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Responsabilidad indirecta por cosas y ciertas actividades
Art. 1757.- Hecho de las cosas y actividades riesgosas. Toda persona
responde por el daño causado por el riesgo o vicio de las cosas, o de
Responsabilidad por
las actividades que sean riesgosas o peligrosas por su naturaleza, por
el daño causado por
los medios empleados o por las circunstancias de su
el riesgo o vicio de
realización.
cosas o actividades
La responsabilidad es objetiva. No son eximentes la autorización
peligrosas.
administrativa para el uso de la cosa o la realización de la actividad,
ni el cumplimiento de las técnicas de prevención.
riesgo de las cosas o cosas riesgosas: son aquellas Una cosa puede ser riesgosa o peligrosa según:
que naturalmente pueden generar peligro y daños
1) Su naturaleza
(determinadas maquinarias, una caldera,
explosivos. ácidos, venenos, armas de fuego) 2) Su modo de utilización o empleo
vicio de las cosas: defecto en la cosa que no le 3) El funcionamiento mismo de la cosa
permite funcionar adecuadamente para su uso y
que la vuelve susceptible de provocar daños (fallas 4) El estado en que se encuentra una cosa
enel sistema de frenos de un tren o fallas en el tren
5) Su ubicación o localización física según las
de aterrizaje de un avión ) circunstancias de tiempo, lugar y personas
actividades riesgosas o peligrosas: la actividad minera con explosivos o acidos, la manipulacion
de sangre o residuos patológicos, etc.
la actividad puede ser riesgosa o peligrosa por su naturaleza, por los medios empleados o por
las circunstancias de su realización.
Responsabilidad por las cosas
Para establecer la responsabilidad del dueño o guardián de una cosa, es necesario determinar
si el daño ha sido causado con la cosa o por la cosa, ya que el Código Civil establece un
régimen distinto según se trate de uno u otro caso.
Cuando una cosa obedece a la acción que el hombre ejerce sobre ella, ésta se convierte en la
causa inmediata del daño. En cambio cuando la cosa escapa al control material del hombre y
causa un daño por el imperio de fuerzas materiales externas a ella, o cuando la acción del
hombre la ha colocado en situación de riesgo, la intervención del hombre es causa mediata del
daño producido directamente por la cosa.
El art. 1757 CCyC centra su campo de aplicación, en aquellos supuestos en que el daño es
ocasionado por las cosas viciosas o riesgosas, es decir, los supuestos en que el perjuicio es
producido por el hecho de la cosa, en los que esta interviene activamente en la producción del
resultado. Así las cosas, resulta de aplicación la disposición cuando el daño sea ocasionado por
una cosa que, por su naturaleza, estado o modo de utilización engendra daños para terceros.
Por otra parte, y como surge del artículo, la responsabilidad es, en estos casos, objetiva, es decir
que la conducta subjetivamente reprochable del agente es irrelevante a los fines de imputarle
responsabilidad. El factor de atribución aplicable es el riesgo. Por ende, para eximirse de
responsabilidad el sindicado como responsable deberá acreditar:
la causa ajena, es el hecho de la víctima
de un tercero por el cual no debe responder
el caso fortuito o fuerza mayor
Partiendo de esa premisa, a la víctima le bastará con acreditar el contacto material entre el
hecho de la cosa y el daño, para que surja la presunción de adecuación causal, es decir, que el
accionar de la cosa viciosa o riesgosa fue la que, conforme el curso normal y ordinario de los
acontecimientos, produjo el resultado.
Antecedentes: el art. 1113 del código derogado
Es sabido que en el CC no existía la responsabilidad por riesgo, como así tampoco ningún
supuesto de responsabilidad objetiva. Ello fue así por la sencilla razón de que la sola idea de
que nazca la obligación de resarcir el daño ocasionado sin la intervención de una conducta
subjetivamente reprochable era inimaginable.
Muchos años después, el supuesto ahora regulado en los arts. 1757 y 1758 CCyC fue uno de los
puntos más trascendentes de la reforma instaurada al ordenamiento civil anterior por la reforma
del año 1968 (ley 17.711), que modificó el art. 1113 de dicho cuerpo legal, e incorporó la
responsabilidad objetiva en el ámbito extracontractual. En particular, la del dueño o guardián de
una cosa viciosa o riesgosa por los daños ocasionados por el accionar de aquella, quien
únicamente se eximía acreditando la ruptura del nexo causal o la pérdida de la guarda de la
cosa.
Más allá de ello, en la misma disposición se preveía la responsabilidad por los daños
ocasionados “con” la cosa, supuesto en el cual se presume la culpa del agente. Sin perjuicio de
que este último régimen de responsabilidad fue muy raramente aplicado por la jurisprudencia,
lo cierto es que la distinción entre el daño ocasionado por el vicio o riesgo de la cosa, o con la
cosa, se mantuvo vigente hasta la actualidad.
en el código de velez estaba la categoría de daño realizado con la cosa y el factor de atribución
era subjetivo porque el sujeto se hacia responsable si había obrado con culpa o dolo por lo
tanto la carga de la prueba se invertía. aquel que era sindicado como responsable tenia que
demostrar que había obrado sin culpa.
Responsabilidad por actividades riesgosas
La disposición prevé también la responsabilidad objetiva por el daño ocasionado por las
actividades riesgosas. Cabe recordar, sobre este último aspecto, que una actividad es riesgosa
cuando, por su propia naturaleza o por las circunstancias de su realización, genera un riesgo o
peligro para terceros. No es relevante la intervención de cosas en la realización de la actividad.
Con anterioridad a la reforma, estos supuestos eran considerados comprendidos en el
supuesto previsto —por analogía— en el art. 1113, in fine, CC. En estos casos, quien realiza la
actividad, se sirve u obtiene un provecho de ella (art. 1758 CCyC) debe resarcir el daño
ocasionado.
1. No rige en este caso como eximente el uso de la cosa en contra de
la voluntad expresa o presunta del dueño o guardián
2. Tampoco es eximente la causa desconocida, bastando que haya
Eximentes de relación de causalidad entre la actividad y el daño ocasionado
responsabilidad 3. La autorización administrativa para funcionar o desarrollar la
en la actividad actividad tampoco es eximente como lo dispone expresamente el
riesgosa
art. 1757
4. El demandado sólo puede probar la causa ajena (culpa de la
víctima o de un tercero) para eximirse
La autorización legal para utilizar la cosa o realizar la actividad
El art. 1757 CCyC dispone expresamente que la autorización administrativa para el uso de la
cosa o la realización de la actividad reputada riesgosa no funciona como una eximente del
deber de responder. Este principio es fundamental pues, como es sabido, en general la
utilización de cosas riesgosas por su naturaleza es admitida por el ordenamiento jurídico (por
ejemplo, utilización de automotores). Por ende, la sola utilización de la cosa no es en sí
mismo un hecho ilícito, pero se volverá tal cuando el accionar de esta última ocasione un daño a
un tercero (art. 1717 CCyC). Lo mismo sucede en el caso de las actividades peligrosas, que
muchas veces están autorizadas por la normativa aplicable.
Tampoco podrá oponerse a la acción incoada por la víctima la adopción de las medidas de
prevención necesarias para evitar la producción del daño.
Responsabilidad por actividades riesgosas
ARTÍCULO 1762. Actividad peligrosa de un grupo Si un grupo realiza una actividad
peligrosa para terceros, todos sus integrantes responden solidariamente por el
daño causado por uno o más de sus miembros. Sólo se libera quien demuestra que no
integraba el grupo.
Se trata de un caso de particular gravedad, en donde el riesgo creado que justifica la
imputación de responsabilidad asume un carácter extraordinario, y está referido al grupo en sí
propio considerado, y no al anonimato en la causación del daño. La norma prevé el supuesto
fáctico de un daño que tiene causa en la actividad riesgosa para terceros de un grupo de
personas.
Con la incorporación al ordenamiento jurídico de este supuesto de responsabilidad se
construye una herramienta jurídica dirigida a regular, en forma más estricta, el accionar de
grupos que causan daños que, en la mayoría de los casos, devienen difusos (barra bravas,
patotas, pandilleros, etc). La autoría del riesgo se confunde en buena medida con la autoría del
daño. Es por ello que el perjuicio se atribuye al grupo y se responde por el solo hecho de
pertenecer a él.
En la actividad del grupo considerado existen conductas individuales, pero dicha autoría
material es independiente, y la norma prescinde de la consideración de cada una de las
conductas, pues existe una unidad o indivisibilidad de la acción que constituye la causa del
daño, y que surge de la circunstancia de la inescindibilidad de las acciones individuales.
un grupo de personas que organiza una “picada” de autos en la vía
pública, y como consecuencia del desarrollo de esa actividad uno de
los automovilistas atropella a un peatón que cruzaba la calle. A
ejemplo partir de este supuesto podemos apreciar cómo la actuación
picada en via publica particular deviene intrascendente, dado que es la actividad del
grupo —que creó un riesgo que se patentizó en el daño sufrido por el
transeúnte— lo relevante a los fines de imputar responsabilidad a la
totalidad de los integrantes del colectivo considerado.
Para que nazca el deber de resarcir el daño ocasionado en estos casos, es preciso que se
encuentre acreditado en la causa que existió:
la actuación de un grupo (en los términos del art. 1761 CCyC)
que realizó una actividad riesgosa o peligrosa para terceros.
Asimismo, para que el accionar del grupo en cuestión sea considerado riesgoso o peligroso, es
necesario que se encuentren reunidos los recaudos estipulados en el art. 1757 del mismo
cuerpo legal, es decir, que la actividad sea peligrosa por su naturaleza, por los medios
empleados o por las circunstancias de su realización; la prueba de esas características, como la
relación causal entre el daño y la actividad peligrosa del grupo, debe ser aportada por el
damnificado.
Sobre este último aspecto corresponde señalar que esa relación causal —entre el accionar del
grupo y el daño padecido por la víctima— no se presume y la prueba pesa sobre el damnificado
A diferencia de lo que ocurre con la responsabilidad colectiva por el accionar del autor
anónimo, la identificación del sujeto particular que ocasionó el daño no exime de
responsabilidad a los restantes integrantes del grupo. Es por ello que, como claramente lo
dispone el artículo en comentario, los integrantes del colectivo únicamente se eximen
demostrando que no participaron del grupo. Los sujetos responsables son quienes hayan
desarrollado la actividad riesgosa para los terceros; su responsabilidad es solidaria, más allá
de las acciones de regreso que les correspondan.
Sujetos responsables
ARTÍCULO 1758. Sujetos responsables El dueño y el guardián son responsables concurrentes
del daño causado por las cosas. Se considera guardián a quien ejerce, por sí o por
terceros, el uso, la dirección y el control de la cosa, o a quien obtiene un provecho de
ella. El dueño y el guardián no responden si prueban que la cosa fue usada en contra de
su voluntad expresa o presunta. En caso de actividad riesgosa o peligrosa responde quien
la realiza, se sirve u obtiene provecho de ella, por sí o por terceros, excepto lo dispuesto
por la legislación especial.
Dueño y La expresión “legitimación pasiva” alude a quién o quiénes son los
guardián de la sujetos sobre los cuales pesa el deber de resarcir el daño
cosa causado por el riesgo o vicio de la cosa. La ley menciona a dos: el
dueño y el guardián de la cosa
Dueño es el que ostenta un derecho real de dominio; puede ser una persona física o jurídica
Si la cosa dañina es un inmueble, dueño es el titular registral
Si es un bien mueble, cabe distinguir entre cosas muebles registrables y no registrables; en
las primeras, es dueño el titular registral, en las segundas, el que ejerce su posesión, salvo
que sean robadas o perdidas
Si la cosa pertenece en condominio a varios dueños, éstos son responsables concurrentes
–no solidarios ni mancomunados
La caracterización legal del guardián
Guardián es la persona que tiene, de hecho, un poder efectivo de vigilancia, gobierno y
contralor sobre la cosa que causa un daño y normalmente obtiene un provecho, económico o de
otro tipo en razón de servirse o aprovecharse de esa cosa
Presupuestos que tipifican la guarda:
1) tenencia material de la cosa, por sí o por un tercero
2) poder fáctico de vigilancia, gobierno y control
3) ejercicio independiente de ese poder;
4) provecho o beneficio que reporta la cosa, sea económico o no
Casos de guardián:
1. propietario
2. locatario
3. comodatario
4. depositario
5. garajista
6. tallerista o mecánico
7. el acreedor prendario
Persona que realiza actividades riesgosas
En los supuestos en los cuales el daño es consecuencia de una actividad riesgosa o peligrosa,
responde quien realiza tal actividad, se sirve u obtiene un provecho de ella. Ello es así pues, en
este caso, no existe un dueño de la actividad, sino que es responsable quien ejerce un poder
fáctico sobre su desarrollo, quien la ejecuta o desarrolla con un poder real autónomo e
independiente de dirección sobre ella. La responsabilidad recae, entonces, sobre quien genera,
fiscaliza, supervisa, controla o potencia, de forma autónoma, la actividad riesgosa
El factor de atribución
La responsabilidad del dueño y del guardián es concurrente (arts. 851 y 1758). Si alguno de ellos
debió indemnizar a la víctima, entonces le corresponde el ejercicio de la acción de contribución
según el art. 851, inc. h CCyC
Generalmente es el dueño el que cuenta con la acción en contra del guardián, en cuyo caso el
primero deberá acreditar que el daño es imputable al último. Sin embargo, no es admisible en
principio la acción del guardián en contra del dueño, salvo supuestos especiales en donde el
dueño tenga la obligación de mantener en buen estado una cosa y no lo esté, caso en que el
guardián sí podría demandar la acción de contribución
Frente a la víctima, dueño y guardián responden indistintamente pudiendo la víctima reclamar, a
cualquiera de los dos, el total de los daños y perjuicios sufridos. En efecto, y tal como lo
establece expresamente el artículo en análisis, estamos en presencia de una obligación
concurrente de sujeto plural pasivo. Ello, toda vez que ambos deudores –dueño o guardián– lo
son por títulos o causas distintas.
el uso de la cosa contra la voluntad es el realizado con oposición del dueño o guardián. No es
suficiente que el agente haya usado la cosa sin autorización o en ausencia del responsable,
sino que debe haber oposición expresa o tácita. Mientras esa oposición no exista, subsiste la
responsabilidad
La apreciación para la liberación del sindicado como responsable debe ser hecha con criterio
estricto.
Bien se ha dicho que esa voluntad expresa o presunta debe exteriorizarse con seriedad, sin
bromas ni conjeturas, como se debe manifestar en otros supuestos de declaración de voluntad;
siendo factible de acompañarse de hechos o actos concluyentes, como la colocación de las
llaves del vehículo en una gaveta cerrada o bajo la mirada atenta del propietario.
Con respecto a la extensión del término "uso contrario a la voluntad expresa o presunta del
dueño o guardián", no hay duda de que esta causal de liberación de responsabilidad funciona
cuando el dueño o guardián ha sido privado de la cosa contra su voluntad por el obrar de un
tercero, esto es cuando media desapoderamiento, siempre que ello no le sea imputable
En cuanto a la extensión del término "uso contrario a la voluntad expresa o presunta del dueño
o guardián", éste se libera cuando ha sido privado de la cosa contra su voluntad por el obrar de
un tercero, es decir cuando media desapoderamiento, siempre que ello no le sea imputable.
También en los casos en que la cosa ha sido dada a un tercero para una finalidad determinada
y es usada para otra absolutamente distinta, o sea contra la finalidad del desprendimiento. Sin
embargo, para que el desplazamiento de la guarda o el uso en contra de la voluntad puedan
resultar eximentes de la responsabilidad del dueño o guardián, deben haber sido inculpables.
El dueño o guardián debe probar que obró diligentemente para evitar el uso indiscriminado de
la cosa.
Daño causado por animales
Artículo 1759. Daño causado por animales. El daño causado por animales, cualquiera
sea su especie, queda comprendido en el artículo 1757.
El art. 1759 CCyC simplifica el régimen de responsabilidad por los daños ocasionados por
animales, al equipararlo al de la responsabilidad por el daño ocasionado por cosas viciosas
o riesgosas. Ello es consecuencia de que, en puridad, los animales revisten la categoría de
cosas muebles (art. 227 CCyC).
Los legitimados pasivos son el dueño y guardián del animal. Es dueño quien tiene la posesión
de aquel, salvo que se trate de un supuesto en que la legislación específica requiera la
registración de la cosa (art. 1895 CCyC).
En cuanto al guardián, y siguiendo la regla sentada al respecto por el art. 1758 CCyC, es quien
ostenta un poder de dirección, control y uso independiente del animal, como quien se sirve de
él, o percibe un beneficio económico de su utilización.
Para eximirse de responder el sindicado como responsable debe acreditar la ruptura del nexo
causal o la pérdida no voluntaria de la cosa (arts. 1757 y 1758 CCyC), con lo que la regla del
anterior ordenamiento civil, conforme a la cual el guardián se exime cuando el animal haya sido
excitado por un tercero, deja de existir.
Responsabilidad colectiva y anónima
Artículo 1760. Cosa suspendida o arrojada. Si de una parte de un edificio cae una
cosa, o si ésta es arrojada, los dueños y ocupantes de dicha parte responden
solidariamente por el daño que cause. Sólo se libera quien demuestre que no
participó en su producción.
Hay responsabilidad colectiva cuando son varios o relativamente indefinidos
los autores del daño.
Se regula el caso de que una cosa fuera arrojada desde un edificio en altura
hipótesis
o caiga una parte del mismo edificio, como por ejemplo mampostería,
prevista revoques, macetas, carteles, adornos, o cualquier otra clase de elementos
que puedan caer desde las aperturas de las paredes o de los balcones,
causando daños a terceros
Sujetos responsables
La responsabilidad alcanza tanto al titular de dominio de la cosa (propietario), como a todo
aquel que ostente algún tipo de control sobre ella, cualquiera sea su título (locatario,
usufructuario, comodatario, etc.)
Dado que el consorcio de copropietarios es una persona jurídica (art. 2044 CCyC), si en la
parte del edificio de la cual cayó o fue arrojada la cosa, además de las distintas unidades
funcionales, existe una parte común (por ejemplo, el techo, azotea, terraza o patio solar, art.
2041, inc. c, CCyC), el consorcio también deberá responder, en su carácter de titular de esa
parte.
Todos los sujetos mencionados en la norma en comentario son responsables solidariamente
por el daño ocasionado a la víctima, dado que la causa del deber de resarcir es la misma para
todos
Factor de atribución
la eventual conducta subjetivamente reprochable del autor nada tendrá que ver con la
imputación de responsabilidad. En efecto, el sindicado como responsable no solo puede no ser
culpable, sino que incluso puede no ser el autor material del daño. Es por ello que se trata de un
supuesto de responsabilidad objetiva y, por ende, resultan de aplicación las pautas previstas al
respecto por los arts. 1722 y 1723 CCyC.
Causal de exoneración
Sólo se libera quien demuestre que no participó en la producción del daño, lo que implica una
presunción en favor de la víctima que ha sufrido el daño por la caída de la cosa desde el
edificio, de que los autores son los ocupantes, y que los dueños deben responder en forma
solidaria con aquellos
No obstante, si la unidad funcional desde la cual se arrojó o cayó la cosa fue individualizada,
solo debe responder el propietario del bien particular; al estar ya identificado el causante del
daño, el supuesto de responsabilidad no es colectivo, sino que quien arrojó en efecto la cosa
debe responder directamente por su accionar (art. 1749 CCyC), o por el hecho de una cosa que
cayó desde su propiedad (art. 1757 CCyC y ss.).
Daño causado por un
miembro anónimo de un grupo
Artículo 1761. Autor anónimo. Si el daño proviene de un miembro no identificado de
un grupo determinado responden solidariamente todos sus integrantes, excepto
aquel que demuestre que no ha contribuido a su producción.
la intervención es conjunta o común cuando varios sujetos,
individualmente considerados, cooperan o toman parte en la
producción del resultado dañoso, en calidad de coautores, consejeros,
cómplices o auxiliares de un acto ilícito.
Sujetos
En este supuesto, existen varios hechos ilícitos individuales entre sí,
responsables pero conexos en cuanto producen un resultado lesivo común. Es claro
que cada uno de ellos responde directamente por su accionar, en los
términos del art. 1749 CCyC, y se encuentran solidariamente obligados
a resarcir el daño ocasionado a la víctima (art. 1751 del mismo cuerpo
legal).
Carácter de la responsabilidad
- Es una responsabilidad que surge cuando es imposible identificar al concreto autor material
de un daño que forma parte de un grupo atacante de varios miembros
Cabe distinguir los siguientes tipos:
a). varios sujetos que actúan como cómplices, coautores o auxiliares dando el resultado final
dañoso
b). varios sujetos que actúan en forma independiente pero por distintas vías causan el daño
c). varios sujetos que actúan en conjunto, pero sólo uno pudo o debió haber sido el autor del
daño
d). varios sujetos que actúan como grupo en donde éste es el autor del daño
En primer lugar, la intervención es conjunta o común cuando varios sujetos, individualmente
considerados, cooperan o toman parte en la producción del resultado dañoso, en calidad de
coautores, consejeros, cómplices o auxiliares de un acto ilícito. En este supuesto, existen varios
hechos ilícitos individuales entre sí, pero conexos en cuanto producen un resultado lesivo
común. Es claro que cada uno de ellos responde directamente por su accionar, en los términos
del art. 1749 CCyC, y se encuentran solidariamente obligados a resarcir el daño ocasionado a la
víctima (art. 1751 del mismo cuerpo legal).
En segundo término, el accionar plural puede ser concurrente, en los casos en que el mismo
daño es provocado por la acción, independiente entre sí, de dos o más personas, con la
particularidad de que, aun sin mediar el hecho de la otra, el resultado se habría producido
igualmente. Tal es el supuesto en que distintos individuos arrojan desechos tóxicos a un curso
fluvial, provocando la contaminación de las aguas; o cuando dos personas suministran una
dosis de veneno a la víctima, y cualquiera de ellas pudo ocasionarle la muerte en forma
independiente. También en este caso el accionar de cada uno de ellos es individual, pero todos
deben responder frente al damnificado por la totalidad del daño ocasionado.
La doctrina distingue el supuesto en el cual la intervención es alternativa o disyunta, es decir,
en donde el daño es atribuible a una persona o a otra, pero de manera alternativa o excluyente.
En este último caso es en el cual se encuentra comprendido el accionar de un miembro no
identificado dentro de un grupo circunstancial dañoso individualizado de posibles responsables.
Por ejemplo, si varios cazadores disparan simultáneamente sus armas, pero la víctima solo ha
recibido el impacto de un disparo que le provoca la muerte. Solo uno de ellos ha sido el autor
del daño, pero no puede establecerse cuál de los agentes es el que provocó el resultado
dañoso, por lo que la autoría permanece en el anonimato. Como podrá advertir el lector, este
es justamente el supuesto regulado por la disposición sub examine.
Finalmente, existen supuestos en los cuales ya no se responsabiliza al grupo por el accionar de
uno de sus integrantes, que permanece anónimo, sino que lo que se toma en cuenta es el
accionar del grupo en general. La autoría individual de cada uno de los integrantes es, a
diferencia de los casos mencionados en los párrafos que anteceden, irrelevante, pues lo que
tiene en cuenta la ley a los fines de imputar el hecho dañoso es el accionar del grupo en sí
mismo. La autoría es del colectivo, y ya no interesa la conducta particular de uno de sus
integrantes. Se trata del supuesto de los daños causados por el accionar riesgoso o peligroso
de un grupo, regulado por el art. 1761 CCyC, a cuyo comentario remitimos.
Factor de atribución
En cuanto al factor de atribución aplicable en estos supuestos, es claro que —por los
fundamentos que expusimos al comentar el artículo que antecede— nos encontramos ante un
supuesto de responsabilidad objetiva, por lo cual será irrelevante la subjetividad de la conducta
de los integrantes del grupo a los fines de determinar su responsabilidad.
Es preciso poner de resalto que, en vigencia del CC, aun quienes postulaban la
responsabilidad objetiva del colectivo considerado señalaban que el factor aplicable es el
riesgo creado.
No coincidimos con esta última doctrina, pues sustentar el régimen de responsabilidad del autor
anónimo en el riesgo conduciría a la conclusión de que únicamente nace este deber de
responder cuando el grupo desarrolla una actividad que revista tales características, y ese no es
un recaudo previsto por el art. 1761 CCyC para su aplicación.
Por ello, creemos que la responsabilidad del grupo se rige por las reglas de la garantía, pues la
norma pone en cabeza del colectivo un deber de indemnidad frente al eventual damnificado por
el daño que le pueda ocasionar cualquiera de sus integrantes.
Eximentes
Respecto de los eximentes que puede oponer el sindicado como responsable, debe demostrar
que no ha participado en la producción del daño.
Es decir, que su accionar no contribuyó a la producción del resultado dañoso, por lo que no hay
relación de causalidad entre el daño y su conducta. Así, puede probar que no formó parte del
grupo de autores probables o, más aun, probar quién es el autor material del daño, mediante la
prueba inequívoca y la demostración de que la autoría es exclusiva. Igualmente, para que se
configure esta última causal no basta con acreditar quien fue el causante del perjuicio, sino que
también debe comprobarse que el demandado no ha contribuido a la producción del daño.