Es tan dulce, tan dulce que es casi amargo.
Página

—Así que... viniste aquí sólo para matarme.


—Correcto otra vez. Estás en el rollo. Vic se perdió. Quería volver a casa. Le
dije que no tenía el dinero y lo hizo quedarse. Vine aquí para cuidar de ti. Pero
no salió como estaba previsto. Por lo tanto, tenía que tomar las cosas en mis
propias manos. Pero entonces Cole estaba allí, con sus putos guardias todo el
maldito tiempo.

—Pero me enviaste un mensaje... de un número a nombre de su hermano


mientras estabas en Nueva Orleans. ¿Cómo? —No se había opuesto a mi
última pregunta. De hecho, podría decir que le gustaba; saboreó la
oportunidad de presumir. Eso no ayudó a calmar mi miedo. Mi corazón se
aceleró y mi camisa estaba húmeda, pegajosa de mi propio sudor ahora.

Se rió entre dientes.

—No puedo revelar todo, pero digamos que Jay no era la única persona que
me follaba para conseguir lo que quería.

—¿Quién?

—No es de tu puta incumbencia. Eso es. Pero de todos modos, llegaste a


casa y, a continuación, como una especie de milagro abandonaste a los
hombres de Cole y me dio una oportunidad. A pesar de que trataron de
perderme, todavía estaba en su cola. Y fue tan fácil, sólo tenía que golpear a
Cole en la cabeza y luego deslizarme en el motel con su llave. Realmente iba a
terminar contigo. —Se frotó los dedos contra mi cicatriz y contuve el impulso de
gritar—. Pero no despertaste. Era como si estuvieras en un sueño profundo. Te
sacudí. Quería que vieras mi puta cara. Quería que me miraras fijamente a los
ojos mientras te descuartizaba. —Se burló—. Pero entonces esa otra perra se
despertó primero. Estaba a punto de golpearla para salir, pero se puso a luchar
demasiado y tuvo que ser sacrificada. —Se rió oscuramente—. Rogó por su
vida, ya sabes. Me dijo que iba a perder. ¿Se ve como que estoy perdiendo? —
Su voz era aguda por el entusiasmo—. Me dejé llevar un poco y por el tiempo
que lo hice, me asusté por si alguien escuchó la conmoción, o que Cole se
despertara y me encontrara. No quería que ninguna de esas cosas pasara.
Además, no sólo quiero que mueras, quiero deleitarme con tu muerte. Quiero
que veas por qué tienes que morir.

Arañó mi cuello, sus uñas desafiladas cavando en mi garganta mientras que


el arma todavía se presionaba con fuerza en mi sien.
179

—El mensaje en la pared era una cosa de última hora, más por diversión que
por otra cosa.
Página

—El mensaje... —Tú hiciste esto. Cole es el siguiente. Mantente alejada de


él—. Él —dije la palabra en voz alta—. No te referías a Cole. Era Vic. Cole es el
siguiente. Mantente alejada de Victor. Eso es lo que quería decir. —No podía
creer que había perdido todo este tiempo; simplemente había asumido que él
era Cole.

—¡Finalmente, alguien lo entiende!

—Pero no estaba cerca de él, Chris. Eso no tiene sentido. En ese momento no
había visto a Vic en meses.

—Pero lo llamabas, ¿verdad? —Se acercó más, presionando su boca contra


mi oído derecho. Su labio superior estaba sudoroso y el líquido corría a través
de mi piel—. Cada puta oportunidad que tenías, estabas al teléfono con él,
prácticamente chupabas su polla a cientos de kilómetros de distancia.

—El teléfono... —Y entonces me di cuenta—. Cada vez que hablaba con él


por teléfono, llegaba un texto tuyo, o algo malo pasaba, sobre todo después
de que fui atacada. —Mi mente se retrotraía—. Cuando estaba en Nueva
Orleans, Vic me envió un mensaje esa noche y me dijo que me echaba de
menos. Y entonces me mandaron el texto del número desconocido. Y luego en
el motel, hablé con Vic en el teléfono y sólo unas horas más tarde, mataste a
Mandi.

—Bingo. ¡Bingo! Me gustaría aplaudirte si no estuviera sosteniendo una pistola


en tu cabeza. ¿Qué opinas de todo esto, Victor? Bebé, estás muy callado.

Victor todavía estaba agarrando sus rodillas, la mirada fija en nosotros.

—Sabes que te amo —le dijo a Chris.

—¡Oh, por favor! No me hagas reír. Acabo de oír cómo le decías a Jewel lo
mucho que la amas, y cómo no me importa, por lo que ni siquiera trato de
decir lo contrario. ¡Soy el que sostiene el arma! —Y, como para enfatizar el
punto, golpeó el cañón contra el lado de mi cabeza. No lo suficiente para
noquearme, pero lo suficientemente duro para que lloré de dolor.

—¿Qué hay con Kevin? —Metí la pregunta por ahí, desesperada porque
Chris volviera a su historia. Cuando estaba hablando conmigo no estaba
tratando de herirme o probar un punto a Vic; en lugar de eso estaba más
interesado en compartir sus triunfos, y que era donde quería que fuera. Cole
iba a volver pronto. Tenía que. Alguien podría volver, uno de los guardias
vendría. Algo, cualquier cosa podría suceder. Tenía que. No quería pensar en
las consecuencias de lo contrario.
180

—Oh, Kevin. —Se rió—. Era una jodida pieza de mierda. Me encontré con él
cuando fui a hablar con Jay, y se me ocurrió que tan perfecto que encajaba
Página

en mi plan. Si te mataba, y después el desaparecía, todo apuntaría a él.


Entonces podría volver a mi vida con Victor y podríamos vivir felices para
siempre. Pero Kevin complicaba las cosas, porque no quería follarme. De
hecho, él sabía quién era yo, ya que te había acechado por un tiempo
cuando todos vivíamos juntos.

—Le dije todas las maneras en las que podría chuparle la polla, y él ni
siquiera estaba interesado. —Chris se movió un poco, forzando mi cuerpo a
girar un poco—. Chupó mi polla en su lugar, por la fuerza, por supuesto. Y lo
follé un par de veces. —Respiré hondo con dificultad mientras las lágrimas
brotaban de mis ojos—. ¿Qué? ¿Eso te hace sentir triste, pequeña Jewel?
¿Hiere tus sentimientos que el hombre que hizo una mierda de ti, fuera violado
todos los días una y otra vez antes de que lo matara a puñaladas? —Se rió
oscuramente—. Me di cuenta, en todo caso, ciertamente, que me darías las
gracias por eso por lo menos.

Las lágrimas llegaron más rápido y no podía controlarlas o a mi respiración


dificultosa. La cara de Kevin vino a la cabeza. Fue uno de los malos, que me
había hecho cosas horribles, pero una vez lo amé, a pesar de sus defectos.
Habíamos tenido momentos buenos, momentos en los que me hacía cosquillas
hasta que lloraba de tanto reír. Momentos en los que tomaba mi mano en la
suya y me decía que me quería. Esos eran los pequeños momentos que me
hicieron permanecer el tiempo que lo hice. Momentos que nunca olvidaría,
incluso si fueron entrelazados con todas las cosas horribles. Una sensación de
malestar vino después, barriendo a través de mi intestino, por lo que me dieron
ganas de vomitar.

Está muerto. En realidad está muerto, y Chris lo violó antes de asesinarlo. Era
real. Supongo que en realidad no había procesado la verdad cuando Randy
había llamado. Pero ahora era amargamente real, y podía verlo en mi mente.
Podía escuchar a Kevin rogando, incluso aunque no fuera real; mi mente
evocaba imágenes que nunca había querido pensar. Y todo era mi culpa.

—¿Qué demonios te pasa? El chico del que me enamoré no habría hecho


esta mierda —dijo Vic, con el rostro cubierto por una máscara de terror.

—El chico del que te enamoraste se ha ido. Tú lo mataste. Me asesinabas


cada vez que mirabas a Jewel, cada vez que la tocabas, cada vez que le
sonreirás y no a mí. Me apuñalaste con un cuchillo hasta que no fui más que el
sangriento montón que soy ahora. —Me apretó el hombro con fuerza.

—¿Qué pasa con la cuenta? ¿Con la que nos enviaste textos a mí y Cole? —
le grité.
181

Me soltó y me di cuenta de que estaba mirándome, a pesar de que no


podía verlo.
Página
—Oh, la cuenta, que era sólo por diversión. Sabía que Cole trataría de
rastrear el número, así que hice una nueva cuenta usado el nombre de su
hermano, desde que fue declarado culpable de asesinarlo y todo.

—Sabes que no puedes hacerle daño —dijo Vic—. Sabes que en el momento
en que aprietes el gatillo diez hombres van a venir aquí y volaran tu cabeza,
¿verdad? Sabes que nunca vas a dejar esta sala, al menos no con vida.

Mi boca se abrió, y trataba de mirar a Vic para hacerlo callar. Provocar al


individuo con el arma no era lo más brillante de hacer. Lo que necesitábamos
era tiempo. Necesitábamos tiempo de mierda, y amenazarlo era la última cosa
que nos iba a ayudar.

—Oh, lo sé —dijo Chris con tanta seguridad que los vellos en mi nuca se
erizaron—. Pero tú tampoco. Jewel tampoco. Vamos a morir todos. Al principio
pensé que podría matarla, y y luego te olvidarías de ella. Pero cuanto más
tiempo se prolongó, más me daba cuenta que estaba más lejos de salvarte.
Ella ya te había envenenado y no había forma de arreglarlo. Por lo tanto, está
bien, pero en la otra vida, vas a ser mío. Voy a encontrarte y vamos a estar
juntos. Tú y yo…

—¡Estás hablando como un loco, Chris! —Vic se inclinó hacia delante,


agarrando sus rodillas.

—Miau —me llamó Weasley, después a Vic.

—Tal vez debería matar a tu gatito primero. ¿Qué te parece, Jewel?

—¡No!

—Cállate —gruñó Chris en mi oído.

—No. Por favor. No lo hagas. Simplemente no lo hagas.

Se rió.

—Mmm. Voy a tener que pensarlo.

—No hagas esto, Chris, por favor —dijo Vic.

—Tienes la oportunidad de verla morir, la mujer que crees que amas. Vas a
ver su charco de sangre en el suelo de esta sala. Vamos a bañarnos en ella, tú
182

y yo y luego serás el siguiente. Y luego yo. Y luego vamos a estar juntos


realmente, Victor.
Página

—Si muero, ¿quién puede decir que no voy a estar en la próxima vida,
también? —Podía escuchar mi corazón latiendo en mis oídos, el estruendo del
ruido, pero tenía que hacer algo para detenerlo. Para. Para. Para. No podemos
morir. Simplemente no podemos.

—Entonces te voy a matar de nuevo. Sea lo que sea la puta mierda que me
tome para estar juntos.

Hubo una fuerte explosión que nos hizo saltar a todos. Por un segundo, pensé
que era el arma, pero realmente era la puerta golpeando en el lado de la sofá
como si alguien la reventara para abrirla. El rostro de Randy fue revelado a
través de la puerta entreabierta.

—¡Tira el arma! —gritó, apuntando su arma a Chris.

—¡No entres aquí! Entras, y le vuelo la cabeza —amenazó Chris. Estaba


temblando, el arma golpeando contra mi cráneo.

¿O soy yo quien está temblando? No podía decirlo.

Randy se detuvo y pude ver a otra persona a su lado, otro guardia.

—Sólo baja el arma, Chris. No tiene por qué ser así.

—Es la única manera.

Las lágrimas corrían por las mejillas de Vic. Estaba de pie ahora, a pesar de
que no se había movido hacia nosotros. Extendió las manos, como si quisiera
que fuera a él, como si la acción por sí sola hiciera que Chris me liberara.

—No tienes que hacer esto, Chris. Por favor.

—Sí, lo tengo que. —Chris desplazó su mano sobre el arma y sabía lo que
venía. Iba a apretar el gatillo. Y yo iba a morir.
183
Página
22
Traducido por Kmila92
Corregido por Sahara

Cole
Estaba corriendo. Mis pies estaban llevándome tan rápido como podía ir,
pero no era lo suficientemente rápido, aún estaba a cuadras del
departamento de Julia y estaba llamando la atención ahora. La gente estaba
mirándome, bajando sus ventanas y tomando fotografías. Tenía sentido. ¿Cuán
seguido las personas ven a un hombre medio-desnudo cubierto en sangre
corriendo a través de Downtown Dallas?

Pero no me importaba lo que ellos pensaban, o la policía que seguramente


sería llamada.

Tengo que llegar a ella. No hay mucho tiempo.

Tenía que llegar a Julia y el atasco del tráfico en el centro no me mantendría


lejos de ella. Tenía que salvarla. Rojo había cubierto mi visión, así como había
cubierto mi cuerpo. Me había quitado la camisa en la limosina antes de saltar
afuera, dejando adentro a Elaine y a mi madre. Ambas estaban
completamente bien e intactas. No había un pelo fuera de lugar en la cabeza
de mi madre como Leon me había hecho creer. Fue por eso que él ya no tenía
su cabeza. Se la había volado cuando descubrí la verdad.

El pavimento parecía moverse lentamente bajo mis pies a pesar de que


estaba corriendo con todo lo que tenía. ¿Cómo pude haber sido tan estúpido
para simplemente dejarla con ellos?

Sabía la verdad ahora. La verdad era tan abrumadoramente obvia que me


hizo sentir enfermo por no darme cuenta antes. Había caído en una trampa y
dejado a Julia allí, en las manos del hombre que la quería muerta.

Chris pensó que era inteligente, y lo era. Jodidamente lo era, pero Leon no.
Debería haber prestado más atención. Debería haber notado que él había
184

estado actuando extraño últimamente, pero no lo hice. Como de costumbre,


mi vida entera estaba sumergida en todo lo que tenía que ver con Julia.

Leon había encerrado a mi mamá en el sótano de mi casa en Summerville,


Página

donde ella y Elaine habían estado. Él me llamó, alegando que ella había sido
secuestrada y que no sabía dónde estaba. Pensó que su plan era infalible ya
que hizo todo desde el interior de mi casa, donde las cámaras no pudieran
pillarlo.

Pensaba que mi pánico compraría a Chris, su amor, tiempo suficiente para


terminar el acuerdo. Para asesinar a Julia. Pero no fue así, porque mi mamá era
una mujer fuerte que abrió la cerradura y salió del sótano una hora después de
que yo hubiera llegado. Había estado interrogando a Leon, obteniendo su
historia. Llamé a los hombres de todas partes. Los hombres de mi madre, mis
propios hombres. Estaban en camino, mientras yo caminaba de un lado a otro
y frenéticamente tratando de separar la historia de Leon de las pistas en
cuanto a donde ella estaba. Pero luego ella salió del sótano, sudorosa y sucia.
Gritando que Leon lo había hecho.

Y luego Leon reveló la verdad sobre todo, sobre todas las cosas que Chris
había hecho, sobre cómo él, Leon, había texteado a Chris y le había dicho
sobre lo que hicimos en el pantano.

Mi viejo amigo había rogado por su vida. Me había suplicado perdón,


diciendo que lo hizo todo por amor, que él sabía que yo habría hecho lo mismo
por Julia. Pero no había dudado en volarle la cabeza con el arma que traje de
la limosina. No me había molestado en pensar en ello o considerar sus palabras.
Él había ayudado a alguien a herir a Julia. Alguien quien probablemente
estaba hiriéndola justo en ese momento. Y por eso, la pena era la muerte.

Era su sangre la que estaba salpicada en mis manos y cara. Su sangre que
llamó la atención de todos ahora. Mis pulmones quemaban, pero todavía me
esforcé más. Podía ver su edificio a menos de una cuadra de distancia. Ya casi
estaba allí.

John me había llamado, dejándome saber cuán mal estaban las cosas. Que
Chris tenía una pistola en la cabeza de Julia. La sola idea de eso me hizo querer
estallar fuera de mi piel y romper algo El arma estaba metida en mi pretina.

Llegaré a tiempo. Tenía que hacerlo. No había otra opción. Ni siquiera podía
empezar a considerar la posibilidad de no llegar. O de qué haría si ella estaba
muerta. Era insondable.

Apuñalé el botón del ascensor repetidamente, decidiendo si me llevaría


mucho tiempo correr a toda velocidad arriba los muchos tramos de escaleras.
Sangre manchó la previamente prístina flecha hacia arriba. Y luego estaba
185

subiendo en la calma del brillante ascensor. Espejos me rodeaban, creando


cientos de sangrientas, imágenes sin camisa de mí. No quiero mirarme a mí
mismo. Pero estaba en todas partes y no había forma de evitarlo. Me llevó de
Página

vuelta a ese momento. A después de que había visto a Sandy colgando sin
vida del cable de extensión. Me había desmayado, pero había pequeños
fragmentos después del apagón volvieron a mí más tarde.
Estaba de pie en frente del espejo con sangre en mi cara. Mi sangre y su
sangre. Se mezclaban hasta que no ya no supe quien era. La persona mirando
hacia mí era algún tipo de monstruo. Y eso es lo que veía ahora. Un monstruo
cubierto de sangre. Un monstruo que estaba enojado, jodidamente devastado
por las cosas que había hecho y las cosas que estaba a punto de hacer. El ding
de apertura del ascensor pareció durar para siempre, y las puertas abriéndose
parecía durar incluso más.

Presioné a través de ella y corrí por el pasillo. Randy y John estaban en la


puerta entreabierta con sus armas en frente de ellos, señalando a la sala de
estar. Los había llamado tan pronto como me enteré de lo que estaba
pasando.

Llegué a la puerta y los empujé fuera de mi camino, y luego vi a Chris, su


fibroso cabello rubio pegado a su cara, presionando su arma contra la cabeza
de Julia. Lágrimas estaban dejando huellas bajando por sus mejillas. Su piel
estaba tan pálida que era prácticamente un fantasma.

—¡No te acerques más! —gritó Chris. Pero no me conocía. No sabía que no


daba una mierda sobre sus amenazas. Si hablaba en serio acerca de matarla,
ya lo habría hecho, y no estaba dispuesto a esperar a que lo hiciera.

Los siguientes minutos se alargaron en absoluta lentitud mientras mis piernas


me llevaban a través de la habitación. Julia se movió, retorciéndose del agarre
de Chris, hasta que el arma no estaba más en su cabeza. Vic estaba arriba y
corriendo hacia ellos, y Chris luchó por mantener el control sobre Julia. Vi el
momento en que se dio cuenta de que no podía, que había perdido su
oportunidad. La dejó ir. Resignación se pintó en sus rasgos.

—Te amo. —Apuntó el arma hacia Vic y jaló el gatillo. Alguien gritó. Lo oí más
fuerte que el disparo. Estaba perforando mi oído, rasgando a través del aire
mientras Vic colapsaba.

Mi arma estaba lista en mi mano, el metal caliente de estar presionado


contra la piel de mi cintura. Antes de que Chris pudiera incluso pensar en virar
el arma hacia mí o hacia Julia, tenía la mía dirigida a si cabeza. Y por segunda
vez en el día, no dudé en apretar el gatillo.
186
Página
23
Traducido por Kmila92
Corregido por Sahara

Julia
Una semana más tarde
—Deberías odiarme —dijo él.

Le di a Vic una pequeña sonrisa y sacudí mi cabeza, frotando mi mano sobre


la suya.

—Nunca podría odiarte.

Él se apoyó en la cama de hospital, en el camino a la curación después de


la bala que había perforado su hombro. Los doctores dijeron que sería libre de
volver a casa en los próximos uno o dos días según lo planeado.

—Deberías odiarme —dijo él en voz baja.

—Pero no lo hago. No es tu culpa.

—Debería haber sabido de lo que era capaz. —Vic había dicho lo mismo
una y otra vez desde la primera vez que vine a visitarlo el día después del
tiroteo.

—¿Cómo se supone que ibas saberlo? Nadie sabía. Pasé tanto tiempo con él
como tú, antes de que se mudaran. —Y era la verdad. No tenía idea. De
hecho, aún estaba en shock, perpleja sobre toda lo sucedido.

—Debería haber sabido —repitió él, pareciendo perdido—. ¿Estás bien?

Asentí lentamente, aunque no sabía si bien era la palabra correcta.

—Aún estoy aquí.

Pesadillas me habían despertado cada noche esta semana. Visiones del


187

cuerpo de Mandi, de mi cuello sangrando, la sensación de una pistola


presionando contra mi sien y el cuerpo de Chris detrás de mí. Me había
despertado aterrada, sudorosa, aferrándome a Cole desesperadamente.
Página
Chris se había ido. La bala que Cole puso en su cabeza había terminado con
su vida instantáneamente, pero no podía cambiar la imagen de él en mi
mente. Estaba mucho más vivo allí.

—Gracias a Dios. No sé lo que habría hecho... —Una lágrima se deslizó por su


mejilla.

—Sólo estoy feliz de que estés bien. —Apreté su mano, sintiendo el dolor que
estaba segura, él estaba sintiendo, ante el pensamiento de él muriendo.
Lágrimas presionaron detrás de mis ojos, la sensación se había convertido en
una demasiado familiar—. Casi me puse mi vieja sudadera Stars, pero pensé
que podría darte una insuficiencia cardiaca —le dije en broma, tratando de
evitar llorar.

—Gracias a Dios. Me habría dado un paro cardiaco a ciencia cierta. —Se rió
entre dientes, sus ojos verdes brillando—. Este no es un bueno momento... sé
eso... pero me refiero a las cosas que dije, esa noche.

Parpadeé y alejé mi mirada.

—Vic...

—Lo sé, Jewel. Lo sé. No me amas así. Joder... —Apretó mi mano—. Quizás no
te amo como creo. Simplemente sé que te quiero en mi vida. No quiero perder
lo que tenemos. Quiero nuestra amistad. La quiero de vuelta, por favor. Lo
siento. Siento tanto... tanto que esto pasara... lo siento... —Su pecho comenzó a
sacudirse mientras sollozaba. Agarró mi mano, pero con la otra sostenía su
hombro lastimado.

—No, Vic, no llores. Por favor, —Me puse de pie y le di unas palmaditas en su
hombro—, esto no es tu culpa.

—Disculpe, —La puerta de su habitación de hospital se abrió, revelando una


enfermera—, voy a tener que pedirle que se vaya. El ritmo cardiaco de Victor
subió vertiginosamente en el último minuto y necesita calmarse.

Tragué, mordiendo mi lengua para evitar llorar.

—Volveré a visitarte. Siempre estaré en tu vida, ¿está bien? —Solté su mano—


. No quiero vivir sin ti tampoco, mejor amigo.
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Vic asintió, tomando respirando hondo, pero las lágrimas continuaban


rodando en su rostro. Giré sobre mis tacones y salí pitando antes de comenzar a
llorar a moco tendido y hacerlo todo peor.
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Cole se levantó tan pronto como entré y envolvió sus brazos alrededor de mí.
No preguntó lo que sucedió. No lo necesitaba. Era como me comportaba
cada vez que iba a visitar a Vic. Era simplemente una bola de emoción, nervios
crispados y un adolorido corazón. Aún tenía problemas aceptando que había
terminado, que todo lo que había sucedido para empezar.

Mi más grande temor en la última semana era que Cole podría ir a la cárcel.
Había matado a Chris y Leon. Las cosas estaban todavía bajo investigación,
pero su abogado prometió que no pasaría tiempo en la cárcel en su futuro.

Afuera, nos subimos a su camioneta, la misma camioneta en que la que me


recogió en nuestra primera cita. La formalidad de la limosina se había
terminado esta última semana y estaba contenta por ello. Era algo agradable
subir al coche sólo los dos, eso me calmaba y me hizo pensar en tiempos más
simples.

—¿Qué quieres hacer esta noche? —preguntó él mientras se tiraba en la vía


de servicio.

—No lo sé. —Me quedé mirando el cielo nocturno, asimilando las luces
brillantes de la Reunion Tower, un restaurante de forma esférica que caracteriza
la silueta de Dallas. Había mirado hacia el edificio cientos de veces. Podía verlo
desde la ventana de mi habitación, pero mientras miraba hacia él ahora, me
acordé de la noche cuando Cole me llevó a nuestra primera cita. Me quedé
mirándolo, sintiendo nervios y un poco perdida en el tiempo, con la excitación
punzando bajo mi piel sólo de estar en el coche con Cole.

Esa excitación estaba aún allí, aunque no me sentía perdida, tan loco como
eso sonaba. No sabía realmente donde se supone que tenía que ir después de
esta tragedia, pero sabía que quería a Cole para estar allí, dondequiera que la
vida me lleve.

Miré hacia el reloj, en el cual brillaban las ocho y treinta.

—Quiero ver a Abue y papá, pero es demasiado tarde.

—Mañana —dijo él, poniendo el intermitente para cambiar de carril—.


Iremos en la mañana, ¿eso suena bien?

Le di una sonrisa.

—Sí, es perfecto.
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Me miró.

—¿Estás bien?
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Asentí lentamente.

—Eso creo. Sólo no puedo creer que realmente haya terminado.


—Lo sé, —Miró hacia la carretera. Tenía el pelo recogido en una cola de
caballo en la nuca y usaba una camiseta blanca cuello en v y vaqueros
azules—, pero ha terminado. Cada día será más fácil.

—¿Vas a estar allí? —No sé por qué le pregunté; mi corazón creía que él iba
a estar allí, que no era sólo esta tragedia lo que nos mantenía juntos.

—¿Qué? —Tiró el camión sobre la cuneta y estacionó. Los autos no pasaban


zumbando.

—¿Qué estás haciendo?

Se volvió hacia mí y agarró mis manos entre las suyas. Las luces de la calle
iluminaron el lado izquierdo de su cara, haciendo que sus ojos lucieran más
oscuros, una piscina sin fin.

—Soy tuyo, Julia. Y no voy a ninguna parte, a menos que estés a mi lado.

Mi corazón se saltó.

—Pero Elaine y tu mamá... dijeron que haces esto. Vas por mujeres para...

—Lo hice. Antes de verte. Pero no ahora. No desde que te vi en la primera


fiesta del Rapture X.

—¿Lo juras? —susurré.

—Con todo lo que tengo. Lo juro.

—Soy tuya, también.

—Como si tuvieras opción. —Guiñó.

Me reí y abofeteé sus manos, justo cuando me jaló por un beso. Un beso
completamente alterador de vida, haciendo que mis dedos se doblaran y mi
coño goteara. Estaba sin aliento cuando se retiró.

—Nunca me preguntaste que quiero hacer esta noche. —Se dio la vuelta y
puso el coche en marcha, dejándome desesperada por él.

—¿Qué quieres hacer? —le pregunté sin aliento.

—Tú.
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Me retorcí en mi asiento, frotando mis muslos juntos.

—Sobre mi escritorio.
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—¿En el Rapture? —mordí mi labio.


—No. En mi oficina corporativa.

—Pero eso está en Nueva York.

Sus labios se torcieron en una sonrisa, sus ojos arrugándose en las esquinas.

—Lo sé.

—Pero vamos a ver a Abue...

—Sí, vamos. Mañana. Pero esta noche, —Miró hacia mí, un brillo malvado en
sus ojos—, te quiero sobre mi escritorio.

Y yo quería eso también, más que cualquier otra cosa.


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Epílogo
Traducido por MacasLomb
Corregido por Sahara

Julia
Tres años después
Me quedé al final del pasillo. Estaba a punto de caminar con mi padre. El
pasillo que me llevaría al hombre que amaba. El hombre que me había
acechado, el que tomó el control de mi cuerpo, y mató a su hermano.

Él me había salvado.

No sólo de Chris. Su amor me dio nueva luz. Esos días, meses después de que
había terminado, cuando las pesadillas controlaban mis noches y el miedo
gobernaba mi día, Cole me salvó entonces, también.

Su amor me rodeaba y me protegió de todas las cosas que temía. Había


estado a mi lado, me ayudó a encontrar mi camino. Era una estudiante
universitaria, ahora con más de dos años cursados y hacia mi título. Sería esa
maestra de Inglés que siempre había querido ser. Y en mis momentos de duda,
antes y durante la escuela, Cole había estado allí, animándome.

—¿Estás lista?

Miré a mi padre y tuve que apartar los ojos, temía empezar a llorar.
Habíamos arreglado nuestra relación y lo veía regularmente, de dos a tres
veces a la semana, lo cual no era difícil, teniendo en cuenta Cole y yo
habíamos construido una casa en una parte de su rancho.

Nunca planeé volver a casa. Siempre pensé que mi vida iba a ser en la gran
ciudad, pero luego me di cuenta de que casa era el único lugar en donde
quería estar. Cole estaba aún más feliz antes, lo que me sorprendió, pero
estaba contento la mayor parte del tiempo. Había pasado mucho tiempo
desde que lo había visto estar enojado o molesto por algo. Llevamos a Abue
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con nosotros, en su propia ala personal, por lo que podríamos estar con ella
todo el tiempo.

—Lo estoy... —dije vacilante, alisando el encaje de mi vestido blanco.


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—Bueno, infiernos, deberías estarlo, Julia. Has hecho que el hombre espere el
tiempo suficiente. Te lo pidió un centenar de veces.
Sonreí. Cole había comenzado a hacerlo, sólo un mes después de todo lo
que pasó con Chris, pero le había dicho que no. Nos sentamos en una terraza
con vistas al río Nilo cuando lo hizo hecho por primera vez. Pero me hacía
pensar en Elaine, cada vez que pensaba en el matrimonio. Me lo propuso de
nuevo en la estación de gas, con esa roca en su dedo. Incluso aunque ella
estaba casada con otra persona, y vivía en Rusia con un bebé en camino, aún
así no podía evitar la sensación.

Por lo tanto, lo había rechazado. Y cada mes, semana, día, desde entonces,
me lo pidió. Cada vez era diferente. A veces estaba en un lugar exótico donde
estaba haciendo negocios. Otras en la cama después de hacer el amor. Una
vez puso el anillo en el collar de Weasley, con una pequeña nota. Pero no fue
hasta el mes pasado que acepté, cuando se puso de rodillas en medio de la
tienda de comestibles y juró que no iba a moverse hasta que aceptara ser su
esposa. Después de dos horas de compras en el supermercado lleno, y dos
horas en que había bloqueado el acceso al maíz enlatado de cada madre
enojada de cada cuatro personas en el lugar, acepté. No porque estuviera de
rodillas como un idiota, sino porque lo amaba más que a nada.

Había querido casarme con él todo el tiempo, pero me daba miedo. Miedo
de nuestro pasado y miedo de nuestro futuro. Miedo de cómo las cosas habían
terminado con mi mamá y mi papá. No quería que termináramos de esa
manera.

—No vas a terminar como tu mamá y yo.

Sus palabras me sorprendieron; hasta hoy nunca le dije que la vi, ni había
hablado de ella de nuevo, ni siquiera con Cole.

—No estábamos destinados a estar juntos. Pero ustedes sí. Ese hombre te
ama y nada va a cambiar eso, Jewel. —Él me sonrió. Sus brillantes ojos azules
como los míos—. Ahora vamos a ir y hacer de él un hombre honesto.

Respiré hondo y acaricié mi pelo. Las hebras de color azul colgaban en


ondas largas, rizadas. Consideré no pintarlo más y sólo ser rubia, pero nunca me
creí capaz de obligarme a serlo. Además, a Cole parecía realmente gustarle el
azul.

El piano empezó a tocar y papá me tendió el brazo. Dejé que me llevara a la


pequeña capilla. No habíamos invitado a muchas personas. Sólo unas pocas
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llenaban las filas, desde Abue, a mi padrino de boda, Victor, a la que pronto
será mi madre política, que me había llamado y visitado en múltiples ocasiones
personalmente para tratar de convencerme de casarme con su hijo, un
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extraño giro, ¿verdad? Randy estaba allí, también, y algunos de los otros que
trabajaron durante todo el día para Cole.
Pero ninguno de ellos llamó mi atención. No como el hombre que me
esperaba en el altar. El hombre con el pelo oscuro suelto alrededor de su rostro
y una bien afeitada, mandíbula angular. Llevaba un traje negro. Y cuando me
encontré con su mirada que estaba envuelta en esas piscinas de color azul
oscuro. En la pasión, en el amor. Era lo que sentía cada mañana cuando me
miraba a los ojos y cada noche cuando me iba a dormir. Él era mío para
siempre.

Nuestro pasado no era perfecto. Nuestro futuro no lo sería, tampoco. Pero


estaríamos juntos, unidos por el rapto de nuestro amor imperfecto.

Y eso era todo lo que quería.


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Sobre el autor
Megan D. Martin es una autora
multiplicada, madre, estudiante y editora.
En su tiempo libre disfruta decorar su casa
con cosas extrañas que no coinciden.
Jugar con su viejo sistema de
entretenimiento escolar “Nintendo”, y
comprar peces para su tanque.
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Traducido, corregido y diseñado

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