“SEAMOS SERVIDORES DE CRISTO”
(JUAN 12:26)
(POR EL PASTOR EMILIO BANDT FAVELA)
(DOMM 171004)
V.C. EN SERVIR A CRISTO HAY GRANDE GALARDÓN.
Ø Es prácticamente imposible saber la cantidad de inventos que ha habido en
la historia de la humanidad. Desde el primer invento registrado que según la
Enciclopedia Hispánica fue la imprenta del alemán Johannes Gutenberg en
1450, hasta la Tomografía Axial Computarizada del estadounidense G. N.
Hounsfield en 1972, ha habido muchísimos inventos que han sido de
beneficio para el ser humano.
Ø Sin embargo, algunos de ellos han venido a desplazar el trabajo que realiza
el hombre. Por ejemplo, causó mucho estupor, miedo y angustia cuando en
1793 el norteamericano Elí Whitney diseñó la despepitadora de algodón.
Esta máquina sepa raba más semilla de algodón en un día que un centenar de
obreros en todo un invierno.
Ø Pero, no se ha inventado, ni se inventará una máquina que haga lo que a
cada uno de nosotros nos corresponde hacer en la Obra del Señor.
Ø Nuestro Señor Jesucristo nos invita a servirle. Solo siendo verdaderos
servidores estaremos donde ÉL está y solo así, participaremos de su gloria y
honor.
Ø Veamos estas enseñanzas de nuestro Divino Maestro que nos invitan a ser
los mejores servidores que el Señor pueda encontrar.
1º EL SEÑOR NOS INVITA A SERVIRLE. (12:26a).
Ø ÉL dice aquí: “Si alguno me sirve...” Es una invitación a servirle. Es un
llamado a darnos de alta en su ejército, a ser parte de su equipo.
Ø En ninguna parte encontraremos un honor mayor que el de estar unidos
trabajando junto con el Señor mano con mano, brazo con brazo y hombro
con hombro.
Ø El Rey de reyes y Señor de señores nos concede el inmenso privilegio de unir
nuestra vida a la suya en servicio a ÉL.
Ø Esto es más grande que servir a un rey terrenal, a un presidente o a un jefe
militar. Sin embargo, muchos se están perdiendo este honor.
Ø Las listas de membresía de las iglesias están llenas de personas que dicen ser
salvas, pero no lo demuestran. Permanecen sentados a la hora del trabajo.
Ø No hay lugar para los ociosos en la extensa Obra del Señor Jesucristo. Las
abejas mieleras tienen a los zánganos. Son abejas machos que no trabajan.
Cuando las abejas obreras han juntado todo el néctar se deshacen de los
zánganos. Los echan fuera del panal para que mueran. ¿A cuántos de
nosotros debería el Señor echar fuera por improductivos?
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Ø Permítanme contarles un viejo cuento de la vieja España. Sucedió que en un
pueblo hubo una riña callejera y el herrero del lugar mató a un hombre. Fue
juzgado y sentenciado a la horca. Cuando estaban por ejecutarlo, un labrador
de entre el pueblo gritó: “No lo maten pues todos lo necesitamos”. El alcalde
contestó: “No puedo sino hacer justicia”. Otro dijo entonces: “En nuestro
pueblo hay muchos haraganes ahorquen a uno en lugar del herrero”. La
moraleja de esta historia: Mejor es que procures ser hallado útil en tu oficio.
Ø Y nuestro oficio como cristianos es ser obreros del Señor. El apóstol Pablo
recomendaba a Timoteo: “Procura con diligencia presentarte a Dios
aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la
palabra de verdad” (2 Timoteo 2:15).
Ø La gran necesidad en todas las iglesias es la de más obreros. Nuestro Señor
dice: “... Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos
para la siega” (Juan 4:35). En otro pasaje también dice: “Entonces dijo a sus
discípulos: A la verdad la mies es mucha, más los obreros pocos. Rogad,
pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies” (Mateo 9:37-38).
Ø Los cristianos que desean servir a su Señor no deben quedarse al margen. Se
necesitan obreros para las misiones, maestros para los niños, discipuladores
que vayan a los hogares, obreros evangelistas que visiten los hogares.
¡Debemos comprometernos para servir al Señor en su reino! ¿Lo hará usted?
2º EL SEÑOR NOS INVITA A SEGUIRLE. (12:26b).
Ø El Señor continua diciendo: “... sígame...”. Es una invitación a seguirlo.
Ø Somos cristianos fundamentalmente porque somos seguidores de Cristo.
Ø Muchas personas conocen algo acerca del Salvador, pero no basta con saber,
es necesario seguirle.
Ø Seguir a Cristo es poner atención a todos sus movimientos a fin de estar muy
cerca de ÉL. Él quiere que sigamos sus pasos.
Ø El apóstol Pedro nos dice: “Pues para esto fuisteis lla mados; porque también
Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus
pisadas” (1 Pedro 2:21). Por su parte, el apóstol Juan escribe: “El que dice que
permanece en ÉL, debe andar como Él anduvo” (1 Juan 2:6). En otras
palabras, debemos ir por el mismo camino que ÉL fue y hacer lo que ÉL hizo.
Ø Seguir al Señor, no solo es servirle, sino ser como ÉL es, más semejantes a ÉL
en carácter y en conducta.
Ø “En sus pasos” es una hermosa novela escrita por Charles M. Sheldon en
1896 y que narra la historia de varias personas que deciden seguir las huellas
de Jesús. Ellos, en cada dilema de la vida se hacen la pregunta “¿Qué haría
Jesús en mi lugar?” y siguen incondicionalmente lo que Jesús haría. Esto les
da la contundente victoria en cada caso y por supuesto, muchísima
satisfacción personal.
Ø ¿Seguirá usted los pasos de nuestro Señor Jesucristo?
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3º EL SEÑOR NOS PROMETE QUE ESTAREMOS CON ÉL. (12:26c).
Ø Ahora el Señor dice: “... y donde yo estuviere, allí también estará mi
servidor...”. Todos los comentaristas están de acuerdo que estas palabras del
Maestro se refieren a la gloria celestial. Estar con Jesús donde ÉL está es la
felicidad y la gloria del cielo.
Ø ÉL dijo que deseaba que sus hijos estuvieran donde ÉL estuviera: “Y si me
fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para
que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Juan 14:3). En su oración de
intercesión también lo dijo: “Padre, aquellos que me has dado, quiero que
donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me
has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo”
(Juan 17:24).
Ø Yo no puedo concebir una vida eterna sin Cristo. Un paraíso sin el Señor.
Hay grupos que dicen que la eternidad será en este mundo en un paraíso
terrenal, pero sin la presencia de Cristo. Para mí, el cielo es cielo, no por la
paz, o el gozo completo que se vivirá allí, sino porque allí está el Señor
Jesucristo. El cielo es cielo por la belleza inescrutable de la persona de Cristo
morando allí.
Ø Déjenme compartirles un pequeño fragmento de una poesía que el Señor me
inspiró hace muchos años: “Señor, solo espero ese feliz momento, cuando
contigo tenga el feliz encuentro; y al verme rodeado de tu infinita paz, pueda
contemplar arrobado tu magnífica faz. No me distraerá de los ángeles el
canto melodioso, ni de los santos la fiesta y el gozo; no me importará pasar
así mi eternidad, solo contemplando, extasiado, tu hermosísima beldad”.
Ø El Señor dice: “Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también
estará mi servidor...”.
Ø Solo siendo un buen servidor estará junto al Señor Jesucristo.
4º EL SEÑOR PROMETE QUE EL PADRE NOS HONRARÁ. (12:26d).
Ø Nuestro Señor Jesucristo dice que el que le sirve será honrado por el Padre.
Ø De la misma manera que Jesús fue honrado por el Padre dándole el nombre
que es sobre todo nombre, así el Padre honrará a quienes le sirven.
Ø Seremos compensados de todos nuestros trabajos, sufrimientos y pérdidas
terrenales con altos honores celestiales. Dios tiene preparadas para nosotros
cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido a la imaginación del hombre.
Ø El honor se mide por el que lo confiere. No puede existir un honor más alto
que el que el Padre nos puede dar. El honor que ÉL da es el más sublime y
duradero que puede existir. Ese honor corresponde solo a los siervos de
Dios.
Ø En el juicio final, el Señor separará a los que le sirvieron y a los que no lo
hicieron. Dice la Biblia: “Entonces os volveréis, y discerniréis la diferencia
entre el justo y el malo, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve”
(Malaquías 3:18).
Ø ¿En cuál de estos dos grupos estará usted amado hermano, amada hermana?
Ø ¡Ojalá cada uno de nosotros tome la mejor decisión y seamos verdaderos
servidores de Cristo! ¡Así sea! ¡Amén!
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