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Artículos sobre la Dictadura Chilena

Este documento presenta una introducción a una recopilación de artículos de prensa extranjera sobre la dictadura chilena y el suicidio de José Manuel Balmaceda. Explica que Chile no tenía tradición de revoluciones, pero cuando los gobernantes oprimían al pueblo, este se levantaba. Describe cómo el levantamiento de la armada chilena en 1891 contra Balmaceda sorprendió al extranjero debido a la falta de conocimiento sobre la situación política interna. También explica cómo Balmaceda manipuló a la

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Artículos sobre la Dictadura Chilena

Este documento presenta una introducción a una recopilación de artículos de prensa extranjera sobre la dictadura chilena y el suicidio de José Manuel Balmaceda. Explica que Chile no tenía tradición de revoluciones, pero cuando los gobernantes oprimían al pueblo, este se levantaba. Describe cómo el levantamiento de la armada chilena en 1891 contra Balmaceda sorprendió al extranjero debido a la falta de conocimiento sobre la situación política interna. También explica cómo Balmaceda manipuló a la

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3

ALBERTO FAGALDE

LA PRENSA ESTRANJERA

LA DICTADURA CHILENA

RECOPILACIÓN DE ARTÍCULOS DE LA PRENSA

DE EUROPA I DE AMÉRICA SOBRE LA DICTADURA CHILENA, TRIUNFO DE LA

CONSTITUCIÓN I SUICIDIO DE DON JOSÉ MANUEL BALMACEDA

SANTIAGO DE CHILE

Huérfanos 46-D
"Santiago,"

Imprenta

1891
Ib¡/b 4915*23
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ALBERTO FAGALDE

LA PRENSA ESTRANJERA

LA DICTADURA CHILENA

RECOPILACIÓN DE ARTÍCULOS DE LA PRENSA

DE EUROPA I DE AMÉRICA SOBRE LA DICTADUIiA CHILENA, TRIUNFO DE LA

CONSTITUCIÓN I SUICIDIO DE DON JOSÉ MANUEL BALMACEDA

SANTIAGO DE CHILE
Huérfanos 46-D
"Santiago,"

Imprenta

1891
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i,.

;^JiV,,'V'*

I
Mr. Thomson
"TIMES"
CORRESPONSAL DEL DE LONDRES

El mas noble, el mas jeneroso de los periodistas

estranjeros que defendieron la Constitución de

Chile, el réjimen parlamentario i el honor de un

pueblo ultrajado por un Déspota, dedica esta reco

pilación, su repórter i admirador,

Alberto Fagalde
■TK^g
.«^

INTRODUCCIÓN

No es Chile pais de revoluciones.


No es pueblo tampoco qne acepte tiranías.
La estrecha unidad territorial, la homojeneidad de su raza,
nuas mismas ideas relijiosas, principios políticos acentuados de
senvolviéndose mediante evolución lójica i natural, el sistema
centralizador de gobierno, los hábitos de trabajo i hasta el clima
meridional mismo, han hecho difíles, casi imposibles, i en todo
caso escepciouales, esos estallidos populares que han retardado
el progreso de los demás pueblos latino-americanos de tempe
ramento ardiente, con mas o menos grandes incomunicaciones
con el poder central i pon costumbres holgazanas por la rique

za natural de su suelo.
La i honradez de nnestros gobernantes, la sujeción a
seriedad

la voz i
los derechos del pueblo, olvidados sólo en dos o tres
a

ocasiones por gobiernos de fuerza,, ha sido ademas otra de las


cansas para que Chile se haya visto felizmente privado de aque

llos cataclismos sociales i políticos; i precisamente, en las dos o


tres ocasiones en que ha habido olvido de los deberes por parte
de los gobernantes i han querido hacer pesar sobre el pueblo sn
férrea mano, este se ha levantado i les ha dicho:
Aquí estoi yo!
Es un hecho histórico incontrovertible que la Dictadura de
O'Higgins durante el nacimiento de Chile como pais organizado,
cayó porque el pueblo, qne apenas conocía sn fuerza i su poder,

así lo-quizo i porque aquél estaba dotado de nua de esas almas

jenerosas i espontáneas que no conoció otros dictados que los del


patriotismo ni otros rasgos que los de lamas sublime abnega
ción.

Los levantamientos habidos en el pais desde la caida de


O'Higgins (1823) hasta 1833, no pueden considerarse sino como
la jestacion difícil i laboriosa de la, futura forma e ideal de go
bierno que habríamos de adoptar. Mas tarde, las revoluciones
*

f^ *■ f
'

v-*
«V'.*
*


VI — 1

de 1851 i 1859, no tuvieron otro carácter que el de desembara


zarnos de un gobierno de fuerza que, a pesar de todo, contó con
los poderes constitucionales i con el reconocimiento que entonces
i ahora se ha hecho a su buen espíritu de organizar i encarrilar
el Estado.
Desde 1859 hasta el I.° de Enero de 1891, es decir, durante
31 años, Chile no ha tenido asomo de convulsión interna, i sólo
se ha turbado la labor paciente de la tierra i sus industrias,

el dia en que fué necesario resguardar la integridad i la honra

de la Patria.

Estos antecedentes de tranquilidad le habian dado a Chile.


singular prestijio en el mundo civilizado, señalándosele como un

modelo entre las Repiíblicas siid-americanas; los chileuos nos


enorgullecíamos de es-te dictado i no nos esforzábamos en con
servarlo porque estaba en nuestra naturaleza i porque éramos
gobernados con seriedad, honradez i liberalidad.

Sin embargo, a la alborada del 7 de Enero del presente año


se produjo el levantamiento de nuestra gloriosa marina, rom
piéndose de un golpe esta paz interna de 31 años ¡ los hábitos, las
tendencias i la tradición nacional, poi decirlo así.
Este levantamiento produjo, nó en el pais, qne palpaba minu
to a minuto la necesidad de romper el yugo que lo oprimía, sino
en el estranjero, que veia a la estrella de Chile jirar en órbita
diametralmente opuesta a la en que habia hecho durante tantos
años su carrera triunfal en el cielo americano, jeneral efecto de
asombro i desconfianza.

La lejanía Chile, el poco roce con los países americanos i


el desconocimiento casi absoluto qne se tiene en Europa de

nnestro desenvolvimiento político, le daban a la desobediencia


de la Escuadra al Poder Ejecutivo constituido, un carácter de
gravedad incontestable que fácilmente pódia producir el des

prestigio de su banderade combate. El hecho de mismo que el pue


blo no secundara el movimiento i de qne el ejército siguiera pres
tando su cooperación al Ejecutivo, podia tomarse como alza
miento sin base, prestijio i noble fin, a pesar de verificarse
a nombre i con representación a su bordo de uno de los pode
res constitutivos del Estado.
El gobierno de Balmaceda era considerado como legal en el
esterior; i aunque no habian dejado de llamar la atención, sobre
los'

todo en Inglaterra, gastos enormes e inusitados en el


pais,
que se hacían en las Obras Públicas, es lo cierto que no se cono

cía el nacimiento, desarrollo i ruptura de la grave cuestión poli-



VII —

tica hacía un año, o mas, envolvía al Presidente i al Con


que
greso de Chile.
Los ministros diplomáticos i demás empleados de la Repúbli
ca en el esterior,salvo honrosísimas cseepciones, respondían
mas a la personade Balmaceda qne al desempeño de un eleva
do cargo público de la nación, informando a los gobiernos res
pectivos ante los cuales estaban acreditados, favorablemente al
Dictador proclamado, i pervirtiendo el criterio jeneral por me
dio de escritos calculadamente hostiles a la cansa de la Arma
da i del Congreso, que era la del pais.
Lo que dejaban de hacer estos ajentes diplomáticos lo llena
ban los escritores i ajentes especiales pagados por Balmaceda a
razón de tantos pesos oro cada alabanza a su. paternal gobierno
i cada mentira a cerca de la situación política de Chile.
Así pudimos observar con pena, que los gobiernos estranjeros
miraron con profunda desconfianza el comienzo de la. revolu
ción chilena, i que muchos de ellos favorecieron abiertamente a

la Dictadura que se enseñoreaba sanguinariamente en este pais


de libertad, permitiéndole equiparse, armarse i pasar tropas
organizadas por sus territorios. Al mismo tiempo, los periódicos
de ambos mundos estudiaban la cuestión chilena bajo un pris
ma falso i perjudicial para los intereses de la revolución.

Uno de los diarios que goza de mas reputación en el mundo,


The Times, de Londres, enviaba un corresponsal especial que
desde su llegada se puso al servicio del Dictador, mandando in
formaciones absolutamente dañosas a la causa del Congreso,
asegurando que éstos eran una oligarquía i que el pueblo chile
no estaba de parte de Balmaceda. En esta campaña siguió Le

Journal des Debats, de Paris, i otros diarios europeos.


En América, el Dictador mandó a todas partes plumas com
pradas, a tanto el mes, que no solo defendieron al usurpador
sino que vomitaron toda clase de injurias en contra de la revo
lución mas civilizadora, política i socialmente considerada, que
haya habido en América.
De este modo, i mediante el tesoro acumulado por la honra
dez administrativa de Chile, la Dictadura no solo contaba con
un ejército comprado con nn 50 % mas qu«í se le pagó mensual-

mente, con un pueblo que tenía trabajo i no estaba en aptitud


de conocer el significado de la lucha del Congreso contra el
usurpador, sino qne por la corrupción política de sus ajentes di
plomáticos i el oro con que llenó los bolsillos de periodistas

adocenados, el mas infame, el mas traidor i el mas farsante de


los gobernantes que ha podido tener América, llegó en nn mo
mento a contar con todo lo necesario para hundir la enseña re

publicana i de libertad que ostentaban las naves de la Repúbli-


.XWHS

VIII —

ca i que cruzaba por el Pacífico en busca de un puerto amigo


para plantarla i enseñorearla para siempre!

*
* *

Al mismo tiempo que esto pasaba en el esterior, en el terri


torio de la República eran cerradas las imprentas libres, apresa
dos sus periodistas, encarcelados todos los que eran sospechosos
de no ser afectos a la esclavitud, perseguidos, torturados, asesi
nados, quemados, todos los que no aceptaban la mas brutal de
las dictaduras. Sólo podían lanzar su voz los que se prosterna
ban ante el Tirano o los qne se doblegaban ante sus sótanos
llenos de barras de plata i de papel-moneda falsificado.
De esta manera pudimos ver en esta tierra de Camilo Hen-
riquez, de Bello, de Jotabeche, de Lastarría, de Vicuña Mac
kenna, de los Arteaga Alemparte, de Blanco Cuartin, de Zoro-
babel Rodríguez, Máximo Lira, Orrego Luco i Valdés Vergara,
que aparecía una pandilla de caga tintas (como decia Sarmiento)
sin una idea, sin un principio de moral; pero que dia a día pu
dieron vaciar el tonel de la inmundicia, escrita sobre lo que hai
de mas noble, de mas caracterizado, de mas respetable en la so
ciedad chilena.

Ah! yo no sé si existe alguna lei eu nuestros códigos que cas


tigue a La Nación, al Orden, al Comercio i al Recluta, pero si sé
que nO habrá seguramente aquí i fuera de aquí, ahora como en cual

quier un solo hombre honrado, que no condene con toda


tiempo,
la enerjíade sa alma aquel torneo de infamias en qne se insul
tó así a los mas puros de nuestros majistrados i hombres públi
cos como a las mas dignas matrona de Chile.
Formaron éstos, Balmaceda i sus ajentes, tal tejido de embus
tes, que tenían completamente estraviada la opinión pública.
El telégrafo, el correo, la circulación libre por los ferrocarriles
i vapores, es decir, todos los medios posibles para dirijir el cono
cimiento de los sucesos que se desarrollaban entre nosotros, esta
ban a su esclnsivo servicio, i feliz el que podia atravesar los
Andes en medio de sus nieves, si no caía como Lastarría.
Sin embargo, aun en medio de esta época de terror, no lo
gró la Dictadura acallar por completo a los diaristas indepen

dientes i aplastar las cabezas de los que le resistían en medio


de la zozobra que nos rodeaba. Solo en Santiago se editaron como
quince periódicos sacados en las sombras, escritos, compuestos,

impresos i repartidos en el mayor sijilo i que llevaban a las almas


aflijidas un rayo de luz i una esperanza... En este recuerdo que
hacemos en honor de la prensa estranjera, cabe apuntar los nom-
\«í^:\*Jf

li

bres de los principales de estos periódicos que arrostraron las


furias dictatoriales.
El Constitucional, La Revolución, El Heraldo, La Justicia,
La Horca, El Diario Oficial del verdadero Gobierno, El Con
greso, El Republicano, El Amigo del Pueblo, La Dictadura,
La Restauración, La Patria, El boletín de la noche (de Valparai
so) i otros que aparecían de debajo de la tierra desesperando
a los esbirros de la Dictadura. En la noble campaña de estos
periódicos se distinguieron numerosas señoras i señoritas de la

mejor sociedad, que buscaban suscriciones para ayudar a los gas

tos, i repartían sijilosamente sus ejemplares en todo Santiago.

Diversas fueron, pues, las causas que dificultaron el conoci


miento real de la revolución chilena en el estranjero.
1.a
La tradición de pueblo tranquilo, que tenía Chile.
2.a
La lejanía del pais i el desconocimiento de su política in
terna.
3.a
El hecho de que el pueblo no secundara enérjicamente el
movimiento de la Escuadra.
4.a
La acción de los ajentes diplomáticos de Balmaceda.
5.a
La propaganda activa de periodistas a sueldo de la Dicta
dura.
6.a
La dificultad de las comunicaciones i la imposibilidad ca
si absoluta que se tuvo del pais.
para salir
Poco a poco fué, no obstante, haciéndose la luz alrededor de
los sucesos de Chile. Algunos chilenos residentes en el estran
jero, empezaron a escribir en los periódicos, rastreando el oríjen
de la lucha i presentando al desnudo la política falaz del Presi
dente Balmaceda, el engaño i la mentira levantada como arma
política, la insensatez para gastar los dineros del Estatlo, la im
posición de una candidatura presidencial, el desprecio al Poder

Lejislativo, hasta llegara precipitar al pais en un abismo sin las


leyes fundamentales que deben gobernarlo i dirijirlo.
Convencida la prensa estranjera que el Presidente Balmaceda
1.°
se habia puesto fuera de la lei en de Enero del presente año,
empezó ya a segnir con mas interés el movimiento de la Escua

dra chilena que llevaba en sus mástiles la bandera de la demo


cracia americana en contra del poder absoluto.
En América, distinguióse en primer término un diario de
Buenos Aires, La Prensa, que en sesudos artículos estudió la
cuestión chilena i puso al servicio de la revolución todo el pres

tijio de qne goza dentro i fuera de la República Arjentina. La


■»
»


X —

siguió El Diario, i ambos fueron los heraldos del Congreso chi


leno en el Plata.
La misma ardorosa actitud han mostrado los diarios del Uru
guai, qne unánimes, han combatido la Dictadura chilena.
No es de estrañar que la prensa brasilera acompañara a la
revolución de Chile. El Brasil está acostumbrado al réjimen

parlamentario i estaban suficientemente preparados los brasile


ros para comprender que ese movimiento de la Escuadra no te

nía otr-o fin qne restablecer el imperio de la Constitución í de las

leyes a que ella ha prestado incondicional obediencia desde 1820.


La prensa del pais no solo ha estudiado la revolución chilena en
su oríjen, trascendencia i fin, poniéndose invariablemente al la
do del Congreso i celebrando el triunfo de la Constitución en tér
minos que comprometen la gratitud nacional, sino que cam
peando en el terreno de los estudios frenolójicos i de las teorías

de los crimalistas italianos, ha tratado de estudiar la tendencia


de Balmaceda hacia el mal i presentarlo como un criminal
morboso.

La prensa de Bolivia pasó desde un comienzo, o sea desde


la ocupación del territorio de Tarapaca, a formar parte de la fi
la de nuestros defensores, no solo porque así le era indispensa
ble para su comercio, sino porque, habiendo entrado en una era
ile rejenefacion política, así se lo exijia la consecuencia lójica
de su campaña republicano-democrática.
La prensa del Perú se ha mantenido hasta hoi mismo en
cierto estado de retraimiento que lo sentimos, pero lo compren

demos. Sin embargo, si la mayoría de los diarios lian cayado su


opinión franca sobre la revolución de Chile, no han dejado de

manifestarla varias plumas autorizadas i que bastan, por sí so

las, para asegurar que en el Peni han estado las simpatías de


parte de la legalidad y de los principios políticos que sustentaba

la revolución de Chile.
Otro tanto ha sucedido en los demás pueblos americanos de
la costa del Pacífico, i si no incorporamos opiniones de la pren
sa de algunos de ellos, es a cansa de la dificultad de comunica

ciones que hemos sufrido durante la Dictadura i después de


ella.

Para cerrar este lijero del csmino seguido por la pren


cuadro

sa americana cou referencia la revolución chileua, debemos


a
agregar que los Estados Unidos, así como Centro América, por

el órgano de sus principales publicaciones, no han cesado nn so

lo momento de ponderar la enerjía de la marina de Chile i


las cualidades heroicas del pueblo chileno resistieudo durante
ocho meses a la despotía entronizada. Las informaciones del

New York Herald, que ha gastado muchos 'miles de pesos en


WfmF*;


xi —

telegramas, puede decirse que han dado la vuelta al mundo i


han de base a la
servido .prensa europea para formar idea de la

marcha de la revolución.
Es tanto mas notable i digna de recordación la actitud de la
prensa de Estados Unidos, cnanto estaba establecido «en Was

hington, en la legación de Chile, en la casa del representante


autorizado de la Dictadura, un taller de mentiras que sin crite
rio ni provecho, podían perturbar la opinión.» No fué así, sin

embargo, i esto no solo acusa el buen criterio de la prensa nor


te americana, sino que demuestra qne la bandera de la revolu
ción de Chile merecía el respeto universal.

Tanta o mas impresión ha hecho en Europa la marcha i


sobre todo el triunfo de la revolución chilena, pues, no conoce

dores los europeos de la política i la sociabilidad chilena, habrían


necesariamente de estrañar esta singular revolución en nombre

de los fueros del Congreso que se emprendía en el mas lejano


rincón del mundo—
¿Cómo, en Chile, que muchos lo creen
la Patagonia i la Tierra del Fuego, puede haber estallado una
revolución tan civilizadora que nos puede dar ejemplo? —
se pre

guntaba mas de un periodista enropeo. —


Son unos insnrjentes
ambiciosos! decían a voz en cuello los delegados del Dictador, i

así lo creyó Le Journal des Debuts i a punto estuvo por acep

tarlo el sesudo The Jaimes.


Pero no faltó un hombre ilustrado en las cosas de Chile que
saliera a la palestra i manifestara con elocuencia, con ardor i
perfecta buena fé, el oríjen, las tendencias i el fin de la revolu
Times*
ción. Este hombre fué el corresponsal del en Madrid i

Lisboa, Roberto L. Thomson, Esq.


«Roberto L. Thomson, Esq. luego qne tuvo conocimiento en
Madrid de lo que pasaba en Chile, i leyó las informaciones que
dirijia al Times el corresponsal enviado por la dirección al Pa
cífico, escribió al gran diario londonense i le manifestó el error
de apreciación en que se le hacia incurrir, informándolo de- la
política chilena, de la situación de los partidos, i poniendo al
desnudo la infame Dictadura qne se desarrollaba en este país de
libertad, de respeto a la Constitución i a las leyes, i de circuns
pectos i honrados gobernantes que, si pudieron en muchas oca

siones cometer errores, jamas habian sido traidores a la Pa

tria.
Mr. Thomson, que habia conocido a Chile en 1890, habia
podido apreciar las condiciones sociales i políticas de nuestopaís,-

así como pudo imponerse de lajestacion de la dictadura, me

diante el lujo de menosprecio que Balmaceda hacia del Parla


mento, que, para un ingles, es seguramente una de las mas
graves faltas de un gobernante. Mas tarde, en Europa, al ha-

XII —

blar los Delegados de la Junta de Iquique, señores Matte i


con

Ross, pudo conocerdirectamente i de fuente autorizada los su


cesos de Chile.

El mismo Mr. Thompson, refiriéndose a estos dos honorables


representantes de la Constituciou en el estranjero, ha declarado

«que le inspiraron muchísima confianza por la sinceridad de sn

conducta i la seriedad de su carácter. No ha podido tener Chile,


ha agregado, servidores mas dignos que estos ajentes confiden
ciales del Congreso. Su reconocida buena fé, su talento, su ac
tividad incansable, les ha abierto todas las puertas i les ha
conquistado jeneral respeto. El sepor Ross goza de gran consi
deración en los círculos comerciales de Londres i en el Ministe
rio de Relaciones Esteriores. La posición del señor Matte es
ignal en Paris.»
Se habia penetrado Mr. Thompson de tal manera de la justi
cia í razón del movimiento revolucionario, en Chile, que ha de

clarado lo siguiente:
<cSi Balmaceda, o mas bien dicho, si el réjimen que éste en

carnaba hubiese triunfado, yo habria perdido la fé en el porve


nir de la América republicana. La victoria de la lei sobre un

gobierno arbitrario coloca a Chile en una situación mui respe


table.»
De esta manera posesionado de la situación de Chile, pudo

fácilmente, dado su recto criterio i su honorabilidad, dirijir la


opinión de Inglaterra i de Europa, desde las columnas del Times
a la fuente del^jonflicto chileno i decirles:
La causa del Parlamento chileno es la causa de la civiliza
ción.

Balmaceda es un tirano que quiere esclavizar a su Pa


tria.
I la Europa le creyó, vino la corriente de simpotías hacia
nuestra bandera hermosa, brotaron por todas partes dificultades
a los Ajentes dictatoriales, quienes no pudieron hacer compras

de armamento, ni de buques, ni equipar los Presidentes Errá


zuriz i Pinto, i retardar su envío a las costas del Pacífico.

Pero Mr. Thompson no solo nos hizo estos bienes morales i


materiales con su activa propaganda en el Times, sino qne ha
hecho una noble acción mas que ha comprometido la gratitud de
los chilenos en términos tales que lo colocan entre uno de nues
tros mas queridos i jenerosos amigos. Al saber el hundimiento
del Blanco Encalada, fué tal la impresión qne le produjo, que
inmediatamente escribió a los señores Matte i Ross pidiéndoles
que le indicaran en qué podría servir a Chile, i enviándoles una
letra de mil pesos oro para ayudar a los gastos de la revolución.
Esto habla al corazón i al patriotismo de los chilenos!»

XIII —

Esa corriente no ha cesado un solo momento hasta la caida


del Dictador i el suicidio de Balmaceda. La carta que copiamos
enseguida da una muestra de la impresión producida en Europa
con respecto a la revolución chilena.

«Paris, 4 de setiembre de 1891. El eco que los sucesos de


Chile han tenido en Europa, ha sido inmenso. La prensa de In


glaterra, Béljica, Alemania, Francia i todo el Mediodía de la
Europa, ha seguido nuestra terrible crisis con el interés que solo
excitan los glandes acontecimientosdel mundo; i la esplosion de
entusiasmo qne ha seguido a la caida de Balmaceda puede solo
compararse con la que la Europa acojió la sublime aventura de
Garibaldi sobre el reino de las dos Sicilias. Nada resume mejor
esta impresión que el juicio frió i filosófico con que después de
varios editoriales termina el Dayly News el dia de ayer. «La
caida de Balmaceda, dice, es en el gran drama de la historia, el

acto final que señala la preponderancia definitiva de las asam

bleas sobre los poderes absorbentes i arbitrarios. Ya no habrá


en el mundo mas salvadores de pueblos contra la voluntad de

los pueblos mismos. Napoleou III i Bismarck, qne tentaron la


misma aventura han sido también vencidos en su hora, etc., etc.»
«Un rasgo que nos ha enternecido i satisfecho a la vez, es la

conducta de los estranjeros que han estado antes en Chile i que

han sido ahora nuestros entusiastas colaboradores en todas par


tes de Europa. Uno de ellos, Mr. Thompson, corresponsal del
Times en Madrid, comenzó haciéndose presente en Abril con
una donación de cinco mil francos para los gastos de la revolu

ción (que no le fueron aceptados) e inició enseguida en el Times

la enérjica campaña porque se ha distinguido ese gran diario en


nuestro favor. Schwartz en Hamburgo, Rodríguez en Roma,

don Pedro Ynste en Barcelona, i muchos otros han trabajado


como chilenos. Schmidt, que está ahora mas vigoroso en Ale
mania que loque fué antes en Chile, nos ha ayudado eficazmen
te, i ayer me ha mandado una carta postal después de otras car
tas i telegramas, en los siguientes térmiuos.

«Desde la cumbre del Niederval (el gran monumento de Ger-


mania) un triple :
¡Viva Chile!

Herrn. Schmidt —
Marie N. Schmidt.-»

«Muchos hombres de Estado en Francia han sido también


nuestros amigos decididos. Entre ellos te nombraré a Clemen-
ceau, Jules Ferry, Casimir Perier, P. de Cassagnac, Bardeau,
Constans, etc., etc. Sin embargo, no puede decirse lo mismo de

XIV —

la conducta del Gobierno que fué débil i vacilante sobre todo si


^
se la compara con la actitud neta i decidida de 'los gobiernos
español, portugués, italiano i alemán.»

Queremos dar una lista de los diarios franceses que mas se


han ocupado de la revolución i bau dado juicio unánime a favor
del Congreso chileno.
Gil Blas Le Petit Parisién
L'Eclair La Bataille
La Petit National Le XIX Siécle
La Petit Republique Le Roleil
Le Petit Caporal La Presse
La Bataille Le Radical
Le Mot d'Ordre Le Monde
Le Patrióte La Paix
L'Estafette L'Egalité
La Republique Francaise La Petite Presse
La Lanterne La France
Le Jour La Cocarde
Le National La Gazette de France
Le Siecle La Nation
La France Nouvelle La Gjronde
Le Moniteur Universel La Liberté
L'Oservateur Francais La Souveraineté
Le Voltaire Le Pays
La Justice Le Telegraphe
Le Fígaro La Patrie
Le Rappel L'Univers
L'Autorité Le Courrier dn Soir
Le Soir Le Petit Marseillais
L'Echo de Paris La Gazette de Bruselles
L'Iatransijeant Le Nouveliste
Le Temps ■
Le Nonveau Monde
Le Parisién

Sería tarea mui larga reproducir las opiniones de los diarios


dan'
i de toda Europa i América, que nos
revistas la razón uni
versal al levantarnos en armas contra el usurpador. Sólo reco
pilaremos aquellos que pueden dar una idea histórica del oríjen,

de la marcha i de la caída de la Dictadura.


Así hemos dividido los artículos de la prensa estranjera en
tres partes:
1.a
La Dictadura.
2.a
La caída.
3."
El suicidio.
Ellos darán una muestra del efecto producido en América i
Europa por esta revolución impopular dentro i fuera de la Re
pública, como la calificaban los plumarios de la Dictadura.
La resonancia universal qne la revolución de Chile ha tenido
i la corriente de simpatías qne nos ha traido, el conocimiento
que se ha hecho de la política i de la sociedad de nuestro lejano
pais en el estranjero, nos indemniza en parte de los sufrimientos
de esta larga lucha en contra de la Dictadura que pretendió
sumirnos en el oprobio i la vergüenza.
Hemos afianzado nuestro prestijio ante el mundo, i de hoi en
adelante ya no se nos considerará como una Patagonia o una
Tierra del Fuego.
El 7 de Enero i el 28 de Agosto son dos fechas para la demo
cracia: cada vez que se levante un tirano, ya se tiene el ejemplo

dado por este rincón del mundo.

Alberto Fagalde.

Santiago, Noviembre de 1891.


• '•mmt-
-mí

I PARTE

LA DICTADURA
LA GUERRA CIVIL EN CHILE

(De la «Revue des Deux Mondes» del 15 de junio de 1891)

Chile, como se sabe, es uno de los


de Améri
países
ca que a, principios del siglo yugo de
sacudieron el
España. Una vez terminadas las luchas de la indepen

dencia, Chile, como las demás colonias, procuró darse


una Constitución política. Después de algunos ensayos

se llegó, en 1833, a la Constitución por la cual se han

gobernado los chilenos hasta el dia. Según esta Cons

titución, modificada posteriormente, el Poder Legislativo


1.°
se compone: de una Cámara de Diputados, elejida
por el sufrajio universal directo, renovable íntegramente
2.°
cada tres años; i de un Senado, igualmente elejidp
por el sufrajio universal directo, i que debe renovarse

por mitad en los mismos períodos que la otra Cámara.

El derecho de sufrajio pertenece a todo chileno de edad


de veintiún años que sepa leer i escribir.
Los miembros del Congreso no gozan de remune
ración alguna i sus funciones son absolutamente incom

patibles con todo empleo, comisión o negocio rentado


por el Estado. El voto es secreto i acumulativo, es

decir, que se obtienen tantos votos cuantos candidatos


hai, i que se pueden aplicar todos a un solo candidato.
Hai un diputado por cada 40,000 habitantes i un sena
dor por cada 3 diputados.
El Poder Ejecutivo está confiado a un Presidente de
la Kepública, elejido por cinco años, por sufrajio de
2
dos grados, i no puede ser reelejido sino después de
trascurrido un período.

En cuanto a las atribuciones del Congreso i del


Poder Ejecutivo, son mas o menos las mismas que en
Francia. Todos los actos del Presidente deben ser acom
pañados por la firma de uno de los seis ministros, bajo

pena de nulidad. Los ministros son responsables del

ejercicio de sus funciones ante las cámaras, las cuales

pueden interpelarlos i censurarlos. Ademas, el Senado

puede, por acusación de la Cámara de Diputados,


juzgar a los ministros cuando se trate de crímenes de
traición, cohecho i malversación dfi fondos públicos,
infracción de la Constitución o violación de las leyes, i
por haber comprometido gravemente el honor o la se

guridad de la nación.

Chile tiene una población de 3.200,000 habitantes i


una superficie equivalente a una i media vez la de

Francia. Su presupuesto desde largos años se salda con


un excedente de entradas; estas ascienden a 70 millo

nes de pesos, o sea, 350 millones de francos. A princi

pios de 1889, habia en el Tesoro un excedente que

subia a 150 millones de francos. La deuda del Estado,

en cuanto al capital, excede apenas de la cifra de las


entradas anuales.

Los principales partidos de Chile son: el


políticos

partido liberal i El partido li


el partido conservador.

beral está en el poder desde hace cuarenta años. Como


en casi todos los paises en que no existe la cuestión

de dinastía, la diferencia capital de su credo solo es re


lativa a puntos que se relacionan con la relijion: in
fluencia mas o menos grande del clero i laicalización de
las instituciones. El partido liberal sostiene el libre
examen, la no participación de la iglesia en los asun
tos políticos, laenseñanzadel Estado; i el mantenimiento
délas reformas hechas en estos puntos: abolición de los
antiguos privilejios eclesiásticos, leyes sobre los rejis-

tros del estado civil, cementerios laicos comunes, etc.


Por lo contrario, el partido conservador, quisiera ver
dominar en todos los consejos la fé relijiosa, i sos-

3 —

tiene la de la enseñanza primaria, secundaria


abolición
i superiordel Estado, como también las demás refor
mas indicadas. Por lo demás, para la organización po

lítica, judicial i local, por ejemplo, los programas de


ambos partidos han dejado de diferenciarse, salvo, na
turalmente, en algunos puntos secundarios. De 120
diputados, 100 pertenecen a las diversas fracciones del
partido liberal i 20 al partido conservador; de 40 se

nadores, 35 pertenecen al partido liberal i 5 al partido


conservador.

II

Don José Manuel Balmaceda fué elejido Presi


dente por cinco años, en Setiembre de 1886. Diputado
desde largos años, i después senador i jefe de
ministerio, el señor Balmaceda se habia hecho notar
por su espíritu reformista i liberal, por una elocuencia
bastante brillante, aunque superficial, i por una táctica
hábil eu el arte de manejar a los hombres i a los par
tidos. Bastante conocido por sus doctrinas francamen
te liberales i por su elevada posición social, no le costó
gran trabajo al señor Balmaceda obtener, en las
elecciones presidenciales de 1886, no sólo las sim
patías sino el apoyo fiíme del presidente anterior. Pe
ro, si este apoyo aseguró su elección, fué también la
causa de una división profunda en el partido liberal.
La fracción mas avanzada i mas independiente de ese
partido no vaciló en combatir al señor
Balmaceda, en
razón del oríjen de su candidatura i de su carác
oficial

ter nervioso i variable. El partido conservador se mos


tró igualmente hostil al señor Balmaceda, pero la in
fluencia oficial prevaleció una vez mas, i el Presidente
actual subió al poder el 18 de Setiembre de 1886.

El señor Balmaceda inauguró su gobierno con una


política hábil, invitó a todos a la concordia, i
después de algunos meses, podia apoyarse en todas
las fracciones del partido liberal. Su gobierno comen
zaba así bajo los mejoi'es auspicios i nada hacia preveer
/,'
A;
'■
'i
~
4 —

las tempestades posteriores. Las cosas marcharon


bastante bien hasta principios de 1889, en cuya época
todo el mundo pudo notar que el Ministro de Industria
i Obras Públicas, considerado hasta entonces como el
miembro mas modesto i, por decirlo así, el mas inofen

sivo del gabinete, iba tomando todas las esterioridades

de un delfin; sus opiniones eran las que mas influían


en las reuniones del conseja de ministros i gozaba

de gran favor en la tertulias del presidente. Con mo


tivo de un viaje a las provincias, este Ministro tomó
la palabra i desarrolló un estenso programa de obras
públicas (construcción de escuelas primarias e indus

triales, ferrocarriles, cárceles, etc.), programa que sus

colegas del ministerio acojieron con cierta sorpresa.

Finalmente, hechos de menor importancia se


otros

produjeron, i Congreso i el pais pudieron conven


el

cerse de que el señor Balmaceda no ocultaba su inten

ción de emplear toda su influencia en servicio de la can

didatura de su ministro de Industria, don Enrique S.


Sanfuentes, para la elección presidencial de 1891.
Semejante propósito en favor de un hombre que de
sempeñaba por vez primera una función pública, i que

solo era conocido hasta entonces por su buena suerte en

las operaciones de la Bolsa, no podia menos que tropezar


con una seria resistencia; La fracción del partido libe

ral que habia combatido la elección del señor Balma

ceda, aumentada con la mitad de los antiguos partida


rios de éste, sin declararse en hostilidad abierta,
procuró encaminar de nuevo al señor Balmaceda en el

buen camino. A consecuencia de estos esfuerzos tuvie


ron lugar varios cambios ministeriales. La influencia

del señor Sanfuentes parecia apartada, pero en reali


dad sólo estaba adormecida i pronta a despertar. El
tiempo trascurría, i el señor Balmaceda i su favorito
juzgaron que había llegado la hora de contar sus
amigos i de poner en movimiento los resortes podero

sos de la máquina gubernativa. Aprovechándose de

la clausura de las Cámaras, el señor Balmaceda


disolvía el Ministerio que pocos dias antes contaba

5 —

con el apoyo casi unánimede las Cámaras, i en Enero


de 1890 formaba otro, compuesto de sus amigos per
sonales i abiertamente contrario a la opinión de la
mayoría parlamentaria.

Este Ministerio gobernó durante varios meses; su

principal tarea consistió en procurarse una mayoría en

la Cámara de Diputados, o al menos, en el Senado, pa


ra las sesiones ordinarias del mes de junio de 1890. El

Presidente i sus Ministros no lo lograron, i no estando


éstos dispuestos a recibir un voto de censura del Con
greso, se retiraron a fines del mes de mayo de 1890.
Pero el señor Balmaceda no tardó en reemplazarlos
con otros seis amigos suyos, que, mucho más adictos

que sus predecesores, no debian retroceder ante ningún

obstáculo. Tuvieron, en efecto, el valor de presentarse


a las dos Cámaras i declarar con altanería que no es
peraban tener el apoyo de la mayoría parlamentaria,

pei'O que, a pesar de ello, estaban resueltos a conservar

el poder mientras poseyeran la confianza del Presidente

de Ja República.
Con intervalo de dos o tres dias, ambas Cámaras
contestaron con una mayoría de las tres cuartas partes,

haciendo uso por primera vez en una larga vida parla


mentaria, de su derecho de censura contra el Ministerio.
Sin embargo, no por ello dejó el Ministerio de continuar
en el ejercicio de sus funciones i, desertando de la sala

de sesiones, creyó poder continuar tranquilamente su


tarea administrativa i sus esfuerzos a favor del señor
Sanfuentes.
Tres meses trascurrieron de ese modo, durante los
cuales las Cámaras discutieron dos proyectos de leyes

orgánicas de grande importancia: uno sobre elecciones


i otro sobre organización comunal.
Se acercaba el mes de julio, i con él la época en que
espiraba el presupuesto de las entradas del año prece

dente. Era indispensable una nueva lei para que el go


bierno continuara percibiendo los impuestos, pues una
disposición constitucional lo prescribe formalmente

6 —

Era también el momento esperado por las Cámaras


para hacer valer positivamente su autoridad.

En efecto, por una mayoría de las tres cuartas par


tes, las Cámaras suspendieron la autorización de per
cibir los impuestos hasta el momento en que se forma

ra un gabinete que tuviera el apoyo de la mayoría

de ambas Cámaras. Convencido de que las Cámaras


retrocederían ante las consecuencias enojosas que, si se

prolongaba, imponia al pais semejante situación, el


Ministerio procuró, a pesar de todo, sostenerse en el
poder. Teniendo los ciudadanos el derecho incontesta

ble de rehusar el pago del impuesto, el gobierno no se


atrevió a cobrarlo i Chile estuvo durante veinticinco

dias bajo un réjimen ideal: todos los servicios públicos


funcionando regularmente i los ciudadanos exentos de
toda carga, sin derechos de aduana, ni de timbre i de
rejistro, sin contribuciones mobiliarias, ni aun la obli
gación de franquear las cartas.

La situación iba agravándose cada dia i no tardaron


en estallar algunas manifestaciones peligrosas. En
Iquique, el puerto del salitre, miles de mineros i de
obreros del gremio de jornaleros, abandonaron su

trabajo para entregarse a ruidosas manifestaciones.

En Valparaiso, el primer puerto del Pacífico, después


de meetings de ambos partidos, se empeñó en las ca
lles una lucha jeneral, que no pudo reprimir la policía.
Quedaron en el campo varios muertos i mas de cua
trocientos heridos.
En presencia de semejante situación, los hombres
mas importantes de Santiago, por su posición social,

Bor su fortuna i por su calidad de miembros de la

niversidad, del foro i del cuerpo médico, se reunieron,


no para protestar i hacer actos de partido político, sino

para dirijir al señor Balmaceda el consejo de los repre

sentantes del orden, de la jente ilustrada, de los hom

bres desapasionados, sin ideas preconcebidas; i para


demostrarle la necesidad de salvar al pais, haciendo un
llamado a su patriotismo. El señor Balmaceda recibió
con frialdad la delegación de los seis ciudadanos nom-
7 —

brados por ese comicio, i sin promesa alguna, se con

tentó con quejarsede la mayoría de las Cámaras, arro


jando sobre ellas la responsabilidad de la situación.
Sin embargo, un poco después, el señor Balmaceda
volvió hacia atrás i aceptó la mediación del arzobis

po de Santiago. Después de algunas conferencias se

arribó al resultado deseado: un ministerio compuesto


de hombres alejados desde algún tiempo de las luchas
de partido, aunque de mucho mérito, asumió el poder,
adoptando como programa de gobierno la neutralidad

i la mas absoluta abstención de toda influencia oficial


en las próximas luchas electorales. De esta manera se

llegó a la constitución de un ministerio parlamentai-io,


bajo la presidencia del señor Prats, hombre notable,
antiguo jefe del gabinete durante la guerra del
Pacífico,
i antiguo presidente de la Corte Suprema de Justicia.
Por primera vez, desde veinte años atrás, estaba repre
sentado en el gobierno i obtenía una cartera el partido

conservador. Todo parecía arreglado: las cámaras


votaron las leyes de presupuestos. El pais entero ma
nifestó su satisfacción i volvió a su habitual tranquili
dad. Pero, desgraciadamente, no tardó en verse nue
vamente desengañado: mui pronto debieron reconocer

los nuevos Ministros que nada eran ellos en el gobierno


i que, el señor Balmaceda, dejándolos a un lado, se
entendía directamente con los intendentes i iiacia
preparar la campaña a favor del candidato oficial. Los

seis ministros se dirijieron al señor Balmaceda para

pedirle mayor libertad de acción i la autorización de


cambiar algunos intendentes, abiertamente partidarios

del señor Sanfuentes.


Tras la respuesta negativa del i no que
presidente

riendo prestarse a ayudar una política ala que estaban


encargados de poner término, los Ministros se retiraron
el 15 de Octubre de 1890.

Una vez votada la lei de presupuestos, el señor Bal


maceda no necesitaba ya, en efecto, un ministerio

parlamentario i, sin el menor


escrúpulo, volvió a lla
mar a sus antiguos amigos.

3

8 —

El primer acto de este nuevo ministerio fué la clau

sura de las sesiones estraordinarias principiadas quince


dias antes por convocación hecha por el Presidente de
la República bajo el ministerio precedente. Obrando
así se impedia toda interpelación i todo voto de cen

sura.

La comisiónconservadora, que se podría llamar en


Francia, Comisión Nacional, es una institución recono
cida por la Constitución chilena. Consiete en una

delegación de siete miembros de cada cámara, cu


yas principales atribuciones son de cuidar, durante el

receso del Congreso, de la observancia de la Consti

tución i de las le)^, i dirijir al jefe del Estado las


comunicaciones referentes a tales funciones. Ademas,

puede pedir al Presidente que convoque a las cámaras


en circunstancias escepcionales.

Haciendo uso de ese derecho representó esa co


misión un papel importantísimo en los acontecimien
tos cuyo relato hacemos en este momento. Tan pronto
como se clausuraron las cámaras, se reunió la
Comisión Conservadora i después de un debate que
será célebre en la historia parlamentaria de Chile,

dirijió una nota al Presidente pidiéndole la convoca


ción inmediata de las cámaras, come medida absoluta

mente necesaria i urjente, no habiendo sido discutidas

aun la lei anual del presupuesto de gastos i la que

autoriza la permanencia del ejército i de la marina. El

señor Balmaceda se negó a ello, i en consecuencia, la

Comisión continuó reuniéndose tres veces por semana.


Lo mas selecto de ambas cámaras estaba representado
allí; la conducta del gobierno motivaba los mas bri
llantes debates.
La gran sala del Senado era estrecha para conte
ner a los asistentes, i una numerosa multitud se esta

cionaba en los alrededores del palacio lejislativo a fin

de aclamar a los representantes de la nación a la salida


de las sesiones. Esta Comisión fué de ese modo el
hogar de la opinión i de las protestas contra la conduc
ta del señor Balmaceda.
9 —

En la prensa independiente í en los meetings, se

consideraba la dictadura como un hecho, mientras que

los diarios gobiernistas sostenían que el Ejecutivo podia


lejítimamente prescindir de las leyes indicadas.
Por fin, se acercaba el 1.' de Enero de 1891, fecha
de la espiración del presupuesto de gastos. La Comi
sión Conservadora renovó sus instancias al Presidente

para la convocación de las cámaras i le hizo observar

que, por el hecho de gastar una suma cualquiera sin


la aprobación previa de la lei de presupuestos, i por el
hecho de conservar el ejército i la marina sin autoriza
ción de una lei, se colocaba fuera de la Constitución i

de la lei. En efecto, dice el artículo 37 de la Constitu


2.°
ción: «Sólo en virtud de una lei se puede: Fijar
anualmente los gastos de la administración pública; i
3.°
Fijar igualmente en cada año las fuerzas de mar
i tierra que han de mantenerse en pié en tiempo de
paz o de guerra.

Pero el señor Balmaceda no tenia intención de ceder,


i el 1.° de Enero de 1891 estableció, de su propia auto
ridad, el presupuesto de los gastos del año.
Lejos de disolver el ejército le aumentó el sueldo en
un 50 por ciento
mas; despidió a todos los empleados
que no eran pai-tidarios del gobierno; declaró por de

creto el estado de sitio, violando el derecho esclusivo

del parlamento; prohibió por la fuerza las reuniones


públicas, etc.
Fué esta la señal de la insurrección.
No pudiendo las dos ramas del Congreso reunirse ni
dentro ni fuera del palacio leiislativo, en vista de las
medidas tomadas por el señor Balmaceda, se pusieron

de acuerdo para firmar, con una gran mayoría, una

acta en la cual, después de haber las viola


enumerado

ciones cometidas por el Presidente de la República

contra la Constitución i la lei, i después de invocar el

art. 27 de ésta que da al Congreso la facultad de de

clarar cuándo ha llegado el momento en que el Pre

sidente no puede ejercer sus funciones, sea por causa

de enfermedad, ausencia u otro motivo grave, sea por



JU —

causa de fallecimiento, dimisión


u otro impedimento

absoluto, hizo la siguiente declaración.


se

«El Presidente de la República don José Manuel

Balmaceda está absolutamente incapacitado para con


tinuar en el ejercicio de su cargo, i, en consecuencia,
debe cesar en él desde el dia de hoi.»
Al mismo tiempo se formularon protestas en todo el
pais, pero no costó gran trabajo al ejército i a la policía
sofocarlas.

La resolucióntomada por la escuadra, el 6 de enero,


vino a cambiarla faz de las cosas. Esta, en vista de
una nota firmada por el presidente de la Cámara de

Diputados i por el vice-presidente del Senado, desco


noció la autoridad del gobierno, i. después de haber em

barcado algunos jefes de la oposición parlamentaria, se


alejaba de Valparaiso e iba a tomar posesión de las pro

vincias del norte de Chile.

Mas tarde, la escuadra estableció el bloqueo de va


rios puertos, agotando de ese modo casi la única fuen

te del tesoro chileno: el producto de las aduanas.


Desde luego, las noticias telegráficas han demostra
do el progreso de la revolución; todo pareciaencaminar-

se hacia la solución reclamada por el Congreso, la

dimisión del señor Balmaceda. Pero este resultado no


debia obtenerse tan fácilmente. El señor Balmaceda ha
preparado perfectamente su resistencia: ha nombra

do Ministro de la Guerra a un jeneral, e Intendentes a


gran número de coroneles; ha cambiado a todos los
oficiales dudosos o poco entusiastas por su causa, i as

cendido con un grado a todos los demás; ha duplicado

el sueldo de los oficiales i de las tropas; ha recojido

las armas 1 municiones diseminadas en las provincias;


ha elevado a 30,000 hombres el efectivo del ejército ac
tivo i ha hecho perseguir i encarcelar a todo ciudadano
capaz de tomar la iniciativa i dirección del movimiento

revolucionario en las diferentes partes del pais.

En cambio, la insurrección solo tiene a la escuadra,


poderosa, en el mar, es verdad, pero que nada puede

hacer en el centro del pais. Su acción sólo a la larga


:.i —

puede proaucir aigun resultado. En efecto, de aquí a


pocos meses el gobierno habrá agotado los 20 millones
de de la reserva
pesos i los otros 10 millones emitidos
por decreto, i no siéndole posible sacar recurso alguno

de las aduanas, estará mui próximo a ser vencido, pero

quedándole aun tiempo para obrar.

Fuera de la escuadra, la insurrección tiene numero


sos brazos i adhesiones en todas partes, como también
el apoyo efectivo del clero i de las grandes fortunas

del país.
Las últimas noticias dan cuenta de haber tenido lu
gar algunos encuentros en las provincias del norte de

Chile, de los cuales uno bastante serio, en el que fue


ron completamente derrotadas la tropas gobiernistas.

No pudiendo ser atacadas esas provincias sino por


mar, los revolucionarios son dueños del territorio del
salitre i de los tres puertos que producen las tres cuar

tas partes de las entradas de Chile. Merced a esta


circunstancia los partidarios del Congreso han podido

organizar en Iquique un Gobierno que tiene a su frente

a los Presidentes de ambas Cámaras, i formar un ejér

cito para atacar al grueso de las fuerzas del señor Bal

maceda, reconcentradas cerca de Santiago.


En tales condiciones, es mui dilícil preveer cuál
será el resultado de la lucha, i decir quién obtendrá la

victoria. Todo lo que se puede asegurar en este momen

to, desgraciadamente para el pais, es que la lucha pa


rece se prolongará, a causa del poder i del aisla
miento de cada una de las fuerzas enemigas, i al pro

longarse, es probable que se convierta en una larga i


desastrosa guerra civil.
I ahora, ¿cuál es el objeto que persiguen el señor
Balmaceda i sus amigos por una parte, i la mayoría del
parlamento i el pueblo por la otra?
El objetivo del señor Balmaceda continúa siendo un
misterio; no puede suponerse que sacrifique a su patria
por la pura satisfacción de designar a su sucesor; tam
poco es probable que haya pensado quedarse en el

poder; ni él ni sus amigos exhiben, ningún pro-



r¿ —-

grama, ninguna doctrina, ninguna justireforma para

ficar una política cualquiera. Por ha podidoeso no

nadie encontrar una esplicacion plausible en la conduc

ta del señor Balmaceda, i la mayor parte se inclina a


creer que solo obedeció, al principio, al deseo de hacer

prevalecer sus miras i de conservar una parte de su

influencia después de la espiración de su período; i que,


mas tarde, se dejó llevar de su desmedido amor propio,

seriamente herido en una lucha política demasiado

ardiente, i en la cual el Presidente, olvidándose de que


era jefe, descendió a menudo al rango de soldado i

combatió como tal.


Sin embargo, es preciso reconocer que la larga per
sistencia del señor Balmaceda en su política de discor

dia, i la terrible gravedad de la situación provocada


por él, no están en relación con los motivos que acaba

mos de esponer, i es mui posible que su propósito

sea conservar el mando después del período quinque

nal.

Ahora, si el señor Balmaceda no juega su vida, lo


arriesga todo hacia un porvenir mas. o menos triste.
Es este también lo hará perma
el motivo principal que

necer sordo a del patriotismo, mientras conserve


la voz

la esperanza de triunfar. Fuera del ejército, que el.


temor i el espíritu de obediencia i de disciplina man
tienen bajo sus órdenes, el señor Balmaceda sólo tiene
mui pocos amigos, i éstos mui inferiores a él, de los

cuales, los mejores, se dejan llevar por un reconoci


miento mal entendido o por el deseo de conservar o de

adquirir notoriedad, que no habrían alcanzado en

mejores circunstancias. Los demás forman el séquito


obligado de toda especie de poder i no merecen que se
les mencione.
Por el contrario, el objeto que persiguen los que
hacen la revolución i sus partidarios, está perfectamente
definido: quisieron al principio derrocar una Dictadu
ra que ha roto con cincuenta i siete años de buenas

tradiciones parlamentarias; i, en seguida, i antes que


todo, quisieron librar a su patria de los peligros de una

13 —

Dictadura establecida con carácter permanente. En


demasiado
era evidente que, sin la revolución,
efecto,
el señor Balmaceda habría sabido formar un Congreso

suyo, bajo el cual la nación hubiera quedado definiti


vamente avasallada. Hoi dia estos motivos se encuen
tran desgraciadamente bastante reforzados, i la abne
gación de los congresistas hacia su causa debe crecer,

pues el peligro es ahora doblemente grave.

En efecto, hace algún tiempo el señor Balmaceda i


sus amigos proclamaron a don Claudio Vicuña, can

didato a la presidencia para las elecciones del 1.° de


Junio, candidato que, si el señor Balmaceda no es de
rrocado antes, tendrá la obligación de continuar la lu

cha después del 18 de Setiembre, en cuya fecha espira

el mandato del presidente actual.

Pero, por otro lado, el 29 de Marzo, tras la convoca


ción hecha por un decreto que deroga la lei de eleccio
nes, acaba de ser elejida una Asamblea Constituyente,
si se puedehablar de elecciones en un pais que es presa
de la guerra civil i que está sometido al estado de sitio
mas riguroso, que no puede reunirse, que no tiene dia
rios, etc. ¿En vista de qué formas ha reunido el señor

Balmaceda esa constituyente en circustancias tan es-

traordinarias i en contra de la constitución del pais, que

prohibe reforma de las leyes fundamentales, sin la


toda
voluntad de dos congresos sucesivos? ¿Se querrá acaso
declarar la reelección del Presidente de la República
para no afrontar los peligros de un 2 de Diciembre chi

leno? No lo sabemos; pero existen allí peligros de los


cuales importa salvar a una nación digna de mejor

suerte.

III

Se podría creer que los hechos que acabamos de


mencionar sumariamente, no son sino la manifestación

esterior de causas sociales mas o menos permanentes i


mas o menos profundas. Pero a propósito de esta re

volución, las tentativas de esplicaciones filosóficas se-



14 —

rian mui estériles. Solo es conocida en Chile la lucha


de las clases, la historia de las naciones de Europa;
por

tampoco existen las cuestiones obreras ni el socialis


mo; las discusiones relijiosas son igualmente descono
cidas, i los pocos que no son católicos fervientes, son
libres pensadores que a nadie molestan. La riqueza del
Estado i de los individuos no ha hecho sino aumentar,
en enormes
proporciones, desde 1880; las últimas cose
chas han sido excelentes; los salarios han seguido la

acostumbrada progresión. En una palabra, en Chile

no se puede señalar ninguno de los hechos sociales o

económicos que, las mas de las veces, son la causa de

las crisis políticas de los pueblos, i de las cuales, la


república vecina de Chile, la Arjentina, nos presenta

un ejemplo tan
notable, con la catástrofe económica i fi
nanciera de que es víctima actualmente.

Los acontecimientos de Chile tampoco son la conse


cuencia de un estado crónico de anarquía política, de

esa especie de disolución permanente a que han llega

do todas las repúblicas hispano-americanas i cuyos


distintivos característicos son los movimientos milita
res. Cincuenta i siete años no interrumpidos de gobier

no regular i constitucional, un crédito que permite ver


a la par en Europa los empréstitos de cuatro i medio
por ciento, Chile al abrigo de toda sospecha.
colocan a

Para los acontecimientos de Chile no son


probar que

la manifestación periódica de una organización política


que no ha llegado a su estado de madurez, como tam
poco de costumbres anárquicas i revolucionarias, cita

remos un hecho reciente que, mejor que cualquiera


otra cosa, dará una idea exacta de los progresos poli
ticos de Chile i del verdadero carácter de la revolución
que se está operando.

En 1881, el jeneral Baquedano quien, a la cabeza de


30,000 chilenos i después de sangrientas batallas, ha
bía sometido completamente al Perú i Bolivia, fué
proclamado candidato a la presidencia de la Repú

blica. Ese jeneral que, algunos meses antes, con


de de la del ha-
ocasión su regreso campaña Pacífico,

15 —

bia atravesado las calles de Santiago bajo arcos de


triunfo i lluvia de flores, ese jeneral no tuvo bastantes
partidarios para sostener su En Chile, el
candidatura!-

principio de Presidente de la República no pue


que el

de llevar espada, tiene una especie de fuerza constitu


cional. Ese mismo jeneral, con un ejército victorioso a

su disposición, respetó la opinión del país. Nos in

clinamos a creer que paia muchas naciones mucho


mas grandes, mucho mas civilizadas, mucho mas an

tiguas que Chile, nn seria fácil dar una prueba seme

jante i tan indiscutible de cordura política i de fé re


publicana.

Antes que todo, esta revolución es una revolución

forzosa, hecha de mala gana, que viene desde arriba,


provocada i aun buscada por aquel que se está de

fendiendo.
Se trata de uno de esos conflictos tan frecuentes en
el sistema parlamentario del tipo ingles, que Chile ha

imitado, i siendo el Presidente inamovible e irrespon


sable durante el ejercicio de sus funciones, una vez que

se niega a nombrar
un gabinete en conformidad de

miras con los de la maj'oría del Congreso, }'a


votos

no hai arreglo posible. Las armas poderosas que están

en manos de las Cámaras para obligar al Presidente


a seguir su política, se hacen ineficaces para llegar a

una solución.

Eso es lo llama equilibrio i separación de los


que se

poderes, justamente
pero bajo su aspecto mas enojoso.
Por eso ha obrado tan bien Francia no creando un Pre
sidente elejido por sufrajio direclo i con el mismo orí-
jen que el Congreso, sino haciendo nombrar al Presi
dente por el Congreso.
En Chile, por el contrario, se ha llevado tan lejos la
imitación del sistema ingles, que los miembros de la
Asamblea Constituyente de 1833 no retrocedieron
ante el absurdo de establecer, en una
república, un Pre
sidente que no puede ser juzgado durante el ejercicio

de sus funciones, aun en el caso de que se hiciera cul


pable de traición o del crimen de lesa patria.

16 —

Es, ni mas ni menos, la teoría de la impecabilidad de


la Reina de Inglaterra, considerados los Ministros o sus

consejeros cpmo responsables de las resoluciones


adop
tadas.
I en Chile el mal, pues las Cá
es mucho mas grave

maras no pueden ser disueltas por el Presidente para


provocar nuevas elecciones. Es preciso observar por

otra parte, que esta facultad acarrearía graves incon

venientes en un pa¡3 en que el jefe del Estado hace

pesar tan fuertemente su acción sobre los electores. Un

conflicto en tales condiciones no tiene, pues, mas salida,


que una revolución.

Hé las únicas causas con carácter jeneral que se


aquí

pueden en los acontecimientos de Chile.


señalar Si
hasta ahora esas causas no habian producido semejan
tes situaciones desde 1833, i si jamas se habia visto
permanecer de pié un Ministerio en oposición con la

mayoría de las Cámaras, es preciso atribuirlo a la enor

me preponderancia del partido liberal que gobierna

desde hace cuarenta años, al espíritu tranquilo i frío


del pueblo chileno, a la superioridad i cordura de los
hombres que han sido elevados a la presidencia.
En efecto, en la historia política de Chile, ha habido
dos presidentes mui arbitrarios, pero ambos se detu
vieron siempre ante la sola amenaza de una mayoría

de oposición i de una negativa de presupuestos.


En la historia reciente de Francia, hai un ejemplo mui
propio para dar una idea mas clara de lo que está pa

sando en Chile. Este pais es víctima de un 16 de mayo

llevado mucho mas lejos de lo que fué el verdadero,


pero infinitamente menos grave por la estension de la

escena en que se representa.

El glorioso mariscal de Mac-Mahon que, sostenido


por un poderoso partido de reacción, no quería ceder
ante la opinión del Congreso, cedió ante la posibilidad
de una revolución, mientras que el señor Balmaceda,
sostenido únicamente por un puñado de políticos i
sin estar obligado a sacrificar ni personas ni princi

pios para dar satisfacción al Congreso, desafia la cólera



17 —

de un pueblo que, por su raza araucano-española, tiene


demasiada enerjia.
En cuanto a las consecuencias probables de esta re
volución, es preciso distinguir las consecuencias pura
mente políticas i las consecuencias económicas i finan

cieras.

Las primeras variarán según el resultado del al ucha,


pero, podemos asegurarlo, las instituciones del pais
concluirán por ser considerable i favorablemente mo

dificadas después del resultado de la lucha. La


poco

presión las elecciones llegará a ser mucho


oficial en

menos poderosa; serán reducidas las atribuciones del

Presidente, i probablemente será en adelante justicia


ble en toda época ante el Senado, como lo son hoi dia
los Ministros tras una acusación de la Cámara; final
mente, se llegará a descentralizar la administración que
hasta el dia de hoi ha estado enteramente en manos
del Ejecutivo.
Tales son las reformas que reclama desde largo
tiempo la opinión pública del pais.
Por el contrario, las consecuencias económicas i
financieras de la revolución, aparecen bajo un aspecto
mui diferente i nada podría apartar los males que de

ella resultaran.

Poruña parte, la circulación de 50 millones de fran


cos en
papel-moneda, reservados hasta el 1.° de Enero
en las cajas del Estado para ser amortizados poco a
poco, i la emisión por decreto de otros 60 millones
de papel de curso forzoso, amenazan producir una
gran depreciación del papel del Estado.
Es, ademas,
mui probable que el señor Balmaceda con los recursos

agotados, tenga nuevamente que recurrir a los asigna


dos, lo que agravaría mucho mas la situación mone
taria.
Por otra parte, los gastos estraordinarios ocasionados
por la guerra civil, los males causados ala agricultura,
que ha quedado sin brazos por la movilización de 40
mil hombres, i la suspensión casi absoluta de todo co

mercio de importación i de esportacion, i como conse-

4
-
18 —

cuencia, la cesacióndel trabajo de las principales indus


trias, acarrearán inevitablemente una crisis económica
para el pais i graves embarazos financieros para el Es

tado, a no ser que el señor Balmaceda, al ver las pro

porciones considerables que ha tomado la revolución, se

resuelva, sin mas tardar, a presentar su dimisión.


Tal es la revolución chilena en sus manifestaciones

esteriores, sus caisas i sus consecuencias probables.

Debe esperarse que un pueblo tan adelantado como

Chile, sepadar fin mui pronto a una situación tan crí


tica, nacida de los caprichos de un hombre que, olvi
dando que era el primer servidor de la nación, se creyó
su amo. Solo con esta condición podrá Chile volver al

camino del progreso i conservar el rango que le da su

desarrollo material e intelectual entre las demás na


ciones del nuevo mundo (1).

(1) Después de escritas estas líneas, la situación de los dos


recíproca

partidos no se ha modificado en Chile Los únicos hechos


notablemente.

nuevos que merecen mención especial son, de una parte, la destrucción del
blindado Blanco Encalada por una torpedera presidencial; i de otra parte,
la ocupación de la provincia de Atacama por las fuerzas dal Congreso. Las
dificultades financieras del Presidente Balmaceda i su situación ya dema
siado crítica, se hin agravado considerablemete con el secuestro de los bu
ques chilenos construidos en Francia, que acaba de decretar provisional
mente el tribunal del Sena. La respuesta de los capitalistas europeos a
quienes se ha dirijido i la resolución definitiva adoptada en este asunto de

los buques, no puede menos que ejercar una seria influencia en la solución
del conflicto, o al menos, en la duración de las desgracias actuales de Chile.
LOS BLINDADOS CHILENOS

í.°
(De Le Fígaro del de Julio)

Hoi debe verse la apelación en el asunto de los blin


dados chilenos; los últimos despachos llegados de
Chile dan particular ínteres al fallo de los jueces.
Balmaceda continúa conduciéndose como el último
de los salvajes {le dernier des sauvages); el látigo ha
llegado a ser su medio favorito de gobierno. Ha tenido
la desfachatez de tomar presas a personas refujiadas
en el consulado de Francia, i ha sido menester la in

tervención personal del encargado de negocios interino,


M. de France, para que soltara su presa. (De paso
quiero dejar constancia de que los informes publicados

hace dias en estas mismas columnas a cerca de nues


tra representación en Chile, no venían de oríjen con
gresista, sino de fuentes francesas. I con esto, quedan
satisfechas ciertas
curiosidades.)
He aquí, pues, al gobierno de Mr. Balmaceda, al
hombre que pide la entrega de los blindados mandados
construir por el gobierno chileno, al cual ya no repre
senta legalmente.
Ignoro fallo en el sentido que lo solicita puede
si un

serjustificado, legal o jurídicamente; pero sé que el


buen sentido i los intereses franceses se negarían a
suscribirlo.

Balmaceda no mandó construir los blindados en su


carácter de Balmaceda, sino en su calidad de Presi
dente de la República de Chile. Ahora bien, el Con
greso lo ha depuesto, no es, pues, ya
nada, i los dos

20 —

tercios de Chile, toda la armada i una parte del ejér


cito se han puesto de parte del Congreso que repre
senta la totalidad del pais. ¿Cuál
es, pues, el verdadero
gobierno? Es Balmaceda depuesto o el Congreso que

lo depone? I sobre todo ¿qué piden los congresistas?


Nó que se les entreguen los blindados, sino que no
sean entregados al hombre que
consideran, i con justo
título, como rebelde a las leyes; en tanto que Balma
ceda espera los navios para cañonear la costa que se

halla en poder de los congresistas, i para poder decir,


como ya lo dice: «la Francia me envia socorros,» Este

hombre ha encontrado medio de convertir los blinda


dos construidos en Francia por hombres cuya profe
sión es esa, absolutamente como la de los pasteleros

es hacer pasteles, en blindados franceses enviados en

su ayuda. I es aquí donde la política vuelve a adqui

rir sus derechos, i por lo que es de esperar que los


jueces no permitirán la partida de los famosos buques.
En Chile la influencia francesa es mui grande: los
intereses franceses considerables, pudiéndose aun au
mentar dia a dia. No
descompongamos, pues, tan her
mosa situación.

El triunfo de los congresistas es seguro: antes del

mes de Setiembre Balmaceda, por lo menos, habrá sido


derrocado. ¿I creerá nadie que los congresistas se sen

tirán entonces dispuestos Francia a encar


a volver a

gar sus construcciones después de que la política o la


justicia francesa les hubiese sido desfavorable? Se ig
nora acaso que los alemanes hacen inmensos esfuerzos

para arrebatarnos la influencia que tenemos en Chile?

Si los blindados hubieran sido mandados construir en


Alemania, yo garantizo que no habría habido pro
ceso.

I me preguntosi es posible, con el corazón lijero.

perder uno de los países que han permanecido fieles a


la influencia francesa. Es por esto por lo que me saca
de quicio este asunto de los blindados, que no es tan
importante en sí mismo, para nosotros al menos, pero

que para los chilenos estas tres casas flotantes repre-



di

sentían millones de pesos i millones de vidas. ¿Pero


no -es triste ver que siempre que hai un charco de por
medio se ha de caer en el garlito, cuando se trata de
la verdadera intelijencia de los intereses de la Francia
en el estranjero?

Jacques St-Cére
DURANTE EL TERROR

CARTA DE CHILE

(De L'Autorité del 21 de Julio)

Recibimos la'correspondencia siguiente:


Santiago, 9 de Junio de 1891. Greo que el estado

en que se encuentra Chile no puede ser comparado

sino a la situación de Paris durante la Comuna de 1871.

Balmaceda, viendo que todo el pais se volvia contra él,


se ha aferrado al poder i no encuentra mas medio de
alejar el momento de su caida, que la prolongación de
la guerra i del terror para
el establecimiento impedir las
continuas defecciones que se producen a su alrededor.
Se deben ya conocer en Europa las causas de la re
volución chilena, que dura desde hace seis meses.

Balmaceda, ha desgarrado la Constitución que habia


jurado respetar. Los presidentes de las Cámaras, de
bidamente autorizados por la mayoría de los senadores
i diputados, lo han depuesto. No es pues, mas que un
usurpador, rodeado de aventureros, pero que se sostiene
todavía por el concurso de varios jefes del ejército, cuya
complicidad se habia conseguido previamente.

El partido de los constitucionales o congresistas, está


formado por las personas mas tranquilas i mas honra
das, que solo quieren restablecer el antiguo orden que
habia hecho de Chile la República modelo de la Amé
rica española.

Son los principales capitalistas, literatos, grandes


industriales i hombres de Estado de todos los partidos,

23 —

sostenidos por el prosiguen una güe


quienes, pueblo,
ña heroica contra la dictadura mas desenfrenada que

haya visto la América, tan fecunda, sin embargo, en

gobiernos estravagantes i tiránicos.


La guerraha comenzado por el norte. Un puñado de
valientes se ha apoderado del puerto de Pisagua; esos

hombres han bajado de los buques antes de haber po


dido organizarse militarmente; habia algunos aun que
llevaban el sombrero de pelo conque se habian embar
cado precipitadamente en Valparaiso. Tal lia sido el

núcleo del ejército constitucional. Ha aumentado des

pués con la defección de las tropas de Balmaceda i con

un abundante enrolamiento de ciudadanos que han

acudido de todo el pais.

En el momento en que escribo, liai ya 18,000 soldados


perfectamente equipados, armados la mayor parte con

fusiles de repetición, pequeño calibre, que han arran


cado de un buque de Balmaceda. Su jefe es el jeneral
Canto, un oficial superior de mucho mérito.
Creo que las operaciones de ataque tendrán lugar a
principios de Agosto i que el triunfo coronará la abne

gación estraordinaria de los revolucionarios. En todos

los encuentros, por lo demás, han obtenido el triunfo; lo


que los ha puesto en posesión indisputable de las cuatro

provincias mas ricas de Chile.

Pero querrían que ciertos detalles de la situación


fuesen conocidos en Francia, para que supiesen a qué
atenerse respecto del dictador i de los buques de gue

rra que pretende hacer venir de Francia.

Balmaceda ha logrado implantar, en las provincias


que todavía le están
sometidas, un sistema de terror,
como el de hace un siglo en Francia. La guillotina no

ha sido levantada; pero el espionaje, el tormento, la


persecución revisten las formas mas variadas. Se han

distribuido ajentes que escuchan las conversaciones


que tienen lugar en los carros de ferrocarril, en las

esquinas de las
calles, en el mismo interior de las
casas.

Cuando son
tomadas, algunas personas sospechosas

24 —

de complicidad con los congresistas les aplican crueles

tormentos en las prisiones.


Si las declaraciones no son arrancadas por los dolo
res, entonces se procede a la flajelacion.
Una persona de las mas honorables de Santiago, J.
M. Barahona, ha pasado por todos estos suplicios; como
nada ha querido
confesar, los verdugos lo han golpeado
tan cruelmente que ha quedado moribundo. Un médico
preso en la misma cárcel que
él, ha obtenido que le deja
sen al enfermo i ha logrado
salvarlo, aunque en un esta
do lastimoso. El señor Barahona ha quedado con todas
las costillas hundidas, los huesos del pecho dislocados,
todas las uñas de las manos arrancadas. He visto una
carta del mismo señor Barahona en que manifiesta bajo

su firma, todas las crueldades que ha sufrido.

Estos crímenes, ordenados por Balmaceda i Godoy,


se han desarrollado en el interior de una prisión ; pero he
aquí que tratan de obrar ahora en pleno aire, con la

esperanza de asustar a la
multitud, siempre partidaria
del Congreso.
La tripulación entera de una torpedera ha sido
sorprendida en el momento mismo en que huia para

unirse ala escuadra, que está toda contra el dictador.


Estos señores han aprovechado la ocasión de desple
gar su crueldad.

Han formado una procesión con esos desgraciados


que marchaban al suplicio, bajo el mando del almiran
te Viel, detras del cual iban los músicos de Valparaiso
tocando la marcha «En revenant de la Revue» (Al vol
ver de la Revista).

Después de la ejecución, el mismo almirante Viel ha


ofrecido un banquete a los oficiales dictatoriales para

celebrar la vindicta pública satisfecha. Uno no se ima

jina hechos tan grotescamente infernales ejecutados en


medio de una población civilizada de 150 mil habitan

tes; es, sin embargo, lo que acabamos de ver, con


nuestros propios ojos, en Valparaiso, durante la semana

pasada.

Después de esto, es inútil que os anuncie que toda



25 —

la coloniafrancesa de Chile se ha pronunciado abier


tamente contra el tirano i en pro del pueblo i del Par
lamento oprimido. Es una lástima que no haya delante
de Valparaiso algunos buques franceses para ayudar a
la acción probable délas escuadras inglesas i alemanas,
cuyos oficiales están indignados de los procedimientos

de Balmaceda.
Nuestro encargado de negocios, M. de France, se ha
encontrado también en circunstancias mui difíciles, hace

quince dias. Se habia ofrecido como mediador a nom

bre del gobierno francés. Algunos delegados del Par


lamento habian venido, con salvo-conductos refrenda
dos por M. de France; pero hé ahí que se apodera del
señor Balmaceda, en cuanto los tuvo a su alcance, la

idea de hacer tomar a los delegados. Se ha necesitado


toda la enerjía de nuestro encargado de negocios para
defender a esos senadores i diputados.
Mientras que Balmaceda quería hacer forzar las
puertas de la Legación, M. de France, como los Minis

tros de Inglaterra i Alemania, han tomado a esos caba


lleros en sus coches i no los han abandonado hasta de
jarlos instalados en los buques de guerra de sus
naciones.

Termino mi carta: os supongo yabastante instruido


sobre el personaje llamado Balmaceda, cuyo nombre es
pronunciado con horror en todos los paises de Amé
rica.
FRANCIA Y CHILE

(De Le Nouveau Monde del 13 de junio.)

La cuestión de los buques de guerra construidos en


Francia por cuenta del gobierno de Chile, ocupa en este
momento a toda la prensa europea. Uno de estos bu
ques, Presidente
el Errázuriz, ha terminado de armarse
i no espera sino la licencia de las autoridades maríti
mas para dirijirse al Pacífico, donde su presencia no

podrá menos que hacer inclinar las probabilidades de

éxito del lado de los gobiernistas.


Fácil es, pues, comprender las activas dilijencias in
tentadas cerca de las autoridades francesas por los re
presentantes o ajentes confidenciales del gobierno de

Iquique en Paris, para impedir la salida del crucero


chileno.

¿Está bien fundada la solicitud de los representantes

congresistas?

¿El gobierno francés debe tomar en cuenta la situa


ción creada en Chile por la guerra civil para impedir
la salida de un buque encargado i pagado en gran parte
por un gobierno reconocido i representado diplomáti
camente en Francia?
Hé ahí la cuestión.
I bien: cualquiera que sea el grado de legalidad de
los congresistas, desde el punto de vista chileno, puesto

que el gobierno francés no reconoce por el momento


sino al gobierno de Santiago, representado en Paris por

la persona del señor Carlos Antúnez, no puede admitir


las reclamaciones de los ajentes de Iquique.
Los navios en cuestión, que han sido encargados por
un gobierno no pueden retenerse bajo pre-
reconocido,
testo de la neutralidad entre partidos no con
observar

siderados como beiijerantes.

Pero, por su parte, la Sociedad Forges et Chantiers


de la Mediterranée, que ha construido los navios chile
nos, puede, en las circunstancias actuales, teniendo en
cuenta los riesgos que ella corre, rehusar la entrega de

los buques, salvo el caso que se le haga el pago íntegro,


cualesquiera que sean las condiciones estipuladas en
el contrato de venta. Por consiguiente, mientras la ca

lidad de beiijerantes, calidad que obliga a la potencia


que la reconoce a guardar la neutralidad, no haya sido

reconocida por el gobierno francés a los congresistas,

la Sociedad de Forges et Chantiers es la vínica que


puede juzgar sobre la entrega o la retención del Presi

dente Errázuriz. El asunto es, pues, puramente comer


cial, i no puede mirarse bajo otro aspecto, mientras no
se hayan modificado las relaciones diplomáticas entre

Francia i Chile.
¿Pero no sería tiempo ya que el gobierno francés,
tomando del conflicto, las fuerzas
en cuenta el oríjen

respectivas de los adversarios i las consecuencias que

resultarán de la lucha, consecuencias cuya repercucion

en Europa será
considerable, tome una actitud verda
deramente especiante i reconozca a los congresistas
la calidad de beiijerantes? Así lo creemos i ademas
no vacilamos en afirmar obrando en este
que, sentido,
el gobierno francés daría prueba no solo de prudencia,
sino también de un gran sentimiento de justicia. Es,
en verdad, sorprendente que en un pais parlamentario

como la Francia, donde los poderes lejislativos consti


tuyen la mayor autoridad de la nación, no se haya re
conocido todavía oficialmente la lejitimidad de la pro
testa solemne del Congreso chileno, al separarse de un
Poder Ejecutivo que ha violado la Constitución, de
cretando, contra la voluntad de los representantes del
del pais, la percepción de los impuestos i la repartición
del presupuesto nacional.
Al buscar asilo a bordo de la armada nacional, los

-28

miembros del Congreso llevaron consigo la legalidad i


dejaron en Santiago a los verdaderos facciosos: a Bal
maceda i sus cómplices.
La ignorancia en que vivimos en Francia respecto
a los de América, no ha permitido a la opinión
asuntos
pública juzgar los hechos con imparcialidad; i hasta tal
punto estamos aquí habituados a oír hablpr de revolu

ciones, que no se ha vacilado en considerar la protesta


del Congreso chileno, sino como una vulgar tentativa
de desorden, provocada por ambiciosos que aspiraban
al Poder.

Sería necesario poner las cosas en su verdadero te


rreno, i sin llegar al reconocimiento de la Junta con
gresista como poder legal, no se le puede rehusar ni

las simpatías, ni las consideraciones que se otorgan a


Balmaceda, cuyos procedimientos no han sido de los
mas correctos para con nosotros, como sucedió con el

asunto Harmand-Dreyfus.
Sería oportuno que las grandes potencias europeas,
que tan gi-andes intereses tienen en Chile, se pusieran

de acuerdo para reconocer de derecho un estado de


cosas que reconocen de hecho, puesto que pagan sin

protestar los derechos de aduana que les imponen las

autoridades de Iquique i de otros puertos del norte en

poder de los congresistas. En otros términos: la situa^

cion ha sido reconocida desde hace tiempo, solo falta

legalizarla. Mientras mas pronto, mejor.


CHILE

(De La ReruiiLiquE Fran£AI8K del 15 de junio)

Los asuntos de Chile continúan llamándola atención

pública, i se sigue siempre con la misma emoción las


peripecias de esta guerra civil ya larga, en estremo ar

diente, pero que, según parece, llega a su término, i


que es probable terminará por el triunfo de la lei, pol

la victoria de los congresistas sobre ese estraño Presi


dente Balmaceda que, dentro de poco, veremos llegar
para establecerse en Jersey, donde se encuentra en

arriendo la «Ville Saint Brelade». Si no es un ingrato,

se hará enviar a ese lugar el Journal des


Debats, que
casi sólo en la prensa lo en la pren
francesa, a menos

sa republicana, le sostiene con todas sus fuerzas. No


sé si me equivoque, pero me parece que la lectura del

Journal des Debats, debe hacerle el destierro menos


amargo: «Similia simílibus», se dice en medicina.

El presidente Balmaceda hará la esperiencia próxi


mamente, pero trata, mientras tanto, de retardar este
momento fatal el mayor tiempo posible. Se ha constitui

do con este objeto en su propio repórter, i los telegra


mas que envía a los diarios son injenuamente admira

bles. Son, puede decirse, telegramas privados, pues este


hombre de Estado, mui práctico, se ha reservado para
él solo el uso del telégrafo. Sus adversarios querrían
rectificarle de buena gana, pero no pueden
hacerlo; Bal
maceda corta los alambres i quizás también
trasquila
los gatos, pues es verdaderamente un hombre prodijioso.
Su último telegrama es una obra maestra. Está fe-

30 -

chado en Santiago, el 10 de junio, i dirijido a una ajen-

cia europea: «Un orden


perfecto, dice, reina en Chile»;
i mas abajo: «La continuación de la guerra causa un
gran malestar». La sola comparación de estas dos frases
muestra bastante bien la fuerza de injenio de este ale

gre camarada que, cuando la trajedia en que está em

peñado haya
concluido, se desquitará brillantemente en
la ópera bufa.
Mientras tanto, i unque el orden sea perfecto en Chi
le, dos barcos no se pueden encontrar sin cañonearse a
mas i mejor, i en este mismo telegrama de que habla

mos, el bueno del Presidente Balmaceda nos hace


sabe-

que el Almirante Lynch, el Imperial i el Almirante Cou-

dell, han partido a espedicionar en el norte, i desembar


can de tiempo en tiempo
tropas, que después de cortar
los hilos telegráficos, se reembarcan en seguida. Puesto
que Chile está en paz, tendremos que suponer que es

tas no son sino grandes maniobras. Nuestro Balmaceda


encuentra, sin embargo, que no tiene aun bastantes bu
ques. ¡El hecho es que para llegar acortar todos los
alambres telegráficos, se necesita una escuadra! Loque
siente, sobre todo, son esos barcos que están en el Ha
vre i que habrian llegado oportunamente para prestar

le eficaz, i ha tenido la de
crueldad'

una ayuda que se


retener en Francia.
Comprendemos sin dificultad que esto no sea del
agracio del Presidente Balmaceda; pero que también se
irrite el Journal des Debats, es mas difícil de esplicárse-

lo. No queremos trabar una polémica con nuestro cole


ga sobre el oríjen i las causas de la situación actual de

Chile; no3 basta que recordemos un hecho, i éste es, que

desde el principio del año, el Presidente Balmaceda go


bierna sin presupuestos botados por el Congreso. Por
otra
parte, como aquél no paga de su bolsillo los gas
tos de la guerra, todos ellos son ilegales. Nos cuesta
crer que este sea para un viejo diario parlamentario co

mo los Debats un ideal de gobierno. Estamos seguros,


en todo caso, que nunca Royer-Collard...

Pero, en fin, fuera de estas consideraciones de prin-



31 —

negocio de los
cipios, hai una cuestión de hecho en ese
buques. Se habla de compromisos contraídos, pero ¿con
quién? ¿Con el señor Balmaceda? ¡Absolutamente! Con

el gobierno chileno, es decir, con un gobierno regular,


en situación de hablar del pais entero, i en
en nombre

de disponer del dinero de los


condición, sobre todo,
contribuyentes. ¿Puede decirse que el Gobierno de Bal

maceda sea en la hora presente tal Gobierno? Sería ri

sible i el Journal des Debats no ríe jamás. Para mostrar

mas que con frases, la situación actual de Chile, no hai

mas que recordar que Bolivia, que sigue un poco mas

de cerca que los Debats los negocios


chilenos, acaba de
reconocer a los adversarios de Balmaceda el carácter

de beiijerantes.
La Francia no tiene otra cosa que hacer. Nuestros
intereses, el interés de nuestro comercio, de nuestra in
dustria, no son de ninguna manera solidarios de los in
tereses personales del señor Balmaceda; el verdadero
interés francés, como el de la Europa, cuando menos, es
que esta lucha, ya demasiado larga, cese en Chile; que

los puertos vuelvan a ser libres i seguros, i que las


transacciones comiencen nuevamente. Esto se ha com
prendido mui bien en el Quai d'Orsay, puesto que la
Francia está mui pronta para servir de mediadora en

tre los dos partidos. Este papel de arbitro, de arbitro


imparcial, es el único que puede adoptar, saliendo
de él, sería colocarse en una falsa posición, seguir la
política del Journal des Debats. La Francia no puede

intervenir en esta guerra civil sino para detenerla, i no


para prolongarla suministrando armas a uno de los

partidos combatientes.

Emmanukl Arénf.
EL PRESIDENTE BALMACEDA

(De Le Fígaro del 18 de Junio.)

Me parece que los negocios del Presidente Balmace


da van mui mal, i que el triunfo de los congresistas
(esos insurjentes de singular especie que tienen de su
parte el derecho i la lei), no es mas que cuestión de
tiempo. Se nos anuncia de cuando en cuando, que los
buques presidenciales han acanzado algún gran triunfo;
pero si uno tiene ocasión de leerlos telegramas que los

anuncian, no encuentra jamas los íesultados ni las


consecuencias.

Algunos de nuestros colegas han aprovechado la


ocasión para lanzarse a violentas discusiones sobre el
Derecho de Jentes i el reconocimiento de la calidad
de beiijerantes a los insurjentes. I yo me pregunto:
¿sirven para algo estas discusiones? Esas cuestiones

de Chile no nos comprometen en nada; pero es lo cier


to que el Presidente Balmaceda gobierna ilegalmente
desde hace ya seis meses; que exije i recauda im
puestos que no tiene derecho de exijir, i que, por lo

tanto, los que se rebelan en condiciones semejantes, no


son insurjentes. M. Ribot no ve sino un lado de la
cuestión, porque no oye sino a los representantes del
Presidente Balmaceda. Pero, ¿no hai-ia bien en pen
sar un poco en los intereses comerciales e industriales

de Francia?
Está en conocimiento de todos que se aproxima el
triunfo de los congresistas. (M. Balmaceda mismo
me parece que lo sabe, pues ha hecho proponer a

33 —

sus adversarios que se someta el caso a Un arbi

traje....)
Lo que mas irrita a los balmacedistas, no es tanto
la discusión del derecho diplomático que se ha susci

tado con esta sino una cuestión de de


insurrección,
recho comercial. El Gobierno de M. Balmaceda ha
hecho construir dos acorazados a la sociedad de «For
ges et Chantiers», i él los habría necesitado mucho

para poder echar a volar la noticia de alguno de sus

triunfos habituales. Pero no contaba con la justicia


francesa
Es cosa de verse el furor de los balmacedistas. Por
poco no acusan a M. Aubépin de ser un congresista

declarado; pero desbarran. M. Aubépin no es sino


un majistrado que ha juzgado sabiamente, que la
construcción de los acorazados fué mandada efec
tuarse por un Gobierno regular, i que no existiendo
ya ese Gobierno regular, no se debían entregar los

acorazados a personas que indebidamente retienen el

poder. Si los balmacedistas necesitan una ocupación

cualquiera, que piensen en esos infelices chileuos que


han venido a tomar posesión de sus famosos acorazados.
Ahí están retenidos en los cuarteles de Tolón, no
sabiendo qué hacer i no pudiendo ni siquiera com
prender por qué se les ha hecho venir desde tan lejos

para embotarse contemplando los acorazados. Hé ahí

una cuestión de humanidad que debe anteponerse a

todas las cuestiones de derecho diplomático.


Al fin de cuentas, si la cuestión de legalidad no
fuera tan evidente, si los intereses comerciales de la
Francia no estuvieran amenazados, se podría desear
que el conflicto durara todavía algún tiempo: los te

mas divertidos son raros en verano. Ya hemos tenido

la persecución del ltata, que no carece de cierta gra


cia; pero los boletines de triunfo de M. Balmaceda
son esquisitos. Ciertamente este Presidente habría po

dido hacer revivir la opereta si hubiera aplicado a la


confección de libretos, el mismo buen humor que gasta
en la redacción de sus despachos telegráficos. No sé
<3
^


34 —

si Meilhac i Halévy han encontrado jamas cosa que

sea comparable al telegrama siguiente, fechado en

Santiago el 10 de Junio: —
«En Chile reina un orden
perfecto. La de la guerra causa un enor
continuación
me malestar.» El hombre que ha encontrado esa fór
mula de «un orden que no se turba por la guerra»,

indudablemente no es un cualquiera. Si yo fuera di


rector de
teatro, me propondría rogaide, apenas llegue
a Europa, lo que no tardará, que componga una pieza.

El triunfo de los congresistas no es mas que cues


tión de tiempo.

Jacques St. Céee.


LOS ASUNTOS DE CHILE

LA ELECCIÓN DEL SEÑOR CLAUDIO VICUÑA

(De La Justice del 29 de Julio)

Con marcadaindiferencia finjen algunos de


nuestros colegashablar de los acontecimientos de
Chile. ¿Qué importa, dicen, lo que puede hacer Bal
maceda si los poderes de este hombre de Estado espi

ran dentro de mes i medio i va a ceder el puesto a

don Claudio Vicuña?


Los diarios que hablan así olvidan sin duda que los
intereses de 15,000 franceses, a lo menos, están en peli
gro por la dictadura del señor Balmaceda. ¿Quién po

drá preveer, en efecto, lo que puede inventar de aquí


al 18 de Setiembre, para desorganizar el mecanismo

constitucional, un ambicioso como Balmaceda? Este


hombre no retrocede ante nada cuando sus intereses
personales están en juego, i todo es de temer de él has

ta el último momento.
Sus malas acciones no están limitadas desgraciada
mente al presente, están preñadas de perjudiciales

consecuencias para el porvenir.

La asamblea que retiene actualmente el Poder Le


gislativo en Santiago, los derechos i prerroga
usurpa

tivas de la que el señor Balmaceda ha alejado violen


tamente. Las desiciones i votos de esta asamblea están
viciados en su principio mismo i plagadas de ilegali

dad.
Pero el dictador no por eso deja de seguir en su
¿
tarea. De este odioso estado de cosas ha nacido una
situación profundamente perturbadora, 'que hiere en

sus fuentes vivas la existencia nacional.


La elección del señor Claudio Vicuña, como sucesor
del señor. Balmaceda, es una de las mas graves de
las medidas~~tomadas por el Congreso que funciona en
este momento en
Santiago, pues tiende a comprometer
por cinco años la interior i esterior del pais, a
política
perpetuar los efectos de la actitud revolucionaria del
dictador i, por consiguiente, a anular definitivamente
el pacto constitucional.

Dos órdenes de motivos hacen de esta elección un


escándalo público i un atentado a la voluntad popular:
los que se refieren a la elección en sí misma i lo
que concierne a la persona del señor Claudio Vicuña.

Según los términos de la Constitución, en efecto, es


el Congreso el que nombra
(?) al nuevo presidente; pero
que el Congreso ejerza lejítimamente este dere
para-

cho de nombramiento, como cualquier otro derecho por

otra parte, es preciso que él mismo haya sido elejido

conforme a las prescripciones constitucionales. Ahora


bien, tal no es el caso presente; todas las garantíasde
que la Constitución habia rodeado a la moralidad del
sufrajio han sido pisoteadas.

Las eleccioneshan sido hechas bajo el réjimen del


terror i del de sitio, la prensa ha sido reducida
estado

al silencio i los tribunales encargados de la superviji-

lancia de las operaciones electorales han sido suspen


didos. ¿Podrá uno admirarse después de esto de que el
señor Balmaceda haya podido reunir un Congreso se

gún su conveniencia? i puede uno mostrarse sorpren

dido si el pueblo chileno considera nulos i sin valor

votos de un oríjen tan sospechoso?

Por otra parte, fuera de las condiciones manifiesta


mente anticonstitucionales en que el Congreso ha hecho

su elección, la personalidad misma "del señor don

Claudio Vicuña, haría esta'


elección mas que sospecho

sa, no teniendo este personaje otros títulos a tal honor


que haber el Jefe del Gabinete cuando el señor
Balmaceda preparaba su golpe de Estado, haber per

mitido que éste tuviese lugar, haber aun colaborado a

él i haber, en fin, aceptado su parte en las ganancias


inmorales de esta acción criminal.
El pueblo chileno sabrá dar a cada uno la parte que
le corresponde en los acontecimientos de estos ocho
meses; él se da cuenta de que la próxima elevación de
don Claudio Vicuña a la presidencia de la República,
Jejos de asegurar las felices perspectivas de calma i
reparación que divisan algunos de nuestros colegas
mal informados, tendría por consecuencia el estable

cimiento de dictadura permanente con los desór


una

denes materiales i morales que acarrea esta forma de


gobierno.
Así con todo, los partidarios de la libertad i los de
fensores de la Constitución, pondrán fin mui pronto a
una situación que llega a ser una causa de ruina jene

ral al mismo tiempo que es un ultraje a la conciencia

pública.
:m

LA REVOLUCIÓN DE CHILE

(Del Times de 29 de Abril.;

El hundimiento del Blanco Encalada por la aplica


cion de torpedos, es indudablemente un serio golpe
para el partido del Congreso chileno; pero al anunciar

que con esto termina la contienda, los amigos del Pre

sidente Balmaceda parece que han mostrado excesiva

precipitación. Hasta el presente esta guerra no había


ofrecido enseñanzas útiles para los observadores nava

les i militares; pero en este incidente ya pueden en


contrar alguna entretención profesional, que por nues

tra parte carecemosdé ella, i aunque la tuviéramos,


sería prematuro el deducir conclusiones. Sin embargo,

si es verdad que el Blanco fué sorprendido al ancla, i

que se le dispararon siete torpedos antes que se hun

diera, puede decirse que ningún dato útil se ha agre


gado al conocimiento que ya teníamos de la utilidad

de estas armas. Nunca se ha dudado de que una tor


pedera pueda echar a pique un buque, siempre que

pueda dispararle torpedos sin ser molestada, i en el


presente caso lo único admirable es que un gran blan

co inmóvil no haya sido herido por los primeros tiros.

Pero lo que necesitábamos saber, respecto a los torpe


dos, es hasta qué punto son eficaces contra un buque
armado de cañones de tiro rápido i que esté sobre su

máquina. El hundimiento del Blanco solo ha demos

trado lo peligroso que es echarse a dormir en un puer


to inseguro.
Publicamos hoi dos cartas de Santiago sobre la his-

39 -

toria i de la guerra civil de Chile, en las


actual estado

cuales se nos esponen los dos lados de la cuestión.


Según uno de nuestros corresponsales, el Presidente
Balmaceda es un usurpador que abusa sin escrúpulos

de la autoridad que le confirió la Constitución, con el


objeto de implantar ei gobierno personal por los me

dios mas arbitrarios. Según el otro, es el defensor de


las libertades del pueblo contra una coalición criminal
de los círculos parlamentarios, i sigue mostrando, en
medio de sus apuros, una fidelidad admirable a la
Constitución.
A la distancia a que nos encontramos, sería impro
pio que nos pusiéramos a dogmatizar sobre las sutile

zas de la política chilena. Nos parece, sin embargo,

mui singular, que si el Presidente es tan solo un buen

hombre que lucha contra la adversidad, tenga en su


contra, según él mismo lo confiesa, a todas las clases
sociales que han asegurado a Chile un largo período

de tranquilidad i de ordenado progreso, como no ha


gozado ninguna otra de las repúblicas sud-ameri canas.

Tampoco puede menos de parecer estraño al lejano ob


servador, que la colonia estranjera, que posee i dirije
una gran parte del capital i de las industrias de Chile

i que no puede tener otro interés que la continuación


de gobiernos buenos i sólidamente establecidos, haya
prestado todas sus simpatías al partido de Congreso.

Se nos dice que en Chile, gobierno representativo i

gobierno parlamentario, no son una misma cosa; pero

precisamente cuando esperamos una clara esposicion

de la diferencia que entre ambas cosas existe, se nos


ofrece la relación de una lucha entre dos partidos, am

bos parlamentarios i ambos representativos. El mismo


Presidente Balmaceda ha intentado desarrollar la tesis
de que el sistema parlamentario es incompatible cen el
gobierno republicano, i presupone la existencia de
un soberano hereditario e irresponsable; pero ese argu

mento adolece de una chocante falta de lucidez i de


fuerza.
Se nos dice que Chile solo habia sido república en el

40 -

nombre, i que las ideas democráticas estaban allí anu

ladas por unaoligarquía, hasta que el Presidente Bal


maceda se levantó a defenderlas. Pero como en Chile

ha existido desde 1833 el sufrajio universal con la sola


limitación de la capacidad de leer i escribir, es difícil
comprender cómo esa oligarquía, que ciertamente no

ha recurrido jamás a las violentas medidas de represión


del Presidente Balmaceda, ha podido mantener en suje
ción a la democracia.

Lo mas que puede decirse en defensa de la causa del


Presidente, es que, al menos en apariencia, gran parte

del pueblo apoya al gobierno. Se esperaba que el ejér

cito i el pueblo se hubieran unido a los parlamentarios

i a la escuadra; i si ésto hubiera sucedido, el Presidente


Balmaceda habría sido depuesto tranquilamente, como
lo fué el Emperador del Brasil; pero si ejército i pueblo
han permanecido fieles a su gobierno, puede pretender
Balmaceda con algún fundamento que representa al
número, ya que no a la intelijencia. Es necesario, sin
embargo, hacer de esta cuenta algunas deducciones
obvias.

El Presidente se habia duranle largo tiem


preparado

po para esta lucha, de su facultad de nombrar


usando

i remover empleados. Funcionarios de toda especie,


sospechosos de tendencias constitucionales, habian sido

arrojados de sus puestos para ser reemplazados por crea-

turas del Presidente Balmaceda. De este modo puede


esplicarse la fidelidad de la mayor parte del ejército sin

suponer en éste una preferencia intelijentepor las teo

rías de gobierno del Presidente. El bajo pueblo está

también probablemente a oscuras respecto de las cues


tiones que se debaten, i nada se ha omitido para i edu
cirlo a la sumisión por medio del terror. Por sanas que

se supongan las intenciones del Presidente, es induda

ble que no ha retrocedido ante ninguna severidad, i


ante ninguna violación de la libertad individual i de los

derechos legales que le ha parecido adecuado para


obligar a la obediencia. Si no hai hombre ni mujer

sospechoso de tendencia opositora que esté libre, del



41 —

i del presidio; si se incita a los pobres contra


pillaje
los i se ofrecen ocasiones de hacer fortuna a quie
ricos

nes menos la merecen, no es difícil producir por algún


tiempo una mediana imitación de popularidad.
CON CHILE

(De La Época de la Paz del 16 de Abril.)

Se dice que la boliviana tiene que guardar


prensa

un carácter neutral en lo desenvolvimiento


relativo al

revolucionario de Chile.
¡Falso! Comprendemos que
los diarios oficiales, aquellos que son voceros del go
bierno, que hablan a su nombre i que piensan como
piensa él, estén obligados a guardar neutralidad; pero

los periódicos independientes que discurren en nombre


de un partido que no es gobierno, tienen el derecho de
comentar no solo los actos de Chile sino los de todas

las demás naciones. Nosotros, partidarios de la liber


tad i de la lei, hemos visto en el gobierno de Balma
ceda medidas dictatoriales, actos tiránicos, i esto nos

ha bastado para que como ciudadanos libres i guiados


por nuestros principios, censuremos al gobierno chileno

i batamos palmas a la revolución.


La lucha política de Chile, entre el gobierno cons
tituido i el Congreso Nacional, parte de los siguientes
antecedentes: La Constitución del Estado i las «prác

ticas políticas que datan de la época de la Independen


cia chilena, dieron lugar a la completa armonía de los

poderes públicos por medio del sistema de gobierno

del gabinete parlamentario. Llegó un dia en que el


Presidente de Chile desconoció los derechos del Lejis-
lativo; a este desconocimiento del espíritu de las leyes
i de las práticas de gobierno, siguió el atropello de la
Constitución, i como consecuencia, la clausura del Con
greso.

43 —

El Congreso, en cumplimiento de su deber, trató,


dic-
pues, de contener los abusos del Ejecutivo, quien
tatorialmente, haciendo caso omiso de las leyes sobe

rana s, decretó gastos i mantuvo la fuerza armada.

El Congreso, en cumplimiento de su deber i de sus


sagrados juramentos, se puso a la vanguardia de la

reunió en torno de sí a todo el pueblo i


Revolución,
apeló a la fuerza para restablecer el imperio de las leyes
i reparar sus fueros, porque sus fueros eran los de toda
la nación; tomó el texto de la lei en una mano, lo ele
vó como un estandarte sagrado i lo defendió con la

espada bendecida de la libertad ....

De la lucha del primer poder contra el que solo ocu


pa un lugar secundario, nació la revolución, pues no

era posible que el Congreso contemplara impasible el

réjimen arbitrario del gobierno, la disolución de los

municipios i de los Tribunales de Justicia; espectáculo

inaudito que no pueden ni deben soportar jamas las


naciones libres i bien constituidas.

Sublime ejemplo el de Chile, volvemos a repetir,


que ojalá sirva de lección a las naciones sud-ame-

ricanas.

Ojalá Bolivia los pueblos fueran tan celosos


que en
por el cumplimientode las leyes; ojalá que nuestras
cámaras lejislativas supieran, en ciertas ocasiones,
asumir la actitud asumida hoi por el Congreso chi

leno.
LA BELIJERANCIA

(De La Libertad de Puno del 27 de mayo)

Esta constituye una obligación i un derecho en la lei


de las naciones.
Cuando se trata de ese estado entre naciones cuya
autonomía está reconocida, la belijerancia es un hecho
que se impone, por notificación espresa, mediante la
esposicion de motivos que las naciones en lucha pasan
a las demás, o simplemente por la notoriedad del hecho
mismo.

Pero ciiando se trata de la lucha de dos fracciones


de una misma que se disputan el poder i la
nación,
representación de la soberanía nacional, el reconoci
miento esplícito de la belijerancia de ambos partidos

en choque, es una necesidad ineludible, como fuente de

derechos i de obligaciones entre aquellos i las demás


potencias.

Uno de ios deberes i de los derechos mas sagrados,


inherentes a esa declaración, es la absoluta neutralidad
en la contienda, no solo ya por la prohibición de inmis

cuirse en los asuntos internos de una nación


estraña,
sino porque el reconocimiento de la belijerancia impor

ta una ficción de derecho que entraña la existencia de


dos Estados, representados por los dos poderes consti
tuidos, cuya lejitimidad o ilejitimidad no corresponde
apreciar a los estraños.

Pero, ¿cuáles son las condiciones que constituyen la


fuente del derecho para exijir, i la obligación de otor
gar el reconocimiento de esa belijerancia?
Ellas son: la existencia de un Gobierno organizado
con regularidad; la posesión de territorio en una esten-
sion mas o menos considerable sobre el que se ejerce

dominio i actos regulares de administración; poder

material que garantice esa posesión i administración, i


batallas libradas i victorias obtenidas que reflejen la
realidad práctica de ese poder.
Aplicando estas doctrinas al
caso concreto del con

flicto chileno, creemos que es lejítimo el derecho del


partido en lucha contra el gobierno del señor Balmace

da para solicitar su reconocimiento como belijerante, e


ineludible la obligación de las naciones estrañas para
otorgarlo, pues ademas de reunir las condiciones indi
cadas en una escala mayor que las que el Derecho In

ternacional exije, milita en su favor la circunstancia de


que el partido que disputa al señor Balmaceda el Poder

de la Nación es el primer Poder de la República, es el


Congreso, que reviste la representación viva de la so
beranía nacional.
Consecuentes, pues, con estos antecedentes de carác
ter irrefutable, c:"cemos que la declaración que, según
el laconismo telegráfico, ha hecho el Gobierno de Boli

via, es correcta i perfectamente a los preceptos


ajustada*

del Derecho de Jentes; i que debe servir de anteceden


te a los demás gobiernos de América para análogas
declaraciones.
<--m

LA SITUACIÓN EN CHILE

(De The Nation de New York del 18 de junio.)

La junta emanada del Congreso chileno ha dado a


luz una esposicion del estado de las cosas en aquel pais.
Nada se agrega de sustancial a lo que ha dicho don
Ricardo Trumbull, enviado del Congreso, actualmente
entre nosotros, desde las columnas del diario The Tri-
bune de Nueva York.
Felizmente no se necesita tampoco nada mas de nue
vo para poder apreciar la conducta del Balmaceda. El

mismo mensaje que él dirijió al Congreso en se

sión de el 20 de abril, contiene cargos tan graves en su

contra como los que pudiera dirijirle su peor enemigo.

Confiesa Balmaceda que ha sostenido un pleito por


fiado con el Poder Lejislativo q le no confiaba en él, i
ademas le negaba su apoyo a los distintos gabinetes

ministeriales que nombraba. Aquí conviene recordar


que en Chile los gabinetes son del tipo délos de Fran

cia e Inglaterra, con derecho a ocupar asiento en las

cámaras, i que dependen de la mayoría en ambas cá


maras para su permanencia en el poder.

Confiesa también que el Congreso insistió en su des-.


confianza hasta el punto de no querer votar el presu
puesto anual de gastos para el sostenimiento del ejér

cito i de la marina, i que, cuando él


vio-
esta negativa,

procedió a dispersar el Congreso por la fuerza, cerró los

tribunales superiores de justicia i encerró a los jueces


que habian fallado en su contra, pasando ya a ejercer

el gobierno con las atribuciones de uno que se nombra



47 —

dictador por su propia voluntad; i con esto lanzó a su

pais a la guerra civil.

En otra ocasión hemos pintado la semejanza que

habría produci
ofrece el conflicto chileno con el que se

do en este pais en el caso de que el presidente Andrés


Johnson, en su lucha con el Congreso de 1867, hubie
ra apelado a la
fuerza, como es mui probable que lo
hubiera hecho si hubiera contado con un ejército per
manente semejante al de Chile.

El ejército permanente de Chile es compuesto de


mestizos semi-civilizados o indios, mui ignorantes, mui

obedientes i mui bravos; justamente el material que un

ejecutivo sin escrúpulos necesita para dar un golpe de


estado.

Como todo el mundo lo dice entre nosotros, es una


verdadera fatalidad para los países parlamentarios el
tener que contar con ejército permanente. En Inglate
rra se le soportaría a duras
penas, si no fuera por la
necesidad de matener fuerzas delante de los paises li

mítrofes con el imperio, i si no fuera porque, al cabo de

una lucha tenaz sostenida con la corona, se ha conse

guido someterle al fin a una dependencia estricta de la

autoridad civil. Es sabido que su subsistencia está su

jeta a la lei especial que dicta todos los años el parla


mento. Si por una contijencia cualquiera faltara algu

na vez esa lei, quedaría, legalmente hablando, ningún


no

soldado en Inglaterra al terminar sus sesiones el par

lamento.
Entre nosotros la regla esla misma, i nuestra peque
ña fuerza dejaría de ser tal dia en que por cualquier
el

causa el Congreso no concediera fondos con que soste

nerla.

Este poder de los cuerpos lejislativos sobre las fuer


zas armadas constituye sin disputa una de las garantías
mas eficaces con que se protejen las libertades públicas

en los paises sometidos al réjimen constitucional.

Ahora, si se toman en cuenta los elementos de que se

forma el ejército en Chile, esta garantía viene a ser


allí mas importante que en ninguna parte. El ejército

48 —

en manos del Ejecutivo es un instrumente mas peligro


so que en otros paises.

Según esto, el Congreso chileno ponia en uso una de

sus mas importantes atribuciones el dia en que, no te


niendo confianza en el Presidente de la República, le
quitaba el mando de las fuerzas de mar i
tierra, negán
dole los fondos con que se mantienen.
Si quisiera el público norte-americano negar esta
facultad al Congreso de una república hermana, mani
festaría sumo desprecio por la forma constitucional de
gobierno.

Balmaceda no tenia que temer responsabilidad nin


guna por la negativa de fondos. Lo que le toca al Eje
cutivo de un pais constitucional en una eventualidad

como esa, se reduce a presentarse ante las cortes de jus

ticia o ante los votos de los ciudadanos. Son estos últi


mos los que tienen a la mano el medio de imponer cas
tigo al Congreso que ha faltado a su deber.
La doctrina que anuncia Balmaceda de que cuando
un Congreso no adopta tales o cuales medidas que le

parecen convenientes al
Ejecutivo, tiene éste la facultad
de disolverlo con los soldados, es, por lo tanto, una
doctrina que convertiría todo gobierno republicano en
mera farsa.

A nuestro modo de pensar, desde que vivimos bajo


un gobierno regular, no se ha presentado en este con
tinente ningún caso tan digno de la aprobación i de las
simpatías, ya que no de auxilio, para el público de los
Estados Unidos.
Es mas claro que el que se presentó cuando las co
lonias españolas se alzaban contra la madre patria, por
que entonces nadie podia predecir qué forma o clase de

instituciones políticas vendrían en seguida.


El gobierno de Chile ha sido el mejoi que nació de
aquel movimiento, el mas pacífico, moderado i libre. I

si se mira la clase de habitantes sobre que ha


rejido,
su historia es de la mas digna atención.

Con todo esto rompe ahora la usurpación de Balma-



iy —

ceda i de una manera terrible con las tradiciones del


progreso mas ordenado i tranquilo.
No queda nada que nos aliente, en tan sombría si-

tuac'on, sino la firme i decidida resistencia que se le ha


opuesto.
Si él hubiera logrado consumar su delito con toda
tranquilidad ifortuna, habría sido preciso renunciar a

ver un gobierno constitucional ni en cien años. Allí se

habría estado largos años bajo una tiranía disfrazada,


como la de Napoleón III.
Desde el comienzo de la historia, en medio de todos
los conflictos debidos a las revoluciones hechas por los
que se han nombrado a sí mismos dictadores, se ha

podido observar lo mismo que alega Balmaceda, aque

llo de que «el ejército permanece fiel.»


De esto mismo se valió César para acabar con la re
pública en Roma, Cronwell para disolver el parlamen

to, Napoleón I, para realizar su Dieziocho de Brumario,


i su sobrino para llevar a cabo su Coup d'etat en 1851.
Pero esta es precisamente la razón porque, como
hemos dicho, los amigos de los gobiernos representa
tivos miran con recelo a los ejércitos permanentes; por
que es muí de temer siempre que, si al Ejecutivo le da

por cometer un acto de traición, tenga al ejército de su

parte.

En ninguna parte, pues, menos los Estados


que en

Unidos, puede aceptársela de que la obe


pretensión

diencia del ejército chileno a un hombre como Balma


ceda constituye una escusa atendible i razonable para

que éste persista en su criminal resistencia al único


congreso legalmente elejido en aquel pais.

Simpatizar con la causa de Balmaceda porque tiene


el auxilio del ejército, según se dice, sería casi como

encontrar que un ladrón merece escusas por el hecho

de que ha sabido cohechar a los ajentes de la policía.


No se puede pretender tampoco que posteriormente
haya sido purificado Balmaceda de sus traiciones por
las resoluciones de un Congreso nuevo que lo ha inves
tido de facultades amplias para gobernar a su antojo.

50 —

En Chile no puede elejirse legalmente un Congreso


estando los distritos gobernados por un usurpador i su
jetos a la lei marcial, mientras las cortes de justicia
están cerradas, i amordazada la prensa en el pais.

Vergüenza sería que entre nosotros hubiera un solo


hombre de estado serio que se atreviera a sostener lo
contrario.

Todo cuanto se haga bajo Balmaceda por él o con él,


tolerarse'
es nulo, i no puede sino como efecto de la
fuerza.
Los partidarios del Congreso sabrán, por supuesto,
los términos en que pueden tratar con él, según el mo
mento i las circunstancias del pais. Pero si llegase a
ponerse en vías de arreglo con él, sería de desear, por
el bien común de los paises
libres, que no le propusie
ran otra concesión que la de poder abandonar el terri

torio una vez que se le hayan rejistrado bien sus ma


letas...
II PARTE

LA CAÍDA
r. 7
LA CAÍDA DE BALMACEDA

(Del Daily News de Londres del 31 de Agosto.)

El Presidente Balmaceda ha sido por fin derrotado,


sin que sea posible ponerlo en duda. Los congresistas

lo han vencido en una gran batalla campal, la cual les


ha dado la posesión de Valparaiso i Santiago, la capi
tal, teniendo él que huir para salvar la vida. Los. dos
partidos de la guerra civil en Chile han estado comba

tiendo durante mas de una semana, i durante todo este


tiempo uno de ellos ha estado mintiendo descarada
mente acerca del resultado. Cuál de los dos ha sido

el delincuente? solo podrá saberse por el resultado. Los

acontecimientos confirman, fuera de duda, los telegra


mas que publicamos hoi. Nos aventuramos a anticipar

este resultado en nuestros telegramas del sábado, ape-

sar de estar en flagrante contradicción con otras noti


cias de la misma fuente.
Mientras que nosotros preferimos creer que los insur
jentes o congresistas habian sido ios victoriosos en
Valparaiso, les era a otros posible asegurar que habian
sido decididamente rechazados i cercados por todas

partes, mediante la táctica de un Presidente que man


daba como jefe, el cual no habia mandado nunca un
escuadrón en el campo de batalla.
La razón que tuvimos para creerlo contrario fué que
por primera vez la noticia del triunfo de los congresis

tas vino mas o menos directamente de Valparaiso. Esto


indicaba que habian forzado la entrada. Ninguna noti
cia favorable para los enemigos de Balmaceda podia

54 —

creerse de lleno suponiendo al Presidente Balmaceda


en posesión de los telégrafos. Esta conjetura se confir
ma ahora por los telegramas de los cónsules estranje-

ros a sus gobiernos, i por el despacho del corresponsal


del Herald de Nueva York, que presenció el encuentro
decisivo. Teniendo a la vista esta comunicación í otras
posteriores, i por lo que se sabia de antemano, podre
mos, mas o menos, separar lo verdadero de lo falso en
los telegramas de los últimos diez dias, i juntar la na
rración de los acontecimientos como sucedieron.
Esta batalla, o serie de batallas, es evidentemente el
resultado de la determinación por parte de los congre

sistas de solucionar la una crisis i jugar el todo por

el todo. Estaban cansados de gobernar sin resistencia

en el norte, mientras tanto el Presidente Balmaceda


disponía de los grandes puertos de mar, mas al sur, i de
la capital. Ademas, temieron que, si se demoraban mu
cho en hacer valer su el mar, ésta no
superioridad en

pudiera prolongarse. El Presidente


habia mandado
construir buques poderosos en Europa, iban apresura

damente al teatro de los sucesos, i esperaban solamente


estar armados para inflijirlo que llamaríamos un golpe

abrumador a la insurrección.

Urjidos por estas consideraciones, los congresistas

resolvieron dar un golpe atrevido a Valparaiso. En


consecuencia, desembarcaron la semana antepasada en

un lugar un poco al norte de la ciudad i fuertes, i aun


que las fuerzas presidenciales p> éde decirse que fueron

sorprendidas, salieron al momento a su encuentro.

El Presidente trató de evitar que pasaran el rio

Aconcagua, que era el primer obstáculo en el camino


que conduce a Valparaiso.
Fué vencido, los cañones
pues pasaron protejidos por

de sus buques; después ha tenido que espe


el mundo

rar las noticias de la batalla decisiva.

Durante este intervalo, de parte de los presidenciales


fué todo falsedad, i por lo que atañe al mundo en jene
ral, fué todo misterio por ambas partes.
Según los telegramas oficiales, los insurjentes eran
aniquilados dia por medio, i el vencedor se ocupaba
solamente de deliberar con qué salsa se lo comería.
Como un hecho consumado trabajaban quietamente
para tomar posesiones i atacar las obras de defensa a

retaguardia de Valparaiso.

Maniobraron tan bien, que el viernes último las fuer


zas presidenciales, aunque propiamente estaban a la

defensiva, fueron obligadas a salir de sus trincheras

para batirse.
Abandonaron sus trincheras i avanzaron sobre la
línea de congresistas, pero fueron recibidos con un
fuego devastador que destruyó enteramente su línea
de batalla.
En el momento decisivo, el jefe de los congresistas,
jeneral del Canto, dio la orden de ¡a la carga! i con gri
tos salvajes (a wild yell), la línea, de insurjentes dejó sus
parapetos i se lanzó encima del enemigo, que estaba

ya desmoralizado i que se batia en retirada.

Fueron ayudados por el fuego de su artillería, i en


pocos momentos todo terminó.
Valparaiso, i con él Chile, habian sido perdidos i re

cuperados.

Los insurjentes se apoderaron pronto de la ciudad i


de la mayor parte de los buques que seguían la causa
del Presidente Balmaceda.
El Presidente había tomado la fuga, habiendo segui
do su ejemplo los principales ajentes de su gobierno, i
su creatura, señor Vicuña, «el Presidente electo», se
habia refujiado a bordo de un buque de guerra alemán.
Las tripulaciones de otros buques de guerra desembar
caron para mantener el orden, i el pueblo arrojó flores

en el camino por donde debiau pasar las tropas victo

riosas. Santiago se rindió tan pronto como estuvo en

posesión de las noticias; de manera que ahora un par

tido no tiene ejército, i el otro no tiene enemigos. El


triunfo ha sido debido a la buena dirección de las fuer
zas congresistas, a haber peleado bien, i al fusil Mann

licher. El fusil Mannlicher es el mas nuevo entre las


armas modernas, i hace fuego con la pólvora sin
humo,

56 —

que ha introducido una revolución tan grande en el


arte de la guerra.
La ausencia de humo entre ellos i su enemigo, per
mitía a los insurjentes hacer seguras punterías. La
fuerza penetradora del pequeño proyectil en forma de
dardo disparado por este fusil, ha producido efectos
mui mortíferos. En muchos casos las balas atravesaron

los soldados de las primeras filas para continuar su


obra mortífera en los soldados de la retaguardia. La

guerra civil chilena ha servido, pues, por segunda vez,


para ilustrar prácticamente respecto al uso de las armas
mas modernas. Blindados congresistas i torpederos
balmacedistas han ido al fondo para ilustrar a los peri
tos en el arte de la guerra naval respecto a la impor
tancia de sus últimas teorías sobre ataque i defensa.
Finalmente, el ejército balmacedista ha sido aniquilado
para demostrarles que la pólvora sin humo es tal como

se la imajinaban. Por su efecto moral, es talvez algo


mas. El ltata fué entregado al gobierno de los Estados

Unidos, pero su escursion correspondió al objeto. En


tanto que los congresistas entretenían a sus enemigos

i al mundo con la comedia de su escapada i persecución,


trabajaban sijilosamente para trasbordar el cargamento

de armas que les venia de Europa, el cual ha decidido


el éxito de la guerra.

Es de esperar que este triunfo tan completo haga,


magnánimos a los congresistas. A juzgar por las con
diciones que han ofrecido a sus enemigos para que

se rindan, es probable que solo los ajentes inmediatos

de Balmaceda sientan el peso de su venganza. El pre


sidente hará bien de esquivarle el cuerpo por todo el

tiempo que pueda. Ha sido implacable en la prosecu


ción de la lucha, i ha hecho matar por centenares a

sangre fría. Las simpatías del mundo


entero, que de
algo han valido a favor de los victoriosos, se enfriarían

en vista de crueles represalias. Es una lástima que el

capitán de una buque inglesa, al consentir traspor

tar plata fuera del pais para el presidente Balmaceda,


pueda haber hecho dudar por un momento a los con-
gresistas de las buenas intenciones de este país para
con ellos. Ha sido un acto de intervención en su ten
dencia, aunque legal en sí mismo. El resultado de la
lucha será recibido con jeneral aplauso, si no fuera
solamente porque pone término a una guerra sangui

naria i devastadora.
Pero esto no es todo. Apesar de que la naturaleza
de este desgraciado antagonismo era al principio oscu
ro, hace algún tiempo que sus principios han sido per
fectamente comprendidos. El señor Balmaceda fué
elejido presidente de Chile, i casi tan pronto como fué

elejido comenzó a disputar con su Congreso. Su escusa

era que el Congreso había comenzado a luchar con


él,
i que él procuraba salvar el pais i la República de un
grupo de facciones peligrosas. Con esta confesión i sin

entrar en detalles pequeños sobre la disputa, él se con

dena por sí mismo. No es incumbencia de los presi


dentes salvar repúblicas que están contra ellos, espe
cialmente cuando el voto popular es emitido por medio

de asambleas elejidas legalmente.


La esencia de la idea republicana o democrática, que
hoi dia significa la misma cosa, es que se deje que los
pueblos aprendan a ser cuerdos con sus mismos erro
res. Si el Congreso chileno ha sido faccioso, como ha
alegado el
Presidente, era su obligación precisa respe

tar la voluntad de la mayoría, i dejar al pais que juz


gara el resultado.

Con su respeto escrupuloso por la lei se habría atraí


do a sus conciudadanos, i a la larga ellos no habrían
dejado de darle todo su apoyo constitucional que le
hubiera permitido gobernar para su bien. Esto es pre
cisamente lo que sucedió en Francia cuando la reacción
violenta en contra de M. Julio
Ferry i sus imitadores,
que durante algún tiempo casi condujeron al gobierno

de Francia a su ruina.
Ministerios tras ministerios subieron i cayeron, pero
el presidente Grévy, para honra suya, se mantuvo fir

me. Aceptó toda combinación que pareciera recomen

darse, aunque lijeramente a la opinión parlamentaria,


8

58 —

i finalmente, con su paciencia i con las muchas oportu

nidades que les dejaba para que se hicieran ridículos


a los ojos del pais, aburrió a los distintos bandos.
Su predecesor, el mariscal Mac-Mahon, con mucho

menos provocación, consideró su deber seguir una con

ducta contraría. Sabemos el resultado. Si hubiera per


severado en su intento de salvar la república contra
los republicanos, habría anticipado sin duda, en su pro
pia persona, la caida del señor Balmaceda. Sus con

ciudadanos no habian olvidado que, cuando confiaron

a Luis Napoleón una empresa igual, salvó solamente

la república en su propio provecho personal.


LA CAÍDA DE BALMACEDA

(Del Times de Londres del 31 de Agosto)

La caida de Balmaceda no se puede poner ya en du


da. El papel riguroso de censor que asumió el Dicta
dor para la trasmisión de noticias, ha terminado con
su derrumbamiento, i por vez primera desde el princi

pio del conflicto, tenemos hoi noticias auténticas de


Valparaiso. Nuestro corresponsal en aquella ciudad se
ha valido de la relajación en la vijilancia sobre el telé
grafo, para enviarnos una relación suscinta sobre los
grandes acontecimientos que han tenido lugar en su

vecindad en los últinus diez dias. Mucho queda todavia

en la oscuridad, i muchos vacios en la narración tendrán

que llenarse, antes que se pueda completar la historia

de la última gran jornada de la guerra civil de Chile.


El resultado de esa lucha larga, sanguinaria i tenaz,
queda por fin establecido de una manera que no admi

te dudas. A diferencia de la mayor parte de las noti


cias recibidas hasta hoi en este pais, provenientes de

fuentes parciales, la noticia de la victoria decisiva de


los congresales, llegada el Viernes, ha sido plenamente
confirmada por fuentes independientes.
Es justo afirmar que los congresistas han desple
gado circunspección parala publicación de sus noticias

oficiales, resultando para ellos un contraste mui favo


rable, comparado con el mentidero desvergonzado de
Balmaceda i sus subordinados; i esta vez sus afirma
ciones están ampliamente confirmadas, no solamente
por nuestro corresponsal, sino también por las comu

nicaciones oficiales que algunos de los principales con-



60 —

sules estranjeros en Valparaiso, han enviado a sus res

pectivos gobiernos.

En Inglaterra, i probablemente también en la mayor


parte de los paises civilizados, la de la caida
noticia

de con una impresión de ali


Balmaceda, será recibida

vio jeneral. La mayor parte de nosotros hemos creído


desde tiempo atrás, que seria difícil que pudiera exis
tir en Chile un gobierno tranquilo i progreso comer
cial, bajo el yugo del Dictador.
Personas caracterizadas que se habian domiciliado
en esa República, en'su mayor parte compatriotas nues-

•tros, los que no han tenido nada que hacer con la polí
tica interna de Chile ni con la suerte de sus bandos
políticos, se han quejado una i otra vez en nuestras
columnas, de que Balmaceda conducia apresuradamen
te su pais a la ruina. Esas personas sostenían que era
un gobierno arbitrario i atrozmente cruel; que su ad

ministración habia descendido a la corrupción, i que

su política financiera era a la vez irracional i fraudu

lenta. Todos los habitantes estranjeros de Valparaiso


deseaban su caida, i se nos asegura que todos ellos se
regocijan con la victoria obtenida por los congresales.

Se nos informa que los estranjeros consideran a los


congresales como un partido honrado, dispuesto i ca

paz de remediar los males causados por Balmaceda,

i de devolver a su perturbado pais las bendiciones de


un gobierno fuerte, pacífico e intelijente.

Las noticias que nos envia nuestro corresponsal de


Valparaiso sobre la batalla que tuvo lugar inmediata
mente después del desembarco de los congresales, con

firman sustancialmente las informaciones que hemos pu


blicado anteriormente. Parece quelaventajaenestratejia,
táctica, disciplina i armamento, favoreció a losdnvasores
desde el primer momento. Se nos asegura que las tro
pas del jeneral del Canto habian sido instruidas con

esmero por un instructor alemán; que habian sido ar

madas con el fusil Mannlicher de repetición, arma

adoptada por el ejército austríaco, i que en el campo

de batalla ha probado sus cualidades mortíferas. Tan



61 —

superiores eran los invasores a sus enemigos, que en el

primer encuentro, nuestro corresponsal estima sus ba


jas nada mas que en 600 hombres entre muertos i he
ridos, i las de los balmacedistas en 3,500.

La falta de actividad de los congresales después de


su primer triunfo se atribuye al deseo de sus jenerales
de hacer caer en la trampa a Balmaceda, en la cual fué

por último cazado. Parece que confiaron implicitamen-


te en su habilidad superior i en la decisión de sus tro
pas para batirse con todas las fuerzas de Balmaceda.
Permitieron que trasportara sus reservas por ferroca
rril de Santiago, hecho que ellos pudieron haber impe

dido fácilmente cortando los puentes del ferrocarril.


Cuando las fuerzas del Dictador estuvieron en las
cercanías de Valparaiso, i a tiro de cañón de los inva

sores, el jeneral del Canto hizo cortar la línea a su


retaguardia, probablemente en el Salto, una garganta
estrecha por la cual pasa el ferrocarril, como a dos
millas de Viña del Mar. El Dictador fué de este modo,

obligado a aceptar batalla el viernes, en terreno cui

dadosamente elejido por su vijilante i hábil adversario.


Sus tropas parece que pelearon con su valor de cos
tumbre durante la primera parte del dia. Eran un poco
superiores en número a las de los congresistas; pero

se dice que no solamente fueron conducidas sin suje

tarse a las reglas de la táctica, sino también, que los


jenerales de Balmaceda pensaban de distinto modo i
no pudieron ponerse de acuerdo para combinar un plan

de operaciones.
La muerte de los dos jefes de las fuerzas de Balma
ceda completó la desmoralización, la cual habia co

menzado con el fuego de los Mannlicher i sus disparos

con pólvora sin humo. Después de dos impetuo


sas tentativas para forzar las posiciones de los con

gresales, el ejército del Dictador fué desbaratado i


puesto en fuga. Los muertos en la batalla fueron com

parativamente pocos, pues se hacen subir a 700 por


parte de los vencidos, i como a 200 por parte de los

vencedores. Las tropas derrotadas llegaron a la ciudad


•W;r


62 —

después de medio dia, i por algunos momentos las calles


fueron teatro de desórdenes. Los almirantes ingles i
alemán mandaron jente a tierra para protejer los inte

reses de
estranjeros, i en el trascurso del dia, la ciudad
se entregó pacíficamente a los congresales victoriosos.

Se asegura que sus tropas se portaron de una manera


ejemplar después de haber ocupado la ciudad. La dis
ciplina fué estrictamente observada, i los esfuerzos
deliberados del populacho para saquear e incendiar,
fueron castigados rigorosamente. Se portaron verda
deramente, no como vencedores de una guerra civil
sanguinaria, sino como los verdaderos libertadores de
su pais; i es de esperar que éste sea un ejemplo de la

línea de conducta que el nuevo Gobierno de Chile pien


sa adoptar.

Han sido conciudadanos i por el


aceptados por sus
mundo entero como honrados i abnegados campeones
de la libertad i de la lei. A ellos les corresponde justi
ficar con sus actos que son dignos de ser considerados
como verdaderos patriotas de sanas intenciones. La

victoria de ellos es completa. Santiago, la


capital, se
ha rendido a su representante, jeneral Baquedano. Se
dice que Balmaceda trata de escapar a su condenación,
fugándose por los pasos espantosos de los Andes en
este tiempo de invierno.
Vicuña, i los demás cabecillas
balmacedistas de Valparaiso, han buscado asilio a bordo
de los buques de guerra alemanes.
Está igualmente en el interés i es el deber de los
vencedores, mitigar la justicia con la clemencia, i todos
los amigos verdaderos de Chile leerán con un poco de
desconfianza la negativa del señor Montt, representan
te de la Junta, a quien la ciudad ha sido formalmente
entregada, para ofrecer condiciones o dar cualquiera
garantía a los partidarios civiles de'la facción vencida.
La gran aspiración de Chile debe ser ahora la paz i la
organización del gobierno, i a fin de que éste descanse
sobre una base
sólida, debe empeñarse ardorosamente
en evitar los senderos peligrosos i cicatrizar las heridas

de la guerra civil.
LA REVOLUCIÓN CHILENA

1.°
(Del Tiitf.s de Londres del de setiembre)

Con la de Valparaiso, el desbande del ejército


caida

de Balmaceda, la rendición pacífica de la capital a los

congresistas i la fuga del déspota caido, termina el

interés dramático de la revolución chilena.


Los acontecimientos délas próximas semanas, serán,
sin embargo, aguardados con ansiosa i vijilante aten

ción por todos los hombres cuyo interés por la repú

blica es permanente i profundo, pues ellos habrán de


juzgar el carácter i programa del nuevo gobierno.
La tarea que tienen los campeones victoriosos de la
Constitución, es una de las mas graves i arduas que
las circunstancias pueden imponer sobre ios hom
bros de hábiles i concienzudos gobernantes, i la manera
cómo se aproximen a su solución, será umversalmente

aceptada como muestra de su sinceridad i de su ha


bilidad.
Su trabajo se estiende nada menos que a restablecer

el edificio de la sociedad civil en su tierra natal. Solo


cuando ese edificio estuvo gravemente amenazado por

actos de Balmaceda se resolvieron, i con repugnancia,


al desesperado remedio de la guerra.
Tan solo la grandeza i la inminencia del peligro po
dían justificar tan terrible resolución.
Pero la guerra, en sus comienzos, no hizo si no
agravar i hacer mas intensos los males del poder del

Dictador.
La contienda, mientras duró, condujo naturalmente i
de un modo directo a una enorme multiplicación de

64 —

actos ilegales ejecutados en nombre de la lei. Fuertes


multas, confiscaciones arbitrarías, sentenciassumarias,
castigos crueles i con frecuencia ejecuciones, que no se

diferencian de matanzas, han dejado su mortal herencia


de odio en los corazones del partido hoi dominante.
Es fácil a los jefes congresistas anular los decretos
del usurpador, derogar las leyes promulgadas por la
.

lejislatura servil que fué su creatura i dejar sin efecto


sus actos. Esa labor, aunque necesaria, es la parte
menor de su tarea. Leyes, decretos i actos administra

tivos no fueron sino los instrumentos con que Balma


ceda trabajó. Fueron las herramientas que le sirvieron

para destruir el orden social en su pais i con él la

tranquilidad i la confianza de que emana la prosperi


dad pública.
Los congresistas, como lo creemos gustosos, están
resueltos a hacer revivir esa prosperidad. Hasta aquí

sus directores se han conducido con crédito i con éxito

como jefes de un gran partido. En adelante tienen que

proceder como gobernantes de una nación. Es perfec

tamente justo que se castigue a las cabezas del movi


miento que ha sumerjido a la República en las calami

dades de una guerra civil. Los que apelan al recurso


de la espada en las contiendas domésticas, incurren
deliberadamente en esa responsabilidad. Es necesario
también que se ofrezca un cierto número de ejemplos

entre esos pequeños ajentes del dictador que volunta

riamente cometieron asesinatos por su orden i que se

hicieron notables por la violencia o la rapacidad.


Pero es deber del nuevo gobierno hacerse sordo a
los gritos de venganza de sus partidarios. Debe mani
festar a sus conquistados, que son también ciudadanos
de la República, i que mientras obedezcan leal i pacífi
camente a sus nuevos gobernantes, nada tienen que
temer por su conducta pasada.

Muchos de los oficiales de Balmaceda se han esca


pado ya del castigo, refujiándose a bordo de buques
neutrales en la bahía de Valparaiso. Muchos
otros, se
gún se dice, han sido arrestados i están esperando su
!>U

juicio. Ninguno, es satisfactorio saberlo, ha sido trata


do de la manera sumaria como los partidarios exaspe

rados tratan amenudo a los opresores que han derri


bado. Tal moderación es rara, a la verdad, en las
revoluciones de Sud América i será por todos recibida
como un feliz augurio de que los congresistas intentan

gobernar con el misino espíritu que les puso las armas

en la mano, i estender a sus enemigos derrotados la

protección de las leyes que esos mismos enemigos pi

sotearon tantas veces.

La interesante declaración espedida por los congre


1.°
sistas el de Enero, documento que hoi hemos publi
cado íntegramente traducido, confirmará la impresión

jeneral que siempre ha prevalecido en este pais de que


el partido de los congresistas es el partido de la liber

tad i de la lei.
Es un documento eminentemente constitucional i si
los nuevos mandatarios de Chile dirijeu su gobierno se
gún el espíritu que él respira, la República hará ahora

una nueva i distinguida carrera entre las naciones del

porvenir. Que algunos de los mejores jueces de la


política internacional del mundo, están sinceramente

convencidos de la honradez i talento de la Junta, está

probado i de modo significativo por la grande alza en el

valor de los bonos chilenos que ha seguido a su victo

ria. El empréstito de 4| cerró ayer en la Bolsa de


Londres a 89¿, o sea un alza de 9% sobre los precios
del viernes último.
La declaración de la Junta comienza con un relato
de los varios actos de opresión i de gobierno cometi
dos por Balmaceda antes de la guerra civil. Habia
protejido oficiales que se habian degradado en las elec

ciones. Habia empleado la policia para dirijir i orga

nizar turbas. Habia violado el derecho de reunión í

repetidas veces quebrantado las promesas dadas por

sus ministros. Especialmente se habia hecho culpable

de sucesivas usurpaciones sobre los mas caros privile


gios constitucionales del parlamento. Se habia apode

rado de los dineros públicos i manejádolos por su cuenta.

9

66 —

Habia creado empleos i pagado sueldos sin autorización


del Congreso. Habia conservado un Ministerio censu
rado i al que se habia negado las contribuciones. No

habia hecho caso de ese rechazo i con violación direc


ta i flagrante de las disposiciones espresas de la Cons
titución, habia cobrado los impuestos sin el asentimiento
de la lejislatura i habia mantenido las fuerzas navales
i militares sin la sanción del Congreso.
Entre las consecuencias de esas infracciones de las
disposiciones fundamentales de la Constitución chilena,
infracciones que en su mayor parte tienen un sonido
estrañamente familiar a los oídos ingleses, se presen
taba, segúnla declaración congresista, una desastrosa
conmoción financiera que comprometía seriamente el

honor del Estado.


Todo esto se dirijia, según el juicio de los firmantes,
a una sola conclusión posible: la conclusión de que el

Presidente acariciaba un plan premeditado contra las


instituciones fundamentales de la República i trataba
de sustituir su gobierno personal a la lejítima sobera
nía del pueblo. El crimen llegaba a la alta traición i,

en nombre del pueblo, la mayoría de sus representan

tes constitucionales, declararon a Balmaceda incapaz


de desempeñar los deberes de un alto cargo i apelaron
a todos los buenos ciudadanos para ayudarlos en la ta

rea que emprendían.

En términos que es oportuno recordar en el momen


to en que los congresales están engreídos con su gran

triunfo, declararon que esa tarea consistía en «resta


blecer el réjimen constitucional, asegurar la tranquili
dad interior, atender a la común defensa i afirmar los
beneficios de la libertad i las leyes.»
Nobles objetos son esos.
El terreno para su cumplimiento ha sido despejado
por un triunfo repentino i asombroso.

Su cumplimiento, i con su cumplimiento, la prospe


ridad i la grandeza de Chile, dependen ahora de la

sabiduría i de la moderación con que los congresis

tas manejen el poder que tan valientemente han ganado;


LA GUERRA CHILENA

(De La Justice del 29 de Agosto.)

Todo lo que se puede deducir de los despachos ab


solutamente contradictorios que recibimos de Chile, es
que la lucha se prosigue ardiente, encarnizada, entre
los partidarios del antiguo Congreso i las tropas del
Dictador Balmaceda. ¿Cuál es el vencedor? Imposible
saberlo. Sabemos en la mañana que es el partido de

los congresistas, i en la noche que es el del Presidente,


depuesto porlus L¿;ie lu habian elejido.
Be sabe deque lado están nuestros votos, aunque
no tengamos para qué mezclarnos en asuntos de otros,

i aunque hayamos desaprobado el envió de los buques


encargados a la «Societé des Chantier de la Mediterrá

neo,» porque constituía una intervención indirecta de

nuestra parte. Pero el simple cuidado del derecho i de

la lei, al mismo tiempo que de las libertades mas nece


sarias, nonos permite simpatizar con los enemigos del
Congreso chileno.
Si el ex-Presidente Balmaceda, que ha dado un ver
dadero golpe de Estado, mucho mas cínico i mas mons
truoso que el de 1851 en Francia, lograse prevalecer,
seria tanto peor para los principios que representamos

i de cuya causa nos envanecemos de no desertar ja


mas. Si el gobierno usurpador que ha espulsado la re

presentación nacional, suprimiendo todas las garantías

constitucionales, derogado las leyes según su capricho,


aprisionado a los ciudadanos que le resistían, torturado
a los desgraciados que sospechaba le eran hostiles,

68 —

instituido un de sospechas mas tiránico i mas


réjimen
odioso que de aquellos a los cuales se podría
ninguno

comparar; si esta parodia siniestra de los Césares, to


mada de la historia de los [Link], de las Bombas
i de los Soulonque, sale victoriosa de la batalla, será
jentes.'

una derrota mas para el derecho de

Los elejidos de la nación chilena se han «insurrec


cionado» —
puesto que este es el término que se em
plea —
contra un poder que no era nada sin ellos, que

debia caer eldia en que le retirasen su confianza, que


no vivia sino de los i que él mismo ha llega
do a ser insurrecto por el solo hecho de su manteni
miento después de la espiración legal del mandato que

se le habia confiado. •

Han sido seguidos en su oposición i en su resisten


cia, por todo el que pide en su pais ideas de legalidad
i de libertad. Han arrastrado a la Marina, que es la
fuerza militar mas importante, i una gran parte del
ejército de tierra, del cual la Dictadura ha conservado,
sin embargo, la mayor parte.

La guerra civil ha sido furiosa, terrible. Es justo re


conocer que de ambos lados han dado prueba de un

valor que llega al heroísmo. Ha habido episodios que

recuerdan los de las grandes guerras navales i de los

mas sangrientos combates de tierra. Los enemigos se

han disputado el mar i el suelo con una valentía i una


audacia desesperadas. Considerándoselo este espectá

culo imponente i doloroso, él hace honor a los que son

bus actores i sus víctimas.

Ojalá el vencedor, cualquiera que sea, dé pruebas de


tolerancia i no manche su triunfo con vanas i crueles
represalias! Tenemos el derecho de hablar, nosotros,
que hemos sufrido mas que ningún pueblo el flajelo de

la guerra civil i que hemos visto la proscripción i las


ejecuciones sumarias
agregarse, implacables e inicuas,
a las horribles desgracias de las luchas fratricidas.

Deseamos en particular, que si al contrario de las


noticias que esparcen los oficiosos de la Dictadura, los
representantes de la lei hacen triunfar su causa, guar-

69 —

den la medida que convieneliberales sinceros, a


a
patriotas apasionados de las ideas de humanidad. La
venganza íria i salvaje, cuando el combate ha termina

do, cuando la fiebre está apaciguada, cuando vencedo


res i vencidos pueden reconciliarse en su gran familia,
la patria, es lo que hai de mas triste i de mas inútil, de
mas condenable también.
Cuando la guerra civil deja arrastrar ese harapo fú
nebre de que nos costó tanto trabajo desembarazarnos
en Francia por la
amnistía, es doblemente desastrosa,
por las víctimas que hace i por las pasiones que desen

cadena. Ha sembrado la muerte i la miseria, i continúa

manteniendo las divisiones, los odios i las cóleras.


Continúa en los corazones después de haber espirado
en la sangre, en las esquinas de las calles. Es el cri

men que se sobrevive a sí mismo, i que llega a ser una

falta, después de haber sido una monstruosidad.


Desgraciadamente, es preciso decirlo, los furores
parecen excitados hasta tal punto que es difícil prever

el apaciguamiento súbito i admitir el enfriamiento de

un dia a otro. La República chilena era, ayer aun, un

pais próspero, libre, feliz, cuya situación financiera era


objeto de envidia i cuj'a situación política parecia al

abrigo de toda sacudida profunda. I ha bastado el ca

pricho de un hombre, de rebelarse contra la voluntad

popular i la ambición de uno solo de ser el a mo de to

dos, para cambiar en un campo de batalla inundado


de sangre, el suelo fértil de la patria, i para poblar de
cadáveres las llanuras i el mar vecino.

La lección es tan dura como desconsoladora. Los


que la
reciben, la aprovecharán. Nunca serán bastante
todos sus esfuerzos, toda su unión, para borrar tanto
luto i tantas miserias. Mui cordial-mente le deseamos
no ahorrar esfuerzos para eilo i que lo consigan.

S. Pichón.
LA DERROTA DE BALMACEDA

(De L'autorité de 31 de Agosto.)

Cambio a la vista.
El jueves, todas las noticias anunciaban la derrota
i la capitulación del ejército congresista.
El viernes, del conjunto de telegramas llegados du
rante el dia i la noche, resultaba que este ejército, sin

haberse rendido, debia encontrarse en una situación


difícil.
De un golpe, a inedia noche, llega el telegrama que
hemos dado en nuestras últimas noticias, anunciando
la toma de Valparaiso por los congresistas.
El sábado, esta noticia es umversalmente confirma
da. Todos los telegramas concuerdan en señalarnos la
victoria completa de los congresistas i la destrucción

de Balmaceda. En una batalla decisiva los congresis


tas han vencido i destrozado las tropas presidenciales.
Valparaiso lia capitulado; los congresistas lo ocupan.
En cuanto a Balmaceda, ha huido hacia Santiago.
Hé aquí de qué manera la fortuna de las armas ha
cambiado tan bruscamente de un campamento a otro,

a estarnos a los telegramas aun oscuros que nos han


llegado.
Después de haber tenido al desembarcar cierto éxito,
los congresistas no habian podido ocupar las posicio
nes fortificadas de Balmaceda i se encontraban dete
nidos delante de ellas, habiéndose atrincherado por su

parte.

Por causas que ignoramos, los balmacedistas, que


atacaron por dos veces a los congresistas en sus líneas,
fueron rechazados, diezmados, perseguidos, derribados
i finalmente dispersados.
Este desenlace demuestra cuan difícil es, con los
proyectiles actuales, la ofensiva contra un enemigo
atrincherado.

Prueba también las poderosas propiedades de la


pólvora sin humo i de los fusiles de repetición que, con
ios congresistas, han hecho su estreno en el campo de
batalla.
De cualquier modo que sea, los congresistas son de
cididamente vencedores; i la guerra civil, que se pro

longaba desde hacia seis meses, ha terminado; el resto


no es mas que una cuestión de pocos dias. Santiago

capitulará como Valparaiso.

En cuanto a los acorazados chilenos a las órdenes-


de Balmaceda, seguirán evidentemente la suerte de
éste, que por lo demás, no podrían hacer otra cosa.
Debemos felicitarnos de este resultado: primero por
humanidad, pues pone término a una guerra ruinosa i
sangrienta que .se
eternizaba; enseguida por el dere
cho i la justicia. Balmaceda era un jacobino, un Robes-

piérre, que habia sustituido su dictaduia brutal i


ame-

nudo sanguinaria, a la voluntad del pais.


EL DESENLACE

(De Le Soir del 31 de Agosto.)

La guerra civil que asolaba a Chile desde hacia ocho


meses, i que ha hecho tantas víctimas en esta última
semana, ha terminado: los congresistas han entrado
ayer a Santiago, como anteayer a Valparaiso, i Balma

ceda ha huido en la noche del viernes al sábado,


después de la destrucción de las fuerzas de que dis
ponía.

Algunos de felicitan de no haber


nuestros colegas se

tomado de la lucha i de haber espe


parte en el curso

rado, para proclamar la justicia de la causa defendida


por los congresistas, que la suerte de las armas se

pronunciara en su favor. Se nos permitirá quizas feli

citarnos por haber hecho constantemente votos por la

victoria de esos pretendidos rebeldes, verdaderos re

presentantes del derecho, sobre un Dictador insurrec


cionado contra la Constitución de su pais, perjuro a sus

juramentos, abofeteando con un golpe de Estado un

pasado hasta entonces honorable.


Nos felicitamos también de haber aconsejado al Go
bierno una actitud mas conforme con la neutralidad

que aquella a la cual ha concluido por inclinarse, acti

tud cuyas consecuencias han suprimido por felicidad


los sucesos. Sí el Presidente Errázuriz, que se ha deja
do mui descortesmente salir del Havre después de mil
vacilaciones, hubiera llegado en la semana última a
Valparaiso, su intervención en la lucha suprema hu
biera hecho mas difícil, mas costosa, mas sangrienta,
la obtención del resultado que todos los amigos de Chi-
_
n -

le saludan hoi con alegría; quizas hubiese permitido a

Balmaceda mantenerse algunas semanas, algunos me

ses mas, es decir, consumar la ruina financiera i polí


tica de la mas rica i de la mejor ordenada de las repú
blicas de la América Meridional.
I es el Gobierno francés, quien habria proporcionado
al Dictador las armas mortíferas con cuya ayuda, habria

logrado aplazar aun el triunfo definitivo del derecho


constitucional i de las libertades parlamentarias.

¿En qué situación se encontraría hoi nuestro minis


tro de Negocios Estranjeros ante el nuevo gobierno
chileno, si, dejándose enredar por los. ajentes oficiales
de Mr. Balmaceda, a los cuales no les faltaba audacia,
como se sabe; si desentendiéndose de la opinión públi

ca, hubiera adoptado medidas manifiestamente parcia


les i en estremo favorables a la causa del dictador?
Hubiera comprometido de un modo quizás irremedia
ble nuestras relaciones diplomáticas con la república
chilena; hubiera dado ventaja sobre nosotros en ese
pais amigo donde viven 15,000 franceses, a los ingle

ses i alemanes, celosos de las simpatías que encuen

tran nuestros nacionales, i siempre prontos en procu

rar menguar nuestra influencia política i comercial.

Es lícito decir, que si Mr. Ribot no ha dado ese res


balón, lo debe en poco, en mucho quizás, a las adver
tencias de la prensa. Esta verdad, no le será sin duda
mui agradable, pero tiene bastante espíritu de justicia

para reconocer que ella es fundada.

10
LA REVOLUCIÓN DE CHILE

EL TRIUNFO DE LOS CONGRESISTAS

(De Le Temps del 29 de Agosto)

Al fin! La suerte de las armas en Chile se ha pro


nunciado, i se ha pronunciado en favor de los congre
sistas. En el momento mismo en que la incertidumbre

era mas grande, en que las noticias falsas, sistemática

mente esparcidas, comenzaban a encontrar algún cré

dito, un telegrama auténticollega a decirnos que los


adversarios del Presidente Balmaceda han obtenido el
triunfo.
Después de una de combates sangrientos,
semana

continuados sin después de seis meses de


descanso;
hostilidades intermitentes en tierra i en mar, la capital
del pais ha dejado de pertenecer al Presidente. Val
paraiso ha capitulado; pero lo ha hecho, no directa
mente en manos del almirante Montt o del jeneral del

Canto, sino en las de los almirantes que mandan las


escuadras que Estados Unidos, Francia e Inglaterra

mantienen en sus aguas.

Este camino indirecto de rendirse al vencedor ha si


do aparentemente escojido, por varios motivos. Se pue
den entrever tres .

En primer lugar, el deseo de no herir el amor propio


de las autoridades caídas, negociando con beiijerantes
en los cuales el Presidente no ha querido ver hasta el

75; —

fin En segundo lugar, el intento de ob


sino rebeldes.

tener por de la intervención do los almirantes


medio

estranjeros una garantía eficaz de la seguridad, de la

vida i de los bienes de la población. Al


trasmitir- a los

congresistas el depósito que se les ha entregado con

este objeto, los jefes de las cuatro escuadras, impondrán


implícitamente a los vencedores la obligación de res
petar la salvaguardia acordada por las grandes nacio

nes a la capital chilena.

En fin, es de creer que los autores de esta estipula


ción han tenido en vista igualmente la idea de forzar

en cierto modo la mano a las potencias para mezclar

las, por medio de una mediación mas o menos formal,


en las negociaciones de paz. Sea lo que fuere de este

último punto, que examinaremos ahora mismo un poco


mas cerca, de seguro que lo que acaba de pasar en

Chile es de trascendental importaucia.


No podían los estranieros colocados tan lejos del
teatro de los acontecimientos, i forzosamente reducidos
a la porcio.1 cjagraa, en materia de informes auténti

cos e imparciales, no les correspondía tomar partido

con vehemencia en una guerra civil como la que des

garraba a Chile. El prestijio mismo del pasado de este

pais, tan largo tiempo i tan honorablemente distinguido


por la regularidad de su desarrollo interno i la ausen

cia de crisis convulsivas, nos obligaba a mucha reserva.

Si era difícil creer que políticos de todos los mati


ces i de todo oríjen, .unos

sin duda en mayoría —


ve

nidos del conservantismo, otros i entre ellos algunos


de los jefes más prestijiosos salidos del liberalismo,


hubiesen levantado sin grandes móviles el estandarte


de la .resistencia

armada, no lo era menos creer que un


Presidente, hasta entonces respetuoso del derecho i la

legalidad, hubiese provocado gratuitamente, por medio


de atentados constitucionales, este terrible conflicto.
En tales condiciones, lo mas prudente era abstenerse de
todo juicio precipitado, contentarse con reproducir fiel
mente los. alegatos de las dos partes, i publicar dia a
dia la marcha de los acontecimientos militares.

76 —

Empero, a medida que se hacia luz sobre las causas


crisis, llegaba a ser
verdaderas de esta gran mas eviden

te los congresistas habian tenido el mérito de to


que
_

mar la defensa de la lei i de la Constitución. La histo

ria del conflicto parlamentario que precedió, i provocó

la esplosion de las hostilidades, presentaba alPresidente


Balmaceda animado de una especie de desden por las
formas legales, de la prerrogativa parlamenta
celoso

ria, mui dispuesto despreciar la Constitución i aun


ya a

a violarla directamente, i llegando hasta querer reducir

a nada esa «potencia de la bolsa,» ese derecho de vo

tar el presupuesto, que es a la vez la base i el corona


miento de la autoridad de las asambleas.

Importa mui poco que para justificar su actitud, el


señor Balmaceda haya invocado preocupaciones libe

rales, intenciones progresistas que una mayoría con

servadora habria paializado. En verdad, los pretestos


de esta clase jamás han faltado a los majistrados des
leales i deseosos de «salir de la legalidad para entrar
en el abuso». Es la propiedad de todos los cesarismos,

despreciar las formas constitucionales para pretender


no cuidarse sino del fondo.

Los congresistas chilenos, sobre todo aquellos que


han debido romper amistades i sacrificar aspiraciones
que les eran queridas para ocupar un puesto entre los

campeones del derecho, han merecido bien de su pais


i de la América española entera, en la misma forma en
que ellos han comprendido que el respeto a la Consti

tución debia estar antes que todo.


La lucha no ha dejado de arrastrar dolorosas conse
cuencias. Esa guerra civil parecía doblemente impía

en un pais que ha- debido mucho su prosperidad ma


teriali su superioridad moral, a la regularidad pacífica
de su desarrollo. Se ha necesitado una gran seguridad
de golpe de vista i un verdadero valor, para com
prender que combatir por el orden i la lei era ser mu

cho mas fiel a esas honrosas tradiciones de


Chile, que
dejar desgarrar en silencio i sin protestar, la lei fun
damental del pais.

77 —

Durante meses, el conflicto ha marchado sin que se


divisase el término posible. Los congresistas han com
prendido que la guerra no podia terminar por un gol

pe decisivo, mientras los dos partidos se acantonasen

a millares de kilómetros de distancia uno de otro i no

se dirijiesen sino débiles ataques. Se han decidido a


jugar el todo por el todo lanzando su espedicion sobre
Valparaiso.
Desembarcar en una bahía mal cubierta, a mas de
mil millas de la base de operaciones; marchar sobre

la capital, defendida por poderosas obras i tropas nu


merosas; colocarse entre el mar i las fuerzas del Pre
sidente; no tener apoyo i recursos sino en los seis
buques de guerra i los seis trasportes de la pequeña
escuadra; vivir sin almacenes de víveres; no tener nin
gún territorio de reclutamiento en frente de un ejército

levantado en el pais mismo, hé ahí lo que no han tre


pidado en tentar los soldados del jeneral del Canto.

Después de esfuerzos penosos, la victoria ha coronado


su empresa.

Los amigos de Chile, que habrían visto con consuelo

una solución
cualquiera, con tal que hubiera venido, sa
ludarán con mas alegría el triunfo, tan caramente com
prado, de los defensores de la Constitución i de la le
galidad. Es un buen ejemplo en la historia que una
vez se abra paso el
derecho, la lei, el orden público i
las libertades parlamentarias, i obtengan el triunfo
sobre el cesarismo o sus imitaciones.
Seguramente no todo ha terminado porque Valparai
so no esté ya en poder de Balmaceda. Quedan muchas

dificultades, talvez peligros; pero Chile sabrá salir de


ellos con honor, sobre todo si, como parece, tiene que
consultar a las potencias. cuidado de no
Estas tendrán
inmiscuirse mas de lo que conviene en estos delicados
asuntos de orden interno. Sobre todo se negarán a in
tervenir
aisladamente, a riesgo de crear complicaciones
mas graves. Pero consentirían sin duda en ponerse de

acuerdo entre sí para ejercer una especie de mediación


reparadora.
EN CHILE

(De La I'etite Republique del 29 de Agosto)

Desde hace varios dias, ya era posible darse cuenta


de la inminencia de una solución definitiva de la crisis
que desde tiempo atrás venia azotando a la República

chilena, antes de ahora tan tranquila i próspera. La


lucha entre el partido del Presidente Balmaceda i los
congresistas, habia llegado al apojeo de su violencia, i
los combatientes, tanto por su encarnizamiento cuanto
por el número de tropas que ponían en línea de com

bate, mostraban que querían concluir pronto, de cual


quier manera.

Pero las noticias tan contradictorias que recibíamos

en los últimos dias, i según las cuales, ambas partes se

atribuían sucesivamente el triunfo final, nos dejaban

en la mas absoluta indecisión acerca del resultado de


la lucha. ¿Triunfaría la legalidad gracias a los valero
sos esfuerzos de los congresistas? o seria Balmaceda

ouien lograría consolidar, con una victoria definitiva,


el poder que se ha arrogado después de un audaz gol
pe de Estado? No nos quedaba sino esperar nuevas
noticias mas ciertas, haciendo entre tanto votos por los

que el gobierno del Presidente llama insurjentes, i que

en realidad no son sino los valientes defensores del


derecho i de la libertad.
Al presente, la cuestión se encuentra ya arreglada i
los despachos que nos llegan, cuya autenticidad no es
posible poner en duda, nos hacen saber el triunfo de.

las fuerzas congresistas, su entrada a Valparaiso i la.



79 —

huida de Balmaceda, quien, abandonado de todos, se


supone haya ido a refujiarse a Buenos Aires.

Los soldados del jeneral Canto han sido recibidos


en Valparaiso en medio de las ovaciones del entusias

mo, i la ciudad entera los ha aclamado, feliz de


sentir-'

se libre, al fin, del opresor que no ha retrocedido ante

medio alguno para mantener su autoridad bambolean

te, aprisionando i torturando a sus adversarios políti


cos con la última de las crueldades, haciendo en una

palabra, reinaren torno de sí un verdadero réjimen de


terror.
Nada se dice de represalias en los despachos recibi
dos hasta este momento, i es de esperar que a la san
gre vertida en el campo de batalla, no ha de venir a

agregarse la carnicería después de la victoria.

Jamas demostraremos lo suficiente nuestra satisfac


ción, por el triunfo del partido congresista, en el cual
se habian agrupado todos los hombres eminentes del

pais, conservadores i liberales, todos los que, respetuo


sos de la Constitución, habian olvidado sus disenciones

[Link], que se habia puesto


políticas para resistir a

fuera del derecho i de la legalidad.


I estas simpatías que sentimos por los congresistas
se acrecientan aun, cuando tenemos la comprobación

de los prodijios de valor i de audacia de que han sido


capaces. El golpe de mano que ha puesto término a la

lucha, ha demostrado con qué enerjía se han decidido


a jugar su suerte en una grande i final partida. No han

vacilado en aceptar para la batalla el terreno mas fa

vorable para sus adversarios, i ha sido bajo los muros

de Valparaíso en donde el jeneral del Canto ha venido


a desafiarlos, no obstante conocer perfectamente que
un desastre habría sido para él i sus tropas la destruc
ción completa.

Al presente podemos esperar que


Chile, después de
la larga i terrible ha pasado, volverá a
crisis por que
encontrar un poco de
calma, de que tanto necesita; i
habiendo sido antes el mas apacible i el mas estable de
los Estados sud-americanos. sabrá reconquistar a los
"T

_ 80 _

ojos de la Europa la excelente reputación que desde


antiguo goza.
Sin duda quedespués de este largo de per
período

turbaciones, después de una de mas de un


guerra civil

año, el pais tendrá que sufrir algunos desórdenes.


Pero es preciso esperar que los esfuerzos de los hom
bres intelijentes i abnegados del partido congresista,
sabrán entrar prontamente en una era de prosperidad.

Jean Jacqües.
LA VICTORIA

DE LOS CONGRESISTAS

(De I.f. Sikcle del 30 de Agosto.)

La victoria de nuestros los congresistas nos


amigos

regocija como una muestra de la eterna fuerza del dere


cho. No sin motivo hemos sostenido desde el primer
dia a esos valientes dictador Balmaceda; te
contra el

níamos la profunda la
fé de justicia de su causa, la
que

enerjia desplegada por ellos, la autoridad de su acción

legal, se demostrarían i se impondrían al fin.


Él dia del triunfo ha llegado; puede ser que ahora no
sientan el envió de los buques construidos en Francia,

en ese círculo estrecho i esclusivo en que fué adoptada

esa medida, apesar de las protestas indignadas de la

gran mayoría de nuestros colegas. El diario único que

haya sostenido, mediante un artificio jurídico, la nece


sidad de la partida de esos buques; el único ministro que

haya deferido a los consejos de ese diario, habitual es


cuela de su conducta, sentirán el uno i el otro que, usan

do en favor de Balmaceda de esta excesiva licencia, han


estado a punto, algunos dias después, de variar la suerte

de la guerra, las probabilidades de la libertad i del


despotismo, i bajo pretesto de permanecer neutrales i
de practicar la mas rigorosa imparcialidad e indiferen
cia, haber intervenido con todo su poder, pues la inten
ción importa el acto mismo. ¿I cómo osarían hoi dia

afrontar la
opinión si, gracias al Presidente Errázuriz,

hubiese Balmaceda logrado vencer, i cómo soportarán


11
-
-82

la censura implacable que les espera si la llegada del


crucero restituye alguna esperanza a esa falsificación
de César? Ya hemos dicho en otra ocasión qué fuerza
singular serian los nuevos acorazados chilenos cons

truidos en Francia con toda la ciencia reciente de la


máquina i de la baléstica, si hubiera llegado a tiempo a

manos del Presidente, gracias a la solicitud fraternal

de nuestro Ministerio i al consejo de un diario irres


ponsable i cuyo depósito los acontecimientos nos ha

bían confiado debiendo permanecer bajo nuestro se


cuestro.

La prisa admirable de los congresistas ha librado a


Mr. Ribot de un gi-an peso moral, i no sabemos si feli
citarnos de ello.

Vale mas que Balmaceda lleve al destierro las fuertes


sumas de oro que ha enviado a Montevideo como esplén

didos aprestos de su gobierno; vale mas que esas car


nicerías de hombres de una misma raza, ciudadanos de

una misma patria, vale mas, decimos, que cesen por el

honor de la humanidad. Pero si el acaso hubiera pres


tado ayuda a las faltas de nuestro Ministro, esta guerra
no se hubiera estinguido, esa sangre continuaría co

rriendo
BALMACEDA

BOULANGER EXÓTICO

(De La Bataille del 31 de Agosto.)

Por mas que nos parecieran complejas i algo em

brolladas las causas de la desde hace


guerra civil que

ocho meses desgarraba a Chile; por mas que nos fuera

difícil, sobre todo, juzgar a la distancia, de qué lado se


hallaba el derecho, no es posible acojer sin compla

cencia la noticia de la derrota de Balmaceda.


Desde luego, esta derrota tiene el mérito mui apre-
ciable de concluir con un estado de cosas que amena

zaba, no solo concluir con los intereses nacionales de


Chile, sino también con los de nuestros compatriotas
establecidos en ese pais.

I sobre todo, la actitud anti-constitucional de Bal


maceda, hacia impopular su causa entre nosotros. Se
dirá que su golpe de Estado contra los representantes

electos tenia por objeto precipitar la realizaciónde al


gunas reformas urjentes, a las que impedia llegar la
mala voluntad del Congreso; nosotros sabemos por
es-

periencia propia el crédito que se debe prestar a las

declaraciones de los factores de dictaduras, todos los


cuales, sin escepcion alguna, invocan el bien público
para satisfacer frecuentemente su ambición personal.

Un Presidente de República, usurpando las atribu


ciones de los representantes del
pueblo, cualquiera que
sea el pretesto de que se
valga, se hace sospochoso a

84 —

los republicanos, i con mui justa razón. En efecto, ja


mas se sabe hasta dónde querrá llevar su empresa. Li

bertada de la vijilancia popular por la desaparición de


los representantes del pueblo, no ofrece ya garantía al
guna a la conservación de las libertades públicas. Un

amo único se convierte fácilmente en intrigante. Es el

caso de Balmaceda que se nos muestra como un Bou-

langer exótico.
LA CAÍDA DE BALMACEDA

(De Lk Petit National del 31 de Agosto.)

Como se verá por nuestra sección telegráfica, todas


las noticias emanadas del gobierno dictatorial han re
sultado falsas. Balmaceda ha sido derrotado, Valpa

raiso ha capitulado i el ejército congresista ha entrado

en esta ciudad.

Así caen esas andanadas de mentiras formadas es


forzadamente por Balmaceda; i como sucede siempre
en tales casos, los dos ejércitos enemigos cantaban vic

toria, no obstante de que uno solo tenia derecho para


hacerlo.
El que acaba de triunfar es el de la oposición, i si os
parece mejor, el de la insurrección.

Para que la oposición haya podido adquirir fuerzas


capaces, no ya para combatir, sino para vencer a las
fuerzas del gobierno, es preciso que el réjimen balma-
cedista haya sido harto impopular.

I esto es tan cierto, que las naciones han reconocido


a las fuerzas congresistas el carácter de beiijerantes.

Las potencias han guardado una neutralidad absoluta;


a tal punto les parecia lejítimo el levantamiento en ar

mas de la oposición.

Queda ahora al ejército vencedor, aprovechar de la


victoria, pero respetando los intereses neutrales.
Como se verá en otro lugar, ya se dice que han sido
los almirantes americano, ingles, francés i alemán
los encargados de mantener el orden i la seguridad en
Valparaiso.

86 -

Los intereses de los neutrales serán, pues,


salva-

guardiados.

Junto con la fecha de la caida, Balmaceda se ha cu


bierto de una eterna vergüenza. Nuestro ministro de
negocios estranjeros ha sido informado por M. de Ba-

cour, ministro de Francia en Chile, que el Dictador,


para vengar su derrota, ha hecho fusilar a sesenta jó

venes, hijos de jefes de la oposición, que mantenía como


rehenes.
Si el hecho se confirma, Balmaceda queda proscrito
de las naciones civilizadas, i el deber de las que logra
ran prenderlo queda de antemano trazado :

Colgarlo de la rama mas alta del primer árbol, sin


mas juicio ni proceso.
GOLPE DE ESTADO FRUSTRADO

(De Le Rappel del 3 de Setiembre.)

¡Bravo, Ah! si hubiésemos hecho en 1851


chilenos!

lo que ellos acabande hacer en 1891!


Tenian su Luis Bonaparte. Tenían por Presidente
de la República un individuo que aspiraba a guardarla
en su bolsillo. Balmaceda, elejido en Setiembre de

1886, habia pasado dos años sin tener el propósito, al

parecer, de pensar en apropiarse el depósito que se le

habia confiado i sin traicionar ninguna premeditación


de una acechanza. No se tuvo un principio de sospe
cha sino en 1889.

Las Cámaras le hicieron comprender que se le viji-

laba: juzgó prudente cambiar de Ministerio. Pero


pronto le volvió la audacia i rehizo su Ministerio de

combaíe, peor que el despedido.


Las Cámaras respondieron con un voto hostil.—
Vuestra hostilidad no nos importa! dijeron los Minis
tros. Si eréis que vuestro voto contra nosotros obten
drá nuestra dimisión, desengañaos. No nos preocupa
mos sino de la buena voluntad del Presidente. Es él

quien nos ha hecho Ministros; lo seremos mientras le

parezca bien. Todo lo que podemos hacer por vosotros

es, si nuestra presencia no os es evitárosla.


agradable,
No pondremos los pies en vuestras sesiones. Hasta la
vista!

Sí, pero llegó el momento en que el gobierno tuvo


necesidad para percibir los impuestos, que las Cámaras

88 —

lo votasen. No lo votaremos, dijeron ellas, sino a otro


Ministerio. No lo pagaremos, dijeron los contribuyen


tes, sino después que ellas lo hayan votado.


Balmaceda, furioso, se mantuvo firme algún tiempo.
El Parlamento i los contribuyentes se, mantuvieron fir
mes también. I durante un mes ninguna contribución

pudo ser cobrada. —

Cedo, dijo Balmaceda. Se resignó


al Ministerio Prats, i el presupuesto de 1890 fué votado.

Solo que al dia siguiente, teniendo lo que quería, Bal


maceda ponía al Ministerio Prats a la puerta i recupe

raba el Ministerio de conspiración.

¿Qué dijo el Parlamento? Tuvo una buena razón pa


ra no decir absolutamente nada: se le quitaba la pala

bra; el Presidente lo habia clausurado.


No esperimentando ninguna necesidad de volverlo a
ver, Balmaceda dejó pasar los meses sin convocarlo.
Se protestó; no les hizo caso sino para reírse. Fero el
presupuesto no estaba votado sino para un año. Quién

votaría el de 1891?

¿No era mas que esto? El mismo Balmaceda se lo

votó. Lo estableció por su propia autoridad.

Pero los contribuj^entes se negarían a pagar el


presupuesto sobre el cual las Cámaras no habian sido

siquiera consultadas? I, si se les obligaba por la fuerza,

amenazaban levantarse?

¿No era mas que esto aun? Balmaceda dobló el. suel
do del ejército.
I después, purificó la administración, colocó en todos
los puestos a personas a quienes su conciencia no mo
lestase. I enseguida, decretó el estado de sitio.
La Constitución no admitía que el estado de sitio
pudiese, ser decretado, solo podía ser declarado por las
Cámaras. Pero la arbitrariedad es como el gaion; lo
bueno nunca es demasiado. Las reuniones publicas
fueron prohibidas, los diarios suprimidos, etc.
Con esto Balmaceda estaba seguro del triunfo.
Hoi anda fujitivo. *
.*-.»

Solo ha tenido tiempo para salvarse dé Santiago;


ha escapado al justo castigo que iba a tocarle refu-

«y —

jiándose en un crucero que lo conduce a Buenos'Ai-


res.

Tal es el fin lastimoso del aventurero que creyó po


der decir: La República soi yo!

i~-

¿Por qué las cosas no han pasado en París hace

cuarenta años como acaban de pasar en Santiago1? Poi

qué la insurrección de Diciembre no ha tenido la mis

ma suerte que la insurrección de Agosto? Por qué el

Balmaceda de Francia no ha sido despedazado como


el Bonaparte de Chile? No habríamos sufrido los de

sastres de 1870; el dia en que aparecen estas líneas no

seria el aniversario de una vergonzosa capitulación; la

frontera no habría sido violada; la patria no estaría


mutilada.

I pensar que después de una lección tan terrible,


después de una esperiencia tan dolorosa de lo que pue
de hacer de un pais la dictadura, se ha encontrado
jente que quisiese comenzar de nuevo! Felizmente
las náuseas han venido a tiempo i el boulangismo ha
sido vomitado!

At'GUSTE VaCQUEEIE.

12
LA GUERRA CIVIL EN CHILE

(De L'Independance Belge de Bruselas, de 30 de Agosto.)

La buena causa parece, después de todo, triunfar en


Chile. Algunos telegramas, cuyos términos son mui
categóricos, anuncian hoi que la suerte ha concluido
por volverse en favor de las fuerzas congresistas. Han
alcanzado su objetivo: se han apoderado de Valpa

raiso, la llave de la capital, de Santiago, último ba


luarte de Balmaceda, está en su poder, fuera de que
los comandantes de las escuadras estranjeras han
tomado momentáneamente la dirección de los ne
gocios, para asegurar el mantenimiento del orden. Se
podría dudar de la exactitud de estas felices noticias

si emanasen esclusivamente del campo interesado en

esparcirlas. Pero parecen confirmadas por una comu

nicación telegráfica hecha a su gobierno por testigos

probablemente imparciales i desinteresados; por M.

Mac-Creery que es en Valparaiso el representante con


sular de los Estados Unidos, i por el cónsul de Alema

nia. Hai, pues, apariencias esta vez de que los adversa

rios de la dictadura han obtenido el triunfo definitiva

mente, suponiendo aun, que los primeros dias de combate


les hayan sido tan desfavorables como lo pretendían los
boletines de victoria de Balmaceda.
Chile pierde lo mejor de su sangre en esta terrible
guerra civil que, durante esta última semana, sobre todo,

ha puesto a los dos partidos en frente el uno del otro


en una refriega tan sangrienta. Parece que de una i

otra parte se ha desplegado en esta lucha suprema un



91 —

valor inaudito, en relación con las tradiciones de bra


vura que han asegurado en [Link], i recientemen
te aun en la guerra contra el Perú , tal alto renombre
a los chilenos en el campo de batalla.

Apesar del detestable carácter del réjimen que de


fendían, las tropas de Balmaceda parecen haber lu
chado con una valentía i un desprecio de la vida ad

mirables.

Por de los congresistas, mal armados, mal


parte

equipados, luchando auna distancia enorme de su ba

se de operacienes, en una situación estratéjica que los

condenaba al anonadamiento en caso de derrota, la

bravura de los combatientes ha llegado hasta el hei ois-


mo. Pero todo ese hermoso valor lo gastan chilenos

contra chilenos; es una sangre preciosa para la Repú

blica la que se derrama de una i otra parte. Es tiempo


de que esta carnicería tenga fin. I quedaremos mas sa
tisfechos en Europa de saber que ha terminado real
mente con el triunfo de los congresistas i la caida del

dictador que oprimía la República desde hacia tanto


tiempo.
EL TRIUNFO DE LA REVOLUCIÓN

LA VICTORIA DE VALPARAÍSO

(Del Dikítto de Roma del 30 de Agosto.)

La noticia mas importante nos llega hoi^de la bahía


de Valparaiso (Valle del Paraíso) i es noticia de victo
ria para las armas del partido
insurrecto, es decir, de
los defensores de las prerrogativas parlamentarias
contra el Dictador Balmaceda. Después de un rudo

combate con sus tropas fuera de la ciudad, los congré

gales han penetrado en ella, i la han ocupado. Después

de la capital, Santiago, el principal centro de la vida


de Chile es Valparaiso, el puerto mayor, la primera
ciudad comercial de la estensa costa de América en el

Pacífico.
Todos pueden, pues, medir la importancia del éxito
de los congresales.
Como operación mista de guerra ha sido una de las
mas arriesgadas, de las mas atrevidas i de las mejor

conducidas que recuerda la historia, i será cuidadosa

mente comentada por los estudiosos de cosas militares.

Vencedores, mediante esfuerzos enormes i difíciles,


en el norte, los insurrectos han organizado sijilosa-

mente una espedicion repentina para trasportar sus

fuerzas de tierra, como nueve mil hombres, en los bu


ques de que disponían en un punto al sur de Valpa-

paraiso, para penetrar en el interior, en el corazón de


las provincias todavia sometidas a
Balmaceda, para

93 —

separar a Santiago de Valparaiso i obligar a


ésta, blo
queada por mar i por tierra, a rendirse.
La tentativa con tan pocas fuerzas, parecería hoi to
davía una locura, pues que si Valparaiso hubiese teni
do una fuerte guarnición, los congresales desembarca
dos corrían el riesgo de ser tomados entre la plaza i el
ejército del Presidente, que habia acudido con 12 mil

hombres para dar batalla a los insurrectos. La suerte,


como otras veces, aun en esta, sonrió a los audaces, al

partido de la libertad, i en tres dias de combate el ejér

cito balmacedista fué rechazado por el de los insur

jentes, lo que provocó la rendición de Valparaiso.


Con todo, la guerra no será talvez materialmente
terminada, pudiendo todavía el Presidente, violador de
la Constitución, resistir en el interior; pero el golpe de
gracia le ha sido dado; las poblaciones se le volverán

contra él, también la causa de los insurrectos está ga

nada definitivamente.

La batalla i la toma de Valparaiso quedará eterna


mente célebre en la historia de aquella Fenicia de la

América Meridional, que se llama Chile.


La temeridad de esta campaña de los insurrectos
chilenos, la rapidez de la ejecución del desembarque i
de la marcha sobre la posición de Viña del Mar, el co
raje con que fué combatido el
ejército, superior en
número, de Balmaceda i la entrada a Valparaiso, recuer
dan a José Garibaldi de Marsala a Calatafini, a Paler-
mo, i también a Rejio de Calabria, al Volturno, a Ña
póles! Es una epopeya
chilena, digna de igualarse a
la del caudillo italiano, no sin razón llamado el héroe
de ambos mundos!
EL TRIUNFO

(De la Tribuna de Roma del 1."


de Setiembre de 1891)

Ahora eltriunfo de los congresistas en Chile es


completo. Santiago también, la florida capital de la
República, se ha rendido a los fieros adversarios de
Balmaceda, i el cesarismo que se personificaba en éste,
ha recibido el último golpe decisivo.
La rapidez con que la rendición de Santiago ha te
nido lugar después de la capitulación de Valparaiso,

indica cómo en las batallas libradas desde el 21 de


agosto al rededor del emporio comercial de la Repú

blica, los presidenciales habian sufrido realmente des


calabros irremediables i cómo, a Balmaceda, habia lle

gado a faltarle toda posibilidad de conseguir nuevos


recursos i pedir nuevos sacrificios a aquella parte del

pais sobre la cual no se estendia la acción directa del

Gobierno provisorio de Iquique.


Pero nosotros aquí no queremos rehacer, amplián-
dola e ilustrándola, las historia de los acontecimientos
épicos de estos dias, resumida ya en los telegramas
que nos han sido trasmitido i en los que hoi también
encontrarán nuestros lectores. La victoria de los con

gresistas, tan laboriosa, pero tan completa, tan san

grienta, pero también tan gloriosa, no solo merece exá

menes minuciosos i frías glosas de orden estratéjico o


político, himno
sino un ferviente i apasionado al triunfo
del buen derecho i del amor a la lei.
Los oríjenes de esta guerra civil tienen efectivamen-

ya

te en sí, por lo que respecta a los congresistas, algo de


tan elevado i grandioso que se impone a la admira
ción.

Dadas las ideas comunmente aceptadas respecto al


principio de autoridad, los congresistas no pueden, nó,

llamarse rebeldes! Pero qué rebelión tan curiosa la


suya! No se han levantado en armas para obtener una

reforma para vengar pretendidos agravios,


negada,
para ejercer una presión el Poder
cualquiera sobre

Ejecutivo que tuviese de la fuerza de una lei,


su parte

por mas odiosa, brutal i opresiva que fuese. Insurrec


ciones semejantes fueron también varias veces la últi

ma espresion de la dignidad i libertad de la vida; pero

pueden chocar contra sutiles interpretaciones de dere

cho. En nuestro caso, ninguna sutileza puede hacer

peligroso este juicio. Tenemos de frente una insurrec

ción pacientemente dilatada, vigorosamente publicada,


audazmente combinada en resguardo del pacto funda
mental de la República, para impedir que el arranque

de hoi pudiese llegar a ser la tiranía de mañana, para


hacer triunfar, aun con sacrificio de la propia vida, el
principio de que el respeto de la Constitución debe
prevalecer sobre todo.
Creemos que en la historia de las revoluciones i
guerras civiles no se halla rejistrada ninguna otra afir
mación de derecho abstracto que pueda en las líneas

jenerales compararse con esta. I para esplicarla, es


menester figurarse una raza no solo
vigorosa, sino de
superioridad moral incontestable
que, como la anglo
sajona, tenga vivo el sentimiento de la legalidad, tan
vivo que se cambie poco a poco en una segunda natu

raleza. Sin esto, derecho abstracto no se puede sobre


el

poner, i desdeñoso, a la usurpación de la


violento

arbitrariedad, i la lei no crea apóstoles ni mártires. Cron-


well es un fruto de este sentimiento. Sin
ello, Balma
ceda habría podido cambiarse en Dictador i del Canto

no se habría cubierto de gloria.

Todos los que han seguido con simpatía toda la ac


ción de los congresistas
chilenos; todos los que hacian

96 —

votos por el fin de la guerra civil que desolaba la mas


ordenada i seria de las Repúblicas americanas, augu
rando bien por el derecho, saludarán hoi con alegría la

derrota de la traición i el triunfo de los amigos de la


Constitución.
Ciertos ejemplos no son perdidos, i benditos sean

aquellos que son los héroes. La historia rejistra mu


chas derrotas del derecho. El 18 Brumario i el Dos de

Diciembre son ejemplos clásicos. Por eso es mucho mas


útil que alguna derrota de la omnipotencia i de la vio
lencia quede también anotada en la historia.
Ayer Chile, rendida Santiago, ha tenido la apoteosis
del derecho, de la lei, del orden público, de las liber
tades parlamentarías. Los amigos de la libertad, del
derecho, deben estar contentos, elevar al cielo sus him
nos i aplausos a los que han comprendido que, com

batiendo por el orden i por la lei, continuaban las no


bles tradiciones de Chile, aumentando su fuerza moral.
RESEÑA POLÍTICA

(De La Nuova Antología, Revista d3 ciencias, artes i letras de Roma


1.°
del de Setiembre).

Ha terminado fin la guerra civil en Chile con la


por

victoria completa del partido congresista. La guerra,


como se sabe, principió el 7 de Enero del presente
año.

Balmaceda, Presidente de Chile, insistiendo en in


terpretar la Constitución a su modo i en concentrar en

sus manos una especie de poder absoluto, miró con des

den a todos los adeptos del réjimen parlamentario.


Con todo, después de haber resistido cuanto pudie
ron la preponderancia del Presidente por medio de las

vías legales, trataron de levantarse i cobraron aliento

para su empresa, al ver que las mas poderosas naves

de guerra déla República se declararon de su parte.


Balmaceda, aunque temeroso, se preparó para la de
fensa i organizó lo mejor que pudo las fuerzas de tierra,
i con ellas se dispuso a atacar a los insurrectos i a so
meterlos. Audaz i violento, esparció por todas partes
el terror, imponiendo severos castigos a los parientes

de los revolucionarios i concediendo mayor licencia a


la soldadesca. Por mas que la mayor parte de las ve
ces la suerte fuera propicia a los
revolucionarios, bastó
el valor de las torpederas para echar a pique una de

las naves de la revolución, la Esmeralda (?). Sin em


bargo, los congresistas no se desanimaron i se prepa
raron a organizar un pequeño ejército para hacer fren

te alas tropas del


Presidente, ad virtiendo que en esta
13
organización fueron ayudados eficazmente por el coro
nel alemán Korner.
Embarcadas las tropas revolucionarias en las naves
de guerra, desembarcaron en Concón, a corta distancia
de Valparaiso. Balmaceda, impaciente por medirse
con ellas i casi seguro del triunfo, movilizó con rapi

dez su ejército de 12,000 o mas hombres.


Los revolucionarios solo tenían 10,000, i apenas en

tierra, pensaron, con


prudencia, en Los
atrincherarse.

dos ejércitos se encontraron frente a frente. Las tropas de


Balmaceda se arrojaron con mucho ardor al combate;
pero los revolucionarios, provistos de fusil Malinncher,

los rechazaron. Luego se lanzaron al asalto, i después


de un combate de cinco horas derrotaron a las tropas
del gobierno.
Hubo muchos muertos i heridos de una i otra parte,
pero mas de la de Balmaceda. Como sucede en todas

las derrotas, los soldados vencedores se arrojaron sobre


Valparaiso en completo desorden, difundiendo el terror
i la destrucción. (1) La ciudad se entregó a los con
gresistas, i 24 horas después Santiago ca.jó en su po
der. Balmaceda, que ocho dias antes mandaba a Euro
pa noticias de próximas victorias suyas, emprendió la

fuga, terminando la guerra; pero se engañaría mucho


quien creyese que con esto vuelva a reinar la paz en

Chile.
El gobierno del presidente Balmaceda fué sin duda
en los últimos tiempos, arbitrario, absoluto, ambicioso

i corrompido; empleó toda su autoridad en barrenar


la Constitución; mas, fué conducido a esto por las tris
tes divisiones de los partidos parlamentarios i por la
absoluta imposibilidad para sostener i ayudar a un go

bierno cualquiera.
La victoria de los congresistas, iluminada cruelmen
te con los incendios de las casas i con los robos ejecu
tados en los balmacedistas, es la victoria de la legali-

(1) Se le puede perdonar el error por el buen espíritu que anima al ar


ticulista,
dad i merece por esto la de todos los que
simpatía

aborrecen el poder absoluto, bajo forma que


cualquiera

se presente o de cualquier pretesto. de que se valga;

pero no traerá la paz a Chile si los vencedores, vol


viendo a las antiguas discusiones, no comprendieran
que la base de cualquier gobierno consiste en la esta
bilidad de los poderes que lo constituyen. Si los círcu
los vuelven a ocupar el campo, si ningún ministerio
puede reunir al rededor suyo una mayoría i gobernar

largo tiempo con ella, los círculos volverán a la lucha


i nuevos estragos conmoverán a ese pais, que debia
ser uno de los mejores constituidos de la América Me

ridional.
EL TRIUNFO

DEL CONGRESO CHILENO

(Del Berlinek Tagkblatt de Berlin, del 30 de Agosto.)

¡Al fin se decidió la contienda!


Mientras llegaban aquí los telegramas de victoria
enviados por Balmaceda, según los cuales el ejército

congresista, rodeado i oprimido por las tropas del Go


bierno, se habia rendido incondicionalmente, ante las
puertas de Valparaiso se libraba la última batalla deci

siva, que terminó con la completa victoria de los con


gresistas.

Rara vez usurpador alguno ha mentido al mundo

entero con desvergüenza mayor que el sanguinario

(bluthund) Balmaceda, cuyas manos están manchadas

con la sangre de millares de hombres.


Hasta la noche del jueves, Balmaceda tenia a su dis
posición el cable sub-marino de Valparaiso, i hasta

entonces podia comunicarnos «victorias». Ahora la

cosa ha cambiado, pues el partido congresista nos

manda telegramas de su triunfo desde la ciudad con

quistada i los cónsules europeos confirman esas noticia».


LA VICTORIA

DE LOS CONGRESISTAS

fDe Le Siecle del 30 de Agosto.)

Los diarios berlineses de ayer comentan las conse


cuencias de la victoria de los congresistas chilenos.
La Nacional Zeitung, dice que es la victoria del buen
derecho i de la legalidad sobre lo arbitrario del réjmen
concusionario seguido por Balmaceda. Ella aprove
chará a los intereses materiales de Chile.

La Gazette de Voss, compara las tentativas de Balma


ceda conducentes a disimular su desastre hasta el últi

mo instante, a la conducta del gobierno imperial du

rante la guerra de 1870.


El mismo diario hace notar este detalle: El Presi
dente Pinto celebró ayer, euKiel, la pretendida victoria
de Balmaceda.
LA GUERRA DE CHILE

(De El Globo de Madrid de 28 de Agosto.)

Los despachos que publican los periódicos estranje


rosi los que nos trasmiten los corresponsales de Lon
dres, esta ocasión son los mejor
que en
informados,
vienen llenos de noticias confusas.
Según unos, está librándose una batalla hace cuatro
dias cerca de Valparaiso entre Balmacedistas i congre
sistas; según otros, los balmacedistas han obligado a
sus enemigos a reembarcarse, después de haber casi

diezmado sus filas; algunos dicen que no hai nada de


verdad en esto i que los victoriosos son los partidarios

del Congreso; i, por último, para que la confusión sea


mayor, no falta quien asegure que no ha habido tal
batalla, i que cuanto han comunicado los hilos telegrá
ficos desde Sud América a los Estados Unidos i desde
los Estados Unidos a Europa, es completamente
falso.
Lo único que debe tenerse por cierto es que los con
gresistas han realizado un acto de audacia estraor

dinario.
Cansados de esperar en Iquique, embarcaron un
cuerpo de ejército que se hacia subir a trece mil hom

bres, en los siete u ocho buques que poseen, i con estas


fuerzas han presentado batalla en las cercanías de Val
paraiso, es decir, en el corazón de la República, i pre
cisamente donde el dictador Balmaceda tiene todos sus

medios de defensa acumulados.

Este hecho prueba que los congresistas no se hallan



108 —

desmoralizados, oomo algunos partes de procedencia

sospechosa haeian suponer, i que se consideran bastan


tes fuertes para medir sus armas con los que le dispu
tan el triunfo.
De un momento a otro tendremos noticias exactas
del teatro de la guerra i del resultado del encuentro.
Aunque las líneas telegráficas están cortadas, no tar
darán en llegar informes al Callao, desde donde podrán
trasmitirse al resto de América, i, por consiguiente, a
Europa. Por de pronto se sabe con seguridad que los
revolucionarios se han fortificado sólidamente en sus

posiciones, mui ajenos al propósito que les atribuían las


telegramas de emprender la retirada. De la batalla que
se libra, o que se librará en las proximidades de Valpa

raíso, depende esta lucha que desde hace tiempo de


sangra i empobrece a la que ha sido, hasta hace poco,

próspera i rica república chilena.

Aunque en otras ocasiones hemos hablado de las


causas que han dado oríjen a esta guerra, añadiremos

algunos nuevos hechos a los ya conocidos.

El presidente Balmaceda fué elevado por los libera


les a la diguidad que ocupa, en 188G, después de una
contienda porfiada entre los dos partidos que se suce

den en el poder. Bien porque la victoria sorprendiera


a los conservadores, bien porque la persona del Presi

dente les inspirase grandes odios, ello es lo cierto que


a poco de ser elejido comenzaron los partidos de opo

sición, aliados a una fracción de los liberales, una tre


menda campaña que logró enardecer los ánimos en

todo el pais.

Lanzáronse manifiestos de una i otra parte. En uno


se acusaba al presidente de los mas torpes delitos, en
otros se decia que las oposiciones habian hecho impo
sible, con su actitul
facciosa, el réjimen constitucional.
Balmaceda en persona se creyó en el caso de publicar

uno, donde, con una franqueza pocas vecesigualada,


se negaba a acatar las resoluciones del Congreso, di
ciendo por añadidura que el parlamento i la República
eran incompatibles. «Los parlamentos fuertes, así ha-

104 —

biaba Balmaceda, son las monarquías,


necesarios en

pero son dañosos o inútiles allí donde el jefe del Esta

do debe su elección a la voluntad directa del pueblo.»


El manifiesto cayó como una bomba en el campo de
los adversarios. Desde el instante en que vio la luz se
tuvo por hecha la declaración de guerra.
El nombramiento del señor Sanfuentes para uno de
los ministerios, promovió un verdadero escándalo. Opú-
Bose a él el Congreso, fundándose en que tal persona

estaba incapacitada para desempeñar el cargo de mi

nistro, siendo público que era la designada por Bal


maceda para sustituirle en la presidencia. No sabiendo

a qué medios recurrir, acordó al fin, por mayoría, ne

gar los tributos que se le pedían, i los cuales allí, como


en todos los paises constitucionales, no son obligatorios

sino después de haber sido discutidos i aprobados en

la Cámara.
No se arredró por eso el presidente. Valiéndose de
un testo de la Constitución que amplía por un semes

tre los presupuestos en el caso de que no sean aproba


dos, cobró las contribuciones sin importarle un ardite
el voto del parlamento, i reclutó fuerzas para disponerse

a todas las eventualidades.

La dictadura de hecho estaba proclamada. Contra


ella se ha levantado el Congreso i una parte del pais,

ocasionando la lucha sangrienta, de la cual parece el

epílogo la batalla de Valparaiso.

Los partidarios del Congreso tienen a su favor una


rejion no mui considerable de las provincias del Norte,

i los de Balmaceda todas las del Sur. Pero aquéllos


cuentan con el apoyo de los capitalistas, de las clases

mercantiles i de los propietarios de las minas de nitra

to, que constituyen la principal riqueza de la República.


El pueblo, en cuyo nombre pelean los combatientes,
no se ha manifestado con resolución por uno de los

dos bandos. Teme al vencedor i calla.


Balmaceda con su excesiva ambición i con sus gus
tos de tirano, es la causa de esta guerra devastadora
que, por fortuna, va a acabar mui en breve.
PERFIL DEL DIA

CHILE

(De El Imparcial de Madrid de 3 de Setiembre.)

Dictador i oligarcas se imperio. Dividido


disputan el

el pais endos bandos, sigue a uno i a otro. El oro de

la nación se emplea en comprar fusiles de nuevo siste


ma, pólvora sin humo, torpedos, barcos armados de
cañones hasta la cofa. La guerra civil estalla. El odio

enciende los ánimos. Hai matanzas, ríos de sangre, in

cendios, violaciones; el repertorio de la barbarie sale


de nuevo del antro de la vieja historia.
La ciencia ha llevado al pais en que esto ocurre to
dos sus prodijios: el telégrafo i el vapor, la luz eléctri
ca i la vía férrea. Visten aquellos hombres el traje
moderno. Rodéanles todas las suavidades de la vida ci
vil i culta.

Sin embargo, allí la humanidad ha retrocedido en un


solo momento, desde el año 91, a los siglos bárbaros.
Los pueblos son hordas, los bandos son tribus. Poco
falta para que a la matanza de niños i mujeres sigan
los horrores del canibalismo.
Telégrafo, vapor, ciudades cuyos edificios admiran,
leyes, usos, cultos: todo esto parece un disfraz. Bajo
la levita se adivina el tatuaje del huiliche.
Entre fragor de tanta catástrofe, apenas si se re
el

cuerda un detalle de suprema cultura: Chile era el


único pueblo del mundo en que no existia la mendi
cidad.

14

106 —

Es que la marea del odio humano sube así, a veces,


de improviso, con impetuosidades de inundación i vio
lencia de galerna hasta cubrir las cimas donde llegó
trabajosamente el espíritu buscando la perfección so
cial.

¡Retírase luego esa marea de sangre, i quedan como


recuerdo de lo pasado, lejiones de jentes enlutadas en
las ciudades, bosques de cruces en los cementerios!
LOS SUCESOS DE CHILE

(De La Época de Madrid del 1."


de Setiembre.)

Sigue el telégrafo dándonoscuenta de los sucesos

que en estos dias se han desarrollado en las orillas del


Pacífico. A la sangrienta lucha librada por los ejércitos
de Balmaceda i de los congresistas, ha seguido el in
dispensable cortejo que siempre acompaña a las gue
rras civiles, compuesto de turbulencias, saqueos i ven

ganzas. Chile que, entre los pueblos de la América del

Sur, representaba ol «'rion on medio de la turbulencia


i la prosperidad en medio de la ruina, ha sido al cabo
víctima del contajio que pesa, desde los tiempos de su

emancipación, sobre todas aquellas tierras descubiertas


i conquistadas por los Pizarros, Almagros i Valdivia.
Arruinada su industria, paralizado su comercio i es-
tinguido su crédito, mucho tiempo ha de pasar antes
que el antiguo pais de Arauco vuelva a recobrar su

tranquilidad perdida, i a curarse de las heridas que en


su seno ha causado la lucha a que acaba de poner tér

mino el valor i la fortuna del jeneral Canto.

No es nuestro ánimo entrar en disquisiciones acerca


de qué partido de los dos beiijerantes representaba el
derecho i la justicia. Los congresistas han vencido, i,
según la lei indiscutible de los hechos
consumados,
los vencedores son los que tenian la razón de su parte;
que, como dijo el primero de nuestros dramaturgos,

«... en batallas tales,


los que vencen son
leales,
los vencidos son traidores...»
■fcV.


108 —

Hayan los congresistas, como dice Le Temps,


sido
los campeones del derecho, mereciendo por su valor el
reconocimiento de la América Española, o pese sobre
ellos la responsabilidad enorme de haber desatado so

bre un pais próspero i feliz los horrores todos de la


guerra, es lo cierto que actualmente representan la le
galidad.

Mas, de los hechos últimos i eleván


prescindiendo
donos ala investigación de las causas que motivan la
ajitacion perpetua en que viven las repúblicas ameri
canas de oríjen
español, sálenos al punto al encuentro
la contradicción que existe entre el carácter de los pue
blos que habitan aquellas comarcas i la forma por ellos
elejida para su réjimen i gobierno.

Ha sido i es la raza española tan apegada a la tra


dición, que ni impulso de los tiempos modernos,
todo el

removedores como ningunos otros de las instituciones

pasadas, han podido desarraigar de nuestras costum


bres el sedimiento que en ellas ha dejado la corriente
trasformadora de los siglos. Mas no son estas costum
bres hijas del capricho, sino consecuencia natural i le-
jítima de nuestro modo de ser, que- coincide en lo esen
cial con la índole de los pueblos meridionales.

Domina en nosotros i al decir nosotros, nos refe


rimos a la raza latina en jeneral, la viveza de la fan

tasía sobre las arideces de la razón; todas nuestras


ideas toman el ropaje del símbolo. Nuestro entendi
miento apenas si percibe las ideas abstractas. En
reli-

jion necesitamos la imájen. El pueblo español no per


cibe los atributos de la divinidad si no los vé i toca

encarnados en las formas plásticas derivadas del an

tropomorfismo pagano. El culto delirante de los ara


goneses a la Vírjen del Pilar, como la veneración que

en las ciudades i aldeas españolas se tributa a las di

ferentes advocaciones de Cristo o déla Virjen, prueban


evidentemente esta necesidad que siente nuestra raza

de las representaciones materiales de. las mas abstrac

tas ideas.
Lo que sucede en relijion acontece en política. La

109 —

idea del poder necesita de la réjia pompa, del brillo del


trono i de los resplandores de la corona. Cuando filó
sofos o ideólogos han logrado en nuestra vieja Europa,

con sus predicaciones i paradojas, el triunfo de los

ideales republicanos, bien pronto han sido derrocados


éstos por tiranos, caudillos o dictadores apoyados fa
náticamente por las muchedumbres, que cedían a sus

movimientos irreflexivos a esta aspiración latente de

las razas meridionales. Pericles i Alcibíades entre los


griegos, Sila i César en Rema, Nopoleon en Francia,
debieron su elevación no solo a sus méritos, sino a las
condiciones de los pueblos de que ellos fueron caudi

llos, jefes o emperadores.


El movimiento boulaguerista en la República vecina
responde también a la misma tendencia. No son, cier

tamente, las dotes del bravo jeneral las que han sujes-

tionado a la plebe francesa; es que Francia, como Es


paña, como Italia, como todos los pueblos meridiona
les del Continente, necesitan encarnar, según mas arri
ba decimos, la idea abstracta del poder en un ser de
carne i hueso.

A esta condición de raza responde también lo que


sucede con las repúblicas americanas. Existe allí una

flagrante contradicción entre la forma republicana, de


bido sin duda a la influencia que sobre todo el Conti
nente ejercen los Estados
Unidos, i el anhelo, acaso no
razonado, de los pueblos americanos de personificar el
poder en un
dictador, con virtiendo así el réjimen re

publicano en una parodia de la monarquía. Las luchas


enconadas i sostenidas en Venezuela por Paéz i Fal-
con, i las levueltas de que fueron principales promove
dores Monagas i Guzman Blanco, i en el Perú los de
sastrosos sucesos en que intervinieron los jenerales
Balta, Pardo i el dictador Gutiérrez, así como los re
cientes desórdenes de Buenos Aires i la última guerra
de Chile, revelan cuál es la causa principal de la aji-

tacion perpetua en que viven aquellos pueblos.


No creemos que el malestar de Chile haya termina
do con el triunfo de Valparaiso, i en esto coincidimos

no —

con Le Temps. Pero mucho desconfiamos, i en esto

diferimos ya del diario francés, de que anuncie la fu


ga de Balmaceda una era de prosperidad i bienandan

zas para el Estado chileno. Esa República, del mismo

modo que todas las del sur, llevan, como suele decirse,
la serpiente en el seno. Sus desventuras nacen de no
haber encontrado aun, acaso por no haber salido del
período de jestacion, la fórmula de armonía entre su

índole, sus costumbres i sus oríjenes i su forma pro


pia de Gobierno.

Un siglo de rudas esperiencias viene demostrando


que no son los moldes republicanos los mas adecuados

para fundir en ellos las definitivas nacionalidades ame

ricanas, i menos si no tienen el contrapeso de las ideas


conservadoras en su doble carácter relijioso i político,
'

'

las cuales pueden enfrenarlo mismo a las muchedum-

bres alborotadas que a los hombres que rijen los Es


tados.
LA DERROTA DE BALMACEDA

(Editorial del New York Herald del 29 de Agosto.)

Se comunica en nuestros telegramas de Chile, que


Balmaceda i los insurjentes se han dado un apretón de
manos con la muerte en el campo de batalla, i que el

presidente dictador ha sido «cruelmente rasguñado pol

la fortuna».
Valparaiso ha caido; la batalla fué tan larga como
desesperada; pero las tropas del gobierno se vieron
obligadas a rendirse i la ciudad ha sido entregada en

manos del ejército victorioso.

Los almirantes de las flotas estranjeras, ahora an


cladas en el puerto, protejerán a las grandes casas co
merciales de un populacho desbordado i conservarán
el orden.
Este acontecimiento es de importancia primordial,
por no decir de todo punto decisivo.
que es

En pocas semanas mas, al fin, la guerra que se pre


sentaba con rostro pondrá un semblante
airado, menos

adusto i Chile podrá gozar una vez mas de los benefi


cios de la paz.

No es imposible naturalmente que Balmaceda que


_

tiene el coraje de su
tiranía, desee todavía continuar la
lucha, a despecho de haberse tronchado la flor de sus
esperanzas.
El ejemplo del jeneral Lee que fué no solo un gran

soldado, sino un grande hombre, i que declaró en se


guida de Afpomanttex, que continuar una lucha des
pués que la causa está prácticamente perdida, es un

112 — -

4fe
-s

crimen, quizás no se avenga con el temperamento o


propósito de Balmaceda.
Pero lo lójico de los acontecimientos es inexorable.
Ha jugado una partida perdida desde el principio
i no tiene otra espectativa que la del destierro.
Valparaiso es el principal puerto de la costa del Pa
cífico en Sud América. Está casi a noventa millas en

la línea recta de Santiago, la capital de la República,


i a ciento veinte por ferrocarril. Santiago es el asiento
del gobierno, pero en Valparaiso están radicadas las
aduanas.

Bajo el de vista militar, Valparaiso es, por


punto

consiguiente, la llave de la situación.


En una guerra con Inglaterra, la captura de Nueva
York seria muchísimo mas significativa que la toma de
Albany. Lo último seria un incidente i lo primero una
calamidad.

De igual manera, la caida de Valparaíso, donde se


hallan concentrados los principales intereses mercan
tiles de Chile, i que representan las relaciones comer
ciales de la República con Europa i América, es un

hecho cuya importancia sería difícil exajerar.


Es un rudo golpe del cual será imposible a Balma
ceda reponerse. Su ejército quedará desalentado des

pués de tai desastre i no querrá correr los azares de


una aventura con el mismo entusiasmo de antes.

Los insurjentes, por otra parte, redoblarán su em


puje, porque el prestijio de la victoria vale mas que un
nuevo batallón. Ademas, su número aumentará consi

derablemente con los hombres que hasta aquí habian


sido sojuzgados por la dominadora suspicacia de Bal

maceda o por el riesgo que corrían para reunirse con

las fuerzas La causa victoriosa encuentra


rebeldes.
siempre partidarios; la causa que decae se debilita

siempre por los desertores.

Se perdouará al Herald si se enorgullece de haber


podido, desde el comienzo de esta rebelión, suminis
trar noticias auténticas i esclusivas a este pais i Euro-
-
113 -

pa, cuando las dificultades para obtenerlas parecían

insuperables.
Mientras el ministro chileno en Washington i el de
partamento de Estado, no tenían [Link] nin

gún jénero, nosotros pudimos no solo anunciar los


principales acontecimientos que se desarrollaban en

Chile, sinodar detalles seguros e interesantes.


I ahora que la guerra se acerca realmente a su fin,
seria inútil que hubiera mas derramamiento de san

gre.

Los insurjentes han creido en su estrella desde el


principio, i desde el principio Balmaceda se ha empe
ñado en vano en sostener una causa bamboleante.
El dictador exitó la indignación del pueblo por actos
que éste miraba como inconstitucionales e injuriosos

para el bienestar público.

La oposición a esta política autocrática ha ido ga


nando terreno incesantemente, i ahora, al
fin, se ha so
brepuesto a ella.
Esta es la historia de la insurrección chilena referi
da en dos palabras.

15
LA REVOLUCIÓN DE CHILE

(De La Tribuna de Nueva York de 2 de Setiembre.)

Los resultados de la de Chile serán de los


revolución

mas importantes, atendiendo la posición prominente


a

que ocupa esta nación en la América española. La vic

toria de las tropas del Congreso en Valparaiso, ha sido


seguida de la rápida ocupación de la capital i el de

rrumbamiento de la dictadura es completo. El Gobier

no provisorio será establecido en Santiago, siguiéndose

a esto un período de reconstitución política.

Entre las reformas que pueden aguardarse confiada

mente, figura la de un de descentralización,


sistema

mediante el cual se evite la las elec


presión oficial en

ciones populares. Este es uno de los males caracterís

ticos de la política hispano-americana; i como ese mal


ha sido la causa inicial de los agravios del partido
congresista en Chile, es fácil presumir que se buscará

el modo de ponerle pronto remedio.

El mismo Balmaceda fué un candidato oficial soste


nido por su predecesor, i sus tentativas para imponer
la elección de un sucesor sin prestijio ni crédito, fué
la causa principal de la revolución. La reforma se
hará en el sentido de un gobierno autónomo provincial,
i en la abolición de las facultades del Ejecutivo para
nombrar mandatarios locales que sirvan para desem

peñar las funciones de ajentes electorales.

Es probable también que todo el sistema de las can


didaturas oficiales sea modificado i que los actos del
presidente de la República queden mas directamente

115 —

bajo la fiscalización del Congreso, sometiéndose a pro


cedimientos de acusación que no se hagan ilusorios

con la clausura prematura de las sesiones lejislativas.


Los resultados financieros de la revolución son los
mas deplorables. Cuando comenzó la lucha habia un
sobrante de treinta millones en las arcas fiscales. El

papel-moneda estaba depreciado, pero las rentas fis

cales mejoraban gradualmente, pues la deuda nacional


no es tan pesada que un pais tan próspero no pueda

sobrellevarla inconveniente. Balmaceda comenzó


sin

por introducir en la circulación, diez millones de pesos,

que .estabanreservados por lei, i terminó haciendo


funcionar las máquinas de imprimir billetes i lanzando
papel moneda depreciado, emisión tras emisión. Con el

objeto de pagar a sus soldados sueldos estravagantes

i para procurarse él mismo elementos de guerra i bu

ques, contrajo onerosas obligaciones, aumentó la deuda


flotante e inundó el país con papel depreciado sobre el
plan de los asignaduá.

Hai que ver si el gobierno provisorio repudiará esos


contratos i las emisiones de papel moneda forzoso. Sin

embargo, las arcas fiscales están vacias i la hacienda


pública se encuentra en el mayor desorden. Las in
dustrias del pais están paralizadas, su marina mercante
en el Pacífico ha sido casi destruida i sus progresos .

materiales, en el desarrollo de los recursos mineros en


la costa occidental, han sufrido un serio atraso. Con
todo, los chilenos son una raza atrevida i enérjica, acos
tumbrada a luchar con la naturaleza en las áridas fal
das de los Andes i en la estéril faja del desierto a ori
llas del mar, i no se dejarán fácilmente abatir por las
dificultades i durezas de la situación actual. Con la paz
vendrán la reforma política, la revisión constitucional,
las empresas industriales i la actividad comercial. Su
porvenir es seguro, porque es la raza mas vigorosa i
patriótica en la América del Sur.
CRÓNICA DE LA SEMANA

(De la Gaceta de Noticias de Rio Janeiro de 6 de Setiembre.)

La terminación de la guerra civil en Chile ha sido


la nota dominante de la semana.

Nota agradabilísima, sin duda, porque era para no

sotros, los brasileros, motivo de honda tristeza lucha esa

sangrienta entre hijos del misnío pa;s, del pais que en


la América del Sur mas se ha impuesto a nuestras sim
patías i que representa hoi dia el aliado en el cual mas

confiamos.
La guerra se decidió en favor de los partidarios de
la revolución. Partidarios de la revolución..., se-dice,
porque eran ellos, los congresales, los revoltosos; pero

nada mas brillante ni mas admirablemente patriótico

que campaña iniciada por un grupo de hombres


esa

que favor de la Constitución política de su patria, se


en

empeñaron en una lucha jigantescá, desigual, cuyos


resultados al principio parecia que debían ser fatalmen

te contrarios a ellos.

Es heroico todo cuanto ha hecho la Junta


realmente

revolucionaria de Chile; i de toda la campaña por ellos


sostenida, se desprende una lección de profunda ense
ñanza para los pueblos sud-americanos, i principal
mente para los que, entre esos pueblos, quieran trasfor-

marse en tiranuelos mas o menos ilustrados.

La causa de los congresales era innegablemente la


mas simpática para nosotros. I no se diga que solo

ahora, después de la victoria, nos postramos delante de


los vencedores.

117 —

La juventud brasilera, los jóvenes de las escuelas

superiores, el parlamento, todos nuestros conciudada

nos serian incapaces de aprovechar servilmente el mo

mento para venir a saludar ilos que a fuerza


aplaudir a

de civismo, de i de dedicación patriótica, vencie


valor

ron al dictador de Chile.

Es innegable que Balmaceda, vencedor, no tendria de


nosotros las entusiastas manifestaciones que de nues

tros pechos han brotado espontáneamente al llegar aquí


las noticas de la terminación de la guerra chilena. ..El,
con ser uno de los hombres mas ilustrados de Chile,

uno de los espíritus mas trabajados de la nación amiga,

no por eso dejó de ser el verdugo de sus hermanos; quien

fríamente decretaba la muerte, el suplicio, la devasta


ción del pueblo; i todo por satisfacer su orgullo, para

que s i personalidad quedara vencedora.

Quien así obedece únicamente a las sujestiones de


su yo, i para satisfacciónde un capricho personal sa
crifica millares de vidas, bien merece la suerte que tuvo
él, el dictador vencido.

Es cierto que ha sido un hombre fuerte; pero ¿en dón

de queda su fortaleza, su coraje i su valentía, cuando


se ve los prodijios de valor desplegados por la heroica
junta revolucionaria?
Infunden respeto i admiración los actos de ese
grupo de hombres, a todos los que con calma estu

dian las diversas peripecias de la causa por la cual com


batieron.
Los miembros del Congreso, abandonando repenti
namente familia, comodidades, intereses, se trasladaron
a bordo de los buques de la escuadra i de ahí intimaron
su ultimátum al dictador.
La guerra fué aceptada. El tenia en su favor el

puesto, las rentas públicas, el dinero, la soldadesca,


en una palabra, el poder; ellos tenian para sí, i apenas,
la fé en la causa sacratísima por la cual se inmolaban.
De ahí en adelante, ¡qué prodijios de valor, cuántos
esfuerzos heroicos, qué tenacidad, indomable en la lu-
#

-
118 -

cha, cuánta perseverancia en buscar el fin i qué direc


ción tan segura i firme!
No tenían ejército: apenas el Congreso a bordo de
los blindados; no disponían de recursos pecuniarios;
no estaban provistos de fuerza ni de medios para la

lucha; i trataron luego de iniciar la campaña apode


rándose de las salitreras, alistando correlijionarios en

el
litoral, despachando al estranjero emisarios intelijen-
tes, desenvolviendo una táctica habilísima, i tratando,
por último, de encerrar al dictador en el estrecho i li

mitado perímetro de su propia dictadura.

Ocho meses de preparativos pacientemente organiza


dos i puestos en práctica; un enorme revés, al ver vo
lar por los aires un blindado con toda su tripulación;
las dudas i desfallecimientos momentáneos inherentes a
las luchas de esta naturaleza, nada prevaleció contra
los heroicos congresales, nada consiguió entibiarles el
ánimo.
Ellos sabian que en el propio campo enemigo con

taban con adhesiones estraordinarias: el pueblo chile

no, la familia chilena, que mal encubrían las simpatías

por la causa de los revolucionarios i que caro han pa


gado las manifestaciones hechas en ese sentido.

Acorralado el dictador, sitiado en su propio dominio,


ahí palpó el resultado triunfante de la junta revolucio

naria; la ocupación definitiva del territorio, aunque a


costa i con sacrificio de millares de vidas de sus her

manos, aunque acusan al mundo un lamentable espec


táculo de guerra sangrienta —
guerra fratricida en el

último período del


siglo XIX, el siglo del progreso i de

las luces.
Pero concluyó la trajedia, i Chile está en paz i en
camino de reconstitución social.

A los americanos del sur les ha dotado la gran repú


blica del Pacífico con un código de patriotismo, de co
raje i valentía, que todos debemos leer i meditar seria

mente.

I como ha sido la escuadra chilena el elemento



na —

que mas concurrió, o que definitivamente decidió la


suerte de la lucha, un / kurra ! a la marina chilena.

I así es en todas partes, en todo el mundo civiliza

do... Los que viven sobre el mar, teniendo por consuelo


ese enorme océano, eterno cosmopolita
indiferente,
parece que se sienten mas patriotas, mas amigos de su

tierra natal, mas capaces de sacrificios por la tierra


querida en donde nacieron, cuyo idioma hablan, cuyos

perfilesadoran, i de la cual viven alejados con el de


terminado fin de guardarla i defenderla para siempre...
La fué la determinante de la victoria
marina chilena

de la de los congresales, / hurra ! por ella.


causa

¡Hurra! por la escuadra chilena. ¡Hurra! por la ma


rina de todos los
paises, i por lo tanto por la marina
brasilera, que es verdaderamente el adorable sagrario
del patriotismo de sus respectivas naciones, la estrella
rutilante que brilla siempre, aun en las mas tenebrosas
noches de la patria...
SALVE A CHILE

(Del Diario d¡í Campiñas del 2 de Setiembre)

Completa i gloriosísima ha sido proclamada por to


dos los americanos la espléndida victoria de los revo
lucionarios chilenos, defensores de la lei i de la justi
cia, contra José Manuel Balmaceda, feroz tirano que
de aquella estrecha cinta de tierra ubérrima i libre
tentó hacer el criminoso matadero en donde pudiese
sacrificar a los hijos de su misma patria.

Rechazado por el coraje de los valientes adalides de


la libertad en aquel pueblo, fulminado por las balas
terribles de los Mannlicher, acosado por la pertinacia,
estratejia i habilidad patrióticas de sus infatigables ad

versarios, i mordido por los perros enloquecedores del


remordimiento, cayó al fin en Valparaiso tras de —

atroz lucha de ocho meses, sobre una estera de cadá

veres de inconscientes que le auxiliaban ese mons —

truo singular cuyo nombre i cuya memoria han de ser

eternamente maldecidor por todos los i


pueblos cultos

por la justicia irrevocable de la historia. . . .

Rije, en Chile, pues, la Constitución patria i nó el


dedo terrible, asesino i maldito de José Manuel Balma
ceda, cuya cabeza abominable debería constituir un
trofeo de victoria, como el amuleto histórico de esos
grandes bandidos que desde Nerón comenzaron a pi

sar sobre los cadáveres de pueblos victimados.

Sí, la cabeza de Balmaceda debe permaeecer a la


vista de los gobiernos i de las naciones, para que
aquéllos sepan respetar las libertades de éstas, i éstas
-
121 -

contener a aquellos con el terrible ejemplo que escar


mienta.

Congratulámosnos, como los chilenos, por el inolvi


dable triunfo que acaban de obtener para sí i para la
América.
¡Salve!

16
LA GUERRA CHILENA

(De O Tempo de Eio Janeiro del 31 de Agosto.)

Entendemos que los telegramas recibidos en estos


últimos dias sobre los sangrientos acontecimientos de
Chile, son los últimos ecos de la guerra civil que hace
como un año asóla aquel rico i poderoso Estado ame

ricano.

Si la guerra es siempre una tremenda calamidad


que los hombres se inflijen a sí mismos, la guerra civil
multiplica sus horrores por el fratricidio, que es su
mas terrible i sangrienta manifestación. La lucha con

una nación estraña se hace a veces indispensable para

la propia conservación del pueblo que se ve arrastrado a


ella; pero la guerra civil es la destrucción de una par
te del propio cuerpo nacional, desde que lo forman in
dividuos del mismo oríjen, que constituyen, política i
étnicamente, una misma familia.
Difícil, i a veces imposible, es curar las heridas del
mutilado organismo.

La guerra chilena es una terrible desgracia pai*a es


ta parte del americano, i especialmente pa
continente

ra el Brasil, que siempre vio en Chile un amigo leal i

uu caballeresco aliado; mas, de esa


guerra, se despren
den tantas i tales lecciones de civismo i heroísmo que,
francamente, la admiramos.
Es grandioso, es nobilísimo el espectáculo de aquel
jeneroso pueblo, levantándose armado para reconquis
tar sus derechos i libertades conculcados; no soportan
do que, por el hecho de disponer de la fuerza armada,

123 _

una autoridad cualquiera pudiese la lei. Los


mas que

pueblos enervados i envilecidos despotis


soportan el

mo con las tímidas espansiones de los charlatanes i de


los intrigantes serviles; los pueblos fuertes i libres no

se doblegan jamas i consiguen al fin, con el esfuerzo


de su brazo, la libertad i los [Link] que los otros
no disfrutan nunca.
Para que la libertad sea el patrimonio de todos, es
necesario que todos también sepan conquistarla i man
tenerla sin desfallecimiento en el corazón i sin aposta-

sías cobardes.

No qnjsieron los chilenos soportar la autoridad del


Presidente Balmaceda,- que acusaban de despótica e
inconstitucional, i con una abnegación i heroísmo que
hará realzar en América la desgraciada guerra, levan
táronse en armas i después de largos meses de heroicos
sacrificios, de rudos combates i de patriótica abnegación,
vencieron a las tropas del dictador i le arrojaron del
poder de que abusaba. La libertad, como el cristianis

mo, no vence sin muchos i crueles martirios.


I talvez de aquí se deriva la máxima política de que
un pueblo tiene siempre el gobierno que merece. La po

breza, la servidumbre, el sufrimiento para los que so


portan con la resignación del africano, todo cuanto les

quieran imponer; la riqueza, la libertad, la fuerza para

los que tienen ánimo, civismo i abnegación, i que solo


rinden culto al derecho i a la autoridad que se subordi

na a la lei.

Reconquistando la libertad, el pueblo chileno ha


asentado su prosperidad i su riqueza sobre bases que

ningún despotismo podrá destruir.

La guerra civil ha infinido a Chile grandes males i


desastres; pero no quebrantó jamas su ánimo, i antes,
al contrario, exaltó su civismo, demostrando así cuali

dades tales que son una garantía cierta de que no re


trocederá. Estamos ciertos de que su amor al trabajo,
la laboriosidad i el valor de sus hijos, desarrollarán
pronto elementos morales i materiales para su nuevo i

mas digno progreso.


LA REVOLUCIÓN CHILENA

(De El Siglo de Montevideo del 2 de Setiembre.)

Demos una a la
tregua tarea de paliar las funestas
consecuencias de la crisis, i respiremos a pulmones lle
nos el aire vivificante que viene de
ultra-
cordillera.

Con paso desigual los pueblos de América prosiguen la


misma evolución social i política, i hasta para compren

der la nuestra, es necesario penetrarse un poco del mo


vimiento jeneral de lo que Avellaneda llamaba la patria

americana.

Los contrastes financieros del Rio de la Plata han


vuelto a nublar el nombre de la América del Sur, que

empezaba a perder aquel significado infamante que te


nia su traducción inglesa; pero si pérdidas momen

táneas la estrella arjentina i llegan a arrancar


eclipsan

en Europa frases como la de que los híspanos-america

nos son incapaces de gobernarse, el movimiento político

de todo el cotinente, que da en Chile su nota mas cul


minante, demuestra que los pueblos americanos,
aun

luchando con las dificultades de su oríjen i educación,


van adquiriendo la calidad política esencial de los pue

blos civilizados, una opinión pública seria i cada vez


mas preponderante, al punto de que ya ningún gobier
no puede ser tan de South América que la desatienda

por completo.

Guzman humilla durante veinte años a la


Blanco,
gloriosa del libertador i roba sus tesoros. Su
patria

dictadura no parece tener término i arraigarse en razas


bastardeadas;. pero concluye finalmente por la revoiu-

125 -

cion realizada por uno de sus mismos partidarios, obe

deciendo a inspiraciones incontrastables de la opinión.

Santos, entre después de sofocar el movi


nosotros,
ve forzado a promover una
miento revolucionario, se
conciliación política, que si fué un ardid de su parte, lo

que no está bien probado, fué también una


red en cuyos

propios hilos cayó envuelto; i después, los gobiernos

que le han sucedido, a pesar de todos los fraudes i dila

pidaciones de que hemos sido víctimas, no se han creido

habilitados para despreciar como aquel la opinión del


pais que, por medios indirectos, se hace oir en los acuer

dos de gobierno.
ab-
Juárez Celman, parecia consolidar el unicato mas
sorvente, i precisamente, después de dominar por las
armas el movimiento de julio, vióse forzado a resignar

el mando en el doctor Pellegrini, quien a su vez se pre

para a entregarlo al ciudadano mas prestijioso de la

República Arjentina. '

Los clásicos jenerales bolivianos han debido ceder

el puesto a ciudadanos civiles, que aunquecon golpes

de autoristarismo, gobiernan con las formas cultas de


la civilización.
Estaba, sin embargo, reservado a Chile, hacer la de
mostración mas plena que se conozca en este continen

te de las enerjías vitales de un pueblo contra la prepo

tencia de un gobierno lanzado en de la


la pendiente

arbitrariedad, marcando
así, ésta en
como en otras ma

nifestaciones de la vida pública, la mas alta espresion de

los progresos públicos de la América.


Se han criticado las formas un tanto aristocráticas
de esta república conservadora, su sufrajio restrinjido,
la preponderancia de sus altas clases sociales; i no hai
por qué desconocer que la situación de sus rotos puede

crearles problemas parecidos a los que han perturbado

el progreso de la Inglaterra, a la que, según es su am

bición, hasta en sus defectos se pareceria la república


del Pacífico.
Pero si del punto de vista económico i social esa

contestara del pueblo chileno, puede orijinarle dificul-



126 -

tades que no conocemos nosotros, nada prueba mejor ■

que su
ejemplo, la necesidad i la eficacia de institucio
nes algo conservadoras para asegurar la suerte de las
repúblicas.
Mientras que nuestros pueblos hasta hace poco se
han estado alternativamente entre la anarquía i el

despotismo, Chile ha ofrecido al mundo el ejemplo de


una sucesión de gobiernos regulares desde 1833; no ha
sufrido sino dos
convulsiones, la última hace treinta
años; ha mantenido su crédito como el de una nación
europea, al punto de que en esta misma conflagración .

sus títulos del 4i no han descendido sino del 97 al 80%; ■

ha fortalecido hábitos honestos en su administración,


siendo de notarse que al mismo Balmaceda no se le
acusó de grandes derroches antes de la guerra; ha dado

ejemplos solemnes, como el de que el jeneral Baquedano,


vencedor en las mas grandes batallas que se hayan
dado después de la guerra de la independencia, fuera
vencido en la lucha presidencial por un abogado ilus

tre; i acaba de iniciar en América la abolición del sis


tema de los presidentes que elijen sucesor, derrocando
por una revolución formidable a un gobierno que se

habia venido preparando mas de un año antes para


resistir la oposición del Congreso i de la nación.

Decía Napoleón que él lei a con mas gusto que una


muchacha sus novelas, los estados de la situación de su

ejército. Una sensación análoga esperimentamos cuan

do sintiendo el vivo contraste con nuestros hábitos ad


ministrativos, recorremos el presupuesto chileno i nos
encontramos con cosas como estas: dos edecanes en
todo el presupuesto, uno para el Presidente de la Re
pública i otro para el presidente del Congreso; un mozo

de pluma, por toda secretaría presidencial; seis jenera


les de brigada i seis de división, después de la campa
ña del Pacífico; los maestros de escuela llenando la
mayor parte de la lista de jubilados; solo do3 pensiones

fuertes a las viudas de los héroes, Lynch i Prat.


Entonces uno esclama: ¡la sangre latina i las razas
hispano-americanas no son incapaces del gobierno non- -
— 127 —

de la debe inspi
rado, i el ejemplo república andina

si queremos quedar rezagados antes los


rarnos, no
pueblos de nuestro mismo oríjen!

Se ha querido esplotar la cuestión social de Chile i


darle un carácter que visiblemente no tuvo a la resis
tencia de Balmaceda, empeñado solo en dejar un suce

sor, como tantos otros, i en


resistir la corriente que
lleva a la República de Chile hacia el parlamentarismo,
espresion del
que, con todos sus defectos, es la vínica
Bistema representativo.

Pero preguntemos: ¿esa preponderancia política de


los elementos conservadores, cuál es el mal que causa,
si el Gobierno chileno puede considerarse como un

modelo de administración honesta?

Las desigualdades sociales, como lo prueban el ejem


plo de Inglaterra, i especialmente de Irlanda, no se

corrijeu sino con el tiempo, por las transformaciones

industriales que modifican las condiciones económicas,


cuando ademas no haya que modificar los caracteres

sociolójicos. En este caso solo se hacia esplotacion de es

ta circunstancia para enmascarar la dictadura i perpe


tuar el sistema de la Bucesion en el poder. Dé hoi mas
ya no se podrá definir en Chile al presidente como una

vez lo hizo don Domingo Santa María: un monarca con

tiempo limitado, con poderes muchos mas estensos que

los reyes i con la facultad de designar su sucesor.


Mas aun: el gobierno tenderá a subordinarse en sus
líneas fundamentales, a la política del Congreso, que
representa al pais, en vez de suceder lo contrario, co

mo predomina donde quiera que el réjimen parlamen

tario pierde terreno, pues la supuesta división de los


poderes, con la estrictez que suponía Montesquieu, no
existe ni puede existir en ninguna parte. El gobierno es

una acción armónica, i por lo tanto no puede obedecer a

dos cabezas que cada una tire para su lado. Donde quie
ra que, como en Chile, el Congreso se ha encontrado con

la plenitud de su poder, tendrá el medio de subordinar


al jefe del Ejecutivo o le obligará a dimitir, negándole

los recursos indispensables para marchar.


- —
,128

Se ha discutido, se ha negado por Balmaceda que


las atribuciones parlamentarias lleguen a este poder
estremo de sumir a la sociedad en el caos, negándole
al gobierno la facultad de cobrar los impuestos i por lo

tanto de mantener todos los servicios públicos, a dife


rencia de don Manuel Montt, que en una división aná

loga, se contentó con decirle al Congreso: —


Está bien,
1."
suya será la responsabilidad; el de enero, abriré las
cárceles, licenciaré la fuerza pública, entregaré la so
ciedad a la anarquía que votáis.

Tremenda es esta facultad parlamentaría, pero el no


votar los impuestos no es una provocación al caos, sino

una prevención, una amenaza al gobierno para que

cambie fundamentalmente de rumbos, que emana déla


esencia misma del sistema representativo; del princi

pio cardinal de que un pueblo libre no paga sino los

impuestos que ha consentido i de que el no votar


los recursos, es el arma mas poderosa para obligar al
gobierno a obedecer las exijencias déla opinión.

El triunfo de ese principio resume toda la historia


del progreso parlamentario.
Las luchas sangrientas de Inglaterra contra los
Stuardos han tenido por fin asegurarlo, i la cabeza de
Carlos I rodó, i Carlos II terminó sus dias en el destie
rro, por haber querido, como Balmaceda, cobrar con
tribuciones no acordadas. Por veinte chelines pleiteó
Hampden a la corona; su pleito duró doce dias ante la
mas alta cámara de la Inglaterra, i al terminar, el fallo

popular de la nación que habia seguido el debate con

patriótica ansiedad, tenia decretada la ruina de la mo

narquía secular. El gran litijio quedó definitivamente

resuelto cuando la revolución de 1668 consagró en el

bilí de los derechos, la atribución esclusiva para esta


blecer impuestos de la asamblea de los representantes
'del pais.
Años después, el ilustre Fox, definía así ese estremo
derecho de los comunes: «Es incontestable que la Cons
titución da a la cámara el derecho de rehusar recursos;
es un arma que no puede emplear sino con precaución

129 —

i cuando el interés público lo exije imperiosamente.


Este derecho lo sostendré siempre... Es una lucha en
tre las prerrogativas de la corona y las prerrogativas
del pueblo.
La cámara debe emplear todos estos medios en su
poder para defender sus previlejios; es un deber que

le impone la Constitución. El medio que consiste en no

conceder las sumas pedidas es el mas poderoso de to


dos, i debe, convengo, ser el último en emplear. Si los
ministros persistiesen en su obstinación i llevasen las
cosas al estremo, seria justo usar de este medio como

un derecho que señala la distinción entre un pueblo

libre i los esclavos de una monarquía absoluta.»


Francia se incorporó mucho después al réjimen re
presentativo, pero es tan de esencia de éste la prerro
gativa de que tratamos, que en todos los cuadernos de

los representantes de 1789, se estabiecia «que ningún


impuesto pueda ser cobrado sin la autorización de la
nación»; i en la actualidad, tan celosa se muéstrala
tercer república de esta prerrogativa soberana, que el
presupuesto consagra espresamente, que es solo por un

año que acuerda la facultad de cobrar el impuesto, i


que la presentación ritual i bien anticipada del proyec

to por el ministro de finanzas, como una señal de de


ferencia al pais, es invariablemente acojida por el par
lamento con una salva de aplausos.
En su fin, en sus procedimientos i en sus tendencias,
la revolución chilena es una gran revolución de princi
pios, cuyo triunfo honra a Chile i ala América, i obliga
a los retardatarios a. seguir esas huellas luminosas para

hacer una verdad del réjimen representativo que hemos


jurado.

17

HERMOSO ESPECTÁCULO

(De La Prensa de Buenos Aires del 29 de Agosto.)

El ha seguido con simpatía el de


pueblo arjentino

sarrollode la guerra civil de Chile, i hoi contempla su


desenlace feliz con sincera emoción.
La Prensa, ha interpretado el sentimiento público
divulgando la importancia i la índole del movimiento.
Desde los primeros pasos pudo comprenderse que la
lucha se habia trabado entre el poder ensoberbecido
con sus medios i la opinión pública adherida- a sus de

rechos.

Chile sorprendió al mundo con el sacrificio de una


paz de 30 años; causas mui profundas debieron pro
ducirse cuando se interrumpió tan larga tradición.
El estallido no se presentó como se inician las con
vulsiones comunes; el Congreso se irguió delante de

un Presidente que le negaba sus homenajes constitu

cionales; luchó desde la tribuna hasta donde el debate


podia ejercer inflnencia sobre los destinos de la nación;

tocado este estremo límite, se cedió deliberadamente


a la autoridad de los hechos, trasladándose la contro

versia al terreno de las armas.

El Congreso contaba con el apoyo de la escuadra;


embarcóse a su bordo, guardando en sus cajas 20 mil
pesos por todo tesoro.
El Presidente se sintió herido profundamente, sin

duda, pues se trasformó inmediatamente en Dictador,


declarando caducado el poder
lejislativo, clausurando
-
131 —

los tribunales de justicia, cerrando los bancos, confis

cando bienes, arrasando encarcelando,


propiedades,
desterrando i azotando ciudadanos, i esparciendo el te
rror de un estremo a otro del pais.

Esos excesos furiosos que rememoran edades pros


critas por la civilización en los tiempos que corren,
impresionaron'

a la América toda; no debia contar con

el sentimiento de la República un gobierno que recu

rría a aquellos medios para sofocar la insurrección del

Congreso en mayoría, embarcado en la escuadra.


I mientras la dictadura apuraba el recurso espúreo
del tormento, la revolución se desenvolvía con tranqui
lo reposo, presidida por un gobierno provisorio admi
nistrador, reflexivo, respetuoso de los derechos del
hombre.
La revolución alistó en sus filas casi toda la totali
dad de los hombres notables de Chile, que habian ilus
trado sus nombres en largos añps de vida pública la
boriosa i ordcncida.
Parangonando los procedimientos de uno i otro cam
po, i midiendo la talla intelectual, social i política de
los hombres de ambos, respectivamente, todo espíritu
honrado quedaba en actitud de apreciar donde estaba
el Chile oficial i el Chile histórico considerado i respe

tado por su ilustración i sus hábitos de orden.


A la luz del criterio de la autoridad humana, nues
tras simpatías siguieron la del talento i del re
suerte

nombre; no hemos aprendido a menospreciar a la opi


nión, ni menos a cohonestar con los poderes despóticos.
La causa de la libertad i el repudio de la tiranía con
sus atropellos i sus tormentos
crueles, crean vínculos
que estrechan a los hombres libres i probos de la tie

rra; es hasta un crimen escusar la condenación en


América de cualquier tiranía americana que ose alzar
su frente odiosa.

No cabe en la pureza de nuestros principios demo


cráticos i liberales la tolerancia del despotismo i el

el desden de la ilustración.

Hé aquí por qué La Prensa juzgó, como lo hizo en



132 —

la guerra civil de Chile, desde que se acentuó con sus

caracteres propios: era el choque de dos civilizaciones,


i por la oscura ha quedado sepultada sóbrelos
fortuna,
suburbios de Valparaiso.
Conviene que la América observe esos aconteci
mientos con atención mui detenida; hai allí fenómenos
que toda ella puede asimilarse.

La institución republicana del Congreso se ha movi


do con un poder absorbente i con una dictadura ava
salladora, i ha vencido apoyada por la opinión pública
de la nación.
La victoria de un poder sin sin armas i sin
dinero,
ejército, como el Congreso, fuerza está en la pa
cuya

labra, en la idea, en la lei,


es un hecho trascendental
en el nuevo mundo, habituado a la preponderancia de

la fuerza bruta de los presidentes voluntariosos o de los


dictadores ensoberbecidos.
A Chile le cabe la gloria de la demostración de la
potencia de aquella
fuerza, unjida por el jenio de la de
mocracia.

Prescíndase de las imperfecciones de detalle, pecu


liares a todo acto humano; pero en el fondo, aquel he
cho es la espresion fiel de la verdad histórica: la revo

lución de Chile es todo un acontecimiento trascendental


en la América española, contemplada a la luz serena

de la filosofía política.
Los pueblos poseídos de la conciencia de sí mismos,
educados en la escuela del sacrificio, avanzan llevando

en el fondo de su ser el jérmen de su salvación.

Los desenlaces, descubriendo la debilidad popular


de la dictadura, han venido a consagrar la justicia i la
verdad de la actitud asumida por La Prensa.

Apuntaremos algunas consideraciones útiles, que


alguna enseñanza pueden dejar.

Creemos que la revolución no ha de causar lesiones


en el crédito de Chile, no obstante la aversión que la

Europa siente por las insurrecciones sud-americanas.


La magnitud de los sucesos i el aliento que se les
imprimió, levantan el movimiento a una altura en que

11

133 —

la opinión del mundo tributa respeto a los sacudimien

tos de un pueblo.

Lejos de desprestijiar una lucha de esa índole, suele


demostrar la potencia i el carácter de los paises capa
ces de afrontarla i conducirla hasta su término.
Agregúese a eso la conducta del gobierno de Iquique,
que no ha dado lugar a reproches; difundió por todo el

orbe civilizado ajentes espertos i diestros en los nego

cios públicos, quienes hicieron la propaganda de su

causa, esplicando sus fundamentos.


En Estados Unidos, en toda Europa, en las naciones

sud-americanas, en Buenos Aires, en todas partes se

sentía activísima la prédica revolucionaria.

Los hemos visto persiguiendo en Francia, Inglaterra,


España, Italia, Portugal, Alemania, etc., a los cruceros
adquiridospor el gobierno, impidiendo quefueran arma
dos en guerra. En parte alguna se ha movido un inte
rés revolucionario, en donde los ajentes de Iquique no

hayan aparecido con infatigable tesón, estableciendo

corrientes de simpatías i amistosas ramificaciones. To


dos somos testigos de la actividad i
altura de los caba

lleros que aquí cumplieron con esa misma misión.


Esos diplomáticos sin credenciales reconocidas, ha
cían por todas las bocas de la fama la propaganda de

la justicia de su causa, poniendo todo su empeño en


convencer a la opinión estraña, de que Chile i Balma

ceda eran entidades radicalmente diferentes, que Bal

maceda no representaba ni gobernaba al pueblo de

Chile, i por lo tanto, que no podia inferirle daño en el


concepto del mundo esterior.

Así prestijiaron i engrandecieron su pleito i ponían


a su pais al abrigo del descrédito; su victoria de hoi no

hace sino realizar, por consiguente, un voto de la opi


nión eux-opea i americana. Es un servicio de inaprecia

ble importancia que han hecho a su patria.


El último empuje, precursor del triunfo, viene a se
llar la prédica, ostentando una enerjíaqne se impone y
arranca aplausos, completada por un pronunciamiento

de ha la de-
opinión tan intenso, como abrumadora sido

134 —

bilidad del dictador, cuyo poder ostentoso i airado se


desvanece en el primer encuentro.
La campaña ha sido levantada, varonil i arrogante,
atributos a que todos los pueblos del orbe rinden el ho
menaje a sus consideraciones.

Quisiéramos ser intérpretes de la verdad, al decir que


el pueblo de Chile, asistido por sus personalidades in
signes, ha sostenido una guerra larga i sangrienta, sin
lastimar su crédito, recojiendo como recompensa la sal
vación i el afianzamiento de su constitución i sus liber

tades políticas.
TRIUNFO DEFINITIVO

DE LA REVOLUCIÓN

(De La Nación de Buenos Aires del 29 de agosto.)

El drama sangriento del Pacífico queda terminado,


con muchos menos estragos de lo que ha podido te
merse.

La causa de la revolución ha triunfado por sus caba


les, merced al tesón, a la actividad, a la perseverancia
tranquila de sus hombres; merced al plan estudiado, al

método hábilmente desenvuelto, a la confianza inalte


rable en sí misma; merced, sobre todo, a su radicación

en el sentimiento popular, como lafinal parece


escena

demostrarlo indudablemente.
La acción preparada por el jénio de Errázuriz, por
la pericia de del Canto, por los esfuerzos de los ajentes
en diez o doce capitales, i secundada por la enerjía de

los actores directos en las operaciones de guerra, no


prometía, en efecto, una terminación tan rápida i defi
nitiva, sin el concurso del espíritu revolucionario di
fundido en la masa popular i latente en las tropas mis
mas con que Balmaceda contaba para triunfar.

En el momento supremo, cuando era menester asu


mir la actitud unida i resuelta que forma el nervio de

los ejércitos i los conduce a la victoria, el soplo revo


lucionario ha bastado para abatir las banderas gobier
nistas. Valparaiso se ha entregado i la revolución se

ha encontrado sin mas trámite, convertida en gobierno


de hecho i de derecho, por la fuerza de las armas i pol
la voluntad del pais.

136 -

En las contiendas civiles que dividen a pueblos her


manos, no pueden los estraños, sino en nombre de
principios inconcusos, incurrir en desbordes entusias

tas de sentimiento, para aplaudir o denigrar a vencidos

o vencedores.

Pueden, sí, bendecir una i mil veces la victoria que


pone tregua al furor de los hombres i da descanso a
las máquinas de muerte.
I pueden asociarse a ella cuando, como en la pre
sente contienda, la victoria sirve de fundamento a un

gobierno cuyos hombres son como tales dignos de con

sideración en todas partes, mas d,ignos aun después de

la prueba terrible que han pasado, i promesa cierta de


que, colocados al frente de los destinos de la patria, sa
brán dirijirlos con rectitud i acierto, respetando el de
recho de todos i por todos respetados, fieles a los prin

cipios i a las leyes.

Estos son nuestros votos, como órganos de la opi


nión arjentina.

Los hacemos también por que Chile, restañada la


sangre jenerosa i curadas las valientes heridas, em

prenda de nuevo, con redoblado su derrotero


vigor,
hacia el
progreso, bajo los auspicios de la sabiduría de

sus patriarcas i con los alientos viriles de sus jóvenes

jeneraciones.
LA PRIMERA FIGURA MILITAR

DE LA REVOLUCIÓN

(De la Nación de Buenos Aires del 29 de Agosto.)

La figura que se destaca, arriba de todas, en el con


flicto que toca a su término del otro lado de los Andes,
es la de Estanislao del Canto, el bizarro militar que

ha llevado de triunfo en triunfo a la causa revolucio


naria, desde las calicheras i el desierto, hasta el cuartel
jeneral del poder balmacedista.
Tiene en el dia el título de coronel, con que empezó
la campaña; pero la fama lo aclama jeneral de los mas
,i

distingidos. Su última hazaña, el desembarco i las


acciones subsiguientes, por la valentia i la habilidad

desplegadas, no es gloria suya solamente i de los que


lo han secundado eficazmente, sino del arte militar
americano, sobre el cual se refleja alto honor.

El coronel del Canto no tiene todavía cuarenta años


de edad.
Hizo los estudios en la Escuela militar de Santiago,
saliendo de ella con el grado de subteniente del arma

de infantería i entrando a formar parte del batallón 7.°


de infantería de línea, en el cual ascendió hasta el
grado de capitán, dedicado a la obra de la pacificación

de Arauco.
En la guerra del Pacífico hizo la primera campaña
como sarjento mayor del batallón cívico de artillería

naval de Valparaiso, en cuyas filas contribuyó eficaz

mente al éxito de las operaciones llevadas a cabo du

rante aquella época.


IS

138 —

2.°
En Enero de 1880, pasó al batallón de línea como
segundo
jefe, tomando parte en este puesto en la acción
i toma de la cuesta de los Anjeles, en la provincia de
Moquegua.
En seguida pasó a ocupar el primer puesto como te
niente coronel del mismo rejimiento, combatiendo he
roicamente en la batalla de Tacna el 26 de Mayo, donde
perdió casi la mitad de su rejimiento.

Debido al brillo de esta acción se le concedió el


grado de coronel, con cuyo grado tomó parte en las

batallas de Chorrillos i Miraflores, acreditando nueva


mente su valor i su pericia, mereciendo por aquellas

victorias la efectividad de su grado.

Cuando terminó la guerra del Pacífico, el coronel


Canto hizo varías espediciones al interior, en una de
las cuales quedó perdido en una quebrada dentro del
territorio enemigo, hasta que salieron fuerzas en su
auxilio.
Tomó después el mando del 2.° de infantería; mas
tarde fué nombrado sub-director de la escuela militar
i luego jefe de policía de Santiago.
Antes del 1.° de Enero, cuando empezó a diseñarse
la oposición a Balmaceda, el coronel Canto fué deste
rrado por éste a Tacna, donde se incorporó a la revo

lución.
Su carrera desde los combates que precedie
militar

ron a la batalla de Pozo Almonte, el primer


sangrienta
gran triunfo de la revolución, hasta las victorias fina

les de Valparaiso i sus alrededores, ha sido reseñada


paso a paso en las columnas de este
diario, faltando
únicamente los detalles de dichas jornadas, que no tar
darán en llegarnos i que habrán de ser necesariamente
a mas no poder interesantes.
PAPEL DE LA MARINA

(De La Nación de Buenos Aires del 29 de Agosto)

La campaña marítima i terrestre que acaba de tener


lugar en Chile, ofrece no pocas enseñanzas i por mas
de un concepto llamará la atención de las naciones eu
ropeas, i será objeto de estudio i discusión entre los
hombres competentes de los paises que siguen de cerca
los resultados i Ló aplicaciones de los últimos inventos
que la ciencia de la guerra ha puesto en manos de los

hombres para que se destruyan con la mayor rapidez


posible.

Ya con motivo del hundimiento del Blanco Encalada,


se discutió sobre el papel de las torpederas i de los
pequeños buques de combate de mucho andar, i sobre
la mayor o menor posibilidad de evitar i rechazar sus
ataques.

A pesar del éxito obtenido por las torpederas se con


cluyó por desconocer el papel preponderante que algu
nos querían atribuirles i por afirmar que los buques de

combate, de botes lanza-torpedos i de nume


provistos

rosos cañones de tiro rápido, pueden, si ejercen la de


bida vijilancia, evitar i rechazar fácilmente los ataques
de las torpederas, inutilizándolas.
Los combates terrestres, como ya nos lo anunciaba
ayer por telégrafo nuestro corresponsal en Lónbres,
darán lugar a que se los efectos del nuevo
estudien

armamento, de los fusiles Mauser i Mannlicher, tanto


en su poder destructor como en la naturaleza de las

heridas que pueden causar en el cuerpo humano; i qui-



140 —

zas del de las investigaciones que se hagan,


resultado
se deduzcan algunas modificaciones en los fusiles adop
tados por algunos paises, o a lo menos en las municio
nes, i se resuelva si el Mannlicher es el tipo ideal de
los fusiles de último modelo o si existe algún otro- que
lo aventaje por algún concepto.
Pero el hecho que mas se impondrá a la atención de
la jente de armas i que dará lugar a mayor número de
discusiones, es el papel que las escuadras están llama
das a desempeñar en caso de guerra en los. paises que
tienen estensas costas marítimas.

En Chile, el papel de la escuadra ha sido preponde

rante i ha hecho posible el desenlace que acaba de co


municar el telégrafo. Es evidente que si Balmaceda
hubiese tenido a su disposición un número de buques
suficiente para salir al ataque de los que estaban en
poder de las fuerzas del éstas habrían po
Congreso, ni

dido estacionarse tranquilamente en los puertos del


norte, ni organizarse, ni procurarse los elementos béli
cos i las provisiones que fueron a buscar a los Estados

Unidos i al estrecho de Magallanes, ni por último, efec


tuar el desembarco en Quintero i hacer cooperar la
misma escuadra a las operaciones de
tierra, en la segu
ridad de que no podia ser molestada.

De esto se desprende fácilmente, que una nación de


estensas costas
marítimas, que no tenga una escuadra

bastante poderosa para defenderlas, no podrá desguar


necerlas, so pena de esponer sus poblaciones a los ata
ques del enemigo i a la invasión i ocupación por algu
na de sus fuerzas.

Si en 1870 la Francia logró con su escuadra


no
grandes resultados, déla inmensa superioridad
a pesar
de su marina de guerra sobre la alemana, es porque
sus desastres terrestres fueron tales i tan rápidos que

la obligaron a mandar a la defensa de Paris hasta las


tripulaciones de sus buques. Pero en el apresuramiento
con que viene aumentando i robusteciendo su flota la

Italia, demuestra haber comprendido los peligros a que



141 -

puede verse espuesta el dia en que se vea obligada a

concentrar en el norte todas sus fuerzas terrestres.

Agregúese, por último, a todo esto, que la cuestión

chilena habrá sentado precedentes sobre relacionesin


ternacionales con motivo delde las fuerzas de
paso

Cámus i de Stephan por nuestro territorio i del arma


mento de los cruceros. En Europa ya habia reglas es

tablecidas i opiniones hechas sobre estas cuestiones,


como lo ha probado la uniformidad de conducta que han

observado los gobiernos de todos los paises ante los

cruceros; pero entre nosotros no sucedia lo mismo, i


cabe esperar que se aprovecharán las lecciones que nos

han dado los hechos i la ssperiencia de otros paises.


CON MOTIVO

DE LA CAÍDA DE BALMACEDA

(De La Tribuna de Buenos Aires del 29 de agosto.)

El triunfo completo alcanzado por la revolución chi


lena es un acontecimiento estraordinario digno de preo
cupar al mundo. Se concibe la impresión profunda que

ha debido causar en nuestra sociedad, que seguía tan


de cerca el desarrollo de los sucesos, participando de
las emociones de los mismos combatientes i actores en
el sangriento drama.
Pocas veces, en nuestros tiempos, triunfan las revo
luciones contra el poder público. Jeneralmente resul
tan dominadas o sofocadas al nacer, aun contando con
elementos poderosos i con el favor de la opinión. Son

conocidas las causas que determinan ese resultado.

El gobierno es cada vez mas fuerte en las naciones


modernas. Tiene de su parte el poder moral de la lei,

los recursos cuantiosos de la administración, la organi


zación militar i económica, la representación esterna,

los medios de remontar sus fuerzas i de reparar sus


faltas.
La revolución necesita prepararse en la oscuridad;
marcha, esa jestacion, sijilosa i difícilmente; se compo
ne de elementos improvisados, del terreno, de las opor

tunidades; necesita contar, sobre todo, con el entusias

mo i con la heroicidad, i está espuesta a perderlo todo


en el primer choque.

La revolución de Chile es una escepcion. Empezan-


— H4 —

do por apoderarse de la escuadra i por tener el domi


nio de las marítimas, ha
costas podido dominar una

parte del territorio i emprender en él la organización

militar a que mas tarde debería la victoria definitiva


de sus armas.

Debemos admirar la serenidad, el talento i el valor


que se ha desplegado en esa organización i en las cam

pañas emprendidas luego con una conciencia i una se

guridad que no ha retrocedido ante los mas grandes

sacrificios, ante la resistencia mas vigorosa i que ha


marchado siempre adelante pasando sobre millares de

combatientes caídos en la tremenda lid.

La victoria ha correspondido al arte militar, al valor,


a la organización i disciplina i a la superioridad de las

armas empleadas por primera vez en las batallas que

libró la revolución, aprovechando los últimos perfec


cionamientos introducidos con las máquinas de guerra.

No hai principios superiores a la existencia de los


pueblos.

Por ha caído el gobierno de Bal


olvidar esa verdad

maceda después de una lucha jigantesca que nada ha


salvado. Habia dicho: «Estoi obligado por los aconte

cimientos a marchar resueltamente hasta el fin... Na

die tiene el derecho de exijirme el sacrificio de mis


prerrogativas como jefe del Estado en Chile. No abati

ré mis atribuciones. No haré el papel de víctima. Soi

chileno.»

Víctima ha sido, de todos modos, de su arrogancia.


Víctima ha sido la República de una guerra desastrosa
que pudo evitarse

/
ESPLÉNDIDO TRIUNFO

DE LA REVOLUCIÓN CHILENA

(De El Heraldo de Buenos Aires del 30 de Agosto)

Con el corazón alborozado por el triunfo de la noble


causa de la revolución chilena, nos apresuramos a lle
var a conocimiento de nuestros lectores tan fausta
nueva.

El triunfo de la revolución chilena es el triunfo de


las libertades sobre el poder de los déspotas. '

Es la chispa eléctrica que ha de despertar del letar


go en que yace el espíritu de las democracias en el

continente americano.
Es una prueba fehaciente de que los pueblos saben

triunfar sobre sus opresores.

La actitud de los congresales chilenos no puede ser


mas digna de ser imitada.
Han demostrado acabadamente ante la faz de pro
pios i estraños, que han sabido corresponder a las as

piraciones del pueblo que les dio representación.

¡Loor eterno a ellos!

Gran entusiasmo reinó anoche en la ciudad. A las


doce las bombas anunciaban un boleiin conteniendo
telegramas que daban cuenta de que los revoluciona
rios chilenos habian triunfado completamente, siendo

recibidos con grande entusiasmo en Valparaiso i San

tiago donde constituyóse ya un nuevo gobierno.



145 —

Inmediatamente circuló la noticia en la población

pintándose el júbilo en todos los semblantes. Buenos


Aires presentaba un aspecto estraordinario.

Alem, que se encontraba en El Progreso, dirijióse en

seguida al Hotel Frascatti, donde se alojan los chile

nos, siendo recibido con grandes aplausos.

El representante del gobierno revolucionario, 1).


Adolfo Guerrero, diciendo: que aquel abrazo,
abrazólo

era abrazo que daba Chile a su hermana la República

Arjentina, en la persona del primer hombre, del gran


demócrata de la América del Sur.
Inmediatamente unas cincuenta personas, la mayo
ría de emigrados chilenos, acompañaron a Alem hasta

la Rotisserie Mercer, donde improvisaron un banquete,


pronunciándose discursos entusiastas de fraternidad

americana i alusivos a los actos guerreros.

José U. Cabezón, Alem, Lainarque, Bianchi Tupper,


Manuel Cabezón, Valdés Vergara, Pinto, Ferreira,
Cortes, Dávila i otros, daban entusiastas vivas a la
República, Arjentina i Chile. Bianchi dijo que la causa
de la revolución de Chile es la misma que sostienen
aquí los cívicos, i que el triunfo habia de conseguirse

también.
Leyéronse también nuevos telegramas confirmando

eltriunfo de los revolucionarios, terminando la agra


dable reunión a las tres de la mañana entre entusias
tas vivas.

Al despedirse Alem, todos saludáronlo como el ver


dadero representante arj entino.
Ademas de los emigrados chilenos, asistieron a la
reunión los siguientes arjentincs: Leandro Alem, Emi

lio Lamarca, Juan Posse, Teófilo Saá, Anjel Ferreira


Cortes, JoséM. Lencina, Guillermo Leguisamon, Clau
dio R. Pozuelo, Manuel Cabezón, Adolfo Dávila, Soto,
Vidal i otros muchos.
Gran entusiasmo ha despertado el triunfo chileno;
pareciera que hubiésemos triunfado nosotros mismos.

Alem i otros prohombres han sido invitados para un

19

146 —

lunch que se celebrará esta tarde en la nueva legación


/
chilena.

^
La juventud principista propónese hacer un acto de
simpatía a los emigrados chilenos, quienes están mui

agradecidos a las deferencias de que han sido objeto.

Los emigrados regresan en seguida para su patria.


Hablando con ellos sobre cuestiones de Chile, dije
ron: los pueblos no son responsables de las torpezas

de los gobiernos, i por eso nosotros daremos al pueblo


arjentiño cuantas satisfacciones desee, pues a él esta
mos mui agradecidos.
Ya las cancillerías no tendrán que hacer, pues he
mos hermanados nuestros ideales en la desgracia, i de
hoi en adelante será un solo pueblo con dos banderas.
El entusiasmo de la ciudad es inmenso i de todas
partes se reciben felicitaciones.
¡ADELANTE!

GUZMAN, BLANCO, SANTOS, BALMACEDA I

(Del Süd América de Buenos Aires del 30 de Agosto.)

Falta todavia uno; la libertad americana no debe ni


puede detenerse.
A pesar de todas las dificultades que se crucen a su
paso; a pesar de tudos los obstáculos que le impidan
llegar a su destino, Sud América será lo' que tiene que
ser; no un enorme jirón de tierra repartida entre unos
cuantos tiranuelos; no el escenario donde se debatan,

en luchas estériles i sangrientas, pueblos sin criterio i


sin sentido práctico, i hermoso teatro
sino el amplio

donde se desenvuelvan las nobles tendencias hacia la


libertad, donde se impongan las grandes ideas de la
democracia i donde se realicen los gloriosos ideales de
las sociedades modernas.
Los pueblos sud-americanos han sido hasta ahora
niños, i han sufrido las consecuencias de su natural
inesperiencia. Con paso incierto i difícil, tropezando a
cada instante, han recorrido un camino cubierto de

sangre casi siempre, que les ha conducido muchas


veces a la abyección o al despotismo.

Pero poco a poco la evolución progresiva se ha ido


produciendo, i ya empiezan a marchar con paso firme
por una senda segura, llevando en la conciencia la no

ción clara de sus responsabilidades i


deberes, í la vi
sión serena de sus grandes destinos.

148 —

Tres pueblos, unos tras otro, han sacudido el yugo,


la'
ofreciendo a faz de este continente un ejemplo glo
rioso, digno de ser imitado.

¡Adelante!
No hai que detenerse en ese camino rejenerador.
Para honra del pueblo americano han desaparecido
de la nómina de sus gobernantes tres déspotas peque
ños que ultrajaron su libertad i mancharon su decoro.
Hai que aprovechar el estímulo que ofrece el noble
esfuerzo de esos pueblos hermanos.
Es necesario aplastara los tiranuelos, como se aplas
ta a las víboras, donde quiera que pretendan levantar

la cabeza.

Es desaparezcan para siempre las influen


preciso que
cias perniciosas de esos personajes funestos que no se
contentan con esterilizar los sacrificios de los pueblos,

dedicándose con infame perseverancia a la supresión


de los derechos i de las libertades públicas, sino que
amasan a costa de la honra i del bienestar nacional,

colosales fortunas para pagarse el precio de sus pro


pios delitos.

Solo obteniendo aquel resultado se habrá cortado de


raíz un mal profundo que neutraliza la enorme vitali

dad de las repúblicas sud-americanas.


Solo así habrán desaparecido por completo los peli
gros que oscurecen i llenan de incertidumbre el porve
nir de estos pueblos.
I no hai que engañarse.
Los déspotas i tiranuelos no siempre lo parecen.
A veces esos individuos siniestros se ocultan con
habilidad a las miradas de los pueblos.
Pero a poco que se
examine, su silueta amenazadora
se percibe claramente aun al travez de evoluciones po
líticas que se dicen inspiradas por el mas puro patrio
tismo.
¡Cuidado con el engaño!
Astutos como el zorro, a veces se agazapan i se es
conden acechando el momento oportuno para caer so
bre la presa.

149 —

I cuando perciben los rumores imponentes de la ma

rea popular, que amenaza tragárselos, tienen buen


cuidado de abandonar el campo, asegurando con tono
de arrepentimiento que solo ansian silencio i olvido.

Es preciso no dejarse engañar por las apariencias.


Los pecadores empedernidos no se arrepienten. Sus
lágrimas i sus suspiros son cabalas mui conocidas que
ponen en juego para despistar a sus víctimas i asegu

rar mejor el golpe mediato.

Con esos personajes de antecedentes siniestros no

hai consideración posible.

¡Desgraciados los pueblos que se compadecen de sus

verdugos!

Su destino será la esclavitud.


Entre nosotros, felizmente, no ha de suceder esto.
Tenemos un ejemplo reciente i provechoso.
Venezuela desterró a Guzman Blanco, déspota en
vilecido i pequeño, cuando éste acababa de arrastrar

entre el brillo de las cortes europeas un lujo deslum

brante robado a la debilidad i acaso a la inconciencia


de aquel pueblo.
La República Oriental preparó en el Quebracho el
destierro de Santos, el tirano bárbaro i ladrón, que fué
a morir en territorio
estranjero, escuchando las maldi
ciones de sus conciudadanos.

I Chile acaba de anunciar al mundo, con la voz for


midable de sus cañones, que el dictador Balmaceda

ha sido arrojado del puesto que deshonraba por la vo


luntad soberana de una nación libre.
Así proceden los pueblos americanos en nombre de
la libertad i del deiecho.
La República Arjentina no debe quedar rezagada.
USURPADOR

(De El Radical de Caracas del 1 1 de Setiembre.)

Creyó Balmaceda que Chile estaba maduro para el


despotismo; que le seria fácil establecer las prácticas
de la autocracia con su sistema, inicuo, enmascarándo

se con el antifaz del liberalismo i echándose, para cu


brir la lepra de esa podredumbre de su inhumana con
dición, el ropaje de los principios, como un manto
sagrado. Iba a imitar el papel de los demás conculca-

dores de esta desgraciada América con la representa


ción de la comedia indigna convertida siempre en tra-

jedia horrible. Tomaba como punto de partida para


realizar el plan usurpador, el éxito obtenido por los

rejeneradores, én esa serie dilatada de los despotismos

que de un estremo a otro del Continente se han con

sumado; i quizas su ;deal fuera del período odioso i de


los 20 años de Venezuela.
Se diria: ¿por qué no obrar al igual de aquellos,
cuando ello ha producido dinero i es una embriaguez

la posesión del poder?


Semejantes todos los déspotas, tienen estos Presi
dentes de Repúblicas como regla de conducta, nó el
formulario de las cortes anárquicas, sino el sustitutivo,
que es la urdiembre mas escandalosa, en la que entran,

el engaño con nombre de lealtal i de franqueza; el pe

culado con viso de regularidad; la intriga con la


'

más-

cara de lo justo i legal; la insidia con forma de lei; i

luego con pequeneces mil i artimañas de todo jénero


que se combinan cuidadosamente, elaboran, batiendo

151 —

marcha a la diosa libertad, la mas negra perfidia, que


'
en resumen es el sistema.

Llámanse así esclavos de la lei i son sus destructo


res, bien que la cumplen en ocasiones
en aqnella parte

que no hiere sus intereses o que puede servir mejor a

la mascarada. Llámanse así liberales, siendo en puri


dad de verdad, conservadores. Llámanse los servidores
i leales defensores del pueblo, cuando no constituyen
sino una odiosa oligarquía, que la llevan hasta el mas

vergonzoso nepotismo.

I en el dia anterior a aquel en que han de consumar


alguna iniquidad, anarquizan, echan sobre los que pro
testan en nombre de una injusticia que no quieren re

conocer, i que pretenden anular, todo el vocabulario

soez, bien
que les viene, pagando una prensa
a ellos

apropiada a la detractacion, i a esa la llaman liberal; i


rompiendo con todos los vínculos sociales i políticos,

convierten en una feria el Estado.

«Eso, eso es lo que yo quiero para coronar mi vida


política, se diría Balmaceda. ¿Por qué segur la escue
la de todos los presidentes que ha tenido mi patria?»
¡I dementado fué a copiar a Guzman Blanco, comen

zando por Tiberio o Melgarejo o por Barrios o Diocle-

siano!

Iba a engañar la falsificación de la historia; a


con

mentir con la prosopopeya negativa del grande hom


bre forjado a fuerza de adulaciones de sus viles mer
cenarios; a fomentar la discordia, para convertir la
nación en feudo; a falsear el progreso con las obras
públicas mas dispendiosas; a corromper a unos con la
mentira i a otros con el cohecho, por medio de las dá

divas que hacen esclavos; i al derribar en definitiva


todo el edificio de las instituciones, todas las reglas de
la moral pública i privada para que el pais entrara fá
cilmente en la obediencia i en la
iniquiedad, realizar
con esos elementos detestables su esclusivo provecho,
poniendo el basamento de la imposición personalista,
de la usurpación de todos los poderes i de la continua-
-
152 -

cion, sea del despotismo por sí, o por medio de un

autómata.

¡Esa fué la historia del poder discrecional de Anto


nio Guzman Blanco, i ese fué el ideal que comenzó a
realizar Balmaceda!

Venezuela tuvo causas fatales i adversas que la in


doblar la por largo
clinaron a altiva cerviz
tiempo,
hasta que pudo, de la
con un esfuerzo opinión decidida,

arrojar al ignominioso fardo, i declarar enéticamente

bu resolución de no consentir jamas la vergonzosa es

clavitud, sea en una forma o en otra que encierre la


imposición i que anule la trasmisión legal de los po
deres.
Chile tuvo una tradición de orden i de derechos, i
ella ha influido poderosamente para que se enfrentara

con heroicidad a la acción despótica i usurpadora,.! por

sobre sangrienta lid i con empuje admirable, poder des

baratar todos los planes proditorios.


Que ese nuevo triunfo sea de trascendencia para el
derecho, no solo en Chile sino en toda la América,
ejemplo que influya para el único predominio que debe

guiar la sociedad republicana i liberal de estas nacio

nalidades; i que así como en Venezuela, sea alíala


bandera que tremole el pueblo.
¡No mas usurpaciones; no mas no mas
continuismos;
mentira política para sacrificar la Nación!
BALMACEDA

(Del Partido Democrático de Caracas del 4 de Setiembre.)

El cable nos comunica la gran nueva: Balmaceda


huye a escape sobre el dorso del Pacífico!... Es decir,
la tiranía de los pocos; la oligarquía de la fuerza apun
talada por las bayonetas, i que encarnó en un hombre
necesario, en un ser providencial, acaba de ser escar
mentada i destruida por el ardimiento de los hombres

austeros; puesta en derrota por el coraje de las nuevas


jeneraciones. Grande es el ejemplo i hermosa la ense
ñanza para las autocracias de América.
Poco importa que el usurpador, batido por el denue
do de la legalidad traicionada, meta las manos codicio
sas i febriles en el erario público, i luego de atestados

los anchos bolsillos con el sudor de Chile, descuide la


suerte de sus leales i eseape a la venganza de los pue

blos. La justicia universal lo habrá de perseguir eterna


mente, donde quiera que esconda su faz torva i sober
bia, lo habrá de señalar con el dedo inexorable, al
desden de las democracias i al rencor de los patriotas!
¡Coincidencias terribles! Escudriñad a los hombres de

esa madera, traidores a las instituciones i siempre tira

nos de los pueblos; poned la lente poderosa de una ob

servación imparcial i justa sobre el lóbrego fondo de

sus almas, en los pliegues mas recónditos de sus cora

zones, en las celdillas casi invisibles de sus cerebros...


Con tezon infatigable trabaja allí el laborioso micro
bio de una desenfrenada avaricia, que los impulsa
fatalmente a atentar contra los preceptos de la moral
20

154 —

social, que lo arrastra a la rebelión contra las leyes del


Estado; que los decide a la usurpación de los poderes
públicos!
El ejemplo mas reciente que la historia patria con

temporánea nos ofrece es Guzman Blanco; el que nos

suministra Chile es Balmaceda. En las pasiones de


estos dos tipos hai una común a ambos, aquella que los
empujó al crimen, la avaricia; i un defecto idéntico,
aquel que los puso en la picota del ridículo, la sober

bia.
Para castigarla avaricia i decapitar la soberbia de
hubo'

su tirano, Venezuela menester de escuchar duran

te cuatro lustros no completos, el perpetuo rechinar de


los cerrojos, el ¡ai! de muerte de los caudillos federa
listas, el sordo crujir de las prensas cohibidas Pasé
primero sus tanteos de caja, para verificar el desfalco

de los tesoros públicos i aun esperó a que se oyese el


fúnebre aleteo de las águilas británicas sobre la rota
Guayana... Pero ¡cuánta vergüenza! A Chile, al pais tí
pico de una oligarquía institucional en la América lati

na; al pais que suministra el azote como correctivo de


las faltas, le ha bastado para armar el brazo de los pue
blos, la protesta de las leyes por boca de los lejislado-
res; al somaten de los representantes, ha respondido
la nación en masa con clamoreo inusitado...
La flor i nata de una juventud decorosa i valiente ha
engrosado las filas del ejército ; i se ha batido en todas

partes, en las aguas, en los montes, en las encrucija


das, en las llanuras; ha tomado al enemigo sus fortale
zas, sus buques, sus trincheras, sus ciudades. La gue
rra ha sido encarnizada i violenta, tempestuosa i rá
pida.

De otra manera no se combate ni se vence a los dés


potas. No se les deja respirar ni alentar, para que no
tomen la ofensiva, sino que se les provoca i se les ataca,
i después de vencidos, se les acosa sin descanso, se les
destruye sin vacilaciones. Otra táctica es menos huma
na i mas dada a peligros. Cuando un pueblo toma el

arma al brazo, se hace menester que no la maneje mucho



100 —

tiempo, i esto, porque las largas traen las mi


guerras

serias sociales, tornan los soldadosen caudillos i los-

caudillos en autócratas. La autocracia de la espada es


mas temible que toda otra cualquiera; porque espantan

do, deslumhra; i aterrorizando, seduce. Bueno es evi


tarla a todo trance. El mal de la guerra, cuando es ne
cesario, ha de serlo como este de Chile: lijero como el
rayo.

Tema Chile, sin embargo; no vaya hoi, arrastrado

por entusiasmo
irreflexivo, brazos de una
a echarse en
nueva tiranía En esta tierra de América no basta
a prevenir tales desgracias la constante advertencia de

la historia. Acaso sea que por las entrañas de sus hijos


discurren adormecidos los jérmenes perniciosos de un
remoto despotismo, los cuales, desarrollados lentamente
a los vividos calores de la lucha o las yer-
victorias, se
guen de pronto, en confirmación de las leyes
atávicas,
en un momento dado.
Entonces, cuan difícil se hace
. . .

la consolidación de las instituciones, cuan penosamente


lenta la evolución del progreso, i cuan tardío el reinado
del derecho i de la justicia!
III PARTE

EL SUICIDIO
■ -

>V(U

£
EL SUICIDIO DE BALMACEDA

(Del Times de 23 de Setiembre.)

Las noticias que nosllegan de Chile deben ser reci


bidas, necesariamente, cautela, i tan variadas
con gran

i frecuentes han sido las supuestas evasiones del ex-


Presidente, que, en un principio, no se dio crédito uni
versal i espontáneo a la relación de su suicidio en la

legación arjentina, en Santiago.


Los eseépticos tienen derecho a manifestar cuan cir
cunstanciada aparecia la historia de su fuga, que pudo

realizar durante el disfraz de marinero ebrio; i para

demostrar que la razón está de nuestra parte, puesto


que se nos pide que desechemos esta versión como una

mera fantasía, podemos, con justicia, manifestar nues

tra sospecha sobre la de la reciente noticia


veracidad
de su muerte. Sus partidarios en Nueva York han
ideado una injeniosa teoría en la que demuestran cuan
poco apreciado es Mr. Patríele Egan por la nación cuyo

representante es en Chile. Ellos sostienen, que el cadá


ver que se halló en la legación
arjentina, no es el de
Balmaceda, i que la historia de su suicidio ha sido urdi
da con el objeto de protejer su evasión.
El motivo principal que les asiste para sospechar que
haya engaño en esto, parece provenir de que, en las
cartas que se suponen dejadas por el
suicida, se encu
bren las faltas de Mr. .Egan, habiendo sido publicadas
por éste i no por el ministro
arjentino, su verdadero
depositario.
No nos incumbe el cuestionar sobre la exactitud de

160 —

las apreciaciones quelos americanos tienen formadas


respecto a la reputación de su ministro en Chile, pero

sí debemos hacer notar que él no puede haber cometido

este fraude, del cual se le cree mui capaz, sin la com

plicidad i eficaz auxilio del señor Uriburu, ministro

acreditado en Chile por una república que hasta aquí

se ha preocupado de que sus representantes sean per

sonas de toda honorabilidad. ,

El Uriburu Balma-
señor debe, ciertamente, saber si

da estaba en realidad oculto o nó en su casa, como


igualmente debe tener conocimiento de si el cadáver
que se encontró en una de las habitaciones de su casa

era o nó el de Balmaceda. El ha referido en términos


inequívocos que Balmaceda se habia suicidado en la
legación arjentina, i seria injusto dudar de su palabra, a
causa de que las cartas dejadas por el suicida aparecen

favoreciendo la persona de Mr. Egan. Seria una crítica


mas razonada el observar que, mientras el sucidio es

certificado por el ministro arjentino, las cartas no

lo son.

Parece que el señor Uriburu no ha publicado las


cartas ni ha aludido a ellas en su parte oficial; así pues,
las sospechas que existen dejan lugar a duda
i que no
respecto a su autenticidad, no afectan en lo menor la

cuestión sobre el suicidio de Balmaceda. No debe olvi

darse tampoco que una comisión de la Corte Suprema,


acompañada por el ministro alemán, ha visto el cadáver,
certificando en debida forma los hechos. Esto no ha
sido ciertamente publicado por autoridad oficial, pero

para inventar tales detalles se necesitaría de una estre


mada audacia. Sean cuales fueren los pensamientos de

los que simpatizan desde lejos con la causa de Balma-


ceda, no hai evidentemente persona alguna en Santiago

que lo sienta, al estremo de recibir con desagrado la

noticia de su muerte.

El pueblo entero se manifiesta poseido de frenético


entusiasmo; mas su regocijo es atenuado al recordar
que no pudieron satisfacer su venganza haciéndole pe

dazos.

161 —

Este furor i sed de venganza debieron en presencia


de la muerte, dar lugar a una tranquila i moderada sa
tisfacción al ver desaparecer para siempre a un enemi
go público.

Se hace difícil recriminar al pueblo chileno por

estos sentimientos, pues no es fácil que olviden tan


pronto todos los males que el les causó.
tirano vencido

Balmaceda sacó todo el partido posible de los pode


res que la Constitución le confió, a fin de aniquilar a

cuantos se opusieran a los proyectos de su ambición

puramente personal. Si quisiéramos argumentar, le


concederíamos que, aun teniendo Balmaceda cierta jus

tificación técnica para usurpar un poder incontrasta

ble, existe elhecho indisputable que, al insistir en sus


derechos, no le llevaba ningún fin patriótico. No tenia

ni siquiera el pretesto de que Chile se hallase en difi

cultades que pudiese él subsanar asumiendo la dicta

dura. Por el contrario, el pais estaba bien gobernado i


gozando de una paz casi sin ejemplo en la borrascosa
historia de las repúblicas sud-americanas. Si los dere
chos oscuros i dudosos de que estaba en posesión Bal

maceda hubiesen sido incontrastables i no hubiesen

dado lugar a duda, siempre habria sido un crimen pú


blico el querer defenderlos a costa de una guerra civil.
No habia de por medio ni bien público, ni cuestión al
guna de vital importancia sobre gobierno, por qué lu

char. Considerando su causa bajo el mas favorable

aspecto, se ve que Balmaceda solo luchaba por conser


var personalmente el poder supremo; i al perseguir

esta innoble i mezquina ambición, no tuvo escrúpulo de

destruir a sangre i fuego un pais próspero i feliz.


Se puede llegar a dudar que aun esto no habria al
canzado a infundir el odio profundo que hacia él sentía

el pueblo chileno. El hombre se inclina a perdonar a

los malvados en grande escala, con tal de que haya


grandeza en sus crímenes. Pero Balmaceda dirijia sus

luchas ilegales, a semejanza de los asesinos i salteado


res de camino. Perseguía con vengativa i brutal cruel

dad, no solamente a los que tomaban armas en su


21
contra, sino también a todos aquellos de quienes sos

pechaba que habian de desaprobar sus actos, como

asi ;mismo a todos los que él creia, poseedores de ri

quezas, que pudieran estar a su alcance. Su memoria


será execrada, no porque desconociera sus derechos i

deberes como Presidente de la República de Chile, sino


porque arrojó a un lado todo freno que debiera conte

ner a un gobernante i hostigó al pueblo con la feroci

dad i codicia de un bandido.


Habria sido mui satisfactorio haber hallado en las
últimas palabras de Balmaceda siquiera algún rasgo
de nobleza i magnanimidad, que hubiera podido ate
nuar en algo sus enormes delitos.
Sus cartas, si es que son auténticas, no ofrecerían a
un autor dramático tema que pudiese inspirar simpa

tías; no se insinúa siquiera en ellas la grandeza d^alma


que pudiese ayudarnos a perdonar sus errores, o a com

prenderlos. El sostiene, ciertamente, que ha obradoen


la persuasión de que estaba en su derecho, pero \m
hechos desnudos no convencen al lector. Se deshace
en mezquinas acusaciones, dando el nombre de traido

res a hombres que han dado su vida defendiendo su

causa, i se escusa débilmente por sus crueldades siste


máticas o repetidas equivocaciones. Su conducta es

imperdonable, pues imajina toda una novela, al asegu


rar que solo trató de rescatar a. su pais de la domina

ción estranjera. No existia tal dominación estranjera,

ni razón alguna para detenerla.

Chile estaba tranquilo, gozaba de, prosperidad i era


feliz, en mas alto grado que sus repúblicas hermanas.
A su mas injenioso defensor le habria sido difícil
esplicar de qué manera habría podido Balmaceda. abri

gar la esperanza de hacer de Chile la primera repúbli

ca de América, precipitándola, como lo hizo, en la gue

rra civil, arruinando su comercio e industrias i dando

libertad a todos los elementos de anarquía i desorden.


El pretende haber conocido demasiado tarde .que

aquellos que le brindaban amistad, solo lo hacían atraí

dos por el ínteres de obtener dinero.



163 —

Curiosa es la manera como trastorna el hecho de ha

ber comprado adhesión a su partido de las clases tur


bulentas, ofreciéndoles como paga una parte en el sa

queo de los industriales i los opulentos. Puede no carecer

de verdad el hecho de que en de la confusión


medio

que él creara, de crueldad


se perpetrasen muchos actos

sin su conocimiento; pero esto no hace sino agravar

las innumerables crueldades, de las cuales se ha hecho


personal i directamente responsable. En una palabra,

él figura como uno de los azotes mas funestos que afli-


jen periódicamente alas naciones.
Los daños materiales que él ha ocasionado a Chile,
serán probablemente reparados mucho antes que el

desquiciamiento moral i social, que no puede menos que


venir en pos de sus crimines.
LOS TIRANOS MODERNOS

(De Le Fígaro del 22 de Setiembre.)

El brusco epílogo del drama chileno, ese tiro de re

vólver por el cual Balmaceda, vencido, empobrecido,


acorralado, puso fin a su ensueño de dictadura i de
conquista, ha evocado mis recuerdos de la lista, ya lar
ga, de los hombres que se han embriagado como él en
América con el poder absoluto, i que el Nuevo Mundo
estimagtiza con el nombre un poco anticuado de: ti
ranos.

En efecto, no es un mito el tirano americano. I la


palabra, que parece gastada como un efecto de drama
romántico, no está fuera de lugar en ese mundo mas

allá de los mares, donde, en pleno fin del siglo XIX,


ruedan, estrañamezcla, las loas enfáticas sobre la liber
tad importadas de la Europa del 89 i los instintos crue
les del meztizo indio.
Francia i López en el Paraguai, Rozas en Buenos
Aires, Latorre i Santos en Montevideo, el mismo Gar
cía Moreno en Ecuador, están ahí como figuras sobre

salientes de este tipo que parece salido de un golpe de


un marco del siglo XVI.

I, sin embargo, esos hombres son de nuestro tiempo.


He visto de cerca su obra. Aun he conocido uno per-

ticularmente. Pertenecía al jénero puramente sangui


nario de la especie, sin ideal político., sin otro fin que

el poder i la fortuna. Era el ex-Presidente Santos i

veo aun ese palacio de la calle


Cangallo, en Buenos
Aires, a donde me habia llevado el acaso de los viajes,
i donde le aguardaba en el destierro, en medio de las
ilusiones febriles de la tisis, un retoño de fortuna i de
popularidad.

Qué tema de estudio esa cabeza biliosa i flaca de


ambicioso, de nariz perfectamente aguileña, de ojos
hundidos i movibles; cuya barba de cadejos negros
ocultaba mal dos sicatrices en las mejillas, testigos

innegables del famoso atentado que precedió poco a su


caida.

Cuando le veia rodeado de sus niños que jugaban


se

alegremente bajo el ojo maternal de la señora Santos,

ella, dulce, joven, de airejtranquilo i feliz; él, indolente,


meciéndose en su silla de balance, se hubiese dicho

que era un interior burgués, si siempre detrás de él,

silenciosos, enormes en su actitud de mastines en des


canso, no se hubiesen destacado como fondo de cuadro
trájico sus famosos sicarios, tres oficiales de su antigua
guardia: un negro, un mulato i un blanco; atestiguando

allí, hasta en la intimidad de la familia, la subsistencia


de la idea política que perseguia al tirano.
Esos hombres que tenia para que lo custodiasen i
que encontraba tendidos en la noche al través de su

puerta, me hacían sentir, lo confieso, un estremeci


miento.

Se la sordina, en los corredores, que ha


referia a

bian instrumento de sus odios, los ejecutadores


sido el

de sus fusilamientos i me parecía ver desarrollarse


cerca de ellos, las escenas sangrientas del cuarlel del

tercer batallón negro donde tenían lugar las matan


zas.

A despecho de sus temores, Santos murió tranquila


mente en medio de las tisanas.
Otro también tenia algunos terrores, el célebre Fran
cia, del Paraguai. I éste no era un hombre sediento de
goces. Era un hombre austero. Habia querido conti

nuar el ensueño de los jesuítas i formar entre la selva

várjen i los grandes ríos, un Estado aislado, cerrado del

resto del mundo por barreras infranqueables i donde



166 —

el eco misino de las civilizaciones estranjeras no hubie


ra podido penetrar.

Como habia deseado separar a su pais de la humanin


dad, quiso él mismo aislarse de su pueblo.
Encerrado, solo en su vasto palacio de la Asunción,
del cual todas las salidas estaban guardadas por la
tropa, no admitiendo cerca de sí sino a su peluquero i
i su cocinero, no comunicaba, al fin de su vida, con sus
ministros sino por intermedio de estos lacayos.

Cuando por casualidad, Francia quería salir, hacia


tocar la campana. Todos los habitantes debían entrar
en sus casas i todas las puertas cerrarse. Solo, a caba

llo, atravesaba entonces las calles escoltado de lejos


por su guardia.

He conocido un viejo paraguayo que me refería haber


querido en su juventud espiar un dia el dictador a su
paso. Oculto detras de un postigo, divisó la mirada de

Francia, i su impresión de terror fué tan violenta que


temblaba todavía al referirme el hecho cincuenta años
mas tarde.
Una mañana se encontró muerto al dictador. Cosa
rara! Ese pueblo que aterrorizaba, cuya sangre habia

derramado en varias ocasiones, siguió llorando en sus


funerales, i ahora aun su memoria es allá, lo que es aquí
en las chozas, la de Napoleón.

Muí distinto fué el fin de López.


El mariscal don Francisco Solano López era, ante
todo, un soldado. Habiendo venido a Francia a la edad
de hombre, fué recido por Napoleón III con el ceremonial
reservado a los soberanos. Era después de Solferino. El
esplendor del imperio lo deslumhró. Tuvo la visión de

un ejército como el nuestro i lo dejó la Francia pensati

vo, soñando ya con un gran Estado sud-americano, que


agrupase bajo su férula los fragmentos del grande im

perio colonial español que habia


roto, a principios del
siglo, el movimiento de independencia.
Una mujer lo impulsaba, por otra parte, en esta colo
sal empresa, célebre hoi como él én toda la América,

Mme. Lynch, que habia encontrado en un salón parí-



167 —

siense i que ambicionó a su lado una corona imperial.


Necesitaba la guerra. La declaró al Brasil, a la Ar
jentina i al Uruguai; durante cinco años, armando. a su
loca-
pueblo, desde los niños hasta los ancianos, luchó
mente, apoyado en la selva vírjen, sembrando 600,000
cadáveres en los campos del Paraguai.

Murió como valiente, con las armas en la mano; su


hijo, de catorce años, cayó a su lado; i Mme. Lynch,
que habia combatido con ellos, los sepultó auno i otro

en el cerro Corra, entre los pliegues de una bandera

paraguaya.

A éste todavía sede llama tirano. Pero su memoria


está viva desde el Atlántico a los Andes.
García Moreno habia también llevado de Europa su
ideal político. Quería realizar sin violencia lo. que Ló
pez habia buscado en la guerra: la unificación de los

paises de lengua española, que esperaba reunir al re

dedor del Ecuador.


Pero el amor a la independencia en los americanos
fué mas fuerte que esas altas concepciones políticas.
No se envió ejército contra él; pero, en nombre de la
libertad, se le asesinó cobardemente bajo el peristilo
de una catedral.
¿Por qué ahora, después de estos jigantes de la épo

ca, evocar los grotescos?


Dejemos pues, a los Guzman Blanco i sus émulos,
que de la dictadura no vieron sino el lado financiero.

Balmaceda, que puede figurar entre los sanguinarios,


supo al menos luchar. Habia querido proseguir, por
cuenta de Chile, la idea de López. López habia elejido

a Napoleón III por modelo; Balmaceda se entretuvo .

en remedar a Guillermo I.

Desde 1870, Chile enviaba su juventud a estudiar a


Berlin. Esta se enamoró del militarismo i del casco
prusiano. El terreno estaba preparado para la dicta

dura, ésta se produjo lójicamente.


En fin, todos estos tiranos han sido los mismos. To
dos han sucumbido en la tarea, unos espulsados, otros
sofocados o asesinados.
r^pw?


ifjf


168 —

Faltaba un suicida: parodiando a los Nerones hasta


el fin, Balmaceda ha llenado el vacío.
La historia no es sino una eterna confirmación de
que nada hai de nuevo bajo el sol.

E. DE BoUEGADE.
BALMACEDA I CHILE

ORGULLO I AMBICIÓN

(Del New York Herald del 21 de Setiembre;)

El Presidente Balmaceda ha pagado la pena de su


ambición desmedida. Mientras que sirvió a la Repúbli
ca, fué la Presidencia un honor para él, pero cuando
quiso hacerse Dictador, la República lo declaró infame,

i buscó por medio del suicidio el olvido.


Ningún hombre ha tenido nunca oportunidad mas
propicia para atraerse la confianza de su pueblo i nin

guno tampoco ha abusado mas i mas bajamente de esa

confianza. Sus planes, bien calculados para un golpe de

Estado, lo estraviaron, i en lugar de un monumento, ten


drá que sufrir una inmortalidad de odios populares.
La vida de Balmaceda está llena de interés dramáti
co; su muerte ofrece una lección instructiva. Tenia
todo lo que un gobierno por el pueblo, puede apetecer,
sin escatimársele ninguno de los honores que un pa

triota pudiera desear. Pero no se contentó con esto,


intrigó mas, i en la lucha por conseguirlo, todo lo
perdió.

Balmaceda heredó las prerrogativas de una antigua

prosapia i la vida comenzó para él con risueñas espec-


tativas. Dotado personalmente con cualidades físicas
22

170 —

que no la jeneralidad, llegó a ser un orador de


posee
no pequeña fuerza. La riqueza le abrió una carrera

política halagadora i un espíritu cultivado le dio la


gracia de espresion que asegura el éxito.
Antes de haber pasado la línea que separa la juven
tud de la edad madura, era considerado como un hom
bre de porvenir. Cuando fué elejido diputado al Con
greso i durante los años sucesivos en que
chileno

desempeñó puesto, fué el ídolo de su partido. Re


ese

presentaba los mas caros intereses de la República, i


cuando se le designó candidato a la Presidencia, su
'

popularidad se esparció tanto que fué elejido por una


mayoría estraordinaria.

Chile no ha tenido nunca, en toda su historia, un


hombre público mas jenerasamente embebido en el es
píritu de patriotismo, ni ninguno cuya
administración^
durante los primeros años, hubiera producido mayores
resultados. Con sus sabios consejos la República ad
quiría firmeza financiera i prosperidad comercial. Se

construyeron ferrocarriles, se edificaron escuelas, se es

tableció la tolerancia relijiosa, formaron puertos, se


se

limpiaron las radas, i la República entró en plena ca


rrera de esperanzas i de halagüeñas espectativas. Bal

maceda era casi adorado por el populacho, i su fama

creciente exitó la envidia de todos los estadistas de


Sud-América.
Pero como huracán del orgullo se desen
Wolsey, el

cadenó contra él. Se demasiado lejos, i can


aventuró

sado i envejecido en el servicio, fué dejado a merced

de una impetuosa corriente que debia para siempre lle


varlo al abismo. Cuando se acercaba al término de su

período, se mostró mas i mas impaciente. Habia alcan


zado a los mas altos honores; pero el maldito impulso

de la ambición lo hizo insaciable. Buscó con ahinco lo


que bajo las leyes de Chile es imposible, un segundo
período presidencial. Determinado a continuar en el

poder a cualquier precio para sí o para su pais, despi


dió a sus fieles Ministros i nombró en su lugar a he
churas suyas. Parecía increible* que el patriota. se con-

171 —

virtiese en un traidor; pero la corriente de su política

se hizo mas i mas aparente.

Puesto que no podia ser Presidente, trastornaría el


gobierno i se haria él mismo Dictador. A este fin con
sagró toda su enerjía i al último la situación se hizo tan

critica, que rujidosde revuelta se oyeron en todas par


de un descontento i de una intranquilidad^
tes, seguidos

jeneral. Reunió todas las armas que estaban a su alcan


ce i las depósito en los arsenales, consiguió que el ejér
cito se pusiese de su lado; pero no pudo ejercer su
influencia sobre la marina. Con la maravillosa rapidez
de un torbellino, una ola de rebelión corrió sobre la
tierra -de frontera a frontera. La crisis habia llegado;
Balmaceda conoció que debia vencer o tomar la fuga.
Lo arriesgó todo en esta jugada de dados. Durante
meses la fortuna de los acontecimientos se mostró in

cierta; pero una mañana oimos que Valparaiso habia


caido, i esto era de un terrible significado. Significaba
que Balmaceda habia perdido; quo la República estaba

salvada. En seguida cayó Santiago; todo esfuerzo pos

terior se hizo inútil.


El Dictador derrotado podría haberse disfrazado e ir
a bordo de un buque estranjero a solicitar asilo; pero
sus enemigos estaban cuidadosamente elertas i el pro
yecto habria fracazado. Habría podido tratar de pasar
por los Andes a la República Arjentina, pero los sen

deros estaban llenos de nieve i hielo. Ocultándose él


mismo, pasó unos cuantos dias miserables en una segu
ridad caramente comprobada; pero perdió la esperanza

i la desesperación se apoderó de él. No le quedaba otro


recurso que la muerte.
Una detonación de revólver se oyó en el cuarto que
ocupaba el ex-Presidente. La trajedia habia terminado.

Balmaceda habia muerto, muerto por su propia mano!


Una vez mas Chile está en paz.
BALMAGEDA

(De La Situación de Colombia del 26 de Setiembre.)

Por lei natural ha dejado de existir en Chile la opro


biosa dictadura de que fué. caracterizado representante
el señor Balmaceda. Si se piensa que era inmensa la

cantidad de recursos materiales de que disponia; si se

medita en la acción enérjica i destructora que imprimió

a todos sus movimientos, enérjica en cuanto al réjimen

de terror desarrolló, i destructora en cuanto a que


que

en aras de su ambición llevó a común sacrificio, los

bienes del Estado, su crédito i su riqueza, no menos


que la vida i los bienes de sus adversarios; parece cosa

maravillosa este derrumbamiento, que ha recibido el

mundo civilizado, acaso con mas entusiasmo que el que

despertó en América, la noticia de que la corona de


don Pedro de Braganza habia rodado por el suelo, ele
vándose en su lugar la soberanía de las leyes, que es

la soberanía de la República.
Balmaceda corría tras las mariposas brillantes del
despotismo, sin tener en cuenta los intereses del dere
cho i la tradicional altivez chilena, i olvidándose, por

otra parte, de que las pajinas de la historia de la hu

manidad no son pajinas inútiles, i que las medidas opre

sivas, esas que tienden a la absorción de la personali


dad humana, no crean sino un medio anárquico, en el
cual sucumbe a la postre, el mismo que se empeñó en

escojerlo para la existencia de la sociedad, en cuyo

seno, por tal camino, es la verdad que no se mantienen


sino elementos irreconciliables. Una especie de fata-

lió —

lismo conducía sus determinaciones : era el poder fatal


que marca los pasos de todos los que, sin principios

la cojudos en los hilos de una


fijos, marchan a aventura,
halaga
organización viciosa, por ellos mismos tramada,
dos con imperio personal será mas duradero
que su

cuanto mas [Link] persecuciones, cuanto mas grueso

sea el cerrojo de los calabozos i cuanto mas tiempo

obliguen a permanecer sin abrigo a los defensores de


la libertad.
Descuidándolo todo, menos la satisfacción de sus

apetitos; protejiéndolo todo, menos la moralidad polí

tica;teniendo inflexible para todo, menos para


un rigor

hacer respetar la majestad de la República i los cáno


nes de la democracia; viviendo con los déspotas, en

sibarita tranquilidad, pero llevando al cuerpo social la

alarma constante que debilita sus fuerzas con la pers

pectiva de peligros que solo ven ellos, i que no son sino

los molinos de viento de ese quijotismo político de que


tanto hacen alarde los providenciales de todos los tiem
pos; se les contempla, airados, sobre un confuso pedes
tal en cuya formación entran las ruinas de cien escue
las diversas en que vivieron afiliados, siempre buscando
el logro de sus ambiciones de mando personal, i las

delicias del banquete en que estuvieron permanente


mente sentados, para ahogar en la armonía de sus

cantos, el grito herido de los pueblos clamando por sus


libertades, de que aquéllos dispusieron como entidades
reinantes, en capacidad de disponer de todo lo que
constituye la personalidad social del individuo; su ha
cienda i su vida, sus facultades productoras i sus ina

lienables derechos.
Como mui bien lo espone un eminente hombre públi
co chileno, «Balmaceda soñó con formarse un partido

personal; pero como no tenia ni carácter ni talento su

ficiente lograrlo de una manera medianamente


para

honorable, el medio de que se valió fué ruin i estrecho,


sembrando la zizaña entre los diferentes círculos polí

ticos, alimentando las ambiciones personales de algu


nos, daudo a otros negocios de miserable logrería, fir-

174 —

mando contratos de construcción de ferrocarriles- i¡


edificios públicos con jentes quede convenia tener a süi

recursos inmorales'
lado, i tocando, en fin, todos aquellos
que siempre tienen en sus manos los gobiernos corrom-'

pidos. Arrastrado por este camino, fué insensiblemente^


cayendo i rodando por el plano inclinado; descubierto i'
hecho público su juego de disolución de partidos i de
entronizamiento personal a costa de su dignidad i del'
oro de la nación, la opinión entera se levantó-
cuando

condenándolo, se exasperó i se lanzó resueltamente por


el atajo, i como nunca faltan instrumentos serviles a las:-

tiranías, los encontró también él i los puso a sus ór


denes.»
Pero como la tiranía nada estable funda, Balmaceda-
ha caído como cayó Rozas, como cayó Guzman i como
cayó el mismo Bolívar, primer guerrero de la América

i libertador de cinco naciones. I es que según la espre


sion del doctor Felipe Pérez, aplicada a la estadística

de los hechos históricos, «la caida de ciertos hombres,


de ciertos partidos i de ciertas dinastías, son hechos
del orden providencial (necesario), porque su existen
cia en el mundo se hace imposible con las leyes divi

nas i humanas. No sucede lo mismo con la exaltación'

de esos mismos, ésta puede ser un hecho casual, i fre


cuentemente lo es; lo otro nó. Lo que hai es que el
vulgo,'

que no ve o no entiende lo que dice el letrero de fuego

del marco maldito, toma la espada de Dios por la espada ■

del soldado, i aclama a éste i se postra ante él.

Nada prevalece contra el deber de un pueblo en ac

ción, i esa acción llega aunque a veces se tarda. Los


que. solo ven las los ojos del cuerpo, se aflijen
cosas con

i se dan Cuentan los dias de su


por perdidos.
aflicción'

por años i los años por


siglos, i no creen en ningún reí
medio ni tienen ninguna esperanza. ¡Ai de
ciertamente1

ellos! pero los que las ven con los ojos del alma, saben

que hai una medida, i que esa medida se colmará en


un dia dado, día de castigo
inexorable, i que ese dia
las del Eufrates se harán a un; lado, para que el
.aguas
.—
nt> —

<eauee se enjute i penetren' en él los ;persas vengadores.

El hombre o el partido que cerca su corazón de zana

contra la lei, derecho, la justicia,


el igualdad, la li
la
bertad, el respeto, el bien ajeno, el amor nacional; i se
-engríe i se alza sobre todos i se hincha con el soplo de
la fortuna, miente i a todos los engaña; que resume en
sí la Patria, el Poder i la voluntad de sus conciudada

nos, reducidos a ensalzarlos para merecer las sobras de


su mesa imperial o el abrigo de sus establos, como bes

tia de combate o booa de vítor eterno, ése, sea el que


fuere, no puede ser el instrumento del Señor, quien ha
creado los pueblos para su gloria i los fines .elevados

del Universo, i no para juguete i recreo dedos inmor


.

tales de la ambición.
En la oligarquía hai, al menos, algo que respetar:
sangre, talento, ciencia, dinero, virtud, valor, hermosu
ra. En el fango de las autocracias levantadas por los

tiranos, como azote contra los pueblos, no hai sino de


gradación i vergüenza. d
Tal hiciera Balmaceda, quien erijido en supremo
árjbitro de Chile, por i ante sí, habia atacado institucio
nes, creencias, fortunas, partidos i todo, en la vana
pretencion de hacer de la noble patria de O'Higgins

un triste despojo de antigua feudalidad. Se aferró a la

idea de dominar solo, prescindencia hecha del Congreso;


i juzgando la uva en sazón, incurrió en el mal peculiar
a todos los providenciales: perpetuarse en el poder a

despecho de la opinión pública.


No pudiendo serlo él mismo, mandatario perpetuo,
visible, acudió al socorrido espediente de las candida
turas oficiales, i tras la rifa de sus parciales, después
de intermitencias varias, la suerte o el capricho de Bal
maceda favoreció al señor don Claudio Vicuña.

Bueno es que se sepa que Balmaceda había figurado,


hasta entonces, como liberal, i que so color de abatir
una aristocracia que él dibujaba a su
placer, i so color
de comunicar amplitud a las libertades públicas, co
menzó por donde comienzan los grandes delincuentes

de la República, aquellos que desconocen i -es-



176 —

carnecen en el Gobierno las conquistas de la bandera


a cuya sombra lo alcanzaron i a cuya sombra lograron
altos merecimientos i honores distinguidos. El liberal
de otros tiempos defeccionó, tan pronto como sintiera
su rostro acariciado porlas auras de la Moneda. Expe
rimentó allí grandes deseos de exterminar los fastos

históricos chilenos i sin. vacilar, decidió quemarlos


hasta en el incendio de una guerra civil, por el provo
cada, del mismo modo que los fanáticos sectarios de
Mahoma, pretestando servir los intereses de su reli-
jion, quemaron en edades remotas, aquella renombrada
biblioteca de Ptolomeo que guardaba, avara, la ciudad
de Alejandría como testimonio de la civilización anti
gua.

A las mismas puertas de las democracias america


nas, faz faz délas monarquías constitucionales euro
a

pea, lanzó la estraña teoría que él, jefe del Poder Eje
cutivo, reunía los resortes todos de la Administración,
en la que el parlamento no era sino un ripio apreciable,

en tanto que se subordinara a su querer. Buscaba el in

falible principio de autoridad, para gobernar, nó con la


lei, no con la Constitución, sino con su audacia, con la
secta personal por él prohijada i con la arbitrariedad

de un engreído vulgar. En la taza que él ofrecía al


pais no habia nada que hablara a la dignidad sino a la
"

institu-
abyección; nada qne fuera congruente con las
ciones que él habia jurado, i de que hacia sangriento

escarnio con el patíbulo político, por todas partes dis

tribuido, como la enseña de salud de sus nuevas prác


ticas i de sus nuevas creencias. Todo parecía sonreirle
i acaso se creyó iniciado en los secretos de un porvenir
embellecido por la pompa de la monarquía i por los

homenajes del servilismo; todo, por supuesto, como


decia en sus discursos, persiguiendo siempre la efecti
vidad del derecho chileno i el bien de la República!

Contaba para ello, con la supremacía de su soberbia


Bobre la supremacía del voto parlamentario, i en cuanto

a la opinión del resto de los ciudadanos chilenos, opi

nión que le era adversa en su casi


totalidad, él ofrecía

177 —

a los conspicuos representantes que la dirijian, renovar



aquellas sombrías prisiones de Spielberg, cuyas piedras

diseminadas hoi acaso, llevan, sin embargo, esculpido


el recuerdo de los dolores del insigne Pellico, o en vol

verlos en el martirizante sudario del destierro. Para

ello le bastaba levantar su mano e indicar la direcion

apetecida. Pero cuan [Link] aquello de que el hom

bre se ajita i Dios lo conduce. En un minuto, Chile evocó


su pasado; lloró, si se quiere, de rabia a causa de los

quebrantos que se inflíjian a su paz constitucional de

tantos años; pero con rabia también tocó la campana


que anunció los mismos épicos acontecimientos de Cha-

cabuco i Maipo, i en una semana de campaña activa,

los ciudadanos de la República hispano-americana mo


delo, rectificaron, con importantes victorias bélicas, el
triste concepto a que quería relegarlos el Presidente
Balmaceda. El drama hábia concluido con el triunfo de
la República; i a sus impresiones,1 a juzgar por lo que
trasmite el cable i hemos tomado del Star Herald, que
Be lee al principio, se han sucedido las impresiones

de la trajedia: Balmaceda se ha suicidado.


Hasta allá no irá nuestra pluma; toca a la historia
formar el definiiivo juicio, descorriendo el velo de la
tumba. Si podemos afirmar, entre tanto, que una con
clusión tal, aunque sinceramente deplorada por noso

tros en nuestra calidad de escritores liberales, bien


pudo ser lójico desenlace de una borrasca babilónica

como la que él, a sabiendas,


desencadenó, para en ella
vivir i de ella gozar. Si la justicia del cielo lo detuvo

en sus designios, era su obligación


cristiana, social i
política someterse. Acaso en la reclusión de su
espíritu,
después de los desastres causados, habria encontrado
fortaleza para el arrepentimiento, tanto mas cuanto que
la democracia universal ya lo habia perdonado. El
atentado contra su existencia, si son evidentes las no

ticias del cable, fué innecesario si quiso dar una pos


trera lección de valor a los ojos de sus adversarios,
pues para éstos, como para el mundo
republicano, hu
biera sido grato verlo someterse a la majestad de la
23
""■';"'"'

— 178.—

lei, que ésta, cuando es un jurado republicano el que


la aplica en casos políticos, es siempre lei de perdón.
La sanción penal para atentados de otro orden, la hu
biera sufrido indudablemente, impuesto por los tribu
nales de derecho; pero esa pena, necesaria i todo, como

ejemplo, enseñanza i escarmiento de futuros tiranos, la


habria hecho benigna el sentimiento público que siem
pre se apiada de los infortunios, i una posterior lei de
amnistía lo habría devuelto, acaso rejenerado, i en bre
ve término, al seno de los suyos.
EL SUICIDIO

DE DON JOSÉ MANUEL BALMACEDA

(De El Comercio de Lima de 22 de Setiembre.)

El trájico fin del hombre que hasta ayer dirijió con


grande enerjía i prestijio los destinos de Chile, ha con
movido hondamente a nuestra sociedad i hará meditar,

sin duda, a los espíritus reflexivos sobre las estraordi-

narias vicisitudes a que está sujeta la vida de los esta

distas, aun en los paises donde el orden político parece


ofrecer las mas seguras garantías de estabilidad.

La lección que Chile ha dado a la América con el


sangriento drama que ha terminado con la caida de

Balmaceda, debe quedar grabada en la memoria de


todos estos pueblos, fortificando su fé en las institucio
nes libérales que los rijen i en el poder irresistible de

la opinión pública, aun en aquellos casos en que parece


sobreponerse a ella la fuerza preponderante de la tra

dición i del rigor.


Cercanos espectadores de la lucha civil de Chile,
hemos seguido durante ocho meses, paso a paso, el de-
senvolmiento de los sucesos con la emoción i el ínteres
que debia despertar en nosotros un acontecimiento que

no solo afecta íntimamente nuestras relaciones de ve

cindad, sino también principios que nos son comunes.


Ocultándosenos los detalles de las cosas, las
que en

grandes convulsiones de los pueblos suelen encerrar la


esplicacion verdadera de sus causas, se nos ha presen

tado la revolución chilena, en su conjunto, como un



180 —

cuadro dramático, con el trájico fin de su protago


nista.

El oríjen de esta como a la distancia


revolución, tal
podemos apreciarlo, ha sido otro
no que el desacuerdo

entre el Presidente de la República i el Congreso en la

designación del nuevo Jefe del Estado. Todos los pre


sidentes de Chile, hasta el mismo Balmaceda, fueron

escojidos, desdé que ese pais normalizó su vida inde


pendiente, por el círculo político predominante. El
Presidente, siempre apoyado por la mayoría del Con
greso i en armonía con eila, se daba sucesor. Esta vez

el Presidente se encontraba sin aquel apoyo: la mayo

ría del Congreso en abierta oposición, no estaba guiada


por los propósitos que él; los dos poderes quisieron

reivindicar esclusivamente, cada uno para sí, el derecho ¿íkí


de designar un candidato; i comprendiendo que esto "'.-'..! ;
era imposible, declararon uno i otro su resolución de

luchar porque la elección del nuevo Presidente fuera el


resultado de la espresion jenuina de la voluntad nacio

nal. Estas declaraciones fueron recibidas con recíproca

desconfianza, i como Balmaceda contaba con mas ele- ,

mentos materiales que sus adversarios para la lucha,


:.';";.;¡|
su triunfo era inevitable, sino mediaban circunstancias

escepcionales que lo privarande ello.


Fué entonces-
cuando el Congreso decidió hacer im
posible la existencia de todo Ministerio que no repre
sentara sus aspiraciones i tendencias.
Balmaceda creyó que tenia fuerza bastante para re

sistir, i resistió. Clausuró el Congreso, i lo


aunque se
recordaba en tono amenazante que según la lei chilena
era indispensable que lo convocara de nuevo antes del
1.°
de Enero, porque solo mediante su sanción podian

continuar teniendo existencia legal, ese dia, el ejército

i la armada, de base a su poder material,


que servían

se negó a ello, alegando que el Congreso solo era res

ponsable, por no haberla dado en tiempo oportuno, de


que faltara la sanción que juzgaba indispensable.

Llegó el 1." de Enero i la oposición parlamentaria se


creyó autorizada ya para no continuar reconociendo ;

101

como-

legal a un gobierno que gobernaba sin leyes;


apeló a las armas para resolver por de ellas-
medio

cuestiones que no pudieron serlo de otro modo, i cual

quiera que sea el juicio que se forme sobre la justicia

i el derecho de la causa que motivó el levantamiento


del Congreso, forzoso será convenir en que la opinión
pública ha estado de su lado.

Contemplábamos, de un lado, la figura de Balmaceda


con el prestijio de un carácter enérjico revelado en todos

sus actos de su vida pública, i resuelto a mantener la

política tradicional de sus predecesores en el poder,

imponiendoun candidato oficial para el próximo período,


aunque prescindiendo esta vez de la colaboración de la
mayoría parlamentaria. Juzgaba que no proceder así

era abdicar una prerrogativa qne habia recibido junto

con la investidura presidencial. Esta resolución llegó

a ser en él tan firme, que antes que quebrantarla, pre

firió romper todos sus vínculos políticos en una porción


considerable de su antiguo partido que formaba la ma

yoría de las dos Cámaras; i aceptando una lucha entre

los dos poderes, indujo al fin a la mayoría del Congreso


de su pais a buscar en la resistencia armada, la manera
de romper para siempre con aquella práctica contraría
a las libertades públicas.

Al juzgar los actos i la conducta de un hombre se


mejante, no habrá quien niegue, ni entre bus mismos

enemigos, que solo es posible encontrar esplicacion de


ellos en un ciego estravío, motivado por la profunda

convicion de defiende un principio político be


que se

néfico para un i por los móviles de dignidad i


pais

honor que obligan a mantenerse firme hasta el sacrificio.


Hemos visto, por otro lado, la acción de la opinión
pública imponiéndose con el partido del Congreso en

todos los acontecimientos militares de la guerra civil,


i supliendo, con su fuerza moral, la deficiencia misma
de los elementos i recursos bélicos hasta llegar a des
truir en una sola, rápida campaña, todo el inmenso po
der militar acumulado por un adversario de tan gran
carácter.

182 —

La revolución ha triunfado, pues, en Chile, por ha*


ber sido la espresion de la opinión pública i porque ha
proclamado un principio fundamental de las institucio

nes de aquel pais, la libertad electoral.

El partido triunfante, de composición híbrida, está


obligado a sostener una bandera que hasta ahora poco

no fué la suya.

Con este antecedente, difícil seria asegurar que su


conducta en el poder no contradiga el programa pro

clamado por la revolución. Pero cualquiera que seala


marcha política que los nuevos acontecimientos han de
crear en Chile,la caida de Balmaceda, luchando por
sostener como doctrina el derecho del Presidente de la
República para imponer su sucesor, i la victoria del
partido del Congreso, protestando contra esa doctrina,

es una gran lección para los pueblos de América, don

de con mucha frecuencia se presentan situaciones po


líticas semejantes.
A otras muchas reflecciones se prestan, sin duda, los
últimos acontecimientos de Chile; mas, en estos mo
mentos, embarga nuestro espíritu la profunda emoción
del fin de un personaje que tan gran papel ha repre
sentado en su pais, i que con su muerte
voluntaria, ha
dado un trájico interés a su memoria, presentando a sus
contemporáneos i a la posteridad, un nuevo ejemplo de

grandeza, entre los pocos casos que la historia ofrece


de hombres que han amado mas la dignidad política
que la vida; o entre las personalidades que han bus

cado en el suicidio, el desenlace de una situación moral

insostenible, como la mejor manera de hacer respetar


su infortunio, aun por aquellos que lo crean el fruto de

sus propios estravios, i de detener la venganza desen

cadenada contra sus fieles amigos.


BALMACEDA

(Del Pebdvian Mail de Lima del 22 de Setiembre)

Ha muerto. ¡Que Dios tenga piedad de su alma!


No deseamos hablar mal de la memoria de un muer
to. Pero debemos hablar la verdad, no dejarnos guiar
por un mal entendido sentimentalismo. La misión del

periodista es escribir la historia correctamente.

José Manuel Balmaceda tuvo el puesto de honor


mas elevado de una nación, que le fué conferido por sus

conciudadanos. Fué mas que un puesto de honor, 'fué

un sagrado puesto de confianza.

El aceptó el puesto. Juró desempeñarlo honrada


mente; i, con la cooperación de los representantes de
la nación, que confiaban en él, pudo haber figurado
en una de las pajinas mas brillantes de la historia de
Chile.
Pero traicionó esta confianza que se habia deposita
do en él. Su ambición personal lo llevó hasta atrope-
llar la Constitución que habia jurado obedecer. Los
ciudadanos que le habían designado para guiar la na

ve del Estado, no tuvieron confianza ya en su piloto.

Entonces, para acallar las voces de sus conciudadanos,


no reconoció ninguna lei, ni moral ni civil. No hubo

crimen ni traición que no encontró capaz de cometer.


Fué acusado de horribles crímenes que no podia
justificar. No se atrevió a defenderse ante la justicia
constitucional de su pais; i su conciencia en aquel úl
timo momento de desesperación, cuando el mal hubo
perdido toda esperanza i no le quedaba mas que la pie-
-
184 -

dad de su Creador, se suicidó; i el suicidio es una con


fesión.
Debemos recordar también que no estuvo solo. Con
tó con personas que le secundaron en sus planes i en
valentonaron a este desgraciado hombre para la prose
cución de los Algunas de estas personas están
mismos.
ohora entre nosotros. Todos los que deseamos paz i

quietud, debemos observar mui bien sus procedimien


tos en este pais, porque, ab uno disce omnes.
Balmaceda con sus miles de soldados que le acom
pañaban, trató de asumir la apariencia de un Nerón.
Con su último acto, al suicidarse, se quitó la careta, i
en vez de un Nerón, reveló ser un Judas Iscariote.
El mundo tiene que tener mucho cuidado para evitar
a los cómplices de Balmaceda. Su infortunado caudillo

ha muerto para siempre, i concluimos, como principia


mos: ¡Que Dios tenga piedad de su alma!
BALMACEDA

(Del Comercio de la Paz del 22 de setiembre).

^
"
¿I qué quería que hiciera? —
Que mu-

riese!

^e Shakespeare .

Se ha hecho justicia por sí mismo. Háse anticipado

al castigo de los hombres.

Cuando el mundo entero lo creía vagando sin re

mordimientos i sin penas, desaparece del escenario de

los vivos, legando a los que traten de imitarlo un re


guero de la propia sangre.

El mismo se ha hecho justicia.


En mas de veinte dias de meditaciones comprendió
que su único refujio era la muerte.

Después de la derrota, asilado en amiga legación, i


libre ya de consejeros falaces, debió sentir correr por
sus venas la altiva sangre chilena, i sobre su concien

cia, hasta ayer adormecida, el peso enorme de respon


sabilidad abrumadora.

¡Cuántas vidas, cuántas lágrimas i cuántos millones!


¡Qué elocuente lección para los pueblos i para los ti

ranos!

Chile marcha a la vanguardia en todo i por todo.


Nos brindan hermosos ejemplos de patriotismo sus
hombres. Los malos patriotas de Chile sienten i cono
cen, al fin, que la vida les abruma, que es una carga
insoportable, i buscan en la muerte «la capa que cubre
los humanos pensamientos.»
La revolución triunfante ya no necesita defensores.
24
-
186 —

Los partidarios del ex-dictador ya no tienen de


fensa.
Un hombre joven, que aun tenia tanto que vivir, i

que no esperala justicia de los hombres, debió estar


convencido de sus errores imperdonables.

¿Por qué el dictador no huyó?


¿Por qué no hizo dentro o fuera del país su defensa?
¿Por qué si le abrumaba el pesO de la vida no la

arrastró siquiera el breve tiempo suficiente para ver el

efecto que en la opinión harían sus descargos?


tiene*

El suicidio un velo misterioso sobre actos innu

merables del dictador.

Su muerte autoriza para mantener las tremendas


acusaciones de sus adversarios.

Sea como fuere, Balmaceda es mil veces superior a


los tiranos i falsos patriotas que avergonzaron i aver
güenzan a la América. Ninguno de ellos tuvo ni tiene

el coraje de librar a sus paises de sus funestas per

sonas.

La revolución de Chile da un ejemplo de cómo se


aniquila a los tiranos.
Balmaceda señala con su muerte el menor castigo
que merece el crimen de lesa-patria.

Que la paz sea sobre la tumba del dictador i que su


funesta carrera i triste fin se graben con caracteres in
delebles en la memoria de los falsos patriotas.
EL CADÁVER DE BALMACEDA

(De la Prensa de Buenos Aires del 21 de Setiembre.)

Todo ha sido estraordinario en el profundo sacudi

miento que ha esperimentado el pueblo de Chile, medi


do la índole i las peripecias
con de las guerras sud
americanas instestinas.
El espíritu impresionado se siente atraído a medita
ciones graves delante del cadáver del ex-Presidente i

ex-Dictador de esa República, cuyas ajitaciones tan

vivamente han interesado a este pais.

Para nosotros el acontecimiento tiene una significa


ción escepcional, porque el drama final se ha desarro

llado bajo la jurisdicción arjentina, en el recinto guar


dado por el escudo de la República.
El gobernante vencido por la opinión i por las armas,
buscó refujio transitorio en la Legación arjentina, en
nombre de los usos universales, que son lei de las na

ciones. Por virtud de esa circunstancia, el trájico suce

so debe ejercer un doble influjo en la opinión de este

pais.

El suicidio Balmaceda es un acontecimiento


del señor

político, de golpe
que abre rumbos nuevos a la revolu

ción triunfante de Chile.

No se ha apagado solamente una vida, es algo mas,


porque el sangriento episodio significa el abatimiento

de una bandera, la espiacion suprema de las de


culpas
una época, la solución de una gran responsabilidad, la
clausura de un proceso.

En ocasiones como esta, los pueblos i los estadistas



188 —

levantan espíritu, i recobrando toda su serenidad se


su

emancipan de las pasiones que los enardecen i fijan di


recciones amplias a la justicia i a la política.

Los hombres que gobiernan hoi en Chile se encuen


tran en presencia de una situación de la mas grave
solemnidad, cargado de deberes de que el presente i la
historia les exijirán cuenta estrecha.
El suicidio de don José Manuel Balmaceda reviste
todos los caracteres de los desenlaces inevitables.
Los escritores chilenos que han dispuesto de la pren
sa arjentina para esplicar los oríjenes i los objetivos de

la revolución, nos han hecho conocer la lenta elavoracion


del conflicto, que se preparaba desde hacia tres años
con la participación i los errores de varios de los parti

dos de ese pais; de los choques i desintelijencias suce


sivas, surjió la coalición de fuerzas que dio por tierra
con el adversario común.

En política nadie posee jamás la razón absoluta; i en

nuestros pueblos ardorosos, a veces inespertos i casi

siempre imprevisores, menos que en otros mas hechos


i mas maduros, ningún partido puede aspirar al privi

lejio de la razón esclusiva.


Lo que se puede i se debe exijir a los partidos i sus

cabezas dirijentes, es que reconozcan bus estravíos

cuando los hechos los denuncian; i que reaccionen sobre

sus efectos perniciosos con la bandera de la reparación.

En este terreno hemos seguido con simpatías a la


reacción popular chilena, acompañándola con el voto

sincero de nuestra alma de republicanos por el resta


blecimiento de sus instituciones al quicio de su normal
funcionamiento.
Son mui pocos los predilectos del acierto i de la vir
tud que, habiendo luchado, no sienten hidalgamente la
necesidad de reparar alguna falta; se hacen grandes
cuando las reconocen i las corrijen con toda la altivez
noble de la honradez.

El análisis de la política interna de Chile en los úl


timos cuatro años, hecha por sus conductores i coacto
res bajo la luz de un severo examen de conciencia,, les
""W

-
18» -

hará duda reconocer que en mayores o menores


sin

porciones, las responsabilidades se comparten, rectifi


cando a la vez en sus mentes ideas equivocadas, para

honor i provecho de su patria.


Los errores han sido reparados por el esfuerzo po
tente llevado a cabo en pos de la restauración; los par
tidos triunfantes están en posesión de los elementos
requeridos para mejorar la suerte de su pais, asegu

rándole dias de paz i de justicia en el porvenir.


La lucha ha sido magna para la revolución; el civis
mo chileño se levantó mui alto, pero la fortuna le ha

sido en compensación escepcionalmente propicia, po

niendo en sus manos los medios de asegurar la felici


dad de la nación.
En posesión de la victoria, el gobierno revoluciona
rio, instalado en la Moneda, desplegó una política de
represión severa para los hombres responsables de al

guna manera en el réjimen caido.

Escruyendo hechos aislados harto desagradables, en


los que el Gobierno no aparece directamente como ac
tor o como instigador, cuya participación en ellos es-

cluimos por honor de Chile, i que revelan un estado de


febril exacerbaciónde los ánimos que es necesario mi
tigar, el programade la reparación, por la efectividad
de las responsabilidades, está dentro de los principios
de la justicia. Es un error esconder las leyes comunes
que rijen a las naciones en los momentos en que llega
el caso de aplicarlas como desagravios morales i como

correctivos útiles.

Es necesario que los hombres comprendan que son


responsables de sus actos, que los gobernantes alzados

responden de sus culpas mas eficazmente que los pen

dencieros que se cambian una puñalada en el mostra


dor de una pulpería.
La eficacia de la lei i de la justicia administrada,
constituye el paladium del orden i de la moralidad de
las sociedades. Es así como no se confunden los hom
bres honrados con los que no lo son, es la manera de
impedir el espectáculo desmoralizador, en que los se-

190 —

gundos priman por su influencia sobre los primeros. No


hai que confundir la justicia con la venganza, ni la je-
nerosidad con la impunidad.
Puede reprocharse detalles de rigorismo excesivo,
pero las líneas jenerales del plan de reparación severa

no es susceptible de críticas fundadas de todos los que

tengan la noción de los deberes austeros de la vida


pública, que es seria i grave.
Por ese período duro i escabi*oso cruza la revolución

chilena, cuyos hombres prominentes se empeñan al

parecer en impresionar fuertemente a la opinión públi


ca, demostrándole que en el manejo de los negocios

del Estado cada uno carga con las responsabilidades


de sus actos.

Pero, en estas circunstancias, el ex-gobernante ven

cido ofrece su propio cadáver a su pais, renunciando

con la muerte al proceso preparado a su administra

ción, en su persona.

Hace cinco años, cumplidos el 18 de este mes, don


José M. Balmaceda tomaba posesión del mando supre
mo de Chile, en calidad de Presidente constitucional;

después de un período de contienda política incesante,


finalizado por una cruenta guerra civil, en el aniver
sario mismo de los festejos de su elevación al Poder,

entrega su cuerpo inanimado al pueblo enardecido por

la pasión enconada.
Cualesquiera que hayan sido sus íntimos designios
al consumar ese acto estremo, creemos que el pueblo

de Chile, inspirado en un alto sentimiento de política

conservadora, puede la resolución de


aceptarlo como

un hombre que quiso poner la lucha i al dra


término a

ma, concentrando en sí toda la responsabilidad de los


desenlaces, como concentró toda la responsabilidad del
Poder que manejó, convertido en omnímodo por su vo
luntad durante la guerra civil.
Un levantado criterio político puede i debe dar a esa
trajedia el carácter de las espiaciones solemnes, que
enfrian las pasiones, desarman los enconos colectivos
i aclausuran las ^épocas de anormal efervescencia, para

191 —

inaugurar serenamente, con la razón clara, una era


franca de i [Link] tranquila.
El cadáver del ex-gobernante suicida, tiene la virtud
de cercenar las responsabilidades de aquellos que si
guieron bu destino; reflejando i usando de su
poder

delegado.
Esta idea está insinuada en su postrer carta política

al plenipotenciario arjentino, doctor Uriburu, que el te


légrafo nos ha trasmitido.
El pueblo de Chile no puede indiferen
escuchar con

cia, ni menos con desden, la


que fué su
palabra del
gobernante, pronunciada delante de
la tumba que él
mismo se abría, en que anuncia su propósito de cortar

el hilo de su existencia, altivamente, porque cree que

el ciudadano que dirijió sus destinos ni debe rehuir los

golpes del infortunio, ni esponer su persona al escar

nio de las muchedumbres.

I en suprime el proceso, se juzga así


consecuencia,
mismo i ejecuta con pulso seguro su propia sentencia.
Dei fondo de esa trajedia, detras de la sombra del
suicida, que se inclina resueltamente ante el fallo de la
muerte, se levanta de improviso la luz de una política
nueva a la contemplación de los vencedores, conminán

doles a que se recojan sobre sí mismo a meditar acerca


del carácter que deben imprimir a los medios de paci
ficación i de represión que la victoria ha aglomerado
en sus manos.

En el orden político, ¿puede avanzar un paso mas


allá de la lápida ensangrentada colocada encima del
proceso por el adversario vencido, jefe de las fuerzas

que combatió i quebró? ¿Qué mas le seria dable exijir

aun al alma mas vengativa?

La justicia de los hombres no ultrapasa losldinteles


misteriosos de la tumba; la razón pública se detiene
allí, cosechando lecciones que enriquecen su sabiduría;
la razón política mas exijente queda satisfecha.

Sí! La índole de la situación de Chile está modificada


i los sucesos son lanzados por rumbos nuevos; hai algo
superior a la voluntad que impone esa lei a los espíritus.
<■•


m —

El espectáculo despierta sentimientos que conmueven,


la sangre causa horror siempre; Chile ha de
esperimen-

tar en estos momentos el estremecimiento profundo que

hechos de ese jénero producen en todas las almas.


La sangre de Balmaceda, derramada por su propia
mano, debe ser la última que el pueblo chileno vierta
en el desenvolvimiento final de su revolución. La reor

ganización de sus poderes pi'iblicos i el afianzamiento

de las instituciones republicanas, con todas sus nobles


virtudes, bajo sentimientos jenerosos, dirijidos a apa
ciguar las pasiones, hé ahí su programa.

La revolución tiene acentuados perfiles de heroísmo


i de grandeza, su suerte corresponde a la magnitud del
esfuerzo, su epílogo es un drama de sangre; de este
límite no pasan racionalmente las prevenciones enco
nadas de los hermanos, hijos de la misma
patria;'
no

van mas lejos las pasiones humanas en los siglos acla

rados por la civilización cristiana.

Cualesquiera hayan sido los juicios formulados


que

respecto del Balmaceda como gobernante, la alti


señor

vez de carácter que revela su trájico fin i la trascen

dencia política dada a su muerte por su propio designio,


le atraerán homenajes merecidos a su memoria i le
conquistarán títulos inequívocos de consideración: es

siempre respetable la personalidad del hombre que


afronta con entereza de alma el sacrificio mismo de su

existencia en el desarrollo lójico de su acción pú

blica.
¡Que el pueblo de Chile sepa estraer de tantos des
garramientos e inmolaciones, frutos que le compensen
i justifiquen ante el presente i la pesteridad!
APÉNDICE

25
BALMACEDA (1)

(Del Diario de Campiñas de Eio Janeiro).

Es un humano, innegablemente, José Manuel


tipo
Balmaceda, derrocado hace poco de la Presideucia de
la República por la revolución que terminó el 30 del
pasado.

Como Presidente de aquella nación, ya fué juzgado


por sus compatriotas i por todo el mundo civilizado
que le fué unánimemente contrario. A la historia le toca

juzgarlo como estadista, como primer majistrado duran


te el terrible período de sangre que se levantó en Chile
para levantar los avances del progreso; a la ciencia

frenoiójica le toca ahora estudiar la forma de su bella


cabeza, desvasar las profundidades de su cerebro que
le imprimían ese carácter enérjico i casi rudo.
Resumamos los antecedentes públicos e individuales
del tirano vencido, como también sus precedentes.
Ya que no nos es posible hacer su autopsia orgáni
ca, nos es permitido al menos estudiarle con el escal

pelo de la investigación sobre su vida de hombre.


Ensayemos un curso anatómico del cual, en jeneral
o particular, podamos sacar algunas conclusiones cien

tíficas.
I

Balmaceda era hijo de padres ricos que, por lo tan


to, si algún defecto tuvo, seria difícil comprobarlo.

(1) Este artículo fué escrito antes de saberse en el Brasil «1 suicidio


dei Dictador de Chile.

196 —

En su infancia, Balmaceda siempre estuvo sujeto a

un réjimen severo de encierro claustral.

Desde el Seminario, mostró un carácter rebelde, de


índole altiva i sobre todo arrogante para con sus pro
pios compañeros de colejio, a los cuales se complacía

en mortificar con la autoridad de su linaje noble.

Se dedicó en seguida a la carrera pública i a la po


lítica, llevando en su cerebro regulares conocimientos
de sociolojía i bastante oro, que es lo que causa la co
dicia de la gran cauda de administradores i padrinos
no politiqueros, siempre solícitos e interesados.
Diputado i, en dos ocasiones, Ministro del ex-Presi-

dente Santa María, desempeñó esos cargos con rara

perspicacia i notable enerjía, aun con dureza; en segui

los maquinaciones de su an
i
da, mediante esfuerzos

tecesor, fué elejido candidato al elevado puesto de Je

fe de la nación chilena el 25 de Junio de 1886. ,

Durante su carrera política Balmaceda procuró siem


pre ocultar, con bien medida hipocresía i feroz ambi

ción que le devoraban las entrañas, el deseo ardiente,


casi locura, de ser el jefe de su partido, de ser el Su

premo Director de los destinos de Chile.

El jeneral Veintimilla tornóse luego su confidente


íntimo.
,
Simila cum similibus ....

Resolvieron entre sí que el Ministro Balmaceda su


cediese al Presidente Santa María. Entonces aquél fué

proclamado jefe del partido de ambos, i luego después

Presidente de la República.
Premunido con el carácter sombrío que se formó en
su juventud, i dominado por la filosofía positiva; secta

rio ardiente de sus dogmas, José Manuel Balmaceda


aceptó aquel pesado cargo i lo sirvió con tal habilidad,

con tal meditado interés, que fácilmente eludía la me

nor sospecha que se pudiera abrigar respecto a su pro

grama político-administrativo i a los funestos designios


que abrigaba en su mente.

Entre tanto, alimentando ideas tenebrosas, Balma


ceda preparaba el lecho para asentar su teoría filo-
sóftca, i el 7 de enero del corriente año proclamaba con
voz de desafío brutal, la Dictadura dó aquel bello pais.
> Todos los poderes de la nación se concentraban aho
ra en su sola mano de fierro.

Balmaceda era, entre tanto, como él mismo lo dijera,


la primera i única autoridad pública, el poder uniper
sonal i soberano absoluto, el «Dictador de Chile.»

II

Pero el criminal innato, como el criminal por cos

tumbre o accidente, necesita, para mostrarse o mani

festarse, Voccasion d'un stimulus, dice Corre.


¿Encontró Balmaceda ese estímulo ocasional?
Lo veremos.

Ocurramos, para mejor lucidez de nuestra narración^


a los antecedentes históricos de Balmaceda, el gran
reo, según la frase usada por Valentín Magalháes.
El moderno tirano que cuenta en su his-
estudiamos,
•toria ancestral los siguientes datos que caracterizan al

ndividuo predestinado a manifestarse en cáptala

occasio:

[a)Tuvo padres ricos i vivió siempre fastuosamente;


{b)Fué educado con rijidez suma;
Desdé su infancia demostró un carácter arreba
(c)
tado, orgulloso, juzgándose superior a todos, i atra-

bilario;
(d)Como era rico, siempre tuvo aduladores que, por
cierto, le excitaban mas a la soberbia, al amor propio,
al egoísmo del fuerte contra el débil;

(e) En la vida pública, como jefe de un partido, fué


siempre político apasionado e inexorable para con sus

adversarios;
(J) Calculadamente, se mantenía en absoluta reserva

para manifestar sus ambiciones;


(g)En suma, Balmaceda fué siempre intransijente i
fanático en doctrinas filosóficas i relijiosas, i su pi-opia
familia le consideraba dotado de una severidad espar
tana.

198 —

Exaltado al elevado cargo de Presidente 1886,


en

puesto que debia ocupar por cinco años (Constitución,


artículo 51), gobernó bien durante los dos primeros

años, mas bien por cálculo e interés personal, que como

táctica política.

En el tercer año principió a hostilizar a los suyos,


comenzando por fraccionar al partido liberal, i enemís
talo los adversarios; al mismo tiempo declara-1
con

ba abierta lucha a sus adversarios políticos, espulsán


dolos, desde los mas caracterizados i. honorables, hasta
del mas insignificante puesto público.
Arrogándose la jefatura del partido liberal chileno,
Balmaceda lo despedazó en fracciones con sus proyec
tos de mando, unipersonal.
Como Presidente, destrozó el partido, cuj^a unifica
ción habia sido mantenida con tantos esfuerzos por los

Ministros Antúnez i Aníbal Zañartu, i la subdividió


por medio de intrigas calculadas, fraccionando el cle

rical, el conservador, el nacional i el radical, llegando a

ser la política chilena una acerva coalición de partidos

rencorosos.

Era un medio, es verdad que era innoble, pero era

un medio,

Balmaceda se alegraba, porque preveia en el debili


tamiento de estos partidos, su próximo triunfo: «la dic
tadura», disfrazada con la reforma de la Constitución, en

interminables relaciones!
Así procedió también Guzman Blanco en Venezuela;
al cual sucedió el ilustre patriota, Dr. Andueza Pa

lacios, actual Presidente de aquella bella República.


Se frustraron, sin embargo, los proyectos que pensa
ba poner en práctica el tirano.
Advertidos de los manejos indecorosos, los diversos
partidos fraccionados acordaron unirse, i en las elec

ciones de 1888 obtuvieron una gran mayoría, desig


nando los Ministerios a voluntad del Congreso parla

mentario.

Desde aquella época, dice el Dictador en su célebre


Mensaje leido ante su Congreso en 20 de Abril del
'
co-

íyy —

rriente año, surjió entre la mayoría del Congreso i el


Poder Ejecutivo una lucha, la que tenia por objeto su
bordinar la libertad i la acción del Presidente de la
República, a la voluntad o los designios de una coali-

sion compuesta de grupos políticos divididos, con cau

dillos i tendencias opuestas, pero todos unidos para


abatir la dignidad i autoridad del jefe de la Nación.

Mas, Balmaceda ya tenia hechas sus cuentas, cuya


suma total arrojaba a su favor un saldo cuantioso, por

que no hacia figurar en las sumas parciales, el acendrado

patriotismo i valentía de los chilenos. . . .

En breve él mismo debia reconocer su grande error..


Una grave cuestión vino entonces a avivar la lucha
que acababa determinar con las sangrientas huelgas de

Valparaiso; la lei de contribuciones fué obstruida, como


también la lei que autorizaba el cobro de los impuestos
i la fijaba las fuerzas de mar i tierra, represalia
que

con que el Congreso contrarrestaba la obstinación com

pleta del Presidente, que se resistía a nombrar un

Ministerio que contase con la confianza parlamen


taria.
Era mas o menos un remedo ficticio del hecho que
acaeció Inglaterra durante el reinado de Carlos I,
en

del cual resultó la guerra entre la realeza i el Parla


mento, grabando la historia el inolvidable nombre de
Cromwell.
Balmaceda se prepara i lanza el reto de muerte; por
un decreto suyo, anticonstitucional i criminal, ordena

que se proceda al cobro de los impuestos i fija la lei

que mantiene las fuerzas de mar i tierra.

Los congresistas se atraen a sí las jenerales simpa


tías del pueblo, de la Escuadra i de parte del ejér
cito.

Se principia la terrible lucha.


Ha surjido ahora Voccassion d'un stimulus, de que
nos habla Corre; para el criminal innato, o se muestra

el estado latente del criminal por incidencia o se mani

fiesta ante los ojos de todo el mundo, proclamándose


Dictador el 7 de Enero del presente año!

209 —

Aquí principian ya a demostrarse claramente los pre


cedentes egocéntricos síntomas episódicos, según una
y
frase de Magnan, del hipocondriaco vesano chileno.
Con estos antecedentes a la vista, se puede hacer un
estudio físico i fisonómico de Balmaceda. Procuraremos
dejar establecido el diagnóstico diferencial.

I"

Es para la etiolojía, referente al tipo del tirano, que


le vamos a estudiar i formular un diagnóstico patolójico
de su individualidad, para según eso poder calificar su
procedimiento, abriendo la lucha fratricida en Chile.
Le conocemos ya sus antecedentes históricos; veamos
ahora su fisonomía plástica, sus síntomas intelectuales

i su estado somatolójico, que, con mas o menos precisión,


conseguiremos determinarle su estado mental durante
el período de la revolución i absolverlo o condenarlo

con justicia.

«El rostro, dice


Corre, es un retrato que refleja todo
ser humano. El manifiesta el grado de la perfección de

la forma esterior, el grado de la actividad cerebral i las


cualidades, pasajeras o accidentales de esta actividad,
los caracteres jenerales de las funciones fisiolójicas.»
Mirando a la lijera el cuadro facial de Balmaceda,
nada de notable se nota; fijándose
atentamente, sin
embargo, con cuidado observador, en aquella fisonomía,
luego se descubre en el triángulo
invertido, formado
por los ángulos esteriores de los ojos sombríos i la es-
tremidad inferior de la nariz aguileña, algo que contri
buye a darle un aspecto rudo.
La brutalidad i astucia se> confunden con la dureza
satánica de sus facciones. Tiene una cabeza grande

como la de Gambetta, frente espaciosa coronada por

un cráneo bien cimentado, aparentando representar

ideas grandiosas, pero mui egoístas.


Dilatado debe ser su cerebelo, i pesado, cargado co
mo está con los feroces instintos que tiene
manifestados,
-
-mi

i que le saltan a los globos oculares como una suplan

tación ilusoria.
El rostro es ovalado, de pómulos un poco salientes,
i viene estrechándose hasta llegar al cuello, largo, como

el de los violentos sanguinarios.


Las orejas son regulares i pulposas ; la barba es de
licadamente redonda; tiene una semejanza con la barba
de Henriette Cornier, el célebre monomaniaco homicida,
que sirvió de asunto a uno de los mas bellos estudios
del notable alienista, C. Marc. La boca es grande i los
labios delgados, ocultándose bajo unos sedosos i espesos
bigotes que principian a encanecer. En estos últimos
tiempos la solia abrir para articular rujidos de cólera,
órdenes de ejecuciones temerarias, i asesinatos.
La nariz gruesa, voluminosa i aguileña, tiene cierta
semejanza con el agudo pico del cóndor, el terrible ra

paz de los Andes ,


formando ángulo tras un peque
. . . .

ño surco impreso en cada lado de ella.


Los ojos, sobre todo, este fiel espejo que refleja el
interior humano, son negros, brillantes, de mirada fir
me i aguda como los del avestruz, queman i hieren,
al abrigo de espesas i negras pestañas, describen con

la fisonomía inferior del rostro un conjunto fatídico.


/ Sü astucia, su mirada fija i penetrante i su andar
acompasado i majestuoso, le imprimen un sello de au

toridad temeraria i poderosa.

Su duro,
mirar i vidrioso, ajitándose a
sanguinario

veces, los párpados con movimientos casi espasmódi-

cos, le dan a su fisonomía austera el sello del homicida


apasionado, casi epiléptico!......

En otro artículo entraremos en un análisis suscinto

de las señales anamnésticas, si por acaso las tiene Bal


maceda.

IV

Un estudio completo de los signos anamorésticos de


Balmaceda no podemos hacer con toda seguridad, pues
ignoramos das particularidades de s\. infancia i püber-

26

202 —

tad. Lo que podemos afirmar es que fué arrebatado en


sus amores, llegando a concebir locas pasiones feme
niles.

También no hace muchos años que el Tirano, por


poco no fué víctima de una fiebre palúdica complicada
con otros desarreglos en su organismo.

Unánimes están los mas aventajados antropólogos-


psj^chopatas en considerar las manifestaciones violen
tas de pasiones amorosas como causa, a veces, de una
complicación en el sistema nervioso, que después pue

de dejenerar en casos psychotomáticos declarados.


¿Quién nos podrá decir que Balmaceda haya escapa
do a esos peligros i que no fuese paciente de tal o cual
afección en la masa encefálica, preparándose para una

futura enfermedad epiléptica?

¿Quién nos podrá decir que él no pasó el primer pe

ríodo de esa terrible enfermedad cerebral?

El estado somático del Tirano no ofrece anomalías


fisiolójicas diversas de las que ya hemos apuntado.
De lo que hemos dicho se puede deducir, en presen
cia de un caso singular de alucinación o de locura, co

mo el de que tratamos, lo siguiente:

(a) O Balmaceda fué un ambicioso vulgar, estraviado


cuando al dar el golpe decisivo de su completo domi

nio i grandeza pública, vio huir en el terreno mismo

de la realidad la prueba comprobatoria de su triunfo


absoluto;
(5) O fué un fanático por sus ideas político-filosófi

cas i relijiosas, que interpretó mal el sentimiento del


patriotismo;
(c) O Balmaceda fué un infeliz criminal eonjénito,
por instinto o accidental, que en su período avanzado

se manifestó después impelido por una causa objetiva.

Sentados estos antecedentes históricos del tirano,


opinamos por la anomalía conjenital que talvez le de
bió afectar su organismo.
No se puede objetar que a nuestro tipo se le puede
aplicar el calificativo especial que Lauvegne da a mu
chos hombres célebres, criminales de jenio. Basta el úl-
r-
203 —

timo hecho de Balmaceda para contestarlo: la flaque


za, la cobardía vergonzosa que manifestó huyendo como

un reprobo ante las filas patrióticas de los revoluciona

rios triunfantes en Valparaiso, en vez de lavar su nom

bre infamado con su propia sangre, con valor i civismo


en el campo de batalla.
No nació para Marte!
Nó.
Balmaceda nunca pudo ser un criminal de jenio; no
pasó de ser un tipo vulgar de la clase de los mattoides,

de Lombroso.
Sufre talvez la nevrasthenia moral, de Benedickt, en
su período áljido.

Las horrorosas escenas que presenció durante su


Dictadura, los asesinatos que ordenó cometer i los
martirios a que sometió a numerosos de sus compatrio

tas, amigos i aun parientes consanguíneos, manifiestan


la cualificacion que se le puede dar a su equilibrio
mental, mui parecido al de un epiléptico.
Los caracteres jenerales mas comunes, dice Legrand
du Saulle, en su tratado Étude médico-légale sur les epi-

liptiques, de los crímenes cometidos por los epilépticos,


pueden resumirse en los siguientes síntomas: enerjía

en un acto determinado; ferocidad en la ejecución del

mismo; ningún disfraz para consumar el hecho; abso


luta indiferencia; i ausencia absoluta de todo sentimien
to de remordimiento
El aprovechado alienista, M. de Blanche, citado por
Julio de Mattos, hace en su obra Des homicides commis
par les alienes, la siguiente calificación de los delincuen

tes epilépticos:

«En la primera categoría se puede colocar a los epi


lépticos impulsivos que, con mirada ardiente, rostro
encendido i la mirada perturbada, se precipitan con

violencia, etc. A la segunda clase pertenecen los epi


lépticos que espían i parecen premeditantes de llevar
a cabo su agresión, etc. A la tercera
división, por últi
mo, pertenecen los epilépticos que parecen inofensivos,
a los cuales, ademas de ataques
eclampticos, se les
pro-

2M —

duce en la mente una perversión duradera. Estos son


los mas temibles de todos, actúan en virtud de una delibe--
ración preconcebida, pacientemente, i no hacen esplosion
.

sino cuando el estado conjestivo de su cerebro, manifestado:

por síntomas habituales, adquiere una intensidad suficienr

te para determinar la violencia final .»

Nos parece que a esta última categoría pertenece


José Manuel Balmaceda!
Prosigamos con la última parte de nuestras conside
raciones.

Vamos a analizar al Tirano que Venimos estudiando


i a poner fin con este artículo a. las consideraciones que

nos sujieren su especial i sus particulari


temperamento
dades de hombre público. Puede a pri
singularísimas
mera vista parecer inútil e impertinente un estudio

psichiátrico de ese hombre que nada tuvo de notable;

mas, Balmaceda no es hoi simplemente el ex-Presidente


de Chile, nó, Balmaceda es hoi un tipo, talvez el único
en la historia contemporánea, del Dictador perfecto,

cruel en estremo, voraz, satánico, i como tal compren

dido en las clasificaciones de la criminalidad antropo-

lójica, i por lo tanto, un tipo universal.


Balmaceda es un reo de lesa patria ante las naciones
civilizadas; es un asesino vulgar i malvado ante la hu
manidad; es un fratricida ante todos sus compatriotas;
es un picaro execrable ante la conciencia de los pue

blos!
Creemos que el infeliz tirano, cuando se proclamó
Dictador, asumiendo todo el poder público suficiente para

sofocar la revuelta armada, según su propio decir, en


traba al período áljido de desenfrenada ambición, i
su

los acontecimientos posteriores que sucedieron fueron

los síntomas de una epilepsia mui avanzada.


¿Por qué demostraba él ese temor histérico de ser

vencido, ese miedo nervioso que atacaba al tirano al



awS —

punto de hacerlo cometer los mas atroces crímenes i


barbaridades?
¿Qué indica su flaqueza vil ante el Ministro brasilero

que le desaprobaba acremente su infame i pérfida con

ducta de ordenar fusilar los siete emisarios revolucio


narios provistos de salvo-conductos para Valparaiso i

Santiago, i que estaban bajo el amparo de las banderas


francesa, americana i brasilera, insultándolas locamen
te de esa manera?

¿Qué denotaba bu deshonrosa cobardía característica

de abandonar su ejército en el mismo momento supre

mo de la desgracia, i huir como el Judío Errante de la


leyenda?
Luego, ignora que la prontitud, la violencia,
nadie

el medio i la después de consumado el crimen,


cobardía

son síntomas morales mui comunes en los criminales

epilépticos, reconocidos sin discordancia por los mas


aventajados profesores en psicomaquia.

En de Balmaceda, se le nota mu
cuanto al carácter

cha paridad con el de un epiléptico en el período avan


zado, que es el caso de que tratamos. Refiriéndose a las
particularidades especiales del individuo epiléptico,
escribe el profesor Schüle, en su Manual dans
enfcrmi-

dades mentaes, citado por Julio de Mattos en el tratado


A Loucura, pajina 197:
«El carácter de los epilépticos es de una estraordi-

naria irritabilidad mórbida, propensa a trasformarse

rápidamente en actos impulsivos.

Son individuos caprichosos i desconfiados, fáciles de


exitarse contra sí mismos i contra los otros, turbulentos

i taciturnos, ora demuestran una alegría cuya causa


muchas veces ignoran, ora una tristeza exajerada, ya

humildes i con tendencias relijiosas, luego orgullosos, du


ros i déspotas. »

En la revista Archivio di Psichiatria, dice el señor


Verga :
«Es de notar en el epiléptico, por lo jeneral, un ca

rácter desigual e interminenté.

Sumamente impresionable, se torna fácilmente im-



206 —

petuoso i colérico, ejecutando actos irreflexivos, sin


cuidarse de las consecuencias posteriores que pueden
traer la consumación de ellos.»
Mas aun, sobre este mismo tema, cita el eminente
profesor portugués de Psicopatía Sessuale Krafft-Ebing,

las siguiente líneas:


«A propósito debemos notar en ellos, índole
anormal,
vesanía, humor hipocondriaco, apatía mental, irresolu
ción, un estado de gran timidez i de ansiedad en vista de
las menores acciones que vd a practicar; miedo, angustiai
con uñ carácter obstinado en
violento, anómalo, orijinal,
sus propias ideas e incapaz de una acción leal »
Sin una línea de diferencia, hé ahí el verdadero ca
rácter del ex-Dictador chileno, que todos pueden com
probar si recorren un poco su memoria, i los
propia
episodios sangrientos de guerra i esterminio que levan
tó contra sus propios hermanos.
Balmaceda distinguióse siempre, desde su infancia,
por una contumacia excesiva, mucha violencia i accesos

de irritabilidad... La irritabilidad, escribe J. Falret,


constituye la particularidad dominante del carácter habi

tual de los epilépticos. Tratado De Vetat mental des


epileptiques.

Mas, Balmaceda era dominado por tan violentas pa

siones, tenia tanta de sangre, que con la mayor in


sed

diferencia se entregó, lo mismo que un reyezuelo afri


cano a mortificar a sus compatriotas! Los rasgos ca

racterísticos objetivos del tirano se aproximan mucho

a los del Melloni do Asylo de Ferrara, el cual fué obje

to de estudio para el doctor Bonfigli!


A muchos legos en la materia podrá parecer admi
sible que Balmaceda conserve aun su juicio sano i per

fecto después de la serie de diversos crímenes que có-


metió? cuando buscó por todos los medios a su alcance
la fuga.
Nada de estraño i singular, sin embargo, su conduc
ta actual, porque sus mismos actos
constituyen, cabal
mente, el estilo mental del epiléctico, sobre todo del

207 —

epiléptico en embrión, caso en que consideramos está

comprendido el tirano!
«Los epilécticos, según Delasiauve, en su Traite de
Vepilepsie, confiesan su crimen cometido, con tanta me

nor dificultad, cuanto que están seguros de que al ha


berlo ejecutado, solo han obrado en lejítima defensa, u
obedeciendo instinto involuntario.» I otro profe
a un

sor, cuyo nombre no recordamos, dice que la mayor


parte de los epilépticos, después de sus accesos crimi
nales de locura, vuelven á su mismo estado antiguo de

buen sentido i comportamiento, dejando la duda en


muchos espíritus respecto a la veracidad de su dolencia

mental.
En suma, hemos designado su lugar al sanguina
ya

riotirano, en la galería de los delincuentes epilépticos:


José Manuel Balmaceda, puede sentarse con su frente
erguida en la tercera categoría de esos infelices, sabia

mente clasificados por Blanche.

¿Merece o nó el castigo correspondiente a sus per


versos crímenes?

Nada nos importa decir a este respecto.


El castigo moral ya lo ha recibido de la Humanidad
con la maldición universal i eterna; el castigo físico

incumbe únicamente a sus compatriotas i a la justicia


chilena.

Merece, talvez, el castigo que se impuso el bandido


de Querétaro, que quiso esclavizar a Méjico, o talvez
el espacio comprendido entre los helados muros de un
manicomio. Balmaceda es un reo, reo peligroso, para
el cual es necesario inventar un castigo especial.

Dejamos el nombre de este feroz hombre, i que se


apiade de él la bondad del Dios misericordioso que pre

side los destinos de las naciones, %que ve distintamente el

fondo de su conciencia.
Itagiba.
ÍNDICE

Pija.

Dedicatoria m
Introducción v

I PARTE

X*A. DICTADURA

Prensa francesa.

Revue des deux mondes. (La guerra civil en Chile)


1
Le Fígaro. (Los blindados chilenos)

19
L'Autorité. (Durante el terror.

Carta de Chile)

22
Le Nouveau monde. (Francia i Chile)....,

26
La Republique Francaise (Chile)
— ■
29
Le Fígaro. (El Presidente Balmaceda)

32
La Justice. (Los asuntos de Chile. La elección del


señor Clau
dio Vicuña 35

Prensa inglesa.

The Times. —
(La revolución de Chile) 38

Prensa boliviana.

La Época. (Con Chile)



, 42
La Libertad. (La belijerancia)

44

Prensa norte-americana.

The Nation. —
(La situación en Chile) 46
27

210 —

II PARTE

XmA. o a. r r> a

Prensa inglesa.
Pájs.

The Daily News.— (La caida de Balmaceda) 53


The Times.— (La caida de
Balmaceda) 59
The Times.— (La. revolución de Chile) 63

Prensa francesa.

La Justice. (La guerra chilena)



67
L'Autorité. (La derrota de Balmaceda)

70
Le Soir— (El desenlace) 72
Le Temps. (La revolución de Chile i el triunfo de los
— cengresis-

tas) 74
La Petite Republique.— (En Chile) 78
Le Siécle. —
(La victoria de loa congresistas) 81
La Bataille. (Balmaceda, Boulanger exótico)

83
Le Petit National.— (La caida de Balmaceda) 85
Le Rappel. (Golpe de estado frustrado)

87

Prensa belga

U Independance belge. —
(La guerra civil en Chile) 90

Prensa italiana

II Diritto.-(El triunfo de la revolución, la victoria de Valparaiso) 92


La Tribuna.—{El triunfo) 94
La Nwva Antología. Revista de ciencias,

artes i letras. ('Reseña
Política) 97

Prensa alemana

Berliner Tagerblatt. (El triunfo del Congreso chileno)


100
Opinión de otros diarios alemanes 101

Prensa española

El Globo. (La guerra de Chile)



, 102
El Imparcial.--(Per&a del dia, Chile) 105
La Época. (Los sucesos de Chile)

107
Prensa norte amerioana
Pájs.

The New York Herald.— (ha. derrota de Balmaceda) 111


The Trubune.— (La revolución de 114
Chile)

Prensa brasilera

Gaceta da Noticias. (Crónica de la semana)



116
Jornal do Campiñas. (Salve a Chile)i

120
O'
Tempo. (La guerra chilena)

122

Prensa oriental

El Siglo. —
(La revolución chilena,) 124

Prensa arjentina.

La Prensa. (Hermoso espectáculo)



130
La Nación. (Triunfo definitivo de la revolución)

135
Id. (La primera figura militar de la revolución)

137
Id. (Papel de la marina')

139
La Tribuna. (Con motivo de la caida de Balmaceda)

142
El Heraldo. (Espléndido triunfo de la revolución chilena)

144
Sud América. (¡Adelante!

Guzman Blanco, Santos, Balmace

da i ) 147

Prensa venezolana.

El Radical. (Usurpador)
— 150
El Partido Democrático.—(Balmaceda) 153

III PARTE

El* SUICIDIO

Prensa inglesa.

The Times. —
(El suicidio de Balmaceda) 159

Prensa francesa.

Le Fígaro. —
(Los tiranos modernos) 164
'm
212 —

Prensa norte-americana. ,

Pájs.

The New York (Bilmaceda i Chile.-Orgullo i ambición) 169

Prensa colombiana.

La Situación. —

(Balmaceda) 172

Prensa peruana.

El Comercio. (El suicidio de don José Manuel


Balmaceda) 179
The Peruvian Mail. (Balmaceda)

183

"

Prensa 'boliviana'.

El Comercio. —

(Balmaceda) 185

Prensa arjentina.

LaPrensa. —
(El cadáver de Balmaceda) 187

APÉNDICE

Prensa brasilera.

Jornal do Campiñas. —

(Balmaceda) 195

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