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Mary Ishakov
Título: Seduciendo a ese alfa
Primera Edición
Estados Unidos, 2020
Todos los derechos reservados.
Es propiedad del escritor. No puede ser reproducido en su totalidad, ni parcial o trasmitido
por ningún medio electrónico, mecánico, de grabación, fotocopia, microfilmación o en cualquier
forma sin el consentimiento del autor.
Este libro es dedicado a todas las personas que le han dado color y vida a mis historias.
Sinopsis
Riqueza y belleza, además de un gran historial de mujeres, es lo que compone la esencia del
galante multimillonario Adrián Lemietre, hijo mayor de la familia Lemietre, siendo la delicia de
todas las mujeres.
Omega y débil, pero con un gran espíritu, es como se podría describir la esencia de Hana.
Un reto sería el inicio de una gran historia de amor entre dos clases sociales.
Lo que comenzó como reto de seducción podría quizá terminar en algo más, pero ¿será que
florecerá el amor?
Introducción
Esta novela te lleva a una nueva realidad entre alfa y omega. Enamórate de los sentimientos
entre dos clases sociales completamente distintas. La intriga y el poder están a la vuelta de la
esquina, pero su amor rompe todo estereotipo social.
Toda la novela te trasladará no solo en el amor entre en los personajes, sino en ver la realidad
que esconde la familia detrás de una fachada de perfección.
Glosario
► Alfas: Son dominantes y activos. Son líderes que poseen altos cargos en la sociedad. Sus
olores son fuertes y tienden a llamar a su pareja. Los alfa tienen algo llamado “voz de mando”,
que al utilizarla vuelven sumisas a sus parejas; los alfa de menor rango se intimidan. Su celo es
cada seis meses y dura dos días aproximadamente.
► Betas: Son los humanos comunes. No poseen celo y nada que los caracterice. Solo se
emparejan entre ellos y rara vez con un omega o alfa.
► Omegas: Es el estatus más baja de la sociedad, por ende, sumisos y pasivos. Los omega
usan su voz para calmar a su pareja.
► Parejas destinadas: Son aquellos alfa y omega que, al encontrarse, hacen “clic” y saben
que es su otra mitad.
► Marca: Es la acción que se hace durante el acto sexual; el alfa muerde al omega como forma
de unión. Al momento de crear el lazo, puede sentir las emociones del otro.
Preludio
Sonreí nerviosa al ver los exámenes que tenía en la mano. Aquello debía que ser una broma y
una de las más crueles preparada por el destino. Salí del consultorio mientras guardaba los
papeles que me habían dado en el hospital. Ser omega en estos dorados tiempos era como tener
alguna enfermedad de la cual no tenía cura.
Este mundo yace divido por tres clases sociales. Los alfa, quienes son los amo y señores de
este planeta. Los alfa son los “más inteligentes”, con mejores condiciones físicas y los que pueden
mandar por encima de un omega o un beta. Los beta son los “normales”, ellos nacen como
cualquier persona común y corriente, solo con la gran diferencia de que ellos no pueden fecundar,
a excepción de algunos. Después está el estrato más bajo de la sociedad: los omega, quienes son
los más débiles, ingenuos y los sumisos. Los omega y alfas pasan por algo llamado celo. El celo
es cuando tu cuerpo desprende feromonas que solo los alfa y los otros omegas pueden sentir; los
síntomas del celo consisten en grandes fiebres y necesidad de tener a tu “alfa” dándote amor.
Cuando pasa eso, se da lo que es la marca. ¿Y qué es una marca? Es la unión entre el alfa y el
omega para toda la vida, ya que a través de la marca la otra persona puede sentir las emociones de
su pareja. Cuando un alfa rechaza la marca, el omega muere o queda infértil.
Y ahora yo entré a ese status más bajo. Me habían diagnosticado como omega y lo mejor de
todo es que no era una omega cualquiera, era una omega recesiva. Es decir, no podía quedar
embarazada fácilmente y no desprendía feromonas, así que también me podían confundir con una
beta. Sin embargo, a pesar de que me considerara lo peor de lo peor, le iba a demostrar mi
inteligencia y de lo que soy capaz de hacer.
—¡Nos echaron del apartamento! —habló mi mejor amiga al borde de un colapso nervioso.
Silvia mordió sus labios mientras acomodaba su uniforme de trabajo.
Silvia era mi mejor amiga, ella era beta, aunque sus dos padres eran alfa. Ella nació de una
familia acomodada, pero al enterarse que era una beta más en esta tierra, le habían dado la
espalda, así que estuvo deambulando en varias escuelas hasta que la conocí y decidimos vivir
juntas.
—¿Por qué nos echaron? Aún faltaba mucho para que pagara los meses que teníamos de retraso.
¿Qué vamos hacer ahora? ¿Dónde vamos a dormir?
Antes de que Silvia respondiera, llegó el manager.
—¿Ya están listas? No quiero que lo arruinen, hoy es un día muy importante, pues el hijo de un
gran milmillonario acaba de regresar de Francia y quiere que nada se eche a perder. —Gustavo
me observó con seriedad—. Especialmente tú, Hana, que eres la mala suerte andante.
Me encogí de hombro. Salí con Silvia y otros compañeros de trabajos.
Empecé a servir algunos tragos y sentí la presencia imponente de algunos asistentes de la fiesta.
«Deben ser alfa».
Continué con mi trabajo cuando sentí un olor a madera y la lavanda.
Cerré mis ojos, entonces percibí ese aroma acariciar mis fosas nasales. Caminé entre el mar de
personas hasta que vi a un hombre vestido de un traje muy elegante, un cuerpo esculpido por los
dioses y un semblante serio, sin llegar a lo amargado, sino que a lo arrogante. Este me vio y decidí
apartar la vista de inmediato. Llegué a la barra para dejar algunos bocadillos cuando escuché la
risa de mi amiga.
—Él está guapo, ¿verdad?
—¿De qué me estás hablando?
Silvia puso los ojos en blancos.
—Del homenajeado de esta noche y que está guapísimo. Estuve escuchando que vivió muchos
años en Europa y viene a hacerse cargo de la empresa de su padre.
Abrí mi boca, con ella formé una o. Tomé la bandeja cuando sentí una mano en mi hombre. Era
el manager.
—Ve a dejar esa copa donde están los de allá —señaló donde estaba aquel dios griego—. No
hagas quedarme en vergüenza, o estás despedida.
Moví mi cabeza mientras caminaba con las copas de champagne. En eso sentí de nuevo aquel
olor, solo que estaba vez mi cuerpo se empezó a sentir extraño; mis piernas me temblaban y mi
zona íntima estaba húmeda.
«¿Estaré entrando en celo?». Negué con la cabeza porque era imposible. Los presentes tomaron
sus respectivas copas mientras sentía la mirada del hombre observarme de arriba hacia abajo.
Moví mis piernas, nerviosa, y sonreí para echar a correr hacia los baños. Me eché agua en la cara
para refrescarme, pero aún sentía aquella incomodidad en mi cuerpo. En eso escuché cómo la
puerta del baño se abría.
Era un hombre de algunos cincuenta años.
Sonreí apenada. No obstante, tomó mi mano y la presionó con fuerza. Se acercó a mí y olió mi
cuello.
—¿Eres una omega? —Sonrió con morbo—. Tu olor a celo está muy delicioso.
—¡Suéltame! —chillé nerviosa.
—Descuida, mi amor, te haré sentir bien. —Besó mi cuello.
Entretanto, intentaba soltarme de su agarre.
Sentí una mano en mi cintura y una presencia fuerte en el ambiente, esto me hizo jadear.
—¡No toques a mi omega! —gruñó con su voz de alfa.
El sujeto salió del baño.
Me restregué en el cuerpo del recién llegado, quien solo sonrió y olió sin descaro alguno mi
cuello.
—¿Cómo te llamas, omega?
—Hana —respondí en un susurro.
Sonrió y besó mi boca con una pasión desenfrenada. Tocó mi trasero sin vergüenza algunas y
gemí en medio del beso. Me separé de sus labios.
Volvió a esbozar una sonrisa.
—¿Cuál es tu nombre? —inquirí en un hilo de voz a causa de la fiebre.
Mordió mi mejilla.
—Eso no importa hoy, solo déjate llevar por mí.
Y así empezó esta singular relación que nos uniría para toda la vida, pero este desastre tiene un
comienzo.
Celo
Calor.
Sentía demasiado calor en todo su cuerpo a tal grado que sintió cada toque suave de ese alfa
que iba a quemar cada parte de ella. Jamás pensó ni en sus más ridículos sueños que estaría con
un desconocido para hacer algo por lo que se había guardado por más de 24 años, esperando a la
persona indicada para entregarse en cuerpo y alma, pero todo era diferente ahora. Sí, era
completamente virgen y su mayor deseo era hacer el amor con alguien que también compartiera el
mismo sentimiento que ella.
Sin embargo, ahora eso era todo lo contrario, porque no iba hacer el amor con alguien que la
rescató dos horas atrás de un alfa que quería abusar de ella y aprovecharse de su celo, pero ¿él no
estaba a punto de aprovecharse de eso? ¿Cuál era la diferencia entre ambos? La diferencia
radicaba en eso; era el olor que emanaba aquel alfa que iba calmar su primer día de celo. Es que
aquel aroma la tenía adormecida a tal punto que se sentía como un títere entre sus manos y, al
parecer, a su omega interno no le molestaba, al contrario, esta daba miles de volteretas de la
emoción por ser poseída por ese semental.
El alfa besó su cuello mandando una corriente eléctrica que la hizo jadear al instante por el frio
de sus labios. Besó su boca mientras Hana se dejaba guiar por el encantador experto, pues se
notaba la gran diferencia hasta en el momento de los besos, haciéndola sentir cohibida y más
nerviosa de lo que ya estaba.
Hana estaba tan nerviosa que, sin darse cuenta, había liberado sus feromonas en toda la
habitación. El alfa se detuvo y dejó de desvestirla para observarla fijamente.
—¿Es tu primera vez? —indagó sin tapujos.
Ella solo asintió, apenada de que este se fuera de la recámara y la dejara con aquella
incomodidad en su cuerpo. Hana cerró los ojos esperando el sonido de la puerta al cerrarse por el
claro rechazo de su “amante”, pero lo que no se esperaba es que él besara su frente.
—Nunca me he acostado con una virgen y menos con alguien que esté en su ciclo de celo,
pero… —besó su mejilla— por una extraña razón quiero portarme como un caballero contigo y
que ambos disfrutemos este momento mágico. ¿Me dejas poseerte?
Hana movió sus caderas sin pensarlo, luego sonrió.
—¡Hazme tuya, alfa!
El desconocido se acercó a sus labios y los mordió un poco.
—No soy alfa —comentó con voz ronca—. Dime Adrián. Quiero escuchar mi nombre saliendo
de esa preciosa boquita que tienes.
Besó sus labios.
Sintió unos delgados dedos aferrarse a su espalda como si fuera un ancla. La desnudó con
suavidad admirando cada detalle que tenía aquel cuerpo tan lechoso y pulcro; su cabello negro
caía como cascada en la almohada mientras sus pezones se ponían firmes y duros como soldados a
punto de ir a la guerra. Besó cada lunar en su pierna y en su seno izquierdo, lo que le pareció
sumamente encantador, hasta erótico en sienta forma. Su lengua rodeó su pezón y lo lamió con
aquella intensidad que la hizo encovarse un poco. Con su mano derecha atendía al otro y lo
masajeaba de forma circular. Hana en ese momento era una orquesta de gemidos ante los estímulos
que recibía.
Adrián estaba complacido con su acompañante. Se embriagaba como un borracho de aquel olor
a lavanda y otras flores que emanaba esa joven de mirada dulce. Acarició su vientre y Hana abrió
sus piernas como las alas de una mariposa: mostró su deseo ante los ojos de aquel alfa que se
saboreaba al ver sus fluidos bajar a causa de la excitación y de su celo.
—¡Exquisito! —susurró.
Adrián acarició su entrada.
Hana temblaba ante el contacto, dado que jamás sintió ese tipo de sensaciones en su cuerpo, y
vaya que le gustaba. Adrián mordió su muslo, a lo que ella jadeó sin pena alguna. Se fundieron en
un nuevo beso que la hacía mover su cuerpo al sentir la erección de su amante entre sus piernas.
Él no soportando la imagen tan erótica que ningún pintor o escultor había retratado en su vida. Qué
bueno que no lo hicieron, porque quería ser el único merecedor de ver tan exquisita imagen. Se
quitó la corbata que llevaba puesta y se sacó la camisa. Entretanto, la tiró en quien sabe dónde.
Besó sus labios mientras buscaba un condón en su billetera, se lo puso y se colocó entre sus
piernas. Jadeó al sentir la calidez de su cuerpo y lo bien que lo recibía. Acarició con su lengua su
cuello y sintió aquel cosquilleo en sus colmillos, pero decidió ignorarlo. Empezó a moverse. Hana
lo aruñaba y jadeaba por el placer que sentía. Ella no paraba de mover sus caderas.
Los besos de Adrián eran suaves, pero a la vez rudos. Sabía dónde moverse y cómo hacerlo.
Ambos movían sus caderas al compás del otro, hasta que sintió cómo el cuerpo de la menor
temblaba.
—¡Me vengo! —gimió.
Adrián movió con más ferocidad sus caderas y besó con ansía su cuello, en eso volvía a sentir
al cosquilleo en sus dientes. Se acercó a su cuello, pero reaccionó de inmediato y se mordió la
mano; aquel sabor metálico de la sangre lo hizo abrir los ojos como platos. Miró el cuerpo que
tenía debajo y contempló cómo dormía plácidamente. Esperó que el nudo se deshiciera y se fue al
baño a lavarse la mano.
—¡Demonios, casi la marco! —habló sorprendido—. ¿Qué demonios me pasa?
Volvió a la cama donde estaba Hana y se acostó a su lado.
Su alfa interno jadeaba feliz de sentirse acompañado.
Le dolía el cuerpo.
Se enderezó en la cama y sintió su garganta seca, se restregó los ojos y levantó la sábana, hasta
que se dio cuenta que… ¡no era su habitación! Observó a su alrededor, volteó la vista y vio una
hermosa cabellera negra asomarse entre unas sábanas. Ese bello hombre roncaba con felicidad.
—¡Oh, rayos! Me acosté con el de la fiesta —musitó.
Se levantó sin hacer ruido y salió de la habitación casi corriendo. La recepcionista del hotel la
vio sorprendida mientras esta solo sonreía y salía como alma que lleva el diablo. Detuvo un taxi y
fue a la casa del novio de su amiga. Tocó la puerta tres veces hasta que vio el rostro preocupado
de Silvia.
—¿Dónde demonios estabas? Ayer desapareciste de la nada, y ahora vienes así tan pálida como
una hoja de papel.
Antes de que ella hablara, se adelantó el novio de su amiga. Bryan, un alfa de clase baja, que
trabajaba como Dj en la empresa de entretenimiento, espetó:
—Hueles a alfa. ¿Te acostaste con un alfa de raza pura?
Su amiga abrió los ojos como platos.
—¿Te acostaste con un hombre? ¿Quién es? ¿Lo conozco?
—¿Cómo sabes que me acosté con alguien? —Escrutó al novio de su amiga mientras que Silvia
jalaba su brazo para llamar su atención.
—Porque su olor es muy fuerte y molesto. A juzgar por eso, debe ser un hombre muy territorial.
—Responde, Hana, ¿dónde lo conociste?
—¿Te acuerdas al invitado de la fiesta?
—Sí. No me digas que... —cubrió su boca.
—Me acosté con Adrián Lemietre.
Se despertó y sintió el vacío en su cama. Buscó aquel cuerpo en donde había pasado la noche,
pero solo quedó el rastro de su olor en su almohada.
Se levantó de la cama y buscó su teléfono.
—Dígame, señor —habló Julián.
—Quiero que busque a una mujer que lleva por nombre Hana.
—Pero, señor, hay muchas mujeres con ese nombre. Dígame algo más específico.
—Trabaja como mesera en una empresa de catering, así que búsquenla.
—¿Por qué, señor? ¿Acaso ella le ha robado?
—No —respondió con frialdad—. La quiero solo para mí y que no sea de nadie más.
Reto
Su amiga la observó con los ojos abiertos y la boca igual gracias por esa nueva revelación
dicha por su novio. Hana decidió ignorarla, pero sintió de nuevo una oleada de calor en su cuerpo.
Empezó a jadear.
—¿Qué tienes? —cuestionó Silvia, asustada.
—Busca supresores, necesito para calmar mi celo —jadeó mas ansiosa.
El novio de Silvia se cubrió la nariz ante las fuertes oleadas de feromonas que se expandieron
por todo el apartamento, donde obviamente ambas mujeres vivirían durante poco tiempo. Bryan
salió para comprar los supresores que pudieran calmar el celo de la amiga de su novia. Silvia
tomó de la mano a Hana mientras la llevaba a la habitación de invitados; Hana se tumbó en la
cama y se cubrió con las sábanas de pies a cabeza. Sollozaba de la insoportable molestia.
—¿Qué puedo hacer por ti? —preguntó su amiga, más que nerviosa y preocupada.
Hana sollozó y limpió sus lágrimas.
—¡Quiero dejar de ser una omega! —moqueó—. Me duele mucho, Silvia, a tal punto que siento
que voy a morir.
Silvia acarició su cabeza.
Llegó su novio con una bolsa de alguna farmacia, este se cubrió de nuevo la nariz y le pasó la
bolsa a Silvia.
—Tú ponle el supresor en el trasero y después déjala descansar, porque lo más seguro es que,
al no tener un alfa o una pareja, la siguiente oleada sea más fuerte que la anterior. —Bryan
contempló a Hana hecha un ovillo, suspiró triste—. Cuídala mucho.
Salió de la habitación.
Silvia colocó el supresor en el lugar donde le había indicado su novio. Vio que, al cabo de unos
minutos, algo cambió en el cuerpo de Hana, pues ya no tenía las mejillas tan rojas y ahora estaba
completamente dormida. Decidió dejarla sola y observó a su novio dar vueltas en las cocinas.
—¿Te gusta el olor de Hana?
Bryan dejó a un lado lo que estaba haciendo. Se cruzó de brazos.
—¿En serio? —Había seriedad en su cara—. No me digas que a estas alturas del campeonato
estés celosa de tu mejor amiga solo por el hecho de que ella sea una omega y yo alfa, porque si es
así lo que estás pensando, realmente me voy a enfadar contigo.
Silvia hizo un puchero para calmar el ambiente, a lo que Bryan sonrió.
—Debo de admitir que el olor de Hana es muy dulce y llamativo, pero ella no me gusta. Tanto
como mi alfa interno como yo, te hemos escogido como nuestra pareja para toda la vida, aunque
no tengas un olor en específico y tampoco no quedes rápidamente embarazada, yo te amo y me
enamoré de lo que eres. —Besó su mejilla—. Lo que me preocupa es otra cosa.
—¿Qué cosa?
—El alfa con el que pasó la noche. No es un alfa cualquiera como yo. —Silvia besó su
mejilla—. Ya sé lo que piensas. A lo que me refiero es que es sangre pura, los de la mejor clase.
Ellos están por encima de todo… Lo único que me alivia es que él no la haya marcado, sino ella
estaría con él para siempre.
Cuatro miserables días en los que deseo que la tierra la tragara y la escupiera en otro lado.
Cuatros días en los que maldijo su naturaleza como omega. Cuatro malditos días que perdió
dinero y horas en el trabajo.
Ahora sabía que iba sacar menos dinero en su cheque.
Saludó a todos en el trabajo mientras que se ponía su uniforme. Hoy estaría en los quince años
de la hija del ministro de salud. La familia Lenix, unos betas de clase social muy alta y los que
dominaban los mejores hospitales del país.
Atendió algunos invitados y ayudó algunos de sus compañeros, cuando sintió un olor suave en
el ambiente. Decidió ignorarlo y siguió trabajando. Silvia estaba en la parte de atrás del
restaurante que habían alquilado para esa noche tan especial para la familia. Sacó un cigarrillo de
su chaqueta.
—Sabes que a Bryan no le gusta el olor a cigarros. —Sonrió con burla Hana.
—Ya hasta te pareces a él. Solo quiero relajarme, esta noche ha sido muy agitada y no solo para
mí, sino para todos.
—Eso es verdad. A unas personas le tuve que cambiar la bebida como tres veces porque decían
que no eran “finas”. —Hizo comilla con sus manos.
Silvia expulsó el humo y observó a su amiga.
—¿Y cómo es él en la cama?
Hana la observó sorprendida por la pregunta. Negó con la cabeza.
—Tú no cambias. —Sonrió, a lo que su amiga se encogió de hombro—. Sabes cómo soy, pero
esa noche fue muy mágica. Se podría decir que me gustó mucho y quiero creer que yo también le
gusté.
—Te reto a que lo seduzca. —Aplastó el cigarro con la punta de su zapato de tacón negro.
—¿Yo? ¿Estás loca? —balbuceó—. Él jamás se enamoraría de mí. Además, aunque me duele
admitirlo, lo nuestro solo fue un revolcón y ya. Él ya está haciendo su vida y yo… —miro su
uniforme— estoy trabajando.
—Pero digamos que se vuelvan a ver, ¿por qué no lo enamoras? Así te vuelves de dinero y me
sacas de esta puta pobreza. Déjame decirte que, si a mí se me diera la oportunidad, lo tendría a
mis pies.
—¿Dejarías a Bryan por estar con un millonario?
Su amiga pensó en sus palabras, luego sonrió.
—¿Y no te puedo quedar con los dos?
Hana negó y la tomó de la mano para regresar al trabajo.
—Señor, encontramos a la joven que usted estaba buscando —comentó nervioso el hombre por
la presencia imponente del otro—. Costó mucho trabajo, pero aquí está.
Sonrió con malicia y vio la foto.
—Te encontré, Hana.
El capricho del alfa
Adrián
Toda mi vida estuve rodeado de lujos, los mejores juguetes, regalos, viajes… todo era
absolutamente mío. Con solo chasquear los dedos, tenía a todo el mundo a mis pies y así crecí:
haciendo siempre mi voluntad y que todos me respetaran. Con las mujeres ya había perdido la
cuenta de cuántas estuvieron en mi cama, pero solo una me hizo rendirme ante sus encantos.
Regresar a la gran manzana fue un gran fastidio para mí, pues acostumbré toda mi vida a vivir en
Europa. Sin embargo, las cosas cambiaron y tenía que cumplir la voluntad de mi padre. Luego de
haber insistido de que no hiciera una fiesta, a lo último creó una, aunque al principio solo sonreía
para no mandar todo al demonio, por primera vez sentí que valió la pena ese detalle por parte de
mi papá. Su olor era suave, lo que no llamaba mucho la atención. Observé su andar toda la noche
y vi la torpeza en ella, lo que me pareció algo tierno. Su cuerpo, a pesar de ser pequeño, se
miraba llamativo. Lo que más cautivo fue el nerviosismo en sus ojos al sentir mi presencia. Eso
fue el punto de quiebre para mí. Jamás me había sentido molesto, hasta en ese momento que vi a
ese hombre viéndola con el morbo en sus orbes. Sabía que toda la noche la vi, pero sentía que mi
mirar era diferente. Nunca me gustó usar mi voz de alfa, pues siempre sabía que, con tan solo mi
presencia, los asusto o a veces era el apellido que lo hacía por mí. No obstante, al ver el deseo
inocente en sus luceros, algo se encendió en mi interior.
La besé.
No hubo parte de su cuerpo que no besara y que no marcara para que nunca más olvidara con
quien había pasado la noche. Amé la inocencia de sus movimientos, al igual que sus besos, que se
volvieron en una nueva droga para mí. Me sorprendí cuando me dijo que era virgen, era como ver
a un unicornio en pleno siglo XXI. A pesar de que ambos éramos unos completos desconocido,
quise hacer las cosas bien, por eso la cuidé como a un tesoro que llevaba tiempo buscando. Ella
se entregó a mí plenamente y eso me gustó. Me embriagué de sus gemidos, de los movimientos de
su cuerpo y jadeé al oír su voz gritando mi nombre mientras ambos llegábamos al cielo.
Frío.
Sentía demasiada fría la cama donde horas atrás era el infierno por el calor que desprendía
nuestros cuerpos. Me levanté con rapidez y la busqué en toda la habitación, pero solo había
quedado la esencia de su olor. Mi alfa gruñó molesto al no tener a la omega que él escogió. Yo
también me sentía frustrado y molesto. Por unos segundos me puse en el lugar de todas aquellas
mujeres que les hice lo mismo. Tomé mi teléfono y llamé a Julián.
—Dígame, señor.
—Quiero que busque a una mujer que lleva por nombre Hana.
—Pero, señor, hay muchas mujeres con ese nombre. Dígame algo más específico.
—Trabaja como mesera en una empresa de catering, así que búsquenla.
—¿Por qué, señor? ¿Acaso ella le ha robado?
—No. La quiero solo para mí y que no sea de nadie más.
Ella seria mía y solamente mía.
Cuatros días donde pensé que todo lo que había vivido fue nada más que un sueño y que tal vez
estaba cansado por el viaje, pero lo deshice al oler mi camisa y sentir aún su olor impregnado.
Casi estaba volviéndome loco si no encontraba noticias de ella.
Terminaba de revisar unos papeles, cuando entró mi hermana Stefanie. Una alfa quien llevaba
cuatros años casada con otro alfa. Stefanie era “la madame de la moda” por sus diseños atrevidos
y tan controversiales, pero a pesar de ser criticada por todos, creó un gran imperio de la moda y
todos bailaban al son que ella tocaba. Ella era capaz de destruir la carrera de una persona con
solo chasquear los dedos. La observé serio mientras seguía leyendo unos papeles de unos
inversionistas.
—¿A qué has venido?
Sonrió y fue ahí que empezó a jugar con mi maravillosa paciencia.
—Eres un amargado. —Hizo un puchero—. Solo quería recordarte que el quincuagésimo
aniversario de nuestros padres está cerca, y estoy buscando a alguien que me acompañe hacer
algunas diligencias conmigo.
La vi con una cara de jódete.
—Dile a Masha o a Kevin, ellos siempre tienen tiempo de sobra, si es que no están vendiéndole
su alma al diablo con sus apuestas.
—Sabes que Masha pasa más ebria que buena y sana; Kevin pasa encerrado en su laboratorio.
Además, no sé qué lugar escoger.
Iba a rechazar a Stefanie cuando entró Julián a mi oficina.
Este le hizo una leve reverencia a Stefanie, a lo que solo sonrió.
—La encontré, señor.
Abrí los ojos como platos mientras sonreía. Julián me entregó un sobre manila de color
amarillo. Leí su contenido con rapidez. Analicé sus fotos y alguna información de más. Stefanie
solo me observó y alzó la ceja, confundida.
—Ya sé qué personas nos puede atender. Tú solo busca el lugar y yo me encargo del resto. —
Sonreí con malicia.
El día llegó.
Los invitados llegaron a la hora acordada. Una suave música inundaba toda la estancia dándole
un toque elegante y casual a la fiesta de aniversario de nuestros padres. Mamá sonreía como
enamorada mientras bailaba la canción con la que se había casado con mi padre. Vi algunos
meseros, pero no la atisbé. Luego de unas horas la vi sirviendo unos bocadillos. Sonreí triunfante,
no dudé en llamar a uno de mis sobrinas.
—Julie, ¿quieres hacerle un favor a tu tío favorito?
—Depende, ¿de cuánto estamos hablando? —habló con inocencia fingida.
¡Dios! Tenía que ser la hija de Stefanie.
—Te daré cincuenta dólares si haces lo que te digo. —Extendí el billete y la niña sonrió—.
¿Ves la mujer que está allá? Quiero que la lleves a la habitación de invitados, pero no le digas
quien la manda.
La niña salió en dirección en donde estaba, a lo que solo sonreí.
Al cabo de unos minutos, escuché la puerta del cuarto abrirse. Su olor tan suave y tan dulce
acarició mis fosas nasales. Me endurecí al instante. Me di la vuelta y vi el asombro en sus ojos
cafés claro. Me acerqué a ella, pues se quedó paralizada en la puerta.
—¡Sorpresa!
—¿Por qué me llamaste? —preguntó nerviosa.
—Eres muy cruel, Hana. —Acaricié su mejilla—. Después de que fui todo un caballero
contigo, te fuiste sin decir adiós. Pero ya veo que es nuestro destino encontrarnos.
—¿Qué quieres de mí?
Observé sus labios como si fueran manzanas con caramelos. Los acaricié con el pulgar, ella se
estremeció por el tacto y cerró los ojos. La vi tan sumisa como la primera vez que se entregó a mí.
En eso la besé con todas las ganas que sentía hacia ella, la besé con hambre y me respondió con la
misma ferocidad. Desvié el beso hacia su cuello arrancándole un gemido a mi omega.
Me separé de su dulce piel y miré el rubor en sus mejillas.
—Me preguntaste qué es lo que quiero de ti y te diré qué es. —Besé su mejilla—. Quiero que
esta noche seas mía.
Hana me vio con duda y luego me besó.
—Está bien. Hazlo.
El deseo de los amantes
Una vez que ella dijo aquellas palabras, fue la sentencia para ambos. En toda su vida jamás
sintió ese deseo por estar con alguien y por primera vez quería ser mala para romper las reglas.
Hana actuaba fuera de sus cinco sentidos, cosa que nunca haría, pues era una persona que pensaba
con dos dedos de frentes y que siempre hacía todo metódicamente. Silvia se burlaba de ella por
ser una persona aburrida, hasta le decía que era una vieja para la edad que tenía. Sin embargo,
había algo en el olor de Adrián que la hacía perder completamente la razón y se dejaba entregar a
su omega interno, quien, con sumisión, se dejaba guiar por el alfa. Adrián besó su cuello y lamió
con suavidad, esto le provocó un pequeño espasmo en todo su cuerpo. Él la observó de los pies a
la cabeza. Ella se sonrojó al instante ante la mirada tan fuerte del alfa sobre su cuerpo.
Se cubrió un poco, aunque era ridículo porque aún estaba vestido, pero aquella mirada la ponía
nerviosa.
—¿Por qué te pones así, bonita? —inquirió con suavidad.
—Tus ojos son muy intensos y me pones un poco nerviosa.
Adrián rio ante la inocencia de sus palabras, besó sus mejillas y las acarició suavemente.
Ambos se observaron y dejaron que sus cuerpos hablaran por sí solos. Los besos de Adrián
sabían a dominación y lujuria, todo lo contrario a la suavidad y entrega que había en Hana. Esta se
colgó de su cuello mientras se embebía de la boca del otro como si fuera un manantial que
acababa de descubrir para calmar su sed.
Adrián la tomó de la cintura con aquella posesividad tan característica en él. La tumbó en la
cama y le empezó a quitar la ropa. Como lo hizo unas semanas atrás, se gozó en la desesperación
de su amante. Él nunca se sintió tan atraído hacia alguien, es más, nunca en su vida alguien llamó
tanto su atención para hacer lo que había hecho con tal de tener de nuevo a esa delicada mujer en
su cama entregándose en cuerpo y alma. Adrián tenía sexo y nada más, pero cada vez que miraba a
Hana, hacía cosas que nunca hizo con sus otras parejas: decir halagos o palabras cariñosa. Su alfa
interno se inquietaba y jadeaba de la emoción por el exquisito olor a miel de la omega que declaró
como suya.
Destrozó la camisa blanca que usaba Hana como uniforme de trabajo. Besó cada centímetro que
tenía a su alcance y dejaba marcas de besos en aquella blanquecina piel. Hizo una pausa al llegar
a su ombligo. Reía en voz baja al ver cómo se retorcía por las caricias de su juguetona lengua.
Quitó su pantalón con todo y bragas.
Observó el deseo correr al verla con las piernas abiertas y lista para él.
Hana cerró sus ojos y gimió en voz alta al sentir la lengua de aquel seductor alfa jugar con su
clítoris. Nunca había recibido un oral, pero la sensación que estaba sintiendo en ese momento era
de otro mundo. Acarició sus pezones mientras jadeaba ante la experiencia que sentía; su cuerpo
era un mar de sensaciones. Lo que empezó con una lengua, terminó en dos largos dedos que
entraban en su interior y ella convulsionó de tanto placer. Movió sus caderas y se retorció en la
cama.
Él sonrió y sacó los dedos de su interior, lo que provocó que ella soltara un gemido lastimero.
—Me voy a sentir celoso, preciosa. Te daré algo mejor ahora... ¡Ponte en cuatro! —mandó con
su voz alfa.
Ella se estremeció al instante.
Adrián trago en seco al ver aquel trasero redondo y esponjoso en esa posición. Por un momento
se tuvo que pellizcar para comprobar que no estaba soñando. Le excitaba en gran manera verla así
tan a su merced, que no pudo más y le dio dos fuerte nalgadas dejando un color rojizo. Hana sintió
una corriente eléctrica ante aquello, así que jadeó ante la sensación. Él se posicionó y la embistió
sin previo aviso, de este modo le arrancó un gemido fuerte. Se movía con una ferocidad casi
animal mientras besaba su cuello y lo mordía de vez en cuando.
—¡No me marques! —jadeó Hana.
Adrián acarició los pezones rosados de su amante. Se movía y se enloquecía con los gemidos
de la muchacha. Sintió que el clímax estaba cerca y se alejó de ella antes que se corriera en su
interior.
Hana cayó rendida entre las sábanas y jadeó ante las sensaciones que había experimentado.
Adrián se tumbó a su lado, trataba de recuperar el aire que perdió, buscó el cuerpo de la castaña y
la abrazó.
—Quiero que hoy, o más bien mañana, despiertes a mi lado.
—¿Y si no quiero? —lo retó Hana mientras se enderezaba un poco en la cama—. Tú no eres mi
jefe, ni tampoco mi alfa.
Él la contempló, extendió su mano hasta su cuello y acarició el lugar donde los alfa marcaban a
los omega para hacerlos completamente suyos.
—¿Me estás retando? —Alzó la ceja—. Hana, deberías de ser más consciente con tus palabras,
¿no crees? Y si te pido que me des la oportunidad para cortejarte, ¿me dejarías hacerlo?
Hana abrió los ojos como platos ante sus palabras. En eso recordó las palabras de su amiga:
“¿Crees que eres capaz de seducir a ese alfa?”.
—Sé que no me quieres, pero quiero ver quien de los dos pierde.
Adrián rio ante sus palabras.
—Yo nunca pierdo, mi amor. Nací para ganar y tú naciste para ser completamente mía, así que
solo ríndete y quédate conmigo.
—No lo creo, amigo.
Adrián tomó su brazo y la abrazó. Ella descansó su cabeza en su pecho.
«Voy a ver durante cuánto tiempo se va acabar el interés en ti, Hana».
Expulsó algo de sus feromonas para calmar a su omega y que pudiera dormir.
Masha miró a los invitados aburridos mientras dejaba su tercera copa en una bandeja. Sus
padres bailaban música de antaño y los niños jugaban con sus otros familiares, entonces decidió
salir a la terraza y observó a un joven fumar. La ignoró, era eso o pedirle algo de fuego para
encender también un cigarrillo y matar el aburrimiento, cuando sintió un olor a madera fresca. Se
acercó hacia donde estaba el desconocido y tocó su hombro. Abrió los ojos mientras sentía unas
inmensas ganas de llorar.
—Bryan, ¿eres tú?
La tristeza de un viejo amor.
Masha se quedó paralizada al ver de nuevo a su viejo amor de casi toda su vida. Desde que era
una adolescente, estuvo enamorada de Bryan, pero siempre sus deseos fueron callados por el qué
dirán de los demás. Bryan era de padres clase media e hicieron todo el esfuerzo del mundo por
inscribirlo en una de las mejores escuelas en Manhattan. Bryan, a pesar de su naturaleza como
alfa, era un joven callado y apartado, así llamó la atención de algunas mujeres y se convirtió en la
envidia de los otros por su aura tranquila. Muchas veces fue amenazado y golpeado por ser pobre.
Sin embargo, a pesar de eso, solo lo observaba de lejos hasta que un día él se dio cuenta que ella
era una omega de clase pura que estudiaba en una escuela de alfas, pero por el carácter fuerte que
tenía, nunca se habían dado cuenta de su verdadera naturaleza. Solo él guardó su secreto. Y
después de casi doce años, lo tenía de frente.
Intentó mover sus labios, pero solo se cruzó de brazos.
—Hola —musitó vagamente Bryan.
El solo oír su voz hizo estremecer todo su cuerpo.
—Hola, Bryan, ¿cómo estás?
—Estoy bien. No sabía que era tu familia la que había hecho la fiesta. Estás igual de bella como
cuando estábamos en secundaria. —Sonrió con amabilidad.
—Tú estás igual. —Masha se acercó a él mientras buscaba sus manos—. Bryan, yo aún te
quiero —expuso con voz suave—. ¿Me dejarías estar a tu lado?
Bryan apartó sus manos y sonrió con pena.
—Ya estoy con alguien más, y te recuerdo que tú estás casada con un alfa “digno” para estar a
tu lado y poner en alto el nombre de tu familia. ¿No eras eso lo que querías?
«Yo te quiero a ti», pensó Masha.
—¿Y la amas? —preguntó con el corazón partido.
—Le voy a proponer dentro de pocos meses que sea mi esposa.
Masha se dio la vuelta y salió de la terraza. La fiesta estaba por culminar porque había pocos
invitados, solo estaban algunos familiares. En eso sintió una mano que la tomaba del brazo con
fuerza, levantó la vista y vio los ojos color miel de su esposo.
—¿Dónde demonios estabas? —masculló. Se acercó y olió su cuello—. Hueles a alfa. —
Apretó más su brazo, lo que la hizo jadear—. Vámonos a casa, me debes una buena explicación.
Masha apartó la cara y contuvo las ganas de llorar.
La mejilla le ardía como el infierno. Hacía varios meses que Scott no le pegaba, cosa que se le
estaba pareciendo extraño. Se levantó del suelo y caminó con paso lento hasta el baño de su
habitación, que desgraciadamente ambos compartían. Se examinó en el espejo. Vio que tenía la
marca de los dedos en su mejilla y el ojo morado.
—¡Demonios! ¡Precisamente mañana tengo un almuerzo con mis padres!
Intentó ponerse su pijama, pero el cuerpo le dolía. Aun así, con toda la fuerza del mundo, se
puso la ropa y bajó hasta el estudio, donde tenía todos los licores de la casa. Tomó la primera
botella que vio y empezó a beber para limpiar su vida… al menos eso quería creer a ciega.
—Estoy viviendo feliz, Bryan —lloró.
Scott Fletcher, uno de los empresarios más respetado en la sección del turismo, era el que
destacaba la ciudad de Manhattan entre otros estados, además de ser un apuesto alfa que encantaba
a cualquier mujer con sus palabras de caballero. Todo era un disfraz. Sus padres se habían
maravillado con aquel magnifico y soltero alfa que buscaba el amor. Por desgracia, estaba
sentenciada a casarse con alguien que mantuviera en alto el apellido Lemietre. Luego de seis
meses de cortejo, se casó con el demonio. Al principio era un poeta y un romántico empedernido,
pero después cambió a un hombre amargado, déspota y celoso. Ella trabajaba como modelo de
grandes marcas de lencería femenina. Sin embargo, luego eso lo enfermó al saber que trabajaba
con hombres y se fotografiaba de manera sensual con ellos. Lo que empezó como una pelea de
varios días, terminó en un golpe en el rostro y después en grandes golpes que la dejaban casi en
cama. Sus celos aumentaron cuando quedó embarazada, mas lo perdió a los tres meses,
destruyendo más el matrimonio. Se sentía ahogada en su jaula de oro y su único consuelo era
recordar todo lo que había vivido con Bryan, pero él también inició una nueva vida y era
compresible, ella lo había dejado ir.
Una mano áspera acarició su pierna derecha, abrió los ojos y observó el deseo en los orbes de
su esposo, este se acercó para besarla, pero luego se apartó de inmediato.
—¡Otra vez estás borracha! —gritó molesto—. ¡Eres una maldita alcohólica! No sabes la mala
impresión que causas y el asco que siento cada vez que te veo.
Masha se levantó y le dio una mirada de odio.
—Y si te doy tanto asco como dices, ¿por qué no nos divorciamos?
Scott rio con sarcasmo.
—¿Y dejarte libre para que busques a ese alfa mediocre del que estabas enamorada o cualquier
otro alfa? —se burló de ella—. Tú eres mía hasta que la muerte nos separe, mi amor. —Besó su
mejilla—. Mejor busca un tratamiento para tu enfermedad, pues quiero un hijo. Si tú no me das un
hijo, lo buscaré por mi cuenta.
Se dio la vuelta.
Masha lanzó el vaso y se puso a llorar.
Scott revisaba algunos papeles, cuando vio una solicitud que le atrajo la atención.
Llamó a su asistente y sonrió.
—¿Sucede algo, señor?
—Llame a esta señorita. —Sonrió con malicia—. Su nombre es Silvia Lander, yo quiero
entrevistarla personalmente.
Una omega que quiere ser coqueta
Hana sonrió con pena mientras jugaba con sus manos con nerviosismo. Una mano fuerte la
tomó de la cintura, Adrián se acercó hasta su oído para susurrarle cosas y ella se estremeció con
el sonido de su voz, después se apartó de golpe.
—¿Quieres que vaya a una cena contigo? —comentó con voz suave—. Es imposible, ese día
tengo un evento al que tengo que ir y voy a ganar muy bien.
Adrián odiaba las excusas y después de investigar profundamente a la omega que tenía enfrente,
la conocía mejor que ella misma y su horario de trabajo se lo memorizó mejor que la tabla del
uno. Hana observó la seriedad en las facciones de su rostro y olió en el aire, pues cada que
hablaban liberaba algo de sus feromonas.
—Hueles a limón. ¿Estás decepcionado?
—¿A quién quiero engañar? —Se cubrió el rostro—. Quería que todo el mundo conociera a la
maravillosa omega que he conocido en mi vida, a menos que... —sonrió con maldad— ¿tengas
miedo de perder en esta cena?
Hana alzó la ceja, sabía que jugaba con ella, pero odiaba el sarcasmo en su voz.
—Créeme que no estoy del todo feliz con tu propuesta, pero acepto, iré a esa cena contigo y
seré la más elegante de todas.
Adrián se levantó de su asiento. Todos en el restaurante los miraban como animales raros, más
a ella que a él.
—Yo no tengo ninguna duda que mi omega es la mujer más bella. Espero que me impresiones,
no solo a mí, sino también a mis invitados.
Observó la tienda de arriba hacia abajo. Dejó un pie dentro del local y el otro afuera. Silvia la
tomó de la mano y prácticamente la metió a la fuerza. Miró los vestidos, maravillada, tocó las
diferentes telas y algunos zapatos. Su amiga vio con emoción los vestidos de diseñadores y ella
contempló con suma atención un vestido negro que le había llamado la atención desde que entró,
se acercó y analizó el precio. Sintió que había visto el salario de dos meses en él.
—¿Qué sucede? —murmuró Silvia preocupada por la expresión de su amiga.
—Mira ese vestido, cuesta más que mis órganos y la renta de tres meses de nuestro
apartamento.
Silvia pensó que quizá su amiga estaba exagerando, pero al ver el precio se vio la mano por
unos segundos, ya que sintió que por solo tocarlo lo devaluó con su sola presencia.
—Eso está muy caro.
—Mejor vamos a otra tienda más barata para no gastar demasiado.
Antes que Hana se diera la vuelta, una encargada se acercó a ella.
—Hola, buenas tarde, ¿usted es la señorita Hana Roys?
—Sí, soy yo, ¿por qué? —respondió nerviosa.
—Discúlpeme por la rudeza de mi voz, mi nombre es Sandra Flowers y soy la supervisora de
la tienda. Estoy aquí para ayudarla a escoger su vestido y sus zapatos.
Hana negó de inmediato.
—Lo siento, señorita, pero yo no tengo dinero y estos vestidos valen más que yo. No quiero
causar problemas.
—Descuida, el señor Lemietre me pidió estrictamente que la ayudara, y no se preocupe por el
dinero, él lo va a pagar todo de antemano.
—¿Qué? —Abrió los ojos como platos ante sus palabras—. ¿Él es dueño de esta tienda?
La supervisora negó con la cabeza.
— Esta tienda está a cargo de la señora Stefanie Lemietre. Descuida, está en buenas manos.
Sandra tomó la mano de Hana y la llevó a los diferentes vestidos de noches. Se probó el
vestido que le había llamado la atención y sonrió emocionada al ver lo bien que le quedaba. El
vestido tenía un corte de sirena, se pegaba a su cuerpo y delineaba más sus curvas. Sandra le soltó
el cabello, se lo puso de lado mientras y le puso una gargantilla de diamantes.
—¡Wow! —exclamó sorprendida—. ¿Esta soy yo?
—Usted es la mujer más bella que he visto en toda mi vida desde que trabajo en esta tienda.
—Silvia, ¿qué te parece el vestido?
—Solo eres una omega en un vestido, no es la primera vez que te veo vestida así. —Se cubrió
la boca y luego sonrió—. Lo siento. Te miras muy bella, Hana, naciste para ser la amante de un
alfa.
—¡Yo no soy su amante! —masculló.
Sandra se apartó para atender a otros clientes.
—¿No eres su amante? —Sonrió divertida—. Mírate, tienes un vestido de Carolina Herrera y
una gargantilla de diamantes. Llevas puesto unos setenta mil millones de dólares y no te das
cuenta. Hana, no me tomes a mal, pero no es bueno que te enamores de él y te acostumbres a esta
vida, porqué tú no eres así.
—Yo no me voy a enamorar de él y tampoco voy a dejar que estos lujos cambien lo que soy,
pero… —mordió sus labios— quiero ganar el reto y lo voy a ganar. Vas a ver cómo tendré
comiendo de mi mano a ese alfa.
—¿Reto?
— Voy a seducir a ese alfa.
Silvia sonrió y besó su mano.
—Te deseo toda la suerte del mundo entonces, aunque a veces la vida puede dar muchas vueltas
y el que termine seduciéndolo puede ser alguien más.
Hana miró a Silvia, cuando en eso un olor suave a lavanda se sintió por toda la tienda. Se quitó
el vestido y se lo entregó a Sandra. Hana vio a una hermosa mujer mirar un par de zapatos, esta se
quedó maravillada con la belleza de la fémina. Tenía un hermoso cabello rubio cenizo que le
quedaba bellísimo, unos ojos azules tan claros como el mar y un cuerpo alto y esbelto. La
desconocida la observó; se puso roja al saber que la descubrió viéndola.
—¡Lo siento mucho! —se apresuró, apenada—. Es la primera vez que veo a alguien muy guapa.
Esta rio en voz baja.
—Es la primera vez que una mujer me dice que soy hermosa, pero tú también eres muy bonita.
Bueno, todas las mujeres somos bellas. ¿Cuál es tu nombre?
— Soy Hana Roys. —Extendió su mano.
— Mi nombre es Masha, un gusto.
Hana vio que tenía un golpe en su brazo, Masha se dio cuenta y se cubrió con su mano, a lo que
solo sonrió apenada. Silvia llegó tomada de la mano de Bryan, quien había llegado después de
buscar unas cosas para el apartamento.
Masha abrió los ojos al ver a Bryan. Este, al igual que ella, vio el moretón que tenía en el brazo
y su olor cambió a uno agrio, obviamente Silvia no era consciente del aroma que emitía su novio,
por lo que era beta, pero Hana al ser una omega, sabía a la perfección el gusto a rabia que
desprendía.
—¿Qué te pasa, Bryan? —inquirió Hana, nerviosa.
Masha apretó sus manos y sonrió con elegancia.
—Disculpe, tengo que probarme un vestido que había encargado. Me dio mucho gusto
conocerte, Hana, y a tus amigos.
Hana salió de la tienda y fueron al apartamento. En todo el camino Bryan no había vuelto a
abrir su boca y no es que él fuera un gran conversador, pero estaba perdido en sus propios
pensamientos. De vez en cuando maldecía en voz baja.
Hana se encerró en su habitación y colgó el vestido en su armario. Estaba nerviosa de ir a esa
cena, pero sabía que esa celebración sería el inicio del juego.
Una omega elegante
Hana observó con admiración el hotel donde se llevaría a cabo la cena. Una cosa era atender a
pomposo alfas o betas y otra muy diferente era participar en la élite. Sonrió con nerviosismo y vio
cómo algunas personas la miraban como bicho raro, algunas tuvieron el descaro de reírse en su
cara. Levantó la vista y empezó a caminar con paso firme, sin temor alguna. No le gustaba llamar
la atención, pero cuando se necesitaba era experta en hacerlo. Sonrió con coquetería a algunos
alfa y siguió moviendo sus caderas mientras algunas omegas le golpeaban el hombro a sus
acompañantes.
Adrián contempló a Hana desde los pies hasta la cabeza. Jamás pensó que aquella tierna omega
se convertiría en un manjar para los demás. Su alfa interno gruñó incómodo al ver la mirada de los
demás en ella. Caminó en su dirección y sintió un olor dulce danzar por todo su cuello.
Se acercó a ella y besó su cuello sutilmente. Sonrió al escuchar el jadeo suave de ella.
—Estoy sin palabras, eres la mujer más bella de esta noche. Te dije que no te defraudaría. —
Hana se acercó, rozó sus labios y sonrió victoriosa ver el deseo en sus ojos—. Hoy no, mi amor,
la noche es joven y nosotros también.
Adrián la tomó de la mano y la llevó hacia donde estaban algunos invitados. Hana apretó su
mano con fuerza ante la presencia de aquellos cuatro omegas. Un hombre de cabello negro la
observó como si fuera un pedazo de carne y los otros la ignoraron.
—¿Y quién es esta preciosidad de mujer? —indagó el pelinegro.
—Es mi acompañante, su nombre es Hana, y no voy a permitir que te acerques a ella —contestó
serio.
—Pensé que esta fiesta era para gente decente —habló un alfa con asco.
—Ella va estar conmigo. Acostúmbrense a su presencia, porque estará conmigo siempre.
Hana abrió los ojos como platos ante sus palabras y salió detrás de él. Volteó hacia atrás y vio
cómo el pelinegro la observaba. Sintió un escalofrío helado por todo su cuerpo, se aferró del
brazo de Adrián y siguió caminando.
—Quiero que conozca a la persona que más quiero.
Hana se sorprendió porque era la primera vez que hablaba así de alguien con gran cariño.
Caminó entre las personas y vio de espaldas a una mujer con un vestido verde oscuro, Adrián tocó
su espalda y esta se dio la vuelta. Hana sonrió alegre al ver que era la misma chica que había
conocido en la tienda; ella iba acompañada de un alfa apuesto y con ojos fríos. Hana recordó el
moretón que tenía en su brazo y que lo cubría con gracia con el chal.
—Masha, no pensé que te vería en esta fiesta. —Sonrió alegre.
—Lo mismo digo, te miras muy bella con el vestido.
—¿Ustedes se conocen? —inquirió Adrián, sorprendido—. ¿Dónde se conocieron que no me
habías contado, mi flor?
—La conocí ayer en la tienda de Stephanie. —El esposo de Masha tosió para llamar la atención
—. Él es Scott, mi esposo.
Hana extendió su mano, el hombre sonrió con malicia.
—Vaya, Adrián, no sabía que te gustaban los omega recesivos —dijo con burla.
—¿Y eso a ti qué te importa? —respondió molesto.
—¡Ya basta, Scott! Lo siento, Hana, mejor vamos a saludar a tus amigos. Scott, con permiso y
disfruta la fiesta.
Hana vio la tristeza en sus ojos y sintió pena por ella. Adrián suspiró. En el poco tiempo que
llevaba conociéndolo, había visto una expresión tan triste en él.
—No puedo creer que mi hermana esté casada con ese imbécil.
—¡¿Ella es tu hermana?!
—¡Por supuesto, hermosa! Ella es Masha Lemietre, hija menor de la familia y la vendida por
los mismos. Sé que ella no es feliz con él.
Hana recordó el moretón que tenía en su brazo, pero decidió callarlo. Adrián saludó a otros
amigos, en eso sintió una mano traviesa que subía y bajaba por su espalda. Hana sonrió tranquila
mientras intentaba hacer caso omiso a los temblores que sentía en su cuerpo. Adrián se acercó a su
oído y susurró con sensualidad:
—¿Quieres que te enseñe algo?
Hana lo miró con picardía y sonrió.
—Enséñame las estrellas.
Adrián no se consideraba una persona romántica, todo lo contrario: era la persona más fría del
mundo, pero aún seguía sin comprender por qué cada vez que estaba con ella, quería hacer cosas
nunca había pensado en su vida. Un viento helado acarició el rostro de ambos amantes. Hana
sonrió emocionada al ver el lugar en el que estaba. Es decir, estuvo muchas veces en la terraza de
cualquier sitio, pero esta vez se sentía muy especial, quizá porque llevaba puesta el saco de
Adrián y se sentía drogada por el olor fuerte del alfa. Observó el cielo estrellado y una mano
acarició su espalda.
—Cuando era niño, me gustaba venir aquí, me relajaba mucho.
Hana sonrió con ternura al imaginarse a un Adrián pequeño.
—Gracias por mostrarme una pequeña parte de ti. —Besó su mejilla—. ¿Cómo te convertiste
en un alfa tan calenturiento?
Adrián rio a carcajadas ante sus palabras. En realidad, no tenía memoria desde cuándo empezó
a jugar con los demás y ahora estaba con una omega que para todos era de clase baja, pero que
para él era un diamante en bruto. Se acercó a ella y besó su espalda desnuda, Hana gimió al sentir
los labios fríos de su amante. Adrián besó su espalda hasta llegar a su cuello, lo mordió
suavemente.
—No me digas que te excita hacerlo en la terraza de un hotel.
Adrián palmeó su trasero y buscó sus labios con hambre.
—No tienes idea. —Besó sus labios.
Luego besó su cuello mientras levantaba su vestido, esta jadeó al sentir los dedos en su trasero.
Una mordida en su nalga derecha la hizo gemir en voz alta. Hana inmediatamente se cubrió la boca
porque estaba en un lugar donde en cualquier momento alguien podía llegar. Sin embargo, aunque
su mente sensata le decía que se alejara, del otro lado estaba su lado omega quien se gozaba con
las caricias del mayor.
Jadeó gustosa al sentir los dedos largos y expertos en su interior. Mordió sus labios, Adrián
beso su cuello y Hana movió sus caderas buscando lo que tanto esperaba, hasta que sintió aquel
pedazo de carne que la hizo ver más estrellas de las que ya estaba viendo. Adrián se movía como
el maestro que era; Hana se deshacía entre las barandas de concreto blanco de la terraza. En eso
escucharon las voces de algunas personas que se acercaban. Ella intentó apartarlo, pero este
seguía inmerso en su fondo.
—Alguien viene... Mgh... Detente —jadeó.
Adrián la cargó y la llevó a un lugar aparte de la terraza, besó sus labios y ambos rieron al
verse ante la situación en la que estaban.
—Solo tú me haces perder la cabeza de esta manera.
—Ya somos dos.
—Quiero que destruyan a Adrián lo más pronto posible —ordenó, más que molesto—. Quiero
su cabeza ahora.
Un alfa que busca
Adrián
Observó los papeles que tenía en sus manos y los tiró al suelo, asustando a los presentes. Su
asistente se acercó a él con miedo de ser devorado por su mirada, pero este se congeló en su
lugar. Adrián se levantó de su asiento y empezó a caminar de un lado a otro como león rugiente
buscando devorar a las cuatro presas que tenía en su oficina. El olor de sus feromonas ahogaba a
los que yacían a su alrededor a tal punto que uno casi se desmayó. Detuvo su andar y los
contempló.
—¿Quién demonios fue el que dio el permiso para hacer esas compras?
Francisco habló, trémulo.
—El señor Izana dio el permiso para la compra de los materiales, nosotros solo obedecemos.
—¿Mi padre dio la orden?
—Sí, señor —respondió cohibido—. Dice que es mejor que no se haga cargo de este negocio.
Adrián salió de la oficina con el diablo adentro y caminó con pasos firme, entró a la oficina de
su papá y lo vio abrazando una mujer más joven que su mamá. Su cuerpo expulsó unas feromonas
tan fuertes que la joven salió corriendo de la oficina. Izana se subió el cierre de su pantalón y se
sentó en su silla.
—¿Tu nueva zorra? —preguntó con acidez en su voz—. Si no amas a mi mamá, ¿por qué no te
separas de ella antes de que la infectes de cualquier porquería?
—¡No me hables así, Adrián! —Golpeó la mesa, molesto—. Jamás me voy a separar, lo menos
que quiero es un escándalo. Mejor quédate con la boca cerrada. ¿A qué has venido?
—¿Tú cambiaste los contratos que ya había hecho?
Izana sonrió con malicia
—¡Por supuesto que sí! Hijo, ese proyecto es muy grande para ti. Lo mejor para ti es tomar
proyecto en el viñedo o quizás en el hospital junto con tu hermano.
—¡¿Qué estás diciendo?! —siseó—. Me hiciste regresar de Europa para ayudarte en la empresa
y tú me estás haciendo de menos. Mejor dime que me vaya y me voy.
—Hijo mío, eres igual de dramático que tu madre. Esto lo hago por tu bien, además, me han
contado que te estás revolcando con una omega, ¿eso es verdad?
—¿Y desde cuándo a ti te importa mis relaciones no tan amorosas? —respondió con
sarcasmo—. ¿No crees que sería mejor que también me guardes el secreto?
Izana se levantó, molesto.
—¡Basta! Mejor te voy a platicar algo: la hija menor de la Farrah acaba de regresar de Taipéi y
ella está encantada contigo, ¿por qué no la invitas a cenar o a tomar una copa de vino? Su familia
es muy rica, además que quiero hacer relaciones con sus padres, ¿y qué mejor puente que tú?
Adrián alzó la ceja ante las palabras de su papá.
—¿Y por qué no le dices a Kevin? Es el tercero en la familia, es un gran médico y está soltero.
—¿Ese fracasado? —rio Izana en voz alta—. Ese chiquillo es un nerd, desde pequeño ha estado
debajo de las faldas de tu madre. No quiero pasar ninguna pena porque hasta virgen debe ser —
bufó cansado—. Mi única esperanza y que me da orgullo llamarlos hijos, es a ti y mi bella
Stephanie. Los otros… —hizo un desdén con la mano derecha— un beta ratoncillo de biblioteca y
una omega que por lo menos es pura.
—Masha no es feliz, papá, siento que ella la debe estar pasando mal.
—¿Y eso a mí qué me importa? Ya está casada, ya es harina de otro costal, eso no tiene nada
que ver conmigo y tú tampoco. Es más, te prohíbo que metas tus narices donde no debes, hijo.
Ahora vete y dile a la muchachita que regrese, que para eso vino aquí.
Adrián salió de la oficina y observó de reojo a la omega, quien volvió con Isaza. Se fue de la
empresa y se subió a su auto mientras sentía una incomodidad por todo su cuerpo. Llegó a un bar y
bebió un poco de whisky para calmar la molestia que sentía en su anatomía como si fuera fuego el
que lo consumía por dentro. Una mano suave acarició su hombro, lo que hizo que volteara su vista
de inmediato. Era una mujer de hermosas facciones y con un escote que no dejaba en nada a la
maravillosa imaginación.
Frunció los labios cuando la desconocida le arrebató de sus manos su copa de Whisky casi
terminado. Ella relamió su boca con sensualidad.
—Hueles delicioso, cariño. ¿Estás en celo? —Acarició su hombro—. Si quieres, yo te puedo
ayudar a aliviar el calor, ¿qué dices?
Besó sus labios con desenfreno mientras se tambaleaba hasta llegar a la cama. La mujer metió
su lengua de manera inexperta y arrugó la cara al sentir el sabor a cigarro barato en su boca,
causándole algo de náuseas. La apartó y se sentó en la cama. Ella se colocó entre sus piernas
abiertas y de vez en cuando le lanzaba miradas lujuriosas. Una lengua húmeda empezó a recorrer
la base de su miembro haciéndole gruñir al momento.
«¿Será que Hana alguna vez me haga una mamada? ¿Cómo será practicar BDSM con ella? ¿Que
estará haciendo en estos momentos? ¿Estará dormida o trabajando?».
Sonrió al imaginarla con la cara roja al igual que su mejilla mientras lamía su polla como si
fuera una paleta.
—¡Oye! —masculló la desconocida—. ¿Por qué aún está flácido? ¿Acaso no te excito?
Adrián se levantó de la cama, se acomodó el pantalón y la camisa.
—Para serte sincero, no. Gracias por todo y espero no volverte a ver más. Voy a buscar a mi
omega para hacerle el amor, así que adiós. —Salió de la habitación mientras la mujer abría la
boca ante sus palabras.
Tocó la puerta del apartamento y cruzó los dedos para que no estuviera con nadie, así podrían
estar los dos completamente solos. La puerta se abrió al tercer toque con una Hana con los
cabellos hechos una maraña por estar dormida. ¡Lo sabía, estaba dormida! Besó sus labios antes
de que ella hablara, haciéndola tambalear.
—¿Está alguien en la casa? —jadeó con voz ronca.
—¿Por qué lo preguntas? ¿Necesitas algo?
Adrián observó a Hana con el hambre en los ojos mientras la recorría de pies a cabeza.
—Hueles... —se acercó a él y olió su cuello— hueles a Madera fresca. —Hana se cubrió
la boca y enrojeció—. ¿Estás en celo?
Adrián la tomó estilo princesa y olfateó en el aire el olor de Hana para ir a su habitación. En
ese momento Hana se arrepintió de haber abierto la puerta.
Un alfa en celo… Sálvate, Hana
Hana estaba sin palabras, era la primera vez que había pasado su celo con un hombre después
de tanto año de soledad. Lo que estaba en segundo plano era estar con un alfa en celo, y no era un
alfa común y corriente, era nada más y nada menos que Adrián Lemietre, hijo mayor de una gran
fortuna, el sueño húmedo de varias mujeres. Sin embargo, en ese momento a él no le importaba el
status social, pues la estaba besando como si no hubiese un mañana. Hana sabía que los alfa por
naturaleza eran muy sobreprotectores con sus parejas, al igual que posesivo y dominante en el
acto.
Adrián la observó. Recorría con sus manos todo su cuerpo como si fuera la primera vez; el
ambiente era una mezcla de olores. Hana correspondió el beso voraz de su amante, aunque le fue
imposible por la experiencia.
—Hana —habló con voz ronca—, quiero que te desnudes ante mí, quiero ver tu maravilloso
cuerpo que tanto me enloquece.
Hana se puso mas colorada que un tomate y sus piernas temblaban ante la mirada penetrante de
Adrián. Por la forma en la que hablaba y la miraba, iba demasiado en serio y que no estaba de
juegos para esperar. Con toda la fuerza del mundo, empezó a deshacerse de su ropa, comenzando
por sus calcetines de conejitos rosas. Se quitó el suéter que llevaba puesto mientras escuchaba la
respiración agitada de Adrián. ¿Tan excitado estaba? Adrián sonrió con malicia al ver cómo con
dificultad se quitaba su pequeño short negro y se deslizaba con sensualidad por sus contorneados
muslos. Sin darse cuenta, o al menos eso quiso creer, empezó a bailar con suavidad, de este modo
encendió más el hambre del alfa.
—De verdad que eres la mujer más bella que he visto en mi vida. —Adrián grabó con lujo de
detalles cómo se quitaba sus últimas prendas hasta quedar como Dios la había traído al mundo—.
¿Cómo alguien tan inmundo como yo puede ver tan maravillosa obra de arte? Acércate, preciosa,
y dale un beso a tu papi.
Hana jadeó y se acercó a él. Besó sus labios a su ritmo. Adrián pasó su mano por toda su
espalda hasta llegar a los glúteos para darle una sonora nalgada que la hizo chillar de la sorpresa.
Hana se sentó en su regazo mientras su trasero se movía lentamente en el endurecido miembro de
su alfa.
—¡Demonios, Hana! —exclamó excitado.
En un movimiento, Adrián la puso en la cama y se embebía de los gemidos que salían de su
boca cuando puso un pezón entre sus labios. Los dedos largos de Adrián se colaron entre la
humedad de Hana, quien se retorció en el acto ante tantas estimulaciones. Adrián buscó sus labios
y los mordió un poco, hasta que no pudo más. Se empezó a quitar la ropa; Hana observaba el
cuerpo musculoso de él y en eso lo vio.
«¡Madre mía, eso no va entrar!», pensó nerviosa.
Hana cerró los ojos y escuchó una risa suave. Separó los párpados y vio la ternura en los
luceros de él.
—Aunque esté en celo, sabes que lo mas importante eres tú. Jamás te haría daño.
Hana abrió sus piernas y sonrió.
—Lo sé. Hazlo, Adrián, confío en ti.
Hana sonrió con un poco más de calma cuando sintió el típico punzón y la molestia por tener
algo conocido en su cuerpo. Ambos sintieron alivio al sentir la calidez del otro. Adrián buscó las
manos de Hana mientras la apretaba con suavidad y se impulsaba para embestirla a su ritmo. Besó
su cuello y dejaba algunos besos en su pecho, esto provocó que Hana jadeara. Una molestia en sus
colmillos alertó Adrián. Se empezó a mover con más brusquedad sintiendo cómo su nudo se
hinchaba en su interior.
Lamió su cuello en el éxtasis y la mordió corriéndose en su interior. Hana gimió ante la
sensación y sollozó en voz baja ante el dolor. Adrián la abrazó y buscó sus labios mientras
esperaba que el nudo de deshiciera.
—Tú me vuelves loco.
Hana no hallaba las palabras o más bien no encontraba algún objeto para darle en la cabeza a
Adrián, su “alfa”. Su omega interno ya bailaba la conga innumerable veces, pero ahora que ya
tenía la marca, estaba más feliz que nunca. Sin embargo, su parte razonable quería partirle la cara
o lo que sea. Maldijo que su naturaleza fuera demasiado débil para no lanzarle el sofá o el retrete
del baño. Adrián, como el alfa que era en toda su regla, infló su pecho con orgullo al saber que ya
había encontrado a su pareja ideal y a la madre de sus futuros cachorros, dejando más expuesto
sus feromonas por todo el apartamento. Buscó sus manos, a lo que Hana suspiró rendida, pues ya
no tenía otra alternativa. Ya era su omega.
—No estés triste, Hana. —Sonrió—. Te prometo ser un buen alfa y siempre hacerte feliz.
Hana analizó sus palabras y realmente le creía. Estaba a punto de abrir su boca cuando entraron
al apartamento Silvia y Bryan. Adrián por instinto cubrió con su cuerpo a Hana para hacerle
entender al otro alfa de que era su omega y que iba pelear si era necesario. Bryan alzó la ceja
mientras y observó a Hana con un: ¿Es en serio? Silvia rio en voz baja.
—Ya veo que se les pasó la calentura a ambos —soltó con picardía Silvia mientras se sentaba
en el sofá.
Bryan inhaló en el aire y observó a Hana. Abrió mucho los ojos y luego vio a Adrián, este le
regresó la mirada y sonrió con tranquilidad.
—Yo a ti te conozco, ¿tú eres el mejor de amigo de Masha?
—Sí, nosotros estudiamos juntos en preparatoria. No pensé que me reconocerías, ya que has
dejado tu olor en el aire y también porque no estoy usando inhibidores para no revelar mi aroma.
Silvia observó a Bryan.
—¿Ya conocías a los Lemietre y no me habías dicho?
—Eso fue hace mucho tiempo —contestó con sequedad.
—Deberías de pasar un día por nuestra casa, Masha normalmente siempre le está haciendo
compañía a mi mamá cuando el estúpido de su marido la deja ser libre.
Hana escrutó la tristeza en los ojos de su amigo, pero no quiso decir nada. El celular de Adrián
empezó a sonar y este salió de la sala para atender la llamada. Silvia extendió su pulgar dándole
ánimos. Entretanto, Bryan acomodaba algunas cosas que tenía en la despensa. Adrián besó la
mejilla de Hana.
—Te voy a venir a buscar a las siete de la noche, así que quiero ver que te pongas más bella de
lo que ya eres.
Silvia se levantó de su asiento mientras chillaba de la emoción.
—No lo puedo creer. A juzgar por la maravillosa marca que tienes en tu cuello, la cosa va
demasiado seria entre ambos. Estoy tan feliz por ti.
—¿Acaso estás loca? ¡Es un Lemietre! Su familia es multimillonaria. ¿Acaso piensas que su
familia me va aceptar siendo yo una omega recesiva y que tengo una probabilidad del 50% de
darle un hijo a Adrián?
—Pero eso a él no le importa. Ese hombre está loco de amor por ti, hasta le brilla los ojos cada
vez que te ve. Además, él ya es un adulto y su familia no se va meter en su relación. —Le restó
importancia con la mano derecha—. Esas cosas solo pasan en las novelas extrajeras.
—Tú no conoces a los Lemietre y menos a Izana —habló Bryan demasiado serio—. A ellos no
les importa la felicidad de sus hijos, solo quieren encontrarle a alguien que esté de acuerdo a su
posición económica y que ponga en alto su apellido sin importarles lo que ellos realmente sientan.
—¿Acaso tú fuiste novio de esa tal Masha?
—¿Tú piensas que un pobre alfa común y corriente estaría con ella? Yo solo fui su amigo y
compañero de clase, nada más, pero lo más importante es lo que tú deseas, Hana.
—Es que ese es el problema, no sé qué es lo que quiero.
Adrián sonrió con hipocresía camuflado por una elegancia digna de un príncipe. Lo que más
odiaba era fingir interés en algo que obviamente no le llamara la atención. Scott le extendió una
copa de vino que rechazó con amabilidad. Joaquín sonrió mientras le daba unos documentos para
que los firmara, pero este no movió ni siquiera un dedo para tomar la pluma.
—Lo siento, Joaquín, pero no voy a firmar esta porquería.
Joaquín abrió los ojos ante sus palabras tan fuertes y sin ningún filtro alguno.
—¿Estás rechazando una gran oferta? Tu familia y la mía han hecho negocios por años. Sería
una verdadera pena que se perdiera ese lazo entre ambos núcleos familiares.
—Tienes absolutamente toda la razón y por lo mismo que no quiero perder esa amistad de años,
voy aceptar semejante propuesta, porque prácticamente nos va a dar la sobra de ese negocio
donde te recuerdo que nosotros, o más bien el dinero de los Lemietre, invertimos en el proyecto
para que tú sonrías ante los medios como el mejor.
—Deja tu orgullo, Adrián —comentó Scott.
Adrián observó a Scott y deseó en lo más profundo de su ser, molerlo a golpes. Odiaba su
presencia y menos cuando era algo que él no sabía, pero siempre se entrometía solo por el hecho
de ser primo de Joaquín y ser amigo de universidad del mismo.
—¿Tú hablándome de orgullo? —rio con sarcasmo—. ¿Cómo esta Masha? ¿Por qué no ha ido
a visitar la casa principal? ¿Cuándo va salir de su jaula de oro? —Lo retó con la mirada.
—¡Ya basta, caballeros! —intervino Joaquín—. Venimos aquí para hablar de negocios. Piensa
mejor acerca del contrato, ahorita lo acabo de enviar a tu oficina.
Adrián se levantó de su asiento y sonrió.
—No era necesario que gastaras tinta y papel para enviármelo, pues igual no lo voy aceptar. —
Sacó algo de su billetera y sonrió. Joaquín observó el billete de cincuenta dólares y arrugó los
labios—. Para reponerte los papeles que desperdiciaste. Buenas tardes, caballeros. —Salió de la
oficina.
Joaquín rompió los papeles y los tiró al suelo.
—Ese maldito tiene los días contados.
Hana observó el lugar con ansiedad. Tenía los nervios de punta. Entró al restaurante mientras
rogaba a Dios no hacer algo fuera de lugar; Adrián sonrió al verla y se levantó de su asiento para
ayudarle a sentarse. Bebieron algo de vino para aminorar el ambiente, Hana no probó algo de su
comida y él buscó su mano.
—¿Te encuentras bien?
—Solo estoy algo nerviosa, solo eso. —Hana apretaba sus manos—. ¿Tú me amas? ¿Hoy solo
soy un capricho para ti nada más?
Adrián besó sus manos y sonrió.
—No sé si podría decirte que te amo, porque siento que aún es muy pronto para decirlo, pero la
verdad sí estoy interesado en ti y sí me gustas. —Apretó sus manos—. Yo ya había perdido ese
reto desde hace tiempo, porque ya había caído a tus pies el día que pasé el celo contigo. Dame una
oportunidad, no soy perfecto, pero quiero estar contigo. ¿Aceptas eso?
—La verdad sí estoy algo nerviosa, pero también me gustas y quiero estar a tu lado. Además,
después de todo, tú eres mi alfa. —Tocó su marca—. Acepto estar a tu lado.
Adrián besó sus labios y mordió con suavidad su labio inferior.
—Qué bueno, porque mañana te tengo una sorpresa.
—¿Y qué es?
—Ya lo verás, querida.
Abrió los ojos como platos mientras se negaba si aún estaba en Estados Unidos o en un castillo
de la nobleza británica. Unos empleados les abrieron la puerta de su casa.
—¡Bienvenida a la mansión de los Lemietre!
Ahora sí estaba en grandes problemas.
Una omega entre lobos
Hana contempló el lugar con recelo. Se escondía detrás de la espalda de su alfa; al estar
unidos a través de la marca, este podía sentir el cúmulo de emociones que estaba sintiendo su
omega. Adrián, como el caballero que era, abrazó a Hana mientras liberaba un poco de sus
feromonas para calmar la ansiedad de su omega y así se relajara. Unos pasos pusieron los
pusieron en alerta, pero más a Hana, quien se escondió más en el cuerpo de su pareja. A pesar de
que el olor de Adrián era fuerte, el de la persona que estaba enfrente de ellos la estaba debilitando
por completo, lo que la hizo sentir mas nerviosa de lo que ya estaba. Hana salió de su “hogar”,
que eran los brazos de Adrián, y observó al alfa que la miraba como si fuera lo más inmundo que
había visto en toda su vida. El alfa de mayor rango iba en compañía de una señora muy elegante,
de una presencia fresca y maternal. Sus ojos eran azules, como los de Masha y Adrián. Sin
embargo, su olor era suave y dulce como la miel. Sacó la cuenta de que era una omega de sangre
pura. El hombre que la tenía agarrada de su mano era diferente; su olor era madera y tierra
mojada, su presencia era fuerte y dejaba en claro quién era el jefe dentro y fuera de su hogar. Sus
orbes eran de un café casi rojizos y tenía una elegancia digna de un rey. Adrián sonrió al ver a la
mujer quien le dio un beso en la mejilla y esta le hacía una caricia en la mejilla, una típica muestra
de afecto entre las madres omegas, todo lo contrario con el hombre, quien solo sonrió con desgano
como si ambos no le hiciesen sentir bien.
—Adrián, ¿quién es la jovencita que está a tu lado? —preguntó su mamá.
Adrián pareció reaccionar en ese momento y sonrió con orgullo al verme.
—Mamá, les presento a mi pareja, su nombre es Hana, ella es mi omega.
—Mucho gusto, señores, gracias por darme la oportunidad de entrar a su hogar —comentó con
la voz temblorosa.
Lo siguiente la dejó pasmada, pues la mamá de Adrián la abrazó y la envolvió con su aroma.
Entre los omega de sangre pura eso era una muestra de que era aceptada en la manada o en la
familia.
—¡Bienvenida a nuestro hogar, Hana! —Sonrió con amabilidad.
En eso el papá de Adrián olió algo en el aire y gruñó en voz baja.
—Pero qué falta de respeto, Adrián. Traes a una omega y además recesiva. Cada día me
decepciona más. Vayan a la sala, ahí están tus hermanos. —Se dio la vuelta mientras tomaba la
mano de su esposa, a lo que esta sonrió con pena.
Adrián apretó su mano y caminaron hacia la sala, en eso sintió de nuevo su corazón acelerarse
ante la presencia de otros alfas y omegas de sangre pura. Masha sonrió al verla e intentó de
levantarse, pero su esposo detuvo sus intenciones y negó con la cabeza al verla. Una mujer alta y
de caballera tan negra como la noche, se acercó a dos zancadas y le olió de cerca, a lo que Adrián
gruñó en advertencia y ella sonrió divertida. El aroma de la alfa era fuerte, pero dulzón, como el
chocolate negro.
Sus ojos eran verdes y su cuerpo era elegante.
—Descuida, Adrián, no me la voy a comer. —Sonrió—. Mucho gusto, mi nombre es Stefanie
Lemietre, y soy la segunda de la familia. —Observó a un hombre rubio y le hizo una seña para que
se acercara—. Él es mi esposo, Yalin Wisling, y es el procurador de defensa de la justicia de este
país.
El hombre solo sonrió, en eso una niña de unos siete años abrazó a Adrián mientras que este
sonreía. La menor de la familia la miró y olió su cabello. Ella también era una alfa.
—Tío Adrián, ¿por qué ella huele a ti? ¿Acaso ella va tener un cachorro? —habló emocionada.
—¡Julie! —reprendió su mamá, avergonzada.
Hana esbozó una sonrisa ante la inocencia de la niña y tomó su mano.
—Todavía no, cariño.
El papá de la niña la cargó y esta sonrió alegre.
Se acercó un sujeto que estaba en la Tablet y era ajeno a lo que estaba pasando. Adrián golpeó
su frente suavemente y escuchó la queja del otro. El extraño se levantó. No tenía olor alguno y se
sorprendió al saber que era un beta en medio de una familia de sangre pura. Él lo notó y sonrió
tranquilo, lo que la hizo sentir avergonzada por ser indiscreta.
—Hola. Soy Kevin Lemietre, soy el tercero de esta familia y soy el presidente de los fármacos
Lemtre. —Miró a Adrián—. Descuida, soy beta. Espero que te sientas en casa con nosotros.
Adrián se acercó hacia donde estaba su hermana menor y ella sonrió alegre al verlo. El esposo
se levantó y apretó la mano de Adrián con algo de seriedad. Masha abrazó con efusividad a su
hermano, para luego abrazarla.
—No es necesario que me presente, ella y yo ya nos conocemos. Déjame decirte que tienes a tu
lado a un gran chico que a veces es un idiota que piensa con la cabeza de abajo.
Adrián rio en voz alta por las palabras de su hermana.
—¡Masha, ¿qué es ese vocabulario?! —la reprendió su esposo—. Una dama no debe decir esas
palabras en doble sentido. ¡Compórtate!
Masha sonrió con pena. A Hana le daba tanta rabia al ver cómo le hablaba a una mujer tan bella
como ella.
Se soltó de la mano de Adrián y se cruzó de brazos.
—¿Cuál es tu problema? —El esposo de Masha la vio serio—. Ellos son hermanos y ellos
tienen la confianza de hablarse como ellos quieran. Tú no deberías de meterte en el lazo que hay
entre ellos dos porque sea lo que sea, tú no tienes la sangre de ellos, solo eres un alfa que no deja
en paz a su esposa.
Adrián abrió los ojos como platos, al igual que los presentes, quienes guardaron silencio
después de lo que dijo.
«Ya lo jodí», pensó nerviosa.
—Adrián, deberías educar más a tu omega para que no te haga pasar vergüenzas —espetó el
esposo de Masha.
—Ella no es mi propiedad, ni es un objeto tampoco. —La tomó de la mano y sonrió—. Ella es
una mujer hermosa y libre, puede decir lo que le venga en gana porque no la voy a detener. No le
cortaré sus alas para que hable y piense por sí misma. Te aconsejo que tú también hagas lo mismo.
Scott se levantó y escrutó a Adrián de manera retadora.
—No me digas cómo debo de tratar a mi esposa. —Se dio la vuelta y tomó la mano de Masha.
La cena empezó con todos los miembros de la familia en la mesa. El ambiente se sentía pesado
por lo que había pasado unos minutos atrás. No probó un bocado de la comida y tampoco creía
que le iba pasar algo en el estómago. La mamá de Adrián la observó y sonrió como si dijera con
su mirada: “Te entiendo, querida”. Todos comieron entre alguna otra platica y luego volvieron a la
sala a tomar algo de café.
—¿Hace cuánto ustedes están juntos? —curioseó Stefanie.
—Llevamos cuatros meses juntos. —Sonrió al verlo mientras que hablaba con los hombres de
la casa.
—Mamá, ¡hemos encontrado a nuestra heroína! —exclamó Stefanie con burla—. ¿Qué magia
usaste para enamorar a ese mujeriego? Adrián jamás había presentado a alguien. Sabía que tenía
sus aventuras por el periódico y alguno que otro escándalo, pero jamás desde que tengo uso de
razón, él ha estado tan enamorado para presentar a alguien.
—¡Tú eres la indicada! —agregó Masha—. Me da gusto, se nota que eres una gran chica.
—Hana, cuida mucho de mi hijo. Me siento mal por cómo te ha tratado mi esposo en toda la
noche; a él le gusta tener el control de todo, pero si tú haces feliz a mi hijo, yo no tengo ningún
problema que estés a su lado. Me hubiera gustado que alguien más encontrará el amor. —
Contempló a Masha con tristeza.
—Mamá, ya te dije que todo está bien —comunicó Masha con tranquilidad—. Ya te dije que
estoy bajo tratamiento para volver a quedar embarazada, no volveré a perder otro hijo. —Sonrió
con tristeza—. Espero que seamos amigas, Hana, casi no tengo amigas y Stefanie pasa más en
Europa que aquí en Estados Unidos, y me gustaría salir de vez en cuando, ¿qué dices?
—¡Me encantaría! —Stefanie se cruzó los brazos de manera infantil, a lo que su hija también la
imitó como si fuera un juego—. También te llamaré para que salgas con nosotras. —Stefanie
sonrió y su madre rio—. Asimismo, le puedo decir a Bryan que salga con nosotras, después de
todo, él es tu amigo, y me imagino que tienen mucho que conversar.
La mamá de Adrián la miró sorprendida.
—¿Eres amiga de Bryan Callarense?
Asintió con la cabeza.
—Pensé que se había ido a Europa, ¿pero tú no te has visto con él? —habló la mamá, ansiosa
—, ¿verdad? Si tu papá se da cuenta, te castigará, sabes que no puedes volver a ver a ese
muchachito.
Alzó la ceja al ver cómo hablaba de su amigo y eso le dejó más dudas por saber qué pasó entre
ellos dos, en eso Adrián besó a su mamá y a sus dos hermanas.
—Me tengo que, ir me dio gusto ver que se llevan bien.
—Es una chica muy hermosa y encantadora. —Sonrió la mamá.
Se despidió de algunos miembros de su familia y se subió al vehículo mientras este besaba sus
labios. Correspondió al beso, él se separó y sonrió.
—¡Bienvenida a mi casa, mi amor!
—Ya sé cuál es la debilidad de Adrián. —Sonrió con malicia—. Que empiece el juego.
Una nueva oportunidad para la omega
Hana sintió un leve mareo y dejó las bandejas de lado. Llevaba dos semanas sintiéndose
cansada; el cuerpo lo sentía pesado, como si estuviese cargando todos los problemas del mundo.
Siempre dormía más de la cuenta, esto causaba que siempre llegara tarde a su trabajo. Se volvió
más sensibles a los olores que había a su alrededor, desde el olor de la loción de Adrián en la
noche, hasta el olor de un paquete de galleta o de cualquier cosa. Se sentía más apegada a su alfa,
a veces sentía la mera necesidad de restregarse en el cuerpo de su pareja para dejar su olor.
Estaba mega sensible. Desde la película de terror hasta la película más macabra del mundo,
siempre terminaba llorando como una magdalena. Dejó la bandeja a un lado y buscó una botella
de agua para calmar un poco su ansiedad. Desde hace una semana Silvia estaba trabajando en una
empresa donde ganaba mejor, aunque ella también no quería dejarse atrás, empezó a buscar
trabajo, pero al ser una omega, algunos lugares eran recelosos por su condición y por sus ciclos
de celos. Atendió unas mesas más y después le dio gracias a Dios por estar en casa. Se dio un
baño largo, para luego revisar su celular, en eso vio una notificación de Adrián.
Hola, linda. Lamentablemente no estaré contigo, me siento mal porque ya me había
acostumbrado a despertar contigo. Tengo mucho trabajo. Te quiero mucho, descansa.
Hizo un sonido lastimero, como los cachorros cuando estaban tristes, y contestó el mensaje. Se
acostumbró a verlo en las mañanas, de despertar aún sintiendo el nudo allí en su interior. Buscó
algo de comer, pero al ver la comida, su estómago se encogió y el hambre que tenía se esfumó. Se
bebió un vaso de leche cuando vio a Bryan leyendo un libro. A pesar de que llevaba un tiempo
conociéndolo, este a veces era un misterio para ella. Bryan era muy inteligente, tenía modales y
era muy refinado. Era guapo y muy trabajador. Era el hombre perfecto después de Adrián, claro
está. Él la observó y sonrió.
—Cuando miras a alguien por varios minutos es por dos razones: uno, tienes que pedirle un
favor o necesitas dinero. Dos, o deseas saber algo. ¿Estoy en lo cierto?
¡Diablos, el chiquillo sí era listo!
—Bryan, sé que tenemos un tiempo en ser amigos, pero aprovechando que no está Silvia, ¿de
dónde conoces a Masha?
La expresión tranquila de Bryan cambió por completo a una más melancólica y triste, como si
su pregunta lo hubiese incomodado. Dejó su libro de lado y sonrió.
—Está bien —respondió con confianza—. Te diré por qué conozco a Masha.
Se sentó en el sillón y lo observó.
—Esta es la primera vez que le digo esto a alguien, porque la verdad casi no me gusta hablarlo.
Mi familia era cómoda, mis padres tenían varias panaderías en Brooklyn. Nunca he tenido
hermanos, así que fui consentido en todo. Nací en una familia de alfas, nunca supe qué era una
omega hasta que la conocí. Siempre tuve la mejor educación y a pesar de ser algo asocial, amaba
la música, o más bien la sigo amando. Cuando llegué a preparatoria, estudié en una de las mejores
preparatorias de alfas donde solo estudiaban la élite de este país, entre esa élite estaba Masha. —
Sonrió con nostalgia—. Siempre fue bella, pero yo no sabía que era una omega de sangre pura y
me di cuenta cuando un día entró su celo en clase de biología. Todos se pusieron en alerta y
empezaron a acosarla. Obviamente yo la defendí y de ahí nació una bonita amistad que más
adelante se convirtió en... —se quedó en silencio.
—¿En amor? —completó la frase y este afirmó con la cabeza.
—Me había enamorado completamente de ella, estaba a sus pies. Ya en mi último año, mi padre
perdió dos de sus negocios en una apuesta y después los otros dos quebraron por mala
administración. Todo se vino abajo: el matrimonio de mis padres, nuestra casa la perdimos y,
sobre todo, el amor de ella. —Sonrió con tristeza.
—¿Y qué pasó después entre ustedes dos?
—Yo había llegado a su casa a pedir su mano porque quería estar a su lado, pero su padre me
trató peor que a un perro. En ese tiempo Adrián vivía en Inglaterra, así que solo lo conocí cuando
iba de visita. El día que llegué a buscarla para pedir la bendición de sus padres, su padre le había
dado la paliza de su vida. Sentí tanta rabia y a la vez impotencia, mas no pude hacer nada. Este la
puso entre la espada y la pared. Le dijo que, si se quedaba con ellos o conmigo, y bueno... —Se
encogió de hombro—. Ya sabes la repuesta: se fue a Francia, conoció a su maravilloso marido,
que está bañado en dinero. Me imagino que debe ser feliz con él.
—¡Te equivocas! Masha no es feliz, su marido es un alfa idiota y pomposo. Yo siento que ella
no está bien con él. Cuando ella lo mira, se ve el miedo reflejado en sus ojos.
Bryan mordió sus labios, molesto.
—Sabes que quiero a Silvia porque es mi mejor amiga, pero... ¿aún te gusta Masha?
—Hana —dijo con pesadez mientras se levantaba—, han pasado diez años desde que pasó todo
eso, ¿acaso crees que la amaría? Me duele que no haya encontrado un buen marido si eso es así,
pero ella escogió su camino y yo el mío. Se acabó. —Le revolvió el cabello—. Buenas noches.
—Pero el dinero no siempre da la felicidad, la verdadera felicidad es estar con las personas
que más amas.
Bryan no dijo nada y se encerró en su habitación.
Sintió pesar, pero sabía que él tenía la razón; pasó mucho tiempo. Se levantó animada, ya que
una empresa había recibido su oferta de trabajo. Se vistió rápidamente y saludó a sus amigos,
estos le desearon buena suerte y salió con la emoción de por fin haber encontrado su trabajo
soñado. Ya no quería estar allí. Observó su alrededor; vio un montón de alfas y omegas de sangre
pura. El ambiente estaba pesado porque cada uno desprendía el dominio de lo que quería. Cruzó
los dedos para caerle en gracia a su nuevo jefe o al menos a los de recursos humanos. Una beta
elegante abrió la puerta mientras decía su nombre.
—Señorita Roys —sonrió—, usted es la siguiente.
Caminó a su lado mientras entraba a la oficina. Se sentó en una de las sillas y vio a cinco
personas, pero el que más la tenía nerviosa era la persona que estaba en el centro. Sus ojos eran
cafés, de un color intenso. Tenía buen aspecto, así que supo que era alfa. Tenía una barba que le
daba más autoridad y elegancia. El revisó alguno de sus papeles y sonrió con malicia.
—¿Usted alguna vez ha trabajado en alguna empresa de cajera o en alguna otra posición donde
maneje dinero? —inquirió un hombre regordete.
Tragó saliva para que no desafinara la voz.
—Cuando estaba estudiando, trabajé como cajera en un banco estatal por más de dos años.
—¿Y por qué la despidieron? —indagó una rubia oxigenada, quien la vio con cara de asco
desde que había entrado.
—Porque soy una omega me despidieron.
El hombre sexy, como le había apodado en su mente, la escudriñó y habló:
—¿Eres consciente que en esta empresa solo contratamos omegas de sangre pura y alfas del
mismo rango, y algún que otro beta, ya que estos son considerados como cualquier persona, pero
tú eres una omega recesiva que viene a meterse a la boca del lobo? ¿Estás segura de esto?
—Discúlpeme que le diga esto, señores —la vieron con la duda en los ojos—, pero pienso que
son unos trogloditas y unos anticuados que no saben hacer preguntas con lógica y base. —Uno de
ellos golpeó la mesa, molesto—. Ustedes deberían de ver si la persona es capaz de ejercer el
trabajo sin importar su condición, sin importar si uno es omega, beta, alfa, ya sea puro y recesivo.
Eso no tiene nada que ver, porque después de todos, eso solo es un status que la sociedad ha
implementado para menospreciar a los que estamos en lo más bajo de la pirámide. Además, a
pesar de ser una omega recesiva, tengo lo mismo que ustedes cinco; tengo dos ojos, dos manos,
dos pies y una boca, una nariz. Soy un ser humano, al cual su corazón late y tiene emociones. Vine
aquí valiéndome un pepino lo que la sociedad piensa de mí. Estoy sentada ante ustedes porque
considero que soy capaz de demostrarles lo que puedo hacer y que para eso estudié en la
universidad por mucho tiempo. Si no me van dar el trabajo, les agradezco su atención.
Se levantó de mi asiento y se detuvo al escuchar un aplauso. Se dio la vuelta y era el sexy.
—¡Estás contratada! —Se le acercó—. Nos acabas de dar una lección a cada uno y pienso que
eres la indicada de hacer crecer más esta empresa.
—¿Y cuándo puedo empezar?
—Si gustas, mañanas a primera hora. —Sonrió.
—Muchas gracias por la oportunidad, no lo defraudaré, daré lo mejor de mí.
—Yo sé que no.
Salió de la oficina mientras llamaba a Adrián y le contaba la mejor experiencia que había
vivido en su vida.
Nadie dijo que los trabajos eran fáciles, era todo lo contrario, era como tener un barro en el
trasero y te hace sentir incómoda. ¿Y por qué me sentía así? Bueno, para empezar, desde que había
entrado a la empresa, todo el mundo me evitaba como si tuviera la peste negra. La persona que me
tenía que entrenar para desempeñarme en el área de cobro, no me enseñó a usar los programas que
utilizaban, así que busqué ayuda de mi mejor amigo, es decir, YouTube, quien me enseñó con ocho
maestros, pero lo que más me tenía cierta… ¿envidia o celos? Era que el sexy me seguía por todos
lados, era como un patito siguiendo a la mamá, y eso a veces me sacaba de quicio.
Entré a mi cubículo y vi un vaso de café con una nota. Leí la nota, esta decía:
Puse los ojos en blanco mientras guardaba la quinta nota de la semana; le regaló el café a una
de las pocas que lo toleraba en su área. Empezó a trabajar de nuevo.
Silvia había comprado unos tacos, mas al verlos, me dio asco, así que decidí almorzarlos. Eso
es lo que creí. Al abrir mi taco, las náuseas regresaron para recordarme que tenía ganas de comer
algo y no necesariamente eso.
—¡Quiero una hamburguesa y una malteada de chocolate! —Puse mi cabeza en la mesa.
Escuché la risa de Rosa, una beta de 23 años que conocía—. Y quiero un pastel de nuez con leche
y luego unas papitas fritas cubiertas de mayonesa.
—¡Dios mío, Hana! —exclamó asustada—. ¿Acaso tienes una solitaria? ¿Dónde te va a
alcanzar todo eso en el estómago?
—No sé, casi no como, pero cuando lo hago, deseo comerme el mundo entero, y la verdad no
me apetece mi taco, ¿lo quieres? —Extendí el taco, a lo que la beta aceptó gustosa—. ¡Tengo
hambre!
—¿Te gustaría ir a comer conmigo?
Levanté la vista y hallé a mi jefe en el marco de la puerta. Me enderecé de mi asiento y sonreí
con pena.
—¡Claro que no! Es malo que usted me dé comida, van a pensar mal.
—Yo no veo nada de malo invitar de comer a uno de mis mejores empleados. Además, yo
también tengo hambre y todo lo que acabas de mencionar casualmente a mí me dio ganas, así que
levántate y vamos a comer.
Observé a Rosa y esta sonrió. No tenía ganas de poner alguna objeción porque realmente estaba
muerta de hambre. Me subí al auto con él y este empezó a manejar por toda la ciudad hasta que
llegamos a un lugar de comida rápida. Entramos. Tanto mi estómago como mi omega interno
chillaron emocionados al ser mimada con este alimento. Buscamos una mesa y ordenamos.
—Jamás había venido aquí, pero a juzgar por el olor, deben ser muy buenos.
—Este es uno de mis restaurantes favoritos. Cuando estaba en la universidad, venía con mis
amigos después de terminar nuestro período de exámenes, o venía cuando pasaba el examen en
extraordinario.
—¡Wow! Así que el jefe también era un mal estudiante. Debo anotar esto en un diario y
publicarlo en un periódico —me burlé de él.
—¿Quién usa el periódico? Actualízate, chiquilla, ahora todo el mundo usa el Internet. Si vas
acabar conmigo, hazlo con estilo. —Sonrió—. ¿Por qué siempre rechazas los cafés que te dejo en
tu mesa? ¿No te gusta el café?
—Es que no me parece bien que hagas eso; no le caigo bien a algunos compañeros de trabajo y
usted llega con eso. Además, acepté esto porque tengo hambre y casi no tengo dinero.
Joaquín sonrió con malicia.
—¿Acaso no tienes un alfa que cumpla los caprichos de su novia?
—Sí tengo un alfa que lo hace, pero él a veces está muy ocupado, por ello es que casi no lo
veo. Él es muy bueno.
—Te miras muy enamorada de él, ¿lo estás?
—¿Qué pregunta es esa? Claro que lo estoy.
Joaquín volvió a sonreír y empezó a comer su hamburguesa.
Me sentía en las nubes por la textura de la carne y del sabor de la misma. Realmente valió la
penar venir aquí.
Después que terminamos de comer, volvimos de nuevo de la empresa.
Joaquín me abrazó por unos segundos, a lo que me aparté.
—¿Por qué acabas de hacer eso?
—Discúlpame, solo sentí un impulso de hacerlo. Eres muy tierna. No sé, me causas mucha
ternura.
—No vuelvas a hacer eso. —Me bajé del auto y le di las gracias.
—Hana, bella, solo quiero jugar y ver la expresión del idiota que tienes por alfa.
Entré al apartamento donde vivía con Adrián. Me quité la ropa que llevaba puesta y solo me
puse una camisa de él que me llegaba hasta las rodillas. Me hice una cola alta y me fui a la cocina
para hacer una cena especial. Entonces sentí unos brazos fuertes y un beso en mi cabello, como
respuesta solo reí en voz baja porque me causaba cosquillas. Adrián besó mi cuello y lo empezó a
oler. De un momento a otro soltó un gruñido fuerte, me dio la vuelta y vi la furia en sus ojos. El
lazo que nos unía por la marca me confirmó lo que estaba viendo.
—¿Por qué demonios hueles a otro alfa que no sea yo?
Intenté liberar mis feromonas para calmarlo, pues estaba demasiado molesto para hablar como
personas civilizadas. Bueno, al menos de su parte.
—Un amigo me invitó a comer y luego me dio un abrazo, eso es todo.
—¿Bryan te abrazó? Porque ese olor no es la esencia de Bryan, sino de otra persona.
Adrián se quedó en silencio y luego volvió a oler mi cuello con un poco más de brusquedad.
Gruñó.
—¿Cómo se llama el imbécil de tu jefe?
—Se llama Joaquín Lenz, ¿por qué? —curioseé.
Adrián no respondió nada y lo que hizo después me dejó en shock; me cargó y me llevó hasta el
baño. Con una mano abrió la llave de la regadera, me puso debajo del chorro de agua y empezó a
quitarse la camisa. Me besó con un hambre desesperada y jadeé ante la sensación. Besó mi cuello
y lo lamió mientras gruñía.
—No quiero que vuelvas a oler a otro hombre que no sea yo. —Levantó mi mentón y mordió mi
labio inferior—. Tú eres mi omega y yo soy tu alfa. El único olor y marca que debe estar en tu piel
es el mío, de nadie más.
Sabía que los alfa eran posesivos y dominantes, más con sus parejas, ya que eran personas
leales y fieles con la pareja que su alfa interno escogió como compañero para toda la vida, más si
había una marca que los unía.
Adrián me dio la vuelta, besó mi cuello y lo mordió de nuevo para reafirmar el lazo entre
nosotros.
Esa noche hicimos el amor hasta el cansancio.
Abrió la puerta abruptamente, asustó así a los presentes que estaban en la oficina. Estos al ver
la presencia del otro alfa, salieron despavoridos. Joaquín sonrió y decidió ignorarlo.
—¿Acaso ya se te olvidó cómo abrir la puerta como las personas normales?
—Te prohíbo o, más bien, no quiero que intentes nada con Hana, porque no sabes con quién te
estás metiendo.
—Ah, ¿sí? —rio en voz alta—. No me das miedo y yo voy hacer lo que me dé la gana con mi
empleada.
—Si la vuelves a tocar, me la vas a pagar.
—Créeme, yo no te tengo miedo.
Adrián se dio la vuelta y lo vio por última vez.
—Pues deberías.
Joaquín tiró la computadora y gruñó, molesto.
—¡Te odio, Adrián!
La fiesta del alfa
Sabía que por naturaleza los alfa eran muy posesivos y algo celosos, pero Adrián se
comportaba más como la bestia que llevaba adentro. Desde que había sentido el olor de Joaquín
en mi cuerpo, se volvió más sobreprotector de lo que ya era; cada vez que iba al trabajo, siempre
me abrazaba tan fuerte que me envolvía con sus feromonas, aunque fue una batalla titánica para
que darle mis motivos para no dejar el trabajo. Pese a que aceptó a regañadientes, después de
varios pucheros y un: “No te besaré ni te abrazaré. Estoy molesto”, terminó aceptando. Cuando
podía, besaba mi vientre o ponía su mano como si buscará algo o más bien a alguien. Me parecía
demasiado extraño porque las y los omega recesivos están el mínimo por ciento de tener un
embarazo. Algunos casos podían ser tanto el deseo de madre, que en realidad era un embarazo
ficticio. Jamás le pregunté por qué me tocaba, quizás era una forma de demostrar su cariño.
Besé su mejilla y Adrián hizo un sonidito similar a un gemido, aquello me demostró que estaba
feliz con mi presencia y mi tacto.
—Masha me escribió, dice que quiere invitarte a comer.
—¡Genial! —Sonreí, alegre—. Desde la presentación que tuve en la casa de tus padres, no la
he vuelto a ver. ¿Su esposo sabe que saldrá?
—Está de viaje, por eso está aprovechando, aunque conociendo a ese maldito, debe haberle
puesto un guardaespaldas.
—¿Tanto la protege? ¿Por qué si él no la ama? —Me cubrí la boca ante mis palabras, no me
gustaba hablar así de otras personas—. Discúlpame, pero ese tipo no me agradó mucho.
Adrián sonrió y buscó mi mano.
—No todos tienen la suerte de encontrar el amor o de marcar a sus parejas. —Me observó de
manera pícara, a lo que reí—. Por ejemplo: Stefanie al ser dominante y extrovertida, enamoró a su
esposo y se casaron por amor. Kevin no ama a nadie y no sé qué rayos pasa con él, pero como es
beta, a mi papá no le importa su vida amorosa. Masha era la mimada de mi papá; ella siempre fue
sumisa, ya sea por su naturaleza y porque así es su personalidad. Sin embargo, cuando ella se
enamoró de otro hombre que él no había escogido, eso provocó su ira y la amenazó con destruir al
otro alfa. Y yo nunca he amado a alguien porque estaba brincando de cama en cama. —Alcé la
ceja molesta y él se carcajeó—. No obstante, me enamoré de una hermosa omega tan
independiente y tan única. Masha es muy bonita. Sé que está buscando la manera de irse de su lado
y eso a Scott lo saca de quicio, por eso siempre la protege.
—Ayudaré a Masha para que salga de las garras de ese idiota y vuelva a ser feliz.
—Nada me haría feliz de ver a mi Masha libre.
Miré hacia ambos lados mientras observaba a las otras personas vestidas de manera tan
elegante. Vi mi ropa y pensé que era una mala idea estar vestida con un overol azul y unos tenis
negros. En eso vi a Masha entrando al lugar y al verme, sonrió. Abrí los ojos al ver su belleza
descomunal.
Masha iba vestida con un vestido corto y de cola blanco mostrando sus hermosas piernas, al
igual que su hermoso cabello castaño claro.
—Hana, gracias por haber aceptado mi invitación a tomar algo. Estaba muy aburrida.
—De nada, me he siento muy feliz de que me hayas tomado en cuenta.
Masha sonrió alegre y cerró los ojos.
—Hueles a caramelo. —Olió donde yo estaba—. ¿Comiste algún dulce?
—No, debe ser mi perfume que huele a vainilla. —Sonreí.
Ordenamos algo de beber y vi la sonrisa tan dulce de Masha.
—Sabes, Hana, te invité a tomar algo porque Adrián está cerca de cumplir años. —Abrí los
ojos como platos, pues yo no sabía nada de eso—. Su cumpleaños es el sábado. Por fin ese abuelo
cumplirá los treinta y cuatro, y pienso hacerle una fiesta sorpresa aprovechando que está aquí en
el país. ¿Qué dices?
—¡Por supuesto que hay que hacerle la fiesta! —hablé emocionada llamando la atención de
algunas personas—. ¿Tienes alguna idea?
—Adrián ama muchísimo la película El fantasma de la ópera, y pensaba que podíamos hacer
una fiesta de esa temática, ¿te gusta?
—Wow, eso va a estar maravilloso. —Sonreí alegre.
—¡Muchas gracias! —Esbozó una mueca de emoción—. Stephanie está preparando los trajes
para la fiesta. Si quieres, podemos ir y que te tome las medidas, también... —mordió sus labios—
dile a tus amigos que vayan a la fiesta.
—A ellos les encantará.
Masha me observó y sonrió con algo de incomodidad.
—Sé que tu amiga trabaja con mi marido. —Abrí la boca sorprendida porque no lo sabía—.
Asimismo, sé que a mi esposo le gusta tu amiga. Dile que tenga cuidado. Cuando él quiere algo, es
capaz de hacer lo que sea.
—¿Por qué me dices esto? ¿Estás molestas con Silvia? —Tomé su mano para apretarla—. Sé
que Silvia no sería capaz de involucrarse con un hombre, más si está casado y tiene una esposa tan
bella como tú.
—No estoy molesta con ella, pero sí lo voy estar si llega a lastimar a Bryan. —Me observó
fijamente—. Él no se merece que le hagan eso, por eso infórmale a ella o yo misma se lo diré en
su cara. No me importa si mi esposo me es infiel, la verdad siempre lo ha sido desde que nos
casamos, pero eso a mí no me importa. Me molestaría más si lastima a Bryan, ahí sí va a conocer
a la verdadera Masha.
—Discúlpame, Masha, pero ¿tú aún amas a Bryan?
Masha frunció los labios y sonrió.
—Lo amo igual que la primera vez que lo conocí, y me odio por no haber escuchado a mi
corazón. Probablemente sería más feliz, pero él ya tiene a alguien más y lo único que deseo es su
felicidad antes que la mía.
Sus palabras me conmovieron más de lo que creía.
Masha vio algo en su teléfono y me ofreció un mohín.
—Stefanie nos está esperando.
No podía creer que era la novia de un integrante de una de las familias más rica del país, que
dos de sus integrantes eran tan lindas y tan amables, no como las presentaban en las novelas.
Stefanie al verme sonrió alegre y dejó a un lado el maniquí con un maravilloso vestido. Me abrazó
y me dio la vuelta, a lo que Masha rio en voz baja.
—¡Eres muy hermosa! —Me contempló con sus luceros brillantes—. Si no fueras la novia de
mi hermano y no estuviera casada, no te me escaparías.
Abrí los ojos como platos mientras temblaba como cachorrito.
—¡Eres una tonta! —comentó Masha al tomar una máscara—. Estás asustando a Hana. No digas
esas cosas, mejor enséñale el vestido que confeccionaste para ella y Adrián.
Stefanie me mostró el vestido y cubrí mi boca de la emoción; era un vestido de color rojo con
unos vuelos maravilloso. El traje de Adrián era igual al de la película.
—¿Esto en serio es mío?
—¡Claro que sí! —Sonrieron—. Lo hice especialmente para ti, igual el de Masha y el de su
esposo, que espero que lo use. —Masha se encogió de hombros—. Esta fiesta va estar de la gloria
y más porque no estarán nuestros padres. —Observó a su hermana con complicidad—. Llévate el
traje y dile al tonto de Adrián que va a una fiesta de disfraz. Ese bobo siempre olvida su
cumpleaños.
—Sí, ese tonto siempre ha sido así.
—Muchas gracias por el traje.
—Dile a Adrián que llegue a la casa principal, ahí será la fiesta —añadió Stefanie.
—Yo le diré.
El sábado llegó provocando más las mariposas que sentía en el estómago. Como habían dichos
sus hermanas, Adrián no recordaba absolutamente nada acerca de su cumpleaños y eso que hice un
desayuno especial para él.
—¿De verdad Stefanie hará una fiesta de disfraces? —inquirió a la vez que manejaba.
—Claro, mi amor. Sabes que a Stefanie le gusta hacer fiestas extravagantes. ¿Recuerdas la
fiesta de aniversario de tus padres?
Adrián besó mi mano.
—Claro que me acuerdo a la perfección. —Sonrió con coquetería—. Ese día te hice mía y me
di cuenta que naciste para ser mía.
Nos besamos mientras cambiaba la luz del semáforo.
Unos minutos después, llegamos a la casa principal; la puerta de ese gran hogar nos dio la
bienvenida. Nos bajamos del vehículo y entramos. Había demasiada oscuridad. Adrián me tomó
de la cintura, olía el ambiente y luego gruñó, en eso se encendieron las luces y todos gritaron:
¡Sorpresa!
Estaban mis amigos; Masha con un hermoso vestido blanco realzando su color de piel y
Stefanie con su familia. Adrián sonrió emocionado y fue el inicio de descontrol de la familia
Lemietre, el reencuentro de un viejo amor y el inicio de uno nuevo.
Volvió a sonreír como un niño pequeño al ver toda la iluminación y la decoración del lugar.
Sabía que Stefanie era una experta en hacer fiesta, pero esta vez se ganó el premio mayor. Lo
abracé y besé sus labios, él me devolvió los gestos y bailamos una música suave que sonaba en el
centro de la pista. Silvia nos acercó y la envolví entre mis brazos.
Sentí un olor a limón en el ambiente, en eso vi el vestido de Masha que resaltaba su abrumadora
belleza. Una cosa era verlo en el maniquí y otra muy diferente era verlo en su cuerpo. No me
cansaba de decir que ella era una diosa única y perfecta. Iba acompañada de su “maravilloso”
esposo, quien le sonrió con descaro a Silvia. Ella le respondió de la misma manera con una
incomodidad disfrazada por una sonrisa de lado.
Masha observó a su esposo de reojo, luego vio a Bryan y sonrió con emoción contenida.
—¿Tú también sabías que Stefanie me preparó esta fiesta? —indagó Adrián risueño.
Masha esbozó una sonrisa de alegría.
—¡Por supuesto! Sabes que los Lemietre estamos acostumbrado a tirar la casa por la ventana,
además, ¿qué mejor que pasarlo en familia?
—¿No me vas a felicitar, Scott? —espetó Adrián con sarcasmo en la voz.
Le gustaba fastidiar a Scott, era su deporte favorito en el mundo.
—Felicidades, Adrián, espero que ya empieces a madurar y a tomar más en serio las cosas. —
Scott observó a Silvia y sonrió—. ¿Te gustaría bailar conmigo?
Silvia miró a Bryan y este la tomó de la cintura.
—¡No! —respondió serio—. Mejor deberías de bailar con tu esposa.
Scott contempló a Masha con desagrado.
—Hoy no me apetece estar con ella. —Se dio la vuelta.
—¿Estás bien, Masha? —preguntó Hana, preocupada.
Masha sonrió tranquila y tomó una copa de vino que le había ofrecido uno de los camareros.
—¡Perfecta! —Alzó su copa—. Disfruten la fiesta.
Silvia sonrió agradecida hacia Bryan, pero estaba perdido viendo cómo Masha bailaba con uno
de los invitados. Sentí pena por mi amiga. Adrián buscó mi mano y empezamos a bailar, a tomar
un poco de vino y de otros tragos. Mientras bailábamos, todo se volvió oscuro provocando el
grito de los invitados. En eso una luz enfocó las escaleras de la casa. Stefanie hizo una mueca y
levantó su copa de whisky.
—Quiero que todos me presten algo de su atención. Hoy es una noche de sorpresa y sé que mi
hermano hermoso y el galán de los Lemietre, la disfrutará.
—¿Y qué hay de mí? —gritó Kevin en el fondo.
—Tú también eres muy guapo, pero todos aquí sabemos que la más bella de los hermanos
Lemietre… ¡soy yo! Así que, hermanito, te deseo lo mejor en tu día. Te amamos y estoy muy feliz
de que hayas encontrado a una mujer tan bella como Hana.
Adrián besó mi hombro.
—Para que la fiesta siga, te traje un regalo desde Rusia —exclamó emocionada—. Nanchinite
shou.
Unos papelillos de varios colores cayeron y unos malabaristas entraron mientras hacían una de
sus presentaciones lanzando fuegos. Todo el mundo gritó de la emoción. Adrián estaba
maravillado cuando unas mujeres estaban colgadas en el aire y hacían acrobacias al ritmo de una
música carnavalera. Me cubrí la boca de la emoción.
—Tu familia va quedar en la bancarrota —le susurré en el oído a Adrián.
—Descuida, mi amor, ni en dos vidas nos acabamos nuestra fortuna.
Abrí los ojos como platos ante la repuesta de mi alfa.
Después de la presentación, volvió a sonar la música, pero un poco más alegre.
Me quité lo zapatos para seguir bailando con Adrián y su sobrina.
Masha caminó en uno de los pasillos hasta que escuchó una voz que provenía cerca de la
terraza, se acercó y vio a su esposo manoseando a una de las camareras. Se podía sentir el olor de
sus feromonas para doblegar la voluntad de aquella pobre omega, quien se resistía a sus
coqueteos. Se acercó e hizo algo que jamás haría en sus años de casada: empujó a Scott y este se
tambaleó, a lo que la chiquilla salió corriendo despavorida de aquel alfa, quien se quería
propasar con ella.
—Me importa una mierda que te acuestes con todas las omega que tú quieras, pero abusar de
una para calmar tu morbo, es caer bajo. —Lo miró con asco—. Deberías de respetar un poco la
casa de mis padres.
Scott la observó con burla. Se dio la vuelta, pero se regresó y la tomó del cuello.
—¿Y desde cuándo los pájaros le tiran a las escopetas? —Apretó su cuello mientras que con la
otra mano levantaba su vestido—. ¿Quieres tomar el lugar de esa mugrosa?
Masha golpeó su hombro cuando alguien le dio un puñetazo en la cara a Scott. Ella trató de
tranquilizar su respiración. Cuando levantó la vista, era Bryan. Su corazón se empezó a acelerar
con rapidez. Scott se incorporó para darle un golpe a Bryan, pero él lo esquivó y se lanzó para
golpearlo varias veces. Scott se movía desesperado en el suelo hasta que Bryan se apartó.
Scott se irguió con dificultad y lo contempló serio.
—Nunca voy olvidar tu cara, maldito bastardo. Pagarás muy caro por lo que acabas de hacer, y
tú… —escudriñó a Masha— date por muerta.
Luego de esto, salió de la terraza.
Masha vio a Bryan y se acercó a él para tocar su cara.
—Lo siento mucho. —Limpió sus lágrimas.
Masha abrió sus ojos cuando sintió unos brazos cálidos que la abrazaban con mucho cariño.
Como en los viejos tiempos, se acurrucó en el pecho de Bryan mientras escuchaba el sonido
agitado su corazón. Buscó su cara y acarició su mejilla, a lo que este se restregó como un
cachorro.
Masha sonrió con tranquilidad y Bryan la volvió a abrazar con fuerza.
—¿Por qué dejé que te casaras con ese infeliz? —gruñó molesto—. ¿Por qué ambos le tuvimos
miedo a tu papá y dejé que vivieras esa vida de mierda que llevas? —Se separó—. ¿Por qué no te
casaste conmigo cuando te lo propuse? Ahora mismo serías la madre de mis cachorros… como
habíamos soñado varias veces cuando estábamos juntos.
Masha se separó de él, pero sin acortar el abrazó.
—Creo que ya no vale la pena pedir disculpas. Ambos éramos muy inmaduros para
enfrentarnos a nuestro futuro y creo que eso nos causó miedo a los dos, pero me siento muy feliz
de verte, aunque no estés conmigo. Lo único que deseo es que seas feliz.
—¿Piensas regresar con ese imbécil?
Ella negó.
—Le diré a Adrián toda la verdad, buscaré protección en él. Después de todo, ambos se odian.
Me divorciaré de Scott. Quiero volver a ser la misma Masha que tú conociste.
Besó su mejilla y se apartó de él.
—¿Y no me puedo quedar a tu lado cuando eso pase? Silvia es una gran chica y siempre ha
estado a mi lado, pero.... a pesar de que ha pasado tanto tiempo entre nosotros, aún estoy
enamorado de ti.
Masha besó sus labios y él le correspondió. Ella se apartó y se volvió a acurrucar entre sus
brazos.
—Dejemos que el tiempo hable, ¿te parece bien?
—Está bien, Masha.
Silvia estaba perdida. Se moría por ir al baño, pero no sabía ni donde quedaba. Estaba en una
casa desconocida y con múltiples habitaciones. Le parecía que era uno de esos juegos que había
en las ferias, en donde en cada puerta había una sorpresa especial. Abrió una y vio una habitación,
abrió otra y observó lo mismo en eso. Hizo lo mismo con las demás; miró con curiosidad la
recámara, ya que parecía un laboratorio. Entró y se fijó que había varios tubos de ensayo, unos
líquidos extraños y una flama que estaba hirviendo una… ¿pócima? ¿Veneno? En eso escuchó unos
pasos y una mano fría en su hombro. Se dio la vuelta y gritó al ver a un hombre enmascarado.
—¡Dios mío! Casi me orino del susto. No hagas eso, te lo pido.
—¿Quieres ir al baño?
Silvia asintió rápidamente.
— En este laboratorio hay un baño, puedes usarlo si quieres.
Echó a correr y el muchacho rio en voz baja ante la velocidad de la fémina. Después de unos
minutos, salió y vio al hombre que inspeccionaba unos tubos con varios colores dentro.
—Muchas gracias. ¿Trabajas aquí?
—¿Por qué preguntas eso?
—Es que no sé —se encogió de hombro—, pareces beta, y tengo entendido que todos los
Lemietre son alfas puros u omegas de igual linaje.
El hombre se quitó la máscara, lo que hizo ruborizar a Silvia.
—Digamos que soy el producto mal fabricado de Izana Lemietre. Soy Kevin Lemietre, el
tercero de los Lemietre, y director de los hospitales privados de este país. Un gusto, y la que usó
mi baño privado… ¿cómo se llama?
Silvia se quedó embelesada ante la belleza de Kevin y se sintió mal por imaginarlo en
escenario no decentes sabiendo que tenía novio, pero mientras no estuviera ciega, seguiría viendo
el menú.
—Soy Silvia Lander y soy la mejor amiga de Hana, la novia de Adrián.
—Así que eres una conocida. ¿Te gusta las cosas de laboratorio?
—Sí. Mi papá era un científico en sus tiempos libres, así que crecí viendo este tipo de cosas.
Solo que me dio curiosidad de ver todos los instrumentos aquí.
Kevin se sonrojó y sonrió emocionado.
—¿Te gustaría hacer un experimento conmigo?
Silvia sonrió.
—¡Me encantaría!
Adrián besaba sus labios con hambre, como si no se hubiesen visto en años, a lo que Hana
correspondió torpemente a los besos de su pareja. Adrián se quitó la máscara, junto al saco, y los
tiró en la habitación. Hana jadeó ante la belleza de su novio y sintió su entrada húmeda de solo
imaginarse a ese alfa en su máxima expresión de lujuria. Adrián le importó un pepino los días que
pasó su hermana confeccionando el vestido que Hana llevaba puesto, así que, sin medir su fuerza,
rompió el vestido y ella gritó sorprendida. Él abrió más los ojos y se relamió los labios al verla
con el corsé que llevaba puesto, el cual le daba volumen a su cuerpo.
—Este es el mejor cumpleaños de todos.
Hana sonrió y abrió sus piernas de forma provocativa.
—Es momento que recibas tu regalo —susurró con una voz dulce.
—Claro que lo haré.
Adrián besó a su novia mientras que se embriagaba de los olores que desprendía su pareja.
Sintió un calor en su vientre y él puso su oído la zona. Sonrió, emocionado.
—¡Tú estás embarazada!
El cachorro de la omega
Hana abrió los ojos como platos luego de escuchar las palabras que salían de la boca de
Adrián. Se enderezó de la cama donde iban a yacer, pero después de haber oído aquello, sus
feromonas, que estaba utilizando para atraer a su alfa, ahora olían a inseguridad y a miedo. Adrián
abrazó a su omega y besó su cabello. Ella se sentía protegida entre los brazos de su alfa.
—¿Estás seguro de lo que dices? —indagó nerviosa mientras jugaba con sus manos.
—Sabes que los alfa sabemos cuándo sus parejas están esperando familia. Desde hace unos
días te había sentido algo diferente y tu olor cambió a durazno. ¡Amo el durazno! —sonrió, alegre
—. No puedo creer que ya vaya a ser padre. ¿No estás feliz?
—Claro que estoy feliz, pero tengo miedo por lo que pueda pasar.
Adrián acarició su mejilla.
—Yo no voy a permitir que nada malo te pase, ahora tú y ese frijolito son lo más importante en
mi vida. Si les llegara a pasar algo, tú sabes de lo que soy capaz. —La acostó en la cama y la
abrazó—. Sabes que estoy a tu lado. Mañana iremos donde un obstetra.
Hana se acurrucó más en el pecho de Adrián. Sentía una tristeza en su pecho. Jamás le había
gustado los hospitales, siempre le traía malos recuerdos por la muerte de sus padres. Adrián trató
de liberar un poco de sus feromonas para tranquilizarla.
Un hombre alto y de cabello negro con un aspecto amable, se acercó y saludó con una gran
sonrisa a Adrián.
—¡Enhorabuena, amigo! —saludó con alegría—. ¿Qué haces aquí, Adrián? ¿Me estás buscando
o buscas a Kevin?
Observé a Adrián y este sonrió.
—Discúlpame, Mason. —Tomó mi mano—. Ella es Hana Roys de Lemietre —me sonrojé
cuando dijo lo último— y esta linda omega es mi novia. Vinimos aquí porque estamos esperando a
nuestro primer cachorro.
—Un gusto, Hana, soy Mason Chesterson y soy jefe de esta área. Será un gusto darte
maravillosas noticias acerca de tu cachorrito.
Entré a la habitación mientras que Mason se sentaba en su silla y encendía su computadora.
Sabía que venía la parte más vergonzosa para una omega o un omega macho.
—¿Qué edad tienes? ¿Cada cuanto viene tus oleadas de celo? ¿Y tu iniciación de vida sexual?
En lo último Adrián sonrió con malicia.
—Tengo 24 años, mis oleadas vienen cada mes y me dura más de cuatros días, y... —observé a
Adrián y él me guiñó el ojo— hace seis meses.
—¡Wow, Adrián! —exclamó sorprendido—. Ahora te preguntaré algo más íntimo. ¿Qué status
tienes? A juzgar por tu olor, eres omega, ¿me equivoco?
—No, doctor, soy omega, pero... soy recesiva.
Mason dejó de sonreír y su expresión cambió a una más seria.
—Adrián, dime algo, ¿ya marcaste a tu omega?
—¡Por supuesto que sí!
—Hana, te voy a pedir que te acuestes en la camilla y te levantes la camisa. Voy a revisarte.
Mason encendió el equipo. Me acosté en la camilla y levanté mi camisa. Adrián gruñó por
instinto al ser tocada por otra alfa que no era mi pareja. Lo miré seria y este gimoteó como
cachorro cuando se arrepentía por algo malo.
Mason me puso un gel en mi vientre mientras movía un artefacto.
Lo movió por unos minutos hasta que vi un frijolito.
—Jóvenes, aquí está su hijo. Todo está bien, pero... —Frunció el ceño y apretó un poco más el
artefacto en mi vientre—. ¡Dios mío! —Mason apagó el equipo—. Hana, puedes limpiarte.
Necesito hablar con ambos de algo serio.
Me limpié el gel. Sentía una presión en mi pecho.
A juzgar por su expresión, no eran buenas noticias. Adrián buscó mi mano y la apretó
ligeramente; también estaba nervioso por el temblor de sus manos.
—Hana, ¿cuántas semanas tienes de retraso?
—Tengo dos semanas. ¿Qué le pasa a mi cachorrito?
—Verán, Hana y Adrián, los omega, alfas y betas funcionamos muy diferente en absolutamente
todo. —Sacó un pequeño libro y lo puso en la mesa—. Los omega normales o de sangre pura
normalmente en el embarazo son más rápidos en desarrollar. Al igual que los alfa, dan a la luz a
los siete meses, pero nacen saludables por la condición de la madre. En el caso de las mujeres
betas, llevan un desarrollo de nueve meses. Pero… en el caso de las y los omega recesivos, el
proceso es un poco lento y en algunos casos llegan a tener a su cachorro antes del tiempo.
—¿Y eso qué tiene que ver con mi frijolito? —habló Adrián con desespero—. Acabas de decir
que está bien. ¿Qué pasa con nuestro hijo?
—Bueno, los bebés están bien.
—¿Los bebés? —inquirí sorprendida.
—Son gemelos, amigos míos. Los dos están bien formados y todo, pero... —suavizó la voz—
uno de ellos, o ellas, aún no sé el sexo porque están pequeño, pero escuché un silbido en uno de
los corazoncitos en el ultrasonido, así que probablemente uno de ellos venga con problemas y no
es por adelantarme: quizás uno de los dos no nazca con vida. Los partos de las omega como... —
sonrió con pena— tú son más complicados.
En ese momento sentí que todo lo que hablaba el doctor lo escuchaba lejano.
—Hana, no te pongas así, aún es muy pronto, solo es una pequeña hipótesis. No creo que sea de
esa forma. De todos modos, te voy a dar unos hierros y otros medicamentos. Te voy a pedir que no
te dé rabia, susto o llores mucho. Tú eres un milagro para la ciencia, es la primera vez que veo
una omega recesiva que va a tener gemelos. Y a ti, Adrián, ahora que estás esperando hijos, sé
más cariñoso con ella. Las omega dependen mucho del estado de ánimo de su pareja. Los espero
dentro de un mes.
Salimos del hospital y nos subimos al auto. Ninguno de los dos habló.
Sentí un nudo en mi garganta y empecé a sollozar cuando presencié una mano en mi mejilla.
—No llores, mi amor, yo siempre estaré a tu lado y sé que nada de lo que dijo Mason se
cumplirá, hay que tener fe. Yo... —su tono se quebró—. Tú eres fuerte y mis cachorros también,
así que no tengas miedo, que haremos lo que sea por ellos, y si me toca vender mi alma al diablo
para que tú y ellos estén bien, no me importa.
Limpié mis lágrimas y lo abracé.
—Tengo miedo, mucho miedo.
—Yo siempre estaré a tu lado en las buenas y en las malas, porque eso es lo que yo escogí y
nada ni nadie nos va a separar.
Llegamos al apartamento donde vivía con Silvia. Iba a buscar unas cosas para completar mi
mudanza al apartamento de Adrián, cuando escuché la voz de Masha y de Bryan, quien rugía
molesto.
Adrián entró al apartamento y gruñó al ver a Bryan molesto, el cual miraba a su hermana con
desesperación y rabia. Me acerqué a Masha, esta estaba golpeada casi en todo su cuerpo y tenía
marcas de colmillos en su cuello.
—¡Masha! —grité con pavor ante la escena—. ¿Quién te hizo eso? Fue ese maldito, ¿verdad?
Adrián se acercó a su hermana mientras la abrazaba. Bryan gruñó cuando vio a Adrián hacerlo.
—¿Qué demonios te pasa, Bryan? —hablé seria—. Es su hermano, y él obviamente tiene que
cuidarla.
Bryan se restregó la cara y suspiró más tranquilo.
—¿Dónde la encontraste, Bryan? —masculló Adrián y volvió a liberar algo de sus feromonas
para calmar a su hermana, al igual que a mí.
Después de lo que habíamos escuchado, ninguno de los dos tenía que alterarse, en especial yo.
—Recibí una llamada de ella, estaba llorando y me dijo que la ayudara. Cuando estaba por
salir, me asomé por la ventana y vi cómo un hombre en un carro negro la dejaba a las afueras del
apartamento. Salí corriendo. Antes de que ustedes vinieran, la iba llevar al hospital. No habla y sé
que fue ese maldito.
Adrián cargó a la pobre y salimos del apartamento. Íbamos de nuevo al hospital; unos hombres
se acercaron a Masha y se la llevaron a emergencias.
—Llamen a Mason, dile que lo necesito, se lo suplico. Él conoce a mi hermana, dile que es de
parte de Adrián Lemietre —pidió Adrián a uno de los enfermeros.
Bryan estaba con la cabeza hacia abajo y yo le hacía algunos masajes en la espalda. Adrián
tomó su celular y se apartó para hablar con alguien.
—Todo estará bien. —Sonreí para tranquilizar a Bryan.
—Si le llega a pasar algo a Masha, voy a matar a ese hijo de puta, te lo juro.
Luego de uno veinte minutos que no sabíamos de Masha, llegó Kevin y a su lado estaba Silvia.
Me sorprendí al verla.
Kevin miró cómo Silvia y Bryan se contemplaba. Ella se acercó y tomó su mano.
—Creo que ambos necesitamos hablar.
—Está bien. Adrián, cualquier cosa… me llamas, te lo pido.
—Descuida.
Silvia se fue con Bryan, en eso llegó un médico, quien llamó a los familiares de Masha.
Entramos a la habitación y vimos la cara triste de la joven mientras observaba hacia la nada.
—¿Qué sucede, doctor? —inquirió Kevin.
—Le tengo muy malas noticias para su hermana. —Salió de la habitación junto con nosotros—.
Recibió múltiples golpes, le quebraron las costillas y también... —frunció los labios— acaba de
perder a su hijo.
—¿Hijo? —jadeó Adrián—. Pero ¿cómo es posible?
—Señor, a juzgar por sus mordidas en su cuello, cuando un alfa muerde a su omega
automáticamente el cachorro siente las emociones de su padre, por eso la marca une al alfa y a su
omega. Si el alfa sabe cuándo su pareja está embarazada y la omega no quiere recibir la
mordedura de su alfa en el acto sexual, el cachorro al instante rechaza ese vínculo, se desliga del
cordón umbilical y tiene aquello que llamamos aborto espontáneo.
Kevin se limpió sus lágrimas. Adrián golpeó la pared y rugió molesto.
—La persona que le hizo esto a tu hermana es una bestia. Ella se quedará unos días aquí hasta
que se recupere del shock. Les deseo lo mejor a todos, y lo siento.
El doctor se dio la vuelta. Adrián intentó salir, tomé su mano y este me observó con la ira
impregnada en sus ojos.
—¿Adónde vas? No hagas una tontería.
—Ahora va a saber ese hijo de puta quien soy yo.
Adrián salió de mi vista y sentí unas punzadas en mi vientre. Kevin tomó mi mano y me sentó en
una banca que estaba cerca.
—Tienes que estar tranquila.
Después de una hora de tráfico, llegó a la casa de Masha mientras que ignoraba algunos de los
empleados de Scott, olfateó en el aire y echó a correr hasta la oficina de ese sujeto. No abrió la
puerta, sino que la pateó y rompió la madera de un solo golpe.
Scott abrió los ojos como platos, nervioso.
—Te voy a enseñar a pegarle a alguien que sí tiene los huevos para responderte.
La ira del alfa, la tristeza de la omega y la decisión del
corazón
Scott sabía que Adrián podía ser mujeriego, bueno, al menos eso pensó al conocer a esa
omega sin estatus en su vida. Tenía la elegancia de un pavo real, pero detrás de esa fachada tan
galante se escondía un león o, más bien, el mismísimo demonio. El ambiente estaba tenso a causa
de las feromonas de Adrián, quien estaba inundando todo el estudio. A pesar de que ambos eran
de la misma sangre pura, sus feromonas estaban en aumento como si protegiera a su cachorro de
las garras del enemigo. Los alfa, por su naturaleza protectora, luchaban con dientes y garras si
lastimaban a su omega o a uno de sus cachorros, aunque en este caso no estuviera peleando por
una cría, Adrián reflejaba la ira por haber lastimado a una de las personas más importantes en su
vida. Masha no solo era su hermana menor, Adrián la consideraba como una hija por su carácter
dulce y frágil. Scott era consciente de que él no tendría misericordia con su persona. Se acercó en
dos zancadas hacia donde él estaba mientras tomaba su cuello y lo apretaba. Scott jadeó cuando
no sintió aire en sus pulmones.
—¿Por qué no me pegas y me matas a golpes como lo hacías con Masha? —Apretó más su
cuello—. Antes me contenía de no molerte a golpes, pero ahora que me has dado una razón, nos
veremos en el infierno.
Scott le dio una patada.
Entretanto, Adrián debilitaba su agarre. Aprovechó la oportunidad y le dio un codazo en el
estómago, así desestabilizó al mayor de los Lemietre. Adrián sintió cómo el aire se salía de sus
pulmones, pero eso no contuvo su rabia y gruñó al ver a Scott, este se acercó y golpeó su cara
mientras su oponente caía en su mesa. Adrián se colocó sobre él para darle más puñetazos.
—Este golpe es por las veces que has golpeado a mi hermana mientras ella gritaba que pararas.
—Golpeó de nuevo su cuerpo—. Este golpe es por las veces que la humillaste y la trataste como
basura, siendo Masha la mujer más bella que puedas encontrar en este mundo, y este... —se
levantó para observar su rostro ensangrentado y gozar sus quejidos. Se acercó a él, le dio una
patada en las costillas y después en la parte de arriba— es por el bebé que ha perdido Masha. —
Adrián lo tomó del cuello de la camisa, a lo que Scott solo le escupió en la cara—. No sabes el
deseo que tengo de matarte, y lo haré.
—¡Hazlo, maldito! Tú me matas y vendrá la desgracia sobre la zorra de tu omega.
Adrián golpeó de nuevo su rostro, en eso escuchó el grito de una de las empleadas de la casa de
Scott.
—Señor Lemietre, si no se va, llamaré a la policía —habló con voz temblorosa, escrutó la
mirada frívola de Adrián y se protegió con un plumero—. Es mejor que salga.
Adrián contempló a Scott y luego a la empleada.
—Si ese hijo de puta vive después de la paliza que le di, dile que tiene los días contados
conmigo, ¿entendiste, mujer?
Ella solo asintió con la cabeza.
Kevin observó a su hermana y vio cómo acariciaba su vientre como si buscara algo. Hana
limpió sus lágrimas y se acercó a Masha para tomarle su mano. La joven alzó su vista.
—¿Mi cachorro está bien?
Hana sintió que su corazón se había partido en dos ante las palabras de su amiga, porque eso
era Masha para ella. Así como quería a Silvia y no le deseaba algún mal, pasaba lo mismo con
Masha.
Además de ser la hermana de la persona que quería, era su amiga y ahora entendía un poco
sobre lo que podía sentir en ese momento, pues ahora ella tenía un cachorro que probablemente
podía vivir y otro no. Eso la preocupaba mucho. Masha levantó la mirada y sonrió con tristeza al
ver a Hana.
—No te pongas así por mí, yo estoy bien, es solo que... —lloró en voz alta— ¡era mi cachorro!
¡Es mi bebé y está muerto ahora! —Masha empezó a rasguñar sus brazos—. ¡Quiero a mi bebé!
¡Scott, no me mates! —empezó a gritar, desesperada—. ¡Mi cachorro me necesita!
Hana se quedó paralizada ante la escena y empezó a temblar, asustada. Kevin tomó sus manos
para que no se siguiera lastimando y su hermana comenzó a removerse de su cama, en eso llegaron
unos médicos y una enfermera; le suministraron una inyección en su cuello.
Masha dejó de moverse y quedó profundamente dormida.
—¿Qué le acaban de hacer a Masha?
—Le puse unos relajantes para que se calmara. Es probable que este sea uno de los muchos
ataques que vea de su parte —respondió el doctor con tristeza—. Perder a un cachorro por un
aborto y una desvinculación del lazo de su alfa, es peor que la misma muerte. —Revisó a Masha
—. Son pocas las omega que quedan vivas para contarlo.
—¡Eso no pasará con Masha! —espetó Kevin con molestia mientras tomaba la mano de su
hermana—. Ella va a estar bien, yo sé que sí.
El doctor salió de la habitación y sonrió con pena. Kevin y ella habían entendido esa sonrisa.
—Hana, no te pongas. Yo no puedo entenderlas porque soy un beta, y quizá no puedo calmarlas
como Adrián y Bryan, porque ellos son alfas y pueden desprender feromonas para que se
tranquilicen con su aroma, pero les puedo dar mi apoyo y darles palabras de aliento. Sé que tú
estás esperando un cachorro, eso es bueno. Tú y ese cachorro es lo que Adrián necesitaba en su
vida.
—¿Y tú qué necesitas en tu vida?, ¿o ya lo encontraste con Silvia?
Kevin apretó la mano de Masha y luego miró a Hana.
—Sé lo que debes estar pensando, y te entiendo. —Frunció los labios—. Sé que Silvia era la
pareja de Bryan, pero de verdad me gusta mucho; por primera vez me siento bien con alguien. Sin
embargo, ¿no es mi momento de ser feliz? Sé que suena egoísta porque no sé los sentimientos de
Silvia, pero quiero que ella se enamore de mí. Después de todo, desde que la vi, supe que ella era
la persona que tanto estaba buscando, así que, aunque no me elija por estar con Bryan, quiero estar
a su lado.
Hana sonrió.
—Sé que también encontrarás el amor.
Bryan jamás pensó que algún día ambos estarían ante esa situación. Silvia lucía incómoda,
después de todo, llevaban diez meses juntos. La conocía a la perfección y se sentía culpable por
nunca haberle dicho la verdad acerca de Masha, pero ya no podía acallar más lo que sentía. Buscó
su mano y ella sonrió.
—Lo que más merezco es tu odio, pero sabía que en algún momento nunca más podría huir de
mi pasado ni de lo que siento tampoco. —Apretó mas su mano—. He amado a Masha desde que la
conozco; ella ha sido una persona muy importante para mí, y aunque quise ocultarlo, al final no
pude. ¡Lo siento, Silvia! Lo menos que quería era lastimarte. No mereces que yo te haga esto. Sí te
quiero y te quiero demasiado, no románticamente.
Silvia suspiró y entrelazó sus dedos.
—Siempre supe que había alguien más en tu corazón. Después de todo, soy una mujer. Desde
que te conocí y estuve a tu lado, siempre parecía que esperabas a alguien y que a pesar de que
estabas a mi costado, tu corazón no estaba conmigo. Es un poco duro porque aún me gustas, pero
deseo tu felicidad y yo sé que mi felicidad puede estar cerca.
—Gracias, Silvia. —La abrazó—. Me gustaría siempre ser tu apoyo en las buenas y en las
malas, al igual que comer tu comida tan salada —bromeó—. Te quiero mucho, Silvia.
—¡Yo también te quiero, idiota! Deberíamos irnos, Masha debe estar ansiosa por verte y Kevin
debe estar preocupado también.
—¿Te gusta Kevin Lemietre? —curioseó.
Silvia se sonrojó y rio en voz baja.
—Él es muy guapo.
—Yo te apoyaré, pero si te hace algo, se las va ver conmigo ese tonto. —Sonrió.
Bryan y Silvia llegaron donde estaban los demás. Él vio los ojos llorosos de Hana, se acercó y
la tomó de los hombros.
—¿Qué ha pasado en mi ausencia?
—Masha se puso mal y le pusieron un relajante. —Bryan se sorprendió más de lo debido—.
Ella necesita el cariño de su alfa en este momento.
Él entró en el cuarto.
Hana abrazó a Silvia y vio a Adrián, quien sonrió y caminó con paso firme en su dirección.
Ella lo escudriñó y arrugó la nariz.
—¿Hueles a sangre? No me digas que… —Cubrió su boca—. ¿Acaso estás loco?
—Descuida, mi amor, no lo maté. —La abrazó—. Solo le di lo que había guardado por varios
años.
Hana se separó de su abrazo.
—Adrián, a este paso te estás ganando un nuevo enemigo. Sabes de lo que ese sujeto es capaz
de hacer. Él está loco, mira lo que le hizo a Masha.
—No tengas miedo. Nada me pasará, ni menos a ti.
—Te miras patético —gorjeó mientras le tomaba una foto—. Así que el gatito es un maravilloso
león. Eso sí es algo nuevo.
—Deja de burlarte. Ese maldito me las va pagar, ¿acaso no deseas matarlo?
—Claro que lo haré, pero primero déjame jugar con su omega —sonrió Joaquín.
El alfa romántico
Un mes después...
Hana estaba sonriendo tranquila mientras servía unas tazas de café para los invitados de su
pequeño apartamento que compartía con su pareja. Todos los Lemietre estaban celebrando la
salida de Masha del hospital, aunque para a Bryan fue una lucha, ya que tuvo que proteger a su
pareja con abrazos y besos para tranquilizarla en sus ataques, todo mejoró para bien, y ya Masha
había vuelto a ser la misma de siempre. Kevin llevó unos bocadillos que había preparado con
Silvia, en eso escucharon la puerta de su apartamento abrirse. Todos se escondieron para darle la
sorpresa a Masha. Escucharon unos pasos y gritaron un: “¡Bienvenida, Masha!”. Bryan fue el
primero en gruñir al abrazar a su pareja pensando que era alguien más, pero al ver que eran ellos,
se tranquilizó. La joven sonrió de manera cálida y abrazó a sus dos hermanos, por último a su
hermana, quién tomó el primer vuelo de Escocia a Nueva York para ver el estado de su hermana
menor. Conversaron como si nada pasara, lo que le parecía agradable, pues no quería sacar a
colación a Scott, pero ella se adelantó.
—Decidí empezar los papeleos del divorcio lo antes posible. Ya no quiero estar atada a ese
maldito. —Tomó una taza de café y lo dejó a un lado—. Quiero volver de nuevo a mi antigua vida;
volveré a ser modelo.
Los tres hermanos se vieron el uno al otro como si hubieran visto una tercera cabeza en Masha.
El primero en hablar fue obviamente el mayor de los Lemietre.
—Princesa —susurró Adrián con delicadeza, como si hablara con la hija de Stefanie—, estoy
muy feliz de que ya no estés casada con ese bastardo, sabes que no es ningún problema lo del
dinero y los bienes de ambos, pero con respecto al modelaje, no es bueno que lo hagas todavía,
sería mejor que te recuperes y después piensa en nuevas opciones.
Masha alzó la ceja y se cruzó de brazos. Silvia sonrió de lado al ver a Kevin y Adrián tragar
saliva.
Masha solía ser muy mimada cuando era niña por ser la más pequeña y las más débil de la
familia. Por la expresión de su rostro, se veía que haría una rabieta.
—¡Jesús! ¡No hagas una rabieta! —habló Kevin con voz calmada—. Entiendo que quieras
regresar a tu vida como modelo, pero sería mejor que… —empezó a tartamudear, observó a la
segunda alfa de la familia y esta solo tenía el rostro serio—. Di algo, Stefanie —suplicó—, sabes
que soy débil ante la mirada de cachorro de Masha.
Stefanie se levantó de la silla poniendo el ambiente más tenso de lo que ya estaba, se acercó a
su hermana y la tomó de los hombros. Bryan empezó a gruñir al ver que otro alfa asustaba a su
pareja y se puso en defensa por si algo ocurría.
Stefanie vio con burla a Bryan e hizo lo inesperado: chilló de la emoción mientras la abrazaba
emocionada.
—¡Masha is back, bitch! Yo sí te apoyo, hermosa. Me sentiría más que feliz darte la bienvenida
en una de mis pasarelas en la semana de la moda en París. Sabes que los franceses te adoran y
añoraban tu regreso. —Sonrió alegre, Bryan se relajó y volvió a tomar café como si nada hubiese
pasado unos minutos atrás—. No le hagas caso a estos dos idiotas anticuados, mientras que yo, la
reina de la moda, te apoye. —Stefanie se señaló y movió su cabello con gracia—. No le sigas la
corriente a estos bobos, y lo de tu divorcio, mejor espera, porque sabes que el verdadero
problema es mi papá. Me imagino que a estas alturas ya debe saber algo. ¿Te ha llamado?
Masha negó y buscó la mano de su pareja.
—Mamá solo me mandó unas flores y una cesta de frutas —suspiró con tristeza—. Sabes cómo
es mamá, que se deja dominar por mi papá, y tú conoces mejor cómo es el “gran Izana”. Estaba
pensando más adelante hablar con él a solas. Sé que no voy a recibir su apoyo porque adoraba a
Scott, pero pienso que no me dará la espalda, o al menos eso quiero creer.
—Sabes cómo es papá —respondió Kevin—. Sería bueno que la fueras a acompañar, Bryan,
por si dado caso mi papá se vuelve algo histérico.
—¡Por supuesto que lo haré! —resolló Bryan con rapidez—. No dejaré sola a Masha en ningún
momento. Después de todo, es mi omega.
Stefanie silbó ante sus palabras.
—¡Eso es un verdadero alfa! —Adrián tosió, lo que hizo reír a Stefanie—. Tú también eres un
gran alfa. Y dejando de hablar de tristezas, les traje un regalo a mis bellos sobrinos.
Stefanie se levantó de la mesa y tomó con dificultad una pequeña maleta de unas cincuenta
libras. Sonrió y prácticamente se la tiró a Adrián en la cara. Hana abrió los ojos al ver la fuerza
de Stefanie. Ambos miraron con duda la maleta y Stefanie rio al ver sus caras, las abrió y vio que
estaba llena de ropa de bebé hasta los ochos meses; algunos zapatos, mamelucos y chupones entre
algunos biberones. Observó la ropa y se percató de que cada trajecito costaba novecientos
dólares.
Guardó las prendas.
—¡Madre mía! —exclamó emocionada—. Stefanie, la ropa de mis hijos es casi una semana de
mi salario. Aquí hay más de diez mil dólares en ropa que puedo encontrar a mitad de precio en
cualquier tienda.
—¡No seas tan dramática y ahorrativa! —le restó importancia a sus palabras—. Además, esa
ropa me la dieron algunos amigos míos que son dueños de tiendas de ropa para bebé, y te
recuerdo que vas a tener a los primeros herederos de la fortuna Lemietre. Creo que deberías irte
acostumbrando a nuestro estilo vida.
Silvia empezó a acomodar la ropa para que no se arrugara en la habitación que le estaban
preparando a los gemelos, que aún se ponía ansiosa de no saber sus sexos. Se dio la vuelta y miró
cómo Masha abrazaba una camisita de bebé; lo apretaba a su pecho. Sintió tristeza al verla así
porque sabía que su herida externa ya sanaba, las internas todavía seguían tan latentes como el
primer día. Se acercó a ella mientras la abrazaba. Silvia hizo lo mismo.
Masha empezó a sollozar y se separó del abrazo.
—Muchas gracias por el apoyo. —Sonrió y limpió sus lágrimas—. Te aseguro que tendrás a los
cachorros más bellos del mundo, ya que tú y Adrián son muy guapos.
—Tú también tendrás unos hijos muy bellos con Bryan, te lo aseguro.
Masha la abrazó con fuerza. Se separó y la observó con preocupación.
—Hana, sé que es muy loco lo que te voy a decir, pero a partir de ahora tú debes de tener
mucho cuidado, más ahora que tienes cachorros. —Quiso abrir la boca, Masha la detuvo—.
Adrián tiene algunas personas que no lo quieren y harían lo imposible por verlo caer. Ellos saben
que son su debilidad. Ten cuidado en quien confías.
Se quedó sorprendida ante sus palabras, en eso llegó Bryan y Kevin. Ambas se despidieron de
ella, al igual que Stefanie y su esposo.
Lavaba los platos cuando sentí unas manos tomando mi cintura. Sonreí y sentí la calidez de
Adrián mientras que acariciaba mi vientre.
—Mi omega y mis cachorros —susurró en mi oído.
La voz de Adrián me hizo estremecer, me di la vuelta y empecé a besar los labios de mi pareja.
Desde que me había enterado que estaba embarazada, no tuvimos intimidad, así que estaba algo
ansiosa. Adrián me tomó estilo princesa y caminó a la habitación, me tumbó en la cama con
delicadeza y empezó a quitarse la camisa. Me sonrojé al ver su cuerpo. Sonrió y besó mi pierna.
—¿Por qué estás avergonzada, cariño? ¿No quieres hacerlo?
—Sí quiero, solo que hace tiempo que no lo hacemos y creo que me siento un poco ansiosa.
Solo es eso. Además, me da pena que los cachorros vean esto.
Adrián abrió los ojos y apartó la cara para reír. Tomé una almohada y se la tiré.
—¡Eres muy tierna, Hana! —Besó mi frente—. No puedo creer que detrás de esa inocencia se
esconda una mujer tan sexy como tú.
—Así dices, Adrián, pero cuando me empieza a crecer la barriga y me salgan estrías, voy a
dejar de ser la persona más atractiva para ti.
Él sonrió y besó la comisura de mis labios.
—A mí no me importa si eres gorda o flaca, grande o pequeña, azul o amarilla, con o sin
estrías, yo me enamoré de Hana Roys y de la persona maravillosa que eres. Y cada defecto que
miras en ti, para mí es lo más bello y atractivo del mundo. Si tú te pones gorda y con verrugas,
entonces engordaré a tu lado y me pondré muchas verrugas. Te amo por lo que eres.
Besé sus labios y me entregué a él.
Estaba muy feliz de haberlo conocido en aquella fiesta y que se adentrara en lo más profundo de
mi corazón.
Hana sabía que estaba jugando con fuego, pero una parte de ella quería saber las intenciones
que escondía aquella sonrisa despreocupada que mostraba Joaquín. Sabía que él tampoco era de
fiar como quería hacerle mostrar, así como tenía conocimiento de que estaría en grandes y
maravillosos problemas si Adrián se daba cuenta que estaba en la boca del lobo feroz. Algo en su
vientre se movió con miedo, lo que la hizo sentir nerviosa. Aunque sus dos frijolitos eran aún
pequeños, podían sentir la ansiedad de la madre. Trató de respirar para controlarse, Joaquín la
observó de reojo y vio una sonrisa en sus labios.
—¿Me tienes miedo, mi pequeña omega? —Hizo brincar de su lugar a Hana por la cercanía—.
Yo nunca te lastimaría. ¡Jamás, Hana!
Hana apartó el rostro y vio que el auto se había detenido en un mirador. Se bajó antes que
Joaquín y observó su alrededor. Se dio cuenta que solo estaban tres personas, contándolos a ellos.
Sintió un nudo en su estómago y trató de no emanar sus feromonas para que no se diera cuenta que
el miedo a lo peor la carcomía por dentro.
Joaquín bajó al minuto y encendió un cigarrillo. Hana se cubrió la nariz por el humo, a lo que él
lo tiró al suelo y luego lo aplastó.
—En este mirador tuve sexo con alguien. Fue la primera vez.
Sonrió como si fuera algo común o estuviera hablando del clima. Hana se removió, inquieta.
—Me imagino que no me sacaste del trabajo para que me contaras la primera vez que follaste
con una omega, ¿verdad?
Joaquín abrió los ojos sorprendido por las palabras de Hana. Se acercó a ella y acarició su
cuello, en eso tocó el lugar donde estaba la marca que la unía con Adrián por el resto de sus
vidas. Hana se apartó y guardó distancia.
—Jamás pensé que el gran Lemietre, el casanova entre los casanovas… —sonrió con malicia—
caería rendido a los pies de una omega y más de una omega recesiva como tú. —Hana intentó
abrir su boca, pero él la detuvo—. No me lo tomes a mal, eres una mujer hermosa, demasiado
para cualquier alfa. ¿Tú sabias que yo tenía una hermana igual de bella como tú? —suspiró—.
Ella era omega como tú, y también estaba embarazada.
—¿Por qué me dices esto? ¿Qué tiene que ver conmigo?
Los ojos de Joaquín cambiaron a una forma más fría y se acercó como una serpiente hacia el
oído de Hana.
—¿Te gustaría saber quién era el padre de esos cachorros?
—¿Quién era? —preguntó en un hilo de voz.
Joaquín besó la coronilla de su cabeza y sonrió.
—Adrián Lemietre.
Hana abrió los ojos como platos ante sus palabras, le parecía imposible lo que escuchaba. Se
sentó en una banca y dejó que el aire entrara a sus pulmones.
—Creo que es momento que alguien te baje de tu maravillosa nube, hermosa, porque si no lo
haces, la caída te dolerá mucho.
Bryan apretó su mano para darle algo de valor y así calmar la ansiedad de su pareja. Masha
tenía un remolino de emociones y sabía que en cualquier momento iba a vomitar debido al estrés
que rayaba en su cuerpo. Entró a su hogar, lugar que la vio crecer. Algunos empleados le hicieron
una leve reverencia cuando la vieron, en eso escuchó los pasos de su mamá. La omega mayor dejó
caer de sus manos el florero que llevaba. Los labios de su mamá empezaron a temblar debido a la
emoción que sentía al ver a su hija en pie de nuevo y sintió culpa por no visitarla cuando más lo
necesitaba, pero sus lágrimas no cesaron y sus ojos expresaron el temor al atisbar a la persona que
sostenía la mano de su hija como diez años atrás.
—Masha, hija, ¿qué hace este hombre aquí? Si tu padre se da cuenta, él va…
Escucharon los pasos firmes de su papá. Masha tembló en su lugar por las feromonas que él
estaba liberando.
La mujer se abrazó a sí misma como si supiera lo que estaba a punto de pasar.
—¡Masha Lemietre! —rugió Izana con rabia al verla con Bryan—. ¿Qué es esta falta de respeto
que vienes a hacer en mi casa?
—¿Tu casa, papá? —jadeó, sorprendida—. Esta también es mi casa. Mi abuelo nos la dejó en
herencia, y no te estoy faltando el respeto, solo vine aquí con mi pareja, ¿algún problema?
Izana aplaudió con sarcasmo al examinar la decisión en los ojos de su hija.
—Veo que aún no aprendiste tu lección. —Observó a Bryan, molesto—. ¿Qué haces con esta
cosa que se dice ser alfa? —se burló—. Gracias a Dios que no vino el miserable de Adrián
porque las cosas se hubieran puesto peor. Scott me dijo que habías tomado la decisión de
separarte de él, y me parece una completa locura. Cuando se casaron, juraron que estarían juntos
hasta que la muerte los separara, y ahora vienes exhibiendo a esta porquería de hombre. ¿Te has
vuelto loca? Suelta su mano y ve a pedirle disculpas a Scott por la tontería que hiciste.
Masha abrió mucho sus luceros y soltó la mano de Bryan. Él se sorprendió cuando vio el
temblor y la impotencia en el cuerpo de su pareja. No podía creer que su papá estuviera hablando
de esa manera.
—¿Usted es imbécil o qué? —habló Bryan con molestia. Sabía que estaba jugando bastante lo
que era en la fuerza, porque era un sangre pura, pero eso no le importó; nadie podía hacer sentir
mal a la persona que más amaba. Izana se acercó y tomó su camisa—. ¿Acaso usted no vio cómo
ese maldito dejó a su hija? Casi la mata. Mató a golpes a su cachorro, y quiere vaya y la mate,
pero esta vez de verdad sé que no tengo dinero ni le puedo dar los lujos que ella se merece, mas le
puedo dar algo que ni usted y ese maldito le dieron. —Izana sonrió con burla—. Yo le puedo dar
amor, protección, fidelidad… el calor que tanto anhela su corazón, cosas que usted no entiende
para nada. No soy una basura. Sí fui un cobarde por haber abandonado a Masha y por dejar que se
casara con ese maldito. Sin embargo, no voy a dejar que vuelva a arruinar nuestra felicidad. Esta
vez daré mi vida por ella si es necesario.
Izana se rio ante las palabras de Bryan, este lo empujó.
—Nunca había escuchado tantas estupideces en un hombre. Eres un debilucho, de verdad que sí.
—Limpió sus lágrimas—. Vete de mi casa, Masha. Si aceptas a ese hombre, has de cuenta y caso
que tu madre y yo estamos muerto.
Masha tomó la mano de Bryan, besó la mejilla de su mamá y sonrió al ver a su papá.
—Te amo, mamá, espero que algún día seas libre. Descuida, papá, desde hace tiempo ya
estabas muerto para mí. Siempre supiste del infierno que vivía con Scott, pero eso a ti nunca te
importó, solo aumentar los ceros en el banco. Mi vida nunca fue valiosa para ti, siempre me
despreciaste por ser omega, así que me va dar igual tu vida.
Masha salió de la casa.
Se acurrucó en el pecho de Bryan mientras derramaba todo el dolor que sentía. Él acarició su
espalda y besó su mejilla.
—Te amo, Masha, nunca lo olvides.
Hana no podía dejar de pensar en las palabras de Joaquín, sabía que era una trampa para
envenenar su mente, pero en cierto lado tenía la duda en su interior. Intuía que no conocía muy
bien a Adrián, solo conocía algunas cosas. Sin embargo, aún él era un misterio, y si era verdad lo
del cachorro y lo de la hermana de Joaquín… Cerró los ojos y recordó las palabras de él tan
claras como el agua.
—Adrián mató a mi hermana y a su cachorro. Si él le hizo eso a mi hermana, ¿qué piensas que
te hará a ti?
Una mano suave tocó su hombro y la hizo brincar del susto, vio cómo Adrián sostenía un plato
con frutas. Intentó besar sus labios, pero Hana apartó su rostro y se levantó del sofá.
Adrián le impidió irse.
—Suéltame, Adrián, estoy cansada —dijo con molestia.
—¿Qué te sucede, Hana? —Adrián se acercó a su cuello y aspiró su aroma—. ¿Acaso tienes
miedo o me estás ocultando algo?
Esas palabras hicieron clic en la mente de Hana.
—¿Y tú acaso nunca me has ocultado algo, Adrián? —La vio con duda y se acercó a ella—.
¿Por qué mejor no me hablas de Analía y de su cachorro muerto?
Adrián se quedó pasmado como un fantasma, tomó el hombro de Hana y miró con la
desesperación en sus ojos.
—¿Quién te dijo eso? ¿De dónde lo sacaste?
—Entonces sí es verdad —espetó con autoridad—. ¿Ya tenías otra omega?
Joaquín sonrió y bebió una copa de vino. Tomó la fotografía, la besó y la abrazó con fuerza.
—¿Por qué no te enamoraste de mí, Analía, sino de ese maldito? —Alejó la foto y rio en voz
baja—. Pero descuida, linda. Si tú no fuiste feliz, la nueva omega tampoco y todo el poder de los
Lemietre será mío. Oh, no es cierto, pues será nuestro, mi dulce y bella Analía.
El pasado prohibido del alfa
Joaquín
Ser un alfa siempre tenía sus ventajas y desventajas a la vez. Atraía la mirada de cientos de
personas sobre mí esperando el momento correcto de hacer algo malo, ser la burla y la habladuría,
hasta que conocieran a otro para calmar su sed de arruinar a más pobres canallas. La empresa de
mi papá era una herencia que venía desde cuatros generaciones y que él mantuvo en lo alto como
lo hicieron los demás. Sabía que esa responsabilidad también recaería sobre mí. Ya estaba harto
de ser perfecto y de mostrar algo que no era; la única persona que no me hacía sentir tan miserable
era mi hermosa hermana Analía. Ella era mi omega perfecta. Siempre amé a Analía desde que era
un niño hasta la edad adulta. Sabía que lo que sentía por ella no era un amor de hermano común,
pero anhelaba siempre guardar su inocencia y su sonrisa solo para mí. Analía era tres años menor
que yo, así que siempre debía cuidarla de cualquier estúpido que se quería acercar a ella. Mi
hermana era muy delicada de salud por ser de un parto prematuro, por eso siempre yacía con
tanques de oxígeno cuando no podía respirar. Su cabello era rojizo como hilos de fuego. Se
parecía al de mamá, pero a ella le quedaba perfecto. La sonrisa de Analía era suave y cálida, al
igual que su cuerpo, que era tan delicado como un cristal. Mi papá siempre la sobreprotegía, lo
que a veces causaba disgusto y rabia en ella, ya que siempre anhelaba hacer lo que la gente normal
hacía.
Y llegó él…
Apuesto como un maldito demonio.
La primera vez que vi a Adrián fue en una cena que realizó uno de los ejecutivos de mi papá y
que Izana fue invitado. Mi padre tenía buenas relaciones con los Lemietre. Esa familia parecía que
vendió sus almas a Satanás, pues todos los negocios que llegaban a tener prosperaban.
Izana y su esposa tenían cuatro hermosos hijos. El mayor era Adrián Lemietre, un hombre
apuesto y de buen parecer. Toda su esencia era a alfa dominante en su máxima expresión. Era
galante al hablar y muy inteligente en su pensar. La segunda era una alfa muy sensual pero
perspicaz: Stefanie Lemietre era en ese entonces “La princesa de la moda”. El tercero un beta muy
callado pero amable. Me sorprendí al saber que era un beta en una familia de sangre pura. Por el
último, la mimada de Izana y de los otros hermanos: Masha Lemietre, la menor. Era una omega
pura, mas con una presencia igual de angelical que Analía. Sus ojos eran tierno y llamativos. Izana
no permitía que nadie se acercara a ella, excepto Scott, que se quedó impresionado por la belleza
virginal de su hija.
Estaba impresionado por Adrián y no solo yo, Analía se había quedado perpleja ante aquel alfa.
En ningún momento apartó su vista de él. Todo lo contrario: se hallaba un brillo especial en sus
ojos, como si hubiese encontrado el tesoro más maravilloso del mundo. Apreté su mano al saber
que yo no era dueño de esa mirada soñadora. Adrián se dio cuenta de la miradita de mi hermana y
se acercó hacia donde nos estábamos. Tenía que admitirlo: él fue un maldito caballero con ella.
Después de esa fiesta, los Lemietre empezaron a llegar a nuestra casa, en especial Adrián. Él
siempre caminaba en los pasillos del jardín con mi hermana, mientras que yo solo observaba
desde la distancia cómo alguien arrebataba lo que era mío desde siempre. Y fue un día que Analía
llegó feliz. Ese día estaba en mi estudio realizando unos trabajos en casa. Me abrazó muy
emocionada y tocó sus labios.
—Joaquín, hermano… —sonrió alegre— Adrián me dio mi primer beso. Fue tan hermoso,
jamás pensé que sería de la manera que él lo hizo y, además, me pidió que yo fuera su novia. ¿No
estás feliz por mí?
En ese momento me quedé en blanco. No podía creer lo que escuchaba; él besó abiertamente a
mi ángel. Entretanto, yo lo hacía en la oscuridad de su habitación como un maldito ladrón. ¿Por
qué de todas las mujeres se fijó en ella? ¿Qué tenía él que yo no tuviera? Estaba divagando entre
mis pensamientos cuando ella tocó mi hombro. Observé la preocupación en sus luceros, le di un
manotazo y salí del estudio. Estar cerca de ella me asfixiaba.
A los tres días después, declararon oficial su noviazgo.
Nunca la había visto más feliz que ese día.
Adrián se ganó el cariño de mis padres y el amor de la persona que amaba. Empecé a sentir
odio y envidia, además de los deseos de hacer algo malo.
Luego de seis meses de noviazgo, ambos anunciaron su compromiso y la llegada de su primer
cachorro. Mi papá estaba que no podía con tanta felicidad; yo sentía asco y rencor.
—¿Por qué has cambiado conmigo? —preguntó con tristeza—. ¿No estás feliz de que espere a
mi primer cachorro?
Golpeé la pared y vi cómo ella se asustaba.
«No, mi amor, jamás te haría daño. Solo quiero tu felicidad, pero yo soy tu felicidad».
—Siempre te he amado —solté lo que había guardado por años—. He estado enamorado de ti
desde siempre. Tú eres la mujer que nació para mí, tú no eres mi hermana, eres la mujer que deseo
con todo mi ser.
—¿Estás loco, Joaquín? —espetó, neutra—. Soy tu hermana y eso no puede pasar. Además, me
voy a casar y no puedo aceptar eso. No es normal que me ames de esa manera.
Esa tarde Analía abandonó nuestra casa.
Un mes después estaba en la iglesia mientras Adrián esperaba con ansias a su esposa. Observé
a Analía llegar al altar y sonrió cuando agarró la mano de su destinado. En eso hice lo que me
mataría por años la conciencia. Cuando el padre estaba a punto de gritar ante los ojos del mundo y
de Dios que estarían juntos por la eternidad, un hombre se levantó y le disparó en la cabeza y en la
espalda. Todos se lanzaron sobre él, pero se quitó la vida antes que lo apresaran.
Su hermoso vestido blanco ahora estaba de color rojo… como su cabello. Nadie pudo hacer
nada por ella.
El entierro fue triste, demasiado, diría yo.
Ese día no lloré porque sabía lo que había hecho, y me dio miedo al darme cuenta que no me
sentía culpable por eso. Luego de dicho acto atroz, Adrián se fue a Europa y nunca más regresó…
Hasta ahora. Se enamoró de nuevo y eso me daba rabia.
¿Acaso mi hermana era reemplazable? Ese maldito no merecía ser feliz y le iba quitar otra vez
toda su felicidad.
—Aquí ninguno de los dos será feliz —mascullé.
Hana se sorprendió al escuchar el relato de Adrián. Sabía que era normal que antes que se
conocieran estuviera con otras personas, pero jamás pensó que había pasado por tanto. Ella sintió
pena por él y por todo lo que pasó. Se levantó de su asiento y lo abrazó con fuerza mientras
besaba su mejilla.
—La verdad es que aún sigo en shock. No pensé que habías pasado por esto… ¿Quién provocó
todo?
—No lo sé, y deseo saberlo, cariño. Analía no merecía todo lo que le hicieron, al igual que el
cachorro que llevaba en su vientre. —Adrián besó la mano de Hana—. Por eso quiero que confíes
en mí. No creas en las palabras de Joaquín, él no es bueno, y él sabe que tú eres mi debilidad. Si
algo llegara a pasarte y a mis cachorros, créeme que esta vez sí me volveré loco.
—Jamás pasará. —Sonrió—. Te lo prometo.
Hana llegó al consultorio y vio cómo su panza había crecido un poco más. Sus cachorros se
movieron al sentir las feromonas de su padre.
El doctor sonrió, preocupado, y Adrián tomó su mano.
—Uno de los cachorros viene con problemas en el corazón. Tienen que ser fuertes por si no
sobrevive en el parto, igual estará bajo cuidado, Hana.
Trató de no llorar y sonrió para animar a su pareja, pero a Adrián le afectó más de lo que ella
creía. Apretó su mano y él esbozó una sonrisa.
—Descuida, mi vida, todo estará bien.
Hana salió del consultorio y Adrián fue a comprar unas medicinas a la farmacia. Una mujer se
sentó a su lado y sonrió con tranquilidad.
—Te miras muy bella con tu pancita.
—Muchas gracias.
Entonces ella sintió un puñal en su costado, vio a la mujer y esta sonrió con malicia. Tembló de
miedo y susurró en voz baja:
—¡No me mates, te lo pido!
—Camina, y si gritas, te irá mal.
Hana se levantó y se fue detrás de la mujer.
Adrián llegó y dejó caer las medicinas al suelo. Sentía una presión en su pecho.
—¡Hana! —rugió.
La locura del alfa y la desesperación de la omega
Hana sintió que en cualquier momento su corazón podría salir de su boca, estaba nerviosa y
sus cachorros lo estaban sintiendo de mi primera mano, pues sentían todas las sensaciones que
vivía. Escuchó el ruido del auto detenerse y abrieron la puerta. Una mano fría la sacó a la fuerza.
Tenía los ojos vendados, así que no sabía exactamente en dónde estaba. Un olor a madera le
provocó algo de náuseas. De repente, las vendas se las quitaron; Hana observó todo el lugar y se
percató que estaba en una biblioteca antigua. Caminó con curiosidad hasta que se encontró un
cuadro grande. Se sorprendió al ver la imagen de una hermosa mujer de cabello rojo y de sonrisa
suave. La otra parte de la pintura estaba rasgada, se acercó más y vio que era Adrián. Abrió
mucho sus orbes al ver la expresión serena del hombre que amaba. Aunque le doliera, tenía que
admitir que ambos hacían buena pareja juntos. Sus cachorros se movieron inquietos cuando oyó
unos pasos. Se dio la vuelta y encontró a Joaquín, quien miraba la pintura con gran devoción,
como si estuviera viendo la imagen de un santo.
—Analía era la mujer más bella que mis ojos han podido ver; ese vestido que llevaba puesto
fue el que usó el día que anunció su compromiso con Adrián —argumentó. Suspiró con pesadez—.
Como desearía verla de nuevo, la extraño mucho. —Tocó la mejilla de Hana y ella se apartó,
asustada—. ¿Sabías que Analía poseía una voz angelical? Cantaba muy hermoso. ¿Tú sabes
cantar, Hana?
—¿Por qué demonios me trajiste aquí?
Joaquín sonrió y acarició su cabello. Hana golpeó su mano y se cruzó de brazos.
—¿Sabes algo, querida? Desde hace ocho años me he sentido realmente solo, y la verdad es
que estar en esta casa ha sido un recordatorio de todo lo que he hecho. Mis padres me odian
porque saben que amaba a mi hermana, por eso quería el poder de los Lemietre y, sobre todo,
quería ver muerto al hombre que me quitó a mi mujer.
—Ella no era tu mujer, era tu hermana, maldito enfermo —respondió con acidez.
Atisbó una silla cerca de ella y se la aventó, para luego salir corriendo, pero Joaquín fue más
ágil que ella, la tomó del cabello y la arrastró en el suelo. Hana empezó a gritar
—No le hagas nada a mis cachorros, maldito.
Joaquín sonrió, divertido, y observó su barriga.
—Descuida, Hana. Ahora todos seremos una gran familia.
Hana abrió los ojos y vio que estaba en una habitación. Quiso levantarse, pero se percató que
estaba atada de piernas y brazos. Joaquín sonrió y caminó hacia donde estaba ella. La contempló
con la emoción en los ojos.
—Te miras hermosa, Hana —sacudió la cabeza—. Analía, te miras muy hermosa. Sabía que
pronto nos volveríamos a encontrarnos.
Hana se asustó al saber que estaba divagando. Joaquín sonrió y le mostró un espejo.
Hana se horrorizó, pues tenía una peluca roja y un vestido de novia. Se removió, pero Joaquín
besó su frente y le puso una uva en la boca.
—Analía, quiero que te quedes quieta. Nada te va a pasar, solo quiero que te tranquilices.
Una mano áspera empezó a tocar la curva de sus pechos. Observó a Joaquín con terror. Él
miraba sus senos con morbo; tocó la punta de su pezón por encima de la ropa haciendo que Hana
se quejara. Se acercó y besó su cuello con hambre. Hana se removió, inquieta, en eso escuchó un
sollozo y cómo gemía en voz baja Joaquín.
Él acarició la marca donde había unido su vida para siempre con Adrián. En eso los ojos de
Joaquín cambiaron a unos más oscuros. Volvió acariciar su cuello cuando empezó a apretarlo con
fuerza.
—¡Por qué dejaste que él te marcara! —gritó—. ¡Yo soy tu alfa, Analía! ¡Yo soy el hombre que
más te ama!
Apretó más el cuello de Hana, mientras que ella tosía desesperada, empezó a removerse
inquieta en la cama.
Ambos escucharon una exclamación.
—¡Hana! —rugió Adrián haciendo que las ventanas de la habitación temblaran. Joaquín dejó de
apretar su cuello y sonrió, emocionado.
—Amor, creo que tenemos un invitado no deseado. No hagas nada estúpido, sino mataré a esos
bastardos que llevas en el vientre.
Joaquín bajó y vio cómo Adrián gruñía.
A su lado estaban otros dos hombres. Se carcajeó.
—Después de ochos años tienes el descaro de pisar mi casa. ¿Cómo te atreves, maldito
bastardo?
—Regrésame a Hana y te prometo no matarte.
Joaquín se quedó en blanco, luego volvió a reír.
—Yo no conozco a ninguna Hana. Los únicos que estamos en esta gran casa solo somos mi
amada ángel, Analía, y yo, nadie más.
Adrián se quedó sorprendido al escuchar ese nombre. Tenía que ser una broma. Ella estaba
muerta, él la vio morir ante sus ojos… Eso solo era un juego por parte de ese loco.
—¿Acaso no me crees? —curioseó Joaquín. Llamó a uno de sus empleados y le susurró algo en
el oído—. Analía… Sabes que es muy tímida, pero ella estará feliz de verte.
Adrián escuchó unos pasos y miró cómo alguien bajaba de las escaleras. Su corazón se detuvo
por unos segundos.
—¡Analía!
El alfa que se despide de su pasado
Adrián estaba pálido. Sus ojos se abrieron de par en par como cortinas en un día soleado, su
respiración se volvió errática y su cuerpo estaba pesado. Sabía que Analía estaba muerta, él
mismo la vio caer al suelo mientras se ahogaba en su propia sangre. Sin embargo, ahí estaba ella
con el vestido del día de su boda y sus luceros tan radiantes como unas gemas. Sacudió su cabeza
y se dio cuenta de lo que realmente estaba pasando. Ella no era Analía, era su omega Hana, la
persona de la cual se enamoró de nuevo y que le había vuelto a abrir los orbes para darle de
nuevo una oportunidad de amar, más ahora que ella que llevaba en su vientre a sus dos cachorros.
Adrián observó cómo el cuerpo de Hana temblaba del miedo de lo que sea que podía hacer ese
demente. Se acercó con paso suave hacia él, pero Joaquín movió su cabeza conociendo las
intenciones de su contrario.
—Ni se te ocurra moverte o sino a mi bella Analía no le va a gustar repetir el pasado, ¿cierto,
mi amor? —satirizó. Hana sollozaba en voz baja—. ¿Acaso no te piensas ir? —preguntó aburrido
—. Mi esposa y yo estamos cansados, sería mejor que te fueras.
—¡No me voy ir, maldito! —respondió con molestia—. Dame a mi omega —levantó la voz con
haciendo énfasis en las últimas palabras.
Joaquín se rio.
Su risa retumbó por toda la casa; la escena daba miedo para cualquiera que fuera sensible a ese
tipo de actos.
—Te lo voy a repetir de nuevo: dame a mi pareja y tendré piedad de ti. —Extendió su mano
para que le entregara su omega.
Joaquín se quedó en shock y acarició el cabello de Hana, cuando de la nada le quitó la peluca
que llevaba puesta. Contempló el cabello rojizo falso y lo tiró al suelo. Hana intentó correr, pero
la detuvo con la mano mientras enterraba sus uñas en su mano derecha. Ella se quejó del dolor y
Adrián rugió en advertencia para que no le hiciera nada malo a su omega, Bryan intentó acercarse
a Adrián, mas sus feromonas eran tan fuertes que lo hacía tambalear en su lugar. Kevin observó
algún lugar para distraer a Joaquín, para así poder liberar a Hana de sus garras.
—¡Tú no eres Analía! —La agitó con odio y Hana lo golpeó—. ¡Maldita impostora! ¡Tú no eres
mi hermana!
Joaquín levantó su mano para golpear el rostro de Hana, cuando alguien lo detuvo en el intento.
Alzó la vista y vio que los ojos de Adrián se volvieron más oscuros. Asimismo, gruñía más fuerte.
Joaquín sonrió con burla y empujó a Hana con fuerza hacia el suelo. Bryan fue rápido y la
atrapó antes que tocara el frío piso. El ambiente estaba tenso y eso se podía sentir inmediatamente
en el aire; las feromonas de ambos estaban ahogando a los presentes. Adrián intentó golpear a
Joaquín, pero este lo esquivó con una gracia magistral. Bryan abrazó a Hana y la envolvió con sus
feromonas para tranquilizarla, no solo a ella, sino también a sus cachorros.
—Bryan, tengo mucho miedo de lo que vaya a pasar. En estos momentos Adrián ha perdido los
estribos y está actuando como un alfa de verdad.
Kevin se acercó a ellos. La joven se apartó del abrazo cálido de Bryan, que estaba ocupando el
lugar de su alfa para calmarla, pero fue inútil. Sus cachorros se movían inquietos y su corazón no
había aceptado ese nuevo calor.
Hana observó cómo Adrián se había lanzado sobre Joaquín; peleaban con garras y dientes como
dos lobos salvajes. La camisa blanca que tenía puesta Adrián se volvió añicos; su cuerpo estaba
más fornido y tenía una agilidad sorprendente. No se comparaba a la de Joaquín.
Adrián le dio un zarpazo en el pecho a Joaquín con sus uñas, de este modo hirió su pecho al
instante. Su alfa era un lobo dominante y no humano, no como lo conoció.
Kevin tomó la mano de Hana para salir del lugar. El aire estaba denso y eso los podía matar a
los tres si seguían viendo cómo peleaban.
—Nos tenemos que ir, Hana. —Kevin jaló su mano con valentía—. Adrián es un sangre pura, él
podrá cuidarse solo.
—¡Es mi pareja! —protestó—. Es el padre de mis cachorros y no puedo dejarlo solo.
Bryan suspiro y levantó a Hana en estilo princesa. Sabía que la omega era muy testaruda y no le
iba a hacer caso en irse, así que tomó medidas muy extremas para proteger a la omega. Adrián
contempló cómo se llevaba a su pareja y realizó un chillido a Bryan que significaba que la cuidara
por él.
Bryan sonrió y salió de la casa. Hana se removió, inquieta, pero su amigo y su nuevo cuñado no
la dejaron libre.
—¡Cuídate mucho, Adrián!
Llevaba años que no peleaba. A pesar de que superaba en fuerza a Joaquín, se sentía como un
cachorro peleando por comida.
Joaquín no era de buena masa corporal, mas era ágil como una serpiente y daba zarpazos en los
lugares correctos. Adrián se sentía casado, pero quería detener esta locura. Lo que más deseaba
era proteger a su omega y a sus cachorros; eso le daba la suficiente energía para seguir en lo que
estaba haciendo.
—Eres un idiota, Adrián —se mofó Joaquín mientras le daba una patada en el estómago. Su
contrincante se tambaleó—. No sé qué vio en ti Analía, si solo eres un alfa imbécil que se cree el
mejor solo porque es un sangre pura.
—No metas a Analía en esto —masculló—. Estoy pagando por todo lo que hiciste en el pasado,
pero no vas arruinar mi felicidad con Hana.
Adrián golpeó su mejilla y vio cómo Joaquín sacaba sangre.
Él se limpió la boca y sonrió con malicia al ver el cansancio en los ojos de Adrián.
—¿Sabes, amigo? Te voy a contar un secreto —sonrió—: Yo amaba a Analía, siempre la amé.
Ella era lo mejor que me había pasado en el mundo. —Lo escrutó con molestia—. Sin embargo, tú
me arrebataste lo que era mío y no soporté verla así —pasó a escudriñar sus manos—, así que yo
la maté junto a cachorro.
Adrián sintió cómo un calor llenaba su cuerpo y lo renovaba. Echó a correr para lanzarse sobre
Joaquín mientras golpeaba su cara una y otra vez. Pese a que lo golpeaba y miraba la sangre en su
rostro, al igual en sus manos, él no pedía piedad por su vida.
Joaquín lo empujó y sonrió.
—¡Yo la maté! —vociferó.
En eso escuchó un disparo.
Joaquín se tumbó en el suelo. Entretanto, salía un charco de sangre a su alrededor.
Adrián se levantó con dolor en el cuerpo y vio el alivio en los ojos de la persona que había
disparado, como si se hubiese liberado de todo el dolor que llevaba en su pecho. El anciano se
acercó de nuevo, disparó en la espalda y cabeza del hombre extendido en el gélido piso. El viejo
sujeto sollozó en voz baja.
El alfa anciano sonrió.
—Gracias, hijo mío, por haber hecho feliz a mi bella hija. —Limpió sus lágrimas—. Mi esposa
y mi hija están en el más allá, ahora es mi turno de estar con ellas.
Adrián se incorporó rápido, pero el anciano se había disparado en la cabeza.
Se cubrió la boca mientras caía al piso de la impresión. Escuchó el grito de una mujer y el
abrazó cálido de su omega.
—¿Quién es él? —preguntó Bryan sorprendido por la escena que estaba viendo.
Adrián puso su cabeza en el pecho de Hana, para luego responder con tristeza:
—Era el papá de Analía y Joaquín.
Se desvaneció. Todos gritaron y empezó a oírlos muy lejos.
Adrián miró un campo de margarita, las favoritas de Analía. Oyó una risa que se le hacía muy
conocida para él y corrió hasta el lugar donde se escuchaba, cuando vio a una mujer de espaldas
con el cabello rojo mientras cargaba un cachorro de algunos dos años. El cachorro jugaba con una
flor y sonreía alegremente.
La mujer se dio la vuelta y sonrió. Era Analía.
—¿En serio eres tú, o ya me he vuelto loco?
Analía rio en voz baja y dejó a su cachorro jugar con una mariposa que estaba siguiendo con
curiosidad.
—Siempre has estado loco. ¿Sabes? Jamás pensé que estaría en un campo de margarita.
Siempre nuestro sueño era vivir en uno donde hubiera muchas y ver cómo nuestro cachorro crecía
y se volvía en un gran hombre como tú.
—Me dolió mucho perderte.
—Creo que no fue la mejor despedida, pero mi hijo y yo estábamos felices de verte. Sé que
serás un gran padre y que tu omega te ama mucho.
Analía observó el cielo, luego sonrió.
—Este lugar no es para ti, mejor entra por esa puerta —señalo una y sonrió con alegría—. Te
deseo lo mejor, Adrián.
Adrián caminó inseguro hacia la puerta, pero se dio la vuelta. Abrazó a Analía y a su pequeño
ángel.
—Hasta pronto, Analía.
Abrió los ojos y halló la felicidad en los luceros de Hana. Ella lo abrazó y correspondió el
abrazo, muy gustoso. La joven limpió sus lágrimas y besó su mejilla.
—Gracias por amarme.
Sonrió.
—Lo haré hoy, mañana y siempre… hasta que me muera.
La unión hace a los Lemietre más fuertes
Después del incidente en la casa de Joaquín, la noticia cayó como balde de agua fría para
algunos empresarios al darse cuenta del suicidio del papá de ese hombre. Todo el mundo aún
seguía anonadado por lo que sucedió, pero la muerte de esa familia quedó como una historia de
terror. El hogar nadie la compró.
Esa tarde había acompañado a Adrián a dejar un ramo de flores en la tumba en donde
descansaba Analía; todavía se miraba la tristeza en sus ojos al ver el lugar. Sin embargo, sonrió y
besó mi mano.
Mi panza crecía cada día más. Mis cachorros se movían emocionados cuando sentían a su padre
cerca. No me arrepentía de haber elegido a Adrián, es más, estaba agradecida en la forma en que
lo conocí, pero lo que aún me tenía preocupada era el corazón de uno de mis cachorros y que la
probabilidad de que mi parto fuera inducido.
Según Mason, dado a mi condición de omega recesiva, el parto iba a ser prematuro y eso me
angustiaba porque sabía que mis bebés todavía no tenían los nutrientes necesarios para salir y
conocer el mundo que los esperaba. No obstante, a pesar de eso ambos anhelábamos la llegada de
nuestra primera manada; Adrián casi todos los días tachaba con una x la llegada de los pequeños.
—Cada día te vez más hermosa con tu pancita. El aire de ser mamá te está asentando muy bien,
querida —comentó Adrián.
Entretanto, me aplicaba una crema para las estrías.
No me sentía cómoda con los cambios que había sufrido mi cuerpo, pero eso no le importaba a
mi alfa, pues siempre me besaba y miraba mi cuerpo como lo más bello del mundo. Eso me hacía
sentir más amada de lo que ya era.
—¿Ya pensaste en un nombre para los cachorros? —Sonrió de lado y se cruzó de brazos
mientras miraba la barriguita como si los cachorros fueran a hablar—. Uno se va a llamar Adrián
y el otro Adrián Jr.
Golpeé su hombro por su ocurrencia. Él se rio como respuesta.
Sabía que no le había dolido ni un poco el golpe.
—Ni a tus hijos ni a mí nos gusta ese nombre. —Si Adrián tuviera orejas de lobo, estas
bajarían—. Mejor debemos esperar un poco más que crezcan y buscar más opciones. —Besé sus
labios—. ¿Has hablado con Masha?
—Sí, ayer hablé con ella. Está muy nerviosa. Bryan dijo que estaría con ella en el tribunal para
darle ánimos.
—Sé que le irá muy bien. Por fin estará libre de ese hombre. Lo más importante es ayudarle y
darle ánimos. ¿Y tú Papá aún no le habla?
Adrián negó con tristeza.
—Izana es un hombre soberbio y muy orgulloso. Además, no sé por qué se empaña en meterse
en las decisiones de nosotros, aunque me dé pena decirlo, para él sus únicos dos “orgullos” somos
Stefanie y yo, ya que ambos somos alfas, y tristemente Kevin siempre lo vio como alguien más del
montón. Respecto a Masha... —se encogió de hombro— era su joya preciosa y su muñeca
mimada. Al saber que no pudo dominarla, sintió que había perdido a su juguete. Es triste, pero así
es mi papá. Mi mamá solo es una omega sumisa achatada a la antigua.
—Es triste escuchar eso. Entonces ellos no saben que estás esperando un cachorro de una
omega como yo, ¿verdad?
Me abrazó y besó la marca donde nos unía a ambos.
—No hables de esa manera sobre ti. Sabes que te amo y me enamoré de ti, así que no te refieras
a ti misma de esa forma tan despectiva. Lo llamé y le dije que iba a ser papá, solo se rio y me
contestó: “Siento lástima por tus cachorros”. Eso fue hace dos semanas, es una lástima que sea así.
—Me recostó a su lado y agarró mi mano con fuerza—. Mis cachorros y tú son la única familia
que más me importa en este mundo.
—¿Y tus hermanos?
Alcé la ceja, divertida.
—¡Bah! —exclamó, risueño—. Ellos ya son un combo extra.
Reí ante sus palabras y me acosté en su pecho. Para mí también Adrián era lo único que tenía en
este mundo.
Hana estaba feliz y, además, nerviosa. Por fin iba conocer a sus dos cachorros.
Buscó la mano de su pareja y este la besó con cariño. Ambos entraron al quirófano.
Masha no había dejado de rezar, al igual que Silvia. Sus parejas no eran tan creyentes, pero en
ese momento lo único que deseaban era un milagro para salvar la vida de los cachorros que
venían en camino.
—Tengo mucho miedo —susurró Silvia.
Kevin la abrazó y ambos rezaron en silencio.
Adrián en ningún momento soltó la mano de su pareja. Sabía que no era muy tolerante a la
sangre, pero por ella haría lo imposible por estar a su lado. En eso ambos escucharon el sonido
más hermoso del mundo.
Hana lloró al ver a sus cachorros; la enfermera los pegó a su pecho para que ambos sintieran el
calor de su madre. Adrián no podía contener las lágrimas.
Los bebés sollozaban. Uno de ellos se quedó en silencio. El doctor y la enfermera se los
llevaron a otra habitación con Hana tras de ellos.
Adrián sabía que algo no estaba bien.
Siguió al médico y vio que otro doctor le ponía oxígeno a su hijo.
—¿Qué le están haciendo a mi hijo? —inquirió preocupado.
Una de las enfermeras se acercó y lo tranquilizó.
—Lo vamos a llevar al quirófano para que le hagan una cirugía de corazón abierto. Él corazón
de su cachorro está muy débil, así que... —suspiró con pesar— hay pocas probabilidades de que
sobreviva.
Adrián sintió que su mundo se cayó a sus pies.
—Pero si solo es un cachorro recién nacido y, además, es prematuro —sollozó—. Deberíamos
esperar más tiempo.
—No se puede. Como su mamá es una omega recesiva, en estos casos se tiene que hacer lo más
pronto posible. Yo le recomendaría que rece y espere la voluntad de Dios.
Adrián entró a la habitación de Hana. No era necesario hablar; ambos se abrazaron y lloraron
en silencio ante lo que estaba ocurriendo. A pesar de que Hana se moría por estar en la cirugía,
necesitaba descansar. Adrián esperó en la sala y sintió una mano en su hombro, levantó la vista y
vio que era su papá. Se enderezó en el asiento y limpió sus lágrimas.
—¿Qué haces aquí? —respondió tajante—. Si no vienes a ayudar o dar palabras de consuelo,
entonces no te quiero aquí.
Izana suspiró.
—Mason me llamó y me dijo lo que estaba pasando. ¿Sabes? Puedo ser todo lo que quieras,
pero no dejaría a mi hijo pasar por este dolor. Ya tu mamá está consolando a tu pareja y yo estoy
aquí para darte apoyo. Sé que no he sido un buen padre y siempre me ha importado más el dinero.
Sin embargo, son mis hijos, y en esa sala está mi nieto, así que daré lo mejor de mi en apoyarlo y
darles mi cariño… ¿Me perdonas?
Adrián lo abrazó y se lamentó con amargura. En ese momento tenía que dejar atrás el orgullo y
el odio.
El doctor llegó y ambos se levantaron.
—Necesito saber si alguien es de tipo de Sangre O negativo, es para el bebé.
—Yo soy de ese tipo de sangre —contestó Izana—. Si necesitan que le den toda mi sangre, no
me importa, solo salve al cachorro.
—Lo intentaremos, señor.
Hana cargó al pequeño Ian entre sus brazos mientras caminaba hasta el cuarto en donde estaba
el pequeño Hector.
Hana sonrió al oír el chillido suave de su cachorro.
—¡Bienvenido, mi amor, a este mundo! —exclamó.
El anillo del alfa
Ser padres primerizos era una de las mejores batallas del mundo.
Una cosa era ser padre de un hijo, pero tener gemelos era algo fuera de este mundo. Ambos
cachorros dormían todo el día para estar despiertos toda la noche hasta pasadas las dos de la
mañana. El hermoso rostro de Adrián ahora tenía grandes ojeras y un poco de talco de bebé en la
mejilla. A pesar de que ambos se cansaran de estar lidiando con los inquietos cachorros Lemietre
Roys, la sonrisa de ellos valía toda la pena. Solo dos veces encontraron al pequeño Hector azul
porque no podía respirar. Siempre que lo llevaba al hospital sentía una gran angustia.
Aunque la cirugía fue un éxito, todavía Hector era muy pequeño para sanar, así que de vez en
cuando tenía que estar bajo observación, pero eso solo fue en el primer mes. Luego de eso ya no
tuvieron mas sorpresa.
Adrián era feliz con sus dos pequeños cachorros.
Los tres peleaban por la atención de Hana.
Si Adrián se acercaba para abrazarla, de inmediato los dos cachorros empezaban a llorar hasta
que los cargaba y se quedaban dormido. Una tarde, mientras le estaba dando pecho a Ian, este la
mordió. Adrián se puso en alerta y así se dimos cuenta que era un alfa de sangre pura.
—¿Un sangre pura? —inquirió anonadada mientras que Mason le hacía cosquillas en la pancita
a Ian—. ¿Acaso no es muy pequeño para saber su género?
—La diferencia entre un alfa normal y un sangre pura, es el desarrollo que hay entre ambos —
explicó—. Verás, los alfa normales empiezan a crecer casi igual que un beta. Entretanto, los
sangre pura tienen un proceso de crecimiento más rápido. Sin que ustedes se den cuenta, antes del
año van a caminar y quizás a hablar. —Hector observó a su hermano y sonrió—. Te recomiendo
que casi no le des pecho. Los sangre pura normalmente absorben el calcio de la madre y te pueden
debilitar. No tengas miedo, Hana, ellos no son vampiros, solo que así es su genética, sino que te lo
diga tu novio.
Amaba cada momento que pasaba con sus tres hombres, pero sentía que algo más le faltaba a su
familia.
Cada día mis cachorros crecían más, ya se miraba quién de los dos iba a ser el más inquieto y
el otro el más calmo. Hector siempre se la pasaba durmiendo o viendo hacia todos lados. A veces
se perdía entre los colores de la televisión con los programas infantiles que ponía la niñera
cuando yo no estaba. Todo lo contrario a Ian, que era la hiperactividad en personas. No le gustaba
estar en un solo lugar, siempre tenía que estar fuera de su cuna.
Si uno no lo vigilaba, se movía inquieto y hasta llamaba nuestra atención. Amaba estar en los
brazos de Adrián. Siempre lloraba para que lo cargara y lo meciera mientras que lo observaba
fijamente cada vez que hablaba. Él siempre le respondía con un: Bababapu.
Lo mismo pasaba si Ian miraba a Izana; lloraba para que el alfa mayor lo mimara.
Despedir a Masha fue triste.
Adrián y Kevin amenazaron a Bryan hasta que Silvia y yo le jalamos las orejas para que no
atormentaran al pobre de Bryan, quien ya estaba cohibido por tanto acoso del alfa y del beta.
Abracé a Masha. Ella lloraba en mi hombro, sabía que la próxima vez que la viera sería en una
revista de moda.
—A bientôt, mes amours —gritó ella desde la zona donde te revisaban para subir al avión.
Kevin tomó a mis niños. Contempló con complicidad a Adrián y este alzó la ceja como en señal
de confirmación. Silvia me jaló del brazo y empezó a caminar conmigo a la sala.
La observé con duda y la seguí.
La pareja se subió al auto y subieron las sillitas de los bebés atrás. Quise hablar, pero Silvia
sonrió con entusiasmo.
—Solo vamos a pasar una tarde de amigas como siempre lo hacíamos. Después te llevaremos
con Adrián. Simplemente disfruta este día. —Sonrió.
Fuimos a un restaurante a comer marisco.
También los bebés estaban calmados. Eso me decía que algo no estaba bien.
Le volví a preguntar a Silvia si algo sucedía, pero ella solamente negaba y chillaba de vez en
cuando al ver su celular. Pasada las ocho de la noche, llegamos al apartamento donde vivía con
Adrián. Silvia me detuvo.
Negó.
—Estoy cansada, Silvia. Necesito darme un baño y darle de comer a los niños, sino después
estarán inquietos.
Silvia volvió a negar.
—Míralos, están bien con el tío Kevin. —Los bebés rieron como confirmando lo que decía la
beta—. ¿Sabes? Quiero enseñarte algo; está en la parte de arriba del apartamento.
—¿Y ahí qué puede haber? —pregunté, confundida.
—Solo acompáñame, que quiero salir de la duda de algo que me contaron.
Seguí a Silvia hasta la parte de arriba, pero no vi nada fuera de lo común, solo que todo estaba
completamente oscuro y que olía algo a Moho. Eso me causaba algo de asco. Me di la vuelta para
decirle que no había nada y que perdía el tiempo. En eso vi que estaba sola y me empecé a sentir
ansiosa porque le tenía horror a la oscuridad.
—Silvia, ¿dónde estás? —la empecé a llamar—. Si esto es una broma, te digo desde ya que no
es nada divertido.
Mi teléfono empezó a vibrar.
Lo saqué del bolsillo de mis pantalones y vi que era un mensaje de Silvia.
Me acerqué con algo de miedo para no dar un paso en falso y caerme. Levanté la vista y vi
cómo el apartamento de al lado se iluminaba. Miré con curiosidad las palabras que decía y luego
vi cómo unos vecinos sacaban algunas pancartas en grande.
Aunque todo el mundo dijo que lo nuestro sería imposible, no me puedo imaginar estar sin ti
y con otra persona que no seas tú, así que...
—¿Que no sea tu qué? —grité desde el otro lado para que me escucharan.
Sentí que alguien me abrazaba por detrás y me susurraban en el oído:
—Que no seas tú a mi lado.
Me di la vuelta y sonreí al ver a Adrián. Se puso de rodillas y sacó un anillo.
—¿Te quieres casar conmigo?
Me quedé sin palabras.
Adrián me observó ansioso al ver que no hablaba.
—Dime algo, que siento que lo único que tengo en mi estómago me hará daño.
Me lancé encima de él y besé sus labios mientras que gritaba con alegría.
—¡Sí quiero!
Colocó el anillo en mi mano y besó mi dedo con una gran sonrisa. Escuchamos unos pasos y una
risa. Aún los dos seguíamos en el suelo. Kevin le cubrió los ojos a los cachorros y se empezó a
carcajear.
—Aún los niños están pequeños para tener otros dos hermanitos.
—¡Cállate, Kevin!
Adrián sonrió y besó mis labios.
La esposa del alfa
Mi persona favorita
Tiene la cara bonita
Tiene un ángel en su sonrisa
Un año después...
París, Francia
Seis meses después…
Masha sonrió ante las cámaras después de mucho tiempo. Se sentía de nuevo en casa con las
luces de los focos en su rostro mientras que hacía muecas y modelaba los nuevos diseños del mes.
Todo en su vida fue un sube y baja; desde el fracaso de matrimonio que tuvo, hasta el reencuentro
que volvió a tener con su viejo amor del pasado, pero por extraño que era el destino o quizá la
vida, estaba de vuelta con la persona que sí amaba. Y luego de mucho tiempo volvió a sentir lo
que era ser amada y volver a amar. Para Bryan viajar a otro país fue lo más caótico para él. Para
empezar, no estaba acostumbrado al estilo bohemio de la ciudad. Segundo, aprender un nuevo
idioma fue un balde de agua fría para su cabeza. En la escuela donde estudió francés entre las
asignaturas no era lo mismo la enseñanza básica que te de daban que hablarlo todos los días
mientras que usaba algún traductor. Encontrar trabajo también fue una experiencia abrumadora, y
es que los alfa por costumbre tenían que ser los proveedores del hogar. Al no encontrar trabajo,
sentía mal que solo su pareja llevara la carga del nuevo hogar que estaba empezando a formar. Sin
embargo, a pesar de que los primeros meses fueron duros para la pareja, pudieron sobrellevar
este nuevo inicio juntos.
Masha buscó la mano de su pareja.
Escuchaba el murmullo de las personas.
Era la semana de la moda y grandes gurú de la moda europea estarían ahí.
Sí, estaba ansiosa porque, pese a que estaba dándose a conocer en el mundo de la moda,
todavía sentía nervios de no ser tan bien recibida a como ella esperaba.
Bryan besó su mejilla para darle algo de ánimos y que modelara como en los videos que ella le
había mostrado una noche mientras que él le ayudaba a caminar con tacones altos.
—¡Tengo miedo, cariño! —soltó Masha con voz vacilante.
Su pareja liberó sus feromonas para darle serenidad a su omega.
—Masha, tú eres la mujer más bella que mis ojos han podido ver en el mundo. —Sonrió
orgulloso Bryan—. Sé que todos se volverán locos al verte con esos vestidos de noche, y si te
sientes ansiosa, yo estaré entre las personas para darte confianza. —Besó sus nudillos—. Te amo,
y sé que eres perfecta como eres.
Masha besó sus labios y llegó uno de los organizadores a separarlos para que ella se apresura a
maquillarse.
Bryan se sentó en una de las sillas que estaban adelanta para ver cómo comenzaría el evento de
la noche. Una música suave y sensual le dio el toque para empezaran a salir las primeras modelos
a exhibir su nuevo conjunto. Algunas personas que estaban a su lado empezaron a cuchillera entre
ellos mientras que anotaban algo.
Bryan sabía que Masha, a la hora de que tomar cualquier acción, era muy valiente y eso era lo
que más amaba en ella.
Después de que pasaran las primeras modelos, empezó a sonar la canción de How do deep your
love. Los trajes de las modelos eran muy distintos a las primeras que habían pasado a modelar.
Estos eran más finos y tenían algunos cortes provocativos. Bryan sintió una molestia al ver a su
pareja con un vestido negro con algunos cortes en la parte de atrás y adelante, mostrando sus
maravillosas piernas y espalda. Gruñó en voz baja al escuchar los piropos que hacían a su pareja.
Levantó la vista y observó la mirada coqueta que ella le dirigía.
—¡Soy un tonto! —se susurró—. Ella solo tiene ojos para mí, y yo para ella.
Todo el evento fue un total éxito. Algunos críticos no solo estaban enamorados de los nuevos
diseños, sino de la modelo que les había dado vida y gloria.
Bryan besó sus manos y fue empujado por unas personas que querían hacerle una entrevista a
Masha. Se sintió mal de saber que, pese a que estaba a su lado, había una gran barrera que los
separaba.
Masha sonrió a los entrevistadores e hizo una leve reverencia.
Buscó a su pareja entre los demás y lo besó delante de todo el mundo. Las luces inmediatamente
lo enfocaron a la pareja.
—¿A dónde crees que vas? Sé lo que estaba pasando por tu mente. Me gustas, Bryan, eres la
persona que yo escogí para mí. Te amo.
Cuatro ojos lo miraron con intensidad a través de la pantalla. Bryan suspiró nervioso porque no
sabía qué responder a los interrogantes de sus dos amigas. Silvia puso los ojos en blanco al ver a
su ex novio ansioso por lo que estaba a punto de hacer, Hana sonrió y le hizo la forma de un
corazón con sus manos para animarlo.
—¡Vamos, amigo, tú puedes! —Sonrió Hana con emoción, al igual que los gemelos, que
balbuceaban animados de lo que sea que provocaba alegría en su mamá—. Masha es una gran
chica, y tú también.
— Hana tiene toda la razón, ya llevan tiempo juntos. Es bueno que le des el anillo y te cases
con ella.
Bryan suspiró derrotado ante el cúmulo de emociones que sentía.
—¡Estoy nervioso! ¿Y si no soy el alfa que ella tanto ha estado esperando?
Silvia gritó, frustrada:
—¡Ella te ama! ¡Demonios! Haz la cita como habías dicho y todo estará bien. Solo confía en ti.
Te dejo, que mi prometido viene en camino.
Hana sonrió.
—Todo saldrá bien. Manda fotos de la proposición de matrimonio. Cuando tengas la fecha lista,
volaremos inmediatamente a Francia. —Ian besó la mejilla de su mamá y ella sonrió con alegría
—. Los niños están hambrientos, me tengo que ir. Todo saldrá bien, solo confía en ti.
—¡Lo haré!
Bryan esperó a Masha en la cafetería que quedaba cerca de su trabajo. Estaba moviendo la
pequeña caja que tenía entre sus manos cuando la observó caminar.
Bryan a veces no podía creer que estaba con alguien tan hermoso y tan fuera de este mundo.
Masha era hermosa, no solo en su físico, también en su personalidad. Era tan inocente, a pesar
de que en la intimidad era más sensual y erótica, pero amaba cada cosa de ella. Masha se acercó y
besó su mejilla. Entre las omega de sangre pura no estaba bien visto darse besos en la boca en
lugares públicos; eso daba mal aspecto y daba de qué hablar. Sin embargo, sabía que ella siempre
rompía las reglas, así como lo hizo el día de la semana de la moda.
Bryan guardó la caja y ordenaron un café mientras que conversaban de lo que pasó en todo el
día.
Aunque llevaban pocos meses en la ciudad del amor, ya habían visitado algunos lugares. Tomó
la mano de su pareja y caminaron entre algunas avenidas donde exhibían alguna pintura o
cualquier obra de teatro callejera.
Bryan estaba nervioso y sus feromonas lo delataban.
—¿Estás bien? —preguntó Masha, preocupada—. Huelo que estás algo nervioso. ¿Te cayó mal
el postre de la cafetería?
Bryan negó.
—Solo estoy con algo de calor.
Siguieron caminando hasta que llegaron a la torre Eiffel.
Masha besó la mejilla de su novio y restregó su cara en ella como una muestra de afecto, de
este modo también lo envolvió con su olor.
Bryan se puso delante de Masha y suspiró nervioso mientras tragaba saliva. Masha lo miró con
sorpresa.
—¿Qué sucede, Bryan? —inquirió confundida al ver a su pareja actuar extraño.
Bryan volvió a suspirar. Entonces cantó:
—Te lo estoy diciendo suavemente, esta noche tú eres mi ángel.
Algunas personas se acercaron curiosos al escucharlo.
Masha sonrió emocionada, pues era la primera vez que escuchaba cantar a Bryan.
Sabía el amor que tenía el alfa por la música, ya que tocaba algunos instrumentos.
—Te amo. Y quiero que en esta noche seamos uno solo, solo te digo. Donde quiera que estés,
siempre te haré sonreír. Donde quieras que estés, yo siempre estaré a tu lado. Y te prometo por
siempre porque...
Masha abrió mucho sus orbes cuando vio a Bryan arrodillarse.
Todas las personas empezaron a chillar de la emoción mientras que tomaban algunas fotos.
—Masha, siempre te he amado. Desde la primera vez que te vi, me enamoré completamente de
ti. Sé que el destino nos separó, pero, a pesar de eso, tú naciste para estar a mi lado porque eres
mi complemento perfecto. ¿Te gustaría casarte conmigo?
Masha extendió su mano y asintió con la cabeza.
Esa noche selló su amor para siempre.
Después de que ambos gritaron al mundo que siempre estarían juntos, bailaron en compañía de
sus seres amados y amigos.
Masha, después de mucho tiempo, se sentía perfecta, pues encontró a su otra mitad. Aunque
hubo obstáculos en el camino de ambos, pudieron encontrar la felicidad.
Bryan se subió al escenario con una guitarra y tomó el micrófono.
—Cuando te propuse matrimonio dije que iba terminar lo que había empezado a cantar, y así
será.
»Por mucho tiempo, por favor, quédate conmigo hasta la muerte. Quédate conmigo.
Continuamos. Donde quiera que estés, siempre te haré sonreír. Donde quiera que estés, siempre
estoy a tu lado. Lo que digo son mis sentimientos por ti. Te prometo “por siempre” ahora
mismo. Donde quiera que estés, nunca te haré llorar… porque te amo.
Un nuevo comienzo inició para ambos.
La química perfecta
Kevin siempre pensó que nunca llegaría a sentir nada hacía a alguien. Para él su único mundo
era los tubos de ensayo, los químicos que utilizaba para crear medicamentos y solamente eso.
Nunca fue una persona enamoradiza, todo lo contrario, era una persona demasiado tímida. Fue por
causa de su timidez que perdió grandes momentos con posibles conquistas. Él no tenía el carácter
juguetón de Stefanie, tampoco la presencia excitante de Adrián, y menos la belleza casi angelical
de su hermana menor Masha. Él simplemente era un beta común y corriente que no esperaba nada
más de la vida. Al menos así pensó cuando conoció a la persona más interesante que la vida le
pudo poner en su camino. Kevin no era fiestero, pero esa noche agradeció la fiesta porque había
encontrado el ingrediente perfecto para él.
Silvia era tan opuesta a él, y eso le gustaba.
Siempre que estaban juntos lo asociaba con algo de la tabla periódica o con algún compuesto
químico. Silvia era una persona muy abierta, no solo con sus sentimientos, sino también en lo que
pensaba. Era alguien sin filtro alguno y le gustaba esa honestidad de ella, todo lo contrario a él,
que todo lo analizaba meticulosamente. Todo en su vida tenía que tener un balance y ordenarlo con
tranquilidad, además de no dejarse llevar por sus emociones. Aunque algunas veces odiaba eso de
él.
Conquistarla fue un reto, pues era una persona de pocas palabras, así que cuando le dijo que
estaba enamorado de ella, hizo un experimento que terminó en fuego, para luego salir un humo
rosado en forma de corazón.
Otras personas lo mirarían como aburrido y sin nada de gracia, pero para él fue la hazaña más
increíble del mundo.
Mientras ella lo amara, él era feliz.
Kevin dejó a un lado los documentos de una nueva píldora a base de trébol y otros componentes
naturales para ayudar a disminuir el celo en los omega.
Estaba nervioso.
Después de varios meses había tomado la decisión de proponerle matrimonio a Silvia, y pese a
que ya tenía el anillo, no tenía ni la menor idea de cómo decirle que estaba dispuesto a iniciar una
nueva vida con ella. Suspiró nervioso e hizo una videollamada a su hermano mayor y a la pareja
de su hermana menor. Esperó un par de minutos cuando los dos alfas respondieron.
—¿Qué sucede, Kevin? —inquirió Adrián mientras se escuchaba la puerta de su oficina
cerrarse—. ¿Tuviste algún problema?
Kevin negó y buscó las palabras correctas para hablar, pero no podía.
—¿Le vas a proponer matrimonio a Silvia? —respondió Bryan con tranquilidad. Kevin se
quedó en shock al ver la reacción divertida de los dos alfa—. ¿En qué te podemos ayudar?
—Quiero pedirle la mano y casarme con ella, pero no encuentro el momento o la forma para
decirlo. ¿Ustedes qué piensan? ¿Qué piensas tú, Bryan? Después de todo, eres su ex novio.
Adrián rio en voz baja al ver la expresión seria y de molestia de su hermano.
Bryan alzó la ceja.
—Antes que nada, Kevin, quiero que sepas que estoy casado con tu hermana menor. —Bryan
mostró su anillo a través de la pantalla para que los demás vieran—. Sé que ella y yo tuvimos
algo, pero ahora somo buenos amigos, la quiero mucho como amiga. Además, estoy
completamente enamorado de tu hermana
—Perdona, pero tienes razón en lo que dices. Es solo que estoy un poco celoso de que
estuvieras con ella antes que yo. No sé cómo decirle que la amo y quiero estar con ella. ¿Ustedes
qué me aconsejan?
—¿Por qué simplemente no eres tú, hermano? —comentó Adrián con obviedad ante sus
palabras—. Tú le gustas a Silvia así como eres. Solo dile que quieres estar a su lado y ya.
—Silvia es una persona muy sencilla, aunque no lo parezca —agregó Bryan con una sonrisa—.
Haz un bonito detalle que ella nunca pueda olvidar. Sé que hagas lo que hagas, estará feliz.
Kevin siguió hablando una cosa más con los dos alfa hasta que planearon la propuesta perfecta.
Silvia cada vez más estaba enamorada del beta. Pese a que algunas personas pensaran que era
alguien frío, en realidad era muy tierno y muy torpe con alguna de sus acciones. Eso le causaba
ternura, siempre hacía lo posible por hacerla reír o realizar algo lindo por ella, cosa que no estaba
en sus esquemas, pero siempre intentaba dar lo mejor de él.
Fue una noche que notó raro a su novio, como si estuviera distraído en algo más, algo que era
raro en él, ya que, a pesar de ser una persona de pocas palabras, siempre trataba en sacar
cualquier tema de conversación.
Silvia se levantó de su asiento cuando este sonrió, apenado, y la tomó de la mano.
Lo miró extrañada al notarlo más extraño que las primeras veces que empezaron a salir.
—¿Qué es lo que te pasa? ¿Te sientes mal o te cayó mal la comida que hice? —inquirió con
preocupación al ver el sudor en su frente.
—No es nada, solo quiero que me acompañes a la terraza. Preparé algo para ti.
Silvia lo siguió y salió detrás de él.
Observó que todo estaba normal, nada fuera de lo común.
Escuchó maldecir a Kevin en voz baja, cosa que le pareció extraña porque no solía decir malas
palabras. Kevin habló por su celular y luego buscó la mano de su novia.
La beta estaba extrañada cuando vio que en el cielo empezaban a explotar fuegos artificiales.
Silvia tembló porque sabía que le tenía miedo a ese sonido y quiso soltarse, cuando Kevin le puso
unos audífonos en los oídos.
Silvia alzó la ceja y leyó los labios de Kevin: ¡Quédate conmigo y mira arriba!
Las luces se expandían con diferentes colores, en eso escuchó la voz de Kevin a través de los
audífonos.
—Nunca fui bueno expresando mis sentimientos, pero tú era el complemento que necesitaba
en mi vida, y no puedo imaginar una nueva vida sin ti.
Silvia sonrió mientras se enternecía de sus palabras.
—Así como algunos químicos pueden lastimar y destruir algunas cosas, mi amor por ti será
el antídoto perfecto para proteger lo que sentimos, por eso quiero que sepas que…
Silvia escuchó un silencio y se quitó los audífonos cuando vio a Kevin de rodillas. Él tomaba
su mano mientras lloraba en voz baja, estaba emocionada.
—¡Te amo, Silvia! ¿Te quieres casar conmigo?
Silvia se arrodilló y besó los labios del beta con muchas emociones a flor de piel.
—¡Acepto! —susurró con voz suave.
Kevin pensó que vería sus tres hermanos casarse mientras que él simplemente era el padrino de
boda de cada uno de ellos, pero ahora no; él esperaba a su futuro esposa, quien entraba de manera
majestuosa en la iglesia.
Kevin quiso llorar, pero se contuvo, ya que le parecía irreal lo que estaba viendo. Tomó la
mano de Silvia y la besó con cariño. Sentía que en cualquier momento podía explotar de la
emoción que crecía en su interior. Pese a que estudió sus votos dos semanas antes de su boda, dijo
todo lo que sentía en su corazón. Silvia sonrió al escuchar sus palabras torpes pero sencilla.
Y cuando la besó después de prometer ante Dios que sería fiel, fue la mejor parte de todo.
El primer baile fue inolvidable para ambos, pero después de todo, disfrutaron su noche.
La luna de miel fue una experiencia espiritual para ellos. No era sexo, estaban haciendo el
amor, descubriendo el arte de entregarse en cuerpo y alma.
Kevin besó todos los miedos que había impuesto la sociedad por el hecho de ser beta. Abrazó
sus defectos y los aceptó. Ella le brindó un nuevo comienzo a su vida y le dio color a todo aquello
que era soledad en él.
Kevin había encontrado su complemento perfecto.
—¡Te amo, Silvia! —susurró él después de llegar al éxtasis divino.
Su esposa sonrió y besó su mejilla. Entretanto, se acurrucaba en su pecho.
—¡Yo igual!
Un año después...
Kevin no perdía ningún detalle de las trillizas que llegaron una tarde de verano asustando a los
padres primerizo.
Haley, Heather y Holly eran las omegas más tiernas que vio en su vida.
Eran un adorable terremoto. Lo seguían a todos lados mientras se ponían su bata y jugaban con
sus juguetes de doctora.
Silvia besó la cabecita de sus hijas y las observó jugar con unos tubos de ensayo de plástico.
Kevin besó los labios de su esposa y sonrió al ver a sus hijas jugar.
—¡Ahora sí mi familia está completa! —exclamó con otra sonrisa de emoción.
Agradecimientos
Este libro es dedicado a todas las personas que creyeron en mí desde mis inicios como
escritora. A mis padres que siempre me animaron a no dejar de soñar y seguir adelante en lo
que realmente amo. A mi hermana Jennifer por darme una mano cuando sentía que podía caer.
A Dios por darme la sabiduría para hacer esta historia y llegar a sus corazones.
A mis dos mejores amigas. Stefanie y Karina, quienes me han apoyado y han disfrutado lo
que he hecho y me hacen reír con sus comentarios.
Y a mis hermosos lectores que le dan color y vida a lo que hago. Sin ustedes no sería la
persona que soy.
Gracias por todo su apoyo y todo su amor.
Biografía