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El Despecho y la Triada Oscura

El documento habla sobre el despecho como una emoción amarga y peligrosa que nubla la capacidad de tomar buenas decisiones. El despecho surge tras una traición o decepción y puede llevar a conductas vengativas como buscar venganza en redes sociales o victimizarse para llamar la atención. Las personas despechadas también pueden mostrar rasgos de maquiavelismo, psicopatía y narcisismo. El despecho es una emoción que debe gestionarse correctamente para evitar perjudicarse a uno mismo.

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El Despecho y la Triada Oscura

El documento habla sobre el despecho como una emoción amarga y peligrosa que nubla la capacidad de tomar buenas decisiones. El despecho surge tras una traición o decepción y puede llevar a conductas vengativas como buscar venganza en redes sociales o victimizarse para llamar la atención. Las personas despechadas también pueden mostrar rasgos de maquiavelismo, psicopatía y narcisismo. El despecho es una emoción que debe gestionarse correctamente para evitar perjudicarse a uno mismo.

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El despecho, un sentimiento amargo y

peligroso
La persona despechada no piensa con claridad. El dolor de la ruptura o la
traición ciega su capacidad para tomar decisiones, eligiendo en muchos
casos opciones que realmente le perjudican.
El despecho es una emoción poco explorada, pero muy interesante desde el punto
de vista psicológico. Se trata de una respuesta psicofisiológica intensa y de valencia

negativa que se experimenta a raíz de una traición, un desengaño, una decepción o una

ofensa. La persona herida empieza a desplegar entonces conductas tan variopintas y

complejas como peligrosas.

Por ejemplo, es común que el despechado o despechada suela buscar

venganza. Para ello, puede no dudar en hablar mal de la expareja por redes sociales,

publicando información privada o iniciando campañas de ataque o desprestigio.

También es habitual que se acoja al victimismo como forma de vida con el propósito

de llamar la atención.

El despecho es una emoción que navega entre dos ríos: el rencor que carcome y la

tristeza no gestionada. No es fácil lidiar con una ofensa, una humillación o un

abandono, en especial cuando parten de relaciones afectivas. La inmadurez

emocional  deriva en muchos casos en este tipo de conductas límite que se entremezclan

con las revanchas y las malas decisiones.

El despecho es una realidad psicológica muy descuidada por la investigación científica.

Esto mismo es lo que destacó un trabajo  publicado en el 2014 por la Universidad

Estatal de Washington. Tanto es así que, según explicaron los autores, algunos de los
comportamientos más oscuros del ser humano han sido motivados por el

despecho.

La necesidad de hacer daño a alguien, aun cuando esa figura tiene significado

emocional para nosotros, es muy característico del ser humano. La literatura y el cine

están llenas de historias que siguen este hilo. Es más, hay un viejo dicho que dice lo

siguiente: no te cortes la nariz para hacer daño a tu rostro. Hacer daño a quien

queremos o quisimos alguna vez es como hacernos daño a nosotros mismos.

Así, un ejemplo común de despecho en las relaciones afectivas se da con frecuencia

cuando alguien inicia una relación una persona cercana a la persona la ha dejado. Tener

un affaire con el hermano de nuestra expareja es algo recurrente. Hay un claro deseo

de hacer daño al otro, pero lo que suele venir después es el arrepentimiento. Y también

el malestar con uno mismo.

El despecho y el deseo mal enfocado de buscar


justicia emocional
El despecho es una emoción tiene un sentido poco útil de justicia. La persona

despechada se siente herida y desea producir el mismo dolor al causante de su

dolor. “Tú me has hecho daño y yo buscaré algún mecanismo para hacerte pagar el

sufrimiento que siento. Y lo haré de la manera más maquiavélica que pueda”.

Por otro lado, cabe señalar que el despechado se percibe a sí mismo como una

víctima. Se siente explotado, engañado y por encima de todo humillado. Toda esa

amalgama emocional tan adversa alimenta, como bien podemos imaginar, el deseo

flamígero de la venganza.
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El despecho puede volverse adictivo. La persona herida puede obsesionarse en

imaginar mecanismos e ideas para hacer daño al otro. Esto sucede a veces entre

parejas separadas y divorciadas cuando uno de los miembros no asume esa ruptura.
La persona despechada y la tríada oscura:
maquiavelismo, psicopatía y narcisismo

Hay algo evidente: todos en algún momento hemos sentido el pinchazo del despecho.

Lo experimentamos de niños, cuando nos enfadábamos con nuestros hermanos y nos

vengábamos rompiendo sus juguetes. Puede que también lo hayamos sentido en la edad

adulta, aunque la correcta gestión emocional y el sentido común apaciguó y racionalizó

dicha emoción.

Ahora bien, quien lo siente, lo hace suyo y lo ejecuta en conductas de retorcida

venganza evidencia un perfil muy concreto. Las personas que alimentan el despecho

y el rencor demuestran rasgos de la tríada oscura. Así, en el 2014, investigadores de

la Universidad Estatal de Washington, dirigidos por el psicólogo David Marcus

demostraron algo muy concreto en un trabajo .

Quien evidencia un elevado rencor y unos sentimientos de despecho presenta

características narcisistas, maquiavélicas  y hasta psicopáticas. Pensemos que el

despecho no solo busca hacer daño (vengarse) de esa figura significativa que antes, le

causó algún tipo de sufrimiento. A veces, el despechado también puede hacerse daño a

sí mismo para llamar la atención.

El despecho es una espada de Damocles

El despecho es una espada de Damocles que pende sobre nuestras cabezas. Buscar

venganza, albergar resentimientos permanentes y alimentar ese malestar emocional

constante termina perjudicando al hacedor. Todo lo que se haga contra alguien acabará

volviendo hacia nosotros de algún modo.

Acostarnos con el mejor amigo de nuestra ex pareja no resuelve nada. Criticar o

desprestigiar a ese amigo que ya no nos quiere en su vida no ayuda ni soluciona el


problema. El odio genera más odio, el despecho no es más que un duelo mal

gestionado que se ha cronificado en rencor. 

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