Macbeth
WILLIAM SHAKESPEARE
Argumento
Macbeth y Banquo, generales del rey Duncan de Escocia, al regreso de una campaña
victoriosa contra los rebeldes (Rebelión de las 5 llagas), encuentran a tres brujas quienes
predicen a Macbeth que algún día será rey. Comienza la tentación al mejor estilo
demoníaco:
BRUJAS: Nos encontraremos después de que cese el trueno cuando se haya perdido y ganado la batalla
(…) En seguida lo hermoso es horrible y lo horrible hermoso: volemos a través de la niebla y del aire
corrompido. (Act I, Esc I)
Y la tentación es conocida como tal:
BANQUO: ¡Que oigo! ¿El diablo puede decir verdades?
MACBETH: Esta tentación sobrenatural lo mismo puede ser mala que buena.. Los temores presentes
son menores que esas terribles imaginaciones… (Act I, Esc III)
Las brujas recuerdan los tres enemigos del alma: la concupiscencia de la carne:
“degollando cerdos” (Act I, Esc III), la concupiscencia de los ojos: “y la vi. y le dije: dame” y el
orgullo de la vida: “como domino los vientos y conozco de donde soplan y se sus rumbos, soy dueña
de la rosa náutica” (Act I, Esc III) y siempre en su hablar ambiguo e intrincado.
Este, ambicioso, cuenta su aventura, por medio de una carta, a su no menos ambiciosa
esposa:
Lady Macbeth: “Dudo de tu naturaleza: está demasiado dominada por la dulzura de la afabilidad
humana para que te deje seguir la senda más corta (cf : pecado original): querrías ser grande, alientas
esta ambición, pero careces del instinto de maldad que debe acompañarla: lo que acaricias
ansiosamente, lo acaricias santamente; no está en tu ánimo obrar en falsía, y, no obstante, no
desdeñarías un triunfo injusto; quisieras, gran Gladis, ser dueño de aquello que clama a tus sentidos:
tienes que hacer lo que temes hacer y desearías que no fuera necesario que se hiciera. ¡Ven, date prisa
por llegar a mí, para que vierta yo mis bríos en tus oídos y aleje con el ímpetu de mis palabras todo lo
que te separa del áureo círculo con que el destino y la ayuda sobrenatural a un tiempo quieren
coronarte! (Act I Esc V)
Y la invocación que hace, bien se a comparado a una posesión diabólica:
Lady Macbeth: ¡Venid, espíritus que ayudáis los pensamientos asesinos, despojadme de mi sexo, y de
arriba abajo infiltradme la crueldad mas implacable! Prestadme sangre fría, detened el paso al
remordimiento para que ni un solo punto de compunción agite mi propósito sanguinario ni evite su
realización. ¡Acorredme, vosotros los ministros del crimen, dondequiera que en vuestra invisible esencia
os halléis esperando la perversidad, y convertid en hiel la leche de mis pechos! ¡Ven, negra noche, y
envuélvete como un sudario con el humo infernal más denso, para que mi vehemente puñal no vea las
heridas que causa, ni el cielo atisbe a través del manto de las tinieblas y me grite: ¡Tente, tente! (Act I
Esc V)
La parte central del drama lo pinta Shakespeare en el diálogo que tienen Macbeth y su
esposa, pues se ve la intención de Macbeth…
Macbeth; No debemos llevar más lejos este asunto (…) ¡Te ruego que te calles! Me atrevo a hacer todo
lo que nos hace hombres: quien se atreve a más, no lo es. (Act I, Esc VII) y la de su esposa quien lo
instiga: Lady Macbeth: ¿Temes ser en tus acciones y en tus impulsos el mismo que eras antes en tus
deseos? (…)¿ como un cobarde que supedita el “quisiera” al “no me atrevo”, lo mismo que el gato de la
fábula que se moría de ansias por atrapar un pez para comérselo, pero no quería mojarse las patas? …
He amamantado a una criatura y conozco las dulzuras de amar al ser que alimentamos. Pues bien: si yo
hubiera sido tan perjura a esos sentimientos míos como vos lo sois ahora a los que alentasteis, mientras
el tierno niño me sonreía le habría arrancado el seno de la boca y lo hubiese estrellado contra el suelo
para que le salieran los sesos de la cabeza. (Act I, Esc VII)
Macbeth: Decidido estoy (…) Adelante, y burlemos a todos con la apariencia más complacida. ¡Un falso
rostro ha de ocultar lo que siente un falso corazón! (Act I, Esc VII)
Y ayudado por ella, da muerte al rey Duncan cuando estaba de visita en su castillo e
imputan la muerte a dos hombres de compañía del rey .
Macbeth es coronado rey, pero temores y remordimientos le consumen:
Macbeth: Uno dijo “¡Dios nos bendiga!” y “Amen” el otro, como si hubiesen visto estas manos mías de
verdugo… Observando su terror, no pude contestar “Amen” (…) Pero ¿por qué motivo no pude
pronunciar el “Amen”? ¡Era yo quien más necesitaba la bendición, y el “Amen” se me ahogó en la
garganta! (Act II, Esc II) Creí oír una voz que decía: ¡No duermas más! ¡Macbeth asesina el sueño! ¡El
sueño, ese inocente sueño que desenreda la enmarañada madeja del desasosiego, que es muerte de cada
día de la vida, baño para las duras fatigas, bálsamo de los espíritus doloridos, seguro elemento de la
sabia naturaleza, alimento primordial del festín de la existencia(…) Temo reflexionar en lo que he
hecho, no me atrevo a imaginármelo otra vez (…) ¿De donde vienen esas llamadas? ¿Qué es lo que me
ocurre, que el menor ruido me aterra…? ¿Qué manos son esas que me arrancan los ojos? ¿Podría todo
el inmenso océano de Neptuno dejar limpias de esta sangre mis manos? ¡No! ¡Esta mano mía enrojecería
la mar innumerable tiñendo de encarnado lo verde de sus aguas! (Act II, Esc II)
Siempre presente la imagen de la luz: Ross: (…) ya ves en que forma los cielos, como si se
mostraran ofendidos por las maldades humanas, amenazan el escenario criminal en que se
desenvuelven: estamos ya en horas del día y no obstante, la oscuridad ahoga la luz. Esas tinieblas,
cuando debieran acariciarla los besos del sol ¿nos dicen que aún impera la noche, o son afrenta del día?
(Act II. Esc IV)
Macbeth no para hasta que decide asesinar a su amigo Banquo, otra vez en un díalogo
con su esposa: Macbeth: Mejor es que lo ignores cariño mío, hasta que puedas
aplaudírlo… ¡Acercate, noche cegadora, venda los tiernos ojos del despreciable día, y
con tu mano invisible y sangrienta desata y rompe en pedazos esa ligadura que me
ahoga! Va cerrando la oscuridad, y el cuerpo vuela en busca de su nidal; las hermosuras
de la luz se debilitan y empiezan a adormecer, en tanto que los funestos agentes de la
noche despiertan a su presa… Te maravillan mis palabras, pero contente por ahora: lo
malo ha comenzado a fortalecer con la maldad… (Act III, Esc II)
Consulta de nuevo a las brujas, quienes le aconsejan la violencia contra sus enemigos y
le aseguran que nada tiene que temer mientras el bosque de Birman no marche contra el.
Un tanto tranquilizado se desliza por la pendiente del crimen haciendo matar a la mujer
y a los vástagos de Macduff, un señor escocés que sostenía la causa de los hijos del rey
Duncan
Su propia mujer, Lady Macbeth, acaba suicidándose presa de remordimientos y loca.
Malcolm, hijo de Duncan, declara la guerra a Macbeth, quien se dispone a atacarle.
Macduff mata a Macbeth y Malcolm ocupa el trono de sus padres.