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Tanner Reed

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SINOPSIS

«Yo lo vi primero».

«Yo lo tuve primero».

Eso es lo que pienso cada vez que veo a mi amiga besar a su esposo frente a mí.
Cada vez que él le ha sonreído y murmurado cosas en su oído a lo largo de los
años. Conocí a Tanner durante una fiesta universitaria. Me hizo pasar la mejor
noche de mi vida y después me olvidó, pero él no olvidó a Pauline. Lo siguiente
que supe después deducir que estaba viviendo la peor resaca de la historia, es
que había organizado una búsqueda por todo el campus para encontrar a la chica
de cabello dorado y rostro de ángel que había conquistado su macabro corazón,
pero a la que no se había acercado porque estaba demasiado ocupado follando
a alguien más en una habitación de su fraternidad.

A mí.

Una chica dispuesta a pecar lo necesario para tenerlo de regreso.


PRÓLOGO

Austin, Texas.

Cinco años atrás.

Este será el mejor año de mi vida.

Lo sé.

Hay una vibración persistente en mi cuerpo que me lo dice. No, lo grita


constantemente. Este año dará inicio a una nueva etapa en mi vida que podría
ser la mejor. No me quejo de la escuela, no la pasé mal en ella, pero esto es la
universidad. Estoy aquí porque quiero estar aquí. Solo ha pasado una semana
desde que las clases comenzaron y puedo decir que lo que escogí, el programa
de arquitectura, es lo que apasiona. Tomé la decisión correcta al rechazar las
constantes demandas de mi padre para que me fuera por la escuela de negocios.
Amo dibujar. Los edificios. La manera en la que se complementan con el
ambiente que los rodea o destacan dentro de él. Si no logro trabajar para una
constructora, me encantaría también abrir un pequeño negocio de decoración de
interiores. Esa es otra cosa que me gusta.

Hay tantas posibilidades.

A veces hago comparaciones extrañas, pero soy como un pequeño animal de


casa, un perro, que por primera vez sale a dar un paseo fuera de su hogar. En
casa mamá y papá me han mantenido protegida toda la vida, decidiendo incluso
mi comida y mis amistades. Aquí es diferente. Aunque solo estamos a dos horas
y media de distancia en auto, puedo escoger lo que quiero para el desayuno,
usualmente cereal de Oreos, para el almuerzo, usualmente pizza, y para la cena,
usualmente de nuevo pizza.
No hay nadie manteniéndome envuelta en un pañuelo para impedir que me haga
daño. Puedo lastimarme las veces que quiera, disfrutando incluso del dolor que
viene después.

Soy libre.

Soy libre de cometer errores.

─ ¿Savannah? ─pregunta mi compañera, Pauline, asomando su cabeza rubia en


nuestro baño─. ¿Estás lista? No quiero ir tarde. Podemos regresar a la hora que
quieras porque habrá más gente volviendo, pero me da miedo salir y que las
calles estén solas.

Termino de echarme un vistazo al espejo. A diferencia de Pauline, mi cabello


es negro y lacio. Termina a la altura de mi trasero. Mi madre nunca quiso que
lo mantuviera de otra manera. Yo tampoco. Además de mis ojos grises, como
los de mi padre, forma parte de mi atractivo principal. Lo demás es discutible.
Tengo un cuerpo bonito, pero mi cara no es tan linda como la de Pauline. Ella
parece un ángel. Su rostro, enmarcado por un montón de rizos dorados, es
redondeado. Su nariz es pequeña como un botón. Sus ojos son marrones, pero
a la luz lucen anaranjados, absolutamente encantadores. Es como una niña. Es
mucho más baja. Nos hemos llevado bien desde que empezamos a vivir juntas
desde hace un par de semanas, la cuidé cuando empezó a sentirse mal por toda
la pizza que hemos comido y ella me ha enseñado todo lo que hay que saber
sobre las bacterias, sufre de trastorno obsesivo compulsivo con la limpieza, pero
ese tiempo ha sido suficiente para que empezase a sentir envidia de ella.

De su lindo corazón. De las aventuras que ha tenido la oportunidad de vivir con


la Iglesia de su condado, viajando a todas partes con el fin de ayudar a los más
desfavorecidos. Aunque su familia es adinerada, como la mía, tienen un
compromiso importante con Dios que no se limita a hacer donaciones periódicas
a la comunidad, como hacemos los Campbell.

Tampoco puedo pasar por alto la manera en la que luce hoy. A pesar de que está
usando un vestido blanco que termina a la altura de sus rodillas, cubriendo sus
brazos debido a que es manga larga, lo que podría ser considerado una
aberración al lado de los vestidos de otras chicas, como el mío, negro y con tiras
sobre mi escote que apenas cubre mis muslos, se ve bien. No es del tipo que
necesita mostrar piel para llamar la atención. Ella por sí misma lo hace. Irradia
un halo invisible de luz que capta la atención de todos cuando entra en una
habitación. No solo aparenta ser buena, sino que lo es. Me retoco mi labial
rosado frente al espejo antes de darme la vuelta y plantar una sonrisa en ellos.

─Vamos ─digo, ahora no muy segura de mi apariencia.

Quizás debí vestirme como lo hacía en casa. Con una falda de recuadros. Una
camisa blanca bajo un bléiser del mismo material. Un gorro y una bolsa de
diseñador. Quizás debería ser más como Pauline y abrazar al ángel en mí en
lugar de rechazarlo, pero simplemente no puedo ignorar la manera en la que mi
corazón bombea contra mi pecho cuando estoy haciendo algo que no debería
estar haciendo. Que desaprobarían mis padres, quienes me quemarían en una
hoguera de verme actuar así.

Como ir a una fiesta de fraternidad vestida como una puta.

*****

Mi compañera y yo ni siquiera sabemos a qué fiesta iremos. Solamente


seguimos los rumores de los pasillos de nuestro dormitorio, los cuales nos han
traído a la calle en la que todos los desastres suceden. Pauline aprieta mi mano
cuando nos bajamos del taxi y me alcanza. Aunque no quiero que las personas
a nuestro alrededor piensen que somos lesbianas, no la suelto. En su lugar le
dedico una mirada emocionada, reconociendo la misma sensación de adrenalina
en sus ojos que estoy experimentando, y marco nuestro primer paso hacia la
casa más grande, ruidosa y abarrotada de estudiantes que encuentro, casi
saltando.

─ ¿Por qué no empezamos con algo más tranquilo? ─susurra en mi oído cuando
nos obligan a hacer fila, puesto que está tan lleno que se están poniendo
exclusivos, rechazando a algunas personas que intentan entrar sin bebida, como
nosotras, pero algo en mí me dice que nos dejarán pasar─. ¿Quizás dos casas
abajo?

Niego. Vi esa fiesta. Se veía como las reuniones a las que asistía cuando estaba
en la preparatoria, así que no sería nada diferente. La casa frente a mí, en
cambio, luce como una nueva experiencia. Hay parejas besándose estando
sentadas en el borde de las ventanas, lo que podría considerarse peligroso ya
que la construcción tiene dos pisos. Hay luces saliendo por cada rincón expuesto
a pesar de que sigue viéndose oscuro. Desde donde estoy puedo ver incluso a
tipos derramando sus cervezas debido a su grado de embriaguez y a chicas
desnudándose sobre cualquier mueble. Paulina lo ve también, tensándose junto
a mí, pero no dice nada más hasta que el chico en la puerta de entrada nos deja
pasar, aprobación en su mirada dirigida a nosotras.

─ ¡Por un momento pensé que no nos dejarían pasar! ─grita por encima de la
música, Animals de Maroon 5, refugiándose en mi costado─. ¡Ya estamos
adentro, ¿ahora qué hacemos?!

Por el rabillo del ojo noto a un chico en la cima de las escaleras, su pecho
expuesto mientras entabla conversación con otro estudiante. Su cabello negro y
despeinado luce oscuro aún bajo el efecto de las luces de neón colgando del
techo. Está perfectamente constituido. Sus brazos y torso son tan musculosos
que no puedo evitar pensar en él como un deportista. Es alto. Además de su
pantalón oscuro, lleva unos mocasines que creo haber visto en el armario de mi
padre, quién solo usa cosas caras, así que también se ve con clase. Pero a pesar
de los músculos, de su belleza masculina, lo que me atrae a él es lo que irradia
como si fuera un elemento radioactivo de la tabla periódica.

Peligro.

Instantáneamente no puedo evitar sentir curiosidad.


Inclinándome sobre el oído de Pauline, señalo las escaleras.

─ ¡Iré un momento al baño! ¡Espera aquí!

Si su mente fuera un poco más abierta, le diría que voy a ir por mi primera
golosina del año, pero Pauline no es así. Ella no entendería cómo puedo querer
entregarle mi cuerpo a alguien que ni siquiera conozco. Aunque su frente se
arruga, asiente e inclina la cabeza hacia el patio trasero antes de dirigirse a él.
Como si sintiera mis intenciones de dirigirme a él, cuando me doy la vuelta para
subir las escaleras lo descubro mirando en mi dirección con ojos amplios. Mis
mejillas se sonrojan. Tomo un vaso de la bandeja que alguien sostiene y le doy
un largo trago, como si el alcohol instantáneamente me pudiera hacer sentir más
valiente.

─Hola ─susurro, trayendo su atención a mi escote cuando me posiciono frente


a él─. Mi nombre es Savannah.

Él sonríe.

Mi pecho se oprime por cuán perfectos son sus dientes. Mi ropa interior se
humedece cuando le da un sorbo a su cerveza y relame su labio inferior después,
probablemente consciente del hecho de que estoy siguiendo el movimiento de
su lengua. Su amigo suelta una risita que apenas puedo escuchar antes de bajar
las escaleras y dejarnos tan solos como podemos estar en la fiesta.

─Tanner.

Al momento en el que escucho su voz, decido que no solo quiero que sea una
golosina. Quiero que sea una tienda abierta para mí las veinticuatro horas del
día, los siete días de la semana, de la que pueda tomar todo lo que quiera sin
pagar. Poniéndome de puntitas, puesto que a pesar de que soy alta y uso tacones,
él lo es más, junto sus labios con los míos, percibiendo el profundo aroma a
alcohol provenir de él y notando cuán oscuros son sus ojos marrones. No meto
mi lengua en su boca, sino que me deslizo suavemente de regreso al suelo con
el aroma de su colonia descontrolando mi mente. Un poco emocionada con el
brillo intenso con el que empieza a mirarme, deslizo mi mano en la suya y lo
guío por el pasillo repleto de puertas. No sé cuál tomar, así que me ayuda
señalando la que se encuentra al final de este.

Cuando entramos y cierra la puerta tras de sí, ya me estoy quitando la ropa como
si tenerla me impidiera seguir respirando. Es un vestido elástico, así que sacarlo
no es difícil. Para el momento en el que se da la vuelta ya me encuentro
solamente usando un tanga negro de encaje con una cinta y un lazo en la parte
trasera. Giro sobre mí misma. La manera en la que me mira, como si no pudiera
creer lo que está frente a él, me hace sentir extrañamente segura y bonita, pero
es porque presiento que Tanner, sea cual sea su apellido, no mira a todas así.

─Ven aquí ─suelta con voz ronca, aún sin quitarse los pantalones.

Obedezco.

Camino asegurándome de que mi cabello se deslice sobre la suave piel de mis


senos, exagerando un poco el movimiento de mis caderas, y me arrodillo frente
a él. Mientras desabotono su pantalón con mis manos, mi pedicura rosa recién
hecha, lo escucho sisear entre dientes y apoyarse en la pared. Ya que no trae
ropa interior debajo, su pene salta a la vista cuando deslizo la tela de jean por
sus tonificadas piernas. Casi quiero llorar cuando lo veo. Es precioso. Rosado,
redondeado en la punta y lo suficientemente grande como para intimidar o,
mejor dicho, para darme la certeza de que me llenará más de lo necesario.
Tanner me deja hacer lo que quiera con él. Probablemente siente curiosidad
sobre cuáles serán mis movimientos, por lo que se limita a observarme y a
maldecir cuando inhalo su aroma a almizcle antes de meter la punta en mi boca
teniendo cuidado de no lastimarlo con los dientes. De repente todos mis ex
tienen sentido, puesto que me prepararon para este momento.

Para saber cómo complacerlo.

─Dios mío ─jadea él, sus dedos enterrándose en mi cabello─. Eres la jodida
fantasía de un hombre hecha realidad, Savannah.
Para demostrar su punto, lo alojo un poco más profundo en mi garganta. Tanner
suelta un gruñido satisfecho antes de empujarme suavemente hacia atrás y
arrodillarse para tomarme entre sus brazos. No puedo evitar acurrucarme contra
su pecho y patalear, feliz, de camino a la cama. A pesar de que pensé que sería
duro conmigo, incluso brusco, me deposita en ella con suavidad. Se cierne sobre
mí, situándose entre mis muslos, momento que aprovecho para evaluar la
manera en la que quedó su amigo luego de mis intenciones, duro e hinchado,
listo para mí, y me ofrece una sonrisa torcida antes de sumergir su rostro entre
mis piernas. Muchas personas están manteniendo relaciones sexuales aquí, así
que no me avergüenzo de gritar por la manera en la que succiona fuertemente
mi clítoris, haciendo a un lado mi tanga, antes de dejarlo libre de golpe. Tanner
ríe antes de continuar lamiéndome. Aprieto una de las almohadas con fuerza.

─Tanner ─jadeo cuando me hace mojar tan mal, disfrutando de los restos de la
sensación afrodisiaca mientras me da la vuelta y abofetea mi nalga derecha con
fuerza, haciéndome gemir─. No puedo esperar más. Por favor, entra en mí
─lloriqueo.

Él vuelve a reír mientras abre un paquete de condones.

─Solo un segundo, bebé.

Bebé.

Sí, soy su bebé y en estos momentos me muero porque algo de aspecto blanco
y lechoso me alimente. Me inclino hacia adelante y curvo mi espalda,
incitándolo a darse prisa. Él respira con brusquedad entes de tomar la parte
trasera de mi tanga y nuevamente hacerla a un lado. Le gusta tanto. Me alegra.
Tengo un montón de lencería bonita en mi armario para volverlo loco.

─No sabes cuánto me gusta esto. ─Tira del lazo mientras posiciona su miembro
en la entrada de mi vagina. Estoy tan caliente y húmeda. Lo quiero dentro de mí
más de lo que quise un auto cuando cumplí los dieciséis─. No te lo quites nunca.
Intuir que traes algo así bajo la ropa te hará dueña de la mente de cualquier
hombre.
Sonrío, pero la sonrisa se va cuando entra de golpe, haciéndome gritar
nuevamente, y empieza a follarme como intuí que sería en el momento en que
lo vi. Duro. Áspero. Profundo. Tanner se apodera de cada rincón de mi sexo
como si su misión fuera dejar una huella en mi alma, no causarme un orgasmo.
En un determinado momento sus golpes se vuelven aún más salvajes y toma mi
cabello, tirando de él hacia atrás mientras me hace llegar. Antes de que pueda
recuperarme, me da la vuelta y ocasiona que mi cabeza cuelgue del colchón.
Estoy a punto de preguntarle qué sucede cuando lo noto. El espejo frente a mí.
Nuestro reflejo. Ahora no solo puedo sentir, sino que también puedo ver cómo
me posee. Su pálida piel ligeramente alumbrada por las farolas de la calle. Su
gesto de concentración mientras sale y entra de mí con fuerza. La malicia en sus
ojos al presionar su mano sobre mi estómago, manteniéndome en mi lugar a
pesar de que ya no puedo soportar su intensidad, la cual me consume, me hace
estremecer de miedo y excitación, y a la vez me obliga a tener en cuenta la
manera en la que llega a lugares que nadie más, hasta él, había conocido. En
cómo de bien lucimos juntos.

Somos el diablo y una chica buena dispuesta a pecar.

A sacrificarse.

Después de venirse, tres orgasmos para mí en total, se acuesta de la misma


manera junto a mí y nos observa. Me sonríe antes de incorporarse. Una vez
desecha el condón usado, besa suavemente mis labios y se inclina hacia la
mesita de noche junto a la cama. Saca un paquete de cigarrillos de ella. Me
ofrece uno, pero niego. Aunque estoy desesperada por portarme mal, trato de
evitar los vicios que disminuirían directamente mis años de vida.

Me enderezo, intentando evitar la manera en la que mi corazón comienza a


doler, puesto que esto fue solo sexo, y me incorporo para recoger mi ropa e ir
de regreso con Pauline, pero Tanner me toma del codo y me hace aterrizar de
vuelta en la cama. Me empiezo a quejar en voz alta por el impacto, pero el humo
de su cigarrillo, directamente exhalado en mi estómago, me hace mantener la
boca cerrada. El humo y el calor me hacen cosquillas.

Me excitan.
─ ¿A dónde crees que vas? ─pregunta, abriendo nuevamente mis piernas─. No
he terminado contigo, Savannah. ─Tiemblo cuando pasa su lengua por mi
centro, deshaciéndose de mi tanga mojada, exponiéndome y haciéndome
vulnerable─. Esto apenas empieza.

*****

La mañana siguiente a nuestra aventura apenas puedo moverme sin sentir un


fuerte dolor de cabeza. Después del mejor sexo de mi vida, cuyo recuerdo trae
mariposas a mi estómago, encontré a Pauline bebiendo una cerveza con un
grupo de artistas en el jardín. Pasamos una buena noche luego. La banda con la
que hablaba nos invitó a una fiesta al otro lado de la ciudad en la que habían
sido contratados para tocar un par de canciones, así que no solo estuvimos en la
fiesta de fraternidad y estuve en los brazos del chico más hermoso del campus,
sino que también asistimos a un concierto. Si todos mis fines de semana son así,
creo que la universidad será, en definitiva, la mejor época de mi vida.

─ ¿Savannah? ─escucho a Pauline preguntar al otro lado de la habitación, desde


su cama rosa y dulce, como una niña.

La mía, en cambio, está rodeada de velas con aroma a vainilla que no pude
encender ayer. A Pauline le asusta que duerma tan cerca del fuego, pero estoy
acostumbrada a ellas y sé que se apagarán en el momento en el que se consuman.
A pesar de que me envuelvo apretadamente en mis sábanas, contesto.

─ ¿Sí?

─ ¿Qué tal si empezamos el día yendo a Rusty's?

Rusty's es nuestro restaurante favorito para comer, un café en el centro


universitario dónde he declarado que hacen los mejores panqueques de Austin
a pesar de que solo llevo dos semanas aquí. Quiero continuar durmiendo, pero
mi estómago necesita algo con lo que sobrellevar todo el licor, no solo cerveza,
que ingerí anoche. Suelto un sonido aprobatorio y me levanto. Veinte minutos
después, tanto Pauline como yo estamos listas. Ambas llevamos atuendos
deportivos de pantalones cortos junto con sudaderas, zapatillas y gafas de sol
que ocultan nuestras profundas ojeras. Caminamos la una junto a la otra,
quejándonos del ruido, hacia nuestro destino, pero a la mitad de él un chico se
nos acerca sosteniendo un montón de panfletos con la foto de una chica en ellos.
Una chica con el cabello rubio y rizado en medio del público de un concierto,
destacando por su vestido blanco. Todo lo que la rodea allí es oscuro, las
personas, las cosas.

Incluyéndome.

─ ¿Conocen a esta chica? ¿La rubia? ─pregunta él, señalando a Pauline en la


foto─. El presidente de nuestra hermandad nos está volviendo locos buscándola.
Si no la encontramos, no aceptará nuevos miembros este año. Yo aspiraba poder
entrar. Hay un pase directo, sin presentar ninguna prueba, para quién la consiga.

El color desaparece del rostro de Pauline.

─Yo... yo...

─Es ella ─susurro, emocionada, quitándole las gafas─. ¡Es ella!

Quién sea el presidente de la hermandad, es tan romántico.

Ya yo encontré al chico que me gusta, a quién aspiro ver pronto, puesto que
creo que tuvimos más que química, una conexión, por lo que realmente me
alegra que ella también tenga a alguien.

─Maldición ─suelta él cuando la ve, colocando el panfleto junto a su rostro─.


¡Eres tú! ─Nos abraza, saltando─. Vengan. ─Toma nuestras manos─. Vamos
en este mismo instante a la hermandad. No puedo perder esta oportunidad. Mi
futuro está en juego.

Tanto Pauline como yo lo seguimos sin rechistar, dejando atrás nuestros planes
de dirigirnos a Rusty's. Puedo identificar una chispa de emoción en su mirada
marrón. El chico nos habla sobre cómo todos en su fraternidad han estado
trabajando en encontrar a Pauline desde que su presidente vio el post de la banda
en redes sociales y la identificó, dándose cuenta de que era la chica que le había
llamado la atención durante de la fiesta, pero a la que no pudo encontrar después
de terminar con los asuntos de la hermandad. Ambas estamos abrazándonos,
emocionadas, en el recibidor de la casa, ahora hecha un desastre, pero ya siendo
limpiada por sus miembros, de la hermandad en la que estuvimos anoche.
Hermandad Maleeh. Una de las mejores, según nuestro guía, a la que cualquier
chico puede aspirar en Texas.

─Hola ─saluda una voz que reconozco tras nosotras.

Cuando me doy la vuelta, me encuentro con los ojos oscuros de Tanner. Ellos
me notan, pero me descartan rápidamente, pasando de mí como si solo fuera un
elemento más en la habitación en la que está reuniéndose con la chica de sus
sueños, antes de concentrarse completamente en Pauline. Mi compañera de
cuarto suelta una risita nerviosa cuando él toma su mano y la besa.

─Tanner Reed ─responde él con voz ronca─. A tus servicios.

Sin poder soportarlo más, me doy la vuelta.

Pauline es el amor de su vida y claramente yo soy los asuntos de la fraternidad


de los que estaba encargándose. La razón por la que no pudo verla. Aunque
debería advertirle sobre él, decirle lo malvado que es, prefiero ver cómo la toma
y le ilusiona de la misma manera que me tomó y me ilusionó a mí antes de
romperle el corazón con la fealdad del suyo.

*****

Pero muy a mi pesar, eso nunca pasa.

Él la ama.
Capítulo 1
Manejo el despecho lo mejor que puedo.

A diferencia de otras chicas, quiénes probablemente solo se dedicarían a


deshacerse del ardor en su corazón yendo tras otros chicos o comiendo comida
chatarra, cosas que también hago, trabajo en mí. Voy tanto al gimnasio que la
gerente se preocupa, acercándose un día y amenazándome con retirar mi
membrecía si no me controlo. Cuando se dio cuenta de que estaba a punto de
llorar como un niño al que le han quitado su juguete favorito, ese que abraza
por las noches para sentirse mejor, me explicó que lo hacía por mi bien, que
desgastar mis músculos así solo los atrofiaría. También me dijo que su esposo
se divorció de ella hace dos años, por lo que reconoce a una mujer herida
cuando la ve. No juzgué su razonamiento después de eso. Si Tabatha pudo
superar el engaño de un hombre con el que estuvo por media década y la dejó
por haber aumentado diez kilos después de dar a luz a su bebé, yo puedo
arrancar un simple acostón de mi piel.

Sintiéndome estúpida por darle tanta importancia a Tanner, no me quedó más


remedio que disminuir mi itinerario después de aceptar tomar un café con ella
y conocer su historia. Aun así, Tabatha ahora luce como una modelo y yo no,
por lo que deduzco que en su caso no hubo nadie que la detuviera de pasar todo
el día en el gimnasio. Pero no me quejo. Nos hicimos amigas de entrenamiento
y con su experiencia, Tabatha también es entrenadora en el gimnasio de su
segundo esposo, a quien conoció mientras superaba al primero, he empezado
a notar resultados que antes no lograba alcanzar debido a que no sabía hacia
dónde dirigir mi entrenamiento. Mi trasero luce bien. Mi abdomen también se
siente como una roca cuando lo golpeo.

Una roca plana, sin ninguna marcación, pero una roca.


También me vuelvo la mejor de la clase, manteniendo a mis padres felices
debido a que constantemente les envío fotos de mis buenas calificaciones. Su
rencor hacia mí por no estudiar negocios ha desaparecido debido a ello, lo cual
tiene sentido. ¿Por qué tenerme en algo dónde habría sido una más en lugar de
dejarme ir a un sitio donde estoy resultando ser extraordinaria? Mis bocetos
incluso aparecen el periódico de la universidad, llevándose un premio de algún
concurso de dibujo, exactamente junto a las noticias deportivas, por lo que mi
rostro a veces termina impreso al lado del de Tanner, el capitán del equipo de
fútbol americano.

Eso me complace.

Ahora él sabe exactamente lo que ha perdido.

Y para evitar que le queden dudas, otra forma de hacérselo saber es yendo tras
sus amigos. Porque sí. El hecho de que me haya vuelto la mejor no significa
que no termine en los brazos de alguno de ellos, tomando todo el consuelo que
puedo, cuando por cualquier razón, desde una fiesta a una simple reunión por
las tardes, termino viendo, escuchando o sintiendo cómo Pauline y él están
juntos. No solo teniendo sexo. El sexo no me interesa. El sexo fue algo que me
dio a mí. Fue mágico y perfecto. Tan mágico y perfecto que estoy segura de que
ella nunca podrá igualarme sin importar si la quiere o no. Lo que realmente
hace que mi pecho se contraiga con dolor son sus abrazos. La manera en la
que la mira como si su rostro contuviera un hermoso paisaje que no pudiera
evitar admirar. Sus detalles. Tanner no solo la lleva a cenar a los mejores
lugares de Austin y le compra cosas, sino que siempre deja ramos de rosas junto
a nuestra puerta. Le escribe cartas de amor. Obliga a sus chicos a cantar
canciones para ella, armando un espectáculo al estilo Glee solo para hacerla
reír.

Tampoco niego que no tenga ataques de ansiedad dónde no deje de


preguntarme qué es lo que él no vio en mí, pero en ella sí, y termine yendo a la
tienda de comestibles a las dos de la mañana por un kilo de helado de chocolate
para mezclar con galletas y comer mientras veo películas de Netflix que en
cualquier otro momento consideraría estúpidas, pero que justo así me hacen
llorar. Es como si dentro de mi mente, dónde soy perfecta, no hubiera una
respuesta, haciéndome colapsar mientras trabaja sin descanso en buscar una
razón por la que ella sí y yo no.

¿Qué es lo que no le gustó?

¿Qué es lo que le gustó en Pauline?

Si tan solo pudiera tener las respuestas a ello, podría continuar, aunque una
voz dentro de mí me grita constantemente llamándome mentirosa cuando
pienso al respecto. En lugar de continuar, existe la posibilidad de que cambie
debido a él y me exponga a que me lastime de nuevo. Tampoco es como si
pudiera preguntarle. Tanner actuó como si no me conociera desde el momento
en el que Pauline me presentó como su mejor amiga, lo que significa que
abiertamente no le importa el haberse acostado conmigo antes de ir por ella o
que no me recuerda debido a lo ebrio que estaba, quizás ambas. Por mi mente
ha pasado decirle a Pauline la verdad, pero ella luce tan feliz con él que sería
estúpido e innecesario arruinar su felicidad por algo que para Tanner no
significó nada. Tampoco sabría qué decirle si me pregunta por qué he callado
durante tanto tiempo. De una forma u otra terminaría luciendo más patética de
lo que ya me siento.
Mi autoestima está gravemente herido. Lo fortalezco cada vez que me miro en
el espejo y veo los avances del gimnasio, cada vez que veo mis calificaciones,
que un chico me dice palabras bonitas, pero se destruye y convierte nuevamente
en polvo cuando veo a Pauline y él besándose. Por esa razón me siento feliz
cuando el fin de semana que he estado esperando por casi un mes llega.

Tanto Pauline, estudiante de veterinaria, como yo hemos terminado con nuestra


primera ronda de exámenes e iremos a pasar estos dos días en la casa de playa
de mis padres en Corpus Christi, a tres horas en auto de Austin. Tanner no irá,
por lo que no solo se trata de un par de días entre chicas haciendo cosas
divertidas, de regresar a la breve época en la que él no estaba entre nosotras,
sino de quitárselo por un par de días.

No puedo evitar estar emocionada.

Nuevamente soy como ese cachorro que agita su cola sabiendo que está punto
de salir y hacer algo emocionante, no importa si eso es atrapar una mosca con
su lengua o perseguir una ardilla. Para él cualquier cosa es mejor que estar
encerrado, así como también para mí cualquier cosa es mejor que quedarme
en mi dormitorio viendo como Pauline y su novio se aman.

No puedo decir que ellos sean discretos.

Aunque no es como si tuvieran una razón para serlo.

Al menos no Pauline.

─¿Qué tal está este? ─le pregunto a la que casi se ha convertido en mi mejor
amiga, casi destronando a Becca, mi mejor amiga de secundaria que viajó a
California luego de graduarse; lo que las diferencia y hace que Becca continúe
en su puesto es que nunca me acosté con ninguna de sus conquistas y
viceversa─. ¿Te gusta? ─Junto a Tanner, quién está demasiado concentrado
trazando circulitos sobre su piel y viendo un partido de fútbol en nuestro
plasma, Pauline desvía la mirada de su entrepierna para observarme sostener
un bikini negro con joyería en lugar de tiras para mantenerlo en mi cuerpo.
Aunque su desinterés por nuestro viaje me molesta, no puedo evitar estar de
acuerdo con ella. Tanner tiene un buen tamaño ahí abajo y los pantalones
estrechos que usa no hacen mucho por ocultarlo. Eso y una camiseta blanca es
lo único que lleva, a parte de sus zapatillas, y es suficiente para hacerlo lucir
bien. Lo demás lo hacen sus músculos y un par de intensos ojos negros. Ese
cabello oscuro y sedoso tan lindo. Suspiro─. ¿Pauline? ─la llamo cuando no
obtengo más que un vistazo de reojo antes de que su atención regrese a Tanner.

Alzo las cejas.

Sus mejillas se sonrojan con fuerza cuando me mira.

─Yo... yo... ─Se traba─. ¿Qué decías?

Sacudo nuevamente mi bikini.

─¿Te gusta?

Ella arruga la nariz.

─Ya llevas uno negro, creo.


Me cruzo de brazos.

─No, no lo hago.

Afirma, convencida de que sí.

─Sí, yo vi uno negro antes de ese.

Pongo los ojos en blanco.

─Era el mismo, bebé ─interviene Tanner, mirándome con una sonrisa de


disculpa en sus labios, lo cual me sorprende debido a que pensé que ignoraba
todo sobre mí, antes de inclinarse y besar su cabellera rubia─. Solo que estás
demasiado ocupada mirándome como para prestarle atención a tu amiga, lo
cual está mal. Si sigues ignorando a Savannah... ─La manera en la que dice mi
nombre, arrastrando las palabras con su disimulado acento alemán,
mirándome con intensidad, hace que mi cuerpo se sacuda con un
estremecimiento─. Ella empezará a odiarme.

Él no puede haberme olvidado, pienso.

Pauline se sonroja aún más, ocultando su rostro en su pecho mientras ríe con
mortificación y envuelve su camisa en su puño, tirando de ella de una manera
que la arrugará después, lo que Tanner odiará porque es un adicto a la
perfección. Continúo doblando mi ropa y metiéndola dentro de mi maleta en
silencio, pero me extiendo sobre mi cama por un vestido playero que no
pensaba llevar, pero está totalmente arrugado, y me dirijo al baño.
─Voy al baño a quitarle las arrugas a esto ─susurro, dejando caer mi mirada
pesadamente sobre él, Pauline todavía oculta en su torso, probablemente
disfrutando de su masculino aroma.

Ni siquiera he terminado con mi vestido para el momento en el que lo veo en el


umbral de la puerta. Está inclinado con una mano sobre el marco. Me sonríe
casualmente. Sin camisa. Intento que mi mirada no se desvíe a sus músculos
expuestos, pero no puedo evitarlo. Aún peor, no puedo evitar la manera en la
que mis muslos se aprietan de manera involuntaria cuando entra al pequeño
espacio de baldosas y me arrincona contra la pared tras de mí.

Estoy usando shorts de pijama, cortos, y una camisa sin mangas, por lo que
muy bien podría estar desnuda frente a él por la manera en la que todo mi
cuerpo se calienta cuando siento que me echa una rápida mirada de reojo.
Colocando una de sus manos junto a mi cabeza, me tiende su camisa con la
otra, obligándome a olerlo casi de la misma manera que su novia acaba de
hacerlo.

Pero sin ningún trozo de tela interponiéndose.

─No quiero sonar como un cerdo machista, ¿pero podrías arreglar esto? ─La
agita de la misma manera que agité mi bikini unos minutos atrás─. Odio usar
ropa arrugada y mi madre nunca me enseñó a planchar. De alguna manera
quemo todo lo que toco.

Aunque lo más racional que podría hacer en este momento es presionar la parte
caliente de la plancha contra su cara, termino tomando el trozo de tela con
dedos temblorosos, deseando tanto que se vaya como que se quede. Lo odio por
ir tras mi amiga después de tenerme, por arrojarme a la basura de la manera
en la que lo hizo, pero lo odio aún más por la manera en la que ha logrado que
lo que más desee sea ocupar el lugar de alguien más cuando solía sentirme tan
cómoda conmigo misma antes de conocerlo. Me arrepiento tanto de haber ido
a su hermandad.

─Gracias, Savannah. ─Mi cuerpo vuelve a temblar cuando escucho mi nombre.


Es como si se apoderara de él cada vez que lo pronuncia─. ¿Te molestarías si
te pido otro favor? ─Niego─. Bien, se trata de este fin de semana. ─Me tenso─.
No estoy cómodo con que dos chicas tan hermosas estén solas en una casa que
permanece todo el año vacía, ¿por qué no le dices a Pauline que puedo ir con
ustedes? Les daré su privacidad para hacer lo que quieran, pero las cuidaré.
Si me quedo aquí no podré dormir pensando en su seguridad y me irá mal en el
partido del lunes.

Aunque no quiero que vaya, me encuentro a mí misma aceptando.

─Sí.

Tanner se echa hacia atrás con una sonrisa arrogante.

Finalmente puedo respirar.

─Gracias, Savannah ─dice, arrastrando nuevamente las sílabas─. Eres mucho


más racional que mi novia. Adoro a Pauline, pero ambos sabemos lo ingenua
que puede llegar a ser, ¿no?

Trago.

─Sí.
Tanner me guiña el ojo antes de darse la vuelta y regresar al dormitorio. Cierro
la puerta y paso el pestillo apenas se va, deslizándome hacia abajo con su
camisa entre mis manos. Temblando, oculto mi rostro en ella, debatiendo si
Tanner está siendo solo un idiota o si está siendo el mayor de los idiotas. Si
solo está coqueteándome o si está coqueteándome sabiendo lo mucho que me
afecta porque recuerda todo lo que pasó.

*****

Pauline luce mucho más emocionada con nuestro viaje desde que le sugerí que
invitáramos a Tanner. Salimos ese mismo día al anochecer, un viernes, porque
quiero pasar tanto tiempo en la costa como sea posible antes de tener que
regresar el domingo. También porque siempre se me ha hecho más divertido
conducir de noche. No puedo evitar echarle ciertos vistazos de reojo a Tanner
a través del retrovisor mientras sigo las instrucciones del GPS, los cuales no
devuelve. Tanto él como Pauline van detrás, enfrascados el uno con el otro,
haciéndome sentir como si fuera un Uber. Eso me molesta tanto que le subo
todo el volumen a la radio para que se les dificulte hablar entre ellos. Ambos
se callan, probablemente captando mi mal humor, cuando Shadow Preachers
de Zella Day casi hace sangrar nuestros oídos. Afortunadamente ninguno se
atreve a pedirme que le baje. Aunque él sea algo así como una obsesión de la
que no he logrado deshacerme y ella sea mi amiga, los dejaría en la carretera.

El estruendo solo termina cuando llegamos a San Antonio, más o menos a la


mitad de nuestro viaje, y me detengo en una estación de servicio. Para ese
entonces estoy tan molesta como hambrienta. Tras estacionar frente a la
cafetería abierta las veinticuatro horas, me bajo y no puedo evitar cerrar la
puerta de mi Mercedes con un portazo que lamento apenas lo escucho.

Él es el único elemento masculino en el que confío.


Lo acaricio disimuladamente, disculpándome, antes de darme la vuelta y entrar
en el local, importándome muy poco si me siguen o no. Si no lo hacen pueden
morir de hambre hasta que lleguemos. No conseguiré nada para ellos y me
tardaré lo que quiera comiendo. Tampoco me detendré otra vez. En el momento
en el que empiezo a deslizarme en el reservado al fondo del restaurante, todo
mi enojo se desvanece como si nunca hubiera existido. Tanner, sin Pauline, está
sentándose frente a mí.

─¿Pauline? ─pregunto, mi voz ronca.

─Duerme.

─¿Entonces solo la dejaste en el auto?

Él afirma.

─Sí.

Mi garganta se seca, por lo que agua es lo primero que le pido a nuestra mesera
cuando se acerca. Lo segundo es una hamburguesa con doble queso y patatas
fritas, sin tocineta, y una Coca Cola de lata. Cuando termino de hacer mi
pedido descubro que Tanner está mirándome con curiosidad. Mis mejillas se
sonrojan. Tras mirarme un poco más, para mi mortificación y deleite, niega y
pide lo mismo que yo. Mientras esperamos nuestra comida le echo un vistazo,
evaluándolo por primera vez desde que se apareció en el estacionamiento de
nuestro edificio en el campus con una mochila y nos ayudó a guardar nuestro
equipaje. Continúa usando su camisa blanca de esta tarde. La camisa que
arreglé para él. La que olí por quince minutos antes de regresar con él y
Pauline y entregársela doblada con la forma de un cisne, la excusa que le di a
mi tardanza a pesar de que solo me toma medio minuto hacer la figurita. A mi
madre le gusta el origami.
─Esto tiene que ser una maldita broma ─murmura cuando la mesera regresa
con nuestros pedidos y lo primero que hago es meter mis patatas dentro de mi
hamburguesa, lo que él también hace─. ¿Me estás siguiendo o algo, Savannah?

Me congelo, pero no sé si lo hago por la manera en la que entrecierra los ojos


o por lo serio que suena cuando lo pregunta.

─Mmm... no.

Al ver que genuinamente no tengo ni idea de qué habla, la tensión en los


músculos de los hombros de Tanner se va. Tras tomar una honda inspiración,
me mira como si no me hubiera acabado de observar con asco. Supongo que
hubo una acosadora antes de mí. Aunque me definiría a mí misma más como
una víctima que pasó a ser victimaria más que como una acosadora.

─Lo siento. No hay muchas personas a las que les guste comer lo mismo de la
misma manera y de la misma forma.

Esta vez soy yo quién se encoje de hombros.

Inclinándome para darle un mordisco a mi hamburguesa, mis ojos grises en los


suyos, respondo antes de tomar un bocado.

─¿También le echas azúcar a las palomitas?

Tanner hace una mueca de asco.


─No, por supuesto que no.

Tras tragar, me enderezo en mi asiento.

─Yo tampoco. ─Le sonrío, regodeándome internamente cuando se queda


viendo mi boca. Bien. No es el único con lindos dientes. Pasé toda mi primaria
y un par de años de secundaria con ortodoncia y me hago un blanqueamiento
cada tres meses─. ¿También me dirás que te acoso por comer mis palomitas
sin azúcar? ─Arriesgándome un poco más, relamo mis labios antes de llevar la
pajilla de mi Coca Cola a ellos, preguntándome si eso puede traerle un
flashback de la mamada que le hice durante la fiesta─. Porque no hay muchas
personas a las que les guste comer lo mismo de la misma manera y de la misma
forma, ¿no?

Soltando una risa entre dientes, Tanner niega.

─Touché.

Pero ambos, su subconsciente y yo, sabemos que sí las hay.

Él me devoró tan bien como yo a él.


Capítulo 2
Austin, Texas.

Presente.

Me apoyo en la barandilla de la terraza que yo misma diseñé. Sus pisos de


mármol. Los banquillos junto a las columnas al estilo romano en las que estoy
apoyada. Incluso hice un boceto de las flores que pondría sobre estas si yo
viviera aquí. Rosas. Rosas rojas, maduras e intensas. De verse desde el interior
de la construcción se podría apreciar la manera en la que el rojo destacaría justo
en el punto en que la terraza y el paisaje, un centenar de árboles verdes, se
encuentran. Las habitaciones, en cambio, dan con el lago en medio de todas las
hermosas villas de esta zona exclusiva de Travis Country. Tras darle un sorbo
a mi copa de vino, suelto un profundo y pensativo suspiro. Ha pasado un año
desde que ayudé a construir este hogar. Uno y medio desde que me gradué de
la universidad. Aunque ya estaba trabajando en pequeños proyectos de
decoración de interiores, el matrimonio a la que mi obra de arte le pertenece me
dio la oportunidad de desplegar mis alas entre los ricos de Austin.

He tenido un montón de trabajo pesado desde entonces. Aunque muchas veces


me dan la libertad creativa que necesito, muchas otras no y debo pasar por un
montón de intentos fallidos hasta que mi cliente esté satisfecho. No es que me
esté quejando, amo lo que hago, pero a veces me gustaría trabajar en lo que
siempre llamó mi atención. Los edificios. Las obras públicas o privadas en la
ciudad. Nadie te recuerda por haber diseñado una casa a menos que sea bonita
y ocurra un asesinato dentro de ella. Los hoteles, los museos, los centros
comerciales y los empresariales son otro asunto, pero solo hay una constructora
importante en Austin y su CEO, el día que fui a mi entrevista con una de mis
maquetas, un nuevo estadio de béisbol, me dijo que solo tendría que inclinarme
sobre su escritorio si quería el puesto. Era atractivo, habría aceptado tomar una
copa con él si hubiera preguntado, pero llevo años alejándome de tipos así, por
lo que le arrojé mi versión de la nueve sede de los Rangers a la cara antes de
salir, decepcionada conmigo misma por la manera en la que perdí el control,
pero feliz de haber vengado mis sueños.

Podría regresar a Houston con mis padres y encontrar trabajo allí, pero es
demasiado pronto para que me rinda y acepte que mi padre me ayude llamando
a uno de sus amigos. Solo ha pasado un año. Mi ojo arquitectónico también ha
aprendido a trabajar, como si tuviera vida propia, sobre los paisajes de Austin.
No puedo darle la espalda. Si lo hago, algún día necesitaré la inspiración y no
la tendré porque los dioses habrían sentido mi rechazo cuando la tuve. En la
vida de un artista, el momento es aquí y ahora.

Sino, la esencia se esfuma.

─Esta casa es hermosa, ¿no? ─comenta una grave voz junto a mí, recordándome
que no he respondido su pregunta todavía─. Diría que es la zona en la que se
encuentra, pero la verdad es que luciría hermosa en cualquier otro lugar.

Es verdad. La casa, mansión, en realidad, tiene ese tipo de belleza que la haría
lucir hermosa en cualquier sitio donde no haya nieve la mayor parte del año. En
la nieve sería contraproducente debido a su cantidad de accesos. Tampoco
combinaría con su aire cálido, casi Toscano. Desde que empecé a diseñar, tomé
el principio de hacer que las cosas destaquen por sí mismas en lugar de forzarlas
a ser algo más. Si el ambiente alrededor de la casa es cálido, esta debería serlo.
Si es frío, debería ser fría y aun así acogedora.
─Tengo un montón de proyectos ─susurro, negando mientras vuelvo a llevar la
copa de vino a mis labios─. No puedo, Tanner, lo siento. ─Diseñar esta casa
fue el cierre que necesitaba. Me arruinó hacerla tan perfecta, plasmar mi alma
en cada detalle, y luego dársela a Pauline y a él para que vivieran toda su vida
juntos. Desde que les di la llave de la puerta principal mi cuerpo ha estado
entumecido, pero también se me ha hecho más fácil estar alrededor de ellos
cuando tengo que estarlo. Es decir, cuando me invitan a un evento social al que
me veo obligada a ir porque, en especial si es aquí, significa que obtendré
nuevos clientes. Tengo la esperanza de que algún día alguno de ellos vea en mí
más que a alguien que podría hacer una casa bonita, pero nadie pone en las
manos de una chica recién graduada un contrato multimillonario─. Puedo
ayudarte a encontrar a otro arquitecto.

Tanner niega.

Su frente está arrugada con molestia e irritación, mechones de cabello negro


cayendo sobre ella mientras niega, como cada vez que tiene que hacer un
esfuerzo para que lo complazcan, lo cual casi nunca sucede debido a que obtiene
lo que quiere cuando quiere sin ningún tipo de esfuerzo. Se encontraba en sus
últimos años de la escuela de negocios cuando Pauline y él empezaron a salir,
por lo que lleva un tiempo haciéndose cargo de la compañía de importaciones
de su padre, así que ahora no solo es un idiota apuesto, serio y arrogante, sino
que es un idiota apuesto, serio y arrogante con unos cuantos millones de dólares
en el bolsillo. Me gustaría decir que Tanner es solo un niño rico más, pero la
verdad es que volvió la pequeña empresa que heredó algo más grande de lo que
era, por lo que no puedo quitarle el crédito de ello. Si antes, en la universidad,
vestía bien, ahora viste aún mejor. Como un modelo DG o Armani. Sus trajes
siempre son pulcros y hechos a la medida. El azul oscuro que está usando en
estos momentos es mi favorito, no importa si antes solo lo haya usado una vez.
Nunca olvido la tonalidad de sus trajes o el contraste que hacen con su pálida
piel. Este es tan frío que siguiendo mis propios principios arquitectónicos nunca
encajaría con mi vestido rojo de encaje y mangas ceñidas hasta las muñecas,
pero falda suelta y larga, por lo que la manera en la que nos vestimos para este
coctel es un recordatorio visual de que no es para mí.

Solo por si los cinco años que lleva con Pauline, la casa que me hicieron diseñar
y su boda en la playa, la cual consideré patética a pesar de que fui una de las
damas de honor, no fue suficiente.

─No quiero otro, Savannah. Te quiero a ti.

Mi mano se aprieta con fuerza en torno al cristal.

Llevaba tanto tiempo queriendo oír esas palabras y aquí las tengo, pero las
rechazo porque no están dichas de la manera correcta.

Niego.

─No, lo siento, mi agenda está muy apretada.

Su mandíbula se endurece, así que sé que lo he hecho molestar.

Ya mi negativa no solo es una irritación.

─Así que te has vuelto exclusiva.

Me tenso.
Como cada vez que hablo con Tanner, me pregunto si se refiere a algo más. Si
está hablando de la manera en la que tonteaba con todos sus amigos después de
que se involucrara con mi amiga, lo que se acabó una vez se graduó y no hubo
más un recordatorio constante de lo que no me pertenecía, o de mi trabajo.

También está la manera en la que me mira directamente. Es como si no me


notara cuando estamos rodeados de otras personas, pero no pudiera apartar sus
ojos oscuros de mí cuando estamos a solas, pero nunca he sabido si es porque
no hay nada más para ver o porque realmente quiere mirarme. Forzándome a
mí misma a no caer en un hoyo del cual no podré salir después, niego. Mi rostro
debe revelar de alguna manera el conflicto interno que estoy sintiendo, puesto
que Tanner suaviza su tono de voz, aún con ese deje alemán que heredó de su
madre y fortaleció al haber pasado unos años de la secundaria en el extranjero,
y se obliga a sí mismo a relajarse. La tensión desaparece de sus hombros.

─Podría pagarte para que pusieras en pausa todo lo demás ─sugiere─. Pero si
se trata de compromiso hacia tus proyectos, lo respeto. Puedo esperar el tiempo
que sea necesario por ti.

No es justa la manera en la que mi pecho se aprieta.

No lo es.

Aunque en un principio llegué a pensar que me lo merecía por no decirle a


Pauline lo que sucedía, en especial cuando quise que él la lastimara como me
lastimó a mí, llegó un momento en el que fue demasiado. Demasiado que pagar
por mantener un secreto y mis sentimientos bajo llave cuando no es mi culpa
sentirme así.
Tampoco que él se haya sentido así por ella.

─¿Por qué es tan importante para ti que sea yo?

Tanner nuevamente endurece su expresión, lo cual me dice que probablemente


he ido demasiado lejos con mi pregunta o que podría estar pensando que solo
estoy disfrutando verlo ir tras de mí, pero necesito saber la respuesta. Tanner
Reed no ruega, que es prácticamente lo que ha hecho los últimos días para
convencerme de remodelar un ático que compró en la ciudad. Un nuevo lugar
en el que Pauline y él harán el amor frente a la chimenea que me harán diseñar
con esas especificaciones.

─Porque eres la mejor y yo solo quiero lo mejor, Savannah ─responde,


arrastrando las palabras, especialmente mi nombre, de esa forma lenta y
profunda que amo.

Sonrío con ironía.

─Está bien ─suelto antes de darme la vuelta, considerándolo insoportable. No


voy a lucir como una perdedora, terminé con eso cuando vi la sortija de
diamantes en el dedo de Pauline, por lo que le echo un vistazo de reojo antes de
entrar. Una parte de mí dejó de tenerle miedo desde entonces. Sé por qué. No
puedes perder lo que ya perdiste, por lo que podía dejar de actuar de manera
extraña y de esconderme a su alrededor─. Lo pensaré.

Tanner niega, frustrado, pero una pequeña sonrisa está en sus labios finos. Esto
es lo más parecido a un sí que le he dado desde que empezó a ir tras de mí en
cada sitio en el que nos encontramos para que aceptara. Una vez estoy en el
espacio amplio del recibidor, el lugar en el que todos sus amigos y socios de
negocios están reunidos junto a sus esposas, me acerco a la mesa de aperitivos
y tomo una trufa de chocolate blanco.

Otra razón por la que siempre vengo.

─Sabía que te encontraría aquí.

Al instante en el que escucho las palabras siendo susurradas en mi oído, siento


un par de brazos rodeándome y estrechándome contra una superficie dura y
cálida. El hermanastro de Tanner, Malcolm, separa sus labios cuando llevo una
pequeña bola de felicidad a su boca. Río cuando gime exageradamente y se
separa de mí para alejarme de su cuerpo y hacer nuestro característico saludo.
Como si estuviéramos bailando, me hace dar una vuelta sobre mí misma y luego
me arrastra de nuevo a su pecho, haciéndome reír y sonreír como si todavía
tuviera dieciséis.

Aunque son de diferentes madres, Malcolm es producto de una aventura que no


separó un matrimonio, son tan parecidos al señor Reed que la única diferencia
entre ellos es la tonalidad de su cabello. El de Malcolm es café, el de Tanner
negro. También los músculos de Tanner están menos desarrollados que los de
Malcolm, quién continuó con su carrera deportiva después de la universidad, él
obtuvo una beca completa en la universidad de Houston, y está en un equipo de
NFL de primera división. No lo conocí hasta la boda de Pauline y Tanner y
cuando lo vi por primera vez pensé que se trataba del novio. Fue bochornoso.
Un momento que quiero borrar de mi mete y que constantemente bloqueo
debido a que lo besé pensando que era su hermano. Ya que su hogar y su equipo
están en otra ciudad, además del hecho de que pasa gran parte del año viajando,
solo nos hemos visto una decena de veces, pero hablamos un montón de cosas
sin importancia por chat. Somos amigos. Es agradable, cálido y divertido. Más
importante, permite que coloque un pañuelo rojo que tomo de la mesa en su
bolsillo para que estemos a juego.
El traje de Malcolm es negro, lo cual está bien con él. No porque sea oscuro,
sino porque encaja en todas partes. Todos, exceptuando los padres de Tanner,
lo adoran, incluyendo su hermano. Es ese tipo de persona que no pierde la
sonrisa a pesar de haber vivido una vida de mierda. Teniendo un millón de
razones para odiar a Tanner por haber vivido mejor de lo que él lo hizo, no lo
rechazó cuando este lo buscó al cumplir la mayoría de edad.

─Te ves hermosa, Savannah.

Mi nombre saliendo de sus labios no me produce más que cosquillas. Ya que el


acento alemán de Tanner proviene de la educación de su madre, Malcolm carece
de él. Pero todavía es un hombre apuesto que despertaría el deseo en cualquier
mujer, incluyéndome. He visto sus partidos, tanto en vivo como por televisión,
y la manera en la que flexiona su brazo en lo alto para lanzar el balón ha creado
una mancha de humedad en mi ropa interior, pero la situación de mi corazón es
complicada.

No voy a agravarla más involucrándome con él.

Tampoco seré egocéntrica. No es como si quisiera estar conmigo. Compararme


con Pauline por estar con Tanner es muy diferente a compararme a mí misma
con todas las modelos y estrellas que pasan por la cama de Malcolm. Tampoco
es como si pudiera transferir mi obsesión de un hermano a otro. De estar con
Malcolm estoy completamente segura que gran parte de mis sentimientos por él
se desarrollarían en base a lo que siento por su hermano.

─Gracias. ─Ambos caminos hacia el rincón más apartado y silencioso de la


habitación, dónde ambos nos apoyamos en la pared para hablar mientras vemos
a los demás─. Vi el partido de ayer mientras terminaba el plano de una casa. Es
para un jugador retirado de los Dallas, por cierto. ─Pongo los ojos en blanco.
Él ríe, conociendo lo mucho que estoy empezando a sentirme frustrada. Hemos
hablado horas de ello─. Lo hiciste bien.

Los Houston Texans, antiguamente conocidos como los Dallas de Texas,


ganaron, pero me atrevería a decir que solo lo hicieron por Malcolm. Así de
bueno es. Aunque la mayoría de las personas se deslumbran por ello, no puedo
evitar sentir preocupación. Malcolm está justo ahora en un pedestal, pero la
caída desde la altura en la que se encuentra podría arruinarlo, sobre todo cuando,
a diferencia de Tanner, lo único en lo que se enfoca es en el fútbol.

─Gracias ─dice, afirmando─. Con respecto a tu trabajo, Sav, sabes que mi casa
está abierta para ti siempre que desees volver si lo que no quieres es regresar
con papá y mamá. Estoy seguro de que en Houston habrá alguien que apreciará
tu talento y si no es así, bueno, puedes decorar mi casa mientras tanto. ─Ríe
cuando lo golpeo con el hombro, una sonrisa en mis labios─. ¿Qué? De verdad
necesito un cambio. Incluso te dejaría grabar un episodio de tu nuevo programa
para Home and Health.

Lo pellizco, pero él solo ríe más fuerte.

─No es gracioso, Malcolm.

Pero aunque no lo es, también estoy riendo.

─Bien, ¿qué te parece si organizo fiestas en Houston en las que te recomiende


a todos mis amigos en el sector de la construcción?

Ruedo los ojos.


─Estás olvidando el detalle más importante.

Arruga la frente.

─¿Cuál?

─Tú no tienes amigos en el sector de la construcción. ─Me enderezo─. Tienes


dentro de los deportes, dueños de sitios de fiestas y en la industria del
entretenimiento, pero no tienes ningún amigo en el sector de la construcción,
exceptuándome.

Malcolm despega sus ojos de los demás invitados para mirarme, un vaso con
whisky que tomó de una bandeja de camino a dónde nos encontramos en su
mano. Mi copa de vino se quedó, para mi mortificación, en la mesa de
aperitivos, un gesto maleducado.

─No me subestimes, Savannah.

Me congelo.

Su voz de repente ha sonado tan parecida a la de Tanner, tan obstinada y


profunda, que no puedo sostenerle la mirada, desviándola de regreso a los
invitados que nos rodean. Para mi suerte, Pauline escoge ese momento para
arrastrarme lejos de su cuñado, a quién saluda con cariño, y llevarme a la planta
superior de su casa. A las habitaciones. Cuatro, puesto que planean tener tres
bebés con su cabello y los ojos de su esposo. Sinceramente habría sido más fácil
trabajar en esta casa, menos doloroso, si no la hubiera tenido revoloteando a mí
alrededor y dándome detalles que no pedí en el proceso. Con decir cuatro
habitaciones, como Tanner lo hizo, bastaba, pero ella era fan de agregarle sal a
la herida. Cuando llegamos a su cuarto matrimonial, obligándome a sentarme
en la cama en la que fornica todas las noches con él, me sorprende tomando mis
manos y dejando caer un montón de lágrimas que se deslizan hasta caer
dramáticamente sobre su pecho, ensuciando su vestido blanco. A pesar de que
es un tono mucho más claro que el azul, está perfectamente a juego con este.

─Tanner y yo estamos teniendo problemas ─explica, hipando, cuando lo único


que hago es mirarla con una ceja alzada─. Hace un par de días regresó ebrio a
casa a las dos de la mañana. ─Mi frente se arruga, puesto que ese día lo encontré
en un pub dónde nuevamente insistió en que arreglara su ático, pero estaba tan
borracha y la estaba pasando tan bien con mis amigas que no le presté la
atención que usualmente le daría. No lo encontré extraño debido a que él suele
ir a esos lugares con sus socios, aunque normalmente lo hace con Pauline─.
Había marcas de arañazos en su espalda, Savannah. Hice caso omiso de ellas
porque preguntarle significaba que tendría que dejarlo o vivir en la vergüenza
de saber que prefiere estar con alguien más a conmigo, su esposa. Me siento tan
mal. Estábamos tan bien. Todo siempre ha sido un cuento de hadas desde que
lo conocí, ¿por qué cambió de repente? ¿Es posible que alguien deje de amarte
de la noche a la mañana? El hombre con el que me casé nunca me habría
engañado. Si no lo hizo en cinco años, ¿por qué ahora?

Niego, devolviéndole el abrazo cuando sumerge su rostro en mi vestido y lo


mancha con sus lágrimas, lo cual no me importa. Después de cinco años
cargando con ello, a mi pecho no le importa recibir un poco más de dolor, en
especial si proviene de la responsable número dos de él. Pero hay una parte de
mí que no puede evitar recordar lo increíble y ligera que era nuestra amistad
antes de conocer a Tanner, lo increíble y ligera que era y continúa siendo cuando
él no está en el medio, pues Pauline y yo compartíamos las mismas ganas de
quemarnos con el fuego, solo que ella conseguía la manera de lucir limpia
después de mancharse con las cenizas, por lo que también le duele su
sufrimiento. Le quema porque sabe lo que es ser desplazada.

Lo que es ser desplazada por Tanner Reed.


Cuando el ardor se vuelve insoportable, me obligo a mí misma a recordar. A
recordar la cantidad de veces que tuve que ver cómo se besaban y tocaban frente
a mí. Cómo los oí tener sexo junto a mí, en nuestro dormitorio, en más de una
ocasión. Todo el romanticismo que tuve que soportar hasta que llegara el
momento en el que no me molestara más porque ya era inmune a ello.

Porque ya no sentía nada.

Pero, sobre todo, cómo no hubo nadie que me consolara.

─Estoy segura de que hay una explicación coherente para todo ─susurro sobre
su frente luego de presionar un beso sobre ella, lo cual no es mentira. Tanner la
ama. Nunca la heriría. No sin una razón─. Descansa. No puedes bajar así. Te
dejarás en evidencia.

Ella afirma, obedeciéndome y depositando sus rizos dorados sobre su almohada.


Como si tuviera doce, me permite acomodarla y arroparla con su suave edredón
blanco, el cual, no es ninguna sorpresa, también escogí porque no fue capaz de
elegir las sábanas de su propia habitación. Cuando sus párpados se cierran y su
pecho comienza a subir y bajar, salgo de su habitación.

De regreso en la planta inferior descubro que la mayoría de los invitados ya se


han ido. Me dirijo al amplio armario blanco junto a la puerta principal, de
puertas dobles, y tomo mi abrigo de piel de la percha a pesar de la insistencia
del mayordomo de ayudarme. Es viejo hombre es eficiente, pero se tarda mucho
y tengo prisa. Además de encontrar una razón dentro de mi mente por la cual
Tanner le sería infiel a Pauline, debo terminar una maqueta para mañana.
Aunque mi cliente es comprensivo y amable, no me gusta quedar mal aunque
solo se trate de una tonta casa.
Una bonita y tonta casa más.

Para un matrimonio.

Para sus hijos.

Para personas que conocen lo que es el amor.

Hurgando en mi bolso por las llaves de mi Mercedes, un modelo actualizado y


más lujoso del que tenía en la universidad, producto de mi trabajo y no del
dinero de mis padres, me sobresalto cuando nuevamente un cuerpo se sitúa tras
mi espalda y me presiona contra la puerta del piloto, haciendo que arroje mis
llaves.

─¿Qué tengo que hacer para que aceptes remodelar mi ático?

Dejo escapar un suspiro de alivio, puesto que no se trata de un ladrón, y me doy


la vuelta mientras me pregunto cómo no pude reconocer el aroma cítrico de
Tanner. Cuando mi rostro queda frente al suyo me doy cuenta de por qué. Este
se ha visto eclipsado completamente por el alcohol. Sin poder detenerme, apoyo
mi mano en su mejilla llena de pecas a pesar del miedo que me produce ser
rechazada. La máscara de frialdad que usualmente lleva consigo ha
desaparecido con las palabras de Pauline. Ahora hurgo más en su mirada y noto
lo herido que luce.

Su matrimonio está desmoronándose.

─Nada ─respondo─. El lunes estaré en tu oficina.


Tanner inspira profundamente, todavía demasiado cerca, y espira de manera
todavía más brusca antes de alejarse un par de pasos. Sin sentir ningún tipo de
decepción ante el hecho de que no haya aprovechado nuestra cercanía para
acercarse aún más, me agacho y tomo las llaves de mi auto. Ya en él, no veo
hacia atrás cuando me alejo para saber si también está mirando o si soy la única
estúpida que necesita un último vistazo del otro.

Sé que él lo está haciendo.


Capítulo 3
─No puedo creer que Pauline continúe dormida ─se queja Tanner en voz alta
mientras entramos en la casa de mi familia frente a la playa en una zona
habitada al oeste de Corpus Christi, Pauline en sus brazos, mirando cada
elemento en la habitación con sorpresa.

La construcción no es tan amplia como la casa en la que crecí, pero la


decoración hogareña y moderna, orientada a hacerla parecer más grande de
lo que en realidad es, la hace hermosa. Hay obras de arte adornando las
paredes con paisajes del Golfo de México y un sofá central color beige con una
mesa moderna frente a él, sobre la cual se encuentra una bandeja con cactus
artificiales. Un plasma sobre la repisa con libros de la chimenea de gas. La
cocina está equipada con lo último en línea blanca y se ve directamente desde
la entrada, puesto que no hay ningún tipo de división entre esta, la sala y el
recibidor. La pared del fondo está hecha de puertas de cristal con vista hacia
la playa. Soy capaz de escuchar las olas del mar aunque estén cerradas.

La casa es de un solo piso, por lo que se accede a las seis habitaciones que
posee a través de un pasillo junto a la entrada. Ya que Tanner tomó mi lugar
desde San Antonio, convirtiéndose en la primera persona además de mi padre
a la que dejo conducir mi Mercedes, el cansancio es evidente en su mirada. Sin
contestar a su comentario ya que el sueño profundo de Pauline no me
sorprende, es mi compañera de dormitorio, le señalo la habitación en la que él
y ella se quedarán, planeando buscar mi viejo par de audífonos por toda la
casa apenas me quede a solas.

De ninguna manera los escucharé tener sexo bajo mi propio techo.


─Buenas noches ─susurro antes de cerrar la puerta y deslizarme en mi
habitación, la cual consiste en una cama central con dosel rodeada de velas sin
encender en el suelo de madera junto con muebles y un gran, pero razonable,
armario de mimbre oscuro.

Cambio mi ropa, jeans blancos ajustados y un sencillo top gris, por un clásico
pijama de botones de pantalones cortos color negro. Demasiado agotada como
para pensar en Tanner y en la manera en la que mi mente no ha dejado de girar
en torno a la posibilidad de sacar provecho del hecho de que Pauline esté
dormida, tomo un encendedor del primer cajón de mi mesita de noche y
enciendo las velas que me rodean como n círculo antes de acostarme.

Pero, por alguna razón, no consigo dormir.

Me quedo mirando al ventilador encima de mí dando vueltas. Esperando.


Esperando que el sueño me envuelva, reclamándome, pero pasan los minutos y
eso no sucede. Ya que tras cambiarme fui directamente a la cama, no lavé mis
dientes. Tras recordarlo termino cediendo a la excusa de tener que ir al baño
para solventarlo. El único defecto de la casa es que la habitación de mis padres
es la única con un uno propio, por lo que todos los demás deben turnarse para
usar el que se encuentra en el pasillo. Sin darme cuenta de que la puerta ya se
encontraba abierta, la empujo. El sonido del agua de la ducha corriendo me
detiene de continuar avanzando hacia su interior. Me echo hacia atrás antes de
que pueda interrumpir a Tanner, puesto que Pauline nunca se ducha después
de las seis porque eso arruina su cabello. Con la espalda pegada a la pared,
me tenso al escuchar un indiscutible y profundo gemido masculino.
Presiono mis ojos con fuerza entre sí antes de abrirlos y girar la cabeza hacia
el reflejo del espejo sobre el lavado, cayendo en la sucia tentación, el cual se
encuentra frente a la ducha de cristal. Todo su tonificado cuerpo está cubierto
con jabón que el agua arrastra por su piel, pasando por encima de cada línea
curva o recta bien definida hasta que termina corriendo por el desagüe. Ya que
tengo una visión de él completamente desnudo, me doy cuenta de que su rostro
y su pecho no son los únicos sitios dónde tiene pecas. Su espalda también. Está
inclinado y apoyado en la pared que lleva la sofisticada ducha de hidromasaje.
Sus ojos están cerrados como si una gota de shampoo hubiera caído en ellos,
su frente arrugada con concentración, pero su expresión no es de dolor, sino
de placer mientras presiona sus labios entre sí. También percibo algo de
molestia en sus gruñidos. Mientras lo veo deslizar su mano de arriba hacia
abajo sobre su eje, inconscientemente meto la mía en mis pantalones cortos.

Es como si no quisiera sentir placer.

Pero no pudiera evitarlo.

Sé perfectamente cómo se siente.

Encontrando mi propio punto sensible, comienzo a tocarme sin pensar en que


Pauline pudiera salir de su habitación en cualquier momento. En que Tanner
podría simplemente mirar hacia el espejo y notarme. Trazo círculos más fuertes
por encima de mi ropa interior, raspando mi clítoris con el material de algodón,
cuando los movimientos de su muñeca se vuelven más bruscos. Muerdo mi labio
inferior con fuerza, conteniendo un chillido, cuando la manera en la que su
pene ha empezado a hincharse hace que evoque los recuerdos de lo bien que se
siente dentro de mí cuando está a punto de terminar. Cuán brusco se vuelve.
Tomo una honda bocanada de aire cuando termino, un temblor apoderándose
de mis rodillas que me obliga a deslizarme por la pared hasta que me agacho
en el suelo. Mi brazo libre está extendido. Busca aferrarse a algo o a alguien a
quién lastimar para sobrellevar la intensidad de la sensación que recorre mi
cuerpo.

─Savannah ─gruñe─. Maldita sea, ¿qué me haces?

Me tenso.

Retiro la mano del interior de mis pantalones tan rápido como puedo. Mi pecho
se aprieta con pánico al creer que me atrapó mirándolo, pero se aprieta aún
más cuando alzo la cabeza y me doy cuenta de que no lo hizo. Me estremezco
ante lo que encuentro al volver a ver el espejo. Tanner está terminando, el
semen manchando las baldosas frente a él mientras continúa tocándose
deprisa, alargándolo, su cabello cubriendo parte de su frente debido al agua, y
no ha girado ni una vez el rostro en mi dirección. Sin saber cómo sentirme,
puesto que pudo descubrirme en el momento en el que no estaba viendo,
simplemente pude haber oído mal o puede haber otra Savannah en su amplio
historial de conquistas, incluso otras, en plural, me doy la vuelta y me dirijo
gateando a mi habitación a dos puertas de distancia.

Cierro tan suavemente como puedo.

*****

A la mañana siguiente me despierta el característico olor dulzón de los


panqueques. Sabiendo que deben ser más de las nueve de la mañana, puesto
que conseguí dormir a eso de las cuatro, mis ojos se abren con un repetitivo
parpadeo. Bostezo y me inclino hacia adelante para apagar mis velas entes de
levantarme. Mis pies están descalzos de camino a la fuente del aroma. Estamos
frente a la playa. No necesito usar zapatos. Mis labios, toda la felicidad que me
rodea, se tuercen involuntariamente hacia abajo cuando veo a Tanner situado
tras Pauline, quién sostiene una espátula con la que le da vuelta a los
panqueques en la estufa utilizando nada más que un bikini amarillo y un
sombrero de paja.

Alzo mi ceja.

─¿Dónde consiguieron la mezcla?

Hasta dónde sabía, la despensa estaba vacía. Ya que compraron un


apartamento en Miami después de que me fui a la universidad, mis padres
tienen casi un año sin venir a Corpus. Soy la razón por la que no han vendido
esta casa aún. Bueno, la manera en la que cada vez adquiere más valor debido
a la inversión que están haciendo en la ciudad y yo. Lo único que había en mi
cocina hasta anoche eran latas de atún, queso azul y latas de cerveza de mi
cumpleaños. Tanner me sonríe, su pecho desnudo. Está utilizando únicamente
shorts de deporte y zapatillas. Entrecierro los ojos. Empiezo a creer que
siempre busca una excusa para enseñar su perfecto torso y sus perfectos brazos
de atleta.

─Buenos días ─dice Pauline, alejándose de él para alcanzarme y envolver sus


brazos alrededor de mi cuello, alzándose para besar mi mejilla─. Tanner y yo
queríamos agradecerte por invitarnos, este sitio es hermoso, Sav, así que fue a
la tienda mientras corría esta mañana y yo hice los panqueques. ─Tomando mi
mano, me guía al banco frente al mesón de madera en el centro─. Tú solo
disfruta. Conseguimos frutas, también, y mermelada.

Mis cejas se juntan.


Girándome, me enfoco en su novio.

Su novio el que decía mi nombre mientras se corría.

Maldiciéndome, también, pero a mí.

Pero aunque lo hubiera hecho, de lo cual no estoy completamente segura, eso


no significa nada. Puedes estar con una persona y amarla y aun así fantasear
con alguien más. Si eso no fuera posible no se habría acostado conmigo, en
primer lugar, habiendo visto a Pauline, puesto que estaba parada junto a mí
cuando me echó un vistazo desde las escaleras. Tomando en cuenta la manera
en la que siente devoción hacia ella, es imposible que no la haya notado para
ese entonces, pero sí que lo haya hecho y que aun así se hubiera dejado
arrastrar por mí. Una de mis teorías es que fui su despedida antes de
establecerse. Eso o un juego. Sé las cosas que hacen los chicos de fraternidad.
Mi papá fue uno.

Él me advirtió.

No escuché, jugué con fuego y me quemé.

¿Cómo ahora podría buscar consuelo en él sabiendo que lo que me hirió fue lo
mismo que me dijo mil veces que no hiciera? ¿En mamá? Mi madre es prudente
y educada. Estricta sin llegar a perder la suave y característica esencia de ser
una mujer. Siempre me ha exigido lo mejor. ¿Cuán decepcionada se sentiría de
mí? Los tres solíamos tener una relación bastante estrecha antes de que me
fuera a la universidad, razón por la cual opinaban y controlaban cada aspecto
de mi vida, así que sabrían que algo va mal en el momento en el que pensara
en Tanner frente a ellos.

Se preguntarían dónde quedó su segura e inteligente niña.


Así que ni siquiera puedo buscar consuelo en ellos.

─¿Corriste con toda la compra de regreso? ─le pregunto mientras trago el


nudo que se instala en mi garganta.

Tanner se encoje de hombros.

─El entrenador nos la hace pasar peor.

─Son al menos diez kilómetros hacia la tienda más cercana.

Se encoje de hombros, indiferente.

─Tengo buena resistencia.

Aunque sus ojos están fijos en mí mientras lo dice, Pauline se ríe y oculta su
rostro en su pecho. Yo me ahogo en mi propio vómito.

*****

Solíamos tener un yate anclado al muelle del puerto, pero mis padres lo
vendieron para terminar de pagar su nuevo apartamento, así que ya no tenemos
uno. Amo navegar y a Pauline también le gusta, así que nos dirigimos a un sitio
de alquiler cuando estamos listos para tener un día en la playa. Hacemos una
parada en el supermercado durante el trayecto porque si hubiéramos enviado
a Tanner corriendo mientras nos terminábamos de alistar, incluso él, metro
ochenta de músculo, no sería capaz de cargar con todo lo que metimos en el
carrito. Cuatro botellas de vodka. Tres litros de jugo de piña. Leche de coco.
Azúcar. Hielo. Un montón de chucherías e ingredientes para hacer
hamburguesas. Agua potable. Bronceador y bloqueador solar. Aunque él alza
sus cejas ante nuestro entusiasmo, no interviene, limitándose empujar el carrito
mientras metemos cosas en él y a pagar cuando llegamos a la caja. Ruedo los
ojos cuando distraídamente pone un paquete de condones en el lector,
ocultándolo de Pauline y de mí cuando ambas sabemos que folla.

─Amo este lugar ─suelta Pauline cuando llegamos al muelle del embarcadero
de los yates en alquiler, girando sobre sí misma mientras sostiene con una mano
la única bolsa que Tanner le permitió llevar: la del pan de hamburguesas. Él
habría podido con ello también, pero ella insistió en ayudarlo. Yo no.
Únicamente llevo mi teléfono y las llaves de mi auto en el bolsillo trasero de
mis shorts, los cuales esconde mi camisola blanca al menos dos tallas más
grande. Pauline continúa en bikini y sombrero. Tanner usa un polo, bermudas
y gafas─. ¿Cuál es el nuestro?

El encargado señala el yate más pequeño.

─Si el señor Reed está de acuerdo, ese. ─Nos ofrece una mirada de disculpa─.
Lo siento. Hemos tenido un fin de semana bastante concurrido. Todos nuestros
otros yates están ocupados.

Aunque puedo ver una chispa de molestia en los ojos de Tanner, este asiente y
empieza a dirigirse hacia él junto a nuestro chófer y el hombre, dejándonos a
Pauline y a mí atrás. Estamos caminando la una junto a la otra, ella demasiado
absorta en la vista y yo demasiado absorta en la espalda ancha de Tanner,
cuando un silbido desde uno de los botes llama nuestra atención. Un chico
rubio sin camisa nos saluda desde la punta de la proa, una sonrisa adornando
su rostro. Es casi tan apuesto como... como Tanner.
Sin saber por qué, me encuentro sonriéndole de regreso.

Deteniéndome.

─Hey ─lo saludo, lo cual solo lo hace sonreír más.

Él levanta un dedo en mi dirección, pidiéndome que espere, y lo veo


desaparecer por unos segundos antes de volver situándose frente a nosotras.
Su camisa de estampados de palmeras está abierta. Está usando gafas, las
cuales se retira y sostiene en sus manos cuando llega al muelle. Shorts.
Sandalias de cuero de hombre. Pauline, como si hubiéramos retrocedido a la
noche de la fiesta, se sitúa junto a mí y aprieta mi brazo, emocionada.

Sorprendentemente, yo también lo estoy.

─Hola. Me llamo Weston.

Me ofrece su mano. Aunque estoy con Pauline y ella está casi desnuda junto a
mí, sus ojos verdes están enfocado en mí. La estrecho suavemente antes de
regresar mi brazo a mi costado. Repite la misma operación con mi amiga, pero
aun viéndome.

─Savannah.

─Pauline.

Nuevamente me sonríe.
─Estoy aquí con mi madre y su novio, pero ellos se centrarán completamente
el uno en el otro, ignorándome. ─Relame sus labios, los cuales son perfectos.
No tan llenos. No tan finos. Su nariz recta también es bonita y tiene dinero. El
reloj en su muñeca y la cadena con una cruz colgando de su pecho son de oro.
Tampoco pierdo de vista el movimiento nervioso de sus dedos─. Noté que no
estaban solas. ¿Por qué no le dicen a su amigo que compartamos el alquiler
del yate? Mi madre no se enojará y así alguna de ustedes no se sentirá, al igual
que yo, como un estorbo.

Como si Weston lo hubiera invocado, Tanner se acerca.

─¿Hay algún problema?

Pauline, abrazándolo, niega con una sonrisa.

─Ninguno ─responde─. Solo que Weston se enamoró a primera vista de


Savannah y nos ha invitado a compartir el alquiler de su yate, el cual está
mucho mejor que el que nos ofrecen. ─Hace un puchero─. Solo lo
compartiríamos con su madre, su novio y él, ¿podemos? Así no me siento mal
por ignorar a Sav por ti. También tenemos suficientes provisiones y bebidas
para compartir.

Weston se sonroja, pero no niega que le haya gustado.

Tanner me mira.

Su rostro está inexpresivo, así que no tengo ni idea de si la idea le disgusta. Él


simplemente acaricia el cabello de Pauline y me mira demasiado
detalladamente mientras lo hace. No puedo evitar pensar en él como un villano
de caricatura acariciando a su gato, lo único por lo que siente afecto, mientras
planea el fin del mundo.

─¿Estás bien con eso?

Afirmo, mi atención redirigiéndose a Weston.

─Sí.

Aunque puedo ver el atisbo de un tic en la ceja de Tanner, se da la vuelta tras


murmurar que irá a hacer los arreglos con el encargado y a buscar las bolsas
de la comida, las cuales dejó en el yate. Sintiendo mi corazón llenarse de
felicidad, acepto la mano de Weston cuando la extiende hacia mí y lo dejo
ayudarme a subir los escalones del lujoso bote con Pauline revoloteando como
una mariposa detrás mientras yo vuelvo a ser como ese pequeño cachorro
emocionado con el que siempre me comparo, pero que terminará bajo la rueda
de un camión si continúa dirigiéndose a lugares desconocidos y peligrosos.

*****

Esta mañana tras comer, seleccioné el bikini negro de mi maleta. Sería como
cualquier otro bikini negro de no ser por las cadenas de bisutería plateadas y
doradas en los sitios en los que se ata. Ya llevo algunos meses en el gimnasio,
por lo que nunca he estado en mi mejor forma. Tras hablar un poco con Weston,
su madre, una reconocida profesora de modelaje y preparadora de reinas de
belleza, y su novio, un hombre rico cualquiera por encima de los sesenta, me
cambio, dejando mis cosas junto a las de Pauline y Tanner, y paso frente a ellos
de camino a la ducha en la cubierta. Sin pensarlo demasiado, abro el grifo y
dejo que el agua caiga sobre mí. Paso mis manos por mi cabello y me apoyo en
la superficie de metal que sostiene la ducha mientras dejo que el agua me moje.
De fondo, ya que Weston puso música, suena alguna mezcla de Halsey y otros
artistas en la que me concentro.

Una vez estoy completamente empapada, me doy la vuelta, sintiendo tres pares
de ojos puestos en mí. Incluso Pauline, dentro del jacuzzi de espuma con
Tanner, una copa con nuestra mezcla de piña colada en su mano, me mira con
las mejillas sonrojadas.

─Sav... ─murmura ella, negando, pero cualquier cosa que iba a decir pierde
importancia cuando Weston me monta sobre su hombro y me lleva al tobogán
inflable con el que la compañía le pidió disculpas a Tanner, el señor Reed, por
no tener un gigantesco y caro yate para él solo, haciendo que el pánico inunde
mi cuerpo─. ¡Arrójala! ¡Debería estar prohibido verse tan bien!

Pataleo, pero me encuentro riendo mientras me deslizo hacia el agua salada


entre los brazos del chico rubio. No puedo evitar toser, ahogada, cuando asomo
mi cabeza del agua, arruinando mi salida sexy de ella. Lucir como víctima de
ahogamiento no combina precisamente con el movimiento hacia atrás de
cabello.

─¿Estás bien? ─pregunta Weston, alcanzándome y achicando los ojos para que
el sol no lo moleste, obteniendo una afirmación de mi parte─. Eres muy linda,
Savannah. ─Traga, acercándose demasiado─. Me preguntaba si te gustaría
salir más tarde. Divertirnos. Nada serio. Solo estoy de vacaciones en Texas.
Vivo en Nueva York con mi padre. Ya tu amigo me dijo que vives en Austin, así
que no creo que resistiría mantener una relación a distancia con una chica
como tú, aunque me encantaría intentarlo, pero las posibilidades de que eso
salga mal son altas. Soy un hombre y tú eres una mujer, a pesar de... tenemos
necesidades.

Flotando en el agua, parpadeo.


─¿Una chica como yo?

Weston se sonroja.

Él lo hace mucho. Aunque parece dulce mientras lo hace, no puedo evitar


pensar que eso lo hace parecer menos atractivo en el ámbito sexual. No quiero
que un hombre dude o no esté seguro de sí mismo cuando desee que me hagan
cosas sucias.

─Mientras estabas cambiándote, Pauline fue por un trago y su novio se acercó.


Me contó sobre ti para que tú no tuvieras que hacerlo. Sobre tu familia y tu voto
de castidad hasta el matrimonio.

Casi me ahogo nuevamente.

Alzando la vista, puedo ver a Tanner observándonos.

Los vellos de mi nuca se erizan cuando sonríe y suelta una carcajada ante mi
ceño fruncido, lo que hace que Pauline también nos mire y ría, haciéndome
consciente de que solo se trata de una broma. La ira recorre mi cuerpo al
instante, molesta con ellos por arruinar esto. Mi ritmo cardiaco aumenta la
velocidad. De vuelta a Weston, niego y coloco una mano en la parte posterior
de su cabeza, manteniéndome a flote con la otra, acercándolo a mí.

Aunque nuestro beso está lleno de ira, al menos de mi parte, se convierte en


uno de los mejores besos que he experimentado. Weston jadea cuando meto mi
lengua en su boca, dejando de pronto de escuchar las risas de Pauline y Tanner.
Empujándolo hacia la zona de acceso al bote, nos apoyamos en el metal de este,
ocultándonos de cualquiera que esté en él y pueda vernos. Gime en mi oído
cuando meto la mano dentro de su bañador, apretándolo y tocándolo mientras
me dedico a succionar su cuello.

Cuando se estremece contra mí, lamo su labio inferior.

─Tú también eres muy lindo, Weston ─susurro mientras envuelvo mis piernas
alrededor de él, quién no parece saber qué acaba de pasar─. Me gustas, así
que estaría encantada de salir más tarde contigo, sin compromiso y a dónde
quieras... con una condición.

Él traga, tomando aire también, antes de responder con voz ronca.

Parpadea mientras se enfoca en mí.

─¿Cuál? Te daré todo lo que quieras.

Complacida, sonrío y alcanzo las escaleras. Me aseguro de que tenga un


vistazo de mi trasero y de mi entrepierna cuando me monto en ella. Muerdo mi
labio, conteniendo una risita, al escucharlo gemir, entendiendo de repente por
qué me emocioné tanto cuando lo vi. Weston es más lindo que Tanner. Quizás
incluso es más rico que Tanner. Carece de todas las otras cualidades que lo
hacen especial y llaman mi atención, pero ciertamente es competencia para su
ego. Él lo vio antes que yo. Simplemente no pueden estar en una habitación sin
eclipsarse el uno al otro, con lo cual Weston debe estar bien, pero Tanner no
debe soportar, sintiéndome como yo me siento con Pauline.

─Quiero salir a comer con mis amigos también. ─Hago un puchero cuando me
alcanza, ambos de pie en la parte inferior del yate─. ¿Te molesta? No conocen
nada de Corpus Christi y yo soy su guía. Lo de mis padres y el voto de castidad
solo fue una broma.
Sosteniendo mi rostro entre sus manos, sonríe.

─Todo lo que quieras es todo lo que quieras. ─Me besa─. Sí.

Sonrío, satisfecha.

Alguien está por tener una probada de su propia medicina.


Capítulo 4
El lunes por la mañana me levanto más temprano de lo común. A las seis y
media en lugar de a las siete. Después de tomar una ducha caliente, le dedico
media hora a mi cabello ondulándolo en las puntas. Cuando se curva en sutiles
rizos al final de mi espalda delineo mis ojos y los oscurezco con sombra para
que luzcan más grandes. Tomo mi crema favorita de Victoria's Secret y hago
que cada centímetro de mi piel huela a caramelo. De mi reservorio de ropa
interior, no es que le esté dando la oportunidad a Tanner de verme en ella, tomo
una tanga negra y un corpiño a juego. De la sección peligrosa de mi armario,
jalo de su gancho un conjunto de falta ceñida y suéter corto, el cual deja una
porción de mi abdomen superior a la vista, color verde sirena. Tomo un par de
tacones de una sola tira color negro. Junto con mi maletín de cuero, gafas para
el trabajo y una taza de chocolate caliente, estoy lista.

Lista para enfrentar a Tanner Reed.

Conduzco a mi propia oficina en el centro de Austin antes de dirigirme a la


suya. Solo me detengo en ella para presentarle a uno de mis clientes, de los más
exigentes, la maqueta final de su casa. El señor Johnson luce a gusto con ella a
pesar de que su mirada está clavada en mis labios durante toda la conversación.
Dejo escapar un gruñido dentro de mi taza, la cual recargué una vez llegué a la
oficina, cuando me invita a almorzar para agradecer mi esfuerzo. Me niego.
Diseñé una casa de seis habitaciones para él, su esposa y sus futuros hijos. Solo
hay una persona por la que sobrepasaría mis límites morales. Una vez termino
con él, me dirijo caminando a la torre a dos cuadras en la que esta se halla.

Es bonita. Negra y victoriana, con apliques dorados, durante los primeros tres
pisos, pero luego se convierte en puro cristal oscuro y columnas metálicas. La
construcción no está a juego con las que la rodean, pero aun así luce bien. La
seguridad del primer piso me deja acercarme a los elevadores antiguos, del tipo
con rendija en lugar de puertas, tras obtener mi nombre y encontrarlo en una
lista. Presiono el botón número veintitrés cuando entro en él. Durante el ascenso
no puedo evitar sentirme nerviosa a pesar de que pasé todo el fin de semana
planificándome. Decidiendo qué hacer y llegando a la conclusión de que
Pauline pudo haberlo empujado a él, pero yo diseñaré la jaula en la que se
pudrirá en el infierno. Aunque siempre pensé que me alegraría ver cómo su
relación se hacía añicos, la verdad es que eso no hace más que aumentar mi ira
hacia Tanner por no elegirme. Por escogerla y equivocarse, quedando mal ante
todos, puesto que su perfecto matrimonio solo duró un año. Ahora que está en
su punto más vulnerable, lo haré pagar por cada lágrima que derramé por ellos.
No seré su amante. Lo haré desearme hasta que le duela respirar.

Hasta volverlo a hacer elegir entre nosotras.

Solo espero que esta vez tome la decisión correcta.

Si no lo hace, Tanner Reed habrá muerto para mí.

─Buenos días. Vengo a ver al señor Reed ─le digo a su secretaria cuando llego
a su escritorio, odiando la manera en la que su piso, el cual le pertenece, está
decorado: moderno, limpio y simple cuando podría ser mucho más─. Soy
Savannah Campbell.
La mujer rubia asiente.

─Adelante. El señor Reed está esperándola.

Su tono no ha sonado desagradable, por lo que le dedico una pequeña sonrisa


cordial antes de acercarme a la puerta, también de cristal oscuro, que da con su
oficina. Esta se desliza hacia atrás cuando la empujo con cuidado. Una vez del
otro lado, mis ojos inmediatamente van a él. Está sentado tras su escritorio de
ébano usando una camisa negra desabotonada en el cuello y presiona un
cigarrillo contra sus labios, contaminando su oficina sin ventanas abiertas con
el humo que expulsa. Mi frente se arruga.

Él dejó de fumar en el momento en el que Pauline se lo pidió. Antes de


graduarse. Le tomó meses abandonarlo, pero eventualmente lo hizo. Por ella.
Probablemente también está recayendo en el hábito por ella. Suelto un suspiro,
forzando mi cuerpo a moverse, y tomo asiento frente a él, quién se limita a
mantener sus intensos ojos oscuros en mí mientras me acerco.

Los vellos de mi nuca se erizan al ser víctima de su intensa mirada, pero me


obligo a mí misma a que esa sea la única muestra de mi debilidad. Tanner debe
aprender a luchar por lo que quiere si quiere en lo absoluto algo de mí. Basta de
comportarme como un cachorro sediento de amor a su alrededor, agitando la
cola por él.
─Cuando termine con tu ático ─digo, manteniendo mi expresión fría aunque
por dentro me esté derritiendo debido al característico aroma de su loción─,
querrás que remodele este lugar.

Tomando en cuenta que fue un infierno de exigencias cuando construí su casa,


quitándome todo el tiempo libre que tenía y la posibilidad de trabajar en otras
cosas mientras tanto, siendo también el proyecto que más tiempo me ha tomado,
no puedo evitar sentirme decepcionada con los simples cubículos y pisos de
mármol fuera de aquí. Todo se ve en orden y pulcro, pero le falta. Sus clientes
pasan por ahí antes de llegar a su oficina y otro tipo de impresión inicial le daría
a Tanner algún tipo de ventaja.

En lugar de lucir molesto con mi comentario, afirma mientras presiona la punta


de su cigarrillo contra un cenicero y toma otro del paquete sobre la madera
caoba frente a él, inclinándose para darle vida con un encendedor plateado y,
evidentemente, costoso.

─Probablemente. ─Habla con una nube de humo entre nosotros. Cuando el


aroma se cuela en mi nariz, no puedo evitar recordar la manera en la que lo
sopló en mi estómago desnudo hace cinco años. Mi frecuencia cardiaca
aumenta─. Podrás no ser material de esposa sumisa y complaciente, por lo que
sigues sola, pero mátenme si no eres buena en lo que haces.

Sin tener qué decir, sin saber si sentirme ofendida o extra ofendida, me quedo
en silencio y lo contemplo terminar su cigarrillo. La manera en la que línea
inferior de su mandíbula se realza cuando inclina la cabeza hacia atrás para
tomar una calada. Cómo sus labios se humedecen cada vez que lleva el extremo
del palillo a su boca. Cuando empiezo a sentirme ahogada, tanto por el humo
como por su extraña conducta, recuerdo que aún tengo mi chocolate caliente y
tomo un sorbo. Cuando la taza regresa a mis labios y nuevamente mis ojos se
enfocan en él, está de pie y tomando su abrigo azul naval, el cual parece ser su
color favorito aparte del negro, y poniéndoselo con su cigarro aún en la boca.
Viéndolo de pie descubro que lleva mocasines y pantalones negros en la parte
inferior. Trago. Todo sería más sencillo si Tanner fuera feo o si al menos no
fuera consciente de su atractivo, pero lo es y saca todo el provecho que puede
de ello.

─Vamos ─suelta mientras pasa junto a mí─. En lugar de decirte lo que quiero,
prefiero mostrártelo. Así me entenderás mejor.

Lo imito. Se despide brevemente de su secretaria antes de salir. De camino al


ascensor puedo sentir los ojos del personal en nosotros, pero Tanner no les
presta atención. A pesar de la brillante alianza dorada en su dedo anular
izquierdo, él coloca su mano en mi muñeca, no en mi mano, y me guía hasta él
como si no supiera dónde se encuentra. Desgraciadamente las ganas de sentir
su tacto frío, pero a la vez caliente, sobre mí sobrepasan las ganas de empujarlo
lejos. Es la primera vez en cinco años que me toca de alguna manera y se siente
bien.

Se siente como si así es como siempre debió ser.

Lo odio tanto.

─El edificio está en Travis Country. ─Aunque me gustaría preguntarle por qué
compró un ático en la misma zona en la que su casa se encuentra, lo cual no
tiene sentido, lo escucho en silencio, todavía absorta en el ardor que dejó su
mano en mi piel─. ¿Tienes una cita para el almuerzo? Me gustaría hablar
contigo sobre los detalles después de ver el ático, pero entiendo si ya tienes un
compromiso con alguien más ya que tuve que ir tras de ti por semanas para que
aceptaras debido a tu agenda apretada.

Tanner luce irritado al final de la oración. Como si la idea de no llevar a cabo


los planes que planeó sin consultarme y me involucran lo molestara. Nunca lo
admitiré en voz alta, pero siempre me ha gustado la manera en la que se enoja.
Cómo aún de adulto puede actuar como un niño cuando no consigue lo que
quiere y aun así verse caliente debido a que después lo hace todo por lograrlo.
Me enciende, pero a la vez me llena de ganas de hacer cosas como bromear
hasta sacar una sonrisa de sus labios o de hacer algo que consiga molestarlo
todavía más.

Pauline simplemente se asusta y lo complace.

Pero yo puedo ver su deseo de un desafío.

─No tengo ninguna cita pautada para el almuerzo ─respondo, aceptando a


medias─. Pero si no me llevas un sitio bonito, tampoco la tendré contigo. No
como en chiqueros.

La mirada de Tanner brilla con irritación, pero también veo algo de diversión
allí. Aunque no lo admita, le gusta sentirse retado.

─Savannah ─responde cuando las puertas del ascensor se abren en el sótano y


coloca una mano en mi espalda baja, pero sin llegar a tocar mi trasero,
haciéndome estremecer debido a ello, su cercanía y a la manera en la que su voz
profunda y vil me causa cosquillas cuando pega sus labios a mi oído─. Terminé
con los platos de segunda clase cuando salí de la universidad. Después de allí
todo ha sido comida de lujo. Pensé que ya sabías eso.

Separándose de mí, me abre la puerta de su Mercedes deportivo color gris. Entro


mientras proceso el impacto que su mensaje entre líneas ocasiona en mí.
Aunque se supone que estamos hablando de comida, no puedo evitar asociarme
con los platos de segunda clase a los que se refiere y a Pauline con la comida de
lujo.
Pero además de lucir molesta, no puedo evitar que mi curiosidad crezca. Lo que
sea que haya pasado entre ellos ha ocasionado que Tanner ya no se esfuerce por
esconder su verdadero yo.

Él es un imbécil.

Pero es el único imbécil que me hace querer matarlo y besarlo sin parar al
mismo tiempo, desafiando todas las normas de lo que es malo y lo que es bueno
en el proceso.

******

Llegamos a una de las colinas más altas de Travis Country en veinte minutos.
Además del edificio de ladrillo claro y apliques de cristal, solo hay árboles en
torno a él, nada de otras residencias. Tanner ingresa la llave en un
compartimiento especial del ascensor para que el botón del penthouse se
desbloquee. Mientras vamos ascendiendo puedo ver el lago e incluso su casa,
puesto que la pared frontal de este es de vidrio claro. Me doy la vuelta al sentirlo
detenerse, encontrándome con un suelo sin cerámica, paredes blancas y un
amplio, descomunal, en realidad, piso inferior que se conecta con un piso
superior a través de nada. No hay escalera. También la vista es hermosa. Debido
a que nos encontramos en un piso treinta en la cima de una colina, no solo vemos
Travis Country desde aquí, sino el centro de Austin. Incluso puedo ver las torres
en las que ambos tenemos nuestras oficinas.

─Es un lienzo en blanco. ─Se detiene junto a mí, acompañándome a apreciar la


vista─. Hice que demolieran la escalera porque recordé cuánto te molestaba
tener que trabajar acorde a ella. Prefiero que la elijas tú. La cocina. Los baños.
Las divisiones. Nada existe hasta que decidas cómo lucirá. Por ahora es solo un
espacio. ─No tengo que darme la vuelta y ver el lugar para comprobar lo que
dice. Lo vi al entrar─. ¿Lo tomas o lo dejas?
Aún sin verlo, presiono mi mano contra el cristal.

Un lienzo en blanco es el sueño de cualquier decorador.

Eso y un presupuesto ilimitado.

─¿Cuánto dinero puedo gastar?

─Todo lo que quieras ─responde y por alguna razón puedo oír la sonrisa en su
voz después─. Dentro de lo razonable.

Me doy la vuelta para verlo, mi ceja alzada.

En efecto, Tanner está sonriendo. Sabe que después de ver la vista y descubrir
que puedo hacer lo que quiera, dentro de lo razonable y siguiendo sus deseos,
no me negaré. Pero aun así no voy a ponérselo tan fácil. Pauline y él no me lo
pusieron fácil a mí.

─¿Cuánto me pagarás?

Su sonrisa no se desvanece.

─¿Cuánto quieres? ─pregunta─. ¿O qué quieres?


─Quiero un terreno en Travis Country. No tiene por qué ser tan caro. ─Debido
a la forma en la que su frente se arruga, puedo decir que lo he sorprendido y
nuevamente irritado, pero eso es menos de lo que debería cobrarle por todos
estos años de dolor y deseo frustrado─. Solo quiero que esté frente al lago y sea
mayor a setecientos metros cuadrados. Sin construcciones.

Tanner aprieta fuertemente la mandíbula mientras niega.

─Es demasiado, Savannah.

Asiento, de acuerdo y empezando a darme la vuelta para dirigirme al ascensor.


Este penthouse sobrepasa el millón. Probablemente los tres millones. Cientos
de miles son nada para él, pero mucho por mi trabajo. Lo sé y no me importa.
Es mi condición. Si salgo de esto con el corazón roto, al menos habré
conseguido el lugar en el que finalmente construiré una casa para mí. Una casa
tan bonita que Pauline no podrá evitar sentir envidia cada vez que se asome por
alguna de sus ventanas y la vea, por fin sintiéndose de la forma en la que me he
sentido todo este tiempo. O puede que lo venda y desaparezca, pero tendré algo
además de una herida.

─Puedo conseguirte otro arquitecto ─sugiero de camino al ascensor─. Tengo


muchos proyectos, de todas formas.

Pero antes de que vuelva a llegar a él, Tanner toma mi mano y me da la vuelta.
Sus ojos están llenos de ira y una emoción similar al odio, pero más intensa,
mientras me ve. No aparto el rostro. El negociante en él no deja de repetirle que
no soy más que una estafa, pero su ego masculino no le permite renunciar a mí.

─Está bien ─acepta con un gruñido─. Toma tus fotos, anota en tu bloc o lo que
sea. Haz hecho que no quiera estar aquí, todo lo contrario a lo que deberías
lograr a partir de ahora.
Aunque es vacilante debido a sus palabras y al trasfondo que mi mente
encuentra de ellas, no escondo mi sonrisa. Regresando al interior de la casa,
saco mi teléfono y mi bloc para empezar a tomar fotos y medidas del espacio
mientras él solo me observa.

Me aseguro de encorvar mucho mi espalda.

*****

Tanner conduce hacia el club de golf de Austin después de que obtengo todo lo
que necesito de su ático. Al menos del nivel inferior. Para tomar los datos del
superior, el que además se conecta con una zona al aire libre con una terraza y
piscina, necesitábamos una escalera y no tenía la paciencia para esperar al
conserje. Nuevamente no puedo no sentirme rara por la manera en la que toma
mi muñeca, sin que sus dedos se deslicen en los míos, de camino al exclusivo
restaurante italiano en el club. Debería estar feliz con ello, pero no me gusta.

Hay una extraña sensación en mi pecho que no puedo obviar.

─Tanner, basta ─lo detengo cuando me arrastra tras él entre las mesas─. ¿Qué
está mal contigo? Nunca te he dado la confianza para que me tomes así.
─Aunque debería marcharme, tomo asiento frente a él. La tensión en sus
hombros al escucharme desaparece al ver que no me estoy yendo. Recordando
la situación por la que está pasando, el hecho de que volvió a fumar y compró
el penthouse a solo unos minutos de su casa, me fuerzo a suavizar mi tono de
voz─. No somos tan cercanos.

Tanner, sorprendiéndome, afirma.


─Tienes razón. No debí hacerlo. Lo siento ─murmura, su mirada perdiéndose
o escondiéndose en el menú frente a él─. No volverá a pasar. ─Tras unos
segundos de silencio, me mira y genuinamente parece arrepentido. Incluso
interesado en mi respuesta─. ¿Qué quieres de comer?

Sin hojear el menú, me encojo de hombros.

─Lo que sea que pidas tú. Confío en tu buen gusto.

La verdad no lo hago, lo que ambos sabemos.

Sonríe mientras niega, su cabello negro moviéndose debido a ello, pero las
hebras oscuras rápidamente recomponiéndose de manera perfecta, hacia atrás,
cuando deja de hacerlo y se limita a mirarme mientras hace el pedido. Cuando
el mesero se va puedo decir a ciencia cierta que es prácticamente imposible que
Tanner sepa cómo luce, puesto que nunca vio su rostro. Me pregunto si así es
con Pauline. Si se vuelve igual de intenso y agobiador.

Una parte de mí espera que sí.

Otra que no.

─Entonces, ¿cómo quieres que luzca el ático?

Tanner deja el vaso del que bebía agua en la mesa y relame sus labios, algo que
hace muy seguido, al menos frente a mí, antes de contestar. Al ver su lengua
mis muslos se aprietan bajo la mesa.
─Como tú quieras, Savannah, mientras que sea un lugar en el que creas que
pueda sentirme cómodo ─responde con un movimiento de su brazo que hace
que el Rolex clásico en su muñeca se deslice hacia arriba, provocándome un
suspiro debido a que es tan varonil como él: oscuro y dorado, los colores que
notorios a su alrededor junto con el azul─. Confío en tu buen gusto.

Sonrío.

A pesar que lo hizo sonar como una broma tomando mis palabras, sé que lo
hace.
Capítulo 5
Tanner me ignora durante el resto de nuestro paseo en yate, enfocándose en
divertirse con Pauline en el jacuzzi, y no me dirige la palabra hasta después
que regresamos al auto tras contemplar el atardecer en el mar. Weston sostiene
mi mano de camino ahí. Me aparta, empujándome con suavidad, con una
sonrisa torpe en su rostro cuando me inclino para tomar la manija, abriendo
la puerta por mí. No está usando camisa. Nada a excepción de un par de shorts
y zapatos de natación. Es adorable y sexy y aunque alguien más reclama mi
mente, no puedo evitar pensar en lo bien que se verían todo ese músculo
bronceado trabajando para mí.

─¿Te recojo en media hora? ─pregunta inclinándose sobre la ventana, lo que


ocasiona que algo parecido a un gruñido salga de la garganta del novio de
Pauline, quién se inclina para besarla.

Pero una parte de mí me dice que es por Weston.

Decido confiar en esa parte.

─Sí. ─Le sonrío─. ¿Estás seguro de que sabrás cómo llegar?

Él afirma.
─Utilizaré el GPS. ─Me vuelve a ofrecer una cálida curvatura de labios cuando
se aparta─. No te arrepentirás. Lo prometo.

Muerdo mi labio inferior con nerviosismo.

─Espero que no.

Guiñándome un ojo, se da la vuelta y se acerca a la Hummer negra del novio


de su madre. Acelero una vez llega a ella. Estoy tan distraída pensando en West
y en cómo sospecho que nuestra cita molestará a Tanner, especialmente si logro
que él y Pauline vengan con nosotros, que no me molesta estar siendo un Uber
para ellos de nuevo y no me doy cuenta del momento en el que este se sitúa en
el espacio entre los dos asientos delanteros, asomando su cabeza con la frente
arrugada y la mandíbula apretada. No puedo evitarlo. Dejo escapar un suspiro.
Aunque Weston es lindo, la masculinidad de Tanner me atrae tanto.

Cómo una chica podría sentirse segura a su lado gracias a su constitución de


más de un metro ochenta y músculos. Cómo mi mano se sentiría pequeña,
protegida y cálida en la suya. Cómo podría ser dulce conmigo cuando es un
bastardo con todos los demás, pero aun así lo suficientemente exigente dentro
del dormitorio. También está el hecho de que Tanner es inteligente. Lo he visto
estudiar la cantidad de veces suficientes, encorvado sobre el pequeño escritorio
de Pauline mientras esta duerme a su lado, como para saber que realmente se
preocupa por su futuro. Sus compañeros confían en él para tomar decisiones
porque es listo y tiene el carácter para hacer lo que hay que hacerse. Es oscuro
y se enoja con facilidad cuando las cosas no salen como quiere, pero eso es
algo que todos a su alrededor parecen obviar o pasar por alto debido a todas
sus otras perfectas cualidades.

Yo no.

─¿Oí que saldrías con el desconocido, que hasta donde sabemos podría
resultar un psicópata, esta noche, Savannah?

Pauline, asomando la cabeza junto a la suya, responde por mí.

─Sí, Savannah lo hará ─dice, temblando de la emoción, lo que me recuerda a


cuán feliz estuve por ella cuando pensé que el presidente de la fraternidad que
la buscaba para declararle su eterno amor no era Tanner Reed─. Pero no irá
sola, Tanner, ¡tendremos nuestra primera cita doble! Estoy tan feliz. He
querido esto desde que empezamos a salir, pero Sav solo rompe corazones. Nos
arreglaremos juntas hoy y seguramente en un par de años planearemos nuestra
boda con ustedes, juntas también.

Ya que sabe que está sonando tonta, también un poco loca, suelta una risita
mientras lo arrastra de nuevo hacia atrás jalando la tela de su camisa, lo cual
trae un fruncimiento a la frente de su novio porque de verdad odia la ropa
arrugada. Tanner permanece en silencio, pero puedo sentir sus ojos en mí
durante el todo el trayecto a casa. Cuando alzo la mirada hacia el retrovisor,
descubro que esto no es solo producto de mi loca imaginación.
Él me ve como si esperara una explicación.

No le importa que no tenga derecho a pedirla.

******

Ya que Weston es un chico dulce y realmente algo bonito podría salir de aquí,
aparte de mis deseos de hacer sentir celoso a Tanner, decido no lucir tan zorra.
Tomo un vestido de mangas de una sola tira de mi armario, negro y de
estampado de cayenas, y meto mis pies en sandalias oscuras troyanas. Aliso mi
cabello completamente hacia atrás y meto mechones detrás de mis orejas para
que estas sean visibles. Uso aretes sencillos, pero llamativos debido al tamaño
de las piedras negras de fantasía. Ya que no puedo ser del todo una mojigata,
no llevo ropa interior. Me maquillo de la forma más natural que encuentro. Ya
que Weston vendrá por nosotros, solo llevo mi teléfono con mi tarjeta de crédito
escondida entre este y el forro. Abandono mi habitación al escuchar el sonido
de la bocina de la Hummer de su padrastro. Al llegar al recibidor, tanto Tanner
como Pauline parpadean al verme.

─Luces bien ─dice ella, puesto que normalmente soy más atrevida con mi
ropa─. Como si realmente lo quisieras impresionar.

Ella lleva un vestido rosa con mangas del mismo largo que el mío y zapatillas
de deporte. Tanner tiene un par de pantalones caqui, una sencilla camisa
blanca que solo está abrochada en los primeros cuatro botones y mocasines.
Aunque no puedo evitar echarle un vistazo a su pecho pálido y lampiño debajo
de esta, me fuerzo a mí mismo a no detallarlo demasiado y abro la puerta para
ellos, puesto que me tengo que asegurar de cerrar bien después. Una vez me
doy la vuelta, me encuentro con la expresión amable y cariñosa, algo ansiosa,
de Weston. Me siento bien por mi elección de ropa al verlo usando una sencilla
camiseta blanca y pantalones marrones. A pesar de mi promesa implícita de
hacerlo pasar un buen rato, todo en él grita que está teniendo una primera cita
con una chica. Desde el movimiento nervioso de sus manos a la flor, una rosa,
que tomo de una de estas cuando me la ofrece.

Su gesto le hace cosquillas a mi corazón.

Llámenme cliché, pero tengo un gusto culposo con las rosas.

Toda la vida me han gustado debido a que mientras mi padre es un exitoso


corredor inmobiliario, mi madre es dueña de un vivero en Houston. La crianza
de rosas es su especialidad y crecí viéndolas cada vez que la acompañaba al
trabajo, pero empecé a ansiarlas cuando Tanner comenzó a dejar centenares
de ellas frente en nuestra puerta para que estas fueran encontradas por la
mañana al menos una vez a la semana. Todas con cartas y notitas con su letra
dirigidas a Pauline. Notas cursis y ridículas, pero por ello el doble de
especiales viniendo de alguien como él.

─Muchas gracias. ─Olvidando que estamos acompañados, me pongo de


puntitas y presiono mis labios contra los suyos con suavidad, riendo mientras
paso mi mano por encima de ellos para limpiarlos al mancharlos con mi brillo
de labios una vez que me separo con la flor sin espinas en la mano─. ¿Nos
vamos?

Deslizando sus dedos en los míos, Weston asiente, pero se detiene frente a
Tanner y Pauline abrazándose en la acera. Ni siquiera me importa verlos
juntos, pero no es por Weston. Es por la manera en la que Tanner lo mira, como
si apenas pudiera soportar el mismo aire que él, y saber que no soy la única
pasando un mal momento entre nosotros. Su ego está siendo amenazado.
─Amigo, ¿te molestaría conducir? Mi GPS te dirá a dónde ir. Me gustaría
acurrucarme con Savannah, hombre. Tú tendrás a tu chica cerca después de
este fin de semana. ─Presiona sus labios contra la cima de mi cabeza,
mirándome con afecto─. Yo no.

Tanto su discurso como la mirada de Pauline lo obligan a aceptar, pero puedo


ver molestia e ira empezando a burbujear en sus ojos oscuros mientras toma el
juego de llaves y se acerca a la camioneta. No importa cuán amplio sonría, se
me hace absolutamente obvio que está enojado y que el humo está saliendo de
sus orejas. No sé cómo ellos no pueden verlo.

─Sin problemas, hombre.

Sube en la Hummer con los músculos de su espalda en tensión. Oculto mi rostro


en el pecho de Weston una vez entramos, escondiendo mi sonrisa ante lo irónico
y divertido que es esto. Tanner Reed no se siente cómodo siendo el chófer. Me
regodeo de la manera en la que su barbilla se tensa cada vez que la voz
femenina del GPS le da una indicación. Pauline intenta hablar con él, pero por
primera vez desde que están juntos... pasa de ella, limitándose a decirle que
debe concentrarse en el camino o nos perderemos cuando en realidad todo se
trata de seguir una vía.

─Tengo un buen presentimiento sobre esta noche ─susurro en el oído de


Weston antes de dedicarme a hacerle cosquillas con mi nariz en el cuello a lo
largo de todo el trayecto, agradecida con el hecho de que no solo luzca bien,
sino que también huela bien.

No quiero dejar la rosa que trajo para mí en el auto, así que la coloco detrás
de mi oreja cuando llegamos. Eso hace que sus ojos verdes brillen y me arrastre
hacia él para que caminemos extremadamente juntos hacia el interior de Il
Paraiso, un clásico restaurante de comida italiana en el muelle de Corpus que
se caracteriza por tener luces colgando de extremo a extremo y paredes llenas
de recuerdos de los viajes de sus dueños. Tomamos una mesa para cuatro en la
zona al aire libre, por lo que escuchamos tanto las olas de mar como la suave
música en vivo interpretada por una banda cerca de la entrada. Todos pedimos
pasta. Pauline boloñesa. Weston a la marinera. Tanner y yo pasta a la
carbonara. En mi defensa, nuevamente pedí antes que él.

Y no estoy persiguiéndolo.

O acosándolo.

Solo deseándolo.

Indebida e inapropiadamente, sí, pero no lo he perseguido a ningún lado. Él es


quién se atraviesa en mi camino una y otra vez.

*****

La cena transcurre en silencio. Weston se limita a acariciar mi muñeca y mi


muslo de manera sugerente. Tanner y Pauline cuchichean entre ellos. Él se
separa de ella cada dos por tres para ir al baño, atender llamadas o apreciar
la vista al mar desde la barandilla. Si continúa enojado, no ha actuado
conforme a ello. Cuando el postre llega a la mesa, sin embargo, y Weston
empieza a llevar pedacitos de torta de queso con chocolate a mi boca,
movimiento que atrae la atención a su lindo Rolex, Tanner se echa hacia atrás
en su silla y lo mira con una sonrisa condescendiente.

─Y bien, Weston, ¿a qué te dedicas?


Sin mirarlo, puesto que sus ojos están en el movimiento de mis labios y garganta
mientras mastico y trago, Weston le contesta.

─Mi padre trabaja en la bolsa.

Tanner niega.

─No pregunté a qué se dedica tu padre, sino a qué te dedicas tú.

Tras darme un bocado más con una mirada intensa en sus ojos verdes,
finalmente Weston se gira y enfrenta al novio de mi amiga. Pauline me observa
con incomodidad, como pidiéndome que intervenga o que los detenga, pero
niego. Mientras Weston pueda hacer dejar mal a Tanner por sí mismo, ya sea
con su presencia o haciéndolo perder los estribos, estoy pasándola bien.

─Estudio economía en Columbia.

Alcanzo su mano sobre la mesa y le doy un apretón.

─Eso es increíble, West. ─Aparto un mechón de cabello rubio de su frente─.


Inteligente. Dulce. Lindo. Creo que gané la lotería.

Se sonroja.
─No soy tan brillante, Sav, más bien del promedio.

Tanner se cruza de brazos.

─Si eres del promedio, ¿entonces cómo entraste?

Weston se encoje de hombros.

─Mi padre hizo una donación. Cuando vieron mi apellido, entré.

Luciendo satisfecho consigo mismo, Tanner afirma.

─Y conociendo el nivel de exigencia de las escuelas de la Ivy League, ¿tomas


el riesgo de cruzar de estado un fin de semana?

─Pausé mis estudios por un año para tomar unas vacaciones.

Ahora viéndose levemente molesto, Weston mira hacia el interior del


restaurante tras contestar la pregunta de Tanner. Vuelvo a apretar su mano y
lo imito cuando se pone de pie y se dirige al interior para pagar la cuenta e
irnos. Sé que debería estar molesta con el novio de mi amiga por estar actuando
como un patán, pero no puedo evitar sentirme ligeramente decepcionada de
Weston en su lugar. De que su toma de decisiones sea tan infantil o de que no
sea tan inteligente como el capitán del equipo de los Texas Longhorns. A pesar
de que con mis calificaciones y la posición de mis padres pude ir a una de las
ocho universidades de la Ivy, siempre he creído que un título de una universidad
prestigiosa no es lo que hace el éxito, sino lo que haces con las herramientas
que consigues en el camino, por lo que escogí guardar el dinero que ahorraron
para que fuera a alguna de ellas para empezar mi propio negocio una vez
termine la carrera. Algo en mí me dice que Tanner opina igual. Pauline, por
otro lado, no es adicta a pensar sobre su futuro. Solo quiere ser veterinaria y
salvar las razas de animales extraños y exóticos que aún quedan en el planeta.

Siempre he querido decirle que debió haber estudiado biología en su lugar, si


su meta era evitar la extinción, pero no puedo ser tan perra con ella cuando en
secreto me muero por lo que es suyo.

─No se preocupe, señor, su cuenta ya ha sido cancelada ─dice la bonita mujer


rubia tras el mostrador cuando nos acercamos, lo que hace que tanto Weston
como yo miremos hacia Tanner y Pauline.

Tanner levanta su copa de vino, brindando, antes de beber lo que queda en ella
de un trago y levantarse para seguirnos.

Weston bufa.

─Creo que tu amigo es un poco imbécil.

No lo contradigo. En lugar de hablar, opto por deshacerme del escozor en mi


pecho deslizando nuevamente mis dedos en los suyos y mirándolo por debajo
de mis pestañas. Aunque continúa irritado, Weston no deja de mirarme
fijamente, lo que podría ocasionar que me acostumbre a ser el centro de
atención.

─Por suerte para ti, mis amigos no tienen permitido entrar en mi habitación
─susurro justo en el momento en el que Tanner y Pauline se nos unen, por lo
que ambos podrían haberme oído─. Y creo que suena como un buen plan que
nos detengamos en el camino por una botella de champagne y más chocolate,
preferiblemente para untar. No he tenido suficiente del postre aún.
Cuando Pauline suelta una risita al pasar junto a mí, sé que lo hicieron.
Escucharon mi proposición. Weston, quién ya no luce molesto, apresura el paso
hacia la Hummer. Tanner continúa siendo el chófer. Esta vez no puedo evitar
soltar una risita cuando mi cita le pide detenerse en un bodegón abierto las
veinticuatro horas. Si solo fuera un poco más fuerte, el volante estaría roto.

******

No somos los únicos que compramos licor y chocolate. Tanner y Pauline


también lo hacen. Ni siquiera les dirijo una mirada cuando llegamos a casa.
Tomo dos vasos de vidrio de la cocina y arrastro a Weston a mi habitación,
dónde lo primero que hago es quitarme las sandalias. Tras encender las velas
alrededor de mi cama, haciendo que sus ojos verdes brillen todavía más, y dejar
tanto la botella como el chocolate en la cama, me pongo de espaldas a él.
Weston entiende el mensaje y desliza las mangas de mi vestido sobre mis
hombros hacia abajo, lo que ocasiona que este caiga y se arremoline a mis pies.
Toma una honda bocanada de aire al comprobar que no llevo nada debajo.
Dándome la vuelta y poniéndome de puntitas, rodeo su cuello con mis brazos.
Susurro en su oído mientras disfruto la manera en la que mis pezones se
endurecen contra la tela de su camisa. Me excita el hecho de estar desnuda
frente a él, vulnerable, y que aun así sienta que soy quién tiene el poder entre
nosotros, lo cual hace esto completamente diferente a cualquier experiencia
previa.

─Me gustaría que bebiéramos champagne así. Todavía no quiero que te


desvistas. ¿Tienes alguna objeción a ello? ─Él niega. Tomándolo de la mano,
lo llevo a mi cama y hago que se acueste en ella. Renunciando a los vasos, me
siento a horcajadas en su regazo, lo que me permite sentir su erección por
debajo del pantalón, y apunto el pico de la botella hacia su boca─. Abre.
Weston me obedece y traga el chorrito de champagne que dejo caer entre sus
labios. Cada vez que bebe uno lo dejo quitarse una prenda de ropa mientras yo
llevo mis labios al pico y lo imito, apreciando su figura masculina como si fuera
una obra de arte o fuera mi puta de esta noche. Para cuando ambos estamos
completamente desnudos, también estamos algo ebrios. Me río en voz alta
cuando finalmente pierde el control y se abalanza sobre mis labios. Ignoramos
el chocolate para untar en la mesita de noche. Justo en el momento en el que
empiezo a escuchar los familiares gemidos de Pauline, Weston toma un condón
y entra en mí con fuerza. Aunque quisiera, que no quiero, no puedo evitar no
gritar debido a que su pene no es precisamente pequeño y llevo algunas
semanas sin sexo. Estoy mojada, pero todavía duele.

─Creo que estoy perdiendo la cabeza ─gruñe en mi oído cuando rodeo su


cintura con mis piernas, sudor corriendo por su frente─. Me haces perder la
cabeza, Savannah. Eres una chica tan mala. ─Cuando dice eso, finalmente lo
entiendo. El por qué es tan diferente con él. Weston tiene algo que me hace
sentir como si yo fuera quién lo ensuciara, no al revés. No como me sucede con
Tanner─. Mierda, eres tan mala que el novio de tu mejor amiga claramente se
muere por ti. ¿Esa actitud territorial? ¿Su obsesión por hacerme quedar mal?
─Niega mientras golpea más profundamente dentro de mí, sus ojos verdes
viéndose salvajes y molestos, pero tan excitados─. El idiota te quiere, Sav, pero
no te tendrá porque he decidido no dejarte ir. Tendrá que conformarse con ella
aunque lo desgarre por dentro que no seas suya.

Bueno, eso fue sexy.

Tan sexy, exactamente lo que mis oídos querían oír, que me vengo sobre su
pene arqueando la espalda y gimiendo sin control. Weston, a quién he
empujado hacia sus límites desde esta mañana en el yate, alarga mi orgasmo
tanto como puede entes de seguirme y darse la vuelta conmigo sobre su pecho.
Aunque sus ojos se cierran, como si no pudiera resistir mucho tiempo más
despierto, sus dedos trazan circulitos sobre la piel de mi espalda.
─West... ─susurro.

Aunque sus palabras me hicieron acabar, son tan parecidas a la verdad, solo
que esta ocurre desde otro punto de vista, que no puedo evitar sentirme
ahogada y expuesta. Vulnerable. Nadie sabe lo que significa Tanner para mí.
No mis padres. No mis amigos en casa. No Pauline. Ni siquiera el mismísimo
Tanner Reed, aunque tengo la sospecha de que se hace una idea de ello.

─Estaba hablando en serio ─murmura sobre mi cabeza, cortándome y


ocasionando que me incorpore un poco para mirarlo hablar con los ojos
cerrados, viéndose como un ángel enojado y decidido─. Él no te tendrá. Me
aseguraré de ello. A la mierda la distancia, creo que es hora de que pase un
tiempo con mi madre.

Sin saber qué responder, me inclino sobre sus labios. Claramente está ebrio y
confundido por el sexo. Mañana ni siquiera recordará lo que dijo y si lo hace
probablemente sienta vergüenza de ello, obviándolo como yo lo haré. Tras
asegurarme de que duerme, lo retiro de mí y lo cubro con mis sábanas antes de
tomar el chocolate para untar y dirigirme hacia la playa con una de ellas
rodeando mi desnudez. Al igual que los nuestros, los ruidos de Tanner y Pauline
mientras tenían sexo se han detenido. Aun así abro una de las puertas
corredizas de mi habitación para dirigirme a la playa en lugar de pasar por la
casa. No quiero encontrarme con ninguno de ellos en este momento. Además
de estar asustada por lo cerca que Weston, un desconocido, ha llegado a mi
sucio secreto, una parte de mí también se siente aliviada.

Quizás ya no estoy completamente sola.

Me siento en un montículo de piedra frente a la playa y meto mi dedo en el


frasco de Nutella, apreciando el sabor cuando lleno mi boca de ella y trago. Es
de noche y la playa está completamente oscura, pero aun así puedo ver cómo
las olas llegan a la orilla debido a la luz que emite la luna y las farolas
alrededor de la casa.

Tiemblo cuando de repente estas se apagan.

Me pongo rápidamente de pie, lista para correr al interior, pero antes de que
pueda dar un solo paso de regreso a mi habitación soy rodeada por un par de
largos y tonificados brazos. Además del aroma a sal marina, percibo el suyo y
el de Pauline mezclados, por lo que no empiezo a gritar y a correr por mi vida.

El de él a jabón y colonia cítrica, el de ella a vainilla.

─Escúchame bien ─gruñe en mi oído, inclinándose sobre mí y acercándome


con sus manos para que sus labios puedan pegarse aún más a mi sensible piel─.
Amo a Pauline. Quiero un futuro con Pauline. Ella es mi jodido mundo. Tú no
eres nada para mí. ─Me estremezco. Apenas puedo contener el nudo en mi
garganta. A pesar de que no puede verme, su pulgar rápidamente encuentra mi
labio inferior y tira de él hacia abajo. Todavía tengo chocolate en mi boca, por
lo que su dedo se ensucia─. Ni siquiera pienso que seas una buena amiga, así
que encuentra una buena excusa para irte de su habitación apenas regresemos
y deja de perder tu maldita dignidad. Eres hermosa, sí. Eres inteligente, sí. Eres
malditamente creativa, mierda, sí. Todos en el campus te desean, ¿por qué
tienes que ir tras el único que no lo hace? ─A pesar de que está siendo cruel,
no puedo evitar darle la razón. Las lágrimas se empiezan a deslizar por mis
mejillas. Tanner las roza con sus dedos, por lo que a pesar de que no puede
verme, sabe que estoy llorando. Aun así, no modifica el tono de su voz─. Eres
perfecta, Savannah Campbell, pero no eres la chica que quiero para mí. En
realidad, eres todo lo que no quiero y de lo que estoy cansado, así que ni
siquiera te esfuerces en intentar joder mi relación porque, aunque cometa el
error de sucumbir a esta mierda que me lanzas cada vez que estamos cerca,
jamás dejaré a Pauline por ti.
Tras hablar, se desliza lejos de mí y regresa al interior.

A los minutos la luz vuelve.

Deseando que no lo hubiera hecho, pues cuando estaban apagadas,


sumiéndome en la oscuridad, me sentía en casa, permito que el viento deslice
la sábana blanca sobre mis hombros y dejo caer el frasco de chocolate a mis
pies antes de avanzar hacia el agua y buscar consuelo entre las olas. Un
camuflaje para el agua salada que continúa deslizándose por mi rostro.
Capítulo 6
Vivo en un bonito edificio en el centro de Austin. Mi departamento es tipo
estudio. No hay divisiones entre la cocina, la sala y mi habitación. No me quejo.
La decoración del interior es moderna y femenina. Muebles de cuero blanco.
Piso de madera clara. Plantas y adornos por todos lados. Logré instalar una tina
en el baño antes de mudarme. La luz entra por los amplios ventanales cubriendo
todas las paredes, los cuales podrían resultar intimidantes si no tuviera un
sistema de persianas. Mi escritorio se halla de espaldas a ellos para que pueda
disfrutar de la claridad mientras trabajo. No tengo ninguna cita pautada para hoy
en la oficina, por lo que decido pasar el día en casa dibujando. Tras levantarme,
apagar las velas y darme una rápida ducha tibia, entro en una camiseta ancha
que a veces uso para andar en casa. Me preparo el desayuno, un tazón de cereal
de Oreos y leche, con el cabello mojado. Antes de acercarme a mis planos,
enciendo mi estéreo. Mientras organizo mis materiales, tatareo Without Me de
Halsey e inevitablemente mi mente piensa en Tanner Reed.

Me gustaría ser más fuerte para hacer sentir a Halsey orgullosa.

Me gustaría haber podido romper los lazos con Pauline y con él en algún punto
de los pasados cinco años, pero siempre que lo intentaba terminaba en desastre.
Llegó un punto en el que simplemente dejé de hacerlo. También están esos
pensamientos. Sé que me hacen quedar como una amargada envidiosa, pero
nunca he podido parar de oír una voz en mi mente diciéndome que yo lo podría
hacer mejor.

Que nosotros nos podríamos ver mejor.


Que, finalmente, él se dará cuenta.

Después de que se graduó de la universidad, dándome espacio para respirar, lo


que sentía se volvió más que todo platónico. No dejé de vivir y de obtener
nuevas experiencias debido a él, pero mis sentimientos realmente nunca se
adaptaron a nadie más. Se suponía que se mudarían a un rancho en el campo
una vez Pauline saliera, pero al final decidieron quedarse en Austin por los
negocios y socios de Tanner. Yo no los perseguí. En realidad estaba aliviada de
no verlos nunca más. El problema fue que me dijeron que vivirían aquí
demasiado tarde. Para entonces ya yo había invertido todos mis ahorros en
conseguir mi oficina, registrar mi propia empresa de diseño, obtenido los
permisos y tomado un préstamo de mis padres para comprar mi estudio. No
podía simplemente enviarlo todo a la basura por un corazón roto.

Mi carrera es lo único que lo opaca.

Y aunque he tratado de mantener la distancia, Pauline no parece captar el


mensaje, necesitándome constantemente para ayudarla a tomar decisiones.
Preparar su boda. Construir su casa. Elegir sus sábanas. Lo que me gusta de ella
es lo transparente que es, todo lo contrario a mí, deseando a su esposo mientras
diseño su hogar, pero es muy básica e ingenua para su propio bien.

Me pregunto si eso es lo que lo alejó.


Cómo me sentiría de descubrir que ahora no debo sentir envidia de ella, sino de
una cualquiera que arañó su espalda. Si está bien sentirme traicionada por eso.
Hago una mueca mientras termino los detalles de la cocina de su ático. Ya que
quiero aprovechar la claridad que entra en este al máximo, decidí que el piso
sería completamente blanco, de mármol, si es posible, pero los muebles negros,
como él, y caoba. Algo con aire a un club de esgrima de caballeros y una suite
presidencial en un lujoso hotel. Contará con electrodomésticos de alta gama,
pero también quiero poner un par de elementos antiguos en ella. Un horno de
pan. Un extractor de humo de acero inoxidable. Como es un bebedor, un
refrigerador especial para botellas y una extensa copera.

Me siento satisfecha con el resultado.

Masculino, pero a la vez cálido.

Como no poder decidirte entre su brillante sonrisa, la cual te hace pensar que es
demasiado bonita para ser real, y su mirada intensa y arrogante. Incluso
desagradable. Como un chico, un hombre, con un exterior hermoso, pero un
interior que deja ver en su mirada, la cual te advierte que no es tan agradable
como parece. Ya que he avanzado bastante con su proyecto en muy poco
tiempo, lo dejo de lado e intento concentrarme en completar los demás, pero mi
mente instantáneamente vuelve a su ático cuando presiono mi lápiz sobre el
papel. No puedo decirle que no a la inspiración, eso sería sacrilegio, así que
termino con los bocetos del primer piso alrededor de las ocho de la noche,
estableciendo un nuevo record.
Es martes, pero aun así tengo una invitación a la inauguración de un club que
ayudé a decorar. No hice gran cosa en él. Solo me ocupé de la barra y de
encontrar el equilibrio entre ella, los deseos del dueño de hacerla clásica, y el
resto, moderno y tecnológico. Una vez termino de poner todo en orden, le envío
un mensaje a Tanner diciéndole que me gustaría que nos reuniéramos para
revisar lo que llevo y reviso el resto de mi bandeja de entrada. Sonrío al ver un
mensaje perdido de Malcolm avisándome que los Kings tienen partido hoy.
Verlo jugar siempre me hace sentir mejor, a veces un poco caliente, lo que no
sé si es por él o por cómo me hace recordar cómo lucía su hermano en la cancha
porque los dos siempre han jugado en las mismas posiciones.

Con el televisor a todo volumen, espero al menos ver el inicio mientras me


alisto. Sonrío al escuchar a los comentaristas alabar al quarterback del Houston
Texans, la franquicia más joven de la NFL, y su buen pase. Si la temporada
continúa como va, Malcolm patrocinará el primer touchdown durante los cinco
minutos iniciales. Están jugando en la AFC Sur contra los Jacksonville Jaguars.
Por primera vez desde su creación, los Kings podrían ir al Super Bowl. No
termino de cerrar mi vestido hasta que lo veo realizar una anotación de siete
puntos. No soy una chica de fútbol, pero crecí en un país de fútbol y, como si
eso no fuera suficiente, en un estado del fútbol.

No puedo evitar saltar, emocionada por Malcolm.

Tras su jugada, llamo a mi madre y le pido el favor de enviar un gran ramo de


rosas al estadio Reliant. Mis padres deben estar viendo el partido también,
puesto que escucho demasiado ruido de fondo, pero aun así me dice que llamará
a su asistente para que se ocupe de ello sabiendo que son para Malcolm Reed.
Debido al volumen de mi televisor y al que se encuentra del otro lado de la línea,
apenas puedo escucharla, pero ninguna de las dos se aleja de la interferencia
debido a la emoción. Me echo un vistazo rápido en el espejo, comprobando que
no haya manchado mi vestido plateado al maquillarme, antes de darle un último
a Malcolm, deseándole toda la suerte, y tomar mi bolso para salir de casa. Me
paralizo bajo el umbral a ver a Tanner de cuclillas frente a mi puerta, un
cigarrillo en sus labios mientras libera el humo. Está utilizando un abrigo negro
y su característico conjunto de camisa y pantalones de lino oscuros debajo, sus
nudillos rojos. Evidentemente lastimado. Mi frente se arruga. Ya no somos
niños. No puedo imaginar que se haya metido en una pelea o algo. El volumen
con el que escuchaba el partido explica por qué no lo oí llamar a la puerta o
tocar el timbre cuando llegó. Lo que no logro entender es por qué no se fue al
no recibir una respuesta.

¿Pretendía esperar que el partido terminara?

─¿Estás bien?

No se levanta mientras niega.

─¿Te convertiste en una fan antes o después de conocer a mi hermano?


─pregunta con la mirada aún clavada en el suelo, por lo que solamente puedo
obtener un vistazo de su perfil, pero nada de sus ojos debido a que su cabello
negro cae sobre ellos.

Sintiéndome incómoda, me cruzo de brazos sobre el pecho.

Ni siquiera sabía que sabía dónde vivía.

─Tanner, ¿qué haces aquí?

─Me enviaste un mensaje ─contesta con voz ronca mientras se pone de pie,
apoyándose en la pared del pasillo para no caerse. Es entonces que veo su rostro
y me doy cuenta. Está más allá de borracho. Sus ojos enrojecidos. Su tez pálida
aún más pálida. Tampoco paso por alto la manera en la que su ropa está sucia y
arrugada. En conjunto con el aspecto de sus nudillos y la rojez en su pómulo,
probablemente sí estuvo en problemas─. ¿Por qué dejar para mañana lo que
podemos hacer hoy? ─Hipa mientras se acerca─. Quiero ver lo que has hecho
─susurra, arrastrando las palabras mientras se relame los labios y entra en mi
estudio.

Yo retrocedo con la mirada clavada en la suya.

─Estaba a punto de salir.

Tanner arruga la frente al enfocarse en mi atuendo.

Traga, su nuez moviéndose y su mandíbula apretada.

─Ya veo.

─Llamaré a Pauline. ─Su rostro se arruga ante la mención de su esposa, pero


eso no me impide sacar mi teléfono y marcar su número. Cerniéndose sobre mí,
me lo arrebata antes de que responda. Intento tomarlo de regreso, pero solo lo
aleja. Cansada y confundida, vuelvo a cruzar mis brazos y pisoteo con
impaciencia─. Tanner, debes ir a casa, pero no puedes conducir así. Déjame
llamar a Pauline o pedir un taxi para ti, por favor.

─No. ─Eso es lo único que dice al rodearme y dirigirse a uno de los ventanales.
Mis persianas no están abajo, por lo que podemos ver a mis vecinos de
enfrente─. Estás dándole un show gratis a todos los pervertidos de la cuadra
cada vez que te cambias, Sav.

Sav.
Aunque estoy bien con que los demás me digan así, odio ese apodo saliendo de
su boca. Me gusta como dice mi nombre con su acento. Cómo se adueña de
cada sílaba. Savannah saliendo de sus labios me hace estremecer. Sav es solo
Sav.

─Tanner, por favor. ─Coloco una mano en su brazo, tirando de él hacia la


puerta─. Mañana podemos vernos. Tienes que volver a casa y yo tengo un
evento al cual asistir. ─Aunque no me aleja, tampoco se mueve de su lugar─.
No saldré por diversión. Un club al que ayudé a decorar se inaugura hoy. Tengo
responsabilidades.

Lentamente, afirma y se acerca a la puerta tras devolver mi celular. Aliviada, lo


persigo mientras marco el número de una línea de taxis que conozco hasta que
habla de nuevo.

─Espero que tengan jodido buen whisky.

Me detengo abruptamente, todavía sin salir de mi estudio, al escucharlo. Podría


llevarlo, pero en el estado en el que está a penas puede mantenerse en pie. Si
bebe aunque sea una gota más de alcohol, probablemente colapsará en el suelo.

─No. ─Esta vez mi voz es un poco más dura─. Quiero disfrutar de mi noche,
Tanner Reed. No lo haré si tengo que ser tu niñera.

Volviendo dentro, me mira como si fuera a discutir, pero al último momento


cierra la boca y se mete las manos en los bolsillos.
─Bien ─responde, probablemente consciente de su estado─. ¿Cuánto tiempo te
tomará? Te esperaré aquí. ─Niega cuando hago ademán de contradecirlo─. No
vayas por ahí. No pienso volver a casa, no lo haré y no preguntes por qué.

No iba a hacerlo.

Apretando la mandíbula, no me queda más remedio que asentir.

─No te acerques a mi escritorio.

Mi trabajo, todo por lo que me he esforzado, de verdad es más importante para


mí que Tanner Reed, por lo que no miro hacia atrás cuando me doy la vuelta,
todavía sin poder creer que esté dejándolo en mi casa, porque de ninguna
manera me perderé el brillo en los ojos de los clientes cuando vean el diseño de
la barra.

Es lo único diferente a una casa que he hecho en un tiempo.

******

El dueño del club, un hombre apuesto y soltero, me invita varias veces a tomar
una copa a lo largo de la noche, pero no hago más que aceptar un par de tragos
y mantener una rápida charla con él en la que acepto decorar un bar deportivo
en Travis Country que planea abrir este año, antes de levantarme y regresar a
casa. Son alrededor de las dos de la mañana para entonces. Mientras conduzco,
una parte de mí espera que Tanner se haya dado por vencido y esté dormido.
Otra quiere hacer un par de preguntas. Me muero por saber qué lo hizo
arrastrarse al alcohol esta noche. Qué lo hizo meterse en una pelea como un
adolescente con el corazón roto. Qué lo llevo a ir por mí tras Pauline, quién
estoy segura de que no tiene ni idea sobre el ático de tres punto cuatro millones
de dólares que compró para esconderse de ella.
─Dios ─susurro al entrar en mi hogar y ver dos botellas vacías de mi vino
favorito, Van Allen, una importación de Inglaterra bastante exclusiva que solo
puedo obtener a través de mis padres, sobre la encimera de madera de la
cocina─. ¿Tanner?

No hay muchos lugares donde esconderse en mi estudio, por lo que rápidamente


mis ojos van a la luz que sale por debajo de la puerta del baño. Presiono mi
mano en la manija mientras toco, preocupación deslizándose por mi columna
vertebral al escuchar sus arcadas. Debatiéndome entre darle privacidad mientras
arreglo el desastre en la cocina y entrar a echarle una mano, el sonido de un
cuerpo desplomándose contra el suelo toma la decisión por mí. Abro y no puedo
evitar que mi pecho se oprima cuando lo veo acostado sobre las baldosas, nada
cubriendo la parte superior de su cuerpo, mientras se estremece en un triste
llanto silencioso. Me quito los zapatos antes de tomar una toalla, humedecerla
y arrodillarme junto a él mientras la presiono contra su frente, eliminando el
sudor que se encuentra sobre esta.

Aunque no debería, me siento mal por haberlo dejado.

─¿Qué está mal contigo? ─pregunto con suavidad.

Tanner Reed se ve tan roto.

Tan derrotado y débil que ni siquiera le echo un vistazo a su definido abdomen,


limitando mi atención a su rostro de expresión descompuesta y a los moratones
en su pecho que me indican que no es la primera vez que se mete en problemas.
Quiero sacudirlo por eso. Por permitir que lo que sea que está sintiendo lo
destruya cuando yo encontré la manera de vivir con ello. Pero también quiero
consolarlo. Lo quiero tanto que por un momento dudo que sea capaz de llevar a
cabo mi plan, cediendo antes que él lo haga.

─Yo la amaba tanto ─dice mientras muerde su labio inferior hasta hacerlo
sangrar, las lágrimas deslizándose por sus mejillas. Las limpio con la parte seca
de la toalla. Me detengo cuando rodea mi muñeca con sus manos, enviando
calor a través de mi piel. Su respiración es forzada y entrecortada─. Tú lo sabes,
Savannah, más que nadie en el maldito universo. Sabes cuán bueno fui para ella
a pesar de que no es como soy realmente. Cómo la protegí de mí para hacerla
feliz.

Afirmo mientras echo su cabello oscuro hacia atrás, fascinada con la manera en
la que se desliza entre mis dedos como la seda.

─Lo sé ─susurro, respondiendo al ruego en sus ojos y sintiéndome asfixiada


por el hecho de estar obteniendo la cercanía de él que he ansiado por tanto
tiempo, pero en una forma totalmente equivocada─. ¿Qué pasó entre ustedes,
Tanner? ¿Por qué estás así? ¿Por qué te metes en peleas, bebes, vuelves a fumar
y engañas a Pauline?

Quizás fue mi error.

Quizás hice demasiadas preguntas al mismo tiempo.

Tanner separa los labios para responder, pero una arcada vuelve a sacudir su
cuerpo y se incorpora rápidamente para guiar su cabeza al inodoro. Acaricio su
espalda, lo que no parece molestarlo, mientras vomita dos botellas de mi vino
favorito. Me acerco a la bañera cuando parece haber terminado. La dejo llenarse
mientras pongo a trabajar la cafetera para ambos. Tanner continúa en el cuarto
de baño cuando regreso. Me sonrojo cuando una sonrisa arrogante, aún en su
estado, se adueña de sus labios al sentir mis dedos en la hebilla de su cinturón
de cuero.

─Un baño te hará sentir mejor ─me explico─. Sé cuánto odias la suciedad.

Aunque afirma, una mueca se adueña de su boca.

─Espero que no te decepciones después de cinco años.

Esta es la primera vez que lo menciona en voz alta desde entonces.

Mi sonrojo se esparce por el resto de mi cuerpo.

─Lo dudo ─respondo mientras bajo sus pantalones y ropa interior y lo ayudo a
incorporarse, esta vez siéndome más difícil obviar el hecho de que está triste y
vulnerable debido a que no solo me está tocando, sino que todo su cuerpo está
gloriosamente desnudo contra mí. Contengo un sonido ahogado cuando su pene,
el cual me esfuerzo por no ver, roza mi mano. El alivio recorre mi cuerpo
cuando entra en el agua y puedo apartarme. Solo por costumbre, sin pensar
realmente en ello, dejo caer esencias de menta y aloe vera en el agua. También
enciendo algunos inciensos. Soy una fanática de ese pasillo que nadie recorre
en el supermercado─. Estaré en la cocina. Grita si necesitas algo.

Tras obtener un asentimiento de su parte, la parte posterior de su cabeza


presionada contra los azulejos tras él, me cambio rápidamente por un pijama de
pantalones cortos bajo una bata de seda negra y termino de preparar nuestras
dos tazas de chocolate caliente usando un compartimiento especial de mi
cafetera, la cual compré solo por eso. Aunque tengo café en mi despensa, no
soy fanática de él. Tanner Reed sí lo es, pero tengo el presentimiento de que lo
menos que quiere hacer es mantenerse despierto. Me apoyo contra la lavadora,
dónde meto su ropa antes de regresar al baño, para darme una pausa y asimilar
todo este desastre.

Una vez me recupero de ello, tomo las dos tazas hirvientes y regreso al baño,
dónde lo encuentro de la misma manera en la que estaba cuando me fui, con la
cabeza apoyada en la pared tras él y los ojos cerrados, pero con el cabello
empapado.

─¿Estás listo para salir?

Él niega.

─Pasé de estar en el infierno al spa, otro tipo de infierno. ─Ladea la cabeza y


abre los ojos para mirarme, algo más lúcido, pero probablemente aún perdido─.
Gracias.

Sintiendo el rubor nuevamente adueñarse de mi rostro, el cual no sé si es


producto de su cercanía o de la vergüenza que me produce no haberlo echado
de mi casa apenas lo vi, me siento junto a la bañera y le tiendo su taza de
chocolate caliente.

─No te preocupes. ─Aunque su frente se arruga, medio nada hasta estar junto a
mí y acepta la taza de porcelana de un juego que me regalaron mis padres
cuando me mudé─. Te lo cobraré de alguna manera. Todo en la vida se cobra...
─Desciendo mi mirada a mis piernas─. Y se paga. ─Alzando la barbilla para
verlo observarme mientras sopla, decido aligerar su culpa. No está usando su
anillo de casado, por lo que esto no es solo una tonta pelea entre ellos. Tanner
nunca se lo quitaría─. Además, ahora tengo un cupón. Serás la primera persona
a la que llame cuando esté ebria, Tanner Reed.
Me sorprende sonriendo y moviendo la cabeza afirmativamente.

─Suficientemente justo. ─Su mirada se dirige a los inciensos sobre él─. ¿Por
qué siento que estás obsesionada con los aromas?

Suelto una risita tras tomar un trago de chocolate.

─¿Piensas que es raro?

Niega.

─No, es... lindo.

Trago sonoramente.

Tampoco pensé que se habría dado cuenta de ello.

─Gracias, supongo, pero no pensarás eso cuando sepas por qué.

─¿Por qué?

─Porque no puedo oler.

Alza las cejas, su mirada confundida suavizándose tras unos segundos.


─¿Entonces qué sentido tiene gastar un tercio del dinero que ganas en un sentido
que no puedes disfrutar?

─Puedo oler, pero no puedo oler como la demás personas ─me corrijo─. A
menos que se trate de un aroma fuerte o que esté lo suficientemente cerca, no
puedo olerlo. Por eso me gustan los productos aromáticos. Puedo acercar mi
nariz o simplemente hacer que sean demasiado intensos a mí alrededor.

Tanner ríe, exactamente lo que sabía que haría.

Mientras las personas se ríen de chistes, él lo hace de las desgracias ajenas.


Tiene un sentido del humor oscuro, retorcido y sarcástico, pero eso tampoco
significa que se burle de enfermos y de animales muertos . Solo es más difícil
hacerlo reír.

─Todo el tiempo pensé que tenías una vena satánica y por eso dormías rodeada
de velas, soñando como un ángel mientras invocabas al demonio. ─Mi falta de
olfato no es el motivo por el cual lo hago, pero no lo contradigo porque no estoy
dispuesta a compartir esa historia con él─. Esa explicación era más atractiva,
Savannah. Incluso lo habría sido más saber que provienes de una familia gitana
o hippie y odio a los gitanos y a los hippies.

Pongo los ojos en blanco.

─Pauline es algo gitana y hippie.

Es cierto y ambos lo sabemos, por lo que no lo niega. Tampoco se molesta a


pesar de la manera en la que sus ojos se endurecen.

─Sí, bueno, esa fue una señal que pasé por alto.
Se extiende, acercándose más a mí, para tomar la toalla limpia que dejé sobre
la tapa del retrete para él. Tomándolo como una señal, tomo nuestras tazas
vacías y me escabullo a la cocina. Las dejo ahí y me dirijo a mi guardarropa en
busca de algo para Tanner, pero no consigo nada a pesar de que pensé que tenía
la camiseta de un chico que dejó aquí después de una noche loca. Empiezo a
buscar en cada cajón de manera exhaustiva, puesto que estoy segura de haberla
visto esta semana en algún sitio.

Ella estaba aquí.

La conseguí el día que les entregué las llaves de su casa.

Soltando un suspiro, me doy la vuelta, dándome cuenta de que no debí haberme


preocupado por la ropa. Tanner está en mi cama. Boca arriba. Desnudo. Sus
párpados pesados, su expresión atormentada, pero a la vez en calma, y su
respiración suave. Su piel clara, como la de un fantasma, y el edredón blanco
debajo de él están a juego, pero cada línea cincelada de su cuerpo contrasta con
el vello oscuro debajo de su ombligo. Mi respiración se atasca cuando me
enfoco en el hermoso juguete entre sus piernas. Antes de que pueda hacer algo
estúpido, como continuar mirándolo, lo cubro con una manta. Lo que sí no
puedo hacer es evitar acariciar su mejilla mientras duerme.

Aun así, me acurruco en el extremo más alejado de él sabiendo que ya no soy


la persona más demente que conozco.

Lo es Pauline por romper su corazón.


Capítulo 7
Aunque el plan era irnos en la noche, por obvias razones que solo Tanner y yo
sabemos, las cuales no tienen nada que ver con el malestar estomacal que
Pauline y Weston creen que tengo, empacamos nuestras cosas y las guardamos
en la cajuela de mi auto después del desayuno. Weston, quién no se tomó muy
bien la noticia, puesto que arruinó sus planes de otro día de yate, me abraza
por casi un minuto antes de dejarme entrar en mi Mercedes.

─Ten cuidado ─susurra tocando mi nariz─. Llámame al llegar.

Mis labios se curvan cuando presiona los suyos contra los míos.

─Lo haré.

Deslizándome fuera de su agarre, ocupo el asiento piloto, Pauline a mi lado.


Me despido una vez más de West con la mano, dejándolo de pie junto a su
camioneta en la entrada de mi casa, antes de acelerar por el camino rural que
conduce a la carretera. A los segundos me sigue, pero nuestros caminos se
separan cuando tomo la vía que va a San Antonio y él se dirige a Corpus
Christi. Aunque me prometió que nos veríamos de nuevo, no estoy segura sobre
ello. Lo único que quiero hacer en este momento es poner mi vida nuevamente
en orden. Alejarme de las dos personas más cercanas física y emocionalmente
a mí en este momento.
─Creo que a West le gustas mucho, Savannah ─dice Pauline cuando Tanner
decide ignorarnos colocando un par de audífonos en sus orejas─. ¿A ti te
gusta? Parece que la pasaron bien.

Mi agarre se desliza a la parte inferior del volante mientras encuentro las


palabras para responderle. La manera de decirle que nadie me llama la
atención porque estoy enamorada de su novio. Su novio el que ya me ha dejado
claro que no quiere nada de mí y que, de quererlo, nunca la dejaría por eso.

─No estoy buscando nada serio en este momento. Estoy...

─Enfocada en tu carrera. Lo sé. ─Sus ojos marrones se vuelven pequeños


cuando sonríe. Está usando jeans y una blusa naranja. Su encanto es todo sobre
la linda chica de al lado─. Pero West se ve como un buen chico, Savannah, y
aunque él no vaya a ser el amor de tu vida... creo que deberías dejar de lado tu
miedo a abrir tu corazón. ¿Cómo sabes que alguien es el amor de tu vida si no
dejas que conozcan la grandiosa chica que eres? Sav, no solo eres bonita. Eres
muy inteligente y, en el fondo, amable. Creativa. ¿A qué chico no le gustaría
estar con alguien como tú?

A tu novio.

Tomo una honda bocanada de aire, mis dedos apretando el volante con más
fuerza, mientras hago hasta lo imposible por concentrarme en la carretera
frente a nosotros.
─Cuando ves al amor de tu vida... lo sabes, Pauline ─susurro luego de unos
minutos de tenso silencio en el que lo único que escuchamos es el bajo sonido
de la radio─. Haces y aceptas cosas que nunca pensarías que están bien porque
sabes que él lo vale. No importa si esa persona no se sienta de la misma manera.
Es la emoción de poner en riesgo todo lo que eres sin saber cuál será el
resultado. La adrenalina de no saber si pierdes o ganas. ─Lucho por no echarle
un vistazo al retrovisor para saber si nos está oyendo. Me fuerzo a recordar las
palabras de Tanner para no hacerlo─. Cuando sucumba al deseo de ponerme
en esa posición, será porque me resulta imposible ignorar a mi sentido de la
intuición gritándome que vale la pena correr el riesgo. No sé si eso es amor,
quizás no lo sea, pero suena mucho más emocionante para mí que vivir una
vida siguiendo un libreto. No quiero amar a una persona, quiero amar sus
defectos para que esta nunca tenga que cambiar debido a ellos. Quiero que
alguien ame los míos y eso nunca sucederá si me conocen como la Savannah
que describes.

Tras mi respuesta, Pauline se queda en silencio.

Apoya su barbilla en la ventana mientras observa los árboles que dejamos


atrás. Pensando que nuestra conversación ha llegado hasta aquí, me inclino
para subir el volumen de la música, pero su suave voz me detiene. Cuando me
mira, lo hace con confusión y tristeza. Entiendo la primera, pero la segunda no.

─Tienes razón, Savannah ─dice─. Eso no es amor.


Lo acepto.

─Podría no serlo.

Sus labios con forma de corazón forman una sonrisa alentadora.

─Pero si es lo que necesitas para ser feliz, espero que lo consigas. Lo único
malo de ello es que ese tipo de emociones, según mi Iglesia, no duran para
siempre. Mi pastor solía poner las montañas rusas como ejemplo. ─Al pensar
en su Iglesia, la curvatura de sus labios se hace más amplia─. Tienen ascensos
y descensos. El estar de cabeza hace el viaje más emocionante, las cosquillas
en el estómago, las ganas de vomitar, pero eventualmente añorarás ir en línea
recta. Segura. Protegida. ─Se gira para ver a su novio, calidez en sus ojos─.
Amada.

Aunque no estoy de acuerdo al cien por cien con su idea, afirmo.

─Es un buen ejemplo.

Quizás no lo comparto porque no quiero algo que dure para siempre. Quizás
porque quiero algo que a pesar de que no sepa si durará para siempre, sea
digno de ser recordado después de que hayamos terminado.

Un antes y un después para ambos.

*****

El lunes a primera hora falto a una de mis clases para dirigirme a la oficina
administrativa que maneja la distribución de los dormitorios en el campus.
Aguardo mi turno en la modesta y limpia sala de espera junto a otros
estudiantes, alegrándome de no ser la única aquí, puesto que eso podría
significar intercambiar con alguna de las chicas que están presentes. Al
inscribirme adelanté el pago de la habitación por los primeros tres semestres,
por lo que simplemente no puedo mudarme a un departamento fuera del parque
universitario, otra alternativa a la vida de estudiante. Significaría retirar más
dinero de mi fondo o pedirle a mis padres, ambas malas opciones cuando mis
razones son tan tontas. Mi madre no volvería a hablarme si supiera que es por
un chico.

Por suerte para mí, la señora Brown, una mujer de color encargada de la
administración de las viviendas de la Universidad de Austin, no luce en lo
absoluto molesta con mi solicitud de cambio. Extrañaré a Pauline, lo cómoda
que me sentía en mi nuevo hogar, pero no lo haré más de lo que extraño mi paz
mental.

─Si te asigno una nueva compañera hoy, ¿qué tan rápido podrías mudarte?
─pregunta mientras se retira las gafas de los ojos, mirándome con cansancio y
una sonrisa aliviada─. Tengo una plaza libre en otro edificio, con las mismas
comodidades que el tuyo, listo para que te mudes. Las chicas no congeniaron,
así que la que podría ser tu nueva compañera está buscando a alguien.

─Hoy mismo.

Su sonrisa crece mientras me entrega las llaves. Cuando alzo mi mano para
tomarlas, sin embargo, algo de culpa se asoma en sus ojos marrones mientras
las aleja, viéndose forzada a hablar.

─Savannah, debo advertirte que esta chica es problemática.


Mi sonrisa se deshace ante la idea de una persona desordenada y desagradable,
pero la vuelvo a poner en su lugar al recordar por qué me estoy yendo. Pauline
no es desordenada o desagradable, lo cual no significa que convivir con ella
me esté haciendo bien. Supongo que prefiero vivir rodeada de la basura de
alguien más que forzada a ver como besa a Tanner frente a mí. Además, si no
me alejo, nunca lo superaré. Este es un sacrificio necesario.

─Lo sabré manejar, señora Brown ─le prometo mientras tomo las llaves,
dedicándome después a firmar mi solicitud de cambio y a tomar el papel que
me ofrece con la dirección de mi nueva habitación, la cual no es tan buena
como pensé que sería.

Está lejos de Pauline, sí, pero más cerca del campo de fútbol.

*****

─Sav, ¿esto es realmente necesario? ─pregunta Pauline mientras me mira


empacar mis cosas─. ¿Hice algo mal?

Dejo de doblar mi ropa, la cual apilo en una caja, para mirarla. Está usando
su bata de laboratorio sobre un par de pantalones cortos y un suéter marrón.
Llegó hablando de cuán divertida fue la jornada anti garrapatas del campus,
sus palabras muriendo en la punta de su lengua cuando me descubrió haciendo
mudanza.

─No, no se trata de ti. ─Suspiro mientras me dirijo al sitio en el que está.


Cuando me sitúo frente a ella, coloco mis manos en sus hombros─. Se trata de
mí. Necesito espacio. Eres agradable y tu nueva compañera será feliz de
tenerte, pero necesito un lugar que solo sea para mí. ─Esa es mi excusa ante
ella para mi partida─. Aunque no vivamos juntas, seguiremos siendo amigas,
Pauline.

Tristemente, afirma mientras arrastra sus pies hacia mi cama y me ayuda a


terminar de meter mi ropa en una de las tres cajas de cartón sobre esta, lo único
que me falta para irme. Ya todas mis otras cosas, adornos y muebles, están en
la maletera y el asiento trasero de mi auto. Esto es lo único que queda de mí
aquí. Estamos a medio semestre, pero siento como si hubiera vivido una
eternidad entre estas paredes. Mientras me ocupo de un vestido, su voz
nuevamente llena mis oídos.

─¿Es por Tanner, Sav?

Me congelo, la tela deslizándose de mis dedos mientras alzo la mirada para


verla. Mi frente se arruga cuando me recompongo.

─¿Por Tanner? ─Ella afirma─. ¿Qué quieres decir?

Sus mejillas se sonrojan.

─Por todo el tiempo que pasamos juntos aquí. Nunca he llegado a considerar
que pudiera molestarte, pero ahora que lo pienso... Dios, él prácticamente vive
aquí. Se supone que este es nuestro sitio. Yo también estaría molesta de ser tú.
No te he respetado. ─Sus ojos se llenan de lágrimas─. Lo siento, Savannah.
Debí haberme dado cuenta. Por favor, no te vayas. No quiero tener que
compartir mi espacio con una completa extraña. Lo solucionaré. Le diré a
Tanner que no venga tanto y, de todas maneras, está cerca de terminar. Ya no
tendrá por qué estar aquí.

─Pauline... ─susurro─. No hay nada que solucionar. Así no tuvieras novio,


querría estar sola para dibujar. No se trata de ti. Compartir habitación fue un
error. Como artista, ansío espacio. Seguiremos viéndonos. ─La abrazo cuando
se acerca y me rodea con sus brazos, sintiéndome mal por no sentirme tan mal
como debería por esto─. Lo prometo. Eres la única amiga que he tenido que
secretamente no me odia.

Eso es cierto. En la secundaria fui parte de las chicas populares. Las personas
querían estar conmigo por lo que representaba, no por lo que era, y estaba
acostumbrada a los juegos de envidia, apuñalamientos por la espalda y a la
hipocresía. Aún lo estoy. Es lo que soy. Aunque Pauline lo haga ver posible, no
sé cómo una persona puede vivir sin sucumbir a ello. Para mí es tan esencial
como respirar. Si una bonita modelo se toma una fotografía con un nuevo
vestido o bolso que causa revuelo, lo envidias antes de quererlo e ir por ello.
Así es como funciona para mí. No significa que sea una mala persona, pero sé
que tampoco soy la mejor.

No como ella.

Probablemente eso es a lo que se refería Tanner en la playa.

Eso es lo que nos diferencia, la esencia superficial de la que no puedo


deshacerme porque es como soy, además de otras cosas. Pauline, por ejemplo,
me está escogiendo en estos momentos por encima de él, algo que yo no he
hecho hasta ahora. Si me quedo, seguiría siendo mala y egoísta. Para ellos.
Para mí. Lo mejor que puedo hacer por todos en estos momentos es finalmente
escogerla y a mí misma y establecer distancia. Mi ex compañera de dormitorio
separa los labios para replicar, pero el sonido de la puerta abriéndose la
detiene. Debido a su olor, a jabón, detergente de ropa y loción de afeitado, sé
quién es antes de que se posicione entre nosotras, puesto que me encontraba de
espaldas a la puerta. Frunce el ceño hacia mis cajas, actuando como si no
tuviera ni idea de lo que está sucediendo cuando él lo propició.
─¿Estás mudándote?

─Sí ─respondo con los dientes apretados mientras meto mi vestido, la última
prenda, en su lugar.

─¿Necesitas ayuda?

Alzo las cejas.

─No.

─Sí ─responde al mismo tiempo Pauline, dándole una de mis cajas─. Es lo


menos que podemos hacer por ti, Savannah, ya que te echamos. Tanner. ─Lo
mira─. Ayúdala a mudarse, por favor. No quiero que además de tenerse que
mudar por lo mal compañera que he sido, tenga algún accidente por el peso.

Con los ojos en blanco, observo cómo se esconde en el baño para llorar a pesar
de mi explicación. Si hubiera sabido que su reacción sería tan exagerada,
habría hecho esto más rápido para acabar antes de que llegara. Aunque quería
evitarlo, ni siquiera mirarlo, soy forzada a hacerlo cuando toma las tres cajas
que quedan y las apila sobre sus brazos, cargando con ellas como si no
pesaran. Me enfoco en sus ojos oscuros por encima de ellas. Está usando un
sencillo suéter negro sobre una camisa blanca y vaqueros, por lo que no debió
haber tenido entrenamiento el día de hoy.

─No tienes que hacer nada.


Su mandíbula está apretada al momento en el que habla, la línea de su mentón
tan marcada que sería muy fácil para mí dibujarla.

─Es lo menos que podemos hacer ─se burla en voz baja, causando que el enojo
predomine en mí y me dé la vuelta para tomar mi bolso e irme. Me detengo al
escuchar los sollozos de Pauline en el baño, pero salgo de mi antiguo
dormitorio sabiendo que es lo mejor para ambas. Tanner me alcanza cuando
llegamos al ascensor─. No podías hacer esto sin romper su corazón, ¿no?

Pateo la puerta metálica del ascensor antes de verlo, mis manos en los bolsillos
de mi chaqueta de cuero blanco. Por fortuna estoy usando botas con un tacón
no tan alto y grueso. De lo contrario habría dolido. Quiero gritar. De verdad.
Gritar tan alto que después me quede sin voz. Tanner no solo se metió con mi
compañera de dormitorio luego de follarme, creando esta obsesión en mí de
obtenerlo, sino que también me obligó a renunciar a un sitio en el que me sentía
cómoda y feliz antes de que él llegara. No es nadie para criticarme por herir
los sentimientos de Pauline por ello.

No cuando él me obligó.

Al momento en el que sus ojos se cruzan con los míos en medio del pasillo, no
tengo palabras para expresar de manera resumida todo lo que siento hacia él,
hacia este desastre, así que suelto lo primero que se me viene a la mente.

Lo que me hace sentir mejor.

─Vete a la mierda.

Sus labios se entreabren, la sorpresa superando su enojo, al escucharme. Por


un segundo, antes de que su frente arrugada reaparezca, incluso luce divertido.
Ni siquiera espero una respuesta. Entro en el ascensor cuando las puertas
metálicas de este se abren. Tanner me sigue. Descendemos en un silencio tenso.
Por fortuna también caminamos hacia mi auto sin decir una palabra, el cual se
encuentra estacionado frente al edificio. Ya que mi asiento trasero y mi cajuela
están sin espacio, abro la puerta de mi asiento copiloto. Él lo toma como una
invitación, entrando en él en lugar de limitarse a dejar las cajas en su lugar.

Me cruzo de brazos.

─Bájate.

Él niega, su tono nuevamente burlón.

─Si tienes un accidente durante la mudanza, Pauline llorará por dos semanas
seguidas en lugar de una. ─Gira el rostro para mirarme, resentimiento e ira en
su expresión─. Terminemos con esto de una maldita vez, Savannah. Mientras
más rápido arranques la curita de nosotros en tu vida, menos durará el dolor.

─La curita ya ha sido arrancada. Me voy a mudar.

Afirma, mechones de su cabello negro interponiéndose en su frente.

─¿Eso significa que no nos odiarás cada vez que tengas que hacer un nuevo
viaje para subir tus cosas? ─pregunta, a lo que mi resistencia titubea debido a
que ya los odié suficientes veces el día de hoy mientras las bajaba. Su expresión
usualmente dura se suaviza─. Déjame hacer esto por ti, Savannah. De cierta
forma, te mudas por mi culpa. Considéralo mi manera de agradecerte por
actuar de la manera correcta. Después de esto ya no tenemos por qué volver a
vernos, ni tú a Pauline.
Aunque nunca ha admitido en voz alta que estuvimos juntos la noche que
conoció a Pauline, esto es lo más parecido a una aceptación y a una disculpa
por todos los daños ocasionados que he obtenido de su parte. Algo dentro de
mí dice que no se bajará aún si se lo ruego de rodillas, por lo que cierro la
puerta de mi auto con un suspiro derrotado. Lo rodeo y entro en él. Aunque me
muero por hacerlo, no enciendo la radio. Estamos a solo cinco minutos de mi
nuevo hogar junto al campo de fútbol. Tanner aprieta la mandíbula cuando lo
nota, pero no dice nada al respecto. Me sorprende. Esperaba otra acusación
de acoso.

─¿Qué piso es? ─pregunta cuando entramos, ambos con las manos llenas de
tal manera que solo podría tomarnos dos viajes llevarlo todo a mi nuevo lugar,
lo que verdaderamente me alivia.

─El último. El séptimo.

Tras escucharme, se las arregla para inclinarse y pulsar el botón debido a que
yo no puedo por estar llevando una caja con mi nueva Mac y mis materiales de
dibujo. Memoricé la dirección, por lo que me dirijo a la puerta al final del
pasillo, cuyas ventanas seguro dan con la cancha en la que Tanner entrena casi
todos los días, y toco con mi cabeza, prefiriendo una contusión a tenerle que
pedir el favor a mi acompañante. Un chico sin camisa me abre. Su mano está
apoyada en el marco de la puerta, por lo que los vellos oscuros en su axila son
visibles. Es delgado y tiene barba. Sus vaqueros están holgados. Hay tatuajes
cubriendo sus hombros y pecho. Si no conociera a Tanner, sería mi definición
de chico malo.

─Hola, soy Savannah, la nueva compañera de Anahí.

Aunque sus cejas se juntan, se hace a un lado para dejarme pasar. Anahí no
está, pero sus cosas sí. Suelto el aire que mis pulmones habían estado
reteniendo, aliviada. Había temido que la consejera se hubiese equivocado y
me hubiese mandado a dormir con un chico. Además de verse como si el sitio
necesitara una urgente limpieza, no hay nada de lo que esperé encontrar tras
la advertencia de la señora Brown. No un laboratorio de metanfetaminas. No
un estudio de grabación porno.

─Mi nombre es Hans ─dice, ignorando a Tanner como si se tratara de una


mosca y no del capitán del equipo de fútbol, una celebridad en el campus─.
Anahí fue un momento al supermercado. Su cama es esa. ─Señala la que no se
encuentra cerca de la ventana, lo cual es bueno. Amo la luz natural. También
me alegra ver que mi cama no luce como si hubiera sido usada con
anterioridad. Aun así cambiaré sus sábanas. Cuando me doy la vuelta,
topándome con los oscuros ojos de Tanner y los azules de Hans, este último se
encoje de hombros con actitud despreocupada. Tanner, sin embargo, se ve
repentinamente tenso e incómodo─. Si quieres puedo ayudarte a subir tus
cosas.

Afirmo, feliz de no tener que volver a hacer otro viaje con Tanner.

─Sí, por favor. ─Recibir la ayuda de un extraño suena como arrancar la curita
más rápido. Le sonrío─. ¿Podrías esperar a que termine de desempacar esto
primero? Estoy algo cansada para ir por el resto en este momento ─miento,
deseando que alguien tome la indirecta y se marche ahora mismo de mi nueva
habitación.

De mi vida.

Hans se encoje de hombros después de meterse en una camiseta arrugada de


Queens que recoge del suelo.
─Claro, nena, ¿por qué no? ─responde antes de dirigirse a nuestro balcón
techado, dónde planeo poner mi escritorio si a Anahí no le molesta, y encender
un cigarrillo.

Ignorando el picor de molestia que me produce el hecho de que fume dentro de


nuestro dormitorio, lo que está prohibido, me concentro en Tanner. Él ha
dejado mis cosas junto al armario y ya no solo se ve tenso, sino al borde del
colapso.

─Savannah ─dice, inclinándose hacia adelante mientras mueve su brazo hacia


un lado─. Puedo hacer dos malditos viajes para subir tu mierda. No me importa
hacerlo. En serio que no.

Ya que ya no tengo nada que perder, perdí a Pauline y a la habitación que yo


misma había decorado a mi gusto durante semanas, opto por ser sincera. Tan
sincera como no lo he sido desde el día en el que nací, ni siquiera desde Tanner.
Me acerco a la puerta y la abro para él, reacia a sucumbir a las ganas de llorar
por lo mucho que odio estar aquí, con Hans el raro en un dormitorio sucio y
descuidado, pero más por el hecho de que prefiera eso a seguir aguantándolo
tan cerca de mí.

─No, Tanner, ya arranqué la curita.

Y el dolor es rápido, pero intenso.

─Savannah...

Mis ojos se llenan de agua.


─Vete, por favor.

─Mierda. ─Patea la cama de Anahí, lo que capta la atención de Hans. Él no se


involucra, sin embargo, regresando su vista al campo de fútbol─. ¿Qué fue lo
que hice para que terminaras así? ¿Qué maldito mensaje equivocado te envié?

─Ninguno, Tanner, no hiciste nada.

Y es verdad.

Todo lo hice yo.

Yo me ilusioné.

Yo no le dije a Pauline la verdad cuando debí hacerlo.

Yo me obsesioné.

─Sav. ─Su voz ahora es baja y susurrante, casi dulce─. No debí haberte pedido
que te fueras. Vuelve con Pauline. No perteneces a este chiquero. No viviré más
en campus dentro de unos meses. No tendrás que verme. Podrán seguir siendo
amigas... o lo que sea que hayan sido antes de que yo me interpusiera. Ni
siquiera tendrás que tomar tus cosas. Haré la maldita mudanza yo solo. Mierda,
llamaré al equipo para que me ayude y lo tengas todo listo en cinco minutos.
Haré el puto papeleo, pero regresa, por favor.

Niego.
La idea es tentadora, pero no puedo ponerme a mí misma nuevamente en esa
posición. Va más allá de ser masoquista. Ahora que él sabe que lo quiero y
hablamos abiertamente de ello, será mucho peor de lo que era antes estar
cerca. Mordiendo mi labio y tras barrer las lágrimas de mi rostro, le digo algo
que sé que lo hará entrar en razón también.

─Cuando te gradúes y Pauline se quede, ¿terminarás con ella?

Al oír mi pregunta, Tanner despeina su cabello con irritación.

─¿Por qué tienes que hacerlo tan complicado?

─Responde.

Mira el piso, negando antes de enfocarme de nuevo.

─No. No lo haré. La amo.

Abro aún más la puerta para él.

─Entonces vendrás y la visitarás o nos toparemos por ahí y no sabremos cómo


explicarle que no podemos estar en la misma habitación. Ninguno de los tres
merece eso. ─Sus hombros se hunden con derrota al escucharme. Finalmente
me rodea para regresar al pasillo─. Adiós. Gracias por arruinar mi vida,
Tanner Reed.

Sin esperar una respuesta, cierro la puerta de mi nueva habitación. Al darme


la vuelta me encuentro con la expresión anonadada de Hans, sus cejas
desordenadas y oscuras arriba.
─Mierda, ¿cuántas veces se folla con alguien para tener ese tipo de
conversaciones? ─pregunta mientras deja caer las cenizas en el suelo─.
Dímelo para jodidamente parar antes.

Me encojo de hombros.

─A veces solo una vez.

A veces ninguna.

A veces muchas.

A estas alturas, dudo que no me hubiera gustado si lo hubiera visto después,


sino hubiera estado con él en lo absoluto.
Capítulo 8
A la mañana siguiente me levanto y actúo como si la noche anterior no hubiera
sucedido. Como si Tanner Reed no siguiera desnudo en mi cama. Tras echarle
un último vistazo al anuncio de Calvin Klein que parece, boca abajo,
abrazándose a una de mis almohadas, la manta con la que lo cubrí anoche
dejando ver sus entradas y una porción de su trasero, me sumerjo en el interior
de mi armario y le envío un mensaje a la asistente que comparto con otros
arquitectos para cancelar mis compromisos de la mañana, puesto que debo
deshacerme de él antes de salir de casa. Selecciono un conjunto deportivo negro,
un par de zapatillas Nike del mismo color y me dirijo al baño. Me cambio y
aseo, amarrando mi cabello en una apretada coleta en la cima de mi cabeza.
Tomo una botella de agua de limón de la cocina antes de encender algunos
inciensos de canela y sentarme en el centro de la sala, sobre una colchoneta azul,
rodeada de humo mientras hago mi rutina diaria de yoga. Ya que he tenido
mucho trabajo últimamente, tengo casi una semana sin ir al gimnasio y
entrenando desde casa cada vez que puedo. Tenía planeado hacer algo de zumba
hoy, pero yoga es lo que necesito para deshacerme del estrés que todo esto me
ha generado.

Estoy en mi postura de media cobra, aliviando los músculos de mis costados y


muslos, cuando escucho el sonido de pasos acercándose. Sin perder todo mi
trabajo, extiendo una de mis manos para finalmente poder subirle volumen a mi
estéreo.

─Tu ropa está en la secadora ─le digo mientras paso de media cobra a perro
hacia arriba, deshaciendo la flexión de mis brazos.

Tras unos segundos de tensión y relajación en ella, me dejo caer suavemente


hacia abajo, pasando por media cobra hasta llegar a besar el suelo, y flexiono
mis piernas para quedarme un rato doblada sobre mí misma en la postura del
niño, mi abdomen contra mis mulos y mis brazos extendidos hacia arriba.

─¿Qué mierda se supone que haces? ─pregunta Tanner por encima de mí, la
suela de sus zapatos siéndome visible por el rabillo del ojo, por lo que ya debe
haberse vestido.

─Yoga.

─Eso lo sé, Savannah, no soy idiota, ¿pero por qué ahora?

Casi escucho la desesperación y el malhumor en su voz arrogante. Sonrío, pero


debido a que mi cabeza está presionada contra el suelo y mis brazos la ocultan,
no puede verlo.

─El hecho de que no te haya echado a patadas ayer, como debió haber sucedido,
no significa que vaya alterar toda mi vida por ti. ─El amarte no significa que
mi mundo se haya detenido, es lo que realmente me muero por decirle, porque
ha encontrado la manera de seguir girando a pesar del dolor, lo que deberías
hacer tú con Pauline─. Como perdí mi mañana en la oficina, decidí hacer yoga
mientras despertabas y aprovechar que estás aquí para enseñarte lo que llevo
del ático. Si quieres café, puedes servirte en la cocina. También tengo cereal de
oreos e ingredientes para cualquier tipo de sándwich que conozcas. Aspirinas
en la cestita del baño.
Tras hablar y escucharlo dirigirse a la cafetera con un gruñido, me incorporo
mientras inhalo y exhalo con profundidad. Saludo a mis vecinos cuando los
encuentro mirando casualmente hacia mí desde el otro edificio. Estaría asustada
si no fueran una adorable pareja gay que suelo encontrarme en la tienda y que
me piden consejos de decoración. Enrollo mi colchoneta antes de ponerme de
pie sintiéndome más flexible, liviana y poderosa. Consciente y en control de
cada curva y atributo de mi cuerpo. Ese es un efecto favorecedor del yoga que
no muchas instructoras mencionan. La dejo sobre el mueble de cuero blanco en
mi sala antes de dirigirme a la cocina, la cual no luce tan grande con Tanner
encorvado sobre ella sirviéndose café. No lleva puesto su abrigo, el cual no lavé,
sino la camisa negra y pantalones oscuros que traía debajo. No puedo evitar
detenerme junto a la encimera para obtener un vistazo completo. Mi estudio se
caracteriza por ser blanco y estar colmado de luz natural y artificial. Decir que
resalta aquí es un eufemismo. Es como un punto oscuro en un lienzo en blanco.

Ignorando la manera en la que mi cuerpo ruega presionarse contra el suyo, abro


la nevera y saco lo necesario para preparar sándwiches de jamón de pavo y
queso chédar. Tanner finalmente se da la vuelta, sus brazos entrecruzados sobre
su pecho, con una taza de café en la mano cuando pongo los ingredientes en la
encimera y me lavo las manos para prepararlos. Niega cuando alzo la mostaza
para preguntarle si quiere en el suyo. Sintiendo sus ojos oscuros en mí en todo
momento, nos sirvo dos a cada uno junto con jugo de naranja y algunas frutas.
Reviso las noticias en mi tablet mientras como, en lo absoluto esperándolo. Al
darse cuenta de que no seré yo quien empiece la conversación, suspira y se
sienta en el banquillo para quedar frente a mí.

─Sobre lo de anoche... no tenías que hacerlo. Ya estaba jodido cuando llegó tu


mensaje. Ni siquiera sé por qué terminé aquí, pero no tenías que cuidarme o
dejar que me quedara aquí. ─Ahora su mirada está en todas partes menos en
mí─. Me hubiera sentido mejor conmigo mismo si me hubieras llamado un taxi.
Termino de tragar antes de responder.

─Lo intenté.

Él afirma, sus puños apretados.

Supongo que esta es su manera de mostrarse avergonzado.

─Lo sé. Eso lo recuerdo. Lo que no recuerdo es qué pasó cuando llegaste. Sé
que vomite, me di un baño y por alguna razón bebí chocolate caliente, algo que
no he hecho desde que era un adolescente, pero no sé cómo pasó. ─Apoya sus
codos en la mesa y se pasa las palmas por el rostro, jadeando debido al estrés
que esta situación le genera a alguien como él─. ¿Nosotros...?

El deja vú es tan fuerte que niego apenas lo insinúa.

Por lo visto a Tanner no le impresiona la idea de haberme olvidado, puesto que


en teoría ya lo hizo una vez.

─No.

Su pecho desciende con alivio.

─Mierda, Sav, lo siento. ─Realmente está afligido por esto. Lo sé porque su voz
perdió el toque déspota que la caracteriza. Aun así no dejo de fingir estar más
interesada en las noticias. No puedo dejarlo ver lo mucho que su malestar me
importa─. Si pudiera retroceder en el tiempo y...
Si yo pudiera retroceder en el tiempo, no habría ido a su fraternidad. No hubiera
salido esa noche de fiesta. Habría estudiado arquitectura en Columbia para
jamás conocerlo a él o a Pauline. No habría perdido mi virginidad a los trece
con el capitán del equipo de voleibol de mi escuela. No habría roto el florero
favorito de mi madre a los diez años, jugando con mi vecina, lo cual continúa
reprochándome.

Retroceder en el tiempo no es posible.

Si pudiera hacerse, ya lo habría hecho solo para no conocerlo.

─Pero no puedes ─lo corto─. Viniste aquí. Te quedaste aquí. Nada pasó. Trata
de superarlo, Tanner, ya que yo ya lo hice. No somos niños. Tenemos cosas más
importantes en las que pensar. Si realmente te sientes mortificado, no me hagas
perder más el tiempo. Come y prepárate para darme tu opinión de mis bocetos.

Tras hablar, continúo leyendo el portal de BBC y comiendo. Tanner capta el


mensaje. Luego percibo el movimiento de sus manos y la inclinación de su
cuerpo sin tener que alzar la cabeza de mi tablet. Poco después veo cómo su
sándwich es devuelto al plato con un mordisco que posteriormente se convierten
en varios hasta que desaparece, también su compañero. Cuando termino llevo
mi plato hasta el fregadero y lo limpio. Me quito el exceso de agua de las manos
pasándolas por encima de mi pantalón de deporte.

Cuando me aseguro de que están secas, me dirijo a mi escritorio y tomo los


planos que hice para Tanner, sorprendiéndome de hallar todo exactamente como
lo dejé ayer. Ni siquiera le había dirigido una mirada a mi sitio de trabajo por
miedo a que en su estado de ayer hubiera destruido algo, pero no lo hizo.
─Tenía miedo ─le digo levantando una hoja con mis diseños hacia él, girando
levemente el rostro para verlo levantándose y yendo al fregadero con su plato
sucio. También se encarga de poner todo de regreso a su lugar─. Cuando te
dejé, pensé que todo esto estaría hecho un desastre para cuando volviera.

No es hasta se encuentra junto a mí que responde.

─Supongo que incluso estando borracho como una cuba recordé lo mucho que
odias que se acerquen a tus dibujos.

Mis mejillas se sonrojan, los recuerdos viniendo a mi mente.

Una llamada desesperada.

Todos mis bocetos arruinados.

Fue uno de mis más vergonzosos dramas, en este caso justificado, por lo que no
me sorprende que lo haga. Aunque nunca se confirmó, toda la Universidad de
Texas terminó por enterarse de lo que pasó. Incluso mis padres, quienes
vinieron de Houston por ello, y aparecí en el periódico estudiantil, pero no lo
hice sola.

─Tendrías que buscar a alguien más para remodelar tu ático de haberlo hecho,
al igual que tu alma habría tenido que buscar otro cuerpo para vivir porque este
ya estaría muerto. ─Coloco mis diseños, uno encima del otro, sobre un caballete
de madera. El primero es el de la cocina, puesto que sirvió de inspiración para
todos los demás─. ¿Qué te parece? ─le pregunto pasados los segundos de que
se acerca para mirarlos por sí mismo, levantando hoja tras hoja para obtener un
vistazo de los demás elementos del piso inferior: la sala, el comedor y una
habitación de recreación con una mesa de pool y una pantalla de cine.

Tanner se toma su tiempo para contestar. Probablemente el doble de lo que me


tomó a mí hacer la pregunta. Cuando lo hace, sin embargo, la molestia en mis
manos y brazos vale la pena. No es solo su voz, sino su mirada. Genuinamente
le gustó, no, le encantó. No lo culpo. Es uno de mis mejores trabajos. Una fina
línea que equilibra la elegancia, la masculinidad y la calidez.

─Cumple con mis expectativas ─suelta, su tono condescendiente de regreso.


Este no me engaña. Sé que quedó fascinado con mi trabajo─. Incluso las
sobrepasa. ─Contengo el impulso de celebrar, puesto que sé que los cumplidos
no son lo suyo y que si lo dice es porque realmente lo siente así─. ¿Cuándo
crees que puedas empezar a trabajar en ello? El dinero no es un problema.

La emoción crece dentro de mí. Si hay algo que amo tanto como dibujar, crear,
es ver como lo que hice cobra vida ante mis ojos.

─Lo sé, pero tengo algunos compromisos que atender esta semana. Podríamos
empezar la siguiente sin problema alguno. Ya estaría más libre y le podría
dedicar el tiempo que merece. ─Le ofrezco una sonrisa que se debe a mi trabajo,
no a él, la cual se desvanece al recordar las preguntas que tengo que hacerle
para el segundo piso─. Tanner, en lo que respecta a la segunda planta, ¿cuántas
habitaciones quieres que tenga? Quiero hacer espacio para un gimnasio porque
recuerdo que pediste uno en el diseño de tu casa, pero eso le quitaría espacio a
las otras habitaciones. No me dijiste si el edificio cuenta con uno o si...

─Una habitación, para mí, una habitación en blanco, mi oficina y un gimnasio


─responde, cortándome mientras se acerca a uno de mis ventanales como hizo
ayer─. No estoy esperando visitas.
─¿Una habitación en blanco... para qué?

Se encoje de hombros.

─No para que alguien viva ahí. Quizás para un estudio, pero no me he decidido
todavía. Mientras lo hago, déjala en blanco. Lo único que necesito que tenga es
una ventana amplia.

─¿Un ventanal?

Niega.

─No, nada para los jodidos pervertidos.

Pongo los ojos en blanco.

─Es un penthouse, Tanner. Nadie puede verte.

─¿Ni con un telescopio?

─No ─miento, puesto que no tengo ni idea de si pueden, pero pensar que sí es
una exageración.

Él hace un sonido de chasquido con la lengua.


─No me interesa. No quiero una pared de vidrio en esa habitación. Solo una
ventana grande y... quizás una plataforma en el suelo frente a ella. Una
desnivelación de un escalón. Paredes blancas.

Afirmo, tomando mi blog y escribiéndolo.

También trago.

Si solo quiere una habitación, eso significa que no es un lugar para niños. Eso
junto al hecho de que mis bocetos estuvieron inspirados en él, no en una familia,
me confirman la idea que ya tenía de que se trata de un sitio aislado a su
matrimonio. Aun así, no pregunto. En este caso, mi profesionalismo no me lo
permite.

─¿Algún otro deseo?

Lo piensa por un momento, pero eventualmente niega.

─No, solo eso. Todo siguiendo el mismo estilo que llevas.

─Eso es todo. ─Dejo mi blog sobre el escritorio─. Terminamos.

Sus cejas se alzan mientras se extiende para tomar su abrigo en un perchero


cercano a él. En lugar de deslizarse en su interior, lo guinda en su brazo. Hace
calor. Es Austin. Él es la única persona que conozco que los utiliza sin sudar
como un cerdo por ello.
─Acabamos de empezar, Savannah. Estamos lejos de terminar ─dice, sus
palabras revolviendo algo dentro de mí, algo que conozco bien─. Nos vemos el
lunes a primera hora. Si quieres visitar el ático antes, puedes pasar por mi oficina
por una copia de la llave o el conserje te hará el favor. Lo llamaré para decirle.

Aunque se dirige a la salida, no me muevo de mi lugar. Se ve cansado y herido,


pero está lejos de ser el desastre que era ayer cuando abrí mi puerta. Suelto un
suspiro de alivio, liberando el aire que mis pulmones habían estado reteniendo,
antes de tomar mi teléfono y encerrarme en el baño. Aunque se supone que
debería estar del lado de Pauline en esto, no puedo evitar asumir que ella fue
quién lo arruinó a pesar de que existe la posibilidad de que no haya sido así,
pero es que no hay otra explicación para su conducta. Tanner siempre le dio
todo de sí mismo.

Incluso lo que no era.

Como ella dijo, no dejas de amar a una persona de la noche a la mañana. Algo
sucedió. Algo que él no me dirá, pero ella... ella probablemente sí. Sintiéndome
mal por caer en la tentación, marco su número una vez pongo a llenar la tina
para un baño.

─¿Savannah? ─responde casi al instante─. ¿Cómo estás?

─Bien, gracias, ¿tú?

Mientras hablo, me quito la ropa y sumerjo mi pie desnudo en el agua, probando


la temperatura de esta antes de entrar en ella.

─Bien.
A pesar de su respuesta, escucho como sorbe por la nariz.

Suelto un suspiro.

─Lamento no haber respondido las veces que me llamaste. ─La verdad no lo


hago. Quería ir conmigo a comprar lencería y la verdad estoy harta de decirle
lo que debe o no hacer para mantener su matrimonio─. Estaba ocupada, Pauline.
Lo siento.

─Lo entiendo.

Tomo una honda bocanada de aire, apretando los dedos de mis pies y mi iPhone
más fuertemente contra mi oreja, también cerrando con fuerza mis ojos entre sí,
antes de continuar.

─Para compensarte, hoy tengo la tarde libre y quería saber si podíamos ir de


compras. Necesito un conjunto especial para la próxima semana. ─Eso es cierto.
El lunes también me reuniré con el dueño del club al que fui anoche para hablar
de su nuevo bar deportivo─. ¿Me perdonas? ─insisto─. Invito yo.

Aunque se hace rogar en silencio por unos segundos más, cede.

─Sí. Estoy lista a las dos.

─Bien. Paso por ti a esa hora.


Sintiéndome como la peor arpía, cuelgo.

*****

Si soy honesta conmigo misma, a veces ni siquiera sé la razón por la que sigo
siendo amiga de Pauline. Es dulce y amable, como siempre, pero con el pasar
de los años esa dulzura y esa amabilidad se han transformado en un picor por
debajo de mi piel. A excepción de hoy, ya ni siquiera la llamo. Ella es quién me
llama para invitarme a las fiestas que organiza para Tanner, a las cuales tengo
que asistir porque es allí donde conozco a más de la mitad de mis clientes, o
para pedirme ayuda. Nada nunca es sobre nosotras dos. Él siempre tiene que
estar involucrado y no debido a mí. Esta sería la primera vez que saco provecho
de ello.

Cuando son la una y media me visto, tomando un sencillo vestido negro de mi


armario, un par de sandalias de tiras de terciopelo con tacón y un bolso de cuero.
A las dos en punto estoy estacionada frente a su casa en Travis Country. Su
chófer y mayordomo se encuentra lavando su Cadillac en el patio delantera de
esta, por lo que no me bajo de mi auto o llamo a Pauline para avisarle que estoy
aquí. Tampoco lo hago porque el hombre por alguna razón me odia.

Lo supe desde que una vez, cuando trabajaba en terminar la casa, derramó una
bandeja de jugo sobre mis notas. Intencionalmente, puesto que dijo haberse
tropezado con sus cordones cuando su jefe le pidió una explicación, lo cual no
pensó que sucedería, y en ese momento no traía zapatos con ellos. Tanner
amenazó con despedirlo, él también se dio cuenta, pero lo dejó pasar cuando le
dije que tenía copias en la oficina. Desde entonces ha sido reservado al respecto,
pero es más obvio que mi amor por su jefe.

─Justo a tiempo, Sav ─suelta Pauline mientras entra, una sonrisa en su rostro a
pesar de la evidente inflamación alrededor de sus ojos marrones─. He estado
esperando todo el día por ti. Las dos de la tarde no parecían llegar lo
suficientemente rápido.

─Qué dulce.

También le sonrío, pero la sonrisa muere cuando le echo un vistazo al ya estar


en la autopista. Parpadeo. Lleva una sudadera con capucha y un par de vaqueros
azules. Zapatillas. No está, en lo absoluto, vestida como usualmente se ve. Su
estilo no es precisamente el del centro comercial al que solemos ir de compras.
Hay tiendas costosas que afortunadamente puedo disfrutar debido a mi trabajo
y ella debido a Tanner. Pauline es insegura con respecto a la opinión de la gente
rica, puesto que a pesar de que sus padres son adinerados, es una chica de
campo, por lo que usualmente suele esforzarse el doble para encajar en su nuevo
círculo de amistades y conocidos desde que se casó. No entiendo qué hace
vestida así.

Al sentir mis ojos en ella, asciende su mirada a mí.

─Necesito un favor, Savannah.

Escuchar mi nombre completo salir de su boca enciende las alarmas en mi


cabeza. Ella casi nunca lo hace. No a menos de que se trate de un sermón o algo,
pero esta vez no se trata de ello. Tampoco luce como si fuera a pedirme escoger
lencería por ella.

─Sí ─respondo─. Dime.

─No puedo ir al centro comercial contigo. ─Mientras habla, las lágrimas se


deslizan por su rostro─. Necesito ir a esta dirección. ─Saca un papel del bolsillo
delantero de sus pantalones y me lo tiende. Me orillo en la vía y enciendo las
luces intermitentes para leerla. Queda en una zona no tan bonita de Austin─.
Por favor, Savannah, eres la única que puede ayudarme. Necesito ir allá y
Tanner no puede enterarse. Por favor.

─¿Por qué tienes que ir a este lugar?

─Te lo contaré cuando estemos allá ─solloza.

Tras mirarla por un momento, asumiendo que su esposo no está de acuerdo con
esto y él no es una opción, afirmo y pongo mi vehículo en marcha. Pauline luce
genuinamente desesperada. Su mirada se llena de alivio cuando afirmo y coloco
la dirección en el GPS.

******

Mi frente se arruga cuando nos detenemos frente una pequeña clínica junto a
una gasolinera. El estacionamiento está casi vacío, por lo que prácticamente me
estaciono frente a ella. Es rosa y de un solo piso. Adentro solo hay una sala de
espera y una recepcionista tras un mostrador a la cual Pauline le dice su nombre
cuando entramos. El sitio no es tan feo por dentro como por fuera.

─Pauline, ¿ya me dirás que hacemos aquí? ─le pregunto cuando se sienta junto
a mí, siendo nosotras las únicas dos personas a parte de la recepcionista, las
enfermeras y los doctores que se pasean de un lado a otro.

─Solo tomará un par de horas ─dice.

La preocupación me inunda.
─¿Estás enferma?

─No. Solo vine a cambiar mi DIU, pero tomará un par de horas.

Arrugo la frente.

─¿Por qué? Eres la única paciente que veo aquí.

Separa los labios para responder, pero una de las enfermeras se detiene frente a
nosotras. A diferencia de las enfermeras comunes, lleva una bata quirúrgica
sobre su uniforme.

─¿Pauline Reed? ─pregunta, a lo que la rubia asiente poniéndose de pie─.


Venga conmigo, por favor. ─Su frente se arruga al verme de pie─. ¿Su
acompañante entrará con usted?

Ella niega.

─No. ─Me mira─. Savannah, espérame aquí, por favor.

Aunque quiero protestar, Pauline se ve realmente mal, la mirada que me ofrece


la enfermera me hace saber que a menos que ella lo quiera, no soy bienvenida.
Observo mientras se da la vuelta y desaparece con ella en un pasillo de puertas
metálicas. Mi miedo crece cuando un par de mujeres, una joven y alguien que
luce como su madre, se sientan cerca de mí. La mayor de ellas me ve y sonríe
con tristeza mientras abraza a la que supongo que es su hija, puesto que
comparten el mismo cabello rojo y facciones.
─No puedo permitir que esto arruine su vida.

─¿Esto? ─pregunto.

Ella afirma.

─El embrión. ─Besa la cima de la cabeza de la chica─. Tiene tantos sueños que
cumplir. Es una lástima que nadie a parte de nosotras lo entienda. Mi hija no
está preparada para ser madre.

Casi me olvido de respirar.

Retrocedo.

─Yo... ─susurro─. Suerte.

Antes de sucumbir al pánico, me acerco al mostrador. La chica con gafas tras él


me ofrece una sonrisa amigable y cálida.

─¿En qué puedo ayudarte?

─Me gustaría saber si hay algún médico aquí que pudiera ayudarme con mi
control de natalidad. ─Su boca se abre, pero la interrumpo para ser más
específica─. Antes de estar embarazada.

Viéndose confundida, niega.


─No, lo siento, aquí solo trabajamos después de que sucede.

Afirmo. Mientras me doy la vuelta tomo mi teléfono de bolso y lo golpeo varias


veces contra mi palma, debatiéndome si debería o no llamar a Tanner, la única
persona a parte de Pauline a la que le concierne este asunto. ¿Pero el hecho de
que no esté aquí significa que no la apoya? Aún si estuviera en contra, ¿ella lo
obedecería si le dijera que no lo hiciera?

Me hundo en la silla.

¿Esto es lo que los separó?

Debido a mi manera de pensar y a mi personalidad, no estoy en contra del


aborto, pero no sabía que ellos recurrirían a él. No lucían molestos de tener un
bebé cuando me hicieron hacer tres habitaciones en su casa para sus futuros
hijos. Mis manos empiezan a temblar mientras busco su número, me salgo de
contactos y nuevamente lo vuelvo a buscar. Lo que me obliga a llamarlo es el
hecho de no querer más secretos de este tipo en mi vida. Ya el que tengo me
destruye a diario desde hace cinco años. Él responde justo cuando pensé que mi
llamada iría al buzón de voz, el alivio de no traicionar a Pauline deshaciéndose
y el alivio de no cargar con esto sobre mis hombros llegando.

─¿Sí?

─Tanner ─susurro, mi voz sonando tan desesperada como me siento─. Pauline


me pidió que la trajera a una clínica. Yo... yo no sabía qué tipo de clínica era y
no... no sé qué hacer. Esto es algo que ella nunca haría. De verdad no sé qué
hacer. ¿Y si algo malo le sucede? ¿Qué hago? Es mi responsabilidad. Yo la
traje.
Confirmo su conocimiento sobre esto cuando me responde sin preguntarme de
qué demonios estoy hablando.

─Déjala. Es su maldito cuerpo. La opinión de un hombre no importa en esta


mierda ─sisea con lo que reconozco como ira, pero un nivel de ira que jamás
había oído en su voz, una ira asesina que me estremece─. Y no te preocupes
tanto por ella, Savannah, no es como si fuera la primera maldita vez.

Sin decir nada más, cuelga.

Tras guardar mi teléfono de regreso en el bolso, me levanto con piernas


temblorosas, deseando que Pauline al menos me hubiera contado lo que
pretendía hacer cuando llegamos, así podría enviarla al infierno de una vez. No
por ella, sino por arrastrarme a esta posición. Aun así, a lo mucho que estoy
odiándola en estos momentos, me acerco nuevamente a la chica del mostrador.

─Mi amiga me trajo aquí sin decirme qué iba a hacer ─susurro, lo que hace que
su expresión molesta por ser nuevamente interrumpida se desvanezca─. Acabo
de enterarme y necesito acompañarla. Por favor. Ella... no quería decirme, pero
ya lo sé y no puedo dejarla sola. Se alegrará de verme. Lo juro.

Tras dudar por un momento, se levanta y me hace una seña para que la siga por
el mismo pasillo por el que desapareció Pauline hace unos minutos. Me hace
entrar en un traje similar a la enfermera antes de dejarme pasar a la sala en la
que Pauline se encuentra acostada con un cabestrillo ginecológico separando
sus piernas. Sin hacer ningún tipo de preguntas, me siento junto a ella y tomo
su mano, lo que hace que sus ojos cerrados se abran. La culpa me invade, ¿cómo
no pude darme cuenta?

Al verme, Pauline sonríe de la misma manera que lo hizo en el auto.


Desolada. Nerviosa. Asustada.

Poco a poco, también le sonrío.

Y aquí, en este frío cuarto lleno de personal médico, por la hora que dura el
procedimiento, sea cuales sean sus razones para hacerlo, que sé que no son
superficiales porque Pauline se moría por tener hijos, volvemos a ser las chicas
que éramos durante las primeras dos semanas de nuestro primer semestre. No
hay ningún hombre interponiéndose entre nosotras. Solo somos ella y yo.
Capítulo 9
Mi nuevo dormitorio no es tan malo. Después de organizar mis cosas y hacerle
una limpieza, dejó de lucir como el viejo depósito de un cementerio. Anahí
tampoco resultó ser tan mala como pensé que sería. Hans se quedó luego de
que Tanner se fue para presentarnos. Ambos son estudiantes del programa de
biología marina, pero Anahí también es jugadora de voleibol. Con su cabello
rojo, ojos verdes y hermosa figura, es la típica chica mala y superficial
acostumbrada a tener lo que quiera cuando quiera. Es el tipo de persona a la
que estoy acostumbrada y que sé manejar, por lo que empecé nuestra relación
de compañeras de dormitorio regalándole un suéter dorado de lentejuelas que
todavía tenía su etiqueta. Por la sonrisa que eso trajo a su rostro fruncido ante
mi presencia, fue un excelente movimiento.

Nos entendimos al instante.

A cambio de mi presente, no se molestó cuando arrastré mi escritorio al balcón.


Anahí no pasa mucho tiempo en nuestro dormitorio debido a sus clases de
voleibol, por lo que por lo general tengo el silencio y el espacio que necesito
hasta avanzadas horas de la noche. También sale mucho con su novio, casi
como Pauline, quién es miembro del equipo de fútbol americano de la
universidad, por lo que en ocasiones ni siquiera llega. A diferencia de mi
anterior compañera, Anahí nunca lo trae aquí. Sé quién es él, Gordon, debido
a que Tanner nos invitaba y arrastraba a las fiestas del equipo, pero
afortunadamente nunca tonteé con él en ninguna fiesta.

Eso habría sido un poco bastante desagradable y repetitivo.


Mi frente se arruga mientras termino mis bocetos para un nuevo concurso. El
modelo de un nuevo edificio de ciencias para la Universidad de Texas. La
escuela de arquitectura abrió un certamen para elegirlo entre los estudiantes.
He ganado varios tanto de la universidad como de afuera, pero si gano este
sería la entrada perfecta a mi carrera como arquitecto. Me gusta la decoración
de interiores, encajo bien en ella, pero mi verdadero sueño es dejar mi huella
en la historia formando parte de la creación de edificios emblemáticos. Sueño
con que un día una familia vaya en su auto por las calles de una ciudad y el
hijo pequeño presione su mano contra el cristal, sus labios entreabiertos con
asombro, mientras mira mis planos hechos realidad. Él le preguntaría a su
madre por él y ella mencionaría mi nombre, puesto que lo que pasé horas
dibujando, o en ocasiones minutos, dependiendo de la inspiración, resultó
trascendental.

Quizás es narcisista, pero es lo que quiero.

Aunque antes lo hacía, pensando que era superficial y tonto, ahora no me siento
mal al respecto. He pasado mucho tiempo sintiéndome mal por mis deseos y he
descubierto que no tiene sentido hacerlo cuando no estás dispuesta a
cambiarlos. En lo que termino de trazar mi última línea de hoy, mis dedos
temblando debido a que he pasado todo el día haciendo borradores, por fin me
encuentro satisfecha con el resultado. Estamos en el estado del fútbol, mi
universidad es una universidad del fútbol, así que me inspiré en los Longhorns,
el equipo al que veo trabajar todos los días en el campo durante mis pausas.
Dibujé dos torres inclinadas de cristal con la forma de cuernos, conectadas por
un edificio horizontal a la lejanía, pero sobresaliente hacia adelante cuando te
acercas. Es perfecto para dejar una huella y encontré la forma de hacerlo lucir
estéticamente hermoso. Las personas no solo dirían que es impresionante, sino
que se sentirían orgullosos.
Yo me siento orgullosa de él.

Tras observarlo un poco más, deslizo el papel entre mis dedos y lo dejo sobre
mi escritorio lleno de hojas hechas bola y materiales de dibujo. Ahora que
tengo mi idea lista, es el momento de pasar a los planos y de preparar una
maqueta, pero mis manos no pueden permitirse a sí mismas continuar, puesto
que mis dedos arden y tiemblan por el esfuerzo. Tras soltar un suspiro, cedo a
la tentación y me asomo en la ventana de mi dormitorio.

Desde hace media hora he escuchado el revuelo de los estudiantes agrupándose


en el campo de fútbol, pero el partido no ha empezado. Aun así están todos,
menos los jugadores, presentes en el campo. La noticia ha sido bombeada en
mis oídos a lo largo del día, así que sé que se enfrentan a los Houston Cougars,
el equipo de fútbol al que apoyaría de haberme quedado en casa para estudiar.
Al que de no ser por Tanner, la verdad, continuaría apoyando. Mis labios se
curvan en una sonrisa cuando una idea divertida pasa por mi mente. No tengo
ganas de quedarme en casa, pero tampoco tengo ganas de verlo. Si los Cougars
ganan o no, probablemente harán una fiesta o asistirán una diferente a la del
grupo de Tanner. Me gustaría estar ahí. Quizás hacer nuevos amigos con raíces
en mi ciudad natal.

Siempre he ido a los partidos de fútbol de mi universidad vistiendo de naranja,


marrón o blanco y haciendo diferentes combinaciones entre ellos, pero esta vez
tomo un top blanco sin mangas y un pantalón alto y suelto color rojo. Hurgo
entre mis pertenencias hasta encontrar un sombrero de vaquero color sangre
con un adorno dorado y con forma de estrella en el centro. Lo conseguí en un
rodeo en toples en una fiesta. Los tacones están descartados, por lo que tomo
un par de botas marrones y puntiagudas de cuero que son requisito en el
armario de toda chica texana. Una vez estoy vestida, hago mi maquillaje con
puntitos de brillo dorado en mis párpados y alrededor de mis ojos. Convierto
una cadena en un arnés alrededor de mis pechos. Ya que hace frío, me cubro
parcialmente con un abrigo rojo sin abrochar, por lo que mi abdomen continúa
visible. Por último, ondulo las puntas de mi cabello y me limito a tomar mis
llaves y mi celular.

Esta noche, así me consiga a Tanner de frente, la pasaré bien.

*****

Las gradas para los Cougars no están tan llenas. En su mayoría se encuentran
en ella estudiantes que apoyan a los Longhorns, pero no son lo suficientemente
fanáticos como para ver el juego de pie o arrojarse al suelo en lugar de sentarse
con el enemigo. Es un partido amistoso para recaudar fondos para los
orfanatos de Austin, por lo que están vendiendo entradas para acceder al
campo y recibiendo donaciones, pero eso no parece importarle a nadie. La
rivalidad entre los Cougars y los Longhorns sigue ahí.

Son dos son buenos equipos de la primera división de la NCAA, la liga


universitaria del país. Los jugadores ya se encuentran en el campo para el
momento en el que me siento en primera fila con un refresco de lata y un hot
dog con mostaza en la mano. Mientras mastico, mi mirada se dirige al equipo
de blanco y rojo en lugar de al que usualmente miraría: el de uniforme naranja.
A pesar de que estoy yendo en contra del noventa por ciento de los presentes,
siento algunos ojos hambrientos en mí cuando el partido empieza y me levanto
para gritar tan fuerte como mis cuerdas vocales y los músculos de mi garganta
me lo permiten, mi hot dog y mi refresco de uva todavía manteniendo mis manos
ocupadas.

─¡Vamos, Cougars!
Aunque recibo abucheos, me divierto cuando uno de los integrantes del equipo
de fútbol me nota y después de unos segundos de recorrerme con la mirada, me
lanza un beso con su mano enguantada. No puedo evitar soltar una tonta risita
nerviosa tras ello, puesto que ese gesto hace que me convierta en la chica del
equipo contrario. En casi la traidora de mis propios planos.

Se siente bien.

─¿Me ayudas a sostener esto? ─pregunta una chica rubia que baja algunos
escalones hasta detenerse junto a mí con una pancarta, la cual viste un par de
sencillos vaqueros y un suéter de lana rojo, anteojos cubriendo sus ojos─. Mi
mejor amiga no pudo venir y si me escondo tras ella no sería lo mismo para
Marcus. Mi chico necesita verme para concentrarse. ─Aunque no necesitaba
darme un argumento para que lo hiciera, su explicación es tan adorable que
me siento bien por formar parte de un gesto tan lindo en el momento en el que
tomo mi extremo de la pancarta. Me sonríe ampliamente─. Gracias. Me llamo
Abigail y de no ser porque esto es por una buena causa, odiaría estar aquí. Es
completamente injusto que tengan que ser sometidos a tanta presión, pero
supongo que eso es lo que será para ellos una vez sean reclutados por un equipo
fuera de la NCAA y jueguen lejos de casa. ─Se encoje de hombros─. Pero lo
odio mucho. Marcus es sensible a la opinión de los demás. Se debe esforzar el
doble en partidos así. ─Hace una mueca─. Nunca pensé que diría esto, pero
realmente extraño al equipo de animadoras.

Aunque no parece una chica de fútbol, sino más bien una chica de biblioteca,
mis labios genuinamente se curvan hacia arriba, puesto que encuentro
interesante a las personas que desafían las etiquetas. Es como si a pesar de que
prefiriera pasar sus tardes leyendo romances, se haya aprendido a la
perfección cada posición, estrategia y normativa de las ligas de fútbol
americano y estuviera constantemente revisando los portales de noticias
deportivas por él. Al instante me siento identificada con ella. Eso es lo que yo
haría, ya hice, por un tiempo, pero ya no, por la persona que quiero.

─¿Cuál es Marcus? ─le pregunto.

─Es un corredor ─responde mientras suelta un chillido de emoción, ya el


partido ha empezado, gotas de sudor deslizándose por su frente a medida que
corre el reloj.

Siguiendo la dirección de su dedo, visualizo la sección opuesta del campus de


a dónde suele encontrarse Tanner, puesto que él está en la línea ofensiva de su
equipo. Por fortuna estamos más cerca de los Cougars ofensivos que de los
Longhorns ofensivos, por lo que no tengo que verlo en ningún momento.
Identifico a Marcus y asiento hacia Abigail hasta que baja el dedo, él es un
chico alto y más atlético que robusto, pero luego mis ojos se dirigen al mariscal
de campo, al quarterback, de los Cougars. Es el mismo que me lanzó un beso.
Cuando después de unos minutos de jugadas, la mayoría de ellas a favor del
equipo de Austin, por fin el balón llega a sus manos, Abigail y yo volvemos a
levantarnos y armamos un alboroto con las demás novias de los jugadores. El
tipo es casi de la misma contextura de Tanner. También igual de ágil. Antes de
hacer la jugada me apunta con su dedo, dedicándome el pase perfecto. Abby y
yo celebramos cuando el balón llega exitosamente a las manos de Marcus y
este corre con fuerza hacia la línea de marcación, haciendo una anotación que
deja todo el campo en silencio a excepción de 'nosotras. Su primer punto a
favor. Dedicado a mí. Grito mientras la cartulina se dobla entre nosotras.
Todos nos odian en este momento y ese odio me encanta. Acelera mi corazón y
me hace sonreír ampliamente.

─Johnson te tiene en la mira ─comenta Abigail con una risita─. Es un buen


chico. ─Pone los ojos en blanco─. Mujeriego, pero un buen chico. Es dulce con
su madre, así que cuando alguien finalmente conquiste su corazón, será un
buen partido.
No estoy buscando una relación en este momento, no cuando mi corazón aún
es un desastre, pero debido a la emoción no puedo evitar que las comisuras de
mis labios tiemblen mientras asiento. Después de la jugada de Johnson y
Marcus, el partido cambia. Los Cougars emparejan en el marcador con
algunos touchdowns del mariscal de campo, todos nuevamente dedicados a mí.
Casi me desmayo cuando ponen mi cara y la de Abby en la pantalla de
marcación después de que Johnson anota y nuevamente cuando me señala antes
de la siguiente jugada.

Y aunque es un excelente jugador, el cambio en la puntuación del partido no


solo se debe a él. Tanner, por primera vez desde que empezó a jugar para los
Longhorns, ha dejado pasar varios pases y perdido múltiples anotaciones, lo
que tiene a su bancada confundida. Él nunca falla. Nunca se equivoca. Es un
dios del fútbol americano. Aunque una parte de mí está feliz por eso, no puedo
evitar sentirme preocupada por él. No está siendo él mismo esta noche.

El balón prácticamente se desliza de sus dedos.

Me fuerzo a dejar ese sentimiento de lado cuando, tras el medio tiempo,


Johnson me señala nuevamente antes de hacer el touchdown que lleva el
marcador treinta y tres a veintiocho a favor del equipo de Austin. Abby y yo nos
abrazamos esta vez, lo que ocasiona que se derrame el contenido de nuestras
cervezas mientras saltamos y que nos llenemos de ella, pero no importa.

Los Cougars van ganando.

Y ganan.

Aplastante y en contra de todo pronóstico, con todas las personas a su


alrededor odiándolos y abucheándolos, lo hacen.
Y sin poder evitarlo, mis ojos se dirigen a Tanner al otro lado del campo. Él se
quita el casco. Tras arrojarlo sobre el césped, despeina su cabello casi con
desesperación. Pauline lo alcanza y le dice cosas, cubierta con su camisa de
los Longhorns, pero él niega y sigue a sus compañeros hacia los vestuarios.
Abigail corre con la pancarta hasta alcanzar a Marcus en medio del campo y
saltar a sus brazos, él sosteniéndola mientras giran, por lo que a los segundos
de la victoria me encuentro sola. Con las manos metidas en los bolsillos, me
dirijo a la salida que lleva prácticamente a mi edificio, pero es una de las menos
concurridas. Aunque varios chicos de ambos equipos me invitan a continuar
disfrutando de la noche con ellos, me niego cuando me entero de que por alguna
razón ambos equipos planean festejar junto al comité de recaudación de las
donaciones en la fraternidad de Tanner. Ahora que no tengo por qué
soportarlos a él y a Pauline, no lo escogeré voluntariamente. Aunque todavía
duele, la verdad es que soy más feliz siendo libre de ellos. Quiero ir a casa y
dormir.

Mientras camino hacia mi portal, sin embargo, una mano alcanza la mía y me
obliga a darme la vuelta con un estremecimiento. Las personas transitan por la
calle del campus frente a mí, pero ninguno de ellos está prestándonos atención.
Él ya no trae el uniforme del equipo, sino un par de vaqueros oscuros y un
sencillo polo azul, colores que solo hacen que su palidez fantasmal destaque.
Con las llaves en la mano, arrugo la frente cuando extiende su brazo para tocar
mi sombrero con una sonrisa cínica.

─Me alegra que por fin te hayas dado cuenta de lo que somos.

Enemigos.

Tras hacer una mueca, suelto un suspiro mientras me cruzo de brazos. Esto es
incómodo, molesto e innecesario para ambos. Él lo debe saber, pero por alguna
razón está aquí, fastidiándome. Después de nuestra última conversación no
tenía pensado volverle a hablar en la vida, pero aquí está, arruinando mi voto.

─¿Por qué estás aquí, Tanner?

Mi pregunta trae una contracción a su rostro, pero eventualmente sus labios se


curvan hacia arriba de nuevo.

─Hay una fiesta esta noche y Pauline me pidió que te invitara ─responde, su
nuez moviéndose cuando toma una pausa entre sus palabras─. Ya que al
parecer estás ignorándola.

Al igual que él las tiene en los de sus vaqueros, meto mis manos en los bolsillos
de mi abrigo. La noche era fría y acogedora, perfecta para un chocolate
caliente, Netflix y porno, hasta Tanner.

─¿Qué le hizo pensar a Pauline que el que vinieras aquí cambiaría mi opinión
sobre reunirme con ella o ir a la fiesta?

Las palabras salen de mi boca sin que realmente piense en ellas, pero cuando
me escucho a mí misma me doy cuenta de que es una pregunta interesante.
Aunque nos soportábamos a su alrededor, no éramos precisamente amigos.
Nunca podría ser amiga de alguien como él. No cuando lo deseo y estoy segura
de que sería horrible como un amigo, puesto que lo único que puede aportar
son un sentido del humor oscuro, detalles sobre fútbol y cerveza.

No tendría sentido ser su amiga.

Tanner se encoje de hombros mientras se acerca, a lo que retrocedo


sosteniendo las llaves sobre mi pecho como si fuera un crucifijo. Él es el
demonio. Yo soy una chica de Iglesia que ha cometido muchos pecados y debe
exorcizarse, pero el pastor está demasiado ocupado atendiendo el resto de su
rebaño como para atenderme.

Trago cuando sus ojos negros se enfocan en los míos.

─Sabe que soy persuasivo ─responde en voz baja, pero audible, inclinándose
sobre mí mientras relame sus labios. Un destello de una emoción desagradable
pasa por sus ojos antes de que hable, pero desaparece cuando lo hace─. Y
Johnson va a estar ahí.

─¿Él te pidió que vinieras por mí?

Lentamente, Tanner asiente.

─Vio a Pauline ir tras de ti cuando te fuiste, pero ella no te alcanzó, así que me
preguntó por ti. Ambos te quieren en la fiesta, Savannah. Vamos.

─¿Johnson es el mariscal del otro equipo? ─pregunto aunque ya sé la


respuesta, siguiendo una estúpida corazonada.

La mandíbula de Tanner se aprieta.

─No finjas que no sabes quién es ─gruñe─. Porque ustedes dos hicieron un
maldito espectáculo en el campo. Todo el mundo esperaba el momento en el
que el imbécil de Houston se pusiera de rodillas en medio del juego y te pidiera
matrimonio.

Mis labios se curvan lentamente hacia arriba.


Nuevamente, su ego está herido porque perdió.

Lo detesta.

Probablemente también detesta mi ropa a juego con Johnson.

Tanner trata de no mirarme, pero lo hace cuando me cruzo de brazos, trayendo


su atención a mi busto. No llevo sostén. Solo un top y las cadenas doradas
delineando el contorno de mis atributos. Aunque la ame, lo está enloqueciendo
no ver más de mí. Eso me gusta y ambos lo sabemos, pero yo tuve la decencia
de alejarme.

¿Por qué está él aquí entonces?

─Entonces... ¿crees que él esté interesado en mí? ─pregunto.

Traga, sus ojos viajando entre mi cuello y mi escote.

Mis pezones se endurecen al sentir su mirada y al recordar la escena del baño


en la playa. Cómo dijo mi nombre mientras se venía sobre las baldosas y yo me
masturbaba en el pasillo viéndolo. Si me hubiera dejado, lo habríamos pasado
mejor.

Mucho mejor de lo que la pasó con Pauline o yo con West.

─No creo ─responde de manera cortante─. Lo sé.


─Es un buen jugador ─prosigo, mi voz suave.

Tanner afirma, aún bajo el hechizo de mis tetas.

─Sí, es bueno.

─Y te ganó hoy.

Cuando las palabras salen de mi boca, el influjo se rompe. Para entonces mi


espalda se encuentra presionada junto a la pared al lado de las puertas de
cristal de mi edificio. Tanner golpea la palma de su mano sobre el concreto
encima de mi cabeza antes de alejarse con una mueca, su espalda tensa y su
expresión sumamente molesta. Probablemente nadie se lo ha dicho en la vida,
pero podría morir de un infarto antes de lo previsto si no controla su ira.

─No estoy de ánimos para esto, Savannah. ─Se da la vuelta y empieza a


caminar hacia la calle, dónde veo su Ford Raptor negra aparcada en la
entrada. Justo sobre la zona de no estacionar y obstaculizando la rampa de
discapacitados, los cuales he notado que hay muchos debido a la cercanía con
el campus. Pauline no lo acompaña─. Ven si quieres venir. Si no... bueno. ─Me
mira por encima de su hombro─. Váyanse Pauline, Johnson y tú a la mierda.
No me importa.
Capítulo 10
Pauline y yo no hablamos durante el procedimiento. Tampoco lo hacemos
después de que un médico le da las indicaciones de mantenerse en casa, con
alguien cuidando de ella, y algunos suplementos vitamínicos y de hierro.
Entramos en mi auto en silencio. Aunque estoy molesta con ella por arrastrarme
a esta situación tan incómoda sin mi consentimiento y sin previo aviso, puesto
que Pauline necesitaba que alguien estuviera con ella durante el procedimiento
para poder realizárselo, un requisito imprescindible de la clínica en el caso de
presentarse alguna emergencia, la profunda tristeza en sus ojos marrones y las
gruesas lagrimas deslizándose por sus mejillas no me lo permiten, lo que
confirma mi idea de que sus razones para haber hecho esto son realmente serias.
Ella no está aquí, conmigo, justo ahora.

Tras unos segundos en los que ninguna de las dos hace o dice nada,
limitándonos a contemplar los deteriorados edificios del otro lado de la calle,
enciendo el motor y nos pongo en marcha.

*****

No había manera alguna en la que la llevara a mi casa, no cuando el aroma de


su esposo puede continuar en mis sábanas, por lo que me dirijo a un bonito hotel
en el centro de Austin. Dejarla en un sitio en el que esté Tanner suena como una
acción casi inhumana ahora mismo. Su rostro se llena de alivio cuando me ve
entrar en el estacionamiento subterráneo del lugar, por lo que continúo adelante
con mi decisión entregándole mi tarjeta de crédito a la recepcionista. Nos
asignan una bonita suite de paredes tapizadas en flores y cama de sábanas de
seda gris en uno de los niveles superiores. Pauline se dirige al baño a penas
entramos, encerrándose en él, y abre la ducha, por lo que tomo las llaves y
vuelvo a bajar para dirigirme a la boutique que vi al llegar. Tomo un par de
pijamas para ambas, ropa interior, pantuflas y un cambio de ropa para mañana,
orgullosa conmigo misma de recordar su talla. También chocolates, una botella
de vodka y velas aromáticas de vainilla. Un encendedor. Tras pagar me acerco
a la recepción y pido una pizza extra grande, lo único que solíamos comer en la
universidad. Ya en la habitación sus ojos hinchados por el llanto se entrecierran
cuando me sonríe al tenderle su bolsa con ropa. La toma sin que tenga que
insistir.

─Gracias ─susurra a la vez que aprieta la toalla blanca del hotel contra su
cuerpo, muerta del frío, a lo que ajusto la calefacción.

─No hay de qué. ─Mientras Pauline se cambia, rodeo las dos camas
matrimoniales de velas y las enciendo. Una vez la vainilla llena mi nariz, me
siento mejor. Espero que Pauline también. Abro un paquete de chocolates con
galleta dentro y se lo acerco tras llevar una de las bolitas a mi boca─. Vamos.
Te hará sentir mejor.

Ella, sentada en el borde de su colchón, mira hacia sus manos en lugar de a mí.
Bajo la bolsa cuando me doy cuenta de que no la tomará. Sus hombros están a
un segundo de sacudirse. Quiere llorar otra vez. Me siento a su lado y me limito
a contemplar la vista de Austin que ofrece el ventanal de nuestra suite en un
piso treinta, puesto que no tengo nada que decirle ya que nunca he atravesado
una situación similar ni espero hacerlo. Lo que está ante nosotras es
impresionante. Con las cortinas corridas somos capaces de ver el atardecer
desaparecer entre los edificios.
─Ni siquiera sé cómo puedes verme ─dice─. Soy una terrible persona. ─Gira
lentamente su rostro hacia mí─. Merezco ir al infierno por lo que hice,
Savannah, porque no... no me arrepiento.

─Serías una terrible persona si no tuvieras buenas razones para haberlo hecho
─respondo mientras quito un mechón de cabello rubio y empapado de su
frente─. Y sé que las tienes, Pauline.

Su barbilla tiembla.

─Todavía así seguí tomando una decisión que solo le corresponde a Dios
─replica─. Si mis padres alguna vez se enteran, si la gente a la que quiero lo
hace, se decepcionarán de mí. No es así como fui criada. ─Traga
audiblemente─. Pero no podía pasar por lo mismo por lo que ellos pasaron.
Tanner no lo entiende, pero yo sí. No puedo ver como alguien que amo se
desvanece otra vez ante mis ojos. No de nuevo. ─Hace una pausa en la que toma
una honda bocanada de aire─. Tanto mis padres como yo somos portadores del
gen de fibrosis quística, pero mi hermana menor la padece. Ella está muriendo.
Es la razón por la que no nos fuimos a vivir cerca de ellos cuando terminé la
universidad. Por la que al final nos quedamos aquí. No soporto la idea de ver
cada día cómo se va. Ya es lo suficientemente malo cuando los visito. Nunca
he sido buena ocultando el dolor que su enfermedad me produce y eso solo lo
hace peor para ella y para su condición. ─Mi corazón se aprieta con fuerza
dentro de mi pecho. Sabía que Pauline tenía una hermana en casa, que su salud
era delicada, pero no que estuviera muriendo. El que no lo supiera solo es una
evidencia más de que sea lo que seamos ahora, no somos amigas. Pero tampoco
puedo dejarla sola─. Nunca quise contarte porque estaba feliz de haber obtenido
una vida libre de tragedia y drama. Lo siento. ─Niego, restándole importancia
al asunto. Nuevamente respira con profundidad, sus parpados presionándose
con fuerza contra sí mismos, sus pestañas mojadas, antes de continuar─. Tanner
también es portador y ya nos hemos hecho estudios que dicen que las
posibilidades de que nuestro hijo nazca con fibrosis son altas. Desde entonces
estoy en control de la natalidad, acordamos que lo mejor para nosotros es
adoptar, pero esta es la segunda vez que mi método anticonceptivo falla. No
sabes lo horrible que es no poder darle lo que más quieres a la persona que amas.
Oírla rogarte que no lo hagas, que asumirá el reto, pero él no sabe lo que es
realmente el reto. Su corazón se romperá en el momento en el que lo entienda.
Yo no quiero que pase. Si tengo que quedar como la mala para impedirlo, lo
haré. No quiero que ninguno de los dos pase por eso. No puedo ver esto
rompernos.

─Pauline... ─susurro, sin palabras.

Cuando habla otra vez, lo hace entre sollozos.

─No quiero vivir más tiempo que mis hijos, Savannah. No quiero verlos sufrir
y no poder hacer nada por calmar su dolor. No quiero no poder verlos a los ojos
y decirles que todo estará bien cuando ellos saben que no lo estará. No quiero
no poder ayudarlos. No quiero lidiar con ello. Una parte de mí se arrepiente de
habernos sometido al test genético, pero la otra, la mayor parte, está tan
agradecida y aliviada. ─Se estremece violentamente, inclinándose sobre mí y
pidiéndome a gritos un abrazo. La complazco─. ¿Por qué Dios predispone que
las cosas pasen así? ¿Por qué hizo que tuviera que enamorarme de mi mayor
miedo? Eso es cruel.

Suelto un suspiro mientras deslizo mis dedos por su cabello.

Mi corazón duele por Pauline.


Pero, sobre todo, me duele por Tanner.

Porque ahora entiendo qué lo destruyó.

─Quizás para que lo venzas, Pauline ─le respondo. Aunque no rezo todos los
días, hay algo de fe en mí. Creo en el cielo y en el infierno, pero también en que
probablemente iré al último por sentirme como me siento en este momento─.
Quizás él puso esto en tu camino para que pierdas el miedo.

*****

Al día siguiente me despierto en la habitación de hotel con la resaca más grande


jamás registrada por el hombre. Después de que Pauline terminó de
desahogarse, comimos pizza y bebimos vodka hasta desmayarnos, en su caso
contraindicado debido a los acontecimientos. La verdad es que ambas teníamos
el alma en fuego por el mismo motivo, pero Pauline no lo sabía.

No he dejado de pensar en su esposo llorando en mi baño.

En el hecho de que los dos tienen motivos para estar desechos.

En que no es mi asunto.

Pero ambos me involucraron.

Y ahora me doy cuenta de que no he sido la amiga de Pauline durante todos


estos años, ni alguien que solo está enamorada de Tanner, sino un extra en su
relación. Alguien que siempre estuvo ahí para ambos. A la que ninguno de los
dos deja entrar por completo, pero tampoco dejan alejarse. Nunca me
permitieron continuar sin ellos, siempre necesitándome. Necesitándome para
preparar su boda. Necesitándome para crear su hogar. Necesitándome para
comprar las sabanas de su cama. Necesitándome, sobre todo, para guardar sus
oscuros secretos.

No soy la amiga de ninguno, pero por alguna razón me necesitan.

─Pauline ─susurro mientras toco la puerta del baño, ya vestida con un par de
jeans, botas de cuero y un suéter blanco de lana. No estoy de ánimos para nada
más. Del otro lado la escucho susurrar cosas, probablemente a su teléfono, pero
no entiendo ninguna de ellas debido a lo bajo que habla─. ¿Estás lista?

─Solo un minuto.

Tras soltar un suspiro, me doy la vuelta y regreso a asegurarme de que hayamos


tomado todas nuestras pertenecías de la habitación. Aunque mis ojos no están
tan hinchados como los suyos, cuando me veo frente al espejo noto que de igual
manera es evidente que la situación me afectó debido a que ahora sé cómo ella
lo hirió, pero también qué la hirió para llevarla a hacerlo. Mentiría si me dijera
a mí misma que me importa más Pauline de lo que me importa su esposo, pero
aun así no quiero estar triste.

No quiero lamentar una pérdida que no es mía.

Ahora mismo estar con los dos me pondría justo así, por lo que debo
mantenerme alejada de ambos. Renunciar a mi trato con Tanner. Enfrascarme
en mis otros proyectos. Aunque ni la suma de lo que obtendré por completar
todos ellos me dará la mitad de la mitad de lo que necesito para comprar el
terreno que quiero en Travis Country, ahora mismo no soporto la idea de estar
a su lado.
No sin sucumbir a consolarlo.

No sin caer.

─¿Pauline? ─pregunto nuevamente, esta vez con más insistencia, a lo que ella
abre la puerta usando un suéter de lana, como el mío, pero color rosa suave y
vaqueros blancos, los zapatos del día anterior en sus pies─. ¿Estás bien?
¿Tomaste los suplementos?

Ella afirma mientras me rodea para alcanzar la cama y tomar sus cosas. Se ve
cabizbaja, pero todavía capaz de mantenerse en pie. Nuevamente el silencio nos
envuelve mientras dejamos la llave en la recepción y nos acercamos al
restaurant para desayunar. Es cuando ambas hacemos nuestro pedido, un café y
un pastelito para ella y un sándwich de pollo y jugo de naranja para mí, que
finalmente se dirige a mí. No puedo identificar y mucho menos encontrarle
sentido a todas las emociones en su rostro.

Este es un coctel de ellas.

Tristeza. Pérdida. Enojo.

Confusión.

─Necesito otro favor, Savannah. ─Mis cejas se alzan, a lo que sus mejillas se
llenan de color─. Esta vez te diré qué es ─susurra, al menos teniendo la decencia
de verse avergonzada. No me molesta lo que ha hecho, no por mí, sino que me
haya arrastrado allí sin mi consentimiento. Leyendo mis pensamientos en la
expresión de mi rostro, deja escapar un suave suspiro─. Sobre usarte y mentirte
para llevarte a la clínica, por cierto, lo siento. Eras mi única opción. No conozco
a nadie más que no iría directamente a llamar a Tanner a penas se enterase.
─Esta vez son mis mejillas las que se sonrojan, lo cual oculto con mi cabello al
asentir, pero no porque sienta vergüenza de mi decisión, sino por el hecho de a
dónde claramente se encuentran mis lealtades. Estaba asustada. Actué de la
mejor manera que pude en el momento. Si algo le hubiera sucedido a Pauline,
no habría sabido qué hacer─. De verdad lo siento, Savannah. Te hubiera dicho
si no existiera la posibilidad de que me rechazaras y estaba desesperada.

No lo hubiera hecho.

Si hubiera sabido, le habría dicho que no.

Porque habría deducido que eso lo dañaría.

Porque no es un peso que quería sobre mis hombros.

─Te perdono ─murmuro antes del momento en el que nuestro desayuno es


puesto sobre nuestra mesa. Cuando el mesero vuelve a irse, prosigo─. ¿Qué es
ese favor, Pauline?

─Necesito ir a otro lugar ─responde─. A la estación de trenes.

Mis cejas se juntas.

─¿Irás a visitar a tus padres?

Pauline niega.
─Aunque no nos mudamos, Tanner compró un rancho en Lubbock. ─Lubbock
es el nombre del pueblo del que Pauline proviene. Su familia tiene grandes
cultivos de algodón en él. Tanner lo odia debido a lo lejos que se encuentra del
mar y de la frontera, por lo tanto, de su negocio, pero estaba dispuesto a irse ahí
por ella─. Necesito un tiempo para mí. No estoy lista para enfrentarlo. ─Su
mirada se vuelve triste─. ¿Cuento contigo, Sav?

Afirmo.

─Siempre y cuando no sea la única que sepa que estás ahí, sí. No quiero tener
que quedarme callada mientras todos piensan que desapareciste. ─Hago una
mueca mientras ríe─. No es gracioso.

De verdad no lo es.

Al ver la seriedad en mi rostro, asiente.

─Está bien, se lo diré a mis padres aunque pierda la posibilidad de estar sola.
No será un secreto. ─Me sonríe, un gesto triste y agradecido que desaparece en
el interior de su taza de café cuando bebe de ella─. Y de verdad gracias,
Savannah, por todo.

*****

Corremos con la suerte de que un tren está saliendo a San Antonio para cuando
llegamos a la estación, desde dónde luego Pauline puede ir a Lubbock, por lo
que casi a los minutos se va. Permanezco de pie junto a los rieles, viéndolo
marchar, hasta que desaparece de mi vista por completo. Este es mi segundo día
consecutivo de trabajo perdido, pero hay tantos pensamientos y emociones en
mi sistema que se me hace inconcebible la idea de concentrarme en mis planos
o simplemente quedarme en casa a pensar. Paso por ella rápidamente a
cambiarme, tomar un par de shorts de lycra, zapatillas y un top deportivo, para
luego dirigirme trotando al gimnasio. Queda cerca de casa, por lo que en veinte
minutos estoy haciendo mi rutina habitual de ejercicios mientras sigo los
consejos de mi entrenadora. A pesar de sus protestas, continúo entrenando
incluso después de que terminan mis dos horas habituales. Lo hago hasta que
mis músculos duelen tanto que siento que me quemo por dentro al más mínimo
movimiento.

Tabatha se acerca a mí, incorporándose sobre el mostrador de la recepción,


cuando me ve salir, sus ojos verdes preocupados. No me ha visto hacer ejercicio
así desde que estaba en la universidad y se vio en la obligación de detenerme
antes de que muriera en su gimnasio. Ha sido mi entrenadora personal desde
entonces. Su mirada es casi maternal al momento en el que se planta frente a
mí. Su cuerpo delgado y tonificado es mi segunda mayor inspiración. La
primera el cómo se recuperó tras un divorcio injustificado, con un bebé de por
medio y años de noviazgo.

Mientras yo no he podido dejar ir a Tanner.

─¿Todo está bien, cariño?

Afirmo.

─Sí, Tabby, todo está bien. ─Le ofrezco una sonrisa temblorosa, mi frente
goteando sudor─. Nos vemos mañana. No volveré a faltar. Lo prometo. He
tenido unos días difíciles en el trabajo.
A pesar de que no compra mi respuesta, afirma y me da el espacio que necesito
para salir. Está lloviendo afuera, una sorpresiva tormenta húmeda y caliente,
pero estoy tan llena de sudor que no me importa y casi encuentro refrescante el
sentir el agua deslizándose sobre mi piel mientras regreso a mi estudio. Si fuera
buena haciendo más que edificios o planos, dibujaría para desahogarme, pero
no lo soy, por lo que probablemente mis planes para la noche se limitarán a
hacer zapping en el televisor mientras hablo con Malcolm e ingiero las calorías
que perdí.

Estos, sin embargo, se van al desagüe cuando llego a mi puerta y veo a Tanner
inclinado sobre ella. Lleva puesta una sencilla camisa blanca sin abotonar en la
parte superior y pantalones oscuros. No vi su auto estacionado afuera, por lo
que su chófer debió haberlo traído. Deja de mirar fijamente la madera cuando
me escucha llegar, despegando también su dedo del botón de mi timbre. Me
detengo solo a unos pasos de distancia, mis piernas temblando debido a que
todo el esfuerzo que hice me está pasando factura al encontrarme relativamente
en reposo.

─Tanner ─susurro suavemente, viéndolo por primera vez como alguien débil y
como alguien que puede romperse.

Dónde esperaba encontrar ira, sin embargo, solo veo dolor. Sus ojos contienen
toneladas de él mientras se los frota con la mano. El agua gotea en el suelo de
mí, lo que probablemente molestará a los vecinos si no se seca antes de que
pisen el charco que hice, pero su atención está únicamente en mi rostro. No he
recibido ningún tipo de llamada o mensaje de su parte desde ayer, ante lo cual,
en parte, me sentí aliviada. No quería lidiar con esto.

─¿Dónde está mi esposa? Las he estado llamando a ambas.

Pauline no me hizo prometerle que no le diría, así que lo hago.


─En Lubbock. ─Mis manos hacen sonar mis llaves. Aunque mi respuesta
debería sorprenderlo, no se ve como si lo hiciera. Ninguno de los dos dice nada
más, por lo que después de unos segundos me veo forzada a rodearlo para abrir
la puerta─. ¿Té?

Tanner me mira fijamente cuando hago la pregunta. Se ve tentado a aceptar,


pero niega. Una vez dirijo mi atención a otro punto que no sean sus ojos oscuros,
me doy cuenta de lo afectado que realmente luce. No se ve como si hubiera
llorado o pasado la noche ahogando sus penas en alcohol, pero sí como si no
hubiera dormido en días. También está más delgado y encorvado sobre sí
mismo. Sin saber cómo lidiar con la situación, asiento y cierro la puerta casi con
suavidad. No lo forzaré a hablar de un tema que claramente lo destroza, ni lo
obligaré a beber mi té de manzanilla.

Pero tampoco puedo simplemente dejarlo ir.

Luego de permanecer unos segundos con la frente presionada contra la madera


y de haberlo escuchado irse, tomo el pomo y salgo nuevamente al pasillo a pesar
de que mi decisión de no continuar con el proyecto de su ático sigue en pie. El
ascensor se encuentra en uso para cuando lo llamo, por lo que tengo que bajar
las escaleras de prisa para alcanzarlo en la calle, la lluvia cayendo con más
fuerza que antes. No sostiene ningún tipo de sombrilla, por lo que está
mojándose mientras espera que el Cadillac negro se detenga frente a él. Su
frente se arruga con confusión cuando me ve, su mano sosteniendo la puerta del
auto, pero no soy capaz de ver su reacción cuando lo rodeo con mis brazos
debido a que sumerjo rostro en su pecho. Lo estrecho con fuerza, tomando todo
lo que puedo rescatar con mi nariz defectuosa de su aroma a detergente, loción
y colonia. Sorpresivamente, Tanner me devuelve el abrazo después de un
momento de tensión, su cuerpo relajándose contra el mío durante lo que
parecen horas, pero en realidad no son más que unos míseros segundos.

Cuando nos separamos lo único que hacemos es mirarnos. Ninguno de los dos
quiere o tiene algo que decir. Sus irises oscuros ya no intentan ocultar el
purgatorio por el que está atravesando y yo no le oculto los sentimientos que
eso produce en mí. Cuán lastimada estoy debido a él. Cuánto una parte de mí
ha empezado a detestar a Pauline por lo que le hizo a pesar de que no debería
sentirme así. Cuánto me gustaría ceder y ofrecerle más que un abrazo, pero cuán
malo podría ser el significado de eso para mí. Él asiente, un silencioso
agradecimiento, su cabello negro y mojado pegado a su frente, antes de entrar
en el Cadillac e irse, dejándome de pie bajo una inesperada y fuerte tormenta.
Capítulo 11
Tanner me debe haber escuchado caminar tras de él, puesto que no parece en
lo absoluto sorprendido cuando tomo la manija de su puerta y entro en su
camioneta. Es alta. Yo también lo soy, pero aun así tengo que tomarme mi
tiempo para subir. Una vez estoy dentro, con el cinturón abrochado, enciende
el motor con la mandíbula apretada. Algo me dice que a pesar de su insistencia,
no esperaba que viniera. Que tampoco se encuentra feliz por ello.

El ambiente es tenso y silencioso, por lo que enciendo la radio. Mis mejillas se


sonrojan, pero mis labios se curvan ampliamente hacia arriba, al escuchar la
sucia letra de Or Nah en la radio. Le subo el volumen mientras tatareo mirando
por la ventana. Si estuviéramos ya en la fiesta, estaría bailándola en el regazo
de alguien. No necesariamente un chico. Me encanta su suciedad.

─¿A dónde vamos? ─le pregunto con la frente arrugada cuando pasamos el
desvío a su fraternidad, tomando el cruce contrario.

─Por provisiones ─responde por lo bajo, enojado.

Ya acostumbrada a su mal humor, pero en lo absoluto sin dejarme llevar por


él, levanto una ceja cuando nos estacionamos frente al mini market en una
gasolinera y rodea la camioneta para abrir mi puerta cuando ve que no estoy
bajándome de ella. Después de que me obligaran a mudarme, puede ser un
imbécil con Pauline todo lo que quiera. Yo quiero solo palabras amables.
Al menos una vez.

─¿Savannah? ─Tanner luce como si estuviera lidiando con un niño imposible,


lo cual bien podría ser cierto, y como si en cualquier momento pudiera perder
la paciencia─. ¿Te bajas?

Niego.

─Te espero aquí.

─Son las nueve malditas de la noche ─gruñe─. Un psicópata podría venir y


fastidiarte mientras estoy dentro. Por favor, baja.

─No.

─Savannah...

Me cruzo de brazos.
─No. Me quedo aquí.

Tanner suelta un dramático suspiro.

─Bien, pero enciende el aire acondicionado, mantén los vidrios arriba y no


salgas. ─Dice mientras me lanza las llaves, a lo que un cosquilleo de emoción
recorre mi nuca─. Y no hagas nada estúpido, como, por ejemplo, robarte mi
camioneta. Tiene GPS.

No voy a mentir, la idea pasó por mi mente, pero no soy una ladrona. O, al
menos, no lo era hasta que insinuó que podría serlo. Tanner se da la vuelta
para entrar en la tienda. Incorporándome sobre el pisa pies exterior, le grito
por encima de la puerta, lo que hace que tenga que girar el rostro hacia mí de
camino a la tienda.

─¡Quiero un six pack de smirnoffs de manzana verde y chicle!

No espero ninguna respuesta de él. En su lugar me pongo de nuevo sobre mi


asiento y hago lo que me dijo. Ya que no es necesario encender el motor para
que el aire acondicionado funcione, no lo hago de inmediato. Disfruto de un
par de canciones en la radio hasta que lo veo desaparecer en los pasillos del
fondo, puesto que la tienda no es tan grande y está hecha de ventanales de
cristal. Es en ese momento que me traslado a su asiento y el motor cobra vida.
Para el momento en el que Tanner se da cuenta, es demasiado tarde. Ya estoy
retrocediendo y encaminándome hacia la carretera. Lo observo correr hacia el
estacionamiento con una sonrisa permanente en el rostro que luego se
transforma en risa. Nunca me he vengado de él, esto está lejos de ser suficiente
en comparación a lo mal que la he pasado, pero es un buen golpe.

*****

Cuando llego a su fraternidad me estaciono en el césped de la entrada, el único


sitio disponible en el que sé que no chocaré con nadie entrando en él. Las
personas me miran con las cejas arriba cuando me encamino a la casa. Sus
ojos recorren mi cuerpo con enojo y excitación, un eco de los sentimientos de
Tanner al verme. El hecho de que esté apoyando al equipo contrario no
significa que no me vea bien. La atención que recibo aumenta cuando me
deshago de mi abrigo, revelando mi pequeño top blanco y las cadenas, y
empiezo a bailar en el centro de la sala llena de estudiantes con una espumosa
cerveza de barril en la mano.

Looking at me de Sabrina Carpenter suena en el momento en el que alguien


comienza a mecerse contra mí y Tanner entra en la casa con expresión
furibunda, pero controlada, junto a otros chicos del equipo que sostienen bolsas
de papel. Hago un par de movimientos con mis hombros antes de darme la
vuelta. El chico, un miembro de los Longhorns, no se queja cuando coloco mi
sombrero sobre su cabeza. Él incluso se inclina hacia abajo para que lo haga.
Tras morder mi labio por unos segundos, tomo sus mejillas en mis manos y
acerco mis labios a los suyos. Es grande y rubio, como un bebé gigante, por lo
que fácilmente me levanta y me lleva a las escaleras. Suelto una risita contra
sus labios, negando, cuando intenta llevarnos al baño. Señalo la puerta al final
del pasillo. Vi a Tanner desaparecer en el jardín, supongo que con Pauline y el
resto de sus amigos.

─Quiero que sea ahí.

La sonrisa del chico flaquea.

Se desvanece cuando se da cuenta de que hablo en serio.

─Vamos, linda ─dice─. Escoge cualquier habitación, menos esa.

Niego.

─Si no es ahí, entonces no.

Cuando me empiezo a separar de él, su agarre sobre mí vuelve. Suave, pero


firme. Decidido. Sonrío mientras aprieto su trasero en respuesta. Tiene un buen
culo, pero no he tenido sexo en semanas, desde que estuve con Weston en la
playa, y espero que lo de adelante sea muchísimo más impresionante.

Y que lo sepa usar.

─Bueno, que Tanner se vaya a la mierda ─grazna tomándome entre sus brazos,
a lo que rodeo su cuello con mis brazos y suelto una risita mientras atravesamos
el pasillo─. Por cierto, soy Ibor.

Internamente hago una mueca, externamente sonrío.


─Savannah.

Cuando la puerta del cuarto de Tanner se abre, Ibor me deposita sobre mis
propios pies y me hace dar la vuelta para empezar a besarme de manera
hambrienta. Paso el pestillo antes de que nos dirijamos a la cama del presidente
de la fraternidad. Si robar su camioneta no lo fue, esto definitivamente es
bastante similar a la venganza. La idea hace fruncir mis pezones antes de que
Ibor baje mi top y ponga sus grandes manos en ellos, mi espalda contra el
colchón. Me quito el pantalón mientras él baja la parte inferior de su uniforme.
Aunque debería desagradarme que no se hubiera cambiado, en realidad me
excita la idea de ser follada por otro jugador del equipo de Tanner, usando
ropa a favor de su enemigo, en su cama. Es como un múltiple ataque que
mantiene mis sentidos despiertos. Ibor jadea sobre mis labios cuando mete un
par de dedos en mí y me encuentra mojada. Aprieto mis muslos contra su cabeza
cuando desciende sobre mí. Su boca toma mi palpitante clítoris entre sus labios.
Lo obligo a incorporarse cuando los golpes en la puerta empiezan. Incluso la
música ha dejado de sonar. Ibor intenta apartarme para ponerse de pie, pero
niego.

─Sea lo que sea que digas, ya está molesto ─susurro mientras lo empujo hasta
que finalmente se sienta en la cama─. Así que déjame hacer que recibir el enojo
de Tanner Reed valga la pena.

Aunque Ibor luce en conflicto consigo mismo, las dudas se desvanecen cuando
deslizo un condón en su erección y desciendo sobre ella. Sus ojos no abandonan
mis tetas, todavía con las cadenas doradas rodeándolas, mientras me muevo
sobre él de manera rítmica y firme, gemidos suaves y dulces saliendo de mí.

Él está en el cielo.

Yo en el infierno.
Porque lo que me excita no es su pene en mí, sus ojos en mí, sino los sonidos
que provienen del otro lado de la puerta. Los furiosos golpes que esta recibe.
Suelto un grito agudo cuando lo escucho.

─¡Savannah, maldita sea, sal de mi habitación! ─grita antes de taclear,


supongo, su puerta de una manera que hace que la madera se estremezca─.
¡No quiero hacer que todos estos imbéciles te vean desnuda, así que para de
una jodida vez! ─Hace una pausa en la que lo escucho tomar aliento─. ¡Ibor,
estás jodidamente muerto por esto, pero todavía puedes decidir entre una
muerte rápida y piadosa o una muerte lenta y dolorosa!

Ibor se estremece debajo de mí al escucharlo, por lo que me inclino hacia


adelante y lo beso mientras lo aprieto dentro de mí. Jadea mientras el orgasmo
lo golpea. A pesar de que no llegué, me siento satisfecha mientras se separa de
mí. Se levanta y se pone los pantalones, pero separo mis piernas cuando me
echa un vistazo. Captando mi insinuación, deja caer su camisa y se arrodilla
frente en el suelo frente a mí para llevar sus labios a mi centro. Tomo mechones
de su cabello entre mis dedos. Al otro lado de la puerta todo se ha vuelto
silencioso, pero por alguna razón soy capaz de sentir la presencia de Tanner
cerca. Una vez mis muslos se estremecen, Ibor se levanta y me ofrece una
sonrisa suave. Incluso tierna. Es atractivo de una manera ingenua.

─¿Qué tan estúpido me hace ser querer salir contigo después de esto?
─pregunta─. ¿Llevarte a una cita de verdad?

Decido ser sincera.

─Muy estúpido.
A pesar de que la decepción llena sus ojos, su sonrisa no desaparece. Tampoco
su expresión amable y risueña.

─Sí, bueno, no soy el jodido mariscal de campo, pero la defensa es importante.


─Se encoje de hombros. Me siento mal por estar haciendo algo parecido a
romper sus ilusiones mientras toma mis pantalones tras vestirse, al igual que
mis botas, y las deja en la cama de Tanner. Antes de irse se inclina sobre mí y
besa mi frente─. No te preocupes por Tanner. Hablaré con él para que no te
lance mierda. Si algún día quieres salir, entreno en el campo todas las tardes.
De verdad sería agradable ir por un café y dulces.

Afirmo, enternecida.

─Lo tomaré en cuenta.

Entreabre la boca como si fuera a decir otra cosa, pero finalmente decide
mantenerla cerrada y se va. Una vez a solas empiezo a vestirme. Cuando estoy
por salir, sin embargo, Tanner entra por la ventana, lo cual explica por qué los
golpes en la puerta se detuvieron. Sin tener ni idea de cuánto tiempo estuvo ahí
viéndonos, pero teniendo la sospecha de que no acaba de llegar, mantengo mi
barbilla en alto mientras se dirige a mí con paso amenazante. Sus mejillas
incluso están sonrosadas por la ira, sus fosas nasales expandidas y su
mandíbula tan apretada que en cualquier momento podría fracturarse por sí
misma.

─¿Dónde está Pauline? ─pregunto.

Sé que quizás soy una ruin cobarde por tomar la salida fácil, pero Pauline es
lo único que podría ponerme a salvo de su novio.
─No está. No vino. Fue a casa directamente del partido.

─¿Johnson?

Tanner niega.

─Te mentí. Nadie estaba esperándote aquí. Quería hablar. ─Hace una
mueca─. Cuán jodidamente estúpido fui por si quiera pensarlo. Me alegra
haber visto lo que vi. Habría sido un error.

Trago.

Le preguntaría de qué quería hablarme si no pensara que sería inútil. Sea lo


que sea que quería decirme, morirá en su garganta. Permanezco en silencio
mientras continúa acercándose. Mi respiración es acelerada e inestable.
Quiero irme corriendo de aquí, directa a enterrar la cabeza en mi almohada,
pero algo obliga a mis pies a mantenerse en su lugar. Algo más allá de la
sencilla curiosidad. Empiezo a temblar más de lo que lo hice al acabar.

─No solo apareces en mi juego con los colores del enemigo ─sisea─. Seduces
al mariscal del campo del otro equipo, te metes en mi cabeza, la revuelves y me
haces ser el responsable de perder un partido. ─Mi espalda choca contra la
madera de su armario cuando, retrocediendo, llego a ella─. Sino que también
me dejas en medio de la maldita nada, te llevas mi camioneta y te exhibes para
todos en la sala de mi propia casa. ─No perderme en la intensidad de sus ojos
negros resulta demasiado difícil, por lo que agacho la mirada. Tanner me
impide, sin embargo, mantenerla abajo colocando sus dedos en mi mentón y
manteniéndolo arriba. Mi piel quema y hormiguea dónde su mano está
puesta─. Y follas al jodido Ibor, el imbécil más estúpido, en mi cama, dejando
la mezcla de tu aroma y el de él en mis sábanas. Sábanas que tendré que
quemar. Mierda, incluso puede ser cambie mi maldito colchón ─gruñe─. Y
después de todo eso, todavía te preguntas por qué quiero a Pauline, quién saca
lo mejor de mí, en lugar de a alguien como tú, que se siente como tragarse un
torbellino y caer en un agujero negro, pero a pesar de que la respuesta es
jodidamente obvia y ambos los sabemos, continúas viéndome con ojos de siervo
herido, lo que incluso tras todo lo que me hiciste esta noche me hace sentir
como una mierda porque aunque no lo entiendo, me destroza hacerte daño,
Savannah. ─Para el momento en el que termina de hablar, su frente está
presionada contra la mía y las lágrimas, tanto de vergüenza como de dolor, se
deslizan por mis mejillas─. Y ni siquiera sé por qué.

─Tanner... ─susurro.

Él niega.

─Por favor ─ruega─. Dime cómo te lastimé. Dime qué te hice para que pueda
compensarte y pasar página. No creo que pueda soportar por mucho más
tiempo la locura que induces en mí. ─Traga sonoramente─. Intento ser un buen
hombre, Savannah, pero no me lo pones malditamente fácil. Todo lo contrario.

Mi pecho se aprieta.

Aunque debería sentirme bien por la marcada desesperación en cada uno de


sus rasgos, no lo hago. La idea de lastimarlo de alguna manera suena
satisfactoria dentro de mi mente, pero verlo es absolutamente diferente. Me
hace sentir mal y culpable.

─Te acostaste conmigo la noche antes de ir por Pauline ─revelo lo más alto y
fuerte que puedo─. Al día siguiente, al parecer, lo olvidaste. Cuando me
desperté estabas buscándola por todas partes. Yo sabía que era solo sexo, pero
no pude evitar preguntarme todos los días qué tenía ella que yo no. Luego,
cuando vi que eras genuinamente dulce con Pauline, me di cuenta de que no
eras solo un idiota más, comencé a notar cuánto realmente me gustas y me
obsesioné. He intentado deshacerme de ello, pero no puedo. ─Ahora lloro
abiertamente, lo cual no puedo evitar. Ni siquiera pienso en evitar. Es inútil. El
hecho de decir mis sentimientos en voz alta es duro─. He estado con chicos, he
intentado enfocarme en mis estudios, incluso me mudé de habitación, pero
continúas apareciendo. ─Cuando se aleja de mí, retrocediendo mientras luce
confundido, por fin puedo respirar─. Así que entiendo perfectamente a lo que
te refieres cuando dices que saco lo peor de ti porque también sacas lo peor de
mí. Hiciste estragos mi amistad con Pauline, mi autoestima y mi corazón.

Ahora es él quién se ha quedado sin palabras.

─Savannah...

Niego.

─Solo déjame en paz de una vez por todas.

Él se pasa la mano por el cabello mientas se pasea por la habitación. Debería


irme, pero una parte de mí necesita esto.

Un cierre.

─Borracho, a veces hasta drogado, me acuesto con un montón de chicas que


no recuerdo después ─dice finalmente─. Lamento que hayas sido una de ellas
y que no te haya gustado, pero estoy con Pauline y...
No lo dejo terminar. Cruzo su rostro con una bofetada. Sin dedicarle un
segundo más de mi tiempo, me largo de su habitación con lo que queda de mi
corazón deslizándose como agua salada de mis ojos. Por fortuna no me sigue.
Antes de salir de su casa y tomar un taxi me dirijo a la cocina, dónde voy por
un vaso con agua. A pesar de que se desliza por mi garganta, no puedo evitar
que esta se seque cuando veo un six pack de smirnoffs de manzana en la hielera
y una bolsa llena de chicles en la encimera. Aunque vaya directamente a mi
dormitorio a llorar después de salir de aquí, me he ganado el derecho a
embriagarme, por lo que tomo el juego de latas y los chicles y salgo de la
maldita fraternidad.

Cuando paso junto a la camioneta de Tanner, sin embargo, recuerdo que


todavía tengo las llaves en mi bolsillo. Las lanzo el interior de la cabina, reacia
a volver al interior. Afuera y sobre la acera, tecleo en mi teléfono y entro en la
aplicación de Uber, pero un Audi negro se detiene frente a mí, el chico que lo
conduce viéndose familiar. Castaño y robusto. Atractivo debido a su mandíbula
cuadrada, pero solo un idiota del montón. Gordon.

El novio de Anahí.

Sin Anahí.

─ ¿Necesitas un aventón? ─Separo los labios para contestar negativamente,


pero me corta─. Voy a tu edificio, de todas formas.

Está solo, también se ha comportado a mí alrededor cuando estamos con Anahí


y nunca me había cruzado con él antes de mudarme a su dormitorio, por lo que
termino asintiendo.

Cometiendo mi segundo mayor error.


Capítulo 12
No he visitado a mis padres en semanas. Lo he aplazado debido a que cada vez
que me invitan a Houston, tienen una cita medio a ciegas preparada para mí. No
completamente a ciegas debido a que mientras yo no tengo ni idea de cómo
lucirá el hijo de su amigo o amiga con el que intentarán emparejarme, ellos sí
le habrán enseñado fotos, desde que era un bebé hasta la última que subí en
Instagram, y hablado de mí. Mi madre está obsesionada con ser abuela antes de
cumplir los cincuenta y mi padre, aunque no es particularmente machista, quiere
un nieto al cual enseñarle todo lo que sabe sobre el mundo inmobiliario. Aunque
mi carrera está relativamente relacionada con la suya, mi cero interés en los
negocios más allá del diseño ha despertado en él la necesidad de traspasarle
todos sus conocimientos a alguien más. Aunque eso también podría hacerlo con
una nieta, quizás habla de un niño porque también sueña con cumplir con todo
lo que no hizo conmigo mientras crecía, puesto que siempre fui molesta e
irritantemente femenina, como mamá, como jugar con la pelota o llevarlo a
partidos de fútbol americano por todo Texas sin camisa y con palabras de aliento
a su equipo escritas con marcador en su piel como, vergonzosamente, hace
todavía con los vecinos.

A pesar de que normalmente no les prestaría atención a sus solicitudes de un


bebé en la familia, a estas alturas creo que ni siquiera les importaría que fuera
madre soltera, los últimos acontecimientos me obligan a pensar en ello mientras
conduzco a mi ciudad natal, a dónde no pude evitar escapar cuando mi madre
insistió en que fuera durante el fin de semana. No niego que un día quiera ser
llamada mamá por alguien, pero quiero formar mi propio hogar primero. Quiero
casarme, diseñar una casa para mi pareja y para mí, disfrutar nuestra relación
por unos años viajando alrededor del mundo y luego, cuando ya todas mis metas
laborales se cumplan y no solo esté diseñando casas, tener un bebé.

Lo irónico del asunto es que nunca he podido ser capaz de imaginarme


haciéndolo con Tanner. Cuando pienso en mi futuro, solo veo un hombre con
un rostro en blanco. Quizás esto se debe a que lo he visto hacer con alguien más
todo lo que tengo en mente, así que a pesar de que siempre lo que he querido
más allá de lo razonable, el recordatorio constante de que no es mío me ha
obligado a no ver más allá del presente o de mis emociones.

*****

─Por fin ─susurro con un suspiro cuando, después de dos horas y media de
viaje, me estaciono frente al elegante restaurante en el que almorzaré antes de
ir con mis padres.

Son maniáticos con respecto a las comidas y sus horarios, sobre todo mi madre,
quién luce como de treinta a pesar de estar a mediados de los cuarenta, por lo
que no habrá nada cálido y recién hecho para mí cuando llegue a casa debido a
que son más de las doce. Retoco mi maquillaje y me aplico un poco de perfume
antes de bajarme del auto, puesto que después de conducir tanto me veo cansada
y demacrada. Si no tuviera tanta hambre o no le tuviera tanta estima a la persona
esperándome, ya por media hora en la mesa, me habría ido directamente a
dormir a mi vieja habitación de adolescente. Llevo vaqueros oscuros y sandalias
altas con un top suelto, ropa cómoda y ligera en comparación a lo que me gusta
usar, pero eso no impide que Malcolm se levante apenas me vea y me haga girar
sobre mí misma, atrayendo la atención de otros clientes y del personal, apenas
me ve.

─Tanto tiempo sin verte ─murmura estrechándome contra sí, lo cual trae una
mueca de dolor a su rostro debido a que probablemente aplasté alguno de sus
golpes durante el partido. Al ver la mirada de preocupación en mi rostro, puesto
que vi cómo el integrante del equipo contrario lo tacleó en su último partido,
sonríe despreocupadamente─. No sirvió de nada. Ganamos.

Tras hablar se encoje de hombros, lo que trae tensión a sus facciones debido al
movimiento, pero aun así se inclina para sacar mi silla de la mesa como el
caballero que es a pesar de tratarse de uno de los hombres más mujeriego y
codiciado que conozco. El hecho de que las mujeres lo quieran, sin embargo,
no solo se debe a su atractivo, sino a lo dulce y amable que es a pesar de que les
deja en claro a todas ellas que no está buscando una relación. Debo darle el
crédito de ello. No es el idiota habitual.

No como Tanner.

Una vez se sienta frente a mí, al igual que cada vez que lo veo, mi corazón se
aprieta dentro de mi pecho debido a lo parecidos que son a pesar de ser
hermanastros. Las diferencias entre ellos son mínimas. Debido a que Malcolm
pasa mucho tiempo bajo el sol en el campo, su piel está levemente más
bronceada ahora. Sus ojos son más marrones que oscuros, pero en la noche
lucen exactamente iguales a los de Tanner. Su mandíbula también es más
cuadrada que la de él, quién tiene un toque europeo y fino debido a su madre.
Ya que el señor Reed también tiene ascendencia alemana, esto no es tan
relevante al compararlos.

Así que aunque me ocasiona vergüenza recordar cómo nos conocimos, no me


siento del todo culpable por haberlos confundido. Cualquiera que no tuviera
idea de la existencia de Malcolm conociendo a Tanner o al revés lo habría
hecho, sobre todo con un par de copas, o muchas de ellas, encima. Ahora que
los conozco a ambos, sin embargo, es una idea casi ridícula equivocarme de
hermano. Mientras que estar en la misma habitación con Tanner revuelve mi
estómago, todo mi cuerpo se relaja en presencia de Malcolm, empezando por
eso. También se visten diferente. Mientras uno es elegante y oscuro, el jugador
de fútbol es casual sin resultar desaliñado. Fuera de eventos siempre está en
vaqueros y camisetas o camisas unicolores, como ahora que lleva un par de
jeans oscuros y una camiseta gris con cuello en V. A pesar del reloj de lo que
sospecho es oro está en su muñeca, típico accesorio de futbolista, pasa
desapercibido por su ropa y la gorra oscura sobre su cabeza. Si no la tuviera
habría una hilera de desconocidos esperando por un autógrafo.

─¿Cómo estuvo Miami? ─le pregunto, puesto que ahí fue donde lo Kings
jugaron anoche─. ¿Te quedaste en el apartamento?

Ya que sé cuánto odia los hoteles, les pedí a mis padres que le prestaran su
condominio. A pesar de que mi madre normalmente protestaría, mi padre
enloqueció ante la idea de Malcolm Reed, su héroe, quedándose en su casa y
personalmente se encargó de preparar el sitio para recibirlo. Malcolm y yo no
hemos hablado mucho esta semana, tampoco se lo he preguntado a papá, así
que no tengo ni idea de si se quedó ahí, alquiló algo o durmió con el equipo. Mi
mente no ha dejado de girar en torno a lo sucedido con Pauline, algo que
sospecho que Malcolm ni siquiera se imagina. Aunque es evidente que Tanner
lo que quiere, puesto que durante todos estos estos años es lo más parecido que
he visto que tiene cercano a un compañero del mismo sexo, no creo que se lo
haya comentado. Odia verse débil y esta situación lo hace vulnerable.

Como una carie que deja el nervio del diente expuesto.

─Sí, es un sitio bonito, ¿por qué nunca vas? ─responde después de que hace el
pedido, pizza y batidos de chocolate para ambos, puesto que llevo días
diciéndole cuánto quiero comer eso, pero cuán malo sería perder los resultados
de tanto ejercicio estos días.

A pesar de que debería, no cambio mi comida.


Malcolm es mala influencia.

─No me gusta mucho el estilo de Miami. Estéticamente siento que es muy


desorganizado. Me volvería loca intentando dibujar ahí.

Arruga su frente.

─Sav. ─A pesar de su expresión confusa, su voz es suave─. Me refiero a ir allí


para vacacionar, no para que vivas o dibujes ahí. Creo, sinceramente, que
deberías tomarte unas vacaciones. Además de para venir a Houston a verme o
a tus padres, ¿cuándo fue la última vez que saliste a tomaste un tiempo para ti?

Entreabro los labios, buscando la fecha para responder, pero no la consigo.


Incluso la última vez que salí del país, a París, con mis padres, fue antes de
entrar en la universidad. Mi vida solo ha sido arquitectura, diseño, Pauline y
Tanner desde entonces. Tengo algunas compañeras de trabajo con las que en
ocasiones salgo. Voy al menos tres veces al mes al spa y me la paso ejercitando,
pero en ningún momento me he liberado de la tensión por completo. Eso
definitivamente no puede ser bueno para mi salud.

El yoga podría no estar siendo suficiente.

─Fue hace mucho ─contesto, todavía impresionada con ello.

La expresión en el rostro de Malcolm se vuelve cálida.


─Si quieres, puedes unirte a mí cuando verdaderamente empiece la temporada.
Nos divertiremos. Todavía tienes tiempo para terminar con tus proyectos
pendientes antes de que empiece, por lo que te irías de Austin libre de trabajo.
No todo sería fútbol ─añade al recordar que no soy del todo una fanática, puesto
que prácticamente le he hecho seguimiento a la liga por él─. Vamos.

Aunque una parte de mí se muere por aceptar, la otra no quiere someterse a estar
tanto tiempo en su compañía cuando existe el riesgo de que caiga en la tentación
de dañar nuestra amistad. No confío en mí misma cerca de él. Me recuerda
demasiado a Tanner. Como si eso no fuera suficiente, la idea de sumergirme en
sus gentiles brazos y nunca salir de ellos luce demasiado atractiva para mí. Si
me dejo llevar por ella, lo que probablemente pasaría, y Malcolm me rechaza o,
lo que es aún peor, me corresponde, sería un desastre. No nos merecemos tener
que pasar por eso.

─Lo voy a pensar ─respondo después de unos segundos de silencio, lo que trae
una mueca a su rostro. Decido cambiar de tema antes de que empiece a insistir─.
¿Cuándo es el próximo partido? ─Hablar de fútbol siempre lo distrae lo
suficiente como para que no note mis conflictos internos─. Si es aquí, podría ir.

Malcolm afirma.

─Es mañana, pero no estaré jugando. ─Una sombra oscura, malhumorada, se


apodera de su expresión─. Debido al imbécil que me tacleó ayer, el entrenador
ha decidido mantenerme en la banca por un par de partidos debido a que el
fisioterapeuta del equipo determinó que mi hombro había salido levemente
lastimado durante la caída. Es una jodida mierda. Me necesitan.

Afirmo y extiendo mi mano para apretar la suya por encima de la mesa. Sé cuán
importante es el fútbol para Malcolm. No solo es un trabajo o una pasión, lo es
todo. El hecho de que nunca ha hecho uso de su diploma de la escuela de
negocios, con notas no tan buenas como las de Tanner, pero no del todo malas,
lo prueba. Debido al futbol tampoco se ha interesado en buscar una novia o
formar una familia a pesar de que solo es un par de años menor que él, por lo
que está más cerca de los treinta que de los veinte.

─Y por eso es que no pueden arriesgarse a perderte. Sin ti no son nada, así que
debes cuidarte por ti, por tu futuro en el fútbol, a menos que quieras retirarte en
los Kings ahora, y no en el Dallas, y por el equipo. Dos partidos son nada al
lado de la temporada.

A pesar de que su postura es hundida y molesta, sus labios se curvan suavemente


hacia arriba cuando una idea pasa por su mente. Sé lo que es antes de que lo
diga, por lo que suspiro mientras me hecho hacia atrás y cruzo los brazos por
encima de mi pecho. Aunque ir al estadio, abarrotado de gente, no es mi ideal
de diversión, lo haría para que él y papá finalmente se conocieran. También para
apoyar a Malcolm Reed, forzado a mirar cómo su equipo pierde al no estar él
presente, como sé que lo hará.

─Ven conmigo mañana al estadio ─dice, sus ojos esperanzados─. Trae a tus
padres o... no, mejor no, enviaré a alguien por ustedes. Cortesía del equipo. La
experiencia completa y toda la mierda. Quiero agradecerles personalmente el
haberme ayudado. ─Las comisuras de mis labios tiemblan cuando algo parecido
a un puchero hace temblar su labio inferior─. Por favor, Savannah. No me hagas
tener que llamar al señor Campbell personalmente.

Solo para no aceptar de repente, espero a que el mesero deposite nuestras pizzas
antes de responder. Son individuales debido a que a Malcolm y a mí no nos
gustan los mismos ingredientes. Él es el Señor Vegetales y yo la Señora
Charcutera, pero al menos a los dos nos gusta en exceso el orégano y el queso
extra.
─Bien.

Malcolm sonríe mientras mastica, un hilo de queso sobresaliendo de manera


tierna de su boca. Se lo quita con una servilleta tras tragar. Tomo un sorbo de
mi malteada de chocolate, para apaciguar mi estómago vacío, antes de ir por mi
comida.

─Te mantendré entretenida ─promete.

Y a pesar de que odio ir a ver juegos, no lo dudo.

Siempre la paso bien con él.

*****

Mis padres, Larissa y Will Campbell, viven en una bonita y enorme villa en
Harris Country, el equivalente a Travis Country en Houston. Mi padre siempre
alardea de haber comprado la casa por una cuarta parte de su precio, medio
millón en lugar de dos, puesto que de no ser un agente inmobiliario tan bueno,
ahora jefe de su propio negocio, no habría tenido la oportunidad de darle a su
esposa la casa de sus sueños en la mejor zona de la ciudad. Son adorables, a su
manera. Siempre han amado que nuestra familia goce de una buena apariencia,
pero han disfrutado de su pequeño y obsesivo deseo de nadar entre los ricos, a
pesar de que ninguno proviene de un linaje y ambos trabajaron duramente para
tener lo que hoy en día tienen en su retiro, juntos.

Son materialistas y superficiales, pero les encanta.

Y se aman.
─Cariño, ¿qué haces vestida así? ─Mi madre, cuya madre es latina, de dónde
viene mi cabello largo y negro, idéntico al suyo, me abraza apenas me ve llegar,
pero luego se separa de mí para verme con la frente sumamente fruncida. Lleva
puesto un suéter cuello de tortuga blanco y pantalones de lino, viéndose pulcra
e impecable─. Pareces un vagabundo, Savannah, o una stripper. Sabes lo que
opino de las plataformas. Si esa es la vida que estás llevando, al menos ten la
decencia de no traerla a mi casa.

Pongo los ojos en blanco.

─Yo también te extrañé, mamá.

Aunque sus comentarios sobre mi ropa, el estilo que adquirí al ir a la universidad


lejos de su opinión, deberían hacerme enojar, no lo hacen. Estoy acostumbrada
a que todo lo que salga de la línea entre refinado y elegante sea vulgar para ella.
Mi madre, por otro lado, deja eso aparte y me vuelve a abrazar con fuerza.

─Tu padre y yo te queremos y extrañamos mucho. No sabes cuánto deseamos


que te enamores de alguien que viva en Houston para que vuelvas a estar cerca
de nosotros. ─Ladea la cabeza, culpa brillando en sus ojos marrones─. ¿Es por
mi culpa que no te has establecido? Sé que siempre he sido dura contigo con
respecto a lo que significa para mí ser una mujer, que hay cosas a parte de
mantener una familia, pero nunca fue mi intensión que eso significara que
llegaras a los treinta sin abrirle tu corazón a alguien. Puedes ser fuerte y débil
al mismo tiempo, Savannah. Míranos a tu padre y a mí luego de veinticinco
años. El que estuviera con él no significó que dejara de hacer lo que amo.
Aunque la mayoría se sienten intimidados ante una mujer fuerte, hay hombres
a los que no les molesta el éxito, mi pequeña rosa. ─Su mentón empieza a
temblar─. Y si no se trata de eso, sino de que no te gustan los hombres, tu padre
y yo ya lo hemos hablado y mientras no te cierres a la idea de darnos un nieto o
una nieta, te apoyamos. El apellido Campbell no va a morir contigo.
Niego, un peso sobre mi pecho apenas dejándome respirar.

Esta es la segunda razón por la que casi no regreso a casa. Es difícil para mí
esconderle la verdad. Sería mucho más para mí decirle que mi novio se siente
incómodo con mi trabajo a tener que revelarle que he pasado cinco años
enamorada de un imbécil al que no le importo en lo absoluto, quién es además
el novio de su mejor amiga. En su mente es sumamente inaceptable que una
mujer, sobre todo su hija, se arrastre por un hombre. Mi padre no es un
mandilón, pero la trata como su igual y la respeta como tal a pesar de ser quién
trae la mayor parte del dinero a casa.

Ella estaría tan decepcionada de mí.

─Solo estoy demasiado concentrada en mi trabajo ahora mismo. Cuando llegue


al sitio en el que quiero estar, encontraré una pareja. ─Alzo las cejas, mis labios
curvándose hacia arriba─. Aunque en el la universidad experimenté algunas
cosas, no soy lesbiana, mamá. Me gustan los hombres. Mucho. Sin embargo,
me alegra saber que aún me querrían si no soy heterosexual, pero me preocupa
el hecho de que están empezando a verme como una incubadora humana. Tengo
veinticuatro. No quiero bebés.

Mamá se encoje de hombros a pesar de que sus facciones se fruncen con


desagrado ante la información revelada sobre mi vida sexual en la universidad,
su codo encajándose con el mío.

─Bien ─dice─. No tengas hijos, sécate por dentro, pero entonces atente a las
consecuencias, Savannah Campbell.
Detengo nuestro trayecto hacia el jardín, desde dónde papá nos saluda tras la
barbacoa, para verla. Su expresión me asusta.

─¿Qué consecuencias?

─Tu padre y yo podríamos estar considerando adoptar a algún adolescente que,


a diferencia de ti, nos valore. Ya hemos hecho todo lo que las parejas retiradas
hacen y Will está pensando volver a trabajar a tiempo completo de nuevo. Sin
él tendría un montón de tiempo libre. Podría gastarlo formando a alguien. Ya
mis propias flores no me soportan. ─Una sonrisa maliciosa se apodera de sus
labios─. O podría intentar salir embarazada de nuevo.

Conozco a mi madre. Sé que si no buscó un bebé antes, no lo hará ahora.


También que si nombró la palabra adolescente fue porque ya lo ha pensado lo
suficiente como para decirlo. No quiere bebés. No quiere popó. Quiere nietos
porque podría enviarlos de regreso a casa cuando estén siendo demasiado
molestos. Tanto papá como ella quieren compañía, lo cual solo me hace sentir
culpable como hija por no estar ahí para ellos lo suficiente. Sin embargo, volé
fuera del nido al ir a la universidad. Tengo la sospecha de que aún si viviera en
Houston seguirían sintiéndose solos a menos que estuviéramos bajo el mismo
techo, lo que atenta directamente contra mis deseos de formar mi propia carrera
independiente de sus amigos o influencias en la ciudad.

─Por experiencia propia, creo que serías una madre estupenda ─susurro antes
de dirigirme a mi padre, quién me espera con los brazos abiertos. De camino a
él giro el rostro y le ofrezco una sonrisita─. Solo no seas tan estricta sobre su
ropa o te odiará para toda la vida y, ah, tampoco cuestiones su sexualidad.

A pesar de que dudo que tome mi consejo, asiente.


─¿Ella te contó? ─pregunta papá, viéndome por debajo de sus gafas de montura
gruesa cuando me encuentro entre sus brazos, su cabello canoso revuelto.
Afirmo─. ¿Qué opinas? ¿No te incomoda? ─Suspira─. No tener nada que hacer
nos está enloqueciendo. Nos retiramos demasiado pronto. No nos dimos cuenta
de que el problema fue que crecimos demasiado rápido, entonces todo el trabajo
que hicimos en tan poco tiempo se vio como años. No hacer absolutamente nada
es una tortura. ─Sus ojos grises se iluminan como linternas─. A parte, si es un
muchacho podría enseñarle todo lo que sé de fútbol.

Niego.

─Serán excelentes, papá.

Porque es cierto.

No tengo dramas parentales.

Aunque quizás ellos sembraron el instinto competitivo en mí, yo soy la propia


causa de mi pena. Me enseñaron a obsesionarme con ser la mejor, no a
obsesionarme con conseguir a mi contraparte, la cual no me corresponde.

*****

A pesar de que no quiero hijos, no todavía, estar últimamente alrededor de


personas que sí los quieren me hace sentir mal por no desearlos. Enferma. Casi
presionada a embarazarme del primer hombre que encuentre así no quiera y esté
enamorada de Tanner, pero eso es lo que la sociedad hace contigo cuando
terminas la universidad y todavía no te has casado. Instala sobre tu cabeza un
cronometro que titila de vez en cuando recordante que tu reloj biológico
continúa corriendo, por lo que casi salto sobre Malcolm después de que el
autobús de lujo que envió por nosotros a casa nos deja en el estadio y nos
escoltan al palco VIP. Mi emoción de verlo se debe, en gran parte, a que ahora
me siento sumamente identificada con él. Ninguno de los dos quiere o ha
formado una familia todavía. Solo deseamos que nos dejen avanzar en nuestras
vidas como adultos y profesionales.

─Hey ─dice, sonriéndome de manera ladeada cuando rodeo su cuello con mis
brazos─. También estoy feliz de verte.

Llevo una de sus camisas del equipo, una de las tantas que me ha regalado, y un
par de simples jeans. Mis padres visten de manera similar, puesto que no
imaginamos que éramos invitados del palco del equipo. Mi madre debe estar
muriéndose por dentro ahora. A mi padre, sin embargo, estoy segura de que
debe darle igual desentonar alrededor de toda la gente rica del área VIP. El
fútbol es lo único con lo que no es meticuloso o quisquilloso. Larissa casi se
desmaya cuando una de las mujeres la reconoce y la lleva con su grupo, sus
mejillas sonrojadas debido a que todas ellas están perfectamente arregladas y
peinadas. Suelto una risita.

─Hola ─lo saludo antes de apartarme y señalarle a mi padre─. Malcolm, este


es mi padre, Will Campbell. Will, Malcolm Reed.

─Un gusto, señor Campbell ─lo saluda él cuando papá solo se le queda viendo,
sin poder creer que esté frente a su jugador favorito.

Malcolm, acostumbrado a este tipo de reacciones, ríe y lo guía a la ventana del


palco colocando un brazo sobre sus hombros. Me guiña un ojo mientras le habla.
Feliz de haber hecho realidad uno de los sueños de mi padre, me dirijo al otro
extremo del salón, dónde hay menos personas, y me pongo a visualizar el
campo. El partido ya lleva diez minutos de haber empezado. Vamos perdiendo.
Mis ojos se entrecierran con dolor cuando el quarterback suplente deja pasar
una oportunidad con el balón. Tras unos minutos, quizás diez o veinte, Malcolm
se posiciona junto a mí. Al igual que yo, está usando vaqueros y su camisa del
equipo, pero él es una estrella. Podría estar llevando un saco de patatas y aun
así verse bien. Le sonrío amplia y suavemente.

─Me siento feliz de haber venido a Houston este fin de semana. Lo necesitaba.
Aunque dudo que acepte tu propuesta de irme contigo durante la temporada,
tienes razón. Necesito unas vacaciones lejos del trabajo y de Austin. Estoy bajo
mucho estrés.

Malcolm separa sus labios para responder, pero capta un movimiento por el
rabillo del ojo que lo hace girar el rostro hacia la entrada del palco. Su expresión
se queda en blanco, pero luego se llena de tanta ira que inevitablemente me
recuerda a Tanner.

─Mierda ─suelta.

Sin entender su repentino cambio, volteo y lo veo.

Entiendo su reacción.

Tanner, su hermano, está entrando en el palco con una bonita chica morena,
quizás una modelo, guindada de su brazo. Una chica escalofriantemente
parecida a mí. Malcolm, al notarlo, me mira y luego a ella y traga, negando con
vehemencia después.

─Esto no es bueno.
Sabiendo que se refiere solo a que Tanner esté engañado abiertamente a Pauline,
algo que sospecho que le afecta a ambos debido a que ninguno de los dos quiere
ser como su padre, y no a lo que sea que haya entre su hermanastro y yo, puesto
que piensa que superé mi enamoramiento por él tras su boda, niego.

─No, no lo es.

Y aunque no tengo razones para pensar en ello, no puedo evitar sospechar que
este arrebato no se debe del todo a Pauline. No puede ser una coincidencia que
venga aquí, dónde estoy con su hermano, igual a él, con una chica que luce muy
similar a mí. Presiono mi mano contra el cristal cuando siento cómo mi cuerpo
empieza a temblar con ira e impotencia.

Este es exactamente el por qué no lo puedo dejar ir.

A dónde vaya, siempre me persigue.

Sino es él en persona, son sus contradicciones.


Capítulo 13
El viaje de la fraternidad a mi edificio transcurre en silencio. Gordon no dice
ni una sola palabra y yo tampoco, concentrándome en exceso en el peso del six
pack de bebidas alcohólicas en mi regazo. Una vez se estaciona, prácticamente
salto fuera de su auto porque realmente no quiero más problemas. Sin
realmente sonar egocéntrica, las cosas son como son. Los hombres rara vez
son fieles y lo último que necesito es que me mire de la manera equivocada y
tenga que cambiar de habitación de nuevo. Moriré si me apodan como la roba
novios del campus.

─Gracias, Gordon ─suelto escandalosamente rápido.

Luego de cerrar la puerta de su Audi, corro hacia el interior del edificio. Me


siento desgraciada y arrepentida de haber aceptado venir con él, como si
hubiera estado haciendo algo malo sin haberlo hecho, cuando el ascensor no
desciende lo suficientemente rápido y me veo obligada a compartirlo con
Gordon. Sin embargo, el alivio me recorre cuando se dedica a mirar su teléfono
y a teclear en él en lugar de prestarme atención.

Pero el alivio dura hasta que llego a mi habitación.

Tras verme entrar en ella con su novio tras de mí, Anahí se levanta de su cama
con expresión más que enfurecida, todavía llevando su uniforme del equipo de
voleibol. Su mirada es sumamente furibunda. También disgustada y asqueada
cuando se enfoca en mí con las manos puestas sobre sus amplias caderas.
─¿Qué se supone que haces con mi novio?

Miro a Gordon en busca de ayuda, pero este solo se encoje de hombros


mientras continúa viendo la pantalla de su teléfono, una sonrisita satisfecha,
placentera y conocedora en sus labios.

─Intenté decirle que se mantuviera lejos ─dice mientras niega como si no le


creyera─. Pero sabes cómo son, nena. Siempre tan sedientas y necesitadas de
la atención que no tienen.

Al momento en el que las palabras salen de sus labios, empiezo a retroceder


sin poder creérmelo. Esto debe ser una especie de broma de mal gusto. Cuando
Anahí empieza a avanzar hacia mí con expresión asesina, niego con
vehemencia, mis brazos apretando con fuerza el six pack. Gordon está
desquiciado. Nunca le he dirigido ninguna mirada malintencionada desde que
supe de su existencia. Al alzar la vista hacia él, veo que ahora nos mira con
diversión, sus brazos cruzados por encima de su pecho.

─Anahí, él está mintiendo, yo...

Mi intento de defensa se ve interrumpido tanto por ella como por el golpe de


mi espalda contra la puerta. La chica que antes lucía como una simple perra,
ahora se ve como una maniaca. En ese momento es que entiendo el por qué la
mujer de la distribución de los dormitorios me dijo que mi nueva compañera
era problemática.

─¿Querías follarte a mi chico, Savannah?

Trago mientras niego, odiándome por verme nerviosa porque podría pensar
que sí lo quería cuando la verdad es que estoy deshaciéndome por dentro
debido a que aunque no quiero a Gordon, las acusaciones de Anahí no son tan
lejanas a la realidad.

Sí quiero al novio de alguien más.

Solo que no al suyo.

─No ─respondo, pero ni yo misma me lo creo porque mi mente en este momento


está en Tanner y siento como si Pauline fuera la que estuviera frente a mí, no
Anahí, mis mejillas rojas.

Al ver la evidente vergüenza en mi rostro, esta alza la mano para abofetearme,


pero alzo las latas de smirnoff de manzana y estas son lo que su mano golpea,
no a mí. Anahí grita mientras la aprieta contra su pecho. Echándole un vistazo
a Gordon, descubro que está mirándonos sobre la cama de esta con una sonrisa
en los labios, sus brazos cruzados bajo su cabeza. Dejo escapar un chillido
indignado cuando Anahí vuelve a atacarme. Esta vez arroja las bebidas
alcohólicas de mis manos antes de ir por mi cabello. Nunca he peleado con una
chica con un chico, no físicamente, al menos, por lo que no le devuelvo ninguno
de los golpes. Ellos tienen serios y perturbadores problemas.

─Defiéndete ─gruñe ella cuando me lanza sobre mi cama, cayendo sobre mí,
lo cual saca el aire de mis pulmones y me hace jadear. Aunque la verdad es que
debería estar molesta, algo en mí quiere reír. Es decir, si no he hecho esto por
Tanner, mil veces mejor partido que Gordon, ¿cómo es que llegué a esto?
¿Cómo ella puede creer que me guste? Anahí debe ver la burla en mi rostro,
también el shock, por lo que hala mi cabello con más fuerza, seguramente
decepcionada al no hallar ninguna extensión de la cual tirar y lastimarme ─.
¡Defiéndete, zorra roba novios!

─¡No intenté nada con él! ─grito, harta de su espectáculo mientras pongo todo
de mí para empujarla al suelo, lo que hace que Gordon ría y me enderece para
mirarlo con rabia─. ¡Eres un maldito psicópata! ¿Cómo puede gustarte ver a
tu novia volverse loca de esa manera cuando sabes que lo que le dijiste no es
cierto?

Gordon arruga la frente como si acabara de recordar algo, incorporándose al


mismo tiempo que Anahí y caminando hacia mí.

─Cariño, por cierto, olvidé decirte que todo el mundo en la fraternidad vio
cómo Savannah me metió la mano en el pantalón.

Ante sus palabras, no puedo evitar chillar y girarme hacia Anahí.


─Está mintiendo, ¡toda la noche estuve con Ibor y...! ─Aunque mencionar su
nombre podría ser lo equivalente a poner una soga alrededor de mi cuello, lo
hago. Si no he recogido los frutos de lo que sí sembré, no recogeré de lo que
no─. Con Tanner Reed.

Los ojos de Anahí se prenden en fuego.

─¿El novio de Pauline? ─Se inclina, recoge una de las latas del suelo, y se
dirige nuevamente a mí─. ¿Así que Gordon no es el único chico prohibido por
el que vas, sucia y asquerosa golfa?

─Tanner la rechazó, cariño, no duró ni un segundo en su habitación con él


dentro, donde antes había follado con Ibor para sacarse el escozor de que
nunca la mirara teniendo una chica tan bonita con él, pero después intentó
recobrar su dignidad viniéndose conmigo. Él nunca lo arruinaría con su linda
y buena novia por una zorra del campus ─susurra él en su oído,
enloqueciéndola aún más, ante lo que no puedo evitar estremecerme, puesto
que Gordon no estaba mintiendo del todo─. Al igual que yo o cualquier hombre
con razonamiento. ─Sus palabras golpean mi pecho con fuerza─. Te juro que
cuando intentó chupármela de camino aquí, la aparté como a un perro de la
calle.

No puedo controlarlo. Aunque Gordon y su novia no son más que un par de


idiotas con una relación perturbadora, hay tanta verdad en lo que dice que mis
manos empiezan a temblar mientras me doy cuenta de cuán idiota he sido todo
este tiempo esperando algo que no va a pasar. Así Tanner termine con Pauline,
la reputación que la sociedad le pone a una chica que vive y disfruta plenamente
de su sexualidad nunca le permitiría estar conmigo. No soy la perfección que
quiere.

No soy una zorra.


No soy una golfa.

No soy una perra.

Pero no soy lo que él desea para su vida.

─Él está mintiendo ─susurro, siendo esto lo único que puedo decir sin
resquebrajarme─. No lo toqué ni intenté chupársela.

Lo demás, sin embargo, es cierto y ni siquiera yo puedo negarlo. Estaba


follando en su cama bajo el pretexto de que todos follan en las camas de las
habitaciones de las fraternidades para deshacerme del escozor de que lo
hubiera hecho tantas veces con Pauline frente a mí, mientras creían que
dormía, pero sabían en el fondo que no, y luego hablamos y me dijo que no era
más que otra de las chicas con las que se acostaba estando ebrio.

Que lo lamentaba si no me gustaba, pero así eran las cosas.

Anahí debe ver el evidente cambio en mi expresión y oír la sinceridad en mi


voz, pues su ira flaquea por unos segundos, pero eventualmente vuelve a ganar
sobre el resto de sus emociones cuando Gordon se dirige nuevamente a ella,
confirmando mis sospechas. Anahí puede tener problemas de ira, pero él es
quién la hace estallar, manipulando las flamas de su fuego a su antojo.

─Otra de tus compañeras ha intentado separarnos, cariño ─le dice─.


¿Permitirás que nos gane o lucharás, como siempre lo haces, por mí? ─Sus
labios se curvan con suficiencia y arrogancia─. Recuerda cuán buena ha sido
tu vida desde que llegué a ella. Sin mí no eres nada, Anahí. Absolutamente nada.
Esta vez cuando me estremezco, no lo hago por mí, sino por ella. Por la manera
en la que intenta ocultar la disculpa en sus ojos antes de girar la lata de alcohol
sobre mis planos en el escritorio. Fuera de mí, la empujo antes de dirigirme a
las hojas mojadas e intentar salvarlas, lo cual es inútil debido a que la mayoría
de ellas son de papel delgado, el que utilizo para mis borradores. Mi pecho
desciende hacia abajo al comprobar que todos los bosquejos de mi proyecto
para el concurso se han perdido. El inicio de mi futuro porque sé que aunque
lo intente, nada será tan perfecto como lo que ya hice. Un artista no hace dos
veces la misma obra de arte.

Y esta era la obra de arte que me llevaría a cumplir mis sueños como arquitecta,
a que mi talento no estuviese únicamente destinado a decorar o diseñar casas
para millonarios. Con taquicardia en mi pecho, asciendo la vista hacia los
culpables.

Sus sonrisas se deshacen cuando me ven.

─Tienes razón, Anahí, me incliné sobre tu novio y se la chupé en su auto de


camino aquí, pero lo hice porque él me rogó que lo hiciera desde la primera
vez que nos vimos ─le digo al detenerme frente a ellos tras tomar las llaves de
mi Mercedes, mis manos mojadas y llenas de papel. Si ya he pagado el precio
por algo que no hice, entonces que ella pague el creer que sí. Cada vez que me
llame de una manera despectiva, recordará el por qué─. Porque está aburrido
de que seas tan fácilmente manipulable. No sabes cuánto se burla de ti a tus
espaldas. ─Mis labios, el inferior sangrante debido a sus rasguños, hacen una
mueca─. Porque mientras tú lo amas, no eres más que un juguete para Gordon.

Al igual que las palabras de Gordon me dolieron pese a contener una mentira,
las mías también la hieren porque sabe que contiene algo de verdad. Al instante
él le asegura que solo soy una loca despechada, pero ambas sabemos que tengo
la razón. Tras salir de mi habitación, sin poder soportarlos más, camino por
los pasillos con andar tambaleante. El dolor que sentí tras mi conversación con
Tanner es nada al lado de que siento en este momento. Mi crianza me enseñó a
que mi carrera, mis propios logros, siempre van primero. Aunque cometí el
error de poner mis esperanzas en alguien más, mi madre me enseñó desde
pequeña que solo puedes confiar y manejar lo que tú misma haces, al menos
hasta que encuentres la persona correcta para sostenerte.

─Oh, Dios mío, ¿qué te pasó? ─exclama la encargada de la vigilancia de los


dormitorios, una chica con rasgos latinos de más o menos mi edad que también
he visto en el campus, cuando me ve en el estacionamiento─. Eres Savannah
Campbell, ¿no?

Entre tanto ardor, mi frente se arruga con confusión.

─¿Cómo sabes mi nombre?

─Siempre sales en el periódico. También estudio arquitectura, pero estoy más


avanzada que tú ─responde con suavidad, desviándome de mi camino hacia mi
auto para sentarme en una banca. Ya que a duras penas puedo manejarme a
mí misma, la obedezco y me siento─. Me llamo Faith y de verdad necesito saber
qué te sucedió, Savannah. ─Su expresión se vuelve levemente dura y triste
mientras me observa─. Si has sido atacada, necesito llamar a la policía y al
resto de la seguridad del campus.

Me tenso.

─No. Solo peleé con mi compañera por su estúpido novio.


Aunque su frente se arruga con disgusto, sus ojos marrones lucen aliviados.
Probablemente pensó que me habían violado o algo.

─Es gracioso cómo siempre buscamos el culpable en un hombre cuando


también nos lastimamos entre nosotras ─comenta antes de negar con un
suspiro agotado─. Las normativas del campus me obligan que lo notifique, pero
sé cuán estúpidas y decepcionantes pueden terminar viéndose las peleas por un
hombre, a lo cual ninguna mujer debería rebajarse, y considerando que eres
mi heroína... ¿por qué no solo llamas a alguien cerca para que se ocupe de ti,
Sav? ─Empiezo a negar con la cabeza, pero esto solo hace que su aire firme y
adulto vuelva─. Si nadie viene a recogerte, lo notificaré. Lo siento. No te
permitiré irte así como así con ese aspecto. No puedo darte la espalda cuando
claramente has sido herida y podrías hacerte aún más daño si nadie cuida de
ti justo ahora. Si no fuera porque tengo un turno completo, te invitaría a pasar
la noche conmigo y con mi compañera, pero ella no es muy sociable y no creo
que sea de mucha ayuda. También te admira, por cierto. Estudia lo mismo que
nosotras y tiene alguno de tus diseños en su mural de iconos de la arquitectura.
Lo siento si te estoy aterrorizando con esto, pero la verdad es que eres muy
buena. ─Mis labios hacen un mohín involuntario, pero también agradecido
debido a que después de lo que pasó, escuchar sus palabras es como aplicar un
bálsamo a una herida que aun así escuece─. Entonces, ¿necesitas que te preste
mi teléfono para llamar o lo notifico?

Niego.

─Llamaré.

Aunque una parte de mí la odia por obligarme a llamar a la persona que llevo
semanas evitando, otra la ama por ser tan increíble. No puedo evitar que mis
ojos se llenen de lágrimas cuando me doy cuenta de lo sola que estoy en Austin.
Además de Tanner y Pauline, no tengo a nadie más. No de confianza. El resto
son conocidos o ligues con los que he disfrutado en una fiesta. Sacando el
teléfono de uno de los bolsillos de mis pantalones, marco el número de mi ex
compañera de dormitorio. Mi atuendo está arruinado. Mis cadenas se
rompieron y mi sombrero fue arrojado por alguna parte en mi habitación
durante la pelea. Durante el descenso en el ascensor, me di cuenta de que no
solo mi labio sangraba, sino también mi cuello y mi mejilla, y de que mi cabello
es un completo desastre que necesita más que un lavado.

─¿Pauline? ─susurro cuando escucho el sonido de una respiración provenir


del otro lado de la línea─. ¿Podrías venir por mí? Tuve un problema con mi
compañera y su novio. ─Aprieto fuertemente mis ojos entre sí, las lágrimas
deslizándose por sus mejillas─. Peleamos porque Gordon le hizo creer a Anahí
que se la había chupado y arruinó mis planos para el concurso ─sollozo─. Por
favor, ven, yo... sé que no soy la mejor, pero te necesito. ─Pauline no me cuelga,
lo que habría tenido merecido después de cómo le he dado la espalda a pesar
de mi promesa de no hacerlo, sino que sus respiraciones se hacen más audibles
y profundas─. ¿Pauline? ─pregunto, mi corazón latiendo sin control en mi
pecho─. Si no vienes por mí, la vigilante que me encontró le notificará las
autoridades de la universidad y...

─Voy para allá ─me corta Tanner antes de colgar.

Faith alza las cejas cuando termino de hablar.

─¿Y bien? ¿Vienen por ti?

Trago, asintiendo.

A pesar de que hace tan solo un par de horas le dije que se mantuviera alejado
de mí, él vendrá, no Pauline. Contengo las ganas que siento de gritar ante el
hecho de que sea él quien haya respondido y no ella. Es como si estuviera
atrapada en un bucle.
─Creo que sí.

*****

Lo primero que hace Tanner cuando llega en su camioneta y se baja de ella es


cubrirme con mi chaqueta, la cual había dejado atrás. Lo segundo es interrogar
a Faith sobre cómo me encontró. Una vez obtiene todas las respuestas de esta,
me toma en brazos y me lleva él mismo al interior de su Raptor. Estoy tan dolida
y enmudecida por mis planos perdidos que ni siquiera siento mi usual
magnetismo hacia él, limitándome a acurrucarme en su asiento mientras
enciende el motor. A pesar de mi dolor, no puedo evitar girar el rostro en su
dirección cuando toma la manija después de que ella se va. Me mira con sus
profundos e intensos ojos negros antes de bajarse, su expresión escalofriante.

─¿Gordon salió?

Niego.

─Siguen ahí.

Tras asentir en mi dirección, empieza a cerrar su puerta.

─Quédate aquí y no te lleves mi maldita camioneta.

A pesar de que debería seguirlo y detener lo que sea que vaya a hacer, no lo
hago. La verdad es que odio a Gordon más de lo que odio a Tanner y me alegra
intuir que el mariscal de campo de su equipo, también su capitán, está a punto
de darle una lección. Presiono mi frente contra el cristal, disfruto del frío gélido
de su aire acondicionado y le subo el volumen al radio mientras espero. Tanner
sale tres canciones después con la ropa todavía más arrugada, un labio partido
y los ojos inyectados en sangre.

Cuando sus manos envuelven el volante, sus nudillos están rojos.

Al percibir mi mirada, se encoje de hombros mientras arranca.

─Después de lo que le hice, no podrá continuar con la temporada.

Ante su comentario, algo de cordura vuelve a mí.

Lo que hizo puede ocasionar que lo expulsen a solo un par de meses de


graduarse con calificaciones perfectas.

─Tanner...

─Esto es mi culpa, Savannah ─dice─. Así que no digas una mierda. Golpearlo
es lo menos que te debía después de que terminaras con ellos por la manera en
la que te eché de nuestro lado. ─Me mira fijamente─. Lo siento mucho por tus
dibujos.

Aunque me gustaría contradecirlo, no lo hago.

No puedo, pero no porque piense que tenga razón, sino porque no tengo
energías, ni ganas, para convencerlo de lo contrario. Sé que sea lo que sea que
le diga será en vano porque existe algo de verdad en sus palabras, pero yo
también me fui sin luchar.
Y aun así presiento que volveré.

*****

Mientras estoy acostada en mi vieja cama, dónde por fortuna nadie ha dormido
desde que me fui, y Tanner duerme con Pauline frente a mí, quién nos esperaba
despierta, pero aceptó no hacer preguntas hasta la mañana siguiente, ni
siquiera me siento molesta por regresar a la posición de la cual escapé. Ellos
no están en mi mente ahora, puesto que lo único en lo que puedo pensar es en
cómo la arquitectura no es solo lo que amo hacer, sino lo que más me hace
sentir orgullosa de mí. Es por lo que he luchado tanto en casa como aquí.
Contra mis padres y sus planes para mí al querer enviarme a una prestigiosa
escuela de negocios. Contra los alumnos y profesores que aún en pleno siglo
XXI continúan pensando que el hecho de ser una chica de fiesta y vestirte como
una Kardashian significa que estás vacía por dentro.

Contra mí al no poner a Tanner como el centro de mi existencia.

Por lo tanto, no soy buena en mi carrera solo porque la arquitectura sea lo que
más amo. Soy buena porque mi lucha por enseñarle al mundo que puedes
vestirte como quieras, ser como quieras, tener tus demonios y tus problemas y
aun así ser talentosa y exitosa en lo que disfrutas hacer si crees en ti y en lo
que haces me lo obliga. Ese es mi verdadero propósito al momento de obtener
las mejores calificaciones y ganar los mejores concursos y ellos me lo quitaron.

Entonces yo le quité lo más importante a Anahí, el velo con el que cubría los
estragos que es su relación, pero todavía no he ido por Gordon. Es evidente
que ella no es lo más importante para el jugador de fútbol, pero después de
revisar su perfil público en Instagram con un montón de fotos en su Audi antes
de finalmente cerrar los ojos, sé que lo es.
E iré por él.
Capítulo 14
Básicamente, logré aparentar ignorar a Tanner.

Realmente, no lo hice.

Después de que llegara al palco con la chica que se parecía a mí y se exhibiera


sin ningún tipo de pudor con ella, luché enormemente por mantener mis ojos
lejos de ellos y concentrarme en Malcolm y mis padres, quién terminó jugando
en el segundo tiempo para salvar al equipo a pesar de que habían decidido no
sacarlo. Una vez los Kings empezaron a ganar, sobrellevar la situación con mi
padre sentado a mi lado gritando fue más sencillo. Incluso diría que me divertí
cuando Malcolm salió al campo, pero la verdad es que en ningún momento mi
mente se apartó de él.

Eso empeoró cuando los dos hermanos se reunieron al final del partido en el
estacionamiento y discutieron, a lo que no pude hacer caso omiso y me
involucré para arrastrar a Malcolm a la cena que mis padres habían preparado
para salvarlo de un escándalo. Es continuamente acosado por la prensa y sé
cuánto odia que esta filtre información sobre su familia, en especial sobre
Tanner y su madre. Aunque Tanner me vio como si quisiera asesinarme por
meterme, no impidió que nos fuéramos juntos y lo dejáramos atrás con su
Savannah Campbell 2.0. Dejarlo con ella también trajo un sabor agrio a mi boca,
pero la humanidad logró algo importante esa noche cuando hice caso omiso de
ello y continué con lo mío.

El lunes, sin embargo, no me presento a su oficina como le dije que haría, sino
que permanezco en la mía. No voy a trabajar en su ático a menos que me pague
cien millones de dólares por ello y acepte mudarse a Asia mientras lo hago, lo
cual no va a suceder, por lo que me dedico a ignorar sus llamadas mientras
preparo las maquetas de los proyectos que debo entregar en unos días.

Sea lo que sea que esté pasando entre él y Pauline, ya no quiero sacar provecho
de ello, sino mantenerme lo más lejos posible.

Son un desastre, sí, pero son uno al que me arrastrarán.

─Sav, hay un hombre aquí que quiere verte ─dice Isla, mi asistente, asomando
su cabeza en mi oficina tras tocar la puerta de cristal que da acceso a ella. Es
una chica recién graduada en diseño de interiores a la que de vez en cuando le
doy la oportunidad de participar en un proyecto conmigo, al igual que el otro
arquitecto para el que trabaja. Su cabello es corto y marrón y su estatura
adorable. Es voluptuosa─. No tiene una cita, pero insiste en que necesita verte
personalmente. ─Sus mejillas se sonrojan, sus gafas empañándose de manera
graciosa como cada vez que se pone nerviosa─. Es... uhm, atractivo. Lo siento,
pero no puedo echarlo. Me pone nerviosa, ¿podrías hacerlo tú?

Me echo hacia atrás en mi silla, un trozo de cartulina con pegamento en mis


dedos, mientras la miro con las cejas arriba. El nombre de un hombre
acostumbrado a causar ese efecto en las personas viene a mi mente, pero me
permito a mí misma tener la esperanza de que no sea él. Es demasiado pronto
para que ruegue. Tanner Reed es muy orgulloso para aparecer tan pronto.
─¿Cómo se llama?

Sus mejillas se sonrojan todavía más.

─Discúlpame por ser la peor asistente, pero no puedo hablarle.

Pongo los ojos en blanco.

─Isla...

─Tienes que verlo por ti misma ─susurra antes de retroceder torpemente y


tropezar con sus propios pies antes de finalmente recuperar la compostura, lo
que soy capaz de ver debido a que las paredes de mi oficina son de cristal y
permiten que vea tanto hacia su despacho, dónde veo al hombre del cual habla,
y al de Donan, el hombre de cuarenta años con el que comparto el alquiler. A
diferencia de mí, él es feliz decorando y diseñando casas.

Mis labios se curvan hacia arriba cuando llego a Isla, quién realmente se enreda
con su lengua mientras intenta hablarle.
─Mi... mi je... mi jefa... ─tartamudea de forma triste, lo que hace que finalmente
me involucre ofreciéndole mi mano a Ryland, el dueño del club que decoré
recientemente y me prometió venir para que me encargara de su nuevo sport bar
en Travis Country.

─Ryland ─susurro con una sonrisa─. ¿Qué tal todo?

─Bien, ¿y tú? ─responde él mientras aparta su ceño fruncido de Isla y se


desabrocha la chaqueta de su traje azul marino antes de acercarse a mí
sonriendo─. Lamento haber llegado sin avisar.

Su cabello rubio está perfectamente peinado hacia atrás. Su barba está bien
recortada. Como si su rostro de ojos azules no fuera lo suficientemente atractivo
a pesar de su prominente nariz, su metro ochenta de estatura está dotado de
buenos músculos. Isla tiene razón, es atractivo, pero su tono de voz es
demasiado encantador.

─Estoy bien. No te preocupes, no estaba atendiendo a nadie, pero que no se te


haga una costumbre ─le respondo con una sonrisa─. Ven conmigo a mi oficina
y hablemos de tu nuevo negocio.

Ya que la visión del cliente siempre es importante, anoto todo lo que me dice
sobre sus aspiraciones con el local en un blog antes de realmente hablar de su
diseño, para lo cual fijamos una fecha para encontrarnos en Travis Country.
Ahora que he rechazado mi trabajo con Tanner, no me conviene deshacerme de
ningún proyecto, por el que me entusiasmo cuando Ryland me dice que pagará
muy bien si empezamos ahora. Después de que terminamos de hablar de
negocios y salimos de mi oficina, sin embargo, me sorprende echándome un
largo vistazo a pesar de que hoy no fui exactamente creativa con mi vestuario.
Después del fin de semana tan emocionante que tuve, opté por una falda de lápiz
negra, tacones y una sencilla camisa de mangas cortas.

─Sé que puede sonar poco profesional de mi parte, pero me encantaría llevarte
a cenar. ─Me enseña sus dientes al sonreír ampliamente. La verdad es que Isla
sí tenía motivos para quedarse sin palabras. Es como estar de frente a una
estrella del cine o de la televisión─. Mira, la verdad es que no sería yo mismo
si no te lo pidiera ─agrega con una sonrisa ladeada─. Cuando veo a una mujer
hermosa, simplemente no puedo dejarla ir

Aunque normalmente aceptaría, tanto la presión a la que he estado sometida


últimamente como el sonido afligido que Isla suelta desde su escritorio hace que
niegue. Es una buena asistente y no deja de ver directamente hacia Ryland a
hurtadillas de su escritorio a pesar de que acaba de invitarme a salir. Quizás si
me lo hubiera pedido a solas lo consideraría, pero no seré la inconsciente chica
que toma lo que más quiere en sus narices.

Ella es Isla y yo soy Savannah, pero he estado ahí.

Y no es bonito.

─Creo que no ─le respondo con la nariz arrugada─. No junto los negocios con
el placer, pero si tus intenciones son que hablemos de lo que quieres para tu bar,
creo que Isla y yo podríamos ir.

La mencionada luce como si se quisiera morir.

Ryland junta las cejas.

─¿Quién es Isla?
─Mi asistente ─respondo con los ojos en blanco.

─Oh. ─Ryland le sonríe, lo que hace que la tensión se libere de mis hombros,
puesto que no es tan idiota como para admitir abiertamente que no le prestó
atención al bonito cartelito con su nombre junto a ella─. Claro. ¿Puede ser
mañana? ─Su tono de voz se vuelve serio─. Podría pasarlas buscando por aquí
cuando terminen, adelantar la visita al bar y discutiríamos su diseño en la cena.
No es lo que buscaba, pero suena mucho mejor compartir mi noche con dos
mujeres hermosas en lugar que una sola.

─Por supuesto que sí.

Asiente, satisfecho, y se inclina hacia adelante para besar mi mejilla, lo que


acepto por cortesía y porque, bueno, huele bien y sería un poco desagradable de
mi parte si lo empujo.

─Bien, muchas gracias, señorita Campbell. ─Cuando se gira le guiña un ojo a


Isla, quién está tan blanca como la nieve─. Isla.

Una vez abandona nuestro piso, miro a mi asistente.

─Tienes razón. Es bastante atractivo.

Isla respira entrecortadamente varias veces antes de responder.


─Necesito comprar ropa. No puedo ir viéndome... así.

Arrugo la frente.

─¿Así cómo?

─Como yo ─jadea─. Necesito ser otra persona para mañana.

La única persona con la que voy de compras en Austin es con Pauline, lo que
consiste en mí escogiendo su ropa, y al oír a Isla quejarse por algún motivo las
palabras de Malcolm diciéndome que estoy continuamente sometida a
demasiado estrés sin descanso vienen a mi mente. Tras relamer mis labios, le
ordeno vaciar nuestra agenda para el resto de la tarde mientras me disculpo con
Donan por robarle a nuestra asistente por lo que queda del día. Él se lo toma
bien, agitando su mano hacia mí con desdén mientras permanece inclinado
sobre su escritorio y me ordena que cierre la puerta porque interrumpo su
proceso creativo.

*****

Al día siguiente me despierto con un poco de resaca, puesto que Isla y yo


bebimos champagne mientras obteníamos un tour por las mejores tiendas de la
ciudad, cortesía de una de mis clientas, la cual me hizo diseñar para ella y para
su esposo una habitación bastante exótica, y un montón de bolsas de compra a
mi alrededor. De alguna manera logro incorporarme y guardar las nuevas cosas
que obtuve ayer antes de irme al trabajo con un pantalón negro y una camisa
blanca de mangas vaporosas. Al igual que el día anterior, lo primero que me
dice Isla cuando llego es que tengo un montón de llamadas y mensajes de
Tanner.

─Bloqueé su número, pero sigue llamando desde otros ─dice.


Ya acostumbrada a que busque una manera de meterse en mi vida aunque no
exista, me encojo de hombros. Un poco de acoso de Reed no me da miedo. No
diseñaré su ático en lo absoluto.

─Sigue bloqueándolos.

Aunque mi respuesta le causa evidente exasperación, afirma.

─Lo haré.

*****

Ya que terminamos temprano, nos vamos antes y nos reunimos en mi casa para
vestirnos. Isla cubre sus curvas con un vestido rojo que hace que sea difícil de
ignorar ya que se ciñe a ella como una segunda piel. Se ve preciosa y lo hace
aún más cuando me pide ayuda para resaltar sus grandes ojos marrones con un
maquillaje ahumado. Ya que no tengo intenciones de destacar esta noche, entro
en un kimono azul con grabados y estilo asiático y ato mi cabello en un moño
en la parte superior de mi cabeza. Es lindo, pero no sexy. A pesar de que
llevamos toda la mañana hablando de cómo Isla actuará durante la visita al bar
y la cena, sus manos se llenan de sudor y nuevamente se olvida de respirar.

─No puedo, Savannah, yo...

─Solo repítete a ti misma que solo estamos trabajando ─le digo mientras paso
su abrigo por encima de sus hombros─. Nada más.
Mis palabras deben funcionar, puesto que a los segundos parpadea antes de
enderezar sus hombros. Al verla finalmente capaz de pasar por esto, salimos de
mi apartamento y nos dirigimos al lujoso deportivo de dos puertas junto a la
acera.

─Lo siento, sé que no hay mucho espacio detrás, pero no tuve tiempo para
alquilar un auto ─se disculpa Ryland mientras abre la puerta del asiento copiloto
para nosotras─. Lo siento, en serio.

Ya que se supone que estamos aquí en calidad profesional y soy su jefa, Isla se
va atrás y yo delante de camino al sport bar en Travis Country cuyos interiores
voy a diseñar. A diferencia del ático de Tanner, el local ya tiene piso y una
escalera de madera que conduce al segundo piso. Al instante en el que entro,
pienso que una decoración clásica y a la vez retro le quedaría bien. Algo entre
escocés e irlandés. Después de que Isla y yo hayamos tomado las medidas,
volvemos a entrar en su deportivo y nos dirigimos a un reconocido restaurante
de comida asiática de la noche. Todos pedimos arroz thai de mariscos y algunos
rollitos primavera para esperar mientras llega el platillo principal. Me siento
orgullosa de mi asistente cuando es capaz de oír y responderle a Ryland sin
sufrir un paro cardiaco o verse como un pez fuera del agua. A pesar de que su
tono de voz al dirigirse a ella es cortés, también contiene algo de genuino
interés.

Me alegra que al menos una de las dos esté disfrutando.

─¿Savannah? ─pregunta una voz por encima de nosotros, erizando mi piel─.


¿Es por esto que no me contestas?

Sin apartar mi mirada del mantel, respondo.


─No te contesto porque no quiero, Tanner. Tan simple como eso.

Ya que no lo miro, se posiciona junto a mí y me obliga a alzar la vista hacia él


debido a su cercanía. Isla hace un sonido lleno de sorpresa, pues se encuentra
junto a mí y para eso él tiene que posicionarse a su lado. Ryland frunce el ceño
hacia nosotros. Tanner, por su parte, no deja de fulminarme con la mirada con
las manos metidas en el interior de los bolsillos de su pantalón oscuro. A
diferencia de la mayoría de las veces, su camisa es blanca y está tan
desabotonada y arrugada que me cuesta creer que sea suya o que esté
disfrutando de verse así. Arruinado y descuidado.

─Savannah, es muy poco profesional de tu parte dejar de trabajar conmigo por


cualquier cosa que esté sucediendo entre nosotros ─dice lo suficientemente alto
para que los demás escuchen─. Te pagaré mejor de lo que nadie alguna vez te
pagará. Lo sabes.

─Vete ─gruño, mis mejillas rojas con furia debido a que está dejándome mal
frente a mi asistente y un cliente que, por cierto, rechacé debido a que se supone
que no mezclo negocios y placer.

─No ─replica inclinándose hacia mí, sus ojos sumamente oscuros─. Te dejaré
comer, pero estaré esperándote en el estacionamiento. Tengo algo importante
que enseñarte.

No le respondo al oler alcohol en su aliento. Sé que le gusta comer aquí, pero


también que al lado hay un bar bastante concurrido al que suele asistir con sus
socios, lo más parecido a amigos que tiene. Al igual que yo, Tanner es solitario
y solo se enfoca en los negocios. Aunque me odio a mí misma por ello, termino
asintiendo, a lo que se retira, ignorando abiertamente tanto a Isla como a Ryland
como el odioso maleducado que es. Les sonrío una vez nos encontramos
nuevamente a solas y en paz.
─Espero que el arroz thai valga la pena.

Ryland me ofrece una mueca, pero en sus ojos no hay recriminación, sino más
bien curiosidad y un deje de burla.

─Pensé que no mezclabas los negocios con el placer.

Me encojo de hombros.

─Acabas de ver por qué.

No dice nada después de ello, dedicándose únicamente a Isla mientras esta y él


hablan de los pasatiempos, como los videojuegos, que tienen en común.
Afortunadamente nuestra comida llega al cabo de poco. Después de que
terminamos con ella, pasamos de pedir el postre y nos dirigimos al
estacionamiento. Me alegro cuando tanto Ryland como Isla captan que no
regresaré con ellos y ellos mismos se despiden, la primera luciendo aliviada de
no tener que volver a la parte de atrás.

Como prometió, Tanner está esperándome junto a uno de sus autos deportivos
de lujo. Él arroja el cigarrillo que se encontraba fumando y lo aplasta con la
suela de su zapato antes de dirigirse al lado del asiento copiloto, por lo que
asumo que lo que quiere enseñarme no está aquí. Lo detengo de cerrar la puerta.
No sé cuánto ha bebido, pero no pienso averiguarlo en la carretera.

─No ─exclamo─. Yo conduzco o no vamos a ningún lado.


─No estoy ebrio ─dice, pero de todas maneras se baja y me tiende las llaves,
las cuales acepto antes de ocupar su puesto.

El lindo auto ruje con fuerza cuando Tanner entra y acelero para arrancar.
Ajusto el asiento debido a que es algo más alto que yo. Cuando nos encontramos
en la avenida principal, señala el camino a través de las montañas que conducen
a su casa y a su nuevo departamento. Alzo las cejas, pero lo tomo, puesto que
la idea de dejarlo en un sitio en el que pueda dormir e irme en un uber a casa
suena bastante bien si las cosas se ponen intensas.

Me sorprendo cuando me señala una vía contraria a sus propiedades, pero que
conduce directamente hacia el lago en medio de todas las construcciones lujosas
de Travis. Casi en su orilla, me indica que me detenga frente a un terreno vacío
con un cartel de venta tachado enfrente. Sospechando el motivo por el que
estamos aquí, ni siquiera me bajo del auto. A esta hora poco podría ver si lo
hago, puesto que solo vemos lo que las farolas del vehículo nos permiten, y
realmente no creo que soporte estar tan cerca de mi sueño sin caer, por lo que
tanto Tanner como yo nos limitamos a ver hacia al frente aún en el interior de
su BMW. Un terreno como este, si me dejo llevar por el inicio y el final de la
valla, podría costar fácilmente un millón o dos de dólares.

─Debes estar bromeando ─le digo después de un rato.

─No ─responde─. Ya hice el pago. Ya está a tu nombre.

Tras tragar, me giro para observarlo mirándome.

Su voz ni siquiera trastabilló cuando me habló y sé cuánto odia la idea de un


mal negocio porque lo he oído desquitarse con sus empleados al teléfono o en
persona en el tiempo que llevo conociéndolo, pero el ser estafada por un
arquitecto no parece molestarle pese al hecho de que esto va más allá de ser
demasiado a cambio de mi trabajo y ambos lo sabemos, por lo que debe haber
algo más que quiera de mí para que decida gastar su dinero así. A duras penas
escondo el temblor en mi voz cuando me dirijo a él. Si se va a Asia, podría
aceptar trabajar en su ático.

─¿Qué es lo que realmente quieres de mí?

Antes de decidir responder, se inclina sobre mí, lo que me hace extremadamente


consciente del aroma de su colonia y del whisky que había estado consumiendo.
A pesar de que el alcohol fue lo que ocasionó, en parte, todo esto, puesto que
debido a lo ebrio que se encontraba la noche que nos conocimos es que no me
recuerda más que como una de sus conquistas sin nombre, no puedo evitar darle
la razón y creer que en realidad está en sus cabales. Nadie que no se encuentre
en sus cinco sentidos te puede mirar como Tanner Reed me está mirando en este
instante.

─Nada diferente a lo que ya me has dado, Savannah ─responde con voz suave
y baja, pero sumamente profunda─. Todo.

Y antes de que mi mente pueda encontrarle sentido a lo que acaba de decir, junta
los suyos con los míos y me besa. Aunque todo en mí desea que mueva mi boca
contra la suya y lo acepte, me separo de él al momento en el que entran en
contacto. Sintiendo mi pecho arder, me bajo del auto y empiezo a caminar de
un lado a otro sobre el camino de tierra. Respiro profundamente, sin poder creer
lo que acaba de suceder. Lo que está sucediendo. Tanner no tarda en bajarse
también y en acercarse a mí con expresión demasiado serena para la manera en
la que acaba de cruzar una línea bastante peligrosa del lado en el que ahora se
encuentra.

El que engañe a Pauline con otras en una cosa.


El que lo haga conmigo... niego.

Es arder en el fuego.

Quiero que la aleje y que me elija, no que la engañe.

Si ese fuera mi deseo, lo habría cumplido desde hace tiempo.

─Tanner, no podemos ─le digo cuando me presiona contra la puerta del BMW
con su cuerpo, estremeciéndome cuando sitúa su rostro junto al mío, por lo que
su aliento impacta con mi oído y con mi cuello cuando inhala y exhala sobre
él─. Pauline...

─Pauline nos ha hecho suficientemente daño a ambos ─me corta colocando sus
frías manos en mis mejillas, a lo que no puedo evitar alzar la vista para mirarlo
fijamente─. Ella no importa, Savannah, ya no. Le di todo lo bueno de mí y aun
así lo tomó y lo menospreció. No es tan buena e inocente como pensábamos. Te
prometo que permanecerá lejos si aceptas. Me estoy desmoronando y eres la
única persona con la que no me siento como una pieza rota porque continuas
mirándome como si fuera lo mejor que has visto. ─Su nariz juega con la mía,
rozándola y acariciándola─. Te estoy dando lo que todo este tiempo has pedido
a gritos. Tómalo o déjalo ir de una vez por todas.

Mis rodillas flaquean al oírlo, pero Tanner impide que me caiga al sujetarme de
la cintura y nuevamente buscar mis labios. Al no ser rechazado, toma nuestro
beso como un sí y se atreve a invadir mi boca con su lengua. Creyendo en su
promesa de que Pauline ya no será un problema, envuelvo su cintura con mis
piernas cuando me alza para llevarme sobre el capó. Encajo mis dedos en su
cabello mientras continuamos besándonos con absolutamente nadie a parte de
nuestras consciencias como testigos. A pesar de que su sabor y su tacto me
tienen enloqueciendo, al igual que la sensación de su erección contra mi centro,
niego mientras me aparto nuevamente de él, luchando por enviarlo lejos y
bajarme de su auto, dónde terminé puesta como si fuera una adolescente.

─No pasaré por esto otra vez ─le digo a su mirada tanto furibunda como
interrogante─. Si para mañana continúas pensando igual, lo pensaré. No volveré
a ilusionarme contigo, Tanner Reed.

Al oírme, su postura tensa se relaja y su expresión se suaviza.

Asiente.

─Te prometo que así será.

─¿Cómo lo sabes? ─le pregunto mientras ajusto mi ropa antes de dirigirme al


interior del auto, mi corazón latiendo aceleradamente.

Él no responde hasta que está a mi lado, mirando hacia el terreno que compró
para mí mientras respira de manera entrecortada. Aunque su rostro no lo
demuestre, sé que está afectado por lo que hicimos por la manera en la que sus
mejillas lucen rojas.

─Solo lo sé.
Capítulo 15
─¿Estás segura de que estás bien? ─me pregunta Pauline por quinta vez
mientras desayunamos en el que solía ser nuestro sitio favorito para comer
panqueques en Austin luego de que le cuento lo que sucedió, a lo que afirmo,
lo cual hace que me oculte más en la capucha de la sudadera gris que me prestó,
junto con un par de vaqueros, para que me duchara y saliéramos.

─No tienes nada de qué preocuparte ─añado cuando la preocupación no


desaparece de sus ojos─. Lo resolveré.

─Savannah...

Niego mientras hundo mi tenedor en los panqueques.

─Solo déjalo ir, Pauline.

Cuando alzo la mirada con un bocado cerca de mi boca, presiona sus labios
fuertemente entre sí. Tanner está a su lado, pero ni siquiera ha tocado su
desayuno. Su expresión es ausente mientras mira por el ventanal junto al que
nos encontramos sentados. Mi mandíbula se aprieta cuando su novia habla otra
vez.
─No, no lo dejaré ir, Savannah, porque esos imbéciles te hicieron daño, ¿y por
qué? ¿Por qué que te tuviste que mudar a otra habitación si nos iba tan bien
juntas? Me dijiste que se suponía que necesitabas estar sola y lo respeté, ¡pero
te fuiste a vivir con alguien que resultó ser mucho peor que yo! ─dice esto
último incorporándose y aplanando sus manos sobre la mesa, la expresión de
su rostro severamente lastimada. Al darse cuenta de que todos están mirándola,
baja su tono de voz─. Te dije que si Tanner era el problema, no lo dejaría entrar
en nuestra habitación otra vez y no aceptaste, por lo que ahora que veo cómo
has preferido vivir con estas malas personas y no conmigo y si tomo en cuenta
la manera en la que me has ignorado todo este tiempo... ─Niega─. No puedo
evitar pensar que quizás todo no iba tan bien entre nosotras. Realmente te
considero una amiga, ¿tú a mí no? Sé que no soy tan interesante como todas
las demás chicas, que incluso a veces soy un poco tonta, ¿pero qué es lo que es
tan terrible en mí que te hizo terminar con Anahí y su novio? ¿Qué causó que
me mintieras al decirme que deseabas soledad?

Cuando termina de hablar, sus ojos están llenos de lágrimas. No espera que le
responda. Simplemente arroja la servilleta que puso sobre sus piernas a la
mesa, sobre mi comida, y sale huyendo cuando no le contesto apenas termina
de hablar. Tanner hace ademán de levantarse para seguirla, pero niego antes
de perseguirla. Ya que su mochila está en la camioneta de su novio, no llega
muy lejos. La alcanzo en el estacionamiento. Pese a que está usando sandalias
y un vestido floreado de margaritas, anduvo rápido. Sus brazos están cruzados
sobre su pecho con fuerza.

─Pauline, necesitaba espacio ─le digo, pues es lo más parecido a la verdad


que tengo para ofrecerle─. No sé la razón, pero necesitaba espacio. Tal vez
irme no fue la mejor opción o la solución, pero estaba asfixiándome. Lo
necesitaba y lo tomé.
A pesar de que su expresión se suaviza, no lo deja ir tan fácil.

Niega, lo cual hace que sus rizos dorados se agiten.

─Ese es lo problema con las chicas como tú. ─Toma una profunda bocanada
de aire antes de seguir─. Hacen lo que quieran sin tomar en cuenta los
sentimientos de los demás. No sabes cuántas veces me quedé dormida
preguntándome qué es lo que hice mal para que dejaras de hablarme, pero
ahora me doy cuenta de que... fue nada. Lo dejaste de hacer porque te vino en
gana y ya.

Aunque debería sentirme mal por lo que dice, no lo hago.

Me molesta, eso sí, porque si Tanner no hubiera pasado tanto tiempo a nuestro
alrededor, quizás hubiera sido capaz de soportarlo. Quizás no me hubiera
obsesionado. Lo que sucedió, en cambio, fue que Pauline se paseó por meses
frente a una criatura hambrienta con un recipiente de helado en la mano.

Y no me quedó de otra que desearlo.

─Y el problema con las chicas como tú es que todas piensan que el mundo gira
a su alrededor ─le digo, lo que la hace fruncir el ceño─. Como son buenas y
perfectas, todo el mundo quiere lastimarlas y desear vivir sus vidas, pero las
verdad es que no. Preferiría estar muerta a ser inconsciente de lo que sucede
frente a mí. Me atacas por haberme ido, ¿pero no te das cuenta de que la razón
por la que lo hice es obvia? Anoche fui atacada por una pareja de lunáticos,
arruinaron mis dibujos, planos importantes para un concurso vital para mi
carrera, y no has sido capaz de dejar de lado tu molestia ni por un solo día,
Pauline. ─No como yo lo he hecho por tantos de ellos para que fuera feliz─.
Me acusas de ser egoísta, pero tú no eres mejor, sino peor. Por lo menos yo sí
sé lo que sucede frente a mí porque me permito salir de mi propio cuerpo y
ponerme en los zapatos de los demás, algo que tú, samaritana, eres incapaz de
hacer porque estás encerrada en tu pequeña realidad dónde eres cristal y todos
deben cuidarte. ─Al ver sus ojos llenarse de lágrimas, siento la tentación de
parar, pero no lo hago. Ahora que he empezado a decirle lo que de cierta forma
ha estado atascado en mi pecho por tanto tiempo, no puedo detenerme─.
Absorbes a las personas bajo la necesidad de cuidarte y perdonártelo todo
porque eres gentil y amable, inconsciente de lo que les haces. No lo resistí. Por
eso me fui.

Cuando termino de hablar, abro la puerta de la camioneta de Tanner, la cual


este abrió a la distancia, y saco mi mochila de ella. Ninguno de ellos me detiene
mientras me alejo. Debido a que luzco como si fuera a presentar la audición
para el casting de una película zombie, me tomo el día de mis clases. En su
lugar me acerco a la oficina de distribución de dormitorios y acepto
nuevamente volver a vivir con Pauline, el único sitio disponible, puesto que sigo
odiando más a Anahí y a Gordon por encima de lo que los detesto a ellos. Una
vez he hecho todo el papeleo, voy por mis cosas al dormitorio junto al campo
de fútbol.

Mis hombros descienden con alivio cuando confirmo que Anahí no se encuentra
presente, sino en una de sus prácticas de voleibol. Tomo mi ropa del armario y
la meto en una de las cajas que encontré en el depósito del edificio. Una vez
termino con mis prendas, bajo al estacionamiento y lo guardo en mi Mercedes.
De alguna manera consigo mudarme nuevamente en menos de una hora,
dejando por último mi escritorio. Mi pecho desciende con dolor cuando poso
mis ojos en el papel arrugado que ahora son mis planos. Los acaricio con mis
dedos como si tuvieran magia y eso pudiera traerlos de nuevo a la vida, pero
no lo hace. Siguen siendo basura después de haber sido simplemente
maravillosos.

Tragando el nudo en mi garganta, pero no deteniendo las lágrimas que


descienden por mis mejillas, guardo mis materiales de dibujo y me dirijo
nuevamente al estacionamiento, yendo de prisa hacia mi auto repleto por
tercera vez de mis cosas. Ya que nada más cabe dentro, peleo por mantener
arriba el maletero mientras meto mi última caja. Me tenso cuando una mano la
mantiene arriba.

─Hola ─saluda Ibor amigablemente.

Al verlo, mi cuerpo instantáneamente se relaja.

─Hola ─digo tras meterla, una sonrisa en mi cara─. ¿Cómo estás?

Su frente se arruga con preocupación. Está vestido con ropa de deporte, por lo
que supongo que iba camino a entrenar cuando me vio. Aunque una parte de
mí se siente mal por haber sido tan perra con él cuando claramente es un buen
chico, la mayor parte no lo hace. Fui clara. Solo fue un momento de sexo. Sin
embargo, no puedo culparlo por creer que pudo haber nacido algo lindo de
ello.

─Sin ofender, mejor que tú. ─Sus ojos están fijos en mi labio partido─. Iba a
entrenar unas horas extra, pero puedo dejarlo. Arriesgándome a ser rechazado
otra vez, ¿aceptarías un café?

Mis labios instantáneamente hacen un puchero tras oírlo.


Él es tan agradable.

Tan dulce.

¿Por qué simplemente no puedo quererlo?

─No ─respondo, pero a pesar de ello me sostiene entre sus brazos cunando las
lágrimas empiezan a aparecer de nuevo ante el recuerdo de mis planos
arruinados y de que voy a regresar al lugar del que escapé porque me hacía
mal, convirtiéndolo al instante en el mejor chico que alguna vez se haya
cruzado en mi camino. Una vez termino de ser patética, me separo de él y lo
miro con una sonrisa─. Pero puedes ayudarme con mi mudanza mientras nos
preparo algo de comer, si quieres ejercitar un poco.

Ibor me devuelve la sonrisa.

─Creo que eres la mujer que más me ha hecho sentir como un objeto ─dice,
pero de todas maneras asiente y me acompaña a mi viejo hogar─. Por cierto...
─suelta cuando ya estamos en marcha hacia allá, sus dedos bajándole volumen
a la radio─. Aunque soy un chico grande, odio la violencia, pero estoy de
acuerdo con lo que Tanner le hizo a Gordon. No es la primera vez que él y su
novia atacan a una chica del campus. Hizo bien echándolo.

Arrugo mi frente mientras mis dedos aprietan el volante.

─¿Echándolo?

Ibor asiente.
─Sí.

─¿De dónde?

─Del equipo ─responde, mirándome con la frente arrugada─. ¿No lo sabías?


Pensé que él y tú eran, son, cercanos, ¿no?

─¿Por qué lo dices?

La confusión se hace aún más presente en el rostro de Ibor.

─¿No son familia? Eso es lo que nos dijo a todos para que no te molestáramos
después del partido por joder con Johnson. Después de que nos
desconcentraras a todos, en especial a él, todos esos idiotas querían meterse
contigo para fastidiarte.

Aunque me gustaría contradecirlo, no pondré en evidencia al capitán del


equipo delante de él, no cuando eso me haría quedar en evidencia a mí o admitir
cosas en voz alta que no quiero. Tampoco deseo hacer o decir nada que pudiera
dejarlo mal después de que arriesgara su propio pellejo por mí golpeando a
Gordon en un dormitorio del campus o lo echara del equipo. Para que esto
último sucediese, sin embargo, no debía ser muy bueno.

─Sí ─respondo─. Primos lejanos. ─Giro el rostro hacia él con una ceja alzada,
mis labios curvados hacia arriba con diversión─. ¿Entonces esa noche te
acercaste a mí para molestar, Ibor?

Ibor tiene la decencia de sonrojarse.


─Bueno... ─Sonríe traviesamente─. Incluso un buen no puede resistir la
tentación de hacer cosas malas de vez en cuando. No solo eras el blanco más
deseado, sino que eres hermosa y... lista. Te he visto un par de veces en el
periódico. La zona en la que sales está junto a las noticias deportivas, ¿sabes?
─Asiento, puesto que soy muy consciente de eso. Debido a ello Tanner y yo
salimos varias veces casi juntos en él─. Y bueno, a la mierda Tanner. Mis
intenciones no eran del todo malas. Fui un caballero. Inventé a su prima a salir
después, pero ella me rechazó.

Suelto una inesperada risita.

─¿Quieres un consejo?

Ibor asiente.

─Suéltalo, nena.

Nuevamente giro el rostro hacia él para sonreírle con calidez.

─Nunca te fijes en tu acostón de una sola noche. ─Niego, lo que hace que
algunos mechones de mi cabello se atraviesen en mi campo de visión y tenga
que apartarlos─. No termina bien.

*****
Con Ibor ayudándome mientras nos pido pizza y dos malteadas de oreo con
chocolate para almorzar-merendar, puesto que no he comido desde esta
mañana y dejé a medias mi plato para ir tras Pauline, termino con mi mudanza
más rápido de lo que podría haber esperado. A pesar de que odio estar
nuevamente aquí, no puedo evitar admitir que extrañaba el aroma a limpio de
Pauline en lugar del rancio y lleno de sudor de Anahí, puesto que rara vez se
daba una ducha después de regresar de su entrenamiento, por lo que siempre
debía tener un ambientador y un eliminador de olores desagradables en spray
a la mano. Una vez Ibor se va, me acuesto en mi cama y me quedo mirando
fijamente el techo.

Antes de que pueda darme cuenta, me duermo.

*****

Me despierta el sonido de la puerta abriéndose. Tras separar mis párpados y


ladear la cabeza, me encuentro con Pauline caminando de manera insegura y
nerviosa hacia mí. Me incorporo en uno de mis codos para que nos podamos
ver mejor. Ambas nos dijimos cosas horribles más temprano, las dos teníamos
razón, pero no puedo evitar pensar que me excedí. Ella no es como yo. No es
de las que se habitúan a lo malo, sino que huyen de ello.

Así que soy la primera en hablar.

─Lo siento si lo que dije más temprano te lastimó, pero no lo retiro.

Ella se detiene frente a mí. Me mira fijamente por unos segundos antes de
asentir con expresión absolutamente seria, lo que la hace ver como ora
persona. No como un hada silvestre. Me gusta más.
─Yo tampoco lo retiro, pero me disculpo por haberlo dicho en este momento.
Tienes razón. ─Se sienta en mi cama, pero se levanta cuando yo también lo
hago─. No debí haberlo soltado en este momento. Sin importar cuales hayan
sido tus verdaderos motivos para irte de aquí, has sido lastimada y ahora se
trata de ti.

Aunque esta conversación está resultando más agradable de lo que pensé que
sería en un inicio, me acerco a la puerta principal y la abro ante la atenta
mirada de Pauline. Ya que irme sin despedirme sería demasiado cruel, giro el
rostro hacia ella tras abrir la puerta. Le ofrezco la mejor sonrisa que puedo
darle.

─Haré todo lo posible para no hacerte sentir mal si me asfixias.

Aunque no me devuelve la sonrisa, la tensión se desvanece de su rostro. Sus


hombros también descienden hacia abajo con alivio.

─Yo prometo no meterte más a mi novio por los ojos.

Aunque me congelo por unos segundos tras sus palabras, logro asentir y salir
de nuestro dormitorio con prisa. Aunque por algún motivo intuyo que ninguna
de las dos será capaz de cumplir su promesa a la otra, dejo cualquier
pensamiento sobre Tanner y Pauline fuera de mi mente y me concentro en
revisar las historias del Instagram de Gordon, quién es tan estúpido que tiene
su perfil en público a pesar de que nadie lo sigue, ni lo seguirá. Tras ver la más
actual, en la habitación que hasta ayer compartí con Anahí, me dirijo ahí con
toda la intensión de ocasionar un desastre.

Lo que le hizo Tanner no es suficiente para mí.

*****
El campus está repleto de cámaras de vigilancia, por lo que estaciono varias
cuadras antes y me pierdo en un bosque, dónde cambio mi sudadera gris por
otra, antes de dirigirme al dormitorio junto al campo de fútbol en que el equipo
todavía se encuentra entrenando. Ya que el tablero que proporciona
iluminación tanto a sus reflectores como al edificio en el que viví se encuentran
cerca del punto en el que los jugadores se encuentran, me arriesgo a ser
descubierta acercándome a la parte tras los vestuarios en el que está puesto.
Una vez he dejado esta parte de la universidad sin luz, regreso tan rápido como
puedo sin llamar la atención al estacionamiento de los dormitorios. Tras
encontrar el Audi de Gordon, lo rocío con la gasolina de emergencias que suelo
tener en una cantimplora en la cajuela de mi auto y enciendo una cerilla. Antes
de que pueda arrojársela encima, sin embargo, una voz tras de mí me detiene.
Por más culpable que se sienta, la verdad es que este no es su asunto. Gordon
es un imbécil que necesita una lección y ya. En su redes sociales encontré que
el bonito deportivo frente a mí es un premio de una rifa, puesto que con el
salario de sus padres, quiénes son granjeros, nunca habría podido
comprárselo, por lo que lo que está frente a mí es lo que más ama.

No el fútbol, en el que confirmé con Ibor que era malo.

No Anahí.

─No lo hagas ─me dice Tanner, avanzando hacia mí mientras el fuego


desciende hacia abajo en el palillo de madera consumiéndose en mi mano. Está
usando su uniforme de entrenamiento y su rostro, al ser alumbrado por la
cerilla, se ve serio y preocupado. No molesto. No me está mirando de la manera
en la que usualmente lo hace─. Te vieron en el campo. Te buscan por haber
causado un apagón. Esto no es prudente. Si te descubren, podría significar la
pérdida de todo lo que te importa.
─Las cámaras no captarán nada.

─Savannah... ─advierte─. Si lo haces, podrías ser expulsada. Entiendo que


estés molesta, pero esto no soluciona nada. Si quieres darle una lección a
Gordon más allá de lo que le he hecho, haz planos que resulten aún mejores de
los que hiciste y gana ese maldito concurso.

Mis ojos se llenan de lágrimas.

─Ese es el problema. ─Trago─. Nunca podré hacer nada mejor.

Nunca volveré a sentarme en el balcón de la habitación de Anahí y me inspiraré


por días en la manera en la que Tanner ataja y lanza un balón. No hará las
mismas jugadas por mí, ni él ni las personas a las que se enfrentaba en ese
momento. A pesar de que muchos son capaces de hacer lo que propone, mi
talento no funciona de esa manera. Es un instante. Un momento. Una sola
oportunidad que debes aprovechar, en mi caso, para trazar una línea. En el
caso de otros artistas, para escribir o para pintar.

Una obra de arte no nace dos veces.

No importa lo mucho que te esfuerces porque sí.

─Sav... ─Ahora su tono de voz es suplicante. Aunque estoy a unos milímetros


de quemarme los dedos, continúo sin soltar la cerilla. No lo hago incluso
cuando envuelve mi mano con la suya, calentándome aún más que el fuego, y
desciende su rostro para mirarme fijamente. Estoy segura que no la ha tomado
con sus propios dedos porque cualquier movimiento que haga podría significar
su caída al charco de gasolina─. No lo hagas, por favor.
─No es solo un concurso ─susurro─. Es la entrada por la puerta grande al
palacio de mis sueños, ¿por qué te cuesta tanto entenderlo? Si alguien te
hubiera roto el brazo, estarías igual.

─El fútbol no es lo más importante para mí.

─¿No? ─Niega─. Entonces imagina te arrebaten tus perfectas calificaciones,


tu camioneta o el orgullo de tus padres.

Tanner traga, visiblemente afectado y en conflicto.

Está entendiendo, por fin, cuán valioso es esto para mí.

─Sigue sin ser lo suficientemente importante como para que destruya mi vida
cometiendo una estupidez por ello ─responda mientras ejerce presión en mi
muñeca─. Savannah, por favor.

─Tanner, solo piensa en lo más importante para ti ─le digo, ahora


quemándome y extendiendo la mano cuando Tanner se inclina par soplar la
cerilla, lo que lo hace gruñir─. Y en qué harías si te lo quitaran. Piensa en lo
que sea, o en quién sea, que te haga estúpido y compréndeme. No puedo dejar
pasar esto mirando desde lejos como alguien más se venga por mí. Debo
hacerlo yo o no podré dormir en paz nunca más.

─¿Pero yo sí debo mirar cómo te arruinas por mi culpa sin hacer nada?
─pregunta de regreso, sus ojos sumamente sinceros─. Porque si lo hago, seré
quién no podrá dormir en paz nunca más.
─Tanner...

Al sentir literalmente que se queman mis dedos, no puedo evitar soltar la cerilla
en el momento justo en el que la luces vuelven a encenderse y la policía del
campus pasa junto a nosotros en dirección al campo de fútbol. A pesar de que
el fuego ya se había apagado, a veces solo se necesita una chispa para iniciar
un incendio. Uno que se ve reflejado en sus ojos negros.
Capítulo 16
Ninguno de los dos dice nada más hasta que me estaciono frente a su casa.
Cuando hago ademán de bajarme, puesto que tomaré un Uber de regreso a mi
estudio, coloca su mano sobre la mía, que está sobre sus llaves, y niega. Arrugo
la frente y bajo mi brazo en respuesta, deshaciendo nuestro toque antes de que
haga algo estúpido debido a ello, como no apartarlo si se inclina sobre mí.

O aceptar una invitación a su casa.

─Puedes llevarte mi auto.

Aunque estoy tentada de negarme, la verdad es que no tengo ganas de sentarme


en la acera o de verle la cara mientras espero que la persona con la que contacte
en la aplicación venga por mí.

─Te daría las gracias, pero fue por ti que no me fui con...

─¿Con Sklovensko?

Mi mandíbula se aprieta ante la mención del apellido de Ryland.


Aunque me siento idiota por preguntarlo, lo hago.

─¿Son amigos?

Tanner me mira como si fuera estúpida.

─Ninguno de los dos es de tener amigos, Savannah ─responde─. Pero sí, lo


conozco. Es mi socio más reciente. Decidí invertir un poco de mi dinero el bar
deportivo que abrirá aquí y así...

─Así fue como supiste que cenaría conmigo ─completo con él, a lo que asiente
con actitud desvergonzada cuando su comportamiento roza lo acosador─.
Tanner, ¿eso fue antes o después de que fueras a mi apartamento estando ebrio?

Con la mano en la manija de la puerta, alza una ceja hacia mí.

─¿Importa? Negocios son negocios.


Separo los labios para responderle que sí, que sí importa, pero a último
momento los cierro. Así esté en lo correcto al suponer que el plan B de Tanner
para arrastrarme a sus brazos era ser mi segundo jefe en esto, a lo que no podría
negarme por tener un acuerdo ya con Ryland, y ambos lo sepamos, él no lo
admitirá nunca en voz alta, así como tampoco dirá que a lo largo de todos estos
años no he sido la única capaz de no dejarlo ir del todo.

También está él, quién me ha sorprendido lo suficiente hoy al arrastrarse al


restaurante al primer día de abandono de mi parte cuando es la persona más
orgullosa y altiva que conozco.

Y está Pauline.

A quién ni siquiera considero una amiga, pero me necesita.

─No, no importa.

Tras mirarme por un largo momento, Tanner asiente y se baja.

─Buenas noches, Savannah.


No me da oportunidad de contestar. Cierra la puerta y me da la espalda para
entrar a su casa, la cual lo espera con las luces encendidas. Tras verlo
encontrarse con el mayordomo en la entrada y no caer sobre los escalones,
presiono el acelerador y arranco a sabiendas de que no podré dormir durante
toda la noche. No mientras todavía sienta sus labios sobre los míos.

*****

A la mañana siguiente asisto al trabajo con un sencillo vestido blanco con


detalles azules similares a la porcelana holandesa. También tomo el deportivo
de Tanner para dirigirme a él, pues sospecho que en cualquier momento podría
aparecerse en mi sitio de trabajo para reclamarlo. Durante la mañana,
afortunadamente, no hace acto de presencia, pero no canto victoria hasta que
salgo de mi oficina a mediados de las seis y media de la tarde.

Para el momento en el que estoy subiendo por el ascensor de mi edificio, mi


frente se encuentra arrugada porque no puedo creer que Tanner no se haya
aparecido en todo el día. Aunque estoy en su mayoría aliviada de no tener que
lidiar con él o lo que sucedió ayer, a lo que todavía no sé cómo me siento, una
parte de mí se siente molesta por soltar algo como eso y simplemente
desaparecer o arrepentirse después. A pesar de que ya confirmé que el terreno
se encuentra a mi nombre cuando un abogado me trajo el título de propiedad
más temprano, esto último pudo haber sido lo que sucedió, por lo que me alegra
no haber cedido a la tentación de aceptar formar parte de su juego la noche
anterior por mucho que mi cuerpo y mi corazón se moría por hacerlo.
Una vez entro en mi apartamento, me cambio por un pijama de seda y empiezo
a tantear en la cocina para descubrir lo que voy a cenar, incluso encendiendo la
estufa, cuando el timbre suena. Tras tener un presentimiento sobre quién puede
tratarse, voy por una bata para cubrirme antes de mirar por la rendija y presionar
mis labios contra la abertura entre el marco y la madera blanca.

─¿Estás sobrio?

Mis labios se curvan cuando lo escucho gruñir.

─No me hagas desear no estarlo.

Tras bufa, le quito el seguro a la puerta y lo dejo entrar. Debería enviarlo lejos,
pero no puedo. Hay algo que me obliga a asegurarme de que no esté
desmoronándose o, de estarlo, desmoronarme con él. Una vez entra en mi
apartamento con su usual conjunto negro bajo un abrigo oscuro, mis ojos van
directamente a las bolsas con recipiente de comida asiática que lleva. Estaba
por prepararme una ensalada de vegetales, pero no puedo evitar ansiar algo que
ya se encuentra listo para consumir y, por lo poco que puedo hacerlo, huele
increíblemente bien.

─¿Qué es? ─le pregunto tras llevar dos platos a la mesa.

─Arroz thai ─responde mientras me ayuda a servirlo.

Aunque eso fue lo que cené anoche con Ryland e Isla, no protesto cuando me
encuentro frente a un montón de langostinos y vegetales levemente picantes.
Tanner también trajo refresco de uva, por lo que solo abro mi nevera para
servirnos dos copas de cristal con agua y traer hielo. Sé por qué está aquí, por
mi respuesta y en segundo o primer plano por su auto, por lo que no nos hago
perder saliva a ambos preguntándoselo. Ya que no tengo ni idea de lo que pase
por su mente o de lo que lo haya llevado a mí además de las decisiones de
Pauline de deshacerse de sus bebés, dejo que sea él quién inicie la conversación
de la misma manera que lo hice la mañana que despertó aquí.

─No me lo pondrás fácil, ¿verdad? ─dice con expresión irritada cuando


terminamos de comer, mi estómago saciado.

Niego.

─No.

Si quiere tener algo de mí, primero deberá pasar por todo lo que he pasado
durante todos estos años teniendo frente a mí lo que más deseo sin que pueda
reclamarlo. Tras soltar un suspiro, se inclina hacia adelante y toma mi plato para
lavarlo. Me levanto después de que él lo hace, pero no lo ayudo, sino que me
dirijo al sitio junto a la puerta con interruptores. El sistema de iluminación de
mi casa es una de mis mejores adquisiciones. Lo regulo para que la claridad se
opaque lo suficiente para crear el ambiente adecuado y enciendo algunas velas
ya dispuestas alrededor de la casa. Pongo música. Sonrío con satisfacción
cuando una balada rítmica, que también contiene algunos canticos, llena mis
oídos.

Para el momento en el que Tanner se da cuenta que algo extraño está


sucediendo, puesto que no altero la iluminación de la cocina hasta que termina
de limpiar, es demasiado tarde. Estoy pasando mi camisón por encima de mi
cabeza y retrocediendo torpemente al sofá. A pesar de la oscuridad, soy
perfectamente capaz de verlo tragar e intensificar su mirada cuando caigo sobre
él con las piernas levemente separadas. No traigo sostén, solo un tanga blanco
bastante lindo con lazos en las caderas. Aunque he ayudado a Pauline a elegir
su ropa interior algunas veces, nunca le he aconsejado usar nada con lazos.
Dejar que mis conquistas desenvuelvan su regalo es uno de mis trucos, no suyo.
Cuando se acerca al punto de quedar frente a mí mientras el aroma profundo,
suave y oscuro de la vainilla que proviene de los velones y de los inciensos nos
envuelve e intenta inclinarse hacia adelante, niego mientras presiono la planta
de mi pie contra su abdomen, el cual siento contraer por debajo de su camisa y
esto ocasiona que mis dedos se curven con placer. La humedad se concentra
entre mis piernas cuando lo siento crecer y endurecerse por debajo de mi talón,
sus ojos oscuros concentrados en mi camisa. A pesar de que hay varias
interrogantes entre nosotros, empezando por la razón por la cual asistió al
partido con esa chica y qué se supone que tiene pensado hacer con Pauline, si
se divorciará de ella o no, no puedo evitar ceder un poquito ante la idea de verlo
retorcerse por mí como yo lo he hecho por él.

Al menos antes de que tenga que decirle que no.

─Aléjate de mí ─le digo en voz baja, lo que hace que cejas se unan un poco─.
No he aceptado. Solo quiero que me veas darme placer y te des cuenta de que
si por algún milagro para ti digo que sí, te estaré haciendo un favor. Por mucho
que me gustes, nunca te he necesitado para obtener un buen orgasmo. ─Mis
labios se curvan ante lo que ambos sabemos que es verdad─. Ni de ti ni de
ningún hombre, Tanner, solo de mis dedos... ─Deslizo la mano por mi torso,
pellizcando mis pezones y gimiendo en el proceso, antes de pasarla por vientre
y llevarla dentro de mi ropa interior, dónde me acaricio suavemente sin dejar de
mirar sus ojos─. Y de lo porque incluso tú eres capaz de perder tu cordura y tu
orgullo.

Y con eso me refiero a mi vagina.

Tras oírme gemir una vez más cuando meto dos dedos en mi interior a la vez
que froto suavemente mi clítoris, excitada por la manera en la que me mira sin
perder detalle, Tanner se aleja, lo que ocasiona que el vistazo que obtiene de mí
sea aún mejor debido a la nueva apertura de mis piernas, una de ellas fuera del
sofá. Mientras me toco para mí misma, no para él, lo escucho maldecir, pero
tampoco se atreve a acercarse. Es tan masoquista y sádico como yo. Aunque los
dos nos estemos muriendo porque el otro o nosotros mismos cedamos, no lo
hacemos y ese es nuestro encanto. Mi piel desnuda se encuentra en llamas bajo
su atenta mirada. Ya que de quedarse cerca probablemente habría cedido a la
idea de tocarme, se sienta en un sofá de una sola plaza frente a mí para
observarme retorcerme desde primera fila.

Desde dónde estoy veo cuán duro está.

Relamo mis labios mientras imagino su sabor.

─Si no te tuviera el más mínimo respeto, te doblaría sobre tu sofá y te saciaría


hasta que más de mi semen no entrara en ti ─suelta mientras se inclina hacia
adelante con los codos apoyados en sus rodillas, sus manos cubriendo por
momentos su rostro como si no pudiera creer lo que estuviera sucediendo─. No
sabes cuán difícil para mí es hacer lo que me estás pidiendo que haga y solo
mirar.

Recordando la vez que lo oí masturbándose en la ducha mientras maldecía mi


nombre y consciente de que esa no fue la única vez, lo que no le prohibí que
hiciera en este momento, afirmo mientras mi otra mano aprieta uno de mis
pechos y mis muslos se tensan.

─No es nada que no hayas hecho antes ─le devuelvo algo parecido a sus propias
palabras─. Conformarte con ver en lugar de ir por lo que quieres. ─Escondo mi
rostro en un cojín cuando un estremecimiento particularmente fuerte me
asalta─. Cobarde.
Al momento en el que el insulto sale de mis labios como un murmuro agonizante
que sé que oye, muerdo el cojín mientras jadeo, mis ojos cerrados fuertemente
entre sí a la par que un temblor se apodera de mis piernas y uno de los mejores
orgasmos que he tenido me asalta. Para cuando finalmente logro recuperarme,
mi pecho ascendiendo y descendiendo con mis jadeos, Tanner está saliendo de
mi estudio y cerrando fuertemente la puerta tras de sí. No me importa. Mientras
no me asegure de que está haciendo esto porque se ha muerto todo este tiempo
por hacerlo y no porque quiera herir a Pauline, no obtendrá nada más que
dificultades en su camino hacia hacerme caer en sus brazos.

Y, conociéndome, encontraré la manera de disfrutarlo a pesar del dolor que me


ocasiona la idea de poder terminar siendo, inconsciente o conscientemente para
él, una venganza.

*****

Al día siguiente no me sorprendo cuando lo encuentro atemorizando a Isla


cuando llego a mi oficina. Contengo las ganas de echarlo cuando lo veo y noto
las evidentes ojeras bajo sus ojos. Al lado de él, tanto ella como yo lucimos
como auténticas bellezas. Bajando las mangas de mi vestido nude en un gesto
nervioso, inclino la cabeza hacia el pasillo que conduce a mi despacho, el cual
me siento afortunada de que esté hecho de cristal y que esto signifique que no
pueda hacerme nada con todos mirándonos.

─Hablemos.

A pesar de la tensión en la línea de su mandíbula, Tanner afirma y me sigue.


Siento sus ojos en mi trasero hasta que me doy la vuelta tras mi escritorio y lo
miro de frente. Me siento y él hace lo mismo. Ya que si me pongo a esperar que
sea él quién empiece, terminaremos como anoche, cuyo recuerdo hace sonrojar
mis mejillas, o enredándonos más de lo que ya lo estamos. Tras fijar mis ojos
en los suyos y asegurarme de que no me perderé ninguna de sus reacciones a
mis palabras, finalmente le hablo.

─No te devolveré el terreno ─suelto─. Y trabajaré tanto en el ático como en el


bar de Ryland, pero solo si prometes que lo que sea que pase entre nosotros no
volverá a interferir en mi vida profesional. ─Tanner afirma. Antes de que hable,
niego─. Con respecto a eso, no me acostaré contigo ni te mirará como dices que
te miro hasta estar segura de dos cosas. Lo fácil, que Pauline ya no forma parte
de tu vida. Lo difícil... ─Trago el nudo en mi garganta─. Que no estás usándome
para vengarte o desquitarte conmigo. No lo merezco, Tanner, y si ese es el caso,
prefiero que nuestra relación sea solo profesional. También te advierto que me
podría llevar tiempo darme cuenta de estas cosas, por lo que esto no es un sí,
sino un... no lo sé.

─Savannah, creo que me malinterpretaste.

Junto mis cejas y alzo el mentón.

─No, creo que eres tú quién no entiende que no me conformaré con lo primero
que me digas. Necesito verlo por mí misma. No seré la amante. ─Tomo aire tras
soltar lo que me muero por decir. Al ver confusión en su rostro, me fuerzo a mí
misma a recordar todas las razones buenas por las cuales no es un completo
asno y por las que realmente me interesa, suavizando mi voz al también tomar
en cuenta cuán lastimado está─. Tienes que poner en orden tu vida antes de
querer esto conmigo o con cualquier otra, Tanner.

─No ha pasado nada que no pueda controlar.

Hago una mueca.


─¿Mudarte a un ático cerca de la casa en la que vives con tu esposa y seducir y
comprar a su amiga con un caro terreno, también cerca, para que lo decore por
ti es tener el control? Una que usaste como modelo, por cierto, para escoger a
la mujer con la que la perseguirías a otra ciudad y serías infiel. ─No responde,
limitándose a apretar los puños en torno a los reposabrazos de la misma manera
que lo hizo anoche en mi sala mientras me tocaba, lo que hace que junte mis
muslos por debajo de la mesa. Ante su silencio, suelto un chasquido con la
lengua─. Eso pensé.

Su mandíbula se aprieta.

─No has revisado tu teléfono.

─¿Qué tiene que ver eso con el hecho de que te estás haciendo añicos y me
elegiste como la única persona para verlo?

─Mucho ─responde antes de ponerse de pie─. Hazlo y una vez te hayas dado
cuenta de lo que quise decir, haz una reservación a un buen restaurante para que
almorcemos y acordemos cómo accederás a mis cuentas para que puedas
comprar todo lo que necesites para decorar el ático. No pude dormir ni una
mierda por tu culpa anoche, así que me tomaré la mañana, pero me despertaré
para venirte a buscar alrededor de las doce.

Aunque esto último no era necesario que lo dijera, no puedo evitar sonreír
internamente ante ello. Aunque me gusta la idea de que no pueda conciliar el
sueño debido a mí, lo que verdaderamente me agrada es que sea por ello y no
por lo mucho que le dolió el hecho de que Pauline haya abortado dos de sus
bebés. No la juzgo, de verdad respeto su decisión, pero eso no significa que a
Tanner no le haya lastimado o que eso destruyera su matrimonio.
No yo.

Sin darme la oportunidad de responder, se marcha. Veo a Isla esconderse tras


su escritorio, fingiendo recoger algo, cuando pasa frente a ella. Tras soltar un
suspiro agotado, hago lo que dice y reviso mi teléfono. Mi frente se arruga
cuando veo que me envió un archivo esta mañana, pero tenía razón. No había
revisado mi celular hasta ahora. También tengo mensajes sin leer de Malcolm
y de mis padres. Estaba ocupada pensando en él esta mañana.

Una vez abro el archivo de nombre extraño y lo visualizo, no puedo evitar dejar
el teléfono sobre mi escritorio y pasarme las manos por el cabello, sin poder
creer lo que mis ojos acaban de leer.

─Dios ─murmuro levantándome y acercándome al ventanal que da con la calle,


dónde puedo ver a Tanner entrando en el Cadillac que conduce su molesto e
irritante mayordomo.

Como si sintiera mis ojos en él, alza la vista hacia mí y sonríe de manera
amargada, puesto que tenía razón al dar a entender que revisar mi teléfono
habría cambiado un poco mi percepción de esto. Tanner puede ser de todo, pero
no es un mentiroso.

Al menos no conmigo.

Y si me envió el borrador de su divorcio, lo está haciendo.


Capítulo 17
Tanner me empuja hacia él cuando las llamas empiezan su carrera hacia el
auto de Gordon. Estas lo cubren por un momento, lo suficiente para ocasionar
daños, antes de que la policía llegue y uno de los agentes lo apague con un
extintor. Ya que aceleraron hacia nosotros a penas el incendio comenzó, no
pudimos huir. No puedo evitar soltar un jadeo, mi pecho ascendiendo y
descendiendo con fuerza, cuando el par de esposas frías y metálicas se cierran
en torno a mis muñecas. Tanner, en la misma condición que yo, me echa una
mirada de reojo antes de entrar en la patrulla a parte en la que la que se lo
llevan a la comisaría.

─Vinimos a investigar un sabotaje eléctrico, chica ─dice uno de los dos


oficiales encargados de transportarme mientras nos encontramos de camino─.
Pero encontramos esto. ─Niega─. Los jóvenes cada vez están peor. Hacen de
todo por popularidad.

Debido a que todavía estoy en shock, no lo corrijo diciéndole que me estaba


vengando de Gordon por haber arruinado mis planos en lugar de estar
cumpliendo un estúpido reto para obtener likes, pero la verdad es que no solo
se trata de la impresión de que esté en manos de la policía y de que haya
arrastrado a Tanner conmigo, sino a que ya ni siquiera sé bien por qué lo hice.
Viviendo las consecuencias de mis acciones, se siente estúpido e infantil que
haya dañado el auto de Gordon por mis dibujos. Aunque falta solo un par de
días para la entrega del proyecto y es casi imposible que pueda volver a hacer
algo tan bueno en tan poco tiempo, en este momento me doy cuenta de que no
solo se trata de eso.

Me vengué de Gordon por decirme a la cara lo que todo el mundo piensa y


murmura de mí a mis espaldas, además del hecho de ser un imbécil y haber
arruinado la entrada segura a mi futuro ideal. Por recordarme que pese a lo
que él destruyó y al hecho de que todos podrían quererme, no soy lo
suficientemente buena.

Por lastimarme, él emocionalmente.

Su novia físicamente.

─Bueno, tanto tú como tu novio se han portado bien, así que no veo problema
en que te quite las esposas ─comenta a mis espaldas el mismo hombre latino y
viejo que intentó sacarme palabras de camino aquí, a la mesa metálica frente
a la que me encuentro sentada en una silla mientras una molesta y potente luz
en un cuarto oscuro alumbra mi rostro─. ¿Necesitas que te lea tus derechos?
─pregunta al sentarse frente a mí─. ¿Dirás algo?

Niego.

─No diré nada sin un abogado.

La expresión amable y pacífica del hombre se vuelve agria.


─Si es así como quieres jugar. ─Se encoje de hombros. Sus ojos están fijos en
los cortes en mi rostro debido a la pelea─. Pero te advierto que si eres sincera
con nosotros y colaboras, podríamos intentar convencer al dueño del auto de
no presentar cargos... quizás amenazándolo con que tú no lo harás. ─Niego,
puesto que estoy segura de que Gordon lo hará y tampoco quiero decir nada
que pueda afectar a Tanner, quién lo golpeó también. Pudieron arrestarnos
debido a que fuimos atrapados en el acto, uno que a los últimos segundos ni
siquiera estuve segura de querer cometer. El agente Martínez, lo que sé por su
placa, suelta un suspiro y se levanta─. Bien. Tienes derecho a realizar una
llamada, chica.

Tras tomar un sorbo del vaso de papel con agua que tiende hacia mí, me levanto
y lo sigo por la comisaría local hasta que me posiciono frente al teléfono fijo a
la pared que me señala con un dedo. Por la manera en la que todos me miran
y se aglomeran frente a la sala de interrogatorios dónde sospecho que tienen a
Tanner, debemos ser un crimen que ha alterado sus rutinas.

─¿Mamá? ─respondo a la par que mis ojos se topan con la televisión y entiendo
la verdadera razón de por qué me miran.

Gordon, con claras señales de haber sido golpeado por alguien más grande
que él, está dando una entrevista a un noticiero de Austin con su Audi quemado
de fondo. Sin poder soportarlo más, presiono fuertemente mis párpados entre
sí al ver una fotografía mía y otra de Tanner en la pantalla. El canal también
está disponible en Houston, por lo que le digo que lo ponga en lugar de darle
una explicación larga. A pesar de que esperaba un regaño de ella y sé que este
me espera, no puedo evitar amarla y admirarla más de lo que ya lo hago cuando
deja cualquier molestia o decepción que sienta hacia mí de lado para ayudarme
primero.
─Voy para allá, Sav, no hables con nadie.

Afirmo, apretando con fuerza el teléfono contra mi oído, al oírla.

─Gracias.

─Te quiero, mi pequeña rosa, no te preocupes por nada.

Mi barbilla tiembla.

─Y yo a ti, mamá.

Debido a que de hablar más solo la estaría retrasando, cuelgo tras decirle esto.
El agente Martínez se endereza de la posición en la que permanecía inclinado
sobre uno de los cubículos de las empleadas para verme con ambas cejas
canosas alzadas.

─¿Todo bien? ─Asiento─. ¿Todavía indispuesta a hablar?

─SÍ ─respondo.

Él inclina la cabeza hacia la mujer de anteojos con la que se encontraba


hablando, quién le tiende una cesta con mis pertenencias. Mi teléfono y las
llaves de mi auto. Junto las cejas cuando la extiende hacia mí con insistencia.
Dudosa, los tomo.

─¿Qué sucede?

─Hubo una actualización en el caso mientras hacías la llamada ─responde con


ojos entrecerrados con sospecha─. Tu novio pirómano confesó haber sido él.
Puedes irte tranquila a casa.

Debido a la impresión de sus palabras, mi teléfono resbala de mi mano. Lo


recojo del suelo sin detenerme a ver si se rompió. Siento como si mi corazón
estuviese latiendo en mi garganta y no precisamente debido a él, sino a lo que
el agente Martínez acaba de decirme. Niego mientras retrocedo, lo que hace
que el hombre frente a mí me mire con más intensidad. Si Tanner realmente
dijo eso, puede ser expulsado a solo un par de meses de graduarse. Al igual que
para mí mi carrera es importante, para él también lo es. Es como yo. El que
vengamos de hogares bien abastecido no nos hizo flojos, sino todo lo contrario.
Nos animó a buscar la perfección. A penas estoy empezando, así que no puedo
dejar que si quiera exista la posibilidad de que pierda su carrera entera.

No cuando fui yo quién inicio el incendio.

─Él no lo hizo ─admito frente a todos─. Fui yo.

A pesar de que el agente Martínez debería sentirse satisfecho con mi confesión,


una sombra oscura se apodera de su rostro mientras otro agente, uno de los
que se llevó a Tanner, aparece a su lado con una sonrisa que cubre al menos
la mitad de su rostro.

─Ah, el amor ─comenta escondiendo mechones de su cabello rubio y largo tras


sus orejas─. Te obliga a decir lo que sea con tal de mantenerlo. ─Me enseña
sus dientes cuando sonríe. Se ve joven, pero no tanto como para que no pueda
ser mi padre. Su place dice Howard─. Tu compañero ahí adentro tampoco
quiso hablar hasta que le dijimos que habías asumido toda la culpa. ─Mira a
la mujer que tenía mis pertenencias─. Bueno, Clare, creo que estamos ante el
crimen pasional de dos pirómanos. ─Ahora observa a Martínez─. ¿La
encierras tú o la encierro yo, agente?

Martínez toma el juego de esposas en su cinturón con un gruñido.

─Vete a la mierda, Howard. ─Aunque me estén llevando tras las rejas, niego y
avanzo, indicándole que lo seguiré sin problemas. Él suspira con alivio antes
de guiarme a las celdas con la mano suavemente envuelta alrededor de mi
codo─. No tienes ningún record criminal y no luces como alguien que haría
esto por solo hacerlo. ─Su expresión se suaviza cuando ve mi rostro─. Si
quieres hablar de lo que verdaderamente pasó, estoy aquí.

─¡Nada justifica que haya arruinado el auto del hijo de dos pobres granjeros!
─grita Howard, quién parece estar por encima de Martínez, antes de que nos
alejemos lo suficiente de él.

No puedo evitar gruñir, lo que hace reír a Martínez.

─¿Qué si fuera el auto de un abusador?

─Sí, es un idiota.

Aunque Martínez no me parece un mal tipo, la culpa de que estemos aquí por
mí a penas me deja respirar y no estoy de ánimos para sostener una
conversación. Una vez entro en mi celda, por fortuna bien ventilada, y tiene mi
teléfono y mis llaves de regreso, ya que solo me engañó para que dijera la
verdad, nada en lo que no consistiese su trabajo, me siento en la esquina de la
pequeña cama individual que da con la pared. Tras doblar mis piernas, escondo
mi rostro en mis rodillas, pensando ahora más que nunca en lo que Tanner me
ha dicho a gritos siempre y dándole, irremediablemente, la absoluta y completa
razón.

No solo saco su peor lado, sino que también lo vuelvo estúpido.

Y si no, mírenos ahora.

En su posición, también me querría lejos.

*****

─Mierda. No entiendo qué hago aquí ─dice un sujeto de aspecto hippie que
entró en una de las celdas frente a mí unos minutos después de que yo lo hice─.
La marihuana ya es legal en Texas.

Tras escucharlo, ahogo un grito en mi almohada ya que llevo media hora


explicándole que la marihuana medicinal es la única que es legal y él, al no
tener ningún tipo de enfermedad, ha infringido la ley vendiéndola a las afueras
de una fiesta universitaria. A pesar de que no tenía ganas de alzar la mirada
de la oscuridad que la funda me proporciona, lo hago cuando el sonido de
personas entrando hace que lo haga. Contengo mis ruegos de que me permitan
esperar a mi madre en la sala de interrogatorio cuando veo a Howard guiar a
Tanner a la celda a mi lado. A diferencia de mí, él no permanece sumiso
mientras le quitan las esposas. Libera sus brazos con excesiva rapidez de ella
y fulmina con la mirada a Howard mientras lo persigue hacia la salida, pero
este corre y logra cerrar la celda a tiempo.
Tanner golpea los barrotes.

─Están defendiendo a la persona equivocada ─sisea.

─Sí, bueno, eso díselo al chico que puede que en su vida pueda volverse a
comprar un Audi así ─responde Howard─. Puede que salgan de aquí, pero al
ojo público han quedado como los típicos niños ricos y mimados que no saben
lo que es el trabajo.

Aprieto mis puños, pero no replico porque cualquier cosa que diga puede ser
usada en mi contra. Quizás también recordando esto, Tanner decide
mantenerse en silencio y se limita a hacer temblar nuevamente las rejas bajo
las palmas de su mano. Simón, el otro delincuente junto a nosotros, finalmente
se mantiene en silencio tras su llegada. Me levanto y tiemblo cuando el
prisionero junto a mí gira su rostro hacia mi dirección, sus manos todavía
alrededor de los tubos de acero. La dureza en su expresión desaparece por
algunos segundos antes de que en definitiva se vuelva de piedra.

─¿Qué haces aquí? ─pregunta mientras se incorpora y avanza


amenazadoramente hacia mí─. Se supone que te dejarían ir.

Debido a lo seca que está mi garganta, trago varias veces antes de responder
con voz lo suficientemente fuerte y clara.

─Me dijeron que habías asumido la culpa y confesé, al igual que me dijeron
que hicieron contigo. Fue un truco de interrogatorio.

Su rostro se vuelve sombrío cuando llega a los barrotes entre su celda y la mía.
Todavía lleva puesto el uniforme de entrenamiento. A pesar de la situación en
la que nos encontramos, la verdad es que nunca había sido tan consciente de
la electricidad y el magnetismo fluyendo entre nosotros como ahora. Tanner
debe sentirlo cuando también me acerco, puesto que parpadea ligeramente
antes de tragar y responder a mis palabras.

─¿Cómo dejaste que te engañaran? ¿No eres una chica lista?

─¿Al igual que lo hicieron contigo?

Niega.

─Es diferente.

─Claro que lo es ─le digo mientras asiento─. Porque fui yo.

─Savannah, por mi culpa estabas ahí ─gruñe profundamente, sus hombros


temblando─. Por mi culpa fuiste golpeada. Por mi culpa ellos llegaron a ti y...
arruinaron lo que más quieres en este mundo, por más estúpido e infantil que
sea. Todo es mi culpa.

Al ver las claras señales de conflicto en sus ojos, no puedo evitar extender mi
brazo y colocar mi mano en la suya cuando esta se desliza fuera de los barrotes.
Aunque se tensa, no me aleja. A pesar de que es un chico, me sorprendo con lo
suaves que son pese a los callos que el balón ha ocasionado en ella por años.

Es más grande que la mía, pero nuestros dedos encajan.


Perfectamente.

¿Cómo no puede notarlo?

─No lo es.

Es equivocado y absurdo, pero siento profundo abandono cuando separa


nuestras manos y retrocede pasándose la mano por el cabello. Continúa con
nuestra conversación tras sentarse en su cama luciendo genuinamente exhausto
y agobiado con esto.

─Lo que tú digas.

Ya que no suena muy convencido de ello, prosigo.

─Tomo mis propias decisiones, Tanner. Acostarme contigo. Ocultárselo a


Pauline. Irme en lugar de luchar por seguir en el lugar en el que amaba estar.
Incendiar el auto de Gordon ─susurro─. Aunque no niego que me hayas
influenciado, todas fueron mi elección. Lo siento por arrastrarte aquí, pero no
debiste correr tras de mí en el campo ni asumir la culpa del incendio.

Hace una mueca malhumorada.

─Supongo que no somos los mejores tomando decisiones. ─Suelta un profundo


suspiro mientras oculta el rostro entre las palmas de su mano. Tras estar
escondido en ellas por un momento, me mira con una ceja arriba─. ¿Por qué
no solo los rehiciste? ¿Por qué no te conformaste con que lo golpeara? Mierda,
Savannah, no solo lo golpeé. Arruiné su puta vida por ti.
Desciendo la mirada hacia mis manos.

─Esos planos me tomaron semanas. ─Me sonrojo al omitir la parta en el que


lo usé de inspiración para hacerlos─. Se suponía que usaría este último par de
días antes del concurso para hacer la maqueta para la presentación y todo
saldría perfecto. Tomando en cuenta que soy una estudiante de los primeros
semestres con apenas técnica, la verdad es que no voy a ganar nada si hago un
proyecto de la noche a la mañana. El concurso está abierto a otras
universidades. No estoy enfrentándome a los mismos de siempre y necesito
recibir asesoría para solventa varios detalles técnicos porque mi fuerte son los
bocetos. ¿Qué profesor se instalará conmigo dos días seguidos? He estado tras
de ellos por un mes. Este certamen está más allá de mis capacidades y ellos lo
arruinaron para mí cuando empezaba a tener posibilidad.

─Sav... ─susurra─. Lo siento.

Me encojo de hombros, cabizbaja.

─Y Gordon también le hizo creer a Anahí, mi compañera, que se la había


chupado de regreso al dormitorio. Acepté su aventón cuando debería haber
dicho que no. No pasó nada, lo juro, pero ella enloqueció cuando nos vio y me
atacó cuando él le dijo esa mentira. Ella se deja manipular por él. Me da tanta
lástima. ─Aunque no tengo moral para decir algo así, la verdad es que son dos
situaciones completamente diferentes. Tanner me ha hecho desafiar mi moral,
pero no olvidarme de quién soy─. Y luego me llamaron perra callejera, zorra,
puta, entre otros, y Gordon dijo que lo había buscado porque me habías
rechazado. ─Ahora mis ojos están fijos en los suyos─. Que tú nunca dejarías a
Pauline, una buena chica, por una cualquiera del campus. ─Tomo una honda
bocanada de aire antes de continua─. Sí, mis dibujos tuvieron que ver en gran
parte, en su mayoría, con lo que hice, pero cuando él me habló así mi corazón
se rompió y no me di cuenta de que estaba roto hasta que la policía vino y pude
detenerme a pensar en ello porque sentí algo más que dolor. Fueron muchos
motivos por los que todavía, a pesar de lo que le hiciste, quería más.

Tanner permanece en silencio por un momento, mirando hacia el frente, antes


de asentir y recostarse con el cuerpo más relajado en su cama. Deja escapar
un suspiro antes de cerrar los ojos.

─Viéndolo así, me alegra que no me hayas hecho caso. ─Una pequeña sonrisa
se apodera de sus labios─. No arruinar tus planos. No llamarte puta. No
romper tu corazón. Tomaré nota. Por lo que pasó, eres una chica vengativa.
No quiero eso en mi contra.

Nunca.

Al momento en el que ese pensamiento viene a mi mente, me estremezco porque


sé que significa que haga lo que me haga, sé que por alguna razón que
desconozco siempre estaré ahí para él. A pesar de que está equivocado al creer
que no le hice caso, puesto que tenía pensado apagar el fuego, solo que este me
quemó y solté la cerilla, no lo corrijo, puesto que no deseo que sepa la magnitud
del poder que Tanner tiene sobre mí.

*****

A diferencia de él, quién duerme plácidamente a la espera de su abogado como


si esta no fuera la primera vez que pasa por prisión, no consigo que mis ojos se
cierren. Vuelvo a levantarme de mi cama cuando el sonido de la puerta
abriéndose me alerta. Mis labios se curvan cuando veo a mi madre correr hacia
mí con mi padre tras ella. Aunque son la una de la mañana, Larissa Campbell
no se ve como si fuera a ver a su hija a una comisaría, sino como si fuera a un
coctel. En lugar de vestir un pijama, como mi padre, lleva un vestido color
crema y tacones. Su maquillaje es perfecto. Probablemente se arregló mientras
mi padre conducía.

─Mamá ─susurro tras correr hacia los barrotes─. Lo siento.

Algo en la idea de verme de esta manera hace que su autocontrol se rompa y


sus ojos se llenen de lágrimas. No me aparto cuando extiende su mano para
tocar mi labio roto. Tras ella, mi padre maldice. Por el rabillo del ojo veo a
Tanner levantándose y acercándose a nosotros. Los labios de mi mamá hacen
un mohín.

─El que te hizo esto, ¿era el dueño del auto?

─Su novia ─respondo, sorprendiéndola.

─¿Una chica te golpeó por un chico? ─pregunta, decepción en su tono─.


Savannah, tendremos problemas si me dices que perdiste tu dignidad
peleándote por un hombre. No te crie de esa manera.

Mis mejillas se sonrojan, puesto que aunque no peleé con Anahí por Gordon,
no he sido buena con Pauline debido a Tanner y mi madre sufriría un infarto si
supiera que lo quiero sin tenerlo.

─Era mi compañera. Su novio le hizo creer que tuvimos algo. Enloqueció y me


golpeó y arruinaron mis planos para el concurso.

Mi madre, que es consciente de cuán importante era este concurso para mí,
separa los labios para replicar a pesar de la evidente confusión en sus ojos,
pero mi padre se le adelanta. A pesar de lo casi ridículo que se ve en su bata
roja y pijama de pantalón de recuadros, sus pies en pantuflas, no puedo evitar
estremecerme cuando me dedica una expresión mordazmente seria que solo
pone en su usualmente encantador y amable rostro cuando un negocio le sale
mal. Está verdaderamente molesto.

─Si no retiran los cargos de inmediato, los contrademandará hasta por la


manera en la que respiran. ─Tiemblo cuando me toma en brazos a pesar de los
barrotes─. Pagarán el que haya tenido que despertarme para viajar dos horas
y ver a mi niñita tras las rejas.

─Ya no soy una niñita ─sollozo.

Mi corazón está roto.

No se lo puedo decir a mis padres porque los decepcionaría, pero sí puedo


obtener consuelo de ellos de esto y genuinamente se siente como lo que he
necesitado todo este tiempo. Mientras me dejo abrazar por él, no puedo evitar
pensar que quizás debí haberme quedado en Houston. Que nunca debí haberlos
dejado.

Quizás no soy buena siendo independiente.

Ya que en el tiempo que lo he sido, solo he ocasionado estragos.

─Siempre serás mi niñita, Savannah ─dice él mientras besa la cima de mi


cabeza, lo que hace que finalmente sus ojos se pongan en Tanner y se aparte─.
Eres el chico que aparece con ella en las noticias, ¿no es así? El mariscal de
campo de los Longhorns.
Tanner asiente.

─Así es, señor.

Ya que entre ellos está sucediendo una especie de charla de hombre a hombre,
mi madre y yo nos mantenemos aparte.

─¿Tú le diste la idea a Savannah de incendiar el auto?

Tanner niega.

─No, señor.

─¿Sales con ella?

Dejo escapar un gemido que hace que mi madre me mire con una ceja alzada
y evidente sospecha. Curvo los dedos de mis pies.

─No, señor, pero somos cercanos.

Mi padre camina hacia Tanner.

─A Savannah siempre se le ha hecho difícil hacer amigos, pero siempre nos ha


tenido a nosotros. Sin embargo, en Austin no tiene a nadie. Si te deja estar cerca
de ella es porque vales la pena. Ahora, ¿por qué no estabas ahí para ella
cuando la atacaron?
Su pregunta está fuera de lugar. Larissa pone sus manos sobre su brazo para
hacerlo retroceder, puesto que su esposo evidentemente está pagando su rabia
con alguien que no la merece, no en este caso, pero Tanner me sorprende
contestando.

─Lamento no haberlo estado, señor Campbell, pero le aseguro que hice que
Gordon deseara no haber nacido ─responde manteniéndole la mirada─. Si
Savannah no hubiera quemado su Audi, no se atrevería a cruzarse en su camino
nunca más. No solo crió a una hermosa e inteligente chica, sino también un
demonio.

Mi padre se deshace de la tensión en sus hombros.

─Bien ─dice─. Eso explica por qué ninguno de ustedes le ha mencionado a la


policía por qué Savannah incendió el auto de Gordon. ─Afirmo, puesto que eso
significaría que Tanner admitiera haberlo golpeado en terrenos del campus, lo
que también significaría la expulsión. Mi padre suspira─. ¿Tienes abogado?
¿Puede él ponerse de acuerdo con el nuestro? ─Tanner afirma─. Bien ─repite
como si ahora no supiera que decir─. Iré a reunirme con ellos. No se
preocupen. Los sacaré.

─Gracias, señor.

Mi padre hace una mueca.

─No me agradezcas, hijo. Si no fuera porque te encargaste de ese granjero, te


estaría odiando por haber derrotado a los Cougars tantas veces. En defensa de
esos inútiles, solo Johnson es bueno. ─Pongo los ojos en blanco ante su
evidente conocimiento de la NCAA. Mi madre también─. Por cierto, el último
fue un pésimo partido. Estuve a punto de llamar al 911 mientras lo veía.
Parecías estar sufriendo una embolia cerebral mientras jugabas.

Tanner me dedica una mirada.

─No podía concentrarme.

Con el ceño fruncido, mi madre llama mi atención antes de perseguir a mi padre


fuera de la sala de celdas.

─Todavía me debes muchas explicaciones, cariño.

Dejo caer los hombros.

─Lo sé.

Pero, aunque hable con ella, hay cosas que no le puedo decir porque ni siquiera
yo misma las entiendo. Como, por ejemplo, por qué Tanner no deja de verme
por las siguientes horas cuando se supone que debería odiarme por haberlo
puesto aquí.
Capítulo 18
Cuando Tanner regresa a mi oficina, lo hace usando un sencillo polo blanco,
mocasines y vaqueros oscuros. Tengo tanto tiempo sin verlo usando algo que
no sea un traje o ropa deportiva que no puedo evitar recordar nuestra época
universitaria y lo caliente que se veía paseándose por el campus como el dios
del fútbol que era. El día es soleado, por lo que ninguno de los dos usa un abrigo.
Isla no necesita avisarme que está aquí cuando llega. Lo noto con mis propios
ojos, puesto que he estado mirando hacia la entrada desde que dieron las doce,
tomo mis cosas y me dirijo a él antes de que me llame. No hice ninguna
reservación a un restaurante.

─Vamos en mi auto ─le digo mientras bajamos por el ascensor al


estacionamiento subterráneo, lo que no hace más que marearme con el aroma
de su loción para después de afeitar.

A pesar de que hace una mueca, no me contradice al respecto y se monta en el


asiento copiloto de mi Mercedes viéndose fuera de elemento. Ya que todavía
no está divorciado de Pauline y no me arriesgaré a que ninguno de sus conocidos
o de los míos nos reconozca, tomo la carretera hacia San Antonio. Al ver que
nos estamos alejando de Austin, Tanner finalmente se inclina sobre el
reproductor y le baja el volumen a la radio para que lo escuche.

─¿A dónde estamos dirigiéndonos?

─San Antonio ─respondo mientras le echo una rápida mirada, lo que hace que
sea capaz de ver el ceño fruncido en su rostro.
Aprieto el volante con fuerza mientras vuelvo la vista al frente con expresión
tensa. Todo sería más fácil si tan solo fuese feo, pero no. Sus facciones son
hermosas. Masculinas y rudas, pero a la vez angulosas. Con esa cara bonita, que
aunque a veces quiera golpear no niego su atractivo, y su cuerpo habría hecho
una fortuna como modelo, pero si rechazó una carrera deportiva cuando tenía
más posibilidades de entrar a un buen equipo que cualquier estudiante
universitario en Texas, dudo que el mundo del espectáculo sea algo con lo que
sea compatible. Tras procesar mis palabras en silencio por un momento asiente,
mirando también hacia el frente. Por el rabillo del ojo veo cómo sonríe, solo que
hacia abajo. Es una mueca, pero sus ojos oscuros ríen.

─Me secuestraste.

Junto mis cejas entre sí.

─No, no lo hice, solo vamos a comer.

─¿A ciento veinte kilómetros de distancia de Austin?

─Sí, ¿por qué? ¿Tienes hambre? Es solo una hora.


A pesar de que niega, a los minutos de volver a subirle el volumen a la radio,
Fire by fire de Sam Smith sonando, escucho su estómago rugir. Tanner actúa
como si no hubiera pasado, pero yo lo oí. Al recordar que no pudo dormir debido
a mí y que quizás no desayunó con su perfecto ciclo alterado, conduzco con una
mano mientras me extiendo para abrir la guantera. Tanner se tensa, pero se
reserva cualquier comentario sobre mi conducción.

─Toma ─le tiendo mi paquete de mini Oreos de chocolate de emergencia─.


Lamento no haberte preguntado antes de salir.

A pesar de su inicial expresión en blanco, Tanner las toma y las abre tras soltar
un largo suspiro de resignación. Luce como si no pudiera creer lo que está
haciendo mientras lleva una de ellas a su boca y la mastica con la frente
arrugada. Tras tragar, habla.

─Gracias.

A pesar de que quiero reír mientras escucho y veo por el rabillo del ojo al
presidente de Reed Imports C.A, una empresa multimillonaria, comer galletas
en el asiento copiloto de mi auto, no lo hago, limitándome a conducir hacia
nuestro destino en un silencio que ambos encontramos cómodos. En ese
momento no puedo evitar pensar que nuestra interacción está en los extremos.
O estamos en silencio y perdidos en nuestros propios mundos o estos se
encuentran colisionando fuertemente entre sí, al menos en lo que se refiere a
mí. Pese a que sé que genero algo en él, de otra manera no se esforzaría tanto
por perseguirme y hacer mi vida miserable, no sé cuál es exactamente este
sentimiento.
Y no sé si sea más fuerte que lo que siente por Pauline.

Aun después de lo que pasó.

*****

─Maldición, Savannah, ¿condujiste tanto por esto?

─Sí ─respondo mientras abro mi puerta y salgo de mi auto tras estacionarlo a


las afueras de la gasolinera en la que nos detuvimos de camino a Corpus Christi
unos cinco años atrás.

A pesar de que he ido a la casa de playa de mis padres más de dos o tres docenas
de veces desde aquella ocasión, puesto que es uno de mis lugares favoritos en
el mundo, solo me he detenido unas cuantas veces en la cafetería para comer.
Por lo general entro a San Antonio si tengo hambre. Sin esperar que me siga,
camino a su interior, pero me sorprendo cuando Tanner toma la delantera para
mantener la puerta de cristal abierta para mí.

No puedo evitar verlo fijamente cuando paso a su lado.

Él traga al verme observándolo.

─Las damas primero ─suelta con una mueca, a lo que bufo mientras niego
debido a la burla y la ironía en su tono de voz.
─Imbécil.

A pesar de que lo insulté, lo dejo atrás con una media sonrisa en el rostro.
Aunque no he pensado en ello en años, mis pies se dirigen hacia la cabina junto
al ventanal en la que comimos como si hubiera sucedido ayer. No tomo el menú
cuando la mesera me lo tiende debido a que sé exactamente lo que pediremos.

─Don hamburguesas con extra de queso, sin tocineta, dos raciones de papas
fritas y dos Coca Colas, por favor ─le pido con los brazos entrecruzados sobre
la mesa, los que Tanner visualiza con una ceja alzada y una pizca de molestia,
pero sus ojos también contienen sorpresa y algo, en el fondo, de calidez ante el
hecho de que haya recordado como le gustan las hamburguesas.

Una vez la mujer de rizos rojo, uniforme rosa y delantal blanco desaparece en
la cocina con nuestra orden, él se aclara la garganta de manera sonora antes de
pronunciar alguna palabra. Su expresión es seria, por lo que sé que va a hablar
de la remodelación del ático o del bar antes de que lo haga.

─Con respecto a mis cuentas...

─¿Ya habías tomado la decisión de serle infiel a Pauline cuando te acercaste a


mí para que diseñara tu nuevo ático? ─lo corto con la pregunta que me he estado
muriendo por hacerle desde que me llevó al terreno que compró para mí en
Travis Country, pero que no había podido formular hasta que pensé en ello esta
mañana.

Aunque Tanner me aseguró que no soy una venganza, me tomé la molestia de


investigar en línea sobre cómo un divorcio puede afectar psicológicamente a
una persona, en especial a una que tenía todas sus esperanzas puestas en su
matrimonio como parte del recuadro de su futuro perfecto. En resumen, muchas
veces ni él o ella sabe lo que está haciendo. Por más ruin que sea Reed o por
más que lo desee, no me aprovecharé o volveré a ser otro error en su lista. Él
amaba a Pauline. Ella tenía razón al acercarse a mí llorando esa noche. Eso no
se desvanece de la noche a la mañana y aunque sus acciones digan lo contrario,
sé de primera mano que Tanner está destruido por dentro y que sea lo que sea
que haga en este momento, podría no ser él actuando.

Sí el dolor.

─No ─responde, a lo que asiento, agradeciendo su sinceridad a pesar del hecho


de me duele que hayan sido las acciones de ella, no el que él se dieran cuenta
de lo insípido que su matrimonio era, lo que lo haya puesto aquí, frente a mí─.
Fue después.

─¿Cuando abortó? ─pregunto con suavidad, intentando entender más allá del
hecho de que eso haya sido una puñalada para él.

Tanner niega.

─Unos segundos antes.

Alzo las cejas.

─¿Unos segundos antes?

─Sí, unos segundos antes de que lo hiciera. Cuando me llamaste a pesar de que
estoy seguro de que Pauline te pidió que no lo hicieras. Traicionaste su
confianza por mí. No eres su amiga, Sav, así que no pierdes nada si hacemos
esto. ─Mantiene su mirada en la mía─. Nunca has sido amiga de Pauline, ¿no
es así?

La verdad es que no lo sé.

─Antes de ti, sí lo era.

Tanner niega, un gesto que grita incredulidad, pero lo cierto es que no luce en
lo absoluto impresionado con mi respuesta, sino más bien como si la supiera
desde hace mucho y lo que no pudiera creer es oírmela decir en voz alta.
Estamos en la misma página.

Aunque estoy lista para hacerle otra pregunta más de mi test de estado
psicológico y emocional para hombres y mujeres atravesando una separación,
la mesonera regresando con nuestras hamburguesas me impide que prosiga.
Luego lo hace Tanner. Tras meter sus papas entre el pan, me mira. Vacila por
unos segundos antes de brindarme una sonrisa rota que me hace estremecer
debido a que es como si estuviera riendo en la agonía. Aunque he visto a
personas heridas antes, nunca he visto a una persona herida esconder su dolor
tan bien a la luz pública.

A excepción de mí.

─No voy a ser el idiota que habla mal de una mujer, pero la verdad es que nunca
entendí como pudieron llegar a pensar que congeniarían. Son dos polos
opuestos. En la Universidad, la mayoría del tiempo quería enviarlas a ambas a
la mierda por ser tan ciegas con respecto a la otra. Era jodidamente exasperante.
─Le da un mordisco a su hamburguesa y traga antes de proseguir─. Hola, soy
Pauline, quiero salvar a las especies en extinción a pesar de que solo soy una
veterinaria y tener un novio que todas puedan envidiar porque no era nadie en
el pueblo donde nací. ─Aunque no debería, no puedo evitar reír mientras hago
una mueca a su tono de voz supuestamente femenino─. Hola, soy Savannah,
me acuesto con todos porque soy dueña de mi propio cuerpo y eso está bien a
pesar de que podría contraer una ETS. También soy una psicópata si dañas mis
planos y deseo al novio de mi compañera, con quién, por cierto, también me
acosté. ─Bufa mientras abre su lata de Coca Cola y entierra una pajita en ella─.
Las únicas que no sabían que no eran amigas eran ustedes dos.

Su percepción de nosotras hace que me quede sin palabras.

Aunque es una sátira, es real.

─¿Quieres que te recuerde en dónde estabas tú en este drama?

A pesar de que Tanner, al pasar los años, se convirtió en la única persona con
quién podría hablar siendo yo misma, la mujer que desea al esposo de alguien
más, y eso es liberador, este niega debido a que quizás no está listo para oír su
papel en todo esto.

─No, gracias, Savannah.

Niego mientras sonrío de manera amplia. Lo escuché nuevamente


degradándome por mi libertad sexual, también insinuándome ser una mentirosa
y una hipócrita como si no serlo fuera tan fácil, así que ahora no le queda de
otra que oírme. Su ceño se frunce con molestia a penas me ve separar los labios,
pero no interrumpe.

─Hola, soy Tanner Reed, el chico malo que se enamora de la chica buena y
cambia por ella porque se supone que eso es lo que los chicos malos hacen para
obtener su final feliz. Pasé de ser una estrella del fútbol y el presidente de
fraternidad que se acostaba con todas, incluyendo a la amiga de mi novia,
estando borracho y drogado a un hombre romántico y comprometido que tus
padres que viven en un pequeño pueblo religioso y casto aceptarían ─susurro
en su dirección─. Pero cinco años luego, solo soy miserable. Quién lo diría. Los
clichés no funcionan para todos.

A pesar de que puedo ver cuán afectado está por mis palabras, toma un largo
trago de su Coca Cola antes de inclinarla hacia mí como si estuviera brindando.
Lo imito con mi propia lata. Trabajaré con él como lo hago con cualquier otro
cliente, con un presupuesto, así que no necesitaré ningún tipo de acceso a sus
cuentas y podemos gastar este tiempo hablando de otros temas.

Ya que considero que ambos hemos tenido suficiente de Pauline, continuamos


con nuestra comida en silencio, solo que ahora esta no tiene el mismo sabor que
usualmente tendría para ninguno.

*****

─¿Me dejas conducir? ─pregunta Tanner cuando salimos de la cafetería media


hora después, a lo que empiezo a negar, pero finalmente asiento debido a que
sería una estúpida de no aceptar.

Estoy usando tacones. La falda de mi vestido en tono nude es ajustada e


incómoda. La verdad es que no estoy vestida para conducir cientos de
kilómetros entre una ciudad y otra, pero esta mañana cuando me levanté no
pensé que terminaría aquí con él.

─Solo esta vez ─respondo tras lanzarle las llaves, las cuales ataja con maestría,
y redirigir mis pasos al asiento copiloto del auto.
Aunque no sonríe, luce complacido mientras ocupa asiento tras el volante.
Arrugo la frente y lo miro con las cejas juntas cuando acelera sin quitar los
frenos tras encender mi Mercedes, lo que hace que el motor ruja. La radio
reproduce Crazy in love de Beyoncé, pero una nueva y lenta versión que me
gusta más que la original. Tanner asiente con aprobación dirigida a mi vehículo
antes de sacarnos de la gasolinera a cincuenta kilómetros por hora y en ascenso.
Mis manos se sostienen al techo y a la puerta.

─Lamento que tu matrimonio no haya funcionado, pero no es mi culpa ─suelto,


sin aliento, cuando serpentea entre dos camiones en la carretera─. Por Dios,
Tanner, si quieres matarte, ¡hazlo solo!

─Pensé que te gustaban las emociones fuertes ─responde de manera fría, pero
emocionada bajo todo ese hielo debido a la evidente excitación en sus ojos
negros, mientras va más rápido.

Me estremezco al darme cuenta de que no nos dirigimos a Austin.

─Tanner...

─Estamos a una hora ─dice─. Sería una lástima que lo desaprovecháramos. Ya


que estamos aquí, ¿por qué no completamos nuestro viaje en el tiempo? No lo
dejemos a medias.

Trago al darme cuenta de lo que pretende.

─Tengo trabajo esta tarde y mañana también, Tanner.


Ante mis palabras, solo se encoje de hombros.

─Yo también tenía.

*****

Me canso de protestar cuando se hace más que evidente que no seré escuchada.
Tanner claramente decidió por los dos, así que me limito a llamar a Isla y decirle
que limpie mi agenda mientras seguimos de camino a Corpus Christi. Ya que
no tengo ni idea de que decirle cuando me pregunta por qué no seré capaz de
pasar por la oficina, me limito a contestar que se me presentó una inesperada y
poco deseada eventualidad. Aunque podría estar de acuerdo con este pequeño
viaje en otro momento, sí tengo un montón de trabajo del cuál ocuparme, por lo
que Tanner ya está desobedeciendo una de mis principales exigencias: no
interferir en mi trabajo. Se ve tan concentrado en la vía frente a él, sin embargo,
que mis pedidos de regresar sonaron poco creíbles.

Quizás alejarse del trabajo y pensar le haga bien.

Tal vez aclare su mente de la manera que necesito.

─Mi casa no queda por aquí ─le digo a penas llegamos a la costa y no toma el
desvío que conduce a la zona alejada de la población en la que esta se encuentra,
sino que se dirige al muelle.

─Lo sé ─responde mirando al frente.


─Tanner, ninguno de los dos tiene ropa para estar aquí.

─Yo sí. ─Arrugo la frente─. Y tú podrías conseguir algo en la tiendas del


muelle. Solo necesitas un traje de baño y una muda extra. Puedes ir por ello
mientras voy por el yate, Savannah. ─Suspira cuando nos estacionamos frente
al sitio de alquiler al no obtener una respuesta de mi parte─. Nos iremos
mañana. Solo será una noche. Si todavía estás convencida de que hago esto por
venganza, quizás pasar unas horas en el mar nos sirva a ambos para que
reflexionemos. ─Su expresión se vuelve frustrada cuando no obtiene ninguna
respuesta de mi parte, puesto que no entiendo a qué se refiere con que tiene ropa
aquí y no tengo ni idea de cómo aislarnos de todos y de todo solucionará el
hecho de que me quiero alejar de él mientras esté dolido por Pauline y su
divorcio no esté firmado por ambos y sea oficial─. Por favor, bájate del auto.
Tengamos un respiro. Ambos lo necesitamos.

Al igual que lo hizo el aceptar venir aquí, no puedo evitar asentir al tener el
presentimiento de que esto de alguna manera le hará bien. Con mi bolso en
mano, me dirijo a la primera tienda que encuentro girando la cabeza hacia él y
visualizando su espalda mientras camina al interior del sitio de alquiler de yates.
Ya que tengo prisa, me limito a tomar un clásico bikini blanco de tiras, una
pijama con motivos turísticos de Corpus Christi y un vestido manga larga con
encaje que se ata a los extremos de mi cintura. También compro bronceador,
vino y algunos aperitivos.

Tras terminar, me dirijo al muelle, dónde Tanner me espera en conjunto con el


mismo hombre regordete que lleva años trabajando aquí. Mi acompañante
cuelga la llamada en la que se encontraba a penas me ve. Aunque nuevamente
debería protestar porque está quitándome mi independencia, no lo hago cuando
toma todas mis bolsas en sus manos sin quejarse debido a ello.

Lo que sí no puedo es guardar silencio cuando nos detenemos frente a un yate


de lujo similar al que montamos con Weston.
Quizás demasiado para solo dos personas.

─Lindo ─murmuro.

─Señor Reed, ya el capitán se encuentra a bordo.

─Bien ─le dice Tanner, dedicándole un seco asentimiento, antes de colocar su


mano en la parte baja de mi espalda y animarme a subir, lo que hago a pesar de
que mi cuerpo tiembla bajo su toque.

Una vez nos encontramos a solas, me dirijo a la habitación más pequeña en la


parte inferior para dejar las cosas mientras siento cómo el pequeño barco
empieza a ponerse en movimiento. Una vez estamos en mar abierto y me
encuentro usando mi nuevo bikini bajo una bata que también compré, me dirijo
a la proa con pies descalzos porque olvidé conseguir el calzado para esto.

Mi frente se arruga una vez más cuando lo encuentro bebiendo whisky en uno
de los enormes sofás que se encuentran cerca. Sus ojos están cubiertos por un
par de gafas oscuras. Su torso está desnudo y ya no lleva su ropa, sino un par de
shorts negros. Está mojado, así que debió haber entrado en el jacuzzi puesto que
no hemos dejado de alejarnos de tierra firme desde que zarpamos.

─¿Esto es tuyo? ─le pregunto.

Eso es lo único que explicaría por qué tiene ropa aquí.

Tanner se levanta y se dirige hacia mí antes de responder. Cuando lo hace me


mira desde abajo y mi espalda está presionando la barandilla. Está tan cerca que
puedo olerlo. El bloqueador solar, puesto que su pálida piel solo enrojece con
el sol, los restos de la esencia de su loción de afeitado y su sudor.
Aunque su cercanía y su tacto deberían ser demasiado para poder soportarlo, el
verdadero problema viene cuando alzo la mirada y sus ojos están en los míos.
Son tan intensos que me estremezco.

─Sí ─responde secamente─. Es lo primero que compré cuando gané dinero por
mí mismo. Un jodido yate en Corpus Christi.

─¿Por qué no sabía sobre esto?

Aunque Tanner no me debe explicaciones, Pauline me lo diría.

─Porque ni siquiera Pauline lo sabe, Savannah. ─Por alguna razón su


mandíbula se aprieta─. Esto es solo algo que conseguí para sentirme bien
conmigo mismo. Nunca lo utilizo, así que se alquila de vez en cuando. Ahí lo
mantienen en condiciones.

─Pero Tanner, no lo entiendo, ¿por qué un yate te haría sentir mejor contigo
mismo? ─le pregunto mientras lo persigo hasta la zona donde se sirven las
bebidas, dónde también hay comida.

Hay de todo, por lo que me siento ridícula por haber comprado cosas rápidas
para cenar y picar en la tienda. Tras servirse más whisky, se da la vuelta y me
responde con los hombros tensos.

─No puedo creer que no lo sepas.

─¿El qué?
─Cuánto odio a Weston hijo de papi.

─Ah ─respondo, mis hombros hundidos con incredulidad, mientras me doy la


vuelta y regreso tan rápido como pueda a la barandilla para que no me escuche
reír debido a lo que dijo.

Pero una vez sale de la cocina y me encuentra revolcándome en el sofá, lo cual


contempla con expresión furibunda, él lo hace y se aleja lo más que puede de
mí, enfurruñándose en un costado mientras observa el mar y me ignora, pero no
puedo parar.

Tanner tiene razón.

Mi risa, al igual que nosotros, no ha hecho nada más que empezar.

Hay tantos secretos.

Tanta historia oculta que aún necesita ser contada en voz alta.
Capítulo 19
Nuestros abogados consiguen hacernos salir bajo fianza. Una vez nos
encontramos fuera de la comisaría, nos dirigimos al hotel en el que mis padres
se quedarán mientras se resuelve esto y en dónde también pidieron habitaciones
extras para Tanner y para mí porque todavía no quieren que regresemos al
campus. Al parecer, hicieron que Gordon retrocediera a la idea de presentar
cargos policiacos en nuestra contra amenazándolo con demandarlo por
haberme agredido con su novia. Sin embargo, se mostró reacio a dejar de lado
las demandas civiles por los daños a su auto y la Universidad aun no se ha
pronunciado con respecto al incidente, que es lo que estamos esperando que
hagan y el motivo principal por el que no entramos en el campus además del
hecho de que no deseamos recibir atención de personas como el oficial
Howard, que defiendan a Gordon cuando este no es del todo una víctima.

Después de pasar dos horas hablando con mis padres y nuestros abogados,
relatándoles una y otra vez lo que sucedió tras obtener una ducha y meterme
en un pijama de algodón que consiguieron en la boutique del hotel para mí, lo
mismo que hicieron por Tanner, que usa una versión masculina de mis
pantalones cortos y camisa blanca, no puedo evitar abrazarme a mis rodillas
cuando el abogado de papá nos dice cómo nos vamos a defender si piensan
expulsarnos. Esto simplemente es demasiado para mí.

─De acuerdo con el código de vigilancia de la Universidad de Texas, cualquier


irregularidad o abuso debe ser reportado a las autoridades. Tenemos las cintas
de seguridad del dormitorio de la noche que Savannah fue agredida. También
tenemos el nombre del guardia de seguridad. ─Mi respiración se vuelve
errática─. Claramente no estabas en condiciones de decidir si querías o no
involucrar a la policía, cariño. ─Jonathan, un amigo de papá de toda la vida,
me mira con suavidad mientras se quita las gafas con cansancio. El abogado
de Tanner permanece en silencio, pero se ve de acuerdo con lo que dice─. Si
los expulsan, tenemos cómo contrademandar y arruinarlos públicamente.
Mañana nos reuniremos con el rector y nos aseguraremos de que no lo hagan.
─A parte, el hecho de que sean estudiantes del cuadro de honor los ayudará
─añade papá mientras acaricia mi espalda, a lo que alzo la vista y lo observo
desde abajo con súplica, puesto que se encuentra de pie junto al sofá de dos
puestos en el que estoy.

Niego.

─Debemos encontrar otra manera. Esto podría afectar a la chica que me


encontró. No quiero que pierda su trabajo o que esto pueda repercutir en su
carrera por mi culpa. Está por graduarse de arquitectura y me admira. No seré
quién lo arruine para ella.

─Lo siento, Savannah. Es ella o ustedes ─dice él, sus ojos entrecerrándose
después con molestia─. A parte, si ella hubiera llamado a la policía del campus,
nada de esto hubiese pasado. No habrías cometido una locura y no habrías
terminado tras las rejas. ─Su mandíbula se endurece─. En realidad, la
seguridad del campus ha sido bastante mala si esta no es la primera vez que
ese delincuente y su novia atacan a una chica indefensa. Si se ponen
pretenciosos, haré que caben el hueco de su propia tumba. Son unos completos
ineptos. Esa pareja era un peligro para todos.

Separo los labios con incredulidad, levantándome.


Tanner, que había estado todo el tiempo sentado en el marco de la ventana de
mi habitación mirando por esta, gira el rostro para verme. Ya que alguien más,
alguien que solo me ayudó, está a punto de salir lastimado por esto, no le presto
atención o me dejo intimidar por la intensidad con la que me observa. Papá
tiene razón, la seguridad del campus debió haber actuado en contra de Gordon
y de Anahí mucho tiempo atrás si incluso personas como la señora Brown
sabían de sus problemas, pero Faith solo ayudó.

─La chica que trabaja para la seguridad del campus me ayudó. Me amenazó
con llamar a las autoridades si no conseguía que alguien me buscara. Sigue mi
trabajo y no quería que este se viera opacado por cómo Anahí y Gordon harían
que quedara. Como una vulgar chica que pelea por un chico. ─Miro a mi
madre, quién debería entenderme mejor que el resto─. No quería decepcionarte
armando un escándalo de ese tipo. Por eso llamé a Tanner.

Algo de culpa asoma en los ojos de mi madre, pero esta rápidamente remplaza
este sentimiento con determinación. Tras susurrar en el oído de mi padre, este
mira al resto de los hombres y suelta un suspiro mientras inclina la cabeza
hacia la salida. Todos nos dejan a solas en cuestión de segundos. No puedo
hacer más que estremecerme cuando Larissa se posiciona frente a mí con el
mentón en alto. La hora del regaño ha llegado.

Mis hombros se hunden.

─Si tienes que decidir entre tu futuro y alguien más, siempre tienes que escoger
tu futuro. Las personas van y vienen, Savannah. Las oportunidades no lo hacen.
─Su expresión se vuelve más dura, lo que no creí posible hasta que lo vi─.
Cuando tu padre y yo aceptamos hacernos a un lado, fue porque nos prometiste
que podrías manejarlo tú sola. Al reusarte de esta manera no lo parece, por lo
que te daré la opción de dejar ir a la chica, pero en consecuencia tendrás que
volver a Houston para continuar con tus estudios y ver cómo has arruinado la
vida a alguien más con tus acciones, porque arrastrarás a Tanner contigo. Él
podría ser expulsado de la universidad y del equipo de fútbol también.

─Pero Faith...

Al saber que me refiero a la chica de seguridad, mamá me corta.

─Cuando mucho será despedida, pero no expulsada.

Sin saber qué decir, me hundo en el sofá cubriendo mi rostro con las palmas de
mis manos. Mamá se sienta junto a mí tiempo después. Por mucho que odie
admitirlo, tiene razón. Hay demasiado en juego para nosotros, en especial para
Tanner.

Y aunque no enviaría a Faith a la hoguera por mí, lo haría por él.

Para evitar que no se ausentase a su graduación.

Que fuese expulsado del equipo de fútbol.

Por mi culpa.

─Está bien ─susurro después de un rato─. Lo haremos así.

Mamá asiente, dejando de lado su mal temperamento una vez me rindo a los
planes de nuestros abogados. Por más malvado que suene, Faith puede
conseguir un nuevo trabajo, pero ni Tanner ni yo podremos recuperar lo que
hemos avanzado hasta ahora en nuestras respectivas carreras. Me refugio en
su costado cuando me atrae hacia ella para acariciar mi cabello con suavidad.
Tiemblo cuando presiona sus labios contra la parte superior de mi cabeza. Ha
pasado tanto desde que hemos estado así. Tanto.

─Savannah, necesito que me prometas una cosa ─dice con tono autoritario
mientras me fuerza a mirarla colocando su mano bajo mi mandíbula─. Después
de que esto termine, te alejarás de este chico, Tanner. Su novia es tu compañera
de cuarto, pero veo la manera en la que te mira. ─Me quedo repentinamente
sin respiración. Mi madre no tiene ni idea de cuán profundo es el pozo en el
que me encuentro sumergida, pero ya sabe que estoy ahí. Sabía que lo haría a
penas me echara un vistazo en compañía de Tanner─. Por más agradecida que
esté con él por ayudarte, no te merece si está con alguien más, pequeña rosa.
Mantente lejos.

A pesar de que el día anterior habría entrado en shock por oír esas palabras
viniendo de ella, incluso viniendo de alguien más, no puedo evitar asentir en
acuerdo. Tanner no me merece. Merece algo mejor. Alguien que no desee lo
prohibido o que no lo haga poner en riesgo todo por lo que ha trabajado
durante tanto tiempo.

Alguien que no sea capaz de herir a alguien más para salvarlo.

Alguien bueno.

Como Pauline.

Ahora lo veo tan claramente.


─Lo prometo ─le digo, a lo que su pecho desciende con alivio y vuelve a
reanudar las caricias en mi cabello sobre el sofá de cuero.

Mi madre vuelve a besarme la cabeza.

─Bien, porque si te fijas en él estaré verdaderamente decepcionada. ─Aunque


no la veo, puedo oír la sonrisa en su voz─. Porque estoy cien por ciento segura
de que habría reaccionado como tú si me hubieran hecho lo mismo, así que no
te preocupes porque ya no te ame por lo que hiciste. Como madre y como mujer,
me alegra que hayas incendiado ese auto.

Sonrío tristemente.

─Quizás te decepcione que haya sido atrapada.

Mamá ríe.

─La verdad, sí, debiste ser más rápida lanzando la cerilla.

─Mamá ─protesto incorporándome y mirándola con los ojos en blanco, puesto


que me habría sentido más cómoda de ser reñida por esto que apoyada, ya que
ahora sé de dónde vienen mi gen psicópata y tengo la sospecha de que ella ha
hecho cosas peores.

No veo a mi padre incendiando un auto.


Él los demandaría hasta saciar su enojo, como está haciendo ahora, pero no
incendiaría un auto o recurriría a la violencia.

─¿Qué te detuvo de hacerlo antes de que la electricidad volviera?

Me está mirando a los ojos, así que no puedo mentirle.

─Tanner estaba convenciéndome de que no lo hiciera. Casi funcionó, pero me


quemé los dedos mientras hablábamos y solté la cerilla en el momento justo en
el que llegó la policía.

Mamá sonríe con nostalgia después de que hablo.

─Cuando eras pequeña, solías robar galletas de la cocina cuando tanto tu


padre como yo nos despistábamos. De no ser por el reguero de migajas que
dejabas de camino a tu escondite para comerlas, nunca nos habríamos dado
cuenta. ─Ya que nos reunimos en mi habitación para hablar, no me sorprendo
cuando se levanta con ojos exhaustos y se inclina para besarme una última vez
antes de dirigirse a la puerta─. Y eso es lo que más amo de ti. Eres torpe siendo
mala, la cual también es la razón por la que siempre he sido tan dura contigo
al inculcarte que debes protegerte a ti misma a toda costa. No eres tan ruin
como piensas, Sav. Tienes cosas de mí, pero también tienes cosas de tu padre y
ambas sabemos cómo es él. ─Afirmo, mis mejillas rosadas debido a que quizás
tenga razón y sea más sentimental, como él, que una simple perra que desea lo
que no que no es suyo─. Tanner también se ve como si no fuera tan malo como
aparenta, pero... pero no es para ti. Mi niñita merece alguien por quién no
tenga que luchar en lo absoluto ─añade antes de finalmente salir y dejarme
sola.

O, mejor dicho, junto a la certeza de que haré hasta lo imposible por cumplir
mi promesa debido a que es lo mejor para él.
Y por primera vez siento como si fuera algo capaz de suceder.

*****

Tanner no desayuna con nosotros a la mañana siguiente. Lo encontramos tanto


a él como a su padre en la oficina del rector de la Universidad de Texas en
Austin cuando nos reunimos con este para solventar nuestra situación a las
diez. Tanto nuestros padres como nuestros abogados entran a su despacho,
pero él y yo nos quedamos atrás. El señor Reed, quién es escalofriantemente
parecido a Tanner, solo que con canas y una mandíbula más cuadrada, lo mira
fijamente antes de desaparecer en él sin siquiera molestarse en saludar cuando
pasa a mi lado para entrar.

Me siento en la única silla disponible, la que está a su lado.

Al igual que su progenitor, quién probablemente me odia por haber arrastrado


a su hijo a esto, lleva un traje de dos piezas negro sobre una camisa blanca,
solo que no está usando corbata, algo que su padre sí hace. Ya que la presencia
es importante para este tipo de asuntos, estoy utilizando un vestido rosa que
bien pude haber llevado de ser la dama de honor de una boda. Mi madre lo
compró para mí de camino aquí y también hizo mi maquillaje y peinado, por lo
que parezco un personaje de Dynasty en lugar de yo misma.

─No le hagas caso ─suelta de repente mientras ambos contemplamos la puerta


frente a nosotros─. Es solo un imbécil.

La manera en la que habla de su padre hace que me gire hacia él.


Todo en Tanner está endurecido y apretado con tensión, la cual está siendo
emanada en olas desde él. También luce molesto al punto de que podría estallar
en cualquier momento y por cualquier cosa, pero sorpresivamente no lo está
conmigo.

─No, tiene razón si me odia ─susurro.

Lo que digo hace que también gire el rostro para mirarme.

Corrección, sí podría enojarse conmigo, puesto que lo que dije al parecer hizo
que las venas en su cuello sobresalieran más.

─Si no les haces nada, mis padres no tienen razones para odiarte.

─¿Y si se lo hago a su hijo?

La mandíbula de Tanner se endurece. Medita mi pregunta por unos segundos,


pero eventualmente asiente y habla en voz alta.

─Si me hubieras hecho algo, sí, pero no eres la única que toma sus propias
decisiones. Yo decidí meterme en esto y debe respetarlo. ─Vuelve a mirar hacia
el frente─. No me obligaste.

Ya que no tengo ganas de continuar esta charla con él, sino de mantenerme en
silencio antes de que pueda decir cosas que hagan que lo quiera más de lo que
ya lo hago, cierro la boca. Tanner, sin embargo, no parece captar la señal que
cada centímetro de mi piel emana. Tras levantarse y apoyarse en la pared junto
a la puerta mientras saca un cigarrillo de su chaqueta, lo que no debería hacer
aquí en condiciones normales, mucho menos estando a punto de ser expulsado,
me asalta con su voz otra vez. Cierro mis manos fuertemente en puños mientras
las palabras de mi madre vienen a mi mente una y otra vez.

Él no es para ti, me dijo.

No puedo olvidarlo.

─Le dije a Pauline que solo nos encontramos por casualidad cuando llamó.
Está pasando unos días con su familia. Lo creyó.

Asiento, de acuerdo con lo que dice.

─Así pasó.

Tanner arruga la frente tras el humo que exhala.

─Pasaron muchas cosas más, Savannah.

─Pero solo me viste por casualidad. No es como si estuvieses persiguiéndome


por todo el campus y supieras lo que iba a hacer, ¿no es así? ─Sus cejas se
juntan todavía más al hablarme, probablemente notando cuán diferente sueno
ahora que estoy decidida a no involucrarme más de lo necesario con él así
tenga que verlo cada segundo de cada día. Cuando no me contradice, vuelvo a
asentir una vez más─. No te preocupes. No le estamos mintiendo. Es lo que
sucedió. Una sencilla y tonta casualidad.

─Savannah...
─Debemos concentrarnos en que no nos expulsen. ─Trago, todavía sin
mirarlo─. Nuevamente, lo siento mucho por arrastrarte.

A pesar de que su mandíbula sobresale ante mis palabras, Tanner no dice nada
más. Se incorpora y se dirige al balcón tras nosotros para continuar fumando
en él, fuera de mi vista por completo.

Una hora después, la puerta se abre.

Mi madre me mira con severidad.

Mi padre también lo hace.

Nuestro abogado se queda con nosotros, pero el de Tanner y su padre se dirigen


al balcón para reunirse con él, quién salió a fumar su tercer cigarrillo antes de
que salieran. Me olvido de respirar hasta que mi madre se sienta junto a mí y
toma mi mano en las suyas. Suelto un suspiro de alivio cuando me sonríe
ampliamente.

─Ni Tanner ni tú fueron expulsados. Ni siquiera es necesario que hablen con


nadie. Lo arreglamos. ─Empiezo a devolverle la sonrisa, pero sus palabras
hacen que mis labios se congelen con incredulidad─. Y debido a que tu padre
fue un poco demasiado persuasivo, alargarán el concurso una semana más
para que puedas participar en él. Aunque no logramos que expulsaran a
Gordon, estamos trabajando en una orden de restricción tanto para él como
para Anahí y el rector prometió hacerse cargo de ellos si atacan a otra persona
en el campus como te atacaron. En compensación por los daños, deberás
comprarle un auto.
─¿Cualquier auto? ─pregunto, en éxtasis ante la idea de darle cualquier
chatarra que consiga a menos de mil dólares.

Mamá se encoje de hombros, sus ojos maliciosos.

─Solo dijeron un auto.

─Gracias ─suelto en su dirección mientras la abrazo, levantándome también


para abrazar a Jonathan y a mi padre.

Este último presiona sus labios contra mi frente cuando me tiene sobre su
pecho, mis brazos rodeándolo con fuerza mientras disfruto del aroma de su
colonia. También usa un traje, pero sin chaleco, y sus gafas para cerrar
acuerdos. Se ve cansado, pero victorioso. Lo amo tanto y amo tanto la forma
en la que no ha dejado de mirar a mi madre durante todos estos años que no
puedo evitar pensar que ella tiene razón. Que Tanner no es el indicado. Nunca
he visto a Larissa llorar o sufrir por él. Nunca.

Y quiero algo como lo que ellos tienen, aunque no una hija así.

─La próxima vez que algo como esto pase, me gustaría que me llamaras,
Savannah ─dice escondiendo un mechón de mi cabello tras mi oreja─. Así esté
en la China, vendré a ayudarte al instante.

─Lo haré.

─Más te vale ─dice cerca de mi oído cuando lo abrazo otra vez, en esta ocasión
más fuerte, a la vez que las puertas del despacho del rector se abren y Faith
sale de él con lágrimas en los ojos y Tanner y su padre abandonan el balcón en
el que se hallaban hablando a solas, puesto que su abogado ya está
esperándolos con un maletín y la expresión en blanco junto a las escaleras.

Al poner sus ojos en mí, solo uno de ellos me mira como si no me odiara y es el
único cuya opinión verdaderamente me importa.

Pero eso no significa que no duela sentir el rechazo de los demás.


Capítulo 20
Pasamos la tarde en silencio, lo que me resulta extrañamente reconfortante.
Tanner se dedica a poner música y a beber mientras se pasea de un lado a otro
en el yate y discute con el capitán. Yo tomo el sol, entro en el jacuzzi y me
arrojo al mar cuando finalmente nos detenemos. Es como si nos ignoráramos
después de su confesión sobre mi ex, lo cual no me toma en lo absoluto por
sorpresa, puesto Tanner no era precisamente bueno escondiendo cuánto lo
detestaba, pero a la vez no. A pesar de su actitud de niño enojado después de
que reaccioné ante ello de una manera que evidentemente no le gustó, se acerca
a mí cada tanto para dejarme una bandeja con aperitivos que el mismo hace, los
cuales devoro una vez me deja a solas con ellos. Al parecer encontró la manera
de desquitar su ira en la cocina.

Se me hace imposible no acercarme cuando, a pleno atardecer, empieza a cortar


filetes de carne para ponerlos a asar en una linda parrillera de acero inoxidable.
Además de su short corto, lleva un delantal que no tiene mucho sentido que use
debido a que de igual manera el aceite que desprende la carne al cocinarse
salpica sobre sus brazos. Lo único que protege escasamente es su pecho.

Todavía solo en bikini, me sitúo junto a él para cortar los vegetales de la


ensalada tras lavarme las manos. Me mira con una ceja alzada cuando empiezo
a picar un tomate en rodajas, pero no me detiene o hace alguno de sus típicos
comentarios sarcásticos fuera de lugar. Tras tomar el mando de los altavoces y
bajarle el volumen a la mí, finalmente se dirige a mí tras hablar de Weston.

─¿Te gusta comer con vino? ─pregunta sin verme.


No puedo evitar arrugar la nariz.

─Me gusta beber vino ─respondo, puesto que de no ser así no sería hija de mi
madre─. Pero no consumo alcohol con comida.

Tanner solo asiente, concentrado en la cocción de la carne.

─Vi la botella que compraste en la tienda del muelle. ─Me atraganto con mi
propia saliva cuando dirige sus ojos oscuros hacia mí. Su piel blanca ha
adquirido un tono sonrosado, como temía, y su cabello negro está despeinado.
Se ve tan hermoso de esta manera, casi relajado─. ¿Es eso algún mensaje
subliminal?

A pesar de mi sonrojo, pongo los ojos en blanco.

─No me voy a...

Chillo, interrumpiendo mis palabras, cuando corto mi dedo con la hoja debido
a estar demasiado concentrada en sus ojos, no en la ensalada. Tras soltar el
mango de golpe, meto mi índice en la boca antes de que sangre a la vez que
empiezo a maldecir y a saltar para apaciguar mi inexistente dolor. Tanner me
mira con la frente arrugada como un pug, pero no deja de hacer lo que está
haciendo para venir a socorrerme. La cena es más importante para él.
─En el baño de mi habitación hay un botiquín de emergencias.

Ya que no dice o hace nada más, voy bajo cubierta. Entro en su habitación sin
mirar ninguna otra cosa que no sea la puerta de su baño. Una vez entro en el
lujoso y pequeño espacio, tomo el botiquín y me siento en el retrete. Limpio la
sangre que sale de mi corte con una gasa antes de aplicar alcohol sobre él,
chillando otra vez debido a que debido al filo del cuchillo me rebané el dedo.

No solo me corté.

Hago un puchero involuntario con mis labios cuando no logro ponerme los
puntos adhesivos, pero en ese momento la puerta del baño se abre y Tanner
entra, su frente todavía arrugada. Su expresión, sin embargo, cambia cuando da
un par de pasos hacia mí y toma mi mano sin pedir permiso. Alza las cejas
cuando lo ve.

─Es feo.

Conteniendo las ganas de apuñalarlo, puesto que sé que lo es ya que la piel se


está levantada y se desprende de su lugar, afirmo.
─Ya lo limpié y dejó de sangrar, pero no puedo poner los puntos.

Tras soltar un suspiro, toma un nuevo paquete de ellos y se arrodilla frente a mí.
Aunque el lugar es acogedor a pesar de ser frío, como todo lo que lo caracteriza
que no ha sido tocado por Pauline, como sus oficinas, el sitio es tan estrecho
que prácticamente está encima de mí mientras sus manos trabajan en mi índice.
Al cabo de unos minutos, sin embargo, soy capaz de respirar con normalidad de
nuevo debido a que se levanta y retrocede, su nuez moviéndose mientras me
mira fijamente.

─Listo.

Veo mi dedo cubierto con adhesivo.

─Gracias.

Tras asentir, se da la vuelta y sale del baño. Me miro en el espejo antes de


seguirlo, descubriendo el desastre que soy, y pasar nuevamente por su
habitación. Al estar en ella nuevamente no puedo resistir las ganas que siento
de echarle un vistazo. La cama está cubierta por sábanas negras. Lo demás en
blanco estéril. A pesar de que hace que la cabina se vea iluminada, se siente
vacío.

Como él.

Me siento mal por dudar de sus palabras cuando abro el armario y confirmo que
no hay nada de su esposa aquí, solo algunas prendas de hombre de su estilo que
todavía tienen su etiqueta. Ya que no fue tan estúpido como para casarse sin
hacerla firmar un acuerdo prenupcial antes pese a que estaba completamente
seguro de que ella era el amor de su vida cuando se casaron, Pauline no tiene
cómo hacer seguimiento a sus propiedades.

Y no dudo de su capacidad de mantener secretos con ella.

Como yo.

Pero aun así, esto era algo que debía ver con mis propios ojos.

*****

Me doy una ducha para deshacerme de la sal sobre mí y entro en mi pijama


antes de subir de nuevo. Me toma alrededor de veinte minutos hacerlo y para
cuando vuelvo con Tanner, ya ha anochecido y este ya ha terminado de asar los
filetes y de hacer la ensalada por su propia cuenta. Hay una jarra con jugo de
naranja en el punto medio de la mesa si trazas un círculo en ella.

─No sabía que fueras un ama de casa.

La expresión de pug vuelve.

─No lo soy ─responde─. Pero tienes que ser un maldito idiota si no sabes cómo
asar carne y hacer ensalada. ─Sonríe cuando alzo las cejas a lo último de su
comentario, puesto que esta maldita idiota se cortó el dedo haciendo lo último.
Su talento de hacer que las personas olviden lo imbécil que es al momento de
hacer una negociación se pone en evidencia cuando habla de nuevo, cambiando
de tema mientras empezamos a comer. No puedo evitar admitir para mí misma
que lo hizo bien cuando pruebo los pimientos que también doró antes de ir por
el filete, en su punto perfecto, y la ensalada de vegetales─. Ryland me llevó al
club en el centro por el que te conoció, Savannah. La barra fue lo que más me
gustó de él. Reconocí tu toque en ella con solo verla.

Ladeo la cabeza con curiosidad debido a su acierto.

─¿Cómo lo supiste? ¿Ryland te dijo?

Tanner niega.

─No, pero tenía tu estilo.

─¿Mi estilo?

─Sí ─dice mientras corta un pedazo de su carne asada─. Hacer que las cosas
resalten sin que pierdan su esencia.

Tras lo que dice, lo cual no sé cómo tomarme, puesto que viene siendo como
un cumplido de su parte, decido guardar silencio durante el resto de la comida.
Una vez terminamos y me ofrezco para lavar los platos, oferta que es rechazada
por Tanner, quién me recuerda la herida de mi dedo inclinando la cabeza hacia
él, me dirijo al sofá en la cubierta y me siento en él mientras le echo un vistazo
a mi celular. Estamos lo suficientemente lejos de Corpus Christi como para no
tener cobertura, pero hay wifi. Reviso mis redes sociales mientras el sonido de
las olas y la sensación de descenso y ascenso del barco con ellas se apodera de
mí.
─Sé que no te gusta beber mientras comes, ¿pero harías una excepción por el
postre? ─pregunta Tanner frente a mí luego de unos minutos, a lo que alzo la
vista para encontrarlo sosteniendo un cubo metálico con hielo, mi botella de
vino y dos copas y una caja de bombones baratos con relleno sorpresa que
también compré, pero para disfrutar con Malcolm cuando volviéramos a vernos
porque pensé que sería una cosa que disfrutaría hacer.

No Tanner.

Al parecer no soy la única que hurgó en las pertenencias del otro.

─Claro ─respondo, mi voz ronca, apretándome más contra mis rodillas para que
tenga espacio para sentarse junto a mí debido a que abarca dos veces lo que yo
y más en esta posición.

─Por mi primera vez ingiriendo vino y chocolates baratos ─dice, brindando,


una vez sostenemos nuestras copas llenas, pero llevando el borde de la suya a
sus labios sin esperar que lo siga.

Se cambió después de comer, por lo que ahora también está en pijama. Un


pantalón gris con una camiseta blanca. Sus pies, al igual que los míos, están
descalzos. Su cabello está mojado y gotea sobre su frente. Conteniendo las
ganas de retirarlo, tomo un pequeño sorbo antes de extender la mano hacia uno
de los bombones. A pesar de la mueca de Tanner, no está tan mal. Larissa
Campbell lo odiaría. No es un vino Van Allen, como los que Tanner se bebió
en mi casa, de los cuales todavía me debe una caja de edición especial, pero mi
paladar se acostumbró a ser menos exigente después de ir a la universidad y he
bebido cosas peores. Retiro la envoltura del dulce antes de llevarlo a mi boca.

─Relleno de chocolate ─le digo mientras mastico, feliz de que no sea nada
desagradable que me haga escupir─. Tu turno.
Tanner me imita, pero empieza a toser y cuando muerde su bombón. No me
queda de otra que reír cuando se incorpora abruptamente y se dirige a la
barandilla para escupirlo en el agua.

─Picante ─gruñe, sus ojos llorosos─. Lo más picante que existe.

Ya que se especializa en importar productos de México y de Alemania, así como


de otros países, pero en especial esos, y su despensa está llena de toda clase de
productos, sé que exagera.

─No puedo decir que no te lo merezcas. ─No responde a mis palabras,


limitándose a beber más vino, el cual estoy segura de que ya no considera
horrible, por lo que tomo otro bombón.

Jadeo cuando su sabor inunda mi boca, a lo que alza las cejas.

Hay genuina curiosidad en su rostro.

─¿Qué es? ─pregunta, cediendo a la emoción que probablemente no quiere


admitir que nuestro infantil juego le ocasiona.

─Caramelo ─murmuro, escogiendo este como mi favorito pese a que no he


probado los demás todavía─. Te toca, Reed.

Juro que puedo verlo temblar ligeramente antes de tomar otro.


─¡Mierda! ─grita tras morderlo, escupiéndolo directamente en su mano, y
bebiendo más para eliminar el sabor tras arrojarlo al mar, lo que se siente tan
inapropiado como si lo estuviera viendo arrojar basura por la ventana del auto.
Suelto una carcajada ante el claro asco en su rostro mientras echo mi cabeza
hacia atrás. Se ve asqueado y molesto debido a que todos los malos le han
tocado─. ¿A quién mierda se le ocurre hacer bombones de camarón?

Me encojo de hombros mientras tomo la caja.

─No lo sé, pero creo que son turcos.

Él la toma de mi mano. Tras leer la parte posterior, afirma, todavía viéndose


afligido por el último bombón que comió.

─Ahora entiendo por qué nunca he visto de estos en los supermercados. ─Tras
dejar la caja sobre el sofá, me mira con la mandíbula apretada─. Lo siento. Ya
no estoy de acuerdo con continuar con esto si no gano nada por pasar esta
tortura.

Le sonrío.

─¿Qué quieres a cambio?

A pesar de que luce sorprendido con mi pregunta, no duda al momento de


continuar con la conversación y responder.
─Comer uno de ellos podría ser un castigo por no responder a la pregunta que
el otro haga ─dice─. Y el pésimo vino el premio.

Suelto un risita ante la sensación de familiaridad que me golpea.

─¿De vuelta a la época como presidente de fraternidad?

Tanner se encoge de hombros.

─¿Juegas o no?

Afirmo.

─Claro que sí y yo empiezo. ─Ya que estoy segura de que no responderá a lo


que tengo pensado preguntarle, tomo un bombón para que lo coma─. ¿Cuándo
y cómo fue tu primera vez, Tanner?

Los labios de Tanner se entreabren. Por su expresión, sé que no esperaba mi


pregunta. Entrecierro mis ojos con interés. De verdad me gustaría que
respondiera. Quizás ni Pauline sabe esto de él.

─A los quince ─responde, sorprendiéndome.

─¿Y cómo fue?

─No lo sé ─dice de nuevo─. Fue en una fiesta. No lo recuerdo.


Un nudo se instala en mi garganta al confirmar, una vez más, que no fui un caso
especial para él ni siquiera en ese ámbito. Ni siquiera como el acostón que al
día siguiente no pudo recordar.

─Tu turno ─susurro, dejando el bombón de regreso en su lugar.

─¿Qué hay de ti? ─Traga mientras me ve fijamente─. ¿Cómo fue?

─A los trece. Fue horrible.

Su expresión y todo su cuerpo se tensan.

─Esa es una edad muy temprana para perder la virginidad, Sav, ¿ese chico te
forzó a hacerlo o...?

─No. ─Niego, interrumpiéndolo─. Solo lo hice y no me gustó.

Tras unos segundos en los que me contempla en silencio, afirma.

─Entiendo ─dice, pero su tono de voz no parece de acuerdo.

Antes de que pueda empezar a juzgarme, le lanzo otra pregunta.

─¿Estar con Pauline te acercó a Dios?

La pregunta implícita ahí es; ¿te ha hecho sentir bueno?


Tanner nuevamente entreabre los labios, como si no hubiera esperado oír lo que
oyó ni en un millón de años, por lo que lo contemplo con más atención. Una
parte de mí siempre ha sabido que esa, ser mejor, es en parte la razón por la que
la escogió.

Quiero saber si lo logró.

Si su miseria, por al menos un momento, valió la pena.

Impresionándome de nuevo, toma el bombón que había escogido para él y lo


lleva a sus labios. Con la decepción inundándome por dentro, contemplo como
sus labios y su mandíbula se mueve mientras lo mastica. No debe tener ningún
mal sabor, pues traga sin que su cara refleje ningún tipo de emoción debido a
ello.

─Malvavisco ─revela─. ¿Por qué decidiste salir con ese imbécil?

Mi pecho se hunde, pero, a diferencia de él, no soy una cobarde.

No escondo mi verdadero yo en un armario.

─Era el mejor partido de la época ─respondo sabiendo que se refiere a Weston,


mi novio durante unos cuantos semestres.
El único chico que alguna vez conocí que te hizo perder la cabeza, añado en el
interior de mi cabeza, lo cual es el resto de la verdad.

A pesar de que sus facciones se endurecen, asiente.

─Vienes tú.

─Si pudieras ser un animal, ¿cuál serías?

Tanner ríe, un sonido que no todo el tiempo la humanidad tiene el placer de


presenciar. No puedo evitar flexionar los dedos de mis pies y tomar un sorbo de
vino en respuesta. Es ronco y profundo, varonil. Si hubiera sabido que lo haría,
lo habría grabado para poder escucharlo más tarde las veces que desee.

─Un tipo de chimpancé ─responde, haciéndome alzar las cejas.

─¿Por qué?

Un puma o un cocodrilo estarían más acordes con él.

Incluso una serpiente venenosa.

─Eso es más de una pregunta, Savannah ─responde, pero a pesar de ello


contesta a mi pregunta─. Y bueno, los chimpancés son los únicos, además de
los humanos y los delfines, que tienen sexo por placer y no soy tan lampiño o
amable como un delfín. Si me quitan la capacidad de pensar como un hombre,
al menos me gustaría disfrutar de tener sexo con mi compañera animal.
─Interesante ─susurro, trastornada.

Mi mente gira en torno a dónde puede estar su vello además de en sus piernas y
brazos, dónde no abundantemente desagradable. Tanner me sonríe, haciéndome
estremecer. Unos segundos después esa sonrisa desaparece, siendo reemplazada
por un expresión tanto interesada como seria y suave en su cara.

─Si pudieras retroceder en el pasado y hacer algo diferente, ¿qué sería?


─susurra, su voz marcada por su acento alemán.

A pesar de que tengo la respuesta en la punta de la lengua, me inclino y tomo


un dulce. Luego de un momento siento el sabor agrio del limón invadiendo mi
paladar. Ya que no es tan malo, lo trago, pero bebo un sorbo de vino después.
A pesar de ello, hasta ahora he tenido más suerte que Tanner. Al menos en esto.
Aunque sus ojos lucen igual de decepcionados que los míos cuando no
respondió mi pregunta sobre Pauline, no protesta.

Solo nos quedan tres chocolates.

─Limón ─digo─. Si pudieras hacerlo tú, ¿qué harías diferente?

Tanner toma otro chocolate.

No deja de verme mientras lo mastica.

─Champagne. ─Relame sus labios, lo que hace que mi corazón se acelere y


vaya más rápido dentro de mi pecho─. ¿Alguna vez te has obsesionado con
algo, o con alguien, que no deberías? ¿Alguna vez has sentido que estás
haciendo algo que está mal de mil maneras diferentes, pero que aun así no
puedes dejar de hacer? ¿Alguna vez has querido arrancarte una sensación de la
piel, pero por más que te laves o te mediques contra de ella, no desaparece?
¿Alguna vez has deseado pecar con alguien, Sav?

Para el momento en el que termina de hablar, estoy sin respiración. Son tres
preguntas, rompió las reglas del juego, pero la verdad es que responder a
cualquiera de ellas sería mi sentencia. Sería admitir en voz alta mi debilidad de
una manera que no pueda permitírmelo hasta estar segura que no sacará
provecho de ella después. Al momento en el que la bola de chocolate explota
en mi boca, corro a la barandilla y escupo. Lloriqueo mientras el sabor picante
la inunda. Tanner me alcanza y me tiende la botella, la cual ya está casi vacía.
La termino de un solo trago mientras mis ojos lagrimean. Tras bebérmela, la
dejo abajo y lo miro por debajo de mis pestañas húmedas.

No tengo que decirle qué me tocó.

Es evidente que fue una mala experiencia esta vez.

─Tanner ─susurro cuando nos detenemos frente al sofá en el que estábamos


sentados, pero al que ninguno de los dos tiene intenciones de volver. La noche
de repente se ha puesto como si fuera a llover. Hay truenos y relámpagos a pesar
de que ninguna gota de agua ha caído sobre nosotros. La marea también se ha
vuelto salvaje y hace frío─. ¿Volverás a lastimarme si confío en ti?

Tanner me mira fijamente.

Al instante mi pecho duele.

No sabe cómo responderme, pero tampoco quiere comer el chocolate. No quiere


no poder contestar a mi pregunta y eso, al menos, es un indicio de que dañarme
no son sus intenciones.
─Sav...

Salvándolo, me inclino y yo misma desenvuelvo el chocolate.

Tiemblo cuando siento sus labios bajo mis dedos al presionarlo contra su boca.
Sin apartar sus ojos de mí, Tanner la abre y deja que lo meta en ella. Mastica
las suficientes veces antes de tragar.

─Chocolate ─susurra.

─A veces un bombón solo contiene chocolate ─digo, retrocediendo hacia las


escaleras que dan con los camarotes─. Por más que queramos y deseemos que
contenga un relleno especial, a veces nos decepcionamos al darnos cuenta de
que solo es más de lo mismo cuando lo probamos y notamos que perdimos todo
ese tiempo ansiándolos, pero a veces también estamos en lo cierto al quererlos
y nos arrepentimos de no habernos arriesgado probando algo diferente cuando
los comemos. Esa también es una forma de perder el tiempo, pero cuando los
encuentras malos al menos puedes decir que tuviste algo diferente y que tras
vivir la experiencia, no te arrepientes.

Sin esperar una respuesta, lo dejo atrás y corro hacia mi habitación, dónde me
encierro al mismo tiempo que las luces del yate empiezan a parpadear y este a
agitarse con fuerza.

La tormenta ha comenzado.
Capítulo 21
Mis padres regresan a Austin por la tarde. Antes de irse almorzamos juntos y
paseamos por el centro comercial, dónde insisten en comprarme algunas cosas
para hacerme sentir mejor. Es su manera de levantarme el ánimo. Usualmente
funcionaría, pero estoy preocupada. Preocupada por cómo haré en siete días
lo que hice en meses. Preocupada por Tanner y Pauline. Preocupada por Faith,
a quién despidieron de la seguridad del campus y perdió, con ello, quizás el
único trabajo que le permitía estar en los últimos semestres de arquitectura y
costear la carrera al mismo tiempo. Nuestra profesión es exigente. Amerita
mucho tiempo libre y la compra de muchos materiales. Me siento mal por ella.
Si pudiera retroceder en el pasado y no lanzar esa cerilla, lo haría solo por no
arrastrarla a ella y a Tanner conmigo al abismo.

De camino a mi habitación en el dormitorio, siento muchos pares de ojos sobre


mí, pero los ignoro con éxito, concentrándome en el peso de las bolsas con mis
compras. Dentro de ella siento alivio al no ver a Pauline por ningún sitio ya
que pasará unos días con su familia en su pueblo natal por razones que me son
desconocidas, pero que deben valer inasistencias. No estoy lista para darle
explicaciones de ningún tipo sobre por qué su novio y yo terminamos en la
cárcel o por qué se arriesgó por mí cuando ni yo misma sé las repuestas a esas
preguntas.

Dejando de lado el tema de Tanner, si quiero tener alguna posibilidad de


quedar entre los finalistas del concurso, al menos, debo ponerme manos a la
obra con los planos cuanto antes, por lo que me doy una rápida ducha caliente
y entro en una pijama de seda negra y me siento tras mi antiguo escritorio con
mi cabello mojado envuelto en una toalla, puesto que no puedo arriesgarme a
que salpique el papel en el que estoy trabajando haciendo un bosquejo de lo
que ya tenía preparado y listo para presentar.
No puedo evitar hacer un montón de bolas de papel en mi mano, con hirviente
ira, cuando a pesar de lo mucho que lo intento, no obtengo los mismos
resultados de lo que perdí. Recuerdo las características del edificio que dibujé
en su mayor parte, pero no todos los detalles y la ausencia de alguno de ellos
cuando termino con uno de mis dibujos me frustra. Cada vez que los plasmo de
nuevo, siempre hay uno que falta y me obliga a iniciar desde cero. A la
medianoche, ya no lo resisto más. Me levanto, tomo un abrigo de mi armario y
me dirijo a Rusty's en mi auto. Cuando entro en el establecimiento, me dirijo
inmediatamente a la barra. En el camino y mientras pido un chocolate caliente
con crema batida, hago hasta lo imposible por ignorar a las personas que me
observan y no precisamente por mi forma de vestir. No puedo evitar girar el
rostro hacia ellos, sin embargo, cuando voy a uno de los reservados con mi
bebida y un cupcake con chispas de colores en la mano.

─Puta ─dice uno de los integrantes del equipo de fútbol, haciendo que me
detenga abruptamente, y al instante estoy lista para girar mi vaso con chocolate
hirviente sobre él, pero una inesperada voz tras de mí me detiene.

─No vale la pena, Sav.

Con las mejillas sonrojadas, contemplo con los ojos entrecerrados al tipo rubio,
del grupo de enfermos que apoyan a Gordon, que me insultó antes de girarme
para ver a Ibor, quién se encontraba tras de mí. Con mechones de cabello
dorado cayendo sobre su frente, se ve adorable con las manos en los bolsillos
de sus pantalones vaqueros y un suéter vinotinto. Lleva zapatillas. Tierno, por
lo menos para mí, ya que el idiota no piensa lo mismo. Tras recibir una mala
mirada del defensa de los Longhorns, se levanta del reservado con sus amigos
y se marcha de la cafetería sin mirar atrás, claramente afectado por su
presencia protectora a mi favor.
Le sonrío.

─Para no amar la violencia, eres alguien bastante intimidante.

Una sonrisa dulce aparece en su rostro de expresión momentáneamente seria,


la misma con la que juega.

─Puedo ser todo lo que necesites o quieras que sea ─dice con voz ronca
mientras se encoje de hombros con despreocupación. lo que me resulta torpe,
pero bonito─. Tú solo tienes que pedirlo, ya sea con tu linda voz o con esos ojos
grises tan expresivos que tienes.

No puedo evitarlo. A pesar de los nervios haciendo estragos en mi estómago el


ser el centro de atención para todo el mundo debido a que mi rostro estuvo en
el noticiero de Austin y de la Universidad hace tan solo unos días, me río de su
intento de seducirme. Él también se ríe de sí mismo con algo de pena en los
ojos, lo que lo hace lucir más adorable de lo que ya de por sí es.

Niego mientras me muerdo el labio.

─Te dije que no había ninguna posibilidad de que se repitiera.


─Lo sé ─responde con una sonrisa─. Pero no pierdo nada con intentarlo.
Podría perdonarte tener un historial criminal, ¿sabes?

Mi rostro se vuelve completamente rojo.

─Sobre eso...

Ibor bufa cuando inclino la cabeza hacia las personas que no dejan de vernos
en la cafetería.

─¿Trajiste tu auto?

Afirmo.

─Sí, ¿por qué?

─Pediré algo para llevar. ¿Te apuntas a una cita de amigos viendo películas?
En la fraternidad nadie te molestará. Te lo prometo. ─Junto los labios,
insegura. Sé que nadie lo hará, pero no porque esté con él, sino por quién es su
presidente y algo en mí, no sé el qué, sabe que si Tanner pudo controlar al
equipo el día que me vestí a favor de los Cougars y perdieron ante ellos,
probablemente los controlará ahora para que no salten sobre mí por haber
arruinado, con justificación, a Gordon de diversas maneras: le quité su puesto
en el equipo, es probable que su relación también, y su amado Audi de lotería.
Fui una perra con él y, exceptuando el cómo eso afectó a Tanner y a Faith, no
lo lamento. Es un psicópata─. Vamos. Luces como alguien que necesita
despejarse la mente. Permíteme ayudarte. Realmente me caes bien y lamento
mucho todo por lo que has pasado. ─La sinceridad tanto en sus ojos como en
su bajo tono de voz me hace flaquear─. Déjame echarte la mano de una manera
que no involucre golpear a alguien.
A pesar de que no debería darle falsas esperanzas, termino por asentir. Tiene
razón. Necesito una distracción. Si vuelvo a mi habitación, solo me odiaré a mí
misma por no poder obtener los resultados que deseo con los planos. Quizás
relajarme ayude.

─Está bien ─acepto en voz baja.

Ibor inclina la cabeza hacia la caja.

─Ya vuelvo. ─Asiento. Me sonríe una última vez, resaltando los hoyuelos en su
rostro, antes de girarse─. No te arrepentirás.

*****

Cuando Ibor me invitó a ver películas, pensé que iríamos a su habitación y


veríamos algo en Netflix, pero termino en un sofá en el sótano de Maleeh frente
a una pantalla enorme. La habitación tiene, además, algunas máquinas de
juegos, una mesa de billar y un mini bar con bebidas. Sus paredes están en
blanco a excepción de algunos pósteres. Hay una alfombra roja cubriendo el
suelo y hace bastante frío. Es una especie de cine casero y sala de diversión.
Aunque el mueble en el que nos sentamos luego de que pone a reproducir
Viernes 13 se ve como si algún día hubiera sido bonito y lujoso, ahora se ve
usado. Muy usado. Segura de que ni de lejos soy la única chica que uno de los
miembros de la fraternidad ha traído aquí abajo, termino cediendo a la sonrisa
tonta y adorable de Ibor acurrucándome a su lado mientras vemos la mala cinta
de terror. Compró mini dulces en la cafetería y batidos de frutas, así que
mantiene mi boca llena durante la hora y media que sigue y cumple, de cierta
manera, su promesa de llevarme por ellos. Me confiesa su adicción a la azúcar
cuando nuestro último postre se acaba en los créditos. Eso me hace sonreír
mientras se levanta para poner la siguiente parte de Jason.
Giro mi rostro para verlo manejar su computador y el proyector.

Con las luces apagadas y con solo la luz del computador encendida
alumbrando su rostro de niño bueno, se ve algo sexy estando concentrado. No
puedo evitar morder mi labio mientras lo veo buscar la siguiente película de la
saga. El sexo con Ibor no fue malo. Estoy cerca de caer en la tentación de
repetirlo, pero no sé si sería bueno para él.

Podría destrozar un poco lo bueno que es conmigo.

Pero ambos somos niños grandes, ¿no?

A excepción de Tanner, puedo dejar ir a cualquier hombre.

─Lo sospeché ─susurro cuando se sienta nuevamente junto a mí y nos cubro a


ambos con mi manta, lo que hace que sus cejas se junten. Aunque no vine con
esa intención, quizás esto me ayude a mantenerme firme en mi decisión de
alejarme del presidente de su fraternidad─. Tengo miedo ─susurro cuando no
han pasado más de cinco minutos, mirándolo desde su pecho, cien por ciento
segura de que algo como eso era lo que quería oír.

Ibor traga y me estrecha más fuerte contra él.

Entreabre los labios, como si le costara respirar, cuando suelto mis


exhalaciones directamente en su cuello durante los siguientes minutos. Sin
esperar ninguna respuesta más de su parte, relamo mis labios y me siento de
lado en su regazo. Envuelvo su cuello con mis brazos y le sonrío con algo de
malicia. Mis muslos quieren envolver su cintura, pero quizás esta posición se
sienta más excitante y sucia.

─¿Tienes condones?

Ibor asiente, absorto en mi rostro y en tenerme sobre él.

─En mi bolsillo ─susurra, sonrojándose como un niño inexperto y tímido─.


Sav, no quiero que pienses mal de mí después de esto. De verdad esta no era mi
intención, me gusta mucho Viernes 13, yo...

Suelto una risita mientras ruedo los ojos, cortándolo.

No soy estúpida. Me habla como si las chicas no supiéramos por qué los chicos
escogen películas de terror para ver con nosotras a solas.

─¿Me das uno?

Tras salir de su estupor, como si no creyera lo que está pasando pese a que ya
siento su erección debajo de mí, alza las caderas para hurgar en su bolsillo
trasero como si mi peso sobre él no existiera y me tiende un brillante paquete
de aluminio.

Niego, sin tomarlo.

─Póntelo tú ─le ordeno mientras me inclino y mordisqueo su mandíbula, a lo


que suelta un jadeo antes de maniobrar en su eje.
Una vez está listo, me mira con ojos entrecerrados.

─¿Quieres que yo... baje antes?

A pesar de que la idea de su lengua entre mis piernas me agrada, lo quiero ya


dentro de mí, así que deposito todo mi peso en su pecho cuando hace ademán
de empujarme al sofá. Una vez capta la señal, permanece quieto mientras hago
a un lado la tela de mis pantalones cortos de seda y mi ropa interior de encaje.
Suelta un gruñido cuando entra en mí y yo también gimo un poco, pero
rápidamente acallamos los sonidos que hacemos juntando nuestras bocas. La
manta nos oculta y nos mantiene caliente.

Me muevo suavemente.

─Dios, Savannah, no creo que aguante mucho más, nena ─murmura mientras
pone sus grandes manos en mis caderas, empujándome hacia abajo con
insistencia─. Dios, yo...

Sus palabras son cortadas por el sonido de la puerta abriéndose y luego


cerrándose. Ahora soy yo quién se queda sin aliento cuando Tanner se nos
atraviesa, sin camisa, en dirección al refrigerador del mini bar. Ibor deja de
moverse al instante, tensándose y cubriéndonos todavía más con la manta
mientras todavía permanece en mi interior. Ahogo un grito. Si me muevo,
Tanner se dará cuenta de que estábamos haciéndolo. Por mucho que no le deba
explicaciones, sería vergonzoso y desagradable.
Me estremezco cuando se apoya en la barra y abre una lata de bebida
energética. Su pecho está lleno de sudor y usa zapatillas, así que debió haber
estado corriendo. Por más que mi mente me grita que debo concentrarme en la
película y en una manera de separarme de Ibor sin que el monstruo de mis
pesadillas se dé cuenta de lo que estábamos haciendo, no puedo evitar juntar
los muslos. Ibor jadea silenciosamente ante ello y aprieta mi cadera en
protesta, pero simplemente no puedo detenerme. Me encanta lo que veo. Cada
músculo definido y bien marcado ante mí.

Si antes estaba excitada, ahora apenas puedo respirar.

Me siento en el infierno.

─¿Divirtiéndose? ─pregunta con sus oscuras cejas juntas, escuchándose aún


con el sonido de la película de fondo.

─Sí ─respondo ya que Ibor no hace más que mirar hacia la pared, su rostro
sonrojado y su mandíbula fuertemente apretada. Envuelvo nuevamente su
cuello con mis brazos─. Mucho.

Ante mi respuesta, Tanner sonríe cínicamente.

─Bien ─suelta antes de empezar a caminar hacia nosotros, lo que hace que mi
corazón se detenga ya que por un momento empiezo a imaginar un escenario
dónde me encuentro entre dos pechos y soy atendida por dos pares de manos y
saciada por dos cuerpos masculinos. Me mojo todavía más. Ibor vuelve a
apretar mi piel cuando hago lo mismo con su pene dentro de mí, sintiendo fuego
en mi vientre, pero también un nudo en la garganta─. Imagino que no les
importa si me uno a ustedes. ─A pesar de que no es tan ancho como Ibor, sigue
siendo grande y ocupa más espacio del usual al sentarse en su lado del sofá.
Tiemblo cuando pone mis pies desnudos en su regazo para poder estar cómodo.
Sin poder evitarlo, escondo mi rostro en el cuello de Ibor al sentir su pene bajo
mi talón debido a que la tela de su pantaloncillo de deporte no es muy ancha.
Aunque no tiene una erección, tampoco está del todo dormido o es muy grande,
justo como recuerdo─. Divirtámonos. Savannah no es la única que necesita
despejarse.

Ni Ibor ni yo contestamos.

Nos limitamos a fingir prestarle atención a la película mientras Tanner se


dedica a molestarnos haciéndonos preguntas sobre ella y comentándola, a lo
que ninguno de los dos tiene respuestas porque ha convertido nuestra sesión de
sexo en uno de los momentos más incómodos de toda nuestra corta existencia
y no podemos concentrarnos en las escenas frente a nosotros. Estoy tan
abochornada que ni siquiera siento furia hacia él o me cuestiono por qué
alguien interrumpiría lo que claramente Ibor y yo estábamos haciendo antes de
que llegara y lo arruinara todo.

Afortunadamente, a los minutos Tanner toma una pausa para ir al baño en la


que puedo separarme de Ibor y acomodar mi pijama para ocupar mi puesto a
su lado. Aunque apenas le presto atención a él y al resto de la película después
de ello, de lo que sí soy extremadamente consciente es de la cercanía del
pelinegro. Es como si mi mente solo pudiera concentrarse en la manera en la
que respira, pausada y profundamente, y en el olor que desprende y soy capaz
de percibir porque estoy junto a él: sudor, jabón y los restos de la colonia
cítrica que usó durante el día.

Prácticamente salto de mi puesto cuando termina.

─Me voy. ─Tras anunciar esto, me pongo de pie y tomo las llaves de mi auto
de la mesita junto a Ibor. Finjo un bostezo antes de mirar fijamente a Ibor y
sonreírle─. Muchas gracias por invitarme.
A pesar de la desilusión en sus ojos, se encoje de hombros.

Me devuelve la sonrisa.

─Cuando quieras, nena. ─Se mete las manos en el bolsillo─. ¿Necesitas que te
acompañe a casa? No me costaría nada.

Sospecho que Ibor no tiene auto y que tendría que regresar caminando, por lo
que niego. Ya que no sé qué decirle, agito mi mano en dirección a Tanner antes
de salir del cuarto de la no-diversión. No me sorprendo al oír pasos venir tras
de mí, muy cerca, pero no me giro para saber quién de los dos me está siguiendo
debido a que estos dejan de hacerlo antes de que llegue a la salida. Sin
embargo, regresan abruptamente cuando estoy a punto de alcanzar mi auto, la
manga de mi pijama algo caída.

La subo mientras me doy la vuelta, mi abrigo en mis codos.

Me congelo al ver tanto a Tanner como a Ibor, este último con lo que parece
un golpe en la ceja. Me encojo. Se ve bastante mal.

¿Qué le sucedió?

─Me golpeé con el marco de la puerta ─explica al darse cuenta de que estoy
mirándolo, encogiéndose de hombros y extendiendo su mano completamente
abierta hacia mí. Por alguna razón evita verme a los ojos─. ¿Me das tus llaves,
por favor? Llevaré tu auto.
Separo los labios para responder, sin saber que decir, pero antes de que pueda
negarme o aceptar lo que sea que esté tramando, Tanner las toma de mis manos
y se las lanza. Ahora su torso está cubierto por una camiseta del equipo y lleva
puesta una gorra, también de los Longhorns. Mis cejas se unen cuando toma
mi mano y empieza a tirar de mí en dirección a su Raptor, la cual es imposible
de ver. Debido a que no entra en el garaje, siempre está estacionada afuera y
siempre es visible para todo el mundo.

─¿Tanner? ─gruño, exigiendo una explicación mientras vuelvo a subir el


tirante de la parte superior de mi pijama de seda con la mano que tengo libre,
puesto que es imposible soltarme del agarre que mantiene sobre la otra pese a
que no está lastimándome.

─¿Sí?

─¿Qué se supone que haces?

─Lo que no hacen los tipos con los que follas ─responde, su voz sin revelar
ningún tipo de emoción, mientras abre la puerta del asiento copiloto y me
obliga a entrar en él. Debido a su gorra no puedo ver su rostro o la expresión
en él─. Llevarte a casa. Asegurarme de que llegues a salvo. Ibor se llevará tu
auto.

─Tanner ─susurro junto a la entrada de su camioneta, negando mientras un


sonrojo se adueña de mis mejillas al confirmar que sí se dio cuenta de lo que
estábamos haciendo. Pero no me siento demasiado mal por ello cuando estoy
acostumbrada a verlo con Pauline. Esto es como el club de los voyeristas─. No
es necesario.

─Lo es.
Niego.

─No. Puedo irme sola.

Ahora él es el que niega, cruzándose de brazos y actuando como un muro que


me impide salir del espacio entre él y su vehículo.

─Tu madre y tu padre empezaron los trámites para una orden de alejamiento,
pero todavía no la tienes. Gordon podría molestarte.

─No creo que sea tan estúpido ─digo, pero ni yo misma lo creo.

No había pensado en eso, en que pudiera estar deambulando por ahí,


esperando la oportunidad perfecta para lastimarme, pero ahora que lo hago,
no me sorprendería que Tanner tuviera razón.

En realidad eso probablemente puede ser lo que pase.

Me abrazo involuntariamente, cansada de esto. Pese a que pensé que estaría


furioso conmigo, como siempre, encuentro algo de consuelo cuando agacha la
mirada hacia mí y me doy cuenta de que sus ojos oscuros no son tan duros como
pensé que serían.

─Déjame llevarte a tu habitación y asegurarme de que estés bien.

Ya que es la única persona que probablemente se ofrecería a ello o que podría


intimidar a Gordon, Ibor no es precisamente aterrador, suelto un suspiro y
afirmo antes de darme la vuelta y subir a su camioneta. A los segundos esta se
cierra. Para cuando termino de ponerme el cinturón, Tanner ya está tras el
volante.

Aunque hace una mueca, no dice nada cuando enciendo la radio.

*****

Mantengo mis manos dentro de mis bolsillos mientras Tanner inspecciona la


habitación. El baño. Las ventanas. Incluso sale al balcón que da con la escalera
de incendios. Aunque pensé que solo estaba siendo entrometido y molesto sin
razón, como todo el tiempo, me doy cuenta de que realmente estaba preocupado
cuando lo veo entrar nuevamente en el dormitorio que comparto con su novia
con los hombros menos tensos. Cuando llegamos al estacionamiento, mi
Mercedes ya estaba allí y la llave se encontraba escondida en el neumático, por
lo que Ibor no nos acompaña. Suelto un suspiro cuando Tanner mira las bolas
de papel en el suelo y luego hacia mi escritorio con una ceja arriba.

─¿Tienes problemas para dibujar?

Aunque no debería abrirme con él de esta y de ninguna forma, no puedo evitar


hacerlo al no oír ningún tipo de emoción negativa en su voz. Tras unos
segundos de silencio, termino afirmando.

─Sí. Me pierdo algunos detalles. No los memoricé todos.

─¿Por qué simplemente no pasas por alto lo que olvidaste?

Bufo.
─No es tan sencillo. Antes era perfecto.

─¿No crees que puedas crear algo igual de perfecto en un segundo intento?
─pregunta, atento a mi respuesta. Empiezo a negar y abro los ojos para
responder mientras enciendo las velas alrededor de mi cama con un viejo
encendedor, pero él me obliga a apartar la vista del fuego para verlo de pie en
medio de mi habitación─. ¿Por qué no, Savannah? ─insiste─. Si son los
mismos factores, la misma operación, ¿por qué no darían el mismo resultado?
Lo único que tienes que hacer es recordar exactamente cuáles eran los valores.
Qué amabas de ellos. No te concentres en el puto número de ventanas. Sí en lo
que te inspiró.

Entreabro mis labios, mi emoción debiéndose a dos razones.

Uno, Tanner puede estar en lo correcto.

Dos, lo que me inspiró fue él jugando fútbol.

─Yo... ─Trago, mi garganta seca, antes de continuar─. Gracias por el consejo,


lo tomaré en cuenta, y por venir a revisar todo.

Se encoje de hombros.

─No hay de qué.

A pesar de que esto último parece ser el final de nuestra conversación, Tanner
no se va hasta que me doy la vuelta, forzándome a ignorarlo, y pasan varios
segundos en los que me pregunto si aún está aquí porque espera que diga algo
más.
Pero no lo hago y él se va.
Capítulo 22
A penas he entrado al interior de mi cabina cuando siento sus manos rodeando
mi brazo con fuerza, probablemente dejando marcas físicas sobre mí que
todavía no arden. Antes de que pueda procesar lo que está sucediendo, me gira
abruptamente hacia él. Me estremezco cuando quedamos frente a frente. A pesar
de que las luces se han apagado, el resplandor de las lámparas de emergencia y
del destello de los relámpagos que entra por la ventanilla me permite evaluar
cada milímetro de su expresión apretada y salvaje, la que está acentuada por la
forma en la que su cabello negro cae, todavía mojado, sobre su frente y afila sus
rasgos. Se ve furioso, como siempre, pero también al borde del colapso y no
sabría decir si es por lo que está sucediendo con Pauline o por lo que le dije
antes de que la lluvia nos sacudiera y me hiciera sentir a bordo del Titanic.

Si está como está porque su matrimonio está roto, por la electricidad que fluye
entre nosotros, entre el prototipo de mujer que odia y él, o por ambas. Tiemblo
cuando me mira fijamente, sin hacer nada más que respirar con profundidad,
sus fosas nasales expandidas, su mandíbula tensa y sus cejas oscuras fruncidas
mientras me examina. Los segundos que pasan instalan un peso sobre mi pecho,
directamente sobre mi corazón, y de a poco pierdo el aliento porque lo que
pasará ahora, sea lo que sea, dejará una profunda huella en mí.

Pero quizás no haga nada en él.

Ese hecho hace que mis hombros caigan, pero también, en el fondo de mí, que
mi instinto competitivo despierte y desee demostrarse a sí mismo que todos
estos años he tenido el mismo efecto en Tanner que él tiene en mí. Nos
contemplamos el uno al otro en silencio. No sé quién avanza primero, pero
ambos lo hacemos antes de que nos demos cuenta de nuestros movimientos.
Cuando nuestros labios se encuentran a menos de cinco centímetros de distancia
y soy capaz de oler el perfume sobre su piel con mi nariz atrofiada, finalmente
me dirige la palabra tras aclararse la garganta. Me estremezco al oírlo, mis
vellos erizados.

-¿Has pensado ya lo que tenías que pensar? -pregunta y no necesita aclarar que
se refiere a su oferta implícita de que sucumba ante él pese a que su separación
de Pauline no se ha formalizado-. ¿O necesitamos desperdiciar más tiempo
jugando a aplazar lo inevitable? ¿Creando metáforas para describir el hecho de
que te mueres por follar a un hombre casado que está dispuesto a complacerte?

Aunque sus palabras son duras, no tienen ningún efecto en mí. Podemos no
saber muchas cosas, pero la manera en la que me he estado muriendo por ser a
quién vea como el centro de su existencia no es una de ellas. La envidia hacia
Pauline que me ha estado carcomiendo. Tampoco el cómo mis pezones se
aprietan por debajo de la tela de mi pijama o cómo mi aliento ha empezado a
salir más espeso de mis labios. El miedo que tengo de estar aquí, con él, y no
poderle decir que no, no importa que un minuto atrás haya admitido no saber si
me lastimará si me dejo llevar por mis estúpidos sentimientos hacia él.

Mis ojos se llenan de pesadez salina cuando separo los labios y mi negativa se
atasca. Cuando le ordeno a mis manos situarse sobre su pecho y empujarlo, pero
no ocurre absolutamente nada. Siento la parte superior de mis mejillas
calentarse con vergüenza debido a ello. A la manera en la que no puedo
controlarme cuando se trata de él. Ciertamente, es imposible que Tanner no
sienta nada a pesar de que los anteriores años son la prueba contraria. Sus ojos
oscuros brillan con satisfacción cuando por fin consigo hablar. Cuando se da
cuenta, o confirma, que por mucho que me diga a mí misma que soy fuerte, en
lo referente a él soy débil.
Siempre.

-Llevo cinco años pensando -susurro, pero no por ello mi tono de voz es suave.
Es claro por encima del ruido de la tormenta que agita el yate-. Y el resumen de
todo es que, si hubiera querido tenerte de esta manera, ya serías mío.

Sus labios se curvan hacia arriba en una sonrisa soncarrona. Avanza hacia mí,
buscando acortar la distancia entre nosotros, pero yo solo retrocedo hasta que la
parte posterior de mis piernas se topa con el colchón y ambos caemos. Yo
primero. Él después. Suelto un quejido cuando, al impacto de mi espalda contra
las sábanas, le sigue el de su pecho contra el mío. La intensidad de las
emociones dentro de mí aumenta ya que, aunque su aroma golpea nuevamente
mi nariz; la mezcla del mar, jabón y su costosa loción de afeitado esta vez no es
lo único que se pone en sintonía con mis sentidos. Cada centímetro de mi piel
está en contacto con la suya, la cuál es cálida por debajo, fría en la superficie y
magnética en el sitio en el que está en contacto con la mía. Aunque su tono de
voz es sarcástico, su mirada es seria y profunda al dirigirse a mí. Mis
extremidades tiemblan con deseo. Mis muslos buscan juntarse. Mi corazón late
rápido.

¿Cómo puedo controlarme?

-Ese es un pensamiento egocéntrico de tu parte, Savannah. -Mis pulmones se


quedan sin aire, pero no debido a la manera en la que está aplastándome en la
posición en la que nos encontramos, sino a causa de cómo pronuncia mi nombre.
Puedo odiar a Tanner por mil cosas, entre ellas por cómo es capaz de
manipularme y hacerme olvidar cuán mal lo he pasado por su culpa sin ningún
esfuerzo, pero algo dentro de mí me dice que siempre tendré una fijación por
ese atisbo de acento alemán en su voz, aunque lo odie a él-. Tendrás que
demostrarlo con hechos para que compruebe que no solo estás presumiendo.

Relame sus labios al terminar de hablar, por lo que mi atención se desplaza del
enojo que siento hacia su actitud a lo apetecibles que estos lucen. Mi estómago
se contrae con hambre al recordar el hecho de que cada uno de sus músculos se
encuentra expuesto y a mi alcance. Ya que acabamos de cenar y de obtener el
postre, él sabe que la curva de mi abdomen no se trata de comida y suelta un
sonido ronco lleno de aprobación debido a que lo percibió, pero también de
satisfacción. Me tiene exactamente dónde quiere.

La certeza de eso finalmente me hace reaccionar.

Lo fácil que he caído.

-Vete al diablo, imbécil pretencioso -siseo entre dientes, empujándolo lejos de


mí con las palmas de mis manos abiertas sobre su pecho-. No te quiero cerca de
mí nunca más. No te has divorciado de Pauline todavía. Estás loco si crees que
estoy tan desesperada como para ser tu muñeca inflable. -Trago cuando no se
separa de mí pese a mis esfuerzos para que lo haga-. Esto no está bien en
ninguno de los sentidos, Tanner. Lo más sensato que podemos hacer es...

Mis palabras se ven cortadas por la sensación de su frente chocando con la mía,
seguido de su nariz y sus expertos labios finos.

Separo mucho los párpados al darme cuenta de lo que está sucediendo: está
besándome. Su boca se mueve contra la mía, acallando mis palabras y
robándome el sentido. Al tenerlo tan cerca, me congelo. Esto no es para nada
como la última vez. Estamos tan desnudos que podría decir que no tenemos
ropa. Nos hallamos en una cama. Estoy segura, por la expresión en sus ojos
mientras espera que le corresponda, que me desea más allá de cualquier otra
cosa. Trago y nuevamente intento separarme de él, pero mi empujón es débil,
sin energía, y causa que ría macabramente sobre mí antes de tomarme en sus
tonificados brazos. La facilidad con la que me levanta hace que me estremezca.

No tiene sentido decir nada mientras nos dirigimos a su habitación, la cuál es


más grande y acogedora que la mía. Cualquier protesta que salga de mis labios
será contradicha por el lenguaje de mi cuerpo o mis más profundos deseos. En
su lugar me dejo hacer mientras Tanner me deposita sobre el colchón y desliza
su boca por cada rincón de mi cuerpo. Cuando bajo la mirada para ver lo que
hace, las cosquillas ascendiendo por mi pierna izquierda, en dirección a mi
entrepierna, el hambre en sus ojos oscuros hace que nuevamente mis músculos
se contraigan. He estado con decenas de hombres, pero nunca ninguno de ellos
me ha visto con tanta intensidad. Como si quisiera fundirse conmigo en el fuego.

En las llamas del infierno.

Porque tengamos las excusas que tengamos, como nuestros corazones rotos, la
verdad es que estamos pecando. Él sigue casado, por lo que sigue siendo el
esposo de alguien, yo sigo queriendo devorar la fruta prohibida del árbol y a
ninguno de los dos parece importarle en lo absoluto las consecuencias de
nuestras acciones porque el daño a la víctima de ellas no nos interesa.

No ahora.

-No sabes cuánto he querido hacer esto -dice con voz ronca mientras frota su
nariz contra el interior de mi muslo, sus manos yendo al borde de mis pantalones
cortos y tirando de ellos hacia abajo. Me estremezco cuando solo quedo en ropa
interior y Tanner me obliga a mantener las piernas obscenamente abiertas-. Y
no porque quiera hacértelo, sino porque sabía cuánto querías que lo hiciera. -
Tiró de mi cabeza hacia atrás cuando lleva su rostro al trozo de tela que se
interpone entre mi humedad y su rostro-. Pero necesito oírtelo decir. No quiero
tener que adivinar lo que fantaseas sobre mí nunca más. -Mi cuerpo busca
hundirse en el colchón cuando escala sobre mí, sus pantaloncillos no haciendo
mucho por esconder su erección, la cual presiona contra mi piel a consciencia.
El solo pensar que existe la posibilidad de que me llene me hace gemir como
un gatito deseoso, aumentando el brillo en sus ojos-. Quiero escucharlo y
hacerlo realidad, Sav. Ya nada te impide tomar lo que quieres. -Trago cuando
hace descender los tirantes de mi blusa, dejando mis pechos expuestos porque
no uso brasier para dormir. Mis pezones parecen dos cerezas maduras a punto
de estallar-. No digas que no cuando Pauline nunca se negó a ir por lo que quería
por ti. -A pesar de que no estoy viendo su rostro, siento sus labios sonreír de
manera maliciosa mientras desciende hacia ellos. Me congelo en mi lugar-. ¿O
realmente pensaste que no lo sabía? -Tanner ríe, mi pezón duro en su boca,
cuando no obtiene una respuesta de mi parte-. Por Dios, Savannah. Eres tan
inocente a veces. Su maldita actividad favorita es restregarte nuestro
matrimonio por la cara. No puedo creer que no lo hayas adivinado.

A pesar de que existe la posibilidad de que Tanner solo me esté hablando así
para tenerme dónde quiere, furiosa y con ganas de apagar el fuego en mí con
sexo, no puedo evitar tomar seriamente sus palabras. Pauline siempre ha estado
un poco más allá que dispuesta a pedirme hacer cosas que le conciernen a ella.

Aunque diga que no, me persigue con detalles sobre su vida con Tanner.

Incluso me pide ser partícipe de ella.

Son cinco años viendo a su marido como un cono con mi helado favorito.

Nadie puede ser tan estúpido.


Aunque no tengo la absoluta certeza de ello, el solo sospecharlo consigue
ponerme furiosa y, efectivamente, con ganas de apagar el fuego en mí con sexo.
Me obliga a ver la situación desde otro punto de vista diferente. Ya estoy con él
aquí. Ya estamos en una cama. Ya no tengo nada más que perder. Ya no soy
una torpe estudiante universitaria buscando sexo. Tengo la experiencia y los
medios para hacerlo perder la batalla. Esta vez cuando coloco una mano sobre
su pecho, soy lo suficientemente fuerte para empujarlo y hacer que caiga junto
a mí en su cama de sábanas negras.

Tanner frunce el ceño, pero no es capaz de hacer otra cosa salvo verme mientras
me separo de él y corro en dirección a la cubierta del barco. A los segundos está
detrás de mí, persiguiendo mis pisadas, pero no es lo suficientemente rápido
como para detenerme. Ha dejado de llover y el piso de madera está mojado. Es
un milagro que no me haya resbalado caminando al borde del yate, pero no lo
hago. Me termino de quitar la camisa en el camino. Si voy a ir al infierno por
él, no iré como una simple pecadora que se dejó tentar por un demonio
cualquiera: como otra triste víctima de sus acciones.

Haré que cada quemadura que esto deje sobre mi alma valga la pena.

Me subo a la baranda, cubierta con nada más que un tanga, y le sonrío.

Mi vientre se contrae ante la manera en la que su rostro se crispa.

Eso es lo que más amo hacer con él.

Verlo enloquecer.
-Creo que nos decepcionaría a ambos si resultara ser tan fácil, Reed -digo, a lo
que traga y se limita a ver mientras salto al mar, el cual está un poco más
calmado, de la misma manera que lo hice más temprano a penas nos detuvimos.

El agua está fría, por lo que se siente como millones de pequeños aguijones
perforando mi piel cuando me hundo en ella. Tomo una honda bocanada de aire
cuando salgo a la superficie y tiro de mi cabello hacia atrás para apartarlo de mi
rostro. Al poco tiempo él me sigue y se encuentra nadando hacia mí con
expresión furiosa. También tiembla debido al frío, pero eso es algo que estoy a
punto de resolver. Tras ofrecerle una mirada maliciosa, nado hacia la entrada
del yate. Ha empezado a lloviznar de nuevo, pero por suerte no hay truenos y
relámpagos en el cielo. El clima está lo suficientemente apto para que pueda
hacer lo que quiero. Tanner golpea la superficie de metal sobre mí cuando me
alcanza. Ahora ambos estamos flotando junto al acceso al yate.

Me relamo los labios antes de guindarme a su cuello.

-Luces molesto -susurro, soportando el castañeo incontrolable de mis dientes-.


Pero antes también te veías como si necesitaras un baño de agua fría.

Ciertamente, yo también lo necesitaba, pero eso es algo que Tanner no tiene que
saber.

-Savannah... -empieza, pero lo corto envolviendo mis piernas alrededor de su


cintura para mantenerme a flote por medio de él, llevando una mano al borde
de sus pantalones, disfrutando la manera en la que sus abdominales se contraen
bajo mi toque, y mis labios a la unión de su cuello con su oído, lo que lo hace
gruñir mientras presiona mi espalda contra el metal.

-¿Recuerdas haberme visto hacer esto antes? -Tanner se tensa cuando su


memoria viaja a la vez que asalté a Weston de esta manera. Intenta apartarse de
mí ante mis palabras, sus ojos oscuros llenos de ira, pero lo mantengo en su
lugar tomando la base de su pene en mi mano y apretando, empezando a
bombear con fuerza después. Hago una mueca, irónica, pero también
sumamente excitada, cuando resopla, intentando ocultar su placer una vez
empieza a recibirlo-. Estoy segura de que esa noche no podías dormir
lamentando no haber sido tú -susurro, lo que lo hace temblar con rabia.

-Vete a la mierda -gruñe, siendo él quién esta vez intenta apartarse del otro en
más de una ocasión, pero niego, obligándolo a mantenerse en su lugar apretando
mis muslos.

Tanner no se irá de aquí hasta que haya entendido mi punto.

No detengo el movimiento de mi muñeca sobre su eje hasta sentirlo


estremecerse.

Es grande, duro, pero suave a la vez, y a pesar del frío del agua lo siento caliente.

-Haznos el favor a ambos de no volver a insinuar que la pasé mal todos estos
años. -Le sonrío, limpiando su semen de mi mano con el agua del mar una vez
llega al orgasmo y debe apoyarse en el yate para no ahogarse debido a la
magnitud de este, sus ojos cerrados con fuerza entre sí mientras resopla-. Porque
no es como si me hubiera quedado sentada a esperar por ti mientras aparentabas,
o eras, feliz con Pauline. Experimenté, viví mi vida, cumplí mis sueños. Tuve
todos los amantes que quise. Si no me casé o formé mi propia familia, es porque
no conocí a nadie con quién quisiera hacerlo. -Mis ojos se llenan de lágrimas,
pero no permito que las vea. Dirijo mi vista al frente y comienzo a subir los
escalones que conducen a la proa-. Te deseo, Tanner, pero no eres lo único que
quiero. No estaré contigo como quieres que lo esté hasta que lo merezcas.
Tomando en cuenta que te casaste con mi amiga a pesar de que te masturbabas
pensando en mí y que pretendes que me acueste contigo cuando aún no te has
divorciado, estás bastante lejos de hacerlo. -Me detengo en el último escalón,
mi torso escondido bajo una de las toallas dobladas y secas que alguien dejó
recientemente en la entrada. El capitán a cargo de la conducción del yate debió
escucharnos lanzarnos al mar-. En un dado caso, soy yo la que siente lástima
por ti. Casi tienes treinta, tu ex esposa ni siquiera sabe cuál es tu color favorito
después de cinco años de relación y a pesar de que cada día estás rodeado de
una multitud, te encuentras solo. En tu lugar, no presionaría a la única persona
que no se ha cegado por tu resplandor y ha conocido cuán podrido estás, pero
aun así sigue ahí para ti.

Sin esperar una respuesta, me dirijo a mi cabina.

Esta vez no me sigue.

Tampoco esperaba que lo hiciera, no después de todo lo que dije en voz alta.
Capítulo 23
Tengo menos de una semana para rehacer mi trabajo para el concurso. Gracias
a la influencia que mis padres ejercieron sobre la universidad cuento con la
ayuda de varios profesores para resolver mis dudas sobre los detalles técnicos,
pero eso no servirá de nada hasta que tenga nuevamente un boceto perfecto de
lo que quiero plasmar en los planos. Aunque la idea está fresca en mi mente,
sin embargo, no he sido capaz de ejecutarla de la misma manera en la que solía
amarla o de una tan siquiera similar y el tiempo corre, por lo que en dentro de
mi desesperación recurro a medidas igual de desesperadas.

Tomo en cuenta los consejos de Tanner.

Meto en mi mochila un blog de dibujo después de acabar con mis clases del
día, me visto con un simple atuendo deportivo y zapatillas y asisto a la práctica
de los Longhorns. Llego justo cuando están iniciando, por lo que varios
integrantes del equipo me echan miradas despectivas mientras trotan junto a
mí por el borde del campo. Ignorando esto, tomo asiento al final de las gradas.
Lo suficientemente lejos como para no identificar sus expresiones de desprecio
debido a que muchos de ellos siguen del lado de Gordon, pero tampoco tanto
como para no darme cuenta de la manera en la que Tanner me observa cada
dos por tres con el ceño fruncido. No es el único. Ibor también, solo que de
forma más amable. Le devuelvo el saludo cuando el rubio agita su mano en mi
dirección pese a la evidente incomodidad de sus compañeros ante mi presencia.
Eso le hace ganar malas miradas provenientes de ellos.

A diferencia del pelinegro, trota directamente hacia mí durante el descanso.


─Hola ─saluda adorablemente antes de llevar el borde de su botella de agua
a sus labios, sus mejillas sonrojadas por el esfuerzo y su frente cubierta con
sudor. Le dedico una sonrisa mientras limpia la comisura de sus labios con el
dorso de su mano enguantada. La herida en su ceja todavía es visible, pero está
desapareciendo. Se veía mucho peor antes, pero la manera en la que la ropa
deportiva acentúa sus músculos también tiene que ver con que lo último en lo
que me fije sea en su rostro. Todos se ven grandiosos con la tela apretada
cubriéndolos y sus protecciones. Su capitán incluído, pero eso es algo que
siempre he sabido, al igual que todas las chicas que se aparecen con sus amigas
aquí por las tardes─. ¿Tienes planes para hoy?

La sonrisa en mi rostro crece mientras niego.

Esta bien podría ser la tercera o la cuarta vez que Ibor me invita a salir,
arriesgando su pellejo a ser rechazado, pero pese a que las posibilidades de
que eso ocurra nuevamente son altas, no se ha rendido. Teniendo en cuenta que
Tanner pudo haberlo lastimado debido a mí, lo cual no sé por qué sucedió, debo
admitir que no se rinde con facilidad y darle el crédito que se merece por ello.

No sé si un chico sea lo que necesite justo ahora, no cuando debo estar


concentrada en mis planos y no cuando mi corazón todavía duele por haber
aceptado finalmente que el novio de mi amiga no es para mí, pero aún así
separo los labios para devolverle el saludo y aceptar tomar algo, estrictamente
como amigos, después de su práctica. El problema es que las palabras no salen
a tiempo de mi boca.

Tanner llega primero.


─¿Cómo va eso? ─pregunta posicionándose a su lado, creando una especie de
sombra sobre mí tras subir los escalones necesarios para acercarse, su cabeza
inclinada en dirección a mi blog de dibujo abandonado en mi regazo y los
brazos cruzados sobre su pecho.

─Bien ─miento, ya que no he trazado ni una sola línea.

─Me alegra, Savannah. ─No puedo evitarlo. Me estremezco ante el sonido de


mi nombre en sus labios, un viejo hábito, pero se me hace mucho más sencillo
que antes mantener mis ojos apartados de los suyos. He construído un muro a
mi alrededor en lo que se refiere a él. Este está siendo puesto a prueba en este
preciso instante─. ¿Qué harás cuando termines aquí? ¿Vamos por un helado?

Su pregunta me toma tanto por sorpresa que dirijo mi mirada a su rostro con
tanta rapidez que podría haberme mareado. Ibor también lo mira con la frente
arrugada. Supongo que lo hace porque sigue pensando que Tanner y yo
estamos emparentados, lo que él le dijo al equipo para que se mantuvieran lejos
de mí la noche que animé a Johnson, y porque el capitán del equipo de fútbol
tiene novia.

─Iré con Ibor a tomar algo ─suelto casi a la defensiva, haciendo que Tanner
alce las cejas e Ibor me sonría de oreja a oreja, extasiado con mi respuesta.
─Ya el entrenamiento está por terminar. No vayas a ninguna parte sin mí
─dice, empezando a caminar hacia las escaleras ante el sonido del silbato del
entrenador─. ¡Te estaré vigilando! ¡Ni siquiera pienses en huir! ─añade
mientras toma su casco del sitio en el que lo dejó y trota hacia el grupo en
medio del césped, algo más lento que los demás debido a su gran tamaño,
ignorando a Tanner como si simplemente alguien como él pudiera ser
ignorado.

Si no fuera tan bueno, quizás tanto que no percibe la manera en la que Reed lo
mira, diría que tiene un deseo de muerte.

Aparto mis ojos de él al escuchar a Tanner carraspear, quién no se ha movido


ni un centímetro de la posición en la que se encontraba. Cuando llevo mis ojos
a su rostro, lo encuentro inexpresivo, pero con una especie de tic en la
mandíbula.

─Después de lo que pasó con Gordon, la gente diría que te mantendrías alejada
de los hombres por un tiempo ─dice casi con desprecio─. Pero no eres sensata.

Me enderezo.

¿Con qué derecho...?

¿Con qué derecho me habla así? ¿Por qué no solo me deja en paz? Si soy tan
mala para él como ambos sabemos que lo soy, ¿por qué no mantiene la
distancia cuando es evidente que yo estoy haciendo lo mismo? Pauline no ha
llegado todavía de su viaje a casa de sus padres, así que no tiene que fingir que
le importo. Ya pagó cualquier deuda que tenía hacia mí yendo a prisión
conmigo.

No soy su responsabilidad.
─No ─gruño, aburrida de esta conversación sin fin en la que siento un par de
manos invisibles cortando el paso de aire a mi garganta, pero en realidad
nunca están allí─. No soy una mujer sensata. Soy la zorra del campus por
disfrutar libremente de mi cuerpo y de mi sexualidad, además de una idiota por
no estar escondida y temerosa luego de haber sido agredida por un lunático y
su novia. ─Entrecierro mis párpados y coloco una mano contra mi frente,
bloqueando la luz del sol. Mi tono es sarcástico e incrédulo, rozando lo
amargo─. Discúlpame por no ser el tipo de víctima que quieres que sea y no
dejar que lo que pasó me afecte al punto en el que me convierta en alguien que
desee ser cuidado y controlado en cada aspecto de su vida... ¿por ti?

Algo en lo que digo hace que la furia estalle en el rostro de Tanner, pero este
se limita a darse la vuelta y a dirigirse a los escalones con una mueca llena de
crueldad y desprecio adornando su hermoso rostro malicioso. Antes de estar
suficientemente lejos como para que no pueda escucharlo, sin embargo, su voz
llena mis oídos como un hechizo maligno bajo el que no puedo evitar caer.

Claramente cualquier avance positivo entre nosotros se desvaneció.

Pero estoy bien con eso.

─Solo no me llames lloriqueando después.

Pongo los ojos en blanco, mis puños apretados.

─En realidad llamé a Pauline.

E Ibor es la persona de la que menos alguien tendría que preocuparse en lo


referente a que termine siendo un maltratador. Es incapaz de lastimar a
alguien, o al menos eso es lo que pienso hasta que lo veo ocupar la línea
defensiva mientras taclea y derriba a Tanner para que no anote. Este, sin
embargo, encuentra la manera de golpearlo de regreso y finalmente anotar,
dejando al rubio herido en el suelo mientras trota de forma despreocupada
hacia la línea de anotación cuando con su brazo pudo haber lanzado el balón
mucho antes de tener que enfrentarse a la muralla que Ibor representa, tanto
esta como las veces anteriores en las que sus cuerpos se encontraron con
violencia.

Mi corazón deja de latir en mi pecho cuando sus ojos negros dan con los míos.

Lo golpeó a propósito, me doy cuenta.

Se acercó a él a propósito.

Como si leyera mis pensamientos, Tanner me sonríe al dirigirse a su equipo y


chocar las manos con ellos mientras el de Ibor se arremolina en un círculo a
su alrededor para asegurarse de que esté bien. Su nariz está sangrado porque
probablemente se golpeó contra las rendijas del casco al caer. Tras soltar un
jadeo, dejo mi blog sobre el escalón en el que estaba sentada y corro hacia él.
Aparto a los chicos que se interponen en mi camino, la mayoría de ellos tensos
debido a mí, y me arrodillo a su lado. Ibor me sonríe mientras limpia la sangre
de su rostro, en el fondo el entrenador tocando su silbato para dar por
finalizado el entrenamiento de hoy. Probablemente no quiere que dos de sus
mejores jugadores se maten entre sí y salgan heridos antes del partido del
viernes. Confirmo esto cuando me ofrece una rápida mirada llena de desdén
antes de caminar directamente hacia los vestuarios. No finjo no entender por
qué todo el equipo me odia. No solo me culpan de haber hecho que perdieran
el partido de recaudación de fondos contra los Cougars, sino que también hice
que echaran a Gordon, lo que merecía, y ahora estoy poniendo a dos sus
miembros en contra sin que ni siquiera exista una razón coherente tras ello.

A sus ojos, soy una amenaza para su hermandad.

Si tan solo supieran que ni yo misma sé por qué y que no tengo interés en
descubrirlo.

─¿Estás bien? ─le pregunto Ibor, a lo que afirma mientras me sonríe.

─Es solo un juego, Sav. ─Sus mejillas de bebé se sonrojan mientras niega, su
cabello rubio moviéndose con el movimiento de su cabeza. Me pregunto cuánto
Tanner estirará su voto de no a la violencia antes de que ceda a la tentación de
darle un puñetazo. Esta es la tercera vez que lo ataca. Por más pacífica que sea
una persona, todos tenemos un límite─. No tienes que preocuparte.

Probablemente estoy avergonzando a Ibor haciéndolo, cosas de hombres que


jamás entenderé, así que me limito a levantarme y a tomar su mano cuando la
extiende en mi dirección, pasando de ir a los vestuarios. Ni siquiera yo entiendo
por qué lo hago, pero entrelazo mis dedos con los suyos mientras vamos por
mis cosas y sus cosas y salimos del campo sintiendo, al menos yo, un par de
ojos perforar mi cráneo, pero su contacto se siente bien y liberador de una
manera reconfortante y cálida, así que no deshago la unión de nuestras manos.

*****

Rusty's está lleno de personas para cuando entramos. Después de que Ibor me
anima a ser quién escoja nuestro pedido de hoy por los dos, una corriente
eléctrica hace erizar mis vellos al ver los comerciales anunciando el próximo
partido de los Longhorns en el enorme plasma en el centro de la barra del local
y no puedo alcanzar mi blog y un lápiz lo suficientemente rápido para plasmar
mis ideas sobre el papel. La multitud de estudiantes utilizando suéteres, gorras
y accesorios con el emblema del equipo también tienen que ver. Manteniendo
la cabeza de forma horizontal sobre el espaldar del asiento para que su nariz
deje de sangrar, Ibor me echa un vistazo de reojo cuando empiezo y ríe. Todavía
tiene su uniforme de la práctica, pero no huele mal. Sin embargo, me alivia
intuir que no tiene pensado hacer algo como besarme. Estoy demasiado
concentrada en la elaboración de mis bocetos como para terminar teniendo
sexo con él.

Quizás después.

─Te ves adorable dibujando ─dice, a lo que suelto un gruñido.

─Silencio. Esto es para el concurso. Me dieron una semana extra y ya he perdido


mucho tiempo. Ni siquiera llevo el diez por ciento de lo que debería.

Ibor ríe de nuevo.

─Me alegra que participes. ─Lo fulmino con la mirada, despegando la punta
de mi lápiz del papel, a lo que eleva sus dos manos. Por suerte para mí, el
mesero elige ese momento para aparecer con nuestras órdenes. Brownies
cubiertos de Nutella y café. Por más interesado que pueda estar en mí, sus ojos
brillan con interés cuando ve el postre. Su verdadero amor─. Lo entiendo. No
hablaré de nuevo.

Tras dirigirle otro gruñido, continúo dibujando mientras él pasa el rato


controlando el sangrado en su nariz, usando su teléfono y comiendo nuestros
brownies, pues le cedo el mío cuando empieza a enfriarse porque no soy capaz
de apartar mi atención de la hoja frente a mí. Estoy tan eufórica cuando termino
que se lo enseño al hacerlo, rebotando en mi asiento de una manera que atrae
su atención a mis pechos. No importa. El quizás después de antes paso a ser
ahora.

Por más que odie a Tanner, tenía razón.

Necesitaba salir de mi habitación y recordar el motivo de mi inspiración.

El equipo. El campo. Los Longhorns.

Su capitán...

─¿Me llevas a mi dormitorio? ─pregunto, una clara insinuación en mi tono de


voz, a lo que Ibor afirma mientras se levanta y deja caer un billete en el centro
de la mesa que saca del bolsillo de sus pantalones apretados de deporte.

─Claro que sí.

*****

Ibor continúa sucio de la práctica. Es consciente de que eso puede resultar


desagradable para algunas chicas, por lo que entramos en la ducha de mi
habitación luego de que permito que me bese un largo rato contra la pared de
manera juguetona. Me ayuda a deshacerme de mi atuendo deportivo y jadea,
sin aliento, cuando me ve en un conjunto Calvin Klein femenino que favorece
la visión de la curvatura de mi trasero. Sus ojos se llenan de decepción cuando
me deshago de él para acompañarlo bajo el agua tras tomar un condón del
compartimiento tras el espejo, olvidando completamente cualquier pieza que
pude haber estado utilizando cuando llevo mi mano a su erección y aprieto,
deslizando esta de arriba hacia abajo de manera rítmica y constante.
─¿Me extrañaste? ─pregunto, poniéndome de puntitas para que mis labios
queden a la altura de su oído, a lo que afirma mientras aprieta mis nalgas con
sus grandes y fuertes manos de jugador.

─Eres la mejor chica con la que he estado.

Sabiendo que se refiere al sexo y a nada más, estoy segura de que en realidad
estoy más cerca de ser la peor chica con la que ha estado que a la mejor,
muerdo su labio inferior y lo animo alzarme. Ibor es fuerte, así que me sostiene
con facilidad antes de que lo ayude enredando mis piernas alrededor de su
cintura y él se ayude a sí mismo dándose la vuelta para apoyar mi espalda en
la pared de baldosas de mi ducha, el agua cayendo como una cascada sobre
nosotros.

Es un chico dulce, pero maldice al entrar en mí, su cabeza presionada contra


mis tetas, cuyos pezones succiona y mima de vez en cuando mientras me
embiste.

A pesar de que todo su cuerpo tiembla y se estremece, espera a que termine


antes que él, escondiendo mi cara en el hueco entre su hombro y su cuello, para
venirse. Una vez lo hace, empujando profundamente en mí, se separa y me mira
con expresión sumamente soñolienta, pero satisfecha.

─Puedes llamarme cada vez que te sientas inspirada y callarme cuántas veces
quieras ─dice, a lo que niego y me apoyo en él para no caerme cuando mis pies
finalmente tocan en el suelo─. Prometo no ilusionarme.
Estas últimas palabras hacen que alce la mirada hacia sus ojos azules. En este
momento me recuerda tanto a mí que lamento haber tomado su mano en el
campo y haber aceptado ir a Rusty's con él. A pesar de que he sido clara una y
otra vez con mis intenciones, algo en mí me dice que él no lo ve así.

Que, al igual que yo solía hacerlo, piensa que debe haber una posibilidad.

Pero no quiero lastimarlo o arruinar un buen momento, por lo que me limito a


dejar esta conversación para después tomando el shampoo y llevando un poco
a mi cabello mojado, el cual Ibor insiste en lavar mientras me relajo.
Nuevamente no quiero herirlo, así que lo dejo cuando lo que debería haber
hecho es empujarlo.
Una vez nos hemos aseado, envuelvo mi cuerpo en una toalla blanca y le presto
una que le queda ridículamente pequeña. No tiene una muda de ropa extra ya
que dejó su bolso de entrenamiento en el casillero de los vestuarios, así que
intenta ponerse su ropa de entrenamiento, pero impido que lo haga yendo al
armario por un par pantaloncillos elásticos y una camisa de la hermandad de
Tanner. Él siempre deja ropa por aquí para dormir.

─¿Estás segura de esto? ─pregunta Ibor cuando le tiendo las prendas.

Afirmo, dirigiéndome al armario después de que las toma.

─Pauline no está. Tanner no tiene motivos para venir aquí. Estás a salvo.

Estoy de espaldas a él, tomando un pijama negro de satén de mis cajones y un


tanga de encaje, por si acaso se vuelve a repetir lo de la ducha más tarde ya
que al parecer se quedará, así que no veo la expresión de su rostro mientras
me dirige la palabra nuevamente.

─¿Qué hay de ti?


Mis dedos se congelan.

Me doy la vuelta.

Para cuándo mis ojos vuelven a él, está luchando con la camisa para que entre
en su cuerpo, estirando de ella de una manera en la que sé que no volverá a su
estado inicial, y ya la parte inferior de su cuerpo, al menos la más privada, está
cubierta por los pantalones cortos que se ven en la misma condición tirante.

Mi garganta se seca ante la visión de él y su insinuación. Ante la idea de ser


descubierta y de liberarlo de la ropa que le queda tan ajustada y pequeña.

Hay algo verdaderamente mal conmigo.

─¿De mí? ─Dejo caer la toalla, ya en ropa interior, y me visto mientras camino
hacia él, mi cabello mojado llenando el piso de gotitas de agua que luego son
desplazadas a su cuerpo cuando lo empujo a mi cama y me siento sobre él. Ibor
inmediatamente lleva sus manos a mis caderas y acaricia mi piel con sus
pulgares─. ¿Qué quieres decir?

Sin despegar sus ojos de mis pechos, responde.

─¿No están emparentados? Si tuviera una prima como tú, dormiría frente a su
puerta como un perro guardián, Sav ─responde, lo que hace que el peso sobre
mi pecho se aligere, pero aún así no me muevo de dónde estoy, sintiendo su
erección crecer bajo de mí otra vez, hasta que el sonido de la puerta siendo
tocada hace que me aparte de él.
Ibor gruñe en protesta y cubre su entrepierna, incorporándose, con uno de mis
cojines mientras voy a abrir.

Me congelo cuando un par de ojos oscuros se enfocan en mí del otro lado del
umbral, los cuales no esperaba ni quería ver. Él se encoje de hombros ante mi
evidente sorpresa, su mirada quemando más que el fuego y el hielo juntos.

─Pensé que necesitarías ayuda.

Tanner, sosteniendo una caja llena de materiales para la elaboración de


maquetas arquitectónicas y rollos de láminas de papel para los planos, se tensa
mientras mira más allá de mi hombro al no tener una respuesta inmediata de
mi parte. Lo que lleva en las manos lo reconozco como el kit que los estudiantes
de los primeros semestres, como yo, pedimos para nuestras asignaciones, el
cual venden en la biblioteca de mi facultad. Es costoso, pero está dentro de mi
presupuesto. Hoy ni siquiera pensaba empezar con ello, limitándome a
perfeccionar mis bocetos, porque había estado cerrada por mantenimiento
cuando fui esta mañana, así que no tengo materiales suficientes. Está usando
una sudadera negra y jeans ajustados. Zapatillas blancas. Separo los labios
para decir algo, lo que sea, pero de nuevo no hablo lo suficientemente rápido.
Tanner actúa primero haciéndome a un lado para entrar sin permiso a mi
dormitorio, dejando la caja en mis brazos y los folios de papel caer en el suelo.
Sus ojos están en Ibor, quién se incorpora al verlo e intercambia una extraña
mirada conmigo.

No sé si está pidiendo ayuda o si está pidiendo una explicación.

O ambas.
─Follaste en mi cama, ¿y ahora usas mi ropa? ─pregunta, tomando parte de
la tela de su camisa en sus manos y empujándolo contra la pared con tanta
fuerza que las estanterías sobre él tiemblan con el impacto, a lo que Ibor traga
sonoramente.

─Te la devolveré ─responde, lo que solo parece molestar más a Tanner, puesto
que vuelve a estamparlo contra ella. Cómo maneja a Ibor como si fuera un
muñeco de trapo cuando este fácilmente es dos veces de su tamaño, dos veces
su peso, es un misterio─. Después de lavarla y quitarle las arrugas, claro, pres.

Si no estuviera tan preocupada por él me reiría de la cara de Tanner ante sus


palabras, ya que todo el mundo al parecer conoce de su aversión a la ropa
arrugada y a la imperfección y que lo mencione en este momento es gracioso.
En lugar de ello, dejo la caja sobre una de mis mesas y me acerco a ambos pese
a la mirada que me dirigen los dos, las cuales dicen que me mantenga lejos.

─Déjalo ir, Tanner ─le digo, cruzando los brazos por encima de mi pecho.

─¿Por qué debería? Me faltó el respeto.

Alzo mis cejas.

─¿Haciendo qué?

Tanner aprieta la mandíbula, su boca cerrada, pero eventualmente separa los


labios para responder. Sin embargo, Ibor lo interrumpe.

─Sé que Sav es tu prima, pero te prometo que tengo buenas intenciones con
ella.
Esta vez soy yo quién fulmina con la mirada al rubio.

─Buenas intenciones teniendo solo sexo sin compromiso y cero ilusiones, ¿no?

Ibor no responde, así que suelto un gruñido, decidida a cortarlo por lo sano
una vez salga de aquí y no volverle a dirigir la palabra hasta que pase su
enamoramiento por mí, ya que es un buen chico, pero no es el chico que me
gusta y no quiero convertirme en su Tanner, y coloco una mano sobre el hombro
de su capitán, apretándolo hasta que este fija su atención en mí. Ignoro la
manera en la que la electricidad fluye entre nosotros y la estática eriza todos
los vellos de mi cuerpo al poner una mano sobre él.

─Usamos condones, Tanner. No me embarazaré o contraeré un enfermedad de


transmisión sexual ─siseo─. No tienes de qué preocuparte, primo. Suéltalo.

Tanner vuelve a tener un tic nervioso en la mandíbula.

─¿Qué hay de tu reputación? ─pregunta, estampando de nuevo a Ibor contra


la pared, cuyo autocontrol parece estar a solo un instante de derrumbarse─.
¿Quién impedirá que tu reputación sea arruinada? ¿Quieres ser la zorra del
campus? Hasta donde sé, Ibor y tú no son pareja. No te mantiene a salvo de los
rumores cuando se acuesta contigo y no te lleva a casa después de que te folla.
─Vuelve a mirarme, esta vez sin ningún tipo de sentimiento─. Me deja el
trabajo sucio.

Por primera vez desde que lo conozco, siento un genuino rechazo brotar en mi
pecho hacia él. Tanner debe verlo en mis ojos, pues su expresión se suaviza por
un momento antes de volver a ponerse rígida. No puedo creer nada de lo que
dice. Es como si viviera en un mundo con los principios de miles de años atrás.
Aunque debo confesar que no soy la mejor activista de mi género, la repulsión
hacia su comportamiento está ahí. No sé qué o quién demonios se cree.

─¿Así que haces esto porque todavía te sientes responsable? ─pregunto, todo
mi cuerpo temblando con ira mientras hace hasta lo imposible por alejarse de
él─. ¿Crees que alejar a Ibor me hará bien porque evitará que me llamen puta?

Hace una mueca, su típica mueca de desprecio que no sabría decir si va


dirigida hacia sí mismo o hacia mí. De pronto suelta a Ibor y camina en mi
dirección.

─¿Por qué otra cosa iba a ser?

Me le quedo viendo, sin respuesta, y por el rabillo del ojo noto cómo el rubio
también se acerca a nosotros con aura preocupada, pero también impaciente
por irse de aquí e indispuesto, a la vez, a dejarme a solas con Tanner actuando
de esa manera. La tensión en mi dormitorio es tal que los tres nos estremecemos
cuando mi teléfono suena, la excusa perfecta para mantenerme lejos de ambos.

Prácticamente salto hacia él hasta alcanzarlo junto a mi bolso.

Mis labios se curvan hacia abajo cuando veo el nombre alumbrando las
pantalla.

Aún así, estoy tan desesperada que contesto.

─¿Weston?
Al escuchar el nombre de West, mi compañía durante nuestro viaje a Corpus
Christi, una vena parece querer estallar de la frente de Tanner. Se acerca
nuevamente a mí, haciendo que me pregunte si sus intenciones son quitarme el
teléfono, pero me alejo hacia el ventanal e Ibor se interpone entre nosotros.

─He tenido suficiente, capitán. Si la sigues intimidando, ignoraré mis


principios y te golpearé. Pueden ser familia y puedes tener los mejores deseos
hacia Savannah, pero la has insultado y ella no se lo merece ─le dice, pero mi
atención está dividida entre él, Tanner, quién se ríe con los ojos de sus
palabras, y la voz del otro lado de la línea, la cuál no había oído en un buen
tiempo.

─Mira por la ventana, Sav ─dice─. Te dije que vendría por ti.

Estoy cerca de ella, así que lo hago y veo a Weston apoyado en el capó de una
Range Rover último modelo, un ramo de flores, rosas rojas, en sus manos. Sin
embargo, no es eso o la manera en la que sonríe hacia arriba al darse cuenta
de que lo estoy mirando lo que más llama mi atención, sino el suéter que usa.

Un suéter con las letras de la Universidad de Texas.


Capítulo 24
Tanner me deja en paz durante el resto de la noche, encerrado en su cabina, por
lo que puedo dormir hasta alrededor de las nueve. Siempre me despierto
temprano para hacer yoga antes de ir al trabajo, por lo que el par de horas extra
que duermo delata cuán agotador fue para mi cuerpo la experiencia del día
anterior. Debo agendar una cita a mi spa para que me atiendan durante todo un
día apenas regrese a Austin. Quizás invite a Isla.

Una vez termino de estirarme y de revisar las notificaciones en mi teléfono, de


responder a las capturas de artículos con fotos que Malcolm me ha enviado de
nosotros siendo atrapados por los paparazzis durante nuestra comida en
Houston, su partido y cenando con mis padres, conspirando acerca de una
relación, me levanto y dirijo al baño para bañarme y lavarme el cabello debido
a que no lo hice cuando regresé de haberme sumergido en el mar. Una vez estoy
vestida con una camiseta turística de Corpus Christi que deja mi ombligo
expuesto y un short de mezclilla oscura con rasgaduras, cubro mis ojos con un
par de gafas de sol y salgo hacia la cubierta. Los vellos en mis brazos se erizan
cuando veo a mi compañero de viaje sentado en la mesa junto a la pequeña
cocina, la cual está hecha casi en su totalidad de acero inoxidable y cromado en
exceso. Lleva una camisa de vestir blanca sin abotonar y bermudas. Su cabello
negro está despeinado como si acabara de levantarse. Por lo que veo bajo la
mesa, está descalzo.

Está tan concentrado leyendo la pantalla de su teléfono, su frente arrugada y su


mirada llena de su habitual desagrado, que no se da cuenta de que estoy frente
a él hasta que hago sonar mi silla al moverla para sentarme. Preparó un
desayuno americano de huevos revueltos, pan y fruta.

Sin tocino porque no nos gusta.


Eso y el extra de queso en las hamburguesas, al igual que la costumbre de meter
nuestras papas fritas en ella, es lo único que tenemos en común, por lo que a
veces ni siquiera entiendo por qué me siento tan atraída hacia él, pero a estas
alturas ni siquiera me esfuerzo por analizarlo una y otra vez.

─Buenos días, Savannah ─saluda, sus facciones suavizándose levemente.

Es entonces cuando noto las ojeras bajo sus ojos.

Al igual que yo, probablemente no durmió bien. Eso me sorprende, pero no


tanto como el hecho de que no está siendo desagradable conmigo después de lo
que pasó entre nosotros ayer. Después de lo que no pasó. De lo que me dijo
sobre Pauline y lo que le revelé, a mi parecer, sobre sí mismo.

─Buenos días.

Ya que no sé qué más decir a parte de ello, me limito a comer en silencio, mis
ojos enfocados en el mar azul que recorremos en dirección al muelle. Cuando
termino llevo mi plato y el vaso en el que bebí jugo de naranja al lavaplatos. Al
limpiarlos camino directamente hacia la barandilla del barco y tomo asiento en
una de las tumbonas, la misma en la que jugamos con los bombones. Su casa
debería traer una advertencia de desastre.
Mis cosas ya están empacadas y estoy preparada para regresar a casa. Lo más
sano que puedo hacer es ignorar a Tanner, la tensión entre nosotros que tal vez
solo me afecta a mí, pero eso no es lo que sucede.

No me sorprende.

─¿Podemos hablar? ─pregunta, sentándose e inclinándose sobre sí mismo para


que sus brazos descansen sobre sus piernas.

Ante su pregunta no puedo evitar quitarme las gafas y frotarme los ojos para
verlo mejor, sintiéndome estúpida por estar impresionada, pero sin poder
evitarlo porque Tanner no pregunta. Nunca. Tanner toma. Tanner escoge.
Tanner no pide opiniones o permiso a las demás personas.

A él no le importa lo que quieran o piensen.

¿Pero ahora le importa lo que yo quiera o piense?


─¿Sobre qué? ─murmuro, haciendo su expresión más seria.

Se toma un momento antes de responder.

Cuando finalmente lo hace, no puedo asimilar lo que está diciendo lo


suficientemente rápido porque son palabras que no esperé oír de él. Estaba lista
para discutir y conseguir un fuerte dolor de cabeza debido a ello. Estaba lista
para que decidiera actuar como si nada hubiera sucedido y volviera a los brazos
de Pauline. Estaba lista para enviar todo por lo que he trabajado a la basura y
mudarme de vuelta con mis padres.

No estaba lista para oírlo disculparse.

─Lamento haberte hecho sentir como un parche de suciedad que necesito para
cubrir el caos que soy en este momento. No es así como mereces sentirte. Es
solo que... ─Incapaz de mantener su mirada oscura en mis ojos, se concentra en
el agua de la misma manera que yo lo había hecho antes, pero en mi caso no
puedo apartar la vista de su perfil. De la manera en la que sus cejas oscuras se
fruncen y su mandíbula se aprieta hasta que consigue las fuerzas para derribar
lo que sea que le impide abrirse a mí o a los demás en el aspecto sentimental─.
Hasta ayer había subestimado lo que sientes por mí. Pensé que una vez tuvieras
la oportunidad de tomar algo que no es tuyo, pero que has estado queriendo por
tanto tiempo, no dudarías en apropiarte de él y huir con ello ni por un solo
instante.

─No estoy tan desesperada.

Tanner gira el rostro hacia mí y me sonríe de manera casi avergonzada.

Casi porque sus ojos también brillan con humor.


Solo él puede reírse de esta situación en la que ambos claramente somos
infelices.

Yo por él y él por ella.

─Ahora lo sé ─dice─. Ahora sé que quieres más de lo que tal vez pueda ser
capaz de darte en este momento, pero aun así me gustaría aclararte que si lo que
te impide hacer lo que quieres hacer en este momento es Pauline, no debes
preocuparte, Savannah. No volveré a estar con ella nunca más. ─La convicción
en su voz me hace creerle. El hecho de que jamás me haya mentido me
convence─. Nunca te he mentido antes y no empezaré a hacerlo ahora. Pauline
y yo hemos terminado para siempre.

Pero no por mí.

Pero no ante los demás.

Pero no sucedió cuando debió haber sucedido.

Ignorando todas las voces en mi cabeza, camino hacia él. Tanner se echa hacia
atrás y rodea mi cintura, tocando mi piel expuesta con sus manos, cuando tomo
asiento en su regazo, causando que mi abdomen se contraiga con emociones
que me obligo a apagar. Sin apartar mis ojos de los suyos, hago que se
estremezca cuando presiono mis palmas contra sus mejillas.

─Dame una razón lo suficientemente fuerte para creerte y me tendrás.


Su mirada resplandece debido a la lucha interna que está llevando consigo
mismo, pero justo en el momento en el que me rindo y hago ademán de
apartarme de él, me retiene impidiendo que me levante.

─Pauline destrozó cualquier sentimiento que pudiera tener hacia ella al decidir
engañarte para ir a esa maldita clínica ─revela, permitiéndome vislumbrar cuán
dolido sigue por ello─. Nunca he sido más consciente de mi corazón hasta que
lo rompió con sus decisiones llenas de egoísmo y miedo.

A pesar de que sus palabras significan que no me está eligiendo por encima de
ella, sino que me confirman que si está aquí, conmigo, es porque está
desesperado por sentirse mejor, no lo pienso dos veces al momento de
inclinarme sobre él y ofrecerle el consuelo de mis labios. Tanner me aprieta más
contra sí y separa los suyos, casi tímido, cuando estos finalmente se encuentran.
Enredo mis dedos en su cabello y lo rodeo con mis piernas cuando se levanta,
manteniéndome sujeta a él durante el trayecto hacia su cabina. Pero a pesar de
que tiro de su camisa lejos de su cuerpo y deslizo mis uñas por su piel,
ganándome gruñidos de su parte, no intenta ir más allá, en contra de su erección
en sus bermudas y el sudor corriendo por su piel enrojecida por el sol. No hurga
en el interior de mi ropa en busca de más acción o me toca en sitios que podrían
causar una explosión.

Solo nos besamos hasta mucho tiempo después de que el yate se detiene.

*****

El spa al que asisto periódicamente está listo para recibirme apenas llego a
Austin para que pase toda la tarde en él, lo cual no sé si podría ser suficiente
tomando en cuenta cuán estresada estoy. Necesito con tanta urgencia relajarme
que no dudo al momento de pedir un paquete de medio día para Isla y para mí.
Debido a lo tarde que nos despertamos y al tiempo que duramos en la cabina,
cuando finalmente llegamos a nuestra ciudad ya es la hora del almuerzo. El viaje
ha sido silencioso y reconfortante de una manera casi dolorosa. He escuchado
la radio durante todo el trayecto en un intento por ignorar las ganas que siento
de detener mi Mercedes tirando del seguro de mano y saltar sobre él a orillas de
la carretera, lo cual es ilógico tomando en cuenta que pude haberme acostado
con él y no lo hice.

Eso hace que me mire con una sonrisa de vez en cuando.

Actúa como si supiera que hay un incendio en mí que no ha sido apagado.

Es quién conduce y ayer fui yo quién lo arrastró a un viaje de dos horas por una
hamburguesa, así que no protesto cuando se dirige al club de golf en Travis
Country, cuyo restaurant es uno de sus favoritos. A diferencia de la otra vez, no
dejo que escoja por mí. Mientras él pide un filete de salmón y vino, yo opto por
ensalada y limonada. Volvemos a hablar activamente cuando el mesonero se
aleja tras tomar nuestra orden. Es él quien empieza.

─¿Cuándo empezarás a trabajar en mi ático?

Su pregunta no me toma por sorpresa. Sabía que lo sacaría a colación en algún


momento. Por alguna razón u otra lo he estado aplazando demasiado y más
tomando en cuenta que ya los planos de la mayoría de las habitaciones están
listos. Si se tratara de otro cliente, probablemente ya me habría enviado al
demonio por mi falta de profesionalismo, más tomando en cuanta cuánto me ha
pagado, pero en este caso se trata de una ardua lucha entre la supervivencia de
mi corazón y mi ética laboral.

Una lucha que ya lo primero perdió.


─¿Estás bien con ello si empezamos este sábado? Podemos trabajar los fines de
semana. Así ninguno de los dos tendría que perder días laborales en el caso de
que quieras acompañarme, ¿a menos que quieras que esté listo lo antes posible?
─Parpadea─. ¿Cuán desesperado estás por mudarte?

─Mucho.

─Oh.

Hace una mueca.

─¿Qué tal algunos días entre semana y los sábados y domingos?

Niego, reacia a perder esta batalla.

─Tengo mucho en mi bandeja justo ahora con la decoración del bar de Ryland
y mis otros proyectos, Tanner. No puedo descuidarlos por ti.

Se cruza de brazos, divertido con esta especie de negociación.

Probablemente no está furioso porque ya ha conseguido lo que quería.

A mí.

─El bar de Ryland... ¿el que también me pertenece?


Mi mandíbula se desencaja.

Claramente no dejará de insistir hasta obtener lo que desea. He tenido lo


suficiente de ello al convencerme de decorar su ático, por lo que termino
suspirando en lugar de gritándole que se aleje de mí.

─Jueves, sábado y domingo. Esa es mi última oferta.

En lugar de regocijarse, su frente se arruga.

─¿Qué haces los viernes que es tan importante?

Junto las cejas.

─Tanner.

Al escuchar el timbre de advertencia en mi voz, finalmente cede, relamiéndose


los labios de una manera que me da hambre y no del tipo de hombre que saciará
la comida que ingiramos, pero es demasiado pronto para eso. Necesito aclarar
mi mente antes de decidir dar ese paso.

Solo nos hemos acostado una vez.

¿Qué tan perdida estaría por él si vuelve a suceder?


─Está bien ─dice.

Pero en el fondo una voz dentro de mí susurra que no lo está.

La silencio.

*****

Tanner me pide que lo deje en su oficina antes de buscar a Isla, dónde su chófer
probablemente lo recogerá, así que termino deteniéndome frente al edificio
negro e imponente en el que pasa la mayoría de su tiempo. El portero se nos
queda viendo con incredulidad cuando sale de mi auto, el cual está bien, pero
no es tan lujoso como en los que Tanner acostumbra a llegar. También estoy
segura de que tampoco nunca lo ha visto en bermudas, con la camisa arrugada
o con la piel blanca tan roja que es más que evidente que ha ido a la playa y ha
olvidado usar protector solar.

Debí haberle colocado, pero no hemos alcanzado ese nivel de intimidad.

─El jueves estaré esperando por ti en tu oficina ─dice con el brazo apoyado
contra el techo, viéndome desde la ventana con el vidrio abajo.

Conduje todo el camino hacia aquí desde Travis sin aire acondicionado debido
a que el día es hermoso y soleado, uno de los más brillantes que visto en un
tiempo, y con la música sonando a todo volumen, aún sonando a todo volumen,
lo cual evidentemente lo molestó, pero ante lo que no protestó. Supongo que a
partir de ahora me dejará salirme con la mía a veces o en pequeñas cosas para
que luego no proteste cuando él lo haga con las grandes. Pese a su mal carácter,
claramente si no fuera tan inteligente no estaría en la posición en la que está o
habría llevado a la pequeña importadora de su padre a cotizar sus acciones en
la bolsa.
─Está bien ─suelto cuando no se aparta─. ¿Algo más, jefe?

A pesar de las ojeras bajo sus ojos, del hundimiento de sus hombros y del
evidente hecho de que no ha tenido una racha de buena suerte en un tiempo, me
sonríe, enseñándome sus perfectos dientes, mientras se echa hacia atrás. Guardo
la imagen de él haciéndolo en mi mente.

No porque Tanner no sonría, porque lo he visto sonreír en muchas ocasiones,


como el día de su boda, a Pauline, a Malcolm, ante sus socios, sino porque él
no sonríe así y mucho menos a mí así.

─No ─responde antes de darse la vuelta─. Por ahora.

Ya que no puedo dejar de pensar en él y no quiero tener un accidente con el


primer automóvil que se cruce conmigo, no arranco hasta que lo veo
desaparecer sin mirar atrás en el interior de la construcción.

*****

Isla estuvo tan emocionada durante nuestra tarde de spa que las chicas que nos
atendieron constantemente tenían que decirle que se tranquilizara o no obtendría
los efectos deseados del montón de tratamientos que obtuvimos, tanto para
nuestro rostro como para nuestro cuerpo. Por alguna razón nunca había ido al
spa antes, así que terminó tan maravillada que consiguió una tarjeta de
suscripción como miembro VIP del lugar cuando terminamos, gastando parte
de sus ahorros para una casa en ello.

Para ese entonces estoy tan hambrienta que le propongo ir a comer pizza a una
nueva pizzería que han abierto en la terraza de uno de los edificios más altos de
la ciudad antes de ir a casa, lo cual acepta viéndome como al hada madrina de
cenicienta. Eso me hace sentir mal por no haber sido más que una jefa para ella
antes. Ya cuando estamos en nuestra mesa junto al balcón que da con una
enorme obra en construcción que no detallo en ese momento, se lo digo. Ella
encoje de hombros mientras coloca un par de mechones marrones de su cabello
corto tras sus orejas para poder comer mejor. La pizza está deliciosa y después
de haber obtenido tanto el desayuno como el almuerzo libre de calorías de
Tanner, se siente como el cielo deshaciéndose en mi boca con todo el pepperoni
y el queso que tiene.

─No te preocupes. No todos tienen por qué ser extrovertidos. ─Sus mejillas
regordetas se sonrojan, contrastando con su suéter y pantalón blanco─. Aunque
al principio pensé que eras el nuevo nivel de abeja reina que tuve que derrocar
tanto en la secundaria como en la universidad, ya que mi compañera de
dormitorio resultó ser una, luego de mi cuenta de que hablar con todo el mundo
de cualquier cosa no forma parte de tu personalidad.

─Tú tampoco lo eres ─digo más como una observación que como un reproche,
absteniéndome de decirle que tanto en la universidad como en la segundaria fui
un tipo de abeja reina a las que se refiere.

Me invitaban a todas las fiestas.

Tenía todos los chicos que quería, menos al enamorado de la chica buena.

Hice muchas cosas para llamar su atención.

Incluso tenía una mejor amiga falsa que al parecer disfrutaba de mi dolor.
Solo me faltó pertenecer al equipo de animadoras y ser su capitana, lo cual sí...
sí hice, pero solo durante mis últimos años de la preparatoria para obtener
créditos extras por actividades extra curriculares. Lo que sí nunca fui fue una
matona, a excepción de Gordon. Por lo general las personas ya se sentían lo
suficientemente cómodos con mi presencia como para no molestarme o generar
ese tipo de respuesta en mí, a excepción de Tanner.

─No, claro que no ─gruñe─. ¿Qué grupo me tomaría en serio como su líder?

Pongo los ojos en blanco.

─Me refiero a tímida.

─Ah, sí. ─Me sonríe─. Pero yo sí soy tímida, Savannah. Tú eres introvertida.
La diferencia entre ambos adjetivos se puede evidenciar en la manera en la que
te vistes y en la que lo hago yo. Mientras tú lo haces para que todos te vean,
pero sientan que no pueden tenerte a menos que tengan un fidecomiso de siete
cifras y el cuerpo de un dios, yo lo hago para esconderme pese a que en el fondo
deseo que alguien me note.

─¿Alguien como Ryland?

Los anteojos de Isla se empañan.

─¿Por qué has llegado a esa deducción?

Divertida, me apoyo sobre mis antebrazos y los entrecruzo sobre la mesa


mientras río, ladeando la cabeza. No recuerdo haberla pasado tan bien con otra
mujer que no fuera mi madre o Tabatha, mi entrenadora, desde que Pauline y
yo fuimos de fiesta a Maleeh y pasamos la mejor noche de nuestra vida antes
de que todo se arruinara por la mañana.

─¿Olvidas que usaste ese vestido rojo, definitivamente no introvertido ni


tímido, sino extrovertido, para nuestra cena con él? ─suelto con un poco de
malicia en mi voz, pero más humor que otra cosa. Mi frente se arruga al recordar
que se fueron esa noche juntos─. Por cierto, ¿qué sucedió entre ustedes después
de que me fui con Tanner? ¿Te llevó a casa o...?

Isla luce tan mortificada con mi respuesta que ladea el rostro hacia la
construcción frente al edificio en el que estamos, dónde antes solía haber un
parque, y algo en lo que ve hace que sus grandes ojos brillen con apreciación.

─Dios ─murmura, sin respiración, así que también desvío la mirada.

Todo dentro de mí se congela entonces.

Al identificar las columnas. Los ángulos. Las líneas.

El diseño de las paredes exteriores que se asemeja a las estrellas de nuestra


bandera puestas sobre sí misma cincuenta veces exactas.

¿Cómo no lo vi antes?

Estamos frente a la construcción de la nueva cede de los Rangers, el equipo


profesional de béisbol de Texas, en Austin, la cual sé que está llevando a cabo
por la única constructora importante en la ciudad, dónde me presenté hace un
tiempo para una entrevista con una maqueta con mi propuesta para la
construcción del estadio que le terminé arrojando a su CEO cuando me insinuó
que lo único que tenía que hacer para ser tomada en cuenta por él como su
asistente, ni siquiera como arquitecto, era doblarme sobre su escritorio y dejar
que subiera la falda de mi vestido.
Capítulo 25
No hubo manera en el mundo en la que le dijera a Weston que subiera a mi
habitación, así que me puse una chaqueta, metí mis pies en pantuflas y bajé al
estacionamiento tras sacar tanto a Ibor como a Tanner de mi dormitorio y
despedirlos a ambos. Los dos se van voluntariamente en la Raptor del capitán
de los Longhorns, pero me miran con la frente arrugada de camino a ella cuando
me ven aceptando el ramo de flores de manos de Weston. Los ignoro. Por más
terrible que me sienta al intuir que estoy lastimando al rubio, no le debo ninguna
explicación a ninguno de los dos.

Ibor es solo sexo y Tanner... es solo Tanner.

─Preciosa ─dice, besando mi mejilla.

Huele tan bien y costoso que no puedo evitar suspirar al tenerlo cerca. Es una
pena que no existan inciensos con su aroma. No dejo pasar el hecho de que sus
ojos verdes se enfocan en la camioneta de Tanner, reconociéndolo debido a que
este va con los vidrios abajo y alza la mano para saludarlo como si fueran viejos
amigos, gesto que Weston le devuelve con la misma malicia e hipocresía. Me
tenso cuando se detiene, bloqueando el paso de los demás autos fuera y dentro
del estacionamiento, quiénes dejan de tocar el claxon al ver de quién se trata, y
se baja. Trota hacia nosotros.

Ibor lo sigue, una emoción oscura en sus ojos que no había visto antes.
Porque él no sabe sobre Tanner y yo.

Piensa que somos primos, así que Weston es la primera amenaza a la que se
enfrenta en su camino hacia la auto-destrucción.

Quiero morir.

Pero una parte oscura de mí quiere vivir para saber lo que sucederá.

─West ─lo saluda Tanner, ofreciéndole su mano, la cual Weston toma con
duda. El aire escapa de mis pulmones cuando va más allá tirando de él hacia sí
y lo abraza, palmeando su espalda. Con los labios pegados a su oído, le dice─:
Es un placer volver a verte, ¿por qué no conoces al novio de Sav?

Y tras separarse de él, anima a Ibor a adelantarse.

Separo los labios para protestar, pero el rubio se me adelanta.

─Ibor.
Weston me mira fugazmente antes de hacer una mueca, alzando y moviendo su
brazo, agitándolo de manera intencional para que notemos su reloj dorado.
Ninguno de nosotros lo mira, pero a él lo hace sentir mejor creer que sí. Le
tiende esa misma mano a Ibor como si lo anterior hubiera sido su calentamiento
convencional para presentarse ante alguien.

─Weston Wertheimer.

Tanner sonríe ampliamente ante la evidente tensión entre ambos.

─Bien, espero que nos veamos por ahí ─dice, dándose la vuelta, pero la voz de
Weston hace que ambos se detengan y sus hombros se tensen mientras se
detiene para escuchar lo que sea que tenga que decir.

─Ibor, lo que Tanner acaba de decir sobre ti y Sav, ¿es cierto?

Me quedo sin aliento y tiro de la manga de su suéter azul claro. La emoción que
pasa por la mirada de Tanner me hace saber que tengo serios motivos para tener
miedo, pero por fortuna él no se acerca, limitándose a ladear la cabeza y
ofrecerme un vistazo de su hermoso perfil. Ibor se gira. Sus labios se curvan
suavemente al enfocarme, pero se vuelven una fina línea cuando sus ojos
marrones, usualmente suaves y tiernos, van a él.
─Desgraciadamente no, pero sí estoy interesado en serlo.

Mi pecho duele.

Tras su declaración, Tanner y él se marchan definitivamente. Esta vez no me


permito sentir alivio hasta que los veo desaparecer por completo. Al parecer su
aversión hacia Weston los ha hecho mejores amigos en menos de diez minutos,
pero estoy segura de que se debe a que Tanner ahora está utilizándolo para
molestarme y para molestar a Weston, lo que no me sorprende debido a que
conozco su malicia y su crueldad, además de su indiferencia y falta de empatía,
y porque Ibor piensa que somos familia.

─Me alegra saber que Tanner sigue siendo tan entretenido como siempre ─dice
antes de tenderme el ramo que me enseñó cuando me asomé desde la ventana,
el cual adoro al instante porque amo recibir flores y estas son verdaderamente
hermosas, tanto que mi madre las envidiaría─. Sigue con su novia rubia....
¿Polín? ¿Paulette?, supongo.

─Es Pauline y sí. Siguen juntos. Gracias por las flores. ─Con la nariz enterrada
en las flores para tomar su aroma, junto las cejas. Estoy feliz de que Ibor y
Tanner ya no estén aquí, pero eso no significa que no esté confundida con su
presencia o que no le encuentre ningún sentido─. Weston, ¿me explicas qué
haces aquí? ¿No deberías estar en Manhattan con tu padre?

Lo último que supe de él por mensaje de texto era que se iría allá.
Tras meterse las manos en los bolsillos, me sonríe tímidamente.

─¿Por qué no caminamos un rato y te cuento?

Estoy tan curiosa por entenderlo que asiento.

─Está bien.

Cerca de mi edificio hay un pequeño parque que es usado por los estudiantes
para hacer ejercicio, andar en bicicleta y hacer picnics, así que nos dirijo ahí
apreciando el silencio entre nosotros después de lo que sucedió en mi
dormitorio. Ninguno de los dos habla hasta que nos detenemos en uno de los
bancos frente a la laguna artificial en el centro del terreno. Mantengo el ramo
de flores en mi regazo, pero mis ojos viajan a los suyos. Estos me miran como
si no pudieran creer que estoy frente a él.

─Cuando me dijiste que te mudarías, pensé que estabas ebrio ─empiezo.

─Lo estaba ─admite, sonrojándose─. Pero también decía la verdad.

Suelto una risita.

─Dicen que los ebrios no mienten.

─Pues tienen razón en eso. ─Relame sus labios─. Me mudé definitivamente a


Texas para estar más cerca de mi madre. Renuncié a Columbia porque me di
cuenta de que el problema no era yo, sino la Universidad.
A duras penas contengo el impulso de rodar los ojos.

No soy quién para opinar sobre las decisiones que toma.

No cuando las mías no son las mejores.

─¿Pero te matriculaste en la escuela de negocios aquí?

Afirma.

─Me harán equivalencias. Estoy a la mitad de la carrera ya, pero empezaré a


partir del próximo período ─dice─. Vine antes para las prácticas del equipo de
tenis. ─La rojez en su rostro vuelve, como si estuviera avergonzado de jugarlo.
Admito que no es el deporte más masculino que hay, pero hay jugadores de
tenis caliente y apuesto todo lo que tengo a que Weston se ve como uno de ellos
en la cancha─. Para conocer la experiencia de vivir en la casa de fraternidad
antes de mudarme a mi propio sitio y... por ti.

─Dicho así, es algo escalofriante de tu parte tomar ese tipo de decisiones


basándote en salir con una chica.

Ríe.

─Por eso mencioné las otras razones antes. Para no asustarte.

Le sonrío, apreciando su tacto contra las hebras de mi cabello y el lateral de mi


cara cuando extiende la mano y retira un mechón de él que bloquea mi campo
de visión, ocultándolo con suavidad tras mi oreja. Su olor vuelve a invadir mi
nariz y no puedo desear nada a parte de esconderme en su pecho y olerlo. Todos
los hombres deberían oler tan bien como Weston.

─No funcionó ─susurro, consciente de que Weston está acercando su rostro al


mío, sus sexys y comestibles labios que ya he probado a los míos.

─¿También estás interesada en ser la novia de Ibor?

Niego.

─Es muy dulce para mí. Merece a alguien mejor que yo.

Sus ojos resplandecen con satisfacción.

─No, tú mereces a alguien mejor ─dice antes de besarme, invitándome a


sentarme sobre sus piernas y a rodear su cuello con mis brazos.

Mientras lo hago, por primera vez en un tiempo, no pienso en Tanner y tampoco


me siento mal por estarlo utilizando, como me sucede con Ibor, porque tengo el
presentimiento de que a West también le gusta molestarlo.

Y que a diferencia de todos los hombres con los que he estado últimamente,
sabe perfectamente en lo que se está metiendo y no teme hacerlo.

*****
No he practicado tenis, el deporte favorito de mamá, desde que me mudé de
Houston, por lo que estoy bastante fuera de práctica cuando West me invita a
jugar con él durante la tarde del siguiente día. Ayer me dejó en mi habitación
después de que pasamos un rato besándonos y hablando en el parque, lo que no
dejé que fuera más allá porque me gusta el sexo, pero no tanto como para estar
con un chico a una hora de haber estado con otro, y me convenció de tomarme
un par de horas de descanso para que tuviéramos una cita. Cuando llego me
ofrece una flor que lo vi tomar de una planta en una maceta mientras caminaba
hacia él. Sonrío, pero finjo no haberlo hecho mientras la tomo y la coloco junto
a mi cantimplora.

─Gracias, West.

─De nada ─dice con una sonrisa ladeada─. Te ves bien.

Le sonrío.

Debido a que últimamente han sido tendencia, empaqué algunas de mis clásicas
faldas de tenis cuando vine a Austin. La que estoy usando en estos momentos
es blanca, con muchos volantes y lo suficientemente corta como para que las
personas obtengan un vistazo de mis shorts si me inclino mucho. Se ve bien con
mi polo rosa y mis zapatillas de deporte. Mi cabello está en una coleta, por lo
que se mece de un lado a otro sobre mi espalda cuando me muevo, y llevo una
gorra y brazaletes para el sudor en las muñecas y en los tobillos. Él también se
ve bien, por otro lado.

Trae una camisa de deporte blanca y shorts que dejan al descubierto sus
trabajadas piernas. Ha trabajado en su cuerpo durante el tiempo que nos no
vimos, por lo que sus músculos están más trabajados y grandes que antes. Su
cabello rubio oscuro está peinado hacia atrás y solo una hebra de él cae sobre
su frente, pero sigue viéndose sumamente apuesto así.
Si fuera una recluta de modelos deportivos masculinos, me fijaría en él.

─Lo sé. ─Lo apunto con la raqueta blanca que me tiende. Es liviana y fácil de
manejar. Traje mis faldas, pero no mi vieja y leal raqueta rosa─. Ese es el punto.
Distraerte. No eres el único que puede tener esa ventaja.

Arruga la frente, fingiendo no entender lo que dije.

─¿Qué quieres decir?

─West ─río, tomando una pelota del piso tras hacer algunos movimientos de
calentamiento─. No seas egocéntrico. No necesitas oírmelo decir, ni a nadie, en
realidad, para saber que eres apuesto e impresionante.

A pesar de que una emoción que no logro descifrar atraviesa su rostro ante mis
palabras, la curvatura de sus labios no se deshace.

─Preguntándote a qué te refieres estoy siendo modesto, Sav.

─No ─respondo, tomando posición en una de las esquinas para sacar mientras
espero no fallar─. Serías modesto si no fueras consciente de todas las razones
por las cuales me siento atraída hacia ti, de lo cual sí estás. ─Saco y me devuelve
la pelota con un movimiento experto que me hace darme cuenta de que sí tiene
potencial para pertenecer al equipo de la Universidad, a lo que tengo que
avanzar para alcanzarla. Incluso diría que podría volverse un profesional─. Eres
inseguro ─susurro entre jadeos causados por los tantos movimientos que debo
hacer, borrando su sonrisa victoriosa, obteniendo una ventaja─. Necesitando
pronunciar tu apellido y mostrar tu reloj de oro para llamar la atención cuando
lo primero que las personas notan de ti son tus ojos verdes y tu sonrisa. ─Ante
mis palabras, Weston aumenta la intensidad de su juego, pero luego la
disminuye mientras me mira. Parece indeciso sobre continuar con el juego para
ganarme o ponerlo en pausa para mandarme al infierno, pero si voy a salir con
él, lo cual me hace sentir animada y menos deprimida por Tanner, me gustaría
no hacerlo con su padre y que este y su dinero y prestigio queden atrás. Mientras
no logre una fortuna por sí mismo como mis padres lo hicieron o administre el
dinero de su familia exitosamente, no me impresionará así, sino todo lo
contrario─. Son impresionantes y es una lástima cómo te opacas a ti mismo al
mencionar al señor Wertheimer.

Después de que termino de hablar, West tropieza y la pelota finalmente toca el


suelo. Salto, victoriosa, pero dejo de celebrar cuando deja caer su raqueta en el
suelo al levantarse y camina hacia mí con paso lento y decidido. Me encojo, sin
apartarme mientras espero que me alcance.

Su expresión es furiosa, pero no conmigo.

Curvo mis labios hacia arriba cuando encaja su mano en mi cabello y me acerca
a él para darme uno de los mejores besos, más hambrientos y salvajes, que he
experimentado en mi vida. Cuando termina de succionar mis labios con los
suyos y de robarme el aliento, se aparta, pero no deshace el agarre que mantiene
alrededor de mi cintura con sus brazos.

─Eres la primera persona que pronuncia mi apellido a la perfección al primer


intento ─dice, a lo que me encojo de hombros entre sus brazos.

─Estuve ensayando antes de venir.

Su sonrisa ahora es tan grande que sus ojos se vuelven pequeños.


─Eres increíble, Savannah. Él no tiene ni idea de lo que se está perdiendo. No
entiendo por qué no ha terminado con esa molesta mosca muerta que tienes de
amiga y ha decidido ir por ti, pero no desaprovecharé su cobardía ─dice, siendo
ahora él quién saca a flote mi secreto más oscuro para desmoronarme. Lo peor
del asunto es que no puedo reprochárselo porque yo también lo hice─. Al igual
que prometí que vendría por ti y lo cumplí, también te prometo que mientras
estés conmigo, no pensarás en Tanner.

Ya que no lo había hecho hasta ahora que lo mencionó, le creo.

Tomo un trozo de su camisa en puño, acercándolo más cuando se aleja.

─Hablas demasiado, ¿por qué no mejor me lo demuestras?

*****

Weston me deja conducir su Range mientras le muestro los alrededores. Debería


estar prestando atención a lo que digo si no quiere perderse, pero en su lugar se
ha dedicado a tomarme fotos mientras conduzco y a publicarlas en sus redes
sociales, lo que me molestaría si no me las enseñara antes y me hiciera decidir
entre ellas mientras cenamos emparedados en Rusty's. Al igual que la noche
anterior, me deja en mi habitación y se va después de hacerme prometer que
tendremos otra cita pronto, presionando sus labios de manera dulce contra mi
frente como despedida.

Mientras estoy quitándome los zapatos, sin embargo, la puerta vuelve a sonar
apenas un par de minutos después de que se fue. La abro pensando que es él y
he dejado alguna de mis pertenencias en su camioneta, pero me encuentro con
Tanner. Lleva la ropa con la que entrena, así que probablemente acaba de salir
de una de sus prácticas. Suelto un suspiro.
─Pauline no está aquí ─le recuerdo, ignorando la punzada en mi corazón con la
fuerza que me da saber que estoy haciendo lo mejor.

Me estoy manteniendo alejada de él.

No estoy usando a Ibor.

No estoy usando a West.

Con el tiempo dejaré de pensar en él y de traicionar a Pauline. Prueba de ello es


la increíble tarde que he pasado sin que él venga a mi mente más de una vez y
eso solo porque Weston lo mencionó. Ahora que sé que sí puedo olvidarlo,
puedo ver la luz al final del túnel y respirar con normalidad.

Puedo permitirme a mí misma sentir esperanza de que con el tiempo Pauline y


yo podremos volver a ser amigas. Que podré verla con Tanner y no sentir nada,
ni envidia o celos, hacia ellos. Que mi corazón volverá a ser una sola pieza
dentro de mi pecho y que tendrá el nombre de alguien más en él, alguien lo
suficientemente paciente como para luchar por mí.

─Lo sé ─responde él, avanzando hacia mí de tal forma que tengo que retroceder
para que no pase sobre mí como un tractor. Con las protecciones sobre sus
hombros se ve mucho más intimidante de lo que usualmente lo haría─. Al igual
que ayer, si no has sufrido de un episodio de pérdida de la memoria desde
entonces, estoy aquí por ti, Savannah. No por ella.

Trago, sintiendo el borde afilado de mi escritorio chocar con mi trasero. La


puerta está cerrada y está tan cerca de mí que puedo olerlo, tanto su sudor como
los productos para la higiene que usa, y podría besarlo, pero él solo se extiende
sobre mí para tomar el juego de tijeras que dejé sobre la superficie de madera y
el trozo de cartulina que debía cortar con ellas, pero que dejé a la mitad por irme
a alistar para ir a jugar tenis con Weston.

Cuando busco alguna justificación de su comportamiento en sus ojos negros,


solo encuentro... nada. Tanner es un experto en disfrazar sus emociones cuando
quiere. Solo está esa intensidad en ellos que me hace temblar como un cachorro
emocionado cuando hace unos minutos me decía a mí misma que ahora tenía
motivos para no sentirme así cerca de él.

Sin decir más, se sienta en el suelo del balcón y empieza a recortar.

Después de contemplarlo un rato, esperando una explicación de su parte que no


llega, la puerta de mi habitación vuelve a sonar, arrancándome un gemido
porque no puede ser que Dios esté tan enojado conmigo.

¿Quién será esta vez? ¿Mi ex con el que perdí la virginidad a los trece?

¿Mi último novio en Houston?

¿El padre de mis hijos?

¿El hombre con el que me casaré una vez me divorcie?

─Debe ser la pizza ─comenta Tanner distraídamente cuando no hago ademán


de moverme para abrir, a lo que mi estómago se contrae con hambre como si no
hubiera cenado ya─. No acostumbro a comer mierda, pero con todo el trabajo
que tenemos por delante ninguno de los dos debería detenerse para cocinar.
─Finalmente alza su vista hacia mí─. Debido a todos los chicos a tu alrededor
puedes haber olvidado momentáneamente qué es lo más importante para ti,
Savannah, pero yo no lo he hecho. Si fui a prisión por este concurso, más te vale
que lo ganes.
Capítulo 26
He estado tanto tiempo encerrada en el baño de la pizzería teniendo un ataque
de ansiedad que no recuerdo cómo se siente moverse del sitio en el que estoy.
Hay una opresión que jamás he experimentado en mi pecho y las lágrimas no
dejan de salir de mis ojos sin control. Sé que debo ser fuerte para enfrentarme a
lo que está sucediendo, pero eso no significa que no duela o que no me sienta
intimidada por ello. Es como si el universo se hubiera empeñado en hacerme
sentir una y otra vez que no soy lo suficientemente buena para tener lo que
quiero.

Para cumplir mis sueños.

O que sí lo soy, pero no le apetece hacerlos realidad.

─¿Savannah? ─pregunta la voz de Isla al otro lado del cubículo. No es la


primera vez que ha intentado hablar conmigo desde que huí de nuestra mesa.
Debe creer que estoy enloqueciendo y si lo hace está en lo correcto. Lo estoy
haciendo y después de lo que me sucedió, no saldré de este baño como la misma
Savannah Campbell. Estoy harta de sentirme mal y de las injusticias─. ¿Estás
bien? ¿Puedes decirme qué te sucede? Estoy realmente preocupada por ti.

Intento hablar porque lo menos que quiero es verme débil ante ella cuando se
supone que soy su jefa, que debo ser su guía y en quién se apoye, no al revés,
pero no puedo articular ninguna sílaba. Las palabras simplemente no salen. Mi
respiración sigue sin regularse
Estoy viviendo una pesadilla.

─Déjanos ─dice otra voz que conozco bien a pesar de que estamos en el baño
de mujeres, arrancándome un gemido. Oculto más el rostro entre las palmas de
mis manos. Me siento diez veces peor de lo que me sentí cuando sucedió lo de
Gordon, lo cual tiene que ver bastante con el hecho de que esta vez existe la
gran posibilidad de que no pueda hacer nada para solventar la situación, ni
siquiera un berrinche─. Yo me encargo. Gracias por llamarme.

Isla suelta un jadeo, sonando asustada ante mi reacción por haberlo involucrado
y por la presencia de Tanner, quién estoy segura de que debe estar intimidándola
de alguna manera.

No los estoy viendo, pero no tengo dudas de ello.

─No sé cuál es la naturaleza de su relación, Sav, pero tus padres están lejos y él
es la única persona fuera del trabajo con la que te he visto relacionarte. Si fue
un movimiento equivocado de mi parte, lo siento, pero no... ─explica pegando
los labios a una de las ranuras para que la escuche, lo que me permite visualizar
una línea de su expresión aterrada.

─Vete ─la corta Tanner y en medio de mi crisis admito que realmente está
esforzándose por sonar amable con ella, ya que no ha elevado la voz o sido
desagradable cuando lo he visto serlo por razones mucho menores─. Savannah
estará bien. Yo cuidaré de ella.

Isla no se marcha al instante, pero finalmente nos deja a solas con un último
susurro en mi dirección. No le expliqué que mi diseño fue robado por un idiota
sexista que debí haber denunciado por acoso sexual en lugar de arrojarle el
proyecto en el que había pasado semanas trabajando, así que no tiene ni idea de
lo que está sucediendo en este instante.

La compadezco.

No quisiera tener una jefa como yo justo ahora.

─Lo siento ─dice antes de cerrar la puerta principal tras ella.

A los segundos la voz de Tanner nuevamente llena mis oídos.

─¿Puedes abrir o necesito derribar la puerta? ─pregunta, pero no respondo, a lo


que suelta un profundo y largo suspiro antes de apoyarse en la delgada pared de
metal que nos separa. Por la abertura de abajo veo un par de zapatos negros y
pulidos de cuero italiano que no llevaba antes, por lo que ya debió haberse
cambiado. El silencio nos envuelve hasta que decide hablar de nuevo─. Todos
los edificios de esta zona de Austin están hechos de vidrio azul y vigas de acero
pulido ─relata en voz baja, haciendo temblar mis manos─. A pesar de que no
está listo todavía, la nueva cede de los Rangers brilla como una estrella que
acaba de caer del cielo si lo ves desde la terraza de este edificio y la de cualquier
otro que sea más alto, pero si lo ves desde lejos, mientras conduces por la
carretera, pareciera que formara parte de él y que estuviera a nuestro alcance ir
allí. ─Sollozo, apretando mi estómago. Pasé un mes entero sin dormir
preparando los planos y la maqueta para ese proyecto. Tantas horas de esfuerzo
y de trabajo que alguien robó de mí como si mi amor por él no significara nada.
Como si yo no significara nada, ni yo ni todas las horas que he soñado despierta
con formar parte de algo tan grande como la construcción de un estadio. Un
trozo de historia con mi nombre puesto en él─. Es hermoso, Savannah.

Lo sé.

Lo que describió es justamente el efecto que deseaba obtener y lo logré, pero


nunca nadie sabrá que fui yo. Sin poder soportarlo más, abro la puerta tras
sonarme la nariz con un trozo de papel y finalmente hablo tras limpiar mis
lágrimas restantes con el dorso de mi mano.

─Yo lo hice.

Tanner tira de mí hacia él en un abrazo.

Estoy tan triste que ni siquiera me sorprendo por ello, apoyando mi cabeza en
su pecho.

─Lo sé ─murmura, presionando sus labios contra mi cabello mientras aspira mi


aroma con su nariz de una manera que me es familiar debido a que así es como
yo lo huelo cuando estoy cerca de él: como mi perfume favorito─. Entendí qué
sucedía a penas lo vi.

Una vez me he calmado lo suficiente entre sus brazos, Tanner entrelaza nuestros
dedos y me dirige una mirada inexpresiva, analizando cada centímetro de mi
rostro a detalle, antes de sacarnos a ambos del baño. La vergüenza tiñe mis
mejillas cuando veo a Isla y a Ryland, tan apuesto como siempre, al estilo
estrella de Hollywood, sentados en la barra. Ella me dirige una mirada
preocupada cuando paso junto a ellos en dirección a la salida, intentando
levantarse para dirigirse a mí, pero él coloca una mano en su rodilla mientras
niega, haciéndola sonrojarse y asintiendo discretamente hacia Tanner mientras
intercambia unas palabras con mi asistente.

Este le devuelve el asentimiento, lo que me hace pensar que quizás por fin ha
conseguido algo parecido a un amigo. En el ascensor vuelve a presionarme
contra él y acaricia mi espalda mientras bajamos. Está usando una bonita camisa
negra, pantalones negros y un abrigo negro, nada que convine con mi atuendo
de playa, pero aun cuando desentonamos se siente tan bien estar presionada
contra él que no me separo hasta que llegamos al estacionamiento.

Le tiendo las llaves de mi auto sin que las pida.

─No te preocupes por Isla ─dice tras encenderlo, ya en nuestros asientos y con
los cinturones abrochados, mi frente apoyada contra la ventana─. Ryland la
llevará a casa en mi auto.

Afirmo, pero Isla es lo último que pasa por mi mente justo ahora.

*****
Tanner me lleva a mi casa sin hablar, la radio encendida por él a penas nos
alejamos de la pizzería. Se estaciona frente a mi edificio y no en el
estacionamiento subterráneo, por lo que intuyo que estará llevándose mi auto,
y empieza a desabrocharse el cinturón para bajarse, por lo que deduzco que me
acompañará hasta la entrada, pero ya he tenido suficiente.

Si la vida está tan empeñada en decirme que lo que quiero no es para mí, puede
irse a dar un bonito paseo en pony en un atardecer brillante directamente hacia
la mierda.

Coloco una mano sobre la suya, la cual está en la manija de la puerta, antes de
quitarme el cinturón y saltar sobre él. La máscara de frialdad de Tanner se
rompe por un momento, permitiéndome ver cuán confundido está con mi
comportamiento, pero estoy tan agotada de hacer las cosas bien que no me
permito a mí misma dudar. No soy la buena del cuento. Nunca lo he sido. Haga
lo que haga, nada borrará el hecho de que he pasado cinco años deseando al
hombre de alguien más. Esforzarme por no herir a los demás y ocultar mis
sentimientos solo me ha herido a mí a lo largo de todo este tiempo.

Se acabó.

Si el universo me va a odiar, que sea por una buena razón.

Si me van a señalar como pecadora, que el pecado valga la pena.

─Estos labios. ─Una vez sobre él, paso mi pulgar sobre el inferior de ellos,
apreciando su finura y su suavidad. Tanner se limita a verme con tanta
intensidad que sus ojos podrían ser considerados un arma nuclear en este
momento─. Esta mandíbula. ─La línea de ella se aprieta cuando lo acaricio con
ambas manos, como una artista a su obra maestra a la cual le debe reverencia.
Pese a que la luz es escasa, entra lo suficiente de la calle para que pueda verlo.
El brillo peligroso en sus ojos. El tic nervioso en sus facciones cuando está
enojado más allá de la razón o cuando no sabe manejar una situación, lo cual
también lo enoja porque odia no estar al control de todo. El negro de sus irises
que tanto me atrae en su mirada─. Tan oscuro y varonil. El reto que cualquier
mujer desea asumir para probarse a sí misma que es superior a las demás, su
feminidad, ¿pero quieres saber un secreto? Lo que ellas no saben es que ya
alguien abrió una grieta en la gruesa pared que conforma la muralla en la que
encierras a la bestia para hacerles creer que puedes ser reformado y convertido
en un príncipe azul para que tengan su final de cuento de hadas ─susurro contra
sus labios─. Cuando siempre serás un monstruo. Uno que si no ha sido mío en
todo este tiempo, Tanner Reed, es porque no he querido.

Hasta ahora.

Lo beso sin darle la oportunidad de responder.

Lo beso, disfrutando del sabor de su boca y de la sensación de sus manos


recorriendo mi cuerpo encima de él, hasta que quiero más y dirijo mi mano
derecha a su entrepierna y con la izquierda sostengo su barbilla. Tanner hace
sonidos profundos con su garganta que no esconde mientras hago movimientos
de arriba hacia abajo sobre su eje, apreciando el tamaño de su bulto por encima
de la costosa tela de su pantalón. Ahora no solo él es quién necesita distraerse
de todo lo que sucede a su alrededor, yo también. Me separo un poco de él,
tomando aire, antes de echarme completamente hacia atrás, sintiendo el volante
clavarse en mi espalda y mi centro arder como un pozo de caramelo dorado e
hirviente. Por alguna razón la idea de ser tomada por él en un auto, después de
tanto tiempo, no me molesta. La misma electricidad que sentiríamos en una
cama, la cual me hace temblar y a él perder el control, está para nosotros aquí.

Necesitamos un condón.
─¿Realmente guardas condones en tu guantera, Savannah? ─pregunta a pesar
de que sostengo la respuesta entre mis dedos tras inclinarme hacia ella.

No respondo con palabras. Lo hago tomando su longitud tras desabrochar sus


pantalones, apreciando su textura y tamaño, y deslizando la fina pieza de látex
hacia abajo, pero hasta ahí llega mi control sobre la situación. Tanner sube el
dobladillo de mi camisa hasta dejar mis senos expuestos para él y cierra una de
sus manos alrededor de mi cabello, tirando de él con fuerza hacia atrás hasta
que mi espalda se curva para su placer y deleite. Mi pecho está frente a su cara.
Mis pezones se fruncen al sentir sus ojos sobre ellos. Es como si pudiera
tocarlos, morderlos y succionarlos con solo el sentido de la visión. Me
humedezco todavía más al estar tan expuesta.

Unos segundos luego jadeo cuando entra en mí después de que maniobro para
deshacerme de mis shorts y ropa interior, arrojando las prendas al asiento
trasero.

Dios.

Dios, ¿por qué?

Es incluso mejor a cómo lo recuerdo.

Más ancho. Más largo. Más profundo. Tan bueno que no puedo evitar obedecer
cualquier orden que me dé como una buena chica a pesar de que ambos sabemos
que no lo soy, pero para él puedo intentarlo. Basta de esconderse, haciendo lo
que él también ha hecho a lo largo de todo este tiempo. Amo ensuciarme, amo
el dolor y amo a Tanner. Amo cuán brusco es cuando no está intentando ser
amable. Amo la manera en la que me mira como si no pudiera resistirse a mí.
En el fondo, amo ser lastimada por él.
Como ahora.

─Muévete ─sisea entre dientes, así que lo hago, una de mis manos deslizándose
por el cristal empañado junto a nosotros como si buscara algo a lo que aferrarse
para poder resistir la intensidad de lo que hacemos.

Empiezo moverme hacia arriba y hacia abajo sobre él, yendo más hondo cada
vez hasta que llega un punto en el que mis ojos llenan de lágrimas porque no sé
si seré capaz de aguantar más, pero su nivel de exigencia es tan grande como su
alter ego, sospecho que el tamaño de su pene también tiene que ver con ello, y
luego de algunos minutos logro alcanzar el ritmo soñado para ambos, mis
palmas presionadas contra el cuero del asiento piloto de mi Mercedes.

Cada nuevo empuje hacia abajo de mis caderas es un castigo y un premio.

Cada nueva estocada me hace entre abrir los labios, liberando decenas de
últimos alientos porque se siente como morir y volver a nacer cada vez que lo
tengo dentro de mí y me doy cuenta de lo que me he estado perdiendo todo este
tiempo. Para Tanner debe ser igual, puesto que no deja de verme como si esto,
que no ha terminado, no fuera suficiente. Avaricia, codicia y satisfacción son
las emociones que dominan su rostro al tenerme.

Oficialmente soy su muñeca para hacer conmigo lo que quiera.

Oficialmente soy el producto de su fascinación.


Oficialmente estamos condenados.

─Mierda, Savannah, dámelo ─exige con sudor corriendo por su frente, su


mandíbula tensa, por lo que voy más rápido, ahuecando mis senos y pellizcando
mis pezones mientras me dejo ir arqueándome más hacia adelante, a lo que su
agarre sobre mi cabello se desliza a mi cintura.

Escondo mi rostro en su pecho mientras tiemblo.

Lloriqueo mientras sus movimientos y la manera en la que dejo que maneje mi


cuerpo a su antojo, deslizándolo duramente sobre él, alargan mi orgasmo por
alrededor de un minuto entero de temblores y gemidos que propician su propia
liberación. Cuando Tanner acaba me aprieta tan fuerte con sus dedos que sé que
dejará marcas en mi piel, pero no me importa.

Ya nada, salvo yo yendo por lo que quiero, lo hace.

Me acurruco contra su pecho todavía más, apreciando su calor mientras el ritmo


de mi corazón se apacigua. Por fortuna los vidrios son polarizados, pero eso no
significa que nadie pueda intuir lo que ocurría dentro del auto. Aunque no es
que me importe que mis vecinos sepan que tengo una vida sexual activa, lo cual
ya sospecho que saben, al menos no nos vieron.

─No sé si destruir o darle las gracias a la persona que se robó tu diseño


─murmura luego de un rato en el que solo acaricia mi espalda de la misma
manera que lo hizo antes, su voz ronca.

Alzo mi rostro de su pecho para verlo sonreír.


Sin embargo, sus ojos lucen preocupados. Frunzo el ceño mientras me echo
hacia atrás para bajar mi camisa y luego hacia adelante para tomar el resto de
mi ropa de la parte de atrás, separándome de él después para vestirme más
cómodamente en mi asiento y no encima de él. Cuando termino, tomo la manija
de la puerta y lo miro fijamente.

─Dale las gracias porque seré yo quien se encargue de destruirlo ─le digo antes
de salir, lo cual hago solo para verlo desde afuera cuando aún no he terminado
de cerrar la puerta, asomándome en el interior de mi auto─. ¿No subes? Estoy
lejos de haber quedado satisfecha. Tanto que podría llamar a alguien más para
ocupar tu lugar si no vienes.

Aunque mis palabras lo hacen sonreír, sus ojos no lo hacen.

Los dos sabemos que si me tienta demasiado, podría hacerlo.

No haría nada, pero le haría creer que sí.

─Ni siquiera lo pienses, Savannah ─gruñe antes de bajarse y seguirme.

Sin embargo, lo detengo bajo el umbral del edificio colocando una mano sobre
su pecho y luego cediendo a la tentación de colocar la otra cuando siento sus
músculos. Estamos cerca, pero no tan cerca como para convertirnos en
exhibicionistas y ser arrestados por alterar el orden público.

─Realmente debes darle las gracias ─susurro, mi mirada clavada en la suya─.


Porque si no estuviera igual de despechada que tú en este momento, esto no
habría pasado de esta manera.

Sus ojos negros se vuelven momentáneamente cálidos.


─Estoy consciente ─dice─. Pero lo destruiré antes de agradecerle.

─Tanner...

Con los ojos entrecerrados de una manera que me hace recordar cuán
concentrado se veía en sus oponentes antes de empezar un partido cuando
jugaba para los Longhorns en la universidad, Tanner extiende la mano y acaricia
mi mejilla suavemente.

─Podemos destruirlo juntos ─murmura, propuesta que suena tanto tentadora


como peligrosa porque a pesar del buen sexo, no necesito más razones para estar
cerca de él─. No sería la primera vez que nos unimos para acabar con alguien
que no nos gusta.

Tras pensarlo por unos segundos, termino asintiendo ya que lo que dice es
cierto, por no mencionar el hecho de que la balanza se inclinaría más a mi favor
de tenerlo en mi equipo, junto con sus habilidades para causar daño. También
hay que tomar en consideración el hecho de que tiene influencias y medios con
los que yo no cuento y que me serían sumamente útiles.

─Bien ─acepto, presionando mis labios contra los suyos suavemente antes de
tomar su mano y tirar de él hacia mi guarida, emocionada por contarle el plan
que se me ocurrió mientras teníamos sexo una vez terminemos de tenerlo de
nuevo en una cama, en la bañera o en mi sofá.

O en todas partes.

*****
LDSW Inc, la constructora a la que fui a llevar mi currículo recién terminada mi
carrera, tiene su sede principal en Chicago, pero su extensión en Austin es igual
de grande y suele adueñarse de la mayoría de los contratos de construcción
importantes de Texas y el Golfo de México. Pese a que me prometí a mí misma
que jamás cambiaría el color de mi cabello, admito que el trabajo del salón de
belleza al que asistí la mayor parte de la mañana hizo su labor de la mejor
manera. Las hebras rubias se deslizan sobre mis hombros como si siempre
hubieran sido de ese color. Mientras me echo un vistazo en el espejo al subir
por el ascensor de la compañía multimillonaria, me impresiono una vez más por
lo que un cambio de look, lentillas de color y maquillaje pueden hacer con la
apariencia de alguien. Me veo como una Savannah completamente diferente
mientras camino hacia el escritorio frente a una de las oficinas del último piso,
dónde una secretaria provisional espera con mi nombre en su agenda para
recibirme, usando un apretado conjunto de tacones, falda de lápiz y suéter negro
con cuello de tortuga. Ya que la última vez que vine no las traía puestas, también
llevo mis gafas de trabajo sobre el puente de mi nariz. En estos momentos estoy
irreconocible.

─Hola ─saludo cuando la alcanzo, una brillante sonrisa en mi rostro─. Soy


Savannah Campbell y estoy aquí por mi entrevista de trabajo, recomendada por
el señor Reed.

La mujer mayor no parece impresionada conmigo, pero tampoco es grosera.


Solo me saluda en respuesta y me pide que espere mientras llama a su jefe para
avisarle que estoy aquí. No se ve feliz con su trabajo, aunque sí aliviada con mi
llegada para volver al puesto por el que ha sido contratada y despedirse de este
por un breve lapso de tiempo antes de volver a ser necesitada aquí porque es
quién suplanta a las asistentes del CEO de la compañía cuando estas renuncian
o son despedidas, deduzco al recordarla de la última vez que estuve aquí y la
chica que esperó su turno junto a mí para ser entrevistada me dijo que venía por
el puesto de asistente, no de pasante del departamento de diseño arquitectónico
para el proyecto de los Rangers. Ahora que pienso en ello, solo me siento más
estúpida. Ni siquiera se suponía que debía traer un diseño ya hecho.
Yo sabía que necesitaban nuevos empleados para abastecerse con ese contrato
en particular y quise tener una ventaja sobre los demás.

─Listo, señorita Campbell, puede pasar ─dice después de un rato, colgando el


teléfono.

Le sonrío, aliviada con el hecho de que no me haya recordado.

─Gracias.

Si ella no me reconoció, estoy segura de que su jefe tampoco lo hará.


Capítulo 27
Con Tanner ayudando, termino mi proyecto para el concurso en la mitad del
tiempo de lo que lo habría hecho sola. Me preguntarán en qué puede ayudar el
capitán del equipo de fútbol de la universidad, estudiante de último semestre de
la escuela de negocios, a una estudiante de los primeros de arquitectura, pero la
verdad es que el solo recortar por mí todo lo que necesitaba ser recortado y
mantener las piezas en orden, en lo que resultó extremadamente bueno creando
listas e inventarios de ellas para que ninguna se perdiera, significó una ventaja
significativa.

Así que después de ausentarnos un día entero de nuestras clases para terminar
y de pasar ya dos noches enteras trabajando con pegamento, cinta adhesiva y en
los últimos retoques de mis planos, acabamos.

El resultado es hermoso.

La maqueta de un metro por un metro es la personificación del espíritu de los


Longhorns, de lo que estuvo en mi mente al momento de dibujar. La amo y
aunque no gane, sé que nadie llevará una pieza igual a la mía porque es
simplemente única y majestuosa. El jurado también deberá admitirlo. Además,
cuidamos cada detalle a la perfección. Desde el césped alrededor de la
construcción y los árboles a las medidas del edificio.

Es limpio, hermoso y profesional.


El brillo intenso en los ojos oscuros de Tanner cuando termino de caminar
alrededor de nuestra obra de arte buscando errores que no existen me lo
confirma. Estoy usando una camiseta del equipo de fútbol que me queda ancha
y pantaloncitos cortos de seda, mis gafas sobre el puente de mi nariz y mi
cabello desordenado en la cima, por lo que no puede estarme apreciando a mí.
Aunque sus manos tienen marcas en sus palmas en el sitio donde sostuvo el
mango de la tijera y las mías están llenas de quemaduras de pegamento, hemos
hecho un buen trabajo.

─Si la decisión fuera mía, invertiría en este edificio sin dudar.

Le ofrezco una sonrisa ancha.

Estoy tan feliz en este momento que ni siquiera recuerdo los motivos por los
que lo odio y él se ve de la misma manera. Aunque muchos pensarían que
Tanner habría dicho eso incluso de haber participado en un fiasco porque él dejó
su huella en él, la verdad es que es lancerantemete sincero y no habría dicho
algo bueno hacia mi proyecto si no lo sintiera así.

Su cumplido me llena de esperanza.

Tal vez mis sueños están más cerca de hacerse realidad de lo que pensé.
─¿Por qué no salimos a celebrar?

Mi pregunta lo toma por sorpresa. Al igual que yo, lleva ropa casual, solo que
menos casual que la mía. Vaqueros que me enseñaban el borde de su ropa
interior cada vez que se estiraba en mi suelo mientras trabajaba, inclinado sobre
las pequeñas piezas de cartulina de una manera que sé que ha hecho doler su
cuello por cómo ladea la cabeza de vez en cuando, y una sencilla camiseta
blanca con cuello en V que realza sus músculos sin ser ceñida. Está arrugada
porque no se ha cambiado desde esta mañana, ni hemos salido de aquí desde
esta mañana, así que no se ha cambiado y rechazó mi propuesta de manera no
amable cuando le pregunté si necesitaba que lo ayudara a plancharla para que
no tuviera ansiedad causada por su TOC.

Hemos comido todo el día comida del mejor restaurante de Austin que sus
novatos han traído para nosotros en un intento por complacer al jefe de su
hermandad, pero Tanner los hizo regresar y volver a venir cada vez que algo no
le gustaba u olvidaba haber pedido un platillo extra o un sobrecito de un
determinado condimento que le gustara.

Habría sentido compasión por ellos de no haber estado tan concentrada en mi


maqueta o si la comida no fuera tan buena. Además, si pertenecer a su
hermandad es lo que más desean, lo mejor que pueden hacer es trabajar y
arrastrarse por ello. La vida no es fácil y si lo fuera no habría tenido que hacer
mis planos de nuevo porque una pareja de psicópatas lo arruinaron para mí solo
porque sí. Tanner claramente piensa igual que yo al ser un tirano con ellos, pero
la cosa con los tiranos es que normalmente siempre fueron dominados por uno
antes de convertirse en uno de ellos.
─Sí, me encantaría ─responde, haciéndome arrugar la frente por su selección
de palabras, pero él simplemente camina hacia mi puerta, ignorando la
posibilidad de presenciar el efecto que ellas tienen en mí una vez las dice─. Iré
a cambiarme. Paso por ti en media hora, Savannah.

Una arruga aparece en mi frente.

─Ese es muy poco tiempo para una chica para estar lista.

Tanner se encoje de hombros antes de salir de mi dormitorio.

─Te esperaré entonces, pero en media hora estoy abajo.

Tras eso, se va y por alguna razón que ni yo misma puedo entender corro hacia
el baño y evalúo cuán desastrosa estoy antes de quitarme la ropa rápidamente y
ponerme bajo la regadera para disfrutar del agua caliente. Me doy un ducha
corta, pero bastante completa ya que depilo y exfolio cada parte de mi cuerpo.
Ya de nuevo frente al espejo tras ir un momento al armario, entro en un conjunto
color crema de lencería y me maquillo mientras escucho música. Tengo pensado
beber alcohol esta noche, con o sin Tanner, aunque preferiblemente con él
porque también tengo pensado emborracharme y necesito un chófer, así que
hago mis ojos ahumados y mis labios tan brillantes como puedo. Mientras me
arreglo, me envía una publicación de un sitio que no conozco que estará
haciendo una fiesta con motivo neón, a lo que respondo con decenas de
corazones y añado algunos toques con delineador de efecto neón y tornasol a
mi rostro.

Cuando termino entro en un conjunto rosa neón de dos piezas y falda corta que
pedí por internet y estaba muriendo por usar hasta ahora, ya que también viene
con una corona de flores del mismo color y un chal transparente que se extiende
hasta el suelo con bordados neón en las mangas y al final de la falda que me
encantan. Había estado esperando asistir a una fiesta con motivo neón desde
que lo compré o, más bien, desde que vine a Austin, así que no puedo evitar
estar emocionada. El conjunto trae un collar corriente de fiesta, pero lo guardo
para Tanner. Termino mi look con botas de tacón blancas, de cuero, que llegan
a mis rodillas. Cuando por fin termino de alistarme, han pasado cincuenta
minutos desde que se fue y tengo un par de llamadas perdidas de su parte que
no contesté porque mi teléfono ha estado en silencio desde que empezamos a
trabajar con el proyecto.

Cuando bajo al estacionamiento, pensando que pudo haberse ido por lo mucho
que lo hice esperar, sonrío y camino hacia su camioneta aparcada frente a mi
edificio.

Abre la puerta para mí desde adentro.

─Te ves bien ─comenta con una sonrisa mientras me abrocho el cinturón, lo
cual me sorprende debido a que usualmente expresaría su desagrado hacia mi
escasa ropa.

Al parecer hoy estamos en una especie de tregua.

─Tú también ─respondo a cambio.

Tanner está usando vaqueros oscuros y una camiseta negra bajo su chaqueta del
equipo. Lleva un par de bonitas zapatillas de deporte. Pese a que no es tan obvio
como Weston acerca del hecho de que proviene de una familia con dinero,
simplemente se nota cuando lo ves e incluso si ese no fuera el caso no tendría
importancia porque hay algo en él, no en su cuenta bancaria, que exige tu
atención. Aparto mis ojos de mi teléfono cuando me doy cuenta de que estamos
saliendo del campus, dirigiéndonos en su lugar a la calle de diversión nocturna
de Austin.

Todo mi cuerpo empieza a temblar entonces.

Estar con él en un sitio donde podamos pasar desapercibidos es lo equivalente


a ir con un asesino a un sitio en el que no habrán testigos. Tanner me mira por
el rabillo del ojo como si intuyera la razón del cambio de mi estado de ánimo,
de valiente a temerosa, pero se limita a subirle el volumen a la radio, dónde
suena Rude boy de Rihanna, y a seguir conduciendo como si el ambiente en la
cabina no se hubiera hecho tan espeso que podría tocar el aire.

Quizás invitarlo a salir no fue la mejor idea.

Quizás lo más inteligente que puedo hacer es lanzarme de su camioneta.

Pero no lo hago.

Me quedo en silencio, apreciando la manera en la que Austin se ve hermosa


durante la noche, todos sus edificios de cristal luciendo como estrellas en la
oscuridad, y mantengo la adrenalina en mi torrente sanguíneo. Mi corazón sufre
un mini infarto cardíaco, sin embargo, cuando se estaciona sobre un charco de
agua, de mi lado, y se baja para ayudarme a pasar sobre él. Me ahogo con mi
propia saliva al sentir sus manos en mi cintura, cargándome como si no pesara
nada, quemando mis neuronas sensitivas con sus palmas, hasta dejarme a salvo
en la acera.
A pesar de que su mirada oscura se mantiene en mí después, trota para cerrar la
puerta. Cuando vuelve a situarse junto a mí, no me deja recuperarme de lo que
acaba de pasar. Me ofrece una sonrisa, la perfecta combinación de siniestro y
hermoso, mientras pasa una mano por su cabello para peinarlo hacia atrás e
inclina la cabeza hacia la entrada de un enorme club que se ve bastante bien
desde afuera, tanto lleno como exclusivo. Las personas hacen filas a las afuera
de este para entrar y todos se nos quedan viendo como si fuéramos estrellas.
Eso es porque Tanner lo es. El fútbol en Texas es una obsesión y el hecho de
que los Longhorns hayan perdido solo un par de partidos bajo su mando hace
que todos lo adoren y se sientan decepcionados al entrar en su perfil en
Instagram y solo ver fotos de los barcos de la importadora de su padre.

Y algunas sin camisa, las suficiente como para tener un séquito de fans que
había creído que se limitaba a habitantes del campus hasta ahora, ya que las
chica no dejan de parpadear hacia él como si fuera un sueño dorado al alcance
de sus dedos.

Pero Tanner solo está concentrado en mí.

─Vamos.

─No ─susurro tomando la manga de su chaqueta─. Espera.

No se trata de hacerlas sentir mal y caer en la realidad de que él nunca las amará,
no cuando ama a Pauline, pero sí de devolverle a Tanner lo que representó para
mí el haberme bajado de su camioneta de la manera en la que lo hizo. Una vez
está frente a mí, su cabeza inclinada hacia abajo mientras espera que haga o diga
algo para que podamos seguir con nuestros planes, o sus planes, meto la mano
en el bolsillo de mi falda y saco el collar que guardé para él.

Me deja ponérselo.
─Listo.

Sus labios se curvan hacia abajo cuando termino, pero no hay desagrado en sus
ojos.

En realidad lucen como lo harían si sonriera.

─Vamos ─murmura antes de rodear mi cintura con su brazo y acercarnos a la


entrada VIP, la cual tiene su propia fila, y empujarnos dentro del club ante la
apreciación en los ojos del hombre encargado de la seguridad, quién le pide un
autógrafo para su hijo, convencido de que Tanner será un jugador estella de la
NFL en un corto período de tiempo , y otro para él.

Podría, si quisiera, pero sé que sus ambiciones son más grandes.

Mientras caminamos por un pasillo completamente oscuro en el que me sentiría


desesperada de no ser por su agarre sobre mí, ya que parece nunca tener fin, me
aprieto contra él al pisar un vaso de plástico. Le hablo antes de que la música
no me permita ser escuchada.

─Romperás muchos corazones cuando se den cuenta de que no buscas ser


reclutado.

─Sobrevivirán.

─¿Y si no lo hacen?
─No me interesa.

─¿Realmente dejarás pasar una oportunidad como esa? Tanner, sé que te gusta
el fútbol. Podrías jugar solo unos años antes de retirarte. Convertirte en una
leyenda y salir por la puerta grande. Sé que a veces los deportistas dan la
impresión de ser estúpidos, pero nadie dejaría de tomarte en serio en los
negocios por ser un jugador, a ti no.

Lo siento encogerse de hombros antes de empezar a ver la luz al final del túnel,
literalmente. Después de un cruce por fin vislumbro la sección VIP del club en
el que estamos, la cual está a oscuras salvo por las luces que permiten que el
efecto neón en las vestimentas de los presentes brille. Toda yo empieza a
resplandecer a medida que nos acercamos mientras que Tanner solo lo hace en
el collar que permitió que le pusiera. En el sitio dónde fue tocado por mí.

El resto de él es negro, salvo por mi huella alrededor de su cuello.

─Eres hermosa, Sav, pero eso no significaría que dejarías tu carrera y todo lo
importante para ti por un chico solo porque puedes tener a quién quiera que
desees, ¿no es así? ─pregunta, a lo que niego ya que la simple idea de renunciar
a mi sueño de ser arquitecta se oye como una total y completa aberración─. Es
igual para mí. El fútbol no es mi juego final. Es divertido y disfruto de la victoria
de cada partido, pero es el triple de satisfactorio para mí la idea de triunfar en
los negocios utilizando mi mente y no mi cuerpo, del cual dependería de ser
deportista.

No puedo evitar estremecerme ante la pasión con la que habla.


─Acabas de comparar tu buen brazo con mi vida privada, no es lo mismo.

─No, no con tu vida, con tu capacidad para hacer enloquecer a los hombres y
reducirlos a perros en celo olisqueando a tu alrededor ─gruñe, a lo que separo
los labios para replicar, pero ya la música es demasiado fuerte y el aroma a
alcohol llena mis fosas nasales.

Es tan intenso que incluso yo puedo olerlo. Tanner se mantiene junto a mí


alrededor de todo nuestro camino hacia un reservado para dos junto a la
barandilla que da con la pista de baile en la parte inferior, dónde las personas
prácticamente se sitúan unas sobre las otras para poder estar todas ahí. En el
sitio en el que estamos, sin embargo, podemos estirar nuestras extremidades sin
golpear a alguien y el guardia de la entrada no parecía feliz de dejar pasar a
nadie más, a excepción de nosotros, por lo que deben ser estrictos con la
cantidad de personas que dejan entrar a esta sección. Tanner no mira el rostro
de la chica que viene a servirnos, hermosamente llamativa en un vestido
amarillo neón, sino que sus ojos están completamente en mí mientras se inclina
en mi dirección para preguntarme qué quiero beber.

─¿Vodka está bien para ti? ─le pregunto.

Afirma, pidiendo una jarra de mojitos y algo más para sí mismo. La mesera se
limita a verlo con el ceño fruncido y casi caigo en la tentación de disculparme
con él por no verla, puesto que parece genuinamente mortificada por su
indiferencia.

Pobre.

Le falta experiencia con lo que realmente significa estar con un chico estrella.

Ellos no siempre brillan en el interior como lo hacen en la superficie.


─Iré al baño ─susurro, pero no espero que me escuche.

Me levanto y camino hacia los servicios sin esperar ninguna respuesta de su


parte. Afortunadamente no está tan lleno cuando entro a él, por lo que voy a uno
de sus cubículos y me dedico a tomar hondas respiraciones para calmarme en
su interior, teniendo una especie de ataque de pánico porque me siento como si
fuera cleptómana y estuviera a solo centímetros de tomar un bonito bolso en
una tienda repleta de cámaras. Un bolso de cuero negro, quizás Carolina
Herrara, con hebillas de metal y cierre que no se abrirá para nadie más que para
Pauline, pero que aún así deseo ver en mi armario.

─¿Viste a la chica con la que llegó el mariscal de los Longhorns? Lo reconocí


a penas lo vi. Luce exactamente igual que en la televisión ─pregunta una de
ellas, suspirando, y me la puedo imaginar con corazones en el sitio en el que
deberían ir sus ojos mientras habla. Luego estos son suplantados por dagas─.
Es una lástima que tenga tan mal gusto para escoger con quién engañar a su
novia. Ella tiene la palabra mujerzuela escrita por toda su cara. Quizás se sienta
como una reina con él para venir aquí vestida de esa manera, pero solo podría
ser la reina de las zorras de Austin.

─Huele a cazafortunas.

─Próximamente en Wags.

─Debiste ver la manera en la que lo miraba ahí afuera. Es obvio que solo lo
quiere por su dinero ─ríe─. Pero los chicos como él saben que solo deben
utilizar a las chicas como ella. Si quieren una compañera digna en la cima, deben
aspirar a más.
Si no fuera el dolor en mi pecho, pondría los ojos en blanco al oírlas por diversos
motivos. El hecho de que no estoy aquí con él de esa manera. El hecho de que
no necesito de Tanner o de ningún otro hombre para satisfacer mis necesidades
económicas, de lo que se ocupan mis padres y no puedo esperar a manejar por
mí misma. El hecho de que él no aspira a ser seleccionado por ningún equipo
de la liga durante la época de reclutamiento.

Tras levantarme del retrete en el que estaba sentada, aliso mi falda,


asegurándome de que no haya ninguna arruga en ella, y salgo del cubículo.

Ni siquiera las miro mientras lavo mis manos.

─Si dedicaran más de su tiempo a trabajar en ustedes mismas y no a llamar otras


chicas zorras, serían menos infelices. Todos los hombres son promiscuos en
algún momento de sus vidas y no veo que ellos se insulten entre sí, así que es
cierto eso que dicen de que el mayor enemigo de una mujer es otra mujer
─suelto mientras acomodo mi cabello y retoco mi labial─. Si fuera cualquiera
de las dos, me reformaría. Un día necesitarán de una amiga y en lugar de obtener
apoyo, lo más probable que se apuñalen entre ustedes. Existe algo que se llama
karma. ─Les sonrió antes de salir. Todo lo que digo lo sé por experiencia y la
experiencia escuece, pero me hace más sabia que ellas─. Y para su información,
no me veo como la reina de las zorras de Austin. Soy la diosa de las zorras en
todo el maldito universo para ustedes, perras básicas.

Salgo del baño, sin esperar una respuesta, y realmente no me sorprendo al ver a
Tanner esperando por mí fuera de él. En su lugar tomo su mano y lo arrastro a
la pista de baile, dónde suena Pillowtalk de Zayn. One Direction fue mi gusto
culposo de la preparatoria y aunque no lo he perdonado por romper mi corazón
al irse de la banda, no puedo evitar que mis mejillas se enciendan mientras
escucho su voz llenando mis oídos. Tanner me sigue la corriente pese a la
tensión en sus hombros y lleva sus manos a mi cintura, pero en lugar de efectuar
cualquier movimiento llamativo como usualmente haría me presiono contra su
pecho. Como si no supiera que hacer conmigo, simplemente me rodea con sus
brazos mientras nos mecemos al ritmo de la música. Tal y como estamos, puedo
escuchar su corazón latir bajo mi oído derecho. Este va rápido, pero es tan bueno
conteniéndose que su respiración sigue en calma.

Yo no tanto.

Cuando alzo la vista para verlo y lo encuentro mirándome con ojos cálidos, no
puedo detener la oleada de preguntas sin respuesta en mi cabeza que empiezan
por, simplemente, ¿por qué?

¿Por qué él?

─Lo siento, Savannah ─dice mientras las luces de neón adornan su rostro,
haciéndolo lucir tan atractivo que mi corazón se rompe por cuánto desearía tener
el derecho a besarlo─. Por todo.

Suena sincero, pero necesito que me especifique a qué se refiere, así que separo
los labios para preguntar al respecto, pero los míos son cubiertos lenta y
suavemente con los suyos por un breve instante que se siente más como una
caricia del cielo, de todo lo que es correcto y está destinado a ser, que como un
beso.

Tengo la tentación de empujarlo hacia mí de alguna manera, ya sea enredado


mis dedos en su cabello o simplemente reforzando el agarre de mis brazos sobre
él, pero no lo hago, limitándome a presionar mi frente contra la suya mientras
la canción termina. Una vez lo hace, cualquier conexión entre nosotros
disminuye cuando suena Ain't my fault de Zara Larsson y no puedo resistir las
ganas de bailar, pero de bailar de verdad. Tras soltar una risita por el brusco
cambio, me alejo, giro sobre mí misma y muevo mis caderas mientras siento el
chal deslizarse hacia el pliegue de mis codos. Cuando regreso a dónde está,
mantengo la distancia de nuestros cuerpos, pero aún así encontramos la manera
de divertirnos hasta que estamos sudando y decidimos volver a nuestra mesa
para descansar.

No paso por alto la manera en la que Tanner empuja con su hombro a un chico
que intenta acercarse para pedirme bailar de camino a ella. A pesar de que siento
pena por él y en otro momento cuestionaría su actitud, solo aceptando bailar con
un desconocido para traer algo de emoción a su inexpresivo rostro, esta noche
no lo hago. Me limito a pasar por alto todas sus contradicciones y a sentarme
frente a él, maravillada con el humo de colores que ha empezado a llenar el
ambiente desde que empezamos a bailar.

Amo este lugar.

─Avísame cuando estés lista para irte ─comenta, inclinándose hacia adelante
cuando voy por mi cuarto mojito─. O si quieres volver a bailar.

Afirmo.

Antes de que vuelva a presionar su espalda contra su asiento, le hago una


pregunta que ha estado corriendo por mi mente desde hace un tiempo y que
quizás sí me pueda responder.

─¿Qué es lo más importante para ti? ─susurro, siendo un milagro que me haya
oído ya que me mira como si entendiera lo que digo a pesar del ruido─. Si no
es el fútbol o incluso tu carrera, ya que la pusiste en riesgo por mí, ¿qué es lo
más importante para ti?
¿Qué es lo que te tortura?

Tanner traga.

Por un momento pienso que no va a responder, pero eventualmente lo hace.

─No ser como mi padre ─dice─. Mi madre ha sufrido mucho por su culpa y no
necesita sufrir más, así que preferiría morir a herirla como él lo hace.

Mi frente se arruga, pero mi corazón también se ablanda ante este lado humano
de él que no conocía. El que es un hijo capaz de amar porque se nota en sus
palabras cuánto la ama.

─Pero no entiendo, Tanner, eres un prodigio, el hijo perfecto, ¿qué podrías


hacer que la lastimara?

Él traga, llevando su mirada lejos de mí.

Como si no quisiera ser escuchado, responde en voz baja y apenas audible


mientras se echa hacia atrás.

─Abandonarla cuando soy lo único que tiene y el motivo por el que vive
sabiendo que su vida no fue una pérdida de tiempo. ─Tras cerrar los ojos por
un momento, finalmente me mira──. Elegir a alguien más por encima de ella y
de todo lo que cree que está bien. Lo que me hizo creer que estaba bien.

─Tanner...
Se levanta, de nuevo subiendo el muro entre nosotros. Lo imito. No he
terminado mi jarra de mojitos y estoy lejos de haber terminado con esta
conversación, pero cuando él me mira de nuevo, sacando un paquete de mentas
del bolsillo de su chaqueta y llevando una de ellas a sus labios mientras sus ojos
permanecen fijos en los míos, sé que no obtendré más detalles.

La siguiente vez que habla, lo hace lo suficientemente fuerte como para que
pueda escucharlo a pesar del estruendo.

─Vámonos de aquí, Sav, fue una buena noche, pero no durará para siempre.

Ya que no quiero arruinar cuán bien lo hemos pasado discutiendo con él sobre
cosas que no tengo control, como lo que decide compartir de su vida privada y
la hora a la que nos vamos de aquí ya que vine con él, relleno mi vaso y el suyo
sin usar de mojito y los sigo fuera del club, presintiendo que necesitaré alcohol
para soportar los efectos secundarios de haber salido con él. Un minuto después,
descubro que estoy en lo correcto. Porque a pesar de las palabras de Tanner,
cuando llegamos a la calle y su camioneta no está en el sitio en el que la dejamos
me doy cuenta de que esta noche no ha hecho nada más que empezar, pero está
en lo cierto.

Su lado bueno se acabó.

─Mierda ─gruñe luego de que el guardia de seguridad le dice que fue remolcada
por estacionarse en una área de no estacionado, cuya señal fue destruida por un
borracho y su auto más temprano, y no lo consiguieron cuando entraron a
avisarle para que detuviera a la grúa, lo que Tanner confirma buscando la
ubicación de su Raptor en su teléfono.

No puedo evitar reír.


Pero mientras lo hago, las chicas de antes del baño pasan en un brillante
deportivo rojo frente a mí mientras me gritan que tome mis plegarias como diosa
de las zorras y me llenan del agua del charco sobre el que Tanner se estacionó,
lo que se traduce a mí mojada y arruinada de la cabeza a los pies. Cuando me
giró hacia él, son las comisuras de sus labios son las que tiemblan. Si mi atacante
hubiera sido un chico estoy segura de que no habría reaccionado así, pero al
parecer las peleas entre chicas lo entretienen.

Debía haber un gen realmente estúpido en él, pero nunca pensé que fuera ese.

─Llamaré a alguien para que venga por nosotros y te traiga ropa ─dice,
alejándose de mí para llamar, pero en realidad lo que hace es reírse mientras
habla.

Tanto que ni siquiera se entiende lo que dice.

Es la primera vez que lo he oído reír de esa manera y se siente bien pese a que
lo hace de mi desgracia, pero un par de segundos atrás yo lo hacía de la suya,
así que puedo perdonar el motivo tras ello. Cuando regresa, no se molesta en
ocultar su diversión, negando con una sonrisa en su precioso rostro mientras
toma uno de los vasos que sostengo de mi mano derecha y me ayuda a
deshacerme de mi chal para luego prestarme su chaqueta. Al menos cuando
entro en ella, estoy cálida a pesar de que cuando vuelvo a verlo sus ojos están
fríos.

Han venido por nosotros.


Capítulo 28
Jason Glasgow, el CEO de LDSW Inc, la constructora cuyas iniciales de sus
fundadores lleva en su nombre, se me queda viendo fijamente como un
depredador a su presa mientras entro en su oficina y me dirijo a dónde se
encuentra. En lugar de estar sentado tras su escritorio, está apoyado, de pie, en
el lado opuesto, todavía más cerca del sitio en el que se supone que voy a
sentarme. Su cabello es castaño, sus ojos son de un azul cálido y travieso y su
constitución, cubierta por un traje de dos piezas hecho a la medida de su cuerpo,
está bastante bien. Podría haber salido con él.

Si no fuera un acosador y un ladrón, podría haberlo hecho.

─Señorita Campbell ─dice, saboreando mi apellido en su lengua de la misma


manera que lo hizo el día que vine, pero sin reconocerme en lo absoluto como
la chica a la que le robó su diseño.

─Señor Glasgow.

Tras saludarlo, me siento frente a él y cruzo mis piernas, lo que lleva su atención
a ellas.

─Tengo entendido que está aquí por el puesto de asistente.


─Sí, pero solo a media jornada.

A pesar de que solo serán unos días, no dejaré de hacer mi trabajo real por él.

Su frente se arruga ante mi respuesta.

─¿A media jornada? Especifiqué que necesitaba una asistente a tiempo


completo.

─Soy pasante en diseño de interiores durante las tardes. Solo quiero este trabajo
por el dinero. No me interesa ser promovida.

Jason sonríe como si le hubiera algo con qué trabajar.

Un punto de partida para su juego.

─Puedo recompensarla bien si es eficiente con sus obligaciones a jornada


completa.
Me levanto.

─En ese caso, señor Glasgow, creo que no tengo nada que hacer aquí.

Sin esperar una respuesta de su parte, me doy la vuelta. Solo he dado un par de
pasos hacia la puerta, sintiendo sus ojos en mi trasero, cuando su voz me
detiene. Mis labios se curvan lentamente hacia arriba, pero todavía no me giro
para verlo. La bestia dentro de él lo acaba de obligar a aceptar el reto que
representa tenerme.

─Pensándolo mejor, acabo de obtener un buen vistazo a su currículo y está lo


suficientemente calificada como para que pase por alto las horas que no
trabajará.

Soportando las ganas de vomitar o de saltar sobre él e insultarlo, me giro.

─Perfecto.

*****
Jason estuvo tan entusiasmado con mi incorporación a su equipo de trabajo que
él mismo preparó un escritorio junto a su vieja secretaria provisional para que
esta me instruyera rápidamente acerca de mis tareas para que mañana empezara
con ellas cuando viniera, las cuales realmente nunca desempeñaré. Tras fingir
prestarle atención, me dediqué a evaluar a las otras mujeres en mi entorno en
busca de señales de lucir incómodas en su puesto de trabajo. Les pregunté a
todas ellas sobre Jason, si era un buen jefe, y la mitad de ellas me dijeron que sí
con sonrisas maravilladas.

La otra mitad me deseó suerte.

Pero no el tipo de suerte en el sentido de esperar que me fuera bien con él como
secretaria, sino en el sentido de desear que me fuera bien con él como si ya
supieran el tipo de escoria que es. Ya que se trataba de mi primer día y no quería
levantar sospechas, no profundicé en el tema, pero sí almacené en mi mente los
rostros de las trabajadoras que parecían genuinamente afectadas por hablar de
él pese a sus intentos por esconder el efecto que les producía la mención de su
nombre en voz alta ya que Jason sigue siendo su jefe.

Después de que el reloj marca las doce, rechazo su invitación a almorzar y me


voy.

Es jueves, así que conduzco directamente al ático de Tanner. Terminó pasando


la noche en mi apartamento, así que su chófer fue a buscarlo esta mañana para
que se cambiara en su casa antes de ir al trabajo. Mi cuerpo todavía duele por
él, por lo que hicimos anoche, y palpita como si estuviera preparado para recibir
más. Ya en su edificio, me deshago de las lentillas oscuras en mis ojos antes de
bajarme y dirigirme al ascensor que conduce a su ático. Me dio un juego de
llaves anoche para acceder a él directamente sin tener que molestar al conserje,
así que estoy entrando a él en menos de un minuto.

Isla, sosteniendo un sujeta papeles, le da instrucciones en voz alta tanto a los


carpinteros instalando los muebles de la cocina, de madera importada de Italia,
como a los hombres encargados de apresurarse y no cometer el terrible error de
equivocarse porque nuestro cliente es un villano exigente y multimillonario, la
cual es una buena descripción de Tanner, y no es paciente. Mis labios se curvan
hacia arriba al notar que su voz no flaquea mientras lo hace, lo que significa que
su confianza hacia sí misma está creciendo. Una vez termina con ellos,
finalmente se gira y me ve. Sus mejillas enrojecen al darse cuenta de que la
atrapé siendo una versión diferente de sí misma que me agrada.

─Ellos necesitaban un incentivo.

Mis labios se curvan hacia arriba con diversión.

─Eso vi.

Isla, que al parecer no había notado mi cabello hasta ahora, palidece mientras
aprieta el sujeta papeles contra su pecho. Está usando una camisa ancha de
botones que se asemeja a un vestido y zapatillas.

─Pasaste de ser la exótica morena en la portada de Playboy a la rubia inmortal


e inolvidable en la portada de Playboy ─dice, sus ojos sin poder apartarse de mí
como si todavía no lo creyera.

Tras inspeccionar que todo esté yendo bien con la obra, dirijo mis ojos a ella
mientras suspiro.
─Lo odio.

El rubio se ve bien en mí, lo admito, pero me voy a deshacer de él y volveré a


mi color original a penas termine de hacer pagar a Jason por todo lo que
representa. Mientras tanto, soportaré a la voz dentro de mí diciéndome que el
hecho de que mi cabello sea rubio acaba de hacer aún peor la imagen que le
ofrezco al mundo. Sin conocer mi punto de vista, lo cual no hacen, soy la simple
mujer roba maridos que hace hasta lo imposible por llamar la atención del
hombre que quiere, incluso teñirse de un tono similar al de su ex esposa, cuando
esto no lo hice por él.

Lo hice por mí.

Tanner simplemente está ahí.

─Por cierto, Tanner está nadando en la piscina. Ha estado nadando ahí desde
que llegó ─dice Isla─. Sav...

La veo antes de dirigirme a la escalera provisional para acceder al piso superior.

─¿Sí?

Isla me mira con sus grandes ojos marrones como si quisiera decirme algo, pero
luego lo piensa mejor y no lo hace al instante. Sin embargo, cambia de decisión.
Viéndose derrotada y en conflicto consigo misma, finalmente me dice lo que
sea que pasa por su mente.
─Solo ten cuidado ─susurra─. Ryland me dio una breve introducción de su
estado actual y quizás no sea su intención hacerte daño, pero cuando las
personas han sido lastimadas... lastiman. ─Tras decir esto, se da la vuelta y toma
su bolso de la encimera de mármol que ya ha sido instalada en la cocina─. Iré
por comida. Me estoy muriendo de hambre y los obreros también. ¿Quieres que
traiga algo para ustedes?

Afirmo.

─Ensalada para mí y un filete de salmón para Tanner, si no es mucha molestia.

Ignorando su advertencia, la misma que ha hecho eco dentro de mi mente desde


que empezó a insistir en que arreglara su ático y me di cuenta de que Pauline no
tenía ni idea de su existencia, me quito los zapatos para poder escalar hacia el
piso superior y camino descalza a través de este mientras saludo a los hombre
que han empezado a hacer sus divisiones para las habitaciones. La pared al final
está completamente hecha de cristal y da con una terraza en la que se encuentra
una piscina lo suficientemente grande como para pensar que su elaboración no
sería posible en otro sito que no fuera el suelo. El piso alrededor de ella es de
tablones de madera oscura. Las barandillas a su alrededor son de cristal.

Tanner nada dentro de ella de un extremo a otro, lo que me permite tener un


vistazo de los músculos de sus brazos en acción. Mi ropa interior se humedece
al recordar la manera en la que fueron capaces de sujetarme mientras me follaba
contra la puerta principal de mi casa, ya que no fue capaz de esperar llegar a mi
cama o al menos a la cocina. Siempre he sentido fascinación por ellos, lo cual
empezó cuando lo vi jugar en vivo para los Longhorns. Envidiaba tanto al balón
de fútbol americano que atajaba en cada partido en ese entonces por poder estar
en sus manos y yo no. A Pauline, también.
Me siento en el borde, sumergiendo mis pies en ella, y arremango mi camisa.

Pasan alrededor de cinco minutos en los que simplemente me deleito viéndolo.

Eventualmente se dirige a mí y se sostiene del borde mientras me mira, gotas


de agua descendiendo por su malhumorado rostro de mirada intensa y profunda.
Su pálida piel brilla bajo los efectos de la luz del sol y sus mejillas siguen
rosadas debido a nuestro viaje a Corpus Christi. Sin poder soportar la presión
en mí del tirón que me exige hacerlo, me inclino hacia adelante y presiono mis
labios contra los suyos. Tanner me devuelve el beso, sujetando uno de los
mechones de mi cabello entre una de sus manos cuando intento separarme,
manteniéndome cerca.

─Prométeme que te lo quitarás cuando todo esto termine.

Lo haré, pero no tiene que saberlo, al menos no por ahora, así que niego mientras
desabrocho los botones de mi camisa uno por uno.

─Los hombres me encuentran más atractiva así.

Suelta un sonido profundo con su garganta que suena a una clara advertencia.

─Savannah...

─Jason no dejaba de ver mi cabello ─susurro contra sus labios, ahora


deshaciéndome de mi falda y amando la manera en la que mi estómago se
contrae con anticipación con cada una de mis palabras, haciéndome sentir hueca
por dentro porque él no está llenándome y quiero que lo haga ahora, en este
preciso instante, sin importar que no estemos solos─. Ni mi culo o mis tetas.
Probablemente no dejaba de pensar en acabar sobre ellas. ¿Crees que debería
dejarlo hacerlo para lograr mi venganza?

Al igual que yo adoro su rostro, sus brazos y su pene, Tanner tiene una fijación
especial con mis pechos. Me di cuenta cuando pasó dos tercios de nuestro
tiempo juntos adorándolos, por lo que hoy están llenos de marcas de succión y
mordiscos. Sensibles de una manera que hizo insoportable el roce de mi
sujetador contra ellos. A penas las palabras salen de mi boca, momento en el
que quedo en ropa interior, agradeciendo ser amante de la lencería bonita, me
arrastra hacia él y no me quejo por ello ya que estaba deseando que eso
sucediera.

El agua se siente fría contra mi piel desnuda, pero estoy tan caliente que la única
razón por la que tiemblo es por cómo Tanner me intimida una vez estoy dentro
de la piscina, presionando su cuerpo contra el mío con fuerza mientras devora
mi boca con la suya y nos arrastra a la zona no profunda. Se detiene cuando sus
pies tocan el fondo, pero el agua todavía nos cubre, y en lugar de presionar mi
espalda contra el borde, me sorprende poniéndome frente a él de tal manera que
soy capaz de ver a las personas trabajando en el interior de la construcción a
unos diez o quince metros de nosotros.

Si giran hacia aquí, sabrán lo que está sucediendo.

Eso no impide que suelte un gemido cuando hace a un lado mi ropa interior y
entra en mí, estirando y raspando mi carne con brusquedad mientras me apoyo
en el borde para no ahogarme. Mi cabello mojado entorpece mi visión, pero no
puedo dejar de pensar en que alguien podría vernos y sentir miedo o más bien
todo lo contrario a él debido a que hay cierta emoción en ser descubierta
llevando a cabo actos que no debería estar haciendo que siempre me ha robado
la cordura.
─¿Alguien además de mí te ha tomado así, Savannah? ─gruñe contra mi oído,
apretando mis pezones con fuerza entre sus dedos, estirándolos y
retorciéndolos, hasta que empujo mi cuerpo hacia él para sentir el dolor de su
intromisión en mí tan fuerte como el que ocasiona en mis tetas. El placer que
viene con él ya que su atención sobre mí es un castigo agridulce que conlleva
una adictiva mezcla de placer y dolor. Tiemblo cuando dirige su manos a mi
cintura, su boca todavía junto a mi oído, lo que solo significa que está a punto
de ser más duro─. Respóndeme con palabras. No con tu cuerpo.

Lo hago cuando deposita gran parte de su peso contra mi espalda y me insta a


ladear la cabeza para verlo. Sus ojos oscuros brillan con malicia, como siempre,
pero ahora contienen cierto grado de perversión que hace que junte mis muslos,
pero mantenga separadas mis piernas porque él está entre ellas. Su mandíbula
está apretada y su ceño está fruncido mientras espera una respuesta de mi parte.

Estoy tan débil que no tengo fuerzas para mentir.

Pero no tan débil como para no querer provocarlo un poco más.

─Bueno, Weston estuvo cerca de... Tanner, no, por favor ─ruego cuando lleva
su mano a mi centro, sumergiéndola en mi ropa interior, y pellizca mi clítoris,
haciéndome llorar─. No, nadie lo ha hecho. Nadie me ha tomado como tú, pero
podría dejar que lo intentaran si no me das lo que quiero ─susurro, soltando otro
gemido cuando vuelve a arremeter contra mí tras soltar mi pequeño nudo de
nervios y enreda sus dedos en el cabello que odia, probablemente porque le
recuerda a Pauline, y me besa.

Me besa de la manera más sucia, ruda y políticamente incorrecta que existe.


Sumerge su lengua en mi boca y mordisquea mis labios cada tanto,
permitiéndome recuperar el aliento ya que en ningún momento me deja olvidar
que está dentro de mí, hasta que no puedo pensar en nada más que sea él y
empiezo a gemir como si atuviéramos a solas, lo cual llena su expresión de
oscura satisfacción.

Si nos besáramos así en un programa de televisión para audiencia joven, incluso


sin tener sexo, nos cancelarían.

Sin dejarme apartar de él cuando suelto una serie de jadeos sin control, Tanner
se entierra profundamente en mí, presionándome contra el borde, mientras se
viene en mi interior y yo también lo hago, con tanta fuerza y violencia que tiene
que apretar su mano contra mí para callarme, la cual muerdo, al sentir es espeso
ardor de su semen derramándose en mi interior.

Es entonces cuando me doy cuenta.

Tanner no se aparta de mí en su totalidad, pero una vez vuelve a abrir sus ojos
tras su orgasmo, me concede cierto espacio. Lo suficiente para girarme dentro
del agua y mirarlo fijamente, acusación en mi tono de voz mientras hablo. Tanto
hacia él como hacia mí misma.

─No usamos condón.

Sus ojos se pone en blanco mientras ajusta su traje de baño.

¿Cómo es que tiene un traje de baño aquí?

¿Vino pensando en nadar?

Me cuesta creer que lo hiciera cuando tiene una piscina en su casa.


─Me di cuenta, ¿tú no?

─No, o sea, sí, pero... ─Mis mejillas se sonrojan─. No sé cómo lo pasé por alto.

Tanner se encoje de hombros, preparándose para volver a nadar como si no


hubiera acabado de destrozarme para otros hombres un poco más.

─No tengo pensado follar a nadie más, Savannah ─dice─. Y tú tampoco.

Estoy en control de la natalidad, así que no me preocupa quedar embarazada,


pero sí el hecho de que alguno de los dos pueda tener una ETS a pesar de que
sé que no la tengo porque asisto regularmente a mi ginecólogo y me hago
exámenes. Es algo con lo que he sido paranoica desde que empecé a tener
relaciones sexuales, así que no puedo evitar estar aturdida mientras salgo del
agua y me visto de la misma manera en la que me desnudé. Sentada en el borde
para evitar llamar la atención de las personas dentro del penthouse.

Personas a las que no sé cómo miraré a la cara luego del espectáculo que
ofrecimos, pero del que no me arrepiento aunque sí lo hago de haber sido tan
descuidada. Ahora deberé hacerme un test de enfermedades de transmisión
sexual antes de que algo entre los dos vuelva a suceder de nuevo.

Puedes estar con el hombre que quieras, incluso el amor de tu vida, pero no ser
irresponsable con tu cuerpo de esa manera.

─¿Savannah?
Tras abrochar el último de mis botones, alzo la vista hacia él.

─¿Sí?

─¿Qué está mal? ─pregunta, saliendo del agua con suma facilidad, usando sus
brazos y no la escalera, y sentándose junto a mí─. ¿Te lastimé?

Mi pecho se oprime ante su pregunta.

No, no lo hiciste, pero eso no significa que no puedas hacerlo.

Profunda y mortalmente esta vez.

─No, pero esta fue la primera vez que estuve con alguien sin un condón
─murmuro─. Lo cual ni siquiera disfruté porque estaba demasiado ocupada...
Dios, ni siquiera lo sé. No sé en qué pensaba, Tanner.

─¿No disfrutaste sentirme sin condón porque estabas muy ocupada disfrutando
que te follara sin condón? ─pregunta, una sonrisa arrogante, pero a la vez cálida,
en su rostro.

Mi barbilla tiembla.

No encuentro esto divertido.


─No quiero que pienses que follo a todos sin condón. Estoy limpia y espero que
tú también.

Su mirada no pierde suavidad ante mis palabras, pero su rostro se torna serio.
Sospecho que se ha dado cuenta de cuánto me afecta esto.

─Te creo, pero puedo hacerme un test por ti si eso te haría sentir mejor.

Aunque las razón tras ello es estúpido porque a ninguna chica le debería
conmover que su pareja sea sexualmente responsable, sino que más bien debería
ser una exigencia ante cualquier relación que involucre sexo y descarte los
condones, el hecho de que sea él mismo quién se ofrezca hace ver su gesto
tierno.

─¿En serio?

Afirma.

─Podríamos ir ahora si quieres.

─Me gustaría.

De lo contrario pasaré la noche pensando en una ETS en lugar de dormir y ahora


mismo necesito estar concentrada en obtener el crédito sobre la elaboración de
la nueva sede de los Rangers que merezco. Tras ponerse de pie, Tanner extiende
su mano hacia mí y me ayuda a levantarme. Sonrío cuando va por mis zapatos,
los cuales dejé sobre una de las tumbonas, y me los trae para que me los ponga,
lo cual no hago ya que debo bajar la improvisada escalera hasta la sala. Le dije
a Tanner que no trabajaría los viernes con él, pero mañana vendré a supervisar
la instalación de una escalera de cristal. Ya que no quiero que sepa que lo haré
porque significará que de todas formas ganó la pelea para que viniera más de
tres días a la semana, no tengo pensado decírselo.

De camino a ella, sin embargo, me detengo cuando identifico la forma de una


maleta en una de las pocas zonas sin polvo de construcción del piso.

Alejándome de él, camino hacia ella mientras formo una teoría.

─¿Estás viviendo aquí? ─le pregunto, visualizando la caja de un colchón


inflable en una esquina y una plancha de ropa a vapor con una estructura para
sujetar las prendas mientras las alisas junto a ella.

Tanner responde tras de mí, una toalla enrollada alrededor de su cuello, todavía
en traje de baño.

─Solo para dormir. Me ducho en la oficina.

─¿Desde cuándo?

─Desde hace un par de días. La única razón por la que me gusta esa casa ahora
es porque tú la hiciste, pero ya no me siento cómodo viviendo ahí. Estoy
esperando el permiso para demolerla.

Algo dentro de mí duele por él, por la manera en la que se ha reducido a esto su
vida perfecta y planificada, por más absurdo que sea que lo haga ya que estoy
sacando provecho de ello y Tanner podría alquilar un departamento o vivir en
la suite de un hotel por años si le diera la gana. Pero sé que aunque me lastime
admitirlo, realmente aspiraba a tener una vida con Pauline, así que todo el
tiempo y la dedicación invertido en ello le debe estar escociendo de la misma
manera que me afectó terminar con cualquiera de los novios que he tenido en
un patético intento por olvidarlo desde que lo conocí.

O inclusive peor.

Yo no tenía pensado establecerme con ninguno de ellos de manera definitiva,


pero Tanner no solo soñaba con tener hijos con ella, iba a tenerlos. Ninguno de
los dos tiene el poder o el derecho de juzgar a Pauline por lo que hizo, pero eso
no significa que no le haya dolido cuando presiento que se muere por formar su
propia familia . Estoy segura de que incluso si la quisiera como todo este tiempo
dio a entender que lo hacía, su desilusión es lo que lo está matando.

La posible decepción que siente hacia sí mismo por haberse equivocado.

─Lo siento ─susurro, de pie frente a él, acariciando su mejilla y su cabello


mojado con una de mis manos, apreciando la suavidad de su piel.

No estamos a solas, pero se siente como si lo estuviéramos.

No me extraña.

Siempre se ha sentido como si fuéramos nosotros dos en el mundo y nadie más.

─No importa ─responde, su nariz presionada contra la mía, así que respiramos
el aire que el otro exhala y nunca lo he sentido más cerca de mí, ni siquiera
cuando estábamos teniendo sexo, que ahora.

─No, sí lo hace. ─Aparto el cabello de su frente, el cual hacía que cayeran


pequeñas gotas de agua sobre mi pecho─. Pero un día dejará de dolerte y
entonces podrás volver a planificar tu futuro perfecto con alguien más habiendo
aprendido de los errores que cometiste. No es del todo una pérdida, Tanner. Un
día serás el hombre ideal para el amor de tu vida gracias a todo por lo que has
pasado y has experimentado.

Tanner traga, escuchándome, y asiente una vez termino de hablar. Ya que sé


que no sabe cómo responder a lo que acabo de decir porque no asumí que sería
yo la persona con la que volvería a planificar su vida, lo cual no sabría decir ya
que el futuro siempre es incierto y más en lo que se refiere a nosotros, me pongo
de puntitas y lo beso, apenas un roce de mis labios contra los suyos, antes de
separarme de él y dirigirme su maleta en búsqueda de algo con lo que cubrir su
pecho o de lo contrario seguiremos atemorizando a nuestro personal. Los ojos
de Tanner me sonríen cuando le lanzo una camisa blanca que pone sobre sus
hombros sin abotonar. No paso por desapercibido el que no esté
estremeciéndose o luzca incómodo con llevarla cuando la tela blanca está llena
de arrugas.

En realidad, las arrugas parecen ser lo último que pasa por su mente mientras
me ve.
Capítulo 29
Mi corazón se acelera y no de una buena manera cuando visualizo el cabello
rubio de Weston, seguido del cabello rubio de Pauline y el negro del uno de los
compañeros de Tanner, Freck. Los ojos verdes de Weston se mantienen serios
e indiferentes mientras se baja del auto, un Prius blanco, y se acerca a nosotros,
pero las Pupilas de Pauline se dilatan al notar la chaqueta de Tanner sobre mis
hombros, haciéndome sentir ganas instantáneas quitármela.

El efecto de todo lo bueno que pudo haber ocurrido hoy se desvanece.

─Hola ─susurro, siendo una niña descubierta con las manos en el tarro de
galletas cuando se suponía que no debía comer más otra vez.

Ella lleva un vestido rosa suave con bordados de aspecto viejo en las mangas
y zapatillas de bailarina, su cabello rubio atado en un moño en la cima de su
cabeza. Al detenerse frente a nosotros, se pone de puntillas y besa a su novio
en los labios, rodeando su cuello con sus brazos. Tanner se deja hacer, pero no
paso por desapercibido el hecho de que no la estrecha o la alza como
usualmente haría. Mientras esto sucede, Weston, en bermudas y camisa de
botones con mocasines, es el primero de ellos en romper el silencio con
palabras cuando nos alcanza.

─Estaba en la cocina de la fraternidad cuando Tanner llamó a Freck. Es tarde,


así que me ofrecí a acompañarlo ─dice metiéndose las manos en el bolsillo con
aire despreocupado, pero estoy tan ocupada sobreviviendo a la situación actual
que no le presto atención a la razón por la que vino.
Sus ojos, enfocados en mí, se ven ligeramente decepcionados.

No, no ligeramente.

Completamente.

─Estaba buscándote en la hermandad cuando los oí hablar ─explica ella.

Tanner mira a Freck, quién siempre se ha caracterizado por ser silencio, y este
se limita a tenderme una muda de ropa y zapatos. Ignorando el tirón en mi
pecho al ver cómo Pauline se acurruca contra el pecho de su novio de la misma
manera que yo lo hice mientras bailábamos, camino hacia él y acepto el
conjunto deportivo que me ofrece, el cual me pertenece.

Me estoy dando la vuelta cuando me doy cuenta de algo.

Estuve frente a Tanner mientras hablaba y él nunca mencionó mi nombre. No


ha tocado su teléfono desde entonces, por lo que Pauline debió haber supuesto
por sí sola que la ropa era para mí. Ella o Weston, ya que tengo la sospecha de
que Freck, si Tanner lo llamó a él, no hablaría. Me giro por unos segundos
para verlos y cuando me encuentro con su rostro redondo y dulce, ella me
sonríe con calidez por unos segundos, pero sus ojos no lo hacen, antes de
regresar toda su atención a su novio.

─Si estamos aquí, Tanner, ¿por qué no bailamos un poco antes de irnos? ─la
escucho preguntarle cuando me giro para entrar, su tono de voz insistente.

─No, Pauline. Estoy cansado.

─Pero...

Su respuesta es cortada con el ruido de la música. Entro al baño y me cambio


rápidamente. Ya lista, salgo del club sin poder creer que hace un instante
estaba divirtiéndome tanto. Es como si me hubieran arrojado un balde con agua
fría. Si fuera un poco más débil, lloraría. En su lugar me siento en las piernas
de Weston en el asiento copiloto porque no soportaría estar junto a Pauline. El
rubio sigue viéndose enojado conmigo, por lo que no le dirijo la palabra.

También estoy enojada conmigo misma.

Lo curioso es que lo que me enoja es no estarlo, lo cual debería ya que después


de que Tanner me ayudó con la maqueta, me dejé llevar por los impulsos que
se supone que debería apagar. Que iba a apagar y estaba logrando hacerlo con
Weston hasta que apareció en mi puerta por segunda vez para ayudarme con
mi proyecto para el concurso, pasando horas y horas recortando en el piso
como un niño de preescolar.

Mientras Freck conduce de regreso al campus, le echo un vistazo por el


retrovisor esperando verlo acurrucado con Pauline, pero este está con la
mirada fija en la ventana, ignorándola. Contempla Austin con aire ausente.
Probablemente esperará hasta mañana para recoger su camioneta. Me tenso
en el regazo de Weston cuando Tanner percibe mi mirada sobre él y gira su
rostro para devolvérmela, pero Pauline vuelve a hablarle y agacha la cabeza
para contemplarla. Dejo de verlo definitivamente cuando sonríe ante lo que
dice.

Me encorvo sobre mí misma.

Acaban de darme un puñetazo directamente en el estómago, asesinando todas


las mariposas que volaban en él hasta que llegaron por nosotros.

─¿Te divertiste? ─susurra Weston en mi oído, rodeándome con sus brazos─.


Al menos dime que valió la pena herirte así, Sav.

No le respondo, limitándome a cerrar los ojos por el resto del viaje y a


concentrarme en cuán bien huele. De todos modos, estoy segura de que él
tampoco esperaba una respuesta.

*****

Cuando llegamos al estacionamiento de mi edificio, Freck acelera su auto como


si estuviera deseando deshacerse de nosotros. No lo culpo. La tensión en su
interior podía cortarse con una tijera. Pauline y Tanner caminan frente a
nosotros, West y yo detrás. Una vez se dio cuenta de que Tanner tenía pensado
quedarse, él me preguntó si podía hacer lo mismo.

Le dije que sí.

─Tendremos noche de películas, ¿no es así? ─pregunta Pauline mientras salta


de camino al ascensor con sus dedos entrelazados con los de Tanner, quién
abandona su estado ausente para mirarla con el ceño fruncido, solo por unos
segundos, antes de echarnos un vistazo de reojo a Weston y a mí y dedicarle
una de sus amplias sonrisas de príncipe encantador.

Sonrisas que solo tiene para ella.

─Claro que sí, nena. Lo que quieras.

Me trago la bilis.

─¿Quieres que ordene comida? ─pregunta Weston, unos segundos más tarde,
mientras subimos por el ascensor y su pecho se encuentra en contacto con mi
espalda debido a que hay muy poco espacio para Tanner, Pauline y yo entre
las paredes de acero y estamos amontonados─. ¿Pizza?

Niego.

Tengo náuseas y la comida solo lo empeorará.

─Podemos hacer palomitas.


No puedo evitarlo. Aprieto los dientes y veo a Pauline como si la odiara, lo cual
no hago, pero en estos momentos podría decir que sí ya que la parte de mí que
todos tenemos, solo que en proporciones diferentes, a la que no le importa los
demás y me exige continuamente que tome lo que quiero sin pensar en el daño
que eso pueda ocasionar, incluso a mí misma, la detesta y desea que jamás
hubiera salido de su estúpido pueblo.

Me dice que si ella no hubiera venido nunca a Austin, mi camino en algún


momento se habría cruzado con el de Tanner en el campus y estaríamos juntos.

─Detesto las palomitas ─digo, trayendo la atención de tres pares de ojos


confundidos a mí─. Son asquerosas, llenas de sal y mantequilla. Malas para al
organismo sin que te des cuenta de que lo son porque todo el mundo piensa que
son buenas por el maíz, pero la triste realidad es que la sal y el aceite saturado
que colocamos sobre ellas son las principales causas de hipertensión y aunque
las comes creyendo que no son dañinas por sus pocas calorías, te matan a largo
plazo.

Eso me lo dijo Tabatha cuando me vio comiendo palomitas en el gimnasio entre


nuestros entrenamientos, información que no sabía que seguía en mi cerebro
hasta ahora. Cuando termino de hablar, los tres se ven como si no supieran qué
decir. Pauline simplemente parpadea en mi dirección. Weston me aprieta entre
sus brazos y Tanner solo me observa.

─¿Desde cuándo? ─pregunta él, un brillo peligroso y sádico en sus ojos que
me empuja más hacia esa zona oscura en mí que mencioné antes─. Cuando
fuimos a Corpus me dijiste que te gustaban.
Mis mejillas se sonrojan.

─A partir de ese viaje las odio.

Pauline arruga la frente, sin entender nada de lo que está pasando, y


afortunadamente las puertas del asesor se abren antes de que me delate a mí
misma. Acelero el paso para ser yo quién entre primero a nuestro dormitorio,
por lo que podré distraerme y tranquilizarme abriendo la puerta de este, lo cual
hago con manos temblorosas. Ya en su interior, tras encender la luz y dejar mi
ropa en la cesta de ropa para lavar, la poca contención que tenía se desvanece
cuando fijo mis ojos en mi maqueta y me doy cuenta de que una de sus esquinas
ha desaparecido.

Al ver el suelo, veo su trozo junto a una de las patas de la mesa que la sostiene.

─Lo siento, Sav ─dice Pauline a mis espaldas─. Cuando llegué estaba oscuro
y no me di cuenta, además de que iba de prisa para recoger tu ropa e irnos a
buscarlos, pero puedes arreglarlo, ¿no?

Tras dirigirme a mi armario e ir por mi pijama, paso junto a ella y respondo.

─Sí.

Tanner traga mientras la mira como si quisiera matarla.

Pero no me quedo para escuchar lo que sea que tenga que decirle. En su lugar
me encierro en el baño para deshacerme del agua sucia de la calle. Las
personas que me conocen de Houston no me reconocerían si me vieran
intimidada o afectada por alguien como ella, así que le hago honor a mi yo de
la preparatoria entrando en el pijama más pequeño y ajustado, poca cantidad
de terciopelo rojo y poco encaje negro con brillos, tras ducharme. Antes de
salir, peino mi cabello mojado, hago que mis pestañas luzcan más abundantes
con rímel y pellizco mis labios y mejillas.

Yo también puedo jugar a ser ingenua.

A pretender que su novio no me desea.

Sin embargo, mi ira flaquea momentáneamente cuando veo a Tanner, ahora sin
camisa, arrodillado frente a la mesa con mi proyecto mientras lo arregla con
pegamento. Weston está usando su teléfono sobre mi cama y lo deja de lado
cuando me ve, sus cejas alzadas. Pauline está ajustando nuestro televisor para
sincronizarlo con su cuenta de Netflix, ajena a nosotros.

Sin embargo, esta vez no me dejo llevar por mis impulsos.

Me acerco intencional, pero sutilmente, a Tanner antes de sentarme en el


regazo de Weston.

Él se tensa al sentir mis dedos acariciar su espalda y mi cuerpo rozando su


brazo, pero no hace más que dirigirnos una larga y molesta mirada antes de
seguir arreglando lo que su novia rompió. Una vez termina, se sienta junto a
ella en su cama y esperamos que la película que Pauline escogió empiece.
Suelto un suspiro al ver la introducción de un romance.

─Podemos salir de aquí si quieres ─susurra Weston en mi oído, a lo que giro


el rostro hacia él.

─Estás actuando extraño.


Alza las cejas, lo cual puedo ver por el resplandor del televisor debido a que
las luces están apagadas. Trago cuando escucho sonidos de besuqueo junto a
nosotros. Al parecer no soy la única que considera que un típico romance es
aburrido para una noche del jueves.

─¿Yo? ─Afirmo─. ¿Quién fue el que tuvo un ataque en el ascensor?

Mis mejillas se sonrojan.

─West...

─Sé en lo que me metí, Sav ─murmura─. Pero no me puedes reprender por


sentirme molesto cuando descubro que la chica que estoy cortejando está con
su amor platónico prohibido en un club. ─Colocas su dedo bajo mi barbilla,
así que me giro hacia él para que podamos hablar mejor. Nos cubro con una
manta, también. No estoy interesada en ver nuevamente a Tanner con Pauline.
Al parecer todo este tiempo que pasé separados de ambos no les enseñó nada
sobre no tener sexo junto a mí, pero esta vez no estoy sola y tengo con qué
vengarme─. ¿Por qué no me pediste ayuda para el concurso? No entiendo.
Podría haber sido yo y no él.

En la oscuridad, me estremezco.

Tanner y Weston son parecidos en muchos sentidos, los dos dominantes a su


manera ya que mientras con Tanner solo tienes la opción de seguir sus reglas,
Weston logra lo que quiere con gentileza, carisma y su dinero, pero al final del
día ambos son competitivos y ególatras.
Es como estar dentro del juego de dos conquistadores.

Ser su premio.

─Yo no se la pedí, él se ofreció.

─¿Y por qué crees que lo hizo? ─pregunta─. ¿Por amabilidad?

Me estremezco.

─West...

─No, él lo hizo para poder estar cerca de ti ─suelta, desprecio en su tono de


voz─. Para tomar una porción del pastel que tanto ansía. ─Me acuesto en la
cama cuando me empuja hacia atrás para posicionarse sobre mí. Escucho
gemir a Pauline, así que dejo que se sitúe entre mis piernas. Mi sangre hierve
entonces por dos razones: por ellos y por West. Porque los escucho, lo que me
lastima, y porque quiero que me escuchen a cambio. Quiero que ambos sepan
que estoy aquí y que no soy invisible, ya no más─. Pero estoy a punto de
devorarlo frente a sus malditos ojos.

Weston habla demasiado, así que rodeo su cuello con mis brazos y alzo la
pelvis, frotándome contra él de una manera que lo hace jadear. Antes de
mudarme solía invitar a algunos chicos a mi habitación cuando Pauline no
estaba, así que escondía condones entre mi colchón y la cama. Suspiro con
alivio cuando encuentro un paquete al extender la mano mientras Weston me
besa y frota la suya contra mi centro, por encima de la tela de mi pijama y su
costura, calentándome y preparándome para él. Poniéndome más húmeda de
lo que ya estoy ante la idea de hacerlos pagar con la misma moneda todo lo
que yo he sentido. Lo que sentí cuando la vi besarlo frente a la discoteca.
Aunque ni siquiera los moleste, fantaseo con que sí. Su boca baja a mi cuello
mientras desabrocho su cinturón y bajo su ropa lo suficiente.

Casi por un instante olvido que tenemos compañía.

Pero dentro de mi retorcida mente masoquista, la compañía también me excita.

─Tanner, me duele ─jadea Pauline, sonando molesta─. No me gusta que seas


tan brusco.

Lo escucho gruñir a él en respuesta, pero luego solo hay gemidos, por lo que
sospecho que debió haber disminuido la intensidad de lo que sea que esté
haciendo. No me contengo y suelto un chillido cuando Weston entra en mí
después de que se coloca el condón que le doy. Con ambas manos apoyadas
lado a lado de mi cabeza, me folla suave y profundamente. Tanto que me
desespera y termino enredando mis piernas en su cintura para atraerlo más a
mí.

─Me gusta cuando duele ─susurro contra sus labios.

─¿Qué más te gusta, nena?

─Me gusta que me hagas daño.

Lo hace yendo más fuerte la próxima vez.

Grito y arqueo la espalda en respuesta.


─¿Otra cosa?

─Me gusta que seas grande ─ronroneo─. El mejor que he tenido.

Weston me complace yendo más rápido, siendo más brusco ante mis palabras,
las cuales estoy segura que deshacen sus inseguridades. En la otra cama se
escucha el sonido de un golpe y a Pauline gritar. Ruedo los ojos con placer,
gimiendo, cuando Weston acaricia mi clítoris de arriba abajo y en círculos con
sus dedos. Cinco segundos después, estoy acabada, pero él sigue usando mi
cuerpo, proporcionándome orgasmos, por más de veinte minutos. Tanner y
Pauline no han terminado para ese entonces, pero estoy tan agotada que ni
siquiera los escucho mientras me acurruco en su costado y cierro los ojos.

Sin embargo, la voz de Weston hace que los abra de nuevo.

─Tanner, puedo decirle a mi padre que llame al alcalde de Austin para que
liberen tu camioneta. Es un viejo amigo de la familia y estoy seguro de que no
le molestaría hacerme un favor, incluso a esta hora ─dice con voz ronca y
cuando llevo mis labios a su rostro siento la forma de su sonrisa ya que alguien,
Pauline o Tanner, apagó el tv y no puedo verlo ya.

─No es necesario ─responde él─. El gobernador es un fanático.

Weston separa los labios para responderle, pero llevo mi mano a su pene, el
cual no está del todo dormido todavía y me monto sobre él para el segundo
round antes de que arruine su imagen ante mis ojos todavía más.
*****

Al día siguiente me levanto con el olor a huevos revueltos flotando en toda la


habitación. Tras estirarme en la cama, consciente de que la noche anterior no
encendí mis velas aromáticas y lamentándolo a penas su aroma no está en el
inicio de mi nuevo día, me levanto y me dirijo a nuestra pequeña cocina
improvisada. Trago y vuelvo a la cama cuando veo a Weston en la estufa, sin
camisa y en ropa interior, y a Tanner de la misma manera exprimiendo
naranjas para hacer jugo casero.

Pauline está despertándose, también, viéndose igual de aturdida que yo.

─Buenos días ─susurra, observando hacia mí antes de dirigir sus ojos a los dos
dioses en nuestra habitación y babear de la misma manera en la que yo lo hice.

─Buenos días ─responde Tanner mientras lleva un plato con tostadas, huevos
y tocino a su cama, besándola en los labios mientras se inclina sobre ella.

Nuevamente una mano invisible me golpea al verlos, pero Weston está ahí para
distraerme.

─Buenos días, Sav, ¿dormiste bien, princesa?

─Sí, Weston, gracias por ser tan dulce.

─A ti por existir.

Lo beso fugazmente cuando me tiende un platillo con lo mismo que Tanner le


dio a Pauline, pero con una florecita en él. No puedo evitar sonreír mientras la
tomo y la coloco en mi oreja. En lugar de apartarse e ir por mi jugo, se sienta
junto a mí y comienza a alimentarme mientras me contempla con una sonrisa.
Sin embargo, no separo los labios cuando me ofrece tocino.

─Savannah odia el tocino ─dice Tanner deliberadamente, acercándose a mí


con un vaso de jugo de naranja, pero evitando mis ojos, probablemente debido
a lo que ocurrió anoche. Me estremezco cuando lo pruebo y compruebo que no
lleva azúcar. Tampoco me gusta el jugo de naranja con azúcar. No tengo ni
idea de cómo lo sabe ya que no ando por la vida diciéndoselo a todos─. Por
cierto, debemos alistarnos ya. La exhibición comienza en una hora. Los chicos
del equipo vendrán a ayudarme a bajar la maqueta y a llevarla por el campus.
Si la montamos en mi camioneta o en cualquier auto podría romperse y no
correré ese riesgo. ─Mira a Pauline con acusación─. Trabajamos demasiado
en ello como para perder todo nuestro esfuerzo ahora.

A pesar de todo lo que pasó ayer, no puedo evitar ablandarme ante lo que dice.

Nunca puedo.

─Tanner, no es necesario ─susurro─. Ya has hecho bastante.

─Sí ─concuerda Pauline, lo que hace que lleve mis ojos a ella con sorpresa─.
Savannah ahora tiene a Weston. Él puede ayudarla. ─Me sonríe con
complicidad, como si me estuviera haciendo un favor cuando la realidad es que
lo que pasa entre su novio y yo no es su asunto, pero sí lo es, pero lo siento
como si no y al parecer Tanner también ya que la ve como si quisiera matarla
y ya esta es la segunda vez─. Todavía puedes exigirle a los chicos que los
ayuden, pero no quiero que te separes de mí hoy. ─Se pone de pie llevando
puesta la camisa de Tanner y entrelaza sus dedos con los suyos, los de ambas
manos─. Tenemos mucho tiempo perdido que recuperar y no me molesta faltar
a clase hoy, lo que al parecer a ti tampoco ya que tenías pensado acompañar a
Savannah a esa aburrida exposición. Todos saben que ganará. ─Me mira─.
Siempre lo hace.

No, no siempre.

─No ─responde Tanner, presionando sus labios contra su frente─. Iremos


todos.

Trago.

─No sé si...

─Me parece perfecto ─añade West, no sin cierto deje de sarcasmo en su tono
de voz todavía soñoliento─. Luego podremos tener una cita doble para el
almuerzo. Reservaré en el nuevo restaurante francés de la ciudad.

─No, yo lo haré ─gruñe Tanner.

West pone los ojos en blanco.

Me besa una última vez antes de levantarse.

─Bien. Vámonos o llegaremos tarde.

─¿Vámonos? ─pregunto, ya que le está hablando a Tanner y no a mí.


─¿Weston no te lo dijo? ─pregunta Pauline, sonriendo─. West está en Maleeh.

Maleeh es la fraternidad de Tanner.

Lo miro.

No me sorprende que Weston esté ahí ya que es una de las mejores de la


Universidad de Texas, lo que me sorprende es que Tanner lo haya aceptado.
Sin su firma, la del presidente, Weston no habría entrado. Tras ignorar mi
mirada como lo ha hecho desde que me levanté, se viste y ambos salen sin
camisa, ya que yo también llevo la de Weston y Tanner no usaría una prenda
arrugada, de nuestro dormitorio. Es tan extraño ver a Tanner y a West
interactuar que no puedo evitar pensar que ambos están usando la misma
estrategia: la de mantener a tus amigos cerca y a tus enemigos aún más cerca.
Dejándome de lado ya que no tengo ni idea de lo que ninguno de los dos siente
por mí en realidad, es más que obvio que se detestan y no pueden coexistir en
paz, por lo que no puedo creer que se hayan hecho amigos mientras dormía o
hacían el desayuno.

Algo están tramando.

Después de que cierran la puerta tras ellos, Pauline chilla como una
adolescente enamorada mientras cae de espaldas sobre su cama, rebotando, y
hace bailar sus pies. Una parte de mí se siente mal por todo lo que pensé sobre
ella ayer, pero la otra sigue sin soportarla después de haber pasado unos días
sin tener que verla en lo absoluto. Siempre he apreciado mi soledad por esta
precisa razón. No soy buena compartiendo la atención. No soy buena al no
obtener lo que quiero. Mis padres me hicieron competitiva y la sociedad me
ensució con codicia, avaricia, envidia y todas las emociones negativas
asociadas a ser la mejor siempre.
─Estoy tan enamorada de él que duele, ¿me entiendes? ─pregunta mientras
gira su cabeza hacia mí para verme─. ¿Te ha pasado con algún chico,
Savannah? ¿Quererlo de esa manera? ¿Tanto que sientes tu corazón envuelto
en una mano que lo acaricia y lo aprieta a su placer?

Sí.

─No. No me ha pasado ─miento, aunque esa es la descripción exacta de lo que


siento por su novio, al menos en los días buenos.

En los malos es como un huracán que tarde o temprano me devastará.


Capítulo 30
Tanner y yo fuimos a hacernos un test completo de ETS al hospital, con prueba
para VIH y otros tipos de exámenes para otras enfermedades cuyos resultados
nos darían en unos días, después de que Isla trajo nuestros almuerzos y él alisó
la ropa que se iba a poner para salir. Ensalada césar para mí y un sándwich de
atún para Tanner porque no había salmón, lo que me sorprendió comiendo sin
rechistar o ser grosero al respecto a pesar de que la única vez, además de esa,
que lo vi comer un sándwich fue la mañana después de haber ido ebrio a mi
casa.

Supongo que sus estándares han bajado desde que duerme en un colchón
inflable.

Una vez nos encontramos fuera del hospital, nos dirigimos a mi estudio para
que ambos podamos darnos una ducha en condiciones ya que los baños de su
penthouse todavía no están listos, los cuales también fueron diseñados por mí e
incluyen la instalación de piezas de cristal, mármol y lo último en duchas de
hidromasaje y plomería que hay en el mercado. Cada uno de sus componentes
debe ser tratado con cuidado, por lo que probablemente tardarán en acabar con
ellos. Él se asea primero y yo después, ya que sigo sensible por lo que pasó entre
nosotros en la piscina y no puedo aguantar más. Tampoco ocurre nada
extraordinario debido a que los dos estamos enfrascados en el trabajo, yo en mi
escritorio y él en mi cama, usando su computadora puesta sobre sus piernas
cubiertas con un pantalón de pijama ya que acordamos que pasaría la noche
aquí.

Su pecho, sin embargo, está desnudo.


A mitad de los bocetos que estoy haciendo, no puedo evitar distraerme con él.

Giro la cabeza en su dirección y encuentro tanto parecido entre el Tanner que


pasaba horas estudiando en nuestro dormitorio, que no pude tener aun cuando
lo quería, y el que ahora es un hombre de negocios exitoso, que está a mi
alcance, que me quedo hipnotizada con el perfil que ofrecen sus facciones
angulosas y la manera en la que su cabello negro cae hacia al frente, todavía
mojado pese a que no está empapado gracias a que dejó que le pasara el secador
por unos segundos. No me doy cuenta del momento en el que me levanto hasta
que estoy en su regazo tras poner su computadora en algún lado de la cama para
sentarme ahí.

Tanner me sonríe cuando rodeo su cuello con mis brazos.

─Eres insaciable.

─¿De una buena manera o una mala manera?

─Buena, pero también preocupante ─responde mientras pasa sus dedos por la
piel expuesta de mis muslos ya que mi camisón blanco es corto, pero no lo hace
de manera pervertida, sino amorosa y cómplice─. ¿Crees que tu lívido tenga
que ver con que hayas perdido la virginidad a una edad muy temprana?
Pongo los ojos en blanco ya que su voz ha sonado como la de un psicólogo o,
más bien, como la de un científico que busca entender a la rata con la que
experimenta, lo cual no tiene ningún tipo de sentido ya que no hay nada malo
en mi lívido. Solo me gusta el sexo y no me siento mal por disfrutar de él.

─No soy una ninfómana, Tanner.

─De acuerdo a la OMS, eres promiscua.

Dejo escapar un gruñido. No es la primera vez que alguien me lo ha dicho ya


sea mediante un estúpido meme o con artículos adjuntos ya que al parecer la
Organización Mundial de la Salud cree que tener más de dos parejas sexuales
en un periodo menor a seis meses es promiscuidad, definición que no han
cambiado con el paso del tiempo ya que estoy sintiéndome atacada por la OMS
desde que inicié mi vida sexual. Por otro lado, estoy segura de que muchas
personas no promiscuas según sus estándares no cuidan de sí mismas como yo
lo hago.

Confiando en su pareja.

Creyendo que no les pegarán nada.


Me estremezco.

Incluso si estuviera casada y confiara en mi esposo, me cuidaría periódicamente.

Pero la mentalidad de Tanner es machista y aunque siempre se ha contenido en


lo que se refiere a mí, sé que solo perderé tiempo si discuto estos temas con él.

─En ese caso... ─Bato mis pestañas hacia él─. Perdóname por mis pecados.

Su ingle se contrae debajo de mí en respuesta, a lo que no puedo evitar reír.

─Savannah.

Esta vez soy yo quién se emociona ante mi nombre saliendo de sus labios.

─¿Qué quieres que te diga? ¿Quieres que pelee contigo media hora para cambiar
tu mentalidad cuando no es así como funciona? ─pregunto cuando paso mi
mano por su pecho y solo se me queda viendo─. Tanner, no voy a imponerte mi
manera de pensar porque no me gustaría que hicieras lo mismo conmigo.
Cuando tú quieras ver el mundo de una manera diferente, lo harás por ti mismo
y ya.

─¿A qué te refieres?

Suelto un suspiro.
─No me gustaría decirte que perdiste tu tiempo formando un hogar de la manera
en la que lo hiciste, con principios de hace mil años donde el hombre es el único
que trabaja, por ejemplo, porque a mí no me gustaría que me dijeras que no
debería ser arquitecta o profesional por ser mujer. Mientras no afectes a otras
personas que no están de acuerdo en ver el mundo como tú con tu manera de
pensar, no entiendo por qué deberían obligarte a cambiar de opinión. Cuando
tengas motivos suficientes para hacerlo y tú mismo consideres que lo ha hecho,
cambiará y ya. Lo mismo aplica a la manera en la que sé que satanizas mi
liberalismo. ─Acaricio su mejilla con mi dedo─. Pero te advierto que el mundo
está avanzando y que cada vez serán menos las personas que te comprendan.

─¿Eso es lo que pensaste que sucedió? ─pregunta después de un rato de


contemplarme, haciéndome a un lado sin lastimarme y poniéndose de pie.

Al parecer toqué una fibra sensible en él.

─¿Qué? ─pregunto, mi ceño fruncido tanto por la manera en la que me apartó


como por su tono de voz lleno de reproche, incluso podría decir que herido.

─Savannah, no le prohibí a Pauline que trabajara. Cuando nos casamos compré


un rancho para ella en Lubbock porque quería que cumpliera sus sueños de
atender caballos y pudiéramos formar una familia feliz lejos de... ─Me mira. De
mí─. De la ciudad, pero ella no quiso irse de Austin. Fue Pauline quien decidió
no trabajar, con lo que estuve de acuerdo porque era su esposo y se suponía que
estaría en casa cuidando de nuestros hijos, no que interrumpiría su embarazo de
nuevo ante la posibilidad de que padecieran una enfermedad como una maldita
desalmada.

Aunque sé que le dolerá lo que tengo que decir, me veo forzada a hacerlo.
─Una mujer puede decidir sobre su cuerpo libremente.

Su mandíbula se aprieta.

─Estaba dispuesto a ser padre soltero.

─Tanner... ─susurro, consciente de que me está dejando ver una parte del
desastre interno que es por dentro, donde no sé dónde me encuentro─. Lo siento.
De verdad lo hago, pero no hay nada que ni tú ni yo podamos hacer al respecto.

Como si recordara que yo no tengo la culpa de nada de lo que está pasando y


que no es el tipo de personas que se derrumba, toma asiento nuevamente en mi
cama, junto a mí, y me contempla unos segundos antes de volver a hablar.

─Cuando te pregunté si creías que tu lívido tiene que ver con el hecho de que
hayas perdido la virginidad tan joven, en realidad quería saber si la persona que
te la quitó originó en ti algún tipo de trauma que reflejas en tu vida sexual. ─Su
mandíbula de repente se aprieta con fuerza─. Cuéntame cómo fue.

Ya que de alguna manera se abrió a mí explotando de esa manera, me siento


obligada a decírselo, pero también quiero conocer más sobre lo que lo aflige,
por lo que me abrazo a mis rodillas y apoyo mi barbilla en ellas.

Estoy lista para oír una historia.

─Te lo contaré si me cuentas cómo fue la primera vez que Pauline abortó.
Sé que no me incumbe, pero quiero entender su dolor.

Tanner asiente.

─Hecho.

─Tú primero.

Achica los ojos en mi dirección, pero de todas maneras habla.

─Estábamos en la Universidad ─dice─. Y simplemente no quería ser madre.

Me tenso.

─¿Solo así? ─pregunto, a lo que asiente.

─Todavía no nos habíamos hecho el test genético.

─Dios ─susurro.

¿Tan encerrada siempre he estado en mi propio mundo que no me di cuenta de


que Pauline tenía una hermana enferma y de que abortó? Recuerdo una época
después del concurso para el edificio de ciencias en la que no se llevaban tan
bien el uno con el otro, tiempo que la mayoría de las veces prefiero bloquear,
pero nada más. A los meses arreglaron cualquier diferencia que hubiera entre
ellos y siguieron siendo felices, restregándome su alegría en la cara como
siempre, pero ya no me importaba tanto como antes porque tenía a Weston
conmigo.

Ahora, más que nunca, recuerdo a Tanner diciéndome que no fuimos amigas
imitando nuestras voces en San Marcos. Teniendo en cuenta que ella nunca
estuvo ahí cuando yo la necesité y viceversa, no me queda de otra que darle la
razón. Solo éramos compañeras de habitación con una misma fijación en
común.

Él.

Tan retorcido como suene, siempre me sentí más cercana a Tanner que a
Pauline.

─Tu turno ─dice, sacándome de mis pensamientos.

Suelto un suspiro.

─No hay mucho que decir tampoco. Tenía trece, acababa de entrar a una
secundaria en la que no conocía a nadie y estuve con uno de los chicos populares
porque quería ser popular ─relato, haciendo una mueca ante el recuerdo─. Era
estúpida e influenciable. Tenía miedo de ser ignorada o no tener amigos.

Tanner bufa.

─¿El capitán del equipo de fútbol?


─Siempre me han gustado los jugadores de fútbol americano ─susurro mientras
me acerca nuevamente a él tras apagar su computadora y dejarla en el suelo,
probablemente terminando con el trabajo por hoy─. Pero no, no era uno.

─¿Del equipo de natación?

─¿Por qué asumes que tendría que haber sido un deportista?

Tanner se encoge de hombros.

─El noventa por ciento de los hombres con los que has salido lo son. ─Me
quedo en silencio, aceptando la derrota ante ello. Me encantan los cuerpos bien
formados y la virilidad que emanan. No me siento culpable por ello. Tanner
sonríe mientras me estrecha entre sus brazos, acariciando mi mejilla con su dedo
índice hasta que le sonrío de vuelta─. También porque siempre tratabas de
convencerme de firmar. No quería, pero estuve a punto de hacerlo para callarte.

Ya que es cierto, suelto una risa.

Puedo recordar al menos dos decenas de veces en los que intenté convencerlo
de ir a la NFL. Tanner era tan bueno como quarterback que recibió al menos
tres propuestas de reclutamiento sin necesidad de evaluarlo de equipos de alta
división. Pudo haber sido una estrella y el que no lo fuera destruyó las
esperanzas que muchos habitantes de Austin habían puesto sobre él,
incluyéndome.

─La razón tras ello es un poco tonta.


─¿Cuál?

Me giro, posicionándome sobre él para que nos veamos cara a cara.

Sus manos van a mi cintura mientras me ve.

─En el campo era el único sitio en el que te veía ser tú mismo ─susurro─.
Salvaje. Agresivo. Mandón. Destilabas odio, pero también te veías pleno. No te
contenías.

Tanner me mira por un largo instante antes de continuar nuestra conversación.

─Todavía puedo ser todas esas cosas sin un balón.

─El balón le daba un plus ─protesto.

─Creo que todavía tengo uno.

─Me gustaría verte lanzarlo.

─Sav ─ríe, pero sus ojos son sumamente serios cuando me habla después de un
par de carcajadas─. ¿Qué tan lejos estás dispuesta a llegar con esta fantasía?

─¿Aún te tratan como un rey en los estadios de Texas? ─Afirma─. Porque creo
que podría ser divertido verte usar tu viejo uniforme y hacerlo sobre el césped.
Niega, sus labios curvados en una mueca con la que oculta su diversión.

─¿Ves? A eso me refiero. Solo piensas en sexo.

─¿En qué más debo pensar que involucre que seas salvaje, agresivo y mandón?

─También que destile odio ─añade, a lo que alzo las cejas con insistencia para
que me dé una respuesta─. Creo que podría pensar en mí arruinando a Glasgow
─susurra─. O en el hijo de puta que te quitó la virginidad siendo una niña. ─Su
expresión molesta vuelve como si nunca se hubiera ido─. ¿Qué edad tenía?

─Era el capitán del equipo de voleibol de la preparatoria y tenía diecisiete. Ni


siquiera íbamos a la misma escuela, pero estar con él me llevaría a la cima de
la escala social. Me dio su chaqueta cuando terminó y eso me hizo popular.

Todo el cuerpo de Tanner se tensa.

─Era un hombre, Savannah, no un chico.

─No pasó nada grave.

─¿Te lastimó?

Desvío mi vista hacia la ventana, odiando recordarlo, pero Tanner me hace verlo
colocando una de sus manos bajo mi barbilla y obligándome a mirarlo.

─A todas nos lastiman la primera vez.


─¿Pero más de lo que debería haberte lastimado? ─insiste.

Cansada de hablar sobre ello, me inclino hacia adelante y presiono mis labios
contra los suyos. Él me detiene cuando nuestras bocas se rozan, así que me echo
hacia atrás de nuevo. No entiendo la naturaleza de nuestra relación entonces.

Seré sincera conmigo misma.

Yo estoy con él porque lo quiero, pero hasta dónde sé él está hambriento de


consuelo y me estoy aprovechando de su dolor para tenerlo de la manera en la
que siempre he deseado, sin importas las consecuencias ya que estoy harta de
negarme a mí misma lo que deseo, ¿pero qué tipo de consuelo podría recibir
escuchándome hablar de cómo un tipo dos veces mi tamaño me emborrachó,
robó mi inocencia y luego me dejó sola para que limpiara la sangre entre mis
muslos al día siguiente, cuando desperté en la habitación de su hermano porque
había cometido el terrible error de ir a una de sus fiestas? Fue feo y fue un error,
sí, pero fue el primer error que pude cometer por mí misma y me gustó la
adrenalina que vino con el dolor de lo que pasó. Me hizo sentir real, más como
una persona capaz de sentir y menos como la princesa inalcanzable de mis
padres.

Menos falsa.

Las amistades lo son, el mundo, el amor.

El dolor no.
Parpadeo hacia Tanner cuando hunde sus dedos en mi cintura, dónde ya ha
dejado marcas, para que me concentre nuevamente en él y no en mi pasado.

─¿Qué sucede?

─¿Puedes responder la maldita pregunta?

Me cruzo de brazos, exasperada.

─Sí, Tanner, me dolió. Lo superé. La siguiente vez que tuve sexo, lo disfruté.

Como si se diera cuenta de que no hablaré más del tema de la misma manera en
la que yo lo hice antes con él, extiende su brazo para apagar la luz. A los
segundos está incorporándose para juntar sus labios con los míos y besándome,
solo que en esta ocasión no lo hace con desenfreno. Son besos suaves y
delicados que me dejan jadeando por más, pero que hacen acelerar mi corazón
mientras enredo mis piernas alrededor de él y mis dedos en su suave y lacio
cabello negro.

─Tanner ─susurro contra su boca, pero él se limita a acariciar mi espalda.

Jadeo.

Quiero ser tocada de una manera diferente, como en la piscina, pero él no lo


hace.

Comimos algunos aperitivos y ya ha anochecido, así que no protesto cuando me


acuesta junto a él y nos arropa a ambos con mis sábanas con olor a la vainilla
de las velas aromáticas que ya he encendido alrededor de todo el apartamento.
─Me gusta estar contigo incluso sin tener sexo ─revela, viéndome como si no
pudiera dejar de hacerlo─. Siento que puedo ser yo mismo sin tener un maldito
balón en la mano o estar tras mi escritorio siendo el jefe porque eres la única
persona en el mundo de la que no necesito esconderme o que no me juzgará
haga lo que haga. ─Mi respiración se detiene cuando presiona sus labios contra
mi oído como si fuera a contarme un secreto─. Justo ahora eres mi refugio,
Savannah.

Su refugio.

Aunque lo odio por dejar nuestro encuentro a medias, lo que no era necesario
debido a que hay una gaveta con condones junto a mi cama con los que
podremos aguantar hasta que los resultados estén listos, suspiro con placer
cuando envuelve sus brazos alrededor de mí. Me aprieta contra él y la sensación
de su cercanía y de sus labios rozándose contra mi hombro desnudo me persigue
en sueños, haciéndolos cálidos y reconfortantes. Por años no había sabido
cuánto quería ser abrazada por cómo perdí mi virginidad hasta que Tanner lo
hizo.

*****

Al día siguiente me lleva a trabajar conduciendo uno de sus deportivos. No a mi


oficina, sino a la constructora en la que tendré mi primer día de trabajo como
asistente de Jason. Intenté usar un vestido corto que normalmente reservaría
para ir a un club, puesto que se supone que debo interpretar un papel, pero me
convenció de no hacerlo alegando que podría ser un acosador violento si lo
presionaba demasiado. Estaba tan convencido de ello, como si lo hubiera
estudiado por años, que no pude evitar tomarlo en serio y preguntarle al
respecto.

─¿Cómo sabes que podría pasar?


─Conozco a los hombres como él ─gruñó─. Sé cómo piensan y cómo actúan.

No sabía que responder a ello, así que continuamos desayunando cereal de


Oreos en silencio, lo que comió aun viéndolo como ácido, y salimos de mi
estudio después de que seleccioné un conjunto de pantalones ajustados y
chaqueta color crema que se ciñe de manera estupenda a mi figura e hizo que
detuviera el viaje en el ascensor de mi edificio para follarme contra una de sus
paredes, usando un condón de debajo de mi cama que sacó del bolsillo de su
pantalón, de manera áspera, seca y bruta.

Aunque duró solo cinco minutos y no me corrí porque un vecino empezó a


preguntarnos si estábamos bien cuando Tanner empezó a compensar su poca
resistencia con sus dedos mientras me besaba con hambre, me encantó.

Dijo que más tarde recompensaría, lo que no puedo esperar a que suceda.

Por lo que mi mente en este momento, mientras me bajo de su auto tras besarlo
y prometer que no dejaré que Jason acabe en mi trasero o en mis tetas, está
dividida entre sus palabras durante el desayuno y el sexo que me espera más
tarde. Tanner es un tipo de matón silencioso, de los que te golpean con solo
existir, y no tiene nada que ver con Jason, pero quizás su padre sí ya que la
madre de Malcolm, una inmigrante a la que contrató ilegalmente, solía ser su
asistente.

Ni Tanner ni Malcolm me han contado la historia, pero no es necesario. Está


fue publicada en una página sensacionalista a penas Malcolm Reed se volvió
mariscal de los Kings. Debido a lo mucho que ama a su madre, fue duro para él
ver cómo la llamaban de miles de maneras denigrantes por relacionarse con un
hombre casado mientras revelaban sus orígenes. Ya que Tanner en ese aspecto
es parecido a él y quiere a su madre, estoy segura de que también le afectó.
Nunca la he conocido, el día de su boda con Pauline estuve a punto de hacerlo,
de ser presentada por la novia ante su suegra, pero ella me ignoró sin intención
al encontrarse con una de sus amigas, y aunque no he cruzado ninguna palabra
con la señora Reed sé que ama a su hijo por la manera en la que sus ojos azules
brillaban con lágrimas mientras lo veía casarse.

Adora a Pauline.

Me pregunto si todavía lo hace, si ella y su esposo saben por lo que Tanner


atraviesa ahora.

─Señorita Campbell ─saluda Jason cuando llega unos minutos más tarde,
entrando en su oficina tras echarle un vistazo a mis tetas.

─Señor.

Sus ojos resplandecen al oírme, pero no dice o hace nada más, por lo que me
limito a atender sus llamadas y anotar sus citas para esta semana con desgana.
Descuelgo el teléfono para que no suene más y me levanto para tomar un
descanso al cabo de una hora. Después de todo, no necesito el salario. Cuando
entro a la cafetería para los empleados, me dirijo al refrigerador y tomo una
bebida achocolatada de él. La dejo caer al suelo cuando lo cierro y veo a una
chica tras la puerta. Por fortuna el envase no se rompió o se derramó porque no
lo había abierto. Es castaña, extremadamente delgada y de ojos azules vibrantes.
Parece estar nadando en el vestido que usa, amarillo, por lo que asumo que
debió haber perdido bastante peso recientemente. Las comisuras de sus labios
tiemblan mientras fuerza una sonrisa en ellos.

─Me dijeron que eres la nueva secretaria de Jason ─murmura─. ¿Savannah?


Mi frente se arruga.

─Hola, sí, ¿por qué?

─Yo soy Cynthia y también lo fui alguna vez ─dice─. Antes de ser enviada al
departamento de recursos humanos. ─Me mira de pies a cabeza, algo de ira y
de dolor en su expresión. Alzo las cejas─. ¿Te estás acostando con él ya?

─No.

Sus hombros se relajan ante mi respuesta.

─Será mejor que no lo hagas.

Su tono de voz está lleno de advertencia.

Me cruzo de brazos, queriendo disfrazar mi curiosidad con consternación.

─¿Por qué?

─Porque te destruirá, como les hace a todas ─responde, causándome


escalofríos─. Y luego te enviará a otro departamento o te despedirá sin previo
aviso, enviándote a casa con una caja de Kleenex, una copia del contrato de
confidencialidad que nos hace firmar a todas al momento de ser contratadas sin
que lo sepamos y una carta de recomendación.
Dicho esto, se da la vuelta y desaparece.

Debería correr lejos de aquí después de oírla, pero en su lugar sonrío porque no
estoy aquí por Jason. Estoy aquí por ella. Por más mujeres que hayan sufrido de
acoso laboral viniendo de él y que me ayuden, junto con Tanner y sus abogados,
a hundirlo.
Capítulo 31
Me coloco un vestido azul marino ceñido hasta las rodillas y de escote cruzado,
manga larga, y un par de sandalias negras con tacón de quince centímetros para
la exposición. Ato mi cabello en una cola de caballo para que mis aretes de
diamantes de Tiffany, el regalo de mamá y papá para mi cumpleaños número
quince, sean visibles. Mi maquillaje es suave y recatado porque no es momento
de ser escandalosa, aunque todavía puedo decir que luzco sexy. Cuando salgo
del baño, Pauline ya está lista. No tenía un vestido que usar para la ocasión, así
que le presté uno de los míos. Uno verde menta de tiras igual de apretado que
el que llevo. Con su cabello rubio suelto y zapatos altos, se ve impresionante.

Mucho más impresionante de lo que la he visto desde que la conozco.

─Los chicos ya están subiendo ─anuncia despreocupadamente mientras teclea


en su teléfono, sus cejas fruncidas con disgusto─. Realmente no puedo creer
que Tanner los haya molestado. ¿Los materiales que utilizaron son tan débiles
que no pueden soportar un viaje en auto? Te juro que ayer apenas se rompió
cuando la rocé con mi cadera al pasar.

─No lo sé ─respondo con una sonrisa antes de darme la vuelta, ya que la puerta
acaba de sonar con el ruido de un montón de nudillos golpeando, sin permitirme
estar irritada con ella─. Los compró él.

No me giro para evaluar la reacción de Pauline. Abro y empiezo a reír cuando


los integrantes del equipo de fútbol, que hasta dónde sabía me odiaban, me
ofrecen un saludo cordial que suena casi obligado saliendo de sus bocas. Cuatro
de ellos toman mi proyecto, llevando al menos una señal de que pertenecen a
los Longhorns en su atuendo, ya sea una sudadera o un llavero sobresaliendo de
uno de sus bolsillos, y se dirigen a las escaleras. Todos ellos son jugadores de
banca. Tanner entra después de que salen.

─La joden y no estarán en ningún maldito partido esta temporada.

─¡Sí, capitán!

Resisto el impulso de poner los ojos en blanco, dándome la vuelta para tomar
mi teléfono, mis planos y mi abrigo ya que está siendo un día frío con pronóstico
de lluvia para la tarde. Para cuando me empiezo a dirigir a la puerta tanto Tanner
como Pauline están fuera del dormitorio, esperándome. Al acercarme a ellos,
me sorprendo cuando él me sonríe abiertamente sin importar que su novia esté
junto a nosotros.

─Te ves hermosa, Sav ─dice─. Arrollarás a todos.

Ante sus palabras, las mejillas de Pauline se encienden con el más vivo rojo,
pero ninguno dice nada durante nuestro viaje en ascensor y nuestro viaje en auto
a pesar de que, desconcertándonos a las dos, los cuatro nos vamos en la Range
Rover de West, quién me regala un lindo oso de felpa sosteniendo un cartel en
el que me desea buena suerte que llevo todo el camino en mi regazo,
abrazándolo contra mi pecho, como si eso aumentara mis posibilidades de
ganar. El hecho de que ambos, Tanner y West, están siendo hipócritas mientras
planean apuñalarse entre sí por la espalda cuando el otro se de vuelta se
evidencia cuando empiezan a hablar de fútbol y de los valores de la bolsa como
si fueran los mejores amigos y suenan tan falsos que mis oídos casi sangran.

Es tan irreal.

─¿Estás nerviosa? ─pregunta Weston cuando llegamos, colocando un brazo


encima de mis hombros mientras caminamos a la galería de arte de la
universidad, la cual cedió sus espacios para la exposición.

Está usando una camisa blanca desabotonada, por lo que una porción de su
pecho dorado es visible. También pantalones de vestir y mocasines. Huele muy
bien. Tanner, en cambio, lleva un elegante suéter negro y jeans oscuros con
zapatillas negras. Aunque en teoría Weston está mejor vestido que él, no puedo
dejar de mirar en su dirección mientras entramos, pero finjo estar desviando mi
atención a la calle, esperando que mi maqueta aparezca en algún momento.

─Sí ─susurro─. Siento que tengo un agujero en el estómago.

Hay alrededor de cincuenta exposiciones hoy. Extiendo mis planos en una pared
de cristal en la que suelen colgarse fotos, dibujos o lienzos de pinturas. Firmo
la planilla de asistencia cuando mi maqueta llega. Mi mamá mandó a hacerlos
y me los envió por correo, por lo que dejo algunos caramelos de los Longhorns
cerca de mi exposición. Pauline se pierde por algún lugar mientras acomodo mi
stand y respondo a los elogios. Weston igual, manteniendo charlas con cada
hombre en traje que se le atraviesa. Tanner es el único que se queda para
ayudarme.

─Creo que todo lo demás es basura ─dice, sentado junto a la exposición en un


mueble de cuero blanco, cuando una chica le pregunta qué opina del resto de
las obras y cree que no estoy prestando atención porque hablo con uno de mis
profesores acerca de qué me inspiró para la elaboración del edificio o
simplemente no le importa que escuche.

Su respuesta la hace jadear y huir lejos de él, pero yo no puedo evitar sonreír.
Mi sonrisa, sin embargo, se deshace cuando identifico a Faith por el rabillo de
mi ojo.

Está sentada junto a su obra, la cual es de aspecto moderno y futurista. Aunque


mi proyecto es el centro de atención, el suyo tampoco se queda atrás. Varios de
los integrantes del jurado han venido aquí y me han dicho que soy su ganadora,
por lo que no soy del todo egocéntrica al pensar que si hubiera un segundo lugar,
sería para ella. Su propuesta es moderna y futurista de una manera hermosa y
en sintonía con la naturaleza que rodea el edificio. Los elevadores en él
sobresalen en la parte exterior, actuando como especies de cápsulas de cristal
que podrían no ser usadas por personas con miedo a las alturas. Ella está en
compañía de una mujer con tres pequeños niños que comparten varios rasgos
con ella, quizás hermanos de Faith. Cuando mis ojos se topan con los suyos, los
aparta de mí como si no soportara verme, lo cual es lo suficientemente justo
tomando en cuenta que arruiné su vida cuando solo quiso ayudarme. Trago,
recordando nuestra charla el día que me encontró tras la pelea con Gordon y
Anahí.

Antes ella solía admirarme.

Ahora me odia.
─¿Savannah?

La voz de Tanner hace que regrese mi atención al stand.

Me siento tan mal que a penas puedo hablar.

─¿Podrías quedarte a cargo unos minutos? Necesito tomar aire.

Él afirma, pero sus ojos oscuros viajan al sitio en el que los míos estuvieron
enfocados antes. Entonces la comprensión se adueña de sus rasgos. Al volverme
a ver lo hace con expresión seria y suave.

─Lo hicimos lo mejor que pudimos. No te sientas culpable.

─Perdió su trabajo por mi culpa.

─Le dimos una compensación por ello.

Alzo las cejas. Lo único que recuerdo haber compensado tras lo que pasó es el
auto de Gordon, cuyo reemplazo mamá envió de una chatarrera en Houston y
tuvo que ser traído a Austin en una grúa que costó más que el vehículo. No sabía
que mis padres le hubieran dado dinero a ella también, pero siendo mamá hija
de inmigrantes y una mujer que alguna vez estuvo en la posición de Faith, con
tres empleos para si quiera pensar en la posibilidad de alcanzar sus sueños, lo
entendería, pero todavía no encuentro una razón por la que no me lo dirían si
sabían lo mal que me sentía por convertirla en un daño colateral.

Les preguntaré por ello la siguiente vez que hablemos.


─El dinero se acaba. Eso no borra lo que le hice.

─Podrías disculparte.

Pienso en ello, pero luego recuerdo la mirada que Faith me dio y niego.

─Mejor dejémoslo así ─susurro─. ¿Puedes quedarte a cargo o no?

Tanner asiente secamente mientras se levanta y ocupa mi lugar con una brillante
sonrisa que me recuerda todos los motivos por los que es alabado como un dios
en el campus, entre ellos el hecho de que sabe exactamente qué imagen de sí
mismo proyectar para conseguir lo que quiere. Tras tomarme unos segundos
para oír su versión de lo que le he estado diciendo a las personas que se acercan,
encontrándola tan parecida a la mía que debió haberla memorizado mientras
estaba sentado cerca, salgo de la galería y compro un paquete de Oreos de
vainilla en una tienda cerca.

Estoy a medio camino de llevar una a mis labios cuando un niño, uno de los
hermanos de Faith, se acerca con prisa y una vez está frente a mí me sonríe de
oreja a oreja. Sus ojos marrones son prácticamente idénticos a los de su
hermana. Aunque su cuerpo es regordete y sus mejillas están rojas, signos de
que es bien cuidado, su ropa limpia y pulcra le queda apretada y luce vieja. Le
devuelvo la sonrisa al notar que dos de sus dientes de leche faltan. Los niños
usualmente me odian porque no sé cómo moverme alrededor de ellos. Él al
parecer es la excepción.

─Las Oreo de vainilla también son mis favoritas.


Aunque podría estarme viendo como alguien que merezca aparecer en un
episodio de CSI como sospechosa del secuestro de varios niños, le tiendo el
paquete.

─Toma.

Me mira como si no pudiera creer lo que sucede.

─¿Todo esto es para mí?

Me encojo de hombros.

─Puedes darle dos a tus hermanos y quedarte con dos.

Ahora sus ojos me contemplan como si me hubiera vuelto loca.

─No, ellos no comparten sus dulces conmigo. ─Su expresión se vuelve


maliciosa─. Me las comeré en el baño, ¿estás segura de no querer?

Niego tras reírme un poco.

De niña tampoco era buena compartiendo y todo lo quería para mí sola, las
razones principales por las que no tuve amigos hasta que socializar se volvió
una necesidad, así que me puedo sentir identificada con él.
─Son todas para ti. Estoy a dieta ─añado cuando veo algo de duda y culpa en
su expresión─. Por cierto, soy Savannah, ¿qué hay de...?

─¡Nicolás! ─grita su madre, respondiendo a mi pregunta sobre su nombre,


mientras sale de la galería y corre hacia nosotros.

En respuesta a ello, Nicolás me ofrece una última mirada antes de correr en


dirección contraria, hacia el interior del edificio, dejándonos atrás. Para ese
entonces su mamá ya me ha alcanzado y se detiene frente a mí, sus manos sobre
sus rodillas mientras toma aire y recupera el aliento.

─Lo siento por Nico ─susurra al incorporarse, su inglés torpe y casi no


entendible para alguien que no se esfuerce lo suficiente en comprender lo que
quiere decir─. A pesar de todo lo que he hecho para que no sea ese el caso, le
gusta hablar con extraños y molestarlos.

─No te preocupes ─respondo en español, odiando el acento estadounidense en


mi voz del cual nunca he podido deshacerme sin importar cuantos viajes haya
hecho a la Riviera Maya, donde ahora viven mis abuelos en una hermosa casa
en Playa del Carmen que mis padres compraron para ellos, sin poder evitar un
sonrojo en mis mejillas.

Faith quizás le habló mal de mí.

Esta pobre y dulce mujer seguro es tan amable que está siendo cortés cuando
realmente desearía insultarme por hacerle daño a su hija. Aunque mi madre y
yo no somos la definición de bondad, mi abuela Teo sí y no puedo evitar pensar
en ella y en los casi veinte años que pasó fregando pisos para que su hija fuera
a la universidad. A pesar de que sus manos ahora tienen arrugas y son suaves
por todo el mimo que ahora recibe en compensación por su sacrificio, todavía
tienen callos.
Cuando veo las manos de la madre de Faith, quién las esconde en los bolsillos
de sus vaqueros al sentir mi mirada sobre ellas como si se sintiera avergonzada,
mi postura perfecta flaquea.

─Debe estar orgullosa de Faith ─añado porque tenía que decirlo casi tanto
como necesito una nueva bocanada de aire y si no lo hacía me arrepentiría toda
la vida─. Dejando de lado el concurso y sea cual sea el resultado, es mi única
contrincante real. No me había sentido amenazada hasta que vi su obra.

Sus ojos marrones se llenan de ilusión.

Cuando vuelve a hablarme, empiezo a sospechar que Faith no le dijo nada sobre
sus despido o las razones tras de él.

─¿Realmente crees que tiene una posibilidad? Sé quién eres, Savannah


Campbell, la prodigio de arquitectura de la universidad, porque mi hija habla
mucho de ti, tanto que incluso Nico sabía quién eras antes de acercarse, ya que
encuentra tu historia y la de tus padres inspiradora. ─Un nudo se instala en mi
garganta al recordar la manera en la que Larissa Campbell, conocida por nunca
bajar la guardia, lloró al teléfono por casi una hora al leer mis agradecimientos
y la dedicatoria de mi primera victoria en un concurso de arquitectura en una
entrevista que publicó el periódico universitario: para mis abuelos porque
gracias a ellos mamá pudo quedarse en Estados Unidos, perseguir sus sueños,
conocer a papá y enseñarme que todo es posible si lo quieres lo suficiente.
Normalmente me habría reservado la historia de mi familia, pero no puedo
encender el televisor, ver la constante lucha de los inmigrantes en los medios y
no aportar mi grano de arena a la causa. El mejor activismo, en mi opinión, es
el triunfo silencioso. El que las otras personas notan por sí solas y los obliga a
mantener la boca cerrada. Es como una puñalada directo al corazón en lugar de
varios disparos a ciegas─. Faith está tan emocionada con esto. Dice que si gana
sería un boleto seguro a un buen trabajo en unos meses, cuando se gradúe, por
no mencionar cómo el dinero del premio nos ayudaría ahora. Sin embargo,
creo que nada le alegraría más que oír de parte de alguien que admira que su
proyecto vale para ser tomado en cuenta. ─Sus ojos marrones se vuelven
vidriosos─. La ayudaría a creer mas en sí misma, lo cual siempre es lo que he
soñado que haga. Que se deshaga de la etiqueta de hija de la inmigrante ilegal
de la manera en la que tu madre y tú lo han hecho, el motivo por el que te
admiramos.

Agacho la mirada, queriendo ahora huir al interior de la galería.

Prefiero los ojos asesinos de Faith a la mirada bondadosa de su madre.

─Lo siento, estaría fuera de lugar porque no somos cercanas.

Ignorando el ácido que se esparce por mi pecho al ver cómo su expresión decae,
me doy la vuelta y casi imito a Nicolás corriendo al interior de la galería. Estoy
tan apresurada por poner distancia entre nosotras que no me doy cuenta del
obstáculo humano en mi camino y Pauline y yo chocamos. Su celular, el cual
ha estado sosteniendo todo el día, cae al suelo con un ruido sordo. La pantalla
boca arriba. Instintivamente me agacho para recogerlo, pero lo sostengo frente
a mis ojos cuando veo una foto mía saliendo de mi edificio la noche anterior.

Sonriendo tímidamente mientras me acerco a la camioneta de Tanner.

El único que habría podido tomar esa foto.

Pauline lo arrebata de mis manos y abre la boca, sumamente pálida, pero me


alejo de ella mientras las piezas empiezan a encajar en mi mente. Pauline
yéndose. Él acercándose. Ella regresando el mismo día que salimos, llegando a
la discoteca sabiendo que sería a mí a quién debían llevar ropa y disculpándose
con voz falsa por haber arruinado mi maqueta, lo cual ahora no puedo
reprocharle. Yo también habría estado molesta si mi novio quisiera
deliberadamente hacerme arder en celos saliendo con mi compañera de
dormitorio para que regrese al campus porque me extraña y Tanner no tiene
manera de hacer las cosas sin dolor. Ahora entiendo por qué el imbécil se
disculpaba en la pista.

He sido usada.

No hay otra forma de llamarlo.

Todo el tiempo que pasó ayudándome no fue desinteresado.

Nuestra salida tampoco.

No valió nada.

Para él no valgo nada. Nuestro trabajo no vale nada. Nuestro beso o lo amable
que ha sido los últimos días conmigo.

Todo se trató de Pauline.

Todo siempre tratará de ella.

─Lo siento por haberlos hecho esperar una semana por mí ─digo con voz
temblorosa cuando llego a la mesa del jurado─. Fue un error. Me estoy retirando
del concurso, voluntaria e indiscutiblemente, porque seria una aberración que
un edificio como el que hice eclipsara con fanatismo estúpido el verdadero amor
a la ciencia que sienten los estudiantes de esa facultad. Mis más sinceras
disculpas. Estoy bastante apenada.

Tras dejarlos a todos con expresiones incrédulas y confusas, me acerco al stand


para tomar mi bolso mientras las lágrimas de ira se deslizan por mis mejillas.
Tanto Pauline como Tanner me miran fijamente, pero yo no les devuelvo el
gesto. Me estremezco cuando Faith corre hacia mí después de que una chica se
acerca a ella para darle la noticia. Por el rabillo del ojo veo a Weston
aproximarse a nosotros con expresión fría.

─Vuelve al concurso ─exige ella con la barbilla sumamente apretada─. Mi


mamá me dijo que hablaron. No quiero tu lástima, Savannah.

─No te preocupes. ─Finalmente mis ojos se dirigen a Tanner y a su novia─. No


lo hago por ti ─miento, ya que sí tuvo que ver el hecho de que hubiera alguien
que lo mereciera o necesitara mas que yo.

Simplemente eran demasiadas razones juntas.

La victoria siempre habría sido agridulce.

No es así como quiero sentirme cada vez que vea mi primer edificio. Escozor
en el pecho al recordar cómo Tanner me usó para atraer a su novia o cómo le
hice todavía más daño a alguien que no lo merece y a su familia quitándole la
real posibilidad de un futuro mejor, uno como mi presente debido a que mi
madre fue como Faith alguna vez. Me doy la vuelta justo en el momento en el
que Weston llega, tomando su mano y arrastrándolo fuera de la galería. Sus ojos
verdes tienen un signo de interrogación que se me hace difícil, imposible, de
ignorar.
─Savannah ─gruñe Tanner, tomando mi otra mano y jalando de ella para que
me detenga cuando estamos cerca de la camioneta de West─. Olvida cualquier
cosa estúpida que haya pasado. Esto es importante para ti y oportunidades como
esta solo se presentan una vez en la vida.

Niego.

─Oportunidades como esta se presentan millones de veces en la vida. ─Para


dejar claro mi punto, uno mis labios con los de Weston antes de ocupar el
asiento copiloto ya que mantiene la puerta abierta para mí. El rubio no luce
sorprendido por ello a pesar de que es consciente de que solo lo hago para
molestar a Tanner, pero este último sí. Retrocede mientras arruga la frente─. Es
nuestro problema sin resolver si nos quedamos estancados por dejar pasar una,
pero ese no será mi caso.
Capítulo 32
Le dije a Tanner que iría a trabajar después de cumplir mi horario como asistente
en la constructora, pero no le dije que lo haría en su penthouse porque no estoy
lista para ver esa mirada egocéntrica en su rostro todavía, la que pondría al saber
que tomé otro día más en mi semana para él, y me gustaría sorprenderlo más
tarde con la instalación de la escalera, lo cual sería un gran avance ya en el
diseño de su ático. Gracias a Isla y a nuestro equipo de albañiles, el piso de
mármol blanco ya está listo, al igual que la cocina y las divisiones del segundo
nivel.

Bueno, el dinero de Tanner también tuvo que ver.

Si no tuviera tanto de él y no me hubiera dado un presupuesto ilimitado, la obra


se habría retrasado, pero gracias a su colaboración he podido avanzar más
rápido de lo que lo he hecho con cualquier proyecto que he tenido hasta la fecha,
incluyendo su casa con Pauline. Mis labios hacen una mueca mientras entro en
una cafetería por una ensalada para el almuerzo y recuerdo que pronto será
demolida, lo que no es solo palabrería ya que lo oí dialogar con el nuevo alcalde
de Austin, ex integrante de su fraternidad, esta mañana mientras yo estaba en la
ducha para que acelerara el procedimiento de los permisos.

Pudo haber sido mi perdición, pero es una obra de arte.

Si la demuele, habrá tanto sufrimiento desperdiciado en ella.


Tanta inspiración.

Aunque la arquitectura probablemente es vista de una manera más técnica por


la mayoría de mis colegas, siempre la he vivido como un arte. Aunque me
lastime, estoy apegada a cada diseño que hago como si fuera mi primogénito y
sé que ver a alguno de ellos hecho escombros después de haber cobrado vida
me dolerá, pero entiendo a Tanner. No puedo juzgarlo cuando estoy segura de
que habría hecho algo similar si estuviera en su posición. Tras intentar apartar
mi mente de ello, en vano, me alegro cuando me siento en uno de los reservados
y la pantalla de mi teléfono brilla con el nombre de Malcolm. Llevamos días sin
hablar como antes, exactamente los días que llevo acostándome con su
hermano, y no me sorprende que esté intentando ponerse en contacto conmigo
por videollamada. Aunque no debería, una emoción similar a la culpa me
recorre, como si lo hubiera traicionado o a nuestra amistad con mis actos.

Pero no somos nada.

Cuando la llamada se cae, se la devuelvo y apoyo mi teléfono en un servilletero


para poder comer mientras hablamos. Mis labios se curvan hacia arriba cuando
lo veo rodando en su cama con actitud perezosa, su cabello café despeinado y
la piel bronceada de su pecho expuesta, color dorado que adquirió
recientemente debido a los constantes entrenamientos en el campo. De no ser
por ese tono, creería que estoy frente a Tanner, quien enrojece y se pone
malhumorado con el sol, lo contrario a Malcolm.

En sexys bronceados, los genes latinos ganan.


─Hey ─dice, su voz sonando ronca, lo que me hace reír un poco debido a que
eso, más las marcas de almohada en su mejilla, me dice que acaba de despertar
pese a que son las una de la tarde─. Lindo cabello. Me gustabas más morena,
pero así también luces bonita, Sav.

Los Kings ganaron anoche, así que debió haber estado festejando.

La chica fiestera que aún vive en mí siente envidia. Con todas las
responsabilidades que conlleva ser adulta e independiente, a penas puedo
recordar la última vez que me embriagué y la pasé bien. En lo referente al
cabello... no puedo evitar que la calidez se esparza en mi pecho ante su selección
de palabras. Bonita, no bella o sexy.

Bonita, como algo que admiras.

No bella, como algo que quieres, o sexy, como algo que deseas.

Es una estupidez, pero me conmueve porque significa, en mi mente, que soy


más importante para él que las hermosas chicas con las que se acuesta o sale
aún si no estoy a su nivel, aunque nunca más que la mujer con la que finalmente
se establecerá. No puedo evitar preguntarme si nuestra amistad se arruinará
entonces, lo cual no me gustaría ya que con el tiempo se ha vuelto importante y
valioso para mí. El que no le esté diciendo sobre su hermano y yo es un agujero
negro en mi estómago, pero Tanner sigue casado con Pauiline y no estoy lista
para ser juzgada por lo nuestro por alguien que quiero.

─Felicitaciones por el partido de anoche ─murmuro, cohibida, antes de llevar


un bocado de ensalada a mi boca, a lo que hace una mueca.

─Hieres mis sentimientos. Te llamé como tu novio ante todos los medios de
comunicación del país, no como el dios del fútbol al que le rezas todas las
noches de rodillas antes de dormir... ─Sus ojos se encienden con una mirada
traviesa, pero solo para molestarme─. ¿Con un vibrador?

Trago al recordar las especulaciones de la prensa.

Ignorando el sonrojo que la idea de que si quiera Malcolm haya pensando en mí


de esa manera y la multitud de fantasías sobre un trío con los hermanos Reed
que asaltan mi mente, me echo hacia atrás para verlo con una ceja alzada. No
me molesta que la prensa hable de mí estando con él, sobre todo si eso ayuda a
alejar la atención de su madre ya que Guadalupe es una de las mejores personas
que conozco, pero no estoy segura de cómo se siente él al respecto y, mucho
menos, Tanner. Supongo que ambos son lo suficientemente inteligentes y
cercanos como para saber la verdad pese a todo lo que puedan decir.

No estoy saliendo con Malcolm.

Sí estoy follando al hermano más desagradable.

─Mientras no me dejes como una idiota, todo está bien.


Su frente se arruga.

─¿Qué significa eso, bebé?

El sonrojo en mis mejillas se vuelve una rojez insoportable mientras lo que sentí
antes regresa, pero más fuerte. Mientras estoy segura de que para Malcolm no
significaría mucho el hecho de que esté con su hermano, aún mientras esté
casado, porque es la persona más agradable y relajada que conozco, sé que a
Tanner no le gustaría saber que somos tan cercanos, en especial ahora, pero no
renunciaré a mi amistad con Malcolm o la cambiaré por él. No hasta que se haya
divorciado. Cualquier queja al respecto, puede dejarla en mi buzón.

─No quiero que me hagas ver como la otra si sales con alguien ─murmuro─.
No necesito ese tipo de publicidad dirigida hacia mí.

Tengo suficiente que soportar de la realidad como para que la ficción venga a
molestarme también. Ante el silencio de Malcolm del otro lado de la línea, alzo
la mirada de mi ensalada para verlo observarme con la mandíbula apretada y
una mirada tanto herida como molesta y siniestra. Al instante me siento mal por
lo que dije, lo cual probablemente le hizo pensar que de alguna manera estaba
comparándolo con el imbécil de su padre.

─Nunca te faltaría el respeto de esa manera, Savannah. Ni a ti ni ninguna otra


mujer. ─Después de soltar esas palabras y de sonar escalofriantemente parecido
a su hermano, como siempre que se molesta o se toma en serio algo además del
futbol, aligera la tensión de nuestra conversación sonriendo─. Soy un caballero.
No un idiota.

─¿Los caballeros pueden ser mujeriegos?


─En ese caso creo que me veo más como un hombre soltero que presta un
excelente servicio, pero no se lo digas a mi madre, no tiene corazón para esos
tecnicismos ─corrige, a lo que río debido a que me siento tan identificada con
él en este tema, ambos etiquetados por disfrutar de nuestro cuerpo cuando eso
a él no le ha impedido ser dulce con sus conquistas, sin ilusionarlas, y a mí no
llegar lejos con mi negocio.

El hecho de que todavía no esté haciendo lo que me apasiona no significa que


todos mis logros hasta ahora no tienen méritos. Me gustaría ver la cara de todos
mis compañeros, probablemente todavía pasantes o en escalafones bajos, al ver
mis éxitos a menos de un par de años de haber obtenido mi título. Que no sean
lo que busco o que no me regodee de ello no significa que no existan.

Muchos matarían por diseñar para mis clientes.

Antes de que Malcolm comience a hablarme de fútbol y a contarme historias de


los vestidores por las que los reporteros matarían, aclaro mi garganta para
obtener su atención y me dirijo a él tímidamente, intentando arreglar mi desliz
de antes, el cual pudo hacerlo sentir mal.

─Cuando finalmente encuentres una chica, ella se sentirá afortunada de tenerte.


Habrá encontrado al único hombre de nuestro siglo que no teme a su corazón.

La mirada en sus ojos marrones se suaviza.

─Me esforzaré para que así sea.

•••••
Isla se va al nuevo sport-bar de Ryland para enseñarle mis bocetos una vez llego
al ático de Tanner y reemplazo su lugar. Mientras un equipo se encarga de la
escalera, otro está instalando conmigo los muebles de su habitación, la cual da
con la piscina a través de una hermosa pared de cristal con una puerta corrediza,
y otro alista el baño de esta porque espero que para esta noche tenga donde
dormir. Si hubiera sabido que se mudaría, prefiriendo dormir como un perro y
no cómodamente en cualquier otro sitio, habría empezado a trabajar en esto
antes, pero ahora solo puedo adelantar lo más que pueda.

Me digo a mí misma que también se debe a que mientras más rápido trabaje,
más rápido terminaré y podré avanzar con mis otros proyectos.

Para cuando terminamos la jornada, a mediado de las seis de la tarde, Tanner


ya tiene una cama tamaño king de madera oscura en la que dormir, dos mesitas
de noche y un enorme ropero en el que guardar sus camisas sin que se arruguen,
el mobiliario básico. Todavía el olor de la pintura blanca de las paredes de yeso
es molesto, pero después de que todos se van me tomo unos minutos para
deshacer su maleta y planchar lo que debe ser planchado antes de dejarlo en su
nuevo armario de manera ordenada, escuchando música para relajarme mientras
tanto, tras hacer un moño con mi cabello. Normalmente no haría tareas
domesticas por nadie, pero siempre he sentido un pinchazo en el pecho en lo
referente a su TOC, comparándolo con cuán desesperada me siento cuando
tocan mis cosas de trabajo o, más reciente aún, con las ETS, cuyos resultados
de los exámenes nos darán mañana. La mayoría de las personas se burlarían o
no lo tomarían en serio, pero realmente es algo que te hace sentir incómodo y
no te deja pensar en nada más hasta que tomas cartas en el asunto. Una vez
acabo, le echo un vistazo a mi celular. Tengo decenas de llamadas perdidas y
algunos mensajes de Malcolm, mis padres y mis clientes, entre ellos Tanner. El
de él es el último que reviso solo para irritarlo, ya que está en línea y sé que
sabe que yo también, pero un par de golpes a su ego no le harán daño.

Cuando finalmente abro su chat veo que no es uno, son varios.


Infinidad de ellos.

Tanner: ¿Cuáles son tus planes para hoy?

Tanner: ¿Tienes algún secreto que no quiera saber?

Tanner: Con secreto me refiero a otro imbécil en tu historial de imbéciles.

Tanner: ¿Savannah? Lo siento si estás trabajando y te ofendí, pero pasé por lo


de Jason y por tu oficina para almorzar contigo y no estabas en ninguno de los
dos lugares. Tu salmón se dañó y olía mal, así que lo boté en el contenedor de
basura de mi asistente. Lleva media hora oliendo sus axilas. Es gracioso como
la mierda, pero me divertiría más si atendieras mis llamadas y te masturbaras
con el sonido de mi voz en donde sea que estés.

Tanner: Yo también lo haría con la tuya.

Tanner: ¿Acaso estás con un cliente?

Tanner: Tomando en cuenta que ninguno de ellos te pagará como yo, ni te


follará como yo, deberías tenerme como prioridad y al menos responder.

Tanner: Ahora estoy en tu casa y no estás aquí tampoco.

Tanner: Quiero una maldita ducha.


Tanner: Pedí comida a domicilio, bazofia, o pizza, y se está enfriando.

Tanner: No le di propina al repartidor porque se rió de mí sentado en el piso,


esperándote como otro perro de tu camada, pero no puedo evitarlo. Te prometí
que te compensaría por lo del ascensor y eso es lo que tengo planeado hacer.
Estoy obsesionado con tus tetas y tu hermoso culo.

Tanner: También con tu cabello, cuando era negro.

Tanner: Con tu sonrisa.

Tanner: Y con la expresión en tu rostro cuando trabajas.

Tanner: Olvida la pizza. Ya me la comí.

Tanner: Te veo en línea, ¿por qué no contestas?

Tanner: ¿Es porque me comí la pizza? Pediré otra.

Tanner: El repartidor se negó a traerla a tu casa, así que fui a buscarla, ¿a


dónde tengo que llevarla? Creo que los demandaré porque me llamaron nazi a
mis espaldas cuando me iba, creyendo que no los escucharía, y mataré el
tiempo con mi abogado mientras me ignoras.

Tanner: Listo. Demandados.


Tanner: Me ofrecieron un cupón de pizza ilimitada por un año en
compensación, ¿estás interesada? Los dejaría salirse con la suya por ti.

Tanner: Llamé a Isla y no quiso decirme donde estabas. La odio por eso, pero
me alegra que por fin sepas lo que es tener una amiga de verdad.

Tanner: Por favor, no te acuestes con Ryland.

Tanner: Sería doloroso para ella porque se siente atraída hacia él e incómodo
para mí, ya que es mi abogado y ahora que eres mía, tendría que matarlo si te
toca y hay pocos abogados eficientes en Austin, además de que me obligaste a
hacerme su socio y ahora el idiota cree que somos amigos por tu culpa.

Tanner: ¿Debo reportarte como persona desaparecida?

Tanner: ¿Sav?

Mis manos tiemblan para el momento en el que leo su último mensaje, pero no
precisamente por su contenido, ya que son cosas que Tanner diría, sino más bien
por el hecho de que algunos de ellos lo dejan en vergüenza y no los borró cuando
pudo haberlo hecho, lo que significa que quizás después de nuestra charla de
ayer, una puerta se haya abierto entre nosotros en el sentido de que ya no tema
ser abierto conmigo. Por más que intente imaginarlo siendo de esa manera con
Pauline, no puedo. Esta versión de él solo es mía.

En lugar de responderle con palabras, le envió una foto de su piscina.

Tanner: Maldita seas, Savannah Campbell.


Tanner: Voy para allá.

Sonrío.

Yo: Trae vino.

*****

Para cuando Tanner llega, estoy nadando desnuda en la piscina. Se queda


viéndome en ella por un largo rato antes de depositar la caja de pizza y el par
de botellas de vino que trajo en el suelo y acercarse al borde. A diferencia de
mí, no busca entrar, limitándose a contemplarme hasta que estoy lista para salir.
Ya afuera, camino hacia él mientras las gotas de agua se deslizan por mi piel
desnuda. Se ve hermoso, como siempre, en uno de sus trajes oscuros y
mocasines. La dureza de su rostro se afloja cuando me pongo de puntitas y junto
juguetonamente nuestros labios, pero sin besarlo. Gimo sobre ellos cuando
amasa mi trasero con sus manos, lo que aprovecha para meter su lengua en mi
boca. Una vez está besándome como quiere, intenso y brusco, me toma entre
sus brazos y nos lleva a su nueva habitación mientras rodeo su cuello con mis
brazos. Ya ahí me deja en la cama, yo apretando mis muslos, mientras se
desnuda sin una pizca de vergüenza ante mis ojos.

No es que debería.

Cuando Dios lo creó, se tomó su tiempo para hacerlo perfecto.


Cuando el diablo decidió hacerlo una tentación para mí, no se equivocó.

Sus músculos están tonificados y desarrollados sin llegar a ser excesivos, siendo
sus brazos y su abdomen marcado a lo que más le presto atención hasta que se
desabrocha los pantalones y su erección es liberada. Su rostro es una mezcla de
todo lo bueno de Estados Unidos y todo lo bueno de Alemania en cuánto a
facciones, pero es su mirada intensa, oscura y mandona lo que más trae
humedad a mi entrepierna.

No puedo decirle que no cuando me mira así.

No quiero decirle que no.

Todo lo que soy es suyo para tomar.

─Más temprano tenía pensado lamerte hasta que rompieras tu record de


orgasmos y establecieras uno nuevo que nadie, salvo yo, podría romper, pero te
has portado mal. Me hiciste quedar como un idiota todo el maldito día,
esperando por ti mientras estabas aquí con todos los bastardos que te vieron
desnuda en mi piscina ayer. ─No puedo evitarlo. Un temblor me sacude cuando
se posiciona a sí mismo entre mis piernas y las separa, guiando su rostro a mi
necesitada abertura. Hago puños con las sábanas al sentir su aliento contra mis
terminaciones nerviosas─. Disfruta mientras puedas, Savannah, estás a punto
de ser castigada.

Eso es lo que dice antes de buscar mi clítoris con sus dientes y morderlo para
luego succionarlo con sus labios. Grito y después me arqueo cuando mete su
lengua en mí, pero acaricia el punto que antes torturó con su pulgar, trazando
círculos sobre él y pellizcándolo aleatoriamente. Lo que me hace se siente tan
bien que termino apretando su rostro con mis piernas para que nunca se vaya de
su lugar entre ellas, pero Tanner lo hace cuando mi respiración se vuelve
errática, dándome la vuelta.

Me da una palmada en el culo, fuerte, antes de separarse de mí, a lo que gimo


mientras lo espero. Por el rabillo del ojo lo veo dirigirse al sitio en el que dejó
sus pantalones y tomar algo de ellos, por lo que escondo el rostro en el colchón
creyendo que ha ido por su cinturón y estoy a punto de ser azotada, lo que no sé
si me gustará pero podría experimentar. Cuando regresa, sin embargo, escucho
el ruido de papel aluminio siendo rasgado, lo que significa que está colocándose
un condón.

Al girar mi rostro hacia el cristal que da con la piscina y ver nuestro reflejo en
él, la posición vulnerable en la que he decidido estar porque me excita, me
incorporo al darme cuenta de que un condón no es lo único que tomó de su
pantalón, pero la presión de su mano contra el centro de mi espalda me mantiene
abajo. Me quejo cuando una sustancia fría y viscosa se apodera de la
inexplorada zona de mi ano, seguida de un dedo que mete lentamente, pero sin
descanso, en ese agujero.

─Tanner ─sollozo cuando empieza a bombear en mi vagina también, más


rápido cuando mi cuerpo se adapta a la inesperada sensación.

Nunca he hecho sexo anal.

Siempre he querido, pero no me he atrevido porque no quería llevarme una


decepción haciéndolo con la persona incorrecta, pero mientras me toca así lo
único que puedo desear es sentirlo ahí también.

─¿Te duele?

No respondo, así que me da otra nalgada.


Sigo sin responder después de eso, por lo que se inclina sobre mí y me aplasta
con su peso, haciéndome chillar, mientras sigue masturbándome y, sospecho,
preparándome para él.

─Sí ─susurro finalmente─. Me duele.

Tanner mete otro dedo dentro de mi culo, sacando el que tenía en mi vagina, y
me ahogo cuando el placer que siento no disminuye, sino todo lo contrario.
Cuando estoy empezando a adaptarme a la sensación, cuela su otra mano por
debajo de mi pecho y pellizca uno de mis pezones.

─¿Te estoy lastimando?

Esta vez no lo presiono.

─Sí.

─¿Quieres más?

─Sí.

Tanner muerde mi cuello y hace un chupetón ahí por lo que parece una eternidad
en respuesta, robándome el poco aire que me queda, antes de dirigir sus labios
a mi oído y hablar directamente sobre él la siguiente vez, cuando ya me siento
drogada.
─Dime cuánto quieres que te folle.

─Mucho ─gimo─. Por favor, hazlo.

─Pero sabes cómo lo haré esta vez, ¿no?

Afirmo, moviendo mi trasero para frotarlo contra su mano y su erección hasta


que gruñe una advertencia que indica que está a punto de perder la paciencia,
justo lo que quiero que haga porque no quiero espera más.

─No me importa. Solo quiero tenerte dentro de mí.

─¿Quieres que sea el primero dentro de tu culo, Savannah? ¿Quieres ser


lastimada ahí también? Porque te aseguro que si seguimos con esto, mañana
cojearás ─advierte mientras se incorpora y tira de mí consigo, animándome a
arquear la espalda después y a mantener la cabeza baja. Sus dedos se retiran de
mí y me siento frustrada hasta que presiona la punta de su pene contra el lugar
en el que estaban─. Dime que quieres que lo destroce y lo haré, pero no me
moveré hasta que lo hagas.

Respondo mientras las lágrimas se deslizan por mis mejillas.

─Destrózame.

Agarra mis caderas, colocando sus dedos contra los verdugones que él mismo
puso ahí. Mi humedad prácticamente chorrea por mis muslos luego de eso.
Sucio, duro y cruel es justo como me gusta y Tanner, hasta ahora, es el único
que ha logrado sobrepasar mis expectativas. Ejerce presión hasta que la cabeza
entra, haciéndome boquear, pero no continúa y mi cuerpo empieza a
estremecerse debido a las nuevas sensaciones que me asaltan. De alguna manera
es mucho más profundo que el sexo convencional. Más significativo ya que
siento placer de una manera en la que no debería sentirlo y se encuentra
penalizada por la Biblia.

Al igual que el adulterio.

─Repítelo ─exige, apretando una de mis nalgas con fuerza.

Sollozo.

─Destrózame. Toma mi culo. Es tuyo.

Tanner lo hace.

Tras un empujón, consigue meter la mitad de su miembro. Tras varios,


haciéndome gritar tanto de placer como de dolor ya que ha vuelto a estimular
mi clítoris, siento sus testículos golpear una y otra vez contra la parte posterior
de mis muslos. Pierdo la cuenta de la cantidad de orgasmos que me asaltan, al
igual que la cantidad de calambres ascendiendo por mi columna vertebral cada
vez que se vuelve demasiado brusco, generalmente a la vez que me corro, pero
cuando él finalmente lo hace, presionando nuevamente mi cuerpo contra el
colchón al cernirse sobre mí, los sonidos que salen de mi garganta son roncos y
exhaustos.

Suplicantes.
─Realmente me duele ─susurro cuando no se mueve, su rostro enterrado en mi
nuca y sus manos firmes en mis caderas─. A menos que quieras volver a
follarme, deberías quitarte de encima.

Tanner ríe mientras obedece, saliendo de mí de una manera que hace que me
encoja con dolor y mis ojos nuevamente se llenen de lágrimas, pero que es
mucho mejor a haberlo hecho incómodo y despacio. Es tan grande que no logro
entender cómo sigo de una sola pieza cuando me siento tan rota, de una manera
oscura y placentera, por dentro.

─Te lo advertí ─dice mientras las limpia con sus pulgares.

─Las advertencias mientras tienes sexo no valen.

No es como si tuviera un buen juicio mientras tanto.

Tanner besa la punta de mi nariz.

─Tengo todo el fin de semana para compensarte y cuidar de ti ─promete con


ojos cálidos, también levemente preocupados, aunque satisfechos. Lo conozco
lo suficiente como para saber que no se arrepiente─. Vamos a darnos un baño.
Vi que instalaron la ducha.

Y antes de dejarme contestar, me toma nuevamente en brazos y me lleva a


donde quiere. Había algunos productos de aseo personal en su maleta que puse
en el baño, así que me sostiene mientras nos limpiamos, él haciendo todo el
trabajo por los dos, y nos besamos bajo el agua caliente. Una vez volvemos a
oler como seres humanos y no como animales en celo, me deja envuelta en una
toalla en su cama mientras va por la pizza y el vino.
Cuando mi pecho se aprieta al verlo regresar con ambas cosas, todavía desnudo
salvo por un par de calzoncillos ajustados, me estremezco.

Me aterra darme cuenta que cada vez se siente mejor estar con él.

De que sea lo que sea que siento, no disminuirá.


Capítulo 33
Al igual que la última vez, manejo la depresión lo mejor que puedo durante el
par de semanas posteriores al concurso. Deposito cada gramo pensante de mi
mente en obtener las calificaciones más altas de mi semestre. Redoblo mi
consumo de gasolina al rodear el campus para ir a mis clases sin tener que
pasar por el campo de fútbol y el tiempo que paso en el gimnasio entrenando.
Estudio y hago la mayoría de mis bocetos en la biblioteca o en Rusty's,
minimizando tanto como sea posible las posibilidades de encontrarme con
Tanner y con Pauline en nuestro dormitorio, especialmente con él ya que
toparme con ella es inevitable dado que vivimos juntas. También salgo un par
de veces con Weston, al cine y a cenar en el nuevo restaurante francés de Austin
en el que se suponía que íbamos a celebrar mi éxito, lo que termina en sexo en
su habitación de Maleeh, pero me concentro más que todo en mí y en aliviar la
decepción de mis padres al saber que no gané pese a los días extras que me
concedió la universidad, a lo sucedido con Gordon, siendo una mejor
estudiante. Me reservo la verdadera razón por la que perdí.

Mi madre no sería capaz de verme a los ojos de nuevo de saberlo.

Ella no lo entendería.

No solo se trata de haber dejado que un chico ensuciara lo que más amo hacer,
sino de haber dejado escapar una gran oportunidad para que dicha enfermedad
no se extendiera. Todo en ese edificio gritaba Tanner Reed. Estuvo inspirado
en él y en los Longhorns. Me recordaría por siempre lo que hizo por mí por las
razones incorrectas y me confundiría todavía más por tanto tiempo como
permaneciera elevado sobre sí.
También me dolería.

Díganme estúpida, pero así no es como quiero recordar mi primer logro.

Sin embargo, eso no significa que no duela haberlo dejado ir. He llorado tantas
noches hasta quedarme dormida que a penas logro recordar cómo se sentía
hacerlo de manera normal. No soporto a Tanner. No soporto a Pauline. Ni
siquiera puedo verlos a los ojos sin querer vomitar, por lo que los ignoro de
manera fría y cortante ya que me hicieron sentir parte de un retorcido juego
entre ellos aunque ella insista con sus acciones en que no entiende el por qué
de mi distanciamiento, como siempre, y él no deje de mirarme con el ceño
fruncido cada vez que se topa conmigo.

Solo que esta vez no es ira lo que contiene su expresión.

Es ansiedad.

Impaciencia.

Expectación.
Pero no me importa en lo absoluto, así que ni siquiera me esfuerzo en
descifrarlo o en leerlo más allá de la superficie. No quiero su perversa
influencia sobre mí y no lo quiero cerca aunque tenga que soportarlo por lo
que queda del tiempo que continúe viviendo con Pauline. A partir del instante
en el que salí de la galería con el pecho sangrante por más de una razón,
empecé la ansiosa cuenta regresiva para que sus días en la universidad
terminen pese a que sé que alguien como él, el capitán que llevó a los
Longhorns a una racha larga de partidos invictos y el presidente de la
fraternidad más importante del estado desde su segundo semestre, será una
leyenda por tanto tiempo como le tome a alguien más superar sus logros. El
problema con Tanner Reed es que nadie lo hará tan fácilmente y cuando salga
la luz que no tiene pensado buscar una carrera en la NFL, el corazón roto de
sus fanáticos lo hará inmortal. Aún más inmortal de lo que lo hubiera sido como
deportista, ya que le estará diciendo a todos sus fanáticos y al fútbol americano
que no son lo suficientemente buenos para él y sé, por experiencia, cuán malo
es eso.

Su encanto consiste en ser perfecto de una manera que trae una punzada de
dolor a ti ya que sabes que jamás estarás a su altura.

Una que ya no me interesa alcanzar.

*****

El período académico está por terminar. Halloween está a solo un par de días.
Se supone que lo pasaría en Houston con mi madre y decoraríamos calabazas
juntas pese a que esa celebridad tiene un significado más profundo para ella y
Larissa preferiría mil veces volar a la Riviera Maya en esta época para pasar
el día de los muertos y un par de semanas con mi abuela, pero estoy atrapada
en Austin debido a mis exámenes finales. Mis padres lo entienden sin importar
que hayan cancelado unas vacaciones para estar conmigo, pero por primera
vez desde que tengo memoria me dicen que no me esfuerce demasiado. Son
capaces de detectar el cansancio en mi voz cuando hablo con ellos por teléfono,
el tono que solo haber estudiado una semana entera sin dormir te puede dar,
esa y las veces anteriores que hablamos.

Saben que me estoy esforzando.

Eso me alivia y me permite continuar con mis planes para Halloween en Austin
sin remordimientos. No quiero tener nada que ver con las fiestas en el campus,
en las que estoy segura que Tanner y el equipo de fútbol harán acto de
presencia en cada una de ellas, ni tampoco pienso quedarme en mi habitación
como una perdedora y si sigo preparándome para mis evaluaciones, mi mente
explotará. Halloween siempre fue mi fecha favorita del año ya que durante ella
podía permitirme ser yo misma, mostrar la fealdad de mi alma, y nadie me
juzgaría. Desde temprana edad odié ir a recolectar caramelos con otros niños,
pero me encantó alardear tener el mejor disfraz y recorrer las calles de nuestro
vecindario de la mano de mis padres, pero nunca vestida como princesa.

No.

Cuando nos quedamos en Estados Unidos, los Campbell nos tomamos el


Halloween a pecho. Larissa hace de nuestra casa la envidia de todas las demás
casas en materia de decoración, yendo más allá de simples telarañas falsas,
calabazas y muñecos de plástico. Mi padre vacía de caramelos cada tienda
cerca y en lugar de entregarlos de la manera convencional, siempre encuentra
maneras creativas para hacerlo, siendo la mejor de ella la vez que los lanzamos
desde el segundo piso con ballestas. Sus socios siempre llevan a sus hijos a
nuestro hogar por eso. Nuestros disfraces tampoco son convencionales. Son
aterradores y graciosos más allá de la razón debido a que siempre están
basados en situaciones escalofriantes de la vida real que pueden suceder y no
a la fantasía. Sonrío al recordar mi traje del último año. Una paciente de que
despertó de la anestesia durante su intervención quirúrgica, por lo que estaba
cubierta de sangre, en una bata de hospital y las vísceras sobresaliendo de mi
cuerpo mientras arrastraba un carrito con una bombona de oxígeno era el
cirujano loco. Mamá su enfermera.

Tenía quince.

Nadie nunca me había dicho que no o me había rechazado.

Ningún chico importaba, solo eran entretenimiento para pasar el rato.

Era feliz y no lo sabía.

Así que ya que no quiero ir a ninguna fiesta en el campus y tampoco quiero


quedarme en mi dormitorio, a dónde seguramente Tanner y Pauline vendrán
más tarde, sonrío cuando Hans, el chico que conocí brevemente en la
habitación de Anahí y que me ayudó a subir el resto de mis cosas cuando eché
a Tanner, siguiéndome en redes sociales cuando pasó todo lo de Gordon,
postea una imagen solicitando voluntarios con urgencia, a último minuto, para
aterrar a las personas en un tour por el cementerio con el fin de recaudar
fondos para su siguiente excursión a Corpus Christi. Al igual que mi ex
compañera de habitación, estudia biología marina, pero eso nunca ha
explicado por qué estaba sin camisa en su habitación cuando llegué con
Tanner. Tampoco me interesa. Me envía una carita lanzándome un beso cuando
me postulo y me pregunta a qué hora estaré allá cuando le envío una foto de mi
disfraz.
*****

Cuando entré en la universidad, se suponía que sería parte del equipo de


animadoras de los Longhorns, pero no fui a ninguna de sus prácticas aún
cuando ya estaba inscrita en él y después de un tiempo tanto la capitana como
la entrenadora se cansaron de llamarme. Tengo el uniforme, sin embargo,
envuelto en una bolsa de plástico en el fondo de mi armario. Me lo pongo y
cuando termino de hacerle todas las modificaciones que amerita usando la
sangre falsa y los accesorios que compré en la tienda de disfraces, soy el terror
de cualquier acróbata. Mis huesos sobresalen de mis articulaciones debido a
una mala caída. Mi cuello está roto. Mi piel se desprende. La sangre salpica el
blanco y el naranja, los colores del equipo de Tanner, en abundancia. Ato mi
cabello con una cinta naranja vibrante y me doy unos últimos toques con talco.
Todavía tengo la chaqueta de Tanner y no tengo pensado usarla más adelante,
por lo que la corto con las mismas tijeras que usamos para mi proyecto y la
lleno de rojo hasta que el número en la parte trasera es irreconocible. Mi rostro
está lleno de moretones y heridas abiertas. Voy a asustar personas esta noche,
así que me coloco un par de lentillas blancas en los ojos.

Por último, relleno un termo con vodka y salgo de mi dormitorio antes de que
Pauline regrese de su cita con su novio y me arrastren con ellos de una u otra
manera, ya sea física o emocionalmente.

*****

Austin no está en lo absoluto dormido hoy, las personas celebrando en las


calles con sus mejores disfraces y canastos repletos de caramelos. No quise
conducir, por lo que tomé un taxi hasta el cementerio. Reí cuando el chófer se
estremeció al verme detalladamente cuando llegamos y me bajé de su auto.
Debido a la emoción que su reacción me produjo, le dejé quedarse con el
cambio. La acera estaba llena de familias, pero al cementerio solamente
accedían adultos. Mis labios se curvan hacia arriba cuando identifico a
algunos de los estudiantes de mi facultad, la mayoría de ellos frikis que no
recibieron una invitación a una fiesta, aunque también algunos deportistas y
otro tipo de estudiantes, entrando en él, pero ninguno perteneciente a los
grupos en los cuales suelo desenvolverme. Agito mis pompones hacia ellos
cuando paso corriendo a su lado, haciéndolos saltar y fruncirme el ceño antes
de reír.

─¡Arriba, Longhorns! ─grito, alzando los brazos y tropezando falsamente, lo


que ocasiona que jadeen ante la visión del ángulo del hueso saliendo de mi
pierna y suelte una risita mientras me alejo de grupo.

Después de atormentar a algunos estudiantes más y tomarme fotografías con


otros, finalmente llego a la fuente en un pequeño parquecito en la que Hans me
espera, fumando un porro con pintura negra y blanca en todo el cuerpo. Es una
calavera y aunque no es exactamente terrorífico, es escalofriante. No entiendo
cómo puede soportar el frío de la noche de hoy, el cual agita los árboles a
nuestro alrededor, haciendo sonar sus hojas, ya que solo está usando un par de
vaqueros oscuros, pero se ve en su elemento.

Asiente en mi dirección en reconocimiento.

─¿En dónde quieres que esté? ─le pregunto.

Tras liberar una nueva nube de humo, inclina la cabeza hacia un sendero que
conduce a una especie de bosque alumbrado con velas en el suelo. Más allá
hay tumbas más elaboradas hechas de hermosas estructuras de mármol. Una
espesa neblina, la cual sale de diversos ductos en el suelo, cubre el piso. Está
desierto, ya que nadie tiene las agallas para pasar por ahí todavía, pero estoy
segura de que más adelante lo harán. Sonrío ampliamente mientras muevo la
correa de mi cantimplora al frente para tomarla y llevarla a mis labios.
Tras tomar un sorbo de licor, afirmo.

─Por mí está bien.

Hans silba.

─Estaba bromeando. Puedes ir por el otro camino, como las otras chicas.

Esta vez cuando ladea la cabeza, lo hace en la dirección contraria. Del otro
lado hay una infinita cantidad de parejas caminando por un sendero lo
suficientemente alumbrado como para intuir que cualquier miedo que puedan
llegar a sentir será falso. Una excusa para acurrucarse contra sus novios.
Sonrío cuando una chica disfrazada de conejita hace exactamente eso,
arrimándose al pecho de su chico, un pirata, cuando una araña salta sobre ella
desde una de las ramas de los árboles a sus costados.

Me recuerda a mí haciendo exactamente eso mismo con Ibor.

Relamo mis labios antes de ver nuevamente a Hans.

─No, el primero está bien.

Sin obtener más que una sonrisa irónica como respuesta de su parte, me giro y
me adentro en las profundidades del bosque del cementerio St. John, el cual
también tengo entendido que saldrá beneficiado de la recolecta. En el camino
me topo con una carretilla llena de herramientas escondida tras un enorme
tronco de raíces profundas, la cual arrastro hasta la más profunda oscuridad
usando mi teléfono como linterna y tomando uno que otro trago mientras el
sudor empieza a aparecer, pero no me preocupa arruinar mi maquillaje. Otra
chica estaría aterrada en mi lugar, arrastrándose por lo más terrorífico de un
cementerio a solas, pero mi abuela y mi madre siempre me inculcaron que debo
tenerle más miedo a los vivos que a los muertos. Dado a que ningún fantasma
me ha hecho daño hasta la fecha, no me quedó de otra más que darle la razón
mientras crecía. Los vivos eran la amenaza.

Media hora después, ya he preparado todas las trampas alrededor del sendero.
Al principio lo hice sola, pero después de unos minutos Hans apareció con otros
amigos calaveras y me ayudaron. Vinieron más voluntarios a esconderse
conmigo en la oscuridad y a manejarlas. Después de un rato, finalmente las
personas se atreven a caminar por dónde estamos.

─¡Eso es, equipo! ─grito después de arrojarme al suelo, frente a una pareja de
chicos que iba pasando, y hacerlos gritar con la visión de mis huesos rotos.

Es como ver una representación en vivo de Destino Final.

Después de que corren lejos de mí, me incorporo riendo y regreso a la


profundidad del bosque. Para el siguiente grupo que pasa, uno de ellos recoge
uno de mis pompones del sendero y se lo enseña a sus amigos. Me acerco a
ellos y se lo arrebato de la mano, cojeando, haciendo que se estremezcan. Para
los próximos, manipulo las luces de las velas, apagándolas por donde transitan
con un soplador de hojas a la lejanía, antes de que mis compañeros calaveras,
entre ellos Hans, se acerquen y los asusten empujándolos y atajándolos como
si fueran pelotas de ping pong.

Después de eso, Hans se acerca a mí y choca los cinco conmigo.


─Cuando me escribiste pensé que solo sacaría provecho para la recaudación
de lo bien que luces con ese pequeño y ajustado traje de animadora, el cual
está en el equilibrio perfecto entre una stripper y Lolita, pero lo tienes en ti.

Suelto una risita.

─Gracias.

Se encoje de hombros, metiendo su mano en el interior de su bolsillo y sacando


un cigarrillo. Niego cuando me lo tiende. Tras encenderlo, vuelve a dirigirme
la palabra mientras exhala. Es vicioso como Tanner, pero cuando el mariscal
de campo de los Longhorns fuma, no se siente como si el vicio lo dominara a
él, como con Hans, sino más bien todo lo contrario.

Sacudo la cabeza cuando mi mente me lleva a pensar en él.

Estoy aquí para divertirme, no para seguir obsesionada.

Hans me mira con curiosidad.

─Escuché lo que pasó con Gordon y Anahí, ¿todo bien?

Afirmo.

─Sí, ¿qué hay de ti?


Se encoje de hombros.

─Nada nuevo ─dice tras tomar una última calada de su cigarrillo y arrojar la
colilla al suelo, aplastándola con la suela de su zapato. Frunzo el ceño cuando
se acerca a mí, sin entender sus intenciones. Hans es atractivo al estilo estrella
de rock, pero no es mi tipo. Le falta músculo para serlo. Músculo y seriedad─.
Gracias por no haber ido tras Ana ─susurra finalmente, sus ojos usualmente
indiferentes llenándose de calidez─. Su situación es complicada.

La arruga en mi frente se profundiza.

─¿Eres su compañero de estudio o algo más?

─Soy su compañero de estudio, pero también soy el camello de Gordon


─responde y exhala con brusquedad, como si hubiera estado esperando
demasiado tiempo para decirlo en voz alta y no pudiera contenerse. No estoy
sorprendida por ello, con sus tatuajes, delgadez y cabello oscuro desordenado
es el estereotipo de cómo se ven los camellos, sino por la forma en la que confía
en mí para admitirlo. Tampoco me impresiona que Gordon sea drogadicto. En
realidad no me sorprendería que estuviera asociado a todos los adjetivos
calificativos negativos. Es el mayor de los imbéciles─. Anahí es la moneda con
la que paga cada vez que quiere consumir. ─Me congelo, por lo que
rápidamente añade─: Es consensuado, por supuesto.

Hago una mueca.

─Eso no lo hace sonar más bonito.

Se encoje de hombros.
─Es como es.

Ya que soy mejor persona para juzgar a los demás, no digo nada al respecto.
Camino lejos de él para tomar mis pompones abandonados en el suelo y los
agito suavemente en mis manos, viendo por el rabillo del ojo cómo una pareja
ha empezado a acercarse. Hans es genial. Camello o no, sin músculos o no,
definitivamente es mejor partido que Gordon aún si forma parte de un trato tan
detestable. Por la manera en la que habla de ella, sospecho que le importa,
pero todavía sigue siendo una situación que no todos verían correcta. Que no
es correcta, pero es la vida de quién la vive y ya.

Desde afuera puedes opinar, pero eso no significa que nada vaya a cambiar.

─¿Por qué me cuentas esto?

Hans desvía la mirada hacia el camino.

─Porque necesitaba decírselo a alguien y no sentirme como un maldito


monstruo por aprovecharme de su situación. No es una justificación, pero no
puedo dejarla sabiendo que terminará en una peor situación si lo hago.
─Vuelve a mirarme, ofreciéndome una sonrisa triste─. Y porque de todas las
malditas personas en el campus, sé que puedes guardar un secreto.

Mis cejas se unen.

─¿Qué se supone que significa eso?


─Significa lo que tú quieras que signifique, pero todas las variantes que puedas
imaginar me dan la razón ─susurra, colocándose detrás de mí. Sus manos van
a mis hombros y me dan la vuelta, por lo que la pareja que antes había visto de
lejos queda frente a mí. La ira recorre mi cuerpo al identificar a Tanner y a
Pauline. Él está disfrazado como un integrante del equipo SWAT, lo que
significa que lleva un uniforme negro, chaleco antibalas y un arma, no cargada,
espero, que se adhiere deliciosamente a su cuerpo. Pauline lo hace como
cenicienta, su vestido azul y sus zapatos de tacón de cristal─. Y lo que más
piensas que no pasará, siempre sucede. No es premonición. Es instinto.

Las velas se apagan gracias al soplador de hojas que alguien acciona lejos del
alcance de su visión. Trago cuando Pauline se asusta y se acurruca contra él.
Tanner no tarda en envolverla con sus brazos, sonriéndole, y aunque llevo su
chaqueta, nunca he sentido más frío que en este momento.

Me giro para ver a Hans.

─¿Cómo le dices a la persona que amas que es idiota por no darse cuenta de
que tú eres la mejor opción? ─pregunto con un hilo de voz.

Traga, su nuez moviéndose.

─No lo haces ─susurra─. Porque si de verdad amas a esa persona, la dejas


crecer y cometer errores para que sea mejor el día de mañana, contigo o sin ti.
Nadie es dueño de nadie. Lamentablemente no puedes obligar a tu alma gemela
a reconocerte si no quiere hacerlo. En mi opinión, es más fácil tomar tanto
como puedas, conformarte con dejar una huella, y dejar todo lo difícil para la
siguiente vida si todo en esta grita que no debemos, o no podemos, estar juntos.
Quizás en ella tendremos más suerte. Quizás no.

Tras echarle un vistazo de reojo a Tanner y Pauline, asiento con suavidad.


Estoy cansada. Agotada. Asqueada.

En otra vida será.

Tras sonreírme, Hans toma mi mano y me lleva a dónde ellos se encuentran.


No puedo evitar reír mientras corro. Estoy irreconocible, por lo que ninguno
de los dos sabe quién soy cuando caigo frente a ellos y agito mis pompones
suavemente. Pauline grita y ríe, saltando sobre Tanner. Él sisea entre dientes,
echándome un vistazo con la frente arrugada y el rostro pálido, antes de
continuar con prisa por el sendero. Unos metros después, sin embargo, son
interceptados por Hans y su pandilla puro hueso. Me acerco a ellos cojeando
y agito mis pompones sobre el rostro de Pauline, ahogándola. Ella lucha por
alejarse de mí a la vez que Tanner gruñe en dirección a mis compañeros, pero
no lo permito, caminando en su dirección mientras retrocede y agita los brazos
para alejarme. Después de que ellos terminan el asalto, yendo por su siguiente
víctima, Tanner se acerca a mí y me hace dar la vuelta con brusquedad. Cuando
lo veo, la ira predomina sus facciones, pero también hay algo de pánico ahí. Su
mandíbula está apretada y a la vez floja. Tras nosotros, Pauline boquea como
un pez. Sus ojos lagrimean y sus manos palpan su cuello como si la hubiera
ahorcado o algo por el estilo.

No puedo evitar reír. Está siendo una reina del drama.

Cualquier razón que me impediría ser mala con ella, no existe hoy.

─Suficiente ─sisea él cuando extiendo mis pompones hacia ella y grita,


aumentando mi diversión─. Suficiente ─repite, empujándome contra la corteza
de un árbol─. ¿No oíste? No estás siendo entretenida. Estás siendo una matona.
Si fuera tú, en este mismo momento me disculparía con ella.
Apartando mis ojos sin irises de Pauline, me concentro en él.

Sonrío, haciéndolo temblar.

─¡Vamos, equipo! ─grito con voz chillona, lo suficientemente aguda como para
que no me reconozca, mientras lo abofeteo una y otra vez con mis pompones─.
¡Vamos, Longhorns! ¡Vamos, Reed, haz una anotación por mí!

Cuando empieza a toser y siento la mano de Pauline dirigirse a mi cabello,


probablemente para tirar de él por molestar a su novio, corro.

Pero no lo hago lo suficientemente rápido.

Tanner alcanza mi muñeca por unos segundos, haciéndome mirar atrás


mientras tiro de ella fuera de su agarre, y su cara es un poema.

La línea apretada de su mandíbula grita enojo.

Sus labios curvados hacia abajo, pero también hacia arriba, gritan diversión.

Su ceño fruncido grita confusión.

Pero, más importante, sus ojos negros gritan conocimiento.


Capítulo 34
Los trabajadores vienen al ático para cumplir jornada hasta el mediodía, pero
después de eso sigue siendo solo para nosotros. Tanner se encarga de
supervisarlos mientras yo me quedo en su cama, viendo películas y comiendo
galletas que trajo del supermercado por la mañana, además de otras cosas para
su refrigerador y la despensa. Oreos de todos los sabores que mezclo con helado.
Cuando termino con ellas y con una maratón de películas que incluye Juegos
sexuales, una de mis favoritas, es la hora del almuerzo y finalmente se une a mí.
Lleva pantalones oscuros y una sencilla camisa negra arremangada. Tras
mirarme desde el umbral de la puerta por un momento, sus labios en una
curvatura hacia abajo que simboliza una mueca divertida, se acerca y se inclina
sobre mí. Por un momento creo que va a besarme, pero suspiro cuando me quita
exceso de helado del rostro con el pulgar y lo degusta en su boca mientras se
aleja. Para no ser un fanático de mis galletas favoritas, parece complacido con
el sabor. Aunque mi cuerpo está herido, no puedo evitar quererlo una y otra vez
hasta que no quede nada de ninguno de nosotros ya que sé que aunque no lo
demuestre como yo, cada vez cae más profundo en el agujero negro que me
acusó de ser una vez.

Es como estarlo viendo salir de su caparazón, de su disfraz.

Ser la persona que en realidad es.

─¿Sigues sin poder moverte? ─pregunta, sonando preocupado y satisfecho en


partes iguales ya que logró lo que ambos queríamos anoche: que caminara como
un pato al día siguiente, suponiendo que pueda caminar ya que no lo he
intentado porque el solo hecho de cambiar de posición me lastima.
Mi sonrisa se deshace, mis mejillas volviéndose calientes.

─Sí ─respondo─. Todavía me duele.

Creo que esta vez fui demasiado lejos con mi apetito sexual al no preparar mi
cuerpo para la intromisión de Tanner, por no mencionar el hecho de que es
grande y agresivo, conmigo, por naturaleza. Si pudiera retroceder en el tiempo
para ponerme más lubricante o usar una de esas bonitas colas de gatito por un
par de horas, lo haría. Si pudiera darle cualquier consejo útil a una chica, además
de no enamorarse del novio de alguien más, sería no tener sexo anal sin la debida
preparación. Él al menos tiene la decencia de fingir sentirse culpable cuando
llevo mis ojos nuevamente a su rostro, ya que, como siempre, no puedo evitar
recorrerlo de pies a cabeza y disfrutar de la vista. Tampoco regodearme del
hecho de que ahora sea mío.

Dios.

Soy terriblemente masoquista por desear más en este estado.

Empiezo a preguntarme si tiene razón con respecto a mi sexualidad. Si el hecho


de haber perdido la virginidad cómo lo hice y a una edad tan temprana desató
en mí algo extraño. Como si supiera qué pasa por mi mente, al menos mi apetito
de él, su mueca se convierte en una sonrisa egocéntrica. Quiero golpearlo, pero
también quiero montarlo hasta borrarla de su rostro y satisfacerlo de una manera
que lo dejará igual de dolorido que yo.

Tal vez más tarde, cuando me sienta mejor.

─Bien, entonces transferiré nuestros planes de hoy a mañana ─dictamina.

Mis cejas se unen.

No sabía que quisiera hacer algo más que estar aquí, escondidos.

Porque hasta que no sea libre ante la ley, soy su sucio secreto.

Me cuesta imaginarlo estando bien con la opinión de los demás ante ello si
salimos y se hace evidente el hecho de que Pauline no es la única en su vida.

─¿Qué planes?
Tanner simplemente ignora mi pregunta y se marcha de la habitación,
dejándome con la intriga. Me trago un jadeo, varios, en realidad, pero
finalmente me incorporo y me bajo de la cama. Estoy usando un cómodo pijama
lila de algodón de pantalones cortos y top suelto que trajo de mi casa, junto con
ropa para pasar un par de días. Bajo los escalones de la escalera de cristal
lentamente y camino despacio en dirección a la cocina, embelesada con la
imagen de él adornando con vegetales y condimentando con especias un pollo
entero en una bandeja anti adherente. Su gesto es de profunda concentración
hasta que me escucha acercarme, pero vuelve a lo que está haciendo después de
echarme un rápido vistazo. Sonríe cuando me quejo al sentarme en uno de los
taburetes altos frente al mesón de mármol blanco en el que trabaja.

Por mucho que quiera ocultarlo o encontrarle sentido a mi conducta sexual


masoquista, lo disfruta tanto como yo. Es un bastardo sádico.

─Siempre olvido que sabes cómo cocinar ─susurro.

Su frente se arruga mientras coloca un trozo de zanahoria en su lugar.

Supongo que cocinar es terapéutico para él, como manejo de la ira.

─Pasé mucho tiempo en la cocina con mi madre mientras crecía.

Son contadas las veces que Tanner menciona a la señora Reed, así que mi oído
se agudiza. Es mucho más reservado con ella de lo que Malcolm lo es con su
progenitora y eso es bastante tomando en cuenta que lo primero que hizo su
hermanastro al tener dinero fue comprarle una mansión a su madre en un
vecindario de lujo solo con el fin de preservar su seguridad e intimidad.
─¿Tu sueño frustrado es ser chef? ─pregunto, queriendo indagar más en su
infancia sin sonar muy obvia─. ¿Por eso nunca te viste dentro de la NFL?

Tanner me mira con la expresión en blanco.

─¿Tengo cara de lucir como alguien que podría ser feliz si pasara todo el día en
una maldita cocina, sirviendo a otros? No escogí seguir con el fútbol porque
odiaría cada día en el que alguien más tomara decisiones por mí y ese era un
trabajo que pagaba infinitamente mejor que ser chef, así que no, Savannah, no
quería ser un puto cocinero ─gruñe, concentrándose nuevamente en el pollo─.
¿Cuántas veces tengo que explicarte que prefiero ser la persona que maneja a
otras y que no quería ser un triste jugador? ─Su expresión malhumorada está de
regreso, pero no deja de arreglar su pollo. Por algún motivo se ve enojado más
allá del hecho de tener que responder a una pregunta que le he hecho mil veces.
Cuando vuelve a hablar, su tono de voz es una mezcla de burla y desagrado─.
¿De verdad piensas que el éxito de esos idiotas es eterno? La mayoría de ellos
terminan en la quiebra antes de la jubilación en el caso de que una lesión no los
haya enviado al barrio del cual salieron sin haber depositado su primer cheque
en el banco. Ser bueno en el fútbol o un maleante es la única esperanza para los
de la clase baja que no se esfuerzan por destacar a través del sistema educativo.
Para ser una mujer inteligente que incluso puedo decir que admiro, tu
fascinación por los deportistas te resta puntos. El que manejen grandes cifras no
borra el hecho de que cuando les hablas, es como si le hablaras a un parquero.

Mi ceño se frunce. Me cruzo de brazos.

La ira se concentra como una pelota de lava en mi pecho.

─Malcolm te adora, Tanner. No entiendo cómo puedes hablar así de ellos


tomando en cuenta que tu hermano es el mariscal de los Kings ─le reprocho.
En vez de disculparse, su mandíbula se aprieta y siento cómo su ira crece.

─Eso no lo hace menos imbécil.

Me estremezco. Sin importar el dolor que eso me ocasiona, me levanto.


Malcolm no merece que se exprese de él de esa manera. Es dulce, gentil y
bueno. Probablemente una de las pocas cosas brillantes en nuestra vida. En la
mía como mi mejor amigo. En la suya como su hermanastro, quién no le tiene
ningún tipo de resentimiento cuando tiene todas las razones para hacerlo ya que
fue Tanner quién recibió los regalos bajo del árbol la mañana de navidad y los
deliciosos pasteles en los cumpleaños y no Malcolm, además de las fotografías
enmarcadas de momentos familiares que su hermano no tuvo por ser producto
de una aventura. Incapaz de verlo a los ojos, empiezo a caminar hacia las
escaleras para ir a su habitación y recoger mis cosas.

Estoy furiosa.

─¿Qué crees que haces? ─pregunta rodeando mi muñeca con su mano,


deteniéndome cuando estoy a punto de subir el primer escalón.

Sin ver sus ojos, niego.

─No me gustó cómo te escuchaste.


Lo siento relajarse junto a mí mientras me suelta. Finalmente encuentro la
fuerza para verlo a la cara. Su mandíbula continúa apretada, pero se esfuerza
para que sus hombros luzcan sin ningún tipo de tensión en ellos.

─Es solo mi punto de vista ─dice, su nuez moviéndose mientras traga,


restándole importancia al asunto con un ligero encogimiento de hombros.

─No me agrada tu punto de vista.

─No tiene por qué hacerlo. Es el mío, no el tuyo.

Mi mandíbula se desencaja.

─Es desagradable.

─No tienes por qué compartirlo, Savannah. No compartimos la misma opinión


en muchas cosas. No entiendo la razón por la que eso es un problema ahora.
─La incredulidad se apodera de mí ante sus palabras. Podemos coexistir
discrepando en muchas cosas, sí, pero no en esto. Tanner no tiene por qué ser
tan clasista y grosero, más cuando se trata de un tema que involucra a Malcolm.
Creo que ni siquiera sería capaz de dejarlo pasar si él no fuera mi amigo. El
hecho de que hable así de su hermano indica que hay algo malo ocurriendo en
su mente─. A menos que sea por él que estás así.

Palidezco, frunciendo el ceño y ladeando la cabeza ante sus insinuaciones.

─No hay nada entre tu hermano y yo y estoy un poco harta del hecho de que
pienses que quiero acostarme con todos los hombres que conozco.
El destello de algo peligroso se adueña de sus ojos oscuros.

─¿No hay nada? ─pregunta, avanzando hacia mí mientras yo retrocedo.

Niego.

─No ─admito en voz alta cuando mi trasero choca contra la barandilla de la


escalera y todavía no obtengo una respuesta de su parte más allá de su
intimidación, trayéndolo de regreso a su época de matón, lo cual me hace tanto
o más enferma que él debido a cómo mis muslos se aprieten.

Tanner inclina su cabeza hacia abajo cuando me alcanza, manteniendo mi rostro


hacia arriba con sus manos ahuecando mis mejillas. Su mirada oscura está cien
por ciento concentrada en mis expresiones, como si no quisiera perder detalle
de ellas o analizara hasta el más mínimo gesto que hago.

No entiendo por qué.

─¿Entonces por qué pasas tanto tiempo con él? ¿Por qué sonríes como si te
hubieras ganado la lotería cada vez que hablan por teléfono? ─interroga,
haciendo que mis rodillas se sientan débiles porque nunca pensé que su arrebato
anterior tuviera algo que ver con los celos ya que, en primer lugar, no tiene
derecho a estar celoso. No cuando todavía sigue casado con Pauline y lo vi con
esa morena parecida a mí durante el último partido de Malcolm al que fui, por
la cual no he preguntado─. ¿Por qué lucen como una pareja de un millón de
dólares en todas las malditas redes sociales? ¿Por qué vas a sus juegos y cenan
con tus padres? ¿Por qué se toma tantas molestias con Will? ¿Por qué ha
recibido ramos de flores de Larissa tras cada victoria y se queda en tu casa en
Miami cuando los Kings le alquilarían una mansión si quisiera?

─Tanner...
Se echa hacia atrás con expresión amarga, como si hubiera degustado ácido,
cuando no encuentro inmediatamente algo que justifique todo lo anterior sin
recurrir a una respuesta evasiva o que signifique que no quiero contestar porque
tiene razón al sospechar que hay algo entre Malcolm y yo.

─¿Sin palabras, Savannah? ─Hace una mueca─. Eso es jodido.

Tras humedecer mis labios, por fin consigo replicar.

─Malcolm y yo no tenemos nada más allá de una buena amistad.

─Eso no significa que a una parte de ti no le gustaría.

Tras decir esto, se gira y camina de regreso a la cocina. Lo dejo dar un par de
pasos hacia ella antes de alcanzarlo y hacer que se dé la vuelta tomando el
dobladillo de su camisa en mi mano. Cuando Tanner me mira nuevamente, no
hay ningún tipo de emoción en su rostro, lo que sé que solo es una máscara para
ocultar lo que siente. Se me queda viendo mientras cuelo una mano en el interior
de su camisa, palpando sus abdominales y la V debajo de ellos. Él se limita a
contemplarme como si fuera inmune a mi toque a pesar de que sus músculos se
contraen cuando paso mis dedos sobre ellos.

─No importa lo que escuches o veas. Malcolm es amigable. Es atractivo.


Extremadamente dulce y atento. En el caso de que un día ocurra el milagro en
el que me vea como más que una amiga, no niego que sea el hombre indicado
para llevar a cenar con mis padres porque es el sueño de cualquier mujer hecho
realidad. ─Mis labios se curvan hacia arriba cuando empieza a alejarse de mí
con una porción de su máscara resquebrajándose y enseñándome su cólera al
oírme hablar de su hermano así, pero no lo dejo ir. Rodeo su cuello con mis
brazos y entrelazo mis dedos tras su nuca antes de alzarme de puntillas y rozar
mi nariz con la suya, tomando tanto de su aroma a limpio y loción de afeitado
como puedo─. Pero no soy como el resto de ellas, soy políticamente incorrecta
y eso significa que eres tú al que quiero.

Al recibir esta respuesta, suelta un sonido que nace en lo más profundo de su


garganta y me toma en brazos. Le echa un rápido vistazo lleno de anhelo al
segundo piso, pero descarta la idea de llevarme a su cama y en su lugar nos
conduce a la cocina. Tras depositarme sobre la encimera, asalta mis labios
mientras sus manos exploran el interior de mi top, solo que acaricia mi espalda
y me empuja hacia él mientras reclama mi boca en lugar de dirigir sus
atenciones a mis tetas como usualmente haría cuando quiere sexo.

Al igual que en el yate y esa noche en mi departamento, se limita a besarme y a


acariciarme sin importar que su erección esté clavándose en mi estómago.
Enredo mis dedos en su cabello oscuro, suspirando cada vez que mordisquea mi
labio inferior o mi barbilla antes de volver a asaltarme la boca con su lengua.
Cada tanto se detiene para tomar aire y mirarme como si no pudiera creer que
estuviera frente a él, su frente presionada contra la mía, pero a los segundos
vuelve a tirar de mí y a robar hasta la última partícula de oxígeno de mis
pulmones. Es el timbre del horno lo que finalmente hace que le pongamos fin a
nuestra sesión de besos. Tanner se separa de mí con una chispa de irritación en
sus ojos negros que no se molesta en ocultar, pero de todas maneras sonríe
mientras toma un par de guantes que todavía tienen su etiqueta y se agacha para
sacarlo. Lo deja reposar en la encimera tras ello.

─Huele bien.

Asiente mientras toma un recipiente con ensalada de papa del refrigerador. Mi


boca se hace agua debido al aspecto que tiene todo. Inclina la cabeza hacia el
taburete en el que antes estuve sentada cuando coloca sobre el mesón dos platos
blancos de porcelana y empieza a cortar el pollo. Voy allí tras tomar una jarra
con limonada del refrigerador y dos vasos de vidrio.

─Gracias ─dice─. ¿Cuál es tu parte favorita? ¿Pechuga, muslos o alas?

─Pechuga.

Su ceño se frunce.

─No siempre es agradable que te guste lo mismo que a mí ─masculla mientras


coloca toda la pechuga del pollo en mi plato, haciendo que suelte una risa baja
cuando mira las piezas que le quedan con profunda infelicidad.

Si fuera más desinteresado y agradable en su día a día le daría la mitad de mi


porción de pollo, pero Tanner no lo es y después de expresarse así de Malcolm
merece una lección de humildad, por lo que me como toda la pechuga y un par
de porciones de ensalada mientras él se conforma con lo demás. Cuando
terminamos, deja nuestros platos en el lavaplatos y me lleva a su habitación en
brazos. No puedo evitar clavar mi mirada en la habitación en blanco de su ático,
la cual ahora mantiene bajo llave, y preguntarle al respecto después de que me
deposita en su cama y me mira como si no supiera qué hacer conmigo. Su
erección sigue ahí y la acaricio con mi pie.

Tanner toma mi tobillo en su mano en respuesta y lo rodea con sus dedos, pero
no lo quito. Él tampoco lo aparta, limitándose a apretarlo con fuerza. Relame
sus labios cuando me dejo caer perezosamente hacia atrás, esperando una
respuesta de su parte, ya sea física, como sexo, o con palabras. Interactuar con
él hace que me quede sin energía siempre.

─Es solo una habitación con la que no he decidido qué hacer ─responde.
─¿Por qué mantenerla bajo llave si solo es una habitación?

─Su fin puede ser importante, pero todavía no he decidido cuál es. ─Masajea
mi pie─. Hasta que no lo haga, sigue siendo solo una habitación.

Separo los labios para continuar indagando en ello, pero sus dedos deshaciendo
los nudos que encuentra a su paso hacen que jadee. Tanner eventualmente se
sienta junto a mí y los coloca en su regazo mientras los masajea, sacándome
suspiros llenos de gusto. Cuando termina con ellos, siento que estoy frotando.
Se levanta, busca algo en la mesita de noche y regresa mientras cierro mis ojos,
por lo que escucho sus movimientos.

Los abro abruptamente cuando siento sus manos ir a mi pantalón.

─Tanner, no...

─Silencio ─masculla─. No es lo que crees.

Trago. Me da la vuelta. Jadeo, mi rostro escondido en las sábanas negras de su


cama, las cuales yo escogí y por primera vez me sentí bien al hacerlo ya que
nadie se llevaría el crédito, y protesto un poco más cuando acaricia mi trasero,
acercándose poco a poco a su agujero. Suyo debido a que nadie además de él
ha estado ahí y por cómo lo reclamó la noche anterior, no dejándome de otra
más que bautizarlo como tal. Grito cuando lo toca.

─Tanner, no ─gruño, dándome la vuelta, pero me mantiene en mi lugar


presionando su mano abierta contra mi espalda de la misma manera que lo hizo
mientras teníamos sexo anoche, trayendo humedad a mi entrepierna.
La diferencia es que hoy es incómodo.

─Tranquila ─susurra.

La siguiente vez que me toca, la sensación es fría y viscosa.

Mi cuerpo se estremece con alivio cuando el dolor desaparece.

Unos segundos después, me sube los pantalones y me da la vuelta. Lo veo


limpiarse la mano con una toalla húmeda de bebé cuando me giro. Mis mejillas
están rojas y calientes como nunca lo han estado antes.

─¿Qué fue eso? ─pregunto, abochornada.

─Anestesia tópica.

Quiero ahorcarlo.

─¿Por qué no me la habías puesto antes?

Sonríe, brillante y precioso, y ahora quiero besarlo.

─Buscaba el momento adecuado. No podía simplemente preguntártelo.

─Podría haber sido el momento adecuado allá abajo en la cocina.


Ríe entre dientes.

─Estaba cocinando e íbamos a comer, Savannah. Mi mente no es tan sucia.

Le arrojo la almohada, riendo también.

─Idiota.

Tanner la ataja.

─Pero me quieres aunque sea políticamente incorrecto, ¿no?

Me veo tentada de enviarlo a la mierda o mentirle, pero me derrito cuando se


acuesta junto a mí tras quitarse los zapatos y me atrae a su cuerpo. Tras
rodearme con sus brazos, enciende el televisor y empieza a hacer zapping
conmigo ahí, como si sostenerme fuera lo más natural del mundo.

Cuando deja de esperar una respuesta, giro su rostro hacia mí y respondo.

─Sí.
Capítulo 35
Aunque evito postear fotos porque lo último que quiero es que Pauline sepa que
fui yo quién la asaltó en el cementerio y Tanner lo confirme, Hans consigue
tomarme unas cuantas desprevenidas. Afortunadamente ninguno de ellos lo
tiene en sus amigos. Para cuando los recorridos de terror terminan, me
encuentro riendo con el resto de los chicos calavera que han estado trabajando
conmigo esta noche. Todos ellos me animan a ir a una fiesta en el campus cuya
invitación rechazo una y otra vez.

─Si se trata de Reed, te prometo que él no estará ahí ─dice Hans mientras nos
detenemos en la entrada del cementerio, sus manos dentro de su chaqueta de
cuero con la que cubre sus brazos, más no su torso y su abdomen.

Me encojo de hombros.

─Tiende a aparecer a dónde sea que vaya.

Me mira con la frente arrugada.

─Solo es Halloween una vez al año, ¿dejarás que lo arruine para ti?

Presiono mis labios fuertemente entre sí.


─No se trata de eso.

Pero sí se trata de eso.

Estoy tan aterrada de la idea de cruzarme con ellos dos, sobre todo después de
lo que hice, que ni siquiera creo que volveré a nuestro dormitorio por el riesgo
de ser vista por Tanner y Pauline en mi disfraz, sino que más bien alquilaré una
habitación en un motel y pasaré la noche ahí. Mi pánico debe ser evidente en
mi rostro, ya que suspira antes de hacer un último intento.

─Te lo pondré así, Savannah. Tanner, su novia y tú son parte de la élite de la


universidad. Yo soy un perdedor y mis amigos son perdedores. Sea cual sea el
sitio al que vayamos, él no estará ahí. Será seguro para ti.

Trago.

No he ido a una fiesta decente, que no haya terminado en drama, desde hace
un par de meses. He estado tan concentrada en mis estudios, en el concurso y
en todo lo acontecido que no he tenido un tiempo para mí. Soy una persona
razonable y algo en Hans me inspira confianza, quizás el hecho de que estamos
cumpliendo el mismo papel en diferentes historias aunque no recuerdo haberlo
sentido de esa manera cuando nos conocimos, por lo que termino
encontrándole lógica a lo que dice y asintiendo, lo que hace que sus amigos
suelten una serie de aullidos de victoria y revuelvan mi cabello.

─Está bien. Iré.

Tras ofrecerme una sonrisa torcida, inclina la cabeza hacia una serie de
motocicletas estacionadas junto a la acera. Suelto una risita cuando se monta
en una de ellas y me tiende un casco, ya que nunca he estado en una antes.
Después de acomodarme en el asiento tras él y rodear su cintura con mis
brazos, me echa un vistazo mientras le da gas al motor y este ruge como un
dragón enojado y letal. Sonrío de oreja a oreja y grito cuando acelera.

Mi falda es tan corta que todos pueden ver mi trasero.

No me importa.

El viento hace que mi cabello se convierta en un látigo en el aire. Las cosquillas


en mi estómago cada vez que Hans va rápido me hacen querer vomitar, pero
también estallar en millones de partículas que se unan al cielo nocturno de
Austin porque es allí a dónde pertenecen. En dónde me siento. Cuando
finalmente llegamos, estoy mareada y me acerco a un arbusto en el frente de la
vieja y oscura casa destartalada en la que nos detenemos para vomitar, pero
solo tengo arcadas. El sitio está en la misma calle que la fraternidad de Tanner
y aún así Hans tiene razón.
Él nunca vendría aquí.

─Te divertirás, lo prometo ─dice mi amigo camello antes de tirar de mí hacia


adentro, dónde hay todo tipo de personas en todo tipo de disfraces haciendo
todo tipo de cosas. Me ofrece una cerveza que abre frente a mí y la acepto,
apreciando su frescura cuando entra a mi boca─. Aquí puedes ser quién
quieras. La descendiente de inmigrantes ilegales en lugar de la perfecta hija de
una pareja que cumplió el sueño americano. Nadie te juzgará.

Entiendo a lo que se refiere cuando veo a una pareja de chicos, dos hombres,
besándose en un sofá, seguida de una pareja de chicas y de una pareja
heterosexual, los seis amontonados en el mismo sitio y bajo las luces de neón
como si fueran el centro de la fiesta. Alrededor de ellos todas las personas
bailan y beben, algunas drogándose también con marihuana o éxtasis.
Esnifando cocaína. Sintiéndome como un cordero en un corral de lobos en
comparación ya que lo más terrible que he hecho en la vida es obsesionarme
con la persona equivocada, asiento hacia Hans, quién luego empieza a hablar
con uno de sus amigos, y me adentro en la multitud.

Feel So Close de Calvin Harris suena fuerte y duro.

Acerco el pico de la botella de cerveza a mis labios antes de saltar y empezar


a moverme al ritmo de la música. Estoy eufórica. Amo esa canción y amo el
ambiente que me rodea, por lo que no dejo de beber hasta terminar lo que tengo
en las manos e ir por otra bebida, solo que ahora tomo un vaso de un chico
disfrazado de vampiro, sangre manando de su boca, que lleva una bandeja
repleta de ellos y me sonríe traviesamente. Me acabé todo mi vodka, una
cerveza y la mitad del coctel que me da para cuando Rockstar de Post Malone
suena, momento exacto en el que la puerta de la casa de los amigos de Hans se
abre abruptamente y el equipo de fútbol aparece.

Tanner los encabeza, luciendo más allá de enojado, lo cual deduzco por la
manera en la que mantiene su mandíbula apretada, hay un tic en su rostro y
tiene los puños hechos y enrojecidos, también sangrantes en los nudillos, a cada
lateral de su cuerpo. Cuando sus ojos se enfocan en mí, llamean.

No veo a Pauline en ningún sitio.

─¿Dónde está? ─ruge después de que uno de sus subordinados apaga la


música, las venas de su cuello marcándose después de que deja de verme y
recorre el resto de la habitación con intensidad, buscando algo o alguien. Me
siento afortunada de no ser yo─. ¿Dónde mierda está Hans, imbéciles? Traigan
a su maldito drogadicto estrella aquí o destruiré su puta ratonera.

Ahogo un chillido, también las ganas de tomar uno de los jarrones en la


habitación y estrellarlo contra su cabeza. No tiene ningún derecho a hablarle
así a nadie, menos a las personas con las que me estaba divirtiendo. Doy un
par de pasos al frente para detenerlo, pero un cuerpo grande y robusto se
atraviesa en mi camino. La sorpresa me invade cuando veo a Ibor, disfrazado
de astronauta, pero aún así entrecierro mis ojos hacia él por atravesarse.

Niega.

─No te recomiendo acercarte ahora, Sav.

Me cruzo de brazos. Parte de mi maquillaje se ha caído debido al sudor, por lo


que no impresiona que me haya reconocido. Sí que defienda al idiota.
─¿Por qué hay que dejar que arruine toda la diversión siempre?

Ibor, probablemente recordando la manera en la que Tanner siempre ha


interrumpido nuestros encuentros, me sonríe de manera triste.

─Esta vez estoy de acuerdo con que lo haga.

Mi frente se arruga.

─¿Qué quieres decir?

─Alguien ha estado drogando a las chicas que asisten a nuestras fiestas


colocando sustancias ilícitas en las bebidas que servimos desde hace un par de
períodos académicos. Se habían detenido, pero hoy volvieron a la carga. Todos
saben que cualquier droga en el campus sale de esta casa, por lo que es el
primer lugar dónde buscar un culpable ─susurra en respuesta, guiándome al
exterior de ella apretando suavemente mi codo cuando Tanner empieza a jugar
rudo con los demás chicos en búsqueda de Hans. Pensar que él tiene algo que
ver con lo que está diciendo Ibor me causa escalofríos. Lo último que veo del
capitán de los Longhorns volcando el sofá en el que las parejas de antes
pasaban el rato─. Hoy fueron demasiado lejos.

La violencia en sus actos me resulta horrible, pero también fascinante.

Tras escuchar a Ibor, giro el vaso y esparzo el contenido de este en el suelo.


Hace frío afuera, por lo que no me quejo cuando se sienta junto a mí en un
banco del otro lado de la calle, frente a la Raptor negra que reconocería en
cualquier sitio, cuyas ventanas traseras están abajo, y otros autos que se me
hacen familiares. Le preguntaría a Ibor la razón por la cuál no está allá
adentro, apoyando a Tanner y a sus compañeros de fraternidad y del equipo de
fútbol, si no la supiera. Es un pacifista, incluso ahora. Suspiro, decepcionada
por cómo ha terminado la noche para mí, pero consciente de que Tanner tiene
la obligación, como presidente de Maleeh, de llegar al fondo de este asunto. Es
un imbécil, pero no tan imbécil como para estar de acuerdo con este tipo de
actividades, las cuales desafían su autoridad.

Supongo que conoce a Hans porque se drogaba, también.

¿Qué quiere decir Ibor cuando dice que fueron demasiado lejos?

─¿Violaron a alguna de ellas? ─pregunto, incapaz de mantener mi curiosidad


bajo control aunque quizás no sea capaz de digerir su respuesta.

─No ─susurra Ibor─. Drogaron a Pauline.

Un nudo se instala en mi garganta ante su respuesta y mis manos empiezan a


sudar. Intento fuertemente que no me importe, ya que estoy segura de que
Tanner la mantuvo a salvo y eso sería hipócrita de mi parte porque más
temprano casi la hago hacerse pis del miedo, pero lo hace.

─¿Cómo está ella?

En lugar de responder con palabras, Ibor se pone de pie y se dirige a la


camioneta de Tanner. Su traje debe ser pesado. Camina como si estuviéramos
en la luna. Trago cuando me anima a ver el asiento trasero, dónde Pauline
duerme profundamente en su disfraz de cenicienta. Pacífica, feliz e indiferente
a la causa que la condujo a su hechizo de sueño, no precisamente un pinchazo
con una aguja en el dedo como la bella durmiente.

Suspiro con alivio.

─Gracias a Dios.

Sigue habiendo un millón de cosas mal con ella, pero no le hicieron nada.

Ibor afirma.

─Estaba con Tanner cuando la droga hizo efecto, pero de no haberlo estado...

Me estremezco, sin siquiera querer pensar en ello.

─¿Ahora qué? ─lo corto, lo cual trae un sonrojo suave a sus mejillas.

─Esperemos que el espectáculo termine. Después puedo llevarte a tu


dormitorio, si quieres. Gordon podría aprovechar la festividad y acercarte a ti
usando un disfraz. ─Su pecho se infla─. Cuidaré de ti. No le daré más razones
a Tanner para pensar que soy indigno de salir con su prima.

Pongo los ojos en blanco, pero termino riendo.

Es tan tierno que hace que me maldiga una y otra vez a mí misma por no
quererlo. La vida sería infinitamente más fácil y bonita si en lugar de desear lo
que no puedo tener, ansiara a Ibor. Ya que estoy demasiado agotada y ebria
como para luchar contra él, también algo afectada por la manera en la que
Tanner ha demostrado a lo largo de todo este Halloween cuán importante es
Pauline para él, termino sucumbiendo su encanto cuando avanza hacia mí y
aplasta mis labios contra los suyos, posicionando sus manos en la estrechez de
mi cintura mientras me presiona contra la Raptor.

Nada de lo que le he dicho acerca de no querer una relación debió haber


entrado en su mente. Me besa con amor y reverencia, tomándose su tiempo para
saborear mis labios hasta que enredo los dedos de una de mis manos en su
cabello y conduzco la otra a mi trasero. Ibor gime cuando lo aprieta.

─Tan bueno.

─Shhh... ─lo silencio, frotándome contra él.

Ibor me complace, separando sus labios para mí cuando los rozo con mi lengua.
Sus manos ascienden a mis pechos y jadeo al sentir sus tímidas caricias ahí.
Estamos pasándola de maravilla hasta que una garganta aclarándose hace que
nos separemos. Miro a Tanner, quién parece haber vuelto de la guerra, con
molestia, harta de que se interponga entre nosotros.

─¿Podrían no follar en mi maldita camioneta también o es demasiado pedir


que no marquen cada cosa que me pertenece con sus fluidos corporales? ─Mira
a Ibor con ojos letales─. Realmente eres una mierda insignificante y molesta
que me niego a tolerar todo el maldito tiempo, defensa. Quizás esté tentado de
sugerir al entrenador enviarte a la banca en el próximo partido, el cual
sabemos que estará repleto de los reclutadores que has esperado.

Ibor se encoge de hombros.


─Hazlo, pres. Savannah es lo que quiero y soy un hombre con las prioridades
claras. No dejaré que me chantajees. Si me dejo intimidar por ti o por todos sus
pretendientes, no soy merecedor de ella o de pertenecer a su familia en el caso
de que por fin me honre formalizando lo nuestro. Si tengo que ganarme tu
respeto y conquistar tu corazón para tenerla, que así sea. ─Ibor se da un golpe
en el pecho─. Sácame del equipo. Destruye mi futuro, capitán. El futuro de un
hombre que solo quiere tratar a tu prima como una princesa.

Las fosas nasales de Tanner se expanden ante su respuesta.

El humo prácticamente sale de sus orejas.

Sonrió, presionando mi rostro contra el pecho del rubio. Ibor me rodea


protectoramente con sus brazos, como si sus músculos pudieran protegerme de
Tanner. No lo hacen ni lo harán jamás, pero aún así su calor me da ánimos. Mi
primo falso mira entre nosotros con una ceja alzada. Su pómulo sangra de una
manera que antes me habría vuelto loca por arreglarlo, pero ahora no me
ocasiona nada. Su disfraz también ha sido arruinado.

Pero estoy segura de que alguien más ha quedado peor.

Solo espero que no sea Hans. Estuvo conmigo toda la noche y realmente sería
una decepción que estuviera involucrado en el asalto a Pauline. Ya que no
quiero que la noche sea más intensa de lo que ya ha sido en el sentido de que
no deseo más problemas, giro el rostro de Ibor hacia mí después de un poco
más de discusión, en la que vuelve a decir que lo echará del equipo aunque sea
uno de sus jugadores estrella, para hacerlo recapacitar. No soy quién para
permitir que renuncie a sus sueños por mí cuando sus sentimientos no son
correspondidos, para arruinarlos por nada.
No soy tan cruel.

No soy Tanner Reed.

─No, lo que tenemos es solo sexo ─le recuerdo─. No tienes por qué hacer nada
de esas cosas, Ibor. Aunque tus intenciones son dulces, no quiero que te vuelvas
a acercar a mí a menos que lo tengas perfectamente claro. No insistas más. Al
principio fue dulce, pero ahora eres... patético.

Ante mis palabras, me mira como si le hubiera roto el corazón.

Trago.

─Sav...

─¿Entendiste?

Tras ofrecerme un largo vistazo con la mirada llena de dolor, asiente y se


separa de mí. Me repito a mí misma que esto es lo mejor que puedo estarle
haciendo para no sentirme mal al respecto, pero no funciona tan bien.

─Entendido.

Tras murmurar esto con los hombros caídos, se aleja de nosotros en dirección
a los otros integrantes de los Longhorns. Dejo escapar el aire que había estado
reteniendo hasta que veo a Tanner frente a mí, ocupando la misma posición en
la que antes había estado el rubio, solo que más lejos.
El nudo en mi estómago vuelve.

─Hola ─susurro cuando no dice nada, inhibida sin saber por qué.

─Hola ─responde a cambio, frunciendo el ceño.

─¿Encontraste a quién sea que haya puesto la droga en la bebida de Pauline?

Tanner niega.

─No, pero Hans y yo acordamos trabajar juntos para resolverlo.

─No fue él ─susurro─. Estuvimos toda la noche juntos.

La barbilla de Tanner se endurece.

─Lo sé, pero es su culpa que haya drogas en el campus en primer lugar.

─Para ser un consumidor, eres bastante prejuicioso.

Cualquier expresión en el rostro de Tanner desaparece ante mis palabras, lo


mismo que ocurre con sus ojos cuando me acerco y presiono mis manos contra
su pecho sin entender por qué estoy haciéndolo, pero simplemente sintiendo la
necesidad de ello como lo hago con cada latido de mi corazón.
─Dime, Reed, ¿qué es lo que te perturba? ─le pregunto, pasando mi mano por
su cabello negro y sedoso, alisándolo hacia atrás─. ¿Tu papi no te quiere a
menos que seas perfecto? ¿Tu mami? ¿Tu aburrida novia? ─Mi sonrisa crece
cuando se estremece─. ¿Puede ser que el peso de estar en tus zapatos sea como
un cordón atado a una roca que te ahoga en el mar o es algo más? ─Llevo mi
nariz a su cuello, oliéndolo antes de alzar un poco la mirada para evaluar su
reacción─. ¿Mataste a alguien? ¿Robaste? ¿Dijiste una mentira muy grande?
─Mi rostro queda a nivel del suyo para mi última pregunta y estamos tan cerca
que no le encuentro final al negro de sus ojos─. ¿O es porque me quieres y no
puedes tenerme? ¿Por eso eres tan entrometido?

─Savannah... ─advierte, pero no lo escucho.

Solo puedo escucharme a mí misma.

A mí y a las millones de voces en mi cabeza susurrándome que me pertenece.

─Todos te tienen miedo, todos creen que eres invencible y que no tienes
debilidades, pero creo que eres adorable cuando piensas que no me doy cuenta
de que todo lo que haces lo haces porque me quieres y estás celoso de todos los
chicos del campus que sí conocen mi cama porque pueden y porque quiero que
lo hagan, incluyendo a tus amigos. ─Rozo mis labios contra los suyos,
ahogándome en su aliento cuando exhala bruscamente─. Pero si la dejaras, no
tendrías que estarlo. Tú y yo estaríamos...

─Savannah ─me corta, su voz ronca, mientras toma mis muñecas y me aleja de
él, llevándolas a la parte superior de mi cabeza, contra el metal de su
camioneta─. Estás malditamente drogada. Tus ojos están idos y nunca he
escuchado a alguien decir más incoherencias en la puta vida que ahora. Cállate
la boca o te arrepentirás más tarde de lo que estás diciendo.
Mi frente se arruga, mi presión arterial descendiendo.

─¿Drogada...?

Tanner asiente.

─Cuando llegué estabas bebiendo de un vaso que claramente no provenía de


alcohol que viste servir ─gruñe─. En Maleeh soy el gobernante que se encarga
de que sus ovejas no salgan del rebaño, se pierdan o se coman entre sí, pero
aquí... ─Niega─. Todo el campus viene aquí por drogas, Savannah. Solo un
sorbo de lo que bebiste es suficiente para desinhibirte y hacerte ver cosas dónde
no las hay o distorsionar tu percepción de la realidad.

Algunas emociones en mi pecho desaparecen, suplantadas con decepción.

─¿Entonces no estabas celoso de Ibor?

Tanner se toma unos segundos antes de responder.

─No.

─Ah.
La mirada dura en su rostro flaquea por unos segundos, pero posteriormente
regresa con la misma intensidad que tenía y se mantiene ahí.

─Quédate conmigo hoy. Cuidaré de ti y de Pauline. No dejaré que nada les


pase así tenga que dormir con un arma cargada debajo de mi almohada.

Ante la mención de su novia, mi amiga, me separo de él.

─No creo que sea buena idea.

─Savannah...

Tanner arrastra mi nombre de una manera que hace que humedezca mis labios
y que sus ojos se dirijan al movimiento de mi lengua sobre ellos, lo que no sé si
me estoy imaginando o no. Antes de deducirlo, sin embargo, escucho el sonido
de algunas pisadas acercándose a nosotros. Giro mi rostro hacia ellos. Ibor y
Weston, quién es un vaquero del salvaje oeste con el pecho al descubierto y una
estrella dorada tanto en su cinturón como en su sombrero de cuero marrón.
Los dos vienen a nosotros con andar decidido. Les sonrío, la lujuria
haciéndome sentir débil y pesada con tanta ropa. No estaría mal ser cuidada
por los tres. Incluso, en ese caso, no me molestaría que dejaran a Pauline en
algún lugar cerca de nosotros para vigilarla.

Como debajo de la cama.

O atada y amordazada en el armario, forzada a mirar mientras soy devorada


por tres dioses jóvenes, cada uno de ellos con sus defectos y cualidades, pero
grandes y buenos atributos que sé, por experiencia, que saben usar.

Tres dioses reducidos a juguetes sexuales para mi placer.


Suspiro, ronroneando, cuando West me toma en brazos.

─Wertheimer ─gruñe Tanner, pero West, a diferencia de Ibor, no se queda


callado mientras me lleva a su Range Rover, encendida y en marcha.

Le saca el dedo medio desde el asiento piloto.

─Ocúpate de tu novia y déjame ocuparme de la mía, Reed.

─Savannah no es tu maldita novia.

─Lo que tú digas, insecto.

Ya que él no es como Ibor, quién se sienta atrás conmigo, indiferente al entorno


que lo rodea, y sabe todos los riesgos que representa estar con Savannah
Campbell, no lo corrijo. Imagino que la expresión en el rostro de Tanner
después de oírlo es producto de lo que bebí o de mi propia capacidad de ver
cosas donde no las hay con respecto a él y gimoteo, mi rostro enterrado en el
pecho de mi pretendiente más amable. Él, a pesar del daño que le hice hace
unos minutos, alisa mi cabello sobre mi espalda mientras me deshago en
lágrimas, preocupada por no tener ningún control sobre mis emociones y actos
a pesar de que ya debería estar acostumbrada. Me siento como lo hago todo el
tiempo y no hay alucinaciones en mi cabeza, por lo que deduzco que tomé algo
más suave que lo que él suele experimentar, pero el filtro de lo que es correcto
o no, que me mantiene bajo raya, no existe. Mi corazón late tan rápido que a
penas puedo controlarlo y mis dedos tiemblan.

Me siento desinhibida.
Pero aterrada de lo que eso significa si me suelto demasiado.

Sea lo que sea, me alegra haberme alejado de Tanner.

*****

Preocupada por la manera en la que siento estremecimientos en cada


centímetro de mi cuerpo y este no hace más que sudar y sentirse caliente por
dentro aunque en el exterior siento frío, no le presto demasiada atención al
hecho de que los tres entramos a la habitación de este último y los dos se
acuestan conmigo en la cama tamaño king que Weston hizo que instalaran el
mismo día que se mudó. Tampoco lo haría en otra situación ya que confío en
ambos. Los dos no tocan o miran algo que no hayan visto ya o me tocan con
segundas intenciones. De manera mecánica, se deshacen de la sangre y de los
huesos adheridos a mi piel que todavía no se habían caído con mis movimientos
durante la noche.

También de nuestros disfraces, dejándome en ropa interior de encaje.

Gimo cuando los veo intercambiar una mirada, la luz encendida.

─Está drogada─ susurra Ibor, dirigiéndose a él─. ¿Quién lo hizo?

─Lo está y no lo sé. Creo que estaba en esa fea casa de adictos al final de la
calle. La invité a venir hoy, pero me dijo que no saldría de su habitación.
Claramente me mintió ─responde Weston─. Como sea, sabes tan bien como yo
cuáles son los efectos de la droga que bebió y que se sentirá mal hasta que no
la saquemos de su sistema. Si nos importa, debemos cuidar de ella de la manera
que quiera y hacer pagar a quién la drogó. Sin rivalidades.

Mis muslos se juntan ante lo bien que suena esa idea.

Me incorporo, andando sobre mis rodillas hasta que estoy lo más cerca que
puedo de ellos sin bajar del colchón. Extiendo la mano para alcanzar a West y
tirar de él hacia mí, pero este niega y se aleja de mi alcance, genuino conflicto
en su mirada verde. Jadeo en protesta. Ibor se queja como si algo le causara
dolor, pero no hay nadie lastimándolo cuando dirijo mi atención a él. Su ceño
está fruncido con preocupación.

─Quizás deberíamos tomar algo para relajarnos ─susurra.

Weston lo ve como si se hubiera vuelto loco, pero luego...

─Tienes razón. Sería muy fácil para nosotros perder el control de otra manera
─dice─. Pero establezcamos reglas antes.

Ibor se cruza de brazos.

─Te escucho.

─Sin penetración. Sin placer para nosotros. Todo es sobre Savannah.

Mi chico dulce traga, pero termina asintiendo.

─Todo es sobre Savannah ─repite una y otra vez como un mantra.


Unos segundos después, Weston se acerca y retira un mechón lleno de sudor
de mi cabello. Sus ropa interior está tensa y apretada en el sitio donde va su
pene. Mi boca se hace agua. Enredo mis dedos en su cabello dorado, acercando
mis labios a los suyos. Mis caderas se mueven de un lado a otro mientras nos
besamos, consciente de que del otro lado de la habitación Ibor nos contempla.
La lujuria se ha adueñado de mí, pero aún así no siento esto incorrecto o
equivocado, lo que podría suceder si estuviera con cualquier otro que no fuera
uno de ellos. Lo único que siento es una tirante necesidad de ser llenada por
West. Por Ibor. Por Tanner. Por quién sea que desee, que no me haga pensar
que podría estarse aprovechando de la situación y muestre piedad de mí.

Nunca los he necesitado tanto como ahora.

─Podría sedarte como hizo Tanner con Pauline ─propone cuando se separa de
mí para tomar aire, sus ojos verdes brillosos y sus mejillas sonrosadas porque
aunque juegue al papel dominante para complacerme, es tímido, casi tanto
como Ibor, en el fondo─. O podríamos hacernos cargo de ti, princesa, hasta
que pase. Solo tienes que decir las palabras y cuidaríamos de ti durante toda
la noche. No soy ciego e Ibor tampoco. Los dos te queremos y hemos sido tus
hombres. Sabemos que confías en nosotros. Esta mierda no nubla el juicio y
eres una mujer decidida y fuerte, así que tus deseos son órdenes para mí.

Niego. La idea de ser sedada me resulta aberrante. No tiene sentido impedir un


escenario que llevo deseando por tanto tiempo, un trío, sobre todo cuando me
siento en la capacidad de decir que sí o que no y no siento ningún tipo de miedo,
sino más bien todo lo contrario. La droga que me dieron me ayuda a manifestar
mis más oscuros anhelos y este es uno de ellos. Estoy desesperada, quiero vivir
una experiencia que me haga olvidar a Tanner de una vez por todas y el pensar
que ingresen más sustancias extrañas en mi torrente sanguíneo me hace
temblar, por lo que termino afirmando, viéndolos a ambos con ojos de cordero
mientras me dejo caer en su cama de espaldas y llevo una de mis manos a mi
ropa interior. Hurgo en ella, acariciándome y alentando su hambre mientras
me arqueo, gimiendo alto y claro para los dos rubios presentes en la habitación.
Apaciguando e incrementando el huracán dentro de mí.

Mis sentimientos están a flor de piel. Si me tocan ahora mismo, hasta la última
capa de mí lo sentirá como si el estímulo estuviera en directo y ardiente
contacto con ella. Mis ojos siguen llorosos debido a la vergüenza que pasé con
Tanner y el sitio entre mis muslos está húmedo, tanto que mi centro gotea hacia
mis muslos, lo que prueba cuán diferente es el efecto que estos tres hombres
tienen en mí. Nunca pensé que mi vida universitaria sería tan variada y
divertida en ese sentido, haciendo realidad todas mis oscuras fantasías, y solo
ha empezado.

Los quiero tanto que duele.

─Por favor, cuiden de mí ─ruego.

Weston maldice.

Ibor traga.

Ambos toman una pastilla que Weston saca de su mesita de noche antes de
volver a fijar sus ojos en' mí, el que supongo que es la especie de relajante del
que hablaban. Separo los labios para decirles que puedo encargarme de ellos
como ellos se encargarán de mí y que lo mejor que pueden consumir es viagra,
pero no me dan la oportunidad de hacerlo. El colchón se hunde a cada lado del
sitio en el que estoy. Chillo cuando una mano suplanta la mía, otra mantiene
mis piernas separadas y dos bocas se dirigen a mis pezones, succionando y
tirando de ellos con sus dientes de la manera que saben que me causa
satisfacción porque ya me han tenido antes sin drogas de por medio.
Pero eso solo es el inicio del paraíso.

Chicas, sinceramente no sé qué decir. De verdad no sé si fue mi culpa por


no haber explicado mejor la situación o usar las palabras incorrectas, pero
si ese fue el caso lo lamento. Si todavía tienen dudas acerca de lo que pasó
o no pasó, hasta el momento es lo siguiente: Sav consumió una droga (tipo
afrodisiaco) y eso la desinhibió, pero eso no significa que no se pudo haber
llegado a sentir ultrajada o violentada de haber sido atacada sexualmente,
lo cual no fue el caso porque ella quería vivir la experiencia con Weston y
con Ibor. Sí es real el hecho de que algunas mujeres son abusadas de esa
manera, pero este no es el caso. Savannah los deseaba, confía en ellos y
ambos ya son sus parejas sexuales, por no mencionar el hecho de que está
en la universidad, hambrienta de vivir nuevas experiencias, cosas como
esta sí pasan todo el tiempo y esto es una novela negra, lo que significa que
los principios morales pueden significar mucho, poco o nada para los
personajes

En fin

Espero que tras estos pequeños ajustes, la puedan digerir mejor


Capítulo 36
Después de pasar el sábado acurrucados, viendo películas y la serie favorita de
Tanner, Vikingos, comiendo pizza y terminando de trazar nuestros planes para
destruir a Jason, nos despertamos el domingo de la mejor manera posible, al
menos para mí. Estoy tardando en hacerlo ya que durante la noche encontró la
manera de mantenerme despierta hasta tarde sin lastimarme, lo que incluyó sexo
oral y usarme como plato para comer las sobras de pizza que dejamos, ya que
pedimos tres de diferentes tipos para encontrar su favorita porque la única que
había probado era la de pepperoni las veces que las había comido conmigo, y
aunque una parte de mí protesta por ser forzada a abrir los ojos cuando todavía
no quería hacerlo, la otra se siente en las nubes cuando percibe su aroma a
limpio y loción de afeitado cerca. Sin perfumes que opaquen su olor natural a
hombre y productos de limpieza, olor que ha conservado desde que lo conocí
en la universidad.

Desnuda, rodeo su cuello con mis brazos.

Tanner sonríe mientras me gira para que esté en su regazo.

─Quiero follarte de nuevo ya ─susurra, colocando sus manos en mi cintura y


empujándome hacia abajo para que sea capaz de sentirlo. Ejerce aún más
presión cuando jadeo, frotándome los ojos para poder ver bien porque a pesar
de que mi cuerpo ya está despierto para el sexo, acabo de abrirlos─. Pero eso
nos retrasaría. ─Grito, sorprendida, cuando me empuja suave, pero firmemente,
de vuelta al colchón y se pone de pie. Al igual que ayer, no está usando uno de
sus trajes y se ve diez años más joven: como cuando solía jugar fútbol. Lleva
vaqueros, una camiseta blanca con cuello en V y zapatillas deportivas oscuras.
Una gorra de los Kings. Mi abdomen se contrae ante la visión. Tanner rueda los
ojos, pero sigue sonriendo. Ajusta la correa de su reloj cromado mientras me
habla de nuevo─. Báñate y vístete, Sav. Si aceptas una sugerencia, estaría bien
si llevas algo deportivo y cómodo.

Satisfecha como nunca antes con todas las horas que he pasado en el gimnasio
cuando me pongo de pie y sus ojos negros son incapaces de abandonar mi
cuerpo y de evaluarlo con una intensidad que me resulta dolorosa, me detengo
frente a él y presiono la palma de mi mano contra su torso. Tanner se tensa, pero
no se aparta o me dice que me aleje a pesar de que las comisuras de sus ojos se
crispan cada vez que me acerco a él así.

Fuera del sexo.

Por iniciativa propia.

La idea de que no ha sido amado o víctima del contacto físico adecuado a pesar
de estar casado con una mujer que una vez amó me llena de tristeza.

─¿Qué harás tú mientras tanto?

Sus párpados se entrecierran con sospecha.


─¿Necesitas ayuda en el baño?

Sí.

─No.

Mis mejillas se sonrojan. Su frente se arruga.

─No haré el desayuno, si es lo que quieres saber. Comeremos algo de camino


al sitio al que vamos. Haré algunas llamadas. ─Esta vez soy yo quién lo ve con
molestia. Siempre he sabido que para Tanner el manejo de la compañía de su
padre, ahora su compañía, es más importante que nada en el mundo, pero la
arquitectura para mí también lo es y la he dejado de lado durante estos días para
estar con él, lo cual él no ha hecho de la misma manera que yo. Ayer conté al
menos unas veinte veces en las que dejó de prestarme atención para responder
una llamada, un correo o un mensaje. Sus cejas se alzan cuando no recibe
ninguna respuesta de mi parte─. ¿Te molesta que trabaje?

He pasado cinco años guardando para mí misma la manera en la que me siento.


Secretos suyos y míos. Ahora que he dejado de hacerlo, no volveré a ello. Niego
tras separarme de él y andar hacia el baño para tomar una ducha.
─No, Tanner. Me molesta no estar trabajando y que tú lo hagas cuando se
supone que deberías estar concentrado en mí como yo lo estoy en ti ─gruño,
obteniendo solo un bufido lleno de burla e incredulidad de su parte como
respuesta antes de que abandone la habitación y yo me sitúe bajo la regadera
para apaciguar cualquier enojo que sienta con agua caliente.

Cuando termino de limpiarme y de lavarme los dientes, camino hacia el


pequeño bolso de viaje con mis cosas que Tanner trajo de mi casa ayer. Mi
pecho se oprime al darme cuenta de que tomó un conjunto para cada
eventualidad. Casual. Elegante. Deportivo. Para la oficina. Dos pares de pijama.
También empacó dos pares de zapatos, ropa interior y pantuflas. Los vellos de
mi cuerpo se erizan al ver que lo escogió todo como si supiera exactamente mi
gusto actual, ya que mi armario es grande y soy de las que lo renuevan de
acuerdo a las tendencias, conservando siempre el principio de feminidad y
abierto poder sexual. Todo lo que hay allí lo amo, pero no lo uso todo. Las
prendas que trajo, sin embargo, son mis favoritas del momento.

Mi vestido color ciruela, que he repetido en varias ocasiones porque favorece


mi escote. Mi par favorito de tacones negros de aguja. Mi falda gris al estilo
lápiz que me gusta combinar con varias prendas en la parte de arriba, camisas
tanto reveladoras como recatadas. Mi par de jeans rasgados de ensueño, los
cuales son de un famoso diseñador y encontré en descuento.

Eso significa que me ha visto más de lo que pensé.

Con un nudo en la garganta, escucho su sugerencia y tomo un conjunto negro


Nike manga larga, con un cierre en el área del pecho, que se adhiere a cada
centímetro de mi cuerpo como si fuera un traje de buceo. No llevo sujetador
debido a que la ropa deportiva es tan ajustada que levanta todo lo que necesita
ser levantado. Al igual que Tanner, meto mis pies en un par de zapatillas blancas
y dejo mi cabello mojado suelto, enmarcando mi rostro. Bajo al salón principal
tras rociarme con un poco de mi perfume con olor a caramelo, el cual también
empacó, al igual que mi desodorante y cepillo de dientes. Me cruzo de brazos
cuando lo veo hablando por teléfono en el balcón, acercándome cuando me
guiña fugazmente un ojo y se da la vuelta.

Lo alcanzo antes de que cuelgue.

─Dos o tres horas y estamos allá, Ryland. Te pago para que lo resuelvas.

Admito que añoro la visión de su trasero cuando se gira nuevamente hacia mí


después de un rato, tecleando en su teléfono hasta que envía el mensaje que
debe enviar y lo guarda en el bolsillo trasero de sus vaqueros. Me contempla
por unos segundos, su expresión divertida, antes de atraerme a él y besarme de
manera rápida, pero conmovedora pese a que el beso dura dos segundos.

No me doy cuenta de que ha tomado mi mano hasta que entrelaza nuestros dedos
y me da un suave apretón antes de tirar de mí, evitando mis ojos.

─Vamos.

*****

Me doy cuenta de que estamos dirigiéndonos a Houston luego de que nos


detenemos en una cafetería a las afueras de Austin para desayunar y no
regresamos a la ciudad, sino que nos dirigimos a la carretera. Le pregunto más
de un centenar de veces a Tanner a dónde vamos, pero en todas las ocasiones él
responde con evasivas o simplemente no lo hace, por lo que termino
enfurruñada y tensa contra la ventana de la puerta de su deportivo.

Si mis padres se enteran que estuve en Houston y no los vi, me matarán.


Malcolm también está en la ciudad.

El pensamiento de encontrarme con cualquiera de ellos, en compañía de Tanner,


me hace querer vomitar. Mi cuerpo se relaja y mis cejas se alzan con
incredulidad cuando finalmente nos detenemos en el estadio en el que vi jugar
a su hermano la última vez desde uno de los palcos.

─¿Qué hacemos aquí? Hoy no hay juego ─pregunto, tirando de la tela de su


camisa hasta que me mira fijamente y recuerdo su TOC, por la que la suelto.

Tanner, sin embargo, se reserva su molestia.

─Es una sorpresa.

Su respuesta me hace arrugar la frente, también detener mis intentos de extraerle


información ya que es la primera vez, desde la universidad, que lo veo o escucho
trabajar para sorprender a alguien. A pesar de que no toma mi mano como lo
hizo de camino a su auto desde su ático, ya que nadie podía vernos, se mantiene
cerca y abre todas las puertas que se atraviesan en nuestro camino para que
pueda pasar. Me doy cuenta de que habíamos estado siendo esperados cuando
un hombre grande de piel de ébano, su expresión amable, se acerca a nosotros.
Usa un uniforme de vigilancia.

─Señor Reed, señorita Campbell. Los hemos estado esperando.

Tanner le sonríe y me doy cuenta de que el gesto es forzado.


─Gracias. ¿Podría llevarnos con los demás?

El hombre asiente.

─Claro que sí. Vengan conmigo.

Lo seguimos a través de los amplios pasillos vacíos del estadio. A pesar de que
no hay el movimiento usual de las setenta y dos mil personas que pueden
llenarlo durante un juego de fútbol americano, el cual he vivido desde niña ya
que siempre venía con papá, está repleto de empleados del mismo y una que
otra persona comprando comestibles o un artículo con el logo de los Kings o de
otro equipo que detiene lo que sea que esté haciendo para mirarme de manera
extraña, lo cual también sucede con Tanner. Casi con... gratitud, lo que es
bastante extraño ya que sospecho que lo único bueno que ambos hemos hecho
en la vida es pagar nuestros impuestos.

Sus planes para nosotros empiezan a cobrar vida cuando veo que pasamos al
área a la que solo pueden acceder los jugadores, su equipo y los trabajadores del
estadio a los que se les permite ir al al campo. Mis pasos comienzan a volverse
más lentos y Tanner gira el rostro para verme con una ceja alzada, impaciente,
antes de volver a andar a su velocidad usual hacia el exterior.

Corro tras él.

─Tanner... ─susurro, pidiendo una explicación, pero no me la da.

Mi garganta termina de apretarse, impidiéndome respirar, cuando identifico a


algunos jugadores de la franquicia más joven de la NFL, entre ellos Malcolm.
Acompañándolos hay una serie de chicos jóvenes y sus familiares, lo que
deduzco dado el parecido entre ellos. Mis padres también están aquí y llevan
camisas con un bonito logo que no entiendo, pero lleva mi apellido, y que está
impreso también en los suéteres o gorras que los adolescentes y los jugadores
llevan. Malcolm me sonríe, pero se acerca a su hermano primero y tanto mamá
como papá me separan de los dos Reed para abrazarme.

Ryland e Isla también están presentes.

─Papá ─susurro cuando este me besa la mejilla─. Mamá.

Mamá me abraza, pero cuando se separa de mí me mira con la frente arrugada.


Al igual que yo, lleva pantalones deportivos y utiliza un suéter ancho con ese
bonito logo, el cual reza Reed & Campbell program.

─Preciosa, ¿por qué no nos dijiste antes lo que Tanner y tú se traían entre
manos? ─Larissa Campbell pone sus manos, de perfecta manicura rosa, en sus
caderas─. Me molestó el hecho de haber tenido que enterarme por Malcolm.
No lo minimizaré. Es grosero de tu parte apartarnos así de tu vida. ¿Qué será lo
siguiente? ¿Te mudarás a otro país sin avisarnos? ¿Te casarás?

Mis mejillas se sonrojan.

Mis ojos inmediatamente buscan a Tanner, pero este no hace más que echarme
un vistazo de reojo y sonreír mientras intercambia palabras con su hermano y
con Ryland. Me gustaría pensar que no es capaz de contarle a su hermano sobre
lo que está sucediendo entre nosotros y que este no le diría nada a mis padres,
pero a estas alturas ya nada me sorprende.

─Mamá, no sé de qué...
─Déjala, Larissa ─me defiende papá, sonriéndome de tal manera que aparecen
unas cuantas arrugas en las equinas de sus ojos grises cuando dirijo mis ojos a
él─. Savannah ya es una mujer adulta. Si quiere mantener algunos secretos de
nosotros hasta que sea el momento perfecto de revelarlos, puede hacerlo. Nos
vemos más viejos si invadimos su privacidad así.

Mamá se enfurruña. Mi corazón late más rápido.

Retrocedo, el pánico invadiéndome.

Ellos no pueden saber todavía sobre Tanner y yo, ¿o sí? No imagino que un
ceño fruncido y un pequeño reclamo fuera la reacción de Larissa Campbell de
saber que su única hija ha estado acostándose con un hombre casado.

─Mamá, papá...

─Muchas gracias por venir, señor y señora Campbell ─me corta Tanner,
apareciendo junto a mí portando una sonrisa de oreja a oreja que parece haber
sacado de una caja de sonrisas prefabricadas que compró en el supermercado,
la cual no le devuelvo y que simplemente, al igual que toda esta situación, no
entiendo─. Para mí es un honor que nos acompañen durante la celebración de
nuestro proyecto. Sav y yo lo apreciamos mucho.

Papá asiente a sus palabras. Mamá lo mira con ojos entrecerrados.

Nunca le ha gustado Tanner.

No puedo culparla.
─Es mi hija. Por supuesto que estaría aquí.

─Larissa...

Ella me mira, indiferente a la súplica silenciosa de papá, su mentón en alto.

─A pesar de que a Savannah no le importa en lo absoluto que lo haga. Después


de todo, abrir un programa para becar a chicos con los que me siento
identificada y del cual me habría gustado formar parte desde sus inicios de una
manera más activas es algo que mi hija haría todos los días.

Dejándome boquiabierta, se dirige al grupo de jóvenes que nos acompañan, la


mayoría de ellos de aspecto nerd y torpe en comparación a los jugadores de
fútbol americano que interactúan con ellos. Mis rodillas se sienten débiles al
entender lo que están haciendo: explicándole cómo atajar o lanzar un balón.
Papá sigue a mamá, por lo que me quedo a solas con Tanner.

Esta vez no me niega una explicación, atendiendo a la demanda en mis ojos.

─El mundo necesita más personas como nosotros, que se esfuercen de verdad
y no para ser manejados por algún otro en el futuro u obligados a desperdiciar
su talento bajo el pulgar de un empleador ─dice, a lo que respondo tragando y
ocultando mi rostro de la luz del sol colocando una mano contra mi frente─. Es
por eso que nuestro exclusivo programa de becas solo podrá ser mantenido por
nuestros becados si obtienen calificaciones perfectas. Mientras lo hagan,
cubriremos todos sus malditos gastos, lo que incluye incluso a la maldita
enfermera de sus moribundas abuelas para que no tengan necesidad de trabajar
y respiren únicamente por complacer nuestras expectativas.
Tras escuchar su voz en mi mente unas mil veces, salgo de mi estupor.

─¿Programa de becas? ─susurro.

Tanner me mira como si fuera estúpida.

─Sí, Savannah. No entiendo por qué es tan difícil de procesar. ─Se cruza de
brazos─. Tenemos un maldito programa de becas universitarias, tú y yo.

Vuelvo a tragar.

─No tengo suficiente dinero como para tener un programa de becas.

A penas me puedo mantener a mí misma y a mi pequeña empresa, la cual cuenta


con solo un empleado fijo: mi asistente.

Tanner se encoje de hombros.

─Yo sí.

Como si esa escasa explicación fuera suficiente, deja de prestarme atención y


se concentra en Malcolm, quién me guiña un ojo a pesar de que su actitud está
siendo extraña. En otro momento se habría acercado a mí, Tanner presente o
no, y me habría abrazado y dado vueltas en el aire hasta hacerme reír. Ignorando
la punzada en mi pecho ante el hecho de que eso no haya ocurrido, me concentro
en lo que dice en voz lo suficientemente alta para que todos los presentes
escuchemos lo que tiene que decir.
─Bueno, al igual que cada uno de los chicos de mi equipo que pudimos asistir
aquí el día de hoy para celebrar la creación de este programa a manos de Sav,
quién es la segunda mujer a la que más admiro sobre la faz de la tierra después
de mi madre, y mi hermano, les doy las gracias a ambos por tomarnos en cuenta
para esto. No saben cuán increíble es el hecho de que estén compartiendo parte
de su riqueza para cambiar la vida de personas que nunca se imaginaron que
podrían recibir este tipo de ayuda, pero que la merecen más que nadie. ─Su
mirada café viaja a los becados. Cuento diez de ellos─. Ahora, chicos, habiendo
dicho esto, escojamos nuestros equipos. ─Señala a un pelirrojo con gafas de
montura gruesa, quién no parece pesar más que yo y cuyas piernas tiemblan─.
Tú, niño hoja de otoño, ven aquí.

Él se aleja de una anciana en silla de ruedas, la cual deja al cuidado de Larissa.

Miro a Tanner antes de que este se acerque a Malcolm.

─Si realmente piensas que es un bueno para nada, ¿por qué lo invitaste?

Un destello de molestia asoma en sus ojos negros.

─Tres razones. Primero, que el equipo esté aquí es buena publicidad para
nosotros. Segundo, es mi hermano, después de todo. ─Sus labios se curvan
lentamente hacia arriba─. Tercero y la verdadera razón detrás de que hayamos
venido aquí... voy a hacer realidad tu fantasía de verme jugar otra vez,
Savannah, pero más tarde haré que todo el esfuerzo que puse en esto por
complacerte valga la pena. ─Dicho esto, trota hacia dónde su hermano se
encuentra, quitándose la camiseta que lleva solo para entrar segundos después
en un suéter con el logo de nuestro programa─. Will ─llama a papá para que
forme parte de su equipo, a lo que Will Campbell accede cabizbajo.

Estoy segura de que quería jugar con Malcolm, su jugador estrella.


Este me sonríe de forma tensa, ignorando la mandíbula apretada de Tanner.
Capítulo 37
Pierdo la cuenta de la cantidad de besos y caricias que recibo por parte de dos
pares de labios y dos pares de manos. Después de cada orgasmo el fuego que
se ha apoderado de mi cuerpo, causando devastación en cada célula que lo
compone, se extingue de a poco hasta que no queda nada de él corriendo por
mi sistema. Tanto Ibor como Weston mantienen su promesa de no obtener
ningún tipo de placer a través de lo que estamos haciendo, limitándose a
hacerme gemir hasta que mi garganta se seca y mi voz empieza a salir ronca y
a sonar desgarrada. Para entonces estoy tan cubierta de sudor que no les queda
de otra que llevarme a la ducha, a dónde ambos intentan acompañarme, pero
los detengo colocando una ambas manos sobre sus pechos desnudos. Los dos
están sonrojados y tan exhaustos como yo.

─Yo puedo sola.

Si los dejo entrar, probablemente me desmayaré.

Nunca había tenido tantos orgasmos en una sola noche.

Weston me mira fijamente antes de asentir e inclinar la cabeza hacia una


pequeña nevera en una esquina, preguntándole después a Ibor si quiere una
cerveza. Me ducho rápidamente, eliminando el sudor encima de mí, y cepillo
mi cabello antes de volver a reunirme con ellos sin ninguna prenda de ropa
cubriendo mi cuerpo. Sonrío cuando West me da una camiseta del club de tenis
y un par de calzoncillos que ato a mi cuerpo con un nudo para que no resbalen
por mis piernas. Ibor me sonríe tímidamente cuando termino de vestirme frente
a ellos. Ambos tienen una erección, pero estoy demasiado cansada como para
devolverles el favor. Esta noche estoy siendo egoísta.

Siento que estoy a punto de colapsar.

─Estoy agotada ─susurro─. Gracias.

Ibor me abraza, apretándome y estrechándome contra su cuerpo de oso.

─De nada.

Alzo mi mirada hacia sus ojos amables y no puedo evitar sonreírle de vuelta,
conmovida con el hecho de que se preocupe por mí después de que fui una perra
con él frente a Tanner. Aunque solo fuera para protegerlo, eso Ibor no lo sabe
y no creo que lo llegue a saber nunca. Si fuera tan solo un poco desagradable
o malvado, sería más fácil para mí colocar distancia entre nosotros, pero no lo
es y cada muestra de rechazo que lanzo en su dirección me lastima.

Es como hacerle daño a un niño pequeño o a un cachorro.


─¿Qué quieres hacer ahora?

─Dormir ─murmuro en respuesta, lo que hace que tanto él como Weston rían
debido a la manera en la que mi voz se rompe cuando hablo.

Mi rostro se llena de fuego cuando me doy cuenta de que probablemente ellos


no fueron los únicos que me escucharon ya que a pesar de que la droga que
tomé no me quitó la capacidad de decidir por mí misma, sí incrementó mis
niveles de excitación y aumentó mi sensibilidad de una manera que no había
sentido antes, por lo que todo Maleeh debe ser consciente de lo que sucedió en
esta habitación. Aunque no hubo penetración, se trató de mi primer trío. Nunca
volvería a ingerir una sustancia así por mí misma, ya que no puedes saber
cuando serás drogado por alguien más, pero no niego que la indeseada
experiencia fue sumamente intensa, embriagadora y llena de un incontrolable
éxtasis. Me gustó. Odio a quién me drogó en contra de mi voluntad, cuyo rostro
ni siquiera recuerdo debido a que no le presté atención, pero Ibor y Weston
hicieron que fuera tan bueno como pudo serlo.

Me sentí segura con ellos.

Querida.

Adorada.
Probablemente en este momento estaría sintiéndome de la peor manera si me
hubieran dejado con Tanner y con Pauline. Ni siquiera puedo entender qué
pasaba por la mente del capitán del equipo de fútbol americano de la
universidad cuando me propuso pasar la noche con ellos. Es como si a estas
alturas no fuera consciente del hecho de lo conflictiva que me resulta su
presencia o lo que sea que tenga que decir, o no le importara y se regocijara
del efecto que todavía, pese a mis intentos para que no sea así, tiene en mí.

Cualquiera de las dos opciones, es un imbécil.

─Bien ─susurra Ibor antes de tomarme en brazos para conducirme a la cama,


a lo que respondo rodeando su cuello y apretándome contra él, riendo ante su
sonrisa cálida hasta que el ruido en el exterior hace que me alarme.

Tanto Weston como Ibor miran también hacia la puerta de madera del
dormitorio, escuchando el sonido de los pasos en el pasillo como si una manada
de elefantes hubiera decidido pasar por ahí. Me estremezco al oír lo que
parecen centenares de gritos y jadeo, sintiendo mi corazón en la garganta, al
distinguir uno de ellos con fría y lancinante claridad.

─¡Fuego! ¡Hay fuego en la casa!

Ibor abre los ojos de par en par.

─Mierda.
─¡Salgamos de aquí! ─grita el otro rubio, siendo el primero de los tres en
reaccionar a pesar de que, al igual que Ibor, está solamente en ropa interior.

Weston lo empuja hacia fuera, conmigo en brazos. Me aprieto más contra Ibor
cuando nos vemos rodeados de otros estudiantes, algunos todavía en disfraces,
otros más desnudos que nosotros, lo cual es bastante que decir tomando en
cuenta el hecho de que ellos siguen en calzoncillos y yo solo estoy usando una
camiseta encima de un par de uno de ellos. Cuando llegamos a la parte inferior
de la fraternidad, a penas podemos movernos entre tantas personas en ella. Me
bajo de los brazos de Ibor cuando finalmente logramos salir de la construcción,
mis pies desnudos tocando el césped. Es entonces, cuando el resplandor de las
llamas calienta mi rostro de una manera familiar, que me doy cuenta de lo que
sucede.

No es la casa lo que está incendiándose.

El granero de Maleeh está en llamas, las cuales se dirigen a la piscina y al


jardín, poco a poco hacia el edificio principal de la fraternidad. Sin poder
evitarlo, suelto un suspiro de alivio al ver tanto a Tanner como a Pauline salir
de la casa. Ella ya está despierta y tropieza con su vestido mientras camina
hacia la calle, tosiendo con su mano hecha un puño sobre su boca. Él no la
pierde de vista con la mirada, pero también ayuda a otros estudiantes a salir y
organiza a los demás tanto como puede dentro del caos de tener que manejar
a un gran grupo de personas jóvenes ebrias y asustadas. Entra y sale de la casa
en repetidas ocasiones tras dejar a Pauline a cargo de unos integrantes del
equipo de fútbol como si no fuera capaz de cuidarse por sí misma. Sigue usando
su disfraz de SWAT y no puedo evitar estremecerme cuando nuestros ojos
finalmente se cruzan, la tensión que usualmente veo alrededor de ellos
disolviéndose por unos segundos antes de volver con suma intensidad cuando
repara en Weston tras de mí. Sin embargo, no me concentro en él por tanto
tiempo como para que nuestros ojos vuelvan a toparse. En su lugar escondo el
rostro en el pecho de West, quién acaricia suavemente mi cabello y me estrecha
contra él mientras escucho a Ibor hablar con un chico con el cuerpo lleno de
cenizas sobre lo que pasó.
─Estábamos en el granero ─susurra─. Jugando un rato con Gordon y su novia
cuando aparecieron Hans y el pres. No sé cómo pasó, pero todo terminó en
fuego antes de que nos diéramos cuenta de lo que estaba sucediendo.

Ibor comparte una mirada conmigo antes de ver nuevamente al chico.

─¿Qué pasó con Gordon y Anahí? ¿Hubo algún herido?

Él niega.

─No. Todos salimos del granero.

Un nudo se instala en mi garganta al pensar en Tanner arriesgándose


nuevamente a ser expulsado a tan solo un par de meses de graduarse con el
mejor promedio que alguien en la escuela de negocios de la Universidad de
Texas haya alcanzado alguna vez. Por más indiferente que me obligue a ser al
respecto, no puedo evitar acercarme cuando el camión de bomberos y la policía
llega y estos entrevistan a todos los presentes en el granero, también a Pauline,
mientras Weston e Ibor suben a cubrir sus cuerpos con ropa. Para entonces la
multitud se ha dispersado y solo quedan los chicos que viven en la fraternidad.
Jadeo cuando las piedras se incrustan en mis plantas desnudas de camino al
sitio en el que están haciendo preguntas sobre lo que pasó.

Me escondo tras un árbol. Está oscuro y el tronco es grueso, por lo que nadie
me nota.
La primera a la que escucho entrevistar es a Pauline.

─Señorita, ¿podría decirnos si su novio, al que todos han señalado como


culpable, se encontraba con usted durante el momento de los hechos?

Pauline niega.

─No, lo siento, yo... estaba dormida.

Mis manos se aprietan en puños.

Por alguna razón la ira me invade. No, no por alguna razón, por muchas, entre
ellas el hecho de que se supone que ama a Tanner, lo conoce lo suficientemente
bien como para saber que otro incidente así dañaría su futuro y que ella se
preocuparía lo suficiente por él como para mentir. Para cubrir su espalda de
la misma manera que él ha estado protegiéndola desde que la conoció del hecho
de que a pesar de que proviene de una familia de dinero, es buena, gentil y
hermosa, la triste realidad es que sería un cero a la izquierda, una perdedora
en su máximo esplendor, de no ser por él y por mí.

Nunca he aborrecido tanto a Pauline como ahora.

El detective, afortunadamente no ninguno de los que nos llevó a la cárcel la vez


anterior, alza las cejas hasta que estas rozan el inicio de su cuero cabelludo.
Es un anciano delgado con varias arrugas en el rostro, pero ojos amables. Se
ve tan sorprendido con su respuesta como yo lo estoy.

─¿Dormida? ¿Con la música y el estruendo que hacen estos jóvenes en


Halloween? ─Pauline asiente. Él suspira─. Me cuesta creerlo, señorita, pero
a menos que quiera modificar su versión de los hechos justo ahora, no me queda
más remedio que tomar esta pequeña y poco cooperativa declaración suya. Le
recuerdo que cualquier cosa que tenga que decirnos, podría ayudarnos a
cooperar con su novio si es encontrado culpable.

Pauline niega.

─No, no tengo nada más que agregar. Estaba dormida y no sé dónde estaba
Tanner, oficial. ─Pauline alza el mentón, apretándose en la manta de lana que
vi a Tanner traer para ella en uno de sus tantos viajes al interior de la casa
mientras se aseguraba que todos estuvieran a salvo─. Mi Iglesia me enseñó a
no mentir y no empezaré ahora. No puede obligarme a hacerlo.

Él la ve con la frente arrugada.

─En ese caso creo que he terminado con usted.

Tras asentir en su dirección, Pauline empieza a caminar hacia el interior de la


fraternidad. Me quedo escondida tras el tronco de un árbol el tiempo suficiente
para oír un par de interrogatorios más que me hacen pensar que Gordon estaba
haciéndole algo terrible a Anahí para el momento en el que Hans y Tanner
aparecieron hasta que el turno de este último finalmente llega. Cuando se dirige
a él, el tono del oficial Spencer cambia, volviéndose más serio ya que esta vez
está tratando con un verdadero sospechoso. Al contrario de cómo pensé que
sería su actitud, altiva y prepotente como siempre, Tanner permanece con la
mirada gacha y los hombros encorvados. No tengo ni idea de qué sucedió, pero
sé que es todo menos impulsivo.

Sé que si incendió el granero, al igual que yo el auto de Gordon, fue por algo.

Quizás mientras yo tenía mi trío, Hans y él descubrieron quién llenaba de


drogas las bebidas de las fiestas de Maleeh, quién drogó a Pauline. Si ese fuera
el caso, no podría aborrecerla más, novia de Tanner o no, porque significaría
que mientras él hizo todo para protegerla, ella ni siquiera se molestó en
cubrirlo gracias a su estúpida doctrina sin sentido.

Si realmente fuera tan religiosa y remilgada, no tendría sexo frente a mí.

No sería tan buena juzgando a los demás.

─Entonces, Reed, cuéntame qué hacías mientras...

La voz del detective se apaga cuando el césped cruje bajo mis pies, los cuales
están doloridos por caminar en el exterior sin zapatos, al acercarme a ellos.
Tanner finalmente alza el rostro, sus hombros tensos, y sus labios se entreabren
cuando lo alcanzo, pero no hace nada para detenerme cuando envuelvo su
cintura con mis brazos y me presiono contra él.

─Mi nombre es Savannah Campbell, oficial ─digo, mi voz melosa y risueña,


pero también clara y firme mientras sonrío de oreja a oreja, enseñándole mis
dientes blancos y perfectos de una manera que no suelo hacer normalmente─.
Pauline es su novia ya que es la chica que sus padres aprobarían, pero yo soy
quién lo mantiene despierto hasta tarde. ─Aparto un mechón de cabello oscuro
de la frente de Tanner─. ¿No es así, precioso?

La mirada de Tanner se vuelve dura, al igual que sus facciones, pero asiente al
entender que estoy montando un teatro para salvar su arrogante trasero.

El detective me mira con ojos amplios, sorprendido con el giro de los


acontecimientos. Probablemente parecemos una de las malas, pero divertidas,
novelas mexicanas que mi abuela y yo vemos, pese al ceño fruncido de mamá,
cuando voy a visitarla a la Riviera Maya.

─¿Estuvo usted con el señor Reed esta noche, señorita Campbell?

Afirmo.

─Sí, oficial.

─¿Hay testigos de ello?

Nuevamente asiento.

─Así es. ─Mi sonrisa se vuelve maliciosa─. Solemos invitar a más chicos a
unirse a nosotros. Todos en la fraternidad me oyeron mientras teníamos sexo.
Si alguien vio a Tanner en otro sitio, probablemente se debía a sus estados de
ebriedad o... al efecto bajo el cual estaban al consumir otras sustancias. En un
dado caso, sé que sus acusaciones serían nulas en un juicio si somete a todos
los testigos que lo acusan a un test de sustancias en este momento, lo que exigirá
tanto su abogado como el mío si insiste en tachar a mi chico como el culpable.
─Bajo mi voz, mi tono volviéndose amenazador─. Está claro que por más que
busque, ni siquiera los culpables son conscientes de lo que pasó. Si yo fuera
usted, dejaría esto así. No pierda su tiempo con universitarios ebrios cuando
podría estar salvando el mundo en algún sitio.

El hombre gruñe antes de fijar sus ojos en Tanner, quién no deja de verme con
mirada amplia y conmocionada. Le sonrío al estúpido engreído, intentando
verme amorosa mientras llevo mis manos a su chaleco anti balas.

─¿Eso es cierto, chico? ¿Estabas en una orgía cuando todo esto pasó?
Tanner duda, su ceño frunciéndose por un momento ante el recordatorio de mi
libertinaje, así que tomo aire profundamente antes de ponerme de puntitas,
armándome de todo el coraje que tengo, y juntar sus labios con los míos. El
ambiente a nuestro alrededor, antes frío debido a que es de madrugada, se
vuelve gélido mientras enredo mis dedos en su cabello oscuro y muevo mis
labios al sobre los suyos hasta que los entreabre y soy capaz de deslizar mi
lengua en su boca, saboreando el sabor de cigarro y cerveza en ella, lo cual me
hace arrugar la frente fugazmente debido a que tenía entendido que Tanner
había dejado de fumar desde que Pauline se lo pidió. El oficial carraspea, pero
no me alejo de él hasta que me estrecha contra su pecho, temblando de la misma
manera en la que yo lo hago, y el hielo que nos rodea se vuelve un fuego más
intenso que el que presenciamos.

Esta es la segunda vez que nos besamos.

Es dolorosamente placentero, incorrecto y a la vez correcto ya que mi


oscuridad abraza a la suya, invitándola a permanecer juntas, pero la luz vuelve
a separarnos y a diferenciarnos en dos sombras diferentes cuando se separa de
mí con los ojos vidriosos y la respiración irregular.

Incluso él sería incapaz de decir que mi beso no lo afectó.

Tanner presiona mi labio inferior con su pulgar, tragando mientras me mira


con agradecimiento, antes volverme a besar rápida y castamente en la frente y
fijar sus ojos negros en el policía mientras me abraza con un aire similar a la
posesividad. Su expresión es tan mortal como puede ser y grita que lo reta a
contradecirlo, lo que este no hace en lo absoluto.
─Sí.

El oficial hace una mueca.

─Sí, algo intenso está pasando entre ustedes, creo que no hay dudas al respecto.
Si me permiten un consejo, son demasiado jóvenes para complicarse la vida y
estar dónde no deseen estar ─dictamina─. Muchas gracias por su declaración.
Estaremos en contacto con ustedes si la necesitamos en vivo, el cual dudo
mucho que sea el caso.

Dicho esto, cierra su libreta y se da la vuelta, caminando en dirección a la


patrulla en la que más oficiales se encuentran. Suelto un suspiro, alejándome
de Tanner mientras una sensación de asfixia me inunda, cuando está lo
suficientemente lejos de nosotros como para no percatarse de nuestro
distanciamiento. Me doy la vuelta para entrar inmediatamente a Maleeh y
buscar a Ibor o a West, pero tanto su voz como el agarre de su mano en mi
muñeca me detiene. Me deshago de él retorciendo mi brazo y apretándolo
contra mi pecho, pero no se aleja aún cuando es obvio que quiero que lo haga,
sino que exhala bruscamente mientras avanza hacia mí e invade mi espacio
personal. Afortunadamente no estoy tan cerca como para que sea capaz de
sentir el contacto de su piel contra la mía o de lo contrario no sabría cómo
reaccionaría. Si sucumbiría a la tentación de besarlo de nuevo.

─Gracias ─suelta en voz baja.

Trago el nudo en mi garganta.

Clavo mis ojos en los suyos antes de huir.

─No lo hice por ti. Lo hice por mí ─murmuro─. Ya no te debo nada, Reed.
Cualquier deuda que tuviera con él por haber ido a prisión conmigo se ha
desvanecido. Por el rabillo del ojo veo el destello dorado del cabello de Weston
y corro directamente hacia él, quién permanece con los brazos abiertos de par
en par para mí y me estrecha delante de todos, y de todo, porque con él no tengo
motivos para esconderme o sentirme como si fuera la mancha en la suela del
zapato de alguien, sino como una princesa.

Así como Pauline es buena para Tanner, West es bueno para mí.

Con la diferencia de que él sabe perfectamente quién soy y estaría dispuesto a


ensuciarse las manos por mí, la razón por la que no lo corregí cuando me llamó
su novia frente a Tanner más temprano o por la que no protesté cuando me
animó a vestirme con su ropa. Quizás no sea mala idea pertenecerle. Es
atractivo, rico y amable. Me conoce y me quiere como soy.

¿Por qué no?

─¿Está todo bien? ─pregunta con el ceño fruncido con preocupación mientras
entrelaza nuestros dedos, tirando suavemente de mí hacia la enorme casa
cuando simplemente me le quedo viendo sin decir nada.

Afirmo, avanzando y forzándome a no sucumbir al intento de mirar hacia atrás.


No importa cuán fuerte sienta sus ojos sobre mí, no puedo girar.

─Todo bien.

*****
Decir que estoy agotada por toda la emoción de la noche es un eufemismo, por
lo que animo a Weston a que pasemos el resto de ella en una habitación de
hotel porque no confío en permanecer más tiempo en el campus. Es Weston
Wertheimer, así que me lleva al mejor hotel cinco estrellas de Austin y pide una
suite presidencial para nosotros con desayuno, champagne y día de spa
incluido. Lo gracioso del asunto es que cuando nos despertamos y comemos,
va al spa conmigo y permite que le hagan uno que otro tratamiento en el rostro
pese a que tiene una mueca durante todo el proceso. No puedo evitar reír y
besarlo cuando entramos desnudos en una tina de lodo, la cual es
sorprendentemente buena para sobrellevar la resaca.

La piel de su cara está sonrosada y suave, al igual que la mía, por lo que una
sensación más que agradable me recorre mientras froto mi nariz contra la suya.
Weston rodea mi cintura con sus brazos y me sonríe cunando me aparto unos
centímetros, los suficientes para hablar cómodamente, sus párpados cayendo
de manera soñolienta y pesada. Me mira con deseo.

Con deseo y aprecio.

─Ayer le dijiste a Tanner que era tu novia ─lo acuso.

Weston se sonroja.

─Ah. Mi enemigo es orgulloso. Decirle eso era la única manera en la que te


habría dejado ir. ─Sus labios se tuercen con una mezcla de burla y
desagrado─. Por más atraído que se sienta hacia ti, es de los que prefieren ver
cómo lo que quiere se aleja de su alcance a arrastrarse.

A pesar de que sus palabras traen una punzada a mi corazón porque Weston
no podría estar más equivocado al hablar de él como si me quisiera, me encojo
de hombros mientras termino de ajustarme sobre él y llevo mis manos a sus
mejillas, centrando toda su atención únicamente en mí.

─Olvida a Tanner. Olvida a tu padre. Concéntrate en ti y en mí.

Su mirada se afila.

─Si lo hago, ¿tú lo harás?

Relamo mis labios antes de responder.

─Puedo intentarlo.
Capítulo 38
Me inclino sobre mí misma, teniendo en mente posicionarme en la línea de
defensa a penas oiga el pitido que dé inicio al juego de fútbol. Malcolm pasó
media hora hablando conmigo y con nuestro equipo para instruirnos e idear una
buena estrategia con el fin de derrotar a su hermano mayor antes de empezar.
Suelto una risa ahogada cuando recibo un cumplido torpe sobre mi trasero de
uno de los miembros de los Kings que está jugando para nosotros, lo cual hace
que tanto mi padre como los hermanos Reed emitan un gruñido de
desaprobación. Por el rabillo del ojo veo a mi madre alzar las cejas ante ello,
inclinada en mi misma posición del otro lado. Tanto Malcolm como Tanner
usaron la misma estrategia. Suponer que nadie nos hará daño y que
prácticamente los jugadores del equipo contrario nos arrojarán el balón a las
manos cuando se topen con un cuerpo femenino bloqueando su ataque.

Realmente espero que ese sea el caso.

Me preocupa que no.

Sé que Malcolm no tacleará a mamá.

En cambio Tanner a mí... no estoy segura de que la presencia de mis padres lo


haga tímido al respecto, pero no me ilusiono pensando que sí ya que nunca he
sentido que él me observe como alguien frágil o con la que necesita ser delicado.
La leve molestia en mi trasero es la prueba de ello. Lamentablemente para mí,
la idea de ser aplastada por él sobre el césped me emocionó tanto que no me
negué cuando Malcolm me propuso marcarlo.
Lo deseo.

Lo deseo ahora, que lo veo con hombreras y la indumentaria deportiva que solía
poner húmeda mi ropa interior cuando estábamos en la universidad, más de lo
que lo había hecho en cualquier otro momento de mi vida porque él preparó esto
para mí. Todas esas llamadas que le saqué en cara atender desde ayer se debían
a que se encontraba alistando esto en silencio.

Gastando un estimado de un millón de dólares en preámbulos para sexo.

Debí tomarlo en serio cuando me preguntó qué tan lejos estaba dispuesta a llegar
para cumplir mi fantasía, pero no pueden culparme por no suponer que haría
algo como esto o que encontraría una manera de cumplirla que me complacería
en más de un sentido. Quemándome al verlo jugar. Enamorándome al incluir
niños que piensan de la misma manera que nosotros, anhelando el éxito y
queriendo ganarlo a base de esfuerzo en sus estudios. Divirtiéndome al
contemplar su lado egocéntrico saliendo a la luz una vez más al incluir
implícitamente su ideología, la cual creo que solo yo conozco, de que los
deportistas son estúpidos y la mejor forma de prosperar es sobresaliendo a
través de ser lo mejor que el sistema educativo tenga para ofrecer. Aunque
mamá lo odie, por su reacción, en la que ni siquiera me sacó en cara mi nuevo
color de cabello y fue directamente a reclamarme el no haberla incluido más,
creo que incluso ella está maravillada con esto.

No puedo evitar conmoverme y ofrecerle un vistazo desde donde estoy.


Evaluar su mirada seria y concentrada mientras le explica a una chica pálida y
ojerosa, delgada, de trenzas doradas y poseedora de un par de gafas de montura
gruesa que rivalizan con las del chico pelirrojo de nuestro equipo, cómo jugar.
Se ve tan adorable mientras lo hace, genuinamente entregado a la idea de ser su
guía, que no puedo evitar pensar en Tanner como un padre.

Quizás sería un desastre, forzando a su hijo a ser perfecto como él.

Haciéndolo infeliz.

Pero quizás no, tal vez aprendió de los errores de su progenitor y será mejor.

─Idiota ─susurro, más para mí misma que para él, odiándolo por conmoverme
cuando se supone que es el enemigo, pero igualmente trayendo su atención a
mí, sus ojos negros sonriendo pese a que su usual mandíbula apretada está
presente en su rostro cuando se gira a verme.

Tanner se regodea tanto del código de indiferencia bajo el que vive que a veces
olvida que tiene un corazón latiendo dentro de su pecho, pero yo no.

No cuando lo siento yendo rápido y desenfrenado cada vez que estoy cerca.
─¡Hip, hip! ─dice una voz, dando inicio al partido al ser seguida por un silbato.

Mi reacción, similar a la de todos los inexpertos jugando, es tirar de mi cabeza


hacia atrás y reír mientras ignoro a todos y corro en dirección a Tanner. Una
parte de mí sabe que todos los que no tenemos idea de lo que estamos haciendo
somos solo relleno al lado de los profesionales acompañándonos, pero no puedo
evitar querer intentarlo y marcar una diferencia por mí misma. Los jugadores
pasan junto a mí como formando parte de una estampida de animales salvajes.
Muevo mis pies tan rápido como puedo y cuando finalmente me encuentro a un
par de metros de mi objetivo, Tanner corriendo hacia el otro lado con el balón
protegido bajo su brazo, preparada para enviarlo al suelo, soy enviada a este por
una figura extremadamente familiar. Jadeo cuando mi cuerpo aterriza sobre el
césped.

─¡Papá! ─me quejo.

Will Campbell me mira con ojos grises llenos de arrepentimiento, sus labios
curvados hacia arriba en una sonrisa de disculpa que derrite mi enojo. Aún así,
me obligo a ser fuerte y no sonreírle de vuelta mientras me ayuda a levantarme
del suelo ofreciéndome su mano extendida.

─Lo siento mucho, princesa. El equipo es el equipo.

Entrecierro mis ojos hacia él mientras sacudo la tierra de mi ropa.

─Soy tu hija.

Me mira como si sintiera dolor físico.


─Lo sé, pero fui jugador de fútbol antes de ser padre ─susurra─. Así es como
conocí a tu madre, Savannah. No puedes culparme por sentirme apasionado.

Pongo los ojos en blanco.

─Traidor.

Tras obtener una ligera risita de su parte como respuesta, me doy la vuelta e
inspecciono el campo en búsqueda de Tanner. Suelto un jadeo cuando lo veo
detenerse a punto de ser alcanzado de nuevo, flexionar su brazo hacia atrás y
lanzar el balón con la suficiente distancia entre él y la línea de anotación como
para ganar una ventaja significativa sobre nosotros cuando este pasa encima del
poste al mismo tiempo que escucho a Malcolm maldecir.

Me estremezco cuando sonríe arrogantemente después, trotando hacia mí.

Los jugadores de los Kings lo ven como si fuera un alienígena.

─¿Todavía queriendo verme en acción, Campbell? ─pregunta cuando pasa


junto a mí, a lo que aprieto la mandíbula y finjo odiarlo como jugadora del
equipo contrario ya que si me dejo llevar por los demás sentimientos dentro de
mí, temo que me delataré a mí misma frente a mis padres y la prensa.

Porque Tanner tenía razón.

La presencia del magnate de las importaciones y del equipo de fútbol de


Houston trajo mucha atención, por lo que somos víctimas de algunos flashes
provenientes de la primera línea de asientos del estadio. Ni siquiera me puedo
imaginar la cara de Pauline si somos atrapados haciendo cosas inapropiadas o
imaginar el revuelo que eso causaría en internet y los medios de comunicación
ya que todos piensan que estoy saliendo con su hermano.

Sería atacada de tantas maneras.

Haciendo cosas como este partido, sin embargo, hace que por un momento mi
mente desafíe cualquier principio moral que exista y que el riesgo de ser
descubierta y señalada por la sociedad como la otra valga la pena, aunque
tampoco es como si no estuviera acostumbrada a ser etiquetada como si mi vida
sexual o amorosa fuera lo único que me definiera como mujer.

Haga lo que haga, siempre me llamarán de alguna manera.

A todas nosotras, en realidad.

─Toda la vida lo ha tenido todo tan malditamente fácil ─gruñe Malcolm cuando
regresamos a nuestra posición inicial. Al instante, aunque no me lo diga,
entiendo su molestia. Mientras Tanner fue un dios del fútbol sin a penas
esfuerzo y se permitió rechazar propuestas de equipos profesionales como si
fueran prostitutas desesperadas de las que se aburrió, Malcolm tuvo que sangrar
y luchar por su puesto en la NFL. Por eso y por otras cosas, como ser merecedor
de su apellido, sospecho─. No es justo que todo lo que quiera se le sea entregado
en bandeja de plata. Es decir, ni siquiera es agradable. ─Malcolm no me mira
mientras habla de su hermano, en realidad evita cruzarse mi mirada tanto como
es posible, pero de repente clava sus ojos marrones en mí y a pesar de que sus
labios están extremadamente curvados hacia arriba, estos no sonríen en lo
absoluto. Siempre he sabido que se quieren y que su relación es complicada,
pero este último par de días me han demostrado cuánto. Aún así, sé que al final
del día, aunque no se aguanten, son del tipo de hermanos que estarán ahí para
el otro en el caso de que se necesiten porque tienen un punto débil en común
que los une─. Es por eso que soy tu favorito de los dos, ¿no así? Tú nunca lo
escogerías sobre mí.

Trago.

Mi rostro enrojece.

Mis rodillas se aflojan al sospechar una vez más que Malcolm lo sabe.

Sabe que me acuesto con su hermano.

Por más que intento acallar la voz en mi mente que intuyo que hace que mi
lenguaje corporal me deje en evidencia, no puedo y esta no deja de repetirme
una y otra vez que mi mejor amigo conoce mis más sucios pecados. Que Tanner
le dijo o que ellos están escritos en mi cara.

─Malcolm... ─murmuro, pero lo único que hace es negar y reír amargamente.

─Ni siquiera tienes que responder. Sé que lo más cerca que un sociópata como
Tanner estará de ti es como socio. Eres increíble y él es un patán y más ahora
que las cosas están tensas con Pauline. No los veo siendo amigos o si quiera
tolerándose. Cómo se puso de acuerdo contigo para hacer esto es un misterio
para mí, pero sé que nunca podrían hacer más que trabajar juntos.

Mis labios forman un puchero antes sus palabras, pero Malcolm no se queda
para verlo. Nuevamente escuchamos el pitido que hace que retomemos el juego
y corre en dirección opuesta a dónde nos encontramos. El balón no tarda en
estar en sus manos, pero mi madre tampoco tarda en interponerse en su camino
y arrebatárselo debido a que él no la taclea o la esquiva como debería hacerlo
porque su caballerosidad y la nobleza de su gran corazón no lo permite. A pesar
de que no lo veo, sé que su malévolo hermano sonríe.

*****

Perdemos.

No solo debido al brazo de Tanner, el cual parece nunca haber dejado de jugar
fútbol y hace que los jugadores profesionales de mi equipo se enojen y tomen
en serio este supuesto juego amistoso, sino también a mi madre en la línea de
defensa y al hecho de que al mayor de los Reed no le molesta esquivarme o
empujarme fuera de su alcance las veces que logro acercarme sin que mi padre
se atraviese en mi camino. Como premio, los chicos del programa que jugaban
para su grupo y sus familiares obtienen un recorrido por uno de sus barcos
anclados en Corpus Christi el próximo fin de semana. Una especie de excursión
con todos los gastos pagos a la que promete que asistiremos, lo que me hace
temblar mientras lo escucho ya que la última vez que estuvimos ahí, en su yate,
no tuvimos sexo a pesar de la intensidad del momento, pero sé que la próxima,
así tengamos compañía, sí lo haremos.

─Vayamos a almorzar para celebrar ─dice después de que nos despedimos del
último chico becado y su familia, el cual es tan corpulento y atractivo que
difícilmente lo etiquetarías como un nerd, pero sí lo es. Amablemente, tanto
Tanner como yo nos tomamos un momento para conocer a cada uno de ellos y
la verdad es que estoy encantada con el programa─. ¿Alguna propuesta?

Está dirigiéndose a su hermano, a mis padres y a mí. El primero observa


distraídamente hacia las gradas, pero eventualmente gira su rostro hacia él y le
responde con una sonrisa despreocupada, una con la cual expresa todo lo
contrario a lo que expresan sus hombros rígidos y las arrugas de tensión en las
esquinas de sus ojos. Me remuevo, incómoda, ya que no sé qué esperar.

Todo en mí me dice que Malcolm sabe lo que está sucediendo entre Tanner y
yo, pero tanto sus palabras como su comportamiento no terminan de
confirmarlo. Me mantienen en el limbo de no saber si sí o si no.

Es una tortura.

Si no tuviera tanto miedo de su reacción, de perderlo, se lo preguntaría


directamente, pero en esta ocasión soy una cobarde porque no soporto la idea
de pasar un solo día de mi vida sin recibir uno de sus mensajes.

─Sav y yo tenemos un sitio a las afueras de Houston en el que comemos pizza


y tenemos cierta intimidad de los reporteros ─responde─. ¿Qué tal si vamos?

Uniéndose a la competencia de sonrisas falsas, Tanner sonríe cuando separo los


labios para negarme ya que pasamos todo el día de ayer comiendo pizza, así que
la idea de seguir haciéndolo revuelve mi estómago.

─Me parece perfecto, hermanito.

Malcolm se tensa cuando se inclina sobre él y revuelve su cabello como si fuera


un niño pequeño pese a que la diferencia de edad entre ellos no es tan grande,
arriesgándose también a presionar sus labios contra su mejilla mientras rodea
su cuello con su brazo y este lo empuja con molestia, causando risas entre los
demás integrantes del equipo que normalmente lo verían como un rey debido a
que es el héroe de todos sus juegos, a excepción de hoy. Sin poder soportar más
su interacción, en la que sé que de una manera u otra Tanner busca dejarlo en
ridículo, me doy la vuelta.
Me mentiría a mí misma si no admitiera para mis adentros que me siento
decepcionada. Malcolm lo adora y sé cómo se siente adorar a Tanner, así que
sé cómo es estar en su lugar, solo que de una manera un poco diferente.

Porque acabo de ver cómo es con los que aman.

Y no puedo evitar preguntarme si es así cómo me he visto todo este tiempo.

*****

Mamá odia comer en sitios baratos.

No porque sea snob, sino porque dice que se esforzó lo suficiente como para
tener el privilegio de comer en sitios dónde la comida sea mejor que la que tenga
en casa. Papá sí es más abierto a ingerir comida chatarra, pero tiene pocas
oportunidades para hacerlo ya que las estrictas dietas de Larissa no solo se
limitaron a ser aplicadas a mí mientras crecía. Admito que cuando era más joven
solía odiarla por prohibirme comer de la manera que quisiera, pero dejé de
hacerlo cuando comprendí que no solo se trataba de estética.

Un día, usando su PC y Google, encontré interesante sus búsquedas.

¿Cómo alimentar a mi familia con el fin de evitar que sufran enfermedades?

Alimentos que alargan la vida.

Alimentos que te hacen vivir más.


Alimentos que ayudan a los adolescentes a sobrellevar la adolescencia.

¿Los carbohidratos bajan el autoestima?

Desde entonces me di cuenta de que mamá no quería que luciéramos perfectos


para nuestras fotos familiares, sino que tuviéramos muchos momentos más que
pudieran ser fotografiados, y dejé de cuestionarla tanto, entendiendo que ella no
admitiría la raíz de su preocupación en voz alta porque podría hacerla ver más
sentimental de lo que va con su personalidad.

Otra cosa que odia, o más bien persona, es a Tanner Reed.

Desde que lo conoció no tolera su presencia o la de Pauline, pero con Tanner es


más abierta al respecto, ignorándolo o crispando el rostro las veces que han
tenido la desdicha de encontrarse como, por ejemplo, durante el juicio de
Gordon por violar los términos de su orden de alejamiento hacia mí y mi
graduación de la universidad. Nunca me ha dicho por qué, no directamente, pero
la conversación que una vez mantuvo conmigo, en la que me hizo prometerle
que entre nosotros no pasaba nada y me dijo que Tanner no me merecía, me
hace creer que Larissa sigue pensando de la misma manera que entonces, pero
que no sospecha que yo haya cambiado de opinión.

Mientras comemos, me doy cuenta de que su manera de pensar es la misma que


en ese entonces, pero que hace un esfuerzo sobrehumano por no arrugar la frente
en su dirección o soltar comentarios desagradables. En su lugar dirige todo su
disgusto hacia la pizza, en lo que parece ser parecida al hombre con el que me
acuesto. No puedo evitar preguntarme, entonces, si la razón por la que no se
llevan bien es porque son de cierta forma similares.
─Bazofia ─gruñe ella, dejando caer el trozo de pizza de vegetales en su plato
tras darle un mordisco, lo que me hace confirmar un poco mis sospechas.

─Cariño, dale una oportunidad ─insiste papá a cambio, apretando la punta de


su trozo de pizza, la cual lleva ingredientes más apetitosos, contra su boca.

Mamá lo fulmina con la mirada, pero eventualmente separa los labios y come.
Sus ojos brillan al saborearla y no puedo evitar sonreír cuando, discretamente,
intercambia pizza con papá y continúan con su comida.

Son adorables.

─La temporada está a punto de empezar ─comenta Tanner al otro lado de la


mesa, echándose hacia atrás en su asiento y limpiándose la comisura de los
labios con una servilleta como si acabara de comer un platillo de lujo y no uno
que no sobrepasa los diez dólares─. ¿Cuáles son tus planes si no le das a los
Kings lo que prometiste y no los llevas al Super Bowl?

Me tenso. Malcolm también lo hace.

─Tengo el suficiente dinero como para no tener que preocuparme por eso.

Tanner lo mira con el ceño fruncido.

─El dinero se acaba.

─El mío no. Mi estilo de vida no es tan ostentoso.


─¿No lo es?

Su hermano niega.

─No.

Tanner se cruza de brazos, una sonrisa burlona en su rostro.

─¿Entonces por qué gastaste cuatro millones de dólares en una mansión en


Travis Country cuando toda tu maldita vida está en Houston, hermanito?

Malcolm aprieta la mandíbula de una manera que lo hace parecerse todavía más
a Tanner, a lo que no puedo evitar pensar que su parecido en ocasiones es
impresionante. Observo de reojo a mis padres, pero ellos están tan absortos el
uno en el otro que no nos prestan atención a nosotros.

─Tengo pensado mudarme a Austin ─gruñe en respuesta, intentando esconder


sus mejillas sonrojadas agachando la mirada─. No ahora o en un futuro
próximo, pero eventualmente. Vi la casa y me gustó, la compré.

Esta vez Tanner le enseña sus dientes cuando contesta, los cuales resplandecen,

─Entonces no niegas que hayas gastado la mitad del dinero de tu firma en una
propiedad que no tienes pensado habitar todavía. ─Asiente, tamborileando sus
dedos sobre la mesa─. Una decisión muy inteligente.
─¿Igual de inteligente que estar atrapado en un matrimonio infeliz?

Los ojos negros de Tanner brillan. Separa los labios para responder,
probablemente para ser más cruel de lo que ha sido hasta ahora, pero lo
interrumpo poniéndome de pie e inclinando la cabeza en dirección a la salida.
He tenido suficientes emociones fuertes por hoy. Entre el programa, el juego,
su interacción como hermanos y la presencia de mis padres, enloqueceré si no
pongo distancia entre los Reed, mis familiares y nosotros.

Es hora de que regresemos a Austin.

─Muchas gracias a todos por acompañarnos hoy. Significó mucho.


Lamentablemente tenemos que volver ya. Mañana trabajo y Tanner también.

Tanner también se levanta, arrojando un billete de cien a la mesa que saca de su


billetera y que estoy segura de que es demasiado para la cuenta.

Así como de que no le importa el cambio.

─Sí, el camino es largo.

─Los acompaño afuera ─gruñe Malcolm, imitándolo, y mamá no tarda en


seguirnos una vez empezamos a salir del restaurante.

Papá me sonríe una última vez antes de que me gire.

─Buen viaje. Llama cuando lleguen.


─Lo haré, papá.

─Te quiero, pequeña.

─Y yo a ti.

Ya en el estacionamiento, mamá me aleja nuevamente de los hermanos Reed


para tener una conversación a solas conmigo y estos también guardan distancia
de nosotras para intercambiar unas cuantas palabras cerca del auto de Tanner.
Trago sonoramente cuando posa su mirada en mí, evaluándome de pies a cabeza
y formulando un informe detallado sobre lo que ve en su mente. Después de que
llega a una conclusión, sacude la cabeza y lo suelta.

─Me encanta el programa, que estés haciendo caridad, pero no me gusta que
estés tan cerca de Tanner. Sabes cuál es mi opinión con respecto a él.

─Mamá...

─No es un buen hombre.

Mi frente se arruga.

─No importa si lo es o no, es un buen socio.

─No lo dudo, Savannah, pero sigue sin gustarme la manera en la que te ve. Han
pasado años desde que lo conocí, pero sigue observándote como si le
pertenecieras a pesar de que es un hombre casado. ─Alza el mentón, su
expresión mortal─. Mantén tu promesa de ese entonces y aléjate o acabarás
decepcionándonos a tu padre y a mí. Él no es para ti ni nunca lo será.

─Mamá ─murmuro, pero ella solo niega y toma un mechón de mi cabello


dorado entre sus dedos, observándolo con tristeza, no con desaprobación.

Eso es todavía peor.

─Sea lo que sea en lo que te estás convirtiendo, no eres tú. No es mi bebé.

Ya que no tengo nada más que decirle, puesto que no puedo contarle sobre el
motivo tras mi cambio de look sin hablarle de lo que pasó con el nuevo estadio
de los Rangers y no quiero que mis padres se tengan que preocupar por ello,
mamá se da la vuelta y entra de nuevo en el restaurante sin mirar atrás. A los
segundos Malcolm se acerca y me sonríe débil, pero tensamente, mientras me
escolta con una mano apoyada en mi cintura al auto de Tanner.

Es lo más cerca que ha estado de mí hoy.

Antes de entrar en él, me giro y lo observo con su rostro a centímetros del mío
con su hermano como testigo, pero no me importa. Él lo ha lastimado lo
suficiente hoy con su comportamiento. No necesita que ahora yo me sume a ello
actuando a su alrededor como una extraña. Tras ponerme de puntillas, dirijo mis
labios a su mejilla y presiono un beso que, por un leve movimiento de su rostro,
termina siendo depositado peligrosamente cerca de la comisura de sus labios.
Malcolm se queda sin aliento y, sorpresivamente, yo también.

Después de unos segundos de shock, ambos cubrimos nuestra incomodidad y


sonrojo con una risa. De mi parte avergonzada y de la suya sincera, sonando
nuevamente como el chico alegre y risueño que realmente adoro.
─Llámame más tarde ─susurro mientras entro en el auto de Tanner.

─Lo haré ─promete.

Dicho esto, finalmente cierro la puerta del asiento copiloto.

Durante todo el viaje de regreso a casa, Tanner no dice nada, pero aprieta el
volante con tanta fuerza que en cualquier momento podría romperlo y conduce
tan rápido que llegamos a Austin en la mitad del tiempo que tomaría.
Capítulo 39
Después de la desastrosa noche de Halloween, me concentro de lleno en mis
estudios y en terminar mis exámenes y proyectos pendientes para dar fin a este
período académico. Trato de enfocarme en Weston e ignorar a Tanner aunque
todavía esté presente en mi vida ya que continúa pasándose de vez en cuando
por nuestro dormitorio para visitar o recoger a Pauline y nuestros caminos se
cruzan en el campus de vez en cuando, solo que ya no con la misma frecuencia
que un mes atrás. Pasamos de vernos diez veces por semana a dos o tres.
Gracias a que el rubio es amable y divertido conmigo, además de atento y
detallista como ningún otro pretendiente que he tenido antes, se gana mi
completa atención y, poco a poco, mi corazón.

Sin darme cuenta, llega el momento en el Tanner Reed ya no pasa por mi mente
como antes.

Ahora lo hace Weston.

Mientras él empieza a dejar nuevamente flores fuera de nuestro dormitorio


para ella, mi chico de cabello dorado cubre mi auto por completo de rosas para
que acepte irnos juntos a clases. Mientras él la invita a ir al cine el fin de
semana como una pareja común y corriente del montón, Weston alquila una
sala entera para nosotros con el fin de poder arrodillarse entre mis piernas
mientras vemos todos los estrenos de la cartelera y llena mi estómago con hot
dogs y golosinas porque se supone que ahora odio las palomitas. Mientras él
le dedica anotaciones en el campo y victorias de partidos, Weston y yo jugamos
juntos al tenis por tardes enteras para liberar el estrés de la carga académica
y pasar el rato divirtiéndonos juntos.
Mientras empiezo a ver su historia como un mal cliché que no terminará bien
porque Pauline ni siquiera se hace una idea de quién es realmente su novio, él
y yo la pasamos bien.

Porque Weston sabe quién soy y yo sé quién es.

Sin percatarme, la fecha de mi cumpleaños se acerca dos semanas y media tras


Halloween. Pauline me lo recuerda un día antes mientras desayuno cereal de
Oreos en nuestra pequeña encimera y termino mi maquillaje. Es viernes,
Weston se encuentra sentado comiendo un sándwich frente a mí y Tanner está
esperándola en el umbral de la puerta, echándole periódicos vistazos a su reloj
con impaciencia y manteniendo distancia de nosotros como lo ha hecho desde
que lo besé frente al oficial y mentí por él para salvar su pellejo cuando ya no
debería tener motivos para hacerlo porque ahora que yo también traigo un
chico a mi habitación regularmente, puede venir tanto como lo desee y yo me
iré para dejarles espacio de la misma manera que ha hecho Pauline todos estos
días alegando que Weston y yo somos la mejor pareja que ha visto en el campus
y que darnos privacidad es su aporte a la causa.

Le creería si no usara eso como excusa para ir con Tanner y fingir que haría
todo por él.

Ambos se engañan tanto que me dan náuseas.


─¿Cómo celebrarás tu cumpleaños? ─pregunta, sonando emocionada,
mientras ajusta la correa de su mochila sobre su hombro y sonríe. El día de
hoy usa un vestido verde con pequeñas hojas estampadas en él y sandalias. Su
cabello rubio está suelto, así que los rizos dorados enmarcan su rostro en forma
de corazón de una manera preciosa─. Me gustaría planear algo, si quieres.

Instantáneamente niego.

No he escondido lo resentida que estoy con ella y con Tanner después del
concurso. Aunque el tema no se ha tratado en voz alta, sé que sabe cuál es la
conclusión a la que llegué después de ver mi foto en su teléfono: que su novio
solo me estaba usando para generar emociones oscuras en ella y que regresara
a Austin. Debido a esto no puedo entender por qué si quiera me dirige la
palabra y pretende que somos amigas cuando es evidente que ese no es el caso.

Pero nunca le diría cómo me siento en voz alta.

Eso sería aceptar que quiero a Tanner para mí y ya no vale la pena hacerlo.

Porque ya no lo quiero, pero estoy tan cansada de ellos dos.

─No es necesario ─añado cuando se me queda viendo como si necesitar oírlo


en voz alta.
Pauline frunce el ceño, viéndose herida de verdad.

Definitivamente debió ser actriz.

─No me molestaría. Preparar tu fiesta de cumpleaños sorpresa es lo menos que


podría hacer.

─Dejó de ser una fiesta sorpresa en el momento en el que me dijiste sobre ella.

─¿Eso significa que sí puedo hacerla?

Separo los labios para decirle que no tiene nada que planear, que
probablemente invitaré a Weston a Houston para celebrar con mis padres y que
regresaré el domingo, pero el chico con el que estoy saliendo se me adelanta
poniéndose de pie y apoyando su brazo en los hombros de Pauline, lo que hace
que ella gire su rostro hacia él y le sonría mientras suelta una risita tonta que
no paso por alto. Es su mayor fan. No se molesta en ocultarlo de ninguna
manera.

─Savannah tiene razón, Pauline. No tienes que hacer nada ─dice, guiñándome
un ojo antes de soltarla. Tanner, que no ha perdido ni el más mínimo detalle de
nosotros, entra en el dormitorio entonces, sus ojos entrecerrados hacia Weston.
Contengo un gruñido. Este es el tipo de escenario que crea nudos en mi
estómago─. Porque ya he preparado todo para mañana. Si quieres formar
parte, solo tienes que decírmelo y haré que te llegue la invitación.

Pauline lo mira con ojos amplios, genuina emoción en sus ojos cálidos como la
miel.
Yo solo lo veo a él, preguntándole sin palabras qué se supone que está
haciendo.

Weston se encoje de hombros.

─¡Quiero oír todos los detalles! ─exclama ella antes de tomar la tela de su
camisa en su mano y arrastrarlo fuera de mi dormitorio, a lo que él ladea su
cabeza y sonríe de manera encantadora pese a la incomodidad en evidente
tanto en su mirada verde como en la rigidez de sus hombros. Su carisma y
amabilidad le impiden rechazarla abiertamente. Tanner, sin embargo, no los
sigue, quedándose dentro de la habitación conmigo─. ¡No lo puedo creer...!
─la escucho gritar, pero su voz se desvanece cuando, sospecho, se alejan más
de nosotros para que no los oiga.

Mi enojo sigue ahí, pero también estoy emocionada de una manera en la que
no lo estaba antes.

No tenía ni idea de que Weston estaba preparando algo para mí.

A pesar de que tengo la sospecha de que ahora tanto Pauline como Tanner
estarán involucrados en su sorpresa, no puedo evitar que mis labios se curven
de manera tonta y las mariposas invadan mi estómago incluso cuando estoy en
el mismo espacio que Reed. Ya quiero saber qué será. A diferencia de muchas
personas, amo la fecha de mi cumpleaños y celebrar, solo que este año por todo
lo acontecido lo pasé por alto y mis padres no han sido insistentes al respecto
porque seguramente piensan que quiero guardar distancia de ellos porque ya
estoy mayor.

Eso no es cierto.

Amo los cumpleaños.


Recibir regalos, mientras más mejor.

El pastel.

El alcohol, a mi edad todavía ilegal, y la comida de celebración.

No sé cómo alguien podría odiarlos, de verdad.

─Por lo que veo ─susurra─... Weston lo está haciendo tan bien como puede
hacerse.

A pesar de que se trata de Tanner, no puedo evitar aumentar la curvatura de


mis labios al pensar en todo lo que el rubio ha hecho por mí y en lo bien que
ha hecho que nos la pasemos los últimos días. Su rostro de facciones angulares
se crispa, pero no comenta nada al respecto. Se ve atractivo hoy, en jeans y una
sudadera con el logo de la universidad, pero dejo de mirarlo a penas el
pensamiento de que se ve bien llega a mi cabeza. Termino de masticar mi cereal
y limpio la comisura de mis labios para hablar, solo que viendo distraídamente
hacia mi celular antes de levantarme y extender mi brazo para alcanzar mi
mochila en la mesa.

─Así es ─respondo─. Que tengas buen día.

Debo pasar junto a él para cruzar la puerta. También sostengo el sándwich de


Weston envuelto en papel porque, para evitar inconvenientes, he decidido que
lo terminará de camino a clases. Mi cuerpo se estremece de pies a cabeza con
sorpresa cuando Tanner envuelve mi brazo con su mano, apretándolo sin
hacerme daño y obligándome tanto a detenerme como a verlo a los ojos en
búsqueda de una explicación. Como si recién se diera cuenta de lo que acaba
de hacer, me suelta y retrocede un paso. También luce como si no creyera en
lo absoluto lo que hizo.

Tocarme.

─Él y tú, ¿son oficiales? ─pregunta como si necesitara oír la respuesta.

Odiando la manera en la que mi corazón se paraliza ante el sonido de su voz y


la idea de que realmente podría importarle que esté con alguien más, trago y
tomo una honda bocanada de aire antes de hablar. No sé si estoy lista para la
respuesta, pero debo hacerle esta pregunta.

No, no debo, lo necesito.

─¿Por qué te importaría si lo somos o no?

Tanner aprieta sus labios entre sí, formando una fina línea con ellos.

Tras fruncir el ceño ante su falta de respuesta, prosigo con mi camino.

Su voz me detiene bajo el umbral.

─Solo quiero saber si finalmente te mantendrás lejos. Si ya no debo


preocuparme por ti.
Con los puños tan apretados que mis dedos se hunden en el sándwich de West,
respondo.

─Sí ─contesto sin verlo─. Somos oficiales. Ya no tienes de qué preocuparte.

Avanzo un paso. Cuando creo que no va a decir nada más, lo escucho de nuevo.

Soy tan masoquista y curiosa que me detengo.

─¿Entonces... es tu novio? ─Se oye en shock. Como si nunca hubiera sopesado


la idea de mí dentro de una relación con alguien más. Eso trae lágrimas a mis
ojos, el que piense que nadie me podría tomar en serio─. ¿Como en... dentro
de una relación o algo así?

Me río amargamente.

─Sí, Tanner. Weston es mi novio.

Tras decirlo, no me quedo para averiguar su respuesta a ello.

Corro hacia el ascensor, sintiéndome mejor con cada metro de distancia entre
nosotros.

*****

El día de mi cumpleaños empieza como cualquier otro. Lo primero que hago


tras incorporarme es inclinarme hacia el suelo para apagar las velas que me
rodean. Lo segundo frotarme los ojos y tantear el piso con los pies en búsqueda
de mis pantuflas. Una vez estos entran en ella, alzo la mirada y dejo escapar
un grito debido a la sorpresa, el cual hace que Tanner y Pauline se despierten.
Al recordar que este durmió aquí anoche, pero no folló con su novia, gracias a
Dios, ajusto la tira de mi pijama antes de acercarme con paso tembloroso a
Weston y rodear su cuello con mis brazos. Mi novio, supongo, está escondido
detrás de un enorme oso de felpa todavía más grande que yo. Lo odio, habría
preferido solo recibir la joyería que él sostiene en una de sus manos sin dedos
de oso, pero amo a Weston.

Río mientras desliza el brazalete de diamantes en mi mano y me besa


fugazmente.

─Feliz cumpleaños, princesa ─dice─. Haz tu maleta. Nos vamos de aquí.

─¿A dónde? ─pregunto, sonriendo de oreja a oreja mientras examino la


delicada y hermosa joya de oro blanco y diamantes en forma de corazón de
Tifanny's con una pequeña chapita con mi nombre grabado en él de manera
adorable y diminuta, personalizada y reversible ya que del otro lado hay una
W.

Me gustaría ser de esas chicas que dicen que lo material no importa.

Pero no lo soy.

Está hermoso y mis latidos van rápido mientras lo veo, mis mejillas tensas y
apretadas a causa de mi sonrisa. Después de mi propio auto y del hecho de
estar viva, es mi regalo favorito.
─A Corpus. Alquilé un yate. ─Mira tanto a Tanner como a Pauline, quiénes se
han incorporado y nos observan. Ella lo hace con una sonrisa mientras abraza
la cintura de su novio y él sin demostrar ningún tipo de emoción. La respuesta
de Weston explica su atuendo de bermudas y camisa con estampado floral.
Mocasines. Gafas oscuras─. Eh, si van a ir deben estar listos pronto. ─Le echa
un vistazo a su reloj─. Quiero que desayunemos en San Marcos.

Ante la mención de la pequeña ciudad universitaria, mis ojos no pueden evitar


viajar a Tanner. Los suyos tampoco. Me mira fijamente mientras le devuelve el
abrazo a Pauline y sonríe con absoluta indiferencia. Me estremezco. Este es el
sujeto que solía tener mi corazón disponible para él las veinticuatro horas, los
siete días de la semana. Ahora él ya no está. Mi pecho está vacío y mis
sentimientos por Weston, la estabilidad que me da, es lo que me mantiene viva.

Por favor, que no estén listos pronto, rezo para mis adentros.

─Iré a cambiarme ─murmuro antes de besarlo una vez más, pero igual de
rápido y sin explorar demasiado en el interior de su boca porque todavía no me
he lavado los dientes.

Tras ello, voy rápidamente a mi armario, me encierro en el baño y me alisto.

*****

De camino a Corpus, por fortuna, no nos detenemos en la cafetería de su


primera gasolinera a la vista, sino en un bonita panadería en la que Weston
nos consigue a todos croissants con diferentes rellenos. Escojo los míos de
queso crema y otros de chocolate. Comemos en el estacionamiento, Pauline y
yo sobre el capó de su Range Rover. Ella lleva shorts y un suéter ligero para
esconder su traje de baño. Chanclas de florecitas. Yo, en cambio, opté por un
conjunto de top sin mangas y falda blanca que deja mi estómago visible. Mi
cabello está suelto y el brazalete de Weston brilla en mi muñeca de una manera
que definitivamente llama la atención. Él se sitúa entre mis piernas y me
alimenta mientras me roba besos, apretando mi piel y tirando de mí hacía de
una manera que incrementa mi frecuencia cardíaca.

Que moja mi entrepierna.

Estoy tan ansiosa por llegar al yate que duele.

─De verdad espero darte el mejor cumpleaños ─susurra en mi oído tras


besarme por lo que parece un minuto entero, Tanner y Pauline riendo sobre
algo que él dice junto a nosotros mientras frotan sus narices entre sí y juntan
sus frentes.

Debo ser sincera conmigo misma y admitir que se ven bien juntos.

─Lo está siendo.

A pesar de que ellos están con nosotros y que no tengo idea de por qué, así es.

*****

Weston alquiló el mismo yate en el que estuvimos aquí la última vez.


Intercambiamos sonrisas cuando me ayuda a subir a él ofreciéndome su mano.
En la proa me esperan un montón de globos metalizados con mi nombre y unos
cuántos ramos de rosas blancas. Sin deshacer el agarre de nuestros dedos,
camino hacia toda la hermosa decoración y tomo una botella de champagne
que se encontraba situada junto a mi pastel de dos niveles. La alzo en el aire
mientras junto nuestros labios, gritando a todo pulmón después la primera
frase en español que me enseñó mi abuela cuando era una niña ya que mamá
no quería que tuviera acento mexicano.

A pesar de que sé que lo hizo para que no sufriera lo mismo que ella, nunca se
lo perdoné.

Tuve que aprender el español por mí misma, viajando y practicando a solas.

─¡Viva la vida!

Weston y Pauline me miran como si no entendieran, pero Tanner alza su propia


botella de champagne mientras la abre y se sienta en uno de los muebles de
cuero. Solo lleva un short oscuro y gafas, su pecho expuesto durante todo el
camino de Austin aquí ocasionando que todas las chicas con las que nos
cruzamos prácticamente perdieran sus ojos por él ya que tomaron la decisión
de salir de sus cuencas para perseguirlo. A pesar de que Pauline anduvo tras
de él con una camisa para que se la pusiera, es como si simplemente quisiera
que lo vieran.

Sus músculos compensan la palidez antinatural de su piel, la cual también es


hermosa.

─Que viva la vida ─responde en español, con acento gringo y alemán,


haciéndome estremecer.

El hecho de que sepa español no me sorprende ya que su familia importa


productos tanto de países latinoamericanos como de Alemania, pero sí el que
lo hable tan bien y fluido. Debo haberme quedado viéndolo más de lo necesario
ya que Weston aclara su garganta sonoramente para que lleve mi atención a
él. Sus ojos verdes brillan con irritación y mis mejillas se sonrojan.

Su molestia, sin embargo, se esfuma con rapidez.

─Vayamos abajo, ¿quieres? ─pregunta mientras rodea mi cintura con sus


brazos, a lo que afirmo a pesar de la incomodidad que su tono de voz me genera.

Tras obtener una respuesta afirmativa de mi parte, Weston me alza y me coloca


sobre su hombro, ante lo que tengo que hacer maniobras para evitar que la
botella se deslice de mis manos y caiga al suelo. Siento el yate empezar a
moverse mientras bajamos hacia las cabinas. De camino a ella nos topamos
con Pauline, quién se hace a un lado en el pasillo para dejarnos pasar, ya en
su bikini rojo. Este es tan pequeño y brillante que me hace fruncir el ceño.

No parece algo que ella se pondría.

Yo sí.

─No hagan demasiado ruido, traviesos ─ríe.

Weston suelta una carcajada ante sus palabras. Yo dejo escapar una risa
forzada. Ya en nuestra habitación, me baja antes de presionarme contra la
pared mientras sus manos aprietan con fuerza mi trasero y su lengua escava en
mi boca. Cuando empiezo a gemir y a frotarme contra él, sube el dobladillo de
mi vestido y mete dos dedos en mi interior, masturbándome.

─Weston ─gimo─. Te quiero a ti. Ya estoy lista.


─¿Tan rápido? ─pregunta con voz ronca, casi tímido.

Afirmo.

─Sí. Estoy mojada para ti y quiero sentirte dentro de mí ya.

Ante mi respuesta una expresión maravillada e incrédula se apodera de su


rostro.

─No sé qué hice para merecerte ─revela─. Pero no te dejaré ir.

Me relamo los labios, llevando mi mano a su entrepierna y apretándolo.

─Definitivamente ahora mismo lo menos que quiero es irme, así que fóllame.

Ante mi respuesta su control termina de irse. Deshace el nudo lateral de mi


bikini solo un poco más oscuro que el color de mi piel, por lo que podría
parecer que no llevara nada pese a que sí lo hago, y desliza un condón que
toma del bolsillo trasero de su pantalón. Después de eso arrasa con mis labios,
gruñendo esporádicamente sobre ellos, y me folla de manera cruda.

Grito.

Araño su espalda.

Lo disfruto.
Después de que se viene al mismo tiempo que yo y se retira de mí, ajusta mi
traje de baño, anudándolo de nuevo, antes de guardar su pene dentro de su
ropa mientras me mira con una sonrisa entre agotada y satisfecha. Se ve
adorable y no puedo evitar acercarme, colocar mis manos sobre sus mejillas y
besarlo. Quizás lo que siento por él no es química tan oscura y peligrosa como
la que siento por Tanner, pero es lo suficientemente bueno como para
permitirme tener esperanzas de un buen futuro con alguien que, además, me
excita.

─Definitivamente el mejor cumpleaños.

El rubio sonríe.

─Hice bien al invitarlos, ¿no es así?

Sus palabras hacen que arrugue el ceño y retroceda, tomándome desprevenida.

─¿A qué te refieres?

─A Tanner y a Pauline ─dice─. Pensé que tener la oportunidad de restregarles


en la cara lo feliz que eres en comparación a ellos te haría feliz y creo que lo
conseguí.

El aire abandona mis pulmones.

─West... ─murmuro, negando y dedicándole unas últimas palabras a solas


antes de salir de la cabina─. Quedamos en que dejaríamos esto atrás. Pensé
que solo estabas equivocado al creer que me gustaría tener a Pauline aquí y
que, como siempre, querías jugar a quién orina más largo con Tanner, pero
ahora que sé tus verdaderos motivos me parece incorrecto lo que hiciste. No
quiero restregarles nada. Quiero hacer como si no existieran. Pensé que los
sabías.

Sin esperar una respuesta de su parte, recojo la botella del suelo y salgo al
pasillo.

Apoyo mi espalda contra la madera, esforzándome por regular mi respiración.

Mi reacción no solo es porque esté enojada con West, que lo estoy, sino porque
tiene razón.

Me hace feliz restregarles en la cara lo feliz que soy.

Sobre todo, porque no estoy segura de serlo y que alguien más lo crea me hace
sentir mejor.
Capítulo 40
Ya en Austin, lo primero que hago es decirle a Tanner que me deje en casa. No
quiero estar a solas con él y menos en un sitio sin testigos, lo que me recuerda
a la rapidez con la que Pauline se fue de la ciudad luego actuar a sus espaldas.
Mi corazón va rápido y puedo sentir el pulso palpitando en mi cuello debido al
miedo que su actitud silenciosa me genera. Si pensé que lo había visto molesto
antes, no tenía ni idea de lo que era ser el objetivo de su ira hasta ahora. A pesar
de que su mandíbula apretada a penas permite que lo entienda, haciéndome
temer por su salud dental, descifro lo que dice.

Es simple y sin deseo a réplicas.

─No.

Presiono mis labios juntos, optando por mirar por la ventana mientras
conducimos por las calles de edificios altos, en su mayoría hechos de cristal y
metal, y por las curvas de la carretera en las colinas que debemos recorrer para
llegar a Travis Country. Mis dedos se hunden en el asiento de cuero italiano del
deportivo de Tanner cuando en lugar de seguir con nuestro camino hacia su
ático, descendemos a las casas cerca del lago en una dirección opuesta a dónde
se encuentra el terreno que me compró.

A su hogar con Pauline.

No puede ser.
No.

Pero por más que la lógica me lleve a pensar que Tanner nunca sería capaz de
llevarme a su vieja casa para lastimarme ya que prácticamente soy lo único que
tiene para sentirse mejor, su refugio, como él mismo mencionó, la manera en la
que me ve me dice lo contrario. Mientras conduce me echa rápidos vistazos
llenos de sadismo que me hacen estremecer ya que así es cómo se ve cuando
algo oscuro le causa satisfacción, como romperme el culo, solo que en esta
ocasión estoy segura de que no encontraré placer de ningún tipo en lo que sea
que haya preparado para mí durante el camino.

Intento tomar el freno de mano entre nosotros antes de que hagamos el cruce
que lleva al sendero con acceso al estacionamiento de su casa sin medir las
consecuencias de lo que eso podría significar, pero él aparta mi mano y acelera
aún más. Tanto que para no estrellarnos contra la fuente de piedras importadas
en la entrada debe pisar el pedal de freno hasta el fondo, ocasionando que
nuestros cuerpos se disparen hacia delante. Para ese entonces no hay aire en mis
pulmones y mi corazón duele. Tomo una honda bocanada de oxígeno antes de
girarme hacia él y traer su atención a mí golpeándolo un par de veces en el
hombro con los puños cerrados.

Estoy segura de que ni siquiera lo siente, pero necesito desquitarme, deshacerme


de la emoción que a penas me deja respirar, y él es el objetivo más cercano y,
aún peor, el causante de que casi haya muerto.
Ni siquiera me aleja, mirando hacia al frente con la mandíbula apretada.

Suelto un sonido lleno de exasperación.

─¡Tanner! ─grito, desabrochándome el cinturón antes de saltar fuera del auto,


tan enojada y asustada que mis rodillas han empezado a temblar. Mi barbilla
también. Mi tono de voz, por suerte, se mantiene alto y claro─. Te dije que si
querías matarte, tuvieras la decencia de no llevarme contigo. ─Sin inmutarse
por lo que acaba de pasar, ni por mi actitud, se acerca a mí con expresión vacía
y envuelve su mano alrededor de mi antebrazo. El regocijo ha desaparecido de
su rostro, siendo suplantado por una fría determinación. Sus ojos oscuros se
encuentran muertos. Desprovistos de emoción─. No quiero estar aquí. Odio esta
casa ─siseo mientras tiro de mi extremidad para liberarla de su agarre, lo cual
ocasiona que me tome en brazos y me coloque sobre su hombro como si solo
fuera un saco de algo que quiere transportar y no un ser humano─. Tanner
─susurro, mis ojos llenos de lágrimas, cuando abre la puerta principal con su
mano libre y nos empuja dentro. Lanza las llaves en la elegante mesita a un
lateral antes de proseguir. Su mayordomo no está aquí─. Vámonos. Te prometo
que si lo hacemos, entenderé que esto es solo uno de tus ataques maníacos, pero
si nos quedamos...

─Nos quedaremos ─me corta, hablando pausada y tranquilamente mientras


sube las escaleras conmigo a cuestas, manteniéndome de cabeza. En otro
momento apreciaría la vista que tengo de su trasero en esta posición, pero ahora
solo puedo pensar en la manera más rápida de huir de él a penas pueda.
Finalmente entra en la habitación que solía compartir con Pauline y me arroja
sobre el colchón de sábanas de seda blanca. Lo fulmino con la mirada por debajo
de mis pestañas, retrocediendo cuando se quita la camisa y los zapatos antes de
cernirse sobre mí. Mi mente, sin embargo, está dividida entre él y el dolor que
me produce estar rodeada de todas posesiones de su matrimonio. De todos los
recuerdos de las veces que Pauline me pidió ayuda para escoger sus posesiones
haciendo énfasis en el hecho de que no sabía qué le gustaría a Tanner, pero sabía
que yo sí lo haría─. Porque mientras te follo, quiero que recuerdes cómo te
sentías cuando me veías con ella y entiendas cómo lo hacía yo cada vez que me
tentabas, pero no podía follarte y tenía que ver cómo otro lo hacía porque eso
es lo que quieres oír, ¿no es así, Savannah? ─sisea, las venas de su cuello
marcada─. Que verte comportarte como una puta jodía con mi cabeza. Que
aunque en cinco malditos años no lo entendiste, ahora sí lo hagas: sentía ganas
de vomitar y fiebre a cuarenta y dos grados cada vez que te veía. Me dolía el
pecho. Se me hacía difícil respirar. Me asqueaba tanto tú como el desorden de
vida que llevabas, en el cuál me sumergías una y otra vez con esos malditos ojos
hermosos que me hacen perder la cabeza.

Presiono mi pie contra su pecho para apartarlo, pero eso solo causa que Tanner
tenga la oportunidad perfecta para empezar a deshacerse de mi ropa. Toma mi
tobillo y lo aprieta mientras me quita el zapato, viéndome fijamente a los ojos
y absorbiendo cada una de mis miradas de profundo odio.

─Si no te gustara que fuera una puta, estarías con tu esposa y no conmigo.

Tanner aprieta la mandíbula antes de responder, yendo por mi otro zapato.

─No es solo porque seas una puta. Es porque eres la más sucia de ellas. ─No
puedo evitarlo. Mi abdomen se contrae y mis muslos se juntan ante sus palabras.
Tanner los separa al situarse entre ellos tras hacer que salga de mis pantalones
deportivos. Gruñe con satisfacción al ver que no llevo ropa interior debajo. Al
instante sus dedos están sobre mi humedad, esparciéndola hacia arriba para
mojar mi estómago y regodearse de ella. Para hacerme consciente de ella─. ¿Por
qué a cuál mujer decente le gustaría follar en la habitación de su amiga y de su
esposo, con su esposo? ─Se ríe cuando no respondo─. Sin embargo, Savannah,
nada de lo que hayas sentido antes o incluso yo haya sentido antes se compara
a cómo me sentí hoy cuando después de trabajar toda la noche para hacerte feliz,
besaste a mi hermano frente a mí. ─Tiemblo cuando baja el cierre frontal de mi
top deportivo y mis tetas saltan a la vista, mis pezones víctima de su aliento─.
No lo repetiré de nuevo. Pude pasar por alto que follaras a Weston, a Ibor, a
Frederick y a un montón de otros tipos sin sucumbir a la locura, pero en el
momento en el que pase algo entre Malcolm y tú todo habrá terminado para
nosotros. Nunca te lo perdonaré o te devolveré la mirada si lo haces. No vas a
follar a mi maldito medio hermano en mi cara y salirte con la tuya. ─Tira de mi
cabello hacia atrás, haciéndome arquear la espalda y el cuello mientras desliza
su otra mano a mi centro─. Y tampoco vas a volver a besarlo, ni tendrán más
pijamadas de mierda juntos o se enviarán rosas entre sí, ¿comprendes?
─Pellizca mi clítoris y tira de él hacia arriba cuando no respondo, haciéndome
chillar y sollozar al mismo tiempo─. Tu oscura obsesión, tu deseo más
retorcido, soy yo, al igual que tú eres el mío. Malcolm nunca podría entenderte
de la manera en la que yo lo hago. Él no podría follarte como te mueres por ser
follada ya que está demasiado ocupado demostrándoles a todos que es mejor
persona que mi padre y que yo. ─Arrastra sus labios por mi oído─. Cuando todo
lo que es me lo debe a mí. Nadie lo quería. Era un fracaso. Yo le conseguí la
oportunidad con los Kings.

Ante las palabras de Tanner, llevo mis manos a su muñeca, deteniéndolo.

En medio de su ira, me mira fijamente.

─Cuando amas a alguien, no esperas nada a cambio de lo que haces.

─Espero maldita lealtad como mínimo ─gruñe, sumergiendo dos dedos en mí


con brusquedad─. Pero por alguna jodida razón estoy rodeado de
desagradecidos. La perra cristiana de Pauline, Malcolm...
Me mira, pero antes de que diga mi nombre, niego.

─No te debo nada ─susurro, juntando mis muslos debido al placer que me causa
sentirlo hacer cosquillas una y otra vez sobre mi punto g, sus dedos curvados
profundamente dentro de mí─. Todo lo que una vez hiciste por mí, pagué el
precio. En un dado caso eres tú quién me debe haber secuestrado una parte de
mí que no pude entregar a nadie más durante todos estos cinco años. ─Tanner
me mira con las pupilas sumamente dilatadas─. Entre nosotros tú eres el
desagradecido y nada de lo que hagas ahora, que yo te haga, por más feo que
sea, podrá cambiarlo. Nunca serás quién perdió más.

Después de que lo digo en voz alta, continúa masturbándome un poco más de


manera ruda y bruta antes de sacar sus dedos en mí y llevarlos a mi barbilla, la
cual aprieta, humedece con mis fluidos y mantiene en alto para tener completo
acceso a mi boca cuando baja su rostro para besarme. Su beso es intenso, pero
no especialmente agresivo, sorprendiéndome una vez más con cómo puede
controlarse a sí mismo ya que sus hombros tiemblan y su corazón va tan rápido
que soy capaz de sentirlo contra mi pecho cuando me aplasta. Algo en lo que le
dije debió ablandarlo, ya que no me asesina como pensé que lo haría y en lugar
de morder mis pezones, los besa y chupa.

Pero todo cambia, a peor, cuando me habla sobre ellos.

Al parecer será difícil que olvide mi beso con Malcolm, pero, en mi defensa, no
fui yo quién lo besó a él. Fue un accidente ya que mi intención era depositar mis
labios contra su mejilla cuando giró el rostro hacia mí. Soy una perra a veces,
pero no lo suficientemente perra como para herir a Tanner así o involucrar a
Malcolm en este ciclo sin fin de toxicidad que disfruto tanto.

Eso no se lo desearía ni a mi peor enemigo.


─Te haré el amor ─susurra─. Como se lo hacía a mi esposa antes de arruinaras
todo mirándome a hurtadillas y volviéndome un maldito desquiciado.

Tras decir esto, Tanner no me da la oportunidad de responder. Envuelve uno de


mis pechos con su mano y presiona su pulgar contra mi pezón mientras
desciende su rostro sobre mi piel, su cabello negro haciéndome cosquillas. Sigo
sin salir por completo de mi top y él sigue en sus pantalones de deporte, pero
eso solo hace que me excite más. Me estremezco con cada beso y caricia que
deposita sobre mi piel con tanta gentileza que me deja ardiendo por más. Jadeo
audiblemente cuando frota su nariz contra la cara interna de mi muslo,
manteniendo el otro extendido sobre el colchón mientras continua estimulando
una de mis tetas. Es como si no pudiera tener suficiente de ellas y siempre
necesitara tocarlas, marcarlas o estimularlas de alguna manera.

Grito cuando atrapa mi clítoris entre sus labios.

De verdad habría sido más fácil para mí renunciar a él si no fuera tan bueno en
esto, si sus gustos no fueran similares a los míos y no conociera mi cuerpo como
si él fuera su dueño, pero lo es y en menos de cinco minutos me tiene arqueando
la espalda y gritando debido a las atenciones se su boca. El sexo oral me vuelve
multi-orgásmica, así que logra sacarme al menos tres muertes y resurrecciones
antes de volver a ascender por mí. Intento apartar el rostro cuando me doy
cuenta de que sus intenciones son besarme con mi corrida resbalando por su
barbilla, pero hace que lo gire hacia él con su mano bajo mi barbilla y muerde
mis labios hasta que los separo. Soy capaz de saborearme a mí misma cuando
nos besamos, pero lo que hace que la humedad vuelva a acumularse entre mis
piernas es la manera en la que se frota contra mí, raspando mi sensible sexo con
la tela áspera de su pantalón.
Debo tener algún tipo de control sobre la situación, por lo que arqueo mi espalda
y gimo entrecortadamente mientras mantengo su mirada.

─Cariño ─susurro, atrapando su cintura con mis piernas─. Te necesito.

─¿Qué necesitas? ─pregunta con voz ronca.

─Quiero que seas un buen esposo ─exijo de manera lloriqueante, el diablo en


mí regocijándose con la manera en la que se tensa y su polla se hincha todavía
más. Si Tanner pensó que era el único que podía jugar con los demonios del
otro, estaba equivocado. Sé cuánto quiere esto y no temo en usarlo a mi favor─.
Quiero que me llenes y pongas a tu bebé en mí.

Tanner, saliendo de su papel de amante gentil, el cual me gusta, pero no tanto


como follar con la bestia que lleva dentro, rodea mi cuello con su mano y se
inclina hacia abajo, tomando su erección con la otra para apuntarla directamente
hacia mi entrada. Gimo al quedarme sin oxígeno, a lo que él afloja su agarre
antes de volver a apretarlo con fuerza y así sucesivamente.

─Como quieras, zorra. Recibí los resultados de mi test esta mañana. Estoy
limpio, así que puedo cumplir tus deseos ─gruñe mientras entra en mí con
desesperante lentitud─. Si no estás en control, saldrás de aquí con mi hijo.

Lo estoy y sé que lo sabe.

Aún así, el brillo en sus ojos me indica que ha decidido hacer caso omiso a mi
control de la natalidad. Relamo mis labios, a lo que afloja mi cuello para que
pueda hablar. Estamos en una especie de juego de roles ahora, pero a la vez no.
Jamás en mi vida había estado tan aterrorizada y excitada por igual.
─No existe una mejor venganza para ti que obtener lo que quieres por otra vía,
¿no es así? ─pregunto, aguijoneándolo todavía más mientras coloco mis manos
sobre sus hombros y lo insto a darse la vuelta. Ya sobre él, empiezo a saltar
sobre su eje mientras lo veo y aprieto mis tetas. Intenta incorporarse, pero niego,
yendo yo hacia abajo─. Haz caso a tu naturaleza, Tanner. Consigue lo que
quieres. No es tu culpa si ella te lo niega, precioso. Mi cuerpo es tuyo para lo
que desees, incluso para embarazarme de tu bebé.

Al escuchar lo que digo en mi propia cabeza, admito para mí misma que


enloquecí, pero la manera en la que empieza a guiar mis caderas hacia abajo
con sus manos y a ordenarme que vaya todavía más profundo porque quiere
venirse directamente dentro de mi útero, lo vale por completo.

Así como lo es el intuir que si por alguna razón esta habitación se demuele, lo
menos en lo que alguno de los dos pensará es en Pauline y su matrimonio.

*****

Tanner y yo vamos a cenar a un restaurant italiano después de eso, el cual queda


también en Travis Country. Sigue sin sostener mi mano en público y sin ser
afectuoso, con lo que yo también me sentiría incómoda, pero mantiene una
mano presionada posesivamente contra la parte baja de mi espalda una vez
estamos dentro del local y varios de los hombres en él se me quedan mirando.
A parte de que camino extraño debido a que se tomó en serio la tarea de no-
embarazarme, desquitándose con mi cuerpo por lo que le hizo Pauline, pasamos
por su apartamento antes de venir aquí y tomé una rápida ducha antes de entrar
en un vestido negro sin mangas, ajustado, que empacó para mí, junto con
tacones del mismo color lo suficientemente altos para otorgarme la altura de
una modelo. Mi cabello cae lacio a ambos laterales de mi rostro y mis ojos están
ahumados, pero brillantes.
Tanner se ve apuesto, también, en pantalones de lino blancos y camisa blanca
sin abotonar. El reloj en su muñeca es marrón y sus mocasines también. Se ve
relajado y pacífico de una manera que no había presenciado antes. Durante el
descenso de su ático, en su ascensor, no pude evitar tomar mi teléfono y
sacarnos una foto para la cuál posó tras de mí, lo que creí que no haría, y me
pidió que le enviara. Tuvimos tanto sexo en su vieja casa, lo cual empecé a
tomar con menos dolor cuando me di cuenta de que sentía que me vengaba de
alguna manera al saber que Pauline nunca lo hizo gemir así ni en la cocina, ni
frente a la chimenea, ni en su dormitorio o en el baño, que Tanner también
camina con cierto ritmo de incomodidad.

No puedo evitar sonreír como una tonta ante ello.

─¿Quieres que pida por ti? ─pregunta cuando llega el mesero a nuestra mesa,
observándome por encima del menú que sostiene, a lo que niego.

─Quiero lasaña, por favor ─pido─. Una limonada.

─Bien ─dice el chico, mirándome fijamente─. ¿Algo más?

─¿Quizás que apartes tus ojos de mi acompañante antes de que haga que llame
a tu jefe y te despidan? ─responde Tanner por mí, lo que hace que se gane una
patada por debajo de la mesa que lo hace apretar los dientes─. Solo dos platillos
de lasaña de la casa, con extra de queso, y dos limonadas, niño.

Él asiente, completamente sonrojado, antes de huir de nosotros.

Miro a Tanner con una ceja alzada.


─No entiendo por qué te comportas así si sabes que soy exigente y que no tienes
nada de qué preocuparte. Nunca me acostaría con alguien menor que yo, ni con
un físico por el cual no me sienta atraída, ni con...

─Poco dinero o poca ambición ─completa él─. Créeme. Lo sé.

Mi mandíbula se desencaja.

─Bueno.

Tanner se relame los labios y los separa para proseguir con nuestra
conversación, pero la pantalla de mi teléfono se alumbra y llevo mi atención
ahí. Mi cuerpo se tensa al ver la dirección de correo electrónico de mi jefe, el
ladrón de méritos, e inmediatamente lo tomo, lo que hace que Tanner arrugue
la frente y quiera saber a qué se debe mi cambio de actitud.

─¿Pasa algo?

Asiento, dándole la vuelta a mi celular.

─Jason acaba de invitarme a la celebración de recolección de fondos para


culminar la construcción del Estadio de los Rangers ─murmuro, todavía sin
poder creer que el idiota sea tan estúpido─. Como su cita.

A pesar de que sus ojos brillan con furia, Tanner cabecea hacia mí.

─Dile que sí.


Capítulo 41
Cuando vuelvo a la cubierta del barco tras alistarme descubro que este se ha
detenido, anclándose ya en mar abierto, y Pauline ha decidido arrojarse por el
tobogán que conduce al agua salada, dejando a su novio tomando el sol atrás
mientras bebe el contenido de una botella de champagne sin detenerse.
Sostengo una en la mano, pero ya la suya está abierta y no lo dejaré pensar que
me aterra acercarme, así que dejo la mía en la mesa con mi pastel y los arreglos
florales y me acerco sosteniendo una delicada copa de cristal.

─¿Me sirves, por favor?

Tanner, cuya mirada se encuentra escondida tras sus gafas oscuras, gruñe.

─¿Tu novio millonario no contrató meseros? Qué mal.

No puedo evitar poner los ojos en blanco.

─Estás siendo inmaduro. ─Tras asegurarme de que Pauline sigue nadando en


mar abierto como un delfín, tomo asiento a su lado, a lo que cada músculo en
el cuerpo de Tanner se tensa, revelando su incomodidad o la manera en la que
su cuerpo reacciona al mío. Está tan sorprendido con mi cercanía que lo tomo
con la guardia baja y no protesta cuando tomo la botella de champagne a sus
pies para llenar mi copa. Su mirada se dirige a mi brazalete cuando este
resplandece mientras la lleno y su mandíbula se endurece─. Ni siquiera
entiendo el por qué de la rivalidad entre Weston y tú. Hasta dónde sé, podrían
ser buenos amigos. ─Tomo un sorbo de mi bebida, tragando antes de seguir─.
Tienen mucho en común.

Tanner bufa.

─Es un jodido hijo de papi, Savannah. No tenemos nada en común.

A pesar de que realmente intento que no sea así, mi cuerpo se estremece al oír
mi nombre salir de su boca. Realmente es difícil no querer besarlo y hacerlo
acabar con mi mano luego de abofetearlo cada vez que lo pronuncia con su
estúpido acento alemán que me derrite.

─Tú también lo eres, Reed Imports.

Tanner hace una mueca.

─Si alguna vez tomo la compañía de mi padre, es para destruirla y construirla


de nuevo de una manera que lo deje en vergüenza y solo si consigo que sea toda
mía. Todo el dinero que tengo... ─murmura, pero a último momento aparta la
mirada como si acabara de darse cuenta de que no debería compartir este tipo
de información conmigo─. No importa.
─No, sí lo hace.

Ante mi respuesta, Tanner se quita las gafas y me mira fijamente después de


frotarse los ojos.

─¿Por qué?

─Porque has despertado mi curiosidad ─respondo, recordando todas las veces


que él me contestó de manera similar, de las cuales claramente aprendí algo o,
más bien, mucho. Con él como maestro, no solo sería la perra silenciosa más
envidiada del campus, sino también la más fría y cruel, pero nunca le robaría
su papel. Esa es su esencia, no la mía. Su encanto─. Y ambos sabemos que no
mereces que piense en ti más de lo necesario, Tanner Reed.

Tras oírme, una sonrisa cálida se adueña de sus labios, robándome la


respiración.

─Solo porque es tu cumpleaños ─murmura antes de tomar la botella de regreso


y beber directamente del pico, lo cual contrasta con su comportamiento
obsesivo y ordenado.
Lo he visto volverse loco con Pauline por ella hacer justo lo que está haciendo
ahora, realmente retorcerse de disgusto y quedarse sin respiración, así que no
puedo entender cómo es que puede hacer algo así conmigo. Es un hipócrita, él
puede ser un desorden en su interior, pero no en su exterior, pero eso ya lo
sabía. Es lo que los demás no entienden de él, pero yo sí. Cuánto sufre cuando
las cosas no salen cómo planea. Lo veo en su ceño fruncido, no con disgusto,
sino con dolor. En sus puños apretados con ira que a penas puede controlar.
En las venas de su cuello a punto de estallar. Su toc con la ropa perfectamente
planchada es solo una pequeña manifestación de su necesidad por controlar
cada elemento en la habitación en la que se encuentra y mantenerlo en orden,
ya que si se cae o cambia de lugar es un castigo para él.

Debería ir al psiquiatra.

Debería decir en voz alta que lo que tiene podría arreglarse o al menos
mejorar.

Pero me gusta que sea así, me gusta que esté dañado y me gusta atormentarlo.

Ser quién lo haga perder los estribos.

Liberarse de las ataduras de su propia mente.

Su veneno y a la vez su cura aunque ninguno de los dos lo admita en voz alta,
la cual estoy segura que es la razón por la que se esfuerza tanto en lastimarme
y mantenerme alejada. Porque puede no quererlo, pero me desea y eso no va
con todo lo que tenía en mente para sí.
Bajo su control.

─Te escucho ─lo insto a hablar cuando solo se me queda viendo.

Mi rostro, no mi cuerpo que da la ilusión de estar desnudo.

─Todo el dinero que tengo ha sido trabajado, ganado y ahorrado por mí desde
que entré a la secundaria. Primero podaba el césped, hacía recados para
nuestros vecinos, incluso llegué a dar clases a niños y a hacer de niñero, pero
a inicios de la preparatoria me di cuenta de que estaba lejos de poder renunciar
a la financiación de mi progenitor y de poder regresar a los Estados Unidos si
quería. ─Agacha la mirada, sus hombros tensos─. Empecé a vender drogas en
los pasillos de mi escuela privada en Alemania. Tenía calificaciones perfectas,
la familia perfecta y la vida perfecta: una coartada. Soy un deportista y siempre
estoy siendo sometido a pruebas de sustancias, así que nadie en su sano juicio
habría sospechado de mí.

─Por eso no fuiste a ninguna Universidad de la Ivy ─susurro.

Tanner asiente.

─Prefiero guardar mis ahorros para cosas importantes, como tú.

Aunque el hecho de que haya sido un camello, como Hans, me saca de juego,
no se lo reprocho. Quizás eso explica por qué se conocían o por qué Tanner
sabía dónde buscarlo cuando drogaron a Pauline. Mi frente se arruga cuando
llego a una extraña teoría.

─Espera, lo dejaste, ¿no?


Tanner niega.

Me cubro la boca con la mano.

─No la vendo, pero Hans y todo aquel que lo haga en una de mis fiestas me da
un porcentaje.

Tras frotar mi frente con mi mano, bebo todo el contenido de mi copa antes de
mirarlo de nuevo. Se ve atormentado, pero también extrañamente aliviado.
Como si llevara una eternidad muriéndose por compartir esto con alguien y
por fin el peso de ello ya no estuviera únicamente sobre sus hombros, lo que
hace que me de cuenta de que probablemente Pauline no lo sabe.

─¿Pauline...?

Niega.

─No, no lo sabe y nunca lo sabrá. No empañaré mi relación con ella con esto.
Quién la drogó seguramente se vengaba de mí por favorecer a Hans o quería
joderme a través de Pauline.

Conteniendo las ganas de gritar, presiono mis manos sobre sus hombros y lo
echo hacia atrás en el mueble de cuero blanco. Siento deseos de abofetearlo
cuando se relame los labios, sus ojos en la parte superior sin mangas de mi
bikini, y no es hasta su atención vuelve a mi rostro que hablo con el
conocimiento de que su enojo hacia las personas que drogaban a las chicas en
sus fiestas se debía más al hecho de que lo estuvieran atacando de alguna
manera de esa forma más que a su caballerosidad. Estoy más allá de furiosa,
pero también excitada.
Es como si no acabara de tener sexo con Weston.

Como si los últimos días no hubieran pasado y fuéramos Tanner y yo en su


habitación de fraternidad, en el pub en el centro de Austin, en mi dormitorio
preparando la maqueta de la exposición o él y yo besándonos en el bosque
frente al oficial. Como si volviéramos a ese plano en el que solo nosotros
existimos y no existen las consecuencias de nuestra complicidad.

─Entonces por qué mierda me lo dices a mí.

¿Por qué me ata a él con esa información?

No quiero su historia, ni ser parte de ella. No quiero más de él.

─Tú quisiste saberlo.

─Pudiste mentirme. Pudiste haberlo dejado en que cortabas el césped y eras


niñero.

─Nunca te he mentido ─murmura rodeando mis muñecas con sus manos,


manteniendo su mirada en la mía a pesar de la intensidad que fluye entre
ambas─. No puedo mentirte, Savannah, y tampoco me has dado razones para
hacerlo porque haga lo que te haga, nunca te asustas. Nunca te vas. Puedo ser
la peor escoria contigo y eso estará bien porque tú serás una peor a cambio. Si
te hago o te digo algo, no tardarás en vengarte con creces. No eres una víctima
y eres lo suficientemente grande para manejar la verdad, por mucho que duela.
Hago ademán de echarme hacia atrás, pero me mantiene en mi sitio tirando de
mí hacia él.

Escondiendo mi brazalete en una de sus manos.

─Tanner ─advierto cuando tira de él con burla, jugando a arrancarlo.

─Lo que crees que valga una maldita cosa, será nada al lado de los secretos
que unen a dos personas. Puedes tener una vida en la superficie, pero quién te
marca está en la oscuridad.

Dicho esto, me empuja hacia un lado, a lo que mi cuerpo aterriza sobre el sofá,
y se despeina salvajemente el cabello hacia atrás antes de dirigirse al tobogán.
Con los hombros tensos ascendiendo y descendiendo con hondas respiraciones,
se toma un tiempo antes de unirse a Pauline sin mirar atrás, quién deja de
nadar para flotar y rodear su cuello con sus brazos.

Tomo la botella de champagne del suelo y la termino bebiendo del pico.

*****

No quiero perder mi brazalete, así que lo dejo en mi cabina, dentro de mi bolso,


antes de unirme a los demás en el agua. Weston estaba hablando con su padre
mientras Tanner me aturdía con sus confesiones, pero se une a mí unos minutos
después y me anima a seguir disfrutando de mi cumpleaños nadando con él en
el mar. Tanner y Pauline se besan todo el tiempo cerca del acceso al yete, pero
West y yo hacemos competencias y jugamos a ahogarnos. En una de esas, no
puedo evitar asustarme cuando el rubio tarda demasiado en salir a la superficie
después de que lo empujo hacia abajo, trayendo la atención de los otros dos a
mí.

─¿Weston? ─lo llamo, asustada.

─¿Savannah? ─inquiere Tanner a la lejanía─. ¿Todo está bien?

─Dios, Sav, ¿ya asesinaste al único hombre que te ha tomado en serio?


─pregunta Pauline intentando sonar graciosa, pero escuchándose como los
viejos chistes de a inicios del siglo veintiuno en los que era gracioso burlarse
de una mujer por llevar un estilo de vida diferente.

Pero cuidado.

Porque las mismas personas que se reían de ello, también lo hacían de los
homosexuales.

De los gordos, del feminismo.

De las personas con cualquier tipo de trastorno.

De todo lo que estuviera fuera de los parámetros de normalidad.

Al parecer Pauline olvidó que todos merecemos ser tomados en serio, sin
importar qué.
─Weston no ha aparecido ─susurro, pero justo entonces mi acompañante surge
tras de mí y me hunde ejerciendo presión sobre mis hombros, a lo que no puedo
evitar abrir la boca debido a la sorpresa y tragar demasiada agua, tanta que
realmente empiezo a ahogarme.

Tanta que realmente se me hace imposible salir al exterior, mis miembros


débiles y mi respiración siendo forzada, casi nula, mientras lucho por salir a la
superficie. Pataleo con mis pies, pero es imposible y el pánico solo hace que la
presión sobre mis pulmones crezca mientras escucho risas tontas en la
superficie que luego cesan abruptamente.

Entonces todo se empieza a tornar oscuro hasta que la luz simplemente


desaparece.

*****

No recuerdo imágenes. Recuerdo la sensación de ser halada hacia arriba por


uno de mis brazos y de ser arrastrada hacia la plataforma de acceso al barbo.
Recuerdo los gritos histéricos de Pauline y las disculpas sin descanso de
Weston. El silencio frío y filoso de Tanner. Un par de labios abriendo mi boca
para ingresar aire y dos manos ejerciendo presión contra mi pecho hasta que
el agua empezó a salir, primero de a poco y luego como vómito, para lo que
tuve que apartarme para dejarla ir sobre el mar mientras la sal escocía mi
garganta. Luego de eso, recuerdo mantener todavía mis ojos cerrados y ser
llevada en brazos a mi cabina por una persona que gruñó hacia los demás
cuando intentaron seguirnos.

─Savannah necesita descansar ─dijo y recuerdo haberlo reconocido entonces.

Justo ahora mi salvador.


Antes y siempre mi condena.

*****

Cuando despierto lo hago desnuda, entre sábanas calientes y con el cabello


ligeramente mojado y pegajoso debido a la sal marina. Mis pulmones escuecen
con cada una de mis respiraciones, resentidos después del ahogamiento, y mi
nariz se siente irritada como cuando tienes alergia. Me incorporo tras durar
unos minutos retorciéndome, cubriendo instintivamente mis pechos con mis
brazos cuando el frío del aire acondicionado eriza mis pezones. Me estremezco
y rodeo mi cuerpo con las sábanas antes de dirigirme a mi maleta por ropa.

Recordando una y otra vez lo que pasó, me doy una rápida ducha con agua
caliente antes de secar mi cabello con una secadora y entrar en un jersey color
crema que cubre la parte superior de mi cuerpo hasta el inicio de mis muslos.
A pesar de que no tengo pensado volver a entrar en el agua, uso la parte inferior
de un bikini blanco abajo, sin nada arriba. Cepillo mi cabello y me conformo
con el aspecto sonrosado y moreno de mi piel, pasando del maquillaje.

Los latidos de mi corazón se incrementan a medida que subo los escalones a la


cubierta.

Ya ahí, Tanner y Weston dejan de jugar ajedrez para verme.

No hay rastro de Pauline por ningún lado, pero puedo escuchar sonidos
provenir de la cocina.

─Hola ─murmuro.
Weston se pone de pie abruptamente, pero Tanner se queda en su sitio. Llega a
donde estoy y me estrecha en brazos con fuerza. Cuando finalmente toma
distancia, mi pecho se aprieta al ver sus ojos verdes inyectados en sangre. Se
ve arrepentido y mortificado por lo que pasó.

─Lo siento.

Aprieto su hombro desnudo.

─No te preocupes. Estábamos jugando y poco antes de que me ahogara, creí


que te había ahogado y estaba enloqueciendo. Sé cómo se siente la culpa y sé
que no era tu intención.

Al separarse de mí se mete las manos en los bolsillos de sus bermudas,


moviendo su cabeza para apartar los mechones rubios de su frente. Uno se
queda pegado a ella, así que lo aparto.

─Ya, pero eso no significa que no jodí el cumpleaños de mi novia.

Presiono mis labios contra su mejilla, callándolo.

─No lo hiciste. Ha sido el mejor cumpleaños que alguien ajeno a mi familia


haya preparado.

Bufa.
─Supongo que tus expectativas eran muy bajas.

─Quizás ─río.

La tensión en sus hombros se aligera al escucharme reír. Viéndose aliviado,


ladea la cabeza hacia el área de la cocina, dónde veo fugazmente la melena de
Pauline moviéndose.

─Iré a ayudar a Pauline con la cena. Te saltaste el almuerzo, así que debes
estar hambrienta.

─Lo estoy.

Tras mirarme una vez más y mirar a Tanner, dedicándole una especie de
advertencia sin palabras, se va a dónde la rubia se encuentra. A pesar de que
ya ha anochecido, las luces del yate lo mantienen aún más alumbrado de cómo
se vería si fuera de día. Tanner, en suéter y bermudas, se acomoda en su asiento
cuando me siento frente a él para seguir con el juego.

Muevo mi reina.

Estoy segura de que conoce un montón de estrategias que yo no, pero mi


intención no es ganar.

─Gracias por salvarme.

─De nada ─responde, su ceño fruncido hacia el tablero mientras mueve un


peón.
Weston y él debieron haber estado empezando a jugar cuando me acerqué ya
que no había ninguna pieza faltante de ninguno de los dos lados, pero poco a
poco Tanner se va a apoderando de las mías, sacrificando únicamente sus
peones y una torre. Para el momento en el que el jaque mate de su parte es
inevitable, vuelvo a hablarle con voz suave y ronca.

─¿Por qué simplemente no te quedaste en Alemania? ¿Era tan malo allá?

─Me habría gustado quedarme allá ─responde mientras toma mi último


caballo─. Pero hay alguien que me necesita aquí. El único integrante de mi
familia que también necesito.

Recordando sus revelaciones en el club de Austin, su relación difícil con papá,


prosigo.

─¿Tu madre?

Tanner niega.

─Mi hermano ─responde─. Medio hermano, en realidad.

─¿El hijo de la amante de tu papá?

Tanner se tensa, pero cabecea una afirmación.

─Sí. No puedo defraudarlo. Tenemos planes juntos.


─¿Planes como...?

─Los mantendré a él y a su madre hasta que firme con un equipo de primera


división. Luego él me dará la firma que necesito para quitarle a Reed Imports
a mi padre porque mi abuelo dejó la cláusula, en su testamento, de sus acciones
serían repartida en partes iguales entre sus descendientes. ─Me mira y cuando
lo hace me quedo sin respiración debido a cuán fríos y determinados lucen sus
ojos negros─. Jaque mate, Savannah, ¿volvemos a empezar?

Tras mirar hacia el tablero y confirmar lo que dice, que perdí, niego.

─No, gracias, el ajedrez no es lo mío.

Se echa hacia atrás, extendiéndose en el mueble como un rey.

─Entiendo, ¿lo tuyo es ser ahogada hasta la muerte por tu competitivo novio?

─Tanner ─gruño─. Fue un accidente.

─Es abusivo y este es solo el inicio. No viste sus ojos cuando te ahogó. Lo
disfrutó.

Niego, poniéndome de pie.

─Estás loco y paranoico. Weston es un amor. Nunca haría algo a propósito


para herirme. ─Me cruzo de brazos─. Él no es como tú. Una bestia sádica sin
límites ni escrúpulos.
Tanner frunce el ceño, poniéndose también de pie.

─Yo no hago nada para herirte. Tú te lastimas sola.

Mi mandíbula se desencaja.

─Es mi cumpleaños. No quiero discutir.

Sus facciones se aprietan.

Sus fosas nasales se expanden.

Eventualmente, lo deja ir.

─Bien, dejaré el tema, pero necesito que escuches lo que tengo que decir. ─Tras
soltar un sonido exasperado, asiento y él lo suelta─. Weston puede ser tu
príncipe azul todo lo que quieras, pero no está acostumbrado a perder. Cuando
sienta que lo está haciendo, es cuándo conocerás su verdadera naturaleza. Al
menor indicio de que vaya a lastimarte, me lo dirás. Lo que pasó hoy no puede
volver a repetirse. Te conozco, Sav, y no eres la chica que se deja joder por un
imbécil. No permitas que su traje azul y sus regalos te deslumbren. No eres así
de fácil.

Lo miro, boquiabierta.

─Dios, Tanner. ─Niego, alejándome de él─. Estás loco. No puedo creer que...

─¿Qué?
─Que pretendas arruinar la primera relación que tengo en un tiempo de esta
manera, pero no lo permitiré ─dictamino, corriendo hacia la cocina tan rápido
que a penas pasan diez segundos antes de que termine allí y me lleve otra
sorpresa.

Weston y Pauline amasando pan juntos, él detrás de ella, riéndose y sonriendo.

No se ven íntimos, pero tampoco incómodos.

─Oh, Sav, ahí estás ─dice Pauline, sus mejillas sonrojadas mientras Weston se
separa de ella con una sonrisa, viéndose divertido─. ¿Me pasas la salsa?
Hacemos pizza. Tu favorita.

─Claro ─murmuro, tendiéndole una olla llena de puré de tomate de la estufa.

Otra habría besado o follado a su novio frente a ella para dejarle claro a quién
pertenece después de ver algo como lo que acabo de presenciar, pero no
necesito hacerlo. Weston es una criatura libre y él mismo decide acercarse a
mí para besarme en los labios incontables veces mientras Pauline prepara las
pizzas. No me pierdo la manera en la que sus ojos se cierran con disgusto en
cada ocasión, dándome cuenta de que quizás el plan de West funcionó.

Al parecer no soy la única que duda de su felicidad aquí.


Capítulo 42
Cuando llego a LDSW Inc y me dirijo a la oficina de Jason para repasar su
agenda de hoy, me llevo una sorpresa al no encontrarlo solo. Cynthia, la chica
delgada y castaña que se acercó a mí antes para preguntarme si ya me había
acostado con su jefe y para advertirme, se encuentra discutiendo con él en voz
alta. Muy alta. Antes de que alguno de ellos me note, me escondo tras la puerta
entreabierta y agudizo el oído para no perder ni un detalle de lo que dicen ya
que podría usarlo de una u otra forma a mi favor en mi caso contra él. Pensando
en esto, tomo mi celular y enciendo la grabadora ya que hasta el momento soy
la única de sus empleadas que todavía no ha firmado un acuerdo de
confidencialidad que la mantenga con las manos atadas.

─Jackson quiere verte, Jason. No hace más que preguntar por ti ─le exige ella,
las lágrimas deslizándose por sus mejillas mientras agita los brazos con
histeria─. Si no te denuncié después de lo que me hiciste fue porque prometiste
ser un buen padre, ¡pero no lo estás siendo!

Mi garganta se cierra al oír sus palabras.

Jason, sin embargo, permanece del otro lado de su escritorio con total y
completa calma. Su mirada azul es serena, como si esta no fuera la primera vez
que lidiase con Cynthia, y tiene el descaro de sonreír mientras entrecruza sus
manos detrás de su nuca. Admiro a la pequeña mujer al instante. De estar en su
lugar, ya me habría arrojado sobre él y no en el buen sentido.

─Te dije que te deshicieras de él.


Contengo un sonido ahogado, cubriendo mi boca con una mano.

No pensé que podría aborrecerlo más de lo que ya lo hacía, pero estaba


equivocada.

─Es tu hijo ─solloza ella─. No entiendo cómo puedes hablar así de él si es el


fruto de lo que tuvimos. Se parece tanto a ti que no hay duda de que eres su
papá. Sus ojos azules, su cabello castaño, cómo tira de su oreja cuando está
nervioso como tú lo haces. Es nuestro bebé. Si no...

─Basta ─la corta Jason, poniéndose de pie y apretando tan fuerte su delgada
muñeca que me sorprende que Cynthia no se queje─. Te transferiré más dinero
en la tarde. Deja el espectáculo.

Cynthia tira de su mano hacia ella, liberándose de su agarre.

─No quiero dinero. Te queremos a ti.

─No estoy interesado. Tendrás que conformarte con el dinero.


─Jason...

─Vete de mi oficina, Cynthia, o te despediré.

─No puedes despedirme ─brama ella, causando que su mandíbula se apriete y


sus manos se hagan puños─. Si lo haces le diré a todo el mundo sobre la
existencia de Jackson. Al momento en el que lo vean, sabrán que todas esas
chicas que te denunciaron por acoso tenían la razón. ─Alzo las cejas cuando
una sonrisa suave se apodera de su rostro de muñeca. Al parecer el acosador
terminó siendo acosado. Aunque me divierte que Jason tenga una cucharada de
su propia medicina, no puedo evitar sentir compasión por su hijo. Sus padres
claramente no están bien. Al menos Cynthia se oye como si realmente lo
quisiera detrás de su obsesión por su ex jefe imbécil─. Te veremos hoy a las
siete en casa. Te quedarás a dormir y mañana nos llevarás a desayunar a esa
cafetería cerca de su guardería. Traerás un juguete para él y rosas para mí.

Contengo una risita al ver a Jason tragarse la ira y someterse.

Bueno.

¿Nadie le dijo que las mujeres podemos ser un poco obsesivas cuando hieren
nuestro ego?
─Está bien.

─Princesa.

Él se retuerce, pero logra poner una sonrisa más falsa que mi nuevo cabello
rubio en su rostro.

─Está bien, princesa.

─Sabía que entrarías en razón ─murmura ella, poniéndose de puntillas y


besando su mejilla antes de empezar a caminar hacia la salida. Me muevo
silenciosamente a mi escritorio y hurgo en mi bolso por mis audífonos, los
cuales cuelgo en mis orejas para evitar que sospechen de mí─. Pero de todas
maneras quiero que me pases dinero ─añade antes de retirarse─. Sé que te está
yendo bien con el proyecto de los Rangers y quiero renovar mi armario y el de
Jackson porque el hecho de que no podamos estar contigo porque te despedirían
no significa que debamos vestirnos como si no estuviéramos a la altura de papi.
También quiero saber a dónde nos llevarás de vacaciones para navidad.
Entiendo si no puedes acompañarnos, pero ni tu hijo ni yo toleraremos una
navidad más con mi mamá. Sabes cuán molesta está conmigo por ti. Nunca ha
creído que exista un nosotros y no entiende que no puedas darle tu apellido a
Jack.

La sonrisa de Jason crece, pero prácticamente está arrancándose la oreja.


─Los enviaré a París, princesa, como me hiciste prometer la vez pasada.

Cynthia sonríe de oreja a oreja, viéndose victoriosa.

─Bien.

Debido a que noto que ha llegado el final de su conversación finjo hojear mi


agenda. Cynthia, sin embargo, se detiene frente a mi escritorio cuando traspasa
el umbral de la puerta. Me quito los audífonos como si recién me hubiera dado
cuenta de su presencia en la oficina de Jason. La manera en la que sus ojos se
fijan en mí me hacen darme cuenta de que si no hubiera venido aquí, quizás en
tan solo dos semanas no habría tenido la oportunidad de vengarme porque Jason
se habría suicidado. Cynthia es una pequeña mujer de armas tomar que está un
poco loca, lo cual estoy segura que es culpa, en parte, del padre de su hijo, pero
sabe cómo conseguir lo que quiere y eso lo respeto. Se me queda viendo sin
hablar, así que rompo el silencio por ambas.

No cometeré el error de subestimarla.

─Hola, Cynthia.

Ella ladea la cabeza, evaluando lo que ve, antes de chasquear la lengua.

─Ya sé que Jason irá al baile de inversionistas para el nuevo Estadio de los
Rangers contigo. Yo se lo sugerí ya que te he visto llegar con un hombre apuesto
varias veces y tengo el presentimiento de que no eres como las otras putas de
aquí. ─Mi mandíbula se aprieta, pero logro sonreír. Contenerme de decirle que
esas otras putas de las que habla también son víctimas de Jason, como ella y
como yo─. Si me defraudas, no solo él te destruirá. Yo también.
Aunque va en contra del papel que vine a representar aquí, no puedo evitar
tenerle compasión y decirle algo que podría hacerla sentir mejor. Después de
todo su papel en esto puede ser crucial debido a que, como dijo, su hijo es la
prueba de que todas esas chicas que no fueron escuchadas cuando se atrevieron
a denunciarlo, lo que sí hicieron, pero solo consiguieron ser aplastadas por un
grupo expertos de abogados bajo el pretexto de violar un acuerdo de
confidencialidad, tenían la razón. Una evaluación psiquiátrica a Cynthia y un
test de paternidad se las dará.

─No estoy interesada en Jason.

Su ceño se frunce ligeramente, como si aún después de escucharme no terminara


de entender que el idiota no es mi tipo. Es atractivo, pero me gustan otro tipo
de matones, no el suyo.

─Eso espero.

Tras dirigirme un último vistazo, se da la vuelta y empieza a caminar hacia el


ascensor, viéndose tan frágil y delicada en un vestido de estampado floral y
sandalias que en algún sitio de Lubbock, su pueblo natal, Pauline está
retorciéndose con miedo debido a la competencia. Cuando finalmente
desaparece en el ascensor, le echo un vistazo a mi teléfono para ver la respuesta
de Tanner a la grabación de la conversación que acabo de oír que le envié.

Tanner: La mejor puta noticia de la mañana, Savannah.

Tanner: Acabo de hablar con mis abogados. Baile cancelado. Si ponemos a


Cynthia de nuestro lado, lo que haremos, esto es suficiente para hundirlo. Ya
puedes salir de ahí y teñirte.
Suelto una risita, sin responder todavía, lo que hace que me escriba de nuevo.

Tanner: Tienes cita para la una con el estilista, pero necesito saber cuál es la
diferencia entre morena mediterráneo y ónix o cuál es el nombre del tono que
tenías antes.

Ya que tengo el presentimiento de que si no contesto enloquecerá y su día no


será productivo porque se la pasará preguntándose por qué no le respondo, lo
hago.

Savannah: Todavía no.

Savannah: Sabes que soy exhibicionista, ¿de qué vale una venganza sin
testigos?

Savannah: El baile definitivamente está pasando.

Tanner: ...

Al leer su respuesta, mis muslos se aprietan. Me muerdo el labio inferior


mientras escribo.

Savannah: Es gracioso, ¿sabes? Porque para ti esos "..." significan una cosa
y para mí otra.

Savannah: Pregúntame qué significan para ti.


Su respuesta tarda algunos minutos, pero finalmente llega.

Tanner: ¿Qué significan para mí?

Savannah: Intimidación. Crees que tomaré en cuenta tu opinión y es dulce que


si quiera lo pienses cuando los dos sabemos que siempre consigo lo que quiero,
tarde o temprano.

Savannah: Ahora pregúntame qué significan para mí.

Tanner responde al instante.

Tanner: ¿Qué significan para ti?

Savannah: Que tendrás una excusa para doblarme sobre mí misma y follarme
duramente hasta hacerme cambiar de parecer, lo que no pasará... así que lo
haremos sin parar.

Tanner: ...

Savannah: ....

Tanner: Te recogeré al mediodía para almorzar.

Tanner: Pero te advierto que llenaré esa boca por mí mismo antes.

Suelto una risita.


Savannah: Está bien, daddy.

Nuevamente tarda en responder, así que no puedo evitar reír e imaginarlo con
su cara de pug mientras mira el celular.

Tanner: Solo soy seis años mayor que tú.

Savannah: Pudiste adoptarme a los dieciocho.

Tanner: Sav...

Savannah: ....

Tanner: Tus fantasías me hacen pensar que no soy el que está mal.

*****

Tanner y yo recogemos comida para llevar, arroz thai y croquetas de cangrejo,


después de que me recoge al mediodía en uno de sus deportivos. Conduce todo
el camino hacia Travis Country con algunos zig zags debido a que su pene llena
mi boca, la cual colma de su espeso, cálido y abundante esperma en el
estacionamiento del local, enredando sus dedos en mi cabello mientras me mira
tragármelo todo con ojos intensos, los míos llenos de lágrimas. Cuando le
pregunto por qué simplemente no comemos en el restaurante yendo hacia su
edificio, entendiendo si dice que no quiere ser visto tantas veces conmigo en
público, extiende su mano sobre la palanca de cambios en búsqueda la mía y
me comenta que le apetece cambiarse.
Todavía mi piel hormiguea en el sitio que estrechó.

Al finalmente encontrarnos sentados cada uno en su lado del mesón de su bonita


cocina nueva, nuestros platos llenos de arroz y langostinos, Tanner habla
mientras nos sirve jugo de naranja desde una jarra de cristal a ambos. Se ha
arremangado la camisa blanca que está usando, los primeros botones de esta
fuera de sus respectivos agujeros, y el reloj negro que lleva hace un bonito
contraste con su piel pálida. La marca que dejó su anillo de casado en su dedo
cuando se la quitó ha desaparecido. Viviendo aquí y estando así conmigo, es
como si Pauline no existiera.

Como si nunca hubiera existido, para ninguno de los dos.

─¿Tienes que atender a algún cliente esta tarde?

Al sospechar que está a punto de pedirme que los deje plantados por él, frunzo
el ceño.

─Tanner... ─murmuro, mi tono bañado de advertencia porque pensé que había


entendido que su trabajo no es más importante que el mío.

Niega, cortándome.

─Solo quiero saber si puedes hacer el trabajo de hoy desde casa o si necesitas
ir a tu oficina.

La arruga en mi frente se profundiza.


─No tengo ningún cliente para hoy ─murmuro─. ¿Por qué?

Tanner sonríe mientras mastica. Los segundos que tarda comiendo me llenan
de intriga.

─Porque me gustaría que pasáramos la tarde aquí, juntos.

Niego.

─No, no puedo. Tengo que acabar algunos diseños del bar de Ryland que faltan
para que Isla termine de hacerlos realidad y podamos cumplir el plazo. Para eso
necesito mis implementos. Ni aunque quisiera podría usar este sitio para
diseñar. No es el adecuado. ─Al notar la manera en la que me mira fijamente,
me encojo de hombros─. Podemos ir a mi casa, si quieres.

─No es necesario ─prosigue con su absurdo misterio antes de llevar otro bocado
de comida a su boca, solo que ahora se ríe abiertamente mientras me ve
retorcerme con confusión.

─¿Trajiste mis materiales aquí sin mi permiso? ─inquiero, entrecerrando los


ojos debido a que no conozco ni una sola cosa que no sea capaz de hacer para
conseguir lo que quiere. Definitivamente no debí haberle dado una copia de la
llave de mi estudio cuando me dio la suya─. ¿Mis lápices de grafito? ¿La
cantidad justa de luz para que todo cobre vida? ¿Mi escritorio y mi silla
personalizada de acuerdo a mi tamaño para que no me moleste la espalda?

Tanner finalmente deja de comer, poniéndose de pie y extendiendo su mano


hacia mí.
─Sí ─dice y sus ojos negros son un hechizo al que no me puedo resistir.

Tras limpiar las comisuras de mis labios con una servilleta, acepto que me guíe
hacia el piso superior. Todo mi cuerpo se tensa con anticipación cuando nos
detenemos frente a esa habitación, la que no tiene nombre ni concepto. La que
solamente cumple, hasta dónde sé, con sus exigencias de luminosidad, claridad
y una elevación frente a las ventanas, no ventanales.

Nada para los jodidos pervertidos.

Cuando Tanner abre la puerta frente a mí y me invita a pasar con un movimiento


de mano, no me doy cuenta de que no estoy respirando hasta que mi cuerpo
toma una honda y brusca inhalación, pero mi reacción es más que justificada.
La habitación de paredes blancas, llena de luz solar y todo lo que se necesita
para la elaboración de mis planos, lo amerita. No solo tengo aquí todo lo que he
necesitado para la elaboración de mis planos y maquetas, cada material e
instrumento que he conocido desde que entré en la Escuela de Arquitectura, sino
también un montón de otras cosas que me he privado debido a mis ahorros para
ampliar mi empresa.

Una pantalla táctil especial para los diseños de arquitectura. Un bonito escritorio
blanco en la elevación con una silla de cuero del mismo color detrás, la cual en
tamaño y proporción es bastante similar a la que tengo en casa. Estantes repletos
de colores, marcas y lápices de las mejores marcas del mercado, algunas que ni
siquiera he pensado en utilizar debido a lo absurdo de su costo. Trago mientras
deslizo mis dedos por la superficie de madera del escritorio, apreciando el calor
y la luminosidad que entra a través de las amplias ventanas de cristal.

El sitio también está repleto de un sinfín de rosas blancas.


Cuando tomo una de ellas abandonada solitariamente sobre mi escritorio e
inhalo su aroma antes de darme la vuelta para enfrentar a Tanner, me sorprendo
al hallarlo justo tras de mí.

Ni siquiera soy capaz de preguntarle qué significa todo esto.

─Lamento decir esto en este momento, Savannah ─dice─. Lamento haber


tardado tanto en darme cuenta qué era exactamente lo que quería, lo que me
hacía sentir vivo, y también lamento que a pesar de cualquier cosa que diga o
haga, nada podría cambiar el hecho de que los demás o incluso tú misma sientas
que eres mi plato de segunda mesa. ─Traga, viéndose como si de verdad le
costara seguir, pero lo hace─. Pero, sobre todo, lamento haber arruinado
irremediablemente la posibilidad de que existiera un nosotros antes de que si
quiera supiera que hay un tú y yo. El no estar seguro de si mañana lo arruinaré
tanto que te irás. El no tener la certeza de que seamos lo mejor el uno para el
otro. El no poder exigirte que te quedes porque no me debes nada. ─Toma una
respiración profunda. Sus facciones están apretadas, como siempre, pero
además de enojado, luce enfermo. Muy enfermo. No puedo contener el impulso
de adelantarme y presionar mi mano en su mejilla, contra la cual se acurruca
por unos segundos antes de girar el rostro y besar el interior de ella─. Aún así,
soy egoísta y me estaría asesinando a mí mismo si no te dijera que siempre habrá
un espacio en mi vida para ser llenado por ti.

Hay un diván blanco contra una de las paredes de la habitación.

Dejo mi rosa sobre el escritorio y lo empujo hacia él tan fuerte como puedo.
Caigo sobre Tanner y él me ataja envolviendo sus brazos alrededor de mí como
si no quisiera dejarme ir, pero no estuviera seguro sobre mantenerme a su lado.
Trazo mi dedo sobre sus labios antes de decirle lo que me ha estado matando
por dentro todo este tiempo, queriendo salir de mí, pero no encontrando las
palabras o el momento adecuado para hacerlo. Ahora tengo las dos.
─No importa que seamos lo peor el uno para el otro ─susurro, consciente de
que tengo su completa atención puesta en mí─. Mientras no haya nada que se
sienta mejor que estar juntos.

Tras oírme deja escapar una honda exhalación, enredando sus dedos en mi
cabello.

─Savannah... ─suspira cuando empiezo a desabotonar los botones restantes de


su camisa.

Niego, presionando mis palmas contra su torso para mantenerlo en su lugar


cuando hace ademán de incorporarse debido a que no está acostumbrado a estar
del lado vulnerable, pero a todos nos llega nuestro momento. Me incorporo solo
para bajar los tirantes de mi vestido de tela ligera, blanco, y bajarlo lo suficiente
para que sea capaz de ver mi pecho expuesto mientras lo hacemos ya que no
estoy usando sostén. Sé que es un espectáculo que no querría perderse.

─Querías herirme haciéndome creer que me estabas haciendo el amor como se


lo hacías a tu esposa, a quién amabas, pero en realidad solo te heriste a ti mismo
al darte cuenta de que preferías follar como un animal a evocar el recuerdo de
tu fallido matrimonio. ─Presiono mi boca contra sus abdominales, apreciando
la manera en la que estos se contraen bajo esta, besando cada centímetro de piel
que encuentro─. Porque quizás sabes cómo hacerle el amor a una mujer, pero
no sabes cómo es que te lo hagan a ti porque Pauline nunca te amó. ─Parpadeo
hacia él cuando su mano en mi cabello se aprieta solo para aflojarse una vez
más, sus pestañas cayendo pesadamente sobre sus mejillas mientras me
observa─. Porque no puedes amar lo que no conoces. Al igual que el personaje
que labraste para tener tu final feliz con ella, su relación nunca existió. ─Tanner
tira de su cuello hacia atrás cuando desabrocho su pantalón y llevo mis labios a
la sensible punta de su pene, la cual está hinchada y goteante para mí, una vez
lo libero de su ropa interior─. Por suerte para ti, estoy aquí ─murmuro─.
Siempre estuve aquí.
Pero en lugar de meterlo en mi boca como quiere, froto su miembro contra mi
rostro antes de deslizar mis labios hacia la V de su ingle y luego hacia sus
tonificados muslos, liberándolo de su pantalón con mis manos. Me tomo mi
momento para apreciar sus piernas, tocándolas y jugando a hacerle cosquillas
en los pies con los calcetines todavía puestos, lo que no sirve de nada, ya que
no se ríe, antes de volver a ascender por él y darle lo que quiere. Tanner deja
escapar un silbido cuando dejo caer saliva sobre su erección, pero esto no trata
solo de sexo, así que continúo escalando sobre él, tomándome mi tiempo para
adorar sus abdominales, mientras le doy un masaje suave a su pene. Suspiro
sobre sus músculos marcados de su six-pack, tomándome mi tiempo apreciando
cada uno de ellos. Siguen viéndose de la misma manera que lo hacían cuando
estábamos en la universidad. No lo suficientemente grandes para que alguien
diga que gasta gran parte de su tiempo en su gimnasio, pero sí para que sea
evidente que se preocupa lo suficiente por su imagen. Tanner suelta un sonido
mitad gruñido, mitad jadeo cuando asciendo y hundo mi rostro en su cuello para
encontrar ese punto sensible en él que todos tenemos mientras escalo sobre su
cuerpo para meterlo dentro de mí.

Me incorporo al sentir sus primeros centímetros ingresando en mi interior,


estirándome.

Despertando las terminaciones nerviosas de mi tierna y dolorida carne.

─Se siente bien ─murmuro, creando una cortina con mi cabello entre nosotros.

─Sí ─afirma con voz ronca antes de atraerme a él para besarme─. Se siente
bien, Savannah.
Está tomando mis labios y mi boca de manera dulce y profunda, así que tomo
su rostro con las palmas de mis manos mientras empiezo a moverme sobre él,
tomándome mi tiempo para apreciar cada vena y cada pulgada de su miembro,
pero también la sensación de lo cerca que estamos. Reprimo el impulso de
empezar montarlo de manera salvaje en busca de nuestra liberación y en su lugar
me concentro en el sabor de su boca hasta que siento que mis pulmones
realmente están luchando por obtener oxígeno porque mi cuerpo ha decidido
que es más importante no perder esta conexión con Tanner, cuyos dedos de una
mano están enredados en mi cabello, acariciándolo de manera extraña, mientras
la otra aprieta tiernamente mi trasero.

Él también se está esforzando por tomarlo con calma.

Los minutos pasan y seguimos apreciando nuestra unión, pero eventualmente


todo se vuelve demasiado y me anima a ir más profundo, no más rápido,
mientras mordisquea mis labios y aprieta sus dedos en mis caderas. Suelto un
chillido al venirme primero que él cuando empieza a trazar círculos sobre mi
clítoris. Intercambia posiciones conmigo entonces y se dedica a alargar mi
orgasmo tanto como puede profundizando sus penetraciones. Ahora soy yo la
que hunde las uñas en su espalda, colando mis manos por debajo de su camisa,
y él quién esconde el rostro en mi cuello mientras murmura en mi oído cuán
hermosa e irresistible soy.

Cuán loco lo vuelvo.

Cuánto disfruta perder la cordura cuando está conmigo porque no se da cuenta,


en primer lugar, de que lo hace. Suelto un gemido largo, volviendo a acabar, al
sentir su semen llenándome.

Me siento pegajosa y exhausta, con ganas de dormir, cuando se retira y hace


que le haga espacio para acurrucarse tras de mí. Hace frío, así que agradezco a
quién sea que haya diseñado esta habitación, probablemente Isla, por dejar una
cesta junto a nosotros con una cobija que Tanner toma. Me aprieta contra él, mi
espalda chocando con su pecho, y nos envuelve en ella. La luz de las lámparas
no está encendida, así que el resplandor de los rayos del sol es lo único que
choca contra nosotros. Antes de dormirme, sin embargo, termino de soltarlo
todo.

Así cuando mire atrás, si es que lo hago, no me arrepentiré por no haberlo dicho.

Por no haber dado todo de mí a la única persona a la que he querido pertenecer.

─Lo que me hiciste ayer, llevarme a tu casa y de Pauline así, no estuvo bien, sí
que no te puedo prometer que no llegará el día en el que me hartaré de tener que
pagar un precio demasiado alto para estar contigo. ─Giro el rostro hacia él para
observalo mirándome fijamente─. Pero sí te puedo prometer que aunque ese día
llegue mañana, nunca encajaré con nadie como lo hago contigo porque puedes
tener una vida en la superficie, pero quién te marca está en la oscuridad. ─Tomo
su mano y la presiono sobre mi acelerado, pero a la vez exhausto, corazón─.
Podré estar con un millón de hombres después de ti y ninguno de ellos me hará
sentir así.

Los ojos negros de Tanner, usualmente fríos, se vuelven cálidos mientras me


insta a volver a mi posición. Cuando lo hago besa suavemente la cima de mi
cabeza, haciéndome estremecer. A pesar de que no me insta a poner mi mano
sobre su pecho a cambio, siento los latidos fuertes y acelerados de su corazón
contra la piel expuesta de mi espalda debido a que mi vestido sigue abajo.

─Lo sé, Savannah, y tampoco te puedo prometer que ese día no llegará o que
situaciones como la de ayer no se repetirán, pero sí que haré hasta lo imposible
para que el precio que tengas que pagar, porque habrá uno, valga la pena. ─Me
estrecha fuertemente contra él─. Porque lo menos que quiero en este momento
es perderte. Ya hemos perdido demasiado tiempo, ¿no crees?
Afirmo.

─Sí.

Vuelve a abrazarme, esto sintiéndose como si ahora ya no hubiera dudas en su


cabeza.

Como si ya fuera un hecho para él que no quiere dejarme ir.

Que desea retenerme a su lado, incluso si eso me destroza.

─Pero si ese día llega, lo habremos recuperado. No habrá arrepentimientos o


miradas atrás.

Asiento, sin contradecirlo debido a que estoy de acuerdo.

Si ese día llega, es porque todo entre nosotros habrá terminado de una vez por
todas.

Porque rompió tanto mi corazón que este ya no será capaz de amarlo.

Porque lo hago.

Lo amo y la certeza de ello trae lágrimas a mis ojos.

Amo a un hombre con el que ni siquiera sé si tendré un futuro.


Que probablemente nunca sabré si me ama o que quizás, simplemente, nunca
lo haga.

Pero quieres lo que quieres y ahora que finalmente es mío, no quiero soltarlo.

No todavía.

Y tampoco sé si algún día.


Capítulo 43
La cena de mi cumpleaños es silenciosa. Mi mente sigue girando alrededor de
las confesiones y advertencias de Tanner y la sorpresa de haber visto a Weston
y a Pauline tan juntos en la cocina, así que no le presto mucha atención a los
intentos del rubio de entablar conversación. Las experiencias cercanas a la
muerte deben aumentar el apetito ya que devoro el doble del número usual de
rebanadas que normalmente comería. Del otro lado de la mesa Reed me observa
esporádicamente con el ceño fruncido, pero me fuerzo a mí misma a no prestarle
demasiada atención ya que cada vez que lo veo debo presenciar la manera en la
que Pauline se apoya en uno de sus brazos y lo mira con ojos de cachorro. Estoy
tan aburrida de ello.

De ella luciendo como si de verdad lo amara.

Como si de verdad tuviera una idea de quién está sentado a su lado.

─Me encanta que hayamos venido aquí, pero la verdad es que me estoy
muriendo y esta vez del aburrimiento ─suelto de repente, trayendo la atención
de todos a mí. Incluso con mis padres estaría divirtiéndome más, obligada a
cubrirme los ojos con las manos y a reír mientras papá, ebrio, invita a mamá a
bailar─. Bailemos ─susurro, hipando, debido a que me terminé yo sola lo que
quedaba de la botella de champagne de Tanner, más o menos la mitad, antes de
que estuviera lista la cena, y yendo hacia el reproductor de música para conectar
mi teléfono.

Lo dejo en la mesita, pero tomo otra copa con alcohol mientras me dirijo a la
cubierta.
Sin mirar a ninguno de los tres, empiezo a mecer mis caderas al ritmo de Toda
de Alex Rose, una canción lenta en español que probablemente solo Tanner
entiende y que me hace suspirar. Desear estar rodando en una cama en compañía
de alguien y sentarme en su regazo.

─Suena caliente ─escucho decir a Weston a mis espaldas con voz entrecortada,
en compañía de sonidos que indican que están levantándose para unirse a mí,
mientras me meso contra la barandilla y me doy la vuelta, esperándolos, pero ni
él ni Tanner se acercan, viéndose casi nerviosos, lo cual es adorable tomando
en cuenta que ambos casi me asesinan a su manera.

Solo Pauline camina hacia mí. Su seguridad es fingida. Sus mejillas están rojas
y sus pasos son lentos. Sus manos tiemblan y sus ojos me gritan que está casi
tan ebria como yo. Sigue usando su pequeño bikini rojo, así que inevitablemente
la atención de Tanner y de Weston viaja a ella. La mía también. Sus pequeños
pezones están fruncidos por debajo de la fina tela que los recubre y de cuando
en cuando aprieta sus muslos como si no soportara la tensión de su cuerpo. Me
uno a ella con lentitud, moviendo mis caderas, y Pauline tira de su cabeza hacia
atrás, riendo, cuando giro mi copa unos centímetros sobre sus labios y bebe lo
que queda en mi copa.

La dejo en el suelo antes de unirme a ella, consciente de que ahora la atención


de Tanner y Weston está en ambas. Pauline se ahoga con su propia saliva al
darse cuenta de ello e intenta apartarse de mí a pesar de la oscura satisfacción
en su mirada, pero no lo permito. Le doy una probada de lo que significa ser yo
tomando sus caderas en mis manos y ascendiendo por su piel suave y sonrosada
hasta alcanzar el lazo que mantiene la parte superior de su bikini en su lugar.
Tiro de él con suavidad, obteniendo un jadeo de su parte como respuesta y dos
gruñidos de apreciación masculina. Es injusto que el peso de todo esto recaiga
solamente sobre ella, así que paso mi suéter por encima de mi cabeza y sonrío,
mi rostro escondido en la curva entre su delgado y frágil cuello y su hombro,
cuando esos gruñidos se convierten en sonidos ahogados. El calor de los
pequeños pechos de Pauline se dirige hacia los míos y viceversa mientras nos
mesemos para ellos. Miro a Weston fugazmente, arrogante ante el hecho de que
si existe la posibilidad de que quiera a Pauline, sepa que yo podría tenerla
primero si quisiera, al igual que a él o a Tanner porque aunque todos aquí tengan
sus propios intereses egoístas, ninguno es capaz de dejarme ir, incluyendo a la
rubia entre mis brazos, y eso es por algo, antes de tomar las mejillas de Pauline
entre mis manos y deslizar mi lengua sobre su boca hasta que jadea.

Baby, porque quiero maltratarte toda

Él te lo hace a medias, yo te beso toda

Quédate conmigo y le picheo a todas

Como tú ninguna, tú le ganas a todas

Ya que a la pequeña pueblerina católica no es particularmente fanática de la


dureza, sino de la suavidad, probablemente encuentra consuelo en mis
atenciones debido a la manera en la que me devuelve el beso, primero con
timidez y después con entrega, mientras permite que explore un poco más en su
cuerpo con mis manos como si estuviéramos a solas en nuestro dormitorio y no
con una audiencia frente a nosotros. Ambas reímos cuando las manos de la otra
viajan a los lazos laterales de las respectivas partes inferiores de nuestro traje
de baño. Somos dos diosas jóvenes en su mayor esplendor, así que ninguna de
las dos se siente intimidada cuando quedamos completamente expuestas ante
nuestros chicos. Tanner traga sonoramente, su atención completamente fija en
nosotros, mientras Weston empieza a quitarse la ropa.

Cuando el rubio hace ademán de acercarse, se lo impide presionando su brazo


contra su pecho.

─Déjalas jugar.

Weston frunce el ceño en su dirección, arruga que se deshace cuando Pauline y


yo nos dirigimos al jacuzzi y soltamos chillidos cuando el agua caliente relaja
tanto la contracción de nuestros músculos durante el baile como la tensión que
creamos alrededor de ambas.

Tiro de mi cuello hacia atrás, riendo, cuando pasa sus manos por su torso,
sonriendo ante los gemidos de apreciación que obtiene como respuesta a cada
uno de sus movimientos. Sus ojos brillan con emoción, como si acabara de
descubrir el poder que tiene como mujer frente al sexo masculino en este
ámbito, y salta sobre sí, lo que hace que sus pequeñas tetas se agiten e,
interiormente y en el fondo, me sienta orgullosa de haberla arrastrado al lado
oscuro.

Quizás ahora no sea tan perfecta y casta ante sus ojos como Tanner cree que es.

─Están tan calientes ─murmura, sonando feliz.

─Sí ─susurro en respuesta, ofreciéndole un rápido vistazo a Tanner, a su


entrepierna abultada, y a Weston en las mismas condiciones antes de salpicar a
Pauline con agua─. Lo están.
Ella ríe y me salpica de regreso, luciendo desinhibida y feliz.

Mis sentimientos negativos hacia ella se aflojan por un momento ante ello, pero
regresan cuando Tanner y Weston se unen a nosotras en iguales condiciones de
desnudez. Trago cuando mis ojos se enfocan en el pelinegro, el cual se sienta
junto a Pauline y la arrastra a su regazo. Weston no tarda en hacer lo mismo
conmigo, sentándome sobre su erección y haciéndome envolver su cuello con
mis manos. Cuando escucho a la rubia reír ante lo que sea que Tanner esté
murmurando en su oído mientras la estrecha contra él con cariño, empiezo a
arrepentirme de haber armado todo este espectáculo. Weston me abraza cuando
apoyo mi cabeza en su pecho. Después de unos segundos toma mi barbilla entre
sus dedos y la alza para que lo vea.

─Cuando pienso que no puedo desearte más, encuentras la manera de que lo


haga.

Antes de inclinarme sobre él para besarlo pasa por mi mente el recuerdo de


cómo se sintió ser ahogada, intencionalmente o no, y no puedo evitar
estremecerme con disgusto, lo que mi novio percibe con el ceño fruncido, pero
no dejo que las palabras de Tanner se apoderen de mi mente y me pongo a
horcajadas sobre él dentro del agua, sosteniendo su rostro entre mis manos antes
de inclinar mi cabeza hacia abajo y juntar sus labios con los míos. Weston ha
sido más que bueno conmigo hoy y no merece menos que ser el centro de mi
atención. Gimo abiertamente cuando aprieta la carne de mis caderas con sus
manos, manteniéndome sujeta contra él, y antes de que guíe su pene a la abertura
de mi humedad tras extenderse y tomar un condón que dejó en su paquete en el
borde del jacuzzi, escucho a Tanner y a Pauline saliendo del agua a pesar de los
sonidos de protesta de esta debido a que, al parecer, le gustó el exhibicionismo.
Mis ojos grises se cruzan con los suyos mientras se aleja, su mano sosteniendo
la de su chica.

Yo ya lo descubrí, que tú eres para mí, que yo soy para ti

Baby, quédate aquí, más cerquita de mí, él no me lo hace así

Aparto mi boca de la de Weston y muerdo mi labio inferior con fuerza al sentirlo


llenarme, apretando mis uñas contra la piel de su nunca de una manera que lo
hace gruñir con dolor y a la vez placer mientras Pauline señala distraídamente
hacia el mar, gritando haber visto una delfín.

Tú quieres comerme toda

Él me lo hace a medias, tú me besas toda

Quédate conmigo y pichéale a todas

Como yo ninguna, yo le gano a todas, ven cómeme toda

Tanner aparta la vista, sus ojos llenos de asco, cuando empiezo a gemir.

******

Después de una hora y media, cuando finalmente están a punto de ser las doce,
cortamos mi pastel. Pauline, Weston, Tanner y cantan para mí. Después de que
apago las velas, los dos rubios se dirigen a la cocina por un cuchillo y platos
para cortarlo. Estiro las mangas de mi suéter cuando Tanner y yo nos quedamos
nuevamente a solas, preguntándome qué saldrá de su boca esta vez. Me
sorprende, sin embargo, sacando una caja del tamaño de un bolígrafo del
bolsillo trasero de sus pantalones de pijama azul y tendiéndomela. Es blanca y
está adornada por una cinta plateada bastante bonita, lazo que deshago con más
ansiedad y emoción de la que me permito a mí misma sentir porque mientras
pude haber intuido cuáles serían los regalos de Weston, algo excesivo y lleno
de lujo, y de Pauline, un feo suéter que nunca usaré, no tengo ni idea de qué es
lo que Tanner escogió para mí. Trago cuando veo una antigua llave de hierro
dentro y asciendo mis ojos hacia él, sin entender en lo absoluto qué es lo que
me dio.

No me queda de otra que seguirlo cuando inclina su cabeza hacia la barandilla.

Con las manos apoyadas en ella, se explica.

─Hay una organización que se ha mantenido por siglos bajo las narices de todos
los estudiantes de la Universidad de Texas. No tienen reuniones o eventos de
ningún tipo, ni nombre. Solo esta llave y una habitación con un cofre en la que
cualquier deseo que hagas prácticamente se hará realidad por acción de otros
graduados a los que se les hizo el mismo favor, con la condición de que te
comprometas a ser la colaboradora de alguien más en un futuro y cedas esta
llave a otro que lo merezca cuando hayas pedido lo que quieres y estés a punto
de irte ─murmura─. La ubicación de la habitación está en constante cambio. Se
te dará si aceptas formar parte de esto y si se comprueba que eres capaz de
guardar un secreto, lo que sé que puedes hacer.

Nunca me han gustado las hermandades o cualquier otro tipo de secta


universitaria, pero no puedo evitar mostrar abierto interés en ello. Acaricio la
llave de hierro, sin ningún grabado, antes de volver a fijar mi atención en su
perfil apretado y duro. Esto no es tan valioso como el brazalete de Weston o
cualquier otro presente que me hayan dado, sino más. Acaricia mi alma,
seduciéndola, de una manera que ninguna otra cosa que me dieron en la vida
hizo.
No tiene valor, pero este a la vez es incalculable.

Una herramienta más para mi futuro.

No puedo evitar apretarla de forma protectora contra mi pecho.

─¿Por qué me la das a mí?

Tanner deja de contemplar el mar en el que navegamos para verme.

─Porque eres la única persona que conozco que tiene tanta ambición como yo
y mereces que tus sueños se hagan realidad. Esta simple y oxidada llave, aunque
no lo creas así, te puede ayudar a subir un peldaño o dos. No lo desaproveches
─responde antes de incorporarse, el sonido de los pasos de Pauline y Weston
deshaciendo la privacidad del momento que estamos viviendo, y acercarse a mí
para presionar sus labios sobre mi frente por escasos segundos antes de
apartarse y ofrecerme una mirada cálida que se graba no solo en mi mente, sino
en cada célula que me compone como ser humano─. Feliz cumpleaños,
Savannah.

*****

Ya de regreso en el campus al día siguiente, lo primero que hago al entrar en mi


dormitorio es caminar hacia el armario y guardar la caja con el regalo de Tanner
en el cajón de mi ropa interior. Pauline entra tras de mí con aspecto cansado y
ojeroso. Ambas llevamos pijamas debido a que ya que no dormimos nada
durante toda la noche debido a la celebración de mi cumpleaños, lo hicimos de
camino aquí porque debíamos estar temprano en el campus para el juego de este
domingo de los Longhorns contra los Tigers, de Princenton. Una vez
deshacemos nuestro equipaje, se arroja sobre su cama mientras me pregunto qué
me pondré más tarde. Debido a la presión de los exámenes finales no he lavado
mi ropa y todo lo que me queda es demasiado revelador para el frío que está
empezando a hacer debido al cambio de estación.

Por más que quiera ignorar la existencia de Tanner, esta es su última temporada
en el equipo y las finales del la NCAA están por terminar y este año tenemos
altas posibilidades de ganar. Con Austin y los otros equipos de Texas
descalificados, los Longhorns son nuestra única esperanza de que el estado se
lleve el Bowl de la serie universitaria de fútbol y ni siquiera yo puedo ir en
contra del fanatismo que eso desencadena en cada texano. No cuando solo
puedo recordar la manera en la que me apoyó con mis propios proyectos antes
de arruinarlos, lo cual todavía no sé si hizo consciente o inconscientemente o
fue culpa de Pauline, y estuvo ahí para mí cuando sucedió lo de Gordon. Quiera
o no, con ánimos o no, termino mis deberes temprano y me acerco a Pauline,
arreglándose en el baño, para alistarme junto a ella para salir, mi cabello mojado
humedeciendo mi espalda debido a que unos minutos atrás me di una rápida
ducha.

─¿Irás al juego? ─pregunta ella con el ceño fruncido, viéndose extrañada


cuando me sitúo junto a ella y empiezo aplicar base sobre mi rostro,
asintiendo─. ¿Por qué?

Detengo la presión que ejerce una y otra vez una pequeña esponja sobre mi piel
para verla.

Alzo uno de mis hombros y lo dejo caer con indiferencia antes de responder.

─También estudio aquí. El espíritu deportivo es contagioso.


Pauline arruga la nariz, su expresión desconcertada.

─Savannah, las pocas veces que has ido a los juegos de los Longhorns ha sido
para abuchear o vestida con los colores del equipo contrario ─señala, girándose
hacia el espejo para darse unos últimos retoques de labial rosado. Su maquillaje
es bonito de una manera simple y clásica─. No entiendo por qué cambiarías de
opinión tan drásticamente con respecto a ellos. ─Por medio del reflejo veo cómo
sus ojos se entrecierran─. A menos, claro, que te guste uno de los jugadores.

Ante sus palabras no puedo evitar ahogarme con mi propia saliva, prácticamente
confirmando su teoría. Pauline deja escapar un suspiro antes de empezar a
guardar sus productos de maquillaje en su estuche, negando con desaprobación
una y otra vez con su cabeza. Se ve decepcionada, lo cual me extraña ya que
nunca antes se interesó, más allá de comentarios de mal gusto y consejos de
amor de hace mil décadas, por mi vida amorosa, así que no puedo evitar
excusarme. Está tan cerca de la verdad que mi pecho se hunde con pánico.

─No, yo...

─Sav, Weston es genial y la manera en la que te ve, la manera en la que encajan,


merece que le des una verdadera oportunidad. Él realmente se esfuerza por verte
feliz y sonríes mucho a su lado. Eres feliz ─dice deteniéndose bajo el umbral,
interrumpiéndome─. No te voy a juzgar, sabes que nunca lo hago, pero Weston,
después de que Tanner se vaya, será el chico más codiciado del campus y
aunque ahora corres con la suerte de tenerlo todo para ti, no lo des por sentado.
─Se relame los labios antes de continuar─. Hay muchas roba novios por ahí,
¿sabes?
Sin nada que decir debido a la impresión que sus palabras me producen y al
alivio de que no tenga nada que ver con Tanner, sino con ella siendo fanática
de West, trago.

─Sí.

*****

Asisto al juego de los Longhorns con un sencillo par de shorts de mezclilla y


una sudadera del equipo que Pauline me presta. Zapatillas deportivas blancas.
Uso una gorra y dejo caer mi cabello sobre mi espalda. Mi maquillaje es
ahumado. La rubia, por su parte, escoge una falda negra corta y una camiseta
con el nombre del equipo que ata para dejar al aire libre una parte de su
estómago, igualmente optando por calzado deportivo. Su apariencia me hace
nuevamente fruncir el ceño porque su atuendo no es algo que Pauline
normalmente usaría, pero me reservo cualquier tipo de comentario mientras
caminamos hacia el campo. Durante el camino recibimos algunos elogios a los
que no les presto demasiada atención debido a que contesto algunos mensajes
de Weston, pero por el rabillo del ojo la veo sonrojarse, dar las gracias y reír.

Ya en el campo, nos separamos.

─Iré por una cerveza, ¿quieres?

Pauline asiente.

─Sí, por favor. Iré a buscar a Tanner. Le gusta que lo bese antes de jugar. ─Una
sonrisa tonta se apodera de sus labios. Su mirada brilla de manera soñadora─.
Dice que le da suerte.
Me encojo de hombros, intentando verme desinteresada.

Porque no me importa.

No me importa, pero lo hace.

─Bien.

Tras verla asentir y adelantarse a los bastidores, me desvío entre la multitud


para caminar hacia los puestos de comida rápida. A diferencia de cuando
jugamos contra algunos equipos de universidades públicas y la bancadas de
nuestros oponentes se encuentran vacías, la universidad hoy se encuentra llena
de niños ricos que vinieron desde New Jersey en sus caros autos para apoyar a
sus amigos. Suelto un suspiro cuando algunos de ellos intentan captar mi
atención y obtener mi número de teléfono de manera desagradable, hablándome
como si estar en la Ivy fuera lo único que se necesitara para ser considerado un
buen partido.

En resumen, chicos como Weston, pero sin lo agradable.

─Dos cervezas, por favor ─le pido al vendedor en uno de los puestos, quién me
echa un vistazo de reojo, su ceño fruncido debido a que sospecha que no tengo
la edad legal para ingerir alcohol, antes de ir casi a regaña al barril y dármelas
en dos vasos desechables─. Gracias.

─Solo no te vuelvas loca.

Suelto una risita, dejando caer dos billetes de un dólar sobre el mostrador.
─No ─dice una voz profunda, desconocida, tras de mí, lo que hace que me dé
la vuelta y trague al ver a un chico grande y pelirrojo con una sudadera de los
Tigers tras de mí. Sin darme la oportunidad de reaccionar, toma mi dinero y lo
guarda en el bolsillo delantero de mis pantalones cortos, haciéndome estremecer
con desagrado debido a lo cerca que están sus dedos de mis partes íntimas.
Chillo al sentirlo y sus amigos tras de él ríen─. Yo invito.

Niego, intentando esquivarlo, pero solo consiguiendo que bloquee mi paso.

─No es necesario. Yo pago ─gruño dándome la vuelta y haciendo malabares


con las dos cervezas para dejar nuevamente los billetes en el mostrador,
percatándome de que el vendedor ha decidido ser indiferente a lo que sucede
debido a que los niños ricos de Princeton le darán buenas ganancias hoy. El
chico pelirrojo, sin embargo, no se quita─. ¿Podrías...?

─¿Quitarme?

Asiento.

─Sí.

─Claro que sí ─responde con una sonrisa ancha que hace que todo aquél que lo
vea se deslumbre con sus carillas, obviando la fealdad de su alma─. Después de
que me devuelvas el favor y metas esa bonita mano tuya en el interior de mi
pantalón y no desde mi bolsillo.

Mi mandíbula se desencaja, pero no me permito a mí misma lucir intimidada.


He lidiado con hombres peores que esta patética excusa de masculinidad.

─Patán.

Poniendo toda mi fuerza en ello, lo golpeo con el hombro al pasar, pero no se


quita, sino que hace ademán de rodear mi cintura con sus brazos y apretarme
contra él. Ante ello no puedo evitar actuar por impulso y arrojar el contenido de
los dos vasos de cerveza para protegerme.

Los jadeos de sorpresa e impresión llegan al mismo tiempo que su mano a mi


cabello.

─¡Suéltame! ─grito, a lo que algunos de sus compañeros empiezan a acercarse


porque el sujeto ya pasó de ser un abusador estándar que pueden pasar por alto
debido a su estatus a un abusador irracional que podría dejarlos mal, pero por
algún motivo estos no terminan de acercarse, así que grito aún más alto antes
de que cubra mi boca─. ¡Suéltame, idiota!

─No, pequeña zorra, es hora de que alguien te enseñe cuál es tu lugar.

Mis ojos se llenan de lágrimas cuando dirige sus manos a mis tetas. Más que
por el hecho de estar siendo abusada, por el que nadie se acerque a ayudarme.
Entiendo por qué no lo hacen, sin embargo, cuando una mano se cierra alrededor
del cuello de mi agresor y una figura aún más aterradora que él emerge de las
sombras para protegerme pese a que la oscuridad en sus ojos grita satisfacción
ante el hecho de tener una excusa para lastimar a alguien, no furia o deseos de
defenderme. El pelirrojo boquea, sin aire a pesar de que no sabía que una
persona podría ser ahorcada con una sola mano y mucho menos desde atrás,
pero su agarre sobre mí no solo permanece, sino que se hace más intenso debido
a que termino convirtiéndome en una especie de salvavidas al que se aferra
durante durante sus últimos momentos de vida.

─Suéltala ─dice, su tono de voz vacío de emociones humanas─. Y te suelto.

Él lo hace.

Me libera y después el moreno con el uniforme de los Longhorns que no había


visto antes, su cabello oscuro como la noche de una manera que me hace
preguntarme si es teñido, hace lo que prometió. Lo libera después de aplastar su
rostro contra una de las paredes del puesto de cerveza, deformando el metal y
rompiendo su nariz con un crujido que hace aullar a muchos.

Incluyéndome.

El chico de apellido Anders, sin embargo, solo ríe mientras se acerca a él y


presiona la suela de su zapatos contra su espalda para mantenerlo abajo. No
parece importarle estar rodeado de otros fanáticos de los Tigers, aunque no es
como si debería. Con lo que haces tres de ellos, lo obtienes a él, pero no solo se
trata de tamaño ya que Ibor es grande y nunca me he sentido intimidada en su
presencia. Es lo que emana. Sin exagerar, podría estar ante la muerte.

Es caliente, pero aterrador.

Más aterrador que caliente.

─Puedes hacer lo que quieras con tus putas de Princeton, no me interesa si las
follas hasta sangrar y ellas te dan las gracias por ser el jodido hijo de tu padre,
pero de dónde vengo no entras al territorio de tu enemigo como un visitante y
maltratas a sus mujeres cuando no tienes las pelotas para enfrentarte a las
consecuencias. ─Me abrazo a mí misma, titiritando, cuando lleva su pie a la
parte posterior de su cabeza y la presiona contra la tierra, haciéndolo gritar
debido a la manera en la que esto afecta aún más su nariz rota. Indiferente a su
agonía, mira hacia los compañeros del chico─. Corran la voz. Que esto les sirva
de ejemplo de lo que le pasará a todo aquél que sobrepase los límites que
cualquier chica de los Longhorns imponga. ─Una sonrisa irónica se apodera de
sus labios por un momento, como si estuviera pensando en algo más, antes de
que se aparte de su víctima, despidiéndose de él con una patada en las costillas
que viene cuando todos, incluyéndome, piensan que ha terminado. Antes de
separarse, sin embargo, pide tres cervezas, las cuales toma y agradece antes de
dejar un billete de diez sobre el mostrador─. ¿Qué? ─pregunta con las cejas
alzadas al darse la vuelta, andando hacia mí e inclinando la cabeza hacia el
camino de regreso a las gradas, ofreciéndome dos de ellas.

Las tomo.

Pero lo hago más por miedo a contradecirlo que a otra cosa.

─Nada ─murmuro─. Gracias, supongo.

Se encoje de hombros.

─No lo hice por ti.

Asiento.

─Lo sé. Eres un asesino y necesitabas saciar tu sed de sangre ─bromeo, lo que
lo hace sonreír.
─Exacto.

Abro la boca para preguntarle qué tiene pensado hacer si el chico de Princeton
lo demanda por agresión, a lo que probablemente tendré que enfrentar mi
segundo asunto legal este año debido a que no dejaré a su suerte a alguien que
me defendió, pero Tanner escoge ese momento para trotar hacia nosotros desde
el campo, dejando a Pauline hablando con la novia de otro integrante de su
equipo tras de él. Su ceño está fruncido mientras mira de mí hacia Anders con
un signo de interrogación en la mirada. No se ve feliz de vernos juntos, por
cómo luce.

─¿Savannah? ¿Todo está bien? ─pregunta cuando llega a nosotros.

Asiento.

─Sí. Tuve un problema con uno de los chicos de Princeton, pero Anders lo
resolvió.

Sus ojos se estrechan hacia el mencionado, reparando en la sangre que cubre


sus zapatos deportivos para el juego. Son blancos y tienen algunas gotas del
líquido rojo que escapó de la nariz de mi agresor, al igual que sus guantes. Me
estremezco al recordar lo que hizo con él.

─Ya veo.

Anders lo mira con las cejas alzadas.

─¿Algún problema con eso, capitán? ¿Debí haberla dejado a su suerte?


Tanner niega.

─No, hiciste bien ─gruñe─. Pero pudiste haber pensado fríamente y esperar
terminar el partido para encargarte de él en un sitio sin testigos, Grayson.
Suficiente espectáculo haces en el campo ya, ¿no crees? Lo que menos
necesitamos ahora es perder otro defensa a final de temporada.

Grayson ríe, un sonido rico, profundo y ligero a la vez, que contrasta con todo
en él.

─¿Para encargarme de él en un lugar sin testigos o para invitarte? ─le pregunta,


todavía riendo, mientras le echa un vistazo de reojo a Pauline y luego a mí ante
la ausencia de respuesta por parte de Tanner, quién lo fulmina con la mirada
tras las rendijas de su casco─. Tú tienes mejores tetas ─susurra en mi dirección,
al pasar junto a mí, antes de trotar al campo y unirse a los demás─. Eso siempre
gana si sabes usarlas a tu favor. Si ese es el caso, hará lo que quieras. No te
preocupes innecesariamente.

─¡¿Lo dices por experiencia?! ─grito ya que ahora está lejos de nosotros.

Él se limita a asentir secamente antes de buscar su posición en el campo.

Una sonrisa tonta se instala en mi rostro mientras me pregunto cómo será la


chica capaz de manejar a una bestia como él y si sus tetas realmente tienen que
ver con ello, pero Tanner hace que se deshaga cuando capta mi atención tirando
de mi muñeca para que lo enfrente.

─Aléjate de él. Acaba de ser cedido por la sede de San Marcos. Nadie sabe una
mierda de Grayson Anders a parte de que juega futbol para hacer sufrir a los del
equipo contrario, más no para ganar, y que su suegro le paga para que forme
parte de los Longhorns ─dictamina─. No importa si te defendió. No es trigo
limpio.

─Lo sé ─susurro en respuesta, acercando mi rostro a las rendijas de su casco.

Todos los músculos del cuerpo de Tanner se tensan.

Las venas en su cuello se marcan mientras se inclina aún más hacia mí.

─ ¿Entonces por qué le coqueteas? ─sisea.

─Porque yo tampoco lo soy ─murmuro, deslizando mis labios por la barra de


metal─. Ni tú.

Sin esperar una respuesta de su parte, me doy la vuelta y camino hacia las
gradas.
Capítulo 44
Los días que le siguen a la revelación de mi estudio en el nuevo ático de Tanner
pasan de manera fugaz entre trabajo, salidas con, supongo, mi especie de amante
aunque todavía no sé si ese término esté bien con nosotros debido a que la
naturaleza de nuestra relación es que no encaja en ningún tipo estipulado o
aprobado por la sociedad, y sexo. Antes de que me dé cuenta de lo rápido que
pasa el tiempo, ya es viernes y el nuevo sport bar de Ryland está listo. Aunque
no abrirá todavía debido a que no han terminado con el papeleo para hacerlo
porque Isla y yo acabamos con su diseño mucho antes de lo estipulado, sus
socios harán una reunión privada para celebrar su apertura. Por más que me
cueste imaginar a Tanner organizando una fiesta por sí solo ya que todas sus
reuniones las hacía Pauline con ayuda de una organizadora, estoy bastante
segura de que con su dinero se las arreglará contratando a alguien para que todo
salga bien. Mi fuerte no son las personas y él lo sabe, así que ni siquiera pasa
por su mente pedirme ayuda para ello, limitándose a pedirme que sea su
acompañante durante el evento.

Lo que sí me pide es que llene una parte de su armario con mi ropa.

Aunque dudo en un principio, debido a la incontable cantidad de veces que me


rapta para venir a su nueva casa, este se va llenando por sí solo, al igual que lo
hace también un cajón en su baño con mis productos de aseo personal y algunos
espacios en su habitación con mis cosas. Mi presencia en su ático es tan obvia
que realmente nadie que venga aquí pensaría que Tanner vive solo, lo cual
también pienso por la cantidad de horas que paso trabajando en mi estudio aquí.
También dudé sobre usarlo, pero una vez probé el escritorio, la luz, los nuevos
instrumentos... todo lo escogido a la medida para mí, como si hubiera sido yo
quién lo hizo...
Se dio por sí solo.

Diseñé como llevaba tiempo sin hacerlo.

Sin pensar, sin ni siquiera tener ganas de pausar mi inspiración para hacer cosas
que se vieron tan banales en ese momento como comer o lavarme o borrar una
línea una vez estuvo hecha porque todo fue, simplemente, perfecto desde el
momento cero de su nacimiento. Porque puedo no ser Dios, pero por un
momento mis creaciones sobre el papel fueron diseñadas sin errores y ese don
se sintió sumamente bien a pesar de que su origen es, claramente, malvado y
cruel.

Porque estoy segura de que nunca sabré cuáles son las verdaderas intenciones
de Tanner, al menos no hasta que él quiera que lo haga y ya sea demasiado tarde
para dar vuelta atrás. Algo en mí, sin embargo, me dice que ni siquiera él sabe
cuáles son y que en el fondo está tan perdido y confundido como yo, lo que me
consuela debido a que significa que no estoy sola.

Él también se encuentra dentro de este torbellino que nos absorbió a ambos.

─Estoy lista ─murmuro después de echarme un último vistazo al espejo de su


baño, apreciando la manera en la que el vestido se ciñe a mi cuerpo hasta que
el dobladillo acaricia mis tobillos. Es una pieza de una ligera tela brillante en
tono coral que sería contraproducente usar si no hubiera pasado por el gimnasio
últimamente. Solo dos delgadas tiras lo mantienen en su lugar. Una gargantilla
dorada se aprieta en torno a mi cuello y algunos brazaletes del mismo material
están envueltos alrededor de mi brazo. Soy quince centímetros más alta, pero
todavía no tan alta como él, en un par de finos y puntiagudos clásicos tacones
de aguja. Tanner hace un sonido profundo cuando sus ojos negros reparan en
mí, alzando la vista de los cordones de sus zapatos de vestir para enfocarla en
mí. La manera en la que luce sin aliento infla mi pecho─. ¿Todo bien?
─pregunto tímidamente al alcanzarlo, presionando mis las palmas de mis manos
sobre sus frías y pálidas mejillas, sintiendo y apreciando la suavidad de su piel
contra la mía.

La manera en la que me observa, sin pestañear y moviendo la nuez en su cuello


como si no pudiera parar de salivar, hace que me dé cuenta de que a veces la
persona indicada puede hacerte sentir una diosa con solo una mirada, que es la
manera en la que me siento ahora.

Como su diosa.

La diosa de un rey que se juró a sí mismo no venerar a nadie.

─No ─responde en un murmuro ronco─. Nada está bien.

Mi frente se arruga, pero sus ojos no pierden ni un poco de su brillo de


apreciación cuando me giro levemente para verme en el espejo de cuerpo entero
en una esquina. Tanner no tarda en posicionarse tras de mí y presionar su
barbilla contra uno de mis hombros expuestos después de juntar todo mi cabello
rubio tras mi espalda, apretándolo todo en su mano.
─¿Es el vestido? ─cuestiono─. ¿El color es demasiado?

─No ─repite con el mismo tono de voz gutural─. No es el vestido, cómo te


queda, el maquillaje o los malditos zapatos. Ni siquiera es lo que llevas debajo
de él y solo está destinado a ser visto por mí cuando termine la noche. ─Presiona
sus labios contra mi oreja, sacándome un estremecimiento─. Es el hecho de que
luces tan hermosa y fiel a ti misma a pesar de estar aquí, conmigo, que me haces
creer que no soy nada en comparación a ti. Que mi oscuridad nunca opacará tu
brillo, Savannah, y no sé si sentirme intimidado o agradecido por eso, o si me
volveré un adicto a tu resplandor. Es una sensación confusa y agotadora, sobre
todo agotadora.

Ladeo la cabeza suavemente hacia él, por lo que al alzarme hacia arriba y lograr
deshacer el agarre de su mano sobre mi cabellera con un tirón nuestros labios
se juntan. Por el rabillo del ojo veo nuestro reflejo en el espejo y no recuerdo
haber visto nada que se sintiera más correcto.

─Nunca lo opacará ─prometo─. La luz está atrapada para siempre con la


oscuridad, Tanner. El día con la noche. ─Froto nuestras narices juntas,
recordando la sensación de estar atrapada con él en un ciclo sin fin desde que
nos conocimos─Si no se tienen mutuamente, ninguna existe.

En respuesta junta fugazmente nuestros labios, mezclando nuestras


exhalaciones, antes de apartarse, dejándome con deseos de más mientras
extiende su mano hacia mí para que la tome. Su mirada brilla con regocijo ante
el hecho de dejarme deseando más, pero también con molestia ante el hecho de
que no soy la única que preferiría quedarse aquí en lugar de ir a la celebración
de la apertura de su nuevo bar deportivo, un proyecto que sé que ni siquiera le
interesa como debería, pero al que se sumó para acosarme, y cierto toque
cariñoso y cálido que ha tenido en sus ojos oscuros desde que le hice el amor
en mi nuevo estudio en su casa.
Aunque nuestra química es embriagadora, es esa nueva conexión lo intenso.

Lo que no sé si pueda manejar.

La certeza de que lo amo.

Como si leyera esa incertidumbre en mis ojos, se adelanta y toma por sí mismo
mi mano. Besa su dorso antes de darse la vuelta y tirar de mí con él, sus hombros
tensos por alguna razón.

─Vamos.

*****

Ya que el bar de Tanner y de Ryland está en Travis Country, no nos toma ni


cinco minutos llegar a él en su deportivo. No puedo evitar sonreír cuando rodea
el capó del auto, trotando a la mayor velocidad que puede sin que sea
considerado correr o se vea excesivo, para abrir mi puerta antes de que yo lo
haga. Ya fuera de él siento la mirada de las personas en el estacionamiento
clavándose en mí, ya que el establecimiento que decoré no es el único aquí, pero
avanzo hacia la entrada sin darles la mayor importancia, segura de mí misma.

Segura de mi toma de decisiones con respecto a mi acompañante.

─Felicidades por la apertura de tu nuevo sport bar ─susurro hacia él cuando


estamos a punto de entrar con una sonrisa juguetona tirando de las comisuras
de mis labios─. Desde el día que me contaste que este era tu sueño, sabía que
lo lograrías. Quién diría que los deseos del pequeño Tanner se harían realidad
un día, pero todo es cuestión de paciencia y trabajo duro. Ahora que lo has
logrado, puedes tomarte un descanso y retirarte de los negocios para vivir de
esto.

Tanner agacha la cabeza para mirarme, su expresión llena de humor.

Está sonriendo y se ve como si no pudiera dejar de hacerlo. Mi brazo


entrelazado instintivamente con el suyo tampoco parece molestarle en lo
absoluto mientras se inclina para hablar directamente en mi oído ya que la
música del bar, cuyo diseño elegante y lujoso es la mezcla perfecta entre lo
clásico y la modernidad, hacen que sea difícil que lo escuche con claridad. No
puedo evitar soltar un suspiro cuando su aroma a limpio y a loción de afeitar
llega a mis fosas nasales. Siempre he adorado que no haya ninguna colonia
opacando su pulcritud.

Tanner no la necesita para que su masculinidad sea tomada en cuenta.

Al menos no por mí.

─Si tan solo hubieras dicho que sí a decorar mi ático la primera vez que te
pregunté, nos habrías ahorrado esto y en este momento estarías retorciéndote en
mi cama con mi lengua entre tus piernas en lugar de aquí ─masculla, a lo que
mis mejillas se sonrojan, pero no me acobardo en lo absoluto, manteniendo la
conexión entre nuestras miradas─. Aburriéndote tanto como yo y forzada a
compartir oxígeno con personas que no nos interesan en lo absoluto.

Ya en el segundo piso, un nivel exclusivo solo dedicado a las apuestas y con un


nivel más bajo de música, un ambiente más íntimo, me deshago de su agarre y
le hablo mientras me dirijo a uno de los balcones con una copa llena de
champagne en la mano. Tanner me sigue sosteniendo una copa de whisky a la
que no le ha dado ni un solo sorbo. Cuando llego a la barandilla y apoyo mi
espalda en ella, se limita a verme fijamente a unos tres pasos de distancia.

─Por lo general estás en lo cierto, pero en esta ocasión te equivocas. ─Brindo


hacia él─. Si de alguna manera hubiera terminado diseñando este
establecimiento, de igual manera habría venido para apreciar la reacción de los
demás ante mi obra maestra. En esta ocasión, sin embargo, debo compartir el
crédito con Isla. ─Mi tono de voz se vuelve cálido al pensar en mi asistente, a
quién no he visto entre los invitados desde que llegué. A Ryland tampoco─. Yo
solo hice los planos. Ella los trajo a la vida. Lo hizo bien, ¿no crees? Quizás
deba darle un ascenso.

Tanner afirma.

─Estoy de acuerdo con el hecho de que lo hizo bien, pero en tu lugar solo le
daría un aumento y más responsabilidades. Si con el tiempo compruebas que
puede con ellas, quizás deberías conseguir otra asistente y empezar a ampliar tu
marca con nuevos arquitectos y diseñadores de interiores, empezando por Isla.
Si no funciona, solo cortas su correa, pero no pierdes a tu única trabajadora de
confianza y... amiga ─suelta─. Cuando te involucras con el personal es difícil.

Agacho la mirada, procesando su consejo, para luego alzarla y asentir.

─Creo que tienes razón ─murmuro antes de tomar un sorbo de champagne.

Mi negocio a penas está empezando y ha ido bien tal y como va. Confiar en
alguien más para la realización de un proyecto a mi nombre debe ser tratado con
el mayor cuidado posible, incluso si se trata de Isla. Ella va por buen camino,
pero quizás lo mejor es que gane experiencia despacio y que al momento de
dejarla usar mi nombre, esté segura de que todo irá bien.
Tras oírme, Tanner avanza hasta situarse junto a mí y se apoya en la barandilla.

─Empiezo a pensar que solo te sientes atraída hacia mí por lo que te puedo
ofrecer profesionalmente hablando ─murmura, negando con una sonrisa tirando
de sus finos labios─. Tienes un don para hacerme sentir usado, ¿sabes? Con el
fútbol, con el sexo, ahora con esto...

─Creo que eres tú quién no puede evitar inmiscuirse de cualquier forma en mi


vida.

Tanner aprieta fuertemente sus labios entre sí antes de asentir.

─Porque no me dejas opción.

─Yo no te obligo a nada ─río─. Al igual que yo, tomas tus propias decisiones,
entre ellas estar presente en cada minuto de mi vida y no alejarte cuando los dos
sabemos que deberías haberlo hecho. ─Mi tono de voz se vuelve serio─. Debes
dejar de culparme por sentirte atraído hacia mí. No es mi culpa robarte la
cordura o que tu relación con Pauline no haya como esperabas.

Ante mis palabras su mandíbula se endurece.

─¿Ah, no?

Niego.
─No.

─¿Entonces no estabas tentándome a propósito cada vez que usabas algo


llamativo en la universidad y me mirabas con un aletear de pestañas? ─El
sonrojo en mis mejillas crece cuando separo los labios y me doy cuenta de que
yo tampoco puedo mentirle, por lo que no puedo decirle que querer su atención
sobre mí no fue nunca uno de los motivos por los que me vestía como lo hacía
en ocasiones. Me estremezco cuando se sitúa frente a mí y acaricia el sitio en el
que se encuentra el hueso de mi cadera con los dedos─. ¿Cada vez que follabas
a mis amigos?

Mi garganta está seca, así que tomo un sorbo de champagne antes de responder.

─Solo fue una vez.

Porque Tanner solo tuvo alguien lo suficientemente cercano a él en la


universidad como para ser considerado su amigo y aunque me llene de
vergüenza admitirlo, sí estuve con él por eso.

─Aunque para mí eres como la luz, estoy seguro de que todos los demás tienen
motivos para verte como las tinieblas ─susurra─. A veces creo que eres tan
egoísta y avariciosa que solo eres capaz de ver esta historia, nuestra historia,
desde tu punto de vista, Savannah. Que no tienes ni idea de cuál fue la intensidad
de la tortura a la que me sometiste todos estos años viéndote sonreír, reír y
disfrutar con otras personas sin tener motivos para acercarme, pero sí para
mantenerme alejado. ─Tanner hace que presione mi trasero cuando la barandilla
cuando sitúa ambos brazos a los laterales de mi cuerpo─. Al igual que yo no
puedo mentirte a ti, tú tampoco puedes mentirme a mí. No sin que me dé cuenta.
─Jadeo cuando tanto su rostro al mío que habla contra mis labios, deseando que
termine de acortar la distancia y me bese. Tanner hace un sonido ronco con su
garganta que suena a aprobación, pero no me complace, limitándose a pellizcar
mi barbilla con una de sus manos─. Así que espero que ni siquiera se te pase
por la mente decirme que no deseabas lastimarme de la misma forma que yo te
hería a ti.

Lo hago. Abro la boca para contradecirlo, pero afortunadamente las palabras no


salen.

Unos segundos después la mirada intensa de Tanner, nuestra conversación, se


ve interrumpida por la abrupta aparición de Ryland e Isla. A pesar de que sus
ojos maliciosos y llenos de rencor hacia el pasado que no sabía que existía me
persiguen, prometiéndome que continuaremos con esta charla más tarde, logro
escabullirme de su agarre y acercarme a mi asistente.

─Felicidades por la inauguración del bar, Ryland. Espero que puedan conseguir
los permisos para abrir pronto ─le digo al abogado de Tanner, sin pasar por alto
la huella del labial de Isla en la comisura de sus labios─. Iremos a llenar nuestras
copas. Ya regresamos.

Sin esperar una respuesta, me doy la vuelta, arrastrando a Isla conmigo.

A la lejanía escucho a Ryland comentar:

─Su copa está casi llena.

Y a Tanner responder:

─Interrumpiste una conversación interesante.

─¿Una conversación interesante? ─me pregunta Isla con las gafas ligeramente
empañadas cuando nos detenemos en la barra y chico tras ella intercambia mi
copa medio llena de champagne por dos nuevas, de las cuales mi asistente toma
una.

Me tomo unos segundos para apreciar la manera en la que le queda el vestido


en tono rosa metálico que ambas escogimos en línea antes de responder. Yo
también escogí unas cosas para mí, pero todavía no han llegado porque no
escogí el envío rápido. No era una urgencia en mi caso y realmente solo hice el
pedido porque la estaba pasando bien con ella teniendo un momento de calidad
de chicas en medio de tanto trabajo y Tanner Reed.

─Asuntos del pasado sin responder ─murmuro─. Felicidades por el diseño.


Quedó hermoso.

Isla pone los ojos en blanco.

─Porque lo hiciste tú.

─Pero no se habría hecho realidad de no ser por ti. Con todos los proyectos que
hemos tenido últimamente, has sido de mucha ayuda. No sé que habría hecho
sin ti, la verdad. ─Le ofrezco una sonrisa sincera─. Mereces un aumento. El
lunes en la oficina hablaremos de ello.

La sonrisa de Isla se vuelve gigante.

─Muchas gracias, Sav. Mis ahorros para mi futuro hogar te lo agradecen.


Suelto una risita, consciente de que ha hecho algunos gastos fuera de su rutina
últimamente.

─¿Cómo vas con eso?

Isla jadea.

─La última vez que revisé no eran números negativos todavía, pero estaban
cerca de serlo.

Vuelvo a reír.

─Solo tienes que aprender a administrarte bien.

─O dejar de ser víctima de la publicidad de ofertas de tiendas en línea.

Afirmo, completamente de acuerdo ya que desde que abrimos la página de ropa


desde dónde hicimos el pedido he estado siendo bombardeada con publicidad
bastante llamativa en ese aspecto a la que muchas veces no he podido resistirme.
No solo estoy esperando la ropa que pedí con Isla, sino también tres o cuatro
paquetes más de lencería, conjuntos deportivos y prendas que llamaron mi
atención tanto por su precio como por no estar en el mercado aquí.

─También.

*****
La reunión avanza bien hasta la media noche, que es cuando los socios y
conocidos de Tanner, los cuales también conocen a Pauline, empiezan a llegar
y no puedo evitar sentirme incómoda cada vez que alguno de ellos le pregunta
por ella y él les responde como si todavía estuvieran en contacto, diciéndoles
que está pasando unos días con su familia en su pueblo natal. A pesar de que sé
que se están divorciando y que tan privado como es con su vida privada
probablemente quiere guardar el secreto de su divorcio tanto como pueda, el
hecho de que lo haga sonar como si estuviera aquí esperando por ella me sienta
mal y termino optando por irme a casa en un taxi después de unas cuántas copas,
alrededor de siete o diez.

Perdí la cuenta cuando Isla se mareó y Ryland tuvo que llevarla.

Estoy caminando sin ningún rumbo en específico por el estacionamiento,


haciendo un puchero con mis labios, cuando siento su presencia tras de mí.
Intensa. Indeseada. Arrogante.

Malditamente atrayente.

─Savannah, ¿no me habías dicho que ibas a ir al baño? ─pregunta, sonando


verdaderamente confundido ya que esa es la razón que le di para justificar mi
ausencia.

Asiento.

─¿El baño no está por aquí?

─No ─gruñe.
Me tambaleo, así que se acerca para sostenerme, momento justo en el que me
inclino hacia adelante para vomitar. Tanner debe hacerse una idea de lo
mortificada que me siento por ello, pues a penas termino cubre mis hombros
con su chaqueta y me guía hasta el asiento copiloto de su auto con la mandíbula
apretada, viéndose realmente molesto por el show que estamos dando.

─¿Por qué mierda aceptaste tantas copas? ¿Quién te las dio?

─Nadie ─murmuro, acurrucándome contra el cuero de su lujoso asiento─. Yo


quise llenarme de alcohol para soportar cada vez que alguien se te acercó para
preguntarte sobre Pauline.

Ante mis palabras parte de la ira en su rostro desaparece.

Tras asegurarse de que esté cómoda en mi asiento, rodea el capó de la misma


manera que lo hizo más temprano. No habla nuevamente hasta que nos
encontramos entrando al estacionamiento de su edificio, el silencio tenso entre
nosotros.

─Savannah, solo nos cuidaba a ambos de los chismes. Pensé que lo entendías.

─Lo hago ─susurro, mi mano en la manija de la puerta─. Siempre te entiendo,


pero eso no significa que no duela.

Antes de que pueda bajarme, sin embargo, Tanner me insta a mirarlo haciendo
que ladee la cabeza hacia él acariciándome el rostro con la mano.

─¿En dónde quedó el no importa nada mientras nada se sienta mejor que estar
juntos?
Me aparto de su agarre, nuevamente molesta.

─Exacto ─respondo─. Mientras nada se sienta mejor que estar juntos, pero hoy
se sintió horrible estarlo frente a todas esas personas ante las cuales todavía
estás casado.
Capítulo 45
Los Longhorns le ganan a los Tigers por un amplio margen. Cualquier crítica
sobre el rendimiento del equipo durante la temporada se desvanece cuando
Tanner juega como si necesitara ganar para sobrevivir, siendo agresivo y letal
con cada uno de sus lanzamientos. El balón gira en el aire como si estuviera
diseñado para hacer realidad todas sus jugadas. Anders e Ibor también tienen
mucho que ver con nuestra ventaja. Taclean y aplastan a los jugadores del
equipo contrario como si estuvieran hechos del papel, Grayson siendo tan
violento al respecto que envía a más de uno a la enfermería o al hospital en una
ambulancia. Sus oponentes se pasan todo el juego mirándose entre sí,
probablemente preguntándose si es realmente viable continuar con el partido
si todos terminarán con las piernas o los brazos rotos cuando no tienen ninguna
esperanza de ganar. En cualquier otro juego alguien como Anders ya estaría
fuera, pero mi defensor juega sucio de una manera que nadie puede cuestionar
ya que cuando hiere a alguien más, lo hace parecer dentro de reglas deportivas.
Es como si tuviera perfeccionado el arte de pasar desapercibida su violencia y
lo que esté mal con él.

No tenía pensado asistir a ninguna fiesta después del juego, pero después de
lo que sucedido con el pelirrojo junto al puesto de cervezas no puedo evitar
alegrarme, un sentimiento que nace desde lo más profundo de mis entrañas,
cada vez que su equipo hace una mala jugada o alguna de las buenas es
interrumpida por los enormes cuerpos nuestra línea de defensa. O cada vez que
Tanner usa su brazo y hace una anotación antes de mirar al sitio en el que
Pauline y yo nos encontramos como si quisiera decir algo con su usual
expresión sin expresión, aunque no tengo idea de qué es.

Indiferente a cualquier cosa que haya pasado entre nosotros, choco mi puño
con el suyo cuando el juego acaba y trota hacia dónde Pauline y yo nos
encontramos esperándolo en el estacionamiento para ir a celebrar.
En su caso, su victoria.

En mi caso, la derrota de los Tigers, el cual es ahora el equipo que más odio
dentro de la liga universitaria de fútbol americano y de todo el mundo
deportivo.

─Felicidades ─murmuro─. Fue un juego espectacular.

Tanner se encoje de hombros, restando importancia a su éxito, con Pauline


guindada de su brazo al instante en el que se detiene junto a nosotras. A duras
penas contengo el impulso de rodar los ojos. A veces se ve como si su relación
fuera una coreografía. Como si cada paso que dieran estuviera diseñado por
el autor de los clichés americanos. Extremadamente adorables para algunos,
asquerosos para otros.

─Tuve la inspiración adecuada ─dice mirándome fijamente antes de echarle


un vistazo a su novia y sonreír, lo que hace que el ceño fruncido en la frente de
ella se deshaga mientras le devuelve la sonrisa. Por la forma en la que Pauline
lo mira, me digo a mí misma que soy la única que escuchó el matiz oscuro de
burla en su penetrante voz, al igual que soy la única que cree que ella está en
mi lugar─. Sin eso no habría ganado.

─Lo hiciste bien, bebé ─murmura ella mientras se pone de puntillas para besar
su mejilla en respuesta, a lo que Tanner se tiene que inclinar hacia un lado
para recibir el contacto de sus labios─. Todos estamos sumamente orgullosos
de ti.

Después de agradecerle con la mirada el cumplido, enfoca sus ojos oscuros en


mí e inclina la cabeza hacia su Raptor negra a modo de invitación, la cual se
encuentra estacionada al otro lado del patio en el que los vehículos se aparcan
cuando los puestos convencionales se llenan. Tanner todavía se encuentra
utilizando la parte superior de su uniforme, lo cual incluye sus hombreras, pero
ha cambiado la parte inferior por un par de vaqueros y sus tacos por zapatillas
negras. Salió antes que todos los demás de los vestidores, por lo que, junto con
su olor, el cual no es precisamente desagradable y percibo cuando se inclina
para abrirme la puerta de la cabina trasera de su camioneta después de que
hace lo propio con su novia, deduzco que todavía no se ha dado una ducha, lo
cual hace siempre al instante en el que escucha el pitido que da fin al juego.

Mi ceño se frunce al notarlo.

El aseo personal forma parte de sus trastornos de ansiedad. Debe haber algo
carcomiéndolo por dentro o manteniendo su mente tan ocupada que su TOC
queda de lado, pero no me desgasto a mí misma averiguando qué es. Me limito
a contemplar el exterior a través de la ventana hasta que me hace girar el rostro
hacia él al encender la radio y subirle todo el volumen, gritando luego en
búsqueda de mi opinión, mirándome por el retrovisor, y la de Pauline. Es una
emisora en español, así que ella no entiende la música y puedo ver cuán
afectada está por ello con su expresión de disgusto.

─¡¿Así está bien?! ─pregunta, a lo que ella intenta bajarle el volumen, pero
él detiene su mano antes de que llegue al botón─. ¿Savannah? ─insiste en
obtener una respuesta de mi parte, sin gritar, por lo que debo leer sus labios.
Mi garganta se seca ante su exigencia.

Ante la mirada incrédula y molesta de Pauline, quién lo ve como si no


entendiera qué está sucediendo, por qué la opinión de alguien que no es su
pareja es repentinamente tan importante. La entiendo. Yo tampoco sé por qué
o no tengo ni idea de lo que su novio planea, puesto que Tanner siempre planea
algo.

Ninguno de sus movimientos es deliberado.

Nunca.

Es el ser más calculador y manipulador que conozco.

─Yo.... ─murmuro, tratando de encontrar la forma de salir de esta sin que


nadie salga herido o afectado de ninguna manera─. Está bien como Pauline
quiera.

Podría haber sido una perra y decirle que está perfecto así, lo que en realidad
es verdad porque adoro la música alta tanto como ella la odia y los tres lo
sabemos, pero no soy la clase de perra que se deja en evidencia de esa manera.
Soy una perra discreta y sutil. Tanner me dedica un mirada extraña por el
retrovisor, entre decepcionada y molesta, antes de alejar su mano y permitir
que ella le baje el volumen. Pauline lo hace por completo, sumiendo el interior
de la camioneta en un horrible silencio que me hace querer cometer suicidio
dejando de respirar. Nunca había querido más llegar tanto a mi destino como
ahora, lo cual es un efecto común de los paseos con ambos.

No se lo recomendaría a nadie.
Posteriormente ella vuelve a sentarse correctamente en el asiento cruzando
sus brazos sobre su pecho, lo cual significa que podría explotar en cualquier
momento porque esa es la posición que adopta cada vez que no está de acuerdo
con algo al punto de no poder soportarlo. Esa expresión de mejillas infladas y
cuello tenso enrojecido. Presiono mis labios juntos entre sí para evitar sonreír
cuando se aclara la garganta sonoramente antes de soltarlo, dispuesta a dejar
de lado mi odio por las palomitas si alguien me diera simplemente unas en este
momento. Estoy entre disgustada por tener que presenciar su pelea, por estar
de alguna manera involucrada en ella cuando he estado intentando huir de
ellos por meses, y extasiada porque... bueno.

Esa parte oscura de mí disfruta verlos desmoronarse.

─No tienes por qué ser tan idiota ─sisea, su tono de voz tembloroso, suplicante
y lleno de ira al mismo tiempo, una combinación que no creí que alguien podría
lograr, mucho menos Pauline, hasta que la escuché salir de sus labios. Aunque
me guste Tanner y yo misma he terminado pisoteada por su terrible
personalidad, siento ganas de decirle que no se arrastre así por él─. Estábamos
bien. La estábamos pasando bien. No sé qué te hice, pero no es agradable que
me hagas sentir de esa manera de la nada, Tanner, cuando se supone que ya lo
habíamos solucionado ─susurra, obteniendo solo más silencio como respuesta,
a lo que se gira hacia él de manera abrupta─. ¿No contestarás?

La mandíbula de Tanner se endurece, sus puños apretados con fuerza sobre el


volante, el cual no me extrañaría que pudiera romper en cualquier momento
debido a la manera en la que sus dedos lucen tensos y sin irrigación sanguínea.
Relamo mis labios a la espera de su respuesta, sintiéndome como la
espectadora de un partido de tenis.
Verlos pelear no se siente tan bien como debería, pero tampoco completamente
mal.

─¿Hacerte sentir cómo, Pauline? ─le pregunta, echándole un vistazo antes de


girar abruptamente el volante de una manera que hace que todos nos agitemos
en el interior de la cabina, cambiando de sentido y yendo en dirección contraria
a su fraternidad─. ¿Cómo si tu opinión no fuera la única que importara?
¿Cómo si otras personas a parte de ti tuvieran algo que decir que merezca ser
oído? ─Bufa─. Lo siento, novia, pero no es un sentimiento. Es la realidad que
tanto te niegas en aceptar.

Separo los párpados en una especie de estado de shock.

Pauline abre la boca para replicar al instante en el que escucha a Tanner, pero
a último momento piensa mejor su respuesta y la cierra solo para abrirla de
nuevo tras un pequeño momento de meditación. Para ese entonces sus ojos se
ven llorosos y apagados. Cansados. Como si llevaran tiempo discutiendo sin
sentido de esta manera.

─Llévame a casa, Tanner.

Él se gira hacia ella, una sonrisa cínica en su rostro.

─Eso hago.

Aunque en parte me cause satisfacción verlos pelear, no puedo evitar sentir


repulsión hacia su actitud y bajarme junto con Pauline cuando Tanner se
detiene frente al edificio en el que está nuestro dormitorio. Ni siquiera pasa por
mi mente la idea de ir a festejar con él sin ella, no después de su extraña actitud,
pero Pauline la pone ahí empujándome hacia el asiento copiloto a penas me ve
junto a ella.
─No ─dictamina─. Necesito estar sola.

Miro hacia sus ojos marrones con las cejas sumamente juntas, todavía más
confundida con su actitud de lo que lo estoy con la de Tanner, lo cual es mucho
decir.

─Pauline...

─Aunque no puedo estar en la misma habitación que él justo ahora, necesito


que te asegures de que no cometerá ninguna locura. ─Al ver cómo mi expresión
pasa a preocupada e insegura sobre si hacerle caso o no, la angustia se
apodera de cada centímetro de su cara─. Sav ─murmura mi nombre como una
súplica─. Por favor. Siento que Tanner tiene a alguien más y yo... confío en ti.
─Mi garganta se cierra. Separo los labios para replicar ya que definitivamente
no puedo irme con él, no con Pauline sospechando de esa manera y el hecho
de que me muero por su novio prácticamente escrito en mi cara, pero ella me
interrumpe tomando mis manos y apretándolas con tanta insistencia que me
duele─. Por favor ─insiste─. Confío en ti. Cuídalo por mí.

Trago.

Le echo un vistazo de reojo a Tanner, quién se encuentra mirando al frente con


la mandíbula apretada y tamborileando sus dedos sobre la cima del volante
con gesto de impaciencia. La música está de nuevo alta y por eso no nos
escucha hablando sobre él. Sospecho que no se ha ido todavía debido a que la
puerta del asiento copiloto todavía está abierta. Cuando me percibe mirándolo,
gira su rostro hacia mí y yo giro el mío de vuelta al de Pauline, temiendo
dejarme en evidencia de alguna tonta manera.

─¿Por qué crees que tiene a alguien más? ─le pregunto─. ¿Has visto algo?
Ella niega.

─No. Es solo un presentimiento. ─Su rostro se crispa, contrayéndose, antes


de relajarse como si no me acabara de decir que piensa que Tanner le está
siendo infiel─. Quizás solo está en mi cabeza, Savannah, pero de todas
formas... ve con él, por favor.

Me muerdo el labio con fuerza, sin poder creer estar en esta situación, antes
de responder. Ya no solo se trata de mi atracción por Tanner, el cual era el
caso de unos meses atrás, sino también de mi especie de noviazgo con Weston.
Yo tampoco soy libre.

Aún así, no puedo evitarlo.

─Me deberás una ─murmuro.

Ella sonríe.

Sus ojos están llenos de alivio, pero sus hombros están tensos.

─Gracias.

Al igual que yo, le echa un vistazo rápido a Tanner antes de darse la vuelta y
empezar a caminar hacia el edificio en el que vivimos. Una vez traspasa su
entrada, entro en su camioneta. Sin mirarlo, me abrocho el cinturón y le bajo
el volumen a la radio.

Él no me detiene.

─Eres un idiota.

Tanner no lo niega. En lugar de perder el tiempo debatiendo lo obvio, arranca.

─No le dije nada que no fuera cierto. ─Sorprendida por su tranquilo tono de
voz cuando se supone que acaba de salir de la tercera guerra mundial, me giro
hacia él con los ojos abiertos como platos─. Amo a mi novia, Savannah
─dice─, pero ella no está hecha soportar esta noche ni esta noche está hecha
para personas como ella.

Ni siquiera me molesto en ocultar la sorpresa en mi tono de voz.

─¿Peleaste con ella a propósito?

Tanner se encoje de hombros.

─Es por su bien.

La ferocidad en sus palabras me hace darme cuenta de que realmente él piensa


eso, que se preocupa por ella de su extraña y machista manera que no tiene
nada que ver con la realidad actual, pero que Pauline adora que vierta sobre
ella.
Pero ya que no me corresponde a mí opinar, me enfoco en lo que me concierne.

─¿Qué pasará hoy? ─pregunto─. ¿Qué puede ser tan peligroso?

Tanner hace una mueca, pero sus ojos sonríen mientras conduce con una sola
mano y abre una cerveza de lata con la otra, la cual lleva a sus labios antes de
contestar.

─No lo sé ─susurra─. Dímelo tú.

Mis cejas se juntan.

─¿Qué cosa?

Tanner deja de mirar hacia el frente para fijar sus ojos oscuros en mí, el pálido
y sonrosado perfil de su rostro siendo alumbrado por las farolas.

─Cómo quieres vengarte del imbécil que te molestó hoy.

¿Más?, pregunta una voz en el interior de mi mente a la que no le hago caso.

La misma voz que no oí cuando incendié el auto de Gordon.

─¿No se fue luego de que Anders lo golpeara?

Tanner niega.
─No ─responde, volviendo su vista al frente─. Arregló su nariz en la
enfermería y ahora está en una fiesta privada a las afueras de Austin que
organizaron a última hora.

Mi pecho se oprime cuando un presentimiento me inunda.

─¿Tú?

Tanner curva sus finos labios hacia arriba.

─Necesito que hagas algo por mí esta noche ─dice─. Así que no importa. Lo
que sea que desees que pase con él, está hecho. Solo abre tu boca y pídelo, Sav.

Miro hacia abajo.

Hacia mis manos, las cuales puedo ver tan sucias y llenas de pecados.

¿Qué importa uno más?

Cuando tratas con un abusador de esa magnitud, no solo se trata de ti. Se trata
de las chicas que hubieron antes y que habrán después. En mi caso no les tengo
miedo y siempre he podido defenderme a mí misma porque estoy acostumbrada
a lidiar con ellos, soy una especie de imán para atraerlos, pero sé que con todas
no es así.

─Está bien ─digo, suspirando─. Estoy dentro.


Él asiente, complacido.

─Bien.

Aparto un mechón de cabello de mi rostro y lo escondo tras mi oreja antes de


verlo de nuevo, apreciando por debajo de mis pestañas su belleza dura y fría,
como el acero inoxidable más resistente al calor, mientras continúa
conduciendo.

─¿Qué es lo que necesitas que haga por ti?

─Nada que te pueda resultar difícil ─promete.

*****

Hay una fiesta en la fraternidad de Tanner cuando llegamos a ella, pero no


hay ningún miembro del equipo de fútbol presente. Me quedo en su Raptor
mientras se cambia, fijando mis ojos en todos los sujetos borrachos haciendo
desastre en el jardín. Cuando veo a caminar Tanner de regreso a su auto,
siendo interceptado decenas de veces por fanáticos a quienes tiene que saludar,
la baba prácticamente se desliza por mi barbilla. Está usando una camisa tipo
polo, vaqueros y zapatillas del mismo tono negro por debajo de su chaqueta de
capitán de los Longhorns, la cual hace contraste con su ropa.

Contengo el impulso de rodar los ojos.

No se cambió antes porque no quería que Pauline sospechara, pero aún así
ella lo hizo.
No hablamos de nuestro plan hasta estar a un par de kilómetros de la cabaña
en medio de la nada a las afueras de Austin, recorriendo un camino solitario
que está alumbrado por luces que se sostienen a los troncos de los árboles,
escuchando música en silencio.

─¿Llamaste a los chicos?

Tanner asiente.

─Sí, todo está listo. ─Se relame los labios antes de echarme un rápido vistazo
y hacer un cruce. Al final del sendero que tomamos finalmente soy capaz de ver
la cabaña de troncos entre San Marcos y Austin de Grayson. Cualquiera de los
motivos que se me vienen a la mente cuando intento descifrar por qué alguien
tendría una propiedad como esa me resulta escalofriante, por lo que no escarbo
en ello. No cuando sirve a mi favor y, no quiero saber─. Si todo sale bien hoy,
mataremos dos pájaros de un tiro.

Tanner vuelve a mirarme al mismo tiempo que yo ladeo la cabeza hacia él para
sonreír, tanto ansiosa como nerviosa. No solo le daremos a mi abusador una
cucharada de su propia medicina, haciéndolo pagar a nuestra manera, sino
que también lo ayudaré a descubrir quién frogó a Pauline poniéndome a mí
misma como blanco.

─Espero.
Capítulo 46
Barbours Cut es el nombre del terminal más transitado del puerto de
contenedores de Texas, el cual es el más importante de Estados Unidos en lo
que se refiere a tonelaje extranjero. Está situado en Houston y no tiene ningún
tipo de competencia a nivel nacional. Es allí a dónde se dirige el buque de carga
de Reed Imports anclado en medio del Golfo de México que Tanner hace
detener en su trayecto en aguas profundas para que los ganadores de la
excursión tras el partido de fútbol con los Kings puedan visitarlo. Cuando el
yate se sitúa a una distancia prudente de él, no puedo evitar sentirme intimidada
por su gran tamaño y el resplandor del metal, lo que él nota.

Sonríe mientras agita el contenido de su vaso, jugo de naranja, y se detiene a mi


lado para contemplarlo. Lleva bermudas, un polo blanco, zapatos para navegar
y un par de gafas oscuras que han ocultado su mirada de ojos oscuros de mí
desde que salimos de su casa por la mañana. Yo utilizo la parte superior de un
bikini negro de tiras largas que rodean una y otra vez mi torso hasta atarse sobre
mi espalda y pantalones anchos blancos en conjunto con sandalias y un pañuelo
de estampado floral en la cabeza. Los chicos que nos acompañan usan sus trajes
de baño o cualquier prenda de ropa en compañía de esas lindas sudaderas de
natación con el logo de Reed & Campbell program. A pesar de que acabo de
conocerlos, la mirada esperanzada en sus ojos me hace desear hacer cada uno
de sus sueños realidad.

Me hace querer comprometerme con esto como nunca he estado comprometida


con nada a parte de tener una carrera exitosa.

─No te asustes. No es tan grande e intimidante por dentro como parece ─dice
mientras toma un salvavidas y me hace señas para que alce los brazos. Después
de que los levanto y encaja el salvavidas en mi cuerpo, ajusta las correas. Debido
a su cercanía no puedo evitar inhalar su aroma y suspirar porque tengo buenos
recuerdos de la noche anterior, en la que me recompensó por cuán mal me sentí
durante la inauguración del sport bar. Eso trae una sonrisa engreída a su rostro─.
Pero si aún así tienes miedo, puedes sujetarte.

A pesar de que no entiendo a qué se refiere, no se toma la molestia de


explicarme. Se dirige a los chicos tras sacar cinco salvavidas más de una bolsa.
Se los ofrece. Se asegura de que lo ajusten sobre su cuerpo de la manera correcta
y si no lo hacen les indica cómo. Después de que pasa uno por su cuerpo y ajusta
el intercomunicador en su oído antes de hablar, comprendo sus palabras. El
sonido de movimiento metálico sobre nosotros hace que alce la cabeza y vea
dos pequeños, pero sofisticados botes bajar a través de poleas. Cuando estos
conectan con el agua, dos conductores los conducen a la entrada del yate. Olivia,
una linda chica rubia extremadamente delgada que va en el bote con nosotros,
se abraza a Xander, el atractivo jugador de fútbol americano con el IQ de un
genio.

De todos nuestros becados, he notado que es con el que Tanner se siente más
identificado debido a que Xan no solamente deberá cumplir con las exigencias
de nuestro programa, sino también con las de su papel dentro de Longhorns
debido a que cursará en la Universidad de Austin. Él intenta separase de Olivia
ya que sus ojos marrones han estado puestos en una chica bajita y de cabello
azul, Salomé, que es una prodigio en arte y nos entretuvo a todos de camino
aquí haciendo retratos de cada uno con acuarelas, inclusive de Tanner, pero ella
está tan asustada o finge estarlo que el agarre de sus dedos sobre su brazo es de
acero. La imito cuando la polea nos sube, gritando y riendo al mismo tiempo
mientras clavo mis dedos en la piel de Tanner.
─Cierra los ojos ─dice por encima del ruido que hace uno de sus cientos de
buques, no lo sabría decir con exactitud, mientras aprieta mi rodilla con
suavidad─. Si sientes miedo, solo ciérralos.

Lo hago y me concentro en la sensación de sus dedos acariciando mi piel. En la


brisa salina impactando contra mi rostro. Las cosquillas en mi estómago me
hacen sonreír y no puedo evitar sentirme como una niña pequeña en a bordo de
una atracción en un parque de diversiones. Me estremezco cuando nos
detenemos con una abrupta sacudida que hace que el bote se tambalee. Cuando
separo mis párpados, Olivia y Xander están saliendo de él. Ella entre risitas y él
con la mirada desviada hacia la otra nave en la que Salomé se haya con
Gabrielle, una chica de piel oscura que puede resolver cualquier operación
matemática que pongas ante ella, y Quebec, un adolescente de cabello rubio
desordenado y mirada perdida con antecedentes penales. Acaba de salir de un
reformatorio por clonación de tarjetas de créditos, pero es un indudable experto
en tecnología.

En conjunto con los otros chicos que no asistieron al viaje, son tan variados y
especiales que no puedo comprender cómo Tanner los encontró, pero no podría
pensar en otras personas para ocupar su puesto. Todos provienen de familias
con pocos recursos que ellos mismos han intentado sostener de alguna forma.
Alguna de ellas me parten el corazón, pero todas me han hecho sentir
admiración.

Amar más a mi madre y a mi abuela por luchar por un mejor futuro ya que
gracias a su esfuerzo, al esfuerzo de personas como ellos, lo tuve sumamente
fácil en comparación a ellas y eso es lo que Tanner y yo queremos que tengan.
Que tengan los medios para solo preocuparse por sí mismos. Para esforzarse,
porque aunque muchos no lo tomen en cuenta, a veces ni siquiera se tiene esa
oportunidad. La oportunidad de demostrarle a todos cuánto vales. No cuando tu
familia muere de hambre. Cuando uno de ellos está enfermo. Cuando no te han
informado de las otras opciones. No cuando la sociedad te asfixia, exigiendo y
exigiendo tanto de ti que termina impidiendo que lo hagas.

Aunque pueda odiar a Tanner por muchas cosas, cuánto significa esto para mí
es una de las razones por las cuáles sospecho que nunca veré a nadie de la misma
manera que lo veo a él. Se baja primero que yo del bote y presiona sus manos
sobre mis caderas para estabilizar mis movimientos antes de que mis pies
impacten sobre el piso de metal debajo. También me ayuda a salir del
salvavidas. Al momento en el que mi cuerpo se encuentra nuevamente estable,
lo primero que hago es cubrir mi frente con una de mis manos para bloquear el
resplandor del sol y observar los cuatro montacargas sobre nosotros.

Su mecanismo se pierde en el cielo. El grupo se reúne con nosotros a los minutos


y Tanner comienza a darnos una visita guiada a través de los contenedores en
la cubierta del buque de su compañía. Son sumamente altos, alrededor de cinco
uno encima del otro, y me encojo cuando empezamos a caminar entre ellos.

─En 1945 mi bisabuelo, el Coronel Schulze de la Alemania Nazi, firmó un


acuerdo con los países aliados. Su confesión y colaboración a cambio de nuevas
identidades para su único hijo sobreviviente, su esposa y su bebé, mi padre.
Debido a que no les interesaba si morían o vivían después de todo el daño que
ocasionó La Segunda Guerra Mundial, fueron transportados en un buque de
carga como mercancía en uno de estos contenedores. No comieron más que pan
y agua durante días. El oxígeno a veces les resultaba insuficiente. No tenían
prendas de vestir o medidas sanitarias adecuadas. Sé que muchos de ustedes
dirán que se lo merecían, lo cual está bien, pero solo quiero señalar como un
hecho que la humanidad nunca dejará de combatir la crueldad con crueldad. ─A
pesar de que no hace precisamente calor, me abrazo a mí misma a medida que
nos internamos entre los pasillos que forma el metal apilado. Me hacía una idea
sobre los orígenes de la familia de Tanner, pero nunca pensé que su enlace con
la raza Aria fuera tan profundo. Solo asumí que sus antepasados fueron
inmigrantes, como los míos, y que estos prosperaron después de haber sido
refugiados de guerra, por lo que solo puedo observarlo con sorpresa─. Cuando
llegaron a Houston solo se tenían a sí mismos. Estaban llenos de mugre,
suciedad y cualquier otra secuela del traslado que tuvieron y de la guerra. Solo
mi abuelo hablaba inglés y a medias. Vivieron a las afueras del puerto en el que
desembarcaron por días, demasiado asustados de transitar por las calles del país
que tanto los odiaba ya que no podían esconder sus orígenes, hasta que un
capitán se apiadó de ellos y le ofreció trabajo en uno de sus buques y hospedaje
a su esposa y a su hijo en su casa mientras la mantuviera cálida y limpia ya que
no tenía familia. ─Los chicos guardan silencio, atentos a su historia, y se
detienen frente a la barandilla cuando él también lo hace, contemplando el mar
con las manos sujetas al acero inoxidable que la conforma─. Su salario era
nefasto, así que a medida que el tiempo transcurrió mi abuelo empezó a invertir
su dinero en traer mercancía de cada lugar que visitaba, por lo general Medio
Oriente y Latinoamérica. Comenzó con pequeñas cajas de chocolates de
Venezuela que su esposa revendía a sus vecinas cualquier domingo por la tarde
y aunque le tomó años, ellas terminaron convirtiéndose en cientos de
contenedores a su nombre a la semana. ─Tanner se gira hacia nosotros para
señalar las estructuras de metal con el logo de su compañía impreso en ellos.
Un sentimiento cálido, pero intenso, se apodera de mi pecho al contemplarlo.
Orgullo─. Esos cientos de contenedores pasaron a ciento cuarenta buques
operativos las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana, navegando
o anclados a algún puerto para liberar o recibir su carga. Mi abuelo empezó
Reed Imports a partir de cero, mi padre la destruyó y yo hice que volviera a la
vida porque mis antepasados me enseñaron que es posible crearlo todo a partir
de nada y tenía a mi alcance las herramientas más importantes para el hombre
que quiere superarse a sí mismo: el conocimiento, tanto teórico como el que
surge a raíz del aprendizaje de los errores de otros, y el profundo deseo de
impedir que alguien más dictamine tu futuro porque sabes que naciste para estar
a cargo de él, no las grandes corporaciones, no quienes te dicen que no podrás
y definitivamente no nadie al que no le importas ni siquiera lo que vale un grano
de arroz con cáscara en oferta. ─Cuando termina de hablar y ninguno de los
chicos dice nada, demasiados absortos en su historia, se quita las gafas y se frota
los ojos antes suspirar y volver a ponerlas en su lugar, señalando luego hacia las
grúas─. ¿Alguno de ustedes tiene algún interés real en conocer el
funcionamiento de las grúas o del buque? ─les pregunta, a lo que ninguno
responde─. Porque si no es así, podríamos llevarlos a casa ya, dónde podrían
estudiar y hacer algo útil ya que hasta que no se gradúen y generen ingresos
para devolverme todo el dinero que depositaré en su educación, son una
inversión y no me gusta perder dinero. Ahora que su tiempo es mi tiempo el que
estén aquí fingiendo que algo de esto les importa es una pérdida doble para mí.

Ruedo los ojos, pero no quiero ser molesta con los chicos, por lo que me uno a
ellos cuando Tanner empieza a caminar hacia la polea para volver a los botes
que nos llevarán a su yate. A medio camino, sin embargo, la suave voz de Olivia
hace que todos nos detengamos.

─Esta embarcación está diseñada para el transporte marítimo de acuerdo a las


normativas ISO de los contenedores. Generalmente sus sistemas son
automatizados, pero noté que la mecánica de las grúas se quedó unos cuantos
siglos atrás. No tienen ningún tipo de componente eléctrico salvo el usado para
su manejo y para la seguridad. Su mecanismo es simple y creo saber por qué.
─Tanner, a mi lado, se detiene para contemplarla con una sonrisa de medio lado.
Cuando hace un gesto con la cabeza para que siga, Olivia lo hace─. Mientras
menos piezas o menos complejo sea un sistema, menos posibilidades tendrá de
fallar debido a una de ellas. Prefiere invertir en mantener cuatro o dos
componentes en perfecto estado en lugar de hacerlo en más que no sabrían si
podrían o no fallar e igual manera requerirían de supervisión y mantenimiento.
─Cuando todos la miramos en búsqueda de una explicación, se encoje de
hombros─. Entré en la escuela de ingeniería mecánica. Son nociones teóricas
simples. Mi padre tiene un taller.

─Qué plot twist ─dice Salomé, haciendo reír a los chicos, en especial a Xander,
quién ahora ve a Olivia de manera extraña también.

Le ofrezco una sonrisa suave a Olivia, cuyas mejillas se sonrojan. Sé por qué
Salomé respondió de esa manera y aunque todos los demás lucen de acuerdo
con ello, yo no lo estoy. El hecho de que dediques más de un par de minutos a
ti misma frente al espejo no significa que no seas lista o que no tengas nada que
ofrecer, al igual que no lo hace el que no. Olivia, con su cabello rubio y figura
extremadamente delgada y frágil, es la personificación del concepto de modelo
tonta.

No puedo evitar identificarme con ella.

Con el deseo de querer romper todos los estereotipos.

─Tanner no tendrá ningún problema en continuar el recorrido por ti.

A pesar de que sus ojos brillan con satisfacción ante la mente brillante que
reclutó, mi socio y malévolo amante dirige sus ojos negros a mí.

─No, ya dije que no perderé mi tiempo y retractarte de una toma de decisiones


es mucho peor que eso, pero el capitán de la nave lo hará. ─Presiona su
intercomunicador y se aleja de nosotros, hablando en alemán mientras,
sospecho, le da indicaciones. Cuando regresa se dirige a Olivia─. Te darán un
recorrido completo por todas las instalaciones, además de pasantías a bordo por
el par de días que esté anclado a Houston. Al llegar allí te traerán más ropa y
material para hacer apuntes. También llamé a tus padres y les pedí permiso para
esto. Están de acuerdo. ─Olivia asiente, visiblemente emocionada, y Tanner me
mira de manera intensa─. Vámonos.

Acepto su mano cuando la tiende hacia mí.

─Conozco esa mirada ─susurro mientras nos dirigimos al bote.

Tanner sonríe en mi dirección.


─¿Cuál? ─pregunta.

─La mirada que dice...

─Señor, también me gustaría quedarme ─dice Quebec, deteniéndose y haciendo


que el grupo se detenga también. Cuando Tanner le dirige una mirada llena de
intriga, se encoje de hombros. Es el único que no está usando la sudadera de
nuestro programa, sino una sudadera normal con capucha de aspecto viejo─.
Siento curiosidad por sistema de navegación y los componentes eléctricos de la
nave.

No muy convencido con su respuesta, Tanner asiente.

─Como quieras. Llamaría a tus padres, pero no tienes, así que suerte.

Dicho esto asciende el agarre de su mano a mi antebrazo y camina con rapidez


hacia los botes. Tan rápido que no me percato de la mirada aterrada de Olivia
hasta que es demasiado tarde y nos encontramos descendiendo hacia el mar.

*****

Tras dejar a los chicos en la cubierta, Tanner y yo nos excusamos en tener cosas
importantes de las qué hablar para bajar a los camarotes. No puedo evitar soltar
una risita y sentir la excitación ascendiendo por mi cuerpo cuando desabrocha
el lazo de que mantiene la parte superior de mi bikini sujeta contra mi cuerpo.
Sabe que no tenemos mucho tiempo, que debemos volver con nuestros becados,
por lo que baja mis pantalones antes de abrir el cierre de los suyos y se sumerge
en mí dentro del estrecho baño. Gruñe cuando clavo mis uñas en su nuca,
demasiado perdida en la sensación de su pene raspando mi interior como para
que me importe lo que hago o no con mis manos.

─Zorra ─sisea.

─Imbécil ─lo insulto, tirando mi cuello hacia atrás cuando me embiste más
fuerte en consecuencia─. Ni siquiera soy capaz de sentirte. Hazlo mejor que
eso.

─¿O qué? ─pregunta bajando la rapidez de sus estocadas, pero manteniendo su


intensidad. Tiemblo cuando dirige sus labios a mi oído y me insta a sentarme
sobre el lavamanos─. Después de que tuve que detener la excursión porque no
soportaba la manera en la que me veías, tan hambrienta y necesitada de sexo,
¿crees que te creeré cuando dices que no soy lo suficientemente bueno? ─Bufa,
enredando sus manos en mi cabello antes de darme la vuelta y presionar
duramente mi rostro contra el cristal, el cual se empaña con mis exhalaciones─.
Soy un dios, Savannah, pero solo porque tú me haces sentir como uno, y tú eres
mi puta favorita.

─Sí ─jadeo cuando va aún más fuerte.

En contraste con su actitud salvaje, besa la cima de mi cabeza.

─Buena puta.

*****

Hemos pasado todo el día navegando, por lo que tanto Tanner como yo
decidimos pasar la noche en tierra firme. Antes de dirigirnos a casa la casa de
mis padres en la playa, sin embargo, pasamos por el mismo restaurante italiano
a dónde fuimos con Weston y Pauline tiempo atrás. En esta ocasión también
estaremos acompañados, pero la compañía será interesante. En la entrada de él
Tanner deja de mirar su teléfono, vestido todavía de la misma forma, al igual
que yo, para observarme.

─¿Tus amigos tardarán mucho en llegar?

Niego al oír un gritito infantil.

─Ya están aquí.

─¡Savannah!

Me arrodillo en el suelo cuando Samantha corre hacia mí. Una pequeña niña de
rizos rojos y ojos verdes que se abraza a mi cuello cuando me alcanza,
ensuciándome con la arena que cubre algunos sitios su traje de surf azul cielo.
Cuando me alejo para mirarla, me enseña las conchas marinas que sostiene. Son
caparazones de ostras sin ningún tipo detalle especial, pero ella las observa
como tesoros.

─Tía Sav, mira lo que encontré en la playa ─dice, sonriendo. Tiene cuatro y es
sumamente adorable. Regordeta de una manera que me hace querer abrazarla
sin parar. A la lejanía veo a sus padres acercarse. Cuando nota a Tanner junto a
mí, arruga la nariz─. ¿Quién es él y por qué se ve como un camarón? ¿No usó
protector solar?

Ahogo una risita, viéndolo de reojo.

─Su nombre es Tanner y sí usó protector, pero su piel es muy sensible.


─La mía también. ─Su ceño se frunce─. Debes ir al dermatólogogo.

Tanner hace una mueca cuando toca su brazo, señalando su rojez.

─Creo que tienes razón. ─Le sonríe antes de dirigir sus ojos a mí, pero cualquier
pregunta que tuviera sobre ella se desvanece cuando vemos a Anahí y a Hans
acercarse. Ambos usan trajes similares a los de Sam, solo que negros, y caminan
hacia nosotros con las manos entrelazadas. El cariño con el que él la mira supera
cualquier mito de que el amor se apaga con el paso de los años, creando el suyo
propio de que lo que ocurre es todo lo contrario. Cuando los reconoce, Tanner
arruga la frente─. ¿Todavía mantienes contacto con estas personas? ─Afirmo─.
¿Por qué? ─insiste en saber, lo que no respondo ya que Sam nos observa con
ojos amplios, absorbiendo todo lo que decimos como la pequeña esponja que
es, y ellos se acercan.

─Savannah ─saluda Anahí con su característico tono indiferente y enojado,


pero con genuina apreciación brillando en sus ojos. Cuando estos se posan en
Tanner, se abren con asombro que rápidamente apaga antes de agacharse para
recoger a su niña del suelo─. ¿Reed?

Tanner afirma, dirigiendo su atención a su esposo.

─Hans.

─Tanner ─saluda este con una mueca, mirándome luego─. ¿Por él no has
aceptado salir con mis amigos? ¿Es en serio, Savannah? ¿Acaso fui el único que
dejó las dro...? ─Se corta cuando Anahí lo fulmina con la mirada, recordándole
a Sam─. ¿Qué dejó la palabra con d?

Me limito a reír y a abrir la puerta para que todos pasemos ya que es Anahí
quién responde por mí mientras entra con Samanatha jugando con sus conchas
de otras y guindada a su cadera. Sus padres son biólogos marinos y pasan dos
tercios de su vida en el mar, así que ella también lo hace. Al igual que su madre,
ambas parecen sirenas con su cabello rojo y belleza natural debido a que ningún
tipo de maquillaje lucirá mejor que sus pecas y piel sonrosada por el sol. Hans
sigue siendo delgado y desaliñado, su cabello oscuro largo, pero convertirse en
padre y luego en esposo le ha dado ese aire de hombre de hogar sumamente
atractivo y conmovedor de contemplar.

Después de que Gordon terminó en prisión por violar la orden de alejamiento


que debía mantenerlo lejos de mí, descubrieron que estaban esperando a Sam.
Ambos terminaron la universidad antes de que Anahí diera a luz. Querían venir
a Corpus Christi para ejercer su profesión en algunos estudios que se realizaban
en aquel entonces sobre la fauna y flora marina y mis padres querían vender la
casa de la playa porque les enojaba gastar dinero en el mantenimiento de una
propiedad que casi no utilizaban, así que hice un trato con Larissa. Arreglé que
Hans y Ana se hicieran cargo de ella a cambio de hospedaje. Después de un par
de años ambos pudieron reunir el dinero suficiente para mudarse y abrir su
propio pequeño museo de especies marinas, además de una pequeña academia
de surf que Anahí maneja porque siempre ha sido una deportista.

Le pusieron Samantha a su hija porque Savannah sería muy obvio.

He hecho un montón de cosas mal en la vida, pero ayudarlos no ha sido una de


ellas a pesar de que tuve mis propias razones egoístas para ello. Quise aportar
mi grano de arena y observarlos como si se trataran de un experimento,
supongo, ya que cada vez que me siento mal por algo pienso en ellos y en cuán
felices son a pesar de lo mucho que tuvieron que luchar para alcanzar dicha
felicidad. Anahí fue abusada y manipulada por su novio, quién se aprovechó de
sus vulnerabilidades para usarla como quiso. Hans era su camello y la aceptó
como moneda de cambio antes de darse cuenta de lo que sucedía. De que Anahí
no era tan detestable como pensábamos.

Si ellos pudieron, quizás no todo esté perdido para mí.

Me dan esperanza de que llegará el día en el que sea muy feliz.

─Savannah no aceptó salir con tus amigos porque son pésimos partidos, Hans
─dice Anahí cuando llegamos a la mesa, sentándose en el asiento que él echa
hacia atrás para ella. Tanner no hace lo mismo por mí, pero sus ojos no
abandonan los míos hasta que Sam llama su atención enseñándole sus conchas
marinas. Mi corazón se rompe cuando sus ojos oscuros se enfocan en ella y veo
un profundo dolor en ellos cuando hace todo lo posible por sonreírle y lucir
interesado en lo que la niña dice. A pesar de que eso no define si lo será o no,
no puedo evitar pensar que sí sería un buen padre y que independientemente de
todo lo que haya sucedido, Pauline fue egoísta. Si Tanner quería a su bebé,
incluso enfermo, al menos debió haberlo escuchado─. A parte, todos aquí
sabemos que ellos tienen historia.

Hans rueda los ojos.

Yo solo me limito a sonreír ya que fue precisamente por eso, por su


conocimiento sobre nosotros, que los invité aquí, cansada de estar alrededor de
personas que nos señalarían o juzgarían porque lo que hacemos está mal. Es
prohibido y dañino y aún así no lo siento equivocado. No siento ni un ápice de
culpa o remordimiento.

─Sobre eso, ¿se enteraron de la semana de reencuentro?


─¿Semana de reencuentro?

Anahí afirma.

─La Universidad de Austin hará una especie de festival para todos sus
egresados. Dura una semana a partir del lunes. Hans no quiere ir, pero yo sí.
─Baja la voz, sus mejillas tiñéndose de rojo─. Me gustaría ver nuevamente el
sitio en el que todo ocurrió. Quizás ustedes no tengan buenos recuerdos de esa
época, pero fue gracias a esa época que estoy aquí, que soy feliz, y realmente
me gustaría vivirlo otra vez.

Tanner le ofrece su celular a Sam, quién se sienta a su lado para jugar con él en
silencio. Sin tener ni idea del tipo de juegos que pueda tener en él, alzo las cejas,
pero ella luce tan feliz y concentrada en la pantalla que no me inmiscuyo. Sus
padres tampoco lo hacen.

─¿Quieres revivir cómo enviamos a tu ex psicópata granjero a prisión?

Anahí niega.

─No ─susurra, viendo a Hans, quién presiona sus labios contra su frente
mientras habla─. Quiero revivir cómo conocí al amor de mi vida y cómo
finalmente me encontré a mí misma a pesar de que pasé veinte años de mi vida
sin saber que estaba perdida.

Le sonrío.

─Si no quieren acompañarnos, podemos ir juntas.


Anahí me observa con agradecimiento.

─Eso estaría bien.

─Mami ─la llama Sam, trayendo la atención de todos a ella─. ¿Qué es un ex


psicópata granjero? ¿Puedo tener uno para mi cumpleaños?

Tanto Tanner como Hans gruñen.

─Sobre mi maldito cadáver tendrás uno, Sam ─dice su padre.

Pero eso solo la hace sentir más curiosidad.

─¡Quiero uno! ─se ríe y tanto Anahí como yo compartimos una mirada,
sabiendo que haremos hasta lo imposible para que eso no le suceda a Sam y que
ambas podemos ser muy diferentes en muchas cosas, pero que una vez nos unió
el gusto culposo por los chicos así.

Que en mi caso, todavía estoy allí.

Y me encanta.

*****

Después de pasar la noche hablando sobre el museo, al cual nos invitaron y


animaron a visitar la próxima vez que vengamos a Corpus, y su escuela de surf,
la pequeña familia se despide de nosotros en el estacionamiento. Media hora
después estamos en el interior de la casa de playa de mi familia. Hans y Anahí
se pasan al menos una vez a la semana por aquí o contratan a alguien para que
la limpie, por lo que todo está limpio, pulcro e intacto. Como si los años no
hubieran pasado desde esa vez que vinimos y lo descubrí masturbándose
mientras murmuraba mi nombre en el baño. Como esa vez que vinimos y me
rompió el corazón a la horilla de la playa. Entramos a mi habitación luego de
conectar la electricidad y jadeo cuando me toma en brazos para llevarme al
baño. Ambos seguimos pegajosos, por lo que soy feliz cuando el agua cae sobre
nosotros. Tanto por lo fresca y renovada que me siento como por la visión que
su cuerpo desnudo, mojado y sonrosado ofrece. Cuando se inclina sobre mí
apoyando su mano encima de mi cabeza sobre las baldosas, junto nuestros
labios.

Sisea cuando paso mi mano por la piel de su pecho.

Sam no exageraba. Tanner se quemó con los rayos del sol.

─Debes aumentar el espectro de tu protector solar.

Tanner niega, alejándose mientras toma una pastilla de jabón que compramos
en la farmacia de camino aquí y la pasa por su cuerpo. Cuando termina de
lavarse a sí mismo, se acerca a mí y la pasa con suavidad sobre el mío, tratándolo
con más cuidado que con el que trató el suyo pese a su piel enrojecida. Sus
movimientos son delicados y destinados a alguien que veneras. Que aprecias
más allá de cualquier cosa. Me hacen sentir deseada y a la vez adorada.

Quizás querida.

─Lo he intentado todo, Sav. Haga lo que haga, este siempre será el resultado de
venir a la playa. Creo que servirá más si consigo nuevos genes para mí. ─Gimo,
un sonido que atrapa con su boca al sus labios encontrase tan cerca de los míos,
cuando desliza la espuma que creó por mis pechos, contemplándolos y
apreciando cómo mis pezones se endurecen bajo su tacto─. A pesar de que los
años han pasado, nunca he podido dejar de preguntarme cómo algo tan
insignificante como el color de nuestra piel pudo de destruirnos como lo hizo.

Ante sus palabras, alzo la vista hacia él.

─Tu bisabuelo cometió el error de seguir una ideología atroz y estoy segura de
que pagó el precio. ─Sostengo su rostro entre mis manos, el agua cayendo sobre
nosotros, obligándolo a verme fijamente─. No tienes por qué sentirte culpable
por los crímenes que él cometió.

Tanner traga, retrocediendo tras retirar mis manos de su rostro.

─No, pero por los que yo cometí sí.


Capítulo 47
A pesar de que la cabaña de troncos luce pequeña a la lejanía, cuando entramos
descubro que es lo suficientemente grande como para albergar a casi todo el
equipo de los Longhorns y sus invitados. Algunos de ellos beben, bromean y
pasan en el rato en el patio trasero que da con una laguna, pero la mayoría se
mantiene dentro para estar a salvo de los mosquitos y bailar. Aprendí la
lección, por lo que no acepto la cervezas que me ofrecen y en su lugar me dirijo
a la cava, dónde tomo una de lata de un six pack. Tanner me imita, sin
despegarse de mí en ningún momento. Tras darle un sorbo a su bebida, me
señala hacia fuera antes de inclinarse sobre mí para que sea capaz de
escucharlo. Las luces de neón alumbran su rostro. Su piel es tan clara que el
efecto que logran es asombroso.

La imagen que ofrece es arte.

Sus facciones angulosas y déspotas alumbradas con colores en la oscuridad lo


son. Mientras me mira fijamente, me pregunto a mí misma si él también me
considerará como tal. Si cuando me mira, no puede evitar notar los detalles de
mi rostro y apreciarlo de la misma manera que yo detallo y aprecio el suyo. Sus
pecas casi invisibles. Sus labios finos, pero tentadores. Su mandíbula afilada y
dura. Sus ojos rodeados de espesas y abundantes pestañas y cejas oscuras. Su
mirada.

─Estaré allá, pero miraré cada uno de tus movimientos ─dice, sacándome de
mi especia de ensoñación con tono de voz fuerte.

Afirmo, de acuerdo.
─Solo seguiré el plan.

─No te desvíes y, por lo que más quieras, no te embriagues. No estamos aquí


por diversión, sino para ponerle fin a dos depredadores ─ordena─. Puedo
protegerte de todo, pero no de ti misma, Savannah.

A pesar de que no me ve porque se ha dado la vuelta y de la ira que recorre mis


venas al ser comandada de alguna forma, asiento de nuevo.

El plan.

Lo comienzo a llevar a penas se distancia de mí, sus hombros tensos mientras


se dirige a un grupo en el que distingo a Frederick. Alzo la mano para saludarlo
y el me devuelve el gesto con un simple asentimiento. Estas fiestas siempre
terminan de manera intensa para mí y ya debería temerles, pero no lo hago.
Nací ansiando el peligro. Emociones fuertes. Pasión. Cualquier sensación que
me aleje de la Savannah perfecta y apagada pese a su brillo que dejé en Austin.
Tras situarme cerca del sofá en la sala, le doy un trago largo a mi cerveza antes
de empezar a bailar suave y discretamente junto a él, consciente de que estoy
haciendo lo que Tanner me pidió que hiciera, ser una presa, pero también de
que nadie se acerca a mí porque a parte de Hans, quién se mantiene con Anahí
fumando marihuana en el suelo, besándola, lo que me hace pensar que
formalizaron su relación después de deshacerse de Gordon, no siento ningún
tipo de conexión amistosa con nadie más.
Y se supone que debo dar la impresión de estarme divirtiendo.

Llamar la atención del depredador.

Mi actitud cambia cuando empieza a sonar Or Nah de The Weeknd.

La canción es una señal por sí sola, al igual que la manera en la que Tanner
no aparta sus ojos de mí, su mandíbula apretada como si supiera lo que está a
punto de pasar, y me conduce a quitarme los zapatos antes de subirme en la
mesita de madera frente al sofá en el que Grayson se encuentra con una chica
rubia, bajita y voluptuosa acurrucada contra él. No me mira con interés
masculino, sino más bien con diversión, pero el resto de los presentes sí lo
hacen mientras hago girar mis caderas. La mayoría de ellos me conocen, la
mayoría de ellos han terminado con el corazón roto por culpa de mi desinterés
después de comprobar que no eran tan buenos como pensé, y una chispa de
deseo se enciende en sus ojos mientras se acercan.

Grayson ríe, animándome, cuando deslizo mi sudadera fuera de mi cuerpo. Por


el rabillo del ojo noto a Ibor apoyado contra la pared del pasillo, en vaqueros
y camisa, sonriéndome mientras niega con una cerveza en la mano. Sigue sin
haber rastro de Weston y ya me estoy empezando a preocupar al respecto.
Cuando guío mis manos a la cinturilla de mis pantalones cortes, la multitud
ruje, pero no los complazco. Me muerdo el labio y acepto la mano de uno de
ellos para ayudarme a bajar de la mesa. Grayson se separa de su chica,
levantándose, para murmurar en mi oído antes de volver con ella, quién me
mira con molestia y sumamente enfurruñada. Es una porrista y la reconozco
del campus de nuestra universidad en San Marcos.

─Tienes un deseo de muerte ─dice con un tono lleno de advertencias─. Eso me


agrada, pero todos los hombres tenemos un límite y tú estás muy cerca de
quebrar el suyo. El capitán puede aparentar ser un iceberg todo lo que quiera.
Tanto tú como yo sabemos que solo son apariencias y que solo mantiene
congelada a la bestia, ¿a caso tú quieres liberarla?

Le sonrío.

─Si no lo rompo el iceberg, ¿qué me diferenciaría de las otras?

Anders hace una mueca, retrocediendo mientras alza las manos.

─Tienes un punto ahí, ¿pero eso te haría feliz? ¿Lo quieres en trozos?

Me relamo los labios.

─Lo quiero como pueda tenerlo.

Alza las cejas antes mi respuesta, volviendo al sofá. Ya que mi cerveza está
vacía y los ojos de todos siguen en mí, tomo otra antes de correr en dirección
al patio, dónde Tanner todavía permanece y luce como si estuviera a punto de
sufrir un infarto a raíz de la ira. Suelto una risita mientras dirijo mi atención
al equipo de animadoras. Si hubiera querido no solo habría sido parte de ellas,
estuviera comandándolas, pero lo más importante para mí es mi carrera. Mi
carrera y un demonio de ojos negros. Su capitana, Elizabeth, me mira con
párpados entrecerrados. Su cabello castaño ondea con la brisa nocturna. Es
alta y delgada.

Es de primer año, pero es una estrella olímpica.

Nunca olvidará que fue la segunda opción después de mí.

─¿Por qué no nos bañamos en el lago? ─propongo.

Ella se muerde el labio y empieza a negar, pero sus amigas la arrastran afuera
debido a que están aburridas porque sus chicos se encuentran charlando con
otros miembros del equipo. Todas corremos hacia el agua con silbidos y
halagos que no sabría si contar como halagos o no debido a su obscenidad
antes de deshacernos de nuestra ropa y sumergirnos. Cuando una de ellas se
quita la parte superior de su uniforme, dejando al aire sus tetas mientras eructa,
todas las demás la imitamos por hermandad. Solo en tanga, me sumerjo por
completo en el agua. Está fría y un poco lodosa, pero incluso así la encuentro
agradable. Me fijo en el resplandor de la luna sobre ella mientras me empapo
por completo.

─¡Está fría!

─¡Está helada! ─ríen.

─Dios, creo que algo me mordió el pie ─llora Elizabeth, lo que nos hace reír
aún más fuerte debido a que todas sentimos las algas chocar contra algún sitio
de nuestro cuerpo, las cuales no son precisamente tiburones.

Después de sumergir un par de veces mi cabello tirando de mi cabeza hacia


atrás, me estremezco al ver a Tanner y a su amigo silencioso de pie frente a mí.
Hay varios espectadores, pero solo ellos permanecen cerca. Me contempla
fijamente y sus facciones se aprietan aún más cuando sonrío, ladeando la
cabeza para invitarlo a entrar. Él niega.

─Hola, Reed ─coquetea Elizabeth, sin importar que ya esté con alguien más.
No puedo juzgarla─. ¿Por qué no entras? Acompáñame.

Arrugo la frente ante su acento insinuante, pero Tanner hace que lleve mi
mirada nuevamente a él cuando habla otra vez con tono de voz plano.

─Porque están dentro de en un criadero de cocodrilos.

Pongo los ojos en blanco cuando todas empiezan a gritar y a salir del agua
alegando haber sentido algo, como Elizabeth lo hizo en un principio, causando
una estampida de porristas semidesnudas que llama aún más la atención de los
invitados. Soy la única que queda dentro y no pienso salir, por lo que floto sobre
el agua a pesar de sus gruñidos.

Ellos son música para mis oídos.

─Savannah, esto no formaba parte del plan ─sisea.

Abro uno de mis ojos para mirarlo.

─¿No quería que llamaras la atención del hombre que está drogando a las
chicas de tu fiesta? ─pregunto, mi voz sonando relajada y lenta debido a que
estoy bebiendo cerveza desde el partido, por lo que mi cuerpo está laxo y
desinhibido─. ¿Esto no es lo que deseabas?

─Sí, pero...

─En realidad creo que estás haciendo un buen trabajo ─lo corta Frederick, su
voz ronca mientras se concentra en mi cuerpo desnudo.

Sonrío mientras lo empapo un poco más con agua, flotando.

Pero aunque lo esté haciendo bien, se supone que debo estar en un lugar dónde
piense que soy vulnerable, lo cual no es aquí o cerca de ellos. Tras nadar un
poco más, comienzo a salir del agua consciente de la manera en la que esta se
desliza por mi piel desnuda, mis pezones erizados debido al frío. Me quejo
cuando Tanner me envuelve rápidamente en su chaqueta de capitán del equipo,
otra que probablemente destrozaré si me la quedo, y no conforme con eso se
pone a cerrar sus botones metálicos con la frente sumamente arrugada.

─Pareces un pug ─le digo mientras presiono mi dedo contra ella.

Tanner gruñe.

─Pareces ebria.

Hipo.

─Quizás lo estoy.
─Te lo advertí. Creo que la principal razón por la que te metes en problemas
en este tipo de fiestas y por las que terminas involucrada con... gente como yo,
como Gordon y como el hombre que te drogó, es porque te pones a ti misma al
alcance del peligro una y otra vez. ─Tras abotonar el último botón, el que
prácticamente asfixia mi garganta y las personas no suelen abrochar, me
contempla fijamente─. ¿Qué es lo que está mal en ti, Campbell? ─interroga,
acercándose aún más de tal forma que el aire abandona mis pulmones y
comienzo a sentir el pulso en mi cuello latiendo contra la piel de este,
haciéndome difícil tragar y respirar─. ¿Por qué esos lindos ojos grises piden a
gritos ser lastimada?

─No lo hacen ─murmuro.

Tanner bufa, su aliento impactando contra mi rostro.

Tiemblo.

─Diría que es porque quieres morir, pero creo que lo que en realidad buscas
es sentirte viva ─responde por mí mientras me mira fijamente, nuestras narices
chocando entre sí, por lo que parecen eternos segundos antes de apartarse─.
Ve adentro y vístete. La noche a penas empieza.

A pesar de que he contradicho a Tanner un montón de veces, esta vez no lo


hago. Tiene razón. A pesar de que es temprano todavía, ni siquiera son la una
de la mañana, han pasado dos horas desde que llegamos y ninguno de nuestros
objetivos se ha cumplido, pero siento la adrenalina adueñarse de cada rincón
de mi cuerpo. De cada poro de mi piel. De cada terminación nerviosa. Tras
inclinarme para tomar mi ropa del césped sin agacharme, lo que lo hace gruñir
de nuevo por la forma en la que mi culo queda expuesto para él y Frederick,
entro en la cabaña.
*****

Me reúno con Elizabeth y las animadoras después de volver a ponerme mi ropa.


Charlamos en el pórtico, por lo que presencio en primera fila cómo el chico
pelirrojo de Princeton que me asaltó en los puestos de cerveza durante el
partido y que ha estado alejándose kilómetros de mí toda la noche, como si
fuera radioactiva, se acerca con su grupo a una figura femenina buscando su
teléfono en uno de los arbustos del bosque. La parte superior del cuerpo de ella
está oculta entre las ramas. Les señalo el espectáculo a mis acompañantes y
aunque algunas de ellas se ponen de pie para socorrer a nuestra compañera de
género antes de que algo suceda, las obligo a sentarse y a contemplar el
espectáculo.

Cuando el universitario que se propasó conmigo pone su mano en su trasero y


alza su falda rosa con bordado floral, se echa hacia atrás con evidente horror
en su expresión. Todas reímos cuando su víctima se levanta, saliendo del
arbusto, y este descubre que es aún más alto que él. Más grande. Más
intimidante. Más malvado y retorcido. Grayson, luciendo espeluznante dentro
de un vestido, le sonríe ampliamente. Solo tuvimos que decirle que tendría la
oportunidad de golpearlo de nuevo si caía en nuestra trampa para convencerlo,
a lo que accedió.

Realmente está sediento de sangre como para no haberle importado usar un


vestido frente a todos, pero en contra de lo que pensé que sucedería, nadie se
ríe al respecto. Después de haberlo visto jugar y del daño que es capaz de
causar, no fingiré que no entiendo por qué.

─¿Qué te dije sobre tocar a las putas de los Longhorns? ─le pregunta
señalando el broche sobre su pecho con la insignia del equipo.
Llamándose a sí misma puta.

El chico traga cuando sus amigos lo abandonan, retrocediendo. Debido a la


mala experiencia que ha tenido hasta el momento con Anders se deja hacer,
pero grita cuando este toma su mano y la lleva a sus genitales tras arrojarlo al
suelo y presionar su rostro contra el césped con la suela de su zapato, tirando
de su brazo hacia atrás. Me doy cuenta de que ha aprendido la lección, no sobre
ser un abusador porque esa no la entendió a pesar de su nariz rota, sino sobre
cómo se siente ser víctima del abuso, la agresión y el acoso, cuando noto las
lágrimas deslizarse por sus mejillas. Si no sentirme culpable y disfrutar de esto
me hace un monstruo, que así sea. Prefiero ser el monstruo que acabó con otro
monstruo antes de que hubiera otra víctima que una más de estas.

─¿Te gusta tocar? Entonces toca ─le exige mientras tira de su brazo hacia
arriba aún más, dislocando su hombro, y el resto del equipo se acerca para
ocupar su lugar, incluido Tanner, y hacerlo llorar más.

*****

Me sentí profundamente satisfecha cuando Tanner arrastró a cada miembro y


fanático de los Tigers a sus autos, despachándolo con ayuda de sus secuaces.
Lastimosamente todavía no hay señales de la persona que haya estado
drogando a las chicas en sus fiestas. Nadie me ha ofrecido ningún tipo de
bebida que no provenga de su envase original sin alterar y realmente todos
lucen tan felices y a gusto de ser comandados por Reed que no sospecho de
ninguno de ellos. Por la manera en la que nos observan discretamente a todos
desde el sitio en el que se hayan, tanto Hans como Tanner se mantienen alerta
no solo de mí, sino de todas las chicas dentro y fuera de la cabaña de Grayson.

Estoy bailando No Lie de Sean Paul y Dua Lipa cuando siento un par de manos
adueñarse de los movimientos de mi cintura. Cuando abro los ojos descubro
que la última pareja que se encontraba cerca de mí ha ido a buscar un lugar
en el que terminar de pasarla bien, dejándome a merced del hombre que se
encuentra tras de mí. Intento girarme, pero este impide que lo haga apretando
con más fuerza sus manos sobre mi piel. Dirige nuestros movimientos hacia el
pasillo, dónde me empuja hacia una de las habitaciones. Intento buscar a
Tanner con la mirada, pero no lo encuentro en el lugar que ha estado ocupando
a las afueras de la cabaña de Grayson durante toda la noche y desde dónde
podía mirarme. Al encontrarnos en la alcoba con solo una cama con un
edredón de mariposas, lo que no tiene sentido porque no me imagino a su dueño
durmiendo ahí, finalmente puedo ver a mi agresor. Retrocedo al notar que no
se trata del chico de los Tigers o de cualquier desconocido que busque
drogarme, sino de Gordon.

Quién violó mi orden de alejamiento en su contra.

Retrocedo hasta que mi cuerpo choca contra la pared de madera.

─¿Asustada? ─pregunta─. ¿Por qué crees que tienes motivos para estarlo,
puta asquerosa y mentirosa? Ambos sabemos que cuando entraste en mi auto,
sabías lo que querría de ti y aún así le hiciste creer a todos que no. Que eres
inocente cuando medio campus se ha acostado contigo. ─Palpo la pared en
busca de cualquier cosa para atacarlo, pero no encuentro nada. Cuando separo
los labios para gritar, sonríe y cubre mi boca con su asquerosa mano─. No
─dice─. No pierdas el tiempo. Anders tiene cada habitación insonorizada. Ya
lo probé.

Para dejar claro su punto, grita, haciéndome estremecer.

Mis manos están sueltas, por lo que rápidamente les encuentro uso
empujándolo hacia atrás a pesar del temblor que las asalta. Gordon es más
grande, sin embargo, y no logro moverlo. Mis esfuerzos por apartarlo solo
aumentan el brillo enloquecido en sus ojos. Sonríe cuando dejo de luchar
contra él, rindiéndome momentáneamente, y guía mis manos a la cima de mi
cabeza ejerciendo presión con una de las suyas.

─Reed no aparecerá. Hans, el camello, tampoco. Ibor se fue temprano. Weston


no vino. Ninguno de los hombres con los que te acuestas podrá salvarte esta
noche ─ríe─. Todos están alrededor de Elizabeth. La elegí esta vez a ella para
distraerlos. ─Mi garganta se cierra cuando me doy cuenta de que ha sido él
quién ha estado detrás de las chicas drogadas. De haber drogado a Pauline. A
mí. Todo debió haberse tratado de un retorcido contragolpe hacia mi
venganza─. Lo peor del asunto es que no pueden llamar a la policía, ¿sabes?
Si lo hacen también irán a prisión.

Mis ojos se humedecen, puesto que Gordon tiene razón.

Podría hacer un montón de cosas y nadie diría nada porque arrastraría tanto
a Tanner como a Hans, por lo que solo les queda defenderse por sí mismos.
Defenderme por mí misma. Cuando Gordon menos se lo espera, abro la boca y
encajo la palma de su mano entre mis dientes. Intenta alejarla, pero no dejo de
ejercer presión hasta saborear su sangre. Cuando me suelta salto sobre la cama
y corto la distancia que hay hacia la puerta. Llego a ella, por fortuna, y la abro.
Mi corazón está descontrolado y solo puedo pensar en llegar a alguien, por lo
que no miro atrás. Tanner tenía razón. Por mucho que me cueste aceptarlo,
tenía razón al estar paranoico acerca de mi seguridad y pensar que vendría
tras de mí pese a la orden de alejamiento. Corro hacia el exterior de la casa,
chocando contra un montón de cuerpos que antes no estaban ahí, y me detengo
al golpear uno de ellos que reconozco por su aroma cuando mi nariz es
presionada contra él. Tanner me separa de sí presionando sus manos sobre mis
hombros y mirándome.

No logro identificar la emoción en sus ojos oscuros.


¿Miedo? ¿Preocupación?

─¿Qué pasó? ─exige saber.

─Gordon ─susurro luego de tragar un par de veces para deshacer el nudo en


mi garganta─. Es Gordon quién está drogando a las chicas. Me llevó a una de
las habitaciones de la cabaña y lo confesó.

Tanner también traga. No es hasta que me rodea con sus brazos y me aprieta
contra su pecho que me doy cuenta de que estoy temblando sin parar. Inclina
la cabeza hacia Hans y Frederick y estos se dirigen al pasillo del cual acabo
de salir, pero regresan con negaciones de cabeza.

─Se fue ─dice el camello─. No hay rastro de él.

Frederick golpea su pecho.

─Pero ya no tiene auto y la chatarra que usa a penas alcanza los cuarenta
kilómetros por hora. ─Su comentario me hace sonreír, puesto que darle ese
auto destartalado a Gordon fue una de las mejores cosas que hice en la vida─.
Todavía podemos alcanzarlo. Vamos.

Hans afirma, siguiéndolo.

Yo sorbo por la nariz y me separo de Tanner.

─Violó los términos de la orden de alejamiento.


Tanner asiente.

─Te dije que lo haría ─me recuerda, pero su tono de voz es suave mientras lo
hace─. No puedo acudir a la policía por el asunto de las drogas, Sav, lo siento.
Solo lo puedo resolver a mi manera. ─Relame sus finos labios─. Me gustaría
animarte a denunciarlo, pero estoy seguro de que nadie más que tú lo vio. Solo
sería una pérdida de tiempo. Es mejor que me lo dejes a mí. Te prometo que me
encargaré de que se mantenga alejado. ─Mi pecho se oprime cuando esconde
un mechón de cabello tras mi oreja, recordándome que dejé mi gorra en su
camioneta. La música sigue sonando, solo que a un volumen mucho más bajo.
Sweater Weather de The Neighbourhood─. Déjame cuidar de ti.

These hearts adore, everyone the other beats hardest for

Inside this place is warm

Outside it starts to pour

Niego, descendiendo la mirada, pero Tanner me obliga a alzarla encajando sus


dedos en mi barbilla y moviendo mi cabeza con suavidad.

Las luces de colores siguen encendidas, así que sigue siendo arte.

La imagen que ofrece, que ofrecemos, lo es.

Es una lástima y una virtud que nadie esté aquí para verlo. Para comprobarlo
de la misma manera en la que yo lo hago. Para que me haga saber que no estoy
loca y que la magia que siento no es ficticia.
Que Savannah y Weston es una equivocación.

Que Pauline y Tanner es una aberración.

Que esto, nosotros, es todo lo que encaja y que está bien.

─No quiero necesitarte ─susurro.

Cause it's too cold

For you here

And now, so let me hold

Both your hands in the holes of my sweater

─No es dependencia, Savannah. Es una simbiosis. Ambos necesitamos acabar


con él. ─Ladea la cabeza, restándole importancia con un encogimiento de
hombros como si destruir a alguien fuera su primera tarea del día todos los
días. Sospecho que puede ser así y maldigo la fecha en la que me tocó a mí
conocerlo─. Solo te estoy pidiendo permiso para tomar tus razones y hacerlas
mías, pero es solo cordialidad. ─Se distancia de mí cuando el oxígeno entre
nosotros se acaba. Lo sé porque nuestros dedos se rozan por accidente y ambos
dejamos de respirar, desviando la mirada hacia otros lugares─. Lo aplastaré
de todas formas.

Niego, tomando su mano cuando empieza a distanciarse.


Robándonos el aliento de nuevo.

Ignoro el dolor en mi corazón cuando Tanner la desliza fuera de mi agarre al


momento en el que mis dedos lo tocan, casi como si no lo soportara. Como si
no soportara entrar en contacto con mi piel. Como si no soportara lastimar a
Pauline porque a pesar de que estemos conectados por tantos secretos oscuros,
es ella a quién ama.

Es ella su luz.

Su alivio.

Yo solo soy perdición.

─No, no te vas a ensuciar más las manos ─le digo─. Hay otra forma.

─ ¿Cuál?

─Hacer que rompa la orden de alejamiento de nuevo.


Capítulo 48
Paso el resto de la semana alistándome para el baile de recaudación de fondos
del estadio de los Rangers, los últimos cinco días que espero tener que trabajar
para Jason. Además de desperdiciar horas que no tengo sacando copias,
sirviendo su café y atendiendo llamadas en la constructora, estoy cansada de
pararme frente al espejo y ver mi cabello rubio. Durante los primeros días fue
un cambio agradable, diferente, pero ahora solo es molesto y nada de ello tiene
que ver con la manera en la que Tanner crispa su rostro cuando se fija en él.
Hoy es viernes y sé lo que pasará mañana, así que no puedo evitar sonreír ante
el último intento de coqueteo de mi desagradable jefe. El castaño de ojos claros
toca mi mano cuando la llevo al pomo de la puerta de su oficina, a dónde entré
para darle el resto de su agenda de la tarde antes de irme para nunca más volver.
Incluso si Cynthia no testifica en su contra, la grabación que hice es suficiente
para que LDSW Inc quiera evitar un escándalo y tome cartas en el asunto,
echándolo y compensando a todas sus víctimas antes de que estas lo lleven
nuevamente a juicio de forma masiva y pública, incluyéndome.

Con los abogados de Tanner, puedo demandarlo incluso por tocar mi mano
como lo hace en este momento. Ante esta conclusión no puedo evitar reír al
recordar cómo ha pasado el último par de días preguntándome si quiero añadir
algo a la información que le dimos a Ryland y a su equipo. Si demandar a Jason
por otras cosas. A pesar de que sé que es capaz de hacerlo y de ganar, no puedo
evitar pensar que solo lo usó como un argumento para saber si me había tocado.

De ser así, algo me dice que Tanner se habría encargado él mismo.

─Lo siento ─se disculpa, su tono de voz diciendo que no lo hace.


─No te preocupes. ─Bato mis pestañas hacia él─. ¿Nos vemos mañana? ¿A qué
hora pasarás a recogerme?

Jason se relame los labios antes de responder.

─A las ocho ─responde─. ¿Qué tal si luego vamos a mi apartamento a tomarnos


algo? Tengo una buena botella de vino sin abrir.

Trago la bilis que asciende por mi garganta.

─Claro.

Dicho esto, termino de salir de su oficina debido a que mi actuación tiene límites
y permitir que el hombre que me robó el mérito del diseño de un estadio de
béisbol, además de ser un acosador y abusador, se acerque es uno de ellos. Tomo
mis cosas del escritorio, cualquier pertenencia que no quiera dejar atrás para
aparentar, y camino en dirección al elevador intentando no delatar mi
entusiasmo, pero cuando llego a él este se abre y los ojos enloquecidos de
Cynthia se encuentran con los míos. A pesar de que es baja y delgada como un
palo, logra empujarme a su interior debido al shock que sus acciones me
generan. Acaricio mi hombro dolorido por haber golpeado una de las paredes
metálicas mientras descendemos a planta baja.
─Sé lo que pretendes ─dice y por un momento creo que se refiere a destruir a
Jason, pero luego recuerdo su amenaza sobre acercarme a él con otras
intenciones─. Y no te lo permitiré. Pensé que eras como las otras, pero hoy los
vi y has estado todo el día sonriéndole.

Hago una mueca.

Sonriedóle no, sonriendo.

─El padre de tu hijo no tiene nada que ver con eso ─digo y se congela, puesto
que estoy segura de que casi nadie, por no decir nadie, sabe sobre Jackson. Me
mira con ojos amplios mientras se aparta─. Tengo otros motivos por los cuales
sonreír así. ─Cynthia no tiene ni idea de cuáles son mis planes. Tanner no la
contactará hasta mañana porque no quiere que termine yendo a contarle todo a
Jason. Para cuando él lo haga, ya será muy tarde para que lo salve. Las puertas
del ascensor se abren y salgo de él. Antes de que se cierren de nuevo, la miro
por encima de mi hombro─. Y así como te has tomado la libertad de lastimarme,
me tomaré la libertad darte un consejo: Jackson tiene suficiente con que uno de
sus padres no lo ame por encima de todo. No seas tú el segundo de ellos. Digas
lo que te digas a ti misma, Jason no merece el primer lugar en tu corazón. No
cuando te trata con el mismo cariño que le tiene a su alfombra. Entiendo que te
mueras por él, de verdad lo hago, pero tu hijo no lo hará.

Dicho esto, me alejo de ella y me dirijo a la acera sin quedarme para contemplar
su reacción porque es doloroso cuán familiarizada me siento con ella. Espero
que Tanner llegue. Sin poder evitarlo, una parte de mí me grita que haber visto
a Cynthia fue como verme a mí misma en un espejo. El sentimiento agridulce
en mi pecho se esfuma cuando mi celular suena y lo alzo para ver el mensaje de
Malcolm, quién lleva sin hablar conmigo desde el juego en Houston. Mis labios
se curvan hacia arriba cuando experimento alivio ante el hecho de que no está
molesto conmigo. Dicha sonrisa se deshace cuando leo.

Malcolm: Me están preguntando si traeré algún tipo de acompañante durante


el resto de la temporada para las reservaciones de hotel y los boletos de avión,
pero no he recibido tu respuesta todavía.

Empiezo a escribir, pero algo hace que me detenga.

No puedo decirle que sí.

Pero tampoco puedo decirle que no.

Es mi único amigo. No quiero perderlo y tampoco quiero perder a Tanner. Su


advertencia con respecto a su hermana fue clara. A pesar de que Malcolm y yo
solo somos amigos, nos besamos frente a él y ahora este quiere que lo acompañe
de hotel en hotel alrededor del país. No puedo culparlo por sospechar sobre sus
sentimientos hacia mí, los cuales pensé que solo debían a nuestra buena amistad.

No cuando yo misma estoy haciéndolo.

Antes de que pueda responder, me llega otro mensaje de él.

Algo en común que tiene con su hermano.


Malcolm: Olvídalo. Les dije que sí irás.

Malcolm: Sea cual sea tu decisión, la respetaré, pero llevo días intentando
encontrar la manera de pedirte que vengas conmigo. Por eso no te he hablado.
Porque tengo la esperanza de verte en cada partido de lo que queda de la
temporada. Tanner tiene razón. No sé qué haré si no le doy a los Kings el Super
Bolw. Todos confían en mí para eso. No quiero depositar esa carga sobre ti,
pero eres la única persona que me importa y que todavía me mira como si fuera
más que un jugador o como si no esperase nada de mí a parte de... yo. Verte en
las gradas o saber que después de cada victoria o pérdida habré recibido un
mensaje, flores o una llamada de alguien que se molesta en escucharme me
permite respirar en medio de tanto humo.

Malcolm: Eres el único elemento en mi vida que no ejerce presión sobre mí,
Sav, y habría muerto internamente si no te lo decía.

Malcolm: Si no decía que te quiero allí.

Sin estar lista para responder, cierro nuestra conversación y guardo el teléfono
en mi abrigo. Alzo la mirada hacia Tanner. A diferencia de los otros días, no
viene a recogerme solo. Anahí, Hans y Sam se encuentran en el asiento trasero
de su auto. Él mismo está conduciendo y fija sus ojos molestos e irritados en
mí. La pequeña familia llegó ayer y se quedaron en mi departamento, pero toda
la mañana han estado haciendo recorridos con Sam en la ciudad. Por alguna
razón Tanner se ofreció a llevarlos a todas partes, pero ahora veo en sus ojos
oscuros cuánto se arrepiente de ello.

Abre la puerta de copiloto para mí desde dentro.

Cuando entro, enfoca sus ojos en los míos.


─¿Qué está mal? ─pregunta, su mandíbula dura─. ¿Te hizo algo en tu último
día? Porque si es así pasaré a emplear otro tipo de métodos que no podría decir
en voz alta con Samantha presente.

Niego, forzando mis labios a sonreír.

A mentirle.

─Nada ─respondo─. No pasa nada.

Solo que tu hermano acaba de cambiarlo todo.

Absolutamente todo.

*****

El campus de la Universidad de Austin está lleno de personas. Sus senderos


están adornados con globos de múltiples colores y hay muchos carritos de
comida a su alrededor. Hay una pequeña feria para niños en la que se encuentra
un carrusel. Sami está sobre uno de los caballos sosteniendo un algodón de
azúcar rosa y utilizando un conjunto con estampado de cielo y zapatillas. Tanner
y Hans la miran de cerca intercambiando anécdotas sobre su alianza de ventas
de drogas durante la universidad, ambos vestidos con sudaderas de su
generación que tanto yo como la pelirroja llevamos por encima de nuestra ropa.
En su caso vaqueos y camiseta, en el mío un mi vestido entallado color azul
marino. Anahí, comiendo un hot dog junto a mí, los observa y sonríe tras
limpiarse la comisura de los labios con una servilleta. Yo la imito, admitiendo
para mí misma extrañar la dieta universitaria. Las noches sin fin de comida
chatarra y calorías durante época de exámenes. Los primeros años fueron un
descontrol.

Luego todo fue mejor.

─Te ha ido bien ─dice Anahí, a lo que afirmo─. En el zoológico Tanner nos
contó sobre su ático, sobre el bar, sobre muchos de tus proyectos. Es tu mejor
crítico. De verdad ama tu trabajo, Savannah.

─Sí. Laboralmente todo está bien ─le digo, ignorando la punzada que viene a
mi pecho al escuchar que Tanner les habló de mis proyectos. A excepción de
Jason, tiene razón. Todo va bien─. ¿Cómo les ha ido a Hans y a ti? ¿El negocio
es próspero?

Anahí ríe y nunca he visto algo más hermoso.

El recuerdo de la chica llena de rabia y odio que destruyó mis planos por acción
de su novio no tiene lugar en mi mente con la imagen frente a mí, así que los
suplanto. Esto es mucho mejor y demuestra que a veces hay que dejar ir el
pasado para apreciar el presente.

Que tenemos razones para hacerlo.

Yo quiero sonreír así.

Cada vez soy más consciente de ello.

─La escuela de surf no nos da tanto dinero. La mayoría de nuestros estudiantes


son proyectos de caridad de niños sin recursos que provienen de hogares
conflictivos. ─Le ofrezco una mirada llena de simpatía, entendiendo que la
propia niñez de ambos fue lo que los ha llevado a mantenerlo así. Hans era hijo
de una prostituta adicta a las drogas y a su proxeneta con los mismos problemas
de manejo de la ira que solía tener Anahí debido al abandono de su padre, lo
cual hizo que la odiara al principio de su relación. Luego la ayudó a superarlos.
La amó y la hizo feliz, solventando cualquier pecado que hubiera cometido y
por los cuales no podemos condenarlos. No cuando Anahí no era precisamente
una santa. Unos pecados no exculpan otros, pero algunos demonios se
entrelazan y crean su propio paraíso bajo sus propios términos. Hay que
respetarlo─. Pero el museo va bien. Estamos haciendo una ampliación. Hans y
Reed hablan de negocios.

Ruedo los ojos.

─Ya entiendo por qué decidió ser su guía turístico hoy.

Anahí sonríe.

─Tiene grandes planes para Corpus que podrían incluir a Hans. Le diría que
rechace su ayuda porque ambas sabemos el tipo de relación que tuvieron en la
universidad, pero ya han sido socios antes y no le diré que no a nada que nos
ayude a ayudar a más chicos ─se explica, pero niego, tranquilizándola debido a
que sé por qué lo hace.

Porque, al igual que todos, cree que Tanner me lastimará.

─No tienes que explicarte. Tanner puede ser muy persuasivo.


Anahí me ofrece una mirada triste.

─Lo sé. ─Sus ojos se entrecierran─. ¿Eres feliz con él, Sav? No sé si te ayude
a entender la situación en la que estás, pero ambas tenemos mal gusto con los
hombres. No nos gustan los príncipes azules. A pesar de que Gordon y Hans no
eran buenos para mí, discrepaban. Uno me hacía llorar y sentir angustiada todo
el día, muerta, pero el otro me hacía sentir viva. Me golpeaba para que me
defendiera, no para derribarme y no, no me refiero a literalmente. Es solo la
única metáfora con la que puedo explicar dos tipos de amor que consumen
─murmura─. El que te condena te consume solo a ti. Con el que puedes vivir y
ser feliz el resto de tu vida los consume a ambos. ─Sonríe, sus ojos dirigiéndose
a su familia por un momento antes de fijarse nuevamente en mí─. Eso es lo que
Hans y yo somos desde que nos conocemos. Dos personas ardiendo en fuego.
Ardiendo felices.

Trago, sus palabras creando su espacio en mi mente.

Fueron tan profundas.

Tan exactas para describir la situación en la que estoy.

─Gracias, Anahí ─digo con voz ronca, a lo que asiente metiendo ambas de sus
manos en sus bolsillos.

─No hay de qué ─responde─. Iré a visitar a mis compañeras del equipo
voleibol, tienen su reencuentro en el gimnasio, ¿vienes?

Niego.

─No. Me quedaré aquí con los chicos.


Aunque la duda se adueña de sus ojos, afirma.

─Quédate cerca de ellos. Si Pauline aparece y necesitas ayuda con ella si se


pone agresiva contigo, ya sabes dónde estoy o llámame.

Reprimo una sonrisa.

─Pauline no vendrá ─le aseguro, haciéndole fruncir el ceño.

─¿Cómo estás tan segura? He visto cientos de personas que nunca pensé que
volvería a ver en mi vida de todas las facultades.

Porque no hay nada para ella aquí.

Pauline siempre fue torpe alrededor de las demás personas. Siempre quiso
encajar, lo cual hacía que la detestaran por esforzarse demasiado. Por recurrir a
sonrisas y comentarios falsos que en lugar de acercar a los demás, los hacía
alejarlos. Tanner y yo la salvamos de eso, de la muerte social, y este sería el
último lugar al que vendría.

Tampoco creo que me golpearía. Ese no es su estilo.

Ella lloraría. Me manipularía. A Tanner.

Quizás lograría que volviera con ella, pero lo dudo.


Dejándome de lado, abrió una profunda herida en él que ni siquiera yo puedo
cerrar. La herida de sus bebés. De su matrimonio. De su intento de un futuro
perfecto fallido. Él solo camina en línea recta y cuando dicha línea se tuerce,
realmente sufre y hace sufrir a los demás.

Yo soy la curvatura más grande a la que se ha enfrentado.

Pero ella lo hizo perder tanto tiempo.

A veces sospecho que soy lo único que le impide ir tras ella y vengarse por ello.
Por no haberle dicho antes que tener una familia no estaba entre sus planes. Que
no encajaba con el papel que quería que desempeñara. No quiero estar ahí para
ver cuando la arruine porque a pesar de que todos creen que la odio, no lo hago.
Una parte de mí la aborrece, pero la otra no puede evitar sentir compasión y
lástima hacia el desastre en el que convirtió su vida por jugar a ser alguien más.

Al igual que Tanner.

Pero a Tanner lo amo, a ella no.

─Solo lo sé ─murmuro y Anahí asiente.

─Vendré en un momento.

Afirmo y se va. Pido otro hot dog antes de acercarme a los chicos. Acepté venir
porque Anahí y Hans son buena compañía y porque adoro pasar tiempo con
Samantha, a quién no veía desde su última competencia de surf. Antes lo hacía
todos los días. Cuando Tanner y Pauline se casaron, me refugié en Corpus
Christi para lamer mis heridas. La familia iba a visitarme casi a diario, buscando
animarme. Incluso fui niñera de Samantha por un par de meses antes de
mudarme definitivamente a Austin y antes de saber que Tanner y Pauline
decidirían vivir en Travis, no en el pueblo natal de esta.

Cuando me doy la vuelta para regresar con ello, sin embargo, soy detenida por
un fuerte grito que me hace alzar la vista y sonreír cuando un cuerpo enorme y
fuerte de oso se abalanza sobre mí.

Ibor.

─¡Savannah!

─Ibor ─río, alejándome de él para mirarlo. Su rostro sigue siendo como el de


un bebé, pero su mirada ahora es más madura. Dulce, pero madura. Está en
forma, así que llena a la perfección su vieja chaqueta de los Longhorns. Por el
rabillo del ojo otra figura familiar me hace enfocarme en extraña pareja en la
que es el hombre quién carga con tres niños pequeños, uno de ellos de cabello
blanco en una cangurera, mientras su esposa, una hermosa castaña alta, esbelta
y delicada, pero con aura intensa y oscura, habla por teléfono con otros hombres
rodeándolos. Escoltas. Es él quién se me hace familiar, no ella, pero nunca he
conocido a alguien con el cabello tan rubio que parece blanco. De haberlo hecho
lo recordaría─. ¿Cómo está la familia? ¿Cómo está...?

─Estamos bien ─responde Weston, pasando su mano trajeada por encima de


los hombros de su esposo y presionando sus labios contra su mejilla, lo que hace
que Ibor enrojezca y yo suspire a pesar de que llevan ya dos años de casados─.
Weston Segundo y Genevieve están en la máquina de algodón de azúcar,
¿quieres algo, príncipe?
Ibor niega, sonriéndome.

─No, pero iré a acompañarlos. ─Me dirige una mirada rápida antes de apartarse
de Weston─. Así Savannah y tú pueden ponerse al día.

Sin esperar una respuesta, se escabulle de su brazo. Weston lo mira como si


quisiera matarlo, pero rápidamente redirige sus ojos verdes a los míos. Ya que
no dice nada, inclino la cabeza hacia el mismo sendero que recorrimos la noche
que vino por mí.

Que me hizo creer que vino por mí.

─Vamos ─le digo─. No puedes estar enojado conmigo para siempre.

Traga, pero termina siguiéndome.

─No es enojo ─se explica cuando nos sentamos en un banquillo. El mismo,


también, en el que lo besé─. Sabes muy bien lo que es.

─No puedes culparme. No cuando ahora eres feliz.

─No ─admite─. Pero lo hiciste más difícil de lo que ya de por sí era.

─West ─susurro─. Me ahogaste en un ataque de ira hacia lo que sentías. Te


gustaba alguien más y me ahogaste por celos. Estaba preocupada por ti.
─Aprieto su mano. Se tensa, pero no se aparta. Traga mientras mantiene fija su
mirada hacia el frente─. No sabes por cuánto tiempo me pregunté por qué
simplemente no me lo dijiste. Estuvimos juntos por tanto tiempo. Pudimos
habernos casado, pero mientras me decías que me amabas, realmente me
odiabas.

Lo que digo hace que lleve sus ojos a los míos.

─No te odiaba, Savannah. Eras estupenda. Lo que odiaba era el hecho de que a
pesar de que me sentía atraído hacia ti y teníamos química, química como
ninguna otra pareja heterosexual la haya tenido antes, no me sentía completo.
Eso era lo que sentía cuando estaba contigo, pero también me sentía cómodo y
renunciar a esa comodidad fue difícil. Cuando me dejaste, me dejaste a merced
de mis miedos y la oscuridad. Por una parte te lo agradezco, pero por otra...

─Sientes que te traicioné ─murmuro.

Afirma.

─Te amé, Sav. Te amé y te traté mejor de lo que ese bastardo lo hará.

Tomo aire, mis ojos llenos de lágrimas.

─Lo sé, pero te habrías tenido que conformar en tantos aspectos, West
─susurro─. Merecías más que eso.

Niega.
─Aunque el yo que soy ahora está de acuerdo con tus actos, para el yo de antes
no habría sido un problema. Eras mi compañera perfecta.

Niego, en desacuerdo con él.

─Solo lo dices porque nos gustaba la misma persona y nos gustaba odiar a la
misma persona.

─¿No te dice algo el hecho de que lo primero haya sucedido dos veces?
Tenemos los mismos gustos en hombres. Tengo buen gusto en mujeres.
─Sonrío, un peso deslizándose fuera de mis hombros ahora que ha vuelto a
sonar como el Weston que amaba tanto, no como el que me impidió ir a su boda
pese a los intentos de Ibor por apaciguar su ira. Con respecto a ellos, supongo
que nuestro trío los conectó y ser compañeros de cuarto en la misma fraternidad
hizo el resto del trabajo. Enterarme me llevó a decirle que no me casaría con él
semanas después de que Pauline y Tanner se comprometieron. De no ser así,
hoy estaríamos juntos. West suspira cuando lo abrazo─. Supongo que mi enojo
no podía durar para siempre, ¿no es así?

Niego, riendo.

─Claro que no, pero el mío por no haberme invitado a tu boda nunca se irá.

Weston hace una mueca.

─No solo se trató de ti. También estaba sensible por la ausencia de mi padre
durante la boda. Sigue sin hablarme y me desheredó oficialmente durante esos
días. Se niega a conocer a sus nietos. Estoy muerto para él. ─Mi pecho se
oprime. Ibor no fue el primer hombre con el que Weston estuvo. Cuando se vino
de New York, no fue debido a sus notas. Fue debido a su padre.
Afortunadamente es brillante y su madre quedó encantada con Ibor, un jugador
de los Dallas, así que ha podido surgir por sí mismo. Ibor y yo a veces hablamos
por Instagram. Lloré cuando aprobaron la adopción de Genevieve, una niña
morena de tres años, y cuando tuvieron a Weston Junior, un bebé producto del
alquiler de vientre. A pesar de que se llama como Weston, se parece a Ibor. Su
niñera, una anciana regordeta, los acompaña junto al carrito de algodón de
azúcar. A pesar de que Weston me dijo que pude haber sido su compañera, en
realidad lo que quiso decir fue que pude ser su complemento. La mujer para
ellos. A veces creo que continúan buscándola─. ¿Cómo estás tú? Ibor me dijo
que no viniste sola. ¿Desde cuando eres rubia? Casi no te reconocí, pero él sí lo
hizo al instante y me dijo que se acercaría. Creo que todavía le gustas.

Suelto una risita, negando.

Si se pudiera elegir a quién amar, los habría amado a ellos.

Seríamos tan felices.

Pero no se puede.

─Estoy bien ─susurro─. Estoy aquí con Tanner.

Weston me mira fijamente.

─¿Esas dos respuestas pueden venir juntas?

Asiento.

─Dejó a Pauline. ─Los ojos de Weston se llenan de sorpresa y de dolor, lo cual


oculta rápidamente, pero lo noté. No importa si lo hice. No es como si lo fuera
a delatar. Lo que nos unió, al fin y al cabo, fue eso─. Estamos juntos, pero no
somos nada. Solo...

─No tienes que terminar de decirlo ─dice─. Sé lo que haces. Lo que siempre
has hecho. Sin importar cuánto me duela verte en esa posición, mientras creas
que existirá una posibilidad así será. La única manera de ser libre es haciendo
lo que quieres real o que tus esperanzas se terminen de extinguir. ─Su mirada
se suaviza─. Te sigo queriendo, Savannah. Realmente espero que suceda lo
primero. Has esperado cinco años por esto. Dejaste ir mucho por esto. No
mereces más que ser feliz y si es con él que lo logras, también lo estaré por ti
por mucho que me duela. ─Me sonríe─. Asistiré a tu boda y sonreiré.

Aprieto su mano.

─Ojalá fuera tan sencillo.

Weston frunce el ceño.

─¿Qué cosa? ¿Ser feliz? En realidad es sencillo y aburrido. Escoge a la persona


que menos daño te haya hecho, que más te ame, cásate y esfuérzate por hacerlo
feliz a cambio y todo será el cielo.

─No ─murmuro─. Saber con quién serlo.

Él sonríe, levantándose y ofreciéndome su mano.

La tomo.
─Bueno, tenemos una habitación extra en nuestra casa si decides ser feliz ─dice,
haciéndome reír─. Pero mientras compruebas, otra vez, que Tanner es un idiota,
esto nos ayudará a sobrellevarlo.

─¿Qué cosa?

Weston sonríe, lo cual me hace retroceder con una sonrisa, de vuelta al primer
año de mi carrera, y me alcanza. Suelto una risita cuando sus labios se unen a
los míos. A la lejanía puedo ver a Ibor sonriendo con Weston Junior en brazos,
pero cerca de nosotros se encuentra Tanner con las manos dentro de los bolsillos
de sus vaqueros. El tic en su ceja es lo único que delata su molestia. Su eterna
rivalidad.

─Wertheimer ─grazna Tanner.

Río, negando, cuando Weston se separa de mí.

Tanner es tan inteligente para algunas cosas, pero tan torpe para otras.

─Reed ─dice, sonriéndole, y atreviéndose a besar su mejilla cuando pasa junto


a él, lo cual hace que las mejillas de Tanner cobren color por la ira. Antes de
irse, me mira─. Ibor te enviará mi número. Estoy seguro de que solo terminaste
con este insecto porque no estoy cerca.

Ladeo la cabeza, sonriéndole ampliamente..

─Claro.
Me guiña un ojo. Cuando mi atención va hacia Tanner, niego.

─No puedes estar enojado por esto.

─Te besó ─señala, adelantándose─. Está casado con tu otro amante, quién
siempre estará enamorado de ti, y fuiste tú quién los unió.

No, me abstengo de decir.

Fuiste tú quién lo empezó.

Porque todo, absolutamente todo, siempre ha tratado de ti.

─¿Puedes culparlos? ─le pregunto, enredando mis dedos en su cabello oscuro


y llevando mi mano libre a la parte frontal de sus pantalones. A pesar de mis
movimientos, los cuales ocultan nuestras sudaderas, y de la dureza entre sus
piernas que percibo casi al instante, es la tensión en su rostro lo que lo delata─.
¿Puedes?

Tanner aprieta fuertemente la mandíbula antes de responder.

─Puedo hacerte pagar por ello.

Retrocedo, soltándolo.

─No tengo miedo ─le digo─. He pagando por ello por mucho tiempo.
Su mirada se suaviza y se llena de arrepentimiento ante mis palabras.

─Savannah...

─Pero no podemos cambiar el pasado. Solo el presente. ─Lo abrazo para que
no sea capaz de ver mis ojos. Él me lo devuelve, inconsciente de todos los
sentimientos golpeándome el día de hoy y que, sorpresivamente, no lo
involucran del todo─. Y el futuro.

Y hoy, más que nunca, soy consciente de lo que quiero en el futuro.

De lo que no sé si Tanner pueda darme.

Pero eso no significa que no lo ame.


Capítulo 49
Frederick y Hans no atraparon a Gordon. No porque no lo hayan alcanzado,
sino porque Tanner les ordenó que lo dejaran ir después de hacerlo. Los cuatro
nos reunimos en la sala de la cabaña de Grayson poco después. Los invitados
ya se han ido, incluido este con su novia, la porrista rubia de nombre sureño.
Delilah. A pesar de que todos nos sentimos enojados de que alguien como él se
haya reído de nosotros en nuestras propias caras, nuestro próximo movimiento
en su contra amerita que lo dejemos libre. Alguien más lo dejaría estar, pero
no solamente es el psicópata que hizo que Anahí me golpeara manipulando sus
vulnerabilidades, sino que ni siquiera sé qué habría hecho conmigo si no lo
hubiera mordido o qué hizo con las otras chicas que pudo haber drogado ya
que no sabemos si Pauline y Elizabeth fueron las únicas. Hay que detenerlo y
hacerlo perder su propio juego es la mejor manera que se me viene a la mente
de hacerlo. Ya lo hicimos una vez y descubrimos su identidad.

Ahora caerá.

─¿Estás segura de que quieres quedarte? ─pregunta Hans en el exterior de la


cabaña, Anahí bajo su brazo con los ojos caídos y llenos de lágrimas debido a
que Gordon también la molestó─. Podemos llevarte.

Afirmo.

─Me quedaré para ayudar con el desastre.


Hans hace una mueca.

─Sí, claro, con el desastre ─dice alzando las cejas repetidas veces─. Como
quieras. Si surge cualquier inconveniente, no dudes en llamarme.

─No lo haré ─le digo y me doy la vuelta para entrar, pero antes de que eso
suceda una mano rodea mi muñeca y me hace girarme de nuevo.

Anahí.

La pelirroja me mira con timidez, la cual contrasta enormemente con todo lo


que conocí anteriormente de ella, y arrepentimiento.

─Quiero disculparme por lo que te hice ─susurra y suena sumamente sincera─.


Sé que no puedo remediarlo, pero...

─No, sí puedes ─la corto─. Puedes remediarlo prometiéndote a ti misma que


nunca más volverás a caer en las garras de alguien como Gordon y entonces
todo por lo que habrás pasado hasta llegar a ese punto habrá servido de algo,
incluido el daño que me hiciste. ─Trago─. Así que no te perdono, Anahí.
Cuando lo compenses, sí lo haré.
Dicho esto me doy la vuelta sin esperar su respuesta porque es demasiado
doloroso ver su mirada. Ya en el interior de la cabaña, tomo una bolsa negra y
empiezo a meter todas las botellas y los vasos desechables que encuentro en
ella. Estoy tan concentrada en dejar todo limpio que no me percato del
momento en el que Tanner se me une hasta que aparece frente a mí, también
con una bolsa y recogiendo.

─Esto es un completo desastre.

Afirma en acuerdo, su expresión seria, pero no molesta como pensé que lo


estaría ante la idea de rebajarse a perder su tiempo limpiando el desastre
ocasionado por un montón de universitarios que suelen servirlo.

─Sí ─dice─. Pensé que te gustaría estar a solas, así que no le dije a los
prospectos que vinieran a limpiar, y después te maldije en el interior de mi
cabeza cuando te vi salir con Hans y Anahí por dejarme todo el basurero, pero
no te fuiste con ellos, ¿puedo saber por qué?

Alzo la vista hacia él, sorprendida con su pregunta.

Con la urgencia en su voz.


─¿Por qué me quedé o por qué no me fui?

Tanner termina de recoger una botella en el sofá antes de enderezarse. Me mira


fijamente con sus ojos negros luciendo como abismos.

Abismos en los que quiero caer.

─Ambas ─responde.

Está tan cerca que puedo sentir el calor que emana su cuerpo y yo tengo tanto
frío que no puedo evitar querer verme rodeada por él.

─No me fui porque vine aquí contigo y no vi correcto dejarte atrás sin decir
nada. Porque a pesar de que veo en tus ojos cuánto me odias, siento que todo
por lo que hemos pasado juntos nos ha hecho cercanos ─respondo─. Y me
quedé porque tengo miedo ─murmuro esto último, sintiéndome débil y
vulnerable por admitirlo en voz alta, pero libre.

─¿Miedo de Gordon? ─pregunta en voz baja.

Suave.

─Sí ─contesto, pero ambos sabemos que es mentira y que lo que en verdad temo
es cuán fuerte son mis sentimientos hacia él.
El hecho que a pesar de que he intentado apagarlos de muchas formas, están
ahí. Siempre estarán ahí a pesar de que sé, en el fondo, que no es la persona
correcta para mí por muchas razones, pero es la que quiero.

Tanner separa los labios, tomando una honda inhalación, y se acerca aún más.
Las luces de colores siguen encendidas, así que se reflejan contra nosotros en
la oscuridad, igual que en la noche del club con la diferencia de que aquí solo
estamos nosotros y su amigo que no dirá nada porque al momento en el que él
entró, Frederick fue a acostarse con su habitual actitud siniestra y silenciosa.
Todo mi cuerpo vibra cuando deja caer su bolsa, lo cual yo también hago, y se
limita a observarme con la expresión de conflicto más grande que alguien ha
tenido en la historia de la humanidad. Un eco de la que está en mi pecho.

En mi corazón.

─No tienes por qué estar asustada ─dice─. Estaremos bien, Savannah.

Niego, sin poder creerle.

─Las drogas, la ida a prisión, nuestros padres, Gordon, los incendios... ¿me
puedes negar que tú no lo estás alguna vez? ─le pregunto.

─Sí lo estoy ─admite en voz alta, nuestras narices casi rozándose─. Pero ni las
drogas, ni la prisión, ni nuestros padres o el jodido campesino con un deseo de
muerte de Gordon tienen que ver, sino nuestro secreto.

Presiono mis manos contra su pecho, arrugando su camisa con mis manos al
hacer puños con la tela dentro y eso a él ni siquiera le importa.
─¿Cuál de tantos?

─Todos ─responde─. Todo lo que nos conecta.

Separo los labios para tomar una honda inhalación, haciendo que Tanner no
sea capaz de ver hacia otro lado en el que no se encuentren. Me pongo de
puntitas para tomar la iniciativa y ser yo quién lo bese, quizás impulsada por
el alcohol y la adrenalina, quizás cediendo, pero su teléfono suena. A pesar de
que no lo hace en voz alta, maldice con los ojos y se da la vuelta tras sacarla
de uno de los bolsillos delanteros de sus pantalones. Visualizo su espalda
sintiendo cómo acaban de arrancarme el corazón del pecho y no alguien, sino
una llamada.

El destino.

Porque no es nuestro destino estar juntos, al menos no ahora y la verdad es que


no sé si algún día, sino perder el tiempo con otras personas con las que no
sentiremos ni un tercio de lo que sentimos estando juntos.

De lo que yo siento cuando estoy con él.

─Dime, Pauline ─lo escucho y no necesito oír nada más.

Sigo recogiendo en silencio, las lágrimas acumulándose en mis ojos, y cuando


regresa al interior de la cabaña su expresión ha regresado a ser fría, cruel e
indiferente. Me mira fugazmente antes de tomar las llaves de su camioneta
sobre el mesón que divide la sala con la cocina.
─Debo irme ─anuncia tras apagar las luces de colores y encender las reales,
alejando la belleza en la oscuridad: lo que somos─. Frederick te llevará por la
mañana. Está muy borracho como para hacerlo ahora.

─Está bien.

Tanner afirma y a pesar de que yo no fui capaz de dejarlo, él sí es capaz de


dejarme. Me contempla por unos segundos antes de darse la vuelta y salir al
exterior. Dejo caer nuevamente la bolsa cuando las luces de su camioneta se
encienden y empiezo a caminar por el pasillo. Tomo la manija de puerta de una
habitación al azar y me deslizo dentro al identificar la silueta de Frederick, el
único amigo de Tanner o la única persona con lo que lo he visto interactuar
fuera de su rol como capitán del equipo y presidente de su fraternidad. Este se
incorpora con los ojos entrecerrados cuando presiono mi rodilla contra el
colchón, intentando deducir qué sucede, y el mismo deseo que vi en sus ojos
cuando me vio nadar desnuda en la laguna resplandece en su mirada, pero
también hay sigilo y precaución. Sin embargo, eso no impide que tenga una
erección.

─Sav, no... ─gime como si sintiera dolor cuando meto la mano en sus
pantalones, apreciando su buen tamaño y grosor─. Tanner... él... él...

─Él no está aquí. Se fue y nos dejó atrás ─lo callo echándome hacia atrás para
desnudarme tras comprobar su dureza. Una vez estoy completamente desnuda
bajo la chaqueta de Tanner, la cual conservo para hacer el intercambio más
doloroso y real, tomo un condón cerrado de su billetera y me siento sobre él─.
Pero tú y yo sí. ─Entra en mí y aprieto los dientes debido al dolor que siento
ya que es la primera vez, desde mi primera vez, que no me encuentro mojada al
tener sexo ya que lo estoy haciendo por las razones incorrectas. Lo sé y aún así
lo llevo a cabo porque quiero lastimarlo de la manera en la que él me lastimó
a mí aunque eso también me lastime. Mientras gime, tiro de su cabello hacia
atrás y lo obligo a mirarme fijamente a los ojos─. Así que no pensarás en él,
solo en mí.

─Sí ─murmura cuando empiezo a moverme más fuerte─. Dios, sí.

─Dilo ─exijo─. Di que no pensarás en él.

─Te juro que amo a Reed, pero es lo último en lo que estoy pensando ahora,
nena ─revela apretando fuertemente mis caderas hacia abajo.

Pero en mi caso Tanner Reed es lo único en lo que puedo pensar.

*****

Aunque caigo exhausta en los brazos de Frederick e intento dormir, no logro


hacerlo y navego entre la consciencia y la inconsciencia. Es por ello que a
pesar de mis ojos se encuentran cerrados, sé el momento exacto en el que
Tanner abre la puerta y nos ve juntos, pero no separo los párpados porque no
estoy lista para ver su expresión o cómo lo he arruinado todo en el hipotético
caso de que haya regresado por mí.

En el caso de que me haya equivocado.

Y lo haya lastimado.

Cuando la puerta se cierra nuevamente y escucho sus pasos alejarse por el


pasillo, dejo caer las lágrimas que he estado aguantando.
Odiándolo.

Odiándome.

Odiándonos hasta quedarme dormida.

*****

Cuando desperté todo estaba limpio. La cabaña. El exterior. Tanner debió


haber terminado de recoger, pero su camioneta ya no se encontraba en la
entrada. Frederick tenía clases, así que llamé un taxi para que viniera a
buscarme porque quise faltar a las mías y lamer mis heridas. Me alimento a
base de comida chatarra que sobró de la fiesta y refresco. Son alrededor de las
cinco cuando pongo un pie en el campus. Al abrir la puerta de mi dormitorio,
me congelo al ver a Tanner durmiendo con Pauline sobre mi cama. Ambos
están desnudos y lucen serenos. La cama de ella está repleta de libros, así que
pueden usar eso como excusa a pesar de que no lo es porque están en mi
espacio.

Sin embargo, tomando en cuenta que follé con Ibor en la cama de Tanner, no
es como si pudiera reclamárselo. Tomo un conjunto sencillo de shorts de
algodón deportivos y una camiseta blanca. Zapatillas en el caso de que tenga
que correr. Peino mi cabello mojado tras salir de la ducha y lo dejo caer sobre
mi espalda para que se seque. Hace frío, así que esa es la excusa que para
justificar que haya tomado de nuevo la chaqueta de Tanner del canasto de
mimbre de la ropa sucia.

Ellos siguen dormidos para el momento en el que salgo de mi dormitorio.


Tras bajar las escaleras, le envío un mensaje de confirmación a Hans y empiezo
a conducir hacia el sitio en el que sus informantes o revendedores de su
mercancía, no quiero saber, le dijeron que Gordon está viviendo. Es un
vecindario feo y vacío lo suficientemente cerca del campus para que el
escenario que fabricamos durante el día, dejando de lado a Tanner y a
Frederick por obvias razones para mí, pero que no le dije, sea creíble. Me
estaciono unas cuadras lejos de el sitio en sí y pongo el 911 en marcación
rápida, pero también llevo dos auriculares con música a mis oídos. Caliento
antes de empezar a correr.

Justo cuando veo su feo auto acercarse a la hora que dijeron que lo haría, paso
frente a su edificio y me detengo en el parque verde cercano a él simulando
estarme ejercitando. Cuando he empezado a creer que no pescará el anzuelo,
una mano toma mi cabello y me hace caer al suelo tras tirar de él, llenándome
de barro y haciendo que me golpee con las rocas. Cuando mis ojos se enfocan
en él, me estremezco al ver su labio partido y los moretones y rasguños en su
cara. Frederick y Hans lo dejaron ir, pero no intacto, sobre todo el último
tomando en cuenta de todo el daño que sufrió Anahí, ahora su chica, por su
culpa.

─Zorra estúpida ─sisea.

A pesar de que empieza a golpearme, no me defiendo.

En su lugar marco el número de la policía mientras intento esquivarlo tanto


como puedo, esperando el momento en el que alguno de los amigos de Hans o
alguien aparezca y lo aleje de mí. No solo se trata de que no quiera apartarlo,
sino de lo grande que es y de la magnitud de su ira. Como puedo saco mi iPhone
de mi bolsillo y voy a marcación directa.
─Novecientos once, ¿cuál es su emergencia? ─dice la voz en mis auriculares─.
Novecientos once, ¿está todo en orden?

─Por favor ─sollozo cuando su pie se aplasta contra mi abdomen, incapaz ya


de respirar─. Mi agresor ha violado su orden de alejamiento ─consigo
murmurar antes de que Gordon se agache, tome mi teléfono , vea la pantalla y
maldiga, lanzándolo hacia el bosque tras de mí.

Tras ello finalmente se aparta y empieza a caminar como un animal salvaje


dentro de una jaula. Las personas han empezado a acercarse para ayudarme,
pero se alejan cuando me apunta con un arma que ha adquirido recientemente,
incluido Hans. El cabello oscuro y grasoso de Gordon se agita con el viento del
atardecer. Su mirada está al borde de la locura y solo soy capaz de ver su deseo
de venganza.

De violencia.

─No seré el único cuya vida se arruine por esto ─dice.

Lo miro desde el césped.

─¿Cómo puedes estar tan seguro de eso? ─le pregunto poniéndome de pie y
mirándolo con el mentón en alto por todas las chicas que no pudieron hacerlo─.
Violación de una orden de alejamiento, agresión, porte de un arma ilícita...

─Tengo permiso para portar armas.

Sonrío.
─¿Pero esta está registrada? ¿Tiene código? ─La mandíbula de Gordon se
aprieta. Mi sonrisa crece. El tipo de sonrisa que he estado reservando por
mucho tiempo porque no había aceptado mi naturaleza oscura a pesar de tener
dos buenos padres, la vida perfecta, hasta ahora, pero eres como eres y eso es
lo que soy. La villana que puede ser heroína haciendo el mal─. Felicitaciones,
Gordon. Acabas de cometer un delito federal que agravará tu condena mucho
más.

El idiota frunce los labios, incluso diría que parece a punto de llorar y que ese
es el momento exacto en el que se percata de que está siendo grabado por
decenas de cámaras, y empieza a bajar su brazo, pero antes de que lo haga una
figura lo taclea y se cierne sobre él. Tanner, inconsciente de nuestros planes,
lo golpea una y otra vez todavía con la misma ropa de ayer. Mantiene un ritmo
constante con su puño cerrado hasta que el rostro de Gordon se tuerce en un
ángulo extraño, sangrando por todos los sitios en los que se supone que debería
sangrar. El arma salió volando durante su caída y me apresuro a tomarla por
instinto debido a lo cerca que cayó de su portador, pero este se me adelanta y
la toma, apuntando a su agresor en su lugar.

Tanner deja de golpearlo al darse cuenta.

A pesar de que sé cómo va a terminar todo, siento mi pulso palpitar contra mi


cuello y mis rodillas debilitarse. Obligándome a mí misma no interponerme
entre ellos, me alejo mientras escucho el sonido de las sirenas acercándose.
Tanner me mira mientras su pecho asciende y desciende con bruscas y salvajes
respiraciones. La sed de sangre en sus ojos sigue latente, pero hay mucho más
en su mirada que no logro descifrar. Mucho más que tengo la intuición de que
nunca sabré. Cree que morirá, me doy cuenta, y soy la última persona a la que
decide mirar.
Separa sus labios como si quisiera decir algo, pero nuevamente la vida nos
interrumpe. Esta vez es Gordon, pero antes fue Pauline. La sociedad. Su
trastorno obsesivo compulsivo. El desorden en mí que lo mantiene alejado, el
cual no está mal, pero no tiene nada que ver con lo que desea para sí mismo. E
incluso si no es así, incluso si en realidad no hay nada en él que me quiera,
justo ahora no se siente de otra manera.

Por este segundo todo lo que sé es que daría su vida por mí.

Y no se arrepentiría.

─Vete a la mierda con tu puta, Reed ─dice y presiona el gatillo, pero ninguna
bala sale disparada porque esta mañana cuando uno de los amigos de Hans se
acercó a él con la promesa de darle semiautomática sin registro y con
munición, le vendieron un arma defectuosa.

Cuando Tanner se percata de ello, lo golpea una vez más, dejándolo


inconsciente, y se aleja para permitir que la policía lo recoja. Antes de llevar
todo esto a cabo me aseguré de que Hans y Weston e Ibor hicieran limpieza en
su respectivas propiedades en el caso de que Gordon los incrimine, lo cual no
debería hacer a menos que quiera a un montón de chicas atestiguando en su
contra. Por otro lado, no es como si las personas no supieran que el campus
está lleno de drogas y otros excesos. Cuando lo alcanzo a pesar del dolor en mi
cuerpo y de los llamados de la policía para llevarme al hospital u obtener mi
testimonio, se encuentra con las manos apoyadas en el techo de su camioneta
intentando regular su respiración. Al hacerlo me mira y nada de lo que había
antes en su mirada, al igual que anoche, está ahí.

─Mírate. Mira lo que permitiste que te hicieran ─sisea, un fuego en sus ojos
aún más fuerte que las llamas de cualquier infierno mientras señala mis
heridas─. Mírame. Mira cómo terminamos. Mira todo lo que sucedió y si antes
no había entrado en tu cabeza, que ahora sí lo haga. Esto... ─Señala de él a mí
sucesivas veces─. Esto se acabó, Savannah.

Y el único hombre que daría la vida por mí entra en su auto y se marcha.

No por Pauline. No por con quién me haya acostado.

Por mí.

Sé que leer este libro sin la perspectiva de Tanner es difícil, pero creo que
este capítulo nos servirá mucho para que nos demos cuenta del poder que
Sav tiene sobre él. Es un cerdo tóxico machista y todo lo que quieran, lo
sabemos, pero Savannah también es tóxica y lo peor del asunto es que no
tiene razones para serlo. El problema es que muchas personas son infelices
solo porque lo son independientemente de nuestro entorno y así es
Savannah. No hay mayor explicación. Solo espero que en el futuro todo sea
diferente, pero a partir de aquí ellos se distancian en el pasado (su único
punto de conexión, por así decirlo, se vuelve Pauline). Quizás no eran
pareja, pero eran cómplices y dejaron de serlo por culpa de Tanner y lo
más triste del asunto es que no se separaron por Frederick o Pauline o por
algún otro. Alerta del punto de vista de Tanner aquí: en este capítulo él se
alejó de ella porque no podía soportar cuánto daño se hacía a sí misma y
porque temía salir herido también

Por otro lado este capítulo me hizo sentir super triste porque estuvieron
tan cerca. Crean cuando les digo que no odio a Pauline, en realidad Pauline
es uno de los personajes más interesantes que alguna vez vaya a desarrollar
y estoy emocionada por escribir su historia y ustedes cuando la lean
quedarán o.o, pero la odié HORRIBLE cuando llamó a Tanner, al igual
que odié a Sav cuando se acostó con Frederick (no por Tanner, sino porque
todos sabemos que lo hizo para herirlo y no porque quería)
Pero en fin

Son cosas que necesitaban suceder

Love u
Capítulo 50
Después de que terminamos de asistir al reencuentro, Tanner y yo llevamos a
Anahí y a Hans a mi casa ya que decidieron pasar el fin de semana en la ciudad.
Sam se baja del auto tras regalarme una calcomanía de mariposa que obtuvo en
el zoológico y que pega en mi pecho, pero también le da una a Tanner. En lugar
de colocarla en su camisa, la aplasta contra su mejilla con la palma de su mano.
No puedo evitar sonreír cuando él fuerza una sonrisa en su rostro para ella,
viéndose adorable por lo mucho que intenta no delatar su frialdad y su
incomodidad para no herir sus sentimientos.

─Gracias, Sam ─le dice.

─Te ves hermosooooo ─comenta ella antes de ceder a los jalones de su madre
y salir─. Adíos, tía Sav. Adiós, camarón ─se despide de nosotros entre risas
mientras toma las manos de sus padres y salta.

Una vez entran en el edificio, Tanner arranca y me giro para mirarlo,


sorprendida de que las usuales líneas de tensión han desaparecido de su rostro.
En su lugar luce feliz y relajado. Eso me alegra más de lo que alguna vez podría
describir. Ladea su rostro mientras conduce y se quita la calcomanía de
Samantha, pero en lugar de arrojarla por la ventanilla como pensé que haría, la
guarda en uno de los compartimientos de la puerta. Simplemente lo observo
hasta tomar el valor necesario para sacar el tema a colación, el cual ha estado
persiguiéndonos como el fantasma de un elefante desde que Pauline me
involucró en su segundo aborto. Desde que me contó del primero.
─Debes dejarlo ir, Tanner. No podías obligar a Pauline ─le digo─. Ella debió
haberte dicho que no quería una familia para que no te hicieras falsas ilusiones
y ambos pudieran tomar las medidas correspondientes, pero lo mejor fue lo que
hizo. Si una mujer no siente el impulso de ser madre, no debería serlo. Ir contra
de ello traería resultados peores. ¿Ves cuán feliz es Sam? Eso es porque sus
padres la aman. El dinero no importa ahí. Todos los niños merecen una infancia
así, incluidos los niños que alguna vez llegues a tener.

Tanner aprieta el volante, pero mantiene su expresión tranquila.

─¿Quieres hijos, Savannah?

Ante su pregunta trago, insegura sobre cómo responder.

Porque no sé si los quiera.

Porque todo lo que está en mi mente es hacer crecer mi negocio. Porque cuando
pienso en niños, tengo como requisito indispensable estar segura de que les daré
una vida mejor a la que mis padres me dieron porque no iré en retroceso. Eso
involucra tanto las condiciones económicas adecuadas como un par de figuras
paternas estables y un ambiente no tóxico. A pesar de que tuve la vida perfecta,
siempre he tenido una debilidad por la adrenalina que surge desde el peligro y
del dolor, soy autodestructiva en muchos sentidos, como el estar aquí, con él, y
amarlo como lo hago, pero eso no significa que quiera eso para alguien más,
mucho menos para mis hijos. Cuando eres madre todo cambia. No lo soy aún,
pero sé que pasas de ser el protagonista de tu propia vida al personaje secundario
de la de alguien más porque a partir de entonces todo lo que haces y todo lo que
dices le dará forma a otro ser humano. Tu atención deja de centrarse en ti.

No sé si estoy lista para eso.

Si lo estaré alguna vez.

Si seré buena para alguien alguna vez.

─No lo sé ─murmuro, trayendo sus ojos oscuros a los míos por un momento
antes de que vuelva a fijarse en el camino─. Quizás algún día, pero todavía no
estoy lista. Tengo otras metas que cumplir primero. ─Mis labios se curvan─.
Además, ya tenemos una docena de hijos de los cuales ocuparnos ─le recuerdo
a los chicos del programa de becas, quiénes pasan todo su día escribiéndome
por mensaje para hacerme preguntas sobre el programa ya que Tanner solo les
habla para preguntarles cuánto dinero necesitan y advertirles que si no están a
la altura, llorarán lágrimas de sangre por el resto de sus vidas─. ¿Y tú? ¿Todavía
quieres hacer tu propia familia?

Afirma.
─Más que nada, pero me tomaré un descanso de la idea y me enfocaré, al igual
que tú, en cumplir otras metas.

Ya en Travis Country, se detiene en el estacionamiento de un lujoso restaurante


de comida italiana y se baja primero que yo para abrir mi puerta. De camino a
él mantiene su mano presionada contra mi espalda baja. A pesar de que todo el
mundo nos ve cuando llegamos de una manera que me hace preguntarme una y
otra vez si son sus conocidos y si saben que todavía está casado y que soy su
amante, no la aparta de ahí porque no le interesa en lo absoluto. Porque la magia
de Tanner es hacer que las personas mueran por tener su interés, pero en eso no
somos iguales. Soy egoísta, como él, pero no puedo ser indiferente del daño que
causo. Tanner sí puede y eso es lo que más me asusta porque me hace
preguntarme cosas.

Preguntarme si me quiere.

Preguntarme si en el dado caso de llegara a lastimarme, lo lamente o no lo


haga hasta que sea demasiado tarde para nosotros.

─¿A qué metas te referías en el auto? ─le pregunto a las luz de las velas
dispuestas en el centro de nuestra mesa para dos en una esquina apartada del
local tras hacer nuestro pedido.

Tanner toma un sorbo de su copa con agua, relamiendo sus finos labios, antes
de responder. Samantha tenía razón al continuar llamándolo camarón. Ya no
solo está sonrosado por nuestro viaje en yate hacia su buque, sino rojo por haber
pasado todo el día caminando bajo el sol en el zoo y durante el reencuentro en
el campus.

─Me gustó Corpus Christi desde que fui la primera vez contigo y Pauline.
Muchas personas están invirtiendo ahí. Quiero hacerlo también. ─Se inclina
hacia delante, apoyando sus brazos en la superficie de la mesa de cristal─.
Tengo planeado abrir un bazar, pero ese es solo el proyecto pequeño con el que
pienso ayudar a la comunidad y así conseguir los permisos y tener la suficiente
influencia en el pueblo para ejecutar lo que realmente deseo construir en él.

─¿Y eso es?

Tanner sonríe y puedo ver en sus ojos, por la manera en la que estos brillan,
cuán emocionado está al respecto. Es como verme a mí misma frente al espejo
mientras hablo de arquitectura y de mis sueños.

─Independizarme del puerto de carga de Houston ─dice.

Mi garganta se cierra, sorprendida por su ambición.

─Tanner... ─susurro─. Eso llevaría mucho trabajo. No solo es construir un


puerto. Es todo lo que conlleva la construcción de él. Lo que vendrá antes o
después. La competencia. Los permisos. Las leyes de protección ambiental.
Prácticamente tendrás que desarrollar un canal para evitar que seas llamado un
demente por si quiera sugerir algo como eso. ─Niego, abrumada por todo lo que
se me viene a la mente, tanto los pro como los contra─. Será caro. Muy caro.

Afirma.

─Podría llevarme a la quiebra, pero si lo logro y Reed Imports tiene su propio


puerto, como importador no tendré ningún tipo de competencia.

Si Reed Imports tiene su propio puerto, él no la tendrá.


Se habrá adueñado de las rutas de importación como lo hizo conmigo.

─Espero que puedas lograrlo.

Tanner asiente.

─Lo haré. Solo debo saber cómo moverme y ser paciente. ─Alcanza mi mano
por encima de la mesa, apretándola mientras me observa fijamente a los ojos de
una forma tan intensa que mi pulso sufre un aumento en consecuencia─. Y
cuando eso pase quiero que tú estés al mando del diseño. No quería decírtelo
hasta que fuera una realidad porque no soy un hombre que no cumple sus
promesas cuando las hace, pero no puedo pensar en nadie más para la tarea. Si
de aquí allá tus sueños de formar parte de algo grande no se cumplen, te daré
control sobre todo lo que tengo para hacerlos realidad, Sav.

Mi pecho se oprime ante sus palabras. Ante su expresión decidida y sin ninguna
pizca de duda, lo cual me hace sentir mal por algún momento haber dudado de
él. De haber pensado que cualquier hipotético futuro sería mejor que el presente
en el que tengo todo lo que quiero, menos esa paz asociada a la felicidad
máxima. Sin importar cómo nos puedan mirar debido a ello lo suelto, trayendo
desilusión a su mirada que es recompensada por sorpresa cuando me levanto y
camino hacia él. Tras tomar su rostro entre sus manos, inclino mi cuerpo hacia
abajo y lo cubro, mi cabello haciendo una cortina a nuestro alrededor porque
mientras tengamos esto, nada más importa. Nada más vale. Weston tenía razón
al hablarme como lo hizo porque mientras mi corazón siga latiendo de esta
forma por él, no tengo otra opción salvo elegirlo incluso por encima de mí
misma.

Ese es nuestro bucle.


Mi condena al no saber si es la suya también.

─¿Eso es un sí? ─murmura cuando separo nuestros labios, todavía sin


apartarme, sus manos puestas sobre mis caderas.

─Es un no. ─Río ante su instantánea expresión irritada, la cual flaquea al


escucharme. Rodeo su cuello con mis brazos antes de besarlo de nuevo─. Por
supuesto que es un sí. Claro que es un sí.

Y así es como a pesar de todo lo que me advierten, de todo lo que yo misma sé


que sucederá, lo elijo nuevamente a él porque siempre me he sido fiel a mí
misma y dejarlo ir sería lo equivalente a destrozarme.

Porque puedo vivir sin ser feliz o aprendiendo a serlo a nuestra manera, ¿pero
puedo vivir sabiendo que dejé ir a la persona que amo?

******

A pesar de que al día siguiente es la fiesta de recaudación de fondos, eso es lo


último que pasa por mi mente de camino a casa y mucho menos cuando
llegamos a ella. Tanner sostiene bandejas para llevar con lo que pedimos para
el postre, así que me ocupo de desnudarme por mi propia cuenta cuando
entramos en nuestro ático. Cuando regresa de la cocina y entra a nuestra
habitación, me pongo de puntillas y cierro sus ojos con una de mis manos
mientras que con la otra empiezo a desabrochar sus pantalones, a lo que se
detiene con un bramido y me deja hacer lo que quiera con él.

Me ayuda a desvestirlo y una vez está solo en ropa interior, lo dejo verme
echándome hacia atrás y su mirada se vuelve intensa al apreciar cómo el atuendo
de lencería que escogí acentúa mis atributos. Es color rojo y está compuesto por
tiras que se enrollan estratégicamente a lo largo de mi anatomía. Tanner
rápidamente acorta la distancia entre nosotros envolviendo su brazo alrededor
de mí, pegándome a su torso, y aplanando su palma contra mi espalda.

─¿Quieres jugar? ─susurra en mi oído, haciéndome estremecer.

Niego.

─Quiero que me hagas el amor. ─Cuando Tanner se tensa ante mi exigencia,


tomo su barbilla y desvío su rostro al mío. Clavo mis ojos en los suyos de una
manera en la que espero que lo que no sea capaz de decir en voz alta, lo diga
con mis ojos─. Quiero que me digas con tu cuerpo lo que todavía no me puedes
decir con palabras, Tanner.

Tanner entreabre los labios, luciendo sin aliento.

Viéndose tan asustado por la magnitud de nuestros sentimientos como yo lo


estoy, pero el hecho de que dichos sentimientos estén ahí es todo lo que necesito
para tener fe en nosotros. En él. Su expresión vacía sí sería algo con lo que no
podría lidiar. Con su inferencia, pero conmigo es todo menos indiferente y eso
fue lo que desde un principio me hizo sentir especial. Tener esperanzas de que
sería posible.

─Sav... ─susurra, sus manos apoderándose de mis mejillas antes de que junte
nuestras bocas y me bese larga y profundamente, atrapando mis labios entre los
suyos para succionarlos y siseando cuando arrastro mis uñas por su espalda
enrojecida por el sol. Una vez nos quedamos sin oxígeno, me anima a rodear su
cintura con mis piernas y me lleva a nuestra cama, las luces de las demás
viviendas en Travis Country transmitiéndose a través del cristal─. Tengo planes
de arruinarte para cualquier otro hombre ─admite con esa mirada enloquecida
y psicótica, posesiva y celosa más allá de lo razonable, cuando me deja sobre el
colchón de sábanas blancas y limpias porque hicimos la colada juntos hace un
par de días─. No soporto la idea de que estés con alguien que no sea yo,
Savannah, pero te deseo tanto que te perdono cada una de las veces que te
entregaste a algún otro imbécil frente a mí. ─Besa mi estómago, descendiendo
cada vez más cerca de mi centro. Jadeo cuando sus labios son presionados
directamente contra la tela de encaje sobre mi entrepierna─. Eres un torbellino
tan grande que cuando estoy siendo absorbido por ti olvido el abismo en el cual
me encuentro. ─Una vez tira de la tela del lazo que mantiene en su lugar mi
conjunto, hace a un lado el encaje y me insta a poner mis piernas sobre sus
hombros─. Eres peligrosa, eres egoísta y eres caprichosa, pero también eres
noble, creativa y sé que tienes el corazón más puro de todos por más que te
esfuerces en ocultarlo. ─Tras succionar mi clítoris, haciéndome jadear y
retorcer mientras enredo mis dedos en su cabello negro, escala sobre mí con dos
de sus dedos en mi interior y vuelve a besarme, lo que me permite saborear mi
propia humedad en sus labios─. Eres perfecta, Savannah Campbell. Fuiste
creada para tentarme y caí como un estúpido en una trampa de la que me debí
mantener alejado a penas te vi. ¿Lo más irónico de todo? ─Jadeo cuando entra
en mí─. Caí feliz, hermosa.

La mezcla de todos sus acentos hablando en español logran hacerme estremecer


con emociones que no tienen nada que ver con lo carnal mientras toma posesión
de mi cuerpo, pero que intensifican nuestra unión. Rodeo su cintura con mis
piernas y lo atraigo a mí para besarlo mientras me folla con suavidad y
profundidad, haciéndome arquear la espalda y quejarme cada vez que toca mi
punto G, restregándose contra él y estimulándolo de una manera que nadie más
podrá igualar. Una vez mis labios consiguen estar hinchados, al igual que los
suyos, lleva su rostro a mi cuello y besa mi piel, mordisqueándola y
succionándola cada vez que las contracciones de mi sexo lo hacen gruñir. Me
insta a colocarme sobre él, ambos sentados y desnudos, cuando está cerca de
venirse, sus brazos rodeando mi cintura.
Me he corrido varias veces ya, por lo que me limito a contemplar la expresión
de su rostro, a besarlo y a jadear cuando su semen me llena espeso, caliente y
abundante. Tanner me abraza una vez termina, estremeciéndose, y yo lo abrazo
a cambio. Cuando se calma despega su frente de mi pecho tras besarlo y me
sonríe tímidamente.

─¿Voy por el postre? Tengo hambre otra vez.

Afirmo, sonriendo.

─Sí. ─Presiono un beso sobre su frente─. Ve por él. Te espero aquí.

Tanner me besa una última vez antes de empujarme suavemente hacia atrás y
levantarse en toda su gloria desnuda de camarón. Ya que no hay nadie más que
yo aquí y su autoestima nunca ha sido un problema, ni siquiera se pone su ropa
interior. Yo sí lo hago con un pantalón de algodón y una camiseta blanca de
Tanner cuando desaparece de la habitación para ir a la cocina y la pantalla de
mi teléfono se alumbra con el mensaje de un número desconocido.

Desconocido: Estoy abajo.

Tras mirarme en el espejo y asegurarme de que el hecho de que estaba teniendo


sexo no sea tan obvio, me baño en perfume y me dirijo al primer piso. Tanner y
yo nos cruzamos en las escaleras. Su ceño se frunce al verme vestida, pero se
suaviza al notar su ropa en mí.

─¿A dónde vas?

─Isla vino a traerme algo relacionado con el trabajo. Iré a buscarlo ─le miento
y sueno tan mal haciéndolo que el hecho de que Tanner no lo note hace que mi
corazón duela porque aunque no sé si me ama, confía ciegamente en mí─.
Vuelvo en seguida, camarón.

Tomo la cuchara de uno de los platos y llevo una porción de flan a mis labios,
relamiéndome los labios después. Tanner los limpia con una servilleta mientras
asiente, sus ojos oscureciéndose al ver su ropa en mí.

─Deberías vestirte así más a menudo.

Pongo los ojos en blanco.

─¿Con ropa holgada?

Niega.

─Diciéndole al mundo que eres mía ─dice antes de presionar sus labios contra
mi frente─. No tardes demasiado o me comeré tu flan.

Le saco la lengua mientras me dirijo al ascensor.

─Te haré comprarme otro.

─Lo jodido es que probablemente lo haga ─lo escucho gruñirse a sí mismo


antes de que las puertas metálicas se cierren y el descenso al engaño más grande
del cual ha formado parte empiece.

Saludo al hombre en la caseta de vigilancia antes de salir a la calle. La puerta


del asiento copiloto de un convertible azul se abre desde dentro y los ojos verdes
de Weston, cuyo número me dio Ibor a penas nuestros caminos se separaron en
el reencuentro, se enfocan en mí.

─Sav... ─empieza, su mirada llena de arrepentimiento, pero niego.

─Solo dame lo que has venido a traer.

Suspira. Posteriormente asiente y toma un sobre que saca de su guantera.


Cuando este aterriza en mis manos, ni siquiera lo abro. Me limito a contemplarlo
sabiendo que lo que dijo es completamente cierto porque no tiene razones para
mentirme o, al menos, eso es lo que pensé de él, pero al igual que muchos
terminó siendo una decepción.

La razón por la que nunca me abro a nadie.

─Lo siento ─dice cuando tomo la manija de su puerta─. Siento haberme


molestado contigo incluso cuando tenías razones más fuertes para molestarte
conmigo, pero tienes que entender que la universidad fue la época más oscura
de mi vida. No solo luchaba por abrirme un espacio en el mundo, sino también
por entenderme.

Lo miro, mis ojos llenos de lágrimas.

─Dañaste a muchas personas en el proceso, Weston, incluyéndome. No sabes


por cuánto tiempo me sentí culpable por haberte dejado. Cuánto lloré cuando
los vi a ti y a Ibor siendo felices sin que me permitieran estar ahí para ustedes.
No como su amante, sino como su amiga. Como alguien que los habría apoyado
contra el mundo.

West agacha la mirada, asintiendo.


─Sé que no hice lo correcto y que fui egoísta al callármelo por tanto tiempo,
pero lo estoy haciendo ahora ─murmura con expresión afligida─. No podía
seguir escondiéndolo más. Lo que dije en el campus lo dije en serio, Sav.
Mereces ser feliz. Esto te ayudará a serlo.

─Sí, pero no contigo ni con Ibor si eso es lo que pretendes con esto.

Niega, su expresión llena de dolor.

─Lo siento. Sé que es insuficiente para el daño que he ocasionado con mi


silencio y con el hecho de haber actuado como lo hice bajo la excusa barata de
querer que fuéramos felices, pero en verdad lo hago.

─No estoy lista para perdonarte ─susurro luego de unos segundos de silencio─.
Pero dile a Ibor que estaré encantada de ir al cumpleaños de Gen. Ninguno de
ellos merece si quiera hacerse una idea de la clase de persona que éramos en el
pasado, así que termina de enterrarnos a Tanner y a mí nueve metros bajo tierra
y sé tanto el buen esposo como el buen y amoroso padre que no fue el tuyo.
Tienes una familia ahora y si lastimas a Ibor de alguna manera, te destruiré.

─No tienes de qué preocuparte. Yo...

─¿No? ─lo corto y no responde─. Solo tuve que ver tus publicaciones en redes
sociales para hacerme una idea de lo que estás haciendo. De lo que le estás
haciendo presentándole semanalmente a una chica diferente como si sus vidas
fueran un reality y ellas estuvieran en un casting. ¿No crees que tu inagotable
búsqueda de la mujer perfecta para ustedes termine por arruinar su relación?
¿Su familia? ─No es mi problema, pero no puedo evitar odiar a West por
lastimar a alguien tan noble. La única persona que no me hizo daño en la
universidad y que incluso al día de hoy podría tener si quisiera, pero nunca le
haría eso por más que deseara lo que Weston y él tienen: una fachada─.
Lastímalo, Weston, y me darás una buena razón para odiarte más de lo que ya
lo hago. Para ir contra ti de la misma manera que él irá contra ella a penas lo
sepa.

Salgo de su auto sin esperar una respuesta. Sostengo el sobre con aire ausente
hasta que llego de nuevo al ático. Limpio mi rostro con agua en el baño del
primer piso. Me encuentro caminando por el pasillo cuando me detengo,
indecisa sobre si hacer esto o no porque en el dado caso de que lo haga, la
persona que amo sufrirá también.

Y no por mí.

Tras tomar una honda bocanada de aire, retrocedo cuando estoy a punto de
llegar a nuestra habitación y dejo el sobre entre varias carpetas de mi estudio.
Cuando salgo de él, me topo con Tanner en el pasillo vestido para salir de casa
con un par de jeans y una camisa.

─Iré por tu flan ─me informa como si no fuera la cosa más dulce que alguna
vez haya dicho─. Me comí los dos, ¿quieres algo más?

Niego, abrazándolo.

─No, no quiero nada más. Tampoco quiero flan ─respondo ocultando mi rostro
en su pecho─. Solo te quiero a ti.

Y que todo aquello por lo que no pudimos estar juntos antes, incluso de lo que
no soy consciente todavía, pague y llore lágrimas de sangre.

Pero no debido a nosotros.


Ya ambos estamos lo suficientemente llenos de veneno.

─Me tienes ─dice alzando mi rostro y besándome antes de deslizar sus pulgares
por mis mejillas─. Siempre me has tenido.
Capítulo 51
Después de que Gordon es capturado por la policía y llevado a la estación, Hans
y Anahí me acompañan a denunciarlo y a proceder al interrogatorio en su contra.
Llaman a mis padres y estos se ponen de camino a Austin otra vez, al igual que
su abogado. Anahí también testifica en su contra por abuso y conducta agresiva
y promete hacerlo de nuevo en un juzgado de ser necesario. Hans se limita a
esperar por nosotras en una de las butacas de la entrada a pesar de que luce
como un gato con el pelaje erizado ante la idea del agua. Cuando salgo del frío
y gris cuarto en el que estuve al menos un par de horas contestando las preguntas
de los mismos oficiales que nos recibieron la vez que incendié su auto, lo
primero que sucede es que mis ojos grises se topen con los oscuros de Tanner.
Con los suyos y con los de su padre. El primero aparta su mirada de mí tan
pronto como nuestras miradas conectan, llevando jeans y una sencilla sudadera
negra con capucha, y el segundo lo imita, pero también me observa como si mi
sola presencia le asqueara. Todavía no han terminado con Anahí y mis padres
no han llegado para ejercer la presión correspondiente en el caso, así que me
siento junto a Hans. Este me sonríe débilmente.

─¿Luces peor de lo que se siente? ─pregunta refiriéndose a los moratones y los


raspones en mi rostro, al igual que en el resto de mi cuerpo, que ocasionó
Gordon y que una integrante femenina de la policía fotografió para el
expediente, procedimiento durante el cual tuve que subirme la camisa para
exponer los golpes a mis costillas y espalda, prácticamente la huella de sus
zapatos sobre mi piel.

─No ─respondo débilmente─. Luzco mejor.

Aunque sé que tuve los motivos correctos para hacer lo que hice, hay algo que
no deja de parar de hacerme sentir como una basura. Me abrazo a mí misma
debido al frío. Hans, al percibirlo, pone su chaqueta de cuero sobre mis
hombros. Mientras lo hace espero ver cualquier chispa de interés en sus ojos,
pero no la encuentro.

Solo está siendo amigable.

Eso es nuevo para mí, y preciado.

─Hicimos lo mejor por ti, por Ana, por todos nosotros.

─No me sentí feliz de haber excluido a Tanner.

Hans frunce el ceño.

─Pero pensé que querías hacerlo.

─Quería ─susurro, agachando la cabeza y mirando hacia mis manos, las cuales
también sangran─. Pero quizás no fue lo correcto.
Porque aunque no estemos juntos, aunque él esté con Pauline y yo con todos los
chicos del campus, había una cierta complicidad en nosotros que sé que ambos
reconocíamos que deseché. Que envié a la basura al hacer esto sin él cuando se
suponía que nos encargaríamos de Gordon juntos. Su mirada cuando pensó que
se enfrentaba a la muerte por mí está grabada a fuego en mi mente.

Pauline puede ser su novia.

Puede quedárselo para siempre y vivir una feliz vida artificial juntos.

Pero yo tengo ese pequeño instante en el que me eligió por encima de él, por
encima de todo, y eso nunca me permitirá dejarlo ir. Cuando creo que he
conseguido las razones suficientes para abandonar la idea de nosotros, él
simplemente me da más. En esta ocasión miles.

─Por supuesto que no lo fue ─dice una voz grave por encima de mí, a lo que
alzo la vista y me estremezco al toparme con el señor Reed, quién es una copia
adulta y canosa de Tanner. Más dura. Más temible. Su vestimenta tampoco
ayuda. Está usando una camisa negra, pantalones negros y un abrigo azul real.
Mocasines. Su cabello está peinado hacia un lado. Es pulcro y exuda orden,
control y poder. Antes de volver a dirigirse a mí, fija sus ojos negros sin fondo
en Hans─. Vete de aquí. Tengo una conversación pendiente con esta... chica
latina ─le ordena, a lo Hans se tensa y empieza a negar, por lo que pongo mi
mano en su antebrazo a pesar de que no estoy del todo cómoda por cómo
pronunció chica latina: intuyo que no fue un halago.
Me da miedo el señor Reed.

Pero tengo más curiosidad que miedo.

─Está bien ─susurro─. ¿Puedes ir por comida para Anahí y para mí? Mis papás
están a una hora de llegar y presiento que pasaremos toda la noche aquí. Pudo
haber roto mis costillas, pero no mi estómago.

Hans hace una mueca, levantándose.

─No eres graciosa ─dice antes de ofrecerle una extraña mirada de advertencia
al señor Reed y levantarse─. Llámame si necesitas algo.

─Lo haré ─susurro, haciendo que por una razón el padre de Tanner sonría con
una desagradable sensación que me hace estremecer.

Ironía, burla, algo similar.

─Bien. Eres rápida ─dice acercándose y poniéndose de pie frente a mí,


haciéndome sentir pequeña, una vez Hans desaparece por el pasillo al cruzar
hacia la izquierda. Su mandíbula se aprieta ante lo que sea que está pasando por
su mente. Su sola presencia desagradable y cruel me hace entender al instante
muchas cosas sobre Tanner─. Me pregunto cuándo mi hijo se dará cuenta de
eso.

─¿De qué? ─pregunto con voz ronca.


─De que no eres más que una distracción, una pérdida de tiempo. Eres hermosa,
pero no encajas con él, así que te agradecería que dejaras de meterlo en
problemas cuando claramente te gusta estar a disposición de todos en el
mercado. ─No puedo evitarlo, me pongo de pie, mi corazón latiendo con fuerza
dentro de mi pecho cuando nos encontramos casi a la misma altura. A pesar de
que mis piernas tiemblan, me esfuerzo por mantener la barbilla en alto─. ¿Pero
qué puedo esperar de él? ─Mete las manos en su bolsillo─. Está claro que no es
más que idiota que se deja llevar por un bonito coño. Por los sentimientos. Si
fuera el digno hijo que crié, no estaría aquí de nuevo cuando sabe que no puede
meterse en más problemas sin violar su libertad condicional. ─Me tenso. Al
observar mi reacción, el hombre sonríe─. ¿No lo sabías? ─Niego, sin entender,
y él ríe─. Bueno, realmente no me sorprende que no sepas que Tenner tiene
antecedentes penales y que no es muy diferente al chico que está enviando tras
las rejas. Es reservado. Eso fue lo único que heredó de mí aparte del físico.
─Extiende su mano y acaricia un mechón de mi cabello entre sus dedos,
haciéndome estremecer─. Pero en resumen de todo, niña, te diré sin importar
las veces que haga que termine tras las rejas por ti, la historia de amor entre el
idiota criminal que cree que puede ser mejor que su padre y la inmigrante zorra
que solo busca escalar a través su bonita cara de rasgos mexicanos no sucederá.

No puedo evitarlo.

Alzo mi mano y lo abofeteo de la misma manera que abofeteé a su hijo un día,


sonido que suena por todo el pasillo, y no lo hago por mí. Estoy acostumbrada
a ser llamada zorra, inmigrante y todo lo demás, pero no por mis padres. Si me
habla así de Tanner sin ningún pudor, seguramente le dice cosas peores a él.
Cosas que no merece.

No proviniendo de su padre.

─Él no solo cree que puede ser mejor que su padre ─le digo, mi voz
permaneciendo alta y controlada a pesar de que solo quiero huir. Huir de su
expresión, una mezcla de ira y shock, mientras acaricia su mejilla enrojecida─.
Él es mejor que usted, señor Reed, incluso en su peor faceta de imbécil. Es la
persona más inteligente, astuta, leal y dedicada a sus metas que conozco. Si
quiere pruebas de ello, puede comprobar que es el mejor promedio de su
generación pidiendo sus notas, ver cualquier juego de los Longhorns en el que
habrá miles de espectadores aclamando su nombre como un dios o ir a la
fraternidad que maneja con éxito. Si aún así no es capaz de ver cuán increíble
es su hijo, Tanner no es el que pierde. ─Lo veo fijamente─. Es usted.

Sin esperar su respuesta, me doy la vuelta.

Su mano rodeando mi muñeca me hace girarme de nuevo hacia él.

─Eres más estúpida de lo que pensé ─dice─. Me acabas de agredir en una


comisaría. ─Señala las cámaras en el pasillo─. Eres mayor de edad. Solo
estábamos hablando. Podría hacer que te encerraran por esto al menos por un
día entero sin que tus padres puedan ayudar.

Le sonrío, jalando mi mano fuera de la suya.

─Definitivamente el idiota no es Tanner, sino usted al pensar que su hijo iría a


prisión por alguien que no estuviera dispuesta a hacer lo mismo por él
─respondo a sus amenazas, girándome más rápidamente esta vez sin esperar su
respuesta o reacción.

Pero en lugar de seguir a Hans, me dirijo a la entrada hacia los despachos de los
agentes. La anciana en la recepción me deja pasar con una expresión empática
y amable cuando le digo que soy la víctima del incidente del campus y que tengo
nuevos datos para los detectives a cargo de la investigación. Uno de ellos es el
que se encuentra interrogando a Anahí, el agente Martínez, un hombre mayor
de ascendencia latina, y Howard, un rubio joven y alto de cabello largo que
estaba empeñado en apoyar a Gordon la primera vez que vinimos.

Es a él a quién me dirijo, sentándome del otro lado de su escritorio con una


placa con su apellido en la superficie y trayendo su atención a mí con el sonido
que hace la silla al arrastrarse hacia atrás. El hombre aparta la mirada de los
documentos que revisaba, luciendo cansado, pero su mirada se torna sumamente
confusa cuando me ve.

─¿Qué haces aquí, chica? ¿Has recordado algo que no haya sido grabado por
decenas de cámaras y que no esté rodando por internet? Si es así, es a la sala de
interrogatorios a dónde debes ir.

Enderezo mi espalda, manteniendo mi mentón arriba.

─¿Es el odio que sientes hacia las personas como yo o la culpa de no haber visto
la clase de monstruo que era Gordon cuando te lo dijimos?

El policía se tensa, echándose hacia atrás en su asiento mientras hace sonar su


pluma contra su mano una y otra vez en un evidente intento por no perder los
estribos ante mí y lo que le estoy diciendo.

─¿Por qué odiaría a las personas como tú?

─¿Qué es exactamente alguien como yo? ─le pregunto─. ¿Alguien con acceso
a ciertos privilegios porque mis padres y mis abuelos hicieron sangrar sus uñas
porque los tuviera? ─La tensión de su cuerpo crece─. En fin. El hecho de que
es evidente que nos odias a mí y a Tanner por razones que no puedo entender
no es por lo que estoy aquí ─susurro─. Estoy aquí porque necesito un favor.
El agente Howard me mira con ojos entrecerrados.

─¿Por qué te haría un favor que claramente no estará dentro de mis obligaciones
como oficial? ─pregunta, inclinándose hacia delante y apoyando sus brazos en
la mesa─. No trabajo para ti y para tu novio con tendencias sociópatas. Trabajo
para la ley y para el país.

─Entonces es tu deber proteger a la ley y al país del escándalo que podría


desatarse si decido abrir la boca y decir que nadie me escuchó, ni posiblemente
a las otras chicas que pudieron haber denunciado a Gordon, cuando lo
identifiqué como una clara amenaza solo porque un oficial tiene resentimientos
guardados en contra de la clase alta, por lo que no se tomó la molestia de
investigar más a fondo lo que sucedía.

─Estoy seguro de que no nos dijiste todo lo que sucedía ─sisea.

─Aún así la prensa lo verá como negligencia policial.

Howard estampa su puño contra la superficie del vidrio con fuerza, haciéndome
saltar. Cuando se da cuenta de que sus compañeros dirigieron su mirada
confundida hacia nosotros con confusión en sus expresiones, se fuerza a sí
mismo a controlarse tomando un par de profundas respiraciones que me hacen
preguntarme si está sufriendo una especie de crisis asmática. Cuando se calma,
habla de nuevo.

Se rinde.
─¿Qué es lo que quieres?

Aunque estoy nerviosa por lo que estoy haciendo, prácticamente extorsionar a


la ley, mantengo mi tono de voz neutral.

─Quiero el expediente policial de Tanner ─susurro─. Quiero leerlo. Ni siquiera


lo fotografiaré o le sacaré copia. Solo quiero verlo.

El hombre hace una mueca irónica.

─Incluso si se trata de su novio eso es confidencial.

─Solo será necesario recalcarlo si esta conversación llega a otros oídos, lo que
ninguno de los dos queremos ─le digo─. Ya que yo no quiero que él sepa lo
que estoy a punto de saber y usted, agente Howard, quiere dejar de verme de
una vez por todas para así cerrar el caso que podría hacerle perder el trabajo
porque ambos sabemos que en lo referente a Gordon y a nosotros, trajo lo
personal a lo laboral y cada contusión, corte o moratón que ve en mí lo
demuestra.

La mandíbula del hombre se aprieta.

Sin decir nada más, mete su mano bajo su escritorio y deja caer una carpeta con
un serial del departamento policial de Austin. Cuando lo abro, jadeo al
comprobar las palabras del padre de Tanner cuando veo su foto bajo un clip. En
esta tiene un ojo morado y marcas de arañazos en el cuello. Su camisa está rota.
Mis ojos viajan al agente Howard frente a mí, quién afirma como si supiera que
lo que busco es una confirmación de que se trate de Tanner, y paso las páginas
con los datos innecesarios de él para concentrarme en lo importante.
Su expediente criminal.

Trago al leer y darme cuenta de que unas semanas después de venir aquí por lo
de Gordon, volvió por cometer un delito de agresión contra el señor Reed, cuyas
lesiones se encuentran documentadas al igual que las mías. Un par de costillas
rotas. El cartílago de su nariz fuera de lugar. No es la primera vez que tuvieron
una pelea, sin embargo, ya que retrocediendo entre las hojas descubro que
Tanner ya ha terminado en varios departamentos de la policía, no solo en Austin
y no solo en Texas, por lo mismo. Siempre, sin embargo, son otras personas
quienes denuncian sus altercados, vecinos o espectadores, no ninguno de los
miembros de la familia. Mis ojos se llenan de lágrimas cuando leo los
testimonios de su madre, quién siempre defiende a su padre.

No a su hijo.

Retrocediendo aún más, las fotografías de las lesiones del señor Reed son
suplantadas por lesiones en un cuerpo más pequeño y pálido que reconozco al
instante pese a que no se muestra la cara del niño. Estas imágenes, sin embargo,
pertenecen a archivos de servicios sociales y hospitales que denunciaron los
sucesivos golpes en el pequeño de doce, siete, seis, cinco y cuatro años que
atendieron porque según su madre se había caído jugando con otros niños en el
parque o en su propia casa, explicando sus traumatismos, pero Tanner es como
yo: no tiene amigos e incluso de niño dudo que haya sido diferente.

Y sus lesiones son tan evidentes.

Cada una de ellas grita abuso infantil, no accidentes.

Cuando asciendo la mirada al agente Howard tras cerrar el expediente sobre su


escritorio, este hace una mueca irónica con sus labios.
─Dejas de ser una víctima de abuso cuando usas dicho abuso para justificar que
te has convertido en un abusador ─dice, sin emociones─. El hecho de que se
estén enfrentando a un monstruo y que tengan la razón esta vez no significa que
tanto tu novio como tú no sean personas sin las cuales nuestro país estaría mejor.
Ahora son solo niños ricos que hacen lo que quieren, pero en unos años estarán
por encima de todos nosotros sin haber hecho algo para merecerlo,
manipulándonos de la misma manera que manipularon a Gordon para que
presionara el gatillo de su propia muerte ─dice─. Pero no todos somos estúpidos
como él, Savannah. Algunos vemos mejor en la oscuridad. Algunos vemos que
ustedes dos no son mejores que él.

Mis manos se aprietan en puños.

Sin querer perder más el tiempo con este imbécil, me levanto.

─¿Sabe por qué es tan miserable, agente Howard? ─le pregunto─. Porque para
ver mejor en la oscuridad, como dice, tienes que ser un monstruo y usted todavía
no acepta que lo es. De ser bueno no se habría dejado llevar por los prejuicios
que infestaron su mente desde el momento en el que nos conoció, pero tiene
razón. Un día Tanner y yo estaremos por encima de todos, pero no por nuestros
padres, sino por nosotros mismos y nada le arderá más que eso. Ver con sus
propios ojos cuán equivocado estuvo. ─Relamo mis labios─. Y para que eso
suceda necesito que se asegure de que este incidente con Gordon no afecte su
libertad condicional o de lo contrario ya sabe lo que haré, oficial. ─Me doy la
vuelta─. Muchas gracias por su servicio.

Antes de que pueda llegar a la puerta, me intercepta.

Sus ojos están llenos de ira.

─Teníamos un trato. La libertad condicional de tu novio no estaba ahí.


Le sonrío.

─Lo siento, solo estaba manipulándolo ─respondo, haciéndome a un lado─.


Como la pequeña escoria hija de papi y mami que soy. ─Cuando lo rodeo y
paso junto a él, choco contra su hombro por accidente y le ofrezco una sonrisa
de disculpa antes de salir del área de despachos de los agentes─. Con permiso.

─Zorra ─lo escucho decir a mis espaldas.

Me detengo, mirándolo por encima de mi hombro.

No es la primera vez en el día, ni en mi vida, que me llaman así.

Ni será la última.

─Sea más original, oficial.


Capítulo 52
Cuando el día del baile de recaudación de fondos para terminar el nuevo estadio
de los Rangers llega siento que he esperado años para que así sea. Tanner y yo
nos levantamos a las seis y para planificar cada detalle y cada paso que daremos
en la noche. A las doce me acompaña a mi cita al salón, en dónde me espera
con su usual cara de pug en la sala para acompañantes, un polo negro y un par
de vaqueros oscuros cubriendo su cuerpo. Cualquier emoción negativa en él se
deshace cuando terminan conmigo y ve los resultados, mi cabello negro lacio,
largo y brillante de vuelta sobre mi cabeza. El resto de los clientes se nos quedan
viendo fijamente, como espectadores de una película romántica, cuando se
levanta abruptamente y junta sus labios con los míos mientras sus brazos rodean
mi cintura y me estrecha contra su pecho con fuerza.

─¿Te gusta? ─bromeo cuando nos distanciamos.

Sus ojos negros brillan.

─Esa es una pregunta estúpida ─responde antes de apartar con mucho esfuerzo
su atención de mí, dirigiéndola a la cajera, quién se tensa y me hace deducir que
durante el tiempo que estuve arreglando mi cabello mi acompañante pudo haber
sido todo menos divertido o fácil de sobrellevar con ella─. ¿Hay un baño
decente aquí? Ver a mi chica tan hermosa me dio ganas de orinar.

─Sí ─responde ella, tragando─. Junto a las escaleras, señor Reed.


─Gracias, Shanon.

Tras entrelazar nuestras manos, Tanner sigue sus indicaciones y nos guía a los
aseos. Una de las trabajadoras del salón nos mira con las cejas alzadas cuando
nos ve entrar a ambos en el baño femenino, sus brazos llenos de toallas, pero no
opina al respecto luego de que mi acompañante le dirige una mirada retadora.
No puedo evitar reír cuando me sienta sobre el lavado y se posiciona entre mis
piernas, el frío del mármol bajo mi piel haciéndome estremecer.

Mi sonrisa se deshace cuando se baja la cremallera del pantalón y alza la falda


de mi vestido.

Trago sonoramente cuando entra en mí de golpe, todavía no acostumbrada a su


tamaño.

─¿Cómo se llama? ─pregunta mientras me folla con duras, secas y ansiosas


estocadas, casi diría que desesperadas, su frente presionada contra la mía y mis
piernas envueltas alrededor de su cintura─. El tono de tu cabello ─aclara cuando
lo miro sin entender, odiándolo cuando se detiene para mirarme con
respiraciones irregulares ya que mi excitación se ha ido construyendo y solo
quiero que me coja sin ningún tipo de charla de por medio─. Dímelo,
Savannah. ─Envuelve su mano alrededor de mi cabello, manteniendo mi cabeza
fija y nuestros rostros cerca. Tan cerca que puedo oler el aroma del jabón que
usó esta mañana y su loción para afeitar─. Quiero saber cuál es el nombre del
tono de cabello que amo.
Mi pecho se oprime.

Si ama mi cabello, ¿eso significa que a mí también?

¿Que tenemos una seria posibilidad de terminar juntos y ser felices?

─Ébano ─respondo, mi garganta seca.

─Ébano ─repite volviendo a embestirme mientras saborea la palabra con sus


labios y la hace suya con ese acento alemán que tanto adoro─. Ese es mi jodido
color favorito.

Mis ojos pican con la necesidad repentina que siento de llorar, abrumada por
las sensaciones que me golpean debido a que he esperado tanto para esto, para
que Tanner me hable de esta manera a mí, que ni siquiera puedo creer que esté
sucediendo. Tras enredar mis dedos en su propio cabello oscuro, junto nuestros
labios y mezo mis caderas para que sus empujes se encuentren con los míos y
el deseo, la posesión y todos los sentimientos que nos envuelven se desborden
en cada roce de nuestros labios y en cada estocada de su miembro a mi sexo.

Podemos no ser perfectos.


Pero somos perfectos juntos.

Podré ser feliz con alguien más, lo sé, pero nunca voy a pertenecer a un lugar
que no sea este.

Cuando tanto Tanner como yo nos venimos al mismo tiempo, alza sus ojos
traviesos hacia mí y me sonríe de manera cómplice antes de comenzar a ajustar
mi vestido y a peinar mi cabello con sus dedos. Mi corazón duele debido al
secreto que estoy manteniendo de él por su propio bien. Debido a lo poco que
sé de lo que lo convirtió en el hombre que decidió rendirse a sus demonios en
lugar de luchar contra ellos hasta ahora, siendo el estar aquí conmigo una
declaración de guerra que solo es el inicio. Sé que tendremos muchas batallas
que librar antes de que podamos afirmar que conseguimos nuestro final ideal,
pero no quiero lo fácil.

No quiero lo bueno.

No quiero sonreír sin que tras dicha sonrisa haya verdaderos motivos para
hacerlo.

Lo quiero a él.

Lo elijo a él.

─Te amo ─susurro, haciendo que se congele─. Weston, Ibor, Frederick, todos
los hombres con los que me he acostado. Todos mis exs. Ninguno de ellos me
entiende y me conoce como tú. Ninguno de ellos me complementa como lo
haces tú. ─Tomo sus mejillas entre mis manos─. Te amo, Tanner, y al igual que
harías cualquier cosa por mí, haría cualquier cosa por ti.
Traga.

─Sav...

─Está bien si no te sientes igual. ─Me pongo de pie, girándome para verme en
el espejo. La opresión de no decirlo en voz alta era peor que el dolor de que mis
palabras no sean correspondidas, pero aún así escuece. Tras tomar las fuerzas
para ellos, me encojo de hombros con fingida indiferencia─. Sé que acabas de
terminar con Pauline, que han pasado por mucho juntos y que estás
terriblemente confundido, pero quería que lo supieras.

Tanner nos contempla en el espejo.

Tras situarse tras de mí y pegar mi espalda a su pecho, sus brazos rodeándome,


lleva sus labios a mi mejilla y presiona un suave y frío, pero a la vez cálido beso
sobre ella.

─Oscuros. Egoístas. Perversos. Indiferentes a todos los demás y con ganas de


verlos postrados a nuestros pies durante la noche y el día ─dice en español,
haciéndome estremecer─. Esto somos nosotros, Savannah, y nunca nada en mi
vida se ha sentido tan real y destinado a ser que esto.

*****

Aunque fue difícil convencerlo, consigo hacer que Tanner finalmente me deje
ir cuando Jason llega a nuestro edificio y me envía un mensaje de texto para
anunciarlo. Me acompaña en el descenso en el ascensor, durante el cual no hago
más que esquivar su cuerp ya que no puede evitar querer poner cualquier parte
de su cuerpo sobre mí y ya me tuve que vestir dos veces y retocar el maquillaje
al menos seis antes de salir. Mi vestido azul y plateado de lentejuelas y brillos
al parecer es una visión. Es de cuello alto y de las escasas mangas que tiene
cuelgan cadenas de brillo que también están en la parte baja de la falda. Estoy
usando tacones plateados de una sola tira y mi cabello cae lacio sobre mi
espalda. De mis orejas cuelgan un par de aretes de diamantes que Tanner me
regaló el día que fuimos a recoger mi atuendo de la modista ya que fue
especialmente diseñado par mí. Pero la cantidad de veces que lo hemos hecho
en la última hora no solo se debe a mí, sino a él también.

Se ve sexy, oscuro y fríamente peligroso en un traje negro de dos piezas. Su


corbata es plateada, yo la escogí, y que finalmente estemos a juego me hizo tan
feliz que salté sobre él al menos un par de veces tirando del hermoso trozo de
tela colgando de su cuello.

─Dime que no lo tocarás ─sisea en mi oído luego de conseguir acorralarme


contra una esquina─. Promete que te mantendrás lejos de su alcance hasta que
haya llegado.

Aunque en cualquier otro momento me molestaría su actitud, en este momento


puedo ver en sus ojos cuán preocupado está con respecto a dejarme ir con Jason.
Tras presionar mis labios contra su mejilla y dejar la huella de mi labial en ella,
lo que hace que su expresión maníaca se suavice, afirmo.

─Lo prometo.

─Bien ─gruñe echándose hacia atrás cuando las puertas del ascensor se abren.

─Nos vemos allá.


─Me iré a penas regrese por las llaves del auto. Más le vale a ese hijo de puta
comportarse o ser despedido no será venganza suficiente ─advierte antes de que
las puertas metálicas se cierren.

Reteniendo una risita ya que me parece adorable cuando está molesto y en modo
hablar consigo mismo, lo que he descubierto que hace muy a menudo desde que
empezamos a vivir juntos, me doy la vuelta y me dirijo a la entrada de nuestro
edificio. Cuando llego a la calle resisto el impulso de abrazarme a mí misma
para protegerme del frío de la noche y camino hacia el deportivo rojo de Jason.
Este abre la puerta para mí desde dentro y me sonríe ampliamente cuando me
ve, relamiendo sus labios después de una manera que me hace estremecer.

─Hermosa ─halaga llevando una mano a mi muslo, haciendo que me tense─.


Te ves aún mejor con el cabello oscuro. Tan bien que podría estar considerando
despedirte para hacerme tu novio.

No me recuerda.

Incluso con el cabello oscuro no recuerda lo que tomó de mí, lo que una parte
de mí esperaba que hiciera para poder librarme de su compañía mientras que la
otra aguarda con ansias el momento de la revelación para abrir su mente a los
recuerdos de su falta de talento.

─Gracias, Jason ─respondo tomando su mano y llevándola a la palanca de


cambios, mis ojos grises y calculadores en los suyos azules llenos de
perversión─. Si realmente quieres hacer tus planes realidad debes enfocarte en
conducir sin hacer que nos maten, así que lleva esos lindos ojos azules a la
carretera, jefe ─le digo con tono seductor, sonriendo al saber que Tanner le
cortaría la mano si hubiera visto la manera en la que me tocó.
O encontraría otra manera de destruirlo.

Porque eso es lo que él y yo amamos hacer en nuestro tiempo libre.

Destruir a personas que se lo merecen. Cazarlas. Emboscarlas. Acabarlas.

─Solo por ahora dejaré que seas tú quién de las órdenes ─comenta─. Pero en la
cama será diferente. Volverás a estar bajo mi mando y haciendo lo que quiera,
pero en esta ocasión fuera de la oficina, preciosa, y de una manera más
placentera.

Incapaz de soportarlo más, extiendo mi mano y le subo todo el volumen a la


radio.

El universo sabe lo que hace, pues Look what you made me do de Taylor Swift
suena en una de las emisoras y no puedo evitar tatarear la letra con mis dedos
moviéndose contra la tapicería de la puerta.

*****

El baile se lleva a cabo en el lobby del estadio. Este es amplio. La estructura de


cristal se sostiene sobre varias columnas gigantes. El edificio en sí está listo. La
recaudación es para los interiores. Soy tan buena en lo que hago que sonrío a
cada rostro que se pone frente a mí, alguno de ellos familiares debido a que
Austin a veces es un pueblo pequeño. Tengo que contener las ganas de asesinar
a Jason cada vez que toma el crédito por el buen desarrollo del sitio en el que
estamos. Por el rabillo del ojo noto a Tanner mirándonos mientras conversa con
algunos de sus conocidos, pero a pesar de su mandíbula apretada y de la
evidente tensión en su cuerpo este no se acerca, apegándose al plan y a mis
deseos de exponer a Jason.
Mi momento llega cuando me presenta ante el dueño de LDSW Inc, la
constructora.

Adam Lindstrom, un hombre de casi sesenta años, abre sus brazos


exageradamente para Jason y lo abraza frente a sus colegas, dejándome de lado
como si ni siquiera existiera.

─Aquí está nuestro chico ─dice palmeando su espalda─. El brillante arquitecto


que desarrolló todo esto sin serlo. Si escuchan la historia de cómo todo esto se
le vino a la mente quedarán tan anonadados como yo lo estuve la primera vez
que lo escuché. ─Por primera vez en la noche la espalda de Jason se tensa. La
rabia se apodera de mi sangre mientras espero su respuesta─. Vamos, Glasgow.
Cuéntala de nuevo para nosotros. Esta noche no será especial si no lo haces.

Luciendo incómodo, Jason se posiciona en el centro de los ejecutivos


sosteniendo una copa.

Ahora no solo noto a Tanner por el rabillo del ojo, sino también a Cynthia.

─Estaba harto de recibir basura, así que me puse a descubrir por mí mismo si
hacer un diseño de algo que valiera la pena era tan complicado ─relata,
menospreciando los cinco años que cualquier arquitecto pasa en la universidad
para hacer un diseño, incluso uno que un cretino como él pueda llamar basura─.
Pasé noche enteras de ensayo y error hasta que un catorce de junio la idea
finalmente vino a mí. Inspirado en la bandera de nuestro país, así nació el
estadio Betsy Ross ─dice, haciendo que todos aplaudan y alcen sus copas
cuando levanta su mano para brindar─. En honor a todas las mujeres de los
Estados Unidos. Fuertes, inteligentes, variadas y, sobre todo, sumamente
hermosas.

Esto último lo dice mientras me mira, sus labios sobre el borde de cristal.

La historia... el nombre del estadio... todo es falso.

Un montaje para redimirse por las tantas denuncias de acoso en su contra.

Una mentira para cubrir sus fechorías.

Mis manos se aprietan en puños, pero consigo forzar una sonrisa en mi cara y
aplaudir, lo que finalmente trae la atención de Adam Lindstrom a mí. Es
regordete y su cabello gris está peinado hacia atrás. Su expresión es amable
mientras me habla. Feliz debido a que uno de sus proyectos está a punto de ser
una de las obras de la ingeniería más emblemáticas de USA y del mundo.

─Aunque personalmente me gustaría que la historia fuera cierta, no existe una


evidencia real de que Betsy Ross haya sido la creadora de la bandera de los
Estados Unidos ─digo, haciéndolo sonreír─. Pero apuesto a que sí la hay de que
ponerle su nombre a este estadio es un movimiento acertado después de todos
los escándalos de demandas de acoso sexual e intimidación en el trabajo que
han envuelto a su creador.

El ceño de Adam se frunce.

─Mucho gusto, ¿señorita...?


─Campbell, Savannah Campbell. Graduada summa cum laude de la escuela de
Arquitectura de la Universidad de Austin. Ganadora de veintitrés concursos a
nivel nacional en la materia. Desempleada hasta que, decepcionada de la
industria de grandes construcciones que solo favorece a los hombres, decidí
abrir mi propia empresa de diseño de hogares para ricos y famosos ─respondo,
alzando el mentón y atrayendo los ojos de todos a mí debido a cuán alto es mi
tono de voz. Mis ojos buscan a Jason, cuya mirada cae al detallar bien mi rostro
y las emociones que expresan mientras hablo, sus neuronas finalmente haciendo
contacto. Intenta alcanzarme antes de que lo delate, pero Tanner se acerca,
siendo demasiado tarde para él─. La verdadera arquitecta creadora del estadio
Stars and Stripes a la que Jason Glasgow le robó el diseño.

*****

A penas las palabras salieron de mi boca, el señor Lindstrom llamó a seguridad


para que me escoltaran a la salida, pero Tanner y Ryland escogieron ese
momento para acercarse todavía más y posicionarse a cada lado de mí. Jason
incluso cometió el error de avanzar hacia mí de manera violenta, pero la mano
de su jefe sobre su hombro lo detuvo de la misma manera que la demanda de
Ryland hacia LDSW Inc por usurpación y robo de mi modelo lo hizo con él.

Ahora todos estamos dentro de la oficina de la constructora a las afueras del


estadio, a salvo de los reporteros de los medios de comunicación que también
podrían oír mis acusaciones.

─Esto no puede ser cierto ─sisea el dueño de la constructora, paseándose de un


lado a otro por la oficina con sus manos despeinando su cabello gris de manera
ansiosa, sus ojos verdes enloquecidos cuando se enfoca en Jason, quién
mantiene la mirada lejos de él encorvado sobre uno de los sillones de cuero─.
¿Lo es? ─exige alzando la voz─. ¿Le robaste el diseño a esta chica?
─No ─responde él─. Es solo una ex molesta.

Alzo las cejas y Tanner gruñe.

Ryland solo ríe, sumergiendo su mano en una bolsa de papas fritas de queso con
los pies sobre la mesa. Su trabajo aquí ya está hecho. Solo está entreteniéndose
con el espectáculo. Los otros siete abogados de su jefe copian y graban cada
palabra que es dicha durante la reunión, buscando maneras de arruinarlos y de
ganar debido a ellas. Unos son especialistas en derechos femeninos, otros en
derecho laboral, uno o dos en propiedad intelectual e incluso hay uno
criminalista. Ryland es mercantil. Tanner verdaderamente se esforzó al
reclutarlos. Fueron varias las noches que no durmió haciendo videollamadas
con ellos para hablar sobre el caso. Los días que dejó de trabajar para ayudarme
a recolectar pruebas y la manera de presentarlas.

─Siempre es una ex molesta. Estoy cansado de esto, Jason. ─Adam, quién


también es su padrino, se gira hacia nosotros con una expresión difícil de
descifrar─. Por mucho que me enoje la manera de comportarse de este idiota,
no puedo ceder tan fácilmente y darles la razón. Hasta ahora nada de lo que me
han mostrado podría servir en un jurado. Fácilmente podría alegar que Jason te
contrató para la ejecución de los planos y de la maqueta, pero que fue su idea.
Eso explicaría por qué hay grabaciones de ti entrando en LDSW con el diseño,
pero no saliendo de él con ello ─dice mientras ocupa asiento en la mesa en la
que estamos─. Según tú mentiste al hacerle creer que no lo conocías, así que
también podrías estar mintiendo sobre esto.

─No lo estoy ─siseo, deteniéndome frente a él con los brazos cruzados sobre
mi pecho─. Sangré cada línea que hice sobre el papel. No dormí por semanas
enteras preparando este proyecto. Cuando lo presenté ante Jason, me dijo que
no era bueno y que si me inclinaba sobre su escritorio podría tener un trabajo
como su asistente, el cual rechacé arrojándole la maqueta.
─Si es tan terrible como dices, ¿por qué viniste aquí con él? ─pregunta,
haciendo que mis ojos se llenen de lágrimas debido a la frustración que me
genera tener que pasar por este tipo de situaciones cuando me esforcé tanto por
ser la mejor─. ¿Por qué eres su asistente?

Inclinándome sobre el viejo alcahueta, presiono mis manos contra la madera.

Eso sus abogados lo registran, no los nuestros.

─Porque quería vengarme.

─¿Por qué robó tus diseños o porque te dejó? ─pregunta y me limito a tragar
mientras lo contemplo, rechazando a duras penas la violencia que se genera
dentro de mí.

─Savannah ─susurra la voz de Tanner tras de mí, tomando mi codo y haciendo


que me aparte de Adam tras darle varios tirones insistentes─. Ya fue suficiente.
Ya diste tu versión y cualquier persona razonable de dará la razón ─dice─.
Déjamelo a mí.

─Las audiciones para el diseño de este estadio abrieron en Agosto del año
pasado. Trabajé el tiempo suficiente en su compañía como para descubrir que
el proyecto fue aprobado en Julio. A menos que Jason sea psíquico, no pudo
haber tenido idea de su creación en Junio, mucho menos haber recibido modelos
de arquitectos para esa fecha, y Junio de este año todavía no ha llegado ─le
digo─. Así que su historia es falsa. El mérito que cree que tiene de todo esto es
falso.
Sus ojos brillan. Sé que me cree, pero su reputación y la de su empresa va
primero.

A pesar de ello, niega.

─Es solo una historia, chica. Pudimos haberla inventado para el marketing.

Conteniendo las ganas de llorar, me incorporo sin derramar lágrima alguna.

Sin gastar más saliva en él o en la basura de Jason, los lanzo a un mar de


tiburones.

Al ser consciente de que ha llegado su punto de ser el protagonista de esto,


Tanner toma asiento en la mesa y lo contempla con su típica expresión fría,
amarga y carente de emociones.

─Es una historia pésima e incoherente. Espero que se le ocurra una mejor para
explicar por qué una de las mujeres que acusó a Jason de acoso sexual antes de
ser intimidada por ustedes y su estúpido acuerdo de confidencialidad, retirando
su denuncia a la policía, tuvo un hijo con sus lindos ojos azules cinco meses
después. ─Tras presionar el botón de la grabadora en su mano, todos
escuchamos la pelea que grabé─. En el caso de que decidas usar dicho acuerdo
en contra de Savannah, no podrás hacerlo. Jason se cegó por la belleza de la
mujer que ahora dice que rechazó y no se lo presentó durante su contratación,
así que tú decides si el escándalo será uno o dos porque ciertamente le darás el
mérito de este estadio a Savannah.

─Esa grabación no vale nada sin el testimonio de Cynthia ─sisea Jason─. Ella
nunca...
─¿Te traicionaría? ─ríe oscuramente Tanner, caminando hacia él y
posicionando una mano sobre su cabello a pesar de los intentos de Jason por
apartarlo─. Glasglow, solo te diré que debiste haber llevado a Cynthia a París
cuando te lo pidió. Ahora mismo se encuentra en un avión privado de camino a
ver la Torre Eiffel con su lindo bebé y su abuela después de haber firmado una
confesión bastante sustanciosa para nosotros. La anciana está feliz de que
finalmente estés recibiendo tu merecido y te envía saludos, por cierto. También
dijo algo sobre escupir tu rostro si alguna vez llega a verte, pero no lo recuerdo
porque estaba demasiado traumatizado con lo que dijo que le haría a tus
testículos si se entera que estás molestando a su hija o a su nieto. Tristemente,
ustedes tuvieron razón las anteriores veces que fuiste acusado en vano antes. A
veces el testimonio de una mujer no es suficiente. ─Sin darle oportunidad de
percatarse de lo que sucede, Tanner le arranca un cabello─. Así que muchas
gracias por darme la prueba que necesito para que todos sepan que Jackson es
tuyo, que eres un pervertido hijo de puta y que lo único razonable que Adam
puede hacer en este momento es despedirte y desligar tu nombre de su empresa,
además de compensar a Savannah y a todas tus víctimas en un lapso no mayor
a veinticuatro horas porque de lo contrario estas empezarán a alzar su voz en
los noticieros y no queremos que eso suceda. Después del escándalo de haberle
robado el diseño a una vulnerable prodigio recién graduada, no queremos que
nuestras acciones bajen todavía más. ─Tras tenderle el cabello de Jason a uno
de sus abogados, quién lo guarda en una bolsa usando guantes de látex, acepta
el documento que otro de ellos le tiende y hace sonar su bolígrafo luego de que
lo coloca frente a Adam─. Y digo nuestras porque quiero tener una voz en su
sala de juntas, por lo que me cederás un diez por ciento de estas a cambio de un
precio razonable teniendo en cuenta las circunstancias. Es decir, diez dólares y
una dotación de por vida de lubricante para que sus culos duelan menos por
cómo acabo de joderlos. ─Sin dejarlo pensar si quiera, se inclina sobre su oído
luego de poner el bolígrafo en su mano, sus ojos llenos de sadismo. Un sadismo
que hace que me retuerza y que desee que todo esto termine para que mi
demonio de los negocios y yo podamos ir rápido a casa─. Porque no permitiré
que no cumplas con tu palabra o que arrastres el nombre de Savannah por el
fango una vez el resto del trato se cumpla. Este es solo el primero de muchos de
sus logros y ni tú ni nadie cambiará eso. Es la persona más talentosa, creativa,
inteligente y auténtica que he conocido y no merecía lo que tu ahijado le
hizo. ─Ya que Adam no reacciona, su mano temblando sobre el papel, él mismo
guía su mano al sitio en el que debe firmar─. En realidad ninguna mujer a la
que atacó lo merecía, alcahueta hijo de perra. Te recuerdo que si no te deshaces
de él, serás considerado su cómplice. Hasta donde sabemos solo de acoso
laboral a todas sus asistentes desde que rompiste las reglas del profesionalismo
poniendo en su sitio a alguien que no lo merecía, pero ambos sabemos que
podría pasar a mayores dependiendo de lo que haya hecho y lo que eso
significaría para ti y tu familia: para tus hijas, tus nietas y tu esposa.

Tras tragar, sus ojos húmedos por las lágrimas, Adam firma.

Ninguno de sus abogados lo detiene de hacerlo porque saben que es lo mejor.

Una sonrisa victoriosa se apodera de mis labios.

─Toma ─dice mientras estampa el documento sobre su pecho tras levantarse.

─Gracias, socio ─responde Tanner─. ¿Me permites tomar mi primera decisión


como socio?

─Haz lo que te dé la gana ─sisea y el pelinegro sonríe, dirigiéndose a Jason.

Este se encuentra de pie y se dirige a la salida, pero Ryland lo detiene y Tanner


estampa su puño con tanta fuerza contra su rostro que la sangre se desliza
después por su nariz y encías.

─Estás despedido ─anuncia antes de caminar hacia mí y tomar mi mano─.


Vamos. Tenemos un anuncio importante que hacer. Las personas en la fiesta
deben conocer a la verdadera responsable de esto. ─Le da el documento firmado
a Ryland y nos dirige al interior del edificio. De camino allí, sin embargo, nos
encontramos con un rostro sumamente familiar para ambos dentro de un
conjunto deportivo negro. Estamos en el estacionamiento. La mano de Tanner
se aprieta en torno a la mía, pero por costumbre yo suelto la suya, mi mirada
clavada en los grandes ojos llenos de dolor frente a nosotros─.
Savannah ─susurra, pero yo solo puedo verla a ella.

Sus lágrimas. Su cabello rubio deshecho. Su delgadez.

─Pauline ─murmuro.

Pero ella ni siquiera repara en nuestras manos juntas antes de arrojarse a los
brazos de Tanner.

Este se congela, pero lentamente le devuelve el abrazo.

─¿Qué está mal? ─le pregunta luego de que la aparta de su cuerpo con gentileza,
sus ojos oscuros evitando los míos como si al momento en el que ella regresó,
dejé de existir. A penas puedo respirar─. La última vez que hablamos lo estabas
llevando bien, ¿qué sucedió?

Mis propios ojos se llenan de lágrimas.

El villano que acaba de ser mi héroe nuevamente es el héroe de otra también.

─Es ella ─solloza─. Está muerta, Tanner. Mi hermana está muerta.


Un nudo se instala en mi garganta ante sus palabras, pero también ante la
manera en la que él acaricia su cabello y la contempla como si aún le importara.
Como si el hombre que ha sido todos estos días conmigo no hubiera existido.
Teniendo un mal presentimiento sobre esto, me echo hacia atrás, al borde del
colapso. Cada célula en mi cuerpo se contrae con dolor.

Un lancinante y agónico dolor.

─¿Firmaste los papeles del divorcio? ─le pregunto a Pauline, lo que hace que
esta se despegue del pecho de Tanner y me mire con ojos confusos─. ¿Los
firmaste? ─repito sacudiendo sus hombros, a lo que él responde intentando
apartarme de la que todavía es su esposa.

Lo contemplo, anonadada.

─Savannah, este no es ni el lugar ni el momento.

Ignorándolo, llevo mis ojos de vuelta a Pauline.

─¿Los firmaste sí o no? ─exijo saber, mi voz desesperada porque diga que sí.

Pero ella solo niega y no de una manera que indique que no quiere divorciarse,
sino más bien que no sabe a qué me refiero. Está más que claro que no entiende
nada de lo que le digo.

Que él me mintió.

─¿Qué papeles de divorcio?


Con su pregunta mi mundo se estremece. Afortunadamente los ángeles existen.
En este caso se trata de un ángel que ayudé a volar con mi caída hace algunos
años. Casi cinco para ser exactos. Una más madura y profesional Faith, la
vigilante del campus que también estudiaba arquitectura y que dejé ganar al
retirarme de la competencia, se detiene frente a mí.

─Savannah Campbell ─dice─. Sabía que llegarías lejos y que en algún


momento nuestros caminos se cruzarían de nuevo, pero nunca pensé que la vida
nos reuniría de esta manera. Soy la CEO de LDSW en su sede principal y sabía
que algo andaba mal con este proyecto desde el momento en el que la rata de
Jason lo presentó. Me siento feliz de que te hayas desecho de él. Ahora que sé
que tu lo diseñaste, me siento estúpida por no haberme dado cuenta antes. Sabes
cuánto me gustaba tu trabajo. Cada línea grita tu nombre. ─Tras hablar repara
en Tanner y Pauline ante mi silencio─. Lo siento, ¿estoy interrumpiendo algo
importante?

Tras encajar mi brazo en el suyo, trago.

─No. Ni siquiera sé quiénes son estas personas─digo mientras los paso,


agradeciendo a la vida por ponerla en mi camino de nuevo─. No interrumpes
nada importante.

Solo cómo finalmente he abierto los ojos.

Con la espalda recta e ignorando cómo todo a mi alrededor se hace humo sin
que haya una explicación coherente para ello más que el hecho de que a pesar
de que sea la persona más talentosa, creativa, inteligente y auténtica que Tanner
haya conocido, nunca seré lo que quiere.
Y finalmente mi corazón está tan roto que no creo posible que pueda hacerlo
funcionar de nuevo, ni siquiera para la misma persona que lo rompió y que sé
que en cualquier momento volverá para jugar con los trozos. Él o su esposa,
quién antes solía llamar mi amiga.

Ambos quedarán tan decepcionados cuando no puedan tener su momento de


diversión.

Porque ya no son trozos.

Son cenizas.
Capítulo 53
Después de lo que sucedió con Gordon, Tanner desaparece de mi vida. Sigo
viéndolo durante los juegos de los Longhorns, quiénes se llevan el premio de la
liga universitaria, y cuando viene a recoger a Pauline, pero nunca pasa el
umbral de la puerta de nuestra habitación en el dado caso de que decida
bajarse de su camioneta y venir hasta ella, lo cual rara vez hace. Cuando el
período académico por fin termina, soy el primer promedio de mi año y mi
fotografía sale en el periódico junto a la de otros estudiantes y haciendo par
con la página en la que Tanner y el equipo sostienen la copa. Identifico entre
ellos a Ibor. Grayson desapareció sin dejar rastro después de un par de juegos
más tras lo de la cabaña.

Tras terminar de hacer mi maleta porque pasaré algunos días con mis padres
antes de que empiecen nuevamente las clases, mis ojos se dirigen a Pauline,
quién sale del baño en un lindo vestido azul cielo que llega a sus rodillas. Sus
labios rosados se curvan hacia arriba cuando se percata de que la veo.

─Es una lástima que no puedas quedarte. Tenemos tantos planes para estos
días libres.

A pesar de lo que dice, su voz no suena como si lo lamentara en lo absoluto.

─Mis padres quieren que vaya de visita ─miento ya que tras lo de Gordon se
enojaron tanto conmigo por no aceptar terminar mi carrera en Houston que
incluso papá no quiere hablarme.
También está enojado consigo mismo porque no pudo protegerme.

Pero hay muchas cosas que escapan del control de nuestros padres.

─Hoy es la graduación de Tanner ─dice─. Ya que son amigos podrías


acompañarme. No estoy ciega. Sé que se acercaron mientras estuve con mis
padres, lo cual me alegra porque los dos son importantes para mí y me hace
mucha ilusión que se lleven bien ya que tengo pensado mantenerlos en mi vida
a ambos por mucho tiempo. ─Aprieta mi mano, la cual se encuentra apoyada
en mi maleta─. Sus padres no vendrán, Savannah. No te pediría esto si no
considerara importante que hayan más personas entre el público para él
además de mí.

Trago, agachando la mirada.

Miles de razones por las cuales los señores Reed no vendrán a su graduación
pasan por mi mente, involucrándome, y a pesar de todo lo que ha sucedido no
puedo evitar sentirme mal al respecto.

─No sé si está bien que vaya.


─¿Por qué?

Hago una mueca, dirigiendo nuevamente mis ojos a los suyos.

─Sabes que Tanner es bastante cerrado. No creo que me quiera ahí.

─Por supuesto que te quiere ahí ─replica ella con tanta convicción y tan
bruscamente que sus mejillas terminan sonrojándose─. Digo, cualquier
persona sería feliz al darse cuenta de que le importa a otras. ─Aparta su mano
de la mía─. Pero entiendo si tu viaje no puede esperar.

Dicho esto se da la vuelta y se inclina para recoger su bolso de pedrería de la


cama, pero mi voz la detiene cuando empieza a dirigirse hacia la puerta. Mi
corazón bombea con fuerza contra mi pecho y no tengo ninguna manera de
explicar la fuerza con la que necesito estar para él ahí hoy.

─¿Puedes darme quince minutos para cambiarme?

Pauline sonríe.
─Claro que sí.

*****

Se suponía que iría a comer con Weston antes de irme a Houston, pero le dejo
saber que por un mensaje que no podré reunirme con él hoy. En su lugar camino
por el césped del campo de fútbol en un vestido lila de seda, completamente liso
hasta mis rodillas y con tirantes, sosteniendo una cámara que Pauline me dio
y un par de globos blancos que tenemos pensando lanzar en honor a la
graduación. Una vez llegamos a los asientos en las gradas y esta empieza, no
puedo evitar que mi pecho duela cuando ocupo el lugar vacío con el nombre de
la madre de Tanner. Su generación es amplia, así que toma tiempo hasta que
finalmente llegamos a su nombre.

─Tanner Reed.

Cuando este es pronunciado un montón de personas se levantan y aplauden.

Sus compañeros de fraternidad. Sus compañeros de clase. Sus compañeros de


equipo.

Pero no es hasta que sus ojos se cruzan con Pauline en las gradas que la
tensión desaparece de sus hombros. Alzo mis manos y lo fotografío mientras
recibe su diploma y su medalla, además de una extra por ser summa cum launde
y otra por ser el mejor mariscal de campo en la historia de los Longhorns.
Cuando se baja del escenario, tanto la mascota del equipo como el entrenador
y sus demás miembros lo alzan del suelo y caminan con él sobre sus hombros
hasta dejarlo de regreso en su sitio, gritando.

─Es un dios ─susurra su novia, maravillada a mi lado.

Afirmo, en acuerdo, preguntándome cómo alguien con tantas personas a su


alrededor que lo adoran sin conocerlo puede estar tan solo, pero sabiendo que
es precisamente por eso, porque no lo conocen, que lo está. Una vez el acto
termina dejamos ir nuestros globos, los cuales desaparecen en el cielo junto a
otros cientos, y nos dirigimos al estacionamiento. A pesar de que estaba
nerviosa porque no tenía ni idea de cuál sería su reacción ante mi presencia,
la tensión en mis hombros se alivia cuando me sonríe con su brazo envuelto
alrededor de la cintura de Pauline. Su cabello negro está perfectamente
peinado hacia atrás, pero un delgado mechón cae de forma adorable sobre sus
ojos. Mi cuerpo vibra con emociones desagradables cuando la rubia alza su
mano para apartarlo de su rostro.

─Muchas gracias por venir, Savannah ─dice mientras la mira con cariño antes
de enfocar sus ojos oscuros en mí─. Tenemos un montón de fiestas hoy, ¿te
gustaría unirte a nosotros? ─Tras su pregunta por fin veo una chispa de su
verdadero ser amargado invadir su expresión─. A menos que tengas planes con
Weston.

Los tenía.

Empiezo a negar para decirle que no, pero Pauline lo toma como un sí
arrastrándome a su lado.

─Primero tenemos un almuerzo con todos los empleadores que están buscando
nuevos chicos para sus empresas. Son hombres ricos que alguna vez
pertenecieron a la hermandad de Tanner ─explica mientras me empuja en el
interior de la Raptor, a lo que escucho a su novio gruñir. Una vez todos estamos
dentro, continua─: Ya que aún mi bebé no va a tomar el control de la compañía
de su padre, está nervioso por su primera entrevista de trabajo....

─Pauline ─protesta Tanner, cortándola, pero ella sigue revelando detalles


sobre su vida que él no quiere que sepa, pero que yo me muero por conocer
incluso si es a través de ella.

El hecho de que nos hayamos alejado no significa que haya dejado de sentir
por él lo que siento.

─... y cualquier apoyo que pueda recibir será bienvenido. ─Aprieta su brazo─.
Lo lograrás.

Tanner niega.

─Combs es un hueso duro de roer. Incluso para mí.

Me tenso, reconociendo el apellido.

─¿El presidente del puerto de carga de Houston? ─pregunto─. ¿Estás


buscando trabajo ahí?

─En su división administrativa en Austin, pero sí ─responde mientras me mira


por el retrovisor─. ¿Lo conoces?

Afirmo.
─Papá y él juegan tenis juntos.

─Eso es genial, Savannah ─dice Pauline, girándose hacia mí─. ¿Crees que
podrías convencerlo de escoger a Tanner?

Separo los labios para contestar, pero Tanner se me adelanta.

─No es necesario ─dice, por lo que me limito a mirar por la ventana por el
resto de nuestro viaje.

Ya en la casa de la fraternidad que solía dirigir Tanner, me bajo de nuevo con


la cámara en mano y empiezo a tomar fotos de Pauline y de él con el corazón
adormecido por el dolor luego de todos sus dulces gestos entre sí a lo largo del
día. Incapaz de soportarlo más, me separo de ellos y me uno a las demás
personas en la elegante recepción dispuesta en la sala. Tomando en
consideración la manera elegante en la que luce con sus pisos de mármol pulido
y obras de arte, me es casi imposible imaginar que haya habido fiestas hasta el
amanecer aquí, pero fue así. Me detengo frente a la estantería con fotografías
de las generaciones que ha albergado. Me tenso al escuchar una voz masculina
junto a mí.

─Pensé que irías con tus padres.

Sin girarme hacia West, mi novio y la única persona que me hace sentir bien
estos días, respondo.

─Es su último día aquí.


Weston suspira.

─Ni siquiera tiene sentido que me enoje, ¿sabes? Tomando en consideración


que estoy haciendo lo mismo que tú. ─Me giro hacia él con una sonrisa triste.
Está usando un traje de dos piezas que lo hace lucir sumamente atractivo. En
unos años será el jefe de alguien, estoy segura, y ningún alto ejecutivo lo
superará en belleza y en encanto. Lamentablemente la belleza y el encanto no
es lo que me atrae, pero es lo que me consuela cada día que pasa─.
Persiguiendo lo inalcanzable.

Tomo su mano.

─Todo será diferente ahora que se fue. Lo prometo.

Weston hace una mueca, pero me devuelve el apretón de mis dedos.

─No tengo otra opción salvo esperar que sea así. ─Tras posicionarse junto a
mí, presiona sus labios contra mi frente─. Te quiero, Sav, pero no lo suficiente
como para soportar viendo cómo te lastimas porque es como si me lo hicieran
a mí. Te estaré esperando cuando regreses de tus vacaciones.

Sonrío, aliviada y agradecida porque lo entienda.

Weston siempre me comprende sin que tenga que hablar.

Tras guindar la cámara a mi muñeca a través de su cordón y tomar el cuello


de su camisa en mis manos, lo atraigo hacia mí y presiono nuestros labios
juntos por un segundo.
─Te atraeré regalos.

─No quiero regalos ─gruñe─. Quiero que mi novia deje de herirse a sí misma
y prefiera pensar en mí que en el hijo de puta que le rompe el corazón todos los
días. Eso es lo que quiero.

─Somos una relación abierta. ─Lo contemplo fijamente, siendo este el único
consuelo al respecto que puedo ofrecerle─. Sabes que no me enojaría que
estuvieras con otra... o con otro mientras no estoy, Weston. Me has perdonado
tantas cosas que mereces un descanso lleno de cuerpos sexys y fantasías.

Puedo ser muchas cosas, pero no soy una mentirosa.

Le conté sobre Frederick. Le conté sobre Tanner. Sobre Gordon. Sobre todo.

Aunque se enojó conmigo, me perdonó.

La facilidad con la que siempre lo hace es escalofriante, me hace preguntarme


si yo también tengo cosas que perdonarle, pero termina haciéndome sentir
tonta el si quiera desconfiar de él cuando debería estar adorando el suelo por
el que pisa ya que tras la tormenta, siempre es la calma.

─No quiero estar con nadie salvo con la persona que se encuentra frente a mí.

Separo los labios para responder, pero otra voz hace que los mantenga juntos.
─Wertheirmer ─saluda Tanner, haciendo que me de la vuelta─. ¿Puedo
hablar con Savannah?

─Por supuesto que sí ─escupe él, apartándose de mí─. Felicidades por la


graduación, insecto.

Dicho esto se da la vuelta y se pierde entre los invitados con los hombros
rígidos. Lo contemplo hasta que Tanner lleva mi atención a él haciendo un
sonido profundo con su garganta. Me contempla fijamente sin articular ningún
tipo de palabra. Tras tomar un par de copas de champagne de la bandeja que
un chico sostiene, le ofrezco una de ellas con una sensación caracterizada por
la opresión impidiéndome respirar. Tanner niega, así que me encojo de
hombros y la llevo a mis labios.

─Mi oficial de libertad condicional me impide tomar bebidas alcohólicas


─explica.

Bajo mi mirada al suelo, incapaz de sostener la suya.

─Lamento haberte involucrado. No quería hacerlo. Por eso no te conté nuestro


plan.

─Qué mal ─dice metiéndose las manos en los bolsillos de sus pantalones
negros─. Porque yo no me arrepiento de haberlo golpeado, Savannah. Estaba
tan enojado por lo que te hizo, por lo que permitiste que te hiciera, que a penas
podía verte sin perder la calma. Lamento muchas cosas sobre ese día, siempre
lo haré, pero haber atacado a Gordon no fue una de ellas.

El día de la cabaña.
El día que me dejó sola por ir con Pauline.

El día que cuando regresó, ya era demasiado tarde.

El día que buscó consuelo en los brazos de su novia.

El día que por unos segundos pensó que moriría por mí.

El día que me dijo que no existiría más un nosotros.

─¿De qué cosas sí te arrepientes? ─susurro.

─De todo lo demás ─responde tras humedecerse los labios─. Me arrepiento


de todo lo demás.

Sin tomarse la molestia de ser específico al respecto, se da la vuelta. Mis ojos


se llenan de lágrimas de frustración debido a que lo que más deseo en este
mundo es detenerlo y besarlo frente a todas las personas que se encuentran
frente a mí, pero termino caminando en dirección contraria a él y a Pauline.
Mi objetivo es el baño, pero este cambia cuando choco contra un pecho. Al
alzar la cabeza mi mirada se cruza con una gris, rodeada de arrugas y paternal.
El hombre trajeado me estabiliza con sus manos.

─Savannah, qué gusto encontrarte aquí ─dice Warner Combs sin importar que
haya derramado parte del contenido de mis copas en su traje─. Tu padre me
dijo que estabas estudiando en esta universidad, pero tenía entendido que
estabas a penas iniciando tu carrera. La última vez que jugamos tenis solo
habló de ti y de cuán preocupado está porque estés aquí sola.
─Como siempre ─bromeo sorbiendo discretamente por mi nariz─. Estoy aquí
con unos amigos. ─Intentando no ser tan obvia, le sonrío tímidamente─. Uno
de ellos se está graduando hoy con el mejor promedio de la Escuela de
Negocios. Cualquier compañía sería afortunado de tenerlo bajo su ala.

Sus ojos resplandecen con interés.

─¿Ah, sí? ¿Cuál es su nombre? Si está recomendado por un Campbell, debe


ser especial.

Se lo doy.

Se lo doy y por la siguiente media hora lo convenzo de que Tanner es la mejor


opción hasta que él mismo se dirige hacia él sin prometerme que le dará el
trabajo ya que tiene muchas otras opciones en mente, pero que lo considerará,
quién se encuentra aceptando felicitaciones con sus brazos envueltos alrededor
de Pauline, y finalmente voy hacia el baño en el segundo piso, pero me
sorprendo al ver un intercambio desarrollándose en la puerta de este. Ibor, en
ropa casual que contrasta con todos los demás, está aceptando una familiar
llave de hierro de uno de los chicos recién graduados. Este se aleja del rubio
tras murmurar algo en su oído, a lo que él asiente, y lo único que puedo hacer
es quedarme en medio del pasillo contemplando el intercambio. Una vez este
termina, me acerco a él.

─Si quiero hacer uso de mi llave ahora, ¿puedo?

Ibor se tensa, sus ojos abriéndose con sorpresa.


─Sav, hola ─dice─. No sabía que tuvieras una llave.

─La tengo. ─La busco en mi pequeño bolso. Ya que Tanner no me dio detalles
sobre cuándo o dónde tendría que darla, la llevo conmigo a todas partes. Una
vez la tengo en mi mano, se la ofrezco de manera ansiosa. Estoy lista para
deshacerme de ella. Mientras la lleve conmigo no dejaré de recordar la persona
que me la dio. De sentir que le debo algo─. Aquí está. Quiero usarla ahora.

No la acepta.

─Se supone que debes estar un poco más avanzada en tu carrera para
entregarla porque tienes que estar segura de lo que quieres.

─¿Pero va contra las reglas entregarla antes si así lo quiero?

Ibor se encoje de hombros, ruborizado.

─Yo solo acepté un trabajo que pagaba bien. Recolectar estas llaves lo hace.
Solo me dieron una lista en orden cronológico de todas las personas en el
campus que tienen una. Si tú apareces allí, no debería haber ningún problema
─dice suavemente─. ¿Qué es lo que quieres, Sav?

Sonrío tímidamente.

─Quiero asegurarme de que alguien más obtenga todo lo que desea.


Su mirada dulce se oscurece. Su mandíbula también se aprieta, deshaciendo
su expresión de bebé.

─Es Tanner, ¿no es así?

Trago.

─¿Cómo lo sabes?

─Solo lo sé ─dice, pero se rinde ante mi mirada interrogante y añade más


información a su respuesta─: Tuve la sospecha de que sería él ya que él fue la
primera persona de quién recibí una llave y su deseo estaba relacionado
contigo.

El aire escapa de mis pulmones. Niego, sin poder creerlo. Sin poder creer de
que continúe hallando maneras de envolverme a su alrededor. Maneras incluso
de las que a veces llego a ser inconsciente.

─¿Cuál fue este?

Ibor niega.

─No puedo decirte...

El rubio se estremece cuando lo empujo contra la pared.

─Dime.
─Sav, estoy seguro de que eso sí va contra las reglas.

─Por favor ─susurro con mis labios cerca de los suyos y se estremece,
cayendo.

─Él quería que ganaras el concurso. Sabía que ibas a hacerlo y que sería la
oportunidad estrella para empezar tu carrera, por lo que solo quería
asegurarse. ─Me alejo, dándome cuenta de que Tanner desperdició su deseo
en mí. Al ver mi expresión la de Ibor se ensombrese─. No son primos, ¿cierto?

Lo veo fijamente, incapaz de continuar mintiéndole.

─No, no lo somos ─murmuro─. Lo siento.

Su mirada se llena de dolor. Tras aceptar mi llave, la mete en el bolsillo.

─Supongo que debí aceptar tu primer no como respuesta y no insistir, ¿no es


así?

Debería darle la razón, pero no puedo.

─Sí, debiste hacerlo, pero luchar por lo que quieres siempre le gana a
cualquier cosa que debiste hacer. El arrepentimiento de no haberlo hecho es
mucho peor al vacío que genera no haberlo intentado. ─Mi garganta se seca,
así que trago un par de veces antes de continuar─. Con respecto a Tanner, es
suficiente con que consiga el trabajo que quiere. No necesita nada más.
Tras darme la vuelta, desciendo por las escaleras.

Cuando llego a la planta baja, mi ojos se cruzan con los suyos, pero no me
detengo.

Debo ir con mis padres.

Debo alejarme tanto como sea posible de él y sus contradicciones.

Si me quedo terminará por consumirme.


Capítulo 54
Después de lo ocurrido en el estacionamiento, Faith me lleva de vuelta al
interior del estadio. Allí hace que me posicione sobre una plataforma y dé una
rápida versión de lo ocurrido en la que acepto públicamente que la constructora
no tuvo nada que ver con el plagio de mis diseños y que toda la culpa de esto
recae en Jason. Tras ello bajo del escenario y bebo un par de copas, una sonrisa
falsa puesta en mi cara de manera permanente mientras aclaro todas las dudas
de la prensa y de los invitados, pero me detengo cuando empiezo a sentir que
mi mundo podría empezar a dar vueltas a mi alrededor si no lo hago. Con haber
hecho el ridículo una vez tengo suficiente en una noche. No es hasta que el agua
salada llega a mis labios que me percato de que estoy llorando cuando se supone
que debería estarle prestando atención a los invitados.

Faith lo nota.

─Savannah, ¿estás bien? ─pregunta disculpándose con la pareja de


inversionista con la que hablábamos─. ¿Necesitas que te lleven a casa? Quizás
han sido muchas emociones fuertes por hoy.

Afirmo, tragando el nudo en mi garganta antes de hablar.

─Eso estaría bien.

La pelirroja me mira atentamente, pero no hace preguntas al respecto. Me


escolta hacia la salida y me guía a la zona en la calle en la que hay algunos
chóferes. Le indica a uno de ellos que me deje en casa y se despide de mí con
la promesa de ponerse en contacto conmigo al día siguiente para que
empecemos a trabajar juntas en el diseño de interiores del sitio. Pude haberle
dicho al hombre que me dejara en mi casa, pero termino bajándome en el
edificio de Tanner en Travis Country. El vigilante me sonríe al verme,
concediéndome acceso directo al ático que hace unas horas empezaba a
considerar mi hogar, llamándolo también mío dentro de mi mente.

Entumecida, casi cuento los segundos que le toma al elevador abrir sus puertas.

Ya en su interior lo primero que veo es la figura encorvada de Tanner. Está


sentado en uno de los sofás de cuero que elegí y se incorpora a penas me escucha
llegar. Su expresión es indescifrable, pero consigo identificar una chispa de
tristeza en sus ojos. Separa los labios para decir algo cuando lo alcanzo, pero lo
detengo juntando los míos con los suyos. Me devuelve el beso envolviendo sus
manos alrededor de mi cintura, pero no siento más que atracción física por su
cuerpo. La química entre nosotros, al menos de mi parte, se ha desvanecido.
Sollozo al darme cuenta de ello, sintiéndome perdida, y lo empujo hacia el sofá.
Elevo la falda de mi vestido antes de situarme sobre él e inclinarme para
continuar besándolo, buscando.

Buscando cualquier señal de que pueda sentir algo a parte de decepción y dolor.

No puedo.
Tanner se adentra en mí tras desabrocharse los pantalones y mece mis caderas,
intentando hacerme gemir como solía, lo sé por la desesperación en sus ojos
negros, pero con mi falta de respuesta le transmito que se ha convertido en otro
cuerpo más que añadir a la lista.

En otro amante.

Nada especial.

─Savannah ─jadea, enloquecido, empujándome hacia atrás y tomando el


puesto encima de mí.

─No siento nada ─le informo mientras me llena una y otra vez, haciéndome
alcanzar el orgasmo casi de manera forzada y mecánica─. No siento nada
─repito empujándolo lejos de mí antes de ponerme de pie, las lágrimas
deslizándose por mis mejillas─. Esta mañana te abrí mi corazón, te dije que te
amaba, pero ya no siento absolutamente nada por ti.

─Todo tiene una explicación ─dice mientras se sube los pantalones y se


abrocha el cinturón sin verme a los ojos, todo su cuerpo tenso, pero aún si así
fuera no me interesa oírlas.
Mi amor. Mi admiración. Mi respeto.

Todo lo que sentía por él se desvaneció en cuestión de segundos.

El hombre que creía que era, que creía que amaba, ya no existe.

Ahora finalmente lo veo por lo que es, un cobarde, y solo siento decepción.

Decepción de él y decepción hacia mí misma por haber desperdiciado tanto


enamorada de alguien que no existe. De alguien que en mi mente empezaba a
abrir los ojos y haría cualquier cosa por mí como siempre se suponía que debió
haber sido. No por Pauline, su esposa.

Por mí.

─¿Hay algo que explique el por qué Pauline no tenía idea de su divorcio?

Tanner se detiene frente a mí, su camisa completamente arrugada mientras alisa


y despeina su cabello repetidas veces. Su mirada es igual de enloquecida que lo
fue el día que me llevó a su casa, pero esta vez intenta contenerse. Esta vez es
consciente de que si me lastima me iré porque la Savannah que le aguantaba
todo porque lo quería más que a su felicidad, más que a sí misma, ya no existe.
Siento admiración por mí, por haberme dado cuenta, pero unas irrefrenables
ganas de llorar por ella porque de entre tantas opciones, ella lo eligió.

Lo escogió aún sabiendo que la haría trizas.

─Se suponía que no regresaría a Austin. Se suponía que cortaría cualquier


vínculo contigo. Que tú y yo tendríamos más tiempo. Que ella y yo volveríamos
a intentarlo después de que te sacara de mi sistema y ambos nos
recompusiéramos de las pérdidas...

Retrocedo, en shock.

Mis manos empiezan a temblar al darme cuenta de cómo fui utilizada, de


nuevo, por ambos.

─¿Ahora son pérdidas? ─le pregunto─. No fueron pérdidas, fueron abortos,


Tanner. Sea por la razón que sea, tu esposa no quiso tener hijos contigo. ¿Cómo
no puedes darte cuenta de lo manipuladora que está siendo al hacerte llamarlo
de esa manera ahora? Hace un par de días eras tú quién me decía que la odiabas
por eso, pero como siempre ella aparece, llora sobre tu pecho y olvidas todo
sobre nosotros, convenciéndote de que ella es la mejor opción.

Los hombros de Tanner se hunden.

─Ella es buena para mí. Siempre ha sido la buena para mí. Sé que
encontraremos la manera de superar esto y como te lo dije antes, siempre habrá
un lugar en mi vida para ti ─dice, haciéndome jadear con incredulidad ante su
cinismo. Su mandíbula se aprieta antes de continuar─. Estamos unidos por
muchas cosas, quieras o no, pero ambos sabemos que nunca podríamos estar
juntos. Tú no encajas en mi mundo y yo no lo hago en el tuyo.

Niego.

─No puedo creer que sigas mintiéndote así.

Tanner da un par de pasos hacia mí.


─Savannah...

─No puedo creer lo que me hicieron. ─Tomo el cuello de su camisa en mis


manos. Tanner traga cuando lleva sus ojos a los míos, los suyos desenfocados.
Cuando alzo la mirada y veo pequeñas migajas de polvo blanco sobre la mesa
lo entiendo y lo compadezco─. Si ella te amara no te habría lastimado como lo
hizo. No estaría de acuerdo con este trato enfermo entre ustedes ─le dejo claro─.
Si tú me amaras a mí no me habrías hecho todo lo que me hiciste. Si yo me
hubiera amado más a mí misma de lo que te amaba a ti no lo habría permitido.
Si continuara amándote, me quedaría aquí, contigo. ─Me aparto, sintiendo
asco─. Pero ya no lo hago. Incluso si ahora me dijeras que tú también lo haces,
ya no te amo. Has consumido por completo cualquier sentimiento que sentía
hacia ti, menos la lástima y el asco.

Tras soltarlo y contemplar su expresión, la cual está llena de dolor, me alejo de


él y camino hacia mi estudio. Ignoro las punzadas que siento al notar todo lo
que dejaré atrás y me limito a tomar el sobre de Pauline. Voy hacia nuestra
habitación y recojo las cosas que no podría dejar atrás, guardándolas en una
bolsa de gimnasio, consciente de que está mirándome y que no se pierde
ninguno de mis movimientos. Se hace a un lado cuando me dirijo a la salida,
pero me sigue escalera abajo. De nuevo en la sala, toma mi brazo y hace que
me gire hacia él.

─Pensé que tenías claro que era solo una aventura ─dice con tono de voz
ahogado─. Por todas las veces que me dijiste que sería feliz con alguien más,
creí que sabías que ese alguien más no eras tú y que lo nuestro eventualmente
llegaría a su fin. Lamento no haber notado antes cuánto realmente me querías.
Cuánto te estaba lastimando. Eres importante para mí, Savannah, y...
─¿Alguna vez pensaste lo contrario?

─¿Sobre qué? ─pregunta sonando desesperado por decirme cualquier cosa que
me haga sentir mejor, que me haga quedarme y caer de nuevo, pero simplemente
no la hay y esto solo saciará mi curiosidad.

─Sobre nosotros ─le aclaro─. ¿Alguna vez pensaste que podrías ser feliz
conmigo? ─El conflicto invade su mirada oscura. Hago una mueca─. Ni
siquiera respondas. Ya sé la respuesta. En el caso de que te preguntes si alguna
vez pensé que sería feliz contigo, no. No lo hice, pero te escogí a ti por encima
de mi felicidad y me alegra que mi elección solo haya durado un día porque no
sabría como lidiar conmigo misma si me hubieras hecho perder toda una vida a
tu lado, que era lo que tenía planeado darte. Un hogar. Una familia. ─Mi barbilla
tiembla─. Quizás en un futuro, si lo arreglábamos, hijos, pero no mereces que
los míos lleven tu sucio apellido racista. Ahora que te veo por lo que realmente
eres, un cobarde, renunciaría a la idea de ser madre antes de hacerte padre,
Tanner. Mis hijos merecen algo mucho mejor que tú.

Tras escucharme, su pecho se hunde como si acabara de golpearlo.

Porque sé que dentro de él, muy dentro de él, algo también está haciéndose
polvo.

Lo veo en sus ojos.

─Nunca debiste meterte en nuestra historia ─intenta lastimarme más de lo que


yo lo lastimé, pero no puede.

─No ─siseo con el mentón en alto─. Ustedes nunca debieron atravesarse en la


mía.
Avanza hacia mí.

─La nuestra era perfecta hasta que tú llegaste a destrozarlo todo, Savannah,
mirándome como si desearas que arrojara a mi novia al mar y te tomara en
brazos en su lugar. Como si quisieras que te follara. Como si te murieras porque
te besara hasta que tus labios perdieran su forma y su color.

No suena como si me recriminara algo, sino más bien como si dijera en voz
alta las líneas de un libreto que ha estado repitiéndose por años. Tras tomar el
sobre que Weston me dio, lo estampo contra su pecho y le sonrío sintiendo más
satisfacción de la que he sentido en mucho tiempo. Tanner lo toma frunciendo
el ceño, pero no lo abre, sus ojos negros sin poder despegarse de los mío.

─¿Perfecta? Perfecta era yo para ti y hoy me perdiste para siempre. ─Acerco


mi rostro al suyo, apreciando la manera en la que sus pupilas se dilatan, su
aliento se atasca y sus vellos se erizan porque mientras mi cuerpo lo aborrece,
el suyo todavía me ama─. Ve, ten tu final feliz con quién te apetezca, pero nunca
conseguirás otra mujer como yo, nunca tendrás una conexión igual a la que
teníamos con nadie más, y eso te arderá toda la vida, Tanner Reed, porque fuiste
tú quién lo destruyó. No yo. Mi consciencia estará tranquila sabiendo que fui
leal a mí misma y que di todo lo que pude dar de mí, ¿pero tú, Tanner?
─Trago─. Tú no diste nada.

Sin esperar ninguna respuesta de su parte, me doy la vuelta y camino hacia el


ascensor.

Cuando las puertas se cierran, alejando sus ojos negros de los míos, me
desplomo contra una de las paredes metálicas que me rodean y respiro sin que
ningún tipo de asfixia o ansiedad por tenerlo me invada. Sin embargo, termino
deteniendo mi auto frente a la casa que construí para él y para Pauline. La
maquinaría de demolición está en el jardín, lista para ser usada. Al menos en
eso no mintió, aunque también podría ser un montaje. A los segundos de
ingresar mi auto en la entrada, tanto Pauline como su maldito mayordomo salen
de la mansión.

─¿Savannah? ─pregunta, soñolienta dentro de un pijama azul─. ¿Qué haces


aquí?

─Deshaciendo algo que nunca debí haber hecho.

Tanner tiene razón.

Soy impulsiva. Soy malvada. Soy la villana.

Por un momento lo había olvidado.

Empujo a Pauline fuera de mi camino cuando hace ademán de atravesarse en


él. Escucho a su mayordomo sugiriéndole llamar a la policía, pero no le presto
atención a ninguno de ellos. Tras entrar en la maquinaría, descubro la manera
de utilizarla con un rápido tutorial en YouTube. Antes de proceder tomo mi
celular y grabo a Pauline mientras le hago una pregunta importante en el caso
de que se le ocurra acusarme de intento de homicidio, lo cual no creo que haga
porque la mojigata no es tan lista.

Su ingenio se limita a ser una zorra religiosa manipuladora.

─¿Hay alguien dentro?


Ella niega, su expresión suplicante.

─Savannah, por favor. No lo hagas. Podemos hablar y arreglarlo.

Relamo mis labios, subiendo nuevamente la ventanilla.

Nada, ni nadie, puede arreglar mi corazón. No solo está roto. Ya no está.

Hasta que no encuentre una nueva razón por la cual latir, solo es un vacío en
mi pecho que ansía ser llenado con cualquier tipo de emociones, como solía ser
antes de Tanner. Sin hacer caso a sus ruegos, demuelo su casa frente a ella,
quién no deja de gritar mientras las alarmas de todos los autos en el vecindario
empiezan a sonar. Una vez la mayor parte del segundo piso y de la entrada, al
menos, está hecha escombros debido a la bola de hierro, apago la máquina.
Cuando me bajo Pauline se encuentra tosiendo junto a mi auto debido al polvo
y su mayordomo habla por teléfono. Se acerca a mí con ojos llorosos, pero niego
hacia cualquier cosa que tenga que decir. Si alguno de los dos tiene planeado
demandarme por esto, le regresaré a Tanner el terreno que me dio. Le pediré un
préstamo a mis padres para cubrir los daños.

No me interesa.

Ninguno de ellos dos me importa ya salvo para verlos arruinarse entre sí.

─Tanner ya sabe lo que hiciste. Sabe que le mentiste ─siseo sobre su rostro
cuando se detiene frente a mí, tirando de su cabello rubio hacia atrás─. Las dos
sabemos que no tardará en ir por ti ya que has arruinado su perfecta visión del
futuro, que te has burlado de él, y esta vez ya no estaré ahí para amortiguar el
golpe por ti. ─La suelto─. Si fuera tú correría de vuelta al pueblo del cuál nunca
debiste haber salido porque los cuentos de hadas que te contaron de pequeña no
existen. Los príncipes azules llevan mucho tiempo extintos. ─Ladeo mi cabeza,
sonriendo antes de entrar en mi auto─. ¿Y tú, Pauline? No solo te casaste con
alguien que pretendía ser uno para atraparte, sino con una bestia sádica que
ahora está hambrienta de tu dolor.

Dejándola hundida en su miseria, me marcho sin mirar atrás.

Durante el trayecto fuera de Travis Country las sirenas de varios autos de la


policía me pasan, incrementado el ritmo de los latidos dentro de mi pecho, pero
ninguno de ellos me detiene.

Nadie ni nada más lo hará.

Soy libre.

*****

Me toma dos horas llegar a casa.

Cuando estaciono el auto en el garaje son alrededor de las tres de la mañana.


Me abrazo a mí misma tras presionar el timbre de la entrada. Golpeo la manera
cuando este se bloquea ya que solo puede ser presionado dos veces porque mis
padres consideran que es de mala educación hacerlo más. Un par de minutos
después veo a papá abrir la puerta con expresión soñolienta, un bate de beisbol
en su mano, pero el enojo en sus ojos grises se deshace al verme. Sin pedir
ningún tipo de explicación sobre por qué estoy aquí, me acerco a él y lo abrazo
con todas mis fuerzas. Will Campbell me devuelve el abrazo envolviéndome
con su calor, pero me hace mirarlo tras dejar el arma con la cual pensaba
combatir a los intrusos a sus pies.

─¿Qué sucedió, pequeña? ─pregunta con sus manos sosteniendo mis mejillas.

─Lo siento ─susurro ahogada en lágrimas─. Debí haberles hecho caso. No debí
haberme ido de Houston. No estaba lista para enfrentarme al mundo sin ustedes.

Sus expresión se llena de dolor, pero niega.

─A pesar de que siempre me dolerá el recuerdo de haberte dejado en Austin


como si fuera aquél día en el que me dijiste que me fuera de tu habitación porque
ya estabas cansada de mí y de tu madre y querías hacer tu propia vida, no
cambiaría nada que te haya llevado a convertirte en la exitosa, inteligente y
preciosa mujer frente a mí. Eres mi orgullo más grande, Savannah. ─Presiona
sus labios contra mi frente─. Hagas lo que hagas, siempre serás mi pequeñita.

─Papá ─sollozo enterrando mi rostro de nuevo en su pecho, pero me separo de


él cuando veo a mamá bajar los últimos escalones que faltan para que alcance
la planta baja.

Lleva una pijama de seda color crema bajo una bata.

Su expresión se llena de conocimiento cuando me ve.

─No cumpliste tu promesa, ¿cierto? ─susurra─. ¿No te alejaste de él?

Niego.
─No.

Mamá afirma. Por la manera en la que sus ojos llamean por un momento temo
regresar a tener cinco años y oírlos discutir sobre lo que es mejor para mí, si un
castigo o una charla explicativa, pero Larissa termina acortando la distancia
entre nosotros y envolviéndome entre sus brazos. Lloro con mi rostro escondido
en su pecho, demasiado asustada de ver decepción en sus ojos como para alzar
la mirada. Una vez me guía al sofá y nos sentamos en él, me obliga a verla
alzando mi barbilla con su mano de manicure perfecta.

─Me siento tan avergonzada.

─No debes estarlo ─dictamina─. Él es quién perdió a la mujer de su vida. Tú


saborearás el dolor de la caída, te levantarás y encontrarás a alguien más, pero
él seguirá hundido en su miseria para siempre. ─Me abraza─. No te merece,
Savannah. Nunca lo hizo, mi linda rosa.

Me estremezco.

─No lloro por él, mamá. ─Presiono mi frente contra su pecho─. Lloro por mí.

Por todo lo que perdí persiguiéndolo.

Porque esta no es la historia de la chica que obtiene al chico.

Es la historia de la chica que hace todo por tenerlo... hasta que abre los ojos
y se da cuenta de que tanto dolor y tanto sufrimiento por un amor no
correspondido simplemente no valen la pena.
Escucho a papá sentarse en silencio frente a nosotras, pero luego oigo el sonido
de otras pisadas descendiendo por las escaleras. Cuando alzo la vista,
incorporándome, me sorprendo al ver un chico de cabello castaño largo y ojos
marrones, en plena pubertad, en el último de los escalones.

─¿Así que tengo una hermana? ─pregunta y entonces entiendo su presencia


aquí.

─Una hermana que aparece las dos de la mañana en casa ─respondo tras sorber
por mi nariz, poniéndome de pie cuando se detiene frente a nosotros en un
pijama de los Kings.

Mira a papá.

─¿A quién debemos matar, Will?

Papá no mataría ni a una mosca aunque esta fuera obesa y volara lento, por lo
que interrumpo su respuesta.

─A mí misma por permitir que lo hicieran, pero eso se acabó.

El adolescente sonríe.

─Bien ─dice─. Mi nombre es Vincent.


Tras mirar con una sonrisa tanto a mamá como a papá, quiénes contemplan el
intercambio con sumo interés y algo de preocupación porque no me habían
contado más sobre el proceso de adopción después de que pasaron la primera
ronda para ser considerados aptos, acepto su mano y la aprieto.

─Savannah.

Empiezo a retroceder, pero me hala hacia su cuerpo para abrazarme.

Me estremezco al escuchar su voz en mi oído.

─Mantente lejos de mi camino y me mantendré lejos del tuyo. Cumplo


dieciocho y me largo.

Vincent se echa hacia atrás pensando que me ha intimidado, pero lo imito.

─Haz lo que quieras con tu vida, pero lastima a mis padres y rezarás para volver
al orfanato.

Dicho esto me separo de él con una sonrisa.

Mamá y papá, inconscientes de que han traído a casa al huérfano más


desagradecido, se nos unen. Papá sube con Vincent al segundo piso y mamá se
queda abajo conmigo, preparándome una taza de té en la cocina y escuchando
mi historia desde el principio. Obvio algunos detalles mórbidos, pero cuando
termino simplemente me observa y presiona sus labios contra mi frente.

─Ve a dormir ya, Sav. Mañana nos levantamos a las seis. Me ayudarás en la
floristería.
─Mamá... ─protesto.

Ella niega.

─Te dejé ir. Dejé que te lastimaran ─dice desde el umbral─. No dejaré que te
quedes rota.

Hago un puchero con mis labios.

─Te amo, mamá.

─Y yo a ti, pequeña rosa. Sanarás, lo prometo, y volverás a amar a alguien que


sí lo merezca.

*****

Me toma dos semanas lejos de Austin, cambiar de número de teléfono y mover


las oficinas de mi empresa a Houston, incluyendo a Isla, poner una significativa
distancia entre Tanner y yo, pero cuando este se aparece repetidas veces en la
casa de mis padres, algunas de ellas drogado y ebrio, y en el edificio que alquilé
y tengo que salir por la puerta trasera que conecta con un callejón para
esquivarlo, me doy cuenta de que nada de lo que ha sucedido lo mantendrá lejos,
en especial ahora que ha caído en su realidad. En su caso, en la de que Pauline
no es lo que pensó que era durante todos estos años, pero no volveré a ser su
plato de segunda mesa. Ya no volveré a ser quién recoja sus pedazos e intente
descifrarlos mientras los une.

Ya no tengo un motivo.
Así que cuando Malcolm vuelve a preguntarme si me quiero ir con él, acepto.

Compro un conjunto deportivo rojo que se ciñe a cada curva de mi cuerpo y


arrastro mi maleta por el piso del aeropuerto consciente de que hay cientos de
cámaras apuntando hacia mí y grabando el momento en el que lo alcanzo en la
fila de chequeo. Cuando lo alcanzo, me toma en brazos y me hace dar vueltas
en el aire, a lo que respondo riendo y tirando momentáneamente mi cabeza hacia
atrás, las mariposas haciendo su aparición en mi estómago ya que no solo luce
apetecible dentro del uniforme de entrenamiento de los Kings, sino que también
huele sumamente bien, a colonia y crema de afeitar, lo cual a penas descubro
ya que es la primera vez que lo tengo tan cerca y me permito disfrutarlo. Cuando
mis pies son depositados de nuevo en el suelo, mis labios buscan su mejilla,
pero vuelve a girar su rostro demasiado rápido y termino besándolo fugazmente.
Sin importar si fue un accidente o no, mi corazón se llena de calidez.

Ya no veo a su hermano en él.

Solo veo a mi amigo, uno que me hace sentir bien.

Demasiado bien.

─¿Necesitas ayuda con eso? ─Niego, pero aún así Malcolm maniobra con su
equipaje para tomar el mío─. ¿Lista para la aventura de tu vida? Tengo grandes
planes para nosotros. He hecho un itinerario de todos los lugares turísticos que
podemos visitar.

Sonrío, tomando su gorra y poniéndola sobre mi cabeza mientras exploto una


goma de mascar.
─Claro que sí.

Estoy lista para romper el ciclo haciendo lo único que Tanner no me perdonaría
jamás.

Estoy lista para ser feliz con la versión de él que siempre quise para mí.

Una que no fueron invenciones de mi mente, sino que sí existe ya que mientras
yo era la única que pensaba que Tanner me quería, todo un país entero veía
cómo su hermano se moría por mí, menos yo. Solo somos amigos ahora, pero
la calidez que siento cuando toma mi mano y entrelaza nuestros dedos mientras
esperamos nuestro turno para presentar nuestra documentación me hace tener
esperanzas de que un día me levantaré y amaré tanto al buen hombre junto a mí
que me dolerá respirar sin él, pero a él también le dolerá respirar sin mí.

Porque ese es el único tipo de dolor que volveré a sentir.

Fin del ciclo.


Epílogo 1
Un año y medio después...

Sonrío mientras me contemplo en el espejo, encantada con la visión que ofrece


mi vestido blanco. Es de encaje tanto en la parte superior como en la falda,
manga larga, y de transparencias. Fue diseñado exclusivamente para mí por
Pnina Tornai, lo que hizo que mamá y yo saliéramos en un episodio de Say Yes
to the Dress en Kleinfeld debido a la relevancia de mi prometido en los medios.
Ver a Larissa y a la madre de Malcolm discutir por el mejor con papá, quién
solía apoyar todas mis opciones, fue una experiencia que nunca olvidaré. Río al
recordarlo mientras acepto el ramo de rosas blancas que mamá me tiende, cuyo
ceño está fruncido a pesar de que se supone que debería estarme dando ánimos,
pero sabe que no los necesito. No siento miedo. Solo ganas de iniciar esta nueva
etapa de mi vida con el hombre que amo, que me ayudó a sanar y que me
convirtió en una mejor versión de mí misma.

Más amable, menos solitaria y más inclinada a disfrutar las emociones positivas
de la vida que las negativas. A hallarme a mí misma por un camino color rosa
en lugar de negro.

Soy una novia feliz.

Hoy es el día de mi boda y realmente soy feliz.

─Debiste haber escogido el de seda. Este es muy revelador.


─Mamá ─río─. Deberías decirme que me veo hermosa.

─¿Por qué? ─pregunta─. Eso ya lo sabes, Savannah. No seas egocéntrica.

A pesar de sus palabras, sus ojos están vidriosos. Aunque un principio tuvo sus
reservas con respecto al hecho de que empezara una relación con el hermano
del hombre que me hirió, Malcolm se esforzó por demostrarles que es diferente
a los otros Reed. Se ganó su puesto en sus corazones. Ahora tanto ella como
Will están felices de añadirlo a la familia y de alardear de que el mariscal de los
Kings, quién nos llevó a ganar el Super Bowl este año y el anterior a ese, lo cual
vi en primera fila, sea parte de la familia Campbell. Con respecto a Tanner, sé
que en ocasiones se reúnen y sé que estará en algún lugar de la ceremonia viendo
cómo me caso con su hermano, pero no ha vuelto a intentar ponerse en contacto
conmigo después de que Malcolm y yo nos reunimos en el aeropuerto.

Me dejó ir.

Mi vida es tan buena ahora que solo espero que algún día pueda sanar y ser tan
feliz como yo.

Como nunca lo habría sido con él.


─La boda está a punto de empezar, mamá ─le recuerdo cuando se limita a
mirarme a través del reflejo del espejo frente a nosotras, llorando con miedo de
arruinar su maquillaje ya que limpia constantemente el borde de sus ojos
enrojecidos con una toalla húmeda.

─Lo sé, pequeña rosa, pero no puedo dejar de verte. ─Alisa mi cabello, el cual
cae completamente lacio sobre mi espalda, y me abraza─. Estoy tan feliz por ti.
Realmente deseo que Malcolm te haga tan feliz como tu padre me ha hecho feliz
a mí.

─Es un sueño hecho realidad ─susurro, enternecida al recordar el último año.

Los viajes. Las cenas. Los juegos tras los cuales corrí sobre el césped ante la
atenta mirada de todos para aterrizar en sus brazos y besarlo para celebrar sus
victorias. El cómo huía al menos media hora de sus entrenamientos para
acercarse a mi oficina y hacerme el amor sobre mi escritorio, traerme mi
almuerzo favorito, pizza, o simplemente recordarme cuánto me ama a pesar de
que lo primero que hice antes de aceptar ser su novia fue contarle sobre Tanner
y yo.

Malcolm se enojó al principio, se distanció, pero regresó.

Me perdonó.
─Papá ya está esperando por mí. ─Me separo de ella─. Nos vemos en un rato,
mamá.

─No sé por qué si fui yo quién te tuvo nueve meses en mi interior, debe ser
Will quién te lleve al altar ─protesta saliendo de mi vestuario, a lo que suelto
una débil risa.

Siguiéndola, me encuentro a papá en la puerta. Sus ojos grises se abren con


sorpresa y después se entrecierran con calidez cuando reparan en mí. Se ve
como un apuesto modelo Armani maduro dentro de su traje, pero cuando sus
ojos se vuelven brillantes siento ganas de llorar.

─Te ves hermosa, Savannah. Estoy honrado de llevarte al altar.

─Yo estoy honrada de llamarte papá.

Tras abrazarlo, entrelazo mi brazo con el suyo. Descendemos las escaleras


hacia el primer nivel del salón en el que se desarrollará la ceremonia nocturna
repleta de luces brillantes y rosas y otras especies de flores blancas que la
floristería de mamá proporcionó. Hay una elegante alfombra clara que conduce
al altar. Cuando el novio me identifica al final de esta, la marcha nupcial
empieza a sonar y lo único que puedo ver es cuán apuesto y nervioso de una
manera adorable luce Malcolm en su traje de dos piezas con pajarita. A su lado
están Ibor y Marco, uno de sus amigos del equipo, y junto al que yo ocuparé se
encuentran Isla y Faith, mis dos mejores amigas ahora. La primera se ha
convertido en mi socia y la segunda en una importante colega.
Los pétalos llueven sobre mí, toda una sorpresa, mientras caminamos hacia
ellos.

Clavo mis dedos en el brazo de papá debido a la emoción que siento.

Una vez él se despide de mí presionando sus labios contra mi frente y


estrechando el hombro de Malcolm, nuestras manos se encuentran después de
que le entrego mi ramo a Isla y juro ser capaz de sentir su pulso errático en mis
dedos y viceversa.

Trago el nudo de emoción en mi garganta al escuchar al orador.

─Malcolm Reed Johnson y Savannah Campbell Suárez ─pronuncia nuestros


nombres─. Están aquí para intercambiar sus votos y unirse en sagrado
matrimonio ante los ojos de Dios y de todos los presentes. ─Sonrío. Malcolm
me devuelve la sonrisa, viéndose tan feliz como yo me siento. El sacerdote lo
mira a él primero─. Malcolm, tú primero, por favor. Dinos tus votos.

Malcolm se aclara la garganta antes de hablar.

─Sav... ─dice, apretando suavemente mis manos─. Me esfuerzo día a día por
ser alguien digno de ser llamado tu amigo, tu confidente, más que un amante.
Espero algún día llegar a merecer tener una mujer como tú a mi lado, pero no
podía tentar a la suerte y esperar que eso sucediera para hacerte mi esposa
porque otro podría venir y hacerlo. Si apartarte para mí mientras lo logro me
hace ganar ser llamado egoísta, asumo mi pecado y rezaré cada día para ser
absuelto de él aunque no tengo intenciones de dejar de cometerlo. Te amo y no
imagino ningún día de mi vida sin ti. No solo formas una parte importante de
ella. Eres ella y también lo serán nuestros hijos cuando termines de cumplir
todas tus metas, y yo también, y seamos padres. ─Mi barbilla tiembla─.
Mientras eso sucede estoy feliz de iniciar mi familia contigo. Todos aquí saben
que te has convertido en mi amuleto de la suerte y que no habría llegado a donde
estoy sin ti. ─Me acaricia las manos con sus pulgares, la sinceridad de sus
palabras trayendo una gran opresión a mi pecho─. Cada uno de mis Touchdown
llevan tu nombre, preciosa.

Le sonrío entre lágrimas.

─¿Savannah?

Aclaro mi garganta antes de empezar.

Mis votos son simples y cortos en comparación, pero significativos.

─No pensé que podría tener este tipo de felicidad hasta que te arrollaste frente
a mí y me pediste que fuera tu esposa ─susurro, haciendo que todos rían de
nuevo al recordar su propuesta de matrimonio tras la victoria de su segundo
Super Bowl. Una de las propuestas de matrimonio más televisadas─. Viste y
apreciaste cosas en mí que nadie más notó, Malcolm, y me hiciste apreciar y
ver cosas en ti sin las que ahora no puedo sobrevivir. Te amo y prometo
recompensarte cada pequeña o gran alegría que generes en mí y en mi padre
─río, lo cual también lo hace reír y a todos los demás porque Will es su fan
número uno─. Te amo y me siento honrada de ser la mujer que elegiste para
convertir en la señora Reed.

Porque la única manera en la que lleve ese apellido es si está ligado a Malcolm.

Los ojos marrones de mi prometido se vuelven cálidos.


Prometen hacerme tantas cosas cuando estemos a solas. Tras verlo relamer sus
labios con apetito en su mirada, lo cual captan las cámaras, el sacerdote
continúa.

─Si alguien se opone a esta unión, hable ahora o calle para siempre. ─A pesar
de que siento un cosquilleo de anticipación en mi nuca, no giro mi rostro. El
silencio es la única respuesta que obtiene el padre─. Malcolm, ¿tomas a
Savannah como tu esposa para serle fiel, para mantenerla y tenerla a tu lado
desde hoy, en lo bueno y en lo malo, en la riqueza y en la pobreza, en la salud
y en la enfermedad, hasta el día en el que la muerte los separe?

─Sí. Por supuesto que sí ─responde de forma ansiosa.

─Savannah Campbell...

─Sí ─lo corto, haciendo reír a todos, pero simplemente no soporto cuán rápido
va mi corazón dentro de mi pecho. Quiero que cumpla ya mi fantasía de ser
tomada en brazos, pasar de la fiesta de celebración e ir directamente a nuestra
luna de miel─. Acepto.

─Los anillos ─dice Malcolm, sin dejar que el pobre hombre continúe, a lo que
Samantha se acerca con un cojín y nos los tiende pese a la mirada de molestia
en sus ojos.

No entiende por qué no me estoy casando con camarón, pero es muy joven para
comprender y Anahí y yo nos limitamos a decirle que lo nuestro simplemente
no había funcionado, pero no por qué. Está usando un lindo vestido amarillo y
una corona de ostras doradas en la cabeza, viéndose como siempre como una
sirenita. Cuando se aleja Malcolm desliza uno de ellos en mi dedo, tomando mis
manos con delicadeza y adoración en cada uno de sus movimientos.
─Savannah Campbell, con este anillo te tomo como mi esposa.

Lo imito.

─Malcolm Reed, con este anillo te tomo como mi esposo.

Una vez terminamos, volvemos a ignorar al orador y presionamos nuestros


labios juntos.

Todos los presentes aplauden mientras enredo una de mis manos en su cabello
oscuro y presiono la otra contra su hombro. Mientras inclina mi espalda
suavemente hacia atrás y me besa con pasión, pero también con ternura,
haciéndome sentir como su único y primer amor a pesar de la absurda cantidad
de mujeres que pasaron por su cama. Una vez se separa de mí, hace exactamente
lo que prometió y me toma en brazos con suma facilidad, lo que me hace reír
mientras los pétalos llueven sobre nosotros de manera uniforme y hermosa.

─Nos vemos en un mes, Dawson ─le dice a su entrenador tras nosotros, lo que
mamá escucha y hace que comience a andar tras nosotros para evitar que nos
fuguemos, pero no nos detenemos.

Andamos hacia el auto de huida esperando por nosotros en la entrada.

Antes de salir del salón, sin embargo, lo veo.

Lo veo y sigo sin sentir nada, pero él está sintiéndolo todo y la única emoción
que puedo dedicarle a cambio es lástima porque mamá tenía razón. Sané, lo
superé y volví a enamorarme, pero él está y siempre estará hundido en la miseria
de los sueños que no se hicieron realidad.
Porque dentro de su mente pudimos haber sido nosotros.

Debimos haber sido nosotros.

Pero el nosotros dejó de existir cuando me arruinó.

Cuando lo arruiné.
Epílogo 2
TANNER

Se supone que debería estar feliz por mi hermano.

Se supone que debería darle la bienvenida a mi familia a mi nueva cuñada, pero


lo único que puedo hacer es resistir la manera en la que mi sangre se convierte
en ácido corriendo por mis venas mientras los veo partir del sitio en el que
prepararon su fiesta de casi un millón de dólares sin formar parte de la
celebración. Fue un desperdicio de dinero, pero el desperdicio no se debe a que
se hayan ido, sino a que nada en este nefasto sitio grita que esté hecho para
cumplir las expectativas de Savannah, pero sí la de los medios.

Si hubiera sido yo, estuviéramos casándonos en la orilla de la playa en Corpus


Christi en una ceremonia privada.

Como fue mi boda con la perra cristiana.

Como la hice prepararla porque me gustaba fingir que sería ella con quién me
casaría.
Los invitados ríen, cantan y bailan a mi alrededor. Los odio a cada uno de ellos
por formar parte de esta farsa, por no darse cuenta de que a la novia solo le
interesan unos cuantos y prefirió irse antes de perder su tiempo aceptando sus
felicitaciones, pero estoy demasiado entumecido y ebrio como para conducir
hacia el hotel en el que estoy quedándome. Debí haber traído un chófer
conmigo, pero no quería que nadie fuera testigo de mi miseria en el caso de que
mi plan nunca se llevara a cabo. Tenía todo listo para perdonarla, para dejar de
lado mi orgullo y huir con ella a un sitio en el que nadie pudiera señalarnos, en
el que pudiera reconquistarla y obtener de regreso la parte de mí que perdí
cuando se fue, pero ella ni siquiera giró su rostro hacia mí para buscarme entre
los invitados cuando el sacerdote lo preguntó.

Cuando preguntó si alguien se oponía a la boda. Si ella quería que se opusieran.

Esa era mi señal.

Mi señal para humillarme a mí mismo y empezar a arrastrarme por una mujer.

Mi señal para renunciar a la escasa relación que tengo con Malcolm, la cual es
la única relativamente sana y decente dentro de mi mi familia o al menos lo era
hasta que Sav decidió que de entre todos los hombres a su alcance, él era el
indicado para superarme, pero no voy a fingir que no sé por qué lo hizo. Le he
perdonado muchas cosas y meterse con él sería la única que no, pero cuando la
amenacé subestimé el poder que mi chica tenía, tiene, sobre mí.
Pero la señal nunca llegó.

Ella nunca me buscó con sus inolvidables ojos grises entre los invitados.

Tampoco en el transcurso de este año y medio dio señales de solo estarse


vengando.

Lo ama y la certeza de ello duele como una hija de perra.

Porque solía verme a mí como lo veía a él.

Solía suspirar contra mí como ahora suspira contra él.

─Disculpe, ¿está bien? ─pregunta una voz que reconozco bien, haciendo que
me tense, cuando me encuentro caminando por el estacionamiento en búsqueda
de mi auto, el cual no encuentro ya que todos los malditos autos en él se ven del
mismo color y del mismo modelo.

─Sí ─mascullo, pero Larissa, la madre de Savannah, es una entrometida y se


acerca.
─¿Tanner? ─pregunta─. ¿Eres tú, imbécil?

Una risa oscura se atasca en mi garganta.

Me giro para mandarla al infierno, pero lo parecida que es a Sav hace que me
congele. Lo alta. Lo esbelta. Lo perfecta con su cabello largo negro y sus
marcadas curvas latinas. Distorsionado como está el sentido de mi visión, sus
arrugas no se notan y bien podría estar frente a su hija. Separo los labios para
decirle todo lo que nunca le dije, pero los cierro al escucharla hablar.

Al caer en cuenta de que no es ella.

─No puedo creer que hayas venido.

─Tú me invitaste ─siseo, odiándola por ser una perra sin escrúpulos a la que le
gusta meter el dedo en la llaga.

─Pero no pensé que vinieras ─dice.


Hago una mueca, sabiendo que nunca le he gustado.

─Bueno, ya me voy ─le informo dándome la vuelta y avanzando, pero una


mano se posiciona sobre mi hombro y me tenso─. Larissa, ¿sabes lo que es el
espacio personal? Invades el mío.

─Sé lo que es que le hagan daño a la persona que más amas en el mundo y
contener esa rabia por un año y medio ─responde Will, haciéndome dar la vuelta
para asentarme un puñetazo en la mandíbula que hace a su esposa jadear con
horror y que una explosión de sangre y dolor estalle en mi boca─. Ahora, Reed,
te llevaré a tu hotel ─indica tomándome del brazo y guiándome a su auto─. No
permitiré que ensucies el día más feliz de mi hija con tu muerte.

─Will... ─susurra su esposa tras nosotros, pero el hombre niega.

─Deja que me encargue de esto, cariño. Es algo que he estado conteniendo por
mucho tiempo.

Tras esto abre la puerta y me empuja dentro.


─El día más feliz de Savannah fue cuando ganó su primer concurso ─señalo
con la frente apoyada contra el cristal cuando se sitúa junto a mí y arranca,
llevándonos fuera de este agujero infernal─. Las llevé a ella y a Pauline a
celebrar a ese feo café en el campus que adoraban.

Las manos de Will se aprietan en torno al volante.

─¿Quieres que hablemos del día más infeliz de su vida?

Mi garganta se cierra.

Niego.

Ese día también solía ser el más infeliz para mí, pero luego el día de hoy llegó
y lo superó.

─Santo Dios, Reed ─gruñe─. ¿Estás llorando?

Niego, pero cuando llevo mi mano a mi rostro lo descubro húmedo. Will me


pregunta en donde me estoy quedando y le doy el nombre del hotel. Cuando
llegamos a él y empiezo a bajarme, él también lo hace y se asegura de que llegue
a mi habitación a pesar de que no lo merezco por todas las cosas que le hice a
su pequeña. Definitivamente ya sé de dónde Sav sacó su corazón.

Larissa no tiene nada que ver con eso.

Ella es más como yo y sospecho que por esa razón nunca me ha querido cerca
de Sav.

─¿Sabes, hijo? Malcolm es mi jugador favorito. Desde que lo vi jugar en vivo


por primera vez como Johnson supe que sería la mayor bendición para nuestro
estado ─dice mientras me tiende una botella de agua, la cual bebo debido a la
insistencia en sus ojos grises. Todo mi cuerpo se crispa cuando se arrodilla
frente a mí─. Pero tú eras mi favorito y cuando lastimaste a Savannah, también
me lastimaste a mí. Te defendí, Tanner. Me di cuenta de cómo te sentías hacia
mi hija a penas te vi tras los barrotes de aquella prisión dispuesto a hacerlo todo
por la mujer que amabas y también te defendí cada una de las veces que mi
esposa dijo que solo traerías desgracias a la vida de nuestra pequeña. ─Se
levanta─. Me decepcionaste de una manera irreparable, chico, y eso solo es un
eco de cómo decepcionaste a Savannah, así que hazte un favor a ti mismo y
lleva tus genes nazis de regreso a Alemania o a cualquier otro lugar lejos de mi
niña. Ella es feliz ahora. Hoy fuiste testigo de ello. Si realmente la amas, no
vuelvas a perturbarla mostrando tu cara. Demuéstrame que no estaba
equivocado y haz algo que quizás me haga perdonarte con el paso del tiempo
manteniendo la distancia.

Tras decir esto, Will se da la vuelta y camina fuera de mi habitación.


Me dejo caer en mi cama, cerrando los ojos hasta que solo veo ébano.

Tiene razón.

Mi hermano no fue el motivo por el que no interrumpí su boda al no recibir la


señal, sino su felicidad. El conocimiento de saber que mientras ella sea feliz con
él, el dolor que siento hacia la idea de Savannah follándoselo, sonriéndole o
llevando a sus hijos en su vientre tendrá una razón válida. La señora Reed,
murmura una voz dentro de mi mente.

Debió haber sido la señora de Tanner Reed.

Debimos haber sido nosotros.

Pero todo desde el inicio dijo que no.

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