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ALBERTO FAGALDE
LA PRENSA ESTRANJERA
LA DICTADURA CHILENA
RECOPILACIÓN DE ARTÍCULOS DE LA PRENSA
DE EUROPA I DE AMÉRICA SOBRE LA DICTADURA CHILENA, TRIUNFO DE LA
CONSTITUCIÓN I SUICIDIO DE DON JOSÉ MANUEL BALMACEDA
SANTIAGO DE CHILE
Huérfanos 46-D
"Santiago,"
Imprenta
1891
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ALBERTO FAGALDE
LA PRENSA ESTRANJERA
LA DICTADURA CHILENA
RECOPILACIÓN DE ARTÍCULOS DE LA PRENSA
DE EUROPA I DE AMÉRICA SOBRE LA DICTADUIiA CHILENA, TRIUNFO DE LA
CONSTITUCIÓN I SUICIDIO DE DON JOSÉ MANUEL BALMACEDA
SANTIAGO DE CHILE
Huérfanos 46-D
"Santiago,"
Imprenta
1891
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I
Mr. Thomson
"TIMES"
CORRESPONSAL DEL DE LONDRES
El mas noble, el mas jeneroso de los periodistas
estranjeros que defendieron la Constitución de
Chile, el réjimen parlamentario i el honor de un
pueblo ultrajado por un Déspota, dedica esta reco
pilación, su repórter i admirador,
Alberto Fagalde
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INTRODUCCIÓN
No es Chile pais de revoluciones.
No es pueblo tampoco qne acepte tiranías.
La estrecha unidad territorial, la homojeneidad de su raza,
nuas mismas ideas relijiosas, principios políticos acentuados de
senvolviéndose mediante evolución lójica i natural, el sistema
centralizador de gobierno, los hábitos de trabajo i hasta el clima
meridional mismo, han hecho difíles, casi imposibles, i en todo
caso escepciouales, esos estallidos populares que han retardado
el progreso de los demás pueblos latino-americanos de tempe
ramento ardiente, con mas o menos grandes incomunicaciones
con el poder central i pon costumbres holgazanas por la rique
za natural de su suelo.
La i honradez de nnestros gobernantes, la sujeción a
seriedad
la voz i
los derechos del pueblo, olvidados sólo en dos o tres
a
ocasiones por gobiernos de fuerza,, ha sido ademas otra de las
cansas para que Chile se haya visto felizmente privado de aque
llos cataclismos sociales i políticos; i precisamente, en las dos o
tres ocasiones en que ha habido olvido de los deberes por parte
de los gobernantes i han querido hacer pesar sobre el pueblo sn
férrea mano, este se ha levantado i les ha dicho:
Aquí estoi yo!
Es un hecho histórico incontrovertible que la Dictadura de
O'Higgins durante el nacimiento de Chile como pais organizado,
cayó porque el pueblo, qne apenas conocía sn fuerza i su poder,
así lo-quizo i porque aquél estaba dotado de nua de esas almas
jenerosas i espontáneas que no conoció otros dictados que los del
patriotismo ni otros rasgos que los de lamas sublime abnega
ción.
Los levantamientos habidos en el pais desde la caida de
O'Higgins (1823) hasta 1833, no pueden considerarse sino como
la jestacion difícil i laboriosa de la, futura forma e ideal de go
bierno que habríamos de adoptar. Mas tarde, las revoluciones
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—
VI — 1
de 1851 i 1859, no tuvieron otro carácter que el de desembara
zarnos de un gobierno de fuerza que, a pesar de todo, contó con
los poderes constitucionales i con el reconocimiento que entonces
i ahora se ha hecho a su buen espíritu de organizar i encarrilar
el Estado.
Desde 1859 hasta el I.° de Enero de 1891, es decir, durante
31 años, Chile no ha tenido asomo de convulsión interna, i sólo
se ha turbado la labor paciente de la tierra i sus industrias,
el dia en que fué necesario resguardar la integridad i la honra
de la Patria.
Estos antecedentes de tranquilidad le habian dado a Chile.
singular prestijio en el mundo civilizado, señalándosele como un
modelo entre las Repiíblicas siid-americanas; los chileuos nos
enorgullecíamos de es-te dictado i no nos esforzábamos en con
servarlo porque estaba en nuestra naturaleza i porque éramos
gobernados con seriedad, honradez i liberalidad.
Sin embargo, a la alborada del 7 de Enero del presente año
se produjo el levantamiento de nuestra gloriosa marina, rom
piéndose de un golpe esta paz interna de 31 años ¡ los hábitos, las
tendencias i la tradición nacional, poi decirlo así.
Este levantamiento produjo, nó en el pais, qne palpaba minu
to a minuto la necesidad de romper el yugo que lo oprimía, sino
en el estranjero, que veia a la estrella de Chile jirar en órbita
diametralmente opuesta a la en que habia hecho durante tantos
años su carrera triunfal en el cielo americano, jeneral efecto de
asombro i desconfianza.
La lejanía Chile, el poco roce con los países americanos i
el desconocimiento casi absoluto qne se tiene en Europa de
nnestro desenvolvimiento político, le daban a la desobediencia
de la Escuadra al Poder Ejecutivo constituido, un carácter de
gravedad incontestable que fácilmente pódia producir el des
prestigio de su banderade combate. El hecho de mismo que el pue
blo no secundara el movimiento i de qne el ejército siguiera pres
tando su cooperación al Ejecutivo, podia tomarse como alza
miento sin base, prestijio i noble fin, a pesar de verificarse
a nombre i con representación a su bordo de uno de los pode
res constitutivos del Estado.
El gobierno de Balmaceda era considerado como legal en el
esterior; i aunque no habian dejado de llamar la atención, sobre
los'
todo en Inglaterra, gastos enormes e inusitados en el
pais,
que se hacían en las Obras Públicas, es lo cierto que no se cono
cía el nacimiento, desarrollo i ruptura de la grave cuestión poli-
—
VII —
tica hacía un año, o mas, envolvía al Presidente i al Con
que
greso de Chile.
Los ministros diplomáticos i demás empleados de la Repúbli
ca en el esterior,salvo honrosísimas cseepciones, respondían
mas a la personade Balmaceda qne al desempeño de un eleva
do cargo público de la nación, informando a los gobiernos res
pectivos ante los cuales estaban acreditados, favorablemente al
Dictador proclamado, i pervirtiendo el criterio jeneral por me
dio de escritos calculadamente hostiles a la cansa de la Arma
da i del Congreso, que era la del pais.
Lo que dejaban de hacer estos ajentes diplomáticos lo llena
ban los escritores i ajentes especiales pagados por Balmaceda a
razón de tantos pesos oro cada alabanza a su. paternal gobierno
i cada mentira a cerca de la situación política de Chile.
Así pudimos observar con pena, que los gobiernos estranjeros
miraron con profunda desconfianza el comienzo de la. revolu
ción chilena, i que muchos de ellos favorecieron abiertamente a
la Dictadura que se enseñoreaba sanguinariamente en este pais
de libertad, permitiéndole equiparse, armarse i pasar tropas
organizadas por sus territorios. Al mismo tiempo, los periódicos
de ambos mundos estudiaban la cuestión chilena bajo un pris
ma falso i perjudicial para los intereses de la revolución.
Uno de los diarios que goza de mas reputación en el mundo,
The Times, de Londres, enviaba un corresponsal especial que
desde su llegada se puso al servicio del Dictador, mandando in
formaciones absolutamente dañosas a la causa del Congreso,
asegurando que éstos eran una oligarquía i que el pueblo chile
no estaba de parte de Balmaceda. En esta campaña siguió Le
Journal des Debats, de Paris, i otros diarios europeos.
En América, el Dictador mandó a todas partes plumas com
pradas, a tanto el mes, que no solo defendieron al usurpador
sino que vomitaron toda clase de injurias en contra de la revo
lución mas civilizadora, política i socialmente considerada, que
haya habido en América.
De este modo, i mediante el tesoro acumulado por la honra
dez administrativa de Chile, la Dictadura no solo contaba con
un ejército comprado con nn 50 % mas qu«í se le pagó mensual-
mente, con un pueblo que tenía trabajo i no estaba en aptitud
de conocer el significado de la lucha del Congreso contra el
usurpador, sino qne por la corrupción política de sus ajentes di
plomáticos i el oro con que llenó los bolsillos de periodistas
adocenados, el mas infame, el mas traidor i el mas farsante de
los gobernantes que ha podido tener América, llegó en nn mo
mento a contar con todo lo necesario para hundir la enseña re
publicana i de libertad que ostentaban las naves de la Repúbli-
.XWHS
VIII —
ca i que cruzaba por el Pacífico en busca de un puerto amigo
para plantarla i enseñorearla para siempre!
*
* *
Al mismo tiempo que esto pasaba en el esterior, en el terri
torio de la República eran cerradas las imprentas libres, apresa
dos sus periodistas, encarcelados todos los que eran sospechosos
de no ser afectos a la esclavitud, perseguidos, torturados, asesi
nados, quemados, todos los que no aceptaban la mas brutal de
las dictaduras. Sólo podían lanzar su voz los que se prosterna
ban ante el Tirano o los qne se doblegaban ante sus sótanos
llenos de barras de plata i de papel-moneda falsificado.
De esta manera pudimos ver en esta tierra de Camilo Hen-
riquez, de Bello, de Jotabeche, de Lastarría, de Vicuña Mac
kenna, de los Arteaga Alemparte, de Blanco Cuartin, de Zoro-
babel Rodríguez, Máximo Lira, Orrego Luco i Valdés Vergara,
que aparecía una pandilla de caga tintas (como decia Sarmiento)
sin una idea, sin un principio de moral; pero que dia a día pu
dieron vaciar el tonel de la inmundicia, escrita sobre lo que hai
de mas noble, de mas caracterizado, de mas respetable en la so
ciedad chilena.
Ah! yo no sé si existe alguna lei eu nuestros códigos que cas
tigue a La Nación, al Orden, al Comercio i al Recluta, pero si sé
que nO habrá seguramente aquí i fuera de aquí, ahora como en cual
quier un solo hombre honrado, que no condene con toda
tiempo,
la enerjíade sa alma aquel torneo de infamias en qne se insul
tó así a los mas puros de nuestros majistrados i hombres públi
cos como a las mas dignas matrona de Chile.
Formaron éstos, Balmaceda i sus ajentes, tal tejido de embus
tes, que tenían completamente estraviada la opinión pública.
El telégrafo, el correo, la circulación libre por los ferrocarriles
i vapores, es decir, todos los medios posibles para dirijir el cono
cimiento de los sucesos que se desarrollaban entre nosotros, esta
ban a su esclnsivo servicio, i feliz el que podia atravesar los
Andes en medio de sus nieves, si no caía como Lastarría.
Sin embargo, aun en medio de esta época de terror, no lo
gró la Dictadura acallar por completo a los diaristas indepen
dientes i aplastar las cabezas de los que le resistían en medio
de la zozobra que nos rodeaba. Solo en Santiago se editaron como
quince periódicos sacados en las sombras, escritos, compuestos,
impresos i repartidos en el mayor sijilo i que llevaban a las almas
aflijidas un rayo de luz i una esperanza... En este recuerdo que
hacemos en honor de la prensa estranjera, cabe apuntar los nom-
\«í^:\*Jf
—
li
bres de los principales de estos periódicos que arrostraron las
furias dictatoriales.
El Constitucional, La Revolución, El Heraldo, La Justicia,
La Horca, El Diario Oficial del verdadero Gobierno, El Con
greso, El Republicano, El Amigo del Pueblo, La Dictadura,
La Restauración, La Patria, El boletín de la noche (de Valparai
so) i otros que aparecían de debajo de la tierra desesperando
a los esbirros de la Dictadura. En la noble campaña de estos
periódicos se distinguieron numerosas señoras i señoritas de la
mejor sociedad, que buscaban suscriciones para ayudar a los gas
tos, i repartían sijilosamente sus ejemplares en todo Santiago.
Diversas fueron, pues, las causas que dificultaron el conoci
miento real de la revolución chilena en el estranjero.
1.a
La tradición de pueblo tranquilo, que tenía Chile.
2.a
La lejanía del pais i el desconocimiento de su política in
terna.
3.a
El hecho de que el pueblo no secundara enérjicamente el
movimiento de la Escuadra.
4.a
La acción de los ajentes diplomáticos de Balmaceda.
5.a
La propaganda activa de periodistas a sueldo de la Dicta
dura.
6.a
La dificultad de las comunicaciones i la imposibilidad ca
si absoluta que se tuvo del pais.
para salir
Poco a poco fué, no obstante, haciéndose la luz alrededor de
los sucesos de Chile. Algunos chilenos residentes en el estran
jero, empezaron a escribir en los periódicos, rastreando el oríjen
de la lucha i presentando al desnudo la política falaz del Presi
dente Balmaceda, el engaño i la mentira levantada como arma
política, la insensatez para gastar los dineros del Estatlo, la im
posición de una candidatura presidencial, el desprecio al Poder
Lejislativo, hasta llegara precipitar al pais en un abismo sin las
leyes fundamentales que deben gobernarlo i dirijirlo.
Convencida la prensa estranjera que el Presidente Balmaceda
1.°
se habia puesto fuera de la lei en de Enero del presente año,
empezó ya a segnir con mas interés el movimiento de la Escua
dra chilena que llevaba en sus mástiles la bandera de la demo
cracia americana en contra del poder absoluto.
En América, distinguióse en primer término un diario de
Buenos Aires, La Prensa, que en sesudos artículos estudió la
cuestión chilena i puso al servicio de la revolución todo el pres
tijio de qne goza dentro i fuera de la República Arjentina. La
■»
»
—
X —
siguió El Diario, i ambos fueron los heraldos del Congreso chi
leno en el Plata.
La misma ardorosa actitud han mostrado los diarios del Uru
guai, qne unánimes, han combatido la Dictadura chilena.
No es de estrañar que la prensa brasilera acompañara a la
revolución de Chile. El Brasil está acostumbrado al réjimen
parlamentario i estaban suficientemente preparados los brasile
ros para comprender que ese movimiento de la Escuadra no te
nía otr-o fin qne restablecer el imperio de la Constitución í de las
leyes a que ella ha prestado incondicional obediencia desde 1820.
La prensa del pais no solo ha estudiado la revolución chilena en
su oríjen, trascendencia i fin, poniéndose invariablemente al la
do del Congreso i celebrando el triunfo de la Constitución en tér
minos que comprometen la gratitud nacional, sino que cam
peando en el terreno de los estudios frenolójicos i de las teorías
de los crimalistas italianos, ha tratado de estudiar la tendencia
de Balmaceda hacia el mal i presentarlo como un criminal
morboso.
La prensa de Bolivia pasó desde un comienzo, o sea desde
la ocupación del territorio de Tarapaca, a formar parte de la fi
la de nuestros defensores, no solo porque así le era indispensa
ble para su comercio, sino porque, habiendo entrado en una era
ile rejenefacion política, así se lo exijia la consecuencia lójica
de su campaña republicano-democrática.
La prensa del Perú se ha mantenido hasta hoi mismo en
cierto estado de retraimiento que lo sentimos, pero lo compren
demos. Sin embargo, si la mayoría de los diarios lian cayado su
opinión franca sobre la revolución de Chile, no han dejado de
manifestarla varias plumas autorizadas i que bastan, por sí so
las, para asegurar que en el Peni han estado las simpatías de
parte de la legalidad y de los principios políticos que sustentaba
la revolución de Chile.
Otro tanto ha sucedido en los demás pueblos americanos de
la costa del Pacífico, i si no incorporamos opiniones de la pren
sa de algunos de ellos, es a cansa de la dificultad de comunica
ciones que hemos sufrido durante la Dictadura i después de
ella.
Para cerrar este lijero del csmino seguido por la pren
cuadro
sa americana cou referencia la revolución chileua, debemos
a
agregar que los Estados Unidos, así como Centro América, por
el órgano de sus principales publicaciones, no han cesado nn so
lo momento de ponderar la enerjía de la marina de Chile i
las cualidades heroicas del pueblo chileno resistieudo durante
ocho meses a la despotía entronizada. Las informaciones del
New York Herald, que ha gastado muchos 'miles de pesos en
WfmF*;
—
xi —
telegramas, puede decirse que han dado la vuelta al mundo i
han de base a la
servido .prensa europea para formar idea de la
marcha de la revolución.
Es tanto mas notable i digna de recordación la actitud de la
prensa de Estados Unidos, cnanto estaba establecido «en Was
hington, en la legación de Chile, en la casa del representante
autorizado de la Dictadura, un taller de mentiras que sin crite
rio ni provecho, podían perturbar la opinión.» No fué así, sin
embargo, i esto no solo acusa el buen criterio de la prensa nor
te americana, sino que demuestra qne la bandera de la revolu
ción de Chile merecía el respeto universal.
Tanta o mas impresión ha hecho en Europa la marcha i
sobre todo el triunfo de la revolución chilena, pues, no conoce
dores los europeos de la política i la sociabilidad chilena, habrían
necesariamente de estrañar esta singular revolución en nombre
de los fueros del Congreso que se emprendía en el mas lejano
rincón del mundo—
¿Cómo, en Chile, que muchos lo creen
la Patagonia i la Tierra del Fuego, puede haber estallado una
revolución tan civilizadora que nos puede dar ejemplo? —
se pre
guntaba mas de un periodista enropeo. —
Son unos insnrjentes
ambiciosos! decían a voz en cuello los delegados del Dictador, i
así lo creyó Le Journal des Debuts i a punto estuvo por acep
tarlo el sesudo The Jaimes.
Pero no faltó un hombre ilustrado en las cosas de Chile que
saliera a la palestra i manifestara con elocuencia, con ardor i
perfecta buena fé, el oríjen, las tendencias i el fin de la revolu
Times*
ción. Este hombre fué el corresponsal del en Madrid i
Lisboa, Roberto L. Thomson, Esq.
«Roberto L. Thomson, Esq. luego qne tuvo conocimiento en
Madrid de lo que pasaba en Chile, i leyó las informaciones que
dirijia al Times el corresponsal enviado por la dirección al Pa
cífico, escribió al gran diario londonense i le manifestó el error
de apreciación en que se le hacia incurrir, informándolo de- la
política chilena, de la situación de los partidos, i poniendo al
desnudo la infame Dictadura qne se desarrollaba en este país de
libertad, de respeto a la Constitución i a las leyes, i de circuns
pectos i honrados gobernantes que, si pudieron en muchas oca
siones cometer errores, jamas habian sido traidores a la Pa
tria.
Mr. Thomson, que habia conocido a Chile en 1890, habia
podido apreciar las condiciones sociales i políticas de nuestopaís,-
así como pudo imponerse de lajestacion de la dictadura, me
diante el lujo de menosprecio que Balmaceda hacia del Parla
mento, que, para un ingles, es seguramente una de las mas
graves faltas de un gobernante. Mas tarde, en Europa, al ha-
—
XII —
blar los Delegados de la Junta de Iquique, señores Matte i
con
Ross, pudo conocerdirectamente i de fuente autorizada los su
cesos de Chile.
El mismo Mr. Thompson, refiriéndose a estos dos honorables
representantes de la Constituciou en el estranjero, ha declarado
«que le inspiraron muchísima confianza por la sinceridad de sn
conducta i la seriedad de su carácter. No ha podido tener Chile,
ha agregado, servidores mas dignos que estos ajentes confiden
ciales del Congreso. Su reconocida buena fé, su talento, su ac
tividad incansable, les ha abierto todas las puertas i les ha
conquistado jeneral respeto. El sepor Ross goza de gran consi
deración en los círculos comerciales de Londres i en el Ministe
rio de Relaciones Esteriores. La posición del señor Matte es
ignal en Paris.»
Se habia penetrado Mr. Thompson de tal manera de la justi
cia í razón del movimiento revolucionario, en Chile, que ha de
clarado lo siguiente:
<cSi Balmaceda, o mas bien dicho, si el réjimen que éste en
carnaba hubiese triunfado, yo habria perdido la fé en el porve
nir de la América republicana. La victoria de la lei sobre un
gobierno arbitrario coloca a Chile en una situación mui respe
table.»
De esta manera posesionado de la situación de Chile, pudo
fácilmente, dado su recto criterio i su honorabilidad, dirijir la
opinión de Inglaterra i de Europa, desde las columnas del Times
a la fuente del^jonflicto chileno i decirles:
La causa del Parlamento chileno es la causa de la civiliza
ción.
Balmaceda es un tirano que quiere esclavizar a su Pa
tria.
I la Europa le creyó, vino la corriente de simpotías hacia
nuestra bandera hermosa, brotaron por todas partes dificultades
a los Ajentes dictatoriales, quienes no pudieron hacer compras
de armamento, ni de buques, ni equipar los Presidentes Errá
zuriz i Pinto, i retardar su envío a las costas del Pacífico.
Pero Mr. Thompson no solo nos hizo estos bienes morales i
materiales con su activa propaganda en el Times, sino qne ha
hecho una noble acción mas que ha comprometido la gratitud de
los chilenos en términos tales que lo colocan entre uno de nues
tros mas queridos i jenerosos amigos. Al saber el hundimiento
del Blanco Encalada, fué tal la impresión qne le produjo, que
inmediatamente escribió a los señores Matte i Ross pidiéndoles
que le indicaran en qué podría servir a Chile, i enviándoles una
letra de mil pesos oro para ayudar a los gastos de la revolución.
Esto habla al corazón i al patriotismo de los chilenos!»
—
XIII —
Esa corriente no ha cesado un solo momento hasta la caida
del Dictador i el suicidio de Balmaceda. La carta que copiamos
enseguida da una muestra de la impresión producida en Europa
con respecto a la revolución chilena.
«Paris, 4 de setiembre de 1891. El eco que los sucesos de
—
Chile han tenido en Europa, ha sido inmenso. La prensa de In
glaterra, Béljica, Alemania, Francia i todo el Mediodía de la
Europa, ha seguido nuestra terrible crisis con el interés que solo
excitan los glandes acontecimientosdel mundo; i la esplosion de
entusiasmo qne ha seguido a la caida de Balmaceda puede solo
compararse con la que la Europa acojió la sublime aventura de
Garibaldi sobre el reino de las dos Sicilias. Nada resume mejor
esta impresión que el juicio frió i filosófico con que después de
varios editoriales termina el Dayly News el dia de ayer. «La
caida de Balmaceda, dice, es en el gran drama de la historia, el
acto final que señala la preponderancia definitiva de las asam
bleas sobre los poderes absorbentes i arbitrarios. Ya no habrá
en el mundo mas salvadores de pueblos contra la voluntad de
los pueblos mismos. Napoleou III i Bismarck, qne tentaron la
misma aventura han sido también vencidos en su hora, etc., etc.»
«Un rasgo que nos ha enternecido i satisfecho a la vez, es la
conducta de los estranjeros que han estado antes en Chile i que
han sido ahora nuestros entusiastas colaboradores en todas par
tes de Europa. Uno de ellos, Mr. Thompson, corresponsal del
Times en Madrid, comenzó haciéndose presente en Abril con
una donación de cinco mil francos para los gastos de la revolu
ción (que no le fueron aceptados) e inició enseguida en el Times
la enérjica campaña porque se ha distinguido ese gran diario en
nuestro favor. Schwartz en Hamburgo, Rodríguez en Roma,
don Pedro Ynste en Barcelona, i muchos otros han trabajado
como chilenos. Schmidt, que está ahora mas vigoroso en Ale
mania que loque fué antes en Chile, nos ha ayudado eficazmen
te, i ayer me ha mandado una carta postal después de otras car
tas i telegramas, en los siguientes térmiuos.
«Desde la cumbre del Niederval (el gran monumento de Ger-
mania) un triple :
¡Viva Chile!
Herrn. Schmidt —
Marie N. Schmidt.-»
«Muchos hombres de Estado en Francia han sido también
nuestros amigos decididos. Entre ellos te nombraré a Clemen-
ceau, Jules Ferry, Casimir Perier, P. de Cassagnac, Bardeau,
Constans, etc., etc. Sin embargo, no puede decirse lo mismo de
—
XIV —
la conducta del Gobierno que fué débil i vacilante sobre todo si
^
se la compara con la actitud neta i decidida de 'los gobiernos
español, portugués, italiano i alemán.»
Queremos dar una lista de los diarios franceses que mas se
han ocupado de la revolución i bau dado juicio unánime a favor
del Congreso chileno.
Gil Blas Le Petit Parisién
L'Eclair La Bataille
La Petit National Le XIX Siécle
La Petit Republique Le Roleil
Le Petit Caporal La Presse
La Bataille Le Radical
Le Mot d'Ordre Le Monde
Le Patrióte La Paix
L'Estafette L'Egalité
La Republique Francaise La Petite Presse
La Lanterne La France
Le Jour La Cocarde
Le National La Gazette de France
Le Siecle La Nation
La France Nouvelle La Gjronde
Le Moniteur Universel La Liberté
L'Oservateur Francais La Souveraineté
Le Voltaire Le Pays
La Justice Le Telegraphe
Le Fígaro La Patrie
Le Rappel L'Univers
L'Autorité Le Courrier dn Soir
Le Soir Le Petit Marseillais
L'Echo de Paris La Gazette de Bruselles
L'Iatransijeant Le Nouveliste
Le Temps ■
Le Nonveau Monde
Le Parisién
Sería tarea mui larga reproducir las opiniones de los diarios
dan'
i de toda Europa i América, que nos
revistas la razón uni
versal al levantarnos en armas contra el usurpador. Sólo reco
pilaremos aquellos que pueden dar una idea histórica del oríjen,
de la marcha i de la caída de la Dictadura.
Así hemos dividido los artículos de la prensa estranjera en
tres partes:
1.a
La Dictadura.
2.a
La caída.
3."
El suicidio.
Ellos darán una muestra del efecto producido en América i
Europa por esta revolución impopular dentro i fuera de la Re
pública, como la calificaban los plumarios de la Dictadura.
La resonancia universal qne la revolución de Chile ha tenido
i la corriente de simpatías qne nos ha traido, el conocimiento
que se ha hecho de la política i de la sociedad de nuestro lejano
pais en el estranjero, nos indemniza en parte de los sufrimientos
de esta larga lucha en contra de la Dictadura que pretendió
sumirnos en el oprobio i la vergüenza.
Hemos afianzado nuestro prestijio ante el mundo, i de hoi en
adelante ya no se nos considerará como una Patagonia o una
Tierra del Fuego.
El 7 de Enero i el 28 de Agosto son dos fechas para la demo
cracia: cada vez que se levante un tirano, ya se tiene el ejemplo
dado por este rincón del mundo.
Alberto Fagalde.
Santiago, Noviembre de 1891.
• '•mmt-
-mí
I PARTE
LA DICTADURA
LA GUERRA CIVIL EN CHILE
(De la «Revue des Deux Mondes» del 15 de junio de 1891)
Chile, como se sabe, es uno de los
de Améri
países
ca que a, principios del siglo yugo de
sacudieron el
España. Una vez terminadas las luchas de la indepen
dencia, Chile, como las demás colonias, procuró darse
una Constitución política. Después de algunos ensayos
se llegó, en 1833, a la Constitución por la cual se han
gobernado los chilenos hasta el dia. Según esta Cons
titución, modificada posteriormente, el Poder Legislativo
1.°
se compone: de una Cámara de Diputados, elejida
por el sufrajio universal directo, renovable íntegramente
2.°
cada tres años; i de un Senado, igualmente elejidp
por el sufrajio universal directo, i que debe renovarse
por mitad en los mismos períodos que la otra Cámara.
El derecho de sufrajio pertenece a todo chileno de edad
de veintiún años que sepa leer i escribir.
Los miembros del Congreso no gozan de remune
ración alguna i sus funciones son absolutamente incom
patibles con todo empleo, comisión o negocio rentado
por el Estado. El voto es secreto i acumulativo, es
decir, que se obtienen tantos votos cuantos candidatos
hai, i que se pueden aplicar todos a un solo candidato.
Hai un diputado por cada 40,000 habitantes i un sena
dor por cada 3 diputados.
El Poder Ejecutivo está confiado a un Presidente de
la Kepública, elejido por cinco años, por sufrajio de
2
dos grados, i no puede ser reelejido sino después de
trascurrido un período.
En cuanto a las atribuciones del Congreso i del
Poder Ejecutivo, son mas o menos las mismas que en
Francia. Todos los actos del Presidente deben ser acom
pañados por la firma de uno de los seis ministros, bajo
pena de nulidad. Los ministros son responsables del
ejercicio de sus funciones ante las cámaras, las cuales
pueden interpelarlos i censurarlos. Ademas, el Senado
puede, por acusación de la Cámara de Diputados,
juzgar a los ministros cuando se trate de crímenes de
traición, cohecho i malversación dfi fondos públicos,
infracción de la Constitución o violación de las leyes, i
por haber comprometido gravemente el honor o la se
guridad de la nación.
Chile tiene una población de 3.200,000 habitantes i
una superficie equivalente a una i media vez la de
Francia. Su presupuesto desde largos años se salda con
un excedente de entradas; estas ascienden a 70 millo
nes de pesos, o sea, 350 millones de francos. A princi
pios de 1889, habia en el Tesoro un excedente que
subia a 150 millones de francos. La deuda del Estado,
en cuanto al capital, excede apenas de la cifra de las
entradas anuales.
Los principales partidos de Chile son: el
políticos
partido liberal i El partido li
el partido conservador.
beral está en el poder desde hace cuarenta años. Como
en casi todos los paises en que no existe la cuestión
de dinastía, la diferencia capital de su credo solo es re
lativa a puntos que se relacionan con la relijion: in
fluencia mas o menos grande del clero i laicalización de
las instituciones. El partido liberal sostiene el libre
examen, la no participación de la iglesia en los asun
tos políticos, laenseñanzadel Estado; i el mantenimiento
délas reformas hechas en estos puntos: abolición de los
antiguos privilejios eclesiásticos, leyes sobre los rejis-
tros del estado civil, cementerios laicos comunes, etc.
Por lo contrario, el partido conservador, quisiera ver
dominar en todos los consejos la fé relijiosa, i sos-
—
3 —
tiene la de la enseñanza primaria, secundaria
abolición
i superiordel Estado, como también las demás refor
mas indicadas. Por lo demás, para la organización po
lítica, judicial i local, por ejemplo, los programas de
ambos partidos han dejado de diferenciarse, salvo, na
turalmente, en algunos puntos secundarios. De 120
diputados, 100 pertenecen a las diversas fracciones del
partido liberal i 20 al partido conservador; de 40 se
nadores, 35 pertenecen al partido liberal i 5 al partido
conservador.
II
Don José Manuel Balmaceda fué elejido Presi
dente por cinco años, en Setiembre de 1886. Diputado
desde largos años, i después senador i jefe de
ministerio, el señor Balmaceda se habia hecho notar
por su espíritu reformista i liberal, por una elocuencia
bastante brillante, aunque superficial, i por una táctica
hábil eu el arte de manejar a los hombres i a los par
tidos. Bastante conocido por sus doctrinas francamen
te liberales i por su elevada posición social, no le costó
gran trabajo al señor Balmaceda obtener, en las
elecciones presidenciales de 1886, no sólo las sim
patías sino el apoyo fiíme del presidente anterior. Pe
ro, si este apoyo aseguró su elección, fué también la
causa de una división profunda en el partido liberal.
La fracción mas avanzada i mas independiente de ese
partido no vaciló en combatir al señor
Balmaceda, en
razón del oríjen de su candidatura i de su carác
oficial
ter nervioso i variable. El partido conservador se mos
tró igualmente hostil al señor Balmaceda, pero la in
fluencia oficial prevaleció una vez mas, i el Presidente
actual subió al poder el 18 de Setiembre de 1886.
El señor Balmaceda inauguró su gobierno con una
política hábil, invitó a todos a la concordia, i
después de algunos meses, podia apoyarse en todas
las fracciones del partido liberal. Su gobierno comen
zaba así bajo los mejoi'es auspicios i nada hacia preveer
/,'
A;
'■
'i
~
4 —
las tempestades posteriores. Las cosas marcharon
bastante bien hasta principios de 1889, en cuya época
todo el mundo pudo notar que el Ministro de Industria
i Obras Públicas, considerado hasta entonces como el
miembro mas modesto i, por decirlo así, el mas inofen
sivo del gabinete, iba tomando todas las esterioridades
de un delfin; sus opiniones eran las que mas influían
en las reuniones del conseja de ministros i gozaba
de gran favor en la tertulias del presidente. Con mo
tivo de un viaje a las provincias, este Ministro tomó
la palabra i desarrolló un estenso programa de obras
públicas (construcción de escuelas primarias e indus
triales, ferrocarriles, cárceles, etc.), programa que sus
colegas del ministerio acojieron con cierta sorpresa.
Finalmente, hechos de menor importancia se
otros
produjeron, i Congreso i el pais pudieron conven
el
cerse de que el señor Balmaceda no ocultaba su inten
ción de emplear toda su influencia en servicio de la can
didatura de su ministro de Industria, don Enrique S.
Sanfuentes, para la elección presidencial de 1891.
Semejante propósito en favor de un hombre que de
sempeñaba por vez primera una función pública, i que
solo era conocido hasta entonces por su buena suerte en
las operaciones de la Bolsa, no podia menos que tropezar
con una seria resistencia; La fracción del partido libe
ral que habia combatido la elección del señor Balma
ceda, aumentada con la mitad de los antiguos partida
rios de éste, sin declararse en hostilidad abierta,
procuró encaminar de nuevo al señor Balmaceda en el
buen camino. A consecuencia de estos esfuerzos tuvie
ron lugar varios cambios ministeriales. La influencia
del señor Sanfuentes parecia apartada, pero en reali
dad sólo estaba adormecida i pronta a despertar. El
tiempo trascurría, i el señor Balmaceda i su favorito
juzgaron que había llegado la hora de contar sus
amigos i de poner en movimiento los resortes podero
sos de la máquina gubernativa. Aprovechándose de
la clausura de las Cámaras, el señor Balmaceda
disolvía el Ministerio que pocos dias antes contaba
—
5 —
con el apoyo casi unánimede las Cámaras, i en Enero
de 1890 formaba otro, compuesto de sus amigos per
sonales i abiertamente contrario a la opinión de la
mayoría parlamentaria.
Este Ministerio gobernó durante varios meses; su
principal tarea consistió en procurarse una mayoría en
la Cámara de Diputados, o al menos, en el Senado, pa
ra las sesiones ordinarias del mes de junio de 1890. El
Presidente i sus Ministros no lo lograron, i no estando
éstos dispuestos a recibir un voto de censura del Con
greso, se retiraron a fines del mes de mayo de 1890.
Pero el señor Balmaceda no tardó en reemplazarlos
con otros seis amigos suyos, que, mucho más adictos
que sus predecesores, no debian retroceder ante ningún
obstáculo. Tuvieron, en efecto, el valor de presentarse
a las dos Cámaras i declarar con altanería que no es
peraban tener el apoyo de la mayoría parlamentaria,
pei'O que, a pesar de ello, estaban resueltos a conservar
el poder mientras poseyeran la confianza del Presidente
de Ja República.
Con intervalo de dos o tres dias, ambas Cámaras
contestaron con una mayoría de las tres cuartas partes,
haciendo uso por primera vez en una larga vida parla
mentaria, de su derecho de censura contra el Ministerio.
Sin embargo, no por ello dejó el Ministerio de continuar
en el ejercicio de sus funciones i, desertando de la sala
de sesiones, creyó poder continuar tranquilamente su
tarea administrativa i sus esfuerzos a favor del señor
Sanfuentes.
Tres meses trascurrieron de ese modo, durante los
cuales las Cámaras discutieron dos proyectos de leyes
orgánicas de grande importancia: uno sobre elecciones
i otro sobre organización comunal.
Se acercaba el mes de julio, i con él la época en que
espiraba el presupuesto de las entradas del año prece
dente. Era indispensable una nueva lei para que el go
bierno continuara percibiendo los impuestos, pues una
disposición constitucional lo prescribe formalmente
—
6 —
Era también el momento esperado por las Cámaras
para hacer valer positivamente su autoridad.
En efecto, por una mayoría de las tres cuartas par
tes, las Cámaras suspendieron la autorización de per
cibir los impuestos hasta el momento en que se forma
ra un gabinete que tuviera el apoyo de la mayoría
de ambas Cámaras. Convencido de que las Cámaras
retrocederían ante las consecuencias enojosas que, si se
prolongaba, imponia al pais semejante situación, el
Ministerio procuró, a pesar de todo, sostenerse en el
poder. Teniendo los ciudadanos el derecho incontesta
ble de rehusar el pago del impuesto, el gobierno no se
atrevió a cobrarlo i Chile estuvo durante veinticinco
dias bajo un réjimen ideal: todos los servicios públicos
funcionando regularmente i los ciudadanos exentos de
toda carga, sin derechos de aduana, ni de timbre i de
rejistro, sin contribuciones mobiliarias, ni aun la obli
gación de franquear las cartas.
La situación iba agravándose cada dia i no tardaron
en estallar algunas manifestaciones peligrosas. En
Iquique, el puerto del salitre, miles de mineros i de
obreros del gremio de jornaleros, abandonaron su
trabajo para entregarse a ruidosas manifestaciones.
En Valparaiso, el primer puerto del Pacífico, después
de meetings de ambos partidos, se empeñó en las ca
lles una lucha jeneral, que no pudo reprimir la policía.
Quedaron en el campo varios muertos i mas de cua
trocientos heridos.
En presencia de semejante situación, los hombres
mas importantes de Santiago, por su posición social,
Bor su fortuna i por su calidad de miembros de la
niversidad, del foro i del cuerpo médico, se reunieron,
no para protestar i hacer actos de partido político, sino
para dirijir al señor Balmaceda el consejo de los repre
sentantes del orden, de la jente ilustrada, de los hom
bres desapasionados, sin ideas preconcebidas; i para
demostrarle la necesidad de salvar al pais, haciendo un
llamado a su patriotismo. El señor Balmaceda recibió
con frialdad la delegación de los seis ciudadanos nom-
7 —
brados por ese comicio, i sin promesa alguna, se con
tentó con quejarsede la mayoría de las Cámaras, arro
jando sobre ellas la responsabilidad de la situación.
Sin embargo, un poco después, el señor Balmaceda
volvió hacia atrás i aceptó la mediación del arzobis
po de Santiago. Después de algunas conferencias se
arribó al resultado deseado: un ministerio compuesto
de hombres alejados desde algún tiempo de las luchas
de partido, aunque de mucho mérito, asumió el poder,
adoptando como programa de gobierno la neutralidad
i la mas absoluta abstención de toda influencia oficial
en las próximas luchas electorales. De esta manera se
llegó a la constitución de un ministerio parlamentai-io,
bajo la presidencia del señor Prats, hombre notable,
antiguo jefe del gabinete durante la guerra del
Pacífico,
i antiguo presidente de la Corte Suprema de Justicia.
Por primera vez, desde veinte años atrás, estaba repre
sentado en el gobierno i obtenía una cartera el partido
conservador. Todo parecía arreglado: las cámaras
votaron las leyes de presupuestos. El pais entero ma
nifestó su satisfacción i volvió a su habitual tranquili
dad. Pero, desgraciadamente, no tardó en verse nue
vamente desengañado: mui pronto debieron reconocer
los nuevos Ministros que nada eran ellos en el gobierno
i que, el señor Balmaceda, dejándolos a un lado, se
entendía directamente con los intendentes i iiacia
preparar la campaña a favor del candidato oficial. Los
seis ministros se dirijieron al señor Balmaceda para
pedirle mayor libertad de acción i la autorización de
cambiar algunos intendentes, abiertamente partidarios
del señor Sanfuentes.
Tras la respuesta negativa del i no que
presidente
riendo prestarse a ayudar una política ala que estaban
encargados de poner término, los Ministros se retiraron
el 15 de Octubre de 1890.
Una vez votada la lei de presupuestos, el señor Bal
maceda no necesitaba ya, en efecto, un ministerio
parlamentario i, sin el menor
escrúpulo, volvió a lla
mar a sus antiguos amigos.
3
—
8 —
El primer acto de este nuevo ministerio fué la clau
sura de las sesiones estraordinarias principiadas quince
dias antes por convocación hecha por el Presidente de
la República bajo el ministerio precedente. Obrando
así se impedia toda interpelación i todo voto de cen
sura.
La comisiónconservadora, que se podría llamar en
Francia, Comisión Nacional, es una institución recono
cida por la Constitución chilena. Consiete en una
delegación de siete miembros de cada cámara, cu
yas principales atribuciones son de cuidar, durante el
receso del Congreso, de la observancia de la Consti
tución i de las le)^, i dirijir al jefe del Estado las
comunicaciones referentes a tales funciones. Ademas,
puede pedir al Presidente que convoque a las cámaras
en circunstancias escepcionales.
Haciendo uso de ese derecho representó esa co
misión un papel importantísimo en los acontecimien
tos cuyo relato hacemos en este momento. Tan pronto
como se clausuraron las cámaras, se reunió la
Comisión Conservadora i después de un debate que
será célebre en la historia parlamentaria de Chile,
dirijió una nota al Presidente pidiéndole la convoca
ción inmediata de las cámaras, come medida absoluta
mente necesaria i urjente, no habiendo sido discutidas
aun la lei anual del presupuesto de gastos i la que
autoriza la permanencia del ejército i de la marina. El
señor Balmaceda se negó a ello, i en consecuencia, la
Comisión continuó reuniéndose tres veces por semana.
Lo mas selecto de ambas cámaras estaba representado
allí; la conducta del gobierno motivaba los mas bri
llantes debates.
La gran sala del Senado era estrecha para conte
ner a los asistentes, i una numerosa multitud se esta
cionaba en los alrededores del palacio lejislativo a fin
de aclamar a los representantes de la nación a la salida
de las sesiones. Esta Comisión fué de ese modo el
hogar de la opinión i de las protestas contra la conduc
ta del señor Balmaceda.
9 —
En la prensa independiente í en los meetings, se
consideraba la dictadura como un hecho, mientras que
los diarios gobiernistas sostenían que el Ejecutivo podia
lejítimamente prescindir de las leyes indicadas.
Por fin, se acercaba el 1.' de Enero de 1891, fecha
de la espiración del presupuesto de gastos. La Comi
sión Conservadora renovó sus instancias al Presidente
para la convocación de las cámaras i le hizo observar
que, por el hecho de gastar una suma cualquiera sin
la aprobación previa de la lei de presupuestos, i por el
hecho de conservar el ejército i la marina sin autoriza
ción de una lei, se colocaba fuera de la Constitución i
de la lei. En efecto, dice el artículo 37 de la Constitu
2.°
ción: «Sólo en virtud de una lei se puede: Fijar
anualmente los gastos de la administración pública; i
3.°
Fijar igualmente en cada año las fuerzas de mar
i tierra que han de mantenerse en pié en tiempo de
paz o de guerra.
Pero el señor Balmaceda no tenia intención de ceder,
i el 1.° de Enero de 1891 estableció, de su propia auto
ridad, el presupuesto de los gastos del año.
Lejos de disolver el ejército le aumentó el sueldo en
un 50 por ciento
mas; despidió a todos los empleados
que no eran pai-tidarios del gobierno; declaró por de
creto el estado de sitio, violando el derecho esclusivo
del parlamento; prohibió por la fuerza las reuniones
públicas, etc.
Fué esta la señal de la insurrección.
No pudiendo las dos ramas del Congreso reunirse ni
dentro ni fuera del palacio leiislativo, en vista de las
medidas tomadas por el señor Balmaceda, se pusieron
de acuerdo para firmar, con una gran mayoría, una
acta en la cual, después de haber las viola
enumerado
ciones cometidas por el Presidente de la República
contra la Constitución i la lei, i después de invocar el
art. 27 de ésta que da al Congreso la facultad de de
clarar cuándo ha llegado el momento en que el Pre
sidente no puede ejercer sus funciones, sea por causa
de enfermedad, ausencia u otro motivo grave, sea por
—
JU —
causa de fallecimiento, dimisión
u otro impedimento
absoluto, hizo la siguiente declaración.
se
«El Presidente de la República don José Manuel
Balmaceda está absolutamente incapacitado para con
tinuar en el ejercicio de su cargo, i, en consecuencia,
debe cesar en él desde el dia de hoi.»
Al mismo tiempo se formularon protestas en todo el
pais, pero no costó gran trabajo al ejército i a la policía
sofocarlas.
La resolucióntomada por la escuadra, el 6 de enero,
vino a cambiarla faz de las cosas. Esta, en vista de
una nota firmada por el presidente de la Cámara de
Diputados i por el vice-presidente del Senado, desco
noció la autoridad del gobierno, i. después de haber em
barcado algunos jefes de la oposición parlamentaria, se
alejaba de Valparaiso e iba a tomar posesión de las pro
vincias del norte de Chile.
Mas tarde, la escuadra estableció el bloqueo de va
rios puertos, agotando de ese modo casi la única fuen
te del tesoro chileno: el producto de las aduanas.
Desde luego, las noticias telegráficas han demostra
do el progreso de la revolución; todo pareciaencaminar-
se hacia la solución reclamada por el Congreso, la
dimisión del señor Balmaceda. Pero este resultado no
debia obtenerse tan fácilmente. El señor Balmaceda ha
preparado perfectamente su resistencia: ha nombra
do Ministro de la Guerra a un jeneral, e Intendentes a
gran número de coroneles; ha cambiado a todos los
oficiales dudosos o poco entusiastas por su causa, i as
cendido con un grado a todos los demás; ha duplicado
el sueldo de los oficiales i de las tropas; ha recojido
las armas 1 municiones diseminadas en las provincias;
ha elevado a 30,000 hombres el efectivo del ejército ac
tivo i ha hecho perseguir i encarcelar a todo ciudadano
capaz de tomar la iniciativa i dirección del movimiento
revolucionario en las diferentes partes del pais.
En cambio, la insurrección solo tiene a la escuadra,
poderosa, en el mar, es verdad, pero que nada puede
hacer en el centro del pais. Su acción sólo a la larga
:.i —
puede proaucir aigun resultado. En efecto, de aquí a
pocos meses el gobierno habrá agotado los 20 millones
de de la reserva
pesos i los otros 10 millones emitidos
por decreto, i no siéndole posible sacar recurso alguno
de las aduanas, estará mui próximo a ser vencido, pero
quedándole aun tiempo para obrar.
Fuera de la escuadra, la insurrección tiene numero
sos brazos i adhesiones en todas partes, como también
el apoyo efectivo del clero i de las grandes fortunas
del país.
Las últimas noticias dan cuenta de haber tenido lu
gar algunos encuentros en las provincias del norte de
Chile, de los cuales uno bastante serio, en el que fue
ron completamente derrotadas la tropas gobiernistas.
No pudiendo ser atacadas esas provincias sino por
mar, los revolucionarios son dueños del territorio del
salitre i de los tres puertos que producen las tres cuar
tas partes de las entradas de Chile. Merced a esta
circunstancia los partidarios del Congreso han podido
organizar en Iquique un Gobierno que tiene a su frente
a los Presidentes de ambas Cámaras, i formar un ejér
cito para atacar al grueso de las fuerzas del señor Bal
maceda, reconcentradas cerca de Santiago.
En tales condiciones, es mui dilícil preveer cuál
será el resultado de la lucha, i decir quién obtendrá la
victoria. Todo lo que se puede asegurar en este momen
to, desgraciadamente para el pais, es que la lucha pa
rece se prolongará, a causa del poder i del aisla
miento de cada una de las fuerzas enemigas, i al pro
longarse, es probable que se convierta en una larga i
desastrosa guerra civil.
I ahora, ¿cuál es el objeto que persiguen el señor
Balmaceda i sus amigos por una parte, i la mayoría del
parlamento i el pueblo por la otra?
El objetivo del señor Balmaceda continúa siendo un
misterio; no puede suponerse que sacrifique a su patria
por la pura satisfacción de designar a su sucesor; tam
poco es probable que haya pensado quedarse en el
poder; ni él ni sus amigos exhiben, ningún pro-
—
r¿ —-
grama, ninguna doctrina, ninguna justireforma para
ficar una política cualquiera. Por ha podidoeso no
nadie encontrar una esplicacion plausible en la conduc
ta del señor Balmaceda, i la mayor parte se inclina a
creer que solo obedeció, al principio, al deseo de hacer
prevalecer sus miras i de conservar una parte de su
influencia después de la espiración de su período; i que,
mas tarde, se dejó llevar de su desmedido amor propio,
seriamente herido en una lucha política demasiado
ardiente, i en la cual el Presidente, olvidándose de que
era jefe, descendió a menudo al rango de soldado i
combatió como tal.
Sin embargo, es preciso reconocer que la larga per
sistencia del señor Balmaceda en su política de discor
dia, i la terrible gravedad de la situación provocada
por él, no están en relación con los motivos que acaba
mos de esponer, i es mui posible que su propósito
sea conservar el mando después del período quinque
nal.
Ahora, si el señor Balmaceda no juega su vida, lo
arriesga todo hacia un porvenir mas. o menos triste.
Es este también lo hará perma
el motivo principal que
necer sordo a del patriotismo, mientras conserve
la voz
la esperanza de triunfar. Fuera del ejército, que el.
temor i el espíritu de obediencia i de disciplina man
tienen bajo sus órdenes, el señor Balmaceda sólo tiene
mui pocos amigos, i éstos mui inferiores a él, de los
cuales, los mejores, se dejan llevar por un reconoci
miento mal entendido o por el deseo de conservar o de
adquirir notoriedad, que no habrían alcanzado en
mejores circunstancias. Los demás forman el séquito
obligado de toda especie de poder i no merecen que se
les mencione.
Por el contrario, el objeto que persiguen los que
hacen la revolución i sus partidarios, está perfectamente
definido: quisieron al principio derrocar una Dictadu
ra que ha roto con cincuenta i siete años de buenas
tradiciones parlamentarias; i, en seguida, i antes que
todo, quisieron librar a su patria de los peligros de una
—
13 —
Dictadura establecida con carácter permanente. En
demasiado
era evidente que, sin la revolución,
efecto,
el señor Balmaceda habría sabido formar un Congreso
suyo, bajo el cual la nación hubiera quedado definiti
vamente avasallada. Hoi dia estos motivos se encuen
tran desgraciadamente bastante reforzados, i la abne
gación de los congresistas hacia su causa debe crecer,
pues el peligro es ahora doblemente grave.
En efecto, hace algún tiempo el señor Balmaceda i
sus amigos proclamaron a don Claudio Vicuña, can
didato a la presidencia para las elecciones del 1.° de
Junio, candidato que, si el señor Balmaceda no es de
rrocado antes, tendrá la obligación de continuar la lu
cha después del 18 de Setiembre, en cuya fecha espira
el mandato del presidente actual.
Pero, por otro lado, el 29 de Marzo, tras la convoca
ción hecha por un decreto que deroga la lei de eleccio
nes, acaba de ser elejida una Asamblea Constituyente,
si se puedehablar de elecciones en un pais que es presa
de la guerra civil i que está sometido al estado de sitio
mas riguroso, que no puede reunirse, que no tiene dia
rios, etc. ¿En vista de qué formas ha reunido el señor
Balmaceda esa constituyente en circustancias tan es-
traordinarias i en contra de la constitución del pais, que
prohibe reforma de las leyes fundamentales, sin la
toda
voluntad de dos congresos sucesivos? ¿Se querrá acaso
declarar la reelección del Presidente de la República
para no afrontar los peligros de un 2 de Diciembre chi
leno? No lo sabemos; pero existen allí peligros de los
cuales importa salvar a una nación digna de mejor
suerte.
III
Se podría creer que los hechos que acabamos de
mencionar sumariamente, no son sino la manifestación
esterior de causas sociales mas o menos permanentes i
mas o menos profundas. Pero a propósito de esta re
volución, las tentativas de esplicaciones filosóficas se-
—
14 —
rian mui estériles. Solo es conocida en Chile la lucha
de las clases, la historia de las naciones de Europa;
por
tampoco existen las cuestiones obreras ni el socialis
mo; las discusiones relijiosas son igualmente descono
cidas, i los pocos que no son católicos fervientes, son
libres pensadores que a nadie molestan. La riqueza del
Estado i de los individuos no ha hecho sino aumentar,
en enormes
proporciones, desde 1880; las últimas cose
chas han sido excelentes; los salarios han seguido la
acostumbrada progresión. En una palabra, en Chile
no se puede señalar ninguno de los hechos sociales o
económicos que, las mas de las veces, son la causa de
las crisis políticas de los pueblos, i de las cuales, la
república vecina de Chile, la Arjentina, nos presenta
un ejemplo tan
notable, con la catástrofe económica i fi
nanciera de que es víctima actualmente.
Los acontecimientos de Chile tampoco son la conse
cuencia de un estado crónico de anarquía política, de
esa especie de disolución permanente a que han llega
do todas las repúblicas hispano-americanas i cuyos
distintivos característicos son los movimientos milita
res. Cincuenta i siete años no interrumpidos de gobier
no regular i constitucional, un crédito que permite ver
a la par en Europa los empréstitos de cuatro i medio
por ciento, Chile al abrigo de toda sospecha.
colocan a
Para los acontecimientos de Chile no son
probar que
la manifestación periódica de una organización política
que no ha llegado a su estado de madurez, como tam
poco de costumbres anárquicas i revolucionarias, cita
remos un hecho reciente que, mejor que cualquiera
otra cosa, dará una idea exacta de los progresos poli
ticos de Chile i del verdadero carácter de la revolución
que se está operando.
En 1881, el jeneral Baquedano quien, a la cabeza de
30,000 chilenos i después de sangrientas batallas, ha
bía sometido completamente al Perú i Bolivia, fué
proclamado candidato a la presidencia de la Repú
blica. Ese jeneral que, algunos meses antes, con
de de la del ha-
ocasión su regreso campaña Pacífico,
—
15 —
bia atravesado las calles de Santiago bajo arcos de
triunfo i lluvia de flores, ese jeneral no tuvo bastantes
partidarios para sostener su En Chile, el
candidatura!-
principio de Presidente de la República no pue
que el
de llevar espada, tiene una especie de fuerza constitu
cional. Ese mismo jeneral, con un ejército victorioso a
su disposición, respetó la opinión del país. Nos in
clinamos a creer que paia muchas naciones mucho
mas grandes, mucho mas civilizadas, mucho mas an
tiguas que Chile, nn seria fácil dar una prueba seme
jante i tan indiscutible de cordura política i de fé re
publicana.
Antes que todo, esta revolución es una revolución
forzosa, hecha de mala gana, que viene desde arriba,
provocada i aun buscada por aquel que se está de
fendiendo.
Se trata de uno de esos conflictos tan frecuentes en
el sistema parlamentario del tipo ingles, que Chile ha
imitado, i siendo el Presidente inamovible e irrespon
sable durante el ejercicio de sus funciones, una vez que
se niega a nombrar
un gabinete en conformidad de
miras con los de la maj'oría del Congreso, }'a
votos
no hai arreglo posible. Las armas poderosas que están
en manos de las Cámaras para obligar al Presidente
a seguir su política, se hacen ineficaces para llegar a
una solución.
Eso es lo llama equilibrio i separación de los
que se
poderes, justamente
pero bajo su aspecto mas enojoso.
Por eso ha obrado tan bien Francia no creando un Pre
sidente elejido por sufrajio direclo i con el mismo orí-
jen que el Congreso, sino haciendo nombrar al Presi
dente por el Congreso.
En Chile, por el contrario, se ha llevado tan lejos la
imitación del sistema ingles, que los miembros de la
Asamblea Constituyente de 1833 no retrocedieron
ante el absurdo de establecer, en una
república, un Pre
sidente que no puede ser juzgado durante el ejercicio
de sus funciones, aun en el caso de que se hiciera cul
pable de traición o del crimen de lesa patria.
—
16 —
Es, ni mas ni menos, la teoría de la impecabilidad de
la Reina de Inglaterra, considerados los Ministros o sus
consejeros cpmo responsables de las resoluciones
adop
tadas.
I en Chile el mal, pues las Cá
es mucho mas grave
maras no pueden ser disueltas por el Presidente para
provocar nuevas elecciones. Es preciso observar por
otra parte, que esta facultad acarrearía graves incon
venientes en un pa¡3 en que el jefe del Estado hace
pesar tan fuertemente su acción sobre los electores. Un
conflicto en tales condiciones no tiene, pues, mas salida,
que una revolución.
Hé las únicas causas con carácter jeneral que se
aquí
pueden en los acontecimientos de Chile.
señalar Si
hasta ahora esas causas no habian producido semejan
tes situaciones desde 1833, i si jamas se habia visto
permanecer de pié un Ministerio en oposición con la
mayoría de las Cámaras, es preciso atribuirlo a la enor
me preponderancia del partido liberal que gobierna
desde hace cuarenta años, al espíritu tranquilo i frío
del pueblo chileno, a la superioridad i cordura de los
hombres que han sido elevados a la presidencia.
En efecto, en la historia política de Chile, ha habido
dos presidentes mui arbitrarios, pero ambos se detu
vieron siempre ante la sola amenaza de una mayoría
de oposición i de una negativa de presupuestos.
En la historia reciente de Francia, hai un ejemplo mui
propio para dar una idea mas clara de lo que está pa
sando en Chile. Este pais es víctima de un 16 de mayo
llevado mucho mas lejos de lo que fué el verdadero,
pero infinitamente menos grave por la estension de la
escena en que se representa.
El glorioso mariscal de Mac-Mahon que, sostenido
por un poderoso partido de reacción, no quería ceder
ante la opinión del Congreso, cedió ante la posibilidad
de una revolución, mientras que el señor Balmaceda,
sostenido únicamente por un puñado de políticos i
sin estar obligado a sacrificar ni personas ni princi
pios para dar satisfacción al Congreso, desafia la cólera
—
17 —
de un pueblo que, por su raza araucano-española, tiene
demasiada enerjia.
En cuanto a las consecuencias probables de esta re
volución, es preciso distinguir las consecuencias pura
mente políticas i las consecuencias económicas i finan
cieras.
Las primeras variarán según el resultado del al ucha,
pero, podemos asegurarlo, las instituciones del pais
concluirán por ser considerable i favorablemente mo
dificadas después del resultado de la lucha. La
poco
presión las elecciones llegará a ser mucho
oficial en
menos poderosa; serán reducidas las atribuciones del
Presidente, i probablemente será en adelante justicia
ble en toda época ante el Senado, como lo son hoi dia
los Ministros tras una acusación de la Cámara; final
mente, se llegará a descentralizar la administración que
hasta el dia de hoi ha estado enteramente en manos
del Ejecutivo.
Tales son las reformas que reclama desde largo
tiempo la opinión pública del pais.
Por el contrario, las consecuencias económicas i
financieras de la revolución, aparecen bajo un aspecto
mui diferente i nada podría apartar los males que de
ella resultaran.
Poruña parte, la circulación de 50 millones de fran
cos en
papel-moneda, reservados hasta el 1.° de Enero
en las cajas del Estado para ser amortizados poco a
poco, i la emisión por decreto de otros 60 millones
de papel de curso forzoso, amenazan producir una
gran depreciación del papel del Estado.
Es, ademas,
mui probable que el señor Balmaceda con los recursos
agotados, tenga nuevamente que recurrir a los asigna
dos, lo que agravaría mucho mas la situación mone
taria.
Por otra parte, los gastos estraordinarios ocasionados
por la guerra civil, los males causados ala agricultura,
que ha quedado sin brazos por la movilización de 40
mil hombres, i la suspensión casi absoluta de todo co
mercio de importación i de esportacion, i como conse-
4
-
18 —
cuencia, la cesacióndel trabajo de las principales indus
trias, acarrearán inevitablemente una crisis económica
para el pais i graves embarazos financieros para el Es
tado, a no ser que el señor Balmaceda, al ver las pro
porciones considerables que ha tomado la revolución, se
resuelva, sin mas tardar, a presentar su dimisión.
Tal es la revolución chilena en sus manifestaciones
esteriores, sus caisas i sus consecuencias probables.
Debe esperarse que un pueblo tan adelantado como
Chile, sepadar fin mui pronto a una situación tan crí
tica, nacida de los caprichos de un hombre que, olvi
dando que era el primer servidor de la nación, se creyó
su amo. Solo con esta condición podrá Chile volver al
camino del progreso i conservar el rango que le da su
desarrollo material e intelectual entre las demás na
ciones del nuevo mundo (1).
(1) Después de escritas estas líneas, la situación de los dos
recíproca
partidos no se ha modificado en Chile Los únicos hechos
notablemente.
nuevos que merecen mención especial son, de una parte, la destrucción del
blindado Blanco Encalada por una torpedera presidencial; i de otra parte,
la ocupación de la provincia de Atacama por las fuerzas dal Congreso. Las
dificultades financieras del Presidente Balmaceda i su situación ya dema
siado crítica, se hin agravado considerablemete con el secuestro de los bu
ques chilenos construidos en Francia, que acaba de decretar provisional
mente el tribunal del Sena. La respuesta de los capitalistas europeos a
quienes se ha dirijido i la resolución definitiva adoptada en este asunto de
los buques, no puede menos que ejercar una seria influencia en la solución
del conflicto, o al menos, en la duración de las desgracias actuales de Chile.
LOS BLINDADOS CHILENOS
í.°
(De Le Fígaro del de Julio)
Hoi debe verse la apelación en el asunto de los blin
dados chilenos; los últimos despachos llegados de
Chile dan particular ínteres al fallo de los jueces.
Balmaceda continúa conduciéndose como el último
de los salvajes {le dernier des sauvages); el látigo ha
llegado a ser su medio favorito de gobierno. Ha tenido
la desfachatez de tomar presas a personas refujiadas
en el consulado de Francia, i ha sido menester la in
tervención personal del encargado de negocios interino,
M. de France, para que soltara su presa. (De paso
quiero dejar constancia de que los informes publicados
hace dias en estas mismas columnas a cerca de nues
tra representación en Chile, no venían de oríjen con
gresista, sino de fuentes francesas. I con esto, quedan
satisfechas ciertas
curiosidades.)
He aquí, pues, al gobierno de Mr. Balmaceda, al
hombre que pide la entrega de los blindados mandados
construir por el gobierno chileno, al cual ya no repre
senta legalmente.
Ignoro fallo en el sentido que lo solicita puede
si un
serjustificado, legal o jurídicamente; pero sé que el
buen sentido i los intereses franceses se negarían a
suscribirlo.
Balmaceda no mandó construir los blindados en su
carácter de Balmaceda, sino en su calidad de Presi
dente de la República de Chile. Ahora bien, el Con
greso lo ha depuesto, no es, pues, ya
nada, i los dos
—
20 —
tercios de Chile, toda la armada i una parte del ejér
cito se han puesto de parte del Congreso que repre
senta la totalidad del pais. ¿Cuál
es, pues, el verdadero
gobierno? Es Balmaceda depuesto o el Congreso que
lo depone? I sobre todo ¿qué piden los congresistas?
Nó que se les entreguen los blindados, sino que no
sean entregados al hombre que
consideran, i con justo
título, como rebelde a las leyes; en tanto que Balma
ceda espera los navios para cañonear la costa que se
halla en poder de los congresistas, i para poder decir,
como ya lo dice: «la Francia me envia socorros,» Este
hombre ha encontrado medio de convertir los blinda
dos construidos en Francia por hombres cuya profe
sión es esa, absolutamente como la de los pasteleros
es hacer pasteles, en blindados franceses enviados en
su ayuda. I es aquí donde la política vuelve a adqui
rir sus derechos, i por lo que es de esperar que los
jueces no permitirán la partida de los famosos buques.
En Chile la influencia francesa es mui grande: los
intereses franceses considerables, pudiéndose aun au
mentar dia a dia. No
descompongamos, pues, tan her
mosa situación.
El triunfo de los congresistas es seguro: antes del
mes de Setiembre Balmaceda, por lo menos, habrá sido
derrocado. ¿I creerá nadie que los congresistas se sen
tirán entonces dispuestos Francia a encar
a volver a
gar sus construcciones después de que la política o la
justicia francesa les hubiese sido desfavorable? Se ig
nora acaso que los alemanes hacen inmensos esfuerzos
para arrebatarnos la influencia que tenemos en Chile?
Si los blindados hubieran sido mandados construir en
Alemania, yo garantizo que no habría habido pro
ceso.
I me preguntosi es posible, con el corazón lijero.
perder uno de los países que han permanecido fieles a
la influencia francesa. Es por esto por lo que me saca
de quicio este asunto de los blindados, que no es tan
importante en sí mismo, para nosotros al menos, pero
que para los chilenos estas tres casas flotantes repre-
—
di
sentían millones de pesos i millones de vidas. ¿Pero
no -es triste ver que siempre que hai un charco de por
medio se ha de caer en el garlito, cuando se trata de
la verdadera intelijencia de los intereses de la Francia
en el estranjero?
Jacques St-Cére
DURANTE EL TERROR
CARTA DE CHILE
(De L'Autorité del 21 de Julio)
Recibimos la'correspondencia siguiente:
Santiago, 9 de Junio de 1891. Greo que el estado
—
en que se encuentra Chile no puede ser comparado
sino a la situación de Paris durante la Comuna de 1871.
Balmaceda, viendo que todo el pais se volvia contra él,
se ha aferrado al poder i no encuentra mas medio de
alejar el momento de su caida, que la prolongación de
la guerra i del terror para
el establecimiento impedir las
continuas defecciones que se producen a su alrededor.
Se deben ya conocer en Europa las causas de la re
volución chilena, que dura desde hace seis meses.
Balmaceda, ha desgarrado la Constitución que habia
jurado respetar. Los presidentes de las Cámaras, de
bidamente autorizados por la mayoría de los senadores
i diputados, lo han depuesto. No es pues, mas que un
usurpador, rodeado de aventureros, pero que se sostiene
todavía por el concurso de varios jefes del ejército, cuya
complicidad se habia conseguido previamente.
El partido de los constitucionales o congresistas, está
formado por las personas mas tranquilas i mas honra
das, que solo quieren restablecer el antiguo orden que
habia hecho de Chile la República modelo de la Amé
rica española.
Son los principales capitalistas, literatos, grandes
industriales i hombres de Estado de todos los partidos,
—
23 —
sostenidos por el prosiguen una güe
quienes, pueblo,
ña heroica contra la dictadura mas desenfrenada que
haya visto la América, tan fecunda, sin embargo, en
gobiernos estravagantes i tiránicos.
La guerraha comenzado por el norte. Un puñado de
valientes se ha apoderado del puerto de Pisagua; esos
hombres han bajado de los buques antes de haber po
dido organizarse militarmente; habia algunos aun que
llevaban el sombrero de pelo conque se habian embar
cado precipitadamente en Valparaiso. Tal lia sido el
núcleo del ejército constitucional. Ha aumentado des
pués con la defección de las tropas de Balmaceda i con
un abundante enrolamiento de ciudadanos que han
acudido de todo el pais.
En el momento en que escribo, liai ya 18,000 soldados
perfectamente equipados, armados la mayor parte con
fusiles de repetición, pequeño calibre, que han arran
cado de un buque de Balmaceda. Su jefe es el jeneral
Canto, un oficial superior de mucho mérito.
Creo que las operaciones de ataque tendrán lugar a
principios de Agosto i que el triunfo coronará la abne
gación estraordinaria de los revolucionarios. En todos
los encuentros, por lo demás, han obtenido el triunfo; lo
que los ha puesto en posesión indisputable de las cuatro
provincias mas ricas de Chile.
Pero querrían que ciertos detalles de la situación
fuesen conocidos en Francia, para que supiesen a qué
atenerse respecto del dictador i de los buques de gue
rra que pretende hacer venir de Francia.
Balmaceda ha logrado implantar, en las provincias
que todavía le están
sometidas, un sistema de terror,
como el de hace un siglo en Francia. La guillotina no
ha sido levantada; pero el espionaje, el tormento, la
persecución revisten las formas mas variadas. Se han
distribuido ajentes que escuchan las conversaciones
que tienen lugar en los carros de ferrocarril, en las
esquinas de las
calles, en el mismo interior de las
casas.
Cuando son
tomadas, algunas personas sospechosas
—
24 —
de complicidad con los congresistas les aplican crueles
tormentos en las prisiones.
Si las declaraciones no son arrancadas por los dolo
res, entonces se procede a la flajelacion.
Una persona de las mas honorables de Santiago, J.
M. Barahona, ha pasado por todos estos suplicios; como
nada ha querido
confesar, los verdugos lo han golpeado
tan cruelmente que ha quedado moribundo. Un médico
preso en la misma cárcel que
él, ha obtenido que le deja
sen al enfermo i ha logrado
salvarlo, aunque en un esta
do lastimoso. El señor Barahona ha quedado con todas
las costillas hundidas, los huesos del pecho dislocados,
todas las uñas de las manos arrancadas. He visto una
carta del mismo señor Barahona en que manifiesta bajo
su firma, todas las crueldades que ha sufrido.
Estos crímenes, ordenados por Balmaceda i Godoy,
se han desarrollado en el interior de una prisión ; pero he
aquí que tratan de obrar ahora en pleno aire, con la
esperanza de asustar a la
multitud, siempre partidaria
del Congreso.
La tripulación entera de una torpedera ha sido
sorprendida en el momento mismo en que huia para
unirse ala escuadra, que está toda contra el dictador.
Estos señores han aprovechado la ocasión de desple
gar su crueldad.
Han formado una procesión con esos desgraciados
que marchaban al suplicio, bajo el mando del almiran
te Viel, detras del cual iban los músicos de Valparaiso
tocando la marcha «En revenant de la Revue» (Al vol
ver de la Revista).
Después de la ejecución, el mismo almirante Viel ha
ofrecido un banquete a los oficiales dictatoriales para
celebrar la vindicta pública satisfecha. Uno no se ima
jina hechos tan grotescamente infernales ejecutados en
medio de una población civilizada de 150 mil habitan
tes; es, sin embargo, lo que acabamos de ver, con
nuestros propios ojos, en Valparaiso, durante la semana
pasada.
Después de esto, es inútil que os anuncie que toda
—
25 —
la coloniafrancesa de Chile se ha pronunciado abier
tamente contra el tirano i en pro del pueblo i del Par
lamento oprimido. Es una lástima que no haya delante
de Valparaiso algunos buques franceses para ayudar a
la acción probable délas escuadras inglesas i alemanas,
cuyos oficiales están indignados de los procedimientos
de Balmaceda.
Nuestro encargado de negocios, M. de France, se ha
encontrado también en circunstancias mui difíciles, hace
quince dias. Se habia ofrecido como mediador a nom
bre del gobierno francés. Algunos delegados del Par
lamento habian venido, con salvo-conductos refrenda
dos por M. de France; pero hé ahí que se apodera del
señor Balmaceda, en cuanto los tuvo a su alcance, la
idea de hacer tomar a los delegados. Se ha necesitado
toda la enerjía de nuestro encargado de negocios para
defender a esos senadores i diputados.
Mientras que Balmaceda quería hacer forzar las
puertas de la Legación, M. de France, como los Minis
tros de Inglaterra i Alemania, han tomado a esos caba
lleros en sus coches i no los han abandonado hasta de
jarlos instalados en los buques de guerra de sus
naciones.
Termino mi carta: os supongo yabastante instruido
sobre el personaje llamado Balmaceda, cuyo nombre es
pronunciado con horror en todos los paises de Amé
rica.
FRANCIA Y CHILE
(De Le Nouveau Monde del 13 de junio.)
La cuestión de los buques de guerra construidos en
Francia por cuenta del gobierno de Chile, ocupa en este
momento a toda la prensa europea. Uno de estos bu
ques, Presidente
el Errázuriz, ha terminado de armarse
i no espera sino la licencia de las autoridades maríti
mas para dirijirse al Pacífico, donde su presencia no
podrá menos que hacer inclinar las probabilidades de
éxito del lado de los gobiernistas.
Fácil es, pues, comprender las activas dilijencias in
tentadas cerca de las autoridades francesas por los re
presentantes o ajentes confidenciales del gobierno de
Iquique en Paris, para impedir la salida del crucero
chileno.
¿Está bien fundada la solicitud de los representantes
congresistas?
¿El gobierno francés debe tomar en cuenta la situa
ción creada en Chile por la guerra civil para impedir
la salida de un buque encargado i pagado en gran parte
por un gobierno reconocido i representado diplomáti
camente en Francia?
Hé ahí la cuestión.
I bien: cualquiera que sea el grado de legalidad de
los congresistas, desde el punto de vista chileno, puesto
que el gobierno francés no reconoce por el momento
sino al gobierno de Santiago, representado en Paris por
la persona del señor Carlos Antúnez, no puede admitir
las reclamaciones de los ajentes de Iquique.
Los navios en cuestión, que han sido encargados por
un gobierno no pueden retenerse bajo pre-
reconocido,
testo de la neutralidad entre partidos no con
observar
siderados como beiijerantes.
Pero, por su parte, la Sociedad Forges et Chantiers
de la Mediterranée, que ha construido los navios chile
nos, puede, en las circunstancias actuales, teniendo en
cuenta los riesgos que ella corre, rehusar la entrega de
los buques, salvo el caso que se le haga el pago íntegro,
cualesquiera que sean las condiciones estipuladas en
el contrato de venta. Por consiguiente, mientras la ca
lidad de beiijerantes, calidad que obliga a la potencia
que la reconoce a guardar la neutralidad, no haya sido
reconocida por el gobierno francés a los congresistas,
la Sociedad de Forges et Chantiers es la vínica que
puede juzgar sobre la entrega o la retención del Presi
dente Errázuriz. El asunto es, pues, puramente comer
cial, i no puede mirarse bajo otro aspecto, mientras no
se hayan modificado las relaciones diplomáticas entre
Francia i Chile.
¿Pero no sería tiempo ya que el gobierno francés,
tomando del conflicto, las fuerzas
en cuenta el oríjen
respectivas de los adversarios i las consecuencias que
resultarán de la lucha, consecuencias cuya repercucion
en Europa será
considerable, tome una actitud verda
deramente especiante i reconozca a los congresistas
la calidad de beiijerantes? Así lo creemos i ademas
no vacilamos en afirmar obrando en este
que, sentido,
el gobierno francés daría prueba no solo de prudencia,
sino también de un gran sentimiento de justicia. Es,
en verdad, sorprendente que en un pais parlamentario
como la Francia, donde los poderes lejislativos consti
tuyen la mayor autoridad de la nación, no se haya re
conocido todavía oficialmente la lejitimidad de la pro
testa solemne del Congreso chileno, al separarse de un
Poder Ejecutivo que ha violado la Constitución, de
cretando, contra la voluntad de los representantes del
del pais, la percepción de los impuestos i la repartición
del presupuesto nacional.
Al buscar asilo a bordo de la armada nacional, los
—
-28
miembros del Congreso llevaron consigo la legalidad i
dejaron en Santiago a los verdaderos facciosos: a Bal
maceda i sus cómplices.
La ignorancia en que vivimos en Francia respecto
a los de América, no ha permitido a la opinión
asuntos
pública juzgar los hechos con imparcialidad; i hasta tal
punto estamos aquí habituados a oír hablpr de revolu
ciones, que no se ha vacilado en considerar la protesta
del Congreso chileno, sino como una vulgar tentativa
de desorden, provocada por ambiciosos que aspiraban
al Poder.
Sería necesario poner las cosas en su verdadero te
rreno, i sin llegar al reconocimiento de la Junta con
gresista como poder legal, no se le puede rehusar ni
las simpatías, ni las consideraciones que se otorgan a
Balmaceda, cuyos procedimientos no han sido de los
mas correctos para con nosotros, como sucedió con el
asunto Harmand-Dreyfus.
Sería oportuno que las grandes potencias europeas,
que tan gi-andes intereses tienen en Chile, se pusieran
de acuerdo para reconocer de derecho un estado de
cosas que reconocen de hecho, puesto que pagan sin
protestar los derechos de aduana que les imponen las
autoridades de Iquique i de otros puertos del norte en
poder de los congresistas. En otros términos: la situa^
cion ha sido reconocida desde hace tiempo, solo falta
legalizarla. Mientras mas pronto, mejor.
CHILE
(De La ReruiiLiquE Fran£AI8K del 15 de junio)
Los asuntos de Chile continúan llamándola atención
pública, i se sigue siempre con la misma emoción las
peripecias de esta guerra civil ya larga, en estremo ar
diente, pero que, según parece, llega a su término, i
que es probable terminará por el triunfo de la lei, pol
la victoria de los congresistas sobre ese estraño Presi
dente Balmaceda que, dentro de poco, veremos llegar
para establecerse en Jersey, donde se encuentra en
arriendo la «Ville Saint Brelade». Si no es un ingrato,
se hará enviar a ese lugar el Journal des
Debats, que
casi sólo en la prensa lo en la pren
francesa, a menos
sa republicana, le sostiene con todas sus fuerzas. No
sé si me equivoque, pero me parece que la lectura del
Journal des Debats, debe hacerle el destierro menos
amargo: «Similia simílibus», se dice en medicina.
El presidente Balmaceda hará la esperiencia próxi
mamente, pero trata, mientras tanto, de retardar este
momento fatal el mayor tiempo posible. Se ha constitui
do con este objeto en su propio repórter, i los telegra
mas que envía a los diarios son injenuamente admira
bles. Son, puede decirse, telegramas privados, pues este
hombre de Estado, mui práctico, se ha reservado para
él solo el uso del telégrafo. Sus adversarios querrían
rectificarle de buena gana, pero no pueden
hacerlo; Bal
maceda corta los alambres i quizás también
trasquila
los gatos, pues es verdaderamente un hombre prodijioso.
Su último telegrama es una obra maestra. Está fe-
—
30 -
chado en Santiago, el 10 de junio, i dirijido a una ajen-
cia europea: «Un orden
perfecto, dice, reina en Chile»;
i mas abajo: «La continuación de la guerra causa un
gran malestar». La sola comparación de estas dos frases
muestra bastante bien la fuerza de injenio de este ale
gre camarada que, cuando la trajedia en que está em
peñado haya
concluido, se desquitará brillantemente en
la ópera bufa.
Mientras tanto, i unque el orden sea perfecto en Chi
le, dos barcos no se pueden encontrar sin cañonearse a
mas i mejor, i en este mismo telegrama de que habla
mos, el bueno del Presidente Balmaceda nos hace
sabe-
que el Almirante Lynch, el Imperial i el Almirante Cou-
dell, han partido a espedicionar en el norte, i desembar
can de tiempo en tiempo
tropas, que después de cortar
los hilos telegráficos, se reembarcan en seguida. Puesto
que Chile está en paz, tendremos que suponer que es
tas no son sino grandes maniobras. Nuestro Balmaceda
encuentra, sin embargo, que no tiene aun bastantes bu
ques. ¡El hecho es que para llegar acortar todos los
alambres telegráficos, se necesita una escuadra! Loque
siente, sobre todo, son esos barcos que están en el Ha
vre i que habrian llegado oportunamente para prestar
le eficaz, i ha tenido la de
crueldad'
una ayuda que se
retener en Francia.
Comprendemos sin dificultad que esto no sea del
agracio del Presidente Balmaceda; pero que también se
irrite el Journal des Debats, es mas difícil de esplicárse-
lo. No queremos trabar una polémica con nuestro cole
ga sobre el oríjen i las causas de la situación actual de
Chile; no3 basta que recordemos un hecho, i éste es, que
desde el principio del año, el Presidente Balmaceda go
bierna sin presupuestos botados por el Congreso. Por
otra
parte, como aquél no paga de su bolsillo los gas
tos de la guerra, todos ellos son ilegales. Nos cuesta
crer que este sea para un viejo diario parlamentario co
mo los Debats un ideal de gobierno. Estamos seguros,
en todo caso, que nunca Royer-Collard...
Pero, en fin, fuera de estas consideraciones de prin-
—
31 —
negocio de los
cipios, hai una cuestión de hecho en ese
buques. Se habla de compromisos contraídos, pero ¿con
quién? ¿Con el señor Balmaceda? ¡Absolutamente! Con
el gobierno chileno, es decir, con un gobierno regular,
en situación de hablar del pais entero, i en
en nombre
de disponer del dinero de los
condición, sobre todo,
contribuyentes. ¿Puede decirse que el Gobierno de Bal
maceda sea en la hora presente tal Gobierno? Sería ri
sible i el Journal des Debats no ríe jamás. Para mostrar
mas que con frases, la situación actual de Chile, no hai
mas que recordar que Bolivia, que sigue un poco mas
de cerca que los Debats los negocios
chilenos, acaba de
reconocer a los adversarios de Balmaceda el carácter
de beiijerantes.
La Francia no tiene otra cosa que hacer. Nuestros
intereses, el interés de nuestro comercio, de nuestra in
dustria, no son de ninguna manera solidarios de los in
tereses personales del señor Balmaceda; el verdadero
interés francés, como el de la Europa, cuando menos, es
que esta lucha, ya demasiado larga, cese en Chile; que
los puertos vuelvan a ser libres i seguros, i que las
transacciones comiencen nuevamente. Esto se ha com
prendido mui bien en el Quai d'Orsay, puesto que la
Francia está mui pronta para servir de mediadora en
tre los dos partidos. Este papel de arbitro, de arbitro
imparcial, es el único que puede adoptar, saliendo
de él, sería colocarse en una falsa posición, seguir la
política del Journal des Debats. La Francia no puede
intervenir en esta guerra civil sino para detenerla, i no
para prolongarla suministrando armas a uno de los
partidos combatientes.
Emmanukl Arénf.
EL PRESIDENTE BALMACEDA
(De Le Fígaro del 18 de Junio.)
Me parece que los negocios del Presidente Balmace
da van mui mal, i que el triunfo de los congresistas
(esos insurjentes de singular especie que tienen de su
parte el derecho i la lei), no es mas que cuestión de
tiempo. Se nos anuncia de cuando en cuando, que los
buques presidenciales han acanzado algún gran triunfo;
pero si uno tiene ocasión de leerlos telegramas que los
anuncian, no encuentra jamas los íesultados ni las
consecuencias.
Algunos de nuestros colegas han aprovechado la
ocasión para lanzarse a violentas discusiones sobre el
Derecho de Jentes i el reconocimiento de la calidad
de beiijerantes a los insurjentes. I yo me pregunto:
¿sirven para algo estas discusiones? Esas cuestiones
de Chile no nos comprometen en nada; pero es lo cier
to que el Presidente Balmaceda gobierna ilegalmente
desde hace ya seis meses; que exije i recauda im
puestos que no tiene derecho de exijir, i que, por lo
tanto, los que se rebelan en condiciones semejantes, no
son insurjentes. M. Ribot no ve sino un lado de la
cuestión, porque no oye sino a los representantes del
Presidente Balmaceda. Pero, ¿no hai-ia bien en pen
sar un poco en los intereses comerciales e industriales
de Francia?
Está en conocimiento de todos que se aproxima el
triunfo de los congresistas. (M. Balmaceda mismo
me parece que lo sabe, pues ha hecho proponer a
—
33 —
sus adversarios que se someta el caso a Un arbi
traje....)
Lo que mas irrita a los balmacedistas, no es tanto
la discusión del derecho diplomático que se ha susci
tado con esta sino una cuestión de de
insurrección,
recho comercial. El Gobierno de M. Balmaceda ha
hecho construir dos acorazados a la sociedad de «For
ges et Chantiers», i él los habría necesitado mucho
para poder echar a volar la noticia de alguno de sus
triunfos habituales. Pero no contaba con la justicia
francesa
Es cosa de verse el furor de los balmacedistas. Por
poco no acusan a M. Aubépin de ser un congresista
declarado; pero desbarran. M. Aubépin no es sino
un majistrado que ha juzgado sabiamente, que la
construcción de los acorazados fué mandada efec
tuarse por un Gobierno regular, i que no existiendo
ya ese Gobierno regular, no se debían entregar los
acorazados a personas que indebidamente retienen el
poder. Si los balmacedistas necesitan una ocupación
cualquiera, que piensen en esos infelices chileuos que
han venido a tomar posesión de sus famosos acorazados.
Ahí están retenidos en los cuarteles de Tolón, no
sabiendo qué hacer i no pudiendo ni siquiera com
prender por qué se les ha hecho venir desde tan lejos
para embotarse contemplando los acorazados. Hé ahí
una cuestión de humanidad que debe anteponerse a
todas las cuestiones de derecho diplomático.
Al fin de cuentas, si la cuestión de legalidad no
fuera tan evidente, si los intereses comerciales de la
Francia no estuvieran amenazados, se podría desear
que el conflicto durara todavía algún tiempo: los te
mas divertidos son raros en verano. Ya hemos tenido
la persecución del ltata, que no carece de cierta gra
cia; pero los boletines de triunfo de M. Balmaceda
son esquisitos. Ciertamente este Presidente habría po
dido hacer revivir la opereta si hubiera aplicado a la
confección de libretos, el mismo buen humor que gasta
en la redacción de sus despachos telegráficos. No sé
<3
^
—
34 —
si Meilhac i Halévy han encontrado jamas cosa que
sea comparable al telegrama siguiente, fechado en
Santiago el 10 de Junio: —
«En Chile reina un orden
perfecto. La de la guerra causa un enor
continuación
me malestar.» El hombre que ha encontrado esa fór
mula de «un orden que no se turba por la guerra»,
indudablemente no es un cualquiera. Si yo fuera di
rector de
teatro, me propondría rogaide, apenas llegue
a Europa, lo que no tardará, que componga una pieza.
El triunfo de los congresistas no es mas que cues
tión de tiempo.
Jacques St. Céee.
LOS ASUNTOS DE CHILE
LA ELECCIÓN DEL SEÑOR CLAUDIO VICUÑA
(De La Justice del 29 de Julio)
Con marcadaindiferencia finjen algunos de
nuestros colegashablar de los acontecimientos de
Chile. ¿Qué importa, dicen, lo que puede hacer Bal
maceda si los poderes de este hombre de Estado espi
ran dentro de mes i medio i va a ceder el puesto a
don Claudio Vicuña?
Los diarios que hablan así olvidan sin duda que los
intereses de 15,000 franceses, a lo menos, están en peli
gro por la dictadura del señor Balmaceda. ¿Quién po
drá preveer, en efecto, lo que puede inventar de aquí
al 18 de Setiembre, para desorganizar el mecanismo
constitucional, un ambicioso como Balmaceda? Este
hombre no retrocede ante nada cuando sus intereses
personales están en juego, i todo es de temer de él has
ta el último momento.
Sus malas acciones no están limitadas desgraciada
mente al presente, están preñadas de perjudiciales
consecuencias para el porvenir.
La asamblea que retiene actualmente el Poder Le
gislativo en Santiago, los derechos i prerroga
usurpa
tivas de la que el señor Balmaceda ha alejado violen
tamente. Las desiciones i votos de esta asamblea están
viciados en su principio mismo i plagadas de ilegali
dad.
Pero el dictador no por eso deja de seguir en su
¿
tarea. De este odioso estado de cosas ha nacido una
situación profundamente perturbadora, 'que hiere en
sus fuentes vivas la existencia nacional.
La elección del señor Claudio Vicuña, como sucesor
del señor. Balmaceda, es una de las mas graves de
las medidas~~tomadas por el Congreso que funciona en
este momento en
Santiago, pues tiende a comprometer
por cinco años la interior i esterior del pais, a
política
perpetuar los efectos de la actitud revolucionaria del
dictador i, por consiguiente, a anular definitivamente
el pacto constitucional.
Dos órdenes de motivos hacen de esta elección un
escándalo público i un atentado a la voluntad popular:
los que se refieren a la elección en sí misma i lo
que concierne a la persona del señor Claudio Vicuña.
Según los términos de la Constitución, en efecto, es
el Congreso el que nombra
(?) al nuevo presidente; pero
que el Congreso ejerza lejítimamente este dere
para-
cho de nombramiento, como cualquier otro derecho por
otra parte, es preciso que él mismo haya sido elejido
conforme a las prescripciones constitucionales. Ahora
bien, tal no es el caso presente; todas las garantíasde
que la Constitución habia rodeado a la moralidad del
sufrajio han sido pisoteadas.
Las eleccioneshan sido hechas bajo el réjimen del
terror i del de sitio, la prensa ha sido reducida
estado
al silencio i los tribunales encargados de la superviji-
lancia de las operaciones electorales han sido suspen
didos. ¿Podrá uno admirarse después de esto de que el
señor Balmaceda haya podido reunir un Congreso se
gún su conveniencia? i puede uno mostrarse sorpren
dido si el pueblo chileno considera nulos i sin valor
votos de un oríjen tan sospechoso?
Por otra parte, fuera de las condiciones manifiesta
mente anticonstitucionales en que el Congreso ha hecho
su elección, la personalidad misma "del señor don
Claudio Vicuña, haría esta'
elección mas que sospecho
sa, no teniendo este personaje otros títulos a tal honor
que haber el Jefe del Gabinete cuando el señor
Balmaceda preparaba su golpe de Estado, haber per
mitido que éste tuviese lugar, haber aun colaborado a
él i haber, en fin, aceptado su parte en las ganancias
inmorales de esta acción criminal.
El pueblo chileno sabrá dar a cada uno la parte que
le corresponde en los acontecimientos de estos ocho
meses; él se da cuenta de que la próxima elevación de
don Claudio Vicuña a la presidencia de la República,
Jejos de asegurar las felices perspectivas de calma i
reparación que divisan algunos de nuestros colegas
mal informados, tendría por consecuencia el estable
cimiento de dictadura permanente con los desór
una
denes materiales i morales que acarrea esta forma de
gobierno.
Así con todo, los partidarios de la libertad i los de
fensores de la Constitución, pondrán fin mui pronto a
una situación que llega a ser una causa de ruina jene
ral al mismo tiempo que es un ultraje a la conciencia
pública.
:m
LA REVOLUCIÓN DE CHILE
(Del Times de 29 de Abril.;
El hundimiento del Blanco Encalada por la aplica
cion de torpedos, es indudablemente un serio golpe
para el partido del Congreso chileno; pero al anunciar
que con esto termina la contienda, los amigos del Pre
sidente Balmaceda parece que han mostrado excesiva
precipitación. Hasta el presente esta guerra no había
ofrecido enseñanzas útiles para los observadores nava
les i militares; pero en este incidente ya pueden en
contrar alguna entretención profesional, que por nues
tra parte carecemosdé ella, i aunque la tuviéramos,
sería prematuro el deducir conclusiones. Sin embargo,
si es verdad que el Blanco fué sorprendido al ancla, i
que se le dispararon siete torpedos antes que se hun
diera, puede decirse que ningún dato útil se ha agre
gado al conocimiento que ya teníamos de la utilidad
de estas armas. Nunca se ha dudado de que una tor
pedera pueda echar a pique un buque, siempre que
pueda dispararle torpedos sin ser molestada, i en el
presente caso lo único admirable es que un gran blan
co inmóvil no haya sido herido por los primeros tiros.
Pero lo que necesitábamos saber, respecto a los torpe
dos, es hasta qué punto son eficaces contra un buque
armado de cañones de tiro rápido i que esté sobre su
máquina. El hundimiento del Blanco solo ha demos
trado lo peligroso que es echarse a dormir en un puer
to inseguro.
Publicamos hoi dos cartas de Santiago sobre la his-
—
39 -
toria i de la guerra civil de Chile, en las
actual estado
cuales se nos esponen los dos lados de la cuestión.
Según uno de nuestros corresponsales, el Presidente
Balmaceda es un usurpador que abusa sin escrúpulos
de la autoridad que le confirió la Constitución, con el
objeto de implantar ei gobierno personal por los me
dios mas arbitrarios. Según el otro, es el defensor de
las libertades del pueblo contra una coalición criminal
de los círculos parlamentarios, i sigue mostrando, en
medio de sus apuros, una fidelidad admirable a la
Constitución.
A la distancia a que nos encontramos, sería impro
pio que nos pusiéramos a dogmatizar sobre las sutile
zas de la política chilena. Nos parece, sin embargo,
mui singular, que si el Presidente es tan solo un buen
hombre que lucha contra la adversidad, tenga en su
contra, según él mismo lo confiesa, a todas las clases
sociales que han asegurado a Chile un largo período
de tranquilidad i de ordenado progreso, como no ha
gozado ninguna otra de las repúblicas sud-ameri canas.
Tampoco puede menos de parecer estraño al lejano ob
servador, que la colonia estranjera, que posee i dirije
una gran parte del capital i de las industrias de Chile
i que no puede tener otro interés que la continuación
de gobiernos buenos i sólidamente establecidos, haya
prestado todas sus simpatías al partido de Congreso.
Se nos dice que en Chile, gobierno representativo i
gobierno parlamentario, no son una misma cosa; pero
precisamente cuando esperamos una clara esposicion
de la diferencia que entre ambas cosas existe, se nos
ofrece la relación de una lucha entre dos partidos, am
bos parlamentarios i ambos representativos. El mismo
Presidente Balmaceda ha intentado desarrollar la tesis
de que el sistema parlamentario es incompatible cen el
gobierno republicano, i presupone la existencia de
un soberano hereditario e irresponsable; pero ese argu
mento adolece de una chocante falta de lucidez i de
fuerza.
Se nos dice que Chile solo habia sido república en el
—
40 -
nombre, i que las ideas democráticas estaban allí anu
ladas por unaoligarquía, hasta que el Presidente Bal
maceda se levantó a defenderlas. Pero como en Chile
ha existido desde 1833 el sufrajio universal con la sola
limitación de la capacidad de leer i escribir, es difícil
comprender cómo esa oligarquía, que ciertamente no
ha recurrido jamás a las violentas medidas de represión
del Presidente Balmaceda, ha podido mantener en suje
ción a la democracia.
Lo mas que puede decirse en defensa de la causa del
Presidente, es que, al menos en apariencia, gran parte
del pueblo apoya al gobierno. Se esperaba que el ejér
cito i el pueblo se hubieran unido a los parlamentarios
i a la escuadra; i si ésto hubiera sucedido, el Presidente
Balmaceda habría sido depuesto tranquilamente, como
lo fué el Emperador del Brasil; pero si ejército i pueblo
han permanecido fieles a su gobierno, puede pretender
Balmaceda con algún fundamento que representa al
número, ya que no a la intelijencia. Es necesario, sin
embargo, hacer de esta cuenta algunas deducciones
obvias.
El Presidente se habia duranle largo tiem
preparado
po para esta lucha, de su facultad de nombrar
usando
i remover empleados. Funcionarios de toda especie,
sospechosos de tendencias constitucionales, habian sido
arrojados de sus puestos para ser reemplazados por crea-
turas del Presidente Balmaceda. De este modo puede
esplicarse la fidelidad de la mayor parte del ejército sin
suponer en éste una preferencia intelijentepor las teo
rías de gobierno del Presidente. El bajo pueblo está
también probablemente a oscuras respecto de las cues
tiones que se debaten, i nada se ha omitido para i edu
cirlo a la sumisión por medio del terror. Por sanas que
se supongan las intenciones del Presidente, es induda
ble que no ha retrocedido ante ninguna severidad, i
ante ninguna violación de la libertad individual i de los
derechos legales que le ha parecido adecuado para
obligar a la obediencia. Si no hai hombre ni mujer
sospechoso de tendencia opositora que esté libre, del
—
41 —
i del presidio; si se incita a los pobres contra
pillaje
los i se ofrecen ocasiones de hacer fortuna a quie
ricos
nes menos la merecen, no es difícil producir por algún
tiempo una mediana imitación de popularidad.
CON CHILE
(De La Época de la Paz del 16 de Abril.)
Se dice que la boliviana tiene que guardar
prensa
un carácter neutral en lo desenvolvimiento
relativo al
revolucionario de Chile.
¡Falso! Comprendemos que
los diarios oficiales, aquellos que son voceros del go
bierno, que hablan a su nombre i que piensan como
piensa él, estén obligados a guardar neutralidad; pero
los periódicos independientes que discurren en nombre
de un partido que no es gobierno, tienen el derecho de
comentar no solo los actos de Chile sino los de todas
las demás naciones. Nosotros, partidarios de la liber
tad i de la lei, hemos visto en el gobierno de Balma
ceda medidas dictatoriales, actos tiránicos, i esto nos
ha bastado para que como ciudadanos libres i guiados
por nuestros principios, censuremos al gobierno chileno
i batamos palmas a la revolución.
La lucha política de Chile, entre el gobierno cons
tituido i el Congreso Nacional, parte de los siguientes
antecedentes: La Constitución del Estado i las «prác
—
ticas políticas que datan de la época de la Independen
cia chilena, dieron lugar a la completa armonía de los
poderes públicos por medio del sistema de gobierno
del gabinete parlamentario. Llegó un dia en que el
Presidente de Chile desconoció los derechos del Lejis-
lativo; a este desconocimiento del espíritu de las leyes
i de las práticas de gobierno, siguió el atropello de la
Constitución, i como consecuencia, la clausura del Con
greso.
—
43 —
El Congreso, en cumplimiento de su deber, trató,
dic-
pues, de contener los abusos del Ejecutivo, quien
tatorialmente, haciendo caso omiso de las leyes sobe
rana s, decretó gastos i mantuvo la fuerza armada.
El Congreso, en cumplimiento de su deber i de sus
sagrados juramentos, se puso a la vanguardia de la
reunió en torno de sí a todo el pueblo i
Revolución,
apeló a la fuerza para restablecer el imperio de las leyes
i reparar sus fueros, porque sus fueros eran los de toda
la nación; tomó el texto de la lei en una mano, lo ele
vó como un estandarte sagrado i lo defendió con la
espada bendecida de la libertad ....
De la lucha del primer poder contra el que solo ocu
pa un lugar secundario, nació la revolución, pues no
era posible que el Congreso contemplara impasible el
réjimen arbitrario del gobierno, la disolución de los
municipios i de los Tribunales de Justicia; espectáculo
inaudito que no pueden ni deben soportar jamas las
naciones libres i bien constituidas.
Sublime ejemplo el de Chile, volvemos a repetir,
que ojalá sirva de lección a las naciones sud-ame-
ricanas.
Ojalá Bolivia los pueblos fueran tan celosos
que en
por el cumplimientode las leyes; ojalá que nuestras
cámaras lejislativas supieran, en ciertas ocasiones,
asumir la actitud asumida hoi por el Congreso chi
leno.
LA BELIJERANCIA
(De La Libertad de Puno del 27 de mayo)
Esta constituye una obligación i un derecho en la lei
de las naciones.
Cuando se trata de ese estado entre naciones cuya
autonomía está reconocida, la belijerancia es un hecho
que se impone, por notificación espresa, mediante la
esposicion de motivos que las naciones en lucha pasan
a las demás, o simplemente por la notoriedad del hecho
mismo.
Pero ciiando se trata de la lucha de dos fracciones
de una misma que se disputan el poder i la
nación,
representación de la soberanía nacional, el reconoci
miento esplícito de la belijerancia de ambos partidos
en choque, es una necesidad ineludible, como fuente de
derechos i de obligaciones entre aquellos i las demás
potencias.
Uno de ios deberes i de los derechos mas sagrados,
inherentes a esa declaración, es la absoluta neutralidad
en la contienda, no solo ya por la prohibición de inmis
cuirse en los asuntos internos de una nación
estraña,
sino porque el reconocimiento de la belijerancia impor
ta una ficción de derecho que entraña la existencia de
dos Estados, representados por los dos poderes consti
tuidos, cuya lejitimidad o ilejitimidad no corresponde
apreciar a los estraños.
Pero, ¿cuáles son las condiciones que constituyen la
fuente del derecho para exijir, i la obligación de otor
gar el reconocimiento de esa belijerancia?
Ellas son: la existencia de un Gobierno organizado
con regularidad; la posesión de territorio en una esten-
sion mas o menos considerable sobre el que se ejerce
dominio i actos regulares de administración; poder
material que garantice esa posesión i administración, i
batallas libradas i victorias obtenidas que reflejen la
realidad práctica de ese poder.
Aplicando estas doctrinas al
caso concreto del con
flicto chileno, creemos que es lejítimo el derecho del
partido en lucha contra el gobierno del señor Balmace
da para solicitar su reconocimiento como belijerante, e
ineludible la obligación de las naciones estrañas para
otorgarlo, pues ademas de reunir las condiciones indi
cadas en una escala mayor que las que el Derecho In
ternacional exije, milita en su favor la circunstancia de
que el partido que disputa al señor Balmaceda el Poder
de la Nación es el primer Poder de la República, es el
Congreso, que reviste la representación viva de la so
beranía nacional.
Consecuentes, pues, con estos antecedentes de carác
ter irrefutable, c:"cemos que la declaración que, según
el laconismo telegráfico, ha hecho el Gobierno de Boli
via, es correcta i perfectamente a los preceptos
ajustada*
del Derecho de Jentes; i que debe servir de anteceden
te a los demás gobiernos de América para análogas
declaraciones.
<--m
LA SITUACIÓN EN CHILE
(De The Nation de New York del 18 de junio.)
La junta emanada del Congreso chileno ha dado a
luz una esposicion del estado de las cosas en aquel pais.
Nada se agrega de sustancial a lo que ha dicho don
Ricardo Trumbull, enviado del Congreso, actualmente
entre nosotros, desde las columnas del diario The Tri-
bune de Nueva York.
Felizmente no se necesita tampoco nada mas de nue
vo para poder apreciar la conducta del Balmaceda. El
mismo mensaje que él dirijió al Congreso en se
sión de el 20 de abril, contiene cargos tan graves en su
contra como los que pudiera dirijirle su peor enemigo.
Confiesa Balmaceda que ha sostenido un pleito por
fiado con el Poder Lejislativo q le no confiaba en él, i
ademas le negaba su apoyo a los distintos gabinetes
ministeriales que nombraba. Aquí conviene recordar
que en Chile los gabinetes son del tipo délos de Fran
cia e Inglaterra, con derecho a ocupar asiento en las
cámaras, i que dependen de la mayoría en ambas cá
maras para su permanencia en el poder.
Confiesa también que el Congreso insistió en su des-.
confianza hasta el punto de no querer votar el presu
puesto anual de gastos para el sostenimiento del ejér
cito i de la marina, i que, cuando él
vio-
esta negativa,
procedió a dispersar el Congreso por la fuerza, cerró los
tribunales superiores de justicia i encerró a los jueces
que habian fallado en su contra, pasando ya a ejercer
el gobierno con las atribuciones de uno que se nombra
—
47 —
dictador por su propia voluntad; i con esto lanzó a su
pais a la guerra civil.
En otra ocasión hemos pintado la semejanza que
habría produci
ofrece el conflicto chileno con el que se
do en este pais en el caso de que el presidente Andrés
Johnson, en su lucha con el Congreso de 1867, hubie
ra apelado a la
fuerza, como es mui probable que lo
hubiera hecho si hubiera contado con un ejército per
manente semejante al de Chile.
El ejército permanente de Chile es compuesto de
mestizos semi-civilizados o indios, mui ignorantes, mui
obedientes i mui bravos; justamente el material que un
ejecutivo sin escrúpulos necesita para dar un golpe de
estado.
Como todo el mundo lo dice entre nosotros, es una
verdadera fatalidad para los países parlamentarios el
tener que contar con ejército permanente. En Inglate
rra se le soportaría a duras
penas, si no fuera por la
necesidad de matener fuerzas delante de los paises li
mítrofes con el imperio, i si no fuera porque, al cabo de
una lucha tenaz sostenida con la corona, se ha conse
guido someterle al fin a una dependencia estricta de la
autoridad civil. Es sabido que su subsistencia está su
jeta a la lei especial que dicta todos los años el parla
mento. Si por una contijencia cualquiera faltara algu
na vez esa lei, quedaría, legalmente hablando, ningún
no
soldado en Inglaterra al terminar sus sesiones el par
lamento.
Entre nosotros la regla esla misma, i nuestra peque
ña fuerza dejaría de ser tal dia en que por cualquier
el
causa el Congreso no concediera fondos con que soste
nerla.
Este poder de los cuerpos lejislativos sobre las fuer
zas armadas constituye sin disputa una de las garantías
mas eficaces con que se protejen las libertades públicas
en los paises sometidos al réjimen constitucional.
Ahora, si se toman en cuenta los elementos de que se
forma el ejército en Chile, esta garantía viene a ser
allí mas importante que en ninguna parte. El ejército
—
48 —
en manos del Ejecutivo es un instrumente mas peligro
so que en otros paises.
Según esto, el Congreso chileno ponia en uso una de
sus mas importantes atribuciones el dia en que, no te
niendo confianza en el Presidente de la República, le
quitaba el mando de las fuerzas de mar i
tierra, negán
dole los fondos con que se mantienen.
Si quisiera el público norte-americano negar esta
facultad al Congreso de una república hermana, mani
festaría sumo desprecio por la forma constitucional de
gobierno.
Balmaceda no tenia que temer responsabilidad nin
guna por la negativa de fondos. Lo que le toca al Eje
cutivo de un pais constitucional en una eventualidad
como esa, se reduce a presentarse ante las cortes de jus
ticia o ante los votos de los ciudadanos. Son estos últi
mos los que tienen a la mano el medio de imponer cas
tigo al Congreso que ha faltado a su deber.
La doctrina que anuncia Balmaceda de que cuando
un Congreso no adopta tales o cuales medidas que le
parecen convenientes al
Ejecutivo, tiene éste la facultad
de disolverlo con los soldados, es, por lo tanto, una
doctrina que convertiría todo gobierno republicano en
mera farsa.
A nuestro modo de pensar, desde que vivimos bajo
un gobierno regular, no se ha presentado en este con
tinente ningún caso tan digno de la aprobación i de las
simpatías, ya que no de auxilio, para el público de los
Estados Unidos.
Es mas claro que el que se presentó cuando las co
lonias españolas se alzaban contra la madre patria, por
que entonces nadie podia predecir qué forma o clase de
instituciones políticas vendrían en seguida.
El gobierno de Chile ha sido el mejoi que nació de
aquel movimiento, el mas pacífico, moderado i libre. I
si se mira la clase de habitantes sobre que ha
rejido,
su historia es de la mas digna atención.
Con todo esto rompe ahora la usurpación de Balma-
—
iy —
ceda i de una manera terrible con las tradiciones del
progreso mas ordenado i tranquilo.
No queda nada que nos aliente, en tan sombría si-
tuac'on, sino la firme i decidida resistencia que se le ha
opuesto.
Si él hubiera logrado consumar su delito con toda
tranquilidad ifortuna, habría sido preciso renunciar a
ver un gobierno constitucional ni en cien años. Allí se
habría estado largos años bajo una tiranía disfrazada,
como la de Napoleón III.
Desde el comienzo de la historia, en medio de todos
los conflictos debidos a las revoluciones hechas por los
que se han nombrado a sí mismos dictadores, se ha
podido observar lo mismo que alega Balmaceda, aque
llo de que «el ejército permanece fiel.»
De esto mismo se valió César para acabar con la re
pública en Roma, Cronwell para disolver el parlamen
to, Napoleón I, para realizar su Dieziocho de Brumario,
i su sobrino para llevar a cabo su Coup d'etat en 1851.
Pero esta es precisamente la razón porque, como
hemos dicho, los amigos de los gobiernos representa
tivos miran con recelo a los ejércitos permanentes; por
que es muí de temer siempre que, si al Ejecutivo le da
por cometer un acto de traición, tenga al ejército de su
parte.
En ninguna parte, pues, menos los Estados
que en
Unidos, puede aceptársela de que la obe
pretensión
diencia del ejército chileno a un hombre como Balma
ceda constituye una escusa atendible i razonable para
que éste persista en su criminal resistencia al único
congreso legalmente elejido en aquel pais.
Simpatizar con la causa de Balmaceda porque tiene
el auxilio del ejército, según se dice, sería casi como
encontrar que un ladrón merece escusas por el hecho
de que ha sabido cohechar a los ajentes de la policía.
No se puede pretender tampoco que posteriormente
haya sido purificado Balmaceda de sus traiciones por
las resoluciones de un Congreso nuevo que lo ha inves
tido de facultades amplias para gobernar a su antojo.
—
50 —
En Chile no puede elejirse legalmente un Congreso
estando los distritos gobernados por un usurpador i su
jetos a la lei marcial, mientras las cortes de justicia
están cerradas, i amordazada la prensa en el pais.
Vergüenza sería que entre nosotros hubiera un solo
hombre de estado serio que se atreviera a sostener lo
contrario.
Todo cuanto se haga bajo Balmaceda por él o con él,
tolerarse'
es nulo, i no puede sino como efecto de la
fuerza.
Los partidarios del Congreso sabrán, por supuesto,
los términos en que pueden tratar con él, según el mo
mento i las circunstancias del pais. Pero si llegase a
ponerse en vías de arreglo con él, sería de desear, por
el bien común de los paises
libres, que no le propusie
ran otra concesión que la de poder abandonar el terri
torio una vez que se le hayan rejistrado bien sus ma
letas...
II PARTE
LA CAÍDA
r. 7
LA CAÍDA DE BALMACEDA
(Del Daily News de Londres del 31 de Agosto.)
El Presidente Balmaceda ha sido por fin derrotado,
sin que sea posible ponerlo en duda. Los congresistas
lo han vencido en una gran batalla campal, la cual les
ha dado la posesión de Valparaiso i Santiago, la capi
tal, teniendo él que huir para salvar la vida. Los. dos
partidos de la guerra civil en Chile han estado comba
tiendo durante mas de una semana, i durante todo este
tiempo uno de ellos ha estado mintiendo descarada
mente acerca del resultado. Cuál de los dos ha sido
el delincuente? solo podrá saberse por el resultado. Los
acontecimientos confirman, fuera de duda, los telegra
mas que publicamos hoi. Nos aventuramos a anticipar
este resultado en nuestros telegramas del sábado, ape-
sar de estar en flagrante contradicción con otras noti
cias de la misma fuente.
Mientras que nosotros preferimos creer que los insur
jentes o congresistas habian sido ios victoriosos en
Valparaiso, les era a otros posible asegurar que habian
sido decididamente rechazados i cercados por todas
partes, mediante la táctica de un Presidente que man
daba como jefe, el cual no habia mandado nunca un
escuadrón en el campo de batalla.
La razón que tuvimos para creerlo contrario fué que
por primera vez la noticia del triunfo de los congresis
tas vino mas o menos directamente de Valparaiso. Esto
indicaba que habian forzado la entrada. Ninguna noti
cia favorable para los enemigos de Balmaceda podia
—
54 —
creerse de lleno suponiendo al Presidente Balmaceda
en posesión de los telégrafos. Esta conjetura se confir
ma ahora por los telegramas de los cónsules estranje-
ros a sus gobiernos, i por el despacho del corresponsal
del Herald de Nueva York, que presenció el encuentro
decisivo. Teniendo a la vista esta comunicación í otras
posteriores, i por lo que se sabia de antemano, podre
mos, mas o menos, separar lo verdadero de lo falso en
los telegramas de los últimos diez dias, i juntar la na
rración de los acontecimientos como sucedieron.
Esta batalla, o serie de batallas, es evidentemente el
resultado de la determinación por parte de los congre
sistas de solucionar la una crisis i jugar el todo por
el todo. Estaban cansados de gobernar sin resistencia
en el norte, mientras tanto el Presidente Balmaceda
disponía de los grandes puertos de mar, mas al sur, i de
la capital. Ademas, temieron que, si se demoraban mu
cho en hacer valer su el mar, ésta no
superioridad en
pudiera prolongarse. El Presidente
habia mandado
construir buques poderosos en Europa, iban apresura
damente al teatro de los sucesos, i esperaban solamente
estar armados para inflijirlo que llamaríamos un golpe
abrumador a la insurrección.
Urjidos por estas consideraciones, los congresistas
resolvieron dar un golpe atrevido a Valparaiso. En
consecuencia, desembarcaron la semana antepasada en
un lugar un poco al norte de la ciudad i fuertes, i aun
que las fuerzas presidenciales p> éde decirse que fueron
sorprendidas, salieron al momento a su encuentro.
El Presidente trató de evitar que pasaran el rio
Aconcagua, que era el primer obstáculo en el camino
que conduce a Valparaiso.
Fué vencido, los cañones
pues pasaron protejidos por
de sus buques; después ha tenido que espe
el mundo
rar las noticias de la batalla decisiva.
Durante este intervalo, de parte de los presidenciales
fué todo falsedad, i por lo que atañe al mundo en jene
ral, fué todo misterio por ambas partes.
Según los telegramas oficiales, los insurjentes eran
aniquilados dia por medio, i el vencedor se ocupaba
solamente de deliberar con qué salsa se lo comería.
Como un hecho consumado trabajaban quietamente
para tomar posesiones i atacar las obras de defensa a
retaguardia de Valparaiso.
Maniobraron tan bien, que el viernes último las fuer
zas presidenciales, aunque propiamente estaban a la
defensiva, fueron obligadas a salir de sus trincheras
para batirse.
Abandonaron sus trincheras i avanzaron sobre la
línea de congresistas, pero fueron recibidos con un
fuego devastador que destruyó enteramente su línea
de batalla.
En el momento decisivo, el jefe de los congresistas,
jeneral del Canto, dio la orden de ¡a la carga! i con gri
tos salvajes (a wild yell), la línea, de insurjentes dejó sus
parapetos i se lanzó encima del enemigo, que estaba
ya desmoralizado i que se batia en retirada.
Fueron ayudados por el fuego de su artillería, i en
pocos momentos todo terminó.
Valparaiso, i con él Chile, habian sido perdidos i re
cuperados.
Los insurjentes se apoderaron pronto de la ciudad i
de la mayor parte de los buques que seguían la causa
del Presidente Balmaceda.
El Presidente había tomado la fuga, habiendo segui
do su ejemplo los principales ajentes de su gobierno, i
su creatura, señor Vicuña, «el Presidente electo», se
habia refujiado a bordo de un buque de guerra alemán.
Las tripulaciones de otros buques de guerra desembar
caron para mantener el orden, i el pueblo arrojó flores
en el camino por donde debiau pasar las tropas victo
riosas. Santiago se rindió tan pronto como estuvo en
posesión de las noticias; de manera que ahora un par
tido no tiene ejército, i el otro no tiene enemigos. El
triunfo ha sido debido a la buena dirección de las fuer
zas congresistas, a haber peleado bien, i al fusil Mann
licher. El fusil Mannlicher es el mas nuevo entre las
armas modernas, i hace fuego con la pólvora sin
humo,
—
56 —
que ha introducido una revolución tan grande en el
arte de la guerra.
La ausencia de humo entre ellos i su enemigo, per
mitía a los insurjentes hacer seguras punterías. La
fuerza penetradora del pequeño proyectil en forma de
dardo disparado por este fusil, ha producido efectos
mui mortíferos. En muchos casos las balas atravesaron
los soldados de las primeras filas para continuar su
obra mortífera en los soldados de la retaguardia. La
guerra civil chilena ha servido, pues, por segunda vez,
para ilustrar prácticamente respecto al uso de las armas
mas modernas. Blindados congresistas i torpederos
balmacedistas han ido al fondo para ilustrar a los peri
tos en el arte de la guerra naval respecto a la impor
tancia de sus últimas teorías sobre ataque i defensa.
Finalmente, el ejército balmacedista ha sido aniquilado
para demostrarles que la pólvora sin humo es tal como
se la imajinaban. Por su efecto moral, es talvez algo
mas. El ltata fué entregado al gobierno de los Estados
Unidos, pero su escursion correspondió al objeto. En
tanto que los congresistas entretenían a sus enemigos
i al mundo con la comedia de su escapada i persecución,
trabajaban sijilosamente para trasbordar el cargamento
de armas que les venia de Europa, el cual ha decidido
el éxito de la guerra.
Es de esperar que este triunfo tan completo haga,
magnánimos a los congresistas. A juzgar por las con
diciones que han ofrecido a sus enemigos para que
se rindan, es probable que solo los ajentes inmediatos
de Balmaceda sientan el peso de su venganza. El pre
sidente hará bien de esquivarle el cuerpo por todo el
tiempo que pueda. Ha sido implacable en la prosecu
ción de la lucha, i ha hecho matar por centenares a
sangre fría. Las simpatías del mundo
entero, que de
algo han valido a favor de los victoriosos, se enfriarían
en vista de crueles represalias. Es una lástima que el
capitán de una buque inglesa, al consentir traspor
tar plata fuera del pais para el presidente Balmaceda,
pueda haber hecho dudar por un momento a los con-
gresistas de las buenas intenciones de este país para
con ellos. Ha sido un acto de intervención en su ten
dencia, aunque legal en sí mismo. El resultado de la
lucha será recibido con jeneral aplauso, si no fuera
solamente porque pone término a una guerra sangui
naria i devastadora.
Pero esto no es todo. Apesar de que la naturaleza
de este desgraciado antagonismo era al principio oscu
ro, hace algún tiempo que sus principios han sido per
fectamente comprendidos. El señor Balmaceda fué
elejido presidente de Chile, i casi tan pronto como fué
elejido comenzó a disputar con su Congreso. Su escusa
era que el Congreso había comenzado a luchar con
él,
i que él procuraba salvar el pais i la República de un
grupo de facciones peligrosas. Con esta confesión i sin
entrar en detalles pequeños sobre la disputa, él se con
dena por sí mismo. No es incumbencia de los presi
dentes salvar repúblicas que están contra ellos, espe
cialmente cuando el voto popular es emitido por medio
de asambleas elejidas legalmente.
La esencia de la idea republicana o democrática, que
hoi dia significa la misma cosa, es que se deje que los
pueblos aprendan a ser cuerdos con sus mismos erro
res. Si el Congreso chileno ha sido faccioso, como ha
alegado el
Presidente, era su obligación precisa respe
tar la voluntad de la mayoría, i dejar al pais que juz
gara el resultado.
Con su respeto escrupuloso por la lei se habría atraí
do a sus conciudadanos, i a la larga ellos no habrían
dejado de darle todo su apoyo constitucional que le
hubiera permitido gobernar para su bien. Esto es pre
cisamente lo que sucedió en Francia cuando la reacción
violenta en contra de M. Julio
Ferry i sus imitadores,
que durante algún tiempo casi condujeron al gobierno
de Francia a su ruina.
Ministerios tras ministerios subieron i cayeron, pero
el presidente Grévy, para honra suya, se mantuvo fir
me. Aceptó toda combinación que pareciera recomen
darse, aunque lijeramente a la opinión parlamentaria,
8
—
58 —
i finalmente, con su paciencia i con las muchas oportu
nidades que les dejaba para que se hicieran ridículos
a los ojos del pais, aburrió a los distintos bandos.
Su predecesor, el mariscal Mac-Mahon, con mucho
menos provocación, consideró su deber seguir una con
ducta contraría. Sabemos el resultado. Si hubiera per
severado en su intento de salvar la república contra
los republicanos, habría anticipado sin duda, en su pro
pia persona, la caida del señor Balmaceda. Sus con
ciudadanos no habian olvidado que, cuando confiaron
a Luis Napoleón una empresa igual, salvó solamente
la república en su propio provecho personal.
LA CAÍDA DE BALMACEDA
(Del Times de Londres del 31 de Agosto)
La caida de Balmaceda no se puede poner ya en du
da. El papel riguroso de censor que asumió el Dicta
dor para la trasmisión de noticias, ha terminado con
su derrumbamiento, i por vez primera desde el princi
pio del conflicto, tenemos hoi noticias auténticas de
Valparaiso. Nuestro corresponsal en aquella ciudad se
ha valido de la relajación en la vijilancia sobre el telé
grafo, para enviarnos una relación suscinta sobre los
grandes acontecimientos que han tenido lugar en su
vecindad en los últinus diez dias. Mucho queda todavia
en la oscuridad, i muchos vacios en la narración tendrán
que llenarse, antes que se pueda completar la historia
de la última gran jornada de la guerra civil de Chile.
El resultado de esa lucha larga, sanguinaria i tenaz,
queda por fin establecido de una manera que no admi
te dudas. A diferencia de la mayor parte de las noti
cias recibidas hasta hoi en este pais, provenientes de
fuentes parciales, la noticia de la victoria decisiva de
los congresales, llegada el Viernes, ha sido plenamente
confirmada por fuentes independientes.
Es justo afirmar que los congresistas han desple
gado circunspección parala publicación de sus noticias
oficiales, resultando para ellos un contraste mui favo
rable, comparado con el mentidero desvergonzado de
Balmaceda i sus subordinados; i esta vez sus afirma
ciones están ampliamente confirmadas, no solamente
por nuestro corresponsal, sino también por las comu
nicaciones oficiales que algunos de los principales con-
—
60 —
sules estranjeros en Valparaiso, han enviado a sus res
pectivos gobiernos.
En Inglaterra, i probablemente también en la mayor
parte de los paises civilizados, la de la caida
noticia
de con una impresión de ali
Balmaceda, será recibida
vio jeneral. La mayor parte de nosotros hemos creído
desde tiempo atrás, que seria difícil que pudiera exis
tir en Chile un gobierno tranquilo i progreso comer
cial, bajo el yugo del Dictador.
Personas caracterizadas que se habian domiciliado
en esa República, en'su mayor parte compatriotas nues-
•tros, los que no han tenido nada que hacer con la polí
tica interna de Chile ni con la suerte de sus bandos
políticos, se han quejado una i otra vez en nuestras
columnas, de que Balmaceda conducia apresuradamen
te su pais a la ruina. Esas personas sostenían que era
un gobierno arbitrario i atrozmente cruel; que su ad
ministración habia descendido a la corrupción, i que
su política financiera era a la vez irracional i fraudu
lenta. Todos los habitantes estranjeros de Valparaiso
deseaban su caida, i se nos asegura que todos ellos se
regocijan con la victoria obtenida por los congresales.
Se nos informa que los estranjeros consideran a los
congresales como un partido honrado, dispuesto i ca
paz de remediar los males causados por Balmaceda,
i de devolver a su perturbado pais las bendiciones de
un gobierno fuerte, pacífico e intelijente.
Las noticias que nos envia nuestro corresponsal de
Valparaiso sobre la batalla que tuvo lugar inmediata
mente después del desembarco de los congresales, con
firman sustancialmente las informaciones que hemos pu
blicado anteriormente. Parece quelaventajaenestratejia,
táctica, disciplina i armamento, favoreció a losdnvasores
desde el primer momento. Se nos asegura que las tro
pas del jeneral del Canto habian sido instruidas con
esmero por un instructor alemán; que habian sido ar
madas con el fusil Mannlicher de repetición, arma
adoptada por el ejército austríaco, i que en el campo
de batalla ha probado sus cualidades mortíferas. Tan
—
61 —
superiores eran los invasores a sus enemigos, que en el
primer encuentro, nuestro corresponsal estima sus ba
jas nada mas que en 600 hombres entre muertos i he
ridos, i las de los balmacedistas en 3,500.
La falta de actividad de los congresales después de
su primer triunfo se atribuye al deseo de sus jenerales
de hacer caer en la trampa a Balmaceda, en la cual fué
por último cazado. Parece que confiaron implicitamen-
te en su habilidad superior i en la decisión de sus tro
pas para batirse con todas las fuerzas de Balmaceda.
Permitieron que trasportara sus reservas por ferroca
rril de Santiago, hecho que ellos pudieron haber impe
dido fácilmente cortando los puentes del ferrocarril.
Cuando las fuerzas del Dictador estuvieron en las
cercanías de Valparaiso, i a tiro de cañón de los inva
sores, el jeneral del Canto hizo cortar la línea a su
retaguardia, probablemente en el Salto, una garganta
estrecha por la cual pasa el ferrocarril, como a dos
millas de Viña del Mar. El Dictador fué de este modo,
obligado a aceptar batalla el viernes, en terreno cui
dadosamente elejido por su vijilante i hábil adversario.
Sus tropas parece que pelearon con su valor de cos
tumbre durante la primera parte del dia. Eran un poco
superiores en número a las de los congresistas; pero
se dice que no solamente fueron conducidas sin suje
tarse a las reglas de la táctica, sino también, que los
jenerales de Balmaceda pensaban de distinto modo i
no pudieron ponerse de acuerdo para combinar un plan
de operaciones.
La muerte de los dos jefes de las fuerzas de Balma
ceda completó la desmoralización, la cual habia co
menzado con el fuego de los Mannlicher i sus disparos
con pólvora sin humo. Después de dos impetuo
sas tentativas para forzar las posiciones de los con
gresales, el ejército del Dictador fué desbaratado i
puesto en fuga. Los muertos en la batalla fueron com
parativamente pocos, pues se hacen subir a 700 por
parte de los vencidos, i como a 200 por parte de los
vencedores. Las tropas derrotadas llegaron a la ciudad
•W;r
—
62 —
después de medio dia, i por algunos momentos las calles
fueron teatro de desórdenes. Los almirantes ingles i
alemán mandaron jente a tierra para protejer los inte
reses de
estranjeros, i en el trascurso del dia, la ciudad
se entregó pacíficamente a los congresales victoriosos.
Se asegura que sus tropas se portaron de una manera
ejemplar después de haber ocupado la ciudad. La dis
ciplina fué estrictamente observada, i los esfuerzos
deliberados del populacho para saquear e incendiar,
fueron castigados rigorosamente. Se portaron verda
deramente, no como vencedores de una guerra civil
sanguinaria, sino como los verdaderos libertadores de
su pais; i es de esperar que éste sea un ejemplo de la
línea de conducta que el nuevo Gobierno de Chile pien
sa adoptar.
Han sido conciudadanos i por el
aceptados por sus
mundo entero como honrados i abnegados campeones
de la libertad i de la lei. A ellos les corresponde justi
ficar con sus actos que son dignos de ser considerados
como verdaderos patriotas de sanas intenciones. La
victoria de ellos es completa. Santiago, la
capital, se
ha rendido a su representante, jeneral Baquedano. Se
dice que Balmaceda trata de escapar a su condenación,
fugándose por los pasos espantosos de los Andes en
este tiempo de invierno.
Vicuña, i los demás cabecillas
balmacedistas de Valparaiso, han buscado asilio a bordo
de los buques de guerra alemanes.
Está igualmente en el interés i es el deber de los
vencedores, mitigar la justicia con la clemencia, i todos
los amigos verdaderos de Chile leerán con un poco de
desconfianza la negativa del señor Montt, representan
te de la Junta, a quien la ciudad ha sido formalmente
entregada, para ofrecer condiciones o dar cualquiera
garantía a los partidarios civiles de'la facción vencida.
La gran aspiración de Chile debe ser ahora la paz i la
organización del gobierno, i a fin de que éste descanse
sobre una base
sólida, debe empeñarse ardorosamente
en evitar los senderos peligrosos i cicatrizar las heridas
de la guerra civil.
LA REVOLUCIÓN CHILENA
1.°
(Del Tiitf.s de Londres del de setiembre)
Con la de Valparaiso, el desbande del ejército
caida
de Balmaceda, la rendición pacífica de la capital a los
congresistas i la fuga del déspota caido, termina el
interés dramático de la revolución chilena.
Los acontecimientos délas próximas semanas, serán,
sin embargo, aguardados con ansiosa i vijilante aten
ción por todos los hombres cuyo interés por la repú
blica es permanente i profundo, pues ellos habrán de
juzgar el carácter i programa del nuevo gobierno.
La tarea que tienen los campeones victoriosos de la
Constitución, es una de las mas graves i arduas que
las circunstancias pueden imponer sobre ios hom
bros de hábiles i concienzudos gobernantes, i la manera
cómo se aproximen a su solución, será umversalmente
aceptada como muestra de su sinceridad i de su ha
bilidad.
Su trabajo se estiende nada menos que a restablecer
el edificio de la sociedad civil en su tierra natal. Solo
cuando ese edificio estuvo gravemente amenazado por
actos de Balmaceda se resolvieron, i con repugnancia,
al desesperado remedio de la guerra.
Tan solo la grandeza i la inminencia del peligro po
dían justificar tan terrible resolución.
Pero la guerra, en sus comienzos, no hizo si no
agravar i hacer mas intensos los males del poder del
Dictador.
La contienda, mientras duró, condujo naturalmente i
de un modo directo a una enorme multiplicación de
—
64 —
actos ilegales ejecutados en nombre de la lei. Fuertes
multas, confiscaciones arbitrarías, sentenciassumarias,
castigos crueles i con frecuencia ejecuciones, que no se
diferencian de matanzas, han dejado su mortal herencia
de odio en los corazones del partido hoi dominante.
Es fácil a los jefes congresistas anular los decretos
del usurpador, derogar las leyes promulgadas por la
.
lejislatura servil que fué su creatura i dejar sin efecto
sus actos. Esa labor, aunque necesaria, es la parte
menor de su tarea. Leyes, decretos i actos administra
tivos no fueron sino los instrumentos con que Balma
ceda trabajó. Fueron las herramientas que le sirvieron
para destruir el orden social en su pais i con él la
tranquilidad i la confianza de que emana la prosperi
dad pública.
Los congresistas, como lo creemos gustosos, están
resueltos a hacer revivir esa prosperidad. Hasta aquí
sus directores se han conducido con crédito i con éxito
como jefes de un gran partido. En adelante tienen que
proceder como gobernantes de una nación. Es perfec
tamente justo que se castigue a las cabezas del movi
miento que ha sumerjido a la República en las calami
dades de una guerra civil. Los que apelan al recurso
de la espada en las contiendas domésticas, incurren
deliberadamente en esa responsabilidad. Es necesario
también que se ofrezca un cierto número de ejemplos
entre esos pequeños ajentes del dictador que volunta
riamente cometieron asesinatos por su orden i que se
hicieron notables por la violencia o la rapacidad.
Pero es deber del nuevo gobierno hacerse sordo a
los gritos de venganza de sus partidarios. Debe mani
festar a sus conquistados, que son también ciudadanos
de la República, i que mientras obedezcan leal i pacífi
camente a sus nuevos gobernantes, nada tienen que
temer por su conducta pasada.
Muchos de los oficiales de Balmaceda se han esca
pado ya del castigo, refujiándose a bordo de buques
neutrales en la bahía de Valparaiso. Muchos
otros, se
gún se dice, han sido arrestados i están esperando su
!>U
juicio. Ninguno, es satisfactorio saberlo, ha sido trata
do de la manera sumaria como los partidarios exaspe
rados tratan amenudo a los opresores que han derri
bado. Tal moderación es rara, a la verdad, en las
revoluciones de Sud América i será por todos recibida
como un feliz augurio de que los congresistas intentan
gobernar con el misino espíritu que les puso las armas
en la mano, i estender a sus enemigos derrotados la
protección de las leyes que esos mismos enemigos pi
sotearon tantas veces.
La interesante declaración espedida por los congre
1.°
sistas el de Enero, documento que hoi hemos publi
cado íntegramente traducido, confirmará la impresión
jeneral que siempre ha prevalecido en este pais de que
el partido de los congresistas es el partido de la liber
tad i de la lei.
Es un documento eminentemente constitucional i si
los nuevos mandatarios de Chile dirijeu su gobierno se
gún el espíritu que él respira, la República hará ahora
una nueva i distinguida carrera entre las naciones del
porvenir. Que algunos de los mejores jueces de la
política internacional del mundo, están sinceramente
convencidos de la honradez i talento de la Junta, está
probado i de modo significativo por la grande alza en el
valor de los bonos chilenos que ha seguido a su victo
ria. El empréstito de 4| cerró ayer en la Bolsa de
Londres a 89¿, o sea un alza de 9% sobre los precios
del viernes último.
La declaración de la Junta comienza con un relato
de los varios actos de opresión i de gobierno cometi
dos por Balmaceda antes de la guerra civil. Habia
protejido oficiales que se habian degradado en las elec
ciones. Habia empleado la policia para dirijir i orga
nizar turbas. Habia violado el derecho de reunión í
repetidas veces quebrantado las promesas dadas por
sus ministros. Especialmente se habia hecho culpable
de sucesivas usurpaciones sobre los mas caros privile
gios constitucionales del parlamento. Se habia apode
rado de los dineros públicos i manejádolos por su cuenta.
9
—
66 —
Habia creado empleos i pagado sueldos sin autorización
del Congreso. Habia conservado un Ministerio censu
rado i al que se habia negado las contribuciones. No
habia hecho caso de ese rechazo i con violación direc
ta i flagrante de las disposiciones espresas de la Cons
titución, habia cobrado los impuestos sin el asentimiento
de la lejislatura i habia mantenido las fuerzas navales
i militares sin la sanción del Congreso.
Entre las consecuencias de esas infracciones de las
disposiciones fundamentales de la Constitución chilena,
infracciones que en su mayor parte tienen un sonido
estrañamente familiar a los oídos ingleses, se presen
taba, segúnla declaración congresista, una desastrosa
conmoción financiera que comprometía seriamente el
honor del Estado.
Todo esto se dirijia, según el juicio de los firmantes,
a una sola conclusión posible: la conclusión de que el
Presidente acariciaba un plan premeditado contra las
instituciones fundamentales de la República i trataba
de sustituir su gobierno personal a la lejítima sobera
nía del pueblo. El crimen llegaba a la alta traición i,
en nombre del pueblo, la mayoría de sus representan
tes constitucionales, declararon a Balmaceda incapaz
de desempeñar los deberes de un alto cargo i apelaron
a todos los buenos ciudadanos para ayudarlos en la ta
rea que emprendían.
En términos que es oportuno recordar en el momen
to en que los congresales están engreídos con su gran
triunfo, declararon que esa tarea consistía en «resta
blecer el réjimen constitucional, asegurar la tranquili
dad interior, atender a la común defensa i afirmar los
beneficios de la libertad i las leyes.»
Nobles objetos son esos.
El terreno para su cumplimiento ha sido despejado
por un triunfo repentino i asombroso.
Su cumplimiento, i con su cumplimiento, la prospe
ridad i la grandeza de Chile, dependen ahora de la
sabiduría i de la moderación con que los congresis
tas manejen el poder que tan valientemente han ganado;
LA GUERRA CHILENA
(De La Justice del 29 de Agosto.)
Todo lo que se puede deducir de los despachos ab
solutamente contradictorios que recibimos de Chile, es
que la lucha se prosigue ardiente, encarnizada, entre
los partidarios del antiguo Congreso i las tropas del
Dictador Balmaceda. ¿Cuál es el vencedor? Imposible
saberlo. Sabemos en la mañana que es el partido de
los congresistas, i en la noche que es el del Presidente,
depuesto porlus L¿;ie lu habian elejido.
Be sabe deque lado están nuestros votos, aunque
no tengamos para qué mezclarnos en asuntos de otros,
i aunque hayamos desaprobado el envió de los buques
encargados a la «Societé des Chantier de la Mediterrá
neo,» porque constituía una intervención indirecta de
nuestra parte. Pero el simple cuidado del derecho i de
la lei, al mismo tiempo que de las libertades mas nece
sarias, nonos permite simpatizar con los enemigos del
Congreso chileno.
Si el ex-Presidente Balmaceda, que ha dado un ver
dadero golpe de Estado, mucho mas cínico i mas mons
truoso que el de 1851 en Francia, lograse prevalecer,
seria tanto peor para los principios que representamos
i de cuya causa nos envanecemos de no desertar ja
mas. Si el gobierno usurpador que ha espulsado la re
presentación nacional, suprimiendo todas las garantías
constitucionales, derogado las leyes según su capricho,
aprisionado a los ciudadanos que le resistían, torturado
a los desgraciados que sospechaba le eran hostiles,
—
68 —
instituido un de sospechas mas tiránico i mas
réjimen
odioso que de aquellos a los cuales se podría
ninguno
comparar; si esta parodia siniestra de los Césares, to
mada de la historia de los [Link], de las Bombas
i de los Soulonque, sale victoriosa de la batalla, será
jentes.'
una derrota mas para el derecho de
Los elejidos de la nación chilena se han «insurrec
cionado» —
puesto que este es el término que se em
plea —
contra un poder que no era nada sin ellos, que
debia caer eldia en que le retirasen su confianza, que
no vivia sino de los i que él mismo ha llega
do a ser insurrecto por el solo hecho de su manteni
miento después de la espiración legal del mandato que
se le habia confiado. •
Han sido seguidos en su oposición i en su resisten
cia, por todo el que pide en su pais ideas de legalidad
i de libertad. Han arrastrado a la Marina, que es la
fuerza militar mas importante, i una gran parte del
ejército de tierra, del cual la Dictadura ha conservado,
sin embargo, la mayor parte.
La guerra civil ha sido furiosa, terrible. Es justo re
conocer que de ambos lados han dado prueba de un
valor que llega al heroísmo. Ha habido episodios que
recuerdan los de las grandes guerras navales i de los
mas sangrientos combates de tierra. Los enemigos se
han disputado el mar i el suelo con una valentía i una
audacia desesperadas. Considerándoselo este espectá
culo imponente i doloroso, él hace honor a los que son
bus actores i sus víctimas.
Ojalá el vencedor, cualquiera que sea, dé pruebas de
tolerancia i no manche su triunfo con vanas i crueles
represalias! Tenemos el derecho de hablar, nosotros,
que hemos sufrido mas que ningún pueblo el flajelo de
la guerra civil i que hemos visto la proscripción i las
ejecuciones sumarias
agregarse, implacables e inicuas,
a las horribles desgracias de las luchas fratricidas.
Deseamos en particular, que si al contrario de las
noticias que esparcen los oficiosos de la Dictadura, los
representantes de la lei hacen triunfar su causa, guar-
—
69 —
den la medida que convieneliberales sinceros, a
a
patriotas apasionados de las ideas de humanidad. La
venganza íria i salvaje, cuando el combate ha termina
do, cuando la fiebre está apaciguada, cuando vencedo
res i vencidos pueden reconciliarse en su gran familia,
la patria, es lo que hai de mas triste i de mas inútil, de
mas condenable también.
Cuando la guerra civil deja arrastrar ese harapo fú
nebre de que nos costó tanto trabajo desembarazarnos
en Francia por la
amnistía, es doblemente desastrosa,
por las víctimas que hace i por las pasiones que desen
cadena. Ha sembrado la muerte i la miseria, i continúa
manteniendo las divisiones, los odios i las cóleras.
Continúa en los corazones después de haber espirado
en la sangre, en las esquinas de las calles. Es el cri
men que se sobrevive a sí mismo, i que llega a ser una
falta, después de haber sido una monstruosidad.
Desgraciadamente, es preciso decirlo, los furores
parecen excitados hasta tal punto que es difícil prever
el apaciguamiento súbito i admitir el enfriamiento de
un dia a otro. La República chilena era, ayer aun, un
pais próspero, libre, feliz, cuya situación financiera era
objeto de envidia i cuj'a situación política parecia al
abrigo de toda sacudida profunda. I ha bastado el ca
pricho de un hombre, de rebelarse contra la voluntad
popular i la ambición de uno solo de ser el a mo de to
dos, para cambiar en un campo de batalla inundado
de sangre, el suelo fértil de la patria, i para poblar de
cadáveres las llanuras i el mar vecino.
La lección es tan dura como desconsoladora. Los
que la
reciben, la aprovecharán. Nunca serán bastante
todos sus esfuerzos, toda su unión, para borrar tanto
luto i tantas miserias. Mui cordial-mente le deseamos
no ahorrar esfuerzos para eilo i que lo consigan.
S. Pichón.
LA DERROTA DE BALMACEDA
(De L'autorité de 31 de Agosto.)
Cambio a la vista.
El jueves, todas las noticias anunciaban la derrota
i la capitulación del ejército congresista.
El viernes, del conjunto de telegramas llegados du
rante el dia i la noche, resultaba que este ejército, sin
haberse rendido, debia encontrarse en una situación
difícil.
De un golpe, a inedia noche, llega el telegrama que
hemos dado en nuestras últimas noticias, anunciando
la toma de Valparaiso por los congresistas.
El sábado, esta noticia es umversalmente confirma
da. Todos los telegramas concuerdan en señalarnos la
victoria completa de los congresistas i la destrucción
de Balmaceda. En una batalla decisiva los congresis
tas han vencido i destrozado las tropas presidenciales.
Valparaiso lia capitulado; los congresistas lo ocupan.
En cuanto a Balmaceda, ha huido hacia Santiago.
Hé aquí de qué manera la fortuna de las armas ha
cambiado tan bruscamente de un campamento a otro,
a estarnos a los telegramas aun oscuros que nos han
llegado.
Después de haber tenido al desembarcar cierto éxito,
los congresistas no habian podido ocupar las posicio
nes fortificadas de Balmaceda i se encontraban dete
nidos delante de ellas, habiéndose atrincherado por su
parte.
Por causas que ignoramos, los balmacedistas, que
atacaron por dos veces a los congresistas en sus líneas,
fueron rechazados, diezmados, perseguidos, derribados
i finalmente dispersados.
Este desenlace demuestra cuan difícil es, con los
proyectiles actuales, la ofensiva contra un enemigo
atrincherado.
Prueba también las poderosas propiedades de la
pólvora sin humo i de los fusiles de repetición que, con
ios congresistas, han hecho su estreno en el campo de
batalla.
De cualquier modo que sea, los congresistas son de
cididamente vencedores; i la guerra civil, que se pro
longaba desde hacia seis meses, ha terminado; el resto
no es mas que una cuestión de pocos dias. Santiago
capitulará como Valparaiso.
En cuanto a los acorazados chilenos a las órdenes-
de Balmaceda, seguirán evidentemente la suerte de
éste, que por lo demás, no podrían hacer otra cosa.
Debemos felicitarnos de este resultado: primero por
humanidad, pues pone término a una guerra ruinosa i
sangrienta que .se
eternizaba; enseguida por el dere
cho i la justicia. Balmaceda era un jacobino, un Robes-
piérre, que habia sustituido su dictaduia brutal i
ame-
nudo sanguinaria, a la voluntad del pais.
EL DESENLACE
(De Le Soir del 31 de Agosto.)
La guerra civil que asolaba a Chile desde hacia ocho
meses, i que ha hecho tantas víctimas en esta última
semana, ha terminado: los congresistas han entrado
ayer a Santiago, como anteayer a Valparaiso, i Balma
ceda ha huido en la noche del viernes al sábado,
después de la destrucción de las fuerzas de que dis
ponía.
Algunos de felicitan de no haber
nuestros colegas se
tomado de la lucha i de haber espe
parte en el curso
rado, para proclamar la justicia de la causa defendida
por los congresistas, que la suerte de las armas se
pronunciara en su favor. Se nos permitirá quizas feli
citarnos por haber hecho constantemente votos por la
victoria de esos pretendidos rebeldes, verdaderos re
presentantes del derecho, sobre un Dictador insurrec
cionado contra la Constitución de su pais, perjuro a sus
juramentos, abofeteando con un golpe de Estado un
pasado hasta entonces honorable.
Nos felicitamos también de haber aconsejado al Go
bierno una actitud mas conforme con la neutralidad
que aquella a la cual ha concluido por inclinarse, acti
tud cuyas consecuencias han suprimido por felicidad
los sucesos. Sí el Presidente Errázuriz, que se ha deja
do mui descortesmente salir del Havre después de mil
vacilaciones, hubiera llegado en la semana última a
Valparaiso, su intervención en la lucha suprema hu
biera hecho mas difícil, mas costosa, mas sangrienta,
la obtención del resultado que todos los amigos de Chi-
_
n -
le saludan hoi con alegría; quizas hubiese permitido a
Balmaceda mantenerse algunas semanas, algunos me
ses mas, es decir, consumar la ruina financiera i polí
tica de la mas rica i de la mejor ordenada de las repú
blicas de la América Meridional.
I es el Gobierno francés, quien habria proporcionado
al Dictador las armas mortíferas con cuya ayuda, habria
logrado aplazar aun el triunfo definitivo del derecho
constitucional i de las libertades parlamentarias.
¿En qué situación se encontraría hoi nuestro minis
tro de Negocios Estranjeros ante el nuevo gobierno
chileno, si, dejándose enredar por los. ajentes oficiales
de Mr. Balmaceda, a los cuales no les faltaba audacia,
como se sabe; si desentendiéndose de la opinión públi
ca, hubiera adoptado medidas manifiestamente parcia
les i en estremo favorables a la causa del dictador?
Hubiera comprometido de un modo quizás irremedia
ble nuestras relaciones diplomáticas con la república
chilena; hubiera dado ventaja sobre nosotros en ese
pais amigo donde viven 15,000 franceses, a los ingle
ses i alemanes, celosos de las simpatías que encuen
tran nuestros nacionales, i siempre prontos en procu
rar menguar nuestra influencia política i comercial.
Es lícito decir, que si Mr. Ribot no ha dado ese res
balón, lo debe en poco, en mucho quizás, a las adver
tencias de la prensa. Esta verdad, no le será sin duda
mui agradable, pero tiene bastante espíritu de justicia
para reconocer que ella es fundada.
10
LA REVOLUCIÓN DE CHILE
EL TRIUNFO DE LOS CONGRESISTAS
(De Le Temps del 29 de Agosto)
Al fin! La suerte de las armas en Chile se ha pro
nunciado, i se ha pronunciado en favor de los congre
sistas. En el momento mismo en que la incertidumbre
era mas grande, en que las noticias falsas, sistemática
mente esparcidas, comenzaban a encontrar algún cré
dito, un telegrama auténticollega a decirnos que los
adversarios del Presidente Balmaceda han obtenido el
triunfo.
Después de una de combates sangrientos,
semana
continuados sin después de seis meses de
descanso;
hostilidades intermitentes en tierra i en mar, la capital
del pais ha dejado de pertenecer al Presidente. Val
paraiso ha capitulado; pero lo ha hecho, no directa
mente en manos del almirante Montt o del jeneral del
Canto, sino en las de los almirantes que mandan las
escuadras que Estados Unidos, Francia e Inglaterra
mantienen en sus aguas.
Este camino indirecto de rendirse al vencedor ha si
do aparentemente escojido, por varios motivos. Se pue
den entrever tres .
En primer lugar, el deseo de no herir el amor propio
de las autoridades caídas, negociando con beiijerantes
en los cuales el Presidente no ha querido ver hasta el
—
75; —
fin En segundo lugar, el intento de ob
sino rebeldes.
tener por de la intervención do los almirantes
medio
estranjeros una garantía eficaz de la seguridad, de la
vida i de los bienes de la población. Al
trasmitir- a los
congresistas el depósito que se les ha entregado con
este objeto, los jefes de las cuatro escuadras, impondrán
implícitamente a los vencedores la obligación de res
petar la salvaguardia acordada por las grandes nacio
nes a la capital chilena.
En fin, es de creer que los autores de esta estipula
ción han tenido en vista igualmente la idea de forzar
en cierto modo la mano a las potencias para mezclar
las, por medio de una mediación mas o menos formal,
en las negociaciones de paz. Sea lo que fuere de este
último punto, que examinaremos ahora mismo un poco
mas cerca, de seguro que lo que acaba de pasar en
Chile es de trascendental importaucia.
No podían los estranieros colocados tan lejos del
teatro de los acontecimientos, i forzosamente reducidos
a la porcio.1 cjagraa, en materia de informes auténti
cos e imparciales, no les correspondía tomar partido
con vehemencia en una guerra civil como la que des
garraba a Chile. El prestijio mismo del pasado de este
pais, tan largo tiempo i tan honorablemente distinguido
por la regularidad de su desarrollo interno i la ausen
cia de crisis convulsivas, nos obligaba a mucha reserva.
Si era difícil creer que políticos de todos los mati
ces i de todo oríjen, .unos
—
sin duda en mayoría —
ve
nidos del conservantismo, otros i entre ellos algunos
—
de los jefes más prestijiosos salidos del liberalismo,
—
hubiesen levantado sin grandes móviles el estandarte
de la .resistencia
armada, no lo era menos creer que un
Presidente, hasta entonces respetuoso del derecho i la
legalidad, hubiese provocado gratuitamente, por medio
de atentados constitucionales, este terrible conflicto.
En tales condiciones, lo mas prudente era abstenerse de
todo juicio precipitado, contentarse con reproducir fiel
mente los. alegatos de las dos partes, i publicar dia a
dia la marcha de los acontecimientos militares.
—
76 —
Empero, a medida que se hacia luz sobre las causas
crisis, llegaba a ser
verdaderas de esta gran mas eviden
te los congresistas habian tenido el mérito de to
que
_
mar la defensa de la lei i de la Constitución. La histo
ria del conflicto parlamentario que precedió, i provocó
la esplosion de las hostilidades, presentaba alPresidente
Balmaceda animado de una especie de desden por las
formas legales, de la prerrogativa parlamenta
celoso
ria, mui dispuesto despreciar la Constitución i aun
ya a
a violarla directamente, i llegando hasta querer reducir
a nada esa «potencia de la bolsa,» ese derecho de vo
tar el presupuesto, que es a la vez la base i el corona
miento de la autoridad de las asambleas.
Importa mui poco que para justificar su actitud, el
señor Balmaceda haya invocado preocupaciones libe
rales, intenciones progresistas que una mayoría con
servadora habria paializado. En verdad, los pretestos
de esta clase jamás han faltado a los majistrados des
leales i deseosos de «salir de la legalidad para entrar
en el abuso». Es la propiedad de todos los cesarismos,
despreciar las formas constitucionales para pretender
no cuidarse sino del fondo.
Los congresistas chilenos, sobre todo aquellos que
han debido romper amistades i sacrificar aspiraciones
que les eran queridas para ocupar un puesto entre los
campeones del derecho, han merecido bien de su pais
i de la América española entera, en la misma forma en
que ellos han comprendido que el respeto a la Consti
tución debia estar antes que todo.
La lucha no ha dejado de arrastrar dolorosas conse
cuencias. Esa guerra civil parecía doblemente impía
en un pais que ha- debido mucho su prosperidad ma
teriali su superioridad moral, a la regularidad pacífica
de su desarrollo. Se ha necesitado una gran seguridad
de golpe de vista i un verdadero valor, para com
prender que combatir por el orden i la lei era ser mu
cho mas fiel a esas honrosas tradiciones de
Chile, que
dejar desgarrar en silencio i sin protestar, la lei fun
damental del pais.
—
77 —
Durante meses, el conflicto ha marchado sin que se
divisase el término posible. Los congresistas han com
prendido que la guerra no podia terminar por un gol
pe decisivo, mientras los dos partidos se acantonasen
a millares de kilómetros de distancia uno de otro i no
se dirijiesen sino débiles ataques. Se han decidido a
jugar el todo por el todo lanzando su espedicion sobre
Valparaiso.
Desembarcar en una bahía mal cubierta, a mas de
mil millas de la base de operaciones; marchar sobre
la capital, defendida por poderosas obras i tropas nu
merosas; colocarse entre el mar i las fuerzas del Pre
sidente; no tener apoyo i recursos sino en los seis
buques de guerra i los seis trasportes de la pequeña
escuadra; vivir sin almacenes de víveres; no tener nin
gún territorio de reclutamiento en frente de un ejército
levantado en el pais mismo, hé ahí lo que no han tre
pidado en tentar los soldados del jeneral del Canto.
Después de esfuerzos penosos, la victoria ha coronado
su empresa.
Los amigos de Chile, que habrían visto con consuelo
una solución
cualquiera, con tal que hubiera venido, sa
ludarán con mas alegría el triunfo, tan caramente com
prado, de los defensores de la Constitución i de la le
galidad. Es un buen ejemplo en la historia que una
vez se abra paso el
derecho, la lei, el orden público i
las libertades parlamentarias, i obtengan el triunfo
sobre el cesarismo o sus imitaciones.
Seguramente no todo ha terminado porque Valparai
so no esté ya en poder de Balmaceda. Quedan muchas
dificultades, talvez peligros; pero Chile sabrá salir de
ellos con honor, sobre todo si, como parece, tiene que
consultar a las potencias. cuidado de no
Estas tendrán
inmiscuirse mas de lo que conviene en estos delicados
asuntos de orden interno. Sobre todo se negarán a in
tervenir
aisladamente, a riesgo de crear complicaciones
mas graves. Pero consentirían sin duda en ponerse de
acuerdo entre sí para ejercer una especie de mediación
reparadora.
EN CHILE
(De La I'etite Republique del 29 de Agosto)
Desde hace varios dias, ya era posible darse cuenta
de la inminencia de una solución definitiva de la crisis
que desde tiempo atrás venia azotando a la República
chilena, antes de ahora tan tranquila i próspera. La
lucha entre el partido del Presidente Balmaceda i los
congresistas, habia llegado al apojeo de su violencia, i
los combatientes, tanto por su encarnizamiento cuanto
por el número de tropas que ponían en línea de com
bate, mostraban que querían concluir pronto, de cual
quier manera.
Pero las noticias tan contradictorias que recibíamos
en los últimos dias, i según las cuales, ambas partes se
atribuían sucesivamente el triunfo final, nos dejaban
en la mas absoluta indecisión acerca del resultado de
la lucha. ¿Triunfaría la legalidad gracias a los valero
sos esfuerzos de los congresistas? o seria Balmaceda
ouien lograría consolidar, con una victoria definitiva,
el poder que se ha arrogado después de un audaz gol
pe de Estado? No nos quedaba sino esperar nuevas
noticias mas ciertas, haciendo entre tanto votos por los
que el gobierno del Presidente llama insurjentes, i que
en realidad no son sino los valientes defensores del
derecho i de la libertad.
Al presente, la cuestión se encuentra ya arreglada i
los despachos que nos llegan, cuya autenticidad no es
posible poner en duda, nos hacen saber el triunfo de.
las fuerzas congresistas, su entrada a Valparaiso i la.
—
79 —
huida de Balmaceda, quien, abandonado de todos, se
supone haya ido a refujiarse a Buenos Aires.
Los soldados del jeneral Canto han sido recibidos
en Valparaiso en medio de las ovaciones del entusias
mo, i la ciudad entera los ha aclamado, feliz de
sentir-'
se libre, al fin, del opresor que no ha retrocedido ante
medio alguno para mantener su autoridad bambolean
te, aprisionando i torturando a sus adversarios políti
cos con la última de las crueldades, haciendo en una
palabra, reinaren torno de sí un verdadero réjimen de
terror.
Nada se dice de represalias en los despachos recibi
dos hasta este momento, i es de esperar que a la san
gre vertida en el campo de batalla, no ha de venir a
agregarse la carnicería después de la victoria.
Jamas demostraremos lo suficiente nuestra satisfac
ción, por el triunfo del partido congresista, en el cual
se habian agrupado todos los hombres eminentes del
pais, conservadores i liberales, todos los que, respetuo
sos de la Constitución, habian olvidado sus disenciones
[Link], que se habia puesto
políticas para resistir a
fuera del derecho i de la legalidad.
I estas simpatías que sentimos por los congresistas
se acrecientan aun, cuando tenemos la comprobación
de los prodijios de valor i de audacia de que han sido
capaces. El golpe de mano que ha puesto término a la
lucha, ha demostrado con qué enerjía se han decidido
a jugar su suerte en una grande i final partida. No han
vacilado en aceptar para la batalla el terreno mas fa
vorable para sus adversarios, i ha sido bajo los muros
de Valparaíso en donde el jeneral del Canto ha venido
a desafiarlos, no obstante conocer perfectamente que
un desastre habría sido para él i sus tropas la destruc
ción completa.
Al presente podemos esperar que
Chile, después de
la larga i terrible ha pasado, volverá a
crisis por que
encontrar un poco de
calma, de que tanto necesita; i
habiendo sido antes el mas apacible i el mas estable de
los Estados sud-americanos. sabrá reconquistar a los
"T
_ 80 _
ojos de la Europa la excelente reputación que desde
antiguo goza.
Sin duda quedespués de este largo de per
período
turbaciones, después de una de mas de un
guerra civil
año, el pais tendrá que sufrir algunos desórdenes.
Pero es preciso esperar que los esfuerzos de los hom
bres intelijentes i abnegados del partido congresista,
sabrán entrar prontamente en una era de prosperidad.
Jean Jacqües.
LA VICTORIA
DE LOS CONGRESISTAS
(De I.f. Sikcle del 30 de Agosto.)
La victoria de nuestros los congresistas nos
amigos
regocija como una muestra de la eterna fuerza del dere
cho. No sin motivo hemos sostenido desde el primer
dia a esos valientes dictador Balmaceda; te
contra el
níamos la profunda la
fé de justicia de su causa, la
que
enerjia desplegada por ellos, la autoridad de su acción
legal, se demostrarían i se impondrían al fin.
Él dia del triunfo ha llegado; puede ser que ahora no
sientan el envió de los buques construidos en Francia,
en ese círculo estrecho i esclusivo en que fué adoptada
esa medida, apesar de las protestas indignadas de la
gran mayoría de nuestros colegas. El diario único que
haya sostenido, mediante un artificio jurídico, la nece
sidad de la partida de esos buques; el único ministro que
haya deferido a los consejos de ese diario, habitual es
cuela de su conducta, sentirán el uno i el otro que, usan
do en favor de Balmaceda de esta excesiva licencia, han
estado a punto, algunos dias después, de variar la suerte
de la guerra, las probabilidades de la libertad i del
despotismo, i bajo pretesto de permanecer neutrales i
de practicar la mas rigorosa imparcialidad e indiferen
cia, haber intervenido con todo su poder, pues la inten
ción importa el acto mismo. ¿I cómo osarían hoi dia
afrontar la
opinión si, gracias al Presidente Errázuriz,
hubiese Balmaceda logrado vencer, i cómo soportarán
11
-
-82
la censura implacable que les espera si la llegada del
crucero restituye alguna esperanza a esa falsificación
de César? Ya hemos dicho en otra ocasión qué fuerza
singular serian los nuevos acorazados chilenos cons
truidos en Francia con toda la ciencia reciente de la
máquina i de la baléstica, si hubiera llegado a tiempo a
manos del Presidente, gracias a la solicitud fraternal
de nuestro Ministerio i al consejo de un diario irres
ponsable i cuyo depósito los acontecimientos nos ha
bían confiado debiendo permanecer bajo nuestro se
cuestro.
La prisa admirable de los congresistas ha librado a
Mr. Ribot de un gi-an peso moral, i no sabemos si feli
citarnos de ello.
Vale mas que Balmaceda lleve al destierro las fuertes
sumas de oro que ha enviado a Montevideo como esplén
didos aprestos de su gobierno; vale mas que esas car
nicerías de hombres de una misma raza, ciudadanos de
una misma patria, vale mas, decimos, que cesen por el
honor de la humanidad. Pero si el acaso hubiera pres
tado ayuda a las faltas de nuestro Ministro, esta guerra
no se hubiera estinguido, esa sangre continuaría co
rriendo
BALMACEDA
BOULANGER EXÓTICO
(De La Bataille del 31 de Agosto.)
Por mas que nos parecieran complejas i algo em
brolladas las causas de la desde hace
guerra civil que
ocho meses desgarraba a Chile; por mas que nos fuera
difícil, sobre todo, juzgar a la distancia, de qué lado se
hallaba el derecho, no es posible acojer sin compla
cencia la noticia de la derrota de Balmaceda.
Desde luego, esta derrota tiene el mérito mui apre-
ciable de concluir con un estado de cosas que amena
zaba, no solo concluir con los intereses nacionales de
Chile, sino también con los de nuestros compatriotas
establecidos en ese pais.
I sobre todo, la actitud anti-constitucional de Bal
maceda, hacia impopular su causa entre nosotros. Se
dirá que su golpe de Estado contra los representantes
electos tenia por objeto precipitar la realizaciónde al
gunas reformas urjentes, a las que impedia llegar la
mala voluntad del Congreso; nosotros sabemos por
es-
periencia propia el crédito que se debe prestar a las
declaraciones de los factores de dictaduras, todos los
cuales, sin escepcion alguna, invocan el bien público
para satisfacer frecuentemente su ambición personal.
Un Presidente de República, usurpando las atribu
ciones de los representantes del
pueblo, cualquiera que
sea el pretesto de que se
valga, se hace sospochoso a
—
84 —
los republicanos, i con mui justa razón. En efecto, ja
mas se sabe hasta dónde querrá llevar su empresa. Li
bertada de la vijilancia popular por la desaparición de
los representantes del pueblo, no ofrece ya garantía al
guna a la conservación de las libertades públicas. Un
amo único se convierte fácilmente en intrigante. Es el
caso de Balmaceda que se nos muestra como un Bou-
langer exótico.
LA CAÍDA DE BALMACEDA
(De Lk Petit National del 31 de Agosto.)
Como se verá por nuestra sección telegráfica, todas
las noticias emanadas del gobierno dictatorial han re
sultado falsas. Balmaceda ha sido derrotado, Valpa
raiso ha capitulado i el ejército congresista ha entrado
en esta ciudad.
Así caen esas andanadas de mentiras formadas es
forzadamente por Balmaceda; i como sucede siempre
en tales casos, los dos ejércitos enemigos cantaban vic
toria, no obstante de que uno solo tenia derecho para
hacerlo.
El que acaba de triunfar es el de la oposición, i si os
parece mejor, el de la insurrección.
Para que la oposición haya podido adquirir fuerzas
capaces, no ya para combatir, sino para vencer a las
fuerzas del gobierno, es preciso que el réjimen balma-
cedista haya sido harto impopular.
I esto es tan cierto, que las naciones han reconocido
a las fuerzas congresistas el carácter de beiijerantes.
Las potencias han guardado una neutralidad absoluta;
a tal punto les parecia lejítimo el levantamiento en ar
mas de la oposición.
Queda ahora al ejército vencedor, aprovechar de la
victoria, pero respetando los intereses neutrales.
Como se verá en otro lugar, ya se dice que han sido
los almirantes americano, ingles, francés i alemán
los encargados de mantener el orden i la seguridad en
Valparaiso.
—
86 -
Los intereses de los neutrales serán, pues,
salva-
guardiados.
Junto con la fecha de la caida, Balmaceda se ha cu
bierto de una eterna vergüenza. Nuestro ministro de
negocios estranjeros ha sido informado por M. de Ba-
cour, ministro de Francia en Chile, que el Dictador,
para vengar su derrota, ha hecho fusilar a sesenta jó
venes, hijos de jefes de la oposición, que mantenía como
rehenes.
Si el hecho se confirma, Balmaceda queda proscrito
de las naciones civilizadas, i el deber de las que logra
ran prenderlo queda de antemano trazado :
Colgarlo de la rama mas alta del primer árbol, sin
mas juicio ni proceso.
GOLPE DE ESTADO FRUSTRADO
(De Le Rappel del 3 de Setiembre.)
¡Bravo, Ah! si hubiésemos hecho en 1851
chilenos!
lo que ellos acabande hacer en 1891!
Tenian su Luis Bonaparte. Tenían por Presidente
de la República un individuo que aspiraba a guardarla
en su bolsillo. Balmaceda, elejido en Setiembre de
1886, habia pasado dos años sin tener el propósito, al
parecer, de pensar en apropiarse el depósito que se le
habia confiado i sin traicionar ninguna premeditación
de una acechanza. No se tuvo un principio de sospe
cha sino en 1889.
Las Cámaras le hicieron comprender que se le viji-
laba: juzgó prudente cambiar de Ministerio. Pero
pronto le volvió la audacia i rehizo su Ministerio de
combaíe, peor que el despedido.
Las Cámaras respondieron con un voto hostil.—
Vuestra hostilidad no nos importa! dijeron los Minis
tros. Si eréis que vuestro voto contra nosotros obten
drá nuestra dimisión, desengañaos. No nos preocupa
mos sino de la buena voluntad del Presidente. Es él
quien nos ha hecho Ministros; lo seremos mientras le
parezca bien. Todo lo que podemos hacer por vosotros
es, si nuestra presencia no os es evitárosla.
agradable,
No pondremos los pies en vuestras sesiones. Hasta la
vista!
Sí, pero llegó el momento en que el gobierno tuvo
necesidad para percibir los impuestos, que las Cámaras
—
88 —
lo votasen. No lo votaremos, dijeron ellas, sino a otro
—
Ministerio. No lo pagaremos, dijeron los contribuyen
—
tes, sino después que ellas lo hayan votado.
Balmaceda, furioso, se mantuvo firme algún tiempo.
El Parlamento i los contribuyentes se, mantuvieron fir
mes también. I durante un mes ninguna contribución
pudo ser cobrada. —
Cedo, dijo Balmaceda. Se resignó
al Ministerio Prats, i el presupuesto de 1890 fué votado.
Solo que al dia siguiente, teniendo lo que quería, Bal
maceda ponía al Ministerio Prats a la puerta i recupe
raba el Ministerio de conspiración.
¿Qué dijo el Parlamento? Tuvo una buena razón pa
ra no decir absolutamente nada: se le quitaba la pala
bra; el Presidente lo habia clausurado.
No esperimentando ninguna necesidad de volverlo a
ver, Balmaceda dejó pasar los meses sin convocarlo.
Se protestó; no les hizo caso sino para reírse. Fero el
presupuesto no estaba votado sino para un año. Quién
votaría el de 1891?
¿No era mas que esto? El mismo Balmaceda se lo
votó. Lo estableció por su propia autoridad.
Pero los contribuj^entes se negarían a pagar el
presupuesto sobre el cual las Cámaras no habian sido
siquiera consultadas? I, si se les obligaba por la fuerza,
amenazaban levantarse?
¿No era mas que esto aun? Balmaceda dobló el. suel
do del ejército.
I después, purificó la administración, colocó en todos
los puestos a personas a quienes su conciencia no mo
lestase. I enseguida, decretó el estado de sitio.
La Constitución no admitía que el estado de sitio
pudiese, ser decretado, solo podía ser declarado por las
Cámaras. Pero la arbitrariedad es como el gaion; lo
bueno nunca es demasiado. Las reuniones publicas
fueron prohibidas, los diarios suprimidos, etc.
Con esto Balmaceda estaba seguro del triunfo.
Hoi anda fujitivo. *
.*-.»
Solo ha tenido tiempo para salvarse dé Santiago;
ha escapado al justo castigo que iba a tocarle refu-
—
«y —
jiándose en un crucero que lo conduce a Buenos'Ai-
res.
Tal es el fin lastimoso del aventurero que creyó po
der decir: La República soi yo!
—
i~-
¿Por qué las cosas no han pasado en París hace
cuarenta años como acaban de pasar en Santiago1? Poi
qué la insurrección de Diciembre no ha tenido la mis
ma suerte que la insurrección de Agosto? Por qué el
Balmaceda de Francia no ha sido despedazado como
el Bonaparte de Chile? No habríamos sufrido los de
sastres de 1870; el dia en que aparecen estas líneas no
seria el aniversario de una vergonzosa capitulación; la
frontera no habría sido violada; la patria no estaría
mutilada.
I pensar que después de una lección tan terrible,
después de una esperiencia tan dolorosa de lo que pue
de hacer de un pais la dictadura, se ha encontrado
jente que quisiese comenzar de nuevo! Felizmente
las náuseas han venido a tiempo i el boulangismo ha
sido vomitado!
At'GUSTE VaCQUEEIE.
12
LA GUERRA CIVIL EN CHILE
(De L'Independance Belge de Bruselas, de 30 de Agosto.)
La buena causa parece, después de todo, triunfar en
Chile. Algunos telegramas, cuyos términos son mui
categóricos, anuncian hoi que la suerte ha concluido
por volverse en favor de las fuerzas congresistas. Han
alcanzado su objetivo: se han apoderado de Valpa
raiso, la llave de la capital, de Santiago, último ba
luarte de Balmaceda, está en su poder, fuera de que
los comandantes de las escuadras estranjeras han
tomado momentáneamente la dirección de los ne
gocios, para asegurar el mantenimiento del orden. Se
podría dudar de la exactitud de estas felices noticias
si emanasen esclusivamente del campo interesado en
esparcirlas. Pero parecen confirmadas por una comu
nicación telegráfica hecha a su gobierno por testigos
probablemente imparciales i desinteresados; por M.
Mac-Creery que es en Valparaiso el representante con
sular de los Estados Unidos, i por el cónsul de Alema
nia. Hai, pues, apariencias esta vez de que los adversa
rios de la dictadura han obtenido el triunfo definitiva
mente, suponiendo aun, que los primeros dias de combate
les hayan sido tan desfavorables como lo pretendían los
boletines de victoria de Balmaceda.
Chile pierde lo mejor de su sangre en esta terrible
guerra civil que, durante esta última semana, sobre todo,
ha puesto a los dos partidos en frente el uno del otro
en una refriega tan sangrienta. Parece que de una i
otra parte se ha desplegado en esta lucha suprema un
—
91 —
valor inaudito, en relación con las tradiciones de bra
vura que han asegurado en [Link], i recientemen
te aun en la guerra contra el Perú , tal alto renombre
a los chilenos en el campo de batalla.
Apesar del detestable carácter del réjimen que de
fendían, las tropas de Balmaceda parecen haber lu
chado con una valentía i un desprecio de la vida ad
mirables.
Por de los congresistas, mal armados, mal
parte
equipados, luchando auna distancia enorme de su ba
se de operacienes, en una situación estratéjica que los
condenaba al anonadamiento en caso de derrota, la
bravura de los combatientes ha llegado hasta el hei ois-
mo. Pero todo ese hermoso valor lo gastan chilenos
contra chilenos; es una sangre preciosa para la Repú
blica la que se derrama de una i otra parte. Es tiempo
de que esta carnicería tenga fin. I quedaremos mas sa
tisfechos en Europa de saber que ha terminado real
mente con el triunfo de los congresistas i la caida del
dictador que oprimía la República desde hacia tanto
tiempo.
EL TRIUNFO DE LA REVOLUCIÓN
LA VICTORIA DE VALPARAÍSO
(Del Dikítto de Roma del 30 de Agosto.)
La noticia mas importante nos llega hoi^de la bahía
de Valparaiso (Valle del Paraíso) i es noticia de victo
ria para las armas del partido
insurrecto, es decir, de
los defensores de las prerrogativas parlamentarias
contra el Dictador Balmaceda. Después de un rudo
combate con sus tropas fuera de la ciudad, los congré
gales han penetrado en ella, i la han ocupado. Después
de la capital, Santiago, el principal centro de la vida
de Chile es Valparaiso, el puerto mayor, la primera
ciudad comercial de la estensa costa de América en el
Pacífico.
Todos pueden, pues, medir la importancia del éxito
de los congresales.
Como operación mista de guerra ha sido una de las
mas arriesgadas, de las mas atrevidas i de las mejor
conducidas que recuerda la historia, i será cuidadosa
mente comentada por los estudiosos de cosas militares.
Vencedores, mediante esfuerzos enormes i difíciles,
en el norte, los insurrectos han organizado sijilosa-
mente una espedicion repentina para trasportar sus
fuerzas de tierra, como nueve mil hombres, en los bu
ques de que disponían en un punto al sur de Valpa-
paraiso, para penetrar en el interior, en el corazón de
las provincias todavia sometidas a
Balmaceda, para
—
93 —
separar a Santiago de Valparaiso i obligar a
ésta, blo
queada por mar i por tierra, a rendirse.
La tentativa con tan pocas fuerzas, parecería hoi to
davía una locura, pues que si Valparaiso hubiese teni
do una fuerte guarnición, los congresales desembarca
dos corrían el riesgo de ser tomados entre la plaza i el
ejército del Presidente, que habia acudido con 12 mil
hombres para dar batalla a los insurrectos. La suerte,
como otras veces, aun en esta, sonrió a los audaces, al
partido de la libertad, i en tres dias de combate el ejér
cito balmacedista fué rechazado por el de los insur
jentes, lo que provocó la rendición de Valparaiso.
Con todo, la guerra no será talvez materialmente
terminada, pudiendo todavía el Presidente, violador de
la Constitución, resistir en el interior; pero el golpe de
gracia le ha sido dado; las poblaciones se le volverán
contra él, también la causa de los insurrectos está ga
nada definitivamente.
La batalla i la toma de Valparaiso quedará eterna
mente célebre en la historia de aquella Fenicia de la
América Meridional, que se llama Chile.
La temeridad de esta campaña de los insurrectos
chilenos, la rapidez de la ejecución del desembarque i
de la marcha sobre la posición de Viña del Mar, el co
raje con que fué combatido el
ejército, superior en
número, de Balmaceda i la entrada a Valparaiso, recuer
dan a José Garibaldi de Marsala a Calatafini, a Paler-
mo, i también a Rejio de Calabria, al Volturno, a Ña
póles! Es una epopeya
chilena, digna de igualarse a
la del caudillo italiano, no sin razón llamado el héroe
de ambos mundos!
EL TRIUNFO
(De la Tribuna de Roma del 1."
de Setiembre de 1891)
Ahora eltriunfo de los congresistas en Chile es
completo. Santiago también, la florida capital de la
República, se ha rendido a los fieros adversarios de
Balmaceda, i el cesarismo que se personificaba en éste,
ha recibido el último golpe decisivo.
La rapidez con que la rendición de Santiago ha te
nido lugar después de la capitulación de Valparaiso,
indica cómo en las batallas libradas desde el 21 de
agosto al rededor del emporio comercial de la Repú
blica, los presidenciales habian sufrido realmente des
calabros irremediables i cómo, a Balmaceda, habia lle
gado a faltarle toda posibilidad de conseguir nuevos
recursos i pedir nuevos sacrificios a aquella parte del
pais sobre la cual no se estendia la acción directa del
Gobierno provisorio de Iquique.
Pero nosotros aquí no queremos rehacer, amplián-
dola e ilustrándola, las historia de los acontecimientos
épicos de estos dias, resumida ya en los telegramas
que nos han sido trasmitido i en los que hoi también
encontrarán nuestros lectores. La victoria de los con
gresistas, tan laboriosa, pero tan completa, tan san
grienta, pero también tan gloriosa, no solo merece exá
menes minuciosos i frías glosas de orden estratéjico o
político, himno
sino un ferviente i apasionado al triunfo
del buen derecho i del amor a la lei.
Los oríjenes de esta guerra civil tienen efectivamen-
—
ya
te en sí, por lo que respecta a los congresistas, algo de
tan elevado i grandioso que se impone a la admira
ción.
Dadas las ideas comunmente aceptadas respecto al
principio de autoridad, los congresistas no pueden, nó,
llamarse rebeldes! Pero qué rebelión tan curiosa la
suya! No se han levantado en armas para obtener una
reforma para vengar pretendidos agravios,
negada,
para ejercer una presión el Poder
cualquiera sobre
Ejecutivo que tuviese de la fuerza de una lei,
su parte
por mas odiosa, brutal i opresiva que fuese. Insurrec
ciones semejantes fueron también varias veces la últi
ma espresion de la dignidad i libertad de la vida; pero
pueden chocar contra sutiles interpretaciones de dere
cho. En nuestro caso, ninguna sutileza puede hacer
peligroso este juicio. Tenemos de frente una insurrec
ción pacientemente dilatada, vigorosamente publicada,
audazmente combinada en resguardo del pacto funda
mental de la República, para impedir que el arranque
de hoi pudiese llegar a ser la tiranía de mañana, para
hacer triunfar, aun con sacrificio de la propia vida, el
principio de que el respeto de la Constitución debe
prevalecer sobre todo.
Creemos que en la historia de las revoluciones i
guerras civiles no se halla rejistrada ninguna otra afir
mación de derecho abstracto que pueda en las líneas
jenerales compararse con esta. I para esplicarla, es
menester figurarse una raza no solo
vigorosa, sino de
superioridad moral incontestable
que, como la anglo
sajona, tenga vivo el sentimiento de la legalidad, tan
vivo que se cambie poco a poco en una segunda natu
raleza. Sin esto, derecho abstracto no se puede sobre
el
poner, i desdeñoso, a la usurpación de la
violento
arbitrariedad, i la lei no crea apóstoles ni mártires. Cron-
well es un fruto de este sentimiento. Sin
ello, Balma
ceda habría podido cambiarse en Dictador i del Canto
no se habría cubierto de gloria.
Todos los que han seguido con simpatía toda la ac
ción de los congresistas
chilenos; todos los que hacian
—
96 —
votos por el fin de la guerra civil que desolaba la mas
ordenada i seria de las Repúblicas americanas, augu
rando bien por el derecho, saludarán hoi con alegría la
derrota de la traición i el triunfo de los amigos de la
Constitución.
Ciertos ejemplos no son perdidos, i benditos sean
aquellos que son los héroes. La historia rejistra mu
chas derrotas del derecho. El 18 Brumario i el Dos de
Diciembre son ejemplos clásicos. Por eso es mucho mas
útil que alguna derrota de la omnipotencia i de la vio
lencia quede también anotada en la historia.
Ayer Chile, rendida Santiago, ha tenido la apoteosis
del derecho, de la lei, del orden público, de las liber
tades parlamentarías. Los amigos de la libertad, del
derecho, deben estar contentos, elevar al cielo sus him
nos i aplausos a los que han comprendido que, com
batiendo por el orden i por la lei, continuaban las no
bles tradiciones de Chile, aumentando su fuerza moral.
RESEÑA POLÍTICA
(De La Nuova Antología, Revista d3 ciencias, artes i letras de Roma
1.°
del de Setiembre).
Ha terminado fin la guerra civil en Chile con la
por
victoria completa del partido congresista. La guerra,
como se sabe, principió el 7 de Enero del presente
año.
Balmaceda, Presidente de Chile, insistiendo en in
terpretar la Constitución a su modo i en concentrar en
sus manos una especie de poder absoluto, miró con des
den a todos los adeptos del réjimen parlamentario.
Con todo, después de haber resistido cuanto pudie
ron la preponderancia del Presidente por medio de las
vías legales, trataron de levantarse i cobraron aliento
para su empresa, al ver que las mas poderosas naves
de guerra déla República se declararon de su parte.
Balmaceda, aunque temeroso, se preparó para la de
fensa i organizó lo mejor que pudo las fuerzas de tierra,
i con ellas se dispuso a atacar a los insurrectos i a so
meterlos. Audaz i violento, esparció por todas partes
el terror, imponiendo severos castigos a los parientes
de los revolucionarios i concediendo mayor licencia a
la soldadesca. Por mas que la mayor parte de las ve
ces la suerte fuera propicia a los
revolucionarios, bastó
el valor de las torpederas para echar a pique una de
las naves de la revolución, la Esmeralda (?). Sin em
bargo, los congresistas no se desanimaron i se prepa
raron a organizar un pequeño ejército para hacer fren
te alas tropas del
Presidente, ad virtiendo que en esta
13
organización fueron ayudados eficazmente por el coro
nel alemán Korner.
Embarcadas las tropas revolucionarias en las naves
de guerra, desembarcaron en Concón, a corta distancia
de Valparaiso. Balmaceda, impaciente por medirse
con ellas i casi seguro del triunfo, movilizó con rapi
dez su ejército de 12,000 o mas hombres.
Los revolucionarios solo tenían 10,000, i apenas en
tierra, pensaron, con
prudencia, en Los
atrincherarse.
dos ejércitos se encontraron frente a frente. Las tropas de
Balmaceda se arrojaron con mucho ardor al combate;
pero los revolucionarios, provistos de fusil Malinncher,
los rechazaron. Luego se lanzaron al asalto, i después
de un combate de cinco horas derrotaron a las tropas
del gobierno.
Hubo muchos muertos i heridos de una i otra parte,
pero mas de la de Balmaceda. Como sucede en todas
las derrotas, los soldados vencedores se arrojaron sobre
Valparaiso en completo desorden, difundiendo el terror
i la destrucción. (1) La ciudad se entregó a los con
gresistas, i 24 horas después Santiago ca.jó en su po
der. Balmaceda, que ocho dias antes mandaba a Euro
pa noticias de próximas victorias suyas, emprendió la
fuga, terminando la guerra; pero se engañaría mucho
quien creyese que con esto vuelva a reinar la paz en
Chile.
El gobierno del presidente Balmaceda fué sin duda
en los últimos tiempos, arbitrario, absoluto, ambicioso
i corrompido; empleó toda su autoridad en barrenar
la Constitución; mas, fué conducido a esto por las tris
tes divisiones de los partidos parlamentarios i por la
absoluta imposibilidad para sostener i ayudar a un go
bierno cualquiera.
La victoria de los congresistas, iluminada cruelmen
te con los incendios de las casas i con los robos ejecu
tados en los balmacedistas, es la victoria de la legali-
(1) Se le puede perdonar el error por el buen espíritu que anima al ar
ticulista,
dad i merece por esto la de todos los que
simpatía
aborrecen el poder absoluto, bajo forma que
cualquiera
se presente o de cualquier pretesto. de que se valga;
pero no traerá la paz a Chile si los vencedores, vol
viendo a las antiguas discusiones, no comprendieran
que la base de cualquier gobierno consiste en la esta
bilidad de los poderes que lo constituyen. Si los círcu
los vuelven a ocupar el campo, si ningún ministerio
puede reunir al rededor suyo una mayoría i gobernar
largo tiempo con ella, los círculos volverán a la lucha
i nuevos estragos conmoverán a ese pais, que debia
ser uno de los mejores constituidos de la América Me
ridional.
EL TRIUNFO
DEL CONGRESO CHILENO
(Del Berlinek Tagkblatt de Berlin, del 30 de Agosto.)
¡Al fin se decidió la contienda!
Mientras llegaban aquí los telegramas de victoria
enviados por Balmaceda, según los cuales el ejército
congresista, rodeado i oprimido por las tropas del Go
bierno, se habia rendido incondicionalmente, ante las
puertas de Valparaiso se libraba la última batalla deci
siva, que terminó con la completa victoria de los con
gresistas.
Rara vez usurpador alguno ha mentido al mundo
entero con desvergüenza mayor que el sanguinario
(bluthund) Balmaceda, cuyas manos están manchadas
con la sangre de millares de hombres.
Hasta la noche del jueves, Balmaceda tenia a su dis
posición el cable sub-marino de Valparaiso, i hasta
entonces podia comunicarnos «victorias». Ahora la
cosa ha cambiado, pues el partido congresista nos
manda telegramas de su triunfo desde la ciudad con
quistada i los cónsules europeos confirman esas noticia».
LA VICTORIA
DE LOS CONGRESISTAS
fDe Le Siecle del 30 de Agosto.)
Los diarios berlineses de ayer comentan las conse
cuencias de la victoria de los congresistas chilenos.
La Nacional Zeitung, dice que es la victoria del buen
derecho i de la legalidad sobre lo arbitrario del réjmen
concusionario seguido por Balmaceda. Ella aprove
chará a los intereses materiales de Chile.
La Gazette de Voss, compara las tentativas de Balma
ceda conducentes a disimular su desastre hasta el últi
mo instante, a la conducta del gobierno imperial du
rante la guerra de 1870.
El mismo diario hace notar este detalle: El Presi
dente Pinto celebró ayer, euKiel, la pretendida victoria
de Balmaceda.
LA GUERRA DE CHILE
(De El Globo de Madrid de 28 de Agosto.)
Los despachos que publican los periódicos estranje
rosi los que nos trasmiten los corresponsales de Lon
dres, esta ocasión son los mejor
que en
informados,
vienen llenos de noticias confusas.
Según unos, está librándose una batalla hace cuatro
dias cerca de Valparaiso entre Balmacedistas i congre
sistas; según otros, los balmacedistas han obligado a
sus enemigos a reembarcarse, después de haber casi
diezmado sus filas; algunos dicen que no hai nada de
verdad en esto i que los victoriosos son los partidarios
del Congreso; i, por último, para que la confusión sea
mayor, no falta quien asegure que no ha habido tal
batalla, i que cuanto han comunicado los hilos telegrá
ficos desde Sud América a los Estados Unidos i desde
los Estados Unidos a Europa, es completamente
falso.
Lo único que debe tenerse por cierto es que los con
gresistas han realizado un acto de audacia estraor
dinario.
Cansados de esperar en Iquique, embarcaron un
cuerpo de ejército que se hacia subir a trece mil hom
bres, en los siete u ocho buques que poseen, i con estas
fuerzas han presentado batalla en las cercanías de Val
paraiso, es decir, en el corazón de la República, i pre
cisamente donde el dictador Balmaceda tiene todos sus
medios de defensa acumulados.
Este hecho prueba que los congresistas no se hallan
—
108 —
desmoralizados, oomo algunos partes de procedencia
sospechosa haeian suponer, i que se consideran bastan
tes fuertes para medir sus armas con los que le dispu
tan el triunfo.
De un momento a otro tendremos noticias exactas
del teatro de la guerra i del resultado del encuentro.
Aunque las líneas telegráficas están cortadas, no tar
darán en llegar informes al Callao, desde donde podrán
trasmitirse al resto de América, i, por consiguiente, a
Europa. Por de pronto se sabe con seguridad que los
revolucionarios se han fortificado sólidamente en sus
posiciones, mui ajenos al propósito que les atribuían las
telegramas de emprender la retirada. De la batalla que
se libra, o que se librará en las proximidades de Valpa
raíso, depende esta lucha que desde hace tiempo de
sangra i empobrece a la que ha sido, hasta hace poco,
próspera i rica república chilena.
Aunque en otras ocasiones hemos hablado de las
causas que han dado oríjen a esta guerra, añadiremos
algunos nuevos hechos a los ya conocidos.
El presidente Balmaceda fué elevado por los libera
les a la diguidad que ocupa, en 188G, después de una
contienda porfiada entre los dos partidos que se suce
den en el poder. Bien porque la victoria sorprendiera
a los conservadores, bien porque la persona del Presi
dente les inspirase grandes odios, ello es lo cierto que
a poco de ser elejido comenzaron los partidos de opo
sición, aliados a una fracción de los liberales, una tre
menda campaña que logró enardecer los ánimos en
todo el pais.
Lanzáronse manifiestos de una i otra parte. En uno
se acusaba al presidente de los mas torpes delitos, en
otros se decia que las oposiciones habian hecho impo
sible, con su actitul
facciosa, el réjimen constitucional.
Balmaceda en persona se creyó en el caso de publicar
uno, donde, con una franqueza pocas vecesigualada,
se negaba a acatar las resoluciones del Congreso, di
ciendo por añadidura que el parlamento i la República
eran incompatibles. «Los parlamentos fuertes, así ha-
—
104 —
biaba Balmaceda, son las monarquías,
necesarios en
pero son dañosos o inútiles allí donde el jefe del Esta
do debe su elección a la voluntad directa del pueblo.»
El manifiesto cayó como una bomba en el campo de
los adversarios. Desde el instante en que vio la luz se
tuvo por hecha la declaración de guerra.
El nombramiento del señor Sanfuentes para uno de
los ministerios, promovió un verdadero escándalo. Opú-
Bose a él el Congreso, fundándose en que tal persona
estaba incapacitada para desempeñar el cargo de mi
nistro, siendo público que era la designada por Bal
maceda para sustituirle en la presidencia. No sabiendo
a qué medios recurrir, acordó al fin, por mayoría, ne
gar los tributos que se le pedían, i los cuales allí, como
en todos los paises constitucionales, no son obligatorios
sino después de haber sido discutidos i aprobados en
la Cámara.
No se arredró por eso el presidente. Valiéndose de
un testo de la Constitución que amplía por un semes
tre los presupuestos en el caso de que no sean aproba
dos, cobró las contribuciones sin importarle un ardite
el voto del parlamento, i reclutó fuerzas para disponerse
a todas las eventualidades.
La dictadura de hecho estaba proclamada. Contra
ella se ha levantado el Congreso i una parte del pais,
ocasionando la lucha sangrienta, de la cual parece el
epílogo la batalla de Valparaiso.
Los partidarios del Congreso tienen a su favor una
rejion no mui considerable de las provincias del Norte,
i los de Balmaceda todas las del Sur. Pero aquéllos
cuentan con el apoyo de los capitalistas, de las clases
mercantiles i de los propietarios de las minas de nitra
to, que constituyen la principal riqueza de la República.
El pueblo, en cuyo nombre pelean los combatientes,
no se ha manifestado con resolución por uno de los
dos bandos. Teme al vencedor i calla.
Balmaceda con su excesiva ambición i con sus gus
tos de tirano, es la causa de esta guerra devastadora
que, por fortuna, va a acabar mui en breve.
PERFIL DEL DIA
CHILE
(De El Imparcial de Madrid de 3 de Setiembre.)
Dictador i oligarcas se imperio. Dividido
disputan el
el pais endos bandos, sigue a uno i a otro. El oro de
la nación se emplea en comprar fusiles de nuevo siste
ma, pólvora sin humo, torpedos, barcos armados de
cañones hasta la cofa. La guerra civil estalla. El odio
enciende los ánimos. Hai matanzas, ríos de sangre, in
cendios, violaciones; el repertorio de la barbarie sale
de nuevo del antro de la vieja historia.
La ciencia ha llevado al pais en que esto ocurre to
dos sus prodijios: el telégrafo i el vapor, la luz eléctri
ca i la vía férrea. Visten aquellos hombres el traje
moderno. Rodéanles todas las suavidades de la vida ci
vil i culta.
Sin embargo, allí la humanidad ha retrocedido en un
solo momento, desde el año 91, a los siglos bárbaros.
Los pueblos son hordas, los bandos son tribus. Poco
falta para que a la matanza de niños i mujeres sigan
los horrores del canibalismo.
Telégrafo, vapor, ciudades cuyos edificios admiran,
leyes, usos, cultos: todo esto parece un disfraz. Bajo
la levita se adivina el tatuaje del huiliche.
Entre fragor de tanta catástrofe, apenas si se re
el
cuerda un detalle de suprema cultura: Chile era el
único pueblo del mundo en que no existia la mendi
cidad.
14
—
106 —
Es que la marea del odio humano sube así, a veces,
de improviso, con impetuosidades de inundación i vio
lencia de galerna hasta cubrir las cimas donde llegó
trabajosamente el espíritu buscando la perfección so
cial.
¡Retírase luego esa marea de sangre, i quedan como
recuerdo de lo pasado, lejiones de jentes enlutadas en
las ciudades, bosques de cruces en los cementerios!
LOS SUCESOS DE CHILE
(De La Época de Madrid del 1."
de Setiembre.)
Sigue el telégrafo dándonoscuenta de los sucesos
que en estos dias se han desarrollado en las orillas del
Pacífico. A la sangrienta lucha librada por los ejércitos
de Balmaceda i de los congresistas, ha seguido el in
dispensable cortejo que siempre acompaña a las gue
rras civiles, compuesto de turbulencias, saqueos i ven
ganzas. Chile que, entre los pueblos de la América del
Sur, representaba ol «'rion on medio de la turbulencia
i la prosperidad en medio de la ruina, ha sido al cabo
víctima del contajio que pesa, desde los tiempos de su
emancipación, sobre todas aquellas tierras descubiertas
i conquistadas por los Pizarros, Almagros i Valdivia.
Arruinada su industria, paralizado su comercio i es-
tinguido su crédito, mucho tiempo ha de pasar antes
que el antiguo pais de Arauco vuelva a recobrar su
tranquilidad perdida, i a curarse de las heridas que en
su seno ha causado la lucha a que acaba de poner tér
mino el valor i la fortuna del jeneral Canto.
No es nuestro ánimo entrar en disquisiciones acerca
de qué partido de los dos beiijerantes representaba el
derecho i la justicia. Los congresistas han vencido, i,
según la lei indiscutible de los hechos
consumados,
los vencedores son los que tenian la razón de su parte;
que, como dijo el primero de nuestros dramaturgos,
«... en batallas tales,
los que vencen son
leales,
los vencidos son traidores...»
■fcV.
—
108 —
Hayan los congresistas, como dice Le Temps,
sido
los campeones del derecho, mereciendo por su valor el
reconocimiento de la América Española, o pese sobre
ellos la responsabilidad enorme de haber desatado so
bre un pais próspero i feliz los horrores todos de la
guerra, es lo cierto que actualmente representan la le
galidad.
Mas, de los hechos últimos i eleván
prescindiendo
donos ala investigación de las causas que motivan la
ajitacion perpetua en que viven las repúblicas ameri
canas de oríjen
español, sálenos al punto al encuentro
la contradicción que existe entre el carácter de los pue
blos que habitan aquellas comarcas i la forma por ellos
elejida para su réjimen i gobierno.
Ha sido i es la raza española tan apegada a la tra
dición, que ni impulso de los tiempos modernos,
todo el
removedores como ningunos otros de las instituciones
pasadas, han podido desarraigar de nuestras costum
bres el sedimiento que en ellas ha dejado la corriente
trasformadora de los siglos. Mas no son estas costum
bres hijas del capricho, sino consecuencia natural i le-
jítima de nuestro modo de ser, que- coincide en lo esen
cial con la índole de los pueblos meridionales.
Domina en nosotros i al decir nosotros, nos refe
rimos a la raza latina en jeneral, la viveza de la fan
tasía sobre las arideces de la razón; todas nuestras
ideas toman el ropaje del símbolo. Nuestro entendi
miento apenas si percibe las ideas abstractas. En
reli-
jion necesitamos la imájen. El pueblo español no per
cibe los atributos de la divinidad si no los vé i toca
encarnados en las formas plásticas derivadas del an
tropomorfismo pagano. El culto delirante de los ara
goneses a la Vírjen del Pilar, como la veneración que
en las ciudades i aldeas españolas se tributa a las di
ferentes advocaciones de Cristo o déla Virjen, prueban
evidentemente esta necesidad que siente nuestra raza
de las representaciones materiales de. las mas abstrac
tas ideas.
Lo que sucede en relijion acontece en política. La
—
109 —
idea del poder necesita de la réjia pompa, del brillo del
trono i de los resplandores de la corona. Cuando filó
sofos o ideólogos han logrado en nuestra vieja Europa,
con sus predicaciones i paradojas, el triunfo de los
ideales republicanos, bien pronto han sido derrocados
éstos por tiranos, caudillos o dictadores apoyados fa
náticamente por las muchedumbres, que cedían a sus
movimientos irreflexivos a esta aspiración latente de
las razas meridionales. Pericles i Alcibíades entre los
griegos, Sila i César en Rema, Nopoleon en Francia,
debieron su elevación no solo a sus méritos, sino a las
condiciones de los pueblos de que ellos fueron caudi
llos, jefes o emperadores.
El movimiento boulaguerista en la República vecina
responde también a la misma tendencia. No son, cier
tamente, las dotes del bravo jeneral las que han sujes-
tionado a la plebe francesa; es que Francia, como Es
paña, como Italia, como todos los pueblos meridiona
les del Continente, necesitan encarnar, según mas arri
ba decimos, la idea abstracta del poder en un ser de
carne i hueso.
A esta condición de raza responde también lo que
sucede con las repúblicas americanas. Existe allí una
flagrante contradicción entre la forma republicana, de
bido sin duda a la influencia que sobre todo el Conti
nente ejercen los Estados
Unidos, i el anhelo, acaso no
razonado, de los pueblos americanos de personificar el
poder en un
dictador, con virtiendo así el réjimen re
publicano en una parodia de la monarquía. Las luchas
enconadas i sostenidas en Venezuela por Paéz i Fal-
con, i las levueltas de que fueron principales promove
dores Monagas i Guzman Blanco, i en el Perú los de
sastrosos sucesos en que intervinieron los jenerales
Balta, Pardo i el dictador Gutiérrez, así como los re
cientes desórdenes de Buenos Aires i la última guerra
de Chile, revelan cuál es la causa principal de la aji-
tacion perpetua en que viven aquellos pueblos.
No creemos que el malestar de Chile haya termina
do con el triunfo de Valparaiso, i en esto coincidimos
—
no —
con Le Temps. Pero mucho desconfiamos, i en esto
diferimos ya del diario francés, de que anuncie la fu
ga de Balmaceda una era de prosperidad i bienandan
zas para el Estado chileno. Esa República, del mismo
modo que todas las del sur, llevan, como suele decirse,
la serpiente en el seno. Sus desventuras nacen de no
haber encontrado aun, acaso por no haber salido del
período de jestacion, la fórmula de armonía entre su
índole, sus costumbres i sus oríjenes i su forma pro
pia de Gobierno.
Un siglo de rudas esperiencias viene demostrando
que no son los moldes republicanos los mas adecuados
para fundir en ellos las definitivas nacionalidades ame
ricanas, i menos si no tienen el contrapeso de las ideas
conservadoras en su doble carácter relijioso i político,
'
'
las cuales pueden enfrenarlo mismo a las muchedum-
bres alborotadas que a los hombres que rijen los Es
tados.
LA DERROTA DE BALMACEDA
(Editorial del New York Herald del 29 de Agosto.)
Se comunica en nuestros telegramas de Chile, que
Balmaceda i los insurjentes se han dado un apretón de
manos con la muerte en el campo de batalla, i que el
presidente dictador ha sido «cruelmente rasguñado pol
la fortuna».
Valparaiso ha caido; la batalla fué tan larga como
desesperada; pero las tropas del gobierno se vieron
obligadas a rendirse i la ciudad ha sido entregada en
manos del ejército victorioso.
Los almirantes de las flotas estranjeras, ahora an
cladas en el puerto, protejerán a las grandes casas co
merciales de un populacho desbordado i conservarán
el orden.
Este acontecimiento es de importancia primordial,
por no decir de todo punto decisivo.
que es
En pocas semanas mas, al fin, la guerra que se pre
sentaba con rostro pondrá un semblante
airado, menos
adusto i Chile podrá gozar una vez mas de los benefi
cios de la paz.
No es imposible naturalmente que Balmaceda que
_
tiene el coraje de su
tiranía, desee todavía continuar la
lucha, a despecho de haberse tronchado la flor de sus
esperanzas.
El ejemplo del jeneral Lee que fué no solo un gran
soldado, sino un grande hombre, i que declaró en se
guida de Afpomanttex, que continuar una lucha des
pués que la causa está prácticamente perdida, es un
—
112 — -
4fe
-s
crimen, quizás no se avenga con el temperamento o
propósito de Balmaceda.
Pero lo lójico de los acontecimientos es inexorable.
Ha jugado una partida perdida desde el principio
i no tiene otra espectativa que la del destierro.
Valparaiso es el principal puerto de la costa del Pa
cífico en Sud América. Está casi a noventa millas en
la línea recta de Santiago, la capital de la República,
i a ciento veinte por ferrocarril. Santiago es el asiento
del gobierno, pero en Valparaiso están radicadas las
aduanas.
Bajo el de vista militar, Valparaiso es, por
punto
consiguiente, la llave de la situación.
En una guerra con Inglaterra, la captura de Nueva
York seria muchísimo mas significativa que la toma de
Albany. Lo último seria un incidente i lo primero una
calamidad.
De igual manera, la caida de Valparaíso, donde se
hallan concentrados los principales intereses mercan
tiles de Chile, i que representan las relaciones comer
ciales de la República con Europa i América, es un
hecho cuya importancia sería difícil exajerar.
Es un rudo golpe del cual será imposible a Balma
ceda reponerse. Su ejército quedará desalentado des
pués de tai desastre i no querrá correr los azares de
una aventura con el mismo entusiasmo de antes.
Los insurjentes, por otra parte, redoblarán su em
puje, porque el prestijio de la victoria vale mas que un
nuevo batallón. Ademas, su número aumentará consi
derablemente con los hombres que hasta aquí habian
sido sojuzgados por la dominadora suspicacia de Bal
maceda o por el riesgo que corrían para reunirse con
las fuerzas La causa victoriosa encuentra
rebeldes.
siempre partidarios; la causa que decae se debilita
siempre por los desertores.
Se perdouará al Herald si se enorgullece de haber
podido, desde el comienzo de esta rebelión, suminis
trar noticias auténticas i esclusivas a este pais i Euro-
-
113 -
pa, cuando las dificultades para obtenerlas parecían
insuperables.
Mientras el ministro chileno en Washington i el de
partamento de Estado, no tenían [Link] nin
gún jénero, nosotros pudimos no solo anunciar los
principales acontecimientos que se desarrollaban en
Chile, sinodar detalles seguros e interesantes.
I ahora que la guerra se acerca realmente a su fin,
seria inútil que hubiera mas derramamiento de san
gre.
Los insurjentes han creido en su estrella desde el
principio, i desde el principio Balmaceda se ha empe
ñado en vano en sostener una causa bamboleante.
El dictador exitó la indignación del pueblo por actos
que éste miraba como inconstitucionales e injuriosos
para el bienestar público.
La oposición a esta política autocrática ha ido ga
nando terreno incesantemente, i ahora, al
fin, se ha so
brepuesto a ella.
Esta es la historia de la insurrección chilena referi
da en dos palabras.
15
LA REVOLUCIÓN DE CHILE
(De La Tribuna de Nueva York de 2 de Setiembre.)
Los resultados de la de Chile serán de los
revolución
mas importantes, atendiendo la posición prominente
a
que ocupa esta nación en la América española. La vic
toria de las tropas del Congreso en Valparaiso, ha sido
seguida de la rápida ocupación de la capital i el de
rrumbamiento de la dictadura es completo. El Gobier
no provisorio será establecido en Santiago, siguiéndose
a esto un período de reconstitución política.
Entre las reformas que pueden aguardarse confiada
mente, figura la de un de descentralización,
sistema
mediante el cual se evite la las elec
presión oficial en
ciones populares. Este es uno de los males caracterís
ticos de la política hispano-americana; i como ese mal
ha sido la causa inicial de los agravios del partido
congresista en Chile, es fácil presumir que se buscará
el modo de ponerle pronto remedio.
El mismo Balmaceda fué un candidato oficial soste
nido por su predecesor, i sus tentativas para imponer
la elección de un sucesor sin prestijio ni crédito, fué
la causa principal de la revolución. La reforma se
hará en el sentido de un gobierno autónomo provincial,
i en la abolición de las facultades del Ejecutivo para
nombrar mandatarios locales que sirvan para desem
peñar las funciones de ajentes electorales.
Es probable también que todo el sistema de las can
didaturas oficiales sea modificado i que los actos del
presidente de la República queden mas directamente
—
115 —
bajo la fiscalización del Congreso, sometiéndose a pro
cedimientos de acusación que no se hagan ilusorios
con la clausura prematura de las sesiones lejislativas.
Los resultados financieros de la revolución son los
mas deplorables. Cuando comenzó la lucha habia un
sobrante de treinta millones en las arcas fiscales. El
papel-moneda estaba depreciado, pero las rentas fis
cales mejoraban gradualmente, pues la deuda nacional
no es tan pesada que un pais tan próspero no pueda
sobrellevarla inconveniente. Balmaceda comenzó
sin
por introducir en la circulación, diez millones de pesos,
que .estabanreservados por lei, i terminó haciendo
funcionar las máquinas de imprimir billetes i lanzando
papel moneda depreciado, emisión tras emisión. Con el
objeto de pagar a sus soldados sueldos estravagantes
i para procurarse él mismo elementos de guerra i bu
ques, contrajo onerosas obligaciones, aumentó la deuda
flotante e inundó el país con papel depreciado sobre el
plan de los asignaduá.
Hai que ver si el gobierno provisorio repudiará esos
contratos i las emisiones de papel moneda forzoso. Sin
embargo, las arcas fiscales están vacias i la hacienda
pública se encuentra en el mayor desorden. Las in
dustrias del pais están paralizadas, su marina mercante
en el Pacífico ha sido casi destruida i sus progresos .
materiales, en el desarrollo de los recursos mineros en
la costa occidental, han sufrido un serio atraso. Con
todo, los chilenos son una raza atrevida i enérjica, acos
tumbrada a luchar con la naturaleza en las áridas fal
das de los Andes i en la estéril faja del desierto a ori
llas del mar, i no se dejarán fácilmente abatir por las
dificultades i durezas de la situación actual. Con la paz
vendrán la reforma política, la revisión constitucional,
las empresas industriales i la actividad comercial. Su
porvenir es seguro, porque es la raza mas vigorosa i
patriótica en la América del Sur.
CRÓNICA DE LA SEMANA
(De la Gaceta de Noticias de Rio Janeiro de 6 de Setiembre.)
La terminación de la guerra civil en Chile ha sido
la nota dominante de la semana.
Nota agradabilísima, sin duda, porque era para no
sotros, los brasileros, motivo de honda tristeza lucha esa
sangrienta entre hijos del misnío pa;s, del pais que en
la América del Sur mas se ha impuesto a nuestras sim
patías i que representa hoi dia el aliado en el cual mas
confiamos.
La guerra se decidió en favor de los partidarios de
la revolución. Partidarios de la revolución..., se-dice,
porque eran ellos, los congresales, los revoltosos; pero
nada mas brillante ni mas admirablemente patriótico
que campaña iniciada por un grupo de hombres
esa
que favor de la Constitución política de su patria, se
en
empeñaron en una lucha jigantescá, desigual, cuyos
resultados al principio parecia que debían ser fatalmen
te contrarios a ellos.
Es heroico todo cuanto ha hecho la Junta
realmente
revolucionaria de Chile; i de toda la campaña por ellos
sostenida, se desprende una lección de profunda ense
ñanza para los pueblos sud-americanos, i principal
mente para los que, entre esos pueblos, quieran trasfor-
marse en tiranuelos mas o menos ilustrados.
La causa de los congresales era innegablemente la
mas simpática para nosotros. I no se diga que solo
ahora, después de la victoria, nos postramos delante de
los vencedores.
—
117 —
La juventud brasilera, los jóvenes de las escuelas
superiores, el parlamento, todos nuestros conciudada
nos serian incapaces de aprovechar servilmente el mo
mento para venir a saludar ilos que a fuerza
aplaudir a
de civismo, de i de dedicación patriótica, vencie
valor
ron al dictador de Chile.
Es innegable que Balmaceda, vencedor, no tendria de
nosotros las entusiastas manifestaciones que de nues
tros pechos han brotado espontáneamente al llegar aquí
las noticas de la terminación de la guerra chilena. ..El,
con ser uno de los hombres mas ilustrados de Chile,
uno de los espíritus mas trabajados de la nación amiga,
no por eso dejó de ser el verdugo de sus hermanos; quien
fríamente decretaba la muerte, el suplicio, la devasta
ción del pueblo; i todo por satisfacer su orgullo, para
que s i personalidad quedara vencedora.
Quien así obedece únicamente a las sujestiones de
su yo, i para satisfacciónde un capricho personal sa
crifica millares de vidas, bien merece la suerte que tuvo
él, el dictador vencido.
Es cierto que ha sido un hombre fuerte; pero ¿en dón
de queda su fortaleza, su coraje i su valentía, cuando
se ve los prodijios de valor desplegados por la heroica
junta revolucionaria?
Infunden respeto i admiración los actos de ese
grupo de hombres, a todos los que con calma estu
dian las diversas peripecias de la causa por la cual com
batieron.
Los miembros del Congreso, abandonando repenti
namente familia, comodidades, intereses, se trasladaron
a bordo de los buques de la escuadra i de ahí intimaron
su ultimátum al dictador.
La guerra fué aceptada. El tenia en su favor el
puesto, las rentas públicas, el dinero, la soldadesca,
en una palabra, el poder; ellos tenian para sí, i apenas,
la fé en la causa sacratísima por la cual se inmolaban.
De ahí en adelante, ¡qué prodijios de valor, cuántos
esfuerzos heroicos, qué tenacidad, indomable en la lu-
#
-
118 -
cha, cuánta perseverancia en buscar el fin i qué direc
ción tan segura i firme!
No tenían ejército: apenas el Congreso a bordo de
los blindados; no disponían de recursos pecuniarios;
no estaban provistos de fuerza ni de medios para la
lucha; i trataron luego de iniciar la campaña apode
rándose de las salitreras, alistando correlijionarios en
el
litoral, despachando al estranjero emisarios intelijen-
tes, desenvolviendo una táctica habilísima, i tratando,
por último, de encerrar al dictador en el estrecho i li
mitado perímetro de su propia dictadura.
Ocho meses de preparativos pacientemente organiza
dos i puestos en práctica; un enorme revés, al ver vo
lar por los aires un blindado con toda su tripulación;
las dudas i desfallecimientos momentáneos inherentes a
las luchas de esta naturaleza, nada prevaleció contra
los heroicos congresales, nada consiguió entibiarles el
ánimo.
Ellos sabian que en el propio campo enemigo con
taban con adhesiones estraordinarias: el pueblo chile
no, la familia chilena, que mal encubrían las simpatías
por la causa de los revolucionarios i que caro han pa
gado las manifestaciones hechas en ese sentido.
Acorralado el dictador, sitiado en su propio dominio,
ahí palpó el resultado triunfante de la junta revolucio
naria; la ocupación definitiva del territorio, aunque a
costa i con sacrificio de millares de vidas de sus her
manos, aunque acusan al mundo un lamentable espec
táculo de guerra sangrienta —
guerra fratricida en el
—
último período del
siglo XIX, el siglo del progreso i de
las luces.
Pero concluyó la trajedia, i Chile está en paz i en
camino de reconstitución social.
A los americanos del sur les ha dotado la gran repú
blica del Pacífico con un código de patriotismo, de co
raje i valentía, que todos debemos leer i meditar seria
mente.
I como ha sido la escuadra chilena el elemento
—
na —
que mas concurrió, o que definitivamente decidió la
suerte de la lucha, un / kurra ! a la marina chilena.
I así es en todas partes, en todo el mundo civiliza
do... Los que viven sobre el mar, teniendo por consuelo
ese enorme océano, eterno cosmopolita
indiferente,
parece que se sienten mas patriotas, mas amigos de su
tierra natal, mas capaces de sacrificios por la tierra
querida en donde nacieron, cuyo idioma hablan, cuyos
perfilesadoran, i de la cual viven alejados con el de
terminado fin de guardarla i defenderla para siempre...
La fué la determinante de la victoria
marina chilena
de la de los congresales, / hurra ! por ella.
causa
¡Hurra! por la escuadra chilena. ¡Hurra! por la ma
rina de todos los
paises, i por lo tanto por la marina
brasilera, que es verdaderamente el adorable sagrario
del patriotismo de sus respectivas naciones, la estrella
rutilante que brilla siempre, aun en las mas tenebrosas
noches de la patria...
SALVE A CHILE
(Del Diario d¡í Campiñas del 2 de Setiembre)
Completa i gloriosísima ha sido proclamada por to
dos los americanos la espléndida victoria de los revo
lucionarios chilenos, defensores de la lei i de la justi
cia, contra José Manuel Balmaceda, feroz tirano que
de aquella estrecha cinta de tierra ubérrima i libre
tentó hacer el criminoso matadero en donde pudiese
sacrificar a los hijos de su misma patria.
Rechazado por el coraje de los valientes adalides de
la libertad en aquel pueblo, fulminado por las balas
terribles de los Mannlicher, acosado por la pertinacia,
estratejia i habilidad patrióticas de sus infatigables ad
versarios, i mordido por los perros enloquecedores del
remordimiento, cayó al fin en Valparaiso tras de —
atroz lucha de ocho meses, sobre una estera de cadá
veres de inconscientes que le auxiliaban ese mons —
truo singular cuyo nombre i cuya memoria han de ser
eternamente maldecidor por todos los i
pueblos cultos
por la justicia irrevocable de la historia. . . .
Rije, en Chile, pues, la Constitución patria i nó el
dedo terrible, asesino i maldito de José Manuel Balma
ceda, cuya cabeza abominable debería constituir un
trofeo de victoria, como el amuleto histórico de esos
grandes bandidos que desde Nerón comenzaron a pi
sar sobre los cadáveres de pueblos victimados.
Sí, la cabeza de Balmaceda debe permaeecer a la
vista de los gobiernos i de las naciones, para que
aquéllos sepan respetar las libertades de éstas, i éstas
-
121 -
contener a aquellos con el terrible ejemplo que escar
mienta.
Congratulámosnos, como los chilenos, por el inolvi
dable triunfo que acaban de obtener para sí i para la
América.
¡Salve!
16
LA GUERRA CHILENA
(De O Tempo de Eio Janeiro del 31 de Agosto.)
Entendemos que los telegramas recibidos en estos
últimos dias sobre los sangrientos acontecimientos de
Chile, son los últimos ecos de la guerra civil que hace
como un año asóla aquel rico i poderoso Estado ame
ricano.
Si la guerra es siempre una tremenda calamidad
que los hombres se inflijen a sí mismos, la guerra civil
multiplica sus horrores por el fratricidio, que es su
mas terrible i sangrienta manifestación. La lucha con
una nación estraña se hace a veces indispensable para
la propia conservación del pueblo que se ve arrastrado a
ella; pero la guerra civil es la destrucción de una par
te del propio cuerpo nacional, desde que lo forman in
dividuos del mismo oríjen, que constituyen, política i
étnicamente, una misma familia.
Difícil, i a veces imposible, es curar las heridas del
mutilado organismo.
La guerra chilena es una terrible desgracia pai*a es
ta parte del americano, i especialmente pa
continente
ra el Brasil, que siempre vio en Chile un amigo leal i
uu caballeresco aliado; mas, de esa
guerra, se despren
den tantas i tales lecciones de civismo i heroísmo que,
francamente, la admiramos.
Es grandioso, es nobilísimo el espectáculo de aquel
jeneroso pueblo, levantándose armado para reconquis
tar sus derechos i libertades conculcados; no soportan
do que, por el hecho de disponer de la fuerza armada,
—
123 _
una autoridad cualquiera pudiese la lei. Los
mas que
pueblos enervados i envilecidos despotis
soportan el
mo con las tímidas espansiones de los charlatanes i de
los intrigantes serviles; los pueblos fuertes i libres no
se doblegan jamas i consiguen al fin, con el esfuerzo
de su brazo, la libertad i los [Link] que los otros
no disfrutan nunca.
Para que la libertad sea el patrimonio de todos, es
necesario que todos también sepan conquistarla i man
tenerla sin desfallecimiento en el corazón i sin aposta-
sías cobardes.
No qnjsieron los chilenos soportar la autoridad del
Presidente Balmaceda,- que acusaban de despótica e
inconstitucional, i con una abnegación i heroísmo que
hará realzar en América la desgraciada guerra, levan
táronse en armas i después de largos meses de heroicos
sacrificios, de rudos combates i de patriótica abnegación,
vencieron a las tropas del dictador i le arrojaron del
poder de que abusaba. La libertad, como el cristianis
mo, no vence sin muchos i crueles martirios.
I talvez de aquí se deriva la máxima política de que
un pueblo tiene siempre el gobierno que merece. La po
breza, la servidumbre, el sufrimiento para los que so
portan con la resignación del africano, todo cuanto les
quieran imponer; la riqueza, la libertad, la fuerza para
los que tienen ánimo, civismo i abnegación, i que solo
rinden culto al derecho i a la autoridad que se subordi
na a la lei.
Reconquistando la libertad, el pueblo chileno ha
asentado su prosperidad i su riqueza sobre bases que
ningún despotismo podrá destruir.
La guerra civil ha infinido a Chile grandes males i
desastres; pero no quebrantó jamas su ánimo, i antes,
al contrario, exaltó su civismo, demostrando así cuali
dades tales que son una garantía cierta de que no re
trocederá. Estamos ciertos de que su amor al trabajo,
la laboriosidad i el valor de sus hijos, desarrollarán
pronto elementos morales i materiales para su nuevo i
mas digno progreso.
LA REVOLUCIÓN CHILENA
(De El Siglo de Montevideo del 2 de Setiembre.)
Demos una a la
tregua tarea de paliar las funestas
consecuencias de la crisis, i respiremos a pulmones lle
nos el aire vivificante que viene de
ultra-
cordillera.
Con paso desigual los pueblos de América prosiguen la
misma evolución social i política, i hasta para compren
der la nuestra, es necesario penetrarse un poco del mo
vimiento jeneral de lo que Avellaneda llamaba la patria
americana.
Los contrastes financieros del Rio de la Plata han
vuelto a nublar el nombre de la América del Sur, que
empezaba a perder aquel significado infamante que te
nia su traducción inglesa; pero si pérdidas momen
táneas la estrella arjentina i llegan a arrancar
eclipsan
en Europa frases como la de que los híspanos-america
nos son incapaces de gobernarse, el movimiento político
de todo el cotinente, que da en Chile su nota mas cul
minante, demuestra que los pueblos americanos,
aun
luchando con las dificultades de su oríjen i educación,
van adquiriendo la calidad política esencial de los pue
blos civilizados, una opinión pública seria i cada vez
mas preponderante, al punto de que ya ningún gobier
no puede ser tan de South América que la desatienda
por completo.
Guzman humilla durante veinte años a la
Blanco,
gloriosa del libertador i roba sus tesoros. Su
patria
dictadura no parece tener término i arraigarse en razas
bastardeadas;. pero concluye finalmente por la revoiu-
—
125 -
cion realizada por uno de sus mismos partidarios, obe
deciendo a inspiraciones incontrastables de la opinión.
Santos, entre después de sofocar el movi
nosotros,
ve forzado a promover una
miento revolucionario, se
conciliación política, que si fué un ardid de su parte, lo
que no está bien probado, fué también una
red en cuyos
propios hilos cayó envuelto; i después, los gobiernos
que le han sucedido, a pesar de todos los fraudes i dila
pidaciones de que hemos sido víctimas, no se han creido
habilitados para despreciar como aquel la opinión del
pais que, por medios indirectos, se hace oir en los acuer
dos de gobierno.
ab-
Juárez Celman, parecia consolidar el unicato mas
sorvente, i precisamente, después de dominar por las
armas el movimiento de julio, vióse forzado a resignar
el mando en el doctor Pellegrini, quien a su vez se pre
para a entregarlo al ciudadano mas prestijioso de la
República Arjentina. '
Los clásicos jenerales bolivianos han debido ceder
el puesto a ciudadanos civiles, que aunquecon golpes
de autoristarismo, gobiernan con las formas cultas de
la civilización.
Estaba, sin embargo, reservado a Chile, hacer la de
mostración mas plena que se conozca en este continen
te de las enerjías vitales de un pueblo contra la prepo
tencia de un gobierno lanzado en de la
la pendiente
arbitrariedad, marcando
así, ésta en
como en otras ma
nifestaciones de la vida pública, la mas alta espresion de
los progresos públicos de la América.
Se han criticado las formas un tanto aristocráticas
de esta república conservadora, su sufrajio restrinjido,
la preponderancia de sus altas clases sociales; i no hai
por qué desconocer que la situación de sus rotos puede
crearles problemas parecidos a los que han perturbado
el progreso de la Inglaterra, a la que, según es su am
bición, hasta en sus defectos se pareceria la república
del Pacífico.
Pero si del punto de vista económico i social esa
contestara del pueblo chileno, puede orijinarle dificul-
—
126 -
tades que no conocemos nosotros, nada prueba mejor ■
que su
ejemplo, la necesidad i la eficacia de institucio
nes algo conservadoras para asegurar la suerte de las
repúblicas.
Mientras que nuestros pueblos hasta hace poco se
han estado alternativamente entre la anarquía i el
despotismo, Chile ha ofrecido al mundo el ejemplo de
una sucesión de gobiernos regulares desde 1833; no ha
sufrido sino dos
convulsiones, la última hace treinta
años; ha mantenido su crédito como el de una nación
europea, al punto de que en esta misma conflagración .
sus títulos del 4i no han descendido sino del 97 al 80%; ■
ha fortalecido hábitos honestos en su administración,
siendo de notarse que al mismo Balmaceda no se le
acusó de grandes derroches antes de la guerra; ha dado
ejemplos solemnes, como el de que el jeneral Baquedano,
vencedor en las mas grandes batallas que se hayan
dado después de la guerra de la independencia, fuera
vencido en la lucha presidencial por un abogado ilus
tre; i acaba de iniciar en América la abolición del sis
tema de los presidentes que elijen sucesor, derrocando
por una revolución formidable a un gobierno que se
habia venido preparando mas de un año antes para
resistir la oposición del Congreso i de la nación.
Decía Napoleón que él lei a con mas gusto que una
muchacha sus novelas, los estados de la situación de su
ejército. Una sensación análoga esperimentamos cuan
do sintiendo el vivo contraste con nuestros hábitos ad
ministrativos, recorremos el presupuesto chileno i nos
encontramos con cosas como estas: dos edecanes en
todo el presupuesto, uno para el Presidente de la Re
pública i otro para el presidente del Congreso; un mozo
de pluma, por toda secretaría presidencial; seis jenera
les de brigada i seis de división, después de la campa
ña del Pacífico; los maestros de escuela llenando la
mayor parte de la lista de jubilados; solo do3 pensiones
fuertes a las viudas de los héroes, Lynch i Prat.
Entonces uno esclama: ¡la sangre latina i las razas
hispano-americanas no son incapaces del gobierno non- -
— 127 —
de la debe inspi
rado, i el ejemplo república andina
si queremos quedar rezagados antes los
rarnos, no
pueblos de nuestro mismo oríjen!
Se ha querido esplotar la cuestión social de Chile i
darle un carácter que visiblemente no tuvo a la resis
tencia de Balmaceda, empeñado solo en dejar un suce
sor, como tantos otros, i en
resistir la corriente que
lleva a la República de Chile hacia el parlamentarismo,
espresion del
que, con todos sus defectos, es la vínica
Bistema representativo.
Pero preguntemos: ¿esa preponderancia política de
los elementos conservadores, cuál es el mal que causa,
si el Gobierno chileno puede considerarse como un
modelo de administración honesta?
Las desigualdades sociales, como lo prueban el ejem
plo de Inglaterra, i especialmente de Irlanda, no se
corrijeu sino con el tiempo, por las transformaciones
industriales que modifican las condiciones económicas,
cuando ademas no haya que modificar los caracteres
sociolójicos. En este caso solo se hacia esplotacion de es
ta circunstancia para enmascarar la dictadura i perpe
tuar el sistema de la Bucesion en el poder. Dé hoi mas
ya no se podrá definir en Chile al presidente como una
vez lo hizo don Domingo Santa María: un monarca con
tiempo limitado, con poderes muchos mas estensos que
los reyes i con la facultad de designar su sucesor.
Mas aun: el gobierno tenderá a subordinarse en sus
líneas fundamentales, a la política del Congreso, que
representa al pais, en vez de suceder lo contrario, co
mo predomina donde quiera que el réjimen parlamen
tario pierde terreno, pues la supuesta división de los
poderes, con la estrictez que suponía Montesquieu, no
existe ni puede existir en ninguna parte. El gobierno es
una acción armónica, i por lo tanto no puede obedecer a
dos cabezas que cada una tire para su lado. Donde quie
ra que, como en Chile, el Congreso se ha encontrado con
la plenitud de su poder, tendrá el medio de subordinar
al jefe del Ejecutivo o le obligará a dimitir, negándole
los recursos indispensables para marchar.
- —
,128
Se ha discutido, se ha negado por Balmaceda que
las atribuciones parlamentarias lleguen a este poder
estremo de sumir a la sociedad en el caos, negándole
al gobierno la facultad de cobrar los impuestos i por lo
tanto de mantener todos los servicios públicos, a dife
rencia de don Manuel Montt, que en una división aná
loga, se contentó con decirle al Congreso: —
Está bien,
1."
suya será la responsabilidad; el de enero, abriré las
cárceles, licenciaré la fuerza pública, entregaré la so
ciedad a la anarquía que votáis.
Tremenda es esta facultad parlamentaría, pero el no
votar los impuestos no es una provocación al caos, sino
una prevención, una amenaza al gobierno para que
cambie fundamentalmente de rumbos, que emana déla
esencia misma del sistema representativo; del princi
pio cardinal de que un pueblo libre no paga sino los
impuestos que ha consentido i de que el no votar
los recursos, es el arma mas poderosa para obligar al
gobierno a obedecer las exijencias déla opinión.
El triunfo de ese principio resume toda la historia
del progreso parlamentario.
Las luchas sangrientas de Inglaterra contra los
Stuardos han tenido por fin asegurarlo, i la cabeza de
Carlos I rodó, i Carlos II terminó sus dias en el destie
rro, por haber querido, como Balmaceda, cobrar con
tribuciones no acordadas. Por veinte chelines pleiteó
Hampden a la corona; su pleito duró doce dias ante la
mas alta cámara de la Inglaterra, i al terminar, el fallo
popular de la nación que habia seguido el debate con
patriótica ansiedad, tenia decretada la ruina de la mo
narquía secular. El gran litijio quedó definitivamente
resuelto cuando la revolución de 1668 consagró en el
bilí de los derechos, la atribución esclusiva para esta
blecer impuestos de la asamblea de los representantes
'del pais.
Años después, el ilustre Fox, definía así ese estremo
derecho de los comunes: «Es incontestable que la Cons
titución da a la cámara el derecho de rehusar recursos;
es un arma que no puede emplear sino con precaución
—
129 —
i cuando el interés público lo exije imperiosamente.
Este derecho lo sostendré siempre... Es una lucha en
tre las prerrogativas de la corona y las prerrogativas
del pueblo.
La cámara debe emplear todos estos medios en su
poder para defender sus previlejios; es un deber que
le impone la Constitución. El medio que consiste en no
conceder las sumas pedidas es el mas poderoso de to
dos, i debe, convengo, ser el último en emplear. Si los
ministros persistiesen en su obstinación i llevasen las
cosas al estremo, seria justo usar de este medio como
un derecho que señala la distinción entre un pueblo
libre i los esclavos de una monarquía absoluta.»
Francia se incorporó mucho después al réjimen re
presentativo, pero es tan de esencia de éste la prerro
gativa de que tratamos, que en todos los cuadernos de
los representantes de 1789, se estabiecia «que ningún
impuesto pueda ser cobrado sin la autorización de la
nación»; i en la actualidad, tan celosa se muéstrala
tercer república de esta prerrogativa soberana, que el
presupuesto consagra espresamente, que es solo por un
año que acuerda la facultad de cobrar el impuesto, i
que la presentación ritual i bien anticipada del proyec
to por el ministro de finanzas, como una señal de de
ferencia al pais, es invariablemente acojida por el par
lamento con una salva de aplausos.
En su fin, en sus procedimientos i en sus tendencias,
la revolución chilena es una gran revolución de princi
pios, cuyo triunfo honra a Chile i ala América, i obliga
a los retardatarios a. seguir esas huellas luminosas para
hacer una verdad del réjimen representativo que hemos
jurado.
17
■
HERMOSO ESPECTÁCULO
(De La Prensa de Buenos Aires del 29 de Agosto.)
El ha seguido con simpatía el de
pueblo arjentino
sarrollode la guerra civil de Chile, i hoi contempla su
desenlace feliz con sincera emoción.
La Prensa, ha interpretado el sentimiento público
divulgando la importancia i la índole del movimiento.
Desde los primeros pasos pudo comprenderse que la
lucha se habia trabado entre el poder ensoberbecido
con sus medios i la opinión pública adherida- a sus de
rechos.
Chile sorprendió al mundo con el sacrificio de una
paz de 30 años; causas mui profundas debieron pro
ducirse cuando se interrumpió tan larga tradición.
El estallido no se presentó como se inician las con
vulsiones comunes; el Congreso se irguió delante de
un Presidente que le negaba sus homenajes constitu
cionales; luchó desde la tribuna hasta donde el debate
podia ejercer inflnencia sobre los destinos de la nación;
tocado este estremo límite, se cedió deliberadamente
a la autoridad de los hechos, trasladándose la contro
versia al terreno de las armas.
El Congreso contaba con el apoyo de la escuadra;
embarcóse a su bordo, guardando en sus cajas 20 mil
pesos por todo tesoro.
El Presidente se sintió herido profundamente, sin
duda, pues se trasformó inmediatamente en Dictador,
declarando caducado el poder
lejislativo, clausurando
-
131 —
los tribunales de justicia, cerrando los bancos, confis
cando bienes, arrasando encarcelando,
propiedades,
desterrando i azotando ciudadanos, i esparciendo el te
rror de un estremo a otro del pais.
Esos excesos furiosos que rememoran edades pros
critas por la civilización en los tiempos que corren,
impresionaron'
a la América toda; no debia contar con
el sentimiento de la República un gobierno que recu
rría a aquellos medios para sofocar la insurrección del
Congreso en mayoría, embarcado en la escuadra.
I mientras la dictadura apuraba el recurso espúreo
del tormento, la revolución se desenvolvía con tranqui
lo reposo, presidida por un gobierno provisorio admi
nistrador, reflexivo, respetuoso de los derechos del
hombre.
La revolución alistó en sus filas casi toda la totali
dad de los hombres notables de Chile, que habian ilus
trado sus nombres en largos añps de vida pública la
boriosa i ordcncida.
Parangonando los procedimientos de uno i otro cam
po, i midiendo la talla intelectual, social i política de
los hombres de ambos, respectivamente, todo espíritu
honrado quedaba en actitud de apreciar donde estaba
el Chile oficial i el Chile histórico considerado i respe
tado por su ilustración i sus hábitos de orden.
A la luz del criterio de la autoridad humana, nues
tras simpatías siguieron la del talento i del re
suerte
nombre; no hemos aprendido a menospreciar a la opi
nión, ni menos a cohonestar con los poderes despóticos.
La causa de la libertad i el repudio de la tiranía con
sus atropellos i sus tormentos
crueles, crean vínculos
que estrechan a los hombres libres i probos de la tie
rra; es hasta un crimen escusar la condenación en
América de cualquier tiranía americana que ose alzar
su frente odiosa.
No cabe en la pureza de nuestros principios demo
cráticos i liberales la tolerancia del despotismo i el
el desden de la ilustración.
Hé aquí por qué La Prensa juzgó, como lo hizo en
—
132 —
la guerra civil de Chile, desde que se acentuó con sus
caracteres propios: era el choque de dos civilizaciones,
i por la oscura ha quedado sepultada sóbrelos
fortuna,
suburbios de Valparaiso.
Conviene que la América observe esos aconteci
mientos con atención mui detenida; hai allí fenómenos
que toda ella puede asimilarse.
La institución republicana del Congreso se ha movi
do con un poder absorbente i con una dictadura ava
salladora, i ha vencido apoyada por la opinión pública
de la nación.
La victoria de un poder sin sin armas i sin
dinero,
ejército, como el Congreso, fuerza está en la pa
cuya
labra, en la idea, en la lei,
es un hecho trascendental
en el nuevo mundo, habituado a la preponderancia de
la fuerza bruta de los presidentes voluntariosos o de los
dictadores ensoberbecidos.
A Chile le cabe la gloria de la demostración de la
potencia de aquella
fuerza, unjida por el jenio de la de
mocracia.
Prescíndase de las imperfecciones de detalle, pecu
liares a todo acto humano; pero en el fondo, aquel he
cho es la espresion fiel de la verdad histórica: la revo
lución de Chile es todo un acontecimiento trascendental
en la América española, contemplada a la luz serena
de la filosofía política.
Los pueblos poseídos de la conciencia de sí mismos,
educados en la escuela del sacrificio, avanzan llevando
en el fondo de su ser el jérmen de su salvación.
Los desenlaces, descubriendo la debilidad popular
de la dictadura, han venido a consagrar la justicia i la
verdad de la actitud asumida por La Prensa.
Apuntaremos algunas consideraciones útiles, que
alguna enseñanza pueden dejar.
Creemos que la revolución no ha de causar lesiones
en el crédito de Chile, no obstante la aversión que la
Europa siente por las insurrecciones sud-americanas.
La magnitud de los sucesos i el aliento que se les
imprimió, levantan el movimiento a una altura en que
11
—
133 —
la opinión del mundo tributa respeto a los sacudimien
tos de un pueblo.
Lejos de desprestijiar una lucha de esa índole, suele
demostrar la potencia i el carácter de los paises capa
ces de afrontarla i conducirla hasta su término.
Agregúese a eso la conducta del gobierno de Iquique,
que no ha dado lugar a reproches; difundió por todo el
orbe civilizado ajentes espertos i diestros en los nego
cios públicos, quienes hicieron la propaganda de su
causa, esplicando sus fundamentos.
En Estados Unidos, en toda Europa, en las naciones
sud-americanas, en Buenos Aires, en todas partes se
sentía activísima la prédica revolucionaria.
Los hemos visto persiguiendo en Francia, Inglaterra,
España, Italia, Portugal, Alemania, etc., a los cruceros
adquiridospor el gobierno, impidiendo quefueran arma
dos en guerra. En parte alguna se ha movido un inte
rés revolucionario, en donde los ajentes de Iquique no
hayan aparecido con infatigable tesón, estableciendo
corrientes de simpatías i amistosas ramificaciones. To
dos somos testigos de la actividad i
altura de los caba
lleros que aquí cumplieron con esa misma misión.
Esos diplomáticos sin credenciales reconocidas, ha
cían por todas las bocas de la fama la propaganda de
la justicia de su causa, poniendo todo su empeño en
convencer a la opinión estraña, de que Chile i Balma
ceda eran entidades radicalmente diferentes, que Bal
maceda no representaba ni gobernaba al pueblo de
Chile, i por lo tanto, que no podia inferirle daño en el
concepto del mundo esterior.
Así prestijiaron i engrandecieron su pleito i ponían
a su pais al abrigo del descrédito; su victoria de hoi no
hace sino realizar, por consiguente, un voto de la opi
nión eux-opea i americana. Es un servicio de inaprecia
ble importancia que han hecho a su patria.
El último empuje, precursor del triunfo, viene a se
llar la prédica, ostentando una enerjíaqne se impone y
arranca aplausos, completada por un pronunciamiento
de ha la de-
opinión tan intenso, como abrumadora sido
—
134 —
bilidad del dictador, cuyo poder ostentoso i airado se
desvanece en el primer encuentro.
La campaña ha sido levantada, varonil i arrogante,
atributos a que todos los pueblos del orbe rinden el ho
menaje a sus consideraciones.
Quisiéramos ser intérpretes de la verdad, al decir que
el pueblo de Chile, asistido por sus personalidades in
signes, ha sostenido una guerra larga i sangrienta, sin
lastimar su crédito, recojiendo como recompensa la sal
vación i el afianzamiento de su constitución i sus liber
tades políticas.
TRIUNFO DEFINITIVO
DE LA REVOLUCIÓN
(De La Nación de Buenos Aires del 29 de agosto.)
El drama sangriento del Pacífico queda terminado,
con muchos menos estragos de lo que ha podido te
merse.
La causa de la revolución ha triunfado por sus caba
les, merced al tesón, a la actividad, a la perseverancia
tranquila de sus hombres; merced al plan estudiado, al
método hábilmente desenvuelto, a la confianza inalte
rable en sí misma; merced, sobre todo, a su radicación
en el sentimiento popular, como lafinal parece
escena
demostrarlo indudablemente.
La acción preparada por el jénio de Errázuriz, por
la pericia de del Canto, por los esfuerzos de los ajentes
en diez o doce capitales, i secundada por la enerjía de
los actores directos en las operaciones de guerra, no
prometía, en efecto, una terminación tan rápida i defi
nitiva, sin el concurso del espíritu revolucionario di
fundido en la masa popular i latente en las tropas mis
mas con que Balmaceda contaba para triunfar.
En el momento supremo, cuando era menester asu
mir la actitud unida i resuelta que forma el nervio de
los ejércitos i los conduce a la victoria, el soplo revo
lucionario ha bastado para abatir las banderas gobier
nistas. Valparaiso se ha entregado i la revolución se
ha encontrado sin mas trámite, convertida en gobierno
de hecho i de derecho, por la fuerza de las armas i pol
la voluntad del pais.
—
136 -
En las contiendas civiles que dividen a pueblos her
manos, no pueden los estraños, sino en nombre de
principios inconcusos, incurrir en desbordes entusias
tas de sentimiento, para aplaudir o denigrar a vencidos
o vencedores.
Pueden, sí, bendecir una i mil veces la victoria que
pone tregua al furor de los hombres i da descanso a
las máquinas de muerte.
I pueden asociarse a ella cuando, como en la pre
sente contienda, la victoria sirve de fundamento a un
gobierno cuyos hombres son como tales dignos de con
sideración en todas partes, mas d,ignos aun después de
la prueba terrible que han pasado, i promesa cierta de
que, colocados al frente de los destinos de la patria, sa
brán dirijirlos con rectitud i acierto, respetando el de
recho de todos i por todos respetados, fieles a los prin
cipios i a las leyes.
Estos son nuestros votos, como órganos de la opi
nión arjentina.
Los hacemos también por que Chile, restañada la
sangre jenerosa i curadas las valientes heridas, em
prenda de nuevo, con redoblado su derrotero
vigor,
hacia el
progreso, bajo los auspicios de la sabiduría de
sus patriarcas i con los alientos viriles de sus jóvenes
jeneraciones.
LA PRIMERA FIGURA MILITAR
DE LA REVOLUCIÓN
(De la Nación de Buenos Aires del 29 de Agosto.)
La figura que se destaca, arriba de todas, en el con
flicto que toca a su término del otro lado de los Andes,
es la de Estanislao del Canto, el bizarro militar que
ha llevado de triunfo en triunfo a la causa revolucio
naria, desde las calicheras i el desierto, hasta el cuartel
jeneral del poder balmacedista.
Tiene en el dia el título de coronel, con que empezó
la campaña; pero la fama lo aclama jeneral de los mas
,i
distingidos. Su última hazaña, el desembarco i las
acciones subsiguientes, por la valentia i la habilidad
desplegadas, no es gloria suya solamente i de los que
lo han secundado eficazmente, sino del arte militar
americano, sobre el cual se refleja alto honor.
El coronel del Canto no tiene todavía cuarenta años
de edad.
Hizo los estudios en la Escuela militar de Santiago,
saliendo de ella con el grado de subteniente del arma
de infantería i entrando a formar parte del batallón 7.°
de infantería de línea, en el cual ascendió hasta el
grado de capitán, dedicado a la obra de la pacificación
de Arauco.
En la guerra del Pacífico hizo la primera campaña
como sarjento mayor del batallón cívico de artillería
naval de Valparaiso, en cuyas filas contribuyó eficaz
mente al éxito de las operaciones llevadas a cabo du
rante aquella época.
IS
—
138 —
2.°
En Enero de 1880, pasó al batallón de línea como
segundo
jefe, tomando parte en este puesto en la acción
i toma de la cuesta de los Anjeles, en la provincia de
Moquegua.
En seguida pasó a ocupar el primer puesto como te
niente coronel del mismo rejimiento, combatiendo he
roicamente en la batalla de Tacna el 26 de Mayo, donde
perdió casi la mitad de su rejimiento.
Debido al brillo de esta acción se le concedió el
grado de coronel, con cuyo grado tomó parte en las
batallas de Chorrillos i Miraflores, acreditando nueva
mente su valor i su pericia, mereciendo por aquellas
victorias la efectividad de su grado.
Cuando terminó la guerra del Pacífico, el coronel
Canto hizo varías espediciones al interior, en una de
las cuales quedó perdido en una quebrada dentro del
territorio enemigo, hasta que salieron fuerzas en su
auxilio.
Tomó después el mando del 2.° de infantería; mas
tarde fué nombrado sub-director de la escuela militar
i luego jefe de policía de Santiago.
Antes del 1.° de Enero, cuando empezó a diseñarse
la oposición a Balmaceda, el coronel Canto fué deste
rrado por éste a Tacna, donde se incorporó a la revo
lución.
Su carrera desde los combates que precedie
militar
ron a la batalla de Pozo Almonte, el primer
sangrienta
gran triunfo de la revolución, hasta las victorias fina
les de Valparaiso i sus alrededores, ha sido reseñada
paso a paso en las columnas de este
diario, faltando
únicamente los detalles de dichas jornadas, que no tar
darán en llegarnos i que habrán de ser necesariamente
a mas no poder interesantes.
PAPEL DE LA MARINA
(De La Nación de Buenos Aires del 29 de Agosto)
La campaña marítima i terrestre que acaba de tener
lugar en Chile, ofrece no pocas enseñanzas i por mas
de un concepto llamará la atención de las naciones eu
ropeas, i será objeto de estudio i discusión entre los
hombres competentes de los paises que siguen de cerca
los resultados i Ló aplicaciones de los últimos inventos
que la ciencia de la guerra ha puesto en manos de los
hombres para que se destruyan con la mayor rapidez
posible.
Ya con motivo del hundimiento del Blanco Encalada,
se discutió sobre el papel de las torpederas i de los
pequeños buques de combate de mucho andar, i sobre
la mayor o menor posibilidad de evitar i rechazar sus
ataques.
A pesar del éxito obtenido por las torpederas se con
cluyó por desconocer el papel preponderante que algu
nos querían atribuirles i por afirmar que los buques de
combate, de botes lanza-torpedos i de nume
provistos
rosos cañones de tiro rápido, pueden, si ejercen la de
bida vijilancia, evitar i rechazar fácilmente los ataques
de las torpederas, inutilizándolas.
Los combates terrestres, como ya nos lo anunciaba
ayer por telégrafo nuestro corresponsal en Lónbres,
darán lugar a que se los efectos del nuevo
estudien
armamento, de los fusiles Mauser i Mannlicher, tanto
en su poder destructor como en la naturaleza de las
heridas que pueden causar en el cuerpo humano; i qui-
—
140 —
zas del de las investigaciones que se hagan,
resultado
se deduzcan algunas modificaciones en los fusiles adop
tados por algunos paises, o a lo menos en las municio
nes, i se resuelva si el Mannlicher es el tipo ideal de
los fusiles de último modelo o si existe algún otro- que
lo aventaje por algún concepto.
Pero el hecho que mas se impondrá a la atención de
la jente de armas i que dará lugar a mayor número de
discusiones, es el papel que las escuadras están llama
das a desempeñar en caso de guerra en los. paises que
tienen estensas costas marítimas.
En Chile, el papel de la escuadra ha sido preponde
rante i ha hecho posible el desenlace que acaba de co
municar el telégrafo. Es evidente que si Balmaceda
hubiese tenido a su disposición un número de buques
suficiente para salir al ataque de los que estaban en
poder de las fuerzas del éstas habrían po
Congreso, ni
dido estacionarse tranquilamente en los puertos del
norte, ni organizarse, ni procurarse los elementos béli
cos i las provisiones que fueron a buscar a los Estados
Unidos i al estrecho de Magallanes, ni por último, efec
tuar el desembarco en Quintero i hacer cooperar la
misma escuadra a las operaciones de
tierra, en la segu
ridad de que no podia ser molestada.
De esto se desprende fácilmente, que una nación de
estensas costas
marítimas, que no tenga una escuadra
bastante poderosa para defenderlas, no podrá desguar
necerlas, so pena de esponer sus poblaciones a los ata
ques del enemigo i a la invasión i ocupación por algu
na de sus fuerzas.
Si en 1870 la Francia logró con su escuadra
no
grandes resultados, déla inmensa superioridad
a pesar
de su marina de guerra sobre la alemana, es porque
sus desastres terrestres fueron tales i tan rápidos que
la obligaron a mandar a la defensa de Paris hasta las
tripulaciones de sus buques. Pero en el apresuramiento
con que viene aumentando i robusteciendo su flota la
Italia, demuestra haber comprendido los peligros a que
—
141 -
puede verse espuesta el dia en que se vea obligada a
concentrar en el norte todas sus fuerzas terrestres.
Agregúese, por último, a todo esto, que la cuestión
chilena habrá sentado precedentes sobre relacionesin
ternacionales con motivo delde las fuerzas de
paso
Cámus i de Stephan por nuestro territorio i del arma
mento de los cruceros. En Europa ya habia reglas es
tablecidas i opiniones hechas sobre estas cuestiones,
como lo ha probado la uniformidad de conducta que han
observado los gobiernos de todos los paises ante los
cruceros; pero entre nosotros no sucedia lo mismo, i
cabe esperar que se aprovecharán las lecciones que nos
han dado los hechos i la ssperiencia de otros paises.
CON MOTIVO
DE LA CAÍDA DE BALMACEDA
(De La Tribuna de Buenos Aires del 29 de agosto.)
El triunfo completo alcanzado por la revolución chi
lena es un acontecimiento estraordinario digno de preo
cupar al mundo. Se concibe la impresión profunda que
ha debido causar en nuestra sociedad, que seguía tan
de cerca el desarrollo de los sucesos, participando de
las emociones de los mismos combatientes i actores en
el sangriento drama.
Pocas veces, en nuestros tiempos, triunfan las revo
luciones contra el poder público. Jeneralmente resul
tan dominadas o sofocadas al nacer, aun contando con
elementos poderosos i con el favor de la opinión. Son
conocidas las causas que determinan ese resultado.
El gobierno es cada vez mas fuerte en las naciones
modernas. Tiene de su parte el poder moral de la lei,
los recursos cuantiosos de la administración, la organi
zación militar i económica, la representación esterna,
los medios de remontar sus fuerzas i de reparar sus
faltas.
La revolución necesita prepararse en la oscuridad;
marcha, esa jestacion, sijilosa i difícilmente; se compo
ne de elementos improvisados, del terreno, de las opor
tunidades; necesita contar, sobre todo, con el entusias
mo i con la heroicidad, i está espuesta a perderlo todo
en el primer choque.
La revolución de Chile es una escepcion. Empezan-
— H4 —
do por apoderarse de la escuadra i por tener el domi
nio de las marítimas, ha
costas podido dominar una
parte del territorio i emprender en él la organización
militar a que mas tarde debería la victoria definitiva
de sus armas.
Debemos admirar la serenidad, el talento i el valor
que se ha desplegado en esa organización i en las cam
pañas emprendidas luego con una conciencia i una se
guridad que no ha retrocedido ante los mas grandes
sacrificios, ante la resistencia mas vigorosa i que ha
marchado siempre adelante pasando sobre millares de
combatientes caídos en la tremenda lid.
La victoria ha correspondido al arte militar, al valor,
a la organización i disciplina i a la superioridad de las
armas empleadas por primera vez en las batallas que
libró la revolución, aprovechando los últimos perfec
cionamientos introducidos con las máquinas de guerra.
No hai principios superiores a la existencia de los
pueblos.
Por ha caído el gobierno de Bal
olvidar esa verdad
maceda después de una lucha jigantesca que nada ha
salvado. Habia dicho: «Estoi obligado por los aconte
cimientos a marchar resueltamente hasta el fin... Na
die tiene el derecho de exijirme el sacrificio de mis
prerrogativas como jefe del Estado en Chile. No abati
ré mis atribuciones. No haré el papel de víctima. Soi
chileno.»
Víctima ha sido, de todos modos, de su arrogancia.
Víctima ha sido la República de una guerra desastrosa
que pudo evitarse
/
ESPLÉNDIDO TRIUNFO
DE LA REVOLUCIÓN CHILENA
(De El Heraldo de Buenos Aires del 30 de Agosto)
Con el corazón alborozado por el triunfo de la noble
causa de la revolución chilena, nos apresuramos a lle
var a conocimiento de nuestros lectores tan fausta
nueva.
El triunfo de la revolución chilena es el triunfo de
las libertades sobre el poder de los déspotas. '
Es la chispa eléctrica que ha de despertar del letar
go en que yace el espíritu de las democracias en el
continente americano.
Es una prueba fehaciente de que los pueblos saben
triunfar sobre sus opresores.
La actitud de los congresales chilenos no puede ser
mas digna de ser imitada.
Han demostrado acabadamente ante la faz de pro
pios i estraños, que han sabido corresponder a las as
piraciones del pueblo que les dio representación.
¡Loor eterno a ellos!
Gran entusiasmo reinó anoche en la ciudad. A las
doce las bombas anunciaban un boleiin conteniendo
telegramas que daban cuenta de que los revoluciona
rios chilenos habian triunfado completamente, siendo
recibidos con grande entusiasmo en Valparaiso i San
tiago donde constituyóse ya un nuevo gobierno.
—
145 —
Inmediatamente circuló la noticia en la población
pintándose el júbilo en todos los semblantes. Buenos
Aires presentaba un aspecto estraordinario.
Alem, que se encontraba en El Progreso, dirijióse en
seguida al Hotel Frascatti, donde se alojan los chile
nos, siendo recibido con grandes aplausos.
El representante del gobierno revolucionario, 1).
Adolfo Guerrero, diciendo: que aquel abrazo,
abrazólo
era abrazo que daba Chile a su hermana la República
Arjentina, en la persona del primer hombre, del gran
demócrata de la América del Sur.
Inmediatamente unas cincuenta personas, la mayo
ría de emigrados chilenos, acompañaron a Alem hasta
la Rotisserie Mercer, donde improvisaron un banquete,
pronunciándose discursos entusiastas de fraternidad
americana i alusivos a los actos guerreros.
José U. Cabezón, Alem, Lainarque, Bianchi Tupper,
Manuel Cabezón, Valdés Vergara, Pinto, Ferreira,
Cortes, Dávila i otros, daban entusiastas vivas a la
República, Arjentina i Chile. Bianchi dijo que la causa
de la revolución de Chile es la misma que sostienen
aquí los cívicos, i que el triunfo habia de conseguirse
también.
Leyéronse también nuevos telegramas confirmando
eltriunfo de los revolucionarios, terminando la agra
dable reunión a las tres de la mañana entre entusias
tas vivas.
Al despedirse Alem, todos saludáronlo como el ver
dadero representante arj entino.
Ademas de los emigrados chilenos, asistieron a la
reunión los siguientes arjentincs: Leandro Alem, Emi
lio Lamarca, Juan Posse, Teófilo Saá, Anjel Ferreira
Cortes, JoséM. Lencina, Guillermo Leguisamon, Clau
dio R. Pozuelo, Manuel Cabezón, Adolfo Dávila, Soto,
Vidal i otros muchos.
Gran entusiasmo ha despertado el triunfo chileno;
pareciera que hubiésemos triunfado nosotros mismos.
Alem i otros prohombres han sido invitados para un
19
—
146 —
lunch que se celebrará esta tarde en la nueva legación
/
chilena.
^
La juventud principista propónese hacer un acto de
simpatía a los emigrados chilenos, quienes están mui
agradecidos a las deferencias de que han sido objeto.
Los emigrados regresan en seguida para su patria.
Hablando con ellos sobre cuestiones de Chile, dije
ron: los pueblos no son responsables de las torpezas
de los gobiernos, i por eso nosotros daremos al pueblo
arjentiño cuantas satisfacciones desee, pues a él esta
mos mui agradecidos.
Ya las cancillerías no tendrán que hacer, pues he
mos hermanados nuestros ideales en la desgracia, i de
hoi en adelante será un solo pueblo con dos banderas.
El entusiasmo de la ciudad es inmenso i de todas
partes se reciben felicitaciones.
¡ADELANTE!
GUZMAN, BLANCO, SANTOS, BALMACEDA I
(Del Süd América de Buenos Aires del 30 de Agosto.)
Falta todavia uno; la libertad americana no debe ni
puede detenerse.
A pesar de todas las dificultades que se crucen a su
paso; a pesar de tudos los obstáculos que le impidan
llegar a su destino, Sud América será lo' que tiene que
ser; no un enorme jirón de tierra repartida entre unos
cuantos tiranuelos; no el escenario donde se debatan,
en luchas estériles i sangrientas, pueblos sin criterio i
sin sentido práctico, i hermoso teatro
sino el amplio
donde se desenvuelvan las nobles tendencias hacia la
libertad, donde se impongan las grandes ideas de la
democracia i donde se realicen los gloriosos ideales de
las sociedades modernas.
Los pueblos sud-americanos han sido hasta ahora
niños, i han sufrido las consecuencias de su natural
inesperiencia. Con paso incierto i difícil, tropezando a
cada instante, han recorrido un camino cubierto de
sangre casi siempre, que les ha conducido muchas
veces a la abyección o al despotismo.
Pero poco a poco la evolución progresiva se ha ido
produciendo, i ya empiezan a marchar con paso firme
por una senda segura, llevando en la conciencia la no
ción clara de sus responsabilidades i
deberes, í la vi
sión serena de sus grandes destinos.
—
148 —
Tres pueblos, unos tras otro, han sacudido el yugo,
la'
ofreciendo a faz de este continente un ejemplo glo
rioso, digno de ser imitado.
¡Adelante!
No hai que detenerse en ese camino rejenerador.
Para honra del pueblo americano han desaparecido
de la nómina de sus gobernantes tres déspotas peque
ños que ultrajaron su libertad i mancharon su decoro.
Hai que aprovechar el estímulo que ofrece el noble
esfuerzo de esos pueblos hermanos.
Es necesario aplastara los tiranuelos, como se aplas
ta a las víboras, donde quiera que pretendan levantar
la cabeza.
Es desaparezcan para siempre las influen
preciso que
cias perniciosas de esos personajes funestos que no se
contentan con esterilizar los sacrificios de los pueblos,
dedicándose con infame perseverancia a la supresión
de los derechos i de las libertades públicas, sino que
amasan a costa de la honra i del bienestar nacional,
colosales fortunas para pagarse el precio de sus pro
pios delitos.
Solo obteniendo aquel resultado se habrá cortado de
raíz un mal profundo que neutraliza la enorme vitali
dad de las repúblicas sud-americanas.
Solo así habrán desaparecido por completo los peli
gros que oscurecen i llenan de incertidumbre el porve
nir de estos pueblos.
I no hai que engañarse.
Los déspotas i tiranuelos no siempre lo parecen.
A veces esos individuos siniestros se ocultan con
habilidad a las miradas de los pueblos.
Pero a poco que se
examine, su silueta amenazadora
se percibe claramente aun al travez de evoluciones po
líticas que se dicen inspiradas por el mas puro patrio
tismo.
¡Cuidado con el engaño!
Astutos como el zorro, a veces se agazapan i se es
conden acechando el momento oportuno para caer so
bre la presa.
—
149 —
I cuando perciben los rumores imponentes de la ma
rea popular, que amenaza tragárselos, tienen buen
cuidado de abandonar el campo, asegurando con tono
de arrepentimiento que solo ansian silencio i olvido.
Es preciso no dejarse engañar por las apariencias.
Los pecadores empedernidos no se arrepienten. Sus
lágrimas i sus suspiros son cabalas mui conocidas que
ponen en juego para despistar a sus víctimas i asegu
rar mejor el golpe mediato.
Con esos personajes de antecedentes siniestros no
hai consideración posible.
¡Desgraciados los pueblos que se compadecen de sus
verdugos!
Su destino será la esclavitud.
Entre nosotros, felizmente, no ha de suceder esto.
Tenemos un ejemplo reciente i provechoso.
Venezuela desterró a Guzman Blanco, déspota en
vilecido i pequeño, cuando éste acababa de arrastrar
entre el brillo de las cortes europeas un lujo deslum
brante robado a la debilidad i acaso a la inconciencia
de aquel pueblo.
La República Oriental preparó en el Quebracho el
destierro de Santos, el tirano bárbaro i ladrón, que fué
a morir en territorio
estranjero, escuchando las maldi
ciones de sus conciudadanos.
I Chile acaba de anunciar al mundo, con la voz for
midable de sus cañones, que el dictador Balmaceda
ha sido arrojado del puesto que deshonraba por la vo
luntad soberana de una nación libre.
Así proceden los pueblos americanos en nombre de
la libertad i del deiecho.
La República Arjentina no debe quedar rezagada.
USURPADOR
(De El Radical de Caracas del 1 1 de Setiembre.)
Creyó Balmaceda que Chile estaba maduro para el
despotismo; que le seria fácil establecer las prácticas
de la autocracia con su sistema, inicuo, enmascarándo
se con el antifaz del liberalismo i echándose, para cu
brir la lepra de esa podredumbre de su inhumana con
dición, el ropaje de los principios, como un manto
sagrado. Iba a imitar el papel de los demás conculca-
dores de esta desgraciada América con la representa
ción de la comedia indigna convertida siempre en tra-
jedia horrible. Tomaba como punto de partida para
realizar el plan usurpador, el éxito obtenido por los
rejeneradores, én esa serie dilatada de los despotismos
que de un estremo a otro del Continente se han con
sumado; i quizas su ;deal fuera del período odioso i de
los 20 años de Venezuela.
Se diria: ¿por qué no obrar al igual de aquellos,
cuando ello ha producido dinero i es una embriaguez
la posesión del poder?
Semejantes todos los déspotas, tienen estos Presi
dentes de Repúblicas como regla de conducta, nó el
formulario de las cortes anárquicas, sino el sustitutivo,
que es la urdiembre mas escandalosa, en la que entran,
el engaño con nombre de lealtal i de franqueza; el pe
culado con viso de regularidad; la intriga con la
'
más-
cara de lo justo i legal; la insidia con forma de lei; i
luego con pequeneces mil i artimañas de todo jénero
que se combinan cuidadosamente, elaboran, batiendo
—
151 —
marcha a la diosa libertad, la mas negra perfidia, que
'
en resumen es el sistema.
Llámanse así esclavos de la lei i son sus destructo
res, bien que la cumplen en ocasiones
en aqnella parte
que no hiere sus intereses o que puede servir mejor a
la mascarada. Llámanse así liberales, siendo en puri
dad de verdad, conservadores. Llámanse los servidores
i leales defensores del pueblo, cuando no constituyen
sino una odiosa oligarquía, que la llevan hasta el mas
vergonzoso nepotismo.
I en el dia anterior a aquel en que han de consumar
alguna iniquidad, anarquizan, echan sobre los que pro
testan en nombre de una injusticia que no quieren re
conocer, i que pretenden anular, todo el vocabulario
soez, bien
que les viene, pagando una prensa
a ellos
apropiada a la detractacion, i a esa la llaman liberal; i
rompiendo con todos los vínculos sociales i políticos,
convierten en una feria el Estado.
«Eso, eso es lo que yo quiero para coronar mi vida
política, se diría Balmaceda. ¿Por qué segur la escue
la de todos los presidentes que ha tenido mi patria?»
¡I dementado fué a copiar a Guzman Blanco, comen
zando por Tiberio o Melgarejo o por Barrios o Diocle-
siano!
Iba a engañar la falsificación de la historia; a
con
mentir con la prosopopeya negativa del grande hom
bre forjado a fuerza de adulaciones de sus viles mer
cenarios; a fomentar la discordia, para convertir la
nación en feudo; a falsear el progreso con las obras
públicas mas dispendiosas; a corromper a unos con la
mentira i a otros con el cohecho, por medio de las dá
divas que hacen esclavos; i al derribar en definitiva
todo el edificio de las instituciones, todas las reglas de
la moral pública i privada para que el pais entrara fá
cilmente en la obediencia i en la
iniquiedad, realizar
con esos elementos detestables su esclusivo provecho,
poniendo el basamento de la imposición personalista,
de la usurpación de todos los poderes i de la continua-
-
152 -
cion, sea del despotismo por sí, o por medio de un
autómata.
¡Esa fué la historia del poder discrecional de Anto
nio Guzman Blanco, i ese fué el ideal que comenzó a
realizar Balmaceda!
Venezuela tuvo causas fatales i adversas que la in
doblar la por largo
clinaron a altiva cerviz
tiempo,
hasta que pudo, de la
con un esfuerzo opinión decidida,
arrojar al ignominioso fardo, i declarar enéticamente
bu resolución de no consentir jamas la vergonzosa es
clavitud, sea en una forma o en otra que encierre la
imposición i que anule la trasmisión legal de los po
deres.
Chile tuvo una tradición de orden i de derechos, i
ella ha influido poderosamente para que se enfrentara
con heroicidad a la acción despótica i usurpadora,.! por
sobre sangrienta lid i con empuje admirable, poder des
baratar todos los planes proditorios.
Que ese nuevo triunfo sea de trascendencia para el
derecho, no solo en Chile sino en toda la América,
ejemplo que influya para el único predominio que debe
guiar la sociedad republicana i liberal de estas nacio
nalidades; i que así como en Venezuela, sea alíala
bandera que tremole el pueblo.
¡No mas usurpaciones; no mas no mas
continuismos;
mentira política para sacrificar la Nación!
BALMACEDA
(Del Partido Democrático de Caracas del 4 de Setiembre.)
El cable nos comunica la gran nueva: Balmaceda
huye a escape sobre el dorso del Pacífico!... Es decir,
la tiranía de los pocos; la oligarquía de la fuerza apun
talada por las bayonetas, i que encarnó en un hombre
necesario, en un ser providencial, acaba de ser escar
mentada i destruida por el ardimiento de los hombres
austeros; puesta en derrota por el coraje de las nuevas
jeneraciones. Grande es el ejemplo i hermosa la ense
ñanza para las autocracias de América.
Poco importa que el usurpador, batido por el denue
do de la legalidad traicionada, meta las manos codicio
sas i febriles en el erario público, i luego de atestados
los anchos bolsillos con el sudor de Chile, descuide la
suerte de sus leales i eseape a la venganza de los pue
blos. La justicia universal lo habrá de perseguir eterna
mente, donde quiera que esconda su faz torva i sober
bia, lo habrá de señalar con el dedo inexorable, al
desden de las democracias i al rencor de los patriotas!
¡Coincidencias terribles! Escudriñad a los hombres de
esa madera, traidores a las instituciones i siempre tira
nos de los pueblos; poned la lente poderosa de una ob
servación imparcial i justa sobre el lóbrego fondo de
sus almas, en los pliegues mas recónditos de sus cora
zones, en las celdillas casi invisibles de sus cerebros...
Con tezon infatigable trabaja allí el laborioso micro
bio de una desenfrenada avaricia, que los impulsa
fatalmente a atentar contra los preceptos de la moral
20
—
154 —
social, que lo arrastra a la rebelión contra las leyes del
Estado; que los decide a la usurpación de los poderes
públicos!
El ejemplo mas reciente que la historia patria con
temporánea nos ofrece es Guzman Blanco; el que nos
suministra Chile es Balmaceda. En las pasiones de
estos dos tipos hai una común a ambos, aquella que los
empujó al crimen, la avaricia; i un defecto idéntico,
aquel que los puso en la picota del ridículo, la sober
bia.
Para castigarla avaricia i decapitar la soberbia de
hubo'
su tirano, Venezuela menester de escuchar duran
te cuatro lustros no completos, el perpetuo rechinar de
los cerrojos, el ¡ai! de muerte de los caudillos federa
listas, el sordo crujir de las prensas cohibidas Pasé
primero sus tanteos de caja, para verificar el desfalco
de los tesoros públicos i aun esperó a que se oyese el
fúnebre aleteo de las águilas británicas sobre la rota
Guayana... Pero ¡cuánta vergüenza! A Chile, al pais tí
pico de una oligarquía institucional en la América lati
na; al pais que suministra el azote como correctivo de
las faltas, le ha bastado para armar el brazo de los pue
blos, la protesta de las leyes por boca de los lejislado-
res; al somaten de los representantes, ha respondido
la nación en masa con clamoreo inusitado...
La flor i nata de una juventud decorosa i valiente ha
engrosado las filas del ejército ; i se ha batido en todas
partes, en las aguas, en los montes, en las encrucija
das, en las llanuras; ha tomado al enemigo sus fortale
zas, sus buques, sus trincheras, sus ciudades. La gue
rra ha sido encarnizada i violenta, tempestuosa i rá
pida.
De otra manera no se combate ni se vence a los dés
potas. No se les deja respirar ni alentar, para que no
tomen la ofensiva, sino que se les provoca i se les ataca,
i después de vencidos, se les acosa sin descanso, se les
destruye sin vacilaciones. Otra táctica es menos huma
na i mas dada a peligros. Cuando un pueblo toma el
arma al brazo, se hace menester que no la maneje mucho
—
100 —
tiempo, i esto, porque las largas traen las mi
guerras
serias sociales, tornan los soldadosen caudillos i los-
caudillos en autócratas. La autocracia de la espada es
mas temible que toda otra cualquiera; porque espantan
do, deslumhra; i aterrorizando, seduce. Bueno es evi
tarla a todo trance. El mal de la guerra, cuando es ne
cesario, ha de serlo como este de Chile: lijero como el
rayo.
Tema Chile, sin embargo; no vaya hoi, arrastrado
por entusiasmo
irreflexivo, brazos de una
a echarse en
nueva tiranía En esta tierra de América no basta
a prevenir tales desgracias la constante advertencia de
la historia. Acaso sea que por las entrañas de sus hijos
discurren adormecidos los jérmenes perniciosos de un
remoto despotismo, los cuales, desarrollados lentamente
a los vividos calores de la lucha o las yer-
victorias, se
guen de pronto, en confirmación de las leyes
atávicas,
en un momento dado.
Entonces, cuan difícil se hace
. . .
la consolidación de las instituciones, cuan penosamente
lenta la evolución del progreso, i cuan tardío el reinado
del derecho i de la justicia!
III PARTE
EL SUICIDIO
■ -
>V(U
£
EL SUICIDIO DE BALMACEDA
(Del Times de 23 de Setiembre.)
Las noticias que nosllegan de Chile deben ser reci
bidas, necesariamente, cautela, i tan variadas
con gran
i frecuentes han sido las supuestas evasiones del ex-
Presidente, que, en un principio, no se dio crédito uni
versal i espontáneo a la relación de su suicidio en la
legación arjentina, en Santiago.
Los eseépticos tienen derecho a manifestar cuan cir
cunstanciada aparecia la historia de su fuga, que pudo
realizar durante el disfraz de marinero ebrio; i para
demostrar que la razón está de nuestra parte, puesto
que se nos pide que desechemos esta versión como una
mera fantasía, podemos, con justicia, manifestar nues
tra sospecha sobre la de la reciente noticia
veracidad
de su muerte. Sus partidarios en Nueva York han
ideado una injeniosa teoría en la que demuestran cuan
poco apreciado es Mr. Patríele Egan por la nación cuyo
representante es en Chile. Ellos sostienen, que el cadá
ver que se halló en la legación
arjentina, no es el de
Balmaceda, i que la historia de su suicidio ha sido urdi
da con el objeto de protejer su evasión.
El motivo principal que les asiste para sospechar que
haya engaño en esto, parece provenir de que, en las
cartas que se suponen dejadas por el
suicida, se encu
bren las faltas de Mr. .Egan, habiendo sido publicadas
por éste i no por el ministro
arjentino, su verdadero
depositario.
No nos incumbe el cuestionar sobre la exactitud de
—
160 —
las apreciaciones quelos americanos tienen formadas
respecto a la reputación de su ministro en Chile, pero
sí debemos hacer notar que él no puede haber cometido
este fraude, del cual se le cree mui capaz, sin la com
plicidad i eficaz auxilio del señor Uriburu, ministro
acreditado en Chile por una república que hasta aquí
se ha preocupado de que sus representantes sean per
sonas de toda honorabilidad. ,
El Uriburu Balma-
señor debe, ciertamente, saber si
da estaba en realidad oculto o nó en su casa, como
igualmente debe tener conocimiento de si el cadáver
que se encontró en una de las habitaciones de su casa
era o nó el de Balmaceda. El ha referido en términos
inequívocos que Balmaceda se habia suicidado en la
legación arjentina, i seria injusto dudar de su palabra, a
causa de que las cartas dejadas por el suicida aparecen
favoreciendo la persona de Mr. Egan. Seria una crítica
mas razonada el observar que, mientras el sucidio es
certificado por el ministro arjentino, las cartas no
lo son.
Parece que el señor Uriburu no ha publicado las
cartas ni ha aludido a ellas en su parte oficial; así pues,
las sospechas que existen dejan lugar a duda
i que no
respecto a su autenticidad, no afectan en lo menor la
cuestión sobre el suicidio de Balmaceda. No debe olvi
darse tampoco que una comisión de la Corte Suprema,
acompañada por el ministro alemán, ha visto el cadáver,
certificando en debida forma los hechos. Esto no ha
sido ciertamente publicado por autoridad oficial, pero
para inventar tales detalles se necesitaría de una estre
mada audacia. Sean cuales fueren los pensamientos de
los que simpatizan desde lejos con la causa de Balma-
ceda, no hai evidentemente persona alguna en Santiago
■
que lo sienta, al estremo de recibir con desagrado la
noticia de su muerte.
El pueblo entero se manifiesta poseido de frenético
entusiasmo; mas su regocijo es atenuado al recordar
que no pudieron satisfacer su venganza haciéndole pe
dazos.
—
161 —
Este furor i sed de venganza debieron en presencia
de la muerte, dar lugar a una tranquila i moderada sa
tisfacción al ver desaparecer para siempre a un enemi
go público.
Se hace difícil recriminar al pueblo chileno por
estos sentimientos, pues no es fácil que olviden tan
pronto todos los males que el les causó.
tirano vencido
Balmaceda sacó todo el partido posible de los pode
res que la Constitución le confió, a fin de aniquilar a
cuantos se opusieran a los proyectos de su ambición
puramente personal. Si quisiéramos argumentar, le
concederíamos que, aun teniendo Balmaceda cierta jus
tificación técnica para usurpar un poder incontrasta
ble, existe elhecho indisputable que, al insistir en sus
derechos, no le llevaba ningún fin patriótico. No tenia
ni siquiera el pretesto de que Chile se hallase en difi
cultades que pudiese él subsanar asumiendo la dicta
dura. Por el contrario, el pais estaba bien gobernado i
gozando de una paz casi sin ejemplo en la borrascosa
historia de las repúblicas sud-americanas. Si los dere
chos oscuros i dudosos de que estaba en posesión Bal
maceda hubiesen sido incontrastables i no hubiesen
dado lugar a duda, siempre habria sido un crimen pú
blico el querer defenderlos a costa de una guerra civil.
No habia de por medio ni bien público, ni cuestión al
guna de vital importancia sobre gobierno, por qué lu
char. Considerando su causa bajo el mas favorable
aspecto, se ve que Balmaceda solo luchaba por conser
var personalmente el poder supremo; i al perseguir
esta innoble i mezquina ambición, no tuvo escrúpulo de
destruir a sangre i fuego un pais próspero i feliz.
Se puede llegar a dudar que aun esto no habria al
canzado a infundir el odio profundo que hacia él sentía
el pueblo chileno. El hombre se inclina a perdonar a
los malvados en grande escala, con tal de que haya
grandeza en sus crímenes. Pero Balmaceda dirijia sus
luchas ilegales, a semejanza de los asesinos i salteado
res de camino. Perseguía con vengativa i brutal cruel
dad, no solamente a los que tomaban armas en su
21
contra, sino también a todos aquellos de quienes sos
pechaba que habian de desaprobar sus actos, como
asi ;mismo a todos los que él creia, poseedores de ri
quezas, que pudieran estar a su alcance. Su memoria
será execrada, no porque desconociera sus derechos i
deberes como Presidente de la República de Chile, sino
porque arrojó a un lado todo freno que debiera conte
ner a un gobernante i hostigó al pueblo con la feroci
dad i codicia de un bandido.
Habria sido mui satisfactorio haber hallado en las
últimas palabras de Balmaceda siquiera algún rasgo
de nobleza i magnanimidad, que hubiera podido ate
nuar en algo sus enormes delitos.
Sus cartas, si es que son auténticas, no ofrecerían a
un autor dramático tema que pudiese inspirar simpa
tías; no se insinúa siquiera en ellas la grandeza d^alma
que pudiese ayudarnos a perdonar sus errores, o a com
prenderlos. El sostiene, ciertamente, que ha obradoen
la persuasión de que estaba en su derecho, pero \m
hechos desnudos no convencen al lector. Se deshace
en mezquinas acusaciones, dando el nombre de traido
res a hombres que han dado su vida defendiendo su
causa, i se escusa débilmente por sus crueldades siste
máticas o repetidas equivocaciones. Su conducta es
imperdonable, pues imajina toda una novela, al asegu
rar que solo trató de rescatar a. su pais de la domina
ción estranjera. No existia tal dominación estranjera,
ni razón alguna para detenerla.
Chile estaba tranquilo, gozaba de, prosperidad i era
feliz, en mas alto grado que sus repúblicas hermanas.
A su mas injenioso defensor le habria sido difícil
esplicar de qué manera habría podido Balmaceda. abri
gar la esperanza de hacer de Chile la primera repúbli
ca de América, precipitándola, como lo hizo, en la gue
rra civil, arruinando su comercio e industrias i dando
libertad a todos los elementos de anarquía i desorden.
El pretende haber conocido demasiado tarde .que
aquellos que le brindaban amistad, solo lo hacían atraí
dos por el ínteres de obtener dinero.
—
163 —
Curiosa es la manera como trastorna el hecho de ha
ber comprado adhesión a su partido de las clases tur
bulentas, ofreciéndoles como paga una parte en el sa
queo de los industriales i los opulentos. Puede no carecer
de verdad el hecho de que en de la confusión
medio
que él creara, de crueldad
se perpetrasen muchos actos
sin su conocimiento; pero esto no hace sino agravar
las innumerables crueldades, de las cuales se ha hecho
personal i directamente responsable. En una palabra,
él figura como uno de los azotes mas funestos que afli-
jen periódicamente alas naciones.
Los daños materiales que él ha ocasionado a Chile,
serán probablemente reparados mucho antes que el
desquiciamiento moral i social, que no puede menos que
venir en pos de sus crimines.
LOS TIRANOS MODERNOS
(De Le Fígaro del 22 de Setiembre.)
El brusco epílogo del drama chileno, ese tiro de re
vólver por el cual Balmaceda, vencido, empobrecido,
acorralado, puso fin a su ensueño de dictadura i de
conquista, ha evocado mis recuerdos de la lista, ya lar
ga, de los hombres que se han embriagado como él en
América con el poder absoluto, i que el Nuevo Mundo
estimagtiza con el nombre un poco anticuado de: ti
ranos.
En efecto, no es un mito el tirano americano. I la
palabra, que parece gastada como un efecto de drama
romántico, no está fuera de lugar en ese mundo mas
allá de los mares, donde, en pleno fin del siglo XIX,
ruedan, estrañamezcla, las loas enfáticas sobre la liber
tad importadas de la Europa del 89 i los instintos crue
les del meztizo indio.
Francia i López en el Paraguai, Rozas en Buenos
Aires, Latorre i Santos en Montevideo, el mismo Gar
cía Moreno en Ecuador, están ahí como figuras sobre
salientes de este tipo que parece salido de un golpe de
un marco del siglo XVI.
I, sin embargo, esos hombres son de nuestro tiempo.
He visto de cerca su obra. Aun he conocido uno per-
ticularmente. Pertenecía al jénero puramente sangui
nario de la especie, sin ideal político., sin otro fin que
el poder i la fortuna. Era el ex-Presidente Santos i
veo aun ese palacio de la calle
Cangallo, en Buenos
Aires, a donde me habia llevado el acaso de los viajes,
i donde le aguardaba en el destierro, en medio de las
ilusiones febriles de la tisis, un retoño de fortuna i de
popularidad.
Qué tema de estudio esa cabeza biliosa i flaca de
ambicioso, de nariz perfectamente aguileña, de ojos
hundidos i movibles; cuya barba de cadejos negros
ocultaba mal dos sicatrices en las mejillas, testigos
innegables del famoso atentado que precedió poco a su
caida.
Cuando le veia rodeado de sus niños que jugaban
se
alegremente bajo el ojo maternal de la señora Santos,
ella, dulce, joven, de airejtranquilo i feliz; él, indolente,
meciéndose en su silla de balance, se hubiese dicho
que era un interior burgués, si siempre detrás de él,
silenciosos, enormes en su actitud de mastines en des
canso, no se hubiesen destacado como fondo de cuadro
trájico sus famosos sicarios, tres oficiales de su antigua
guardia: un negro, un mulato i un blanco; atestiguando
allí, hasta en la intimidad de la familia, la subsistencia
de la idea política que perseguia al tirano.
Esos hombres que tenia para que lo custodiasen i
que encontraba tendidos en la noche al través de su
puerta, me hacían sentir, lo confieso, un estremeci
miento.
Se la sordina, en los corredores, que ha
referia a
bian instrumento de sus odios, los ejecutadores
sido el
de sus fusilamientos i me parecía ver desarrollarse
cerca de ellos, las escenas sangrientas del cuarlel del
tercer batallón negro donde tenían lugar las matan
zas.
A despecho de sus temores, Santos murió tranquila
mente en medio de las tisanas.
Otro también tenia algunos terrores, el célebre Fran
cia, del Paraguai. I éste no era un hombre sediento de
goces. Era un hombre austero. Habia querido conti
nuar el ensueño de los jesuítas i formar entre la selva
várjen i los grandes ríos, un Estado aislado, cerrado del
resto del mundo por barreras infranqueables i donde
—
166 —
el eco misino de las civilizaciones estranjeras no hubie
ra podido penetrar.
Como habia deseado separar a su pais de la humanin
dad, quiso él mismo aislarse de su pueblo.
Encerrado, solo en su vasto palacio de la Asunción,
del cual todas las salidas estaban guardadas por la
tropa, no admitiendo cerca de sí sino a su peluquero i
i su cocinero, no comunicaba, al fin de su vida, con sus
ministros sino por intermedio de estos lacayos.
Cuando por casualidad, Francia quería salir, hacia
tocar la campana. Todos los habitantes debían entrar
en sus casas i todas las puertas cerrarse. Solo, a caba
llo, atravesaba entonces las calles escoltado de lejos
por su guardia.
He conocido un viejo paraguayo que me refería haber
querido en su juventud espiar un dia el dictador a su
paso. Oculto detras de un postigo, divisó la mirada de
Francia, i su impresión de terror fué tan violenta que
temblaba todavía al referirme el hecho cincuenta años
mas tarde.
Una mañana se encontró muerto al dictador. Cosa
rara! Ese pueblo que aterrorizaba, cuya sangre habia
derramado en varias ocasiones, siguió llorando en sus
funerales, i ahora aun su memoria es allá, lo que es aquí
en las chozas, la de Napoleón.
Muí distinto fué el fin de López.
El mariscal don Francisco Solano López era, ante
todo, un soldado. Habiendo venido a Francia a la edad
de hombre, fué recido por Napoleón III con el ceremonial
reservado a los soberanos. Era después de Solferino. El
esplendor del imperio lo deslumhró. Tuvo la visión de
un ejército como el nuestro i lo dejó la Francia pensati
vo, soñando ya con un gran Estado sud-americano, que
agrupase bajo su férula los fragmentos del grande im
perio colonial español que habia
roto, a principios del
siglo, el movimiento de independencia.
Una mujer lo impulsaba, por otra parte, en esta colo
sal empresa, célebre hoi como él én toda la América,
Mme. Lynch, que habia encontrado en un salón parí-
—
167 —
siense i que ambicionó a su lado una corona imperial.
Necesitaba la guerra. La declaró al Brasil, a la Ar
jentina i al Uruguai; durante cinco años, armando. a su
loca-
pueblo, desde los niños hasta los ancianos, luchó
mente, apoyado en la selva vírjen, sembrando 600,000
cadáveres en los campos del Paraguai.
Murió como valiente, con las armas en la mano; su
hijo, de catorce años, cayó a su lado; i Mme. Lynch,
que habia combatido con ellos, los sepultó auno i otro
en el cerro Corra, entre los pliegues de una bandera
paraguaya.
A éste todavía sede llama tirano. Pero su memoria
está viva desde el Atlántico a los Andes.
García Moreno habia también llevado de Europa su
ideal político. Quería realizar sin violencia lo. que Ló
pez habia buscado en la guerra: la unificación de los
paises de lengua española, que esperaba reunir al re
dedor del Ecuador.
Pero el amor a la independencia en los americanos
fué mas fuerte que esas altas concepciones políticas.
No se envió ejército contra él; pero, en nombre de la
libertad, se le asesinó cobardemente bajo el peristilo
de una catedral.
¿Por qué ahora, después de estos jigantes de la épo
ca, evocar los grotescos?
Dejemos pues, a los Guzman Blanco i sus émulos,
que de la dictadura no vieron sino el lado financiero.
Balmaceda, que puede figurar entre los sanguinarios,
supo al menos luchar. Habia querido proseguir, por
cuenta de Chile, la idea de López. López habia elejido
a Napoleón III por modelo; Balmaceda se entretuvo .
en remedar a Guillermo I.
Desde 1870, Chile enviaba su juventud a estudiar a
Berlin. Esta se enamoró del militarismo i del casco
prusiano. El terreno estaba preparado para la dicta
dura, ésta se produjo lójicamente.
En fin, todos estos tiranos han sido los mismos. To
dos han sucumbido en la tarea, unos espulsados, otros
sofocados o asesinados.
r^pw?
■
ifjf
—
168 —
Faltaba un suicida: parodiando a los Nerones hasta
el fin, Balmaceda ha llenado el vacío.
La historia no es sino una eterna confirmación de
que nada hai de nuevo bajo el sol.
E. DE BoUEGADE.
BALMACEDA I CHILE
ORGULLO I AMBICIÓN
(Del New York Herald del 21 de Setiembre;)
El Presidente Balmaceda ha pagado la pena de su
ambición desmedida. Mientras que sirvió a la Repúbli
ca, fué la Presidencia un honor para él, pero cuando
quiso hacerse Dictador, la República lo declaró infame,
i buscó por medio del suicidio el olvido.
Ningún hombre ha tenido nunca oportunidad mas
propicia para atraerse la confianza de su pueblo i nin
guno tampoco ha abusado mas i mas bajamente de esa
confianza. Sus planes, bien calculados para un golpe de
Estado, lo estraviaron, i en lugar de un monumento, ten
drá que sufrir una inmortalidad de odios populares.
La vida de Balmaceda está llena de interés dramáti
co; su muerte ofrece una lección instructiva. Tenia
todo lo que un gobierno por el pueblo, puede apetecer,
sin escatimársele ninguno de los honores que un pa
triota pudiera desear. Pero no se contentó con esto,
intrigó mas, i en la lucha por conseguirlo, todo lo
perdió.
Balmaceda heredó las prerrogativas de una antigua
prosapia i la vida comenzó para él con risueñas espec-
tativas. Dotado personalmente con cualidades físicas
22
—
170 —
que no la jeneralidad, llegó a ser un orador de
posee
no pequeña fuerza. La riqueza le abrió una carrera
política halagadora i un espíritu cultivado le dio la
gracia de espresion que asegura el éxito.
Antes de haber pasado la línea que separa la juven
tud de la edad madura, era considerado como un hom
bre de porvenir. Cuando fué elejido diputado al Con
greso i durante los años sucesivos en que
chileno
desempeñó puesto, fué el ídolo de su partido. Re
ese
presentaba los mas caros intereses de la República, i
cuando se le designó candidato a la Presidencia, su
'
popularidad se esparció tanto que fué elejido por una
mayoría estraordinaria.
Chile no ha tenido nunca, en toda su historia, un
hombre público mas jenerasamente embebido en el es
píritu de patriotismo, ni ninguno cuya
administración^
durante los primeros años, hubiera producido mayores
resultados. Con sus sabios consejos la República ad
quiría firmeza financiera i prosperidad comercial. Se
construyeron ferrocarriles, se edificaron escuelas, se es
tableció la tolerancia relijiosa, formaron puertos, se
se
limpiaron las radas, i la República entró en plena ca
rrera de esperanzas i de halagüeñas espectativas. Bal
maceda era casi adorado por el populacho, i su fama
creciente exitó la envidia de todos los estadistas de
Sud-América.
Pero como huracán del orgullo se desen
Wolsey, el
cadenó contra él. Se demasiado lejos, i can
aventuró
sado i envejecido en el servicio, fué dejado a merced
de una impetuosa corriente que debia para siempre lle
varlo al abismo. Cuando se acercaba al término de su
período, se mostró mas i mas impaciente. Habia alcan
zado a los mas altos honores; pero el maldito impulso
de la ambición lo hizo insaciable. Buscó con ahinco lo
que bajo las leyes de Chile es imposible, un segundo
período presidencial. Determinado a continuar en el
poder a cualquier precio para sí o para su pais, despi
dió a sus fieles Ministros i nombró en su lugar a he
churas suyas. Parecía increible* que el patriota. se con-
—
171 —
virtiese en un traidor; pero la corriente de su política
se hizo mas i mas aparente.
Puesto que no podia ser Presidente, trastornaría el
gobierno i se haria él mismo Dictador. A este fin con
sagró toda su enerjía i al último la situación se hizo tan
critica, que rujidosde revuelta se oyeron en todas par
de un descontento i de una intranquilidad^
tes, seguidos
jeneral. Reunió todas las armas que estaban a su alcan
ce i las depósito en los arsenales, consiguió que el ejér
cito se pusiese de su lado; pero no pudo ejercer su
influencia sobre la marina. Con la maravillosa rapidez
de un torbellino, una ola de rebelión corrió sobre la
tierra -de frontera a frontera. La crisis habia llegado;
Balmaceda conoció que debia vencer o tomar la fuga.
Lo arriesgó todo en esta jugada de dados. Durante
meses la fortuna de los acontecimientos se mostró in
cierta; pero una mañana oimos que Valparaiso habia
caido, i esto era de un terrible significado. Significaba
que Balmaceda habia perdido; quo la República estaba
salvada. En seguida cayó Santiago; todo esfuerzo pos
terior se hizo inútil.
El Dictador derrotado podría haberse disfrazado e ir
a bordo de un buque estranjero a solicitar asilo; pero
sus enemigos estaban cuidadosamente elertas i el pro
yecto habria fracazado. Habría podido tratar de pasar
por los Andes a la República Arjentina, pero los sen
deros estaban llenos de nieve i hielo. Ocultándose él
mismo, pasó unos cuantos dias miserables en una segu
ridad caramente comprobada; pero perdió la esperanza
i la desesperación se apoderó de él. No le quedaba otro
recurso que la muerte.
Una detonación de revólver se oyó en el cuarto que
ocupaba el ex-Presidente. La trajedia habia terminado.
Balmaceda habia muerto, muerto por su propia mano!
Una vez mas Chile está en paz.
BALMAGEDA
(De La Situación de Colombia del 26 de Setiembre.)
Por lei natural ha dejado de existir en Chile la opro
biosa dictadura de que fué. caracterizado representante
el señor Balmaceda. Si se piensa que era inmensa la
cantidad de recursos materiales de que disponia; si se
medita en la acción enérjica i destructora que imprimió
a todos sus movimientos, enérjica en cuanto al réjimen
de terror desarrolló, i destructora en cuanto a que
que
en aras de su ambición llevó a común sacrificio, los
bienes del Estado, su crédito i su riqueza, no menos
que la vida i los bienes de sus adversarios; parece cosa
maravillosa este derrumbamiento, que ha recibido el
mundo civilizado, acaso con mas entusiasmo que el que
despertó en América, la noticia de que la corona de
don Pedro de Braganza habia rodado por el suelo, ele
vándose en su lugar la soberanía de las leyes, que es
la soberanía de la República.
Balmaceda corría tras las mariposas brillantes del
despotismo, sin tener en cuenta los intereses del dere
cho i la tradicional altivez chilena, i olvidándose, por
otra parte, de que las pajinas de la historia de la hu
manidad no son pajinas inútiles, i que las medidas opre
sivas, esas que tienden a la absorción de la personali
dad humana, no crean sino un medio anárquico, en el
cual sucumbe a la postre, el mismo que se empeñó en
escojerlo para la existencia de la sociedad, en cuyo
seno, por tal camino, es la verdad que no se mantienen
sino elementos irreconciliables. Una especie de fata-
—
lió —
lismo conducía sus determinaciones : era el poder fatal
que marca los pasos de todos los que, sin principios
la cojudos en los hilos de una
fijos, marchan a aventura,
halaga
organización viciosa, por ellos mismos tramada,
dos con imperio personal será mas duradero
que su
cuanto mas [Link] persecuciones, cuanto mas grueso
sea el cerrojo de los calabozos i cuanto mas tiempo
obliguen a permanecer sin abrigo a los defensores de
la libertad.
Descuidándolo todo, menos la satisfacción de sus
apetitos; protejiéndolo todo, menos la moralidad polí
tica;teniendo inflexible para todo, menos para
un rigor
hacer respetar la majestad de la República i los cáno
nes de la democracia; viviendo con los déspotas, en
sibarita tranquilidad, pero llevando al cuerpo social la
alarma constante que debilita sus fuerzas con la pers
pectiva de peligros que solo ven ellos, i que no son sino
los molinos de viento de ese quijotismo político de que
tanto hacen alarde los providenciales de todos los tiem
pos; se les contempla, airados, sobre un confuso pedes
tal en cuya formación entran las ruinas de cien escue
las diversas en que vivieron afiliados, siempre buscando
el logro de sus ambiciones de mando personal, i las
delicias del banquete en que estuvieron permanente
mente sentados, para ahogar en la armonía de sus
cantos, el grito herido de los pueblos clamando por sus
libertades, de que aquéllos dispusieron como entidades
reinantes, en capacidad de disponer de todo lo que
constituye la personalidad social del individuo; su ha
cienda i su vida, sus facultades productoras i sus ina
lienables derechos.
Como mui bien lo espone un eminente hombre públi
co chileno, «Balmaceda soñó con formarse un partido
personal; pero como no tenia ni carácter ni talento su
ficiente lograrlo de una manera medianamente
para
honorable, el medio de que se valió fué ruin i estrecho,
sembrando la zizaña entre los diferentes círculos polí
ticos, alimentando las ambiciones personales de algu
nos, daudo a otros negocios de miserable logrería, fir-
—
174 —
mando contratos de construcción de ferrocarriles- i¡
edificios públicos con jentes quede convenia tener a süi
recursos inmorales'
lado, i tocando, en fin, todos aquellos
que siempre tienen en sus manos los gobiernos corrom-'
pidos. Arrastrado por este camino, fué insensiblemente^
cayendo i rodando por el plano inclinado; descubierto i'
hecho público su juego de disolución de partidos i de
entronizamiento personal a costa de su dignidad i del'
oro de la nación, la opinión entera se levantó-
cuando
condenándolo, se exasperó i se lanzó resueltamente por
el atajo, i como nunca faltan instrumentos serviles a las:-
tiranías, los encontró también él i los puso a sus ór
denes.»
Pero como la tiranía nada estable funda, Balmaceda-
ha caído como cayó Rozas, como cayó Guzman i como
cayó el mismo Bolívar, primer guerrero de la América
i libertador de cinco naciones. I es que según la espre
sion del doctor Felipe Pérez, aplicada a la estadística
de los hechos históricos, «la caida de ciertos hombres,
de ciertos partidos i de ciertas dinastías, son hechos
del orden providencial (necesario), porque su existen
cia en el mundo se hace imposible con las leyes divi
nas i humanas. No sucede lo mismo con la exaltación'
de esos mismos, ésta puede ser un hecho casual, i fre
cuentemente lo es; lo otro nó. Lo que hai es que el
vulgo,'
que no ve o no entiende lo que dice el letrero de fuego
del marco maldito, toma la espada de Dios por la espada ■
del soldado, i aclama a éste i se postra ante él.
Nada prevalece contra el deber de un pueblo en ac
ción, i esa acción llega aunque a veces se tarda. Los
que. solo ven las los ojos del cuerpo, se aflijen
cosas con
i se dan Cuentan los dias de su
por perdidos.
aflicción'
por años i los años por
siglos, i no creen en ningún reí
medio ni tienen ninguna esperanza. ¡Ai de
ciertamente1
ellos! pero los que las ven con los ojos del alma, saben
que hai una medida, i que esa medida se colmará en
un dia dado, día de castigo
inexorable, i que ese dia
las del Eufrates se harán a un; lado, para que el
.aguas
.—
nt> —
<eauee se enjute i penetren' en él los ;persas vengadores.
El hombre o el partido que cerca su corazón de zana
contra la lei, derecho, la justicia,
el igualdad, la li
la
bertad, el respeto, el bien ajeno, el amor nacional; i se
-engríe i se alza sobre todos i se hincha con el soplo de
la fortuna, miente i a todos los engaña; que resume en
sí la Patria, el Poder i la voluntad de sus conciudada
nos, reducidos a ensalzarlos para merecer las sobras de
su mesa imperial o el abrigo de sus establos, como bes
tia de combate o booa de vítor eterno, ése, sea el que
fuere, no puede ser el instrumento del Señor, quien ha
creado los pueblos para su gloria i los fines .elevados
del Universo, i no para juguete i recreo dedos inmor
.
tales de la ambición.
En la oligarquía hai, al menos, algo que respetar:
sangre, talento, ciencia, dinero, virtud, valor, hermosu
ra. En el fango de las autocracias levantadas por los
tiranos, como azote contra los pueblos, no hai sino de
gradación i vergüenza. d
Tal hiciera Balmaceda, quien erijido en supremo
árjbitro de Chile, por i ante sí, habia atacado institucio
nes, creencias, fortunas, partidos i todo, en la vana
pretencion de hacer de la noble patria de O'Higgins
un triste despojo de antigua feudalidad. Se aferró a la
idea de dominar solo, prescindencia hecha del Congreso;
i juzgando la uva en sazón, incurrió en el mal peculiar
a todos los providenciales: perpetuarse en el poder a
despecho de la opinión pública.
No pudiendo serlo él mismo, mandatario perpetuo,
visible, acudió al socorrido espediente de las candida
turas oficiales, i tras la rifa de sus parciales, después
de intermitencias varias, la suerte o el capricho de Bal
maceda favoreció al señor don Claudio Vicuña.
Bueno es que se sepa que Balmaceda había figurado,
hasta entonces, como liberal, i que so color de abatir
una aristocracia que él dibujaba a su
placer, i so color
de comunicar amplitud a las libertades públicas, co
menzó por donde comienzan los grandes delincuentes
de la República, aquellos que desconocen i -es-
—
176 —
carnecen en el Gobierno las conquistas de la bandera
a cuya sombra lo alcanzaron i a cuya sombra lograron
altos merecimientos i honores distinguidos. El liberal
de otros tiempos defeccionó, tan pronto como sintiera
su rostro acariciado porlas auras de la Moneda. Expe
rimentó allí grandes deseos de exterminar los fastos
históricos chilenos i sin. vacilar, decidió quemarlos
hasta en el incendio de una guerra civil, por el provo
cada, del mismo modo que los fanáticos sectarios de
Mahoma, pretestando servir los intereses de su reli-
jion, quemaron en edades remotas, aquella renombrada
biblioteca de Ptolomeo que guardaba, avara, la ciudad
de Alejandría como testimonio de la civilización anti
gua.
A las mismas puertas de las democracias america
nas, faz faz délas monarquías constitucionales euro
a
pea, lanzó la estraña teoría que él, jefe del Poder Eje
cutivo, reunía los resortes todos de la Administración,
en la que el parlamento no era sino un ripio apreciable,
en tanto que se subordinara a su querer. Buscaba el in
falible principio de autoridad, para gobernar, nó con la
lei, no con la Constitución, sino con su audacia, con la
secta personal por él prohijada i con la arbitrariedad
de un engreído vulgar. En la taza que él ofrecía al
pais no habia nada que hablara a la dignidad sino a la
"
institu-
abyección; nada qne fuera congruente con las
ciones que él habia jurado, i de que hacia sangriento
escarnio con el patíbulo político, por todas partes dis
tribuido, como la enseña de salud de sus nuevas prác
ticas i de sus nuevas creencias. Todo parecía sonreirle
i acaso se creyó iniciado en los secretos de un porvenir
embellecido por la pompa de la monarquía i por los
homenajes del servilismo; todo, por supuesto, como
decia en sus discursos, persiguiendo siempre la efecti
vidad del derecho chileno i el bien de la República!
Contaba para ello, con la supremacía de su soberbia
Bobre la supremacía del voto parlamentario, i en cuanto
a la opinión del resto de los ciudadanos chilenos, opi
nión que le era adversa en su casi
totalidad, él ofrecía
—
177 —
a los conspicuos representantes que la dirijian, renovar
•
aquellas sombrías prisiones de Spielberg, cuyas piedras
diseminadas hoi acaso, llevan, sin embargo, esculpido
el recuerdo de los dolores del insigne Pellico, o en vol
verlos en el martirizante sudario del destierro. Para
ello le bastaba levantar su mano e indicar la direcion
apetecida. Pero cuan [Link] aquello de que el hom
bre se ajita i Dios lo conduce. En un minuto, Chile evocó
su pasado; lloró, si se quiere, de rabia a causa de los
quebrantos que se inflíjian a su paz constitucional de
tantos años; pero con rabia también tocó la campana
que anunció los mismos épicos acontecimientos de Cha-
cabuco i Maipo, i en una semana de campaña activa,
los ciudadanos de la República hispano-americana mo
delo, rectificaron, con importantes victorias bélicas, el
triste concepto a que quería relegarlos el Presidente
Balmaceda. El drama hábia concluido con el triunfo de
la República; i a sus impresiones,1 a juzgar por lo que
trasmite el cable i hemos tomado del Star Herald, que
Be lee al principio, se han sucedido las impresiones
de la trajedia: Balmaceda se ha suicidado.
Hasta allá no irá nuestra pluma; toca a la historia
formar el definiiivo juicio, descorriendo el velo de la
tumba. Si podemos afirmar, entre tanto, que una con
clusión tal, aunque sinceramente deplorada por noso
tros en nuestra calidad de escritores liberales, bien
pudo ser lójico desenlace de una borrasca babilónica
como la que él, a sabiendas,
desencadenó, para en ella
vivir i de ella gozar. Si la justicia del cielo lo detuvo
en sus designios, era su obligación
cristiana, social i
política someterse. Acaso en la reclusión de su
espíritu,
después de los desastres causados, habria encontrado
fortaleza para el arrepentimiento, tanto mas cuanto que
la democracia universal ya lo habia perdonado. El
atentado contra su existencia, si son evidentes las no
ticias del cable, fué innecesario si quiso dar una pos
trera lección de valor a los ojos de sus adversarios,
pues para éstos, como para el mundo
republicano, hu
biera sido grato verlo someterse a la majestad de la
23
""■';"'"'
— 178.—
lei, que ésta, cuando es un jurado republicano el que
la aplica en casos políticos, es siempre lei de perdón.
La sanción penal para atentados de otro orden, la hu
biera sufrido indudablemente, impuesto por los tribu
nales de derecho; pero esa pena, necesaria i todo, como
ejemplo, enseñanza i escarmiento de futuros tiranos, la
habria hecho benigna el sentimiento público que siem
pre se apiada de los infortunios, i una posterior lei de
amnistía lo habría devuelto, acaso rejenerado, i en bre
ve término, al seno de los suyos.
EL SUICIDIO
DE DON JOSÉ MANUEL BALMACEDA
(De El Comercio de Lima de 22 de Setiembre.)
El trájico fin del hombre que hasta ayer dirijió con
grande enerjía i prestijio los destinos de Chile, ha con
movido hondamente a nuestra sociedad i hará meditar,
sin duda, a los espíritus reflexivos sobre las estraordi-
narias vicisitudes a que está sujeta la vida de los esta
distas, aun en los paises donde el orden político parece
ofrecer las mas seguras garantías de estabilidad.
La lección que Chile ha dado a la América con el
sangriento drama que ha terminado con la caida de
Balmaceda, debe quedar grabada en la memoria de
todos estos pueblos, fortificando su fé en las institucio
nes libérales que los rijen i en el poder irresistible de
la opinión pública, aun en aquellos casos en que parece
sobreponerse a ella la fuerza preponderante de la tra
dición i del rigor.
Cercanos espectadores de la lucha civil de Chile,
hemos seguido durante ocho meses, paso a paso, el de-
senvolmiento de los sucesos con la emoción i el ínteres
que debia despertar en nosotros un acontecimiento que
no solo afecta íntimamente nuestras relaciones de ve
cindad, sino también principios que nos son comunes.
Ocultándosenos los detalles de las cosas, las
que en
grandes convulsiones de los pueblos suelen encerrar la
esplicacion verdadera de sus causas, se nos ha presen
tado la revolución chilena, en su conjunto, como un
—
180 —
cuadro dramático, con el trájico fin de su protago
nista.
El oríjen de esta como a la distancia
revolución, tal
podemos apreciarlo, ha sido otro
no que el desacuerdo
entre el Presidente de la República i el Congreso en la
designación del nuevo Jefe del Estado. Todos los pre
sidentes de Chile, hasta el mismo Balmaceda, fueron
escojidos, desdé que ese pais normalizó su vida inde
pendiente, por el círculo político predominante. El
Presidente, siempre apoyado por la mayoría del Con
greso i en armonía con eila, se daba sucesor. Esta vez
el Presidente se encontraba sin aquel apoyo: la mayo
ría del Congreso en abierta oposición, no estaba guiada
por los propósitos que él; los dos poderes quisieron
reivindicar esclusivamente, cada uno para sí, el derecho ¿íkí
de designar un candidato; i comprendiendo que esto "'.-'..! ;
era imposible, declararon uno i otro su resolución de
luchar porque la elección del nuevo Presidente fuera el
resultado de la espresion jenuina de la voluntad nacio
nal. Estas declaraciones fueron recibidas con recíproca
desconfianza, i como Balmaceda contaba con mas ele- ,
mentos materiales que sus adversarios para la lucha,
:.';";.;¡|
su triunfo era inevitable, sino mediaban circunstancias
escepcionales que lo privarande ello.
Fué entonces-
cuando el Congreso decidió hacer im
posible la existencia de todo Ministerio que no repre
sentara sus aspiraciones i tendencias.
Balmaceda creyó que tenia fuerza bastante para re
sistir, i resistió. Clausuró el Congreso, i lo
aunque se
recordaba en tono amenazante que según la lei chilena
era indispensable que lo convocara de nuevo antes del
1.°
de Enero, porque solo mediante su sanción podian
continuar teniendo existencia legal, ese dia, el ejército
i la armada, de base a su poder material,
que servían
se negó a ello, alegando que el Congreso solo era res
ponsable, por no haberla dado en tiempo oportuno, de
que faltara la sanción que juzgaba indispensable.
Llegó el 1." de Enero i la oposición parlamentaria se
creyó autorizada ya para no continuar reconociendo ;
—
101
como-
legal a un gobierno que gobernaba sin leyes;
apeló a las armas para resolver por de ellas-
medio
cuestiones que no pudieron serlo de otro modo, i cual
quiera que sea el juicio que se forme sobre la justicia
i el derecho de la causa que motivó el levantamiento
del Congreso, forzoso será convenir en que la opinión
pública ha estado de su lado.
Contemplábamos, de un lado, la figura de Balmaceda
con el prestijio de un carácter enérjico revelado en todos
sus actos de su vida pública, i resuelto a mantener la
política tradicional de sus predecesores en el poder,
imponiendoun candidato oficial para el próximo período,
aunque prescindiendo esta vez de la colaboración de la
mayoría parlamentaria. Juzgaba que no proceder así
era abdicar una prerrogativa qne habia recibido junto
con la investidura presidencial. Esta resolución llegó
a ser en él tan firme, que antes que quebrantarla, pre
firió romper todos sus vínculos políticos en una porción
considerable de su antiguo partido que formaba la ma
yoría de las dos Cámaras; i aceptando una lucha entre
los dos poderes, indujo al fin a la mayoría del Congreso
de su pais a buscar en la resistencia armada, la manera
de romper para siempre con aquella práctica contraría
a las libertades públicas.
Al juzgar los actos i la conducta de un hombre se
mejante, no habrá quien niegue, ni entre bus mismos
enemigos, que solo es posible encontrar esplicacion de
ellos en un ciego estravío, motivado por la profunda
convicion de defiende un principio político be
que se
néfico para un i por los móviles de dignidad i
pais
honor que obligan a mantenerse firme hasta el sacrificio.
Hemos visto, por otro lado, la acción de la opinión
pública imponiéndose con el partido del Congreso en
todos los acontecimientos militares de la guerra civil,
i supliendo, con su fuerza moral, la deficiencia misma
de los elementos i recursos bélicos hasta llegar a des
truir en una sola, rápida campaña, todo el inmenso po
der militar acumulado por un adversario de tan gran
carácter.
—
182 —
La revolución ha triunfado, pues, en Chile, por ha*
ber sido la espresion de la opinión pública i porque ha
proclamado un principio fundamental de las institucio
nes de aquel pais, la libertad electoral.
El partido triunfante, de composición híbrida, está
obligado a sostener una bandera que hasta ahora poco
no fué la suya.
Con este antecedente, difícil seria asegurar que su
conducta en el poder no contradiga el programa pro
clamado por la revolución. Pero cualquiera que seala
marcha política que los nuevos acontecimientos han de
crear en Chile,la caida de Balmaceda, luchando por
sostener como doctrina el derecho del Presidente de la
República para imponer su sucesor, i la victoria del
partido del Congreso, protestando contra esa doctrina,
es una gran lección para los pueblos de América, don
de con mucha frecuencia se presentan situaciones po
líticas semejantes.
A otras muchas reflecciones se prestan, sin duda, los
últimos acontecimientos de Chile; mas, en estos mo
mentos, embarga nuestro espíritu la profunda emoción
del fin de un personaje que tan gran papel ha repre
sentado en su pais, i que con su muerte
voluntaria, ha
dado un trájico interés a su memoria, presentando a sus
contemporáneos i a la posteridad, un nuevo ejemplo de
grandeza, entre los pocos casos que la historia ofrece
de hombres que han amado mas la dignidad política
que la vida; o entre las personalidades que han bus
cado en el suicidio, el desenlace de una situación moral
insostenible, como la mejor manera de hacer respetar
su infortunio, aun por aquellos que lo crean el fruto de
sus propios estravios, i de detener la venganza desen
cadenada contra sus fieles amigos.
BALMACEDA
(Del Pebdvian Mail de Lima del 22 de Setiembre)
Ha muerto. ¡Que Dios tenga piedad de su alma!
No deseamos hablar mal de la memoria de un muer
to. Pero debemos hablar la verdad, no dejarnos guiar
por un mal entendido sentimentalismo. La misión del
periodista es escribir la historia correctamente.
José Manuel Balmaceda tuvo el puesto de honor
mas elevado de una nación, que le fué conferido por sus
conciudadanos. Fué mas que un puesto de honor, 'fué
un sagrado puesto de confianza.
El aceptó el puesto. Juró desempeñarlo honrada
mente; i, con la cooperación de los representantes de
la nación, que confiaban en él, pudo haber figurado
en una de las pajinas mas brillantes de la historia de
Chile.
Pero traicionó esta confianza que se habia deposita
do en él. Su ambición personal lo llevó hasta atrope-
llar la Constitución que habia jurado obedecer. Los
ciudadanos que le habían designado para guiar la na
ve del Estado, no tuvieron confianza ya en su piloto.
Entonces, para acallar las voces de sus conciudadanos,
no reconoció ninguna lei, ni moral ni civil. No hubo
crimen ni traición que no encontró capaz de cometer.
Fué acusado de horribles crímenes que no podia
justificar. No se atrevió a defenderse ante la justicia
constitucional de su pais; i su conciencia en aquel úl
timo momento de desesperación, cuando el mal hubo
perdido toda esperanza i no le quedaba mas que la pie-
-
184 -
dad de su Creador, se suicidó; i el suicidio es una con
fesión.
Debemos recordar también que no estuvo solo. Con
tó con personas que le secundaron en sus planes i en
valentonaron a este desgraciado hombre para la prose
cución de los Algunas de estas personas están
mismos.
ohora entre nosotros. Todos los que deseamos paz i
quietud, debemos observar mui bien sus procedimien
tos en este pais, porque, ab uno disce omnes.
Balmaceda con sus miles de soldados que le acom
pañaban, trató de asumir la apariencia de un Nerón.
Con su último acto, al suicidarse, se quitó la careta, i
en vez de un Nerón, reveló ser un Judas Iscariote.
El mundo tiene que tener mucho cuidado para evitar
a los cómplices de Balmaceda. Su infortunado caudillo
ha muerto para siempre, i concluimos, como principia
mos: ¡Que Dios tenga piedad de su alma!
BALMACEDA
(Del Comercio de la Paz del 22 de setiembre).
^
"
¿I qué quería que hiciera? —
Que mu-
riese!
^e Shakespeare .
Se ha hecho justicia por sí mismo. Háse anticipado
al castigo de los hombres.
Cuando el mundo entero lo creía vagando sin re
mordimientos i sin penas, desaparece del escenario de
los vivos, legando a los que traten de imitarlo un re
guero de la propia sangre.
El mismo se ha hecho justicia.
En mas de veinte dias de meditaciones comprendió
que su único refujio era la muerte.
Después de la derrota, asilado en amiga legación, i
libre ya de consejeros falaces, debió sentir correr por
sus venas la altiva sangre chilena, i sobre su concien
cia, hasta ayer adormecida, el peso enorme de respon
sabilidad abrumadora.
¡Cuántas vidas, cuántas lágrimas i cuántos millones!
¡Qué elocuente lección para los pueblos i para los ti
•
ranos!
Chile marcha a la vanguardia en todo i por todo.
Nos brindan hermosos ejemplos de patriotismo sus
hombres. Los malos patriotas de Chile sienten i cono
cen, al fin, que la vida les abruma, que es una carga
insoportable, i buscan en la muerte «la capa que cubre
los humanos pensamientos.»
La revolución triunfante ya no necesita defensores.
24
-
186 —
Los partidarios del ex-dictador ya no tienen de
fensa.
Un hombre joven, que aun tenia tanto que vivir, i
que no esperala justicia de los hombres, debió estar
convencido de sus errores imperdonables.
¿Por qué el dictador no huyó?
¿Por qué no hizo dentro o fuera del país su defensa?
¿Por qué si le abrumaba el pesO de la vida no la
arrastró siquiera el breve tiempo suficiente para ver el
efecto que en la opinión harían sus descargos?
tiene*
El suicidio un velo misterioso sobre actos innu
merables del dictador.
Su muerte autoriza para mantener las tremendas
acusaciones de sus adversarios.
Sea como fuere, Balmaceda es mil veces superior a
los tiranos i falsos patriotas que avergonzaron i aver
güenzan a la América. Ninguno de ellos tuvo ni tiene
el coraje de librar a sus paises de sus funestas per
sonas.
La revolución de Chile da un ejemplo de cómo se
aniquila a los tiranos.
Balmaceda señala con su muerte el menor castigo
que merece el crimen de lesa-patria.
Que la paz sea sobre la tumba del dictador i que su
funesta carrera i triste fin se graben con caracteres in
delebles en la memoria de los falsos patriotas.
EL CADÁVER DE BALMACEDA
(De la Prensa de Buenos Aires del 21 de Setiembre.)
Todo ha sido estraordinario en el profundo sacudi
miento que ha esperimentado el pueblo de Chile, medi
do la índole i las peripecias
con de las guerras sud
americanas instestinas.
El espíritu impresionado se siente atraído a medita
ciones graves delante del cadáver del ex-Presidente i
ex-Dictador de esa República, cuyas ajitaciones tan
vivamente han interesado a este pais.
Para nosotros el acontecimiento tiene una significa
ción escepcional, porque el drama final se ha desarro
llado bajo la jurisdicción arjentina, en el recinto guar
dado por el escudo de la República.
El gobernante vencido por la opinión i por las armas,
buscó refujio transitorio en la Legación arjentina, en
nombre de los usos universales, que son lei de las na
ciones. Por virtud de esa circunstancia, el trájico suce
so debe ejercer un doble influjo en la opinión de este
pais.
El suicidio Balmaceda es un acontecimiento
del señor
político, de golpe
que abre rumbos nuevos a la revolu
ción triunfante de Chile.
No se ha apagado solamente una vida, es algo mas,
porque el sangriento episodio significa el abatimiento
de una bandera, la espiacion suprema de las de
culpas
una época, la solución de una gran responsabilidad, la
clausura de un proceso.
En ocasiones como esta, los pueblos i los estadistas
—
188 —
levantan espíritu, i recobrando toda su serenidad se
su
emancipan de las pasiones que los enardecen i fijan di
recciones amplias a la justicia i a la política.
Los hombres que gobiernan hoi en Chile se encuen
tran en presencia de una situación de la mas grave
solemnidad, cargado de deberes de que el presente i la
historia les exijirán cuenta estrecha.
El suicidio de don José Manuel Balmaceda reviste
todos los caracteres de los desenlaces inevitables.
Los escritores chilenos que han dispuesto de la pren
sa arjentina para esplicar los oríjenes i los objetivos de
la revolución, nos han hecho conocer la lenta elavoracion
del conflicto, que se preparaba desde hacia tres años
con la participación i los errores de varios de los parti
dos de ese pais; de los choques i desintelijencias suce
sivas, surjió la coalición de fuerzas que dio por tierra
con el adversario común.
En política nadie posee jamás la razón absoluta; i en
nuestros pueblos ardorosos, a veces inespertos i casi
siempre imprevisores, menos que en otros mas hechos
i mas maduros, ningún partido puede aspirar al privi
lejio de la razón esclusiva.
Lo que se puede i se debe exijir a los partidos i sus
cabezas dirijentes, es que reconozcan bus estravíos
cuando los hechos los denuncian; i que reaccionen sobre
sus efectos perniciosos con la bandera de la reparación.
En este terreno hemos seguido con simpatías a la
reacción popular chilena, acompañándola con el voto
sincero de nuestra alma de republicanos por el resta
blecimiento de sus instituciones al quicio de su normal
funcionamiento.
Son mui pocos los predilectos del acierto i de la vir
tud que, habiendo luchado, no sienten hidalgamente la
necesidad de reparar alguna falta; se hacen grandes
cuando las reconocen i las corrijen con toda la altivez
noble de la honradez.
El análisis de la política interna de Chile en los úl
timos cuatro años, hecha por sus conductores i coacto
res bajo la luz de un severo examen de conciencia,, les
""W
-
18» -
hará duda reconocer que en mayores o menores
sin
porciones, las responsabilidades se comparten, rectifi
cando a la vez en sus mentes ideas equivocadas, para
honor i provecho de su patria.
Los errores han sido reparados por el esfuerzo po
tente llevado a cabo en pos de la restauración; los par
tidos triunfantes están en posesión de los elementos
requeridos para mejorar la suerte de su pais, asegu
rándole dias de paz i de justicia en el porvenir.
La lucha ha sido magna para la revolución; el civis
mo chileño se levantó mui alto, pero la fortuna le ha
sido en compensación escepcionalmente propicia, po
niendo en sus manos los medios de asegurar la felici
dad de la nación.
En posesión de la victoria, el gobierno revoluciona
rio, instalado en la Moneda, desplegó una política de
represión severa para los hombres responsables de al
guna manera en el réjimen caido.
Escruyendo hechos aislados harto desagradables, en
los que el Gobierno no aparece directamente como ac
tor o como instigador, cuya participación en ellos es-
cluimos por honor de Chile, i que revelan un estado de
febril exacerbaciónde los ánimos que es necesario mi
tigar, el programade la reparación, por la efectividad
de las responsabilidades, está dentro de los principios
de la justicia. Es un error esconder las leyes comunes
que rijen a las naciones en los momentos en que llega
el caso de aplicarlas como desagravios morales i como
correctivos útiles.
Es necesario que los hombres comprendan que son
responsables de sus actos, que los gobernantes alzados
responden de sus culpas mas eficazmente que los pen
dencieros que se cambian una puñalada en el mostra
dor de una pulpería.
La eficacia de la lei i de la justicia administrada,
constituye el paladium del orden i de la moralidad de
las sociedades. Es así como no se confunden los hom
bres honrados con los que no lo son, es la manera de
impedir el espectáculo desmoralizador, en que los se-
—
190 —
gundos priman por su influencia sobre los primeros. No
hai que confundir la justicia con la venganza, ni la je-
nerosidad con la impunidad.
Puede reprocharse detalles de rigorismo excesivo,
pero las líneas jenerales del plan de reparación severa
no es susceptible de críticas fundadas de todos los que
tengan la noción de los deberes austeros de la vida
pública, que es seria i grave.
Por ese período duro i escabi*oso cruza la revolución
chilena, cuyos hombres prominentes se empeñan al
parecer en impresionar fuertemente a la opinión públi
ca, demostrándole que en el manejo de los negocios
del Estado cada uno carga con las responsabilidades
de sus actos.
Pero, en estas circunstancias, el ex-gobernante ven
cido ofrece su propio cadáver a su pais, renunciando
con la muerte al proceso preparado a su administra
ción, en su persona.
Hace cinco años, cumplidos el 18 de este mes, don
José M. Balmaceda tomaba posesión del mando supre
mo de Chile, en calidad de Presidente constitucional;
después de un período de contienda política incesante,
finalizado por una cruenta guerra civil, en el aniver
sario mismo de los festejos de su elevación al Poder,
entrega su cuerpo inanimado al pueblo enardecido por
la pasión enconada.
Cualesquiera que hayan sido sus íntimos designios
al consumar ese acto estremo, creemos que el pueblo
de Chile, inspirado en un alto sentimiento de política
conservadora, puede la resolución de
aceptarlo como
un hombre que quiso poner la lucha i al dra
término a
ma, concentrando en sí toda la responsabilidad de los
desenlaces, como concentró toda la responsabilidad del
Poder que manejó, convertido en omnímodo por su vo
luntad durante la guerra civil.
Un levantado criterio político puede i debe dar a esa
trajedia el carácter de las espiaciones solemnes, que
enfrian las pasiones, desarman los enconos colectivos
i aclausuran las ^épocas de anormal efervescencia, para
—
191 —
inaugurar serenamente, con la razón clara, una era
franca de i [Link] tranquila.
El cadáver del ex-gobernante suicida, tiene la virtud
de cercenar las responsabilidades de aquellos que si
guieron bu destino; reflejando i usando de su
poder
delegado.
Esta idea está insinuada en su postrer carta política
al plenipotenciario arjentino, doctor Uriburu, que el te
légrafo nos ha trasmitido.
El pueblo de Chile no puede indiferen
escuchar con
cia, ni menos con desden, la
que fué su
palabra del
gobernante, pronunciada delante de
la tumba que él
mismo se abría, en que anuncia su propósito de cortar
el hilo de su existencia, altivamente, porque cree que
el ciudadano que dirijió sus destinos ni debe rehuir los
golpes del infortunio, ni esponer su persona al escar
nio de las muchedumbres.
I en suprime el proceso, se juzga así
consecuencia,
mismo i ejecuta con pulso seguro su propia sentencia.
Dei fondo de esa trajedia, detras de la sombra del
suicida, que se inclina resueltamente ante el fallo de la
muerte, se levanta de improviso la luz de una política
nueva a la contemplación de los vencedores, conminán
doles a que se recojan sobre sí mismo a meditar acerca
del carácter que deben imprimir a los medios de paci
ficación i de represión que la victoria ha aglomerado
en sus manos.
En el orden político, ¿puede avanzar un paso mas
allá de la lápida ensangrentada colocada encima del
proceso por el adversario vencido, jefe de las fuerzas
que combatió i quebró? ¿Qué mas le seria dable exijir
aun al alma mas vengativa?
La justicia de los hombres no ultrapasa losldinteles
misteriosos de la tumba; la razón pública se detiene
allí, cosechando lecciones que enriquecen su sabiduría;
la razón política mas exijente queda satisfecha.
Sí! La índole de la situación de Chile está modificada
i los sucesos son lanzados por rumbos nuevos; hai algo
superior a la voluntad que impone esa lei a los espíritus.
<■•
—
m —
El espectáculo despierta sentimientos que conmueven,
la sangre causa horror siempre; Chile ha de
esperimen-
tar en estos momentos el estremecimiento profundo que
hechos de ese jénero producen en todas las almas.
La sangre de Balmaceda, derramada por su propia
mano, debe ser la última que el pueblo chileno vierta
en el desenvolvimiento final de su revolución. La reor
ganización de sus poderes pi'iblicos i el afianzamiento
de las instituciones republicanas, con todas sus nobles
virtudes, bajo sentimientos jenerosos, dirijidos a apa
ciguar las pasiones, hé ahí su programa.
La revolución tiene acentuados perfiles de heroísmo
i de grandeza, su suerte corresponde a la magnitud del
esfuerzo, su epílogo es un drama de sangre; de este
límite no pasan racionalmente las prevenciones enco
nadas de los hermanos, hijos de la misma
patria;'
no
van mas lejos las pasiones humanas en los siglos acla
rados por la civilización cristiana.
Cualesquiera hayan sido los juicios formulados
que
respecto del Balmaceda como gobernante, la alti
señor
vez de carácter que revela su trájico fin i la trascen
dencia política dada a su muerte por su propio designio,
le atraerán homenajes merecidos a su memoria i le
conquistarán títulos inequívocos de consideración: es
siempre respetable la personalidad del hombre que
afronta con entereza de alma el sacrificio mismo de su
existencia en el desarrollo lójico de su acción pú
blica.
¡Que el pueblo de Chile sepa estraer de tantos des
garramientos e inmolaciones, frutos que le compensen
i justifiquen ante el presente i la pesteridad!
APÉNDICE
25
BALMACEDA (1)
(Del Diario de Campiñas de Eio Janeiro).
Es un humano, innegablemente, José Manuel
tipo
Balmaceda, derrocado hace poco de la Presideucia de
la República por la revolución que terminó el 30 del
pasado.
Como Presidente de aquella nación, ya fué juzgado
por sus compatriotas i por todo el mundo civilizado
que le fué unánimemente contrario. A la historia le toca
juzgarlo como estadista, como primer majistrado duran
te el terrible período de sangre que se levantó en Chile
para levantar los avances del progreso; a la ciencia
frenoiójica le toca ahora estudiar la forma de su bella
cabeza, desvasar las profundidades de su cerebro que
le imprimían ese carácter enérjico i casi rudo.
Resumamos los antecedentes públicos e individuales
del tirano vencido, como también sus precedentes.
Ya que no nos es posible hacer su autopsia orgáni
ca, nos es permitido al menos estudiarle con el escal
pelo de la investigación sobre su vida de hombre.
Ensayemos un curso anatómico del cual, en jeneral
o particular, podamos sacar algunas conclusiones cien
tíficas.
I
Balmaceda era hijo de padres ricos que, por lo tan
to, si algún defecto tuvo, seria difícil comprobarlo.
(1) Este artículo fué escrito antes de saberse en el Brasil «1 suicidio
dei Dictador de Chile.
—
196 —
En su infancia, Balmaceda siempre estuvo sujeto a
un réjimen severo de encierro claustral.
Desde el Seminario, mostró un carácter rebelde, de
índole altiva i sobre todo arrogante para con sus pro
pios compañeros de colejio, a los cuales se complacía
en mortificar con la autoridad de su linaje noble.
Se dedicó en seguida a la carrera pública i a la po
lítica, llevando en su cerebro regulares conocimientos
de sociolojía i bastante oro, que es lo que causa la co
dicia de la gran cauda de administradores i padrinos
no politiqueros, siempre solícitos e interesados.
Diputado i, en dos ocasiones, Ministro del ex-Presi-
dente Santa María, desempeñó esos cargos con rara
perspicacia i notable enerjía, aun con dureza; en segui
los maquinaciones de su an
i
da, mediante esfuerzos
tecesor, fué elejido candidato al elevado puesto de Je
fe de la nación chilena el 25 de Junio de 1886. ,
Durante su carrera política Balmaceda procuró siem
pre ocultar, con bien medida hipocresía i feroz ambi
ción que le devoraban las entrañas, el deseo ardiente,
casi locura, de ser el jefe de su partido, de ser el Su
premo Director de los destinos de Chile.
El jeneral Veintimilla tornóse luego su confidente
íntimo.
,
Simila cum similibus ....
Resolvieron entre sí que el Ministro Balmaceda su
cediese al Presidente Santa María. Entonces aquél fué
proclamado jefe del partido de ambos, i luego después
Presidente de la República.
Premunido con el carácter sombrío que se formó en
su juventud, i dominado por la filosofía positiva; secta
rio ardiente de sus dogmas, José Manuel Balmaceda
aceptó aquel pesado cargo i lo sirvió con tal habilidad,
con tal meditado interés, que fácilmente eludía la me
nor sospecha que se pudiera abrigar respecto a su pro
grama político-administrativo i a los funestos designios
que abrigaba en su mente.
Entre tanto, alimentando ideas tenebrosas, Balma
ceda preparaba el lecho para asentar su teoría filo-
sóftca, i el 7 de enero del corriente año proclamaba con
voz de desafío brutal, la Dictadura dó aquel bello pais.
> Todos los poderes de la nación se concentraban aho
ra en su sola mano de fierro.
Balmaceda era, entre tanto, como él mismo lo dijera,
la primera i única autoridad pública, el poder uniper
sonal i soberano absoluto, el «Dictador de Chile.»
II
Pero el criminal innato, como el criminal por cos
tumbre o accidente, necesita, para mostrarse o mani
festarse, Voccasion d'un stimulus, dice Corre.
¿Encontró Balmaceda ese estímulo ocasional?
Lo veremos.
Ocurramos, para mejor lucidez de nuestra narración^
a los antecedentes históricos de Balmaceda, el gran
reo, según la frase usada por Valentín Magalháes.
El moderno tirano que cuenta en su his-
estudiamos,
•toria ancestral los siguientes datos que caracterizan al
ndividuo predestinado a manifestarse en cáptala
occasio:
[a)Tuvo padres ricos i vivió siempre fastuosamente;
{b)Fué educado con rijidez suma;
Desdé su infancia demostró un carácter arreba
(c)
tado, orgulloso, juzgándose superior a todos, i atra-
bilario;
(d)Como era rico, siempre tuvo aduladores que, por
cierto, le excitaban mas a la soberbia, al amor propio,
al egoísmo del fuerte contra el débil;
(e) En la vida pública, como jefe de un partido, fué
siempre político apasionado e inexorable para con sus
adversarios;
(J) Calculadamente, se mantenía en absoluta reserva
para manifestar sus ambiciones;
(g)En suma, Balmaceda fué siempre intransijente i
fanático en doctrinas filosóficas i relijiosas, i su pi-opia
familia le consideraba dotado de una severidad espar
tana.
—
198 —
Exaltado al elevado cargo de Presidente 1886,
en
puesto que debia ocupar por cinco años (Constitución,
artículo 51), gobernó bien durante los dos primeros
años, mas bien por cálculo e interés personal, que como
táctica política.
En el tercer año principió a hostilizar a los suyos,
comenzando por fraccionar al partido liberal, i enemís
talo los adversarios; al mismo tiempo declara-1
con
ba abierta lucha a sus adversarios políticos, espulsán
dolos, desde los mas caracterizados i. honorables, hasta
del mas insignificante puesto público.
Arrogándose la jefatura del partido liberal chileno,
Balmaceda lo despedazó en fracciones con sus proyec
tos de mando, unipersonal.
Como Presidente, destrozó el partido, cuj^a unifica
ción habia sido mantenida con tantos esfuerzos por los
Ministros Antúnez i Aníbal Zañartu, i la subdividió
por medio de intrigas calculadas, fraccionando el cle
rical, el conservador, el nacional i el radical, llegando a
ser la política chilena una acerva coalición de partidos
rencorosos.
Era un medio, es verdad que era innoble, pero era
un medio,
Balmaceda se alegraba, porque preveia en el debili
tamiento de estos partidos, su próximo triunfo: «la dic
tadura», disfrazada con la reforma de la Constitución, en
interminables relaciones!
Así procedió también Guzman Blanco en Venezuela;
al cual sucedió el ilustre patriota, Dr. Andueza Pa
lacios, actual Presidente de aquella bella República.
Se frustraron, sin embargo, los proyectos que pensa
ba poner en práctica el tirano.
Advertidos de los manejos indecorosos, los diversos
partidos fraccionados acordaron unirse, i en las elec
ciones de 1888 obtuvieron una gran mayoría, desig
nando los Ministerios a voluntad del Congreso parla
mentario.
Desde aquella época, dice el Dictador en su célebre
Mensaje leido ante su Congreso en 20 de Abril del
'
co-
—
íyy —
rriente año, surjió entre la mayoría del Congreso i el
Poder Ejecutivo una lucha, la que tenia por objeto su
bordinar la libertad i la acción del Presidente de la
República, a la voluntad o los designios de una coali-
sion compuesta de grupos políticos divididos, con cau
dillos i tendencias opuestas, pero todos unidos para
abatir la dignidad i autoridad del jefe de la Nación.
Mas, Balmaceda ya tenia hechas sus cuentas, cuya
suma total arrojaba a su favor un saldo cuantioso, por
que no hacia figurar en las sumas parciales, el acendrado
patriotismo i valentía de los chilenos. . . .
En breve él mismo debia reconocer su grande error..
Una grave cuestión vino entonces a avivar la lucha
que acababa determinar con las sangrientas huelgas de
Valparaiso; la lei de contribuciones fué obstruida, como
también la lei que autorizaba el cobro de los impuestos
i la fijaba las fuerzas de mar i tierra, represalia
que
con que el Congreso contrarrestaba la obstinación com
pleta del Presidente, que se resistía a nombrar un
Ministerio que contase con la confianza parlamen
taria.
Era mas o menos un remedo ficticio del hecho que
acaeció Inglaterra durante el reinado de Carlos I,
en
del cual resultó la guerra entre la realeza i el Parla
mento, grabando la historia el inolvidable nombre de
Cromwell.
Balmaceda se prepara i lanza el reto de muerte; por
un decreto suyo, anticonstitucional i criminal, ordena
que se proceda al cobro de los impuestos i fija la lei
que mantiene las fuerzas de mar i tierra.
Los congresistas se atraen a sí las jenerales simpa
tías del pueblo, de la Escuadra i de parte del ejér
cito.
Se principia la terrible lucha.
Ha surjido ahora Voccassion d'un stimulus, de que
nos habla Corre; para el criminal innato, o se muestra
el estado latente del criminal por incidencia o se mani
fiesta ante los ojos de todo el mundo, proclamándose
Dictador el 7 de Enero del presente año!
—
209 —
Aquí principian ya a demostrarse claramente los pre
cedentes egocéntricos síntomas episódicos, según una
y
frase de Magnan, del hipocondriaco vesano chileno.
Con estos antecedentes a la vista, se puede hacer un
estudio físico i fisonómico de Balmaceda. Procuraremos
dejar establecido el diagnóstico diferencial.
I"
Es para la etiolojía, referente al tipo del tirano, que
le vamos a estudiar i formular un diagnóstico patolójico
de su individualidad, para según eso poder calificar su
procedimiento, abriendo la lucha fratricida en Chile.
Le conocemos ya sus antecedentes históricos; veamos
ahora su fisonomía plástica, sus síntomas intelectuales
i su estado somatolójico, que, con mas o menos precisión,
conseguiremos determinarle su estado mental durante
el período de la revolución i absolverlo o condenarlo
con justicia.
«El rostro, dice
Corre, es un retrato que refleja todo
ser humano. El manifiesta el grado de la perfección de
la forma esterior, el grado de la actividad cerebral i las
cualidades, pasajeras o accidentales de esta actividad,
los caracteres jenerales de las funciones fisiolójicas.»
Mirando a la lijera el cuadro facial de Balmaceda,
nada de notable se nota; fijándose
atentamente, sin
embargo, con cuidado observador, en aquella fisonomía,
luego se descubre en el triángulo
invertido, formado
por los ángulos esteriores de los ojos sombríos i la es-
tremidad inferior de la nariz aguileña, algo que contri
buye a darle un aspecto rudo.
La brutalidad i astucia se> confunden con la dureza
satánica de sus facciones. Tiene una cabeza grande
como la de Gambetta, frente espaciosa coronada por
un cráneo bien cimentado, aparentando representar
ideas grandiosas, pero mui egoístas.
Dilatado debe ser su cerebelo, i pesado, cargado co
mo está con los feroces instintos que tiene
manifestados,
-
-mi
i que le saltan a los globos oculares como una suplan
tación ilusoria.
El rostro es ovalado, de pómulos un poco salientes,
i viene estrechándose hasta llegar al cuello, largo, como
el de los violentos sanguinarios.
Las orejas son regulares i pulposas ; la barba es de
licadamente redonda; tiene una semejanza con la barba
de Henriette Cornier, el célebre monomaniaco homicida,
que sirvió de asunto a uno de los mas bellos estudios
del notable alienista, C. Marc. La boca es grande i los
labios delgados, ocultándose bajo unos sedosos i espesos
bigotes que principian a encanecer. En estos últimos
tiempos la solia abrir para articular rujidos de cólera,
órdenes de ejecuciones temerarias, i asesinatos.
La nariz gruesa, voluminosa i aguileña, tiene cierta
semejanza con el agudo pico del cóndor, el terrible ra
paz de los Andes ,
formando ángulo tras un peque
. . . .
ño surco impreso en cada lado de ella.
Los ojos, sobre todo, este fiel espejo que refleja el
interior humano, son negros, brillantes, de mirada fir
me i aguda como los del avestruz, queman i hieren,
al abrigo de espesas i negras pestañas, describen con
la fisonomía inferior del rostro un conjunto fatídico.
/ Sü astucia, su mirada fija i penetrante i su andar
acompasado i majestuoso, le imprimen un sello de au
toridad temeraria i poderosa.
Su duro,
mirar i vidrioso, ajitándose a
sanguinario
veces, los párpados con movimientos casi espasmódi-
cos, le dan a su fisonomía austera el sello del homicida
apasionado, casi epiléptico!......
En otro artículo entraremos en un análisis suscinto
de las señales anamnésticas, si por acaso las tiene Bal
maceda.
IV
Un estudio completo de los signos anamorésticos de
Balmaceda no podemos hacer con toda seguridad, pues
ignoramos das particularidades de s\. infancia i püber-
26
—
202 —
tad. Lo que podemos afirmar es que fué arrebatado en
sus amores, llegando a concebir locas pasiones feme
niles.
También no hace muchos años que el Tirano, por
poco no fué víctima de una fiebre palúdica complicada
con otros desarreglos en su organismo.
Unánimes están los mas aventajados antropólogos-
psj^chopatas en considerar las manifestaciones violen
tas de pasiones amorosas como causa, a veces, de una
complicación en el sistema nervioso, que después pue
de dejenerar en casos psychotomáticos declarados.
¿Quién nos podrá decir que Balmaceda haya escapa
do a esos peligros i que no fuese paciente de tal o cual
afección en la masa encefálica, preparándose para una
futura enfermedad epiléptica?
¿Quién nos podrá decir que él no pasó el primer pe
ríodo de esa terrible enfermedad cerebral?
El estado somático del Tirano no ofrece anomalías
fisiolójicas diversas de las que ya hemos apuntado.
De lo que hemos dicho se puede deducir, en presen
cia de un caso singular de alucinación o de locura, co
mo el de que tratamos, lo siguiente:
(a) O Balmaceda fué un ambicioso vulgar, estraviado
cuando al dar el golpe decisivo de su completo domi
nio i grandeza pública, vio huir en el terreno mismo
de la realidad la prueba comprobatoria de su triunfo
absoluto;
(5) O fué un fanático por sus ideas político-filosófi
cas i relijiosas, que interpretó mal el sentimiento del
patriotismo;
(c) O Balmaceda fué un infeliz criminal eonjénito,
por instinto o accidental, que en su período avanzado
se manifestó después impelido por una causa objetiva.
Sentados estos antecedentes históricos del tirano,
opinamos por la anomalía conjenital que talvez le de
bió afectar su organismo.
No se puede objetar que a nuestro tipo se le puede
aplicar el calificativo especial que Lauvegne da a mu
chos hombres célebres, criminales de jenio. Basta el úl-
r-
203 —
timo hecho de Balmaceda para contestarlo: la flaque
za, la cobardía vergonzosa que manifestó huyendo como
un reprobo ante las filas patrióticas de los revoluciona
rios triunfantes en Valparaiso, en vez de lavar su nom
bre infamado con su propia sangre, con valor i civismo
en el campo de batalla.
No nació para Marte!
Nó.
Balmaceda nunca pudo ser un criminal de jenio; no
pasó de ser un tipo vulgar de la clase de los mattoides,
de Lombroso.
Sufre talvez la nevrasthenia moral, de Benedickt, en
su período áljido.
Las horrorosas escenas que presenció durante su
Dictadura, los asesinatos que ordenó cometer i los
martirios a que sometió a numerosos de sus compatrio
tas, amigos i aun parientes consanguíneos, manifiestan
la cualificacion que se le puede dar a su equilibrio
mental, mui parecido al de un epiléptico.
Los caracteres jenerales mas comunes, dice Legrand
du Saulle, en su tratado Étude médico-légale sur les epi-
liptiques, de los crímenes cometidos por los epilépticos,
pueden resumirse en los siguientes síntomas: enerjía
en un acto determinado; ferocidad en la ejecución del
mismo; ningún disfraz para consumar el hecho; abso
luta indiferencia; i ausencia absoluta de todo sentimien
to de remordimiento
El aprovechado alienista, M. de Blanche, citado por
Julio de Mattos, hace en su obra Des homicides commis
par les alienes, la siguiente calificación de los delincuen
tes epilépticos:
«En la primera categoría se puede colocar a los epi
lépticos impulsivos que, con mirada ardiente, rostro
encendido i la mirada perturbada, se precipitan con
violencia, etc. A la segunda clase pertenecen los epi
lépticos que espían i parecen premeditantes de llevar
a cabo su agresión, etc. A la tercera
división, por últi
mo, pertenecen los epilépticos que parecen inofensivos,
a los cuales, ademas de ataques
eclampticos, se les
pro-
—
2M —
duce en la mente una perversión duradera. Estos son
los mas temibles de todos, actúan en virtud de una delibe--
ración preconcebida, pacientemente, i no hacen esplosion
.
sino cuando el estado conjestivo de su cerebro, manifestado:
por síntomas habituales, adquiere una intensidad suficienr
te para determinar la violencia final .»
Nos parece que a esta última categoría pertenece
José Manuel Balmaceda!
Prosigamos con la última parte de nuestras conside
raciones.
Vamos a analizar al Tirano que Venimos estudiando
i a poner fin con este artículo a. las consideraciones que
nos sujieren su especial i sus particulari
temperamento
dades de hombre público. Puede a pri
singularísimas
mera vista parecer inútil e impertinente un estudio
psichiátrico de ese hombre que nada tuvo de notable;
mas, Balmaceda no es hoi simplemente el ex-Presidente
de Chile, nó, Balmaceda es hoi un tipo, talvez el único
en la historia contemporánea, del Dictador perfecto,
cruel en estremo, voraz, satánico, i como tal compren
dido en las clasificaciones de la criminalidad antropo-
lójica, i por lo tanto, un tipo universal.
Balmaceda es un reo de lesa patria ante las naciones
civilizadas; es un asesino vulgar i malvado ante la hu
manidad; es un fratricida ante todos sus compatriotas;
es un picaro execrable ante la conciencia de los pue
blos!
Creemos que el infeliz tirano, cuando se proclamó
Dictador, asumiendo todo el poder público suficiente para
sofocar la revuelta armada, según su propio decir, en
traba al período áljido de desenfrenada ambición, i
su
los acontecimientos posteriores que sucedieron fueron
los síntomas de una epilepsia mui avanzada.
¿Por qué demostraba él ese temor histérico de ser
vencido, ese miedo nervioso que atacaba al tirano al
—
awS —
punto de hacerlo cometer los mas atroces crímenes i
barbaridades?
¿Qué indica su flaqueza vil ante el Ministro brasilero
que le desaprobaba acremente su infame i pérfida con
ducta de ordenar fusilar los siete emisarios revolucio
narios provistos de salvo-conductos para Valparaiso i
Santiago, i que estaban bajo el amparo de las banderas
francesa, americana i brasilera, insultándolas locamen
te de esa manera?
¿Qué denotaba bu deshonrosa cobardía característica
de abandonar su ejército en el mismo momento supre
mo de la desgracia, i huir como el Judío Errante de la
leyenda?
Luego, ignora que la prontitud, la violencia,
nadie
el medio i la después de consumado el crimen,
cobardía
son síntomas morales mui comunes en los criminales
epilépticos, reconocidos sin discordancia por los mas
aventajados profesores en psicomaquia.
En de Balmaceda, se le nota mu
cuanto al carácter
cha paridad con el de un epiléptico en el período avan
zado, que es el caso de que tratamos. Refiriéndose a las
particularidades especiales del individuo epiléptico,
escribe el profesor Schüle, en su Manual dans
enfcrmi-
dades mentaes, citado por Julio de Mattos en el tratado
A Loucura, pajina 197:
«El carácter de los epilépticos es de una estraordi-
naria irritabilidad mórbida, propensa a trasformarse
rápidamente en actos impulsivos.
Son individuos caprichosos i desconfiados, fáciles de
exitarse contra sí mismos i contra los otros, turbulentos
i taciturnos, ora demuestran una alegría cuya causa
muchas veces ignoran, ora una tristeza exajerada, ya
humildes i con tendencias relijiosas, luego orgullosos, du
ros i déspotas. »
En la revista Archivio di Psichiatria, dice el señor
Verga :
«Es de notar en el epiléptico, por lo jeneral, un ca
rácter desigual e interminenté.
Sumamente impresionable, se torna fácilmente im-
—
206 —
petuoso i colérico, ejecutando actos irreflexivos, sin
cuidarse de las consecuencias posteriores que pueden
traer la consumación de ellos.»
Mas aun, sobre este mismo tema, cita el eminente
profesor portugués de Psicopatía Sessuale Krafft-Ebing,
las siguiente líneas:
«A propósito debemos notar en ellos, índole
anormal,
vesanía, humor hipocondriaco, apatía mental, irresolu
ción, un estado de gran timidez i de ansiedad en vista de
las menores acciones que vd a practicar; miedo, angustiai
con uñ carácter obstinado en
violento, anómalo, orijinal,
sus propias ideas e incapaz de una acción leal »
Sin una línea de diferencia, hé ahí el verdadero ca
rácter del ex-Dictador chileno, que todos pueden com
probar si recorren un poco su memoria, i los
propia
episodios sangrientos de guerra i esterminio que levan
tó contra sus propios hermanos.
Balmaceda distinguióse siempre, desde su infancia,
por una contumacia excesiva, mucha violencia i accesos
de irritabilidad... La irritabilidad, escribe J. Falret,
constituye la particularidad dominante del carácter habi
tual de los epilépticos. Tratado De Vetat mental des
epileptiques.
Mas, Balmaceda era dominado por tan violentas pa
siones, tenia tanta de sangre, que con la mayor in
sed
diferencia se entregó, lo mismo que un reyezuelo afri
cano a mortificar a sus compatriotas! Los rasgos ca
racterísticos objetivos del tirano se aproximan mucho
a los del Melloni do Asylo de Ferrara, el cual fué obje
to de estudio para el doctor Bonfigli!
A muchos legos en la materia podrá parecer admi
sible que Balmaceda conserve aun su juicio sano i per
fecto después de la serie de diversos crímenes que có-
metió? cuando buscó por todos los medios a su alcance
la fuga.
Nada de estraño i singular, sin embargo, su conduc
ta actual, porque sus mismos actos
constituyen, cabal
mente, el estilo mental del epiléctico, sobre todo del
—
207 —
epiléptico en embrión, caso en que consideramos está
comprendido el tirano!
«Los epilécticos, según Delasiauve, en su Traite de
Vepilepsie, confiesan su crimen cometido, con tanta me
nor dificultad, cuanto que están seguros de que al ha
berlo ejecutado, solo han obrado en lejítima defensa, u
obedeciendo instinto involuntario.» I otro profe
a un
sor, cuyo nombre no recordamos, dice que la mayor
parte de los epilépticos, después de sus accesos crimi
nales de locura, vuelven á su mismo estado antiguo de
buen sentido i comportamiento, dejando la duda en
muchos espíritus respecto a la veracidad de su dolencia
mental.
En suma, hemos designado su lugar al sanguina
ya
riotirano, en la galería de los delincuentes epilépticos:
José Manuel Balmaceda, puede sentarse con su frente
erguida en la tercera categoría de esos infelices, sabia
mente clasificados por Blanche.
¿Merece o nó el castigo correspondiente a sus per
versos crímenes?
Nada nos importa decir a este respecto.
El castigo moral ya lo ha recibido de la Humanidad
con la maldición universal i eterna; el castigo físico
incumbe únicamente a sus compatriotas i a la justicia
chilena.
Merece, talvez, el castigo que se impuso el bandido
de Querétaro, que quiso esclavizar a Méjico, o talvez
el espacio comprendido entre los helados muros de un
manicomio. Balmaceda es un reo, reo peligroso, para
el cual es necesario inventar un castigo especial.
Dejamos el nombre de este feroz hombre, i que se
apiade de él la bondad del Dios misericordioso que pre
side los destinos de las naciones, %que ve distintamente el
fondo de su conciencia.
Itagiba.
ÍNDICE
Pija.
Dedicatoria m
Introducción v
I PARTE
X*A. DICTADURA
Prensa francesa.
Revue des deux mondes. (La guerra civil en Chile)
—
1
Le Fígaro. (Los blindados chilenos)
—
19
L'Autorité. (Durante el terror.
—
Carta de Chile)
—
22
Le Nouveau monde. (Francia i Chile)....,
—
26
La Republique Francaise (Chile)
— ■
29
Le Fígaro. (El Presidente Balmaceda)
—
32
La Justice. (Los asuntos de Chile. La elección del
—
—
señor Clau
dio Vicuña 35
Prensa inglesa.
The Times. —
(La revolución de Chile) 38
Prensa boliviana.
La Época. (Con Chile)
—
, 42
La Libertad. (La belijerancia)
—
44
Prensa norte-americana.
The Nation. —
(La situación en Chile) 46
27
—
210 —
II PARTE
XmA. o a. r r> a
Prensa inglesa.
Pájs.
The Daily News.— (La caida de Balmaceda) 53
The Times.— (La caida de
Balmaceda) 59
The Times.— (La. revolución de Chile) 63
Prensa francesa.
La Justice. (La guerra chilena)
—
67
L'Autorité. (La derrota de Balmaceda)
—
70
Le Soir— (El desenlace) 72
Le Temps. (La revolución de Chile i el triunfo de los
— cengresis-
tas) 74
La Petite Republique.— (En Chile) 78
Le Siécle. —
(La victoria de loa congresistas) 81
La Bataille. (Balmaceda, Boulanger exótico)
—
83
Le Petit National.— (La caida de Balmaceda) 85
Le Rappel. (Golpe de estado frustrado)
—
87
Prensa belga
U Independance belge. —
(La guerra civil en Chile) 90
Prensa italiana
II Diritto.-(El triunfo de la revolución, la victoria de Valparaiso) 92
La Tribuna.—{El triunfo) 94
La Nwva Antología. Revista de ciencias,
—
artes i letras. ('Reseña
Política) 97
Prensa alemana
Berliner Tagerblatt. (El triunfo del Congreso chileno)
—
100
Opinión de otros diarios alemanes 101
Prensa española
El Globo. (La guerra de Chile)
—
, 102
El Imparcial.--(Per&a del dia, Chile) 105
La Época. (Los sucesos de Chile)
—
107
Prensa norte amerioana
Pájs.
The New York Herald.— (ha. derrota de Balmaceda) 111
The Trubune.— (La revolución de 114
Chile)
Prensa brasilera
Gaceta da Noticias. (Crónica de la semana)
—
116
Jornal do Campiñas. (Salve a Chile)i
—
120
O'
Tempo. (La guerra chilena)
—
122
Prensa oriental
El Siglo. —
(La revolución chilena,) 124
Prensa arjentina.
La Prensa. (Hermoso espectáculo)
—
130
La Nación. (Triunfo definitivo de la revolución)
—
135
Id. (La primera figura militar de la revolución)
—
137
Id. (Papel de la marina')
—
139
La Tribuna. (Con motivo de la caida de Balmaceda)
—
142
El Heraldo. (Espléndido triunfo de la revolución chilena)
—
144
Sud América. (¡Adelante!
—
Guzman Blanco, Santos, Balmace
—
da i ) 147
Prensa venezolana.
El Radical. (Usurpador)
— 150
El Partido Democrático.—(Balmaceda) 153
III PARTE
El* SUICIDIO
Prensa inglesa.
The Times. —
(El suicidio de Balmaceda) 159
Prensa francesa.
Le Fígaro. —
(Los tiranos modernos) 164
'm
212 —
Prensa norte-americana. ,
•
Pájs.
The New York (Bilmaceda i Chile.-Orgullo i ambición) 169
Prensa colombiana.
La Situación. —
(Balmaceda) 172
Prensa peruana.
El Comercio. (El suicidio de don José Manuel
—
Balmaceda) 179
The Peruvian Mail. (Balmaceda)
—
183
"
Prensa 'boliviana'.
El Comercio. —
(Balmaceda) 185
Prensa arjentina.
LaPrensa. —
(El cadáver de Balmaceda) 187
APÉNDICE
Prensa brasilera.
Jornal do Campiñas. —
(Balmaceda) 195