MANUAL DE PSICOTERAPIAS, ALBERTO RODRIGUEZ MOREJON
En todo este tiempo, diferentes autores han tratado de resolver tres cuestiones fundamentales: la
naturaleza del ser humano, el origen de los problemas psicológicos y la manera en que los
terapeutas pueden ayudar a quienes los sufren. Un primer gran avance fue entender que las
personas con comportamientos extraños eran «locos», y no seres poseídos por alguna fuerza
demoníaca. Un segundo avance fue darse cuenta de que los problemas no tenían por qué tener
una base neurológica, y que los trastornos tenían que ver con algo psicológico, con una mente que
funcionaba sobre la base de un cerebro.
Para trabajar en psicoterapia usamos modelos. Los modelos son los mapas que nos permiten
orientarnos en el complicado territorio de la psicología humana.
En los últimos años han proliferado nuevos enfoques que se ponen de moda para pasar
rápidamente a un segundo plano. Suelen tener una vida relativamente corta, pasan de moda o tal
vez, el gran mercado en el que se ha convertido la psicoterapia en los últimos años los sustituye
rápidamente por algún nuevo producto.
¿Qué es la psicoterapia? La psicoterapia es una conversación para el cambio.
La psicoterapia es un tratamiento fundamentalmente interpersonal, basado en principios
psicológicos, que involucra a un terapeuta entrenado y a un cliente con trastorno mental,
problema o queja. El terapeuta usa la psicoterapia intencionalmente para resolver el trastorno,
problema o queja; y la adapta o individualiza para cada cliente particular y su trastorno, problema
o queja. Elementos esenciales de lo que se entiende por psicoterapia: un tratamiento
interpersonal basado en el uso del lenguaje.
Basado en principios psicológicos, esto es, en una teoría que utiliza conceptos psicológicos para
entender cómo se forman o resuelven los problemas humanos. En la actualidad, no tenemos una
teoría única para explicar y resolver los problemas psicológicos; los terapeutas deben elegir cuál o
cuáles asumen.
El terapeuta tiene unas características específicas que son producto de su formación y que lo
diferencian de otras personas de autoridad en la comunidad (religiosos, sabios). Está entrenado en
un modelo psicológico que le permite analizar los problemas que los pacientes traen a consulta y
ofrecer soluciones.
El terapeuta hace suyo el modelo:
Asumiendo los presupuestos teóricos que propone.
Desarrollando, a través del entrenamiento, las habilidades necesarias para establecer una relación
de trabajo con sus clientes; y aprendiendo a aplicar una serie de técnicas de cambio específicas del
enfoque. Aplicando el enfoque desde su forma de ser, utilizando sus recursos personales.
Sus resultados dependen de la colaboración en metas y tareas que consigan con el cliente.
Conseguir colaboración se relaciona con la capacidad del terapeuta para ajustar su enfoque a las
características de un cliente concreto en un momento determinado. Con la psicoterapia es muy
difícil ayudar a alguien que no quiera ser ayudado, hace falta un mínimo de colaboración por parte
del usuario. En general, la psicoterapia es individualizada, aunque también se puede aplicar a
varios clientes al mismo tiempo, de hecho, admite los siguientes formatos: individual, pareja,
familia o grupo.
¿Funciona la psicoterapia?
¿A qué porcentaje de gente ayuda?
Las investigaciones de los últimos años son concluyentes: la psicoterapia es una práctica eficaz.
Smith y Glass (1977) llevan a cabo un gran metaanálisis reuniendo las investigaciones que
comparaban grupos de personas que habían asistido a un tratamiento con grupos de gente que lo
necesitaba y no lo recibieron. Sus resultados fueron que el cliente medio de una psicoterapia está
mejor que el 80 % de los que no la reciben.
Además, es más efectiva que una buena parte de los tratamientos farmacológicos, más barata y
con menos efectos secundarios. Pruebas clínicas han demostrado que es eficaz en el tratamiento
de la mayoría de los trastornos mentales: depresión, ansiedad, insatisfacción marital, abuso de
sustancias, problemas de salud y disfunciones sexuales. Produce mejorías y estas son duraderas,
se mantienen en el tiempo. Incluso se ha constatado que los pacientes siguen mejorando una vez
finalizados los tratamientos.
¿Son significativos los cambios que se logran a través de la psicoterapia? Para establecer la
significación clínica de los cambios se han utilizado dos criterios: 1) que los pacientes tratados
consigan cambios estadísticamente significativos, 2) que los clientes tratados no se distingan en las
evaluaciones finales de la población «normal». En general, los metaanálisis confirman que los
cambios que se producen en psicoterapia comparando puntuaciones pre-post son significativos
estadísticamente. Otros indicadores avalan la relevancia de los cambios, por ejemplo: los clientes
de psicoterapia reducen significativamente el uso de servicios médicos.
¿Cuánta dosis de psicoterapia es necesaria para producir cambios?
La duración de un tratamiento depende mucho de algunos aspectos del cliente: el problema por el
que consulta, su motivación para trabajar, o incluso sus recursos económicos. Pero está todavía
más condicionada por el modelo que asuma el terapeuta que escoja para realizar el tratamiento.
Un metaanálisis sobre la duración de los tratamientos en depresión encuentra que la media de
sesiones que se hace por tratamiento son 12; además, la mayoría de los clientes experimentan
cambio en las 7 primeras.
¿Son duraderos los efectos de la psicoterapia?
En general, la investigación apoya la idea de que los cambios conseguidos con psicoterapia se
mantienen en el tiempo. Los seguimientos confirman que los beneficios se mantienen en casos
como los tratamientos cognitivo-conductuales de la fobia social en seguimientos a un año y en
depresión en un seguimiento hecho a los dos años.
¿Cuánta gente abandona los tratamientos? ¿Porqué lo hace?
Ya se ha señalado que en torno al 30 % de los usuarios no acuden a la segunda sesión y son dos las
variables de cliente que se asocian principalmente al abandono: un bajo estatus socioeconómico y
un pobre nivel cultural.
¿Hay personas que empeoran con los tratamientos?
Lamentablemente sí. Claro que es difícil establecer si el deterioro se debe al tratamiento o a la
propia evolución del problema no resuelto.
Los empeoramientos ocurren con más frecuencia en personas con diagnóstico de personalidad
límite y trastornos obsesivo compulsivos. Dos variables parecen asociarse al riesgo de
empeoramiento: la gravedad inicial de los trastornos y las dificultades interpersonales. En cuanto a
los terapeutas, las variables que favorecen empeoramientos son: la falta de empatía, subestimar la
gravedad del problema y la contratransferencia negativa. En cuanto a los tratamientos, parece que
las terapias experienciales tienen más riesgos de producir daño, así como las intervenciones
mínimas en pacientes que experimentan un gran malestar.
¿Hay diferencias en resultados entre enfoques de psicoterapia?
La diferencia en cuanto a eficacia entre los distintos tratamientos es, si existe, de poca magnitud.
En otras palabras, los diferentes enfoques de tratamiento consiguen resultados muy similares.
Esta afirmación es, sin duda, discutible, por lo que conviene hacer algunas aclaraciones:
- Algunos modelos, básicamente los de la órbita cognitivo- conductual, se han esforzado desde el
principio en actuar utilizando criterios científicos de eficacia de las intervenciones. Y, por
consiguiente, cuentan con más investigaciones que demuestran su utilidad que ningún otro
enfoque. Sin embargo, que hayan sido más investigados no significa que sean más eficaces.
- Al considerar la diferencia entre eficacia y eficiencia de los distintos enfoques, algunos consiguen
resultados aceptables en una docena de sesiones, otros necesitan irse a 100 o 150 para obtener la
misma tasa de éxito. Ambos pueden ser igual de eficaces, pero la diferencia en cuanto a eficiencia
(coste-beneficio) probablemente es grande.
- Poner a competir tratamientos no es fácil. La primera fuente de error es la que conocemos como
«reactividad de las medidas». Consiste en que los instrumentos con los que se miden los
resultados terapéuticos pueden favorecer o perjudicar a los enfoques que se comparan. Por
ejemplo, uno de los test que más se usa para evaluar depresión es el BDI (Beck Depression
Inventory). Obviamente este test va a ser mucho más sensible cuando se miden los cambios que se
producen en una terapia cognitiva como la que el propio Beck propone.
¿Quién puede hacer psicoterapia? En definitiva, la psicoterapia es una disciplina cuyo uso está
restringido a psicólogos con formación en clínica y a psiquiatras.
Un modelo para entender la psicoterapia: Se puede describir la psicoterapia como el resultado de
la interacción de todos estos componentes. Un usuario (o varios) busca la ayuda de un especialista
para resolver un problema. El profesional encargado de ayudar, el terapeuta, es un experto que ha
recibido una formación específica en un enfoque concreto de trabajo (o varios). Todo el proceso
se realiza en un contexto determinado (puede ser público o privado).
Los protagonistas principales son los usuarios: una persona o personas (pareja, familia, grupo) con
un problema que son incapaces de resolver por sí mismos; o alguien con una conducta que es
entendida como inadecuada o anormal; o, en última instancia, algo que sucede que produce
malestar a alguien. Además, se entiende que el problema, la conducta inadecuada o el malestar
tienen algún tipo de base psicológica o al menos una solución en ese ámbito. Una forma simple de
entender a las personas es considerar que son un sistema compuesto por cuatro componentes:
acción, cognición, emoción y fisiología. Todos estos aspectos tienen, además, una faceta
interaccional: hacemos, pensamos, nos emocionamos y tenemos reacciones fisiológicas en un
contexto interpersonal, rodeados de gente con la que constantemente intercambiamos
información.
El segundo elemento del proceso es un terapeuta (o un equipo terapéutico). Especialistas con un
entrenamiento específicos para ayudar a resolver problemas o superar trastornos mentales. Los
terapeutas trabajan utilizando un enfoque de psicoterapia, el tercer elemento de la ecuación. Los
enfoques de psicoterapia ofrecen a los terapeutas un método para: a) establecer cuál es la
información relevante que tienen que buscar; b) construir explicaciones para los problemas
(trastornos) usando los datos obtenidos; y c) decidir cuál ha de ser el tratamiento adecuado para
trabajar en cada caso. Todo esto ocurre en un contexto concreto (generalmente consultas
públicas o privadas).
Los contenidos de trabajo de la psicoterapia
La esfera conductual, lo que hacemos, está constituida por acciones generalmente intencionales y
observables. Las personas salen, quedan con sus amigos, van a trabajar o al instituto, hablan con
otros, hacen deporte o salen a buscar empleo. Aunque una parte de nuestro comportamiento
pueda ser muy automático o involuntario (tics), una característica diferencial es que podemos
asumir el control sobre él, podemos decidir llevarlo a cabo voluntariamente. El trabajo de los
clínicos es ayudar a hacer desaparecer las conductas disfuncionales y a promover las adaptativas.
Los pensamientos, la esfera cognitiva, incluye todo lo que tiene que ver con nuestra actividad
mental (pensar, reflexionar, planear, tomar decisiones, tomar conciencia) y todos los productos de
esta actividad (ideas, conocimientos, aprendizajes, puntos de vista). Hace referencia también a
todos los constructos que los psicólogos hemos diseñado para entender la actividad cognitiva de
las personas: motivación, expectativas, atribuciones, etc. El pensamiento influye sobre la acción,
así que, para entender lo que la gente hace, resulta útil averiguar qué es lo que piensa. Los
pensamientos son, o pueden ser, controlados por las personas. Somos relativamente dueños de
nuestra actividad mental. Los terapeutas actúan cambiando pensamientos irracionales o
disfuncionales o simplemente inútiles; y en un nivel superior, modificando los estilos de
pensamiento estables que pueden estar en la base de algunos trastornos. La esfera emocional
hace referencia a todo lo que tiene que ver con los sentimientos que experimentan las personas.
Las emociones responden a una base fisiológica, por lo que son espontáneas y no directamente
controlables por nosotros. Tendemos a poner en relación las emociones con los pensamientos,
como si aquellas fueran siempre desencadenadas por estos, pero también hay emociones y
estados de ánimo espontáneos que se producen muy automáticamente, ante situaciones
externas, bastante fuera de nuestro control cognitivo. En psicoterapia trabajamos con emociones
porque son un elemento esencial del ser humano. La capacidad de reflejar las emociones de los
usuarios es fundamental para crear una relación terapéutica. Ayudar a la gente a entender, poner
en orden y modular sus sentimientos es, además, una herramienta fundamental en el trabajo de
un clínico. La esfera fisiológica incluye todo lo que tiene que ver con el funcionamiento de nuestro
cuerpo y las informaciones que de él recibimos. Nuestro organismo es una máquina en constante
funcionamiento, nuestra conducta, nuestras cogniciones y emociones tienen todo un sustrato
fisiológico. Contamos con sentidos que nos permiten procesar la información del entorno.
Tenemos un cerebro repleto de neuronas que se interconectan, gracias al poder facilitador de los
neurotransmisores, posibilitando nuestra actividad cognitiva y emocional. Experimentamos
ansiedad, nerviosismo o relajación. Sentimos frío, presión, dolor o malestar general
Cada uno de estos cuatro componentes puede ser objeto de trabajo para un clínico. Las técnicas
de intervención pueden estar dirigidas a modificar cualquiera de ellos. Hay técnicas más enfocadas
a cambiar las conductas (los castigos y refuerzos, o cualquier intervención estratégica sobre una
secuencia), intervenciones más cognitivas (la reestructuración cognitiva o la interpretación
psicodinámica), técnicas más dirigidas a trabajar con las emociones directa o indirectamente (el
mindfulness, el focusing) y técnicas que buscan intervenir sobre nuestra fisiología (la relajación, los
psicofármacos). Cualquiera puede constituir una entrada válida, porque podemos entender que
estos cuatro contenidos constituyen los elementos de un sistema interaccional más amplio con el
que trabajamos en psicoterapia.
Contenidos y modelos de psicoterapia
Cada modelo de psicoterapia tiene sus vías de entrada, sus contenidos de preferencia. Esta claro
cuál es la apuesta de los cognitivos y de los conductuales. Los sistémicos trabajan con
interacciones tanto intrapersonales como interpersonales. El psicoanálisis también hace una
entrada fundamentalmente cognitiva, la interpretación ofrece a las personas una forma distinta de
entender su conducta actual en función de los impulsos inconscientes generados en el pasado. Los
humanistas tienen una concepción más holística del cambio y manejan técnicas que pueden
producir cambios en distintos contenidos: usan técnicas muy activas para trabajar la actuación,
centran mucho a la gente en sus experiencias sensoriales y emocionales y crean marcos cognitivos
muy esperanzadores para trabajar (autorrealización, madurez, autoconocimiento).
Sea cual sea la entrada, un cambio potente en una de las esferas se acabará generalizando al
resto.
Enfoques de psicoterapia: características y diferencias
Componentes esenciales de un enfoque terapéutico
Una persona (el terapeuta) hablando con otra (el cliente o los clientes). La primera parece dirigir la
sesión: guía con sus preguntas, decide los temas de conversación, decide quién habla y cómo se
habla. Los clientes son expertos en sus problemas, tiene todos los datos que la terapeuta necesita
y van contestando a sus preguntas.
Desde el punto de vista de alguien desconocedor del tema, la incógnita podría ser: ¿cómo decide
la terapeuta qué preguntar?, ¿cómo elige los temas?, ¿qué guía sus intervenciones? Cuando un
amigo habla con otro sobre un problema, el que escucha simplemente demuestra que lo está
haciendo y de vez en cuando puede devolver un consejo, una sugerencia. Pero ¿y un terapeuta?,
¿qué hace diferente a un clínico de otra persona que trata de ayudar?
La diferencia fundamental es que un terapeuta trabaja con y desde un enfoque de psicoterapia.
La cuestión es que si está en nuestra consulta es porque, probablemente, las soluciones de sentido
común no han sido suficientes para resolver el problema
Nuestro trabajo empieza cuando los recursos de las personas no les permiten salir airosas de su
lucha particular y nos piden ayuda. Es probable que con el tiempo casi todo el mundo pudiera salir
adelante por su cuenta, lo que la psicoterapia consigue es acortar la duración de los problemas y,
por lo tanto, el desgaste y el sufrimiento que conlleva la lucha.
¿Qué conocimientos específicos otorgan entonces los enfoques de psicoterapia a los clínicos?
Todos los enfoques parten de un modelo teórico y además proponen una serie de técnicas de
tratamiento. Esto es, tienen una faceta teórica y otra práctica. La práctica se puede dividir además
en tres partes: un terapeuta maneja las técnicas del modelo y además tiene un segundo tipo de
conocimiento estratégico que le permite decidir qué técnica conviene aplicar en cada momento; el
tercer componente son una serie de habilidades comunicacionales que el clínico usa para facilitar
cambios. Estos cuatro elementos, el teórico y los tres prácticos, se describen por separado a
continuación.
Presupuestos teóricos
Los conocimientos que maneja un clínico, a la hora de hacer psicoterapia, los extrae del enfoque
en el que ha decidido trabajar. Cada enfoque de psicoterapia parte de una serie de postulados
teóricos que pueden ser más o menos explícitos. De hecho, hay grandes diferencias entre modelos
a este respecto. Generalmente, la teoría de cada uno de los enfoques trata de responder, más o
menos explícitamente, a algunas de las preguntas que se presentan a continuación.
¿Cómo entender a la «persona» que acude a tratamiento? Detrás de cada modelo hay una forma
de entender la vida y al ser humano que la vive. Por ejemplo, los modelos humanistas tienen
visiones positivas de las personas, las conciben como seres que buscan el sentido de la existencia,
entes que necesitan crecer y mejorar para autorrealizarse. Para los modelos conductuales el ser
humano se parece más a un dispositivo de aprendizaje, al que se le pueden enseñar buenos
hábitos de reacción ante el ambiente. La mayoría de los modelos trabajan con contenidos
conscientes, el psicoanálisis lo hace con informaciones inconscientes. Casi todos eligen como
objeto de trabajo lo intrapsíquico, los modelos sistémicos le dan especial relevancia a lo
interaccional. El primer paso para estudiar un enfoque concreto será entender su concepción de lo
humano: persona y personalidad, y los elementos esenciales que se han de tener en cuenta a la
hora de trabajar con ese material.
¿Por qué las personas tienen problemas? Unos modelos consideran que la gente acude a consulta
porque tiene problemas que es incapaz de resolver; para otros los consultantes tienen trastornos,
enfermedades mentales que los incapacitan y que hay que tratar.
Cada enfoque tiene su propia teoría sobre cómo se forman los problemas que, en general, suele
ser coherente con la visión del ser humano que asumen. Si el hombre es ante todo un dispositivo
de aprendizaje, los problemas se forman por aprendizajes disfuncionales. Si la persona es un ser
en busca de la autorrealización, los síntomas serán interpretados como mensajes de que se están
produciendo fallos graves en ese proceso.
¿Qué tiene que ocurrir para que se resuelvan los problemas? El fin último de una psicoterapia es
ofrecer tratamientos para enfrentarse a los problemas (trastornos). Desde un punto de vista
teórico, los distintos enfoques ofrecen explicaciones sobre qué es lo que tiene que suceder para
que un problema se resuelva o un trastorno se corrija. Para el psicoanálisis hay que hacer
consciente lo inconsciente, los conductistas entienden que hay que aprender nuevos repertorios
de acción, los cognitivos proponen cambiar pensamientos y esquemas incorrectos, los sistémicos
trabajan para modificar interacciones, los humanistas sugieren poner en contacto a las personas
con sus sensaciones y ayudarles a poner en marcha un nuevo proyecto vital. Todos tienen una
misma meta final, el objetivo es proporcionar bienestar a los usuarios; pero los medios para
alcanzar esa meta pueden ser muy diferentes.
Los tres tipos de presupuestos teóricos que se han revisado determinan el trabajo de los
terapeutas influyendo sobre decisiones como:
¿Cuáles son las informaciones relevantes que tienen que buscar?
¿Cómo deben interpretar esos datos para hacer hipótesis sobre las causas del problema?
Decidir entre las alternativas de tratamiento.
Decidir qué posición deben asumir como terapeutas.
Competencias prácticas
Se pueden diferenciar dos niveles de análisis al estudiar la interacción comunicativa en
psicoterapia y se pueden ejemplificar a través de dos preguntas que constantemente guían la
toma de decisiones de un clínico en consulta. El primer nivel vendría descrito por la pregunta
«¿qué hago?» y el segundo por la cuestión «¿qué digo?».
El qué hacer es el tipo de conocimiento más relacionado con la elección e implementación de las
técnicas que el clínico utilizará en un caso concreto. Las técnicas son las herramientas que los
terapeutas utilizan para generar cambios en sesión. Estas decisiones de proceso están bastante
determinadas por el enfoque en el que se trabaja.
Las habilidades comunicacionales tienen más que ver con la segunda de las cuestiones, con el qué
decir en cada momento, con el cómo se ponen en marcha en la práctica las técnicas que se han
seleccionado. En el nivel del qué hacer, un terapeuta puede describir una sesión diciendo que ha
puesto en marcha tres o cuatro técnicas. En el del qué decir, habrá que considerar cada una de las
intervenciones que haya realizado. Por ello, se considera que la comunicación terapéutica es una
habilidad transversal, esto quiere decir que el clínico la activa desde que entra en sesión y la utiliza
independientemente de la tarea o técnica que esté realizando en ese momento. A continuación se
explican más detenidamente los tres componentes de las competencias prácticas.
Técnicas y proceso terapéutico
Como ya se ha dicho, las técnicas tienen que ver con el qué hacer, son actuaciones concretas que
un terapeuta realiza en interacción con un usuario para conseguir un objetivo específico. Este
suele estar vinculado a la resolución del problema que se está tratando.
Algunos ejemplos de técnicas que manejan los distintos enfoques; El psicoanálisis utiliza la
asociación libre, el análisis de la transferencia y la interpretación de los sueños para generar
materiales con los que trabajar; mientras que la interpretación será la técnica de cambio por
excelencia. La terapia conductual tiene técnicas de exposición, de prevención de respuesta,
operantes, de activación conductual, de modelado, de entrenamiento en solución de problemas,
entrenamiento en habilidades sociales, de relajación o el mindfulness. La terapia cognitiva usa
técnicas como el debate socrático, el análisis de alternativas, la detención de pensamientos o las
autoinstrucciones.
En un nivel superior a las técnicas están las decisiones que el clínico toma sobre cómo dirigir el
proceso terapéutico. Ya se ha señalado que los modelos parten de presupuestos teóricos y
trabajan con técnicas. Y recordemos que la esencia de la psicoterapia consiste en que un
terapeuta entrenado adapta el enfoque a un usuario concreto.
Hay dos categorías básicas de procesos: a) los procesos guiados por el modelo y la patología; b) los
procesos guiados por la conversación y los objetivos del usuario. En los primeros las decisiones se
toman después de una evaluación inicial exhaustiva, que sirve para decidir sobre qué aspectos hay
que intervenir, con qué técnicas y en qué orden. El resultado es un programa de intervención
cerrado, muy asociado a una patología, que es fácil de manualizar para que el terapeuta sepa qué
tiene que hacer en cada una de las sesiones. En el segundo tipo de procesos, las decisiones se
toman sobre la marcha, influidas por la información que el cliente aporta en cada momento. La
evaluación es continua, la terapia evoluciona guiada por unos objetivos y las decisiones sobre las
técnicas que se han de usar se toman para aprovechar lo que los clientes traen en un momento
concreto de la sesión. Este tipo de proceso es el habitual en los modelos constructivistas, como la
terapia centrada en soluciones o la narrativa.
Habilidades comunicativas
Para llevar a la práctica una técnica concreta necesitamos hablar con nuestros clientes, y decidir
qué conviene decir en cada momento es la parte más complicada y la menos estudiada por la
investigación. El terapeuta es un experto en usar el lenguaje para tratar de producir cambios en
sus clientes y esa es su habilidad fundamental.
Las tareas básicas para las que se usa la comunicación en terapia, desde el punto de vista de
manejo de información, se pueden agrupar en tres dimensiones:
1. Explorar: buscar información sobre lo que la gente hace, piensa o siente para, entre otras cosas,
construir hipótesis sobre el problema que estamos tratando. Ejemplos: ¿qué te gustaría cambiar
viniendo aquí?, ¿cuándo fue la última vez que sentiste el ataque de ansiedad?
2. Crear relación terapéutica: devolviendo verbalmente a las personas nuestra comprensión sobre
algunos aspectos de su forma de actuar, sus emociones o sus ideas; con el objetivo de validarlos y
conseguir su colaboración para promover cambios. Ejemplos de validación: «Tuvo que ser duro
para ti que te lo dijera de esa manera», «entiendo que para ti lo más importante es volver a
sentirte seguro en el trabajo».
3. Cambiar significados para modificar actuaciones y fomentar emociones nuevas. Algunos
ejemplos: «Da la impresión de que te tomas las cosas con más calma ahora», «¿significa eso que
ya te sientes preparado para volver a trabajar?. Deslizar significados nuevos en las conversaciones
con los clientes es una habilidad comunicativa y algo transversal en los tratamientos.
Modalidades de ajuste
El trabajo del terapeuta es muy intencional, está muy comprometido con el cambio. Toma todo el
tiempo decisiones sobre qué hacer o qué decir. ¿Qué guía este proceso de toma de decisiones? El
criterio fundamental es mantener activa la colaboración con el usuario, que es la condición
indispensable para el éxito. Y para ello el clínico adapta tanto el modelo (las técnicas) como sus
habilidades comunicativas a las características y necesidades de los clientes. Distingo, entonces,
dos tipos de ajuste en función de los dos tipos de procedimientos descritos en los apartados
anteriores (qué hacer y qué decir).
a. Ajuste técnico, ¿qué técnica elijo?: el terapeuta toma decisiones de proceso terapéutico
eligiendo qué tipo de trabajo o técnica concreta puede ayudar al usuario en ese momento preciso.
Para ello, se basa en informaciones del cliente, como: el diagnóstico, su motivación para el
cambio, su estilo de colaboración, su idea previa de qué tiene que ocurrir para que los problemas
se resuelvan o cualquier situación especial que se está produciendo en sesión y requiera una
intervención específica.
b. Ajuste comunicacional, ¿de qué manera uso la comunicación para mantener en marcha la
técnica?: el terapeuta utiliza informaciones mucho más sutiles sobre el cliente para decidir qué
tipo de mensaje dar en cada momento. Explorar es una tarea constante porque necesitamos
información para trabajar. Además, hay intervenciones de apoyo e intervenciones de cambio. Las
primeras sirven para crear relación terapéutica, transmiten a las personas que las entendemos y a
todo el mundo le gusta sentirse comprendido. Las intervenciones de cambio son más arriesgadas.
Proponen ideas o conductas nuevas, por lo que es mucho más fácil que sean rechazadas por el
cliente.
La decisión sobre qué aspectos de la vida de las personas validar y cuáles intentar cambiar viene
muy determinada por los presupuestos teóricos del enfoque que maneje el terapeuta. En general,
tendemos a apoyar todo lo que la visión de la persona que proyecta el modelo considera saludable
y a cambiar todo lo que entiende como patológico. Además, hay creencias de las personas que son
muy centrales en su existencia y que en general es mucho mejor validar, al menos en el inicio de
los tratamientos. Son ideas sobre sí mismos, sobre la vida, la política, la religión o la educación,
sobre las que no solemos estar dispuestos a admitir cambios y menos cuando el que los sugiere es
alguien al que acabamos de conocer.
Diferencias y similitudes entre modelos
Las mayores discrepancias entre modelos están en los presupuestos teóricos. Tendemos a pensar
que las técnicas son también bastante específicas de cada modelo, aunque eso es discutible. Y es
muy probable que las habilidades comunicacionales sean bastante parecidas en la mayoría de los
buenos terapeutas.
Presupuestos teóricos
Hay grandes diferencias entre enfoques de psicoterapia en cuanto a la forma de entender a las
personas, sus problemas y la manera de resolverlos. Probablemente porque cada enfoque de
psicoterapia se fragua en un momento histórico diferente y responde a una determinada filosofía
de base que tiene mucho que ver con la visión de sus creadores.
Todas estas visiones teóricas tienen sus repercusiones prácticas, influyen notablemente en el
comportamiento final que un terapeuta exhibe en sesión. Los que trabajan con «pacientes» que
tienen «trastornos mentales» suelen colocarse en posiciones de mayor autoridad y distancia.
Mientras que los que consideran a los usuarios como personas atascadas en su proceso de
afrontar las tareas de la vida definirán posiciones más próximas que permitirán la colaboración
desde una relación de mayor igualdad. Los presupuestos sobre por qué se producen los problemas
y cómo se resuelven guían todo el proceso de recogida de información. Cada terapeuta hará
preguntas para averiguar los datos que su enfoque considera esenciales para entender el
problema y diseñar un tratamiento. Unos buscan cogniciones, otros conductas. Para algunos solo
el presente es relevante, otros el pasado.
Las técnicas
La naturaleza misma de las técnicas varía con cada modelo. En los modelos conductuales y
cognitivos, por ejemplo, son una herramienta muy estructurada y específica. Cada técnica se
puede aplicar usando un guion muy claro, con una serie de pasos que hay que dar con el usuario.
En cambio, lo que se entiende por técnica en los modelos psicodinámicos no es algo ni tan
estructurado ni tan específico. Son más bien posiciones que el terapeuta asume para que afloren
contenidos inconscientes. Las técnicas humanistas son, en cambio, más experienciales, se parecen
más a ejercicios que el terapeuta propone para que el usuario vivencie nuevas situaciones.
Supuestamente las técnicas son bastante específicas de cada modelo. En realidad, el préstamo de
herramientas entre enfoques es grande, porque hay una fuerte tendencia entre los terapeutas a
integrar ideas de varias orientaciones. Por eso hay técnicas que son utilizadas por terapeutas de
modelos distintos, como por ejemplo el «diálogo socrático» para cambiar significados. Y, sobre
todo, hay técnicas que son muy parecidas y lo único que varía es el nombre que reciben en cada
modelo.
De igual manera la posición en que los terapeutas se colocan para aplicar las técnicas puede ser
muy diferente en cada enfoque. Un psicoanalista se posiciona, incluso físicamente, como un
observador externo y distante. Los terapeutas cognitivo-conductuales son modelos eficaces que
guían al paciente en el proceso de aprendizaje de nuevas formas de pensar o actuar. Están muy
implicados en el trabajo, pero siempre desde la posición de expertos. Algunos terapeutas
humanistas son compañeros de viaje que comparten con los pacientes el proceso de conocerse y
encontrar su propio camino.
El proceso terapéutico
Las decisiones de proceso son distintas en función del enfoque con el que trabaja el terapeuta.
Como se explicaba antes, hay modelos más guiados por la técnica y enfoques más ajustados al
usuario. Un ejemplo de modelos guiados por la técnica lo constituyen los enfoques cognitivo-
conductuales. Las terapias humanistas son tratamientos guiados por el usuario. El terapeuta se
adapta a la evolución del cliente para ir promoviendo nuevos pasos.
Las habilidades comunicativas
Nos permiten llevar a la práctica las técnicas, independientemente de cuáles sean estas. Todos los
clínicos, sin importar el modelo en el que trabajen, buscan informaciones para construir hipótesis,
se esfuerzan en alguna medida por devolver activamente al cliente que lo entienden y todos
asumen que una parte del trabajo es crear puntos de vista nuevos para los usuarios.