Capítulo 1
Bea
Veo como caen las gotas de lluvia sobre la ventana, no sé qué
más pensar, me aburro, me aburro muchísimo. Odio las clases
de historia, a decir verdad.
—Bea—al escuchar mi nombre me doy vuelta hacía su dirección
—, ¿puedes prestar atención a la clase? Es un tema bastante
difícil, y no lo volveré a repetir. Además, la semana que viene
hay exámen sobre esto, y no quiero que, al corregir los
exámenes, el tuyo esté adornado con un bello cero. —Me tomó
por sorpresa, lo que causó que me quedara quieta en mi lugar,
sin decir nada, hasta que por fin reacciono y encuentro las
palabras para responderle.
—Perdón, profesora. No se volverá a repetir. —Asiente con la
cabeza, y sigue con su clase, mientras que yo doy todo de mí
por prestar atención, pero mis pensamientos me ganan y es
cuestión de segundos para que se apoderen de mi cabeza. Sin
embargo, esta vez, trato de no incriminarme de manera tan
evidente.
Cuando toca el timbre, espero a mis amigas para ir al receso, y
pasar los pocos minutos que quedan de la tarde. El frío invernal
me azota la cara cuando salgo del aula, y en eso, mi atención se
desvía de la tarea de buscar a mis amigas, ya que mis ojos se
dirigen hacia Aaron. Me gusta desde hace unos años, pero no
soy lo suficientemente valiente como para hablarle, por
diferentes razones. Es un año mayor que yo, me da miedo que
me rechace. Además no podría salir con alguien como él, por lo
que soy.
No soy normal, ese es el adjetivo que mejor nos define, a mí y a
mis amigas. Nosotras venimos de una raza llamada Abba,
somos una especie protegida, o eso éramos, hasta que se
abusaron de nuestros poderes e inteligencia e intentaron
deshacerse de Abba. Hasta donde sé no hay ninguno más de
nuestra especie, salvo nosotras. Tenemos la capacidad de
obtener poderes, si es que se los podría decir así, nosotras
preferimos que le llamen don. Yo, Bea, tengo el poder de la
telequinesis y leer mentes. Mi poder lo utilizo con mucha
frecuencia, debido a que me gusta descubrir qué es lo que
piensan los humanos en diversos momentos. Debo admitir que
hay cosas que son bastante graciosas y otras no. Kayla puede
controlar las mentes, puede hacerles ver a los humanos lo que
ella piense o desee. Y por último, Jane, es capaz de
comunicarse, y hablar con los fantasmas, al igual que puede
verlos en todo momento e invocarlos con simples palabras.
Cuando nacimos , los humanos nos capturaron y nos
investigaron como si fuéramos ratas de laboratorio. Allí nos
tuvieron encerradas en cápsulas cristalinas, que debilitaban
nuestro poder al máximo. Sin embargo, asimismo, aumentaban
nuestros poderes con el fin de utilizarlos para revelarse contra
el país. Prácticamente, para ellos solo éramos armas fáciles de
controlar. No obstante, el que hubieran aumentado nuestros
poderes, al crecernos ayudó en su momento, porque lo usamos
a nuestro favor y escapamos. Ahora fingimos ser normales e
intentamos escondernos de ellos, que nos buscan, dispuestos a
investigarnos y encerrarnos de nuevo.
Hace años un dios llamado Aquiles, firmó un pacto con los
humanos y Abba para que no pudiéramos tener relaciones entre
nosotros, porque somos seres protegidos, pero ese pacto se
rompió cuando mataron a nuestra especie.
Dejo de ver a Luca. No puedo exhibirme de esa forma, por lo
que ahora, sí me dedico a buscar a mis amigas. Salgo al patio
de nuestra escuela, y las encuentro sentadas, hablando en uno
de los tantos banquillos de cemento. Me acerco, a paso lento, y
cuando llego, me saludan con una sonrisa. Me siento al lado de
Kayla, y ella y yo, comenzamos a hablar, mientras que Jane
optaba por mirar a la nada. Los humanos podrían llegar a
pensar que es una loca mirando la nada, tan concentrada, pero
cuando sabes de sus poderes, como nosotras, es fácil saber que
ella tan solo está viendo y contemplando los diferentes
fantasmas.
De repente, mis ojos cambian su rumbo, y se dirigen a la
puerta, que da al corredor principal de nuestro colegio. Y de allí,
salen Luca e Ivan. Es difícil no mirarlos, casi siempre son el
centro de atención. Y era claro que ellos dos se habían llevado
por completo nuestra atención. No obstante, al ver con quiénes
están Luca e Ivan, Kayla y yo nos miramos. Ella dice en mi
mente que haga algo al respecto, y no lo dudo mucho. Con un
movimiento de mano hago que Kiara y Micaela, esas dos
hipócritas que los acompañan, caigan al piso de una manera
muy brusca. Nadie intenta ayudarlas, eso es bueno, pero Kayla
no lo puede evitar y empieza a reír, y eso lleva que las dos nos
empecemos a reír a carcajadas. Tengo que admitir que eso no
fue digno de alguien como yo, lo sé, pero de vez en cuando, es
bueno darles una lección cuando se lo merecen. Kiara se acerca
a nosotras con pasos apresurados después de levantarnos del
banquillo de cemento, empieza a insultarnos, y en eso, intenta
pegarnos. Pero Luca le agarra la mano y la quita bruscamente,
mientras que Ivan la empuja, delicadamente, unos centímetros
lejos para que no pudiera hacer nada. Jane cambia el rumbo de
su mirada, y posa los ojos en la furiosa Kiara, que nos mira a
Kayla y a mí con ganas de querer degollarnos la garganta.
—¿Qué te sucede? ¿Acaso tienes miedo de hacernos algo? —
Todos se quedan viendo a Jane sin decir nada, pero a los pocos
segundos noto la mirada de Luca y siento cómo mis mejillas
empiezan a calentarse poco a poco. Me quedo inmovil en el
lugar y no me puedo mover, hasta que mis amigas se dan
cuenta de algo que había ignorado, y me llevan hacia el aula de
nuevo. Con toda la situación no había escuchado el timbre.
El día sigue empeorando, estoy en clase de música, y el profesor
está contándonos la historia del jazz. A nadie le interesa, ya que
todos están haciendo cualquier cosa menos escucharlo,
incluyéndome. Cuando ya pasó un rato veo que mi compañero
de enfrente me está llamando, y no me doy cuenta hasta que
Pedro, mi compañero de banco me llama. Cuando le pregunto
con señas qué es lo que le sucede a Mateo, él me pasa un
pedazo de papel, y al abrirlo me doy cuenta que la letra le
pertenece a Kayla que está sentada en unos bancos más
adelante. En el papel decía:
Ojalá pudiera tener el poder de adelantar el tiempo y poder pasar
ya esta hora pero no puedo lastimosamente. Bueno :( ¿Qué opinas
sobre la reacción de Ivan y Lucas? Aún sigo en shock, creo que no lo
olvidaré por un largo tiempo. En cuanto a ti, estuviste muy bien.
¿Viste cómo se cayeron? Fue increíble.
Me quedo unos segundos pensando qué responder y ver si el
profesor me está viendo o no, pero no, así que al terminar de
escribir, se la vuelvo a pasar a Mateo y me fijo que llegue a
manos de Kayla. En ella decía:
Quisiera decirle al profesor que deje de hablar tan fuerte que no
estamos tan sordos, pero tú y yo sabemos que no lo haré.
No sé qué pensar de lo que sucedió en el receso, pero ver cómo ese
par de idiotas se cayeron en el medio del recreo valió demasiado,
hizo que mi día mejorara hasta ahora con música.
Nos la pasamos mandándonos cartitas toda la clase hasta que
terminara, no sé cómo el profesor no se dio cuenta. Sé que
pensarán por qué no nos mandábamos mensajes por el celular
a escondidas, pero esto lo hacíamos desde que éramos
pequeñas. Siempre en las clases teníamos un cofre con todas
las notitas del año, por lo que no queremos perder esa linda
costumbre. Además que podíamos disimular que estábamos
haciendo apuntes de lo que hablaba.
Cuando termina la clase Kayla y Jane deben irse a plástica, ya
que deben de hacer un proyecto y no llegan a llevar todo el
material al tercer piso cuando comienza la clase, así que
aprovechan el receso para ir las dos. Al guardar las cosas bajo
el banco y agarrar las cosas de la siguiente clase, salgo hacia el
patio para dirigirme al buffet por algo de desayunar. Estoy
adentro, pero hay demasiada gente y no sé si logre llegar en tan
solo 5 minutos, que es lo que dura el receso.
Me adentro lo más que puedo pero al llegar adelante me percato
de que estoy justo al lado de Luca, y solo con la idea todo mi
cuerpo se tensa y las piernas me empiezan a temblar. Ignoro
todo lo que él me hace sentir y me fijo la hora en el celular, veo
que me quedan 3 minutos e intento llamar a Santiago, el
hombre que atiende el buffet, pero no me escucha. Lo intento
dos veces más y me canso así que decidí irme, pero oigo una voz
al lado mío, que hace que todo intento de irme desaparezcan.
—Saniango, ¿puedes venir? —En eso él viene y se queda
esperando a que le diga qué va a pedir, pero cuando vuelve a
hablar me quedo en shock por lo que acaba de hacer—. Ella
quería pedirte…—Él acaba de llamarlo por mí, ¡¡¡por mí!!! Qué
fuerte.
Cuando me giro a verlo, veo que me está mirando para que le
pida lo que quiero, a lo que pienso rápidamente y me decido por
comprar un yogurt de vainilla con cereales. Le pago y me dirijo
hacia mi próxima clase pero no sin antes agradecerle.
°
Cuando aparecen mis amigas, nos vamos las tres al
departamento. Desde que escapamos, vivimos juntas para estar
más seguras. El departamento es grande. Al entrar ves un sillón
con vista a un televisor de última generación, y a la derecha
una ventana que cubre toda la pared, dándonos la vista al
centro de la ciudad. Luego está la cocina que es grande, ya que
a Jane le gusta cocinar, e insistió en tener un espacio grande
para realizar sus hazañas.
Es de noche así que me pongo a hacer las tareas de mañana,
mientras Jane hace la cena y Kayla se entretiene con un canal
de deportes. Estoy a punto de acabar la tarea cuando escucho
un grito proveniente del salón. Al correr hacia el ruido, veo a
Kayla saltando y corriendo por todo el apartamento, mientras
que con Jane nos miramos, desconcertadas. Cuando por fin se
calma, nos muestra su teléfono, donde se ve que alguien le
mandó solicitud en Instagram, y ese alguien era Ivan, el mejor
amigo de Aaron. Desde hace algunos meses le gusta, y cuando
encontró su cuenta en la aplicación, no dudó dos veces en
mandarle solicitud para poder seguirlo. Exploramos la cuenta
de Ivan, las tres, saltando de emoción por ella, y cuando
terminamos, Jane nos avisó que la cena estaba lista. Cenamos
tallarines, mirando una película de Disney.
Capítulo 2
Bea
Es jueves. Amo los jueves, ya que tenemos educación física, y a
veces con Kayla jugamos a usar nuestros poderes, para que
nuestros compañeros se cayeran, se asustaran o se mojaran. Es
divertido, pero Jane no comparte nuestra diversión, debido a
que a ella le parece que nuestra actitud es demasiado infantil
en comparación con la suya. La primera hora es matemática, es
una de mis materias favoritas. Soy bastante buena, aunque la
más inteligente es Jane, ella es como nuestra mamá, es la
mayor. En fin, hacemos nuestras tareas, realizando algunos
ejercicios complicados, y luego de unos minutos, toca el timbre.
La siguiente hora es educación física.
Cuando estamos todos en el gimnasio, esperando a los
profesores, vemos que un grupo de gente se acerca, y de
inmediato me doy cuenta de quiénes son e intercambio una
mirada intrigada con Kayla. Ella se da cuenta y me dice
telepáticamente qué sucede, a lo que yo no sé qué responderle,
porque no tengo ni idea. La profesora llega y nos llama la
atención, todos se quedan callados esperando a que explique
qué es lo que está sucediendo.
--Hola, hoy nos van a acompañar los de quinto. Vamos a hacer
un partido de volley entre nosotros. Por favor hagan grupos de a
seis. Tres chicos y tres chicas. --Cuando termina de hablar me
quedo desconcertada, porque jamás habíamos hecho esto, pero
lo dejo de lado y me pongo con Jane y Kayla, y tres chicos más
de mi grado. Cuando Celia, nuestra profesora, nos ubica en la
cancha, nos acomodamos y cuando cada uno está en su lugar,
veo que nuestras oponentes es un grupo de las de quinto, pero
no cualquiera sino el de Kiara y Micaela, junto con otras cuatro
más que no conozco del todo.
La profe toca el silbato y comenzamos a jugar tranquilamente,
esperando que sea un juego amistoso, pero no tardan en
hacernos varios puntos y presumir lo mucho que saben de
volley. Al sacar, la pelota pasa hacia el otro lado en dirección
hacia Micaela pero esta se la pasa a Kiara y hace un remate a
mi dirección. De no ser por mis buenos reflejos me hubiera
pegado demasiado fuerte en la cabeza. Cuando la voy a buscar
veo que cayó en la cancha de Aaron. No puedo meterme ahí sin
más, pero cuando no termino de decidir qué diablos hacer, lo
veo a él agarrala y extendiendo sus brazos para pasármela. La
tomo entre mis manos y le sonrío para luego decirle.
--Gracias.-Veo como una sonrisa de lado se asoma entre sus
mejillas y hace que me ponga más colorada de lo que estaba. Me
le quedo viendo unos segundos más hasta que él desvía su
mirada de la mía y es ahí cuando me doy cuenta que me están
gritando para que volviera a mi cancha. Con molestia, observo
la expresión de Kiara y me irrita. Rodeo los ojos y vuelvo a
sacar.
Aproximadamente pasaron diez minutos más, y está por
terminar el partido. Se nota a kilómetros la cara de felicidad en
los rostros de nuestras competidoras. Si soy sincera me importa
una mierda si nos ganan o no, salvo por Jane que tiene una
cara de querer matarnos a Kayla y a mi, ya que nos habíamos
pasado la hora riéndonos de puras estupideces en todo el
partido. Pero debemos admitir que nuestro equipo no es el
mejor, ¡pero que les den! Me hacen reír de cualquier cosa que
hacen, y en mi defensa ellas no saben jugar al volley.
Cuando la profe vuelve a tocar el silbato nos va diciendo cómo
debemos rotar, así que lo hacemos, pero me quedo inmovil en el
lugar, como si estuviera pegada al suelo, al ver con quien nos
toca ahora. Kayla me toca el hombro para que salga de mi
trance, y sigo sin hacerlo hasta que Jane me abofetea la mejilla,
lo cual hace que me comience a doler. La miro con una
expresión que sabe perfectamente qué significa, y se encoge de
hombros, luego de que una pequeña sonrisa se asomara por
sus labios. Ella se coloca en su posición y yo en la mía. A
diferencia de nosotras ellos son siete jugadores, pero uno es el
que espera afuera a la rotación. Aaron juega demasiado bien, al
igual que su grupo; están mucho más adelantados que
nosotros.
Es mi turno de sacar, pero siento la mirada de él clavada en mí,
y además los gritos de Jane en su cabeza instándome a sacar
bien, y no hablar de los gritos de Kayla, quien se dedica a
decirme que Aaron me está mirando. Lo dejo todo de lado
porque debe de ser porque estoy sacando. Me detengo un
segundo para mirarlas y hacerles una seña para que se
detengan, pero cuando saco, un saque que quizás no fue uno de
los mejores, pero que sí fue algo, la pelota logra entrar en su
lado de la cancha.
Vamos empatados 21 a 21, y les toca sacar a ellos, pero cuando
lo hacen, noto cómo una pelota a los lejos viene a toda velocidad
hacia la espalda del que tengo enfrente, Ivan. Y sin pensarlo dos
veces, con un movimiento de mano, disimulado, hago que
cambie su rumbo y pegue con otra persona que no puedo
identificar bien. Aquella persona se cae cuando la pelota entra
en contacto con su espalda al suelo, con una mueca de dolor
por todo el rostro. Solo con verlo sé que no puede respirar por el
impacto, al verla escucho sus gritos de dolor que me dejan
aturdida unos segundo, y solo el hecho de que yo lo causé, hace
que saliera corriendo hacia los baños. No podía, no podía
quedarme allí viendo eso. Aaron me observa y sus cejas se
fruncen, llenas de confusión. A los segundos de recorrer el patio
para entrar a la escuela, escucho los pasos de mis dos amigas
corriendo detrás de mí. Cuando llego al baño, me dejo caer en el
suelo y empiezo a ventilar. No sé qué me sucede, jamás hice
algo así. Hace mucho que no hacía algo por el estilo. Y la
sensación que me recorre ahora el cuerpo luego de todo eso, es
horrible. Mis amigas hacen un ademán de abrazarme y dejo
salir las lágrimas sin sentirme juzgada.
—Bea, ¿qué sucede?¿Por qué te pones así?----Noto
preocupación en la voz de Kayla, mientras Jane intenta
descifrar mi expresión, pero no lo logra, a lo que las observo
unos segundos
—Yo… yo lo hice, la pelota la golpeó por mi culpa, si tan solo no
hubiera hecho nada ahora estaría bien -- Agacho la cabeza por
vergüenza, pero noto cómo abren los ojos como platos y luego
cambian sus expresiones a confusión total. Jane habla por
primera vez desde que llegamos.
—Pero si tú ni siquiera habías tocado la pelota, ¿cómo pudiste
haber sido tú?---Me miran aún sin haber entendido. No quiero
decirles que hice que la pelota fuera en su dirección para que
no le pegara aIvan. Conociéndolas sé que me molestarán por el
resto del año. Además prefiero guardarmelo para mi, ya que él
ni sabe que iba a pegarle---Bea respóndeme. -- Pienso lo
primero que se me ocurre, con el deseo de que me crean.
—La pelota venía a nuestra dirección, al darme cuenta hice que
fuera hacia nuestro costado con mucha más fuerza en la que
venía, pero no me había dado cuenta que esa chica estaba allí.
No la vi, no se dio cuenta y al darse la vuelta para volver con su
grupo, la pelota le impactó en el medio de la espalda. Fue tan
rápido y fuerte que hizo que a sus pulmones no pudieran
entrarle oxígeno.—Las dos se quedan en silencio esperando a
que siga, saben que no es por eso que me sentí mal, bueno en
parte. Me quedé unos segundos pensando cómo decirlo—.
Cuando su cuerpo cayó, mi mente entró en la de ella, sin que
pudiera controlarlo. Sentí todo su miedo, su vergüenza, sus
gritos de dolor… Todo. Dentro de ella se sintió un vacío enorme
por un momento. Sentí cómo se me erizaban los pelos de los
brazos, y cómo me temblaban las rodillas. Nunca antes había
sentido esa sensación. Sé que suena loco, pero en el momento
sentí una voz en mi cabeza que me decía que saliera de ahí y
que corriera.—Agacho otra vez la cabeza, deben de pensar que
estoy loca, pero estoy diciendo la verdad. No sé si seguir
contando, pero Kayla me dedica una mirada tranquilizadora ya
que se me habían escapado algunas lágrimas. Sin embargo, aún
sigo con el miedo de ese momento y me aterra que suceda algo
por mi culpa—. No sé por qué, ni cómo, pero les puedo asegurar
que nunca me había pasado antes, y no creo que sea algo
bueno. Ya sé, estoy loca pero no era una voz normal, no era mi
conciencia, era una voz aguda, fuerte, y segura.— Hago una
señal de que no quiero seguir hablando, a lo que me entienden
de inmediato y me dan un corto abrazo para que me tranquilice.
Permanecimos así unos segundos más hasta que escuchamos
que alguien se estaba aproximando al baño. Jane me agarra del
brazo y me mete dentro de un cubículo de los baños para
disimular que estaba haciendo mis necesidades. Tiempo
después me doy cuenta que lo había hecho para que la chica
que había entrado no me viera llorando y no hiciera demasiadas
preguntas al respecto. No sé cuánto más esperar; sí, soy
demasiado impaciente. Apenas oigo lo que está sucediendo del
otro lado de la puerta. Al salir veo que la chica que había venido
ya no estaba.
—Le dijimos que te habías descompuesto, dijo que en cuanto te
sintieras mejor que fueras con el profesor. -- Veo cómo Jane
pone una sonrisa divertida. A decir verdad, no sabía por qué
estaba divertida. No obstante, asiento con la cabeza, me
enjuago un poco la cara con agua, y salgo para dirigirme a
donde está el profesor e inventarle alguna excusa para no hacer
nada e irme de la clase.
Cuando estoy bajando los últimos escalones, escucho la
ambulancia y me detengo de inmediato. No me puedo mover, no
siento mis piernas, y se me eriza la piel de todo el cuerpo,
exactamente como la otra vez. Me quedo así como tres minutos,
hasta que veo que alguien me sacude para que reaccione, pero
cuando me doy cuenta y vuelvo a la realidad me asusto mucho
pero no a tal grado de gritar, sino que solo pego un pequeño
brinco hacia atrás. Veo que Manuel, nuestro profesor de
educación física, a quien en secreto le decimos Pincho, me mira
con preocupación, así que intento parecer lo más normal, relajo
todo mi cuerpo y dejo que me hable.
—Bea, ¿estás bien? — Me alegro que no se hubiera dado cuenta
que salí corriendo de su clase pero aún sigo atónita con todo lo
sucedido. Cuando recuerdo lo que sucedió, mi mente no deja de
mostrarme a la chica en el suelo. Como si mi cerebro se hubiera
dado cuenta de la nada, mis ojos cambian su rumbo, y se
dirigen al suelo del gimnasio, donde la chica ya no está. Y de
esta forma, una pregunta se me formula en la cabeza, la cual no
dudo decirle a Pincho.
—¿La c… chica está bien?---Bueno no me había salido hablar
como quería pero por lo menos pude generar la pregunta que
más me preocupa en el momento. Rápidamente me doy cuenta
que los demás alumnos de cuarto y quinto ya no se encuentran
en el gimnasio. Seguro los habían mandado de nuevo a sus
respectivas clases.
—No lo sé, se la llevaron antes de que pudiera revisar, pero no
se le veía muy bien, y tranquilízate. Tú ve al tercer piso que ahí
están todos hablando con Celia, la profesora, yo me ocuparé de
Isabella. -- Supuse que Isabella se llamaba la chica de la pelota.
Pincho se va y no me queda más opción que ir al tercer piso.
Cuando llego al tercer piso veo el aula que está atrás mío,
abarrotada de mis compañeros y algunos alumnos de quinto.
Me dirijo allí con un nudo en la garganta amenazándome por
dentro. Toco la puerta, y el profesor asiente con la cabeza para
que pueda entrar. Ninguno de los que están presentes me quita
el ojo de encima, y eso hace que me ponga más nerviosa de lo
que ya estoy.
–Bea, ¿te sientes mejor?-- Asiento y busco a mis amigas con la
mirada, pero cuando las diviso no hay ningún lugar vacío a su
alrededor. Por lo tanto, la profesora me señala unos de los
asientos del medio y sigue con la charla o el regaño que nos
está dando sobre lo que sucedió abajo. Cuando me estoy
acercando al asiento asignado veo que a la derecha está Aaron.
Disimulo lo que puedo para que no me vea en este estado y que
no se dé cuenta. Me siento y me pongo a pensar lo que sea
menos escuchar lo que dice sobre lo que pasó.
Unos minutos después siento dentro de mi cabeza una voz
aguda y muy dulce, y al instante me doy cuenta que es Kayla
diciéndome que se está durmiendo. Cuando la miro entre las
demás personas veo que me está sonriendo y le devuelvo la
sonrisa. Por otro lado está Jane, quien está perdida, pensando
en si después de que terminara la hora debería ir a estudiar o
leer algunos libros que tiene pendientes. Me río por lo bajo para
que nadie me escuchara, sin embargo, a los segundos siento
una mirada en mi perfil y me pongo roja como un tomate. Me
giro para asegurarme si era él, y sí, definitivamente era él.
Nunca antes me había atrevido a leer su mente. No quiero
hacerlo, porque siento que estaría husmeando su privacidad, y
eso no me gusta. Es diferente con las demás personas, porque
aquellas son personas que no conozco, y que nunca más las
volveré a ver. Además, si leo su mente, podría cambiar todo y la
verdad no quiero eso.
Sin darme cuenta seguimos mirándonos el uno con el otro
hasta que interrumpe el contacto. Al girarse al frente veo cómo
inclina un poco su cabeza hacia abajo, y sonríe de oreja a oreja,
conteniendo una media risita. A este punto estoy roja como un
tomate, literalmente. Me giro al frente para alejar todos los
pensamientos, pero veo que se gira de nuevo y escucho una voz
delicada, pero grave.
—¿Tú eras la chica yogurt?-- pregunta con una voz divertida, a
lo que no tardo en sonrojarme por décima vez en este día.
—¿Qué?--- No logré entenderlo pero lo dije en un tono bastante
bajito y no sé si me habrá escuchado.
—Me refiero a que eres la chica que pidió hoy a la mañana un
yogurt de vainilla con cereal, a eso viene “chica yogurt''.—Y
empieza a reír con una voz suave y bajita para que nadie nos
escuche.
—Ah, así es, pero ¿cómo te acuerdas? Es que ni yo me
acordaba. -- Veo cómo su sonrisa aparece en las comisuras de
sus labios al decirle esto. Tiene la sonrisa más linda que he
visto, se ve muy lindo así.
—No había planeado qué cosa comprar, lo tuve que pensar en el
momento. Además el yogurt de frutilla es horrible y el de
vainilla es lo mejor que hay en el buffet. ¡Y ni hablar de las
gomitas de osito, que son las mejores!—Nunca había hablado
tan bajito en mi vida.
—¿Cómo que el yogurt de frutilla no, y sí las gomitas de osos?
Sí que tienes gustos raros. -- Ahora es mi turno de reírme a
pesar de haberme ofendido. Pero, ¿cómo no hacerlo si me lo
había dicho con un gesto de pura indignación?
—Yo no tengo gustos raros—lo dije de una forma dolida ya que
tenía razón. Soy muy detallista con los gustos en comida. Mis
amigas me regañan todo el tiempo con que no me gusta nada.
Pero cuando quiero convencerlo de que eso no es verdad se me
adelanta.
—Que sí, mira, ¿cuáles fideos son tus favoritos? Y no me digas
los espaguetis. -- Entorna los ojos a modo de advertencia. Lo
pienso un momento ya que esos eran los que tenía en mente,
así que recuerdo el día que estábamos en una cena nosotras
tres en un lugar llamado “La Fusa”, y a Jane se le salió un
ñoqui de la nariz por decir uno de mis chistes malos que suelo
hacer todo el tiempo (eso lo heredé de mi padre ya que él
cuando tenía tres años, cuando me enojaba, me hacía reír de
esa forma).
—Los ñoquis, pero en mi defensa los son por un recuerdo— Se
acomoda un poco en su lugar para luego mirarme con una
sonrisa que da a entender que quiere saber qué recuerdo es
pero por más que quisiera contarle no puedo, ya que fue un
momento muy importante de mi vida y muy íntimo para
decírselo a alguien que no conozco del todo. Además, es nuestro
secreto. No podría contarle. Kayla y Jane son como familia y si
algún día les pasara algo que nos hiciera alejarnos, me moriría.
Pasamos demasiadas cosas juntas y lo superamos del mismo
modo.
—Chica misteriosa. --lo dijo en un tono sarcástico, pero de
alguna manera hizo que me sonrojara. Se apoya con su codo en
el banco y su mano se dirige a su barbilla, sin dejar de verme,
como si estuviera intentando descubrir cuál es el recuerdo -. Me
gusta, pues jamás te obligaría a decir nada que no quieres, así
que venga pregúntame tú.—No me lo esperaba, de veras que no,
pero no voy a desaprovechar esta oportunidad, así que se me
viene una pregunta que tenía en mente desde hace unos días.
—Por Qué el otro día nos defendiste con tus amigas?---me pone
una sonrisa, pero se limita a pensar unos segundos y me
responde.
—Porque a veces Kiara puede ser muy orgullosa, siempre fue
una chica que no le importa lo que puede llegar a pasar, la
conozco desde que tengo 10 años, sé que puede ser un poco
molesta, pero si no hacíamos algo en ese momento era capaz de
agarrarse a piñas, y no iba a ser la primera vez—ok, esa no era
la respuesta que esperaba pero cada vez me hace pensar que
Kiara es cada vez más hija de puta.
—No me da miedo Kiara, si ella se hubiera querido agarrarse
con nosotras—Aaron me observa como si buscara algo de
mentira en mis ojos pero no encuentra, dejo nuestro contacto
visual y busco a mis amigas p