UNIVERSIDAD DE HUANUCO
SEDE TINGO MARIA
FACULTAD DE CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN Y HUMANIDADES
ESCUELA ACADEMICA PROFESIONAL DE EDUCACIÓN BASICA: INICAL Y
PRIMARIA
MONOGRAFÍA DE LOS DOGMAS
CRISTOLÓGICOS
ASIGNATURA: DIDÁCTICA DE LA EDUCACIÓN RELIGIOSA EN EDUCACIÓN
INICIAL Y PRIMARIA
DOCENTE: MG. MIRIAM NOEMI JARA VEGA
ALUMNA: MARISOL ALVARADO GAMARRA
CICLO ACADÉMICO: VIII
TINGO MARIA-2023
DEDIDACTORIA:
Este trabajo está dedicado primeramente a
Dios y luego a mis padres por ser mi apoyo
incondicional todo lo que adquirí hasta
estos momentos es gracias a ellos, a parte
de cultivar valores en mí de brindar sus
sabios consejos también me brindan los
recursos necesarios para seguir cumpliendo
mis metas.
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INDICE
DEDIDACTORIA:............................................................................................................2
INTRODUCCIÓN:............................................................................................................4
EL DOGMA EN LA HISTORIA......................................................................................6
LOS PRIMEROS SIGLOS:...........................................................................................6
DOGMA y VERDAD:...................................................................................................7
DESARROLLO DE LA CRISTOLOGÍA.........................................................................7
El JUDEOCRISTIANISMO..........................................................................................7
1. DOS TIPOS DE CRISTOLOGÍA..........................................................................7
2. TESTIMONIOS ANTIGUOS................................................................................8
3. "KERYGMATA PETROU" Y HERMAS..............................................................9
LAS CRISTOLOGÍAS DEL TESTAMENTO CRISTIANO:..........................................9
LA CRISTOLOGÍA CONCILIAR................................................................................9
EL CARÁCTER APOLOGÉTICO DE LOS CONCILIOS:.........................................9
REPLANTEAMIENTO HERMENÉUTICO DE LA CRISTOLOGÍA:.....................10
ANÁLISIS CRISTOLÓGICO A LA LUZ DE LA MODERNIDAD:.........................11
CONCLUSIONES:..........................................................................................................12
REFERENCIA BIBLIOGRÁFICA:................................................................................14
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INTRODUCCIÓN:
Los dogmas cristológicos son enseñanzas fundamentales de la fe cristiana que se
refieren a la persona de Jesucristo. Estos dogmas se han desarrollado a lo largo de
la historia de la iglesia y se consideran verdades divinamente reveladas que deben
ser aceptadas por todos los fieles. En este sentido, los dogmas cristológicos son
esenciales para la comprensión de la fe cristiana.
El primer dogma cristológico que se estableció fue el del Concilio de Nicea en el
año 325 d.C. Este concilio se convocó para resolver la controversia arriana, que
cuestionaba la naturaleza divina de Jesucristo. El Concilio de Nicea declaró que
Jesucristo era "de la misma sustancia" (homooúsios) que el Padre, lo que significa
que es verdaderamente Dios.
El segundo dogma cristológico se estableció en el Concilio de Calcedonia en el año
451 d.C. Este concilio se convocó para resolver la controversia monofisita, que
cuestionaba la naturaleza humana de Jesucristo. El Concilio de Calcedonia declaró
que Jesucristo tenía dos naturalezas distintas, una divina y una humana, que estaban
unidas en una sola persona sin confusión ni mezcla. Esta enseñanza se conoce como
la doctrina de la unión hipostática.
El tercer dogma cristológico se estableció en el Tercer Concilio de Toledo en el año
589 d.C. Este concilio se convocó para resolver la controversia ariana en España y
estableció que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo (filioque), lo que
significa que Jesucristo es igualmente divino y tiene la misma naturaleza que el
Padre.
Además de estos tres dogmas, también se han establecido otras enseñanzas
cristológicas que son consideradas esenciales para la fe cristiana. Por ejemplo, la
encarnación de Jesucristo es una verdad fundamental de la fe cristiana que afirma
que Dios se hizo hombre en la persona de Jesucristo. La resurrección de Jesucristo
es otra enseñanza esencial que afirma que Jesucristo resucitó de entre los muertos al
tercer día después de su crucifixión.
En resumen, los dogmas cristológicos son enseñanzas esenciales de la fe cristiana
que se refieren a la persona de Jesucristo. Estos dogmas se han desarrollado a lo
largo de la historia de la iglesia y se consideran verdades divinamente reveladas que
deben ser aceptadas por todos los fieles. Los dogmas cristológicos incluyen la
naturaleza divina de Jesucristo, la naturaleza humana de Jesucristo, la unión
hipostática, la filiación del Espíritu Santo y la encarnación y resurrección de
Jesucristo.
2
EL DOGMA EN LA HISTORIA
La conocida opinión de Harnack, según la cual el dogma es «una obra del espíritu
griego sobre la base del Evangelio»2, ha planteado a diversos autores la necesidad
de estudiar la relación entre el dogma y los orígenes cristianos. Si la tesis de una
helenización del kerigma, defendida por Harnack, fuera cierta, el dogma resultaría
un ser híbrido e incluso una corrupción de la verdad bíblica original. El
pensamiento católico, en cambio, establece una continuidad sin rupturas entre el
Evangelio y las formulaciones dogmáticas. Dejemos para más adelante el examen
de la relación interna entre Evangelio y dogma y limitémonos ahora a la
constatación de la presencia de la realidad del dogma en la revelación, así como de
los términos con los que es designado.
LOS PRIMEROS SIGLOS:
Las herejías de los primeros dos siglos negaron menos la divinidad de Jesucristo
que su humanidad verdadera (CCE 464).
Es el caso, por ejemplo, del docetismo, presente ya en el siglo I. Los docetas
consideraban la materia como mala y, en consecuencia, estimaban indigno que Cristo
fuera hombre como los demás, sólo lo parecía. El dualismo profundo de esta
corriente es radicalmente opuesto al cristianismo pues llevaba a no admitir en Cristo
más que una mera apariencia humana, situándose, por tanto, en abierta oposición a la
fe en la encarnación. En este rechazo de la materia y de la corporeidad, el docetismo
coincide también con las corrientes gnósticas, que se caracterizan por un fuerte
dualismo y por una mitificación de Cristo, al que presentan como un eón
del pléroma divino y de quien niegan el carácter redentor, limitando su misión a un
mero ejemplo y a una simple iluminación interior de la salvación que el gnóstico ya
poseería dentro de sí. A estas tendencias disgregadoras de la fe se opusieron con
firmeza san Ignacio de Antioquía, san Ireneo de Lyon y Tertuliano.
Hubo también corrientes doctrinales que negaron la divinidad de Jesucristo. Entre
ellas destacan los ebionitas, cristianos del siglo I provenientes del judaísmo y de
tendencias judaízantes, que consideraban a Cristo como un simple hombre, muy
santo, pero mero hombre. No admitían su preexistencia y sólo aceptaban el
Evangelio de Mateo.
Relacionada con esta herejía se encuentra el adopcionismo de finales del siglo II,
que sostenía que Dios es una sola persona y que, por tanto, no puede hablarse de un
Hijo de Dios por naturaleza. Jesús sería un simple hombre que habría sido adoptado
por Dios en el momento de su bautismo en el Jordán, o en quien inhabitaría el
Verbo de Dios, concebido éste como la, «fuerza» de Dios. Propugnaron estas ideas,
entre otros, Teodoto de Bizancio, que fue condenado por el papa san Víctor I en él
año 190, Pablo de Samosata, condenado por el Concilio de Antioquía en el 268
y Fotino, condenado por el Concilio I de Constantinopla y por el Sínodo romano
del año 382.
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DOGMA y VERDAD:
La renovación de la reflexión teológica sobre la noción de dogma en nuestros días
pasa por poner en primer plano a la verdad, a cuyo servicio está la autoridad, como
fundamento de las formulaciones dogmáticas. No se trata de caer en el sinsentido
de contraponer verdad y autoridad. De lo que se trata es, precisamente, de poner de
relieve la autoridad de la verdad, sobre la cual se apoya la autoridad jurídica de la
Iglesia. Esta, a su vez, en cuanto respaldada en último término por la Verdad de
Dios, facilita y garantiza un tipo de conocimiento, el conocimiento de fe en sus
diversos niveles. Pero lo que el dogma pretende es «responder de forma nueva, más
crítica y definitiva, a la cuestión de la verdad que mueve toda sabiduría humana. Se
caracteriza esa respuesta por hacer suyo también el sentido jurídico del dogma» 26.
Al definir al dogma por su relación con la verdad, y al afirmar su carácter noético,
la teología se distancia de la interpretación meramente simbólica o práctica de los
enunciados dogmáticos. No por ello, sin embargo, su relación con la verdad carece
de aspectos problemáticos. Esos aspectos le advienen del hecho de que esa relación
no se da en el puro absoluto sino dentro de las coordenadas de la historia. De esta
manera, se deben mantener al mismo tiempo el carácter absoluto y permanente de
la verdad, por un lado, y la historicidad de los dogmas, por otro. 0, si se prefiere en
otros términos, los dos polos que deben darse al mismo tiempo son la permanencia
de una verdad que es alcanzada y presentada mediante formulaciones lingüísticas, y
el cambio o progreso de las circunstancias históricas de su formulación.
DESARROLLO DE LA CRISTOLOGÍA
El JUDEOCRISTIANISMO
1. DOS TIPOS DE CRISTOLOGÍA
La cristología clásica, desarrollada a partir del siglo II por los Padres de la Iglesia
y los Concilios, se funda en las ideas de las cartas tardías de san Pablo y en san
Juan. En estos documentos, la persona del Señor glorificado es presentada con
ayuda de las concepciones veterotestamentarias y del judaísmo tardío sobre la
Sabiduría y la Palabra. El hombre Jesús es la revelación de Dios; en él aparece en
medio de nosotros la palabra creadora y salvadora de Dios. Nacen así una serie de
diseños cristológicos que, a pesar de todas sus diferencias, coinciden en describir
una cristología de preexistencia: Jesús es un ser divino que se hace hombre, vive
como hombre hasta la muerte y mediante su resurrección torna al Padre.
Pero, a pesar del predominio absoluto que posteriormente adquirirá esta
cristología de preexistencia, no puede olvidarse que la Iglesia ha proclamado
también el mensaje de Jesucristo sin recurrir a esta representación. De los
primeros capítulos del libro de los Hechos y de otros muchos textos
neotestamentarios se desprende una comprensión diferente de Jesús. Se trata de un
hombre que vive sencillamente como un profeta, como el Siervo de Yahvé
obediente, que después ha muerto y mediante la resurrección ha sido constituido
Señor. También en esta concepción se registran variaciones; a veces se acentúa
que la investidura mesiánica de Jesús tiene lugar a raíz de la resurrección, y en
otras ocasiones se adelanta esta investidura hasta el bautismo. En cualquier caso,
podemos hablar aquí de cristología de exaltación.
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2. TESTIMONIOS ANTIGUOS
Justino e Ireneo nos otorgan la pista. Justino, que nace en Palestina y escribe en
Roma hacia el año 165, habla en su Diálogo con Trifón; (48, R 136) de personas
de procedencia judía "que confiesan efectivamente que (Jesús) es el Cristo, pero
que le predican como un hombre que desciende de hombres". Justino, por su
parte, con la inmensa mayoría de los cristianos, cree que Jesús "preexistía como
Hijo del Creador y como Dios, y se hizo hombre por mediación de la Virgen".
Sin embargo, parece que considera también como cristianos a aquellos que
enseñan "que nació hombre de los hombres y vino a ser Cristo por elección".
Esto se confirma en otro pasaje, suponiendo que se trate del mismo grupo
descrito en el capítulo. Habla aquí Justino de algunos cristianos que siguen
observando la ley judía. Sabe que muchos no quieren tener relación con estos
judeocristianos; él, en cambio, está dispuesto a tratar con ellos con tal de que no
pretendan obligar a los demás a observar la ley (Diálogo con Trifón, 47, ed.
Goodspeed, 144s). A un siglo de distancia de Pablo, nos encontramos aún en
plena controversia sobre la vigencia de la ley entre los cristianos procedentes del
judaísmo y de la gentilidad; entre estos últimos no hay acuerdo sobre la
admisión de los judeocristianos en el seno de la comunidad. Si los dos capítulos
citados se refieren al mismo grupo, nos encontraremos con que hay
judeocristianos que aún pertenecen a la gran Iglesia, pero que siguen confesando
a Jesús a base del modelo de la exaltación.
3. "KERYGMATA PETROU" Y HERMAS
Algunos documentos judeocristianos confirman esta imagen. Pero se han
conservado pocos, ya que los judeocristianos dejaron pronto la gran Iglesia.
En primer lugar, conservamos algunos fragmentos del Evangelio de los
Ebionitas. Encontramos aquí la supresión del relato de la infancia, que da la
impresión de conocer; tiene, además, la descripción del bautismo de Jesús, en el
que el Espíritu Santo "entra" en él (no "desciende sobre" él, como dicen los
sinópticos) y la voz del cielo proclama: "Hoy te he suscitado". La última
particularidad dice poco en sí misma; este verso sálmico que en los Hechos se
refiere a la glorificación, en muchos autores de la gran Iglesia y en algunos
manuscritos de Lc se emplea al relatar el bautismo de Jesús. Pero en conjunto
estos rasgos de tan escaso relieve traen al recuerdo el cuadro que traza Ireneo de
la cristología ebionita.
LAS CRISTOLOGÍAS DEL TESTAMENTO CRISTIANO:
Dentro de las cristologías del Testamento Cristiano canónico vamos a centrarnos
en aquella que se desarrolla en torno a los intereses de los oyentes de Jesús y los
de Pablo. El cambio de uno a otro está marcado por el horizonte salvífico. Esta
transformación nos confirma que las cristologías se articulan inevitablemente
desde los condicionamientos históricos, sociales y culturales en los que están
insertos quienes experimentan la fe. En este sentido, hay que admitir la
relevancia que tiene la experiencia humana al articular el discurso teológico.
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LA CRISTOLOGÍA CONCILIAR:
Aunque los dogmas cristológicos sean poco comprensibles hoy, no se pueden
obviar. Ellos contienen la doctrina acerca de Jesucristo que ha marcado
profundamente la historia de la teología y la vida cristiana. Una vez establecido
el dogma acerca de Jesucristo, la teología se dedicó únicamente a explicar,
precisar y enriquecer las formulaciones. Por eso, es necesario conocer lo que
dice Nicea, Constantinopla I (s. IV), Éfeso y Calcedonia (s. V)1 acerca de Jesús
y nuestra salvación; y cómo se llega a la confesión de fe en él, qué elementos la
generan y condicionan y cuál es el contexto cultural que las envuelve.
EL CARÁCTER APOLOGÉTICO DE LOS CONCILIOS:
Tras el encuentro con la cultura griega, la teología se va a servir de categorías
griegas. Tuvo que elegir entre quedarse con la figura excepcional de Jesús o
afirmar rotundamente su divinidad. Eso le supuso presentar un discurso distinto
de terminología antagónica: Dios y hombre, consustancial al Padre y
consustancial (Sesboüe, 1995) al ser humano, perfecto Dios y perfecto hombre,
hijo de Dios y hermano de los hombres (Vitoria, 1986). El interés subyacía en la
salvaguarda de nuestra salvación ante quienes negaban la divinidad de Jesús.
Por eso, Nicea (s.325 d.C.) y Constantinopla (381 d.C.) tras afirmar que Jesús es
Dios en cuanto Logos e Hijo de Dios, declara anatema a quien lo niega. Es decir,
los dogmas son la respuesta de autoridad de la Iglesia contra el adopcionismo
que apelaba a un monoteísmo absoluto y que interpreta a Jesús y su filiación
como adopción y no como verdadera divinidad. Es el freno al arrianismo que
consideraba a Jesús como una divinidad inferior, pues Dios no puede sufrir
(Ramos, 2008) (Drobner, 2001). Es la lucha contra los docetas, los apolinaristas
y los monofisitas. Mientras los docetas negaban la materialidad del cuerpo para
salvaguardar la divinidad de Jesús, los apolinaristas defendían la corporalidad
humana de Jesús a costa de negar su psicología humana y -por su parte- los
monofisitas defendían que Jesús era verdadero hombre antes de la encarnación
del Logos puesto que después su humanidad desaparecía a causa de la divinidad
(Moingt, 1995). Así mismo, los dogmas son la defensa de Jesucristo y la
posibilidad de nuestra salvación.
Los dogmas cristológicos y el Jesús histórico. Aunque el discurso conciliar
mantuvo vivas las cuestiones cristológicas y el interés soteriológico, la
cristología de esta época se aleja del discurso bíblico. Si la Escritura nos había
presentado un Dios que lucha y se compromete apasionadamente con el ser
humano, y ese pathos divino alcanza -según los evangelios- una radicalidad
insuperable en la historia de Jesús de Nazaret; tras la influencia griega, la
historia de Jesús presentada en los evangelios queda de lado (Maisch & Vögtle,
1973). Lo que emerge es la comprensión de una divinidad abstracta de tipo
metafísico u ontológico. De este modo, Jesús de Nazaret queda invisibilizado.
2
REPLANTEAMIENTO HERMENÉUTICO DE LA CRISTOLOGÍA:
El análisis de la situación de la cristología condujo hacia un replanteamiento en
la hermenéutica cristológica al interpretar la divinidad de Jesús. Cambios que
apelan a lo humano de Jesús, a la experiencia histórica del pasado cristiano, a la
historia concreta y contextualizada de hoy y al anhelo de alcanzar la dignidad
humana plena en la historia entendida como la salvación querida por Dios para
la humanidad. Veamos brevemente estos cambios hermenéuticos en la
cristología.
ANÁLISIS CRISTOLÓGICO A LA LUZ DE LA MODERNIDAD:
El análisis de los dogmas en esta época permitió ver la existencia de un
docetismo latente (Vitoria, 1986) producido por el olvido del Jesús humano.
Descubrieron que Calcedonia (s. V) no tenía problemas en la definición de una
naturaleza humana y otra divina que confluyen en una sola persona, sino en su
comprensión en los tiempos actuales. Descubrieron que el problema estaba en
las categorías usadas (“naturaleza”, “persona” e “hypostasis”), pues ya no dicen
nada al presente. Ante esta situación, la cristología tiene la hábil intuición de
volver la mirada a la humanidad de Jesús para repensar desde allí a Jesucristo.
Sin negar la divinidad que se afirma en los dogmas, buscan una nueva forma de
expresarla a partir de lo humano de Jesús. Intentan percibir la divinidad de Jesús
no por encima o a costa de su humanidad, sino en ella misma.
Así, la cristología unirá el dogma con la antropología y la existencia humana
analizada. El resultado será el nacimiento de la teología trascendental y se dejará
de lado la filosofía escolástica que definía a la persona como “sustancia
individual de naturaleza racional” (Vitoria F. , 1986). La pretensión era recuperar
el significado del misterio humano de Jesús y el nuestro3, para luego entender el
misterio divino en Jesús, al que estamos llamados mujeres y hombres. La idea
que subyace es que la naturaleza humana está hecha hacia lo infinito y se define
y desarrolla en tanto tiende a la naturaleza divina (Rahner, 1979). Así, mientras
más humanos somos, Dios se hace más presente en nuestras vidas. Por tanto, si
Jesús estuvo unido a Dios mucho más que nosotros, Jesús es profunda y
plenamente humano; y, como verdaderamente humano, es Dios con nosotros.
Con esto, la divinidad de Jesús quedaba afirmada desde su verdadera humanidad
(Vitoria F. ). Por tanto, decir que Jesús es Dios no significa negar su humanidad
sino afirmarla en plenitud.
2
CONCLUSIONES:
De esta visión de la transición de la cristología y la fundamentalidad de la
experiencia en la articulación del discurso, podemos concluir que:La cristología se
ha desarrollado en la historia de forma inculturada. Desde sus inicios ha estado
marcada o condicionada por la cultura en la que se ha forjado. Ante tales
condicionamientos, tanto la cristología evangélica como el conciliar y los
discursos cristológicos modernos, se vieron en la necesidad de transformarse para
ser respuesta a los nuevos horizontes soteriológicos.
La divinidad de Jesús, en el Testamento Cristiano, intenta responder a la pregunta
por quién es Jesús de Nazaret, cuál es su relación con Dios y qué tiene que ver con
nosotros y nuestra salvación. En la base está la vivencia de que a Dios lo
encontramos vivido y concretizado en Jesús de Nazaret, en su vida, en su palabra
y comportamiento, en su muerte y resurrección (Boff, 1976).
La definición de la divinidad de Jesús en los dogmas condujo al olvido del Jesús
histórico y la experiencia humana como herramienta teológica, las cuales se
retoman en el siglo XX ante las exigencias de un mundo ilustrado.
La vuelta al Jesús histórico6 fue un acontecimiento transcendental para el discurso
cristiano y para la vida y práctica cristiana. Permitió que las cristologías se
presenten como discursos vivos, abiertos a la experiencia y a la pluralidad. En el
ámbito experiencial, aprendió a partir de la vida concreta, de los sufrimientos y
del deseo de liberación de los hombres y mujeres. A partir de ahora, las
cristologías serán formalmente iguales, pero materialmente diferentes7 según la
experiencia desde la que se forjan.
Puesto que la experiencia se presenta como un potencial enriquecedor para la
teología. Se asume, como dice G. Gutiérrez, que la experiencia constituye el
discurso y la herramienta primeros de la teología que aparece como discurso
segundo. Es en la experiencia donde la teología encuentra su validez en el acceso
al conocimiento de Dios (Gutiérrez, 1990). Así, al desplazarse de un nivel
meramente racional a un nivel experiencial será capaz de dar respuesta a las
exigencias de la modernidad (Velasco, 2002), pues en lugar de distanciarse de la
vida se acerca a ella y nace de ella con todos sus condicionamientos.
Si la experiencia de Dios está marcada por los condicionamientos históricos en los
que vive el sujeto (Boff, 2001) (Torres, 1984) (Vitoria J. , 2010), la experiencia
humana de Dios es una experiencia histórica; y, si esto es así, por ser histórica no
es definitiva sino provisional. Por eso, el conocimiento de Dios ha de ser un
aprendizaje inacabado y siempre nuevo y, por tanto, la cristología ha de mirar los
signos tiempos. Así como pensó la fe desde las dos Guerras Mundiales, el
Holocausto, el Gulag, etc.; y en el llamado Tercer Mundo, desde la experiencia
tras el colonialismo, el Apartheid, las guerras civiles y sus masacres como las de
Perú, El Salvador, Chile, Guatemala, Nicaragua, etc., la explotación laboral, la
expulsión de indígenas y negros y la pobreza; hoy –además de ello- debe pensar
sobre la casa común y los feminicidios, etc. Esto es importante para que la
cristología, y la teología en general, escapen de “convertirse en una especie de
metafísica religiosa, en una rueda que gira en el aire sin hacer marchar el carro.
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REFERENCIA BIBLIOGRÁFICA:
[Link]
[Link]
[Link]
desarrollo_de_la_cristologia_smulders.htm
[Link]
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