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Lección de Paquito sobre el comportamiento

Paquito era un niño que solía exagerar y armar mucho alboroto cuando tenía problemas, como cuando volcó su tinta. Su madre le aconsejó que no debía hacer tanto ruido por cosas insignificantes y que solo ellos debían saber sobre sus problemas. Más tarde, durante la cena, Paquito se dio cuenta de que su silla estaba mojada pero no gritó ni se quejó, mostrando que había aprendido la lección de su madre.
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Lección de Paquito sobre el comportamiento

Paquito era un niño que solía exagerar y armar mucho alboroto cuando tenía problemas, como cuando volcó su tinta. Su madre le aconsejó que no debía hacer tanto ruido por cosas insignificantes y que solo ellos debían saber sobre sus problemas. Más tarde, durante la cena, Paquito se dio cuenta de que su silla estaba mojada pero no gritó ni se quejó, mostrando que había aprendido la lección de su madre.
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P aquito era un niño normal, como tú,

como el compañero de tu sección, como el


vecino del barrio. Como todo niño jugaba,
reía, cantaba y estudiaba. Había crecido lo
suficiente como para reconocer su edad,
demostrando también gozar de muy
buena salud.

Ayudaba en casa dejando su dormitorio


arreglado, cada objeto en su lugar,
limpiando, compartiendo otros quehaceres
necesarios. Tenía tiempo para cumplir con
las asignaciones del colegio. Su madre sentíase muy contenta por ello. Pero, había algo
que corregir en su comportamiento y debería lograrse lo más pronto posible.

Un día llegó una vecina de visita a casa. Mamá, como buena anfitriona, la recibió
amablemente, iniciándose una conversación amena, agradable e interesante. De pronto,
comenzaron a escucharse unos gritos, apuros, lamentaciones. Paquito había volteado su
témpera y armó tal alboroto que daba la impresión que toda la ciudad se estaba
enterando de lo acontecido en casa.
- ¡Mamá, mira mamá! ¿Qué hago ahora?
¡Ven... corre... ayúdame! ¿Dónde hay un trapo?...
¡Limpien en seguida el suelo! ¡Mira mi
ropa, mis cuadernos! ¡Mis manos! ¡Mamá...!
Y así continuó Paquito, quejándose, gritando,
renegando. La señora que estaba de visita no pudo
resistir más: arqueó las cejas un par de veces, puso
los ojos en blanco otras tantas, frunció los labios,
exhaló un suspiro harto significativo y se despidió
fríamente.
Mamá se armó de paciencia, como tantas veces
hacen las madres, acudió a remediar los estragos y al terminar le dijo:
- Bueno, hijo mío, ya está arreglado lo de la témpera; pero hay otra cosa que es necesario
arreglar.
Y le explicó que no se debe armar tanto alboroto por algo insignificante, sino remediar sus
consecuencias con el menor ruido posible.
- Debes tratar que menos gente se entere de lo que sucede y que esta forma de actuar
permanezca como norma en tu vida. Hay cosas que sólo nosotros debemos conocer. Por
favor, Paquito, entiéndelo que es por tu bien.
Los días transcurrieron. La vida continuó su curso normal. Cada mañana era el mismo
saludo a la creación, a la naturaleza. El coro melodioso de los pajarillos seguía siendo
transportado por el aire madrugador a todos los confines
del universo. El mismo perfume de las flores envolvía cada
tristeza y la llenaba de alegría y esperanza.
Llegó el día, en que, en el hogar de Paquito se tuvieron
que realizar algunos arreglos necesarios.
Justo el día que empezaron a pintar el comedor, la mesa
fue bajada al sótano y cada uno tuvo que acomodarse a las
circunstancias.
Llegada la hora de la cena, todos estaban acomodados,
limpios, presentables, como debe ser al momento de
compartir la mesa
familiar. Cuando tomaron
asiento, se advirtió en el rostro de Paquito un movimiento de
sorpresa y contrariedad. Había caído en la prueba preparada
por su madre.
Todos inclinaron la cabeza para dar gracias al Padre Eterno
antes de comer.
Al levantar nuevamente la mirada, los ojos de Paquito se
encontraron con los de su mamá. Sonrió. Había comprendido
lo sucedido. Con melodiosa voz y tono muy cortés dijo:
- Permiso. Y se retiró.
La familia siguió comiendo tranquilamente.
¿Qué había sucedido?
Al momento de sentarse, la sorpresa y contrariedad en el rostro de Paquito se debió a
que su silla estaba totalmente mojada. Y ¡sorpresa! No gritó, no alborotó, no dio a
entender nada. Sólo su madre y él sabían lo que estaba ocurriendo.
Paquito había comprendido y ejecutado el consejo de mamá. Salió triunfante de la prueba.
Una de las tantas pruebas que cada día le iba a presentar la misma vida.
RESOLVEMOS
I. Escribe una oración con cada palabra.
a) Ordenado : __________________________________________________
b) Exagerado : __________________________________________________
c) Paciencia : __________________________________________________
d) Curiosidad : __________________________________________________

COMPRENDE LO QUE LEES...


II. Lee y escribe en el recuadro: "V" si la afirmación es verdadera, "F" si es falsa.
a) Paquito era un niño limpio y ordenado.

b) En todo momento se portaba tranquilo y no exageraba.

c) Cuando se derramó la témpera, nadie se dio cuenta.

d) Su madre le aconsejó que no armara tanto alboroto.

e) En la casa le prepararon una prueba.

DA TU OPINIÓN O EMITE UN JUICIO...


III. ¿Paquito hacía bien en gritar exageradamente? ¿Por qué?
_____________________________________________________________________
_____________________________________________________________________

IV. ¿Aprendió la lección preparada por su madre? ¿Por qué?


_____________________________________________________________________
_____________________________________________________________________

DESARROLLA TU CREATIVIDAD...
V. Si tuvieras un grave problema.
a) ¿Qué harías?
_________________________________________________________________
_________________________________________________________________

b) ¿Qué aconsejarías a tus amigos?


_________________________________________________________________
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