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Amor y redención en la pista

Este documento prohíbe la comercialización de la traducción realizada sin fines de lucro con el objetivo de promover la lectura de obras originalmente escritas en inglés. Reconoce los derechos de autor del escritor original y agradece a las traductoras y correctoras voluntarias por su trabajo.
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Amor y redención en la pista

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La presente traducción ha sido llevada a cabo sin ánimos de lucro, con el

único fin de propiciar la lectura de aquellas obras cuya lengua madre es el


inglés, y no son traducidos de manera oficial al español.

El staff de LG apoya a los escritores en su trabajo, incentivando la compra


de libros originales si estos llegan a tu país. Todos los personajes y
situaciones recreados pertenecen al autor.

Queda totalmente prohibida la comercialización del presente documento.

¡Disfruta de la lectura!
Créditos
Moderadora de Traducción
Dai

Traductoras
Kiki An Tángerine
Flor Dai
myr62 PawnBee
Another Girl Jessibel
Anavelam

Moderadora de Corrección
Lelu

Correctoras
Dai Flopyta
Jessibel

Lectura final
Jessibel

Diseño
Jessibel
Contenido
Sinopsis
Prólogo I
Prólogo II
1
2
3
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Epílogo I
Epílogo II
Agradecimientos
Sinopsis
India Harris no tuvo el mejor comienzo en la vida. Abandonada cuando era
una bebé, ella y su hermano gemelo, Kit, pasaron su vida en una casa de acogida,
teniendo solo al otro como apoyo. Luego, a una edad temprana, una relación con
el hombre equivocado dejó a India embarazada. Queriendo dar a su hijo la vida
que ella nunca tuvo, se puso a estudiar y se graduó con honores.

Ahora, a los treinta años, es una terapeuta muy respetada.

Leandro Silva, piloto de Fórmula 1, lo tenía todo, hasta que un accidente


en la pista lo dejó frente a la muerte. Tras doce meses de fisioterapia, Leandro
está físicamente capacitado para competir, pero su mente lo aleja de la pista.
Frustrado y enfadado, los días y las noches de Leandro se llenan de alcohol sin
límites y de mujeres anónimas.

Al entrar en el último año de su contrato, sabe que tiene que volver a correr
o perderá todo aquello por lo que ha trabajado durante toda su vida. Obligado a
hacer terapia para recuperar su vida, Leandro se encuentra en la consulta de la
doctora India Harris.

Enamorarse de su mojigata terapeuta no forma parte del plan de Leandro.

Tener sentimientos poco éticos por su paciente, el furioso piloto de


carreras brasileño, no forma parte del plan de India.

Pero, ¿y si la persona equivocada es la única que tiene razón?


Prologo I
India

Hace tres años…


Manchester, Inglaterra
Dos líneas rosas.

Vuelvo a comprobar las instrucciones.

Dos líneas rosas... embarazada.

No. Oh, Dios, no.

No puedo estar embarazada. No puedo. Sólo tengo diecisiete años. Vivo


en una casa de acogida. No puedo tener un bebé. Apenas puedo cuidar de mí
misma.

Está bien, India. Paul sabrá qué hacer.

Es mayor, responsable. Arreglará esto.

Pero nadie puede descubrir que estoy embarazada. Si alguien descubre


que Paul y yo hemos estado durmiendo juntos, estará en problemas. Un gran
problema.

Tengo miedo de decírselo. ¿Y si piensa que me quedé embarazada a


propósito?

Kit. Tengo que decírselo a Kit. Es mi hermano gemelo, mi mejor amigo. Él


sabrá cómo manejar esto.

Pero si Kit se entera de lo mío con Paul, matará a Paul. Mi hermano es


muy protector conmigo. Y puede que sólo tenga diecisiete años, pero es grande
para su edad.

Oh, Dios, qué lío.


Hay un golpe en la puerta del baño del hogar de grupo en el que vivo. No
hay paz en este lugar.

—¡Un minuto! —grito.

Con la mano temblando, vuelvo a meter la prueba en su caja, la meto en


el bolsillo de la chaqueta y cierro la cremallera. Tras lavarme las manos, tiro de
la cadena y abro la puerta.

Zara, la vaca más entrometida del mundo, está al otro lado.

—Estuviste ahí dentro durante mucho tiempo. ¿Qué estabas haciendo?

Me mira con desconfianza.

—Lo mismo que vas a hacer aquí.

Sin otra palabra, paso por delante de ella.

No puedo ir a mi habitación. Necesito salir de aquí.

Necesito hablar con Paul.

Hoy no está aquí. Debería estar en casa.

Iré a su piso.

Probablemente debería enviarle un mensaje de texto para decirle que voy


a ir a verlo. Siempre tengo que enviarle un mensaje para avisarle.

Le preocupa que la gente se entere de lo nuestro, así que dice que debo
asegurarme de que es seguro que vaya.

Pero ya nada se siente seguro.

Voy a tener un bebé.

Me las arreglo para esquivar a Kit cuando salgo del hogar grupal.

Tomo un autobús para el corto trayecto hasta el piso de Paul.

Me bajo y camino con piernas temblorosas hasta su casa y subo los dos
tramos de escaleras hasta su puerta.

Llamo al timbre.
No hay respuesta. Pero sé que está aquí porque su bicicleta está afuera
en el pasillo.

Vuelvo a llamar, pero nada.

Tal vez esté en la ducha y no pueda oírme.

Decido probar la puerta. Rara vez la cierra si está dentro.

Giro el pomo de la puerta.

Me permito entrar y me dirijo a la sala de estar.

No está.

O en la cocina.

Paso por el baño. No escucho el sonido del agua corriendo.

Entonces, oigo voces. En plural. Viniendo de su dormitorio.

Y mi corazón se hunde.

No. Por favor, no.

El miedo me llena como un veneno. Me cuesta recuperar el aliento. Mi


cuerpo empieza a temblar, mi corazón golpea contra mi caja torácica.

Me obligo a moverme y me sitúo frente a la puerta de su habitación. Con


una mano temblorosa, extiendo la mano y giro el picaporte.

Mi corazón hundido cae como una piedra.

Paul está tumbado en su cama. Está desnudo con una mujer a


horcajadas. Una mujer desnuda.

Claramente están teniendo sexo.

Jesús.

Mi mano se aferra a mi estómago. El dolor es tan fuerte que se extiende


al resto de mi cuerpo.

Las lágrimas llenan mis ojos.


Al instante me ve allí de pie y su rostro se queda en blanco. La sorpresa y
el miedo llenan sus rasgos.

Agarra a la mujer por los brazos, deteniéndola en su empeño.

Es entonces cuando vuelve el rostro hacia mí.

Entonces, veo que no es una mujer en absoluto.

Es una chica.

Una chica que conozco. Cassie. Ella vive en el hogar de grupo donde yo
vivo.

Y tiene catorce años.

La bilis sube a mi garganta.

Salgo a trompicones del piso al ritmo de los gritos de Paul.

Salgo corriendo del edificio y me dirijo directamente a la parada de


autobús, que afortunadamente está vacía. Me escondo alrededor de la parte
trasera de la marquesina del autobús, para que Paul no pueda verme.

Quito las lágrimas de mis mejillas.

Cassie. Sólo tiene catorce años.

¿Pero no tenía yo quince años cuando Paul empezó a acostarse conmigo?


Parecía tan romántico que un hombre me deseara entonces, pero ahora,
después de verlo con ella... me parece mal.

¿Por qué no lo vi entonces? ¿Por qué no vi la clase de hombre que es?

Ahora, estoy embarazada del hombre que trabaja en mi hogar de grupo.

Un hombre al que le gusta tener sexo con chicas adolescentes.

No puedo evitar vomitar.

Cuando llego al punto de vomitar en seco, intento estabilizar mi


respiración. Mi mente va a mil por hora.

Me alejo del hedor de mi propio vómito y me hago a un lado, sin ponerme


a la vista. Con la mano pegada al estómago, apoyo la espalda en la pared de mí
refugio. Saco lentamente mi teléfono del bolsillo y marco el número de la única
persona que tengo en el mundo.

Kit responde al primer timbre:

—¿Qué pasa?

Intuición gemela. Kit y yo siempre sabemos cuándo hay un problema


con el otro.

—Estoy en problemas.

Las lágrimas caen por mis mejillas.

—¿Qué tipo de problemas?

—Yo...yo… estoy embarazada.

Silencio.

Pero puedo escuchar su respiración en la línea.

—¿Kit?

—¿Dónde estás?

La decepción se extiende por su voz.

Me abre de par en par.

Se me escapa un sollozo. Respiro profundamente.

—Estoy en una parada de autobús.

—¿Dónde?

Contengo la respiración antes de hablar a continuación:

—La que está cerca de... el piso de Paul.

Más silencio.

No necesita decir nada. Lo escucho en ese silencio.

Así es como Kit afronta las cosas. No se enfada ni grita. Su silencio es su


ira, y lo dice todo.
—Voy por ti ahora.

Hay un filo apenas contenido en su voz.

—No te enfades conmigo, Kit. Por favor —sollozo.

—No estoy enfadado contigo, India.

Su voz es ligeramente más suave.

Pero siempre me llama Indy. Sólo me llama India cuando está enfadado
conmigo.

—Estoy enojado con ese hijo de puta. No, estoy más que malditamente
enojado. Estoy furioso. ¡Voy a matar a ese maldito pervertido!

—Kit... ¡no! ¡Por favor!

—Estoy llegando ahora, India. Y no te muevas de donde estás. Lo digo en


serio.

Entonces, se va y me quedo agarrando el teléfono en la mano. Le pido a


Dios que arregle esto al sentir que mi vida ha terminado.
Prologo II
Leandro

Hace un año…
Sao Paulo, Brasil
Cierro los ojos, recito en mi cabeza las palabras de mi héroe, el gran
Ayrton Senna, como siempre hago antes de cada carrera.

—Ser segundo es ser el primero de los que pierden.

Justo antes de subir a mi auto , rezo para que me funcione esta vez.

No puedo perder.

Tengo que ganar esta carrera.

Mis puntos han bajado, pero hoy estoy en la primera posición. Pero, aun
así Carrick Ryan, ese dolor en el trasero, podría ganarme de nuevo si no lo saco
de la bolsa hoy.

Puedo hacer esto.

Maldición, soy Leandro Silva, por el amor de Dios.

Soy el hombre que los hombres quieren ser.

Me pongo el casco y me deslizo en la cabina.

La concentración lo es todo en este momento.

Mi vida es malditamente genial. Y puedo hacerla aún mejor si me llevo el


trofeo a casa hoy.

Brasil me amará aún más si gano hoy.

Mi mecánico me entrega el volante. Lo fijo en su sitio.

Estoy listo para correr.


Hago un gesto con la cabeza para que mis mecánicos sepan que estoy
preparado. Las voces de mis oídos empiezan a hablar.
Salgo al carril y comienzo mi vuelta de calentamiento.

Entonces, estoy en posición de salida, junto con los otros pilotos.

Mi motor se acelera y estoy más que preparado.

Rojo...

Rojo...

Rojo...

Rojo...

Rojo...

¡Salir!

Piso a fondo el acelerador y empiezo a avanzar junto a los demás autos,


ganando tracción.

Muy pronto, estoy a la cabeza. Ryan me pisa los talones, pero si sigo así,
seré el ganador. Estoy seguro de que voy a ganar.

Ganar en mi país... nada mejor. Bueno, aparte de ganar el campeonato.

Llego a una curva. La atravieso.

¿Qué demonios? Se está acercando. No puedo girar.


¡Maldición! Tiro del volante, intentando girar, pero no cede, y otra curva se
acerca demasiado rápido.
Hay voces aterrorizadas en mis oídos. Saben que algo va mal, pero no
puedo hablar, estoy demasiado concentrado en lo que está ocurriendo en este
momento.

Vamos, cariño. Gira.

Haga lo que haga, el volante se atasca y no voy a girar a tiempo.

Oh, Dios.

Sé que no hay nada que pueda hacer.

Esto es todo. Estoy acabado.

La pared me ataca rápidamente. Cierro los ojos.


El impacto es tan duro como esperaba. Siento que mi cuerpo se hace
añicos.
Dolor... es insoportable.

Mi piel... arde.

Hay humo en mis pulmones.

No puedo respirar...

Oscuridad.
1
Leandro

Londres, Inglaterra
¿Alguna vez has sabido por qué estás en algún sitio, pero no estás muy
seguro de que sea el lugar adecuado?

Así es como me siento mientras estoy sentado en la sala de espera de mi


nueva terapeuta, la doctora India Harris.

Bueno, digo nueva porque es la primera vez que me reúno con ella.

¿Cómo demonios llegué a esto? ¿Cuándo me convertí en esta versión de mí


mismo? Un hombre que necesita ver a un terapeuta.

Por supuesto que sé la respuesta a esa pregunta.

El día de mi accidente. El día en que estuve a punto de morir.

Bueno, técnicamente, sí morí, pero los médicos lograron resucitarme.

La vergüenza.

A veces, me pregunto si habría sido mejor que no lo hubieran hecho.


Ahora, soy menos de la mitad del hombre que solía ser. Una versión de mí
mismo, que no puede subirse a un auto normal y mucho menos a mi auto de
carreras.

No puedo conducir. Y sin eso, no soy nada.

Ahora, tengo que ver a un maldito terapeuta como mi último intento de


volver a subirme a un auto.

Así que estoy aquí para ver a la doctora Harris porque aparentemente es
una de las mejores.

Ella me arreglará.
Una parte de mí está intrigada por ver si eso es posible porque sé lo
verdaderamente jodido que estoy. Y va a hacer falta un maldito milagro para que
vuelva el Leandro Silva de antes.

El Leandro por el que el mundo se pregunta qué demonios ha pasado.

¿Estoy aquí por elección? No.

Mi equipo me está obligando. Bueno, obligarme suena duro. No me


arrastraron hasta aquí, pateando y gritando. Estoy bajo contrato, así que
actualmente me pagan por no hacer nada.

Me siento con el trasero al aire, bebo y me acuesto con mujeres.

No trabajo por mi dinero.

En la última reunión, me dijeron, en términos inequívocos que, si no


sacaba la cabeza del trasero y empezaba a competir de nuevo, mi contrato no se
renovaría.

Tiene sentido. ¿Quién querría gastar millones de libras en un piloto que


no sabe correr?

Mi madre no me dejaría correr nunca más.

Pero mis colegas y amigos creen que es hora de que arregle mis cosas.

En particular, mi amigo (una persona a la que, hace doce meses, nunca


habría pensado que llamaría amigo) Carrick Ryan. Antes era mi rival, ahora es,
sorprendentemente, mi mejor amigo.

Después de mi accidente, él y su entonces novia y ahora esposa, Andi,


vinieron a visitarme al hospital en Brasil.

Cada vez que volvían a Brasil para visitar a la madre de Andi o para asistir
a una carrera de Carrick, lo que ocurría regularmente, venían a verme.

Entonces, Carrick y yo empezamos a hablar por teléfono.

Cuando me di cuenta de que no era el imbécil que creía que era, nos
hicimos amigos.

La doctora Harris es la terapeuta de Andi. Ella me recomendó a la doctora.


Andi ha estado viéndola para lidiar con sus temores sobre las carreras de
Carrick, que están relacionadas con la muerte de su padre en una carrera
cuando ella era pequeña. Su padre murió delante de ella. Eso la arruinó mucho.

Tanto Andi como Carrick me aseguran que la doctora Harris podrá


ayudarme.

De ahí que mi trasero esté en esta silla de su sala de espera.

Impaciente, miro el reloj y golpeo con los dedos el brazo de la silla.

Mi cita debió comenzar hace cinco minutos.

Odio esperar.

Esperaré cinco minutos más y luego me iré de aquí.

Mis ojos se dirigen a las revistas de la mesa. Una revista de deportes


sobresale entre las revistas de moda. Me inclino hacia delante y la saco,
deseando al instante no haberlo hecho.

En la portada de la revista hay una foto mía con la leyenda: Cómo es el


lado malo de la Fórmula 1.

Muy bien.

Así que, ahora, soy el lado malo de la Fórmula 1. Es bueno saberlo.

Ya sé lo que los medios de comunicación dicen de mí. Cómo he pasado de


ser un gran corredor a ser un borracho y una puta.

No se equivocan en lo de puta. Bueno, puta es un poco duro. No cobro por


mis servicios. Y yo no diría que soy un borracho. Sólo me gusta beber mucho.

No debería leer el artículo. Lo sé, pero la parte sádica de mí me hace pasar


esas páginas.

Mis ojos escudriñan el texto cuando encuentro el artículo y elijo la mierda


de siempre.

¿Por qué ya no corre Silva? Físicamente, está sano. ¿Son problemas


mentales? ¿Miedo a correr por su accidente? ¿Es por eso qué bebe, ahogando su
miseria en el alcohol? Es una pena que un piloto que fue grande caiga en desgracia
de forma tan dramática.

La frustración y la rabia atenazan mi pecho como una prensa hidráulica.


Al diablo con esto. No necesito esta mierda.

Aunque no pueda correr, no es algo que necesite.

No necesito correr. Sólo necesito beber y follar. Eso es todo lo que necesito
ahora. Todo lo que necesitaré siempre.

Mentiroso.

Soy un mentiroso y un cobarde. Y por eso estoy sentado en la sala de


espera para ver a una terapeuta.

Tal vez necesito ayuda.

Arrojo la revista de nuevo sobre la mesa, me pongo de pie, dispuesto a


abandonar este lugar, justo cuando la puerta se abre, revelando el epítome de lo
que realmente podría ser un polvo ahora mismo.

Mis ojos suben por las piernas bronceadas y tonificadas hasta la falda
lápiz ajustada que me encantaría subir para ver el magnífico coño que apuesto
hay debajo. Una blusa rosa pálido está metida dentro de la falda, cubriendo lo
que parece un par de senos de tamaño fantástico. Una sedosa melena rubia se
posa sobre sus hombros. Un cabello en el que disfrutaría enredando mis manos
mientras me follo esos labios rojos y brillantes, disfrutando de ver ese pintalabios
manchando mi polla.

Mi polla palpita en mis vaqueros, más que dispuesta a proponerle la


oferta.

—Señor Silva. —Da un paso adelante—. Soy la doctora Harris. Pero por
favor, llámeme, India.

¿Es la doctora Harris?

Esta mujer a la que quiero levantar la falda y follar es mi nueva terapeuta.

Bueno, eso es genial. No es que pueda follarme a mi terapeuta.

Pongo mi polla en espera y le brindo mi mejor sonrisa, la que siempre hace


que las bragas caigan al suelo, mientras digo:

—Y tú puedes llamarme Leandro.

—Leandro. De acuerdo.
Veo un claro rubor en sus mejillas. El mismo rubor que veo en todas las
mujeres que quieren follar conmigo.

Basta ya. Es tu terapeuta.

Todavía no lo es. Esta es sólo mi primera sesión para ver si nos gustamos.

Puede que no.

¿A quién quiero engañar? Definitivamente me gusta. Bueno, me gustaría


hasta que me corriera, y luego no querría volver a verla.

¿Realmente quiero fastidiar la obtención de ayuda de un terapeuta


brillante por un polvo que puedo conseguir con otra persona más adelante?

—Me disculpo por llegar un poco tarde a nuestra cita.

—No hay problema.

La sigo a su consultorio.

El consultorio del terapeuta estándar, todos los colores neutros y la


sensación de la calma misma. No es que haya estado en la oficina de un
terapeuta antes.

—Por favor, toma asiento. —Señala un asiento de aspecto cómodo


mientras se sienta en otro a unos metros delante de mí con una mesa de centro
separándonos—. ¿Te gustaría tomar algo antes de empezar?

—No, estoy bien. Gracias —digo con los ojos pegados a sus piernas, que
acaba de cruzar.

Se aclara la garganta y arrastro mis ojos hacia los suyos.

Se inclina, toma un block de papel manila y lo deja sobre su regazo.

—Esta es nuestra reunión de presentación. Me servirá para conocerte un


poco y saber en qué necesitas ayuda. Te permitirá conocerme y ver si encajamos
bien juntos, si crees que puedo ayudarte.

Definitivamente encajaríamos bien. Ella desnuda, yo dentro de ella.

Creo que encajaríamos perfectamente.


—Tomaré notas, si te parece bien. A algunos terapeutas les gusta grabar
las sesiones, pero yo prefiero lápiz y papel.

—Bien. Lo que sea.

Le brindo una pequeña sonrisa, para no quedar como el imbécil que soy.

Me devuelve la sonrisa, con los ojos puestos en los míos.

Siento esa sonrisa hasta mi polla.

Mira hacia otro lado, hacia el block. Al abrirlo, recoge un bolígrafo de la


mesa y lo sostiene sobre el papel que tiene delante.

—Entonces, ¿empecemos con la razón por la que estás aquí?

Decirle por qué estoy aquí.

Estoy aquí porque mi vida está jodida. Jodida por un accidente.

No quiero sonar como un marica quejumbroso para nadie, pero sé que,


para mejorar, tengo que confesarle mi mierda a esta mujer.

—Tuve un accidente.

Mi voz es monótona.

Asiente con la cabeza mientras empieza a escribir.

—En la pista. Soy un piloto de carreras.

—¿Tuviste lesiones importantes por el accidente?

Sus ojos se encuentran con los míos. Me mira como si no lo supiera, y sus
palabras suenan como si no lo supiera.

Pensaba que el mundo lo sabía todo sobre mí.

Tal vez ella no.

El conocimiento me relaja un poco y, de la nada, me encuentro con ganas


de contarle todo a esta mujer.

Mis mayores temores. Mis arrepentimientos. El desprecio que siento por


mis propias debilidades.
—Sí —respiro profundamente—. Mis dos piernas estaban rotas. Mi
muñeca estaba destrozada. Tenía numerosas costillas rotas. Pero esas heridas
fueron la parte fácil. —Esbozo una sonrisa sardónica— Lo peor fue... una
fractura por una explosión en mis vértebras inferiores y un hematoma subdural.
—Me doy un golpecito en la cabeza, donde la cicatriz queda oculta bajo mi cabello
crecido—. Estaba en la mesa de operaciones con la cabeza abierta cuando mi
corazón dejó de latir. —Respiro profundamente—. Estuve técnicamente muerto
durante un minuto.

—¿Y cómo te sientes, sabiendo que estuviste muerto?

Levanto un hombro en un medio encogimiento, como si no importara. Sí


importa.

—No lo sé. Pero sí sé cómo no me hace sentir.

—¿Y cómo es eso?

—Vivo. Sé que ahora debería sentirme más vivo que nunca. Pero no lo
hago.

—¿Por qué?

—Porque no puedo correr. Sin las carreras, no soy nada.

—¿Estás seguro de que eso es cierto?

—Si no lo fuera, no estaría aquí.

Deja de mirarme y se queda observando las palabras que ha escrito.

—¿No has corrido desde el accidente?

—No.

—¿Eres físicamente capaz de conducir un auto? ¿Tus lesiones no lo han


impedido?

—No, no lo han hecho. Pasé un año en rehabilitación, asegurándome de


que podría volver a subirme a un auto.

Y ahora, no puedo porque soy un maldito cobarde.

—Entonces, no es tu cuerpo el que te impide correr. Es tu mente.


—No estaría aquí si no fuera así.

No es mi intención maldecir ni enojarme, pero no puedo evitarlo. Y


tampoco voy a disculparme por ello, porque soy un imbécil.

Sus ojos se encuentran con los míos, con una mirada fija.

—¿Qué te parece viajar como pasajero en un auto? ¿Qué te hace sentir?

—Me las arreglo.

Sólo.

—¿Es el mismo nivel de ansiedad que cuando has intentado conducir?

—No. Un poco menos. No tan malo.

—¿Sufres de ataques de ansiedad?

Frunzo el ceño.

—Solo cuando intento conducir un auto —murmuro en voz baja.

Admitir que tengo ataques de ansiedad no es fácil para mí.

Vuelve a garabatear sobre el papel. El arañazo del bolígrafo me está


distrayendo. Eso, sus malditas piernas y sus senos, que suben y bajan con cada
respiración que hace.

No quiero hablar más. Sólo quiero follarla y no pensar en ninguno de mis


problemas. Enterrarme tan profundamente dentro de su cuerpo hasta que ella
sea todo lo que pueda pensar, sentir y ver.

—Ahora que ya no compite, ¿a qué dedicas tu tiempo?

Dejo escapar una dura carcajada.

—¿Quieres la versión brillante o la versión real?

—Honestamente. Aquí sólo quiero que me digas la verdad. Si no te sientes


capaz de hacerlo en este momento, está bien. Pero nada de mentiras. No puedo
ayudarte si me mientes.

—De acuerdo. —Suelto un suspiro—. ¿Cómo paso mis días?


Arrepintiéndome del día anterior, echando de menos mi vida de antes del
accidente, y resistiendo la resaca. Luego, salgo a un bar, me emborracho y me
enrollo con una mujer. La llevo a un hotel, a su casa, a un callejón, al baño de
un bar, a cualquier sitio, y me la follo. Luego, hago exactamente lo mismo al día
siguiente y al siguiente.

Es la primera vez que expongo mi vida así a alguien.

Y no se inmuta. Supongo que debe escuchar todo tipo de mierda.

—¿Aún crees que puedes ayudarme?

Le dirijo una mirada desafiante.

—Sí. —Me mira fijamente—. Bebes para disimular lo que sientes. Estoy
segura de que no necesitas que te diga que es una mala idea. El alcohol... ¿eres
adicto?

—Directo al grano.

Me río, pero es extraño, incluso para mis propios oídos.

Hacía tanto tiempo que no me reía de verdad que no recordaba el sonido.

Descruza las piernas. Mi atención se dirige inmediatamente a ellas. Tiene


unas malditas piernas estupendas. Y lleva medias. Me pregunto si hay un liguero
bajo esa falda.

—Siento si eso te ofende, pero es mi forma de hacer las cosas. Puede que
te pregunte cosas que te incomoden. No tienes que responder, pero me ayudará
a ayudarte si lo haces.

—No.

—¿Estás seguro?

—Estoy seguro. No soy un alcohólico.

—La idea de no volver a beber, ¿cómo te hace sentir?

Lo pienso por un momento.

—No me hace sentir nada.

No es que algo me haga sentir más.

—Aun así, recomendaría ver a alguien sobre la bebida. Conozco un gran


grupo que se ocupa de las sustancias...
—No soy un alcohólico —interrumpo—. Puedo tener problemas, pero ese
no es uno de ellos.

Me mira con atención.

—De acuerdo. Lo archivaremos... por ahora.

Deja el bolígrafo sobre el block en su regazo y me mira.

Sus labios rojos están ligeramente separados, y lo único que se me ocurre


hacer es untarle ese carmín por toda la boca mientras la beso.

—Nuestro tiempo está a punto de acabarse. La primera sesión siempre es


corta. La próxima vez, tendremos una hora completa para hablar.

Sé lo que prefiero hacer en sesenta minutos con ella, y no implica hablar


mucho.

Pero ella es la mejor, y yo necesito mejorar.

—¿Hay algo más de lo que quieras hablar antes de que terminemos esta
sesión? ¿Algo que creas que deba saber?

Quiero follar contigo.

—No. En realidad, sí. —Me rasco la nariz—. Tengo que volver a la pista en
enero, a mediados de enero como muy tarde, para poder prepararme para el
inicio de las carreras del Prix en marzo.

Pone su bloc de notas y su bolígrafo sobre la mesa mientras mira el


calendario de la pared, que actualmente está en el mes de noviembre.

—Eso nos da tres meses. Tres y medio, por mucho.

—¿Es imposible?

La parte débil de mí quiere que diga que sí, para que mi cobarde tenga una
salida. Lucho contra ello.

—No. Me gustan los retos. —Sus labios se levantan en una suave sonrisa,
haciéndome sonreír—. Pero esto significa un tratamiento intensivo. Tendré que
verte al menos tres veces por semana. ¿Estás dispuesto a ello?

Flexiono mis dedos desde el puño en el que estaban curvados.


—Estoy dispuesto a ello.

—De acuerdo. —Aplaude y se levanta de su asiento—. Sadie, mi


recepcionista, se pondrá en contacto contigo mañana para programar tus citas.
Las reservamos en partes para tratamientos intensivos.

—De acuerdo.

—Así que te veré en unos días, Leandro, y podremos empezar a ponerte en


marcha para que vuelvas a correr.

La sigo hasta la puerta, observando cómo se balancea su trasero mientras


se mueve. Se dirige a una puerta diferente por la que entré.

—Esta es la puerta de salida —explica—. Siempre hago que mis pacientes


salgan por esta puerta y no por la que entraron, ya que suelo tener otro paciente
esperando para verme. La mayoría de la gente prefiere el anonimato, como
imagino que tú también.

Mantiene la puerta abierta para mí, permitiéndome pasar.

Me doy la vuelta para mirarla.

—Esto no puede salir en la prensa —digo.

Ella me sonríe desde el otro lado.

—Todo lo que me digas nunca sale de esta habitación. Estás a salvo aquí.

Le hago un gesto con la cabeza.

—De acuerdo. Bueno, nos vemos en unos días.

Al girarme, escucho que la puerta se cierra tras de mí y bajo corriendo las


escaleras. Salgo por la puerta del fondo que me lleva a la calle.

Respiro el aire fresco y deslizo una mano por el cabello.

Entonces, saco mi móvil del bolsillo y marco.

Ni siquiera le doy la oportunidad de hablar. Sólo escucho el chasquido de


que contestó antes de empezar a hablar:

—¿Por qué demonios no me dijiste que tenía ese aspecto? —gruño por
teléfono a Carrick.
—Hola a ti también. ¿Y qué aspecto tenía quién?

Hay risas en su voz.

Bastardo.

—Sabes exactamente a quién me refiero. A la doctora Harris, cara de


mierda —mi polla empieza a endurecerse con sólo pensar en ella.

Jesús. ¿Qué demonios soy ahora? Un adolescente que se empalma con una
mujer atractiva.

¿A quién quiero engañar? No es atractiva. Es preciosa.

—No tengo ni idea de lo que estás hablando.

—Deja de ser un imbécil. Sabes exactamente de lo que estoy hablando.


Puede que estés azotado por un coño y tengas visión solo para Andi, pero
reconoces a una mujer buena cuando la ves. Podrías haberme avisado.

—Lo siento, pero ese pensamiento ni siquiera se me pasó por la cabeza.


Sí, tiene un aspecto decente, pero no es mi tipo. Nunca pensé que quisieras
tirártela. En realidad, olvídate de eso. Te tiras cualquier cosa en este momento,
así que realmente, mi advertencia estaba ahí cuando te dije que era una mujer.

—No es divertido, idiota.

—Me encanta cuando me hablas sucio.

—Vete a la mierda.

Se ríe a carcajadas.

—Dejando de lado el deseo de follar con la doctora Harris, ¿cómo fue? Es


buena, ¿verdad? Ha ayudado mucho a Andi.

—Sí, es buena, supongo.

—¿Así que cree que puede ayudarte?

—Eso es lo que dice.

Eso, si no me la follo primero y lo arruino.


2
India

Londres, Inglaterra
Aliviada de estar en casa, abro la puerta principal, con las cajas de pizza
en la mano.

—Estoy en casa —digo.

—En la cocina —dice Kit.

Me quito los tacones y me dirijo a la cocina.

Kit y el amor de mi vida, Jett (mi niño que ya no es un bebé) están sentados
alrededor de la mesa, jugando a un juego de cartas.

—Hola, cariño.

Beso la parte superior de la cabeza de Jett mientras coloco las pizzas en


la mesa.

—Hola, mamá. ¿Has tenido un buen día?

Sonríe.

Esa sonrisa, esos ojos azules. Hacen que los días más largos merezcan la
pena.

—Sí. Bueno, pero largo.

—Trabajas demasiado.

Kit alborota cariñosamente el cabello y veo que tiene una cerveza en la


mesa y Jett una Coca-Cola. Tomo una copa de vino del armario y la lleno con
uno blanco que abrí ayer. Las cajas de pizza ya están abiertas y siendo devoradas
antes de que vuelva a la mesa con mi copa de vino y unas servilletas de papel en
la mano.
Le lanzo una servilleta a Kit y le doy una a Jett. Tomo asiento junto a él y
agarro un trozo antes de que se acabe.

Kit puede comer una pizza por sí mismo, y Jett tampoco está lejos de poder
hacerlo.

A los doce años, tiene mucho de mi hermano y de mí, y por suerte, nada
de su padre. No es que lo quisiera menos si lo tuviera. Me alegro de que no haya
nada de ese hombre en él.

Jett es un Harris hasta la médula. Tiene nuestro cabello rubio, ojos azules
y la complexión de Kit. Yo mido 1,65 y mi hijo ya es más alto que yo. Creo que
va a alcanzar el 1,80 de Kit, y no me sorprendería que Jett lo superara.

Mi hermano es un bastardo guapo, y lo sabe. Jett es su doble, así que


preveo un montón de corazones rotos en su futuro. Kit deja un rastro de ellos a
su paso. Estoy intentando enseñar a Jett a tratar a las mujeres con más respeto
que mi hermano.

El trabajo de Kit lo expone a muchas mujeres hermosas. Es modelo.

Cuando Jett tenía unos meses, Kit empezó a hacer de modelo a tiempo
parcial para ganar más dinero cuando no trabajaba en la construcción por
temporadas. Su dinero me ayudaba a pagar las facturas. De la indemnización
que había recibido de los tribunales tras lo ocurrido con el padre de Jett, no me
quedaba mucho después de pagar la casa y utilizar el resto para pagarme los
estudios mientras también trabajaba a tiempo parcial en un supermercado.

Le debo todo a mi hermano. Ha sacrificado tanto por Jett y por mí.

Con el paso del tiempo, Kit ha conseguido campañas más grandes, algunas
que lo llevan fuera del país, pero siempre hacemos que funcione para
asegurarnos de que uno de nosotros esté aquí para Jett. Si un trabajo no se
ajusta a nuestros horarios, Kit no lo acepta. Ahora está en una posición en la
que puede elegir sus trabajos.

Dejo mi pizza sobre la servilleta y le doy un trago a mi tan necesitado vino.

Después de mi sesión con Leandro Silva, que fue definitivamente


esclarecedora y muy interesante, recibí una llamada frenética de Sarah, otra de
mis pacientes. Ella está pasando por un momento muy difícil en este momento.
Hace tres años, Sarah rompió con su novio. La acosó durante meses y
una noche entró en su casa mientras dormía y la violó en su cama.

Fue a la cárcel por su crimen. Pero ahora está en libertad condicional


después de cumplir sólo la mitad de su condena, y ella está luchando para hacer
frente a ese hecho.

He estado tratando a Sarah desde la violación, y ella estaba llegando a un


buen lugar en su vida y finalmente avanzando. Entonces, su liberación, que fue
un shock para ella, la ha hecho retroceder kilómetros.

Tiene miedo de salir de su casa, por temor a verlo. Le aterroriza que él


pueda volver por ella, aunque haya una orden de alejamiento. Tiene ese miedo,
y la entiendo.

Tardé una hora en convencerla por teléfono y tuve que prometerle que iría
a su casa a primera hora de la mañana para una cita presencial. Con mi agenda
llena de citas, tendré que ir una hora antes. Pero no hay muchas cosas que no
haría por mis pacientes.

—¿Cómo fue con el nuevo paciente hoy? —pregunta Kit.

Solo de situaciones raras, así como si estoy aceptando un nuevo paciente,


no hablo con Kit o Jett sobre mis pacientes ni les digo quiénes son.

—Estuvo bien.

—¿Crees que puedes ayudarlo o ayudarla? —pregunta Jett.

Le sonrío.

—Sí, seguro que sí.

Menos mal que no les digo quiénes son mis pacientes, o Jett tendría una
crisis. Está obsesionado con la Fórmula 1.

Si se enterará que estoy tratando a Leandro Silva (y peor aún de que había
estado tratando a Andressa Ryan, la esposa de Carrick Ryan) me molestaría
hasta que le permitiera conocerlos.

Sin embargo, Leandro Silva es un juego completamente distinto.


Por supuesto que sabía que era guapo, pero verlo en persona me expuso
a su belleza real, y me hizo perder el equilibrio por un momento. Entonces, me
puse en modo profesional. No soy más que profesional.

Pero sólo escuchar hablar de su accidente, de cómo casi había muerto, de


lo que estaba pasando ahora...

No me malinterpreten. Escucho todo tipo de historias desgarradoras de lo


que la gente ha soportado, pero escucharlo a él me tocó una fibra sensible de
una forma que no lo hace mucha gente.

—Entonces, ¿cómo fue la escuela hoy? —pregunto a Jett.

Dirige una mirada a Kit, quien le sonríe y asiente.

—¿Me estoy perdiendo algo aquí?

Miro entre los dos.

—Me eligieron para el equipo.

Jett me dedica una sonrisa tímida.

—¿Lo hicieron? Es una noticia increíble. —Lo rodeo con mis brazos,
abrazándolo. Inclinándome hacia atrás, miro su rostro—. Creía que iban a elegir
el equipo la semana que viene.

—Lo adelantaron.

Además de ser un loco de la Fórmula 1, a mi hijo le encanta el fútbol. Y


lo han elegido para el equipo del colegio.

—¡Tenemos que celebrarlo! —Exclamo—. Saldremos este fin de semana,


haremos algo.

—Suena muy bien. De todos modos, tengo que ir a terminar mis deberes.
Tengo que mantener mis notas altas, o me echarán del equipo incluso antes de
empezar.

Estoy a punto de protestar para que se termine la cena cuando veo que ya
se ha comido la mitad de la pizza y se lleva otro trozo.

Se levanta y besa mi mejilla.

—Subiré a verte antes de dormir.


Acaricio cariñosamente su mejilla.

Me como mi trozo de pizza, que se ha enfriado considerablemente.

Kit se levanta de la mesa y saca otra cerveza de la nevera. Trae la botella


de vino y llena mi copa.

—Gracias. —Sonrío, y luego se desvanece un poco—. ¿Por qué Jett no me


llamó para decirme que había entrado en el equipo?

—Quería esperar hasta verte.

—Bien. —Suelto un suspiro—. Ojalá hubiera llegado antes a casa para


enterarme.

Me siento un poco desinflada, odiando que no esté siempre aquí para estas
cosas y que Kit sí lo esté.

Desde el día en que me enteré de que estaba embarazada, Kit cuidó de mí.
El día que nació Jett, Kit se convirtió en la figura paterna de su vida, y ha estado
aquí desde entonces.

Estaré siempre en deuda con él por eso.

Cuando Jett era un bebé, supe que quería darle todo lo que Kit y yo nunca
tuvimos en la vida. Así que tomé la decisión de ir al colegio y luego a la
universidad. Ser madre soltera no me lo puso fácil, así que entre Kit y yo lo
hemos criado y, con el paso de los años, las exigencias diarias de mi trabajo han
hecho que Kit esté más cerca de las cosas importantes del colegio que yo.

—Entonces, ¿vienes a celebrarlo con nosotros este fin de semana, o tienes


una cita caliente?

Me burlo de mi hermano.

Es un ligón en serie. En realidad, ligón es probablemente generoso. Apenas


puede quedarse con la misma chica por más de un día. No es que yo sea nadie
para juzgar. No he tenido una relación seria, en.... bueno, nunca. Y nunca he
estado enamorada. No del tipo real.

Mi amplia formación psicológica podría decirte exactamente por qué Kit y


yo somos como somos en lo que respecta a las relaciones, pero prefiero no
ahondar en mi propia psique, ni en la de mi hermano.
—No tengo citas, Indy. Ya lo sabes.

Sonríe descaradamente.

—¿Tal vez deberías intentarlo y conseguir una novia estable?

—¿Como tú y el doctor Aburrido? —Toma un sorbo de cerveza.

Lo miro con el ceño fruncido.

El doctor Aburrido... quiero decir, Dan es el chico con el que estoy saliendo
actualmente. He estado saliendo con él durante dos meses. Kit no piensa mucho
en él.

—Realmente me gustaría que no lo llamaras así. —Suspiro—. Jett lo llama


así ahora por tu culpa.

—Jett lo llama así porque Dan es muy aburrido.

—Jett no lo ha conocido, así que no tiene ni idea de que Dan es aburrido...


quiero decir, ¡si es aburrido o no! —muerdo.

Kit se ríe a carcajadas.

—¡Y no lo es! No es para nada aburrido —digo, cruzando los brazos a la


defensiva—. Es bastante interesante, de hecho.

—¿Ah, sí? —Kit levanta la ceja—. Entonces, cuéntame un hecho


interesante sobre él.

Maldición.

Vamos, India. Tiene que haber algo interesante sobre Dan...

—Él, mmm... él es, um...

Con su satisfactoria victoria, la sonrisa de Kit se profundiza mientras sus


brazos se cruzan sobre su pecho, recostándose en su silla.

Kit no ganará esto.

Dan no es aburrido. Es simpático. Bueno. Seguro.

—Le gusta... ver Breaking Bad —lanzo una mirada satisfactoria,


agarrando mi trozo de pizza y dándole un mordisco.
—Vaya. Jesús, estaba tan equivocado con él, Indy. El tipo vive al límite.

Le doy un tirón de orejas.

—Deja de ser un imbécil.

Kit se ríe.

—Puedes hacerlo mejor que él.

—Dan es amable conmigo.

—También el cartero.

—¿El cartero? ¿De qué demonios estás hablando? —exclamo,


desconcertada.

—Estoy hablando de que juegas a lo seguro con el doctor Aburrido. Lo


entiendo, Indy. Lo entiendo. Te hirieron terriblemente, pero fue hace mucho
tiempo. Y quiero que seas feliz. No serás feliz saliendo con tipos aburridos como
Dan.

—Agradezco tu preocupación, pero soy feliz como estoy.

—Estás segura y cómoda.

—¿Y qué hay de malo en que esté segura y cómoda? —frunzo el ceño.

—Es aburrido.

—Sí, bueno, mira lo que me pasó la última vez que perseguí la emoción.

—Lo sé. —Suelta un suspiro, como si estuviera exhalando el pasado—.


Pero eso fue hace trece años. Ahora eres una persona diferente. Y puedes hacerlo
mucho mejor que el doctor Aburrido, Indy. Te mereces algo mejor.

No sé por qué, pero un destello del rostro de Leandro Silva pasa por mi
mente.

Dejo a un lado la idea y miró fijamente a mi hermano. Mi corazón se hincha


por él, aunque me irrite con su intromisión en mi vida amorosa, pero sé que lo
hace porque se preocupa por mí.

—Sé que sólo te preocupas por mí. Pero lo que tengo con Dan funciona...

—Lo que tienes es aburrimiento —sonríe, volviendo a ser juguetón.


Levanto mi dedo medio de nuevo.

—De todos modos, ¿qué hay de ti?

Me inclino hacia adelante, envolviendo mis manos alrededor de mi copa.

Le parece bien comentar los hombres con los que salgo, pero al menos yo
salgo. Lo que él hace apenas constituye una cita.

Nunca ha tenido una novia estable. A veces, una parte de mí se preocupa


de que sea por Jett y por mí.

—¿Qué hay conmigo?

Vuelve a inclinar su botella, dando un trago.

—¿Por qué no te has asentado?

—¿Me has visto? Hay demasiado bueno en mi para no compartirlo.

Mi hermano es un cabrón guapo, y lo sabe. Pero también es una gran


persona con un corazón increíble, y sólo deseo que comparta eso con alguien.

—Creo que deberías intentar salir con una sola chica. Probarlo. Ver cómo
te va. ¿Qué hay de la modelo con la que saliste la semana pasada? ¿Tanya?
Parecía agradable.

—Ella era agradable. Y no salimos, Indy. Fuimos a su casa. Nos


desnudamos. Me quedé tres horas. Me corrí. Se corrió varias veces. Luego, volví
a casa.

—¡Uf, Kit! ¡Jesucristo! Demasiada información para mí, gracias.

Sé que lo ha hecho como desviación, así que no seguiré presionando.

Se echa a reír, mientras deja su botella sobre la mesa.

—Entonces, ¿el doctor Aburrido se unirá a nosotros este fin de semana


para celebrar la incorporación de Jett en el equipo?

—No. No estoy lista para que Jett lo conozca todavía.

Kit levanta una ceja cómplice.


—Pronto. —Tal vez. No estoy muy segura de que Dan sea el hombre al que
le presentaré a Jett—. Pero quiero que seamos sólo nosotros tres, una
celebración familiar.

—Noche familiar. Me parece bien.

Se inclina sobre la mesa y choca su botella con mi copa.


3
Leandro

Londres, Inglaterra
Me despierto con un sobresalto. El sonido del metal aplastado resuena en
mis oídos, el calor de las llamas en mi cuerpo, el humo que obstruye mis
pulmones.

El pánico se apodera de mí.

Los parpadeos rápidos llevan mis ojos al techo blanco antes de


desplazarlos por las paredes.

Estoy en una cama.

Veo que estoy en lo que parece una habitación de hotel.

Mientras deslizo las manos por mi rostro, un fuerte latido se apodera de


mi cabeza, y el sabor del alcohol de la noche anterior se hace patente en mi
lengua que parece papel de lija.

Este no es un comienzo de día inusual para mí.

Mi vida.

Mi nauseabunda vida.

Me doy la vuelta y veo la cantidad de envoltorios de preservativos que hay


en la mesilla de noche, lo que habla de una buena noche.

Sin embargo, no me siento bien.

Después de ver a la doctora caliente ayer, no podía quitarme de la cabeza


la idea de follármela. Estaba inquieto y excitado. En lugar de ir a casa después
de mi cita, fui a un bar. Evidentemente, me emborraché y me enrollé con quien
está acostada a mi lado.
Me levanto sigilosamente de la cama para no despertar al cuerpo que está
a mi lado. Me pongo la ropa, meto los pies en los zapatos, saco la cartera, las
llaves y el teléfono del escritorio, los meto en mi bolsillo.

Luego, salgo tranquilamente de la habitación.

¿Un acto de mierda? Sí.

Pero hoy en día no soy precisamente un chico que se mantenga firme, y


no estoy de humor para la conversación de la mañana siguiente que sin duda se
produciría.

Bajo en el ascensor y me dirijo a la recepción.

Tras pagar la habitación, salgo del hotel para tomar el aire de la mañana
y llamo a un taxi.

No tardó mucho en llegar a casa. Pago al conductor y entro en mi casa.

El silencio resuena en mí.

Recojo el correo del tapete y lo dejo en la mesa del pasillo sin mirarlo. Me
dirijo a la cocina y veo que el teléfono de la casa parpadea con unos cuantos
mensajes.

Probablemente mi madre. Ha estado llamando regularmente desde que


volví a Londres, y querrá saber cómo fue mi primera sesión con la doctora Harris.

¿Qué le digo? Bueno, quería follar con la doctora, pero por supuesto, no
pude, así que en su lugar salí, me emborraché y me follé a una mujer al azar.

No es lo que mi madre querría oír.

Ella quería que me quedara en Brasil. Pero no pude. Me sentía demasiado


asfixiado allí, con mi familia revoloteando a mi alrededor, queriendo ayudar.

Pensé que volver aquí arreglaría las cosas... que me arreglaría a mí.

No lo ha hecho.

Con la necesidad de quitarme la noche de encima, subo las escaleras y


me doy una ducha. Dejo que el chorro caliente golpee mi rostro hasta el punto
del dolor, solo necesito sentir algo... cualquier cosa.

Me seco y me lavo los dientes, mirándome en el espejo.


La barba que cubre mi rostro oculta quién soy... quién solía ser.

Las visiones de la noche anterior parpadean en mi mente.

El alcohol fluyendo. La chica casi montando mi polla en el bar. Luego,


montándola de verdad en la habitación del hotel.

Los pensamientos deben hacerme sentir bien.

No lo hacen.

Me hacen sentir vacío.

Entro en mi habitación, elijo unos pantalones de deporte y una camiseta


negra lisa.

Meto el móvil en el bolsillo y bajo las escaleras. En silencio, voy a la cocina


y enciendo la cafetera.

Me alejo del mostrador, doblo la cintura, apoyo los brazos cruzados sobre
la encimera y recuesto la cabeza sobre ellos, dejando que el ruido de la máquina
de café abuse de mi cabeza y vibre a través del vacío de mi pecho hueco.

Mis sentidos respiran el olor del café, agarro una taza y me sirvo un poco.

Fuerte y negro.

Me doy la vuelta, aprieto la espalda contra el mostrador y miro fijamente


un cuadro en la pared.

Es una foto firmada de Ayrton Senna que mi padre me regaló cuando era
un niño.

Debería haber muerto. Habría muerto como una leyenda.

No el hombre que soy ahora.

Un viejo recordatorio de lo que pude haber sido.

Ya no puedo ser él. Esta maldita versión débil de mí mismo.

Tengo que volver a correr.

Tengo que volver a entrar en un auto.

Tengo que hacer esto.


Puedo hacerlo.

Llevo toda la vida conduciendo.

Dejo el café, meto los pies en las zapatillas y me dirijo a la puerta interior
del garaje.

Me detengo al llegar a la puerta.

No he estado aquí desde antes del accidente.

Mi mano empieza a temblar.

Estoy haciendo el ridículo.

Aprieto el puño, hago fuerza para que la tensión desaparezca.

Abro la puerta.

Una fuerte oleada de aire viciado me golpea. Respiro, busco el interruptor


de la luz y lo enciendo.

Y ahí está esperando.

Mi auto. Un Chevrolet Camaro Pro Touring Coupe azul del 67.

Estaba a la venta en el garaje local cerca de mi casa, en Brasil, y le eché


el ojo durante mucho tiempo. Mi padre me lo compró cuando cumplí dieciocho
años. Cuando me mudé a Londres me lo enviaron. Me acompaña a todas partes.

Puedo hacerlo. Todo lo que tengo que hacer es ir allí, empujar la llave en el
encendido y darle la vuelta.

Obligo a alejar mis miedos y muevo mis pies hacia mi auto.

Desbloqueo la puerta y la abro.

Sigue oliendo igual, aparte del aire viciado y húmedo que se escapa.

Respiro profundamente y subo al interior.

Cierro la puerta detrás de mí con un ruido seco.

Atrapado. Fuego.

Aprieto los ojos e ignoro el miedo en mi cabeza.


—Puedo hacerlo —me digo.

Inspiro por la nariz, levanto las llaves. No es hasta que intento meter la
llave en el contacto que me doy cuenta de lo mucho que me tiembla la mano de
nuevo.

—Maldición —la palabra sisea entre mis dientes—. Puedo hacerlo. No me


va a pasar nada. Un rayo no cae dos veces. Ahora, deja de ser una nenaza, Silva,
y conduce el maldito auto.

Introduzco la llave y, antes de que el miedo me disuada, enciendo el motor.

Se mueve y chisporrotea durante unos segundos. En esos segundos, una


voz en mi mente reza para que no arranque.

Si no enciende, no puedo sacarlo.

No es mi culpa entonces. No me acobardaría.

Se pone en marcha y la radio se enciende a todo volumen.

Con la sensación del motor vibrando y la música sonando, mi cabeza


estalla. Las imágenes del accidente asaltan mis sentidos.

Puedo oler el humo.

Probar la sangre en mi boca.

Siento que mi pecho se comprime.

No puedo respirar.

Mis dedos luchan por apagar el motor.

Al abrir la puerta, caigo del auto sobre mis rodillas. Jadeo en busca de
aire.

—¡Maldición! —grito, agarrándome la cabeza con frustración—.


¡Maldición! ¡Maldición! ¡Maldición!

Golpeo mi puño contra el suelo, sin importarme el dolor que se dispara a


través de mi mano.

Entonces, realmente pierdo el control.


Me pongo en pie, agarro un bate de béisbol que está apoyado en la pared
y empiezo a destrozar el auto.

Mi visión es roja, golpeo mis frustraciones y miedos contra el auto,


golpeando el metal y el cristal una y otra vez. Pero no importa cuántas veces lo
golpee, no me siento mejor.

Me tambaleo, viendo el daño que he hecho.

Está destrozado.

Como yo.

El auto que me compró mi padre, lo único que me quedaba de él, y lo


destruí.

El dolor me atraviesa.

¿Qué diablos me pasa?

Vuelvo a entrar en mi casa tambaleándome y me dirijo a mi despacho.

Veo todos mis trofeos alineados allí, burlándose de mí.

Entonces, me doy cuenta de que el bate sigue en mi mano.

Con la rabia aun ardiendo en mis venas, dirijo el bate hacia mis trofeos,
aniquilando lo que queda de mi carrera, haciéndolos pedazos hasta que no queda
más que una carnicería.

El bate se cae de mis manos temblorosas.

No me siento mejor. Me siento peor, si es posible.

Me odio a mí mismo.

Caigo de rodillas, entre el desorden que he creado. Con la cabeza entre las
manos, me agarro el cabello y, por primera vez desde el accidente, lloro.

No sé cuánto tiempo permanezco allí.

Seco mi rostro con el dorso de la mano, me levanto y me dirijo a mi


escritorio.

Me siento en mi silla, abro el cajón de abajo y saco la botella de whisky


que guardo allí.
Desenrosco el tapón y doy un largo trago. Luego, otro. Y otro.

Entonces, sin pensarlo, saco el móvil del bolsillo y marco a la doctora


Harris antes de darme cuenta de lo que estoy haciendo.

—Oficina de la doctora Harris.

Es su recepcionista.

—¿Es posible hablar con la doctora Harris? —Mi voz suena rasposa.

—La doctora Harris está en este momento en una cita. ¿Quién llama?

Aprieto los dientes.

—Leandro Silva.

—Señor Silva, puedo hacer que la doctora Harris lo llame. O si es una


emergencia...

—No es una emergencia.

Bebo otro trago de la botella.

—¿Debo decirle que lo llame?

—No. Olvídalo.

—¿Está seguro? Porque...

—Estoy seguro —la interrumpí—. La veré en mi cita de mañana.

Luego, cuelgo el teléfono.

¿Por qué demonios la llamé?

Frustrado, tiro el móvil sobre el escritorio y tomo un poco más de whisky.

Hay demasiado silencio aquí.

El silencio en la habitación es casi tan doloroso como el ruido en mi


cabeza.

Alcanzo mi teléfono y pongo música para ahogarlo.

Con los dedos enroscados alrededor de la botella, dejo caer la cabeza sobre
el escritorio, mientras suena Bloodstream de Ed Sheeran.
4
India

Londres, Inglaterra
—Llamó Leandro Silva. Sonaba nervioso, me dijo que no me molestara en
decirte que había llamado, pero sabía que querrías saberlo.

Las palabras de Sadie resuenan en mi cabeza. Me han estado molestando


desde que me las dijo ayer.

Intenté llamar a Leandro en cuanto me dio el mensaje, pero me saludó su


buzón de voz. No me devolvió la llamada.

Ahora, llega tarde a su cita. Cuarenta minutos de retraso.

Llevo tratándolo sólo una semana (tres sesiones, cuatro incluyendo su


sesión inicial) y hasta ahora ha hablado de todo menos de su problema real, por
mucho que intente dirigirlo hacia ello. No quería presionarlo en la inicial, quería
dejarlo llevar el ritmo, pero si quiere volver a subirse a su auto de carreras en
enero, voy a tener que tomar una acción decisiva y presionarlo para que avance.

Pero esto, no presentarse a su cita, no va a ser suficiente.

Tamborileo las uñas sobre mi escritorio, debatiendo qué hacer. Entonces,


suena el teléfono de mi oficina.

Lo agarro.

—Leandro Silva está aquí para su cita —dice Sadie en la línea.

Intento ignorar el nivel real de alivio que siento, que es más de lo que suelo
hacer en estos casos.

—Hazlo pasar.

Diez segundos después, la puerta se abre y un Leandro de aspecto


desaliñado entra en mi despacho antes de cerrar la puerta tras de sí. Su ropa
está arrugada, como si hubiera dormido con ella. Su cabello negro y crecido está
desordenado, como si se hubiera caído de la cama y se hubiera pasado las manos
por él.

Pero, aun así, se ve guapo.

Cuando mis ojos bajan de su rostro, veo algo rojo en su camisa, cerca del
botón superior.

Inmediatamente pienso en sangre. Pero cuando estrecho mi visión sobre


ella, veo que no es sangre en absoluto.

Es lápiz de labios. Lápiz de labios rojo.

Enrosco mis manos en puños, con las uñas presionadas contra la piel.

—¿Estás bien? —pregunto. Mi voz suena tensa.

¿Qué demonios me pasa?

Me tengo que relajar.

Se arremanga las mangas de la camisa, mostrando unos fuertes y


bronceados antebrazos espolvoreados de vellos negros.

—Estoy bien.

Se queda junto a la puerta que acaba de cerrar, aparentemente sin saber


qué hacer, así que me levanto del escritorio y me dirijo a la zona de asientos.

No hay ninguna disculpa por su tardanza, y no la solicito, por mucho que


quiera.

—¿Puedo ofrecerte algo? —pregunto antes de sentarme.

—No.

Todavía no se ha sentado.

—¿Te vas a sentar?

Mira la silla como si no supiera que está ahí.

Con un movimiento de cabeza, se acerca y se sienta.


Inclinándose hacia delante, con los antebrazos sobre los muslos, junta las
manos.

Es entonces cuando lo huelo: alcohol. El olor es fuerte en él. Y puedo oler


el perfume. Perfume barato.

Me molestan en la misma medida.

Pero ignoro el tema del perfume antes de empezar a cuestionar mis propios
problemas con él, y me centro en el alcohol.

—Leandro, te voy a hacer una pregunta, y quiero una respuesta sincera.

Sus ojos parpadean hacia los míos.

—¿Estás borracho ahora mismo? —Debería haber dicho eso de otra


manera. No sé por qué parece que sigo perdiendo el equilibrio con él.

Pero no trataré a alguien mientras esté bajo la influencia del alcohol o de


sustancias ilegales.

La molestia pasa por sus ojos, y luego se estrechan hacia mí. —No. —Su
mandíbula está tensa.

—Puedo olerlo en ti, el alcohol. No te trataré mientras estés ebrio o


drogado. —Me muevo hacia delante en mi asiento, con la espalda recta, y me
siento en el borde, con las manos enroscadas alrededor de él.

—No estoy ebrio, ni drogado —dice con dificultad. Tiene las manos tan
apretadas que los nudillos están blancos—. Si hueles a alcohol en mí, es porque
estuve bebiendo anoche. Está claro que fue demasiado porque me desperté en
una habitación de hotel y me di cuenta de que llegaba tarde a mi cita contigo.
Así que me puse la ropa de anoche porque era lo único que tenía para ponerme
y vine directamente aquí. Ni siquiera me he duchado.

Sí, puedo decirlo.

Me muerdo la lengua con tanta fuerza que estoy segura de que saco
sangre.

Exhalo un suspiro para calmarme.

—Podrías haber llamado y reprogramado tu cita. No habría sido un


problema.
Mi afirmación parece desconcertarlo. Su rostro se queda en blanco, como
si la idea no se le hubiera ocurrido.

Luego, su expresión se endurece.

—No quería faltar a mi cita de hoy.

—¿Pero está bien llegar tarde? —No debería haber dicho eso. No sé por
qué lo hice.

Me aclaro la garganta. Me voy por un cambio de táctica. —¿Por qué no


querías faltar a tu cita?

Sus ojos se dirigen a la pared detrás de mí. Se queda en silencio un


momento. Luego, vuelve a mirar hacia mí.

—Porque quiero superar esto. Quiero ser el hombre que solía ser.

—Sabes que no hay nada malo en el hombre que eres ahora. Salvo tus
mecanismos de afrontamiento, los vicios, sigues siendo el mismo hombre que
eras.

—No, no lo soy. —Su voz es un gruñido bajo. Mira hacia otro lado.

—Bueno, Leandro, si quieres cambiar, volver a ser el hombre que solías


ser, entonces tienes que hacer el esfuerzo aquí. Y esto —hago un gesto con la
mano—, no es hacer el esfuerzo.

Sus ojos oscuros vuelven a mirar los míos. Su mandíbula está tensa,
parece que va a romperse.

—Llegué, ¿verdad?

—Sí. —Asiento con la cabeza—. Pero con cuarenta minutos de retraso.

Su mirada se estrecha. Luego, mueve sus ojos hacia mis manos vacías.

—¿No tienes que tomar notas o algo? —Levanta la barbilla en mi dirección.

—No, no necesito tomar notas. La cita será corta, ya que sólo tienes veinte
minutos. Recordaré todo lo que hablemos en ese tiempo. No te preocupes.

Sus cejas se juntan, apareciendo un surco entre ellas.


—¿No vas a verme durante toda la hora?

—No, no puedo. Tengo otros pacientes que tienen citas programadas, y


que también necesitan mi ayuda.

—¡Por el amor de Dios! —gruñe.

Se inclina hacia delante, apoya los codos en los muslos y clava sus dedos
en el cabello negro.

Dejo que el silencio se instale entre nosotros, dejándolo hablar cuando esté
preparado.

—Ayer tuve un... mal día. —Su voz es baja, casi un susurro.

—¿Malo en qué sentido?

Levanta esos ojos negros hacia los míos y veo un mundo de dolor en ellos.

—Malo, como…. intenté conducir mi auto.

—¿Y cómo te fue?

Deja escapar una risa que suena amarga.

—No fue. Me ahogué como una perra. Luego, salí de mi auto y le di una
paliza con un bate de béisbol.

—¿Cómo te sentiste?

—¿Destrozando mi auto? Bien, mientras lo hacía. Luego, después... me


sentí como una mierda, así que entré y rompí todos mis trofeos de carreras.

—¿Y destrozar tus trofeos te hizo sentir mejor?

—No.

—¿Por qué crees que lo hiciste, destrozar tu auto y tus trofeos?

—Porque no quería recordatorios constantes de quién solía ser. Y de quién


soy ahora.

Tiene una percepción clara de por qué se comporta como lo hace. Eso me
da muchas esperanzas para su recuperación.

—¿Y quién eres ahora?


—La sombra del hombre que fui. —Sus hombros caen—. Soy el chico que
no puede afrontar el fracaso que es, así que hice lo mismo de siempre cuando
me siento así. Salí a un bar y me emborraché. Luego, me desperté en una
habitación de hotel con dos mujeres en la cama conmigo y con pocos recuerdos
de la noche anterior.

Me levanto de mi asiento y tomo la botella de agua de mi escritorio. Me


tengo que calmar. Me molesta mucho saber que no sólo se acostó con una mujer,
sino con dos.

¿Por qué me afecta de esta manera?

No debería. Y no puede.

Dejo de lado mis sentimientos y vuelvo a sentarme.

—Lo siento. Hoy tengo la garganta seca —explico sobre levantarme por el
agua.

Me observa atentamente con esos ojos oscuros suyos.

—No eres un fracasado, Leandro. Has sufrido un terrible accidente. Lo


que sientes es normal.

—Yo no... —Suelta un suspiro—. No me siento normal. Me siento débil.


—Sus palabras son susurradas, su voz rota.

Siento que su dolor me envuelve de una manera que no conozco.

—No eres débil, Leandro. Eres humano.

Mi voz suena diferente, incluso para mis propios oídos. Siempre suavizo
mi tono con mis pacientes, pero hay algo más en mi voz que no puedo ubicar.

Sus ojos se dirigen a los míos, y algo inesperado recorre mi pecho.

Compasión.

Es compasión. La siento todo el tiempo por mis pacientes.

Antes de que pueda cuestionarme, miro rápidamente de él al reloj.

Me aclaro la garganta y digo:


—Siento mucho no poder prolongar nuestra sesión ahora mismo, pero
tampoco quiero dejar esto para la próxima sesión. Creo que hablar más hoy
podría ser de gran ayuda. ¿Puedes volver a las seis de la tarde y hablaremos más
entonces? ¿Qué te parece?

Veo el primer destello de una sonrisa genuina en su rostro.

—Eso sería genial. Gracias.

Su sinceridad me toca como dedos que rozan mi piel.

¡Maldición! Tenía que cenar con Dan después del trabajo antes de su turno
en el hospital. Los dos hemos estado trabajando mucho, y sus turnos han hecho
que no hayamos podido vernos mucho en las últimas dos semanas.

Tengo que llamarlo para avisarle que voy a ver a un paciente, así que no
podré ir.

—De acuerdo. —Me levanto de mi asiento y camino hacia la puerta de


salida—. Entonces, te veré aquí a las seis.

Cuando se acerca a mí, abro la puerta y el brazo de Leandro roza


accidentalmente el mío. La electricidad sube por mi brazo con una intensidad
que nunca antes había sentido. Siento los pulmones comprimidos.

Levanto mis ojos hacia su rostro y veo que ya me está mirando.

Sus ojos son insondables. Profundos. Ojos en los que podría caer.

Me siento atrapada con la guardia baja.

Tengo el rostro caliente y sé que mis mejillas están rojas. Me reprimo,


aparto la mirada y rodeo mi brazo con la mano, deseando que la sensación de
su tacto desaparezca.

—Sadie no estará aquí cuando llegues. Se habrá ido por el día, así que ven
directamente a mi oficina. Estaré aquí.

Fuerzo mis ojos hacia los suyos manteniendo la profesionalidad.

No puedo leerlo.

Está sonriendo, pero no sé qué significa esa sonrisa.

¿Sabe que me afectó hace un momento?


Tiene un hoyuelo grabado profundamente en su mejilla. Sólo sirve para
aumentar su atractivo.

Siento un estremecimiento en el pecho.

Eres su terapeuta.

Doy un paso atrás.

—Te veré a las seis, India.

Se gira y empieza a bajar las escaleras.

Al cerrar la puerta, me doy cuenta de que es la primera vez que me llama


por mi nombre de pila, y escucharlo decirlo con su sexy acento brasileño...
bueno, digamos que la sensación que me deja es increíble.

Y eso no es bueno.

No es nada bueno.
5
Leandro

Londres, Inglaterra
Sentí algo cuando mi brazo rozó el de India. Algo intenso.

Un simple roce de nuestros brazos, y la euforia se apoderó de mí.

El caso es que, al tocar a las mujeres, no he sentido nada desde el


accidente. Ninguna conexión. Nada. Follar para olvidar, no porque quiera a esas
mujeres.

Y estoy seguro de que India también sintió nuestra conexión. Vi cómo se


sonrojaban sus mejillas y cómo enroscaba la mano alrededor del brazo donde
nos habíamos tocado.

La afecto.

No estaba seguro de hacerlo, pero ahora estoy bastante seguro de que sí.

Me gusta. Pero no quiero arruinar esto porque realmente creo que ella
puede ayudarme. Después de la última noche, necesito su ayuda más de lo que
pensaba.

Son casi las seis de la tarde y estoy de regreso en la oficina de India.

India. Me encanta el sonido de su nombre cada vez que lo digo.

Y me encanta cómo suena su voz cuando dice mi nombre.

Me pregunto cómo sonará mientras el grito sale de sus labios cuando la


folle.

No puedo follarla.

Balanceo los cafés que acabo de comprar en Starbucks con los sándwiches
para llevar, atravieso la puerta hacia su área de recepción.
Está vacío, como ella dijo que estaría.

Estaremos solo ella y yo aquí. No sé si es una buena idea, para ser honesto.
No sé si puedo confiar en mí mismo para no hacer un movimiento.

Jesús, soy un hombre adulto. Puedo controlarme cerca de ella.

Llamo a su puerta antes de entrar.

Está sentada en su escritorio, hablando por teléfono. Me sonríe con esos


labios rojos y siento que mi polla se anima.

Abajo, muchacho.

Con la sonrisa aún en su rostro, levanta un dedo, haciéndome saber que


tardará un minuto.

Asiento con la cabeza y dejo los cafés y la bolsa con los bocadillos sobre
la mesa. Tomo asiento.

—Suena bien. Genial. Nos vemos luego. Te amo.

¿Te amo?

Definitivamente no está casada, ya que no hay anillo.

¿Tiene novio?

Por supuesto que tiene novio. Mírala.

Cuelga el teléfono, se levanta de la silla y se acerca a donde estoy sentado.


Se sienta frente a mí.

—Lo siento por eso.

—No te preocupes. He traído café y un par de sándwiches por si no has


comido.

Sus ojos parpadean de sorpresa, como si fuera el primer hombre que le


trae comida.

—No he comido. Ha sido un gran detalle por tu parte, Leandro. Gracias.


Pero por favor, déjame reembolsarte el café y el sándwich.

Ella intenta levantarse, pero la detengo con mis palabras.


—No. Yo invito.

Le hago un gesto para que lo deje ir.

Se detiene un momento y vuelve a bajar el trasero en el asiento.

—De acuerdo. Gracias.

Cruzo la mesa de café que nos separa, le entrego uno de los cafés y, en el
intercambio, me aseguro de que mis dedos rocen los suyos.

Por qué lo hago, no tengo idea.

De acuerdo, tengo una pista. Quiero ver su reacción ante mí de nuevo.

Mis ojos buscan una reacción en su rostro, pero esta vez no consigo nada.

Sintiéndome un poco desinflado, tomo mi propio café y vuelvo a descansar


en la silla.

—Te traje un café negro —digo—. No estaba seguro de si tomabas leche o


azúcar.

Meto la mano en mi bolsillo y saco unas pequeñas cápsulas de leche y


sobres de azúcar.

—El negro es perfecto.

Sonríe, con la taza junto a sus labios. Luego, toma un sorbo.

Bebe café negro y se pinta los labios de rojo.

Es malditamente perfecta.

—Así que estaba pensando —deja el café en su sitio—, en cómo


deberíamos enfocar tu tratamiento en adelante.

—Te escucho.

—Bueno, ¿tengo razón al pensar que sientes que, para recuperar tu vida,
necesitas poder correr?

—No siento. Lo sé —digo con seguridad.

—De acuerdo. Así que, por supuesto, necesitas hablar del accidente, sacar
esos sentimientos para que los afrontes. Claramente, embotellarlos no te está
funcionando. He pensado que, mientras hacemos eso, podemos trabajar para
que vuelvas a tener un auto.

Todos mis músculos se endurecen y ella lo nota.

—Pasos de bebé —dice suavemente—. Lo que quiero decir es que estaba


pensando que podríamos salir, sentarnos en mi auto y hacer nuestra sesión allí.

Levanto una ceja.

—Tus métodos son un poco extraños. ¿Alguien te lo ha dicho alguna vez?

—Sí. Justo antes de que me digan que mis métodos les han ayudado de
verdad.

Una sonrisa bordea sus labios, y es muy sexy.

—¿Confiada? —Me burlo.

—La confianza es seguridad, y estoy segura de que esto ayudará.

—De acuerdo. —Recojo mi café y me pongo de pie—. Guía el camino.

Hago un gesto con la mano mientras ella se pone en pie.

—Déjame tomar las llaves del auto —dice.

La veo alejarse de mí y dirigirse a su escritorio, donde se inclina para tomar


las llaves. La tela de su falda lápiz ajustada se estira sobre su trasero.

Tiene un trasero increíble.

Dios, las cosas que podría hacerle a ese trasero mientras está inclinada
sobre ese escritorio.

Mi polla empieza a agitarse en mis pantalones. Tengo que reorganizarme


rápidamente antes de que se vuelva hacia mí.

—¿Debo traer los sándwiches también? —pregunto.

—Por supuesto.

Sonríe hacia mi, mientras se inclina para recoger su café de la mesa.


Tomo la bolsa que contiene los sándwiches, espero a que dé la vuelta a la
mesa de café y la sigo fuera de la oficina hasta su auto.
6
India

Londres, Inglaterra
En el momento en que nos sentamos en mi auto, me pregunto si he
cometido un error al ponerme tan cerca de Leandro.

Puedo oler el sándalo en su loción para después del afeitado junto con su
propio aroma único, y me está haciendo cosas.

El hombre es como un conductor sexual andante.

Es desconcertante.

Porque un hombre nunca me había afectado de esta forma antes.

Nunca me había sentido tan atraída físicamente por un hombre como


Leandro.

Soy su terapeuta.

El recordatorio me golpea como un chorro de agua fría en el rostro y en mi


libido. Necesito ponerles fin, ahora mismo, a mis sentimientos y pensamientos.

—Buen auto —comenta desde el asiento del pasajero.

—Gracias.

Tengo que tener un auto genial con un hijo obsesionado con los autos. Jett
lo eligió. Lo vio en la sala de exposición y fue amor a primera vista para él, así
que, por supuesto, tuve que comprarlo.

No hay nada que no haría por mi hijo, incluido pedir un préstamo de veinte
mil libras para comprar un Aston Martin de quince años que tenía setenta y
cinco mil millas en el odómetro. Tengo que admitir que es un auto impresionante
y es increíble de conducir. Me siento como una estrella de cine cuando lo
conduzco.
Casi le digo a Leandro que fue Jett quien me convenció de comprarlo, pero
me detengo. No comparto mi vida privada con los pacientes.

—Un Aston Martin DB7 Vantage 2000, ¿no?

—Correcto. —sonrío—. Pareces sorprendido de que tenga este auto.

Me contesta, levantando el hombro en un medio encogimiento de


hombros.

—Supongo que esperaba que tuvieras un... no sé, un Audi o un Toyota.


Esto no encaja con tu... imagen.

—Te refieres a la imagen que tienes de mí.

Algo pasa por sus ojos que no puedo discernir.

—Supongo. —Él mira hacia otro lado—. Así que, ¿te gustan los autos?

—No. Pero a alguien cercano a mí sí. Me convencieron de comprar esto. Es


bonito y me lleva de A a B, así que estoy conforme. —Dejo escapar una ligera
risa.

Se ríe y es rico y profundo.

—Eso suena como algo que esperaría que tú, una mujer, dijeras.

—Bueno, me alegro de marcar al menos una de tus casillas estereotipadas.

Se vuelve para mirarme. Su mirada es directa e intensa.

—Marcas más de una casilla.

Siento un temblor en mi interior. Trago saliva.

Aparto mis ojos de los suyos.

—¿Qué sándwiches trajiste?

Hay una pequeña pausa antes de que responda:

—Jugué a lo seguro. —Él mete la mano en la bolsa y los saca—. ¿Jamón


o pavo?

—Pavo, por favor.


Me lo entrega. Me aseguro de no tocar sus dedos, como cuando me entregó
el café antes. Sentí como si una oleada eléctrica subiera por mi dedo. Me costó
mucho mantener la compostura.

Desenvuelvo el sándwich y le doy un mordisco. Tengo que contener un


gemido. No he comido en todo el día, y ahora mismo, este sándwich sabe a cielo.

Dejo el sándwich en mi regazo, tomo mi café del portavaso de mi auto y


sorprendo a Leandro apartando la mirada de mí.

¿Me estaba mirando?

Me quito esa idea de la cabeza y me concentro en mi trabajo, que es


ayudarle.

Tomo un sorbo de café y mantengo la taza en la mano.

—¿Qué se siente al estar aquí en mi auto?

—Bien. —Se encoge de hombros—. Está parado y voy en el asiento del


copiloto.

—¿Cómo es viajar en auto como pasajero? ¿Mejor o peor?

Presiona su taza contra sus labios, parece pensar en mi pregunta.

—Bueno, evito estar en los autos en la medida de lo posible, lo cual es fácil


mientras vivo en la ciudad, ya que puedo viajar prácticamente a cualquier lugar
en el metro. Pero cuando tengo que ser un pasajero... estoy ansioso.

—¿Por qué?

—No tengo el control. —Toma una bocanada de aire y deja el café en su


muslo. Sus dedos se curvan alrededor de la taza—. Tengo que tener el control en
todos los aspectos de mi vida. Eso es lo que me frustra de todo esto.

—¿No tienes el control?

—Mmhmm.

—Así que, intentas recuperar el control de la única forma que puedes en


este momento, y eso es de una manera destructiva en tu vida.
Puedo sentir sus ojos en mí, así que me doy la vuelta en mi asiento para
mirarlo. Es importante mantener el contacto visual con el paciente; solo que
estar en el automóvil no es fácil.

—¿Te refieres al alcohol y las mujeres?

Levanto un hombro y digo:

—¿Crees que esas son cosas positivas en tu vida?

—Bebía y tuve mujeres antes del accidente.

—Pero supongo que antes hacías esas cosas por placer, no para cubrir tu
dolor.

Mira por la ventana, lejos de mí.

—¿Siempre tienes que tener razón? —Su tono es ligero, así que sé que no
lo he presionado demasiado. Vuelve a mirarme.

—Es parte de mi trabajo —digo en tono de broma—. Pero, hablando en


serio, que yo piense algo no lo hace correcto. Lo que cuenta es lo que tú piensas.

—Supongo.

Toma otro sorbo de café.

—Entonces, es más fácil sentarse en el asiento del pasajero. Si te pido que


te sientes en el asiento del conductor con el motor apagado, ¿sería posible?

—¿Tengo elección?

No hay humor en su voz, así que retrocedo con cuidado.

—Siempre tienes elección, Leandro —digo en voz baja—. No tiene que


pasar nada con lo que no te sientas cómodo. Si alguna vez crees que te estoy
presionando demasiado, dímelo. Nos detendremos y reevaluaremos.

—Estaba bromeando, India, pero es bueno saber a qué atenerse. Y está


bien. Hagámoslo. No me puede pasar nada en un auto estacionado, ¿no?

—Bien —sonrío, mis ojos se encuentran con los suyos.

—Así que…

—¿Así qué?
—¿Vas a arrastrarte sobre mi regazo para cambiar de asiento, o saldremos
del auto?

Sonríe y mi rostro se sonroja.

Arrastrarme sobre su regazo...

Vamos a salir del auto.

Pasamos por la parte trasera de mi auto y, sorprendentemente, él está en


el auto antes que yo.

Cierro mi puerta con un golpe suave.

—¿Cómo se siente esto? —pregunto, evaluando su rostro.

—Bien, supongo. Me siento estúpido.

—¿Estúpido?

—Si. —Apoya los antebrazos en el volante—. Soy un hombre adulto que


necesita ayuda para subir a un auto.

—No, eres un hombre adulto que se recupera de un grave accidente que


casi le quita la vida. —Respiro profundo y me lanzo con mi evaluación—.
Leandro, ¿has oído hablar del trastorno de estrés postraumático?

—Sí. La gente que vuelve de la guerra lo tiene.

—Sí, pero no solo el personal militar sufre de trastorno de estrés


postraumático. Las personas que han sobrevivido a una experiencia traumática,
como tú, también pueden sufrir de trastorno de estrés postraumático.

Vuelve su rostro hacia mí.

—¿Crees que tengo trastorno de estrés postraumático? —Se señala a sí


mismo con el dedo.

—Sí, una forma leve.

Mira hacia delante, mirando por el parabrisas. Permanece en silencio


durante mucho tiempo.

—¿Te molesta saber eso? —pregunto rompiendo el silencio—. No estoy


poniendo una etiqueta a lo que es tu problema, Leandro. Sólo te estoy dando
algo con lo que trabajar. Entender tu problema es la mitad de la batalla para
superarlo.

—Suenas como un libro de texto de psicología.

—¿Has leído muchos de ellos? —sonrío.

Me devuelve la sonrisa al encontrarse con mis ojos, que ilumina


momentáneamente sus ojos oscuros.

—Oh, sí, todo el tiempo. Tengo una pila en mi mesita de noche. Guía de
Psicología Para Idiotas.

—Ese es mi favorito.

Se ríe. Es un sonido rico y profundo, y lo siento hasta los dedos de los pies.
Los retuerzo en mis zapatos.

—De acuerdo. Dame tus llaves.

Me tiende la mano.

—¿Quieres mis llaves?

—Sí.

Su mirada sobre mí es directa, pero su rostro está relajado.

—¿Por qué?

—Porque voy a ver si puedo arrancar este motor sin volver a enloquecer
como una nenaza.

—¿Estás seguro de que estás listo para esto? Fue anoche cuando lo
intentaste...

—Estoy seguro.

Su mano todavía está extendida, así que saco mis llaves del bolsillo de mi
chaqueta y se las entrego. Es imposible evitar tocarlo esta vez, pero lo hago
rápido y breve mientras me aseguro de evitar el contacto visual con él, para que
no pueda ver el efecto que su toque tiene en mí.

Mira hacia adelante, comienza a flexionar las manos y respira profundo.


—Tómate tu tiempo. Si te sientes estresado o con pánico en algún
momento, sólo detente y respira profundo.

—Yo me encargo.

Sonríe.

—Y no te preocupes si vuelves a enloquecer. Estoy asegurada.

—¿Es una invitación a destrozar tu auto? —Él ríe.

—Seguro. ¿Por qué no? Ya es hora de que compre uno nuevo.

Mi labio se levanta en la esquina en una media sonrisa.

Se ríe de nuevo. Me gusta mucho oírlo reír. Me hace sentir que estamos
dando pasos positivos hacia adelante, y no se trata en absoluto de la forma en
que su risa me hace sentir por dentro.

Vuelve a respirar profundo, mete la llave en el contacto y lo hace girar sin


dudar.

Veo sus ojos cerrarse mientras mi auto cobra vida.

Sus manos están envueltas alrededor del volante, sus nudillos blancos por
su fuerte agarre.

—¿Cómo te sientes? —pregunto suavemente.

—Mejor que anoche. Abre un ojo y me mira, con un toque de sonrisa en


sus labios.

—Maldita sea, no voy a conseguir un auto nuevo de esto.

Él se ríe y puedo sentir la tensión abandonando su cuerpo.

Vuelve a cerrar los ojos. Con las manos aún en el volante, apoya la cabeza
contra el asiento y exhala un suspiro.

Nos sentamos así durante un largo rato. Leandro aclimatándose a su


entorno. Yo observándolo, evaluando si un ataque de pánico podría estar a punto
de ocurrir.

Pero su respiración parece regular y su agarre en el volante se ha relajado


un poco.
—Cuando desperté en el hospital, sé que debería haberme sentido aliviado
de estar vivo. Y supongo que una parte de mí lo hizo. Pero una gran parte de mí
deseaba haber muerto en ese accidente... porque sabía, en ese mismo momento,
que no podría volver a subirme a un auto. Y si no iba a competir, entonces
también podría estar muerto. —Abre los ojos, inclina la cabeza en mi dirección
y me mira—. Sé que probablemente no lo entiendas, pero las carreras son toda
mi vida. Es todo lo que siempre quise hacer, todo en lo que siempre fui bueno.
Perderlo... me está matando lentamente.

—Lo recuperarás —digo con seguridad. Entonces, hago algo que nunca,
nunca hago. Le hago una promesa—. Te ayudaré a recuperarlo. Te lo prometo.

Antes de que pueda detenerme, pongo mi mano en su brazo.

—Gracias.

Sus palabras son suaves mientras mira de vuelta por el parabrisas donde
han comenzado a aparecer pequeñas gotas de lluvia.

Y retiro mi mano ardiente, sabiendo que necesito encontrar mi equilibrio


profesional aquí.
7
Leandro

Londres, Inglaterra
Mi teléfono zumba en mi bolsillo. Al sacarlo, veo que es Carrick.

—Estoy en el taxi y en camino. Solo llego tarde. Tuve una reunión antes
en Lissa.

Lissa es la sede de mi equipo. Aparto el teléfono de mi boca y le doy al


conductor la dirección del restaurante.

Durante este último mes, he estado trabajando mucho con ella para
acostumbrarme a estar nuevamente dentro de un automóvil. India me ha estado
sacando de paseo. Primero, empezamos conmigo sentado en la parte de atrás y
luego conmigo sentado en el asiento del pasajero. Todavía no he conducido, pero
ya no me asusta estar en un auto o el sonido del motor en marcha.

Suena poco convincente teniendo en cuenta lo que hago para ganarme la


vida, pero tengo que tomarlo con calma. Esas son las palabras de India. Ella dice
que, si me apresuro, podría terminar obstaculizándome y arriesgarme a un
ataque de ansiedad, retrocediendo pasos.

No quiero eso.

Hasta cierto punto, toda esta mierda de pasos de bebé es frustrante porque
no quiero nada más que poder conducir un automóvil. Pero confío en ella, y
claramente está funcionando, ya que no siento que vaya a perder la cabeza en
este taxi ahora mismo o entrar en pánico como una perra cuando me siento al
volante de un auto, como lo hubiera hecho antes de que ella comenzara a
ayudarme.

—Sólo estoy comprobando que no te has olvidado. —Carrick se ríe.

—Como si lo hiciera.
—Sí, claro. Al igual que no te olvidaste la última vez.

—Nunca vas a olvidar eso, ¿no?

Lo olvidé porque estaba borracho y escondido en el apartamento de una


chica, follando toda la noche. La conocí en el supermercado donde estaba
comprando una botella de whisky. Terminamos llevándola a su casa, bebiéndola
y.… bueno, ya sabes el resto.

Me sentí como una completa mierda porque decepcioné a mis amigos.

—No, porque Andressa tuvo que explicarle a la cita que te trajo que no la
habías dejado plantado.

—Porque no sabía qué me iba a traer una cita.

Aunque si hubiera sabido que me había traído una cita, probablemente no


habría cambiado el rumbo de ese día y de esa noche. Las citas quieren más de
una noche.

Entonces, me doy cuenta de por qué está llamando.

—¿Por favor dime que Andi no me ha traído otra cita esta noche?

Silencio.

Y su silencio lo dice todo.

—Oh Dios, —gimo—. Ella lo ha hecho, ¿no? —suspiro—. No hay forma de


que me vigilaras como una mujer si no lo hubiera hecho. Andi te hizo llamarme,
¿no?

—Tal vez.

—Dios, eres tan cobarde.

—Hay mucho que decir sobre ser cobarde.

—Eres un idiota. Y si no amara platónicamente a tu esposa, entonces la


llamaría un dolor en mi trasero en este momento.

—Ella solo quiere que seas feliz.

—Jesús, ¿por qué no aprendió de la primera vez que me tendió una


trampa? Las citas y yo no vamos juntos.
En la primera cena que tuvimos juntos cuando regresé a Londres, Andi
me trajo una cita. Su peluquera. De acuerdo, la cita no fue tan mala porque
terminé llevándome a la peluquera a su casa y follándola. El problema fue que
sólo fue sexo. Lamentablemente, ella quería más y no se tomó muy bien mi
rechazo. Andi tuvo que buscar una nueva peluquera.

Así que, Dios sabe por qué insiste en tratar de emparejarme con gente que
conoce.

—Realmente necesitas tener a tu mujer bajo control.

Carrick se ríe. —¡Ja! Si fuera posible, lo habría hecho hace años. Así que,
¿puedo decirle a Andressa que estarás aquí pronto y que estás en la puta luna
de que te haya traído una cita?

—¿La cita es caliente?

—Si te gusta ese tipo.

—¿Qué tipo?

—Instructores de yoga.

Mmm…

—Son seriamente flexibles, ¿no? Entonces, sí, dile a Andi que estoy en la
maldita luna, y que estoy saltando sobre putos arco iris de que haya traído a un
instructor de yoga como cita para mí. Te veré en diez minutos, cara de pene.

Entonces, cuelgo el teléfono.

Apoyo la cabeza en el asiento, suelto un suspiro y froto mi barbilla bien


afeitada.

Me deshice de la barba. Incluso me corté el cabello.

Pensé que ya era hora. Y así le demostré a India que realmente estoy
tratando de limpiarme.

Bien, charla de ánimo, Silva...

No tendré sexo con la instructora de yoga flexible, a menos que tenga


absolutamente claro que es algo que se hace una sola vez. Entonces, follarla
estará bien.
A menos que sea fea como un perro, por supuesto.

Y no me emborracharé. Me follaré a la instructora de yoga flexible porque


realmente quiero hacerlo, porque hay química, y no porque esté ebrio o quiera
olvidarme de mí mismo en su cuerpo.

Si tan solo India pudiera oírme ahora, estaría muy orgullosa. Ella estaría
orgullosa de que no me voy a acostar con nadie.

Me río en mi cabeza ante ese pensamiento.

Desde que India comenzó a tratarme, mi consumo de alcohol ha


disminuido hasta detenerse y los ligues al azar tampoco existen. No he tenido
sexo desde esa noche con esas dos mujeres que me hicieron llegar tarde a mi
cita con ella al día siguiente.

No ha sido fácil, pero trabajar en mis problemas con India me está dando
un propósito, algo que no tenía antes. Mi objetivo es trabajar para volver a
subirme a un auto, conducirlo y, finalmente, correr.

Un paso a la vez, no importa cuánto tiempo lleve.

Bueno, aparte de estar a punto de entrar en el último año de mí contrato.


Eso le pone un límite de tiempo.

El taxi se detiene frente al restaurante. Le pago al conductor y me bajo.

Ha empezado a llover, así que entro rápidamente. El maître se me acerca.


Me reconoce al instante. Me he familiarizado con la mirada de la gente cuando
reconoce quién soy.

—Mis amigos ya están aquí. Me uniré a Carrick Ryan.

Si me reconoce, definitivamente sabrá quién es Carrick.

—Te llevaré a tu mesa.

Ella me brinda una sonrisa coqueta.

Me es imposible no devolvérsela. Soy un bastardo coqueto por naturaleza.

Mientras sigo detrás del maître, miro su trasero.

Lindo. Curvilíneo. Un trasero que podrías agarrar mientras te la follas.


Pero no es tan bueno como el de India.

—Llegas tarde —dice Andi mientras me acerco a la mesa, dándome una


mirada de reprimenda, pero hay una sonrisa en sus labios, así que sé que no
está tan enojada como le gustaría parecer.

Al llegar a la mesa, dejo que mis ojos se dirijan a la instructora de yoga.

Pelo oscuro. Bonito rostro. Grandes senos.

—Lo siento. —Me inclino y beso las dos mejillas de Andi—. Te ves
preciosa, como siempre.

—Oye, idiota. Quita las manos de mi esposa.

—Yo también me alegro de verte, Ryan.

Sonrío.

Él sonríe, se pone de pie y hacemos ese apretón de manos y medio abrazo


que a los hombres nos gusta hacer.

—Ha pasado un tiempo. ¿Estás bien? —pregunta en voz baja.

Lo miro a los ojos, asintiendo.

—Estoy bien.

—Leandro, ella es Katrina —dice Andi.

Volviéndome hacia Katrina, le sonrío, mirándola apropiadamente,


mientras me muevo alrededor de la mesa donde, por supuesto, me han sentado
estratégicamente a su lado.

Lleva un vestido rojo de tirantes y su amplio escote se desborda de él.

Extiendo mi mano para estrechar la suya.

—Encantado de conocerte, Katrina. Soy Leandro.

Ella desliza su mano en la mía y beso sus mejillas, pero no siento nada.
Sin chispa ni conexión.

Una extraña sensación de alivio se instala dentro de mí.


¿Estoy aliviado de no tener una conexión con la mujer sexy? ¿Qué demonios
es lo que me pasa?

India. Eso es lo que me pasa.

Ella es la única persona con la que siento esa chispa, y es la única mujer
que no puedo tener.

La historia de mi maldita vida en este momento.

Cada vez que toco a India, siento algo que nunca había sentido con una
mujer, incluso antes del accidente. Claro, he tenido chispas y me he conectado
con mujeres en el pasado, pero lo que siento cada vez que toco a India es pura
alegría. Como si estuviera a punto de comenzar la carrera más grande de mi
vida.

—Sé quién eres. Y llámame Kat.

Ella me ofrece una sonrisa coqueta, al igual que el maître hizo momentos
antes.

—¿Qué puedo traerle de beber? —pregunta una camarera, apareciendo


en nuestra mesa.

Miro la mesa y veo lo que beben todos. Carrick está tomando whisky, como
siempre, Andi tiene una cerveza y Katrina un vaso de vino tinto.

Quiero tener la mente despejada esta noche, así que no voy a beber.

—Solo tomaré una limonada con una rodaja de limón.

—¿Vas a conducir esta noche? —pregunta Kat.

—No.

Finjo no ver la sonrisa en el rostro de Andi. Sé que cree que bebo


demasiado.

Bebía demasiado.

Kat se vuelve en su asiento hacia mí, presionando su rodilla contra mi


muslo.
—Entonces, ¿por qué no estás bebiendo? —pregunta, como si fuera un
hecho que debería estar bebiendo. Probablemente se deba a lo que leyó y escuchó
sobre mí recientemente.

Algo incómodo se mueve en mi pecho.

—Me gusta tener la mente clara cuando estoy en compañía de mujeres


tan hermosas.

Enciendo mi encanto para evitar que haga más preguntas que no estoy de
humor para responder.

—¿Qué van a comer? —dice Andi, abriendo su menú.

Le lanzo una mirada apreciativa, a la que sonríe.

No soy alcohólico porque dejar el alcohol no ha sido muy difícil. Pero lo


estaba usando como una muleta, y hasta que no sepa que puedo volver a beber
para disfrutar, lo dejaré. No quiero tener que dar explicaciones a un completo
desconocido.

Abro mi menú, notando el hecho de que Kat no ha movido su pierna de la


mía. Entonces, veo su mano caer en su regazo, y comienza a moverla lentamente
hacia mi pierna.

Ok. Ella se mueve rápido.

No es que tenga un problema con la rapidez. Sólo que no voy a ir allí con
ella.

Sin química, sin follar.

Sus dedos acaban de llegar a mi muslo cuando la camarera regresa con


mi bebida, por lo que Kat retira la mano y la coloca sobre la mesa.

Cuando levanto los ojos, veo a Carrick sonriéndome.

Le dirijo una mirada de desaprobación, a la que se ríe.

—He decidido. —Carrick cierra su menú de golpe—. ¿Qué estás comiendo,


nena? —le pregunta a Andi.

—No puedo decidirme.

—¿Qué tal la ternera?


Sonriendo, ella niega con la cabeza y él se ríe, claramente compartiendo
una broma privada. Tomando su mano en la suya, la besa.

Siento una pequeña punzada en el pecho al darme cuenta de que quizá


nunca tenga eso con alguien.

—Oye, Carrick, mira. La doctora Harris está aquí.

Las palabras de Andi hacen que mis ojos se levanten de la mesa.

Giro la cabeza en la dirección en la que está mirando Andi, Carrick dice:

—Oh, sí.

Mis ojos la buscan, pero un pilar bloquea mi vista y no puedo verla desde
donde estoy sentado.

—¿Quién es la doctora Harris? —pregunta Kat.

—Ella es mi terapeuta —responde Andi con facilidad.

La Andi anterior a India habría tenido problemas para responder esa


pregunta. Ella era reservada y se guardaba las cosas para sí misma, sus
palabras, no las mías, pero desde que India la está tratando, Andi es más abierta,
tiene menos miedo de contar cosas sobre sí misma.

—He tenido, a veces todavía tengo, preocupaciones sobre las carreras de


Carrick, y ella me ayuda a lidiar con eso —explica Andi a Kat.

Deslizo una mirada a Carrick, y el hijo de puta me sonríe.

Sé que no es porque vaya a decir algo sobre que he visto a India, y tampoco
lo hará Andi.

Luego, unos dos segundos después, veo la razón de su sonrisa cuando


India aparece a la vista, y también el hombre con el que está.

¿Está en una cita?

Siento como si me acabaran de dar un puñetazo en el pecho.

¿Es este el hombre con el que estaba hablando por teléfono la otra semana?
¿Al que ella le dijo: “Te amo”?
El hombre parece un idiota. Claro, no puedo verlo correctamente desde
aquí, pero definitivamente no es lo suficientemente bueno para ella.

Ningún hombre podría serlo.

Ella es increíble.

Y se ve hermosa esta noche. Siempre se ve hermosa, pero esta noche, verla


sin su ropa de trabajo, la hace lucir diferente.

Su cabello está suelto, como de costumbre, las puntas rubias rozan sus
hombros y sus labios están pintados de rojo.

Pero lleva un bonito vestido blanco. Se ajusta sobre el pecho y la cintura


y se ensancha en la parte inferior.

Parece un maldito ángel.

—Voy a ir a saludar. —Andi se levanta de su asiento.

Observo cómo se acerca a India. Veo la sonrisa real que India le dedica a
Andi y siento envidia por el abrazo que recibe de India. Y miro sin reparos cómo
India le presenta a Andi al imbécil con el que está.

Doy un sorbo a mi limonada mientras Andi se gira, señalando donde


estamos sentados. Los ojos azules de India se encuentran conmigo, y siento una
sacudida bajar por mi espalda, corriendo directamente hacia mi polla.

Andi le dice algo y luego se acercan a nosotros.

¿Cómo manejo esto?

¿Finjo no conocerla?

No quiero que Kat sepa que estoy viendo a un terapeuta. No conozco a la


chica y podría contárselo a alguien o vendérselo a la prensa. No quiero que esa
mierda salpique las noticias.

Leandro Silva Viendo a un Psiquiatra.

Sí, no gracias.

Entonces, India está de pie junto a nuestra mesa con el imbécil, y todo
pensamiento racional abandona mi mente.
Tengo que obligarme a no mirar fijamente. Así que, le echo un rápido
vistazo al imbécil.

Traje gris. Cabello rubio suelto. Parece que acaba de caerse de una película
de Hugh Grant.

Imbécil.

—Doctora Harris, me alegro de verle de nuevo. —Carrick está de pie,


saludándola.

Él besa su mejilla y siento la necesidad de darle un puñetazo.

—Sigo siendo solo India. —Ella ríe.

El sonido saluda a mi polla como un dulce beso de sus labios rojos.

—Sí, nunca me acostumbré a llamarte por tu nombre.

Decido tomar una acción decisiva… ¿o debería considerarlo, jugar juegos?

Me levanto de la mesa, extiendo una mano sobre ella y le digo a India:

—Leandro Silva. Un placer conocerte.

Cuando acerca sus ojos a los míos, no hay un destello de sorpresa, así que
tal vez esperaba que actuara como si no la conociera.

Me molesta un poco que ella lo estuviera esperando.

Desliza su mano en la mía y siento como si me hubiera quemado.

—India Harris. Encantada de conocerte, Leandro.

Nuestros ojos se cruzan.

Primero aparta la mirada y mira directamente a Kat.

¿Son celos o desaprobación en sus ojos?

Espero que sean celos.

Sus labios se aprietan, como lo hacen cuando le cuento algo que he hecho
o alguien que ella cree que es una mala elección para mí.

Definitivamente es desaprobación.
El saberlo me molesta muchísimo.

Con una mano en la dirección de Kat, le digo a India:

—Ella es Kat…

Demonios, no sé su apellido.

—Kat Whisker.

Se pone de pie a mi lado y extiende una mano hacia India.

¿Kat Whisker?

Tengo que contener la risa y es difícil. Puedo ver que India tiene humor
bailando en sus ojos.

Sin embargo, ella nunca se reiría. Es demasiado amable para reírse de


alguien de esa forma.

Carrick no es tan obvio ni amable porque el bastardo se ríe, lo que


rápidamente se convierte en tos. Andi lo fulmina con una mirada.

Kat no parece darse cuenta, ya que está demasiado ocupada mirando a


India mientras le da la mano.

—Él es el doctor Daniel Walker. —India presenta al imbécil a todos.

Y, por supuesto, es médico. Apuesto a que el imbécil trabaja con niños


enfermos o algo así.

—Por favor, llámame Dan.

Nos sonríe y quiero darle un puñetazo.

—Dan es un médico de urgencias —nos dice India. Suena orgullosa.

Siento una punzada de celos, lo cual es ridículo.

¿Por qué estaría celoso?

—Un médico de urgencias con una rara noche libre .

Sonríe hacia India y su mano se posa en la parte baja de su espalda.


Ahora sólo puedo pensar en arrancarle la mano de la parte baja de la
espalda y aplastarla hasta que reciba el mensaje de no volver a tocarla.

—Leandro es piloto de Fórmula 1, como Carrick. —Kat desliza su mano


por mi brazo, doblando sus dedos sobre mi bíceps—. Estoy segura de que debes
haber oído hablar de él.

—Leandro Silva, por supuesto. —Dan chasquea los dedos. Se vuelve


hacia Carrick—. Y tú eres Carrick Ryan. Encantado de conocerlos a ambos. No
tengo la oportunidad de ver muchas carreras, pero cuando lo hago, ustedes dos
son siempre mis favoritos.

Lame culos.

Primero me extiende su mano. Me aseguro de dar un firme apretón. Si se


da cuenta, no lo deja ver.

—Bueno, deberíamos dejarlos y llegar a nuestra mesa. —India le indica a


la camarera, que ha estado rondando todo este tiempo.

—¿Por qué no te unes a nosotros? —dice Andi.

Siento la mano de Kat apretarse sobre mi brazo.

—Eso estaría bien, ¿no? —pregunta Andi a la camarera. Vuelve a mirar a


India—. Si quieres unirte a nosotros, por supuesto.

India mira a Dan.

Él sonríe.

—Por supuesto. Siempre y cuando no te importe que nos colemos en tu


fiesta.

Tengo ganas de levantar la mano y decir que me importa.

Me importa mucho.

No quiero sentarme aquí y ver cómo se adulan unos a otros. No es que


haya habido muchas adulaciones.

—Por supuesto que no —responde la camarera.

Con un chasquido de los dedos, llama la atención de un camarero, quien


les trae dos sillas y dos cubiertos más.
A estas alturas, ya he conseguido sacar la mano de Kat de mi brazo y
vuelvo a sentarme.

Todos hemos tenido que movernos un poco, así que Kat está
prácticamente sentada en mi regazo y, de alguna forma, India ha terminado en
la silla a mi lado.

Bueno, esta será una noche divertida.

¿Cómo diablos terminé en una noche de parejas con mi psiquiatra?

Quizás debería tomarme esa bebida ahora.


8
India

Londres, Inglaterra
Sabía que debería haber cancelado esta noche.

Primero, mi auto se descompuso cuando salí para comprar un nuevo par


de medias, ya que no me había dado cuenta de que se me habían acabado, y me
quedé esperando a que la asistencia de carretera viniera a arreglar mi auto. No
pudieron, por lo que actualmente está en el garaje.

Luego, mi tacón se rompió mientras estaba en la tienda, comprando las


medias, así que tuve que ir a comprar un nuevo par de zapatos. Eso no fue tan
malo, ya que terminé comprando también los que estoy usando ahora, así como
el vestido nuevo que estoy usando.

Luego, después de quedar atrapada en la lluvia y tener que tomar un taxi


a casa, acababa de preparar la tina cuando un paciente llamó. Por supuesto que
acepté la llamada, y cuando terminé, mi baño estaba frío. Entonces, tuve que
darme una ducha.

Luego, mi plancha para el cabello no funcionó, y para redondearlo, rompí


mi lápiz labial favorito.

Ha sido un día de mierda, así que, por supuesto, vería a Leandro Silva
aquí en una cita.

Es bueno que esté teniendo una cita, y claramente no está bebiendo, a


juzgar por la limonada que acaba de pedir.

Pero su cita es un poco manoseadora. Tengo una muestra completa de su


mano en su muslo, subiendo poco a poco. Él tiene que continuar deteniéndola
cuando sube demasiado. En realidad, debería decirle que deje de hacerlo. Quiero
decir, por supuesto, no me molesta. No creo que debas manosear a alguien en
público durante la cena.
Una imagen de la mano de Leandro deslizándose por mi muslo pasa por
mi mente, y siento que me acaloro.

Bebo un trago de mi vino para refrescarme.

Me concentro en la comida, en la agradable conversación y en Dan, sentado


a mi lado.

No en el hombre a mi izquierda.

Ni en su acompañante.

Kat Whisker.

Se me escapa la carcajada que he retenido antes y que rápidamente cubro


con una tos. Dan me mira y vuelve a hablar con Carrick.

Puedo sentir los ojos de Leandro sobre mí, pero no lo miraré.

Pero, de nuevo, tal vez no mirarlo es aún más obvio.

Lo miraré casualmente, como lo haría una persona normal.

Miro en su dirección para encontrarlo ya mirándome.

¿Por qué me está mirando? ¿Y por qué tengo que encontrarlo tan
malditamente atractivo?

No ayuda el hecho de que esté muy elegante y no tenga barba.

Me pregunto si se afeitó la barba para su cita con la guapa Kat.

No es que pueda preguntarle. Dejó claro que no quiere que la gente sepa
que nos conocemos. Es comprensible. Al fin y al cabo, soy su terapeuta y Leandro
tiene que mantener una imagen pública, aunque últimamente no sea muy clara.

Sonrío y trato de pensar en algo que diría una persona que no lo conoce.

—¿Cómo está tu cena?

Vaya, eso fue increíble, India.

Una sonrisa curva sus labios.

—Está bien. El filete está un poco pasado para mi gusto. Lo prefiero poco
cocido.
Sus ojos brillan con el énfasis en la última palabra.

De acuerdo. Respira profundo. Bebo otro sorbo de mi vino.

—¿Cómo está el tuyo?

Su voz profunda y con acento parece más cercana.

Cuando giro la cabeza, veo que se inclina en mi dirección.

Miro mi salmón, que apenas he tocado.

—Está bueno.

Cuando vuelvo a encontrarme con sus ojos, me sonríe.

Mi oído se agudiza cuando oigo a Dan preguntar a Carrick:

—Entonces, ¿cómo conocen a India?

Miro a Andi, evaluando su respuesta. Se ha relajado mucho desde que la


conocí. Es más abierta, pero si querrá que Dan sepa que la traté es otra historia.

—India me ayudó a lidiar con algunos problemas que tuve con las carreras
de Carrick.

Está bien, ella está bien con eso, lo cual es bueno.

Sonrío hacia ella.

—Entonces, ¿es tan buena como dicen?

—Mejor —dice Leandro, sorprendiéndome.

Toda la mesa se vuelve hacia él.

Su rostro ni siquiera se inmuta.

—Andi habló maravillas de ella, y el cambio en ella fue notable, incluso


para mí.

Le brindo a Andi una cálida sonrisa.

—Entonces, ¿has usado tus contactos para llevar a Jett al Prix? —dice
Dan jovialmente. Él sabe lo fanático que es Jett de la Fórmula 1.

—¿Quién es Jett?
Ese es Leandro de nuevo.

—El hijo de India —responde Dan con indiferencia.

No sabe que Leandro es un paciente.

No hablo de mi vida privada con mis pacientes.

Puedo sentir mi rostro calentándose.

—No sabía que tenías un hijo —dice Andi.

—India lo protege ferozmente —comenta Dan—. Ni siquiera lo conozco, y


hemos estado saliendo durante dos meses.

Puedo escuchar la preocupación en su voz y me incomoda.

Sé que a Dan le molesta no haber conocido aún a Jett, pero no le presento


hombres a mi hijo, a menos que vaya en serio con ellos. Y nunca he ido en serio
con nadie. Así que presentar a alguien a Jett significaría que realmente veo un
futuro con el chico, y no estoy segura de que Dan sea esa persona.

—¿Cuántos años tiene tu hijo? —pregunta Andi levantando la voz.


Probablemente para quitarle la incomodidad del comentario de Dan.

Intento frenar mi necesidad de proteger mi vida de la gente.

—Él tiene doce años.

—¿Doce? —exclama Leandro a mi lado.

Sé a ciencia cierta que mis mejillas están muy rojas en este momento.

Realmente quiero patear a Dan en la espinilla, con fuerza, por sacar a


relucir a Jett.

—Lo que quiero decir es que no pareces lo suficientemente mayor para


tener un hijo de doce años —dice Leandro, su voz suena diferente.

Trago más allá de un suspiro.

—Era joven cuando lo tuve. —Obligo a mi voz a ser brillante y a mis ojos
a mirarlo.

Lo que veo al devolverle la mirada hace que se me corte la respiración y


que me recorra un escalofrío por todo el cuerpo, hasta los dedos de los pies.
La forma en que me mira es como si me viera bajo una luz completamente
nueva.

No solo como su terapeuta, sino como mujer.

Y me emociona hasta la médula.

***

—No puedo creer que nunca me dijeras que conoces a Carrick Ryan.

Estamos frente a la puerta de mi casa y Dan me abraza.

Me ha llevado a casa después de cenar. Andi trató de convencernos de


beber algo después, pero con toda honestidad, no quería quedarme y ver a Kat
tocar a Leandro.

Me estaba molestando.

No debería haberlo hecho porque estoy viendo a Dan y soy la terapeuta de


Leandro. Pero no me miento a mí misma, y sentirme atraída por el chico es un
problema.

Uno que necesito controlar.

Porque no puedo dejar de tratarlo.

Debería hacerlo. Encontrar a un paciente atractivo nunca es algo bueno.


Pero nunca antes me había encontrado en esta situación.

¿Qué razón le daría para dejar de tratarlo?

Oh, te encuentro increíblemente atractivo, así que no puedo tratarte más.

No lo creo.

Sólo necesito subir mis bragas de chica grande y recordarme


repetidamente que es mi paciente.

Y también estoy en los brazos de Dan ahora mismo, discutiendo conmigo


misma por otro hombre.

Estoy anotando puntos importantes esta noche.


Bien, no más pensamientos de Leandro.

—Andi es una paciente, y sólo conozco a Carrick a través de ella. Y tú no


eres un gran fan de la Fórmula 1, así que no pensé que importara si te lo decía
o no.

—No es así. —Él roza mi nariz con la suya—. Pero el hombre es una
leyenda, al igual que Leandro Silva. Aunque escuché que ya no corre después de
su accidente.

—Mmm…

—Así que, la cena fue agradable.

—Lo fue.

Roza sus labios sobre los míos de esa manera tan suave que tiene.

Es agradable. Sólo que, a veces, desearía que se volviera salvaje conmigo.


Que me empujara contra la puerta y me devorase.

No que me bese como si pensara que me voy a romper.

Sintiéndome extrañamente frustrada, profundizo el beso, deslizando mi


lengua en su boca. Presiono mi cuerpo contra el suyo y gimo en su boca.

Sus dedos se deslizan suavemente por mi cabello.

Pero no quiero que sea amable.

Lo empujo contra la pared exterior de mi casa. Extiendo mis manos sobre


su pecho y lo beso con más fuerza. Muerdo su labio con los dientes, dejo que mi
mano baje hasta su erección que se clava en mi cadera. Empiezo a frotarlo a
través de la tela.

Luego, bajo la cremallera de sus pantalones, pero agarra mi mano y me


detiene.

—India.

La vergüenza inunda mi rostro ante su evidente rechazo. Retiro la mano y


doy un paso atrás, mirando a cualquier cosa menos a él.

—Dios, lo siento mucho.


No sé por qué he hecho eso. Todavía no hemos tenido sexo. Quería tomarlo
con calma, y hace mucho tiempo que no tengo sexo con ningún hombre.

¿Qué pensaba hacer? ¿Tener sexo con él en mi puerta?

No es como si lo llevara adentro y tuviera sexo con él mientras mi hijo


duerme en la habitación de al lado y mi hermano está al final del pasillo. Luego,
está el hecho de que Jett no lo ha conocido, y Kit lo ha visto solo una vez.

¿Qué me pasa?

—Debería entrar. —Mis ojos están actualmente en mis pies, que


comienzan a moverse hacia la puerta de mi casa.

—No, India, espera. —Me agarra del brazo y me atrae hacia él.

Desliza sus manos alrededor de mi cintura. De mala gana miro a su rostro.

—Lo siento —dice con seriedad—. Me tomaste desprevenido. Supongo que


no me lo esperaba. No hemos tenido sexo y no has hecho ningún movimiento en
esa dirección hasta ahora.

Me quedo mirando a mis pies, incapaz de mirarlo un momento más.

—Supongo... que me dejé llevar por el momento.

—India, mírame, por favor.

De mala gana, levanto mis ojos hacia los suyos.

Su mano acaricia mi mejilla con el pulgar.

—Me gusta que te hayas dejado llevar por el momento, y estoy más que
feliz de pasar a la siguiente etapa de nuestra relación, pero sólo si estás
realmente lista.

—No lo sé. Supongo que... tal vez.

Me encojo de hombros.

Para ser una mujer educada, esta noche estoy muy locuaz, ¿no es así?

—India, quiero lo que tú quieres. No hay presión alguna.

La frustración se acumula en mi mente, zumba en mis oídos, y al instante


veo mi problema aquí.
Quiero que él quiera lo que quiere. No que quiera lo que yo quiero. Necesito
que sea más agresivo. Que me diga que me quiere, y al diablo con el resto.
Presionarme contra esta pared y besarme hasta la saciedad. Decirme cuánto
necesita estar dentro de mí. Que no puede respirar sin mí.

Necesito pasión de él.

Apuesto a que Leandro no es tan considerado o gentil con las mujeres con
las que tiene sexo. Apuesto a que está lleno de pasión. Apuesto a que les dice
directamente que las desea.

No es que quisiera ser una de las conquistas de una noche de Leandro.


Como la maldita Kat Whisker.

¡Uf! ¡Maldición! Demonios, ¡estoy metiendo a Leandro en esto otra vez!

No más pensamientos de Leandro.

—Solo... piénsalo y avísame, ¿de acuerdo? —dice Dan.

Tengo que reprimir mi frustración.

—Sí, seguro.

Presiona suavemente sus labios contra los míos. Me separo rápidamente,


ya que no quiero besarlo ahora, y me dirijo a la puerta, sacando las llaves de mi
bolso.

—Te llamaré mañana —dice.

—Hablamos luego.

Cierro la puerta detrás de mí y la cierro con llave. Luego, me apoyo en ella,


con el corazón latiendo con fuerza en mi pecho, y sé que no late así por Dan,
sino por los pensamientos de cierto piloto de carreras brasileño.
9
Leandro

Londres, Inglaterra
Camino hacia la estación del metro, tengo la cabeza completamente metida
en el trasero. Acabo de tener una reunión con los jefes de equipo en un
restaurante de lujo en el que los platos eran tan pequeños que he salido todavía
con hambre.

La reunión fue inútil porque no tenía nada nuevo que contarles.

Sigo en terapia y todavía no conduzco.

Dijeron lo mismo que antes. Si no vuelvo el año que viene, estoy fuera.

No puedo enfadarme con ellos. Tienen un negocio y actualmente pagan


por un conductor que no conduce.

En todo caso, están siendo buenos conmigo. Sé que es por lealtad y


respeto. Pero eso sólo puede llegar hasta cierto punto.

Soy muy consciente de que la temporada se acerca rápidamente. Estamos


a finales de noviembre. La temporada de carreras comienza en marzo.

Tengo que volver a subirme a mi auto y pronto, o mi carrera se acabará


para siempre.

Un destello de pelo rubio llama mi atención. Al instante me hace pensar


en India.

No es que eso sea una rareza en este momento. Actualmente, ella es lo


único en lo que pienso.

Verla anoche con el idiota con el que sale me volvió loco. Me costó todo lo
que había en mí para no alcanzar y estrangular al hombre.

Sabiendo que puede poner sus manos sobre ella...


Aprieto los puños al pensarlo.

Pero en serio, ¿qué ve ella en ese hombre? Claro, es un médico, pero es muy
aburrido.

Me alegré de estar sentado lejos de él, para no tener que entablar


conversación con el inútil. Aunque fue divertido ver a Carrick siendo torturado
por tener que escucharlo.

Eso es lo que le pasa por ser cómplice de tenderme una trampa con Kat.

Jesús, esa mujer era como un pulpo. Sus manos estaban en todas partes.

No me malinterpretes. No me importa que me toquen la polla, pero no a la


vista de todo el mundo, sobre todo cuando la única mujer que quiero que toque
mi polla está sentada a mi lado.

Después de la última noche, si no lo tenía claro antes, entonces me quedó


muy claro que quiero tener sexo con India.

Repetidamente.

Sólo tengo que averiguar cómo hacer que eso ocurra y cómo hacer que
Dan, el imbécil, desaparezca.

Dios, no puedo creer que esté saliendo con ese imbécil aburrido. No me
importa que sea médico y que salve vidas. Ella se merece algo mejor que él.

¿A ti?

No. Ella se merece algo mejor que yo, pero soy un bastardo egoísta, y
cuando quiero algo, lo tomo.

Abro la puerta de la estación de metro y entro directamente hacia India,


literalmente.

—Uy. Lo siento —dice.

Tiene los ojos bajos, la mano busca algo en su bolso. Cuando levanta los
ojos hacia mí, veo que la sorpresa se trasluce en ellos.

Luego, sonríe ampliamente.

—Leandro.
Mis ojos recorren rápidamente su cuerpo. Lleva unos vaqueros ajustados
y una camiseta con una chaqueta de cuero negra ajustada. Parece más joven.

Y mi polla se pone inmediatamente en guardia.

Me acerco un poco más, invadiendo su espacio.

—India. Anoche, y ahora, esta mañana. Si no lo supiera, pensaría que el


universo está tratando de juntarnos.

Sus ojos parpadean nerviosos a un lado. Siguiendo su mirada, veo a un


chico de pie junto a ella, que me mira con curiosidad.

Enseguida sé que es su hijo. Tiene exactamente los mismos ojos azules


que ella.

Se aclara la garganta, de esa manera que hace cuando se siente incómoda.


Es sorprendente la rapidez con la que me he acostumbrado a sus pequeñas
costumbres.

—Leandro, este es mi hijo, Jett —Se aleja un paso de mí, dejando ver más
de él.

Recuerdo que anoche dijo que tenía doce años. Este niño es alto para su
edad. Yo mido 1,80 y él sólo mide medio metro menos que yo.

Su cabeza se inclina hacia un lado, sus ojos brillan de emoción.

—Eres Leandro Silva.

Parece asombrado.

Dice que es un gran aficionado a la Fórmula 1.

—Lo soy.

Sonrío.

—¡Santo cielo! —Dirige sus ojos a India—. ¿Conoces a Leandro Silva?


¿Cómo conoces a Leandro Silva? ¿Y por qué no me has dicho que conoces a
Leandro Silva?

La voz del chico sube un decibelio más. Puede que sea alto, pero su voz
aún no ha madurado, y su tono alto está llamando la atención.
Acomodo mi gorra de béisbol que llevo puesta sobre los ojos. No me
importa un poco de atención, pero ahora mismo no quiero que la gente se
entrometa mientras la tengo aquí.

—Jett, por favor, no digas tonterías. ¿Y podrías bajar la voz un poco? La


gente está empezando a mirar.

India se ríe suavemente.

Sus ojos escudriñan rápidamente a su alrededor.

—Lo siento —Sus ojos vuelven a mirarme—. Es que soy una gran fan.
Enorme.

Enfatiza con sus manos.

—No pasa nada —sonrío de nuevo.

Vuelvo a mirar a India. Se está mordiendo el labio, con un aspecto más


que desconcertante.

Sí, me excita. Su mordida de labios y su nerviosismo me excitan. Pero, de


nuevo, casi todo lo que hace me excita.

Estamos en esta incómoda pausa en la que ninguno de nosotros sabe


exactamente qué decir. Jett me mira con asombro y su boca se abre y se cierra
como si tuviera cien preguntas que hacer pero no supiera por dónde empezar.

Decido llenar el vacío.

—¿Has tomado el metro?

Es claramente la cosa más tonta que podía preguntar, teniendo en cuenta


que estaban saliendo de la estación.

Suave, Silva, muy suave.

Una sonrisa se dibuja en el rostro de India.

—Mi auto está en el garaje —dice—. Así que somos esclavos del transporte
público.

Otra pausa incómoda.

Coloca su mano en el brazo de Jett y dice:


—Bueno, deberíamos irnos...

—¡No! —dice Jett en voz alta. Su rostro se pone rojo al instante—. Quiero
decir que vamos a tomar un café. Bueno, yo voy a tomar chocolate caliente
porque claramente soy demasiado joven para el café. Pero, ¿quieres venir con
nosotros a tomar un café? ¿O té? ¿Chocolate caliente? Lo que sea que bebas
realmente...

Se interrumpe, pareciendo incómodo.

Me echo a reír, separo los labios para hablar, pero no tengo oportunidad.

—Seguro que Leandro tiene mejores cosas que hacer que tomar un café
con nosotros, Jett.

¿Yo?

La miro. Hay algo en sus ojos que no puedo discernir, pero se parece
mucho a la incertidumbre.

Vuelvo a mirar a Jett y sonrío.

—En realidad, no se me ocurre nada que prefiera hacer ahora mismo.

Vale, estoy poniendo el encanto, pero lo digo en serio. No hay ningún otro
lugar en el que preferiría estar ahora mismo que con ella. Y conocer a su hijo es
una ventaja añadida.

Vuelvo a deslizar mis ojos hacia India, fijándolos en los suyos.

—Me encantaría tomar un café contigo.

Una sonrisa enciende sus ojos.

—Íbamos a ir a Starbucks. ¿Te parece bien?

Cualquier lugar contigo me parece bien.

—Perfecto.

Camino con ellos hacia Starbucks. India comienza a caminar delante de


nosotros mientras Jett me habla incesantemente de mis carreras pasadas. Le
escucho hablar, respondo a sus preguntas y me obligo a no mirar el magnífico
trasero de India con esos vaqueros ajustados. Me parece que sería una falta de
respeto mirarla con disimulo delante de su hijo.
Cuando llegamos al Starbucks, me adelanto y le abro la puerta.

—Gracias.

No me mira a los ojos cuando habla, pero veo el rubor en su rostro.

Jett pasa, todavía hablándome de las carreras, y yo le sigo.

—Ustedes dos tomen asiento. Yo iré a por las bebidas —digo—. ¿Chocolate
caliente para ti, Jett? —Compruebo—. ¿Y un café negro para ti, India?

—¿Sabes cómo toma mi madre el café? —La voz de Jett golpea el aire.

Y veo cómo se congela la sonrisa en el rostro de India.

Cuando miro a Jett, veo que tiene una sonrisa de oreja a oreja.

El chico es rápido.

Pero yo soy más rápido.

—Una vez le llevé café. Se me quedó grabado. Tengo una gran memoria —
Llevo un dedo a mi cabeza—. ¿Quieres algo para acompañar ese chocolate
caliente?

Miro por encima de mí la comida expuesta.

—Una magdalena de arándanos estaría bien, por favor —dice.

—Vamos a buscar un sitio para sentarnos —dice India, que aún parece un
poco nerviosa.

Me uno a la pequeña cola y veo cómo se sientan en el fondo de la cafetería.

Hago el pedido, pidiéndome un café solo, y trato de ignorar la mirada de


la camarera, esperando que no me reconozca.

Consigo hacer el pedido sin problemas y lo llevo todo a la mesa. Dejo la


bandeja en el suelo y le doy a Jett su bebida y su magdalena.

—Gracias —murmura. Al instante, le da un mordisco a la magdalena.

—Gracias.

India me sonríe mientras pongo su café en la mesa frente a ella.


Rodea la taza con las manos, como si necesitara el calor.

—Mamá dice que te conoció en la cena de anoche. Estabas allí con una
paciente suya que es amiga tuya.

Deslizo mis ojos hacia India antes de volver a mirar a Jett. Asiento con la
cabeza y digo:

—Así es.

—¿Es otro piloto de Fórmula 1?

—¡Jett! —reprende con ligereza, sólo de la manera en que puede hacerlo


una madre.

Me río de su franqueza.

—Deja de entrometerte —dice ella.

—Si no preguntas, no te enteras.

Se encoge de hombros, dando otro mordisco a su magdalena.

—Jett tiene razón —digo, lo que provoca que India me frunza el ceño, lo
que me hace reír—. Y no sería correcto por mi parte hablar de ello, ya que es un
asunto privado de mi amigo —digo a Jett—. Pero para responder a tu pregunta,
no, ella no es una conductora.

—¿Ella? ¿Alguien con quien sales entonces?

—¡Jett! —La voz de India es más fuerte ahora, y tiene el rostro enrojecido.

Me hace reír de nuevo. Me encanta verla nerviosa.

—Lo siento mucho —dice India—. No suele ser tan entrometido.

—Sí, lo soy —responde Jett.

India le lanza una mirada.

Yo sigo riendo.

Me gusta este chico.

—No, no estoy saliendo con ella. Está casada con mi amigo —respondo.
—Y ya está bien de esas preguntas —ataja India cuando vuelve a abrir la
boca.

—Bien —resopla, girando en su asiento para mirarla—. Pero tengo que


preguntar porque no me dices nada, como el hecho de que te reuniste con
Leandro Silva anoche.

—Apenas tuve la oportunidad —responde ella, sonando exasperada—.


Estabas durmiendo cuando llegué a casa.

—¿No podías habérmelo dicho en el desayuno?

Las observo con fascinación. India siempre está tan tranquila y en control
en nuestras sesiones, pero ahora mismo, está a merced de su hijo de doce años,
que está a punto de romperla delante de mis ojos.

Estoy tentado de preguntarle su secreto sobre cómo hacerlo.

—¡Está bien! —Ella levanta las manos en el aire—. De acuerdo. Lo siento,


Jett. Podría habértelo dicho esta mañana.

—¿Mañana dónde? —pregunta.

—En el aeródromo de Shenington, en Banbury. A una hora en auto .

—¿Podemos ir? Por favor. ¡Por favor! —suplica Jett, con las manos
apretadas frente a él.

Ella lo mira fijamente durante un largo momento. Puedo ver su mente


trabajando.

—No lo sé, cariño. No tengo mi auto , y Kit trabaja mañana, así que no
puedo pedirle prestado su...

—No necesitas tu auto . Los llevaré a los dos.

—¿Vas a conducir hasta allí? —pregunta ella, con voz cuidadosa.

Siempre la terapeuta.

—Tengo un conductor que me lleva. Soy rico y perezoso —Dejo escapar


una carcajada, pero suena débil incluso para mis propios oídos.

Por supuesto, ella sabe por qué no conduzco, pero no quiero quedar como
una cojo delante de su hijo.
Pero bueno, él es un fanático de la Fórmula 1, así que probablemente haya
escuchado historias sobre mí.

—Si yo fuera tú, tampoco conduciría por mí mismo —dice Jett,


recostándose en su silla—. Tendría un chófer y guardaría la conducción para los
circuitos.

O es un inconsciente o es un buen chico.

Teniendo en cuenta quién es su madre, me inclino por el buen chico.

Sentado hacia delante, le rodea los hombros con el brazo.

—Entonces, ¿podemos irnos, mamá? Por favor...

Me mira, y yo me encojo de hombros, sonriendo. Me inclino hacia atrás en


la silla, tomo mi café y doy un sorbo.

El la suelta y dice:

—Tienes que decir que sí, ya que esto será lo más grande que me ha pasado
en mi vida. ¿Y sabes cuántos niveles de genialidad subiré en la escuela si digo
que pasé el día con Leandro Silva?

—¿Seguro que no habrá problemas? —pregunta India.

¿Pasar el día contigo?

—Ningún problema en absoluto.

—Entonces, ¿eso es un sí? —Jett lo comprueba con India.

—Es un sí.

—¡Sí! —Golpea el aire con el puño antes de plantar un beso en la mejilla


de India.

Luego, está hablando por teléfono, probablemente enviando mensajes a


sus amigos o actualizando su estado en Facebook.

Miro a India y veo que ya me está mirando.

Gracias, expresa moviendo sus labios.

Me da una sensación de calidez en el pecho, como si fuera algo secreto que


me está brindando solo a mí.
De nada, le respondo.
10
India

Banbury, Inglaterra
Esto es una mala idea.

Realmente no debería estar aquí, pero no podía decir que no cuando


Leandro Silva, uno de los héroes de Jett, estaba allí, ofreciéndole entradas para
ir a ver una carrera del campeonato de karting. A Jett se le iluminó el rostro, y
yo sería una madre malvada si hubiera dicho que no, pero sería la madre del año
si hubiera dicho que sí. Quién podría rechazar la oportunidad de ser la Madre
del Año, ¿verdad?

Y no es que pudiera explicarle a Jett que no sería ético por mi parte aceptar
las entradas y pasar el día con Leandro porque es mi paciente.

Pero entonces, técnicamente, no tomé las entradas. Jett lo hizo. Leandro


se las dio, y Jett me dio el boleto de repuesto.

Así que, esa es mi racionalización de la situación, y me quedo con ella.


Cómo terminé en la parte trasera del auto con Leandro y Jett en la parte
delantera con el conductor y con el control del estéreo sin embargo está más allá
de mí.

Pero tengo que ponerme manos a la obra porque Leandro está siendo aún
más encantador que de costumbre, y está muy sexy con sus vaqueros y su
camisa negra. Y esos ojos sin profundidad cada vez que se encuentran con los
míos... juro que me absorben. Y su acento... dulce niño Jesús, su acento. Siento
la necesidad de cruzar las piernas cada vez que habla en general, pero sentada
aquí con él, aislada en la parte trasera de este auto porque Jett puso el maldito
cristal de privacidad, sin mi cabeza en modo de trabajo... no es bueno.

Y muy bueno.

Necesito decir algo para llenar la tensión silenciosa.


—Gracias por invitar a Jett hoy —digo. Era lo único que se me ocurría
decir.

—Ya lo has dicho. Hace cinco minutos. Y cuando te recogí por primera vez.

—¿Lo hice?

Cometo el error de mirarlo.

Me siento como una mosca atrapada en una telaraña.

—Lo hiciste. —Su voz es suave y seductora.

Tengo que obligarme a apartar la mirada. Fijo mi mirada en el paisaje que


hay fuera de mi ventana.

—India, ¿estás bien? Pareces nerviosa.

Mis ojos vuelven a dirigirse a él.

—¿Nerviosa? No estoy nerviosa.

Mi voz sale aguda e indica que estoy totalmente nerviosa.

—¿No?

Él inclina la cabeza hacia un lado, y algunos de esos suaves mechones


negros caen en sus ojos.

Mis dedos hormiguean por apartarlos. Tal vez deslizarlos hacia su cabello
y sentirlo, ver si es tan suave como creo que será.

Soy su terapeuta. Y estoy saliendo con Dan.

Me siento sobre mis manos.

—De acuerdo, tal vez estoy un poco nerviosa.

—¿Por qué? —Se humedece los labios con la lengua.

Si no lo supiera, pensaría que lo hace para torturarme.

Al encontrarme con la boca seca, lamo mis labios en busca de humedad.

—Porque... soy tu terapeuta. —Bajo la voz a un susurro aunque sé que


Jett no puede oírme de frente.
—¿Y?

—Y... —Frunzo el ceño—. No es ético que me relacione contigo.

—¿No es ético que pases tiempo conmigo?

—En una capacidad no terapeuta-paciente, sí.

—¿Y esa es la única razón por la que estás nerviosa ahora mismo?

Sus ojos se clavan en los míos.

No, no es la única razón. Estoy nerviosa sobre todo porque tengo unas ganas
tremendas de besarte ahora mismo y descubrir si sabes tan bien como creo que lo
harás. Y si Jett no estuviera sentado en la parte delantera de este auto ahora
mismo, me costaría mucho impedirlo.

Jesús, ¿qué me pasa? ¿Por qué puedo controlar mis pensamientos mientras
estoy con él en la oficina pero no aquí?

—Por supuesto que sí. ¿Qué otra razón podría haber?

Tengo que forzar la voz para que suene uniforme, y me resulta muy difícil.

—Ninguna razón.

Aparta la mirada de mí.

Me miro las manos.

Desde que me conoció, he visto que Leandro me miraba de forma sexual,


pero sé que es porque utiliza el sexo como mecanismo de defensa.

Me miraba como lo haría con cualquier otra mujer que considerara


atractiva, como un medio temporal de evasión.

Pero, últimamente, la forma en que me mira es diferente.

No sé cómo explicarlo, pero ya no me mira como si fuera un objeto más


para follar.

Me mira como si realmente me deseara.

Y eso me asusta.

Porque yo también lo deseo.


—Entonces, ¿por qué no tratas esto como una sesión de terapia, si te
molesta tanto? —Sus palabras salen de la nada, y su tono es mordaz. Parece
enfadado—. Puedo hablarte de la mierda de siempre, ya sabes, de cómo mi vida
apesta… si eso te hace sentir mejor por estar aquí conmigo.

—Lo estás sacando de contexto, Leandro.

—¿Lo estoy, doctora Harris?

Desde nuestro primer encuentro no me ha llamado doctora Harris.


Siempre me llama India.

Y escuchar que me llama doctora Harris me araña la piel como si fueran


uñas inoportunas.

—Dijiste que estar aquí conmigo no era ético, así que estoy intentando que
sea ético para ti.

Suelto un suspiro.

—¿Qué quieres que diga?

—¿No es esa normalmente mi línea?

—¡Jesús, Leandro! —Me pongo a gritar, mi ira se apodera de mí—. ¿Qué


es lo que quieres de mí aquí?

Me mira, sus ojos negros me atraviesan, con la mandíbula desencajada.

—Nada. —Vuelve su rostro hacia otro lado—. Siento haberte puesto en


una situación difícil al darle las entradas a Jett. Debería haberlo pensado. No es
como si pudieras decirle que no una vez que te he hecho la oferta.

Tiene razón... y está equivocado. La madre que hay en mí no podía decir


que no, pero el médico debería haberlo hecho. Jett se habría enfadado, pero lo
habría superado.

Me puse en esta posición.

Tal vez porque una parte de mí quiere estar aquí con Leandro.

Y ahora, lo he ofendido, y no sé cómo retractarme.

—Mira, lo siento.
Alargo la mano y le toco el brazo. En el momento en que lo hago, sé que es
un error porque la conexión que siempre siento a su alrededor se multiplica por
diez.

Todo el aire es aspirado del auto , dejándome sin aliento. Puedo sentir el
calor de su cuerpo a través de la camisa que tengo bajo la palma de la mano, lo
que hace que mi piel arda.

No puedo apartar los ojos de él. Es tan hermoso. Su mano se acerca a la


mía. Su dedo índice recorre ligeramente mi piel hasta llegar a mi muñeca. Sus
dedos la rodean hasta que su mano me sujeta.

Sus ojos bajan hasta mi boca. Veo que cobran vida.

—India... —dice mi nombre en un suspiro.

Casi me deshago.

Casi.

Vuelvo a mis cabales, recordando quién soy, quiénes somos y dónde


estamos, me alejo de él y me giro para mirar la ventana.

Le oigo exhalar con fuerza. Parece frustrado.

Cierro los ojos al escuchar el sonido, y mi mano rodea la que ahora parece
tener una huella permanente de él en ella.

***

No hemos hablado desde ese momento, y ahora mismo se podría cortar la tensión
entre nosotros con un cuchillo.

No puedo creer lo cerca que estuve de besarlo.

¿Cómo pasé de ser su terapeuta a este... qué exactamente?

Un hombre al que quiero besar... y más.

¡Es un paciente, por el amor de Dios! ¿En qué demonios estoy pensando?

¿Habría dejado que pasara? ¿Lo habría besado?


El hecho de que no sepa la respuesta clara a esas preguntas es una clara
señal de que debería huir lejos de él.

Aparece la señal del aeródromo de Shenington. Lanzo un tranquilo suspiro


de alivio.

Sólo tengo que pasar el día de hoy. Entonces, podré volver a verle sólo en
el ámbito profesional, y estaré bien.

Es que verlo en la cena del viernes por la noche, toparme con él ayer y
tomar un café, ver lo bien que estuvo con Jett, y pasar hoy con él... me está
confundiendo.

Y no es que Leandro tenga sentimientos reales por mí.

Él tiene sexo con diferentes mujeres todo el tiempo. Tal vez no tanto
últimamente. Pero era un playboy mucho antes del accidente.

El conductor se detiene en el área de estacionamiento.

Jett se baja. El conductor abre mi puerta, y yo salgo con Leandro saliendo


detrás de mí.

—¡Este lugar es increíble! —Jett se acerca al auto , con la emoción en su


rostro.

Me encanta verlo así de feliz.

—Por aquí. —Leandro hace un gesto.

Le sigo mientras Jett camina con él, haciéndole preguntas sobre la carrera
de hoy.

Veo que la gente le mira fijamente. Él no parece darse cuenta, pero debe
estar acostumbrado a que la gente le mire.

A veces olvido lo conocido que es. Cuando estamos él y yo hablando en mi


despacho, es sólo Leandro.

Aquí, es un piloto de Fórmula 1 de renombre mundial.

Atravesamos la zona del paddock, llegamos a una sección en la que hay


un hombre en la puerta. Saluda a Leandro, dándole la mano. Luego, abre la
puerta y Leandro nos hace pasar a Jett y a mí primero antes de entrar detrás de
nosotros.

No hay mucha gente aquí. Parece ser un área de visualización privada que
se abre a la pista de karts.

—¡El maldito Leandro Silva!

Me vuelvo al oír la voz masculina, no me gusta el hecho de que acabe de


maldecir delante de Jett.

Es atractivo, de pelo castaño y bonita sonrisa. Lo reconozco pero no lo


ubico.

—Carter, ¿cómo estás? —saluda Leandro, sonriendo.

Hacen eso del apretón de manos y abrazo varonil que hacen los hombres.

—Estoy bien. ¿Cómo estás después del accidente? Sé que esta mierda es
dura.

—Estoy bien —interrumpe Leandro, el tono de su voz instantáneamente


es más duro.

Carter lo mira por un momento, con el ceño fruncido. Luego, su rostro se


relaja.

—Bueno, me alegro de oírlo. Pero si necesitas hablar, ya sabes dónde


estoy. De todos modos, tenemos que reunirnos más a menudo. Y gracias por
hacer esto hoy. A los niños les encantará verte aquí.

—No hay problema —dice Leandro con un gesto despectivo de la mano.

Veo que los ojos de Carter se dirigen a mí y a Jett, de pie detrás de Leandro.

—Carter, esta es mi amiga India Harris, y su hijo, Jett. Jett es un gran


aficionado a la Fórmula 1. India, Jett, este es Carter Simmons.

Carter Simmons. Sabía que lo reconocía.

Recuerdo su accidente. Leandro y Carter solían conducir para el mismo


equipo, para el que Leandro todavía conduce.

Carter tuvo un accidente en su primer año. Su brazo izquierdo fue


parcialmente cortado en el accidente, dejándolo con movimiento limitado en él.
Fue su primer y último año. Recuerdo que fue un gran acontecimiento en las
noticias, ya que era un joven y prometedor piloto inglés. Todo el mundo tenía
muchas esperanzas puestas en él.

Trágico que su carrera se truncara antes de que apenas hubiera


empezado.

—Gran fanático de las carreras, ¿eh? —dice Carter a Jett—. Bueno, hoy
estás con una leyenda de las carreras. Eso tiene que ser bastante impresionante.

—Lo es. —Jett sonríe en dirección a Leandro.

—¿Te gusta correr?

—Voy a los karts cuando puedo.

—¿Eres bueno?

Jett se encoge de hombros.

—Estoy bien.

Carter sonríe.

—Tengo la sensación de que probablemente estás mejor que bien. Deberías


venir algún día y probar las pistas.

—Eso sería genial.

Jett sonríe.

—Genial. Bueno, ¿puedo ofrecerles algo de beber? —pregunta Carter.

—Me encantaría un café solo —digo con un escalofrío.

Estoy abrigada con unos vaqueros, un jersey y una chaqueta calentita,


pero el frío aún se hace notar.

—Café negro. Silva, ¿quieres algo?

—Lo mismo que India.

—Genial. Bueno, ¿por qué no vienes y me echas una mano para conseguir
las bebidas, Jett? Luego, puedo presentarte a los chicos que corren hoy.
Jett me mira, comprobando que está bien ir, y le brindo una sonrisa
tranquilizadora.

Lo veo irse con Carter.

—¿Quieres sentarte?

Leandro señala unas sillas cerca de la zona de observación.

—Claro.

Me acerco y tomo asiento, y Leandro se sienta a mi lado.

Estoy muy pendiente de él en este momento, y realmente desearía no


estarlo.

—Así que, Jett parece estar disfrutando hasta ahora —dice Leandro.

—Está en su elemento aquí.

Sonrío.

Observo cómo se inclina hacia delante, apoyando los brazos en la


barandilla. Mira los karts que se están calentando en la pista. Un suspiro que
suena muy parecido a la nostalgia sale de él.

—Realmente lo echas de menos.

No es una pregunta. Ya sé que lo echa de menos.

Gira la cabeza hacia mí, apoyando la mejilla en el brazo.

—¿Cómo puedo echar de menos algo con un dolor físico y estar


absolutamente aterrado de ello al mismo tiempo?

—Normalmente, las cosas que más amamos son las que nos aterrorizan.

Me mira fijamente durante un largo momento antes de volverse a mirar


hacia la pista.

—¿Cómo te metiste en las carreras?

Me inclino hacia delante, poniendo mis brazos junto a los suyos en la


barandilla.
—Mi padre fue campeón del mundo de rallies. Las carreras siempre fueron
un hecho para mí. Empecé en los rallies, pero mi interés por la Fórmula 1
siempre fue mayor. Quería ir en esa dirección, y él me apoyó plenamente.

—Debe estar orgulloso de ti.

—Lo estaba —Sonríe con tristeza—. Murió hace mucho tiempo. Justo
después de mi primer año en la Fórmula 1. Un ataque al corazón.

Mi pecho se aprieta por él, por su pérdida.

—Lo siento.

—Fue hace mucho tiempo.

Se encoge de hombros.

Me gustaría que no hiciera eso. Pasar por encima de las cosas como si no
importaran.

Cuando lo miro, ya me está mirando fijamente.

—¿Qué? —pregunto cohibida.

—Tenía una pregunta, pero tengo miedo de preguntar. No quiero cruzar


esa línea ética.

Le dirijo una mirada.

—He dicho que siento ese comentario. Pero es estrictamente cierto.


Socializar contigo no es ético.

—¿Quién lo dice?

—El Consejo de Profesiones Sanitarias y Asistenciales.

—Ah, ¿qué saben ellos?

Se ríe.

Demasiado. Estarían frunciendo el ceño, agitando mi licencia de prácticas


en mi rostro, si pudieran verme ahora mismo.

—Entonces, ¿esa pregunta?


Estoy pisando aguas peligrosas aquí, pero siento que le debo un poco de
mí misma. Y una parte de mí quiere decirle.

—El padre de Jett... ¿dónde está?

Mi cuerpo se queda helado. Tengo que obligarme a tragar saliva.

—No está por aquí.

—¿Estabas casada?

—Son dos preguntas.

Sonrío, para no parecer una zorra.

—Me parece justo.

Se encoge de hombros, sin insistir.

El hecho de que lo haga me hace responder:

—No, no estábamos casados. Yo era joven e ingenua. Pero de esa


ingenuidad saqué lo mejor de mi vida.

—Es un gran chico.

—Lo es.

Sonrío.

—Bien, tengo una última pregunta.

Lo miro de una manera que lo hace reír.

—Claro, ¿por qué no?

Levanto las manos en señal de derrota.

Sinceramente, me está gustando hablar así con él.

—El hombre con el que sales. En serio, podrías hacerlo mejor que él.

Frunzo el ceño al ver que la conversación da un giro inesperado, mis


nervios se alteran al instante.

—Bueno, yo podría decir lo mismo de ti.


—¿Qué quieres decir con eso?

Su tono suena tan defensivo como el mío.

—Kat Whisker. Quiero decir, ¿en serio? —Tengo que resistir el impulso de
poner los ojos en blanco—. Puedes hacerlo mejor que ella, Leandro.

¿De dónde ha salido eso? No debería haber dicho eso.

—¿Hablas como mi terapeuta?

Su tono es de repente tan uniforme que no puedo entenderlo.

¿Estoy hablando como su terapeuta?

Ya sé la respuesta, y eso hace que se me erice la piel. No importa lo que


diga ahora, me estaré disparando en el pie.

Respiro profundamente y pongo mi cabeza profesional.

—No debería haber dicho eso. Hablé fuera de lugar.

—¿Por qué haces eso? —gruñe, forzando mis ojos hacia los suyos.

—¿Hacer qué?

—Poner la cosa profesional cuando te enfrentas a una pregunta que tienes


miedo de responder.

—No tengo miedo de responder —lanzo.

—Entonces, responde con la verdad. —Me desafía con su tono y sus ojos—. Lo
que dijiste sobre Kat, ¿lo dijiste como mi terapeuta o como mi amiga?

Me muerdo el labio, retrasando mi respuesta. Luego, con los dientes


apretados, murmuro:

—Como tu amiga... supongo.

Intento ignorar la sonrisa de satisfacción que se dibuja en su rostro, pero


me molesta, y por eso no puedo evitar decir:

—¿Y qué hay de lo que dijiste sobre que Dan no era lo suficientemente
bueno para mí? ¿Lo decías como mi amigo?

Me mira fijamente durante un largo rato.


—No, India, definitivamente no lo decía como tu amigo.
11
Leandro

Banbury, Inglaterra
"No, india, definitivamente no lo decía como tu amigo".

Buena jugada, Silva. ¿Por qué no le dije simplemente que quiero desnudarla
y follarla hasta que ninguno de los dos pueda caminar?

Dios, soy un maldito idiota.

No dijo mucho después de eso, y me sentí aliviado cuando Jett y Carter


reaparecieron unos minutos después.

India es todo profesionalidad. Si el hecho de que yo le dijera que no creía


que su novio fuera lo suficientemente bueno para ella no significaba que la
quería, entonces mi impresionante frase lo hizo.

Aunque estoy bastante seguro de que India también me quiere, es tímida.


Tiene miedo de cruzar esa línea arbitraria.

Tengo que tener cuidado con la forma en que me acerco a esto. No quiero
alejarla siendo demasiado atrevido porque podría terminar perdiéndola si lo
hago.

Y realmente no quiero perderla de mi vida.

La carrera ha terminado. He presentado el trofeo al ganador. Tanto Jett


como India parecen haber tenido un buen día. Bueno, sé que Jett lo ha tenido.
El chico está lleno de entusiasmo. No puede dejar de hablar del karting mientras
volvemos al auto .

—Y Carter dijo que podía bajar cuando quisiera, mamá. ¿No es genial?

—Es genial, cariño.

—Entonces, ¿cuándo puedo ir?


—Bueno, podemos arreglar algo entre tu tío Kit y yo y acordar un día para
bajar.

—Genial. Tengo hambre. ¿Podemos comer algo?

—Siempre tienes hambre —se burla India.

—Soy un hombre en crecimiento.

—Chico... todavía eres un chico. Y siempre serás un bebé para mí.

Lo rodea con sus brazos y le planta un beso en la mejilla.

—¡Mamá! Estás arruinando mi reputación en la calle.

—Lo siento.

Ella sonríe y le revuelve el pelo.

—Podemos cenar a la vuelta, si quieres.

Espero una mirada de horror de India, sabiendo que estoy cruzando esa
línea suya de nuevo, considerando lo mucho que he empujado las cosas ya hoy.
Así que me pilla totalmente por sorpresa cuando dice:

—Claro, sería genial.

—Genial. Conozco un bonito lugar al que podemos ir.

Volvemos a subir al auto .

Tomando el asiento delantero, Jett inmediatamente toma el control del


estéreo.

Nunca he pasado mucho tiempo con niños, pero me gusta Jett. Es un


chico genial.

Y le gustan las carreras, lo que facilita las conversaciones con él.

Acabo de abrocharme el cinturón de seguridad cuando India se inclina


hacia mí y me dice:

—Parecías sorprendido cuando dije que sí a la cena.

Está tan cerca que puedo oler el embriagador aroma de su perfume.


—Me sorprendió. Pensé que podría haber cruzado tu línea ética.

Aprieto los labios y levanto el hombro encogiéndome de hombros.

Con una leve sonrisa en los labios, vuelve a colocarse en su lado del auto
.

—Hoy ya he cruzado la línea. ¿Qué daño puede hacer un poco más?

Cruzaré cualquier línea que ella quiera. Cruzarla tanto que la maldita línea
a la que se adhiera será invisible para ella.

—No me va a doler nada.

Sonrío para mí, mirando por la ventana.

***

Acabamos parando a comer en un pub rural de camino a Londres.

—¿Deberíamos invitar a tu conductor a comer con nosotros? —pregunta


India.

La pregunta me hace sonreír.

—No es mi chófer, India. Pago a la empresa para la que trabaja para que
me lleve cuando lo necesito. No me ha llevado antes.

—Gracias por la exhaustiva explicación. Pero me sigue pareciendo mal que


vayamos a comer y le dejemos aquí fuera.

—Pues pregúntale a él.

Me río entre dientes.

La veo rodear el auto e ir a hablar con el conductor mientras me dirijo al


pub con Jett.

—Le gustan los perros callejeros —dice Jett—. Algo relacionado con su
trabajo, creo.

—¿El conductor es un vagabundo? —Me río.


—No, pero no puede soportar la idea de que alguien se sienta mal o se
quede fuera.

—No es un mal rasgo para tener —digo.

Me mira fijamente.

—¿Te gusta mi madre?

—¿Que si me gusta?

—¿Quieres salir con ella? Porque si es así, me parecería muy bien,


obviamente.

Me echo a reír y sacudo la cabeza.

—Es... complicado

—¿Por Dan? No es algo serio, así que no hay problema.

Sí, está Dan. Pero es más un irritante menor que una complicación.

No, la complicación es que es mi terapeuta. Y no es un problema para mí,


pero lo será para India.

Me detengo en la puerta del pub y miro a India, observando cómo se dirige


hacia nosotros.

—¿Pero te gusta?

Lo miro.

—Sí... me gusta.

—Genial, porque estoy bastante seguro de que tú también le gustas a ella.

No tengo oportunidad de interrogarle más porque India llega hasta


nosotros.

—No ha querido unirse a nosotros. Ya ha comido —nos dice.

—Sólo nosotros tres entonces.

Abro la puerta del pub y dejo que India y Jett pasen primero.
El pub no está ocupado. Sólo hay unos pocos lugareños por lo que parece.
Escogimos una mesa junto a la ventana del fondo. Una camarera se acerca, nos
da unos menús y nos pide las bebidas.

—Voy al baño de mujeres —dice India.

Tengo que obligarme a no verla alejarse. Es más difícil de lo que uno cree.

La camarera nos trae las bebidas.

Una limonada para mí. Tomo un sorbo y le digo a Jett:

—Entonces, Jett, ¿disfrutaste del karting?

—Me encantó. Es decir, he disfrutado mucho de los karts cuando he


estado con mis amigos y con el tío Kit, pero nunca me había planteado hacerlo
más allá de la diversión, ya sabes, correr en serio como esos chicos hoy.

—En el karting es donde empiezan muchos pilotos de Fórmula 1—digo.

—¿Es ahí donde empezaste? —pregunta.

—No, empecé en los rallies antes de pasar a la Fórmula 1. Mi padre fue


campeón de rallies —Me sorprende la facilidad con la que puedo hablar con Jett.
No tengo mucha experiencia con niños. Pero parece maduro para su edad—.
Carrick Ryan empezó a correr en karts.

—Creo que sí lo sabía. Fue campeón de karting en un momento dado,


¿verdad?

—Sí, lo fue. Mira, si estás interesado en entrar en el karting un poco más,


puedo ayudarte. Está el lugar de Carter donde puedes hacer karting, pero hay
más lugares locales alrededor de ti también. Carrick sabrá mucho y sé que estará
encantado de ayudarte.

Todavía no le he preguntado, pero sé que lo haría.

—Había olvidado que eras amigo de Carrick Ryan. ¿No eran ustedes, como,
rivales una vez?

Se inclina hacia delante con interés.

—Todavía lo somos, hasta cierto punto —Me río. Creo que Carrick y yo
siempre tendremos rivalidad, pero ahora es de buen humor, mientras que antes
éramos unos completos idiotas el uno para el otro—. Pero ahora somos buenos
amigos. Carrick y su mujer, Andi, estuvieron mucho por aquí después de mi
accidente. No tenían por qué estarlo, ni siquiera éramos amigos entonces y eso
me demostró el tipo de personas que eran.

—Él parece genial.

—Lo es. Pero no le digas que lo he dicho. Nunca escucharía el final de eso.

Jett se ríe antes de dar un trago a su Coca-Cola a través de la pajita.

—Creo que sí quiero dedicarme al karting. Hacer un poco y ver si soy


bueno.

—Genial. Entonces, te ayudaré. Siempre y cuando a tu madre le parezca


bien.

—Lo parecerá —dice con confianza—. Así que, tu accidente fue bastante
malo, ¿eh? Estaba viendo la televisión cuando ocurrió. Te moriste por un tiempo,
¿verdad?

¿Cómo es que los niños tienen esa forma de hacer preguntas que hacen que
les duela menos?

—Fue malo, y sí, me morí durante un rato.

—Debe ser raro, morir así, y luego ser devuelto a la vida —reflexiona,
masticando su pajita—. Cuando moriste, ¿viste una luz blanca y esas cosas,
como dice la gente?

—Ninguna luz —Sacudo la cabeza—. Sinceramente, no recuerdo nada de


eso. Sólo el choque y luego nada hasta que me desperté en el hospital.

Hay una breve pausa y luego pregunta:

—¿Crees que volverás a correr?

Tomo un trago antes de responderle.

—Quiero volver a correr. Y estoy intentando llegar a ese punto.

—Realmente espero que lo hagas. Eché de menos verte correr en la


televisión esta última temporada.

—Bueno, espero que me veas el próximo año, y esta vez, en las gradas de
Silverstone.
—Eso sería increíble.

Sonríe.

—¿De qué están hablando, chicos? —pregunta India, llegando de nuevo a


la mesa.

—De que voy a ir a los karts. Leandro dijo que me ayudaría a entrar en él,
siempre y cuando te pareciera bien.

India me lanza una mirada. Veo la preocupación maternal en sus ojos.

—Es seguro, a baja velocidad —aseguro.

—¿De verdad quieres entrar en el karting? —pregunta a Jett.

—Sí, creo que sí quiero.

Él le sonríe.

—No digo que no, pero es un deporte caro, Jett. Tienes que tomártelo en
serio.

—No es tan caro, y no es que quiera que me compres un kart. Simplemente


alquilaré uno.

¿El dinero es un problema para India? Tiene un buen trabajo, pero Londres
es un lugar caro para vivir, y es madre soltera.

Lo mira fijamente durante un largo rato. Puedo ver su mente trabajando.

Me dan ganas de ayudarla, de cuidarla.

—De acuerdo, ya lo solucionaremos. Pero sin quitarle tiempo a Leandro.


Es un hombre ocupado.

Supongo que eso significa que me han descartado para ayudar.

India y sus malditas reglas de ética me están haciendo enojar. Estoy


recibiendo un latigazo de ella hoy. Un minuto, está de acuerdo con las cosas, y
al siguiente, se echa atrás.

Es como un paso adelante y dos pasos atrás con ella.

Se me ocurre una idea.


Bueno, puede que no sea capaz de ayudar a Jett con el karting, pero hay
una cosa que puedo hacer por él.
12
India

Londres, Inglaterra
—¿Estás bien?

Miro a Leandro.

Él exhala una respiración temblorosa a través de los dientes apretados.

—Sí... no... sí.

—No tienes que hacer esto. Todavía no. No si te parece demasiado pronto.

Me mira.

—El tiempo se me echa encima. Estamos a mediados de diciembre. Tengo


que volver a la cabina en unas semanas, un mes como máximo, o no volveré a
correr. Tengo que ser capaz de conducir un auto estándar antes de subirme a
un auto de carreras. Estoy harto de ser un lisiado mental, India. Tengo que
hacerlo.

Me lanza una mirada que grita desesperación y determinación.

La desesperación me preocupa.

—No quiero que te precipites, Leandro, y que retrocedas semanas. Has


hecho excelentes progresos.

—Y ese progreso tiene que acelerarse ahora, rápidamente. Es ahora o


nunca, India.

—De acuerdo. —Asiento con la cabeza, aceptando sus deseos—. Respira


profundamente. Puede que sientas la necesidad de apresurarte, pero no
necesitas hacerlo en este momento en particular. Y recuerda que estoy aquí
contigo. No estás solo.
Me dedica una suave sonrisa de agradecimiento y luego fija sus ojos en las
manos que agarran el volante.

Estamos en mi auto , el cual he vuelto a arreglar y que funciona mejor que


antes, aunque me ha costado un buen dinero. Leandro se empeña en querer
conducirlo. Como era mi última cita del día, nos conduje a un gran aparcamiento
que sabía que estaría tranquilo a estas horas. Pensé que sería más seguro aquí,
en caso de que se congelara al volante.

—Puedo hacerlo.

—Puedes hacerlo —aseguro—. Has conducido autos que van a velocidades


que no puedo ni imaginar. Has vivido un accidente que podría haber sido mortal.
Eres un superviviente. Puedes hacerlo.

Le toco el brazo para tranquilizarlo, ignorando la punzada de energía que


siento al contacto con él.

—Puedo hacerlo —repite.

Con los ojos fijos en el parabrisas, aprieta los dientes y exhala un suspiro
entre ellos. Luego, mete la palanca de cambios en primera y empezamos a
avanzar lentamente.

No digo nada. Le dejo que lo haga. Sabe que estoy aquí, si me necesita,
pero esto es algo que tiene que hacer él mismo.

Luego, se mueve un poco más rápido, subiendo las marchas. Le observo


atentamente, viendo cómo la tensión abandona su cuerpo.

—Lo estás haciendo —digo suavemente.

—Lo estoy haciendo —Puedo oír el temblor de alivio en su voz.

—¿Cómo te sientes?

—Bien. —Exhala, con una sonrisa en su voz—. Me siento...


condenadamente bien.

Después de unos minutos en los que nos ha llevado por el aparcamiento,


le pregunto:

—¿Crees que podrías salir al tráfico y conducir?


Me mira. No hay aprensión en su rostro.

—Sí.

—¿Por qué no conduces tú mismo a casa entonces? Así me ahorras tener


que llevarte hasta allí.

Sonrío.

—Sólo si vienes a tomar una copa conmigo, para celebrar que por fin
vuelvo a estar al volante.

Sus ojos están fijos en la carretera mientras sale del aparcamiento a la


calle.

Miro fijamente su perfil lateral.

—Probablemente no debería.

—Otra vez esa línea ética, ¿eh? ¿Así que va en contra de las normas que
un terapeuta brinde por un gran éxito con su paciente?

—Cuando lo pones así, entonces no, supongo que no. Pero sólo una copa,
y pequeña. Tengo que regresar a casa.

—Un trago pequeño será.

Siento que pisa el acelerador, impulsándonos hacia el tráfico.

***

Leandro nos lleva a Mayfair. Mete el auto en una plaza de aparcamiento


frente a un garaje integral de una casa de aspecto magnífico. Apaga el motor y
me mira.

Hay una luz en sus ojos.

—Lo has conseguido.

Sonrío.

—Sí, lo hice.
Siento el repentino impulso de abrazarlo en este momento tan
trascendental, y supongo que él está pensando lo mismo porque de repente se
inclina sobre la consola y me rodea con sus brazos, atrayéndome hacia él.

La sorpresa me deja inmóvil en el sitio. Eso, y su olor. Dios, qué bien huele.

—Gracias —susurra en mi cabello.

La sensación de su aliento rozando mis hebras, susurrando en mi piel,


hace que mis brazos se deslicen alrededor de él, abrazándolo.

—Todo fue por ti.

¿Es mi voz la que suena entrecortada?

Se retira un poco pero no me suelta. Me mira fijamente a los ojos y siento


un temblor en mi interior.

—No —Sacude suavemente la cabeza—. No podría haberlo hecho sin ti.

No puedo hablar. Sus ojos se mueven por mi rostro y se posan en mi boca.

Oh, Dios.

Creo que va a besarme.

Quiero que me bese.

Con una fuerza descomunal, me zafo de su agarre y me aclaro la garganta.

—Entonces, ¿esta es tu casa?

Señalo la casa a través del parabrisas, con los ojos clavados en ella.

No puedo mirarla. No me atrevo a mirarla.

—Lo es. —Su voz suena más áspera de lo normal.

Oigo el chasquido de su puerta al abrirse, lo que me empuja a actuar.


Salgo del auto . Me espera en su lado del auto . Me dirijo a él con las piernas
temblorosas. Mi corazón late a mil por hora.

Utilizando el sensor remoto, cierra mi auto y me entrega las llaves. Sus


dedos rozan los míos y me hacen temblar.

¿En qué estoy pensando? Soy su terapeuta.


Sólo está agradecido de que le ayude. Confunde eso con quererme.
Aprieto las llaves en mi puño, luego las dejo caer en mi bolso.

—Gracias por confiar en mí para conducir tu auto .

Me sonríe mientras se dirige a la puerta de su casa.

—No tienes que darme las gracias. Nunca tuve ninguna duda de que
podías hacerlo —digo desde atrás—. Entonces, ¿qué se siente al conducir por las
carreteras?

Desbloquea la puerta y enciende la luz del pasillo.

—Una vez superada la aprensión inicial, empecé a sentirme bien. No digo


que no tuviera pensamientos sobre el accidente, pero los aparté y seguí adelante.
Fue entonces cuando recordé esa sensación que siempre tenía cuando conducía.
Me sentí bien. Pero sé que será un juego totalmente diferente cuando saque un
auto a la pista.

Entro en su casa y cierro la puerta tras de mí.

—Pasos de bebé —Le ofrezco una suave sonrisa—. Y si necesitas apoyo en


la pista, házmelo saber. Puedo estar allí.

Se acerca un paso más a mí. Mi corazón empieza a palpitar en mi pecho.

—¿Harías eso?

—Sí —Mi voz se ha vuelto a tornar jadeante. Es tu paciente, India—. Quiero


decir, por supuesto, todo forma parte del servicio de terapia.

Me enderezo, cambiando el tono de mi voz.

—Por supuesto que lo es.

Un ceño fruncido cruza su rostro como una sombra oscura. Se aparta de


mí y empieza a caminar por el pasillo.

—¿Qué quieres beber? —Su tono suena severo.

Sintiéndome desequilibrada y confusa, me quito los tacones y le sigo.


Mientras camino, le pregunto:

—¿Qué tienes?
—Ya no tengo mucho alcohol aquí desde que reduje el consumo, pero
tengo una botella de champán.

—El champán me viene bien.

Entro en su cocina. Es moderna, con armarios blancos brillantes y


encimeras plateadas.

—Vaya. Esta es una bonita cocina.

—Gracias. —Se quita la chaqueta y la cuelga sobre el respaldo de un


taburete en la isla del desayuno. Luego, atraviesa la cocina y saca una botella
de la nevera—. ¿Te gusta cocinar?

—La verdad es que no. Sólo me gustan las cocinas. Son lo mío. Quiero
tener una cocina como la tuya y que alguien cocine para mí. Entonces, podría
sentarme aquí todo el día, comiendo comida increíble, mientras miro mi bonita
cocina.

Sonrío y él me devuelve la sonrisa.

Me quito la chaqueta, me siento en un taburete de la isla del desayuno y


coloco la chaqueta en mi regazo.

Leandro pone dos copas de champán delante de mí. Sostiene la botella


mientras desenvuelve el papel de aluminio del champán.

Bollinger. Muy bueno.

Destapa el corcho con facilidad.

—Estoy impresionada —digo ante su habilidad para descorchar.

—Años de práctica en el podio.

Vierte el champán en las copas.

—Y tú también tendrás muchos años más.

Levanta su copa.

—Por la esperanza.

Levanto mi copa y la choco contra la suya.

—Lo harás. Estoy segura de ello.


Bebo un sorbo de mi champán. Delicioso.

—Sabes, esta es mi primera copa en semanas.

Apoya su cadera en el mostrador.

—No debería animarte a beber.

Deja escapar una profunda risa.

—No soy un alcohólico, India. Sólo lo utilizaba como herramienta para


sentirme mejor.

—Pero no lo hizo.

—No... pero ahora me siento mejor. Gracias a ti.

Eso me hace sonreír.

—Leandro, lo único que he hecho es escuchar y guiar.

—No —Sacude la cabeza—. Has hecho mucho más que eso.

Deja su vaso, con los ojos fijos en mí.

Mi vientre empieza a dar vueltas. Desvío la mirada.

—¿Tienes hambre? —pregunta—. Puedo prepararte algo de comer.

—Por muy apetecible que suene, tengo que llegar a casa. Me toca hacer la
cena esta noche. No puedo dejar a Jett con hambre.

Termino mi champán, plenamente consciente de que me está mirando.

—Gracias por la bebida.

Me deslizo del taburete.

Las piernas me tiemblan, y no es por el champán. Es por el hermoso


hombre que tengo delante. Me pongo la chaqueta.

—Perdón por beber y correr. —Me doy la vuelta y salgo de la cocina.

—No te disculpes. Tienes un hijo que te espera en casa.


Está detrás de mí mientras camino por el pasillo hacia la puerta principal.
Soy plenamente consciente de su cercanía y de su delicioso aroma. Me está
distrayendo.

Tengo que salir de aquí antes de hacer una estupidez.

Pongo los pies en los tacones y me giro hacia él. Está mucho más cerca de
lo que esperaba.

—Bueno, supongo que nos veremos en unos días.

Me acomodo el pelo detrás de la oreja.

—Lo harás.

Nos miramos fijamente, y estoy bastante segura de que acabo de mirar su


boca.

Es hora de que me vaya.

—De acuerdo... bueno...

Tanteo la manija detrás de mí.

Él se inclina hacia mí. Cierro los ojos, mis labios se separan en un


suspiro...

Entonces, oigo que la puerta se abre.

Separo los párpados. Me observa, con una pizca de diversión en su rostro.

Oh, Dios.

La vergüenza me inunda.

—Te veré en unos días —murmuro, y luego salgo de allí, rápidamente.

—Buenas noches, India —me dice desde atrás.

Nerviosa, saco las llaves del bolso y subo al auto .

Él está de pie en la puerta, mirándome.

Arranco el motor y meto la marcha atrás. Levanta una mano en señal de


despedida, así que le lanzo un rápido saludo y salgo de allí.
Dios mío, estoy mortificada.

Realmente pensé que iba a besarme. Y lo que es peor, que yo iba a dejarle.

Todo esto se me está yendo de las manos, y estoy pasando demasiado


tiempo con él fuera de nuestras sesiones.

Necesito frenar esto y volver a lo que somos. Terapeuta y paciente.

Veinte minutos después, aparco junto al auto de Kit en nuestro pequeño


camino, ya estoy tranquila y pienso de forma más racional.

Soy la terapeuta. Con Leandro no puede pasar ni pasará nada.

Tengo que quitarme de la cabeza su guapo rostro e ignorar lo que me hace


sentir cuando estoy cerca de él, como un lío caliente de frustración sexual, y
mirarlo como a todos mis otros pacientes.

Me permito entrar en la casa.

—Estoy en casa —grito.

No hay respuesta.

Dejo el bolso en el pasillo y me quito los zapatos antes de pasar a la cocina.


A través de la ventana, veo que la puerta del garaje está abierta. Tenemos un
viejo garaje en el jardín trasero, ya que nuestra casa da a un amplio callejón. No
utilizamos el garaje para aparcar, sólo para guardar trastos.

Abro la puerta trasera y salgo descalza al jardín. Oigo la voz excitada de


Jett ahí dentro, hablando con Kit.

—Oye, ¿qué haces aquí fuera?

Asomo la cabeza al interior del garaje.

Entonces, lo veo.

—¿Es eso lo que creo que es? —Me meto en el garaje—.¿Es eso un... kart?

Jett me sonríe.

—Lo es. Es nuevo, de alta gama.

—¿Y de dónde viene?


No soy estúpida. Sé lo que cuestan estas cosas. Principalmente porque
anoche miré los precios de ellos en internet después de que Jett me dijera que
quería empezar a correr en karts. Cuestan alrededor de dos mil libras.

—Llegó hace una hora —dice Kit.

—¿Y quién lo ha comprado? Por favor, no me digas que se lo has comprado


tú —entorno los ojos a Kit. Se sabe que en el pasado hizo compras impulsivas
para Jett.

—No fui yo. —Levanta las manos en señal de protesta, pero tiene una
sonrisa de comemierda en el rostro—. Pero estoy pensando que ese piloto de
carreras brasileño tiene algo con mi hermana.

—¿Qué? —La palabra sale estrangulada.

—Oh, sí que le gusta. Me dijo ayer que le gustas —anuncia Jett.

—Lo siento. ¿Qué?

Dirijo mi mirada a Jett.

—Ayer le pregunté a Leandro si le gustas, y me dijo que era complicado,


pero que sí, que le gustas.

¿Qué?

Kit deja escapar una profunda carcajada.

—Bueno, me imagino que le gustas muchísimo ya que acaba de soltar un


par de miles de dólares en un kart para tu hijo, todo para impresionarte.

—¿Leandro compró esto?

Me atraganto. Sé que lo ha hecho, pero necesitaba decir las palabras en


voz alta.

—Eso es lo que dice el papel de entrega. —Kit lo coloca en mi mano.

Lo miro con incredulidad. Siento que mi cabeza está a punto de explotar.


No puedo creer que haya hecho esto.

—Le compró a Jett un kart. No puedo... quiero decir... ¿por qué? —Miro a
Kit, como si tuviera la respuesta.
—Creo que es bastante obvio el porqué, Indi.

Levanta una ceja y me lanza una mirada cómplice.

Doy un paso atrás. Siento que no puedo respirar.

—Esto... no está bien. Quiero decir, yo sólo... no puedo... —Mis ojos se


dirigen a los de Jett—. No te lo vas a quedar.

Señalo con un dedo el kart ofensivo, e inmediatamente siento una


puñalada en el corazón al ver la mirada cabizbaja de Jett.

Todo esto es culpa de Leandro. ¿Cómo se atreve a comprarle a mi hijo un


kart sin siquiera hablar conmigo? No es que hubiera dejado que le comprara uno
aunque lo hubiera hecho.

¿En qué demonios estaba pensando?

La rabia se dispara en mis entrañas como una explosión volcánica.

Con mi mano rodeando el albarán, giro sobre mis talones y salgo de allí.

—Vuelvo en media hora. Preparen la cena por mí —digo.

—¿Adónde vas? —vocifera Kit.

—¡A meterle este recibo por el trasero a cierto piloto de carreras!

Vuelvo a entrar en la casa, me pongo los tacones, tomo las llaves del auto
, salgo de allí a toda prisa y me meto en el auto , volviendo directamente al lugar
del que acabo de salir.
13
Leandro

Londres, Inglaterra
Recién he salido de la ducha cuando escucho el timbre de la puerta
sonando junto con el golpeteo en mi puerta.

Agarré un par de pantalones de pijama, rápidamente me los puse encima


y corrí por las escaleras.

—De acuerdo. ¡Ya voy¡ ¡Ya voy! —digo al incesante escándalo y sonido del
timbre.

Observo a través de la mirilla para ver quién es.

India. Y ella no se ve feliz.

Maldición. El kart debió haber sido entregado hoy.

Mi conversación con Carrick unos días antes me viene a la mente.

—Ryan, necesito comprar un kart. ¿El mejor lugar para conseguir uno?

—¿Por qué? ¿Estás pensando dar un paso atrás en tu carrera?

—Gracioso. No es para mi.

—¿Para quién es?

—Una amiga.

—¿Puede que esa amiga sea cierta terapeuta que ambos conocemos?

—¿Me estás acosando, Ryan?

Deja salir una risa.

—No se necesita un genio para adivinarlo. El doctor bueno dice que ella tiene
un niño que está obsesionado con la Fórmula 1. Tu lo llevas a ver una carrera de
karting. Al día siguiente, recibo una llamada tuya, preguntándome acerca del
mejor lugar para comprar un kart. De hecho, se necesita un genio. Demonios, soy
bueno para esta mierda.

—Eres un imbécil.

—Un imbécil guapo, eso sí. Admítelo.

—Eres un bastardo horrendo. Ahora, dime donde conseguir el maldito kart.

—Mira, hablando seriamente, ¿crees que es una buena idea comprarle a su


hijo un kart? Puede que te la quieras follar, pero ella es tu terapeuta. Y es un regalo
extravagante.

—Lo estoy comprando para Jett, no para ella. Y no es un regalo


extravagante.

—Dicho como un verdadero niño rico. Y créeme, nada dice “Quiero follarte”
más que comprarle al hijo de una mujer un kart de dos mil libras.

—¿Vas a ayudarme a conseguir el kart o no?

—Sabes que te ayudaré. Aunque, una cosa primero, ¿puedo estar allí
cuando sea la entrega para que pueda ver su reacción?

Comprarlo no fue lo correcto.

Odio cuando Ryan tiene razón.

Sin embargo, no puedo admitir que estaba equivocado acerca de esta idea.
Tengo que ver esto hasta el final.

Me armo de valor, desbloqueo la puerta y la abro.

Dios, se ve preciosa. Sus mejillas están sonrojadas por el frío. La brisa está
soplando su cabello hacia su rostro. Lo empuja hacia atrás con su mano.

Su mirada inmediatamente cae en mi pecho desnudo. Sus pupilas se


dilatan, sus ojos se llenan con evidente lujuria.

Ella me desea.

Tengo que contener la sonrisa engreída que siento.

—Estas mojado —dice, sin aliento.


Bueno, casi estoy esperando que tú también estés mojada, cariño, y que ese
sea el porqué de que estés aquí.

—Estaba en la ducha.

—Oh. Claro... —sus ojos siguen pegados en mi pecho.

Y aunque estaría muy feliz de dejar que me miré todo el día, necesito saber
si ella está aquí para gritarme por comprar el kart, o si por algún milagro, ella
está aquí para agradecerme por ello.

Estoy esperando que de verdad sea por lo último.

—India, ¿me necesitas para algo?

Parece regresar a sus sentidos.

—Oh sí, lo hacía… quiero decir, lo hago.

Sus ojos van hacia los míos, la lujuria se ha ido, y la reemplazan el fuego
y la ira.

—¿Qué significa esto? —ella empuja una hoja de papel en mi rostro.

Se ve incluso más hermosa cuando está enojada.

—¿Qué significa qué? —pregunto tomando el papel, lo miró.

Es una nota de entrega por el kart.

—El kart, Leandro ¿Por qué le comprarías un kart a mi hijo?

Aquí vamos…

—Porque Jett dijo que quería involucrarse en el deporte. Tener su propio


kart lo haría más sencillo para él.

Me mira con los ojos abiertos.

—¿No ves lo inapropiado que es comprarle un kart a mi hijo?

Cruzo mis brazos sobre mi pecho

—No. En realidad no veo el problema aquí.


—¿No ves el problema aquí? —chilla, gesticulando violentamente con sus
manos—. ¡Soy tu maldita terapeuta! ¡Ese es el problema!

Miro alrededor, asegurándome de que no haya nadie que escuche eso. Lo


último que quiero es que mis asuntos privados se difundan.

—Claramente, estás enojada, pero prefiero que no grites mis problemas en


la calle —mi voz es baja, enojada. Ahora estoy molesto.

Un destello de culpa se refleja en su rostro.

—No debería haber dicho eso… Lo… Lo siento.

Ella luce arrepentida.

—Ven adentro. Podemos hablar aquí.

Me hago a un lado, dejándola entrar, y cierro la puerta detrás de ella.

Luego, estamos uno frente al otro en mi pasillo parcialmente iluminado.


Ella se apoya contra un muro, con los brazos cruzados sobre su pecho, y yo me
apoyo contra el otro.

—Mira, sé que intentabas hacer algo bueno, Leandro… pero soy tu


terapeuta. Estaría mal de mi parte aceptar tu regalo.

Puedo decir que una parte de su enojo se ha disipado, pero sigue ahí,
hirviendo debajo de su piel caliente.

Una parte de mi quiere hacerla enojar de nuevo. Me gusta ver a India


enojada. Es increíblemente caliente.

—No lo compré para ti. Lo compré para Jett.

—Y Jett es mi hijo. Sería... —ella pasa su mano por su cabello, dejando


salir un suspiro—, poco ético quedármelo.

Esa palabra explota en mi cabeza.

—¡Jesucristo! ¡Estoy tan enfermo de escuchar esa palabra! Es un regalo,


India. Acéptalo. O no. No me importa realmente. ¡Pero deja de lanzar la cosa de
la terapeuta poco ética en mi cara! Me dices que comprarte un regalo es poco
ético. Eso apenas es cercano a las cosas poco éticas que quiero hacerte.
Escucho su fuerte respiración. Es como una suave palmada sobre mi
polla.

Sus ojos se llenan de lujuria de nuevo, sus labios rojos se separan.

Dios, quiero besarla. Follarla.

Me separo de la pared, dando un paso hacia ella.

—Ahora mismo, quiero ponerme de rodillas, bajar tus bragas y mostrarte


cuán poco ética puede ser mi lengua.

—N-No puedes decirme cosas así a mi —tartamudea.

—¿No? —inclino mi cabeza hacia un lado mientras doy otro paso hacia
ella—. Así que, ¿no quieres que te haga venir con mi lengua poca ética o que te
folle con mi dura y poca ética polla? Porque esta dura, India. Real y
condenadamente dura gracias a ti…. por ti. —Me doy una palmada en la polla a
través de mi pijama.

Sus ojos se dirigen a mi mano, mirando como me toco a mí mismo.

—N-no —su voz suena débil, ineficiente.

Sé que no lo dice enserio.

—Mentirosa —doy otro paso—. Me deseas tanto como yo te deseo a ti. Solo
tienes miedo de admitirlo debido a todas esas razones de mierda que has
construido en tu cabeza.

Ella no dice nada.

Tomo su silencio como una invitación.

Avanzó el último paso y presiono mi cuerpo contra el de ella. Se siente


increíble.

Está temblando. Eso me da una sensación de tremendo poder.

Deslizo mis dedos por su mejilla.

—Eres tan hermosa, India. Eu quero você.

Ella cierra sus ojos, y no dudo otro segundo. Tomo lo que quiero y capturo
su boca en la mía.
Sus labios se abren sobre los míos en un gemido, que tomo como ventaja
para besarla más profundo, deslizando mi lengua con la de ella.

No me está tocando aún, pero no me importa. Ella me está devolviendo el


beso, y ahora mismo, es todo lo que importa.

Deslizo mis manos alrededor de su pequeña cintura, atrayéndola hacia mi,


mientras presiono mi pierna entre las suyas.

Ella separa sus piernas en un gemido, aceptándome, y sus brazos se


envuelven en mi cuello. Me besa de regreso, fuerte. Y ahí es cuando los besos se
vuelven mojados y desesperados.

Con las manos en su trasero, la levanto del suelo, presionando su espalda


hacia la pared.

Mi polla está dura como una roca y necesita hundirse en su calor. Puedo
sentir su humedad a través de mis pantalones, y me está poniendo tan salvaje.

La besó de forma precipitada, como he querido desde el momento en que


la conocí.

Sus dedos se han enredado en mi pelo, y está tirando de él mientras chupa


mi lengua.

No puedo esperar a sentir esos labios alrededor de mi polla.

Y su sabor es tan increíble, dulce. Pero apuesto a que su coño sabe aún
más dulce.

Necesito probarla. Después, voy a pasar el resto de la noche enterrado


dentro de ella.

—Te voy a follar toda la noche, India.

Siento cómo su cuerpo se paraliza. Entonces ella dice:

—Detente —jadea, con su mano sobre mi pecho—. Tenemos que


detenernos.

¿Qué? No.

Ella empuja contra mí mientras afloja sus piernas alrededor de mi cintura,


no me da otra opción que liberarla, sus pies caen al suelo.
Se desliza por la pared, se aleja de mí, poniendo una distancia
desagradable entre nosotros.

Sus labios están hinchados de mi beso, su labial rojo permanece como


una mancha. Su cabello está desordenado, su pecho enrojecido de deseo. Nunca
he visto una vista más hermosa. Y está siendo reducida por el hecho de que sé
que ella se está yendo antes de que hayamos empezado.

Nunca me he sentido tan frustrado o sin saber que hacer.

—India…

—No, Leandro. Soy doctora… una terapeuta. Hice un juramento…


Maldición…

Sus ojos se llenan de lágrimas.

La visión realmente me quiebra.

—India… por favor… —me acerco a ella, pero retrocede.

—No —respira profundamente—. Esto —levanta una mano entre


nosotros—, no puede suceder… nunca más.

Entonces, huye de mi casa, sube a su auto. Ignorando mis súplicas para


que se quede, maneja lejos de mi.

Y me quedo ahí preguntándome qué habría pasado si no hubiera dicho


nada, si no hubiera interrumpido el momento, si ella hubiera dejado que todo
siguiera su curso, si me hubiera dejado tenerla.
14
India

Londres, Inglaterra
¡Oh, Dios!

Me cubro la cara con mis manos.

¿Qué he hecho?

¿Cómo pude dejar que eso pasara?

Estaba todo mojado por la ducha, olía tan bien, su pecho estaba
descubierto, mostrando una pizca de sexy vello oscuro, tenía un paquete de seis
y la V.

¡La V!

Y me habló en portugués.

¡Portugués!

¿Cómo demonios suponía resistirme a eso?

Me toma todo el camino a casa calmarme y mucha fuerza de voluntad no


dar la vuelta y regresar para dejarlo terminar lo que empezó. Estoy aturdida, aún
no soy yo misma cuando llego a casa.

Kit sabe que algo está mal conmigo.

Jett no me habla porque dije que tenía que devolver el kart.

Y besé a Leandro Silva.

Besé a un paciente.

Oh, Dios.
Dejo que mi cabeza caiga con un ruido sordo en la mesa de la cocina.
Escucho la risa tenue de Kit mientras entra en la cocina.

—¿Vino? —pregunta.

—Whiskey —respondo.

—Oh, oh. Debe de ser algo malo si te estás sacando el whiskey.

Levanto mi cabeza para verlo sacar nuestra botella de Jack de emergencia


de la alacena junto con dos vasos.

Se sienta en la silla frente a la mía, sirve whiskey en los dos vasos y empuja
uno hacia mi. Lo levanto y lo tomo inmediatamente, disfrutando de la
quemadura en mi garganta.

Se ríe. Tomando la botella, me sirve otro.

—¿Quieres hablar de ello? —encuentro su mirada.

—Metí la pata, Kit. A lo grande.

—La última vez que me dijiste eso, estabas embarazada de Jett, y eso
resulto bien. —Dijo apuntando al techo, gesticulando hacia la habitación de Jett
ubicada arriba de la cocina.

—Más que bien, pese al camino lleno de baches que vino con ello.

Se refiere al papá de Jett. La única cosa por la que tengo que agradecer a
ese hombre es por el hermoso niño arriba.

—No quieres decir, ¿el enorme camino peligroso que vino con ello?

Deja salir una risa por lo bajo.

—Mira, sea lo que sea, Indy, nada puede ser peor que lo que ya hemos
pasado. Y sabes que puedes decirme lo que sea. Sin juicios.

—Besé a Leandro Silva. Bueno, deje que me besara, y luego lo besé de


vuelta.

—Y el problema es… ¿el doctor Aburrido? —pregunta, llevándose su vaso


a los labios.

—No. Bueno, si. Pero no.


¡Demonios, Dan! No puedo creer que ni siquiera pensé en él con todo esto.
Eso me dice una cosa. Necesito terminar las cosas con Dan.

Kit me mira por un largo tiempo, y luego veo el reconocimiento en sus


ojos.

Baja su vaso a la mesa.

—Él es tu paciente —no es una pregunta.

Pero respondo con un rotundo quejido y dejo caer mi cabeza en la mesa.

Sus manos encuentran mi cabeza, cada una presionada a cada lado.


Levanta mi cabeza de la mesa forzándome a mirarlo.

—Tomaré eso como un si.

Libera mi cabeza de sus manos, me siento, presionando mi espalda contra


la silla. Suelto con una respiración.

—Sí.

Veo una arruga de preocupación en su ceja.

—Esto no está bien, Indy.

—¡Ya sé eso! —grito, pero al instante me arrepiento.

—Lo siento —digo.

Él asiente.

—¿Qué significa esto?

—Significa que, si el Consejo de Profesionales Sanitarias y Asistenciales se


entera, perdería mi licencia. Y si él trae a colación la negligencia profesional… yo
podría, como última instancia, ser demanda. En el peor de los casos… iría a
prisión.

—¿Leandro les diría?

—No creo… pero rompí las reglas. No solo las reglas. Mi juramento como
terapeuta, Kit. Debería decirle al CPSA yo misma, confesar ahora.

—Y, ¿perder todo en lo que has trabajado por un beso con un hombre que
estaba plenamente consciente de todo lo que estaba haciendo?
—No es tan simple —pongo mi cabeza en mis manos—. Soy justo como él
—levanto mi cabeza, mis ojos se encuentran con los de Kit—. Soy exactamente
como Paul.

Sus ojos estallan en enojo.

—No eres nada parecida a ese pedazo de mierda. Tenías quince cuando él
empezó una… relación física contigo. Eras una menor. Una niña de acogida.
Necesitada y vulnerable. Y él era tu maldito cuidador. No eres ninguna de esas
cosas para Leandro Silva. Él es un hombre adulto con un buen origen y una
carrera establecida.

Lentamente sacudo mi cabeza.

—Él puede ser todas esas cosas, pero si estuviera cien por cierto bien,
entonces no lo estaría tratando.

—Ninguno de nosotros llegaremos a estar cien por ciento bien, Indy. Lo


sabes. ¿Me puedes decir por qué lo estás tratando?

Trazo mis dedos por los patrones de madera en la mesa.

—Sabes que no puedo.

—Si se trata de Leandro Silva, creo que ya has roto las reglas, así que
decirme no te hará daño. En realidad, puede que ayude.

Tomo una respiración profunda. Puedo confiar en Kit. Sé que puedo


hacerlo. Odio romper la confianza de un paciente pero necesito ayuda.

—Después de su accidente… ha estado sufriendo síndrome de estrés post


traumático. Él no puede volver a subirse a un auto para manejar. Es incapaz de
correr un auto. Lo he estado ayudando con eso.

—Bien... —asiente—. ¿Algún abuso de sustancias?

—Bebía, pero se detuvo con facilidad. Estaba bebiendo para olvidar, y


tenía sexo con mujeres al azar para sentirse mejor consigo mismo.

—Suena como cualquier celebridad de hoy en día allá afuera.

Se ríe entre dientes.

—No es gracioso, Kit.


—No, no lo es. Pero no está roto en el peor escenario del mundo. Sufrió un
terrible accidente que lo detuvo de hacer lo que amaba, y necesitaba ayuda
encontrando su camino de regreso a ello.

—Y yo he sido esa ayuda. Ha construido una confianza hacia mi, y él está


confundiendo eso con algo más. Debido a mis propios sentimientos por él, yo
dejé que sucediera.

—Siempre eres tan dura contigo misma, Indy. Por como suenan las cosas,
él es completamente capaz de tomar sus decisiones. No te has aprovechado.

Le doy una mirada, diciéndole exactamente lo que pienso de esa


declaración.

—Está mal, Kit.

Froto los ojos con las palmas de mis manos.

—Si no fueras su terapeuta y él siguiera siendo el mismo hombre con los


mismos problemas, entonces no estaría mal.

—No, pero lo soy, y ya está. Dios, desearía que fuera tan simple.

—La vida es tan difícil como tu la hagas. Y no vas a lanzar tu carrera lejos
por el beso de un hombre que sabía muy bien qué estaba haciendo.

Tomo mi vaso y me levanto de la mesa.

—Gracias, Kit. Por escuchar… y ayudar. —Beso la parte superior de su


cabeza mientras paso a su lado.

—Voy a subir. Tomaré una ducha, y pensaré las cosas de nuevo. Necesito
procesar todo.

—No seas tan dura contigo misma, Indy. Solo eres humana.

—Pero soy terapeuta y soy sensata.

Sostengo contra mi pecho el vaso, me dirijo arriba. Miro hacia Jett


mientras paso por su habitación. Lo veo durmiendo en su cama, su TV sigue
prendida. Entro y la apago. Tras besar su frente, cierro su puerta tras de mí.

Voy hacia mi dormitorio y me siento en el borde de la cama.


Necesito llamar a Dan, romper las cosas con él. Odio que lo haya engañado
de esta forma. Él es un buen hombre, pero claramente, no es el hombre para mi.
Creo que en mi interior siempre lo he sabido. Pero solo quería a un buen chico,
un chico seguro.

No a un caliente conductor de carreras

Dios, ¿porque siempre quiero al hombre incorrecto?

Termino mi bebida para tener coraje holandés. Marco el numero de Dan.

Contesta en el segundo timbre.

—Hola, tú.

Me siento enferma con el sonido de su voz.

—Hola.

—¿Cómo estás?

—Bien. Mira, Dan, ¿tienes tiempo para hablar?

—Espera... —escucho una puerta abriéndose y luego cerrándose.

—Adelante, ¿esta todo bien?

—No realmente.

—¿India?

—No puedo verte más.

—¿Hablas en serio?

—Lo siento.

Suelta una respiración.

—¿Porqué?

—Yo, solo…

—Si me vas a decir eso de no eres tú, soy yo, podrías mejor colgar el
teléfono ahora.

Las lágrimas aparecen en mis ojos.


—Me gustas, Dan, si. Solo no siento la chispa que debería… y yo… tengo
sentimientos por alguien más. Lo siento mucho.

Su silencio es doloroso.

—¿Y te has follado a este alguien más? —suelta finalmente.

Sus palabras me sorprenden porque nunca lo he escuchado hablar de esta


manera antes.

—¡No, claro que no! Él me besó, pero lo detuve. Entonces, vine a casa y te
llamé.

—¿Quién es?

—Yo… eso no importa. Solo, lo siento mucho.

—Si, bueno, deberías. Adiós, India.

La línea muere.

Caigo hacia atrás en mi cama, cubriendo mi rostro con las manos.

¿Cuándo se convirtió mi vida en tal desastre?

En el momento en que conocí a Leandro Silva.

No puedo seguir así, volviéndome loca. No puedo tratarlo, no después de


esta noche.

Solo hay una cosa que puedo hacer.

Tendré que remitirlo con otro terapeuta y alejarlo de mi vida


permanentemente.

Envuelvo mi brazo sobre mi estómago, presionando contra el dolor que el


pensamiento de hacerlo me deja dentro.
15
Leandro

Londres, Inglaterra
—¿Todo está bien ahí dentro?

Mis manos están enganchadas en el volante. Dirijo mis ojos hacia Carrick,
que está parado fuera del auto, junto a la puerta del conductor.

Asiento con la cabeza, bajo el visor de mi casco con un chasquido.

—Estoy bien.

—Estoy en tu oído. Háblame si lo necesitas —da un golpecito con su dedo


en el auricular que está usando el cual nos conecta mientras estoy fuera en la
pista.

Vuelvo a asentir con la cabeza, sin quitar mis ojos del camino frente a mi.

Con su mano, él golpea el techo del auto y se aleja para pararse en el pit
para verme.

Estamos en Silverstone. Estoy manejando el Bugatti Veyron Super Sport


de Carrick. Esta sería mi primera vez de regreso en la pista desde el accidente.

Desde que maneje el auto de India, he tenido la creciente necesidad de


volver aquí.

Había alquilado un auto a la mañana siguiente, debido a que quería seguir


conduciendo. Mi auto seguía arruinado, después de que lo destrocé, hice que un
taller se lo llevara para arreglarlo.

En los últimos días, he estado conduciendo por mi cuenta durante horas,


construyendo mi confianza. Conducir por mi cuenta fue un riesgo pero un
inmenso logro para mi. Había llevado el auto por la carretera para sentir algo de
velocidad pero no sentí que fuera suficiente y ahí fue cuando supe que era tiempo
de regresar a la pista.
A pesar de que tomé la decisión de hacer esto, todavía sentía miedo ante
la idea.

Quería llamar a India, pero no pude.

Así que, llamé a Carrick, y aquí estamos.

La verdad es que, pude haber usado cualquier auto . Solo necesitaba a


alguien aquí conmigo.

Realmente quería que ese alguien fuera India, pero no he hablado con ella
desde el beso del miércoles. Es sábado.

Estoy tratando de darle su espacio, dejar que ella venga a mi. Estaba
esperando que viniera a mi antes del sábado. Los días que pasan no dejan la
mejor sensación en mis entrañas, pero sé que entrar ahí con mis demandas,
exigiendo que hable conmigo, no ayudará en nada.

Para abordar a India se necesita reflexión y cautela.

Tengo mi cita con ella el lunes por la mañana, así que si no he oído de ella
antes de ese día, entonces ese será el día en el que hablemos.

Y definitivamente hablaremos. Sino, no lo haremos más.

Estoy seguro que ella me desea ahora, así que no hay nada que me
detenga. Ella puede negarlo y decir que no puede suceder, pero lo hará.

La química entre nosotros está lejos de ser normal. Nunca he sentido nada
como esto antes, y no intento alejarme de ello. He sentido su cuerpo bajo mis
manos. Visto la manera en la que ella responde a mi. No hay cómo detener esa
clase de deseo, no importa cuánto lo intente ella.

Enciendo el motor y lo acelero. El auto vibra debajo de mi. Los temblores


corren por mis brazos. Mi corazón empieza a latir sin control. Mi boca se seca.

Parpadeo ante el ataque violento de miedo viniendo a mi.

La barrera viene hacia mí.

Humo. Puedo olerlo en mi nariz.

Probarlo en mi lengua de lija.

Siento el dolor en mis huesos.


Detente.

Eso fue en el pasado.

Los rayos no caen dos veces en un mismo lugar.

A menos que seas un cabrón muy desafortunado.

Una risa se escapa de mi.

—¿Estás bien? —la voz de Carrick llega a mi oído.

—Si. Solo me estoy dando cuenta del maldito enfermo que soy.

—Pude haberte dicho eso hace años —dice mientras se ríe—. ¿Estás bien?

Suelto una exhalación y digo:

—Si.

Todavía me tiemblan los brazos, llevando esa sensación a mis manos.


Sostengo el volante, dispuesto a calmarme a mi mismo.

Es una buena idea que no trajera mi auto Fórmula 1. Sé que no estaría


cómodo para eso aún. Necesito acostumbrarme a volver allá afuera, a tener el
control de un auto a alta velocidad y estar cómodo con ello de nuevo. El Bugatti
de Carrick es un buen auto para llegar a eso.

Voy a llevar este auto alrededor de la pista, como he hecho un millón de


veces antes. Nada me va a suceder.

Respira profundo, adentro y afuera.

Me doy cuenta de que mis manos ya no están temblando.

Siento la autosatisfacción corriendo por mis venas.

Control. De eso se trata.

Solo necesito apoderarme de mi miedo y controlarlo. Si soy bueno en una


cosa, es en el control.

Me gusta. Es como un maldito afrodisiaco para mi.

Cambio la velocidad a primera.


Respira.

Uno...dos... tres….

Libero el embrague, golpeó el acelerador y salgo disparado.

Estoy a cien kilómetros por hora en cero segundos.

Este auto se puede mover.

Ciento sesenta.

Mi corazón empieza a latir contra mis costillas.

Terror y adrenalina.

Puedo ver el muro acercándose con la curva que necesito tomar.

Mis manos empiezan a temblar. Una gota de sudor recorre mi rostro.

No lo pierdas ahora, Silva.

Piensa en cualquier cosa menos en el accidente.

India.

Su sabor. Su boca perfecta. Cómo se sentía envuelta en mi mientras la


besaba.

Libero suavemente mi pie en el freno, tomo la curva. De vuelta a la recta,


suelto despacio el acelerador, subiendo la velocidad un poco más.

Paso lentamente a cien de nuevo.

140.

160.

200.

El sonido del metal aplastándose astilla mis oídos, sonando increíblemente


real.

Piso el freno.

No es real. No es real.
Está solo en mi cabeza.

Piensa en India.

En como se verá desnuda. En cómo se sentirá cuando la folle.

Vuelvo a pisar el acelerador, llevando el auto a 200.

Más. Necesito llevarla más rápido.

Puedo hacer esto.

Presiono un poco más.

220.

Mi corazón está latiendo como loco, y no puedo calmarlo.

Entonces, deja de pelear con esto, y usa la adrenalina para llevarte a ti


mismo más lejos. Imagina que te estás follando a India. Que este auto es su
cuerpo. Lo duro que voy a montarla. Lo lejos que voy a llevarla.

260.

Doblarla de todas las formas que pueda. Follarla duro y rápido contra cada
superficie en mi casa.

300.

Mi cabeza entre sus piernas, probándola, haciéndola gritar mi nombre.

320.

India arrodillada a mis pies con mi polla entre esos labios hinchados.

340.

Corriéndome dentro de ella. En sus pechos. En su rostro. Marcando cada


parte de ella con mi semen.

350.

Lo estoy logrando.

Separo mis labios, suelto una respiración, el sudor goteando pasa cerca
de ellos hacia mi boca.
—¡350! ¡Lo hiciste! —la voz eufórica de Carrick suena en mi oído—. ¿Esto
significa que estás de vuelta, Silva?

Tomo una bocanada de aire y exhaló lentamente.

—Si —sonrió—. Definitivamente he vuelto.

***

Doy cinco vueltas más antes de volver adentro.

Carrick me está esperando, con una sonrisa de comemierda en su rostro.

Salgo del auto, me saco mi casco y luego mi pasamontañas antes de pasar


una mano por mi cabello empapado en sudor.

—Te veías bien ahí afuera —dice.

—Joder, me sentí bien.

Cierro la puerta del auto y me acerco a su lado.

—¿Crees que a la próxima puedas conseguir un auto de Fórmula 1?

Bajo mi caso, me quito el mono hasta la cintura, mi camiseta se queda


pegada a mi piel. Estoy caliente debido a la adrenalina que sigue bombeando por
mi cuerpo.

—Si, creo que si.

Mientras lo digo, siento duda, así que rápidamente anulo el pensamiento.

—¿La semana que viene? —pregunta Carrick.

—No, mañana. No quiero tontear por ahí. Quiero volver de nuevo y volver
a entrenar.

Apenas me puedo quedar quieto. Mi cuerpo está encendido.

—Es cuestión de tiempo. No he tenido una competencia decente en un


rato.

—Estaré pateando tu trasero en la pista la siguiente temporada.


Me río mientras lanzo las llaves de su auto de vuelta a él.

—¿Qué harás hoy? —pregunto—.¿Quieres ir por una cerveza?

Siento que necesito hacer algo. Ir a casa ahora no parece ser una opción.

Lo que realmente quiero hacer es follar, pero no lo haré con una mujer al
azar como si fuera a liberar una comezón.

La única que quiero que libere esta comezón es India.

—No puedo. Necesito ir a casa y cambiarme. Vamos a cenar con mi papá.


¿Te quieres unir a nosotros?

—No, pero gracias.

Lo despido con la mano, escondiendo mi decepción.

Owen Ryan no es mi persona favorita. No es que le vaya a decir eso a


Carrick, pero creo que su papá es un imbécil.

—¿Tienes algo mejor que hacer? ¿O alguien con quien ir? —sonríe,
levantando su ceja.

Carrick sabe que besé a India. Generalmente no hablo sobre mi vida


personal, pero sé que puedo confiar en Carrick.

—No.

—¿Aún no has oído de ella?

—No. Le estoy dando tiempo para que se acerque.

—¿Crees que lo hará?

—Si —digo, sonriendo—. Sé que lo hará.

—Bueno, mantenme informado. —Se empieza a alejar, llegando a su


Bugatti—. Hazme saber cuando hayas dominado a la gran doctora.

Rio, sacudiendo mi cabeza hacia él.

Levanto mi casco y camino hacia el estacionamiento a mi auto rentado.


Lanzo mi casco al asiento trasero y me dirijo a casa para tomar una ducha.
Estaciono el Mercedes rentado en el acceso y entro. Agarro el correo de la
alfombra de la entrada y me dirijo hacia la cocina. Tiro el correo en el mostrador,
es entonces cuando noto que la primera carta tiene el sello de la oficina de India.

Rasgo el sobre para abrirlo. Mi corazón de repente tiene un ritmo


irregular.

Mis ojos revisan la carta.

Querido Señor Silva,

Siento que ya no puedo tratarte eficazmente. He incluido una referencia


para otro terapeuta.

Te deseo lo mejor para el futuro.

Sinceramente,

Doctora India Harris.

Mi mano se aprieta en el papel, arrugándolo.

Me está sacando de su vida como si yo no significara nada.

Si, bueno, me rehúso a irme tan fácil.

Agarro las llaves de mi auto, con la carta en mano y cierro de un portazo


saliendo de casa.
16
India

Londres, Inglaterra
El timbre de la puerta suena justo cuando estoy a punto de meterme en la
bañera. Con un suspiro, me pongo la bata, me la anudo a la cintura y cierro los
grifos.

Kit y Jett están fuera por la noche. Han ido a ver el partido del Chelsea
contra el Manchester United en Old Trafford, así que van a pasar la noche en un
hotel, lo que significa que tengo la extraña noche para mí.

Mi plan era relajarme en el baño con una copa de vino y compadecerme


de mi misma por todo el asunto de Leandro.

Hablé con un colega, el doctor Sanders, que creo que estará perfectamente
preparado para tratar a Leandro. Tiene gran experiencia en el trastorno de estrés
post traumático, y aceptó tomarlo como paciente. Entonces, hice que Sadie
enviara una carta a Leandro, detallando la conclusión de su tratamiento.

¿Dolió enviarle esa carta?

Sí, dolía mucho. Pero sé que era lo correcto, lo único que podía hacer.

Ahora, solo tengo que lamer mis heridas y seguir adelante.

Me pregunto si Leandro ya habrá recibido la carta. Debería haberla recibido.

Un destello de pensamiento pasa por mi mente. ¿Y si está en la puerta?

Eso acelera mi ritmo. Bajo corriendo las escaleras.

Al llegar a la puerta, miro por la mirilla.

Es él.

Una oleada de miedo y una completa euforia me recorren.


Vuelve a tocar el timbre.

Me alejo de la puerta y me aseguro de que mi bata está bien abrochada.


Respiro profundamente, giro la cerradura y abro la puerta.

Santo Dios.

Lleva un mono de competición, que le cuelga de la cintura, y una camiseta


negra ajustada le cubre el increíble pecho.

Tengo el repentino impulso de tirar de él y arrancarle la camiseta del


cuerpo.

Por supuesto, no lo hago, pero mi cuerpo reacciona ante él y el escenario


se reproduce en bucle en mi mente. Mis pezones se tensan y mis entrañas se
enroscan.

Cruzo los brazos sobre el pecho.

—¿Qué estás haciendo aquí?

Da un paso hacia delante, su mirada oscura me hace retroceder un paso.

—He venido a devolverte tu maldita carta. —Aplasta el papel en su mano,


arrojándolo a mis pies descalzos—. No la acepto.

Levanto la barbilla, mirándolo a los ojos.

—No tienes elección.

—¿No? Ya lo veremos.

Se mueve tan rápido que apenas tengo la oportunidad de registrarlo. No


es que hubiera hecho algo. Está en mi casa, con la puerta cerrada, y me da la
vuelta y me empuja contra la pared en segundos.

—¿Qué...? —No llego a terminar la frase porque calla mi boca con la suya.

Me resisto durante cero punto un segundo. Luego, le pongo las manos en


el pelo devolviéndole el beso como si mi existencia dependiera de ello.

—¿Dónde están Jett y tu hermano? —Su pregunta la hace rápida y


bruscamente contra mis labios.
Apenas soy lo suficientemente coherente para responder, pero de alguna
manera, me las arreglo para decir:

—Partido de fútbol. Un partido de visitante. Pasarán la noche fuera.

Hace un gruñido bajo en el fondo de su garganta.

Entonces, me besa de nuevo, más fuerte, más agresivo. Me agarra con


fuerza y me mete la lengua en la boca. El beso se alimenta de lujuria y rabia.

Nunca me habían besado así.

Y me encanta.

Dios, él sabe bien. Y también huele bien. Una mezcla de sudor y autos.

Huele exactamente como debería hacerlo un hombre.

No hay palabras entre nosotros. Solo besos hambrientos, respiración


agitada y necesidad ardiente.

Su mano se mueve bajo mi bata y recorre la parte exterior de mi muslo.


Cuando sus dedos rozan el interior, separo las piernas, haciéndole saber que lo
quiero allí. Cuando me encuentra desnuda, gime. Su dedo se desliza por mi
humedad.

Apoya su frente contra la mía. Cuando abro los ojos, encuentro los suyos
sobre mí, negros e intensos.

Entonces, empuja su dedo dentro de mí. Suelto un gemido tan fuerte que
debería avergonzarme, pero no lo hago. Estoy demasiado excitada por él como
para que me importe.

Su otra mano abre el cinturón de mi bata. Empuja la seda y deja al


descubierto mi cuerpo. Sus ojos se dirigen a mis pechos desnudos. Suelta un
sonido total de valoración que siento tanto como el dedo dentro de mí. Su mano
sube ahuecando mi pecho. Aprieta, pellizca mi duro pezón entre el pulgar y el
dedo.

Mis ojos se cierran por el placer que me produce su dedo. Mete otro, y se
vuelve más duro, con el talón de su mano presionando rítmicamente mi clítoris.

Lo necesito dentro de mí.


Voy por su ropa. Agarro el mono, tiro de la cremallera hasta el final y
empujo la tela por sus caderas.

La impaciencia se apodera de él y toma el control. Saca su billetera del


bolsillo y saca un condón. Sujetándolo entre los dientes se quita los zapatos de
conducir. Luego, se baja el mono y se lo quita de una patada. Se quita los
pantalones cortos de correr y después la camiseta.

Finalmente, está desnudo ante mí. Cada centímetro de él es perfecto.

Es como un dios en el más puro sentido de la palabra.

Se saca el condón de entre los dientes y rompe el papel de aluminio.

Estoy bastante segura de que gimoteo de necesidad.

Sonríe y luego lo muerde, mirándome fijamente a través de esas largas


pestañas negras, y podría ser lo más sexy que he visto en mi vida.

Nunca he estado tan mojada ni tan preparada para un hombre en mi vida.

Sus manos bajan para ponerse el condón, y mis ojos las acompañan
inmediatamente. Miro descaradamente y sin pudor mientras él enrolla el
preservativo en su impresionante polla. Y la circunferencia.

Santa mierda. Me pregunto si incluso cabrá.

Ha pasado un tiempo que no estoy con un hombre.

Pero estoy desesperada por él, temblando de necesidad, así que tiene que
caber, sea como sea.

Con el preservativo puesto, me aprieta contra la pared y su boca vuelve a


encontrar la mía.

En todo este tiempo, no nos hemos dicho ni una sola palabra.

Siento que necesito decir algo, cualquier cosa.

—Terminé las cosas con Dan. —Mis palabras salen con una respiración
entrecortada.

Sus ojos se oscurecen, pero no dice nada. Sus manos pasan por debajo de
mis muslos, me levantan y, sin dudarlo, me penetra de golpe.
—¡Leandro! —lloriqueo.

Pero no hay palabras de su parte, no hay indulto, no hay tiempo para


adaptarse a su tamaño, porque empieza a follarme como si fuera todo lo que
necesita.

Como si yo fuera todo lo que quiere.

Se reduce a una necesidad primaria, la urgencia de follar es lo único que


tiene en mente.

Y nunca me había excitado tanto en toda mi vida.

Le envuelvo la cintura con las piernas. Mis uñas marcan su espalda. Gime
y empieza a follarme con más fuerza, clavándome en la pared. Su boca no se
separa de la mía y me besa con una intensa pasión.

Nunca me habían follado así, tan crudo, intenso y profundo. Me está


follando casi con locura, y lo deseo con la misma fiereza.

En este momento, siento que le pertenezco a él, y solo a él.

Puedo sentirme comenzando a subir hacia el clímax cuando su polla


golpea esa parte profunda de mí, sus caderas golpean sin piedad mi clítoris.

—Leandro... —gimoteo—. Voy a... correrme...

Finalmente, habla:

—Sí. Córrete, nena. Aprieta mi polla con tu apretado coñito.

Saca hasta la punta, y la mete de golpe, con fuerza. Eso, y el sonido de su


voz, sus palabras, me hacen caer al vacío, y le grito a él y a Dios y a cualquiera
que pueda estar escuchando.

—Maldición... India... —gruñe—. Porra, estou gozando...

Su cabeza cae en el hueco de mi cuello mientras siento su polla palpitar


dentro de mí.

El sonido de su lengua materna saliendo de su boca mientras se corre


dentro de mí casi me lleva al límite de nuevo.

Se queda ahí, con la cabeza apoyada en mi hombro, abrazándome con


fuerza, mientras nuestros cuerpos se estremecen con las réplicas.
Luego, nos quedamos en silencio, dos cuerpos sudorosos conectados por
nuestras partes más vitales, mientras nuestros corazones laten contra el pecho
y tratamos de recuperar el aliento.

Me estoy enamorando de él.

No puedo.

No puedo hacerlo. Tengo demasiado que perder.

Mi trabajo... No solo amo mi trabajo, sino que he trabajado muy duro, he


sacrificado mucho, para llegar a donde estoy. Y necesito mis ingresos. Tengo un
hijo que cuidar, facturas que pagar.

La realidad me deja fría.

—Leandro...

—No... —Levanta la cabeza, mirándome fijamente a los ojos—. No arruines


esto, India.

Trago saliva contra el dolor de mi pecho, sabiendo lo que tengo que hacer.

—Tengo que hacerlo. Lo siento.

Coloco mi mano contra su pecho, apartándolo suavemente.

—Jesucristo... —gruñe, cerrando los ojos.

Entonces, vuelve a abrir los ojos y me deja ponerme de pie, deslizándose


fuera de mí. La pérdida de él dentro de mí me afecta más profundamente de lo
que esperaba. Dolorida, conteniendo las lágrimas, me envuelvo en la bata, me
ato el cinturón, y observo cómo vuelve a ponerse la ropa con rabia.

—Tienes que irte —digo con un susurro de voz.


17
Leandro

Londres, Inglaterra
Increíble.

Quiere que me vaya.

Normalmente, eso me haría sentir aliviado. No es que haya sucedido


antes. Las mujeres normalmente me ruegan que me quede.

Pero no ella, la que quiero, y quiere que me vaya.

—¿Irme? ¿Me estás tomando el pelo? —casi grito.

Ella sacude la cabeza. Las lágrimas brillan en sus ojos, parece que está a
punto de llorar.

Verla así... me duele y me confunde.

Si alejarme le hace daño, ¿por qué lo hace?

—India... ¿por qué estás haciendo esto?

Me acerco a ella, pero se aleja de mi contacto.

Mi mano se cierra en un puño y la llevo a mi costado.

—Tengo que hacerlo.

La ira y la frustración me dominan.

—¿Tienes que hacerlo? ¿Por qué? Explícamelo porque no lo entiendo,


joder. Está claro que me quieres, ¿pero me dices que me vaya? Y no te atrevas a
decir que es porque eres mi terapeuta. Ya no lo eres, ¿recuerdas?

Señalo con el dedo en dirección a la carta arrugada en el suelo.

—Puede que ya no sea tu terapeuta, pero lo era. Eso importa.

—¿A quién?
—Al Consejo de Profesionales de la Salud y Asistencia y... para mí. Fuiste
mi paciente. Te traté. Eso no desaparece por una carta. Si la gente descubre que
me acuesto con un antiguo paciente, estaré acabada. Si el Consejo de Salud se
entera de esa información, perderé mi licencia para ejercer.

Controlo mi frustración e intento suavizar mi voz mientras pregunto:

—¿Cuánto tiempo tardaría en estar bien, tú y yo?

—Nunca.

Mi ira vuelve a estallar.

—¡Esto es una puta mierda! —gruño.

—No, es la verdad. He abusado de mi poder. Me he convertido en lo que


desprecio. —Una lágrima resbala por su mejilla. Se la quita con un gesto—. Soy
una doctora, una terapeuta... que acaba de tener sexo con una persona que
estaba tratando.

—Jesús, India. —Me froto la cabeza con frustración—. No soy un maldito


niño que no sabía lo que estaba haciendo. Soy un hombre adulto y sé
exactamente lo que estoy haciendo, y lo que quiero. Y lo que quiero eres tú.
Enrollo mis manos alrededor de sus brazos, sin dejar que se aleje. La miro
fijamente a la cara hasta que se ve obligada a devolverme la mirada.
—Te quiero —repito—. No sólo por esta noche. Quiero estar contigo. Quiero
un nosotros.

—No puedo...

—Escucha...

—No. Escúchame.

Intenta alejarse, pero no la dejo ir. Si la dejo ir, sé que no la recuperaré.


—Puede que seas un hombre adulto y que tengas el control, pero cuando
te conocí, estabas en un mal lugar, y en cierto modo, todavía te estás curando.
Tuve una influencia en ti, en tu recuperación.

La miro fijamente a los ojos.

—Las personas se influyen unas a otras cada segundo de cada día. Eso no
significa que no puedan estar juntos.

—Pero esas personas no hicieron un juramento como yo.


Mi cuerpo está rígido por la frustración. Es como hablarle a una pared.
Ella no me escucha.

—Entonces, al convertirte en doctora, ¿significa que también eres una


maldita monja?

—¡No, pero significa que no puedo follar con mis pacientes! —suelta.
Suelto mis manos de sus brazos. Sus manos cubren su rostro. La observo,
escuchando su respiración superficial.

Lentamente, baja las manos de su rostro y me mira. Puedo ver sus


palabras en sus ojos antes de que las diga, y se me revuelve el estómago.

—Lo siento, Leandro, pero esto ha sido un error. —Sus palabras son
susurradas, pero siento que me las acaba de gritar—. Me he aprovechado de ti.
Lo siento mucho.

Su mano se desliza sobre su estómago, mientras las lágrimas llenan sus


ojos.

En este momento, siento que se me escapa algo, pero estoy tan cegado por
mi ira que no puedo ver con suficiente claridad para ver más allá.

—¡No te has aprovechado de mí! —exploto.

—Has confiado en mí. Sé que utilizas el sexo como un escape de tus


problemas.

Sus palabras me hacen sentir inmediatamente mal, sin valor. Odio que
pueda hacerme sentir así.

Aprieto los dientes y hablo.


—Solía... pasado, India, y tú, por encima de cualquiera, lo sabes. Tener
sexo contigo fue porque quise... porque te deseo.

—No, tú crees que me deseas, pero en realidad no es así. Sólo tienes una
dependencia de mí.

—¡Mentira!

—No lo es. Es la verdad. Sólo que aún no puedes verla. Pero con el tiempo,
lo harás.

—¡Deja de hablarme como si fuera un maldito niño, India! No acudí a ti en


busca de terapia porque fuera un suicida o no tuviera el control de mi propia
mente. Vine a por tu ayuda porque necesitaba volver a subirme a un maldito
auto .
—Tenías... tienes un trastorno de estrés postraumático. Estabas bebiendo
y usando el sexo como una forma de afrontarlo. Estabas en un mal lugar.

—No tan mal como crees.


—Estás pintando una imagen diferente en tu mente por lo que crees que
quieres.

Me tiro del cabello con frustración.


—Sé exactamente cómo me siento, no por un vínculo paciente-terapeuta.
Te quise desde el momento en que te vi, incluso antes de conocerte. Y, sí, me has
ayudado, pero no te has metido en mi cabeza y has retorcido las cosas. Te quiero
porque te deseo. Y por ninguna otra razón. —Acaricio su mejilla con la otra
mano—. Te quiero —repito suavemente.

Cierra los ojos y respira entrecortadamente.


Por un momento, creo que la tengo hasta que abre los ojos y veo lo apagada
que está.
—Lo siento, Leandro. Con el tiempo, verás que tengo razón. Acabar con
esto es lo correcto.

La he perdido.

La sensación es como una bala en el pecho.

—Estás tan equivocada, y con el tiempo, lo verás.

Me alejo de ella, dándole la espalda.

—El kart... —empieza ella, tirando de mí hacia atrás.

Me quedo allí pero no me doy la vuelta. No puedo mirarla. Me dolería


demasiado. Siento que mi pecho se desangra por el agujero que ella acaba de
hacer.

—Haz lo que quieras con él. Véndelo y dale el dinero a la caridad. Me da


igual, maldición.

—Lo siento mucho —susurra desde detrás de mí.

—Sí, seguro que sí. —El sarcasmo gotea de mis palabras.

Abro la puerta de un tirón y me detengo. Saco una tarjeta de mi cartera y


la arrojo sobre la mesa del pasillo.
—Si Jett todavía quiere entrar en el karting, llama a este chico. Ayudará a
Jett a empezar.
Me arriesgo a mirarla.

Está llorando.

—Lo siento...

—Sí, lo entendí la primera vez. Que tenga una buena vida, doctora. Harris.

Y salgo de golpe de su casa y de su vida.


18
India

Siete meses después…


Londres, Inglaterra
Me gustaría decir que superé lo de Leandro, pero la verdad es que es como
si siguiera de pie en mi pasillo, viéndolo partir.

El final que reproduzco en mi mente es la versión en la que lo persigo, le


digo que he cambiado de opinión, que lo quiero.

La realidad es que estoy sentada en mi oficina después de que mi día haya


terminado, sola y extrañándolo.

Durante días, después de que se fuera de mi casa, quise hablar con él.
Pero cada vez que levantaba el teléfono para llamarlo, la racionalidad se
apoderaba de mí, sabiendo que podía perderlo todo si iba tras lo que quería.

Entonces, el tiempo se deslizó y, antes de darme cuenta, habían pasado


semanas, que se convirtieron en meses, y ya no había vuelta atrás para mí.

Había seguido adelante.

Aunque era un infierno, no verlo, no hablarle, tenía que ser así.

Pero aún así, me torturo por él.

Hago mi ritual habitual en el que me digo a mí misma que no entre en


Internet y busque las noticias de hoy sobre él. Me relajo durante unos días,
pensando en lo fuerte que soy, y luego me derrumbo, como voy a hacer hoy.

Hago que la pantalla de mi MacBook cobre vida. Acceso el buscador y


escribo Leandro Silva. La pantalla se llena de historias sobre él y las carreras
que ha ganado este último año desde que volvió a la Fórmula 1.
Siento un inmerecido orgullo cuando veo las fotos de él cruzando la línea
de meta y cuando está en el podio, sosteniendo el trofeo. Puede que le haya
ayudado hasta un punto, pero el resto del camino lo ha hecho él solo.

Me alegro por él. Feliz de que esté compitiendo. Que tiene su vida de vuelta
de la manera que quería. La ha recuperado en todos los sentidos, si la prensa se
hace eco de ello.

El nombre de Leandro se ha relacionado con varias mujeres desde que


comenzó la temporada de carreras, y hay fotos de él con mujeres.

Cada una duele tanto como la otra.

Ha pasado página. Eso es lo que sabía que haría.

Sabía que su apego a mí era puramente por la cercanía que habíamos


construido durante su tratamiento y que lo que sentía por mí era gratitud.

Aun así, me duele mucho saber que tenía razón, sobre todo cuando parece
que no puedo superarlo.

Filtro la página para leer las noticias recientes.

No hay nada nuevo desde la última vez que lo comprobé, hace unos días.
Sólo las mismas fotos de su llegada a casa para el Gran Premio de Gran Bretaña,
que comienza el próximo fin de semana.

Contemplo las fotos, paso el dedo por su rostro, como la acosadora de


Internet en la que me he convertido.

No es que antes no fuera guapo, porque, por supuesto, lo era, pero en


estas fotos está increíble. Hay una claridad en su expresión que antes no existía.
Supongo que se debe a su regreso a las carreras.

Está muy guapo.

Me recuesto en la silla y cierro los ojos, tratando de aliviar el dolor de su


ausencia.

¿Se acabará esto alguna vez?

Pensé que ya lo había superado. Tal vez si dejara de torturarme con


noticias de él, entonces podría seguir adelante.
Sentada, cierro la pantalla.

Mi teléfono se ilumina con el nombre de Jett.

—Hola, cariño —respondo.

—¿Sigues en el trabajo, mamá?

—Sí. Estoy terminando y luego me voy a casa.

—Bueno, sólo te hago saber que estoy en el hipódromo con el tío Kit y
Carter. Vamos a comer algo aquí. No llegaremos a casa muy tarde.

Cena para uno. Comida para llevar y una botella de vino.

—Bien, cuídate y diviértete.

—Lo haré. Nos vemos luego, mamá.

—Adiós, cariño.

Dejo el teléfono sobre mi escritorio y dejo que mi cabeza lo siga con un


golpe.

Me estoy convirtiendo en un caso triste total el viernes por la noche, no


tengo niños, y lo mejor que puedo hacer es comida para llevar y una botella de
vino.

También me reprendo por esto cada semana, pero sigo haciendo lo mismo.

Llaman a mi puerta.

Levanto la cabeza de mi escritorio.

—Adelante.

Es Sophie, mi nueva asistente. Lleva un mes conmigo. Sadie se fue de viaje


con su novio.

—Me voy por la noche. —Sophie cruza la habitación—. Aquí está el correo.
Me olvidé de dártelo antes.

—Gracias. —Lo tomo de su mano.

—La carta de arriba fue entregada en mano.


—¿Entregada en mano? ¿Cómo que entregada en mano?

—Un hombre vino antes. Me pidió que me asegurara de que usted recibiera
la carta.

—¿Qué aspecto tenía?

Le doy la vuelta a la carta en mi mano. Mi nombre está escrito a mano en


el frente.

—Cabello negro. Muy guapo.

Sonríe.

Mi corazón se acelera.

—Y tenía un acento extranjero. Creo que era...

—¿Brasileño?

—Sí. —Ella chasquea los dedos—. ¿Lo conoces?

—Sí... lo conozco.

Me tiemblan las manos y no puedo dejar de mirar la carta que tengo en


mis manos.

—Bien, bueno, me voy a ir. Que tenga un buen fin de semana, doctora
Harris —dice, retirándose.

—Sí, tú también —pronuncio, distraída.

En cuanto se cierra la puerta, deslizo el dedo bajo el pliegue del sobre y lo


abro. Tengo la boca seca y me tiemblan los dedos. Saco el contenido del sobre.

Entradas. Dos de ellas para el Gran Prix de Silverstone de la semana que


viene. Pases de fin de semana VIP completos.

Y un papel doblado.

Lo abro, leyendo la misma letra.

ENTRADAS PARA JETT, COMO PROMETÍ. ESPERO VERTE ALLÍ TAMBIÉN.


L.

Mi corazón se desploma a través de mi cuerpo.

Él trajo las entradas aquí. Los entregó en mano. Pero no pidió verme.

Por supuesto que no lo hizo.

La última vez que nos vimos, estaba finalizando lo nuestro antes de que
apenas hubiéramos empezado.

Tal vez quiera verme. La esperanza levanta mi corazón aunque esté mal
sentirla porque nada ha cambiado realmente. Sólo el tiempo entre nosotros. Yo
seguía siendo su terapeuta.

Espero verte allí.

O tal vez no quiere verme y sólo está siendo el buen tipo que sé que es y le
da a Jett las entradas que le prometió.

Mi corazón se hunde de nuevo.

Pero lo extraño. Como nunca he extrañado a nadie en mi vida.

Necesito verlo. Por qué razón, no lo sé. No sé realmente lo que estoy


haciendo. Sólo sé que no puedo seguir sintiéndome así.

Y si él no quiere verme, entonces me da una razón para empezar a pasar


de él, porque no he encontrado la manera de pasar en los últimos siete meses.

Pero supongo que sólo hay una manera de saber si quiere verme.

Así que parece que voy a ir al Gran Prix de Gran Bretaña.


19
Leandro

Northampton, Inglaterra
Ellos están aquí.

Ella está aquí... India.

Han pasado siete meses desde la última vez que la vi y ahora, estamos en
el mismo edificio.

Puedo sentir su cercanía como una vibración en todo mi cuerpo,


haciéndome sentir sistemáticamente vivo y aterrorizándome.

Ella está aquí. La tengo aquí, y ahora, tengo miedo de enfrentarme a ella.

Un millón de razones para no ir a verla pasan por mi mente.

Le pedí al chico que hacía el recorrido VIP que me enviara un mensaje de


texto para avisarme cuando llegaran India y Jett.

Recibí ese mensaje hace una hora y todavía no he tenido el valor de ir a


verla.

Me digo que me necesitan en el garaje. La verdad es que son los


entrenamientos, y uno de los pilotos de pruebas tiene mi auto en la pista.

Estoy aquí de pie, mirando las pantallas, mientras él da vueltas con mi


auto.

Podría ir a ver a India ahora.

Sólo que no sé si ella quiere verme. Claro, ella está aquí, pero Jett está
obsesionado con la Fórmula 1, así que por supuesto, ella lo traería.
Ella fue la que terminó con nosotros. Bueno, no es que haya habido alguna
vez un nosotros, porque nunca dio la oportunidad de llegar tan lejos.

Por supuesto, después de que me fui, no intenté volver. Salí de su casa y


me alejé.

No he visto ni hablado con India desde que la dejé plantada en su pasillo.

Después, estaba dolido, frustrado y seriamente enojado, y en lugar de ir a


casa, me fui directamente a la sede de Lissa, preparé mi auto de Fórmula 1, me
subí a él y lo llevé a nuestra pista de pruebas.

Mi enojo con India me hizo superar esa etapa final de mi miedo. Entonces,
me lancé de nuevo a las carreras, para no tener que pensar en ella. Sólo
funcionaba cuando estaba en mi auto. Cualquier otro momento de vigilia era
controlado con pensamientos sobre ella.

He recuperado todo lo que quería después del accidente. Todavía tengo


mis miedos, pero ya no me controlan como antes. Pero, ahora, sin India en mi
vida, se siente tan vacía como antes.

Es como si el universo me estuviera gastando una maldita broma pesada.

Me quitaron mi carrera y luego me la dan a ella. Recupero mi carrera y la


pierdo.

Bueno, no es que la haya tenido realmente.

Pero lo que tuve con ella, lo que siento por India...

No puedo superarla.

Lo he intentado. Con fuerza. Pensé que volver a la pista y a las carreras


ayudaría.

No lo ha hecho.

He permanecido fuera del país, lejos de ella. Después de irme a Melbourne


a principios de marzo para la primera carrera de la temporada, me limité a volar
de carrera en carrera, sin volver a casa, esperando que la distancia me ayudara.

No lo hizo.

Pensé que volver a salir con las mujeres ayudaría.


Pero no fue así.

Supe que estaba acabado cuando una de las modelos más atractivas del
momento me besó y no sentí nada más que un extraño sentimiento de culpa por
haber traicionado a India al besar a otra mujer.

Sí, sé que eso suena muy poco convincente. Pero es así.

Así que me he mantenido alejado de todas las mujeres, aunque me


relaciono continuamente con ellas.

Si hablo con una mujer y poso para una fotografía con ella, al día siguiente
saldrá en la prensa diciendo que estoy saliendo con ella o que me la estoy
follando. La prensa se ha entrometido agresivamente en mi vida desde que volví
al circuito. Supongo que es de esperar después de mi accidente, mi ausencia y
ahora mi regreso.

Pero una parte enferma de mí espera que India vea esas fotos mías con
mujeres y que le molesten.

Espero que le hagan daño.

Sé que eso me convierte en un cabrón, pero no me importa.

Ahora, estoy de vuelta para Silverstone y pensé que estaría bien estar aquí,
en el mismo país que ella.

¿Pero qué hago?

A los pocos días de estar de vuelta, me encuentro conduciendo hasta su


oficina y entregando en mano las entradas para el Prix que le prometí a Jett el
año pasado, con la media esperanza de poder ver a India.

Pero no la he visto.

Me costó toda mi fuerza entrar en su oficina, y fui demasiado cobarde para


pedir verla, así que le dejé los billetes a su recepcionista y salí corriendo de allí
como el marica que soy.

Dios, soy un maldito perdedor.

Tengo que ser un hombre y enfrentarme a ella. De todas formas,


probablemente ya haya seguido adelante.
Pensar en ella con otro hombre hace que la rabia me inunde las venas.
Aprieto los puños y mi mandíbula.

Necesito verla. Necesito saberlo de cualquier manera.

Verla me ayudará a seguir adelante o me hará sentir peor, si es que eso es


posible. Pero necesito hacer algo porque, claramente, lo que he estado haciendo
durante los últimos siete meses no está funcionando.

El caso es que estoy bastante seguro de que estoy enamorado de ella.

Siempre pensé que el amor era algo que nunca me sucedería. Claro, he
tenido novias, a las que he querido, pero amor... ni de lejos. Ni una sola vez.

No hasta ella.

Y eso tiene que significar algo, ¿no? No puedo estar solo en lo que siento.
Ella tiene que sentirlo también. Sentir algo por mí al menos.

Si la veo, entonces, sabré si todavía siente algo por mí.

La barrera con India nunca fue lo que ella sentía por mí. Siempre fue por
su maldita ética.

Sí, bueno, no he sido su paciente durante siete meses. Y sé lo que dijo


sobre que el tiempo no importa, pero sí importa.

El tiempo da claridad y perspectiva.

Sólo tengo que esperar que el tiempo y el espacio le hayan dado justo eso
y que se dé cuenta de que realmente me quiere.

Un hombre puede esperar, ¿no?

Sé dónde estará ahora mismo. En la charla que dará Quinn Moore. Quinn
es un piloto de carreras retirado. Como parte de la gira, un venerado piloto da a
los VIP una charla sobre la Fórmula 1. A Jett le encantará.

Sí, conozco el itinerario del día. Mi yo perdedor no tiene límites.

Siempre iba a verla, por mucho que me haya retrasado.

Me alejo de las pantallas en las que he estado viendo a mi piloto de pruebas


dar vueltas con mi auto en la pista, le digo a Patrick, uno de mis chicos:
—Vuelvo en diez.

Luego salgo del garaje, mi destino es India.


20
India

Northampton, Inglaterra
Jett y yo estamos aquí en Silverstone. Llegamos hace una hora. Como
descubrimos al llegar, parte de la entrada VIP que envió Leandro incluye un
discurso de algún piloto retirado del que nunca había oído hablar, un recorrido
por los garajes, ver las sesiones de entrenamiento y luego la cena. Volveremos
mañana para las sesiones de clasificación. Luego, el domingo es el día de la
carrera.

Y me alegro de haber tenido la previsión de reservar una habitación de


hotel para Jett y para mí, para ahorrarme el viaje de ida y vuelta de tres horas
durante los próximos tres días.

Puedo relajarme y disfrutar de un tiempo con mi niño y no preocuparme


por Leandro Silva.

Bueno, me voy a preocupar por él, solo un poco.

La idea de volver a verlo hace que se me revuelva el estómago de los


nervios.

Estoy segura de que estará ocupado con los preparativos para la


clasificación de mañana, así que tal vez no lo vea en absoluto. Ignoro la pequeña
punzada en el corazón que siento ante ese pensamiento.

Miro a Jett mientras el orador habla a gritos de cosas de las que no tengo
ni idea. Jett parece entusiasmado y feliz, y eso es lo que cuenta. Se emocionó
mucho cuando le dije que Leandro había enviado las entradas como prometió.
Tengo que agradecérselo. Debería enviarle una tarjeta de agradecimiento.

Sí, porque eso no sería para nada patético, India.

Supongo que si lo veo este fin de semana, se lo agradeceré. Y si no, le


enviaré una nota de agradecimiento a su casa.
Y no se me romperá el corazón por no verlo.

Una total mentira.

El altavoz ha sido silenciado, afortunadamente.

—Así que ahora vamos a recorrer los garajes —nos dice nuestro guía.

Junto con Jett, me pongo en pie y seguimos a todos fuera de la sala.

Es entonces cuando lo veo apoyado en la pared, más allá de nosotros,


intentando pasar desapercibido. Pero lo noto.

Incluso debajo de la gorra de béisbol, veo que es él.

Levanta la mirada y cuando mis ojos se encuentran con los suyos, siento
una sacudida en el centro de mi pecho.

Verlo en la televisión o en fotos en línea no es nada comparado con verlo


en carne y hueso, estar tan cerca de él y a la vez tan lejos.

Mi mente es asaltada con imágenes de nosotros juntos aquella vez, él


moviéndose dentro de mí.

—Mamá, Leandro está allí.

Jett tira de mi brazo y empieza a moverse en su dirección.

Mira a su alrededor, por suerte, nadie de nuestro grupo parece haberse


dado cuenta de que Leandro está allí de pie, y se alejan para seguir el recorrido
por los garajes.

—Hola, Jett. —Leandro le da un varonil apretón de manos—. ¿Cómo te va?


¿Te estás divirtiendo hasta ahora?

—Sí, es genial. Muchas gracias por las entradas.

—No hay problema. —Levanta sus ojos a los míos mientras me paro al
lado de Jett—. India.

Al escuchar su voz decir mi nombre... el asalto de la memoria comienza de


nuevo.

—Hola, Leandro.
Sonrío, pero me siento incómoda y torpe. Estoy ardiendo de fuera hacia
dentro mientras estoy aquí con él.

—¿Cómo estás? —pregunta.

—Estoy bien. —Levanto el hombro—. Parece que estás muy bien.

Vuelvo a sonreír, esta vez genuinamente.

—Sí, supongo. —Se quita la gorra y, tras deslizar la mano por su cabello,
se la vuelve a colocar en la cabeza. Luego, desliza las manos en los bolsillos de
su mono—. Así que pensé en venir a verlos. —Ahora mira a Jett, no a mí—. Y
miren... quería preguntarles si a ambos les gustaría cenar conmigo esta noche.

En la última parte de su invitación sus ojos se elevan a los míos.

Mi corazón empieza a latir a doble velocidad. Separo mis labios secos para
hablar, pero Jett se me adelanta.

—¡Claro que sí! —dice Jett alegremente.

Me río levemente, amando mucho el atrevimiento de mi hijo en este


momento.

A Leandro se le escapa una risita. Sus ojos se iluminan, pero sigue


habiendo una pregunta en ellos.

Quiere escuchar mi aceptación.

—Sí, nos encantaría cenar contigo. Gracias —digo con calma aunque mis
entrañas enloquecen.

—Me hospedo en Whittlebury Hall —dice Leandro—. El restaurante Astons


de allí es muy bonito. Podríamos cenar allí, o podría llevarlos a otro sitio.

—Nosotros también nos alojamos en Whittlebury, así que Astons será


perfecto —digo.

Tuvimos suerte de conseguir una habitación en Whittlebury Hall tan cerca


del Prix, pero nos las arreglamos para conseguir una cancelación. Parece que la
suerte estaba de mi lado con Leandro quedándose allí también. Me recorre una
emoción al saberlo.

—Genial. Entonces nos reservaré una mesa. ¿Digamos a las siete y media?
—Las siete y media es perfecto.

—¿Paso por ti en tu habitación o...?

—Nos vemos en el restaurante.

Sonrío.

—De acuerdo. Entonces, los veré a los dos esta noche. —Mira a Jett y luego
a mí—. Debería volver al garaje. —Me mira por encima del hombro. Entonces,
parece darse cuenta de algo. Sus ojos se mueven para mirar más allá de mí, y
hace un gesto hacia el pasillo ahora vacío detrás de mí—. Has perdido a tu grupo.
¿Sabes a dónde vas desde aquí?

Muerdo mi labio y niego con la cabeza.

—No te preocupes. Los llevaré de vuelta con ellos.

Me sonríe, y mis entrañas se convierten en una sustancia viscosa. Y no


puedo evitar mi sensación de pura excitación ante la perspectiva de la cena de
esta noche.
21
Leandro

Northampton, Inglaterra
De acuerdo... tranquilízate. Es sólo una cena.

Y Jett estará con nosotros, así que no es como si pudiera poner los
movimientos en India y arruinar esto.

Nada demasiado pronto con India. Necesito tomarme mi tiempo.

Sé que todavía me desea. Puedo verlo en sus ojos. En la forma en que su


cuerpo reacciona naturalmente a mí. Como si estuviera atada a mí, su cuerpo
gravita naturalmente hacia mí.

Pero ella es tímida. Sólo necesito mostrarle que estamos bien juntos.

Y lo haré con un pequeño empujón.

El ascensor está esperando en mi planta, así que entro directamente y


pulso el botón del vestíbulo.

Deslizo una mano por la camisa. Estoy muy nervioso. Sudo como un perro.

El ascensor se detiene en la siguiente planta. La puerta se abre y allí está


India.

Mi cuerpo responde de la única manera que puede hacerlo cuando la


mujer más hermosa del mundo está delante de mí con unos tacones de infarto y
unos labios rojos. Su vestido es negro y le llega unos centímetros por encima de
las rodillas, mostrando sus largas piernas doradas. Lleva el cabello suelto y
despeinado alrededor de los hombros, con el mismo aspecto que imagino que
tendría cuando lo extienda sobre mi almohada.

Jesús. Estoy seguro de que está intentando matarme con esos tacones
rojos y esos labios de fuego.
Está impresionante.

Y no he respirado y también he pasado una cantidad desmesurada de


tiempo mirándola.

Buen comienzo.

—Leandro... hola. —Aprieta esos labios de abeja que tiene, y mi polla se


agita en mis pantalones.

—Hola —digo, como el maldito tonto que soy, intentando distraerme de mi


inminente erección.

Pero ella también parece nerviosa. Está inquieta y sigue de pie fuera del
ascensor.

Tranquilo, Silva. Tienes esto.

—¿Vas a entrar en el ascensor? —pregunto, mi voz suena ronca.

Ella mira hacia el pasillo, como si estuviera considerando la posibilidad de


escapar.

—Iba a hacerlo, pero, bueno, Jett llega tarde. Todavía está en la ducha, y
no quería que nos esperaras allí abajo, así que iba a ir primero y Jett iba a seguir
abajo, pero como estás aquí, supongo que... no sé.

Deja escapar una pequeña risa y pasa una mano por su cabello.

Está definitivamente nerviosa por estar a solas conmigo. Mi adrenalina se


dispara.

—¿Por qué no bajamos juntos y esperamos a Jett en el bar?

Vuelve a echar un vistazo al pasillo y luego vuelve a mirar hacia mí.

—De acuerdo.

Me sonríe, y la forma en que me hace sentir... es como si su sonrisa


estuviera hecha exclusivamente para mí. Y si no estuviera ya seguro de que estoy
enamorado de ella, lo sabría en este momento.

Coloco una mano en la puerta para evitar que se cierre, y ella se desliza
junto a mí.
El aroma de su perfume, una mezcla embriagadora de cítricos y flores,
llena mis sentidos. Actúa como el recuerdo de estar dentro de ella. Es como una
maldita tortura. Tenerla aquí y a la vez tan lejos.

La puerta se cierra y el ascensor comienza su lento descenso.

—India...

—Entonces...

Nuestras miradas se cruzan y ambos nos reímos.

—Tú primero —digo.

—No, tú.

Una sonrisa se dibuja en sus labios.

Mantengo mis ojos en ella mientras digo:

—Sólo iba a decir que estás preciosa.

—Gracias.

El rubor sube a sus mejillas.

No puedo evitarlo. Alargo la mano y toco su rostro con las yemas de los
dedos.

Lo que siento por ella... no se parece a nada que haya conocido antes. Me
consume por completo, la implacable necesidad de estar con ella, de hacerla mía,
de marcarme en su piel porque ella está marcada en la mía.

Su respiración queda atrapada en la garganta. Traga de forma audible.

Veo el temblor de su cuerpo. Sus ojos están en mis labios.

Entonces, no pienso. Sólo actúo.

La beso.

La beso por cada día que he estado lejos de ella. Por cada momento que he
necesitado besarla y no haber podido hacerlo. Tomo todo lo que puedo de ella
porque no sé cuánto durará este momento. Cuánto tiempo me dejará tenerla.
Sólo necesito que sepa lo mucho que la quiero. Lo mucho que la he echado de
menos.
Tanto como para tomarme mi tiempo con ella. Pero de nuevo, nunca he
sido bueno con la espera.

Mi paciencia en estos últimos siete meses, y mi falta de paciencia ahora,


es un testimonio de lo mucho que la quiero.

La apoyo contra la pared, amando la sensación de sus dedos agarrando


mi camisa, busco a tientas los botones del ascensor. Dejando rápidamente de
mirarla, encuentro el botón de parada de emergencia y lo pulso.

—Te he echado de menos —digo en voz baja contra su boca.

—Yo también te he echado de menos —susurra.

Al escuchar esas palabras de su boca... es cuando pierdo la cabeza.

Devoro su boca, como si fuera la fuerza que necesito para sobrevivir.


Empiezo a preguntarme si realmente lo es.

Sus manos se deslizan por mi pecho, las uñas arañan mi cuello y se


enroscan en el cabello de mi nuca. Lamo el interior de su boca y me encantan
los pequeños gemidos de gratificación que emite en su garganta. Cernido más
contra ella, deslizo mi pierna entre las suyas. Ella se aprieta contra mí,
retorciéndose de necesidad.

Estoy cegado por la lujuria. Cegado por mi completa necesidad de ella, no


me importa dónde estemos. Sólo sé que necesito estar dentro de ella.

Así que puedes imaginar mi absoluta y maldita decepción cuando mi mano


llega a su muslo, mis dedos rozan su suave piel y siento su mano sobre la mía,
deteniéndome.

—No quiero nada más que esto, contigo, ahora mismo —jadea contra mi
boca—. Pero Jett bajará pronto, y se preocupará si no estamos allí.

Aprieto los ojos, presionando mi frente contra la suya.

Tiene razón.

—De acuerdo. —Respiro con fuerza, todavía desesperado por ella—. Sólo
dame un minuto para calmarme.

Vuelve a apretar sus labios sonrientes contra los míos.


—No ayuda —gruño.

Se suelta una risita y me encanta el sonido.

Con la fuerza de Superman, consigo apartarme de ella. Aprieto la espalda


contra la pared de enfrente. Ver su lápiz de labios embadurnado alrededor de la
boca, sabiendo que he sido yo quien lo ha hecho, me llena de satisfacción.

—Quizá quieras arreglar tu lápiz de labios.

Sonrío.

Saca su polvera del bolso y la abre, hace una mueca al ver su reflejo y
empieza a pintarse los labios. Guarda la polvera y se acerca a mí. No puedo dejar
de mirarla.

—Tienes lápiz de labios en tu boca.

Levanta la mano y la limpia con un pañuelo de papel.

Su contacto hace que el corazón lata rápidamente en mi pecho.

—¿Listo?

Da un paso atrás y echa un vistazo a mi polla, ahora semidura.

Levanto una ceja.

—Más o menos.

Suelta una leve carcajada mientras estira la mano y pulsa el botón,


poniendo en marcha el ascensor.

—India... —susurro su nombre—. Solo debes saber que esto no ha


terminado, ni mucho menos. —Hago un gesto entre nosotros—. Tengo la
intención de terminar ese beso.

Muerde la comisura de sus labios recién pintados.

—Estoy deseando hacerlo.


22
India

Londres, Inglaterra
—Solo debes saber que esto no ha terminado, ni mucho menos. Tengo la
intención de terminar ese beso.

De acuerdo, bueno, eso es lo que él dijo, pero no lo he visto desde


entonces.

No más besos.

Literalmente él no me ha puesto una mano encima desde aquella noche


en el elevador, y eso fue hace dos días.

Si no creyera en mi propio juicio, podría casi pensar que el beso en el


elevador nunca sucedió.

Inmediatamente después de que tuvimos la cena con Jett, Leandro nos


llevó de regreso a nuestra habitación como un perfecto caballero. Luego,
desayunamos con él la mañana del domingo.

Pero no vimos a Leandro después de eso, excepto cuando estaba en su


auto en la pista, calificado. Calificó en un puesto bajo, en sexto, lo cual fue
sorprendente para él, no es que yo sepa mucho acerca de la Fórmula 1, excepto
que las carreras son largas pero de alguna forma emocionantes. Sin embargo,
he estado tratando de mantenerme informada, y Jett me ha estado guiando a
través de todo.

Puedo imaginar que Leandro no estaba feliz de calificar tan bajo.

Aún así, fue un verdadero privilegio verlo ahí afuera, sabiendo que fui esa
mano amiga que ayudó a que él regresara a un auto. Estoy tratando de no pensar
demasiado en el hecho de que yo solía ser su terapeuta porque me recuerda que,
no importa como me sienta por él, de cualquier manera, lo nuestro es imposible.
Aún así, ese beso me ha estado distrayendo. Deseo más. Lo deseo a él.

Ahora mismo, el lado racional de mi cerebro no está encendido. Cada vez


que tengo un pensamiento racional acerca de lo mala idea que es perseguir algo
con él, recuerdos de ese beso vuelven a mí, recorriendo mi cabeza como sus
manos hicieron en mi piel, y vuelvo a ser irracional, deseándolo.

La noche del sábado, Jett y yo teníamos planes, y Leandro estaba en algún


evento publicitario, así que no lo vimos ese día.

Hoy, es domingo, y estamos en las gradas, viéndolo en la carrera. La


atmósfera es increíble.

Leandro está en el top tres. Aparentemente, él y otro piloto, Hernández,


están peleando por el segundo lugar, con Carrick Ryan manteniendo el primer
lugar.

Sé que Leandro y Carrick son amigos, pero todavía puedo ver su rivalidad
competitiva en la pista.

Solo estoy manteniendo los dedos cruzados por Leandro, esperando que
salga de ese puesto, y logre al menos el segundo lugar. Pero sé que con él, nada
menos que el primer puesto será suficiente.

Jett está pasándola increíble este fin de semana, y puedo verlo en su rostro
ahora mismo, cuánto disfruta la Fórmula 1.

—¿Quieres estar en su lugar algún día? —pregunto sobre el sonido de la


multitud—. Por que si quieres serlo —continuo cuando él voltea a verme—, solo
quiero que sepas que te apoyaré hasta el final.

—¿Quién no querría ser un piloto de Fórmula 1?

Sonríe.

—Yo —me rio.

—Pero es un deporte muy caro, mamá.

Mira de regreso a los autos rugiendo en la pista.

—Haría que funcionara.

—Me refiero, a realmente caro —presiona.


—Si fuera lo que realmente quieres, entonces hallaría la manera.

—Veré como me va con el go kart. No he entrado a una competencia aún.


Solo estoy aprendiendo por ahora.

—Ya lo sé, pero solo quiero que sepas que si es lo que te ves haciendo en
un futuro, entonces te apoyaré.

—Ya sé eso, mamá. —Se inclina y planta un beso en mi mejilla—. Ya son


las últimas vueltas —informa.

—Y, ¿cómo le está yendo a Leandro ahora? —pregunto.

—Parece que en tercer lugar —dice con una mueca.

Después de la última vuelta, la bandera baja, y Leandro llega en tercer


lugar.

Verlo ahí arriba en la pantalla grande, saliendo de su auto luciendo


frustrado, me hace desear estar allí para consolarlo.

—Apesta —comenta Jett—. Pero no estaba en su mejor forma hoy. Puedes


decirlo por la forma en la que conducía.

—Si —estoy de acuerdo a pesar de que no tengo ni idea de en que estoy de


acuerdo.

—Así que, ¿cuál es el plan? —pregunta—. ¿Vamos a ver a Leandro antes


de irnos? —sacudo mi cabeza. Leandro no pidió vernos antes de que regresemos
a casa.

—Me imagino que estará ocupado, haciendo cosas con la prensa.

—Entonces, ¿nos vamos a casa?

—Si.

Antes de venir, registramos la salida del hotel, y nuestras maletas están


en el auto. Así que, vamos directo al auto y a casa.

Me siento abatida por dentro sin saber cuando volveré a ver a Leandro, si
es que alguna vez lo vuelvo a ver, Jett y yo salimos hacia aparcamiento.
***

—Cuando vengo aquí y estás bebiendo una botella de vino como si fuera
un biberón, sé que algo no está bien —Kit se sienta frente a mí, toma la botella
de vino, y le da un trago directo de la botella.

—Es mi primer vaso, y estoy solo a la mitad. No lo llamaría bebiendo como


si fuera un biberón.

—Luces como un asno golpeado. Después de una semana en Silverstone,


esperaba más una cara feliz. Jett no ha hecho otra cosa más que hablar de ello
desde que volvieron.

—Lo paso muy bien.

—Si lo hizo. Me contó todo acerca de tu cita con Leandro.

—Difícilmente diría que fue una cita. Jett estaba con nosotros. Hablando
de él, ¿dónde está?

—En su habitación, en el teléfono. Creo que esta hablando con una chica.

—¿Qué? ¿Él tiene novia? —me siento derecha.

Kit se encoge de hombros.

—No lo ha dicho, pero estoy sintiendo todas esas señales de un romance


brotando.

—¿Qué señales?

—Últimamente ha estado hablando mucho sobre una chica en particular,


Anna.

—¿Cómo me puedo perder estas cosas? —planto mi rostro contra la mesa,


sintiéndome como la peor madre del mundo.

—No te estás perdiendo nada. Eres su madre. No va a hablar sobre chicas


contigo.

—Supongo —pronuncio, mis palabras salen amortiguadas.


—Entonces, ¿qué sucede contigo y Silva? —pregunta Kit.

Levanto mi cabeza y me encojo de hombros.

—Honestamente, no lo sé. No nos hemos visto o hablado el uno al otro en


siete meses.

Kit sabe todo acerca de esa noche, no detalladamente, claro. Solo que
dormimos juntos, y luego lo boté.

—Entonces, él está ahí, esperándonos después de que salgamos de la


Fórmula 1 con esa platica a la que no sé cómo llamar. Nos invita a cenar. Me
besa en el elevador. Me dice que esto no ha terminado. Desayuna a la mañana
siguiente con nosotros, y luego…. nada.

—Espera. Retrocede. ¿Te besó?

—Si —tomó un gran trago de vino—. Jett estaba atrasado, alistándose,


y bajé para encontrarme con Leandro, para que no llegáramos tarde. Él estaba
en el elevador, y entré. Me besó, y era el tipo de beso que causa mucho placer y
te hace querer arrancarle la ropa. Entonces, lo detuve porque estábamos en el
elevador, y no quería que Jett se preguntará dónde estábamos. Y Leandro dijo,
y cito: “Solo debes saber que esto no ha terminado, ni mucho menos. Tengo la
intención de terminar ese beso.” Pero, nada desde entonces.

Kit está mirándome con un gesto en su rostro.

—Esa fue demasiada información que escuchar sobre mi hermana y su


vida amorosa.

—Lo siento —digo mientras en mi rostro hay una expresión de asco,


sabiendo cuanto me asquea escuchar acerca de su vida amorosa.

—Entonces, ¿Silva no ha hecho un movimiento desde entonces?

—No.

—Está esperando que tú lo hagas.

—¿Ah?

—La última vez que estuvieron juntos, después del beso, tu lo botaste y te
mantuviste alejada por siete meses. Él es el que inició el contacto contigo en los
boletos del Prix. Entonces, te besó de nuevo. Está esperando que hagas el
siguiente movimiento. Quiere saber que no todo es unilateral.

Reflexiono eso un minuto con otro trago de vino.

—En realidad, ¿crees eso?

—Si. Mira, ¿amas a este chico?

Eso me atrapa con la guardia baja.

¿Amo a Leandro?

He pensado esto muchas veces, más estos últimos días, y estoy bastante
segura de que lo amo. Solo que… decirlo en voz alta lo hará real. Y realmente, si
voy a admitirlo a alguien, ese debe ser Leandro.

Me encojo de hombros.

—Tomaré eso como un si. Mira, no te he visto de esta forma con nadie,
nunca.

Y entiendo tus impedimentos, Indy, y yo no diría nada que llegue a poner


en peligro tu carrera. Lo sabes. Pero creo que estas segura con él. Han pasado
siete meses desde que lo trataste por última vez. Claramente estas enamorada
de este hombre. Quiero que seas feliz. No has sido feliz por siete meses. Desde
que volvió a tu vida, has estado feliz.

—He estado feliz.

—Mentira. Claro, eres feliz cuando estas conmigo y con Jett. Pero hay algo
faltante, y ese algo claramente es él. Con respecto a esto último, tras sonar justo
como un maldito columnista de consejos, voy a ir a sacar mi credencial de
hombre. Iré a beber cerveza y ver lo más destacado de sus carreras, ya que, no
pude tener la oportunidad de verlo en Silverstone —dice intencionalmente.

Le saco la lengua.

Treinta años, y mi hermano todavía puede hacerme sentir como una


adolescente.

Se levanta, no sin antes tomar otro trago de mi botella de vino.

—Kit... —lo detengo con mis palabras—. ¿Qué crees que debería hacer?
—Creo que deberías sujetarte las bolas y hablar con él. Decirle cómo te
sientes.

—Ovarios, quieres decir —digo después de él.

Escucho su resonante risa.

—Maldita sea, solo ve a verlo, Indy. Me quedaré en casa con Jett.

Miro hacia mi vino, pensando en las palabras de Kit.

Volver a ver a Leandro este fin de semana, pasar tiempo con él… besarlo,
sé que no puedo seguir sin él. No puedo pasar otros siete meses sin verlo.

No puedo seguir otro día más.

Necesito verlo ahora.


23
Leandro

Londres, Inglaterra
—Por el amor de Dios —gruño por el sonido del timbre de la puerta.

Si es Carrick viniendo a alardear sobre su triunfo, entonces se puede ir a la


mierda.

Estaba a punto de llamar a India. No tuve la oportunidad de verla en el


hipódromo tras la carrera. Tuve que cumplir con mis obligaciones con la prensa,
y luego fui arrastrado a una junta, donde mis jefes pudieron quejarse acerca de
mi puesto en el tercer lugar y tratar de adivinar porque había perdido.

Estoy enfadado por haber perdido.

Pero sé porqué lo hice.

No tiene nada que ver con el auto. Estaba corriendo perfectamente.

Era debido a India. Estaba distraído pensando en ella.

Con India en mi cabeza durante los últimos siete meses, extrañarla fue
una distracción en sí misma, pero fue mucho más fácil estar enfocado cuando
ella no estaba cerca de mi. Con ella en Silverstone, sabiendo que me estaba
viendo correr, verla de nuevo, respirar su aroma, probarla….

Jesús ese beso.

Había olvidado su sabor tan increíble, como se siente contra mi cuerpo, y


en mis manos.

No he sido capaz de dejar de pensar en ese maldito beso. Estoy bastante


seguro de que he pasado todo el fin de semana entero excitado.

Apenas y pude concentrarme lo suficiente en la carrera.


He estado soñando acerca de volver a estar dentro de ella por siete meses,
y realmente necesito terminar lo que empecé. De ahí, la razón de por qué estaba
a punto de llamarla. Había considerado detenerme en su edificio camino a casa
pero cambié de opinión. Pensé que podría venir a casa y mejor llamarla. Probar
las aguas y ver dónde está su mente.

Claro, quiero follarla de nuevo. Pero quiero más con ella. No quiero
apresurarla y terminar alejándola de mí otra vez.

Considero ignorar la puerta, pero entonces el timbre suena de nuevo. Me


levanto del sofá y me apresuro a la puerta principal. Sin comprobar la mirilla,
abro la puerta.

El aire escapa de mis pulmones, y toda mi sangre se dirige directo a mi


polla.

—India.

Decir que es inesperado que ella esté aquí sería decirlo a la ligera, pero
estoy tan feliz de que esté aquí.

—Hola —está retorciendo sus manos de forma nerviosa. Mis ojos van hacia
ellas y luego vuelven a su rostro—. ¿Estás bien?

—Si. No. No estoy segura.

—¿Jett está bien? —doy un paso hacia ella.

Sus ojos azules parpadean hacia mí con sorpresa, y luego su mirada se


relaja.

—Él está bien. Yo solo… No sé que estoy haciendo aquí —sacude su


cabeza, sus ojos se encuentran con los míos.

—Si, lo sabes. Dime porque viniste aquí, India —insisto con voz baja.

—Estoy empezando a pensar que esto es lo nuestro, aparecer en la casa


del otro y decir pura basura.

De forma temblorosa pasa su mano por su cabello, mordiendo su labio.

No digo nada. Quiero que ella me diga por qué está aquí, y espero que sea
por la razón que creo que es.
—Yo... —se muerde el labio de nuevo, a tal punto que ya es una
distracción—. Te extrañe. En serio me arrepiento de cómo terminaron las cosas
entre nosotros, pero verte este fin de semana… el beso en el elevador… no quiero
pasar siete meses más sin verte de nuevo, y… sin decirte cómo me siento… por
ti.

—Y, ¿cómo te sientes? —Mis palabras son un susurro.

Mi corazón está latiendo a kilómetros por minuto en mi pecho, pero no me


pierdo la mirada de miedo en sus ojos. Me preocupa que vaya a perderla, que
vaya a arrepentirse de lo que vino a decirme. India siempre ha sido tímida con
sus palabras, así que no dudo en poner mis sentimientos frente a ella.

—Porque yo estoy muy seguro de cómo me siento por ti —me acerco más
a ella, y mi mano rodea su muñeca, atrayéndola hacia mi—. Te amo. Estoy tan
enamorado de ti que estoy ciego para todo lo demás. Estos últimos siete meses
sin ti han sido una agonía. Estoy bastante seguro de que estaba enamorado de
ti cuando salí de tu casa después de que follamos, pero verte este fin de
semana, y estar contigo de nuevo, me hizo estar seguro de eso. Estoy
profundamente enamorado, y no quiero huir. Quiero ir enserio contigo. Te quiero
en mi vida… quiero que seas mi vida.

—Yo... —sus labios se separan, con la palabra a punto de salir, sus ojos
se llenan de lágrimas.

—Dilo —la convenzo cuidadosamente.

Sus ojos se cierran, cuando los abre puedo ver todos sus sentimientos por
mí escritos ahí incluso si su preocupación está grabada en sus gestos.

—Estoy enamorada de ti, Leandro. Dios, muy, muy enamorada. Sé que es


incorrecto, y no debería sentirme así con un ex paciente, pero lo hago y... —
detengo el resto de sus palabras con mis labios.

—Nada de esto se siente incorrecto. —Musito contra su boca—. No podría


ser más correcto.

Sus brazos se sujetan en mi cuello, sus dedos se enroscan en mi cabello.

—Te amo —susurra.

Sus palabras son como un afrodisiaco. Mis manos van directamente a su


trasero, y la levanto, amando como se sienten sus piernas alrededor de mi
cintura. Entramos en mi casa, pateo la puerta para cerrarla y la llevo
directamente escaleras arriba a mi habitación. Nos estamos besando de forma
hambrienta, y tirando de las ropas que traemos mientras nos movemos.

Dios, sabe tan bien.

Solo necesito tenerla en mi cama para poder moldearla con las manos,
gritando mi nombre. Entonces, me enterrare tan profundamente en ella que me
sentirá en cada parte de su cuerpo, y nada más importará.

Me estoy tomando mi tiempo con ella. No tengo prisa.

Llego a mi habitación, camino a través de la puerta abierta. Deja caer su


bolso en el piso, justo antes de que la lleve a mi cama. Me levanto y la miró
fijamente, admirándola.

—¿Qué? —dice tímidamente.

—Eres increíblemente hermosa, ¿lo sabías?

Sacude su cabeza, y sus mejillas se sonrojan. Amo lo fácil que puedo


afectarla.

Me inclino sobre ella, tomando su rostro en mis manos.

—Bueno, lo eres. Logras distraerme. —Rozo mi boca con la suya—. No


puedo pensar en nada más que en ti.

La beso una vez más, y me inclino de nuevo, empiezo a desabotonar su


camisa. Cuando está abierta, muevo la tela a un lado, revelando su sostén para
mi.

Rosado, sedoso, perfecto.

Presiono un beso en la parte superior de su pecho, y luego llevo mi lengua


por la caída de su escote. Sostiene mi cabeza, un gemido cae de sus labios.

Me levanto y la atraigo hacia mi. Le quito su camisa y luego la mía antes


de quitarle su sostén. Me inclino, tomo su pecho en mi boca, tirando de su pezón,
mientras siento sus caderas sacudirse contra mi.

Dejo un camino de besos hacia su pecho, tomo su boca en la mía de nuevo.


Estoy tratando de ir despacio, tomando mi tiempo, pero se está volviendo muy
difícil para mi, y cuando siento sus manos presionando mi polla, a través de la
tela de mis pantalones, casi pierdo el control.

Sus pantalones desaparecen en segundos, y los míos se van


inmediatamente después.

Caigo en ella, y somos un nudo de extremidades y labios. No me canso de


besarla ni tocarla. Es como si estuviera desesperado, como una adicción,
necesito más y más, no estoy seguro de cuándo llegaré al punto de tener
suficiente de ella.

Pero, algo me dice que, con India, nunca tendré suficiente.

Presiono mi mano contra el colchón, me levanto de encima de ella,


permitiéndome deslizar mi mano hacia su estomago. Mis dedos se detienen
encima de sus bragas.

—Si —una afirmación cae de sus labios con un susurro.

Empujo mi mano bajo la tela, dándome cuenta de que esta mojada.

—Maldición —gimo, mi cabeza cae sobre su pecho mientras paso mi dedo


por su humedad.

Luego, sobre su clítoris, levanto mi cabeza para mirar sus ojos mientras
introduzco mi dedo dentro de ella. Es apretada, su interior me está sujetando
como si fuera un tornillo. Empiezo a masturbarla, presionando la palma de mi
mano contra su clítoris, y deslizo otro dedo.

Necesito probarla.

—Te quiero en mi boca —digo bruscamente, sin dejar de besarla. Retiro


mis dedos de ella y deslizo mi mano por su espalda. Nos giro, de forma que ella
esta tumbada encima de mi—. Siéntate en mi cara, bebé. Quiero sentir ese
pequeño y dulce coño tuyo montando mi cara antes de follarte.

Se levanta en sus rodillas, y mira hacia mi. Luego, se levanta en la cama,


colocando sus piernas a cada lado de mi. Desliza sus bragas por sus piernas,
quitándoselas. Y se mueve sobre mi rostro, bajando sus rodillas.

Sin titubeos ni timidez. Maldición, amo eso.

Me sostengo de sus muslos, atrayéndola hacia mi boca donde la quiero.


Con el primer toque de mi lengua en su clítoris, ella gime fuertemente. Cae
hacia adelante, se sujeta de mi cabecera con sus manos.

Sabe tan increíble. Podría estar aquí todo el día con ella en mi rostro.

Comienza a girar sus caderas contra mí mientras lamo su coño.

—Eso es bebé. Folla mi boca.

—Oh Dios —gime.

—No Dios, nena. Yo.

Empujo mi lengua dentro de ella, y grita.

Quiero darle más. Quiero sentir todo de ella.

Quiero hacerla correr tan duro que días después lo recuerde.

Deslizo mi mano alrededor de su trasero. Y muevo mi dedo a través de su


humedad mientras mi lengua lame su clítoris.

No sé si India le guste el sexo anal, pero solo hay una forma de descubrirlo.
Muevo mi dedo mojado por su apretado agujero arrugado y suavemente presiono
contra el.

Todo su cuerpo se pone rígido, así que retiro mi dedo.

—¿Quieres que me detenga?

Hay una breve pausa, antes de que ella hable.

—Yo nunca he….

—Entonces, no lo haremos.

—No... —mira hacia mi—. Ósea, si. Creo que…. quiero intentarlo. Solo sé
gentil.

—Siempre, nena.

Mi lengua regresa a su clítoris. Haciendo suaves giros sobre este,


gentilmente muevo la punta de mi dedo por su orificio. La siento perderse a sí
misma en la sensación. Recolectando un poco más de la humedad de su coño,
lo uso para empujar la punta de mi dedo en su orificio.
Siento su orgasmo correr a través de ella mientras grita mi nombre. Nunca
he oído un sonido tan erótico.

Cuando su orgasmo empieza a dejarla, me deslizo por debajo de ella. Me


pongo de rodillas detrás de ella, presiono mi pecho contra su espalda temblorosa.
Mi brazo la toma de su cintura, y la atraigo hacia atrás para sentarla en mi
regazo. Mi polla está dura como una roca y la presiono hacia arriba contra su
trasero.

Inclina su rostro hacia atrás para verme.

—¿Estas bien? —pregunto.

Sus ojos van a mis labios.

—Estoy mejor que bien.

La beso, deslizando mi lengua por la de ella, dejando que pruebe su sabor


en mi.

—Tu sabor es tan bueno —digo.

—Quiero probarte —dice. Estuve cerca de correrme en su trasero cuando


dijo eso.

—No tienes que hacerlo.

—Quiero hacerlo —muerde su labio inferior, fijando mi atención en su


boca.

—¿Traes tu labial contigo? —pregunto.

Levanta su ceja.

—¿Por qué?

—Porque… —mordisqueo su labio inferior con mis dientes—. Desde el


momento en el que te vi usando ese lápiz labial rojo tuyo, he tenido atascada en
mi cabeza esta imagen tuya chupándomela con tu labial untado por toda mi
polla.

Toma una respiración, sus ojos se encienden con deseo.

—Esta en mi bolso.
La deslizo hacia la cama, tomo su bolso del piso y se lo paso. Saca su lápiz
labial y se vuelve a aplicar sin usar espejo.

—Impresionante —sonrío.

—Es solo uno de mis muchos talentos.

Estoy muy seguro de que mi polla se puso más dura. Me encuentro en el


punto en el que estoy adolorido, y mis bolas están tan azules que ni siquiera es
gracioso.

—¿Haces que todas tus mujeres se pongan lápiz labial para ti? —
pregunta.

La tomo de su barbilla con mi mano, mirando hacia sus ojos.

—No. Solo tú. Y no he estado con nadie más después de ti, si también te
lo estabas preguntando —veo la sorpresa parpadear a través de sus ojos. No me
hace sentir genial. Pero, entonces, mi reputación me precede.

—¿No has dormido con nadie desde que estuvimos juntos? —La
incredulidad en su voz me molesta.

—No —quito mi mano de su barbilla, pero sigo con mi mirada clavada en


ella.

—Pero, todas esas fotos tuyas con mujeres en la prensa…

—Eran solo eso, fotos. ¿Te has follado a alguien desde lo nuestro? —dirijo
la atención hacia ella, pero no estoy realmente seguro de querer escuchar su
respuesta a esta pregunta.

Sus ojos tienen un destello de indignación.

—No —dice con la barbilla levantada.

—Bien. Ahora, ponte de rodillas y chúpame la polla.

Soy un bastardo mandón en la cama, pero a ella no parece molestarle.

Una sonrisa ilumina sus ojos, mientras inclina su cabeza hacia un lado.

—Podrías decir por favor.

Deslizo mis dedos en su cabello, trayendo su rostro hacia el mío.


—Perdona, India, ponte de rodillas y chúpame la polla, por favor.

Me brinda una mirada altanera.

—Mejor —y se baja de la cama, parada al lado de ella. Sigo sus


movimientos, y pongo mis pies en el piso, sentándome en el borde de la cama.

Ella se pone de rodillas, y nunca he visto nada más hermoso que la vista
de ella arrodillándose ante mí, con esos grandes ojos azules parpadeando hacia
mi. Mis dedos se dirigen a su cabello, ensartándose en sus mechones, y guío su
cabeza hacia mi polla. En el segundo en que sus labios tocan mi polla, se que
esto se acabará muy pronto si no consigo controlarme a mí mismo.

—Joder, si —gimo.

Mis dedos refuerzan mi agarre en su cabello mientras desliza su boca hacia


mi polla, tomándome con una garganta profunda.

—Mierda. Jesús, esos es bebé —siseo—. Tómala toda.

Ella es increíble. Una doctora que da mamadas como una estrella porno.
Puedo sentir la cabeza de mi polla golpeando el fondo de su garganta.

Alejo su cabello a un lado, viéndola chupármela.

—Verte así, de esta forma con tus labios en mi polla, es incluso mejor de
lo que me imagine.

Mis caderas empiezan a moverse mientras arrastra su lengua en mi polla,


tomándome profundamente cada vez.

—Eso es, bebé. Me la chupas tan bien.

Puedo sentir que empiezo a perder mi control.

Me voy a correr, necesito detenerla. Solo que esto se siente tan bien.

Succiona con sus mejillas, chupando duro, y un poco de pre-semen sale


de mi polla.

—Ah, India, bebé…. tienes que detenerte. Me voy a correr sino lo haces.

Tiro cuidadosamente de su cabello. Aleja su boca de mi polla con un


chasquido. Se recarga en sus talones, sus labios están manchados de rojo, y su
lápiz labial está por toda mi polla, su cabello está hecho un desastre por mis
manos en él.

Tan hermosa.

—Pensé que esa era la idea.

Desliza un dedo hacia abajo en mi polla, y él se sacude.

—A la próxima. Ahora mismo, necesito follarte.

Con mis manos bajo sus brazos, tiro de ella para que se levante y pueda
llevarla a la cama.

Tomo un condón del cajón de mi mesita de noche. Lo tengo puesto en


segundos, y estoy entre sus acogedores muslos, con mi polla contra su caliente
coño mojado.

Levanta sus brazos sobre su cabeza, empujando sus pechos hacia mi.

—Te necesito dentro de mi —susurra.

—Qué exasperante —gruño.

Me inclino hacia delante, tomando su pecho en mi boca. Rozo mis dientes


sobre su pezón haciendo que sus caderas se muevan hacia arriba.

—¡Fóllame, Leandro! ¡Ahora! —grita.

—Di por favor —sus ojos se dirigen hacia los míos. Le sonrío.

—Por favor, fóllame —dice con los dientes apretados.

Me estrello dentro de ella sin vacilar.

—Oh, Dios —lloriquea.

—Jesús, India... —miro hacia ella, sintiéndome perdido en este momento—.


Estar dentro de ti…. nunca he sentido nada como tu antes. Nunca volveré a estar
sin ti de nuevo.

—Nunca —susurra, con sus ojos fijos en los míos.

Sostengo su mirada, lentamente salgo de ella y me estrello dentro de


nuevo.
Rápidamente, se sale de control, y estamos follando como animales
furiosos, besando, mordiendo y lamiendo. Sus uñas arañan mi piel mientras la
follo duro, y lo amo.

—Joder, India, dime que estas cerca por que estoy a punto de correrme.

Sus manos van hacia mi trasero. Sus uñas marcando mi piel, ella trata de
presionarme más duro contra ella.

—Estoy cerca. Sigue haciendo…. eso…. y yo me…. ah, joder….. ¡me corro!
—grita.

Sentir como se aprieta alrededor de mi polla me tiene girando fuera de


control, y me corro con ella.

—Joder…. ¡India! —gruño, sacudiendo mis caderas contra las suyas. Me


corro tan duro, como nunca antes en mi vida.

Y no es solo porque no he tenido sexo en mucho tiempo. Es gracias a ella.


Todo se siente diferente con ella.

Ella ha cambiado el juego. Es mi punto de inflexión. Mi número uno.

Dejo que mi cabeza caiga en ese dulce lugar donde su cuello termina y su
hombro comienza, y presiono un suave beso ahí. Sus brazos se enredan en mi
cuello, sosteniéndome, sus dedos acariciándome a través de mi cabello. Me
quedo ahí durante un largo rato, dejando dulces besos por su piel.

Creo que estoy esperando a que ella cambie de opinión o me aleje, pero eso
no llega.

Levanto mi cabeza, aparto su cabello de su rostro. Miro abajo hacia ella, y


me encanta la forma en la que me sonríe.

—Eso fue… vaya —su sonrisa cambia y ahora sonríe ampliamente.

—Lo llamaría mejor que vaya. Más como increíble.

—¿Sexo que te cambia la vida?

—Definitivamente —la beso de nuevo—. Deja que me limpie.

La dejo recostada, voy al baño, me deshago del condón, y me lavo. Mojo


un paño con agua caliente y lo llevo a la habitación conmigo. Ella sigue
exactamente donde la dejé. Presiono el paño entre sus piernas, limpiándola,
mientras la veo mirarme con lo que parece ser fascinación y sorpresa.

¿Acaso nadie cuidó de ella de esta forma antes?

Me enoja y me da gusto al mismo tiempo.

Lanzo el paño en dirección al baño y subo de nuevo a la cama con ella. La


rodeo con mi cuerpo.

—Quédate esta noche —susurro en su oído.

Voltea su rostro hacia la mía, y veo algo en sus ojos.

Ya sé lo que está apunto de decirme antes de que lo diga.

—No puedo quedarme.


24
India

Londres, Inglaterra
Veo su expresión caer tan pronto como las palabras han salido de mi boca,
así que me apresuro a explicarme:

—No es lo que piensas. Es Jett. Nunca me quedo fuera durante la noche. Y


quiero hablar con él primero sobre ti y sobre mí antes de empezar a de hacer
pijamadas.

—Entonces, ¿habrá pijamadas?

Desliza su dedo por mi brazo, con una mirada seductora en sus ojos.

—Si tienes suerte. —Sonrío.

—Me siento muy afortunado en este momento.

Una suave sonrisa gana mi sonrisa.

—Yo también.

—¿Pero?

—¿Por qué crees que hay un pero? —frunzo el ceño.

Se coloca de espaldas, con la mano detrás de la cabeza. Me distrae


momentáneamente la flexión de sus músculos en el bíceps. Tiene unos brazos
increíbles.

—Porque me he vuelto bastante bueno leyéndote.

Exhalo un suspiro, coloco mi mano plana sobre su pecho y apoyo la


barbilla en él.

—Solo estoy preocupada.


—¿Acerca de?

Su ceja se levanta.

—Algunas cosas... —Lo miro a los ojos—. Me preocupa que Jett se


encariñe contigo.

Muerdo mi labio inferior con los dientes.

—¿Y eso es algo malo? ¿Por qué?

Sus cejas se juntan.

—Porque si no funcionamos por la razón que sea, no quiero que le hagan


daño.

Por eso nunca le he presentado a ningún hombre con el que haya salido
antes, no es que haya habido muchos y no es que hayamos salido exactamente
todavía...

—Lo tenemos que rectificar muy pronto.

Eso lleva mis pensamientos en una dirección diferente.

—¿Quieres llevarme a una cita?

Una sonrisa curva mis labios.

—Sí, y pronto. —Inclino la cabeza hacia abajo, me besa la punta de la nariz


antes de volver a apoyar la cabeza en la almohada—. No tienes nada que temer,
India. No le haré daño a Jett ni a ti. Te lo prometo. Creo que Jett es un gran
chico, y estoy deseando conocerlo mejor. —Su pecho se eleva, levantándome con
él, mientras respira profundamente—. Nunca he estado enamorado, India, así
que créeme, no me estoy tomando nuestra relación a la ligera.

—¿Nunca has estado enamorado? —Lo miro con escepticismo—. ¿Nunca?

—No.

—¿Cómo es posible?

Sé que nunca me he enamorado antes que él, pero Leandro ha estado


rodeado de muchas más mujeres que yo de hombres. No puedo creer que nunca
se haya enamorado de una de ellas.
Se encoge de hombros.

—Esperé a que sucediera. Nunca ocurrió. Ahora sé por qué.

Se me seca la boca. Humedezco mis labios y pregunto:

—¿Por qué?

Sus ojos se oscurecen por las emociones. Traza su dedo índice sobre mi
mejilla, colocando mi cabello detrás de mi oreja.

—Porque te estaba esperando.

¿Puede bailar tu corazón en tu pecho? Porque el mío en estos momentos


parece que sí.

—Yo también te estaba esperando.

Descanso sobre mi codo, toco su rostro con mi mano.

—¿Has estado enamorado antes... del padre de Jett?

—No. —Sacudo con fuerza la cabeza—. Era joven e ingenua. Creía que
estaba enamorada, pero no tenía ni idea de lo que se sentía realmente. —Fijo
mis ojos en él—. Ahora lo sé. Lo que siento por ti... nunca había sentido nada
parecido. Por eso estoy dispuesta a arriesgarlo todo por nosotros.

Sus dedos se deslizan por mi cabello. Acerco mi boca hacia la suya, me


besa suavemente.

—Me encanta que seamos la primera vez del otro.

Sonrío contra sus labios.

—A mí también —susurro—. Pero…

—Ahí está ese maldito pero de nuevo —gruñe sobre mis labios.

Muevo mi cabeza hacia atrás para poder mirarlo a los ojos, le digo:

—Lo siento, pero ya que estamos en el tema del padre de Jett, creo que
necesitas saber algo sobre él.

Una sombra oscura pasa por sus rasgos.

—Te escucho.
Trago más allá de mi nerviosismo.

—El padre de Jett está en prisión.

Eso llama su atención.

—¿Si? ¿Por qué está en prisión?

Siento que tengo que darle a Leandro toda mi atención cuando digo esto,
así que me siento a su lado. Meto las piernas alrededor de mi trasero, tiro de la
sábana alrededor de mí en señal de modestia. Leandro tira inmediatamente de
la sábana hacia abajo.

—Me siento desnuda.

—Lo estás. Desnuda o no, no hay nada que debas ocultarme o que no
puedas decirme.

Me siento muy abierta. Como si pudiera ver a través de mi alma.

Humedezco los labios con nerviosismo.

—El padre de Jett, Paul, está en prisión por estupro, violación y agresión
sexual.

Sus ojos se abren y la ira envuelve sus rasgos. Se sienta, apoyando la


espalda contra la cabecera. Sus ojos se cierran con fuerza. Apretando la
mandíbula, se pellizca el puente de la nariz.

—¿Él... te violó?

Toco su rostro con mi mano, con el pulgar acariciando los dedos que le
pellizcan la nariz, hasta que baja la mano y abre los ojos.

—No me violó. Pero yo fui parte de su condena por violación. —Tomo un


respiro fortificante—. Tenía quince años cuando empezamos a acostarnos. Paul
tenía treinta. —Mi mirada baja—. Cuando Kit y yo éramos bebés, nos
abandonaron, nos dejaron en la puerta de una vieja fábrica, donde nos encontró
el conserje. El nombre de Kit proviene del hombre que nos encontró. Mi nombre
proviene del edificio: India House. Está en Manchester, de donde somos
originarios.

—Jesús, India. Siento mucho que les ha pasado a ti y a Kit.


Su mano se enrosca alrededor de la mía, apretándola.

—Está bien. Encontré mi paz con eso hace mucho tiempo. Tenía a Kit. Es
el mejor hermano que una chica podría desear. Pero, en ese entonces, era difícil
cuidar de Kit y de mí. Los dos éramos niños enojados, Kit más que yo. Siempre
se estaba metiendo en problemas, principalmente por defenderme. Yo era
problemática cuando era más joven.

—No veo eso en ti.

El sonríe.

—Soy diferente ahora. Tuve que cambiar cuando me convertí en


madre. Me hice responsable. Pero en ese entonces, no me importaba nadie,
aparte de Kit. Por lo tanto, nunca nos establecimos en ningún lugar, pasando de
un hogar de acogida a otro. Ya era bastante difícil ser colocado y luego agregar
el hecho de que estábamos los dos juntos. Si alguna vez intentaban separarnos,
simplemente huiríamos y volveríamos el uno al otro, así que finalmente dejaron
de intentarlo. Luego, comenzamos a envejecer y la gente no quiere adolescentes
problemáticos. Finalmente, terminamos en un hogar de acogida para niños
descarriados. Estuvimos allí cuando Paul comenzó a trabajar como uno de los
cuidadores.

—¿Era tu cuidador? Por Dios —exclama, golpeando su cabeza contra el


cabecero de la cama y apretando su mano contra la mía.

—Era joven e impresionable. Pasó mucho tiempo conmigo, me


escuchó, me hizo creer que realmente se preocupaba por mí. En ese entonces,
no sabía que me estaba preparando. Tenía quince años y solo quería ser
amada. No me di cuenta de que lo estaba buscando en el lugar equivocado. —
Aprieto la mano de Leandro, que todavía sostiene firmemente la mía—. Me había
acostado con Paul durante unos dos años cuando descubrí que estaba
embarazada de Jett. Cuando fui a decírselo… —sorbo un suspiro ante el
recuerdo que aún me afecta, incluso ahora—, lo encontré en la cama con otra
persona. Era una chica nueva en la casa en la que vivíamos. Tenía catorce años,
un año menos que yo cuando él empezó a acostarse conmigo.

Leandro deja escapar un sonido de dolor.

—Joder, India.

—Esto es malo, lo sé. Lo siento.


Se sienta y me toma el rostro con las manos.

—No te arrepientas nunca. Solo estoy enojado de que esto te haya pasado.

—Yo también, pero no puedo arrepentirme porque a pesar de todos los


defectos de Paul, él me dio a Jett. —Las lágrimas tocan mis ojos,
sorprendiéndome. Hacía mucho tiempo que no lloraba por mi pasado—. Cuando
encontré a Paul con esa chica, llamé a Kit y le conté todo. Se volvió loco. Le dio
una paliza a Paul.

—Ya me gusta tu hermano.

—Cuando se trata de mí y Jett, es ferozmente protector.

—Como debería ser.

—Alguien llamó a la policía cuando la pelea se extendió al edificio de Paul.


Kit fue arrestado. Por suerte, no fue a la cárcel por ello, pero dejó muy mal parado
a Paul. Para salvar a Kit, le conté a la policía por qué Kit había perdido la cabeza
con Paul: quién era Paul para nosotros, sobre él y yo, mi embarazo y la chica
menor de edad que encontré en la cama de Paul. Necesitaba proteger a Kit como
él me había protegido a mí toda su vida. Paul fue arrestado. De alguna manera,
la prensa se enteró... y entonces fue cuando empeoró. —Cierro los ojos ante la
avalancha de recuerdos—. Yo no era la primera menor de edad con la que Paul
se había acostado, y claramente, no había sido la última. Le gustaban las chicas
jóvenes. Empezaron a aparecer más. Algunas dijeron que habían sido abusadas
sexualmente por Paul. Que incluso había violado a algunas de ellas. Fue a juicio.
Yo fui uno de los testigos principales. Lo condenaron a quince años de prisión
por estupro, violación y abuso sexual.

—¿Jett sabe todo esto?

—Sí. No le he ocultado quién es su padre.

—¿Jett lo ha conocido alguna vez?

—No.

—¿Y todavía está en prisión?

—Sí. Después de que entrara en prisión, recibí una compensación del


gobierno por lo que me había pasado. No era mucho, pero en aquel entonces, lo
era para mí. Kit y yo dejamos Manchester y nos mudamos a Londres. Utilicé el
dinero que recibí para comprar la casa en la que vivimos y para pagarme los
estudios. Quería empezar de cero aquí y darle a Jett una vida mejor de la que yo
había tenido.

—Eres increíble, ¿lo sabías?

—Realmente no.

—Lo eres —afirma enfáticamente—. Y tu reticencia a estar conmigo tiene


mucho más sentido ahora.

—No quería ser como él. No quería aprovecharme de alguien a mi cuidado.

—Nunca estuve a tu cuidado, nena. Y nunca te aprovechaste ni una vez.


Si alguien lo hizo, fui yo.

Una sonrisa sexy aparece en sus labios.

—Así que estaba pensando que quizás, por ahora, deberíamos mantener
nuestra relación en secreto.

Con el oscurecimiento de sus ojos, sé que no está de acuerdo.

—¿Por el padre de Jett?

—Por quien eres. Tu perfil público. Por Jett. No quiero que salga nada en
los periódicos que pueda lastimarlo. Y también a mi carrera. Yo era tu
terapeuta. Si el Consejo de Profesionales de la Salud y la Atención se entera de
eso, mi carrera estará acabada.

—¿Cómo se van a enterar? Los únicos que lo saben no dirán nada... bueno,
por mi parte seguro. ¿Y de tu lado?

—Kit lo sabe. —Me estremezco—. Después de que nos besamos la primera


vez, estaba hecha un desastre. —Lo miro a los ojos—. Lo adivinó. Pero puedes
confiar en Kit. Él nunca diría nada.

—Está bien, India.

Toma mi mano de nuevo, apretándola.

—Y Sadie, mi antigua recepcionista, por supuesto sabe que tú fuiste un


paciente, pero está obligada por un acuerdo de confidencialidad que hago firmar
a todas mis recepcionistas.
—Entonces, estamos cubiertos.

—Supongo. ¿Pero qué pasa con Jett? No lo quiero en el ojo público porque
estamos juntos.

—Lo protegeré. Haré que mi abogado y mi publicista impidan que la prensa


publique cualquier foto suya. No quiero escondernos, nena. Te tengo a ti y quiero
que el mundo sepa que eres mía. Tú y Jett son mi familia ahora.

—¿Familia?

—Mmhmm... ¿tienes algún problema con eso?

—No hay problema. Y te das cuenta de que acabamos de hacer realidad el


sueño de Jett, ¿tú y yo estamos juntos? Va a estar sobre la luna. También
esperará ir a todas las carreras que hagas.

—Me ofendería si no viniera. —Sonríe—. Jett puede venir a cualquier sitio


conmigo. Siempre y cuando su sexy madre venga también.

—Y lo hará, siempre que el trabajo lo permita.

—¿Puedes tomarte un descanso del trabajo? Tengo que irme a Hungría en


unas semanas. Como son las vacaciones escolares, me encantaría que tú y Jett
viniesen conmigo.

—No voy a poder decir que no en esto, ¿no?

—No, nena, no lo harás.

—Debería ser capaz de hacer algunos malabares con las cosas, y si es


necesario, siempre puedo conseguir a alguien para cubrir a mis pacientes
mientras estoy fuera.

—Entonces, ¿vendrás?

—Le preguntaré a Jett, pero sé cuál será su respuesta. Entonces, sí,


iremos.

—Genial.

Me hace rodar sobre mi espalda y me besa con fuerza en la boca.

—¿Tu trabajo te aleja mucho? —Parpadeo hacia él.


—Así es. Pero lo resolveremos. Haremos que funcione.

—Es mejor que lo hagamos porque estoy arriesgando mi trabajo por ti.

Toco su costado con mi dedo.

—¡Oye! —Se ríe y me agarra la mano, deteniéndome—. Soy el único que


puede pinchar a alguien por aquí.

Levanto una ceja.

—Tienes una mente sucia.

—Oh, cariño, no tienes idea.

Un escalofrío me recorre y curva los dedos de los pies.

—Entonces, tendrás que iluminarme.

—Pienso hacerlo.

Se mueve, presionando su aparente erección contra mí.

—¿Ahora?

—Eso es lo que me haces. Podría pasar toda la noche contigo.

—Eres insaciable.

—Porque eres irresistible.

Roza su boca sobre la mía, rozando mi labio inferior con los dientes. Le
devuelvo el beso, pasando mis dedos por su cabello. Toco la cicatriz de su cuero
cabelludo, la cicatriz que su cabello esconde del resto del mundo.

Presiono mi mano contra su rostro.

—Ojalá hubiera estado allí para ti después del accidente.

—No hubiera querido que estuvieras allí... para verme de esa forma.

Sus ojos se cierran en un largo parpadeo antes de abrirse lentamente para


encontrarse con los míos. Lo veo todo en sus ojos, los recuerdos que aún le
duelen. Y me arrepiento de haberlo mencionado.

—Yo era un desastre.


—Ya te he visto en tu peor momento, Leandro.

Mi mano se desliza alrededor de su cuello.

—No, no lo has visto. —Sacude la cabeza—. Lo que viste fue un hombre


frustrado, luchando contra sus demonios con el alcohol y las mujeres.

Me estremezco ante la mención de sus indiscreciones pasadas.

—Lo siento —susurra, rozando su nariz a lo largo de mi mejilla.

—No lo sientas. No estás diciendo nada que no supiera ya. El hecho de


oírlo fue difícil en aquel entonces. Ahora, es...simplemente más difícil.

—Está en el pasado.

—Lo sé. —Vuelvo a deslizar el dedo por su cicatriz—. Me alegro de ser tu


futuro.

—Yo también. —Vuelve a acercar sus labios a los míos, rozándolos—.


¿Cuánto tiempo puedes quedarte antes de tener que volver a casa?

—Estoy bien por unas horas.

Paso mis dedos por su cabello y por su espalda. Marco ligeramente mis
uñas sobre su piel, haciéndolo gemir de placer.

—Bien, porque durante las próximas horas, voy a enterrarme


profundamente dentro de ti, haciendo que te corras tan fuerte y tan a menudo
que nunca querrás irte.

—Menos hablar, más mostrar —murmuro, perdida de nuevo para él.

—Oh, te lo voy a mostrar. —Se ríe con fuerza—. De inmediato.

Toma mi boca en un exuberante y profundo beso. Luego, separa mis


piernas con las rodillas, presiona su dura polla contra mi húmedo calor y de
repente empuja dentro de mí.

—¡Leandro! —grito, instantáneamente sin aliento.

Inmóvil dentro de mí, me mira con esos ojos oscuros que lo abarcan todo.

—Mía —dice en voz baja y con sentido—. Eres mía, India, y nunca más te
dejaré ir.
***

Me despierto, sintiendo el cálido y sólido cuerpo de Leandro


envolviéndome. Con el sol en el rostro, siento un dolor entre las piernas, que sólo
puede venir de tener un sexo increíble.

Espera. Puedo sentir el sol en mi rostro. ¿Qué hora es?

Mis ojos se abren rápidamente para ver la luz del amanecer brillando a
través de sus persianas abiertas que nunca llegó a cerrar. Busco un reloj y veo
uno en su mesita de noche. Son las seis de la mañana.

—¡Mierda! —Me incorporo, el brazo de Leandro sigue rodeándome—. Nos


hemos quedado dormidos. —Sacudo su hombro—. Me tengo que ir.

—Hmm... ¿qué? —Parpadea esos hermosos ojos abiertos, sin soltarme.

Tiro de su brazo.

—Tienes que dejarme levantarme. Nos quedamos dormidos. Tengo que ir


a casa.

Mi corazón late con fuerza en mi pecho. Es temprano, así que Jett aún
estará durmiendo, pero no puedo creer que me haya quedado dormida.

¡La peor madre del mundo!

Salgo de la cama, corro por su habitación, recojo mi ropa y me visto sobre


la marcha.

Lo veo y está sentado en la cama, mirándome divertido.

—¿Qué? —digo.

—Nada. Estás preciosa.

—Me veo terrible.

Deslizo una mano por mi cabello revuelto.

Se levanta de la cama y se acerca a mi. Todavía está desnudo y tan


caliente.
—Hermosa.

Me besa suavemente.

—Tú también lo eres. Y eres muy tentador cuando estás pegado a mí


desnudo... pero tengo que irme —refunfuño contra sus labios.

Se ríe por lo bajo y siento que su pecho retumba en el mío.

—Puedes irte, siempre que me dejes verte esta noche. Quiero llevar a mi
chica a una cita.

Inclino mi cabeza hacia atrás, mirándolo a los ojos.

—Suena maravilloso.

—Lo será.

Me besa de nuevo. Toma mi cabeza con la mano y desliza su lengua en mi


boca. Su otra mano encuentra mi trasero y lo aprieta, presionando su dureza
matutina contra mi cadera.

Unos minutos más no harían daño, ¿no? Podríamos...

No, tengo que irme.

Lanzo un gemido interno y repito:

—Tengo que irme.

Deja escapar un gemido de decepción.

—De acuerdo. Vete —dice de buen humor, luego me da una palmada en


el trasero mientras me suelta.

Recojo mis zapatos, mi bolso y bajo las escaleras. Leandro pronto está
detrás de mí, ahora con un par de calzoncillos.

Lástima. Me gusta desnudo.

Cuando estoy junto a la puerta principal, pongo mis pies en los zapatos.

—Voy a contarle a Jett sobre nosotros hoy.

—Bien.
—Él estará bien, por supuesto, porque... bueno, eres tú.

Hago un gesto de despedida con la mano.

Se ríe.

—Jett tiene buen gusto, como su madre.

Sonrío y sacudo la cabeza.

—Estaba pensando que podría ser bueno para él pasar algún tiempo
contigo. ¿Tal vez cenar en nuestra casa una noche de esta semana? Así podrás
conocer a Kit también.

—Suena genial.

Se inclina y me besa de nuevo, pasando sus dedos por mi cabello.

Me encuentro presionada contra la puerta mientras el beso se vuelve


rápidamente apasionado.

—¿Realmente tienes que irte ahora mismo? —musita contra mis labios.

—Realmente tengo que irme —digo con nostalgia.

Toma una bocanada de aire y se aleja de mí. Sus ojos oscuros se clavan
en los míos.

—Esta noche, eres mía. Te voy a invitar a una cita, y más tarde te traeré
aquí y te follaré hasta que ninguno de los dos pueda caminar.

La excitación se agita en mi vientre.

—No puedo esperar.

Tomo el pomo de la puerta y la abro.

—Te recogeré a las siete y media.

—¿Que debo llevar?

—Tan poco como sea posible.

Rio mientras salgo por la puerta.

—Y con eso, quieres decir, sin ropa interior, ¿no?


Le brindo una mirada sexy, levantando una ceja.

—Eso es definitivamente lo que quiero decir.

Se apoya contra el marco de la puerta, con los brazos cruzados sobre ese
increíble pecho suyo.

Me mira entrar en mi auto y levanta una mano mientras me alejo. Le lanzo


un beso de despedida.

Realmente odio dejarlo, pero soy una madre ante todo, y ahora estoy
fallando al quedarme dormida. No puedo creer que lo haya hecho. Supongo que
eso demuestra lo mucho que me ha agotado Leandro y lo cómoda que me siento
con él.

Dios, el sexo. Nunca he tenido sexo como este antes.

Tal vez así es tener sexo con alguien que amas, pero creo que mucho tiene
que ver con él. El hombre es un dios en la cama.

Estoy haciendo un buen tiempo para llegar a casa porque las carreteras
están tranquilas y es muy temprano. Quince minutos después, estoy entrando
en mi camino de entrada. Apago el motor, salgo y cierro la puerta del auto.

En silencio, abro la puerta de entrada antes de entrar. La casa está


en silencio. Todos siguen durmiendo.

Gracias a Dios.

Dejo mi bolso en el pasillo y me dirijo a la cocina para hacer un poco de


café. Luego, me voy a dar una ducha. Huelo a sexo. Y a Leandro.

Considero momentáneamente la ducha, ya que me gusta oler a Leandro,


pero no soy tan grosera.

Entro a la cocina y casi me da un infarto cuando veo a Jett sentado a la


mesa, comiendo cereal y mirando su teléfono.

—¿Qué haces levantado? —Me atraganto con las palabras.

Sus ojos se elevan hacia mí. Lo veo tomar mi apariencia.

—¿Por qué llevas la misma ropa que ayer? ¿Acabas de llegar a casa?

Sus cejas se levantan en forma de pregunta.


—N-no, yo-yo, eh... yo...

—Mamá, ¿estás tartamudeando?

—No —disparo a la defensiva—. Estoy usando la ropa de ayer porque…


—¡Maldición! ¿Por qué no puedo mentir en el acto? —Porque me gusta mucho esta
camisa.

—Está bien... bueno, para que lo sepas, tu camisa favorita está mal
abotonada.

—¿Qué?

Miro hacia abajo para ver que de hecho me abotoné la camisa


incorrectamente en mi prisa por salir de la casa de Leandro. Empiezo a rehacer
los botones correctamente.

—Entonces, ¿te quedaste en casa de Leandro anoche?

Mi rostro se inunda de vergüenza.

—Sí. ¡No! Quiero decir, no.

Dios, odio cuando me lanza una pregunta cuando estoy distraída.

—Sabes, mamá, mentirle a tu único hijo es algo terrible. Estoy bastante


seguro de que las mentiras entre una madre y su hijo son el comienzo de una
posible caída. Quiero decir, mientes, y podría sentirme herido y
rechazado. Podría rebelarme. Empezar a salir con el tipo de gente
equivocada. Fumar. Consumir droga. ¿Quién sabe dónde terminaría?

Sacudo la cabeza, luchando contra una sonrisa, me siento en la silla frente


a él.

—Buena jugada. ¿Cuándo te volviste tan inteligente?

—Siempre he sido así de inteligente. Lo aprendí de mi súper inteligente y


guapísima mamá.

—Estás de racha esta mañana. —Me río, sintiéndome aterradoramente


impresionada—. Está bien, la verdad. Iba a hablar contigo hoy, pero supongo
que ahora es un momento tan bueno como cualquier otro. Sí, anoche estuve con
Leandro y lamento haber mentido y haber dicho que no lo estaba.
—¡Maldita sea, lo sabía! Entonces, ¿es tu novio? ¿Por cuánto tiempo ha
estado pasando esto? ¿Significa esto que puedo ir al Prix cuando quiera?

—Oye. Más despacio. —Levanto una mano, deteniendo sus rápidas


preguntas—. Primero, déjame disculparme. Fui a hablar con Leandro anoche. Y
después de hablar, estaba cansada y me quedé
dormida. Lamento haberme quedado fuera toda la noche porque no debería
haberlo hecho.

Tuve que mentir un poco entonces porque no hay manera de que le esté
diciendo a mi hijo de doce años que Leandro y yo tuvimos sexo, y por eso me
quedé dormida. El infierno se congelará primero antes de que eso suceda.

—El tío Kit estuvo aquí, no es gran cosa. No es como si estuviera solo.

—Lo sé, y tú nunca lo estarás. Pero no es algo que yo haga, quedarme


fuera. Y en el futuro, si planeo quedarme fuera toda la noche, lo sabrás de
antemano. ¿De acuerdo?

—De acuerdo.

Sumerge la cuchara en el cereal, se lo lleva a la boca y comienza a


masticar.

—Y para responder a tu otra pregunta, sí, Leandro y yo estamos juntos.

—¡Impresionante! Entonces, ¿puedo conseguir más entradas para el Prix?

Sonrío y niego. Tengo que amar las prioridades y la tenacidad de mi hijo.

—Dependiendo de dónde, porque estamos hablando del extranjero aquí,


pero estoy segura de que Leandro te conseguiría boletos para ir, siempre y
cuando no sea en horario escolar y yo pueda permitirme el tiempo libre para
llevarte. De hecho, nos ha invitado a Hungría.

Escucho las palabras salir de mi boca antes de pensar en ellas


correctamente. Aunque este sería un viaje increíble, iba a esperar para
contárselo a Jett por un tiempo.

—¿Hablas en serio?

—Hmm.

Aprieto los labios, odiando mi gran boca.


—¡Dios mío, esto es increíble! ¡Va a ser increíble! ¿Crees que nos dejará
ver desde el garaje?

—Eh, no lo sé. Quizás.

—Estoy seguro de que lo hará. ¡Oh, Dios mío, va a ser fantástico! ¡La
maldita Hungría! ¡No puedo esperar a contárselo a mis amigos!

—Está bien, bueno, no nos emocionemos tanto.

—¿Por qué no lo haría?

Su ceño se arruga en confusión.

—No sé. —Me encojo de hombros impotente. Entonces, opto por un


cambio de tema—. De todos modos, ¿por qué te levantaste tan temprano?

Una sonrisa maliciosa aparece en su rostro.

—Quería atraparte entrando.

Mi mandíbula se abre.

—¿Sabías que salí anoche?

—Por supuesto que lo sabía. Te oí a ti y al tío Kit hablando aquí


anoche. Tengo orejas de murciélago. Y para referencia futura, puedo escuchar
prácticamente todo lo que tú y el tío Kit hablan en esta cocina. —Señala con el
dedo hacia el techo—. Sus voces llegan directamente a mi habitación.

—Oh Dios —gimo.

Coloco mis brazos sobre la mesa, dejo caer mi cabeza en ellos, pensando
en las conversaciones que he tenido con Kit recientemente.

Oigo que Jett se ríe y se levanta de la mesa. Unos segundos después, me


toca el hombro con la mano. Levanto la cabeza para mirarlo.

—Me alegro de que seas feliz, mamá. Y no es que no seas guapa porque,
por supuesto, lo eres, pero en serio, bien hecho por haber conseguido un piloto
de Fórmula 1. No podría estar más orgulloso. De la noche a la mañana, acabas
de convertirme en el niño más popular de la escuela. Todo lo que necesito ahora
es que el tío Kit traiga a casa una modelo de Victoria's Secret, y mi vida estará
resuelta. ¿Quieres que te haga un café?
—¡Ah! ¿Quién eres tú y qué has hecho con mi bebé?

Lo miro sorprendida.

—Tu bebé es casi un adolescente.

—Uf, ¿acaso no lo sé? —refunfuño, bajando de nuevo la cabeza—. Y eso


es un sí al café.

—Te lo prepararé ahora. —Se ríe.


25
Leandro

Londres, Inglaterra
—¿Entonces adónde vamos?

Acabo de recoger a India para nuestra cita, y estamos en camino después


de un serio escrutinio por parte de su hermano, Kit, que parece un buen chico,
y también de algunas palabras de Jett, principalmente eso, aunque piensa que
soy increíble y que soy rico y famoso, si le hago daño a su madre de alguna
forma, me pateará el trasero. Dijo que nunca había conocido a nadie con quien
su madre hubiera salido antes, por lo que el hecho de que él sepa de mí es algo
importante para ella, y eso debe significar que le gusto mucho. Le aseguré que a
mí también me gusta mucho su madre.

Estoy loco por ella.

La extrañé como un loco cuando se fue de mi casa esta mañana. Después,


volví a subir a la cama. Todo lo que podía oler en mis sábanas y almohadas era
ella. Eso me hizo desear aún más que siguiera allí, para poder enterrarme de
nuevo dentro de ella.

Nunca me he sentido tan perdido y a la vez tan encontrado como cuando


estoy dentro de ella.

Estar con India es donde siempre debí estar. Dentro de ella y a su lado.

Siempre me preguntaba qué significaba estar enamorado, cómo se


sentiría. Ahora lo sé.

—Pensé que querrías discreción, y quiero privacidad contigo. Así que te


llevaré a cenar a mi restaurante.

—¿Tienes un restaurante?

Noto la sorpresa en su voz.


—Mmhmm. Lo compré hace unos años. Era mi lugar favorito para comer.
Hacen la mejor comida brasileña de Londres. El lugar iba a cerrar debido a
algunas dificultades financieras. Me gusta mucho el dueño, y no quería perder
mi lugar favorito para comer, así que lo compré. Invertí algo de dinero en
renovarlo y luego en publicidad. Ahora, le va muy bien. Víctor sigue llevándolo
por mí, y yo me mantengo al margen de los negocios.

—Eres un encanto.

La miro.

—Leandro Silva, ¿un encanto? De ninguna maldita manera. Sabe de


negocios. El mejor piloto de carreras de la historia. Sexy, definitivamente.

Ella se ríe y el sonido calienta mi corazón.

Me acerco y tomo su mano. Presiono un beso en su suave piel. Ella


enrosca sus dedos alrededor de mi mano y yo la mantengo apoyada en mi muslo.

—¿Has probado la comida brasileña antes?

—No. ¿Me gustará?

—¿Te gusta la carne?

Sonríe, mordiéndose el labio inferior, y sé exactamente lo que está


pensando. Me encanta lo sucio de su mente. Parece tan elegante y pura por
fuera, pero debajo de todo eso, le gusta lo rudo y lo erótico.

—¿Habrá salchichas?

Dejé escapar una profunda risa.

—No, pero puedo proporcionar la salchicha más tarde, cuando regresemos


a mi casa.

—Definitivamente.

Ella desliza la lengua por el labio inferior y mi polla casi explota.

—Entonces, tal vez mientras estamos en el restaurante, puedas


enseñarme sobre esas frases brasileñas que dices cuando tengo esa salchicha
en la boca.

Santo cielo.
—Eres tan sexy. —Suelto su mano y deslizo mis dedos por su brazo
desnudo. Cuando llego a su hombro, meto mis dedos en su cabello, inclinando
su rostro hacia mí—. Después de la cena, te llevaré directamente a mi casa, te
desnudaré y te follaré hasta la próxima la semana.

—No puedo esperar.

Su sonrisa ofrecida es ardientemente sexy.

No me toma mucho tiempo en llegar a mi restaurante. Me costó mucho no


dar la vuelta al auto y llevarla directamente a mi casa. Pero quiero darle una cita
adecuada. No quiero que piense que sólo me dedico a follar con ella, aunque eso
es lo único en lo que pienso cuando estoy con ella y sin ella. Pero quiero más de
ella. Lo quiero todo, y quiero que ella también lo sepa.

—Eduardo —lee el letrero del restaurante.

—Mi padre. Cambié el nombre del restaurante por él.

Apago el motor, salgo del auto y me muevo rápidamente a su alrededor


para abrir su puerta.

Tomo su mano cuando sale.

—Gracias. No recuerdo la última vez que un hombre me abrió la puerta de


un auto. De hecho, creo que fue... nunca.

Se ríe.

—Bueno, acostúmbrate porque ahora estás conmigo. Siempre voy a abrir


tus puertas.

Me inclino, presiono un suave beso en sus labios, amando el suave gemido


que hace.

Mientras me muevo hacia atrás, frota su pulgar sobre mis labios.

—Lápiz labial.

—¿Te he dicho cuánto amo tus labios rojos?

—Me lo dijiste varias veces anoche.

Una chispa de picardía entra en sus ojos, y tiene mi polla incorporándose


y prestando atención.
—Sabes, podría haberte encontrado aquí. Ahorrarte el conducir hasta mi
casa y luego volver aquí.

Se refiere al hecho de que estamos en Mayfair, a pocos minutos de mi casa.

—De ninguna manera te haría encontrarme. Tenemos una cita y recojo a


mi chica para nuestras citas.

—Me gusta cuando me llamas así.

—¿Mi chica?

Me detengo en la puerta.

—Mmhmm.

—Bueno, lo eres.

La sonrisa que me brinda me deja sin aliento.

Abro la puerta y dejo pasar a India primero. El olor de este lugar siempre
me recuerda a mi hogar.

—Señor Silva, buenas noches. Tengo su mesa preparada.

—Gracias, Miguel.

Sigo a Miguel hasta la mesa que he pedido, que es un reservado en el


fondo. El restaurante está muy concurrido esta noche, pero la posición de este
reservado nos brinda total privacidad. Justo lo que quiero con India.

India se desliza en el reservado. En lugar de sentarme frente a ella, tomo


el asiento de al lado. Pienso tocarla mucho esta noche.

Cuando nos sentamos, pedimos nuestras bebidas y Miguel nos deja con
los menús. No necesito abrir el mío. Sé todo lo que hay en este menú.

India se quita la chaqueta y me encuentro con una increíble vista de su


escote a través de su vestido. Mi polla empieza a endurecerse. Abre su menú, se
inclina hacia delante para leerlo y puedo ver directamente por debajo de su
vestido.

—¿Qué es lo mejor que se puede comer aquí? —pregunta sin mirarme.

—Todo. Pero ahora solo tengo hambre de una cosa, de ti.


Sus ojos se dirigen a los míos.

—Te ves muy sexy con ese vestido.

—Me alegro de que te guste.

—Me gusta más que nada.

Se muerde el labio y mi polla se sacude. Su mordedura de labios realmente


funciona para mí.

—¿Están listos para pedir?

Miguel aparece de nuevo en la mesa con nuestras bebidas.

Tengo que contener mi gruñido de fastidio por la interrupción.

—¿Quieres que pida por los dos? —pregunto a India.

—Claro.

Rápidamente le hago nuestro pedido a Miguel, para que se vaya de una


maldita vez y nos deje en paz.

—Este lugar es asombroso.

Coge su vino y bebe un sorbo.

—Gracias.

—No puedo creer que seas dueño de un restaurante y que yo ni siquiera


lo supiera. —Niega mientras sonríe—. Pensé que sabía mucho sobre ti, pero
siento que todavía me queda mucho por descubrir.

—Pregúntame lo que sea. Responderé. Lo sabes.

La miro, refiriéndome a nuestras sesiones, en las que no fui exactamente


tímido en divulgar información.

—¿Algún otro negocio que no conozca?

—No. Sólo este.

—¿Qué edad tenías cuando empezaste a correr en autos?

Me encojo de hombros.
—Joven. Un adolescente.

—¿Primera carrera que ganaste?

—Bueno, aparte de las carreras callejeras ilegales que solía hacer... —Veo
que sus ojos brillan con peligro—. Un campeonato de rally junior en mi país, en
Brasil, cuando tenía catorce años.

—Entonces, ¿eras un chico malo cuando eras más joven?

—Sigo siendo malo ahora.

Sonrío.

Ella apoya el codo en la mesa, con la barbilla en la mano.

—Apuesto a que ser el chico malo de las carreras te hizo conseguir un


montón de chicas.

—Lo hice bien.

Me encojo de hombros.

—¿Primera novia seria?

—Larissa García.

—¿Qué edad tenías cuando perdiste la virginidad?

—Dieciséis.

—¿Con Larissa?

—No. Con la hermana mayor de Larissa, Marisa. Ella tenía dieciocho años.

—¿Estás bromeando?

Ella deja escapar una risa que suena sorprendida.

—No. Fue por eso que Larissa y yo rompimos. Era un poco idiota cuando
era adolescente.

Rio entre dientes, haciendo una mueca.

—Y como adulto.
Ella arquea una ceja en referencia a mis conquistas, de las que lo sabe
todo gracias a nuestras sesiones de terapia. El único inconveniente de salir con
mi terapeuta.

Mi humor juguetón se desvanece rápidamente.

—Eso es lo que era. Ya no soy ese hombre.

—Lo sé —dice en voz baja, su mano toca mi rostro—. Lo siento, no debería


haber dicho eso.

Llevo mi mirada a la suya.

—No, no te equivocaste. Sólo quiero que sepas que ese chico de antes...
está en el pasado. Tú eres mi futuro.

La felicidad que brilla en sus ojos hace que mi corazón lata más rápido.

—Tú también eres mi futuro. —Ella se inclina y besa mis labios—. Te amo,
Leandro.

Sus palabras susurran sobre mi piel, aumentando mi necesidad por ella.

Tomo el control del beso, mi mano en su cabello, inclinando su cabeza


hacia atrás para poder besarla más profundamente. Mi otra mano agarra su
cadera, acercándola a mí. Ella hace un gemido en el fondo de su garganta, sus
dedos se enredan en la tela de mi camisa.

Interrumpo el beso, respirando con dificultad, mientras miro fijamente sus


ojos dilatados.

—¿Quieres saber algo más sobre mí?

Ella asiente.

—Me excita hacer que mi hermosa novia se corra en lugares públicos.

Llevo mi mano a su muslo y deslizo mis dedos bajo el dobladillo de su


vestido.

Sus ojos se abren de par en par, pero no vacila, no aparta la mirada de mí.

—¿Podríamos ser vistos? —susurra, sonando sin aliento.

—Solo si viene alguien.


La emoción estalla en sus ojos. Luego, sus piernas se abren en
invitación. Un escalofrío de placer recorre mi espalda, dirigiéndose directamente
a mi polla.

Inclino mi cuerpo hacia ella para que si alguien se acerca, todo lo que vean
sea mi espalda. Deslizo mi mano por el interior de su muslo. Mis dedos se
encuentran con las bragas de seda que ya están húmedas.

—Estás mojada por mí —susurro.

Me inclino y presiono mis labios contra su garganta.

—Siempre.

Paso la punta de mi dedo por sus bragas. Ella se retuerce contra mi


mano. Queriendo sentirla, empujo la tela a un lado y deslizo un dedo dentro de
ella. Ella gime un poco fuerte, así que capturo su boca con la mía.

—Silencio. No hagas ruido, nena. Voy a follarte con mis dedos y hacer que
te corras en toda mi mano, y no puedes hacer ningún ruido.

Mis ojos miran fijamente a los de ella mientras susurra:

—Estaré callada. Por favor haz que me corra. Necesito esto... a ti.

Con un gruñido, empiezo a follarla con mis dedos, frotando mi pulgar


sobre su clítoris, amando la forma en que se aprieta a mí alrededor con tanta
avidez.

Estoy tan excitado. O me corro en los pantalones o la inclino sobre la mesa


y la follo con todo el mundo mirando.

—Oh Dios... —susurra, temblando contra mí—. Estoy tan cerca.

—Eso es, India. Córrete para mí. Muéstrame lo que te hago.

Su mirada se clava en la mía, y siento cómo su orgasmo la hace estallar


mientras se aprieta alrededor de mis dedos. La felicidad total cubre su rostro
mientras su cuerpo se estremece con su liberación. Cuando termina, cae sobre
mí.

Saco los dedos y vuelvo a ponerle las bragas en su sitio.

—¿Estás bien?
—Estoy mejor que bien. —Ella levanta la cabeza y me mira—. Eso fue
increíble.

Su rostro está sonrojado por el orgasmo, sus labios hinchados por mi beso.

—Definitivamente fue algo.

Dios, necesito tanto estar dentro de ella. No sé si podré aguantar esta cena.

—No puedo creer que acabamos de hacer eso.

Me mira con timidez.

Lo encuentro divertido, teniendo en cuenta que, hace un minuto, tenía mis


dedos dentro de ella mientras se corría alrededor de ellos, y ahora está
avergonzada.

—Créelo, nena, porque lo haremos a menudo. Tengo la intención de hacer


que te corras en todos los sitios que pueda.

Meto en mi boca los dedos que estaban justo dentro de ella y los chupo.

El deseo se reaviva en sus ojos.

—¿Cuánto tiempo durará la cena?

—¿Por qué?

—Porque quiero volver a tu casa lo antes posible, para poder devolverte el


favor.

Sus ojos parpadean en dirección a mi polla, que hace fuerza contra mi


cremallera.

Pensé que nunca me lo preguntaría.

—¿Podemos pedir la comida para llevar?

Sus ojos vuelven a los míos, con una intensidad innegable en ellos.

—Hagámoslo.
26
India

Londres, Inglaterra
—Demasiado para una cena —me río ligeramente mientras atravesamos
la puerta de entrada de Leandro, con los recipientes de comida en la mano.

—Oye, no me culpes. Fuiste tú quien lo sugirió.

—Lo sé. No me quejo. —Me pongo delante de él moviéndome por el pasillo,


dirigiéndome a la cocina—. Sólo me pregunto si conseguiremos salir antes de
que nos vayamos y volvamos aquí para tener sexo.

—¿Vamos a tener sexo?

Me giro para verle de pie en la puerta. Una sonrisa irradia en su rostro


sexy.

Me doy la vuelta y pongo los recipientes en la isla del desayuno.

—¿Podemos simplemente comer si quieres?

—Diablos, no. —Su pecho golpea mi espalda, clavando mi frente en la isla.


Aparta mi cabello y presiona sus labios contra mi cuello—. He estado
desesperado por volver a estar dentro de ti desde que te fuiste esta mañana. —
Desliza sus dedos por la parte exterior de mi muslo, levantando mi vestido—.
Vamos a deshacernos de esto.

Sus labios rozan mi oreja, haciéndome estremecer, mientras sus dedos se


enroscan en el elástico de mis bragas. Las baja de un tirón.
Dejo que caigan por mis piernas y me quito las bragas antes de apartarlas de
una patada.

Levanta mi vestido por la cintura.

—Tienes un trasero increíble, India.


Le miro mientras se arrodilla. Me da un beso en el trasero, rozando con
sus dientes mi piel, haciéndome estremecer. Luego, desliza un dedo por mis
pliegues y gimo un sonido ininteligible.

—Apoya el pecho en la encimera y abre las piernas, India.

Sin dudarlo, hago lo que me pide. Sé que mi rápido cumplimiento le excita.


Sus manos tocan mis nalgas, separándolas. Siento su aliento sobre mí, y luego
su lengua caliente toca mi clítoris, haciendo que mis rodillas casi cedan.

—¡Leandro! —gimoteo, agarrando el borde del mostrador con la punta de


los dedos.

Él no cede. Empuja su lengua dentro de mí, follándome con ella, y luego


la desliza de nuevo hacia mi clítoris, haciéndola girar.

Luego, me deja. Se pone de pie. Con un brazo alrededor de mi cintura, me


endereza y me gira para que quede frente a él.

—Te quiero desnuda. Ahora.

Arrastra mi vestido por la cabeza. Luego me quita el sujetador. Estoy


desnuda, excepto por los tacones, mientras él sigue completamente vestido.

Me levanta y me coloca en la isla. Su cuerpo se cierne contra el mío, el


algodón de su camisa roza mis duros pezones y la aspereza de sus pantalones
roza mi clítoris, excitándome aún más, mientras me conduce al beso más
húmedo y caliente que jamás he recibido.

Entonces, interrumpe repentinamente el beso, dejándome jadeante.

—No te muevas.

Se acerca a la refrigeradora y se quita los gemelos. Los tira sobre la


encimera y se quita la camisa, dejándome ver su magnífico cuerpo.

Maldición, es guapísimo.

No puedo creer la suerte que he tenido con Leandro. Podría tener a


cualquier mujer que quisiera, pero por alguna razón me quiere a mí.

Observo cómo abre la puerta del congelador y saca una bandeja de cubitos
de hielo. Inclino la cabeza con interés. Trae la bandeja con él. Luego, le da la
vuelta y vacía el contenido en la encimera junto a mí.
Algunos de los cubitos de hielo se deslizan hacia mí, tocando mi muslo,
enfriándome.

Leandro toma un solo cubito, lo lleva a mi pecho y lo pasa por mi pezón,


haciéndome temblar.

Lo retira de mí, se inclina y cierra su boca alrededor del mismo pezón, y


chupa con fuerza.

¡Santo cielos, qué bien se siente eso!

El contraste entre el frío y el calor hace que el deseo me atraviese.


Su boca abandona mi pecho y vuelve a colocar el cubito de hielo en mi cuerpo,
llevándolo en un viaje entre mis pechos y por mi estómago, con su lengua
siguiendo los rastros de agua hacia el sur.

Cuando llega a mi cadera, se endereza y tira el cubito usado en la


encimera. Toma uno nuevo.

Con los ojos oscuros puestos en los míos, se lo mete en la boca,


manteniéndolo entre los labios, y luego se arrodilla, me separa los muslos y pone
su boca sobre mí.

—¡Oh, Dios mío! —gimoteo.

El frío contra mi clítoris hinchado y caliente no se parece a nada que haya


sentido antes.

Sólo necesito... más de él. Más de esto.

—¿Te gusta eso, nena?

—Dios, sí. No pares.

Me aferro a su cabello, tratando de llevar su boca de vuelta a donde la


necesito.

Su risa es oscura y erótica. Oigo el chasquido del cubito de hielo en su


boca cuando lo muerde. Luego, su boca vuelve a estar sobre mí y desliza la punta
de su lengua, cubierta de hielo, sobre mi clítoris.

Mis ojos giran hacia atrás en mi cabeza.

—Maldita sea.
Mis brazos ceden su apoyo, y caigo de espaldas sobre la encimera mientras
Leandro sigue jugando con mi clítoris. Desliza un dedo dentro de mí, y comienza
a follarme con él, mientras continúa su despiadado juego de hielo en mi clítoris.
Entonces, siento que moja otro dedo en mi coño, y ese se desplaza hasta el
agujero de mi culo, y comienza a acariciarlo.

—Sí —exhalo, haciéndole saber que lo quiero ahí.

Nunca había dejado que nadie me tocara ahí antes de Leandro. No puedo
creer lo mucho que me gusta que lo haga. Es una sensación tan erótica y caliente
que me hace correrme como no sabía que era posible.

Gime contra mí y desliza su dedo dentro de mi trasero.

Folla mis dos agujeros, mete el clítoris en su boca, rozando con los dientes
y estoy acabada.

Me corro como un cohete. Gritando debido al orgasmo más intenso que he


experimentado nunca, mi cuerpo se convulsiona, mis músculos se cierran con
fuerza.

Todavía estoy bajando de la excitación cuando oigo que se baja la


cremallera.

Me levanto con dificultad sobre los codos, lo miro y veo en su rostro una
indisimulada mirada animal de necesidad.

Su necesidad de mí.

—¿Estás tomando la píldora? —pregunta.

—Sí.

—Estoy limpio. Mi última revisión fue justo antes de la primera vez que
tuvimos sexo, y sabes que no ha habido ninguna desde entonces. Quiero follarte
sin condón. Quiero sentir tu apretado coño a mi alrededor mientras me corro
dentro de ti.

Jesús. Me encanta cómo habla tan descaradamente de sexo.

—Yo también quiero eso.

Su mirada se relaja momentáneamente y luego esa mirada hambrienta


vuelve a aparecer en sus ojos. Con las manos envueltas en la parte posterior de
mis muslos, me empuja hacia delante hasta que mi trasero está en el borde de
la isla.

Empuña su polla con la mano y la frota arriba y abajo por mi centro,


excitándome.

—Leandro, por favor.

Empujo contra él, clavando los tacones de mis zapatos en su trasero,


intentando ponerlo donde quiero. Estoy desesperada por tenerlo dentro de mí.
Como respuesta, me agarra de las piernas. Deslizando sus manos hacia mis pies,
me quita los dos zapatos, dejándolos caer al suelo.

Coloca mis pies en el borde del mostrador.

—Paciencia —dice, su voz es tan baja que me hace temblar.

—Te quiero dentro de mí. —Lo miro a los ojos—. Creía que tú también me
querías.

—Sabes que sí. —Presiona la cabeza de su polla contra mi entrada—. Pero


soy yo quien tiene el control aquí, India.

Su acento se ha vuelto más marcado, excitándome aún más.

—Así que ten el control y fóllame.

Deja escapar una risa oscura, echando la cabeza hacia atrás. Entonces,
sus ojos vuelven a estar en los míos. Me clava su mirada caliente y me penetra,
dándome lo que quiero y necesito.

—¡Sí! —grito al sentirlo, tan grande y grueso, llenándome.

—Maldición —gruñe, y se queda quieto dentro de mí—. Te sientes


increíble, India. Tan apretada y caliente. Tan increíble.

Sus manos se deslizan por mi estómago. Toma mis pechos con las manos
y sus pulgares rozan mis pezones, enviando un rayo de lujuria directamente a
mi clítoris. Me retuerzo contra él, necesitando la fricción.

Quita sus manos de mis pechos, sus grandes manos acarician mi rostro.
Sus pulgares presionan mi garganta.

—Quiero que me mires todo el tiempo.


Sale de mí y vuelve a introducirse muy lentamente.

Luego se inclina sobre mí, con el pecho pegado al mío y su polla metida
hasta el fondo. Sin apartar la vista de mis ojos, me besa.

—Te amo, joder —dice contra mis labios—. Y me encanta follarte.

—Te amo. Y también me encanta que me folles, bebé.

Sus ojos brillan ante mi expresión de cariño.

Sujeta mi rostro con una mano y con la otra se apoya en la encimera a mi


lado, y me folla allí, en la isla del desayuno, hasta que los dos estamos calientes
y sudados y nos corremos con fuerza.
27
Leandro

Budapest, Hungría
India y yo hemos estado oficialmente juntos desde hace unas semanas, y
ha sido la mejor época de mi vida.

No ha habido un día en el que no la haya visto, aunque solo sea para comer
con ella. Quiero asegurarme de no quitarle demasiado tiempo a Jett. Pero es muy
difícil no estar con ella.

Hemos salido algunas veces con Jett al cine y a los bolos, y un día fuimos
a la pista de karting.

Sinceramente, el chico es increíble. Me está robando totalmente el corazón.

Nunca antes había pasado mucho tiempo con niños, pero Jett es más
inteligente que los de su edad. Adora absolutamente a su madre. Y corre muy
bien.

También me llevo muy bien con Kit, lo que es bueno, ya que él e India son
muy cercanos.

Estamos en Budapest para esta etapa de la temporada. Jett, Kit e India


están conmigo.

Me las he arreglado para mantener a India fuera de la prensa desde que


empezamos a salir, pero ahora que está aquí conmigo, es imposible. Estoy
mirando las noticias en mi iPad, y hay una foto nuestra que fue tomada ayer en
un evento de patrocinadores. La describen como mi rubia misteriosa. Reprimo
una carcajada ante el término. Pero el hecho que India sea un misterio para la
prensa no durará mucho. Cuando se den cuenta de que está aquí conmigo y de
que tiene un hijo, investigarán quién es exactamente.

—¿Somos nosotros?
No la escuché venir detrás de mí.

La miro por encima del hombro. Lleva mi camiseta. Tiene el pelo revuelto
por el sueño y por las manos que le he metido cuando la penetraba por detrás.
Está tan hermosa.

Y es toda mía.

—Sí. Pero aún no saben quién eres, así que todavía tenemos un poco más
de tiempo de privacidad.

—Tenía que pasar en algún momento, y al menos publicaron una bonita


foto mía.

Toma asiento frente a mí, apoyando sus pies descalzos en la silla entre mis
piernas.

Dejo el iPad sobre la mesa.

—¿Hay alguna foto fea de ti? Porque lo dudo mucho.

—Las de cuando estaba embarazada de Jett y me había hinchado hasta el


tamaño de una casa.

—Apuesto a que te veías hermosa mientras estabas embarazada.

—Realmente no lo estaba.

Se ríe.

Deslizo mi mano sobre la parte superior de su pie, agarrándolo. Ella deja


escapar un suspiro de placer cuando paso la yema del pulgar por el arco de su
talón.

—Te enseñaré algunas fotos de mi embarazo cuando lleguemos a casa, y


pronto cambiarás de opinión.

Termina con una risita, y yo solo niego con la cabeza en señal de


desacuerdo. Nunca veré a India como algo menos que hermosa.

—Dios, eso se siente bien —comenta sobre mis habilidades para frotar los
pies.
—Estoy para complacer. Y hablando de complacer, pedí el desayuno para
nosotros. —Asiento a la comida que hay en la mesa—. ¿Ya se han levantado Jett
y Kit? ¿Crees que querrán comer con nosotros?

—Sin duda, todavía están durmiendo. Y estoy bastante segura de que Kit
dijo que iba a pedir comida para ambos.

Originalmente tenía reservada la suite de dos habitaciones para que nos


quedáramos India, Jett y yo, y otra de una habitación para Kit. Pero luego Jett
dijo que quería quedarse con Kit, así que terminaron en la de dos habitaciones,
e India y yo en la de una. No puedo decir que esté decepcionado con los arreglos
para dormir. Significa que tengo acceso ilimitado a India, y ella puede hacer todo
el ruido que quiera mientras me la follo.

—Pero van a venir a ver las pruebas hoy, ¿no?

Apoya la cabeza hacia atrás y me sonríe.

—Como si se lo fueran a perder.

—De acuerdo.

—¿Y qué vamos a hacer esta noche?

—Pensé que podríamos salir todos a cenar tranquilamente. Luego,


necesito acostarme temprano, descansar para la clasificación.

—Suena perfecto.

Se sienta, su pie se desliza de mi mano.

Veo cómo se acerca y se sienta a horcajadas en mi regazo. Mis manos se


dirigen a sus caderas.

—¿Ese madrugar me incluye a mí?

—Todos mis madrugones tienen que ver contigo. Conduzco mejor después
de follar contigo.

—No has conducido desde que follamos —dice.

—Sí, lo he hecho. Aparte de los entrenamientos para esta próxima carrera,


he conducido en diez premios desde que tuvimos sexo la primera vez, cuando te
follé contra la pared en tu pasillo, ¿recuerdas?
Sus mejillas se enrojecen.

—Me acuerdo.

Alejo el doloroso pensamiento de esas diez carreras que pasé sin ella.

Ahora la tengo. Eso es lo único que importa.

—Y mis victorias y mis puntos totales han sido más altos que nunca. —
Mis manos se deslizan bajo la camiseta que lleva puesta. Sintiendo su suave piel
bajo mis manos, mi polla empieza a endurecerse en mis bóxeres—. Yo diría que
follar contigo es mi nuevo ritual de suerte antes de la carrera.

—Hmm... ¿es así?

Ella levanta una ceja.

—Definitivamente. Y creo que me vendría bien un poco de ritual previo a


la carrera ahora mismo.

Estoy de pie junto a ella, empieza a reírse y me rodea el cuello con los
brazos. La llevo hasta el dormitorio y la dejo en la cama, y luego me paso la
siguiente hora demostrando la buena suerte que me trae.
28
India

Budapest, Hungría
Estoy en el garaje del equipo de Leandro, parada entre Kit y Jett, mirando
en la pantalla mientras Leandro lucha por tomar el primer lugar en la
clasificación.

Es una atmósfera tan diferente estar aquí en el garaje que estar viéndolo
en las gradas de Silverstone. La vibra es intensa ya que su equipo está al límite,
deseando que logre la primera posición.

—¡Lo va a hacer, mamá! —dice Jett emocionado a mi lado.

Me encanta escuchar la felicidad en su voz. Está totalmente en su


elemento aquí. Y Leandro ha sido increíble con él, incluyéndolo a él y a Kit en
todo, mostrándoles todo, presentándoles a todos los pilotos de los equipos
rivales. También pasaron algún tiempo con Carrick en el garaje de Rybell.

La cena con Andi y Carrick fue fabulosa anoche. Trajeron consigo a


algunos amigos. La amiga de Andi, Petra, trabaja en el equipo de Carrick, y Kit
parecía bastante interesado en hablar con ella durante la mayor parte de la
noche. También conocí a uno de los mecánicos de Carrick, Ben, y al tío de Andi,
John. Por supuesto que he escuchado todo sobre estas personas en las sesiones
de Andi conmigo, así que fue bueno poner rostros a los nombres.

Carrick y Andi han sido realmente geniales acerca de que Leandro y yo


estemos juntos a pesar de que saben que yo era su terapeuta. Me sentí un poco
ansiosa ante la idea de pasar tiempo con ellos, preocupada por lo que pensarían
de mí, pero Leandro me aseguró que estaban muy felices por los dos.

Saber eso me tranquilizó un poco, pero no me sentí realmente relajada


hasta que pasé tiempo con ellos y me di cuenta de que no les importaba cómo
nos conocimos Leandro y yo. Realmente parecían felices de que estuviéramos
juntos.
Mi teléfono vibra en el bolsillo trasero de mis jeans.

Me pregunto quién podría ser. Las únicas personas que alguna vez me
llaman están aquí conmigo. Y todas las llamadas de mis pacientes están siendo
manejadas por Amanda, la terapeuta que traje para cubrirme mientras estoy
aquí en Hungría.

Saco mi teléfono del bolsillo trasero.

El número que veo es uno que no veía en mucho tiempo. E inmediatamente


tengo la peor sensación de aprensión.

—Solo voy a atender esta llamada.

Levanto mi teléfono vibrante hacia Kit, quien me mira brevemente en


reconocimiento antes de volver a mirar la pantalla del televisor.

Me muevo rápidamente por el garaje. Salgo por la puerta y conecto la


llamada.

—¿Russell?

Russell es el abogado defensor que juzgó el caso contra Paul, el cual lo


puso en prisión.

—India. Hola. Lamento llamar un fin de semana, pero acabo de recibir la


llamada y pensé que querrías saberlo.

—¿Qué llamada?

Mis labios tiemblan levemente.

Él suspira levemente.

—Paul tuvo una audiencia de libertad condicional ayer. No lo sabía.


Aparentemente, me enviaron el papeleo, pero nunca lo recibí. Lo siento mucho,
India, pero se ha concedido.

Una oleada de miedo recorre mi espalda.

—Está fuera —casi me ahogo con las palabras.

—Aún no. Será liberado este martes.


Unos pocos días. Mi respiración sale apresurada. Presiono mi mano contra
mi frente, tratando de calmar mis pensamientos.

—Pero pensé que tenía unos años más antes de que saliera.

Yo también. Realmente no pensé que se le otorgaría la libertad condicional.


Pensé que cumpliría su condena completa, especialmente después de los
intentos fallidos de fuga en prisión y... las cartas que te envió. Las amenazas.

El recuerdo de recibirlos. Viendo esas palabras. El odio que arrojó.

Los sentimientos de dolor, traición y enojo hacia él y hacia mí me atacan,


dejándome sin aliento.

—A primera hora del lunes, solicitaré una orden de restricción de


emergencia para ti y Jett —dice Russell.

—¿Crees que vendrá a buscarnos? ¿Jett está en riesgo?

El pánico se apodera de mí y empiezo a pensar rápidamente en formas de


escapar de Paul. Me viene a la mente dejar el país.

No era un hombre violento antes de ir a prisión, pero vi en tinta el odio que


siente por mí, pensando que le robé su vida y que la prisión puede cambiar
incluso al hombre más benigno.

El Paul que saldrá de la cárcel en unos días es un hombre que no conozco.

—No lo creo. Paul está siendo liberado con etiqueta electrónica y toque de
queda. No se le permitirá salir del área de Manchester. No puedo verlo
arriesgándose a regresar a prisión y violar esas condiciones para venir a Londres,
después de intentar durante tanto tiempo ser liberado. Y no sabe dónde estás.
Pero aún así, es mejor tener una orden de restricción en vigor que no tenerla.

Sé lo fácil que es encontrar gente y mi nombre no es exactamente un


nombre corriente. Tal vez debería haberlo cambiado, para que nunca pudiera
encontrarnos.

La retrospectiva es una gran cosa.

—De acuerdo.

—Todo estará bien, India. Siempre supimos que llegaría este día.
Simplemente está sucediendo un poco antes de lo que esperábamos.
—Tienes razón. Lo sé.

—Desde que se le concedió la libertad condicional a Paul, tal vez ahora sea
un hombre diferente. Tal vez haya dejado ir el odio hacia ti.

—¿Crees eso?

—Quiero hacerlo, por tu bien. Me enviarán los documentos de libertad


condicional hoy, así puedo ver qué términos permitieron su liberación. Creo que
esto va a estar bien.

—Si hay algo ahí dentro, un deseo de su parte de conocer a Jett...

—El sabe que no tiene permitido hacerlo, pero sí, si hay algo, te lo haré
saber de inmediato.

—Gracias.

—¿Kit todavía vive contigo?

—Sí.

—¿Y tienes un buen sistema de seguridad en tu casa?

—Tenemos una alarma estándar.

—Quizás es hora de actualizar.

—No me estás haciendo sentir mejor con esto, Russell.

Dejé escapar una risa sin humor.

—Lo siento. Aunque creo que estarás bien, solo estoy tratando de ofrecerte
formas de hacerte sentir más segura con esto.

—Lo sé, y lo agradezco.

Exhalé un suspiro, pasando mis dedos por mi cabello.

Escucho el rugido de los motores y eso trae mis pensamientos a Leandro.


Quién es él. Dónde estoy.

—Estoy saliendo con alguien —le digo a Russell—. Es nuevo, pero está a
la vista del público.

—¿Estar con él te pone a ti y a Jett en el ojo público?


—Lo hará. Ya nos han fotografiado juntos. No a Jett, pero estoy segura de
que no pasará mucho tiempo antes de que obtengan mi nombre y el de Jett.
¿Crees que eso podría ser un problema?

Hay una pausa mientras piensa. Su silencio me pone nerviosa.

—Si Paul realmente ha cambiado, entonces no, no debería ser un


problema. Pero le dirá exactamente dónde te encuentras y cómo estás viviendo
tu vida. Los medios le darán acceso ilimitado a ti y a Jett. Mi consejo es
mantenerse al margen de la prensa tanto como sea posible después de la
liberación de Paul. Y veremos cómo van las cosas a partir de ahí.

—Gracias, Russell, por todo. Y gracias por hacérmelo saber.

—No hay problema. Los mantendré informados ya que sé las cosas... y lo


siento mucho, India.

—Sí, yo también.

Cuelgo con Russell y me apoyo contra la pared, presionando mi cabeza


contra los ladrillos. No puedo creer que salga ahora. Siempre supe que llegaría
este día, pero pensé que tenía unos años más, que Jett sería un poco mayor.

¿Cómo diablos voy a decirle a Jett que su padre está libre?

Cubro mi rostro con mi mano. La deslizo por el cabello y lo tiro con


frustración.

—¡Ahí tienes!

La voz de Jett me devuelve al momento.

Miro hacia arriba para verlo de pie en la puerta del garaje.

Su expresión feliz cambia y da un paso hacia mí, dejando que la puerta se


cierre detrás de él.

—Mamá, ¿estás bien?

Limpio mi rostro de todas las emociones y pego una sonrisa brillante.

—Estoy bien.

—¿Quién era ese en el teléfono?


Él asiente hacia el teléfono que mis dedos están agarrando con fuerza.

—Solo un paciente.

Deslizo mi teléfono en mi bolsillo, tratando de relajar los músculos tensos


de mi cuerpo.

Puedo ver la mirada escéptica en su rostro. No puedo decirle ahora. Aquí


no. Necesito tiempo para pensar en esto. Resolverlo.

—¿Cómo está Leandro?

Asiento hacia el garaje, buscando un cambio de tema.

Una gran sonrisa se extiende por su rostro.

—Mañana empezará primero.

Una sonrisa genuina aparece brevemente a través de la falsa.

—Esas son buenas noticias.

—Va a ganar mañana, sin duda.

—Seguro que ganará.

—¿Vas a volver? Pronto volverá al garaje.

—Estoy yendo en este momento.

Me aparto de la pared, tratando de deshacerme del miedo que pesa sobre


mis hombros.
29
Leandro

Londres, Inglaterra
India ha estado distraída durante días. Estaba bien antes de la
clasificación, pero desde entonces ha habido una distancia con ella. Parece
preocupada.

Incluso cuando hacemos el amor, es como si una parte de ella ni siquiera


estuviera conmigo, y no me gusta. Realmente no me gusta.

Se suponía que debía dirigirme directamente a Italia con el equipo después


de dejar Budapest, pero cambié mis planes y volé de regreso a Londres con India.
No la iba a dejar mientras estuviera así. Solo tengo unos días antes de tener que
volar a Italia, y tengo la intención de encontrar qué diablos está pasando con ella
antes de esa fecha.

Llegamos a casa ayer y hoy se fue a trabajar. No me encontré para


almorzar. Ella inventó una maldita excusa acerca de estar demasiado ocupada.

Esta es la primera vez que la veo desde que regresamos, y ahora mismo
estamos en su casa. Jett está arriba, Kit tiene una cita e India y yo estamos
viendo una película juntos, pero una vez más, podría estar sentada aquí sola.

Bueno, la tengo aquí conmigo ahora, y no iré a ninguna parte hasta que
me diga lo que está pasando con ella.

—¿Me lo vas a decir pronto? ¿O simplemente tengo que empezar a


adivinar?

Mis palabras salen un poco más duras de lo previsto.

Desliza su mirada hacia la mía. Hay un destello de ira en sus ojos.

—¿Decirte qué?

Tomo el mando a distancia y apago la televisión.


—Dime qué es lo que te molesta.

Su expresión se aclara.

—Nada me molesta.

¡Por el amor de Dios!

—Gané el Premio de Bélgica el domingo.

Ella me mira con confusión.

—Lo sé. Yo estuve ahí.

—Físicamente, sí. Mentalmente, no. Me diste un vistazo el día anterior.


Jesús, India, tu falta de entusiasmo por mi victoria después de la primera carrera
en la que has estado desde que nos juntamos... así que fue muy importante para
mí tenerte allí para presenciarlo, y todo lo que obtuve fue una felicitación y una
palmada sobre el hombro.

—¡Jesús, lamento no haberte prestado la atención necesaria! —arroja—.


¿Qué querías que hiciera? ¿Introducir mi lengua en tu garganta? ¿Despojarme
de la ropa y follarte allí mismo? Lo siento, pero eso hubiera sido inapropiado, ya
sabes, ¡con mi hijo y el resto de la población de carreras allí!

—¿Me estás gritando? —digo.

En serio, hay algo mal en mí porque me excito mucho cuando ella se enoja.
Verla toda encendida tiene a mi miembro tan duro como las uñas. Bueno, casi
todo lo que hace me pone duro, pero su ira es definitivamente un afrodisíaco
para mí.

—Maldita sea, suena así, ¿no?

Su frente está toda arrugada en un ceño fruncido.

Ella se ve tan caliente como el infierno.

—Tengo muchas ganas de follarte ahora mismo —le digo con toda
seriedad.

Sus ojos se mueven en mi dirección, amplios y ardientes.

—¿Hablas en serio?
—Nunca bromeo acerca de ello.

—¡Jesús! Realmente me estás enfadando —resopla.

Hace un esfuerzo por levantarse del sofá, pero la agarro del brazo, la
detengo y la atraigo hacia mí. Ella hace un sonido de protesta pero en realidad
no intenta levantarse.

—Y realmente me estás excitando —digo.

Hace una pausa y me mira fijamente.

—Estoy realmente enojada contigo en este momento, Leandro —refunfuña,


su voz se escucha menos enojada que antes.

—Sí, bueno, yo también estoy un poco enojado contigo, India. Pero todavía
estoy muy caliente por ti.

Deslizo mis manos hacia su trasero dándole un apretón.

Ella me mira con los ojos entornados.

—No vamos a tener sexo.

—No ahora no vamos, pero tan pronto como Jett se duerma, te ataré a tu
cama y te follaré.

Ella se estremece bajo mi toque. Me encanta que no pueda resistirse a mí,


al igual que yo no puedo resistirme a ella.

—Y si tengo que torturarte para sacarte la verdad retrasando tu orgasmo,


lo haré. Pero preferiría que me dijeras qué es lo que te molesta, para que podamos
solucionarlo y pueda pasar mi tiempo en la cama dándote múltiples orgasmos.

Su cabeza cae a mi hombro, y deja escapar un suspiro que suena triste.


Me pone nervioso.

—Háblame nena.

Ella levanta su mirada hacia la mía. Veo que el miedo se mueve a través
de sus ojos, y luego se llenan de lágrimas.

Me incorporo, tomando su rostro entre mis manos.

—Jesús, India, realmente estás empezando a asustarme.


Sus ojos se mueven en dirección a la puerta cerrada de la sala y luego de
nuevo a mí. Ella exhala, luego, comienza a hablar en voz baja:

—Paul, el padre de Jett, fue liberado de la prisión hoy. Mientras estabas


en la pista el sábado, recibí una llamada de Russell, el abogado defensor que
juzgó el caso contra Paul. El caso del que fui testigo clave. La razón por la que
fue a la cárcel.

—Tú no eres la razón por la que ese hijo de puta fue a la cárcel. Él es la
razón.

—Paul me culpó por haber ido a la cárcel.

—India, fue a la cárcel porque es un pedófilo. Estaba teniendo sexo con


chicas adolescentes. Te dejó embarazada cuando aún eras una adolescente, por
el amor de Dios.

Ella se encoge. La angustia cruza sus facciones y una lágrima le sale del
ojo. Me hace sentir como un bastardo insensible.

Atrapo su lágrima cayendo, limpiándola con mi pulgar.

—Lo siento cariño. No debería haber dicho eso.

—No, tienes razón. Solo escucharlo me hace sentir como una víctima.

—Fuiste una víctima, pero ahora eres un sobreviviente. —Enrollo su


cabello alrededor de mi mano—. Eres un milagro. Eres la persona más fuerte
que he conocido, India. De dónde vienes hasta donde estás ahora… la mayoría
de la gente se habría rendido, pero tú no lo hiciste. Luchaste duro para darle a
tu hijo la mejor vida posible. Deberías estar orgullosa de ti mismo.

Una mirada relajada entra en sus ojos.

—Creo que te amo, ¿sabes?

Pasa sus dedos por mi cabello.

—Creo que yo también te amo. Muchísimo.

Me inclino y presiono mis labios contra los de ella.

Me alejo y apoyo la cabeza contra el sofá.

—Paul saliendo de la cárcel, ¿qué significa esto para nosotros?


La veo sonreír cuando le digo nosotros. Luego, ella se encoge de hombros.

—Vivirá en Manchester, de donde es. Estará en etiqueta electrónica y


toque de queda, por lo que no podrá venir aquí incluso si quisiera. Pero Russell
ha recibido una orden de restricción para Jett y para mí.

—¿Paul te ha amenazado alguna vez?

Ella baja su mirada.

—Sí. Hace mucho tiempo. Inmediatamente después de ir a prisión, me


envió cartas amenazadoras.

La rabia pura y sin diluir me atraviesa. Ese hijo de puta va a cualquier


lugar cerca de India y Jett y yo mismo lo mataré.

—Estoy consiguiendo seguridad para ti y Jett para cuando no esté aquí.


Odio tener que irme pronto, sabiendo que ese bastardo está ahí fuera libre para
hacer lo que le plazca.

—¿Qué? No, no es necesario. —Ella niega con la cabeza—. No creo que nos
moleste. No he sabido nada de él desde las cartas. Y ha estado tratando de
obtener la libertad condicional durante mucho tiempo, y ahora que está fuera,
estoy segura de que no querrá ponerlo en peligro.

—¿Alguna vez Paul ha pedido ver a Jett?

—No. Creo que le atribuye a Jett que fue a la cárcel. Estoy bastante segura
de que piensa que si yo nunca hubiera quedado embarazada, nunca lo hubieran
descubierto.

La ira, la frustración y la preocupación por ella y Jett están latiendo por


mis venas.

—Por favor, déjame ponerte algunos hombres de seguridad para


mantenerte a salvo.

—No es necesario, Leandro. —Presiona su mano contra mi mejilla—.


Estaré bien. Pero está bien, para Jett, sí, sería una buena idea. Solo para estar
seguros.

—Odio tener que ir a Bélgica. —Suspiro—. Realmente no quiero dejarte.


¿Por qué no me acompañan Jett y tú?
—No podemos. Tengo que volver al trabajo. Tengo pacientes que dependen
de mí. Ya me he tomado un tiempo libre. No puedo tomar más.

Ella exhala un suspiro, luciendo un poco perdida.

—Entonces no iré a Bélgica.

Me mira, horrorizada, apartando la mano de mi rostro.

—No —afirma enfáticamente—. Tienes que ir. Estás contratado y esto es


importante para ti. Es tu primera temporada desde el accidente.

Acuno su rostro entre mis manos.

—Eres más importante para mí.

—Estaré bien. —Se acerca y me da un beso en la frente—. Kit está aquí.


—Luego, un beso en la punta de mi nariz—. Por favor, no te preocupes.

Odio sentirme atrapado y en conflicto. Realmente no quiero dejarla


mientras ese maldito bastardo está en las calles, pero estoy obligado por contrato
a ir a Bélgica. Solo desearía que viniera conmigo.

Empiezo a hablar, pero ella me interrumpe con los labios, besándome


apasionadamente.

Conozco su juego, pero estoy indefenso al sentir su delicada lengua en mi


boca, su cuerpo cernido contra el mío.

—Esto no ha terminado —murmuro bajo sus labios, mis manos alcanzan


su trasero.

—No lo dudo —susurra.

Luego, profundiza el beso, frotándose contra mi erección.

Puedo trabajar con ella más tarde, convencerla de que venga conmigo.

Porque no hay forma de que me sienta cómodo dejándola aquí sin mí.

Y si ella no viene, entonces, sin lugar a dudas, tendrá asignado un


destacamento de seguridad para ella y Jett, hasta que pueda volver con ellos.
Luego, descubriré qué diablos voy a hacer durante el resto de las carreras porque
estoy seguro de que no la dejaré por períodos prolongados de tiempo mientras el
pájaro carcelero de su ex anda suelto.
30
India

Londres, Inglaterra
—¡Me está volviendo loca! —susurro por teléfono a Leandro—. El está en
todos los lugares a los que voy. Ni siquiera puedo orinar en paz sin él parado
afuera de la puerta. Siento que estoy de vuelta a los días en que Jett era un niño
pequeño y solía seguirme a todas partes, ¡incluido el baño!

Leandro se ríe con esa risa profunda y rica suya.

—¡No es gracioso! —bramo.

—Lo sé, cariño, pero Andre solo está haciendo su trabajo.

—Un trabajo que no quiero que esté haciendo. Te dije que conseguir un
agente de seguridad para Jett fue una gran idea, pero no lo necesito. —Me señalo
con el dedo como si pudiera verme—. Y tengo pacientes que llegan mientras él
está sentado en la sala de espera, y los está asustando. Es malo para mi negocio.
Aquí trabajo en la privacidad, Leandro.

—Está bien, le diré que se siente afuera de tu edificio en su auto. ¿Sería


mejor eso?

—Mucho. Gracias. Aprecio que me cuides —agrego para no parecer una


perra ingrata, aunque no quería la seguridad para mí—. Es extraño tenerlo
siguiéndome.

—Solo quiero que estés a salvo, India. Tú y Jett, ambos.

Jett no sabe que Paul está fuera de prisión. Pensé largo y tendido si decirle
o no, y tanto Leandro como Kit estuvieron de acuerdo conmigo en que lo mejor
sería ocultárselo a Jett por ahora. No quiero interrumpir su vida
innecesariamente en este momento. Cree que tenemos la seguridad por la fama
de Leandro. Honestamente, le encanta tener un guardaespaldas. Creo que ahora
se cree una celebridad.

—Estamos bien. Ha pasado más de una semana desde que Paul salió de
la cárcel y no ha intentado ponerse en contacto conmigo.

—Bueno, no voy a correr ningún riesgo, así que Andre y su equipo se


quedan quietos hasta que yo regrese.

—¿Cómo te va? —pregunto, cambiando de tema.

—Bien. El auto está funcionando bien, así que dependerá de mí.

—Lo harás increíble como siempre, y estaremos mirando todo el fin de


semana, animándote.

—Realmente desearía que estuvieras aquí. —Su voz baja—. Te extraño


mucho. Odio estar lejos de ti.

—Yo también.

—Cuando regrese, pasaremos un día completo en la cama.

Siento un cosquilleo entre mis muslos. Pasé años con cantidades mínimas
de sexo, pero desde que estoy con Leandro, me he acostumbrado a tenerlo todos
los días, varias veces, y ahora, mi cuerpo está luchando por estar sin él.

—Suena impresionante.

—Lo será. Voy a desnudarte, besar y lamer cada centímetro de tu cuerpo


caliente. Derramaré toda mi atención en cada parte de ti. Luego, cuando termine
de adorarte, te sentaré en mi rostro y haré que te corras por toda mi lengua. Y
cuando termine de lamer todos tus jugos, voy a tomar tu boca con mi polla,
luego, voy a penetrar tus hermosos pechos, justo antes de inclinarte y tomarte
por detrás mientras te follo el culo con mis dedos.

—Jesús, Leandro.

Me estremezco.

—¿Estás mojada para mí, India?

Su voz se ha vuelto oscura y sensual.

—Sí —respiro.
—Estoy duro, nena. Tan duro. Tócate para mí.

Estoy extendiendo mi mano hacia abajo cuando suena el timbre de mi


oficina, diciéndome que tengo un paciente.

Dejé escapar un gemido.

—Maldición. Tengo un paciente. ¿Podemos poner esto en pausa hasta más


tarde?

—Por supuesto. Pero podría tener que masturbarme en mi habitación


antes de volver al garaje. De lo contrario, voy a estar luciendo una erección todo
el día.

—Lo siento.

Suelto una risita.

—Lo estarás cuando te vea la próxima vez —gruñe.

—Te amo.

—También te amo.

—¿Hablaré contigo esta noche?

—Te llamaré cuando termine en la pista.

De mala gana, cuelgo y llamo a Sophie para avisarle que deje entrar a mi
próximo paciente.

***

Mi jornada laboral ha terminado. Cierro mi oficina y me dirijo al auto


donde Andre está esperando para llevarme a casa.

Cuando salgo del edificio, tengo la sensación más extraña recorriendo mi


espina dorsal.

Como si me observaran.
Lo he estado sintiendo estos últimos días, pero lo atribuyo a la ansiedad.
El hecho de que Paul no haya hecho ningún tipo de contacto me ha dejado
realmente nerviosa y un poco paranoica.

Cuando me acerco al auto , Andre ya tiene la puerta abierta y me espera.

—Gracias.

Le sonrío.

A pesar de que su presencia me molesta de alguna manera, es un hombre


realmente agradable.

Rodea el auto y al entrar, lo mueve debido a su gran estructura.

—¿Un buen día? —pregunta mientras enciende el motor.

—Largo. Estoy lista para llegar a casa y relajarme.

***

—Jonah me reemplazará en media hora, así que verás su auto afuera —


dice Andre mientras me acompaña a la puerta—. Protocolo habitual. Cualquier
cosa sospechosa, presione la alarma de pánico.

—Estaré bien —aseguro.

Los chicos de seguridad rotan turnos. Leandro quería que Jett y yo


tuviéramos seguridad las veinticuatro horas.

Abro la puerta y me sorprendo cuando suena la alarma.

—Eso es extraño. La alarma está encendida.

—¿No te dijo Jett que Kit lo llevó a la pista de karting? Simón está con
ellos. Los dejará cuando terminen, y Jonah los cubrirá a los dos hasta la
mañana, cuando los lleve de regreso a ustedes y a Simon con Jett.

—No, no me lo dijo.

Claramente, mi chico de seguridad sabe más sobre los movimientos de mi


hijo que yo.
—Gracias, Andre.

Cierro la puerta y pateo mis tacones. Mientras camino hacia la cocina para
servir una copa de vino, veo una nota clavada en el refrigerador de Jett y Kit.

Nos fuimos a la pista. LLEVAREMOS PIZZA A CASA.

CON AMOR, J & K

Me sirvo una copa de vino, tomo mi teléfono y subo las escaleras para
darme un baño.

El libro que está en el centro de mi cama me detiene en seco.

Dragón Rojo.

Fue el libro que Paul me dio. Era su libro favorito. Había destacado sus
pasajes favoritos en él.

Por alguna razón, lo guardé durante todos estos años. Supongo que tal vez
una parte de mí, la parte que quería creer que él no era del todo malo, recordar
las veces que había sido bueno conmigo, se aferró a ese libro. Ahora está aquí,
establecido en mi cama.

Nunca lo guardé en la estantería de la sala de estar, ya que no quería que


Jett lo encontrara y lo cuestionara.

Estaba en la caja de mi armario con todos los artículos periodísticos del


juicio.

Mi mano tiembla cuando dejo el vino en la mesita de noche.

¿Por qué estaría esto aquí?

¿Jett quizás lo encontró y comenzó a leerlo?

Voy a mi armario y saco la caja en la que estaba. La dejo sobre la cama y


la abro. Aparte del libro, todo lo demás sigue ahí, como lo dejé.

Miro el libro.

¿Podría haber sido esto…?


No. Habría sabido si Paul estuviera aquí en Londres. Su etiqueta
electrónica habría alertado a la policía de que se iba de Manchester. Russell me
habría llamado.

No puede ser él.

Debe haber sido Jett o quizás Kit. Quizás Kit estaba buscando algo y lo
dejó allí por error.

Pero Kit no sabe que me quedé con el libro de Paul.

Levanto mi copa de vino y tomo un sorbo fortificante, luego lo vuelvo a


poner en la mesa.

Uso mi teléfono y marco el número de Kit.

—Hola —saluda.

—Hola. ¿Cómo va el karting?

—Bien. Jett está pateando traseros en este momento. ¿Recibiste nuestra


nota?

—Si.

—No tardaremos mucho, y luego nos dirigiremos a casa. ¿Qué quieres en


tu pizza?

—Lo de siempre, pollo y jamón... Kit, ¿estuviste en mi habitación antes?

—No. ¿Por qué?

—No es nada. Solo había un libro en mi cama y estoy bastante segura de


que no lo dejé allí.

—¿Quizás fue Jett?

—Sí, quizás.

—Indi... ¿estás bien?

—Si estoy bien. Solo ha sido un largo día, eso es todo.

—De acuerdo, bueno, estaremos en casa pronto.


Cuelgo con Kit y me quedo mirando el libro que sigue ahí, burlándose de
mí.

Alargo la mano y lo recojo. Mi mano vuelve a temblar.

Miro hacia abajo, deslizando mi dedo por la cubierta. Luego, lo dejo de


nuevo en la caja y coloco la tapa. Me pongo de pie, vuelvo a poner la caja en mi
armario, cierro la puerta y mi pasado.
31
Leandro

Stavelot, Bélgica
—Estoy considerando retirarme el próximo año. Hacer de esta mi última
temporada.

—¿Disculpa qué? —Carrick niega con la cabeza mientras se sienta hacia


adelante en su asiento—. No estoy seguro de haberte escuchado correctamente.
¿Acabas de decir que estás considerando jubilarte?

—Estoy más que considerando. Y por favor, baja la voz. Te escuchan.

Hago un gesto hacia las personas que nos rodean.

Estamos en el bar del hotel. Carrick está aburrido porque Andi se ha ido
de noche con Petra, así que soy su cita para pasar la noche. Realmente preferiría
no estar aquí. Un par de mujeres están en el bar y una de ellas me ha estado
devorando con los ojos desde que llegué hace diez minutos. Morena de grandes
pechos. El tipo de mujer con la que me hubiera acostado sin pensarlo dos veces,
antes de India.

Ahora, no tengo ningún interés en otras mujeres. Solo veo a India.

—Eres la primera persona con la que hablo de esto, así que guárdalo para
ti, es decir, no se lo digas a nadie, incluido Andi, porque todavía no hay nada
definitivo.

—¿No has hablado con India sobre esto?

—No.

Niego con la cabeza.

—Bueno, aunque me siento honrado de ser el primero en contarlo, ¿puedo


preguntar por qué diablos lo estás considerando?
—Porque...

Me encojo de hombros.

—Oh, bueno, eso lo explica. —Levanta una mano y la deja caer de nuevo
a su regazo—. Acabas de recuperar tu carrera y ahora estás pensando en tirarla.

—No la voy a tirar. —Frunzo el ceño—. Tengo treinta y un años. Este es el


último año de mi contrato. Claro, está pendiente de renovación, pero no estoy
seguro de querer eso. He estado al volante de un automóvil desde que tengo uso
de razón. Casi pierdo la vida por el maldito amor a ello. Pero las cosas son
diferentes ahora. Soy diferente. Pensé que volver lo sería todo, pero no lo es. Por
supuesto, todavía me encantan las carreras. Pero no de la misma manera. Y
ahora he encontrado algo que amo más.

—¿India?

—Mmhmm.

—Pero India no te está pidiendo que renuncies, ¿verdad?

Él levanta una ceja en cuestión.

—No, ella no. Nunca haría eso. Pero vamos, Carrick, sabes cómo es esta
vida. Estamos de gira nueve meses al año. Apenas la veré. Apenas la veo. Y no
es como es contigo y con Andi. Ella viaja contigo. India no puede hacer eso.

—Entonces, contrata a India para que trabaje para ti. Claramente estás
teniendo otro descanso mental, y te vendría bien una intervención por etapas de
un profesional.

Le saco el dedo medio.

—Mira, incluso si me inventara un trabajo imaginario y de alguna manera


consiguiera que India dejara su carrera para venir a trabajar para mí, lo que
nunca haría porque no soy tan egoísta como un bastardo, ella tiene a Jett. Tiene
escuela. Necesita estar en Londres y yo necesito estar allí con ella.

Carrick se desploma en su silla y toma un sorbo de cerveza.

—¿Hablas en serio entonces?

—Sí, hablo en serio.


Empiezo a tocar la etiqueta de mi botella.

—Solo… no tomes decisiones apresuradas. Habla primero con India, mira


lo que piensa.

—Lo discutiré con ella cuando regrese a casa.

—Bien. Dios, será extraño sin ti cerca. Fue extraño el año pasado cuando
no estabas en la pista, molestándome, interponiéndote en mi camino.

—También te amo, Ryan.

Sonrío.

—Sí, bueno, no esperes que te dé lástima que gane este campeonato, para
que puedas salir en lo alto.

—¡Ah! Como si lo necesitaras. Te estoy pateando el trasero y lo sabes.

—Vete a la mierda, Silva. Te patearé el trasero el domingo. Mi auto


funciona como un sueño. Y tengo al mejor mecánico de mi lado.

—Si.

Tengo que estar de acuerdo con eso. Andi es uno de los mejores mecánicos
que existen. Hubo un tiempo, justo antes de mi accidente, en el que estaba
considerando cómo arrebatársela.

—Sin embargo, no te preocupes. Si se jubila, me aseguraré de que lo


recuerden por ser un gran conductor. Segundo para mí, por supuesto.

Me rio de él y tomo un sorbo de cerveza.

—Entonces, ¿qué harás si decides ir? —pregunta Carrick con genuina


curiosidad.

—No sé. —Dejo mi botella en mi muslo—. Sin embargo, tendré que hacer
algo o me volveré loco de aburrimiento mientras India está en el trabajo.

—Siempre puedes empezar a beber y a prostituirte como lo hiciste el año


pasado.

—Eres un idiota.
—Lo sé. —Él sonríe—. Pero, con toda seriedad, sabes que mi padre dejó
su trabajo cuando yo era más joven, para poder estar allí a tiempo completo para
mi carrera.

—¿Y eso qué tiene que ver con mi jubilación?

—Bueno, Jett está mostrando un interés real en el karting, y el niño es


realmente bueno. Tiene un talento natural real. Podrías ayudarlo a
perfeccionarlo, hacerlo competir, participar en competencias y construir su
reputación. Eso mantendría ocupado a tu trasero retirado. Sé que mis carreras
mantuvieron ocupado a mi papá. Todavía lo hace. Y al menos seguirías siendo
parte del circuito de carreras, así que podría ver tu feo rostro a mi alrededor.

—Supongo que podría. Pero dependería de que sea eso lo que Jett quiera.

—Un niño obsesionado con las carreras que tiene la oportunidad de que
Leandro Silva lo entrene. Sí, estoy seguro de que lo rechazaría.

Él se ríe.

Estoy reflexionando sobre la sugerencia de Carrick cuando una garganta


se aclara a mi lado. Giro la cabeza y mis ojos se encuentran con un par de
enormes pechos. Quiero decir, están literalmente en mi rostro.

Inclino mi cabeza hacia atrás para encontrar a la chica que me ha estado


devorando con los ojos desde la barra ahora parada sobre mí.

—Eres Leandro Silva, ¿verdad?

Suena inglesa. Ella debe estar aquí para la carrera. Sabe claramente quién
soy. Sin embargo, me sorprende que no haya ido con Carrick.

—Soy.

Sonrío afablemente para no parecer un bastardo. Todavía tengo un perfil


público para mantenerme al día.

—¿Puedo tomarme una foto contigo?

—Seguro.

Contengo el suspiro que siento a punto de salir. Lo último que quiero es


que me tomen una foto con una chica que probablemente quiera meterse en mis
pantalones.
—¡Bev! —ella llama a su amiga en el bar—. Ven y toma la foto.

Su amiga llega tambaleándose sobre sus tacones altos, claramente en


camino de emborracharse. Ella me mira mientras toma la cámara de Pechos
Grandes a mi lado.

Pechos Grandes pone su brazo alrededor de mi cintura, deslizándose cerca


de mí.

—Mi nombre es Andrea —dice, tratando de sonar sexy.

Todo lo que hace es hacerme temblar.

—Encantado de conocerte, Andrea. —Le brindo una sonrisa amistosa—.


¿Eres una fanática de las carreras?

—No, mi novio lo es. Es un gran admirador. Su empresa le consiguió


entradas para la carrera, así que él y su mejor amigo están mirando. Nos trajeron
a Bev y a mí durante el fin de semana.

—Suena bien.

Miro hacia adelante, listo para que me tomen una foto para poder volver a
mi cerveza.

—En realidad no, pero mi fin de semana ya está hecho, por conocerte.

Le muestro una sonrisa y luego mis ojos miran hacia adelante de nuevo.
Su amiga se está demorando una eternidad para tomar la foto.

—Entonces, mi novio está cenando, charlando con algunos clientes para


su compañía mientras está aquí. —Se inclina y me susurra al oído—: Lo que
significa que mi habitación de hotel estará vacía durante las próximas horas.
¿Quieres venir y follar? Hago mamadas increíbles y tengo muchas ganas de
chupar tu polla. Apuesto a que es enorme.

Su mano agarra mi entrepierna a través de mis jeans.

—¿Qué carajo?

Agarro su mano para quitarla de mi entrepierna y giro mi rostro hacia ella.

No tengo la oportunidad de decir nada más. Lo siguiente que sé es que me


está besando.
Echo la cabeza hacia atrás, alejándome de ella.

—¡Jesús! ¿Qué diablos te pasa? En serio, no va a pasar. Levanto mis


manos, alejándome de ella—. Tengo una novia.

—¿Entonces? —Ella se encoge de hombros—. No se lo diré si no lo haces.

—¿No me escuchaste la primera vez? Joder, no está sucediendo.

—Tu pérdida. —Ella se encoge de hombros—. ¿Qué hay de tu amigo? —


Ella mira a Carrick—. No estaba bromeando acerca de mis habilidades para
hacer mamadas. Soy asombrosa.

Carrick farfulla una carcajada. Levanta la mano y dice:

—Estoy seguro de que lo haces, y te diría que estoy casado, felizmente,


pero claramente, eso no te importaría. Entonces, te lo diré, definitivamente no
eres mi tipo. No, gracias, y lo dejaremos así.

—Andrea, ¡tengo algunas fotos realmente buenas!

Su amiga sonríe y le devuelve el teléfono.

Mis ojos la miran.

¡Oh no!

—¿Sacaste una foto de ella besándome?

—Eh, sí, por supuesto que sí.

La amiga me lanza una mirada tonta.

—También esta buena.

Andrea gira la pantalla y me muestra la imagen.

Jesucristo. No podría parecer más incriminatorio que si estuviera sentada


a horcajadas sobre mí. Su mano está en mi entrepierna, su boca en la mía.

Por el amor de Dios.

—Necesitas borrar esa imagen. Ahora.

Al escuchar el tono de enojo en mi voz, Carrick se levanta de su asiento y


se para a mi lado.
—¡De ninguna manera voy a borrarla! —Andrea se ríe—. Este va a ir a mi
banco de azotes personal, y lo voy a poner en Facebook. La cantidad de me gusta
que obtendré con esto será increíble. Seré una maldita celebridad entre mis
compañeros.

—¡Maldición! ¿Hablas en serio? —Me acerco a ella, pero Carrick me agarra


del brazo y me tira hacia atrás—. Tengo una novia. ¡Y tu tienes un novio!

—No le importará. —Ella se encoge de hombros ante las palabras—. Si se


da cuenta, entonces estará impresionado de que me las arreglé para conseguir
un beso tuyo. Eres su héroe. Le encanta verte correr. Tú eres la razón por la que
estamos aquí.

Esta mujer está loca.

—Estás loca. Tú y tu maldito novio. Ahora, borra la maldita imagen.

—No.

Ella levanta la barbilla de manera desafiante antes de poner su teléfono


en su mano.

Aprieto los dientes por la frustración.

—No te lo estoy preguntando. Te lo estoy diciendo. Borra esa maldita foto.

Ella deja escapar una carcajada.

—No puedes obligarme. En realidad… —Se golpea los labios con el dedo—
. Una foto como esta y tú tienes novia. Apuesto a que podría hacer una fortuna
vendiéndola a un tabloide.

De hecho, gruñí.

—Déjala venderla —dice Carrick a mi lado—. Todo lo que importa es que


India sepa la verdad. Dile lo que pasó, para que no la tome por sorpresa. Yo
estaba aquí. Puedo responder por ti.

Ignoro a Carrick, doy un paso hacia Andrea y ella da un paso atrás.

—Borra la maldita foto —repito en voz baja y amenazadora.

—Vete a la mierda.

Gira sobre sus talones y comienza a alejarse de mí.


—¡Eres una maldita perra! —grito a su espalda, perdiendo la calma.

Ella se detiene, se da la vuelta, mientras una sonrisa de suficiencia se


extiende por su rostro.

—Acabas de duplicar el dinero que obtendré con ese comentario. —Hace


un gesto con la mano a las personas que están viendo nuestro intercambio—.
Eres mi testigo, ¿verdad, Bev?

Ella le da un codazo a su amiga.

—Si. —Bev levanta la barbilla—. Escuché todo. Cómo trató de coquetear


contigo y luego te llamó perra cuando lo rechazaste.

¿Qué carajo?

No debería sorprenderme, pero lo estoy. Supongo que me he acostumbrado


a estar con India y a lo buena persona que es, que me había olvidado de lo que
podría ser la gente de mierda.

—Y tú —señalo con el dedo a Bev—, eres un maldita perra. ¡Usen eso para
cuadriplicar su dinero, par de perras desalmadas!

Andrea me muestra el dedo medio y luego ambas se alejan.

—Muy bien jugado. —La mano de Carrick aterriza en mi hombro—. Pensé


que lo manejaste muy bien. Específicamente me encanta la línea de las perras
desalmadas.

—Vete a la mierda —gruño, encogiéndome de hombros de su mano.

Se ríe a carcajadas.

—Es bueno que te jubiles. Sigue así, y no te quedará una maldita carrera.
Vamos, viejo. Terminemos nuestra cerveza, y luego puedes llamar a India y
contarle lo que pasó.
32
India

Londres, Inglaterra
Me estoy relajando en mi baño, bebiendo mi vino, Adam Levine me dice:
“Siempre fuiste tú”. Bueno, no a mi específicamente, pero una chica puede
soñar, ¿verdad?

Entonces, mi teléfono comienza a volverse loco. Cuando digo loco, me


refiero a que llegan una rápida sucesión de mensajes de texto y mi teléfono
empieza a sonar al mismo tiempo.

Saco una mano de la bañera, la seco rápidamente con la toalla que cuelga
de la barandilla junto a mi cabeza y tomo el teléfono del suelo.

No reconozco el número, pero es un código de área local, así que conecto


la llamada.

—¿Hola?

—¿Estoy hablando con la doctora Harris?

—Es ella. ¿Quién es?

—Mi nombre es Sally y soy operadora de Safer Security, su proveedor de


alarmas. Le llamo para informarle que la alarma de su oficina se ha activado. La
desactivé temporalmente por mi parte, y la policía ha sido notificada y está en
camino para verificarlo.

—¿Estás bromeando? —Me siento, el agua chapotea a mi alrededor—.


¿Fue asaltada la oficina?

—Todavía no conozco la situación. Pero si quiere esperar, puedo devolverle


la llamada una vez que la policía nos haya notificado.

—No. —Me levanto y salgo del baño—. Dices que la policía está en camino.
Iré allí yo misma. Gracias por llamarme.
—Todo es parte del servicio, Dra. Harris. Llame una vez que la policía haya
evaluado la situación. Puedo tener la alarma habilitada al final, y recomendaría
establecer un nuevo código.

—Lo haré. Gracias.

Cuelgo y agarro una toalla de la barandilla y me envuelvo con ella.

No lo creo.

Miro mi teléfono y veo que los mensajes de texto son de Leandro. Cuatro
de ellos.

Intento llamarte, pero por alguna razón, no se está conectando.

Llámame cuando recibas este mensaje.

P.D. Te amo.

Mucho. XX

Eso pone una sonrisa temporal en mi rostro, y luego recuerdo que mi


oficina podría haber sido asaltada.

Le enviaré un mensaje de texto una vez que sepa lo que está pasando en
mi oficina.

Rápidamente me visto con jeans y una camiseta, dejo mi cabello recogido


y bajo las escaleras corriendo.

Acabo de llegar al último escalón cuando Kit y Jett entran por la puerta
principal con cajas de pizza en la mano.

—Hola, mamá. ¿Qué pasa? —pregunta Jett por mi expresión.

—Acabo de recibir una llamada de la compañía de alarmas. La alarma de


mi oficina ha estado sonando. Me dirijo allí ahora.

—Estás bromeando —dice Jett.

—Ojalá estuviera.

Suspiro.
—¿Quieres que vaya contigo? —pregunta Kit.

—No, está bien. La policía estará allí.

—¿La policía?

Kit frunce el ceño.

—Es la política estándar de la compañía de alarmas cuando es activada.


Quédate aquí con Jett.

—Bueno, llévate a Jonah contigo, solo para estar seguro.

—No. Prefiero que Jonah se quede aquí y cuide de Jett.

—Estoy bien —dice Jett.

—Yo cuidaré de Jett. —Kit me lanza una mirada mordaz—. Ve con Jonah.

—Está bien —concedo, sin tener la energía para discutir con Kit. Meto los
pies en mis zapatillas de ballet, me pongo el abrigo y guardo el teléfono en el
bolsillo—. Los veré a los dos pronto. Guárdame un poco de pizza.

Salgo al aire fresco de la noche y camino hacia el auto de Jonah. Sale


cuando me acerco.

—Hay un problema en mi oficina, la alarma está sonando, así que necesito


ir allí ahora. Kit se queda aquí con Jett.

—De acuerdo. La llevaré.

De camino a mi oficina, pienso en llamar a Leandro, pero decido esperar


hasta saber qué está pasando en mi oficina.

Veo el auto de la policía fuera de mi edificio. Jonah aparca detrás de él.


Salgo y Jonah me sigue. Me acerco a la mujer policía que está junto al auto .

—Soy la Dra. Harris. Este es mi edificio de oficinas —digo—. Safer Security


me llamó porque sonó la alarma.

—Me temo que han entrado en su oficina, doctora Harris.

—¿Por qué alguien irrumpiría en mi oficina? No es como si tuviera objetos


de valor. Solo mi iMac. ¡Oh, maldición! ¿Me han robado mi iMac? Tiene todos los
detalles de mi paciente allí.
—No vi una computadora cuando estaba en su oficina, Dra. Harris. Me
temo que el lugar se ha quedado un poco desordenado. Tenemos a alguien que
viene ahora a tomar las huellas dactilares. Pero puede entrar y mirar, ver lo que
falta, siempre y cuando no toque nada.

—Está bien, lo haré ahora. Lo siento. ¿No entendí su nombre?

—Soy la agente de policía Fellows. Mi colega, Hunter, está en su oficina.

Sigo detrás de la agente Fellows hasta mi oficina, Jonah me sigue de cerca.


Quien asumo es el agente Hunter, está en la recepción de mi oficina. Parece
intacto, a excepción del iMac de Sophie, que falta.

—Hunter, esta es la Dra. Harris. Esta es su oficina. He dicho que puede


mirar a su alrededor, ver lo que falta, siempre que no toque nada.

—Por supuesto —dice.

Paso junto al agente Hunter, entro por la puerta de mi oficina, que siempre
cierro con llave después de salir por el día. Por el aspecto de la madera rota, fue
abierta de una patada. Jadeo al entrar a mi oficina. Todo el lugar ha sido
destrozado: muebles volcados, mi librero tirado, papeles y libros por todas
partes.

Mi iMac no se ve por ningún lado.

¡Maldición!

—¿Falta algo?

Me vuelvo hacia la voz de la agente Fellows, que está de pie en la puerta.

—El iMac de mi recepcionista de ahí fuera. —Señalo detrás de ella—. Y mi


iMac aquí. —Dejo escapar un profundo suspiro—. Tiene todos los detalles de mis
pacientes. Son confidenciales. Los archivos están protegidos con contraseña,
pero aún así...

Me interrumpo, preocupada de que alguien más pueda leer los datos de


mis pacientes y los archivos de tratamiento.

—No me preocuparía. Seguramente será borrado y formateado bastante


rápido. Así es como suelen funcionar estas cosas.

—¿No lo recuperaré?
—Lo dudo. —Ella me brinda una mirada resignada—. Aunque es extraño.
Cuando vemos un simple robo como este, generalmente no se toman el tiempo
para destrozar el lugar. Simplemente toman lo que pueden y se van,
especialmente cuando suena una alarma. Probablemente un drogadicto, que
estaba drogado.

Dejé escapar un suspiro tembloroso.

—No puedo creer esto. —Niego con la cabeza, sin creer en el lío que me
rodea—. Supongo que será mejor que llame a mi compañía de seguros.

—Lo siento, doctora Harris.

Salgo de mi oficina con la agente Fellows. Jonah todavía está en recepción,


esperándome, el agente Hunter no está por ningún lado.

—Estaré justo afuera —dice la agente Fellows, saliendo de la habitación.

—¿Falta algo? —pregunta Jonah.

—Por lo que puedo decir, solo mi iMac y la de mi recepcionista. Ah, y mi


oficina también ha sido destrozada.

—¿Destrozada?

Él frunce el ceño.

—Si. Muebles volcados, libros y papeles por todas partes. Parece que un
tornado atravesó el lugar.

Sus cejas se juntan con fuerza.

—Voy a hacer una llamada para asegurarme de que Paul todavía esté en
Manchester.

—¿Qué? ¿No crees que podría ser él? La mujer policía dijo que pensaba
que era solo un simple robo.

—¿Desde cuándo los simples ladrones pasan tiempo destrozando el lugar?


Llamaré, me aseguraré de que todavía esté allí. —Saca su teléfono del bolsillo de
su chaqueta y hace la llamada—. Es Jonah. Necesito que revise una etiqueta
electrónica por mí. Paul Connelly. Manchester. Si. Llámame. — Vuelve a guardar
el teléfono en el bolsillo—. Sabremos en unos minutos si todavía está allí.
—De acuerdo.

Empiezo a torcer nerviosamente mis dedos.

Parece que pasa una eternidad antes de que suene el teléfono de Jonah.

—¿Si? Todavía está allí. —Me mira a los ojos—. Bien. Gracias. —Cuelga el
teléfono—. Todavía está en Manchester en casa. Este no era él.

—Gracias a Dios.

Suspiro de alivio.

—Voy a llamar a Andre, dejarle saber lo que pasó. Quizás quieras llamar
a Leandro. Andre lo llamará justo después de que me hable, tiene que informarle
de todo, por lo que es posible que desee adelantarle a Andre.

—Lo llamaré ahora.


33
Leandro

Stavelot, Bélgica
—Estoy tomando el primer vuelo de vuelta.

Me levanto de la cama y tomo mis jeans de la silla, poniéndomelos.

—No, quédate donde estás.

La voz seria de India llega por la línea.

—Te han robado, India. Estoy yendo a casa.

—Mi oficina fue robada. No estuve en ningún peligro. Estaba en casa


cuando ocurrió.

—Han entrado en tu oficina y el maldito pedófilo que te amenazó salió hace


poco de la cárcel. ¿Coincidencia? No lo creo. Estoy yendo a casa. Y no es
negociable, India.

—Es una coincidencia. Jonah hizo comprobar la pulsera electrónica de


Paul. Sigue en Manchester, en su casa. Leandro… —Baja el tono de su voz a uno
más suave—, tienes que quedarte en Bélgica. Tienes una carrera que hacer.

—Me importa un carajo mi carrera en este momento —exclamo.

—Puede que a ti no, pero a tu equipo sí. Y a los patrocinadores y a todos


los aficionados que compraron entradas para ir a ver la carrera, a ellos no les da
lo mismo. El robo no tiene nada que ver con Paul. La policía cree que fue un
adicto buscando cosas para vender.

—¡Joder! —Deslizo la mano por mi cabello, frotándome el cuero cabelludo,


sintiéndome impotente y frustrado, y odiándolo—. ¿Quién demonios le roba a
una terapeuta? No es como si tuvieras algo de valor en tu oficina.
—La policía cree que pudo haber visto el cartel de mi puerta, vio la palabra
doctor y probablemente pensó que tenía medicamentos recetados en el lugar.

—Maldita escoria —gruño. Hago una pausa, respiro profundo, tratando de


calmarme. Me pellizco el puente de la nariz—. ¿Estás bien? —pregunto.

—Estoy bien, cariño. No te preocupes.

—Me voy a preocupar porque estoy aquí mientras tú estás allí, y me siento
tan impotente. Odio no estar ahí contigo, para ayudarte.

—Solo escuchar tu voz me ayuda. Y recibí tus mensajes antes. Llegaron al


mismo tiempo que cuando llamó la compañía de alarmas, pero vine directamente
a la oficina. Siento no haber podido contestar.

Me estremezco, recordando por qué le había enviado un mensaje.

—No te preocupes por eso. ¿Dónde estás ahora? ¿Estás bien para hablar?
Hay algo que debes saber. La razón por la que envié el mensaje antes... Dios, ha
sido una noche de mierda para todos.

—Estoy sentada en el auto de Jonah. Está en mi edificio, al teléfono con


Andre. ¿Qué pasa, Leandro?

Puedo escuchar la preocupación en su voz fuerte y clara.

—No es nada por lo que debas preocuparte... y siento mucho tener que
decirte esto cuando ya estás lidiando con el robo, pero no quiero pasarlo por alto,
y que luego las fotos aparezca en las noticias, y las veas.

—¿Fotos? —Su voz se vuelve fría—. ¿Qué fotos?

Dejo escapar un suspiro.

—Estuve en el bar del hotel con Carrick, tomando una cerveza. Una mujer
se acercó y pidió hacerse una foto conmigo. Así que le dije que sí porque tengo
que hacer esas cosas, y para abreviar la historia, y esto va a sonar mal, India,
así que escúchame primero, esta mujer se me propuso mientras su amiga nos
sacaba fotos, y... me agarró la entrepierna. Cuando intenté quitarme la mano de
encima, giré la cara en su dirección, sorprendido, y ella... me besó. —Hago una
mueca de dolor por lo que le estoy contando—. Su amiga captó toda la maldita
debacle en la cámara... y yo... perdí los estribos. Me estaba amenazando con
vender las fotos a la prensa. —Me apresuro a añadir—: Así que puede que las
haya llamado perra desalmadas.

Cuando termino, hay un silencio absoluto al otro lado del teléfono. Cierro
los ojos, preocupado por lo que pasa por su mente.

—India... cariño, ¿sigues ahí?

Ella exhala.

—Estoy aquí.

Siento el alivio.

—¿Estás... bien?

—Solo procesando.

—Lo siento.

—No es tu culpa que una mujer lunática te haya abusado. En realidad


estoy muy enojada. Si un hombre le hiciera eso a una mujer, sería arrestado por
agresión.

Una sonrisa curva mis labios.

—Joder, te amo mucho, India Harris.

—Yo también te amo mucho, Leandro Silva.

—Cuando termine mi temporada, los llevaré a ti y a Jett a unas largas


vacaciones en las que no haya ladrones adictos ni mujeres psicópatas que
agarren la entrepierna.

—Suena como el cielo.

—Lo será, nena. Te lo prometo.

—Me debería ir. —Ella suspira—. Tengo que llamar a mi compañía de


seguros, y alguien va a venir a tomar las huellas dactilares de mi oficina. Tengo
que esperar hasta que terminen para poder llamar a la compañía de alarmas y
que restablezcan la alarma. No es que tenga mucho sentido, ya que no queda
nada que robar.
—Déjalo. Vete a casa y arregla la alarma por la mañana. Como dijiste, no
hay nada que robar.

—Sí... podría hacer eso.

—Tendré que llamar a Sophie a primera hora, para avisarle. Tenemos que
cancelar mis pacientes para el lunes, ya que no veo que la oficina esté en
condiciones para entonces. Tendré que conseguir nuevos muebles y
ordenadores. Dios, me duele la cabeza solo de pensarlo. Uh, mañana chuparé
las bolas de mono.

—¿Chupar las bolas de mono?

Me río.

—Es un dicho... no muy bonito. De hecho, no tengo ni idea de dónde lo


escuché ni por qué lo usé. Significa que será un día terrible.

Suelta una risita y el sonido me tranquiliza.

—Me encanta ese sonido —digo—. Tienes la risa más bonita.

—Y tú tienes la voz más sexy. Con tu acento...

Se detiene.

—¿Te excita mi acento?

Mi polla se levanta y presta atención.

—Tal vez —dice tímidamente.

—Estou com saudades de você.

Ella gime suavemente.

—¿Me dices lo que dijiste?

—Dije que te echo de menos.

—Yo también te echo de menos, mucho. Di algo más en portugués.

—Preciso muito te foder.

—¿Qué significa eso?


—Su voz es entrecortada, haciendo que mi polla se ponga más dura.

Palmeo mi polla a través de mis jeans, necesitando realmente su taque, no


el mío.

—Dije que necesito follarte.

Suelta una risita sexy.

—Y yo necesito que me folles.

Gimo, apretando mi polla con la mano.

—Llámame en cuanto llegues a casa. Así podré hacer que te corras con mi
voz.

—¿En portugués?

Su voz es un suave gemido.

Cierro los ojos ante el sonido, imaginándola aquí conmigo.

—Todo lo que quieras, nena. Solo necesito oír cómo te corres.

—Me encanta cómo puedes arreglar cualquier situación con el sexo.

—Es un don.

—Un don que se te da muy bien. Te llamaré tan pronto como esté en casa
en la cama. Te amo.

—Yo también te amo.

Desconecto la llamada, lanzo el teléfono sobre la cama y tomo una botella


de agua de la nevera, volviendo a poner el sonido en la televisión. No hay manera
de que esté durmiendo ahora mismo. No hasta que sepa que está en casa, a
salvo.

Y si antes no estaba seguro de retirarme, ahora lo estoy. Voy a hacer de


esta mi última temporada, y después de este año, no volveré a separarme de
India.
34
India

Londres, Inglaterra
Mi fin de semana ha sido una mierda, aparte de que Leandro ha ganado
el Prix de Bélgica. Me preocupaba que no lo hiciera con el estrés de todo, pero
eso ha sido lo único bueno que ha pasado este fin de semana.

Me pasé toda la mañana del sábado cancelando mis citas del lunes
mientras Sophie cancelaba las del martes. Pensé que lo mejor era darme un buen
margen para poner la oficina en buen estado.

Kit y Jett vinieron a la oficina conmigo. Sophie se reunió con nosotros allí
y pasamos el resto del sábado ordenando la oficina, dándole una apariencia de
normalidad. Pudimos ver partes de la carrera de clasificación de Leandro en el
iPad de Jett, que había traído consigo. Eso fue bueno, ya que habría odiado
perdérmela por completo.

La oficina estaba sucia, cubierta de polvo del tipo de las huellas dactilares.
Sinceramente, se sentía sucia y transgredida. Quería que volviera a estar limpia.
Así que volví el domingo y fregué el lugar hasta que quedó reluciente.

Después, fui al PC World local y compré nuevos iMacs para Sophie y para
mí.

Cuando llegué a casa, vi las fotos de Leandro y esa mujer en las noticias.
Kit había conseguido el periódico local, y estaba en primera página la foto de él
y ella. En la parte inferior había una pequeña foto de él y de mí que fue tomada
en Hungría.

Por supuesto, la prensa sabe que Leandro y yo estamos juntos. Saben mi


nombre, a qué me dedico y que tengo un hijo, pero no saben nada más que eso.

Pero este tipo de historias, en las que se afirma que está engañando a su
novia, es el tipo de material que la prensa consume.
Si no hubiera esperado la foto, me habría quedado destrozada. La foto
parece realmente convincente. Me sentí mal al verla. Ni siquiera me molesté en
leer la historia debajo del titular.

Confío en Leandro, y odio que lo exploten de esta manera.

La prensa buscaba el máximo impacto, publicando la historia en la


mañana del Gran Premio.

Leandro me llamó justo antes de su carrera. No le dije nada sobre la


historia o la foto. Supuse que su equipo y su manejador le ocultarían la noticia
hasta que terminara la carrera, para no afectar a su concentración. Estaba en
lo cierto porque no me lo mencionó por teléfono.

Me alegré de que no lo hicieran porque ganó, y sé que podría no haberlo


hecho si hubiera visto esa historia antes. Le habría desconcentrado.

Me llamó poco después de la carrera y estaba contento, pero también


enfadado. En cuanto terminó la carrera, le avisaron de la noticia que estaba
circulando, para que no se viera sorprendido cuando hablara con la prensa sobre
su victoria.

Y mi teléfono no ha dejado de sonar desde entonces. Los periodistas


quieren una cita mía. No les hice ningún comentario y les colgué, y luego empecé
a ignorar todas las llamadas de números que no conocía.

Ahora, es lunes por la mañana, y Leandro estará en casa esta noche. No


puedo esperar. Tenía algunos compromisos que hacer esta mañana, algunas
entrevistas de prensa, y luego volará a casa.

Se siente como si hubiera estado fuera desde siempre. Sinceramente, no


sé cómo voy a acostumbrarme a que esté tanto tiempo fuera. Es mil veces más
difícil de lo que pensé que sería.

Mi teléfono empieza a vibrar sobre la mesa de la cocina con un número


desconocido. Suspiro, lo ignoro y me levanto de la mesa, sirviéndome otra taza
de café. Me vuelvo a sentar y el teléfono empieza a vibrar de nuevo. Cancelo la
llamada y continúo leyendo algunas notas de los pacientes que he conseguido
rescatar del desorden de mi despacho.

El teléfono vuelve a vibrar. El mismo número.

Vuelvo a cancelar la llamada.


Vuelve a sonar inmediatamente.

Cancelo.

Vuelve a sonar.

Se está convirtiendo casi en un juego.

Me enfado con la incesante llamada, el fastidio se apodera de mí y


respondo a la llamada.

—Deja de llamarme. No te voy a dar un maldito presupuesto, así que


lárgate, ¿quieres?

Oigo una risa profunda en la línea. Una risa seguida de una voz... una voz
que reconozco inmediatamente.

—Veo que sigues siendo un petardo.

Un escalofrío recorre mi columna vertebral.

—P-Paul.

—Ha pasado mucho tiempo, India. Te he echado de menos.

Siento que vuelvo a ser la chica que solía ser.

—¿Por qué me llamas? Tengo una orden de alejamiento. No se te permite


acercarte a mí.

—No estoy cerca de ti, India. Estoy a unos cientos de kilómetros de


distancia. Nunca se dijo que no pudiera llamarte.

—Así es. No se te permite contactar conmigo de ninguna manera. Ni a


través de llamadas, correos electrónicos, nada.

Deja escapar otra risa.

—Debo haber pasado por alto esa parte.

—Voy a terminar esta llamada ahora. Y no vuelvas a contactar conmigo.

—Entraron en tu oficina hace unos días, ¿verdad? Es terrible. No puedes


confiar en nadie hoy en día.

Se me hiela la sangre.
—¿Cómo sabes eso?

—Porque fui yo quien entró; bueno, yo no, por supuesto. No puedo salir
de Manchester, gracias a esa ruin etiqueta electrónica. Un amigo me ayudó a
salir.

—Voy a llamar a la policía.

—¿Vas a llamarlos y decirles qué? Que tienes una relación con un antiguo
paciente.

Jadeo.

—No sé de qué estás hablando.

—Sabes exactamente de lo que estoy hablando. Leandro Silva. Fue tu


paciente, y ahora, te lo estás follando. Créeme, yo más que nadie sé que eso no
está bien, India. ¿Y Silva? Realmente has subido a la cima del mundo.

Deja escapar un lento silbido.

—No tienes ni idea de lo que estás hablando.

—Claro que la tengo. Tengo tu portátil. Está todo aquí, todos los detalles
escabrosos sobre el patético trastorno de estrés postraumático de Silva, tu
tratamiento para él. Aunque es curioso, debo haberme perdido la parte en la que
decía qué parte de tu tratamiento era follar mejor con él.

Todo mi cuerpo está helado.

—Eres despreciable.

Se ríe.

—He visto fotos tuyas con él en el periódico. Dios, India, estás aún más
guapa ahora que hace trece años. Pero me pregunté cómo habías conseguido
conocer a alguien como Leandro Silva. Quiero decir, no es que giren en los
mismos círculos. Quería saber más sobre ti. Así que hice que entraran en tu
casa. Tuve la buena suerte de que Silva estuviera allí en tu portátil. Toda su
patética historia escrita en blanco y negro para que la leyera. Porque si no había
conseguido nada de tu oficina, iba a hacer revisar tu casa como es debido hasta
que encontrara algo, pero no quería enfadar a mi hijo con un allanamiento así.

—¡No es tu hijo! —grito por teléfono.


—Es mío, India, y no lo olvides. Mi sangre corre por sus venas.

—Puede que tu sangre, pero no es tuyo, y nunca lo será.

Deja escapar una risa enloquecida.

—Lo has hecho bien por ti misma. Quiero saber todo sobre ti y Jett.

—¿Cómo sabes su nombre? —susurro.

Nunca se lo he dicho. Mantuve a Jett lejos de él.

—Vamos, India. No fue difícil averiguarlo. Le gusta el fútbol y la Fórmula


1, ¿verdad? Supongo que ayuda que te folles a un piloto de Fórmula 1.

—Que te den —arrojo.

Se ríe de nuevo.

—Y te quedaste con mi libro, el que te regalé. Eso sí que me ha


emocionado, India.

Me quedo inmóvil, con la respiración entrecortada.

—¿Recuerdas cuándo te lo regalé? Fue justo después de hacer el amor por


primera vez en mi casa. Estábamos tumbados frente al fuego, envueltos en esa
manta que tanto te gustaba. Quería darte algo mío que atesorara porque
acababas de darme algo importante.

—¿Te refieres a mi virginidad? ¡La que tomaste cuando tenía quince años!
No necesito un viaje por el maldito carril de la memoria, Paul. ¿Cómo sabes lo
del libro?

—Mi amigo lo encontró en tu cajita de recuerdos mientras husmeaba en


tu casa. Le dije que lo dejara en tu cama. Un pequeño recordatorio de mí.
Realmente no me gusta estar en una caja, India. He pasado los últimos malditos
trece años en una caja —grita, perdiendo la calma.

Su ira me hace retroceder y alejarme del teléfono. Le oigo soltar un


suspiro.

—El tiempo que pasé en la cárcel... fue culpa tuya, India. Me lo debes.

—No te debo nada. Fuiste a la cárcel porque te gusta manipular y preparar


a las jóvenes vulnerables para que tengan sexo contigo.
—Nunca fuiste vulnerable, y estoy seguro de que nunca te preparé.
Estabas dispuesta a ello. No podías tener suficiente de mí, si recuerdo bien.
Siempre me rogabas que te follara.

—Me das asco.

Su risa suena vil.

—Dios, te he echado de menos, India.

—No te he echado de menos. Sinceramente, no he pensado en ti desde el


día en que te sentenciaron en el tribunal y vi con alivio cómo la policía te llevaba.
Ahora, dime qué quieres, porque está claro que quieres algo.

Hay una ligera pausa antes de que diga:

—Quiero dinero.

Es mi turno de reír.

—No tengo, y aunque lo tuviera, no te lo daría.

—Tu novio está forrado. Su valor neto ronda los ciento cincuenta millones,
según Google. Estoy seguro de que puede prescindir del dinero. Será una
miscelánea para él.

¿Leandro vale ciento cincuenta millones? Claro que sabía que era rico, pero
no sabía que era tan rico. Nunca hablamos de su dinero porque no es importante.
No quiero el dinero de Leandro. Sólo lo quiero a él.

—No le estoy pidiendo dinero.

—Deberías porque, aunque te va bastante bien con tu negocio de terapias,


estoy seguro de que no tienes el dinero que yo quiero, para compartir, mientras
que tu novio sí. Si no consigo mi dinero, enviaré tus expedientes directamente al
Consejo de Profesiones Sanitarias junto con las fotos de Silva y tú juntos y una
bonita carta en la que les digas cómo has estado follando a tu paciente. Estarás
frente a la junta del Consejo más rápido de lo que puedes alegar tu inocencia, y
tu licencia para ejercer te será arrebatada de tus bonitas manos. Ya sabes que
el C.P.S. tiene tolerancia cero para este tipo de cosas. Nunca podrás volver a
ejercer, India. Estarás en la lista negra. Un terapeuta sin licencia. Todos esos
años de entrenamiento y trabajo duro, tiempo lejos de nuestro hijo,
desperdiciado. Entonces, estaba pensando, sólo por el infierno, podría filtrar los
documentos a la prensa. Ya sabes cómo les gusta un buen escándalo.

—¿Por qué estás haciendo esto?

Mi voz se quiebra, traicionándome.

—¿Por qué? —Suena enfurecido—. ¡Porque me robaste mi maldita vida y


ahora quiero vengarme!

Se me nublan los ojos de lágrimas.

—¿Cómo sé siquiera que tienes esos documentos? Podrías estar


mintiendo.

—No lo hago, y lo sabes. Pero si no me crees, siempre puedes venir aquí y


verlo por ti misma. Vendría a verte, pero obviamente, no quiero romper mis
condiciones de libertad condicional.

—No voy a ir allí —afirmo sin dudar—. Tendrás que enviármelos. Envíalos
por correo electrónico. Seguro que tienes mi dirección de correo electrónico.

Se ríe secamente.

—La tengo. Te las enviaré en unos minutos. Pero, India, cuando veas esto
y sepas que estoy diciendo la verdad, no pienses ni por un minuto que estoy
fanfarroneando. Destruiré tu vida como tú destruiste la mía, si no me das
quinientos mil libras.

—Quinientas mil libras —casi me ahogo.

—Es el salario de una semana para tu novio. Estoy seguro de que no lo


echará de menos. Y la otra condición es que cuando tengas la prueba de que no
estoy mintiendo y tengas el dinero, me lo traigas aquí. Quiero verlo. Y mi hijo...
quiero conocerlo.

—No. —Golpeo mi mano sobre la mesa—. Eso nunca sucederá.

—Sólo quiero conocerlo, India. Sólo una vez. Quiero saber cómo es.
Entonces, los dejaré en paz a los dos. Nunca más me pondré en contacto contigo.

—No te acercarás a él.

—No soy un monstruo, India.


—Lo dice el hombre que me está chantajeando. No lo haré. Haz lo que
quieras conmigo, pero no te acercarás a Jett.

—Entonces, lo perderás todo. Tu carrera. Tu reputación. Ya sabes que a


la gente le encanta una historia jugosa sobre una persona mala. El escándalo
está de moda hoy en día. Un médico que se aprovecha de su paciente vulnerable.
Un paciente que sufrió con el trastorno de estrés postraumático después de un
accidente casi mortal... —Hace una pausa—. Es malo, India. Y te haré ver tan
despreciable y sórdida como me hiciste ver a mí por simplemente amar a la
persona equivocada. Parece que tú y yo no somos tan diferentes después de todo.

Y de repente vuelvo a ser esa chica. Estoy mirando en el pasado al hombre


que solía manipularme para que hiciera lo que quería diciéndome que me amaba.

Una lágrima se desliza por mi mejilla.

—Nunca me has querido, Paul.

Me quito la lágrima con la mano.

—En eso te equivocas. Sí te quise. Mucho. Todavía lo hago, de alguna


maldita manera. Eres la madre de mi hijo, India. —Su voz es suave. Hay una
breve pausa antes de decir con voz más dura—: Te enviaré los documentos que
tengo. Luego, tienes veinticuatro horas para decidir. Si eres inteligente, como sé
que eres, me traerás el dinero y a mi hijo para que se reúnan conmigo. Si no lo
haces, te destruiré. Y para cuando termine contigo, India... ni siquiera Silva te
querrá.
35
Leandro

Londres, Inglaterra
Mi avión finalmente aterriza después de un retraso de tres horas, estando
atrapado en el maldito aeropuerto de Bélgica. Se acerca la medianoche y por fin
estoy en el auto, saliendo del aeropuerto y dirigiéndome a casa de India.

Le envié un mensaje de texto cuando aún estaba atrapado en Bélgica para


decirle que mi avión se había retrasado y que, en cuanto aterrizara, iría
directamente a su casa, pero no me respondió. Cuando pasé por el control de
seguridad del aeropuerto, decidí volver a enviarle un mensaje para informarle de
que había aterrizado y estaba de camino.

Sigue sin responder.

Me molesta mucho que no haya respondido. Algo no me parece estar bien.


Estoy a punto de llamarla cuando recibo un mensaje suyo.

Estoy en tu casa. Nos vemos cuando llegues.

No es el típico texto feliz que recibo de ella y sin beso al final, que siempre
hace, pero sigo estando malditamente feliz de saber que me está esperando en
mi casa. Con suerte, en mi cama, desnuda.

Mi polla se pone rígida al pensarlo.

Dios, no puedo esperar a llegar a casa y enterrarme dentro de ella. La


follaré toda la noche, por toda mi casa. No habrá superficie que no hayamos
bautizado para cuando termine con ella.

—Cambio de planes —Me inclino hacia delante, hacia mi conductor—. Me


voy directamente a casa.

Luego, me reclino en el asiento y cierro los ojos.

—Está en casa, Sr. Silva.


Siento el aire de la noche en mi rostro y abro los ojos para ver la puerta
del auto abierta y el rostro del conductor.

—Joder. Debo haberme quedado dormido

Me froto los ojos.

—Te traeré tu maleta.

Salgo del auto. Mi conductor me entrega el maletín.

—Gracias —digo. Saco mi cartera y unos cuantos billetes de 50—. Por


venir tan tarde a recogerme.

—Gracias, pero no puedo aceptarlo. Política de la empresa, señor Silva. No


es digno de mi trabajo.

—¿Estás seguro?

—Sí. Pero gracias.

Meto los billetes en el bolsillo con la cartera y arrastro la maleta hasta la


puerta de casa. Con la llave en la cerradura, la abro y dejo la maleta en el pasillo.

—¡Cariño, ya estoy en casa! —exclamo con una sonrisa en el rostro.

Cierro la puerta tras de mí.

—Estoy en la cocina.

Bueno, ese no es el saludo que esperaba. Y su voz suena monótona. Me


deja una sensación incómoda en la boca del estómago.

Con una sensación de mal presentimiento, me quito los zapatos y me dirijo


a la cocina.

India está sentada en la isla del desayuno. Tiene la mirada fija en una copa
de vino tinto que tiene delante.

—¿India?

Ella levanta la cabeza para mirarme. Sus ojos están rojos e hinchados.
Parece que ha estado llorando.

—He venido aquí porque necesito hablar contigo y no quería que Jett
escuchara lo que tengo que decirte.
Se me seca la boca y se me aprieta el pecho.

—¿Y qué tienes que decirme?

—Paul... me llamó esta mañana.

—¿Qué? —exclamo, entrando en la cocina.

Ella se gira en su taburete para mirarme. Cierra brevemente los ojos y


suelta un suspiro, con las manos enroscadas en el regazo.

—Él hizo el robo en mi oficina. Bueno, hizo que alguien lo hiciera por él,
supongo que uno de sus compañeros de prisión. Tiene mi portátil. De alguna
manera, consiguió las contraseñas y llegó a los archivos de mis pacientes. Sabe
que fuiste mi paciente, Leandro. Me está chantajeando. Quiere que le dé
quinientas mil libras, o enviará tus registros de pacientes y fotos de nosotros
juntos al C.P.S.

—Jesús —Me froto la frente con los dedos. Me acerco a ella y me siento en
el taburete de al lado—. Por favor, dime que estás bromeando.

Ella suelta una carcajada sin humor mientras se quita una lágrima de la
mejilla. Me mata verla llorar.

Voy a darle una paliza a ese cabrón cuando le ponga las manos encima.

—Ojalá fuera así —Se frota la mejilla con la muñeca—. Hay algo más... —
Muerde su labio inferior antes de encontrarse con mis ojos—. Me amenaza con
vender los detalles de tu trastorno de estrés postraumático a la prensa si no
cumplo.

Dejo escapar un bufido burlón.

—Y yo haría que mi abogado les metiera un requerimiento judicial tan


fuerte por el culo que les saldría por la nariz. No hay forma de que puedan
publicar esa mierda porque vendría de una fuente ilegal. No te preocupes por
eso, nena.

—Pero tengo que preocuparme por Jett —Ella esnifa de nuevo—. Paul
quiere que le lleve el dinero a Manchester... y que lleve a Jett conmigo, para que
lo conozca. —Su mandíbula se aprieta con rabia—. Eso nunca va a suceder. Así
que estoy sentada aquí, bebiendo su vino y lamentando la pérdida de mi carrera.
Aunque tuviera el dinero para pagarle, no se acercará a Jett.
Tomo sus suaves manos entre las mías, necesitando tocarla.

—Si está de acuerdo en aceptar el dinero y no ver a Jett, entonces vamos


a pagarle.

—No tengo esa cantidad de dinero.

—Yo sí. Quinientas mil libras no es nada. Es un rasguño en la superficie


de lo que tengo.

—Quinientas mil es mucho dinero. No voy a aceptar tu dinero, Leandro.

Ella niega con la cabeza, decidida.

—India.

La miro fijamente.

—No, Leandro. Incluso si Paul aceptara sólo tomar el dinero y dejar a Jett
fuera de él, ¿dónde terminaría? Él toma el dinero, y luego, después de que se
haya agotado, volverá por más. No podría confiar en que no guarde copias de las
transcripciones de los pacientes. —Sus ojos tristes se encuentran con los míos
brevemente, antes de volver hacia el suelo—. Agradezco tu oferta, pero este no
es tu problema para arreglar. Es el mío.

La miro con el ceño fruncido.

—Voy a intentar no ofenderme por esa última afirmación porque estás


alterada y no piensas con claridad. —Dejo caer su mano, le agarro la barbilla y
la obligo a mirarme a los ojos—. Pero te digo esto. Tú eres mía. Tú y Jett son mi
familia, ahora, y por el resto de la maldita vida. Así que, eso hace que esto sea
mi problema. Ese bastardo te está lastimando, así que voy a lastimarlo... mucho.

—No —jadea ella—. Por favor, Leandro, no hagas nada estúpido. No quiero
que te metas en problemas.

Enrolla su mano alrededor de mi muñeca, posando sus ojos suplicantes


en los míos.

—Estoy muy enfadado, India. —Suelto la mano de su rostro y la deslizo


por mi cabello—. Me siento impotente, y no me gusta sentirme impotente. Y
definitivamente no me gusta que los hijos de puta pedófilos chantajeen a mi
chica. Estoy perdido. No me dejas darle una patada en el trasero. No me dejas
pagarle. Y vas a perder tu maldito trabajo por mi culpa. Necesito tener un sentido
de control aquí, y ahora mismo, no tengo ninguno.

Quiero perder los nervios. Quiero conducir hasta Manchester y partirle la


cara a ese hijo de puta.

Sus ojos me miran con sorpresa.

—Esto no está pasando por tu culpa, Leandro. No puedo creer que pienses
eso.

—Vamos. Si no estuviéramos juntos, esto no te estaría pasando.

Mis manos se cierran en puños sobre mis muslos.

Ella se baja del taburete. Frota mis manos, de pie entre mis piernas,
obligándome a relajarlas y luego las toma entre las suyas.

—Entonces, Paul habría encontrado otra forma de llegar a mí. Esto no es


culpa tuya. Estoy tan feliz, más que feliz de que estemos juntos. Sabía lo que
estaba haciendo, el riesgo que corría al estar contigo, y no haría nada diferente.
Te elegiría a ti cada vez. Te quiero demasiado para no estar contigo. Ojalá pudiera
tener ambas cosas, a ti y a mi carrera, pero supongo que la vida no funciona así.

—Nena... —Bajo la cabeza—. Esto me está matando. Necesito hacer algo.


Necesito poder ayudarte.

Una de sus manos se acerca a mi rostro, levantándola hacia la suya.

—Iré a la policía por la mañana para decirles que me están chantajeando.


Necesito que me acompañes. Así podrás ayudarme.

Suspiro y digo:

—Si estás segura de que es así como quieres manejar esto...

—Estoy segura.

Me mira, decidida.

—Entonces, por supuesto que iré contigo.

Enrosca sus dedos alrededor de mi oreja, rozándolos en mi pelo.


—Después de la policía, me pondré en contacto con el C.P.S. y les hablaré
de ti y de mí, y me encargaré de las consecuencias. Definitivamente necesitaré
que me lleves de la mano en eso.

Me dedica una sonrisa triste.

—Cualquier cosa, nena. Haré cualquier cosa por ti. —Deslizo mis manos
alrededor de su cintura, acercándola—. Pero perderás tu licencia para ejercer.

Se le llenan los ojos de lágrimas y se muerde el labio. Sé que es para no


llorar, y eso me rompe.

—No sé qué voy a hacer. Ser terapeuta, ayudar a la gente, es todo lo que
sé. Y necesito trabajar para pagar las facturas. Quiero decir, tengo algunos
ahorros, así que estaremos bien durante un tiempo, pero voy a tener que
encontrar otra cosa que hacer.

—Tengo mucho dinero. No necesitas trabajar. Déjame cuidar de ti y de


Jett.

—No —Ella niega con la cabeza—. No estoy viviendo de ti.

—¿Viviendo de mi? —Dejo escapar una risa frustrada—. India, te amo.


Estoy más que enamorado de ti. Soy tuyo, total y completamente. Y tú eres mía
—Tomo su rostro entre mis manos—. Tú y Jett son todo para mí. No hay
discusión aquí. Me ocupo de los dos.

—Leandro... he trabajado toda mi vida, he mantenido a mi hijo. No sabría


cómo no trabajar.

—Entonces, puedes encontrar un trabajo haciendo otra cosa. Algo que te


guste. Pero tómate el tiempo necesario para averiguarlo. Y hasta ese momento,
yo me encargo de ti, cariño.

Para cuando encuentre un trabajo, la tendré a ella y a Jett viviendo


conmigo, y entonces espero tener un anillo en su dedo, haciéndola mía
permanentemente, para que no tenga que volver a trabajar.

Se inclina, apoyando su cabeza en mi cuello. La rodeo con mis brazos. Su


aliento es caliente contra mi cuello y me excita. Sé que no debería estar excitado,
pero llevo demasiado tiempo sin ella. Huele y se siente tan bien apretada contra
mí.
Ella roza mi piel con un beso y, poco a poco, sube por mi cuello, por la
mandíbula, hasta llegar a la boca. Me besa ahí.

—Llévame a la cama —susurra contra mi boca—. Quiero olvidarme de


todo. Sólo quiero pensarte y sentirte.

Deslizo mi lengua por su labio inferior.

—Nena, cuando acabe contigo, ni siquiera recordarás qué año es.

Ella sonríe contra mis labios.

—Te adoro, Leandro Silva.

—Y yo te adoro a ti. Ahora, vamos.


36
India

Monza, Italia
Estoy mirando a Leandro dormir a mi lado. Sus largas pestañas negras
abanicaban su piel. Su cabello todo revuelto acaricia su frente. Se ve hermoso.

Jett y yo estamos con Leandro en Italia. Nos alojamos en una


impresionante suite de dos dormitorios en Milán, a solo dieciséis kilómetros de
la pista de Monza. Nos hemos estado relajando durante los últimos días,
haciendo turismo y comiendo auténtica comida italiana.

Mañana, Leandro tiene la clasificación. A Jett le encanta asistir a todas


estas carreras, viajar a todos los países.

Ha pasado una semana desde que fui a la comisaría y les dije que Paul me
estaba chantajeando. Contar toda la historia a los oficiales fue horrible, y pude
ver las miradas de juicio en sus ojos cuando les dije que Leandro solía ser mi
paciente. Pero supongo que tendré que acostumbrarme a ese tipo de miradas.

El Consejo de Profesiones de Salud y Cuidado no fue más fácil. Fue peor.


Mi licencia de práctica ha sido suspendida, pendiente de revisión. Aunque les
confesé que tenía una relación con un paciente antiguo, tengo que pasar por el
proceso oficial. Es posible que Leandro y yo ya no fuéramos paciente y terapeuta
cuando comenzamos a salir, pero compartimos un beso mientras yo todavía lo
estaba tratando. Eso le importa a la junta.

Y me importa a mí.

Aunque amo mi trabajo, ya no siento lo mismo que antes. Por devastador


que sea no poder ayudar más a la gente, sé que esto es lo correcto.

La única persona que me importa que no piense mal de mí es Jett. Y


gracias a Dios, no lo hace. Mi hijo es muy sabio para su edad.
Después de ir a la policía y al Consejo de Profesiones de Salud y Cuidado,
senté a Jett y le conté todo. Sobre cómo nos conocimos Leandro y yo. Sobre la
salida de su padre de la cárcel. El robo. Paul tratando de chantajearme. No
quería que Jett se enterara por nadie más.

Y después de contarle todo esto, me dijo: “Mientras estés bien y seas feliz
con Leandro, eso es todo lo que me importa. El resto es solo ruido de fondo”.

Lloré. ¿Cómo no iba a hacerlo? En ese momento, abrazando a mi hijo, supe


que todo estaría bien. Que todo se arreglaría solo y que todo sucede por una
razón.

Paul fue arrestado y devuelto a prisión por violar su libertad condicional,


lo que significa que cumplirá el resto de su sentencia. Y será juzgado por intento
de chantaje y extorsión. Una vez más, seré testigo en su juicio. En última
instancia, es mi palabra contra la suya, en lo que respecta al intento de chantaje.
Pero mi computadora y los documentos sobre Leandro que Paul había impreso,
fueron confiscados en su casa.

El hecho de que, al presentarme, tenga todo que perder y nada que ganar,
demostrará que estoy diciendo la verdad. Espero que se le condene por ello,
añadiendo algunos años más a su condena. Rezo para que cuando Paul salga,
Jett sea un hombre adulto y, con suerte, Paul tenga la previsión de dejarnos en
paz.

La escuela sigue sin clases por las vacaciones, vuelve la semana que viene,
y a Leandro le costaba mucho pensar en dejarnos, aunque Paul estuviera de
nuevo tras las rejas, así que vinimos con él a Monza para esta etapa del Prix.

Me siento relajada y segura por primera vez desde que Paul salió de la
cárcel. Y estoy aliviada de que todo haya salido a la luz.

La prensa no se ha enterado de la historia de Paul o de cómo nos


conocimos Leandro y yo. Quizás lo hagan. Quizás no lo hagan. Si lo hacen, lo
enfrentaremos juntos.

—Me estás viendo dormir —murmura, sorprendiéndome, con los ojos aún
cerrados. Su voz es áspera por el sueño y muy sexi.

—Podría ser. —Me acurruco en su costado, engancho mi pierna sobre su


cadera y siento su erección matutina debajo de mi pierna—. Te ves tan adorable
cuando duermes.
Abre un ojo y me mira.

—Lo último que soy es adorable. Tú, en cambio...

Abre el otro ojo mientras una mano se desliza por mi trasero, rodeando mi
muslo, por debajo de los pantalones del pijama, para tocar mis bragas, que se
humedecen rápidamente, con las yemas de sus dedos.

Jadeo ante su toque ligero como una pluma.

—Jett podría estar despierto.

—Entonces, seremos silenciosos.

Me brinda esa sonrisa sexi que me hace hacer lo que quiere.

Mi respuesta es besarlo. Sus dedos se deslizan dentro de mis bragas y


empuja uno dentro de mí.

—Dios —suspiro mientras me toca, frotando mi clítoris con su pulgar—.


Necesito tocarte.

Empujo mi mano debajo de su pijama y toco su polla. La agarro y la


acaricio hacia arriba y hacia abajo. Me encanta el siseo que se le escapa ante mi
toque.

Lo siguiente que sé es que me bajan los pantalones cortos y las bragas, y


me dan la vuelta con cuidado, de espaldas a él.

—Separa las piernas —susurra en mi oído.

Hago lo que me pide. Siento la cabeza de su polla frotando mi entrada,


hasta mi clítoris, y hacia abajo nuevamente antes de que empuje dentro de mí.

—Joder —gime en mi oído. Su mano se desliza por debajo de la camiseta


del pijama y toca mi pecho, pellizcando mi pezón.

Se me escapa un grito.

—Shh —susurra, su otra mano se levanta para cubrir mi boca mientras


se mueve lentamente dentro y fuera de mí—. ¿Tengo que amordazarte, nena? ¿O
serás una buena chica?

La idea de él amordazándome me excita junto con la sensación de su mano


contra mi boca, pero niego con la cabeza.
—Seré buena —murmuro contra su mano.

Mantiene su mano sobre mi boca, su otra mano pellizca mi pezón de


nuevo. Hundo mis dientes contra su palma. Él gime y comienza a follarme más
fuerte. El sonido de su piel golpeando la mía es muy excitante.

—Frota tu coño, India. Quiero que te toques.

Nunca antes me había tocado delante de él, pero la idea me excita.

Presiono mis dedos contra mi coño, dejando que las puntas de mis dedos
toquen su polla mientras empuja hacia adentro y hacia afuera. Luego, comienzo
a frotar mi clítoris.

—Joder. Sí, eso es —dice con brusquedad en mi oído—. Córrete. Quiero


que te corras con fuerza y aprietes mi polla como una prensa.

El roce de mi clítoris aumenta. Estoy excitada más allá de lo racional.


Necesito correrme. Nada más que eso importa ahora mismo.

Inclino la cabeza hacia atrás, mirándolo. Su mano se desliza de mi boca y


sus dedos se enredan en mi cabello. Agarrando los mechones, acerca mi boca a
la suya y me besa fuerte y profundo. Con la sensación de su lengua contra la
mía, su polla dentro de mí y mis dedos frotando mi clítoris, me corro con fuerza,
gimiendo mi orgasmo en su boca.

—Joder... —susurra—. Tu coño se siente tan malditamente apretado


alrededor de mi polla.

Bombea dentro de mí unas cuantas veces más, y luego siento que su


cuerpo se tensa en preparación para su liberación.

—Me voy a correr, nena —susurra—. Me voy a correr dentro de tu apretado


y caliente coño.

Observo su rostro mientras se libera de su orgasmo. Me encanta la mirada


de placer en sus ojos y que el amor que siente por mí, este a la vista. Nunca
antes me habían amado como me ama Leandro. Ni siquiera sabía que existía un
amor así.

Me besa de nuevo, quedándose dentro de mí.

—No hay nada mejor que despertar dentro de ti.


Sonrío, pero está teñido de un poco de tristeza.

—Extrañaré despertarme contigo cuando no estés en las carreras.

Me regala esa sonrisa de infarto que tiene.

—Solo hasta noviembre, y entonces te despertarás cada mañana conmigo


dentro de ti.

—Cuando termine la temporada.

—No. Todas las mañanas durante el resto de la vida. —Respira


profundo—. India, estoy haciendo de esta temporada la última. Me retiro de la
Fórmula 1.

—¿Qué? —exclamo, volviéndome hacia él, haciendo que salga de mí.

—Creo que hemos hecho un desastre con las sábanas.

Se ríe, señalando el punto húmedo causado por mi repentino movimiento.

—¿Te vas a retirar? —Ignoro su humor—. ¿Es porque he perdido mi


trabajo por estar juntos y te sientes culpable por eso? Porque, si es así, entonces,
no, no puedes hacerlo. No te lo permitiré.

Toma mi rostro entre sus manos, y aparta mi cabello del rostro con sus
pulgares.

—No. No es por eso. Ya estaba considerando retirarme antes de que pasara


algo de eso. Odiaba estar lejos de ti cuando estaba en Bélgica. Mi contrato
termina este año. Regresé y logré lo que quería lograr. Luché contra mis
demonios y volví a la pista. Pero las carreras simplemente no me dan la misma
sensación que antes. Quiero comenzar mi vida con Jett y contigo. No quiero estar
lejos de ninguno de ustedes durante la mayor parte del año.

Siento que una sensación de calidez me recorre.

—¿Estás seguro de que esto es lo que quieres? —pregunto en voz baja.

—Sí. Un día de estos, me casaré contigo y llenaré tu vientre con muchos


bebés Silva.

—¿Muchos? —balbuceo.

Se ríe, con los ojos brillando.


—Por supuesto. Estoy pensando en tres, tal vez cuatro. —Levanta el
hombro, despreocupado.

Una risa ahogada se me escapa, y mis ojos se abren de par en par.

—¿Tres, tal vez cuatro? Más despacio, señor Virilidad. ¿Cómo sabes que
quiero más hijos?

Quiero más hijos. No se me ocurre nada mejor que tener un bebé con
Leandro. Aunque probablemente no cuatro. Pero me encanta bromear con él.

La expresión de su rostro se congela. Luego, tan rápido como se congeló,


su expresión se relaja.

—Entonces, estaría bien como estamos. Jett es mío, así que...

—¿Qué?

Mi respiración se queda atrapada en mi garganta.

—Dije que Jett es mío. —Su voz se suaviza, sus dedos recorren mi mejilla—. En
lo que a mí respecta, Jett es mi hijo. No estoy tratando de quitarle protagonismo
a Kit. Sé que ha criado a Jett como si fuera suyo. Pero quiero ser el padre de
Jett, siempre que él quiera que lo sea.

Mis labios tiemblan, mis ojos se humedecen.

—Estoy bastante segura de que Jett estaría de acuerdo con eso. Kit
también.

Sonríe, levantando una esquina de sus labios.

—Bien.

Dios, lo amo. Mucho.

—Y quiero tener más hijos, para que lo sepas.

Sonrío dulcemente.

Me besa de nuevo.

—Podemos empezar a hacer el bebé número uno en cuanto termine la


temporada. Solo tendremos que practicar mucho antes.

Presiono mi mano contra su pecho, sobre su corazón.


—¿Cómo he tenido tanta suerte de que me ames, Leandro Silva?

—Soy el afortunado, nena. Créeme. Mi vida estaba en una espiral


descendente hacia el infierno antes de conocerte. Me salvaste en más de un
sentido. Quererte me salvó.

Cubre mi mano con la suya, me besa de nuevo, lento y profundo, hasta


que se mueve dentro de mí, cumpliendo con la práctica de hacer bebés que ha
planeado para nosotros.
Epílogo I
Leandro

Tres meses después…


Isla De Yas, Abu Dhabi
Sabía que este día llegaría cuando empecé a competir, pero no pensé que
me sentiría como me siento ahora o que terminaría por la razón que lo estoy
haciendo. Pensé que estaría corriendo hasta que me viera obligado a dejarlo por
la edad, o por la muerte. No dejarlo porque simplemente era el momento, y para
poder empezar mi vida con la mujer de la que estoy enamorado y su hijo, al que
quiero igualmente. No es solo el hijo de India. También es mío. Cuanto más
tiempo paso con Jett, más se adentra ese niño en mi corazón, junto con su
madre.

Si alguien me hubiera dicho hace unos años que esta sería mi vida,
enamorado de una hermosa mujer y con un hijo de doce años, me habría reído
en su cara.

Ahora, estoy más que feliz. He encontrado mi lugar en el mundo. Un lugar


que ni siquiera sabía que estaba buscando hasta que lo encontré.

Aun sabiendo que esta es mi última carrera y aunque mezclada con un


poco de tristeza, estoy listo para que termine, para poder llevar a mi familia a
casa y comenzar el siguiente capítulo de mi vida con ellos.

Con el casco en la cabeza, digo las palabras que no había pronunciado


desde justo antes del accidente que lo cambió todo. La carrera que creí que casi
había acabado con mi vida, pero que, en cambio, me llevó directamente a lo
mejor de mi vida, India.

—Ser el segundo es ser el primero de los que pierden —susurro en voz


baja.

Con una última mirada a India, con Jett a un lado y mi madre al otro,
gesticulo: Te amo.
Una impresionante sonrisa se dibuja en su rostro, y luego me devuelve las
palabras, dejándome el corazón lleno.

Subo a la cabina. Es hora de competir.

Corro a través del calentamiento de los neumáticos. Luego, estamos en la


línea de salida. Estoy en la primera posición desde la clasificación de ayer. Ahora,
solo tengo que ganar esta carrera.

No voy a ganar el campeonato. Carrick está un poco más arriba en puntos


que yo. Pero si me retiro, entonces me iré con una victoria.

Rojo...

Rojo...

El habitual parpadeo de ansiedad se apodera de mi pecho. Pero lo controlo


y luego lo disipo.

Rojo...

Rojo...

Rojo.

¡Salida!

Mi auto arranca, ganando velocidad rápidamente, hasta que estoy volando


por la pista. Las voces en mi oído son ahogadas por mi propia concentración en
ganar esta carrera y volver con mi familia.

Mi familia.

***

—¡Sí! —Levanto mi puño en el aire al cruzar la línea de meta, llegando en


primer lugar.

Mi equipo viene corriendo hacia mi auto mientras reduzco la velocidad


hasta detenerme. Arranco el volante, lo tiro a un lado y salgo del auto. Arranco
mi casco mientras todos los miembros de mi equipo me abrazan y me dan
palmaditas. Los vítores de la multitud retumban en mis oídos mientras mis ojos
buscan a India.
En el momento en que mis ojos se cruzan con los suyos, me invade una
sensación de tranquilidad que me hace sonreír aún más. Me abro paso entre la
multitud. La alcanzo y la estrecho entre mis brazos. Sus manos presionan mi
rostro y la beso.

La beso con todo el amor que siento por ella.

Interrumpo nuestro beso, jadeando, ella mira rápidamente a la multitud


de gente en las gradas, todos animando mi victoria a nuestro alrededor.

—¿Estás seguro de que quieres dejar todo esto atrás?

Inclina ligeramente su barbilla en dirección a las gradas.

Mis ojos hacen un rápido barrido por encima de su hombro. Veo las
pancartas con mi nombre, algunas rogando que no me retire. Luego, vuelvo a
mirar a mi chica.

—Estoy más que seguro.

Sonríe ampliamente y vuelve a presionar sus labios contra los míos,


besándome suavemente.

Dios, la amo, carajo.

—Siento interrumpir la fiesta del amor. —La voz de Carrick viene de detrás
de mí, y siento la palmada de su mano en mi espalda—. Pero tenemos que ocupar
nuestros lugares en el podio.

Me separo de mala gana de los labios de India.

—Esperaré aquí —dice.

Volviéndome hacia Carrick, deslizo mi brazo alrededor de la cintura de


India. Andi se acerca a Carrick y él pasa su brazo por los hombros.

—Te refieres al podio en el que estaré en primer lugar.

Una sonrisa se extiende por el rostro de Carrick.

—Sabes que te dejé ganar esta vez, ¿verdad? Quiero decir, era lo menos
que podía hacer, con tu retiro, y el hecho de que ya había ganado el campeonato
de este año por puntos.

Riendo, sacudo la cabeza.


—Eres un idiota, ¿lo sabías?

—Sí, Andressa me lo dice todo el tiempo.

Andi se lleva una mano al estómago.

Jett se acerca, poniéndose a mi lado.

Dejo caer mi otro brazo sobre su hombro.

—¿Quieres subir al podio conmigo? —le pregunto a Jett.

Su rostro se ilumina con una sonrisa.

—¿De verdad?

—De verdad. —Sonrío—. Podrías tener una muestra de lo que es para


cuando estés ahí arriba por tu cuenta un día, aceptando tu propio trofeo.

Su sonrisa se hace más amplia y siento que la mano de India aprieta mi


cintura. Retiro el brazo de Jett y vuelvo los ojos hacia los suyos, viéndolos llenos
de nada más que amor y esa mirada acuosa que se le pone siempre que hago
algo por Jett.

—Te amo —susurra.

Acaricio su mejilla y le doy un suave beso en los labios.

—Yo también te amo, nena.

Soltándola, tomo su mano y vuelvo a pasar el brazo por encima de los


hombros de Jett.

—Vamos entonces, hijo. Deja que te enseñe lo que es mirar por encima del
hombro a Carrick Ryan.

Carrick me hace un discreto gesto con el dedo medio. Suelto una


carcajada, y con la mano de India en la mía y mi brazo alrededor de Jett, mi
familia y yo iniciamos el camino hacia mi último ascenso al podio.
Epílogo II
India

Cinco años después…


Northhampton, Inglaterra
Estoy de pie en el garaje del equipo en Silverstone, viendo a Jett prepararse
para su primera carrera. Leandro está con él.

Mi chico tiene diecisiete años, ha firmado con su primer equipo, y va a


debutar en el Campeonato Europeo de Fórmula 3 de la FIA. Leandro es su
mánager. Hacen un buen equipo.

—Una pequeña te busca.

Me giro al escuchar la voz de Kit y sonrío a la niña que se retuerce en sus


brazos.

—¡Mamá! —Adriana me tiende los brazos.

—Hola, pequeña. —Se la quito a Kit.

Adriana tiene los ojos y el cabello oscuro de su padre y, por supuesto, soy
parcial, es la niña más bonita del mundo. Acaba de cumplir dos años. Leandro
y yo tardamos cerca de un año en quedarnos embarazados, pero seguro que nos
divertimos intentándolo.

—¿Te parece bien tenerla en brazos? —Kit asiente a mi vientre de


embarazada.

Estoy embarazada de seis meses. Vamos a tener un niño.

—Estaré bien por unos minutos. —Presiono un beso en el suave cabello


de Adriana—. Aunque se está poniendo pesada.

Le doy un suave apretón.


—Se estaba poniendo quisquillosa arriba —dice Kit—. Ya sabes que quiere
estar en medio de la acción.

—Como su padre, su hermano y su tío.

Kit se ríe de eso.

—¿Ya llegó Petra? —le pregunto a Kit.

—Está en camino.

Kit está establecido ahora y se ha casado con Petra, la mejor amiga de


Andi. Les llevó un tiempo estar juntos, y fue un proceso largo y complicado, sobre
todo por culpa de mi hermano, pero al final lo consiguieron. Ahora son felices
juntos. Me alegró mucho porque Petra es buena para él.

Estoy muy feliz de que haya encontrado a su alguien.

Solo espero que me den pronto una sobrina o un sobrino.

Adriana empieza a tirar de los bonitos auriculares rosas que cubren sus
delicadas orejas.

—No, déjatelos puestos, Addy —digo.

—¿Alguna vez pensaste que estaríamos aquí, esperando que nuestro chico
diera su primer paso en el mundo de la Fórmula 1? —dice Kit a mi lado.

Me encuentro con sus ojos, sonriendo.

—No. Pero seguro que me alegro de que lo hagamos, aunque esté un poco
nerviosa.

—Sí, yo también, en ambos aspectos —exhala—. Pero está donde siempre


debió estar. Al igual que tú.

Mi vida ha cambiado mucho desde que Leandro entró en ella. No es que


fuera mala antes de él, porque no lo era, pero en el momento en que entró en
ella, dio más color a todas nuestras vidas.

Después de que Leandro se retirara de la Fórmula 1, nos tomamos un


tiempo para asentarnos en nuestra vida juntos, encontrando nuestro ritmo el
uno con el otro. Al principio vivíamos separados, pero cada vez más, Leandro
empezó a quedarse en mi casa hasta que prácticamente vivía allí.
Era la forma más suave de hacer la transición para todos nosotros.
Después de todo, habíamos estado los tres solos durante mucho tiempo, y no
quería que Kit se sintiera desplazado de ninguna manera. Me aseguré de tener
cuidado con los sentimientos de Kit, pero la casa se estaba volviendo
definitivamente pequeña con los cuatro viviendo juntos.

Luego, Leandro me llevó a su restaurante, el lugar donde habíamos tenido


nuestra breve primera cita, y me pidió que me casara con él después de haber
estado juntos oficialmente durante seis meses. Decir que me sorprendió sería
decir poco, pero estaba eufórica. Por supuesto, quería decir que sí allí mismo,
pero me preocupaba cómo reaccionarían Jett y Kit. Casarse sería un gran
cambio. Entonces, cuando Leandro vio mi vacilación, me dijo que había obtenido
su bendición antes de pedírmelo. Una vez que lo supe, nada me impidió decir
que sí.

Después de casarnos, Leandro tenía otra sorpresa para mí. Nos había
comprado una casa en Buckinghamshire, a pocos kilómetros de donde viven
Carrick y Andi. Me había hecho bastante amiga de Andi, lo cual es extraño
teniendo en cuenta cómo la conocí, pero ahora, Petra y ella son mis mejores
amigas.

Jett había ayudado a Leandro a elegir la casa. Pero me preocupaba Kit y


el lugar donde viviría. No quería que pensara que nos estábamos deshaciendo
de él al casarnos y mudarnos a la nueva casa. Porque, para ser sincera, no sabría
cómo vivir mi vida sin tener a Kit cerca.

Pero Leandro me llevaba mucha ventaja. Ya lo tenía todo cubierto. Era


como si hubiera pensado en cuáles serían todas mis preocupaciones y las
hubiera cubierto, asegurándose de que fuera feliz.

Había comprado otra casa para que Kit viviera en ella, a menos de cinco
minutos a pie de la nuestra. Aunque Leandro podía permitirse comprar la casa
para Kit sin pensárselo dos veces, Kit, siendo Kit, no lo aceptó y dijo que la única
forma de vivir en la casa era pagando un alquiler. Leandro aceptó de mala gana.

Kit y Petra siguen viviendo allí ahora. Y finalmente se convirtió en su casa,


cuando Leandro se la dio como regalo de bodas. Leandro siempre se sale con la
suya al final. Me encanta eso de él.

Soy la chica más afortunada del mundo por poder tener al hombre que
amo y mantener a la familia que quiero cerca de mí también.
Entonces, era una mujer casada, Jett tenía trece años y era independiente,
apenas me necesitaba para nada. Empezaba a sentirme como una pieza de
recambio. No tenía trabajo. Mi licencia, como era de esperar, me había sido
retirada en la audiencia que se celebró unos meses después de que volviéramos
de la carrera de Leandro en Italia. Aunque esperaba que fuera así, no hizo que
el conocimiento me doliera menos. Vendí mi consultorio a otro terapeuta, con la
esperanza de que disfrutara de su tiempo allí tanto como yo.

Estaba desolada, pero no estaba sola. Leandro estaba en la misma


situación que yo.

Estaba, por supuesto, el karting de Jett, que se había puesto muy serio en
ese momento, para mantenernos ocupados, pero Leandro y yo somos
trabajadores. Ambos habíamos trabajado toda nuestra vida, así que
necesitábamos más.

Entonces, un día, después de una de las carreras de Jett, Leandro llegó a


casa con una gran idea. Había oído hablar de un terreno en venta a pocos
kilómetros de donde vivíamos. Sugirió que lo compráramos y lo convirtiéramos
en una pista de karts y también en una especie de centro juvenil. Un lugar para
que los niños que no tienen dónde ir puedan correr ahí y divertirse. La idea me
encantó de inmediato, ya que significaba que podría ayudar a personas, niños
que estaban como Kit y yo hace años, perdidos y sin un lugar real al que ir. Y
también sería un lugar donde Jett podría entrenar.

Así que Leandro hizo una generosa oferta al día siguiente. La oferta fue
rápidamente aceptada y, seis semanas después, el lugar era nuestro. Tomo unos
cuantos meses ponerlo en funcionamiento, pero el Karting Silva-Harris abrió
oficialmente sus puertas siete meses después de que hiciéramos la oferta inicial.

No cobramos la entrada a los niños, y el dinero para permitirlo procede de


donaciones de caridad y recaudación de fondos, de la que me encargo yo. Cuando
organizamos carreras, cobramos la entrada. Por supuesto, el nombre de Leandro
atrae a la gente, y también pedimos favores a pilotos famosos amigos de Leandro.
En concreto, conseguimos que Carrick venga a todas las carreras que podemos
cuando no está en el campeonato. Y Leandro también pone mucho de su propio
dinero en el centro, pero él... bueno, nos lo podemos permitir.

Es increíble dirigir el centro. Leandro ayuda a entrenar a los niños en los


karts, y también tenemos gente trabajando allí. Ahora está muy involucrado con
la carrera de Kit, y eso le quita mucho tiempo.
Kit ayuda en el centro cuando puede. Pero hoy en día está ocupado. Ya no
es modelo, pero actúa. En el cine y la televisión. Se ha hecho un buen nombre.

Mi hermano, el famoso actor, ¿quién lo hubiera pensado?

Adriana empieza a retorcerse en mis brazos. No dura mucho. Siempre


quiere estar fuera.

—Mamá, quiero a papá, Jett, Jett. —Empieza a tirar de mi cabello.

—Bien, pequeña. —Me vuelvo hacia Kit—. ¿Vienes?

Me hace un gesto con la cabeza y nos dirigimos hacia donde están


hablando Leandro y Jett. Discutiendo tácticas de carrera, sin duda.

En cuanto llegamos a Leandro, Adriana se acerca a él.

—¡Papá!

Su rostro se ilumina ante ella.

—Addy Baba.

Él le sonríe, tomándola de mis brazos, y ella chilla, agarrándose a su


cabello mientras él le sopla una trompetilla en la mejilla.

Me encanta verlos juntos. Algo que Jett nunca pudo tener con su padre.
Pero gracias a Dios tuvo a Kit, y ahora también a Leandro.

—¡Tonto, papi! ¡No Addy Baba! —lo regaña.

Se ríe de ella y luego me mira.

—¿Estás bien, cariño? —Me pone una mano en el estómago, frotándolo.

—Estoy bien. —Aprieto mi mano sobre la suya, sonriéndole con cariño.

Entonces, me vuelvo hacia Jett. Tiene el mismo aspecto que Kit a esa edad.
La edad en la que descubrí que estaba embarazada de él.

Mi hijo va a romper corazones en todo el mundo pronto, si es que no lo


está haciendo ya.

—¿Cómo te sientes con respecto a la carrera? —pregunto.

—Bien.
Se encoge de hombros. Tiene la cosa de los adolescentes en su asunto.

—¿No estás nervioso?

Suele estar bien en sus carreras de karting, pero la Fórmula 3 es un juego


totalmente diferente. Si lo que dice Leandro es cierto, dice que Jett llegará a la
Fórmula 1 en tres o cuatro años. Es así de bueno.

Jett mira a Leandro y luego a mí.

—No, tengo esto en la bolsa, mamá.

Sonríe.

Me encanta su confianza. Siempre ha tenido confianza, pero Leandro se la


ha ido contagiando a lo largo de los años, y ahora la tiene en abundancia. La
relación cada vez más estrecha entre Leandro y Jett ha sido placentera de ver.
Un verdadero privilegio. Tienen un gran vínculo. Un vínculo de padre e hijo.

Puede que mi hijo no tenga a su padre biológico en su vida, pero tiene algo
mejor. Tiene un tío maravilloso, que lo quiere como si fuera suyo, y un hombre
increíble que puede haber llegado a su vida más tarde, pero que lo quiere como
si hubiera estado ahí desde el día en que nació.

Tiene dos hombres que harían cualquier cosa por él.

Después de que Leandro y yo nos casáramos, Leandro me dijo que también


quería ser el padre de Jett en el sentido legal, que quería adoptarlo. Después de
abordar cuidadosamente el tema con Jett, nos dijo que también quería eso.

Leandro y yo estábamos muy contentos de que fuera legal, pero teníamos


que saltar un obstáculo, y sabía que no sería fácil. Y, lamentablemente, no lo
fue. Leandro no pudo adoptar legalmente a Jett porque Paul se negó a firmar los
papeles. No lo hizo por amor a su hijo. Lo hizo por despecho.

Pero no importaba. Leandro era su papá para lo que contaba. Aun así, Jett
nunca lo olvidó y quería hacer algo para demostrarle a Leandro que era su padre.
Así que nos sorprendió mucho cuando Jett llegó a casa el día de su decimosexto
cumpleaños para decirnos que se había cambiado legalmente el nombre a Silva.
Aunque tenía mi apellido de soltera y no tenía ningún vínculo con Paul en ese
sentido, quería demostrarle a Leandro que lo veía como su papá y que éramos
una familia en el sentido más amplio.
Aparte del día en que nació Adriana, fue el único otro día que vi a Leandro
llorar. Por supuesto, también lloré.

Llega la llamada de que pronto comenzará la primera carrera.

Abrazo a Jett.

—Te veré en la línea de meta —digo, acunando su mejilla.

—Seré el primero en cruzarla.

Sonríe con confianza.

—Sé que lo harás. Te amo, chico.

—También te amo, mamá.

Me da un beso en la mejilla y se dirige a su auto.

Leandro me entrega a Adriana y se va con él.

Una vez que Jett está listo, Leandro vuelve con nosotros.

Toma a Adriana de mis brazos de nuevo y me rodea con el brazo,


acercándome.

—¿Jett está bien? —pregunto.

Sonríe.

—Está bien, nena. No te preocupes.

—¿No estás preocupado?

—No, porque sé lo bueno que es. Y lo entrené, así que ya sabes… —


Sonríe—. Será mejor que me acerque a la cabina, para poder hablar con nuestro
chico sobre esta carrera.

Asiente en dirección al conjunto de escritorios donde el equipo de Jett está


mirando en las pantallas, con los auriculares puestos para que puedan
comunicarse con él.

—De acuerdo.

Se inclina y besa mis labios.


—Te amo.

—También te amo.

Presiona un beso en el cuello de Adriana y ella grita feliz.

—¿Estás bien? —pregunta Kit, mientras veo a Leandro alejarse.

—Sí. Pero ahora estoy muy nerviosa.

—Jett es un ganador, Indy. Tiene esto en la bolsa.

—Sí. —Dirijo mis ojos hacia él, brindándole una ligera sonrisa—. Tienes
razón.

Los motores rugen y mi cuerpo se tensa cuando veo que la carrera está a
punto de comenzar en las pantallas que tengo ante mí.

Y pienso en mi vida entonces y ahora.

Si alguien le hubiera dicho a esa niña de diecisiete años embarazada y


asustada que, en casi dieciocho años, se estaría preparando para ver a ese bebé
que le crecía en el vientre tomar su primera carrera como piloto de Fórmula 3,
ella les habría dicho que estaban locos.

O si alguien me hubiera dicho hace cinco años que estaría felizmente


casada y embarazada de mi segundo hijo con ese piloto brasileño roto y enojado
que acababa de cruzar la puerta de mi oficina, definitivamente habría dicho que
estaban locos.

Enamorarme de Leandro no era parte de mi plan, y sé con seguridad que


no era el suyo tampoco, pero Dios, me alegro de que sucediera.

Éramos erróneos el uno para el otro, pero tan acertados en el sentido más
estricto de la palabra.

Leandro y yo éramos inevitables.

La vida tiene giros, vueltas, curvas cerradas y te arroja todo tipo de


dificultades, pero lo que cuenta es la forma en que lo enfrentas.

Si te levantas y eres sincero contigo mismo y con los demás, todo saldrá
bien.

Decir la verdad sobre Leandro y sobre mí me lo demostró.


Sí, podría haber perdido mi carrera por nuestra relación, pero no me
arrepiento. Ni por un solo minuto.

Leandro siempre me dice que le salvé la vida. Pero realmente, creo que nos
salvamos el uno al otro. Estaba viviendo, pero no al máximo. No hasta él. Y
ahora, ambos vivimos al máximo, juntos, como siempre debimos hacerlo.
Tuvimos que soportar lo peor para poder encontrarnos.

Pero fueron esas cosas que soportamos y enfrentamos por separado las
que nos convirtieron en lo que somos juntos.

Y no lo haría ni lo querría de otra manera.


Agradecimientos
Trataré de mantener esto lo más breve posible.

Primordialmente, quiero decir gracias a todos los que compraron, leyeron


y amaron Revved. Este libro es posible por ustedes.

Como siempre, gracias a mi familia. Mi siempre paciente esposo e hijos,


ustedes tres salvaron mi vida en más formas de las que jamás sabrán.

Sali… “Dios no lo tomó de nosotros. Él lo escondió en su corazón, para


acercarlo más a nosotros”. Autor desconocido. #LiveLikeBenny

Trishy… Mis días son simplemente brillantes contigo en ellos. ¡A


Disneylandia el próximo año!

Christine Estevez, mi salvadora y paciente amiga. ¡Uno de estos días te


sorprenderé teniendo algo listo a tiempo! Gracia por ser tú.

A mi agente, Lauren Abramo. Gracias por tu apoyo y tu paciencia es


realmente apreciada. ¡Y te prometo que terminaré ese libro para ti ahora!

Zoë Lowdow, por tu entusiasmo y amor por Revved. Carrick realmente tocó
mi corazón. Gracias por tu genialidad y por reunir Revved.

Gracias enormemente a India Partis, pronto a ser Kendall, por permitirme


tomar prestado tu nombre.

Muchísimas gracias a Ulla Milla y Cleida Roy por las traducciones en


portugués.

Y, como siempre, mi más grande agradecimiento va para ti por leer esto.


Hace tres años mi vida cambió en una manera que nunca imaginé ser posible y
tengo que agradecerles por eso. Mi gratitud no tiene límites.
Sobre La Autora
Samantha Towle es la autora de superventas del New York Times, USA
Today y el Wall Street Journal. Comenzó su primera novela en el 2008 mientras
estaba en licencia por maternidad. Completó su manuscrito cinco meses
después y no ha parada de escribir desde entonces.

Ella es la autora de romances contemporáneos, The Mighty Storm,


Wethering The Storm, Taming The Storm, Trouble y Revved. También ha escrito
romances paranormales, The Bringer y la serie Alexandra Jones, todos escritos
con melodías de The Killers, Kings of Leon, Adele, The Doors, Oasis, Fleetwood
Mac, Lana Del Rey y más de sus cantantes favoritos.

Una nativa de Hull y graduada de la Universidad Salfor, vive con su


esposo, Craig, en East Yorkshire con su hijo e hija.

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