Extreme Makeover: Un cambio necesario (Hch 9:1-6)
Hoy comenzamos hablando del programa Extreme Makeover que
fue un reality show de la cadena estadounidense ABC, donde un equipo de
diseñadores reconstruyen casas de personas necesitadas ¡en 7 días!
¿Qué pasaba en el show?
(a) El presentador (Ty Pennington) le muestra a su equipo un video de la familia
que solicita la remodelación,
(b) Una vez en el domicilio Ty le informa a la familia que son ganadores de un
viaje de ida y vuelta, mientras se hace el trabajo de demolición y reconstrucción
(c) A los 7 días, la familia regresa para ver la remodelación o cambio de
imagen extremo.
¿Qué tiene que ver este programa con nuestra predicación de hoy? Creo
que mucho, porque si vos te pones a pensar en esto, puede ser una metáfora de
la transformación que necesitan nuestras vidas en materia de fe, en el área
espiritual, que no es independiente de las otras áreas de nuestra vida.
1. ¿La transformación significa que dejo de ser yo?
2. ¿Significa que todo está mal?
3. Por otro lado, habrá que preguntarnos ¿Todo está bien?
4. ¿No necesitamos remodelaciones espirituales de tanto en tanto?
5. ¿Sos tan perfecto/a que todo está bien y no necesitas ningún cambio?
6. ¿Todos están equivocados y solo vos tenes la verdad?
De ahí que nuestro tema de hoy lo he titulado: Extreme Makeover: Un cambio
necesario (Hch 9:1-6)
Hay que aclarar que en hechos 9 Lucas va a interrumpir el relato de la
expansión de la fe cristiana en el ámbito helenista, que surge a raíz del martirio
(lo reanudará en 11.19)
de Esteban y se va a introducir a Saulo, a quién dedicará la
segunda mitad de su libro.
9 Mientras tanto, Saulo, respirando aún amenazas de muerte contra los
discípulos del Señor, se presentó al sumo sacerdote 2 y le pidió cartas de
extradición para las sinagogas de Damasco. Tenía la intención de encontrar y
llevarse presos a Jerusalén a todos los que pertenecieran al Camino, fueran
hombres o mujeres. 3 En el viaje sucedió que, al acercarse a Damasco, una luz
del cielo relampagueó de repente a su alrededor. 4 Él cayó al suelo y oyó una
voz que le decía: —Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? 5 —¿Quién eres, Señor?
—preguntó. —Yo soy Jesús, a quien tú persigues —le contestó la voz
—. 6 Levántate y entra en la ciudad, que allí se te dirá lo que tienes que hacer.
Algunos datos interesantes de este pasaje:
1) Se contaba con la autorización del sumo sacerdote para la persecución.
2) Las sinagogas tenían el derecho de administrar castigo corporal (II Cor. 11.24)
3) La persecución que Pablo ejerció fue extremadamente cruel (Gal 1.13).
4) ¿A los primeros seguidores de Cristo se les llamaba? “los del camino”.
Estamos ante un hombre perseguidor, cruel, cegado por el odio que por un
lado experimentó: (a) una conversión o cambio y por otro (b) recibió una
comisión o encargo. Y es que cuando Dios interviene en nuestras vidas, en
nuestro encuentro con él, comienza un proceso de transformación y la
posibilidad de servirle en su iglesia.
Hay que aclarar que la conversión que vive Pablo estaba en el marco de una fe
ya conocida, no es una nueva religión; sino que es continuación de la propia
identidad de Israel, no como el judaísmo lo entendía o como el mismo Pablo
lo había entendido cuando era un fariseo celoso (Gálatas 1,13-14).
Entonces, lo que le sucedió a Pablo en el camino a Damasco no fue una
renuncia a esa identidad y herencia; sino un despertar a la responsabilidad
que siempre había tenido Israel: ser una bendición para las familias de la tierra
(Is. 49:6)
¿Cuál es la forma en que debo demostrar mi cambio? En
Cracovia, Polonia vivía un hombre llamado Simón que tenían reputación de ser
super avaro. En ese mismo lugar vivía un herrero y un panadero que eran
conocidos por hacer ayudar a los pobres.
Un día, Simon murió, lo extraño fue que el herrero y el panadero dejaron de
ayudar a los pobres. Posteriormente, el herrero y el panadero confesaron que
el dinero que habían utilizado para ayudar a los pobres no era suyo, sino que
procedía de Simón (el avaro) que no había querido que nadie supiera de su obra
de ayuda.
A veces nuestros cambios pueden ser tan opacados por una falsa reputación
que los demás nos adjudican, por la falta de visibilidad, ahora que todo tiene
que ser mostrado por Tik tok, Face, Instagram o Youtube… Sin embargo, de lo
que podemos estar seguros es que, si Dios lo ve, eso es suficiente, con el
tiempo los demás también los descubrirán (pero es secundario).
De regreso a nuestro texto, la conversión de Pablo es un cambio dentro de
su misma mirada de fe, es decir, de fariseo que deseaba reforzar la separación
de Israel del mundo gentil (o no judío), a un grupo que, a la luz de su experiencia
de Jesús y el Espíritu Santo, estaba llegando a entender la comisión de Israel:
“ser una comunidad para todas las familias de la tierra”.
Así que muchas veces, estando dentro de la fe en Cristo necesitamos cambios,
remodelaciones, transformaciones. Lo vital es el encuentro con Dios como
inicio de una serie de transformación que ocurrirán a lo largo la vida.
¿Todo cambio es repentino? ¿Todos los cambios tienen que ser
Hollywoodezcos con fuego y humo? No. En el ámbito de la fe muchas veces
se quiere algo mágico y místico.
El gran problema del emocionalismo en la fe es que solo cuando sientas
algo en tu cuerpo vas a pensar que Dios habla, pero te resultará difícil ver
una fe viva, en el abrazo de una iglesia, el acompañamiento de una
comunidad, porque esperas una super experiencia mega poderosa y no
un acto sencillo de amor.
Lo que transformo a pablo no fue la luz cegadora, sino la voz
transformadora de Jesús y esto es clave, porque solo Cristo tiene el poder
y la autoridad para transformar y dar un sentido nuevo a la vida.
Para ir finalizando tengo que hacerte una pregunta:
¿Para qué te ha dado Dios las bendiciones que tenes, el trabajo que tenes,
el negocio que tenes, los dones que tenes, las habilidades, las
capacidades, las puertas que se te han abierto, las oportunidades que hoy
tenes y que no tenías en el pasado?
Lo que ha ocurrido en tu vida, tu encuentro con Dios, tu experiencia con
Dios, las remodelaciones que Dios te envía, provienen del deseo de bienestar
que Dios tiene para vos… solo falta una cosa: sé agradecido.
Sentir gratitud y no expresarla es como envolver un regalo y no
darlo. William Arthur Ward (1834-1867), escritor inglés.
En cierta oportunidad Jesús sanó a 10 leprosos, de los cuales solo 1
regreso “se postró en tierra y le agradeció”. ¿Quién de los 10 sos
vos?