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Introducción a los Derechos Humanos

Este documento resume el capítulo 1 de un manual sobre derechos humanos. Explica que los derechos humanos son aquellos tutelados por el derecho internacional y corresponden a todo ser humano. Se clasifican en: 1) derechos individuales, 2) derechos sociales, económicos y culturales, y 3) derechos colectivos. También menciona la existencia de deberes correlativos a los derechos. Finalmente, discute la tesis de que los derechos humanos reflejan sólo la perspectiva occidental y no incorporan pl

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Introducción a los Derechos Humanos

Este documento resume el capítulo 1 de un manual sobre derechos humanos. Explica que los derechos humanos son aquellos tutelados por el derecho internacional y corresponden a todo ser humano. Se clasifican en: 1) derechos individuales, 2) derechos sociales, económicos y culturales, y 3) derechos colectivos. También menciona la existencia de deberes correlativos a los derechos. Finalmente, discute la tesis de que los derechos humanos reflejan sólo la perspectiva occidental y no incorporan pl

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Resumen Manual DDHH-Pulvirenti.

Capitulo 1 Introducción a los Derechos Humanos.

1. Concepto.

La gran nota que los particulariza es la intervención del derecho internacional público, que impone a cada Estado la
obligación frente a la comunidad mundial de no violar determinados derechos de cualquier habitante; tendrá aquel
que responder internacionalmente en caso de transgresión. Es que solo en este marco es posible establecer alguna
distinción entre los derechos constitucionales y los humanos; los primeros regulados por el orden jurídico interno del
Estado y los segundos por el Derecho Internacional, aun cuando esa línea se haga cada día más difusa.

Pero el párrafo anterior trae también el germen de otra gran discusión enunciada por la Filosofía Jurídica. Los
derechos que se consideran esenciales o innegables en cualquier sociedad, ¿lo son porque sé los enumera y se Ies
brinda entidad legal o porque racional o naturalmente hacen a la condición humana? La primera aproximación nos
lleva al Positivismo: serán derechos en esta categoría aquellos que tengan expresa recepción normativa; la segunda,
al Iusnaturalismo.

Ahora bien, la realidad es que cuando se intenta considerar qué derechos son esenciales es inevitable observar la
relatividad que surge conforme al tiempo de la humanidad que se considere o del lugar y cultura apreciados.

Son derechos humanos aquellos que tutelan el ordenamiento jurídico internacional, de acuerdo con la cultura
predominante en un lugar y tiempo; que corresponden por su naturaleza de tal a todo ser humano y, por ende, de
los que no se puede ser privado sin generar responsabilidad internacional del Estado violador.

2. Clasificación de los derechos humanos:

Tres categorías:

a) derechos individuales (civiles y políticos), también llamados derechos de primera generación,

b) derechos sociales (derechos económicos, sociales y culturales), también llamados derechos de segunda
generación -acá se le exige al estado que sea proveedor de esos bienes-. La respuesta durante muchos años fue que
tales derechos eran meramente programáticos y que, como tales, quedaban sujetos a reglamentación y a la
posibilidad de cumplimiento por parte del obligado. Los tiempos han cambiado y estos derechos, evolucionado. En la
actualidad se acepta unánimemente que, toda vez que se los reconoce, existe una consecuente responsabilidad del
Estado por su falla de provisión. La Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en la causa Cinco
Pensionistas ha fijado el estándar al establecer que “El Estado, comprometido a observar sin condición ni demora los
derechos civiles y políticos, debe aplicar el mayor esfuerzo a la pronta y completa efectividad de los derechos
económicos, sociales y culturales, disponiendo para ello de los recursos a su alcance y evitando retrocesos que
mermarían ese estatuto básico.

Tres aspectos: 1) progresividad, 2) titularidad individual y posibilidad consecuente de reclamarlos judicialmente y 3)


inderogabilidad una vez adquiridos.

c) derechos colectivos; también llamados derechos de tercera generación. Los denominados derechos al
medioambiente, de la información, a la intimidad o de defensa del consumidor, exigen actividades concretas y
positivas no solo por parte del propio actuar de la comunidad políticamente organizada, sino de todos los habitantes.

3. Los deberes humanos.

Por su importancia, no puede dejar de destacarse que recientemente diversos autores han comenzado a hacer
hincapié en los correlativos deberes que todos los instrumentos internacionales de derechos humanos les imponen a
los beneficiarios de estos últimos. Se sostiene que la exaltación de la libertad debe desprenderse de su contracara,
que es la responsabilidad. Responsabilidad hacia los otros seres humanos y hacia la comunidad.

Artículo 29 de la Declaración Universal de Derechos Humanos:

1. Toda persona tiene deberes respecto a la comunidad, puesto que sólo en ella puede desarrollar libre y plenamente
su personalidad.
2. En el ejercicio de sus derechos y en el disfrute de sus libertades, toda persona estará solamente sujeta a las
limitaciones establecidas por la ley con el único fin de asegurar el reconocimiento y el respeto de los derechos y
libertades de los demás, y de satisfacer las justas exigencias de la moral, del orden público y del bienestar general en
una sociedad democrática.

3. Estos derechos y libertades no podrán, en ningún caso, ser ejercidos en oposición a los propósitos y principios de las
Naciones Unidas

4. Características del sistema de derechos humanos:

1) Inherentes: son de la persona en sí misma.


2) Universales: aplican sobre todos aún cuando haya diferencia cultural.
3) Absolutos: se pueden reclamar y oponer ante cualquier persona o autoridad.
4) Inalienables: no se pueden enajenar ni renunciar a ellos. Ninguna autoridad puede despojar a ninguna
persona de ellos.
5) Imprescriptibles: no se pierden por el paso del tiempo.
6) Indivisibles: no tiene jerarquía entre sí. Para aplicarlos se deben analizar y usa el Principio de Ponderación y
de la armonía que se quiere encontrar en todo el sistema.
7) Irreversibles🡪 progresividad de los derechos.

El Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y
Políticos, mantienen en sus "Preámbulos” la fórmula de que “no puede realizarse el ideal del ser humano libre,
liberado del temor de la miseria (...) a menos que se creen condiciones que permitan a cada persona gozar de sus
derechos económicos, sociales y culturales, tanto como de sus derechos civiles y políticos"

5. Tesis denegatoria de los derechos humanos.

Es que hemos dicho precedentemente que una característica de los derechos humanos es su universalidad. La
relatividad cultural aparece pues como un problema frente a tal afirmación. Podría sostenerse que aquellos derechos
que se aducen como comunes al ser humano no son más que una resultante de una determinada cultura y que al
intentar imponerse a otros, se violentan sus pautas de conducta.

El principal argumento cultural que rechaza la noción de derechos humanos universales es que estos solo reflejan la
perspectiva occidental. También se sostiene que las políticas de derechos humanos estuvieron en general al servicio
de los intereses económicos y geopolíticos de los Estados capitalistas hegemónicos. Louis Henkin reconoce que los
derechos humanos individuales, en el sentido de idea política, derivan tanto histórica como conceptualmente de las
ideas euro-americanas, con fundamento en la autonomía individual y sustentada en las concepciones de soberanía
popular y del contrato social.

En otras palabras, el derecho internacional de los derechos humanos en su conformación actual carece de la
capacidad de incorporar eficazmente modelos de realidad social provenientes de entornos políticos, culturales y
religiosos distintos al occidental. Como muestra representativa de una posición importante en el “globo", podemos
citar la Declaración de Bangkok, específicamente la posición de China durante la reunión de ministros y
representantes de los Estados asiáticos reunidos en el contexto de la preparación para la Conferencia Mundial sobre
Derechos Humanos que se llevara a cabo en Viena en 1993. Respecto a la universalidad de los derechos humanos la
delegación de China sostuvo: “Los Estados con diferentes tradiciones históricas, niveles de desarrollo o con diferentes
backgrounds culturales también interpretan y aplican los derechos humanos de manera distinta. En consecuencia,
uno no debería pensar en los estándares de derechos humanos y en los modelos de determinados países como los
únicos apropiados ni exigir al resto de los Estados que se adecúen a ellos”.

Sociedades funcionalmente diferenciadas.

En la "sociedad funcionalmente diferenciada" se distinguen subsistemas que surgen de acuerdo con el principio de
diferenciación funcional. Dichos subsistemas poseen características distintas a las del sistema global al cual
pertenecen y desarrollan su propia racionalidad. Como consecuencia de lo anterior se observa la producción de
conflictos básicos y fundamentales entre los distintos sistemas.
Las sociedades chinas, japonesa, africana, musulmana o india poseen ciertos elementos configuradores que las
asemejan entre sí y, al mismo tiempo, las diferencian de las sociedades occidentales y las alejan de las actuales.
Continúa diciendo que en dichas sociedades, a diferencia de Occidente, la unidad fundamental de la vida social es la
familia, no el individuo; la base primera para asegurar la existencia humana son los deberes, no los derechos.

Como ha dicho Monzón Arazo, si se desea que la idea de derechos humanos sea realmente-relevante para, las
sociedades no occidentales, los instrumentos de derechos humanos deberían reformularse o, al menos,
complementarse, en consideración de la realidad de los pueblos y culturas.

A la luz de la diferenciación funcional, no puede esperarse que aparezcan estructuras de legitimación universales, o
una moral de los derechos humanos aplicable de manera general, o un procedimiento universal común de
reflexividad. Esto es así porque los prerrequisitos para sentar las bases para el desarrollo de la reflexividad son
esencialmente diferentes en los distintos subsistemas. En otras palabras, la racionalidad interna del subsistema
normativo occidental de protección de los derechos humanos difiere en gran medida del africano, del asiático o del
indio. El derecho internacional de los derechos humanos debe actuar al nivel de cada subsistema específico para
instaurar, corregir y redefinir mecanismos autorregulatorios más democráticos y contemplativos de las
particularidades culturales de cada sociedad.

Los derechos humanos han de ser conceptualizados como multiculturales.

Capítulo 2 La expresión normativa de los derechos humanos.

1. Fuentes de derecho.

Las normas jurídicas en materia de derechos humanos se crean y expresan, tanto en los ordenamientos internos
como en el derecho internacional, a través de determinados "medios" (constituciones nacionales, leyes nacionales,
tratados internacionales, etc.), los cuales se denominan “fuentes del derecho” o “fuentes jurídicas".

Fuentes formales y materiales. Las fuentes materiales son los fundamentos extrajurídicos de una norma jurídica, es
decir, las causas que la motivan u originan. En cuanto a las fuentes formales, en sentido restringido, serían los
medios o procesos para la creación del derecho; en sentido amplio, serían aquellas "a través de las cuales el derecho
se manifiesta y formula y en razón de ser su expresión visible y concreta, se definen como los modos de verificación
de la existencia de normas jurídicas

Las fuentes formales presentan dos modalidades del proceso de creación del derecho: una deliberada y la otra
espontánea. Son fuentes formales de creación deliberada del derecho las emanadas de los órganos competentes.
Por el contrario, la costumbre constituye una fuente formal de creación espontánea del derecho.

La palabra "ley" en nuestro ordenamiento interno también ha sido empleada con distintas acepciones: 1) en sentido
“formal”, tal como lo denomina la doctrina: para hacer referencia al acto emanado del Congreso de la Nación (ley
nacional) o de las legislaturas provinciales (ley provincial); 2) en sentido material, como sinónimo de norma jurídica,
es decir, la conducta debida (o prescripta) por el derecho, sea cual fuere el medio utilizado o el órgano competente
para su creación (una ley del Congreso, un decreto del Poder Ejecutivo nacional, una resolución ministerial, una
ordenanza municipal, un tratado internacional).

Se ha discutido acerca de si los jueces crean o no derecho a través de una sentencia y si la jurisprudencia es o no
fuente de este. Sin duda, tanto la jurisprudencia como la doctrina constituyen fuentes formales en el sentido amplio
del término, como modos de verificación de una norma jurídica.

El estudio de la jurisprudencia nacional, sobre todo si procede de la Corte Suprema de Justicia de la Nación -CSJN-,
que es el máximo Tribunal, es de suma importancia, ya que nos ayuda a conocer la forma en que los jueces aplican -o
los motivos por los que dejan de aplicar- determinadas normas que contienen derechos o garantías, así como sus
límites. Aunque hay que tener en cuenta que los magistrados no están obligados por sus propios precedentes y
existe, por lo tanto, la posibilidad de que en el futuro asuman una posición distinta respecto de una misma norma
jurídica. Cabe citar como ejemplo la norma contenida en el artículo 14 de la Convención Americana sobre Derechos
Humanos. En 1988, en el famoso caso "Ekmekdjian c/Neustadt”, la CSJN entendió que se trataba de una norma
programática, la cual no podía ser aplicada en nuestro sistema jurídico hasta tanto no se sancionara una ley
nacional que le diera operatividad.

En consecuencia, rechazó la acción de amparo interpuesta. Contrariamente, en 1992, en el leading case “Ekmekdjian
c/Sofovich", la renovada CSJN revirtió la posición tomada cuatro años atrás y reconoció la operatividad del derecho
de rectificación o respuesta contenido en el artículo 14 de la mencionada Convención.

Artículo 14. Derecho de Rectificación o Respuesta. (Derecho a réplica)

1. Toda persona afectada por informaciones inexactas o agraviantes emitidas en su perjuicio a través de medios de
difusión legalmente reglamentados y que se dirijan al público en general, tiene derecho a efectuar por el mismo
órgano de difusión su rectificación o respuesta en las condiciones que establezca la ley.

2. Fuentes del derecho internacional.

Las fuentes principales -creadoras- del derecho internacional, en general, son los tratados internacionales, la
costumbre internacional y los principios generales del derecho, tal como se encuentra enunciado en el artículo 38,
inciso 1), deI Estatuto de la Corte Internacional de Justicia. La doctrina y la jurisprudencia internacionales son
medios auxiliares en la determinación de las reglas de derecho (también llamadas "fuentes auxiliares"), pero no
constituyen fuentes principales; es decir, no son creadoras de derecho.

1) Los tratados internacionales: Son acuerdos de voluntades entre Estados, entre Estados y organizaciones
internacionales o entre organizaciones internacionales entre sí, cuya finalidad es crear, modificar o extinguir
derechos y obligaciones internacionales, regidos por el derecho internacional.

Todo lo relativo a la celebración, aplicación y validez de los tratados está regido por dos convenciones: la
Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados (1969) -se ocupa solo de los tratados entre Estados-
y la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados entre Estados y Organizaciones Internacionales
o entre Organizaciones Internacionales (1986).

La mayoría de los tratados celebrados "en buena y debida forma" constan de un proceso complejo que
abarca las siguientes etapas: negociación, adopción del texto, firma (con el fin de autenticar que se acaba de
adoptar) y ratificación (una de las formas de manifestar el consentimiento en obligarse por el tratado). Si el
tratado es abierto, los Estados que no participaron en la negociación podrán manifestar el consentimiento
mediante la “adhesión” y formar así parte del tratado.

Los tratados son obligatorios a partir de su entrada en vigor. La entrada en vigor se produce de la forma en
que el propio tratado lo establezca o como las parte lo decidan.

Si un Estado que ha decidido obligarse por un tratado no está de acuerdo con alguna o algunas de sus
disposiciones, existe la posibilidad de que en el momento de obligarse formule una “reserva" con el fin de
modificar o excluir tales normas, en la medida en que no se encuentre prohibido por el tratado y que la
modificación o exclusión unilateralmente propuesta no vaya contra su objeto y fin, salvo que el tratado en
cuestión disponga otra cosa. Claro está que dicha reserva será aplicable en relación con aquellos Estados que
la acepten y no lo será respecto de quienes la objeten. Los Estados podrán aceptar en forma expresa las
reservas formuladas por otros Estados, aunque lo común es que la aceptación se produzca tácita o
implícitamente.

Un Estado no podrá invocar su derecho interno para justificar el incumplimiento de un tratado.

Posibilidad de denuncia o retiro de un tratado de derechos humanos.

Al igual que ocurre con cualquier tratado, muchos pactos sobre derechos humanos contienen una
disposición expresa referida a la posibilidad de denuncia o retiro de una de las partes. Ej. Artículo 78 CADH
El problema se plantea cuando un Estado pretende retirarse de un convenio que no contempla expresamente
la posibilidad de denuncia o retiro. Tal es el caso del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos
(ICCPR, por su sigla en inglés). Al respecto, la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados de 1969,
brinda un principio de solución en el artículo 56, el cual dispone:

Denuncia o retiro en el caso de que el tratado no contenga disposiciones sobre la terminación, la denuncia o
el retiro,
1. Un tratado que no contenga disposiciones sobre su terminación ni prevea la denuncia o el retiro del mismo
no podrá ser objeto de denuncia o de retiro a menos:
a) Que conste que fue intención de las Partes admitir la posibilidad de denuncia o retiro; o
b) Que el derecho de denuncia o de retiro pueda inferirse de la naturaleza del tratado.
2. Una Parte deberá notificar con doce meses por lo menos de antelación su intención de denunciar…

Imposibilidad de alegar la terminación del tratado por violación grave.

Convención de Viena sobre los Derechos de los Tratados de 1969, en su artículo 60 señala:

1. Una violación grave de un tratado bilateral por una de las partes facultará a la otra para alegar la
violación como causa para dar por terminado el tratado o para suspender su aplicación total o parcialmente.
2. Una violación grave de un tratado multilateral por una de las partes facultará:

a) a las otras partes procediendo por acuerdo unánime para suspender la aplicación del tratado total o
parcialmente o darlo por terminado. sea:

i) en las relaciones entre ellas y el Estado autor de la violación o


ii) entre todas las partes;

b) a una parte especialmente perjudicada por la violación para alegar ésta como causa para suspender la
aplicación del tratado total o parcialmente en las relaciones entre ella y el Estado autor de la violación;

c) a cualquier parte, que no sea el Estado autor de la violación, para alegar la violación como causa para
suspender la aplicación del tratado total o parcialmente con respecto a sí misma, sí el tratado es de tal índole
que una violación grave de sus disposiciones por una parte modifica radicalmente la situación de cada parte
con respecto a la ejecución ulterior de sus obligaciones en virtud del tratado.

3. Para los efectos del presente artículo, constituirán violación grave de un tratado:

a) un rechazo del tratado no admitido por la presente Convención; o

b) la violación de una disposición esencial para la consecución del objeto o del fin del tratado.

4. Los precedentes párrafos se entenderán sin perjuicio de las disposiciones del tratado aplicables en caso de
violación.

5. Lo previsto en los párrafos 1 a 3 no se aplicará a las disposiciones relativas a la protección de la persona


humana contenidas en tratados de carácter humanitario, en particular a las disposiciones que prohíben toda
forma de represalias con respecto a las personas protegidas por tales tratados.

En cuanto a qué tipos de tratados encuadran en la excepción contenida en el artículo 60, inciso 5), de la
Convención de Viena, es otra cuestión no simple de dilucidar: ¿se trata solo de tratados de derecho
humanitario, tal como pareciera surgir literalmente el inciso 5)?; en cuyo caso, ¿qué tratados estarían
incluidos en esta categoría?, ¿solo aquellos que se ocupan de la protección de la persona humana en los
conflictos armados? o ¿puede hacerse extensivo a cualquier tratado de derechos humanos?

Hay autores que sostienen una interpretación amplia, por lo que se abarca cualquier tratado que proteja a la
persona humana”, mientras que otros se apoyan en una interpretación restringida y cubren solo aquellos de
derecho humanitario en el sentido tradicional (protección de la persona humana víctima de los conflictos
armados).

Las reservas a los tratados de derechos humanos.

La Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados dedica una sección (arts. 19 a 23) a las reservas
formuladas, en general, a cualquier tipo de tratado, sin establecer alguna salvedad o excepción respecto de
los tratados sobre derechos humanos. Por supuesto, estas normas se aplican con carácter supletorio, es
decir, cuando el propio tratado no establezca otra solución.

La regla general es que cuando un Estado formula una reserva a un tratado, para que pueda ser considerado
“parte” de él es necesario que dicha reserva sea, al menos, aceptada por otro Estado "contratante".

En el supuesto de que se trate de un tratado “restringido” en el sentido del artículo 20, inciso 2) -Cuando del
número reducido de Estados negociadores y del objeto y del fin del tratado se desprenda que la aplicación del
tratado en su integridad entre todas las partes es condición esencial del consentimiento de cada una de ellas
en obligarse por el tratado, una reserva exigirá la aceptación de todas las partes-, de la Convención de Viena,
no bastará lo antedicho, sino que será necesario contar con la aprobación unánime de todas las partes. De
igual forma, si es el caso del tratado constitutivo de una organización internacional [art. 20, inc. 3)1, será
necesaria la aprobación de la reserva por parte del órgano competente de la organización.

La opinión consultiva 2 de la Corte IDH.

En relación con este punto, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) elaboró una teoría muy
confusa, sumamente criticable, en su Opinión Consultiva 2. En dicha oportunidad, la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos le había preguntado a la Corte lo siguiente: "[...] ¿desde qué momento
se entiende que un Estado es parte de la Convención Americana sobre Derechos Humanos cuando ha
ratificado o se ha adherido a dicha Convención con una o más reservas?, ¿desde la fecha del depósito del
instrumento de ratificación o adhesión o al cumplirse el término previsto en el artículo 20 de la Convención
de Viena sobre el Derecho de los Tratados?”.

En el momento de solicitarse dicha Opinión Consultiva, la Convención Americana sobre Derechos Humanos
ya se encontraba en vigor en general, puesto que se había cumplido con el requisito establecido en su
artículo 74, inciso 2). Sin embargo, la preocupación de la Comisión era saber si un Estado que se obligara con
posterioridad con alguna reserva debía esperar que al menos otro Estado la aceptase, ya sea expresa, tácita o
implícitamente, lo que podía llegar a demorar hasta doce meses a fin de determinar si finalmente podía ser o
no considerado parte en el tratado.

Una vez que la Convención Americana entró en vigor en general, el artículo 75, inciso 2), estableció que “[...)
respecto a todo otro Estado que la ratifique o adhiera a ella ulteriormente, la Convención entrará en vigor en
la fecha del depósito de su instrumento de ratificación o de adhesión. A su vez, el artículo 75 prescribió: "[...|
esta Convención sólo puede ser objeto de reservas conforme a las disposiciones de la Convención de Viena,
sobre Derecho de los Tratados, suscrita el 23 de mayo de 1969".

Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados:


20. Aceptación de las reservas y objeción a las reservas.

1. Una reserva expresamente autorizada por el tratado no exigirá la aceptación ulterior de los demás Estados
contratantes, a menos que el tratado así lo disponga.

2. Cuando del número reducido de Estados negociadores y del objeto y del fin del tratado se desprenda que la
aplicación del tratado en su integridad entre todas las partes es condición esencial del consentimiento de
cada una de ellas en obligarse por el tratado, una reserva exigirá la aceptación de todas las partes.
3. Cuando el tratado sea un instrumento constitutivo de una organización internacional y a menos que en el
se disponga otra cosa, una reserva exigirá la aceptación del órgano competente de esa organización

4. En los casos no previstos en los párrafos precedentes y a menos que el tratado disponga otra cosa:

a) la aceptación de una reserva por otro Estado contratante constituirá al Estado autor de la reserva en parte
en el tratado en relación con ese Estado sí el tratado ya esta en vigor o cuando entre en vigor para esos
Estados;

b) la objeción hecha por otro Estado contratante a una reserva no impedirá la entrada en vigor del tratado
entre el Estado que haya hecho la objeción y el Estado autor de la reserva, a menos que el Estado autor de la
objeción manifieste inequívocamente la intención contraria;

c) un acto por el que un Estado manifieste su consentimiento en obligarse por un tratado y que contenga una
reserva surtirá efecto en cuanto acepte la reserva al menos otro Estado contratante.

5. Para los efectos de los párrafos 2 y 4. y a menos que el tratado disponga otra cosa, se considerara que una
reserva ha sido aceptada por un Estado cuando este no ha formulado ninguna objeción a la reserva dentro de
los doce meses siguientes a la fecha en que hayan recibido la notificación de la reserva o en la fecha en que
haya manifestado su consentimiento en obligarse por el tratado si esta última es posterior.

Es decir que bastaría con recurrir a la sección sobre reservas de la Convención de Viena de 1969, a cuyos
artículos nos remite expresamente el artículo 75. Comprobaríamos que la Convención Americana sobre
Derechos Humanos no es un tratado restringido ni constitutivo de una organización internacional, como así
tampoco un tratado que contemple determinadas reservas "expresamente autorizadas”; en consecuencia,
resultarán aplicables los incisos 4.a, 4.c y 5 del artículo 20. La solución sería, entonces, contraria a la arribada
por el tribunal.

En efecto, la Corte, por unanimidad, opinó que la Convención entra en vigencia para un Estado que la
ratifique o se adhiera a ella con o sin reservas, en la fecha del depósito de su instrumento de ratificación o
adhesión”. Se basaron en darle una connotación diferente a la Convención de Derechos Humanos, por la
materia que regula; sin embargo, la doctrina mayoritaria llego a la conclusión que esa interpretación se trata
de un cambio en la normativa que señala la misma convención.

Las observaciones del comité de derechos humanos.

Por su parte, el Comité de Derechos Humanos, órgano de aplicación del Pacto Internacional de Derechos
Civiles y Políticos, emitió en 1994 una serie de observaciones en relación con las reservas y declaraciones
formuladas por los Estados al obligarse por el Pacto o por alguno de sus dos Protocolos Facultativos.
2) La costumbre internacional.

La costumbre internacional ha sido definida como "(...1 la práctica común y reiterada de dos o más Estados aceptada
por estos como obligatoria.

Una norma consuetudinaria puede ser, por ejemplo, aquella que dispone que un Estado es responsable por los actos
realizados por sus funcionarios en contra del derecho internacional, aunque estos se hayan excedido en el
cumplimiento de sus funciones; o aquella que establece que no se debe colaborar con un Gobierno que comete
actos de genocidio. En el primer ejemplo estamos en presencia de una práctica que consiste en una "acción”,
mientras que en el último hablamos de una "omisión” (no hacer algo, una abstención).

En la actualidad, pareciera que ciertos actos tienen tanta fuerza de convicción o aceptación que no necesitan
reiterarse en el tiempo, de modo que una sola conducta, en la medida en que cuente con la aquiescencia del resto de
los Estados, podría conformar una norma consuetudinaria, la cual es denominada "costumbre instantánea". Sin
embargo, no todos los juristas están de acuerdo con esta teoría, por lo que insisten en la necesidad de su reiteración.

3) Principios Generales del Derecho.


Son postulados, máximas rectoras del derecho en general; por lo tanto, se encuentran en todos los ordenamientos
jurídicos internos, en el sistema jurídico de todos los Estados. Podemos citar como ejemplos: el principio de la cosa
juzgada, el principio “ley posterior deroga ley anterior”, el principio de la buena fe, el principio de igualdad ante la ley.

3. El valor jurídico de las declaraciones y resoluciones de organizaciones internacionales.

Las organizaciones internacionales gubernamentales —es decir aquellas creadas por Estados, como por ejemplo la
Organización de las Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos, la Organización Internacional del
Trabajo- han sido definidas como aquellas "[...] asociaciones voluntarias de Estados establecidas por acuerdo
internacional, dotadas de órganos permanentes, propios e independientes, encargados de gestionar unos intereses
colectivos y capaces de expresar una voluntad jurídicamente distinta de la de sus miembros

El valor jurídico ab initio de tales declaraciones o resoluciones -o cualquiera sea su denominación- dependerá del
mandato que se le haya otorgado a ese órgano en particular en el tratado constitutivo de la organización (o en
cualquier otro tratado posterior a ella vinculada).

Sin perjuicio de ello, existe la posibilidad de que una declaración o resolución de un órgano internacional recoja
normas consuetudinarias generales. En tal supuesto, la obligatoriedad de tales normas será considerada
independientemente del valor jurídico que posea la declaración o resolución como tal. También puede ocurrir que
dicho acto constituya la práctica necesaria para crear una norma de derecho consuetudinario y constituya tanto una
expresión de la conducta objetiva de los Estados que la votaron como una manifestación de la opinio iuri.

Capítulo 3 Las relaciones entre el derecho internacional y el derecho interno argentino.

Son dos los problemas que atañen a las relaciones entre el derecho internacional y el derecho interno: la
incorporación de aquel al derecho estatal y la relación jerárquica entre ambos.

La incorporación del derecho internacional.

Existen dos formas de incorporación del derecho internacional (convencional o consuetudinario): automáticamente o
a través de un acto formal del Estado (que puede ser una ley u otra fuente) que lo recepte, transforme o integre al
derecho interno. La incorporación automática o directa de los tratados o de la costumbre internacional es tenida en
cuenta por lo que la doctrina denomina "teoría monista", que considera al derecho internacional y al derecho
interno como dos subsistemas que pertenecen a un mismo ordenamiento jurídico. Por oposición, la “teoría dualista"
al considerar que ambos derechos pertenecen a dos ordenamientos distintos, requiere la transformación del derecho
internacional para poder ser aplicado en el orden jurídico interno.

La incorporación de los tratados en nuestro derecho interno.

Para nuestro derecho, el tratado es un acto complejo federal, por cuanto en su celebración intervienen los Poderes
Ejecutivo y el Legislativo de la Nación.

En sede internacional, es el Poder Ejecutivo de la Nación (PEN) el que negocia y ratifica los tratados. Así, el actual
artículo 99 de nuestra Carta Magna (según la reforma de 1994), en su inciso 11 establece que el PEN "[...] concluye y
firma tratados, concordatos y otras negociaciones requeridas para el mantenimiento de buenas relaciones con las
organizaciones internacionales y las naciones extranjeras.

En el ámbito interno, nuestra Constitución Nacional (CN) exige que los tratados con las Naciones extranjeras sean
aprobados por el Congreso de la Nación, tal como lo prescribe el reformado artículo 75, en el inciso 22): “Aprobar o
desechar tratados concluidos con las demás naciones y con las organizaciones internacionales y los concordatos con
la Santa Sede".

Resulta imprescindible destacar que la aprobación que realiza el Congreso de la Nación en el orden interno -por
medio de una ley- es solo un paso intermedio en el proceso de conclusión de los tratados, previamente a la
ratificación en el ámbito internacional y, por ende, no implica su incorporación al derecho interno.

Una vez ratificado (o adherido) por acción del Poder Ejecutivo, el tratado se incorpora automáticamente a nuestro
derecho, sin necesidad de ser receptado o transformado a través de una ley u otro acto interno formal. Si ello no
fuera así y consideráramos que el tratado es transformado en derecho interno por una ley, esto derivaría en el
absurdo de existir dos normas jurídicas: el tratado, que sería válido pura el derecho internacional, y la ley del
Congreso, obligatoria en el orden jurídico argentino.

La incorporación del derecho internacional consuetudinario en el derecho argentino.

Nuestra Constitución hace referencia al derecho de gentes en la actual redacción del artículo 118, concordante con el
anterior artículo 102. El "derecho de gentes” está integrado no solo por normas convencionales, sino también
consuetudinarias y es destacable que en muchas oportunidades nuestro máximo tribunal de justicia ha hecho alusión
a dicha expresión para aplicar normas consuetudinarias, tales como aquellas relativas a inmunidades de los Estados y
de los agentes diplomáticos y consulares.

La relación jerárquica entre el derecho internacional y el derecho interno.

Solución en el derecho internacional.

En este se reafirma que dicho orden prevalece sobre el interno. Así, la Convención de Viena de 1969 sobre el
Derecho de los Tratados, en el artículo 27 establece: “Una parte no podrá invocar las disposiciones de su derecho
interno como justificación del incumplimiento de un tratado”, idéntico principio adopta la Convención de 1986
referente a los tratados con organizaciones internacionales, ello sin perjuicio de que la violación manifiesta de una
norma de fundamental importancia del derecho interno relativa a la manifestación del consentimiento del Estado,
pueda dar lugar a la nulidad relativa del tratado (conforme al art. 46 de las citadas convenciones), algo poco común.

Solución en el derecho argentino.

El artículo 31 de la Constitución Nacional establece: “Esta Constitución, las leyes de la Nación que en su consecuencia
se dicten por el Congreso y los tratados con las potencias extranjeras son ley suprema de la Nación; y las autoridades
de cada provincia están obligadas a conformarse a ella, no obstante, cualquier disposición en contrario que
contengan las leyes o constituciones provinciales. Esta disposición les otorga a la Constitución, las leyes de la Nación
y los tratados internacionales rango de “ley suprema de la Nación", por lo que prevalecen sobre el ordenamiento
provincial, sin establecer jerarquía alguna entre ellos (puesto que, si el orden en que se encuentran enunciados
implicara preeminencia, tendría que haberse explicitado en la misma norma).

La constitución nacional y los tratados internacionales.

Por una parte, se diferencian distintas categorías de tratados: según su objeto (sobre derechos humanos, sobre
integración, para fines de administración de justicia, de intereses económicos y trabajos de utilidad común, de
carácter político) y según los sujetos intervinientes (tratados con Estados de Latinoamérica, con otros Estados, con
organizaciones internacionales, concordatos con la Santa Sede).

El nuevo artículo 75, en su inciso 22), párrafos segundo y tercero, establece:

"La Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre; la Declaración Universal de Derechas Humanos; la
Convención Americana sobre Derechos' Humanos; el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y
Culturales; el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y su Protocolo Facultativo; la Convención sobre la
Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas
de Discriminación Racial; la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer;
la Convención contra la Tortura y otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes; la Convención sobre los
Derechos del Niño; en las condiciones de su vigencia, tienen jerarquía constitucional, no derogan artículo alguno de la
primera parte de la Constitución y deben entenderse complementarios de los derechos y garantías por ella
reconocidos. Solo podrán ser denunciados, en su caso, por el Poder Ejecutivo nacional, previa aprobación de las dos
terceras partes de la totalidad de los miembros de cada Cámara.

Los demás tratados y convenciones sobre derechos humanos, luego de ser aprobados por el Congreso, requerirán del
voto de las dos terceras partes de la totalidad de los miembros de cada Cámara para gozar de la jerarquía
constitucional".

la referencia a que dichos instrumentos “[...) no derogan articulo alguno de la primera parte de la Constitución y
deben entenderse complementarios de los derechos y garantías por ella reconocidos”, así como la vigencia de los
artículos 27 y 30, nos lleva a interpretar que siguen prevaleciendo los principios de derecho público constitucionales
sobre todo tipo de tratados, puesto que esa es la condición que deben cumplir incluso los tratados sobre derechos
humanos para gozar de la llamada “jerarquía constitucional”. En realidad, esta expresión podría significar que estos
tratados sobre derechos humanos son superiores a toda otra norma inferior a la Constitución, puesto que está bien
claro que los tratados “(...1 no derogan artículo alguno de la primera parte de la constitución" y, además, tampoco se
previó la posibilidad de contradicción entre las normas de un tratado con aquella (aunque ello no quita la posibilidad
de que en el futuro la jurisprudencia pueda hacer prevalecer las cláusulas de este tipo de tratados sobre la
Constitución misma).

Jerarquía de los tratados frente a otras fuentes de derecho.

Respecto de los tratados y las leyes de la Nación, ante la falta de normas constitucionales que brindaran un orden
jerárquico, la CSJN durante varias décadas consideró a las leyes (o decretos-leyes) y a los tratados en igualdad de
rango y para resolver un conflicto entre ambos recurría a dos principios generales del derecho: ley posterior deroga
ley anterior y ley especial deroga ley general. En consecuencia, un tratado posterior podía derogar una ley anterior,
así como una ley posterior podía derogar un tratado anterior (sin perjuicio de que ello generara responsabilidad
internacional por el incumplimiento de un tratado en vigor). Esta postura se afirmaba en los casos “SA Martín y Cía.
Ltd c/Administración General de Puertos s/Repetición de pago” y “Esso SA c/Gobiemo Nacional”.

En 1992 la CSJN revirtió su doctrina en el caso “Ekmekdjian, Miguel c/Sofovich, Gerardo y otros" al sostener que
"[...] la derogación de un tratado internacional por una ley del Congreso violenta la distribución de competencias
impuesta por la misma Constitución nacional, porque mediante una ley se podría derogar el acto complejo federal de
la celebración de un tratado” y “[...] que la Convención de Viena sobre el derecho de los tratados [...] confiere
primacía al derecho internacional convencional sobre el derecho interno. Ahora esta prioridad de rango integra el
ordenamiento jurídico argentino. La convención es un tratado internacional, constitucionalmente válido, que asigna
prioridad a los tratados internacionales frente a la ley interna en el ámbito del derecho interno, esto es, un
reconocimiento de la primacía del derecho internacional por el propio derecho interno"

La reforma constitucional de 1994 adoptó una postura que concuerda con la doctrina de la CSJN al prescribir en el
artículo 75, inciso 22), primer párrafo que los tratados y concordatos tienen jerarquía superior a las leyes”.

Por otra parte, en el inciso 24) del mencionado artículo 75, se señala también entre las funciones del Poder
Legislativo: “Aprobar tratados de integración que deleguen competencias y jurisdicción a organizaciones
supraestatales en condiciones de reciprocidad e igualdad, y que respeten el orden democrático y los derechos
humanos. Las normas dictadas en su consecuencia tienen jerarquía superior a las leyes”

Jerarquía de la costumbre internacional frente a otras fuentes del derecho interno.

A diferencia de lo que ocurre con los tratados, nuestra Constitución Nacional no hace referencia explícita a la posición
que ocupa la costumbre internacional en relación con otras fuentes de derecho interno, sea la propia CN, o leyes
dictadas por el Congreso de la Nación. Vinuesa considera que, sin embargo, es posible inferir que la costumbre
tendrá el mismo rango otorgado a los tratados y que está subordinada a la Constitución Nacional.

La Corte Suprema de Justicia de la Nación ha hecho aplicación de la costumbre internacional en diversas


oportunidades, aunque es difícil hallar precedentes en los que se observe una nítida contraposición entre una norma
internacional consuetudinaria y una norma interna, para poder evaluar cómo juega la relación jerárquica entre ellas.

En el caso Priebke, la Corte Suprema, al hacer lugar a la extradición solicitada por Italia del criminal de guerra Erich
Priebke, sostuvo la imprescriptibilidad "[...] de los delitos contra la humanidad”, con apoyo en los “principios del ius
cogens del Derecho Internacional", probablemente con la finalidad de descartar la aplicación de las normas
contenidas en el Código Penal argentino vigente en dicha época, bajo las cuales, todas las acciones penales
prescribían al cabo de un período de tiempo, variable de acuerdo con el tipo de delito.

Las declaraciones de derechos humanos con jerarquía constitucional.

Ya vimos que el nuevo artículo 75, inciso 22), segundo párrafo, de la CN otorgó jerarquía constitucional, junto con
ciertos tratados, a dos declaraciones: la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre y la
Declaración Universal de Derechos Humanos. Si bien ninguna de estas declaraciones constituye un "tratado", no
obstante, se reconoce valor vinculante a sus contenidos, fundamentalmente, al tener en cuenta la práctica de los
Estados al respecto. Es decir que cada uno de los principios enunciados en dichos instrumentos constituiría una
norma consuetudinaria y, por ende, con carácter obligatorio para los Estados.

Sin embargo, cabe efectuar la siguiente pregunta: ¿a qué se refiere el artículo 75, inciso 22), segundo párrafo, cuando
luego de enunciar las dos declaraciones y los nueve tratados con jerarquía aclara que tendrán dicha jerarquía “(... en
las condiciones de su vigencia [„.]"?

Es decir, sabemos a qué referimos cuando hablamos de las condiciones de vigencia de los tratados, pero, ¿cuáles
serían las condiciones de vigencia de las Declaraciones Americana y Universal dado que ellas no poseen la naturaleza
jurídica de tratados? Lo más simple podría ser interpretar que la expresión “[...] en las condiciones de su vigencia
[...]” se refiere exclusivamente a los tratados y no a las declaraciones.

La aprobación y renuncia de los tratados según la reforma constitucional.

La aprobación por el Congreso.

El nuevo artículo 75 de la CN, en sus incisos 22) y 24), reconoce distintos tipos de mayoría en la votación de las leyes
aprobatorias de los tratados. Aquí es donde tiene relevancia la clasificación de los tratados antes mencionada según
su objeto y según los sujetos intervinientes. (tratados de derechos humanos- jerarquía constitucional aprobación de
las 2/3 partes de los miembros de cada cámara; tratados de integración con Estados Latinoamericanos mayoría
absoluta de la totalidad de los miembros de cada cámara; y tratados de integración con otros países mayoría
absoluta de los presentes de cada cámara)

La denuncia.

Acertadamente, los incisos 22) y 24) del nuevo artículo 75 hacen referencia a la denuncia cuando establecen que los
tratados sobre derechos humanos con jerarquía constitucional podrán ser denunciados, en su caso, por el Poder
Ejecutivo nacional, previa aprobación de las dos terceras partes de la totalidad de los miembros de cada Cámara"
[inc. 22)1 y respecto de los tratados de integración: "[...1 se exigirá la previa aprobación de la mayoría absoluta de la
total de los miembros de cada Cámara”.

Operatividad de los tratados.

Tratados operativos y programáticos.

Los tratados operativos (self-executing) son aquellos cuyas normas “(...] resultan aplicables en el ordenamiento
interno de forma directa por contener en sí mismas todas las medidas necesarias al efecto". En ese mismo sentido,
nuestra Corte Suprema ha puntualizado que “[...} una norma es operativa cuando está dirigida a una situación de la
realidad en la que puede operar inmediatamente, sin necesidad de instituciones que deba establecer el congreso".

Pero hay tratados que contienen cláusulas que no son susceptibles de aplicación inmediata, sino que requieren para
su efectividad la adopción de medidas legislativas o reglamentarias internas, a fin de fijar sus ámbitos de aplicación
(límites). A estos tratados se los denomina “programáticos” (non self-executing).

Operatividad de los tratados de derechos humanos.

Recordemos que en el mencionado caso "Ekmekdjian c/Sofovich", ante la ausencia de reglamentación legal del
artículo 14 del tratado, la CSJN suplió dicha omisión al establecer las medidas necesarias para aplicar la norma al caso
concreto.

Otras normas constitucionales referentes a los tratados.

La reciente reforma constitucional ha mantenido el control de constitucionalidad de los tratados por la Corte
Suprema de Justicia de la Nación, a través del nuevo artículo 116: "Corresponde a la Corte Suprema y a los tribunales
inferiores de la Nación, el conocimiento y decisión de todas las causas que versen sobre puntos regidos por [...] los
tratados con las naciones extranjeras (coincidentemente con el anterior art. 100).

Asimismo, en el artículo 125 se recepta la facultad de las provincias de "(...1 celebrar tratados parciales para fines de
administración de justicia, de intereses económicos y trabajos de utilidad común, con conocimiento del Congreso
Federal” (poder que anteriormente le confería el art. 107) y se incorpora el artículo 124: “Las provincias podrán crear
regiones para el desarrollo económico y social y establecer órganos con facultades para el cumplimiento de sus fines,
y podrán también celebrar convenios internacionales en tanto no sean incompatibles con la política exterior de la
Nación y no afecten las facultades delegadas al Gobierno federal o el crédito público de la Nación; con conocimiento
del Congreso Nacional.

En el artículo 39 se les reconoce a los ciudadanos el derecho de iniciativa popular para presentar proyectos de ley,
pero impide su ejercicio respecto de proyectos de tratados internacionales.

Capítulo 4 Protección de los Derechos Humanos a través de los órganos de las Naciones Unidas.

1. La organización de las naciones unidas y los derechos humanos.

La Organización de las Naciones Unidas es una organización internacional intergubemamental, con vocación
universal, ya que sus miembros son Estados de distintas regiones del mundo, creada en 1945 por la Carta de las
Naciones Unidas. Entre sus principios rectores se encuentra el respeto a los derechos humanos.

Si bien el propósito fundamental en el momento de la creación de la Organización era mantener la paz y la seguridad
internacionales, al tener en cuenta las dos guerras mundiales que habían tenido lugar, también entre sus fines se
explicitó la realización de "(...1 la cooperación internacional en la solución de problemas internacionales de carácter
económico, social, cultural o humanitario, y en el desarrollo y estímulo del respeto a los derechos humanos y a las
libertades fundamentales de todos, sin hacer distinción por motivos de raza, sexo, idioma o religión”.

"Carta Internacional de los Derechos Humanos", por constituir el conjunto de derechos y libertades fundamentales
de la persona humana: Declaración Universal de los Derechos Humanos, Pacto Internacional de Derechos Civiles y
Políticos y Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.

2. Los órganos principales de las Naciones Unidas y las funciones relativas a la protección de los derechos
humanos.

La Organización de las Naciones Unidas actúa a través de sus órganos principales y de los órganos subsidiarios por
ellos creados. Los órganos principales son:

1) La Asamblea General: Es el órgano deliberativo por excelencia de la Organización, compuesto por todos los
Estados miembros de las Naciones Unidas También es el órgano que tiene más vastas funciones, puesto que
puede “[...1 discutir cualesquiera asuntos o cuestiones dentro de los límites de esta Carta o que se refieran a
los poderes y funciones de cualquiera de los órganos creados por esta Carta" y, en consecuencia, sobre tales
asuntos hacer "recomendaciones a los Miembros de las Naciones Unidas”.

La Asamblea adopta sus resoluciones en sesiones ordinarias (o eventualmente, en sesiones extraordinarias),


en las que cada miembro tiene un voto; las cuestiones importantes se deciden por el voto de la mayoría de
dos tercios de los miembros presentes y votantes, mientras que las demás cuestiones se toman por la
mayoría de los miembros presentes y votantes. Está autorizada por la Carta para crear los organismos que
estime necesarios para cumplir con sus funciones. En tal sentido, ha establecido comisiones, comités y otros
órganos especiales o subsidiarios, y programas con finalidades específicas.

1.1) Declaración Universal de los Derechos Humanos: 10 de diciembre de 1948. Si bien no es un tratado
internacional, el innegable valor moral, jurídico y político que tiene este documento ha llevado a que se
consagre el 10 de diciembre como “Día Internacional de los Derechos Humanos". Como acto unilateral
de la Asamblea General, la Declaración no goza ab initio de valor jurídico vinculante; debe considerarse
que, como ya hicimos referencia, el artículo 13, inciso b), de la Carta de las Naciones Unidas solamente le
confiere a dicho órgano la potestad de emitir "recomendaciones" a los Estados con el fin de"[...] ayudara
hacer efectivos los derechos humanos”. No obstante, en la actualidad se reconoce el carácter obligatorio
de los derechos que enuncia.
En cuanto al contenido, la Declaración Universal de Derechos Humanos proclama derechos de diversa
índole: civiles, políticos, económicos, sociales y culturales, así como algunos deberes de la persona
humana. Pueden citarse los siguientes derechos: a la vida, a la libertad, a la seguridad, a no ser
torturado, al reconocimiento de la personalidad jurídica, a la igualdad ante la ley y a igual protección
contra toda discriminación, a un recurso judicial, a no ser detenido arbitrariamente y demás garantías del
debido proceso penal, a la protección de la ley contra injerencias arbitrarias en la vida privada, la familia,
el domicilio, etc.

En cuanto a los deberes, puede citarse el artículo 1, que establece: “Todos los seres humanos nacen libres
e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, fraternalmente los unos
con los otros deben comportarse.”

Art. 29: Toda persona tiene deberes respecto a la comunidad puesto que sólo en ella puede desarrollar
libre y plenamente su personalidad.

1.2) Otras declaraciones aprobadas por las naciones unidas: Declaración de los Derechos del Niño,
Declaración de la Naciones Unidas sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial,
Declaración sobre la Eliminación de la Discriminación Contra la Mujer, Declaración de los Derechos del
Retrasado Mental, Principios de cooperación internacional en la identificación, detención, extradición y
castigo de los culpables de crímenes de guerra, o de crímenes de lesa humanidad, etc.

2) El Consejo de Seguridad: Está compuesto por quince Estados miembros de las Naciones Unidas. Cinco de
ellos son miembros permanentes, mientras que los otros diez-miembros no permanentes son elegidos por la
Asamblea General por un período de dos años.

La función principal del Consejo de Segundad es el mantenimiento de la paz y seguridad internacionales.


Para ello está facultado para, determinar la existencia de toda amenaza a la paz, su quebrantamiento o acto
de agresión, y tomar las medidas que estime convenientes para mantener o restablecer la paz y la seguridad
internacionales

Específicamente, puede instar a las partes a que cumplan con las medidas provisionales que juzgue
necesarias o aconsejables; también puede tomar medidas coercitivas pero que no impliquen el uso de la
fuerza armada, tales como la interrupción total o parcial de las relaciones económicas y de las
comunicaciones o la ruptura de relaciones diplomáticas”; así mismo puede tomar medidas coercitivas que
impliquen el uso de la fuerza armada, como demostraciones, bloqueos y otras operaciones ejecutadas por
fuerzas aéreas, navales o terrestres de miembros de las Naciones Unidas.

Las resoluciones sobre cuestiones de procedimiento son tomadas por el voto afirmativo de nueve miembros
del Consejo de Seguridad, mientras que las demás cuestiones (de no procedimiento) son tomadas por el voto
afirmativo de nueve miembros, pero no debe haber ningún voto por parte de ningún miembro permanente
en contra.

3) La Corte Internacional de Justicia: La Corte Internacional de Justicia (CIJ) es el órgano Judicial principal de las
Naciones Unidas. Funciona de conformidad con el Estatuto anexo a la Carta y que forma parte integrante de
esta: el Estatuto de la Corte Internacional de Justicia.

Está compuesta por quince magistrados elegidos por la Asamblea General y el Consejo de Seguridad, que
duran nueve años en ejercicio de sus funciones y pueden ser reelectos. Los jueces son imparciales e
independientes, motivo por el cual no representan al Estado de su nacionalidad, ni a ningún otro.

La CIJ tiene una doble competencia: contenciosa y consultiva. Es contenciosa cuando resuelve controversias
únicamente entre Estados que hayan aceptado su jurisdicción, a través del dictado de un fallo que es
obligatorio, definitivo e inapelable para las partes litigantes. La competencia consultiva tiene lugar cuando
los órganos de las Naciones Unidas expresamente autorizados para ello73 -o los organismos especializados-
le requieren a la Corte un dictamen (no vinculante) sobre cualquier cuestión jurídica de su competencia, la
que se denomina "opinión consultiva”. Las decisiones de la Corte se adoptan por mayoría de los miembros
presentes; es suficiente el quórum de nueve magistrados para constituir la Corte.

4) El Consejo Económico y social: El Consejo Económico y Social (Ecosoc) está integrado por cincuenta y cuatro
miembros de las Naciones Unidas elegidos por la Asamblea General por un período de tres años. En cuanto a
sus funciones y poderes el artículo 62 de la Carta dispone:

"1. El Consejo Económico y Social podrá hacer o iniciar estudios e informes con respecto a asuntos
internacionales de carácter económico, social, cultural, educativo y sanitario, y otros asuntos conexos, y hacer
recomendaciones sobre tales asuntos a la Asamblea General, a los Miembros de las Naciones Unidas y a los
organismos especializados interesados.
2. El Consejo Económico y Social podrá hacer recomendaciones con el objeto de promover el respeto a los
derechos humanos y a las libertades fundamentales de todos, y la efectividad de tales derechos y libertades.
3. El Consejo Económico y Social podrá formular proyectos de convención con respecto a cuestiones de su
competencia para someterlos a la Asamblea General.
4. El Consejo Económico y Social podrá convocar, conforme a las reglas que prescriba la Organización,
conferencias internacionales sobre asuntos de su competencia”

Asimismo, el Ecosoc puede concertar acuerdos con los organismos especializados de las Naciones Unidas
(por ejemplo la OIT, la Unesco, la OMS) y coordinar sus actividades mediante consultas y por la vía de las
recomendaciones.

Si bien las resoluciones del Ecosoc en materia de derechos humanos solo constituyen “recomendaciones”
para los Estados, muchas de ellas, de indudable valor moral y político, han contribuido a generar normas
consuetudinarias.

1- La labor de los órganos subsidiarios del Consejo Económico y Social: La Comisión de Derechos Humanos
fue creada en 1946 y hasta su disolución, en 2006, fue el principal órgano subsidiario del Ecosoc en
materia de derechos humanos. Su composición varió a través del tiempo y, en el momento de su
disolución, contaba con cincuenta y tres Estados miembros, elegidos por el Ecosoc por un período de tres
años, en base a una distribución geográfica equitativa. En 1947, bajo la autoridad del Consejo Económico
y Social, la Comisión de Derechos Humanos creó un órgano subsidiario. Su nombre original era
"Subcomisión de Prevención de Discriminaciones y Protección a las Minorías”, el cual cambió en 1999,
por decisión del Ecosoc, por el de “Subcomisión de Promoción y Protección de los Derechos Humanos”.

De acuerdo con la resolución 60/251 que creó el Consejo de Derechos Humanos, dependiente de la
Asamblea General, todos los mandatos, mecanismos, funciones y responsabilidades de la Comisión de
Derechos Humanos, incluida la Subcomisión de Promoción y Protección de los Derechos Humanos,
fueron asumidos por el Consejo de Derechos Humanos a partir del 19 de junio de 2006. El Consejo de
Derechos Humanos, por decisión 1/102 del 30 de junio de 2006, decidió prorrogar excepcionalmente por
un año, sujeto a examen futuro, los mandatos y los titulares de mandatos de la Subcomisión de
Promoción y Protección de los Derechos Humanos.

2- Los procedimientos previstos en las resoluciones 1235 y 1503 del Consejo Económico y Social: Desde su
creación la ex Comisión de Derechos Humanos recibió numerosas denuncias, ya sea de individuos como
de organizaciones no gubernamentales (ONG), por violación a los derechos humanos. Frente a ello, en
1947 dicho órgano expresó que carecía de competencia para actuar al respecto, decisión que fue
confirmada por el Ecosoc mediante su resolución 75. Esta resolución estableció un método de
clasificación de las peticiones recibidas y decidió que se incluyeran en una lista confidencial elaborada
por el secretario general, la cual era de acceso muy restringido. A partir de entonces, hubo muchos
esfuerzos para que el Ecosoc revocara su decisión de 1947 y otorgara poder a la ex Comisión de Derechos
Humanos para que pudiese actuar en respuesta a las denuncias recibidas.
En 1967, el Ecosoc -por medio de la resolución 1235- autorizó a la ex Comisión de Derechos Humanos a
"examinar” la información relevante sobre algunas violaciones graves de los derechos humanos, como
por ejemplo el apartheid. Así, se autorizó a dicha Comisión a elaborar un estudio de las situaciones que
revelaran una muestra consistente de violaciones de derechos humanos y a efectuar un “informe” con
"recomendaciones” al Ecosoc. Este procedimiento de investigación de violaciones de derechos humanos
era de carácter "público” (examen no confidencial) y, en la práctica, se llevó a cabo de dos formas: por
países y por tema.

En 1970, el Ecosoc estableció, por medio de la resolución 1503, un procedimiento para que la entonces
Subcomisión de Prevención de Discriminaciones y Protección a las Minorías (luego denominada
Subcomisión de Promoción y Protección de los Derechos Humanos) examinara las comunicaciones
(denuncias) sobre violaciones "graves” y "constantes” de los derechos humanos. A diferencia del
procedimiento que se llevó a cabo en virtud de la resolución 1235, el de la 1503 era “confidencial”.

La resolución 1503 autorizaba a la Subcomisión a crear un grupo de trabajo constituido por cinco de sus
miembros, para que se reuniera en "sesiones privadas’’ y considerara todas las comunicaciones —y las
respuestas de los Gobiernos respectivo recibidas por el secretario general de las Naciones Unidas, a fin
de ocuparse de aquellas que revelaran "prácticas persistentes y graves” debidamente probadas, de los
derechos humanos.

El 16 de junio de 2000, el Ecosoc adoptó la resolución 2000/3, referente al procedimiento para la


tramitación de las comunicaciones relativas a los derechos humanos con el fin de aumentar la eficacia de
los mecanismos de la Comisión de Derechos Humanos.

5) El Consejo de Administración Fiduciaria: Este órgano, actualmente compuesto por los miembros
permanentes del Consejo de Seguridad, se encargaba, bajo la autoridad de la Asamblea General, de cooperar
en la administración y vigilancia de los territorios en fideicomiso, que eran aquellos territorios heredados del
sistema de mandatos de la Sociedad de las Naciones (que habían estado bajo el poder de los Estados
vencidos en la Primera Guerra Mundial), así como de aquellos territorios que, como resultado de la Segunda
Guerra Mundial, habían sido segregados de Estados enemigos y de otros territorios colocados
voluntariamente bajo el nuevo régimen de administración fiduciaria. Cabe destacar que el 1 de noviembre de
1994 el Consejo de Administración Fiduciaria suspendió sus actividades, debido a la independencia de Palau,
el último de los territorios que se encontraba en fideicomiso.

6) La Secretaría: La Secretaría se compone de un secretario general y del personal que requiera la organización,
nombrado por aquel53. El secretario general es el más alto funcionario administrativo de las Naciones
Unidas; es nombrado por la Asamblea General a recomendación del Consejo de Seguridad, por un período
de cinco años y puede ser reelecto. Dicho funcionario no puede solicitar ni recibir instrucciones de ningún
Gobierno o autoridad ajena a la organización.

El secretario general cumple funciones de tipo administrativo (levantar actas, traducir documentos, proveer
intérpretes, etcétera) en las sesiones de otros órganos y desempeña las demás funciones que ellos le
encomiendan; debe rendir a la Asamblea General, además, un informe anual sobre las actividades de la
organización.

Cabe agregar que posee asimismo importantes funciones políticas, puesto que puede “[...) llamar la atención
del Consejo de Seguridad hacia cualquier asunto que en su opinión pueda poner en peligro el mantenimiento
de la paz y la seguridad internacional y, de hecho, ha actuado como mediador en la solución de controversias
internacionales.

Otros órganos de las naciones unidas dedicados a la protección de los derechos humanos.
1. El Consejo de Derechos Humanos: El Consejo de Derechos Humanos fue creado por la resolución 60/251 de
la Asamblea General. Es un órgano subsidiario de esta Asamblea, compuesto por cuarenta y siete Estados
elegidos por la Asamblea (en forma directa, por mayoría absoluta), de acuerdo con una distribución
geográfica equitativa. Duran tres años en sus funciones. El actual Consejo de Derechos Humanos, como ya se
adelantó, reemplaza a le ex Comisión de Derechos Humanos.

2. La oficina del alto comisionado de las naciones unidas para los derechos humanos: El puesto del Alto
Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos fue establecido por medio de la resolución
148/141108 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en seguimiento de la propuesta surgida en la
Declaración de Viena de 1993.

La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, con sede en Ginebra,
está a cargo de una persona, el alto comisionado; con rango de secretario general adjunto, elegido por el
secretario general de las Naciones Unidas, con aprobación de la Asamblea General, por el término de cuatro
años renovables por igual período.

Capítulo 5 El Nuevo Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

1. Antecedentes.

Tras la iniciativa del entonces Secretario General de las Naciones Unidas -Kofi Annan- de llevar a cabo ciertas
reformas en el seno de la ONU, se celebró la Cumbre Mundial de 2005, que tuvo como antecedentes de base y
discusión dos informes. Por un lado, el Informe del Grupo de Alto Nivel sobre "Un mundo más seguro: la
responsabilidad que compartimos" y, por otro, el Informe del Secretario General, “Un concepto más amplio de
libertad: desarrollo, seguridad y derechos humanos para todos”1. En este último, el secretario general de las
Naciones Unidas tuvo la iniciativa de crear un Consejo de Derechos Humanos. 🡪 es decir, sustitución de la Comisión
de DDHH por un Consejo de DDHH, esto le daría mayor autoridad.

El 3 de abril de 2006 la Asamblea General de la ONU publicó la resolución 60/51, adoptada el 15 de marzo, a través
de la cual dio vida al Consejo de Derechos Humanos. El objetivo de la aparición de dicho organismo -que reemplazó a
la Comisión de Derechos Humanos- no fue meramente un cambio de nombre. La finalidad fue superar las numerosas
críticas que había recibido la vieja Comisión. Estas giraban, básicamente, en tomo a la politización y la debilidad de su
actuación; es decir, la "contaminación” de una actividad que se pretendía técnica y profesional con los objetivos
políticos de los Estados. También se le endilgaba el hecho de no contar con un sistema riguroso y estructurado para el
tratamiento de las situaciones de menoscabo de derechos humanos que, eventualmente, llegaban a su conocimiento
y eran abordados por ella. Por lo tanto, se esperaba que la labor del Consejo estuviera guiada por los principios de
universalidad, imparcialidad, objetividad y no selectividad, a fin de impulsar la promoción y protección de los
derechos humanos.

2. Aspectos principales de la resolución 60/51:

2.1 Órgano subsidiario de la Asamblea General.


2.2 Responsable de promover el respeto universal por la protección de la totalidad de los derechos humanos
y libertades fundamentales de todas las personas, sin distinción de ningún tipo y de una manera “justa y
equitativa".
2.3 Promover la coordinación eficaz y la incorporación de los derechos humanos a la actividad general del
sistema de las Naciones Unidas.
2.4 Formular recomendaciones a la Asamblea General para seguir desarrollando el derecho internacional en
la esfera de los derechos humanos
2.5 Realizar un examen periódico universal, basado en información objetiva y fidedigna, sobre el
cumplimiento por parte de cada Estado de sus obligaciones y compromisos en materia de derechos
humanos.
2.6 Asumir la función y las atribuciones de la Comisión de Derechos Humanos en relación con la labor de la
Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

3. Características del Consejo.

1- Composición: es un órgano permanente, autorizado a reunirse periódicamente; como mínimo, tres por
año (sesiones ordinarias), durante un lapso no menor a diez semanas. También sesionará siempre que
fuera necesario ocuparse de crisis inminentes, y para examinar cuestiones de derechos humanos en
forma oportuna y minuciosa (sesiones extraordinarias).

Los cuarenta y siete miembros que conforman el Consejo son elegidos por todos los integrantes de la
Asamblea General, en virtud de lo cual se espera que el órgano sea más representativo en relación con
su antecesora.

La elección de los integrantes del nuevo órgano se realiza mediante votación individual, secreta, y se
alzan con los cargos quienes obtengan una mayoría absoluta de los miembros de la Asamblea General.
Aquí se presenta una oportunidad para que cese la práctica anterior, utilizada en la Comisión de
Derechos Humanos, en la que los grupos regionales presentaban listas cerradas de países
inmediatamente antes de
las elecciones.

2- Los órganos subsidiarios: El Consejo cuenta con tres órganos subsidiarios permanentes. Al ser este un
órgano constituido por representantes estatales, es fundamental contar con grupos de asesores versados
en cuestiones jurídicas, en especial, en lo concerniente a los derechos humanos. Ellos se encargan de
preparar trabajos, estudios e informes que luego los miembros del Consejo discutirán.

Comité asesor: "grupo de reflexión” -según la resolución que lo creó- y aborda todas las temáticas
relativas a las diferentes áreas de trabajo del Consejo, poniendo a disposición de este sus conocimientos
especializados, que volcará en investigaciones e informes.

Grupo de expertos sobre los derechos de los pueblos indígenas: que recoge todo el trabajo realizado
por el Grupo de Trabajo sobre las cuestiones indígenas de la antigua Comisión.

Dos foros: El foro social: representa una reunión de expertos y actores sobre cuestiones relacionadas
con la pobreza, el desarrollo y el disfrute de los derechos económicos, sociales y culturales; y el Foro
sobre Cuestiones de las Minorías, se concentra en el estudio de situaciones particulares de ciertos
grupos vulnerables, como las minorías de tipo nacional, étnico y religioso.

4. Los procedimientos especiales: Los procedimientos especiales constituyen un tipo de mecanismo


internacional de protección de derechos humanos con el cual ya trabajaba la anterior Comisión y que ha
heredado el nuevo Consejo. Este responde a la antigua práctica realizada por la mayoría de los órganos de
protección de derechos humanos conocida como "sistema de informes”. En el caso puntual del Consejo, se
concreta en estudios temáticos o por países, en los que se investiga la situación de los derechos humanos en
un país determinado o en relación con una temática específica, pero sin vínculo necesario con alguno de sus
Estados.

Los procedimientos especiales pueden estar integrados por una persona (denominada "relator especial”,
"representante especial del secretario general” “representante del secretario general” o “experto
independiente”) o por un grupo de trabajo compuesto, en general, por cinco miembros (uno de cada región).

El Consejo hace lo que se denomina “llamamientos urgentes" (a la manera de un “llamado de atención”) al


Estado denunciado, o se envían cartas para solicitar aclaraciones sobre las denuncias recibidas.
Asimismo, también se utiliza el conocido mecanismo de las “visitas in loco", en las que una delegación o el
mismo titular del mandato especial se dirige al lugar en donde se está produciendo el hecho violatorio que
ha llamado su atención (se realiza siempre con la venia del Estado al que se va).

Los procedimientos especiales persiguen establecer, a partir de situaciones de preocupación, un diálogo


interactivo con los Estados y no tan solo la búsqueda de pruebas y hechos que permitan condenar a un
determinado país por violación de los derechos humanos.

Además de las reformas ya referidas en comparación con la Comisión, se inició también un proceso de
cambio en lo que atañe a los “procedimientos especiales". Estas reformas fueron plasmadas en la resolución
5/1, del 18 de junio de 2007: “Construcción Institucional del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones
Unidas”, y en la resolución 5/2, de la misma fecha, titulada "Código de conducta para los titulares de
mandatos de los procedimientos especiales del Consejo de Derechos Humanos”. En junio de 2008, se adoptó
asimismo el "Manual de los procedimientos especiales de Naciones Unidas”, que consiste en una guía sobre
los métodos de trabajo empleados por los titulares de mandatos.

4.1. El examen periódico universal (EPU): Se trata de una instancia en la que se les brinda la oportunidad a
los Estados de que manifiesten qué acciones han llevado a cabo para mejorar la situación de los derechos
humanos en su país y para cumplir las obligaciones contraídas en esa materia. Notemos que, a diferencia de
lo que ocurría con las evaluaciones de la Comisión, que tenían un carácter selectivo, con el nuevo mecanismo
se garantiza que todos los Estados miembros de la ONU sean evaluados (mecanismo universal), y se lleven
adelante con relación a un grupo de países cada cuatro años (mecanismo periódico).

El objetivo del EPU no está enmarcado en una tónica contenciosa, sino que pretende ofrecer un marco para
que los Estados manifiesten sus progresos en materia de derechos humanos y para que puedan ser puestas
en evidencia sus falencias en pos de su superación, desde una perspectiva dialógica.

Para cerrar y sintetizar, observamos que algunos diagnósticos sobre el trabajo del nuevo Consejo han sido
alentadores. Ello así en cuanto a la intervención activa de casi todos los Estados miembros, la característica de ser un
mecanismo “entre iguales”, la participación de las ONG y los grandes esfuerzos puestos en marcha por dotar de una
mayor objetividad y profesionalismo a la labor del órgano. No obstante, los balances mayoritarios no han sido
positivos. Estos dan cuenta de la presencia de Estados miembros con graves problemas en relación con la protección
de los derechos humanos en sus países y la persistencia de la actuación “en bloques regionales”.

Capitulo 7 Los instrumentos jurídicos del sistema interamericano.

La Declaración Americana de Derechos y Deberes del Hombre y la Convención Americana sobre Derechos
Humanos (CADH) -Pacto de San José de Costa Rica- son los dos instrumentos normativos más importantes del
Sistema Interamericano, pues son los que reconocen el mayor número de derechos y de forma más amplia. La CADH,
a la manera de la Constitución Nacional argentina, además de la descripción de los derechos en ella consagrados,
cuenta con una segunda parte que crea el órgano de protección que se encuentra en la cúspide del Sistema: la Corte
Interamericana de Derechos Humanos, un órgano jurisdiccional con la competencia de dictar sentencias de carácter
obligatorio.

Esta norma ha sido interpretada por la doctrina en tanto aquella que reconoce estos derechos económicos, sociales y
culturales, como lo son el derecho a trabajar, a una vivienda digna, a la salud, a la educación, a los beneficios de la
seguridad social y demás. La diferencia fundamental que encontramos en relación con el resto de los derechos
contenidos en el Pacto de San José de Costa Rica es que limita la obligación estatal de hacerlos efectivos a la "medida
de los recursos disponibles" en el Estado, lo cual deja un margen bastante amplio que les permite ampararse en
dicha locución y eximirse de responsabilidad por su no cumplimiento. Sin embargo, el Comité de Derechos
Económicos, Sociales y Culturales -órgano de vigilancia del Pacto de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de
las Naciones Unidas- en su Observación 3 ha establecido que el Estado tiene una obligación fundamental en relación
con estos derechos y esta es garantizar, cuanto menos, un piso mínimo respecto de cada derecho.

En virtud de la debilidad que mostraba la CADH en cuanto a los derechos de segunda generación, se creó un
Protocolo Adicional en materia de derechos económicos, sociales y culturales, el cual describe y desarrolla el alcance
de cada uno de ellos.

El otro Protocolo Adicional con que cuenta la Convención Americana es el relativo a la abolición de la pena de
muerte. Es un tratado con muy pocos artículos, ya que su única finalidad es la abolición progresiva y absoluta de la
pena de muerte en el continente. La prohibición absoluta solo se establece para los delitos políticos y los conexos a
estos®. Entonces, dicho Protocolo fue pensado para que aquellos Estados que aún conservan la pena capital en sus
legislaciones internas asuman el compromiso de su abolición definitiva.

El Sistema Interamericano cuenta con una serie de instrumentos jurídicos abocados a temáticas particulares y
específicas: 1) Convención Interamericana para Prevenir y Sancionar la Tortura; 2) Convención Interamericana sobre
la Desaparición Forzada de Personas; 3) Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia
contra la Mujer: 4) La Convención Interamericana para la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra
las Personas con Discapacidad. Y como declaraciones: 1) Declaración de Principios sobre Libertad de Expresión; 2)
Principios y Buenas Prácticas sobre la Protección de las Personas Privadas de Libertad en las Américas.

Capítulo 8 La Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

1. Antecedentes y composición.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos1 es uno de los dos órganos de protección del goce y ejercicio de
los derechos humanos en el ámbito americano, que tiene su base constitucional en la Carta de la Organización de
Estados Americanos, tratado fundacional de dicha Organización, el que se constituyó como piedra fundamental para
la construcción de lo que más tarde sería el Sistema Interamericano de Protección de Derechos Humanos.

Su origen se remonta a 1959 y fue creada a partir de una resolución de la V Reunión de Consulta de Ministros de
Relaciones Exteriores de la OEA -de la mano de las prescripciones de la Carta de la Organización de Estados
Americanos- momento a partir del cual empezó a trabajar para la promoción y protección de los derechos humanos
en la región. Sus funciones fueron reguladas por un Estatuto y un Reglamento. El Estatuto es un instrumento jurídico
aprobado por la Asamblea General de la OEA*, en el cual se prescribe el funcionamiento interno de la Comisión. Con
menor estatura normativa aparece el Reglamento, ya que lo crea la propia Comisión y no tiene la jerarquía que
brinda al Estatuto el hecho de haber sido adoptado por la Asamblea General.

Junto con la Carta de la OEA, la CIDH comenzó su trabajó valiéndose de las consagraciones normativas contenidas en
la Declaración Americana de Derechos y Deberes del Hombre de 1948. En relación con este punto, en su décima
Opinión Consultiva1^, la Corte IDH entendió que ciertas normas de dicha Carta [...1 atribuyen a la Comisión
Interamericana la competencia de velar por los derechos humanos y estos derechos no son otros que los enunciados
y definidos en la Declaración Americana". También sostuvo que “[...1 puede considerarse entonces que (...) los
Estados Miembros han entendido que la Declaración contiene y define aquellos derechos humanos esenciales a los
que la Carta se refiere.

En un comienzo, la labor de la CIDH estaba limitada al análisis de situaciones generales de violaciones a los derechos
humanos que pudiera padecer un determinado país. En esa línea, el primer informe especial realizado por este
órgano surgió a partir del estudio de la situación de los derechos humanos en Cuba, en 1962.

Unos años más tarde, la Comisión fue facultada para recibir peticiones individuales, esto es, denuncias de casos
particulares en los que se alega la violación de uno o varios derechos específicos en perjuicio de una o múltiples
personas.

En 1967, se adoptó el llamado "Protocolo de Buenos Aires”, que es un Tratado que funciona como Protocolo de
Reforma a la Carta de la Organización de Estados Americanos. A través de este, se le otorgó a la Comisión
Interamericana el rango de "órgano de la OEA", sumándose así a los órganos creados a partir de su instrumento
fundacional, la Carta de la Organización: la Asamblea General, la Secretaría General, el Consejo Permanente, el
Consejo Interamericano para el Desarrollo Integral, el Comité Jurídico Interamericano, la Reunión de Ministros de
Relaciones Exteriores, y las conferencias y organismos especializados.

Con sus nuevas funciones, le correspondió a la Comisión Interamericana elaborar un proyecto de Convención
Americana sobre Derechos Humanos. Entonces, se convocó en 1969 a una conferencia especializada sobre la materia
en San José, Costa Rica. Cuando finalmente se negoció y firmó dicha Convención Americana, las funciones de la CIDH
fueron reguladas por este instrumento jurídico. Sin embargo, la Convención no hizo más que recoger la práctica que
la Comisión había desarrollado hasta la fecha en materia de protección y promoción de los derechos humanos en el
ámbito interamericano, sobre la base de su Estatuto y de su Reglamento.

Recordemos que la Convención Americana obtuvo la cantidad suficiente de ratificaciones para efectivizar su entrada
en vigor en 1978, aunque la Argentina aún no había depositado el instrumento pertinente. Ello ocurrió recién en
1984, con el restablecimiento de la democracia.

El Pacto de San José de Costa Rica es un tratado internacional que debe ser ratificado por los Estados para que las
obligaciones que emanan del Tratado sean exigibles en su jurisdicción. Ahora bien ¿qué sucedería si un Estado no
ratificara la CADH? Si sus funciones están ahora reguladas allí, ¿esto significa que la Comisión Interamericana no
puede proteger ya a los individuos que se hallen bajo la jurisdicción de un Estado que no se obligó por la CADH? La
respuesta, lógicamente, es negativa. En relación con aquellos países que no hayan ratificado la Convención
Americana y a los efectos de la regulación de sus funciones, la CIDH echará mano únicamente a las prescripciones de
su Estatuto y de su Reglamento.

Composición: La Comisión es uno de los órganos principales de la citada organización, de carácter autónomo, lo cual
significa que no recibe órdenes de ningún otro organismo, autoridad, funcionario o institución y que tiene la potestad
de dictar sus propias normas de funcionamiento. Podemos caracterizarla como de tipo ‘'cuasijurisdiccional'’, en la
inteligencia de que, si bien no tiene la potestad de dictar resoluciones con fuerza vinculante para las partes, su
actividad se parece bastante a los órganos de este tipo, cuanto menos en lo que hace a la facultad de recibir y
tramitar peticiones individuales.

Asimismo, la CIDH no es un órgano puramente político, como lo son aquellos conformados por representantes de los
Estados -por ejemplo, la Asamblea General-, sino que está compuesta por lo que llamamos "expertos
independientes”, individuos que desarrollan sus tarcas de acuerdo con su leal saber y entender, y no en respuesta a
decisiones políticas de los Estados de su nacionalidad.

Está compuesta por siete comisionados, quienes son elegidos por los Estados miembros en la Asamblea General de la
OEA, de una lista de hasta tres candidatos que ofrecen dichos Estados. Si se presentan tres, por lo menos uno de ellos
debe ser un nacional de otro Estado miembro de la OEA, diferente del que lo propone. Permanecen en su cargo
cuatro años y pueden ser reelegidos por un período más. Son escogidos a título personal -es decir, no representan al
Estado de su nacionalidad, sino que son expertos independientes- y deben ser personas de reconocida trayectoria y
versadas en materia de derechos humanos. Aunque no se exige que sean abogados, la mayoría de las veces lo han
sido.

La CIDH no es un órgano permanente, esto quiere decir que los comisionados no residen en Washington. Los
miembros de la Comisión cuentan con la asistencia de una Secretaría Ejecutiva -que sí es de carácter permanente-.

2. Atribuciones:

Tendrá competencia para actuar con relación a cualquiera de los Estados que sean miembros de la Organización, sin
que interese que estos hubiesen ratificado la Convención Americana o no lo hubiesen hecho. Si algún Estado no
hubiera ratificado ningún instrumento de derechos humanos del Sistema Interamericano, todavía la CIDH podría
velar por los derechos reconocidos en la Declaración Americana de Derechos y Deberes del Hombre, cuyo valor
jurídico actual es vinculante con fuente en la costumbre internacional.

[Link] de Informes: En el contexto de sus funciones generales de promoción y protección de los derechos
humanos, reguladas en el artículo 41 de la CADH y propuestas desde el artículo 1.1 del Reglamento, se
encuentran las relativas al sistema de informes, que es un mecanismo, de vigilancia clásico en los organismos
de protección de derechos humanos de todos los sistemas de protección existentes. La CIDH elabora los
llamados informes "por temas" y "por países”.
Los informes por países no son periódicos, La Comisión decide, según su juicio, sobre qué país y sobre qué
tema elaborará un estudio en cada oportunidad; normalmente, ello va de la mano de su preocupación por la
situación de los derechos humanos en un determinado Estado.

Finalmente, la Comisión también puede confeccionar informes como seguimiento de otro emitido con
anterioridad.

Asimismo, a diferencia de los informes periódicos de la Organización de las Naciones Unidas, no se trata de
reportes en los que los Estados deben producir información y que el organismo respectivo luego comenta. En
este caso, tanto la iniciativa como la redacción misma del informe están a cargo de la Comisión. Antes de su
publicación, la CIDH comunica su trabajo al Estado de manera confidencial y le brinda la oportunidad de
ofrecer respuestas o comentarios. La versión final se pública en la página web de la CIDH y en el Informe
Anual que se envía a la Asamblea General; así también se entrega a la prensa y tiene una amplísima
repercusión en la opinión pública.

En los mismos informes “por países” o “por temas” o de forma independiente, la Comisión puede hacer
recomendaciones a los Estados que los impulsen a tomar medidas que coadyuven al cumplimiento de sus
diversas obligaciones en materia de derechos humanos.

La Comisión tiene también la facultad de solicitar informes a los Estados, en los cuales deben explayarse
sobre las actividades desarrolladas para garantizar los derechos humanos de los habitantes sometidos a su
jurisdicción.

[Link] individuales: La posibilidad de que la CIDH pueda recibir denuncias de casos particulares en los
que se alegue que un Estado miembro de la OEA no ha respetado sus obligaciones en materia de derechos
humanos es, quizás, su función de mayor relevancia. Esta competencia debe ser cabalmente diferenciada de
las otras que posee la CIDH, pues se trata de la facultad de analizar, en un caso concreto, con víctimas
individualizadas, si un Estado determinado ha violado tal o cual norma protegida en alguno de los
instrumentos jurídicos del Sistema Interamericano. Ejemplo Claudia Solís🡪 diferencia en si lo toma como un
caso general, en cuyo supuesto no proponer un curso de acción para la reparación de la situación. Ahora, si
toma el caso de forma individual -en este caso sobre claudia Solís- si podría exigir una reparación a la
situación violatoria de derechos humanos que sufrió.

2.2.1. Admisibilidad y competencia para recibir peticiones individuales: Como primera medida, es preciso
tener en cuenta que la competencia de los tribunales y organismos internacionales, del tipo que sean,
resulta ser complementaria y subsidiaria a la ejercida por los propios Estados. la primera oportunidad
para solucionar el conflicto debe concretarse en el marco de su jurisdicción, con los órganos y
mecanismos con que cuente el Estado. Condiciones para para que la comisión pueda atender el caso:

[Link]. Competencia: 1) En razón de la persona (rationae personae), la CIDH debe evaluar la legitimación activa
y pasiva. En relación con la legitimación activa, el artículo 44 de la CIDH y el artículo 23 del Reglamento
de la CIDH indican que cualquier persona, grupo de personas o entidad no gubernamental tiene la
potestad de presentar una petición ante la CIDH. Lo antedicho no significa que la o las víctimas no deban
ser correctamente individualizadas. Sea quien fuere el que se encargue de presentar el caso, debería
especificar quién o quiénes son las víctimas. La tercera posibilidad es que una ONG lleve el caso a la
instancia internacional. El requisito que se impone es que dicha organización debe estar legalmente
reconocida como tal en alguno de los Estados miembros de la OEA, lo cual significa que tiene que haber
obtenido personería jurídica en alguno de ellos. Es oportuno recordar las prescripciones del artículo 24
del Reglamento de la CIDH, que añade un nuevo supuesto a los que surgen de la letra de la Convención
Americana: "La Comisión podrá, motu proprio, iniciar la tramitación de una petición que contenga, a su
juicio, los requisitos para tal fin". En cuanto a los legitimados pasivos, es importante destacar que solo
los Estados resultan ser pasibles de ser responsabilizados por violaciones a los derechos humanos en el
ámbito internacional americano.
2) En razón de la materia (ratione materiae): La Comisión debe evaluar si el derecho que se alega que
fue violado se encuentra contenido en algún tratado del cual el Estado denunciado sea parte, haya o no
sido invocado por los peticionarios. es preciso aclarar que la CIDH no puede determinar la existencia de
una violación a una norma contenida en un Pacto que sea ajeno al Sistema Interamericano. Ahora bien, si
se tratara de un pacto extrasistémico, pero por el cual el Estado denunciado se halla también obligado
-como podría serlo un tratado del Sistema Universal-, la CIDH podría expedirse sobre dichas normas, de
forma complementaria.

3) En razón del territorio (materiae loci): los hechos sometidos a conocimiento de la Comisión deben
haber sucedido en el territorio que se encuentre bajo la jurisdicción de un Estado miembro de la OEA.

4) En razón de tiempo (ratione temporis): Por regla general, las obligaciones emanadas de los tratados
son exigibles para los Estados a partir de la ratificación de dicho instrumento y luego de su entrada en
vigor. Por ello, la CIDH deberá verificar si el instrumento que contiene la norma que se invoca como
lesionada se encontraba en vigor para el Estado en „el momento en que sucedió la presunta violación. La
excepción a este principio la constituyen las llamadas violaciones continuadas, las cuales no tienen un
momento preciso de finalización -y, en algunas ocasiones, tampoco puede identificarse una fecha de
ocurrencia-, sino que, por sus características, se siguen cometiendo a lo largo del tiempo.

[Link]. Requisitos de admisibilidad:

1. Agotamiento de los recursos internos. Coadyuvante o complementaria. Ahora bien, cabría


preguntarse cuáles son esos recursos internos que el potencial peticionario debe agotar o cuáles son
esas instancias jurisdiccionales que debe atravesar antes de poder llegar a la CIDH. La respuesta a
dicho interrogante fue aportada por la Corte IDH en su primer caso contencioso, Velásquez
Rodríguez. Allí, el alto Tribunal estableció que dichos recursos no hacen referencia a la totalidad de
las acciones judiciales existentes en el Estado, sino solo a aquellas que sean útiles y eficaces para
resolver la situación de que se trate. La regla del agotamiento de los recursos internos no puede ser
estudiada ni evaluada de forma aislada, sino que debe ser analizada a la luz de las prescripciones del
debido proceso legal y la efectiva existencia de recursos útiles y eficaces a disposición del individuo,
así como sus reales posibilidades de acceder a ellos. Protección de la garantía contemplada en el
artículo 8 de la CADH, que ampara el derecho ciudadano a ser oído en "un plazo razonable”. Esta
expresión resulta ser controvertida, pues es siempre difícil determinar, en un caso concreto, cuál es
el "plazo razonable" que puede tomar la justicia para resolver una situación.

Finalmente, y en concordancia con el artículo 31.3 del Reglamento de la CIDH, conviene tener
presente que, si el Estado denunciado alega que no se han agotado los recursos internos, será este
quien tenga la carga de probar qué recursos o instancias útiles y eficaces no se han intentado en el
caso.

2. Plazo de caducidad: La petición, para ser admitida, tiene que ser presentada dentro de un plazo de
seis meses, a contar desde la fecha de notificación de la decisión de la última instancia interna. Si ese
no fuera el caso, y no pudiese establecerse una fecha cierta -porque se dio alguna de las excepciones
antedichas y el peticionario, no llegó hasta la última instancia dentro del Estado- se tendrá en cuenta
“un plazo razonable”, expresión para la cual caben las mismas consideraciones esbozadas. Por último,
cabe señalar que, de acuerdo con el Pacto de San José, las excepciones al agotamiento de los
recursos internos estudiadas precedentemente son igualmente aplicables a la disposición que
determina la presentación en un plazo de seis meses. Ello significa que, ante la inexistencia del
debido proceso legal, la imposibilidad de acceder a este o frente al retardo injustificado de justicia, la
petición deberá ser interpuesta "en un plazo razonable”, sin exigencia de la interposición dentro de
los seis meses.
3. Litispendencia o no duplicidad de procedimientos: Según el artículo 46.i.c) de la CADH, una petición
podrá ser admitida siempre que "[...] la materia de la petición o comunicación no esté pendiente de
otro procedimiento de arreglo internacional. Ello significa que la denuncia no puede ser presentada
de forma simultánea o sucesiva en dos órganos internacionales de similares características y que
tengan una competencia equivalente en relación con la tramitación y resolución de quejas
individuales.

4. Cosa juzgada: En consonancia con lo antedicho, no es posible presentar un caso a la CIDH que ya
haya sido resuelto por la misma Comisión o por otro organismo internacional de similares
características.

5. Inexistencia de violación de derechos humanos: Cuando la petición "[...] no exponga hechos que
caractericen una violación de los derechos garantizados por esta Convención” la CIDH la rechazará.

TIP: Está claro que la CIDH no puede erigirse en una “cuarta instancia" revisora de todas las
resoluciones de tribunales internos, si la decisión definitiva sometida a su conocimiento no resulta,
en sí misma, una violación a los derechos humanos.

6. Petición manifiesta infundada o improcedente: De acuerdo con la letra del artículo 47, no se
admitirá una denuncia cuando "[...) resulte de la exposición del propio peticionado o del Estado
manifiestamente infundada la petición o comunicación o sea evidente su total improcedencia”.
¿Cómo determinar cuándo una petición es infundada o improcedente? ¿Cuándo una denuncia no
resulta procedente y cuándo es carente de fundamentos? Lo primero que resulta evidente es que
ambas serán situaciones que tendrán que ser analizadas en particular por la CIDH. Por ello, es
importante que los peticionarios realicen sus mayores esfuerzos para que surja claramente de su
solicitud que, de ser ciertos los hechos allí expuestos, constituirían una violación a los derechos
humanos.

La calidad de “infundada” o de “improcedente” de una solicitud es más una cuestión de orden


procesal y que hace a la insuficiencia de argumentaciones para sostener la propia petición. En este
supuesto, la denuncia carece de un mínimo de fundamentos destinados a "convencer” a la CIDH de
que debe admitir el caso pues, a priori, parecería que no se trata de una violación de un derecho
protegido por los instrumentos del Sistema.

7. Información personal del peticionario: La petición debe contener una serie de datos, que son: el
nombre, la nacionalidad, la profesión, el domicilio y la firma de la persona o personas o del
representante legal de la entidad que somete la petición, si fuera el caso. Sin embargo, una petición
no será nunca rechazada por ausencia de alguno de estos datos.

2.2.2. Procedimiento de peticiones o comunicaciones individuales.

[Link]. Admisibilidad: Cuando la CIDH recibe una petición individual a través de su Secretaría Ejecutiva, como
primera medida deberá evaluar si contiene todos los requisitos formales y sustanciales mínimos para su
tramitación; en dicho caso, hará conocer al Estado denunciado la existencia de una petición en su contra
y le solicitará informaciones sobre el caso. Según el Reglamento de la CIDH, el Estado tendrá noventa días
para responder a la solicitud de la Comisión, prorrogables hasta un máximo de ciento ochenta días. Una
vez que el Estado haya respondido, se les transmitirá a los peticionarios el contenido de su respuesta
para que puedan realizar observaciones. Si las hacen, también serán trasladadas al Estado para que
aporte sus consideraciones finales. Ambas partes tienen treinta días para ello.

En su respuesta, el Estado intentará que la CADH no admita el caso. Con ese objetivo, interpondrá las
llamadas “Excepciones preliminares" lo cual consiste, básicamente en alegar que los peticionarios no
han agotado los recursos internos, que el plazo de caducidad ha expirado, que no hay en el caso violación
de derechos huma nos alguna o que la CIDH no tiene competencia para conocer el asunto.
Si admite la petición, se pasará a la segunda etapa; si no, el caso se archivará. El llamado "Informe de
Admisibilidad” será transmitido a las partes con la decisión adoptada por la CIDH, pero no puede ser
recurrido o "apelado" por ninguna de ellas.

Es oportuno aclarar que la Comisión puede archivar el expediente en cualquier momento del
procedimiento, cuando verifique que no existen ni subsisten los motivos de la petición o cuando no se
cuente con la información necesaria para alcanzar una decisión sobre la denuncia. Antes de considerar la
decisión del archivo, se solicitará a los peticionarios que presenten la información necesaria, si es que
quieren evitar tal situación 🡪 Archivo de la causa.

En el caso de que el Estado no acusara recibo después de que se le hubiera transmitido la denuncia en su
contra, la Comisión entenderá que, en principio, los hechos relatados por el peticionario son verdaderos
y continuará con la tramitación de la petición y la consecuente investigación en el caso. 🡪 No
contestación por parte del Estado ¿parecido a la confesión ficta?

[Link]. Fondo: Los peticionarios tienen dos meses desde que reciben la comunicación sobre la admisibilidad del
caso para realizar sus observaciones. A su turno, el Estado tendrá el mismo plazo para responder a lo
dicho por los representantes de las víctimas.

Asimismo, podrán celebrarse audiencias en la sede de la CIDH, en las cuales la Comisión oirá a los
representantes del Estado denunciado y a los representantes de los peticionarios. Las audiencias se
pueden realizar por la propia iniciativa de la Comisión o a solicitud de las partes. A su vez, el Estado, los
representantes de las víctimas y la misma Comisión tienen la facultad de ofrecer testigos y peritos que
arrojen luz sobre los hechos.

En este marco, la CIDH tiene la facultad de realizar, también, lo que se denomina una "investigación in
loco”. Esto significa que puede conformarse una delegación de la Comisión que se dirija al lugar de los
hechos, en los casos en que resulte útil a los efectos de la investigación, o en casos de gravedad y
urgencia. las visitas in loco no se pone en marcha únicamente en el marco de una investigación por una
petición individual, sino que, por el contrario, resulta sumamente útil en el marco de los distintos
informes generales que elabórala CÍDH, a los que se ha hecho referencia con anterioridad.

[Link]. Solución amistosa: Luego de que esta es admitida y antes de que la CIDH se expida acerca de si hubo o
no violación en el caso, la Comisión puede ponerse a disposición de las partes para llegar a una "solución
amistosa", a pedido de una de las partes o motu propio. Se trata de un acuerdo al que llegan las partes
-vale decir, Estado denunciado y peticionarios- en el que determinan, de forma conjunta, cuáles son los
hechos del caso, cuáles fueron los derechos violados y cuál será la forma en que esa violación será
reparada por el Estado. La CIDH actúa como mediador solamente.

Si luego de las conversaciones pertinentes las partes llegan a un acuerdo, este se redacta y se envía a la
CIDH para su aprobación. Si este organismo entiende que las consideraciones a las que han arribado las
partes se ajustan al ordenamiento jurídico internacional en materia de derechos humanos, procederá a
la redacción de un informe. 🡪 Informe de Solución Amistosa.

Resulta claro que existen supuestos en los que este procedimiento no podría ser aplicable, lo cual estará
dado por las características del caso. Ej. Si es un Estado Dictatorial. Es una potestad discrecional de la
CIDH, no arbitraria, aceptar esta solución o permitir esta etapa. solo en supuestos excepcionales y por
razones de fondo podía omitirse tal procedimiento.

[Link]. Solución no amistosa:

En el supuesto de que no pueda arribarse a una solución amistosa, y luego de haber examinado todas las
exposiciones verbales y escritas aportadas por las partes, así como la prueba recabada, las informaciones obtenidas
en las visitas in loco y demás, la CIDH elaborará un informe. En él expondrá los hechos del caso, el análisis de la
situación, describirá la investigación llevada adelante y expondrá sus conclusiones, las que incluirán la determinación
de la existencia de derechos violados y las recomendaciones propuestas al Estado para reparar los daños cometidos
por su acción u omisión.

Luego de la recepción de este informe, el Estado tiene un plazo de tres meses dentro de los cuales debe adoptar las
medidas necesarias para cumplir o comenzar el cumplimiento de las reparaciones establecidas con el objetivo de
enmendar las violaciones a los derechos de los peticionarios. Este primer informe -también conocido como “Informe
del artículo 50" es de carácter preliminar y su función primordial es brindarle al Estado la posibilidad de que
solucione el caso al seguir las recomendaciones fijadas por la Comisión. Por ello, este informe es “secreto".

Si en dicho plazo el Estado no lleva adelante las acciones tendientes a solucionar el caso, lo primero que la Comisión
deberá preguntarse es si el Estado denunciado es parte o no del Pacto de San José de Costa Rica y si, en este
supuesto, se ha sometido a la jurisdicción de la Corte Interamericana de Derechos Humanos80. Si no lo ha hecho, el
camino que resta para la Comisión frente a un Estado que no cumple con sus proposiciones es la elaboración de un
segundo informe de carácter definitivo o informe del artículo 51. En este, además del contenido del informe del
artículo 50 y las recomendaciones dirigidas al Estado allí dispuestas, deberá exponer cuál fue el comportamiento del
Estado luego de la emisión del informe preliminar y cuáles son las recomendaciones definitivas para el caso. La CIDH
fijará, entonces, un plazo para adopción de estas conclusiones últimas.

La diferencia sustancial que existe respecto del informe anterior-ya que ante un Estado incumplidor las
consideraciones del segundo informe podrían ser las mismas que las contenidas en el primero- es que el informe
definitivo, una vez transcurrido el plazo establecido por la Comisión para el cumplimiento de sus recomendaciones,
puede publicarse, tras obtener una mayoría absoluta de votos de los miembros de la CIDH.

El Reglamento de la CIDH, en su artículo 44.1, es claro al determinar cuál es la regla, ya que establece que la CIDH
“[...] someterá el caso a la Corte, salvo por decisión fundada de la mayoría absoluta de los miembros de la Comisión”.
Esta alocución es de suma importancia, pues indica de forma imperativa (“someterá”) que el principio general es que
el caso debe enviarse a la Corte y para que así no suceda debe haber una decisión de mayoría en contrario.

Se enumeran una serie de criterios para que la CIDH consideré si enviar o no el caso a la Corte:

1. La posición del peticionario (si quiere o no)


2. La naturaleza y gravedad de la violación.
3. La necesidad de desarrollar o aclarar la jurisprudencia del sistema.
4. El eventual efecto de la decisión en los ordenamientos jurídicos de los Estados miembros.
5. La calidad de la prueba disponible.

[Link]. Supervisión de cumplimiento:

La Comisión puede requerir a los Estados que informen, periódicamente, los avances producidos dirigidos hacia el
cumplimiento de sus obligaciones y las actividades llevadas adelante a la luz de las recomendaciones del órgano
volcadas en sus informes. En ese marco, la CIDH puede convocar a la celebración de audiencias, en las que el Estado
deberá dar cuenta de las acciones realizadas y en las que las víctimas y sus representantes también podrán introducir
sus observaciones al respecto. 🡪 tanto en solución amistosa como no amistosa.

[Link]. Medidas cautelares:

El artículo 25 del Reglamento de la CIDH, dispone: “1. En situaciones de gravedad y urgencia la Comisión podrá, a
iniciativa propia o a solicitud de parte, solicitar que un Estado adopte medidas cautelares para prevenir daños
irreparables a las personas o al objeto del proceso en conexión con una petición o caso pendiente.

2. En situaciones de gravedad y urgencia la Comisión podrá, a iniciativa propia o a solicitud de parte, solicitar que un
Estado adopte medidas cautelares a fin de prevenir daños irreparables a personas que se encuentren bajo la
jurisdicción de este, en forma independiente de cualquier petición o caso pendiente"
Si la CIDH ordena medidas cautelares, ello no implica que se esté expidiendo sobre la existencia de la violación
alegada ni sobre la responsabilidad del Estado denunciado.

Se debe constatar: el peligro en la demora si no se adoptan dichas medidas de inmediato y que el caso sea lo
suficientemente grave y urgente.

A diferencia de las medidas provisionales que puede ordenar la Corte, las medidas cautelares de la Comisión no
tienen base convencional, sino que han sido incluidas por la CIDH al redactar su propio reglamento.
Consecuentemente, esto representa una limitación con respecto a algunos Estados que consideran a dichas
medidas como "sugerencias” de ninguna manara vinculantes.

Las medidas cautelares pueden dictarse con respecto a una amplia gama de derechos y a favor de personas
identificadas, como asimismo en beneficio de categorías indeterminadas, pero determinables, de individuos.

[Link]. Otras formas de terminación del procedimiento.

Desistimiento: El peticionario podrá desistir en cualquier momento de su petición o caso, a cuyo efecto deberá
manifestarlo por escrito a la Comisión. La manifestación del peticionario será analizada por la Comisión, que podrá
archivar la petición si lo estima procedente, o podrá proseguir el trámite en interés de proteger un derecho
determinado.

Allanamiento: Si el demandado comunicare a la Corte su allanamiento a las pretensiones de la parte demandante y a


las de los representantes de las presuntas víctimas, sus familiares o representantes, la Corte, oído el parecer de las
partes en el caso, resolverá sobre la procedencia del allanamiento y sus efectos jurídicos. En este supuesto, la corte
procederá a determinar, cuando fuere el caso, las reparaciones y costes correspondientes.

[Link] interestatales:

Las comunicaciones interestatales son denuncias de casos individuales en los que se alega que un Estado ha
incumplido con sus obligaciones emanadas de los distintos instrumentos del Sistema, pero que no son introducidas
por los representantes de las víctimas o por una ONG, sino por otro Estado.

Según el artículo 48 del Reglamento de la CIDH, para que esto sea posible, el Estado denunciado debe haber
aceptado expresamente la competencia de la Comisión para recibir y examinar tales comunicaciones contra otros
Estados miembros, lo cual no se exige para el caso de las denuncias realizadas por particulares.

[Link] de los informes.

¿Los Estados pueden desconocer, sin más, las recomendaciones emitidas por la CIDH en sus informes? respuesta
negativa emerge desde los principios generales del derecho, uno de los cuales obliga a los Estados a cumplir con los
compromisos asumidos “de buena fe”, lo cual implica encomendar sus mayores esfuerzos a la efectiva realización de
todas las obligaciones derivadas de los instrumentos internacionales y de las decisiones de los organismos de
contralor.

3. Otras competencias:

Estas tienen que ver con actividades de difusión, de asesoramiento a los Estados y de desarrollo progresivo en el
reconocimiento normativo del derecho internacional de los derechos humanos.

Capítulo 9 La Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Órgano jurisdiccional creado por un instrumento internacional, la Convención Americana sobre Derechos Humanos
(también denominada, como ya se ha mencionado, Pacto de San José de Costa Rica), con sede en la ciudad de San
José de Costa Rica. Es una institución judicial autónoma de la Organización de los Estados Americanos.

Como la mayoría de los órganos jurisdiccionales internacionales, la Corte Interamericana se caracteriza por poseer
una doble competencia: en materia contenciosa y en materia consultiva.

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